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ANTONIO GRAMSCI

LA CUESTIÓN
MERIDIONAL

Introducción de Giuseppe Fiori

QUADRATA EDITOR
Buenos Aires – Argentina
Colección: Estroboscopia

Título original:

La questione meridionale

Traducción del original italiano: Amalia Bastida

Diseño y diagramación: Juan José Jara


© Editorial Rinascita, 1952
©Editorial Riuniti, 1956

Primera edición en castellano:


©Dédalo, Madrid, 1978

Segunda edición en castellano:


© Quadrata Editor, 2002

I S B N : 987=20398-1 -X
La cuestión meridional

ÍNDICE

Introducción

LA CUESTIÓN MERIDIONAL

El "Mezzogiorno" y la guerra

Clericales y agrarios

Obreros y campesinos (I)

Obreros y campesinos (II)

Obreros y campesinos (III)

Carta para la fundación de "L'Unità"

El "Mezzogiorno" y el fascismo

La crisis italiana

El informe de Gramsci sobre


el III Congreso (Lyon) del PCI

Algunos temas de la cuestión meridional

07
La cuestión meridional

Algunos temas de
la cuestión meridional*

L os apuntes para esta nota fueron ofrecidos en la publicación aparecida en el


Quarto Statd del 18 de setiembre, en un artículo sobre el problema meridio-
2
nal firmado por "Ulenspiegel" que la redacción de la revista ha hecho preceder a
una introducción algo burlesca. "Ulenspiegel" da noticia en su artículo del reciente
3
libro de Guido Dorso {La revolución meridional, Turín, Ed. Piero Gobetti, 1925) y
señala el juicio que Dorso ha dado en relación con la actitud de nuestro partido sobre
la cuestión del "Mezzogiorno". En el preámbulo, la redacción del Quarto Slato, que
se proclama constituida por "jóvenes que conocen perfectamente en sus líneas gene-
rales (sic) el problema meridional", protesta colectivamente por el hecho de recono-
cer posiblemente los "méritos" al partido comunista. Y hasta aquí nada de malo; los
jóvenes del tipo Quarto Stato lo han sometido en todo tiempo y lugar a muchas otras
opiniones y protestas sin que éste se rebelase. Pero luego estos "jóvenes" agregan
textualmente: "No hemos olvidado que la fórmula mágica de los comunistas turine-
ses es dividir el latifundio entre los proletarios rurales. Aquella fórmula está íntegra-
mente en relación con toda buena visión sana y realista del problema meridional". Y
aquí es necesario poner las cosas en su lugar, ya que de "mágico" sólo existe la osa-
día y la diversión superficial de los "jóvenes" redactores del Quarto Stato.
La "fórmula mágica" se inventa con todo descaro. Los "jóvenes" del Quar-
to Stato deben de tener en poca estima a sus intelectualísimos lectores, si osan dar
con tan locuaz pompa semejantes vuelcos a la verdad. He aquí, en efecto, un frag-
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mento del Ordine M/ovo (3 de enero de 1920) en el que se resume el punto de vista

' Como se lee en 2000pagine, op. cit., el manuscrito fue extraviado en los días del arresto
de Gramsci y fue encontrado por Camilla Ravera entre las cartas que Gramsci abandonó
en la casa de la calle Morgagni. El ensayo se publicó en enero de 1930 en París, en la revis-
ta Stato Operario, con una nota que dice: "El escrito no estaba completo y probablemente
hubiese sido retocado todavía, aquí y allí, por el autor. Lo reproducimos sin ninguna co-
rrección, como el mejor documento de un pensamiento político comunista, incompara-
blemente profundo, fuerte, original, rico en los desarrollos más amplios."
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Antonio Gramsci

de los comunistas turineses:

"La burguesía septentrional ha sometido a la Italia meridional y las islas y


las ha reducido a colonias de explotación; el proletariado septentrional,
emancipándose por sí mismo de la esclavitud capitalista, emancipará las
masas campesinas meridionales sometidas a la Banca y al industrialismo
parasitario del "Settentrione". La regeneración económica y política de los
campesinos no debe ser buscada en una división de las tierras incultas o
mal cultivada, pero sí en la solidaridad del proletariado industrial que tiene
necesidad, a su regreso, de la solidaridad de los campesinos cuyo "interés"
radica en que el capitalismo no resurja económicamente de la propiedad
agraria en que la Italia meridional y las islas no se conviertan en una base
militar de la contrarrevolución capitalista. Imponiendo el control obrero so-
bre la industria, el proletariado dirigirá la industria hacia la producción de
maquinarias agrícolas para los campesinos, de telas y zapatos para los cam-
pesinos, de luz eléctrica para los campesinos; impedirá que la industria y la
Banca exploten a los campesinos y le sometan como esclavos a las cajas
fuertes. Quebrando la autocracia en las fábricas, quebrando el aparato opre-
sivo del Estado capitalista, instaurando el Estado obrero, sometiendo el ca-
pitalismo a las leyes del trabajo útil, los obreros rompieron las cadenas que
tenían sujetos a los campesinos a su miseria, a su desesperación, instauran-
do la dictadura obrera; teniendo en sus manos la industria y la Banca, el pro-
letariado resolverá la enorme potencia de la organización estatal para sos-
tener a los campesinos en su lucha contra los terratenientes, contra la natu-
raleza y contra la miseria; dará crédito a los campesinos, instituirá la coo-
perativa, garantizará la seguridad personal y de los bienes contra los sa-
queadores, hará la labor pública de saneamiento y de regadío. Hará todo es-
to porque su interés es dar incremento a la producción agrícola, tenery con-
servar la solidaridad de las masas campesinas y convertir la producción in-
dustrial en un trabajo útil de paz y de fraternidad entre la ciudady el campo,
entre el Norte y el "Mezzogiorno".

Esto ha sido escrito en enero de 1920. Han pasado siete años y nosotros so-
mos más viejos también políticamente; cualquier concepto podría explicarse mejor
actualmente, podría y debería ser mejor distinguido el período inmediatamente pos-
terior a la conquista del Estado, caracterizado por el simple control obrero sobre la
industria de los períodos sucesivos. Pero aquello que importa hacer notar aquí es
que el concepto fundamental de los comunistas turineses no ha sido la "fórmula má-
gica" de la división del latifundio, sino el de la alianza política entre obreros del Nor-
te y campesinos del sur para derribar la burguesía del poder del Estado: no sólo, pe-
ro también los comunistas turineses (que también sostenían, como subordinada a la

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La cuestión meridional

acción solidaria de las dos clases, la división de la tierra) se ponían en guardia con-
tra las ilusiones "milagreras" acerca del reparto mecánico de los latifundios. En el
m i s m o artículo del 6 de enero de 1920 está escrito: "¿Qué obtiene un campesino p o -
bre ocupando una tierra inculta o mal cultivada? Sin máquinas, sin una casa en el lu-
gar mismo de trabajo, sin créditos para esperar la cosecha, sin instituciones coope-
rativas que compren esa cosecha (si el campesino no llega a la cosecha sin antes ha-
berse ahorcado del árbol más fuerte del bosque o de la menor higuera tísica selváti-
ca de la tierra inculta) y le arranquen de las garras de los usureros, ¿qué puede obte-
ner un campesino pobre de la ocupación?" Y todavía nosotros estábamos por la fór-
mula muy realista y para nada "mágica" de la tierra a los campesinos; pero quería-
mos que ésta fuese encuadrada en una acción revolucionaria general de las dos cla-
ses aliadas bajo la dirección del proletariado industrial.
Los redactores del Quarto Stato han inventado con todo descaro la "fór-
mula mágica" atribuida a los comunistas turineses, demostrando así su escasa se-
riedad de publicistas y su poco escrúpulo de intelectuales de botica; y también éstos
son elementos políticos que pesan y traen consecuencias.
En el campo proletario los comunistas turineses han tenido un " m é r i t o " in-
discutible: haber planteado la cuestión meridional ante la atención de la vanguardia
obrera, presentándola como uno de los problemas esenciales de la política nacional
del proletariado revolucionario. En este sentido han contribuido prácticamente a sa-
car la cuestión meridional de su fase indistinta, intelectualista, llamada "concretis-
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ta", para hacerla entrar en una fase nueva. El obrero revolucionario de Turín y M i -
lán resultaba ser el protagonista de la cuestión meridional, y no los Giustino Fortu-
nato, los Gaetano Salvemini, los Eugenio Azimonti, los Arturo Labriola, por no ci-
tar más que nombres de los santones caros a los "jóvenes" del Quarto Stato.''
Los comunistas turineses se habían planteado concretamente la cuestión
de la "hegemonía del proletariado", es decir, l a b a s e social de la dictadura proletaria
y del Estado obrero. El proletariado puede convertirse en clase dirigente y d o m i -
nante en la m e d i d a en que consigue crear un sistema de alianzas de clase que le per-
mita movilizar contra el capitalismo y el Estado burgués la mayoría de !a población
trabajadora, lo que significa en Italia dadas las reales relaciones de clase existentes,
en la medida en que consigue obtener el consenso de las amplias masas campesi-
nas. Pero la cuestión campesina está en Italia históricamente determinada, no es la
"cuestión campesina y agraria en general"; en Italia la cuestión campesina tiene,
por la determinada tradición italiana, por el determinado desarrollo de la historia ita-
liana, dos formas típicas y peculiares: la cuestión meridional y la cuestión vaticana.
Conquistar la mayoría de las masas campesinas significa, por tanto, para el proleta-
riado italiano, dominar esas dos cuestiones desde el punto de vista social, compren-
der las exigencias de la clase que representan, incorporar esas exigencias a su pro-
grama revolucionario de transición, plantear esas exigencias entre sus reivindica-
ciones de lucha.

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Antonio Gramsci'

El primer problema a resolver por los comunistas turineses era modificar


la dirección política y la ideología general del proletariado mismo como elemento
nacional que vive en el complejo de la vida estatal y sufre inconscientemente la in-
fluencia de la escuela, del periódico, de la tradición burguesa. Es notoria la ideolo-
gía que ha sido difundida en forma capilar por los propagandistas de la burguesía en
la masa del Norte. El "Mezzogiorno" es la bala de plomo que impide progresos m á s
rápidos al desarrollo civil de Italia. Los meridionales son biológicamente seres infe-
riores, semibárbaros o bárbaros completos por destino natural. Si el "Mezzogior-
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n o " está retrasado, la culpa no es del sistema capitalista o de cualquier otra causa
histórica, sino de la naturaleza que ha hecho a los meridionales holgazanes, incapa-
ces, criminales, salvajes, aunque ese destino cruel está compensado por el surgi-
miento puramente individual de grandes genios que son como la palmera solitaria
en un desierto árido y estéril. El Partido Socialista fue en gran parte el vehículo de
esta ideología burguesa en el proletariado septentrional. El Partido Socialista dio su
aprobación a toda la literatura "meridionalista" de la camarilla de escritores de la
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llamada escuela positiva, como los Ferri, los Sergi, los Niceforo, los Orano y los se-
cuaces menores que en artículos, en bocetos, en novelas, en romances, en libros de
impresiones y de recuerdos, repetían en diversas formas el mismo estribillo; inclu-
so la ciencia estaba dirigida a machacar a los miserables y los explotados, pero esta
vez se ocultaba bajo los colores socialistas, pretendía ser la ciencia del proletariado.
Los comunistas turineses reaccionaron enérgicamente contra esta ideolo-
gía, propiamente en Turín, donde las relaciones y las descripciones de los veteranos
de guerra contra el "bandolerismo" en el "Mezzogiorno" y en las islas habían in-
fluenciado mayormente la tradición y el espíritu popular. Reaccionaron enérgica-
mente en forma práctica logrando obtener resultados concretos de alcance históri-
co grandísimo, y propiamente en Turín, embriones de lo que será la solución del pro-
blema meridional.
Por otra parte, ya antes de la guerra se había verificado en Turín un episo-
dio que contenía en potencia toda la acción y la propaganda desarrollada efl la post-
guerra por los comunistas. Cuando en 1914, por la muerte de Pilade Gay queda va-
cante el IV colegio de la ciudad y fue planteada la cuestión del nuevo candidato, un
grupo de la sección socialista, de la cual formaban parte los futuros redactores del
Ordine Nitovo, ventiló el proyecto de presentar como candidato a Gaetano Salve-
mini. Salvemini era entonces el exponente más avanzado en sentido radical de la
masa campesina del "Mezzogiorno"TEstaba fuera del Partido Socialista -más bien
conducía una campaña vivísima y peligrosísima contra el Partido Socialista- por-
que sus afirmaciones y sus acusaciones en la masa trabajadora meridional, eran m o -
tivo de odio no sólo contra los Turati, los D'Aragona, sino contra el proletariado in-
dustrial en su conjunto (muchas de las balas que la guardia real descargó en 1919,
1920, 1921 y 1922 contra los obreros estaban fundidas del plomo que servía para
imprimir los artículos de Salvemini)'. Todavía este grupo turinés quería hacer una

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La cuestión meridional

afirmación sobre el nombre de Salvemini, en el sentido de que Salvemini mismo


fue expuesto y el compañero Ottavio Pastore llevado a Florencia para dar el con-
sentimiento a la candidatura. "Los obreros de Turín quieren elegir un diputado para
los campesinos pulieses. Los obreros de Turín saben que en las elecciones genera-
les de 1913 los campesinos de Molfetta y de Bitonto eran, en su gran mayoría, favo-
rables a Salvemini. La presión administrativa del gobierno Giolitti y la violencia de
los maceras y de la policía ha impedido a los campesinos pulieses expresarse. Los
obreros de Turín no piden obligaciones de suerte a Salvemini, ni de partido, ni de
programa, ni de disciplina al grupo parlamentario. Una vez electo, Salvemini lla-
mará a los campesinos pulieses, no a los obreros de Turín, quienes harán la propa-
ganda electoral según sus principios y no estarán para nada empeñados en la activi-
dad política de Salvemini".
Salvemini no quiso aceptar la candidatura, aun cuando hubiese quedado sa-
cudido y hasta conmovido por la propuesta (en aquel tiempo no se hablaba todavía
de "perfidia" comunista y las costumbres eran honestas y leales). Estos propusie-
ron a Mussolini'" como candidato y se empeñaron en ir a Turín a sostener al Partido
Socialista en la lucha electoral. Tiene en efecto dos comicios grandiosos en la Cá-
mara del trabajo y en plaza Statuto, entre el entusiasmo de la masa que veía y aplau-
día en él al representante de los campesinos meridionales oprimidos y explotados
en forma todavía más odiosa y bestial que el proletariado septentrional.
La dirección potencialmente contenida en este episodio que no tiene desa-
rrollos mayores sólo por la voluntad de Salvemini, fue recogida y aplicada por los
comunistas en el período de la postguerra. Queremos recordar los hechos más sa-
lientes y sintomáticos.
En 1919 se formó la asociación de la "Joven Cerdeña", premisa del futuro
partido sardo de acción". La "Joven Cerdeña" se proponía unir a todos los sardos de
la isla y del continente en un bloque regional capaz de ejercer una presión útil sobre
el gobierno para que se mantuviese la promesa hecha durante la guerra a los solda-
dos. El organizador de la "Joven Cerdeña" en el continente era u n tal profesor Pie-
tro Nurra, socialista, que muy probablemente hoy forma parte del grupo de "jóve-
n e s " que en el Quarto Stato descubre cada semana algún nuevo horizonte a explo-
tar. Se dedicaron a ello con el entusiasmo que crea cada nueva probabilidad de pes-
car cruces, comendadores y medallistas, abogados, profesores, funcionarios. La
asamblea constituyente, convocada en Turín por los sardos que habitaban en el Pia-
monte, resultó importante por el número de los que intervenieron. Era en su gran
mayoría gente pobre, populares sin calificación distinguible, peones de fábrica, pe-
queños pensionados, ex carabineros, ex guardias de prisiones, ex soldados de Ha-
cienda Pública que ejercían pequeños negocios variadisirnos. Todos estaban entu-
siasmados con la idea de ieencontrarse con compatriotas, de oír discursos sobre su
tierra a la que continuaban ligados por innumerables filas de parentesco, de amista-
des, de recuerdos, de sufrimientos, de esperanzas: la esperanza de volver a su país,

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Antonio Gramsci

pero a un país más próspero y más rico que ofreciese condiciones para vivir, aunque
sea modestamente.
Los comunistas sardos, en número preciso de ocho, fueron a la reunión, pre-
sentaron a la presidencia una moción suya y pidieron hacer una contrarrelación.
Después del discurso inflamado y retórico del relator oficial, adornado de toda la
afectación y la retórica de la oratoria regionalista, después que los participantes hu-
biesen llorado por los recuerdos de los dolores pasados y de la sanare de los regi-
mientos sardos derramada en la guerra y se habían entusiasmado hasta el delirio
con la idea del bloque compacto de todos los generosos hijos de Cerdeña, era muy
difícil "situar" la contrarrelación. Las previsiones más optimistas eran, si no el lin-
chamiento, por lo menos un paseo hasta la comisaría general de la policía después
de haber sido salvados de las consecuencias de la "noble furia de la multitud". La
contrarrelación suscitó una enorme estupefacción, pero fue escuchada con aten-
ción y una vez roto el encanto, rápida, si bien metódicamente, se llegó a la conclu-
sión revolucionaria. El dilema: ¿estáis vosotros, pobres diablos sardos, a favor de
un bloque con los señores de Cerdeña quienes os han arruinado y son los vigilantes
locales de la explotación capitalista, o estáis a favor de un bloque con los obreros re-
volucionarios del continente que quieren destruir todas las explotaciones y emanci-
par a todos los oprimidos? Este dilema penetró en el cerebro de los presentes. El vo-
to por división tuvo un éxito formidable: por una parte, un grupito de señores muy
elegantes, de funcionarios en chistera, de profesionales lívidos por la rabia y el páni-
co, con una cuarentena de policías alrededor, y por otra, toda la multitud de pobres
diablos y de mujercitas vestidas de fiesta alrededor de la pequeñísima célula comu-
nista. Una hora después, en la Cámara del trabajo, era constituido el círculo del tra-
bajo, el círculo educativo socialista sardo con 256 inscripciones. La constitución de
la "Joven Cerdeña" fue aplazada "sine die" y no tuvo nunca lugar.
Esta fue la base política de la acción conducida por los soldados de la bri-
gada Sassari, de composición casi totalmente regional. La brigada Sassari había
participado en la represión del movimiento insurreccional de Turín en agosto de
12
1917 ; se estaba seguro de que no había fraternizado nunca con el obrero, por los re-
cuerdos de odio que toda la represión deja en la multitud también contra los instru-
mentos materiales de la represión y en los regimientos por el recuerdo de los solda-
dos caídos bajo los golpes de los sublevados. La brigada fue escoltada por una mul-
titud de señoras y señores que ofrecían a los soldados flores, cigarrillos y fruta. El es-
tado de ánimo de los soldados estaba caracterizado por este relato de un obrero de
Sassari. A efecto de los primeros sondeos de propaganda: "Me he acercado a un vi-
vac de la plaza X (los soldados sardos vivaquearon en los primeros días en las pla-
zas como en una ciudad conquistada) y he hablado con un joven campesino que me
ha recibido cordialmente porque era de Sassari, como él". "¿Qué has venido a hacer
a Turín?". "Hemos venido para disparar contra los señores que hacen huelga". "Pe-
ro no son los señores aquellos los que hacen huelga, son los obreros y son pobres".

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La cuestión meridional

"Aquí son todos señores, todos tienen cuello y corbata; ganan 30 liras al día". " L o s
pobres yo los conozco y sé cómo se visten; en Sassari, sí, son muy pobres; todos los
labriegos somos pobres y ganamos 1,50 al día". "Pero también yo soy obrero y soy
pobre". " T ú eres pobre porque eres sardo". "Pero si yo hago huelga con los otros,
¿dispararías contra mí?". El soldado reflexionó un poco; luego, p o n i é n d o m e la m a -
no sobre la espalda: "Oye, cuando hagas huelga con los otros, ¡quédate en casa!".
Este era el espíritu de la inmensa mayoría de la brigada que contaba sólo
con un pequeño número de obreros mineros de la cuenca de Iglesias. No obstante,
después de pocos meses, la víspera de la huelga general del 20 y 21 de julio, la bri-
gada fue alejada de Turín, los soldados ancianos fueron licenciados y la formación
dividida en tres: un tercio fue enviado a Aosta, otro tercio a Trieste y el resto a R o -
ma. La brigada fue obligada a partir de noche, de improviso. N i n g u n a multitud ele-
gante la aplaudía en la estación; sus cantos, aunque también eran guerreros, no te-
nían ya el mismo contenido de aquellos cantados a la llegada.
¿Estos acontecimientos no han tenido consecuencias? Sí; han tenido el re-
sultado que todavía hoy subsiste y continúan trabajando en la profundidad de las
masas populares. Han iluminado por un momento cerebros que nunca habían pen-
sado en aquella dirección y que se han quedado impresionados, modificados radi-
calmente. Nuestros archivos han quedado dispersos; muchas cartas han sido d e s -
truidas por nosotros mismos para no provocar arrestos ni persecuciones. Pero noso-
tros recordamos decenas y centenares de cartas llegadas de Cerdeña a la redacción
turinesa del Avanti!; cartas a menudo colectivas, a menudo firmadas por todos los
ex combatientes de Sassari, de un determinado pueblo. Por vía incontrolada e in-
controlable, la actitud política sostenida por nosotros se difundía. La formación del
partido sardo de acción fue fuertemente influenciada por la base y sería imposible
recordar a este propósito episodios ricos en contenido y significado.
La última repercusión controlada de esta acción aparece en 1922 cuando
con los mismos propósitos que para la brigada Sassari fueron enviados a Turín 300
carabineros de la legión de Cagliari. Recibidos en la redacción de Ordine Nuovo
presentaron una declaración de principios firmada por una grandísima parte de es-
tos carabineros. En ésta resonaba todo nuestro planteamiento del problema meri-
dional, era la prueba decisiva de lajusteza de nuestra dirección.
El proletariado debía hacer suya esta dirección para darle eficacia política:
esto se da por sobreentendido. Ninguna acción de masas es posible si la m a s a mis-
ma no está convencida de los fines que quiere alcanzar y de los métodos a aplicar.
Para ser capaz de gobernar como clase, el proletariado debe despojarse de todo resi-
duo colectivo, de todo prejuicio o incrustación sindicalista. ¿Qué significa esto?
Que no sólo deben ser superadas las distinciones que existen entre profesión y pro-
fesión, sino que para conquistar la confianza y el consenso de los campesinos y de
algunas categorías semiproletarias de las ciudades hay que superar algunos prejui-
cios y vencer ciertos egoísmos que pueden subsistir en la clase obrera c o m o tal, in-

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Antonio Gramsci

cluso cuando en su seno hayan desaparecido ya los particularismos profesionales.


El metalúrgico, el carpintero, el albañil, etc., no deben pensar sólo c o m o proletarios
y no como metalúrgico, carpintero, albañil, etc., sino que tienen que dar un paso ade-
lante: deben pensar como obreros miembros de una clase que tiende a dirigir a los
campesinos y a los intelectuales, como miembros de una clase que puede vencer y
puede construir el socialismo sólo si está apoyada y seguida por la gran mayoría de
estos estratos sociales. Si no se obtiene esto, el proletariado no llega a ser clase diri-
gente y esos estratos que en Italia representan la mayoría de la población, quedan ba-
j o la dirección burguesa y dan al Estado la posibilidad de resistir al ímpetu proleta-
rio y de debilitarlo.
Pues bien, esto que se ha verificado en el terreno de la cuestión meridional
demuestra que el proletariado ha comprendido sus deberes. Dos hechos deben re-
cordarse: uno en Turín y el otro en Reggio Emilia, o sea en la ciudad del reformis-
m o , del corporativismo de clase, del proteccionismo obrero llevado a ejemplo por
los "meridionalistas" en su propaganda entre los campesinos del Sur.
Después de la ocupación de las fábricas, la dirección de la Fiat hizo la pro-
puesta a los obreros de asumir la gestión de la fábrica en forma de cooperativa. C o -
mo es natural, los reformistas estaban a favor. Se perfilaba una crisis industrial. El
espectro de la desocupación angustiaba a las familias obreras. Si la Fiat se convertía
en cooperativa, una cierta seguridad de empleo podría haber sido adquirida por la
maestranza y especialmente por los obreros políticamente más activos, persuadi-
dos de que serían despedidos.
La sección socialista, guiada por los comunistas, intervino enérgicamente
en la cuestión. Se dijo a los obreros: una gran fábrica cooperativa como la Fiat puede
ser tomada por los obreros sólo si éstos están decididos a entrar en el sistema de fuer-
zas política- burguesa que hoy gobierna a Italia. La propuesta de la dirección de la
Fiat entra en el plan político giolittiano. ¿En qué consiste este plan? La burguesía, ya
antes de la guerra, no podía gobernar tranquilamente. La insurrección de los campe-
3
sinos sicilianos de 1894 y la insurrección de Milán de 1898' fueron los "experimen-
tum crucis" de la burguesía italiana. Después del decenio sangriento" de 1890-1900,
la burguesía tuvo que renunciar a una dictadura demasiado exclusivista, demasiado
violenta, demasiado directa. Se rebelaron contra ella simultánea, aunque no coordi-
nadamente, los campesinos meridionales y los obreros septentrionales. En el nuevo
siglo la clase dominante inauguró una nueva política de alianza de clase, de bloques
políticos de clase, es decir, de democracia burguesa. Debía elegir entre una d e m o -
cracia rural, esto es, una alianza con los campesinos meridionales, una política de li-
bertad aduanera, de sufragio universal, de descentralización administrativa, de ba-
j o s precios en los productos industriales, o un bloque industrial capitalista- obrero,
sin sufragio universal, con proteccionismo aduanero, con mantenimiento de la cen-
tralización estatal (expresión del dominio burgués sobre los campesinos, especial
mente del "Mezzogiorno" y de las islas), con una política reformista de los salarios y

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La cuestión meridional

14
de las libertades sindicales. Elegida, no al azar, esta segunda solución, Giolitti per-
sonificó el dominio burgués, el Partido Socialista se convirtió en el instrumento de
la política giolittiana. Si se observa bien, en el decenio 1890-1900 surgen las crisis
más radicales en el movimiento socialista y obrero: la masa reacciona espontánea-
15
mente contra la política de los jefes reformistas. N a c e el sindicalismo que es la ex-
presión instintiva, pero sana, de la reacción obrera contra el bloque con la burguesía
y por un bloque de los campesinos, y en primer lugar con los campesinos meridiona-
les. En cierto sentido, el sindicalismo es una débil tentativa de los campesinos meri-
dionales, representados por sus intelectuales más avanzado, de dirigir el proletaria-
do. ¿Por quién está constituido el núcleo dirigente del sindicalismo italiano, cuál es
la esencia ideológica del sindicalismo italiano? El núcleo dirigente del sindicalismo
está constituido por meridionales casi exclusivamente: Labriola, Leone, Longobar-
di, Orano. La esencia ideológica del sindicalismo no es un nuevo liberalismo más
enérgico, más agresivo, más tenaz que el tradicional. Si se presta atención, dos son
los motivos fundamentales en tomo a los cuales sobrevienen las crisis sucesivas del
sindicalismo y el paso gradual de los dirigentes sindicales en el campo burgués: la
emigración y el libre cambio, dos motivos estrechamente ligados al meridionalis-
mo. El hecho de la emigración hace nacer la concepción de la "nación proletaria de
6
Enrico Corradini.' La guerra libia aparece a todo un estrato de intelectuales como el
comienzo de la ofensiva de la "grandeza proletaria" contra el mundo capitalista y
plutocrático. Todo un grupo de sindicalistas pasa al nacionalismo, más bien el parti-
do nacionalista viene constituido originariamente por intelectuales ex sindicalistas
(Monicelli, Forges-Davanzati, Maraviglia). El libro de Labriola Historia de diez
años (los diez años del 1900 al 1910) es la expresión más típica y característica de es-
te neoliberalismo antigiolittiano y meridionalista.

En estos diez años el capitalismo se refuerza y se desarrolla y vuelva una


parte de su actividad en la agricultura del Valle Padana. El trazo más característico
de estos diez años son las huelgas de masa de los obreros agrícolas del Valle Pada-
na. Una profunda transformación sobreviene entre campesinos septentrionales, se
verifica una profunda diferenciación de clase (el número de jornaleros aumenta un
50% según los datos del censo de 1911) y a ésta corresponde una reelaboración de
las corrientes políticas y de las actitudes espirituales. La democracia social y el m u s -
solinismo son los dos productos más sobresalientes de la época. La Romagna es el
crisol regional de estas dos nuevas actividades; el jornalero parece ser el protago-
nista social de la lucha política. La democracia social, en sus organismos de iz-
quierda (L' Azione de Cesena) y también el mussolinismo, caen rápidamente bajo
el control de los "meridionalistas". ¿'/tóo/jeífe Cesena es una edición regional de
L' Unitá de Gaetano Salvemini. L'Avantil Dirigido por Mussolini, lenta, pero segu-
ramente, se va transformando en una palestra para los escritores sindicalistas y m e -
ridionalistas. Los Fancello, los Lanzillo, los Panunzio, los Cicotti..., se convierten
en asiduos colaboradores. El mismo Salvemini no oculta sus simpatías p o r M u s s o -

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Antonio Gramsci

1,
lini que resulta también un benjamín de la Voce, de Prezzolini. Todos recuerdan
que, en realidad, cuando Mussolini sale de Avanti! y del Partido Socialista está cir-
cundado por esta corte de sindicalistas y de meridionalistas.
La repercusión más notable de este período en el campo revolucionario es
la Semana Roja de junio de 1914. La Romágna y la Marche son el epicentro de la Se-
mana Roja." En el campo de la política burguesa la repercusión más notable es el
pacto Gentiloni." Puesto que el Partido Socialista por efecto de los movimientos
agrarios del Valle Padana había retornado después de 1910 a la táctica intransigen-
te, el bloque industrial sostenido y representado por Giolitti pierde su eficiencia.
Gioiitti cambia su fusil. La alianza entre burgueses y obreros es sustituida por la
alianza entre burgueses y católicos que representan las masas campesinas de la Ita-
lia septentrional y central. Con esta alianza el partido conservador de Sonnino re-
sulta completamente destruido, manteniendo una pequeñísima célula sólo en la Ita-
lia meridional en t o m o a Antonio Salandra. La guerra y la posguerra han visto de-
senvolverse una serie de procesos moleculares en la clase burguesa de máxima im-
portancia. Salandra y Nitti fueron los primeros dos jefes del gobierno meridional
(por no hablar de los sicilianos, naturalmente, como Crispi, que fue el más enérgico
representante de la dictadura burguesa del siglo XIX) y trataron de poner en prácti-
ca el plan burgués industrial-agrario meridional. En el terreno conservador, Salan-
dra; en el terreno democrático, Nitti (estos dos jefes de gobierno fueron ayudados
por 11 Corriere della Sera, es decir, por la industria textil lombarda). Ya durante la
guerra, Salandra trató de cambiar a favor del "Mezzogiorno" la fuerza técnica de la
organización estatal, trató de sustituir el personal giolittiano de Estado por otro que
encamase el nuevo curso político de la burguesía. Recordarán la campaña produci-
da por La Stampa, especialmente en 1917-1918, por una estrecha colaboración en-
tre giolittianos y socialistas para impedir la "pugliesización" del Estado. Aquella
campaña fue conducida en La Stampa por Francesco Ciccotti, de modo que era de
hecho una expresión del acuerdo existente entre Giolitti y los reformistas. La cues-
tión no carecía de importancia, y los giolittianos e » s u encarnizamiento defensivo
llegaron a exceder los límites consentidos a un partido de la gran burguesía, llega-
ron incluso a las manifestaciones de antipatriotismo y de derrotismo que están en la
memoria de todos. Hoy Giolitti está nuevamente en el poder, la gran burguesía se
fía de él por el pánico que la invade cada vez más, por el impetuoso movimiento de
las masas populares. Giolitti quiere domesticar a los obreros de Turín. Los ha gol-
peado dos veces: en la huelga de abrii pasado y en la ocupación de las fábricas, las
dos veces con la ayuda de la Confederación Nacional del Trabajo, o sea del refor-
mismo corporativo. Ahora intenta encuadrarle en el sistema burgués estatal. Ln
efecto, ¿qué sucederá si la mano de obra Fiat acepta la propuesta de la dirección?
Las actuales acciones industriales resultarán obligaciones; la cooperativa deberá
pagar a los poseedores de obligaciones un dividendo fijo, cualquiera que sea el giro
de los hechos. La fábrica Fiat será marcada, de todos modos, por los institutos de

84
La cuestión meridional

crédito que permanecen en manos de los burgueses, cuyo interés es reducir los obre-
ros a su voluntad. La mano de obra deberá ligarse necesariamente al Estado q u e
"vendrá en ayuda de los obreros" a través de la labor de los diputados obreros, a tra-
vés de la subordinación del partido político obrero a la política gubernamental. H e
aquí el plan de Giolitti en su aplicación total. El proletariado turinés n o existirá m á s
como clase independiente, sino sólo como un apéndice del Estado burgués. El cor-
porativismo de clase habrá triunfado, pero el proletariado habrá perdido su posi-
ción y su oficio de dirigente y de guía; él aparecerá a las masas de los obreros m á s
pobres como un privilegiado, aparecerá a los campesinos c o m o un explotador del
mismo modo que los burgueses, porque la burguesía, como simple hecho, presenta-
rá a las masas campesinas los núcleos obreros privilegiados como la única causa d e
sus males y de sus miserias.
La mano de obra Fiat aceptó casi por unanimidad nuestro punto de vista y
la propuesta de la dirección fue rechazada. Pero este experimento no podía ser sufi-
ciente. El proletariado turinés, con toda una serie de acciones, había demostrado h a -
ber logrado un elevado grado de madurez y capacidad politica. Los técnicos y los
empleados de fábrica en 1919 mejoraron las condiciones sólo porque fueron a p o -
yados por los obreros. Para truncar la agitación de los técnicos, los industriales p r o -
pusieron a los obreros nombrar ellos mismos, por elección, nuevos jefes de escua-
dras y jefes de reparto. Los obreros rechazaron la propuesta, aunque hubiera razo-
nes iguales de conflicto con los técnicos que siempre habían sido un instrumento p a -
tronal de represión y de persecución. Entonces los periódicos hicieron una furiosa
campaña para aislar a los técnicos poniendo a la vista sus elevados salarios que lle-
gaba a 7000 liras al mes. Los obreros cualificados ayudaron en la agitación de los
peones que sólo así lograron imponerse. En el interior de las fábricas fueron barri-
dos todos los privilegiados de la categoría más cualificada para enmendar los daños
de los menos cualificados. De este modo la vanguardia proletaria se ganó su posi-
ción social de vanguardia; ha sido ésta la base del desarrollo del partido comunista
en Turín. Pero ¿fuera de Turín? Y bien, nosotros queríamos llevar la cuestión fuera
de Turín y precisamente a Reggio Emilia, donde existía la mayor concentración de
reformismo y de corporativismo de clase.
Reggio Emilia había sido siempre el blanco de los "meridionalistas". U n a
frase de Camillo Prampolini: "Italia se divide en 'nordici' y ' s u d i c i ' " ; era la expre-
sión más característica del odio violento que se desarrollaba entre los meridionales
y los obreros del Norte. En Reggio Emilia se presentó una cuestión similar a aquella
de la Fiat: una fábrica debía pasar a manos de los obreros como fábrica cooperativa.
Los reformistas de Reggio estaban entusiasmados con el acontecimiento y lo publi-
20
caron en sus periódicos y en sus reuniones. Un comunista turinés se trasladó a Reg-

' N. de T.: La palabra "sudici", que significa sucios, fonéticamente evoca la palabra "sud"
(suden castellano).
—— — — 85
Antonio Gramsci

gio, tomó la palabra en el convicio de fábrica, expuso todo el complejo de la cues-


tión entre Norte y Sur y consiguió el "milagro": los obreros, en grandísima m a y o -
ría, rechazaron la tesis reformista y corporativa. Se demostró que los reformistas n o
representaban el espíritu de los obreros reggianos, representaban sólo la pasividad
y otros lados negativos. Habían logrado instaurar un monopolio político, dada la no-
table concentración en sus filas de organizadores y propagandistas de un cierto va-
lor profesional y, por tanto, impedir el desarrollo y la organización de una corriente
revolucionaria. Pero bastaba la presencia de un revolucionario capaz de ponerlo en
la picota y revelar que los obreros de Reggio son valerosos combatientes y no cer-
dos criados con la cebada gubernativa.
En abril de 1921 quedaron cesantes 5000 obreros de la Fiat, los consejos de
fábrica fueron suprimidos, los salarios reales se bajaron. En Reggio Emilia sucedió
probablemente una cosa similar. Los obreros fueron derrotados. Pero ¿el sacrificio
que hicieron fue inútil? N o lo creemos, estamos convencidos de que no ha sido inú-
til. Ciertamente es difícil registrar toda una línea de grandes acontecimientos de ma-
sa que probaron la eficacia inmediata y fulminante de estas acciones. Por otra parte,
por lo que concierne a los campesinos, estos acontecimientos son siempre difíciles
y casi imposibles; son todavía más difíciles por cuanto concierne a la masa c a m p e -
sina del "Mezzogiomo".
El " M e z z o g i o m o " puede ser definido como una gran disgregación social.
Los campesinos constituyen la gran mayoría de su población, pero no tienen ningu-
na cohesión entre sí (se comprende que es necesario hacer excepciones: Puglia, Cer-
deña, Sicilia, donde existen características especiales dentro del gran cuadro de la
estructura meridional). La sociedad meridional es un gran bloque agrario constitui-
do por tres estratos sociales: la enorme masa campesina amorfa y disgregada, los in-
telectuales de la pequeña y mediana burguesía rural, los fuertes terratenientes y los
grandes intelectuales. Los campesinos meridionales están en continuo fermento, pe-
ro como masa son incapaces de dar una expresión centralizada a sus aspiraciones y
a sus necesidades. El estrato medio de los intelectuales recibe de la base campesina
los impulsos para su actividad política e ideológica. Los grandes propietarios en el
campo político y los grandes intelectuales en el campo ideológico centralizan y do-
minan, en último análisis, todo este complejo de manifestaciones. C o m o es natural,
es en el campo ideológico donde la centralización se verifica con mayor eficacia y
precisión. Giustino Fortunato y Benedetto Croce representan las claves del sistema
meridional y, en cierto sentido, son las dos mayores figuras de la reacción italiana"''.
Los intelectuales meridionales son uno de los estratos sociales más intere-
santes y más importantes en la vida nacional italiana. Basta pensar, para convencer-
se, qué más de la 3/5 parte de la burocracia estatal está constituida por meridiona-
les. Para comprender la psicología particular de los intelectuales meridionales es ne-
cesario tener presente los siguientes datos:
0
1 En todo lugar el estrato de los intelectuales ha sido radicalmente modifi-

86
La cuestión meridional

cado por el desarrollo del capitalismo. El viejo tipo de intelectual era el elemento or-
ganizativo de una sociedad de base prevalentemente campesina y artesana. Para or-
ganizar el Estado, para organizar el comercio, la clase dominante formaba un tipo
particular de intelectuales. La industria ha introducido un nuevo intelectual: el orga-
nizador técnico, el especialista de la ciencia aplicada. En las sociedades donde las
fuerzas económicas se desarrollaron en sentido capitalista hasta llegar a absorber la
mayor parte de la actividad nacional, es este segundo tipo de intelectual el que ha
prevalecido con todas sus características de orden y disciplina intelectual. Sin em-
bargo, en los lugares en que la agricultura desempeña un papel todavía notable o di
rectamente preponderante, ha prevalecido el viejo tipo que forma la mayor parte
del personal estatal y que también localmente, en el pueblecito o en la aldea rural,
ejerce la función de intermediario entre el campesino y la Administración en gene-
ral. En la Italia meridional predomina este tipo, con todas sus características: demo-
crático en la faz campesina, reaccionario en la faz que dirige al gran propietario y al
gobierno, políticamente corrompido, desleal. N o se comprendería la figura tradi-
cional de los partidos políticos meridionales si no se tiene en cuenta los caracteres
de este estrato social.
2° El intelectual meridional surge principalmente de una capa que en el
"Mezzogiorno" es todavía importante. El burgués rural, el pequeño y mediano pro-
pietario de tierras que no es campesino, que n o trabaja la tierra, que se avergonzaría
de ser agricultor, pero que de la poca tierra que tiene dada en alquiler o en simple me-
dianería, quiere obtener un medio de vida conveniente para mandar a sus hijos a la
universidad o al seminario, para la dote de sus hijas que deben casarse con un ofi-
cial o un funcionario civil del Estado. Los intelectuales reciben de esta clase una ás-
pera aversión hacia el campesino trabajador, considerado como máquina de trabajo
que debe ser exprimida hasta los huesos y que puede sustituirse fácilmente dada la
superpoblación trabajadora. Toman también el sentimiento atávico e instintivo del
miedo irracional al campesino y a sus violencias destructoras y, por este motivo, el
hábito de una refinada hipocresía y de un refinadísimo arte de engañar y domesticar
las masas campesinas.
o
3 Ya que el clero pertenece al grupo social de los intelectuales, es necesa-
rio notar la diversidad de características entre el clero meridional en su conjunto y
el clero septentrional. El cura septentrional, generalmente, es hijo de artesano o de
campesino, tiene sentimientos democráticos, está más ligado a la masa de los cam-
pesinos; moralmente es más correcto que el cura meridional, quien a menudo con-
vive abiertamente con una mujer y por esto ejerce un oficio espiritual más completo
socialmente, es un dirigente de toda la actividad de una familia. En el Norte la sepa-
ración de la Iglesia y del Estado y la expropiación de los bienes eclesiásticos ha sido
más radical que en el "Mezzogiorno", donde las parroquias y los conventos, o se
han conservado o se han reconstituido importantes propiedades inmobiliarias o mo-
biliarias. En el "Mezzogiorno" el cura aparece ante el campesino: 1) como un admi-

tí 7
Antonio Gramsci

nisti ador de l ierras con el que el campesino entra en conflicto por el problema de los
alquileres; 2) como usurero que pide elevadísimas tasas de interés y que recurre al
elemento religioso para cobrar con seguridad el alquiler o la usura; 3) como un hom-
ln e sometido a las pasiones comunes (mujeres y dinero) y que por tanto espiritual-
mente no ofrece garantías de discreción y de imparcialidad. La confesión ejerce
una escasísima labor dirigente y el campesino, si a menudo es supersticioso en sen-
a d o pagano, no es clerical. Todo este complejo explica el porqué en el "Mezzogior-
i i o " el partido popular (exceptuada alguna zona de Sicilia) no ha tenido una posi-
ción importante, no ha tenido ninguna red de instituciones ni de organizaciones de
masa. La posición del campesino hacia el clero se resume en el dicho popular: "El
cura es cura en el altar; fuera es un hombre como todos los demás".
El campesino meridional está ligado al gran terrateniente por los oficios
del intelectual. Los movimientos de campesinos, en cuanto se unen, no en organi-
zaciones de masa autónomas e independientes aunque fuera formalmente (es decir,
capaces de seleccionar cuadros campesinos de origen campesino y de registrar y
acumular las diferenciaciones y los progresos que en el movimiento se realizan),
terminan por sistematizarse siempre en las articulaciones ordinarias del aparato es-
tatal -comunas, provincias, C á m a r a de Diputados- a través de composiciones y des-
composiciones de los partidos locales, cuyo personal está constituido por intelec-
tuales, pero que son controlados por los grandes propietarios y sus hombres de con-
fianza, como Salandra, Orlando, Di C e s a r ó . " La guerra pareció introducir un nue-
vo elemento en este tipo de organización con el movimiento de los ex combatien-
tes, en el que los campesinos-soldados y los intelectualeS'oficiales formaban un blo-
que más unido entre si y en cierta medida antagónico con los grandes propietarios.
N o duró demasiado, y el último residuo es la Unión Nacional concebida por Arrien-
dóla que tiene una sombra de existencia por su antifascismo. Sin embargo, dada la
falta de tradición y de organización explícita de los intelectuales democráticos en el
"Mezzogiorno", también esta agrupación debe ser considerada y tenida en cuenta,
porque puede convertirse de tenue hilo de agua en caudaloso y crecido torrente, en
diferentes condiciones políticas generales. La única región donde el movimiento
de los ex combatientes asume un perfil más preciso y llega a crearse una estructura
social más sólida es Cerdeña. Y se comprende porque en Cerdeña la clase de los
grandes terratenientes es tenue, no desarrolla ninguna función y no tiene las anti-
quísimas tradiciones culturales, intelectuales y gubernativas del "Mezzogiorno"
continental. El impulso desde abajo, ejercitado por las masas de los campesinos y
de los pastores, no encuentra un contrapeso sofocante en el estrato social superior
de los grandes propietarios. Los intelectuales dirigentes sufren en pleno el impulso
y dan pasos hacia adelante más notables que la Unión Nacional. La situación sici-
liana tiene características que la diferencian profundamente, tanto de Cerdeña co-
mo del "Mezzogiorno". Los grandes propietarios están mucho más unidos y deci-
didos que en el " M e z z o g i o r n o " continental. Existe una cierta industria y un comer-

88
La cuestión meridional

ció muy desarrollados (Sicilia es la región más rica de todo el "Mezzogiomo" y una
de las más ricas de Italia); las clases superiores sienten muchísimo su importancia
en la vida nacional y la hacen pesar. Sicilia y el Piamonte son las dos regiones que
han dado mayor núcleo de dirigentes políticos al Estado italiano, son las dos regio-
nes que han ejercitado una función preeminente del '70 en adelante. Las masas po-
pulares sicilianas están más avanzadas que en el "Mezzogiomo", pero su progreso
ha tomado una forma típicamente siciliana. Existe un socialismo de masa siciliano
y con su desarrollo peculiar; en la Cámara de 1922 contaba aproximadamente con
20 diputados sobre 52 no electos en la isla.
Hemos dicho que el campesino meridional está ligado al gran terrateniente
por medio del intelectual. Este tipo de organización es la más difundida en todo el
"Mezzogiomo" continental y en Sicilia. Forma un monstruoso bloque agrario que
en su conjunto funciona como intermediario y guardián del capitalismo septentrio-
nal y las grandes bancas. Su único fin es conservar el "status quo". En su interior no
existe ninguna luz intelectual, ningún programa, ningún interés por mejoras o pro-
greso. Si cualquier idea o programa ha sido afirmado, han tenido su origen fuera del
"Mezzogiomo", en los grupos políticos agrarios conservadores (especialmente de
Toscana) que en el Parlamento estaban asociados a los conservadores del bloque
agrario meridional. Sonnino y Franchetti" fueron los pocos burgueses inteligentes
que plantearon el problema meridional como problema nacional y trazaron un plan
de gobierno para su solución. ¿Cuál fue el punto de vista de Sonnino y de Franchet-
ti? La necesidad de crear en la Italia meridional un estrato medio independiente de
carácter económico que funcionase, como entonces se decía, de "opinión pública"
y limitara los crueles arbitrios de los propietarios, por una parte, y moderase el insu-
rreccionismo de los campesinos pobres, por la otra. Sonnino y Franchetti habían
quedado asustadísimos por la popularidad que tenían en el "Mezzogiomo" las
ideas del bakuninismo de la I Internacional. Este susto les hizo padecer deslumbra-
mientos a menudo grotescos. En una de sus publicaciones, por ejemplo, se señala el
hecho que una taberna o una cantina popular de un pueblo de Calabria (citamos de
memoria) está dedicada a los "huelguistas", para demostrar cuan difusas y radica-
les son las ideas intemacionalistas. El hecho, si es verdaderotcomo parece ser, da-
do la probidad intelectual de los autores), se explica muy simplemente, recordando
cuan numerosas son las colonias de albaneses en el "Mezzogiomo" y cómo la pala-
bra "skipetari" tuvo inmediatamente en los dialectos la deformación más extraña y
curiosa (en algunos documentos de la república veneciana se habla de deformacio-
nes militares de "s'ciopetá")". Ahora, en el "Mezzogiomo" no estaban tan difusas
las teorías de Bakunin, pues la situación era tal que, probablemente, hubiera sugeri-
do a Bakunin sus teorías: ciertamente los campesinos pobres meridionales pensa-

' N. del T.; En italiano la palabra " s ' ciopetá", fonéticamente similar a "skipetari", proce-
de de "sciopero", huelga.
39
Antonio Gramsci

ban en la "destrucción" mucho antes que el cerebro de Bakunin hubiese presentado


la teoría de la "pandestrucción".
El plan gubernativo de Sonnino y Franchetti no era más que el comienzo de
una actuación. Y no podía serlo. El nudo de relaciones entre Norte y "Mezzogior-
n o " en la organización de la economía nacional y del Estado es tal, que el nacimien-
to de una clase media difusa de naturaleza económica (significa, pues, el nacimien-
to de una burguesía capitalista difusa) es casi imposible. Toda acumulación de capi-
tal sobre el lugar y toda acumulación de ahorros se hace imposible por el sistema fis-
cal y aduanero y por el hecho de que los capitalistas propietarios de fábricas no
transforman los beneficios en nuevos capitales porque no son del lugar. Cuando la
emigración asumió en el siglo XX tan gigantesca proporción y las primeras reme-
sas comenzaron a llegar de América, los economistas liberales dieron un grito de
triunfo: el sueño de Sonnino se realizaría. Una silenciosa revolución tuvo lugar en
el " M e z z o g i o m o " que lenta pero seguramente cambió toda la estructura económi-
ca y social del país. Pero el Estado intervino y la revolución silenciosa fue sofocada
al nacer. El gobierno ofreció los bonos del tesoro a intereses reales y los emigrantes
y sus familias, de agentes de la revolución silenciosa, se convirtieron en agentes pa-
ra dar al Estado los medios financieros para subsidiar la industria parasitaria del
Norte. Francesco Nitti, que en el plano democrático y formalmente fuera del blo-
que agrario meridional podía parecer un activo realizador del programa de Sonni-
no, fue el mejor agente del capitalismo septentrional para rastrillar los últimos re-
cursos del ahorro meridional. Los millones tragados por la Banca de descuento
eran casi todos provenientes del "Mezzogiomo": los 400.000 acreedores de la
24
B I S eran en su gran mayoría ahorristas meridionales.

Por encima del bloque agrario funciona en el " M e z z o g i o m o " un bloque in-
telectual que prácticamente ha servido hasta ahora para impedir que las resquebra-
jaduras del bloque agrario resulten demasiado peligrosas y determinen un derrum-
be. Exponentes de este tipo intelectual son Giustino Fortunato y Benedetto Croce,
quienes pueden ser juzgados como los reaccionarios más activos de la Península.
Hemos dicho que en la Italia meridional hay una gran disgregación social.
Esta fórmula, además de los campesinos, se puede referir también a los intelectua-
les. Es notable el hecho de que en el "Mezzogiomo", junto a las grandes propieda-
des, hayan existido y existan importantes acumulaciones culturales e intelectuales
en formas individuales o en restringidos grupos de grandes intelectuales, mientras
que n o existe una organización de la cultura media. En el " M e z z o g i o m o " están la
editorial Laterza y la revista La Crítica; existen academias y empresas culturales de
notable erudición; no existen pequeñas y medianas revistas, no hay editoriales en
t o m o a las que se agrupen formaciones medias de intelectuales meridionales. Los
meridionales que han tratado de salir del bloque agrario y de plantear el problema
meridional en forma radical han encontrado hospitalidad y se han reagrupado en tor-
no a revistas editadas fuera del "Mezzogiomo". Se puede decir, por tanto, que todas
La cuestión meridional

las iniciativas culturales debidas a los intelectuales medios que han tenido lugar en
el siglo XX en la Italia central y septentrional fueron caracterizadas por el meridio-
nalismo, fuertemente influenciado por intelectuales meridionales: todas las revis-
tas del grupo de intelectuales florentinos, Voce, L' Unitá, las revistas de los demó-
cratas cristianos, como La Azione di Cesena, las revistas de los jóvenes liberales
emilianos y milaneses de G. Borelli, como La Patria, de Bolonia, o L'Azione, de
2
Milán; en fin La Rivoluzione Libérale de Gobetti. Giustino Fortunato y Bencdetto
Croce han sido supremos moderadores políticos e intelectuales de todas estas ini-
ciativas. En un círculo más amplio que el demasiado sofocante del bloque agrario,
ellos consiguieron que el planteo de los problemas meridionales no pasase de cier-
tos límites, no se convirtiese en revolucionario. Hombres de gran cultura e inteli-
gencia, surgidos en el terreno tradicional del "Mezzogiorno" pero ligados a la cul-
tura europea y mundial, tenían todas las dotes para dar una satisfacción a las necesi-
dades intelectuales de los más honestos representantes de la juventud culta del
"Mezzogiorno", para atemperar las inquietas veleidades de rebelión contra las con-
diciones existentes, para orientarlos según una línea media de serenidad clásica del
pensamiento y de la acción. Los llamados neoprotestantes o calvinistas no han com-
prendido que en Italia, no pudiéndose hacer una reforma religiosa de masa debido a
las condiciones modernas de la cultura, se llevó a cabo la única reforma histórica-
mente posible con la filosofía de Benedetto Croce: se ha cambiado la dirección y el
método de pensamiento, se ha construido una nueva concepción del mundo que ha
superado al catolicismo y a cualquier otra religión mitológica. En este sentido, Be-
nedetto Croce ha cumplido una gran función "nacional", separó a los intelectuales
radicales del "Mezzogiorno" de las masas campesinas y a través de esta cultura hi-
zo que la burguesía nacional y el bloque agrario los absorbieran.

El Ordine Nuovo y los comunistas turineses, si en cierto sentido pueden ser


conectados a las formaciones intelectuales que hemos señalado y si, por tanto, tam-
bién ellos recibieron la influencia intelectual de Giustino Fortunato y Benedetto
Croce, representan sin embargo al mismo tiempo una ruptura completa con esa tra-
dición y el comienzo de un nuevo movimiento que ya dio y seguirá dando sus fru-
tos. Ellos, como ya ha sido dicho, impusieron el proletariado urbano como protago-
nista moderno de la historia italiana y por tanto del problema meridional. Habiendo
servido de intermediarios entre el proletariado y determinados estratos de intelec-
tuales de izquierda, lograron modificar, si no completamente por lo menos en for-
ma notable, su orientación intelectual. Este es el elemento principal de la figura de
Picro Gobetti. Que no era un comunista y probablemente no lo habría sido nunca,
pero había entendido la posición social e histórica del proletariado y no lograba ya
pensar prescindiendo de este elemento. En el trabajo común del periódico, Gobetti
fue puesto por nosotros en contacto con un m u n d o viviente que antes sólo había co-
nocido a través de las fórmulas de los libros. Su característica más relevante era la
lealtad intelectual y la falta completa de toda vanidad y mezquindad de orden infe-

91
Antonio Gramsci

rior. Por eso tuvo que convencerse de que toda una serie de modos de ver y pensar
tradicionales con respecto al proletariado eran injustos y falsos. ¿Qué consecuen-
cias tuvieron para Gobetti esos contactos con el mundo proletario?
Ellos fueron el origen y el impulso de una concepción que no queremos dis-
cutir y profundizar, una concepción que en gran parte enlaza con el sindicalismo y
con el modo de pensar de los sindicalistas intelectuales. Los principios del libera-
lismo se proyectan en ella desde el orden de los fenómenos individuales al orden de
los fenómenos de masa. Las cualidades de excelencia y de prestigio en la vida de in-
dividuos se trasponen a las clases, concebidas casi como individualidades colecti-
vas. Esta concepción lleva generalmente a los intelectuales que la comparten a la pu-
ra contemplación y registro de méritos y deméritos, a una odiosa y sosa posición de
arbitros de la pelea, de adjudicadores de premios y castigos. Prácticamente, Gobetti
escapó a ese destino. Se reveló como un organizador cultural de extraordinario va-
lor y tuvo en este último período una función que no debe ser olvidada ni subesti-
mada por parte de los obreros. El abrió una trinchera más allá de la cual no retroce-
dieron los grupos intelectuales más honestos y sinceros que en 1919,1920 y 1921
vieron que el proletariado habría sido como clase dirigente superior a la burguesía.
D e buena fe y honestamente algunos, y otros de malísima fe y sin honestidad, fue-
ron diciendo que Gobetti no era más que un comunista camuflado, un agente, si no
del partido comunista, sí a menos del grupo comunista del Ordine Nuovo. N o es ni
siquiera necesario desmentir esas charlatanerías insulsas. La figura de Gobetti y el
movimiento que él representó fueron productos espontáneos del nuevo clima histó-
rico italiano: en eso estriban su significación y su importancia. Algunas veces, ca-
maradas del partido nos han reprochado el no haber combatido contra la corriente
de ideas de La Rivoluzione Libérale. El hecho de que no hubiera luchado con él pa-
reció prueba de una relación orgánica maquiavélica (como suele decirse) entre no-
sotros y Gobetti. N o podíamos combatir a Gobetti porque él representaba un movi-
miento que no debe ser combatido, al menos en principio. N o comprender esto sig-
nifica no comprender la cuestión de los intelectuales y la función que éstos desarro-
I lan en la lucha de clases. Gobetti nos servía prácticamente como enlace: 1) con los
intelectuales nacidos en el terreno de la técnica capitalista y que habían adoptado
una actitud de izquierda favorable a la dictadura del proletariado, en 1919, 1920 y
1921; 2) con una serie de intelectuales meridionales que, mediante vinculaciones
más complejas, planteaban la cuestión meridional de forma diferente a la tradicio-
nal, introduciendo en ella al proletariado del Norte: Guido Dorso es la figura más
completa e interesante de estos intelectuales. ¿Por qué íbamos a luchar contra el mo-
vimiento de Rivoluzione Libérale! ¿Por qué no estaba constituido por comunistas
que hubiesen aceptado de la A a la Z nuestro programa y nuestra doctrina? Esto no
debe preguntarse porque habría sido, política e históricamente, una paradoja. Los
intelectuales se desarrollan lentamente, mucho más lentamente que cualquier otro
grupo social, por su misma naturaleza y función histórica. Representan toda la tra-

92
La cuestión meridional

dición cultural de un pueblo, quieren resumir y sintetizar toda la historia: esto se


puede decir especialmente del viejo tipo de intelectual, el intelectual nacido sobre
el terreno campesino. Pensar en la posibilidad de que éste pueda, como masa, rom-
per con todo el pasado para ubicarse completamente en el terreno de una nueva ideo-
logía es absurdo. Es absurdo para los intelectuales como masa, y quizás absurdo
también para muchísimos intelectuales tomados individualmente, no obstante to-
dos los honestos esfuerzos que hacen y quieren hacer. Ahora nos interesan los inte-
lectuales como masa y no sólo como individuos. Es ciertamente importante y útil
para el proletariado que uno o más intelectuales, individualmente, adhieran a su pro-
grama y a su doctrina, se confundan con él, se conviertan en proletarios y se sientan
parte integrante. El proletariado como clase es pobre de elementos organizativos,
no tiene y no puede formarse un propio estrato de intelectuales sino de manera muy
lenta, muy fatigosamente, y sólo después de la conquista del poder. Pero es también
importante y útil que en la masa de los intelectuales se determine una fractura de ca-
rácter orgánico, históricamente caracterizada, que se forme, como estructura de ma-
sa, una tendencia de izquierda en el significado moderno de la palabra, o sea, orien-
tada hacia el proletariado revolucionario. La alianza entre proletariado y masas
campesinas exige esta estructura y tanto más la exige la alianza entre el proletaria-
do y las masas campesinas del "Mezzogiomo". El proletariado destruirá el bloque
agrario meridional en la medida en que logre, a través de su partido, organizar en es-
tructuras autónomas e independientes la mayor cantidad de masas de campesinos
pobres. Logrará esto más o menos lentamente cumpliendo con su deber obligato-
rio, pero este logro está subordinado a su capacidad de disgregar el bloque intelec-
tual que es la armadura flexible pero muy resistente del bloque agTario. Para la solu-
ción de esta tarea el proletariado fue ayudado por Piero Gobetti y nosotros pensa-
mos que los amigos del muerto continuarán, aun sin su guía, la obra emprendida,
que es gigantesca y difícil, y precisamente por eso digna de todos los sacrificios (in-
cluso del de la vida, como ha sido el caso de Gobetti) por parte de aquellos intelec-
tuales (que son muchos, más de los que se cree) septentrionales y meridionales que
han comprendido la existencia de dos únicas fuerzas esencialmente nacionales y
portadoras del futuro: el proletariado y los campesinos...

Notas

' Quarto Stato, revista de orientación socialista fundada y dirigida por Cario Ros-
selli, publicada en Milán de marzo a octubre de 1926. Sobre Quarto Stato, cfr. la página
de S. Merli en Rivista storica del Socialismo, núm. 11, p. 819 y ss.
3
Seudónimo de Tomaso Fiore, colaborador de Rivoluzione Libérale; sus escri-
tos de aquel período sobre el "Mezzogiomo" son recogidos en el volumen Un popólo di
foriniche, Bari, 1951.
' Guido Dorso, cu una perspectiva meridionalista, representa con Gobetti el in-

93
Antonio Gramsci

tento más avanzado por la parte liberal de dar una solución a la crisis del Estado italiano
en la posguerra. Escribió La rivoluzione meridionale, Mussolini alla conquista del pote-
re, Üilladura, classe politica dirigente, y L'occasione storica. Para una evaluación del
pensamiento de Dorso, ver R. Villari, 11 Sud nella Storia d'Italia, op. cit., pp. 519- 521.
' Cfr. el texto completo en Obreros y campesinos (2), del presente volumen.
5
Por concretismo aquí se entiende la actitud tendente a afrontar el problema del
"Mezzogiorno" desmenuzándolo en sus aspectos singulares y parciales y perdiendo así
su real sustancia política. La expresión más completa es, en cierto sentido, más válida; la
ha habido en la experiencia salvcminiana de L ' Unità. Ctr. R. Villari, Gaetano Salvemini e
¡a questione meridionale, cn Gaetano Salvemini, AA.VV, Bari, 1959.
6
Giustino Fortunato, liberal conservador, entre los más importantes meridiona-
listas. Su trabajo más significativo es II "Mezzogiorno " e lo Stato italiano, Bari, 1911 ; Eu-
genio Azimonti, tecnico agrario, colaborador de Rivoluzione Liberale e de L ' Unità, de
Salvemini; su trabajo más importante e s / / "Mezzogiorno"agrario qualè, Bari, 1919.
7
Esta ideología en sentido gramsciano del "Mezzogiorno" como bala de plomo
que frena el desarrollo nacional, nace significativamente en la expansión del decenio gio-
littiano. La expresión de una concepción del desarrollo económico nacional según la cual
el "Mezzogiorno" no es condición esencial de aquel tipo de desarrollo dado, sino que sólo
es un retroceso frenante. A través de la ideología de la bala de plomo se expresa una con-
cepción no muy diferente de la actual del "Mezzogiorno" como área retrasada hacia la
que puede dirigirse, con pérdida de productividad, el plus de acumulación de la sección
económica avanzada del país.
"Sergi, Niccforo, Orano, Lombroso y Ferri son los exponentes de la dirección an-
tropológica en la cuestión meridional. Sus teorías de inspiración positivista fueron larga-
mente seguidas también en el Partido Socialista.
9
Salvemini, cn su introducción a los Scritti sulla questione meridionale (Torino,
1954), contesta esta afirmación. Pero es evidente que Gramsci se refiere a la relación obje-
tiva entre la cobertura ideológica de la critica salveminiana a la "sanguijuela roja" y, más
cn general, al corporativismo socialista y la represión antiobrera. Una confimiación del
carácter de la critica gramsciana a Salvemini es ya conocida en el escrito // "Mezzogior-
no " e ilfascismo, op. cit. en el presente volumen.
10
Mussolini era director del Avanti! y había entonces una cierta convergencia en-
tre Salvemini y Mussolini en la crítica a los socialistas reformistas. Sobre la influencia
ejercida por Mussolini en los grupos de jóvenes socialistas y también sobre aquellos de
Turín, véase Renzo de Felice. Mussolini il rivoluzionario (1883-1920), Torino, 1965.
1
' Movimiento autonomista y de ex combatientes fundado en 1919 por Emilio Lussu.
12
La brigada Sassari, llamada a Turín con ocasión de la ocupación de las fábricas
( 1920), era el instrumento de la represión de los motines de agosto de 1917 del proletaria-
do turinés por el pan y contra la guerra. Sobre los motines de Turín véanse los Scritti gio-
vanile de Gramsci, c itados por Paolo Spriano, Torino operaia nella grande guerra, op. cit.
13
Motines de los fascios sicilianos y de Lunigiana de 1894, reprimidos duramente
por Crispi. Contra las extremas condiciones de existencia de las clases populares se tuvie-
ron cn 1898 graves motines cn toda Italia que lograron particular virulencia en Milán, don-

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La cuestión meridional

de fueron sangrientamente reprimidos por el general Bava Beccaris. Los fascios sicilianos
eran organizaciones de obreros y campesinos para defender los propios intereses; fonda-
dos en 1891, se difundieron en toda Sicilia bajo la dirección deN. Barbato y G. de Felice-
Giuffrida. Sobre ellos, cfr. F. S. Romano, Storia dei fasci siciliani, Laterza, Bari, 1959.
14
Con Giolitti toma el máximo relieve la tentativa de una parte de la burguesía de
renovar su bloque de fuerzas englobando el movimiento obrero en posición subordinada y
como sustituto de aquellas fuerzas agrarias que terminaron con la constitución de un obs-
táculo objetivo a la misma expansión y desarrollo del capitalismo. La tentativa giolittiana
de estabilizar esta alianza falló con la guerra y el fascismo, pero se trata de una tentativa de
tipo reformista que las fuerzas de la burguesía se proponen de nuevo en todas las fases de
expansión en las cuales parece que se dan márgenes para la construcción de nuevos y más
estables equilibrios de fuerza. Cfr. G. Procacci, Gioii tti e ¡'età giolittiana, Torino, 1963.
Movimiento revisionista que ha tenido, sobre todo en Francia con Sorel (ideó-
logo reconocido del movimiento), y en Italia con Arturo Labriola, Enrico Leone y Paolo
Orano, su más completa expresión. Sobre el movimiento sindicalista que después conflu-
yó en gran parte en el fascismo luego de haber asumido una posición netamente interven-
cionista, véase Enzo Santarelli, La revisione del marxismo in Italia, Milano, 1964.
16
Enrico Corradini ( 1865-1931) fue el mayor teòrico de aquello que Gramsci de-
nomina "socialismo nacional", es decir, la transposición sobre el plano de las naciones de
la lucha de clases. En Italia, entre los más populares seguidores de esta tendencia, recor-
damos a Giovanni Pascoli ("el gran proletariado se muere") y Gabriele d' Annunzio.
17
Revista de critica y de cultura política que se publicó entre 1908 y 1916. Para
un cuadro completo de la problemática de La Voce, véase La cultura italiana del '900 atra-
verso le reviste, IV, Lacerba, La Voce, a cargo de Gianni Scalia, Turín, 1961.
" Movimiento revolucionario que estalló en la Marche y en la Romagne en junio
de 1914 organizado por la destrucción consumada por la Policía y Ancona al final de un
cornicio. Testimonio al estado de tensión social existente en el país y la aversión a la gue-
rra de las masas populares. Véase E. Santarelli, // movimento anarchico in Italia, Milano.
En cuanto al papel de Mussolini, véase R. de Felice, op. cit.
• El así llamado pacto Gcntiloni fue el punto de llegada de las tentativas inter-
puestas entre la Unión Electoral Católica Italiana, presidida por el conde Vincenzo Genti-
Ioni y Giolitti. En base a este acuerdo los electores católicos fueron invitados a votar por
aquellos candidatos liberales que estuviesen empeñados en respetar los siete puntos del
acuerdo, esto es, por Giolitti. Para una evaluación del significado de este acuerdo, cfr. G.
Candeloro, // movimento cattolico in Italia, Roma, 1961.
70
Se trata de Umberto Ferracini
71
Para este juicio sobre el papel de Croce y Fortunato, véanse los Quaderni.
• El duque Giovanni Colonna Di Ccsaró, exponente de la democracia social, ex-
presión política de la gran propiedad territorial meridional.
21
Los mayores representantes del reforrnismo liberal posunitario. Autores de no-
tas c importantes encuestas sobre las condiciones del "Mezzogiorno" (La Sicilia nel IS76,
1926; Franchetti, Le condizioni amministrative delle province napoletane, Firenze, 1950).
" Después de la expansión del periodo bélico comenzó una grave crisis en la que

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Antonio Gramsci

estaban implicadas las bancas, entonces "mixtas", que tenían grandes compromisos fi-
nancieros en la industria. El hundimiento de Ansaldo arrastró a la Banca Italiana de Des-
cuento (|tic cierra sus taquillas haciendo perder a los ahorristas cerca de un tercio de la su-
ma depositada; como Gramsci señala, constituye un episodiode expropiación de los pe-
queños ahorradores.
s
La Rivoluzione Liberale, revista fundada y dirigida por Piero Gobetti de 1922 a
1925. Sobre la compleja e importante personalidad de Gobetti, véanse los juicios de
Gramsci en Le reviste di Piero Gobetti, a cargo de Lelio Basso y L. Anderlini, Milano,
1961 ; Scritti politici di Piero Gobetti, a cargo de Paolo Spriano, Torino, 1960. Para una
evaluación de la posición de Gobetti en el cuadro de la cultura italiana ver también E. Ga-
rin, Cronache defilosofia italiana,Ban, 1969.

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