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Pablo Huneeus

LA CULTURA HUACHACA
o
EL APORTE DE LA TELEVISIÓN
Junto con desenmascarar el
impacto negativo de la tele,
aquí denuncia las fuerzas
culturales que condicionan
la vida diaria.

La moral, la política, la
delincuencia, los gustos y
el uso de la razón obedecen
hoy a la pantalla.

La obra va al fondo del tema;


relaciona este invento con
el ambiente social donde se
aplica.

Su autor, sociólogo y escritor


chileno, conoce por dentro
el medio, pues además de
analizarlo, ha animado en
pantalla programas de TV.
Pablo Huneeus es uno de los escritores más
leídos de Chile. Sus cerca de treinta libros
destacan por su animoso estilo, su buen humor
y sus nítidos cuadros de la vida real.
Estudió sociología en la Universidad de
Chile y obtuvo su doctorado de la Universidad
de París (Sorbonne). Ha sido consultor de
Naciones Unidas en Suiza, de la Comisión
Económica para América Latina (CEPAL), y
profesor de la Facultad de Ciencias Físicas y
Matemáticas de la Universidad de Chile. Fue el
director fundador del Servicio Nacional del
Empleo (SENCE) y luego, como profesor titular
de la Universidad Católica, dirigió el Instituto
de Sociología.
A menudo escribe en diarios y revistas de
Chile, y artículos suyos suelen aparecer en The
Economist de Londres, The Wall Street Journal de
Estados Unidos y Literaturnaya Gazeta de Rusia.
Figura seguido en la tele, y una vez tuvo su
propio programa de conversación.
Por su contribución a la literatura social, la
Grand Valley State University de Michigan,
Estados Unidos, le confirió en octubre de 1992
la Orden al Mérito.
Pablo Huneeus

LA CULTURA HUACHACA

EL APORTE DE LA TELEVISIÓN

Editora Nueva Generación


República de Chile
Copyright © de Pablo Huneeus Cox
Propiedad Intelectual N° 54.004
ISBN 956-226-014-3

Editora Nueva Generación.


Fono (56 2) 218 39 74.
www.pabIo.cl

Portada: Niños leyendo, de Nicanor González


Méndez, pintor chileno nacido en Talca, 1864.
Casi toda su obra se perdió al incendiarse su
taller. Murió en 1934.

Primera edición: diciembre de 1981.


Edición N" 39: agosto de 2008.

Impreso en los talleres de


Andros Ltda.
Santa Elena 1955
Santiago de Chile.

Hecho en Chile
Viviré est cogitare (Vivir es pensar)
Marco Tulio Cicerón
Roma, siglo T antes de Cristo
CONTENIDO

I.- La dinámica cultural al llegar la tele 9

II.- El impacto mental de la imagen 29

III.- Los imperativos económicos 41

IV.- Los condicionantes de la programación 51

V.- El contexto social de lo huachaca 59

VI.- Los siete componentes 71

VIL- El dios huachaca 99

VIII.- Lo huachaca en el país interior 117

IX.- La alta cultura en la tele 125

X.- Plan para desinfectar la televisión 143

XL- Los videojuegos ¿qué son? 147

XII.- Epílogo para emprendedores 155


Capítulo I

LA DINÁMICA CULTURAL
AL LLEGAR LA TELE
\\\ televisor ha engendrado en Latinoamérica una
nueva manera colectiva de ser: la cultura huachaca.
Hs la criatura bastarda -huacha- del mercadeo y
de la urbe, que se abre paso entre la racionalidad
occidental y la tradición popular. Al comienzo
p.irecía ser apenas un aire algo ramplón, un estilo
i.irgado a lo superficial y una moda pasajera de
.uluar al lote. Pero pronto levanta sus ídolos y
adquiere su propio espacio en la sociedad hasta
implantar una verdadera cultura.
l'ara apreciar las consecuencias de este fenómeno
U'iigase presente que cultura vendría a ser todo lo
.iprendido por medio de la comunicación. Es el
conjunto de comportamientos que uno asimila de la
sociedad. Por lo tanto, incluye el lenguaje, las cos-
tumbres, las normas morales, la ciencia, el arte, la
religión e instituciones sociales como la familia, las
leyes y el gobierno.
O sea, cultura es toda acción que va más allá del
instinto. Comer, por ejemplo, en sí mismo no es un
lici'ho cultural, porque responde al instinto de
alimentarse, pero la manera de hacerlo sí lo es, por-
i|ue los utensilios, recetas y modales empleados
corresponden a hábitos socialmente adquiridos.
Un ser humano criado sin comunicación alguna
con sus semejantes, como los niños-lobos del
bosque, carece enteramente de cultura. Sólo lo
mueve el instinto y al darle una gallina, reaccionará
como cualquier animal carnívoro en estado salvaje.
Le clavará sus dientes caninos en el cogote y a la
usanza del lobo o del puma, le chupará la sangre
tibia. Si queda con hambre, arrancará a dentelladas
la pechuga de ave, sin desplumarla ni cocerla.
Ante una mujer arremeterá para saciar su
impulso sexual sin poesía ni proposición
matrimonial, porque el galanteo y las instituciones,
como el noviazgo y la familia, c]ue regulan la
convivencia humana, son elementos culturales que
asimilamos de otros Homo sapiens.
La cazuela de ave, entonces, es obra de nuestra
cultura, porque implica un complicado aprendizaje
de técnicas de cocción, de recetas para combinar la
papa y el cilantro, de saber usar la cuchara metálica
y de modales para sentarse a una mesa a degustarla.
Lo mismo el matrimonio, tanto el ceremonial para
celebrarlo como las normas para regularlo depen-
den de la cultura que se tenga.
Al ser la cultura base espiritual de la conducta
humana, lo que está en juego no es sólo la manera
de cocinar una gallina o de redactar un contrato
matrimonial; está en juego la manera de organizar
la vida. La capacidad de conocerse a sí mismo, de
entender la realidad, de cuidar el medio ambiente o
de superar la adversidad, va todo en función del

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I'squoma mental con que funcionemos. Y ése
proviene directamente de lo aprendido, tanto en la
i'iiiicación formal (escuela, universidad, etc.) como
en los demás mecanismos de socialización (familia,
Itarrio, Iglesia, radio, TV, diarios, libros, etc.).
En palabras del sociólogo Sorokin: Ningún grupo
l'iii'íie sobrevivir si dispone sólo de conjuntos de ideas
ilógicas, inconsistentes o falaces. Si, por ejemplo, tal
;^nipo le atribuye a la vaca las características del león y
Inita de lechar al león y de matar la vaca, si trata de
miner lo incomible, si carece de nociones adecuadas para
medir el tiempo y el espacio, si sus normas de conducta
son contradictorias, si sus creencias mágicas y religiosas
son falsas y equívocas, tal grupo no durará muchoJ

Dos culturas en pugna

Ahora bien, la confusión, inseguridad y pobreza en


Latinoamérica arrancan de tener como base de la
identidad dos culturas contrapuestas que llevan
ilemasiado tiempo en pugna una contra otra: la
occidental y la popular.
Por encima tenemos la cultura del conquistador.
}ls la civilización de la racionalidad técnica, militar y
monetaria iniciada por la burguesía europea a partir
del siglo X, cuando en los "burgos" (ciudades)
libres de la potestad feudal se consolida una clase

' Pitirim Sorokin: Society, Culture and Personality. Cooper


Square Publishers, Nueva York, 1962.

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social que no es la nobleza de los hijos de papá ni el
proletariado de "los que viven por sus manos".2
Valiéndose de su superioridad técnica -ciencia,
profesiones, arte- desplaza al linaje como fuente de
ascenso social y haciendo primar el dinero -banca,
capital, industria- se impone sobre los asomados
por privilegios de cuna. Rescata la idea del
individuo como ser libre y, en consecuencia, dotado
de derechos universales por el sólo hecho de existir.
Plantea, entonces, como iciea central el ascenso ciel
hombre por medio del conocimiento.
El propio Carlos V, de Francia, apoyado por la
burguesía que ya estaba hastiada de esa nobleza de
caballeros armados e improductivos dedicados a
costosos juegos de guerra, hacia el año 1368
organiza una biblioteca nacional en el palacio de El
Louvre, hace traducir a Aristóteles y funda un
sistema gratuito de educación pública. Cuando un
señor feudal de armadura y coraza critica tales
iniciativas, el rey Carlos responde con una frase que
sigue resonando como principio orientador cié
Occidente; Sólo prosperará este país en ¡a medida en que
se respete el conocimiento.
Pero en Latinoamérica tal civilización penetra no
tanto por virtud de ideales humanistas superiores
como por obra de técnicas militares de gran poder

2 J. Manrique (1440-1479) Copias por la Muerte de su Padre:


"allí van los señoríos derechos a se acabar... y llegados
son iguales los que viven por sus manos y los ricos."

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ilrstructivo con las cuales los españoles efectúan la
conquista. Establecido el d o m i n i o sobre casi t o d o el
continente, salvo el sur de Chile^, comienza u n
.irduo proceso civilizador para i m p l a n t a r los d e m á s
V.llores e instituciones inherentes a dicha racionali-
if.id, como el cristianismo, la p r o p i e d a d inscrita, la
motivación profana del trabajo (en las culturas
.indinas se trabaja nías por espíritu comunitario q u e
(ior dinero), la hacienda feudal, la tecnología mecá-
nica, el c o n s u m o suntuario y, en fin, t o d o eso
llamado Civilización Occidental.
Sin e m b a r g o , tal como se ha señalado en n u e s t r o
estudio sobre la mentalidad económica, la raciona-
lidad occidental se asienta mejor en N o r t e a m é r i c a
gracias a q u e los peregrinos ingleses e n c u e n t r a n u n
territorio prácticamente deshabitado d o n d e hacer
sus vidas, sin las taras del viejo continente ni los
condicionantes d e alguna otra civilización a la cual
adaptarse.* N a d i e les trabaja, a nadie cristianizan.
Las escasas tribus q u e e n c u e n t r a n n o son g u e r r e r a s
y los colonos anglosajones se limitan a exterminar-
las o a h u y e n t a r l a s hacia el lejano oeste.

^ La Guerra de Arauco, del pueblo mapuche, es una de


las guerras de resistencia más largas de la historia. Se
inicia en 1536 contra la avanzada española de Diego de
Almagro y concluye en 1882 con los regimientos de corte
prusiano que les manda encima la elite de Santiago.
•* Pablo Huneeus: Nuestra Mcntaüdad Económica. Editora
Nueva Generación, Santiago, 2002.

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En cambio, al sur del Río Grande de México es
otra la situación: el conquistador europeo penetra
territorios densamente poblados donde hay tribus
perdidas, pero donde lo que más encuentran son
culturas evolucionadas, como la Azteca y la Maya.
Al llegar los hermanos Pizarro al Perú, por ejemplo,
se calcula que el Imperio encabezado por el Inca
Atahualpa comprendía unos 12 millones de almas.
Más aún, durante la Colonia y la República, el cre-
cimiento demográfico de la población indígena ciel
continente es superior a la de origen europeo.
De ahí que la penetración occidental en las
distintas regiones de Latinoamérica no ocurra en
un vacío cultural. Tampoco es cuestión de educar a
seres con la mente en blanco, como los niños, sino
de imponer una racionalidad aristotélica sobre otra
desarrollada aquí durante siglos y que tiene su
propia lógica para organizar la vida.
Occidente se enfrenta aquí a civilizaciones que
medidas con la vara europea carecen de elementos
importantes como la imprenta, las armas de fuego o
la investigación científica. Sin embargo, no se trata
de pueblos primitivos, ya que son culturas de pro-
fundo sentido religioso, de idiomas evolucionados,
de gran sentido estético, de avanzada organización
social, de gran nivel técnico en ingeniería hidráulica
y construcción civil, y de acabado conocimiento
experimental de medicina humana y astronomía.

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S e g ú n el m o n u m e n t a l estudio del h i s t o r i a d o r
l'iitánico Arnold J. Toynbee, entre la veintena d e
)',rondes civilizaciones q u e han jalonado el p l a n e t a
Tierra, cuatro florecieron en el continente a m e r i c a n o
.intes q u e el n a v e g a n t e genovés Cristóbal Colón y
su b a n d a de a v e n t u r e r o s tuvieran noticia de ellas (la
Incásica b a s a d a en la cordillera de los A n d e s , la
civilizacitín Maya en Centroamérica, el i m p e r i o
Azteca del antiguo México y la esplendorosa c u l t u r a
de Yucatán)."'
Fácil es entonces c o m p r e n d e r q u e aquí se en-
contraran culturas firmemente enraizadas y n a d a d e
interesadas en dejarse llevar por la m e n t a l i d a d d e
los recién llegados ni de someterse a sus locas
instituciones.
Por eso, el proceso civilizador, lejos de ser u n a
persuasión convincente, al comienzo a d q u i e r e u n a
ferocidad bestial, siendo frecuente p a r a los reacios a

5 Arnold 1. Toynbee: A Study of History, obra de 12 tomos


publicados el primero en 1934 y último 1961 por Oxford
University Press. Las otras grandes civilizaciones son: la
del Egipto milenario que hizo las pirámides e inventó el
pan, la de China de donde viene el arroz y el comer en
platos de loza, la Minoica basada en Creta, la Sumeria, la
Hindú, la Hitita, la Helénica que sentó las bases de la
democracia y de la ciencia moderna, la Occidental que
forjó la industria, la Cristiana Ortodoxa de Rusia, la del
Lejano Oriente (Japón), la Cristiana medieval de Europa,
la Oriental de Asia Central, la Iraní, la Árabe que nos
brindó el café y los números y la Babilónica.

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recibir los d o n e s del espíritu ofrecidos por Occi-
dente terminar sentados en picanas, q u e m a d o s por
la Santa Inquisición de Lima, o bien s i m p l e m e n t e
d e s t r i p a d o s a sablazos. H e r n á n de Santillán, u n
consejero del G o b e r n a d o r García H u r t a d o d e Men-
doza, luego de volver en 1560 a España, presentó u n
informe al Consejo d e Indias de Sevilla d o n d e des-
cribe así la llegada d e los p r i m e r o s occidentales al
valle central chileno: Mataban, mutilaban y echaban los
perros a los indios, les cortaban los pies, manos, narices y
tetas, robaban sus tierras, violaban sus mujeres c hijas,
los encadenaban y utilizaban como bestias de car^a, que-
maban sus casas y asentamientos y destruían sus
sembrados/''
Pero a ú n d o n d e se establece un d o m i n i o formal,
se p r o d u c e entre las dos culturas una singular
relación en n a d a comparable al colonialismo euro-
peo en África y Asia, p o r q u e el español viene a
q u e d a r s e . Al avecindarse en u n a realidati tan sobre-
cogedora se e m p a p a en ella y desarrolla institucio-
nes, c o m o la hacienda, q u e si bien se copia d e Casti-
lla, g u a r d a poca relación con la posterior evolución
europea hacia una clase m e d i a agrícola.
Tanto es así, q u e e p o p e y a s c o m o la conquista d e
México hecha por H e r n á n Cortés en base a 13.000
indios Totonacas y N a h u a s q u e él alista contra el
e m p e r a d o r azteca M o c t e z u m a ; el viaje que en 1542

^ Citado en el libro de Brian Loveman: Chile, the legacy of


Hispanic Capitalism. Oxford University Press, 1979.

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hace desde Quito el capitán Francisco de Orellana a
través del "río de las Amazonas" o la misma
expedición que emprende Pedro de Valdivia desde
Cuzco a Chile, se gestan en nuestro continente a
pesar de la burocracia peninsular. Lejos de recibir
apoyo gubernamental, las realizan con su propio
empuje y capital hidalgos de origen español, sí, pero
que se han avecindado de por vida en la región.
El elemento de origen occidental domina la si-
tuación y la población indígena acata sus edictos,
llegando a adoptar símbolos de modernidad como
los jeans y la Pepsi. Pero a través de los siglos de-
muestra una capacidad asombrosa de aparentar
modernidad y a la vez mantener los esquemas
mentales y ritos autóctonos que le dan identidad.

Las fuerzas culturales hasta mediados del


siglo XX (años 1950-60)

Lo anterior configura tres características esenciales


de la cultura en los países latinoamericanos.
1.- En primer lugar, destaca la presencia de la
cultura occidental. Cuando nos visita un profesor de
la Universidad de Cambridge. Arriba en British Air-
ways a un aeropuerto moderno, lo reciben colegas
sin plumas ni flechas que andan vestidos como
cualquier gringo, ve autos Jaguar por la calle, escu-
cha a los Beatles en la radio, admira rascacielos tan
insípidos como los de Manchester, asiste a reunio-
nes que ¡oh sorpresa! se inician a la hora señalada.

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encuentra un buen nivel de investigación en la uni-
versidad y hasta se entera de avances originales
hechos aquí que pronto serán dados a conocer en
algún "Journal" científico norteamericano. Se siente,
pues, en medio de la racionalidad técnica
occidental.
ídem el representante de la Deutsche Grammophon
Gesselschaft que se desplaza en breve visita a nivel
de gerencias. Volverá convencido de haber tratado
con ejecutivos tanto o más serios que los alemanes.
Pero es presencia de una cultura, no existencia.
Para entender cómo pueden las apariencias llegar a
engañar tanto, es necesario recordar la forma en
que hacia el año 1800 el sistema colonial español,
junto con haberse adaptado bastante a la realidad
latinoamericana, había levantado un muro de
edictos imperiales y controles burocráticos que
aislaban del devenir. En lo social había quedado
afuera nada menos que la Revolución Francesa y en
lo económico, la revolución industrial. Pero la
Colonia había afatado una casta de patrones de
fundo dedicados a vivir sin trabajar y a perpetuar
hasta la eternidad sus retrógrados esquemas.
De no mediar la invasión francesa a España y el
consecuente derrocamiento del "bienamado" Fer-
nando VII, la incipiente burguesía liberal de profe-
sionales y empresarios un tanto más cultos, no
habría tenido oportunidad de impulsar la moderni-
zación a que aspiraba el país, empezando por la
independencia política.

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Las burguesías ilustradas que logran controlar el
caudillismo militar dejado por la guerra de la In-
dependencia de inmediato empiezan a edificar el
estado nacional -la República señorial- imponiendo
111 versión más moderna de la cultura occidental. En
l'uropa el rol preponderante asignado al conoci-
miento estaba dando resultacios espectaculares y
viene todo ese optimismo científico típico del siglo
XIX. El inseguro velero se cambia por el barco a
vapor, el coche a caballos por el ferrocarril, el taller-
cito artesanal por la fábrica y la farándula perpetua
de la familia real por la república.
El origen sobrenatural del hombre se sustituye
por la teoría de la evolución, el sentido espiritual de
la vida por el materialismo dialéctico o liberal y la
revelación como fuente de autoridad que legitima
la monarquía por la idea del ciudadano libre, con
derecho a sacar la voz.
La fe irrestricta en la educación, como factor
central del progreso y en el Estado como instru-
mento civilizador, llega a engendrar un nuevo des-
potismo ilustrado para impulsar esta alta cultura
que avanza triunfal hacia la luz. Se promueve la
ciencia y el arte trayendo a sabios y pintores, se
acogen a inmigrantes europeos, se becan a jóvenes
talentosos para que estudien en Londres y Berlín, se
crean universidades nacionales, se construyen
escuelas y bibliotecas, se levantan escuelas de ofi-
cios técnicos y museos de bellas artes, se moderni-
zan los ejércitos y armadas para hacerlos eficientes

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institutos técnicos, se edifican grandes teatros
municipales para las artes de la representación, se
fomenta la literatura, se discuten abiertamente los
asuntos públicos, se organiza la prensa libre y en
general se practica el respeto a la inteligencia.
Es la universidad para y por la inteligencia, la
educación pública gratuita y la democracia organi-
zada en torno a los preceptos del barón de
Montesquieu sobre tres poderes del Estado: ejecu-
tivo (gobierno), legislativo (parlamento) y judicial
(tribunales) que habían de garantizar progreso y
justicia.
Se trata, pues, del tardío arribo del espíritu li-
beral que desde el siglo décimo venía emergiendo
en Europa. Al asumir la burguesía ilustrada el
control del proceso político emprende una cam-
paña civilizadora para recuperar en la base el
tiempo perdido. Sus armas para atacar la ignoran-
cia fueron la palabra impresa (libros, prensa intie-
pendiente) y la educación pública (escuelas, liceos,
universidades).
Sin embargo, quizás por falta de perspectiva
histórica o porque intuyeron que el campo y la
hacienda ya estaban perdidos, esta campaña se
concentra en la capital. Así como la hacienda fue el
terreno propio del barroco español, la capital pasa a
ser el territorio propio de la República señorial. Las
instituciones claves de la campaña civilizadora se
agrupan en un perímetro específico, cual fuertes
temiendo un ataque bárbaro de la selva. Juntitos

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están el Ministerio de Educación Pública, el Parla-
mento, la Universidad, la Biblioteca Nacional, el
Teatro Municipal, el Museo de Bellas Artes, la
Catedral, las librerías, la prensa independiente y los
Tribunales de Justicia.
Desde el centro este enclave civilizador irradia, o
pretende irradiar, alta cultura hacia el país interior.
Es una fuerza centrífuga que salpica racionalidad
técnica hacia afuera y que con el tiempo se
convierte en una fuerza centrípeta que absorbe
energía y poder hacia el centro.
2.- La segunda característica de nuestro entorno
cultural es la porfiada sobrevivencia de una cultura
popular firmemente arraigada en el campo y en los
pueblos chicos del interior. Por siglos se ha ido
transmitiendo de machi en machi, de toqui en toqui
y de madre a hijo. Sólo últimamente, al aparecer la
radio, contó con un medio masivo de comunicación.
A pesar de la tenaz campaña civilizadora de la
elite ilustrada, sobrevive con gran vitalidad. Más de
veinte millones de latinoamericanos hablan sólo
idiomas autóctonos, otros tantos no leen ni escriben
y en vastas regiones permanecen intactas formas
indígenas de vida.
Oculta en ritos formalmente católicos subsiste la
magia nativa de la religiosidad popular, fenómeno
fácil de apreciar en festividades como la Tirana en
el desierto de Atacama, donde los bailarines
danzando frenéticos al ritmo del tambor y los
promesantes arrastrándose sobre la grava del suelo

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hasta sangrar, en nada parecen tener noticias del
canto gregoriano o del sacramento de la confesión.
Más aún, durante las últimas décadas hasta en
los antros de modernidad, como Caracas y Sao
Paulo, afloran con mayor ímpetu expresiones de
cultura popular -cultos religiosos y ritmos
musicales- que se apartan radicalmente de la
racionalidad occidental (la macumba va por dentro,
dear Cambridge professor).
En vista de c]ue a menudo conceptos emanados
de sistemas culturales foráneos se emplean para
estudiar nuestra realidad, con el consecuente des-
calabro, es necesario aclarar que la noción de
cultura popular no equivale a la de países europeos.
En las distintas regiones de Europa y Norteamérica
se da una cierta cultura popular de tipo "folk", con
sus musiquitas y trajecitos típicos, pero sin alcanzar
a constituir un sistema cultural aparte. Allá la
cultura popular es un mero folklore, o sea una va-
riación estilística dentro del mismo marco societal.
No implica esquemas mentales contrapuestos a los
del resto de la sociedad.
Aquí, en cambio, la cultura popular viene de
otras civilizaciones y es el alma de otras razas.
Tiene sus propios marcos de referencias, sus pro-
pios Adanes y sus propios pecados originales, dife-
rentes de los occidentales y aun cuando haya
estado desintegrándose, hasta el día de hoy cons-
tituye sistemas culturales evolucionados cuya
sabiduría recién se empieza a apreciar.

22
Investigaciones antropológicas, especialmente a
partir de los trabajos de Levi-Strauss, revelan cuan
elaborados son los esquemas filosóficos de algunas
tribus consideradas primitivas.
En algunos casos, como los indios Bororo, del
Paraná o los Watunna del Orinoco, su "salvajismo"
es una relación armónica con la naturaleza y su
"atraso", un profundo sentido espiritual de la vida
que los aleja de la marcha galopante de Occidente
hacia el materialismo maquinal.^
Sin embargo, a las elites ilustradas de Latinoamé-
rica no les interesa la idiosincrasia originaria. A lo
sumo, han considerado la cultura autóctona como
un simple folklore, que debe ser filtrado para
mostrar únicamente su aspecto turístico. El ballet
mexicano se "sanitiza" para presentarlo en el Teatro
Municipal y la urna zapoteca se exhibe en el museo
nacional con lo cual tanto la danza como la escul-
tura originaria quedan reducidas a ser meras curio-
sidades arqueológicas, desprovistas de vida y sin
referencia a la actualidad.
Por su parte, el intelectual medio -de novelista a
economista- ha tendido a pensar la realidad lati-
noamericana en términos europeos y hasta nuestra
historia se presenta como animada por una

^ Ver del antropólogo Claude Levi-Strauss: Tristes


Trapiques. Plon, París 1955. Para apreciar la elaborada
teología de una tribu indígena, ver de Marx de Civreux:
An Orinoco Creation Cycle. North Point Press, Boston 1981.

23
racionalidad occidental. En la mayoría de las
representaciones simbólicas de la realidad se
advierte esta tendencia a exaltar el carácter
occidental de Ja sociedad. Por ejemplo, la
característica de una popular serial de televisión. La
Madrastra, es precisamente el rascacielos más
modernista de Santiago y toda su ambientación,
con actrices rubias y de ojos azules, presenta una
imagen angloamericana de la realidad. ídem, los
avisos comerciales y la arquitectura: son elaboradas
fabricaciones tendientes a vestir la mona de seda.
Se ha creado así, un raro espejo cultural para
reflejarnos distintos de como somos. Al vernos tan
limpiamente estirados, nos sentimos halagados,
pero nos distanciamos de nuestra realidad al punto
de dejar de entenderla. Latinoamérica ha llegado a
ser una realidad que no se entiende a sí misma. Y
sólo llegará a comprenderse la dinámica sociológica
y política de los países latinoamericanos cuando se
conozca bien su base cultural.
Más adelante (Cap. XII) se vuelve sobre esto al
analizar la misión que esta peculiar configuración
cultural ofrece al emprendedor, si la asume.
3.- El tercer componente esencial de la cultura en
Latinoamérica es el proceso de transe ulturación por
el cual las dos fuerzas culturales en pugna van de
mala gana contaminándose una de otra. Es un flujo
en dos sentidos, siendo lo más visible el salpique de
ítems occidentales sobre la idiosincrasia nativa. Del
conquistador se aprende desde montar a caballo

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hasta atender al gringo de Cambridge. La campaña
civilizadora logra darle a las fachadas una mano de
modernidad, sobre todo en la capital.
Pero también está el flujo contrario. El sociólogo
Hernán Godoy en su acabado estudio de la cultura
chilena observa que en cuanto llegaron los ibéricos
empezaron ellos a aprender usos indígenas, como
estilos musicales, guisos de maíz y el cultivo de la
papa, el tomate, el tabaco, el caucho y el cacao para
el bate, bate chocolate, productos todos de consumo
mundial, objeto de millonarias inciustrias, pero que
fueron desarrollados por los pueblos originarios.^
Hoy hasta en los más elevados círculos de la mo-
dernidad vemos algunos elementos de origen
indígena, como la ruana de las azafatas de Avianca
que bien puede andar a esas alturas sólo para fines
turísticos. Más hondo y mimetizado bajo pautas
occidentales de consumo hay esquemas mentales
que la costra "civilizada" del continente ha ido
asimilando de la base autóctona. El patrón desde
guagua ha ido aprendiendo del inquilino, primero a
través de la nodriza de campo que lo cría aún en la
ciudad, infundiéndole su fatalismo y esperanza en
el golpe de suerte. Más tarde por otros mecanismos
de socialización van asentando en la propia elite
ciertas categorías mentales de origen indígena. Por
ejemplo esa lentitud de los empresarios, que tanto

^ Hernán Godoy Urzúa: La Cultura Chilena. Ensayo de


síntesis c interpretación sociológica. Ed. Universitaria, 1982.

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exaspera a los norteamericanos, emana de un ritmo
cultural autóctono en el cual mañana no se traduce
por tomorrow, sino que por eventualmente o para la
próxima semana quizás. El rol emancipado de la
mujer en la sociedad latinoamericana no proviene
tanto de los movimientos liberacionistas anglos
como de su papel en las culturas andinas donde es
guerrera, labradora, empresaria o cualquier cosa
menos objeto decorativo. Y la evolución política,
que por más de un siglo siguió un curso paralelo al
de Francia, calcando los mismos partidos radicales y
frentes populares, en la última década parece
haberse alejado de toda referencia con Europa
occidental.
Esta es, pues, la dinámica cultural hasta media-
dos del siglo XX: un proceso civilizador que va
integrando el pueblo a la cultura occidental por
medio de la educación pública y cuyo medio de
comunicación de masas es el libro; una cultura
popular que se trasmite en forma oral y que al
aparecer la radio cuenta con un medio masivo de
comunicación; y por último la transculturación o
mestizaje cultural que va mezclando algunos
elementos occidentales con otros populares.
En la correlación de fuerzas culturales actuando
sobre el escenario continental, la ardua campaña
civilizadora va dominando la situación. A pesar de
algunas contracorrientes -bandolerismo por aquí,
holgazanería por allá-, se va imponiendo la
racionalidad occidental.

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No más ignorancia, es la consigna, industria y
educación, nada de dictadores ladrones, como en las
repúblicas bananeras. Nuestro país es serio, el orden
y la justicia son sus principios orientadores. La
inteligencia sola le va cerrando el paso a los chantas,
muerte a los cuenta cuentos y milagreros de la
política. Adelante ingeniería, se inicia la era de la
razón y el entendimiento.
Pero entonces llegó la televisión.

27
¿SABÍAS QUE...?

• 95% de los hogares tiene tele y sólo 6%, biblioteca.


• 2,5 horas diarias se pasa la gente mirando TV en
invierno y 1,5 horas en verano.
• Los más adictos a la tele son los niños chicos y los
abuelos mayores.
• En Chile hay 687.573 hogares abonados al cable y
otros cien mil conectados ilegalmente.
• 25 empresas que operan estaciones de TV cable a
lo largo del país.
• 100.388 hogares cuentan con TV satelital.
• Menos de la mitad (43%) de lo que emite la
televisión abierta de Chile es nacional.
• El 0,9% de la programación es cultural. TVN es el
canal que más cultura emite (apenas 1,4%)).
• La tele recibe 43% de los 307 mil millones que se
gastan al año en publicidad; diarios y revistas 39,5%i
radioemisoras 11%, afiches 6,5% y los hbros ni ente.
• El 9% de la programación es infantil. En 66% de
los programas para niños hay violencia, en 52%
deshonestidad y en el 6%, sexualidad inapropiada.

Fuente: Consejo Nacional de Televisión (www.cntv.cl).

28
Capítulo II

EL IMPACTO MENTAL DE LA
IMAGEN EN PANTALLA

Es habitual considerar la televisión como otro me-


dio más de comunicación masiva, algo así como un
feliz combinado de radio con cine servido en casa.
Pero lo que llega en un determinado momento de
nuestra evolución cultural es más que un medio
para mostrarnos la realidad: es una tecnología que
impone su propia realidad y con ello implanta en la
sociedacl una manera, telegénica digamos, de verse
a si misma.
Esto puede parecer extraño a quien siga cre-
yendo que la técnica está al servicio del hombre.
Según tan candida creencia, el bien o el mal provo-
cado por un invento no yace en el invento mismo,
sino en la forma de emplearlo. O sea, la energía nu-
clear no sería ni buena ni mala, porque todo de-
pende de si los buenos la usan para curar el cáncer o
de si los malos, para destruir la humanidad.
Si bien al comienzo varios estudios no prueban
que moldee la mente, la industria no tarda en des-
cubrir que sirve para fomentar el consumo de
leseras y los políticos, que manipula la opinión.
Seguidamente, al estudiar el comportamiento de
de personas expuestas a la tele por varios años, se
descubre que a largo plazo y en forma inconsciente

29
cultiva en el niño conductas violentas que sólo
emergen cuando llega a ser adulto."*
El filósofo estadounidense Jerry Mander, fue de
los primeros en plantear que la TV es una poderosa
máquina de lavar cerebros que empareja y alisa la
conciencia en todos los rincones del mundo. Pro-
pone que debe eliminarse de cuajo debido a que sus
males son inherentes a su tecnología.
Es típico querer ciertos inventos sin sus conse-
cuencias lógicas. Queremos autos, pero no gases de
escape; industria, pero no contaminación; autopis-
tas, pero no accidentes de tránsito; obras públicas,
pero no impuestos y Estado, pero no burocracia.
Lo mismo con la publicidad. Si uno acepta ¡a exis-
tencia de publicidad, uno acepta un sistema destinado a
persuadir y a dominar mentes... Uno también acepta que
el sistema será utilizado por el tipo de persona que desea
influenciar gente y que sabe hacerlo. Nadie que no desea
dominar a otros emplearía publicidad, o tendría éxito en
ella. Por eso, la naturaleza básica de la publicidad, y de
las tecnologías creadas para servirla, apuntan hacia ese
objetivo, estimulan tal comportamiento en sociedad y
tienden a dirigir la evolución social en esa dirección.^^^

'' Ver de George Gerbncr: Violence and Terror in tfie Media:


An Annotated Bibliography. Greenwood Press, Westport, 1988.
'" Jerry Mander: Four Arguments for the Elimination of
Television. Marrow & Co., 1977.

30
Razones para no verla más

Los cuatro argumentos de Mander para suprimir la


televisión siguen el mismo raciocinio de considerar
inherente al medio, las fuerzas que lo animan.
El primero es ecológico y no se refiere a la tele-
visión misma, salvo en la medida en que forma
parte de un sistema de vida moderno. Sostiene que
el ambiente artificial de la vida moderna (edificios,
ciudades, automóvil) ha llegado a convertirse en
una barrera oculta entre los seres humanos y los
procesos naturales.
En ese medio ambiente estrecho un instrumento como
la televisión puede parecer potencialmente interesante,
sano 1/ valioso, pero al mismo tiempo acelera el proceso de
confinamiento. El conocimiento queda supeditado a la
recopilación y diseminación tecnológica. Eo que
celebramos como la expansión del conocimiento humano
es en realidad su confinamiento en un singular módulo
cerebral, mientras que otras experiencias humanas
comienzan a atrofiarse.
Por ejemplo, el aura de un bosque de araucarias,
el silencio espectral bajo el mar, o la reverencia que
inspira la cordillera cuando se está en ella, son todas
experiencias imposibles de envasar. Sin embargo, se
puede llevar una cámara al bosque, bajo el agua o
hasta la cumbre. Lo que se logra, entonces, es
confinar esa vivencia creando una sensación
equívoca de haberla vivido. Lo mismo con ciertas
emociones como la ira o la soledad; la vida urbana

31
va limitando el contacto con la naturaleza y con la
humanidad libre. La televisión se convierte así en
ventana al mundo perdido, pero es también el filtro
que deja fuera la realidad sensorial de estar ahí.
El segundo argumento es político. Afirma que la
televisión deja la mente expuesta a la intervención
autocrática. Inevitablemente, entonces, llega a ser
un instrumento de colonización psíquica y dominación
humana por una cierta mentalidad y estilo de vida que
sólo sirve a una forma de organización política.
Lo anterior también podría decirse de la prensa o
la radio si fueran únicas. Pero en la medida en que
un medio deja de ser el único, pierde su poder
manipulador omnímodo. Así como lo que contiene
la expansión de un país es otro país, lo que contiene
el poder totalitario de un canal es otro distinto.
El tercer argumento trata de la reacción neuro-
fisiológica del organismo humano a la señal televi-
siva. La radiación electromagnética que emite un
televisor, a igual que la del celular, puede causar
malformaciones físicas en bebés en gestación, leu-
cemia precoz y tumores cerebrales, pero en el plano
psicológico provoca una forma de hipnosis adictiva
que inhibe el pensamiento consciente y atrofia la
imaginación." Sobre esto volveremos.

'' Para apreciar la fíierza de la radiación electromagnética, que


es invisible, acerca a la pantalla una radio AM sintonizada
entre dos emisoras. Todo ese chicharreo traspasa la sangre, los
ganglios y las células nerviosas.

32
El cuarto argumento se refiere a las limitaciones
tecnológicas para mejorar la programación. Aunque
el medio impone ciertos requisitos como es el limi-
tado ángulo visual, cuesta aceptar que eso no tenga
remeciio.

El proceso fisiológico de la señal

Lo que no tiene arreglo es el efecto fisiológico de la


televisión, porque eso es inherente a su tecnología.
La típica pantalla consta de trescientos mil pun-
tos fosforescentes distribuidos en 525 líneas. Estos
pequeños puntos parecen estar siempre encendidos,
pero no lo están. Se prenden y apagan a razón de 30
veces por segundo, frecuencia imposible de percibir
al ojo humano porque sólo capta 10 titilaciones por
seguncio. Una luz, por ejemplo, que se prende y
apaga nueve veces por segundo, se ve titilar, pero a
un secuencial superior a diez veces por segundo, ya
se ve continuamente encendida.
En cuatro millones de años sobre la tierra, el
hombre jamás encontró algún fenómeno natural que
requiriera una mayor velocidad de percepción, por-
que únicamente la electrónica ha sido capaz de crear
vibraciones de tal rapidez. Ahora bien, el diferencial
entre la velocidad de percepción humana (10 por
segundo) y las posibilidades de la electrónica (30
por segundo en el caso de la TV) ha sido explotada
para intercalar mensajes que, sin ser percibidos
conscientemente, pasan al cerebro. En los cines, por

33
ejemplo, se inserta en medio de la película una
orden de consumir tal bebicia que permanece tan
corto tiempo en pantalla que nadie alcanza a darse
cuenta de su aparición, pero en el entreacto el
público se abalanza a consumirla.
También se ha empleado en películas de terror,
intercalando imágenes de Satanás, para aumentar el
miedo. Años atrás hubo gran revuelo en torno a esta
práctica llamada propaganda subliminal a raíz de
las revelaciones del socicilogo Vanee l'ackard, y se
eliminó del cine. 12
Sin embargo, en cierto modo la TV es entera-
mente subliminal porque si bien no se intercalan
órdenes ocultas, la mecánica electrónica de la ima-
gen en pantalla se basa en la posibilidad de penetrar
la mente por conductos distintos de la visión cons-
ciente. Es así como la imagen se define por el color
que va tomando los puntos al prenderse, fenómeno
tan rápido que crea la sensación de movimiento
fluido.
Al prenderse unos puntos y apagarse otros, la
totalidad de la imagen no está ahí. Eso que creemos
ver, es un agregado parcial de puntos que se
completa en la mente con los que encienden a conti-
nuación, al instante siguiente.
Para verificar lo anterior, basta sacar una foto a la

12
Vanee Packard: Tlw Hidden Persuaders. Pocket Books
Inc. Nueva York. 1958.

34
velocidad de 1/100 segundo por ejemplo; aparece
sólo un fragmento de la imagen porque el barrido
no alcanza a completarse en ese lapso.
O sea, en ningún momento está ante nuestros
ojos la totalidad de la imagen, como en una foto o
en el cine, donde se proyecta cada cuadro completo.
¿Cómo la vemos? No la vemos, la soñamos.

La imagen que atrofia la imaginación

La imagen del televisor es una fabricación electro-


magnética producida al interior del cerebro. En
lugar de verla con los ojos, resulta de una estimula-
ción tecnokígica. Ante los puntos fosforescentes de
la pantalla se desencadena un proceso de integrar-
los, juntar los segmentos de imágenes que van
llegando uno tras otro y componer un cuadro.
Entonces, la imagen televisiva cobra existencia úni-
camente cuando ya ha pasado de la retina y se
encuentra al interior de la cabeza.
Por lo tanto, no vemos la imagen con la vista,
sino que la componemos con los mismos mecanis-
mos cerebrales de los sueños, que tampoco los
vemos con los ojos. Esto implica varias cosas.
Primero, en este proceso queda en desuso el
mecanismo cerebral de construir su propia imagen
(imaginar), que se utiliza para leer, acto donde un
código inmóvil -la letra- debe ser decodificado para
convertirlo en sensaciones e imágenes que uno
fabrica al interior de la mente.

35
La palabra casa, por ejemplo, en nada se asemeja
a una, pero al ver esos signos nos hacemos una en la
mente. Pero en televisión, sin necesidad cié ejercitar
la facultad mental de crearla, nos entregan digerida
una imagen de casa. Al permitir que otros imaginen
por uno dejamos atrofiarse el mecanismo para ver
más allá de lo inmediato: la imaginación. Es gracias
a la imaginación que sabemos mejorar las cosas.
Sin dicha facultad el hombre c^ueda como el
caballo, en un eterno presente, quizás con memoria,
pero sin anticipar ni prever nada.
Más aún, la lectura -el proceso de imaginar a
partir de cierto código impreso- se efectúa al ritmo
de la comprensión individual. Se avanza, se cietiene
o vuelve atrás en busca de nuevos significados. Se
lee entre líneas y se va más allá del propio escritor, o
sea se tiene ante los ojos una mera pauta para ir
descubriendo, todo lo cual ejercita la imaginación.
La televisión, en cambio, entrega imágenes a su
propio ritmo. Se está ante un proceso repetitivo de
integrar puntos luminosos y componer con ellos
imágenes. Al rato es fácil percibir el "efecto túnel"
por el cual la vista se fija, el pensamiento lógico se
apaga y la realidad exterior, sobre todo el sentido
del tiempo, se desvanece. La conversación decae y
se entra a un sopor parecido al de la hipnosis.
El segundo efecto mental de la tecnología deriva
del hecho de permanecer mucho rato con la vista
fija. Mover los ojos activa el estado de alerta, es lo
que hacemos ante una señal de peligro: mirar a

36
todos lados. Así el organismo se prepara para
actuar, procesando toda la información disponible.
Igual, al leer vamos recorriendo líneas que dirigen
el pensamiento lógico lineal propio de la alta
cultura. En cambio al detener la vista en un punto se
entra en ese trance típico de quien se quedó
mirando lejos, trance que sólo se interrumpe con un
movimiento de ojos.
Ahora bien, ante la pantalla la vista permanece
fija, con /o cual se desactiva el estado de alerta y la
mente cae al nivel de sonambulismo. Este fenómeno
ha sido ratificado por mediciones de la actividad
eléctrica cerebral y por experimentos donde ponen
nifios a ver cine, a leer, a escuchar música y a mirar
tele. Suena la alarma de incenciio y los últimos en
reaccionar son siempre los que están mirando tele.i-^
Según los sicólogos australianos Merrelyn y Fred
Emery, mirar tele está al nivel consciente del so-
nambulismo. La fijación continua es una especie de
trance, no es atención, sino distracción -una forma de
soñar despierto o de evadirse. La naturaleza del proceso
desarrollado en el lóbulo izquierdo y particularmente en
el área treinta y nueve (el área integrativa) es lo
distintivo de la vida humana, comparada con la de otros
mamíferos. Es el centro de la lógica, de la comunicación.

1"' Para apreciar Jos efectos de \a tele en la conducta


infantil, ver del médico pediatra Hernán Montenegro: TV
¿Comunicación o Contaminación?, Galdoc, Santiago, 1980.

37
de la memoria y de la integración de componentes
sensoriales, la base de los propósitos conscientes del
hombre..."^*
Sostienen que la gente se habitúa al estímulo lu-
minoso repetitivo. Si se habitúa, el cerebro decide
que nada interesante ocurre y deja de procesar la in-
formación que entra. El área integrativa izquierda
queda en una especie de punto muerto, desconecta-
da del resto, mientras el área derecha que elabora
los procesos subjetivos (sueños, fantasías, o reaccio-
nes instintivas) continúa recibiendo imágenes de la
pantalla, pero sin los filtros conscientes que las
integran racionalmente.
O sea, la TV pasa al inconsciente sin un procesa-
miento lógico, lo que explicaría por qué los niños
tienen dificultad en recordar lo que acaban de ver.
Gran parte de lo "aprendido" frente a la pantalla
pasó al interior sin haber sido digerido por la razón
ni estar disponible para ser utilizado, fenómeno que
se acentúa por el carácter emotivo de los programas.
Su efecto embotador ha sido comparado al de
una droga. 15 Sirve de barbitúrico para blanquear la
mente y olvidar los problemas. Si observamos las
caras de la gente mirando tele, apreciamos o una

i'i Ver: Emery, F. & Emery: M. Hope within walls. Centre


for Continuing Education, Canberra, 1973.
'-^ M. Winn: The Plug-In Drug. Viking Press, NY, 1977.

38
expresión perdida en la distancia y que no varía con
las alternativas del programa. Si en pantalla aman,
matan o empatan, muchos siguen inalterables, ab-
sortos. Más aún, cuando concluye el programa
muchos siguen igual y demoran en reaccionar.
Mientras en el cine la gente se ríe por sí sola en las
secuencias cómicas, en televisión es necesario in-
sertarle risas grabadas, "reír al televidente", para
que tenga la sensación cié haber reído.
Todo esto indica que no es una tecnología neutra.
Mientras la lectura tiende a despertar, la televisión
por sí sola adormece el espíritu.
A la generación que desarrolló sus facultades
mentales antes de la televisión, es posible que esto
no les afecte mayormente, pero hay" indicios de
efectos bastante profundos en quienes empiezan a
estructurar su mente a la luz de la pímtalla.
Igualmente, su efecto es menor en países
avanzados, donde hay sólida educación píiblica
basada en la lectura. Una educación formal enrique-
cedora ha de aminorar los efectos mentales de esta
tecnología. Primero, por el simple expediente de
que se le destina menos tiempo y luego debido a los
elementos de crítica de que dispone el niño.
Pero en Latinoamérica, en vez de dar programas
que aminoren sus efectos nocivos, se le entrega a
quienes idiotizan a las masas.

39
¿SABÍAS QUE...?

• De 103 millones de niños que hacia 1999 no iban a


escuela alguna, se llegó a 75 millones en 2006.
• El país que más invierte en educación es Estados
Unidos ($37.500 dólares por estudiante) seguido por
Gran Bretaña ($29.600), Erancia y Japón.
• En cosas militares (ejércitos, bombas, buques de
guerra, aviones, uniformes, balas, etc.) los gobiernos
del mundo gastan $1.158 trillones de dólares al año.
• El país que más gasta en su máquina de guerra es
Estados Unidos ($ 540,7 trillones) seguido por Gran
Bretaña $ 58,400 millones, Francia $ 53.100 y China.
• Brasil en el lugar 12 ($ 25.397 millones de dólares)
gasta cinco veces más que Chile ($ 5.193) en el lugar
29, entre Corea del Norte e Indonesia.
• Aunque el tráfico de armas bajó 15% entre 2003 y
2007, Estados Unidos es el principal exportador de
pertrechos militares y policiales, seguido por Rusia,
Alemania, Francia y Gran Bretaña.
• Entre los importadores de armas, Venezuela saltó
del lugar 56 en 1998-2002 al 24 en 2003-2007. El 92%
de su flamante arsenal se lo compra a Rusia.

Fuentes: UNESCO, Stockholm International Peace Re-


search Institute. Cifras anuales, sin contar lo policial.

40
Capítulo 111

LOS IMPERATIVOS ECONÓMICOS


Aparte de los condicionantes tecnológicos de la te-
levisión, para entender la peculiar cultura que en-
gendra, es necesario apreciar las fuerzas económicas
que determinan sus contenidos. Para eso, lo primero
es aclarar sus tres mayores falacias:
Falacia primera: La televisión es barata. Prueba
de ello es que por comprar el diario, ver una pelí-
cula o adquirir un libro, debo pagar; en cambio
mirar tele me sale gratis. Esto, porque no requiere
imprentas, papel, salas de cine ni librerías.
Falacia segunda: Uno paga por la televisión sólo
el aparato receptor y un leve gasto de electricidad.
Falacia tercera: Los canales de televisión, su
personal y sus programas los costean los avisadores,
las universidades o el Fisco. Uno como simple
ciudadano nada paga de eso. Por lo tanto, uno a lo
sumo tiene derecho a voto negativo, vale decir a
apagar el televisor si se siente defraudado. A caballo
regalado no se le miran los dientes, es la idea.
Ahora bien, si comparamos los costos de
impresión gráfica con los de transmisión televisiva,
observamos que cualc]uier institución y persona de
ingresos medios tiene a su alcance imprimir un
libro, folleto o volante. En cambio muy pocos tienen

41
posibilidades de valerse de la televisitín para
comunicar porque apenas 30 segundos en horario
punta pueden costar lo que vale un auto chico
nuevo. Eso equivale al valor de imprimir una
edición de 5.000 ejemplares de un libro de 200
páginas, costura a hilo y en buen papel.
Esto ocurre porque la televisión, si bien no
requiere imprentas ni celulosa, requiere toda la
parafernalia del séptimo arte, léase actores, cámaras
de alta tecnología, focos especiales, unidades de
edición, equipos de sonido y estudios de filmación.
Una excepción son las transmisiones en directo
de eventos deportivos, paradas militares u actos de
propaganda gubernamental, donde la actuación y
escenografía está dada por el evento mismo. Ahí es
cuestión de llevar las cámaras y transmitir sin
necesidad de grabar en el film ni de editar. Sin
embargo, esto no siempre es tan barato porque el
derecho a televisar goles también debe pagarse.
El grueso de la programación son producciones
donde es necesario fabricar desde el libreto hasta la
escenografía. Aunque hay ciertas diferencias
técnicas, desde el punto de vista económico la
producción para televisión es similar a la del cine,
pudiendo ir desde la cebollenta telenovela con un
par de actores siempre en el mismo escenario y que
puede costar unos dos mil dólares el capítulo, hasta
la superproducción con legiones romanas a caballo,
batallas navales y estrellas de a millones la hora.
¿Cómo, entonces, se explica que no cobren por

42
ver tele? Muy simple: antes de la TV satelital (Direct
TV, Sky, etc.) que conlleva un decodificador que
otorga acceso a la señal a cambio de dinero o de la
transmisión por cable, cuya señal también se
restringe al abonado, no había cómo hacer con la
tele lo de las autopistas concesionadas, esto es darle
servicio únicamente a quien pague.
Era una señal abierta, comc^ el camino público y
la raditi, de libre acceso para ricos y pobres. Así
como no hay manera de cobrarle a quien ande por
la calle o escuche tal o cual programa de radio, en la
televisión abierta se emite una señal que la agarra
quien quiera por el rato que se le antoje.
En cambio la industria del cine se basa en una
limitación técnica frente a Ja televisión: para ver una
película es necesario concurrir a una sala especial.
Ahí cobran lo que quieran por exhibir producciones
del séptimo arte.
Por este motivo la televisión primero recurre al
expediente de considerarse servicio de utilidad
pública digno de ser financiado por el Estado. Pero
al seguir aumentando sus costos y cobertura, se
descubre la fórmula mágica de intercalar avisos de
objetos de consumo suntuario (perfumes, mails) y
cobrar por ello. Si los diarios lo hacen, ¿por qué no
iba a hacerlo la televisión?
A primera vista es la misma idea, pero al
distinguir lo propio de cada medio se capta el
diferente significado de una similar idea aplicada a
diferentes técnicas de difusión. En un caso el aviso

43
va claramente diferenciado -en ciiagramación y
redacción- del contenido editorial; el lector puede
leer una crónica entera sin interrupciones, y los
avisos se le presentan como una sugerencia lateral,
pero no se le impone dentro y encima de la lectura.
En la prensa escrita, está diferenciado el aviso
comercial del contenido editorial, y no se tolera
intercalar propaganda en un artículo. Sin embargo,
es habitual que animadores de televisión lo hagan.
Es como si destinasen parrafadas a Falabclla. Au-
mentarían los ingresos de los plumarios, pero...
En la televisión, en cambio, el chicle Dos cu Uno
aparece de golpe en medio de la obra. Esto ocurre
cuando la mente -debido al efecto cuasi hipnótico
cié la pantalla- está abierta a estimulación no cons-
ciente. Para seguir uno la comedia, debe interiorizar
el mensaje pubHcitario completo y a mayor volu-
men. No es, pues, una sugerencia, sino una violenta
irrupción en medio del contenido.
El mínimo de respeto para el televidente exi^e no inte-
rrumpir el lulo del desarrollo de un acontecimiento. Por
eso, algunos países han establecido momentos definidos
para transmitir avisos; por ejemplo, los cinco primeros
minutos de la hora. De esta manera, cada persona sabe
cuando viene la propaganda y si tiene interés, la ve.^^'

1" Mardones, Negme, Riesco, y Valencia: bifonnc del


Instituto de Chile para estudiar el papel de ¡a televisión en ¡a
promoción de ¡a cultura nacional. Santiago, 1980.

44
El resultado de este cautiverio es una fuerte
penetración del aviso comercial de televisión en el
comportamiento humano.
Su capacidad de implantar gustos y de alterar
mentalidades la hace un importante instrumento de
negocios, pues muchas industrias ni existirían de no
contar con la tele. Asimismo, de no cacarearlos a
colores, ni sabríamos de mucho político.

La meta del programa es el comercial que lo


corta

Para apreciar las consecuencias de este sistema de


financiamiento, conviene detenerse en su lógica. Es
la siguiente: el canal transmite programas -^ gente
se siente atraída por dichos programas y los mira —>
al mirarlos, el canal controla una audiencia cautiva
—> el canal vende la posibiliciad de irrumpir ante esa
audiencia —»• empresas compran dicha posibilidad
para sus propios intereses -^ establecen "contactos"
con la audiencia diseñados especialmente para
inducirla a consumir determinado producto -^ el
costo de cucho "contacto" se carga al precio del
producto -^ la audiencia reacciona ante el estímulo
consumiendo el producto anunciado pero en
cantidades tales que las utilidades de la empresa
superan la inversión -^ así el canal recibe dinero
para transmitir programas que cautiven audiencias.
Por lo tanto la programación es sólo la carnada
para atraer el anzuelo del aviso comercial.

45
Así ha llegado a estructurarse un mecanismo
circular que gira en torno a un eje crítico: la sintonía
o magnitud de esa audiencia ante la pantalla.
Es crucial porque determina cuánto se le puede
cobrar al avisador; a más sintonía, más billullo.
En Latinoamérica la televisión se encuentra
arrinconada entre gobiernos que la emplean para
hacerse propaganda y empresas que la emplean
para promover sus productos. En esa coyuntura
queda poco espacio para finalidades enaltecedoras,
y en lugar de servir para comunicar c integrar al país...,
afirmar valores nacionales, culturales y morales, como
dice la ley, se convierte en brazo propagandístico
del poder político y en garra del económico. La
instauración del autofinanciamiento, que impone el
modelo neo liberal de economía, es la manera de
supeditar este instrumento cultural a los intereses
de las grandes empresas a nivel global.
En tales circunstancias, los canales deben pri-
mero circunscribirse al marco del show evasivo,
donde no hay más problemas que los íntimos pro-
pios de las canciones de amor (nada de cuestiones
sociales u económicas) ni más interpretación de la
realidad que la ideología oficial. Simultáneamente,
se ven obligados a maximizar sus ventas buscando
la mayor sintonía al menor costo lo que necesaria-
mente lleva a llenar la pantalla con sobras de la
industria estadounidense.
Es así como en Chile, por ejemplo, el año 1979 los
canales vendieron avisos por valor de 68 millones

46
400 mil dólares y el año siguiente, dicha venta
alcanzó a 127 millones 400 mil dólares.^^ O sea, vía
publicidad los chilenos anualmente pagamos a la
televisión el equivalente a una siderúrgica como
Huachipato, a unas mil escuelas instaladas o a diez
mil viviendas medianas. Es lo suficiente para tener
televisión digna de la inteligencia, sin embargo por
ese precio recibimos la mediocridad programada.
Ahora bien, la concentración del poder econó-
mico en mega consorcios y cadenas, hace que la
publicidad se apiñe en un par de grandes canales
capaces de armar mucho barullo que concita mayor
sintonía y por ende, publicidad.
Se impone así la dictaciura de las mayorías, ré-
gimen de inspiración nazi en que se viola el
precepto btísico de una democracia que es respetar
las minorías. Dicho en términos de la industria tele-
visiva una sintonía, o rating como le dicen los ama-
nerados, de cios o tres por ciento no les interesa para
nada. ¡Fuera con ese programa! De 15% para arriba
o muerte, es la consigna.
No cuenta en ese esquema que ese dos o tres por
ciento sea medio millón o más de televidentes.
Encima, la sintonía es tal en la medida en que se
refleja en encuestas de dudosa conflabilidad.
Se trata entonces, de un medio de comunicación

'^ Valerio Fuenzalida: Estudios sobre la teleinsión clnlcna,


Corporación de Promoción Universitaria, Santiago 1981.

47
caro y concentrado, cuyo sistema de financiamiento
lo pone al servicio de quien lucra de él, no de quien
lo sigue y necesita. Es el caso del Transantiago, la
educación pública, la construcción de viviendas
sociales, la municipalidad y demás organizaciones,
incluyendo el gobierno dictatorial, supuestamente
destinadas a brindar bienestar. Prestan todas pési-
mos servicios a causa de la misma falla, que es no
darle la razón cjue siempre tiene el cliente.
Así coino la democracia es la forma menos mala
de gobierno, la votación popular de preferencias
culturales, sea en libros, música o teatro, sigue
siendo mejor que la mano negra del censor o la
chequera dorada del auspiciador.
Dado que la codiciada torta publicitaria proviene
de recargos a bienes cié consumo, en definitiva la
paga cada miembro de la comunidad nacional. Pero
ésta, en la práctica, no tiene cómo hacer valer su
sentir. Su opinión negativa no interesa, y si alguien
se da el trabajo de recogerla, suelen olímpicamente
los canales sobrepasarla. Por ejemplo, la encuesta
mensual de sintonía realizada por la Escuela de
Administración cié la Universidad Católica revela
que el porcentaje de informantes que consideró que
los avisos comerciales eran demasiados fluctúa entre
65.2% en febrero a 100% en abril.
Igual, siguieron las tandas.
Asimismo, las sugerencias para cada uno de los
canales es mayor número de programas culturales y
educacionales. Para TVN, el canal de todos los chi-

48
leños, el 46.3% pidió más cultura, seguido del 17.1%
que sugirió más programas musicales. Pero nada
cambia ante la tiranía del dinero.
La misma encuesta que usan los canales para
medir sintonía y negociar con los avisadores, no se
emplea para atender la demanda de la ciudadanía.
Esto ocurre porque el cliente de la televisión no
es el público que la ve, sino la empresa que paga
avisos. Aunque esos millones de dólares para la te-
levisión vengan en última instancia del público, su
control está en manos de quienes se valen de ese
invento para promocionar mercancías.
En consecuencia, mientras perdure tal sistema, el
afán de lucro gravitará en forma decisiva sobre los
contenidos de televisión. A pesar de las estructuras
formales, de los consejos nacionales y de las buenas
intenciones, su mecanismo de financiamiento hace
primar la ley de oro: el que pone el oro hace la ley.
Madre, yo al oro me humillo;
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado,
de continuo anda amarillo;^^
Por este camino llegamos a que cuando se da una
obra de magnífico nivel cultural, como Yo, Claudio,
sobre el imperio romano, su presentación sea una
verdadera tanda comercial interrumpida por gajos
de arte dramático. Cada diez minutos reventaba la

'" Francisco de Quevedo: Letrilla Satírica, N° 142.

49
publicidad, sin consideración alguna a las palabras
de Caligula, a las intrigas de Mesalina, ni al buen
gusto. Por eso, en torno a la sintonía queda una
duda de fondo. ¿Cuándo la gente mira un programa
banal es porque lo considera bueno o es porque se
conforma con lo que hay?
El hecho de que tantos, al volver agotacfos de su
trabajo, prendan el televisor es más un indicador de
las esperanzas cifradas en dicho medio, que uno de
satisfacción con la oferta ciel día.

50
Capítulo IV

LOS CONDICIONANTES DE LA
PROGRAMACIÓN
Tanto la tecnología de la televisión como los impe-
rativos económicos a que está sometida encajonan
su programación en una empalizada. Cual bestia en
el corral, corcovea para quedar siempre donde
mismo. Los límites del ruedo en que se mueve son:
Tendencia oligárquica. Los programas los híJcen
casi exclusivamente funcionarios de los organismos
que han monopolizado este novel medio, situación
comparable a que los libros fueran escritos sólo por
quienes trabajan en una alguna imprenta, sin dejar a
nadie más aportar a la creación literaria. ¡Qué fome
es el cumpleaños cionde unos cuántos matones se
reparten entre ellos la torta!
Al dejar fuera de la gestión programática al
ingenio juvenil, a la chispa campesina o al hombre
aparentemente común, es el país entero que pierde.
Quedan soterradas las vetas de creatividad que
laten bajo la superficie. Los cara pálida de siempre,
se acaparan el espacio televisivo -la gran fiesta-
donde podríamos conocernos todos.
Tendencia consumista. Sus contenidos han de
exaltar las actitudes y formas de vida propias de la
sociedad de consumo: nuevos productos, ricos
felices, lindos destinos turísticos. Si estuviera

51
centrada en alfabetizar o exaltar la espiritualidad, el
medio tendría el escaso interés publicitario del
pupitre o del pulpito. ¿Qué sentido tendría un
comercial de whisky seguido de un programa sobre
los estragos del alcoholismo? ¿Podría un programa
sobre el cáncer pulmonar en los fumaciores ser
auspiciado por la Cotiipañín Chüena de Tabacos?
Por eso, a medida c]ue los valores sociales
difundidos por la programación coinciden con los
de mensajes publicitarios, su efecto manipulador
aumenta. Avisos y programas tienden, pues, a
aunarse en una misma filosofía de vida. Los
imperativos económicos presionan hacia una
programación extranjerizante, tanto en sus formas
lingüísticas como en su contenido ideológico. Para
que los símbolos claves ofertados por la publicidad
pasen a desempeñar roles centrales en la existencia,
se comienza a distorsionar la noción de familia, de
valores existenciales y de identidad nacional.
Si de vender se trata, no han de aparecer
referencias negativas a la ingesta de alcohol, la
droga más consumida y dañina del mundo. Al
contrario, en boca de un eminente cardiólogo del
hospital clínico de la Universidad Católica, nos da la
noticia, que resultó infundatfa, de que el vino tinto,
el vulgar tintolio del cureque, disminuye el riesgo
efe infarto al miocardio. Regocijo para los viñateros,
quienes se abalanzaron a pagar lo tjue fuera por
lavar su perfil de traficantes de droga embotellada.
En lugar de valorar cosas simples como el mote

52
con huesillos o la yerba mate, el medio afirma que el
amor es jabón Le Sancy; la amistad, cerveza morena
y lo máximo, un Renault Fuego.
Tendencia a la violencia. Debe haber constante
movimiento y por tener la tele un extraño sentido
del tiempo (medio minuto se hace una hora y una
hora, eterna) la velocidad de animación es muy alta.
Lo inmóvil -la blanca montaña, el aromático bosque
o la solemne escultura de piedra- sencillamente no
resulta y para televisarlo debe imprimírsele artifi-
cialmente movimiento. Por eso, obvia todo cuanto
sea por encima inmóvil, como el raciocinio, la me-
ditación o el amor de alma, para suplantarlo por lo
que conlleve acción visible, como deporte, crimen y
sexo. Esta tendencia lleva a la máxima forma de
acción que es la violencia, ingrediente capital hasta
de los dibujos animados para niños.
Tendencia a la fragmentación. Los encuadres
amplios, posibles en el cine, pierden definición en
televisión. El ángulo visual del hombre, de 180°, le
permite formarse una idea global de la realidad
frente suyo. También la continuiciad del cine le
permite seguir el desarrollo dramático de una
situación a un ritmo afín con el de su mente.
En televisión, en cambio, el ángulo visual es muy
estrecho, ocupando sólo una porción del campo fo-
cal. Como al abarcar un panorama amplio pierde
definición (se empasta) debe recurrirse al encuadre
reducido: el primer plano del rostro u otro detalle.
Son siempre enfoques sin perspectiva de conjunto.

53
Las imágenes fragmentadas, para peor cortadas
por las consabidas interrupciones comerciales, no
dejan ir al fondo de las cosas, situación comparable
a la literatura si sólo existiese el cuento corto, no la
novela. Hay temas, desarrollos dramáticos e inda-
gaciones profundas del alma, que sencillamente no
caben en formatos breves, motivo por el cual existe
el libro, la enciclopedia y el diccionario. En el meciio
audio visual, en cambio, no hciy su equivalente para
ahondar un tema. Así la mente se fragmenta en gran
cantidad de elementos desconectados que buscan
una integración, dejando esa sensacicín de vacío t|ue
caracteriza al hombre moderno.
Tendencia a la superficialidad. La presión de la
sintonía obliga a orientarse hacia la masa en su
punto más fácil cié equilibrio: lo liviano. Todo lo c|ue
implique ejercitar la inteligencia tiende a descartarse
por elitista. Sobre esto volveremos.
Tendencia a suplantar la realidad. Hasta aquí
nos hemos refericfo a la televisión como un medio
de comunicación, llegando a compararla con otros.
Ahora bien, un medio -sea de comunicación o de
transporte- traslada algo sin alterar su naturaleza.
La imprenta, entonces, comunica vivencias Uterarias
que van más allá de los signéis o del papel empleado
y la radio transmite canciones sin alterarlas. Salvo
escasos intentos de hacer arte con tipografía y mú-
sica con computador, no se pretende c|ue cuchos
medios artificiales sustituyan la realidad.

54
Sin embargo, en el caso de la televisión, estamos
ante otra cosa. Si sopesamos lo recién señalado so-
bre la mecánica mental de su tecnología se aprecia
que esa representación electrónica de la realidad
tiende a constituirse en la realidad propiamente tal,
y en mucos casos de mayor impacto persuasivo que
las percepciones directas cié nuestros sentidos.
La primera vez que observamos este fenómeno
fue durante Semana Santa en Sevilla. Por una
estrecha calle avanza la Cofradía de los Gitanos, sus
miembros encapuchados van cubiertos con el
vistoso hábito moracio. Unos cuarenta costaíeros
cargan el pesado paso, una especie de altar con
estatuas de la Virgen y de Cristo en tamaño natural.
Al fondo de la calle hay un camión estorbando el
paso. Se produce tal apretazón de gentes que es
necesario refugiarse en el zaguán cié una casa y ahí,
entre los visillos, se alcanza a divisar a una dama de
negro en el salón. Está mirando tele y en la pantalla
aparece nacia menos que la Cofraciía de los Gitanos,
la misma que en esos instantes desfila frente a su
casa. El camión que estorbaba a media cuadra era
nada menos que el de la tele española (TVE).
¿Por qué esa dama de negro en Sevilla, en lugar
de asomarse al balcón a ver la procesión, prefiere
verla en televisión? Descartada la flojera como
motivo de su actuar (tiene la procesión tan a mano
como el televisor) queda una causa más profunda,
observable también en teleadictos criollos: es más
convincente la representación de la realidad en

55
pantalla, que la percepción directa de esa realidad.
La procesión se ve más "clarita" en pantalla que
desfilando de verdad, la telenovela parece más real
que el drama vivido en nuestra familia y conocemos
mejor la cara del animador que la propia.
Figuras de la tele suelen quedar encasilladas por
la imagen que proyectan en pantalla. Si alguien
actúa de bobo en un teatro, en cuanto se baja del
escenario sus amigos olvidan el papel que
representaba y vuelven a tratarlo como persona
real. Pero si dicho actor actúa de bobo en la
televisión, será tal la penetración mental efe su
imagen en pantalla que tencferán a verlo como bobo
para siempre. Nissim Sharim, por ejemplo, un actor
que ha representado magistralmente los más
variados papeles, ha quedado marcado por su
actuación en un comercial de banco y cuando está
actuando en teatro, igual la gente lo ve como el
protagonista del cómprate un auto Perico.
Del mismo modo, un producto que se muestra
atractivo en televisión, lo consicferamos atractivo
aun cuando nuestra idea anterior de él, derivada de
cómo lo percibimos directamente, nos incficara no
ser de nuestro gusto.
Si probamos un determinado brebaje negro,
seguramente lo encontramos malo, o por lo menos
inferior a una limonada natural. Pero si nos
muestran jóvenes alegres deleitándose con la Coca-
Cola y volvemos a probar el mentado brebaje, lo
encontramos rico.

56
Nuestros sentidos están, pues, reaccionando más
a la información electrónica que a la percibida de
manera directa en terreno.
Las consecuencias de esto son aún insondables.
Basta considerar que durante miles de años, la
especie humana ha sido condicionada a considerar
la percepción visual de un hecho como la prueba
definitiva de su existencia. Podrá haber olor a león y
escucharse rugidos, pero lo que nos convence de su
proximidad es verlo con nuestros propios ojos.
En cambio en televisión vemos cosas que no
están ahí, que nunca estuvieron ahí, que no st^n
verdaderas y que son procesadas a gusto por otros.
Ante los ojos aparecen hechos de lugares remotos y
tiempos ciistantes. El ritmo natural de un evento se
interrumpe, abrevia o acelera hasta que aparezcan
como reales hechos que jamás ocurrieron. Pero
estamos tan acostumbracios al "ver para creer" que
esa percepción ocular termina siendo el epíteto de
realidad, sobre todo a niveles bajos de conciencia.
Aliom con los medios electrónicos nuestros sentidos
han sido alejados otro paso de su fuente. Pueden alterar
las imágenes que vemos. Las enmarcan, desprenden de su
contexto, editan, recrean e interrumpen con otras
imágenes. Llegan de distintos lugares del mundo donde
no estamos. Más aún, muchas imágenes son dusorias. Lo
que estamos viendo no ocurrió jamás. O sea ocurrieron,
pero sólo la actuación ocurrió, el hecho no.^^

"' ^ Manden op. cit.

57
Por eso cuando pasan teleseries como El Dr.
Marcus Welhy, que es una parodia sobre un doctor
imaginario, le llegan al actor que lo encarna, Robert
Young, 15.000 correos consultando asuntos médicos
personales. La gente lo ve como médico de verdad,
a igual que el niño cree que Ultranián es cié verdad.
ídenrv con las telenovelas. Esas representaciones
ficticias son vistas en un estado de pasiviciad mental
y de cercanía al protagonista en que jamás se han
presenciado acontecimientos de tal intimidad. Se
llega a creer, entonces, que así es la vida. Por eso, las
fabricaciones pasan a ser el modelo que se tiene cié
relaciones interpersonales por lo que constituyen las
pautas de conducta a seguir.
Se torna difusa la distinción entre lo real y lo
ficticio. Tampoco se distingue entre el medio y el
contenido. Los sentidos se han alejacio de su fuente,
pero debido a la penetración sicológica de la imagen
visual, el mensaje en pantalla comienza a absorberse
como realidad. Un medio para comunicar cultura
comienza, entonces, a convertirse en una cultura. En
lugar de ser la televisión el reflejo de la sociedad,
será la sociedaci el reflejo de la televisión.

58
Capítulo V

EL CONTEXTO SOCIAL DONDE SE


ORIGINA LO HUACHACA
La migración del campo a la ciudad

Cuando aparece esta maravilla electrónica, junto a


la dinámica cultural esbozada en el primer capítulo,
está en pleno proceso la urbanización del país.
En realidad, la emigración masiva a la ciudad
empieza mucho antes con la insensata desarticula-
ción de la vida rural, en particular del villorrio o
poblado a escala humana, que se le deja morir sin
dotarlo de servicios mínimos como agua potable,
escuela buena y policlínica. En vez de ser reservorio
de buenas costumbres y célula viviente de la nación,
se le abandona por las luces de la ciudad.
Debido a que lo más visible de Francia es París y
no la comunidad local en la cual se sustenta dicha
nacitin, la elite criolla concentra su acción civiliza-
dora en la ciudad. Copia las brillantes instituciones
que afloran en capitales europeas -Rc:)ma, Londres,
etc.- pero sin calcar la evolución del país interior
sobre las cuales se basan. Pretenden industrializar el
país antes de tener asentada la base real del pro-
greso cjue es la agricultura, o sea la alimentación.
Fundan por doquier vistosas universidades sin
antes haber completado la tarea fundamental de

59
b r i n d a r a todos buena educación primaria. Soslayan
así el laburo d e hacer los cimientos culturales del
desarrollo.
De este m o d o , el principal resultado del proceso
civilizador no es tanto la educación del pueblo al
cual s u p u e s t a m e n t e va ciirigido, sino la propagación
de la clase m e d i a culta encargada de llevarla a cabo.
La m a y o r parte d e la creacitín intelectual latinoame-
ricana proviene, precisamente, de esta clase media
vinculada al sistema educacional.
Debido a la función decisiva de la palabra escrita
en la cultura occidental, p o d e m o s considerar el
hábito d e lectura como un inciicador del nivel de in-
tegración a dicha cultura. Una reciente investigación
al respecto indica, justamente, q u e leen libros sólo
los profesc:)res secundarios, los estuciiantes universi-
tarios y los profesionales, siendo casi nula la capaci-
d a d cié la educación básica y media por sí solas d e
formar tal hábito.2" O sea, e¡ sistema educacional
sólo logra educar a los e d u c a d o r e s .
Entretanto el país interior -el c a m p o , los p o b r e s -
le interesa a la aristocracia sólo en cuánto fuente de
dinero y de s e r v i d u m b r e . La hacienda no irradia
prácticas democráticas. Arrebata a las comuniclades
sus mejores tierras y a bajo precio extrae sus más
dulces frutos.

2" Universidad Católica de Chile: La Situación del Libro en


Chile. DIBAM, Santiago, 1980.

60
Los productos de la ciudad, como arados y
abogados, suben incesantemente de precio en rela-
ción a los del campo, desde el trigo a la papa. Por su
parte. Ja inversión pública -hospitales, colegios- se
concentra en la capital, creando así una atracción
fatal hacia los tacos.
Es tan aplastante la explotación que hace la urbe
del campo que la vida rural empieza a perecer y a
sus sobrevivientes sólo les queda rendirse ante el
poderío de la metrópoli. Primero es la aristocracia
terrateniente que se va a vivir a la ciudad, luego sus
hijos se tornan políticos o banqueros y más tarde los
de abajo también parten.
Diariamente miles de personas abandonan su
imposible condición de castigo en el campo para
emigrar a la ciudad. (A Lima solamente llegan 200
personas diarias a instalarse de por vida). Este pro-
ceso galopante de urbanización implica que miles y
miles van arrancando sus raíces culturales de donde
las tenían asentadas por siglos.
Ahora bien, la migración rural-urbana es más
que un cambio de domicilio, es ser desterrado de su
propia cultura para ser lanzado a los márgenes del
frío mundo de la moderniciad. Y sin que dicho tras-
plante se efectúe con mecanismos de socialización
que faciliten una integración armónica. En Australia
por ejemplo, a los inniigrantes españoles o rusos
que llegan, a pesar de pertenecer a la misma cultura
occidental de Australia, los someten a un elaborado
proceso de adaptación, debiendo el adulto asistir a

61
cursos de inglés hechos con el método situacional
que, en el fondo, es un método de incorporar a
alguien a la mentalidad australiana. El niño, por su
parte, en cuanto llega empieza a asistir a escuelas
públicas de alto nivel y al poco tiempo es probable
c[ue ni siquiera hable el idioma de su casa, tan fuerte
es la educación que recibe. Es lo mismo con el
famoso crisol o melting pot de culturas que es
Estacios Unidos: en el public scliool funden todo,
desde prejuicios raciales hasta taras ancestrales.

La insuficiencia de la campaña civilizadora

Acá, en cambio, ante el desajuste que es pasar desde


una cultura a otra, virtual salto con garrocha sobre
el muro del hambre, nadie pone colchonetas para
amortiguar la caícla. La campaña civilizadora, de
cara a la avalancha migratoria y demográfica, no es
capaz de ofrecer suficiente educación al pueblo. Los
programas asistenciales -paliativos de emergencia-
se diluyen cual sal en el mar a medida que se alejan
del centro. Al llegar a la población marginal los
elevados principios pedagógicos que han de animar
la educación pública son apenas un galponcito
sobre el tierral, donde una heroica maestra espanta
las moscas mientras trata que la cincuentena de
niños de su curso aprendan un día a escribir ma-
má.
"...la prevalecía de la desnutrición de grados 11 y 111 en
muestras de menores de 5 años en el decenio 1965-75 ha

62
tenido un aumento importante, tantP en ¡as tasas que
suben de 24.9% a 32.9%, como en (¡ número total de
desnutridos estimados, que suben de 668.000 en J965 a
1.114.000 en 1975; vale decir, un auniento de 66.87o con
446.000 niños desnutridos más que atc'nder.-^
Por lo tanto, en América Latina la desnutrición
p o r sí sola, d e b i d o a su efecto en e'l aprendizaje y a
sus consecuencias en el posterior cuociente d e
inteligencia, inhibe la racionalidad. A lo anterior
s ú m e s e un sistema educacional incapaz de asimilar
d e b i d a m e n t e a las cantidades cada vez m a y o r e s d e
niños en ciemanda de a p r e n d e r . Pdi" cada cien niños
en edad escolar, hay st^lo u n o en la educación
superior o universitaria.
S u p o n i e n d o , con bastante generosidad, q u e el
sólo hecho de llegar a la educación universitaria
signifique acceder a un nivel edu¿acional d i g n o d e
la cultura occidental, t e n d r í a m o s q u e los jóvenes

1% de la población, desequilibrio q u e d e b i d o al
crecimiento demográfico n o estaría v a r i a n d o p a r a
mejor.
El r e d u c i d o n ú m e r o d e personas e d u c a d a s a u n
nivel de país asiático o e u r o p e o , junto a lo señalado
respecto al hábito d e leer libros, d a u n a idea de cuan
delgada es la capa d e barniz civilizado.

^' UNICEF: Situación de la infancia en América Latina y El


Caribe. Oficina Regional para las Americas, 1979.

63
La elevación cultural, la universidad, los asuntos
religiosos y sobre t o d o la educación, fueron temas
básicos de la república, llegando u n profesor de
castellano q u e planteaba q u e gobernar es educar, ser
elegido presidente22. Luego el tema económico,
c o m o si la plata fuera lo único q u e cuenta, desplaza
esa visión h u m a n i s t a d e país. Q u e la economía, la
delincuencia o la seguridad, como si p u d i e r a haber
p r o s p e r i d a d en u n a sociedad de ignorantes.
El estrato de mayores holgura económica se salva
d e la gradual decadencia de la educación pública
colocando a sus retoños en colegios particulares,
p e r o la mayoría q u e d a sometida a escuelas públicas
de bajísimo nivel q u e constituyen para el niño expe-
riencias repetitivas m u y poco estimulantes o a liceos
q u e se van e m p o b r e c i e n d o junto con u n inexorable
a u m e n t o d e la matrícula hasta llegar a la doble jor-
n a d a , q u e en realidad es m e d i a educación p o r q u e
r e d u c e a la mitad la formación del niño.
El proceso civilizador q u e d a , entonces, sin sufi-
ciente energía para asimilar a los n u e v o s contin-
gentes arribados a la ciudad en cantidades cada vez
mayores. Deja la gran masa a m e d i o camino, des-
arraigada d e su cultura originaria y sin integrar
a d e c u a d a m e n t e a la alta cultura.

22 Don Pedro Aguirre Cerda (1879-1941) quien a pesar de


las intrigas políticas, del terremoto de Chillan (1939) y de
la Segunda Guerra Mundial, aumentó las escuelas prima-
rias de 110.000 en 1938 a 616.000 en 1941, cuando murió.

64
D e l siútico al huachaca

En un comienzo esto no es m u y notorio, p o r q u e el


a d u l t o e m i g r a d o a la capital, como Jesús Sánchez en
C i u d a d de México, llega con su estructura m e n t a l
establecida.23 Es básicamente u n c a m p e s i n o q u e en
lugar de trabajar en la hacienda, lava platos en u n
restaurante. Del mismo modo^ los m a p u c h e s
v e n i d o s a Santiago se reunían el d o m i n g o bajo las
araucarias d e la Quinta Normal, como si estuvieran
en C a r a h u e , de p o n c h o y p a n d e r o .
En esa etapa, el personaje que caricaturiza la
situación intermedia entre los dos niveles socio-
culturales es el siútico. Es quien e s t a n d o a m e d i o
camino en su ascenso social, como Martín Rivas en
la obra d e Blest Gana, asimila los m a n i e r i s m o s del
g r u p o al cual desea acceder, creyendo q u e con una
entonacicín asá o un peinado acá sube.
El siútico dio sus p r i m e r o s pasos a pie p e l a d o so-
bre la tierra del rancho y se encuentra s ú b i t a m e n t e
p i s a n d o alfombra. Pero carece de la educación nece-
saria para e n t e n d e r ciertas realidades de la estratifi-
cacitín social: quiere ser igual al gerente, y en lugar
de estudiar ingeniería, le copia la corbata de seda

23 Ver del antropólogo Osear Lewis: Los Hijos de Sánchez.


Mortiz, México, 1965.

65
italiana, aunque en versión demasiado chillona. Ella
quiere ser señora distinguida, pero en vez de estu-
diar, de aprender idiomas o filosofía, se preocupa
sólo de su externalidad; peinados estrambóticos,
taco alto y uñas pintadas hasta para ir a la playa.
No encuentra un marco de referencia que lo ubi-
que en su condición intermedia ni es auténtico en su
medianía. El aristócrata se aferra a las historias, a
veces imaginarias, de riqueza familiar. En cambio, el
siútico, como viene del tierral, no quiere nada con lo
que dejó. El aristócrata, de tanto admirar su glorioso
pasado, olvida su oscuro futuro; mientras e! siútico,
de tanto mirar adelante, olvida de dónde viene.
El siútico, entonces, no tiene historia. Está en
plena transición entre dos perímetros culturales y es
tal su ansiedad por llegar a la otra ribera, que se tira
al río antes de aprender a nadar. Su motivación
(superarse) es loable, lo patético es la manera de que
se vale para conseguir tal fin, porque en definitiva
se queda en el chapoteo superficial. Es un intento
errado, pero igual es un intento de ser más.
La televisión, entra a crear una situación nueva:
reafirma al que no es ni lo uno ni lo otro, y lo re-
afirma en lo que es. Aparece en un momento de la
evolución social en que una gran masa de población
urbana se encuentra a media agua, sin ser entera-
mente popular, como sus padres, ni suficientemente
educada, como los de arriba.
Es la demanda social sobre la cual se instala la
televisión: son millones de posibles consumidores

66
en busca de modernidad, vasto mercado presto a
tragarse cuánto anzuelo se vea bonito en pantalla.
Tampoco quieren líos. A los recién arribados aún
les pena el sometimiento ancestral al patrón de
fundo. El concepto del ciudadano libre y soberano
en el cual se basa la república, no ha sido una
realiciad tangible en el campo. El campesino -en
cuanto peón, int]uilino o simple Juan sin tierras-
estuvo por muchas generaciones enmarcado en esa
peculiar institución de sometimiento corporal que
es la hacienda. Ahí el patrón, más que jefe de una
faena comercial, es una especie de Dios padre por
encima de la ley civil, señor absoluto de la comarca
y amo de su gente. Las pautas de interacción social
en que se ciesenvuelve el campesino en
Latinoamérica se asemejan más a las del vasallo en
el feudc:) medieval que a las del ciudadano en la
república moderna. De la revolución francesa de
1789 no se supo mucho en el campo, y como el
proceso civilizador se concentra en la capital, al
interior de Latinoamérica hasta el día de hoy poco
se ha aprendido de libertad.
Sometido a la voluntad del patrón, sin mecanis-
mos democráticos para aliviar gradualmente ten-
siones, el campesino ha debido optar entre la
sumisión completa o la sublevación total. Por algo
las revoluciones en este continente son fenómenos
eminentemente rurales, como la de México iniciada
por Emilianc^ Zapata al interior del remoto estado
de Morelios; la "violencia" de Colombia, (FARC,

67
ELN, etc.) que a partir del asesinato del dirigente
populista Eliecer Gaitán en 1948 se expande por las
serranías hasta causar la muerte de 260.000 personas
y la huida de más de un millón de refugiados; la de
Fidel Castro, que se basa en la Sierra Maestra la de
Bolivia, que arranca desde El Beni, el conflicto
mapuche en Chile, que amenaza siempre con entrar
en erupción, y las de Nicaragua y El Salvador, que
también vienen del campo.
En todos estos casos la revolución es expresión
de la cultura popular; es sólo al final, cuando ya
cuenta ccMi el país subterráneo efe pueblos chicos y
de regiones apartadas, que un buen día amanece la
capital en poder de los sediciosos. Esta constante de
los movimientos revolucionarios de Latinoamérica
no se da tanto en Argentina y Chile, donde la rei-
vintficación popular últimamente la canalizan los
sindicatos inciustriales y mineros, ni es característica
de otras partes del mundo. La Revolución Francesa,
por ejemplo, desde la toma de La Bastilla en ade-
lante, ocurre en pleno París; en la actualidad en
Irlanda del Norte es esencialmente una guerrilla ur-
bana centrada en Belfast, y la revolución iraní para
deshacerse del Sha de Persia e instaurar una
república, estalla en las urbes de Qum y Teherán.
Las causas de esta explosividad latente del cam-
pesinado deben buscarse en su nivel infrahumano
de vida, pero aquí lo importante de considerar es
que escapa del campo para saHr del opresivo aban-
dono y encontrar una disyuntiva mejor.

68
Se va a la ciudad a ser persona y ahí la cosa no
era tan fácil como parecía. Debe iniciar una com-
pleja metamorfosis cultural, que puede tardar varias
generaciones. Está en terreno ajeno, debe adaptarse
a mentalidades distintas, todo funciona de otra ma-
nera, su marco cultural originario resulta irrelevante
¿De qué le sirve saber herrar?, le cuesta reconocer
las señales de la vida urbana, y no sabe quién es ni
dónde está.
Pcira esa enorme masa de arribados amontonán-
dose a diario en la ciudad, la televisión es la leva-
clura que los hace subir. Les otorga identiciad en su
medianía. En vez de acomplejarlos con una alta
cultura a la cual no tienen acceso -en vez de educa-
ción, de conciertos o de ciencia-, les presenta el
mundo a su nivel. Fabrica con ellos y para ellos una
realidad simbólica de comportamientos sociales que
no son populares ni occidentales y que se llama
cultura huachaca.

69
¿SABÍAS QUE...?

• Tras medio millón de años de existencia terrenal,


la humanidad llegó, en 1800, a 1.000 millones.
• En 1930 alcanzó 2.000 millones; en 1960, 3.000; en
1975, 4.000; en 1988, 5.000; y en 2000, 6.000 millones.
• En 2008 ya eran 6.670 millones de almas vivas.
• Cada minuto nacen 253 personas y mueren 105, o
sea la población crece en 213 mil al día.
• Uno cada seis homo sapiens es chino.
• Luego de China (1.330 millones), el país más po-
blado de gente es la India (1.147 millones).
• El tercero es Estados Unidos con 303 millones, se-
guido por Indonesia (237) y Brasil (192 millones).
• Chile (16,4 millones), ocupa el lugar N° 60, entre
Holanda (16,6) y Kazajstán (15,3).
• Uno de cada cuatro chilenos vive en Santiago y
apenas doce de cada cien, en el campo.
• Cerca de 2.000 millones rezan a Cristo (católicos,
protestantes, ortodoxos); 1.300 siguen al Islam; 900,
son hinduistas y unos 400 millones veneran a Buda.
• El alcohol es la droga que más se consume en el
mundo. Afecta funciones cerebrales como el pen-
samiento lógico, la percepción de riesgo, el auto
control y la noción del bien y el mal.

Fuentes: U.S. Census Bureau e Instituto Nacional de Es-


tadísticas, INE, de Chile.

70
Capítulo VI

LOS SIETE COMPONENTES DE LA


CULTURA HUACHACA

H a b i e n d o visto la dinámica cultural y el contexto


social d o n d e aparece la televisión -situaciones a m -
bas radicalmente distintas a las de la sociedad en
q u e se invented- y teniendo presente sus condicio-
nantes tecnokigicos y económicos, se e n t i e n d e por
q u é en países latinoamericanos fomenta una n u e v a
cultura q u e se i m p o n e con fuerza.
Señalábamos q u e hasta la llegada d e la televisión
existían atjuí básicamente dos culturas, a d e m á s de
u n proceso d e transculturación por el cual una se
iba c o n t a m i n a n d o de otra. En sociedades plena-
m e n t e occidentales no se p u e d e establecer tal para-
lelismo, d e b i d o , c o m o se etijo, a que las culturas p o -
pulares de allá son meras variaciones folklóricas
d e n t r o del m i s m o m a r c o societal. Por eso el soció-
logo Hans Gans, en su estudio de la cultura p o p u l a r
de los Estados Unidos, ctmcluye q u e la e n o r m e p r o -
ducción d e películas triviales, de best sellers superfi-
ciales y de televisión alienante no afecta a la cultura
seria. 24

2* Hans Gans: Popular Culture and High Culture. Free


Press, Glencoe, 1980.

71
Por supuesto, allá la educación pública es de tan
alto nivel, la universidad funciona con tradiciones
tan stílidas y hay tal respeto por el conocimiento,
que la basura mediática no daña tanto.
Ahora bien, siendo la cultura huachaca un fenó-
meno nuevo que emerge día a día entre nosotros,
no podemos reducir su etilos o carácter distintivo a
un rasgo. Son varios, y relacionados unos con otros:
1.- No es occidental ni popular. Aunque sea
comenzando por lo que no es, se trata de formas de
comportamiento, actitudes y de esquemas mentales
implantados por los medios de comunicación. No
corresponden a los derivados de la alta cultura ni a
los originados en la cultura popular.
Mencionamos el proceso de transculturación,
pero estamos ante una suma de las partes que no es
igual al total. De la alta cultura toma elementos
como la tecnología y de la cultura popular, la mekv
día, pero es más que un sincretismo o fusión de
culturas operando en una misma sociedad. Es un
conjunto de visiones de la realidad, de valores so-
ciales, de normas morales y de mentalidades que
definen una personalidad modal propia.
Señalábamos esto en primer lugar, porque es su
característica de mayor repercusión sociológica. La
alta cultura apunta, en su desarrollo lógico, a ser
igual a Francia, a Suiza o a Italia, con todo lo bueno
y malo que ello pueda representar.
La meta del proceso civilizador fue instaurar en
este continente, como al norte del Río Grande, la

72
racionalidad técnica de la burguesía europea. Aún
siendo varios los inconvenientes de tal proyecto, la
cultura occidental -a falta de alternativas mejores-
es consistente en brindar buena calidad de vida.
Por su parte, la cultura popular también es con-
sistente. Es el resultado de siglos de adaptación del
hombre americano a su medio y tiene su propia pro-
fundidaci espiritual y creatividad estética. Sin em-
bargo, llevada a su consecuencia lógica, implicaría
ciesterrar desde el caballo hasta el automóvil para
volver a organizar el Imperio incásico y tocar la
tru truca en vez ciel piano. Así todo, aún cuando
muchos elementos de las culturas autóctonas no
sean relevantes en la actualidad, se trata de esque-
mas capaces de organizar la existencia humana.
En cambio, la cultura huachaca, tiene tales
contradicciones que carece de la consistencia nece-
saria para darle sentido a la vida privada o de
estructurar la nación. Su incoherencia lleva al em-
pobrecimiento espiritual y, tal como el buey a la
carreta, al abatimiento de la sociedad. En los térmi-
nos ya citados de Sorokin, lleva a lechar al león y
matar la vaca, con las predecibles consecuencias de
semejante confusión.
2.- Inmoviliza donde se está. Si bien Yahvé al
entregarle a Moisés los diez mandamientos se pre-
sentó diciendo yo soy el que soy, tal definición de sí
mismo sirve únicamente a Dios, porque él no
necesita -ni puede- ser más de lo que es.

73
El hombre^ en cambio^ es una criatura por hacer.
Su naturaleza es ir evolucionando hacia etapas su-
periores. Por eso, el hombre se humaniza a medida
que es más de lo que es. Desde el pigmeo en la
selva que lanza un dardo con cerbatana hasta el
pianista que interpreta el concierto N" 5 Emperador,
de Beethoven, hay una misma compulsión por
superarse. El pigmeo desea extender su poder más
allá del alcance de su mano y el pianista quiere
sonar mejor que el canturreo bajo la ducha.
Si leemos un libro, asistimos a una obra de
Esquilo o presenciamos un ballet, es por encontrar
pensamientos, emociones ciramáticas o formas de
expresión corporal superiores a las que podemos
discurrir espontáneamente por nuestra cuenta.
El deleite experimentado al presenciar una obra
del pensamiento -sea un cuadro hermoso o un
avión nuevo- no está en lo simpático o familiar que
nos resulte, sino en contemplar cómo la inteligencia
va llevando la realidad a niveles superiores. Es el
deleite de sentir fe en el hombre.
Es así porque el "ethos" de la cultura occidental
es el ascenso del hombre. Es una cultura entera
orientada hacia tener más, sentir más y ser más.
Tanto la superación espiritual como la innovación
técnica son manifestaciones de una misma
compulsión por elevar el límite de lo humano.
Zeus -la divinidad suprema de los helenos-
asume contextura humana al pasearse en el Olimpo
con un águila en una mano y un trueno en la otra.

74
Pablo de Tarso propone como rumbo de la vida
llegar a constituir ese Hombre Perfecto, en la fuerza del
tiempo, que se realiza en la plenitud de Cristo (Efesos
4:12, 13) y Teilhard de Chardin observa que la
evolución, a pesar de algunos fallidos intentos, tiene
un sentido orientador: la creciente cerebrización por
la cual el organismo más complejo del universo, el
cerebro humano, que consta de 14 mil millones de
células interconectadas, avanza hacia la cúspide del
pensamiento reflexivo: ¡a concienda de la conciencia.
Es el verdadero sentido de la evolución, afirma, el
punto ome^a, donde el hombre se une a Dios.^s
O sea, desde los más remotos mitos de la Grecia
clásica, hace unos 2.600 años, hasta la más reciente
filosofía, en la cultura occidental subyace la noción
de la elevación del hombre.
De ahí que la campaña civilizadora, antes men-
cionada, fuera una estrategia de movilizar la masa
ignorante hacia un nivel cultural superior. Ahora
bien, el objetivo del tanque de dicha campaña -la
educación- no es infundir ciertos datos cual dogmas
inapelables, sino que es desarrollar la facultad de
aprender, y por lo tanto de cuestionar y dudar a lo
largo de la vida entera. Aprendemos una fórmula,
no por la fórmula misma, que pronto cambian por
otra mejor, sino para aprender a aprender, proceso

-' Para una mejor explicación de este lúcido pensador,


paleontólogo de profesión, ver lección XIV "El fenómeno
humano" del libro Filosofía Clásica de Pablo Huneeus.

75
que requiere saber asimilar nuevas verdades, tanto
en uno mismo como en el ambiente, y tener la
habilidad de adaptarse a ellas en un mundo donde
todo cambia.
Ergo, el verdadero sentido de la educación es
preparar al individuo a romper esquemas para que
su vicia sea un continuo esfuerzo de superación. Al
no hacerlo y aferrarse a las rutinas conocidas, la
sociedad queda discapacitacia para innovar y decae.
La televisión, según lo señalado, pasa a ser el
verdadero sistema educacional del país. Transforma
cada casa en sala de clases, y debicio a la pene-
tración neurofisiológica de la señal, ese "profesor"
en la repisa es un poderoso modelo de comporta-
miento, más influyente que el maestro real en la es-
cuela y que el padre de familia en casa.
A ¡a edad de 4 años, los niños ven un promedio de 2.5
a 4 horas diarias de TV. Esta gran cantidad de tiempo
sólo disminuye en la adolescencia para aumentar de
nuevo en la edad adulta. Ver TV es la actividad más im-
portante de la gente joven. Al terminar su enseñanza, el
niño habrá invertido un promedio de 15.000 horas viendo
TV, lo que sobrepasa al tiempo dedicado a asistir a la
escuela, que es de 10.800 horas.-^^
Sin embargo, este novedoso instrumento educa-
dor distorsiona drásticamente el sentido liberador
de la educación, porque en lugar de buscar la
superación, busca la medianía.

' Hernán Montenegro; ¿TV Comunicación o contaminación'/

76
Hasta la más modesta maestra de escuela rural
se agota por dar lo mejor de sí a sus alumnos, pero
la televisión se esmera por dar lo menos de sí a los
suyos. Trata la industria televisiva de mantenerte
encadenado a la ignorancia.
¿Cómo ocultar la indignación cuando uno ha
visto en Nilahue, Caleta Cocholgue y Puerto Aysén
esfuerzos conmovedores por levantar la condición
humana a partir de la educación básica? Ha visto al
profesor normalista de ía escuelita de Riberas del
Nuble juntiir vestidos usados y guitarras trizadas
para organizar un coro que eleva en cien voces la
cristalina tonada. Ha visto a Gloria Inostroza cié
Celis, profesora del Liceo A-28, de Temuco, orga-
nizar una revista literaria -Pewan- donde escriben
sus versos Patricia Chavez, del 4°B; Mauricio Huir-
cán, del T'A, y Fresia Vargas, del 2°E. Ha visto in-
cluso a la profesora de Castellano Teresa Lizardi,
como parte cíe un programa de educación extra-
escolar, organizar un taller literario con los reos de
la cárcel de Iquique. Eso es hacer Patria: levantar al
pueblo.
Todo para que venga la televisión con sus exube-
rantes recursos, con suficiente dinero para mandar a
sus rostros sin seso a recorrer el mundo y para
comprar a quien quiera. Entonces, métale rock y
métale Koyak para que la chabacanería triunfe.
La sociedad entera es un sistema educacional y
dentro de ella hay instituciones en nada loables,
léase cárceles, prostíbulos y fiestocas.

77
Pero lo sano es mantener tales instituciones
circunscritas a un perímetro del espacio urbano
(barrio rojo) y de) tiempo (noche o sábado), sin
dejar que la ciudad entera se convierta en presidio,
o comercio de mujeres ni que las horas de trabajo
sean para la farándula.
Con la televisión, por primera vez un negocio de
alto poder educador se hace presente en todo el es-
pacio de la chitas, al interior mismo de cada hogar,
y de mafiana a noche durante la semana entera a lo
largo del año completo. También por primera vez
en la historia, en Latinoamérica se hace algo que ni
en la cuna del liberalismo -Inglaterra- se piensa.
Una institución educadora de primera importancia
se deja a merced del inejor postor y se le permite
saciar su afán de lucro promoviendo distracciones
carentes de intención elevadora.
Como es fuerte y convincente, reafirma al simple
mortal de la urbe presentándole una fantasía donde
todas sus inquietudes están atendidas. Crea un
espacio cultural donde su soledaci se satisface con la
seudo intimidad establecida con las celebridades de
la pantalla.
Su pobreza material se satisface con los festines
de consumo donde él, creyendo ser objeto de los
premios, gana refrigerador, juguera y sedán Subaru.
Él siente ser el ganador, establece empatia con el
concursante porque adivina leseras a su nivel, sin
hacer alarde de conocimientos superiores. Su ansia
de ascenso social se sacia con ciertos símbolos de

78
modernidad como la Pepsi-Cola o los jeans Lee. Su
deseo de roinance, en la teleserie. Su sadismo, en la
violencia de la serie policial. Y su inseguridad
estructural se compensa sobradamente en la marcha
triunfal de la banalidad, marcha que, lejos de ser
verdadero movimiento, es inmovilidad donde está:
mirando tele, comadre.
3.- Es fácil. El tercer rasgo que proponemos para
definir la cultura huachaca tal vez sea apenas un
corolario del anterior. Las Refutaciones Sofistas de
Aristtiteles serán razonamientos dialécticos muy ló-
gicos, pero nada de fáciles; los evangelios serán en
lenguaje muy directo, pero no plantean un camino
fácil; las catedrales gt^ticas serán hermosas, pero no
son fáciles de edificar ni de apreciar; y tampoco es
fácil El Quijote, la física cuántica ni Einstein.
No.
La cultura occidental ha llegado a su nivel por-
que ha buscado la excelencia, aun a costa de lo sim-
ple. En su línea de ascenso, el hombre ha ido conti-
nuamente superando lo imposible.
Ha sido poco benigna con la ignorancia, tolerán-
dole un mínimo espacio cultural en la prensa folle-
tinesca y en la juerga del arrabal, pero imponiendo
en definitiva la inteligencia.
De los miles de millones de seres humanos que
han habitado esta tierra, la historia registra sólo
unos 180.000 nombres. De éstos, muchos son bestias
eminentemente destructivas, como Afila, Nerón o
Jack el Destripador, siendo muy inferior al número

79
de espíritus creativos, del tipo Cristóbal Colón, Luis
Pasteur o Fyodor Dostoiewski. Sin embargo, siendo
tan tenue el ingenio ante la fuerza de la destrucción,
hay países que han sabido respetar el talento. Han
llegado a ser grandes por valorar a quienes superan
en su búsqueda lo evidente, sin mirar al mercado.
Pero si parodiamos la manera economicista de
pensar, tan de moda hoy, cabría afirmar que la civi-
lización ha sido ineficiente en la asignación de re-
cursos, porque ha financiado obras de bajísimo
consumo y de menor sintonía. ¿Puede haber algo
más ineficiente que construir lindas catedrales que
en definitiva las usan el 10% de los fieles? ¿Para qué
parques cuando rinde inás hacer mails en su lugar?
La televisión, en cambio, busca lo simple y barato
en vez de la excelencia. Al estar a merced de la sin-
ttmía, tiencie al mínimo común denominador, y por
tratarse de una morfina nueva y de insospechados
efectos secundarios, nadie contiene ni regula su
venta sin receta.
La cultura huachaca se caríicteriza, entonces, por
exaltar lo fácil. Continuamente celebra, no sólo en
televisión, lo fácil que fue ganar la Polla-Gol. Si fue
al puro lote, dejando a la guagua llenar la cartilla,
tanto mejor. Si se ganó un auto con puro adivinar
cuál de las cajitas contenía la llave, ¡fenomenal! Si la
animadora que brilla en las tardes llegó ahí sin sa-
ber multiplicar ni dividir, ¡fantástico!, y si el dueño
de un espacio lo adquirió a empujones, sin haber
jamás pasado por la educación superior ¡chorísimo!

80
Por eso es huachaca viajar a Toledo, España, con
un extenso séquito y entrevistar largamente a un
burrero que vende souvenirs en su burrito. Explicar
la casa del principal pintor del arte hispánico -el
Greco- o bien adentrarse por la nave central de una
de las obras culminantes del período alto de la ar-
quitectura gótica -la cateciral-, sería entrar en
cuestiones difíciles. Mejor irse por lo trivial y dejar
la joya de Castilla a la ¿iltura del burrero.
Lo mismo en Roma. Lo que representa el
Vaticano para el catolicismo, o el Foro Romano para
el mundo latino, la Basílica de San Pedro, en fin,
tanta cuestión complicada, ¿no? Mejor conversemos
con este pintoresco soldado de la Guardia Suiza,
aquí en la plaza. Se ve hermoso en cámara con ese
uniforme. Cuéntenos, ¿de qué tela es su uniforme?
Toledo trivial y Roma fácil.
La cultura huachaca propone como modelo de
vicia un muneio donde todo se logra sin esfuerzo,
basta un Yastá para sentirse bien, una Coca-Cola
para ser siempre joven y una tarjeta Visa para
adquirir cuanto podamos necesitar. Cualquiera
gana, todos lucen apuestos y bien trajeados, las
seriales terminan siempre bien, los cantantes
sonríen y todo en general fluye en forma expedita y
simpática. Nada de ética de trabajo, de sudor
nuestro cié cada día, ni de constancia. Sí la gente
lincia y la espontaneidad lograda tras tanto ensayar,
porque lo paradojal es que el ambiente de la
pantalla ni siquiera refleja la realidad del tedioso

81
quehacer en un estudio de grabación. Aunque es
mucho trabajo producir el no trabajo, hacia la
cámara ha de proyectarse esa imagen espumante de
relajo total.
Tan flagrante contradicción con la realidad de la
vida suele reventar en la propia televisión, en pro-
gramas donde el público hace gracias, como
¿Cuánto vale el show? El día de la grabación acuden
literalmente miles para ser seleccionados, pero la
mayoría no tiene la menor idea de cantar. Creen que
basta con pararse frente a la cámara -como lo han
visto hacer- y la canción saldrá sola, afinada y con
el acompañamiento orquestal perfecto. En la etapa
de producción, la gran masa de éstos es eliminada y
se dejan sólo algunos para efectos de contraste. Esos
pocos incautos que llegan a la cámara para hacer el
ridículo permiten a veces apreciar la inconsistencia
de \o fácil, aun en el medio que lo predica.
El filósofo español Ortega y Gasset adivina mu-
cho antes, el tipo humano que fomentaría:
y es indudable que la división más radical que cabe
hacer en ¡a humanidad es en dos clases de criaturas: los
que se exigen mucho y acumulan sobre sí dificultades y
deberes, y los que no se exigen nada especial, sino que
para ellos invir es ser cada instante lo que ya son, sin es-
fuerzo de perfección sobre sí mismos, boyas a la deriva.^'^

-'' José Ortega y Gasset: La Rebelión de las Masas. Primera


vez publicado por Revista de Occidente, Madrid, 1929.

82
La duda es acaso siguen tan a la deriva, porque
la televisión los ancla en su condición, pues eleva la
liviandad de lo fácil al rango cié mérito.
4.- Es emocional. La cuarta pata del huachaca es
la emotividad. A la razón opone la emoción, si lo
civilizado es analizar un hecho de manera lógica, lo
huachaca es exaltar únicamente su emotividad.
Ante el naufragio de un pesquero en San Vicente,
por ejemplo, el periodismo objetivo investiga qué
ocurrici realmente, dónde, cuándo y por qué. Razo-
nes para haber zarpado justo antes del temporal,
confiabilidad de las predicciones meteorológicas.
¿Se les avisó a los patrones de pesca la proximidad
del frente? ¿Cómo pudo la red atascar la hélice?
Motivos por los cuales no acudieron de la base
naval cercana a rescatarlos, en fin, es todo un
cuadro lógico que se investiga para presentar los
elementos de juicio que permitan elucidar el suceso.
Sin embargo, la cámara, tras un muy simplista
esbozo de lo ocurrido, enfoca a la viuda llorando,
sigue con el único sobreviviente en el hospital y
remata con el cortejo fúnebre hacia el cementerio.
Muy emotivo, pero el periodismo huachaca poco
aporta a la cabal comprensión de lo ocurrido. Sin
saber qué pasa, imposible prevenir desastres.
A la semana siguiente vemos al mentado
sobreviviente relatar en pantalla la noche cuando se
perdieron sus compañeros. Recibe televisores y
tocacintas en premio, con lo cual supuestamente se
compensa la tragedia. Al mes visitamos ese dolido

83
puerto San Vicente, donde todo sigue igual, a la
espera del próximo naufragio de pescador pobre.
En la alta cultura, la reacción emotiva provocada
por una persona no es decisiva. Si Johannes Brahms
era antipático al extremo de decirle públicamente a
Bruckner boa pegajosa, o de disculparse, tras dirigir
la orquesta, por no haber retadc~) a nadie esta vez, o
Albert Einstein era amable al punto de pasarse
tardes enteras haciéndoles tareas a niños del barrio,
resulta meramente anecdótico. En nada afecta la
trascendencia del concierto N" 1 para piano, ni la
validez de la teoría cié la relatividad.
Por su parte, el sentimiento que proyecta una
persona en televisión es la variable definitoria. Si
una comentarista de espectáculos hace buenas
críticas, pero es pesada en cámara, la echan de un
canal y tiene buen cuidado de ser dije en otro. A la
inversa, si un animador es amoroso, pero incapaz de
hilvanar dos frases seguidas, entonces le pasarán
tarjetitas con preguntas al invitado.
A falta de una mínima idea de lo que pasa, leerá
noticias del telepromter (una suerte de espejo frente
a la cámara donde salen textos que nadie más ve) o
por medio de cartones, tampoco visibles al especta-
dor, le soplan lo que debe decir, si es que no le po-
nen, como a los actores de telenovela, un parlante
tras la oreja por donde hacerlo hablar.
Estc^, porque la televisión invierte el orcien clásico
de las prioridades y sitúa el sentimiento antes del
pensamiento. A nivel huachaca, lo anecdótico es la

84
capacidad intelectual y lo sustantivo es lo emocio-
nal. Se trata de convertir la realidad en espectáculo,
que todo sea espectacular, y para ello hacen reír o
llorar, no pensar o razonar. Ni el pensamiento ni el
razonamiento sirven al show.
Entonces es un dato secundario que Hernaldo,
ganador en el Festival de la Canción de Viña, sea li-
cenciado en Derecho y que además siga un post-
grado en España, o que Antonio Vodanovic sea in-
geniero comercial. En ese ambiente, que alguien sea
culto, es un mal antecedente, porque se trata de dar
emoción, o sea de tener ángel, no educación.
Por lo tanto, los descubrimientos del científico
que entrevistan son el pretexto o enganche de\ pro-
grama. Como veremos más adelante, lo que cuenta
es su encanto personal (o ausencia de), razón por la
cual la entrevista, tras apenas mencionar sus logros,
se centra en lo íntimo: ¿Veranea en la playa?
El rasgo huachaca de hacer primar la emoción
sobre la razón se manifiesta también en los mensa-
jes que se están comunicando a la sociedad. La
propaganda, ese intento sistemático de orientar el
comportamiento hacia la adopción de crecíos o eí
consumo de productos, ha ido adquiriendo conte-
nidos cáela vez más emotivos. El debate público en
muchos países se ha convertido más en confronta-
ción de campañas sensibleras que en foro de discu-
siones racionales.
Para sustentar una doctrina se recurre al corazón;
para desacreditar otra, al miedo; y para vender un

85
yogur, al snobismo, como que la voz del comercial
de Danrion tiene un estudiado acento inglés. Un
champú lo vende el impulso erótico de la rucia bajo
la ducha; un perfume, la promesa de romance; y un
chocolate, la ternura que ha de provocarle al sexo
opuesto.
Ha desaparecido casi completamente la publici-
dad objetiva que intenta persuadir por medio ciel
razonamiento, explicando las características verda-
deras de lo ofrecido. Basta seguir una tanda de co-
merciales para apreciar cuan poco informan de!
producto mismo. A lo surno vemos su nombre y
forma, pero nada de su peso o precio.
Hoy día el principal argumento destinado a las
masas es el antes empleado para adiestrar caballos:
la reiteración. A falta de razonamientos lógicos, se
repite el mensaje hasta lograr el comportamiento
planeado. Se obtiene así un efecto rentable sí, pero
que degrada la condición humana.
La televisión acorta la distancia entre el producto
y el consumidor. Ayudada por el efecto mental de
su tecnología, tiende a desactivar el estado de alerta
propio del discernimiento racional. Se trata de
apagar los mecanismos lógicos cié pensamiento,
que de por sí no son muy fuertes ciebido al bajo
nivel educacional, para que no haya deducción ni
inducción de premisas y nada se lleve a su
consecuencia lc)gica.
O sea, se trata de eliminar las bases de la actitud
crítica. Para ello crea un ambiente íntimo, donde

86
todo es personal y emotivo, sin que medien fuerzas
sociales, intereses económicos ni causas generales.
Quizás el mayor éxito de la publicidad comercial
sea la bebida Coca-Cola, gaseosa infusión que
diariamente millones de fieles en 135 países llevan a
sus labios, superando con creces los que comulgan.
Lo notable de este producto es la distancia que hay
entre su realidad objetiva y su simbolismo emotivo.
Indagaciones sobre su composición química nos
indican que en términos de su realidad objetiva se
trata de agua estéril tratada ciuímicamente con
procesos estandarizados para los países donde se
fabrica. Se le agrega gas carbónico comprimido y se
revuelve con un compuesto soluble llamado 7X, que
viene en tambores sellados desde Atlanta, USA. El
resultado tiene ácido fosfórico, glucosa, colorante
caramelo, glicerina, cafeína, esencias y residuos de
coca.
De seguro, si se publicitara su realidad objetiva
sentiríamos cierta distancia con el mentado brebaje.
Su éxito reside precisamente en transformar ese
líquido en un mero símbolo y siendo sus funciones
objetivas perfectamente sustituibles por el agua, la
gente paga anualmente 420 millones de dólares por
beberlo, lo necesario para construir unas 40 mil
viviendas medianas.
Para llegar a tener tanta fe en sus virtudes como
para ingerirlo y encima pagar por hacerlo, es
necesario integrarlo al marco de referencia. Se deja
de lacio su realidad objetiva y se le presenta como el

87
alma de bailotees y reuniones familiares. Penetra así
nuestra intimidad síquica antes de escurrirse por
nuestra intimidad intestinal.
Lo mismo el científico de la entrevista. En una
era sin líderes, el animador es la autoridad. Es el
experto en intimidad, el que sabe trivializar al
científico y reducir la distancia que éste tenga con el
ignorante frente a la pantalla, hasta dejarlos a
ambos a un mismo nivel.
Y ese mismo nivel es la emotividaci, lo fácil.
Por eso no es de extrañar que en un programa de
entrevistas veamos a un novelista de renombre, a
un general de ejército y a un diplomático de carrera,
tocios juntos hablando de su calvicie. Ahí la manera
de reducirlos a un mismo nivel cié fácil emotividad
es la pelacia.
La entrevista como género surge en la época
moderna como un anhelo de la sociedad de masas,
de trivializar al eximio. Es un intento de traspasar el
muro de autoridad levantado por los logros de
alguien y es "buena entrevista" en la medida en que
presenta al grande como un enano servil. Si Newton
viviera, seguramente trataría de explicar su teorema
binario o su ley de gravitación universal, pero la
entrevista al científico clave de la física clásica se iría
por lo emotivo. Dime, Isaac, ja, ja, ¿la manzana esa,
te caytí en la pelada?
Sin embargo, la televisión es fría. Exalta el
sentimentalismo, pero es un artificio explotado
comercialmente en el cual todo está calculado, la

88
emoción también. ¿Y adonde lleva la sensiblería sin
corazón? A lo morboso.
La razón fría da lugar a una lógica implacable,
quizás cruel; en cambio, la emoción fría desata otra
forma de crueldad, acaso peor, que es el sadismo,
esa curiosidad morbosa -casi goce- ante el
sufrimiento ajeno. En la cultura huachaca cobran
importancia cardinal la viuda abrazada al ataúd, el
niño deforme y el cuerpo aplastado por la
locomotora. Ya no es sólo por informar, así como la
pornografía no es sólo por realzar la belleza
femenina. Lo truculento se emplea para vencierle
emoción al hombre gris, ese ser condenado por el
progreso a pulular en la ciudad cié cemento y sin
otra manera de sentir.
5.- Es fragmentaria. Entender toma tiempo. Pero
vemos propagarse a cada célula del cuerpo social
fragmentos cada vez mtís breves de información.
Los ítems de comunicación huachaca -canciones,
publiciciaci, festivales y noticiarios- han aumentado
hasta constituirse en presión sicológica de masas.
Mientras en el campo la naturaleza habla al
compás cansino cié las estaciones, dando tiempo de
madurar las cosas, la ciudad acosa con infinidad de
mensajes atomizados c¡ue fragmentan la mente.
Al prender la radio lo asaltan pedazos sueltos de
información sobre matanzas en Palestina y cogoteos
en Renca, los que son interrumpidos por jingles
sobre el jabón Dovc y el Banco Santander. En el
paradero encontrará afiches cié helados Soprole y

89
cerveza Escudo. En el bus, puchos Kent y chicle
Adams. Al mirar por la ventana. Vamos bien, mañana
mejor y Sony, Nokia, Movistar. En la estación del
metro, Isapre Vida Tres y multitienda Falabella. En el
carro, Vd. no estaría leyendo esto si tuviera La Secunda
en sus manos y ¿Hasta cuándo va a pagar arriendo?
El diario que ojea a la carrera es un surtido de in-
formación suelta y sus compañeros de oficina tam-
bién aportan una buena dosis de partículas anecció-
ticas. Su trabajo rara vez requiere más de once
minutos seguidos de concentración, ya que la ma-
yoría de las labores son sumatorias de pequeñas
operaciones, sea hacer una factura, atender un
cliente o contestar el teléfono. Los cientos de
personas que ciivisa en el día, desde la lola sexy
hasta el mendigo de la esquina, irradian un
chispazo que no hay tiempo de procesar.
En la tarcie, la televisión también es a pedacitos.
Los programas, de por sí breves y compuestos de
secuencias, sin mucho hilo conductor, son a su vez
cortados por comerciales de hasta cinco tomas dis-
tintas en 20 segundos, siendo frecuente que cada
enfoque dure apenas cuatro segundos.
Y como si esto fuera poco, la misma canción se
acorta al aparecer la modalidad de comprimir una
selección de melodías en el lapso antes propio de
una pura canción. Son sólo algunos fraseos del tema
central, seguidos de otro tema central. Así es-
cuchamos en un insulso pegoteo de La Cumparsita,
Guttutalamera y El cóndor pasa, todo apretujado en el

90
tiempo de u n a balada. O bien, lo q u e es peor, en tres
m i n u t o s y 22 seg., una melcocha de la sinfonía Linz,
de Mozart, con la Pastoral de Beethoven y la Primera
d e Brahms, tres obras maestras de la música clásica
servidas en r e b a n a d a s q u e n o dejan nada.
¿Qué laya de h o m b r e quieren hacer, c i u d a d a n o s
libres q u e piensen o robots q u e c o n s u m e n ?
El filósofo B. Russell dice: La verdadera cultura
consiste en ser ciudadano del universo, no sólo de uno o
dos fragmentos arbitrarios del espiado - tiempo; ayuda al
hombre a entender la sociedad humana como un todo, a
apreciar sabiamente las finaHdadcs que anhela el país y a
ver el presente en relación al pasado y al futuro."'^'^
En vez, t e n e m o s al h o m b r e desconcentrado, q u e
n o es igual al distraído, p o r q u e este ú l t i m o está en
otra. El desconcentrado es incapaz de enfocar su
atención m u c h o rato en u n m i s m o a s u n t o , síntoma
inequívoco de estrechez mental.
Esa distorsión del tiempo, ya señalada c o m o u n o
d e los imperativos de la tecnología televisiva, obliga
a recortar artificialmente el mensaje, con lo cual
todo va q u e d a n d o desprovisto de su ciclo n a t u r a l
d e preludio y desarrollo.
N o h a y m u c h o tiempo d e apreciar la secuencia
causa-efecto de las cosas ni d e percibir la evolución
q u e van teniendo. ¿ C ó m o entender u n árbol sin

2** Bertrand Russell: Education and the Social Order, Londres,


1932, Capítulo VI: "Aristócratas, demócratas y burócratas".

91
verlo crecer? ¿Cuántos años tarda conocer a
alguien? ¿Puede el hombre llegar a grande sin haber
sido muchos años un chico?
La madre naturaleza nos enseña que lo único
seguro es el cambio. El océano está siempre
moviéndose, del tronco podrido brota el roble joven
y el correr del sol hace cada día diferente al anterior.
Eso demora apreciarlo, así como demora darse
cuenta que en una sociedad humana pasa lo mismo,
porque el tiempo es uno para tocio lo viviente.
Pero la aceleración no deja tiempo para entender
las cosas, hasta convertir la mente en un mosaico de
fragmentos estáticos. De tanto andar apurado por la
superficie, sin detenerse a calar en profundidad, se
dejan de percibir los matices. Es malo no discernir
las señales sutiles, en voz baja, de la naturaleza ya
que lentamente se anuncia el temporal.
De ahí que el estudio sistemático de una sola
ciiscipJina abra más ía mente que los chapúrreos en
varias. Al hacer clases de sociología en la Escuela de
Ingeniería, o sea a alumnos "cuadrados", resultó
que tienen mayor capaciciad de captar las sutilezas
de las ciencias humanas que aquellos de carreras
más afines, pero que se estudian superficialmente. Ir
al fondo en una ciencia, es la lección, permite mejor
ahondar en otra.
Mientras más breves y numerosos sean los ítems
superficiales, -objetivos transversales- menor será su
penetración. Para lograr profundidad, la alta cultura
organiza la dimensión tiempo de manera de darle

92
cabida al mensaje complejo: novela, tratado cientí-
fico o enciclopedia. Pero la cultura huachaca reduce
Don Quijote a fascículo y la Historia Patria a folletín
de suplemento.
6.- Es metalizada. Quizás no sea ésta la primera
cultura creada con fines de lucro. Pero si las hubo
así, perecieron sin dejar rastro alguno, porque hasta
los ávidos fenicios hicieron arte por amor al arte.
Ciertamente la creación cultural requiere dinero,
más que sea para que el artista coma. Virgilio, por
ejemplo, pudo destinar cuatro años a escribir La
Eneida, porque Mecenas lo mantuvo, y Mozart pudo
componer el Réquiem, porque el conde Von Walsegg
le pagó por esa obra. Pero la motivación primordial
para crear y financiar dichas obras no fue ganar
plata. Antes de enfermarse fatalmente, había
contado de un réquiem que tenía en mente y el
encargo del conde fue apenas el acicate, no la
inspiración del proyecto. Para el genio, entonces, el
dinero es sólo el medio y no la finalidad.
El problema no es el afán de lucro en sí mismo,
es ubicarlo donde corresponde, porque siendo
fundamental para mover las industrias, es decisivo
para envilecer la cultura.
Las principales religiones y descubrimientos son
obra de individuos geniales, o sobrenaturales como
el Nazareno, que buscaron más que vender.
Guiados por su clarividencia fijaron verdades
que sus contemporáneos no veían o bien se negaban
por la fuerza a aceptar. A Sócrates le dan a beber

93
cicuta, a Cristo lo crucifican, a Colón lo devuelven
encadenado a España, a Galileo lo pasan por la
Inquisición y a Solzhenitsyn lo fletan al exilio.
De haberse guiado dichos hombres por los
mismos principios con que la industria textil ciice
qué camiseta fabricar, aún no sabríamos que el
mundo es redondo y da vueltas. Y si en las fábricas
se lo pasaran filosofando, no habría productos.
Por eso, decadencia es confundir lo propio de un
ámbito con lo específico de otro, como ocurriera con
los Papas Juan XXll y Clemente VI, cuyo afán de
tener dinero para una finalidad espiritual los lleva a
confundir fines con medios hasta ponerle precio al
perdón de k « pecados. Recaudan, sí, millones para
su fastuosa corte de prelados venales en Avignon,
La Bahilonia de Occidente, como la llama Petrarca,
pero así también sientan las bases del peor cisma de
la Iglesia y de la posterior Reforma Protestante.
Son así muchos los tropiezos, los ensayo y error,
que aconsejan organizar la formación del espíritu
(ciencia, educación, arte) sobre otras bases que la
producción material. Así todo, ahora se asienta una
cultura que organiza el espíritu con los mismos
principios del libre mercado de camisetas.
Va el programa que más venda, cualquiera sea
su calidad. Se tapa de anuncios y se produce lo que
el mercado demanda, no lo que la gente necesita.
Para apreciar el alcance de este invento imagi-
nemos otra institución educacional, la universidad,
funcionando con el mismo criterio de la industria

94
audiovisual. En vista de que genei-ar nuevo cono-
cimiento tiene baja sintonía, se descarta la investi-
gación científica. ¿Para qué invej-tir en biología
molecular si a Chicles Adams no le sirve?
Como una universidad sin investigación cientí-
fica es una mera escuela profesional, ya la tenemos
reducida a algo incapaz de haber desempeñacio su
rol histórico. Tampoco impartiría buena formación,
pues profesor que no investiga queda atrás.
Pero veamos en qué se convierte esta escuela
terciaria llamada universidad. Bellas promotoras
recorren los flippers y discotheques vendiendo
carreras a sus clientes.
Como las universidades-empresa compiten por
captar clientes pagadores, vale decir alumnos ricos,
se ofrecen carreras cada vez más fáciles, donde
regalan las notas (y las promotoras también).
Otro incentivo sería la rentabilidad financiera de
ía carrera ofrecida. Como ésta es función de la
demanda económica y no de la necesidad social,
esto último se descarta como criterio orientador de
la educación superior. Con dicho criterio, las únicas
necesidades que cuentan son las de las grandes
empresas, por lo que se ofrecen sólo las carreras
(programas) que el poder económico auspicie
La gerencia -rectoría- abarataría los costos de
producción, con la importación de cursos doblados
al castellano en Puerto Rico (¡hola, cariño!).
Se contratarían profesores de continuidad para
amenizar las pasadas de los videos.

95
Los catedráticos serían del circo, actores, en fin
no importa que sean ignorantes mientras sepan
contar chistes y ciivertir a la audiencia. Si no se les
ocurren ideas, tanto mejor, porque hay menos lío y
en todo caso un libretista les puede ir pasando
tarjetitas con lo que deben decir. En lugar de
ayudantes tendrían esculturales modelos para
acercarles las probetas, dándole así el necesario
sioiiig al espectáculo. Para recaudar fondos, esta
universidad vendería la posibilidad de pasar
comerciales en clase, por lo cual las disertaciones se
interrumpen para dejarle la palabra a Ultra Barba de
Schick, la mejor afeitada.
La universiciad telegénica también vendería, y
más caro, la posibilidad de que el profe-animador
publicite en clase los pañales Pampers Active Baby
que auspician su cátedra-farándula. Nada de crítica
social, cuestiones sesudas ni de dudas existenciales,
porque estamos aquí para pasar un buen rato juntos
(y ganar plata) en compañía de Nescafe...
Total, educación, pañales y champú Pan teñe, son
todas mercancías ¿no?
7.- Es evasiva. Lo decisivo para la sobrevivencia
de cualquier organismo es su capacidad de resolver
los conflictos que lo acechan. Hasta una brizna de
pasto tiene problemas con las briznas vecinas y con
el fuego que amenaza el pastizal. Como quede
después de un incendio, por ejemplo, dependerá de
su grado de preparación (humedad) individual y
colectiva. Por muy verde que haya estado, le irá mal

96
con las llamas si todo estaba seco. Otros arrancan
del conflicto. La avestruz, esconde la cabeza, con lo
cual, claro está, deja su trasero expuesto.
A medida que vamos subiendo en la escala de la
evolución, encontrarnos mayores conflictos y mayor
capacidad de resolverlos, siendo éste el sino
distintivo del desarrollo de una sociedad humana.
En la alta cultura no se evade el conflicto. Al
contrario, gran parte de la creación artística son
representaciones simbólicas de tensiones humanas y
de formas de resolverlas, a veces dramáticas como
en limnlct o cómicas como Don Juan.
Sin embargo, la cultura huachaca niega y evade
el conflicto. Por un lado, la televisión presenta la so-
ciedad como cargada de una violencia mayor que la
real. Y por otro, cada cual está en una intimidad de-
liciosa donde todo es grato. O sea, cada televidente
es una isla en un mar revuelto, y en esa isla no hay
confficfo aíguno. Es aííá el probíema.
El resultado no es la solución del conflicto o de la
tensión en que cada cual se encuentra, sino que es la
pérdida de la habilidad de resolverlo. Al no haber
representaciones verdaderas de situaciones conflic-
tivas, no se aprenden maneras racionales ni pacífi-
cas de resolverlas, quedando entonces la sociedad
expuesta a reacciones basadas en la más intensa
emotividad social: el fanatismo.

97
¿SABÍAS QUE...?

• El idioma que más se habla es el chino mandarín


(1.200 millones). Le sigue el inglés, con al menos 400
millones que lo tiene de lengua materna y otros
tantos que lo hablan como segundo idioma.
• El castellano es el idioma materno de 340 millones
de personas, la lengua oficial de 21 países y el
segundo idioma de 110 millones.
• El castellano es hoy el segundo idioma de
contactos mundiales, cultura e Internet. Junto al
árabe es el de mayor expansión territorial.
• En Latinoamérica, las personas de habla indígena
ascienden a 49 millones.
• De los 62 idiomas indígenas de México, los más
difundidos son el Nahuatle (un millón 200 mil lo
habla) y el Maya (800 mil).
• En el Censo de 1992 cerca de un millón de
personas (9.6%) se declaró mapuche, 0,5% dijo ser
aymara y un 0.2%, rapanui.
• En Londres, aparte del inglés, se hablan 274
idiomas distintos.

Fuentes: The British Council, INEGI, México, INE, Chile.

98
Capítulo VII

EL DIOS HUACHACA
La religión es a una cultura lo que los cimientos a
un edificio. El conjunto de creencias y de prácticas
institucionalizadas sobre lo oculto y lo sobrenatural
-el sentido de la vida y de la muerte- es la base ética
sobre la cual un pueblo edifica su cohesión social.
La Francia católica, la ética protestante en el de-
sarrollo empresarial germano, la mentalidad árabe
de cara al Islam, el confucionismo en Vietnam o el
shintoismo para Japón, son todos casos ilustrativos
del rol articulador que desempeña la religión.
Al haber acuerdo en las cuestiones metafísicas
de fondo, en los valores éticos que rigen la conducta
humana, desde liturgia hasta la manera de cocinar
la mentada gallina adquieren la unidad distintiva
de una cultura. La manera de hacer negocios (robar
o no robar), la educación, los estilos arquitectónicos,
la relación con la naturaleza y en general todo eso
que llamamos cultura o civilización, se cimienta en
una argamasa de creencias y tradiciones religiosas.
Sin tal principio organizador pueden ocasional-
mente surgir modas, como la mini, y corrientes de
pensamiento, como el renacimiento o el positivismo,
pero que no cambian el "ethos" de una sociedad. Lo
que parece ser un edificio, al carecer de basamento
religioso resulta ser un mero tinglado.

99
A la inversa, lo que en un momento parece ser
un mero tinglado, al descubrir que tiene cimientos
nos deja perplejos, porque estamos ante un edificio.
En los primeros merodeos de este fenómeno,
hablamos de la onda, una cosa en boga, pasajera:

IN o es u n a clase social corno son los e m p r e s a r i o s [)or


ejeinplo, ni es i m a m o d a es|)e(íli('a ('orno fii(> la mini-
falda. La o n d a es trias bien u n a m e n t a l i d a d , n n a ma-
nera de p e n s a r (o d(; no hacerlo) vn t[uc se i n l e r n a l i z a n
los valores sociales y h á b i t o s dv c o n s u m o p r o p i o s de la
American Way of I Aje a (pie asj)iia l o d o el m u n d o .
Es el a l m a de la scx'iedad de ('onsumo. lis e s t a r en
o n d a corr lo i m p o r t a d o , lo jovcín y lo fácil, lis c o n s i d e r a r
la vida b n r b n j e a n t e corno el S|)ritc. fis (-reer (pie la di-
cha es urr Toyota v la felicidad, un Mcrrales Bciiz. lis
ser borrito y c u i d a r la líncui. lis t r o t a r con los nirlos, —la
íanrrlia (íslá rrruy en onda— totlos con hnzos ijjjuales y
z a p a t i l l a s Adidas, lis ¡ngar t(>rris en el club y p a l e t a s en
la p l a y a . E s ofrecer n o un m e r o w h i s k y , sino dc(ár:
¿Quieres irn Black hahcl o u n Chivas'^ lis usar relojes
electrónicos con rriimerrtos (pie se prenderr al a p r e t a r un
botón.
Es h a b l a r err dólares, p e n s a r en dolareis, s o ñ a r cu
dólares, lis p a s e a r en m o t o ( l a m b i é n está eir o n d a
qiredar c u a l tortilla de sesos sobre el pavitruvnto).
Es t o c a r cassettes err lugar de discos. Es llamarle
p u b a urr b a r y bouticpie a utra tieirda. E s oír música
soul err las radios FM. Es a d o r a r lo i m p o r t a d o sobr(;
t o d a s las cosas. E s sentirse irrrportado.

100
Ks comprar, coniprar y comprar. Ks teñirse el pelo
rubio. Es [)oner posters en la pieza. Es creerse libre.
Ks vivir el mundo de í'antasia de Rilz y Pap.
i\adie la controla ni dirige y sin embargo cunde.
Apoyada por la {)ro[)aganda comercial, va manipu-
lando ardidos y moldeando gustos hasta inculcarnos un
nuevo estilo de vida. Nos lleva a preferir el acrílico a la
piedra v el plástitu) a la madera.
Así, la fisonomía de la (-iudad va cand>iando a me-
dida (pie entra eji onda. Más edificios, menos jardines.
Nos lleva tand)ién a identificarnos con los jóvcn(!s mi-
llonarios y rubias espléndidas de los anuncios de Coca—
Cola o Marlini, de manera (pie al comprar esos brebajes
cn>auH)s eslar adquiriendo el siviri^ de su publicidad.
[Nos lleva a eslimar (puí (•onsumir (ÍS existir. (>on-
sutiLo, luego existo, diría el Descartes de la onda. Si
fuera uiui rcdigión, el 1 lipermercado Juinbo sería su
(Catedral y el inall su Tierra Santa.
Kslc espíritu (pie se va apoderando del alma chilena
valora algunas cosas y des[)recia otras. Entre lo ac-
tiialtnenle (uera tic onda figuran los pobres, tocar
j)iano, criar gallinas, pensar (pie en los demás, el Mes de
Maria, des[)rec¡ar la [)lata y ser original.^9

Pero hasta ahí no más llegamos. Dicho trabajo pro-


sigue con una descripción fenomenológica de otros
procesos observados, sin ahondar en esa onda

2'' Pablo Huneeus: Cambios estructurales de la mentalidad


chilena, "Revista Universitaria", N" 1, PUC, junio de 1978.

101
apenas esbozada. Fue el profesor Pedro Morandé, al
volver al Instituto luego de estudiar sociología
religiosa en la Universidad de Erlangen, quien nos
hizo ver que esas observaciones anecdóticas en el
fondo eran rituales, liturgias de consumo, pues el
mercado es la secularización de transacciones que
antes se hacían en el templo.
Efectivamente, las primeras monedas acuñadas a
finales del siglo Vil a.C. en Asia Menor son trozos
de una aleación de oro, cobre y plata sobre los
cuales estampaban figuras de animales. La función
original de este invento parece haber sido servir de
elemento para intercambiar animales que arriaban a
sacrificar al templo por otros bienes llevados con
similar propósito aparente. Servían para cambiar
carne de res por harina y gallinas por sandalias.
El sacrificio es en aras de la recompensa. En el
caso del primer sacrificio -el de tipo religioso- la
recompensa sólo podía venir de la única fuente de
poder para la mente primitiva: los dioses. Ellos
controlan las fuerzas de la naturaleza por medio de
una clase sacerdotal que los representa en la Tierra.
El sumo sacerdote en la antigüedad era el rey.
Para obtener la recompensa, esa gracia asignada
por los dioses, debe destruirse el producto, vale
decir consumirlo en el templo ante los sacerdotes.
Como la recompensa que se busca (amor, salud o
paz en la guerra tribal) no es material, está fuera del
alcance de la clase sacerdotal. Igual, las ansiadas
lluvias y la multiplicación del ganado. Ante eso, la

102
recompensa que le ofrecen al campesino a cambio
de su apetitoso novillo es igualmente de índole
espiritual: la bendición de Dios, suerte.
En una primera etapa, entonces, recompensan el
sacrificio sólo con favores de los espíritus. Pero a
medida que se acrecientan las apetencias de los
hechiceros y cuenteros va subiendo el precio de los
productos deseados.
Como no hay límite a la credulidad (basta ver la
oferta del día), se entra en la segunda etapa de
asignarles valor simbólico a ciertos objetos. Un
talismán ya no es un hueso labrado, es la llave del
éxito que bien merece ser recibida a cambio del
cordero. Un fetiche saltón ya no es un montoncito
de lana, es el poder de alejar el mal. Un aceite con
extracto de hierbas ya no es un bálsamo aromático,
es la poción del amor.
Una tercera etapa se inicia al sentar el tremendo
precedente de ofrecerle al pastor por su cordero un
bolso de cuero que trae el talabartero al sacrificio. Al
estímulo espiritual se le agrega el incentivo ma-
terial; a la recompensa divina se le acaba de añadir
la retribución práctica, dando así por inaugurado el
pragmatismo del mercado: todo tiene su precio.
Pero siempre es la deidad, por medio de la clase
sacerdotal, quien valora o deprecia las cosas. De ahí
que el valor de intercambio del cordero lechón y la
tajada que se come el ungido dependa en última
instancia del sistema religioso.

103
Como al cabo de un tiempo el pobre pastor ya
tiene bolso, perdió la fe en el talismán y en realidad
aspira a un cuchillo que le mostraron, no piensa en
acercar su rebaño al templo. Al momento de llevarlo
podría no haber bienes -aparte de recompensas
espirituales- que le interesaran. Antes cjue se vuelva
al cerro con sus apetecidos lechones, los guardianes
del templo tienen la idea ¡divina inspiración! De
darle un comprobante por los borrego que entregue.
Así puede dejar cuantos quiera, sin necesidad de
esperar que llegue el beduino que sacrifica cuchillos
por carne. Arranca así la mediación financiera.
Para que dicho comprobante sirva había de ser
indeformable, transportable, guardable e imposible
de reproducir por alguien ajeno al templo-mercado.
No podía ser una promesa verbal porque comida
hecha y amistad deshecha dicen, ni un frasco de
agua bendita porque cuesta distinguirla del agua no
bendita, ni una torta porque se echa a perder, ni un
hueso porque hay tantos, ni una columna del altar
porque ¿cómo se la lleva? Lo único que reúne todas
las cualidades requeridas es un pedazo de metal
raro, fundido con el sello de quien responde (o
promete responder) por su valor.
Así, podrá adquirir su cuchillo, un talismán de
mayor cilindrada o juntarlas en la alcancía para
comprarse una esclava. La imaginación humana,
infinita como es, impulsa a acumular de un cuanto
hay, aunque no haga falta para subsistir.

104
A poco andar es tal la fluidez de comercio per-
mitida por la moneda que el templo llega a ser el
centro de transacciones. Pero a medida que empieza
a hacerse la distinción entre transacciones de bienes
materiales y las de gracia divina, los mercaderes
van siendo expulsados del templo.
Se llega, entonces, a realizar compra venta de
valores en forma indepenciiente de contenidos reli-
giosos. En el New York Stock Exchange de Wall Street,
cada mañana le ponen precio al mundo sin siquiera
persignarse. En lo que antes hacía el templo y ahora
efectúa el mercado, las cosas valen lo que pagan por
ellas y punto. Es la ley profana de la oferta y la
demanda, sin más.
¿Será así?
Cuando se transan valores bursátiles esotéricos,
como son los bancos, entidades basadas en la con-
fianza, ya entra la duda. Eso en la bolsa de los
magos financieros, donde todos tienen calculadora
y ojo clínico para ver la ganancia. Pero a nivel de la
vida cotidiana ¿acaso son racionales las decisiones
de compra? Pagamos por una gaseosa debido a una
imperiosa sed o para obtener, a cambio del sacrificio
monetario, la recompensa de alegría que promete su
publicidad? ¿Y cuando una mujer compra y luego
sacrifica sobre su cuerpo un perfume que los dioses
le presentan como talismán de amor? ¿Después de
la razón no vendrá nuevamente la emoción? ¿No
dicen que empezó la era de Acuario?
¿Ha nacido el Dios Huachaca?

105
Si bien expulsaron a los mercaderes del templo,
estos se instalaron muy cerca, en la plaza del frente.
Es ahí donde la televisión comienza a levantar un
misticismo huachaca. Lo hace desde dos flancos: los
programas religiosos, pero movidos por el lucro, y
los comerciales cargados de mensajes evangélicos.

La religión negocio

Luego de haber explotado las posibilidades del


impulso erótico, del anhelo de status y demás
variables sicológicas de uso comercial, se descubrió
en California una veta espiritual no explotada por la
televisión. La soledad del hombre moderno, el
stress de la ciudad, la devoción a Dios, y la angustia
existencial estaban a la espera de algún ocurrente
empresario para sacarles partido.
Estudios de mercado indicaron que la relación
económica costo-beneficio podía ser tan favorable
en una campaña publicitaria para promover un
dentífrico como para promover a Dios. En un caso
se promete higiene bucal y en otro, paz espiritual.
En ambos brilla el metal como motivación.
Era cuestión de reunir el capital para producir
programas angelicales, pagarle a las estaciones por
transmitir la palabra, y vamos recaudando ofrendas.
Lo esencial, sí, para que la inversión fuera
rentable, era crear un espectáculo que provocara un
estado de ánimo proclive a las donaciones. Y para
ello, nada mejor que aprovechar la tradición de

106
destinar un día de la semana al culto y llenar el
programa con referencias a la palabra y al Señor. Con
ése aval, cualquiera va seguro.
Así apareció un tipo de programa especialmente
destinado para el sábado y el domingo por la
mañana que, valiéndose de un mensaje espirituoso
y de vagas referencias a la Sagrada Biblia sustituye
el servicio religioso propiamente tal. La vaguedad
eclesial es para cubrir la mayor cantidad de credos.
Con ello también se re-creó el "espectáculo" del
altar, porque un elemento central de las prácticas
institucionalizadas cjue constituyen una religión es
la noción de espectáculo ritual: la ceremonia, la re-
presentación del sacrificio (misa), o la procesión,
formas todas de adoración.
Pero en esta re-creación adaptan el servicio reli-
gioso a los requerimientos propios de la televisión,
vale decir le infunden ese peculiar ritmo de acción y
lo sitúan en estudios especialmente diseñados para
impresionar por pantalla chica.
Pasa así a ser mucho más sobrecogedores que
una misa de verdad en el propio Vaticano si se
quiere. Esto, por la sencilla razón de que la Basílica
de San Pedro será muy imponente, pero no está
concebida para la tele. En cambio esos vitrales si-
mulados del estudio y ese haz de luz tras la cabeza
de su pastor de la televisión crean el sobrecogedor
efecto de aureola sobre un santo.
Pero mientras el comercial del dentífrico motiva
a comprarlo en el supermercado, ¿cómo convertir

107
en plata el impacto espiritual logrado por estos pro-
gramas? Y aquí entra la estructura de apoyo.
Se crean egtas empresas conocidas en los Estados
Unidos como TV-religions que, valiéndose de mo-
dernas técnicas publicitarias, fabrican a determina-
dos predicadores con sus clubes, fraternidades o bien
familias. La idea es trabajar la soledad existencial
ofreciendo sentirse partícipe de algo.
Luego vienen las tretas para convertir en dinero
el beatífico impulso provocado por el predicador.
En el caso del tan alabado Rex Humbard^^", entre
lindas canciones, prédicas livianas y escenografía
imponente hay mucho testimonio de lo fantástico
que es su pastor de la televisión, como se refiere él a sí
mismo. Lindos viejos, jóvenes, enfermos de cáncer
y llorones de todas partes atestiguan emocionados
cómo él les dio luz. Nada dicen de cuánto pagan a
dichos actores por representar esos papeles.
Él, por su parte, nos habla de cuánto nos ama y
cuánto nos quiere Maude Aimée, su esposa. Y junto
a un coro supuestamente integrado por su familia,
da la primera estocada. Entre palabras muy intensas
sobre nuestra salvación, a medida que la cámara se
va acercando a un dramático close up (cámara dos,
entra suave sobre Rex, debe ser el comando del di-
rector del programa) y en el instante en que se insi-
núa la blanca aureola sobre su cabeza, entonces nos
pide con voz acongojada que le escribamos.

3" Dicho tele evangelista vivió de 1919 a 2007.

108
N o s enviará gratuitamente su libro p a r a curar la
depresión, la soledad, la falta de fe y la p o b r e z a .
Emocionados le escribimos y lo q u e n o s llega en
u n sobre i m p r e s o con m á q u i n a addressograph, de
esas q u e usa el banco p a r a enviar la cartola, es u n
panfleto, u n a tarjeta de pascua Yours in Christ, Rex
Humhard Family y u n a carta de dos carillas
a s e g u r a n d o q u e está o r a n d o por mí (!) esta N a v i d a d
y q u e de a c u e r d o al Evangelio y a la v o l u n t a d de
Dios, bien podría m a n d a r l e plata. El sablazo a h o r a
se a r g u m e n t a a s e g u r a n d o q u e Dios nos dio su mejor
regalo cuando nos dio a Jesiis, razón p o r la cual
d e b e m o s ciarle a él, -Rex E m m a n u e l H u m b a r d , d e
Arkansas- una ofrenda especial para mantener nuestro
programa en el aire.
Previendo la e v e n t u a l i d a d d e atraer peces g o r d o s
q u e prefieran algo concreto, nos habla también d e la
construcción d e La Catedral del Mañana. Adjunta,
a d e m á s , u n a boleta bancaria p a r a q u e este p o b r e
creyente del sur, contribuya a su fortuna.^i

La adoración al producto

Si consideramos la p r o g r a m a c i ó n c o m o u n t o d o
continuo, incluyendo los avisos comerciales, es u n a

^' Dicha Catedral, hecha en Cuyahoga Falls, es un mega


auditorio para 5.400 espectadores. Es la primera en ser
especialmente diseñada para acomodar a la televisión.

109
representación de la vida, en particular del templo.
Al analizar sus mensajes vemos, especialmente los
publicitarios, que no apelan a la razón, sino que a
etapas inconscientes de la motivación.
Un producto anunciado, señalamos, no se
plantea como algo racionalmente conveniente de
adquirir y ni siquiera se explican sus propiedades
físicas. Se le reviste de cualidades emotivas que en
el fondo son de contenido espiritual. Veíamos que
uno de los rasgos distintivos de la religiosidad es
atribuirle a determinados objetos un valor emble-
mático que sobrepasa lejos su realidad objetiva. Una
medalla en sí misma es un trozo de metal labrado, el
cual es investido de poderes muy superiores a las
propiedades físicas del metal que la compone. Una
vaca, igualmente, siendo un simple rumiante que da
leche, es mascota sagrada en la India.
Ya la publicidad impresa tiende a atribuirle al
objeto anunciado poderes muy superiores a los que
realmente tiene. El perfume se presenta como la
poción mágica que ha de atraer a los varones y el
automóvil, como el talismán que ha de atraer a las
damas. Pero en el aviso impreso estamos ante una
imagen inmóvil, por lo demás está diagramado en
forma que sea fácil distinguirlo del contenido
editorial. Es una imaginería, sí, pero presentada en
forma tangencial. Igualmente, el aviso de radio
puede ser una experiencia auditiva, pero que no es
plenamente envolvente, por lo tanto las tomamos
como simples cogniciones "de oídas".

110
En cambio, en televisión vemos una imagen en
movimiento, dotada de vida, y que supuestamente
es una filmación de la realidad. Está ocurriendo
ante nuestros ojos, pero con la ventaja, para el
avisador, de sorprendernos en medio del peculiar
trance cuasi hipnótico de mirar tele.
El proceso de distorsionar la realidad con fines
comerciales tiene así un efecto muy distinto en
papel que en televisión. En uno hay que convencer,
en el otro basta ver.
La publicidad en televisión manipula la realidad,
de modo de asignarle recompensas espirituales al
objeto que ha de ser consumido. Al observar los
comerciales se aprecia que el Milo, por ejemplo, ya
no es un chocolate soluble con calcio y fósforo: es el
mejunje que te hace campeón, y prueba de ello es el
niñito ganando competencias atléticas luego de
ingerir un vaso. Las chinelas Roebuck no sólo son
zapatos elásticos; son amistad y éxito en el colegio.
Los chocolates Anton Berg no interesan por su gusto:
son la clave del romance. Los tampones Tampax
traen libertad. Sprite es el elixir de eterna juventud y
Cinzano, el de status social. Para la virilidad están
los cigarrillos Marlboro; para una buena relación
entre padres e hijos, los Marshmellows Cadbury; para
ser de buena familia, la gran familia Provida, que
avanza unida", y para evitar la desgracia de la
muerte, los seguros 7NG.
En este procedimiento de atribuirle poderes
sobrenaturales al objeto promocionado, se llega a

111
constituir un verdadero catecismo del congumismo,
donde está previsto cómo ha de actuarse ante cada
situación de la vida. La madre no ha de darnos su
pecho para alimentarnos al nacer porque según fal-
samente insinúan los comerciales de leche artificial,
podría ser nocivo. Nada dicen que un destacado es-
pecialista en salud pública, el Dr. Derrick Jellifer,
hace años ya estableció una correlación entre el uso
de leche artificial y la desnutrición infantil precoz.
Tampoco mencionan que por este motivo el año
1977 se organizó un boicot mundial contra la firma
suiza Nestle, que se trata de un negocio mundial de
dos mil millones de dólares anuales, ni que la Orga-
nización Mundial de la Salud acordó restringir el
comercio de sustitutos de la leche materna.
De ahí en adelante la ingenuidad del niño, la in-
seguridad del adolescente, el olor de las axilas, la
obesidad, la emanación de la menstruación, el afán
cíe romance, el impuíso erótico, el sentido de fami-
lia, el miedo a la muerte, en fin, todas las situaciones
existenciales son orientadas en dirección a alguna
mercancía. Luego viene el fetiche de la cifra sola:
¡sea feliz, mil millones! Nada más, ni Dios, haría
falta para alcanzar la plenitud.
Para aumentar la recaudación de sacrificios, la
nueva clase sacerdotal aumenta las retribuciones
espirituales del artículo de consumo. Preparad los
caminos del Señor, aplanad los senderos, dice la Biblia.
Por cierto, aplanad el país con autopistas, porque el
Renault ya no es un mero auto que gasta bencina

112
es, dice su propaganda, una nueva manera de vivir,
vale decir, la salvación misma. ¿ Qué puedo hacer por
ti? ¡Señor respondió él, que yo pueda ver! Jesús le dijo:
Ahora mira, la fe lo ha salvado. Y al instante él recobró la
vista, y él lo siguió glorificando a Dios?'^
Se ha llegado así a establecer una verdadera ido-
latría al producto. Si estudiamos, por ejemplo, el
comercial de Sprite Light, se aprecia que enfatiza sus
poderes sobrenaturales. Empieza con una botella
del refresco emergiendo majestuosamente del hielo
¡milagro!, sube sola, sin que nadie la empuje. Re-
cuerda al falso dios Thulu de H.P. Lovecraft, el espí-
ritu de la malignidad atrapado bajo el mar, que re-
nace entre los témpanos al satánico llamado de sus
adoradores. Otros no van tan lejos para hacerle el
juego al maligno: lo avivan en la superficie, con
sonrisas y lindas promesas.
La simple gaseosa, ese espíritu liviano e intras-
cendente que parece haber en la superficie de las co-
sas, conlleva el mágico poder de levitación hacia un
edén pleno de amor, de alegría juvenil y de dicha,
muy por encima de la copia feliz en que vivimos.
Concluye el aviso con una especie de acto ritual de
adoración al refresco, donde jóvenes levantando sus
brazos reciben el agua que da vida: Sprite Light, idea
que piratearon derecho del Evangelio. El que cree en
mí... de su interior correrán ríos de agua viva. (Jn. 7. 37)

32
Nuevo Testamento: Evangelio de San Lucas 18, 41-43.

113
También la TV fomenta en labios de sus anima-
dores el fervor al producto. En pleno programa
lanzan reverentes loas al dios LG. ¡Santo, santo! es el
objeto que auspicia nuestro programa, rezan.
Estas figuras de la tele son modelos de compor-
tamiento comparables a los sacerdotes de la anti-
güedad. Son el ideal, los seres investidos del poder
divino, los dispensadores de la grada, vale decir, los
que tienen y regalan plata. A ellos hay que seguir,
como ellos hay que ser, es la consigna.
Al doblegarse personalidades públicas, políticos
o artistas, a los imperativos mercantiles de la tele,
sea probar la cosa o recibirla de regalo, están seña-
lando que por encima de la dignidad está el dios
plata. Business is business, dicen los hombres de ne-
gocio para justificar las impudicias a que lleva el
afán de lucro. Todo vale si da dinero, el perdón de
los pecados, el crimen que el rico (en caso de ser
pillado) transa por una retribución monetaria, la vo-
cación profesional y el amor a tal o cual persona.
En esta línea de imponer a rajatabla una forma
de determinismo económico, resucitan del fondo
del olvido el vihpendiado materialismo histórico
que propugna el dinero como el móvil central de las
relaciones humanas, de la lucha de clases, del arte y
de la historia, con desprecio absoluto al idealismo.
Llevado a la tele, vemos que el programa estelar
suele culminar en el acto de ganar una mercancía. El
concursante de las diferentes pruebas que le pone el
Señor, recibe del altísimo su mayor don: un auto.

114
¿Es idolatría? Rotundamente sí, pues idolatría es
adorar una cosa como si fuese Dios. En palabras del
teólogo alemán Paul Tillich, es ¡a elevación de una
inquietud preliminar al nivel de finalidcid.^^
Se distingue en primer lugar, la idolatría explí-
cita, cuando se venera un astro, un rey o una
estatua. Es el caso de la devoción cJel pueblo judío
al becerro de oro mientras acampaba al pie del
Sinaí a la espera de los mandamientos, el primero
de los cuales prohibe adorar algo aparte de Dios.
Pero además, la moral cristiana condena una
forma más sutil de idolatría: cuando alguien, sin
caer en la idolatría explícita, le atribuye a una cosa
virtudes propias del poder divino. Es idolatría darle
a un objeto el carácter de fuente fiíial de bienestar
interior, pues eso sólo Dios lo da. Al sindicar a una
estatua como embebida de dones espirituales, o sea
capaz de provocar amor, paz existendal o felicidad
sin referir esos dones a ía benevolencia del supremo
hacedor, se está haciendo del yeso pintado un ídolo.
También es idolatría venerar un objeto más allá
de sus propiedades objetivas, vale decir mirar un
auto como más que artefacto mecái-tico y asignarle
cualidades de ascenso humano o logro vital.
El agua que os daré será una fuente de vida eterna (Jn.
4,14). A fin de inducir la ingesta de una gaseosa ne-
gra, predican desde el pulpito mediático que tiene
poderes: es la alegría de vivir, cantan Í;US jingles.

P. Tillich: Theology of Culture, Oxford Uiiiversity Press, 1959.

115
Mientras Cristo suavemente dice a sus apóstoles
Vosotros sois la sal de la tierra" (Mateo 5, 13), la torre
de Babel, la de las antenas, anuncia al mundo, y con
volumen amplificado, que la Coca-Cola es superior a
la propia salvación: es la chispa de la vida.
En conclusión, la TV, a igual que los videojuegos,
impacta de lleno la estructura ética de nuestra era.
Manosea el sentimiento religioso y con ello, el fun-
damento valórico de la sociedad. La familia, la ju-
ventud, la política-farándula, los estilos de ropa y
de vivienda, todo lleva la impronta de la teología
del consumismo que propala. Es consubstancial al
nuevo totalitarismo que nos rige: el dinero.
La Bestia, ¿será el Dios Huachaca?

Me paré sobre la arena y vi surgir del mar una Bestia que


tenía siete cabezas y diez cuernos y en sus cuernos diez
diademas y sobre sus cabezas, anuncios blasfemos.^*

•"' Sagrada Biblia: Apocalipsis 13,1.

116
Capítulo VIII

LA IRRUPCIÓN DE LO HUACHACA
EN EL PAÍS PROFUNDO
La televisión es tan para la ciudad como el pavi-
mento para el auto. La urbe es su causa y su cauce,
es en su ambiente artificial donde mejor corre y es
en su vida acelerada donde mayor sentido tiene.
En Latinoamérica, veíamos, se desarrolla al son
del proceso de urbanización. Tanto debido a la mi-
gración rural-urbana como al mismo crecimiento
demográfico de la población ya radicada, entra en
escena una vasta masa de bajo nivel educacional y
de altas expectativas.
La campaña civilizadora iniciada por los padres
de la patria ya no es capaz de expandir el sistema
educacional a la velocidad requerida para asimilar
plenamente esa masa a la racionalidad occidental.
Entonces, señalábamos, este invento viene a reafir-
mar en su medianía al extraviado entre dos cultu-
ras. En lugar de acrecentarle su conciencia original
de transición, lo inmoviliza donde está, creando esta
peculiar cultura de las características descritas.
Pero esto ocurre principalmente en la ciudad, en
especial en la capital del estado-nación. ¿Qué pasa
entretanto en la base, allá lejos del centro? Desde la
inauguración de la escuela pública que no ocurría
algo de tal trascendencia en la comunidad local.

117
La campaña civilizadora se había hecho presente
-donde alcanzó a hacerse presente- con la escuela.
La educación fue el instrumento para implantar la
civilización. Se inculcó, aún con fuerza policvial, el
hábito de mandar los niños a la escuela y con tal
ahínco que la frase estudiar es progresar pasó a ser un
dicho popular. El destino de esos niños fue según lo
que aprendieron, o no, en primaria.
Unos partieron, otros se quedaron y alguien vol-
vió. Volvió con un televisor Sony al hombro.
Medios para comunicar cultura habían llegado
antes a Petorca. La palabra impresa se hizo presente
décadas atrás en la forma de diarios populares que
trae el bus, de revistas usadas que venden los co-
merciantes ambulantes y de algunos ejemplares del
Nuevo Testamento obsequiados a los campesinos
durante las misiones.
Libros, pocos. El lugar más cercano para comprar
uno, nos dicen, es La Ligua, un próspero pueblo a la
entrada del valle, a unos 48 kilómetros. Allá pre-
guntando siempre por libros llegamos a una tienda
múltiple donde hay desde baldes hasta revistas por-
nográficas. ¿Libros? Hay de caja mayor, de cheques,
y de nueve columnas. Son los de contabilidad exigi-
dos por Impuestos Internos.
También llegaban diarios de La Ligua. Eran tres.
La Libertad, La Opinión y La Razón. Pero de libertad
ni de opinión se supo más y la razón, sólo los
jueves.

118
A la escuela mandan textos, uno al año para cada
niño inscrito. A veces son todos del mismo nivel,
(Lectura para 3.° Básico), porque los funcionarios ol-
vidan que habiendo 120 alumnos en una misma es-
cuela, los hay de distintas edades y cursos. Más fácil
uniformar el paquete. Los niños, por su parte, sólo
los pueden utilizar en la sala de clase, porque, como
cuenta un profesor, a menudo en sus casas los pa-
dres los usan para atizar el fuego, y si los dejan
afuera, se los comen los chivos. A la escuela han lle-
gado, además, libros como El Mío Qid y Desolación,
de Gabriela Mistral, pero como son bienes fiscales
inventariables, se guardan bajo llave en un armario.
Así no hay problema al rendir cuentas.
Por cierto había llegado asimismo la radio tran-
sistor y vemos una colgando del cacho de un buey
enyugado que va arando un potrero en el bajo, otra
en el báculo de un comunero pastoreando sus ca-
bras hacía ía cordillera y otra en una cueva de las
altas serranías, donde viven tres viejos pirquineros
que florean una "minita" de cobre. Pero la radio, a
pesar de trasmitir una buena cantidad de música
extranjerizante, también comunica la propia.
Además, por ser la transmisión i-adial posible a
pequeña escala, se asienta en comunidades locales.
No así el invento que Armando desempaqueta
ufano en su casa.
Es una choza de quincha embarrada hacia el in-
terior de una quebrada entre Cabildo y Petorca, y
forma parte de un pequeño caserío clonde al centro.

119
en un intento de plaza, están frente a frente la capi-
lla y la escuelita pública, es decir, las versiones
locales del cimiento moral y de civilización.
Como el bus corre por el valle Longotoraa sobre
"la huella", como le dicen al camino, a la hora de
pasar baja del caserío un niño arriando una muía,
por si vienen pasajeros con quintales de harina o
fardos pesados. La muía se llama radiotaxi y arriba
de ella, junto a un pack de latas cié cerveza y a una
maleta de cartón, llegó el televisor.
Son familias campesinas que desde antes de la
memoria trabajan en comunidad esas serranías ári-
das pastoreando rebaños por las quebradas, sem-
brando huequitos donde brota agua e hilando lana
para chalecos y chamantos de La Ligua.
Entre la implacable expansión de las haciendas
circundantes, el bajo precio que obtienen por su
producción de queso de cabra, la sequía y el aban-
dono, esas gentes quedaron arrinconadas por una
miseria de niños descalzos y de noches heladas.
La escuela se fue quedando atrás, pero las esta-
ciones repetidoras avanzaron ptw las cumbres hasta
ofrecer una señal radiante. Entonces al prender el
televisor había de producirse el milagro tantas veces
repetido en faldeos de la cordillera de los Andes,
desde la Patagonia hasta la Sierra Madre en México.
Personas que nunca han asistido a un concierto u
ópera, ni han ido jamás al cine o al teatro, veían
extasiados aparecer Hollywood entre el humo del
fogón.

120
Ahí estaba el excitante Schweppes, el demoledor
Buck Rogers en su nave espacial, las sagaces Angeles
de Charlie, el feroz Hombre de la Atlántida, y las
noticias del mundo en un mundo de noticias. (TVN)
Todo a la vista, ahí mismo y en colores.
El agua se trae en balde del pozo y la leña, al
hombro del cerro. No hay electricidad, por lo cual
fue necesario conseguir una batería de camión, que
ahora cada dos semanas se lleva al pueblo a cargar.
Tampoco hay baño ni letrina cerca. Para esos
menesteres están los corrales adyacentes a la casa,
donde pasan la noche los chivos.
Hay dos colchones de lana bruta para los cinco
niños y tres perros que duermen a los pies. No hay
refrigerador para guardar alimentos frescos, ni
cocina, ni sábanas, ni camas individuales, ni idea de
cómo curarle la diarrea al recién nacido.
Para comprar el Sony, Armando Escárate estuvo
una temporada trabajando de cocinero en una
goleta pesquera de Iquique, de donde lo trajo. Antes
de partir había vendido La Perla, su vaca lechera con
cría, y seis de sus mejores cabras. Costó trabajo criar
esa vaca (eran dos terneras, le robaron la otra) y
linda venía la cría, pero es que así aprendimos, dice.
-Lo más principal, explica, -es que estos chicos
míos no sean tan embrutecidos como lo criaron a
uno, la pobrería deja corto al niño, sin estudio.
Resultados:
1.- A la sufrida radiotaxi le hicieron un arnés para
cargarle baterías de auto sobre el lomo.

121
2.- En la mesa de entrada donde dejan los baldes
con agua hay una caluga de champú Sedal. Es para
cabello graso y está a medio vaciar, apoyada para
evitar que se derrame el champú restante. La pre-
sencia de este producto, junto a cabelleras notable-
mente limpias, indica cómo un breve aviso comer-
cial puede crear un hábito, en este caso, sano. En el
mismo sentido, se observa la presencia de jabón de
tocador Lux -producto antes rara vez visto en el
campo- y de Baygón, gracias al cual recibimos de los
perros meneos de cola sin sus típicas pulgas.
3.- Ha mejorado el nivel del fútbol local. Las
pichangas de antes eran la pelota convertida en un
cometa seguido por una estela de 22 jugaciores.
Ahora cuando juegan en Petorca, se observan
partidos con planteo táctico. Esto se debe en gran
medida al efecto demostrativo de los partidos
internacionales trasmitidos por televisión y a las
enseñanzas de los comentaristas, por lo que el área
deportiva sería la de mayores logros educativos.
4.- La familia Escárate comienza a sentirse parte
del mundo. Antes se le oía la voz a la señora para
puro retar a los niños o corretear los pollos. La con-
versación en las tardes alrededor del brasero, por
llamarle así a los esporádicos intercambios de
monosílabos, era sobre las ocurrencias de los ani-
males domésticos (el perro que se comió la lavaza,
la oveja que se le desbarrancó a los Mayorga, etc.) o
sobre hechos estrictamente locales, como el tiempo
o los vecinos.

122
Cuando llegaba alguien de afuera al caserío, los
niños se escondían de vergüenza. Ahora se entiende
lo que hablan -la pronunciación se ha hecho más
universal- y se hacen comentarios sobre el show.
5.- Los jóvenes campesinos empiezan a sentirse
desubicados en su ambiente. Ahora no es sólo la po-
brería estructural que los empuja hacia la ciudad; ese
horizonte de 12" que se abre con el botón Power
atrae hacia la urbe.
No muestra la tele formas de crecer en las áreas
rurales; menosprecia la vida de campo. Lo natural,
lo convivencial, la paz interior, la relación armónica
con los elementos, el trabajo en familia, abastecerse
a sí mismo, nada de eso es comercial. Tampoco es
negocio satisfacer las necesidades educacionales del
país interior ni reforzar las culturas locales.
Programas que tomen en cuenta la agricultura
familiar, enseñando desde cuidado materno-infantil
hasta técnicas para trabajar bien la tierra, no. Cursos
de alfabetización, de historia o de aritmética, tam-
poco. Otros más específicos de regadío en secano,
de ganadería, de meteorología o de horticultura,
que servirían para aumentar la productividad, me-
nos, siendo que es precisamente en las lejanías
donde más hace falta la comunicación inalámbrica.
Farándula sí, bailes gringos también, todo bajo
luz artificial y maquillaje. Viendo el Disco Break, un
show musical en inglés, Nora, la hija mayor, de
dieciocho, aprendió Reggae, el baile jamaicano de los
Rastafari, mientras el propio de AndacoUo, nada.

123
Ella no piensa en casarse con alguien de aquí,
porque "no se halla en el campo". Ha visto algo
tanto más glamoroso y fácil que lechar cabras y
cardar lana. Todo progreso parece estar radicado en
la capital. Dale en tu corazón un lugar a Santiago,
canta la tele, junto con mostrar lindas vistas.
Nora se lo dio. En vez del chaleco de lana
natural, de los que tejen en la misma casa con lana
de sus ovejas, prefiere su resplandeciente suéter de
banlón fucsia.
Muy linda la capital, Nora. Cuando hayas termi-
nado de fregar los platos del almuerzo ajeno y la
patrona se acueste a dormir siesta, podrás, además,
mirar las seriales del trece. Domingo por medio te
dejarán salir en la tarde.

124
Capítulo IX

LA ALTA CULTURA EN
LA TELE

A pesar de ser el instrumento difusor de la cultura


huachaca, algunas expresiones de la alta cultura
suelen asomarse a la pantalla. Están los llamados
programas "culturales", las entrevistas a destaca-
dos científicos, los espacios de televisión educativa
y demás excepciones que confirman la regla.
Lo paradojal es que dicho invento sea obra de la
alta cultura. Es la culminación de investigaciones
científicas en física, química y electrónica que vistas
globalmente están enmarcadas en la racionalidad
técnica que arranca con el matemático e inventor
griego Arquímedes de Siracusa (287 - 2 1 2 a.C).
¿Cómo un invento tan fantástico, obra acumula-
tiva de tanto sabio de distintas épocas y naciones,
pasa a ser instrumento de la huachafería?
Primero, ten presente que no es verdad la repe-
tida cantinela de que la tele es tan mala aquí como
en la quebrada del ají. En Estados Unidos, Rusia o
Australia hay su dosis de leseo, el típico show que
imitan acá. Pero en la televisión abierta, incluso en
el ancho país inventor de la farándula, está siempre
presente la alternativa del PBS {Public Brodcasting
System) que, a través de sus 354 estaciones, irradia
por todo Estados Unidos programas educativos.

125
ídem el cine arte que uno ve en Moscú, películas
de dos horas, en idioma ruso sí, que transmiten por
la tele sin interrupción alguna.
En el corte que hay en Latinoamérica entre la alta
cultura y el medio televisivo de alcance popular, los
sabihondos tienen algo de culpa. La intelectualidad
(artistas, científicos, profesionales, ideólogos de la
política o la economía y académicos de alta
prosapia) busca más servir al dinero que al pueblo.
En el ambiente sesudo lo que cuenta es el
reconocimiento extranjero en la forma de recursos
financieros para proyectos de investigación, de ser
incluido en revistas científicas y eventualmente de
agarrar una pega en dólares en país rico.
Entonces llegar a la gente, sea yendo a provincia
o comunicando lo suyo en un medio de masas,
como es la tele, no es considerado de buen tono. Su
reacción al nuevo invento recuerda la de similares
estratos ante el cine. Inicialmente se le considera un
medio de diversión populachera, indigno de
consideración seria. El mérito del cómico Charles
Chaplin fue, curiosamente, haber sido tomado en
serio. Con él se empieza a pensar el cine.
A primera vista la situación de la televisión es
similar a la del cine pre-chaplinesco: desprecio
mutuo entre intelectuales y el medio; unos dicen
que la TV es chata, los otros que lo cultural es
aburrido. Los intelectuales no miran televisión y los
que manejan el medio no se interesan en los
creadores ajenos al circuito íntimo.

126
Así todo, no basta un Chaplin para elevar el nivel
del medio: en otras partes del mundo la televisión
ya "despegó" hace mucho tiempo y hay
constantemente programas -reportajes, dramas o
comedias- de muy alto nivel.
El argumento de que en países ricos hay mayor
capacidad de hacer cosas buenas debe descartarse a
la luz la prodigiosa capacidad del mundo latino
para producir artistas, científicos y escritores de re-
lieve mundial. Habiendo tanta inteligencia, ¿por
qué no la iba a haber en televisión?
Encima, mientras el cine nace para lucrar, la tele
se instala para educar. Por ejemplo, la ley N" 17.377
que regula la TV chilena establece que: La televisión
como medio de difusión ha de servir para comunicar e in-
tegrar al país, difundir el conocimiento de los problemas
nacionales básicos y procurar la participación de todos
los chilenos en las grandes iniciativas encaminadas a re-
solverlos; afirmar los valores nacionales, los valores cul-
turales y morales, la dignidad y el respeto a los derechos
de la persona y de la familia; fomentar la educación y el
desarrollo de la cultura, en todas sus formas; informar
objetivamente sobre el acontecer nacional, y entretener
sanamente, velando por la formación espiritual c intelec-
tual de la niñez y la juventud.
Más aún, a fin de asegurar que tan nobles ideales
se cumpliesen de hecho, se le entrega la facultad
exclusiva de operar estaciones de televisión a una
corporación estatal de servicio público, como es
Televisión Nacional y a instituciones solventes de

127
educación superior, como son las universidades de
Chile y la Católica. Estas habían archi demostrado,
por medio de sus orquestas sinfónicas, bibliotecas y
compañías de teatro, su vocación por extender la
cultura más allá de sus aulas.
Una buena cantidad del presupuesto de las uni-
versidades debe destinarse a equipar y financiar su
respectiva corporación de televisión, o sea, en aras
de este medio se sacrifican recursos para investiga-
ción científica y formación profesional.
Otra diferencia con el cine es que en sus
comienzos éste se debatía abrumado por problemas
técnicos que no lo hacían muy atractivo ni para
cineastas ni espectadores. La televisión, en cambio,
rápidamente alcanza un alto nivel técnico junto a
una vasta clientela.
Igual, la alta cultura pierde el control del invento.
Como aquí nos ocupa la responsabilidad que en
ello pudiera caberle al estamento intelectual,
veamos tres situaciones en las cuales suele dar la
cara: la entrevista al científico, el programa
"cultural" y el académico visto por la farándula.

La entrevista al sabio.

La invitación a participar la hace en forma impera-


tiva la productora del programa el día antes a lo
sumo, seguramente para no dar tiempo a pensar lo
que va a decir. Por sorpresa entonces, el imputado a
comparecer ante las cámaras a causa de recibir un

128
premio, de haber inventado la rueda o de haber
sido hallado culpable de publicar un libro, se en-
cuentra una noche de cara a un lente con luz roja.
No es la televisión que ha venido al habitat del
científico, es éste quien ha ido a un extraño recinto
llamado estudio de televisión. Esto del habitat no es
sólo cuestión del terreno donde se desenvuelve el
quehacer intelectual, cuestión que podría resolverse
con un equipo móvil; es también la velocidad, las
preguntas, los focos, los raros invitados que ponen
a su lado y el ambiente lúdico que no siempre son
los que quisiera el académico. Está en cancha ajena
y con la piel cubierta de un colorete pegajoso que le
embadurnaron encima en la sala de maquillaje.
Es todo un ritual antropológico al cual se está
sometiendo, una práctica tribal de iniciación como
es aparecer tras una cortina al son de una bu-
llanguera fanfarria de orfeón sin guaripola.
Ahí capta cuanto más importante es la forma que
el contenido. Cuatro minutos para hablar de un
libro que tardó dos años en escribirse, preguntas
insólitas cuyas respuestas a nadie interesan. Lo
decisivo no son las ideas, sino las apariencias: el
timbre de voz, la pinta y la habilidad de la maqui-
lladora para disimular las ojeras y tener una nariz
que no traspire. Una gota de sudor en la nariz
puede arruinar de por vida su imagen. No cuenta,
entonces, el contenido de su obra; es el "ángel" lo
importante, el aura que da un cierto físico unido a
la habilidad de hablar sin decir nada.

129
Un estudio de televisión tiene que ser lo que hace
más de dos milenios vaticinara Platón en su relato
del mito de la caverna, una bóveda oscura donde
unos pillos mueven antorchas para hacerle creer a
los esclavos ahí encadenados que están en la
gloria.^5 Es fj-fo y lóbrego, el cielo es un andamiaje
de hierros donde cuelgan focos que parecen ojos de
cíclope, mirando fijo hasta el momento de pren-
derse con luz cegadora. Tres cámaras fumadoras
montadas sobre ruedas van y vienen probando en-
foques; tras cada una de ellas corre un camarógrafo
enlazado a su máquina por enormes audífonos que
parecen jalarlo de la cabeza.
Una vez, mientras disertaba yo sobre el libro
Chile 2010, una utopía posible, uno tiró lejos los audí-
fonos y empezó a vomitar vino tinto al suelo. Una
voz de ultratumba estalla por altoparlantes ocultos:
¡Lalo conecta al entrevistado dos! Llega Lalo y sin
mediar explicación alguna me amarra un cable
negro alrededor del cuello y cuelga un micrófono
bajo mi corbata. No lo toque, mire que está muy
eléctrico el audio, advierte.
¿Muy eléctrico el audio?
Disimuladamente uno sigue con la vista la soga
al cuello: conecta con un coso automático lleno de
enchufes. Capaz que lo electrocuten a uno si expele
al aire una opinión.

35 Está en La República de Platón (427-347 a.C). Ver cap.


XV del libro de Pablo Huneeus: Filosofía Clásica.

130
De nuevo la voz de ultratumba: ¡Entrevistado
dos, hable! ¡Sí, hable para probar el audio! El
animador está ocupado con el libreto, los utileros
trayendo ceniceros y moviendo focos, la productora
clama para que vengan a trapear el tinto, así que
uno habla solo, cual idiota, hasta que la voz ¡y qué
voz! grita ¡basta!
Anuncian que ya vamos. Se encienden los focos y
estiran las corbatas. Un, dos, tres, ¡ahora! Es como si
hubiesen conectado la palanca de la silla eléctrica, a
diferencia de que al ser ejecutado uno podrá tiritar
a gusto, en cambio aquí la tensión, a pesar del frío
reinante, ha de provocar amables sonrisas.
Buenas noches amables televidentes, aunque son
recién las 10:20 AM. Grabando algo entre las Dolly
Sisters de Buenos Aires, un notario solemne y un
humorista brasilero, se tiene la inquietante sensa-
ción de que bien puede ocurrir que las Dolly Sisters
analicen la situación social, que el sociólogo cante o
el notario baile. Hay que estar siempre listo para ser
interrumpido por un burdo comentario. Además,
cuando menos se espera, uno queda hablando en
banda porque llegó el momento de Cecinas Winter,
una deliciosa costumbre alemana.
Así, para alivio del torpe, uno descubre que en la
pantalla no caben sutilezas ni explicaciones lógicas.
Un argumento puede refutarse con un chascarro y
un pensamiento, con una mofa.
Ya en tiempos de los programas de conversación
se vio que en el ruedo del estudio triunfan no las

131
razones, sino que las actuaciones. Una afirmación
se valida con un tono pomposo de voz y una chiva
pasa con cara seria.
Entonces, si uno se mantiene a nivel del sentido
común -ejercicio siempre útil para el intelectual- y
habla como quien conversa con el vecino, y de los
nrismos tópicos cotidianos, lo ha hecho super.
Basta elevarse un poco más arriba de las superfi-
cialidades corrientes para arriesgar una sanción por
sesudo, apelativo fatal en tal ambiente.
En cuanto se eleva el diálogo el animador -sumo
sacerdote del cavernoso ritual- o la siempre risueña
entrevistadora interrumpe con una pregunta bruta
que trae a tierra la paloma de la inspiración.
Preguntarle al profesor Joaquín Luco, Premio
Nacional de Ciencias, en medio de su clarísima ex-
plicación de cómo el cuerpo se regenera a sí mismo,
por qué sólo usa corbatas humitas, se llama
"aterrizar" al entrevistado, bajarlo.
De este modo, el portento de la inteligencia se
encuentra hablando de corbatas. Ha sido puesto a
tono con la radiante mediocridad que lo circunda,
es otro más del show que debe continuar. Como
Luco, por añadidura, es un actor natural de gran
expresividad, hace muy bien su número.
Número del show por supuesto, pero aquella
oportunidad de comunicar masivamente algo de las
verdaderas inquietudes de un científico, se ahogan
en la trivialidad. Y el televidente que se interesó por
conocer esa inteligencia se quedó con la imagen de

132
su "ángel", que poco o nada tiene que ver con el
sabio entusiasta explorando la vida que podemos
conocer en el Laboratorio de Neurofisiología.
Si el televidente siente esa frustración, fácil es
imaginar la del académico. Quiso comunicar una
idea y gracias a su conocimiento verdadero y a su
experiencia con alumnos novatos, sabe hacerlo
claramente. Pero en un medio ajeno, quedó
expuesto a las veleidades de su ángel de la guarda.
No alcanzó a explicar bien de qué se trata ni a
comunicar la vibración de su investigación. El
detalle fascinante, el descubrimiento insólito que lo
enorgullece, nada de eso pudo dar.
Lo peor es la impresión íntima de no haber
estado a la altura. En relación a su nivel, sabe muy
bien que anduvo volando bajo. Ante cientos de
miles de espectadores explicó su obra en términos
de evento, así medio casualmente, entre una y otra
trivialidad. Se siente frustrado pues, al desconocer
las leyes secretas del medio, ignora que se trataba,
justamente, de volar bajo.
Su señora, la mamá y los niños lo felicitarán, aún
cuando -claro está- no se veía como César Antonio.
Sus colegas tampoco le confieren mayor valor a tan
arriesgadas actuaciones en la cuerda floja. Aunque
son extensión universitaria (peor es nada), más bien
causan sorna y envidia entre sus pares.
En síntesis, en corral ajeno se ha desenvuelto po-
bremente. Seguramente un animador experimenta-
ría similar frustración al actuar en la cancha del

133
académico, debiendo enfrentar aulas de estudiantes
críticos o ante un procedimiento de investigación
científica. El científico en un estudio de televisión se
encuentra tan perdido como el animador en un
laboratorio de neurofisiología.
Lo mismo otras expresiones de inteligencia no
escénica, como pueden ser los profesionales,
escritores o pintores. Se hallan fuera de contexto en
la televisión. Han sido invitados a darle un barniz
de cultura a un medio en poder de una tribu salvaje
de rostros pintarrajeados por la maquilladora de
turno y acuchillados por el bisturí del cirujano
plástico. Sin otro pago que verse en pantalla, el en-
trevistado contribuye a encubrir esa banalidad. Su
nombre y algunas frases dan una apariencia de
buen nivel. Lo vieron, ahí estaba, pero nadie vio
cuan amordazado estuvo por los carapintada.
El académico reacciona, entonces, considerán-
dola un medio populachero, en el cual es imposible
expresar algo de buen nivel. En lugar de aprender
el lenguaje de la televisión, se cierra ante ella, tal
como el zorro en la fábula de Esopo rechaza las
uvas demasiado altas por considerarlas verdes.^^

Los programas "culturales"

Además de llevar ocasionalmente a alguien que la


piensa, están los programas "culturales".

3^ Esopo, autor de fábulas sobre animales, siglo VII a C.

134
No pretendemos aquí juzgarlos, porque respecto
al de mayor éxito televisivo, esa función le compete
al Cuarto Juzgado del Crimen de Santiago y su
principal figura -el supuesto profesor- fue declarado
reo por el delito de estafa. ^7
El desenlace de Un millón para el mejor no fue un
accidente fortuito debido a la venalidad de un ani-
mador que vendía de antemano las preguntas del
millón; fue el resultado de la contaminación provo-
cada por el manejo comercial de un medio educa-
cional. La mala conciencia ante tan visible distor-
sión llevó, en el país de los arreglos con alambritos,
a establecer los jueves en la noche una Franja Cultu-
ral en la cual todos los canales habían de ofrecer
programas de buen nivel. Es como si los colegios,
en aras del financiamiento, estuvieran convertidos
en cabarets y ante tal deformación se discurriera
una franja educacional en la cual los días jueves se
corta el leseo para hacer clases.
Pero debían hacerlo al unísono porque si uno
enseñaba el otro aumentaba la fiesta, con lo cual
por cierto atraía a la clientela. Se instauró, pues,
como mandato superior del Consejo Nacional de
Televisión para evitar que mientras uno trasmitiera
algo digno de la alta cultura, otro le quitara sintonía
con peleas de box y otro más, con nalgas de corista.

3^ Al final se probó que concursantes supieron antes las


preguntas, pero no por culpa del mentado profesor.

135
igual, la huachafería no iba a ceder tan fácilmente y
así pudimos ver creaciones como la serie Los amores
de Napoleón, amores que, según revelan, culminan
con la gonorrea del emperador. O sea, el lado más
truculento del amor al nivel más bajo del héroe.
Pero en el ámbito de los programas "vivos" pro-
ducidos aquí, que nos interesan, la más exitosa
fórmula para el medio en su actual coyuntura fue la
competencia por el millón antes mencionada.
Ingredientes: medio pelo de barniz cultural, po-
sibilidad de integrar al programa mismo a varios
auspiciadores, público expectante para la necesaria
bullanga y variedad de contraplanos, concursantes
azotados por un jurado cruel, premios en metal y
adoración ritual al Dios Huachaca. Revuélvase con
animadores sonrientes, agregúele un jurado
solemne, aunque no serio, corte dos rebanadas de
concursantes de sorprendente memoria, sazónelo
con la gradual acumulación monetaria -plata, harta
plata- hiérvalo de una a otra semana en un mejunje
teatral que se vacía en un gran final. Luego, sírvalo
al público en un canal universitario sazonado con
abundante publicidad.
El conocimiento, no como un valor en sí mismo,
sino como un medio de ganar dinero, la memoria
como instrumento atlético de la carrera al millón
(por lo demás, el millón, contrario a lo que se le dio
a entender, se pagaba en productos de la industria
auspiciadora, como jabón) y la sabiduría convertida
en fechas y detalles insignificantes.

136
Así, vimos a autoridades en antropología caer
mudas en el concurso sobre historia del cine, ante
una pregunta sobre el revelado a color y a los
primeros pasos del cristianismo reducidos a una
melaza de nombres de viejas herejías.
Interesante oír mencionar a Teodosio, a Ariano, a
Atanasio, obispo de Alejandría y a Sabelino. Pero
esos nombres así enumerados por un señor que los
masculla contra el reloj y fuera del contexto de las
pugnas teológicas en torno al Credo Nicense, tienen
tanto sentido como contar hasta cien en sánscrito.
¿Es sabiduría eso?
El germen de la malformación estuvo en dar
prioridad a los imperativos televisivos sobre los
culturales. En esa línea, interesa más un profesor
con sentido escénico que uno con proyección aca-
démica, más una ambientación de show que una de
sabiduría, más la realización de un programa
entretenido que la de uno profundo. Entonces, basta
que tenga cara de profesor, aunque sea un chanta y
que tocio se vea limpio, aunque la mugre hieda.

El académico visto por la gente de televisión

En las estaciones de televisión, que son las aulas de


la sociedad moderna, es dogma que la alta cultura
no interesa al público.
Sus directivos -docentes de la nueva cátedra-
creen que si el nivel educativo sube, la sintonía baja.
Dada la populosa matrícula que tiene y lo que se

137
quiere del aletargado televidente, quizás así sea. Y
si no lo es, harán todo cuanto puedan por avalar el
dogma. Si el objetivo del show es el del cabaret ~
estimular el consumo- ciertamente una perorata
sobre física quántica será mal recibida. ¡Qué siga la
fiesta, aullará la plebe ¡queremos filete y copete!
Por su parte, la televisión tiene su propio len-
guaje y su especial técnica. Así como la palabra im-
presa requiere de un aprendizaje que va desde el
estilo de redacción a las técnicas de impresión, el
medio audiovisual requiere su noviciado para subir
al altar. Lo que ha ocurrido con este medio es que
su condicionante tecnológico es tan dominante, que
los técnicos se han hecho cargo del contenido. ¿De
que serviría el progreso si únicamente los
ingenieros electrónicos pudiesen usar computador?
Entretanto, los contingentes de la campaña civi-
lizadora tardaron demasiado en aprender a
emplear este instrumento educador.
Absurdo, si se piensa que la ciencia es de los
fenómenos que más atrae la curiosidad humana y el
programa Cosmos del astrofísico Cari Sagan,
transmitido por el PBS de Estados Unidos, desplaza
de las primeras sintonías a las balaceras. No hay
nada en ciencia que no pueda explicarse al hombre medio,
dice Sagan, y su programa en que explica desde la
gnosis de Anaximandro a la relatividad de Einstein,
así lo demuestra.
Varios factores estarían obrando para llegar a
conformar esta actitud hacia la alta cultura:

138
Actitud de "comunicar es rebajarse". Subsiste en
la torre de marfil la tara clasista de mantener una
lingua sacra, un idioma sagrado, con el cual ellos, los
dueños de la primera palabra, ejercen poder. Tan
arraigada en la elite eclesiástica y científica de la
Edad Media estuvo la compulsión de mantener el
conocimiento bajo su férula, que difamaron al
monje reformista Martín Lutero (1483-1546) por
traducir la Biblia, que estaba únicamente en latín, a
un idioma inteligible al pueblo, como el alemán.3*^
Dicha actitud medieval de restringir la informa-
ción persiste en la pauta de los guardianes del
templo de mantener ellos, bajo llave, el tabernáculo
del saber. Que nadie más sepa ni entienda, es la ac-
titud; para cortar el queque estamos nosotros, los
iluminados. Nada de automedicarse sin pagar una
consulta ni de hacerse su propia casa sin empresa
constructora. Menos, aprender por su cuenta, como
lo hiciera el ensayista autodidacta Albert Camus
(1913-1960), premio Nobel 1957.
En ese contexto, lo correcto es decir lo que todos
saben en palabras que nadie entiende, para
mantener así el ascendiente. Del mismo modo, dar
claves del saber por un medio masivo de comunica-
ción, es una traición que rebaja al académico y lo
hace merecedor de la pena de envidia perpetua.

38 Salió en 1534; la primera traducción al inglés, por Miles


Coverdale, en 1535; y la primera al castellano, hecha a
escondidas por Casiodoro de la Reyna, en 1569.

139
Falta de sentido de imagen. También, mucho
procer del intelecto carece de sentido de imagen, o
sea imaginación, y sus proyectos son para hacer en
televisión lo de siempre: hablar de cuerpo presente.
Valerse de medios audiovisuales está fuera del
campo de la experiencia docente. El método de
enseñanza a que está acostumbrado el profesor y en
el cual se basa todo el sistema -hablarle desde una
tarima a una treintena de alumnos sentados- es el
mismo del Doctor Angclicus Universalis Tomás de
Aquino (1225 -1274) en la Universidad de París.
Está por inventarse la manera de preservar una
clase realmente magistral del maestro con más que
la grabadora clandestina y de poder usarla, aunque
sea como registro, para enriquecer la educación.
Sentido del tiempo. Para quienes están habitua-
dos a latear a los alumnos en tandas de hora y
media, cuesta entender que un minuto sea eterno
de largo en televisión. Síntesis ¿dónde estás?
Falta de humor. Otra queja frecuente es la falta
de humor del mundo intelectual. Esto parece una
banalidad, pero en realidad apunta al problema de
fondo que es hablarle a quien (la dueña de casa) y
dónde (en la cocina) cuando no es la estilista en la
peluquería o el rondín en la caseta. La tele es pues,
un medio íntimo, que al hablar de cerca requiere un
tono familiar, donde el humor es clave.
La impersonalidad. Comunicar es esencialmente
un proceso de contacto personal que los medios
pueden multiplicar para llegar a más personas.

140
pero donde es imposible sustituir el toque humano,
único e individual del comunicador.
Ahora bien, existe una tendencia en las grandes
organizaciones a impersonalizar. Es el gobierno que
dice, el instituto que estudia o el proyecto que descubre
en circunstancias que hablar, estudiar o descubrir
son actos propios del individuo. Esta búsqueda del
robot sin rostro, si bien es funcional tratándose de
trabajos científicos, en televisión es mortal.
Se hace imperiosa, entonces, la necesidad de que
la inteligencia civilizadora aprenda a usar el medio
audiovisual, sobre todo de cara al rol que está 11a-
macla a ciesempeñar la televisión luego de efectuar
su desinfección.

141
¿SABÍAS QUE...?

• En los Estados Unidos un niño en promedio mira


tres horas diarias de TV y al llegar a séptimo básico
ha presenciado 8.000 asesinatos más otros 100.000
episodios de violencia militarista.
• En respuesta al imperialismo cultural los 50 top
shows de Inglaterra son ahora nacionales y de 1996
al 2002 los programas americanos han disminuido
26% en España, 17% en Alemania y 9% en Italia.
• De los 263 papas que registra la historia, 205 son
italianos. Entre los stranieros, hay 19 franceses, 14
griegos, 8 sirios, siete alemanes, tres africanos, dos
españoles y un polaco, Karol Wojtyla (1920-2005).
• Los 60 millones más ricos del mundo (1%) ganan
tanto como los 3.000 millones (48%) más pobres.
• En Colombia 20.000 personas mueren al año a
causa de la violencia desatada en 1948 por el asesi-
nato del líder populista Eliécer Gaitán.
• De la TV lo que más le molesta a la gente es la
violencia (41%), la censura (8%), las tandas de
comerciales (8%) y el sexo (7%).
• Para quienes hacen televisión, la censura es lo que
más impide inventar buenos programas.
• El canal juvenil Rock and Pop cerró en 1999 por
censura económica y judicial.

Fuentes: American Psychological Association, Tlte Eco-


nomist, BBC Mundo, CNTV Chile.

142
Capítulo X

PLAN PARA DESINFECTAR LA TELE


La dinámica sociológica en que actúa el invento éste
nos lleva a concluir que educa, aunque a su manera.
Dado que el gobierno ha abdicado al deber de
educar (del Estado docente hemos pasado al
municipio docente) y la escuela en general ha
quedado estrecha, se hace imperiosa la necesidad de
que la tele civilice. Donde sea que llegue, urge que
entregue contenidos educacionales.
Tal como la comida chatarra que venden en el
kiosko de la escuela no impide al profe enseñar, la
tele chatarra no debe impedir que su infraestructura
de transmisión se use para educar.
Un modelo de cómo hacerlo es la Repiiblica
Francesa: durante el horario escolar la televisión
transmite programas destinados a apoyar la labor
del docente en clase con elementos fuera del alcance
de una escuela por separado, como es un reportaje
técnico sobre el Amazonas para complementar la
asignatura de geografía u otro para la de física sobre
el acelerador de partículas de 27 km de
circunferencia, la más grande máquina del mundo,
en Ginebra, Suiza.
Los produce un organismo de gobierno especiali-
zado en educación audiovisual. Centre National de la

143
Documentation Pédagoguique, y se transmiten por la
red estatal en las fechas y horas de la programación
que se le avisan meses antes a cada escuela. Así, por
ejemplo, en la programación del Canal 1 de Televi-
sión Francesa para un viernes 13 de noviembre:
14h 04 -14h 25 Ciencias Sociales (cm.). El hospital de
hoy (2a. parte): El enfermo en el hospital.
14h 25 -14h 30 Seguridad en el tránsito: El camino a
la escuela, etc.
Si países con educación pública tan avanzada
como la de Francia, además se valen de su tele para
aleccionar a su juventud, con mayor razón aquí
debiera hacerse lo mismo.
Pero en nuestra sociedad, vimos, la televisión
inmoviliza al ignorante donde está, en circuns-
tancias de que aún a pleno día hay más alumnos
frente a la pantalla que en clase.
Por eso, y mucho más, hay que:
1.- Integrar la tele a la campaña civilizadora. La
gran síntesis la inventiva humana - la electrónica-
debe ser empleada como instrumento educacional.
2.- Operar este instrumento educativo con los
ideales propios de las instituciones educacionales.
Por sobre todo interés debe respetarse el conoci-
miento -la calidad del contenido- como un valor en
sí mismo. En consecuencia debe eliminarse de la
pantalla todo interés subalterno de índole comercial
o político.

144
3.- Financiar la televisión por vías que eviten su
contaminación comercial. Siendo la comunidad
nacional quien la financia siempre (del consumidor
viene la plata) se trata de que el dinero que aporta
vía publicidad lo aporte por vías más eficientes en
relación a su beneficio. Una posibilidad es un
impuesto fijo mensual de tres dólares por televisor,
con lo cual se llega a una suma parecida a la que
pagan las empresas.
4.- Convertirla en medio para acrecentar la
identidad nacional. En lugar de ser instrumento de
penetración cultural, la tele, tal como lo dice la ley,
debe ser el medio para proyectar la manera de ser
propia. Cerca del 30% de lo transmitido por la tele-
visión chilena es producción nacional, en circuns-
tancias de que en Gran Bretaña se exige que el 86%
sea nacional; en Francia, el 50% y en España, el 70%.
Lo mínimo aquí sería que el 50% fuera propio.
5.- Instaurar una franja huachaca. El sábado
después de las seis y el domingo, para bailongos,
seriales, canturreos y farándula de diversión.
¿Privada o estatal? no es la pregunta acertada,
sino, ¿comercial o educacional? Pueden darse cana-
les estatales con fines de lucro y pueden darse
canales de fundaciones privadas, como el PBS nor-
teamericano, con fines culturales. Lo estatal en su
estructura no siempre coincide con lo social en su
objetivo.
Mientras más alternativas haya, mejor porque
hay más posibilidades de innovación.

145
Lo importante, en consecuencia, es tener claro su
función eminentemente educativa. Siempre dentro
de esa función pueden pensarse distintas alternati-
vas institucionales, tal como se da en el resto del
sistema educacional. Que compita un liceo con otro,
sí, pero que se rebaje a competir con un cabaret,
¡jamás!

Al leer esto un ratón diría: estupendo ¿y quién le


pone el cascabel al gato? Pero aunque cueste creerlo,
no somos ratones, sino humanos y para el hombre
querer es poder.

146
Capítulo XI

LOS VIDEOJUEGOS ¿QUÉ SON? ¿QUÉ


HACEN?
La mayor matanza de estudiantes a manos de un
sólo individuo que registra la historia ocurrió el 16
de abril 2007 en el Instituto Politécnico de la
Universidad Estadual de Virginia, Estados Unidos.
A las 07:15 AM el alumno coreano de 23 años Cho
Seung-Hui da muerte a balazos a dos compañeros
en el internado del instituto.
Luego va tranquilamente al correo a despacharle
al canal NBC News de Nueva York un DVD con
manifiestos, video clips y fotos que él mismo había
grabado sobre sus motivos para cegarse la vida y la
de cuántos más que, a su juicio, merecían la muerte.
A las 08:30 AM se inician las clases como si nada.
Rumores de unos disparos en los dormitorios, pero
de sirenas de alarma, evacuación general o cerco
policial, ni ente.
Pasado las nueve de la mañana, o sea dos horas
después de la primera balacera y cuando todos los
educandos se encuentran asistiendo a su primera
lección del día, vuelve el mismo sujeto con dos
flamantes pistolas —una calibre 9 mm., la otra más
liviana y versátil del 22— además de los bolsillos
llenos de magazines para recargarlas.

147
Sala por sala va ultimando profesores y alumnos
de distintas razas y credos, propinándoles a todos
cuántos estuviesen a su alcance tres tiros al cuerpo.
Las balas, compradas por Internet junto a las
pistolas, eran de tipo "dumdum", o sea de las que
se expanden al impactar.
Tras efectuar 170 disparos, y siempre sin decir
palabra, súbitamente apunta una pistola contra su
propia cabeza y se destapa los sesos.
Asesinó a 32 personas, dejó otras veinte heridas a
bala y torció el dedo acusador de la opinión hacia
las armas de fuego -gran negocio fabricarlas- y los
videogames (VG), otro gran negocio cuyas venias en
el mundo bordean los 28 mil millones de dólares al
ario, cerca ya de los 45 mil de la industria del cine.
Cho Seung-Hui era retraído. Cual Hamlet veía en
el conviviente de su madre al homicida de su padre,
que vive en Seúl. Mudo, sin conversar con nadie, se
lo pasaba encastrado a su computador, conectado a
cuánto sitio, película y VG imaginable.
En su manifiesto habla con admiración de otros
asesinos en serie y se han comparado tomas que él
hace de sí mismo, con escenas de la sanguinaria
película Oíd Boy, del director coreano Park Chan-
wook. Trata de la venganza, matando a trocha y
mocha, que emprende un joven maltratado por la
vida, contra quien sea encuentre a su paso. Similar o
peor violencia es tenia de mucho videojuego.
¿Son un nuevo medio a la par con la música y el
cine?, presagiaba dos años antes "The Economist",

148
¿una valiosa herramienta educacional, una inofensiva
entretención o una amenaza digital que transforma a los
niños en zombies violentos? Los videojuegos son todas
esas cosas, dependiendo a quien le preguntes?"^
He ahí, en esa última frase, la clave del asunto:
De ser un trajín algo estrambótico de unos cuantos
"computines", en pocos años han pasado a ser pro-
ductos de consumo masivo, sí, pero focalizados en
la juventud, que los ha hecho suyos, mientras nadie
de la generación mayor los entiende. Sólo sabemos
los adultos que cuestan caro, parecen ser películas
sanas, mantienen a los chicos seguros en casa y a las
horas más raras emiten batahola por los parlantes.
Por su parte, los menores de veinte los defienden
asegurando que, lejos de ser contemplación pasiva,
como el cine, son sistemas interactivos en que uno, a
igual que en la vida misma, protagoniza su ascenso
y caída, según cuáles sean sus destrezas. De hecho
los hay que requieren talentos especiales, puntería
por ejemplo, además de sagacidad para adivinar de
qué rincón de la pantalla viene el depravado.
Efectivamente, lo distinto de estos pasatiempos
electrónicos es que se asume un rol, un personaje de
carácter, que uno encarna a lo largo del juego. Ese
rol, comparado con el de mover las piezas blancas o
las negras del ajedrez, puede ser más complejo que

^"^ The Economist, revista inglesa de actualidad empresarial


y sociológica, edición del 4 de abril 2005.

149
ser bueno o malo y la duración puede ir de un rato a
varios meses cuando son en línea, por banda ancha.
Entonces, al nuevo y poderoso yo que asumo en
pantalla, a falta de genio para llevarme de pelusa
callejero a millonario en Miami, le puedo añadir, a
su precio, capacidad de intriga, armas, o policías
corruptos que me faciliten llegar a la meta.
En el juego superventas Grand Theft Auto (GTA)
creado por la empresa escocesa Rockstar North uno
es delincuente al servicio de una mafia criminal
dentro de la cual cada jugador compite, valiéndose
de la traición y el asesinato si hace falta, con otros
miembros de la banda para llegar a ser el gangster
"top" de la ciudad. Salvo cuando toca efectuar una
misión encomendada por el capo mafioso, se puede
uno entretener siendo taxista, cafiche, prestamista,
corredor de auto o piloto de aviación.
Una de las digresiones de este videojuego califi-
cado apto para menores (M), es la variante secreta,
no anunciada Hot Coffee que permite al protagonista
tener sexo con las seis muchachas con las cuales sale
a robar. Los avances en resolución de pantalla y
calidad de sonido facilitan que esas escenas y las de
violencia bruta, que son las más codiciadas, se vean
mejor que en la vida real, aumentando así su poder
para robarle a la niñez su inocencia.
Porque es poder lo que dan, fuerza. Son tan
vividas esas diversiones de computador, tan bien
hechas y entretenidas, que pronto el yo robotizado
se siente superior al mezquino mundo cotidiano

150
que me rodea. ¿Para qué responder, como la vulgar
gente, al llamado de la mamá a lavar platos cuando
en mi cosmos digital soy superman?
De un clic, boto una aeronave; de otro, vuelo el
castillo maldito y con un rápido giro del joystick re-
viento a balazos la banda de alienígenos que trató
de atacar por la espalda a mi camarada. Al lado de
eso, el papá es un pobre tipo que llega cansado, mis
hermanos no sirven para nada y el profe es un triste
terrícola sin espada láser ni voz estéreo.
Comparemos al quinceañero de antaño que al
volver del colegio salía en bicicleta a recorrer el ba-
rrio, con el autómata de hoy que al llegar a casa se
encierra en la habitación, sus ojos atados a la panta-
lla, su mente encadenada al videojuego. Igual edad,
distinta manera de conocer el mundo; uno dema-
siado flaco de tanto pedalear por calles que eran
suyas, el otro obeso de tanto estar inmóvil, confi-
nado en solitario a una fantasía que le es ajena.
Sí, en solitario, aislado, porque ni el mensaje de
texto o el chateo por Messenger sustituyen la comu-
nicación que se da entre humanos al verse lo blanco
del ojo. Es instantáneo, ahora o nunca, como todo se
supone que debe ser en el mundo de hoy. Lástima
que la inmediatez absoluta lleve, como el buey la
carreta, a la liviandad total.
El fracaso de confiar el alma a la correspondencia
lo trata de manera romántica el poeta galo Edmond
Rostand (1868-1918) en su drama Cyrano de Bergerac,
donde la bella Roxana llega a creer que bajo los

151
inspirados versos que le manda con flores Christian
de Neuvillette, hay más que un imbécil.
La idea de que tienes poderes, de que puodui
revolucionar el universo desde la consola, resulti
siempre ser una fantasía. Es un juguete hermético,
una fabricación comercial que en nada cambias tú,
Es a ti que te cambia.
Menos capacidad de persuasión personal, d i
hablar las cosas y sobre todo, de entender el mundo
real en que vives, porque lo distintivo del adicto a
los videojuegos, a igual que el pegado al copete, es
que físicamente está ahí, pero mentalmente no.
El alcohol afecta funciones cerebrales como el
pensamiento lógico, la percepción de riesgo, el auto
control y la noción del bien y el mal. Por edad, los
viejos tienden a volverse risueños, a decir leseras en
lengua traposa y a caer dormidos. En cambio a los
jóvenes los daña de distinta manera, exacerbando su
agresividad latente, por lo que bajo sus efectos se
vuelven más propensos a meterse en peleas de
sangre, a manejar rajado y a violar en vez de amar.
De similar manera, los videojuegos afectan de
distinta forma a diferentes personas. No pasa una
semana en que un crimen, choque o violación no sea
atribuido a los modelos de comportamiento que
ofrece la industria audiovisual. Sin embargo, no ha
habido tiempo de contar con estudios científicos de
sus efectos a largo plazo. ¿En una misma generación
quienes se exponen a diversiones electrónicas, a loa
cuarenta son más violentos que los impolutos?

152
Volviendo a la analogía con el copete, surge otra
dificultad para condenar los VG a la hoguera: vino,
pisco, cerveza, o vodka son todos contenedores de
la droga más consumida en el mundo: CH3CH2OH,
líquido inflamable, volátil y de resonancia cerebral,
también conocido como alcohol etílico o de beber.
En contraste, los videojuegos no tienen en común
alguna sustancia química que incida en la mente, y
que podamos medir en grados y evaluar su efecto.
Esto, porque los hay de distinta calaña, desde el
fnorboso juego en que aprendemos a ser gangsters
hasta los simuladores de vuelo donde el piloto
practica despegues y aterrizajes en distintas canchas
^ en duras condiciones. Cuando se fabricaron los
primeros, no suscitaron mayor interés -nada como
aprender a volar en un avión de verdad- hasta que
hacia los años 1930 una serie de accidentes fatales
ocurridos en sesiones de entrenamiento, llevaron a
que los cadetes de la US Air Force practicasen sus
tácticas de altura en estos sistemas que, sin peligro
de estrellarse, simulan el vuelo real.
Han salvado vidas, mejorado la seguridad aérea
<j adiestrado pilotos. Igual, el consorcio farma-
céutico Pfizer los usa para entrenar aprendices en el
delicado proceso de fabricar remedios y los aboga-
dos, para practicar alegatos orales. Sirven.
El problema es que la tecnología no tiene freno
tnoral alguno; todo lo que puede hacerse termina
haciéndose, sobre todo cuando viene animado por
el afán de lucro.

153
Otra vez, pues, estamos ante un fruto del ingenio
humano, un logro del estudio, de la ciencia y de la
civilización, que en vez de servir más para mejorar
la condición humana, unos lo usan para degradarla.

¿Qué hacer?

* Padre y madre: conozcan estos artilugios. Com-


partan con sus hijos después de clases, se aprende.
* Evitar esos tugurios de videojuegos, los taca-taca o
flippers. Son casinos ilegales donde los niños juegan
plata, fuman, intercambian disquetes pirateados y
hacen malas juntas.
* Limitar horario de adosamiento a la pantalla, para
que así la juventud no desperdicie su vida mirando
tele o pegada al computador.
* Participar en la elección de videojuegos, siendo el
mejor consejo, no el vendedor, sino algún pariente
probo, si lo tiene.
* No tolerar que cosas robadas (juegos o programas
copiados sin licencia) entren a su hogar.
* Deporte.
* Música, clases de canto, guitarra o trompeta.
* Libros.

154
Capítulo XII

EPÍLOGO PARA EMPRENDEDORES


El final de un libro puede ser el comienzo de otro, y
quizás esta reflexión corresponda a otra faena. Pero
al releer estas páginas iniciadas sobre algo tan
cotidiano como es un aparato de 12" que hay en la
cocina, veo que toca el destino de muchos.
¿Qué futuro tiene el innovador, sea intelectual,
profesional o artista, en América Latina? Si vivimos
entre la civilización europea y la cultura derrotada,
¿hay otro camino aparte de la medianía rasca?
¿No será mejor irse, como lo hicieron tantos, a los
países opulentos e integrarse de frentón al orbe
global? Total, allá pagan mejor, valoran el arte y
respetan el conocimiento.
Uno ha visto en los Estados Unidos y en Europa
a mucho chileno posando de gran catedrático de
Oxford, renombrado artista parisino o de millonario
viñatero en California. Mientras mayores sean sus
logros, más clara emerge una inquietud existencial,
a veces malamente disimulada: ¿qué hago aquí?
Es que ineluctablemente los trasplantados son
siempre vistos como aves de paso y nunca llegan a

155
sentirse plenamente enraizados.*" Los grandes, ricos
y exitosos, llevan al fondo del alma la mala concien-
cia de haberse llevado algo de su país -su propio
talento, una idea o una beca-, sin haber retribuido ni
devuelto nada.
Irse o no irse, esa es la cuestión, me la resolvió
de joven el director de orquesta, Fernando Rosas
(1931-2007) en el aeropuerto Pudahuel. Me acerco a
esta figura que tantas veces había visto en el podio
del teatro Oriente recibiendo aplausos luego de sus
magníficas interpretaciones de música clásica y le
pregunto acaso no se está yendo para siempre de
Chile, pues algo había oído de trabas a su iniciativa
de formar orquestas juveniles.
- Eso, jamás - dijo.
- Pero don Fernando, seguramente un director de
su nivel (Beca Fullbright, academia Julliard de NY)
se lo pelean para la sinfónica de Toulouse o Boston.
- Puede ser, -respondió -pero es que allá, -agregó
señalando con una batuta imaginaria el avión -no
hago falta. En cambio aquí lo que uno no hace, no lo
hace nadie.
Ese hombre, tan dotado, le encontró sentido a su
vida dando a quienes más necesitaban su talento: la
gente de su propia casa. ¡Música maestro!

40 Ver de Alberto Blest Gana: Los Trasplantados (1906) y de


Enrique Bunster Tagle: Chilenos en California (1954).

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Hablando de maestros, los del impresionismo
(Van Gogh, Cézanne etc.) enseñan que el arte se
practica in situ, en el lugar mismo, siendo muy dis-
tinto un cuadro hecho en estudio, como pintan los
académicos, que uno pintado al aire libre, de cara al
paisaje que se quiere retratar. Del mismo modo, es
muy distinta la ciencia hecha allá en el frío mundo
que la investigada donde las papas queman.
Llevado a lo personal, otro sociólogo sería éste de
haberse quedado en París, donde hizo su doctorado.
Nunca una matrona de Quillota le habría dicho lo
que hasta el final de sus días le tintinea como razón
de ser: don Pablo, siga escribiendo para nosotros.
¿Pero cómo si en Europa está la civilización? Una
opción es la de la arquitectura: creer que se está en
el barro y ni siquiera considerar el potencial de tan
práctico material para construir en adobes. El
arquitecto, y su padrino del negocio inmobiliario,
ven de su tierra nada más que el suelo para levantar
torres calcadas de Internet.
Se llega así a constituir la expresión intelectual
más fracasada del continente. ¿Se sabe de alguien
que diga mira qué bonito ese nuevo edificio? La gente
detesta la producción en masa de viviendas, no se
siente a gusto en los habitáculos que le impone la
arquitectura moderna. ¿De qué sirve entonces?
Frente a la mole de cemento y vidrio tenemos la
topeadura de animales, la artesanía en cuero y la
payadura con guitarra, vestigios de la cultura origi-
naria que está siendo exiliada de la modernidad.

157
Ya no hay cómo vivir esas cosas que para peor,
parecen anquilosadas en la repetición, sin que
enganchen con la imparable búsqueda de una mejor
calidad de vida.
De ahí que la misión del emprendedor en las
artes y profesiones sea aunar esa dualidad, y para
ello lo esencial es usar los avances de la humanidad
para darle nueva vida a nuestra cultura. Electrónica
¿por qué no? pero a fin de componer música propia.
Prensas Heidelberg para leer a Neruda y trenes de
alta velocidad TGV Alsthom para ir al sur.
En vez de arrancar cual maleza nuestra historia,
debemos revitalizar las raíces con nutrientes de
última tecnología. Nueva letra a la vieja cueca, otras
aplicaciones al antiguo adobe y mejores guisos con
la olvidada quínoa.
Eso es hacer patria.

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Otros libros de Pablo Huneeus:
El problema de empleo y recursos humanos.
Los Burócratas, un nuevo análisis del Estado.
Chile 2010, una utopía posible.
Nuestra Mentalidad Económica.
Lo Comido y lo Bailado...
¿Qué te pasó Pablo?
Mi peineta amarilla...
Lo Impensable, la amenaza nuclear.
Aristotelia Chilensis.
En Aquel Tiempo, Chile durante Allende.
A Piel Viva.
Amor en Alta Mar.
El Intimo Femenino, estudios sobre la mujer.
Manual Práctico de Cocina
Chiloé por hoy no más.
Andanzas por Rusia.
Juan Pedrals, breve historia del petróleo.
Hernando de Magallanes, (traducción).
Edición de La Araucana, c. biografía de Ercilla.
A Todo Trapo, homenaje a navegación a vela.
Jaque al Rey, ensayos de transición.
Dichos de Campo (refranes y proverbios).
El Desierto en Flor.
Las Cartas de don Pedro de Valdivia.
Patagonia Mágica, el viaje del tata Guillermo.
Filosofía Clásica. (Quince Lecciones).
La Vida en Amarillo.
El Dedo en la Llaga.

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Otros buenos libros de
Pablo Huneeus

Filosofía Clásica. El arte de


amar, cómo ser feliz, la
amistad, el dolor y la muerte,
en los grandes pensadores de
la humanidad.

Dichos de campo. Los dos mil


mejores proverbios y refranes
del habla castellana.

Chiloé por hoy no más. Viaje


en lancha por la isla de gente
sencilla, bosques limpios y
mares abiertos antes de ser
invadida por la industria.
"En este libro Pablo Huneeus ha puesto el dedo en
la llaga abierta. Su obra tiene, además, el valor de no
quedarse en la mera denuncia...".
José Luis Rosasco, La Segunda.

"Mientras la cultura europea revolotea sobre la masa,


y las culturas americanas se ocultan en el Museo, la
gran cultura huachaca reina y también gobierna en la
televisión..." Albina Sabater, El Mercurio.

"Como padre de familia y educador, como hombre que


cree que en la conversación las personas se acercan
y abren sus espíritus, como lector deseoso de que
otros también gocen de la lectura, como amante de la
naturaleza y de la superación, yo suscribo lo medular
de este libro". Hugo Montes, La Tercera.

"Es un estudio hecho con profundidad y, sobre todo,


realizado con seriedad".
Wellington Rojas, El Diario Austral.

"Al utilizar el término para definir nuestra cultura


ambiental, televisiva, teletónica, Pablo Huneeus ha
tenido una idea brillante. Vivimos sumergidos en la
cultura huachaca, invadidos por ella...".
Jorge Edwards, revista Paula.

T
EDITORA NUEVA GENERACIÓN

República de Chile
ISBN 956-226-014-3