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La paradoja de la flecha

Esta otra paradoja implica el lanzamiento de una flecha. Zenón afirmaba que, en cada instante,
la flecha está en una posición del espacio determinada. Si el periodo de tiempo considerado es
lo suficientemente pequeño, la flecha no alcanzará a moverse, por lo que está en el reposo
durante ese instante. Ahora bien, el mismo razonamiento puede aplicarse a los restantes
infinitos de periodos de tiempo, en los que la flecha también estará en reposo por el mismo
motivo. De esta forma Zenón demostraba queel movimiento de una flecha es imposible, a
pesar de que miles de viudas cuyos maridos habían muerto de un flechazo en el campo de
batalla le insistieran con lo contrario.

La paradoja puede evitarse de varias maneras. Una de ellas es simplemente pensar que cada
instante en que la flecha se percibe como “en reposo” es un algo relativo. No se puede juzgar,
observando sólo una “foto” de un objeto si está o no en reposo. En lugar de ello, es necesario
compararlo con los instantes adyacentes, previos y posteriores. Al ver la “película”, podemos
determinar que la flecha está en distintas posiciones en cada instante, por lo que -
efectivamente- se está moviendo. Otra solución es recurrir a la definición de velocidad, cuya
esencia es el cambio. El movimiento es la sucesión de los distintos espacios ocupados por el
cuerpo (la flecha), a lo largo de la sucesión de los distintos momentos que componen el total
del tiempo considerado. Así, si asumimos que el concepto velocidad, es decir, movimiento,
puede definirse racionalmente, simultáneamente estamos admitiendo que el movimiento,
racionalmente, en teoría, existe.
En el
mundo real, las flechas se mueven sin problemas.
XXV siglos más tarde, nos parece hasta ridículo lo que proponía Zenón. Sin embargo, si
pensamos en el estado en que se encontraba la ciencia cuatro o cinco siglos antes de la era
Cristiana, los razonamientos de este hombre cobran real magnitud. Debe haber sido sumamente
difícil para Zenón reconciliar la (aparente) certeza detrás de sus razonamientos con las
evidencias del mundo real, donde la tortuga era invariablemente la perdedora de la carrera, y las
flechas llegaban a su blanco.