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LA ECOLOGIA Y CIENCIAS AFINES

La ecología ha alcanzado enorme trascendencia en los últimos años.


El creciente interés del hombre por el ambiente en el que vive se debe
fundamentalmente a la toma de consciencia sobre los problemas que
afectan a nuestro planeta y exigen una pronta solución.
Los seres vivos están en permanente contacto entre sí y con el
ambiente físico en el que viven. La ecología analiza cómo cada
elemento de un ecosistema afecta los demás componentes y cómo es
afectado. Es una ciencia de síntesis, pues para comprender la
compleja trama de relaciones que existen en un ecosistema toma
conocimientos de botánica, zoología, fisiología, genética y otras
disciplinas como la física, la química y la geología.
En 1869, el biólogo alemán Ernst Haeckel acuñó el término ecología,
remitiéndose al origen griego de la palabra (oikos, casa; logos, ciencia,
estudio, tratado). Según entendía Haeckel, la ecología debía encarar
el estudio de una especie en sus relaciones biológicas con el medio
ambiente. Otros científicos se ocuparon posteriormente del medio en
que vive cada especie y de sus relaciones simbióticas y antagónicas
con otras.
Hacia 1925, August Thienemann, Charles Elton y otros impulsaron la
ecología de las comunidades. Trabajaron con conceptos como el de
cadena alimentaría, o el de pirámide de especies, en la que el número
de individuos disminuye progresivamente desde la base hasta la
cúspide, desde las plantas hasta los animales herbívoros y los
carnívoros.
Ciencias auxiliares de la ecologia
Química, Matemáticas, Física y Geografía.
Química = estudia la composición de la materia y sus
transformaciones
Física = estudia la materia y energía.
ECOSISTEMAS
Como ecosistemas podemos definir:
• unidad natural de partes vivas e inertes que interactuan para
producir un sistema estable en el cual el intercambio entre
materia viva y no viva siguen una vía circular
• los organismos de una comunidad y los factores abióticos
asociados con los que están en interacción
• es cualquier lugar o medio donde se encuentran interactuando
los seres vivios (factores bióticos) y los no vivos (factores
abióticos)
• conjunto de seres vivos en un mismo medio y de los elementos
no vivos vitalmente unidos a ellos.
• Son sistemas termodinámicamente abiertos que reciben del
exterior (sol, materia orgánica) y las transmiten a los
ecosistemas vecinos a través de los flujo de materias o los
movimientos de individuos (migraciones)
Tipos de ecosistemas
* Ecosistema terrestre:
Aproximadamente una cuarta parte de la superficie terrestre esta
formada por los continentes e islas que son la porción seca del
planeta. Allí tiene asiento los ecosistemas terrestres continentales, la
mayoría de los cuales se localizan en el hemisferio norte. Las alturas
de la masa terrestre se elevan desde el nivel del mar hasta
elevaciones montañosas de aproximadamente 9000 mts. De altitud
como el monte Everest en el Himalaya.
La mayoría de los seres vivos terrestres se distribuyen en los primeros
6700 mts. Aunque se han hallado esporas de bacterias y hongos en la
atmósfera a mayores alturas.
* Ecosistema acuático:
Los ecosistemas acuáticos incluyen las aguas de los océanos y las
aguas continentales dulces o saladas.
La oceanografía se ocupa del estudio de los primeros y limnología de
los segundos. En este último grupo no solo se consideran los
ecosistemas de agua corriente y los de agua quieta, si no también los
microhabitas acuosos de manantiales, huecos de árboles e incluso las
cavidades de plantas donde se acumula agua. Cada uno de estos
cuerpos de agua tiene estructuras y propiedades físicas particulares
con relación a la luz, la temperatura, las olas, las corrientes y la
composición química, así como diferentes tipos de organizaciones
ecológicas y de distribución de los organismos.
Ejemplos de ecosistemas
* Un lago * una selva * un pantano
* un prado * una sabana * un bosque
DIVERSIDAD BIOLOGICA
Es la variabilidad entre los organismos vivos de todas las fuentes,
incluidos los ecosistemas terrestres y acuáticos y los ecosistemas de
los cuales forman parte. Incluyen la diversidad dentro de las especies,
entre las especies y en los ecosistemas. La diversidad es la clave para
asegurar la continuidad de la vida en la Tierra. Es también un requisito
fundamental para la adaptación, la supervivencia y la evolución
continua de las especies.

La diversidad biológica, que constituye la base de la existencia


humana, no alude sólo a la suma de ecosistemas, especies y genes
sino que abarca y comprende la variabilidad dentro y entre ellos.
Dado que la naturaleza puede ser entendida como una red de
sistemas o de “todos” los sistemas vivos imbricados en múltiples
niveles jerárquicos, la desaparición o pérdida de uno de estos
sistemas, implica la variación de parte de la jerarquía que éstos
comprendan o de la cual hagan parte. Cada uno de esos niveles se
caracteriza por tener una diversidad estructural, funcional y de
composición, los cuales se manifiestan en forma simultánea cuando
vemos un individuo; son todos estos niveles contenidos en él los que
se mueven a través del espacio y el tiempo constituyendo una
deliberada explosión incesante de “vida” y derroche recreativo pero sin
perder la memoria, esto es, que por sofisticada o “mestiza” que sea la
forma, nunca se pierde la memoria de los escalones anteriores, o, lo
que es lo mismo, no se pierde ni un sólo instante del tiempo recreado,
es decir: la biodiversidad puede ser vista como una obra de arte que
se pinta y se repinta hacia el infinito (Ordoñez, 1999).
La extinción y la especiación son dos procesos naturales
complementarios que ocurren simultáneamente desde que la vida hizo
su aparición en la tierra. El resultado de la relación entre la tasa de
especiación y la tasa de extinción es la evolución de las especies: pero
si bien la extinción es un proceso natural, hoy en día debido a la
intensa transformación que el hombre ejerce sobre el medio natural ha
pasado a ser fundamentalmente un proceso antropogénico. El hombre
lo provoca, lo decide…
Al comenzar el siglo XXI el escenario que nos aguarda, si las
tendencias de transformación y degradación continúan, es el de un
vasto territorio modelado por el uso humano de la tierra, con
intercalaciones aquí y allá, de algunas manifestaciones naturales. Los
hábitats que persistan serán solamente aquellos que permanezcan
gracias a su status de “museos” o reservas naturales (actualmente, de
acuerdo con el World Resource Institute (1989), aproximadamente un
total del 3% de las tierras de la superficie del mundo están altamente
protegidas). Se estima la eventual pérdida del 66% de especies de
plantas en América Latina y que de este porcentaje de extinción
corresponderá a la extinción del 14% de las familias de plantas del
mundo y para el caso de la eventual extinción de las aves amazónicas
esto corresponderá a la extinción del 26% de las familias de aves
existentes en el mundo.
La evolución conduce a recrear, no formas puras, no formas
“autonómicas,” sino formas cada vez más combinadas e inclusivas de
las formas en ese momento presentes. La naturaleza no es estática ni
sus formas coexisten aisladas, se desarrolla en un orden en constante
transformación hacia nuevas formas pero cuya novedad consiste
precisamente en una mayor aglutinación o nueva combinación de las
antes divididas y simples hacia formas integrantes, mezcladas, que a
su vez se sumarán a otras creando (o transformándose en) otras
nuevas o, lo que es lo mismo, con más elementos o características
circundantes que antes existían con su propia corporeidad pero ahora
se suman para formar una nueva forma “multiplicada” bajo un
organismo individual, coordinado (Ordoñez, 1999). La vida sobre la
Tierra adopta diversos rostros. Las diferencias dentro de ecosistemas,
especies y genes tardaron millones de años en producirse. Fueron el
resultado de incalculables mutaciones y fantásticos episodios de
selección natural. Cada microorganismo, animal y planta contiene
entre uno y 10 millones de bits de información en su código genético…
Una diversidad que no podemos siquiera imaginar.
La biodiversidad es la clave para la seguridad ambiental del ser
humano a largo plazo. Ofrece al hombre muchos servicios: limpia el
aire, el agua y la tierra, descompone residuos, equilibra el clima,
brinda alimentos, resinas, fármacos, materiales para la construcción,
fibras textiles, etcétera. Es decir, innumerables materias primas que
nos alimentan, nos dan abrigo, nos mantienen sanos y nos permiten
sostener nuestras múltiples actividades sobre el planeta. Una gran
cantidad de especies ayuda a sostener las condiciones ambientales
que nos permiten vivir sobre la Tierra, y asegura nuestra resistencia
ante los cambios dañinos en el entorno.
A todo ello, el hombre ‘suma’ hoy una interesante fase de
aprovechamiento: el uso de los principios activos dentro del sofisticado
mundo de las biotecnologías finiseculares. Para lograrlo ha debido
salir a explorar la estepa y la selva, la floresta y la tundra… guiado por
quienes vienen conviviendo y utilizando sustentablemente esa
biodiversidad desde tiempos ancestrales, evidenciándose así la
necesidad de asegurar el mantenimiento y el desarrollo del
conocimiento indígena.
Un estudio llevado a cabo hace ya cuatro años por el World Cancer
Institute se obtuvieron los siguientes resultados: en los casos de
bioprospección al azar se aisló una muestra promisoria (aplicable en
drogas de terapia contra en cáncer) entre 10000; en tanto la
proporción fue de uno a cuatro en las muesras tomadas sobre
variedades conocidas por las poblaciones locales y ancestralmente
usadas por ellas. Si se toma en cuenta que el pago de cada muestra
fue de U$S 35, se puede inferir la importancia económica que
presenta la etnobioprospección.
El hombre ha redescubierto que él mismo es parte, integra ese
abanico, esa pieza musical que es la biodiversidad. Y, en esta
instancia, protegerla implica respetar la diversidad cultural, incluida la
diversidad de culturas, de lenguas, creencias y manifestaciones
estéticas como una condición para mantener y proteger el
conocimiento indígena. Reconocer los derechos de los pueblos
indígenas sobre sus tierras y recursos naturales como la base del
nuevo proceso de aprovechamiento tecnológico.
Las amenazas a la biodiversidad son tan múltiples como múltiples son
las actividades humanas destructivas. El ser humano, ya no como
especie en la escala de la naturaleza animal sino en tanto cyborg (esto
es organismo capaz de crear y relacionarse a través de instrumentos),
parapetado -por ello- en su poder de director de orquesta, es el mayor
responsable de la pérdida de diversidad biológica, no sólo de la
vegetal o microbiológica o animal, sino de la biodiversidad humana.
Además de los procesos productivos como la agricultura intensiva y la
forestación industrial, la sobreexplotación de especies y la
contaminación de aguas dulces, océanos, suelos y atmósfera que
están agotando el patrimonio biológico, el hombre está acabando con
el hombre mismo y no sólo figuradamente o a largo plazo sino con el
actual exterminio de grupos étnicos y culturales a los que empobrece y
asesina. Todo esto como legado de un modelo de consumo excesivo
de recursos naturales y escalada de poder que sobrepasa los límites
de la sustentabilidad a futuro. La pérdida de incontables formas de
vida es el precio que pagamos por el progreso y el mantenimiento de
un paradigma de riqueza material, que contiene su propia semilla de
muerte.
El ritmo de deterioro de la biodiversidad humana es alarmante, más
aún a la luz de ciertas propuestas que afirman la necesidad de limitar
el crecimiento poblacional humano. Tal reversión en la curva de
aumento demográfico podría llevar al empobrecemiento de la
biodiversidad humana: muchos estudiosos (Cavalli Sforza, 1997),
apuntando la necesidad del control de la reproducción humana, hacen
hincapié sobre las poblaciones más pobres –lo cual de tener éxito-
reduciría hasta la extinción (en América Latina) a numerosos grupos
étnicos aborígenes, y con ellos desaparecería su cultura, su
conocimiento y su diversidad biológica. Es que de todo intento de
controlar la propalación del “cyborg” puede resultar, asimismo, el
exterminio del “hombre”.
Organismos existentes

Según Wilson (1992. La Diversidad de la Vida), el número de


organismos conocido asciende a 1.4 millones. De ellos, más de la
mitad son Insectos (751000), pero estas cifras son conflictivas (ver
Entomología y Biodiversidad).

Las cifras de Wilson deben ser matizadas. En primer lugar el cuadro


sólo recoge las especies bautizadas por la sistemática, pero no las
existentes. Sobre éstas sólo pueden hacerse estimaciones, que se
mueven en una horquilla que oscila entre los 100 millones de Erwin y
las más moderadas de 5–10 millones de especies. En todos los casos,
los especialistas consideran que la mayor parte de los organismos no
descritos son artrópodos y, en concreto, insectos. Eso dejaría entre 3 y
8 millones de insectos por describir.
En segundo lugar, ni siquiera es fácil saber el número exacto de
especies bautizadas por los taxónomos. La sinonimia juega en contra.
Por ejemplo, se considera que se han descrito hasta la fecha unos
550000 escarabajos, de los que ‘sólo’ serían ‘buena especie’ unos
350.000. No es de extrañar que haya otras estimaciones diferentes.
IMPACTOS SOBRE AIRE AGUA Y SUELO
Los impactos relacionados con el agua incluyen todo los ámbitos
relacionados con su ahorro y su posible contaminación al realizar
vertidos de residuos. De este modo, debemos priorizar aquellos
materiales que no transmiten elementos tóxicos o contaminantes al
agua, los mecanismos que permiten ahorrar agua en los puntos de
consumo, las instalaciones de saneamiento para la gestión de las
aguas residuales de diferentes orígenes y los sistemas que permiten
reutilizar el agua de la lluvia o la depuración de las aguas residuales
para su uso posterior.

Otras fuentes que dañan el agua son:


Agentes patógenos.
• Bacterias, virus, protozoarios, parásitos que entran al agua
provenientes de desechos orgánicos.
Desechos que requieren oxígeno.
• Los desechos orgánicos pueden ser descompuestos por
bacterias que usan oxígeno para biodegradarlos. Si hay
poblaciones grandes de estas bacterias, pueden agotar el
oxígeno del agua, matando así las formas de vida acuáticas.
Sustancias químicas inorgánicas.
• Ácidos, compuestos de metales tóxicos (Mercurio, Plomo),
envenenan el agua.
Los nutrientes vegetales pueden ocasionar el crecimiento excesivo de
plantas acuáticas que después mueren y se descomponen, agotando
el oxígeno del agua y de este modo causan la muerte de las especies
marinas (zona muerta). Sustancias químicas orgánicas.- Petróleo,
plásticos, plaguicidas, detergentes que amenazan la vida. Sedimentos
o materia suspendida.- Partículas insolubles de suelo que enturbian el
agua, y que son la mayor fuente de contaminación.
Sustancias radiactivas que pueden causar defectos congénitos y
cáncer.
Calor.- Ingresos de agua caliente que disminuyen el contenido de
oxígeno y hace a los organismos acuáticos muy vulnerables.
El impacto ambiental en el aire es el que se produce como
consecuencia de la emisión de sustancias tóxicas. La contaminación
del aire puede causar trastornos tales como ardor en los ojos y en la
nariz, irritación y picazón de la garganta y problemas respiratorios.
Bajo determinadas circunstancias, algunas substancias químicas que
se hallan en el aire contaminado pueden producir cáncer,
malformaciones congénitas, daños cerebrales y trastornos del sistema
nervioso, así como lesiones pulmonares y de las vías respiratorias. A
determinado nivel de concentración y después de cierto tiempo de
exposición, ciertos contaminantes del aire son sumamente peligrosos
y pueden causar serios trastornos e incluso la muerte.
Las emisiones generadas por los edificios pueden afectar a la
atmósfera, lo que se traduce en un impacto local o global. Las
emisiones también pueden deteriorar el ambiente interior de los
edificios y perjudicar la salud de sus ocupantes. Deben evitarse los
materiales que emiten compuestos orgánicos volátiles, formaldehídos,
radiaciones electromagnéticas o gases tóxicos o de difícil combustión.
En cuanto al ruido, se recomienda utilizar aparatos con niveles bajos
de emisión de ruidos.
El impacto sobre el suelo. Un suelo se puede degradar al acumularse
en él sustancias a unos niveles tales que repercuten negativamente en
el comportamiento de los suelos.
El daño que se causa a los suelos es de la misma magnitud que el que
se causa al agua y al aire, aunque en realidad algunas veces es
menos evidente para nosotros; sin embargo, es importante conocer los
lugares donde es más probable que se contamine el suelo. Algunos de
estos sitios son los parques industriales, los basureros municipales,
las zonas urbanas muy pobladas y los depósitos de químicos,
combustibles y aceites, etc., sin dejar de mencionar las zonas
agrícolas donde se utilizan los fertilizantes o pesticidas de manera
excesiva. Dentro de los contaminantes de suelos se encuentran los
residuos antropogénicos, cuyo origen puede ser doméstico, industrial,
de hospitales o de laboratorios. Independientemente de su origen, los
residuos pueden ser peligrosos o no peligrosos.
Los peligrosos son aquellos que por sus características corrosivas,
reactivas, explosivas, tóxicas, inflamables o biológicas, representan un
riesgo para la salud de las personas y el ambiente, mientras que los
residuos no peligrosos se denominan residuos sólidos.
Los residuos sólidos pueden ser clasificados como degradables o no
degradables, considerándose un residuo degradable aquel que es
factible de descomponerse físicamente; por el contrario, los no
degradables permanecen sin cambio durante periodos muy grandes.

ACTIVIDADES ANTROPOGENICAS
La contaminación antropogénica es aquella producida por los
humanos, alguna de las mas importantes son. Industria. Según el tipo
de industria se producen distintos tipos de residuos las mas peligrosas
son las que producen contaminantes más peligrosos, como metales
tóxicos.
Asentamientos humanos (pueblos y ciudades). La actividad doméstica
produce principalmente residuos orgánicos, pero el alcantarillado
arrastra además todo tipo de sustancias: emisiones de los automóviles
hidrocarburos, plomo, otros metales, etc
Agricultura y ganadería (campos de cultivo). Los trabajos agrícolas
producen vertidos de pesticidas, fertilizantes y restos orgánicos de
animales y plantas que contaminan de una forma difusa pero muy
notable las aguas, además, muchas de las cosechas son regadas con
aguas negras, alimentando las plantas con nuestros propios desechos.
La falta de cultura de algunas personas, propicia a la compra de
nuevos sistemas de limpieza para tierras; en el caso de la agricultura,
los cuales no se encuentran certificados para el cuidado de dicha
tierra, ocasionando mayor daño en el menor tiempo, esto a su vez,
produce vaporizaciones formando ahora nubes contaminadas, con lo
que el mal antropogénico empieza a crecer, ocasionando un desastre
natural muy severo, por el mismo medio de la naturaleza.
MEDIO AMBIENTE COMO PROVEEDOR ALIMENTOS SALUD Y
ENERGÉTICOS
Nos proporciona una inmensidad de beneficios, la tierra nos provee de
una gran cantidad de alimentos como frutas y cereales, y además le
proporciona alimento a otras especies que después nos alimentan.
Nos provee de una gran cantidad de medicamentos de origen natural,
como las famosas plantas medicinales como la hierba de San Juan
que posee propiedades terapéuticas, entre ellas la más destacada es
la de antidepresivo en trastornos leves y moderados, el cual se podría
atribuir a su contenido de componentes cercanos con la hipericínea,
como la hiperforina, así como diferentes flavonoides.
Además nos proporciona diversas formas de energía, como la fósil
(petróleo) , del cual se obtiene la gasolina y el diesel por ejemplo, la
energía del viento, entre otras.
La base de la oferta energética, tanto para producción de electricidad,
como para abastecer la inmensa flota de vehículos que circula por el
globo, es el petróleo y el gas. Estos dos recursos no renovables
representan el 96% de los insumos utilizados para el transporte
mundial de bienes y personas.
Los crecientes requerimientos de crecimiento de agua para la
producción de alimentos tanto en agricultura de temporal como de
riego han implicado extracciones de agua, una significativa
modificación de los regímenes de caudal y la degradación de la
calidad del agua – todo con importantes implicaciones para la salud
del ecosistema.
Llevar una patata a nuestro plato obliga a consumir agua, energía y
materias primas, y además conlleva ciertos daños para el
medioambiente: los abonos pueden filtrarse a los cursos de agua; los
motores emiten gases contaminantes, etc. Todo ello se traduce en un
determinado “impacto medioambiental”, que varía de unos alimentos a
otros.
En el aire hay partículas en suspensión que pueden ser líquidas o
sólidas y que se desprenden de forma natural de plantas, insectos,
incendios, actividad volcánica… el ser humano también contribuye a
su emisión de muchas formas, como resultado del uso de
combustibles fósiles, quema de basuras, actividad industrial… entre
las partículas suspendidas en el aire también hay gases que contienen
metales pesados, carbón, nitratos y sulfatos que las personas inhalan.
los pesticidas, los químicos, y el calentamiento global están causando
cáncer, enfermedades y deteriorando la salud humana en general.
Hoy en día existen un cierto número de efectos sobre la salud que se
suponen provocados por factores medioambientales; algunos
ejemplos:
• Las enfermedades respiratorias, el asma y las alergias, por la
contaminación del aire
• Trastornos neurológicos de desarrollo, por los metales pesados
• El cáncer infantil, por una serie de agentes físicos, químicos y
biológicos
• Los plaguicidas tienen probablemente un efecto sobre la
situación inmunológica, la alteración de los procesos endocrinos,
los trastornos neurotóxicos y el cáncer.
• La radiación ultravioleta puede reprimir la respuesta
inmunológica y constituye una de las principales fuentes de
cáncer de piel.

EL IMPACTO DE LA URBANIZACIÓN EN EL MEDIO AMBIENTE


A medida que crecen, las ciudades imponen un nuevo medio,
edificado sobre paisajes y ecosistemas naturales. Se desbroza el
terreno y con frecuencia se hacen cortes o se altera con maquinaria la
forma de las colinas; los valles y marismas se llenan de rocas y
materiales de desecho, y, por lo general, se extrae agua del subsuelo.
Su desarrollo no sólo transforma las zonas que urbaniza, sino también
otras mucho mayores, tal y como puede observarse en los cambios
que sufre la ecología rural para responder a las necesidades
metropolitanas de agua y materias primas, bienes y servicios. Las
regiones que las rodean deben satisfacer sus muchas exigencias de
materiales de construcción y acumulación de residuos, resultado de la
edificación, creación de carreteras, aparcamientos, industrias y otros
componentes de la estructura urbana. Gran parte del impacto
medioambiental del desarrollo urbano se percibe lejos de allí, al final
del valle que ocupa la ciudad, aguas abajo del río que la cruza o en el
lugar donde el viento arrastra los humos. Es el resultado del transporte
de residuos sólidos, la contaminación de las aguas o la lluvia ácida.
Durante las últimas cinco décadas, una parte considerable de la
expansión de las ciudades de América Latina ha tenido lugar sin que
se haya dado el necesario desarrollo de sus infraestructuras y
servicios básicos, condición esencial para crear un entorno urbano
saludable y para que se puedan tratar adecuadamente los desechos
sólidos y líquidos. También sin que existiese un marco de planificación
y una normativa que limitase en lo posible los costes
medioambientales, guiase el crecimiento -alejándolo de los lugares
poco adecuados- y protegiese los recursos naturales importantes.
Pocos gobiernos municipales han hecho frente adecuadamente a sus
múltiples responsabilidades, entre ellas, la gestión del medio
ambiente. Sin embargo, hay alguna excepción importante. Por
ejemplo, algunas ciudades como Porto Alegre, en Brasil, facilitan agua
corriente a toda la población, recogida de basuras regular y servicios
sanitarios suficientes. Además, esta localidad es bien conocida por
haber creado un `presupuesto participativo’ que ha reforzado la
democracia local y ha proporcionado a los ciudadanos una
colaboración más directa en el establecimiento de las prioridades
municipales. La esperanza de vida en Porto Alegre es similar a la de
las ciudades europeas. Es también una de las poblaciones que más
ha aumentado en la región durante los últimos 50 años, lo que
demuestra que el crecimiento rápido no implica necesariamente
graves problemas medioambientales.
En el otro extremo tenemos cientos de centros o distritos en el interior
de las megalópolis donde sólo unos pocos tienen acceso al agua
corriente y a sistemas sanitarios, alcantarillado y gestión de residuos
sólidos, y donde las autoridades locales poseen escasa capacidad
para gestionar los problemas medioambientales. Lo más frecuente es
que los ciudadanos se alojen en viviendas de poca calidad; por
ejemplo, familias enteras viven en una o dos pequeñas habitaciones
de casas de vecinos, pensiones baratas o alojamientos edificados en
tierras ocupadas ilegalmente o parceladas. Allí, la esperanza de vida
media puede ser inferior a la de Porto Alegre en 20 ó 30 años.
Dentro de esta diversidad, todos los centros urbanos comparten
algunas características obvias. Todos combinan las concentraciones
de población humana (y sus casas y barrios) con una gama de
actividades económicas. Todos ellos tienen un impacto en el medio
ambiente local y regional relacionado con su papel de centros de
producción (de bienes y servicios) y de consumo. Los problemas
medioambientales están influidos en gran medida por la calidad y la
capacidad de sus gobiernos. Todos requieren una autoridad que
garantice un espacio adecuado para sus habitantes, infraestructuras y
servicios (agua corriente canalizada, servicios sanitarios y de
alcantarillado, recogida y gestión de basuras, caminos y calles,
suministro eléctrico, colegios y centros de salud). La tarea de
garantizar un medio ambiente de buena calidad resulta más compleja
a medida que la población es mayor y crecen la escala y el ámbito de
sus movimientos diarios y la proporción de su producción industrial.
Los gobiernos locales también tienen que gestionar el gasto que los
habitantes y las empresas hacen de los recursos y los depósitos
naturales en donde se acumulan sus desperdicios: deben, por
ejemplo, regular el uso de la tierra, proteger las cuencas, establecer
límites a la contaminación y a la generación de desechos y residuos y
determinar el modo en que éstos se pueden eliminar.
En todas las ciudades, la gestión del medio ambiente es una tarea de
gran intensidad política en la medida en que distintos intereses (entre
los que se cuentan algunos muy poderosos) compiten para conseguir
los emplazamientos más favorables, la propiedad o el uso de los
recursos, las infraestructuras y los servicios públicos. Cuando no
existe una buena administración, muchos de estos intereses
contribuyen a la destrucción o la degradación de recursos
fundamentales. En América Latina, la cuestión no es tanto intentar
controlar la urbanización o el crecimiento de las ciudades como
desarrollar gobiernos locales más eficaces, capaces de manejarlas
mejor y de hacerlo de tal modo que pueda justificarse ante los
ciudadanos.
Hay cuatro áreas que exigen especial atención: la aplicación de la
legislación apropiada (incluida la relacionada con la salud
medioambiental, la laboral y el control de la contaminación); la
presencia de un suministro de agua adecuado, así como de un
servicio de recogida de residuos sólidos y líquidos en todas las casas
y barrios; la existencia de eficientes cuidados médicos que no sólo
traten los efectos de enfermedades relacionadas con el medio
ambiente, sino que apliquen medidas preventivas para limitar su
incidencia y severidad, y la integración de la prevención y previsión de
desastres en los planes urbanos y en los programas de inversión.
Buena parte de la ciudadanía vive en tierras donde existe el riesgo de
que se produzca un desastre. En esa situación se encuentran, por
ejemplo, las viviendas ilegales levantadas en las inclinadas laderas
propensas al corrimiento de tierras en Río de Janeiro (Brasil), La Paz
(Bolivia) y Caracas (Venezuela), o en profundos barrancos
(Guatemala), o en las colinas y desiertos de arena de Lima (Perú), o
en terrenos proclives a las inundaciones por ríos o mareas, o situados
bajo el nivel del mar, como en Guayaquil (Ecuador), Recife (Brasil),
Buenos Aires y Resistencia (Argentina). Muchos de los gobiernos
municipales no han sido capaces de aplicar políticas de uso del suelo
que garanticen tierras suficientes de viviendas para los grupos de
bajos ingresos. Se evitaría así que las construyesen en lugares
peligrosos: si éstos están ocupados es tan solo porque sus pobladores
no encuentran mejor opción.
Como si la buena gestión medioambiental dentro de la ciudad no fuera
lo bastante compleja, el buen gobierno urbano debe extenderse al
medio ambiente de la región circundante y también contribuir a
objetivos globales como los de minimizar las emisiones de gases de
efecto invernadero y proteger la biodiversidad. Todas las urbes y
poblaciones menores necesitan dotarse de una estructura
gubernamental que haga frente con mayor eficacia a sus múltiples
necesidades. Debe proporcionar medios para que se alcancen
compromisos entre intereses en conflicto y para que las necesidades
de los menos poderosos reciban atención adecuada. Debe garantizar
el cuidado y mantenimiento de las funciones protectoras y productivas
del ecosistema sobre el que descansa la ciudad. Si desea
salvaguardar a las generaciones futuras, debe evitar que se agoten los
recursos naturales fundamentales e incluso otros menos esenciales.