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TEMA 19

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TEMA 19: LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN ESPAÑA: RADIO, PRENSA Y TELEVISIÓN. 1.

LA RADIO Cuando el siglo XX abandona definitivamente su adolescencia y empieza a saborear las delicias de esa preciada etapa de la vida que es la juventud, la radio, un medio del que los españoles de a pie tan solo habían oído hablar, irrumpe en nuestro país. Sucedía en la década de los 20 y, por entonces, nadie podía imaginar que aquella incipiente y nueva forma de comunicarse entre los hombres se convirtiera, con el paso del tiempo, en una caja de sonidos que acabara informándonos, entreteniéndonos, educándonos, acompañándonos en nuestros viajes, despertando nuestra imaginación, haciéndonos reír, llorar, cantar... En este bloque de temático vamos a conocer los aspectos más relevantes de la historia y la evolución de un medio que en España siguió una trayectoria muy particular, influida en todo momento por los avatares que nuestro país sufrió a lo largo de la pasada centuria. Te hablaremos de muchas cosas, pero necesitaríamos cientos de páginas para exponer lo que ha dado de sí una Radio que en el 2024 celebrará sus 100 años de encuentros y desencuentros con la sociedad española. Si bien decíamos al principio de este texto que la radio en España comenzó el pasado siglo, concretamente en la década de los veinte, en Estados Unidos su andadura se inició un poco antes. En 1916 se inaugura la primera emisora en la ciudad de Nueva York y, en el período comprendido entre 1914 y 1918, la radio se consolida en este país y en otros importantes estados europeos, como Francia y Gran Bretaña. Tal es el crecimiento del medio en Norteamérica que, en 1935, se funda la Columbia Nexus Service, una agencia de noticias encargada de distribuir la información entre las emisoras existentes en aquel momento en Estados Unidos. A pesar de los intentos anteriores, no será hasta 1924 cuando la radio en nuestro país empiece a emerger definitivamente, en plena Dictadura del General Primo de Rivera. Este mandatario, al igual que otros políticos, vio en este medio un efectivo canal de propaganda. En pleno verano del 1924, y una vez aprobado el Reglamento, se empezaron a otorgar las concesiones de emisión: EAJ-1 Radio Barcelona, EAJ-2 Radio España de Madrid, EAJ-3 Radio Cádiz, EAJ-4 Estación Castilla, EAJ-5 Radio Club Sevillano, EAJ-6 Radio Ibérica. Todo empezaba a estar dispuesto para que el 14 de noviembre de ese mismo año Radio Barcelona se inaugurara oficialmente y empezara así sus emisiones, siete días después de que su hermana madrileña, Radio España, comenzara sus pruebas oficiales. Tras la implantación de las primeras estaciones, durante 1925 y 1926 la radio fue extendiéndose por todo el territorio español: Andalucía, Castilla, País Vasco..., aunque con una programación muy limitada (fundamentalmente Diarios Hablados, espacios culturales y música). Sin embargo, Unión Radio consideró

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necesario mejorar las emisiones y por ello empezó a emitir en cadena con otras estaciones y a incorporar otros contenidos, como el deporte o los toros. Con la llegada de la II República, el número de personas que disponía de un aparato receptor aumentó y la audiencia de este medio se engrosaba día tras día. Además, durante esta época fueron surgiendo un gran número de estaciones locales, que engancharon a muchas personas a lo largo de todo el territorio español. Sin embargo, con el estallido de la Guerra Civil española, el 18 de julio de 1936, las cosas empezaron a cambiar. La radio se destapó como un gran medio de propaganda política que fue utilizado por los bandos combatientes para emitir sus particulares arengas Una vez terminada la guerra civil y con franco en el poder, la Falange será la responsable de los espacios que emiten las ondas radiofónicas. Esta situación desembocó en nuevamente en la instauración de la censura (la Ley de Prensa así lo establecía), o lo que es lo mismo, las radios no podían programar nada que el poder político no quisiera. Los censores se ocupaban de revisar los guiones para que nada indebido se les escapara, al tiempo que las radios comerciales, las privadas, estaban obligadas a conectar siempre con Radio Nacional de España (Rne) para emitir los servicios informativos que elaboraba esta red gubernamental y que se conocían con el nombre de El parte, debido a que durante los años de la contienda civil, el espacio informativo por antonomasia era, precisamente, el parte de guerra. Las estaciones distintas a Rne sólo podían elaborar las noticias comarcales y locales, pero siempre bajo supervisión de la autoridad competente. Mientras esto sucedía en España, en Europa se desencadena la II Guerra Mundial. Esta circunstancia obliga a transformar la radio -al igual que ya había sucedido en nuestro país poco antes-, en un arma de propaganda política que utilizaban los dos bandos para informar de los avances de la guerra. La llegada de la televisión: malos tiempos para la radio Entrados los años 60, la radio experimentará una mala época por un hecho que vendría a cambiar muchas cosas: la llegada de la televisión. Si bien ésta llegaría a los hogares españoles en 1956, no será hasta la década de los 60, y en especial hasta los 70, que su uso se empezaría a generalizar de forma masiva. La situación económica de la familia media española no permitía que durante esa época todo el mundo tuviera un televisor en casa como pasa actualmente. Con la popularización de la televisión, la radio debe reestructurarse y ver cuáles son las ventajas que tiene sobre el nuevo medio (aunque, de hecho, las tenía y las sigue teniendo). Es cierto que la TV podía emitir imágenes, pero la radio era mucho más ágil y rápida. Además, hace 30 años la radio podía llegar a lugares a los que la tele no tenía acceso, porque por entonces la infraestructura televisiva era muy poco operativa. Como ya debes saber, la década de los 70 supuso un gran cambio en la sociedad española, y, también, en la radio. En 1972 la Ser empieza a emitir tímidamente un programa informativo emblemático: Hora 25. Se trataba de un espacio que bajo el formato de un Magazine (consulta los bloques La comunicación radiofónica, La
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programación radiofónica y La producción radiofónica), comunicaba a sus radioyentes los últimos acontecimientos de actualidad. Con la muerte del General Franco, en noviembre de 1975, y por miedo a posibles cambios, la censura en la radio se incrementó notablemente. De alguna forma, esto es lógico, ya que por entonces no se sabía lo que podía pasar en España. Sin embargo, dos años después se produce un hito histórico en la radio: se aprueba la libertad de información, o lo que es lo mismo, por fin las emisoras no tenían que conectar con RNE para trasmitir los servicios informativos. Se había acabado el monopolio de esta cadena en este sector. A partir de octubre de 1977, las emisoras empiezan a emitir sus propios espacios informativos y la radio en general comienza a parecerse al medio que hoy en día conocemos. La radio de nuestros días Cuando sintonizas la radio, seguro que te habrás dado cuenta que las emisoras no son, ni mucho menos, todas iguales. El origen de estas diferencias se encuentra en múltiples factores: la titularidad, el tipo de emisión, la cobertura territorial, la programación etc. Todas estas características influyen de una manera más o menos importante en las posteriores emisiones, ya que no será lo mismo una estación radiofónica que transmite para todo el estado español que una que lo hace para un municipio concreto. De igual forma, también dista mucho la programación de una estación como Radio Nacional de España-Radio 1, de la que ofrece una emisora especializada en música, como por ejemplo, la Cadena 40. La gran cantidad de emisoras existentes hoy en día en nuestro país convierten al sistema radiodifusor en un complejo entramado. Pero vayamos por partes. Titularidad y financiación En España, las cadenas radiofónicas con más peso específico en función de su número de oyentes son: la Ser (Sociedad Española de Radiodifusión), Onda Cero, Rne (Radio Nacional de España) y la Cope (Cadena de Ondas Populares Españolas). Esto no quiere decir que no haya más, todo lo contrario, sino que las que acabamos de citar obtienen los mayores índices de audiencia. De ellas, tan sólo Rne es de titularidad pública, mientras que el resto son privadas. ¿Esto qué quiere decir? Pues que la financiación de Rne depende enteramente de los Presupuestos Generales del Estado y el Gobierno es el responsable de su funcionamiento, control y gestión. En la actualidad, Rne está formada por varias emisoras: Radio 1, Radio Clásica (antes Radio 2), Radio 3, Radio 4 (que emite sólo en Cataluña), Radio 5 Todo Noticias y Radio Exterior, que destina su programación a los españoles residentes en el extranjero. Las tres cadenas restantes (Ser, Cope y Onda Cero) son de capital privado, y, por lo tanto, dependen de las empresas que están detrás y de los ingresos que genera la publicidad que emiten. De todos modos, Rne no es la única emisora de titularidad pública, pero sí la única que no emite publicidad, porque así se establece en el Estatuto de Radio Televisión Española. Las otras estaciones de titularidad pública que podemos encontrar en nuestro sistema radiodifusor son las autonómicas, que dependen de los

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gobiernos autonómicos, y las municipales, que están bajo la tutela de los ayuntamientos y, en algunos casos, de las diputaciones. Cobertura territorial La cobertura territorial también influye en las emisiones radiofónicas, ya que, según la extensión geográfica que abarquen, así serán sus programaciones. Las autonómicas y las municipales, por ejemplo, prestarán más atención a los acontecimientos que les son más próximos y que, en muchas ocasiones, no tienen cabida en las emisiones de las grandes cadenas, debido a que es el interés que pueda tener para un determinado grupo de población lo que determina si una noticia va a ser incluida o no en un programa, de hecho es poco probable que en una estación radiofónica estatal se emita una noticia que ha sucedido, por ejemplo, en un barrio de una pequeña localidad, a no ser que el hecho revista algún tipo de interés (informativo, de entretenimiento, etc) para el conjunto de los españoles. Esta es una de las razones que explican la necesidad de disponer, además de las nacionales, de emisoras locales y autonómicas. Pero la cobertura territorial de las radios no es un hecho casual, sino que está estrechamente ligada a la estructuración político-administrativa del Estado, además de factores sociales y culturales. De esta forma, en nuestro sistema radiodifusor coexisten: Emisoras estatales, que cubren todo el territorio gracias a las diferentes estaciones que posee cada cadena, o aquellas a las que se encuentra asociada. Emisoras autonómicas, que emiten exclusivamente para su comunidad (aunque no todas las autonomías cuentan con este tipo de operadores). Emisoras locales (entre las que se encuentran las municipales, las locales de titularidad privada, las libres, las asociativas, las escolares, etc.), que radian en diferentes ciudades, pueblos o villas. De todos modos, las emisiones de algunas cadenas pueden llegar a diferentes puntos del globo. Con independencia de Radio Exterior de España, que emite para diferentes países y que gozó de gran importancia durante las décadas de los 50, 60 y 70 por ser uno de los medios que utilizaba la población que había emigrado para ponerse al día de lo que pasaba en nuestro país, la irrupción de tecnologías avanzadas de la comunicación, como el satélite, primero, e Internet, después, permite que algunas cadenas puedan transportar sus ondas más allá de su entorno más próximo. En el caso de Internet, todas las cadenas españolas más importantes tienen su programación colgada en la Red y, entre otras muchas cosas, dan la oportunidad de escuchar contenidos en tiempo real. Las cadenas de Radio actuales:

Radio Nacional de España. Perteneciente al organismo público Radiotelevisión Española (RTVE). Integrada por seis cadenas (Radio 1, Radio Clásica, Radio 3, Radio 4, Radio 5 y Radio Exterior de España).

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Varias emisoras nacionales privadas: SER, COPE, Onda Cero y Punto Radio. Varias emisoras autonómicas públicas. Numerosas emisoras locales.

2.LA PRENSA Historia: La era Gutenberg Con el florecimiento de las ciudades en el s. XVI, las noticias de los descubrimientos y los viajes se amplía la visión del mundo que se tenía hasta ese momento y se produce una demanda de información desconocida hasta entonces que sólo podía cubrir el nuevo sistema de impresión rápida inventado por Gutenberg en 1450: la imprenta. En los años siguientes, el nuevo sistema se extendió rápidamente por toda Europa porque permitía reproducir de forma sencilla los libros que antes eran manuscritos (entre 1450 y 1500 se imprimieron más de 6.000 obras diferentes), así es que del noticierismo manuscrito de los orígenes, se pasó paulatinamente al noticierismo impreso. Al principio, se hacen publicaciones ocasionales (fueron muy famosas las "hojas volanderas" alemanas conocidas como Newe Zeitung) de cuatro a ocho páginas plegadas, sin cabecera ni anuncios, que se ocupaban cada vez de un único tema. Los más comunes eran las guerras contra los turcos, los viajes, los descubrimientos, la rebelión de Lutero, la división religiosa en Europa, etc. Se vendían en las imprentas, en las librerías o en puestos ambulantes. A lo largo de todo el siglo XVI los "ocasionales" van dando lugar a impresos periódicos que comienzan a ser regulares en el s. XVII que es cuando se considera el comienzo de la historia del periodismo en su sentido estricto, aunque ya se encuentran publicaciones periódicas antes: a parte de los almanaques o los Price currents ingleses que ofrecían información comercial, estaban los anuales y semestrales que resumían las principales noticias del año como los Messrelationen que se vendían en la feria de Frankfurt. Las hojas informativas tenían gran aceptación por parte del público, lo que las convertía en un medio influyente y, por esta razón, los gobernantes comenzaron a prohibir su distribución y a crear publicaciones oficiales para evitar las críticas a sus gobiernos. Así, llegó el nacimiento y la estabilización de las primeras gacetas
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semanales en el s. XVII. Las pioneras se encuentran en Alemania y los Países Bajos. En 1609 en Estrasburgo salía un semanal con el nombre genérico de Relation y en Wolfenbütel (Alemania) otro con el de Aviso Relation oder Zeitung. Pero la más importante fue la Gazette, fundada en París en 1631 por Théophraste Renaudot, considerado el primer periodista de la historia. La Gazette era un semanal, de pequeño formato y con cuatro páginas de noticias breves y sin opinión, próximo al poder y que se vendía principalmente mediante suscripción. París también es cuna de los primeros periódicos literarios y científicos, como Le Journal des Savants (1665), y de la prensa de sociedad (Mercure Galant, 1672). Hasta el s. XVIII no se publicó el primer diario francés, se le llamó Le Journal de París (1777) y salió sólo con cuatro páginas. En Italia, la imprenta tuvo una implantación algo más tardía. Las primeras gacetas semanales italianas surgen en Florencia y Génova, sobre los años 1636 y 1639, aunque aún persisten La Gazzetta di Mantova (1664) y Gazzetta di Parma (1734) como diarios de información general. En España, la primera publicación semanal fue la Gaceta de Madrid, también de carácter oficial. Tuvo su origen en el ocasional Gazeta Nueva que apareció en Madrid en 1661 como "Relación o gaceta de algunos particulares así políticos como militares" y que recogía los avisos y noticias relativas a su título. Pronto se convirtió en un órgano de información de carácter oficioso y en 1697 cambió su nombre por el de Gaceta de Madrid. A lo largo del XVII se imponen grandes restricciones a la prensa mediante concesión de licencias y otras limitaciones relacionadas con la censura civil y religiosa, aunque eso no impide que a principios del XVIII la prensa semanal sea ya un fenómeno generalizado en toda Europa. En estas gacetas aparecen formas rudimentarias de publicidad comercial y son el embrión de publicaciones de carácter literario, satírico y científico muy importantes en los siglos siguientes. Con pequeños matices, el nacimiento de las primeras publicaciones periódicas semanales fue muy similar en toda Europa, salvo en el caso de Gran Bretaña, que merece un especial tratamiento por ser pionera en establecer las primeras normas de regulación y censura, con el famoso decreto de la "Star Chamber" de 1637, y el primer régimen de libertad de prensa tras la revolución de 1688. Se abolió la censura previa y, en 1702 en un clima de gran libertad aunque con restricciones para la crítica al gobierno, se fundó el primer diario del Reino Unido, el Daily Courant. Prensa industrial del Reino Unido. La historia del periodismo británico se inicia a partir de la introducción de la imprenta en el país, en 1476 en Westminster gracias a Caxton, un impresor que había trabajado en los Países Bajos y había aprendido el arte de imprimir en Colonia. Desde estos primeros momentos, los distintos gobiernos monárquicos británicos utilizarán diversos sistemas de control para regular el desarrollo de la imprenta hasta el siglo XVIII, en este momento el panorama inglés es muy distinto al del resto de Europa debido al control liberal de la información. Gran Bretaña salió muy dañada de la guerra napoleónica. Las secuelas provocarán las primeras revueltas y protestas sociales. La industrialización creciente crea una
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capa social obrera que demandará más derechos políticos, mejoras laborales y que se va a constituir como un público potencial que estimulará la aparición de nuevas publicaciones. En 1802 nace el Weekly Political Register de W. Cobbett, considerado como el primer periódico obrero y popular, pero el máximo representante de la prensa industrial inglesa es el The poor man’s Guardian. El The Times, que fundó John Walter en 1785 y es el diario decano de la prensa inglesa, vivió su etapa dorada, al igual que el conjunto de la prensa británica, en la primera mitad del XIX durante la "era victoriana". En 1885 se suprimió el impuesto público sobre los periódicos y el precio de éstos bajó. Se inició la fase de la prensa barata que ya has visto también en el resto de Europa. El principal periódico es el Daily Telegraph. Los precios irán disminuyendo a lo largo del XIX dado que se abarata el papel, se dispone de mejores máquinas de impresión y aumenta la tirada de ejemplares. Además se fomenta la educación que provoca más lectores potenciales, se dan reformas electorales y se crean las agencias de noticias (Reuters). Todo ello, como puedes imaginar, genera un aumento de la circulación y crecerá la publicidad, por lo que un periódico en Gran Bretaña a principios del XX costaba medio penique. Al igual que ocurre en otros países, se crean grandes grupos de prensa durante el último siglo controlados por empresarios de la comunicación, más interesados en los beneficios económicos. Por ejemplo, lord Northcliffe llegó a controlar el Daily Mail, el Times, The Observer y el Daily Mirror, este último dirigido al público femenino, y en el año 1934 se había convertido en el primer periódico inglés con formato tabloide. ¿Qué le diferencia del periódico normal? Su tamaño (la mitad de un periódico normal), la profundidad para cubrir las noticias (informa más a fondo) y tiene muchas más ilustraciones. En 1939 la tirada global de los diarios nacionales ingleses era de 10,6 millones, más del doble que en 1920, utilizándose los periódicos para fortalecer los objetivos e ideas políticas de los principales editores. Si ahora te acercas a un kiosco de prensa verás cómo ciertos periódicos te ofrecen videos, juegos, libros, si abonas un suplemento sobre el precio de venta. Bueno, pues ya en 1933, el Daily Herald ofrecía a sus lectores una colección de Dickens en 16 volúmenes por 11 chelines más unos cupones del diario. Esta nueva forma de vender fue seguida de inmediato por sus competidores. Una vez finalizada la II Guerra Mundial el número de periódicos en el Reino Unido descendió a la mitad debido a la disminución de los ingresos publicitarios, que se desviaban a otros medios como la televisión, y a la fuerte competencia, al coste tecnológico y a los problemas laborables. Desde 1945 se desarrolla la quinta generación de medios de masas, que hereda de las anteriores el mercado, algunas formas sensacionalistas y el lenguaje. ¿Y qué novedades se incorporan, pensarás? La imagen como elemento de comunicación preferente. El principal representante de esta tendencia es The Sun, el primero en ventas con unos 4 millones de ejemplares. En nuestros días la prensa británica mantiene su compromiso entre el servicio público y el sector privado, con un interés mayoritario por la información nacional y un marcado desarrollo hacia la concentración de medios que han provocado la aparición de grandes monopolios, como por ejemplo Pearson PLC, que edita el
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principal diario económico británico, el Financial Times. También te resaltamos la entrada de Murdoch en el mercado inglés mediante la News International, con la que adquirió The Times y el Sunday Times, en 1981, compitiendo con el otro magnate de la prensa inglesa Robert Maxwell, propietario del grupo Mirror. Periodismo de masas en EE.UU. El primer periódico de tirada continua en la colonia americana fue el Boston News-Letter, fundado por John Campbell en 1704. Contenía noticias financieras y del extranjero en un momento de severidad extrema por parte de la metrópoli inglesa que ejercía un gran control de la imprenta y que, con la censura y los impuestos, impedía el derecho a la libertad de prensa. Durante la Revolución Americana dos periódicos jugaron un papel a favor de la Independencia: el Pennsylvania Magazine de Tom Paine y el Boston Gazette de Sam Adams. El primer periódico de Nueva York fue The Gazette, en 1725, al que siguió el New York Weekly Journal, editado por John Peter Zenger, que sería arrestado y acusado de sedición por publicar ciertas críticas contra el Gobernador británico. Zenger fue juzgado y declarado inocente, lo que supuso un precedente para la libertad de expresión en Estados Unidos. Durante el último cuarto del siglo XVIII, todavía bajo la dominación británica, el número de periódicos se acercaba al medio centenar y sus contenidos eran más ensayos que noticias, con una línea claramente independentista. El primer diario estadounidense nace en Filadelfia, el Pennsylvania Evening Post en 1783. A principios del XIX había unos veinte periódicos diarios, cifra que fue en aumento según se propagaba la Revolución Industrial. En 1833, Benjamin Henry Day editó la primera edición del New York Sun, pionero de la prensa barata que dominó el mercado periodístico de este país hasta finales del XIX y que dio paso al periódico moderno destinado a una audiencia masiva, con unos contenidos de "interés humano", abiertamente sensacionalista y cuyo precio era un centavo. Tuvo un gran éxito por lo que tenía mucha publicidad que ocupaba gran parte del periódico. Pronto aparecieron imitadores: el New York Tribune en 1841, de Horace Greeley, republicano y antiesclavista, considerado un gran vivero del periodismo norteamericano, y el sudista New York Herald (fundado por Gordon Bennett en 1835), que alcanzaron decenas de miles de ejemplares. El tercer gran periódico que nace en esta época es The New York Times, en 1851, de Henry Raymond. Las razones por las que surge este tipo de prensa de masas son: los adelantos tecnológicos, un papel más barato, el desarrollo de unas rotativas más rápidas, un fuerte porcentaje de publicidad y la creación de la Agencia AP (Associated Press), en 1848, mediante la unión de seis periódicos de Nueva York, para compartir los costes de la transmisión telegráfica de noticias desde Washington y Boston hasta Nueva York. Dispones de un capítulo entero acerca de las agencias de información para saciar tu curiosidad. En plena "edad de oro" del periodismo, que abarcó desde la segunda mitad del XIX hasta la Primera Guerra Mundial, Joseph Pulitzer lanza el New York World en 1883, y renace el periodismo de masas, sensacionalista, bautizado como el "New Journalism". Pero será William Randolph Hearst, con el San Francisco Examiner y el New York Morning Journal, quien competirá con Pulitzer, convirtiéndose en el máximo representante del sensacionalismo periodístico y a quien se le responsabiliza del "Yellow Journalism" o prensa amarilla, que tiene su
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cúspide con la guerra hispano-norteamericana participando de forma activa en una contienda a la que se llamó la "guerra de Hearst". Cuando se inicia la Primera Guerra Mundial, Hearst y su cadena de periódicos no toman una postura claramente aliada, frente a los New York Herald o el mismo The New York Times, que se sitúan a favor de la intervención contra Alemania. Tras la guerra aparece la tercera generación de la prensa de masas, conocida como el "Jazz Journalism". Entre 1919 y 1926 surgen el Daily News, el Daily Mirror (de Hearst) y el Daily Graphic, con un formato tabloide y con un papel primordial para las ilustraciones fotográficas, que en muchos casos ocupan toda la primera plana. Los años sesenta son de bonanza económica y de creatividad cultural lo que genera un gran activismo periodístico. Destaca el periodismo de investigación cuyo mejor trabajo periodístico fue el escándalo político conocido como Watergate, que provocó la dimisión del presidente Richard Nixon en 1974. Respecto a las publicaciones no diarias, en 1922 el Readers Digest comenzó a publicar versiones concentradas de artículos y otros textos procedentes de otras revistas. Esta idea del matrimonio Wallace tiene en la actualidad tiradas súper millonarias. Un año más tarde, Henry Luce ponía en circulación el primer número de la revista Time, convencido de la necesidad de profundizar en las informaciones y de una prensa semanal de mayor calidad. Luce también lanzó otro semanario de información económica Fortune con enorme éxito. Newsweek, principal competencia de Time, se fundo en 1933. El periódico con mayor tirada diaria, cerca de 2 millones de ejemplares, en la actualidad es el Wall Street Journal, una publicación especializada dirigida a profesionales con noticias de interés general. Los principales periódicos para el gran público son USA Today, que impone un nuevo lenguaje tecno-informativo, con una circulación diaria que ronda el millón y medio de ejemplares, y Daily News, con más de 1,3 millones. España hasta el siglo XX Como en el resto de los países europeos, los inicios de la prensa en España están en el noticierismo manuscrito y relaciones que aparecen en distintas ciudades con la imprenta y que hablaban sobre la Reconquista, el descubrimiento de América, actos religiosos y profanos, etc. En 1697, la Gazeta de Madrid se convierte en el primer periódico semanal español. Tenía dos secciones: una internacional y otra con información nacional que incluía noticias de la Corte, el Rey, los nombramientos, etc. Muchas ciudades españolas editarían sus propias gacetas a imitación de la madrileña: Sevilla, Zaragoza, Valencia, etc. A lo largo del siglo XVIII aparecen distintas publicaciones periódicas, algunas de carácter erudito o cultural, con contenidos enciclopédicos como el Diario de los literatos de España. Otras de carácter satírico, orígenes de lo que sería el periodismo crítico, cuyo mejor ejemplo es El Duende Crítico que se atrevió a cuestionar la política de la Corona Española hasta que desapareció al ser arrestado su redactor. El 1 de febrero de 1758 apareció el primer periódico diario de nuestra historia, el Diario de Madrid. España fue uno de los primeros países europeos en
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disponer de un diario gracias al que se considera el primer periodista profesional español: Mariano Nipho. A finales del siglo XVIII se editan periódicos en los que comienzan a introducirse en España las ideas ilustradas que habían aparecido en Francia. Destacan El Pensador y El Censor. Muchos de ellos sufrirían la represión de los tribunales de la temida Inquisición a causa de sus críticas a la Iglesia o la Corona, y se llegarán a prohibir todas las publicaciones periódicas con excepción de la Gaceta de Madrid y el Diario de Madrid. En cuanto a otras ciudades, las más activas fueron las del este y el sur de la península. Se comenzaron a editar el Diario de Barcelona (1792), el Diario histórico y político de Sevilla (1792), el Diario de Zaragoza, el Diario Pinciano de Valladolid y hasta dieciséis cabeceras distintas que se publicaban en Cádiz. Con la invasión napoleónica (1808) y la consiguiente Guerra de la Independencia, la prensa española vivirá uno de sus periodos de mayor esplendor. Las Cortes de Cádiz establecen la libertad de imprenta eliminando cualquier censura previa, algo que confirmaría la Constitución de Cádiz de 1812. Supondría el nacimiento de la prensa política y aparecerían periódicos liberales como el Semanario Patriótico o El Robespierre Español, y serviles: El Censor general o El Sol de Cádiz. A partir de ese momento, la historia de nuestro periodismo del siglo XIX e incluso de gran parte del siglo XX hasta la Guerra Civil estaría marcada por la prensa política o por lo que también se conoce como "periódicos de partido". Periódicos que buscaban la difusión de unas ideas políticas determinadas, generalmente de corta vida y escasa difusión por la escasez de recursos económicos. Con el regreso de Fernando VII se perseguirá todo lo relacionado con el liberalismo y estos periódicos serán prohibidos. España hasta 1975 En el último tercio del siglo XIX la prensa española experimenta un cambio trascendental: nace el periodismo informativo y se acaba el predominio existente desde el siglo XVIII de la prensa de opinión. Es el preludio de los periódicos actuales. Los periódicos de partido fueron desplazados por los de empresa o prensa industrial. Se empezó a buscar la rentabilidad económica y se alcanzaron tiradas importantes, consiguiendo ingresos con la venta de los ejemplares y con la publicidad. Los primeros periódicos de estas características fueron Las Novedades, fundado por Ángel Fernández de los Ríos en 1850, que incluía esencialmente noticias divididas en secciones, y La Correspondencia de España que era una apuesta abiertamente informativa frente a la abundancia de periódicos políticos que en ese momento predominan en España. Comenzaba la "edad de oro del periodismo español". Surgen importantes periódicos como Las Provincias (Valencia, 1866), La Voz de Galicia (A Coruña, 1872), La Vanguardia (Barcelona, 1881), El Adelanto de Salamanca (1883); Heraldo de Aragón, etc. También aparecen revistas gráficas semanales con ilustraciones y fotografías, como La Ilustración española y americana, Blanco y Negro y Nuevo Mundo. En la década de los 80 hay que destacar a los dos únicos periódicos españoles que
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imprimían en rotativa con papel continuo: El Imparcial, fundado en 1867 por Eduardo Gasset, y que alcanzó tiradas de 140.000 ejemplares, y El Liberal, que nació en 1879 fruto de una escisión en la redacción del primero. Este último estaba dirigido por Miguel Moya, tenía edición en Madrid, Barcelona, Bilbao y Sevilla y una orientación política a la izquierda de su antecesor. La rotativa abarató los costes y permitió bajar el precio de venta del periódico aumentándose con ello el número de ventas totales por lo que también comienzan a utilizarse titulares más atractivos para captar a más lectores. En 1890 aparece el Heraldo de Madrid y en 1905 ABC, que surge como un diario novedoso por la abundante información gráfica y por el moderno formato. En 1906 El Liberal, El Imparcial y El Heraldo de Madrid se asocian para aumentar su dominio, aunque son acusados por sus competidores de trust monopolista, y en 1917 nace un periódico que causaría sensación por su calidad: El Sol. Tenía doce páginas (frente a las ocho de la mayor parte de sus competidores) con abundante información local, cultural e internacional, incluía también suplementos semanales. Su promotor fue Nicolás María de Urgoiti. El filósofo José Ortega y Gasset escribía casi a diario en sus páginas y era su auténtica referencia intelectual. Otros periódicos importantes de esos años fueron: El Debate, La Voz, La Libertad e Informaciones. En 1923 llegó la dictadura de Primo de Rivera, gran retroceso para la prensa al establecer la censura previa y, en 1931, la II República, bien vista en principio (excepto por ABC, monárquico) y muy criticada después. Surge una dura prensa opositora tanto a la derecha como a la izquierda. Son tiempos de movilización política y, de nuevo, de periódicos de partido: carlistas, monárquicos, integristas, fascistas, anarquistas y comunistas. Todos de limitada difusión pero que acentuaban la inestabilidad del sistema político. En Cataluña y en el País Vasco surge una importante prensa nacionalista: Euskadi (Bilbao), El Día de San Sebastián, L`Opinió, L` Humanitat, etc. En 1936 estalló la Guerra Civil y la información desapareció en las dos zonas combatientes para convertirse en descarada propaganda. En la zona republicana, los periódicos de derechas fueron confiscados y puestos al servicio del bando republicano. Del mismo modo procedió el bando que se había sublevado contra la República con los de izquierdas. La Iglesia puso toda su organización al servicio de la propaganda franquista y la Falange llegaría a contar con distintas publicaciones. Lo fundamental era levantar el ánimo de los combatientes e intimidar al enemigo. Para ello surgen los periódicos de campaña y los de las unidades militares. También se procuró influir en los distintos corresponsales extranjeros para que la prensa internacional apoyase a uno u otro bando en cuestión. Tras la Guerra Civil vinieron los 40 años de dictadura militar del general Franco que mantendría como una obsesión constante el control de la prensa y de los demás medios de comunicación, aunque se pueden distinguir dos períodos: 1939-1966 y 1966-1975. En el primero, la censura previa se aplica con extremo rigor. Se eliminan todos los medios de comunicación que habían estado vinculados a la República, se introducen en los textos consignas propagandísticas y se designa a los directores de todos los periódicos. La prensa se hace monótona, sin margen para la mínima crítica. Hay tres tipos de periódicos: los de propiedad privada (como ABC, La
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Vanguardia, La Voz de Galicia, etc.), los de la Iglesia (Ya) y los del "movimiento" (destaca Arriba). También hay que recordar al diario Pueblo, propiedad de los sindicatos verticales y escuela de muchos de los periodistas que iban a protagonizar la renovación de la prensa durante la transición. El segundo período comienza en 1966 con la aprobación de la llamada "Ley Fraga" que supuso un punto de inflexión con una relativa apertura del sistema informativo: se comenzó a publicar información antes impensable (diario Madrid) y la prensa oficial fue perdiendo mucho terreno. Aparecen revistas mensuales y semanales que tenían menor vigilancia que los diarios y fueron decisivas para difundir ideas acerca de la necesaria salida de la dictadura: Cuadernos para el Diálogo, Triunfo, Destino o Cambio 16. También proliferaron las revistas del corazón: Hola, Diez Minutos, Lecturas, Semana... y alcanzó importante éxito el semanario de sucesos El Caso. Los periódicos deportivos más leídos eran As y Marca. España democrática Tras la Guerra Civil, España tendría que esperar casi 40 años, hasta 1975, para recuperar un sistema democrático y dejar de sufrir el control constante sobre la prensa y los demás medios de comunicación, aunque se puede hablar algún que otro tímido avance durante esos años. Un ejemplo de esos intentos de adaptación a los tiempos fue la famosa "Ley Fraga", aprobada en el año 1966. Una Ley de Prensa, cuyo artífice fue Manuel Fraga Iribarne, el actual Presidente de la Xunta de Galicia, que supuso una relativa apertura del sistema informativo, de forma que los periódicos y la prensa en general comenzaron a tratar temas algo más variados y con una mentalidad un poco más moderna, aunque seguía siendo muy importante el control del régimen. La "Ley Fraga" ayudó a la prensa de propiedad privada a alcanzar mayor protagonismo e ir desplazando , poco a poco, a los periódicos de la Iglesia y del "movimiento", pero no fue la solución, desde luego. Sin ir más lejos, el diario Madrid trató de aprovecharse de las posibilidades de libertad informativa que propició la ley, pero debió aprovecharse "en exceso" porque fue cerrado en 1971. La llegada de la democracia y la Constitución de 1978 supusieron una verdadera revolución en los medios de comunicación españoles. Los periódicos experimentaron importantes cambios de propiedad, gozaron de la libertad de expresión y sufrieron una profunda renovación tecnológica. En 1976 aparecieron dos diarios que revitalizaron el panorama periodístico español: El País y Diario 16. El primero era un proyecto periodístico que venía preparándose con esmero desde años antes de la muerte de Franco. Inspirado por el hijo de Ortega y Gasset, José Ortega Spotorno, dirigido por Juan Luis Cebrián, y respaldado por un fuerte grupo financiero. El periódico planteaba como objetivo la construcción de una democracia plena con una profunda renovación de la sociedad española. Su éxito fue rotundo y conseguiría alcanzar el liderazgo de ventas de los periódicos de información general hasta la actualidad. En los años 80 publicará también una edición internacional y será la base para la creación del grupo de comunicación multimedia español más poderoso: PRISA, (http://www.prisa.es) que agrupa, a El País, una parte de las grandes cadenas de radio (SER, Cadena 40, Dial,M-80), empresas de televisión (Canal Plus, Localia TV; Canal Satélite Digital), As; editoriales importantísimas como Santillana, Alfaguara, etc. Por su parte, Diario 16 surgió con una firme voluntad de defender
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con vigor el sistema democrático y realizar un periodismo trepidante y de calidad. Junto a Cambio 16 permitiría la constitución de otra fuerte empresa: Grupo 16 que controlaba distintas publicaciones y fue muy importante hasta su declive en los años 90. Muchos autores identifican a Diario 16 como el periódico de la transición por excelencia. En cuanto a los periódicos que provenían de la etapa franquista, se encontraban con dificultades para poder adaptarse a los nuevos tiempos. Todos los pertenecientes a la prensa del movimiento: Informaciones, Pueblo, El Alcázar o Arriba acabarían desapareciendo de los kioscos españoles en pocos años. Tan solo algunos periódicos regionales y locales que también provenían del Movimiento consiguieron sobrevivir gracias a que pasaron a manos privadas y fueron completamente renovados. Con la democracia se potencian las publicaciones económicas, Cinco días y Expansión, ganan lectores las revistas del corazón y aparecen algunas revistas de carácter erótico-satírico como Sal y Pimienta o El Jueves. También aparecen nuevas revistas semanales de información general, dos con mucho éxito: Interviú, nacida en 1976 y Tiempo en 1982. Los históricos ABC y Ya consiguieron adaptarse a los nuevos tiempos, aunque al final sólo sobrevivió ABC, que tuvo que superar importantes dificultades. Bajo la dirección de Luis María Ansón, actual director y fundador del diario La Razón, se convierte en uno de los periódicos más vendidos del país y se convierte en el testigo de toda la historia de nuestro siglo XX. Ya desapareció en 1993. En los 80 se refuerza la prensa regional con nuevos periódicos y la consolidación de otros veteranos. El Correo (del Grupo Correo, actualmente el más poderoso en la prensa local y autonómica), El Periódico de Catalunya (del Grupo Z), La Vanguardia, La Voz de Galicia y el Heraldo de Aragón son los que alcanzan las mayores tiradas. Distintas empresas extranjeras comienzan a comprar periódicos y revistas españolas y empiezan a editarse periódicos gratuitos financiados exclusivamente con la publicidad (Menos 20, Gaceta Universitaria, Diario Médico). En 1989 el director de Diario 16 -Pedro J. Ramírez- junto a un grupo de sus redactores y con el apoyo de distintos financieros, decide lanzar un nuevo periódico: El Mundo del siglo XX. Un diario cuidado al máximo en su diseño que practicaría un periodismo de investigación y de denuncia. Ha conseguido ser el segundo periódico de información general de mayor difusión, por detrás de El País. Prensa de España. Las principales fuentes escritas españolas de noticias. Prensa general

Prensa deportiva

20 minutos http://www.20minutos.es

AS http://www.as.com

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ABC http://www.abc.es

Marca http://www.marca.com

adn http://www.diarioadn.com/

El Mundo Deportivo http://www.elmundodeportivo.es

El Mundo http://www.elmundo.es

Sport http://www.sport.es

El País http://www.elpais.es

El Periódico de Catalunya http://www.elperiodico.com

La Razón http://www.larazon.es

La Vanguardia http://www.lavanguardia.es

Libertad Digital http://www.libertaddigital.com

Metro España http://www.diariometro.es

3.LA TELEVISIÓN

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La prehistoria de la televisión en España La prehistoria de la televisión en España está, como en tantos otros países, firmemente imbricada en la historia de la radio. En los años treinta, como corresponde al reducido nivel industrial de nuestro país, no existen pruebas experimentales de televisión, pero como corresponde a la efervescencia cultural de la II República se producen vivos debates sobre las características del nuevo medio. Las revistas radiofónicas tales como Radio Sport, Radiosola, TSH, e incluso la prensa como en los diarios La Libertad, El Imparcial, La Vanguardia, El Liberal, se hacen eco de muchas de las noticias que la todavía no nacida Televisión está generando a lo ancho de todo el mundo; y ello hasta tal punto, que un repaso de los debates de aquellos años revela una intensidad de la discusión que no volverá a verse hasta los años sesenta. Asimismo, es frecuente la publicación de libros sobre temas técnicos del mundo de la televisión. La aparición en Madrid, en marzo de 1933, de la revista Radio Televisión es el ejemplo más modélico del atractivo que suscitaba la televisión en los lejanos tiempos de la II República. La publicación como tal tuvo una vida efímera pero no dejará de sorprender que en España circulara una revista dedicada a la televisión cuando no existían emisiones regulares en ningún lugar del mundo. En el número 1 de ese año de 1933 en el editorial de presentación se leía: “La televisión vendrá a sumarse al número de inventos que hacen la vida más complicada si se quiere, pero más interesante también”. Visionarios excepcionales sus promotores si recordamos que TVE tardaría prácticamente veinticinco años en comenzar sus programaciones. La primera exhibición de televisión en suelo español (es decir transmisión a distancia de imágenes y sonidos) se produjo por los técnicos alemanes durante el desarrollo de la Guerra Civil (noviembre de 1938). Los nazis presentaron a Francisco Franco y uno de sus ayudantes la Fonovisión, un sistema de ‘videoteléfono’ que diríamos hoy; se ignora la calidad de la prueba a pesar de que existen fotografías que dan fe de su realización. Hubo que esperar diez años para que en 1948, en Barcelona y en Madrid, se produzcan las primeras demostraciones de lo que hoy en día entendemos por televisión. En ese año únicamente existen emisiones regulares en Gran Bretaña y en Estados Unidos y a pesar de que se apunta el doble modelo televisivo: público para Europa y privado para América, todavía no están fijadas definitivamente sus características. De hecho las exhibiciones que se hicieron en España fueron realizadas por empresas privadas como la holandesa Philips y la norteamericana RCA en ambos casos con el objetivo de convencer a las autoridades de la bondad de sus ofertas. Philips organizó en junio de 1948 durante quince días y en el marco de la Feria de Muestras de Barcelona unas pruebas televisivas que alcanzaron un enorme éxito de público, hasta el punto que los primeros espectadores aguardaban pacientes colas durante horas para poder ver la maravilla de la televisión. Las pruebas consistieron en la emisión en directo desde un estudio de unos programas de actuaciones musicales y humorísticas diversas.
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Por su parte la RCA intentó en Madrid en agosto de 1948 la retrasmisión de una corrida de toros recibida por los televidentes, en el Círculo de Bellas Artes. El fiasco fue total. Se vio y se oyó poco y mal. Los espectadores crispados exigieron y consiguieron que les devolvieran el precio de las entradas que habían pagado. Un comentarista escribió: “Dentro de unos años esto de la televisión será una gran cosa. Hoy es un juguetito”. A partir de una fecha indeterminada entre 1951 y 1952, lo que años más tarde se denominará TVE comenzará sus emisiones en prueba. Las emisiones regulares se iniciarán en 1956: la prehistoria de la televisión en España había finalizado. El nacimiento y la llegada de la televisión El 28 de octubre de 1956 comenzaron oficialmente las emisiones regulares en España. Los programas inaugurales se iniciaron a las 20:30 y el contenido consistió en la retrasmisión de una misa, unos discursos oficiales, la exhibición de dos entregas del NO-DO, unos reportajes filmados y las actuaciones de unas orquestas y de los ‘Coros y Danzas falangistas’. Las emisiones se hacía desde una ‘chaletito’ del Paseo de la Habana madrileño que disponía de un minúsculo plató de unos cien metros cuadrados. Durante casi tres años TVE fue una televisión local con ámbito de cobertura limitado exclusivamente a la ciudad de Madrid. Dos años y medio más tarde, en febrero de 1959, coincidiendo con un partido de fútbol Real Madrid - F.C. Barcelona se estrena el servicio en las ciudades de Barcelona y Zaragoza. A pesar de que parece una exageración, la prensa de la época subrayó que se acabaron todos los televisores que estaban a la venta en la Ciudad Condal. La expectación, ya al margen del fútbol, de ‘la noche del estreno’ se repitió en todos los sitios. Un único ejemplo aparecido en la prensa canaria con motivo de la llegada de la televisión a las Islas Afortunadas: a grandes columnas podía leerse en primera página: “Canarias ante una jornada trascendental. Va a ser inaugurada oficialmente la TV en el Archipiélago”. En todos los lugares y tiempos la llegada de la televisión, el primer día de programas, levantó una riada de comentarios y un éxito sin precedentes; entre muchos ejemplos puede citarse la narración que el que escritor leonés Julio Llamazares hace en uno de sus libros (Escenas del cine mudo) sobre la catarsis que supuso a los habitantes de su pueblo la visión de los primeros programas de televisión en 1963. Los argumentos explicativos del éxito de la televisión son diversos pero al margen de los deseos de la industria electrónica o del poder político quizá se encuentren el que la pequeña pantalla parece satisfacer una demanda mayúscula de ocio cuasi gratuito y doméstico no satisfecha completamente por otras formas de entretenimiento social. Sea como fuere, se tardó años en que la gran mayoría de los españoles tuviera acceso a los programas. La televisión llegó a ‘las dos castillas’ aprovechando
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el repetidor colocado en la Bola del Mundo en la sierra de Guadarrama, en octubre de 1959, a Valencia en febrero de 1960, a Bilbao en diciembre de 1960 (desde agosto los bilbaínos recibían programas... con un día de retraso), a Galicia y Sevilla en octubre de 1961 y, dando por cerrada la red, a Canarias en febrero de 1964 (también en este caso se emitían los programas un día más tarde que en la península). Muchos comentaristas de prensa, por lo menos hasta 1960, dudaban de que la televisión se consolidara en nuestro país. Las gotas de escepticismo llegaban hasta voces autorizadas: Enrique de las Casas, jefe de programas de TVE y más tarde director de la primera cadena, escribió en 1959 que “no olvidemos que por una serie de razones etnológicas y definitorias, el pueblo español no parece ser un consumidor nato de TV. Ni el clima, ni el estilo de vida, ni las cualidades imaginativas de la gran masa española parecen hacer de ella un buen cliente para la TV”. Por fortuna, el excelente profesional se equivocó en sus predicciones. La expansión de los años sesenta Hasta 1959 en España no se produjeron televisores: eran un producto de gran lujo que había que importar desde el extranjero, y accesible por ello únicamente a una reducidísima minoría de la población. Se calcula que a comienzos de la década de los años sesenta, en todo el país sólo unas cincuenta mil familias, básicamente de Madrid y Barcelona, poseen el preciado electrodoméstico. A partir de primeros de los años sesenta, los poderes públicos se plantean políticas para incentivar el consumo y potenciar la penetración del medio en la sociedad. El Estado incitó con diversas medidas al consumo; por ejemplo, en 1961 anuló el impuesto de lujo a los aparatos, en 1962 se permitió la venta a plazos de los televisores (hasta ese momento existía un aceptable mercado de alquiler de aparatos); y durante toda la década de los sesenta los anuncios publicitarios de los receptores contaban con tarifas inferiores a la de los otros productos. Al final de la década, y a pesar de que las cifras no parecen elevadas para los parámetros estadísticos actuales, se considera que la televisión tiene una amplia cobertura en España. No existen cifras absolutamente fiables pero se considera que en ese tiempo hay unos tres millones y medio de aparatos que equivalen al 40% de los hogares del país; se dan grandes desniveles de penetración según las zonas geográficas que van desde el 75-80 por ciento de las territorios más urbanos como Madrid, Barcelona o el País Vasco y porcentajes que apenas llegan al 25% de la España rural. El parque de televisores sólo es uno de los factores que miden la implantación social de la televisión. En la década de los sesenta, para conocer la expansión del medio debe combinarse, Indudablemente, el número de aparatos con la cantidad de televidentes que cada televisor acoge. Nadie puede negar razonablemente que en esos años el consumo de televisión no es sólo familiar sino, relativamente, público si consideramos la práctica extendida en las ciudades de los primeros años sesenta, de ver programas en la casa de familiares y amigos o, ya en la segunda mitad de la década, el habitual consumo en bares o en la red de teleclubs en las zonas rurales. La primera de las situaciones mencionadas fue inmortalizada en una secuencia genial de
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la película Atraco a las tres (José María Forque, 1962) en la que Gracita Morales cobra cinco pesetas a sus vecinos por entrar en su casa y ver los programas televisivos nocturnos. Por su parte, los teleclubs constituyeron uno de los asuntos más recurrentes de la política cultural sobre la televisión. Los teleclubs, que con frecuencia estaban gestionados por los párrocos, formaron una red de varios miles, pero su éxito fue muy limitado y su actividad muy irregular; de hecho, su misma continuidad quedaba en entredicho según crecía el parque de televisores. Los españoles también fueron cambiando sus ideas sobre la televisión. A la altura de 1966 el aparato televisivo ocupa en las encuestas oficiales un discreto séptimo lugar en los deseos de posesión de bienes de consumo en las ciudades y nada menos que un duodécimo en las localidades rurales. Para aquellos españoles de los sesenta la televisión se considera menos necesaria que la radio, el agua caliente, la nevera eléctrica, la máquina de coser o la lavadora, aunque más necesaria que la moto, el coche o el teléfono –en los pueblos- (véase, palacio, 2001). Las cosas, ya se sabe, han cambiado mucho; en la actualidad únicamente el número de frigoríficos supera al de televisores y la penetración del medio abarca porcentajes superiores al 99% de los hogares. La Edad de Oro de TVE En la segunda mitad de la década de los años sesenta, cuando los españoles han legitimado a la televisión como su principal forma de ocio, TVE vive su particular edad de oro. Sin problemas financieros significativos, la televisión española se ha convertido, en poco más de una década, en una máquina de hacer dinero, con capacidad de producción para elaborar programas competitivos en el contexto de los festivales europeos. Probablemente, el salto adelante se basó en que en España, a diferencia del resto de las emisoras europeas en donde la publicidad televisiva estaba prohibida o muy limitada. Los ingresos se consiguen a partir de lo que se recauda por los anuncios emitidos, por lo que si necesitan mayores presupuestos, basta con aumentar el tiempo de publicidad o subir las tarifas de los anuncios. Puede decirse que la edad de oro se inicia con la inauguración de los estudios de Prado del Rey en 1964, que acaban con la precariedad técnica de los orígenes, y continúa con la puesta en marcha de la oferta complementaria de TVE 2 (conocida popularmente durante lustros como “el UHF”). De una forma convencional se acepta que con la crisis económica de primeros de los setenta y el fallecimiento de Francisco Franco finalizan los buenos tiempos de la televisión. Al contar con dos cadenas, los responsables televisivos pudieron dividir la oferta de programas para satisfacer las demandas de la audiencia: la segunda, como veremos en el epígrafe 5, se concibe como una cadena pensada para las audiencias culturalmente más exigentes; por su parte, la primera será la cadena de los programas más populares. Un repaso a los macrogéneros programativos imperantes, y con mayor éxito de audiencia en aquellos años, indicaría que los gustos televisivos no son muy distintos de los del presente, aunque, por supuesto, la estructura formal de los programas ha variado desde la época de la edad de oro. Existen, en las
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parrillas programativas, por supuesto, producciones extranjeras largometrajes y series. Algunas de ellas consiguieron enorme popularidad entre los españoles como el contenedor cinematográfico de Sesión de Noche o las series, muchas de ellas convertidas en película décadas después, como Bonanza, Los Intocables, Dr. Kildare, Mannix, El Santo, Los vengadores, Misión Imposible, Belphegor –El fantasma del Louvre-, Los Picapiedras, El fugitivo, etc. Sin embargo, lo más significativo siempre es la producción propia española. En primer lugar, los programas de variedades como Gran Parada (el primer gran éxito de la televisión en España), Amigos de los lunes, Salto a la fama (pensado para encontrar nuevas figuras de la canción) o Galas del sábado, entre otros. Los programas de variedades, en su mezcla de actuaciones musicales y pequeños números de humor, usualmente se programaban en la noche de los viernes o en la de los sábados. Ayer como hoy tendencialmente eran presentados por una pareja de hombre y mujer. En un segundo bloque encontraríamos los concursos de preguntas y respuestas como Cesta y puntos, Un millón para el mejor o en los primeros años setenta el célebre Un, dos, tres... responda otra vez; pero también los programas divulgativos como los de Félix Rodríguez de la Fuente o los infantiles. Y sobre todo la ficción propia como Novela de treinta minutos de duración por capítulo a lo largo de una o más semanas programadas después del telediario del mediodía o antes del de la noche y Estudio 1, representación televisiva de una obra de teatro y verdadero buque insignia durante más de una década de los dramáticos grabados en vídeo. En este campo de la ficción, y si exceptuamos el primer premio del Festival de la Canción de Eurovisión que consiguió Massiel en 1968, TVE consiguió algunos de los más prestigiosos premios internaciones con obras como El asfalto (1966) o Historias de la frivolidad (1967), ambas de Chicho Ibáñez Serrador o El irreal Madrid (Valerio Lazarov, 1969). Las televisiones autonómicas En los países europeos la actividad televisiva se articuló desde sus inicios a partir de la actividad de monopolios de titularidad pública. Sin embargo, a partir de la década de los años setenta pareció imprescindible que esos monopolios dieran cabida en su oferta a una tercera cadena que respondiera a visiones más cercanas a los intereses de los ciudadanos; así es lo que se hizo, por ejemplo, en Francia (FR 3) o en Italia (RAI 3) y es lo que internacionalmente se llamó ‘televisión de proximidad’. En la España democrática de primeros de los años ochenta parecía evidente que la estructura organizativa y de producción de TVE no podía dar razón de las inquietudes descentralizadoras del nuevo Estado de la autonomías. En primer lugar por lo más evidente: con una segunda cadena con grandes deficiencias para que su cobertura llegase a toda España, pensar en poner en marcha una tercer programa no era más que una quimera. Pero en segundo lugar porque la clase política de los partidos nacionales y la de los partidos de
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actuación autonómica no pensaron seriamente en las vías para resolver el problema. Finalmente, el Congreso de los diputados aprobó la ley de los terceros canales de televisión en diciembre de 1983; pero EITB, Euskal Irratí Televista, la televisión vasca, aprobada previamente por una prerrogativa de su Estatuto de Autonomía y TV 3, la catalana, se había creado meses antes (mayo de 1982 y mayo de 1983, respectivamente). Sea como fuere, a lo largo de la década de los años ochenta fue apareciendo una primera generación de televisiones autonómicas que constituyeron la FORTA, Federación de Televisiones Autonómicas: EITB (que comenzó sus emisiones el 31 de diciembre de 1982) TV3 (inauguración en enero de 1984), TVGa, (Televisión de Galicia, julio de 1985), Canal Sur (Andalucía, 1987), Tele Madrid (Madrid, 1989), Canal 9 (Comunidad Valencia, 1989). A lo que en la segunda mitad de los años noventa se han incorporado las televisiones autonómicas de las Islas Canarias (TVC) y de Castilla La Mancha (CMT), y antes los segundos canales de las emisoras de ‘primera generación’ (ETB 2, Canal 33/K3, Punt 2, Canal 2 Andalucía, La Otra). La FORTA se ha consolidado como una verdadera tercera cadena nacional que comparte entre sus afiliados la compra de programas como los derechos de la liga de fútbol, series internacionales o largometrajes, y que posee una cobertura que abarca casi todo España. En las televisiones autonómicas, y al margen de su indudable eficacia en la cohesión social de los territorios y en los procesos identitarios de sus ciudadanos, se ha producido uno de los fenómenos más interesantes del sector televisivo español de la última década. Fueron las televisiones vasca y catalana con Goenkale (1994) y Poble Nou (1994), sendas series de treinta minutos de duración programadas en el horario de sobremesa, quienes descubrieron un enorme nicho que no había sido previsto por las emisoras de cobertura estatal: los televidentes autonómicos parecían muy dispuestos a congraciarse con el visionado de ficciones locales propias, que en sus lenguas reforzaran los mecanismos de autoidentidad. El inesperado éxito se ha venido prolongando en otras series como Nissaga de poder (1995-1998) o Plats Bruts (1998) en TV 3, Benta Berri en ETB. Asimismo, se ha extendido a otras televisiones autonómicas en las que productos autóctonos se han convertido en formidables éxitos como Mareas vivas (1999) en TVGa o Plaza Alta (1998) en Canal Sur y se ha convertido en la principal seña de identidad de la oferta de las televisiones autonómicas. Las emisoras privadas Sin duda el hecho más decisivo de la última década, y con una enorme repercusión en el mercado televisivo español, fue la aparición a primeros de los noventa de tres televisiones privadas de cobertura estatal. Dos de ellas de programación en abierto y de programación generalista similar a la de TVE 1: Antena 3 y Tele 5, que iniciaron sus emisiones en diciembre de 1989 y marzo de 1990 respectivamente; y una tercera de pago, Canal + que comenzó su programación en septiembre de 1990, codificada en lo más significativo de su emisión pero con varias horas en abierto y también con una programación de
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tendencia generalista. Por la multiplicación de emisoras, en muy poco tiempo todas las emisoras con vocación de liderazgo (TVE 1, Antena 3, Tele 5 y la FORTA) tuvieron que adaptarse a nuevas reglas y a un marco competitivo que obligó a definir la posición de cada una de ellas en un mercado como el español en el que el dominio de TVE 1 era casi absoluto. Tras la despreocupación que hicieron del tema los poderes públicos, el factor clave y determinante de la nueva situación fue el acuerdo implícito de todos los agentes implicados (emisoras e industria publicitaria) de organizar el funcionamiento del sector a partir de los datos de audiencia que proporciona la empresa de audiometría SOFRES. En la más de una década de existencia de emisoras privadas se han producido cambios tan significativos que parece difícil hablar sin contradicciones de su proceso evolutivo. El ejemplo más llamativo es Antena 3 de la que pueden encontrarse hasta tres etapas, y ahora parece que comienza una cuarta, pero también hay diferencias en Tele 5 (al menos dos periodos). Veámoslo. Poco tiene que ver la Antena 3 de hoy día con la que comenzó su andadura. Desde luego no se parecen para nada ni sus accionistas y profesionales ni lo que más importante su propia línea de producción. En su haber histórico debe apuntarse que fue la primera emisora privada en apostar por la producción propia de ficción de telecomedias y la que consiguió un éxito que modificó el hilo conductor de la televisión en los años noventa: Farmacia de Guardia (Antonio Mercero, 1991-1995). Luego siguieron otras destacadas como Lleno por favor, Quien da la vez, Manos a la obra o Compañeros. También Antena 3 fue la primera cadena de televisión que emitió un debate entre los dos candidatos a la presidencia de gobierno (Felipe González, José María Aznar, 1993). Para la opinión común Tele 5 es la cadena del magnate y primer ministro italiano Silvio Berlusconi. En la actualidad no sería una afirmación completamente cierta; sin embargo, no puede negarse que la manera de concebir la televisión de los ‘italianos’ estableció buena parte de las formas de la primera época de una Tele 5 que dejó en fuera de juego las maneras de TVE 1. En una segunda etapa Tele 5 ha sido reconocida por series como Médico de Familia, Periodistas, Al salir de clase o Siete Vidas y por su insistencia en diversos programas basados en el formato del reality show, sucedáneos todos del original Gran Hermano. Por su parte Canal + ha permanecido bastante estable en los diez últimos años. Su modelo de emisora está basado en producción ajena (largometrajes, retrasmisiones deportivas o series) pero ha conseguido una cierta notoriedad por las innovaciones de la realización de sus retrasmisiones, por sus piezas promocionales y por el magazine deportivo El día después. Como no podía ser de otro modo, en más de diez años se han producido cambios en los rankings de las audiencias de las tres emisoras más

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importantes. En los últimos tiempos parece que el liderazgo de TVE 1 es bastante consistente; la lista continúa por Tele 5 y se cierra con Antena 3. La última década La televisión en España ha cambiado drásticamente en el última década. Al margen de los cambios económicos y la proliferación de ofertas de pago digitales o la misma presencia de televisiones de cobertura local, si nos centramos en la oferta, puede decirse que hace diez años primaba una lógica que en Europa se denominaba de servicio público, que a grandes rasgos definiríamos como aquella en la que destacaba el deseo de incidir cultural o políticamente en la audiencia. Las estrategias programativas de las cadenas públicas estatales o autonómicas estaban aceptablemente al margen de las leyes del mercado y de hecho el éxito o fracaso de un programa no se valoraba por la audiencia conseguida o por la publicidad que conseguía. La aparición de la concurrencia establece una nueva lógica para el conjunto del sistema televisivo español. Ahora, el criterio básico consiste en programar lo que el público pretendidamente demanda y tiene interés en consumir. Se trata de buscar en todos los casos el mayor número de audiencia (o al menos crear un equilibrio entre lo que cuesta un programa y lo que recauda por los ingresos publicitarios) y así privilegiar en cada una de las bandas horarias los programas dirigidos a los grandes consumidores de televisión. Se abandona por tanto el deseo de crear una dieta equilibrada para todos los segmentos sociales y llegar al máximo de público disponible en cada franja horaria. Por este motivo han desaparecido de las parrillas o han sido enviados a horarios muy marginales de las televisiones generalistas muchos géneros o programas parcialmente minoritarios como el cine en blanco y negro o los programas infantiles de la tarde. El efecto más evidente de lo dicho es que la oferta televisiva de la última década se ha escorado hacia los gustos e intereses de los grandes consumidores estadísticamente hablando: personas mayores, de clases bajas y zonas rurales. Desde el punto de vista de los gustos del público, también se han visto mutaciones en el transcurso de los últimos diez años. Si contemplamos la lista de los programas más vistos de cada año, observaremos que a finales de los ochenta existía un predominio de los largometrajes de origen estadounidense; por ejemplo en 1989 trece de los veinte primeros programas eran películas norteamericanas. Empero a lo largo de toda la década de los noventa y hasta la actualidad la balanza de los éxitos se ha inclinado hacia los programas deportivos, líderes indiscutibles desde 1994 (de hecho casi exclusivamente fútbol y en tiempos de Miguel Indurain ciclismo) cuanto menos diez de los veinte programas más vistos son deportivos, y a las series de producción propia (tres o cuatro presentes en la lista de cada año, en los últimos años Cuéntame, cómo pasó). Con menos presencia, nunca han dejado de aparecer en el ranking programas especiales muy unidos a acontecimientos singulares tales como debates electorales, bodas reales o galas extraordinarias como las de Operación
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Triunfo o el Festival de la canción de Eurovisión (años 2002 y 2003). Y como productos raros de temporada también se encuentran algunas telenovelas (Cristal) o realities (¿Quién sabe donde? Y, recientemente, Gran Hermano). En una especie de resumen que resulta inevitablemente provisional podría decirse que en la última década se han podido observar dos fases claramente delimitadas: una primera, coincidente con la primera mitad de la década de los noventa, en donde la inédita situación de competencia del sistema produjo un funcionamiento desajustado del sistema televisivo español; y una segunda etapa caracterizada por una cierta estabilización de la actividad televisiva centrada a partir del éxito de las series de producción propia. Es muy pronto para valorar adecuadamente que tipo de repercusión histórica tendrá, pero en los últimas dos o tres años se ha podido percibir un progresivo crecimiento de la oferta de programas cuyos colaboradores o invitados trasmiten agresividad y malos modos. Actualmente la Televisión en España consta de:

2 canales nacionales públicos de la corporación RTVE: La Primera y La 2. RTVE emite además a través de la Televisión Digital Terrestre para todo el país los canales Clan TVE (infantil), 24 Horas TVE (noticias) y Teledeporte (deportes).

6 canales nacionales privados: Antena 3, Telecinco, Cuatro, La Sexta, Veo TV e Intereconomía TV (antes, NET TV). De ellos, Antena 3, Cuatro, Telecinco y La Sexta emiten en analógico un canal cada una con cobertura nacional. En la Televisión Digital Terrestre, además de éstos, emiten otros canales: Neox, Nova (ambos de Antena 3), Telecinco 2, Factoría de Ficción (ambos de Telecinco), 40 Latino, CNN+ (los dos de Sogecable, la editora de Cuatro), Hogar 10 (de La Sexta), Disney Channel (del mismo grupo que Intereconomía) y Sony Entertainment Television (de Veo). Intereconomía y Veo sólo emiten su programación en digital.

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Varios canales autonómicos (ver canal autonómico), tanto públicos como privados con cobertura sólo en las respectivas comunidades autónomas.

Una única plataforma de televisión digital por satélite: Digital+.

3 plataformas de televisión por ADSL: Imagenio, Jazztelia y WanadooTV.

Varias plataformas de cable regionales, Euskaltel – R – TeleCable, y una con alcance prácticamente nacional, Ono. No existe competencia en cable en la misma ciudad: cada zona pertenece a un sólo operador.

Múltiples canales locales y cadenas de canales locales (Localia, Popular TV).
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Múltiples canales temáticos: AXN, Calle 13, CNN+ que emiten en las diferentes plataformas de televisión digital (cable, ADSL, satélite o TDT)

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