Revista Kcreatinn – Creación y más

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K c r e a t i n n
Creación y más


Año VIII, Vol. 2, N° 13 | Cajamarca, I semestre de 2014
Colaboraciones: kcreatinnorg@yahoo.es
_____________________________________________
«Miraba las palabras y estas no bailaban ni se emborronaban. Las ratas no tienen lágrimas. Seco y frío era el
mundo, y bellas las palabras. Palabras de partida y adiós, de adiós y hasta la vista, del pequeño y del
Grande. Plegué de nuevo aquel pasaje, y me lo comí». Sam Savage; Firmin
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PRESENTACIÓN Las
consecuencias del
infierno, de Jack Farfán
Cedrón. CAJAMARCA,
SEMINARIO café
cultural, 19/06/2014


Fernando del Val, escritor y
periodista español refiere a mi infolio
como “un libro muy profundo, lleno
de contraluces y contenidos
materiales, expresivos y formales (…)
un texto en verso seguido (…) del cual
le resta imposible citar un verso (…)
porque el río te lleva (…) a pesar de
ser duro (…) he pensado que es tu
mejor libro”.

Ya en mi primer atado lírico,
que data de hace nueve años, Pasajero
irreal, mi talante expresivo se
encauzaba hacia una katharsis que
lejos de propender a destruir mi
hígado con ciertas situaciones en la
sociedad que no toleraba (hipocresía,
asesinato, traición, mentira,
antropofagia, demencia gratuita…),
sino más bien a ensalmarlo, si se
quiere, hasta esas cumbres
desesperadas que en la cima del dolor
(individual, colectivo, íntimo) se
alzaban como premio a ese charco
desgraciado de barro líquido a que se
resume el hombre cuando a solas
reflexiona, lejos de sus semejantes, en
un exilio premeditado, jamás gratuito,
para encender las charcas donde se
ahogan las penalidades del mundo.
La asidua tarea de volcar
versículos largos obedecía más a un
darse holgura en la página en blanco.
Seguir con la plena libertad del
instinto de conservación verbal hasta
el expreso y aterrador eureka
expresivo que me diera campo justo
para dar en el clavo, y en el calvo del
que sólo observa y rebuzna.
Lo mío estaba en dar todo el
espíritu en esa búsqueda inexplicable
del horror mundanal que por fin
encontró enemigo en este su literario,
infernal atacante.
Las consecuencias del
infierno, un libro duro, acre, que
golpea, que mella con yunque mordaz
el filo burlón y desgraciado de los
seres banales, sosos, cargados de una
materialidad que encuentra solaz en
esas pantallitas electrónicas de
variopinta forma, modelo y tamaño,
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para estar junto a sus seres queridos,
pero con un ojo pelado a lo que
acontece, a años luz de distancia.
Rebusca una vida que más, ya no le
pertenece.
Aquél ser desgraciado que
Dios redujo a pálido designio. Aquél
que en una guerra fratricida de
medios chicha y bombardeos
violentos por todos los canalículos
sintéticos y ópticos, desayuna sangre,
almuerza caos, y cena horror. Un ser
donde se concentran a dosis capaces
de matar a un caballo, la amargura, el
egoísmo, el asesinato, el canibalismo;
y a la, vez la ternura, que, llegando a
casa, enciende la cola y abre las
fauces para ser devorada por el miedo
que consume la furia ciega royendo
un lecho dentado.
Pleno de iniquidades, el
hombre se ajusta a lo que el edificio
del trabajo o el encierro de la
inactividad le prodiga desde sus cinco
prístinos dedos materialistas, en un
amague que lo eleva, lo desciende, lo
retuerce a su antojo, como a la más
estrujada piltrafa.
Ese maligno por el que todos
nosotros regimos nuestros actos; y
que un Domingo cualquiera
apaciguamos entre velas y sermones
del cura de la ciudad, que jamás nos
dirá lo que ya sabemos, nos calmará.
Esa conciencia premeditada que en la
hora de los sueños desgraciados,
sabemos que existe para esperar que
apriete el gatillo. Una bala podrida,
lesiva; que te corroe las entrañas, que
te desbanda hacia avernos sin cauda
donde la esfera de mierda es volcada
cada mañana sobre la taza, ¿del
desayuno, del wáter?
Ser en ruinas, despojado de
su nombre, de sus llaves y sus
zapatos. Aprieta los pasos, se apura,
incendiando las calles verticales de
cemento, donde vive y no conoce,
donde tiene un calor infernal
mientras conserva la marca de su
traje nuevo y su corbata de seda. Para
qué; aún no lo sabe. Sucede que no
tiene tiempo para cuestiones
metafísicas; esos sus ríos interiores,
que no lo arrastran a nada, a no ser
la discusión con la esposa, la madre
del Cordero, la extraña que se agacha
y mira de soslayo, teniendo cuidado
de la bestia impredecible.
Eres tú, es el horror, es el
vertiginoso avance, la acumulación
monstruosa de la data que cada vez
te hace un ser despreciable, capaz de
leer a titular seguido, sólo titulares de
accidentes, violaciones, peculado,
castración de los valores, y la
excrementicia sonata para meterte
miedo, cholo; mientras los trinos
salvajes mueven tu cuerpo pesado
esta noche de insomnio. Vidrios o
silbidos o ladridos imaginarios
destazando al espantapájaros para
volarlo por los aires, descabezado.
Eres hijo de tu cuervo, eres
cuervo de tu hijo. Ambos, padre e
hijo, se clavan los dientes, pero no se
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ven los mutuos errores que los
desbarrancarán, como es justeza que
ambos son espejo desde que nacieron.
Atrás en el espacio del tiempo, en el
tiempo del espacio, donde el abuelo
desdentado sonríe por las visiones
aterradoras; pero al fin, vitales, que
tuvo, aun antes de volcarlo a esta
comarca de desencuentros.
Hemos caído en la ruina sin
saberlo. Somos la retórica pesada,
aburrida, que nos mueve a lo
políticamente correcto. Pero al salir
de la oficina, queremos devorarnos,
queremos tragar esa expresión
anudada que teníamos reservada para
el jefe al que hubiésemos pateado
antes de estallarnos la tapa de los
sesos en una vertiginosa caída por los
aires desde el último piso del edificio
en ruinas, humeante por las
demoliciones de la cuadra, y las
bombas metafísicas y lacrimógenas,
las balas dentadas, los perdigones
letales horadándote la carne que no
sientes.
Moler/demoler. Que
destruyan la ciudad a pedazos, a
jirones de túnicas ocres de desfasados
curacas conduciendo la yunta de la
muerte en fase Repeat Eye
Movement. Un antro automático que
te pica la cabeza toc toc toc. Desiste.
Estás vivo para siempre y uno
quisiera salir corriendo hasta caer
exhausto por el recorrido que
enfrenta el tráfico; perros rastreros,
salvajes y rabiosos; gente que te grita
por las puras huevas, y hasta te arroja
meados en la cara; te insulta y te
atropella. Caídas inesperadas para que
te levantes con las rodillas, la frente y
la cara ensangrentada, llamando a los
canes salvajes y las fieras de la noche,
por aquel instinto sangriento que se
huele a la distancia. Saltas algunos
autos, a zancadas veloces; determinas
que todos podemos algo, que todos
deberíamos arrancar desde lo más
hondo de los cojones alguna fuerza
remanente, esa que usas para
reventar con cualquier transeúnte, o
tu misma madre; para tragarte pistas
completas a una velocidad demencial,
que a la llegada hacia la meta, te
observa, te sonríe y te abraza: será el
ángel negro de la muerte, que te
recoge, sonriente… ¡Hasta la
eternidad!

El director
















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LAS CONSECUENCIAS
DE JACK FARFÁN Y LOS
INFIERNOS DE SU
POESÍA

Doan Ortiz Zamora

En la migratoria secuencia de
los signos, encontramos rastros
primigenios de la poesía fecundada
por una serie de constantes atónitas e
innegables; que permanecen como
entes privilegiados de un Olimpo
creado y destinado por seres que
raptan en la vertiginosa y profunda
vehemencia de la trascendencia. Estoy
seguro de que el hombre y la poesía
fueron creados juntos y se
retroalimentan entre sí. El homo
sapiens cultivó la estética y heredó la
musicalidad del Neanderthal, que
luego fusionó con la naturaleza, la
premura del tiempo, y el incansable
ruido de la realidad, para originar una
vertiente llena de algoritmos de
extraña fragancia que se apoderan de
sólo algunos hombres náufragos,
natos de un desconocido brote
estructural vinculado con la sublime y
abominable eternidad.
En la literatura peruana
encontramos una poesía selecta de
gran elite, con representantes que
desafiaron la gravedad, como es el
caso de César Vallejo, Martín Adán,
Emilio Adolfo Wetsphalen, Francisco
Bendezú, Enrique Verástegui, Jorge
Eduardo Eielson, Blanca Varela, César
Calvo, Julio Garrido Malaver,
Washington Delgado, Luis Hernández,
Javier Heraud, Carlos Oquendo de
Amat, José Watanabe, Antonio
Cisneros, César Moro, etcétera. Estos
seres de naturaleza ambrosiana han
dejado un legado de importantísimo
valor, creando un estilo y una estirpe
distinguida dentro de la aguda crítica
occidental.
En los últimos veinte años, la
poesía peruana se ha perfilado con
mucha consecuencia en la línea
abstracta, originando un estilo
underground de varias especies, con
infinidad de ritmos y melodías
anacrónicas, dando forma a versos
con un esplendor único de frescura
metafísica.
En el año dos mil cinco, el
poeta Jack Farfán Cedrón, nos da a
conocer su primer libro: Pasajero
irreal; dicho poemario dio origen a la
profanación de sepulcros urbanos y
deidades abstractas, que juntamente
con un universo de vértices invisibles
congregan el primer hecho, en lo que
vendría ser en el futuro, un estilo
independiente, con influencias
surrealistas como la de César Moro,
André Breton, Javier Sologuren y
Jorge Eduardo Eielson; a lo que ya
nos tiene acostumbrados en la
actualidad el poeta.
Esta noche tengo el placer
abismal de presentar Las
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consecuencias del infierno, del
escritor Jack Farfán Cedrón.
El libro inicia con los
siguientes versos: “No somos series,
números, abominables repeticiones
espantosas rebotando en las paredes
de aterciopelados salones”. Existe una
negación predominantemente
vertiginosa hacia elementos
matemáticos, causantes, por su
misma naturaleza, de una infinita
propagación de caracteres. El autor,
en estas primeras líneas define al ser
humano como una no repetición de
características aritméticas, sino
también hace referencia a una
antropófaga costumbre filosófica del
hombre por volver a sus recuerdos;
envolviendo al lector a lanzarse en la
aventura de diseccionar todas las
muestras desconocidas y ocultas, que
el autor ha decidido encapsular con
diversos elementos literarios en los
subsiguientes versos de su libro Las
consecuencias del infierno. Se
encuentra plagado de recintos de
ascendencia a la perfección,
demostrando que el autor ha
cultivado a través de los años una
sintonía dialéctica de absoluto
equilibrio, creando magnificas
metáforas en cada una de las
contraposiciones que él exhibe entre
la realidad, como subyugante
primordial de su poesía. En la misma
página, donde encontramos los versos
anteriores, brotan las siguientes
líneas: “Apártate. No existes porque
yo lo digo, no existes porque no me
ves y punto. / Abomino de los rezos,
de las moscas de salón, de los pavos
reales. / Abomino de mi existencia, y
de la singular forma de expresarse
que tienen los devotos de una
inconciencia voluntaria, el sinsentido.”
En estos versos deduzco que
el autor llega a ser un invisible
individuo sumergido en la atmósfera
de interrogantes y constantes del yo
consciente; asumiendo al fin literario
la categoría de enfrentarse a la
existencia y arrebatar su estructura
ósea como sustento indefinible del
tiempo. También encuentro una
sublime forma de enfrentar a los ritos
religiosos, usando la congruencia del
no existencialismo, ya practicado por
Rimbaud y Verlaine, donde Farfán,
con un zigzagueante estilo, opta por
condensar estos elementos y
convertirlos en una contundente
hondura primordial de la
inmortalidad.
La existencia se convierte en
un factor de primordiales artefactos
en la poesía de Jack Farfán; las más
audaces escaramuzas entre él y el
existencialismo, juegan una metódica
secuencia de naufragios incesantes
anclados en islas desiertas llenas de
seres sorprendidos por un indefinible
y modesto aroma de constancia y
libertad en el verso. No es común que
un escritor use la retórica, como una
herramienta proporcionada de la
estética; y que se desenvuelva con
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mucha osadía en cada una de las
líneas de los versos. En Las
consecuencias del infierno, analizo
criterios de profundidad filosófica,
muy bien conjeturados con un
desarrollo del tema de alturado nivel
en su estructura.
En la página número nueve
del libro, nos encontramos con un
compendio de párrafos escritos en
prosa, titulados “Poesía”; y como
atributo furtivo de los gustos del
autor por la música, ha sido dedicado
al gran compositor argentino Gustavo
Cerati. Las primeras líneas rezan de la
siguiente manera: “Planear el vuelo de
la hoja, seguirla con los ojos por el
aire transparente, que todavía no
nombra lo que toca; recurrir al
destino caído o cayendo de la hoja,
grávida, gravedad de lo existente; su
destino de seguida, de signada por la
mirada que la acciona, que la mueve
y que la sigue cual un viento
envilecido”. En estos versos
encontramos una estrecha
musicalidad entre sí, proclamando
escenarios melódicos con agregados
semánticos, ofreciendo diversas
descripciones atónitas sobre el
destino, sobre el movimiento de la
naturaleza, y el enlace enfático origina
la música como la causante de dar
vida a los seres en la Poesía. Luego
encontramos los siguientes versos: “Y
el pensamiento nace en una palabra
callada, en su imagen, la escena
imperecedera de lo redentor, de lo
establecido, no por leyes, sino por
sorpresas, magnéticas nombrándolo
todo, designándolo como al
transcurso, como al vuelo dechado de
la hoja, por silencios designando lo
propuesto, por una irracionalidad
mágica, óptica pregunta enarbolando
su mágica sorpresiva, su Poesía
siendo imagen, esencia de la cosa que
es, vuelo de la hoja, dechada imagen
de la paleta creativa, momento
perdurando en su memoria sagrada,
su inocencia transparente, su Poesía”.
El autor sigue, de una manera
tangencial, emanando elementos
musicales, involucrándolos con
vehículos de gran profundidad como
son el silencio, la magia, la esencia, la
transparencia; logrando comunicar
una impermeabilidad consecutiva con
el juego de éstos términos y la
adherencia de gran valor con la
fuerza que tiene la palabra en todos
los estados del yo consciente, ya
mencionados anteriormente. Puedo
precisar que este poema titulado
“Poesía”, es una gran muestra de
trabajo de alfarero, ya que todas sus
partes unidas funcionan como un
sistema musical de grandes esquemas
poéticos.
Queda totalmente sustentado
y comprobado, que en este libro
existe sinfonía, ya que el autor ha
sometido a prueba la capacidad literal
de las contraposiciones y de las
metáforas, creando versos auténticos,
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manteniéndose la identidad del autor
en libros anteriores a este trabajo.
En la página número ochenta
encontramos el poema que lleva por
nombre “En el instante escindiendo la
línea que se pierde”, donde inicia de
esta forma: “El instante precedente al
parto/ es ya un éxtasis, / la
culminación del alumbramiento/ es
un orgasmo, / todo acto violento
implica el regusto sadomasoquista de
la bestia y la víctima/ al mismo
tiempo que la risa eclosiona una
creatura de oscuro y frío ritual que se
existe;”. El autor admite una
veneración ante las formas eróticas
que precede el alumbramiento, al
igual que percibe al orgasmo no sólo
como una expulsión genital
propiamente dicha, sino que hace una
contraposición sobre la dicha de
existir; luego, Jack Farfán traza una
línea transversal en sus versos y
proclama, mediante acciones
violentas, el asentamiento de dos
técnicas conocidas en Europa, como
son el Eros y el Racer;
contraposiciones que acuden a jugar
con los antónimos, y explotan el
ingenio sobre cualquier tema de
erotismo que pueda exponer el autor.
El Marqués de Sade, inventor de estas
técnicas libres y de complicación
intelectual, pero gustosas en la
literatura, al igual que nuestro autor,
elevó al erotismo en todas sus formas,
volcando un nuevo universo de signos
que no sólo se comunicaban con la
sensualidad y pasión, sino con el
raciocinio y con la vehemencia.
Jack Farfán Cedrón es un
conocedor de la buena Poesía, en los
momentos que hemos compartido,
hemos volcado todo nuestro
conocimiento, y es ahí donde percibo
que la influencia de grandes
escritores, han servido como pilares
fundamentales en su Poesía, pues Jack
es un autor muy creativo e ingenioso
que ha sabido enlazar y luego ha
creado mundos diversos para sus
diferentes Libros. En el poema “Al
injusto paso del ser incalculable”
(Página 90), en los versos siguientes:
“Que puedo hacer ya. Confusión
entre las hojas de hierba. Hervor
Pasado, de hace unos instantes, ruina
de pánico encuentro con el cuerpo
prohibido”. Al igual que el autor de
Hojas de hierba, el gran poeta
estadounidense Walt Whitman, Jack
recoge la frase incalculable y le da
forma en los anteriores versos,
modelando un escenario de acciones
de alto calibre y mencionando de
forma tangencial, pero fundamental,
al erotismo; creando en el lector una
adicción a decodificar todas las
muestras posibles que existen en sus
poemas. Se ha originado un ente de
retroalimentación con el lector,
llegando a niveles de comunicación
insospechados.
Las consecuencias del infierno
ha adquirido una nomenclatura cíclica
y de materia volcánica, fiel a su
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naturaleza que la compone, ya que
condensa ciertos hemisferios de
sensibilidad asombrosa, que hace
comenzar a perdurar en la
trascendencia.
Dejemos que el infierno y sus
consecuencias, traigan consigo a todas
las creencias y ritos a que nos
adhiere; inventemos con sus cielos
adversos y diafragmas oscuros, el real
sentir del infierno, propagado por
todas las alteraciones y éxtasis a que
sólo nos puede llevar la literatura.

















Hermann Hesse
El juego de los abalorios

Jack Farfán Cedrón
________________________________
Hermann Hesse. El juego de los abalorios.
Traducción del alemán por Mariano S. Luque,
reproducida por autorización de Aguilar
Ediciones S.A. Alianza Editorial, 2007. 590
págs.
________________________________

Hermann Karl Hesse
(Alemania, 1877–Suiza, 1962),
novelista y ensayista, que también
arriesgó un pequeño tomo de versos
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que un conocido librero le editó en
1898: Canciones románticas. El
aprendiz de librero, quien publicara
en 1922, Demian
1
, entre varios
empleos, llegó a librero asistente,
granjeándose un sueldo significativo,
que le permitiría dedicarse a escribir,
prescindiendo de la manutención
progenitora.
En sus inicios, el joven
Hermann leyó a los románticos
alemanes. Clemens Brentano, Joseph
von Eichendorff, Novalis, quienes
ocuparon sus obsesiones bibliófilas.
Su oficio lírico no cejaría entusiasmo,
cuando al año próximo de aparecido
su primer legajo de entusiastas
poemas, publica en 1899, Una hora
después de la medianoche. Pero este
oficio seguramente no dudaría en
desalentar sus primeros logros
literarios, que obviamente se
empolvaron en los anaqueles de su
también editor Eugen Diederichs,
quien a pesar de ello, acusaba talento
nato en el entonces muchacho cuyo
mundo tenía una marcada influencia
del pietismo suabo; tanto que su obra
de inicios fue saludada por Rainer
María Rilke, lo que lo consagraría
desde entonces como un renombrado
entre los escritores de la época.
Sus lecturas ocupaban
universos paralelos al tormento como

1
En su primera edición, Hermann Hesse utilizó el
seudónimo de “Emil Sinclair”, nombre del
narrador y protagonista de la historia, pero Hesse
reveló luego ser el autor.
http://es.wikipedia.org/wiki/Demian
transcurso de las obras geniales
legadas a la humanidad, por grandes
maestros: Schiller, Goethe, o Lessing,
los mismos que influyeron su obra. Se
empapó también de literatura
teológica, aparte de toda la saga de la
mitología griega. Hasta que en 1896,
una revista vienesa publica un poema
suyo, Madonna.
No es sino hasta 1931 en que
da comenzó al proyecto de su última
gran obra, titulada El juego de los
abalorios, publicada en Suiza en 1943,
de la que doce años antes publicó un
relato en progreso, El Viaje a Oriente
(1932), misterioso alegato del viaje
interior que el ser emprende a través
de una ficticia Hermandad, en la
precisión del Uno, como ente
equilibrado al flujo sensorial de las
corrientes, de camino hacia la
perfección espiritual, recorrido asaz
permanente a lo largo de toda su
obra.
Hesse estaría en desacuerdo
con la Segunda Guerra Mundial, con
la evolución alemana, reseñando así,
en diarios y revistas, su defensa hacia
los judíos, asunto que en 1930
originara que ningún periódico
alemán se arriesgue a publicar
artículos suyos. Como refugio ante
estos altercados políticos, cruciales
para la historia destructiva de la
humanidad, no le restaba sino
embarcarse en su gran y última
empresa editorial, El juego de los
abalorios. En adelante, posteriores
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textos de mediano o pequeño aliento,
diezmarán las huestes de su
creatividad, muriendo en 1962, en
Montagnola, de una hemorragia
cerebral acaecida durante el sueño.
Ya casi había terminado la
odisea de vivir de lo que escribía,
para el maduro alemán, mentor del
muchacho Siddartha. El oficio de
registrador bibliográfico le dio el
talante de quien se aísla frente a un
oleaje sin tino, deslucido por la
simbología que los colores deparan en
la guía onírica del curso rectilíneo del
hombre, mientras el panal mundano
acaece, el sentido real de una obra en
la que igual se elucubran afonías de
lo que más tarde acercará ser la obra
total, delineada ya en símbolos que el
transcurso de lo escrito delimita,
hacia la real apariencia que la
memoria padece.
El refugio pueril de una
institución para niños lo acoge en
Basilea. Episodios, en fin, borrascosos
para su salud mental, lo llevarían, a
los 14 años, a amainar en un evento
depresivo, que a posteriori le insinúa
la simbología de aguas depresivas,
que a lo largo de su obra llegarían a
feliz suceso, tras la muerte de sus
paradigmas, que a través de la muerte
daban pie imperecedero a la
iluminación del ser sublimado; ello lo
evidenciaba en una carta suicida, de
su puño y letra, fechada en Marzo de
1892; significando este lance siniestro,
acaso una mano afable que le haría:
“partir como el sol en el ocaso”. Hasta
que en Mayo, detenta un primer
intento por la autoeliminación; por lo
que sus familiares se ven obligados a
ingresarlo al manicomio Stetten im
Remstal, situación que más tarde le
conmina a analizarse con I. B. Lang,
discípulo de Carl Gustav Jung
2
, quien
lo introdujo al mundo de los
símbolos, latente en él desde sus años
pueriles. Hacia la edad madura, el
escritor alemán, haría contrapunto
amical con el psicólogo de El secreto
de la flor de oro,
3
en el libro de cartas
El círculo hermético
4
, con el que un
apasionado Miguel Serrano, “un joven
escritor desconocido, venido del
último rincón del mundo”
5
traba
amistad con Herman Hesse, llegando
incluso éste, a publicar una carta suya
en el principal diario de suiza, a la
muerte del psicólogo, C. G. Jung.
Rayano en un compendio
totalizador, El juego de los abalorios
consciente en su concepción, acaso
un Aleph en cuyos subterfugios

2
Carl Gustav Jung. (26 de julio de 1875, Kesswil,
cantón de Turgovia, Suiza - 6 de junio de 1961,
Küsnacht, cantón de Zúrich, id.).) fue un médico
psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, figura
clave en la etapa inicial del psicoanálisis;
posteriormente, fundador de la escuela de
psicología analítica, también llamada psicología
de los complejos y psicología profunda.
http://es.wikipedia.org/wiki/Carl_Gustav_Jung
3
Carl G. Jung.
4
Miguel Serrano. EL círculo hermético: Herman
Hesse. C. G. Jung - Cartas originales de dos
amistades. Argentina, 2007.
5
http://books.google.es/books?id=w0SogOeH2Z
IC&lpg=PP1&dq=El%20circulo%20hermetico&h
l=es&pg=PA4#v=onepage&q&f=true
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caleidoscópicos, convergen, tanto
mundos abismados, como la
civilización completa o la degradación
de los valores y las cosas en estado de
latencia gravitante. El juego de los
abalorios es en sí esencia propia, fanal
humanístico y milenario que trata de
encapsular los ideales de
conocimiento y perfección espiritual
que Hesse delimitó durante toda su
obra anterior a ésta; y que, en parte,
significó el mayor reconocimiento que
escritor alguno pueda recibir, el
Premio Nobel de Literatura, en 1946.
Amo de un discurrir
subconsciente, a través de la muerte
física de sus personajes, Hermann
Hesse afronta los prolegómenos de un
gran viaje subjetivo a que el hombre
se ve encaminado, como por ahogo, a
través de las profundidades del flujo
sensorial, por las que los ríos
interiores alejan al ser desprendido en
decurso astral, abandonando el
mundo terreno.
Tramada a lo largo de una
Orden, ideal del rescate del
conocimiento humano, la mítica
Castalia, El juego de los abalorios,
conceptúa un paradigma humano
capaz de sobreponerse a todas las
adversidades que obstaculicen la
perfección en la obra de un artista
puro, que lejos de diezmar su
carácter, se sirve justamente de esta
serie de obstáculos para tejer una
obra descomunal, a través de un
desarrollo sistematizado, por parte
del protagonista, José Knecht, de las
facultades mentales y estéticas
convergentes en un supuesto ábaco
intelectual, donde música y
numerología emparentan, a
gradaciones ensimismadas, el ideal del
conocimiento absoluto, el ludens,
materia y juego, pasando por
diferentes logias y estados de
autodisciplina, hasta encaminarse en
la verdadera saga que la estética y el
rítmico anclar de la Obra absoluta
significan.
Emparentada con una
abstracción ficticia, volátil, que sus
concepciones acerca de la naturaleza
instintiva, humana y a la vez el
propio juego de la creación literaria,
El juego de los abalorios sustenta a
grado lúdico, la amenaza avasallante
del gran magma de los
conocimientos, que, bajo la
concepción de lo ilimitado que el arte
traduce, jamás empieza, jamás
termina; un proceso desmintiendo
toda aproximación que exhorta al
suicidio de la página en blanco; pero
a la vez esa matambre sérpica,
bifronte, arraiga nuevas formas,
ahonda en los recovecos que
imperceptibles variaciones detentan
en la escritura comprometida con la
belleza en sí, lejos de varia
concepción ajena a la torta literaria.
Una panorámica entre el nexo
estético y a la vez un compromiso
intelectual de su época, que el autor
de El lobo estepario (1927) vive,
Revista Kcreatinn – Creación y más
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disconforme a las nivelaciones
culturales que la siguiente generación
deba necesitar de esta última, ya
situada en el ocaso que legó a la
humanidad. Mundo girante, pleno del
perfeccionismo matemático que el
arte más completo, la música, puede
crear a través de una conexión con
las matemáticas, cobrando así
vigencia próxima a la síntesis
enciclopédica de Borges, como a la
calidad ensayística de un esgrimidor
minimalista del conocimiento
absoluto, que a través del modelado
de sus personajes-ideal, del hombre
absoluto, da pautas preconizadoras, a
precisión ritmada, con que avanza la
belleza, que todo autor debiera
buscar, aun circunscripto en
asperezas que la masa y los deslices
anímicos como contrapunto de
alguna historia arbitraria pueda
sortear, hasta dar cauce en un
desenlace optimista de la obra
subvertida al proceso, total, no sin un
descuido que la moralina debiera
experimentar en los escritores de
flujo narrativo más que de
enseñanzas, que el objeto de la
escritura, a manera de universo
milenario pueda crear, auscultando la
visibilidad cósmica que el elemento
creado en sí, supuso siempre, a lo
largo de toda la faena que el arte por
el arte pueda significar, motivo de esa
búsqueda por ahogo a que siempre lo
llevaron sus trágicos finales,
empapando a sus héroes
protagonistas, de eventos cuasi
suicidas, que partieron de una
acumulación de conocimientos
hinduistas y simbológicos, también
presentes en sus ensayos, así como en
el imborrable recuerdo del suicida
adolescente que macularía su postrer
proceso creativo, inundado de
tropiezos psicológicos, que al final
terminarían con el prolífico escritor, a
los 85 años, con ese discurrir
hemorrágico en que el río cerebral
detiene, de cara al desarrollo
iluminado de la perfección vista como
el fluir de elementos gravitantes en el
curso cósmico y universal de la
totalidad de eras proscritas al
hombre.
Tras la publicación de El
juego de los abalorios, su creatividad
se vería desgastada, produciendo en
adelante relatos y una miscelánea de
escritos, poemas, correspondencia y
relatos, ya no ubicua en una obra tan
vasta como la antes citada.
Hacia el año 2400, la
civilización posterior al siglo XX, y
tras numerosas guerras y cruentos
episodios que diezmaron milenios de
cultura y civilización, se crea una
orden, en la mítica Castalia, una
supuesta cofradía académica que
trataba de rescatar la cultura y los
valores como un elemento aislado de
la historia, cuyo advenimiento del
Tercer Reino en el espíritu
evolucionado del hombre, confluye en
la unificación de todas las eras
Revista Kcreatinn – Creación y más
14

milenarias del hombre, y en la que el
trasvase de la religión llevaría a
organizar sus conocimientos en torno
a un juego de tintes musicales y
matemáticos, el juego de abalorios,
base y giro del contexto narratológico
que nos ocupa.
Un ensayo introductorio en el
que se describe la era folletinesca,
hacia 1900, como culpable de todos
los desafueros que terminaron con la
cultura y los valores, evidencia una
realidad aparentemente equiparable
con la actual guerra de publicaciones
que inundan de manera irresponsable
los anaqueles de la frivolidad y el
consumismo. La época folletinesca,
que consistía en la desmesurada
producción de los más disparatados
ensayos, digamos sobre la vida
artística o de la nobleza de aquella
época, o peor aún, hechos banales o
superficiales, traducen una era
decadente e industrial en la que
primaba la producción de una gran
cantidad, a escala industrial, de
material folletinesco, el cual era
devorado, a manera de comidilla
subrepticia, demandada casi al tiempo
de girar en las rotativas de imprenta.
Una producción de libelos de manera
irresponsable, sobre los más disímiles,
trillados y disparatados temas que la
ociosa creatividad friccionaba a lo
largo de los reinos onanistas de una
escritura basada en estímulo fetichista
más que en disciplinada faena
estética. Entre los hallazgos de una
época de esplendor, pasada y
desfasada a la vez, por la cantidad de
escritos propalados en nombre de
una supuesta premura por saldar
cuentas con la civilización que ya
aplastaba otra cultura venidera, se
encontraron algunos otros, en el
anticuario de legados milenarios,
entre los que destaca este cacareado
tesoro musical.

«El hallazgo de los once manuscritos
de Juan Sebastián Bach entre los
bienes que habían sido propiedad de
su hijo Friedemann».
6


El segundo bastión de
resistencia contra la degeneración fue
la Liga de los Peregrinos de Oriente.
S. Bach. Silbermann
7
construyó un
piano tan idéntico a los que el gran
maestro dedicaba sus iluminaciones
musicales In albis. Institución
mentora de la perfección de la ciencia
musicológica, sería la Universidad
Musical de Colonia, cuyo alarife y
mentor se alzaba en el insigne
maestro Bastian Perrot de Calw,
teórico y regente del arte de la
música.
Lodovicus Crudelis, quien
tradujo al griego y sánscrito todos los

6
Hermann Hesse. El juego de los abalorios.
Traducción del alemán por Mariano S. Luque,
reproducida por autorización de Aguilar
Ediciones S.A. Alianza Editorial, 2007. 590 págs.
pp. 28.
7
Famoso constructor de pianos de la Corona de
Prusia, contemporáneo de Johann Sebastián
Bach. (N. del T.) pp. 29.
Revista Kcreatinn – Creación y más
15

textos que conocemos de los antiguos
egipcios, por espacio de tres años; o
el cuasi milagroso Chattus Calvensis
II, a quien le tardó legajar, en IV
infolios, la obra La pronunciación del
latín en las universidades del sur de
Italia, hacia fines del S. XII. Es así que
el transcurso evolutivo signaba ser
arte y conocimiento, tendientes a
converger en la “flor de la totalidad”
—juego de los abalorios— que sería
justamente un sistema iluminista
basado en la música de las esferas
celestes, pero transcripta a escalas de
pentagrama e iconografía en la que
sería vago aventurar un sistema
lexicográfico sustentado en el azar de
las ciencias matemáticas,
combinatoria de un azaroso supuesto
en que maniqueos discípulos (en un
principio), a lo largo de una especie
de estilo impío, acogido por sus
condiscípulos de la Eschholz, quienes
estudiaban, ensimismados en aquel
santuario académico, donde, entre
otras múltiples disciplinas, los
instruidos secuaces apuntalaban
regias costumbres de un
experimentado y llegado a buen
puerto, Magister Ludi, los mismos
que debían llegar al auspicioso nivel
de fraguador de todos los ritmos,
centro de centros, un juego, especie
de ábaco iluminista apostillando el
inusual y delimitado ritmario, que
otrora la armonía pitagórica disponía
en fraseos que un arte poética de la
música contenía, alternando a lo largo
de notas musicales, encauzadas a lo
largo del espejo mental en que se
traduce la perfección matemática
suscripta a cada radio planetario que
—cerca o más aproximados—,
ocupan los astros en la cercanía dual
de los dioscuros mortales, de más
perfectos registros musicales que
mente alguna haya legado, por obra y
gracia filosófica, perdurando más de
mil años, y por la que, a través de
fatigadas reencarnaciones y cambios
de carácter a través de disímiles
pruebas en las escalas del
conocimiento, se llegaba a tal grado,
ludens, amo de todos los juegos,
convergidos en un solo Gran Juego
milenario.
Pero no es sino hasta la obra
citada, en que la voz de Hesse
adquiere hálito universal en las letras
germanas. Ya en 1927 había expuesto
en El lobo estepario el recato interior
que un espíritu semi-erudito confluye
en su filtro fantasma, ser
atormentado en el que converge,
mágicamente un aterrador
espectáculo existencial a que su
protagonista, Harry, se ve acentuando
más su espectro de autoexiliado, de
radical y testarudo ermitaño de la
sabiduría, que pasó y asimiló el
comportamiento instintivo a que la
periférica de extramuros de la droga,
el alcohol y el sexo, pasando por
escisiones que el espíritu y el cuerpo
delimitan, filtraría a una eventual
dualidad que el disconforme humano
Revista Kcreatinn – Creación y más
16

avizora tras un comportamiento que
únicamente el ser totalmente
dedicado a la esencia artística trata de
abolir, concentrándose únicamente en
la perfección que ello representa.
Consecuentemente, y
obedeciendo a lo implantado por
determinado sistema, si José Knecht
discurriera su esporádico espectro
por este mundo igualmente fantasma,
se lo tomaría por un idiota lúcido
más que por un purista razonable.
Peor aun, llagado por las críticas de
auspiciosas cofradías artístico-
académicas, asistiríamos al
desmoronamiento redentor del único
Magister del juego interior que
redima a los hombres. Es dramático,
pero en un mundo banalizado, es
posible que suceda no sólo esto. Si
vilmente crucificaron al redentor de
almas, más dando paso a la
animalización que al objetivo
redimido, qué podremos esperar de la
lucidez artística propalada en pro de
una cultura refinada, de la perfección
musical en este sacro caso, a miles de
caballos, de trombas de fuerza
igualmente, insensatamente regulando
una máquina humana a la que todos,
menos uno, echan arena en lugar de
gasolina para su real o distendida
función en detrimento del promedio
antropoide mundano, ignorante en
pleno juicio de los sentidos que jamás
desarrolló, porque las limitaciones
fueron la guía de orden que los
adultos imponían.
El grado de magister musicae
recae en un ducho especialista que
forja de a pocos, ensayando el soplido
incipiente, instrumental, pero que
igualmente extiende territorios
futuros hasta llegar a la perfección
musical que la práctica representa. A
través de artificiosas rutas que le
depara el destino académico, José
Knecht representa aquel defectuoso
proceso que la irrealidad sustentada
como acto artístico significa en un
proceso humano, que lejos de
significar evolución nos abisma entre
chatarras informáticas y procesos
mentales que se guardan
compulsivamente en anticuarios
donde la información descansa el
sueño de los olvidados.
La memoria, hasta este punto
crucial y cíclico representa en el
actual dechado humano, una
invención que el presente táctil cubre
de bienestar innato al consumismo y
a los placeres turísticos de la mente
ocupada en comunicarse, más que en
depurar los signos gestuales que
alegan el precioso ritual que el
instinto representa en los todavía
androides que ya han dado paso a la
réplica biogenética del superhombre,
y que no descansará hasta dar con
ese espécimen que la productividad y
la perfección insípida requiere: un
laboratorio con miras a perpetuarse a
punta de insomnio en serie, sin
tregua ni aceitado de la máquina;
para que todo ajuste en ese altercado,
Revista Kcreatinn – Creación y más
17

o máquina inventada que será el
mundo futuro, cuando todo lo burdo,
lo instintivo y lo sensible, no sean
más que conmociones inscriptas en
fractales matemáticos o cajas que
leerán, no a mucho trecho de esta
actualidad, la mente que una pantalla
de conmutador imprimirá en extrañas
grafías, parecidas a las manchas que
evidencian verdaderas obras de arte
del desquicio, de la replicación
biogenética por modificación nuclear
con micro procesos in vitro. El
hombre habrá muerto de sensaciones
entonces. Y se dará,
irremediablemente, paso a la máquina
perfecta, en todas las estaciones y
reinos del mundo subceleste.
Un juego medieval, si se
quiere, una broma macabra que
ningún vikingo asalariado de este
reino vertiginoso con la cornamenta
bien puesta y ebria soportaría
durante el llano en pesadillas a que se
vería sometido su cerebro, si de
representar la pérdida moral del
mundo se trata.
Pero el aprendiz es paciente.
A medida que sus pasos avanzan por
los cendales del conocimiento,
mezclado a la precisión lógico-formal
que este juego de abalorios significa,
más se centra en, digamos, un
método, una sistematización que va
anotando sigilosamente aplicado en el
memorial distendido de lo que el
proceso mental pueda acumular
dentro de los límites maestros del
proceso en sí, más que en la
culminación del producto artístico
seriado, tangible, si se quiere darle
lado al megalómano fetiche del héroe
refinado en cuestión que cizalla lo
perfectible, acaso alcanzable si el
talante poderoso gana terreno en la
mentalización de todos los actos.
A medida que aprende, José
Knecht es paciente, ausculta no sólo
la abstracción a que se ve limitada
muchas veces la disciplina en
cualquier arte, formateado a la lógica
formal y también al modelo del
método científico con que la ciencia
ha llevado a buen puerto a todos sus
estados de gracia, a sus tormentos,
encapsulados en una sola cota
espiritual, el blando estigma que es
códice, menos ruina numerológica
detentada a un infinito de variaciones
que no dan pie a puerto cristalizado,
encumbrados hasta entonces a la
magnanimidad que el arte exento de
errores representa; a que se resume el
gran cometido del hombre, que si
bien no confabula coincidir con el
proyecto que el Creador tiene para
los seres, al menos se aboca al
bienestar espiritual que la simpleza a
lo puro, a lo esencial, a lo poético,
nos remiten, rodeando todos nuestros
actos y penurias al centro de los
centros, ese Nirvana y auto-encuentro
que todo prototipo racional e
incipiente busca desde su primer
berrido, materia y drama de toda la
existencia subsiguiente, que equivale
Revista Kcreatinn – Creación y más
18

al instante dichoso que toda cuestión
representa, musicalizado en el ritmo
cósmico de la música perfecta,
esencia o signo humanos alrededor
del cual giran todos los actos
imperecederos.


Música de las esferas celestes

«Según Pitágoras, los radios de las esferas
giratorias, sobre las cuales se mueven
circularmente los astros en su giro en
torno a la Tierra, están relacionados entre
sí, tal como lo están las cuerdas de un
instrumento musical. Así, las distancias
entre los cuerpos celestes deben
corresponder a las longitudes de las
cuerdas que dan las diferentes notas al
sonar. Al suponer que todo el espacio
está lleno de aire, la consecuencia directa
de todo ello es que, al desplazarse por ese
espacio, los astros producen diversas
notas musicales que dan lugar así, a la
llamada música de las esferas celestes,
sonidos procedentes del espacio que los
pitagóricos creen que se pueden escuchar
en las noches muy serenas
8
».

«El sabio griego Pitágoras pensaba que la
música era el espejo o pálido reflejo de
una melodía perfecta oculta para los
mortales, creía que detrás de la
apariencia del mundo, existía una
perfección matemática, descubriendo una
relación entre las escalas musicales y las
matemáticas, pensaba que esta se
manifestaba también entre los planetas,

8
Artículo científico publicado para
Astrociencia.com, por Juan Miguel, 3 de abril de
2012.
http://www.astroyciencia.com/2012/04/03/la-
musica-de-las-esferas-celestes/
que los antiguos creían se desplazaban en
esferas celestes.
Él señaló la existencia de una
música de las esferas, que los planetas
emitían de acuerdo a la esfera que
ocupaban en el cielo. Las esferas cercanas
daban tonos graves, mientras que las
alejadas ofrecían tonos agudos. El sonido
resultante era el de una hermosa
armonía. La idea pitagórica sobre la
música de las esferas persistiría por más
de mil años, hasta la edad media y
principios del renacimiento.
El astrónomo Johannes Kepler
9
,
descubridor de las leyes que gobiernan el
movimiento de los astros en el universo,
postuló en su obra Harmonices Mundi,
(La armonía de los mundos) que un astro
emite un sonido que es más agudo si su
movimiento es más rápido y a la inversa.
Él escribió “La Tierra canta Mi, Fa, Mi:
Puede deducirse de estas sílabas que en
nuestro hogar podemos esperar miseria y
hambre (fa-mine)”. Tan convencido
estaba de la existencia de esta música
universal, que afirmo: “El movimiento
celeste no es otra cosa que una continua
canción para varias voces, para ser
percibida por el intelecto, no por el oído;
una música que, a través de sus
discordantes tensiones, a través de sus
síncopas y cadencias, progresa hacia
cierta prediseñada cadencia para seis

9
Johannes Kepler (Weil der Stadt, Alemania, 27
de diciembre de 1571 - Ratisbona, Alemania, 15
de noviembre de 1630), figura clave en la
revolución científica, astrónomo y matemático
alemán; fundamentalmente conocido por sus
leyes sobre el movimiento de los planetas en su
órbita alrededor del Sol. Fue colaborador de
Tycho Brahe, a quien sustituyó como matemático
imperial de Rodolfo II. En 1935 la UAI decidió
en su honor llamarle «Kepler» a un astroblema
lunar.
Revista Kcreatinn – Creación y más
19

voces, y mientras tanto deja sus marcas
en el inmensurable flujo del tiempo.”»
10



Al respecto, queremos dar
cuenta de un precioso hallazgo, una
pieza poética inspirada en dicha
música que el interior humano
sincroniza con esos vagos
instrumentos giratorios que habitan
las constelaciones como búsqueda
interior que durante toda su obra
dirigida para adolescentes, según la
crítica, que ya nada podía hacer ante
ese “gran tema de Hermann Hesse: el
alma inquieta al acecho de sí misma
(...) espíritus rebeldes, sedientos de
libertad, en búsqueda de la felicidad,
sea lo que ésta sea. Y si hay una
misión en los libros de Hesse, es ésa:
intentar describir el camino”
11
que
emite…


LA MÚSICA DE LAS ESFERAS CELESTES

A un libro oí decir con letras,
aquello de una cierta teoría
sobre planetas y estrellas
que producen sonidos según sus distancias.
Música de las esferas celestes, decía.


10
“FRACTAL: La música del cosmos”. Andrés
Eloy Martínez Rojas, para
El Universal. Jueves 15 de mayo de 2008
http://www.eluniversal.com.mx/articulos/47050
.html
11
Hermann Hesse, “Un lobo estepario”, por
Hernán D. Caro | Para LA NACION. Lunes 20
de agosto de 2012.
http://www.lanacion.com.ar/1500732-hermann-
hesse-un-lobo-estepario
La experiencia sobre tu corazón y el mío
me dice que mientras más remoto está un
cuerpo del otro,
más grave y notorio es el sonido.
Contrariamente,
dos cuerpos cuya distancia es tan nimia,
(como un cabello en el universo)
emiten un sonido agudo,
casi casi tan imperceptible,
que parece que esa distancia entre dichos
cuerpos
casi casi fuera nada,
haciéndolos parecer un solo ente.

Con una música de esferas celestes,
escribiremos la Teoría de la eternidad:
Recorrer el universo,
danzando sin parar a través del tiempo.
Porque a partir de ahora, cuando hable de
futuro,
sabrá tu corazón que digo para siempre
12
.

Como primera faceta, llegar al
I Jing, oráculo manejado con tallitos
de milenrama, que el ya
experimentado José Knecht, de 34
años, entre traslúcidos y dorados
destellos que despedían las carpas en
el lago oscurecido, aminoraba la
aproximación del Libro de las
metamorfosis, transmisora, a través
del rítmico origen, de una especie de
Filosofía Iluminista, cuya tonalidad
Tsing-Chang y Tsing-Tse, cantada, a
manera de gradaciones diabólicas por
los aedas, quienes las pregonaban
entonces, a guisa de enemigas
celestiales; por antonomasia,

12
Poema alojado en el blog: “Lejos de todas
partes”.
http://lejosdetodaspartes.blogspot.com/2010/03
/la-musica-de-las-esferas-celestes.html
Revista Kcreatinn – Creación y más
20

herederos de “la música de la
perdición”, fuertemente asignada a la
caída estrepitosa de los muros de
castillos de los reyes, sangrientos, y
una tempestuosa que la maldición
regia desata, como tabú que sus
majestades del Gran Castillo Real
subsumían tras púrpura
indumentaria. Cabe citar unos
pasajes, ante la inminencia de que
transcribirían, a la vez que
tenebrosas, miasmas, del libro
Primavera y Otoño, de Lue Bu We:

«El nacimiento de la música se remonta
muy atrás en el tiempo. Tiene ella origen
en la medida y arraiga en el gran Uno. El
gran Uno procrea los dos polos; los dos
polos engendran la fuerza de la oscuridad
y de la luz».
13


«Cuando el mundo queda en paz, cuando
todas las cosas están en calma, cuando
todas siguen en sus mudanzas a las que
les son superiores, la música cobra
integridad. Cuando los deseos y las
pasiones no andan por falsas vías, la
música se hace perfecta. La música
perfecta tiene su causa. Proviene del
equilibrio. El equilibrio emana de lo justo,
lo justo procede del sentido del universo.
Por eso, sólo se puede hablar de música
con un hombre que ha llegado a conocer
el sentido del universo»
14
.

Habría que dejarse llevar por
las nubes blancas, no resistirse a ese
rayo, ora azul, ora rosáceo, nimbando
la ventana.

13
Op. cit., p. 31.
14
Op. cit., p. 32.
El grueso de lectores que
abarrotaban la vivienda de Hesse con
el letrero de ‘Nada de visitas’ tras la
recepción del Premio Nobel de
Literatura en 1946, lo remarcaban
como el huraño que pese a esa
esteparia actitud, podía, en efecto,
halar fuerzas para responder las
cartas y atender a lo menos unos
ochenta admiradores por día, “y de
intentar darles algo de lo que ellos
suponían que él había encontrado”
15
.
Desde 1973 iba cobrando
fama en las obras de Hesse, lo que
precedía —al ver del mismo autor—,
un acucioso estudio del I Ching, más
que los Upanishad y los Vedanta,
libros que también son capaces de
transformar un destino. El fin de los
mundos terrenos trocando la caída
subrepticia del cuerpo dando
fulgurada parte al espejo de agua, en
que el joven Siddartha o el
persistente José Knecht hunden solaz
precipicio para sus espectros
redivivos, inmortales.
El paso a la inmortalidad a
través de la muerte física del hombre
es un tema cuya simbología de aguas
corrientes ocupó grueso matricial en
la obra del autor alemán, y en gran
parte, en sus obsesiones que
convergían en el dolor como forma
redentora del juicio estético que
como proceso se traza en su odisea
de búsqueda interior que fragua en el

15
Op. cit., Hernán D. Caro.
Revista Kcreatinn – Creación y más
21

ser una purificación, erigido desde las
mismas ruinas de lo padecido.
El paso a otra y calmada vida,
y a través de escalas o contingencias,
al gran llamado iluminista que a la
vera del camino, a todo hombre se le
aproxima, esa luz del precipicio
surcando las profundidades
irreversibles del ser elevado. Marcado
tema, quizá, por ese recuerdo
inescrutable y trágico que el suicidio
significó en Hermann Hesse, a luz al
rojo vivo, estigma indeleble de que
todo arte perdura, aun a suerte de las
vicisitudes mundanas, materia y
discordia de la obra encaminada en el
vía crucis de su proceso, más que de
su perpetuada caída terrena.














Joseph Conrad
El corazón de las
tinieblas

Jack Farfán Cedrón
_________________________________________
Joseph Conrad. El corazón de las tinieblas.
Traducción Emilio Olcina Aya. Editorial Oveja
Negra, 1984. Bogotá-Colombia. 76 págs.
_________________________________________


Amos de la terrible extensión
salvaje que prepara la tierra, los
hombres durante sus cruzadas a lo
inhóspito del viaje oscuro, lesivo en
cuanto las aguas amainan en lo
acometido, surten, a lo lejos, los
Revista Kcreatinn – Creación y más
22

dominios infrahumanos de lo
demencial, de lo macabro.

«Me parece como si estuviera tratando de
contaros un sueño, llevando a cabo un
intento inútil, porque la narración de un
sueño no puede comunicar la sensación
del sueño, esa mezcla de absurdo,
sorpresa y azoramiento en un temblor de
forcejeante rebelión, esa impresión de
haber sido capturado por lo increíble que
es la esencia misma de los sueños…»
16



El corazón de las tinieblas
(1902) traza el parangón literario con
esas obras maestras del horror, de lo
dantesco en contrapunto con el riesgo
que no lleva al extremo del túnel, sino
que lo continúa, en cíclico y pertinaz
(por lo inabordable) sustentado por
miasmas, la bitácora que Marlow, un
capitán de nave perdida en la
arboleda del miedo, aventurado a vida
salvaje, a lo prurito, Congo arriba.

«La propia realidad –para uno
mismo, no para los demás– que ningún
hombre podrá jamás conocer. Los demás
sólo pueden ver la mera apariencia y
nunca pueden asegurar qué significa
realmente.»
17


Riesgoso cómo su doble, Kurtz,
aquel capitán que bajo el nombre de
Konrad Korzeniowski, en El sueño del

16
Joseph Conrad. El corazón de las tinieblas.
Traducción Emilio Olcina Aya. Editorial Oveja
Negra, 1984. Bogotá-Colombia. 76 págs., p. 26.
17
Joseph Conrad, Op. Cit., p. 28.
celta
18
, un treintañero capitán en
retiro de la armada británica, polaco,
recién nacionalizado inglés, y
contratado para realizar trabajos para
la Sociedad Anónima Belga para el
Comercio con el Alto Congo, pone en
evidencia para el nacionalista irlandés,
condenado a la horca por su opción
sexual, Roger Casement, un innegable
optimismo e ideales progresistas en
que luego enloquecería alejado de la
civilización, sucumbiendo al
salvajismo por acumular marfil, ese
mítico tirano de las aguas, que es
encontrado, rodeado de cabezas
empaladas, en un moribundo frenesí
frenético que propalaba “¡Horror
Horror!” a raudales. El tirano de voz
pastosa entra a las aguas del reflujo,
fluía a canto de seres informes, que lo
narran todo con una presunción
monstruosa, en movimientos
espectrales que luego cobran vida,
por un mentor que es doble, narrador
bifronte de atrocidades de las que lo
impávido se concientiza, refluyendo
hasta soplar ocaso, alguna
impredecible aurora de las obras
maestras manando siempre,
independientemente del tratamiento
que le sea atribuido, ni más que una
criptozoología únicamente balada a
voces de ultratumba; fragores, de
entre conmociones lunares que las
selvas encantadas a plena deidad
temporal, inmutan al paso del tiempo,

18
Mario Vargas Llosa. El sueño del celta.
Alfaguara. Lima, 454 págs.
Revista Kcreatinn – Creación y más
23

el polvo de los muertos, el Apocalipsis
permanente, riesgoso, en la penumbra
de fríos visionarios.

«Le vi extender su corta pata en
un gesto que abarcó el bosque, la
ensenada, el fango, el río; parecía lanzar,
con un molinete deshonroso, ante el
rostro de la tierra iluminada por el sol,
una llamada traidora a la muerte en
acecho, al mal oculto, desde las profundas
tinieblas de su corazón. Aquello fue tan
espeluznante que salté sobre mis pies y
miré hacia atrás, hacia la linde del
bosque, como si esperara una respuesta
de una u otra especie a esa negra
exhibición de confianza. Ya conocéis las
impresiones insensatas que tengo a veces.
La alta quietud se confrontaba con
aquellas dos figuras, con su paciencia
siniestra, esperando la consunción de una
invasión fantástica.»
19


Y es que la obra, adaptada en
otro siglo y otro continente, mereció
en el genio de Francis Ford Coppola,
al rodar el film inspirado en la guerra
del Vietnam, pero que eligió como
mapa y transcurso de aquellas
matanzas, al relato largo o novela
corta en mención, la misma que para
Roger Casement, cuyo encuentro con
el escritor en 1903, y tras trece años
de misivas, cuando ya Conrad había
merecido la fama de reputado
escritor, “lo felicitó por su novela
congolesa, El corazón de las tinieblas,
que acababa de leer y que —se lo
dijo— le había removido las entrañas
porque era la más extraordinaria

19
Joseph Conrad, Op. Cit., p. 32.
descripción de los horrores que se
vivían en el Congo. Conrad lo atajó
con las manos.
—Usted debió figurar como
coautor de ese libro, Casement —
afirmó, palmeándolo en los
hombros—. Nunca lo hubiera escrito
sin su ayuda. Usted me quitó las
legañas de los ojos. Sobre el África,
sobre el Estado Independiente del
Congo. Y sobre la fiera humana.”
20


El verdadero pánico masificado
advirtiendo, ya un ciclo, un temporal,
a tenor de un ciclón y ajuste de
cuentas con la civilización y sus
delimitaciones, a lo ardido de los
reinos más inclementes que los altos
del reflujo moral abisman hasta
grados enternecedores del infierno
mostrando sus fauces en la aparente
calma de los rostros ahogados.

«La luna había derramado sobre
todas las cosas una delgada capa de plata:
sobre la densa hierba, sobre el fango,
sobre la muralla de vegetación afelpada
más alta que los muros de un templo,
sobre el gran río, que podía ver a través
de un hueco oscuro, centelleando
mientras discurría, ancho, sin un
murmullo.»
21


Joseph Conrad (Berdyczów,
entonces Polonia, actual Ucrania, 3 de
diciembre de 1857 – Bishopsbourne,

20
Mario Vargas Llosa. El sueño del celta.
Alfaguara. Lima, 454 págs., p. 74.
21
Joseph Conrad. Op. Cit., p. 25.
Revista Kcreatinn – Creación y más
24

Inglaterra, 3 de agosto de 1924)
22
ha
sabido descifrar al flujo de las mareas
silenciosas, el infierno que traduce
música, las notas conscientes que
durante los estados más hipnóticos de
velada pesadumbre, aforan hasta
desembocaduras cargantes no conexas
con el cuerpo helado, no conteniendo
valor, enorme valentía humana
sometida a padecimientos voluntarios.

«Había momentos en que a uno
le volvía el pasado, como ocurre a veces
cuando no se tiene un solo momento que
dedicar a uno mismo; pero volvía bajo la
forma de un sueño inquieto y ruidoso
recordado con asombro entre las
abrumadoras realidades de aquel extraño
mundo de plantas, y agua, y silencio. Y
esa quietud de vida no se parecía en
absoluto a la paz. Era la quietud de una
fuerza implacable que meditaba una
intención inescrutable. Aquello le miraba
a uno con un aire vengativo.»
23


Era flojo que veamos cómo ese
discurrir de estados en rítmico
avance, no conoce queja, sino más
bien salmodias dolorosas, no
reajustadas, reconciliadas, sí; adscritas
a lo tunante, en torno; recovecos en
los cuales, inabordables, asoman
apenas, pesquisas de la conmoción
soportada, amarga, acorde con el
aplauso que el río congolés trasunta
en extensa veladura. Y, cual sino
reconociera el hombre sus tintineos
montaraces, apenas digeribles hasta la

22
http://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Conrad
23
Joseph Conrad, Op. Cit., p. 33.
génesis de lo cuadrumano, diría, en
voz colectiva, esa precipitada dicha
que toda masa en constante braceo
prescribe como suya:

«… Hubiéramos podido imaginarnos
como los primeros hombres tomando
posesión de una herencia maldita que
debía ser dominada a costa de una
profunda angustia y de un trabajo
desmesurado. Pero repentinamente,
mientras nos batíamos en un recodo del
río, en lugar de la breve visión de muros
de juncos, de puntiagudos techos de
hierba, había una explosión de aullidos,
un remolino de miembros negros, una
multitud de manos dando palmadas, de
pies que pataleaban, de cuerpos que se
balanceaban, de ojos que rodaban, bajo la
colgadura de un follaje pesado en
inmóvil.»
24


Dante reservó la música para
el Paraíso; y lo pictórico, de tersura
agraz por lo escultórica, para esos
momentos incesantes, que el
inframundo traduce. Infierno y
Purgatorio equivaldría a todo el relato
congolés que a latidos golpetea una
selva de entrañas mordazmente
vírgenes del fuego hambriento,
salvaje, resonando lo transcurrido.
Pero la música, el rítmico espasmo
tamboril de un millón de manos y
ojos como luciérnagas viscosas
ahogándose en la corriente, deslindan,
en paralelo, el cenáculo azabache de
la animalidad, del canibalismo que no

24
Joseph Conrad. Op. Cit., pp. 34-35.
Revista Kcreatinn – Creación y más
25

salva movimientos ante lo inmutable
que el cuerpo reposa.

«No podíamos entender porque
estábamos demasiado lejos y no podíamos
recordar, porque viajábamos en la noche
de los primeros tiempos, de aquellos
tiempos que se han ido dejando apenas
un signo… y ningún recuerdo.»
25


Conrad pone a prueba la
música interior, dotada por una
energía primigenia de los tambores
africanos que subvierten la
agresividad, que la transculturan
hasta el grado atronador del inglés
mortalmente colonialista, que,
tachado por una civilización descreída
de lo instintivo, de lo salvaje, aterriza
en el vértigo lunar acaecido paisaje
insípido del Congo, rugiendo cabezas
empaladas hasta la locura que
rodeaba la cabaña del fantasma que a
lo largo del viaje adquiere en la
novela grados de mito, de para-héroe
que no caza oportunidad alguna de
redención fanal, y más bien sí de re-
ciclo, de fuga constante por los
feudos espeluznantes de la infinita
calamidad, del hastío redundante.

«Y, fuera, la silenciosa extensión
salvaje que rodeaba aquella mancha
desbrozada sobre la tierra me chocaba
como algo grande e invencible, como el
mal o la verdad, que estuviera esperando
pacientemente la extinción de aquella
invasión fantástica.
26
»

25
Joseph Conrad, Ibid., p. 35.
26
Joseph Conrad, Op. cit., p . 22.

Fantasmas oníricos revelan, a
contrapunto, el paralelo que la ficción
ofrece, hasta la misma extremaunción
deplorable en sus inicios; y,
acometidos por las ruinas vestales de
una pared y follaje, ecos africanos, el
talante que no le exige, que no le
descorre nada al reflujo enrojecido de
la carne impávida, dechado antiguo,
de terco oficio, inderrocable, trasluce
“el modo en que el cirujano se vuelca
sobre el cuerpo, hurga en la herida,
con delicadeza pero con decisión.”
27


«La tierra era espectral. Estamos
acostumbrados a contemplar la forma
encadenada de un monstruo sometido,
pero allí… allí podía contemplarse una
cosa monstruosa y libre. Era espectral, y
los hombres eran… no, no eran
inhumanos. Bueno ¿sabéis? Aquello era lo
peor de todo: aquella sospecha de que no
eran inhumanos. Le llegaba a uno
lentamente. Aullaban y brincaban, y se
retorcían, y ponían caras horribles; pero
lo que a uno le estremecía era
precisamente el pensamiento de su
humanidad… como la propia… el
pensamiento de nuestro propio
parentesco con aquel rugido
apasionado.»
28


Avasallantes son los estados
caóticos en que se centra la historia,
Congo arriba, el río espasmódico

27
Rafael Argullol: “La voz de la oscuridad”.
Sábado 12 de octubre de 2002. Diario El País de
España:
http://elpais.com/diario/2002/10/12/cultura/1
034373611_850215.html
28
Joseph Conrad, Op. Cit., p. 35.
Revista Kcreatinn – Creación y más
26

confluyendo hasta estados amorales,
amnióticos; naturaleza que el hombre
llama sucedáneos bodegones anímicos
del buen comportamiento, en
paralelo, tam-tams que lo arden, lo
avientan al sucesivo galope de
caballos en cruzada por días
inmundos, hasta el transcurso
bifurcado, concéntrico, de lo que
podría llamar “sino al infierno íntimo,
lleno de podredumbre y hedor, lleno
de instinto asfixiante y caótico, del ser
humano”
29
, el fragor más inescrutable
en la noche de los tiempos ardiendo
en un precipicio infernal, a la vez
reconocible, vivificante por la voz
personal que traduce lo virulento,
purificador de la gran metáfora del
mundo, del ser que lo contiene, en
accesos catárticos que los dominios
gritados calman, claman.

«La cosa estaba en que era una
criatura llena de talento, y que, entre
todos sus talentos, el que sobresalía por
encima de todos, el que comportaba una
sensación de presencia real, era su
capacidad de hablar, sus palabras… el don
de la expresión, asombroso, iluminante, el
don más sublime y el más despreciable,
corriente latente de la luz o torrente
engañoso procedente del corazón de unas
tinieblas impenetrables.»
30


“Marlow llega a la costa
africana para encaminarse luego a la
Estación Central y, por fin, a la
Estación Interior como si estuviera

29
Rafael Argullol, Op. cit.
30
Joseph Conrad, Op. cit., p. 46.
renovando el viaje de Dante. Pero sin
la compañía de Virgilio.”
31
Durante
ese infierno interior acaso Kurtz
gritara, desde la voz irrefrenable,
críptica, que encarna el fantasma
mefistofélico, angelical voz de las
aguas, el “agente de la compañía
colonial belga” desaparecido; acecha,
atracción incesante, hacia Marlow, la
voz tenebrosa que su propia
conciencia arrecia durante el
transcurrir del relato: “acecha el
centro mismo de la conciencia”
32
,
desde el orto de las tinieblas, la plana
mansedumbre, lineal, el espectro de
Kurtz, atiborra la propia conciencia
de la oscuridad refrendada por lo
probo que el santuario nocturno
ausculta durante la fijación de las
almas empáticas traduciendo cada
cual su fantasma estentóreo, de
inmundo crimen colonizador.

«Al otro lado de la cerca, el
bosque se erguía espectralmente a la luz
de la luna, y, a través del indistinto
barullo, a través de los desmayados
ruidos de aquel patio lamentable, el
silencio del país volvía a lo hondo del
corazón con su misterio, su grandeza, con
la grandiosa realidad de su vida oculta. »
33


Ninguna pesquisa moral pide
el relator a los lectores, sumergidos
en el decurso de la infamia que no
espejea sino los instintos interiores
que cada fantasma habita en

31
Rafael Algullol, Op. cit.
32
Rafael Algullol, Op. cit.
33
Joseph Conrad, Op. cit., p. 25.
Revista Kcreatinn – Creación y más
27

nosotros, la sábana llena de histórica,
fantasmal agonía; la voz de Kurtz,
afincada bajo ninguna conmoción,
acaso advertida por lo silente
aguándose en músicas reptadas por
conmoción, por espasmódico y
cicatero ritmo permitiendo el claustro
honorífico de todos los horrores
presenciados hasta las fronteras de
masas que asumían a la deidad de
espectros, el suceso de sus propias
cuitas ocultas, marcadas por el paso
de la bestia, a través de un frenético
hasta espasmódico acaecer, presencia
oculta, a ratos la voz del mismo Kurtz
atenazando dudas; Marlow siendo su
propia voz, sugiere el espanto irreal
de lo que ya no da signos de hálito,
entre las aguas balando una cuesta
impenetrable por selvas conscientes
de la huida que no cabe en orden
animal, ni fuego razonado alguno:

«Fijaos en que no trato de
disculpar, ni siquiera de explicar; estoy
tratando de explicarme, a mí mismo…
por… por el señor Kurtz… por la sombra
del señor Kurtz. Aquel espectro iniciado
que procedía de detrás de Ninguna Parte
me honró con su asombrosa confianza
antes de desvanecerse por completo. Y
eso se debía a que podía hablar inglés
conmigo. El Kurtz original había recibido
parte de su educación en Inglaterra, y —
tal como tenía la amabilidad de decir él
mismo— sus simpatías estaban bien
puestas.»
34



34
Joseph Conrad, Op. cit., p. 48.
Tal los héroes depositados al
margen de la línea, de los acantilados,
de los charcos y alcantarillas de una
ciudad desesperada por el vértigo del
desacato, Kurtz, la sombra vigía,
desesperanzada, llovida en un corazón
ya sin color, emboque de aguas
errantes preludiando a ratos, luces
ignominiosas prestas a encender la
devastación de un pútrido árbol,
anegan de luz verdosa, la
fluorescencia nocturna de blanca
tiniebla, que bien pudo haber
acaecido ante los ojos pasmosos
rodeados de la odisea de Patricio
Lumumba
35
, aquel anticolonialista que
ya no habita las aguas, sino por el
color a conciencia que representa el
paso de la infamia que no dura un
tiempo contable, y más bien sí uno
perennizado en el hastío que la moral
y la memoria de fijación colectiva
representa en los paradigmas,
verdaderos antihéroes, manan su
radical presencia, lejos de un mundo
habitado, un paisaje ajeno o la calle
lunar que lejos de ensombrecer los
recuerdos, los inmortaliza hasta la
tumba a llaga viva de los días salados
que no llueven para cicatrizar heridas,
tanto como para encenderlas, lejos ya

35
Patrice Émery Lumumba (2 de julio de 1925 -
17 de enero de 1961) fue un líder anticolonialista
y nacionalista congolés, el primero en ocupar el
cargo de Primer Ministro de la República
Democrática del Congo entre junio y septiembre
de 1960, tras la independencia de este Estado de
la tutela belga. Nombrado héroe nacional en
1966.
http://es.wikipedia.org/wiki/Patrice_Lumumba
Revista Kcreatinn – Creación y más
28

de los instintos o transmigraciones
que ellos representan, avivados por
postema supurante de una
enfermedad mundanal desoyendo el
silente ruido de ciudades dormidas;
así, su aparición, su ánima coloca el
preciso dato que hace historia, el
segundo que puede tardar años en el
confinado a fusilamiento, la volátil
lágrima echada a la suerte, en tanto
que el tiempo dura o relativiza cada
partícula, cada átomo, así una forma
de engranaje, dando concesión virtual
a pánica memoria del horror que
todo lo deconstruye, a insigne imagen
de lo persuadido, no por un acaecer
real, tanto como por esa realidad
apenas delineada por verdad
irreprimible que el confluir sucesivo,
muy dentro, lucha sus designios
internos y cruciales, para que el
espíritu salga ileso, pagando por
podredumbre, su cuerpo deleznable,
en una tierra pulverizando todo lo
animado, aparente.

«Kurtz, el misterioso habitante
del corazón de la tiniebla, es el
depositario de un horror sin límites, pero
no por su sarcasmo, o por su despotismo,
o por su angustia sino, precisamente,
porque ha quedado al margen de aquella
espera desconcertada del hombre. De ahí
su poder absoluto y su abismo
definitivo.»
36



36
“Tiniebla blanca”, Rafael Argullol, 7 Jul. 2002,
diario El País de España:
http://elpais.com/diario/2002/07/07/catalunya
/1026004045_850215.html
Desde los tiempos de
Heráclito, las aguas columbrantes se
han renovado para los autores de
novelas cuyo eje temático, cuyo río
los atrapa a lo largo de toda la obra.
El amor en los tiempos del cólera, de
Gabriel García Márquez; El río, del
poeta peruano Javier Heraud,
acribillado a lo largo de ese
mefistofélico cauce, Madre de Dios,
“entre pájaros y árboles”. Ríos
metafísicos para desesperados. En el
Sena, corre inmutable mármol
viviente, tanto para Lord Jim (1900),
como para el lagarto danzante hasta
El Fin, de Jim Morrison destazando a
la res aterida, babeante; así como
para un Apollinaire; o el río
Putumayo, testigo de crueldades
deshumanizadas por la fiebre del
caucho.
Advertimos no sólo la imagen
mítica que su metáfora personifica
como fraguador de universos
atascados por el mundo en constante
reflujo vadeado por las orillas que
prosiguen el curso, de mínimas aguas
que para el planeta representan
(0,01%). Pero el instinto atiende a la
llamada fragorosa, a su corriente
colectiva dinamizando el flujo
inconsciente, el continuar sin pausa
de un cerebro rebullente de historias
que lee el adversario vigilante,
historias que continúa con fecha
postergada en receso, un adormecido
y pasmoso habitante interiorizado
acudido a la posta narrativa, con la
Revista Kcreatinn – Creación y más
29

llamarada enarbolada, mortal, a
encender los llanos imprevistos de lo
vívido, de lo real aguardando ese
transcurso ciego por el cual,
abismados, propendemos a una
continuidad inusual dada por aquel
empequeñecido rondar que el espíritu
bullente dictamina, para que la ópera
de lo magno, sucedánea, mesa los
cabellos alborotados, aquella selva
oscilante, tal o cual, enferma o
enervante, dicha o constituida por
designación o suposición, se quede
confluida al hilo presencial que es la
música del caminante elevando
salmos de agua, con unas gotas
purificadoras instándolo a la liturgia
paralela en un Jordán inmaculado al
primer bautista alimentado de miel y
langostas.

«El opus magnus de las historias
de agua dulce. El corazón de las tinieblas,
de Joseph Conrad: el viaje de un tal
Marlow remontando el río Congo tras los
pasos de un tal Kurtz, un comerciante de
marfil cuyos métodos se han salido de
cauce. (...) “un caudaloso gran río, que
uno podía ver en el mapa, como una
inmensa serpiente enroscada con la
cabeza en el mar, el cuerpo ondulante a
lo largo de una amplia región y la cola
perdida en las profundidades de su
territorio. Su mapa, expuesto en el
escaparate de una tienda, me fascinaba
como una serpiente hubiera podido
fascinar a un pájaro”, cuenta Marlow,
desde un barco amarrado en pleno
Támesis, en las páginas del comienzo.
“Remontar aquel río era como volver a
los inicios de la creación cuando la
vegetación estalló sobre la faz de la tierra,
y los árboles se convirtieron en reyes (...)
Y nosotros nos arrastrábamos hacia
Kurtz”. Y así, arrastrándose hacia Kurtz,
Marlow remonta una corriente fantasmal,
inhumana, y llega al sitio donde late el
corazón de la tiniebla: el flujo bárbaro,
envenenado de Occidente, que ha reptado
hasta allí por las aguas de, precisamente,
el río. El río.»
37


“Harto más terrible que el infierno
de Dante es El corazón de las
tinieblas… el río de África que
remonta el capitán Marlow, entre
orillas de ruinas y de selvas y que
bien puede ser una proyección del
abominable Kurtz, que es la meta.”
38


LITERATURA CITADA

Libros impresos:

1.- Joseph Conrad. El corazón de las tinieblas. Traducción
Emilio Olcina Aya. Editorial Oveja Negra, 1984. Bogotá-
Colombia. 76 págs.

2.-Mario Vargas Llosa. El sueño del celta. Alfaguara.
Lima, 454 págs

3.- Jorge Luis Borges. Obras Completas, t. IV. Emecé
Editores. Argentina. 3° Ed. 2010. 668 págs.

Páginas Web:

4.- Rafael Argullol: “La voz de la oscuridad”. Sábado 12
de octubre de 2002. Diario El País de España:
http://elpais.com/diario/2002/10/12/cultura/1034373611_85
0215.html


37
“La llamada del agua”, reportaje de Leila
Guerrero, para el Diario El País de España,
Sábado, 2 de enero de 2010.
http://elpais.com/diario/2010/01/02/babelia/1
262394735_850215.html
38
Jorge Luis Borges. Obras Completas, t. IV.
Emecé Editores. Argentina. 3° Ed. 2010. 668
págs. p. 588. (cursivas mías).

Revista Kcreatinn – Creación y más
30

5.- http://es.wikipedia.org/wiki/Patrice_Lumumba

6.- Tiniebla blanca”, Rafael Argullol, 7 Jul. 2002, diario
El País de España:
http://elpais.com/diario/2002/07/07/catalunya/102600404
5_850215.html

7.- “La llamada del agua”, reportaje de Leila Guerrero,
para el Diario El País de España, Sábado, 2 de enero de
2010.
http://elpais.com/diario/2010/01/02/babelia/1262394735_85
0215.html


EL REGRESO A GALILEA
DE PÉREZ ALENCART
Harold Alvarado Tenorio

Una editorial madrileña y otra
salmantina han publicado esta
primavera el último libro de versos de
Alfredo Pérez Alencart: Regreso a
Galilea, siete poemas del peruano en
traducciones al árabe, hebreo, inglés e
italiano, ilustrados con preciosas
viñetas de Miguel Elías. El volumen
fue presentado en Meghar, una
pequeña aldea al norte de Galilea,
habitada por drusos, musulmanes y
cristianos, vecina a los Altos del
Golán y el lago de Tiberíades, donde
hace tres lustros se reúnen
anualmente variados grupos de
poetas árabes y judíos demostrando
que la convivencia en la diversidad, de
lenguas e ideologías, es posible
incluso en Israel. En esta ocasión
también participaron bardos de

Noruega, Italia, Suiza, China,
Albania, Eslovenia y Jordania.
Regreso a Galilea tiene doble
significado. Es un manojo que
permite gustar la polisemia que
ofrecen las traducciones simultáneas
de un poema, brindando intuiciones
que el texto original en español
parece retener, al tanto que enriquece
su elucidación, en este caso, las
invocaciones que el poeta, creyente y
peruano, hace de sus ansias de
confraternidad entre los seres que
habitaran las regiones donde El
Galileo predicó.



I saw things

that are unseen
Revista Kcreatinn – Creación y más
31


and clothed myself in

righteousness,

loving in flesh

and spirit,

as signs

of what took place

in me.



And rather than

repeating words

I sanded them smooth,

like a humble

carpenter

in his workshop.

[Stuart Park]



Fratello,

sia tu dove sia,

apri i pugni

e che non tornino

armi nelle tue mani,



che la lotta

non insista nell' avvicinare

distanze,



che soltanto le parole

si alzino e convincano

che convincano le tue parole,

non i colpi né gli

ordigni,

e che in te si ingigantisca



la benevolenza.

[Stefania di Leo]



Quizás mejor que en otras de
las publicaciones de Alencart, en
Regreso a Galilea se constata la
Revista Kcreatinn – Creación y más
32

calidad de su escritura y la constancia
de su mensaje cristiano. Las
traducciones refrendan la diversidad y
tesitura de su lengua española, al
tanto que los códigos que formula, --
la pobreza de bienes entre la holgura
del buen vivir nos hace dignos de la
vida; Eva replica el mundo para
perpetuar la salvación del cuerpo por
la vida eterna,-- confirman su
indeclinable militancia y convicción
religiosa. Hechos que señalan cómo
nada es ajeno al poema, siempre y
cuando, su sintaxis y prosodias
alcancen cimas y simas de
estremecimiento.
Galilea, situada al norte de
Israel, entre el Mediterráneo, el mar
de Galilea y el Valle de Jezreel es una
región de colinas, con un río de
numerosos afluentes y arroyos,
fértiles llanuras y áridas montañas,
donde, según la tradición, en Tabor,
ocurrió la metamorfosis de Jesús,
cuando en presencia de Pedro, Juan y
Jacobo, habló con Moisés y Elías. Allí,
al pasar por la orilla del lago,
mientras los pescadores estaban
arreglando  las  redes,  los  llamó,  y  ellos 
lo dejaron todo y le siguieron. Los
apóstoles eran oriundos de Galilea, los
evangelios mencionan algo más de
cuatro centenares de lugares de esa
región donde ejercieron su
magisterio. “Volver a Galilea quiere
decir releer todo a partir de la cruz y
de la victoria. Sin miedo, no temáis”,
dijo esta pascua de resurrección Jorge
Mario Bergoglio.
Una relectura del signo de
Galilea, que como coincidencia
aparece en Resistencia, el poema de
Alencart. El hecho de que los siete
textos no sólo estén impresos en
español e italiano, sino en árabe y
hebreo, agregando a ello sus
simbolismos, indica que el peruano
militante busca también la paz para
una región de sufrimiento como la
Palestina histórica, humillada y
despojada por el imperio de la codicia
y la execración. He aquí la metáfora
profunda de este valioso librito de
versos que desde el cántico religioso
agita las campanas de la paz entre los
pueblos hermanos de Israel y
Palestina, con una Jerusalén para la
concordia del hombre en la tierra.
Resistir al dolor, resistir al mal, eso
grita el poeta.



Día tras día

te persiguen los feroces

con sus gritos y condenaciones.



No toleran

el perfil invicto

Revista Kcreatinn – Creación y más
33

de tus bolsillos vacíos,

el temple

de tu mucha exigencia

y el no mentir jamás.


¡Están perdidos

en su mal gobierno,

ansiosos por usar

sus hachas!

Hoy mismo tu voz

tuerce sus hablas

que no tocan verdad.



La tuya es la historia

de los que

resisten.






¿EL LIBRO
DESAPARECERÁ?

Cesar Vigo Arribasplata


El Libro desaparecerá, será
expulsado de la materialidad, pues no
fue hecho de la corteza del “Árbol de
la vida” del cual se le prohibió comer
a Adán para evitar la competitividad
divina.
El uso del libro, como soporte
de la escritura desaparecerá como
desaparecieron las tablas de piedra en
las que escribió Dios en el monte del
Sinaí, o el uso de los papiros que
acompañó por milenios a las dinastías
egipcias y al imperio romano, así
también desapareció el uso del
pergamino.
El concepto del “Libro”, tal
como lo concebimos desaparecerá
más temprano que tarde; me refiero a
ese artilugio místico, hecho de la
corteza de los árboles, de materia
vegetal, que da base a los folios
delgados, apilados delicadamente, y
que conforman los quaterniones
(cuadernos).
El libro, tan versátil, delicado
y permisible a todas aquellas manos
deseosas de abrirlo y posar la mirada
en sus más íntimos secretos,
desaparecerá. Ese artilugio
revolucionario que acompañó al
hombre por siglos, con sus cientos de
Revista Kcreatinn – Creación y más
34

miles de letras yuxtapuestas, paralelas,
barrocas; desaparecerá.
Ese millón de libros con los
cuales Borges fue premiado al hacerse
cargo de la Biblioteca Nacional de
Argentina, o la “La Biblioteca de
Babel”, en la cual se imaginó
recorriéndolos, no tendrán ya
similitud con la realidad futura.
Aquellos libros con forro de cuero
para gustos carnívoros, no serán más.
Esos libros que se convierten
en fetiches de un lector, se
extinguirán ineluctablemente, y,
quedarán como meras piezas de
museos, decorando la sala de algún
magnate o desquiciado.
Las imprentas cesarán, sus
sonidos de vorágine dejarán de
funcionar. El papel ya no será el
soporte de la escritura. Los libros de
literatura pornográfica que poseían
los adolescentes en secretos libidos
debajo de sus camas, no serán
tachados más de nefandos, sino
expuestos como “Huacos Moches” por
nuestros herederos.
Y sin embargo, la escritura no
desaparecerá, sino con la extinción del
hombre. La escritura permanecerá
anhelante para ser plasmada donde se
añore, sugestiva en un poemario
virtual libidinoso, sacro en un Blog
religioso libertario.
El libro, cederá su trono a los
soportes ópticos y electrónicos. Pero
la escritura no desaparecerá, sino con
la corta existencia de la raza humana.
Si bien los libros ya no serán
concebidos como los concebimos,
serán remplazados como e-book o
libro electrónico, los cuales contienen
ya cientos, sino millones de libros
virtuales.
Sólo aquellos lectores
ortodoxos y sentimentales que
conocimos al libro corpóreo en la
complicidad de sentirnos
omniscientes, lloraremos con
nostalgia sus formas, sus olores, su
textura.







EFIGIE ROSADA,
apareciste junto a mí.
Ávido cuerpo tierno me acaricias;
aun huelo tu tierna piel de centuria
marchitada.
Te he tomado en brazos como
reverencia.
Abandonas ese lecho dolorida.
Forjo tu imagen sacra inamovible en
mi ser.
Has anhelado seguir dándome pan
mientras cesa tu corazón.
Aun huelo tu maternal piel.


Revista Kcreatinn – Creación y más
35

UNA DENSA LÍNEA DE
EXPLORACIÓN SOBRE
VALLEJO

Doan Ortiz Zamora


Vallejo condensa una serie de
factores intactos y aun no profanados
en la actualidad. Hablar de Vallejo
hoy, congrega a rendir culto a uno de
los más celebres poetas que existió en
el mundo. En determinadas etapas de
la obra de Vallejo, se aprecia el
hombre comprometido; en primera
instancia, con su origen y familia;
luego, la preocupación del yo
existencial; y posteriormente, llega a
crear en tercera persona la constante
inquietud sobre la humanidad. En
diferentes procesos encontramos la
tendencia de ya no pertenecer a un
país, sino al mundo; difícil suceso que
cada artista debería cumplir, y
nuestro querido César Abraham
Vallejo Mendoza lo ha logrado, a
medida que sus versos siguen el
sendero de la universalidad y
eternidad (dignos elementos de su
naturaleza).
César Vallejo en su obra
identifica el individuo y sujeto como
esencia de un nómade invisible,
volviendo al primer momento en que
estuvo, pero en un lugar diferente.
Extrae una secuencia perfecta de
sucesos, ligados premonitoriamente
de abismos y volcanes arcaicos,
teniendo en cuenta que cada verso es
anterior y la vez posterior al otro.
Vallejo ha demostrado ser un poeta
de acto y no un poeta en potencia,
sumergiendo al lector, no a un
discurso poetológico o interpretativo,
sino instrumental, definiendo su
diversidad poética con condiciones de
producción polisémica. Atribuyendo
su línea poética a compases
armónicos de extraña fragancia,
balanceándose en una comunicación
objetiva, debido a su propia
singularidad. Vallejo exige una
profundidad abismal para el
entendimiento de su técnica y
pensamiento. Se debaten finos roces
lingüísticos que desintegran el verso y
prosa tradicional. El arquetipo
logocéntrico y la emotividad opaca de
Vallejo, llega a remplazar siglos de
incertidumbre poética y enlaces de
diferente dimensión. Los heraldos
negros genera una revolución poética,
moldeando signos, como la energía y
la condensación de la invención
poética; desarrollando la eliminación
de toda palabra de existencia
accesoria, con el nacimiento de la
expresión pura, encontrada en los
verbos y en los sustantivos. En
relación a los mitos correlativos de la
palabra exacta, Vallejo pregona una
economía de la palabra, logrando una
morfosintaxis penetrante. La inmensa
infinidad de la lengua natural, no
Revista Kcreatinn – Creación y más
36

extrae precisiones efímeras; al
contrario, sustituye códigos de solidez
inventiva, con la finalidad de
prolongar una ligera perfección
emergida por la causa total de los
efectos de sus textos literarios.
Vallejo delimita sus fronteras
con furtivas expresiones coherentes y
llenas de riesgos al inequívoco,
revelando propiedades desconocidas
del absoluto imposible e inexpresable.
En Europa, César Vallejo desarrolla el
trabajo periodístico, logrando aportar
un material de considerable
importancia para la crónica, aún no
explorada de manera compleja por
sus críticos. Los textos narrativos del
autor de Fabla salvaje, argumentan
una densa línea de exploración, donde
la etapa evolutiva marca un rigor de
estricta veneración en su prosa. El
inicio de la narrativa vallejiana
experimenta esencialmente rastros de
literatura oculta que han sido
encontrados, gracias a una intensa
búsqueda artística. En Tungsteno y en
el famoso “Paco Yunque”,
encontramos una preocupación
directamente vinculada a los años que
Vallejo dedicó al estudio del
marxismo en Europa y la escritura de
estos dos textos roza muy de cerca el
tiempo en que escribió sus reportajes
dedicados a la Unión Soviética: Rusia
en 1931 y Rusia ante el II Plan
Quinquenal. Queda así reflejada la
ruta de un cambio de motivaciones
que tuvo resultados muy concretos en
la literatura de Vallejo. En sus escritos
periodísticos, los argumentos
paralelos trascienden frenéticamente,
como en “Autopsia del surrealismo”,
que resulta un texto muy iluminador,
y coincide, además, con la postura
asumida por los literatos
latinoamericanos de la época.
Moderando el concepto de las
maravillas surrealistas, de modo que
el cuestionamiento sobre la ideología,
emplea una función de modelo
cultural dominante, detallando un
aspecto resaltante en las crónicas de
Vallejo. En conjunto, la narrativa
vallejiana puede tener menor valor
que su poesía, y esto es algo que
puede decirse sin exagerar con la
subjetividad; sin embargo, las
tensiones que existen en su prosa
arrojan muchos signos sobre la
intelectualidad y espiritualidad del
autor. César Vallejo no sólo forma
parte de la poesía, o la poesía formó
parte de él; también dejó un legado
de indudable exquisitez en su
narrativa, logrando ser un escritor
explorador de la tan inexplorable
jungla literaria.
Revista Kcreatinn – Creación y más
37

ARQUITRAVE, UNA
REVISTA DE POESÍA
QUE RESISTE LA
INCURIA DEL TIEMPO


Harold Alvarado Tenorio

Arquitrave, revista de poesía
llega a su quincuagésima quinta
edición. Arquitrave
se publica cada
tres meses y
difunde la poesía
de todos los
tiempos, en
especial, la que se
escribe en nuestra
lengua. Hemos
realizado, entre
otros varios,
homenajes a
poetas como el
habanero Gastón
Baquero, el
sevillano Luis
Cernuda, el
perseguido político
del castrismo Raúl
Rivero, el
alejandrino
Konstantinos
Kavafis, el
sanonofreño
Giovanni Quessep,
el chino Bai Juyi,
los alemanes Ingeborg Bachmann o
Hans Magnus Enzensberger, el
indio Mudnakudu Chinnaswamy, el
madrileño Luis Antonio de Villena,
la uruguaya Cristina Peri Rossi, el
palestino Madmud Darwish, el
brasileño Affonso Romano de
Sant`Anna, la australiana Margie
Cronin, el griego Atanasio Niarjos,
la sueca Karin Boye o los
colombianos Cobo Borda, María
Mercedes Carranza, Elkin Restrepo,
Eduardo Escobar, Amilcar Osorio o
Jorge Zalamea Borda. En este
número celebramos la poesía de la
norteamericana Rita Dove, ganadora
del Premio Pulitzer, el español
Leopoldo María Panero, la croata
Sonja Majojlovic o el colombiano
Jhon Better.
De la manera más cordial
estoy invitando a vosotros, a
Revista Kcreatinn – Creación y más
38

suscribirse por un año a la revista de
poesía Arquitrave, que hacemos hace
más de una década en Colombia y
llega ya a su número cincuenta y
cinco. Son cuatro números anuales,
cada uno de cien páginas con fotos
interiores y tapas a color, con buena
poesía, variada, antigua y nueva. La
cosa es así: se puede, en Colombia,
hacer un giro por cien mil pesos a mi
nombre [Harold Alvarado Tenorio,
cédula 6185342] o desde el exterior, a
través de empresas de remesas, cuyos
costos son competitivos. En Colombia
valen cien mil pesos los cuatro
números, incluido el correo; y en el
exterior, dependiendo, del país entre
cincuenta y sesenta dólares
americanos. La revista impresa se
publica en trescientos ejemplares y la
hacemos artesanalmente. Para
cualquier pregunta escribir
aasdfghjkl.123456@arquitrave.com. La
revista puede verse
en www.arquitrave.com













ESPAÑA Y UNAMUNO
EN CIORAN
39


Adriana Cortés Koloffon

Noé Agudo, ex editor de la
revista Vogue me encargó una
entrevista con él y me dio su
dirección en rue de l'Odeon.
Aquí la entrevista que hice yo en
francés y también la traducción del
francés es mía. Algunas preguntas
aportadas en español por Verónica
Flores Aguilar. También ella me tomó
la fotografía. Sólo dejo en la
entrevista la voz de Cioran y suprimo
las preguntas:


SIN PROFESIÓN, he tenido
mucho tiempo para leer. Unamuno y
España eran mis pasiones; cada quien
tiene sus locuras y sus sueños: el mío
era viajar a España, país que recorrí
con poco dinero y en bicicleta. Amaba
de España su sensibilidad, el espíritu
de su gente, distinto al del resto de
los europeos: el francés no se interesa
por los otros. París es una ciudad

39
NOTICIA HEMEROGRÁFICA. La entrevista
se publicó por primera vez en la revista Macrópolis,
en agosto de 1993. Aunque la autora hizo la
entrevista en francés, Verónica Flores Aguilar
aportó dos preguntas que se las comunicó en
español, para que la autora las tradujese al
francés. La traducción del francés de la presente
entrevista, es íntegramente de Adriana Cortés
Koloffon.
Revista Kcreatinn – Creación y más
39

esencialmente no española. España es,
sin duda, mi primer universo; ahora
se ha civilizado, ha cambiado mucho
desde que viajé allá por primera vez.
¿Qué escritores españoles han
influido más en mi pensamiento?
Unamuno. A Cervantes lo conozco
poco, quizá por ser demasiado
célebre.
Una vez alguien me preguntó
por qué escribía y le respondí que lo
hacía con la idea de suicidarme.
Ahora he dejado de escribir; no tengo
ningún proyecto, así que puedo leer
lo que se me antoje, por ejemplo un
estudio en cuatro volúmenes sobre
Pascal y su siglo, y muchas biografías.
En realidad no soy muy
sociable; sin profesión, no es fácil
serlo. Desde que dejé mi país, hace
54 años, he llevado una vida un tanto
aislada. Prefiero permanecer al
margen de la sociedad. Tenía pocos
amigos, me volví un apátrida -quería
serlo- y me quedé en París: una
ciudad triste. Cambié de lengua: hice
bien y mal. Creo que es necesario
renunciar a la lengua materna. Logré
ser un hombre sin profesión y no es
fácil vivir sin rumbo. De cualquier
modo, si uno no se suicida, hace falta
hacer cualquier otra cosa: escribir
libros es una buena solución y eso es
lo que he hecho durante toda mi vida.
¿Suicidarme ahora? No. Aunque
siempre hay que tener esta idea en la
mente para sentirse libre. La vida es
una tragedia y una comedia a la vez;
si no fuera así, uno se suicidaría. La
vida no tiene sentido, pero esta
comedia ciertamente debe tener
alguna explicación. He caminado por
la vida con un mínimo de ilusiones y
digo, sin engañarme, que he hecho las
cosas que prefiero. La elección
depende de cada quien: si se decide
tomar como juego lo serio o no. Hay
que ver cuánto sufrieron algunos
escritores alemanes, cómo se
atormentaron, perdidos sin solución.
Para ir por la vida basta con
interpretar un papel y representar las
apariencias. En este sentido, la
creación es muy importante: si yo no
hubiera escrito, me hubiera suicidado.
Hablando del dolor, puedo
decir que la mujer es superior a los
hombres, ya que a través de los siglos
ha sido más desafortunada que ellos.
Marcada por la esclavitud, tiene una
originalidad que la vuelve más fuerte
y le da un poder especial. La
humillación que ha sufrido le ha
permitido sobrevivir a lo largo de la
Historia.











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Imagen: Adriana Cortés
Koloffon junto a E.M. Cioran, en
París, en 1992; foto de Verónica Flores
Aguilar, a petición de Cioran.







































































Revista Kcreatinn – Creación y más
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personas jurídicas de la SUNARP.

















EQUIPO:

ᴥ OPERACIONES: Silvia Farfán Cedrón, Bachiller en
Lengua y Literatura; Administradora de Empresas.

ᴥ PUBLICIDAD Y MARKETING: Eduardo Farfán Cedrón,
Administrador de Empresas.

ᴥ PROYECTOS LITERARIOS: Jack Farfán Cedrón,
Escritor.

ᴥ FINANZAS Y GESTIÓN EJECUTIVA: Javier Farfán
Cedrón, Máster en Administración y Organización de
Negocios; Escritor.

ᴥ RELACIONES INSTITUCIONALES: Sheila Farfán
Cedrón, Profesora de Educación Inicial.



|Director: Jack Farfán Cedrón|

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