Año 8, N°37, Julio 2014, Registro de Marca N°814828 / www.mtb-chile.cl / comunicaciones@mtb-chile.

cl


LA LA LA LA OBSCENA OBSCENA OBSCENA OBSCENA
ACUMULACIÓN ACUMULACIÓN ACUMULACIÓN ACUMULACIÓN DE DE DE DE
LA LA LA LA RIQUEZA RIQUEZA RIQUEZA RIQUEZA

Todos los organismos nacionales e internacionales coinciden en
que Chile tiene uno de los más altos niveles de concentración
económica del mundo (70% y 96%) y la peor distribución de su
ingreso (30% del ingreso es para el 1% más rico). En 12 años
(1995-2007) los salarios chilenos tuvieron un reajuste real de
0,75% (Informe OIT 2008), mientras el incremento del PIB per
cápita del mismo periodo fue de 4,6%. Se suma a esta situación,
una excesiva carga tributaria sobre los ingresos de los
trabajadores derivados del IVA, impuestos al consumo y al salario,
cuestión que no corrige la reforma tributaria.

Dado lo brutal de este desequilibrio, es cuestionable el tipo de
negociación que se instala en las esferas cupulares para reajustar
el ingreso mínimo. Este debate no cuestiona en absoluto los
pilares de explotación laboral expresados en el Código del
Trabajo, constituyéndose la negociación en una cortina de humo
para esconder la obscena acumulación de riqueza de los sectores
acomodados e impedir que millones de trabajadores levanten
propuestas estructurales. La cúpula sindical de la CUT asume en
este proceso un mero rol de promotor de asistencialismo
focalizado exclusivamente en la extrema pobreza.

Si uno de los objetivos de 17 años de dictadura fue eliminar los
derechos de los trabajadores y debilitar su fuerza organizativa, el
de 20 años de gobiernos de la Concertación fue incentivar la
desafección de la actividad sindical generado un nuevo "tipo" de
trabajador. Éste no visualiza el carácter encubierto de la lucha de
clases, no se identifica con su clase; no debate, no genera ideas
propias. No cuestiona lo neoliberal de la economía, lo
antidemocrático de la política ni lo excluyente del rol del Estado.
Este trabajador desconoce la finalidad de la organización sindical
y las conquistas laborales alcanzadas en el pasado reciente, en
consecuencia, está lejos de dar el salto cualitativo donde sus
intereses individuales se fundan a los intereses de todos los
trabajadores, por un trabajo digno y un salario justo

Esta vacilación ideológica, la conocen a cabalidad los gobiernos y
quienes dirigen la CUT, operando sobre ella para presentar meros
ajustes neoliberales como grandes propuestas, y vagas iniciativas
como grandes cambios, pero la verdad, solo pretenden dar
estabilidad a la tasa de ganancia de los empresarios a costa de
bajos salarios y pésimas condiciones laborales.

La política salarial de los últimos 20 años, tuvo como objetivo
reforzar un sistema laboral que precariza el empleo. Los salarios
son expoliados por la vía del endeudamiento y el alza sostenida
del costo de vida. Las denominadas transferencias sociales del
Estado, como el seguro de cesantía, el sueldo ético familiar y los
bonos, no resuelven el problema estructural del ingreso y en
ningún caso el bienestar de las familias que viven de un salario.

El ingreso mínimo ($225 mil), no sólo es pequeño, además está
afecto a la deducción de previsión, salud y seguro de cesantía
(20,6% del salario) y no contiene un mecanismo de ajuste
automático frente a la inflación. Peor situación padecen los
trabajadores menores de 18 años y mayores de 65 años, a
quienes el marco laboral chileno les da un trato vejatorio al
fijarles por ley, un ingreso menor al ingreso mínimo ($167 mil), a
pesar que la mayoría de ellos son el único ingreso familiar.

En el contexto latinoamericano, los países de la región fijan sus
ingresos mínimos en relación al ingreso per cápita de su nación,
vinculando el crecimiento económico a una justa retribución para
el trabajador. A juicio nuestro, esa es una relación de ajuste
salarial correcta, pues valora en términos concretos y reales el
aporte que los trabajadores hacen a la riqueza de sus respectivos
países. El promedio de los ingresos mínimos de los países
latinoamericanos, está entre el 46% (Venezuela) y el 150%
(Paraguay) de su ingreso per cápita, no así en Chile, donde el
ingreso mínimo no supera el 29% de su ingreso per cápita. Similar
lugar ocupamos en la OCDE, donde somos el segundo país con el
peor ingreso mínimo.

El asunto novedoso este año, respecto del salario mínimo, fue el
acuerdo entre el gobierno y la cúpula de la CUT de no debatir
sobre la situación de salarios durante los próximos 24 meses,
argumentando para ello, que se ha realizado un gran esfuerzo
fiscal. Pero este pacto no tiene otra explicación que el
compromiso contraído por la dirección de la CUT frente al
gobierno, de garantizar al bloque en el poder, control social y
contención de las demandas populares frente a la desaceleración
de la economía, es decir, gobernabilidad.

El incremento del ingreso mínimo debe plantearse sobre
indicadores de carácter permanente, justos, incuestionables y
sostenibles en el tiempo. Su justa dimensión debe ser la plusvalía
que el trabajador otorga a la mercancía generada o el servicio
realizado, y vincularlo a su equivalente en el PIB. Una propuesta
central en ese sentido, es homologar el ingreso mínimo al 50% del
ingreso per cápita, no plantear el debate en esa perspectiva, deja
a toda otra iniciativa, circunscrita a los marcos estrictamente
neoliberales para resolver las contradicciones entre capital y
trabajo.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful