INTRODUCCIÓN

Los confictos son inevitables, forman parte natural de
la vida familiar diaria, son necesarios para el crecimiento de
los individuos y la profundización de las relaciones. Pueden
tener efecto positivo para el adolescente y la dinámica fa-
miliar, siempre y cuando ocurran en un contexto de afecto
y cohesión.
El conficto plantea un problema y se puede vivir como
una amenaza porque obliga al cambio, pero supone una
oportunidad de conocimiento y crecimiento; es una crisis
y, como tal, posibilita el fortalecimiento de las relaciones,
el crecimiento de los implicados y el aprendizaje familiar
cuando se afronta de un modo adecuado. Lo que condiciona
la vivencia de un conficto no es el conficto en sí, sino el
modo en el que acaba. La clave para la resolución de los
confictos es la capacidad para afrontarlos. Si las personas
implicadas son capaces de afrontar un conficto de modo
positivo, aunque no lleguen a resolverlo, eso les permitirá
integrarlo de una forma positiva en su desarrollo. Si por el
contrario, lo evitan, lo niegan o lo afrontan violentamente,
esto producirá, probablemente, un daño en el desarrollo de
los implicados en el conficto.
ASPECTOS EPIDEMIOLÓGICOS
Coincidiendo con la pubertad, aumentan los confictos
familiares y se produce un distanciamiento entre los adoles-
centes y sus progenitores. Pasan menos tiempo interactuando
juntos, los hijos hablan menos de sus asuntos espontáneamen-
te y la comunicación se hace más difícil. Comparando los
intercambios comunicativos que se producen durante la in-
fancia y la adolescencia, durante esta última las interrupciones
son mucho más frecuentes, sobre todo en las conversaciones
que chicos y chicas tienen con sus madres. Probablemente
las interrupciones no sean algo casual, sino que refejen un
cambio en las estructuras de poder, un reajuste en las relacio-
nes a través del cual el adolescente gana estatus en la familia.
El género parece infuir sobre los patrones de comuni-
cación de progenitores y adolescentes. Las chicas suelen
hablar con sus progenitores más que los chicos. Además,
tanto unos como otras, en general, se comunican con mayor
frecuencia con sus madres. Las madres son percibidas como
más abiertas, comprensivas e interesadas en los asuntos del
adolescente, y suelen iniciar con más frecuencia intercam-
bios comunicativos con sus hijos e hijas.
El conficto familiar, más que estar asociado con la edad
o con la llegada de la pubertad, lo está con el momento
en el que se alcanza dicha pubertad: el conficto es más
frecuente en familias donde chicos y chicas experimentan
los cambios puberales en un momento no esperado, por ser
demasiado pronto o demasiado tarde.
Al inicio de la adolescencia se produce un incremento
signifcativo en el número de discusiones entre progenitores
y adolescentes. El origen de los problemas parece asociado a
la discrepancia entre lo que los progenitores esperan de sus
hijos e hijas y su comportamiento real. Los procesos cogni-
tivos del adolescente también son responsables del aumento
de la confictividad, ya que el desarrollo del pensamiento
formal llevaría al adolescente a mostrarse más crítico con
las normas y regulaciones familiares, a utilizar argumentos
más sólidos en sus discusiones y a percibir a sus progenitores
de forma menos idealizada.
El conficto entre los progenitores y sus hijos e hijas tien-
de a disminuir cuando estos últimos crecen y la dinámica
familiar se normaliza. La evolución que siguen los confic-
tos a lo largo de la etapa adolescente a veces describe una
trayectoria de U invertida, con un aumento de la conficti-
vidad entre la adolescencia inicial y media y una posterior
disminución una vez llegada la adolescencia tardía; otras
veces, en lugar de U invertida se observa un decremento
lineal con la edad.
La frecuencia de los confictos familiares depende de
la fuente de información: la información obtenida de los
adolescentes normalmente coincide en mayor medida con
las observaciones de terceras personas que con la recogida
de los padres. Los adolescentes de ambos géneros perciben
mayor número de confictos que sus progenitores. En cuanto
a la intensidad emocional con que se viven los confictos
tanto por padres como por hijos, habitualmente sufre un
incremento entre la adolescencia inicial y media.
Tanto chicas como chicos, a pesar de que dicen tener
relaciones caracterizadas por mayor intimidad y expresión
de afecto con sus madres que con sus padres, tienen más
discusiones y riñas con las primeras. Probablemente, esto
sea debido a que en la mayoría de los casos chicos y chicas
pasan más tiempo con sus madres, y los confictos más fre-
cuentes versan sobre aspectos de la vida diaria donde ellas
suelen estar más presentes.
Con respecto a los temas que provocan discusiones y
riñas familiares, los confictos más frecuentes son motivados
36.
Confictos familiares
P.J. Ruiz Lázaro
286 P.J. Ruiz Lázaro
por aspectos cotidianos como la forma de vestir, la hora de
llegar a casa o las tareas del hogar. Esto no suele cambiar
mucho a lo largo de la adolescencia, ya que los tópicos que
provocan discusión con más frecuencia son prácticamente
los mismos en los diferentes tramos de edad.
EL PROCESO DEL CONFLICTO
Un conficto como todo lo que sucede entre dos perso-
nas, no es algo estático, es un proceso: se va creando poco
a poco, crece, se pone de manifesto, se agota y, según lo
que hagamos, o se resuelve o se queda latente en espera de
otro nuevo motivo para estallar.
Las fases de todo conficto, con independencia del mo-
tivo por el que ocurra, son:
• Conficto latente o historia previa: acontecimientos que
han ido pasando y no se han afrontado, acumulándose.
• Escalada: en donde los implicados convierten el pro-
blema en algo personal, generalizan, se obcecan en sus
argumentos y creen imposible encontrar una solución.
Todo este tiempo, cada persona ve las cosas “a su ma-
nera”.
• Estancamiento: en donde llega el agotamiento. A veces
es más fácil hacer las paces que seguir enfadado, porque
el conficto tiene un precio y, a menudo, es muy caro.
• Desescalada: cuando las personas empiezan a escucharse
antes de hablar, a intentar entenderse y a generar un
objetivo común: salir de donde están.
Es importante recordar que, aunque en apariencia un
conficto acabe, no siempre se ha resuelto. A veces con
negociar una salida es más que sufciente, pero a veces si
no se resuelve bien, volverá a salir una y otra vez.
Cuando un conficto no se resuelve, a menudo es porque
los implicados sacan un benefcio de él, aunque no sean
conscientes de ello. Hay un interés en mantenerlo.
Hay confictos familiares que no se resuelven ni se ne-
gocian y quedan en estado latente toda una vida, confictos
a los que no se ve solución y se evitan, mientras se puede,
durante el tiempo que haga falta. Estos problemas no resuel-
tos adquieren poder en las vidas de padres e hijos, y tienen
siempre un coste emocional y relacional.
LA RESOLUCIÓN PACÍFICA DE CONFLICTOS
Los diferentes estudios realizados con personas que recu-
rren a la violencia con frecuencia, refejan que suelen tener
difcultades para resolver de forma inteligente los confictos
y las tensiones cotidianas que viven.
Para resolver un conficto son necesarias una serie de
condiciones:
• Una actitud personal de afrontar el conficto, no evitar-
lo.
• No usar nunca la agresividad.
• Comunicarse.
• Negociar salidas concretas.
En las tablas I, II y III, se presentan recomendaciones
para afrontar un conficto familiar, así como consejos para
la escucha y para el manejo de la hostilidad.
La resolución pacífca de un conficto pasa por las si-
guientes fases:
1. Defnir adecuadamente el conficto: se trata de identifcar
todos los componentes que subyacen al mismo, inten-
tando describir lo sucedido (en ocasiones es información
relevante que suele ignorarse).
1. Comunicarse Lo primero es escuchar y después valorar los efectos de las respuestas que
vayamos a dar
2. Aceptar y tratar a cada persona como es, No sólo es necesario saberse aceptado, hay que sentirse aceptado y recordar que
no como nos gustaría que fuese las expectativas que tengamos sobre nuestros hijos condicionarán su desarrollo
3. Dar la oportunidad a todos los miembros de Cuando una decisión nos afecta a todos, hay que tomarla, en la medida de lo
la familia de tomar decisiones autónomas posible, entre todos. Son las decisiones grupales o consultivas, en las que como
mínimo pedimos su opinión. La autonomía requiere tolerancia y práctica
4. Ser empáticos, comprender al otro desde Aprender a vivir y expresar nuestras emociones es requisito imprescindible para
sus necesidades, no imponerle las nuestras saber cómo se sienten los demás. Muchas veces los padres tenemos miedo a
ni convertir sus problemas en nuestros expresar nuestros sentimientos ante nuestros hijos porque nos hace vulnerables
a sus ojos. Pero es que lo somos, igual que ellos
4. Negociar Para ello hace falta:
• Asertividad, expresar nuestras necesidades con serenidad y la máxima
objetividad posible
• Razonar, tener la habilidad para hacer y recibir críticas y establecer las
causas y consecuencias de nuestras acciones
• Empezar por cosas muy concretas, promoviendo espacios compartidos
y actividades comunes. Para llegar a un acuerdo con alguien, hay que
conocerlo y respetarlo pero también hay que sentarse a una mesa juntos
5. Insistir con entusiasmo e imaginación No desistir, no desfallecer, aun cuando nos parezca imposible. Dejarlo estar
nunca es la solución
TABLA I. Recomendaciones para afrontar un conficto familiar
Confictos familiares 287
2. Establecer cuáles son los objetivos y ordenarlos según
su importancia: la conducta violenta, en ocasiones, se
produce por el sesgo de una parte de la realidad, sin con-
siderar la globalidad (una inadecuada interpretación de
un gesto, de una mirada, un orgullo mal entendido…).
3. Diseñar las posibles soluciones al conficto y valorar cada
una de ellas: la difcultad de pensar en consecuencias es
uno de los défcit cognitivos más habituales que subya-
cen a las distintas formas de violencia. De esta manera
se aprende a anticipar y prever reacciones a través de la
valoración positiva y negativa de las consecuencias.
4. Elegir la solución que se considere mejor y elaborar un
plan para llevarla a cabo: en la elaboración de este plan
hay que anticipar cuáles son las difcultades que pueden
surgir y de qué manera se prevé resolverlas.
5. Llevar a la práctica la solución elegida: en el caso de
que se anticipen difcultades importantes es posible que
se necesite la ayuda de una persona que medie en el
conficto y en el avance de su solución.
6. Valorar los resultados obtenidos: en el caso de que no se
ajusten a los deseados, tenemos que volver a poner en
práctica los pasos anteriores con el fn de mejorarlos. Es
importante hacer una interpretación realista y positiva
y sustituir el concepto de fracaso por el de “problema a
resolver”.
LA NEGOCIACIÓN
Algunos confictos no pueden resolverse, pero sí al me-
nos negociarse hasta dónde puede llegar cada parte y en
qué condiciones (ejemplo: un acuerdo de mínimos sobre
la hora de volver a casa de un adolescente).
La negociación es un proceso que permite a dos o más
partes llegar a un acuerdo desde la perspectiva “yo gano-
tú ganas”. Se trata de que cada una de las partes intente
adaptarse a las demandas iniciales.
La negociación pasa por:
1. Identifcar necesidades e intereses: expresando lo que se
quiere y por qué de la forma más específca posible. Uno
de los errores más frecuentes es que cada una de las
partes presente directamente su propuesta de solución al
conficto. Por eso, es importante centrarnos únicamente
en los intereses y en los objetivos de cada una de las
partes, de manera que se fomente la diferente adopción
de perspectivas.
2. Mantener una comunicación respetuosa: para evitar que
la otra parte se sienta atacada y la interacción derive
hacia la defensa y la confrontación. Hablar en un tono
adecuado de voz, no insultar, no amenazar… Es habi-
tual que, en situaciones de tensión, se obstaculice la
comunicación, por tanto, habrá que evitar los problemas
añadidos derivados de ello.
3. Buscar múltiples soluciones: de forma que se pueda res-
ponder al máximo, a las preocupaciones o intereses de
todas las partes, con la premisa de “yo gano-tú ganas”.
4. Elegir la mejor solución: considerando cada idea en fun-
ción de lo que cada una de las partes gana.
5. Elaborar un plan de acción: en el que se decida quién
hace qué y cuándo.
¿Qué hacer ? ¿Qué no hacer?
• Discutir sentados • Discutir de pie
• Hablar a solas • Hablar en público
• Escuchar • Hablar antes de escuchar
• Hablar en calma, en voz baja • Gritar o pegar
• No enjuiciar • Utilizar los “deberías”
• Expresar sentimientos • Defenderse por sistema
• Pedir ayuda • Avergonzar al otro
• Buscar otro momento • Intentar calmar al otro
cuando no se puede • Ocultar sentimientos
TABLA III. Consejos para el manejo de la hostilidad
Procurar Evitar
TABLA II. Consejos para la escucha en una situación de conficto
• No hablar de uno mismo
• No cambiar de tema
• No aconsejar, diagnosticar, animar, tranquilizar, criticar, ni
valorar
• No negar ni ignorar los sentimientos del otro
• No fngir haber comprendido si no es así
• Demostrar que se está comprendiendo
• No pensar en lo que se va a decir
• Preguntar por las preocupaciones, ansiedades, necesidades y
difcultades
• Uso de paráfrasis para corroborar el contenido comunicado
• Analizar el lenguaje no verbal
• Centrar la conversación
• El respeto a la confdencialidad del contenido
• Permitir los silencios
• Las amenazas, que generan miedo, sumisión, resentimiento
y hostilidad
• Las órdenes, que imponen autoridad
• Las críticas, que tiran para abajo al otro
• Los nombres denigrantes, que catalogan a los demás
• Los “deberías”
• Reservarse parte de la información
• Los interrogatorios
• Los elogios manipulativos
• Los diagnósticos: “lo que te pasa es que…”
• Los consejos no requeridos
• Utilizar la lógica para persuadir
• Rehusar hablar sobre un tema
• Cambiar de tema
• Quitar importancia a lo expresado por el otro
• Tranquilizar quitándole importancia al problema
288 P.J. Ruiz Lázaro
MODELOS DE INTERVENCIÓN EN LOS
CONFLICTOS FAMILIARES
Cinco modelos útiles para la intervención en los con-
fictos familiares son:
• La comunicación empática o comunicación no violenta
(Marshall Rosenberg).
• El análisis de la base afectiva del conficto (Pepa Hor-
no).
• La resolución conjunta de problemas (Greene).
• El constructivismo social (Berger y Luckmann).
• El modelo sistémico relacional (Minuchin).
La comunicación empática o comunicación no
violenta
La comunicación no violenta (CNV) es un modelo que
busca que las personas se comuniquen entre sí de manera
efectiva y con empatía. Enfatiza la importancia de expre-
sar con claridad observaciones, sentimientos, necesidades
y peticiones a los demás de un modo que evite el lenguaje
evaluativo que etiquete o defna a los interlocutores o a
terceros.
Considera que todas las acciones se originan en un in-
tento de satisfacer necesidades humanas universales, pero
tratan de hacerlo evitando el uso del miedo, la culpa, la
vergüenza, la acusación, la coerción y las amenazas.
El ideal de la CNV es que las propias necesidades, de-
seos, anhelos, esperanzas, no se satisfagan a costa de otra
persona.
Hay una sutil pero importante diferencia entre tener
como objetivo el lograr que las personas hagan lo que que-
remos y tener claro que nuestro objetivo es crear el tipo de
conexión necesaria para que las necesidades de todos sean
satisfechas.
Un principio clave de la CNV que facilita esto es la
capacidad de expresarse sin usar juicios sobre lo que está
bien o mal, sobre lo que es correcto o incorrecto, por eso
se hace hincapié en expresar sentimientos y necesidades,
en lugar de críticas o juicios morales.
Existen 4 pasos en la comunicación empática o comu-
nicación no violenta:
1. Observación (descripción o narración de los hechos
como vistos por el lente de una cámara). El primer com-
ponente de CNV es observar sin acusar o culpabilizar. El
propósito de la observación según la técnica de CNV es
iniciar una conexión. Con no acusar y no culpabilizar se
pretende fomentar la receptividad en la otra parte, y des-
estimular la reactividad y la actitud defensiva en el otro.
La “observación” no contiene evaluaciones, inferencias,
deducciones u opiniones de nuestra parte. Cuando se
empieza una comunicación con una acusación, es muy
probable que la otra persona se ponga a la defensiva, y
no se establezca una comunicación, sino dos monólogos
paralelos, en que ninguna de las partes escucha a la otra.
Al hacer una observación sin juzgar a la otra persona, ni
criticarla, aumentamos la posibilidad de que nos escu-
che sin ponerse a la defensiva. Aún cuando no verbali-
zamos un juicio, si en nuestro fuero interno sentimos
o pensamos un juicio acusativo, intuitivamente la otra
persona lo puede percibir. La CNV no es una técnica
a aplicar, sino un cambio de paradigma: nos movemos
hacia una genuina aceptación de nosotros mismos y de
los otros, hacia la compasión y la empatía.
2. Identifcación de sentimientos evocados por la situación.
En la tabla IV se explicitan sentimientos indicativos de
necesidades satisfechas y sentimientos indicativos de
necesidades no satisfechas.
3. Identifcación de necesidades relativas a la situación.
En la tabla V se muestran las principales necesidades
universales.
4. Formulación de una petición para satisfacer las necesi-
dades identifcadas (petición clara, concreta y realizable
Indicativos de necesidades Indicativos de necesidades
satisfechas no satisfechas
Afectuoso Abrumado
Agradecido Agotado
Alegre Angustiado
Aliviado Ansioso
Calmado Apenado
Cómodo Avergonzado
Confado Confundido
Conmovido Culpable
Contento Desanimado
Encantado Desconfado
Energético Desesperado
Feliz Disgustado
Intrigado Enojado
Interesado Estresado
Tranquilo, en paz Furioso
Optimista Impaciente
Orgulloso Incómodo
TABLA IV. Sentimientos
Aceptación Contribución Integridad
Amistad Cooperación Juego
Amor Creatividad Justicia
Apoyo Descanso Libertad
Aprecio Diversión Orden
Aprendizaje Duelo Nutrición
Armonía Efcacia Paz
Atención Ejercicio Pertenencia
Autonomía Esperanza Progreso
Belleza Estabilidad Propósito
Claridad Expresión Recreación
Compañía Humor Respeto
Comprensión Independencia Sentido de logro
Conexión Inspiración Ser escuchado
Confanza Seguridad Solidaridad
Autenticidad Empatía Privacidad
Consideración Salud Tranquilidad
Aire Alimento Expresión sexual
TABLA V. Necesidades humanas universales
Confictos familiares 289
en el ahora). Una petición es una manera de explorar
el otro está dispuesto a ayudarnos a satisfacer nuestras
necesidades, de la manera específca que le pedimos. Una
petición es: clara, concreta, realizable, en tiempo pre-
sente y expresada en lenguaje positivo (es decir, dice qué
queremos, en vez de lo que no queremos). Hay que tener
en cuenta que una petición es diferente a una exigencia.
Es posible que la persona se niegue a concedernos lo
que pedimos. En ese caso, podemos recurrir a la empa-
tía (tanto para nosotros por la negación recibida) como
con el otro, para averiguar cómo se siente con nuestra
petición y qué necesidades suyas está percibiendo como
impedimento o factor limitador para acceder a nuestra
petición. Reconocemos que un “no” es un indicador de
que la otra persona considera que sus necesidades no serán
atendidas apropiadamente si accede a nuestra petición.
Con empatía, podemos averiguar cuáles son las nece-
sidades que el otro teme no sean satisfechas, podemos
asegurarle que sus necesidades también serán tomadas
en cuenta y que son importantes para nosotros, y pode-
mos invitarle a explorar en conjunto posibles estrategias
que nos sirvan a todos. Cuando sentimos que nuestras
necesidades también son tomadas en cuenta, estamos
más anuentes a cooperar. Otra razón por la que la per-
sona se niega a una petición es por resistirse a lo que
ella percibe como una exigencia nuestra, aun cuando,
de nuestra parte, no fuera esa la intención al emitir el
mensaje. Cuando la persona escucha una exigencia, en
vez de una petición, siente amenazada su autonomía, su
derecho a elegir lo que quiere hacer y tiende a resistirse,
aun cuando vea el propósito de lo que le pedimos y ge-
neralmente desearía hacerlo. Por nuestra parte, muchas
veces emitimos exigencias y no peticiones, aun cuando
usemos un tono dulce o digamos “por favor”. Aceptar
que nos digan “no” implica tener fe en el proceso de
la vida; saber que nuestras necesidades pueden ser sa-
tisfechas por otras fuentes. El propósito de la CNV es
crear conexiones humanas profundas, de modo que las
partes se interesen por el bienestar mutuo. En CNV
se dice que detrás de un NO hay un SÍ. Es decir que,
cuando la persona dice “no” a algo está diciendo “sí” a
otra cosa. Con ayuda de la empatía podemos tratar de
averiguar a qué está diciendo la persona sí (es decir, qué
necesidades propias está tratando de satisfacer).
En la tabla VI se describe cómo se expresan los 4 pa-
sos en cada uno de los dos modos de la comunicación
empática o comunicación no violenta: escuchar con
empatía y expresión de honestidad.
El análisis de la base afectiva del conficto
En cualquier conficto familiar hay una base afectiva
que puede ser:
• Vincular, en la que el motivo del conficto es una pro-
blemática con la otra persona, o en la relación. El in-
dicador de falta de vínculo no es el conficto, sino la
indiferencia.
• Propia, cuando el motivo del conflicto es algo de la
propia persona que no reconoce en ella misma y pone
fuera (en el otro, en el acontecimiento…).
Es importante analizar los componentes de esta base
afectiva para poder trabajarla adecuadamente y desarrollar
estrategias de afrontamiento positivas del conficto que la
aborden. Los componentes de esta base afectiva que habría
que tener en cuenta en la resolución de los confictos –no
para su negociación– son:
• El proceso afectivo del conficto: en cada fase (confic-
to latente, escalada, estancamiento y desescalada), las
estrategias de afrontamiento deben ser diferentes. Las
mismas acciones, las mismas palabras en una fase, más
que ayudar, dañan, y en otras en cambio resultan muy
efcaces.
• El manejo del tiempo: se trata de respetar los procesos y
los tiempos de los afectos de cada persona.
• La utilización que se hace del afecto de los implicados:
el afecto y la relación nunca deben ser cuestionados ni
utilizados en el afrontamiento de los confictos. Podemos
cuestionar la conducta del otro, pero nunca su persona
ni los sentimientos que nos unen a ella. El chantaje
emocional o la amenaza de abandono son formas de
violencia porque cuestionan la relación vincular.
• El manejo de la agresividad dentro del continuo exis-
tente entre indiferencia, agresividad y violencia: aquello
que no importa deja indiferente a la persona. Si algo
genera agresividad es porque importa. La agresividad
es el elemento que permite a la persona “ir hacia”,
movilizar la energía hacia la implicación en el conficto
y su resolución. Una vez implicada, la persona tendrá
que decidir el manejo que hace de esa agresividad,
utilizándola para resolver el conficto o para atacar al
otro (violencia).
• La enseñanza afectiva que dejan los confictos: el modo
en que se afrontan los confictos, no sólo genera unas
pautas de relación determinadas con las personas im-
plicadas en el conficto, sino que es un modelo de con-
ducta educativo para aquellas personas que conviven
con los implicados y/o están vinculadas a ellos. A través
de los mensajes que los padres emiten hacia los hijos
en las situaciones de conficto con ellos se les propor-
ciona mensajes sobre sí mismos, sobre lo que pueden
o no pueden esperar de los demás, y sobre los actos y
estrategias que están permitidos como mecanismos de
resolución de confictos (dónde está el límite).
Escuchar con empatía Expresión de honestidad
Cuando… Cuando veo/escucho…
¿Tú sientes… Yo siento…
Porque necesitas/valoras… Debido a que necesito/valoro…
¿Te gustaría…? ¿Estarías dispuesto a…?
TABLA VI. Expresión del mensaje en los 2 modos de la comu-
nicación empática o comunicación no violenta
290 P.J. Ruiz Lázaro
• Los benefcios secundarios: cuando se permanece en una
situación de conficto es, en parte, porque se obtiene un
benefcio afectivo de la situación. Si el daño y el dolor
de permanecer en el conficto fuera excesivo para los
implicados éste se afrontaría.
• La posible generación de una “identidad en negativo”:
el conficto puede ser un modo de construir una iden-
tidad desde la oposición, el negativismo y la defensa. La
persona no es lo que quiere ser sino que es justo lo que
los otros no quieren que sea. No hay benefcio en dejar
de vivir el conficto porque, cuando no se tiene “contra
lo que pelear”, llega la situación de indefnición en la
que la persona no sabe muy bien quién es.
• El miedo: la percepción del riesgo real o imaginado con-
diciona las decisiones y las acciones de las personas en
un conficto. Una estrategia básica de afrontamiento de
los confictos es hacer consciente el miedo, verbalizarlo,
ponerlo encima de la mesa, para hacerlo controlable.
• El perdón: los confictos en muchos casos tendrán una
base vincular. La resolución de un conficto vincular
puede suponer la vivencia de un proceso de duelo en
los implicados y el perdón es uno de los posibles fnales
de este proceso.
La resolución conjunta de problemas
El modelo parte de la idea de que la conducta disruptiva
del adolescente se debe a un retraso en el desarrollo de
habilidades cognitivas concretas o tiene difcultades para
llevar a la práctica estas habilidades cuando son necesarias:
• Habilidades ejecutivas.
• Habilidades en el procesamiento del lenguaje.
• Habilidad para regular las emociones.
• Flexibilidad cognitiva.
• Habilidades sociales.
Se enfatiza que la regulación de las emociones, la fe-
xibilidad, la tolerancia a la frustración y la habilidad para
resolver problemas por parte del adolescente dependen, en
gran parte, de la manera y de los modelos usados por los
adultos para enseñar a los adolescentes.
La conducta explosiva se da cuando las demandas cog-
nitivas superan la capacidad del adolescente para responder
de forma adaptativa. Sí se conocen cuáles son los desencade-
nantes de aquella reacción, se ayuda a los adultos a entender
que el adolescente, cuando actúa de forma explosiva, no es
intencional ni manipulador.
Las conductas disruptivas se pueden categorizar en tres
cestos:
• Conductas del cesto A:
– Riesgo de hacerse daño.
– Agresión física a otro.
– Riesgo de romper o estropear.
– Atentar contra la propiedad ajena (p. ej.: pegar, ro-
bar).
• Conductas del cesto B: conductas sin riesgo propio o
ajeno, pero que generan problemas importantes en la
dinámica familiar (ejemplos: negarse a acudir con la
familia a un evento importante, demandas desmesura-
das).
• Conductas del cesto C: conductas inadecuadas que no
generan riesgos por sí mismas y no generan problemas
importantes en la dinámica familiar (ejemplos: andar
descalzo, decir tacos, no querer comer lentejas, no se-
guir las normas de “urbanidad”, comer con los dedos,
levantarse de la mesa).
Según el cesto, variará la actuación del adulto:
• Cesto A: imposición del adulto.
• Cesto B: resolver de forma conjunta el problema con
el adolescente.
• Cesto C: ignorar determinadas conductas del adoles-
cente.
Las conductas del cesto B son las más importantes para
incidir en la mejoría de las habilidades básicas. A partir de
tales situaciones se intenta que el adolescente sea capaz de
modular su conducta basándose en la refexión, fexibilidad
y autocontrol.
Los pasos para resolver de forma conjunta el problema
(cesto B) son:
• Mostrarse empático: la empatía facilita que el adoles-
cente y el adulto conserven la calma.
• Defnir el problema: la defnición del problema asegura
que la preocupación del adolescente está sobre la mesa
(si no conocemos cuál es la preocupación, deberemos
averiguarlo).
• Invitar al adolescente a encontrar una solución aceptable
para él y para el adulto: se trata de que el adolescente
detecte que estamos haciendo algo “con él” más que “a
él” (ejemplo: “vamos a ver cómo podemos resolver este
problema”). Se debe ofrecer al adolescente la primera
oportunidad para generar soluciones. En realidad no
existen soluciones malas, sólo soluciones no realistas o
no satisfactorias mutuamente. Por tanto, se debe alcan-
zar una solución ingeniosa, entendiendo como tal cual-
quier solución en la que padres e hijo están de acuerdo,
además de ser una alternativa realista y mutuamente
satisfactoria. Lo importante no es quién “gana”, sino el
proceso en sí mismo.
El constructivismo social
La premisa es simple: puedo pensar lo que quiera y
mandar en mis emociones (según lo que piensas, así sientes;
cambiando el pensamiento, cambia la emoción).
Por ejemplo, soy un adolescente y mi padre me da una
orden por enésima vez, ante lo cual pienso “¡Ya estamos otra
vez, que pesado!” y siento rabia. Si en vez de contestar, de
nuevo pienso “Mi padre no siente que le escuche porque
no le respondo con nada positivo para él. Es normal que se
desespere repitiéndome una y otra vez lo mismo, esperando
que le escuche por fn. Agradezco su perseverancia y pacien-
cia; voy a intentar que se sienta escuchado y a devolverle
su amor”, siento ternura y esto me alegra. En el ejemplo,
la energía que iría dirigida a un sentimiento de rabia se usa
para emitir un pensamiento más largo y constructivo para
Confictos familiares 291
mí y para mí padre, el resultado: alegría. He dado otro sen-
tido a la orden de mi padre, he asumido la responsabilidad
de lo que siento, lo que me pone mal de él lo he asumido
como algo que me gustaría no tener y he cambiado mi
pensamiento para ganar yo y él. Me he contado otra cosa,
mi lenguaje ha cambiado, me he observado y he aprendido
más de mí. Ahora, en vez de ser víctima de la realidad que
me contaba, soy benefciario de la nueva construcción que
he hecho. He legitimado su perseverancia y paciencia y eso
me ha legitimado a mí, le he dicho lo que siento y eso me
ha hecho sentir alegre.
Esto forma la base del modelo constructivista que se
resume en tres axiomas:
1. Observa como observas y aprenderás más de ti. El sentido
de lo dicho lo pone el que escucha; lo que me pone mal
de ti es algo que tengo y no me perdono tener o que no
tengo y no me perdono no tener. Voy, no solo a observar
al otro, sino observarme a mí cuando observo al otro,
porque esto me contará mucho de mi. Una observación
negativa me avisa de mi tendencia al juicio negativo y me
proporcionará negatividad. Una observación superfcial
me avisa de mi falta de profundidad y me advierte de la
necesidad de llegar más a fondo en el otro.
Es obvio que soy yo el que oye y el que da sentido a lo
que oigo también soy yo. Lo que recibo me avisa de
que algo hay dentro de mí que veo refejado en ti o que
tienes algo que desearía tener; como no le pongo nom-
bre, siento malestar, pero ahora tengo la oportunidad de
hacer algo, darle un nombre, decidir si lo tengo y puedo
cambiarlo (o lo deseo y puedo conseguirlo).
2. Somos en el lenguaje, somos víctimas de la construc-
ción que hacemos de la realidad. ¿Qué me cuento de
esa realidad que construyo? ¿Puedo contármela de otra
manera? ¿Me interesa esa narrativa? Puedo usar el len-
guaje de varias formas y puedo decidir la que más me
convenga, la que me proporcione más felicidad. Sólo
yo voy a ver mi entorno como yo lo veo. El entorno
objetivo no cambia, pero yo cambio la construcción
que hago de él y para mí ha cambiado. Si yo veo a los
demás diferente, ellos me devuelven diferente; si yo cam-
bio fue mi construcción de mi realidad y mi lenguaje,
ellos cambian su construcción y su lenguaje; sólo queda
mantenerlo e interiorizarlo.
3. Mi legitimación pasa por legitimar al otro; tengo el de-
recho y el deber de hacer saber al otro cómo me siento
cuando convenga. La frase de Fritz Perls, el padre de la
terapia Gestalt, “Déjame a mí ser como soy para que tú
puedas ser como eres” explica el signifcado de legitimar
al otro. Si te acepto como eres y te lo digo, automática-
mente me estoy aceptando a mí. Será útil no confundir
lo que haces con lo que eres. Un acto es susceptible de
ser juzgado, una persona no es su acto ni su error. El
constructivismo hay que entenderlo como una flosofía
de construir, no de destruir. Se trata de decirle al otro
lo que sentimos sin herirle. Puedo decirle lo que siento
usando un lenguaje que deje claro que lo que siento es
mi responsabilidad, que es nuestra relación lo que nos
pone mal y no él, y que en esa relación los dos podemos
introducir un cambio.
El modelo sistémico relacional
El modelo sistémico trata de trabajar las relaciones den-
tro del sistema independientemente de lo dramático que
puedan parecer los síntomas. El síntoma no es la enferme-
dad, por tanto es inútil trabajar con el portador del síntoma
sin considerar el sistema en que se desenvuelve.
Todos vivimos enmarcados en sistemas que se relacio-
nan; si no existe la relación no hay sistema (los sistemas
se crean por la relación entre sus miembros, que para eso
utilizan la comunicación en sus diversas formas).
Los sistemas buscan la homeostasis o equilibrio y se
resisten naturalmente al cambio, tienden a la inmovilidad.
Al estar compuestos por personas que precisan crecer, esta
inmovilidad les enferma (el sistema disfunciona) y alguien
dará un síntoma, que no es la enfermedad (ejemplo: el
comportamiento de un hijo adolescente que, sacrifcándose,
se convierte en portador del síntoma de un sistema familiar
disfuncional). Cualquier cambio en el sistema generará un
efecto positivo inutilizando la necesidad del síntoma. La
misión del terapeuta sistémico es generar movimiento en
la dirección más constructiva, mover hacia la salud y el
crecimiento.
En una sesión de terapia de familia, lo primero es lim-
piarnos de prejuicios e informaciones previas; estas habrán
sido facilitadas por un único miembro de la familia o siste-
ma y solo nos cuenta la petición parcial de su malestar. A
continuación, tras observar la entrada, quién presenta a los
demás, cómo se sientan y sitúan en el espacio, su lenguaje
no verbal transmitido por su posición, preguntamos al aire
en que podemos ayudar y escuchamos lo que se dice y lo
que no se dice. El objetivo es que todos salgan en un espacio
de menos de dos horas al menos esperanzados o movidos.
Varias herramientas nos ayudarán a lograrlo:
1. Coparticipación: el terapeuta, miembro ya aceptado por
la familia, actúa como uno más de ellos, y con libertad le
situarán y se situará donde se vaya sintiendo más cómodo
con las intenciones de la familia.
2. Historia familiar: preguntando al aire quién plantea la
petición y la defne, escuchamos la historia familiar.
Normalmente se sorprenden de los pocos datos que pre-
cisamos para empezar a trabajar, insisten en que hay
algo más que debemos saber, pero les tranquilizamos
prometiéndoles que ya saldrá cuando haga falta. Hay
que poner un especial cuidado en la escucha, pues la
clave para la resolución del conficto suele ser facilitada
de un modo extraño en este relato (prestar atención a
cada una de las palabras, posiciones o tics de la familia).
3. Enfoque: es necesario enfocar y no permitir que alguien
de la familia nos vaya llevando por donde estima cada
vez que se siente juzgado o que presiente que le obli-
garán a moverse. Podemos, pues, usar el “los problemas
de uno en uno” o dejarnos llevar en cada “no es eso”
292 P.J. Ruiz Lázaro
hacia donde nos indiquen. Cuando el cambio pase por
un “baile” más general de toda la familia, parece más
conveniente enfocar; más si el intento de desenfocar
de alguien exaspera a uno o varios de los miembros
de la familia, al menos será un medio para modelar la
asertividad y la escucha. Si, por el contrario, el sistema
familiar es pequeño y lo que sentimos es que la escucha
de uno de ellos es la clave, dejarnos a merced de sus
resistencias hasta donde él diga nos puede ser más útil.
4. Externalización del síntoma y su redefnición: procede-
mos con imaginación a renombrar el síntoma con un
nombre más casero, menos dañino y a veces, si conviene,
hasta con connotaciones positivas. El problema ya no
es de un individuo (paciente identifcado) sino de la
familia y su nombre no hace casi daño. El portador se
ve salvado por el terapeuta de su culpabilidad y se le
agradece el detalle de haber avisado a la familia de que
necesitaban ser más felices.
5. La metáfora: renombrar el síntoma ya nos exige utilizar
la primera metáfora que posiblemente nos acompañará
durante toda la sesión. La metáfora aclara y suaviza.
Contar un corto cuento nos ayudará a fjar conceptos de
salud. Los cuentos se entienden mejor y aburren menos
que los discursos y regañinas, se recuerdan mejor y, con
sentido del humor, pueden hacer que se escuchen cosas
que de forma directa no se soportarían. La metáfora debe
adecuarse al nivel cultural o profesional de la persona a
la que va dirigida.
6. Cambio de roles: si el objetivo de la terapia es provocar
el cambio, el cambiar a cada miembro su rol por el de
otro, intercambiando su silla, acercándolos, alejándolos,
intercambiándonos con ellos y su papel para que nazca
la empatía, puede generar la visión desde otro punto de
vista y que sientan la responsabilidad del movimiento.
Muchos terapeutas utilizan la denominada “escultura”:
el terapeuta elige al miembro de la familia que entiende
es el más sensible a la vez que inocente (muchas veces,
pero no siempre, suele coincidir con el paciente iden-
tifcado) y le pide que haga una escultura de su familia
como la ve él, colocándola como si de arcilla se tratara,
esculpiendo sus gestos, sus distancias, sus posiciones,
situando al terapeuta en el lugar que él ocuparía. La
familia contempla y siente esta “escultura”, y luego, de
forma inmediata o al fnal de la sesión, se le vuelve a
pedir que haga una nueva escultura, tal como desearía
ver a la familia o como la ve después de la sesión. Este
ejercicio como cualquier otro que facilite la observación
desde un punto de vista diferente al que cada miembro o
su conjunto está acostumbrado a utilizar, suele garantizar
movimiento y cambio. Un cambio de roles frenético
provoca una subida de la emoción y los miembros de
la familia llegan a sentirse perdidos y más próximos a
romper su resistencia.
7. La intensidad: jugar con la intensidad y la emotividad
es clave en una sesión. Subir para bajar de golpe, con
la voz, con la posición, incluso subiéndose a la mesa;
todo es válido para evitar el sopor y movilizar el siste-
ma.
8. Mover estructuras: una estructura familiar puede dis-
funcionar y provocar síntomas graves. Admitiendo que
una parte de la familia cría a la otra, que una parte del
sistema tiene la responsabilidad del camino que debe
llevar a todo el grupo hacia su fn último, podemos f-
jar que dentro de la familia existen los denominados
holones –el holón parental comúnmente formado por
los padres o los que ejercen de ello, el holón fraternal
o los hermanos– y que entre estos holones existe o de-
ben existir fronteras. La rigidez excesiva o la excesiva
permeabilidad de estas fronteras, la intromisión de un
miembro de un holón en el otro holón puede provocar
disfunciones y síntomas. Convencer y hacer ver a un solo
miembro que puede ocupar otra silla que por naturaleza
le corresponde hará que todo el sistema se mueva y cada
uno tenderá a ocupar la silla que quede libre.
9. Comunicación circular: cuando el mensaje lineal no fun-
ciona, hay que comunicar en circular: ejemplo: ¿cómo
crees, mamá, que se siente papá cuando Alfredo riñe
con su hermana? Mamá se pone en el pellejo de papá,
papá se siente escuchado, Alfredo descubre que su padre
siente y la hermana agradece que por fn toda la familia
sea consciente de lo que le tiene que aguantar a Alfredo.
Otro tipo de mensaje es el dirigido a la persona que más
lo puede soportar para que de “rebote” llegue a los otros
miembros; reclamarle a un hijo la relación o valores que
sentimos es una carencia de los padres suele funcionar
mejor que provocar el levantamiento de barreras en las
personas más rígidas.
10. Las creencias familiares: el conocimiento de la cultura
y sistema de creencias de la familia es fundamental. Si
no lo conocemos, habrá que escucharles y comprender-
les desde su punto de vista, usando sus creencias para
vislumbrar su solución.
11. El reto: retar a algún miembro a hacer o dejar de hacer
algo apelando a su incapacidad o su capacidad. Ejemplo:
“¡Tú nunca podrías poner limites a tus hijos, olvídalo!”.
12. La paradoja: es lo contrario al doble vínculo. Doble vín-
culo es esa comunicación en la que el mensaje digital no
coincide con el analógico (lo que decimos por la boca no
coincide con nuestra expresión facial o nuestro modelo
de vida). Con el doble vínculo hagamos lo que hagamos
perdemos. La paradoja intenta lo contrario, hagas lo que
hagas ganas. Se trata de recomendar con honestidad y
de corazón su síntoma a la persona. La paradoja suele
coronar la sesión, se enuncia al fnal cuando la confanza
es máxima y el camino se ve más claro, cuando ya se han
allanado las difcultades encontradas y estamos seguros
de poder cerrar al menos esta sesión. La comunicación
circular hará que el efecto de la paradoja repercuta en
toda la familia y cada uno vea un camino a seguir. Con
que uno mueva todos mueven y a veces el no moverse es
la decisión acertada; la familia sabe y nosotros debemos
respetarlo.
Confictos familiares 293
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