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Introducción a la sociología para criminólogos

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CONCEPTOS ELEMENTALES DE SOCIOLOGÍA PARA CRIMINÓLOGOS

ÍNDICE

1.- ¿QUÉ ES LA SOCIOLOGÍA? 2.- EL CONCEPTO DE CULTURA 2.1. 2.2. DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS DE LA CULTURA EL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN

011 019 019 024 076

3.- EL CONCEPTO DE COMUNICACIÓN 3.1. DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS DE LA COMUNICACIÓN 3.2. 3.3. 3.4. 3.5. 3.6. MODELOS DE COMUNICACIÓN ELEMENTOS DEL PROCESO DE COMUNICACIÓN LA COMUNICACIÓN INTERPERSONAL LA COMUNICACIÓN EN LOS GRUPOS PRIMARIOS LA OPINIÓN PÚBLICA Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL

076 083 088 092 107

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1. ¿QUÉ ES LA SOCIOLOGÍA? La Sociología es la ciencia que aplica el método científico para conocer “la estructura, los procesos y la naturaleza de la sociedad humana en general” 1 con la intención de explicar y predecir los fenómenos sociales, dentro de un contexto histórico determinado y “ a partir de marcos teóricos interpretativos adecuados y de conceptos analíticos pertinentes”2, de forma que el conocimiento así obtenido sea comprobable empíricamente, aunque su verificación descanse en la imposibilidad de su falsación en lugar de su verificación experimental, por cuanto que los fenómenos sociales no son susceptibles de ser estudiados en condiciones caeteris paribus3, dado el carácter humano e histórico de los mismos. El objeto material de la Sociología es, pues, la sociedad, y dicho objeto nos permite distinguir entre ciencias naturales y ciencias sociales. Como señala Giddens: “Igual que el resto de las “ciencias” sociales, la Sociología es una disciplina científica en el sentido de que implica métodos de investigación sistemáticos, el análisis de datos, y el examen de teorías a la luz de la evidencia y de la discusión lógica. El estudiar seres humanos, sin embargo, es diferente de observar los sucesos del mundo físico, y ni el marco lógico ni los descubrimientos de la Sociología pueden entenderse adecuadamente desde las comparaciones con la ciencia natural.”4 En este sentido resulta ilustrativa la distinción que realiza Piaget entre Biología y Sociología: “La diferencia entre la explicación sociológica y la explicación biológica (estriba en que) mientras que ésta (la biología) se ocupa de las transmisiones internas heredadas y de los caracteres determinados por ellas, la explicación sociológica se ocupa de las transmisiones exteriores o interacciones externas entre individuos... Así es como explicará por qué la mentalidad de un pueblo depende mucho menos de su raza que de su
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S. Giner: Sociología, Península, Barcelona, 1971, p. 10. J. F. Tezanos: La explicación sociológica: una introducción a la Sociología, UNED, Madrid, 1996, p. 33. 3 M. Beltrán: “Cinco vías de acceso a la realidad social” en: M. G. Ferrando, J. Ibáñez y F. Alvira: El análisis de la realidad social: Métodos y técnicas de investigación, Alianza, Madrid, 2000, p. 38. 4 A. Giddens: Sociología, Alianza Universidad, Madrid, 1991, p. 55.
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historia económica, del desarrollo histórico de sus técnicas y de sus representaciones colectivas... Así es, por otra parte, como los aspectos biológicos del fenómeno demográfico están estrechamente subordinados al sistema de valores.”5 Si el objeto material de la Sociología es la sociedad, su objeto formal es la perspectiva que adopta y esto es lo que la distingue del resto de las ciencias sociales. El estudio de los fenómenos sociales no es exclusivo ni original de la Sociología, sino que, por el contrario, lleva produciéndose durante siglos en disciplinas como la Filosofía, la Historia, la Ciencia Política, la Geografía, el Derecho, la Economía, la Psicología, la Antropología, la Biología, etc. En este contexto científico, la Sociología es la última de las ciencias sociales y no es la mayor ni la más importante, sino una ciencia más, especializada en el vínculo social que mantiene unida a la sociedad y sus consecuencias institucionales y de acción social. Como señala Nisbet: “Del mismo modo que la química moderna se interesa por lo que ella misma llama el vínculo químico, buscando las fuerzas que mantienen unidos a los átomos formando las moléculas, también la Sociología investiga las fuerzas que permiten a los seres humanos (de origen biológico) mantenerse unidos en “moléculas sociales” donde se hallan prácticamente desde el momento de su concepción... Vemos a los seres humanos únicamente en los roles, estatus y modos de interacción social que constituyen el material de la sociedad humana. Y todos estos roles, estatus y modos de interacción son sociales; es decir, pertenecen a un orden de realidad que es tan sólido y diferenciable como los átomos con los que trabaja el físico, las moléculas y las sustancias de los químicos, y los tejidos y órganos de los biólogos.”6 De este modo los vínculos sociales: “no pueden reducirse a relaciones entre intersubjetividades animadas de intenciones o motivaciones, porque ellas se establecen entre condiciones y posiciones sociales y tienen, al mismo tiempo, más realidad que los sujetos que ligan.”7

5 6

J. Piaget: Estudios Sociológicos, Ariel, Barcelona, 1983. pp. 19-22. R. Nisbet: Introducción a la Sociología. El vínculo social, Vicens Universidad, Barcelona, 1982, p. 43. 7 P. Bourdieu, J. C. Chamboredon y J.C. Passeron: El oficio de sociólogo, Siglo XXI, Madrid, 1994, p. 33.
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Si Piaget evidenciaba las diferencias entre las ciencias naturales y las ciencias sociales comparando la Biología con la Sociología; Elster ejemplifica las diferencias dentro de las ciencias sociales comparando la Economía con la Sociología. En este sentido señala que “una de las más persistentes divisiones registradas en las ciencias sociales es la oposición de dos líneas de pensamiento convenientemente asociadas con Adam Smith, por una parte, y con Emile Durkheim, por otra; se trata del homo aeconomicus y del homo sociologicus. Se supone que el primero de ellos está guiado por la racionalidad instrumental, en tanto que la conducta del segundo está dictada por normas sociales. El primero se ve “atraído” por la perspectiva de futuras recompensas, en tanto que el segundo es “empujado” desde atrás por fuerzas (culturales) casi inertes.”8

En consecuencia, la Sociología, aunque distinta de la Biología y de la Economía, también considera que los hechos sociales están determinados y sometidos a leyes que los hacen regulares, predecibles y explicables, pero esta determinación, para nosotros, es cultural y está encauzada estructuralmente de forma que el comportamiento de los hechos sociales no sólo se explica por su interés económico, por la socialización individual, por la lucha por el poder o por la satisfacción de los instintos o de las necesidades biológicas, sino que depende de las condiciones culturales y estructurales, de las condiciones sociales en las que se desarrollan los acontecimientos y en las que interactúan los actores; lo cual explica los comportamientos antieconómicos en el mercado, las conductas desviadas respecto de lo aprendido durante el proceso de socialización, la represión, incluso jurídica, de determinados comportamientos instintivos o naturales, o la escisión entre el mundo social y el mundo político institucional. Por todo ello, no debemos considerar a la Sociología como una ciencia enciclopédica que trata de compendiar al resto de las ciencias sociales, ni como una ciencia residual que estudia lo que las demás ciencias sociales dejan de lado, ni, tampoco, una ciencia de los remedios aplicación práctica de una especie de “ingeniería social”; sino como una mera ciencia especializada que considera que los grupos sociales no se comportan al azar, sino que
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J. Elster: El cemento de la sociedad, Gedisa, Barcelona, 1991, Pág. 119.
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se comportan propulsados por su subcultura dentro de un entramado plural y jerarquizado de escenarios sociales en los que cada uno desempeña su papel no sólo en función de lo aprendido en el proceso de socialización, sino también en función de las características del escenario social y su desigual distribución, así como por lo que espera la audiencia, los otros, y el tipo de identidad cultural que con ellos tengan. Después de haber definido el concepto de Sociología, conviene evitar errores conceptuales aclarando lo que no es la Sociología.
1.

La Sociología no es una ciencia natural, porque el comportamiento de los hombres, integrados inseparablemente en la sociedad, no está sometido principalmente a las leyes de la naturaleza sino a las leyes fragmentadas y cambiantes de la sociedad en la que se encuentran inmersos, siendo muy difícil experimentar con grupos humanos a fin de verificar las hipótesis de los sociólogos debido al carácter histórico de las sociedades humanas y al componente de libertad de sus miembros.

2.

La Sociología no es una recopilación enciclopédica de las ciencias sociales, sino que sólo es una más de ellas, con la peculiaridad de que en lugar de considerar como factor determinante del comportamiento humano el interés económico racional, el instinto, o el poder, etc., considera que el comportamiento humano, dentro de los grados de libertad que proporciona la misma sociedad, está condicionado por la cultura y encarrilado por la estructura social en la que se desarrollan las interacciones sociales.

3.

La Sociología no es una ciencia residual que trata de aquellos temas que no desean estudiar las otras ciencias sociales, sino que tiene su propia perspectiva particular y está especializada en el vínculo social, que mantiene unidos a los grupos humanos; en las instituciones sociales, que suponen tanto un reflejo cristalizado de los valores de su cultura como la organización del ejercicio de unas funciones vitales para la sociedad; y en las acciones e interacciones

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sociales que se desarrollan en la sociedad y que regeneran dinámicamente la cultura dominante.
4.

La Sociología no es la ciencia de los remedios, por cuanto que al no aceptar la existencia de leyes naturales que regulen el comportamiento humano, tampoco puede esperar que de la aplicación de sus conocimientos se derive una especie de “ingeniería social” que haga funcionar la sociedad a la perfección, “como un reloj”, ya que el funcionamiento de la sociedad depende de ella misma y de sus miembros que, haciendo uso de su influencia dentro de una correlación plural de poderes, legitimados de a cuerdo con los procedimientos históricos dominantes, conducen la sociedad independientemente de los conocimientos de la Sociología.

5.

La Sociología no es un estado de opinión sobre la sociedad como pudiera deducirse del hecho de que muchos conocimientos sociológicos coincidan con el sentido común, ni como consecuencia de que muchos sociólogos emitan sus opiniones particulares a través de los medios de comunicación social, ni como consecuencia del pluralismo paradigmático de la Sociología, que podría dar la impresión de una mera discusión académica sobre la sociedad; sino que la Sociología tiene un único método científico que utiliza con igual rigor desde cualquier escuela paradigmática, aunque sus intereses e ideologías les lleven a elegir diferentes objetos sociales de estudio, les lleve a adoptar perspectivas especializadas en un aspecto del objeto en vez de en otro, o les lleve a desarrollar diferentes técnicas de investigación social, de cuya utilidad y aplicación se han derivado, a veces, nuevas especialidades sociológicas.

6.

La Sociología no es una ciencia sin objeto de estudio abarcable como consecuencia de la subjetividad inalienable del sociólogo, del carácter dinámico e histórico del acontecer humano, de la pluralidad de culturas existentes en la tierra y de los grados de libertad social de las personas; sino que la Sociología dispone de un objeto de estudio comprensible ya que el comportamiento de las “cosas sociales” no responde al azar, como si se tratara
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de partículas subatómicas en un espacio browniano, sino que está condicionado por la sociedad en la que se desenvuelven. El objeto de la Sociología es la sociedad y su conocimiento es posible mediante la aplicación del método científico. 1. 1.1. EL CONCEPTO DE CULTURA. DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS DE LA CULTURA. Como hemos adelantado, los sociólogos hablamos del comportamiento humano en tanto que comportamiento aprendido durante el proceso de socialización por el que adquirimos una determinada cultura, es decir, un conjunto de conocimientos, creencias, valores, símbolos, signos, costumbres, normas, instrumentos de trabajo y hábitos de consumo de una sociedad determinada y facilitan la integración del individuo en su grupo y la del grupo en la naturaleza. La cultura es, para Malinowski: “el conjunto integral constituido por los utensilios y bienes de los consumidores, por el cuerpo de normas que rige los diversos grupos sociales, por las ideas y artesanías, creencias y costumbres: Ya consideremos una muy simple y primitiva cultura o una extremadamente compleja y desarrollada, estaremos en presencia de un vasto aparato, en parte material, en parte humano y en parte espiritual, con el que el hombre es capaz de superar los concretos y específicos problemas que lo enfrentan. Estos problemas surgen del hecho de tener el hombre un cuerpo sujeto a varias necesidades orgánicas, y de vivir en un ambiente natural que es su mejor amigo, pues lo provee de las materias primas para sus artefactos, aunque es también peligroso enemigo, en el sentido de que abriga muchas fuerzas hostiles... Los problemas planteados por las necesidades nutritivas, reproductivas e higiénicas del hombre, deben ser resueltos, y lo son mediante la construcción de un nuevo ambiente, artificial y secundario. Este ambiente, que es ni más ni menos la cultura misma, debe ser reproducido, conservado y administrado permanentemente... Un nivel cultural de vida significa, a su vez,

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que nuevas necesidades aparecen y nuevos imperativos o determinantes son impuestos a la conducta humana.”9 Como vemos, la cultura, a partir de un medio ambiente natural preexistente, es el ambiente artificial en el que vive el ser humano y al que debe de adaptarse o conformarse puesto que gracias a ella la especie humana puede sobrevivir en la naturaleza y el comportamiento humano se hace homogéneo y previsible en la sociedad. Antonio Lucas Marín aclara el peso de los factores biológicos y culturales en el comportamiento humano cuando dice categóricamente que “la vida social humana se aprende y los instintos juegan un papel inapreciable en nuestra conducta, por eso se puede decir que la cultura desempeña para el hombre el mismo papel que el instinto para los animales”10 Dicha cultura, con sus componentes de organización, tecnología y lenguaje, ha permitido a la especie humana sobrevivir en la naturaleza construyendo su propio “nicho ecológico”11 y transformar a través del proceso de socialización, como dice J. Iglesias Ussel12, a los embriones de hombres en "socios", en personas realmente humanas, cuyo comportamiento no se desarrolla al azar sino que está sometido a leyes sociales que lo hacen regular, predecible y explicable. Como señala Aron: “Los individuos se ofrecen a la observación sociológica sólo socializados: hay varias sociedades, no una sociedad, y la sociedad global está formada por una multiplicidad de sociedades”13 con sus correspondientes subculturas que, sin embargo y como subraya J. Mª. Quintana14, no tienen nada de “sub” cultura puesto que es “su” cultura personal y particular para cada uno de sus miembros. En consecuencia, debemos señalar que la cultura no es una, sino que cambia en el tiempo, en el espacio y en las diferentes comunidades que socializan a sus miembros y que permite su propia innovación por la
9

B. Malinowski: Una teoría científica de la cultura, Sarpe, Madrid, 1984, pp. 56 y 57. A. Lucas Marín: “La cultura de las organizaciones” en V. Martínez y A. Lucas Marín: La construcción de las organizaciones: La cultura de la empresa, UNED, Madrid, 2001, p. 24. 11 J. F. Downs y H. K. Bleibttrev: Human variation, Glencoe Press, Beverly Hills, 1969, p. 49. 12 J. Iglesias Ussel: “Socialización y control social” en S. del Campo: Tratado de Sociología, Taurus, Madrid, 1988, vol. I. p. 166. 13 R. Aron: La etapas del pensamiento sociológico, Op. Cit. Vol. I. Pág. 12. 14 J. Mª. Quintana: Sociología de la educación, Hispano-Europea, Barcelona, 1977, p. 82.
10

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interacción de los actores sociales y en particular por la intervención de algún agente o grupo innovador. Recapitulando: “Podemos decir – de acuerdo con Tezanos - que la cultura puede ser enmarcada a partir de los siguientes rasgos: La cultura es básicamente una característica específica de los humanos. Aunque actualmente se ha puesto mucho énfasis en las protoculturas de algunos primates, y no puede excluirse la hipótesis de que a lo largo de la evolución hayan existido formas intermedias entre las proto-culturas de los simios y las culturas humanas más primitivas conocidas, lo cierto es que desde la perspectiva de nuestro tiempo el hombre es el único ser con cultura como tal, el único ser viviente capaz de crear y transmitir cultura ( entre otras razones porque ninguna especie animal posee un sistema de signos significantes de comunicación simbólica como el lenguaje humano, que es el que permite producir, acumular y transmitir la cultura). La cultura es el factor fundamental de la sociabilidad humana, al tiempo que la cultura sólo puede desarrollarse en sociedad. La cultura proporciona el componente básico de referencias que identifica a las sociedades y da a los individuos vocación y sentido de pertenencia a las comunidades (la cultura sólo puede desarrollarse en sociedad y es lo que mantiene unida a la sociedad, es el vínculo social, la argamasa, el enlace químico hecho básicamente de palabras y no de genes). La cultura es una adquisición (no se hereda genéticamente). Constituye algo que no es innato al hombre, lo que supone que los rasgos culturales son asumidos por medio de procesos de aprendizaje y socialización. Por tanto, la cultura precisa del establecimiento social de sistemas de transmisión cultural adecuados, así como de mecanismos eficaces de endoculturación, es decir, de interiorización de los rasgos culturales, y procedimientos de coerción y sanción social, para lograr la efectiva conformidad de los individuos a los patrones culturales.

-10-

-

La cultura está articulada institucionalmente, de forma que en toda sociedad existen determinadas formas institucionalizadas de comportamiento – pautas culturales establecidad - que tienden a conformar la personalidad de los individuos de acuerdo con los papeles sociales que desempeñan y con los estereotipos de comportamiento existentes (la cultura está articulada de tal forma que cristaliza en costumbres, normas y roles sociales haciendo relativamente estable y previsible el comportamiento humano).

-

La cultura ha permitido y permite una mejor adaptación del hombre al medio físico... Mediante la cultura el hombre “recrea” un “ambiente” propio, que le proporciona una autonomía y una libertad de posibilidades sobre la naturaleza muy importante, aunque a su vez – y paradójicamente- queda “atrapado” por la nueva lógica de su obra histórica. Como con frecuencia se ha dicho, el hombre es al tiempo artífice y esclavo de sus creaciones culturales”15. En definitiva, la cultura es lo que diferencia a la especie humana de los animales y es

lo que al transmitirse a través del proceso de socialización transforma al homo sapiens en persona humana apta para vivir en su medio ambiente más favorable: la sociedad, y es que como señalaba Aristóteles: “El hombre es un ser naturalmente sociable, y el que vive fuera de la sociedad por organización y no por efecto del azar es, ciertamente, o un ser degradado, o un ser superior a la especie humana”16. 2.2. EL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN. Como señala B. Berstein17, la socialización es un proceso permanente, especialmente intenso durante la infancia, mediante el cual los diferentes agentes de socialización (familia, escuela, pandilla, empresa, iglesias, medios de comunicación, etc.) utilizan el lenguaje, los estímulos y el ejemplo para enseñar a cada individuo (que se halla condicionado por su

15 16

J. F. Tezanos: La explicación sociológica: una introducción a la Sociología, Op. Cit. pp. 257 y 258 Aristóteles: La Política, Espasa-Calpe, Madrid, 1974, p. 23. 17 B. Berstein: “Clase social, lenguaje y socialización” en J. R. Torregrosa: Teoría e investigación en la Psicología social actual, Instituto de la Opinión Pública, Madrid, 1974, pp. 581 y ss.
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herencia genética, por su medio ambiente y por su estatus social) los patrones culturales (conocimientos, valores, normas, símbolos, utensilios, hábitos de consumo, etc.) desarrollados a lo largo de la historia por su comunidad. Los patrones culturales transmitidos durante el proceso de socialización se caracterizan por ser generales y obligatorios; es decir, el individuo se siente moralmente impelido a cumplirlos si quiere ser aceptado por el grupo. Por el proceso de socialización el individuo pasa a convertirse en socio, en miembro de pleno derecho de la comunidad. Como señala José Mª Quintana18, el proceso de socialización tiene tres funciones básicas: 1ª) Perpetúa la cultura a través de unas generaciones que no la han heredado

genéticamente, pero que la interiorizan hasta convertirla, como subraya G. Rocher19, en sus propias reglas personales de vida, con un severo autocontrol de su cumplimiento mediante la conciencia de cada individuo. 2ª) Capacita a los individuo ya socializados; a aquellos que tienen una personalidad social

dirigida por su super-yo, con un programa actitudinal operativo, fruto de su experiencia y jerarquía de valores, y con unos roles básicos que desempeñar en la sociedad respaldados por su estatus correspondiente, para que se conviertan ellos mismos en agentes de socialización. 3ª) No sólo permite, sino que suscita y vehiculiza cambios e innovaciones en la misma

cultura de la que se procede.

18 19

J. Mª Quintana: Sociología de la Educación, Op. Cit. pp. 108 y 109. G. Rocher: Introducción a la Sociología general, Herder, Barcelona, 1973, p. 53.
-12-

Por lo que se refiere a los agentes de socialización, podemos decir que, en un principio, el niño es su madre. El recién nacido sigue siendo una larva de hombre, incapaz de sobrevivir por sus propios medios. A lo largo de su vida estará expuesto a la acción socializadora de diferentes agentes que le irán dotando de una personalidad social a imagen y semejanza de su comunidad. Hay una gran variedad de agentes de socialización. Para que resulte más fácil de comprender el papel jugado por cada uno de ellos, nos ayudaremos de tres criterios de clasificación prestados por G. Rocher20: En primer lugar, podemos distinguir entre agentes de socialización

“personalizados”, que son aquellos grupos concretos e identificables que tienen un trato directo con los sujetos de la socialización (familia, escuela, pandilla, etc.); y los agentes “no personalizados” que llevan a cabo una socialización difusa e indeterminada en la que el agente no conoce al sujeto de la socialización y dicho sujeto difícilmente puede interactuar con el agente (medios de comunicación social, espectáculos, etc.). En segundo lugar, podemos distinguir entre los agentes cuya función principal y explícita es “formar” globalmente al individuo (familia, escuela, iglesias, etc.) y aquellos otros cuya función principal y explícita “no es formar” a los individuos, socializándolos de una manera instrumental con miras a alcanzar sus propios objetivos específicos (empresas, partidos, ejército, normas jurídicas, etc.). En tercer y último lugar, podemos distinguir entre los agentes que socializan a “grupos de edad homogéneos” (escuela, pandilla, etc.) y los que forman a grupos de edad “heterogéneos” (familia, sindicatos, clubes deportivos, etc.).

20

Ibidem, p. 151.
-13-

Aunque sea someramente, vamos a detenernos a observar más de cerca el papel de la familia, la escuela, los medios de comunicación social, la empresa y las normas jurídicas, no como instituciones sociales poliédricas, sino exclusivamente como agentes de socialización: 1º) La familia, que hemos clasificado como un agente "personalizado", "especializado en

formación", y que trabaja con niños de "edades heterogéneas", es, sin duda, el agente más eficaz a la hora de desarrollar esta tarea de reproducir hombres y de reproducir "socios". El secreto de esta eficacia estriba, como señala Iglesias de Ussel 21, en las siguientes características:  La familia es la primera agencia que recibe al niño. En ella se inicia el proceso y se

establece la relación más duradera.  La influencia de la familia surge del hecho de que satisface todas las necesidades del

niño, tanto materiales como espirituales.  Las relaciones familiares son personales y no se basan en la igualdad ni en la

libertad, sino en la fraternidad, de forma que cada uno es valorado por quien es y no por cuanto vale.  La familia es también el grupo más íntimo que actúa en la socialización. Es un grupo

primario que proporciona un sentido de identidad mutua transformando a sus miembros en un "nosotros".  El niño es extraordinariamente receptivo a las instrucciones transmitidas por sus

padres, especialmente las comunicadas con su propio ejemplo, ya que el niño tiene tendencia a la imitación y, más aún, a la identificación subconsciente con sus padres.

21

J. Iglesias Ussel: “Socialización y control social”, en S. del Campo: Tratado de Sociología, Op. Cit. p. 176.
-14-

La familia selecciona lo que va a transmitir sacándolo del entorno social existente

(hábitat, clase social de pertenencia, clase social de referencia, etc.).   Da al niño una interpretación global de la cultura transmitida. Valora puntualmente lo transmitido al niño y le informa de lo que es bueno y de lo

que es malo, de lo que es verdadero y de lo que es falso, de lo que es importante y de lo que es superfluo, de lo que es fundamental y de lo que es accidental, etcétera.  La familia proporciona simultáneamente relaciones de autoridad, entre padres e

hijos, y relaciones igualitarias entre los hermanos.  El rango de edad dentro de las familias permite un cierto entrenamiento en el

desarrollo de diferentes roles sociales.  En la familia se aprende el rol del propio sexo, en los términos que la cultura

dominante en la época haya reservado para hombres y para mujeres. En cualquier caso, todas las familias no son iguales y pertenecen a hábitats y clases diferentes. 2º) La escuela es otro agente de socialización básico: es la puerta más ancha para salir de

la familia, del clan, del caserío y entrar en la sociedad civil. No sólo capacita al niño para desempeñar diferentes roles sociales y para "engancharle" a una cultura más amplia y universal que la de su familia, sino que le entrena con el difícil ejercicio de relacionarse con "los otros". Las características de la escuela como agente de socialización podríamos sintetizarlas en dos:  El niño tiene que esforzarse en aprender.
-15-

La educación facilitada por la escuela es formal, sistemática, didáctica, orientada pedagógicamente, impartida por profesionales, larga, compleja, complicada y destinada a integrar al niño, cuando llegue a adulto, en el proceso productivo, en las responsabilidades legales, en el ejercicio de derechos, etc., hasta convertirle en un nuevo agente de socialización en potencia.  El niño deja de ser el "Rey de la casa". El niño es "uno más entre tantos"22, la maestra no muestra un interés especial por ninguno, o, dicho en términos positivos, muestra el mismo interés por todos. Estos niños entran en contacto con otros niños de su edad y a medida que progresan en su desarrollo moral van abandonando sus posiciones egocéntricas y de "sumisión realista" a la autoridad de los adultos para consolidar posiciones de autonomía respecto de los adultos y de equidad y solidaridad respecto de sus iguales. La escuela socializa tanto cuando enseña en clase como cuando facilita un lugar de encuentro en el recreo. 3º) Los medios de comunicación social, relativamente modernos y tecnológicamente muy

desarrollados, participan en el proceso de socialización transmitiendo palabras e imágenes a una audiencia enorme, distante, dispersa, heterogénea y anónima que recibe un mensaje unilineal e irreversible con el que generalmente no se puede interactuar23. Los medios de comunicación social, de gran valor en la socialización política, especialmente de adultos, reflejan y difunden los patrones dominantes de su sociedad,
22 23

A. Gras: Sociología de la educación, Narcéa, Madrid, 1976, pp. 53 y ss. En los últimos años estamos asistiendo a un incremento de la bidireccionalidad de la comunicación a través de los medios masivos, gracias a la incorporación de estrategias que permiten la interactividad de los medios con sus públicos, recogiendo de forma más o menos inmediata su feedback o retroalimentación. Algunas de esas estrategias son, por ejemplo, la participación en de los telespectadores o de los oyentes en los programas de televisión o radio a través de llamadas telefónicas, mensajes de teléfono móvil (SMS), mensajes de e-mail, faxes, etc.
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uniformando la mentalidad colectiva y distribuyendo una serie de estereotipos que configuran actitudes comunes. El papel de los medios de comunicación ha suscitado debates interminables que podemos resumir en dos posturas: Por una parte, los que consideran que los medios de comunicación democratizan la información, abaratan la diversión y generalizan la educación, gracias a los recursos tecnológicos disponibles y a su amplia y versátil malla de comunicaciones. Por otra parte, los que consideran que los medios de comunicación de masas sólo son canales de información y no de comunicación por cuanto que no permiten “compartir” la relación social de comunicación, producen “hombres masa” que se comportan masivamente y que no se distinguen por su madurez ni por la reciedumbre de su personalidad, sino que se caracterizan por la uniformidad, la soledad, la incomunicación, la monotonía, la tendencia a la imitación, la falta de responsabilidad y la inseguridad. La finalidad divulgativa o persuasiva de los mensajes difundidos por los medios de comunicación dependen de la intención del emisor y de la predisposición del receptor, así como de su capacidad para decodificar e interpretar el mensaje, pudiendo darse simultánea, sucesiva o solapadamente estos dos modelos de comunicación. La influencia potencial de los medios de comunicación social reside, entre otros efectos, en el establecimiento del orden del día o temas sobre los que se habla en la actualidad (Agenda setting), en el efecto eco o repetición de determinadas informaciones y opiniones a través de muchos y plurales canales de comunicación, y, por último, en el efecto producido por lo definido como la “Espiral de Silencio”24 o sistema para marginar temas o personas del orden del día de forma que no existan en el mundo virtual de la comunicación. Como estudiaremos detalladamente más adelante, podemos señalar que en la última década ha quedado en evidencia un interés renovado sobre el impacto que los medios
24

E. N. Newmann: La espiral del silencio, Paidós, Barcelona, 1995.
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masivos de comunicación tienen en la socialización de sus audiencias en áreas como la adquisición de actitudes y comportamiento antisociales (violencia, agresión, prejuicios), la adquisición de comportamientos sociales (altruismo, cooperación), la satisfacción de las necesidades individuales (diversión, entretenimiento), las expectativas sobre el papel que ellos mismos y los demás cumplen en la sociedad, etc. En cualquier caso, lo que nos interesa en estas páginas es resaltar su potencialidad como agentes de socialización subsidiario de agentes de socialización tan principales como la familia y la escuela. 4°) La empresa, por su parte, es un importante agente de socialización caracterizado por

el carácter peculiar de la subcultura que transmite y por su específico proceso de socialización. La empresa no está especializada en socializar sino en obtener el máximo beneficio al mínimo coste en un mercado competitivo adaptando su oferta a la demanda, administrando de la manera más eficiente sus escasos recursos humanos, económicos y materiales, para sacar el mayor rendimiento a los factores de producción disponibles. Sin embargo, la empresa no sólo es una organización para la producción de bienes y servicios, sino que es, también, una institución social, que, por un lado, constituye un reflejo cristalizado de los valores sociales relacionados con la prosperidad y, por otro, se hace cargo de importantes funciones sociales relacionadas con la supervivencia. Por ello, el estudio de la cultura de la empresa resulta imprescindible para conocer la estructura de su organización, y no sólo desde una perspectiva exclusivamente teórica, sino también, desde una perspectiva práctica, que es la que llevó a Peters y Waterman25 a demostrar que la clave del éxito y la excelencia de las empresas reside en su cultura, en la parte “blanda” de su organización, que es la que da sentido a su estrategia, a los estilos de gestión y a los sistemas de producción.

25

T. J. Peters y R. H. Waterman: En busca de la excelencia, Folio, Barcelona, 1991. Págs. 11 y 12.
-18-

Centrándonos en el concepto de cultura empresarial, podemos definirlo aquí, de la mano de Schein26, como “un conjunto de creencias que comparten los miembros de una empresa”, relacionadas con la forma en que se hacen las cosas en una organización, tanto para la solución de los problemas internos, como los relacionados con los clientes, los proveedores y el entorno. Los cuatro elementos fundamentales de la cultura de la empresa, como señala Kreps27, son: Los valores, que unen y homogeneizan a los miembros de la empresa. Los héroes, que son las personas que encarnan esos valores, independientemente de su categoría profesional. Los ritos y rituales, que son las interacciones de las personas en su puesto de trabajo. Y las redes de comunicación, tanto formales como informales. Por lo que se refiere a las funciones de la cultura de la empresa: 1. La principal de ellas consiste en cohesionar a los miembros del grupo, dando significado a sus actuaciones y haciendo previsible su comportamiento. Esta función de la cultura resulta extraordinariamente importante en el caso de las empresas por cuanto que su cultura específica tiene que convivir con las culturas de su entorno e integrar en la organización a unos trabajadores que llegan a la empresa con sus propias subculturas.
2.

En segundo lugar, la cultura de la empresa aumenta el compromiso entre todas las personas de la organización; aunque nos permite distinguir, como hace Watson28, entre un contrato implícito de alta confianza y otro de baja confianza, en función del grado de autonomía del trabajador dentro de la empresa. Así, a mayor autonomía y confianza del trabajador, mayor responsabilidad y mayor compromiso con el ideario y los intereses de la empresa.

26 27

E. H. Schein: La cultura de la empresa y el liderazgo, Plaza y Janés Barcelona, 1988. G. L. Kreps: Organizational communication, Longman, Nueva York, 1990. Págs. 128 y 129. T. Watson: Trabajo y sociedad Op. Cit. Págs. 219-221
-19-

28

3.

En tercer lugar, la cultura crea confianza en el interior y el exterior de la empresa. En este sentido, Garmendia29 subraya la importancia de la cultura empresarial, en tanto que sistema compartido de valores y objetivos, atribuyéndole a la misma un valor legitimador de las decisiones de la dirección, no sólo como organización productiva, sino como institución.

4.

Por último, la cultura define las peculiaridades empresariales de la organización, describiendo la naturaleza del negocio, su organigrama, el sistema de comunicaciones, la jerga profesional, la política de gratificaciones y sanciones y la imagen corporativa. Como señalábamos en otra parte: “El carácter artificial de la cultura de la empresa no

es original, puesto que ninguna cultura es natural, lo que tiene de artificio es el metalenguaje empleado, las peculiaridades de la organización de una empresa concreta y el conocimiento y aplicación de una tecnología determinada”30. Definida la cultura empresarial y sus funciones, conviene detenerse, aunque sea someramente, en el proceso de su creación y transmisión en el seno de la organización. Por lo que se refiere a la posibilidad de crear y difundir la cultura de la empresa, Peiró31 distingue dos posturas: Por un lado están los que consideran que la cultura es algo que la empresa tiene y, por otro, los que consideran que la empresa es un producto cultural, es cultura. Para los primeros, la cultura incide en la actividad de la empresa, incluida su productividad y la satisfacción de sus miembros, y, en tanto que “cosa” poseída, consideran que puede ser manejada intencionadamente. Por el contrario, para los que consideran que la empresa es un producto cultural creado por sus miembros a partir de un sistema de significados compartidos, les parece difícil admitir que se pueda controlar un fenómeno tan complejo y multidimensional.
29 30

J. A.: Garmendia: Tres culturas, ESIC, Madrid, 1994. Pág. 49. J. Bordas: “Evaluación y seguimiento del clima laboral en empresas industriales”, en V. Martínez y A. Lucas Marín: La construcción de las organizaciones: La cultura de la empresa, Op. Cit. p. 311. 31 J. M. Peiró: Organizaciones: Nuevas perspectivas psicosociológicas, PPU, Barcelona, 1990. Págs. 172 y ss.
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En nuestro caso, y sin menoscabo de aceptar la complejidad y lentitud del proceso de cambio cultural, aceptamos el planteamiento de Pettigrew32 que defiende la capacidad demiúrgica de los líderes empresariales, en tanto que “administradores de los significados”, a la hora de crear, mantener o cambiar la cultura de la empresa, pero sin que dicha capacidad suponga, como explican Fincham y Rhodes33, un “lavado de cerebro”, sino el reconocimiento de la capacidad que tienen las organizaciones de transformarse a sí mismas para adecuarse a sus fines estratégicos. Por lo que se refiere a la transmisión de la cultura de la empresa, se realiza mediante un proceso de socialización específico. Aunque la empresa no es una agencia especializada en la socialización, como pudiera serlo la familia o la escuela, sino que su especialidad estriba en la producción y comercialización de bienes y servicios; dispone de una subcultura propia, con su organización, tecnología y lenguajes específicos, y necesita una actividad socializadora, asignada habitualmente a los departamentos de recursos humanos, a los departamentos de comunicación y a los grupos de trabajo, respaldados todos ellos por una serie de soportes comunicativos como los cursos de formación, la historia de la empresa, los catálogos, las entrevistas a sus directivos, los códigos de buenas prácticas, los planes estratégicos y los anuncios publicitarios. El carácter excepcional de este tipo de organización, que compite en un mercado despiadado y vertiginoso, le lleva a utilizar formadores especializados, que aseguren la adaptación y conformación de los trabajadores con la cultura y los objetivos de la empresa y a unas medidas de control social muy severas ante cualquier tipo de conducta desviada; severidad esta que puede terminar en sanciones tan graves como el ostracismo, o, dicho en términos laborales, el despido, con todo lo que ello conlleva.

32 33

A. Pettigrew: The Awakening Giant, Blackwell, Oxford, 1985. R. Fincham y P. S. Rhodes: The Individual, Work and Organization, Oxford University Press, Oxford, 1996. Pág. 420.
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Junto a la cultura de la empresa, hay otros dos factores que también influyen en la socialización de los trabajadores: Por una parte, tenemos la cultura de la que proceden los trabajadores, su hábitat, estatus social, género, edad, etc.; que en buena medida se manifiestan en un conjunto de actitudes que Glodthorpe34 denomina orientación al trabajo, sugiriendo la idea de que las actitudes respecto del trabajo son independientes de las características del trabajo en sí mismo y del ambiente en el que se desempeña, estando especialmente condicionadas por el origen familiar o social de los trabajadores. Por otra parte, la cultura de la empresa no es exclusivamente vertical, unilineal e irreversible, sino que junto a las relaciones vía jerárquica, se producen relaciones horizontales; muy importantes en la integración de los trabajadores y en el funcionamiento de la organización. El compañerismo, la solidaridad y la competencia, también son valores que circulan por los canales horizontales de la socialización empresarial y dan solidez al grupo. En definitiva, la cultura de la empresa, contextualizada por la cultura dominante y reproducida cotidianamente por las interacciones de sus miembros, produce un clima laboral, que en el marco de la empresa, condiciona la respuesta colectiva ante determinados estímulos relacionados con la actividad laboral. 5º) En último lugar, y no por ello menos importante, mencionaremos las normas jurídicas

que acuerdan los representantes del pueblo y que también ejercen, sobre todo en el campo de lo político y de lo electoral, una gran presión socializadora no sólo entre los ciudadanos afectados, sino incluso entre la población general. La cultura y sus diferentes subculturas, teñidas de ideología y cargadas de interés, están encarnadas y son transportadas por los mismos legisladores que han de plasmarlas en leyes.

34

J. Goldthorpe: The Affluent Worker: Attitudes and Behaviour, Cambridge University Press, Cambridge, 1968.
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Ese transporte de cultura, con todas las matizaciones de necesidad, interés y oportunidad y con todas las valoraciones que se quieran hacer es lo que configura el "Espíritu del Legislador" y que conocemos, a efectos de las Fuentes del Derecho, como "Principios Generales". En este sentido debemos reconocer que las normas jurídicas están determinadas por la cultura de la que emanan. Pero lo que nos interesa ahora no es la forma en que la cultura influye en el derecho, sino el reconocer al derecho, como señala E. Díaz35, su capacidad como agente de socialización que influye en la cultura general y en la cultura política en particular. Desde que el pueblo español, en tanto que Soberano, se dotó de una Constitución democrática en 1978, las normas jurídicas que regulan la convivencia cotidiana han cambiado. El sentido de este cambio ha sido, en muchas ocasiones, producto de la demanda social y, en consecuencia, las leyes elevaban a la categoría de “normal” lo que era normal en la calle. Pero en otras ocasiones las normas jurídicas han sido producto de la ideología de la minoría mayoritaria y por el efecto pedagógico y publicitario del derecho han terminado calando en la sociedad donde han devenido en “normales” y mayoritarias. Este es el caso, por ejemplo, de la despenalización del aborto, del adulterio y de la objeción de conciencia, también es el caso de la regulación de la participación en las labores de supervisión de los procesos electorales, de la ley del jurado, de la existencia de Comunidades Autónomas, de la legalización del Partido Comunista, de la secularización del Estado, del ingreso de España en la OTAN, de la adhesión de España a la Unión Europea, del florecimiento del voluntariado en Organizaciones No Gubernamentales, del derecho de huelga, del asentamiento de las Asociaciones de Consumidores, de la firma electrónica, etc.; a pesar de que en un principio no contaron con un apoyo popular previo fácilmente detectable mediante encuesta y que, sin embargo, han transformado en buena medida las actitudes de los españoles.

35

E. Díaz: Sociología y filosofía del derecho, Taurus, Madrid, 1988, pp. 201 y ss.
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En cualquier caso, el peso de los diferentes agentes de socialización no es proporcional y su actuación depende de determinadas circunstancias estructurales en las que se encuentran los sujetos de la socialización. Los agentes de socialización no actúan en condiciones constantes dentro de un laboratorio, sino que actúan dentro de la historia de la sociedad a la que pertenecen. En consecuencia, tendremos que tener en cuenta las circunstancias ambientales, tanto naturales como sociales que condicionan el proceso de socialización. Respecto de las circunstancias naturales y sociales que condicionan la socialización de los sujetos hay un conjunto de teorías que resumimos a continuación.

-24-

Por una parte, nos encontramos con algunos autores, casi siempre psicólogos y médicos, que, como Lombroso en el caso de los criminales, consideran que el desarrollo de la personalidad humana depende básicamente de factores endógenos de orden genético o psicológico. Por otra parte, nos encontramos con sociólogos, psicólogos, antropólogos, lingüistas, economistas, etc., como los clásicos Durkheim, Skinner, Young, Watson, Vigotsky, Park, Burgess, Tarde, etc. para los que la herencia genética es poco relevante en comparación con el poder condicionante de la sociedad. Actualmente, la mayoría de los autores se sitúan en una postura intermedia aunque no equidistante. Se acepta que la herencia genética puede tener alguna influencia, así como cualquier enfermedad o minusvalía física, psíquica o sensorial al impedir o dificultar una socialización “normal”, pero se considera, con Durkheim, que si la naturaleza nos hace individuos, la sociedad nos hace personas. Respecto de las circunstancias sociales: ecológicas, políticas, económicas y culturales que condicionan a los agentes de socialización, que son los grupos que filtran y transmiten la cultura global y dentro de los cuales el sujeto adquiere su experiencia, queremos destacar dos: el ecosistema y la clase social. Si el paisaje, en los términos de la geografía humana, es el asentamiento de una población en un territorio determinado, el ecosistema hace referencia, en términos sociológicos, a las interacciones producidas por una población asentada en un territorio, pero con un equipamiento cultural cuya parte material, la tecnología, le permite ganarse el sustento a partir de los recursos naturales, y cuya parte inmaterial, la organización, le permite crear una comunidad unida con una división de funciones diferentes y complementarias y con unos sujetos socializados. Estos cuatro elementos: territorio, población, organización y tecnología son los que en opinión de Duncan36, constituyen el ecosistema social.

36

O. D. Duncan: The Study of Population. The University of Chicago Press, Chicago, 1959.

A los efectos que a nosotros interesan, debemos distinguir, por sus consecuencias en el proceso de socialización, entre el hábitat rural y el hábitat urbano. El hábitat rural se caracteriza por la pequeñez de su población, la mayor dependencia del medio natural, la menor dependencia de otras comunidades humanas para satisfacer sus necesidades básicas, la mayor dependencia tecnológica, el arraigo de la tradición y de la familia extensa, la mayor uniformidad de las ideas y actitudes, el conformismo, el mayor control social de la juventud, sintetizándose, de alguna manera, en el concepto de “comunidad” de Tönnies donde la argamasa que la mantiene unida podría referirse a lo que Durkheim denominaba “solidaridad mecánica”. Por el contrario, el hábitat urbano se distingue por la mayor magnitud de su población, por la menor dependencia del medio gracias a una mejor dotación de equipamientos colectivos, la mayor dependencia de otras comunidades humanas para satisfacer sus necesidades básicas, la familia nuclear más democrática y consociacional, la modernidad, la tolerancia, el progresismo, el inconformismo, la indiferencia, la innovación tecnológica, el menor control social de la juventud, etc., que podría describirse parcialmente por el concepto de “asociación” de Tönnies o de “metrópoli” de Simmel, modelos estos donde el elemento unificador podría ser lo que Durkheim denominaba “solidaridad orgánica”. El otro factor altamente condicionante para los agentes de socialización es la clase social de pertenencia y, también, la clase social de referencia. El concepto de clase social ha sido abordado por prestigiosos pensadores como Marx y Sorokin ya que la desigualdad social y sus consecuencias: la estratificación y la exclusión, son uno de los principales objetos de estudio de la sociología. No obstante su importancia, este es uno de los conceptos más discutidos de la disciplina y por ello Dahrendorf37 llegó a denunciar la inmadurez de una ciencia que no era capaz de ponerse de acuerdo ni tan siquiera en los conceptos más elementales.

37

R. Dahrendorf: Las clases sociales y su conflicto en la sociedad industrial, Rialp, Madrid, 1962, p. 113.

Esta incapacidad de la sociología para definir el concepto de clase social se explica, según J. F. Tezanos38, por el contexto histórico en el que surgió y por sus connotaciones sociales, políticas e ideológicas. No obstante, podemos señalar siguientes postulados sobre los que descansa el concepto de clase social:  La subsistencia humana se basa en la producción, que es, por tanto, la actividad los

social básica e imprescindible.  Los sistemas de producción en cuanto que han evolucionado implican una

división creciente del trabajo.  La división del trabajo implica la existencia de distintos papeles que implican el relaciones sociales (subordinación, dependencia,

establecimiento de determinadas dominio, etcétera). 

La posición relativa de los distintos grupos sociales en la red de las relaciones

de producción implica la división de la sociedad en clases. Las clases, pues, vienen determinadas por las relaciones sociales y estas están en función de la organización social de la producción. En consecuencia, la posición que ocupa un grupo primario dentro de la jerarquía social, no es indiferente para los resultados del proceso de socialización. Dicho de otro modo, que una familia pertenezca a una clase baja, por ejemplo, no sólo repercute en la "calidad de vida", entendida como el grado de satisfacción con su medio ambiente natural y social, ni en el "estilo de vida", entendido como la manera en que la gente gasta su tiempo y su dinero, sino que, fundamentalmente, repercute en el sistema simbólico más importante, en la columna vertebral de la cultura: el lenguaje. Para B. Berstein39, la clase social a la que pertenece el agente socializador es la circunstancia más influyente en los resultados de la socialización.

38

J. F. Tezanos: “La estratificación social: Desigualdad y Jerarquización” en S. del Campo: Tratado de Sociología, Op. Cit. vol. I, p. 315 39 B. Berstein: “Clase social, lenguaje y socialización” en Torregrosa: Teoría e investigación en la Psicología social actual, Op. Cit. p. 585.

Este autor, interesado especialmente por los subsistemas lingüísticos correspondientes a las diferentes clases sociales que se encuentran dentro de la misma subcultura, sostiene que el niño de la clase obrera, respecto del niño de otra clase más acomodada, vive en un universo mucho menos estructurado, menos coherente, y sin objetivos a largo plazo. Las consecuencias de esta diferencia son mucho más graves y más condicionantes de lo que parece: escaso vocabulario habitual, problemas con las construcciones sintácticas de los enunciados y con el uso de conjunciones, adjetivos, adverbios y preposiciones, capacidad de comunicación limitada a un contexto concreto e inmediato, etc. Todo esto limita la capacidad lógico-verbal del niño y le coloca desfavorablemente en una escuela de la que puede salir mal posicionado respecto del mundo laboral, con las consiguientes dificultades para prosperar. Junto a la “clase social de pertenencia”, debemos señalar una circunstancia que, aunque imaginada, produce efectos reales en los contenidos culturales transmitidos por los agentes de socialización; se trata de la “clase social de referencia”. Esta circunstancia condicionante, enunciada inicialmente por Merton40, hace referencia a aquellos grupos en los que se fijan los agentes de socialización para copiar sus modelos y valores que luego transmitirán en su acción socializadora.

Después de describir el contexto general en el que actúan los diferentes agentes de socialización, debemos detenernos a estudiar los instrumentos de que se valen para realizar su tarea. Los agentes de socialización utilizan el lenguaje y el ejemplo, reforzados con estímulos positivos o negativos, para enseñar los contenidos de su cultura a unos sujetos que los reciben a través de sus sentidos, los almacenan en su memoria, los combinan de acuerdo con su imaginación y los aplican inteligentemente en su vida cotidiana, lo que
40

R. K. Merton: Teoría y estructura sociales, F.C.E., México, 1968, pp. 345-347.

les proporciona una experiencia que les permite calibrar adecuadamente lo aprendido mediante el ensayo-error-rectificación. Para que sea más fácil de comprender el papel de los diferentes instrumentos utilizados por los agentes de socialización, vamos a tratarlos por separado y nos vamos a centrar en el lenguaje, el ejemplo y el estímulo. En primer lugar y por lo que se refiere al lenguaje, debemos señalar que ocupa tres lugares estelares dentro del proceso de socialización:  En primer lugar, el lenguaje es el principal sistema simbólico que contiene

cualquier cultura; es decir, el lenguaje es uno de los conocimientos fundamentales que se tienen que transmitir.  En segundo lugar, el lenguaje es el más importante de entre los instrumentos

didácticos de que disponen los agentes de socialización para transmitir los contenidos de su cultura.  En tercer lugar, el lenguaje es la "moneda de cambio" que permite las

interacciones sociales de unos sujetos mínimamente socializados en el ámbito de una cultura concreta. Todos los autores están de acuerdo en que el lenguaje es el principal sistema simbólico de la cultura, pero no todos están de acuerdo con la función del lenguaje en relación con el pensamiento. Para unos, fundamentalmente los seguidores de Piaget, la característica más específica del hombre no es el lenguaje, sino algo más general, una especie de “capacidad cognitiva superior” que hace posible el pensamiento conceptual a partir de la abstracción de las informaciones recibidas por los sentidos respecto de los objetos y que, después, se manifiesta en el lenguaje.

Para Piaget, no es el lenguaje el que estructura el pensamiento sino que, por el contrario, es el pensamiento el que dirige el lenguaje, pasando del lenguaje egocéntrico del niño al lenguaje interpersonal del adulto socializado. Para otros, como Vygotsky, por ejemplo, la cultura produce un lenguaje que se transmite durante las primeras etapas de la socialización hasta que se interioriza en el sujeto generando el pensamiento. Desde este punto de vista, el pensamiento es el lenguaje interior producto de la socialización o, como diría Bronckart41, el pensamiento es el lenguaje ejercido detrás de las puertas cerradas de los labios. Para Vygotsky, que fue el primero en realizar una crítica sistemática de los postulados lingüísticos de Piaget, el proceso de desarrollo del pensamiento no va de lo individual hacia lo social, sino al contrario: el pensamiento consiste en una individualización progresiva, una interiorización, del lenguaje socializado. En suma, para Vygotsky, el lenguaje es el fruto del encuentro de dos evoluciones: la de la inteligencia sensoriomotriz, que desemboca en las imágenes y la representación abstracta de los objetos; y la de los modos de interacción con los congéneres, que desemboca en los intercambios vocales. Por su parte, para Watson, padre del conductismo y maestro de Skinner, el lenguaje se define como la suma de los hábitos verbales de un individuo y el pensamiento como un lenguaje subverbal. Para Sapir, discípulo de Boas y maestro de Whorf, el lenguaje es, fundamentalmente, una institución histórica y cultural. El lenguaje es relativo a la cultura en la que se encuentra inmerso y está sometido a los mismos cambios que experimenta dicha cultura.

41

J. P. Bronckart: Teorías del lenguaje, Herder, Barcelona, 1980, p. 23.

En definitiva, la función esencial del lenguaje, sea causa o efecto de la cultura o sea causa o efecto del pensamiento, es la de garantizar la comunicación dentro del grupo, sirviendo de herramienta imprescindible en el proceso de socialización. En segundo lugar y como señalan Inés Carrasco y Mª Dolores Avia 42, los niños no sólo aprenden a través de las comunicaciones verbales a las que están expuestos, sino que también aprenden mediante el ejemplo, la imitación y la identificación. La imitación de un ejemplo produce un aprendizaje observacional y, en este sentido, el ejemplo actúa como un estímulo para la configuración de determinadas conductas, dependiendo su intensidad, como señala Bandura43, de la atención, retención, reproducción motora y motivación del sujeto. A este respecto podemos distinguir tres clases de imitación:  La imitación pasiva y vicaria del espectador que recibe los ejemplos o modelos

de conducta a través de relatos de situaciones que el no ha vivido personalmente (películas, fábulas, etc.) Sobre las consecuencias de la enseñanza por medio de ejemplos, especialmente en el caso de las audiencias infantiles de los programas de televisión, hay dos planteamientos contrapuestos. Por una parte, Bandura y Walters consideran que la exposición de los niños a modelos agresivos con éxito provoca conductas agresivas o viceversa. Por el contrario, Luís Folch, sostiene que al identificarse el espectador con las escenas violentas, se produce una catarsis interior de los propios instintos violentos, conduciendo a la relajación del sujeto.

42

I. Carrasco y D. Avia: “Personalidad y socialización” en S. del Campo: Tratado de Sociología, Op. Cit. pp. 142 y 143. 43 A. Bandura: Social Learning Theory, Prentice-Hall, N. J. 1977.

La imitación funcional imaginaria del niño que juega el papel que supone

asignado a los mayores (jugar a los médicos, a los soldados, a los químicos, a los banqueros, a los constructores, a los ladrones, etc.) G.H. Mead ha hecho especial hincapié en este tema, subrayando que el niño se desarrolla mentalmente y se socializa “jugando” el papel de los demás. De esta manera, el niño aprende las reglas del juego al tiempo que aprende a autoconcebirse como miembro diferenciado del mismo en función del rol que juega.  Por último, queremos recoger la imitación competitiva y sustitutiva de los hijos

respecto del ascendiente del mismo sexo. El niño no sólo quiere ser “como” su padre, lo que quiere es “ser” su padre. Como recuerda Rocher44, a Freud y sus discípulos debemos la tarea de haber sondeado y esclarecido los fundamentos afectivos de la conducta humana. En tercer lugar, otro instrumento didáctico en manos de los agentes de socialización es el estímulo, probablemente tan antiguo como el lenguaje, pero que no fue racionalizado y teorizado hasta que lo “descubrió” y experimentó Paulov, consiguiendo en animales de laboratorio respuestas condicionadas por un estímulo físico. Para que este instrumento funcione es necesaria la repetición y la existencia de refuerzos. En todo caso, se considera que Paulov sólo descubrió un caso especial de un tipo de aprendizaje de orden más general conocido por el nombre de principio de contigüidad, cuya esencia doctrinal es la siguiente: “Una combinación de estímulos que ha acompañado en una ocasión a un movimiento, adquiere la tendencia a provocar este movimiento cuando surge reiteradamente”. Para Newcoms la socialización se basa en una serie de estímulos y respuestas. Los estímulos los aportan los agentes de socialización y las respuestas, como señala
44

G. Rocher: Introducción a la Sociología general, Op. Cit. p. 148.

Munné45, obedecen a la acción compleja de, por lo menos, tres factores: la sugestión por parte de los agentes, la imitación por parte de los sujetos, y la competición por parte de ambos. Como señala Rocher46, el resultado normal de la socialización - desde el punto de vista sociológico - estriba en producir una conformidad suficiente de las “maneras de obrar, de pensar y de sentir” en cada uno de los miembros de un grupo para que, por una parte, cada persona se adapte y se integre en una colectividad y para que, por otra, pueda ésta mantenerse y perdurar. No obstante esta manifestación general, queremos mencionar algunos de los principales frutos del proceso de socialización: la personalidad, la conciencia, el esquema actitudinal, la asignación de roles y la conducta desviada. a) La Personalidad Social. Si consideramos, como parece evidente, que los seres humanos son bastante moldeables y si tenemos en cuenta que, como hemos visto, somos un producto de la cultura y de la estructura de nuestra sociedad, podemos llegar fácilmente a la conclusión de que las estructuras básicas de la personalidad son, fundamentalmente, consecuencia de la asunción e interiorización de las pautas culturales establecidas. Esto no quiere decir que la mera interiorización de la cultura produzca personalidades clónicas; en primer lugar, por las tendencias biológicas de cada individuo le inclinan a caracteres y temperamentos diferentes; en segundo lugar, por las diferencias en el contexto social, las experiencias y los mensajes recibidos por cada individuo y; en tercer lugar, porque los seres humanos poseemos importantes márgenes de libertad e independencia que a escala colectiva nos permite el desarrollo dinámico, innovador y creativo de las culturas y a escala individual hace posible las peculiaridades, las diferencias e incluso las "desviaciones". Como señala Edgar Morin: “La sociedad es producida por las interacciones entre individuos, pero la sociedad, una

45 46

F. Munné: Grupos, masas y sociedades, Hispano-Europea, Barcelona, 1974, p. 75. G. Rocher: Introducción a la Sociología general, Op. Cit. p. 138.

vez producida, retroactúa sobre los individuos y los produce”47 en un proceso cíclico e interminable. No obstante, la personalidad es básicamente un producto de la subcultura en la que hemos sido socializados y parece previsible que si el ser humano fuera clonable genéticamente y su ejecución estuviera autorizada y controlada, sostenemos, hipotéticamente, que los seres humanos clonados genéticamente serían sustancialmente distintos en su personalidad social si fueran socializados en diferentes subculturas y vivieran en distintos ecosistemas sociales. En este sentido podría afirmarse que es imposible la clonación de seres humanos independientemente de su viabilidad desde el punto de vista de la ingeniería genética porque, como señala Faris, la personalidad es el aspecto subjetivo de la cultura, es la “máscara”, de donde procede etimológicamente la palabra personalidad, con la que desarrollamos nuestro papel en los diferentes escenarios sociales. b) La Conciencia. Tres grandes científicos han fustigado el narcisismo y la soberbia humana: Copérnico explicó que “nosotros”, como habitantes de la tierra, giramos alrededor del sol; Darwin sostenía que “nosotros” procedemos del mono; y Freud aseguraba que nuestro “yo”, está gobernado por un “super-yo” que condiciona nuestro comportamiento contrarrestando las demandas de nuestros instintos. De esta última “humillación” es de la que vamos a hablar: de la conciencia que nos dicta lo que tenemos que hacer a pesar de nuestros gustos o intereses y sin que medie fuerza coactiva exterior alguna. La homogeneización y previsibilidad de las conductas descansa en los modelos y roles aprendidos durante el proceso de socialización y en la potencia de la coacción psíquica ejercida por la propia conciencia.

47

E. Morin: Introducción al pensamiento complejo, Gedisa, Barcelona, 2001, p. 107.

En la estructura de la personalidad el super-yo se forma por la interiorización de figuras afectivas importantes, el padre y la madre por ejemplo, asociadas con las pautas culturales que ellas simbolizan. En este sentido, el hombre, frecuentemente, experimenta autosatisfacción o reprobación en consonancia con una especie de voz interior. De la misma manera que T. Parsons explicó como condicionantes culturales la caja negra por la que se filtraban los estímulos antes de producirse una respuesta social, Freud, años antes, explicó que entre el mundo real y nuestros actos concientes había un aparato psíquico integrado por tres áreas o provincias: El ello, como parte más arcaica del aparato psíquico, son los instintos heredados genéticamente que expresan el verdadero propósito vital del organismo individual de satisfacer las necesidades innatas y que se manifiesta en dos instintos básicos: El Eros y el instinto de destrucción. El primero de dichos instintos básicos persigue el fin de establecer y conservar unidades cada vez mayores tendiendo a la unión, mientras que el instinto de destrucción, por el contrario, busca la disolución de las conexiones destruyendo las cosas.
-

El super-yo, como el ello, es un sedimento del pasado, pero no de un pasado genético sino de un pasado cultural, básicamente familiar y supone la perpetuación en el yo de la influencia de los valores paternos. Como señala Freud: “Esta nueva instancia psíquica continúa las funciones que anteriormente desempeñaron las personas correspondientes del mundo exterior: observa al yo, le imparte órdenes, lo corrige y lo amenaza con castigos, tal como lo hicieron los padres, cuya plaza ha venido a ocupar. A esta instancia la llamamos super-yo, y en sus funciones judicicativas la sentimos como conciencia. No deja de ser notable que el super-yo despliegue a menudo una severidad de la cual los padres reales no sentaron precedentes... El tormento causado por los reproches de la conciencia corresponde exactamente al miedo del niño a perder el amor... Por otra parte, cuando el yo resiste con

éxito a la tentación de hacer algo objetable por el super-yo, se siente exaltado en su autoestima y reforzado en su orgullo”48.
-

“El yo gobierna la motilidad voluntaria. Su tarea consiste en la autoconservación, y la realiza en un doble sentido. Frente al mundo exterior se percata de los estímulos, acumula (en la memoria) experiencias sobre los mismos, elude (por fuga) los que son demasiado intensos, enfrenta (por adaptación) los estímulos moderados y, por fin, aprende a modificar el mundo exterior adecuándolo a su propia conveniencia (a través de la actividad). Hacia el interior, frente al ello, conquista el dominio sobre las exigencias de los instintos, decide si han de tener acceso a la satisfacción... En esta actividad el yo es gobernado por la consideración de las tensiones excitativas que ya se encuentran en él o que va recibiendo. Su aumento se hace sentir por lo general como displacer, y su disminución como placer...El yo persigue el placer y trata de evitar el displacer... Una acción del yo es correcta si satisface al mismo tiempo las exigencias del yo, del super-yo y de la realidad... Los detalles de la relación entre el yo y el super-yo se tornan perfectamente inteligibles, reduciéndolos a la actitud del niño frente a sus padres”49. “El yo tiene la función de enfrentar sus tres relaciones de dependencia: de la realidad, del ello y del super-yo... La exigencia más difícil que se le plantea al yo probablemente sea la dominación de las exigencias del ello... Pero también las exigencias del super-yo pueden tornarse tan fuertes e inexorables que el yo se encuentre paralizado en sus restantes funciones... Si los dos primeros se tornan demasiado fuertes, pueden llegar a quebrantar o modificar la organización del yo, de modo que su relación adecuada con la realidad quede perturbada (neurosis) o abolida (psicosis)”50. “Por tanto, no olvidemos incluir también la influencia cultural entre las condiciones determinantes de la neurosis. Nos damos cuenta de que al bárbaro le resulta fácil ser sano; para el hombre civilizado es una pesada tarea”51.

48 49

S. Freud: Esquema del Psicoanálisis, Debate, Barcelona, 1998, pp. 206 a 209. Ibidem, pp. 22 a 25. 50 Ibidem, pp. 102 y 103. 51 Ibidem, p. 143.

En definitiva, nuestra conciencia -puntualiza Guntrip52 - es nuestra propia voz hablando con nosotros mismos con la voz de nuestro padre o de nuestra madre, es el super-yo hablando con él yo, es la conciencia valorando el comportamiento, autocontrolándolo. No obstante, el control ejercido por nuestra conciencia no deriva necesariamente en neurosis por cuanto que siempre hay grados de libertad y márgenes de maniobra. Mientras que Freud sostenía que toda sociedad implica necesariamente represión y sufrimiento, causa última de las neurosis; Marcuse sostiene que el estudio mismo del inconsciente alberga esperanzas sobre una sociedad no represiva que incluiría la no alienación en el trabajo y la liberación sexual, lo cual sería posible si la sociedad fuera consciente de lo innecesario de su “plus-represión” en materia productiva y en materia reproductiva. En este sentido, Marcuse explica que: “El hecho de que el principio de realidad tiene que ser restablecido continuamente en el desarrollo del hombre indica que su triunfo sobre el principio del placer nunca es completo y nunca es seguro… Rechazado por la realidad externa o inclusive incapaz de alcanzarla, la fuerza total del principio del placer no sólo sobrevive en el inconsciente, sino que también afecta de muchas maneras a la misma realidad que ha reemplazado al principio del placer. El retorno de lo reprimido da forma a la historia prohibida y subterránea de la civilización… Freud considera “eterna” la “primordial lucha por la existencia” y, por tanto, cree que el principio del placer y el principio de la realidad son “eternamente” antagónicos. La idea de una civilización no represiva es imposible, es la piedra central de la teoría freudiana. Sin embargo, su teoría contiene elementos que rompen esta racionalización.”53 Como señala Rodríguez Ibáñez. “Para Marcuse, la conceptualización freudiana en términos de un enfrentamiento entre el principio erótico y el principio de realidad es impecable, y, más aún, resulta fecunda, por cuanto mantiene siempre un constante foco de creación y libertad – el impulso de Eros - , aunque éste deba ajustarse a un mínimo de prescripciones que aseguren la vida civilizada. Es aquí donde comienza el correctivo
52

H. Guntrip: Estructura de la personalidad e interacción humana, Paidós, Buenos Aires, 1065, p. 124. H. Marcuse: Eros y civilización, Sarpe, Madrid, 1983, Págs... 31 y 32.

53

marcusiano de la metapsicología de Freud: en efecto, cree Marcuse que aquel mínimo de represión necesario como prerrequisito de la cultura no anula por completo el impulso libre – erótico – de la civilización, sino que tan sólo lo sitúa en condiciones de explayarse fecundamente, una vez autolimitado su lado dañino y destructor… Marcuse aplica el método y la terminología marxista a la teoría social freudiana: lo mismo que Marx no ataca toda producción, sino la producción capitalista basada en la extracción de plusvalía, nuestro autor denuncia, no toda cultura, sino aquella que institucionaliza el equivalente a la plusvalía que es la represión social sobrante o sobrerrepresión. Ésta llegará a su delirio en la sociedad industrial avanzada, haciendo del respeto “técnico” del principio de realidad un férreo seguimiento de papeles inexorablemente prescritos.”
54

c) El Esquema Actitudinal. El proceso de socialización por el que la persona interioriza los legados de la cultura de su grupo consta fundamentalmente de valores y no tanto de actitudes. Los valores son generales y las actitudes son predisposiciones concretas, los valores son a los símbolos (el lenguaje), lo que las actitudes son a los signos (señales de tráfico). El sistema abstracto de valores que cada individuo profesa influye grandemente en la formación de sus actitudes, pero no las determina unidireccionalmente. Los valores pueden cobijar actitudes diferentes e incluso contradictorias: el valor democracia; por ejemplo, lo único que no tolera es el valor dictadura, pero integra posibles actitudes monárquicas o republicanas, centralistas o federalistas, capitalistas y socialistas, etc. Con el concepto de actitud pasa como con el de cultura, que hay muchas definiciones como las de Allport, Newcomb, Rokeach, etc.

54

J. E. Rodríguez Ibáñez: La perspectiva sociológica: Historia, teoría y método, Op. Cit. Págs... 138 y 139.

Por lo que a nosotros interesa, podemos decir, siguiendo a G. Pastor Ramos, que las actitudes son “disposiciones elementales de conducta en potencia, sintetizadas por la personalidad humana en base a sus dotaciones psíquicas innatas y al contenido de sus experiencias socioculturales; estas disposiciones actitudinales dirigen la reactividad individual por cauces relativamente estables y por eso previsibles.” 55 Las actitudes son una especie de programa mental, de “sistema operativo”, alimentado por la cultura y la experiencia que permite responder de forma automática y relativamente previsible ante determinadas situaciones o estímulos. Las actitudes se exteriorizan en opiniones y/o acciones, generalmente estables, coherentes, y previsibles. Esto es así porque de darse inestabilidad o incoherencia entre el esquema actitudinal y las opiniones y/o acciones del sujeto se produciría un “malestar psíquico” o disonancia que el propio individuo trataría de subsanar para recuperar su calma y equilibrio cambiando de actitud o adaptando sus manifestaciones. Abelson recopila56 las diferentes teorías de la congruencia entre las que cabe reseñar la teoría de la disonancia cognitiva de Festinger, la teoría del equilibrio de Newcomb, la teoría de la congruencia de Tannenbaum, la teoría de la consistencia de Rosemberg y la teoría de la implicación psicológica del propio Abelson. Como base de las teorías de la disonancia podemos recordar las dos hipótesis básicas de la Teoría de la Disonancia Cognitiva de Festinguer57, según la cuál, la existencia de disonancia, al ser psicológicamente incómoda, provoca que la persona intente reducir la disonancia y alcanzar la consonancia cambiando los conocimientos y valores que sean disonantes con sus acciones, o, cuando la disonancia ya existe, la persona evitará activamente las situaciones y las informaciones que probablemente incrementarían la disonancia.

55

G. Pastor Ramos: Psicología social sistemética, Universidad Pontificia de Salamanca, Salamanca, 1978, pp. 359 y ss. 56 R. P. Abelson: Theories of Cognitive Dissonance, Rand McNally, Chicago, 1968. 57 L. Festinger: Una teoría de la disonancia cognitiva, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1974.

Si quisiéramos sintetizar el esquema actitudinal en predisposiciones o formas de afrontar la vida, podríamos distinguir entre una predisposición activa y una predisposición pasiva. d) La Asignación de Roles. El aprendizaje social que supone el proceso de socialización, capacita a cada persona para desempeñar diversos cometidos en diferentes escenarios dentro de los grupos a los que pertenece. Estos cometidos, que conocemos como roles, están respaldados socialmente por su correspondiente estatus o posición social e incluyen un conjunto de actividades concretas que el grupo espera que se cumplan. En este sentido, es previsible que un médico cure a los enfermos, que un juez aplique la ley a los casos concretos de acuerdo con las circunstancias y con criterios imparciales y que un arquitecto cimiente adecuadamente las casas que construye; por ello, si los médicos, los jueces o los arquitectos no cumplen con su deber pueden ser sancionados y, en contrapartida, los que no disponen de semejante estatus no pueden curar, ni administrar justicia, ni firmar el proyecto de una casa porque de hacerlo sería considerado intrusismo o usurpación de funciones y perseguido por la ley. No obstante, la mayoría de los roles no son profesionales, sino que se mezclan con otros muchos generando cierta cantidad de conflictos en algunos grupos sociales, sobre todo primarios: pensemos en el caso de un policía que tiene que detener a su hijo por comportarse como un gamberro en un partido de fútbol después de haberle enseñado él mismo a insultar a los árbitros ante el televisor o en un partido cuando estaba fuera de servicio; o el caso de un policía que tiene que detener a compañeros suyos por alborotos callejeros en una jornada de huelga sindical con la que él personalmente estaba de acuerdo, etc. Los roles son importantes, como señalaba Mead, artífice del concepto, por cuanto que regulan la conducta y permiten a los hombres predecir los actos de los demás y determinar su propia conducta de acuerdo con el escenario en el que actúan.

Supongamos que alguien va a una carnicería con la intención de comprar cuarto y mitad de carne picada y pregunta ¿Quién da la vez?, sin tan siquiera dirigirse al carnicero de quién espera recibir el pedido; esta conducta supone una “acción social con sentido”, en los términos de Weber58, por cuanto que todos los participantes en la acción social la entienden en un momento y lugar determinados manifestándose como explicativa de la causa de dicha acción: pide la vez para comprar carne porque pretende cocinarla y comerla para satisfacer su apetito. Por el contrario, si en vez de tratarse de una carnicería se tratara de un funeral, no tendría sentido preguntar ¿Quién da la vez?, por cuanto que en el marco de nuestra cultura podría interpretarse como un sarcasmo de mal gusto o una estupidez sin sentido. Los roles pueden ser adscritos, cuando se fundamentan en nuestras cualidades objetivas y naturales como el sexo, la edad o la pertenencia a una familia determinada, y adquiridos, cuando resultan de nuestro mérito personal, como pueden ser los de profesor, juez, enfermera, vendedor o dirigente sindical. Junto a su previsibilidad, la característica fundamental de los roles es su reciprocidad: para que haya padres tiene que haber hijos, para que haya profesores tiene que haber alumnos, para que haya empleadores tiene que haber empleados, para que haya actores tiene que haber espectadores, y viceversa. Cuando cada uno está en su papel y lo desempeña de acuerdo con el “guión” culturalmente previsto para un “escenario” concreto, el otro puede prever su comportamiento. e) La Conducta Desviada. El fruto más amargo del proceso de socialización es la conducta desviada, es la manifestación de su fracaso.

58

M. Weber: Economía y sociedad, F.C.E., México, 1964, pag. 5.

Esta aseveración inicial nos obliga a declarar, puesto que nos descubre, que nuestra perspectiva a la hora de abordar la conducta desviada, incluso la conducta criminal o, más allá, la conducta delictiva, es estrictamente sociológica, y renunciamos a cualquier explicación psicológica o biológica de la misma por considerar, con Durkheim59, que la conducta desviada es un “hecho social normal” cuyas causas son sociales, son previsibles y son socialmente modificables o incluso asumibles. Decimos que la conducta desviada puede ser asumible, e incluso positiva, por cuanto que pudiera resultar una conducta innovadora de la que se podrían derivar diferentes ventajas futuras para la sociedad y porque su inexistencia, la inexistencia de conducta desviada, solamente demostraría un excesivo y patológico control social. Esta orientación sociológica a la hora de percibir, explicar y prever el fenómeno criminal, hace hincapié, como subraya Antonio García-Pablos, en: “la relevancia etiológica de factores ajenos a la persona misma del delincuente”60 y ha llevado a las diferentes escuelas sociológicas a definir los principales factores sociales que explican el hecho criminal y la mejor forma de corregirlo o evitarlo. Desde esta perspectiva, la sociológica, lo más importante de la conducta desviada es el estudio del crimen en sí mismo, independientemente de la persona del criminal, de la víctima o de los instrumentos jurídicos de control social. El crimen podría definirse entonces como aquella conducta generalmente desviada de las expectativas sociales dominantes, que en algunos casos se encuentra tipificada y penada como delictiva por el Código Penal vigente en un tiempo y lugar determinados. Este fenómeno social ha sido explicado sociológicamente haciendo hincapié en diferentes factores ajenos a la persona del delincuente: Para unos, como el matrimonio Glueck61, el origen del hecho criminal o el factor fundamental y que en mayor medida lo explica es, dicho sea en términos de análisis multivariante, la familia y la socialización de sus miembros; para otros sociólogos, como los tantas veces mencionados Durkheim 62
59 60

E. Durkheim: Las reglas del método sociológico, Orbis, Barcelona, 1982, p. 77. A. García-Pablos: Manual de Criminología, Espasa Universidad, Madrid, 1988, p. 461. 61 S. H. Glueck y E. L. Glueck: Unraveling Juvenile Delincuency, Harvard University Press, CambridgeMass. 1957. 62 E. Durkheim: El suicidio, Akal, Madrid, 1995, Págs. 262 y ss.

y Merton63, desde planteamientos estructural-funcionalistas, el origen del crimen se encuentra en la anomia, como pérdida de valores y por carecer de los medios necesarios para alcanzar los objetivos socialmente plausibles, cosa que ocurre especialmente entre los jóvenes de las clases sociales menos favorecidas. Para los sociólogos ambientalistas o con enfoque ecológico, el crimen tiene que ver con el ecosistema social entendido como la interacción de una población, con su cultura correspondiente, en un territorio determinado en el que tienen que coexistir con otras poblaciones de diferente cultura. La desviación, en este sentido, se manifiesta como un choque entre poblaciones de diferentes culturas sedimentadas en diferentes estratos con desigual poder y con una concentración espacial en lugares determinados o ghettos. Para Park, Burguess y McKenzie64 las ciudades crecen mediante anillos concéntricos tal y como infirieron a partir del ejemplo de Chicago. Dentro de esta estructura radial los ecólogos del crimen definen dos zonas especialmente criminógenas: la primera sería la que separa el casco antiguo de la ciudad y su primer ensanche y, la segunda, estaría situada en los extrarradios marginales de la ciudad o zonas chabolistas. Junto a la familia, la anomia y el barrio como circunstancias explicativas del hecho criminal, otros sociólogos apuestan por el conflicto social como origen del crimen y dentro de las teorías conflictuales podemos distinguir entre los que consideran que se trata de un conflicto cultural prácticamente generacional y los que consideran que se trata de un conflicto de intereses entre grupos sociales con desiguales recursos para alcanzar los objetivos sociales. Para los que consideran que el crimen depende de un choque entre subculturas, dicho fenómeno resulta del enfrentamiento organizado de un grupo contra el conjunto de la sociedad, fundamentalmente jóvenes de clase baja, como consecuencia de su frustración para alcanzar los objetivos, no ya de las clases altas, sino de las clases
63 64

R. K. Merton: Teoría y estructura sociales, Op. Cit. pp. 241 – 247. R. Park, Burguess y McKenzie: The City, The University of Chicago Press, Chicago, 1928. p. 51.

medias. Esta frustración se manifiesta, en opinión de Cohen65, en conductas criminales gratuitas, maliciosas y destructivas, amparadas en una subcultura determinada definida no por su peculiaridad, sino por la inversión de los valores de la cultura dominante, lo que constituye no ya una subcultura, sino una contracultura. Para los que consideran que el crimen depende de un conflicto social entre grupos con intereses contrapuestos y estatus sociales superpuestos, el comportamiento desviado es una reacción al desigual e injusto reparto del poder económico, político y cultural. Para estos sociólogos, como Dahrendorf66, el consenso social no existe y lo normal es el conflicto y el cambio estimulado por la tendencia a la igualdad en sociedades endémicamente desiguales que sólo consiguen disminuir provisionalmente la tensión del conflicto mediante la coerción de los poderosos sobre los débiles. Por último, hay otros sociólogos, los interaccionista, que consideran que el crimen no existe, que no es una cualidad intrínseca de la conducta, que no es una “cosa”, como consideran el resto de los sociólogos, que se pueda explicar, prever y corregir, sino que el crimen es una mera atribución del estatus de criminal a una conducta del que se deriva el etiquetamiento de una persona por parte de los poderes establecidos. Desde este punto de vista, entre los que podemos destacar el de Goffman67 y Becker68, la conducta delictiva no depende de la naturaleza del delincuente ni de la maldad de los hechos, sino de que la cultura dominante se haya materializado en una ley que define una conducta como delictiva y de que los órganos policiales seleccionen al delincuente no sólo por sus hechos sino también por sus circunstancias y de que los jueces los estigmaticen mediante sentencia firme como delincuentes lo que, precisamente, es lo que les resocializa y convierte en auténticos criminales, ya que es el momento en el que el desviado acepta y aprende su “rol social de delincuente”, su papel de “villano” en la “obra de teatro”, convirtiéndose en una especie de profecía que se

65 66

A. K. Cohen: Delinquent Boys. The Culture of the Gang. The Free Press, New York, 1955. pp. 26 y ss. R. Dahrendorf: Out of Utopia: Toward a Reorientation of Sociological Analysis, American Journal of Sociology nº 64, pp. 126 y 127. 67 E. Goffman: Estigma, Amorrortu, Buenos Aires, 1970. 68 H. S. Becker: Outsiders. Studies in the Sociology of Deviance. The Free Press, New York, 1963. pp. 9 y ss.

cumple a sí misma, máxime si tenemos en cuenta la enorme frecuencia con la que los delincuentes han sido previamente víctimas. Como señala M. Foucault, dentro de esta teoría: “El delincuente se distingue del infractor por el hecho de que es menos su acto que su vida lo pertinente para caracterizarlo... La detención provoca la reincidencia. Después de haber salido de prisión, se tienen más posibilidades de volver a ella; los condenados son, en una proporción considerable, antiguos detenidos... La prisión fabrica indirectamente delincuentes al hacer caer en la miseria a la familia del detenido... Admitamos que la ley está destinada a definir infracciones, que el aparato penal tenga como función reducirlas y que la prisión sea el instrumento de esta represión. Entonces hay que levantar un acta de fracaso...”69 El problema de esta última perspectiva sociológica consiste en que exculpa de su responsabilidad al delincuente echándole toda la culpa a la sociedad, como hacía Tarde en sus planteamientos originales. Este repaso superficial y orientativo sobre las diferentes teorías sociológicas de la conducta criminal no quiere decir que todas las conductas “diferentes” sean conductas “desviadas”, ni menos aún “criminales”, puesto que como ya vimos, la adhesión a unos valores y a unas normas está influida por diferentes circunstancias y los contenidos culturales han sido filtrados y reelaborados por los grupos primarios y secundarios antes de llegar al sujeto de la socialización. Todo ello nos lleva a señalar que hay una enorme cantidad de conductas diferentes, perfectamente integradas en la cultura "global". La adopción de valores y conductas diferentes no supone una ruptura con los valores dominantes, sino una sustitución de alguno de ellos o un cambio en su posición jerárquica. En todo caso, las conductas diferentes no suelen ser originales e individuales sino colectivas; es decir, lo que roza con la cultura “global” no es la conducta diferente de un individuo, sino una o varias de sus subculturas y en muchas ocasiones las
69

M. Foucault: Vigilar y castigar, Siglo XXI, México, 1976, pp. 255 y ss.

conductas desviadas no sólo son “normales”, sino que han supuesto un estímulo importante para el cambio social y la regeneración y renovación de la cultura dominante. No obstante, queremos resumir algunas de las principales causas de la conducta desviada estrictamente hablando: * En primer lugar, la conducta desviada puede deberse a una ausencia o contradicción de los contenidos valorativos y normativos transmitidos por una cultura y a una limitación estructural que disminuye las posibilidades de desarrollo social de determinados segmentos de la población incapaces de alcanzar los objetivos socialmente plausibles con los medios socialmente disponibles. En este caso estamos hablando de la anomia. La “anomia” es un concepto introducido por Durkheim y revisado por Merton, que se refiere a la imposibilidad de una persona para orientar sus actos de acuerdo con su esquema actitudinal y a la imposibilidad de alcanzar los objetivos sociales establecidos con los medios de que dispone. Esto puede ocurrir por dos razones: por haber conflictos entre las pautas valorativas o normativas aprendidas y las dominantes en una sociedad concreta (puede ser el caso de los emigrantes); o por faltar los medios adecuados y suficientes para alcanzar los objetivos socialmente marcados (puede ser el caso de los jóvenes en busca de su primer empleo). La combinación de desmoralización (los valores y normas aprendidos, y que su conciencia le recuerda, no son funcionales para alcanzar los objetivos socialmente valiosos) y de frustración (los objetivos socialmente valiosos y “normales” son inalcanzables por carecer de los medios elementales para lograrlos) constituyen el núcleo explosivo de la anomia, que corroe al grupo social. Un anómico “no se fía ni de su conciencia”, y tiene razones sobradas, además, para sentirse frustrado por “no poder alcanzar los objetivos sociales” por carecer de medios, lo cuál les lleva a sentirse discriminado y marginado injustamente.

* En segundo lugar, la conducta desviada puede deberse a una defectuosa socialización, siendo parcial la interiorización de las normas que deberían orientar la actividad social del sujeto o a una avería irreparable en su “sistema de navegación” valorativa. En este caso estamos hablando del “idiota”, en los términos del significado de la palabra griega “idiotés”, que hace referencia más a un retrasado moral que a un “imbécil” o retrasado mental. El idiota moral es un ser inteligente caracterizado por las carencias: carencia de pasión moral, carencia de responsabilidad, de resistencia a la tentación, carencia de sentimiento de culpa o de arrepentimiento, carencia de alteridad, falta de ansiedad y transferencia de la responsabilidad a otra persona. Como señala Bilbeny: “Al margen de esta general aceptación del carácter sociopático o conflictivo de estos individuos, existe, sin embargo, una gran diversidad de pareceres en lo que concierne al origen de su problema. El enfoque biológico cree en la existencia de factores hereditarios. Las teorías neurofisiológicas defienden la idea de una baja reactividad bioeléctrica. El conductismo psicológico observa, ante todo, una incapacidad para adquirir respuestas condicionadas a situaciones de peligro o desaprobación social. El psicoanálisis suele pensar en un individuo cuyo super-yo no ha madurado lo suficientemente bien, sea por superprotección o por rechazo de los padres. Las teorías sociológicas amplían esta influencia del ambiente al contexto familiar”70. Por lo que a nosotros se refiere, consideraremos que el idiota moral, que va desde el “Macbeth” de Shakespeare hasta “El Conformista” de Moravia, pasando por "El Idiota" de Dostoievski, es un fracaso del proceso de socialización al que algunos añaden el calificativo de psicópata. * En tercer lugar, la conducta desviada, como señala Guiddens71, puede deberse al hundimiento de la tradición, lo que ha dado lugar a conductas desviadas como las “adicciones” y el “fundamentalismo”.
70 71

N. Bilbeny: El idiota moral, Anagrama, Barcelona, 1993, pp. 50 y ss. A. Giddens: Un mundo desbocado. Efectos de la globalización en nuestrass vidas, Taurus, Madrid, 2000, pp. 59 a 61.

En ambos casos el origen de la desviación estaría en la devaluación de las tradiciones, en la pérdida de puntos de referencia y en la necesidad de agarrarse a un “clavo ardiendo”. Que las tradiciones sean una novedad históricamente reciente y que su fundamento suela descansar en la mera invención con la expresa intención de aumentar el control social (la falda escocesa de “Braveheart” no pudo existir porque los kilts se inventaron hace doscientos años como ropa de trabajo, el Corán no podía prohibir comer cerdo para evitar la triquinosis porque en tiempos de Mahoma no se había descubierto tal enfermedad) no justifica su retirada instantánea y sin evolución por cuanto que producen una especie de “síndrome de abstinencia” de nefastas consecuencias para la vida social, cuyos desarreglos se manifiestan en las adiciones y en el fundamentalismo. Las adiciones son un sucedáneo de tradición respecto de la conducta reiterada del propio adicto, son manías reiteradas y, algunas veces, peligrosas para su propia salud como las drogas, la ludopatía, la bulimia, la anorexia, etc. El fundamentalismo es un sucedáneo de la tradición consistente en agarrarse, contra viento y marea, a la letra de algún texto o mandato sin aceptar la duda o la revisión por miedo al vértigo que produciría en la organización social. El fundamentalismo consiste en agarrarse al recuerdo de lo que “el viento se llevó” para actualizar, en el sentido temporal y material, lo que ya no está presente ni actuante. El ritual, la liturgia y la repetición son los principales conservantes formales, indiferente e independientemente del fondo, de la tradición, con efectos que alivian la ansiedad y la neurosis por un pasado perdido y valorado como mejor que un presente desbocado. El psicoanálisis, como psicoterapia relajante y reconstructiva, pretende, de alguna manera, reconstruir el pasado de sus pacientes para que se acepten a sí mismos.

Sea cual sea el origen u orígenes de la conducta desviada y sus correspondientes manifestaciones, debemos recordar, para concluir, que toda conducta desviada lo es sólo respecto de una cultura dominante determinada en el tiempo y en el espacio y que los individuos “desviados” suelen estar perfectamente “conformados” con la subcultura dominante en el grupo social desviado al que pertenecen. Solamente cuando la conducta desviada está tipificada expresamente como delito en el código penal vigente, es cuando puede ser perseguible por la autoridad pública competente y siempre y cuando se respeten todas las garantías políticas y procesales. Cuando no es así, que es la inmensa mayoría de las veces, el comportamiento desviado recibe sanciones informales como el silencio, el insulto o la carcajada, siempre y cuando estas sanciones informales no estén tipificadas como delitos contra las minorías por discriminación, racismo, etc. Como insiste A. Giddens: “sería un grave error concebir la desviación desde un punto de vista totalmente negativo. Cualquier sociedad que reconozca que los seres humanos tienen valores y preocupaciones distintas debe encontrar un espacio para los individuos o grupos cuyas actividades no se conforman a las reglas que sigue la mayoría. A aquellos que desarrollan ideas nuevas en política, ciencia, arte u otros campos, los que siguen caminos ortodoxos les miran a menudo con sospecha u hostilidad. Desviarse de las normas dominantes de una sociedad exige valentía y resolución, pero resulta a menudo crucial para asegurar procesos de cambio que luego son de interés general”72.

72

A. Giddens: Sociología, Alianza, Madrid, 1991, p. 186.

3.- EL CONCEPTO DE COMUNICACIÓN.
3.1.

DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS DE LA COMUNICACIÓN. Junto al conocimiento del concepto de cultura, el conocimiento del concepto de

comunicación es otra condición necesaria para aproximarnos a las Técnicas de Investigación Social y de Mercados. La comunicación no sólo tiene que ver con los códigos utilizados, con el lenguaje, con los números o con la información, sino que tiene que ver, básicamente, con “compartir” los mensajes entre personas y con la libertad para hacerlo. Podemos definir la comunicación como la operación psíquica que establece una relación cognoscitiva y afectiva entre emisores y receptores humanos, caracterizados por sus propias peculiaridades psicosomáticas y socioculturales, y que incluye tanto el proceso de intercambio de información mediante la transmisión de significado por medio de mensajes simbólicos, como las consiguientes modificaciones producidas en los participantes en la relación social de la comunicación. Como subrayan Montaner y Moyano, “la comunicación en el ser humano es fundamentalmente interacción social. Todos los miembros de una misma comunidad están relacionados entre sí por un patrimonio común de símbolos, hábitos sociales y culturales: comparten este patrimonio y lo utilizan para mantener y crear nuevas formas de relación social, nuevas identidades, nuevos objetivos”73. En definitiva, “comunicar significa, en primer lugar, poner en contacto, relacionar; en segundo lugar, transmitir información, hacer saber a otros algo que ignoran, ya sea noticias o estados de ánimo; finalmente, apuntábamos una dimensión del proceso comunicativo que ponía en juego al hombre como persona: comunicar significaba también compartir, participar de un lenguaje, de una cultura y de unos hábitos.”74 En el proceso comunicativo intervienen fundamentalmente cuatro elementos: el emisor, que codifica y transmite un mensaje; el receptor, que recibe por sus órganos sensoriales, decodifica e interpreta el mensaje; el canal por el que se transmite el
73 74

P. Montaner y R. Moyano ¿Cómo nos comunicamos?, Alambra, Madrid, 1995, p. 21.

Ibidem. p. 112.

mensaje y que se compone de soporte (papel u ondas hercianas por ejemplo) más señal (signos lingüísticos, la palabra árbol que sustituye simbólicamente al objeto conceptualizado), y el mensaje, que como indica Rodrigo Alsina75, cumple con las siguientes funciones: denotativa (transmisión de información), emotiva (relación afectiva y subjetiva entre emisor y receptor), conativa (que pretende conseguir una reacción del receptor), fáctica (interesada en cerciorarse de que funciona el canal de comunicación), metalingüística (cuando se quiere confirmar que se comprende el mismo código), y poética (cuando lo importante no es el contenido sino la forma del mensaje). Para que el emisor comparta su mensaje con el receptor, no sólo tiene que funcionar el canal, sino que tienen que compartir previamente algunos aspectos básicos de la cultura a fin de que los signos enviados en forma de “significantes” por el emisor, ya sean verbales, icónicos o kinésicos, puedan ser decodificados por el receptor para comprender su “significado”, lo cual sólo es posible si emisor y receptor comparten un sistema “compatible” de “significación”, que es un producto concreto de una subcultura determinada. La necesidad del conocimiento de los procesos comunicativos se hace especialmente evidente cuando la investigación se realiza a través de técnicas cualitativas. En este caso, las características de la interacción que tiene lugar en el intercambio de información (proceso de comunicación) determinan el contenido que se obtiene (mensaje) y, por tanto, los resultados que se consiguen y su correcta interpretación. Así pues, pasaremos a revisar, en primer lugar, algunas definiciones y características de la comunicación para analizar, después, los procesos que la guían en tres ámbitos especialmente relevantes para la investigación social y de mercados: la comunicación interpersonal, la comunicación en pequeños grupos y la comunicación a través de los medios de comunicación de masas. Por lo que se refiere a las definiciones más tradicionales de “comunicación”, aportadas por diferentes áreas científicas, podemos destacar las siguientes:
75

M. R. Alsina: Los modelos de la comunicación, Tecnos, Madrid, 1989, pp. 59 y 60.

La del sociólogo Ch. Cooley, según la cual, “la comunicación es el mecanismo por el cual las relaciones humanas existen y se desarrollan: todos los símbolos de la mente, junto con los medios de transmitirlos a través del espacio y de mantenerlos en el tiempo. Incluye las expresiones de la cara, las actitudes y los gestos, el tono de la voz, las palabras, la escritura, la imprenta, los raíles del tren, el telégrafo, el teléfono, y cualquier otro logro reciente en la conquista del espacio y el tiempo”76. La de los ingenieros Claude Shannon y Warren Weaver que ofrecieron la siguiente definición de comunicación: “La palabra comunicación será utilizada en un sentido muy amplio para incluir todos los procedimientos por los que una mente puede influir sobre otra. Esto, por supuesto, incluye no sólo el lenguaje escrito y oral, sino también la música, las artes pictóricas, el teatro, el ballet y, de hecho, todos los comportamientos humanos”77. La del psicólogo conductista S. S. Stevens, que definió la “comunicación” como “la respuesta selectiva de un organismo a un estímulo. Esta definición afirma que la comunicación ocurre cuando alguna alteración en el entorno (el estímulo) afecta a un organismo y el organismo hace algo al respecto (produce una respuesta selectiva). Si el organismo ignora el estímulo, no ha existido comunicación. La clave está en que haya una respuesta selectiva de algún tipo. El mensaje que no recibe ninguna respuesta no es comunicación”78. La del politólogo Harold Laswell para quien la definición de “comunicación” es muy sencilla: “Una manera apropiada de describir un acto de comunicación es responder a las siguientes preguntas: ¿quién dice qué, por qué canal, a quién, con qué efectos?”79.

76

C. Cooley: "The significance of communication". En B. Berelson & M. Janowitz (eds.), Reader in Public Opinion and Communication. Free Press, New York, 1966, pp. 147-155. 77 C. Shannon & W. Weaver: The Mathematical Theory of Communication, University of Illinois Press, Chicago, 1949. 78 J. Newman: "A Rationale for a Definition of Communication ". En A. Smith (eds.); Communication and Culture, Holt, Rinehart and Winston, New York, 1966, pp. 55-63. 79 H. Lasswell: "The Structure and Function of Communication in Society". En L Bryson: The Communication of Ideas, Harper and Row, New York, 1948, pp. 37-51.

Y la de Wilbur Schramm, según la cual comunicar es compartir información para reducir la incertidumbre. Aunque todas estas definiciones tienen matices diferentes, todas ellas tienen en común el elemento de respuesta o efecto: la comunicación ocurre sólo si el organismo reacciona al mensaje o estímulo de alguna manera. El estudio de la comunicación se puede abordar desde varias perspectivas o niveles: el nivel técnico, el nivel semántico y el nivel pragmático. El problema fundamental que aborda el nivel técnico, o de la Teoría Matemática de la Información, es el de la transmisión de la información (es decir, la codificación, los canales, el ruido, la redundancia y, en general, las propiedades estadísticas del lenguaje). Por su parte, el nivel semántico se ocupa del significado y de los códigos, puesto que toda información compartida presupone una convención semántica80. Finalmente, el nivel pragmático se ocupa de la comunicación como hecho social que afecta a la conducta de los seres humanos. Centrándonos en la perspectiva pragmática, podemos decir que parte de la base de que no es posible no comunicar, es decir, que estamos comunicando aunque pretendamos no hacerlo; y que no hay comunicaciones humanas gratuitas, ya sea en un contexto interpersonal, grupal o de masas, por lo que cualquier mensaje, en su proyección sobre los demás, busca de una manera consciente o inconsciente una determinada influencia sobre la conducta y las actitudes de los otros. Desde el punto de vista pragmático, la comunicación es un fenómeno de interacción, puesto que no sólo se estudia la relación fuente emisor-receptor, sino también los efectos receptor-emisor81. Siempre que se comunica se busca, en mayor o menor medida, influir a un sujeto o a un grupo de sujetos. Influir significa informar, en

80

J. L. Bozal: “Introducción a la teoría de la Comunicación”, en el volumen colectivo Comunicación humana. Programa desarrollado en la Convención de Comunicación Humana celebrada en la A.N.I.I. del 25 al 29 de octubre de 1971, Barcelona, pp. 1-14 (edición ciclostilada). 81 P. Costa: “Hipótesis para una metodología de la comunicación”, en el volumen colectivo Comunicación y Condición Humana. Ponencias presentadas al I Congreso Nacional de Comunicación Humana y Ecología, Barcelona, 1972, pp. 145 y ss.

cuanto que la información transmitida supone un cambio, entendido como una actitud crítica o favorable a la información recibida82.

De acuerdo con el análisis detallado que de la comunicación humana hace el profesor Sanabria, las notas características de la comunicación pragmática, entendida como fenómeno social, son las siguientes: 1) “Aunque se admita que el hombre pueda comunicarse con seres que no son hombres, sólo la comunicación entre seres humanos es comunicación humana. 2) Se produce cuando alguno o algunos transmiten algo a otro u otros. 3) Esa transmisión (no importa el medio o el procedimiento que se emplee) es simbólica, es decir, realizada no materialmente, sino mediante signos que representan, expresan o sustituyen lo que se quiere transmitir. 4) El empleo de los signos es intencional y su significación está convenida y compartida. 5) Por ello, tales signos son utilizados con conciencia de que causarán un efecto más o menos previsible, de que provocarán una respuesta congruente. 6) La operación comunicativa es posible porque hay en el hombre un interés y una capacidad para producir y recibir estímulos simbólicos. 7) La capacidad sólo se actualiza socialmente.
8)

Y adopta las formas culturales del grupo”83.

3.2.

MODELOS DE COMUNICACIÓN

Desde las primeras corrientes de pensamiento sobre el lenguaje y su poder en el mundo humano (recuérdese a Platón, a Séneca y a las epístolas de los Apóstoles cristianos), pasando por el renacimiento humanista en los siglos XV y XVI, la era científica del siglo XVII y el movimiento de oradores a finales del siglo XIX, hasta el desarrollo de la disciplina de la comunicación en el siglo XX, los investigadores nos han

82

Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona, Hacia una metodología de la comunicación, Barcelona, 1973, p. 4.
83

F. Sanabria: “Sobre el concepto de comunicación humana y su papel social”, en Revista Española de la Opinión Pública, núm. 26, p. 29 de la separata.

ofrecido múltiples y distintos modelos que intentan explicar cómo funciona el proceso de la comunicación y cuáles son los elementos fundamentales que lo componen84. Entre los distintos modelos de la comunicación elaborados por los especialistas en el área, revisaremos brevemente tres modelos específicos, que parten de las definiciones de comunicación expuestas anteriormente y que han influido de manera significativa en el trabajo de muchos investigadores de la disciplina de la comunicación. El primer modelo es el de Shannon y Weaver, conocido como el “modelo matemático” de la comunicación85 (Vid. Gráfico nº 1). Este modelo proporciona una medida cuantitativa precisa de la información, permitiendo identificar las condiciones que pueden incrementar o reducir la exactitud en la transmisión del mensaje. El modelo se ocupa principalmente de la transmisión mecánica de mensajes de un punto (emisor) a otro (receptor) y expresa las relaciones entre los componentes de la comunicación de una manera matemática. Gráfico nº 1: Modelo de la comunicación humana de Shannon y Weaver

Señales emitidas

Señales recibidas

Fuente de información
Mensaje

Transmisor

Canal

Receptor
Mensaje

Destino

Ruido

El segundo modelo es el formulado por Theodore Newcomb (Vid. Gráfico nº 2), conocido como “modelo socio-psicológico” de la comunicación. Estudia las relaciones existentes entre los participantes y el objeto del acto comunicativo y explica cómo esas relaciones afectan y son afectadas por la comunicación. A Newcomb le interesa estudiar bajo que circunstancias se produce la comunicación y cuáles son sus efectos en los participantes en el proceso. De acuerdo con esta perspectiva, una de las principales
84

Para una visión detallada del desarrollo histórico de la comunicación como ciencia, consultar C. Fernández Collado: La comunicación humana en el mundo contemporáneo, McGraw-Hill, México, 2001, Op. Cit. pp. 2-18. 85 Formulación original del modelo en C. Shannon y W. Weaber, Teoría matemática e la Comunicación. Forja, Madrid, 1981, p. 48.

funciones de la comunicación es permitir a los participantes mantener su orientación simultáneamente respecto del otro y respecto del objeto de la comunicación.

Gráfico nº 2: Modelo psico-sociológico de la comunicación de Newcomb86
OBJETO (Tema de la comunicación) X

AX AB COMUNICADOR (Persona A) BA

BX

COMUNICADOR (Persona B)

Este modelo explica tanto la comunicación interpersonal como la comunicación masiva y considera que la comunicación se produce cuando una persona, grupo o sistema social reacciona, ante ciertos objetos/eventos del entorno. Dicha reacción incluye tanto las relaciones afectivas (sentimientos) como las cognitivas (conocimiento) con los objetos. El tercer modelo es el de Westley y MacLean, dos investigadores especializados en el campo de la comunicación de masas87. Su modelo identifica claramente los componentes del acto comunicativo (la fuente, el mensaje, el canal y el receptor) e ilustra la manera en que los mensajes son codificados por las fuentes y decodificados por los receptores. Con este modelo se introduce el concepto de los medios de comunicación como elemento transmisor de mensajes cuando el objeto de la comunicación y sus
86

T. Newcomb: "An Approach to the Study of Communicative Acts", Psychological Review, 1953, nº 60, pp. 193404. 87 B. Westley, J. R. McLean: "A Conceptual Model of Communications Research", Journalism Quarterly, 1957, nº 34, pp. 31-38.

protagonistas directos están más allá del campo sensorial del receptor. Los medios se convierten así en filtros (“gatekeepers”) de la información. Ellos deciden qué información es importante o no para ser difundida a grandes audiencias (Agenda Setting). A partir de estos tres modelos, Alexis Tan plantea un “modelo transaccional” de la comunicación, combinando elementos de las tres perspectivas 88. Las características más importantes de ese modelo transaccional son las siguientes:
1)

La comunicación es un sistema compuesto por varios elementos (fuente, mensaje, canal) y distintos comportamientos (codificación, decodificación, formulación de objetivos). Estos componentes son interdependientes. Cualquier cambio en un componente afectará a todo el sistema. Por ejemplo, un cambio en los objetivos de la fuente, puede afectar a la codificación del mensaje, a la elección del canal y a los efectos observados en el receptor.

2) La comunicación es un acto consciente que responde a un objetivo. Una fuente inicia la comunicación deliberadamente para producir algún efecto (respuesta) en el receptor. Observar simplemente diferentes formas de comunicación masiva pone de manifiesto que la comunicación de masas responde realmente a fines concretos: las empresas hacen publicidad para incrementar sus ventas, los periódicos se publican para informar, las cadenas de televisión producen programas para entretener y hacer dinero, los editoriales se escriben para cambiar las opiniones.
3)

La comunicación es una transacción, no es algo unilateral que alguien hace a otra persona. La distinción entre fuente y receptor es convencional y arbitraria ya que ambos participan activamente en la transacción. El emisor puede convertirse en receptor y viceversa en el transcurso de una misma comunicación. La fuente original puede afectar al receptor, pero los receptores a menudo también afectan a las fuentes. Un ejemplo de esto último es la influencia que las mediciones de audiencias tienen en los productores de televisión.

88

A. S. Tan: Mass Communication Theories and Research, Macmillan Publishing Co., New York, 1985.

4) La comunicación es subjetiva. La cultura influye en las formas en que se perciben los objetos del entorno y en la codificación y la decodificación de los mensajes. La cultura es el sistema de creencias, valores, símbolos, lenguaje y patrones de conducta compartido por un grupo, comunidad o sociedad. A partir de estas consideraciones, la comunicación queda definida como un proceso en el que interactúan dos componentes principales (“emisor” y “receptor”); en el que el emisor codifica los mensajes, los envía a través de un canal y el receptor los decodifica. Este proceso se vuelve interactivo cuando el receptor produce una respuesta y en el que la información de retorno (feedback) permite que la interacción continúe entre la fuente y el receptor. En el epígrafe siguiente veremos estos elementos con más detalle. 3.3. ELEMENTOS DEL PROCESO DE COMUNICACIÓN. La transmisión de información mediante señales (la parte material de los signos) supone la existencia de un emisor que, de acuerdo con un determinado código, emite un mensaje en un contexto dado. El mensaje viaja a través de un canal y llega al receptor que lo descodifica, interpreta y contesta. En la comunicación humana el emisor puede ser una persona, un grupo de personas o un instrumento preparado para la emisión de mensajes (un semáforo, un ordenador o una emisora de radio, por ejemplo). Lo mismo se aplica en el caso del receptor (un ejemplo de instrumento capaz de decodificar mensajes sería el fax o la televisión). Para que el acto comunicativo se pueda efectuar, es necesario que el emisor que codifica el mensaje utilice un código conocido por el receptor, de manera que éste pueda interpretarlo. Por ejemplo, alguien que desconozca el alfabeto Morse nunca podrá interpretar las señales de un mensaje escrito con este sistema. “Un código es un conjunto de señales relacionadas entre sí, de manera que cada señal o conjunto de ellas tiene asignada una función significativa. Así, por

ejemplo, el código del castellano es su alfabeto y su gramática; y el código de circulación está formado por las señales de tráfico y sus reglas de uso” 89. En todo acto comunicativo se produce una operación de codificación y de decodificación del mensaje. El emisor difunde un mensaje codificado y el receptor realiza la operación inversa, decodifica, es decir, transforma la secuencia de señales recibida (ya sean éstas sonidos, imágenes o símbolos) en un mensaje con significado. Otro de los elementos básicos del proceso comunicativo es el canal. “Se denomina así al soporte físico del mensaje e incluye los órganos a través de los cuales se emite, el medio a través del cual viaja y los sentidos a través de los cuales es captado por el receptor”. Para la emisión de mensajes, los humanos utilizamos canales naturales (por ejemplo, en la emisión de un mensaje verbal, los órganos de fonación del emisor, el aire por el que se propagan las ondas sonoras y los órganos auditivos de recepción del destinatario) y canales artificiales (soportes físicos, como una antena, una película de vídeo, un libro) que nos permiten comunicarnos a distancia en el tiempo y en el espacio. Los canales de comunicación son origen de perturbaciones de variada naturaleza que dificultan la comprensión del mensaje. Estas perturbaciones se denominan ruidos. El concepto de “ruido” no hace referencia exclusivamente a interferencias acústicas, sino que abarca todo tipo de elementos o circunstancias que impiden o atenúan la claridad del mensaje. Por ejemplo, las erratas que se producen cuando se mecanografía un texto para su difusión son ruidos que trastornan la información original. Para corregir los errores que puede producir el ruido se utiliza la repetición informativa o “redundancia”, aunque puede provocar que el paso de la información sea más lento. Por ejemplo, cuando queremos llamar la atención de alguien que está al otro lado de la calle, llamándole por su nombre, para disminuir los trastornos que puedan atenuar la recepción del mensaje verbal (la distancia, el ruido ambiental, la falta de

89

Para obtener algunas definiciones de los elementos del proceso de comunicación ver P. Montaner y R. Moyano, ¿Cómo nos comunicamos? Op. Cit. pp. 51-57.

atención del destinatario, etc.), elevamos el tono de voz y reforzamos mediante gestos la información que queremos transmitir. Otro elemento fundamental en el acto comunicativo es el “contexto”. El contexto de un mensaje viene dado por los mensajes anteriores y posteriores a él, ya sean de la misma o de diferente naturaleza. El contexto en el que se produce la comunicación puede ser lingüístico, o puede estar determinado por factores espaciales, temporales o circunstancias socioculturales. El contexto condiciona las relaciones entre todos los elementos del acto comunicativo. Si leemos “el índice de criminalidad subió en un 20%”, el mensaje no significa lo mismo si se está hablando de 1965 o de la actualidad, así como no es lo mismo si lo leemos en España o en Colombia, como tampoco será lo mismo si el emisor es un organismo oficial informando de los resultados de su actuación en el área de seguridad ciudadana, o una asociación de vecinos alarmada por el número de crímenes registrados en los últimos meses en su barrio. El contexto determina, pues, el referente del mensaje, es decir, aquello a lo que el mensaje se remite. Conocer el contexto y la situación en la que se manifiesta el referente es una condición imprescindible para interpretar correctamente cualquier mensaje. Una vez repasados los elementos fundamentales que participan en el acto comunicativo, y tal y como ha quedado expuesto en la introducción de este capítulo, en los siguientes epígrafes nos vamos a ocupar de la comunicación en tres ámbitos fundamentales en los que se desarrolla la perspectiva cualitativa de la investigación: la comunicación interpersonal, la comunicación en pequeños grupos90, y la comunicación de masas.

90

Los epígrafes 4.4 y 4.5 reflejan la explicación de ambos tipos de comunicación según el profesor Carlos Fernández Collado, en C. Fernández Collado: La comunicación humana en el mundo contemporáneo, Op. Cit., pp. 22-88.

3.4 COMUNICACIÓN INTERPERSONAL. Una forma de identificar la comunicación interpersonal, diferenciándola de otros tipos de comunicación, es utilizar un enfoque situacional ubicando el medio social en el que se intercambian los mensajes. Todo el abanico comunicativo, desde la comunicación interpersonal hasta la comunicación masiva, se pueden ordenar siguiendo un conjunto de criterios o normas situacionales, tal y como se describen visualmente en el Cuadro nº 191. Cuadro nº 1: Categorías utilizadas con frecuencia en el enfoque de situaciones para diferenciar la comunicación interpersonal Categorías Número de Grado comunicadores proximidad física Muchos Bajo Comunicación XXXXX X masiva Comunicación XXXX pública (charlar y hablar en público) Comunicación XXX en pequeños grupos Comunicación XX interpersonal X Comunicación intrapersonal Uno XX de Canales sensoriales disponibles Mínimo X XX Inmediatez de la retroalimentación Más lenta X XX

XXX

XXX

XXX

XXXX XXXXX Alto

XXXX XXXXX Máximo

XXXX XXXXX Más inmediata

Entre los determinantes situacionales de la comunicación interpersonal, el más importante quizás sea el número de comunicadores que participan en el intercambio de mensajes, pues esta característica es la que determina, en gran medida, los valores de los
91

G. R. Miller : “Interpersonal communication”, en G. L. Dahnke, C. Fernández Collado y G. W. Clatterbuck (eds.), Human Communication: Theory and Research, Wadsworth, Belmont, California, 1990, pp. 91-122.

otros tres criterios. De esta manera, si un comunicador transmite mensajes a millones de personas, como ocurre en la televisión, es razonable suponer que la proximidad física esté limitada, que los canales sensoriales disponibles se reduzcan y que la retroalimentación de parte de los receptores del mensaje se retrase con frecuencia y/o que sea indirecta. En contraste, una conversación entre dos amigos favorece la cercanía gracias a la proximidad física, que les permite el empleo de todos o de la mayoría de los cinco canales sensoriales, y hace posible la retroalimentación inmediata para ambos comunicadores. Además de identificar el medio social en el que se intercambian los mensajes, la perspectiva situacional localiza las relaciones comunicativas en un proceso continuo que va desde lo interpersonal a lo muy personal en lugar de clasificarlas en dos categorías concretas y mutuamente excluyentes como son la comunicación interpersonal como opuesta a la comunicación impersonal. Así pues, un intercambio comunicativo entre un grupo de cinco amigos es “más interpersonal” que la película de cine que se proyecta en cientos de salas para miles de espectadores; pero al mismo tiempo es “menos interpersonal” que un diálogo entre una pareja. Además de los criterios situacionales que acabamos de enumerar a la hora de definir y estudiar la “comunicación interpersonal”, es necesario tener en cuenta el criterio de los procesos de desarrollo asociados con la relación. Los procesos de desarrollo tienen lugar a través de una serie de factores cualitativos que afectan a la relación y que tienen que ver con la manera en que se relacionan los comunicadores, la forma en que se “ven” mutuamente y la forma en que planean y regulan sus intercambios comunicativos. Al igual que en la perspectiva situacional, en la perspectiva de los procesos de desarrollo, la comunicación interpersonal puede ser encuadrada en una escala que va de lo muy interpersonal a lo impersonal. Sin embargo, mientras que la perspectiva situacional sostiene que las variaciones en la relación comunicativa son el resultado del contexto situacional en que se desarrolla, la perspectiva de los procesos de desarrollo mantiene que esas variaciones son el resultado de determinadas características cualitativas de la relación.

De acuerdo con la perspectiva de los procesos de desarrollo, los mensajes “iniciales” entre extraños son, necesariamente, impersonales, puesto que ambos individuos desempeñan el papel de comunicadores, asumen un rol social, se perciben como miembros de grupos sociales o culturales determinados, no como individuos diferenciados, y se atribuyen uno a otro características comunes a todos los miembros de su grupo de pertenencia. El desarrollo de la relación social de comunicación puede abocar a los participantes o bien a dar por terminada la comunicación y, por tanto la relación; o bien pueden decidir mantenerla y desarrollarla. Si la relación de comunicación se mantiene puede ocurrir que esta se alargue en el tiempo, pero que los participantes nunca lleguen a conocerse mejor ni a un nivel más profundo del que se conocían, es decir, establecen y mantienen una relación comunicativa impersonal, simplemente debido a las circunstancias en que se encuentran (por ejemplo, las relaciones entre conocidos casuales, compañeros de trabajo o entre vecinos de un mismo portal, que durante años se saludan o intercambian conversaciones superficiales sobre el clima, los resultados deportivos, etc.). Sin embargo, si los comunicadores deciden continuar con el vínculo la relación puede experimentar cambios cualitativos que harán que los intercambios comunicativos se vuelvan cada vez más “interpersonales”. Veamos, pues, cuáles son algunos de los cambios cualitativos fundamentales que pueden ocurrir en los comportamientos comunicativos de los participantes en una relación ya establecida y de qué manera afectan al desarrollo y transformación de una relación impersonal en una relación interpersonal. a) El primero de los cambios cualitativos que se produce a medida que la relación progresa son los cambios en el tipo de información utilizada para elaborar predicciones acerca de los resultados de los mensajes. Este cambio se basa en la consideración de la comunicación como una actividad elaboradora de predicciones. Es decir, cuando las personas inician un proceso de comunicación elaboran predicciones acerca de los resultados o consecuencias de las diferentes estrategias de mensajes o de

alternativas de mensajes que pueden seleccionar. La elaboración de predicciones puede ocurrir de una forma altamente cognoscitiva (incluso ensayando varios mensajes distintos y anticipando la respuesta probable a cada uno, como cuando un candidato se prepara para una entrevista de trabajo) o a un bajo nivel de consciencia, como ocurre en la mayoría de los intercambios comunicativos rutinarios (como el saludo o la despedida). En éste último caso de actividades comunicativas cotidianas, la elaboración de predicciones tiene lugar de forma implícita (inconscientemente) y el sujeto sólo toma conciencia de la existencia de esas predicciones si estas no se cumplen. Por ejemplo, en el caso de un saludo casual, “Hola, ¿qué tal te va?”, seguido de un “Bien gracias, ¿y a ti?”, el papel de la predicción en la comunicación está minimizado, puesto que esa es la secuencia lógica esperada. Sin embargo, si la respuesta al mismo saludo fuera “¿A ti qué te importa?”, el iniciador del saludo podría sentirse consternado, puesto que quedaría desconcertado respecto a sus expectativas de respuesta. Así pues, para elaborar sus predicciones, los comunicadores necesitan determinada información. Esa información se presenta en tres formas fundamentales: “información cultural”, “información social” e “información psicológica”. El grado de interpersonalidad de la relación viene dado por la mayor o menor dependencia del comunicador en cada una de estas formas a la hora de elaborar sus predicciones sobre el mensaje. La información básica que el sujeto necesita para elaborar predicciones en la comunicación es la “cultural”. La información cultural la constituyen la lengua materna de la persona, los mitos, el folklore, las normas sociales y la ideología dominante. La ausencia de esta información haría que la comunicación se convirtiera en un proceso casi azaroso, de prueba y error. Información cultural es, por ejemplo, el conocimiento sobre los intercambios de saludos (mensajes tanto verbales como no verbales) que tiene un grupo social determinado. Sin embargo, disponer únicamente de información cultural no es suficiente para el comunicador, puesto que esa información se ve muy limitada por las circunstancias. Para elaborar especulaciones acerca del resultado de sus mensajes, el comunicador necesita, además, información “social”. Esta información se refiere a los grupos de membresía, a los grupos en los que la gente se integra (grupos de referencia positivos) o

a los que la gente renuncia (grupos de referencia negativos). En ciertos contextos, el individuo controla su pertenencia o no a determinados grupos (en las sociedades democráticas, las personas escogen el partido político o el grupo ideológico al que pertenecen), mientras que la membresía en algunos grupos es involuntaria e inevitable (las etapas del ciclo vital colocan al individuo en el grupo de los adolescentes, los ancianos u otro). Si las predicciones en la comunicación están basadas en información cultural y social se produce un proceso de generalización de estímulos, es decir, el objeto de la predicción (el otro comunicador) se considera como una entidad cultural o como quien desempeña un rol, más que como un individuo. El elaborador de la predicción busca igualdades entre otros comunicadores y no tiene en cuenta las características que diferencian a las personas y a los hechos. Elabora sus predicciones a base de generalizaciones culturales (por ejemplo, los americanos de clase media son: agresivos y competitivos, motivados económicamente, prácticos e individualistas.) y/o sociales (los profesores universitarios son: políticamente progresistas, teóricos, abstractos y laicos.). Así pues, las predicciones elaboradas teniendo en cuenta estas dos formas de información podrían no ser suficientes. Para evitar el error individual a la hora de predecir los resultados de los mensajes, los comunicadores deben apoyarse en el tercer tipo de información. Como señala Fernández Collado: “La información psicológica permite a los comunicadores distinguir a un individuo de los otros miembros de los grupos sociales y culturales. Dicho de otra manera, la información está enfocada hacia las diferencias y no a las similitudes. Las predicciones basadas en información psicológica se centran en la distinción, y el proceso se asemeja a la discriminación de estímulos y no a su generalización”92. Gracias a la información psicológica se puede llegar a eliminar el error predictivo. Desde la perspectiva de los procesos de desarrollo, la comunicación interpersonal se desarrolla, evolucionando de lo impersonal a lo interpersonal, cuando los comunicadores se relacionan entre sí como individuos diferenciados, más que como entidades culturales o como protagonistas de roles estandarizados. En la etapa inicial de
92

C. Fernández Collado, La comunicación humana en el mundo contemporáneo, Op. Cit, p. 30.

una relación, los comunicadores basan sus predicciones principalmente en información cultural y sociológica, puesto que disponen de poca información psicológica acerca del otro. A medida que la relación continúa, los comunicadores reducen el uso de información cultural y sociológica y obtienen mayor información psicológica, de forma que la relación se vuelve cada vez más interpersonal. Para que el cambio cualitativo se produzca, es necesario que las personas pasen cierto tiempo comunicándose entre sí, puesto que reunir información psicológica individualizada resulta difícil y es un proceso lento. Las relaciones interpersonales están marcadas por tres niveles de conocimiento acerca de los demás. En el “nivel descriptivo” de conocimiento se consideran únicamente las características físicas exteriores que distinguen a una persona de los demás. A medida que el número de interacciones entre los participantes aumenta, es posible que estos alcancen un “nivel predictivo” de conocimiento que les permitirá poseer información válida sobre su comportamiento. Llegar a este nivel de conocimiento es más difícil que llegar al nivel descriptivo. Todo el mundo puede verificar las características físicas de otra persona por la observación (por ejemplo, “Pedro es alto”), pero nadie puede tener la certeza de que cuando otra persona afirma algo está diciendo la verdad o es lo que piensa realmente (por ejemplo, con la afirmación “Pedro cree que se debe permitir el aborto voluntario a todas las mujeres”). Para quienes desean continuar avanzando en una relación, conocer a la otra persona a un nivel meramente predictivo es insuficiente y lo que buscan es llegar a conocerse a un “nivel explicativo”. “Mientras que el nivel predictivo trata de visualizar cómo se comportará una persona en determinadas circunstancias, el nivel explicativo trata de explicar los motivos por los que se comportará de esa manera. Conocer a alguien a este nivel es considerar que se comprenden las razones de su comportamiento y sus creencias”93. Este nivel de conocimiento es el más difícil de conseguir. En este nivel, las personas confían en que se conocen íntimamente, que “están dentro de la cabeza de la otra persona” y saben “qué es lo que la hace reaccionar”. b) El segundo tipo de cambios cualitativos importantes que pueden producirse en una relación ya establecida son los cambios en las reglas que gobiernan la relación. En
93

Ibídem, pág. 31.

general, las relaciones comunicativas se guían por reglas impuestas externamente o por reglas negociadas de manera interna. ¿Qué se entiende por reglas de comunicación? Las reglas de comunicación son “prescripciones compartidas” (para crear y seguir las reglas se necesitan, como mínimo, dos personas que deben compartir su aceptación para que estas funcionen) a “niveles variables de generalidad” (según el número de personas que decidan seguir las reglas de comunicación), concernientes a la “estructura” (diferencias en estatus o poder relativo de los participantes en la relación de comunicación), “procedimiento” (inicio, secuencia y frecuencia de los intercambios comunicativos) y “contenido” (contenido real de los mensajes, verbal y no verbal) de las relaciones comunicativas”. Las reglas impuestas por factores externos sirven para definir las expectativas culturales y las prescripciones que son inherentes al rol y que se asocian con la relación. Estas reglas conforman el conocimiento cultural y sociológico que permite a los participantes comportarse de manera apropiada y anticipar las probables respuestas a sus mensajes. Cuando estas reglas son las guías primarias de la comunicación, la relación es relativamente impersonal. En cambio, cuando los comunicadores llegan a un acuerdo sobre ciertas reglas que sólo se aplican a ese caso, se produce un cambio cualitativo que transforma gradualmente la relación a un nivel de interpersonalidad. A medida que disminuye la influencia de las reglas impuestas desde el exterior y aumenta la influencia de las reglas interiores, que se alcanzan a través de la negociación entre los participantes, la relación se vuelve más interpersonal. Una vez que se han descrito las características y el proceso de desarrollo de la comunicación interpersonal, es importante revisar una serie de factores que influyen en las distintas etapas de una relación. En primer lugar, vamos a exponer los factores que contribuyen a la formación de relaciones, es decir, los elementos que predisponen a los individuos a elegir determinadas relaciones en lugar de otras. Dicho de otra manera, ¿cuáles son las razones que motivan a la gente a establecer una relación? Los investigadores han identificado tres variables fundamentales que dan respuesta a esa pregunta: “proximidad”, “actitudes similares” y “complementariedad de necesidades”. El Cuadro nº 2 recoge la descripción de estos factores.

Cuadro nº 2: Factores que contribuyen a la formación de las relaciones Descripción Ejemplo

Variable Proximidad

Proximidad física de los Es más probable que un estudiante participantes en la comunicación que ocupa un asiento en una clase llegue a ser más conocido y se relaciones con alumnos que se sienten en filas cercanas a él que por los que sientan en las más lejanas. Los católicos suelen establecer relaciones con otros de su misma religión más que con protestantes; los liberales se sienten mejor entre liberales que entre conservadores.

Actitudes similares Grado de acuerdo de los participantes sobre las ideas sociales, políticas y económicas. Las personas encuentran más atractivas a quienes tienen puntos de vista similares a suyos respecto a lo social, lo político y lo económico. Si esto no ocurre, se considera que la otra parte es menos atractiva. Complementarieda Grado en que los diversos d de necesidades elementos de motivación de dos individuos encajan entre sí. Se da cuando determinada necesidad particular de una parte se complementa, o encaja psicológicamente con cierta necesidad del otro.

Se espera que las personas de carácter dominante se sientan atraídas por las sumisas y viceversa.

Los factores que acabamos de ver, entre otros, pueden favorecer el establecimiento de una relación. Sin embargo, el conocimiento mutuo entre los participantes no empieza a adquirirse hasta que comienzan a comunicarse. Por esa razón, los intercambios iniciales de información son muy importantes, pues proporcionan a los participantes claves útiles sobre algunas estrategias de comunicación que pueden utilizar en esa importante fase. El Cuadro nº 3 recoge algunas de las estrategias fundamentales.

Cuadro nº 3: Estrategias para obtener información en las interacciones iniciales

Estrategia Interrogación

Descripción Este tipo de conversación es la más convencional. En estos diálogos iniciales, las partes alternan las partes de interrogador e interrogado. El intercambio está basado en la norma de reciprocidad: quien proporciona información espera que la otra persona se la devuelva en la misma cantidad y en un nivel comparable de intimidad94. En ocasiones, la interrogación puede resultar molesta para los participantes. En su lugar se utiliza la autodescripción: el comunicador ofrece información a la otra persona en lugar de interrogarla sobre ella. Es la información sobre sí mismo que un individuo considera que puede revelar a la mayor parte de las personas. Incluye aquello que alguien sabe sobre sí mismo y que fácil de percibir por otros. Es aquello por lo que el individuo acepta ser conocido. Socialmente, la norma de reciprocidad obliga a la otra persona a ofrecer información similar.

Autodescripción

Estructuración del Esta estrategia se basa en la habilidad del individuo para estructurar el ambiente contexto comunicativo de forma que acreciente la probabilidad de obtener información. Identificación engaño del Los comunicadores que recurren a la estrategia del engaño concuerdan con las opiniones del otro, lo adulan o le ofrecen favores, porque trata de obtener algo a cambio. La identificación del engaño busca desenmascarar la hipocresía95. la La estrategia de la prueba de la desviación proporciona datos acerca de la postura del otro en torno a la relación, cuando se quiere determinar si la otra parte desea abandonar las reglas externamente impuestas y pasar a otras negociadas en el interior. El objetivo del diálogo inicial es la reducción de la incertidumbre sobre lo que se debe o no se debe hacer ante el otro96. Para reducir la incertidumbre se busca y se intercambia información biográfica (intereses, aficiones, lugar de origen, situación familiar, ocupación, etc.). Esta información sirve para elaborar las predicciones culturales y sociológicas y es una herramienta para acelerar el paso de un conocimiento descriptivo a un conocimiento predictivo entre los participantes. Una vez pasadas las etapas iniciales de la relación, existen diversos factores que contribuyen a que esta se desarrolle, es decir, que se vuelva cada vez más interpersonal.
94

Prueba de desviación

Sobre la norma de reciprocidad ver: R. B. Cialdini: The Psychology Influence of Persuasion, Revised Edition., William Morrow, New York, 1993. 95 Miller, G. R. & Stiff, J. Deceptive Communication, Sage, Beverly Hills, California, 1993. 96 C. R. Berger: “Uncertainty and Information Exchange in Developing Relationships”, en S. W. Duck (ed.), Handbook of Personal Relationships, John Wiley & Sons, New York, 1988, pp. 239-255.

Uno de esos factores importantes es la “autorrevelación”: se refiere a la información sobre sí mismo que alguien comunica a una o más personas que él considera que no podrían conocer a menos que la revele. Es, por lo tanto, información “personal y privada” en el ámbito de lo que Simmel denominaba “secreto”; es decir, del tipo que el individuo no revelaría a cualquier persona que le preguntara. La comunicación de esta información puede ser tanto verbal como mediante claves no verbales. La autorrevelación sincera de los comunicadores fomenta la confianza entre sí y conduce a la relación a un mayor nivel de interpersonalidad. La información psicológica que contienen los mensajes autorreveladores aumenta la exactitud predictiva. La información personal y privada que comparten los comunicadores, les permite conocerse entre sí a un nivel explicativo. Otro de los factores que contribuye al desarrollo de la relación está relacionado con una habilidad comunicativa muy valorada por los participantes en una relación y con un alto poder motivador para el desarrollo de la misma, la “empatía”. Este factor se define como “la habilidad comunicativa que permite predecir de manera precisa el estado de ánimo y los sentimientos de otra persona”. Desde una perspectiva de comunicación, el individuo que forma parte de una relación y que experimenta la empatía, además de ser capaz de predecir los sentimientos del otro tiene que ser capaz de manifestárselo, de forma que éste perciba su comportamiento como un apoyo positivo. La tercera variable fundamental que determina el desarrollo de las relaciones es la “reciprocidad” en la definición de las mismas. La reciprocidad existe cuando, a medida que la relación avanza (se vuelve más interpersonal), los participantes profundizan en el conocimiento del otro y se interesan por un mayor número de comportamientos, creencias y temas importantes e íntimos para el otro. La reciprocidad en una relación se manifiesta en las situaciones en que las partes están de acuerdo sobre los aspectos en que van a basar su relación: la estructura de la relación, sus papeles y obligaciones respectivos, así como otros aspectos semejantes97.

97

Para una conceptualización más profunda del término reciprocidad en las relaciones consultar las teorías del equilibrio interpersonal de: T. M. Newcomb: “An Approach to the Study of Communicative Acts”, Psychological Review, nº 60, 1953, pp. 393-404.

En este sentido, un aspecto especialmente importante en las relaciones es el relativo dominio y sumisión de quienes participan en ella. Atendiendo a este criterio, se pueden dar tres tipos de relaciones: “Simétricas”: se caracterizan por la igualdad entre las partes que conforman la relación y reflejan un sentimiento de igualdad comunicativa. Ninguna de las partes adopta una posición dominante (por ejemplo, la relaciones entre profesionales o personas del mismo nivel social). “Complementarias”: Se basan en la equidad. En ellas un participante es dominante y otro sumiso (por ejemplo, las transacciones comunicativas en las que participan superiores y subordinados para alcanzar una meta, casi siempre son complementarias). “Paralelas”: Se produce una combinación de interacciones simétricas y complementarias. En cierto momento las dos partes se relacionan de manera simétrica; posteriormente una parte asume la posición dominante; y en un tercer momento la otra parte es la que domina. Este tipo de relaciones se consideran las más favorables, pues su flexibilidad permite a los participantes adaptarse más fácilmente a las nuevas situaciones. 3.5. LA COMUNICACIÓN EN LOS GRUPOS PRIMARIOS. A través de sus estudios, los científicos sociales han establecido distintas definiciones del término grupo. En términos generales, un grupo primario es “un conjunto de personas, dos o más, que interactúan entre sí, de modo que cada miembro recibe la influencia de cada una de las otras personas y, a su vez, ejerce influencia en ellas”98. Después de analizar las distintas definiciones, los investigadores señalan como características fundamentales de los grupos las siguientes: Los grupos deben tener motivaciones y metas en común. Sus miembros deben tener una idea clara de que pertenecen a un grupo.

98

C. Fernández Collado La Comunicación Human en el mundo contemporáneo, Op. Cit. p. 59

-

Debe existir una estructura organizacional con normas formales o informales aceptadas y roles establecidos. Los miembros de los grupos son dependientes entre sí, hasta cierto punto, y deben, por ello, interactuar.

Igual que ocurre con su definición, existe también gran diversidad de criterios entre los teóricos a la hora de establecer una tipología de grupos. Los grupos se pueden clasificar en grande-pequeño, primario-secundario, formal-informal, temporal-a largo plazo, según características o propiedades, como el tamaño (número de miembros que lo integran), el nivel de intimidad, o la solidaridad (grado de cohesión). Los grupos también se pueden clasificar de acuerdo con sus objetivos o actividades en grupos de trabajo, de terapia, sociales, etc. En el Cuadro nº 4 se revisan las definiciones de las tipologías de grupos más utilizadas.

¿Cómo se forman los grupos y cómo se desarrollan? Los grupos se forman cuando dos o más personas perciben o creen que algo se puede lograr por medio de la acción conjunta, y no por la acción individual. Es decir, las personas se unen porque tienen motivos afines para hacerlo. Entre los factores que favorecen la decisión de una persona de unirse a un grupo destacan los siguientes: la atracción interpersonal (hacia personas del grupo), afinidad con sus metas, disfrute de las actividades, necesidad de afiliación y percepción de la posibilidad de mediación del grupo. Una de las causas más importantes por las que alguien se une a un grupo es porque descubre que sus actividades son afines a las que desarrollan las personas que lo integran (atracción interpersonal). Así, el grupo le resulta atractivo debido a factores como la proximidad, la semejanza y la percepción de la capacidad ajena.

Cuadro nº 4: Tipologías de grupos Descripción Ejemplo

Grupos

Primario

Es una asociación íntima, cara a cara, en la que La familia, el grupo de sus miembros cooperan, simpatizan y se amigos. identifican mutuamente. Son grupos grandes y sus miembros sólo tienen contacto intermitente entre sí. La comunicación intergrupal es impersonal, formal e indirecta (mediante mensajes escritos más que verbales). Las organizaciones burocráticas, las asociaciones profesionales.

Secundario

Formal

Poseen una estructura firmemente establecida, Los grupos de trabajo. con frecuencia impuesta externamente. Las normas son explícitas y formales, los roles son específicos y los miembros son conscientes de las relaciones internas del grupo Suelen ser grupos más pequeños y cohesionados que los formales. La estructura surge a lo largo de la interacción: las normas, roles y relaciones suelen ser implícitas más que explícitas. hacia Es el que se forman con el propósito específico Una comunidad de realizar una labor externa al grupo: vecinos. solucionar algún problema, llegar a una decisión, elaborar un producto, etc. Sus miembros esperan beneficiarse de la experiencia de los demás integrantes del grupo (aprender a corregir o eliminar alguna característica personal, alcanzar una mayor libertad para expresar sus sentimientos y emociones, etc.). de

Informal

Orientado una tarea

Experiencial

Grupos de aprendizaje, grupos terapéuticos (p.e., Alcohólicos Anónimos), grupos expresivos.

Por otro lado, una persona puede decidir unirse a un grupo porque está de acuerdo con las metas o propósitos de éste o porque le agradan las actividades que realizan sus miembros (por ejemplo, una persona preocupada por el medio ambiente puede unirse a una asociación ecologista). Algunas personas ingresan en un grupo, porque pertenecer a él es una manera de generar contacto social. En este caso, ser parte de una asociación o agrupación es una necesidad individual de afiliación (por ejemplo, unirse a una asociación gastronómica). En otras ocasiones, los individuos se unen a un grupo porque consideran que la pertenencia a él le permitirá lograr metas exteriores al grupo mismo (por ejemplo, un

ejecutivo que se asocia al Club de Dirigentes de Marketing porque cree que ser uno de sus miembros hará que se incrementen sus contactos de negocios). Respecto al proceso de desarrollo de los grupos, éste varía mucho en naturaleza y extensión dependiendo del tipo de grupo que se observe. No obstante, los investigadores han identificado elementos comunes a diversos grupos que permiten establecer un modelo de desarrollo a lo largo de cuatro fases fundamentales: formación, conflicto, regulación y desempeño99. En la etapa de “formación” del grupo, sus integrantes interactúan por primera vez, se conocen y plantean las bases y normas que van a guiar su actividad y sus relaciones. La duración de esta etapa depende del tiempo que necesiten sus miembros para conocerse y establecer la tarea que el grupo debe lograr. “En esta fase la interacción es cautelosa, se caracteriza por un lenguaje ambiguo y por la conformación de los acuerdos, se obtienen pocos resultados concretos y no concluye hasta que las normas están relativamente claras”100. Es lo que algunos teóricos denominan la etapa de orientación de inclusión, es decir, el período en el que los miembros del grupo se cohesionan y consiguen establecer una base común de funcionamiento. Durante la etapa de formación del grupo, el aspecto que destaca entre sus miembros es el de “afinidad” (se busca llegar a un terreno común). Después de esta etapa, se suele producir una respuesta en sentido contrario, es decir, empiezan a resaltar los aspectos individuales. Es la etapa de “conflicto”, en la que se produce una reacción emocional, casi alérgica, de los individuos, como consecuencia de perder parte de su identidad al ser absorbidos por el grupo. El lenguaje deja de ser cauteloso y ambiguo y se vuelve claro y directo para lograr acuerdos en torno a temas específicos, ya que en esta etapa aumenta la confusión sobre los objetivos y metas comunes del grupo. La comunicación es fundamental en esta etapa. Cuanto más emocional y menos calmada sea la comunicación entre los miembros, hay más

99

100

S. L. Tubbs & S. Moss: Human Communication, 8ª. Ed. McGraw-Hill, New York, 2000. C. Fernández Collado, La comunicación humana en el mundo contemporáneo, Op. Cit, p. 63.

posibilidades de producir disentimiento y controversia (los comentarios de los otros se interpretan como ataques o críticas y se elaboran conclusiones equivocadas). Normalmente, el grupo responde a esa fase de conflicto con otra de “regulación”. Esta nueva etapa consiste en varios niveles básicos de equilibrio entre la individualidad y la grupalidad, entre los objetivos personales y los colectivos, así como una clara definición del papel del líder y su autoridad. cohesión grupal. Finalmente, la etapa de “desempeño” se caracteriza por el consenso y la productividad. La estructura interpersonal creada en las etapas anteriores facilita la realización de las metas del grupo. En esta fase, existe una gran motivación entre los miembros del grupo, que se esfuerzan por contribuir al éxito común. Hasta ahora hemos revisado los factores principales que intervienen en los procesos de formación y desarrollo de los grupos. A continuación nos vamos a ocupar de tres grupos importantes de variables que influyen en los procesos y el funcionamiento de los grupos que han conseguido llegar a una etapa de desarrollo relativamente estable. Abordaremos, pues, factores relativos a la “composición” del grupo, su “estructura” y sus “redes de comunicación”. El primer conjunto de variables hacen referencia a la “composición” del grupo. El término se refiere a los individuos que lo constituyen, es decir, a sus miembros. Incluye las características personales y la idiosincrasia de los integrantes del grupo, su manera de comportarse, sus reacciones típicas hacia los otros, etc. Hay dos aspectos de la composición de un grupo que influyen en los procesos que tienen lugar en el mismo: Por un lado, las características de sus miembros (edad, género, habilidades y personalidad) determinan hasta cierto punto su propio comportamiento dentro del grupo y la manera en que los otros miembros reaccionarán respecto a ellos. Por otro lado, la combinación de las características de cada uno de los miembros tiene un efecto En esta fase mejora notablemente el funcionamiento del grupo como unidad, gracias a la emergencia de la

importante sobre el comportamiento del grupo. Las características del conjunto de miembros del grupo se reflejan en variables como tamaño, cohesión, compatibilidad, homogeneidad o heterogeneidad de sus integrantes. El Cuadro nº 5 recoge las características personales más importantes para la interacción del grupo101. Cuadro nº 5: Influencia de las características de los miembros en el comportamiento Característica Edad Descripción del grupo Ejemplos resultado investigaciones de las

La edad influye en muchos aspectos El número de interacciones aumenta del comportamiento de cada miembro con la edad, los modelos de interacción del grupo. cambian conforme esta aumenta, normalmente el líder del grupo suele ser mayor que los demás miembros. El sexo de los miembros del grupo también afecta a sus procesos. Hombres y mujeres tienen distintos comportamientos grupales. Cuando se infringen las normas con poca frecuencia, los hombres reaccionan de forma más agresiva que las mujeres, pero cuando se violan con frecuencia ocurre lo contrario. El conocimiento motiva los intentos de dirigir y permite un mayor estatus dentro del grupo. La inteligencia está relacionada positivamente con la actividad grupal, con el surgimiento de líderes y con la popularidad. En general, las características socialmente aceptadas facilitan el funcionamiento efectivo del grupo, en tanto que las socialmente indeseables lo impiden.

Género

Habilidades

Las aptitudes, habilidades y conocimientos que poseen los miembros de un grupo tienen efectos sobre su comportamiento dentro del mismo Los rasgos (características) de personalidad representan formas constantes de comportamiento en las personas, por lo tanto, influyen de manera decisiva en el comportamiento de los grupos.

Personalidad

Además de las características personales, existen otros factores que influyen en los procesos del grupo. Por un lado, su tamaño, es decir, el número de personas que lo
101

Elaborado a partir de J. F. Cragan, y D. W Weight: Communication in Small Groups, Wadsworth, Belmont, California, 1997 y M. E. Shaw: “Dinámica de grupo”, en Carlos Fernández Collado y Gordon L. Dahnke (eds.), La Comunicación Humana. Ciencia Social, McGraw-Hill, México, 1988.

integran, afecta al nivel de recursos accesibles al mismo (cantidad de habilidades, aptitudes, conocimientos), al grado de participación de sus miembros en las discusiones (cantidad y distribución de la comunicación102), a las relaciones entre el líder y los demás, a los sentimientos de los integrantes respecto al propio grupo (capacidad para lograr el consenso) y a su efectividad (desempeño de las metas del grupo). Como sabemos, cuanto más grande es el grupo, mayor es el nivel de talentos disponibles; menor el número de miembros que participan en las discusiones del grupo y menor es el tiempo destinado a cada uno de los miembros para expresar sus creencias, opiniones, etc. En los grupos grandes sus miembros se sienten más inhibidos para participar que en los grupos pequeños; aumentan las tendencias oligárquicas y se incrementa considerablemente la dependencia del líder. Además del tamaño y de las características personales de sus miembros debemos mencionar la cohesión del grupo cuya definición más aceptada es: “la resultante de la acción de todas las fuerzas que impulsan a los miembros a permanecer en el grupo o abandonarlo”
103

. La cohesión del grupo está influenciada por un amplio conjunto de

variables. Por ejemplo, habrá una mayor cohesión en los grupos compuestos por personas con actitudes similares que en grupos donde sus integrantes tienen actitudes disímiles. El grado de cohesión del grupo influye a su vez de manera importante en los distintos procesos del grupo: en el proceso de interacción entre sus miembros, en su satisfacción, en la influencia social dentro del grupo y finalmente en su productividad. El proceso comunicativo también varía. Los miembros de grupos cohesionados trabajan juntos en la búsqueda de información y en la obtención de acuerdos y soluciones, mientras que en grupos no cohesivos sus miembros tienden a trabajar de forma aislada, con independencia unos de otros. En general, la cohesión es una propiedad deseada para el desarrollo del grupo y positiva para su funcionamiento y productividad. Sin embargo, puede tener un efecto negativo cuando, como advierte Fernández Collado, “promueve la intolerancia hacia las

102

M. E. Shaw & D. S. Gouran: “Group Dynamics and Communication”, in G. L. Dahnke, C. Fernández Collado & G. W. Clatterbuck (eds.), Human Communication. Theory and Research. Wadsworth, Belmont, California, 1990. 103 Festinger, L. “Informal Social Communication”, Psychological Review, 1950, nº 57, pp. 271-282.

opiniones divergentes y estimula la coincidencia de enfoques limitados, lo que puede llevar a decisiones desastrosas”104. Por último, el grado de “homogeneidad” o de heterogeneidad entre los miembros del grupo es otro factor que determina su funcionamiento. Los estudios realizados ponen de manifiesto que, “en general, la heterogeneidad del grupo (respecto al nivel de inteligencia de sus miembros, características personales como sexo, edad, etc., o características de personalidad) facilita su efectividad debido al incremento en el nivel de habilidades, aptitudes, conocimientos y otros recursos, que son más accesibles en grupos heterogéneos”105. Además de los factores asociados a la composición del grupo que acabamos de ver, el segundo conjunto de variables que determinan su funcionamiento se refieren a la “estructura del grupo”. En un grupo existen muchas partes, posturas o posiciones, dependiendo de las distinciones que se hayan producido a lo largo de su desarrollo. El modelo de las relaciones entre esas partes diferenciadas del grupo se llama estructura del grupo. Ese modelo o estructura está definido por el estatus, los roles y las normas. El “estatus social” es la posición de un individuo evaluada por los miembros del grupo, en términos de prestigio, valor o importancia. Cada miembro del grupo adopta una postura o posición dentro de él. A esa posición se le llama estatus y es independiente de la persona que la ocupe. A una misma persona se le pueden acreditar distintos estatus dentro del grupo, en momentos distintos del desarrollo de su estructura. El estatus está estrechamente relacionado con las funciones sociales y con el poder social. El estatus tiene efectos tanto en el comportamiento de la persona a quien se le acredita, como en el del resto de los miembros del grupo. Si bien las diferencias de estatus tienen efectos en casi todos los ámbitos del funcionamiento de los grupos y de los procesos de interacción entre sus miembros, sus efectos más evidentes son los relacionados con el patrón y contenido de las comunicaciones dentro del grupo. En general, la persona con mayor estatus recibe e inicia más comunicaciones que la persona con un estatus inferior, y el contenido de los mensajes que se dirigen a un nivel superior tienden a ser más positivos.
104 105

C. Fernández Collado, La comunicación humana en el mundo contemporáneo, Op. Cit. p. 69. M. E. Shaw & D. S. Gouran: “Group Dynamics and Communication”, en Gordon L. Dahnke, Carlos Fernández Collado y Glen W. Clatterbuck (eds.), Human Communication. Theory and Research. Op. Cit.

Además, cada posición dentro del grupo tiene asociado un “rol social”. Los roles sociales, como ya vimos, describen la forma apropiada y esperable de comportarse por parte de los que ocupan determinada posición en un grupo. Normalmente se distinguen tres tipos de roles: el rol esperado, el rol percibido y el rol representado. El rol “esperado”: es el conjunto de conductas o comportamientos que esperan los miembros del grupo de quien ocupa una posición. El rol “percibido”: es el conjunto de comportamientos que el ocupante de una posición percibe que debe asumir. El rol “representado”: son las conductas que el ocupante de una posición realmente desempeña. El comportamiento de los distintos miembro del grupo y su resultado están determinados por los roles y el estatus asociado con dichos papeles, así como por las normas del grupo. Las “normas” son reglas generales de conducta, que se establecen para controlar las conductas que son importantes para el grupo106. El número de normas que existen en un grupo varía, según el número de miembros que están de acuerdo con ellas (el porcentaje de participantes que deben estar de acuerdo con una propuesta para que se convierta en norma puede variar, pero normalmente es el 50% más uno), según el grado de conformidad de los miembros (medida en que el comportamiento de los miembros del grupo se ajusta a las conductas especificadas por las normas) y según la permisividad del grupo respecto a la desviación de la norma (grado de seriedad o levedad de las sanciones). Finalmente, el tercer grupo de variables que influyen en el desarrollo del grupo son las “redes de comunicación”. La red de comunicación se refiere a la interacción entre los individuos y a cómo se comunican entre sí, bien como una consecuencia de la accesibilidad de un canal de comunicación o a causa de la libertad percibida para utilizar los canales disponibles.

106

G. J. Galanes, K. Adams & J. K. Brilhart: Communicating in Groups. Applications and Skills, 4ª. Ed., McGrawHill, New York, 2000.

La red de comunicación que se establece en un grupo puede ser “formal” (cuando es impuesta por una autoridad externa) o “informal” (derivada de los procesos de interacción del grupo). La comunicación es un proceso importante en la interacción del grupo, puesto que el flujo de información entre sus miembros determina, en cierta medida, la eficiencia del grupo y la satisfacción de quienes lo integran. Leavitt es uno de los investigadores que ha estudiado la forma en que los patrones de comunicación fijos afectan al comportamiento del grupo y a sus resultados107. El Gráfico nº 3 recoge ejemplos de los modelos de comunicación resultado de sus investigaciones con grupos de cuatro y cinco personas. Gáfico nº 3: Redes de comunicación para cuatro y cinco personas

Rueda

Cadena

Tajo diagonal

Todos con todos

Rueda

Cadena

Y

Círculo

* Los puntos representan posiciones dentro del grupo y las líneas representan canales bidireccionales de comunicación. Leavitt encontró diferencias en el nivel de eficiencia entre las redes de comunicación centralizadas (aquellas en las que una o varias posiciones son claramente más centralizadas que otras, como la Y, la rueda y la cadena) y las redes de comunicación descentralizadas (aquellas en las que todos los miembros están a al misma o casi a la misma distancia en centralización, como en el círculo o en los grupos donde todos se comunican entre sí). Las principales conclusiones que se pueden establecer a partir de los trabajos de los investigadores establecen lo siguiente:
107

H. J. Leavitt: “Some Effects of Certain Communication Patterns on Group Performance”. Journal of Social Psychology, nº 46, 1951, pp. 38-50.

Los líderes surgen con más frecuencia en redes centralizadas, mientras que los miembros de las redes descentralizadas están más satisfechos y emiten más mensajes. Los grupos en redes descentralizadas requieren menos tiempo para resolver problemas complejos y cometen menos errores que los grupos de redes centralizadas. Hay dos conceptos que explican los efectos diferenciales de las redes de comunicación sobre las actuaciones del grupo y sobre la satisfacción de sus miembros: la “independencia” y la “saturación”. Según la definición de Shaw, “la independencia se refiere al grado de libertad con que puede trabajar un miembro del grupo en éste”108. La satisfacción es mayor en aquellas personas que son más independientes, es decir, que están más libres de restricciones. Si bien es cierto que existen diversos factores que determinan la libertad de acción (independencia) de las personas (por ejemplo, factores situacionales, como las acciones de los otros miembros del grupo, y las percepciones personales de la situación) la posición que el individuo ocupa dentro de la red influye notablemente sobre la independencia, ya que determina el grado de accesibilidad a la información. Por su parte, Gilchrist, Shaw y Walker definen el concepto de saturación como la sobrecarga de información que se da con frecuencia en las posiciones importantes de las redes centralizadas de comunicación109. Se dice que una posición está saturada, cuando el número de mensajes que debe manejar la persona que ocupa una posición central excede su capacidad. Cuando esto ocurre, los excesivos requerimientos de comunicación empiezan a contrarrestar los efectos ventajosos de estar en una posición favorable dentro de una red de comunicación. En general, cuanto mayor es la saturación, menor es la eficiencia del grupo y también es menor la satisfacción de sus miembros.

108

M. E. Shaw: “Communication Networks”, en L. Berkowitz (ed.), Advances in Experimental Social Psychology, vol. 1, Academic Press, Nueva York, 1964, pp. 111-147. 109 J. C. Gilchrist, M. E. Shaw y L. C. Walker: “Some Effects of Unequeldistribution of Information in a Wheel Group Structure”, en Journal of Abnormal and Social Psychology, nº 49, 1954, pp. 554-556.

3.6.

LA OPINIÓN PÚBLICA Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL. Desde un principio, el fenómeno de la opinión pública se ha tratado de explicar

desde distintos marcos teóricos e ideológicos. Aún hoy, sigue sin existir un concepto unívoco y válido de opinión pública, pues la explicación que de ella hacen los diferentes autores depende en gran medida de su ideología, de la época y la sociedad en la que desarrolla su trabajo, y de la disciplina científica y la perspectiva de análisis (psicológica, antropológica, sociológica, comunicacional, etc.)110 utilizada. En el caso que nos ocupa, vamos a revisar el concepto de opinión pública desde la perspectiva de las Ciencias de la Comunicación. Esta disciplina aborda el estudio de la opinión pública bajo una doble dimensión: el poder de los medios para cambiar o influir en los estados y las corrientes de opinión populares (cambio o refuerzo de la opinión pública como fenómeno ya existente en la sociedad); y el poder de los medios para crear/formar la opinión pública (teorías y modelos de los efectos de los medios). Cabe pues preguntarse, ¿qué efectos ejercen los medios sobre la sociedad en su conjunto y sobre sus miembros en particular?, y ¿cómo actúan sobre la formación de la opinión? Las primeras contribuciones importantes a la investigación en el ámbito de la comunicación de masas como disciplina científica tuvieron lugar durante los años 1920 a 1930 en forma de análisis históricos, legales o de contenido de periódicos y revistas111. En las décadas de los años 30 y los 40, científicos de otras disciplinas como la Ciencia Política y la Psicología Social, formularon el “modelo de la influencia poderosa” de los medios de comunicación. De acuerdo con este modelo, los medios de comunicación masiva podían ser utilizados para provocar cualquier tipo de efecto en sus audiencias. Los medios podían cambiar las actitudes y los comportamientos de la audiencia inyectando ideas en las mentes de los receptores, igual que un médico inocula a sus pacientes con una inyección. A esta perspectiva se la ha bautizado con varios

110 111

C. Monzón: Opinión pública, comunicación y política. La formación del espacio público, Tecnos, Madrid, 1996. W. Schramm: "The Challenge to Communication Research". In R. O. Nafziger, and D. White: Introduction to Mass Communications Research, Baton Rouge: Louisiana State University Press, 1958, pp. 3-28.

nombres, como la “Teoría de la bala”, el “Modelo de la aguja hipodérmica”, o el “Modelo Estímulo-Respuesta”. El modelo de la influencia poderosa de los medios de comunicación se basó principalmente en los análisis de las efectivas técnicas de propaganda utilizadas durante la primera y la segunda guerras mundiales112. Este modelo recibió apoyo adicional con el análisis de Lazarsfeld y Stanton sobre los efectos de la radio 113, con el estudio de Merton sobre el éxito de las emisiones sobre los bonos de guerra de Kate Smith 114, y con el análisis que Cantril realizó sobre el efecto de pánico generalizado que provocó Orson Welles con la emisión de la “Guerra de los mundos”115. Al final de la década de los 40 y durante los primeros años 50, Hovland116 y sus colegas aportaron evidencias experimentales al modelo de la influencia poderosa de los medios de comunicación de masas, desde la División de Información y Educación del Ejército y más tarde desde el Centro del Cambio de las Actitudes de Yale117. El objetivo original de los estudios dirigidos por Hovland era aportar soluciones a algunos problemas con los que se encontró el ejército americano durante la Segunda Guerra Mundial, tales como conseguir que las esposas cambiasen los hábitos alimenticios de sus familias, analizar las actitudes de la tripulación de los bombarderos, levantar la moral de los nuevos reclutas y evaluar los efectos conseguidos sobre los soldados con películas persuasivas. Yendo más allá de su objetivo original, Hovland y sus colaboradores identificaron en sus experimentos las características de los comunicadores, de los mensajes y de las audiencias, que pueden provocar cambios de actitud en los receptores de la comunicación. Desde entonces, la influencia de Hovland en la investigación de la comunicación de masas ha sido considerable. Su línea de investigación es aún hoy el objeto de estudio de muchos investigadores de esta disciplina.

112 113

H. Lasswell: Propaganda Technique in the World War, Knopf, New York, 1927. P. Lazarsfeld and F. Stanton: Radio Research 1941, Duell, Sloan and Pearce, New York, 1941. 114 R. K. Merton: Mass Persuasion, Harper, New York, 1946. 115 H. Cantril: The Invasion From Mars, Princeton University Press, Princeton, N.J., 1940. 116 C. Hovland, A. Lumsdaine and F. Sheffield: Experiments on Mass Communication, Princeton University Press, Princeton, N.J., 1949. 117 F. Valbuena de la Fuente: Receptores y Audiencias en el Proceso de la Comunicación, Pablo del Río, Madrid, 1976, pp. 79-121. Y F. Valbuena de la Fuente: La Comunicación y sus clases. Aplicaciones a diversos campos de la actividad humana, Edelvives, Zaragoza, 1979, pp. 227-245.

Por otra parte, en 1944, Lazarsfeld, Berelson y Gaudet publicaron un análisis de los efectos de los medios de comunicación de masas sobre las decisiones de voto118. Dicho trabajo puso las bases de lo que ha resultado ser un duradero modelo sobre los efectos de los medios: el modelo de los “efectos limitados” o de “refuerzo”. Los investigadores descubrieron que los medios masivos habían tenido un efecto directo muy pequeño en los votantes durante las campañas políticas. El principal efecto que encontraron fue el de refuerzo de actitudes previamente existentes. El pequeño porcentaje de personas que cambiaron de actitud lo hizo más debido a la influencia de fuentes de comunicación personales (líderes de opinión) que a la influencia de los medios de comunicación. De acuerdo con el modelo de los efectos limitados, los medios de comunicación de masas simplemente refuerzan actitudes y comportamientos ya existentes, porque la audiencia es “testaruda” y utiliza una variedad de estrategias defensivas tales como la atención selectiva, la percepción selectiva y el recuerdo selectivo para aislarse de los mensajes hostiles o contradictorios. Durante algunos años, el modelo de los “efectos limitados” reemplazó al de la “influencia poderosa” de los medios de comunicación. Sin embargo, al final de los años 60 éste último recobró una mayor importancia. En los años 50 y 60, la actividad investigadora sobre los medios de

comunicación masivos recibió un gran impulso de manos de los publicistas, quienes se dieron cuenta de que los datos obtenidos de estudios sobre los medios resultaban muy útiles para crear formas de persuadir a los clientes potenciales para comprar productos y servicios. En esta época se promovieron los estudios sobre la efectividad de los mensajes, las características demográficas y el tamaño de las audiencias, la colocación de los anuncios para conseguir el mayor nivel de exposición (eficiencia), la frecuencia necesaria para persuadir a los compradores potenciales y sobre la selección del medio más adecuado para llegar al público objetivo.

118

P. Lazarsfeld, B. Berelson & H Gaudet: The People's Choice, Columbia University Press, New York, 1944.

En años posteriores, se experimentó un interés creciente entre los ciudadanos por los efectos de los medios en la audiencia, especialmente en los niños. La consecuencia directa fue un incremento de las investigaciones sobre la violencia y el contenido sexual en los programas y los anuncios de televisión durante los horarios de programación infantil y juvenil. Los investigadores extendieron su atención a otros temas, para incluir, por ejemplo, los efectos positivos (prosociales) y negativos (antisociales) de la televisión. Esta fase fue muy activa al final de los años 80, con acaloradas polémicas sobre las letras de las canciones pop y sobre los vídeos musicales mostrados en televisión. Los cambios de primacía entre los dos modelos sobre el poder de los medios en distintas épocas se explican por dos tipos de razones, uno histórico y otro metodológico. Desde el punto de vista histórico, los efectos de los medios masivos de comunicación en la sociedad se explican analizando el clima social y político dominante en el momento. Durante épocas en las que existió un cierto grado de inseguridad en las audiencias (o “desequilibrio”, según la terminología de la consistencia cognitiva utilizada por la psicología) los individuos fueron más receptivos a la comunicación persuasiva. Ese fenómeno es especialmente cierto cuando la audiencia percibe que seguir las recomendaciones del mensaje ayudará a restablecer la seguridad o el equilibrio que echan de menos. Esas fueron precisamente las condiciones que se dieron en la época de mayor aceptación del modelo de la “influencia poderosa” de los medios, durante la guerra y la depresión económica, cuando los medios gozaban de amplias oportunidades para ser poderosos debido a las circunstancias sociales. Sin embargo, durante la época de relativa calma y prosperidad económica de los años 50 y principio de los 60, las audiencias de los medios estaban relativamente satisfechas con sus vidas. Había menos razones para estar descontentos y, por lo tanto, había una tendencia a preferir el “status quo”. La consistencia cognitiva de la psicología predice que, cuando la gente vive una situación de consistencia, los individuos se resisten a cualquier sugerencia de cambio. Así pues, el modelo sobre los efectos de los medios de comunicación masivos dominante durante ese período de prosperidad fue el de los “efectos limitados”.

Al final de los años 60 y principios de los 70, la crisis política y social propició que el modelo de la “influencia poderosa” de los medios recobrara importancia para los investigadores. Por aquel entonces, la impopular guerra de Vietnam y las cuestiones relacionadas con el movimiento de los derechos civiles se convirtieron en Estados Unidos en fuentes de inseguridad para los ciudadanos de la época, que les hicieron estar más receptivos a la influencia de los medios de comunicación. Durante los años noventa se repitió un ciclo de estabilidad en el que la influencia de los medios era muy limitada, pasándose en la actualidad y desde el punto de vista económico, educativo, laboral, sanitario, familiar y militar a una situación crítica en la que podría aumentar el poder relativo de los medios de comunicación social, si no a través de la publicidad masiva y directa, sí por medio de las relaciones públicas, los grupos de presión y los movimientos sociales. Desde el punto de vista metodológico, el cambio de perspectiva en la consideración de los efectos de los medios se explica porque, en muchas ocasiones, los efectos de la comunicación se pueden observar en un ambiente de laboratorio (lugar artificial de investigación en el que el científico tiene casi un control total sobre el procedimiento) pero no en determinadas situaciones de la vida real. Es pues más fácil cambiar las actitudes de los individuos en un laboratorio, donde generalmente los efectos son casi instantáneos, que en la sociedad. Con las avanzadas técnicas actuales de diseño, medición y análisis de las investigaciones, con asistencia de sofisticados equipos informáticos, los investigadores de hoy día son capaces de descifrar y de seguir la evolución en el mundo real de los efectos de los medios de comunicación, efectos que anteriormente sólo podían medirse en un laboratorio. A menudo esos efectos no se producen inmediatamente, sino que se van gestando a lo largo del tiempo hasta que son detectados. Para los pioneros de la investigación sobre la comunicación de masas, dichos efectos eran muy difíciles de aislar y casi imposibles de medir dadas las limitaciones de los procedimientos metodológicos de los que disponían. Hoy día, existe un interés renovado sobre el impacto que los medios masivos de comunicación tienen en sus audiencias, sólo que actualmente el interés no se limita a los

cambios de actitud o de comportamiento. Los investigadores están hoy interesados en otras muchas áreas en las que los medios ejercen su influencia sobre las audiencias, tales como el grado de conocimiento sobre asuntos públicos y políticos, la forma de estructurar las realidades sociales, las expectativas sobre el papel que ellos mismo y los demás cumplen en la sociedad, la adquisición de actitudes y comportamientos políticos, el uso del tiempo libre, los comportamientos antisociales (agresión, violencia, prejuicios), los comportamientos sociales (altruismo, cooperación), el aprendizaje de habilidades motoras y cognitivas, las percepciones sobre la importancia de los asuntos públicos (Agenda Setting) y la satisfacción de las necesidades individuales (diversión, entretenimiento), entre otros. Así pues, el modelo de la influencia poderosa de los medios se ha ampliado en la actualidad para incluir, además de los cambios de actitud y de comportamiento, otras muchas facetas de la experiencia humana. Otra característica de la investigación sobre los efectos de los medios es su carácter interdisciplinar. Debido a que la Comunicación de Masas abarca un amplio abanico de facetas del comportamiento humano, ha sido tradicionalmente un área científica en la que han convergido saberes procedentes de disciplinas académicas como la Comunicación Social, la Publicidad, y las Relaciones Públicas. Todas estas áreas tienen en común el estudio de los mensajes que llegan hasta sus audiencias de forma indirecta, a través de algún medio de comunicación como la televisión, la radio, los periódicos, las revistas o Internet. Las primeras definiciones de la comunicación de masas como campo de estudio científico se centraron en uno de sus elementos, la audiencia, identificada entonces como una “sociedad de masas”119. El concepto de la “sociedad de masas” hace referencia al medio en el que ocurre la comunicación masiva. Este concepto fue utilizado por los sociólogos para describir a las personas y sus instituciones en países altamente industrializados. Esta concepción de la “audiencia masiva” dio lugar a estudios que consideraban a la audiencia como un agregado de individuos aislados que no interactúan unos con
119

En su capítulo “Historia y sistema de la investigación sobre audiencias”, el profesor Valbuena de la Fuente hace un análisis crítico de este subcampo, revisando definiciones, modelos y perspectivas de los principales autores en el ámbito de las audiencias. F. Valbuena de la Fuente: Teoría General de la Información, Madrid, Noesis, 1997, pp. 431-439.

otros y que no comparten expectativas comunes sobre los medios de comunicación, debido a la falta de interacción social entre ellos. La audiencia era, pues, un agregado de individuos y la mejor forma de

clasificarla no era por su pertenencia a un determinado grupo, sino de acuerdo con características demográficas, como edad, sexo, estatus económico y educación. Las preguntas más importantes a las que trataban de dar respuesta las primeras investigaciones eran sobre cómo los miembros de la masa seleccionaban sus comunicaciones (qué características demográficas explicaban la selección de determinados medios de comunicación y de determinados contenidos) y cómo los medios afectaban a la “masa”. La idea dominante era que la audiencia masiva era pasiva, inestable y fácilmente influenciable. Con el tiempo, los investigadores han descartado la visión de la “audiencia masiva” como solamente una agregación pasiva de individuos desconectados entre sí y, en su lugar, han destacado las estructuras sociales o las afinidades grupales existentes entre los miembros de la audiencia, la naturaleza social de la mayor parte de nuestros contactos con los medios de comunicación y la naturaleza recíproca de las relaciones entre los medios y sus audiencias120. Los estudios desarrollados a la luz de las Teorías de la Recepción se basan en esa concepción más activa y racional de la audiencia. El “Análisis de la Recepción” indaga sobre cómo reciben los lectores (telespectadores, radioyentes, público) las obras que leen o contemplan. Esta perspectiva va más allá de la simple recepción (estudio de Audiencias), para analizar también las “respuestas” de los lectores (estudio de Efectos). Según Corner, en la “respuesta” o “lectura”, los sujetos asignan una significación generalizada a lo que han visto y oído, evaluándola y colocándola dentro de un lugar en su conocimiento o memoria, donde puede seguir haciendo su trabajo modificador en sus procesos mentales conscientes e incoscientes121.

120 121

J. Corner: “Mass in Communication Research”, Journal of Communication, Winter 1979, pp. 26-32. El autor distingue tres niveles de significado del término respuesta: denotativo, connotativo y de “respuesta” o “lectura”. J. Corner: “Meaning, Genre and Context: The Problematics of ‘Public Knowledge’ in the New Audiences Studies”. En Curran y Gurevitz, Mass Media and Society, Edward Arnold, Londres, 1991, pp. 267-284.

El “Análisis de la Recepción” establece una estrecha relación entre el texto (el contenido) y el lector. Al referirse al texto, los autores de esta perspectiva hablan de géneros. Por ejemplo, en el medio más estudiado, la televisión, no se habla de la TV como un todo, sino que se distingue entre dos géneros, la programación de ficción y la programación de no ficción. Las expectativas que los espectadores se aplican a un tipo u otro de programa y las interpretaciones que se establecen dependen en gran medida del tipo de género de que se trate122. Las propiedades que caracterizan las relaciones texto-espectador en los programas de no ficción tienen que ver principalmente con clases de conocimiento, normalmente regulado y enmarcado por el discurso directo. Esto es aplicable incluso a los programas con una orientación de diversión, como un programa de cocina o una emisión de deportes. Por el contrario, las relaciones texto-espectador en la televisión de ficción tienen que ver fundamentalmente con el placer imaginativo, especialmente con los placeres de circunstancias dramáticas y de carácter123. Otro elemento importante que tiene en cuenta este tipo de análisis sobre la interpretación (recepción) y los efectos de los contenidos de los medios son las características etnográficas de los lectores: el ambiente en el que ven los programas, el nivel de participación (papel más o menos activo, actitud) de los miembros de la audiencia en los géneros, sus prácticas de lectura (las relaciones entre los géneros), y sus características demográficas124. Otra perspectiva en la consideración de los receptores de la comunicación de los medios es la de Freidson. Este autor sugiere que las audiencias masivas deberían ser estudiadas como grupos sociales “compuestos por individuos que han absorbido las comunicaciones masivas integrándolas en sus modos de comportamiento relativamente

122

Según Dubrow, el género funciona como un código establecido entre al autor y su lector. Por poner un ejemplo, los lectores no esperan lo mismo de un telediario que de una novela rosa. J. Dubrow: Genere. Methuen, Londres, 1982.
123

J. Corner, “Meaning, Genre and Context: The Problematic of ‘Public Knowledge’ in the New Audiences Studies”. In Curran y Gurevitz, Mass Media and Society, Op. Cit, p. 276. 124 Para una visión exhaustiva del “Análisis de la Recepción” ver: F. Valbuena de la Fuente: Teoría General de la Información, Op. Cit., pp. 487-495.

habituales y quienes, en compañía real o vicaria de sus iguales, se comportan de una manera social y organizada respecto de las comunicaciones de masas”125. De acuerdo con esta definición de “audiencia masiva”, las cuestiones a investigar son básicamente dos: 1) ¿De qué manera las relaciones sociales de una persona (interacciones con otras personas) influyen en el uso que esa persona hace de los medios de comunicación? 2) ¿Cómo utilizan las audiencias los medios de comunicación para conseguir objetivos sociales u otras gratificaciones? Tal y como ocurre en la comunicación de persona a persona, la interacción que se produce en la comunicación masiva responde a un objetivo, es transaccional, y está influenciada por el ambiente en el que viven los participantes. La principal diferencia es que en la comunicación de masas se considera como receptor a un gran número de personas que reciben simultánea, pero independientemente, las comunicaciones originadas por unos pocos. Sin embargo, la definición de la comunicación de masas basada únicamente en la “audiencia masiva”, no es suficientemente adecuada, puesto que no establece claramente cuál debe ser el tamaño de la audiencia para que se la considere una “audiencia masiva”. ¿Es lo mismo la audiencia que asiste a una reunión que la audiencia de las noticias del telediario? Una perspectiva más precisa es la que toma también en consideración al comunicador original y al método por el que se transmite el mensaje al receptor. En la comunicación de masas, el comunicador es una organización social capaz de reproducir el mensaje y de enviarlo simultáneamente, gracias a la tecnología disponible, a un gran número de personas que están alejadas en el espacio. Con esta definición, el número de individuos a los que llega la comunicación es de una
125

E. Freidson: “Communications Research and the Concept of the Mass”, American Sociological Review, 1953, nº 18, pp. 313-317.

importancia secundaria. Lo que importa es la capacidad del comunicador para reproducir el mensaje y enviarlo simultáneamente a receptores espacialmente separados. En la comunicación de masas, el comunicador es a menudo un medio masivo: un periódico, una cadena de televisión, una editorial de libros, una página Web o una publicación de revistas. Es una organización social porque la componen muchos comunicadores individuales con responsabilidades y papeles bien definidos. Gerbner ofrece una definición que toma como punto de referencia al comunicador en lugar de la audiencia: “La comunicación de masas es la producción y distribución, con un origen institucional y una base tecnológica, del flujo continuo de mensajes más ampliamente compartidos en las sociedades industriales”126. Gerbner introduce otra de las características que distinguen a la comunicación de masas de la comunicación interpersonal: los mensajes se envían a los receptores indirectamente, utilizando algún tipo de aparato electrónico. En la comunicación de masas, la fuente y el receptor no están físicamente en el mismo sitio, de forma que la interacción directa (cara a cara) no es posible. Además, el mensaje se transmite a través de operadores tecnológicamente avanzados (por ejemplo, un transmisor de radio) que permiten su reproducción y distribución a muchos receptores al mismo tiempo. Una característica importante de la comunicación en general, es que se trata de un acto que se realiza a propósito, con un objetivo, tanto por parte del emisor del mensaje como del receptor. El emisor tiene intereses para iniciar el acto comunicativo. El receptor, a su vez, participa en el acto comunicativo siendo receptivo al mensaje, de forma que al hacerlo consigue también ciertos objetivos. Así pues, la comunicación es transaccional. Las dos partes (el emisor y el receptor) participan en la transacción esperando algo a cambio de su esfuerzo. ¿Por qué se comunican las personas y las instituciones sociales? ¿Qué esperan obtener de esa transacción? Para Laswell127, la comunicación responde a tres objetivos.
126

G. Gerbner: “Mass Media and Human Communication Theory”. En F.E.X. Dance (eds.), Human Communication Theory, Rinehart and Winston , New York, 1967 , pp. 40-57.

La primera función es” vigilar”. Al examinar el entorno inmediato y lejano, la comunicación permite a la comunidad recibir información sobre los peligros y las oportunidades del medio en el que existe. De esa forma, los miembros de la comunidad son capaces de ampliar su conocimiento de lugares, eventos, y personas que están más allá de lo que pueden experimentar directamente en su entorno. El éxito en el control del entorno requiere el conocimiento de los elementos que lo integran. En la actualidad, la responsabilidad de cumplir con esa función de vigilar les ha sido atribuida a los medios de comunicación. La segunda función de la comunicación es “correlacionar a los componentes de la sociedad para responder al entorno”. La continuidad de la existencia de la comunidad depende de su capacidad para adaptarse de forma efectiva al entorno. Para ser efectiva, la respuesta a las necesidades planteadas por el medio ambiente debe ser un esfuerzo concertado entre los miembros de la comunidad. Es decir, debe de haber un acuerdo o consenso en el tipo de respuesta a aplicar y una cooperación para llevarla a cabo. Esto es lo que la comunicación consigue en una comunidad. Sólo mediante la comunicación puede la comunidad llegar a entender el problema y alcanzar un consenso respecto a la conveniencia de la respuesta alcanzada. Los medios de comunicación de masas tratan de realizar esta función de correlación en muchas sociedades modernas, proporcionando a sus públicos “un mercado libre de ideas” o una discusión sobre los temas del día. La tercera función de la comunicación es “transmitir la herencia social”. Para que una comunidad sobreviva, sus miembros deben compartir valores comunes y deben estar de acuerdo en qué comportamientos y qué roles son los adecuados. Socialización es el proceso por el que los miembros de una comunidad aprenden los valores, los comportamientos y los roles que son adecuados. La comunicación es necesaria para que la socialización ocurra entre padres e hijos, entre la escuela y sus estudiantes, entre los medios de comunicación masivos y sus públicos, y entre el gobierno y la población.

127

H. Laswell: "The Structure and Function of Communication in Society". En L Bryson: The Communication of Ideas. Op. Cit.

Podemos resumir estas tres funciones que la comunicación realiza en las sociedades modernas en una única, que sería el principal objetivo de todo acto comunicativo: preservar el sistema (Cuadro nº 6). Cuadro nº 6: Funciones de la comunicación Objetivos del Comunicador (Preservar el sistema) 1. Informar 2. Enseñar O bjetivos del receptor (Adaptarse al sistema; satisfacer las necesidades; maximizar recompensas, minimizar penalizaciones) 1. Aprender los peligros y las oportunidades; entender el entorno; probar la realidad; tomar decisiones 2. Adquirir habilidades y conocimientos necesarios para funcionar de modo efectivo en la comunidad; aprender los valores, comportamientos y papeles que son adecuados para 3. Persuadir 4. Agradar, satisfacer las necesidades del receptor ser aceptados en la comunidad 3. Tomar decisiones; adoptar valores, comportamientos y papeles apropiados para ser aceptados por la comunidad 4. Divertirse, relajarse, ser entretenido, ser distraído de los problemas

Otra perspectiva que trata de explicar esa transacción entre los medios de comunicación y la audiencia es el Modelo de los Usos y las Gratificaciones128. Esta perspectiva considera que la audiencia es activa y utiliza los medios de comunicación de una manera consciente y deliberada para conseguir determinados objetivos. Las principales preguntas a las que trata de dar respuesta la investigación sobre los usos y las gratificaciones de los medios de comunicación son, en primer lugar, por qué los utilizamos, es decir, cuáles son las necesidades individuales que nos llevan a elegir un tipo determinado de medio de comunicación en lugar de otro, o a elegir un tipo de contenido en lugar de otros posibles. En segundo lugar, esta teoría explica en qué medida los medios de comunicación satisfacen las necesidades individuales y sociales de la audiencia129.
128

E. Katz, M. Gurevitch & H. Haas: "On the Use of Mass Media for Important Things", American Sociological Review, 1973, nº 38, pp. 164-181. y E. Katz, J. Blumler & M. Gurevitch: "Uses of Mass Communication by the Individual". En W. Davidson & F. T. Yu (eds.), Mass Communication Research, Praeger, New York, 1974, pp. 1135. 129 Los medios de comunicación satisfacen las necesidades de la audiencia cumpliendo una serie de funciones o gratificaciones cuya tipología fue originalmente establecida por Lasswell y más recientemente refinada por McQuail, Blumler y Brown:

En el caso de la televisión, este modelo aporta algunas ilustraciones sobre el papel que este medio tiene en la vida de las personas 130. Explica las razones por las que la televisión resulta tan atractiva para distintos sectores de la audiencia, por ejemplo para los adolescentes, ayudándonos a comprender por qué su influencia sobre ellos puede ser tan importante. Rubin analiza el atractivo que la televisión tiene para los jóvenes y estudia las diferencias en los comportamientos expuestos a la televisión y las motivaciones para utilizar este medio entre los niños y los adolescentes 131. Lometti, por su parte, revela que el uso más importante de los medios de comunicación para los estudiantes universitarios es la búsqueda de orientación132. Dentro de la adolescencia, Potter expone cómo la televisión pasa de ser una “ventana mágica” a ser una fuente de personajes con los que los jóvenes pueden relacionarse133. Desde los comienzos de la comunicación de masas los investigadores han tratado de comprender la influencia ejercida por los medios sobre sus audiencias. El resultado de esa investigación ha sido una serie de formulaciones que tratan de describir, explicar y predecir lo que ocurre cuando ciertos tipos de personas se exponen a determinados contenidos134. Ya en 1948, Lazarsfeld elaboró una clasificación de los efectos según fueran inmediatos, a corto plazo, a largo plazo e institucionales135. El autor clasificó, además, las probables causas de tales efectos: unidades singulares (una emisión radiofónica),
H. Lasswell: "The Structure and Function of Communication in Society". En Bryson, L. (ed.), The Communication of Ideas, Op. Cit. pp. 37-51. D. McQuail, J. G. Blumler, J.G. & J. Brown: "The Television Audience: A Revised Perspective". En D. McQuail: Sociology of Mass Communication, Penguin, Harmondsworth, England, 1972. 130 A. Rubin: "Television Uses and Gratifications: The Interactions of Viewing Patterns and Motivations", Journal of Broadcasting, Winter 1983, Vol. 27, nº 1, pp. 37-51. 131 A. Rubin: "Television Usage, Attitudes and Viewing Behaviours of Children and Adolescents",

Journal of Broadcasting, Summer 1977, Vol. 21, nº 3, pp. 355-369; “Media Gratifications through LifeCycle”, en W. Rosengren & Palmgreen, Media Gratifications Research: Current Perspectives, Sage, Beverly Hills, 1985, pp. 195-208.
132

G. E. Lometti & C. R. Bybe: "Investigating the Assumptions of Uses and Gratifications Research", Communication Research, July 1977, Vol. 4, nº 3, pp. 321-338. 133 J. B. Potter: “How Adolescent’s perceptions of Television Reality Change Over Time?” Journalism Quarterly, 69, Vol. 2, Summer 1992, pp. 392-405. 134 Noëlle-Neuman ofrece un análisis de la evolución y el futuro de la investigación sobre Efectos, en NoëlleNeuman, Elisabeth, “L’influence des mass media”, Etudes de Radio-Television, nº 26, 1980, pp. 121-176. 135 E. Katz: “Communication Research since Lazarsfeld”, European Journal of Communication, 1987, 5, pp. 526545, este autor habla del artículo de Lazarfeld, P. F., “Communication research and the social Psychologist”, en W. Dennis (Ed.): Current Trends in Social Psychology, University of Pittsburg Press, Pittsburg 1948.

tipo general (radionovela), estructura económica y social del medio (propiedad privada/pública) y naturaleza tecnológica del medio136. Décadas más tarde, Hackforth analizó cientos de publicaciones y realizó una síntesis del subcampo de los efectos137. El investigador identifica cinco dimensiones o rangos de posibles efectos: 1) Formar opiniones o actitudes donde no existían antes (nueva información); 2) Confirmar opiniones y actitudes existentes; 3) Reducir la intensidad de actitudes existentes sin cambiarlas; 4) Cambiar (antes-después); 5) No efectos. También identifica cuatro áreas de los efectos: en la conducta, en el conocimiento, en las actitudes y fisiológicos138. Resumiendo las distintas perspectivas, se puede decir que los medios de comunicación pueden afectar a la sociedad y a sus miembros de distintas maneras. Los medios pueden influir desde los comportamientos y las percepciones individuales, hasta las relaciones de grupo y las instituciones sociales. La comunicación de masas es, pues, un fenómeno complejo, que puede ser estudiado en distintos niveles, asumiendo diferentes perspectivas teóricas y utilizando diferentes herramientas metodológicas:
1)

Nivel individual. El análisis de la comunicación de masas a nivel individual (también llamado nivel intrapersonal o micronivel) considera que el comportamiento humano se origina y radica en la persona individual. Las acciones de las personas en el nivel individual son estudiadas por la psicología. Los investigadores han estudiado frecuentemente la comunicación de masas a este nivel, utilizando principalmente la metodología del experimento en laboratorio. Desde la perspectiva individual, los investigadores estudian la manera en que la fuente codifica los mensajes y la forma en que el receptor los decodifica. La atención se centra en aquellas variables que pueden ayudar a la fuente a ser más efectiva con su

136

Consultar el capítulo “Clases de Efectos” en Valbuena de la Fuente, Teoría General de la Información, Opus. Cit., pp. 511-517. 137 J. Hackforth: “Mass media and their effects: omnipotence or impotence”, Gazzette, 24, nº 2, 1978, pp. 138-144. 138 Otros trabajos de sistematización de los estudios sobre efectos son: B. Greenberg & C. Atkin: “Effects of the Mass Media”, en C. Book, Cassandra et. al.: Human Communication: Principles, Contexts and Skills, ST. Martin’s Press, New York, 1980, pp. 281-320 & D Roberts & C. Bachen: “Mass Communication Effects”, en Mass Communications Review Yearbook, Sage, Beverly Hills, 1982.

comunicación (credibilidad de la fuente, estructura y atractivo del mensaje y características del medio de comunicación) y en las respuestas del receptor, en cómo éste reacciona al estímulo comunicativo externo (atención a la fuente y al mensaje, comprensión del mensaje, cambios de actitud, retención del mensaje y de la fuente y seguimiento de las recomendaciones de la fuente materializado en comportamientos reales). La limitación del análisis de la comunicación a nivel individual utilizando la metodología del experimento en laboratorio reside en que los resultados son difícilmente generalizables.
2)

Nivel interpersonal o de grupos pequeños. En este nivel, el investigador no sólo está interesado en el individuo sino también en el contexto social en el que éste responde a los estímulos externos. La psicología social es la que estudia la dinámica de grupos y está interesada en cómo el entorno social de un individuo limita, controla o influye en su comportamiento139. Actualmente, la investigación empírica sobre cómo las relaciones interpersonales afectan al comportamiento de los comunicadores masivos (reporteros y editores) es muy escasa. La comunicación organizacional (el estudio de las acciones comunicativas en grupos u organizaciones) es un área creciente de investigación.

3) Sistema social. En este nivel, la unidad de análisis no es el individuo, sino los grupos de individuos y sus características o propiedades. El grupo se considera un sistema social, con estructuras o propiedades físicas que influyen en el comportamiento de los individuos. La investigación del comportamiento humano a nivel del sistema social estudia cómo las características de la estructura social (algunas veces denominada macreoestructura) limita o influye en el comportamiento individual. 4) Sistema cultural. Este nivel de análisis engloba el estudio de la comunicación desde los otros tres niveles: el individual, el interpersonal y el social. En este sentido, como señala Hoebel, “la cultura es la suma que integra todas las características aprendidas del comportamiento que se manifiestan y se comparten por

139

G. H. Mead: On Social Psychology, University of Chicago Press, Chicago, 1964.

los miembros de una sociedad"140. Así pues, la cultura incluye los valores, las creencias y los comportamientos que son compartidos y aceptados por los miembros de un sistema social. Para que cualquier sistema social (un grupo, una comunidad, una nación, o cualquier otro agregado de personas que puedan limitar o controlar directa o indirectamente el comportamiento de los miembros individuales del grupo) continúe existiendo, es necesario que las creencias y normas que guían los comportamientos individuales, se transmitan de generación en generación. Analizar culturalmente el comportamiento humano implica estudiar cómo las personas transmiten las normas a través del tiempo, prestando especial atención a los valores y los símbolos. Este nivel de análisis es importante en la investigación de la comunicación masiva porque los medios de comunicación son los principales transmisores de cultura, fundamentalmente debido a que se han convertido en la fuente principal de información y entretenimiento en la mayoría de las sociedades. Los medios de comunicación de masas se han convertido en agentes socializadores. El estudio de la comunicación de masas como fuente socializadora se centra en el aprendizaje de comportamientos, valores y formas de percibir el mundo a través de los medios de comunicación. Tres teorías del comportamiento humano han influido especialmente en la investigación de la comunicación de masas: el Conductismo, la Gestalt y el Determinismo recíproco. I) El Conductismo es una teoría del comportamiento humano según la cual las principales condiciones que determinan el comportamiento humano son el entorno externo de una persona (objetos y acontecimientos que existen fuera de la persona) y la capacidad de refuerzo de los objetos o eventos externos.

140

A. E. Hoebel: “The Nature of Culture”. In H. L. Shapiro (ed.), Man, Culture and Society, Oxford University Press, New York, 1960.

Según esta teoría, las personas respondemos a los objetos y eventos externos y actuamos principalmente para obtener recompensas (materiales o en forma de aprobación social) o para evitar penalizaciones. El behaviorismo tuvo una gran influencia en los primeros estudios sobre persuasión conseguida por la publicidad. Los investigadores se centraron en la manera en que las audiencias respondían a las variables externas de la comunicación: el nivel de credibilidad de la fuente, la estructura del mensaje, los elementos atractivos del mensaje, y las características del canal. Generalmente, la respuesta estudiada era el cambio de actitud. II) Gestalt, es una palabra alemana que significa “buena forma” o “totalidad”. En psicología, la Teoría de la Gestalt explica cómo las personas organizan sus percepciones sobre el mundo en general (incluyéndose a ellos mismos) y sobre el papel que juegan en el mundo, así como sus actitudes y valores141. Los psicólogos de la Gestalt utilizaron el término “fenomenología” para referirse a la percepción que un individuo tiene acerca del mundo, es decir, a su experiencia subjetiva del mundo, basada no en características objetivas, sino en cómo él lo percibe. La Gestalt ha influido en la investigación de la comunicación de masas a través de las teorías del equilibrio (incluyendo la Teoría de la Disonancia Cognitiva) para explicar el comportamiento comunicativo. Estas teorías sostienen que las personas se comunican para reducir el desequilibrio o la disonancia. Como se ha discutido anteriormente, la influencia de esta perspectiva fue más evidente durante la década de los sesenta, cuando dominaba el modelo de la influencia poderosa de los medios de comunicación social. III) Además del Behaviorismo y de la Gestalt, la teoría general del comportamiento humano más aceptada actualmente en las áreas de la psicología y la comunicación es lo que Albert Bandura llama el “Determinismo Recíproco”142.

141 142

D. Sherrod: Social Psychology, Random House, New York, 1982. A. Bandura: “Model of Causality in Social Learning Theory”. En S. Sukemune (ed.), Advances in Social Learning Theory, Kaneko-Shoho , Tokyo, 1983.

El Determinismo Recíproco afirma que el comportamiento humano se explica mejor tomando en cuenta tanto factores internos como externos, y que ambos factores a menudo interactúan. Los factores internos incluyen los procesos en los que están interesados los seguidores de la Gestalt y la psicología motivacional: los procesos perceptivos, cognitivos y motivacionales del individuo. Los factores externos son en los que se centran los behavioristas, incluyendo las características objetivas de los acontecimientos externos y las consecuencias de las acciones en el entorno (como las compensaciones y los castigos). Según el Determinismo Recíproco, los acontecimientos externos e internos determinan el comportamiento humano mediante unos procesos que están interrelacionados. Esta perspectiva supone que los individuos tienen control sobre sus acciones a través de procesos como establecer objetivos y auto-supervisar (observando el resultado de sus acciones), y auto-proporcionarse incentivos (generando recompensas internas). Sin embargo, este comportamiento “auto-dirigido” también está limitado por objetos y acontecimientos que están en el entorno externo, de modo que, para comprender el comportamiento humano debemos tener en cuenta tanto los procesos internos como los externos. La influencia del determinismo recíproco en el campo de la comunicación de masas está ganando terreno entre los investigadores que no se concentran de manera aislada en los procesos internos (como el procesamiento cognitivo de los mensajes) o en los externos (como las cualidades de recompensa de la fuente de un mensaje).

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