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La Gran Reforma Protestante

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Reforma Protestante,Calvino,Lutero
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LA

GRAN REFORMA PROTESTANTE

Autor:Paulo Arieu

Uno de los acontecimientos de la historia recordados por los cristianos y celebrado en las iglesias evangélicas cada 31 de octubre es el Día de la Reforma establecido por la lucha de el personaje religioso Martín Lutero, teólogo y reformador religioso alemán, quien precipitó la Reforma protestante al publicar en 1517 sus 95 Tesis denunciando las indulgencias y los excesos de la Iglesia Católica.Lutero inauguró la doctrina teológica y cultural denominada luteranismo. Martín Lutero, Nació cerca de Eisennach, Alemania, en 1483 de padres de humilde condición, durante el desarrollo de su vida mantuvo una formación religiosa inigualable, por lo que en 1505, decidió cambiar el rumbo de ella de manera radical ,decidiendo entrar al monasterio Augustino en Erfurt. Luego en 1507, con 24 años, fue ordenado como sacerdote continuando así un largo camino que lo llevaría a descubrir en 1517 la predicación de indulgencias por parte de un monje dominico, Tetzel. Por medio de la compra de indulgencias, según la enseñanza tradicional, se libraba a las almas recluidas en el purgatorio de los tormentos del mismo, causa que introdujo a lutero en una batalla por la verdad causando la apertura de un tribunal de inquisicón que culminó en la excomulgación de Lutero de la iglesia católica. El 15 de junio de 1520 León X publicó la bula de excomunión de Lutero intitulada Exsurge Domine; cuando Lutero la recibió se dirigió al pudridero de la ciudad y juntamente con el Derecho Canónico, la arrojó a las llamas. En este mismo año Lutero completó el ciclo de su ruptura con la Iglesia, al desarrollar sus ideas en tres grandes escritos reformistas: Llamamiento a la nobleza cristiana de la nación alemana, La cautividad babilónica de la Iglesia y Sobre la libertad cristiana. Finalmente, el papa León X le condenó y excomulgó como hereje en una bula que Lutero quemó públicamente (1520).

Las 95 tesis, desafió las enseñanzas de la Iglesia de Roma con respecto a la naturaleza de la penitencia, la autoridad del Papa y la utilidad de las indulgencias, esta publicación (clavada en las puertas de la Iglesia del Palacio de Wittenberg el 31 de octubre de 1517) detonaría un debate teológico que desembocaría en la Reforma y el nacimiento de varias tradiciones dentro del cristianismo, tales como el Luteranismo, el Presbiterianismo y el Anabaptismo. Lutero redactó sus 95 tesis como soporte para un debate teórico, una “disputa” teológica, práctica corriente en la época. Las iglesias evangélicas empezaron con las misiones de los Hechos de los apóstoles. Al principio formaron concilios ecuménicos. Se llamaron católicos (universales) Se empezó a diluir la esencia y aparecieron los montanistas Luego Roma empezó con el poder centralizado en el obispo romano. Luego empezaron las persecuciones contra los disidentes. Algunos se quedaron dentro del catolicismo, otras empezaron a abrirse. Tomaron diversos nombres. En el 1000, vino el cisma ortodoxo pneumatológico. En el 1500 la Reforma Protestante. Luteranos, anglicanos, anabaptistas, reformados holandeses. (calvinistas) s. XIX los metodistas con Wesley s. XX Pentecostales Mediados del s. XX carismáticos, neocarismaticos, apostólicos. La Reforma del siglo XVI fue un movimiento de reforma bíblica de la Iglesia cristiana. La Iglesia cristiana ya existía obviamente antes de la Reforma, por supuesto, desde la Ascensión de Cristo y Pentecostés, pero se fue pervirtiendo a lo largo de los siglos, especialmente durante la Edad Media. Por ello, la Iglesia en el siglo XVI debía reformarse. La Reforma se hizo en base a la autoridad soberana de las Sagradas Escrituras. Por tanto, fue Dios mismo el principal promotor de la Reforma. Movimiento religioso surgido en el siglo XVI en el ámbito de la Iglesia cristiana, que supuso el fin de la hegemonía de la Iglesia Católica y la instauración de distintas iglesias ligadas al protestantismo. La Reforma, precedida por la cultura del renacimiento y, de alguna forma, seguida por la Revolución Francesa, alteró por completo el modo de vida de Europa occidental e inició la edad moderna. Aunque se inició a principios del siglo XVI, cuando Martín Lutero desafió la autoridad papal, las circunstancias que condujeron a esa situación se remontan a fechas anteriores y conjugan complejos elementos doctrinales, políticos, económicos y culturales. El término Reforma y su valoración histórica considerándola como sólo un suceso religioso es inapropiado. La realidad es que más que una reforma fue un cisma de disensión eclesiástica e ideológica. Evaluarla sólo como un evento eclesiástico

tampoco es certero; la historia propone que más bien fue un movimiento cuyas causas y circunstancias provenían de situaciones políticas, sociales e ideológicas que posibilitaron que sólo en ese momento, y no antes como se había intentado, se comenzara a limitar el absolutismo y la mano de hierro con que la Iglesia Romana azotaba al viejo continente. Con el Renacimiento, los ojos de los hombres tanto tiempo enfocados en los cielos, comenzaron a volverse hacia el mundo circundante y bajo ellos. Los mismos fundamentos de la autoridad católica romana fueron socavados por las nuevas formas de pensamiento humanista. La crisis de la Iglesia La Reforma corresponde a una gran revolución religiosa que rompió la unidad de la Iglesia Católica en el siglo XVI, separando de ella a todos los que aceptaban las nuevas doctrinas, conocidas bajo el nombre de protestantismo. El siglo XVI no es solo el siglo del Renacimiento. También es el siglo de la Reforma, considerado uno de los grandes movimientos religiosos en el seno del cristianismo. La Reforma corresponde a una gran revolución religiosa que rompió la unidad de la Iglesia Católica en el siglo XVI, separando de ella a todos los que aceptaban las nuevas doctrinas, conocidas bajo el nombre genérico de protestantismo. En el surgimiento de la Reforma no solo influyeron causas religiosas, sino también políticas, intelectuales y económico-sociales. Podemos citar como antecedente teológico importante previo a la Reforma a Tomás de Aquino (1225-1274) quien es reconocido sin duda, como el teólogo más grande de toda la Edad Media, en su obra Summa Theologica hace una discusión detallada del Espíritu Santo. Su concepción aristotélica del mundo estaba más interesada en el conocimiento racional y empírico que en los fenómenos sobrenaturales. Sin embargo al final de sus días, tuvo una experiencia mística que lo llevó a atribuir menos importancia a lo racional. Después de su encuentro directo con Dios, no escribió más. Su gran obra, la Summa Theologica, quedó inconclusa. Creía que todos sus escritos se habían transformado en basura en comparación con lo que Dios le había revelado. Causas intelectuales La difusión de la Biblia, hecha posible gracias a la imprenta y que puso al alcance de todos la palabra de Dios, fue generando un clima crítico con respecto a los dogmas y organización de la Iglesia. La lectura y la meditación de la Biblia creó, en algunos, una actitud detractora frente a las ideas religiosas aceptadas por la Iglesia que no tuviesen una base estricta y literal en este libro. Esta apreciación de la Biblia como única fuente de creencia religiosa fue el más poderoso germen de la Reforma. Causas religiosas Para entender la historia de la Iglesia Protestante y la Reforma, es importante comprender primeramente que uno de los reclamos que hace la Iglesia Católica Romana es la de la sucesión apostólica. Esto simplemente significa que ellos claman ser la única autoridad sobre todas las otras iglesias y denominaciones, porque afirman contar con la única ascendencia de Papas católicos romanos a través de los siglos, en línea directa hasta el apóstol Pedro. En su perspectiva, esto le da a la Iglesia Católica Romana una autoridad única que invalida a todas las otras iglesias o denominaciones. De acuerdo con la Enciclopedia Católica, esta sucesión apostólica “es encontrada únicamente en la Iglesia Católica” y ninguna “Iglesia separada tiene alguna reclamación válida ante ello.”

Es por esta sucesión apostólica que la Iglesia Católica Romana reclama una autoridad única para interpretar la Escritura y para establecer la doctrina; así como la afirmación de tener un líder supremo en el Papa, el cual es infalible (sin error) cuando habla “ex cátedra” – esto es en el ejercicio de su oficio como pastor y maestro de todos los cristianos. Por lo tanto, de acuerdo con la postura católica romana; la enseñanza o tradiciones de la Iglesia Católica Romana, habiendo provenido del Papa, son tan infalibles y autoritativas como las mismas Escrituras. Esta es una de las mayores diferencias entre los católicos romanos y los protestantes, y fue una de las razones fundamentales para la Reforma Protestante. Por supuesto los católicos romanos no son los únicos que tratan de reclamar una única autoridad a través de la sucesión apostólica, o de rastrear los antecedentes de las raíces de su iglesia hasta los apóstoles originales. Por ejemplo la Iglesia Oriental Ortodoxa también afirma esta sucesión apostólica, aunque su alegato es muy similar a la postura de los católicos romanos. La separación entre la Iglesia Oriental Ortodoxa y el catolicismo romano no ocurrió hasta el “Gran Cisma” en el 1054 d.C. Hay también algunas denominaciones protestantes o grupos que tratarán de establecer una “Línea de Sangre” que pueda seguir la huella regresiva a través de los siglos, hasta la primera iglesia y los mismos apóstoles. Mientras que estos protestantes no se apegan a la sucesión apostólica para establecer la autoridad de un “Papa” como un líder infalible; ellos sin embargo aún buscan esa conexión con la iglesia primitiva, al menos en un grado mínimo, para establecer la autoridad de sus doctrinas y prácticas. El problema con cualquiera de estos intentos de trazar una línea regresiva de sucesión hasta los apóstoles, ya sean católicos romanos, ortodoxos orientales, o protestantes; es que todos ellos están en el intento de obtener o basar la autoridad de lo que ellos creen y enseñan, en la fuente equivocada de alguna real o percibida conexión con los apóstoles, en lugar de obtenerla de la Palabra de Dios. Es importante para los cristianos, el darse cuenta de que la sucesión apostólica no es necesaria para que una iglesia o denominación tenga autoridad. Dios ha dado y preservado la suprema autoridad para todos los asuntos de la fe y la práctica en Su Santa Palabra, la Biblia. Por lo tanto, en la actualidad, la autoridad individual de una iglesia o denominación, no viene a través de algún lazo con la iglesia del primer siglo y los apóstoles; en vez de eso, proviene solo y directamente de la Palabra escrita de Dios. Las enseñanzas de una iglesia o denominación son autoritativas y obligatorias para los cristianos solo si representan el significado verdadero y una clara enseñanza de la Escritura. Este es un punto importante a considerar, cuando se trata de entender la conexión entre el protestantismo y la Iglesia Católica Romana, y la razón por la que se llevó a cabo la Reforma Protestante. Para comprender la historia del cristianismo y los reclamos de la sucesión apostólica, así como las afirmaciones de la Iglesia Católica Romana de ser la única verdadera Iglesia con autoridad única, es importante que consideremos un par de puntos cruciales. Primero, debemos considerar que aún en los días de los apóstoles y la iglesia del primer siglo, los falsos maestros y las falsas enseñanzas eran un problema significativo. Sabemos esto por las advertencias contra las herejías y los falsos maestros que encontramos en todos los escritos posteriores del Nuevo Testamento. Jesús Mismo, advirtió que esos falsos maestros serían como “lobos vestidos de ovejas” (Mateo 7:15), y que habría ambos “trigo y cizaña”, que coexistirían juntos hasta el día del juicio, cuando Él separaría a los salvos de los perdidos; los verdaderos creyentes “nacidos de nuevo”, de aquellos que no le recibieron verdaderamente a Él (Mateo 13:24-30). Esto es importante para entender la historia de la iglesia, porque casi desde sus inicios, los falsos maestros y falsas enseñanzas han estado invadiendo la iglesia y guiando a la gente por el camino equivocado. A pesar de esto, siempre han habido verdaderos creyentes

“nacidos de nuevo” a lo largo de todas las eras, aún en el período más oscuro del oscurantismo; que se ajustaron a la doctrina bíblica de la salvación únicamente por gracia, a través de la fe en Jesucristo solamente. La segunda cosa que debemos considerar para comprender correctamente la historia, es que la palabra “católico” simplemente significa “universal”. Esto es importante, porque en los escritos del cristianismo primitivo del primero y segundo siglos, cuando el término “católico” es usado, es en referencia a la “iglesia universal” o al “cuerpo de Cristo” que está formado por los creyentes “nacidos de nuevo”, de cada tribu, lengua y nación (Apocalipsis 5:9; 7:9). Sin embargo, como muchas palabras a través del tiempo, la palabra “católico” comenzó a tomar un nuevo significado, o a ser usada en un nuevo sentido. A través del tiempo, el concepto de una iglesia “universal” o “católica” comenzó a involucrar el concepto de que todas las iglesias se unieran para formar una, no solo espiritualmente, sino también visiblemente, extendiéndose a través del mundo. Este malentendido de la naturaleza visible de la iglesia (que siempre ha contenido ambos “trigo y cizaña”) y la iglesia invisible, (el cuerpo de Cristo, el cual está formado solamente por creyentes nacidos de nuevo) llevaría al concepto de una visible Santa Iglesia Católica, fuera de la cual no hay salvación. Es sobre este malentendido de la naturaleza de la iglesia universal, que la Iglesia Católica Romana se desarrolló. Antes de la conversión de Constantino al cristianismo en 315 d.C. los cristianos eran perseguidos por el gobierno romano. Con su conversión al cristianismo, éste se convirtió en la religión permitida en el Imperio Romano (y más tarde se volvió la religión oficial), y de esta manera la Iglesia “visible” llegó a unirse con el poder del gobierno romano. Este matrimonio de la iglesia y el estado llevó a la formación de la Iglesia Católica Romana, y a través del tiempo ocasionó que la Iglesia Católica refinara su doctrina y desarrollara su estructura de la manera que mejor sirviera a los propósitos del gobierno romano. Durante esa época, el oponerse a la Iglesia Católica Romana, era lo mismo que oponerse al gobierno romano, y ello acarreaba severos castigos. Por lo tanto, el no estar de acuerdo con alguna doctrina de la Iglesia Católica Romana era un cargo serio, que con frecuencia resultaba en la excomunión y algunas veces aún en la muerte. Y sin embargo, a través de ésta época en la historia, hubieron verdaderos cristianos “nacidos de nuevo” quienes se levantaron y opusieron a la secularización de la Iglesia Católica Romana y a la perversión de la fe que le siguió. A través de esta combinación de iglesia y estado, con el correr del tiempo, la Iglesia Católica Romana, efectivamente silenció a aquellos que se oponían a cualquiera de sus doctrinas o prácticas, y realmente casi se convirtió en una iglesia universal a través del Imperio Romano. Aunque siempre hubo “focos” de resistencia ante algunas prácticas y enseñanzas anti-bíblicas de la Iglesia Católica Romana, éstos sin embargo, eran relativamente pequeños y aislados. Antes de la Reforma Protestante, en el siglo dieciséis; hombres tales como John Wycliffe en Inglaterra, John Huss en Checoslovaquia, y John Wessel en Alemania, habrían dado sus vidas por su oposición a algunas enseñanzas anti-bíblicas de la Iglesia Católica Romana. La oposición de la Iglesia Católica Romana y sus falsas enseñanzas llegaron a su climax en el siglo dieciséis, cuando un monje católico romano llamado Martín Lutero clavó sus 95 propuestas (o tesis) contra las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana en la puerta de la iglesia del Castillo de Wittenberg, Alemania. La intención de Lutero era traer la reforma a la Iglesia Católica Romana, y al hacerlo estaba desafiando la autoridad del Papa. Con la negativa de la Iglesia Católica Romana de responder al llamado de Lutero a reformarse y regresar a las doctrinas y prácticas bíblicas, la Reforma Protestante comenzó, de la cual surgirían cuatro divisiones o tradiciones principales: La Luterana, la Reformada, la Anabaptista y la Anglicana. Durante este tiempo Dios levantó a hombres piadosos en diferentes países a fin de

restaurar y volver nuevamente a las iglesias a través del mundo, a sus raíces, prácticas, y doctrinas bíblicas. Subyacentes a la Reforma Protestante hay cuatro preguntas o doctrinas básicas en que estos reformadores creían que la Iglesia Católica Romana estaba en un error. Estas cuatro preguntas o doctrinas son: ¿Cómo es salvada una persona? ¿Dónde reside la autoridad religiosa? ¿Qué es la iglesia? y ¿Cuál es la esencia de la vida cristiana? Al responder estas preguntas los reformadores protestantes tales como Martín Lutero, Ulrich Swingli, Juan Calvino, y John Knox establecieron lo que sería conocido como las “Cinco Solas” (sola, es tomada de palabra del latín –solamente-) de la Reforma. Estos cinco puntos de doctrina fueron el corazón de la Reforma Protestante y fue por estas cinco doctrinas bíblicas esenciales que los reformadores protestantes tomarían su posición contra la Iglesia Católica Romana, resistiendo las demandas puestas sobre ellos aún al punto de morir; de retractarse de sus enseñanzas. A principios del siglo XVI, la Iglesia se encontraba en un profundo estado de decadencia y de crisis. La riqueza material de esta época hizo que se produjera corrupción y relajación de las costumbres entre parte del clero, lo que afectaba hasta las más altas jerarquías, incluido el papado. Todos buscaban aumentar al máximo sus ingresos, ya sea para velar por el futuro de sus familias, satisfacer su gusto por el lujo o proteger a sus artistas favoritos. Se sabía que el Papa Alejandro V de Borgia llevaba una vida escandalosa, y que el Papa León X solo se había ocupado de las bellas artes. El resto del clero no lo hacía mal; se dice que los obispos, en Alemania, poseían la tercera parte de las tierras y vivían como grandes señores. Tales excesos despertaron poderosas críticas e insistentes exigencias en favor de una reforma que los suprimiese de raíz. Causas político-económicas Durante la Edad Media se produjeron, muchas veces, conflictos entre los papas y los gobernantes, reyes o emperadores de los diversos Estados europeos. Si bien estas disputas no llegaron a afectar la unidad de la fe, fueron evidencia del resentimiento que sentían los reyes frente a los papas. Y por ello, los gobernantes lucharon por aumentar su poder sobre el clero y tratar de reducir los derechos del Sumo Pontífice. A esto se agrega que entre los ingleses, alemanes y escandinavos surgió un movimiento reactivo en contra de la obediencia a Roma. Para estos países, adoptar la Reforma era afirmar su sentido de nacionalidad frente a la catolicidad representada por el papado romano. Por otra parte, la Reforma halló campo fértil en países en que el capitalismo se había desarrollado (Alemania, Países Bajos e Inglaterra). Esto, porque las clases enriquecidas, gracias al comercio y al monopolio, sabían que la Iglesia veía con malos ojos el origen de sus ganancias. Además, algunos reyes y nobles vieron que separándose de la Iglesia Católica podrían adueñarse de sus extensas posesiones. El eje fundamental sobre el que se desarrolló la Reforma fue el de la justificación por la sola fe en Jesucristo "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo."(Romanos 5:1) La Salvación es un REGALO (Gracia) DE DIOS. "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)" (Efesios 2:4-5)

"...siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre" (Romanos 3:24-25) "Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra" (Romanos 11:6) "Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres..." (Tito 2:11) 2. La Salvación NO SE MERECE por algo que hagamos, no se merece por obras. "Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero." (Hechos 8:20) "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe." (Efesios 2:8-9) "sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado." (Galatas 2:16) "Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia." (Tito 3:4-5) "Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley" (Romanos 3:28)

y su obra cumplida de la salvación. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." (Juan 3:16) "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo."(Romanos 5:1) "Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí." (Juan 14:6) "Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos." (Hechos 4:12) "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa." (Hechos 16:31) "Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, ycreyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo." (Romanos 10:8-9) "Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación" (Romanos 5:10-11)

"No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo." (Romanos 5:14-15) "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira." (Romanos 5:8-9) "Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo."(1° Juan 4:14) "A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios." (Juan 1:1113) La enseñanza de la justificación por la sola fe, ponía radicalmente en cuestión todo el aparato eclesiástico (sacramentalismo, indulgencias, ceremonias, etc.) que tendía siempre a una supuesta participación meritoria del creyente para obtener la salvación. Este aparato eclesiástico se había implantado por la sola autoridad de la Iglesia, es decir, aparte de la autoridad de la Sagrada Escritura. Todo ello, pues, tenía que llegar a ser reformado a la luz de la Palabra de Dios y por su autoridad. La fe Católico romana Si bien claramente La Biblia nos dice que la Salvación no reconoce méritos humanos, o dicho de otra forma, es un regalo de Dios Padre a aquellos que reconocen a Jesús como El Cristo y le entregan su vida, vemos como la doctrina Católica enseña la necesidad de determinadas obras para "merecer" o para "conservar" este regalo. "Esta revelación no fue interrumpida por el pecado de nuestros primeros padres. Dios, en efecto, "después de su caída alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras" (DV 3). CIC #55 « En toda circunstancia, cada uno debe esperar, con la gracia de Dios, "perseverar hasta el fin" y obtener el gozo del cielo, como eterna recompensa de Dios por las buenas obras realizadas con la gracia de Cristo...» CIC #1821 « Los hijos de nuestra madre la Santa Iglesia esperan justamente la gracia de la perseverancia final y de la recompensa de Dios, su Padre, por las obras buenas realizadas con su gracia... » CIC#2016 «El Concilio de Trento enseña que los diez mandamientos obligan a los cristianos y que el hombre justificado está también obligado a observarlos (cf DS 1569-70). Y el Concilio Vaticano II lo afirma: "Los obispos, como sucesores de los apóstoles, reciben del Señor...la misión de enseñar a todos los pueblos y de predicar el Evangelio a todo el mundo para que todos los hombres, por la fe, el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos, consigan la salvación" (LG 24).» CIC #2068

"Los padres tuvieron razón en llamar a la penitencia "un bautismo laborioso" (San Gregorio Nac., or. 39.17). Para los que han caído después del Bautismo, es necesario para la Salvación este sacramento de la Penitencia, como lo es el Bautismo para quienes aún no han sido regenerados (Cc. de Trento: DS 1672)." CIC #980 "La Iglesia afirma que para los creyentes, los Sacramentos de la Nueva Alianza son necesarios para la Salvación (Cf. Cc. de Trento: DS 1604)." CIC #1129 "Los Sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina. Los ritos visibles bajo los cuales los sacramentos son celebrados significan y realizan las gracias propias de cada sacramento." CIC#1131 "La Iglesia pide a Dios que, por medio de su Hijo, el poder del Espíritu Santo descienda sobre esta agua, a fin de que los que sean bautizados con ella "nazcan del agua y del Espíritu". Sigue entonces el rito esencial del sacramento: el Bautismo propiamente dicho, que significa y realiza la muerte al pecado y la entrada en la vida de la Santísima Trinidad a través de la configuración con el misterio pascual de Cristo. El Bautismo es realizado de la manera mas significativa mediante la triple inmersión en el agua bautismal. Pero desde la antigüedad puede ser también conferido derramando tres veces agua sobre la cabeza del candidato." CIC # 1238 y 1239 "Para el Católico, la Salvación no viene mediante recibir a Cristo como Salvador personal, sino que es un extenso proceso que comienza con el bautismo, y de ahí en adelante depende de la relación continua de la persona con la Iglesia. La Salvación viene mediante la participación en los sacramentos, penitencias, buenas obras, sufriendo por los pecados personales, y los pecados de otros, aquí o en el purgatorio, indulgencias para reducir el tiempo en el purgatorio, y cantidades casi interminables de misas y rosarios dichos en favor del feligrés, aún después de la muerte. El "evangelismo" católico es por obras, la antítesis propiamente dicha de "el evangelio de la gracia de Dios." (Dave Hunt - "A Woman Rides the Beast" Pag.10) Los actores de la Reforma fueron los doctores y pastores de la Iglesia de aquel entonces, como Lutero, Calvino, etc. La Reforma protestante fue un movimiento internacional que tuvo un desarrollo particular en cada país. A la muerte de los reformadores (Lutero, Calvino, etc.) cada iglesia particular (regional o nacional) codificaría la fe cristiana, libre de los errores introducidos bajo el periodo medieval, en diferentes documentos confesionales. La Reforma protestante, pues, no produjo una sola confesión de fe universal o ecuménica –como los símbolos de los Concilios Universales de la Iglesia antigua– sino una diversidad de confesiones de fe. Tres Divisiones de la Reforma del Cristianismo A.La Reforma Protestante La oposición de la Iglesia Católica Romana y sus falsas enseñanzas llegaron a su clímax en el siglo dieciséis, cuando un monje católico romano llamado Martín Lutero clavó sus 95 propuestas (o tesis) contra las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana en la puerta de la iglesia del Castillo de Wittenberg, Alemania. La intención de Lutero era traer la reforma a la Iglesia Católica Romana, y al hacerlo estaba desafiando la autoridad del Papa. Con la negativa de la Iglesia Católica Romana de responder al llamado de Lutero a reformarse y regresar a las doctrinas y prácticas bíblicas, la Reforma Protestante comenzó, de la cual surgirían cuatro divisiones o

tradiciones principales: La Luterana, la Reformada, la Anabaptista y la Anglicana. Durante este tiempo Dios levantó a hombres piadosos en diferentes países a fin de restaurar y volver nuevamente a las iglesias a través del mundo, a sus raíces, prácticas, y doctrinas bíblicas. Para el siglo XV, los abusos cometidos por los Papas, obispos y clérigos los expuso a críticas severas y a una abierta oposición por parte del pueblo. Esto era herejía (estar en desacuerdo contra las normas establecidas por la Iglesia), desde luego, la herejía no era tolerada por la Iglesia. Las personas que cometían este delito eran castigados como criminales, algunas veces la condena conllevaba tortura o posible pena de muerte. La religión Católica era reconocida como la religión oficial de Europa y por lo tanto se consideraba un crimen, no únicamente contra el Estado, sino con más repercusión, ante Dios. Los líderes católicos habían caído en un estado espiritual pernicioso el cual promovía el absentismo y el abandonó de sus deberes pastorales. Por otra parte, el nepotismo papal culminó cuando el Papa Sixto IV convirtió a todos sus sobrinos en cardenales o en gobernantes. Para el siglo XV se habían producido disputas importantes en el interior de la Iglesia estableciéndose la sede del Papa en Aviñón, bajo la influencia del rey de Francia. Conflictos de tipo político entre los reyes y la Iglesia crearon fricciones que alcanzaron una intensidad excepcional. La reforma religiosa de tipo protestante surge precisamente como resultado de estos conflictos entre Iglesia y Estado. Dos personajes que iniciaron el movimiento reformista contra la Iglesia Católica fueron el inglés Juan Wiclef y el checoslovaco Juan Huss. Wiclef comenzó a denunciar las irregularidades cometidas por los líderes católicos y sostenía que la Biblia y no el Papa, era la autoridad máxima en la Tierra. A principios de este siglo plugo a Dios llamar a su pueblo para que volviese a la pureza de la doctrina evangélica. Y esto se llevó a cabo, en particular, por mediación del catedrático en teología de Wittenberg (Alemania) Martín Lutero. Éste no había pensado, ni mucho menos, en instituir una nueva iglesia; pero debido a las luchas de su propia vida y al estudio asiduo de la Biblia, llegó a descubrir que la iglesia se había apartado del verdadero Evangelio, es decir, que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley (Romanos 3:28). Cuando Lutero empezó a predicar este evangelio contra los errores que se habían introducido en la Iglesia, errores que inducían a las gentes a confiar en sus propias obras religiosas para obtener así su salvación, entró en conflicto con los “dirigentes” de la Iglesia de su época, y también, finalmente, con el papa. El año 1520 fue desterrado a causa de su confesión del Evangelio. Pero la Iglesia está donde está la Palabra de Cristo (Juan 3:27). Al desterrar a su testigo fiel, la iglesia de Roma demostró ser una iglesia infiel y falsa. Sin embargo, el Señor condujo hacia la reforma de la Iglesia a todos los que quisieron seguir su Palabra. Ellos prefirieron el yugo de Cristo al yugo de los hombres y al yugo del papa. Anabaptistas. Estos, al igual que los reformadores, se apartaban de la autoridad de Roma y no querían saber nada de la autoridad del papa, pero al mismo tiempo desechaban prácticamente la Sagrada Escritura. Según ellos, ésta no era mas que letra muerta y aquí se trataba del Espíritu que da vida, Pero ellos separaban a este Espíritu de la Palabra del Evangelio. Como consecuencia, desechaban el bautismo de niños y menospreciaban el pacto de la gracia, y la Iglesia instituida con diversos cargos, y en los primeros tiempos turbulentos se mostraron tumultuosamente con

frecuencia contra la autoridad pública. A estos hombres se les considera justamente como fanáticos. Calvino podía, a través de su trabajo oficial, abrir los ojos a muchos de estos equivocados. En aquella época, como siempre, acechaban a la Iglesia del Señor grandes peligros: Por un lado, Roma había separado el Espíritu de la Palabra, y había querido someterlo y supeditarlo a la jerarquía eclesiástica. Y por otro lado no era menos peligroso el fanatismo que volvía la espalda por completo a la Iglesia, separando también a su manera el Espíritu y la Palabra, haciendo que el hombre, en su orgullo, prevaleciese sobre la Palabra de Dios. Debido a que esto era peligroso, pues tanto Roma como la autoridad pública confundían frecuentemente la Reforma con el fanatismo de los anabaptistas, teniéndolos como una misma cosa, Calvino procuró poner de relieve y examinar las principales diferencias que existen entre los dos. En resumen, Roma y el fanatismo eran una misma cosa en lo que se refiere a separar la Palabra de Dios del Espíritu Santo, que en vez de Roma no debemos escoger el camino de los fanáticos anabaptistas, ni siquiera en la forma moderna bajo la cual se esconden las muchas sectas del movimiento pentecostal, que dicen que honran al Espíritu, pero prescinden de la doctrina clara de la Santa Escritura. En nuestro tiempo es de vital importancia que podamos discernir que, en el fondo, la iglesia de Roma y los espiritualistas (anabaptistas fanáticos) son una misma cosa, pues no conceden a la Palabra de Dios el honor y el lugar que le corresponde, por lo cual, aunque hablen mucho del Espíritu y quieran gloriarse en Él y en su posesión, en realidad prescinden de Él y no lo poseen, porque el Espíritu de nuestro Señor Jesucristo es el que viene a nosotros a través de la Palabra del Señor y la predicación de la misma, gobernándonos, consolándonos y enriqueciéndonos. El líder espiritual de la Reforma fue Martín Lutero (1483-1546), aunque él personalmente no se consideraba así. Lutero nació en Alemania y desde muy joven se obsesionó por su propia salvación espiritual. Su creencia religiosa partía de que Dios era un juez severo y no un padre bondadoso. Lutero empleaba gran parte de su tiempo en duros actos de penitencia así como constantes y completas confesiones de sus pecados. Lutero obtuvo su ordenación sacerdotal en el Convento de los Agustinos. Luego de su graduación viajó a Roma para resolver algunos asuntos internos en relación con la orden Agustina. A su regreso de Roma, tras observar lo que sucedía en la capital de la cristiandad, comenzó a censurar a la Iglesia Católica por su desorden administrativo y los abusos cometidos por los clérigos. El concepto de justicia tomó otra perspectiva, la del perdón y no castigo, como único medio para la reconciliación de los humanos con Dios. Lutero colocó noventa y cinco tesis en la puerta del castillo de Wittenberg donde divulgaba que la última autoridad en materia religiosa no era el Papa, sino las Sagradas Escrituras, los sacramentos quedaban reducidos a tres; bautismo, comunión y penitencia, rechazada la creencia de que el pan y el vino se convirtieran en el cuerpo y la sangre de Cristo. El sensacional efecto de la ideas de Lutero comenzó un movimiento de protestas públicas denunciando los abusos cometidos por la Iglesia. Este movimiento tocó al centro y norte de Europa y como resultado Lutero fue acusado de herejía por la Iglesia. Lutero fue excomulgado de la Iglesia, aun así él prosiguió condenando las prácticas religiosas de la época por muchos años. Los príncipes alemanes endosaron la actitud de Lutero y lo apoyaron entrando con él en protesta en contra del

establecimiento religioso. Desde este entonces, todo los disidentes de la Iglesia Católica Romana se han conocidos como protestantes. El hecho sucedido el 31 de octubre de 1517 en que Martín Lutero clava las 95 tesis en las puertas de la catedral de Wittenberg en Alemania, solo es el símbolo de un proceso que llevó décadas de desarrollo. A parte de Martín Lutero debemos conocer a Juan Calvino, Ulrico Zwinglio, Thomas Müntzer, Juan Bucero y Felipe Melanchton entre los más aguerridos defensores de la fe evangélica. Quienes proclamaron como principales elementos de la Iglesia Evangélica los cinco principios: 1. Gracia Sola y Fe Sola Porque no son nuestras obras las que nos otorgan la salvación. Salvación Solamente por Gracia: Esto afirma la doctrina bíblica de que la salvación es únicamente por la gracia de Dios y que somos rescatados de Su ira por Su gracia solamente. La gracia de Dios en Cristo no es solamente necesaria, sino que es la única causa eficiente de la salvación. Esta gracia es el trabajo sobrenatural del Espíritu Santo que nos trae a Cristo, al librarnos de nuestra esclavitud del pecado y levantarnos de la muerte espiritual a la vida espiritual. 2. Escritura Sola Porque no hay hombre o mujer alguno que sea la máxima autoridad. o Solamente la Escritura: Esto afirma la doctrina bíblica, de que solo la Biblia es la única autoridad para todos los asuntos de la fe y la práctica. La Escritura y solamente la Escritura es la norma por la cual todas las enseñanzas y doctrinas de la iglesia deben ser medidas. Como Martín Lutero declaró tan elocuentemente cuando se le pidió retractarse de sus enseñanzas: Que se me convenza mediante testimonios de la Escritura y claros argumentos de la razón —porque no le creo ni al Papa ni a los concilios, ya que está demostrado que a menudo han errado, contradiciéndose a sí mismos— por los textos de la Sagrada Escritura que he citado, estoy sometido a mi conciencia y ligado a la Palabra de Dios. Por eso no puedo ni quiero retractarme de nada, porque hacer algo en contra de la conciencia no es seguro ni saludable". "¡No puedo hacer otra cosa; esta es mi postura. Que Dios me ayude! Amen." 3 – “Sola Fide” La Salvación Solamente por Fe: Esto afirma la doctrina bíblica de que la justificación es por gracia solamente a través de la sola fe en Jesucristo únicamente. Es por la fe en Jesucristo que Su justicia nos es imputada, como la única satisfacción posible a la perfecta justicia de Dios. 4 – “Solus Christus” En Cristo Solamente: Esto afirma la doctrina bíblica de que la salvación se encuentra solamente en Cristo y que únicamente Su vida sin pecado y Su expiación sustitutiva, son suficientes para nuestra justificación y reconciliación con Dios el Padre. El evangelio no ha sido predicado si la obra sustitutiva de Cristo no es declarada, y la fe en Cristo y Su obra no es solicitada. 5 – “Soli Deo Gloria” Solo a Dios la Gloria: Esto afirma la doctrina bíblica de que la salvación es de Dios, y que ha sido realizada solamente por Dios para Su gloria. Afirma que como cristianos debemos glorificarle siempre, y debemos vivir todas nuestras vidas ante la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios, y para Su gloria solamente.

Martín Lutero Estas cinco importantes y fundamentales doctrinas son la razón para la Reforma Protestante. Ellas son el corazón de donde la Iglesia Católica Romana se equivocó en su doctrina, y el por qué la Reforma Protestante fue necesaria, para regresar a las iglesias a través de todo el mundo a la correcta doctrina y enseñanza bíblica. Ellas son tan importantes en la actualidad para evaluar una iglesia y sus enseñanzas, como lo fueron entonces. De muchas maneras, muchos cristianos protestantes necesitan ser retados a regresar a estas doctrinas fundamentales de la fe, al igual que los reformadores retaron a la Iglesia Católica Romana a hacerlo en el siglo dieciséis. Ademas: El Sacerdocio Universal Porque todos en Jesucristo estamos cerca de Dios y somos por ello responsables de servir. La libertad cristiana Porque al ser libres del pecado somos capaces de comportarnos movidos por el Amor de Dios porque todo dogma humano y práctica religiosa es corregido o actualizado por la Palabra de Dios. Este fue el grito de guerra de la Reforma-Soli Deo Gloria. Esta doctrina quedó manifestada en las luchas, obras literarias, sermones, y conversaciones de los grandes teólogos del siglo XVI. Como lo confirma la historia, la iglesia había caído en la total corrupción. Su teología estaba centrada en el hombre. La salvación era vendida como se vendían los víveres. Si los hombres buscaban respuestas, no debían ir a buscarla en Dios, sino que podían ir a un sacerdote. Sin embargo, Dios tenía un plan maravilloso para rescatar a la iglesia de toda esa barbarie. Dios levantó a Martín Lutero, un monje agustino a quien le mostró la verdad. Lutero respondió a todas estas abominaciones de la iglesia con 95 tesis, en las cuales detallaba sus principales objeciones a las prácticas antibíblicas del papado. Por ejemplo, en algunas de ellas escribe cosas como, Cualquier cristiano verdadero, sea que esté vivo o muerto, tiene participación en todos lo bienes de Cristo y de la Iglesia; esta participación le ha sido concedida por Dios, aun sin cartas de indulgencias.” Tesis 37.

El papa mismo no puede remitir la culpa, sino que tan sólo puede declarar y confirmar que ha sido remitida por Dios.” Tesis 7. Vana es la confianza en la salvación por medio de una carta de indulgencias, aunque el comisario y hasta el mismo Papa pusieran su misma alma como prenda.” Tesis 52. Del mismo modo: ¿Por qué el Papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de los más opulentos ricos, no construye tan sólo una basílica de San Pedro de su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?” Tesis 86. La lucha brindada por Lutero estaba basada en lo que representaba la gloria de Dios, es decir, es Dios quien salva a un hombre, no es el hombre. Esta no puede ser vendida, ni ganada por medio de las indulgencias, pues es un don de Dios para un hombre mediante la fe y solamente mediante la fe. Sin embargo, Lutero no fue el único hombre que Dios levantó en Europa para hacer brillar la luz de Su gloria. Muchos otros hombres lucharon por esta doctrina. Ellos no querían dividir a la iglesia, sino reformarla quitando todas las abominaciones que en ella habían. Pero cuando sintieron la oposición del papado no tuvieron más opciones que partir. La Reforma es en sí misma una lucha por la doctrina de Soli Deo Gloria. Cuando los reformadores volvieron sus rostros a la Escritura vieron que el fin supremo del hombre es glorificar a Dios (Pregunta #1 del Catecismo de Westminster). Reconocieron esta verdad plasmada tan vívidamente en la Biblia y lucharon por ella. En la Palabra de Dios encontramos, Alaben el nombre de Jehová, Porque sólo su nombre es enaltecido. Su gloria es sobre tierra y cielos.” Salmo 148: 13 al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.” Romanos 16: 27 al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.” Judas 1: 25 Para la iglesia católico romana solamente aquellos que servían a Dios en el ministerio eran capaces de glorificar a Dios verdaderamente. Pero para los reformadores esto era otra mentira y aberración más del papado. Para los reformadores todo hombre glorificaba a Dios cualquiera que fuera la vocación que el Señor le había dado. En cada una de ellas el hombre estaba obligado a glorificar a Dios. Esto es lo que Pablo argumento cuando le escribe su epístola a los Corintios, Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” 1 Corintios 10: 31 Esta doctrina fue la que hizo explotar con furia a Lutero y fue la que encendió la llama de la Reforma Protestante. B. La Reforma Radical El nombre anabaptista o anabautista proviene del idioma griego y se refiere a "rebautizar"1 o "bautizar de nuevo" (ανα- hacer de nuevo y βαπτιζω- bautizar). Dicho nombre les fue impuesto a los Anabapistas por sus detractores, pues estos consideraron inválido el bautismo infantil. Los anabaptistas abogan por el bautismo de creyentes (Marcos 16:16), adultos, pues por una parte consideran que los niños son salvos (Mateo 18:2-4) y por otra parte consideran al bautismo como símbolo de fe, la cual no manifiesta un bebé.

LOS ANABAUTISTAS Y LA REFORMA RADICAL.

Thomas movimiento Anabautista.

Müntzer

fue

uno

de

los

fundadores

del

Por siglos los principales historiadores o ignoraron o crasamente malentendieron lo que ahora se reconoce como uno de los movimientos importantes en el período de Reforma. El movimiento por siglos fue llamado anabautismo, aunque con algunas reservas por los más familiarizados con él. A.H. Newman, por ejemplo, reconocía, como muchos eruditos de otras denominaciones ahora están de acuerdo, en que el nombre “anabautista” era un epíteto de reprobación o condenación. Por mucho tiempo se le identificó con el fanatismo, el cisma y el desorden. Ya para el siglo V el Código Teodosio señalaba la pena de muerte para cualquiera que rebautizara a otro. Esta ley estaba dirigida a los donatistas, los que algunas veces eran llamados anabautistas porque insistían en realizar el rito del bautismo sobre cualquiera que viniera de las corrompidas iglesias católicas, que, decían los donatistas, habían perdido el poder de administrar el bautismo salvador. Con esta clase de fondo, el nombre “anabautista” llegó a aplicarse a cualquier iconoclasta religioso o fanático. Ahora se reconoce generalmente que encontrar a alguien al que se haga referencia como un anabautista en el siglo XVI no significa necesariamente que tal persona rebautizara; sencillamente puede significar que sus conceptos eran considerados radicales. Por esta razón, el nombre “anabautista” que hacía hincapié en la sola doctrina del bautismo de los creyentes, difícilmente puede aplicarse adecuadamente a todos los radicales religiosos que eran amenazados o condenados por ser clasificados en esta categoría. Una mejor clasificación para describir más exactamente los diversos tipos de pensadores radicales ha sido intentada recientemente por muchos historiadores. Tal vez, como algunos han sugerido, la palabra “radical” es el mejor término genérico para todos ellos, porque estos grupos eran radicales tanto en relación con las prácticas de los reformadores religiosos contemporáneos como en la opinión de los católicos romanos y de los protestantes de ese tiempo. Los diversos grupos, entonces, se discutirán bajo cuatro categorías: los biblicistas radicales, los milenaristas radicales, los místicos radicales, y los racionalistas radicales. Antes de discutir cada uno de esos grupos, deben decirse unas palabras acerca del posible origen de estos movimientos. Un comentario importante hace el teólogo bautista Dr. Deiros al respecto de estos grupos.

“La Reforma Protestante no produjo cambios en relación con el reconocimiento y ejercicio de los dones del Espíritu. La tradición carismática estuvo representada por el movimiento anabautista. La Reforma y el Renacimiento produjeron un renovado interés por la exégesis basada en los idiomas originales de la Biblia.” Por otro lado, Lutero discrepó con el rechazo radical de Carlstadt al uso de la medicina. El padre de la Reforma se oponía de manera virulenta a los fanáticos (Schwarmef), como calificaba a los anabaptistas. También se oponía a los «profetas» de Zwickau. Uno de sus representantes, Nicolás Storch, pretendía haber recibido revelaciones extraordinarias e influyó sobre el líder anabautista Tomás Müntzer

Como anabaptistas fueron denominados los cristianos que después del siglo IV se opusieron a la imposición del bautismo de niños e inclusive el Código de Justiniano estableció la pena de muerte contra ellos, la cual se aplicó en variadas ocasiones durante la Edad Media y luego en la época de la Reforma protestante, cuando en la Dieta de Espira, en 1529, católicos y protestantes se pusieron de acuerdo en perseguir a los anabaptistas. Los actuales anabaptistas surgieron como vertiente del cristianismo de la Reforma en el siglo XVI, en Suiza, Austria, Alemania y Holanda. En esa época había distintas expresiones del anabaptismo:

David Joris, uno de los más importantes líderes del anabaptismo. Una revolucionaria, originada en la predicación y bautismos de adultos realizados por el tejedor Nicolás Storch y sus compañeros Tomás Dreshel y Marcos Stübner; tuvo como defensor absoluto y destacado a Thomas Müntzer, que participó en la lucha de los campesinos contra los terratenientes feudales. Otra extremista, que protagonizó el levantamiento en la ciudad de Münster, encabezada por Jan Matthys y Juan de Leiden y propiciada por la predicación de Melchior Hofman.

La unitaria, representada por la personalidad de Miguel Servet; por los seguidores de Fausto Socino, Simón Budny y Gregorio Paulo en Polonia; y por Ferenc Dávid y las iglesias unitarias de Hungría y Transilvania. La pacifista trinitaria, que surgió primero en 1525 en Zürich, bajo el liderazgo de Conrad Grebel en oposición a Zwinglio, se extendió luego a Austria, Alemania, Holanda y Polonia, donde otros líderes como Michael Sattler, Pilgram Marbeck, Baltasar Hubmaier, Hans Denk, Jacob Hutter, Ulrich Stadler, Dirck Philips y Menno Simons lograron consolidar pequeñas iglesias siempre sometidas a intensa persecución, tanto por católicos, como por protestantes y anglicanos. Aparte de compartir las principales doctrinas de la Reforma como la definición de la Biblia como única regla infalible de fe, inspirada indudablemente por el Espíritu Santo; la aceptación de Jesucristo como único mediador; el sacerdocio de todos los creyentes y la presencia del Espíritu Santo y sus dones en cada cristiano; y el rechazo de la creencia en la transubstanciación durante la misa y de ésta como sacrificio; defienden la idea de que los cristianos convencidos, bautizados, deben vivir libres de la esclavitud del mundo, amar a los enemigos y abstenerse de toda violencia, solidarizarse materialmente con los pobres, sin apelar a las relaciones con el estado para conseguir prebendas. El anabaptismo puede definirse en tres puntos principales: 1. Un concepto de la esencia del cristianismo como discipulado. 2. La iglesia como fraternidad. 3. Una ética y moralidad basada en el Sermón del Monte. 4 Por eso, insisten en la importancia de la comunidad de fe para la oración, la mutua corrección fraterna, mutua ayuda material, ser una comunidad establecida voluntariamente y el Cuerpo de Cristo que se celebra en la Cena del Señor. Rechazan enérgicamente las persecuciones y guerras religiosas y consideran un crimen la ejecución de cualquier persona por sus creencias. Su norma fue y sigue siendo "Libertad religiosa para todos los hombres para vivir la fe de su elección o ninguna". ORIGENES DE LOS REFORMADORES RADICALES.

Queman a la Grabado de Jan Luyken

anabaptista

Amsterdam 1571 frisona Anneken

Ejecución Hendriks.

En general hay dos puntos de vista respecto al origen de estos reformadores y su extenso distrito. Uno es que se originaron por la inmediata situación histórica y el estudio renovado de las Escrituras. Este criterio negaría que hubo antecedentes antes del siglo XVI. La investigación sobre los orígenes de los anabaptistas se ha viciado tanto por los intentos de sus enemigos a la calumnia y los intentos de sus amigos para que ellos reivindican. Era muy popular poner juntos tanto a los anabaptistas Munsteritas como a los radicales relacionados con los Profetas Zwickau, Jan Matthys, John of Leiden (también Bockelson van Leiden, Jan de Leyden), y Thomas Müntzer. Aquellos que desean corregir este error tiende a sobre-corregir y negar todas las conexiones entre el principal movimiento Anabautista y su más radical elemento. La era moderna de la historiografía Anabautista surgió con la labor de estudioso católico romano Carl Adolf Cornelius "la publicación de Die Geschichte des Münsterischen Aufruhrs en 1855 (La historia de la Münster antidisturbios). Bautista historiador Albert Henry Newman (1852-1933), quien dijo Bender ocupados "primera posición en el campo de la Historiografía de América Anabautista," hizo una contribución importante con su Historia de la Lucha contra el Pedobaptism. Aunque un número de teorías que se refiere a los orígenes, las tres principales ideas que son, Los Anabaptistas comenzaron en una sola expresión en Zürich y se propagó a partir de allí (Monogenesis), Los Anabaptistas comenzaron a través de varios movimientos independientes (polygenesis), y Los Anabaptistas son una continuación del cristianismo del Nuevo Testamento (o sucesión apostólica iglesia perpetuidad). Parecería más consistente sostener que la repentina aparición de estos reformadores sobre tan grande área y la incorporación de tales énfasis doctrinales tan diversos no puede explicarse en términos de un factor solo o localizado. La historia no se vuelve repentinamente ni revela expresiones multiformes sin antecedentes. Un movimiento tan complejo y general como este parecería

demandar una multiplicidad de factores—la prolongación de ideas medievales, la inmediata conmoción económica y religiosa del siglo XVI, el nuevo estudio del Nuevo Testamento en términos de interpretaciones contemporáneas, y tal vez otros elementos que no pueden ser clasificados. TIPOS DE REFORMADORES RADICALES.

Anabaptistas reunidos en secreto en la barca de Peter Piersz. Ilustración de Jan Luyken Debe reconocerse que estas clasificaciones de los diversos tipos de radicales son totalmente arbitrarias. Con frecuencia un hombre podría ser puesto en varias categorías y otro hombre no cabría en ninguna. Hay valor, sin embargo, en forzar cierta clase de plan general sobre el material para proporcionar un mejor contexto. Biblicistas Radicales.— Este grupo recientemente ha sido llamado “los anabautistas propiamente dicho” por un autor, por buenas razones, porque ellos demandaban fe personal antes del bautismo como un elemento básico de su religión. Había radicales en el sentido de que ellos eliminaban toda la tradición en favor de la autoridad bíblica, que ellos consideraban la fuente de sus ideas acerca del bautismo de los creyentes, la separación de la iglesia y el estado, la eliminación de la gracia sacramental y sacerdotal, la centralidad de la iglesia unida, la restauración del primitivo espíritu cristiano de amor y de la norma neotestamentaria de organización, y la santidad de vida como resultado de una experiencia de regeneración mediante el Espíritu de Dios. Debe recordarse que en su reforma en Zurich, Ulrico Zwinglio apoyaba el concepto de que sólo las Escrituras deben constituir la base de fe y práctica. En 1523 en conferencias con Zwinglio, Baltazar Hubmaier (entonces pastor en Waidhust, Austria), Félix Manz y otros, discutieron con él la necesidad de rechazar el bautismo infantil. Zwinglio al principio pareció ver favorablemente la doctrina del bautismo de los creyentes, puesto que seguía su reconocido principio de seguir solamente enseñanzas escriturarias, y puesto que ya su elaboración de sus Sesenta y Siete Artículos había señalado la primitiva práctica de bautizar sólo después de la fe y la confesión. Sin embargo, su teoría de la relación del cristianismo con la sociedad finalmente lo apartó de esta posición. Zwinglio pensaba que debía tener el apoyo de las autoridades civiles en Zurich para llevar a cabo su reforma. La negación del bautismo infantil hubiera significado el apoyo civil, porque el mismo concilio de la ciudad, del cual dependía para ayuda, hubiera quedado fuera de la iglesia. Consecuentemente, el 17 de enero de 1525, en una disputa en Zurich, Zwinglio

negó el principio del bautismo de los creyentes. Se le opusieron muchos de sus antiguos asociados, hombres valientes como el capaz y respetado Conrado Grebel. El concilio de la ciudad, actuando como juez, decretó la victoria de Zwinglio en el debate y dio la orden de que todos los niños fueran bautizados. Los anabautistas debían ser desterrados o hechos prisioneros. Una segunda disputa en noviembre terminó similarmente. En marzo de 1526 se ordenó ahogar a los anabautistas si persistían en su herejía, y Félix Manz, Jacobo Faulic, y Enrique Riemon fueron las primeras víctimas de esta sentencia. El movimiento anabautista ganó multitudes de adherentes en Suiza entre 1525 y 1529. Después de ser desterrados de Zurich, dirigentes anabautistas como Jorge Blaurock, Guillermo Reublin, Hans Brotil, y Andrés Castlebcrg, fueron a todas partes predicando. Grandes cantidades fueron bautizados en Schaffhausen, San Gallen, Appenzell, Basilea, Berna y Grunigen. No sólo se formaron numerosas iglesias anabautistas, sino que el movimiento ayudó a purificar a otros grupos de ministros indignos, cuyas vidas malvadas eran rigurosamente atacadas por los predicadores anabautistas. Para 1529 el movimiento anabautista suizo había declinado grandemente, pero no había muerto. Hombres como Pilgrim Marbeck trabajaron ampliamente en Suiza y después en el sur de Alemania. Particularmente en Berna las congregaciones anabautistas continuaron su lucha. Como otros movimientos perseguidos, el anabautismo se volvió secreto, y su influencia no puede juzgarse. Una de las razones de la declinación de la actividad anabautista en Suiza fue el llamado de un país adyacente. El anabautismo se había esparcido en áreas contiguas como Austria y Moravia. Fue a este último país que muchos dirigentes anabautistas se abrieron camino. Moravia había sido sembrada de semilla radical por las revueltas husitas y taboritas. En junio de 1526, Baltazar Hubmaier huyó a Nickolsburgo, Moravia, después de ser perseguido en Austria y Suiza. Allí tuvo un éxito instantáneo, habiendo bautizado entre seis y doce mil en un año. También pudo publicar varias excelentes obras apologéticas en defensa de la posición anabautista. Su obra en Nickolsburgo, sin embargo, fue socavada por Jacobo Wiedemann y otros, que abogaban por un fuerte pacifismo (no sólo negándose a meterse en la guerra sino declinando pagar impuestos que mantuvieran a los que peleaban) y un compartimiento comunal de los bienes personales. Tal vez la amargura de esta controversia pueda haber despojado a Hubmaier de amigos lo suficiente para que las autoridades austriacas pudieran aprehenderlo y quemarlo en marzo de 1528. Así murió uno de los anabautistas más grandes y sabios. El partido pacifista y comunista creció rápidamente en Moravia. Jacobo Huter asumió la dirección, y una gran comunidad que practicaba la economía comunal se convirtió en refugio anabautista para refugiados de toda Europa. Pese a la casi ininterrumpida persecución en los siguientes dos siglos, los anabautistas moravos aumentaron y prosperaron. Su gobierno eclesiástico era muy similar al de los antiguos valdenses de esta área. El crecimiento del grupo en el cercano Tirol y en Austria fue rápido al principio, pero por causa de la severa persecución el movimiento fue drásticamente reducido. El tercer grupo principal que defendía un rígido biblicismo eran los menonitas, que tomaron su nombre de Menno Simons (1496-1561). Menno nació y creció en los Países Bajos, recibió una buena educación y fue ordenado sacerdote en la Iglesia Católica Romana en 1524. La atmósfera de la reforma lo llevó a un cuidadoso estudio de la Biblia, especialmente después de la ejecución de un anabautista cerca de su casa. Los fanáticos radicales de Münster, lo rechazaron entre 1533 y 1535, pero también lo empujaron a dejar la Iglesia Romana bajo la presión de la

convicción. En 1536 él recibió el nuevo bautismo y se convirtió al ministerio anabautista. Con Obbe y Dietrich Philips, Menno se reunió y organizó los biblicistas de la grey anabautista dispersa. Pasó el resto de su vida como fugitivo de los católicos así como de los protestantes. Viajando y escribiendo extensamente, Menno preservó la herencia de los anabautistas bíblicos. Es digno de notarse que Menno Simons, indudablemente por su intensa repugnancia a los fanáticos de Münster, desconocía cualquier conexión histórica con los anabautistas primitivos, pero trazaba una sucesión de su movimiento a través de los valdenses hasta los días apostólicos. También seguía la norma valdense en varias doctrinas claves. Los Milenarios Radicales.— El ala milenaria del movimiento radical volteó la espalda al ideal de restablecer la norma primitiva en congregaciones unidas. En vez de eso, tornando su texto de escritos apocalípticos, consiguió preparación e inspiración de los fuegos fanáticos primitivos que todavía ardían en Bohemia, y considerándose a sí mismos primeros actores en el drama de Dios de restablecer un reino milenario, estos hombres procuraban traer el cielo a la tierra por medio de la espada y la coerción. Las ideas valdenses y taboritas que cubrían Bohemia fueron reproducidas con mucho detalle en la obra de Nicolás Storch. Influido por sus primeros contactos en Bohemia, Storch mostró un fiero espíritu denunciador hacia los que disentían de él. En 1520 se alió con Tomás Müntzer, un pastor luterano de Zwickau, altamente educado, que como Lutero atacaba el establecimiento sacerdotal y monástico del sistema romano. Storch estableció un tipo distintivo de organización eclesiástica siguiendo el modelo de las iglesias taboritas que había conocido en Bohemia. El siguiente año Müntzer se volvió a Praga. Aparentemente la instrucción que había recibido aquí lo puso en el partido de los radicales irrecuperables. Storch, mientras tanto, que parecía haber ínfluido en Müntzer los principios y la política bohemia, permaneció en Zwickau, donde casi volvió radicales a varios de la facultad de Wittenberg, pese a que estaba sosteniendo errores “bohemios”. Carlstadt, Celario, y hasta Melanchton, se impresionaron grandemente con Storch. El último confesó estar muy perplejo sobre cómo contestar los argumentos de Storch contra el bautismo infantil. Después de regresar de Bohemia, Müntzer se estableció como pastor en Alstedt. Aquí su predicación revolucionaria contra las injusticias sociales y religiosas hizo mucho para preparar el camino a la revuelta de los campesinos. Expulsado de Alstedt en 1524 por las autoridades, se apresuró a Mühlhausen, donde su doctrina de revolución social, mezclada con agitación popular apocalíptica y fanática, precipitó la guerra de los campesinos. Aquí estaba un radical que nunca fue anabautista. Aunque Müntzer fue matado poco después, su influencia no murió con él. Otros dos dirigentes, Hans Hut y Melchor Rinck, atraídos por las ideas milenarias de Müntzer, predicaron ideas milenarias a lo largo y lo ancho de los estados alemanes. El sucesor de Müntzer, un hombre que se parecía a él en muchos sentidos, era Melchor Hoffmann (Aprox. 1490-1543). Es muy posible que algunas de las ideas milenarias de Hoffmann fueran obtenidas en Estrasburgo de Nicolás Storch, el maestro de Müntzer. Después del desastre de la guerra de los campesinos, muchos de los radicales se abrieron paso hasta Estrasburgo en el sur de Alemania, donde prevalecía una medida de tolerancia. Los dirigentes como Storch, Jacobo Gross, Hans Denk, y Miguel Sattler, le habían dado un aire milenario a los radicales de Estrasburgo. En 1529, después de un revoltoso ministerio en Suecia y Dinamarca, Hoffmann regresó a Estrasburgo y tal vez fue bautizado allí en 1530. Ahora

Hoffmann fijaba osadamente el año 1533 como la fecha del principio del reino milenario de Cristo y llamaba a Estrasburgo “la nueva Jerusalén”. El ordenó que el bautismo fuera suspendido por dos años para prepararse para el evento. La mayor parte de los dos años viajó por los Países Bajos, haciendo mientras tanto un discípulo de Juan Matthys, quien superaría a su maestro en el fanatismo milenario. Hoffmann fue echado a la cárcel en mayo de 1533, en Estrasburgo, donde murió diez años después. Matthys anunció en 1533 que era el profeta Enoc que habla sido prometido por Hoffmann, y asumió la dirección del partido fanático. Fue Matthys quien puso el escenario para el fracaso de Münster. El pueblo de Münster, una ciudad del norte de Alemania, había reaccionado favorablemente a la predicación evangélica de Bernardo Rothmann entre 1529 y 1532. Muchos radicales invadieron la ciudad, y en 1534 Juan de Leyden y Gert Tom Closter, representando a Matthys, llegaron para hacerse cargo. El mismo Matthys anunció entonces que Münster, y no Estrasburgo, iba a ser “la nueva Jerusalén”. La toma de la ciudad por los radicales hizo que vinieran las tropas del obispo católico romano. En el asedio la guerra que siguieron, Juan de Leyden, que se convirtió en jefe cuando Matthys fue matado, introdujo la poligamia y ordenó el bautismo o el destierro. La ciudad aguantó por un año. Los pocos dirigentes que fueron capturados fueron torturados y luego alzados en una jaula a la torre de la iglesia principal de Münster. Sus huesos permanecieron allí por siglos, un constante recordatorio de los deplorables efectos del movimiento radical. Místicos Radicales.— El extremado énfasis sobre las observancias sacramentales, y la fría teología escolástica y estrictamente intelectual produjeron una reacción de los que buscaban dentro de sí mismos el testimonio y la iluminación del Espíritu. Moviéndose en una atmósfera que despreciaba tanto los sistemas sacramentales católicos romanos como los protestantes, estos místicos con frecuencia se veían atraídos por los anabautistas no sacramentales y sus doctrinas radicales. Uno de estos era Hans Denk (1495-1527), un erudito humanista y reformador asociado con Zwinglio por un tiempo. En 1525 él organizó una iglesia anabautista en Augsburgo, pero sucesivamente fue echado a Estrasburgo, Worms y Basilea, donde murió de la peste en 1527. Sus escritos lo vinculan con los místicos primitivos. Su amigo, Ludwig Hetzer (1500-29), tuvo una experiencia un tanto similar con sus perseguidores antes de su ejecución en 1529. Sebastián Franck (1499-1542) se cambió del romanismo al calvinismo y fue acusado de cambiarse al anabautismo. Su pronunciado misticismo y su desafiante admiración por los herejes que se habían atrevido a seguir la verdad hacen difícil clasificarlo bajo una sola categoría. El indudablemente influyó en Gaspar Schwenkfeld (1487-1541), que se cambió igualmente del luteranismo, aunque las doctrinas de Schwenkfeld permanecieron más cerca de la ortodoxia que las de Franck. Jacobo Kautz y Juan Bunderlin deben ser clasificados entre estos místicos; tal vez hasta Enrique Niclaes (aprox. 1501-60), el fundador de “la Casa de Amor” o “los familistas”, debe ser incluido. Niclaes pasó del catolicismo romano al luteranismo, sin encontrar en ninguno lo que deseaba. Su naturaleza mística fue excitada por David Joris (1501-56), y parece que él pensaba que había recibido una revelación divina más allá de lo que ningún hombre había conocido. Pasó mucho tiempo en Inglaterra, y la influencia de su movimiento todavía podía encontrarse allí el siguiente siglo. Racionalistas Radicales.—

Tanto católicos como protestantes en el período de la reforma aborrecían a los racionalistas radicales, cuyo razonamiento no sólo los había sacado de las iglesias ortodoxas sino también había desarrollado aberraciones doctrinales que los habían puesto “fuera de límites”. De hecho, todo tipo de radicales (bíblicos, milenarios, místicos, y racionalistas) eran enemigos de los símbolos y credos ortodoxos. Los místicos en particular con frecuencia seguían herejías reconocibles en sus doctrinas acerca de la iglesia, de la salvación y de Cristo. Hombres como Franck, Hetzer, Denk, Kautz, y Bunderlin, se acercaban a los conceptos de los racionalistas, y en algunos casos iban más allá de ellos en su radicalismo, pero sus métodos y curso de acción eran diferentes. Un racionalista bien conocido era Juan Campano (aprox. 1495-1575). Influido por Erasmo y por la atmósfera de los radicales en el ducado de Julich, Campano se cambió de los conceptos católicos y luteranos y finalmente cayó en el anti-trinitarianismo. Su influencia se generalizó en Julich, y muchos siguieron sus ideas antipaidobautistas. Fue encarcelado en el año 1555 y murió así, veinte años después. El más conocido de los radicales racionalistas fue Miguel Servet (1509-53), un español brillante pero errático. En 1534 conoció a Juan Calvino en la Universidad de París, empezando una larga relación de desconfianza y disgustos mutuos. Desde 1546 hasta su muerte, Servet irritó grandemente a Calvino con su correspondencia provocativa y su crítica áspera. En el año de su muerte Servet publicó su Christianismi Restitutio, que defendía el antitrinitarianismo y otras doctrinas que aborrecía Calvino y el resto del mundo ortodoxo. Fue aprehendido en Ginebra por Calvino y después de un juicio eclesiástico, fue quemado. Su influencia puede haber sobrevivido en la obra de Lelio Socino (1525-62) y Fausto Socino (1539-1604). El primero era un abogado italiano cuyo gran escepticismo de la ortodoxia contemporánea no fue completamente conocida hasta después de su muerte. En 1547 dejó Italia, sospechoso ya de herejía. Viajó ampliamente y fue un atento observador del juicio de Servet en Ginebra en 1553. A su muerte en 1562 dejó sus manuscritos y su escepticismo a su sobrino Fausto, que se convirtió en un sobresaliente propagador de las doctrinas anti-trinitarias. En 1579 Fausto Socino se mudó a Polonia, refugio de pensadores liberales, donde encontró hombres de ideas similares como Pedro Gonesio, Jorge Biandrata, y Gregorio Paulo. Aquí fundó un colegio y diseminó conceptos racionalistas en una gran área, hasta su muerte en 1604. Debe mencionarse algo del fuerte movimiento anti-trinitario de Italia que fue apagado por la inquisición católica romana. Figuras tales como Renato y Tiziano caracterizan a estos radicales, que parecen haber tomado ideas evangélicas en general, pero sostenían una cristología adopcionista, con sus consecuentes débiles nociones del pecado y la expiación. Otros Radicales.— El principal propósito en esta discusión ha sido proporcionar un bosquejo viable de los radicales y nombrar algunas figuras principales. Hay muchos otros radicales de este período que no han sido mencionados y algunos importantes dirigentes que difícilmente pueden clasificarse. Por ejemplo, Sebastián Castello (1515-63), Pedro Pablo Vergerio (m. 1565), y Bernardino Ochino (1487-1564) son típicos de los que se encontraron en desacuerdo en su tiempo. Algunos continuaron su peregrinación de búsqueda toda su vida. EL SIGNIFICADO DE ESTOS REFORMADORES.

Algunos historiadores serenos creen que el cristianismo del siglo XX refleja más de las ideas de los anabautistas y de los radicales que de cualquiera otra de las reformas. En un sentido es verdad, porque en sus esfuerzos por reestablecer el orden primitivo neotestamentario, estos movimientos radicales, sin las trabas políticas ni la sumisión social que ataron las manos de Lutero, Zwinglio, y Calvino, sencillamente hicieron a un lado ideas venerables y respetables sobre la base de que el Nuevo Testamento no las contiene específicamente. Desde un punto de vista, la mayor parte de las contiendas entre los radicales y los tradicionalistas, tanto católicos como protestantes, se centraban en la relación entre el cristianismo y el mundo circundante. Los verdaderos anabautistas y muchos de los radicales insistían en que el mundo o la comunidad no pueden hacer cristianos. Básicamente esto era el significado de rechazar el bautismo infantil. El cristianismo tradicional, incluyendo a los reformadores protestantes, usaba apoderado o fe comunal, explicados en términos de “padrino” y madrina”—para introducir al niño recién nacido en la grey cristiana. Tanto Lutero como Zwinglio enfrentaron problemas en este punto. El tema de Lutero de “la fe sola” estaba comprometido por su solución final. No dispuesto a divorciar su movimiento del tradicional lazo comunal del bautismo infantil, hizo laboriosos esfuerzos por justificarlo en términos de fe por poder para el infante o de fe subconsciente en el infante. Su resultado final fue introducir una tensión básica en su sistema demandando fe personal para la cena del Señor, pero eliminando la fe personal para la introducción de la persona en la vida cristiana. Además, el mundo o comunidad no puede constituir una verdadera iglesia. Debe haber una iglesia reunida en el sentido de que sólo los creyentes, los que tienen fe bautismal, puedan participar. También en este punto Lutero batalló heroicamente. Sinceramente deseaba en los primeros días de su reforma separar la iglesia del mundo. Su tema “la fe sola” lo demandaba. Finalmente se separó de su ideal para retener la solidaridad iglesia-comunidad. Al separarse de una iglesia reunida, Lutero destruyó la posibilidad de alcanzar otro de sus ideales: la separación de la iglesia y el estado. Una iglesia reunida no puede ser parte del gobierno secular. El abandono del bautismo infantil trazó una aguda línea entre el mundo y la iglesia. Ni la herejía era punible por el estado, porque un hombre es responsable sólo ante Dios por su conducta espiritual. La libertad religiosa no puede ser sencillamente un privilegio, sino debe ser un derecho y un deber. El papa y el emperador ya no podrían regir a todo el género humano en diferentes esferas. Una iglesia reunida eliminaba al papa tan completamente como los nacientes gobiernos eliminaban al emperador; una iglesia reunida también eliminaba la solidaridad de la iglesia-comunidad y producía separación de la iglesia y el estado. Además, el mundo no puede determinar la ética y las actitudes de los cristianos. Estas deben venir solamente de Dios, pero son más imperativas que las leyes seculares. Los conceptos de una comunidad disciplinada, de la ética del amor, y de una hermandad espiritual, eran ideas comunes entre los grupos radicales. Finalmente, el mundo no podía satisfacer los anhelos e impulsos del espíritu. Todos los radicales eran hasta cierto punto místicos. Para ellos Dios estaba cercano, y sus demandas eran personales. Los propósitos de Dios parecían haber sido malinterpretados con frecuencia, produciendo esto sistemas escatológicos de proporciones terribles. Esto es comprensible en parte a la luz del mundo violento y desordenado encarado por estos radicales. Con todo, sin embargo, existía el sentido de participación personal en los planes eternos de un Señor vigilante y omnipotente.

En la consideración total de la historia, estas ideas radicales, concebidas para restablecer la norma cristiana primitiva, han llegado a ser más comprendidas y apreciadas que lo que fueron cuando fueron expresadas. COMPENDIO FINAL. Los radicales y anabautistas fueron los grupos religiosos más odiados en el continente en el siglo XVI. Los católicos romanos y los protestantes los persiguieron por igual. Ellos presentan un cuadro complejo de hombres sin inhibiciones que en algunos grupos se esforzaron por reproducir el cristianismo primitivo; en otros procuraban encontrar la presencia de Dios en el orden temporal, y todavía en otros trataban de traer el reino milenario. Sus contribuciones han sido variadas y significantes. C. La "Reforma" Interna de la Iglesia Romana La Reforma católica si bien tuvo su momento de apogeo en el siglo XVI, puede afirmarse que en el terreno ideológico comenzó con el Renacimiento y la doctrina humanista de principios del siglo XIV; movimientos que fueron potenciados por algún traspié de la Iglesia Romana como la Cautividad Babilónica y el Gran Cisma de Occidente, que cuestionaban la moral eclesiástica romana y sus propósitos. La Reforma destruyó el monopolio de la fe y de la organización eclesiástica de los pueblos Cristianos de Europa, separó a muchos millones de la Iglesia Romana. Es probable que si la situación no hubiese sido tan propicia un proceso de cambio similar se daría varios siglos después, o por el contrario, otros proponen que los sucesos de este período pueden ser que hayan salvado a la Iglesia Católica Romana de la completa decadencia interna y del provincialismo, en un tiempo en que el mundo estaba en rápida expansión. Ciertamente, sin el estímulo y la redefinición que surgieron del conflicto con los reformadores, la Iglesia Romana hubiera estado mal preparada para enfrentar lo que le esperaba en un mundo nuevo y más grande. Sin la Reforma, a la corrompida Iglesia Romana tal vez le hubiese tocado la misma suerte que siguió el Imperio que varios siglos antes la alojó. Nadie puede afirmar que podría haber pasado, pero lo que sí es seguro es que la Reforma marcó a fuego a Europa y dictó el desarrollo de los siguientes siglos. La crisis al interior de la Iglesia católica se originó durante la época moderna específicamente a través de la figura de Martín Lutero quien fue un reformador religioso alemán, iniciador de la Reforma protestante. Martín Lutero precipitó la Reforma protestante al publicar en 1517 sus 95 tesis denunciando las indulgencias y los excesos de la Iglesia católica. Para Lutero la esencia del cristianismo no se encontraba en la organización encabezada por el papa, sino en la comunicación directa de cada persona con Dios. Su protesta provocó una cascada de desengaños en la Iglesia católica y sentó las bases de otros movimientos protestantes, como el calvinismo. Lutero se convirtió en controvertida figura pública al exponer en el pórtico de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg sus 95 Tesis o proposiciones escritas en latín contra la venta de indulgencias (remisión, mediante un pago, de los castigos temporales impuestos por la comisión de los pecados) para la gran obra de los papas Julio II y León X: la construcción de la basílica de San Pedro en Roma. Al margen de cómo se hicieron públicas sus proposiciones, causaron una gran conmoción y fueron traducidas de inmediato al alemán, logrando una amplísima difusión. Lutero defendió con energía sus opiniones en debates universitarios públicos en Wittenberg y en otras ciudades, provocando una investigación por parte

de la Iglesia romana que culminó con la condena de sus enseñanzas (15 de junio de 1520) y con su excomunión (1 de enero de 1521) por el papa León X. En abril de 1521 fue convocado ante el emperador Carlos V en la Dieta de Worms y se le pidió que se retractase ante las autoridades seculares y eclesiásticas allí reunidas. Se negó, asegurando que para hacerlo tendrían que refutar sus teorías con las Escrituras y la razón y que no es conveniente ir contra la conciencia. Su famosa declaración: “Aquí estoy, no puedo hacer otra cosa”, quizá no sea más que una leyenda. Lutero sostuvo que Dios actúa sobre los seres humanos a través de la ley y de los Evangelios. La ley representa las exigencias de Dios como se expresa, por ejemplo, en los Diez Mandamientos y en los preceptos de Jesús en el Nuevo Testamento. Al margen de sus convicciones religiosas, todas las personas son conscientes de la ley y las tradiciones éticas de su cultura, aunque el pecado distorsione su interpretación. Para Lutero, la ley cumple dos funciones. Permite a los seres humanos mantener cierto orden en su mundo, su comunidad y sus propias vidas a pesar del profundo alejamiento de Dios, del mundo, de sus semejantes y de sí mismos provocado por el pecado original que introdujo el mal radical. Además, la ley acerca a los seres humanos a Cristo por la necesidad del perdón de los pecados. Dios también se relaciona con los seres humanos a través de los Evangelios, donde se narra el sacrificio de su hijo para la salvación del género humano. Esta proclamación no exige más que su aceptación por parte de las personas. Lutero pensaba que la teología se equivocó al confundir la ley con el Evangelio y afirmó que los seres humanos sólo pueden aspirar a ser dignos del don incondicional de la gracia de Dios. Insistió en que los cristianos, desde que habitan este mundo, son pecadores y santos al mismo tiempo. Son santos en la medida en que creen en la gracia de Dios y no en sus propios actos. Sin embargo, el pecado es un aspecto permanente y omnipresente en la Iglesia, igual que en el mundo, y un santo no es un emblema moral, sino un pecador que acepta la gracia divina, de forma que, desde el ciudadano más respetado hasta el criminal más empedernido, todos necesitan el perdón de Dios. Concilio de Trento. La Iglesia frente a esta situación de crisis, quiso detener el avance de estas nuevas ideas que atentaban contra su poder. Es por esto que organizo el Concilio de Trento que buscaba de alguna manera poder organizar nuevamente a la Iglesia frente al avance del protestantismo. El Concilio de Trento definió algunos dogmas incontestables: el hombre tiene libre albedrío e inclinación natural al bien; la fe se obtiene a través de las Sagradas Escrituras y se complementa con la tradición de la Iglesia, establecida por textos de padres y doctores de la Iglesia y concilios; la misa es un sacrificio y una acción de gracias; la Iglesia es el instrumento querido por Dios, guiada por el Espíritu Santo es santa, católica, romana y apostólica. También fueron acordados principios de procedimiento y disciplina: residencia episcopal; obediencia del obispo al papa (pero reconociéndose las excepciones de los estados con regio patronato, como España y Francia); condiciones del reclutamiento sacerdotal (edad, ciencia adquirida, independencia material, además de establecerse la creación de seminarios episcopales para la formación sacerdotal); invitación a las órdenes religiosas para observar sus reglas fundacionales.

Además de la resolución de cuestiones doctrinales, teológicas y disciplinarias fundamentales para los católicos romanos, el Concilio también impartió entre sus dirigentes un sentido de cohesión y dirección que se convirtió en un elemento esencial para la revitalización de la Iglesia durante la Contrarreforma. Yo me alegré en estos días, cuando leí que el papa Benedicto XVi reconoció públicamente que la doctrina de la justificación por la fe de Martin Lutero era correcta, aunque tardaron 500 años en aceptarlo. Lutero

Los alemanes lo consideraron el "nuevo Elías", un profeta de voz poderosa que los guiaba hacia la verdadera confesión: el Reformismo. Sin duda, Martín Lutero fue un brillante teólogo cuyo pensamiento contribuyó a modificar el curso de la historia europea, aunque también resultó decisivo en la desunión del cristianismo. Además, fue un personaje complejo y contradictorio cuyo discurso viró hacia el despotismo y lo doctoral a medida que se acercaba el final de su vida. Se encolerizaba con frecuencia, tenía momentos de torpeza y bebía demasiada cerveza. Fue un hombre condenado por Roma, un sacerdote excomulgado que luchaba con vehemencia por sus creencias. Veinte años antes de su muerte, cuando todavía no

era tan dogmático, Lutero afirmó que los heréticos y los falsos doctores no debían ser condenados, ya que "el malvado de hoy puede convertirse en el bueno de mañana". Sin embargo, tan pronto como las ciudades alemanas se fueron adhiriendo a su pensamiento reformista, Lutero cambió de tono, haciéndose cada vez más áspero, más intransigente. "La maldad del mundo se manifiesta a la vez, por la idolatría y la herejía", sentenció en una de sus cartas. Al final de su vida, promulgó que el Estado no tenía que tolerar a los herejes. ¿Olvidó que él mismo había sido defenestrado por la autoridad papal bajo esa acusación? "Estoy seguro de que Dios es fiel y no me mentiría y que Él es lo bastante poderoso como para que ningún demonio o ninguna adversidad me oponga a Él. Con ese pensamiento, el Reformador tendría que haber alcanzado la serenidad que perdió en los últimos años de su vida, pero no fue así. En su lecho de muerte murmuró: "¡Dios mío, con cuántos sufrimientos y con qué angustia abandono este mundo!". Martín Lutero había nacido el 10 de noviembre de 1483 en la localidad alemana de Eisleben. Su estricto padre Hans, que dirigía varias minas de cobre, deseaba que el hijo hiciera carrera como funcionario civil para tratar de elevar el nivel social de la familia. El joven Martín ingresó en la Universidad de Erfurt y se inscribió en la Facultad de Derecho. Dice la leyenda que durante una tormenta eléctrica un rayo estuvo a punto de alcanzarlo. Angustiado por la experiencia, Lutero prometió hacerse monje. Fuera por esa razón o por otra, lo cierto es que abandonó sus estudios e ingresó en un monasterio, donde practicó el ayuno y dedicó mucho tiempo a la oración y la flagelación. En 1507 fue ordenado sacerdote y un año después comenzó a impartir estudios de Teología en la Universidad de Wittenberg, donde transcurrió gran parte de su vida. En 1510, realizó un viaje a Roma, donde observó decepcionado los fastos y la pompa papal. Lutero volvió a su tierra natal y se aisló en el estudio del griego y el hebreo. Quería analizar a fondo los matices de los mensajes que encierran las Escrituras, lo que le llevó a la idea de recuperar las verdades originales del cristianismo. El 31 de octubre de 1517, su figura comenzó a adquirir notoriedad pública cuando expuso en la puerta de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg sus 95 tesis contra la venta de indulgencias. Gracias a éstas, el pecador obtenía la remisión de sus pecados mediante un pago de dinero con el cual el Papa financiaba ¡a construcción de la Basílica de San Pedro en Roma. Lutero vio en esa práctica un abuso que podría confundir a ¡os fieles y llevarlos a confiar solamente en las indulgencias, dejando a un lado la confesión y el arrepentimiento verdadero de sus pecados. Sus tesis causaron un gran revuelo y fueron traducidas de inmediato al alemán, y, gracias a la imprenta, logró una gran difusión. En su libro El caso Lutero sobre el Reformador, Jean Delumeau, profesor del Collége de France, describe los aspectos fundamentales el pensamiento del monje alemán: "Rechazó el derecho canónico y puso en duda el poder que la Iglesia se atribuía en exclusiva de impartir la absolución y conceder indulgencias para este mundo y para el otro". Asimismo, Lutero cuestionó la autoridad de la Iglesia institucional, la del Papa y la de los concilios; proclamó el sacerdocio universal de los cristianos y retiró a la jerarquía el derecho de exigir a los sacerdotes el celibato y la castidad. Por todo ello, el papa León X lo excomulgó en enero de 1521 y el joven emperador Carlos V lo condenó públicamente en Worms. Al amparo del príncipe elector de Sajonia, Federico el Sabio, el promotor de la Reforma continuó enseñando y escribiendo en el castillo de Wattburg, en Eisenach, donde permaneció casi un año. En aquel período tradujo la Biblia al alemán para hacerla más asequible a la gente común, lo que contribuyó al desarrollo de la

lengua germánica y se convirtió en una de sus obras maestras del rey de Francia y miles de hugonotes fueron brutalmente aniquilados en las calles de la capital francesa. Se decía que las aguas del Sena bajaban rojas de sangre. Un siglo después de la Reforma luterana, una revuelta en Bohemia provocó la Guerra de los Treinta Años entre católicos y protestantes, que arrasó parte de Alemania y terminó con la vida de un tercio de la población. Lutero fue el hombre del siglo XVI más impreso en su tiempo y su influencia iba a resultar enorme en los años y siglos venideros. Sin contar los artículos y ensayos, en 1906 se contabilizaron más de 2.000 libros cuya temática giraba en torno a su figura. También fue un buen cantante, flautista y violinista que aunó la teología con el canto pastoral y tenía muchos amigos músicos. No es extraño que Bach fuera luterano, puesto que era heredero de una tradición de música coral que se remonta a la época del Reformador, autor de estas palabras: "El diablo, causante de tristes preocupaciones, huye al oír la música como huye ante la voz de la teología". Tanto la Reforma luterana como la Contrarreforma católica abrieron la puerta a terribles conflictos bélicos. Casi dos décadas después de la muerte de Lutero, una matanza de protestantes hugonotes en París derivó en una serie de guerras religiosas cuya culminación fue la fatídica "Noche de San Bartolomé" el 24 de agosto de 1572, el almirante protestante Colígny fue asesinado por orden del rey de Francia y miles de hugonotes fueron brutalmente aniquilados en las calles de la capital francesa. Se decía que las aguas del Sena bajaban rojas de sangre. Un siglo después de la Reforma Luterana, una revuelta en Bohemia provoco la Guerra de los Treinta Años entre católicos y protestantes, que arrasó parte de Alemania y terminó con la vida de un tercio de la población.

Una ciudad que lo vio pasar Eisleben, situada en el estado de Sajonia – Anahlt, se llama actualmente Lutherstadt Eisleben en honor a su hijo mas famoso. Este, sin embargo, apenas pasó unos años en esta ciudad, y que se trasladó con su familia a Mansfeld y Eisenach, y después a estudiar derecho a Erfurt. Luego, el joven Lutero, dejo su carrera para convertirse en monje.

Lutero ante el emperador

La ruptura más evidente con los votos monásticos se realizó cuando se casó con la ex monja Catarina de Bora, en Junio de 1525. Ahí, se formó el núcleo principal de la casa parroquial evangélica. "Después de la Palabra de Dios no hay un tesoro más precioso que el santo matrimonio. El mayor don de Dios sobre la tierra es una esposa piadosa, alegre, temerosa de Dios y hogareña, con la que puedes vivir en paz, a la que puedes confiar tus bienes, tu cuerpo y tu vida." Catalina de Bora abandonó el monasterio a los 24 años y dos años después contrajo matrimonio con Lutero, quien le profesó fidelidad y lealtad hasta su muerte. Definió la doctrina de la justificación por la sola fe, que acentuaba al máximo las dimensiones del pecado capital, lo que fue la gota que colmó el vaso de la paciencia del Papa. Pero Lutero fue más lejos todavía y se atrevió a rebautizar a Roma como la “Moderna Babilonia” y al Papa lo llamó el “Anticristo en la Tierra”. Su pensamiento dividió a los cristianos y fue el detonante de un período de guerras de carácter religioso que ensangrentaron Europa.

LOGRÓ EL APOYO DE CALVINO CONTRA EL ANTICRISTO” DE ROMA En 1529, publicó su libro más famoso, “Pequeño catecismo”, en el que explicó en un lenguaje sencillo la teología de la Reforma evangélica. La influencia de su mensaje, que se fue extendiendo por el norte y el este de Europa, y su prestigio personal convirtieron la ciudad de Wittenberg en un centro de estudios teológicos. Calvino lo apoyó fervientemente, tal y como demuestra el párrafo de una de sus cartas: Con su doctrina, Lutero ha asestado un golpe decisivo al reino del Anticristo (el Papa), al mismo tiempo que ha proclamado el conocimiento de las verdades de la salvación con celo heroico. Para el padre de la Reforma, todo esta predestinado: “el hombre está hasta tal punto corrompido por la caída de Adán que la maldición es innata en él.” También negó la capacidad de elección del ser humano. “en el terreno natural, el libre albedrío sigue siendo una realidad. Pero en el terreno de la gracia, no es nada, menos que nada”, sentenció Lutero. Años después. Calvino advirtió que aquellos que creían poder derrotar la predestinación estaban locos. Al final de su vida, Lutero se convirtió en un hombre cada vez más colérico y atormentad. Su discurso apocalíptico y su obsesión con el diablo y los judíos, a los que acusó de todos los males, agriaron su mensaje reformista. Su violencia verbal crecía a medida que avanzaba su edad. En su juventud el Reformador había mostrado comprensión con los hebreos. Más tarde, cuando vio que no se convertían al nuevo credo, arremetió contra ellos. “Cristo no tiene enemigos más venenosos, mas encarnizados, mas amargos que los judíos, escribió casi al final de su vida. Lutero murió el 18 de febrero de 1546 a los 63 años en Eisleben, la ciudad que lo vio nacer. Fue enterrado en la Iglesia del Palacio de Wittenberg, donde comenzó a difundir un creo que alteró la historia de Europa.

Las Indulgencias En 1517 aparece en escena un monje dominico, Tetzel, predicador de las indulgencias. Por medio de la compra de indulgencias, según la enseñanza tradicional, se libraba a las almas recluidas en el purgatorio de los tormentos del mismo. El dinero obtenido en esta ocasión por este medio sería invertido, a partes iguales, en la erección de la basílica de San Pedro en Roma y en la compra por parte de Alberto de Hohenzollern de un obispado. Fue entonces cuando Lutero escribió y clavó en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg sus Noventa y Cinco Tesis. Este documento fue la chispa que puso en marcha todo un proceso cuyas consecuencias iban a ser de largo alcance. Su crítica pública contra el abuso de las cartas de indulgencias en 1517 no solo produjo la discusión deseada, sino que además causó la apertura de un tribunal de inquisición culminando en la excomulgación de Lutero, después de la dieta imperial de Worms, en 1521. Federico el Sabio organizó un "secuestro" para proteger la vida de Martín Lutero. Lutero se quedaba en el castillo Wartburg como Doncel Jorge por casi un año, traduciendo el Nuevo Testamento al alemán. El 15 de junio de 1520 León X publicó la bula de excomunión de Lutero intitulada Exsurge Domine. Cuando Lutero la recibió se dirigió al pudridero de la ciudad y, juntamente con el Derecho Canónico, la arrojó a las llamas. La ruptura estaba consumada. Un fraile había osado levantarse él solo ante todo un sistema religioso de más de mil años de antigüedad, con el solo apoyo de la Palabra de Dios.

En ese mismo año de su condenación Lutero ha escrito incansablemente algunas de sus mejores obras: A la nobleza cristiana de la nación alemana, La cautividad babilónica de la Iglesia y La libertad cristiana. Lutero viajó a Worms bajo la protección de un salvoconducto y allí, conminado ante Carlos V, a pronunciarse sobre sus doctrinas pronunció las memorables palabras: "Si no me convencen mediante testimonios de las Escrituras o por un razonamiento evidente (puesto que no creo al papa ni a los concilios solos, porque consta que han errado frecuentemente y contradicho a sí mismos), quedo sujeto a los pasajes de las Escrituras aducidos por mí y mi conciencia está cautiva de la Palabra de Dios. No puedo ni quiero retractarme de nada, puesto que no es prudente ni recto obrar contra la conciencia."

La suerte estaba echada; Lutero se había enfrentado al poder religioso y ahora lo estaba haciendo al poder secular. Las dos grandes instituciones: Iglesia e Imperio no estaban por encima de la Palabra, sino sujetas a ella. Después de la guerra de campesinos en 1525, reprobada por Lutero, el reformador promovía la formación de una Iglesia Evangélica territorial con regulaciones eclesiales. Su aporte a la lengua alemana Con su traducción de la Biblia al Alemán, Martín Lutero ganó fama permanente en relación con la unificación del idioma alemán. Hoy en Día, unos 70 millones de fieles pertenecen a la Iglesia Luterana. Inventar un idioma, crear una religión. Lutero fue el primero en potenciar el invento de Guttenberg. Hasta 1534 sólo circulaban traducciones al latín de la sagrada escritura, cuya lectura y estudio estaban destinadas a sacerdotes y eruditos. La traducción de Lutero intentó poner la Biblia al alcance de la población, siguiendo su idea de que cada lector y no la iglesia es responsable de la interpretación de la Biblia. Para conseguir su objetivo, Lutero inventó una suerte de mezcla entre las características común de los dialectos que por entonces se hablaban en Alemania y el latín y así creó el llamado "alemán puro", un idioma artificial que es la base de la actual lengua alemana. Lutero publicó su Biblia apenas 60 años después de la invención de la imprenta y con ello se transformó en el primer libro de circulación masiva de la historia y también marcó el inicio de otra revolución: la lectura masiva Martín Lutero no fue un hombre perfecto, y desde la perspectiva actual tampoco la totalidad de su pensamiento. Algunos autores sostienen que Lutero guardaba algunos resabios de antisemitismo, algo inadmisible para el protestante de tan solo unas décadas después y mucho menos para el de hoy en día. Aún así, a favor de Lutero, vale mencionar que su mejor discípulo y amigo, el que lo ayudó en la traducción de la Biblia, era judío. Su nombre, Philipp Melanchton. Lutero no había objetado el bautismo de los niños, cosa que sí haría Menno Simons, luego los anabaptistas como Hubmaier y finalmente los bautistas como Roger Williams. Tampoco renegó del uso de la vestimenta sacerdotal romana entre otras cosas y aún tenía en mente una Iglesia unificada con un líder único. Pero debemos comprender el contexto histórico que rodeó a Lutero. Él era un hombre formado en el seno de la Iglesia católica, que tuvo la oportunidad, la visión y el coraje de pretender cambiarla, cosa que finalmente no pudo hacer. Pero su aparente fracaso se cambió en rotundo éxito, ya que nació un movimiento claramente distintivo que los propios romanos llamaron "Protestantes" Martín Lutero, fue un hombre que sincero y entregado a Dios tuvo el privilegio de dar forma al trabajo de muchos antecesores reformadores, algunos laicos y otros sacerdotes, quienes solieran pagar con precio de sangre su visión. Lutero abrió la puerta a través de la cual comenzó a filtrar la luz de la Gracia para todo el mundo que la aceptase. A Martín Lutero le fue concedido por la historia el honor de ser llamado el Padre de la Reforma, un movimiento que seguiría con cambios y mejoras hasta hoy en día.

Quizá nunca se llegue a la perfección en esta tierra. Mas en Gloria, junto a él y otros héroes -o no tanto-, podrá finalmente completarse en plenitud y perfección conforme al proyecto de Cristo. En el año 1546 murió Lutero, en donde pasó los últimos años de su vida bajo cuidados y amarguras, pero su muerte fue la de un cristiano que como Pablo, había peleado la buena pelea, había guardado la fe y esperaba el galardón que el Señor, el justo juez, le daría en aquel día. Calvino El 10 De Julio De 1509, Nació Juan Calvino Juan Calvino, fue un teólogo francés establecido en Ginebra, desde donde dió a conocer la Reforma Protestante.

“La mente humana es una fábrica de ídolos”. (Juan Calvino).

La Gran Iglesia de Debrecen, Hungría, construida por los seguidores de Calvino. Esta ciudad llegó a ser la capital protestante de ese país.

Calvino suprimió muchos símbolos de las iglesias católicas, como el crucifico y el altar.

El español Miguel Servet fue quemado vivo por defender no solo sus convicciones religiosas, sino que también por sus ideas científicas. LÁMINAS

Europa reformada

Juan Calvino, que nunca gozó de buena salud, ya que padecía de asma y constantes catarros, murió el 27 de mayo de 1564, siendo enterrado en una sepultura anónima en Ginebra.

Historia

universal

del

hombre. México,

FCE,

1981,

pp.327-335.

Juan Calvino nació en Noyon, en Picardía, el año de 1509 y fue educado en la familia de un noble francés. En 1523 le enviaron a París Collége Montaigu, donde seguía sus estudios, así ala misma época, el fundador de la orden de los jesuitas, Ignacio de Loyola. El mismo instructor español los educó a ambos. Cuando se estudia la doctrina y la obra de Calvino tienen importancia especial estos tres hechos: su nacionalidad francesa, el medio aristocrático en que se desarrolló su juventud y sobre todo, su educación por el mismo maestro que enseño a Loyola. En el lado protestante Calvino es la contrapartida perfecta de Loyola, que encabezó la contrarreforma. Es el único que hasta la altura de los jesuitas, el único capaz de igualar sus cualidades. Debido a ello, y porque el espíritu de los tiempos estaba de su parte, Calvino salvó la causa protestante. Empezó con estudios teológicos y más tarde se dedicó al derecho se familiarizó con los escritos y las enseñanzas de los humanistas que con sus criticas reforzaban la oposición a la iglesia. En este periodo, la cultura humanista representaba un papel similar a la de los literati de la Ilustración en el siglo XVIII antes de la Revolución Francesa. Sin dar el paso decisivo socavaron el sistema establecido y, lo mismo que en el siglo XVIII, la sociedad y la nobleza francesa, siempre despiertas a las modas intelectuales más avanzadas, flirtearon con las nuevas ideas hasta que éstas adquirieron gravedad. Los escritos de Lutero eran leídos y comentados con pasión. El primer plan de Calvino consistía en realizar una pulga general, una regeneración profunda de la iglesia católica a la manera de los humanistas, en especial de Erasmo de Rótterdam pero súbitamente, en 1533, tuvo una gran revolución, una experiencia parecida a las inspiraciones de los profetas, conversos y reformadores religiosos que le habían precedido, desde Pablo, Agustín Pedro Baldo y Lutero que fue herido por el rayo, a la de Zwinglio, que estuvo a punto de morir de peste. “un súbito rayo de luz —escribe Calvino— me hace comprender ahora después que mi espíritu a estado preparado desde hace mucho tiempo para dar una gran prueba en qué abismos de errores, en qué profunda inmundicia he estado sumergido hasta ahora. Por eso hice, señor, lo que era mi deber y alarmado, y condenado con lagrimas mi vida pretérita, emprendí tu camino”. Después de haber proclamado los principios evangélicos en un discurso pronunciados en la Sorbona en el día de todos los santos de 1533, tuvo que huir al sur de Francia y poco después marchó a Basilea, en Suiza, para reanudar sistemáticamente sus estudios teológicos. El resultado de esto fue un libro que sentó los principios fundamentales de su doctrina, las Christianae Religionis Institutio, las “instituciones de religión cristiana” que es el primer sistema de teología protestante. Ni Lutero ni Zwinglio presentaron sus principios formando un sistema teórico coherente. Aun Melanchton el teórico de luteranismo, no hizo sino dar argumentos y comentarios vagos. Las Instituciones de Calvino se publicaron en 1536 y fueron revisadas varias veces, su teoría cobró forma definitiva en 1540.

El calvinismo es una forma romanizada del protestantismo lleva las huellas de la nacionalidad francesa y del carácter aristocrático de su creador. Es una mezcla curiosa de democratización protestante de la religión con una infusión del principio nacional y de las dotes aristocráticas para crear una élite. Se parece al jesuitismo. En que se hace al protestantismo pragmático y político; introduce una disciplina fanática y una organización metódica de toda la vida individual y comunal de sus partidarios. El luteranismo reduce la religión al papel de una policía moral, que ayuda y sanciona la mucho más eficaz política del gobierno. El calvinismo, por el contrario, es una religión totalitaria que reclama dominio y control sobre todas las instituciones y actividades profanas. La preocupación religiosa inmediata lo abarca todo. Así, como tenía que abarcar la totalidad de la vida individual y comunal, las revolucionó de hecho, y al hacerlo, al inmiscuirse en los problemas sociales y políticos de su tiempo —en una forma opuesta a la del luteranismo— a un mundo secularizado. La magnificencia y gloria de Dios es la médula de la teoría de Calvino. Su Dios adopta la forma personal de Jehová, el Dios del Antiguo Testamento. Jesús pierde importancia y la gana Dios Padre, la pierde el Nuevo Testamento y la gana el Antiguo. Y lo que se restaura con el calvinismo, sólo que con una interpretación mucho más radical y hasta aristocrática, es el antiguo concepto judío de Dios como gobernante personal omnipotente, del mundo y de este como escenario de la gloria de Dios. En el judaísmo Dios no es un poder arbitrario, ha llegado a un acuerdo con el hombre y se ha comprometido a observar la ley. Se ha revelado y está en contacto constante con todos los seres humanos. En el calvinismo, Dios es un poder arbitrario, inescrutable en sui arbitrariedad su voluntad domina el mundo y su glorificación es la idea del mundo en su omnipotencia, ha predestinado desde un principio a la virtud y la salvación por “su piedad gratuita y con entera independencia del merito humano”, a otros los ha condenado al vicio y la maldición “por un juicio justo e irreprensible, aunque incomprensible”. Se toma como prueba de la predestinación divina el hecho de que no todos los hombres pudieran ser convertidos. Nadie está del todo seguro del grupo a que pertenece y, en todo caso, nada puede hacer por altera su destino. Calvino va mucho más lejos que Agustín, Wyclif o Lutero lleva el principio paulino de la gracia de Dios hasta su límite extremo. Con su doctrina de predestinación integral causó un grave perjuicio al catolicismo que apelaba a la voluntad y el esfuerzo del hombre para poder lograr la salvación mediante buenas obras. Agustín había atribuido a la iglesia el poder de absolución. Lutero había admitido por lo menos la posibilidad de justificación por la fe pero si la predestinación es fija e irrevocable, si no puede obtenerse la salvación mediante la voluntad humana, la institución de la iglesia es minada en sus raíces mismas. La respuesta a Lutero fue que la fe no puede conquistar la salvación, y que el orden es precisamente el contrario: no habría fieles si no hubiera elegidos. Así, la doctrina calvinista presenta vestigios de su origen francés, pues tienen un claro carácter nacional y aristocrático. Es democrática en el sentido que abole todas las diferencias de rango terrenal, social o jerárquico. Pero instituye una monarquía absoluta de Dios. Establece su propia aristocracia religiosa por nacimiento, élite religiosa de hombres puros y santos elegidos por Dios. Crea una nación y una nobleza religiosa. La palabra “nación” se justifica a este respecto porque la vida de estos santos no era religiosa de por sí, ni tampoco ritual, si no profana. Consistía en actividades profanas bajo un control confesional y moral. Por tanto, el significado de la existencia personal ya no era la conquista de la salvación personal –que consistía hasta entonces al meta de todos los esfuerzos cristianos-, pues Dios ya había decidido quien se salvaría y quien no. Tampoco es la realización de un plan divino revelado, como en el judaísmo, de establecimiento o restablecimiento de un reino de justicia, paz y amor sobre la tierra. Aquí sólo existe el problema de la “gloria” de Dios y el despliegue de su magnificencia. Por su gloria

se santifica al mundo profano y se ha de impregnar de santidad. Por consiguiente, no basta la fe interna del hombre, sino que ha de haber trabajo activo. Es cierto que el individuo no puede influir en su salvación, pero por la rectitud de su vida, puede comprobar si pertenece al grupo de los elegidos. A condición de que realice observando estrictamente las obligaciones morales y religiosas debidas, y si, en e esas condiciones, prospera en su trabajo, esto puede aceptarse como prueba de su salvación. En consecuencia, la riqueza y el bienestar son prueba de trabajo arduo y diligencia estar y puede considerarse como signo de estar en gracia de Dios. Por otro lado, la pobreza, que había sido respetada y aun exaltada por el cristianismo medieval y primitivo, llega a ser despreciable, se convierte en una prueba de ociosidad y vicio. Todo esto tendía a crear la reserva austera y la soledad del puritano, una desconfianza profunda de sus semejantes, y hasta del propio hermano, pues nadie podía saber el estado de gracia en el que el otro se hallase y si en el contacto con él podría acarrear el mal. Esto promovió el individualismo, pues cada cual podía tenía que cuidarse de si mismo. Se ordenaban la caridad y el trabajo para el bien común, pero no en beneficio del ser humano o de la comunidad humana, sino sólo para la gloria de Dios y mostrar la excelencia de su orden. Aparte de esto deben eliminarse todos los sentimientos e impulsos de justicia, caridad y compasión cuando esta en juego la majestad de Dios, y ni los elegidos y ni los condenados tienen derecho a quejarse de la injusticia. Las regulaciones calvinistas de las actividades sociales y económicas eran severas y meticulosas, pero practicas. Calvino rompió con la condenación católica y luterana del comercio, la banca y el cobro de intereses. Hizo escarnio de la hipocresía católica que maldecía todas estas empresas en teoría y las estimulaba y explotaba en al practica. También reconoció que ya era insostenible la posición luterana contra los métodos económicos contra los métodos económicos modernos. A esta preocupación le llevaron sus propias preocupaciones como líder de una comunidad burguesa en la cual el comercio representaba un papel importante. Que ría gobernar toda la vida humana con su poder religioso, y así promovió abiertamente todas las actividades económicas y las declaro justificables, a condición de que se llevaran bajo su vigilancia y con las restricciones que él imponía. En 1611 un teólogo ingles escribía: “Calvino maneja la usura igual que el boticario el veneno”. Sólo está permitido el interés que es deseable para la producción, y aun así únicamente un cierto máximo establecido. A los pobres se les debe prestar dinero sin interés y se debe renunciar a la garantía. El deudor debe sacar de la operación una ventaja cuando menos igual a la que obtiene el prestamista. El préstamo no debería ser una profesión permanente y la búsqueda de ganancias no debes ser perjudicial para nuestro prójimo. El deudor debe sacar una ventaja de la operación cuando menos igual a la que obtiene el prestamista. Por otra parte, escribía Calvino en una carta: “¿hay alguna razón para que las ganancias derivadas de los negocios no se han mayores que las que se obtienen de la propiedad de la tierra? ¿Cómo obtiene el comerciante sus ganancias? ¡Con trabajo, cuidados y diligencia!”. La acumulación de riquezas no sólo está permitida, sino prescrita. El hombre debe acumular riquezas para Dios de quien es administrador. Tiene que rendir cuentas de cada centavo tiene que economizar para Dios. Puede cambiar de profesión según le parezca si es capaz de servir mejor a la gloria de Dios en otro campo, y el hecho de que pueda hacerlo lo mostrará el aumento de sus ganancias. Pero es pecado disfrutar de las riquezas con una vida ociosa. Lo mismo que el hombre debe trabajar, así el dinero ganado debe permanecer activo mediante inversiones productivas. Los placeres frívolos, como el teatro, el baile y el canto se consideraban delictivos y punibles como tales en las comunidades calvinistas estrictas —como en Ginebra y Nueva Inglaterra—. La perdida de tiempo uno de los peores de los pecados cada hora gastada en algo distinto del servicio de Dios o el trabajo significaba defraudar o robar a Dios. Además, los calvinistas estaban obligados a abstenerse de aquellas formas de hacer dinero faltas de escrúpulos que los católicos empleaban sin darles importancia, tales como la piratería,

especulaciones coloniales, arrendamientos de cargos e impuestos operaciones de crédito con príncipes y monopolios. Estaban obligados a gastarse el dinero por procedimientos intensivos, por la explotación racional de las condiciones del mercado por las manufactura, y en ésta por mejores técnicas y acortamientos del proceso de producción. Cuando consideramos que estos santos profanos se obligaban a la mayor frugalidad y el aumento de la propiedad, que ponían en los negocios toda su vitalidad y celo religioso que los puritanos que vivían bajo los regímenes hostiles de Francia, Holanda e Inglaterra no podían ocupar cargos en la vida pública y dependían por entero del comercio, podemos imaginarnos por qué se vieron impelidos a promover el desarrollo de la industria, de la técnica y el capitalismo. En la comunidad de Calvino no había sacerdote. Cada cual debía ser su propio sacerdote. La Biblia, en su interpretación literal, fue código civil. La parroquia de Ginebra no era democrática en modo alguno. Estaba gobernada por ministros y presbíteros. Los doce presbíteros, correspondían a los doce apóstoles, eran nombrados eran nombrados por los consejos aristocráticos con ayuda de los ministros. La difusión del calvinismo produjo efectos revolucionarios en toda Europa occidental y en el curso de estas revoluciones la democracia moderna se desarrollo paso a paso. En Holanda, que pertenecía a los Habsburgo españoles, la actividad de los anabaptistas desafió y despertó a la Inquisición, pero las fuerzas calvinistas fueron las que encabezaron la revolución. Dirigidas por Calvino y ayudadas por los refugiados franceses, se organizaron por todo el país comunidades calvinistas, que llegaron a ser centros formidables de resistencia y condujeron la guerra de liberación que desato a Holanda de la dominación española, estableció la republica Holandesa e hizo del calvinismo la religión oficial. En Francia, las comunidades hugonotes con su constitución presbiteriana en las que los presbíteros eran elegidos por la comunidad, formaron en secreto unidades independientes que tenían tendencias republicanas. El Palatinado se hizo calvinista y, como consecuencia, llegó a ser la fuerza protestante directora de la primera fase de la guerra de los treinta años. En Escocia, el movimiento protestante, bajo la dirección de John Knox, que se hallaba en estrecho contacto con Calvino, derrocó al gobierno de Maria Estuardo y también el calvinismo llego a ser la religión dominante. Inglaterra, situada entre Holanda y Escocia, ambas protestantes, tenía que convertirse en el escenario de esta lucha decisiva. Aquí se decidió el destino de la causa protestante. Esta lucha fue a un mismo tiempo una lucha contra la monarquía absoluta y más que eso, pues en ella nacieron la nacionalidad y el carácter ingles de hoy. En la fricción entre los elementos románicos y germánicos de que está compuesta, alcanzó su forma definitiva. La nacionalidad Inglesa no surgió completa sino después de este tormentoso periodo, cuando todo se hubo aplacado, a fines del siglo XVII. Y se terminó de formar al mismo tiempo que la democracia se establecía por vez primera. Como teólogo formado en la tradición calvinista-reformada y en la teología latinoamericana de la liberación, intento acercar estas dos perspectivas con el fin de recuperar los valiosos recursos, algunas veces negados, de la tradición reformada para articular una ética socialmente transformadora. Mientras que el calvinismo es identificado frecuentemente con la clase media acomodada y el statu quo sociopolítico, la teología de Juan Calvino (1509-1564) puede proveer un modelo útil para desarrollar una teología política contemporánea. Aun cuando Calvino representa una cosmovisión distante diacrónicamente, en la cual el trabajo del gobierno civil es visto como parte del plan de Dios para la salvación, su teología puede hacerse inteligible para la iglesia del siglo XXI en su lucha por la relevancia cultural y en medio de una sociedad cada vez más secularizada y plural.

La tradición reformada, un cuerpo diverso que surgió de la unión, en el siglo XVI, de zwinglianos y calvinistas, ha reconocida ampliamente que la responsabilidad social de la Iglesia es un aspecto integral de su misión espiritual.(2) Por otro lado, la teología de la liberación —un movimiento que comenzó en América Latina a fines de los años 60 y principios de los 70, paralelo a los movimientos afroamericanos de liberación en Estados Unidos— enseña que los cristianos son llamados a hacer una opción preferencial por los pobres debido a que en las Escrituras Dios actúa a favor de los débiles y marginados de la historia humana. Esta lectura de la Biblia lleva a la Iglesia a hacer compromisos políticos en solidaridad con los oprimidos, buscando la transformación histórica de las situaciones de opresión y de los órdenes sociales. (3) Mientras que algunos teólogos reformados estadounidenses como Richard Shaull y Robert MacAfee Brown han esbozado comparaciones entre la teología latinoamericana de la liberación y la Reforma del siglo XVI,(4) muchos críticos de la tradición reformada argumentan que esta tradición frecuentemente ha abrazado “las prácticas culturales de las clases media y alta, y a pesar de todos nuestros esfuerzos, los presbiterianos estadounidenses tienden a excluir de su espacio la presencia real de quienes viven en los más bajos niveles de vida económica y cultural”.(5) Reconociendo la legitimidad de quienes critican el énfasis de Calvino sobre el sufrimiento redentor como “mundanamente represivo” (world-repressive),(6) no obstante argumentaré que puede construirse un modelo viable de praxis liberadora a partir de la teología y de la práctica pastoral de Calvino. Este estudio demostrará cómo Calvino contribuye a la resistencia política cristiana mediante: a) el análisis de sus comentarios sobre el gobierno civil; b) la exploración de su comprensión del papel profético de la predicación; y c) el estudio de su trabajo pastoral con las víctimas de pobreza y persecución política. Calvino acerca del gobierno civil Muchas víctimas de la opresión política no han podido encontrar una voz liberadora en la teología calvinista, no sólo en Brasil como se discutió arriba, sino también en Sudáfrica, donde la iglesia reformada, hasta muy recientemente, apoyó la política del apartheid. Debido a que la teología de calvino fue concebida en el exilio y dirigida a muchos de los problemas sociales que enfrentó la Ginebra del siglo XVI, como las revueltas populares y la pobreza urbana, una recuperación de la teología de Calvino revelará su carácter de teología pública avocada a la transformación social a favor de los pobres y oprimidos. En tanto que las opiniones de Calvino tuvieron un efecto revolucionario sobre la iglesia y la sociedad, él no fue un revolucionario en sentido moderno. Por el contrario, al insistir repetidamente en que los cristianos tenían el deber de obedecer a los magistrados, Calvino da la impresión de ser un conservador en temas sociales. Según él, la voluntad de Dios se lleva a cabo en la historia para superar los abusos de los gobiernos intolerables: “La razón por la cual hemos de estar sujetos a los magistrados es porque ellos están instituidos por la ordenación de Dios. Dado que le plugo a Dios gobernar así el mundo, quien intenta invertir el orden divino, y así resistir a Dios mismo, menosprecia su poder; y despreciar la providencia de aquél que es el fundador del poder civil, es entrar en guerra con él”. Calvino incluso demanda sumisión hacia el más tiránico de los gobiernos humanos, advirtiendo a las víctimas de persecución política que “aunque la corrección y el castigo del mando desordenado sea venganza que Dios se toma, no por eso se sigue que nos la permita y la ponga en manos de aquellos a quienes no ha ordenado sino obedecer y sufrir. Puesto que como sujetos no es el deber del pueblo derribar tiranos, “sólo esto queda, implorar la ayuda del Señor, en cuya mano están los corazones de los reyes y el cambio de reinos”. El consejo de Calvino a las víctimas de la opresión política —paciencia y oración— se suma a la aceptación

pasiva de una situación injusta, algo que rechazan los liberacionistas que prefieren una resistencia más activa a la represión. Sin embargo, antes de descartar a Calvino como un recurso teológico para los movinientos de liberación, es importante tener una mejor comprensión del contexto en el cual él hizo esta advertencia. Las palabras de la Institución citadas arriba reflejan las condiciones en Francia al momento de ser escritas (1535), cuando los protestantes fueron “cruelmente torturados por un príncipe salvaje”, “vorazmente despojados por un avaricioso” y “vejados por causa de la piedad a manos de alguien que es impío y sacrílego”. Deben considerarse estas circunstancias sociopolíticas cuando se analiza la advertencia de Calvino. Tales palabras, que les piden a ellos perseverar y orar por la intervención divina en contra de la crueldad humana no deben ser entendidas como una justificación de la pasividad moral, dado que la advertencia hecha a “sujetos” con escaso poder político es mejor percibida como una cuestión pastoral en relación con ellos. En un país adonde los sujetos vivían bajo la autoridad de un monarca absolutista que era defensor de la ortodoxia católica —a pesar de sus alianzas políticas con príncipes protestantes alemanes—, las iglesias reformadas en Francia fueron perseguidas como heréticas. Mientras que en 1525 menos de una docena de ciudades habían abrazado los experimentos heréticos, para 1540 cada región de Francia las había considerado, con un número de intentos que aumentó constantemente durante cada década hasta 1560. La intensificación de la visible persecución de protestantes a lo largo de la segunda mitad de la década de 1540 propició la primera de varias oleadas de refugiados hacia Ginebra, y los escritos de Calvino aparecieron insistentemente en el Index francés de libros prohibidos. Consecuentemente, la advertencia de Calvino a los súbditos protestantes de Francisco I procedía de su interés pastoral por el bienestar de ellos en medio de la persecución. Dada su situación, una revuelta popular podía ser aplastada rápida y violentamente. El 18 de octubre de 1534, algunos miembros de la minoría protestante colocan copias de un panfleto que contenía duros ataques contra la masa católica (el caso de los pasquines). Esto movió al angustiado Francisco I —¡pues una copia de estos artículos llegó hasta la puerta de su recámara!— a proclamar que cualquiera que fuera hallado escindiendo a la persona o personas respondables de colocar tales panfletos sería quemado. Muchos fueron apresados y ejecutados como consecuencia de este incidente y la actitud del rey hacia sus súbditos protestantes se hizo decididamente hostil. La epístola dirigida a Francisco I de Francia que preside la primera edición de la Institución fue escrita como una apologia a favor de la minoría francesa protestante perseguida y acusada de herejía y sedición. Temeroso de que la causa protestante fuera desacreditada, especialmente después del brutal destino de la revolución anabaptista de 1535 en Münster, Calvino le solicita comprensión al rey: “A fin de que ninguno piense que nosotros nos quejamos sin razón, vuestra Majestad misma puede ser testigo con cuántas falsas calumnias ella sea cada día infamada delante de vos”. Argumentando que las “falsedades, sutilezas y calumnias” habían sido difundidas por los enemigos de los evangélicos franceses, Calvino demanda tolerancia y

protección oficial para los agentes de la reforma eclesiástica. No se sabe si Francisco I leyó siquiera la carta de Calvino (sus políticas hacia los protestantes no cambiaron significativamente) pero ella sirve como afirmación de la perspectiva calvinista-reformada acerca de la relación entre la iglesia y el Estado. Mucho de lo que Calvino escribió sobre el gobierno civil surgió en la polémica, por un lado, con los reformadores radicales anabaptistas, quienes abogaban por una disolución completa del mundo no regenerado, y por otro, con el establishment católico romano bajo el cual el monarca estaba sujeto a la autoridad eclesiástica. También subyace a esta discusión es la aceptación de Calvino de la opinión común protestante sobre “el sacerdocio universal de los creyentes” (I Pedro 2.9), el cual le daba el mayor estatus al monarca, algo tradicional en la teología reformada, pero al mismo tiempo nivelaba todos los demás rangos de la sociedad civil. Con todo, en la carta al rey (escrita en 1536), Calvino ve al ala más radical de la Reforma como algo que estaba minando al movimiento protestante francés lado a lado con las autoridades. La posición general de los reformadores anabaptistas y radicales acerca de la iglesia y el Estado está resumida en la Confesión de Schleitheim, cuyo cuarto artículo afirma lo siguiente: “Hemos estado unidos acerca de la separación que tomará lugar entre el mal y la maldición que el demonio ha implantado en el mundo… que no tenemos hermandad con ellos en la confusión de sus abominaciones”. El artículo sexto, sobre el uso estatal del poder coercitivo, rechaza cualquier participación en el gobierno civil porque “no conviene a un cristiano ser magistrado: el papel del gobierno es según la carne, mientras que el del cristiano es según el Espíritu”. Así, Calvino está presto a distanciar a los evangélicos franceses de los reformadores más radicales que abogaban por una separación completa del Estado, aun cuando se le desobedeciera: …nosotros somos injustamente acusados de tales empresas, de las cuales jamás dimos ni aun la menor ocasión del mundo de sospecha. Si por cierto, nosotros emprendemos la disipación de los Reinos: de los cuales jamás se ha oído una palabra que huela, o vaya a sedición, y cuya vida ha sido conocida por quieta y apacible todo el tiempo que vivimos en vuestro reino: y los que aun ahora siendo ahuyentados de nuestras propias casas no dejamos de orar a Dios por toda prosperidad y buen suceso de vuestra Majestad y de vuestro reino. Además de esta epístola (que aparece en todas las ediciones de la Institución), se encuentran discusiones sobre el gobierno civil en los capítulos 3.19 y 4.20 de la edición de 1559. El primero, sobre la libertad cristiana, se ocupa de la conciencia del creyente individual, y el segundo, sobre el gobierno civil, de los deberes de los ciudadanos y magistrados. En la edición mencionada, estos dos pasajes no parecen relacionarse, pero en la de 1536 sólo están separados por una sección dedicada al poder eclesiástico. Dado que la edición definitiva de la Institución es cinco veces más grande, es importante recordar la relación original entre estos dos capítulos y no caer en la tentación de leer la discusión de Calvino sobre el gobierno civil en el último capítulo de la edición definitiva como un agregado posterior. Por lo demás, la ciudadanía responsable es parte inherente de la noción calviniana de la vida cristiana.

Según Calvino, en contraste con los anabaptistas, la teología cristiana debe ocuparse del gobierno civil debido a que Dios es quien funda el Estado y define su jurisdicción y propósito: …pero el fin del gobierno temporal es mantener y conservar el culto divino externo, la doctrina y religión en su pureza, el estado de la Iglesia en su integridad, hacernos vivir con toda justicia, según lo exige la convivencia de los hombres durante todo el tiempo que hemos de vivir entre ellos, instruirnos en una justicia social, ponernos de acuerdo los unos con los otros, mantener y conservar la paz y tranquilidad comunes. Todas estas cosas admito que son superfluas, si el reino de Dios, cual es actualmente entre nosotros, destruye esta vida presente. Mas si la voluntad de Dios es que caminemos sobre la tierra mientras suspiramos por nuestra verdadera patria; y si, además, tales ayudas nos son necesarias para nuestro camino, aquellos que quieren privar a los hombres de ellas, les quieren impedir que sean hombres. Porque respecto a lo que alegan, que debe haber en la Iglesia de Dios tal perfección que haga las veces de cuantas leyes existen, tal imaginación es una insensatez, pues jamás podrá existir tal perfección en ninguna sociedad humana. Debido al pecado y la caída, Dios ha ordenado el gobierno civil para servir a dos propósitos: “que resplandezca una forma pública de religión entre los cristianos, y que exista la humanidad entre los hombres”. Para este fin, los gobiernos temporales hacen uso de la fuerza de la espada, esto es, la autoridad para utilizar la coerción para poner en vigor sus leyes. En efecto, Dios ha instaurado el orden secular (el Estado) para mantener la paz y la justicia en el mundo, mediante la fuerza si es necesario, en el entendido de que el gobierno espiritual (la iglesia) “comienza ya aquí en la tierra en nosotros un cierto gusto del reino celestial, y en esta vida mortal y transitoria nos da un cierto gusto de la bienaventuranza inmortal e incorruptible”. Para Calvino, es Cristo mismo quien declara “que no hay desacuerdo entre su reino y el gobierno u orden político”. Asimismo, mientras que en la discusión de Calvino sobre el gobierno civil se mantiene una distinción entre los reinos espiritual y temporal, éstos son dos aspectos de un mismo “gobierno doble”. Mientras el reino espiritual “reside en el alma o el hombre interior y se refiere a la vida eterna” y el temporal se ocupa “de ordenar la justicia civil y reformar las costumbres y conducta exteriores”, no existe un conflicto inherente entre ambos. Así, a diferencia de la moderna separación entre la iglesia y el Estado, en la teología calviniana estos dos reinos se interpenetran mutuamente como manifestaciones que son de la voluntad divina. Comenzando alrededor de 1560 y siguiendo por un periodo de 30 años, la Reforma Protestante en Francia ocasionó las llamadas “guerras de religión”. Cuando los protestantes afrontaban la mano dura del gobierno católico, Calvino no apoyó las actividades revolucionarias; sus escritos teológicos reflejan su enorme cuidado y esfuerzo para prevenir los desórdenes sociales. De acuerdo con este, cada aspecto en el gobierno doble de Calvino tiene sus jurisdicciones claramente marcadas: el gobierno temporal hace leyes para mantener el orden social y el espiritual pone hincapié en la disciplina de los miembros de la iglesia. La posición de Calvino no es sólo un contraste con el separatismo anabaptista, sino que también se opone a la idea católica de que la iglesia (visible) es la autoridad máxima. Al reconocer la distinción entre ambos reinos, Calvino reconoce también ambas jurisdicciones como vocaciones religiosas. De hecho, la vocación de “magistrado” es para Calvino una vocación santa, “no solamente santa y legítima delante de Dios, sino también muy sacrosanta y honrosa entre todas las vocaciones”.

En consecuencia, el tema para la teología calvinista-reformada no es si la iglesia tiene el derecho de participar en la arena pública o de ejercer influencia política, la pregunta es: ¿cómo, y con qué fin? Gobernar es un alto llamado con gran responsabilidad, y Calvino repetidamente insiste en las responsabilidades de los gobernantes hacia sus súbditos, al mismo tiempo que permanece inmutable acerca de la obediencia de los segundos, “pase lo que pase”. A la inversa, los magistrados —incluso los monarcas absolutos— están sujetos a la enseñanza y disciplina de la iglesia como miembros de un solo cuerpo. Además, Calvino exhorta mandamientos de Dios: a los magistrados a permanecer fieles a los

Porque, ¿cuánta es la integridad, prudencia, clemencia, moderación e inocencia que deben poseer quienes se reconocen ministros de la justicia divina? ¿Con qué confianza darán entrada en su sede de justicia a cualquier iniquidad, sabiendo que es el trono del Dios vivo? ¿Con qué atrevimiento pronunciarán sentencia injusta con su boca sabiendo que está dedicada para ser instrumento de la verdad de Dios? En suma, si tienen presente que son vicarios de Dios, deberán emplear toda su diligencia y poner todo su afán en ofrecer a los hombres, en cuanto hicieren, una cierta imagen de la providencia divina, de la protección, bondad, dulzura y justicia de Dios. En esta advertencia está implícita la creencia en que el segundo propósito del gobierno civil es el uso de su poder (otorgado por Dios) “para constreñir las tendencias pecaminosas de los fuertes para tomar ventaja de los débiles, y asegurar una cierta medida de justicia social en las transacciones humanas”,un punto acorde con la opción preferencial por los pobres en la teología de la liberación. Sin embargo, debido a su énfasis en el sufrimiento paciente, la teología de la liberación tiene razón al cuestionar si la instrucción de Calvino simpatiza o no con la tarea de promover la transformación histórica de un orden social opresivo. Considerando los turbulentos tiempos en que vivió y las atrocidades cometidas contra la minoría protestante francesa (Calvino mismo dejó Francia en 1536 y jamás regresó), el siguiente pasaje de la edición de I536 de la Institución acentúa la importancia que le otorgaba a la obediencia de los súbditos: Por tanto, si somos cruelmente tratados por un príncipe inhumano; si somos saqueados por un príncipe avariento y pródigo; o menospreciados y desamparados por uno negligente; si somos afligidos por la confesión del nombre del Señor por uno sacrílego e infiel; traigamos primeramente a la memoria las ofensas que contra Dios hemos cometido, las cuales sin duda con tales azotes son corregidas. De aquí sacaremos humildad para tener a raya nuestra impaciencia. Y en segundo lugar, pensemos que no está en nuestra mano remediar estos males, y que no nos queda otra cosa sino implorar la ayuda del Señor, en cuyas manos está el corazón de los reyes y los cambios de los reinos [Proverbios 21.1] Al mismo tiempo que anima repetidamente a que los cristianos cumplan con el deber de obedecer a los magistrados como “vice-regentes” de Dios —aun cuando demanda obediencia hacia los gobernantes tiranos—, Calvino abre la posibilidad para una resistencia cristiana legítima contra los Estados injustos: Mas en la obediencia que hemos enseñado se debe a los hombres, hay que hacer siempre una excepción; o por mejor decir, una regla que ante todo se debe

guardar; y es, que tal obediencia no nos aparte de la obediencia de Aquel bajo cuya voluntad es razonable que se contengan todas las disposiciones de los reyes, y que todos sus mandatos y constituciones cedan ante las órdenes de Dios, y que toda su alteza se humille y abata ante Su majestad. Pues en verdad, ¿qué perversidad no sería, a fin de contentar a los hombres, incurrir en la indignación de Aquel por cuyo amor debemos obedecer a los hombres? Hay una aparente inconsistencia en la comprensión calviniana de las relaciones iglesia-Estado. Por un lado, no es el papel de los súbditos trastornar el lugar de un gobierno tiránico porque Dios se encargará de ello, pero por otra parte, parece que Calvino impulsa [alguna] resistencia hacia el Estado cuando contradice la voluntad de Dios, pues “debemos obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5.29). ¿Cómo pueden resistir los cristianos fieles los designios de los déspotas impíos? Calvino sugiere diferentes opciones para los cristianos, dependiendo del lugar que ocupen en el orden social. En el pasaje citado arriba, Calvino se dirige “a quienes han sido puestos bajo el poder de otros”, aunque en la sección inmediatamente posterior reconoce que Dios algunas veces “levanta a algunos de sus siervos, y los arma con su mandamiento para castigar la tiranía del que injustamente domina, y librar de la calamidad al pueblo inicuamente oprimido”.(46) Calvino aparece conflictuado en este asunto —deseando un orden social estable (aun a costa del sufrimiento inocente)—, al afirmar que Dios actúa en la historia para derribar la tiranía. Una clave hermenéutica crucial para comprender las afirmaciones de Calvino sobre la resistencia política consiste en reconocer el tipo de audiencia al que se dirigió. Él estaba hablándole a individuos particulares cuando advierte que “aunque la corrección y el castigo del mando desordenado sea venganza que Dios se toma, no por eso se sigue que nos la permita y la ponga en manos de aquellos a quienes no ha ordenado sino obedecer y sufrir”. No obstante, cuando se dirige a los magistrados del pueblo legítimamente nombrados, Calvino les adjudica el deber de restringir los abusos de reyes y tiranos: Tan lejos estoy de prohibir a tales estados oponerse y resistir, conforme al oficio que tienen, a la excesiva licencia de los reyes, que si ellos disimulasen con aquellos reyes que desordenadamente oprimen al pueblo infeliz, yo afirmaría que tal disimulo ha de tenerse por una grave traición. Porque maliciosamente como traidores a su país echan a perder la libertad de su pueblo, para cuya defensa y amparo deben saber que han sido colocados por ordenación divina como tutores y defensores. Calvino urge a los magistrados constitucionales a proteger las libertades del pueblo por medios políticos. Este pasaje controvertido, junto con la explícita advertencia al final del parágrafo de la Institución donde dice que la obediencia a gobernantes terrenales no debe provocar la desobediencia a Dios, provee a la tradición reformada con los instrumentos básicos para la resistencia política. Calvino nunca condonó la revolución política, pero en sus obras encontramos las bases teológicas para resistir la injusticia y la opresión.

¿Fueron los reformadores protestantes infalibles? En realidad, con esta pregunta me dirijo hacia los errores que cometieron los reformadores del siglo 16, “intolerancia ideológica” y doctrinal…etc Cuando comparto comentarios con algunos cristianos de orientación teológica reformada, me da la impresión que muchos de estos cristianos sinceros creen que la iglesia de la época de la reforma era mejor que esta. Y también muchos ponen los conceptos de Calvino, Lutero, a un nivel excesivamente alto de estima, casi lindando ya con la idolatría a estos hombres.

Menos mal que los cristianos no les ponemos títulos de santos a los héroes de la fe evangélica, sino estos hombres hoy tendrían el rótulo de “Santos”. No lo digo en el sentido del católico que les prende velas, sino que las opiniones de estos hombres tiene una autoridad tan grande dentro del cristianismo que lo que ellos comentan se toma con machismo peso. Casi como dogma de fe irrefutable. Aunque fueron santos hombres de Dios, en muchos aspectos, sin duda. Pero eso no los hizo infalibles. Para nada. Ni libres de errores, como los que caen los hombres que ministran hoy en dia. Y a mi lo que mas me duele, es que se denuncian los errores del presente, pero se esconden los del pasado. Se denuncian los excesos entre los pentecostales y carismáticos, pero no hablan nada de los homosexuales que están siendo ordenados al ministerio dentro de iglesias de origen protestante, algunas de estas comunidades evangélicas han apostatado de la fe; también hay en muchas iglesias reformadas que están siendo influenciadas por la nueva era. Es fácil mirar la paja en el ojo ajeno, y olvidarse de la viga que hay dentro del de uno. Quiero citar algunos ejemplos a modo de demostración que estos hombres, por cierto dignos de admiración y respeto, cometieron sus errores al igual que los cometen hoy otros hombres de Dios también. Martin Lutero no fue perfecto. Martin Lutero en un libro titulado sobre los judíos y sus mentiras (1543) ya estaba encendiendo los ánimos contra los judíos; el historiador británico Paul Johnson, considera que es el “primer trabajo del antisemitismo moderno y un paso de gigante en el camino hacia el holocausto”. En este libro Lutero aconseja: En primer lugar, debemos prender fuego sus sinagogas o escuelas y enterrar y tapar con suciedad todo lo que no prendamos fuego, para que ningún hombre vuelva a ver de ellos piedra o ceniza. Esto ha de hacerse en honor a Nuestro Señor y a la cristiandad, de modo que Dios vea que nosotros somos cristianos y que no aprobamos ni toleramos a sabiendas tales mentiras, maldiciones y blasfemias a Su Hijo y a sus cristianos” En segundo lugar, también aconsejo que sus casa sean arrasadas y destruidas. Porque en ellas persiguen los mismos fines que en sus sinagogas. En cambio, deberían ser alojados bajo un techo o en un granero, como los gitanos. Esto les hará ver que ellos no son los amos en nuestro país, como se jactan, sino que están viviendo en el exilio y cautivos, como incesantemente se lamentan de nosotros ante Dios, En tercer lugar, aconsejo que sus libros de plegarias y escritos talmúdicos, por medio de los cuales se enseñan la idolatría, las mentiras, maldiciones y blasfemias, les sean quitados”, En cuarto lugar, aconsejo que de ahora en adelante se les prohíba a los rabinos enseñar sobre el dolor de la perdida de la vida o extremidad”,

En quinto lugar, que la protección en las carreteras sea abolida completamente para los judíos. No tienen nada que hacer en las afueras de las ciudades dado que no son señores, funcionarios, comerciantes, ni nada por el estilo”, En sexto lugar, aconsejo que se les prohíba la usura, y que se les quite todo el dinero y todas las riquezas en plata y oro, y que luego todo esto sea guardado en lugar seguro”, y En séptimo lugar, recomiendo poner o un mayal o una hacha o una azada o una pala o una rueca o un huso en las manos de judíos y judías jóvenes y fuertes y dejar que coman el pan con el sudor de su rostro, como se le impuso a los hijos de Adán (Gén.3:19)”. Cuatro siglos, más exactamente 399 años, después de haber sido escritos, los nazis citaron los ensayos de Lutero para justificar la Solución Final (1942-1945), que exigió el exterminio de los judíos de Europa (además de Disidentes, Francmasones. Obviamente Lutero se equivocó, y mucho.... Quizá todos podamos aprender de la historia al recordar también la experiencia que vivieron los dos grandes reformadores Martín Lutero y Ulrico Zwinglio. En octubre de 1529 se encontraron frente a frente. Habían sostenido una guerra de palabras escritas en relación con la cena del Señor. Lutero sostenía que la presencia corporal real de Cristo estaba presente en los elementos. Zwinglio, por su parte, sostenía que el pan y el vino eran sólo símbolos. Allí estaban sentados juntos aquellos dos grandes líderes. Ambos eran de cuarenta y seis años de edad. Lutero escribió sobre Ja mesa: "Esto es mi cuerpo", y rehusó ceder ni un milímetro en su opinión. Zwinglio tampoco cedió en su interpretación. Un lunes los dos reformadores se encontraron por última vez en la tierra. Con lágrimas en los ojos, Zwinglio se acercó a Lutero extendiendo la mano de la fraternidad y el compañerismo, no la del compromiso teológico. Pero Lutero la rechazó y dijo.- "Estoy sorprendido de que desees considerarme como tu hermano." Y agregó.- "No perteneces a la comunión de la iglesia cristiana. No podemos reconocerte como hermano." Hubo muchos grandes momentos en la vida y actuación de Martín Lutero, pero aquí aparece empequeñecido. Imaginemos a aquel gran predicador y reformador, Ulrico Zwinglio, con su mano extendida hacia Lutero, con el que estaba de acuerdo en casi todo lo esencial, pero aquella mano nunca fue aceptada ni estrechada. Calvino no fue perfecto. En el año 1536, Calvino ocupó el gobierno de la pequeña república de Ginebra, donde fue nombrado jefe de la Iglesia. Creó la Venerable Compañía o Consejo integrado por todos los pastores dedicados a la predicación y el Consistorio, formado por doce ancianos y seis pastores, cuya misión era velar por la moral pública y privada. Calvino dispuso severos castigos a todo el que cometiera alguna de estas infracciones: usar nombres que no figurasen en la Biblia, jugar a los naipes y andar en patines; concurrir a teatros, bailes o cualquier otra diversión.

Ninguna posada debía permanecer abierta después de las 21 y nadie podía beber vino del país (otro estaba prohibido) sin antes dar gracias a Dios. Las mujeres no podían usar rizos ni peinados altos, ni vestidos que no fueran del color establecido por el Consistorio. A los hombres les estaba vedado el cabello más largo que el común, etcétera. Quienes no se sometían estas reglas establecidas por Calvino estaban sujetos a diversas penalidades. Así, el sabio español Miguel Servet, que descubrió el mecanismo de la circulación pulmonar, pereció en la hoguera por no creer en el dogma de la Trinidad, y el religioso Bolsee, que negó la predestinación, fue desterrado. Miguel Servet, fue entregado por Calvino a la inquisición católica. Seguramente Calvino tuvo miedo que la herejia de Servet acerca de la Trinidad, se propagara e hiciera popular esta herejía por todos lados. Entiendo que fue un error, basado en el temor, y una infravaloración de la vida humana. ¿No sabía Calvino lo que le iba a suceder a Servet, considerando la cultura y las costumbres de la época? Tomemos lo bueno y desechamos lo malo Sin embargo, muchos de sus conceptos de estos hombres fueron grandes aportes a la teología, pero no fueron infalibles, ni perfectos, ni mucho menos. Calvino escribió su tratado de teología, libro que hasta el día de hoy, prácticamente no ha sido superado. Lutero, fue el que inició la reforma, con su tesis de 95 puntos en contra de las doctrinas católicas. Además tradujo la Biblia al alemán y la hizo imprimir en la imprenta de Wutemeberg. También escribió preciosos himnos que aún hoy en día se cantan en las iglesias. Debemos ser imitadores de sus erróneos ejemplos? No, claro que no. No de todo lo que han hecho o dicho. Claro que no. Sin embargo, hoy hay muchos reformadores modernos que continúan con conceptos inquisidores, aplicando censura a los que disienten de sus ideas falsas, antibíblicas y antihistóricas. El cesacionismo es una falsa doctrina Desde mi opinión y comprensión de las escrituras el cesacionismo es una doctrina que viola varias enseñanzas pneuatológicas claras, producto de una lectura reduccionista de las escrituras y sin embargo, se la defiende a capa y espada en muchos círculos teológicos de teología reformada. El racionalismo por un lado que niega la soberanía de Dios al negar la manifestación del Espíritu para provecho, en nombre de la sola scriptura en la iglesia contemporánea y el sincretismo espiritualista por el otro, que anula la razón en favor de la experiencia, ambos son enemigos de la fe cristiana.

El debate Ciencia vs. Fe. También están los ataques contra la ciencia, contra sus teorías, enfrentándose creacionistas y evolucionistas, en una guerra intelectual sin fin, entorpeciendo el trabajo de la ciencia y metiéndose a 0pinar de cosas que en general, salvo raras excepciones, ni se entienden, utilizando la biblia. Acá entramos todos, sin distinción de credos teológicos. pero los reformados son los que mas agreden en general, ya que son los mas firmes y celosos defensores de la "sola scriptura", una doctrina correcta, pero muchas veces mal entendida y abusada. Salvo algunos hombres cristianos que se han dedicado a estudiar ciencia, y haciendo uso de sus libertad y de su entendimiento de la ciencia, aceptaran o rechazarán las teorías científicas, pero rechazarla solo por prejuicios religiosos, sin haber jamás estudiado nada relacionado con el ámbito de la ciencia, ¡es ridículo.! La teología bíblica, estudia lo referente a la deidad judeo cristiana y su relación con el pueblo de Israel, la Iglesia, y su propósito redentor con la humanidad. La teología no estudia antropología, ni geología, ni biología, ni astronomía, ni nada de esto. Solo "estudia" al Dios judeo cristiano, entendiendo que este Dios se ha revelado a la humanidad en las escrituras sagradas judeocristianas. La Biblia, no nos fue dada para satisfacer nuestra curiosidad sobre temas científicos ya que ella tiene una misión mucho más elevada y espiritual. El teólogo español Samuel Vila, explica que esto mismo lo que expresó un tal Herschell, que fue un astrónomo, quien dijo que "No para saber como es el cielo, sino para saber como ir al cielo". Pero debemos comprender algo que creo que es realmente obvio, y es el hecho de que si Dios ha inspirado los textos como siempre hemos creído los cristianos conservadores, esto se entrevé en tantas declaraciones sumamente coherentes sobre la creación que encontramos en las Escrituras. Pero lamentablemente veo que muchos intelectuales tienen un miserable concepto de la Palabra de Dios. También en 1885, Gladstone y el agnóstico Huxley, el bulldog de Darwin, como es cariñosamente conocido en los ambientes darwinistas, ¡Ellos debatieron sobre este mismo asunto! El tema del debate fue "si la historia de la Creación relatada en el Génesis concordaba o no con los descubrimientos de la ciencia moderna. Habiendo completado sus argumentos, los dos convinieron en entregarlos a Dana, el más grande geólogo de su tiempo, dejándole determinar esta gran cuestión. Este Dana —el gran geólogo americano y amigo de ambos— examinó detenidamente los argumentos de los dos hombres y su fallo se halla en la Revista Nineteen Century, mes de agosto de 1886. Aquí dice Dana: «En todos los puntos esenciales estoy de acuerdo con míster Gladstone y creo que el primer capítulo del Génesis y la Ciencia concuerdan.»" Sir William Dawson, el científico más grande que ha producido Canadá y uno de los más grandes geólogos de los tiempos modernos, está de acuerdo con Dana y dice: «El orden de la Creación, tal como consta en el Génesis, es perfecto a la luz de la

ciencia moderna, y muchos de sus detalles presentan un notable acuerdo con los resultados de las investigaciones científicas nacidas en nuestros días.» Escuchemos también a Hugo Miller, por cierto uno de los más eminentes geólogos de nuestro tiempo. Dice: «A medida que en el transcurso del tiempo la antorcha brillante del mayor conocimiento científico aumenta, va esparciendo su luz y alumbrando los puntos oscuros, se ve mejor que los grandes oráculos antiguos de la Biblia —al parecer tan sencillos, pero tan maravillosamente llenos de sentido— se nos presentan limpios de todo error humano y demostrados como testimonios inspirados de Jehová.» El profesor Dana dijo acerca del primer capitulo de la biblia dirigiéndose a una clase de estudiantes que terminaban su curso universitario,"Lo hallo corresponder perfectamente con la ciencia conocida" y añadió:"Jóvenes, al entrar en el mundo para estar cara a cara con los problemas científicos, acordaos de que yo, un anciano que no ha conocido mas que ciencia en toda mi larga vida, os digo que no hay nada mas verdadero en todo el Universo que las afirmaciones científicas contenidas en la Palabra de Dios" Creo que son aportes interesantes a tu excelente artículo y están en relación con todo lo que hemos hablado y es que mas leo e investigo, mas me doy cuenta que no hay motivos para sentir vergüenza de la Palabra de Dios, aunque no sea un libro de ciencias. ¡Su sabiduría trasciende los siglos! Dios es el mismo, ayer hoy y siempre, Él no ha cambiado. Sin embargo nos preguntamos porqué Dios no les dió estos dones a grandes hombres como Lucero, Calvino, Knox, quienes fueron utilizados por Dios para el avivamiento del cristianismo bíblico? ¿Por qué Dios ignoró a los grandes reformadores? Esta es la pregunta que deben contestar los pentecostales y carismáticos. Esa pregunta se la han hecho a muchos que mantienen la posición continuista, y jamás han dado una respuesta suficientemente apropiada, expresan algunos reformados. Sin embargo, Martín Lutero cita que en sus reuniones se dieron manifestaciones cuando se tradujo la biblia y esta empezó a leerse públicamente entre algunos de sus seguidores. En la historia de Martín Lutero se relatan los problemas surgidos en la iglesia cuando se tradujo la Biblia al alemán. Varias personas eufóricas con la Biblia comenzaron a tener toda clase de experiencias emocionales y a profetizar, aunque la mayoría de esas profecías nunca se cumplieron. Pero y el resto, se cumplió alguna? Que clase de experiencias emocionales empezaron a tener? ¿Se parecerán a las de ahora? Observándoles, Lutero dijo: “¡Se han tragado al Espíritu Santo, con plumas y todo!” Dado que durante la Reforma, hubieron grupos como los Anabautistas que hablaban en lenguas, y eran perseguidos, no solo por que unos eran extremadamente radicales, sino por su creencia en el bautismo de adultos, por los mismos Reformadores.

Ahora, la pregunta surge mas bien de la mala creencia que Dios le dió todo a cierto grupo de personas, los Reformadores Magisteriales, pero nada a los demas grupos Reformados. Los Anabautistas, también nos dieron buenos tratados Teológicos, como lo hizo Hubmaier, por ejemplo. Como podemos leer, no es verdad que los reformadores hayan sido perfectos, claro que no, ninguno lo fue, por eso debemos también ser caustos con las lecturas que hacemos de sus dichos y comentarios. Recordemos que el don de infabilidad no ha sido dado a la iglesia. Son de bendición la gran mayoría de las reflexiones de los teólogos reformados, pero no son en absoluto infalibles. Jamás de los jamases. Hace algunos siglos ya un notable teólogo naturalista, Charles Hodge lo expresó en su teología sistemática: “Los teólogos no son infalibles en la interpretación de las Escrituras. Por lo tanto, puede ocurrir en el futuro, como ocurrió en el pasado, que las interpretaciones de la Biblia, confiadamente recibidas tiempo atrás, deban ser modificadas o abandonadas, para mantener la revelación en armonía con lo que Dios enseña en sus obras. Este cambio de posición en cuanto al verdadero significado de la Biblia puede ser un proceso doloroso para la iglesia, pero no perjudica en lo más mínimo la autoridad de las Escrituras. Ellas permanecen infalibles, meramente somos convictos de haber malinterpretado su significado” Obviamente, nadie ha sido ni es infalible, "errar humano es", pero molesta muchísimo cuando se utiliza un sistema teológico en desmedro de otros. Ningún sistema teológico es perfecto. Durante la época de la Reforma Protestante, “Luteranos y Calvinistas trataban con desprecio a sus hermanos que no aceptaban, por ejemplo, el bautismo de infantes. Justo L. González, nos dice que en el caso de los Anabaptistas, el número de mártires muertos en las manos de los ‘verdaderos’ Protestantes, como en las manos de Católicos Romanos, fue mayor que los mártires cristianos en los primeros 3 siglos de la Cristiandad (The Story of Christianity. Vol. 2. Pg. 56). ” Eso si que fue terrible, los masacraron simplemente porque estos cristianos creían en el bautismo de personas convertidas, o sea de cristianos y no de niños, como practicaban los luteranos y los calvinistas. Lamentablemente, esta intolerancia religiosa ”no ha cesado, sino que sigue viva el día de hoy.” Creo que mucha razón tiene Jonathan Swift, quien creo que dijo algo muy cierto: "Tenemos bastante religión para odiarnos unos a otros, pero no la bastante para amarnos." La historia nos habla de Calvino

La historia nos habla de Calvino,su rigidez social, era una dictadura religiosa. Revisaban las casas mirando la conducta de las perosonas controlándolas a ver como se portaban, no podian hacer nada, estaban controlados, era una dictadura religiosa, una teocracia. Ademas Calvino no solo participó del tema Servet, sino que corrió a otro al religioso Bolsee,por negar la predestinacion. Sin duda, no fue perfecto ni mucho menos Calvino predicó el ideal de perfección humana, porque la elección divina se basa en la pureza de vida; de tal manera, inculcó a los elegidos la formación de la “sociedad de los justos”. Al igual que Lutero, afirmó que la libre interpretación de la Biblia es la única fuente de fe y negó la existencia del Purgatorio y el valor de las prácticas religiosas del Pontífice, de la jerarquía eclesiástica, de los santos y de la misa. Aceptó dos sacramentos: el Bautismo y la Comunión, aunque este último como acto simbólico, porque negó la presencia de Jesucristo en la Eucaristía. Eliminó todas las formas del culto externo (hasta el crucifijo) y dispuso que las ceremonias religiosas consistieran en oraciones y cánticos. En el año 1536, Calvino ocupó el gobierno de la pequeña república de Ginebra, donde fue nombrado jefe de la Iglesia y estableció una teocracia. Creó la Venerable Compañía o Consejo integrado por todos los pastores dedicados a la predicación y el Consistorio, formado por doce ancianos y seis pastores, cuya misión era velar por la moral pública y privada. Calvino fue el verdadero dueño de Ginebra durante largos años. Su autoridad religiosa no fue discutida, aunque algunas veces se reunía con teólogos rivales para entablar controversias acerca de materias doctrinales. La ciudad fue dividida en distritos que estaban controlados por diversas Comisiones de! Consistorio que allanaban las viviendas e investigaban las Costumbres de sus ocupantes. Calvino dispuso severos castigos a todo el que cometiera alguna de estas Infracciones: usar nombres que no figurasen en la Biblia, jugar a los naipes y «ndar en patines; concurrir a teatros, bailes o cualquier otra diversión.

Ninguna posada debía permanecer abierta después de las 21 y nadie podía beber vino del país (otro estaba prohibido) sin antes dar gracias a Dios. Las mujeres no podían usar rizos ni peinados altos, ni vestidos que no fueran del color establecido por el Consistorio. A los hombres les estaba vedado el cabello más largo que el común, etcétera. Quienes no se sometían a estas ordenanzas, estaban sujetos a diversas penalidades. Así, el sabio español Miguel Servet, que descubrió el mecanismo de la circulación pulmonar, pereció en la hoguera por no creer en el dogma de la Trinidad, y el religioso Bolsee, que negó la predestinación, fue desterrado. Con el objeto de propagar su doctrina, Calvino fundó (1559) La Academia, el primer seminario protestante, que se inauguró con seiscientos alumnos. Ginebra se transformó en la capital de la religión protestante y de ella partieron los primeros propagandistas que establecieron numerosas comunidades en Francia, Holanda y Escocia." Tal fue el escándalo por que se quemara un hombre –y un hombre de la talla de Servet- en la colina de Champel, situada entonces a las afueras de Ginebra [al menos fue escándalo para los no fanáticos, es decir, para los que no estaban tan imbuidos del celo religioso –tanto luteranos, calvinistas como católicos- como para ver necesario que se quemara a un hombre, esto es, que se le impidiera seguir pensando, escribiendo, discutiendo, etc...] que el mismo Calvino tuvo que salir a defender su acción. Para ello escribió un libro titulado Defensio orthodoxae fidei de sacra Trinitate, contra prodigiosos errores Michaelis Serveti hispanis... (1554), que vio una edición francesa, el mismo año, titulada Declaration pour maintenir la vraye foy que tiennent tous Chretiens de la Trinité des persones en un seul Dieu. Par Jean Calvin. Contre les erreurs detestables de Michel Servet Espaignol... en el que Calvino defiende la interpretación tradicional del dogma de la Trinidad –común, por cierto, a calvinistas y católicos-y justifica el asesinato de Servet. Curiosamente el libro sirvió para divulgar el contenido de la discusión teológica que Servet y Calvino mantuvieron durante tres intensos días en la celda ginebrina. Las actas mismas del proceso también se conservan, aunque en mal estado. Todo ha quedado restituido finalmente para conocimiento del público en general dentro del vol. I de la Obras Completas de Miguel Servet editadas por Prensas Universitarias de Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, Instituto de Estudios Altoaragoneses, Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón. Fue Sebastian Castellio uno de los primeros humanistas que elevaron su voz en contra del acto de Calvino. Es por ello necesario saber esto de tan gran personaje: [fuente: Wikipedia] Sébastien Châteillon, latinizado Castalio, luego Castellio y finalmente Castellion (Saint-Martin-du-Fresne, Ain, 1515 - Basilea 1563) fue un humanista, biblista y teólogo cristiano francés. Es posible que su familia fuera valdense, ya que en el siglo XIII discípulos de Pedro Valdo procedentes de Lyón se habían refugiado en la región de Bugey. En 1535 Castellion ingresó en el Colegio de la Trinidad en Lyón, donde conoció obras de los humanistas de la época y las Instituciones Cristianas de Juan Calvino, y se adhirió a las ideas de la Reforma Protestante. En 1540 viajó a Estrasburgo para reunirse con Calvino, y luego marchó con él a Ginebra. Allí fue designado director del Collège de Rive. Castellion se distinguió entonces por sus innovaciones pedagógicas, y publicó los Dialogi Sacrés, una selección de la Biblia que fue muchas veces reimpresa en toda Europa.

Sostuvo posteriormente divergencias teológicas respecto a Calvino, debido a que Castellion mantenía que, literalmente, Jesucristo, después de su muerte, "descendió a los infiernos" (al lugar de los muertos) como dice el Símbolo de los Apóstoles; mientras que Calvino interpretaba esto como una alegoría referida a la angustia. Por otra parte, Castellion opinaba que el origen del Cantar de los Cantares era un poema erótico. Para completar, Calvino acusó a Castellion de haber denigrado la imagen del clero, por llamar a los líderes eclesiásticos al autoexamen. Estas divergencias le impidieron en 1544 ejercer como pastor. Castellion tuvo, pues, que desplazarse a Basilea, donde al principio sufrió una situación de pobreza extrema, y pudo sobrevivir atrapando listones de madera sin dueño que flotaban en el Rin tras las inundaciones. Más adelante consiguió un empleo como corrector de imprenta, después como lector de griego, y finalmente fue nombrado profesor de la Universidad de Basilea. En 1554, con el seudónimo de Martinus Bellius, publicó De haerectis an sint persequendi, un ataque frontal a la tesis según la cual los herejes deben ser ejecutados, obra que lo enfrentó definitivamente con Calvino y que fue traducida al castellano por Casiodoro de Reina. Castellion reaccionó contra la ejecución de Miguel Servet por los calvinistas en Ginebra el 27 de octubre de 1553: «Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet, no defendieron una doctrina, mataron a un ser humano; no prueba uno su fe quemando a un hombre, sino haciéndose quemar por ella», escribió. «Buscar y decir la verdad, tal y como se piensa, no puede ser nunca un delito. A nadie se le debe obligar a creer. La conciencia es libre», añadió. De haerectis presentó una antología de textos de padres de la Iglesia, como Lactancio, San Juan Crisóstomo, San Jerónimo, San Ambrosio y San Agustín de Hipona, contra la ejecución de herejes. Añadió las opiniones al respecto de Erasmo y de varios protestantes. Definió a los herejes como "aquellos que no están de acuerdo con nuestra opinión". Afirmó que los cristianos que se engañan a sí mismos, hasta el punto de justificar la persecución religiosa, son peores que cualquiera a quien pretendan "convertir". Reclamó la libertad de culto: "que los judíos o los turcos no condenen a los cristianos, y que tampoco los cristianos condenen a los judíos o a los turcos... y nosotros, los que nos llamamos cristianos, no nos condenemos tampoco los unos a los otros... Una cosa es cierta: que cuanto mejor conoce un humano la verdad, menos inclinado está a condenar". Teodoro de Beza respondió al libro de Castellion con El castigo de los herejes por los magistrados, y Calvino con la Defensa de la fe contra los errores de Miguel Servet. Luego lograron que en Basilea se prohibiera la publicación de la réplica de Castellion, Contra libellum Calvini, a la vez que hicieron diversas gestiones para lograr que Castellion fuera despedido de su puesto en la universidad, donde, por el contrario, se consolidó un círculo académico en torno suyo, integrado por Celio Curione, Martín Celario, David Joris, Bonifacio Amerbach y los impresores Pedro Perna y Juan Oporino. Un debate público sobre la ejecución de herejes tuvo lugar en Berna en 1555. En 1560 se desató la primera de las ocho olas sucesivas de guerras religiosas en Francia, y entonces Castellion publicó Conseil à la France Désolée reclamando la tolerancia y anunciando, con treinta años de anticipación, la solución que daría el

Edicto de Nantes: "dos religiones para un reino". Murió, sin embargo, cuando se le había abierto un proceso judicial por herejía, en medio de la indiferencia general. Sólo Montaigne le rindió homenaje en sus ensayos. Su clara denuncia del fanatismo y su defensa de la libertad de conciencia situó a Castellion a la izquierda de la Reforma Protestante. Abrió el camino a Pierre Bayle (1647-1706), quien le consagró una extensa nota en su Dictionnaire Historique et Critique; a Rabaut Saint-Etienne (1743-1793), quien introdujo la libertad de conciencia en la Declaración de los Derechos del Hombre; y a Ferdinand Buisson (1841-1932), uno de los fundadores del laicismo francés. Mayor fue su influencia en Holanda por medio de los seguidores de Jacobus Arminius, y en el mundo anglosajón a través de Locke y Milton. Castellion es conocido también por sus trabajos bíblicos, y se le considera como uno de los fundadores de la crítica moderna. Tradujo la Biblia al latín en 1551 y al francés en 1555. La traducción francesa sólo fue reeditada en 2005. Aunque Miguel Servet fue el principal precursor espiritual del unitarismo moderno, Sebastián Castellion fue el primer pensador de la Reforma protestante que antepuso la razón natural, la ley natural, a la revelación, por lo que es considerado el primer unitario en un sentido moderno. En cuanto a la Filosofía, fue precursor de los grandes racionalistas clásicos, como Spinoza y Descartes. Stefan Zweig publicó en 1936 en alemán el libro Castellio contra Calvino, que para muchos fue una voz de aliento contra el nazismo en un momento decisivo. Zweig escribió: Desde el punto de vista del espíritu, las palabras "victoria" y "derrota" adquieren un significado distinto. Y por eso es necesario recordar una y otra vez al mundo, un mundo que sólo ve los monumentos de los vencedores, que quienes construyen sus dominios sobre las tumbas y las existencias destrozadas de millones de seres no son los verdaderos héroes, sino aquellos otros que sin recurrir a la fuerza sucumbieron frente al poder, como Castellion frente a Calvino en su lucha por la libertad de conciencia y por el definitivo advenimiento de la humanidad a la tierra. Pero no fue Castellio el único en escribir en contra de Calvino. Un humanista español, por ahora sin identificar, que firmaba como Alfonso Lincurio de Tarragona escribió también un interesante alegato sobre el holocausto de Servet. Es, por todo ello, muy recomendable leer con detenimiento la serie de Documentos que el profesor Ángel Alcalá incluye en su Miguel Servet, Obras Completas. I. Vida, muerte y obra. La lucha por la libertad de conciencia. Documentos, edición de Ángel Alcalá, Prensas Universitarias de Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, Instituto de Estudios Altoaragoneses, Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, Zaragoza, 2003, pp. 287-359. Varias razones obligan a incluir aquí sólo la LISTA DE DOCUMENTOS, confiando en que la accesibilidad del libro mueva a los/las internautas a bajar de la red y a

visitar la Biblioteca del centro –o hacer la oportuna petición de unos fondos siempre interesantes de ser tenidos a mano-: El principio protestante de Sola Scriptura ¿Es la Biblia verdaderamente la autoridad final en asuntos de Fe y Moral? "Mis ovejas oyen mi voz, y yo los conozco, y me siguen" Juan 10:27. El término en latín "Sola Scriptura" (es decir, "Sólo la Biblia") es una frase corta que representa la simple verdad que hay sólo una revelación especial de Dios que el hombre posee el día de hoy, las Sagradas Escrituras o La Biblia. Las Escrituras establecen este concepto repetida y enfáticamente. La mera frase "Está Escrito" significa exclusivamente transcrito, y no de oídas. El mandamiento de creer aquello que está escrito, significa creer únicamente en la pura Palabra de Dios. Lo que está en riesgo delante del Todo Santo Dios es su verdad incorruptible. En el último mandamiento de la Biblia se nos advierte claramente no añadir o quitarle a Su Palabra: "Yo testifico a todo aquel que oye la palabra de esta profecía de este libro: si alguno añadiera a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de la palabra del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro." -Apocalipsis 22:18-19 Su palabra es absolutamente suficiente en sí misma. (Salmo 119:160) El mensaje Bíblico exhalado por Dios y la revelación en forma escrita. (II Timoteo 3:15-16). La aseveración Bíblica es que lo que Dios ha inspirado, ha quedado registrado en su Palabra escrita (II Pedro 1:20-21), cuando el señor Jesús dijo: "La Escritura no puede ser quebrantada". (Juan 10:35). El estaba hablando de la palabra escrita de Dios. Los eventos, las acciones, los mandamientos, y la verdad de Dios son entregados a nosotros en forma proposicional, en otras palabras, en oraciones lógicas y escritas. La declaración de Dios en La Escritura es que ésta, y sólo ésta, es la autoridad definitiva en todos los asuntos de fe y moral. Así que sólo existe una fuente escrita de Dios, y sólo existe una base de verdad para el pueblo de Dios en la Iglesia. Reafirmado Por El Señor Jesucristo El mismo señor Jesucristo identificó la verdad con la palabra escrita. En su oración de gran sacerdote, El dijo: "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad". Esto concordaba consistentemente con las declaraciones encontradas a través de todo el Antiguo Testamento, en donde el Espíritu Santo continuamente proclama que la revelación de Dios es verdad, como por ejemplo el Salmo 119:142: "... tu ley es verdad." No existe ninguna otra fuente, fuera de las Escrituras, a la cual se aplica esta declaración. Sólo esta fuente, las Sagradas Escrituras, constituye la norma de verdad para el creyente. En el Nuevo Testamento, es la palabra escrita de Dios, y sólo ella, a la que el Señor Jesucristo y sus apóstoles se refieren como la autoridad definitiva. El día de la tentación, el Señor Jesús resistió tres veces a Satanás diciendo: "Escrito está", como en Mateo 4:4: "El respondió y dijo: Escrito está; No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Al establecer "Escrito

está", el Señor Jesús utilizó exactamente la misma frase que es usada en la Santa Biblia cuarenta y seis veces. La persistencia en la repetición de esta frase remarca bien su importancia. La total aceptación de la autoridad del Antiguo Testamento resalta en sus palabras localizadas en San Mateo 5:17-18: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota, ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se halla cumplido." Otras fuentes de autoridad condenan los intentos de algunas personas por adjudicar mayor autoridad a las tradiciones humanas que a la autoridad de la palabra de Dios. Esto era verdad entre los judíos en los días del Señor Jesús. Al refutar a los Saduceos, las Escrituras registran al Señor diciendo: "Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios". (Mateo 22:29). El Señor Jesús frecuentemente reprendía a los fariseos por elevar sus tradiciones al mismo nivel que La Palabra de Dios, corrompiendo las mismas bases de la verdad, igualando sus tradiciones con la palabra de Dios. Así que en Marcos 7:13 el Señor declaró: "Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido y muchas cosas hacéis semejantes a éstas". Ya que Sóla Scriptura es inspirada, es por lo tanto, la autoridad definitiva y sólo ella es el juez final de la Tradición. La palabra del Señor, a modo de mandamiento, dice en Proverbios 30:5-6: "Toda la palabra de Dios es limpia. El es escudo a los que en El esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso" Dios ordena que no añadamos a Su Palabra; este mandamiento nos enseña enfáticamente que sólo La Palabra de Dios es pura y sin contaminación. En el mismo sentido de Proverbio, el Señor hace una fuerte y clara declaración en Isaías 8:20:"¡A la Ley y al Testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido." La verdad es esta: ya que la Palabra Escrita de Dios es la única inspirada, sólo ella es la única regla de fe. No puede ser de otra manera. ¿Cómo Puede Ser Interpretada Correctamente La Escritura? El principio de "Sola Scriptura" es básico para la interpretación correcta de las Escrituras. En los salmos 36:9 se nos explica: "Porque contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz." El Apóstol San Pablo dijo lo mismo: "...lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual". (I Corintios 2:13). Es precisamente en la luz que irradia la verdad de Dios en donde Su verdad es apreciada. (Compare Juan 3:18-21, II de Corintios 4:3-7). El Apóstol San Pedro, bajo la inspiración del Espíritu Santo, declara: "Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los Santos hombres de Dios, hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo". (II Pedro 1:2021). Lógicamente, el Apóstol San Pedro comunica claramente la idea de que para mantener la pureza de la palabra de Dios escrita, la fuente de la interpretación, debe ser de la misma fuente pura, igual que el origen de las mismas Escrituras.

Las Escrituras sólo pueden ser entendidas correctamente a la luz de la Escritura, ya que sólo ella es incorrupta. Es sólo con la luz del Espíritu Santo, que las Escrituras pueden ser comprendidas. El Espíritu Santo provoca que aquellos que le pertenecen, entiendan las Escrituras (Juan 14:16-17,26). Ya que el Espíritu hace esto por medio de la Escritura, es obvio que eso concuerda con el principio, La Escritura misma es la regla infalible de interpretación de su propia verdad". "...y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad". (I Juan 5:6). Si quiere conducirse con la verdad frente a Dios en este asunto importante, siga Sus instrucciones. "Volveos a mi reprensión; he aquí yo derramaré mi Espíritu sobre vosotros y os haré saber mis palabras" (Prov. 1:23) Si usted anhela la verdad con la actitud del Salmo 51:17 donde dice: "Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, ¡Oh Dios¡", entonces, Dios no lo despreciará. El revelará el fundamento básico que el Señor Jesús sostiene, así como hicieron los apóstoles. ¿Es Sóla Scriptura adecuada, o necesitamos algo más? La suficiencia total de las Escrituras es declarada por el Apóstol Pablo: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra." -II Timoteo 3:16-17 Como verdad y autoridad definitiva, todo lo que necesitamos es la Escritura. ¿Y que hay acerca de la propuesta de que "Solo la Escritura" no es posible? En un intento para justificar las tradiciones como iguales, o de mayor autoridad que la Escritura, se apela frecuentemente al último versículo que el Apóstol San Juan dejó plasmado en el Evangelio que él escribió: "Y hay también muchas cosas que hizo Jesús, las cuales, si se escribieran una por una, pienso que ni aún en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén." -Juan 21:25 Desde luego, hubo muchas obras y dichos del Señor que no fueron registrados en las Escrituras. Sin embargo, las Escrituras son el registro autorizado que el Dios Santo ha dado a su pueblo. No tenemos ni una sola oración que tenga la autoridad del Señor fuera de lo que es la palabra escrita. Apelar a la tradición como autoridad cuando el Santo de Dios no lo dio, es inútil. La idea de que algunos eventos y dichos del Señor han sido conservados a través de la tradición, simplemente no es verdad. Otro intento para justificar la tradición es el argumento que la Iglesia primitiva aún no contaba con el Nuevo Testamento. El Apóstol Pedro habla acerca de los escritos del Apóstol Pablo cuando establece: "...como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito también; casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición." -2 Pedro 3:15-16 Pedro también declara que estaba escribiendo para que los creyentes pudieran recordar lo que él dijo. Por eso escribió: "Por esto, yo no dejaré de recordaros

siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente" (2 Pedro 1:12). Desde los mismos inicios del cristianismo, una parte substancial del Nuevo Testamento ha estado disponible. Bajo la inspiración del Señor, el Apóstol San Pablo pide que sus cartas sean leídas en otras congregaciones, además de aquellas a la que habían sido enviadas. Esto demuestra claramente que la palabra escrita de Dios ya estaba circulando aún cuando los Apóstoles estaban vivos todavía. El mandamiento del Señor para creer lo que estaba escrito siempre ha sido algo que los creyentes debían obedecer y en realidad lo hacían. En este asunto debemos ejercitar la humildad ordenada en las Escrituras para no pensar por encima de lo que está escrito: "...para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros." (I Corintios 4:6). La verdad, La Palabra de Dios, y nuestro amor por El El Señor introduce el tema de la verdad para expresar nuestro amor por El. De nuevo, esto subraya su importancia. "Respondió Jesús, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada. El que no me ama, no guarda mis palabras. La palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió." (Juan 14:23-24). Y de nuevo dice: "El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán." (Mateo 24:35). El Señor mismo se aferró a la autoridad exclusiva de las Escrituras, tal como hicieron los Apóstoles después de El. Ellos confirmaron el mensaje mismo del Antiguo Testamento. "La Ley de Jehová es perfecta..." (Sal. 19:7) El creyente debe conservarse fiel a la forma que el Señor ha diseñado, aferrándose solamente a lo que ha sido escrito: "Tu palabra es verdad". Fuentes • http://es.wikipedia.org/wiki/Anabaptismo • Daniel E. Dañeiluk. www.biografas.blogspot.com • http://www.gotquestions.org/Espanol/Reforma-Protestante.html • Historia 2, Jose y Cosmelli Ibañez, Ed. troquel, Bs. As. Argentina • sujetosalaroca.org • http://oldearth.wordpress.com/ • logoi.org • http://calvino-jubileo-2009.blogspot.com/ • samuel vila,"Manual de Teologia apologetica", p.92,93,95,ed. Clie • http://www.ChristianAnswers.Net/spanish • Historia 2, Jose y Cosmelli Ibañez, Ed. troquel, Bs. As. Argentina • http://catedu.es/miguelservet/data/files/ESO/CCSS/OTROS_DOCUMENTOS_ SC.pdf • Notas Historia de la Iglesia y Fundamentos teológicos de las Asambleas, Instituo Jorge Muller.

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