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EL SISTEMA ECONOMICO ESPAÑOL EN AMERICA.

El descubrimiento y la conquista fueron empresas privadas pero controladas


por la Corona. Los reyes mantenían derechos de propiedad sobre
determinados bienes: minas de oro y plata, extracción de la sal, piedras
preciosas, perlas, las tierras sin repartir, etc. Pero en general concedían la
explotación de estos bienes a particulares.

LA MINERIA.

ORO Y PLATA.
Entre 1503 y 1660 llegaron al puerto de San Lúcar de Barrameda (España)
185.000 quilos de oro y 16 millones de quilos de plata.
La explotación minera fue la principal fuente de ingresos para España. Si
bien los yacimientos de minerales pertenecían a la Corona, cualquier
particular podía explotarlos, entregando a la Corona, generalmente, un
quinto de lo producido.
Durante el reinado de Carlos I, el oro y la plata de las minas americanas
comenzaron a afluir a España en cantidades hasta ahora desconocidas en
Occidente.

MERCURIO.
A fines del siglo XVII el 85% del metal existente en España había sido traído
de América.
Pero la Corona se reservo el monopolio de la explotación de las minas de
mercurio, metal requerido en grandes cantidades para la obtención de la
plata mediante el procedimiento de amalgama (combinación del mercurio
con otro metal). También se reservo para ella la explotación de esmeraldas.
El metal precioso americano sirvió a España para:
– Comprar mercaderías a otros países para abastecerse ella y el Nuevo
Mundo.
– Costear las frecuentes guerras que los reyes españoles realizaron en
Europa.

SISTEMA DE TENENCIA DE LA TIERRA.

La propiedad de la tierra correspondía por derecho y teoría a la Corona.


Pero, por gracia o concesión, los particulares podían adquirir títulos de
propiedad sobre ella.
El concepto de propiedad privada de la tierra era desconocido entre las
poblaciones indígenas americanas. Por ello, la distribución de la tierra, se
hizo con total despreocupación del derecho indígena a sus tierras.

LATIFUNDIO.
La propiedad típica hispanoamericana fue el latifundio, favorecido por la
presencia del indígena y la posibilidad de explotarla como mano de obra. El
predominio del latifundio será el rasgo característico de la economía rural
de la época colonial y la herencia que reciben las repúblicas americanas
luego de la emancipación en el siglo XIX.

AGRICULTURA.
Desde el momento mismo del descubrimiento, España introdujo en América
nuevos cultivos y herramientas para desarrollar la agricultura en estas
tierras.
También fue importantísima la contribución de plantas americanas a la
economía española y al mundo en general.

INTERCAMBIO DE PRODUCTOS.

DE AMERICA A ESPAÑA: pimiento, mandioca, calabaza, porotos, vainilla,


tabaco, maíz, tomate, zapallo, frijoles, papa, cacao, quina, coca, caucho,
palo Brasil, frutas tropicales.

DE ESPAÑA A AMERICA: trigo, cítricos, caña de azúcar, gusanos de seda,


azafrán, vid, olivo, café, lino, cánamo, arroz, manzana, animales
domésticos.

GANADERIA.
Con mayor rapidez que las plantas introducidas por España, se propagaron
los animales domésticos europeos en el Nuevo Mundo.
Caballos, vacas, ovejas, cerdos, cabras, algunos perros, aves de corral,
llegaron a enriquecer la fauna americana.
En algunas regiones, como en el Rio de la Plata, México y las llanuras
venezolanas, la ganadería se convirtió en una de las fuentes de riqueza. Su
gran desarrollo bajo el precio de la carne, siendo verdaderamente rentable
la venta de la grasa y el cuero.

MANUFACTURAS.
Las manufacturas no tuvieron gran desarrollo en América porque el
gobierno español no las fomento o las prohibió para evitar la competencia
con las españolas.
La manufactura más extendida fue la textil, de lana y algodón, realizada en
los obrajes (talleres de tejidos) con mano de obra indígena. A pesar de la
reglamentación del trabajo, la explotación y los abusos con respecto al
indígena fueron permanentes.

EL COMERCIO ENTRE ESPAÑA Y AMERICA.

MONOPOLIO.
La política comercial española con respecto a América se baso en los
principios mercantilistas. Se estimaba que América era una fuente de
riquezas: ofrecía mercados para los productores españoles, suministraba
materias primas y, sobre todo, producía enormes cantidades de metales
preciosos. Por ello, España monopolizo todo el comercio y la navegación con
las Indias. Esta política monopolista se mantuvo hasta el fin del régimen
colonial. A esto se llama “pacto colonial”.
España no pudo abastecer todas las necesidades americanas. Por ello debió
recurrir a la compra de mercaderías extranjeras, especialmente de Francia e
Inglaterra. Los comerciantes españoles se transformaron así en simples
intermediarios.

SISTEMA DE PUERTO UNICO.


El sistema de “puerto único” tenía su similar en América. Solo tres puertos
estaban habilitados para el comercio con España: Veracruz en México;
Cartagena en Nueva Granada y Portobelo en el istmo de Panamá.
La ciudad de Sevilla, y luego Cádiz, monopolizo el comercio con América.
Sus comerciantes llegaron a controlar el carácter y volumen de las cargas
que salían para América y establecían, según su parecer, los precios para su
venta en ella. La Casa de Contratación regulaba estas actividades.
El comercio con América del Sur se realizaba desde Panamá por el océano
Pacifico hacia Perú y Chile. Desde allí, a lomo de mula y cruzando la
cordillera de los Andes, se abastecía al Rio de la Plata.
Debido a las distancias y a los intermediarios un producto cuando llegaba al
Rio de la Plata, se encarecía en un 600%.

FLOTAS Y GALEONES.
El comercio con América se realizaba a través del sistema llamado de
“flotas y galeones”; creado por Felipe II, se mantuvo doscientos años. Eran
barcos de carga protegidos por barcos de guerra (galeones) para evitar la
acción de los piratas y asegurar que los metales preciosos llegaran a
España.
Solían despacharse dos flotas por año, una para Veracruz y otra para
Cartagena. La primera partía en abril hacia México y la otra en agosto, con
destino a Nueva Granada. Ambas invernaban en América; se reunían en La
Habana en marzo del año siguiente y volvían juntas a España.
El resultado de esta política monopolista fue que las colonias estuvieran
irregular e insuficientemente abastecidas de productos europeos. Esto
beneficiaba a los comerciantes sevillanos porque la escasez de productos
les posibilitaba la venta a precios más altos.
La política monopolista, además, favoreció el desarrollo del contrabando,
tanto en Europa como en América.
Los barcos arribaban desde América entraban en diferentes puertos de
España, Francia y Portugal, “obligados por el mal tiempo”, y vendían en
ellos los productos que traían de América. En el puerto de Cádiz los
comerciantes extranjeros embarcaban mercaderías en las propias flotas sin
registrar, y al ingreso recibían los beneficios en lingotes de oro y plata.
Pero el contrabando tuvo mayor desarrollo y difusión en las colonias
americanas. Los principales protagonistas de esta actividad fueron los
ingleses, holandeses y franceses, que tenían un radio de acción en el Caribe
y en el Rio de la Plata. Eran bien recibidos porque las mercaderías que les
vendían eran más variadas y a precios más bajos que las que provenían de
España.