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NIETZSCHE Y LA HISTORIA: UNA VISIÓN POÉTICA EN CLAVE METAFÓRICA PARA LA VIDA

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NIETZSCHE Y LA HISTORIA: UNA VISIÓN POÉTICA EN CLAVE METAFÓRICA PARA LA VIDA Luis R. García J.

Resumen Federico Nietzsche y su obra no aceptan discípulos sino, simplemente, a compañeros de senda en una travesía vital llena de contradicciones, que no son casualidad, de incertidumbres, azar y sobresaltos, en donde el aforismo (que en una sola frase nos muestra toda la montaña) y la metáfora describen el paisaje de la vida y la muerte, dando pie a múltiples interpretaciones. Historia y Nietzsche, en donde se verá que él no se opuso a la historia sino a cierta forma de historiografía, criticó la historiografía monumental, aquella que se dirige a la grandeza del pasado y la historia de anticuario que se propone mantener las continuidades históricas; defendió, en cambio, la historia crítica, la cual considera que todo es digno de ser juzgado. Su vida y su obra estarán marcadas por el signo del visionario, luchó por romper los esquemas y convencionalismos sociales e intelectuales de su época; da la impresión, de acuerdo a lo dicho anteriormente, que sería necesario ser inactual para poder superar nuestra propia época como lo fue él. Como bien lo expresó: permanezcamos solos, no escuchemos a nadie, ni a maestros ni a modelos (Correspondencia, 1959). Recordemos en Humano Demasiado Humano (1979), en el aforismo 277, cuando nos aconsejaba que, el que quiera vivir feliz y tranquilo, apártese de la cultura moderna. Palabras claves: historia, historia monumental, historia anticuaria, historia crítica. Abstract Friedrich Nietzsche and his work do not accept disciples, but, purely and simply, companions of footpath in a vital crossing full of contradictions which are coincidences, of uncertainties, chance and frights; where the aphorism (that in a single phrase, it shows us the whole mountain) and the metaphor describe the landscape of life and death, given cause for multiple interpretations. History and Nietzsche, where we will realize that he was not against history but to certain form of historiography. He criticized the monumental historiography, the one, which goes to the greatness of the past, and the antique dealer history, which proposes to maintain the historical continuities. He defended, however, the critical history, which considers that everything is worthy to be judged. The visionary sign will mark his life and his work. He fought to break the social and intellectual conventionalism of his time. It gives the idea, according to what has been said, that it would be necesaary to be outdated to be able to overcome our own time, as he was it. As it was well expressed by him: let us remain alone, let us not listen anybody, nor teachers neither models (Correspondence,1959). Let us remember in Human Too Human (1979), in aphorism 277, when he advised to us that, the one who wants to live happy and calm, it should move away from the modern culture. Key words: History, Monumental History, Antique Dealer History, and Critical History

Introducción Federico Nietzsche y su obra no aceptan discípulos sino, simplemente, a compañeros de senda en una travesía vital llena de contradicciones, que no son casualidad, de incertidumbres, azar y sobresaltos, en donde el aforismo (que en una sola frase nos muestra toda la montaña) y la metáfora describen el paisaje de la vida y la muerte, dando pie a múltiples interpretaciones: Así hablaba Zaratustra, cuando abandonó su caverna, ardiente y fuerte como un sol matinal que viene de oscuras montañas. Acompañé a Nietzsche por el camino ancho de la historia, en el Anticristo (1979) afirmaba que nuestra época está orgullosa de su sentido histórico; reconociendo a su lado el azar y lo aleatorio; en ella se afirman las relaciones mutuas de todas las fuerzas vitales; el azar estará presente en un eterno retorno, pero en él, no todas las fuerzas entran en relación a la vez, cada una por su cuenta tendrá diferentes niveles de acción y de efectos sin estar sujetas a leyes o normas preestablecidas. Historia y Nietzsche, en donde se verá que él no se opuso a la historia sino a cierta forma de historiografía, criticó la historiografía monumental, aquella que se dirige a la grandeza del pasado y la historia de anticuario que se propone mantener las continuidades históricas; defendió, en cambio, la historia crítica, la cual considera que todo es digno de ser juzgado. Su vida y su obra estarán marcadas por el signo del visionario, luchó por romper los esquemas y convencionalismos sociales e intelectuales de su época; da la impresión, de acuerdo a lo dicho anteriormente, que sería necesario ser inactual para poder superar nuestra propia época como lo fue él. Como bien lo expresó: permanezcamos solos, no escuchemos a nadie, ni a maestros ni a modelos (Correspondencia, 1959). Recordemos en Humano Demasiado Humano (1979), en el aforismo 277, cuando nos aconsejaba que, el que quiera vivir feliz y tranquilo, apártese de la cultura moderna. Nietzsche y la historia Federico Nietzsche en el Anticristo (1979) afirmaba que nuestra época está orgullosa de su sentido histórico. Reconociendo el azar y lo aleatorio: "Yo, dice Zaratustra, he redimido a las cosas de la servidumbre de la finalidad" (1959) "Antes de salir el sol". Afirma las relaciones mutuas de todas las fuerzas vitales, el azar estará presente en un eterno retorno, pero en él no todas las fuerzas entran en relación a la vez, cada una por su cuenta tendrá diferentes niveles de acción y de efectos sin estar sujetos a leyes o normas preestablecidas. Imprimió en su obra un punto de quiebre, teórico-metodológico en la historia, porque rechazó las categorías de análisis histórico que los historiadores utilizaban en su época, representada fundamentalmente por el alemán Ranke (17951886) con él la historia alcanzó un puesto e identidad como una disciplina académica, siendo considerado el fundador del análisis científico de la historia en la modernidad: la historia debe narrar acontecimientos tal como ocurrieron en realidad) y el escocés Thomas Carlyle (1795-1881, sostuvo que el avance de las civilizaciones se debe a la actividad de los héroes), y, negó la realidad de algo parecido a un proceso histórico sobre el cual pudieran oscilar esas categorías. Nietzsche no se opuso a la historia sino a cierta forma de historiografía. Se opuso a una historia lineal, teleológica, fundada unilateralmente a la idea de progreso. Se opuso a la historiografía evolucionista y en especial a la hegeliana. Al agotarse cada vez más el historicismo moderno en la actualidad sentenciando algunos inclusive su fin, Nietzsche cobra mayor importancia, de ahí su impetuoso resurgimiento, como el despertar de un volcán inactivo. Los términos historia y proceso histórico eran fantasías, que Nietzsche distinguía rigurosamente del mito. Su propósito era determinar la medida en que el hombre podía

reingresar, pero esta vez con autoconciencia, al mundo de las aprehensiones míticas y reapropiarse la libertad que sólo por la conciencia metafórica permite la vida humana. La meta de Nietzsche consistía en deconstruir la creencia en un pasado histórico del cual los hombres puedan aprender alguna verdad única y sustancial. Para Nietzsche, había tantas verdades sobre el pasado como perspectivas individuales sobre él; partiendo de esta afirmación se puede inferir que historia es la memoria de las perspectivas individuales de los pueblos. El estudio de la historia no debía ser nunca meramente un fin en sí mismo sino que debería servir siempre como, medio para algún fin o propósito vital. Los hombres y los historiadores contemplan el mundo en modos conformes a los propósitos que los motivaban, y requieren diferentes visiones de la historia, para justificar los diferentes proyectos que tienen que emprender a fin de realizar su humanidad con plenitud. Nietzsche dividió en dos tipos los modos en que los hombres y los historiadores consideraban la historia: 1.- Un tipo negador de la vida, que pretendía encontrar el único modo eternamente verdadero o propio, de ver el pasado, quedándose en la mera reconstrucción, originando la reproducción de las ideas de las clases dominantes del pasado. 2.- Un tipo afirmador de la vida, que estimulaba tantas visiones diferentes de la historia como proyectos había para alcanzar un sentido del ser en seres humanos individuales, es decir, una historia para la vida. El deseo de creer que había una idea de la historia eternamente verdadera o propia era, para él, otro vestigio de la necesidad judeo-cristiana de creer en el Dios único y verdadero o del positivismo, con su necesidad de creer en un cuerpo único, completo y completamente verdadero de leyes naturales y, en el caso de la historia, en leyes sociales. La mayoría de las obras de Nietzsche contienen un discurso acerca de la conciencia histórica o extensas referencias a ella, críticas al pensamiento histórico convencional u oficial y sugerencias para reorientar ideas hacia propósitos creadores, por ejemplo: 1. En el origen de la tragedia a partir del espíritu de la música (1871) No sólo es un ensayo sobre la estética de la tragedia sino también una historia del surgimiento y la caída del espíritu trágico en la Grecia Clásica. La historia, igual que la tragedia, tiene sus aspectos falsos y sus aspectos verdaderos, sus aspectos oscuros así como sus aspectos liberadores. Ubicaba la vida humana entre una conciencia del caos y la voluntad de la forma. Nietzsche dirige la mirada justo a los griegos y encuentra que deben mucho a los orientales. Que no hay una teleología de la historia como en la teleología hegeliana. Los pueblos crean sus interpretaciones, sus dioses, sus valores, cada uno tiene su moral del mismo modo que tiene su gramática. Nietzsche toma lo dionisíaco (un carácter divino) del mundo oriental y lo apolíneo que se limita a mesurarlo, lo toma del mundo griego. 2.- Consideraciones Intempestivas ( 1873-1875). Segundo fragmento: De la utilidad y de los inconvenientes de los estudios históricos, para la vida "Las Consideraciones Intempestivas" representan una ruptura con el pensamiento moderno; con un recio talento templado por el acero del espíritu crítico, Nietzsche sacude los grandes cultos de su época: la idea de progreso, el historicismo positivista, la

filosofía académica, el arte burgués. En el segundo fragmento: De la utilidad y de los inconvenientes de los estudios históricos , para la vida, Nietzsche analiza las implicaciones de las ideas bajo el aspecto del tiempo. Alude a la dinámica del recuerdo y el olvido que él veía como atributo singular y específico del animal humano. El poder de recordar hace al hombre predecible, es decir, inheroico. Este hombre inheroico es el que tiene que haberse vuelto no sólo calculador, sino calculable él mismo, regulador hasta para su propia percepción. Sólo así puede tener garantía de su propio futuro y ser fiador de sí mismo. Lo ahistórico, es el poder de olvidar y trazarse alrededor de uno mismo un horizonte limitado. (White,1998). El hombre posee también la capacidad de olvidar lo que sabe, más aún, la capacidad de negar en imágenes y de revestir el terror, el dolor y el sufrimiento causados por la conciencia de su propia finitud con insinuaciones de inmortalidad de tipo onírico. Es capaz de embrujarse y mentirse a sí mismo, de huir de una metáfora, de proporcionar un orden y una forma creíbles a su vida, de actuar como si la metáfora fuera la verdad y de convertir la conciencia de su inminente destrucción en una ocasión de aserción heroica. El hombre es un ser histórico y vive históricamente; tiene conciencia de su continuo devenir, o de su dejar de ser, de un diluir de todos sus presentes en un pasado preciso. Ese pasado está constantemente ante el hombre como una imagen de cosas hechas, terminadas, completas, inmodificables. La intratabilidad de ese pasado es la génesis de la deshonestidad del hombre consigo mismo y la fuerza motriz de su automutilación. El problema de hombre es que recuerda demasiado y bien de esa capacidad de recordar su pasado afloran todas las construcciones especialmente humanas. No se trata que el hombre necesite memoria, la gloria y la perdición del hombre es lo que ineluctablemente tiene memoria. Lo quiera o no lo quiera, el hombre tiene historia. El asunto, entonces, es si esa capacidad de recordar no se ha desarrollado excesivamente hasta convertirse en amenaza para la vida misma. Y no se trata tanto de destruir la historia como de comprender cuánto está justificado en el hombre sin olvidarla. Nietzsche en sus "Consideraciones Intempestivas", deposita todo el conocimiento bajo la suprema inspección y protección de una doctrina de la salud, de la vida y de la cultura. Con esto señala el punto de partida que decidirá el valor o no de la historia , así como también la comprensión del contenido y la estructura de una concepción determinada de la historia, ésta servirá para la vida en el presente. Ya que los problemas y necesidades del presente determinan la graduación y las fronteras del sentido histórico, la trayectoria del pensamiento histórico, la estructuración de la representación válida del pasado. Se puede inferir que Nietzsche tuvo dos motivos fundamentales para denominar Intempestivas (que esta fuera de tiempo) o inactuales sus consideraciones: Primero: Se atrevió a cuestionar y señalar como un peligro a la historia de su presente, viéndola como una grave enfermedad, no solamente como ciencia sino también su producto (historiografía) y su enseñanza. El mérito de este cuestionamiento radica en que fue formulado en una época, en donde se había producido un florecimiento jamás visto de la ciencia histórica, los historiadores decían con orgullo que ese era siglo de la historia (como ya se expresó al inicio de esta segunda parte). Segundo: Porque en dicha época la historia ocupaba su sillón en las ciencias libres, sin finalidad y responsable ante sí misma, constituyendo un valor evidente; para él, la ciencia había sido inventada a fin de mantener a raya la verdad. Nietzsche acomete la faena de adaptar a la historia a normas extra científicas y expone la máxima siguiente: "Que la historia ha de estudiarse para los fines de la vida".

Para él la historia tiene una percepción necesaria en la estrechez de una cultura sana. Como ya hemos visto, todo hombre necesita de recuerdos, toda vida requiere de recuerdos; toda vida espiritual necesita saber de sus raíces y tiene que entrelazar conscientemente su presente y su futuro incierto con su pasado "bueno o malo". A partir de estas ideas sería necesario formularse dos preguntas cruciales: ¿Hasta qué medida la vida necesita de la historia? ¿Cuándo el exceso de historia comienza a ser peligrosa para la vida? La capacidad de incorporar (o asumir), que tiene el hombre, lo pasado y lo ajeno y de creer conforme a su propia ley, es la que decide hasta qué punto podrá soportar la historia y lo que debe olvidar del pasado para dejarle un espacio al futuro con sus fuerzas vitales. Solamente en la proporción en que los hombres sean capaces de asumir el pasado como un sentido esencial, convirtiéndolo en plasma y haciendo de lo sucedido una sucesión histórica, podrán los hombres , los pueblos, las localidades, las regiones, los barrios, las culturas,,vivir en / y sus recuerdos. Pero más allá esa frontera tienen el deber de olvidar: "Lo ahistórico y lo histórico son por igual necesarios a la salud de un individuo, de un pueblo y de una cultura". La relación de la historia con la vida ha sido ensombrecida por la exigencia que la historia haya de ser una ciencia; que se plantea problemas y cree solucionarlos (la historia no es cumulativa en el sentido de resolver problemas), de seguir los pasos científicos al igual que las ciencias naturales y la formulación de leyes generales. A partir del siglo XIX el saber histórico se ha hecho universal y se ha elevado, en la república de las ciencias, al rango de primera potencia espiritual absoluta, ha desgarrado y zarandeado la atadura de la vida. No reglamentado ya por el nivel de la necesidad, no contenido ya en los bordes que imponen la fuerza plástica de la vida (capacidad de ser modelado y de incorporar lo pasado y lo ajeno), actúa más bien como agotamiento del presente y destierro de la actividad. En lugar de una cultura sana, que por si misma pueda desarrollar sus peculiaridades, aparece una sociedad moderna decadente que quiere solamente mirar hacia atrás, conduciendo el presente viendo solamente por el espejo retrovisor; la universalidad de la visión histórica, eurocentrista, priva completamente toda consistencia interior. De los planteamientos de Nietzsche se desprenden dos tesis: Primera: El sentido histórico debe quedar disciplinado por la fuerza plástica de la vida, pues si se hace autónomo y universal rebosa en perjuicio de la vida. Segunda: Una visión sana no sólo mantiene en sus fronteras el sentido histórico, sino que le indica también su ruta. No sólo precisa la medida, sino que configura también el cuadro valedero de la historia según las exigencias de su presente y de su futuro. Determinados instintos y necesidades alientan en la vida espiritual , y bajo su acción queda el pasado reducido a formas claras. Nietzsche admitía que el hombre necesita historia de tres modos: En relación a su acción y su lucha. Como auxiliar de sus capacidades conservadoras y reverenciales. Como bálsamo calmante de su sufrimiento y su deseo de liberación. Esos tres modos generan tres tipos de historia: Monumental, Anticuaria y Crítica.

Monumental: Se puede decir, que toda vida es creadora ante todo, como antídoto de la resignación, que la fe es la posibilidad de las grandezas. Infundirle esta fe, tal es el sentido de la historia Monumental, que demuestra que las grandezas han existido. Existe la posibilidad cierta que este modo de consideración abarque incompletamente el pasado, y aun lo falsee considerablemente ; también podrá ser que grandes pedazos de la historia Monumental queden olvidados para destacar, en cambio, hechos particulares adornados con todas las galas y exageraciones; el culto magnificado de los héroes y a las acciones militares convirtiendo pequeñas escaramuzas en batallas épicas, ejemplo de ello lo tenemos en algunas de nuestras "batallas" independentistas hispanoamericanas. Aquellos que defienden y apoyan este tipo de historia, la justifican ya que; la vida, con su actividad y sus afanes, encuentran en ella impulso, modelo y aliento para sostener la clase dominante, hacedora de la historia. Pero sirve también para resaltar los valores históricos pretéritos, si nuestros antepasados fueron capaces de realizar y acometer grandes obras nosotros también: ¿Por qué, pues, la contemplación monumental del pasado, el interés por lo clásico y raro de los tiempos pasados, puede ser útil al hombre de hoy?. El hombre concluye que lo sublime que "fue", "fue" ciertamente posible en otro tiempo, y será, por consiguiente, también posible algún día. Sigue valerosamente su camino, pues ahora ha separado la duda que lo asaltaba en las horas de desfallecimiento y le hacía preguntarse si no corría acaso tras un imposible. (1959;100). Nietzsche, cuando nos habla de historia monumental, brinda ejemplos positivos de nobleza humana y enseña que, puesto que han existido una vez grandes cosas, significa que fue posible, y por lo tanto podría ser posible de nuevo, pero llena de vitalidad. La historia monumental, la historia estudiada ante todo como relatos de grandes hombres (de héroes, al estilo de Thomas Carlyle) puede utilizar el pasado para condenar la pequeñez del presente y proyectar al propio historiador a la batalla por un futuro mejor. Sin embargo, ese enfoque de la historia tiene sus fallas; puede ser engañoso. Su principal debilidad es que presenta efectos, en detrimento de las causa; procede por falsas analogías para encontrar una grandeza común en todos los grandes individuos. Por eso oscurece el nexo histórico real de causa y efecto, destruye la diferencia esencial de todas las cosas grandes y tiende a romantizar el pasado. En realidad, en cuanto a impulsar a vivir, las novelas románticas o las históricas (al estilo de Walter Scott 17711832, quien fue el primero en establecer los cánones de la novela histórica) pueden cumplir el mismo propósito que la historia monumental; y en manos de una mente débil, ese tipo de historia puede volverse en contra del presente y del futuro. Puede socavar la confianza en sí mismo de los hombres vivos enseñándoles que no es preciso luchar por la grandeza, porque en el pasado ya se han alcanzado todas las formas de grandeza. Como es el caso de la historiografía oficial venezolana y el culto a Bolívar, todos los niños de Venezuela nacen con un techo, nunca serán igual o más que el Libertador, ya él logró absolutamente todo, nuestra misión es conservar y venerar su memoria. Tenemos que revivir a manera de grandeza con la vista puesta en un futuro las glorias pasadas. - Anticuaria: Ésta representa el instinto y necesidad de toda vida valiosa el no considerarse como caprichosa y casual, sino saberse nacida de un pasado, heredera, flor y fruto de un pretérito, retrayendo piadosa la mirada hacia sus raíces; así ella sirve a la vida. Cultiva

lo subsistente con cautelosa mano para mantener activas las condiciones de su ulterior existencia y anuda la efímera vida individual del cronista al gran conjunto del pueblo, del terruño. El historiador anticuario genuino es aquel que ha nacido en la localidad, el nativo del pueblo lleva en la sangre ese sentido de pertenencia, ese amor por el terruño está ligado a su infancia, a sus antepasados, a sus mejores momentos. Este cronista o historiador anticuario ve en cada esquina de su pueblo un recipiente lleno de recuerdos y anécdotas: La historia pertenece, en segundo lugar, al que conserva y venera, al que con fidelidad y amor vuelve sus miradas hacia el lugar de donde viene, donde se ha formado. Por esta piedad paga, en cierto modo, una deuda de reconocimiento que ha contraído para con su propia vida. Cultivando con mano delicada lo que ha existido en todo tiempo, quiere conservar las condiciones bajo las cuales ha nacido, para los que vengan después de él, y así es como sirve a la vida. El patrimonio de los antepasados en un alma de esta especie recibe una nueva interpretación de la propiedad, pues ahora es él el propietario. Lo pequeño, restringido, dispuesto a caer hecho polvo, trae su carácter de dignidad, de intangibilidad, del hecho de que el alma conservadora y veneradora del hombre anticuaria se transporta allí, y de allí su domicilio. La historia de su villa se convierte en su propia historia. (1959; 104-105). Ese impulso de escapar del presente en una actitud de fervorosa reverencia por el pasado tiene su forma extrema en la historia anticuaria que sin embargo posee características distintivas y también sus aspectos creadores y destructivos. Creadoramente, la historia anticuaria genera un respeto venerable por los orígenes; es como el sentimiento del árbol que se aferra con sus raíces a la tierra que le da vida, la felicidad de saber que el propio crecimiento no es meramente arbitrario y fortuito, sino herencia, fruto y flor de un pasado que no sólo justifica sino que corona el presente; eso es lo que hoy preferimos llamar sentido histórico real. Pero en exceso, la actitud anticuaria tiende a nivelar todas las cosas por medio de la apreciación indiscriminada de todo, grande o pequeño. Además, atribuye un valor especial a todo lo antiguo, simplemente por ser antiguo, e inspira un sentido de desconfianza hacia todo lo que sea nuevo o se aparte de lo convencional. Una vez que se seca el abrevadero de la piedad, la actitud anticuaria puede persistir y entregarse por entero a la preservación de lo que ya está vivo, oponiéndose a la creación de vidas nuevas. Un ejemplo claro de la historia anticuaria la tenemos en los Cronistas de los pueblos venezolanos, que por aferrarse al pasado de su pueblo olvidan hacer la crónica de la historia presente de su pueblo, se ha convertido en costumbre que los concejos municipales nombran como cronista al más viejo y nativo del pueblo, que ama su terruño. Crítica: Su sentido es constituir el tribunal que enjuicie el pasado para condenarlo. Si ello es necesario, librando así la resolución presente de las presiones procedentes del pretérito. Ella es el intento de la vida darse, por decirlo así, a posteriori, un pasado, del cual bien pudiera proceder y destino del pasado del que efectivamente procede: empresa peligrosa, sin duda, pero a veces necesaria. El conocimiento del pasado servirá a los fines del presente y la historia cumple su deber para con la cultura, no como conocimiento puro, cuya finalidad sea el conocimiento mismo y su aumento, sino como herencia fiel de conservación y como discusión crítica del pasado. El hombre no puede permanecer con los "grillos" del pasado adheridos a la vida, tiene que poseer la fuerza necesaria para erradicarlos, enjuiciarlos y condenarlos, el recuerdo

de lo que quede tiene que servir para la vida y para el presente; y que la prisión del presente no permita huidas ilusorias. ... una tercera manera, la "critica", y ponerla al servicio de la vida. Para poder vivir, el hombre debe poseer la fuerza de romper un pasado y de aniquilarlo, y es preciso que emplee esta fuerza de cuando en cuando. Lo consigue llevando a la barra el pasado, instruyendo severamente un juicio contra él y, por último, condenándolo. (1959; 108). La historia crítica surge del impulso a romper con el pasado y utilizarlo con el fin de vivir. Lo que interesa al historiador crítico es llevar el pasado al banquillo de los acusados, interrogarlo sin clemencia, sin remordimiento y condenarlo. El historiador crítico posee el poder de penetrar en los mitos de la grandeza y los valores pasados, pisotear las piedades y negar al pasado todo derecho sobre el presente. Desde luego, también el espíritu crítico tiene su lado destructivo, cuando llega demasiado lejos termina en deificación de la trivialidad presente por omisión, mediante la demostración de que no hay nada noble. Como él expresara: "el estudio histórico saca a la luz tanta cosa falsa y absurda, violenta e inhumana, que la condición de ilusión piadosa se desmorona". La historia crítica genera una autoconciencia irónica cuando se lleva al exceso. Lleva al descubrimiento de la terrible verdad de que "todo lo que ha nacido merece ser destruido". En la historiografía venezolana no se encuentran obras bajo el manto de la historia crítica, pero en los recientes coloquios y congresos de historia se han presentado ponencias con un tímido acercamiento. El peligro de que la historia Monumental, la Anticuaria y la Crítica falseen el pasado, no es considerada como grave por Nietzsche, que renuncia fácilmente a la autonomía del conocimiento histórico y al carácter científico de la historia. El valor vital de la historia no pierde su sentido si se las considera como condenadas por el tiempo, como armas en la lucha contra el historicismo concupiscente. Es característico el hecho de que él prescribiese a su época como antídoto contra la ciencia la actividad histórica, es decir, la fuerza de olvidar y la actitud súper histórica, o sea el arte y la religión. 3.- La genealogía de la moral (1887) Esta puede leerse como una explicación del método súper histórico propuesto por Nietzsche a un problema a la vez histórico y filosófico. Intenta determinar el origen y el significado de la moralidad, del sentido moral del hombre, de su conciencia, de su creencia en cualidades de bien y mal. Se inicia con una crítica de la concepción rousseauniana de la historia, donde una humanidad que básicamente es buena se considera corrompida por una caída en el estado social. Por el contrario, Nietzsche sostenía que el hombre no es básicamente nada, y si Nietzsche y la historia: Una visión poética en clave metafórica para la vida ha caído en alguna condición, es en la bondad de la cual derivan todos los descontentos peculiarmente humanos del animal hombre. Nietzsche, ofrece un esquema para tramar la historia de la moralidad occidental con objeto de permitir la predicción de la inminente liberación del hombre de esa opresora bondad. La genealogía de la moral analiza las dicotomías de bien y mal - bueno y malo. Empieza con un ataque a los moralistas utilitarios ingleses (representados por: Jeremy Bentham, James Mill y John Stuart Mill) a quienes él llamaba irónicamente historiadores de la ética, es decir, eruditos que no hacen más que enumerar actitudes éticas convencionales sin someterlas a ningún tipo de crítica; dice que todos ellos han sido totalmente abandonados por el verdadero espíritu de la historia. Todos ellos, sin excepción, piensan en forma ahistórica. Pensar históricamente, en este caso significa pensarse uno mismo

de vuelta a la conciencia de una aristocracia libre, noble y fuerte, que se atribuye el derecho de nombrar las cosas por su nombre le guste o no. El resto de La genealogía de la moral es un ensayo sobre la historia de la cultura, la sociedad y la moralidad en términos de una teoría psicológica de la represión y la sublimación. En la genealogía de la moral Nietzsche establece las bases ontológicas de concepción del método histórico. Empieza con la siguiente acotación: No hay conjunto de máximos más importante para el historiador que éste: que las causas reales del origen de una cosa y sus usos eventuales, el modo de su incorporación a un sistema de propósitos, son cosas muy distintas; que todo lo que existe, cualquiera que sea su origen, es reinterpretado periódicamente por quienes están en el poder en términos de nuevas intenciones; que todos los procesos del mundo orgánico son procesos de despojo y derrota y que, a su vez, todo despojo y toda derrota significan reinterpretaciones , reordenación, en el curso de las cuales necesariamente el significado y el propósito anteriores resultan oscurecidos o se pierden. (1978; 13). Este párrafo constituye un rechazo a las concepciones mecanicista, organicista y contextualista de la explicación histórica, todo al mismo tiempo. Se muestra que el proceso histórico no es en absoluto un proceso sino una serie de momentos, de instantes; cada uno de los cuales se relaciona con el anterior y con el siguiente por las intenciones de los actores en escena en ese momento; la idea es destruir no sólo toda teología sino también toda causalidad. En síntesis la obra de Nietzsche es de una lucha contra su época, su contemporaneidad y que sus tesis vienen determinadas por esa actitud beligerante, y la idea de una conexión esencial entre los contenidos de la voluntad actual y la representación de la historia es independiente de esas circunstancias particulares y expresa un momento absolutamente válido en el concepto de la historia. La gran verdad expresada por Nietzsche consiste en la consideración de que toda exposición histórica no sólo tiene un objeto histórico, sino necesariamente también un sujeto histórico. De aquí aflora el problema del sentido y valor que tiene la historia para quien la hace, el problema de la elasticidad espiritual que concurre a formar el cuadro del pasado, el problema del derecho moral que asiste al presente para la consideración histórica. Nietzsche vio que la historia no es un simple destello del pasado en la conciencia teórica de las posteriores generaciones, sino que es más bien una hechura sintética del espíritu actual, alimentado por sus fuerzas vivas morfogenéticas justificado por sus labores históricas propias. El pasado tiene que ser interpretado por la energía máxima del presente y por su actividad responsable: "Las sentencias del pasado son siempre como oráculos y sólo como arquitectos del futuro y sabedores del presente podréis entenderlas". Conclusión La ideas centrales del pensamiento de Nietzsche son: la apreciación sobre el mundo griego, especialmente la etapa presocrática, complementándose con los conceptos de apolíneo y dionisíaco. La voluntad de vivir, que ensalsa la vida plena, vigorosa y productiva y la defiende contra toda amenaza. La teoría del eterno retorno, idea surgida de la concepción de Heráclito, en el sentido de que todo es devenir, pues la vida, no es ser estático. El superhombre; al hombre le corresponde dirigirse hacia el superhombre, mediante la transformación de sí mismo y del mundo. La moral de los señores y la moral de los esclavos; la moral de los señores que afirma los impulsos vitales y, por ser

superiores y existir para individualidades poderosas y de vitalidad superior, es exigentes y rigurosa; y la moral de los esclavos, propia de los seres resentidos, débiles, miserables y degenerados. El objetivo de Nietzsche era destruir la idea de que el proceso histórico debe ser explicado o tramado de alguna manera particular. Las propias ideas de explicación y tramado se disuelve y dejan lugar a la noción de la representación histórica como puro relato, fabulación, mito concebido como equivalente verbal del espíritu de la música. Nietzsche estableció una dicotomía entre la sensibilidad estética y la moralidad y luego procedió a hallar un modo de liberar a la primera de la segunda por la disolución de la conciencia histórica misma. Notas: (1) Su hermana se casó en 1885, con un militante antisemita llamado Bernard Foerster muy activo, con el que fue a parar a Paraguay, en busca de una comunidad que encarnarse y preservase los valores de la autentica Alemania: Nueva Germania era el nombre que llevaba esta colonia. (2) Entre ellas: - Meta Von Salis, poeta y escritora de ensayos y novelas. - Gabriele Reuter, autora de novelas. - Helen Zimmern, traductora de la obra de Schopenhauer. Para ellas, Nietzsche era una persona bondadosa, amable, sensible y delicada. Ejemplo de ello se tiene en: Malwida Von Meysemburg (quien lo conoció en Bayreuth en 1872), dijo de él: "aquí conocí su naturaleza amable, afable y bondadosa" Resa Schirhofer (estuvo con él en 1884 y 1887): "Desenfrenado como pensador Nietzsche como persona era de una exquisita sensibilidad, delicadeza y refinada cortesía en sus maneras y modales hacia el sexo femenino. Ida Von Miaskowski, su conducta hacia las mujeres era precisamente tan sensible, tan natural, tan llena de compañerísmo, que incluso ahora, cuando ya soy de edad avanzada, no puedo considerar a Nietzsche como alguien que desprecia a las mujeres. (3) Lou Von Salomé, nació en San Petersburgo nacionalizada alemana. Asistió a la Universidad de Zurich (a los 19 años). Visitó a Roma, donde conoció a Paul Rée y, a través de él, a Nietzsche. Salomé se casó con Friedrich Carl Andreas, pero el matrimonio no fue impedimento para que ella continuara viajando y teniendo amantes, entre ellos al poeta Rainer María Rilke. Fue discípula y confidente de Sigmund Freud a quien conoció en 1911. Fue una autora prolífica, escribió numerosos ensayos y ocho novelas. (4) El 3 de enero de 1889, Nietzsche había alcanzado el último estadio de su megalomanía; el derrumbamiento final, en la Piazza Carlo Alberto de Turín. Acababa de salir de su casa, cuando vio como un cochero maltrataba a un caballo. Nietzsche, llorando y con grandes gritos de dolor, se abrazó al cuello del animal y se desmayó. Algunos días más tarde, Franz Overbeck ( teólogo agnóstico que se mantuvo fiel a su amistad con Nietzsche hasta el final de sus días) fue a buscar a Nietzsche y le llevó a una clínica para enfermos mentales en Basilea. El diagnóstico fue: "parálisis progresiva". En mayo de 1890 su madre obtuvo el permiso para llevárselo a su casa.

Muerta su madre en 1897, terminará sus días al lado de su hermana; ésta había enviudado en Paraguay. Bibliografía 1. Principal: NIETZSCHE, F. (1979). El nacimiento de la tragedia. Madrid. Alianza Editorial. ___________, (1959). Consideraciones Intempestiva (1873-1875). Segundo Fragmento. De la utilidad y de los inconvenientes de los estudios históricos para la vida. 3ra. Edición Traductor: Eduardo Ovejero. Obras Completas, tomo 11. Buenos Aires. Aguilar Editores. __________, (1978). La genealogía de la moral. 3ra. Edic. Madrid. Alianza __________, (1974). La gaya ciencia. Bogotá. Editorial Bedout. (1981). Ecce Hommo. Colección Grandes Escritores (1979). Humano demasiado humano. Madrid. Editorial Edaf. (1979). El anticristo. Madrid. Editorial Alianza. _______________, (1959). Así habló Zaratustra. 3ra. Edic.Traductor: Eduardo Ovejero. Obras Completas, tomo VII. Buenos Aires. Aguilar Editores. ______________, (1959). Correspondencia. 3ra. Edic. Traductor: Eduardo Ovejero. Obras Completas, tomo XV. Buenos Aires. Aguilar Editores. 2º Complementaria: DELEUZE, Gilles. (1971). Nietzsche y la Filosofía. Barcelona. Editorial Anagrama. FRENZEL, Ivo. (1984). Nietzsche. Prólogo Miguel Morey. Barcelona. Salvat Editores. IZQUIERDO, Agustín ( ). Nietzsche en sus contemporáneos. En Revista de Occidente. Madrid. JANZ, Curt Paul (1981). Friedrich Nietzsche. Infancia y juventud. Madrid. Alianza Editorial. PERDOMO, Camilo. (2000). Conversación imaginaria con Nietzsche en Montreal. Revista FACES. UC. Año 8. N° 18. Valencia SAFRANSKI, Rüdiger. ( ). Nietzsche superhombre. Teatro de cámara o drama mundial. Revista de Occidente. Madrid. WHITE, Hayden. (1998). Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica.

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