SOLDADO

DESCONOCIDO
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EN DÍAS DE ENTUSIASMO PATRIO, RENDIMOS HOMENAJE A LOS
SOBREVIVIENTES DE LA GUERRA DEL 41, LA ÚNICA QUE GANÓ EL PERÚ.
CLAVES PARA
EL MENSAJE
PRESIDENCIAL
EL LEGADO
DE TERESA
IZQUIERDO
26 de julio del 2014

SEMANA DE BANDERA
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oído. Tenía entonces 20 años y
su casco exhibía ya dos aguje-
ros de bala producto de las re-
friegas con el enemigo invasor,
en un conflicto bélico iniciado,
según la versión peruana, el 5
de julio de 1941, cuando el
país del norte atacó algunos
puestos peruanos al borde del
río Zarumilla, en su
histórica pretensión
de una salida al
Amazonas. Nuestra
contundente res-
puesta no se hizo
esperar.
ECOS DE
COMBATE
La guerra es algo
terrible de lo que se
puede hablar, pero
hay que cerrar los ojos para
imaginársela. Ecos de caño-
nes en el horizonte. Ruidos
de metralleta que apagan los
gritos. Zumbidos de aviones.
En julio de 1941, en Matapa-
los, la pelea fue tan ardua que
duró desde la seis de la maña-
na hasta las cinco de la tarde.
El sargento Catalino y su ba-
tallón de infantería saboreó
la victoria al final, pero con
el alto precio que se pagan en
esos trances. “Vi a gente mo-
rir, pero no muchos, porque
el coraje que mostramos hizo
retroceder a los ecuatorianos”,
dice el bisabuelo con inocul-
table orgullo en la
mirada.
En sus conver-
saciones, los vene-
rables recuerdan
como si fuera ayer
algunos escena-
rios de la batalla.
Rancho Grande.
Rancho Chico.
Quebrada Seca, en
donde murió José
Abelardo Quiñones.
Lechugal. Huaquillas. Santa
Rosa. Machala. Por último, el
Puerto Bolívar, aquel que los
peruanos capturaron en una
intrépida maniobra con pa-
racaidistas, la primera de su
tipo en el continente america-
no. Todas las funciones eran
indispensables “La mía era ser
S
u paso por el ejérci-
to fue breve. Pero
el tiempo transcu-
rrido en los últi-
mos 73 años no ha
conseguido que estos nonage-
narios excepcionales olviden
sus tradiciones militares. “Mi
sargento”, saluda uno con la
voz temblorosa y el otro res-
ponde bajando el mentón. El
local de la Asociación Vence-
dores de la Campaña Militar
de 1941, en Pueblo Libre, luce
a esta hora lleno de cabecitas
blancas que charlan con la voz
apagada. Llegan en bastón, en
silla de ruedas, acompañados
de hijos y nietos. El andar es
lento, pero hay una cierta al-
tivez en el semblante porque
se saben especiales. Son los
sobrevivientes de la única gue-
rra ganada por el Perú, una
hazaña que, concuerdan, los
ha marcado de por vida.
Don Catalino Infante es uno
de ellos. Tiene 93 años y dice
que aún puede escuchar el es-
tallido de la granada ecuato-
riana que lo dejó sordo de un
Tenía 20
años y su
casco exhi-
bía ya dos
agujeros de
bala produc-
to de las re-
friegas con
el enemigo.
Ellos
arriesgaron
su vida en la
única guerra
que ha ganado
el Perú, la
del año 1941,
contra Ecuador.
Con casi un
siglo de vida,
estos veteranos
merecen un
homenaje en
estas fiestas.
HÉROES DE
LEYENDA
ESCRIBE ÓSCAR GARCÍA NÚÑEZ / ogarcia@comercio.com.pe / @SPACE_GODZILLA / FOTOS YAEL ROJAS


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CREDITO DE FOTO
HÉROES DE
LEYENDA
CASTA DE
VALIENTES
Los vencedores
del 41 se
conocieron en el
frente de batalla,
cuando tenían
18 y 20 años y
eran solteros.
Hoy la mayoría
son bisabuelos.
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el transporte, llevaba ganado
y armamento a las tropas bien
adentro. Salía desde Tumbes y
me metía hasta Ecuador, nun-
ca sabías que podía pasar en el
camino”, recuerda Carlos Rive-
ro, un veterano de 94 años que
llegó a ser luego un respetable
árbitro FIFA. A él la guerra le
llegó de la forma más impen-
sable. Luego de una pichanga
de barrio, en la que su equipo
del Rímac perdió por dos goles
a uno contra un cuadro rival,
tuvo que cumplir el castigo
preestablecido: los perdedo-
res se tenían que alistar al día
siguiente a la guerra. “¡Y yo
fui el único que se presentó!”,
exclama entre carcajadas. Era
una decisión peligrosa, pero
nunca tuvo miedo, ni cuando
se cuidaban de los llamados
“negros esmeraldas”, comba-
tientes enemigos que atacaban
con machete y asolaban de no-
che a las caravanas peruanas.
SOLO RECUERDOS. Catalino Infante (93) tiene muchos anécdotas de la guerra, con las que suele amenizar las comidas familiares. Posee
además una serie de retratos que le recuerdan a los amigos que hizo en el frente de batalla. La mayoría de ellos ya no están con nosotros.
AÑO 1941. Catalino Infante, entonces con 20 años, posa junto a sus bravos compañeros del batallón
primero de infantería, en algún lugar del Ecuador.


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“Fuimos 11.000 moviliza-
dos en esa guerra. Entramos y
pudimos haber llegado a la ca-
pital ecuatoriana pero el Alto
Mando no lo quiso. Al poco
no más se declaró un cese al
fuego”, dice Rivero, quien se
desempeña como el tesorero
de la Asociación, a la cual le
sobreviven 800 integrantes.
La mayor parte de los
miembros de esta entidad,
que tiene a su vez 46 filiales
en todo el Perú, está confor-
mada por los que fueron per-
sonal de tropa, cabos y clases.
La mayoría con 18 o
20 años al momento
del conflicto. “Solo
hay un 15% de ofi-
ciales de la campa-
ña con vida, porque
ellos eran los de
más edad”, dice el
coronel (EP) Óscar
Arias Córdova, su
presidente. Se dan
casos de una longevidad que
asombra, como el sargento
Pedro Soto Javier, que cuen-
ta con 103 años y aún asiste
a las ceremonias de izado de
bandera que se realizan en ju-
lio en el parque dedicado a la
memoria de los combatientes
del 41, en La Molina. Su rostro
sereno, apergaminado y con
manchas propias de la edad
se inflama al son del Himno
Nacional, que prefiere cantar
de pie, aunque para ese tran-
ce lo tengan que ayudar sus
familiares.
El sentimien-
to general de los
ex combatientes
es que pocos se
acuerdan de su le-
gado, pese a haber
provisto al país de
una victoria, que
motivó a que Ecua-
dor cediera en su
continuo interés
SOMOS LIBRES. Nada pone más solemnes a lo distinguidos vencedores que las notas del Himno Nacional. De izquierda a derecha: Herminio
Portella (97), Catalino Infante (93), Juan Llanos Sánchez (96) y Carlos Rivero (92)
La campaña del 1941
BITÁCORA DE GUERRA
l
Ante las continuas provoca-
ciones militares por parte del
Ecuador, el presidente Manuel
Prado Ugarteche crea el Agru-
paniento del Norte, dispuestas
a entrar en combate, al mando
del Gral. (EP), Eloy G. Ureta.
l
El 5 de abril de 1941, fuerzas
ecuatorianas atacan diversos
puestos de frontera lo que
motiva la reacción peruana.
Fue el inicio de una guerra
relámpago en la que en
menos de un mes se consi-
guió ocupar la Provincia del
Oro (Ecuador) y bloquear
Guayaquil.
l
Un episodio destacado
de heroismo fue el sacri-
ficio del as de la aviación,
el teniente José A. Quiñones,
que dirigió su avión en llamas
hacia un nido de metralletas
enemigo. La ofensiva fue por
aire tierra y mar.
l
El 29 de enero de 1942,
Ecuador firma el protocolo de
Río de Janeiro. Pero la paz de-
finitiva se sellaría tras la guerra
del Cenepa de 1995.
Se mo-
vilizaron
alrededor
de 11.000
hombres en
la guerra.
Hoy solo
viven 800.
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MEDALLAS.
Su pasado militar
entra en una
cajita roja llena
de recuerdos y
distinciones, la
última de ellas
es la medalla del
Mariscal Andrés
Avelino Cáceres.
por el Amazonas con la firma
del Protocolo de Paz, Amistad
y Límites de 1942. Sienten que
se ha construido una identidad
nacional basada en heroicas
derrotas militares, que es de-
ber honrar, pero no se hace
énfasis en aquella guerra que
sí ganamos y ejemplarmen-
te. “Lo hicimos sin quedarnos
con un solo metro de territorio
ecuatoriano”, precisa Rivero.
REPARANDO HERIDAS
Desde 1982, los vencedores
del 41 reciben de parte del
Estado una gratificación que,
durante el primer gobierno de
Alan García, fue ascendida a
tres remuneraciones mínimas
vitales al mes. Sin embargo, en
algún momento, estas dejaron
de llegar, creándose una deu-
da de 42.900 soles por perso-
na. “En el 2012, el presidente
Humala ordenó que se les pa-
gue todo y el 26 de diciembre
de ese año se le canceló hasta
el último centavo que se de-
bía”, asegura el coronel Arias.
El otro pendiente que que-
daba, el definitivo, era consigo
mismos. El perdón mutuo es
psicológicamente necesario
cuando dos pueblos vecinos
se han desangrado por una
diferencia. Nadie quiere irse
a la tumba con un rencor, y
los veteranos del 41 también
han dado una lección de sabi-
duría en esto. El 27 de febrero
de este año, en la Plaza de los
Héroes, ubicada en Machala,
Ecuador, se produjo el históri-
co encuentro de los ex comba-
tientes de esa campaña, 9 del
lado peruano, ocho del ecua-
toriano. Los viejos enemigos
se miraron a las caras otra
vez, con toda una vida vivida
a cuestas. Un ex combatien-
te peruano de 104 años fue
el encargado de entregar la
bandera al bando contrario,
que también ofreció la suya.
VOLUNTARIO. Don Carmen Velásquez Padilla (94) le cuenta a su nieta la vez que su clase de la Escuela Militar de Chorrillos fue enviada a la
frontera. Los camiones que los llevaban iban por Lima, recibiendo vítores de los transeúntes. No pocas mujeres lloraban al verlos tan jóvenes.
Lo que siguió quizá fue lo más
emocionante. Una charla dis-
tendida, fraterna, aderezada
con chistes y comentarios rela-
tivos a su salud resquebrajada.
Reparando al fin, después de
tanto tiempo, en las muchas
cosas que tenían en común.
EL AYER Y HOY DE LOS
COMBATIENTES DEL 41 EN:
www.elcomercio.pe
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