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EL ROSTRODE LOS SANTOS SEGUNDOLLORENTE 10 CUARENTAAÑOS eurNTA eolclów EDICIoNESsÍcugtvln SALAMANCA 2004
EL ROSTRODE LOS SANTOS
SEGUNDOLLORENTE
10
CUARENTAAÑOS
eurNTA eolclów
EDICIoNESsÍcugtvln
SALAMANCA
2004

ENELcÍncur,o poLAR

Cubiertadiseñadapor ChristianHugo M Antologíapreparadapor AmandoLlorenteSJy JoséA. Mest¡e. Las fotog s
Cubiertadiseñadapor ChristianHugo M
Antologíapreparadapor AmandoLlorenteSJy JoséA.
Mest¡e.
Las fotog
s hansidocedidaspor el Archivo de la provincia
de Oregon,
de la Compañía deJesús,a la quepertenece la misión deAlaska.
@ Ediciones SíguemeS.A.U.,Salamanca1990
C/ GarcíaTejado, 23-27 - 37OO7Salamanca/ Esoaña
Tel.: (34) 923 Zr8 203 - Fax:(34) g23 27O563
e-mail: ediciones @sigueme.es
www.srgueme.es
ISBN:84-301-1110-7
Depósitolegal: S. 1.433-2004
ImpresoenEspaña/ Unión Europea
lmprime: GráficasEuropaS.A.
PolígonoEl Montalvo, Salamanca2004
CONTENIDO Prólogo Mi hermanoSegundo,misionerodeAlaska I I I. LA TRAVESÍAY PRIMERASEXPERIENCIAS l 9 t .
CONTENIDO
Prólogo
Mi hermanoSegundo,misionerodeAlaska
I
I
I. LA TRAVESÍAY PRIMERASEXPERIENCIAS
l 9
t .
HaciaAlaska
2 1
2. Arribando a la tierra de promisión
38
3.
Mi primer
viaje invernal en trineo
A'1
¿ Peripeciasde cua¡esma
56
5.
Mi primer verano .
7|
II. LA TUNDRA IMPLACABLE
7'7
6. Viaje a Hooper Bay
79
7. trineo para salvarel alma de
En
JuanFelipe .
l?l
8. cuaresmade 1956
La
125
9. El mesde mayo enAkulurak
l3l
10. Eldeshielo
l3'l
11. Viaje fluvial accidentado.
.
143
12. El agostoeskimal
l5l
13. Losmosquitos
159
III. EPISODIOSALASKENOS
163
14. Peligrosen el ai¡e
165
15. Fríoybautizos
l7l
16. Ejerciciosespiritualesen la isla de
l't6
17.DíadecampoenPalmer
(
185
18. El martiúo de lapaciencia
189
19. Villanueva,la aldeaeskimalcristiana
193
20. Pescandosalmones
I99
21. KinglslandyelpadreLafortune
200
22. CruzandoelYukon
207
23. Resurgiendode lasruinas.
2l,l
24. El anillo olvidado
Z2I
25. Taciana sequiere morir
.
228
26. Lospenos deuntrineo 235 27. NavidadenAlaska 241 28. Mi hermanoenAlakanuk 252 IV. PERSONAJES Y AVENTURAS
26. Lospenos deuntrineo
235
27. NavidadenAlaska
241
28. Mi hermanoenAlakanuk
252
IV. PERSONAJES Y
AVENTURAS
255
29. Un misioneroerudito .
257
258
Jl.
30. Un superior intrépido
TresHermanasde la Nieve
263
32.
F
De trotamundosa misionero
269 Í
JJ.
El
veteranohe¡manoHess
274
34. La
ancianaMaría Nazloj
2'75
J).
El
padreTomásCunningham .
¿t I
En cuanto corrió Ia voz de Ia muefre del P . SegundoLlorente, S. J. ,
36. PedroJorgensen
279
a
su hermano, el padre Arnando, le llovieron de todaspartes carta.s
JI.
Kris, el escandinavo
283
y
rruis cartas, que a la expresión de los sentimientosde pésame y
Jó.
La gentede Kalskag
288
39.
felicitación,
unían una súplica: < ¿Cómo
y dónde conseguir sus li-
Raquel,la rusticade Kotzebue
293
40.
bros?>.
Jorge, el tramposo
297
41.
Ia respuestaa esta pregunta no pudo ser otra que lamentar el
Mi
padre, mi madre
299
que todns las ediciones de suslibros
estuvieran agotadas.
V.
LA POLÍTICA
307
+L, A A
Mi pasopor el congreso
309
43. Temasde interéspúblico
JZ3
AI comentarlo con nosoftos, un grupo de profesionales miembros
de la Agrupación Católica Universitaria de Ia que el padre Amando
es director, y que a nuestra vezformamos el <Forum XXI>, le pro-
pusímos la idea de publicar una antología de susmejores libros. EI
padre Aftnndo, a quien su hermano había repetido muchasvecesque
VI. SER MISIONERO: EVANGELIZACIÓN Y ESPIRITUALIDAD
.
J¿I
dispusiera libremente de susobras, libros y escritos, aprobó la idea
44.
Los t¡esciavosdel misionero
329
JJZ
y aquí estd eI resultado.
Los que no conocíamosplenamente los libros del padre Segundo
JJ)
Llorente, estamossorprendidosde su contenidoliterario, anecdótico,
47.
La verdaderaalegríadel verdaderomisionero
34r
48.
aventureroy
espiritual. Nuestro únicoproblema fue cómoseleccionar,
Misionerosy misioneras<dedeseo>
343
49.
Por un mundomuchomejor
349
50.
Catequesis
352
51.
Accióny
J))
52.
Balancede beneficios
359
53.
Caminode santidad
363
54.
Las monjas
367
55.
Hablandoa solascon el Señor
369
56.
Cómq fueron los santos .
372
57.
La fuerzadel misionerosolitario
373
58.
Reflexionesa los 25 añosde
376
porque todo resultaba enormernenteinteresante.Al final creemosha-
ber escogido unq muestra de eseacerbo inagotable, evitando en lo
posible repeticiones de ideas, episodiosy situacionesque durante 40
años en Alaska teníqn que duplicarse inevitablemente.
Sin embargo, con esto no hemoshecho rndsque abrir un capítulo
de algo que va. a tener grandes repercusiones. EI padre Segundo
Llorente no va a morir a secas.Cada vezse estdhablando más y más
de é1,y no dudamos que quiztis un día la Iglesia ponga su nombre
en eI libro de los santos.
Pronto surgird quien quiera investigar su vida de un modo más
Epílogo
383
completoy escribirla para la edificación de los demás. Habrá ígual-
Cronología
389
mente quien quiera profundizar en su vida espiritual, fuente de su
Bibliografía
390
valor heroico e increíble.

PRÓLOGO

rlr9i,¡4if ir$,rir,, j I
rlr9i,¡4if ir$,rir,,
j
I
Mi hermanoSegundo, misionerode Alaska* antología, como muestray testimonio del arte, valor, simpatía y san- tidad
Mi hermanoSegundo,
misionerode Alaska*
antología, como muestray testimonio del arte, valor,
simpatía y san-
tidad del padre Segundo Llorente, misionero durante 4ó anoi en eI
Círculo Polar.
Hemosdividido el inmensomateriar,en seispartes. Ins dospri-
meras constanprincipalmente de materiales seleccionados
de suspri-
meros artículos escritos para la extinta revista El Siglo de las Misio-
nes, que se publicaba en Bilbao, España.
Estosartículos fueron
recopiladosy publicados en rosribrosEn el país de los
eterno,iri"ror,
De la desembocadura del yukon, crónicasakulurakeñas, En lascostas
Si yo quisierad¿' con la fórmula que hizo posible una vida tan
del mar de Bering y Trineos y eskimales.
Las dospartes siguientesconsistenen una selección,lo mds re_
llena y una muerte tan santa, creo que podríamos encontrarlaen que
el
modo de serde Segundo,sucarácter,supersonalidad,sintonizaban
quinta parte, que recogeel paso
del padre
,La
Segundopor
la
política, como diputado del congresoestatal de Ataska, está tomada
de 28 añosen Alaska y del libro Memoirs of a yukon priest.
La última parte, consisteen una pequeña selección de la enorme
tan perfectamentecon el ideal ignaciano,que el día que 1oconoció
dijo: <¡Estoes 1omíol> y lo vivió plenamente.
Los jesuitas, cuandoqueremoshablarde sanIgnacio,decimos<<el
magis>ignaciano: magis, una palabralatina que quiere decir mds. San
Ignacio siemprebuscabalo más; no lo bueno, sino lo mejor; no la
gloria de Dios, sino la mayor gloria de Dios; no <<servir>>a nuestro
Señor, sino distingui¡seen el servicio a nuestroSeñor. Siemprelo
más. Y Segundonació para <lo más>.
cantidad de escritos sobre
temasespíritualesy de evangelización di-
seminadospor todos suslibros.
Los materialesescritos originalmente en inglés han sido traducidos
y adaptadoslibrementepor nosotros.Donde resultaba necesariohacer
ciertas adaptacionesy cortes, se trató de seguir er espíritu der autor;
Cuando tuvo quince años le dijo a mi padre: <Yo quiero ir al
seminario;quiero ser sacerdote>.Casi seguro,porqueel párroco del
pueblo era el personajemás importante, It Segundoquería ser impor-
tante:<Paraquedarmecontodoslosdemás,y serunomásdelpueblo
Aquí, el quesobresaleesel cura,el piirroco
¡Yo voy al seminario!>.
pero, sin duda, el lector atento encontrarti pasajes
que no responden
Fueal seminariodela diócesisdeLeón. Y estandoenel seminario,
plenamente a la
agilidad, entusiasmoy simpatía del autor, por lo cual
llega un jesuita y da Ejercicios a los seminaristas.Y al hacer los
pedimos disculpas.
Ejercicios,Segundodice: <¿Cómoyo me voy a quedar
?
je-
A través de las págincts que siguen se han distribuido
¡yo,
suita!>>Estandoen el noviciado,pasapor allí un misionerode China
fotografías
que ilustran la narración y resaltan hechos, ideas o testimonlosgue
estimamosde gran interés para hacer mds amena la lectura.
y habla a
los novicios: <Ustedes, ¿qué van a
hacer en España?En
Españael que se condenaes porque le da la gana; tiene todos los
José A. Mestre
*
De la homilía
pronunciada
el
día
11 de febrero
de 1989 en la Agrupación
Católica
26 de enerode 1990
Universitaria
de Miami
10
t1
medios para salvarse:tiene iglesias, tiene sacerdotes,tiene todo Pero hay miles y millonesde paganosque no han
medios para salvarse:tiene iglesias, tiene sacerdotes,tiene todo
Pero hay miles y millonesde paganosque no han oído nuncahablar
de Jesucristo
>.
Esa conversaciónbastópara que Segundodijera: <¡A las misio_
boxeador>;porqueSegundoera tremendamentefuerte, tremendamente
vigoroso, con una saludque le duró hastatresmesesantesde morir;
en cuarentaañosen Alaska nuncaperdió la salud.
Así, pues,a prepararseparaAlaska. Por supuesto,adiós a todala
nes!>. Y si hay queir a lasmisiones,
¿cuál
esla másdifícil? En aquel
familia para siempre;de allí no había vuelta -mi
hermano no vio
momento Pío XI había escrito que la rnisión de Alaska era la tarea
más heroicaen la Iglesiacatólica,y Alaska sele metió
el corazóny en el almay en la ilusión y en los ideales
másque ;Alaska!
a Segundoen
v va no era
nunca más a mis padres, ni mis padreslo conocieroncomo sacerdote
ni pudieronoír nuncamisasuya-
Pero Alaska no le pertenecía como jesuita. Le dijo ar provincial
Ayer leía yo una carta que me escribió muchos años después
diciéndomelo quele costódeciradiósa la familia. Me decíaSegundo:
que queríair a
Alaska
<<¿Alaska? ¿Dónde estáeso?
pintausted
¿eué
en Alaska? Bien,
estábien, ese es un fervor muy bueno, pero siga
Cuandopasépor casay os vi, no os qursedecirnada;peropor dentro
estudiandolatín y griego
estaba convencido de que ya no volvería a ver más los patrios lares.
¿Ah, sí?Cartaalpadregeneral, el famosísimopadreLedochowski,
que gobernó la compañíadeJesúscasicuarentaañosy dejóunahuella
Recuerdo que un día mientras dormía la siesta en una habitación de
aniba,
oí juguetear a los pequeños allá abajo y me vino
un llanto muy
imborrable como generalde la Compañía:<yo, SegundoLlorente,
que tengo ahora diecinueveaños y empiezo a estudiarfilosofía,
¡quiero ir a Alaska!>.
El padregeneralle contestócomo el provincial:<Sigasiendobuen
estudiante,prepáresepara ser sacerdote,y despuésvaya adondelos
superioresle manden
copioso. lJna vez más se me daba a escoger entre quedarme remendando
redes o seguir a Jesús. Afortunadamente, relictis retibus, secutus sum
Jesum; dejadaslas redes, me fui con Jesús
Ot¡a vez en e1 colegio de
La Habana, al bajar con la maleta ya para i¡ al barco yanki, que se
balanceaba en la bahía, un niño del colegio, recién llegado fue detenido
>.
en la portería por donde quería escaparse para casa; y al
ser detenido
lloraba desconsolado llamando a su mad¡e. Yo me estremecí todo y,
sin
poderlo evitar, sentí que se me llenaban 1os ojos de agua; estábamos
los dos en semejante posición; é1 como niño, lamentaba la ausencia de
una semana, yo crecidote, divagaba sobre la ausenciade por vida.
A los veintitrésaños,solito y sin saberunapalabrade inglés,fue
Pero China
no le gustaba.Esperó otro año; era el tercer año de
filosofía, lo estabahaciendoen Granada,a los veintiún años.Escribe
otra cartaal padregeneraly le dice: <Sigolo mismo; acabode hacer
a los EstadosUnidosparaestudiarteologíaen KansasCity. Allí pasó
cuatroañosdeestudios;y, en cuantoseordenóde sacerdote,en 1935,
a los veintiochoaños,salió para Alaska.
Ejercicios; delantede nuestroSeñor estoy segurode que a mí Dios
me llama para Alaska;por lo tanto,
'El
le suplico, padregeneral
>.
padre generalvio una indicación de la voluntad de
Dios y
contestó de su puño y letra: <<conesta carLamía va otra a su provincial
y otra al provincial de Oregon,que es el que mandaen Alaska, para
que, si su provincial 1oconsideracorrecto,y si el médico lo aprueba
y ve que ustedpuedeaguantarel clima de Alaska
Segundo no tenía miedo a un chequeomédico.
>.
Como para mí Segundo fue siempre una inspiración y un ideal,
en 1953sentíla necesidadde verlo y saberdóndeestabay qué hacía.
Cometí la gran locura e imprudencia, de la que ahora me alegro
enormemente,de sorprenderlosin consultarlenada,en pleno mes de
febrero.
Así me lancéa 1oquefue unabonitaepopeya.Al final de un largo
Contabaque el
médico le dijo: <si alguien puede resistir el frío de Alaska ei este
y difícil viaje caí en la choza de un misionerode Alaska. Ante mi
evidente asombro cuandovi aquello, me dijo:
t2
l 3
<¿Qué le parece mi casa?Un pocopequeña le parece, y ¿no?, un poco fría' a recorer
<¿Qué le parece mi casa?Un pocopequeña le parece,
y
¿no?,
un
poco fría'
a recorer el pueblo, casapor casa,yo te puedo decir dondevivían
Puesestoes un palacio; ¡yivérausted cuando"uea ¿ón¿e
todoslos vecinosdel pueblo,y hastael nombrede los perrosde todos
vive su hermanol>.
n¡Tesaltasteuno!>
-decía.
ellos>.Ibamosasírecorriendonombres
Me recibió como a un huésped,para
que me quedara allí. yo le
Le pregunté:<<Pero,Segundo, ¿qué hacestú aquí? ¿Tú quieres
dije: <Vengo paraver a mi hermanor. y -.
en Alaska. Aquí no hay días, ni semanas,ni
dice: oAy, ya estáusted
meses.se acabaron las
salvaralmas?Ven
para Allí hay 15.000almasque salvar.Oye, las
comunicaciones. Si tiene la suerteque uvo el
obispoel
año pasado
por estafecha
Vino
a_veÍne y tuvo que quedarse aquí por una
tormenta de nieve que
almasde los cubanosvalen 1omismoque las de los eskimalespor lo
menos, ¿no?>. Y me contestó:<¡Cómonosgustaa nosotrosdecirque
la lglesia es católica, universal,que tiene que estaren todaspartes!
duró veintinueve días; no nos morimos de
hambrepor milagro: yo de
casualidad, teníaunossalmones congela_
dos, y de esofuimos comiendo
No pudimos sali¡ de la chozani ir
a ningúnlado. ¡Veintinuevedías!>.
Paradormir,pusimos unaspieles
deosoenel sueloy nostendimos.
El _-
me dice: <Tenga cuidado cómo pone los
pies,
p*u
qu" la puerta
no quede impedida; p,orque de noche puede entrar
cualquiera.
Facil_
mente algún esquimal, de los
que undunpo, ahí vagando con sus
trineos,puede
necesitarentrar.La puerta tienequeestarsiempreabier-
ta, porque esdevida
o muerte;esunareglaenÁlaskaquenáie cierre
su puerta,por si alguiennecesitaentrarde noche>.
Ya tirado en el suelo,. oigo que
empiezan a ladrar los perros de
una maneraterrible' un viento de nreve, unos
alaridosimponentes a
lo lejos
<<¿Eso qué es?>.<Son los lobos,que tienenhambre.Los
Los eskimalestambién son hijos de Dios, y a mí me ha tocadoel
privilegio de sersu misionero.Aquí estála Iglesiacatólica,graciasa
nosotrosIos misioneroso.
En éstasviene el piloto que me había llevado y dice: <Yo me
voy>. Y Segundo:<<Amando,tú verás1o que haces;si te quedas,
¿cuándo podrássalir? Nadie lo sabe.Yo cojo mi trineo y no tengo
problema,pero tú, ¿cómo te vasde aquí?Esta es la oportunidad>.
¡Cuatro horas!Despuésde haberestadocuatrodíasbuscándolo
Añadió: <<Vamosa decir la misapor nuestrospadres>.
Dijimos la misa; eraemocionantísimo,porqueestábamosen Aku-
lurak (A mi padre cuando murió la última palabra que se le entendió
fue Akulurak, dondeestabasuhijo mayor:no estabaallí con é1,pero
lo tenía en el corazón).
Dijimos la misa y yo tuve que cogerla avionetay marchar.
perros ladranpor eso
>.yo
habíavenido de La Habana,y pensaba:
<;Esto estábueno!>. pero también me
decía:<Hasta qu"
ná It rreano
me vuelvo atrás;me muero, pero yo veo a mi hermanor.
Al fin 1ologré.
En plenatundra,todo eranoche(porque en febrero
,
todo es nocheen Alaska),
en medio de aquelvalle de ni"u" ,r"o qu"
vienemi hermano haciamí.
Quisimos abrazarnospero
no
pudimos, porque estábamos los
dos
vestidos como astronautas; y nos
dimos la mano con una emoción
increíble. Fue un encuentro fantástico.
(Cuando yo le cogíala manoaé1,pocoantesdemorir, me acordaba
tanto de aquellaprimera vez que le
había cogido lasmanosen la tundra
de nieve,hechoun mocetóntodavía
).
Nos tiramos en un cam¿stroy empezamos a hablar.
qué se
¿De
hablaenesosmomentos? ¿Creeniu" t uUtu-os algo de teología?
¿De
la Compañía de Jesús?
¡padre,
-ud.",
hermanos!<¿Cómo estáéste?
¿Cómo estáel otro?>.El no conocíaa
nadie:.y
éste,
éste, ¿cómo es? ¿Qué le gusta a éste?>.Después dijo:
¿cómo es? y
Áhora
vamos
Seidentificódetal maneraconioseskimaiesque,cuandoel Estado
de Alaska creció y se hizo libre, vinieron las primeraselecciones;y
salióSegundoLlorenterepresentantede Alaska, porquelos eskimales
lo habíanelegido.Mi hermanomandóen seguidauna cartadiciendo
que renunciaba,que no sería apropiado.Le contestaronque no re-
nunciara,pues era la primera vez que votaban los eskimalesy era
darlesun mal ejemplo no aceptar;que no 1orniraracomo un honor,
sinocomo una manerade servir.
CuandoAlaska se hizo rica por el petróleo, no sabíanqué hacer
con los blancosque habíanestadoallí tantosaños,a los que. al fin y
al cabo, se les debía que aquellollegasea ser lo que era. Entonces
hicieronel <Club de los fundadoresde Alasko. La condiciónera ser
blanco -que hubieravenido defueraatrabajar en Alaska- con treinta
añosde servicioen Alaska, y que hubierahecho algunacosaimpor-
tante.Elegidopresidentepor unanimidad: ¡el misioneroSegundoLlo-
rente!
14
l 5
¿Qué hizo en Alaska con los eskimales? Me dijo un padre en la universidad Gonzaga:<<yo
¿Qué hizo en Alaska con los eskimales? Me
dijo
un
padre en la
universidad
Gonzaga:<<yo le pregunté a su hermano rna
vez:
padre
haceruna oración por mi salud. Olvídate de eso. pide que searápido.
Estoy esperandoel encuentrocon nuestro Señop>.
Llorente, usted,
¿qué
hizo cuarentaañosen
Alaska?". y como se lo
Y mi¡aba el reloj
Le pregunté a la enfermerael por qué y me
dije en el tono de,,para qué perdió usted tanto tie
o
allí,,, me
respondió: <También yo se lo he preguntado, y me ha dicho: Es que
contestó:"Estuve cuarenta añosenseñando a los eskimales
a hacer
Ia señalde la cruz. y con esome doy por contento,,>.
estoy esperandola cita con nuestro Señor
cualquier momento>>.
tiene que venir ya, en
Dios
nuestroSeñorlo usó, no tantoparahacerbien a los
eskimales,
sino para
que desdeallí, con el talento que Dios le dio como
escritor,
Por supuesto,en esostresdías hablamosdetodo; porque, al mismo
tiempo que hablabade Dios, me escribíaun chiste,y contabauna
empezaÍa a
escribir cartasy artícurosque seconvertían en libros;
llegó
broma del pueblo: <Recuerdoque una vez
>>
un momento en
a reímos!
que los seminariosy los noviciados se llenaban áe
¡y
Me decían las enfermeras:<No sé qué le ha traído usted, pqlo
entusiasmopor las
!q
aventuras del misionero de Alaska. yo he encon_
ha traído la mejor medicino>. ¡Le llevé a mi familia! Le hablé de
trado docenasy docenasde
religiosasy
sacerdotesque
e han dicho:
todos:mis padres,mis sobrinos
Y
esoesmuy grande
Me
quedé
<<Debo la vocación a los libros de su hermanorr. pórq
,
realmente,
maravillado cuandovi entre suspapelesla fotografía de todos y cada
contagió esta alegría
inmensa que tenía de ser sacerdotey de ser
uno de sus hermanoscon toda su familia, y de todos y cada uno de
misionero; no la perdió nunca.
sus sobrinos con toda su familia: todos los niños, en cartulinas, uno
por uno. Me dijo: <Todoslos días antesde decir misa las veo, para
Llegó el ocaso. Fue rapidísimo: había tenido una salud fantástica.
y ffes mesesantesde morit me llama:
pedir por todos>.
<Amando, quiero
Yo tenía que regresar, pues tenía un retiro, unos Ejercicios; la
decirte que seacabóel SegundoLlorente en este
m e no sesabenuncacuándova a llegar
El estababien atendido;
mundo y empieza el del
otro. Me han dicho que tengo cáncer, y he
habíaquedar ejemplo, y me lo dijo: <<Nodejesdeir a darlos Ejercicios,
Ilamado al provinciar para
decirle que no quiáro tenár ningrin'tratu-
ése es tu deber; yo
no necesitonada; tengo a Dios y tengo todo, no
rruento' pero quiero contar con
é1.El provincial me aprobóla decisión,
te preocupesde mí nada
>.
así que no voy a seguir ningún
hatamiento. No se te ocurra ponerte
Le pedí unas letras para toda la familia. y escribió: <Muero con_
triste, porque llevo años que no sueño
más que con ir al cielo. Me
tentísimo. Desde aquí al cielo, ¿qué más puedo esperar? AIIí nos
han dado la noticia
más feliz de mi vida,
ni un minuto de esecielo al que estoy,"gu.á
y nó quiero que me quiten
de ir; no pu"ao auaarlo".
veretnostodos. Amén. Os quiero mucho. Segundo>.Es el testamento
que nos dejó a todos los hermanosy los sobrinos.
Yo lo llamaba todas las semanas;y veía
que cada semanala voz
era más tenue, más difícil. Los jesuitas de la universidad Gonzasalo
como a un
rey, con las mejores atencionesque podía t-ener
Tataron
de
cariño y dedicación:
iban todos l-osdías a verlo, unos-le besaban
la frente, todos le pedían la
bendición; he visto americanos con lágri_
Cuando el padre superior me llamó, me contó que había muerto,
rodeado de varios padres, con una sonrisa; al morir, se rejuveneció;
parecíatener veinticincoaños.Sonrosado,sonriente
Su alma estáen el cielo. Su cuerpo lo llevaron a un lugar precioso:
mas, diciendo: <<Estegran hombre
santo>.
Este hombre es un héroe v-un
Cuando llamé hace quince días, la enfermera me
dijo
que estaba
muy
mal; quesi yo pensaba ir, la semanasiguientepodía serdemasiado
tarde.
Decidí ir en seguida. Lo
encontréplenamente
consciente,
increí_
blemente feliz y
contento. Al irle a abíazar me dijo: <<No se te
ocurra
sacerdotesque hayan estadopor lo menos veinte años al servicio de
los indios. Como él había estadocuarentaaños,le pertenecía el honor
de ser enterradoen esecementerio, a unas setentamillas de Spokane,
en una loma frente a las Montañas Rocosas. Lo enterraron bajo una
lápida que dice, para todos los jesuitas que estánenterradosallí, unos
diez o doce: <<Envida y en muerte con aquellos que amamos>.
I6
1,7
Me atrevo a decir quenos podemosencomendara é1.Estoy seguro de que tiene que tenercercade Dios una
Me atrevo a decir quenos podemosencomendara é1.Estoy seguro
de que tiene que tenercercade Dios una tremendainfluencia. porque
es
que
no le negónada.
Yo le había dicho: <Oye, cuando vayasal cielo, setiene que notar
en la tierra. No hagas favorcitos pequeños, sino cosas gordas: se
estremecela lglesia, se estremecela Compañíade Jesús
y
>.
me
que me ganenadie!>>.
Amando Llorente

La travesía y pnmerasexperlenclas

18
18
1 q a HaciaAlaska* q H q U o EI \¿ ts E q F
1
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a
HaciaAlaska*
q
H
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U
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EI
\¿
ts
E
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F
\
ql
De Seattle a Seward
\
o
Ante
(5'
e
=
tiembre
de entrar en el corazón de Alaska, en aquel mes de sep_
e 1935 viajé durante seis días de Seattle a Seward en un
B,
'ü$
.:¿
L
ER
.s
1-E'
\
barco de 6.000 toneladasde la <Compañía Naviera Alaskanu.
El primer día fuimos por el estrechoque forman la isla de Van_
couver y la costa canadiense,ambaspobladas de ¡árboles,con el mar
como una balsa de aceite.
El segundodía también fuimos por estrechosangostísimos,bor_
deandoislotes, con la costacanadiensesiempre a la derechay el mar
en una paz octaviana, alteradaúnicamentepor algunaque otra ballena
a hacer piruetas a la superficie, o por focas nadadorasque
al barco y le dejan a media legua.
El tercer día llegamos a Ketchican, la primera ciudad de Alaska.
q
P
ql
T
s \c
t
Tiene 4.000 habitantes,y las dos terceraspartes de las casas -todas
de madera- estánlevantadassobreplataformas de tablonessostenidos
tt
q
^qr -l
f\
*
por maderosclavadosen el mar. Entre los dos barrios -el
indio y el
9;
s'
\ *
blanco- está la iglesia
\
:
y casa de los padres jesuitas, y junto a
la
L
iglesia selevanta uno de los edificios másrespetablesde la población.
$
:
""
et
Es el hospital, propiedad de las Hermanasde la Caridad. A la sazón
\ o
q
L
H I
Al
cuarto día llegamos a Juneau, capital de Alaska, ciudad de
r¡l
S
5.000 habitantes, cenffo minero de importancia y con bosquesmul_
d
\
tiseculares en las afueras, que proveen de material a las sierras y
ebanisterías. Allí vivía el vicario apostólico, monseñor Rafael cri-
* En el país de los eternoshielos (pEH) 25-63.
?
,
2l
mont, s.j., con quien tuve una grata charla durantelas tres horas que Quijote en la
mont, s.j., con
quien tuve una grata charla durantelas tres horas que
Quijote en la aventura de los yangüeses,la novedad del panorama
paró allí el barco.
El quinto día es el más temido por todos los
tira una diagonal por el goHo de Alaska y los coci
paga con crecesel
molimiento.
que la mitad o un tercio de la ración ordinaria,
periencia que una gran pafe de la tripulación se
Como el barco aüacó un día antes de la llegada del tren, tuve que
matar ese día en Seward lo más disfraídamenteque pude. El misionero
estabaausente.Tomé posesión de la casa, tecleé al azaren el armonio
parano bajar al comedor.Por no singul anzarme,yo tambiénme mareé,
y así puedo hablarpor experiencia.
El último día nos llevamos todos una gran s
resa. El barco se
metió por unas cañadasentre montañas de nevadascimas. entrando
y recé pausadamenteel breviario. Después de silbar y tararear con las
s en el bolso, mirando a las paredes,recordé que había prometido
cafas a ciertos amigos y me sentéa escribirlas hastaque se me helaron
los pies. Salí a da¡ una welta, pero el pueblo era tan pequeño que a la
media hora tuve quevolverme a contemplarlas paredesdela casa-misión.
El nen llegaría a las siete de la mañanasiguientey saldría a toda
prisa. Me acostéaburrido al ponerseel sol y, cuandoya quería dor-
en la ampollita.
mirme, la sirenadel barco anunció que dentro de media hora volvería
éstea desandarel camino en di¡ección a los EstadosUnidos. Es deci¡,
que el barco se volvía y
me dejabaa mí en aquelpuebluco esperando
un tren que me había de llevar al Yukon, donde otro barcome llevaría
las paredes, batidaspor las olas y por la vibraci sonido, serajan
con el retumbar de los truenos
de verano y co
s gigantescas de
hielo se desploman sobre el aguay alteran la marea.
Así se originan esos bloques de hielo flotante, inmensos como
por el corazón de Alaska camino de Siberia.
¡Adiós todo lo conocido! Cuando al cabo de media hora salía
majestuosamenteel barco, yo me vi solo en una habitaciónoscura con
cuatro maletas junto a la cama y docenasde penos que aullaban a
veinte pasos de mi ventana.
La santa misa,
que dije solo al amanecer,me infundió alientos y
Ante el glaciar Columbia los pasajerostiritábamos como si tuvié_
el baile de San Vito; pero el paisaje era demasiado bello y
onante para abandonarla cubierta.
Por fin llegamos a Seward, término del viaje marítimo. T ién
me llenó de valor. Con ésterecobré el buen humor.
Junto a la ventana del tren
aquí tienen los jesuitas casae iglesia no sólo para esapoblación _que
apenassi pasade 400 habitantes-, sino también para otrasestaciones
limítrofes que se visitan desdeaquí.
Poco despuésde salir el sol, me vi sentado junto a la ventana del
tren dispuesto a no dejar pasarun milímetro del paisajesin posar en
En Sewardno hay másqueblancosque vive
I triáficodel puerto.
él los ojos ávidos de vistas alaskanas.
Es el lazo de unión entreel interior de Alaska mundo civilizado.
Cuando en 1914 las minas de oro prometían convertir Alaska en
una verdadera Jauja, el gobierno yanqui abrió un ferroc I hasta
rbanks, 860 kilómetros de Seward, en el centro de Alaska. Las
A cinco kilómetros de Seward se comienza la ascensiónde unos
monteselevadísimos. La pobre locomotora -de
hechuraantediluvia-
na- gruñe y forcejea y, a paso de buey, nos va subiendo a unas
minas vinieron a menos y el tren -aunque
va sobreviviendo_
no
recorre el trayecto más que una vez a la semana.
alturas considerables.
Vienen luego cadenasy más cadenasde cordilleras. Por fortuna,
ese día hizo sol y pudimos admirar las nieves perpetuasen cumbres
inaccesibles. Las laderas estaban cubiertas de árboles y los valles
estabantapizadosde hierba silvestre, malezay arbustosraquíticos.
22
nótonas,que allí no hay más límite que el horizonte, infinito como el océano. A. corta
nótonas,que allí no hay más límite que el horizonte, infinito como
el océano.
A. corta distancia unos de
otros se
Al atardecer divisamos unos picachos
yerguen enhiestos los conos
más perfectos que el geó
blancos perdidos en las
bilidoso puede fabricar' volcanei
nubes, y a medida que nos acercábamos se
extinguidos desde tie
tra más ha_
o inme-
dibujaban con más
morial, estosconos sepierden entre las nub",
precisión los contornos del formidable Mc-Kinr"y,
pi"o más ere-
de nieve. Se
"oronudos
vado en todaNorteamérica. A la
aprecia en ellos perfectamente la línea horizontal
puesta del sol llegamosa "l un
donde
recodo
na
la
vida vegetal, luego.el círculo rocoso y estéril y, al fin, la nieve apei_
desdedonde se le ve perfectamente.
A la puestadel sol llegamos al hotel Curry, donde para el tren
rompiéndose entre piedrasy
con frecuencia, entrecono y
a fin
de que los
casca
pasajeros puedanpernoctar en él con
toda como_
cono
seve un graciar,que añadevariedad
y belleza al ya encantadorpanorama.
didad.
En mi cuarto había
una consola con adornosde muy
buen gusto.
Detrás de aquellos conos, entre
La convertí en altar y al
aquellascordilleras, no se sabelo
amanecer dije en voz bajala
santa misa,
que hay. Desde el día de la creación hasta
mientras en las habitaciones
hoy aquella n
aleza
próximas surgían ronquidos mitad gra_
- en y bravía da gloria a Dios a su modo, sola
y
ciosos, mitad desesperantes.
sin testigos,
y es
decreerqueseguiráenvuerta en los pliegues derasoiedady ¿"f-irá¡o
Todo aquel día cruzó el tren llanuras aplanadoras, alteradasúni_
hastael día del juicio.
Lo que más me extraña es la
arboladopobrísimo, hastaque a eso
soledaddel
iente. Los pasajeros
s, fin de ra línea y ra población
parecemos pasmados, y hablamos en voz
baja y con
intimidad,
como
camentepor cerros y colinas de
de media tarde llegamos a Fairb
más i ortante de Alaska boreal.
si estuviéramos solosen altamar. En lasprimáras sietehorasdemarcha
Como el barco que me había de llevar río abajo no saldría hasta
no vimos arribade veintepersonas.
De vez en cuando topábamos en la
dentro de una semana,tuve la
oportunidad de recoger datos sobrela
donde vivían cuatro o seis hombres b
vía con un vagón destartalado,
udos y desmelenados. Los
vida y costumbres de estasgentes
Las minas de oro de Fairbanks son
las únicas que siguen dando
talesvagones tienenel honor de <<estaciones>, y
el tren ac
la marcha
con relativa generosidad el precioso metal.
al llegar a ellos, les tira
un par de cajas de conservasy un fajo de
Los blancos lo han acaparadotodo; han arrinconado a la escasa
cartasy revistasy acererala
marcha camino de la próximá ,,".tu"iónrr.
población
Esosob¡erossonempleados del
gobiernoparareparardesperfectos
civilización
indígena y han dado a estos alrededores un aspecto de
que sorprende a los recién llegados. Hay más de cien
en la vía. Es curioso verles coger al vuelo
fu¡o áe cartas _como
un perro un pedazo de pan-,
repartirlas tumultuosamete, "t
rasgar el
automóviles.
Pero como me informaron, ni Seward, ni Anchorage, ni Fair_
sobre y abismarse en la lectura moviendo ra cabezay dibujandJ son-
banks son Alaska. Aquí hay tren y teléfonos y
automóviles y un
nsas ,
porque no hay nada tan placentero en Alaska como recibir
campode aviaciónmodelo. Aquí el quetengadinero,
puedeadquirir
una carta.
Al escurrirseel tren como culebra por entre aquellasI
icas, va paulatinamente dejando la llamada Alaska
ras ma_
todo lo que se vendeen New york. La verdadera Aláska comienza
a las veinticuatro horas de salir de Fairbanks; y mientras más al
austral
para
oeste se camine más se palpa la realidadde lo típico de Alaska.
arse en la verdadera Alaska, la Alaska que todos tenemoi en
nuestrafantasía: Alaska boreal,
Y así fue. En tres semanasde viaje hacia ei oeste pude con_
PasadaAnchorage,
vencenne de que, en efecto, la verdadera Alaska se encuentraen
población importantepor residir en ella casi
las orillas del
todos los empleados en barcos
caudaloso yukon, y todavía más en las planicies de
,fluviales,
aviación y vía
férrea, en-
su desembocadura,
donde habita el eskimal de pura "ipu
tramos en unas llanuras verdes y encenagadas, tan planas y mo_
costumbrestradicionales.
"on ,u,
24
25
Nenana Se alegró de verme y me prometió llevar a misa a las ocho del
Nenana
Se alegró de verme y me prometió llevar a misa a las ocho del día
siguientea todoslos católicosde la población.
Al anochecerfui a cenar a una t
a tres hombrachonesque devoraban
colmillo y hablaban de dinero. En
letrero: <aceitunas andaluzas>.Las miré
mientraspensabapara mis adentros:
¿será
llas aceitunas que yo vi acarrear en la
colgaban de aquellos olivos espesosbaj
veces a reposaren mis caminatasa sierra Elvira? y sin más, ordené
Saleel vapor a media nochecon un cargamentorespetabley media
docena de pasajeros. Navegamosagua abajo por el río Tanana, que
desembocaen el Yukon. Es un río ancho y raso, con el agua más
lodosaque he visto en rni vida. Las orillas estánbanidas por crecidas
imponentes,y a ciertadistanciaseven llanurasinterminablespobladas
de iírboles raquíticos.
Va conmigo un matrimonio de veinticuatro horas. El es pastor
episcopaliano;ella tambiénesepiscopaliana.Van a cuidar de la misión
que tienen en Tanana. Son personasmuy afablesy sinceras,conven-
cidas de que el catolicismo y el protestantismoson dos caminos que
convergenigualmente en la puerta del cielo.
Yo, por ser español, miro todo lo protestantecon el entrecejo
fruncido. Sin embargo, confieso a boca llena que esta pareja en su
conzón eran dos almas buenasque se sacrificabanpor el prójimo y
que creían dar gloria a Dios salvándole almas.
Nulato
Llegamos a Nulato al amanecer.
La presenciadel vapor fue saludadacon una lamentaciónuniversal
de perros, que despertarona la gente con sus aullidos.
El capitán me aseguróque pararíamos <1omenos dos horas>, y
con esto fui tranquilamente a buscar el campanario y a despertaral
padre Mc Elmeel, s.j., para que pusiera la sacristía y el altar a mi
disposición.
No tuve que despertarle;ya venía
él en busca mía
y me recibió
Por fin, unanochellegó er vapor. un par de sirenazosnosreunieron
kilómetros.
.Yo llevo un altar portátil y tomo posesión de un camarote muy
con el apretón de manos más efusivo. Me ayudó a misa y luego me
llevó a ver la residencia. ¡Magnífica!
El conjunto lo forman cuatro edificios que dominan sobreel resto
de la población, por esteorden:la casadel misionero, con dos padres
y un hermano; la iglesia, muy hermosa, con coro y unos 30 bancos
grandescon respaldo; la escuela,o dos aulasmuy iluminadas por una
cristalería envidiable, con calefacción, mapas,enceradosen abundan-
cia y pupitres para sesentamuchachos;y, finalmente, la casita de las
monjas, tres religiosas yanquis que enseñanen la escuelay cuidan de
lalimpieza de la iglesia. Todo ello está hecho con material traído de
<<afuera>>y costeadopor los bienhechoresde la misión.
26
27
- Los sábadospor la nocheseconfiesa todo el pueblo, y el domingo hay comunión general. Los
- Los sábadospor
la nocheseconfiesa todo el pueblo, y el domingo
hay comunión general.
Los
niños sabenel
catecismo <<de corrida y salteado>, como me
dijo un nene, a quien di unos dulces y
el padre
Mc
El
el
es el
personaje más ilustre en cien leguas a la redonda. El visita todas las
aldeas del río desdeTananahasta Holy cross, una distancia de g00
kilómetros, y él ha bautizado a todos los menoresde diez años.
Nunca olvidaré racharlatan amenaquetuvimos.
Me previno
contra
mil peligros y me dio i¡strucciones pará salir airoso en üs situaciones
más apuradas.
El visita las cristiandades: en trineo
durante el invierno, y en
gasolinera duranteel verano. No hay aldea, por
pequeñaqo"
,"u, qu"
no
tenga su capilla con un cuartito adosado,que él llama omis cuar_
teles>>.
Ahora estácomo quiere;le han mandadode
ayudanteun rnisionero
joven, . el padre Baud -francés-,
que estuvo tres
años en la guerra
europea tirando
granadas de mano a las trincheras alemanasy-r""o-
giendo heridos, con tan buena suerte que t
nó la
araiazo. Eso sí, los nervios se le debilitaron un poco.
guerra sin un
Aun hoy día,
si oye de cerca un poftazo, da un salto que envidiaríu un
gu*o.
Ahora hay siempre un padre en Nulato, mientrasel otio visita el
distrito.
Sentadoslos dos a la
mesay en plan de preguntar, le pregunté por
todo, en especial de qué vivían
aquellos eskimales.
-No son eskimales -me respondió_, sino indios.
Hay entre las
dos razasuna diferencia tan marcadacomo ra que existeentrl un árabe
y un griego. En primer lugar la lengua es diferente. Las ciones
El indio es más fuerte, más embrutecido, menos constante. v tiene
peor maderapara sacarde él un cristiano fervoroso. El eskimal es más
sentimental, más tiemo de corazóny más paciente, aunquemás tardo.
Los eskimales se extienden a lo largo del estrechode
Bering y,
por el Círculo Polar, llegan hastaLabrador y Groenlandia.
El
indio habita el interior de Alaska, desde Holy Cross hasta el
Canadá.
El mucho trato con los aventureros
blancos ha dado origen a un
tipo mestizoide que hereda lo peor de las
dos razas,a saber: la bo_
r¡achera y la holgazanería. De un borracho
holgazán no se puede
esperarmás que miseria para el cuerpo y para el alma.
28
Por lo que serefiere a susmedios de subsistencia,hoy día el indio, y lo mismo el
Por lo que serefiere a susmedios de subsistencia,hoy día el indio,
y lo
mismo el eskimal, come y bebe a la moderna, por así decir. Hay
una compañía comercial, la <<Comercial del Norte> que tiene un al_
macén en cada villorrio a lo
largo del yukon, desdeFairbanks hasta
San Miguel, algo así como desdeBerlín a Metilla.
que, a veces, en dos semanasvaya nadie a ftaficar.
Nótese la palabra traficar, no comprar. El indio no tiene dinero;
pero va decazacon el trineo y vuelve con tres renos, dos focas. veinte
liebres y media docena de zorras salvajes.
Cuando se le acabaesaprovisión, pone en marcha las üampas en
el bosque y welve con nuevaspieles que truecapor diversos artículos
en el almacén.
Claro que a vecesel blanco trampea;pero no crea usted que es lo
más ordinario. El indio no es tan embotadocomo algunos se lo ima_
ginan. Sabeperfectamente lo que valen suspielesy no sedeja engañar.
Hacia HoIy
ss y Marshall
Nuevamente en el vaporcito, navegamoshacia Holy Cross. Me
quedaban aún dos días de viaje para llegar al supuesto fin de
mis
correr
. Pasamospor Kaltag, donde paró el barco una hora. por
fin,
a eso
mediodía, descubrimos Holy Cross.
Al
ar a la orilla y en frente de los edificios, vino una legión
de niñ
niñas con el padre superior y dos hermanos. Al
saltar a
üerra y dar la manoal padre, me quedécon la sonrisaa medio terminar.
-¿A
dónde va usted con el equipaje?, me preguntó,
y añadió
impertérrito: -Usted
no se queda aquí; ha habido contraorden. Usted
tiene que seguirhastaAkulurak, dondesele necesitacon másursencia.
29
De Holy Cross salimos para Marshall. El primer villorio que des- cubramos -me dicen- ya
De Holy Cross salimos para Marshall. El primer villorio que des-
cubramos -me dicen- ya esde eskimales.Aquí estála línea divisoria
de las dos razas. Por eso el tipo no es muy p
, debido a Ios cruces
que irremediablementetiene que haberentreambos. El tal villorio fue
Ajogamiut.
Al bajar y visitarlo, noté el olor a salmón ahumado y a aceitede
foca. Es un olor tan repulsivo, que al principio vacila uno sobre
continuar adelanteo volverse.
Luego fui a ver por dentro algunasde sus chozas. El hedor que
Ahora debía yo tomar el vaporcito de la <CompañíaComercial>,
que se estabameciendo allí a la orilla. Visité a\ capitán,nos pusimos
de acuerdo en dos minutos y traspaséel equipaje a su barco que,
aunquees de carga, tiene acomodopara seisu ocho pasajerosen unos
camarotesestrechoscomo jaulas.
Aquel día el termómetro subió y, lo que hubiera sido nieve, se
despedíanme calaba hasta los
huesos;pero tuve ánimo para verlos
despellejar salmón seco y comerlo a dos carrillos, riéndose incivil-
mente al ver mis ojos de asombro.
Este asombronacía también de ver que la choza por dentro era
esto: un tablado repleto de pieles envejecidasy depiladas, que era la
cama de toda la familia; una tarima insegura que hacía de todo, y
piñas de salmonesencecinadoscolgando del techo. Las eres, des-
greñadas,pequeñasy gordinflonas. Los hombres, sin afeitar, sucios
hasta lo increíble, pómulos de japonés y taciturnos como momias.
La chiquillería se divertía en un fangal donde pescadospodridos,
en plena descomposición, infestaban el ambiente con un olor pesti-
lente, que a mí me provocaba náuseas.
Sus antepasadoshabían sido instruidos por sacerdotesrusos or-
todoxos. Cuandoéstosabandonaronel ca
o, los aldeanosvolvieron
a sus ancestralessupersticiones.Hoy estiín atendidosespiritu
ente
por un indígena, ordenado en el rito ortodoxo. Cuando el misionero
católico pasapor allí y les habla, le respondenque la religión rusa es
más fácil, y que ellos prefieren lo fácil a lo difícil.
Al ver aldeascomo ésta, sellena uno de conmiseracióny delástima
y brotan espontáneamenteacciones de gracias al cielo por haberle
hecho nacer a uno en mejor cuna y en un ambiente más propicio para
conoceryamaraDios.
De allí salimos para Marshall, con un frío y unas nevadascomo
nos vino en una llovizna persistente, que todo lo calaba. Como el
vaporcito no tenía toldo, la única manera de <<pararseen seco>>era
estar en el camarotede pie o acostado,o ir al comedor donde había
dos sillas y un banco, o bajar a las máquinasque traqueteabancon un
ruido infernal.
Salimos de Marshall a media tarde. Cuando anocheció, viramos
hacia la orilla y allí a un árbol ataronel barco como se ata el burro a
la puerta de un mesón. Preguntési se tratabade averíasy me respon-
dieron que de noche no caminabanpor temor a encallar en un banco
de arena.
Yo decidí no acostarmea las siete, y bajé a las máquinasa charlar
con los dos ayudantesdel maquinista: dos eskimales de pura sangre
que habían estadoseis años en las escuelasdel gobierno y leían con
avidez periódicos del mes pasadorecién llegados allí de los Estados
Unidos. Me entregaron un rollo descomunalde periódicos antedilu-
vianos más algunasrevistas de la primavera pasada.
Aquí, en Alaska, un periódico de un mes estáaún calentito, como
si acabara de salir de las prensas. Eché a un lado los periódicos,
excusándomecon que ya los había visto antes de embarcar y les
puse conversaren amigable charla. Lo que yo buscabaera obtener
información sobre la vida en Alaska, pero no pude sacargran cosa.
Aunque no pasabande veinte años, aquellos eskimales eran re-
posados, serios y taciturnos como viejos desengañadosde la vida.
Unicamente cuandoyo tomé la palabray empecéa contar historias de
mis andanzaspor esos mundos logré despertarlesla imaginación y
hacer que riesen y se interesasen.Para ellos Españaera algo lejano y
brumoso, tan indefinible como la península de Kamchatka o
la bahía
por aquí se estilan, y sin más percancesarribamos al t
no de la
ruta.
El barco debíavolver camino de Nenanaaquellamisma tarde, pues
de Hudson para un pastor de cabrasde las montañasleonesas.
El cocinero del barco era sordomudo, con una mímica teatral y
una habilidad para guisar, que ya la quisieran poseermuchos blancos
de su profesión. Para decirme que era católico, hizo la señal de la
temían que sehelaseel río a cualquier hora. Era un barco rnercancías
cruz,lizo
ademánde tocar la campanae imitó Variasceremoniasde
del gobierno, m\y capaz, muy li
ip y con acomodos para viajar en
la misa, como el <<Dominusvobiscum>>y otras.
él
con todo bienestar.
3 1
30
Mountain Village El río no estabamuy navegable.Por falta de otra palabraadecuada, llamamos río a lo
Mountain Village
El río no estabamuy navegable.Por falta de otra palabraadecuada,
llamamos río a lo que debiera llamarse oceaneteo algo así, pues el
Yukon, de 4 kilómetros de anchura, con oleaje mareadory una pro-
fundidad insondable,másesun mar en pequeñoque un río caudaloso.
Cuando llegamos a Mountain Village, am¿uramosa la orilla y nos
dijo el capitán que pararíamos hasta que las olas amainasen;y no
amainaron hasta despuésde ocho o diez horas. Las aprovechépara
visitar la casa e iglesia del misionero, que a lasazón
estabaausente.
Rodeadode una chiquillería pintoresca, entré en casay la registré
toda. Estaba bien provista de madera cortada para la estufa, con un
par de latas de petróleo para tres quinqués nuevecitos, dos camasen
el desván y una habitación con bancos y cuadros para explicar el
catecismo. La iglesia, muy mona, con armonio y bancospintados de
nogalina. En conjunto, me pareció un nido ideal para pasarun par de
meses.
Los chicos y chicaschapurreabaninglés mejor o peor, oportunidad
que aproveché parc tener un rato de catecismo. Me impresionó gra-
tamente lo bien i¡struidos que estaban, y lo bien que sabían cantar
diversos cantos sagrados.Como al cabo de tres horasno querían irse,
tuve que volver a explicar el catecismoy a contar ejemplos hastaque
me canséde hablar, que no es decir poco.
No tenía dulces en el bolso por no esperarsemejanterecibimiento
y se me hacía duro despedirlosasí a secas.Entré, pues, en la cocina,
y, revolviendo alacenasy envoltorios, di con una caja de dulces que
ni siquiera estabaabierta. La despachamoscon júbilo y
dejé una nota
al padresobrela mesa,confesandohumildementequeyo erael ladrón.
Al quedarme solo en casa,me vinieron
a invitar a haceruna visita
al hospital, que distaba de allí unos cien metros. Es un edificio de
madera, pero muy resistentey
con habitacionespara atender a todos
los enfermos del contorno. Es un hospital del gobierno para uso ex-
clusivo de los indígenas. Los blancos que seanen él atendidostienen
que pagar una pensión muy subida. A los indígenas se les atiende
gratis.
El doctor y jefe me recibió muy amablementey en seguida nos
sumergimos en una conversación, o mejor en un monólogo,
pues él
hizo todo el gasto. Tenía verdaderasansiasde charlar con un blanco.
No era católico, pero era amigo personal de las dos terceraspartes de
3¿
los jesuitas que aquí misionan. La obesidad que le oprime la achaca a la vida
los jesuitas que aquí misionan. La obesidad que le oprime la achaca
a la vida sedentariaque lleva. Las enfermerasse lo hacentodo. Tiene
muy buenapaga, y con ella seproporciona todo lo que le pide el deseo
de pasarlobien. Su carallena y sonrientele colma a uno deoptimismo,
y su conversaciónapacible inunda la estanciade placidez.
Como casitodala poblaciónindígenaescatólica, detrásdel hospital
hay un cementerio con una verdadera selva de cruces. Salimos del
pueblo al amanecercon una brisa que entumecía, y pronto nos vimos
en
la mayor soledad, navegandorío abajo todo el día, sin descubrir
un
solo poblado en el horizonte. Estamosya en la delta del Yukon y
las
llanuras sin fin se suceden,cual si estuviéramosen alta mar.
El capitan se pasa el día al volante fumando puro tras puro; los
mecánicosestán sepultadosen los antros del barco sin salir más que
para comer a toda prisa, el mudo secansade gesticular,y yo, el único
pasajero, me aburro miserablementede tanto mira¡ al horizonte bru-
moso y de tanto dar vueltas al diminuto barco.
El traqueteo impide toda lectura. En el camaroteno se cabe más
que de pie o acostado.Hermosa ocasión para renovar la presenciade
Dios y para <<orarsin intermisión>>,como nos lo manda san Pablo.
Nanvaruk
Llegamos a Nanvaruk ya entradala noche. Nanvaruk es un pueblo
eskimal con unas 25 chozasde madera diseminadasentre unos her-
bazalesencharcados,de aspectotan mísero que un españoltomaría el
conjunto por una guarida provisional de gitanos vagabundos.
Llegamos allí de nochey saltqmosa tierra alumbradospor un farol.
Al verme un joven eskimal dio unas voces, que se me antojaron
gruñidos, y en dosminutos me vi rodeadode unadocenademuchachos
que me saludabancon carasrisueñas.
Cargaronalegrescon mi equipaje,y
alaluz deunalinternaeléctrica
me condujeron por un lodazal al dintel de una casita de un piso con
una campanaen el tejado. Era la casae iglesia del misionero; es decir,
mi casapor el momento.
Los niños me enseñaronla capilla, la cocina, el cuartucho de la
doctrina, que yo llamé <salón de conferencias>>,etc. Luego nos sen-
tamos a la luz de un quinqué a cambiar impresiones. Varios de ellos
habían estado en nuestra escuelade Akulurak y hablabanun inglés
J J
pasable;Ios demáslo chapurreabano entendíanpalabrassueltas.Les acosé a preguntashasta que me informaron de todo.
pasable;Ios demáslo chapurreabano entendíanpalabrassueltas.Les
acosé a preguntashasta que me informaron de todo. bablemente
el hermano Murphy no vendría en una semanao cosa así. Es decir,
que tendría que arregl las yo solo hasta que viniese. Eso era lo
que yo deseaba:verme solo una semanaentre eskimalesa ver cómo
en el reclinatorio sin respeto alguno humano y dirigió el rosario en
lengua indígena. Yo estabaanodillado entre ellos reventando de pla-
ninguno sabía los años que tenía, y les despedíhasta mañana.
Al verme solo de noche, en aquel rincón del fin del mundo, donde
no conocía a nadie, comencé a tarareartonadasleonesasy peteneras
sevillanas mientras hacía la cama, arreglaba el altar y disponía las
vestidurasde color rojo, por ser día de sanwenceslao. Me encomendé
cer' Por mis oídos resbalabanaquellos sonidosmonótonosindescifra-
bles, salidosde cuerposde configuración extraña.En lenguaje bíblico,
yo era el pastor de aquellasovejas.
Terminado el rosario, se sentaron todos y, como la mayoría o
hablaba o entendíael inglés, comencé a explicar el catecismo en esta
lengua.
Por entre los bancossearrastrabany andabana gatasvarios nenes,
que gimoteban y pataleaban, hasta que yo les cortaba en seco con
miradas tremebundasy cara de feroche.
a Dios y le pedí muchas cosas, hasta que un sueño restaurador de
ocho horas me dejó como nuevo.
El día amanecióbrumoso y frío; pero la capilla estabacalentica
Al día siguiente -domingo-
seconfesaroncasi todos los adultos
y tuve una comunión, que me infundió alientospara vivir en Alaska
hasta los noventa añoscumplidos.
merced a la estufa, en la que se retorcían tueros cuyo chisporroteo
alegrabalos oídos. Toqué luego la campanay me sentéa teilear en
Luego, todas las mañanasantes de misa, venían algunos a con_
fesarsecon las consiguientes comunionesdiarias,quellen.ande alegría
el armonio en esperade cristianos
a los cielos. Entre tanto yo me preguntaba:
A los cinco minutos llegó una matrona venerable con unas pieles
colosales. Al sentarse.ocupó cerca de medio banco.
-¿Dónde
estiánlos misionerosveteranosquedomesticarona estas
-Si todas son así -me dije- no tenemos sitio ni para veinte.
Luego vino otra, seguidade otras cargadasde chiquillos, el más
pequeñoen la espalda,sujeto con unaslazadasmuy ficiosas. Des-
gentes nisticas y les enseñaron a Íezar, a confesar, a oír misa y a
comulgar con las manos cruzadasante el pecho? A ellos se les debe
la alabanza;porque yo no hago más que venir con las manos limpias
pués entraron chicos y chicas de todos los tamañosy, al fin, dos o
tres hombres desmelenadoscon barbas de dos semanasy espaldotas
y meter la hoz dondeotros ararony sembraroncon lágrimas y sudores.
Para continuar a mi modo la obra de mis predecesores, me esfor-
zaba por
poner lo más claro posible el catecismo, que les explicaba
de atleta. Traían todos un olor a aceitede foca tan pene te que creí
que me iba a dar un vahído, o por lo menos bascaso cosa por el
estilo.
todas las noches con música y ejemplos que lo amenizaban.
La mayor dificultad que encontré fue el ruido de los niños de
pecho' La madre eskimal no suelta de los brazos al nene para nada.
Los nenes empezaron a co
etir en lloriqueos, gritos, sonidos
inarticulados y demás, en tal grado, que por un momento llegué a
Aconsejarle que lo deje en casaseríael colmo del insulto. Se confiesa
con él a la espaldayna a comulgar del mismo modo, más otros dos
duda¡ si estábamosen la iglesia o en una feria de pitos.
o
Les saludéa todos y les rogué viniesen por la noche al catecismo
tres pequeñuelos agarradosa sus faldas.
Como la casateníauna cocinilla muy maja, y a veinte pasosestaba
y a rczar el rosario. celebré
la santa misa con una gritería increíble
el
almacénatestadode viveres, no me dio cuidadoalguno el problema
y cuando salieron todos abrí puertas y ventanas,prefiriendo tiritar a
respirar aquellosolores asfixiantes. Más tarde me habían de informar
que la mejor manera de hacersea ellos es henchir los pulmones des-
pacio una media docena de veces sih intenupción.
culinario. Me abastecíde lo necesarioy decidí hacer dos comidas al
: un desayunofuerte a las nueve y un banquetazoregio a las siete
la tarde. Durante el día metía con frecuencia la mano en un cu_
curucho repleto de cacahuetesdescascarillados.
Al anochecertoqué la c
ana y vi con gozo que vinieron todos,
de
suertequeapenassecabíaenla capilla. un recién casadosearrodilló
Descubrí entoncesque los guisos me salíanmásque satisfactorios
y me alegré,puesaquíenAlaska el papeldecocineroesmásimportante
34
35
que en España,donde nunca falta un médico que le recete a uno algo contra una
que en España,donde nunca falta un médico que le recete a uno algo
contra una indigestión.
juntamos unos cuantosy nos acaloramoscon el aguardiente,dudamos
si ustedesseriín una partida de hipócritas, pero siempre concluimos
que no; que se sacrifican por el indígena y viven como Dios manda.
Y ustedme va a decir con toda claridad qué comen y qué beben para
Una charla animada
Un día, mientras guisaba, entró a visitarme el almacenista, un
yanqui muy simpático. Al ver la tendalerade jícaras, platos y sartenes,
que había por la cocina, se compadeció de mí y quiso ahorrarmelo
que él llamó <tanto trabajo> invitándome, o or, forziándomea ir
que ninguno se haya deslizadoen diecisiete años.
Siguió un diálogo muy animado que sería prolijo reproducir, y
pasadosdos días volvió a la cocina y me llevó del brazo a cenar de
nuevocon é1.
-Me
aburro -me
decía a cadapaso-,
me aburroentre estos
a cenar con é1. Su esposahabía ido a pasar un par de meses a los
Estados Unidos, y él estabamás aburrido que nunca. Mientras des-
eskimales. Si no fuera por el buen sueldo que aquí tengo, mañana
mismo volvía a los EstadosUnidos. yo anteserapacífico y bonachón;
pero ahora tengo los nervios a componer y me irrita el zumbido de
pachábamoschuletasde reno y pechugade pato silvestre, él charlaba
animadísimo y yo escuchabamuy atento.
-Aquí, dondeustedve -decía- yo noestoybautizado.T
oco
lo estánrnis hijos y no estoy segurosi 1oestámi mujer. Pero soy una
personaque no niega nada a nadie. Soy amigo personal de todos los
jesuitas que han pasadopor aquí y les invito a comer cuando vienen,
para que vean que también los no católicos somospersonasdecentes.
Son pocos los almacenistasdel Yukon que son católicos; creo que
ninguno lo es. Yo los conozco a todos, ¿sabe usted? Le parecerá
paradójico, pero aquí, en Alaska, a los tres años de permanencia,le
una mosca. Por otra parte, me arredra volver a los EstadosUnidos,
porque allí no es uno nadie; mientrasque aquí, en tiena de ciegos un
tuerto es el rey. Claro que me ha cogido usted en la peor época del
año.
Hay dosépocascríticas enAlaska; antesde helarselos ríos, durante
el mes de octubre,.y al licuarse, allá en la primavera. En estasdos
épocastiene uno que estaren casa,amarradocomo perro a la cadena,
pues ni hay nieve para el trineo ni se puede uno aventurarpor esos
ríos sin exponersea que una noche dé un bajón el termómetro, que
sehiele el Yukon, y quedeuno aprisionadoentre los bloquesde hielo.
conocen a usted hastalos gatos. Como hay tan poca gente, y los que
estamos por aquí viajamos lo increíble en trineos y gasolineras, lo
vemos todo, y saludamosa todos y nos enteramosde todo. Si tiene
lugar un escándaloeste invierno a 2.000 kilómetros de aquí, apenas
apunta la primavera ya nos enteramostodos. Y claro, como nos llega
Estas son las épocas de las riñas, de los chismes, de los esciíndalos;
pero todo ello
desaparececuando en noviembre la campiña se cubre
toda de nieve, y los ríos se solidifican y podemos rodar por ellos con
los trineos y visitar a los amigos y ver distintos horizontesy cambiar
impresiones.
la correspondenciade Pascuasa Reyes y no tenemos de qué hablar,
matamos las horas criticando y haciendo de moscas ele tes. Jamás
he visto tanto chismoreo como en Alaska.
Este año nos hemos provisto de emisora de radio con la llamada
onda corta, y nos comunicamos de almacén a almacén dos veces al
día. De ordinario no hablamos más que del tiempo; pero si ocurre
algo, se adoba, se tergiversa, se trastueca,y ya tenemos materia para
charlar.
El frío no eStan terrible como a veces lo pintan turistas neuras_
ténicos. Es, sí, terrible; pero nos aforramos de pies a cabeza tan
herméticamenteque por allí no cuela ni un átomo de frío, a no ser en
temperaturasexcepcionalmentebajas,que ni los mismosperrospueden
aguantar.Mas, en estoscasos,es el colmo de la imprudencia salir al
campo raso. Cuando a vecesun blanco queda tendido y muerto sobre
la nieve, los periódicos de Europa y América llenan columnas en su
alabanzay ponen por las nubessu biznría y su sacrificio. Ellos dicen:
Y aquí es donde quiero expresarle a usted mi exffañeza el
comportamiento de ustedes.Llevo diecisiete años cabalesen Alaska;
1o he andado todo y he hablado con todos y jamás ha llegado a mis
oídos que ningún misionero se haya deslizado. A veces, cuando nos
¡Qué héroe!; nosotrosdecimos: ¡Qué majaderol ¿por qué salió con
estetiempo y sin guía?
36
J
I
Con frecuencia descubríamosgtupos de eskimales sentadosa la 2 orilla, contemplando como en éxtasis la corriente
Con frecuencia descubríamosgtupos de eskimales sentadosa la
2
orilla,
contemplando como en éxtasis la corriente majestuosa. Me
Arribando a
la tierradepromisión*
extrañó aquella actitud que ya había observadorepetidasveces y pre-
té si
había gatoencerradoen
aquellasmiradas.
< ¡ Vaya que le hay!> ,
se me respondió. Estas gentes miran al río con los mismos ojos su-
plicantes con que una beata mira al santo a quien hace una novena.
Para ellos el río es una divinidad. El río les da salmonesy focas. En
el invierno, el río helado es una carreteraasfaltadapor la que ruedan
caravanasde trineos, ya a traficar, ya a czar,
ya a viajar por viajar.
Por eso toda la población eskimal, que no está en la costa, se
extiende a lo largo del Yukon y sus afluentes.No es, pues, extraño
Río abajo
que, viviendo del río, le tengan a ésteun cariño rayano en adoración.
También le temen. Es el caso que a fines de octubre, cuando se hiela
toda la superficie, muchoseskimalesimpacientesenganchanlos perros
salimosde Nanvaruk enlabarcaza de nuestramisión de lurak que
trajo el hermano Murphy con dos éskimales ya crecidos, que le ayu-
dabana guisar y le relevabanen el vol . La llamo barcaza,aunque
admite en sus enffafiasarriba de 25 toneladas. Tiene en el centro un
recinto con tres camastros,cocina y una m inaria de ruido ensor-
decedor. En el techo sobresaleun mirador, donde se sienta el piloto
para manejar el volante.
y se lanzan con el trineo, sin aguardara que la capa de hielo sealo
suficientementefuerte para sopofar cargaspesadas.A vecescaminan
una o dos leguas sin percances;pero donde menos lo esperaban,el
hielo se resquebrajay la corriente se traga al incauto eskimal con
peros y todo. No hay año que no se registrenepisodiosde estejaez.
Lo mejor es aguardaruna semanahastaque el espesordel hielo es tal
que soportaría a un ffen de mercancía.
A las tres de la tarde dejamos el Yukon y tomamos una de las 17
peligrásemosen un banco de arena,ni tan por el centroquetuviéramos
que luchar contra la fuerza de la corriente.
El hermano Murphy leía sentadoen su camastro;Guillermo ma-
nejabael volante; Baltasarpelabapatatasy cocinaba, y yo iba de acá
paraallá esparciendoIamiradapor aquellasllanurasnuncaimaginadas,
tiritando, silbando y meditando.
¿Por quéhabía dei¡ ociosotodo el viaje? Pedí algunasinstrucciones
bocas por las que desembocaen el océano. iQué soledad! Horas y
horas río abajo sin encontrar un alma. Con monotonía fastidiosa se
sucedían un páramo, un desierto, una estepa,una planicie inculta y
cien marismas cenagosas.
A la puesta del sol, cenamos arroz y conejo, que mojamos con
aguadel río, y lo dispusimostodo para desembarcaren la misión,
sólo distaba una hora.
que
y en dos minutos me pusieronal tanto de cómo se viraba a la
echa
y a la izquierda, cómo se reculaba, cómo se acelerabala marcha y
demás, y nr\' r{)nfiaron el volante, que no quise soltar en varias horas.
De vez en eLr:rrrdosubíael hermano.Su consabidapregunta:<¿Qué
tal?>, recibía la consabidarespuesta:<<¡Có una seda!>;y volvía a
su rincón a continuar leyendo.
Era realmente placentero guiar sin esfuerzo alguno aquella mole
Akulurak
y dominar, como desdeel torreón de un castillo, vistas y panoramas,
rústicos si se quiere, pero nuevos y muy extraños.
Luces primero y ladridos despuésnos anunciaron la proximidad
de Akulurak, a la que llegamos ya muy anochecido.
Apenas amarramosel barco a la orilla, se precipitaron en él más
de 20 rapacesque me rodea¡on con miradas eserutadorasy frases de
bienvenida. Cargaron con el equipaje y me condujeron a la casa de
los padres, murmurando entre sí frases ininteligibles y respondiendo
+ PEH 69-79
38
39
todos a una cuando quiera que hacía yo una pregunta vaga sobre el clima y
todos a una cuando quiera que hacía yo una pregunta vaga sobre el
clima y otros tópicos por el estilo.
Entramos en casa,donde me esperabanen ala el padre O,Connor,
nueve; el hermanoChiaudano, piamontés,de corpulencia sorprenden-
te, buen cocinero, con treinta y cuatro añosde experienciaen el yukon
y sesentay sieteabrilesen su calva venerable,y el hermano Wickart,
suizo, que acabade llegar a Alaska.
Por fin, despuésde 37 días de viaje por mar, por tierra y por río,
hastiadoya depaisajesnuevosy vistasextrañas,de carasdesconocidas
y camas de todas las hechuras; de cargar con maletas atestadasde
camisasy calcetinesusados
; después,digo, de 37 días de vida
nómada, di gracias al cielo por haberme traído sano y salvo a esta
tierra de promisión, donde me tenía deparadoeste nido de quietud y
felicidad, y así se lo signifiqué al padre superior.
Este me dijo que él era responsablede mi destino a
lurak,
puesel padre Lucchesi ya no estápara trineosy, ap
de la escuela,
tenemos un territorio inmenso que debemos visitar con los perros
durante el invierno.
Aquella noche hablamos hasta que nos dominó el sueño, empe-
zando cien materiasy no terminando ninguna, confiados en que <otro
día hablaríamos de eso>; ahora noticias cortas, pero muchas.
Tenían ideas vagas de sucesosespeluznantesocurridos reciente-
mente en Españacon quemasde iglesias,robos, asesinatos,etc., y
deseabantener noticias exactas; pero, al decirles yo que necesitaba
varias semanaspara descendera detallespasabana otra cosa.
Yo estabaentre ellos como un aparecido.Esperabanentretenerse
todo el inviemo oyéndome describir corridas de toros y daban por
Españaa un extranjero le sugiere toros y guitarras.
El hermano Chiaudanoaseverabaque yo tenía todas las facciones
del napolitano máscastizo.El padre superiorapostabaa que yo pasaría
por irlandés en el mismo Dublín, y el hermanoWickart sosteníaque
yo era un retrato del tipo alemán que predomina al noroestede Suiza.
El padre Lucchesi no podía pronunciar mi nombre y salió del paso
apellidándome <<caballero>>por ser ésta la única palabra españolaque
recordaba. Fue aquélla
una noche de imborrables recuerdos. ¡eué
charla aquélla tan animada!
40
Luego me llevaron a mi habitación:un cuartuchocon una ventana de doble cristale¡ía para el frío,
Luego me llevaron a mi habitación:un cuartuchocon una ventana
de doble cristale¡ía para el frío, una cama cubierta con una piel de
oso negro que daba miedo acercarse, una mesa y una silla. be los
tabiquesde maderacolgaban -y aún cuelgan_
unparki
o abrigo de
piel de reno que cierra herméticamente desdela cabezahasta la-sro-
dillas; dos gorros de piel de castor que abrigan cuello y
orejas, tres
gares de guantes de piel de conejo, botas de agua, dos pares áe botas
de piel de foca para la nieve,
pieles y el otro de paño fuerte
un impermeable, dos abrigos: uno de
,
y sobre una alacenaun montón
informe de chaquetones,jubones, mediasde lana, etc., etc.
Preguntéesfupefactosi todo aquello era para mí.
El
pa
superior se echó a reír, y me respondió
que ojalá me
bastase,que si no me bastaba,le avisaseinmediátamentel
que cuando
en pleno invierno el termómetro desciendehastalo inverosímil, toda
la ropa es poca.
-Aquí
-añadió-
se sienteel
frío m¡enosque en Europa o Amé_
rica, por la sencilla raz6n de que aquí
estamospreparados para reci_
birle. Allá afuera no esperanun invierno crudo y
iuando e-stellega,
a at todo el mundo. En cambio, aquí damos por
supuestoque el
frío es ztroz, y nos abrigamos de suerteque el frío no tiene po, áónd"
entr os. Aquí el vestido es como ra corazaenrasguerras de ta Edad
Media. Ya me lo dirá cuando le coja la noche en escampado con una
borrascade nieve que ciega y entumecey no tengacontra el vendaval
otro abrigo que pielesy mantas
Estasúltimas palabrasquedaron resonandoen mis
me acostaba,y por la noche soñécon peffos y trineos
oídos mientras
perdidos
en un
c o de nieve, jadeando y vagandosin rumbo fijo, y yo detrás,hecho
un ovillo de dudas y ansiedades.
Los perros
A la mañana siguiente, despuésdel desayuno, fuimos
a ver los
perros, que aquí en Alaska son lo que el camello para los beduínos
del Sahara;1oque las
mulas para un carromatero;ló que el aeroplano
para un ejército invasor.
Atados con cadenashechasparabueyesestabanunosdocepenazos
que se desperezarony jugaban con el rabo al ver al
padre superior,
mientras me miraban a mí con un reojo inconfundible.
4l
-Les he puesto nombres de instrumentos músicos -me padre así que nos acercamosa ellos. A¡tes
-Les
he puesto nombres de instrumentos músicos -me
padre así que nos acercamosa ellos.
A¡tes de una semanacayó una nevadaregulary los perrosaullaban
dijo et
y serevolvían inquietos, ansiandosalir con el trineo por esosmundos
de Dios.
Este es Bombo, mi perro delantero. Tiene más inteligencia que
tres cuartaspartesdel génerohumano. Además, tiene una fuerzacomo
un león. Tiene de bueno quejamás riñe, si no
s cuando algún infeliz
tiene la osadíade morder primero. Entonces, no acudo listo. me lo
En los secretosdel trineo
desuellaen dos segundos.
Este es Tambor,
sable, y el que tira c
beriano, holgazanico al principio, pero hcan_
más brío al fin, cuando los demássearrasfian
Como necesitábamoshierba para poner dentro de las botas de piel
con una cuarta de lengua
era.
Este es Saxofon, viejo ya, muy mimoso y amigo de ca¡icias, de_
lantero algunos ratos y mucho de fiar. Viejo y todo, y con esa cara
de hambre, tira que se las pela. Tiene de malo que sie re es él el
que e ieza las grescas,aunquesabeque lo barajan todos.
de foca y pára mullir la cama de los perros; y como a dos kilómetros
de la misión hay unos hierbazalesinmensoscon pajotas de un metro
de largas, colocamos una docena de rapacesen el ffineo y entonces
pude ver lo que cuestaengancharlos perros al artefacto. Así que ven
el correaje,brincan y aúllan como leoneshambrientoscuandoolfatean
carne desdela jaula.
Para llevarlos desdesu sitio hastael rineo hay
visto cansadojamás. Es mansote,y tiene de bueno que ladra y aúlla
apenashago alto en la caminata;de esemodo mantiene el espíritu de
acometividad entre los demás.
que sujetarlospor el collar y levantarlosde suerteque no posenen el
suelo más que las patas de atrás; de lo contario, arrastranal hombre
más forzudo. Esta vez los tres primeros perrosque enganchamosrom-
y cuando los demástiritan, él estáen su elemento.
Así, por el estilo, fuimos pasandorevista a Mandolín, Clarinete,
pieron la maroma y no los sujetaron hasta una distancia respetable.
Allí se los amarró de nuevo, y hasta allí teníamos que llevar a los
demás.
Cuandoyo llegué con el mío al trineo estabatan rendido y fatigado
como si hubiera estadocavandouna hora, porque brincan y forcejean
con un esfuerzoincreíble. Una vez enganchados,se sueltala maroma
Violín, Sacabuchey Aco
ón.
y se grita:
Acababa de adquirir una pera mitad loba, mitad siberiana, con
una piel espesay fina como la de una zona. Flra la madre de siete
cachorrosprimorosos de cinco meses,gordinflones, pero de un hocico
de lobo que los delataba a cien
-Estos -me
dijo el padre-
leguas
sonparausted.Denho de tresmeses
ya
estánen condiciones. Puedeponerlesnombres en español,escoger
- ¡Mush, you, malemutes!
Lo que sigue a este grito, más es para verse que para describirse.
Aquellos brutos se lanzan a una c¿ureraveloz, como galgos has de
una liebre, sin reparar en baches,peñascos,acequias,arbustoso ma-
torrales.Allí no hay másquegalopary másgalopar. Por esoserequiere
mucha maestríay experienciapara evitar que el trineo sevuelque. En
el delantero y empezar a amaestrarlospoco a poco tan pronto como
venga la nieve, que serádentro de unos días ajuzgar por lo adelantado
de la estación.Ahora los pobresperrosestánab
dos. ya verá cómo
se enloquecencuando vean la nieve.
pleno invierno, cuando la nieve es mucha, no hay tanto peligro; pero
cuando hay poca nieve es muy dificil mantenerlo sobre los patines.
Detrás del tri¡eo sobresalendos manillas para las manos y abajo
hay dos barrotesparalos pies; que todo estoesmenesterpara mantener
el equilibrio. Entre los dos barotes hay un muelle con una especiede
enumerar.
reja que se pisa y se clava en el suelo para hacer alto donde a uno le
plazca. Si la nieve está muy dura o si se va sobre el hielo, la reja no
agarray no hay maner¿ide frenarlos.
A N
+J
por el lomo y rascarleslas orejas. Esto les gustamucho, y en recom_ pensase hacen mansosy
por el lomo y rascarleslas orejas. Esto les gustamucho, y en recom_
pensase hacen mansosy obedientescomo corderos.
Si se enzarzan en una riña, nada de acercarsea ellos, pues se
ciegany muerden1oprimero que pillan, que puedeserun braz-oo una
pierna; es mejor coger el látigo y fustigarlos sin compasiónhasta que
suelten;pero, una vez que suelten,hay que ponerfin a los zurriagazos,
pues cualquier hatamiento cruel puede ser causa de una
huelga de
brazoscaídos; es decir se vengan no tirando como debieran o tiiando
para atrás.
Pegar a uno delante de los demás, o acariciarsólo a uno o varios
es de lo más pernicioso. Tienen el honor muy montado en el hocico,
y la susceptibilidad en materia de celos llega a lo increíble.
Cuando se va sobre un río helado, si no hay mucha nieve, corre
Detalles y pormenores
peligro que
se hieran los pies con
los picachospuntiagudos de hielo.
Para evitarlo se les cubre los pies con saquitosa manerade guantes.
Hay que llevar una buena provisión de guantesy de paciencia,
pues
en una sola jornada cadaperro destrozapor lo menosdos pares.
Queda 1omás difícil, o sea, acostumbrarsea conducir trineos sin
echar palabrotas muy sonoras. Los eskimales en esto imitan a los
careteros de castilla la gentil. El misionero tiene que darles
ejemplo
de paciencia, sin renegarni incomodarse ni llamar motes a loslobies
ejércitos enemigos25 minutos antesde entrar a la bayoneta.conviene
tener más de un delantero, porque éste, una vez que
ha gustado las
penos. El célebrepadre Robaut, que estuvo más de cuarentauños en
Alaska, salía del pasoinsultando a los pe,'os en francéso italiano. El
padre Descaut los arengaen flamenco. Los padresamericanosllaman
a los perros lo que sellamarían una gitana y una verduleraque riñesen
mieles de gallear y conducir, se hace mandón y soberbioy tan celoso
de su honor que cualquier afrenta puede costarle cara a un tercero.
en una plaza. Yo apenasme satisfago con frases olímpicas y
redu_
plicativas, como recalzowtzos, repamplonay
otraspor él estilt; pues
es un hecho que un par
de palabrotas sonorasles acucia u -uruuillu.
El que no pierda la paciencia en una excursión _si
lo hace por
amor de Dios-merece ser canonizado a la vuelta sin más lujo de
milagros y virnrdes heroicas.
A veces semuerdendos, y todos los demássartansobreellos para
Esta dificultad se obvia amaestrandoa dos desde el principio
y
complicar la riña; o el delanterose para a humedeceruna
mata y
los
cambi¡índoles a menudo. Así no sehacenmandonesmás que a medias
y no miran como paffimonio exclusivo propio el honroso puesto de
delantero.
demás saltan por encima; o al revorcarseen la nieve se levantan por
debajo de la maroma en el lugar que no les corresponde. En todos
estoscasos el resultado infalible es un enredo de arnesesy correajes
Ya en plena marcha, aunqueellos insistan en tirar, conviene hacer
quele obligan a uno a atarel trineo a un arbustoy volverles u
alto cadamedia hora, para que serevuelquen en la
nieve y descansen
"ngun"ñ*
y no jadeen tan
de nuevo en plena tundra con una brisa que paralizalos dedos.
Si no
fatigosamente. Asimismo conviene pur*I",
la mano
hay arbustos, uno tiene que sujetarel trineo pisandoen el freno mien-
44
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vuelca el trineo. Esa postura inusitada del to los para en seco. 3 .f,t: rvrl
vuelca el trineo. Esa postura inusitada del
to los para en seco.
3
.f,t:
rvrl pflmer
vlaJe
ca uno a ellos
sin decir palabra y se dejan traer sin resistencia de
ningrÍn género.
Después de tres semanas
de la misión, obtuve carta rle
de marchas y contramarchas alrededor
ex
capacitado para agaffarme a las
n _digá-orlo
así_
y ' qu"aá
manillas deitrineo
y
lanz
é a U
conquista de las almas. No deja de ser
consola¿or el hectro Oe lue
nuestra santamadre iglesia se ac oda a todaslas
Ias
p
arativos
gentes y tas gana
para sí usandolas costumbres de
los paísesrespectivos.
La chica mayor de nuestraescuelaen Akulurak dio en unasmanías
que alarmarona las monjas, y por la paz y buen orden de la escuela,
seresolvió que yo la había de llevar a casade su cuñadoAlfredo. De
paso debía aprovecharel viaje para desempeñardiversos ministerios
sacerdotalesen dos o tres pueblos, en los que debería reclutar niños
mayorcitos, para nuestra escuelade Akulurak.
En dos días a buena
se podían cubrir los 200 kilómetros de recorrido que me es_
Dos días antes de salir repasélos a¡reos de los perros, sus arneses,
abrigo, el saco de dormjr, el alta¡ portátil, las provisiones, ropa, etc.
Luego me sometí a la costumbre de hacer testamento, pues no
seríala primera ni la segundavez quevolvería uno cadáver,y c-onviene
que el padre superior sepaciefas señasepistolares.Este pensamiento
macabro se dulcifica con el jolgorio que se arma en casa cuando el
expedicionariorubrica en la mesade la recreaciónun escrito, que dice
poco más o menos: <Dejo al cocinero las botas de viaje, el rifle, el
abrigo negro y el acordeón. A fulano le dejo elparki,
la carteravacía,
las obras de santaTeresa y la máquina de escribir. Lo demás es mi
voluntad que se distrrouya equitativamente como conviene entre her-
os>. Cuando el padre Delon se mató en el aeroplanose cumplió
letra el testamentoque dejó medio en broma, medio en veras.
Luego fuve que adobarmecon las 2}hbras de ropa que uno tiene
que pegar a las carnes, con botas de piel de foca que se atan sobrela
* PEH92-I02
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47

invernalentrineo*

rodilla, y con el típico parki de piel dereno que cierra herméticamente mudarlainmediatamente,puesestasbotasdenieve,si
rodilla, y
con el típico parki de piel dereno que cierra herméticamente
mudarlainmediatamente,puesestasbotasdenieve,si semojan, secalan,
desdelas rodillas hastala coronilla, dejandosólo un orificio alrededor
y la pierna mojada se hiela en breve por más que se coüa.
Las lagos taidores
de la espaldacuandono se usan.
Mientras yo me engalanabaasí a la moda, media hora antesde
salir, el guía y los niños de la escuelaempaquetabanlos artículos en
trineo, a vista de los perros que bri
aullabanfuriosamente ansiandoverse
malhadada perrera. El proceso de
verdadero infierno de gritos, aullidos, alboroto, forcejeo y voces de
mando secase imperiosas como las del capifrín en pleno combate.
A eso del mediodía llegamos a unas llanuras formadaspor lagos
continuoscubiertos de nieve, muy
a propósito paraacelerarla marcha,
si no fuera por los peligros que encierran. Están cuajadosde peces
En marcha
negros, unos peces singularesque viven hasta una semanafuera del
agua,y de tejidos tan delicadosque, muertosy todo, mientrassefríen,
brincan en la sarténcomo cervatillos en un día de recreo. Estos peces
abrengrandesagujerosen el hielo, y estosagujerossonlos quepueden
dar a uno un mal rato. Además, esley sin excepción, que dondequiera
que abundenestos pecesel hielo no es de fiar, por hondos que sean
los lagos y por baja que esté la temperatura. A los diez minutos de
rodar por el primero se empezarona oír crujidos como de hielo que
El trineo estabaamarrado a un poste y en él se arrellenó Marta
se resquebrajaque me paralizaron el
co¡azón. Miré al guía y él me
entre pieles como una princesa. sentado yo en el vehículo con las
manos en los barroteshorizontales para evitar un vuelco peli so, el
guía seacomodóen las manillas, un chico soltó la maroma y los nueve
miró con la sonrisa maliciosa de Julio César, cuando al piloto, que
vacilaba en una tempestad,le animó diciendo:
El pensamiento de que vamos resbalandosobre una profundidad
casi oceánicacontrarrestael placer naturalque causael plácido y veloz
patinar sin tumbos ni tropezones.
-No temas,que llevasal César.
Estoscrujidos continuaronlago tras lago. Como vi que era más el
ruido que las nueces, terminé por despreciarlosy hastatomé las ma-
nillas para que el guía descansasetendido en el repleto trineo.
Entre dos lagos había un ribazo formado en parte por la nieve
barrida de las llanuras. Al trepar por él los peros se estancaron,y al
empujarpara ayudarlesme hundí en la nieve hastael pecho. Lo mejor
Dos perros, que amrfaban como fieras, te
naron por agaffarse
en esoscasoses son¡eír y decir entre dientes:
en plena canera, y hubo que frenar en seco,para separarlosa latigazo
limpio.
-¡Caracoles, con la
nievecita!
No creo haya nada tan extraño para un europeocomo viajar hora
Dejando el río, nos in amos en la tundra nevada y desigual,
los herbazalesencharcadosel agua se conservamás caliente; por eso
tras hora sobre lagos helados sentado en las barras de un trineo y
dominando una llanura ¡in fin. Sin una vocación más fuerte que un
puente romano, y sin un temperamentomuy sui generis, esto sería
el hielo que la cubre es sie
re tenue y traidor.
insoportable.La
soledadde la campiña gravita sobreel alma de modo
accidentado.Los perros forcejeabany jadeaban, pero no
lantaban
abrumador. Se siente uno algo así como impotente. No hay abrigo,
ni refugio, ni comodidad. Los perros alternan trotando y galopando.
Una brisa persistentede 20'bajo cero le envuelve a uno como el agua
a uno que seahoga.El alientocálido sepegaa las cerdasde la capucha
que envuelve el rosffo, y cadacerdaes un carámbano,formando todo
48
49
el conjunto un bloque de hielo qve azotael rostro e impresionamucho la primera vez. Las
el conjunto un bloque de hielo qve azotael rostro e impresionamucho
la primera vez. Las cejas también son un amasijo de cará
anos
llevar tal chasco, que correrá peligro de echarlo todo por la borda.
Asimismo son indeseables(y no caigan en la tentación de venir) los
caracteresserios,los pesimistas, los mandones,los melancólicosy los
diminutos. Hay que refregar continuamente con un pañuelo los pó-
mulos y la nariz- Si se hielan, se los resucita restregándolosbien con
la nieve hastaque quedenen carneviva o despellejados.Las ventanas
de la nariz destilan sin cesar, y el pañuelo que las secaqueda tieso
endebles.Pero
reanudemos el hilo de la narración.
Llegada a nuestra metrópoli
como un vidrio apenasse sacadel bolsillo media docenade veces.
Mientras se va por la llanura nevada sentadoen las barras del
Llegamos al primer pueblo antesdel oscurecer.
pueblo! siete
¡eué
chozas, y tres estaban vacías. Al
bajar un altozano, óaímos sobre
artefacto le vienen a uno las
más variadas
preguntas. ¿euién será en
Madrid presidentedel consejode
ministros? ¿Habrá habidoelecciones?
aquellascasuchasde troncos de rírbolestoscamentelabradosy pegados
con una argamasaque no deja entrar una molécula de aire.
¡Si tuviéramosco''eo por Navidad
al cabodetresmeses!Asimismo
la imaginación divaga desordenadamentepor el pasado,y seconcentra
al acasoen amigos y episodioscon una fijeza no soñada.
sometelos músculosa un ejercicio gimnástico durísimo, y el continuo
Una niña de dos años me tomó por el
sacamantecas,y no hubo
se corre, sehiela uno; si secorre, el sudor congeladomortifica; y esta
modo de aplacarlani con caricias ni con bombones.
giitos aqué_
¡eué
alternativa forzosa le tiene a uno entre pinto v Valdemoro.
llos tan despavoridosy qué enterrarseen las faldas de * *idr",
Llegan momentos muy iles. La brisa se convierte en viento
huracanado, que levanta remolinos de nieve por los que se mete uno
si ya la hubiera
"o-o
empezadoa desollar!
jadeando, exhausto, cegado y entumecido, con los nervios en pésimas
condiciones. Si entonceslos perros ven un conejo y echan fias él en
direccionestortuosas,la pac ncia del misionero sufretal sacudida,que
sólo el callar es entoncestan
eroico como entregarel cuello al verdugo.
Y los actosheroicosno son
bstáculosque seremuevena puntapiés.
A un misionero que iba de Mountain Village a Fish Village,
a
nueve horas de distancia, se le alteró el vientre, le sobrevi¡rodiarrea,
y tuvo que hacer alto siete veces en plena llanura con una brisa de
25' bajo cero. Prefiero pintar la verdad desnudaa cubrirla con un
camastropantalones,guantes, calcetines,camisasy demás, los niños
se abalanzaron sobre la presa, como cuando se echa un hueso a un
ropaje de leyenda; como si, por el mero hecho de ser uno misionero,
Dios le abrumasea consuelosmísticos que le haganregocijarseen los
sufrimientos, como leémosen los mártires de antaño. Claro que Dios
puede mandar un ángel a Getsemaní;pero dejará que su Hijo querido
apure el cáliz hasta las heces.
En Alaska, como en el resto del mundo, el reino de los cielos
padece violencia,
espere en Alaska
y sólo aquellosque se la hacenle arrebatan.El que
novedadesy poesía, que no venga; porque se va a
50
5 l
La tercera visita fue, a que dos soles. para,poder R.olerto, que tiene dos hijos más
La tercera visita fue, a
que dos soles. para,poder
R.olerto, que tiene dos hijos
más guapos
abrir tu'pu"rtu-tuve que echar a un lado
media docena
en un barreño
de caclorrin",
.orriri_or,-y,
ut
inmenso repleto a" p"""r'í"gros,
u.,
"nt que coleaban ""ri_"üiipi" al aire
libre como culebras
Después de avisar aI
vecinda¡
volví a la choza de Alfredo,
do
patriarcas bíblicos, nos hartamos
y de pan con mantequilla,
mojad
Cuando estábamos terminanc
modados todos como
pudimos,
d
y.expliqué diversos puntos de ca
prtales.
,Se dan por bien empleadas tor
noche
se ve uno rodeado de eskirr
tañear, y admira uno la providenciz
dona espiritualmente a estos hiios <
Fui luego a una casavacíá. v
adultos.
Una noche alaskena
Quedamosen que la misa sería
muy
temprano, y nos dispusimos a
preparar los
equipos de d¡rmir.
Acordamos qui
el guiá y
y, d;illJ-;r;
en casadeAlfredo,
lama; clOazy mejor acondicio-na¿a. í
il;;
quisiera tener la péñola
¿e cervantes."ro-o-"iru"o
de dormi¡, "q"f
un fardo
grueso enrollado, de flácil
que entristece al que lo abre como
flnspgrte, El guía
un augurio de mala noche.
toma el ,uyo, y
los extendemos desde
la puerta hastael
camastro dé la familia. E;;
mi
cabezay
la pared
extiende su envortorio la
recién uegaaa. eJua,'Jo¡."
*^
tablascravadas
junto al techo' se acuesta un
ni¡o
de ocho años,y el resto de ra familia
se acomoda en el camast¡ón que
o"upa
*"diu
choza.
Mis espaldas notan perfectamente'los nudás
y ranuras
del
tablado,
aunque la dura "AT:o
en las manillas
¿el nineo me ha J":"* iJn
ntesen semejantes insignificancias.
ra logro dormirme, hasta que los
del pequeñín y los piojos
que ju_
hastalas piernas me hicieron abrir
lor volver a pegar.
52
-Esta es Alaska _me-dije_,la genuina Alaska, sin leyendas de ososblancos, auroras borealesy mantoJníveos en los
-Esta
es Alaska
_me-dije_,la
genuina Alaska, sin leyendas de
ososblancos, auroras borealesy
mantoJníveos en los que riela la luna.
Poco después del amanecer revivió
demasiado naturales,y arreglamos para
toda la choza con desperezos
altarunamesucallena de grasa
con aditamentos de
escamas ypelos de conejo.
Cuandott"garon
ñOo,
y llenaron el recinto, mi
de veinte siglos, damos
los antros malolientes de
imaginación voló u iu, .uru.u*bas.
Al cabo
a Diós la misma bienvenida que le dieron en
aquellos ,uUt.rren"o, los cristianos
perse_
guidos. Me consoló entonces
el pensamiento de que Dios mismo es_
cogió un establopara nacer, y con
estospensamientos ,uruuaor", puru
uno Tl
gusto por
piojos y ronquidos y cansancio a
trueque d" *il;;
a un
Dios tan bueno y
tan humano. ño iray en el mundo
gozo com_
parable al que se siente
cuando se da la segúnOa comunión a
un grupo
de eskimales en una choza
perdida entre áatonales nevados.
Terminado el desayuno,
salimos todos a engancnar los perros, que
seagitaban con verdadera ferocidad,
h marcha.
Hubo los
apretones de manos de ansiosos J" "*pr"oa"r
rúbrica I
to,
clásicos piogas
(<<adioses>>), y,
colocados debidamente
oin"o el guía y yo, de_
saparecimos velocísimamente en la llanura "n "i
desigual, ñ*
ár"
minamos sin percance hasta-eso del
mediodía, en que llegamos a "" un
pueblo de nueve chozas, todas habitadas.
El enganche de voluntarios Comimos nuestrasprovisiones en una de ellas y empecé el reclu_ tamiento
El enganche de voluntarios
Comimos
nuestrasprovisiones en una de ellas y empecé el reclu_
tamiento de niños escolares.
Sólo Dios sabeel púrguto.io qu" Oeii
ganar aquel día con tanto-perder
la paciencia
uquáno, esándrijos
pesülentes, en los que bullían chicos
caprichosos "n que decían no a sus
padres, y
éstos se quedaban tan serenos.
-Anda,
-No
-¿Por
hijo, vete con el misionero a su escuela.
voy.
qué no quieres venir?
-Porque
no.
Al menor
movimiento que hacía yo, los
chicos se agarraban a las
patas de los camastros
-No
y pateaban diciendo:
voy; yo no voy.
Las chicas, en
semejantes circunstancias, se abrazabana sus
uuo'rq-
ma_
drescon la caraoculta en
suspielesy gimoieauan ,;ui"r"r,
-Yo no voy a la escuela.
En vano pinté paraísos con niñas angelicalesy niños ser - cos que De vuelta a
En vano pinté
paraísos con niñas angelicalesy niños ser
-
cos que
De vuelta a Akulurak
Ies estaban esperando;
buenascomidas, blandascamas, aul
univer_
sitarias, juegos a todas las horas y
diversiones al por mayor. Ni por
ésas.Allí nadie quería ir a la escuela.
Las horas se
sucedíanpor aquellosparajes nunca vistos y el guía
y yo nos relevamos en
- Amenacé a los padres con dar parte al
las manillas. cada diez minutos.ito
iru,
gobierno de Washington,
carasde los rapacesy les
hago las consabidaspreguntas en su lengua:
si no enviaban los hijos a la escuela;p"ro
lo, padres
se qued-aban
-¿Tenéis frío? ¿Estáis
cansados? ¿Tenéis
hambre?
tan frescos. ¿eué o quién es Washington para ellos? Si leb hubiera
A las trespreguntas respondíansiempreafirmativamente. A medio
dicho que daría partea una
merluzasehubieranquedado lo mismo.
camino hicimos alto y despachamos unas empanadascon dos termos
Para ellos Washington lo mismo puede ser el
pólicía,
que el
mal
henchidosde
café hirviendo. ¡eué ojazos abrieron al notar que el café
espíritu, que una variedad del salmón o de los patos silvestres.
estabacaliente!
Recuerdo que en algunaschozasel hedor era tan
,
repugnante,
que
-Estos
blancos son el mismo diablo _se debieron decir.
el
estómago pasó verdaderos apuros en su esfuerzo ioi
,et"ner'el
Así repuestos,apretamosel paso,pues ya anochecíay podía le_
contenido.
vantarseuna tormenta que nos obligase a dormir en
escampádo.
para
Al fin logré reclutar a un mocito de diez añosno
cumplidos _Lui_
sín-,
el mayor de cinco hermanos sucios y mal vestidos que
deben
reanimara los nenes,queno paraban de tiritar, les metíaconfrecuencia
en la boca pastillas de chocolateque les sabían a miel.
vivir de milagro. Los padres me Io confiaron p-u
un período de tres
Por fin, al aparecer visible la estrella polar casi sobre nuestras
cabezas, descubrimos allá lejos las luces de la misión.
Los perros
ximadamente.
olfatean el rastro y galopan como locos por una tundra desniv^elada,
que muchasnevadasno han logrado allanar.
De estepueblo salimospara otro cercano: tres
casasrepletas de
Ya era muy de noche cuando llegamos a Akulurak. En las afueras
indígenas. En cadacasavivían doso
tresfamilias con
hijos, suegras
y viejos caritativamente recogidos. En la primera choza
rechité a
Enrique, de trece años, pero muy mocetón. En las otras
dos me
llevé sendoscarpetazos, a pesarde que habia en ellas unos mucha_
chos
y unas rapazasque caerían en nuestra escuelacomo agua de
mayo.
Siguiendo las indicaciones contradictorias de diversos eskimales,
que
topamos en el camino, acertamos al fin con unas chozas,
dise_
minadasa lo I
o de un afluentedel yukon. Aquí, despuésde terminar
la provisión de
bombones, cuando ya lo tenía todo pérdido, recluté a
Genoveva, una
rapazade ojos vivarachos que contrastaban con una
timidez increíble.
A
Lüs
y Genoveva les tuve que envolver en pieles que
llevaba,
Pr,eviendo -como
luego resurtó-
que estaríanpobrísimamente vestidos.
Al salir de casapara el tineo tidtaban de modo al
Esto se1odije por medio del veteranoque me servía
ante.
de intérprete.
Enrique estaba
mejor equipado.
llanadostodosen el trineo -incluso el guía-
que le
tomé
A los pocos días se me volvió a poner a tiro para decirme
gustaba mucho la escuelay que ya sabía contar hast-acatorce.
por un rastroque sabíanles llevaba alaya
deseadaperrera.
54
f)
4 Peripeciasde cuaresmax tan bien asociadasestasvoces a susrespectivasdireccionesque tuerce sin vacilar,
4
Peripeciasde
cuaresmax
tan bien asociadasestasvoces a susrespectivasdireccionesque tuerce
sin vacilar, seguidogregariamentepor la traílla que él preside.
Llegamos al Yukon al ponerse el sol, es decir, a las tres de la
tarde. Nos quedabauna hora río arriba.
El
viento persistenteiba formando verdaderasdunas de nieve y,
como nos era contrario, nos cegaba, de suerteque apenaspodíamos
abrir los ojos. Al mirar para atrás se veía toda la superficie en mo-
vimiento, pues el viento levantaba una polvareda de nieve, que lo
llenaba todo de novedad y poesía. Al llegar a Alarnak
até los perros
a los arbustos, que rodeabanla capilla, y tomé posesión de ésta, en
un anochecerfrío y borrascoso, que no olvidaré jamás.
El hombre que me llevó se fue a su casa,y yo me quedé solo en
aquella casetaque, por tener un altar con velas, se llama capilla. En
una esquinatiene una cocinilla que calientael recinto, y en la esquina
opuestatiene un pesebrealargadocon unasmantasque le dicen a uno
que aquello es la cama del misionero; mucho más cómoda sin duda
que el pesebredel portal de Belén. En el centrohay unos ocho bancos
y enfrente se alza un altar decentito. Esa es la capilla de Alamak.
Cuatro días de labor
Después de guisar un par de chuletasde reno, más la consabida
taza de café con pan y queso, tomé la linterna y salí a visitar a los
feligreses. Varios habían estadoen Akulurak y sabíaninglés; pero la
mayoría no hablabamás que la lengua indígena.
Hallé que había dos ciiaturas por bautizar y convinimos en dejar
los bautizos para el día siguiente. Todos mostraron placer de verme
y, al toque de un esquilón, que hace de campana, salieron de sus
escondrijos y llenaron materialmente la capilla.
Un joven, que había estado seis añosen nuestraescuela, hizo de
intérprete y escucharonpor espacio de una hora cosas buenas sobre
Dios nuestro Señor. Luego, mientras rezabanel rosario, se venían a
confesar con las manos cruzadasdelantedel pecho, rezando al fin el
Señor mío Jesucristo con un acento tristón, salido de lo más íntimo
de su ser.
Al quedarmede nuevo solo en la capilla, pedí a-Diosun sinnúmero
de favores para los paganosen general y para Alarnak en particular.
El silencio
de la noche y el aislamiento de la capilla, enclavadaen un
) t
es más tarde me enteréde que la que llevó el nombre de mi había muerto.
es más tarde me enteréde que la que llevó el nombre de
mi había muerto.
-Vaya,
me dije, un almamás que rogará
incensantemente por mí
en el cielo hasta que a mí me llegue el
turno. Un alma
más que está
en el cielo
dando gloria positiva a Dios, porque Dios quiso
a mí para que
yo la bautizase.
"r"tg"
"
Estos cons
os no los gustanlos mundanos.Los tiene reservados
Dios para
sus sioneros. El que quiera hacer la prueba que se haga
misionero.
nochevinieron de nuevo todos a la capilla.
Después derezar
el r
, como era viernes de cuaresma, hicimos el vía crucis. Des_
estadosolo entreextraños;ahora,con los perrosy Baltasar,me creí
en el senode la familia y me hormigueabapor todo el
cuerpo una
satisfacciónque se desbordaba en risas fresóasy ru¡evenecódoras.
58
59

I

i

Entre Kwiguk y Emanok Cargamos luego las provisiones en el trineo, alineamos c e perros
Entre Kwiguk y Emanok
Cargamos luego las provisiones
en el trineo, alineamos c
e
perros y a buen galope tomamos la s
gamos al ponerse el sol y entonces
p
no
esni sombra del que fue. Hubo aú
en la que embalaban miles de cajasde
arenderlás en lo
muy mona.
espirirual, levantaron nuesrros
:1::1:11r"-o: rrusroneros
una iglesia {,para
Hoy Kwiguk es esto: tres chozas de
indígenas, una de un mestizo
char los perros tomé un
inté¡prete,
q
aba en el almacén, y
salimos para Emanok, a media hori
)
casasde reciente consftucción, re_
n
a pescado podrido que
sta. Sus
confesiones de personas qu:
hfían
comulgado oFas veces. ks
pro_
metí decirles allí la misa al día Lu
siguienr", y
"?fui_o, poo".
Como siempre, la primera oferaciOn
L,
u Krigrk.--.-'
los perros a buen
recaudo. La nieve estabatan,pron:naa¡unto a lás
arbustos, quecavé una
sepulturapara cadi
lerdldera
peno. Éstos, después de devorar ;;;;
de
salmones cadauno, setendieron
,u,
nofo.,
agradecidísimos, pues
*Oj^::il
yt"".
casi huracanado "n que barrialasuperf,rcie.
ir
c a como la de Alamak. Cenamos l
y nos acostarnos sin más. Estábamos tan
fuerzas ni para hablar. Las tablas ae u cÁa
¡endidos,
que no
ten
s
me supr
a muelles de
termómetro marcaba 35" centígradr
60
adheridauna costra de escarchatan espesaque, pata mirar por ellos, eramenesteragujerearla esca¡chacomo sebarrenaun
adheridauna costra de escarchatan espesaque, pata mirar por ellos,
eramenesteragujerearla esca¡chacomo sebarrenaun tablón. salimos
luego para Emanok.
No creo que haya sufrido en los días de mi vida lo que sufrí en
los tres cuartos de hora que empleamosen llegar a Emanok. Aún no
había salido el sol y teníamosque habérnoslascon un viento contrario
impetuosísimo, que nos cegabay contrarestraba todo el esfuerzo de
Más de una vez creí que nos iba a barrer para atrás.
ez minutos, el frío senos metió hastalos huesossin reparar
ropasde ningún género, y tiritábamosal par quecorríamos
para no ateriflos. No teníamos al descubiertomás que los
ojos y
los
pómulos. Estosestabantan insensibles,que creí seme habíanheiado,
y estuve a punto de empezara despellejarlosfrontándolos con nieve.
El viento gemía y bramabaalavez, y levantabaverdaderosmontículos
de nieve en la superficie helada del río.
Los perrosluchabancon bravura, y lograronreconer en trescuartos
de hora el trayecto que en un día serenose hacefácilmente en veinte
s. Entonces es cuando se aprecia el valor de los perros de
Al
recibí
llegar a Emanok, apenasentréen la casadondeiba a decir misa
tal sacudidaen todo el cuerpo, que tuve que agarratme a una
tumbradoa estasnovedades.Siguió luego un cosquilleomolesto, como
si
le
picasen a uno con agujasen todo el cuerpo, y cuandorenació la
calma y la chozaestabr llena de gente, dije la misa en una mesuca
que me llegaba un poco más arriba de la rodilla.
El trineo, la nieve y los perros
El viento había amainadoun poco y empezabaa verseel disco del
61

pasanos>.r.eshabréatbdos,"r*J;:t":1TT;tJ#.fl,il:XTft::

siguiente. De Emanok a Kwigemeut hay un -Bájate de ahí, que nosrevientas. Estas miradas de
siguiente. De Emanok a Kwigemeut hay un
-Bájate de ahí, que nosrevientas.
Estas miradas de los penos en campo raso dicen más que un
rralesque acortamucho la distancia. Es un at
de sendas,a manera de encrucijadas, que p
del guía más experto.Baltasarseenteróde to
/iccionario.
{ Al cabo de dos horasde marcha penosallegamosa una llanura sin
pbjeto algunovisible enel horizonte. Creí quenoshabíamosextraviado
y nos lanzamospor el atajo a buena marcha.
'y que estábamosen el océano;pero Baltasar me aseguróque no, que
ise trataba de una laguna famosa por su extensión.
Cuando me vi
en lo que yo creí ser alta mar, sin más seresque el
cielo, los perros y la llanura, volví a preguntarsi en efecto era aquello
,una laguna. Ante las protestasafirmativas de Baltasar me satisfice y
drcidí aprovecharla ocasiónpararezarcon sosiegoy sin preocupación
alguna.
No había apenasviento, o por milagro o como fuese,y el sol había
desgarradolas nubes y vestido la nieve de una blancura peregrina.
Los perros c naban a buen paso. Di, pues, las manillas a Baltasar
y yo
me acosté en el ti^neo. ¡Qué ratos tan hermososy cómo paga
La
sendaestabalo suficientemente dura para
ella mejor o peor. Si se salía de ella un cen
día y los perros se paraban; al agarrar los b
para ayudar a los canes,sehundía uno infaliblemente hastala cintura.
Al forcejear para salir del atolla
, se hundía uno más y había
Dios con creceslas penalidadesque uno se esfuerzapor ofrecerle!
Los perros trotan, el trineo se desliza como los patines por los
hielos del Guadarrama,las pieles abrigan el cuerpo, la conciencia está
tranquila y eI alma estáen condicionesinmejorablespara comunicarse
con Dios, su Creador y Señor. No hay a mano un sagrario, es cierto;
pero cree uno ver a toda la naturaleza convertida en sagrario de la
divinidad. Dios está cerca; allí junto al trineo; mejor aún: va dentro
del alma, y estepeirsamientosuplela falta de un sagrariodonde pueda
uno recrearsecon el Señor a diversos tiempos durante el día.
egemeut
Al atardecersedivisó unalínea negruzc^.enel horizonte. A medida
que caminábamosíbamosreparandoen perfiles, en los perfiles de los
stos, de entre los cualessalía una columna de humo.
-Allí
está Kwegemeut -me
dijo Baltasar.
uno que seguirlos detrás y al trote. Ahora bien, como la nieve del
Media hora
más y llegábamosa la villa. ¡Pobre villa! Kwegemeut
tiene una casa. A veinte pasosde la casahay una perrera. Detrás de
la perrera -clavadas a los arbustos- hay una docena de sepulturas
o cajasrepletasde esqueletos.Antes hubo allí una aldeamuy poblada,
pero la peste de l9l9
diezmó la población y ésta'abandonóel lugar
y se desparramólo más lejos que pudo.
63
62
Sólo un blanco, escandinavo de nación, tuvo fuerza de voluntad dije con toda paz la
Sólo un blanco, escandinavo de nación, tuvo fuerza de voluntad
dije con toda paz la misa de san Patricio, patrono de Irlanda, en la
para quedarse. Creyó que aquellos contornos no tenían
punto a zonas y nutrias, y se quedó cazandoy enviando
igual en
que comulgaron clevotamentelos
asistentes.Después del desayuno
¡eles
a Enganchamoslos perros al trineo y nos despedimoscon muchos apre-
los Estadosunidos. como no le iba del todo mal, no tuvo dificultad
:tones de manos y frases muy efusivas.
en obtenerel sí de una joven indígena, con la que se casóy con la
que vive feliz, a pesar de que elra es católica y él es luteiano de
nacimiento. Todos los hijos han sido bautizadospor el misionero
católico.
Desandandoel camino
A mí me recibió con un conejo asadoy vnatazade café humeante.
cuya sola vista me llenó de vida y buenhumor. Todos allí hablaban
inglés. Para mejorar aún la siruación llegó el cartero con
su esposa,
él blanco y ella mestiza; ambos católicos. pernoctaríamos allí v a la
mañanita siguiente reanudaríamos la marcha.
Quedaban aún cuatrohoraspara la cena, y el
carteropropusojugar
al ajedrez.Llevaba jugando nadamenosque fieinta y cinco-anos, ón
un promedio de quince juegos diarios, y en el saco de las cartaslleva
siempre un ajedrez plegable para matar las horas, cuando se ve aori_
Al volver a desandarel camino para Emanok me hacían fuerza
dos pensamientos:el de haber confesadoa Dios en la aldea de una
casa,y el tener que volver al ajetreode hundimientos en la nieve con
el consabidoséquito de golpazos, cansancioy retortijones. Triunfó el
primero, y triunfó de modo tan aplastasnteque tomé las manillas y
no las dejé hastadespuésde mucho tiempo, cuandoya todo el cuerpo
temblaba de cansanciocomo si tuviera cuartanas.
En Emanok reuní de nuevo en una choza a todo el vecindario y
les hablé sobreJesucristo, los mandamientosy
los sacramentos,hasta
sionado
por el temporal en las estaciones de
parada.
Como ya
era
jugador famoso antes de que yo naciera, propuse que él jugara sin
que los niños de pecho no pudieron aguantarmás y rompieron en unos
lloriqueos tan rabiosos que hubo que hacer alto. Volvimos a nuestra
reina o, por lo menos, sin una torre. A todo se negó y no hubo más
remedio que echar manos a la obra, saliera lo que saliese. Cuando la
cenaestabasobre la mesahabíamosjugado oncejuegos con sólo tres
a mi favor.
casita de Kwiguk
a dormir, y al amanecer salimos de nuevo para
Emanok a decir misa en la choza de las conferencias.Esta vez estaba
sobre aviso, y al alzar e\ cáliz, no toqué el techo.
Terminada la cena, rezamosel rosario y luego hablé
hastaque me
cansésobreJesucristo,la Iglesia, los sacramentosy el cielo. Hacía
Tres mil renos
dos años que no había pasado por allí misionero alguno. Los seis
adultos que me escuchabanoían aquellasverdadescon
tar placer que
me urgían a continuar, pero el cansanciome dominabu v vu habian
oído lo principal.
A continuación seconfesaron todos, menosel
escandinavo,y luego
procedimos a bautizar a un niño de dos mesesmás guapoqu"
tu"".o
de la mañana. Se le puso por nombre Jorge -como
su abuelo "i allá en
Noruega-.
El padre afirmó que la religión católica
parecemuy
con_
forme a rczón y que él ve con gusto que sus hijos y
rosario todaslas noches;porque - sonsuspalabras -
acarre¿rmás que bienes.
er recen el
el rezarno puede
Paramí el día habíaterminado. Tendimosluego enersuelonuestros
Como no podía detenermemásen aquellaaldea,les prometí volver
despaciolo más pronto que pudiese, y salimos para la dehesa,donde
se apacientanlos 3.000 renos del distrito. Iba a haber reunión de
propietarios y convenía aprovecharla ocasión para hacer algún fruto
espiritual. Además yo debía representaral orfanotrofio de Akulurak,
que poseealrededorde 1.200.
Por llanuras de una soledad aplanadora,despuésde cinco horas
de marcha, llegamos a las chozasde los pastoresdonde tendría lugar
la reunión. Son dos chozas diminutas, con capacidadpara unas seis
personascadauna. Salieron varios eskimalesa ayudarmea desengan-
char y me llevaron a una choza donde pude saludar a los que allí
sacos de dormir, y
En una mesa,junto
nos acostamospara no despertarhasta las siete.
a la ventana, preparélo
necésariopara celebrary
estabanapiñados.
aún varios trineos!
En la otra choza tampoco se cabía ya ¡y faltaban
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65
A eso de las tres de la tarde llegó una fracción del rebaño: unos 1.300
A eso de las tres de la tarde llegó una fracción del rebaño: unos
1.300 renos, que vaheabancomo calderasen ebullición. Acorralados
en un valle sin salida, tres pastoresmás diestros se internaron con el
rifle, y en media hora dejaron tendidos en la nieve treinta machos,
quetuvimos queaciurearen trineosarrastradosapuños,pueslos perros
hubieran dispersadoel rebaño con sus ladridos y embestidasferoces.
Todos los brazos eran allí necesarios.Aunque a mí me querían
dispensarde aquel trabajo, no aceptéla dispensay tiré de Ia soga lo
mejor que pude. Luego comenzóel desuello, y thmbién aquí tuve que
agarrarde la patay tirar de la piel como los demás.Una vez desollados
Los pobres eskimales oían esto sin pestañeary se alegraban de
que, al fin y al cabo, les fuera cosa fácil entrar en el cielo. Siguieron
el rosario y las confesionesde rúbrica, y volvimos a empedrarla choza
de cuerpos humanos. Ahora iba a tener lugar la reunión para la cual
nos habíamos congregadoviniendo de diversospuntos del distrito.
Es el caso que cada dueño tiene marca distinta pata sus renos
dentro del gran rebaño. ¿No sería mejor marcar a todo el rebaño con
una sola marca? En adelantea cada dueño le tocarían renos en pro-
porción
tiempo,
a las hembras que tuviese hoy y a las que naciesen con el
descontandosiempre a las que el dueño matase.Todo ello,
y abiertos en canal, los colgarnos de los árboles y nos retiramos a
tomar Ia bien merecida cena.
Corría una brisa mortal, con el termómetro a 30" bajo cero. Todos
estábamoscubiertos con pieles sin dejar al descubiertomás que los
ojos y las manos, pues es muy difícil desollar con guantesy
además
el interior de los renos estabatan caliente que mi pensamientovoló a
los días de Napoleón, cuandolos soldadosfrancesesen Rusia mataban
a los caballos para defendersedel frío en sus barrigas vacías.
Un mitin comedido
Terminada la cena, nos reunimos todos en una de las chozas.
Primero se ocupó el camastroy luego se ocupó el suelode estemodo:
el que se sentaba junto a la pared abría las piernas y entre ellas se
sentabaotro, que a su vez las abría para dar cabida a otro, y así
por los veintidós eskimales allí reunidos.
Yo me senté en un cajón, y desde aquella cátedra pronuncié un
discurso del que casi me entró vanidad. Les recordé las obligaciones
del cristiano y el premio etemo que aguardaal que las cumple. Les
animé a cumplirlas por amor de Jesucristo, que tanto había hecho y
hace por cada uno de nosotros. Les refresqué las ideas sobre la con-
fesión y comunión y con eso iba a terminar; pero querían que conti-
nuasey continué aconsejándolesa levantar el corazón a Dios cuando
viajan por estas soledades,y les propuse jaculatorias y expresiones
fervorosas que podían dirigir a Dios, su Padre, que les quiere y les
provee de todo: de renos, de focas, de liebres, de salmón, de peces
negros,de tármigans,de , patos de todo.
es decir, los números proporcionales, se sumaríany restarían escru-
pulosamente en Akulurak, donde el padre sabe sumar y restar con
lápiz y papel.
Tomó la palabra Pepe Afkan, el más inteligente del grupo, y en
un razonamiento de diez minutos expuso su pareceren favor de una
sola marca. Cuando terminó de hablar hubo silencio por espacio de
un minuto y tomó la palabra otro eskimal. Mientras hablaba, muy
despacio y con mucho aplomo, los demás escuchabanfumando la
pipa.
Uno trasoffo todosechabansucuarto a espadas,aduciendorazones
en pro y en contra. Jamás se intemrmpieron uno a otro, ni hubo
discusionesacaloradas,ni menos altercados.
Yo estabaentre ellos como ave en corral ajeno. Todos ellos eran
es ales de pura sangrey las dos terceraspartes no sabían ni una
palabrade inglés. Yo, español,no les habíavisto jamás, excepción
hecha de los representantesde Akulurak, uno de los cuales me sirvió
de intérprete.
Pero yo era el padre y esto bastabapara que me tratasencon toda
consideracióny respeto.Recuerdo que al contemplar aquel mitin tan
comedido y patriarcal pensé en los mítines de los españoles, de los
que salía la gente con la cararenegrida o la cabezarota, en medio de
una tormenta de voces saturadasde vivas y mueras;y me pregunté si
seríaexacto decir que yo estabaen Alaska entreinfieles, o si no sería
más exacto afirmar que, huyendo de infieles, vine a descansaraquí
entre fieles. Sea como fuere, lo cierto es que a eso de las once de la
noche se decidió por mayoría -casi por unanimidad- no tener más
que una marca.
Mientras encendíanla última pipa, yo salí y me acumrqué en el
saco de dormir en un rincón de la otra choza. El cansancio era tal
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67
que, apenastoqué las pieles con la cabeza,me perdí en las sombras otro mundo. Lo primero
que, apenastoqué las pieles con la cabeza,me perdí en las sombras
otro mundo. Lo primero que vi al día siguienüefue
el bigote de
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frío hasta el punto de que creí imposible reaccionar. Son momentos
muy angustiososy se necesitacalma y mucha enterezade ánimo.
Simón junto a mis narices. A1 echar una mirada al reloj, que marcaba
las siete y media, pude observar cómo todo el suelo estábacubierto
conmigo, tal vez
qué sé yo; dormí tan profundamente que no me
di
cuenta de nada.
una vez levantadossalimos afueray noslavamos lacatacon
Este incidente vino a empeorar la situación.
¿eué
iba a ser de
nieve.
nosofros si los perros fallaban? Los miré a todos con una ternura
La temperaturahabía bajado durante la noche a 40" centígradosbajo
desmesuraday me alentó verlos tirar con una terquedadmuy conso-
cero. Dentro de la chozase estababien; afuerano sepodía ni respirar.
Durantela misael grupo de Akulurak cantóunosmotetesen léngua
indígena, y a mí seme ensanchóel corazónal dar la sagrada
ladora. Hice promesade darlesración doble si me llevabana Akulurak
sano y salvo, y les prometí caricias tan inauditas que ni
los primo_
génitos de los reyes las hubieran soñado. Talvez
eilos se enieraron
a
"o.unión
aquellos eskimales honrados, que la recibían con los ojos
bajos y
de todo por telepatía,pues me parecióverlos tirar con
renovadovigor.
las manos cruzadasante el pecho. Dios nuestroseñor aguarduu
ocasiones para alentar al misionero como El sabe hacerlo. No
"rui es
La tormenta seguíabramando. Baltasary yo habíamosterminado ras
pastillas de chocolate, y mirábamos de vez en cuando a los renos
extraño que un misionero santo como san FranciscoJavier exclamase
reventando de gozo:
diciendo:
-Si
quedamos aquí, nos hartaremosde carne; ¿quién, pues, dijo
-Basta,
Señor,basta.
miedo?
Pocoantesdeponerseel sol divisamosel campanariode Akulurak.
Depués de horas y más horas por soledadesdeprimentes,medio per_
Saxófono
didos en los torbellinos de la borrasca,el campanariode Akulurakfue
Despuésdel desayunocomenzóel enganchede perros. Como éstos
para mí una amonestación amorosadel
-Hombre
Señor, que me decía:
de poca fe, ¿por quétemías?
senda,y teníamosque caminar a tientaspor unos atolladerosde nieve
que dabanverdaderopavor. El viento se fue convirtiendo en hurac¡ín,
que nos azotabadecosta y levantabamontículosde nieve, que luego
ropa.
Todo estabacomo yo lo había dejado. Una vez afeitado y cam_
barría para volverlos a
tiraban con bravura.
antar en el próximo remolino. Los perros
biado, me senté a charlar con el padre superior, que deseabasaber
cómo me había ido. cuando más enfrascadosestábamosen la charla
vimos por la ventanaun bulto, que se movía allá lejos, en la nieve.
Requerí los
prismáticos y vi al pobre Saxófonoque venía cayendo y
A
las tres horas de caminata creí que nos había llegado la última
hora y empecé a recogerme interiormente. El trineo cabeceabapor
aquellas dunas, como ba¡co que se balanceaen el oleaje de una tem_
pestad.Baltasar estabaserio como un cadávery yo estabatransido de
levantándose.
Llegó al anochecery se tendió a la puerta con todas las caracte_
rísticas deestarapunto de expirar. Le di pescado,queno quisoprobar.
-
Le di agua, y al meter en ella el hocico la llenó di espuma.
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69
-Malo -me dije. Tomé el rifle y con las manoste 5 lorosasdisparéy lo maté. Antes
-Malo
-me
dije.
Tomé el rifle y con las manoste
5
lorosasdisparéy lo maté. Antes
Aquella
noche tardé mucho en do
, parte por el excesivo
cansancio, parte por el convencimiento de que yo era un criminal
diplomado. Los tres aullidos del perro moribundo resonabanen nú
fantasíacon ecos inintemrmpidos. saxófono había servido ocho años
en la misión, y en susbuenosdías había sido el perro más fuerte del
El
hielo
Aunque sueneaparadoja,los veteranosdeAlaskaboreal convienen
en que todas las calamidadesde dos inviemos reunidas son más to-
bocaduradel Y
n.
A
mediados de mayo, los días comienzana alargarsedesconmen_
te y el sol derrite la nieve de las llanuras, dejando al des_
espesacapa de hielo que cubre los ríos.
Se entabla luego un combate a muerte enüe los rayos solaresy el
desnudohielo. Por espaciode una semanarasfuerzasde los dos atlátas
pafecenequilibrarse, pero el hielo comienza pronto a perder terreno,
primero de la superficie, que se llena de oquedadesy agujas
agudí_
simas, y luego en el interior, que se resquebrajacon hendidurai por
las que brota a borbotonesla aprisionadacorriente.
de hielo que, al superponerse,vuelven a quebrarse con horrísono
or. A veces se ve venir flotando un bloque de un kilómetro cua_
drado de superficie. La corriente lo arrastra y lo pone limpiamente
sobreuna extensasuperficie de hielo, que aún no ha quebrado.
Bloques inmensos y consecutivosse van empotrandoy superpo_
niendo hasta que la capainferior cede, y aquella montañade hielo se
con el estruendode una descargade artillería pesada.
detiene asustaday se echa luego por las orillas, cu_
briéndolo todo de inundaciones
*
t2t-129.
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71

Mi primerverano*

Eskimales octogenarios contemplan este deshielo con el embo- bamiento del que ve la mar por
Eskimales octogenarios contemplan este deshielo con el embo-
bamiento del que ve la mar por primera vez. El arrastredel hielo dura
varios días. El estruendode los choquessehace cadavez menor, hasta
que no quedamás que una especiede siseoinintem¡ ido, el mejor
anullo para adormecerseuno pronto despuésde acostado.
Los últimos hielos flotantes van seguidosde caravanas de barcas
abarrotadasde eskimales, que se dirigen a las pesqueras.Son estas
pesquerascampamentosde quitaipón, situadosen lugaresestratégicos,
y en ellos sepasanlos eskimaleslos mesesde junio y julio. Barquitos
de vela, repletosde personas,arras
dos o tres canoas, en las que
amrfan y aúllan docenasde perros que hacinaron allí a puntapiés y
latigazos. Llegados a la pesquera,instalanrápidamentelas tiendasde
Iona, amarranlos perros a sendasestacasy dan comienzo a la pesca
leando con bravura. Los que escapande sus garrasvan a caer en las
de águilas voraces, que se tiran a la superficie del aguay suben con
un pescadoa la cirna del monte próximo.
Vienen luego las redes de los pescadores,redesvariadísimas, de
agujerosgrandesparalos grandes,y de agujerosde tamañoescalonado
para que no se escapeninguno. Los que logran esquivar las redes,
corren el peligro de caer en las concavidadesdilatadasde las famosas
<<ruedas>>,movidas por la corriente. Si en su marcha río arriba les
obstruyeel pasouna cascada,los salmonessaltan,colean, caen, vuel-
ven a saltar y a arrastrarsepor la roca hacia arriba, hastaque al cabo
de dos o tres días, delgaduchosy cansados,se ven de nuevo en la
corriente mansa, donde se ocultan lazos y trampasde todo género.
del salmón.
En estaépocadel año los eskimalesestánmacilentos, poco menos
La pesquera de la misión
que muertos de hambre. La provisión del año anterior se les terminó
en febrero. Desde entonceshasta junio han venido
tr
eando con
pececillos atrapadosbajo el hielo y con alguna que otra foca despa-
chadaen dos asentadas.Por eso ahoraseles ve diligentes y excitados.
Aquí, a 20 kilómetros de la desembocaduradel Yukon, tiene la
misión de Akulurak una pesqueramodelo. Concurren a ella varias
familias de los alrededoresy la pesqueraseconvierteen una verdadera
In
tragedia del salmón
aldeacon tiendasalineadas,capilla, canoassin fin y docenasde perros
aulladores.Dos barcazas,capitaneadaspor dos hermanoscoadjutores,
van y vienen de la pesquera a la casa-misión y vicevetsa, con el
consabidocargamentode salmones.
El salmónen Alaska esuna pruebamásde la veracidadde aquellas
palabrasdel Señoren el evangelio: <<SiDios viste de hermosura a los
lirios de los valles y alimenta gratis a los pajarillos del aire, ¿se va a
olvidar de vestiros y alimentaros a vosotrosque sois sus hijos?> (Mt
6, 30).
Apenas se ven libres de hielo los ríos alas os, millones de mi-
llones de salmones,que rebullen en las profundidades de los mares
tropicales, vi¡an a una en dirección al nofe, y aleteanafanososbus-
cando las desembocadurasde los ríos norteños, en que fueron incu-
badoscuatro añosha. Van a desovar. Apenas entran en el agua dulce
setermina para ellos todo alimento. No hay río ni riachuelo ni arroyo
que no invadan a porfía. El Yukon da cabida a millones que suben
por sus aguassaturadasde lodo pegajoso.
Toda la naturalezaconspira contra estospobres salmones. En los
vados de los riachuelos les esperan osos blancos y negros, que se
divierten en darles zarpazosy en tirarles a tierra, donde mueren co-
A los pocos días de funcionar la pesquera,me llevó un hermano
a visitarla. Subiendo por el Akulurak desembocamosen el Yukon,
que marchaba majestuoso, como un mar sin orillas. De sus aguas
salíancontinr.ramentea la superficiebloquesgigantescosde hielo blan-
quísimo.
Extrañado ante aquellaaparición y
verano, pregunté la causa, y me fue
desapariciónde hielos en pleno
respondido que no había tales
hielos: eran ballenas blancas que seguían a los salmones,de los que
se nutren bonitamente sin más trabajo que abrir la boca.
Pasamoscerca de algunas de ellas y hasta disparamos algunas
balas, pero ninguna dio señalesde haber sido herida de pronóstico
reservado.
Atravesado el Yukon, llegamos a la orilla opuesta, donde la co-
rriente hacía girar a una <<rueda>>que llevaba puestaveinticuatro horas.
Estas <<ruedas>>tienen unas barrigas ahuecadasen las que caen los
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13
incautossalmones,que son luego impelidos a una plataforma flotante, a manerade cajón, donde se amontonany mueren.
incautossalmones,que son luego impelidos a una plataforma flotante,
a manerade cajón, donde se amontonany mueren.
¡Qué espectáculoel de aquella<rueda>>!Tendidos en la plataforma
yacíancentenaresde salmones.Cadadoso tresvueltasveníaun salmón
reluciente que, al caer en la plataforma, lo alborotaba todo con unos
coletazosdescomunales.A vecesvenían dos o tres salmones juntos.
Con garfios a propósito cargamoslabarcaza mientrasuno contaba
Desafiandoa los mosquitos los chicos sebañabantresvecesal día
en un banco de arena de Akulurak.
Al atardeceríbamos a la pesqueraa charlar con los pescadores.
Sentadosa la orilla del Yukon nos entreteníamoscon historias y
cuentos de hadashaqta las nueve o
las diez. Acostarse con el sol
es desagradable.Tomábamosluego dos o tres <<reyes>gordezuelos
a gritos para evitar equívocos. El resultado de la cuenta fue 630 sal-
monesargentinosy 37 reyes. En veinticuatro horas, una sola <rueda>.
y noslos llevábamosparael desayunoy la comida del día siguiente.
Cuando caían <reyes> de 40 libras, los chicos se disputabanel
honor de levantarlosya con una mano, ya con las dos, conforme a su
Los salmonesreyes llevan este nombre por ser como raza superior.
Los hay de 60 libras. Los ordinariosvarían entre 15 y 35 libras. Aparte
desucorpulenciallevan enla colaunaspintasnegruzcasquelos delatan
edad y musculatura. Son quince días de trabajo arduo; quince días
deseadospor la variedad que traen y por la libertad que se respiraen
aquellosbosquessin nombre, que no pertenecena nadie, o a 1olargo
de la ribera del Yukon, cruzado en todas direcciones por gasolineras
a simple vista. Los salmonesargentinoscarecende esaspintas y rara
vez pesan arriba de 20 libras. Los ordinarios pesan de 8 a 15 libras.
Cuandosehan pescadoalrededorde 2.000, laba¡caza va con ellos
a la casa-misión,dondeles esperan65 huérfanasarmadasde cuchillos.
Primero descabezanel salmón; luego le abren y arrojan al agua las
entrañas.Las hembras llevan los huevos apiñadosen forma de maíz:
y balsasrepletasde salmonesargentinos.
Las endrinas y el escorbuto
En el mes de julio
la tundra reverdecey produce en cantidades
unos 4.000 huevos anaranjadosde hermosurasin igual. Cortan luego
el cuello hasta la cola, echan al agua las espinasy abren rajas en la
carne.
Así preparadoel salmón, cuelga de palos horizontales y se orea y
se secapor espaciode unos días. Cuando ya está sazonado,pasaa la
llamada <casadel humo>, donde se ahuma y cura como en Castilla
increfules un fruto semejante a las endrinas, pero sin pepitas. Los
indígenas sepasandías enterosrecogiendoestefruto y llenando latas
que consumenluego en amigable compañía. Cuando estánmuy ma-
duras las exprimen y hacen una bebida que los pone muy alegresy
locuaces. En nuestra escuela acaparamosverdaderos toneles para el
invierno.
la cecina.
Cuando las <ruedas>de la misión nos han provisto de 25.000
salmones, se las prestamos a los eskimales vecinos, que se proveen
con ellas para todo el invierno. Dije mal, pues aunquetienen ocasión
de proveersepara todo el año, 7aperezaingénita de ellos les obliga a
cesar, cuando apenastienen salmonespara comer hastala primavera.
El salmón subepor el río desdeprimeros de junio hastamediadosde
agosto. A fines de junio la subidatiene lugar en bandadasincreíbles;
luego van disminuyendo notablemente.
La poesíade la pescadesapareceante el trabajo ímprobo que trae
Al principio de la escuelano sabíanlos misioneros la virtud que
contenían estasendrinas, y no se preocupabande ellas. El resultado
era una infección general de escorbuto,que no acertabana combatir.
Ahora, con la ración de endrinas, el escorbutoha pasadoa la historia
consigo. El sol en julio
calienta como en Sevilla, y, mientras se
descuartizan<<reyes>>,sesudacon un sudorarrancadoa puro bochomo,
saturado de humedad. El sol sale a las dos de la noche. A las doce
de la noche he podido yo rezarel breviario sin más molestiasque las
de los mosquitos.
y aquí se ha olvidado hasta su nombre.
En agosto llueve incesantementecon una llovizna muy molesta,
que impide todo trabajo fuera de casa. Esa llovizna se convierte en
lluvia formal todo el mes de septiembre.Entonces todo está enchar-
cado, y aun las partes más elevadasson verdaderoslodazales.
No se puede dar un paso sin botas de agua y sin impermeable, y
la lluvia estropea cualquiera recreación, que se pudiera derivar de
remar río abajo a la puesta del sol. Los mosquitos y la lluvia hacen
del verano la estación más fecunda en molestias v sufrimientos.
- A
t )
El apostolado en el verano Tampoco se presta el verano para atender espiritualmente a los
El apostolado en el verano
Tampoco se presta el verano para atender espiritualmente a los
eskimales. Viven desperdigadosen las riberas de los ríos atendiendo
a las redes, cortando y ahumando salmones, durmiendo a cualquier
hora por no haber noche propiamentedicha, siempre en movimiento,
siempre diseminados.
Con todo, no desesperamos.Con el altar portátil en la gasolinera
visitamos las pesquerasmás concurridas y logramos que la inmensa
mayoría reciba los sacramentosy escucheuna platiquita, que los le-
vante un poco sobrelos pensarnientosmaterialesde redesy salmones.
Algunas pesquerasestánmuy concurridas. Naturalmente, abunda en
ellas la embriaguezy se juega másde lo
que sedebiera. Si el misionero
no da un vistazo devez en cuando, el nivel moral de esaspesqueras
baja hastalo increíble. En cambio, bastacon que se les visite un par
de vecespara que el nivel
se mantengaun tanto elevado.
El silencio de estos parajes se rompe con verdaderassalvas de
escopetas,cuandoenpleno río cruzansobrela barcabandadasdepatos,
o cuando selos ve nadar y divertirse en la orilla. Por esono llevamos
carne en la barca: sepresuponeque cadamedia hora caeránun par de
patos para agobio de la cazuela.
I
76

La tundraimplacable

DDY: De la desembocaduradel Yukon. En las costasdel mar de Bering. Trineos y esquimales. 6
DDY:
De la desembocaduradel Yukon.
En las costasdel mar de Bering.
Trineos y esquimales.
6
CMB:
TE:
Viaje a HooperBay*
PEH:
En el pafs de los etemos hielos
Dentro
de algunos años, cuando algunos eruditos quíeran escribir
sentar
la heroica
epopeya de los misioneros,
de
sus andanzas Dor
y haciendo que el historíador vea
namente el nacimiento y
de-
sarrollo
de la iglesia católica
en esa región de los eternos hielos.
La historia
de Ia lgksia
en Alaska no se veró des.vaída, como entre
Diciembre no es el mes más frío, ni mucho menos. El mes más
frío suele ser febrcro.
En diciembreno seha enfriado aúnla cortezaterrestrelo suficiente
para hacer sentir sus efectos de una manera notable. En febrero, sí.
Entoncesla periferia helada y la ausenciade calor solar se aúnan
para convertir las regiones alaskanasen un refrigerador gigantesco
donde todo es frío, sólo frío y nada más que frío.
Marzo también es malo; pero entoncescomienza a brillar el sol,
y, aunqueseaun brillo mortecino, al f,rnesluz solarquedala impresión
de que estamosen plena primavera.
En Alaska no hay cuatro estacionescomo en los trópicos. Según
unos, no hay más que dos estaciones:la del hielo y la del deshielo.
Según otros, hay tres: ocho mesesde invierno, ffes de primavera y
uno de otoño.
samente a los sabios del funro el acta notarial, Ia crónica de mil
audacias que serón fundamento de la historía de veinticinco años de
vida católica en las
regiones de Alasla
frlas
La
Un viaje inesperado
historia
del catolícismo
en Alaskn,
en lo que atañe
a un cuarto
de siglo no tendrá rostros
mov
,
incoloras,
ni figuras
Sabremos
con certeza quiénes fueron
las prtmeras
nes eskimales que oyeron
El primero de diciembre de 194I, despuésde una c
natapenosa
la llamada de Dios y se hicieron
Hermanas de la Nieve, y
o se
celebraban las Navidades en Alakanuk, y cómo el padre Llorente,
después de las
r
jornadas
en trineo,
al llegar a su diminuta
de cinco días llegó el criado del padre Fox en trineo, y nos enterade
que el padre Fox anda bastantealicaído y hasta guarda cama de vez
en cuando.
escalofriante de 40 g
cero.
¡Qué bien ha sabido ser cronista de su propia vída, y cronista del
mund.ocatóIico en Alaska!
José Villav
. O.P.
Esta noticia es alamante; pues los que conocemos al padre Fox
sabemosque se tira a matar y no se acuestajamás si no es a eso de
la media noche para luego madrugara hacer la meditación arrodillado
en el duro y frío suelo de su pobre residencia.
+ De la desembocaduradel Yukon @DY) 46-100.
'19
Me escriberogándome le hagauna visita para ayudarlea resolver varios problemas que trae entre manos. Este
Me escriberogándome le hagauna visita para ayudarlea resolver
varios problemas que trae entre manos.
Este inesperadoviaje a Hooper Bay, donde reside, me deshace
Nueva bandaday nueva lluvia de balas sin dar en el blanco. pro_
seguimos.
Tercera bandadamuy nutrida y vuelta a los disparos.
aunque me da el corazón que voy a sufrir horrores en este viaje tan
largo y en estacióntan poco propicia.
La nieve está aún muy blanda. Los lagos, y los hay a millares,
Estavez Jaime hiere a una avemuy chilladora y al ir por ella tiene
que correr y coffer tras ella con muchos tropezonespor la maleza.
Malhumorado, intenta dispararla a dos pasos, pero yo le lleno de
semejan espejos gigantescos tendidos en la superficie terrestrepara
denuestosa yoces y él prosigue la carrera tras el ave perniquebrada,
que al fin coge y trae al trineo viva, testimonio vivo de su habilidad
irrisoria de cazador.
que se vean la cara las estrellastodas del
firmamento.
Llegamos a Kuijok,
aldea de tres chozas, y hacemos alto para
Cuandohay mucha nieve, los lagosheladosson c terasnaturales
saludara la gente. ¡Pobre gente!
y los perros se resbalanpor ellos y el trineo se z dea lo suficiente
para hacerle a uno creer que la vida no merece la pena vivi¡se.
Dejo al frente de Akulurak al padreMenager, quien denfio de una
semanaenviará por mí al criado Sipari con el trineo de casa.
Empleo el día en preparativos. Botas, calcetines de lana, un par
Entramos a gatas en la cabaña de Jorge, que es la primera del
grupo. Si hay en el diccionario una palabra más significativa que el
vocablo <<apestaD>, ésa es la palabra que expresa de lejos el hedor
nauseabundode aquel agujero asqueroso.El suelo estáempedradode
pescadopodrido.
de mudas, recado para celebrar, alimentos, papeles, una infinidad de
pormenores
y,
por fin, me acuestoya muy de nocheresignadoa lo
que venga.
Jorge tiene sesentay cinco años, y su mujer, Celedonia, tiene por
lo menossetenta,pero los dospudieranpasarpor nonagenariosajuzgar
por lo encorvados, amrgados, cegatonesy chupadosque aparecen.
Pasanel día sentadosen una piel de reno con sendosbotes al lado
para escupir. Una estufilla calienta a medias la estancia.
La cabaña de Jorge
Hace un frío
Después del
regular,
pero eso se da aquí por supuesto.
desayuno me cubro de pieles, doy los consabidos
apretones de manos a la gente que me rodea y me acomodo en el
trineo del padre Fox. De los trece peffos, cinco son verdaderoses-
queletosy los restantesno valen gran cosa. Mejor es tener sieteperros
bien alimentadosque trece muertos de ha re.
Salimos para Pastolik por una sendani buena ni mala. Al entrar
en unos bosquecillos se levantaron unasbandadasde avesnofeñas y
Los dos viejos viven en un mundo atrasadounos dos mil años.
No sabenleer ni escribir. No sabensi existen otros países fuera del
suyo. No sabensi hay guerra, y aunquelo supieran,no sabenquiénes
sonlos rusos, ni los alemanes,ni los japoneses, ni por qué luchan.
No hay alrededor pueblos ni aldeas ni viajeros con noticias de
úl
lo
hora. En lachoza cubierta de nieve, aquelmatrimonio ve pasar
s y los mesesy los años en una monotonía y silencio que el
resto del mundo no puede ni concebir.
De vez en cuando cruzan unas palabras. Sigue un silencio muy
Jaime no puederesistir a la tentación;coge el rifle automático, que le
costó sesentapesos, y dispara en todas las direcciones sin dar paz a
largo, intemrmpido por unatos no cohibida, y el hombreal fin pregunta
si vendrá pronto Lamberto con los peces.
-¡Quién
sabe! -responde la vieja, y sigueoyéndoseel tic-tacde
la mano.
un despertadorque va dos o tres horas fuera de camino.
Las aves revolotean cerca y nos miran con ojos de admiración y
duda; la lluvia torrencial de las balas no da en el blanco ni por ca-
sualidad. Muy cabizbajo, Jaime mete el rifle en la funda de cuero y
prosegulmos.
Lamberto es un
hijo adoptivo que se libró
del servicio militar por
inútil y tonto. Con la leña que aciurea y los pecesque coge debajo
del hielo, viven los tres en una pobreza que llega al límite y en una
simplicidad que el mundo no puede ni sospechar.
80
8 1
Despuésde llenar una cuartilla con notasc estadoy condicionesde los dos viejos, con el gobierno una
Despuésde llenar una cuartilla con notasc
estadoy condicionesde los dos viejos, con el
gobierno una pensión de vejez, salí de aquella
mar de pensamientos varios.
Como esta choza eran las otras dos, sólo que los habitantes no
eran tan viejos ni estabantan necesitados.
Dejamos aquel paraje solitario y reanudamosel viaje río
camino de Pastolik, por desiertosnevados.
ba,
que tiene allí la <Compañía Come¡cial
lidad por un mestizo católico muy amig
que le doy por su propensión innata a
una orden muy observante.
Me trajeron un niño de tres días que bauticé con el nombre de
Le echouna filípica entodaregla, pero como tienelas entendederas
a componer, noto que no le hacen mella mis amonestaciones.
Por fin, poco antesde media noche, nos acostamosen un suelo
limpio y caliente, debajo de un techo repleto de pieles de zona.
bajo sobre la marcha
Digo misa muy tempranosobreel mostradordel almacény reparto
doce comuniones.
Me encomiendo a Dios con todo fervor y le hago de
todaslas penalidadesqueme esperanen el largo viaje
va
82
pugna por amedrentarme.Presientomuchos sufrimientos y estos pre- sentimientosraravez me fallan; por esome aprestoa la
pugna por amedrentarme.Presientomuchos sufrimientos y estos pre-
sentimientosraravez me fallan; por esome aprestoa la luchaponiendo
en Dios mi confianza y esperiándolotodo de El, porque <<sinmí no
podéis hacer nada>, que dijo Jesucristo.
Desayunamosamigablementey salimos para Ilutak, a donde lle-
gamosa esodel mediodía. Visité a los aldeanos,a quienesdi medallas,
rosarios, estampas,escapulariosy agua bendita, que recibieron muy
a ecidos; y continuamosel viaje para Cañak, que es una aldea de
dos casas.
En una de ellas se estabamuriendo una mujer que había estadode
niña en nuestraescuelade Akulurak. Se alegró mucho al verme entrar
a gatas en su choza subterriínea;ni fue menor mi alegría interior al
ver y admirar la providencia de Dios en semejantecoincidencia, al
parecertan casual.
Despuésde un coloquio espiritual se confesó en medio de una tos
muy congojosa. Le di luego la extremauncióncon todo sosiegoy acto
seguidorezamostodos el rosario.
Fuimos luego a la chozavecila, donde cenamoscarnede foca con
pan y una taza de te.
Vuelvo a ver a la enferma y le aplico la indulgencia plenaria en
artículo de muerte. A continuación tuvimos confesionesque oí a la
puerta de la chozamirando a un cielo negro sin estrellas.La enferma
deseabarecibir la sagradacomunión. Unas horasmásy diría misa para
darle este último consuelo.
Quedan cuatro personascon la enferma y los once restantesnos
acost¿tmosen el suelo de la otra choza muy apretados.
Yo no puedo conciliar el sueño a pesar del cansanciodel viaje. La
guadañade la muerte andade acápara allá por los techosde las chozas.
Tendido
en el sacode dormir sobrelas tablas, dejo que los otros ronquen
mi
yo medito sobre lo cierto y peregrino de la muerte.
De repente se abre la puerta. Antes de que la vieja acabasede
entrar, pregunté si María había muerto.
-üi t ok -me respondió.
María acababade fallecer. Había estadograve muchosdías, pero
Dios la sostuvo hasta el punto y hora en que llegué yo para empa-
tarla para el cielo.
El misionero es una pieza de ajedrez que Dios maneja según los
designios de su providencia amorosa.
83
, iir ,:: ; l ',ti ¡A la buena de Dios! Digo misaencorvado,conel consiguientedolorderiñones.Cuando me
,
iir
,::
;
l
',ti
¡A la buena de Dios!
Digo misaencorvado,conel consiguientedolorderiñones.Cuando
me descuidoy me enderezome doy tn cabezazocontra el techo que
me obliga a
doblegarmede nuevo. Inútil exasperarse.Hay qu" ugu_
charsey callar.
Piensoen las naves de la catedralde León, tan altas y esbeltasy
sin peligro alguno para la cabezadel celebrante. y aunqueno ,"u urru
catedral, si estachozafuera un poquitín másalta, me estiraríayo como
quien ganalas elecciones.
Reparto diez comuniones, siendo la última para una vieja que me
muerde los dedos con saña. Menos mal que está desdentaday el
mordiscono llega a sercosamayor. La pobrevieja esla segundavez
que recibela comunióny no entiendede delicadezas.
Desayunamoscarne de foca con pan y té que sobró de la cena.
En la choza de la difunta se guardaun silencio reverencial. La pobre
María, que eratan feúcay espantabade lo esqueléticaque estabaantes
de morir, ahoraamortajadaestáguapísima, con una paz angelical que
parece frasunto de la que tendrá en el cielo.
De pie junto a ella, me alegro infinito de ser misionero y de haber
venido al Polo Norte a ayudarla a bien morir.
Pero las horas pasan volando y me queda una jornada dura; por
eso rne despido de todos con mucha efusión, prometiéndoles volver
despuésde las Navidades.
SalimosJaimey yo en el trineo repleto de impedimentay ponemos
la proa al sureste, camino de Uksukalik, a donde esperamosllegar
antes de que anochezca.El rastro es malo, peor que el que hemos
tenido hasta hoy; pésimo en grado superlativo. No es rastro propia_
mente dicho, pues1oque erarastrotrillado fue borradopor la tormenta.
Caminamosa la buena de Dios, sin otras señalesque un cielo
piomizo y un vendaval fatídico en unas llanuras de pampas sin fin,
sin un altozano,sin una peña, sin una yerba, sin nadaqué se alceun
milímetro de estesuelo que fue un día el fondo plano de la mar, ahora
retirada veinte kilómetros al oeste.
El camino como tal es de esta manera: una laguna cubierta de
musgo con una capa de nieve blanca sobre la cual abre un surco el
trineo, que estáhechopara deslizarsey no para competir con el arado.
Viene luego el lago redondo y tan vasto que apenas se ven las
orillas, helado,claro está,pero sin rueve.
84
Al entrar en é1,el trineo seladeay atraviesaen un patinar alocado, ya cayendo sobrelos perros, como
Al entrar en é1,el trineo seladeay atraviesaen un patinar alocado,
ya cayendo sobrelos perros, como ariete romano, ya tropezandocon
algún saliente que lo vuelca, ya torciéndosecon tal tenacidadque la
paciencia se pone en carne viva.
Tras el lago viene otra lagunamusgosay nevadaque es seguida
por otro lago y así sucesivamentead infi.nitum.
Un perro ya no pudo más y setiró sobrela nieve. Era un esqueleto
vivo que sepodíancontarlos huesos.Le soltamosy aún asíno podía
seguirnos.
Como todo estoestá infestado de lobos, nos pareció más benigno
darle un balazo en la nuca y librarle de penas,que dejarle a merced
de una partida de lobos voraces.
Proseguimoscon un perro menos, siempreprocurando conseryar
la posición hacia el sureste.Ya va oscureciendoy Jaime, aunque é1
protestalo contrario,estámásperdidoquelos asnosbíblicos de Saúl.
Se lo conozcoen la maneracon que oteael horizonte.
Tropezandoy levantando
Por fin, anocheceen toda regla. Ha sido un día penosísimode
fatiga sin igual, seguidoahorade unanocheque, teóricarnente,debiera
ser de luna, por estaren plenilunio, pero todo 1oque pudiera ayudarlo
aun remotamente ha sido
interceptado misteriosamentey en cambio
llueven sobrenosotroslos obstáculosmás adecuadospara hacernosla
jomada lo más dura posible.
Tampoco se ve una estrella en el cielo, por lo cual no sabemosa
punto fijo dónde'estála estrellapolar.
Para que nos convenzamosde que no nos quedaotro remedio que
tenerpacienciay encomendamosa Dios, comienzaa nevarlo suficiente
para que no veamos absolutamentenada, ni siquiera a los perros del
rrneo.
Sacamoslas linternas elécricas que tampoco sirven por no haber
rastro visible.
Los perros están exhaustos; uno de ellos se queja con aullidos
lastimerosindicadoresde que suresistenciallegó al límite. Le soltamos
con ayuda de las linternas y el esqueléticocan se queda detrás en la
noche oscuray tenebrosa.
<Con estevan dos>> -dije para mis adentros.
6l
En el vagar por aquellas soledadesnocturnas vinimos a parar a unos yerbazalesdonde nos hundíamos hasta
En el vagar por aquellas soledadesnocturnas vinimos a parar a
unos yerbazalesdonde nos hundíamos hasta la rodilla y algo más.
El agotamientocomenzó a hacer presaprimero en mis miembros
y luego en mi mente; pero el instinto de conservación resucita en
nosotros reservasno sospechadas.
Agarrado al trineo con una mano, seguí horas y horasjadeando,
sudando,tropezando,levantándome,divagandolocamentecon la ima_
ginación calenturientay desbocada.
Mientras dabalos pasosmecánicamentey sin sabercómo, soñaba
con salonesiluminados, repletos de butacasatestadasde revistasgrá-
ficas.
De estossueñosperegrinos me sacabaun tropezónseguidode otros
hasta que mandé parar y pregunté formalmente a Jaime si no sería
mejor hacer alto y acamparallí mismo.
Tal vez arrollados en las mantaspudiéramos pasarlo menos mal,
pero Jaime, que lleva muchos años de vagar por llanuras como ésta,
me aseguraque pernoctar allí con aquella ventisca y lo sudorososy
exhaustos que estábamosequivalía a suicidarse. Si hubiera árboles,
sería otra cosa;pero en campo raso, imposible.
Seguimos,pues, adelante;yo más muerto que vivo y él lo mismo,
aunque no hacía más que echárselasde valiente jactándose de estar
aún más fresco que una manzana,sin dudapara alentarmey mantener
alta la moral.
Como al cabo de varios siglos no había tal luz ni enfrente ni
por
ninguno de los cuatro lados, y como yo me estabasuicidando con
aquelcaminar violento fuera detodo juicio y razón,y como el acampar
allí pudiera resultar fatal, confieso que comencé a temer seriamente
por mi vida.
Una cosa deseabapor encima de todo: vivir lo suficiente para
escribir un artículo en el que dkía a los que aspiran a misiones que
la evangelizaciónde infreles estáresumida en aquellaspalabrasde san
Pablo, prototipo de misioneros: Quotidie morior (vivo agonizando),
que es una vida a dos pasos de la muerte; y que hay que almacenar
toda la santidad de que sea capaz esta pobrecilla alma que llevamos
en las carnes.
En mi viajar moribundo recapacitabasobre estaspalabras hasta
que eran suplantadaspor otras que venían o no venían al caso.
La luz salvadora
Entretanto se me salían los ojos de las órbitas en busca de la luz
que debería aparecerhacia la izquierda.
-Al1í está, yo la veo -gntó Jaime con voz emonquecida salida
de un cuerpo cadavérico.
Torcí la cabezaen todas las direcciones hastaque, en efecto, vi
unalucecita a una distanciainfinita como una esfrellaen el horizonte,
Un viajar moribundo
Yo no hacía más que pensar en José, el hijo de Jacob, quien, al
no encontrara sushermanoslos pastores,andabaerrantepor el campo;
y repetía hasta la saciedad:errantepor el campoi errantem in agro.
Aquello eraparavolverseloco. El espíritu estabapronto a cualquier
sacrificio, pero con una carne flaca, hambrienta, fatigada, rendida,
exhausta y a punto de desplomarse,el espíritu enflaquecetambién y
todo el compuestode cuerpoy almaforma una figura triste y quijotesca
que lo mismo le puede hacer a uno reír que llorar.
En el gran universo de Dios yo era un corpúsculo microscópico e
insignificante que no valía un real.
Volví a apretar a Jaime con nuevasprotestasde hacer alto, pero
y la distancia no impofaba, lo importante allí era que veíamos la luz.
Como la llanura erageométricamenteperfecta,nuncasenosocultó.
Parami espíritu abatidoestaapariciónlo fue entodo el rigor místico
de la palabra. Me convertí en otro hombre. Luego me avergonzaba
de la poca fe que había tenido.
Fue larga la caminataque tuvimos que cubrir, pero al fin llegamos
a pocos pasos de la luz y no distinguíamos claramentelos edificios;
él se apostabala cabezaa que dentro de una hora se veriala luz del
amanecerenfrente de nosotros un poco hacia la izquierda.
paraque seentiendalo cerradaqueestabaaquellanochede plenilunio.
En sukalik tenemosuna capilla, y junto a ella hay un almacén.
En otro tiempo fue una aldeapopulosa,es decir, tuvo hastasietecasas;
hoy no queda más que una detrásdel almacén. Sin embargo, por ser
sitio céntrico, el almacénhacesu negocio con las pieles que traen los
eskimalesnómadas del distrito.
Después de poner los perros a buen recaudo, entramosen el al-
macénya muy entradala noche. El almacenistaestáausente,pero su
86
8',7
mujer y dos hijos de diez y doce años, respectivamente,nos dieron una bienvenida que a
mujer y dos hijos de diez y doce años, respectivamente,nos dieron
una bienvenida que a mí se me antojó celestial.
Caí en una butaca, debajode una liámparabrillantísima, en frente
de una mesa con revistas y periódicos muy atrasados.
La buena Isabel nos preparó una cena rica y bien guisada.
Al sentarmea la mesaen la cocina y co arar aquello con lo que
iera sido si hubiéramosacampadoen aquella soledadtenebrosade
frío y cellisca, no pude menosde dar graciasa Dios por la providencia
amorosaque mostrabacon todo lo que concernía a mi persona.
Cenamos,charlamos,saludamosa los cinco eskimalesque vinieron
Celebramosel bautizo con un desayunofuene de pan, salmón seco
y
café; nos despedimosamistosamentey Jaime y yo disponemoslos
preparativos para continuar la caminata.
I
El perro de ayer llegó tambaleándosey se echó junto a sus com-
pañeros. Como apenasse tiene en pie, Jaime pone fin a susachaques
y penas con una bala entre las orejas.
A estepasonos vamos a quedar sin perros. Piensoen los míos de
a vernos, les eché una plática sobre los diez mandamientos, se con-
fesaron todos y encendí la estufa en la capilla contigua y me acostéa
dormir el sueño mejor merecido desdeque nací.
Akulurak, tan guaposy tan bien cebados;pero no es este tiempo de
añoranzas;enganchamoslos once perrosque aúnnos quedany salimos
camino de Kapotlik, siempre hacia el sur.
La sendao rastro es como la de ayer, sólo que hoy está el sol a
punto de salir y vemos donde pisamos, que es un alivio que no agra-
decemos lo debido, como la salud.
A través de la llanura helada
Jaime lleva aire de chulo y me respondecon donaires cada vez
que le pregunto si sabe a punto fijo por dónde camina. Por allí no
perdería él la sendacon los ojos cerrados.
-Pues
nada, que Dios te oiga -me
limito a contestar.
sereno, en contraste notable con el vendaval de ayer; hasta tal vez
tengamos sol, que ahora sale a las diez y se pone a las dos. Los
poquísimos es ales de Uksukalik fueron llegando uno tras otro.
Cuando estuvimos todos reunidos comencé la santa misa, que
oyeron muy devotos y en la cual comulgaron atentosy reverentes.
Jaimees un inté¡pretedeprimera. Con su ayudano tengo difrcultad
en instruir en la religión a los indígenas más cerradosy bozales.
Me trajeron un niño de pocos días que bauticé con el nombre de
Basilio.
He comenzadouna campañade no res raros para descongestio-
nar las listas inacabablesde Josés,Franciscos, Ignacios, Juanes,Lui-
ses,Estanislaos.
Orientándonos
Avanzamos lentamentepor aquellasllanuras oceánicashasta que
Jaime requiere los prismáticos, se pone de pie sobre el trineo, cubre
el horizonte despaciogirando sobrelos talones,y me espetaa bocajarro
que siguiendo aquella dirección vamos a parar al mar.
Es de notar que no hay caminos. Es como quien camina por una
era de 100 kilómetros o por un rastrojo como los de Castilla, pero sin
carreteras,carninos, sendasni siquiera linderos. Hay que guiarse por
el instinto.
Jaime viró en redondo y tuvimos que desandarbuena parte del
camino. El pobre estabatemiendo que yo
le fuera a restregar en la
cara el episodio, pero, aunquesoy malo, no tan malo que llegue a eso
80 por ciento de la población católica aquí, en la dese ocadura del
Yukon. Para evitar confusionesapelan a montes y apodosque se me
atraviesande medio a medio.
mi maldad. Nos reímos del accidentey proseguimos.
Andábamos de nuevo enantes por el campo. A un lago sin límites
seguía otro de límites invisibles, y tras los lagos venían llanuras ne-
vadas en las que semejábamoshormigas arrastriíndonospor el suelo.
Ciprianos, Marcelos y Anastasios.
El Basilio de hoy no pareceeskimal, por lo guapetóny frescote,
aunquele delata la nariz chata y los ojos japonizoides.
No había viento y el cielo estabaclaro, señalesinfalibles de un
bajón de temperaturaque, en efecto, tuvo lugar tan pronto como el
sol se puso, que fue más pronto de lo que quisimos.
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Con unas galletas duras y unaspastillas de chocolate matamosel hambrequenosentrabapor todoslos poros, debido al
Con unas galletas duras y unaspastillas de chocolate matamosel
hambrequenosentrabapor todoslos poros, debido al muchocansancio
y al frío que rozaba la piel
acrecentarel apetito.
del rostro hora tras hora, causasambasde
Comenzabaa anochecer.
¡Qué vida tan extraña!
¡Ya
viaje a Hooper Bay en diciem
ía dado a mí el corazónque el
un desatino, justificado única_
mente por la caridad y deseode aliviar las penas de un compañerode
armas y fatigas, de un misionero, de un sacerdotede Dios y ministro
del Altísimo que se lo merecía todo!
Jaime, qu
con sieteojos
de tanto esti¡ar el pescuezoy mirar
adossusafanesy deseosde repente
cuando gritó
-Puyúgumuk
tanjtoa (veo el humo de la choza).
El humo de la choza solitaria en Alaska es la visión más ansiada.
segundaúnicamentea la visión de la esenciadivina en el cielo de los
bienaventurados.
Con el humo de la chimenea a la vista estábamossalvados.
La aldea de Kapotlik
vadossobrecuatroestacas,y todo génerode utensilios colgando,co
botasde nieve, cafeteras,rifles oxidados,trineos destartalados.en fin.
Junto al pobladísi
cementerio se alza metro y medio sobre el
suelo una casucha,una sola, que es toda la aldea conocida en muchas
leguasa la redondacon el nombre de Kapotlik, metrópoli tal vezhace
treinta añosy reducida hoy a la mínima expresión en el mundo de los
yivos.
La tal casaestáhabitada por dos
lias bien repuestas,porque,
otra máquina de coser, media docenamás de cazosy potesy sartenes,
90
dos o tres rifles nuevos, y así sucesivamente,hastaque el interior de la casase llenó de
dos o tres rifles nuevos, y así sucesivamente,hastaque el interior de
la casase llenó de modo que no cabe un alfiler más.
Apenas abrí la puerta me invadió una ola de constemación. Tu-
vi s que dejar toda la impedimenta en el trineo, sobre la nieve,
debajo de un cielo estrellado frigidísimo, 1o más frío de la estación
hastaesta fecha; lo único que pudimos introducir fue el saco de los
alimentos.
Apretados como sardinasen banastaguisamosunos botes de con-
tenido variado que nos supieron a gloria.
Un bautizo y una pldtica
Terminada la acción de gracias, bauticé a una niña de dos meses,
gordinflona y muy calladita, excepción éstaque me hizo simpatiquí-
sima a la nena, pues de ordinario lloran y rabian como si las estuvié-
ramos desollando.
Le puso por nombre Lorenza, corno recuerdo viviente de la sin
par Madre Lorenza, que estuvo de superiora en Akulurak ni más ni
menos que treinta y cinco años.
Terminado el bautismo, les eché a los cinco adultos una plática
muy larga sobre Dios nuestro Señor, sus atributos y su providencia
divina so
todos nosotros.
Los pobres estabanun poco menos que en ayunasen lo tocante a
religión, tanto que nunca habían recibido los sacramentos,fuera del
bautismo, que algún misionero transeúnte, como yo ahora, les ad-
ministró.
Nuncahan vivido másde dos añosen un mismo sitio. Son nómadas
de los castizos;por tanto, la culpa no gravita sólo sobreel misionero,
sino so
el hecho del nomadismo imperante, que hoy están aquí y
mañanaestán a treinta lesuas.
Un matrimonio voluntario
Les pregunto cómo se casaron,y me respondenque porque qui-
sieron. No era eso1oqueyo preguntaba.En inglés y en eskimal, como
en español, se confunde a veces el cómo con e\ por qué.
91
Misa en la choza -¡Andando! Un sopapoen las estabaaquel día para s puso fin al
Misa en la choza
-¡Andando!
Un sopapoen las
estabaaquel día para
s
puso fin al dirálogo,pues el tío Felipe no
es.
Todo queda como está, y a quien Dios se la dio san pe
bendiga.
se la
Envueltos en una oscuridad maciza comenzamosa despertar y
desperezarnos.Yo tenía un cerco de hielo en la manta alrededor de
las narices y supongo que lo mismo les pasaría a los demás, porque
el frío era el mismo para todos.
El dueño se levantó y encendió una lumbre chisporroteanteque
nos facilitó levantarnossin aterimos.
Me costó mi trabajo, pero conseguí armar un tinglado que hizo
las veces de altar, donde dije misa con rna paz octaviana, mirado y
remirado por aquellos nómadasbonachonesque parecíanextasiados
ante la novedad del caso.
Jaime les explicó brevementeel significado de todo ello.
Dentro de un par de añosllevaré a la escuelade Akulurak a la hija
mayor, quien a su vez instruirá a sus padres al regresarmoza y des-
pabilada.
¡Hay que planear la cristianización de estosnómadascomo mejor
se pueda! Dios ve nuestraintención y nuestrasposibilidades.
Terminada la santa misa guisamos un desayuno fuerte que nos
sostuvieseduranteel largo trayecto que nos separade Scammon Bay,
adonde esperamosllegar esta noche con la ayuda de Dios.
Otra vez en marcha
Un nuevo huésped
Ya
estábamost
cuandonos despertó,una
algazara de perros
Resultó
que
un rineo
y el individuo no sabía que había
huéspedes en K
Dentro dela chozasudamos;afuerasenoscortael sudorderepente,
pues ha amanecidomuy frío, aunque sin viento; loado seaDios.
Salimos de Kapotlik casi de noche.
Cruzamos lagos y más lagos, lagunas y más lagunas, pampas
nevadas, yerbazalesblanduchos, siempre hacia el sur y procurando
tener de frente al peñón que se divisa encima del monte Eskinok, en
cuyas faldas yace silenciosala aldea término de nuestroviaje de hoy.
Pareceque se toca al monte con las manos, pero las horas pasan
muertas y nunca se acabade llegar.
De pronto, vemos humo en la llanura al ras del horizonte. Gracias
a Dios no estamosdel todo perdidos.
La
tal chozahumeanteresultó ser un agujero maloliente con una
mujer y dos criaturas.
Una media hora más y todo eran ronquidos.
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93
Jaime creeque no tenemostiempo para detenernosy que debemos apresurarnos mientras seade día. Los perrosesperabanun
Jaime creeque no tenemostiempo para detenernosy que debemos
apresurarnos mientras seade día.
Los perrosesperabanun descansorazonabley no quieren reanudar
la marcha, aunquelo hacencuandoJaimeda cuaro voces sonorasque
ellos conocenmuy bien.
Embestir los bloquesseríadesatino,puesal bajarlosrodaríamos
como bolas; no queda otro remedio que seguir escurriéndonosy
culebrearentre aquellosbloques formidablesque yacen en posturas
feas y ridículas sacandoa vecesuna barbao unasnaricesde veinte
metros.
Ya anochecey comienzan a verse las estrellas, pero por fofuna
Siguen lagos
zarandea el trineo.
como espejosen los que se resbalanlos p
s y se
divisamos ya la aldea y Jaime distingue la capilla donde pasaré la
noche, si Dios quiere.
A la luz de la luna y en medio de un ladrido ensordecedorde
La cruz y el dólat
perrosentramosen ScammonBay y nos dirigimos a la capilla católica.
Atamos los perrosy les damos de cena¡con la ayuda de un grupo
Por fin, nos extraviamosy caminamosa la buenade Dios sie re
de chicos que han venido a curiosear, como no podía menos de ser
siendo chicos.
hacia el sur y enfrente del peñón, que parecehuir de nosotros. Extra_
viado y rendido, me convenzo una vez más de que el que diga que
goza conduciendoperros y trineos es un mentiroso, un embust"ao,un
hipócrita, un fariseo y un mentecato.
Los únicosblancosmetidosenel negociodetrineossonel mercader
Vocación frustra.da
y el misionero, dos locos, el mercadercon ideas locas sobre diner<r
Dejamos el matalotaje en la capilla y fuimos a cenar en casade
la catequistadel padre Fox, una de las primeras que entró en el no-
que
no puede llevar a la otra vida, y el rnisionero con ideas que
p
cipan de la locura de la cruz.
iLa cruz y el dólar!
viciado indígena de las Hermanas de la Nieve, y también de las pri-
meras en salir y casarse.
La pobre llevó tal desengañoal poco de casarseque rogó al padre
Atollado en la nieve
Fox, por todo lo habidoy por haber, que la dejasevolver al noviciado.
Ahora tiene dos hijos pequeñitoscon unas carasmás'suciasde lo que
debería uno esperarde una catequista.
Dos veces a la semanatoca la campanay explica a los aldeanos
el catecismo,les enseñalas oracionese himnos sagradosy los conserva
Terminados los lagos cristaünos, nos adenramos en unos mato_
así dentro del gremio de nuestra santamadre iglesia.
Vuelve a instar conmigo que la alcancepoder volver
al noviciado,
y a venir en ayuda de los asendereadoscanes.
Yo me atollo hasta la rodilla. Como el demonio quiere sacar
sin acabarde comprenderque es casaday con hijos, y que religiosa
y casadason términos que no dicen bien.
raja de la sifuación le doy higas y le ahuyento ofreciendo a Dios
cada paso en satisfacción por mis pecadosy por los pecados de
todos los hombres.
Entoncesse me antoja que cadapisadaprofunda en la nieve es un
pecado menosy hasta tal vez un pecadormenos, y con eso me aliento
La animo a seguir adelante,encareciéndolelo mucho que hay que
hacer por Dios y cómo Dios se estávaliendo de ella para extender su
reinado en aquel pedazo de territorio enemigo. Con esto se satisface
a medias y promete continuar por esecamino, aunquese ve a la legua
que llevará al sepulcro la idea de que hizo muy mal en cambiar el
a seguir por el atolladero como buen cristiano.
Peropor esono sequita el sufrimiento. Hay que seguir forcejeando
noviciado por un eskimal apergaminado,chato, feo, ignorante y ato-
londrado.
_
hasta aquel nbazo allá lejos donde parece que la nieve no es tan
Es que los pobreseskimalesno estánaún maduros para arremeter
profunda y el suelo parece más firme.
con caminos de perfección y votos canónicos.
94
95
Besando la nieve Agarrados al trineo y apoyándonos en las puntasde los pies, ayu_ :damos
Besando la nieve
Agarrados al trineo y apoyándonos en las puntasde los pies,
ayu_
:damos a los perros empujando el artefacto con tanta fatiga que-no
comprendocómo
vamos a llegar vivos a la cima.
*
Hago alto con
frecuencia con ra discurpa de contemplar er hori-
;Zonte, pero Jaime, que
es un vivales, -"
"ulu y me sale con que no
estáel d,íaparapaisajes.
Tiene razón, pero no le dejo salir con la suya: cuandolas piernas
dicen que quieren descansar,me subo al trineo y p*u*o,
hurtu
' , están de nuevo en condiciones
tropezones se sucedencomo las invocaciones de una letanía.
de continuar. Los hombres no
Besé la nieve varias vecescontra mi voluntad
y
llevé
de retortijones, pero llegué sin heridas mayores y entré e
animalesni es justo que senos aguijoneehastaque reventemos
cafga.
oscura, fría y solitaria.
Pronto la estufaestabaal rojo viv
Me acostéen un camastroeremítico
Jaim
tá hecho a esta vida, y yo no lo estoy aún, pues los
tres
años de
experien
me
restablecieron el vigor perdido.
Venir
a sedentaria en Kotzebue echaron por tierra todas mis
perrunas en mj anterior estanciaen Akulurak.
ahora de golpe y arremetercon un viaje de este calibre es
En mi bajada hacia la aldea el viento me
tu
ó a discreción,
c más seria de lo que pudiera parecer; Jaime lo comprende y se
ayudado por lo resbaladizo del nefasto vericueto.
Todo aterido entré en la
casita
s catequistas,que estabaca-
Seguimos subiendo, subiendo, subiendo hasta que la respiración
liente y con una Lámparamuy brill
Tocamos la campanilla, oí confesi
ameniza¡on con motetes y oraciones
despedimos de los cristianosy salimos
de nuestro viaje.
se hace muy difícil. Ya no me canso. Mi estado es tal que ni sé si
estoyvivo o muerto o resucitado:laspiernassemuevenmaquinalmente
y
continuamos subiendo hastalo que yo creí ser la cima.
Hay una tormenta fenomenal. yo
abrigos de pieles que no llevo al descu
ojos lagrimosos y en carne viva, casi c
B
la doble dguila
da de lleno en la cara.
El viento, encajonadoentre el monte nevado
de hielo, incrustadosen el lodo tierra adenfto por
Pasanlas horas, y nos harlamosen unas alturasformidables
-
cuyas
azola el rosfto implacablemente y
obliga a los p
hacia la izquierda, imposibilitados de dar la ca¡a
faldasnuhen constantemente lagosy máslagos, todoshelados,y hasta
forman un río que sedespeñaestrepitosamente a cincopasosdenuesfoo
rastro.
Vamos a paso de tortuga.
Nu
que se
la sensaciónde soledad, lejanía, novedady temor
mí en aquellascrestascoronadasde lagos trans_
Una subida difícil
parentes.
Volaban dos águilas sobre nosotros, curiosas y perezosas, des_
siempre sobrenuestrascabezas,aunquea mil metros de
eratal vez de que reventásemosde cansancioy pudieran
a darse la
gran cena.
96
97
- ¡Si tuviera yo alas! El profeta pedí de águila como las de aquellasdos que
- ¡Si tuviera yo
alas! El profeta pedí
de águila como las
de aquellasdos que
alas de paloma. yo las pedí
azabancírculos mayestáücos
al ras de las nubes.
Por fin, se inició la bajada. El trineo se echabade bruces sobre
las patasde los perros que galopaban amedrentados mientras nosotros
descansamos en el trineo tendidos como en una cama.
los montes nevadoscon el viento de cara; mas había el obstáculo de
Io reducido del sitio, tan escasopara el número de gente y tan falto
de todo, que no pude hallar en mi mente manera de armar un altar
para decir misa.
Si hubiera habido unaslatas de gasolina,o un cajón, o unastablas,
o algo duro y resistente, creo que me hubiera quedado allí aunque
hubiéramos tenido que dormir apretadoscomo los ladrillos de un
tabique; pero no había nadade eso, sino sólo pieles para dormir y una
esh¡filla para calentary cocinar.
Además, Jaime se oponía abiertamentea ello asegurándomeque
Hooper Bay estabaal doblar del monte, y que me llevaría sanoy salvo
en un par de horas, a lo sumo en cuatro horas, y que el rastro era todo
llano y carretero, y que los perros sabían de memoria el camino, y
que a lo mejor se levantaba al otro día una tormenta y nos
obligaba
a pennanecer una semanaen aquel agujero sin alimentos ni
para no_
Comida eskimal
sotros ni para los penos; total, que prevaleció su opinión y salimos
camino
de Hooper Bay bien entrada la tarde.
Como el hambre era extrema y lo único que tenían era salmón
amojamado,
conservado en un cuero repleto de iceite de foca, no tuve
más remedio que
arremeter con ello, la primera vez que lo hice
en
Bajo la
noche polar
toda mi vida alaskeña.
En otra ocasión cualquiera hubiera yo vomitado
sólo ver la operación; pero al buen hambre no hay pa
de foca demasiado fétido.
os
hígados de
duro-ni
aceite
Jaime y yo
¿uremetimoscon aquellos pedazos negroides y nos
,
hartamosde comer.
Dos o tres veces estuve a punto de devolverlo todo de un
golpe,
mas el hambre se impuso y el estómagotuvo que contentarsey hasta
mostrarseagradecido.
Parlamento movido
Dicen que despuésde terminada una guera la gente discute aca-
loradamentesobrelo que se debió haber hecho para no perder tales o
tales batallas sin atender a que no vemos más que el pasado y el
presentey que andamosa ciegas en lo tocante al futuro.
Despuésde haberseuno equivocado, es cosafácil disertar y argüir
sobrela maneradehaberpodido evitar el equívoco;pero los castellanos
tienen respuestaparaestocon el conocidorefrán: <Despuésde la liebre
ida, palos en la madriguera>.
Digo, pues, que salimos y nos vimos muy pronto en unas llanuras
infinitas formadas por charcas sin límites, heladaslo suficiente para
que no se hundieseel trineo, aunquede vez en cuando se oían acá y
allá ruidos secos de resquebrajadwasque a mí me paralizaban el
corazón.
Hablamos de todo. Discutimos las
ventajas y desventajasde per_
noctar allí con el fin de que pudiesen oír misa
y
comulgar.
Teóricamente, era un deber pasar allí la noche,
no-sólo para fa_
cilitarles los sacramentos, sino para descansardel cruelísimo viaje por
Se nos echóla nocheencima y no habíamossalido aún de aquellas
charcassolitariasfaltasde vida y vegetación.Estábámosen plenilunio,
pero una luna plateada hubiera sido sacarnosde apuros, y aquella
noche había de ser de apuros, uno tras otro y todos a la vez.
98
99
Me sentéy me arrastrésentadohastaque llegué al borde y se me quedaronlas piernas colgando. Allí me
Me sentéy me arrastrésentadohastaque llegué al borde y se me
quedaronlas piernas colgando.
Allí me santigüé, miré a un cielo encapotadoy tenebroso,me dejé
resbalary vine abajo con un golpe seco hundido en la nieve y todo
anebujado como un vellón de lana.
Al incorporarme y volver al trineo le pregunté a Jaime si había
más despeñaderoscomo aqué1.Me respondió que aquel sitio estaba
lleno de ellos.
¡Tres horas todavía!
La bris
es cada vez
más fuerte y fría. Nieva regularmente. yo
estoy vivo
e puro milagro.
Le agarrédel brazo por toda respuestay le apretéa que me dijese
cuánto nos quedabapara Hooper Bay
y si no sería mejor hacer alto y
Al borde de un despeñadero
c-omo aquelropresenta muy mal cuiz,
me recojo interiormente y
me dispongo a presentarme ante Dios lo más
cristiánamenr"
po*iui"'.
Jaime dice que jamás en su vida ha tenido un viaje tan duro como
éste.
Cojo las manillas del trineo y
hago de conductor mientras él des_
cansa. De repente, salta del trineo
y
me dice que por
allí
hay
unos
desp.eñaderos peligrosos y que será mejor que él coja de nuevo las
manillas.
Fue una intervención divina; un milagro mayor
que
la resurrección
E;;J-;;;il;;;J
pasarallí la noche.
Si hubiera tenido yo las manillas en aquel precipicio me hubiera
roto todoslos huesos.
Ya que Dios me había sacadomilagrosamentede aquel peligro,
no debíamostentarle más ni obligarle a hacer milagros con nosotros
al volver de cada esquina.
¿No sería mejor pararnos en seco, cavar un hoyo en la nieve y
dormir en é1, o tratar de dormir, hasta que amanecieseel alba y lo
inundasetodo de luz con sus arreboles?
Jaime duda mucho de los tales arrebolese insiste en continuar, ya
que no es cosa de más de tres horas.
Cuando oí tres horas le volvía a agairrarpor el brazo, pero era tal
la debilidad de mis manos que no pude hacerle daño mayor.
fue cosa de un sesundo- cosa de ennqnramio-r^
Estábamos al borde del precipicio sin saberlo. Los
perros
setiraron
y cayeron amontonados. Jaime tiró el trineo y se tfuó tras é1.
Yo
agu
é el
resultado desde aniba, convencido de que efecü_
vamente había [egado
nuestra última hora. Jaime me da voces desde
abajo que me tire, que lanieve
estáblanday que él me está
Cuando se tiró tras el trineo, to
"rp"ranáo.
aganOantes de que los
perros
se
rehiciesen y marchasen solos en la oscuridad.
En un diiílogo breve recibí las
debidas instrucciones concernientes
a cómo tirarme con precaución y cautela.
noche,y tuve que cederde nuevo, porque, además,yo tenía verdadero
pánico a pasar allí una noche tan honible como aquella y en estado
de agotamientotan general.
Las linternas eléctricas no alumbraban más que a los copos de
nieve que revoloteabanen nuestro alrededor, sin que descubriésemos
sombra de rastro, senda ni camino ni señal alguna de pisar terreno
conocido.
Jaime insiste en proseguir en dirección al oeste;no sabepor qué,
pero se lo dice el corazón.
100
101
Flotan unos nubarrones negrosque son, a sujuicio, la evaporac Mandé a Jaime que fuera y
Flotan unos nubarrones
negrosque
son, a sujuicio, la evaporac
Mandé a Jaime que fuera y le estamparaun par de besos en el
de las aguas marinas que no se hielan;
y
como los
nubarrones
hocico;
que
es
sobre nuestras cabezas, concluímos que estamos a dos pasos de
le acariciara y rascara las orejas en señal de agradeci-
casi
la costa.
Una luz providencial
En estobrilló
unaluz roja brillantísima en frente
miento; que nunca jamás volviera a contradecirle; que no lo matara
nuncahastadejarleque secayesey muriesede viejo, etc., etc., a todo
lo cual respondeJaime con un <<yaveremos>>lacónico que encierra
toda la filosofía eskimal, es decir, una filosofía tristona, fría, desa_
decida y sin pizca de corazón.
Lo de besar al perro en el hocico incluso le hizo reír como si le
lubiera contado un chascarrillo arasonés.
de nosotros,
el oeste, como una
estrellay se disipó a poca altura.
Viramos en dirección a
ellay
donadas muy conocidas de Jaime.
virimos'a parar a unaschozas
¡No vivíá nadie!
¿Por qué vino usted a Alaska?
¿Qué clase de luz fue
ella sola?
aquella? jn"
aOna" vino? ¿Cómo se formó
Era
este otro milagro tan claro que yo me regocijé mucho
inte_
riormente al
Tomé de nuevo las manillas y Jaime se tumbó a la larga en el
trineo respirando fatigosamente y con muestras de un agoámiento
absoluto.
ver con tanta craridad cémo Dios estaba con nosotros.
Tal vez mis
amigos y bienhechores rogaban por mí y Dios escu_
-Qué, tambiéntú estáscansado,
¿eh?
,
chabasusoraciones.
-Sí, padre,lo estoy;esteviaje es
el que
más me ha costado.
-Pues si a ti, guía de profesión, te ha costado tanto, imaqínate
cómo vendré yo.
Un perro inteligente
-Ya me hago cargo. Ha sido un desatho hacer este viaje en
diciembre. El mejor tiempo para hacer este viaje es abril,
cuanáo h
Jaim,e_conoce aquel terreno
nieve está bien apisonaday los días duran 20 horas, y no ahora, sin
y
se orienta. ya
,,
nos queda poco para
luz y por hielo sin nieve o por nieve
blanda y
sin pisar.
llegar a Hooper Bay, pero no damos con el rastro.
-Sí,
pero la caridad estápor encima de todo; ya verásqué alivio
El perro delantero seobstinaen
tirar hacia la izquierda, pero Jaime
teme que
para el padre Fox poderse sentarjunto a mí y charlar -uno u -uno
por allí nos lleve al mar y nos
ahogue;por
e os
l-a guena al
con un hermano en religión y co-misionero.
pobre perro y le obligamos a"to.cer ha
a -Por
esoprecisamente me envió a buscarlea usted. Lo que temo
fuerza de voces,
insultos,
reniegÁ
y hasta algún
él
es que haya sufrido usted demasiadoy quede raquítico para todo el
desobedece tenazmente.
invierno.
P.*?-9r
y
descargamos verdaderas cofinas de fuego sobre
.
-No
guía induciéndole a torcer_a la
derecha,pero él responde empre
un galope inesperado tan hacia la
izquilrda que casi vira en redondo.
lo creas, Jaime. Es verdad que dejo jirones de mi juventud
por estosandurrialesy acorto la vida con estostratamientostan duros,
pero Jesucristo murió a los 33 años y ya ves lo que hizo; y yo ya
Muefos
de cansancio y hastiados le
dejamos
salir con
tengo 35 y no he hecho nada; así que ya es hora de que despierteáe
vemos con pasmo que en dos minutos nos planta en el
rastro,
mi
letargo y me sacudael polvo y
haga algo.
como una
carretera, el rastro de Hooper Buy po, el cual caminamos
-¿Dice
usted, padre, que no está acostumbradoa estasdurezas?
de prisa y con la
a nuestro destino.
plena seguridad de que riguiÉnoor. lregaremos pronto
-Así es. Nunca pasé tantashoras expuestoal frío ni por rastros
tan
El perro era más listo que nosotros.
horribles como los que hemostenido en este viaie.
-Pero
¿no viajan en trineo en su tierra?
102
r03

i

-No, hombre, no, qué van a viajar en trineo. yo soy español. Los españolesno han
-No,
hombre, no, qué van a viajar en trineo. yo
soy español.
Los españolesno han visto trineos másque en las revistasde misiones.
-Pues
¿entonces?¿Cómo
viajan?
-Pues en üen, en automóvil, en coche,en
bicicleta, en aeroplano,
a
caballo,
en b
, en cÍrrro de bueyesy a pte.
-Eso
seráen verano;pero en invierno con la nieve
viajan?
¿cómo
-En
Españacaepocanieve. Los sevillanosapenasle ven el pelo.
Españaes el país de las naranjas, de los viñedos, de las ganad"r?u,y
de los olivares. No te vayas a creer que Españaes como esto. cuando
tengasdinero dateun viaje por España;yo te daré las señasde algunos
de mis amigos que te acribillarán a preguntas,y entoncesveráslo que
es mi tierra. Si vas, no vuelves.
-Pues
entonces ¿por
qué vino usted?
-Pues,
ho
re, tú que estuviste once años en nuestra escuela
debierassaberlo.vine porque vosotroslos esquimalesno tenéis sacer-
dotes, y sin sacerdotesya ves qué paganismoreinaría en la región; y
Jesucristodijo que El haría que su evangelio fuese predicado
to¿á
la redondez de la tierra. Alaska tendrá sie
re sacerdotes.si "n no in-
dígenas, extranjeros;alguno tiene que venir: y, si alguno
qué no
¿por
yo? Y, a propósito, ¿cuiánto nos quedaparallegar a Hooper Báy?
Jaime quiere hacerseel sordo, mas al fin confiesa que no pasará
de una hora. como llevábamos diez horas de caminata y habíamos
cubierto una distanciatan considerable,me convencí de que Jaime me
había engañadobuenamentecuandome dijo en aquelagujerodel monte
que era cosa de unashoras.
Se 1opregunté de sopetóny me respondióque sehabía exfiaviado;
de Io contrario me hubiera llevado a Hooper Bay en muy pocashoras.
En la misión del padre Fox
Seguimos rodando una distancia considerablehasta que al subir
un ribazo divisamos las luces de Hooper Bay. Los perros sacaron
fuerzas de flaqueza y tomaron un trote ligero que nos puso en la
población en menos que se tarda en decirlo.
¡Pobres perros, tan flacos, tan fieles, tan valientes! Al llegar a las
puertas de la iglesia se dejaron caer; allí
mismo se hubieran quedado
dormidos si no los hubieran arrastradoa la perrera.
104
Al oír la algazarade los otros perros que nos recibían, el padre Fox se levantó
Al oír la algazarade los otros perros que nos recibían, el padre
Fox se levantó de la cama y nos encontramosal abrir una puerta.
¡Qué cambiado estaba!Flacón, macilento, sin afeitar, ojos hun-
didos y apagados,encorvadode hombros, en fin, un retrato acabado
del misionero polar en artículo de muerte.
Nos miramos de hito en hito unos segundosy nos dimos luego el
azo ignaciano con frasesmuy efusivas. Nos dirigimos en seguida
a la cocina, donde restaurélas fuerzas con una suculenta cena,
tan
caliente como sabrosa.
Dios nuestro Señorhabía inspirado a Jaime cuandorespondió ne-
gativamente a todas mis propuestasde hacer noche en aquellos des-
peñaderoscortados a tajo y con nieve bla¡da en la hondonada.
Antes de acostarmeseme robusteció mucho la fe al visitar al Señor
en el sagrario y contarle mis penasy pesares.
Me encuentroaquí, en Hooper Bay como en mi casa,restablecido
del viaje y renovado en todos los sentidos. He tenido unas charlas
muy animadascon el padre Fox.
Tiene seis aldeas,que visita cuando y como puede, apartede esta
de Hooper Bay, que es la más populosa, la más ferviente y la que
or respondea los esfuerzosdel misionero.
Todos los díascomulganunasveinticinco personas,y los domingos
cerca de ciento; en las fiestas principales llegan a ciento cincuenta, y
cuando vienen cristianos de otras partes no cabenen la iglesia.
No se habla nada de inglés; todo tiene que arreglarseen eskimal
depura cepa, que el padreFox entiendesin dificultad, aunque1ohabla
a trompicones, como me pasa a mí.
El padre Fox en susprimeros años
Cuando vino a Hooper Bay, allá por 1929, era el padre Fox un
verdaderoatleta, con una osamentaimponente y una agilidad de corzo
montés.
El celo por las almas le consumía. Comenzó a edificar capillas y
a establecercristiandadesen su distrito sin límites, siempreen marcha,
siempre en movimiento, corriendo aquí, trotando allá y galopando
acullá, sin parar mientes en si hacía buen o mal tiernpo.
Como el tiempo aquí es el peor en toda la redondez del globo
terráqueo,y comovio quelostemporalesle impedíanconsiderablemente
r05
la conversióndel mundo infiel, hizo una especiede voto de no pararse jamás a considerar si
la conversióndel mundo infiel, hizo una especiede voto de no pararse
jamás a considerar si hacía bueno o malo, sino que la nonna para
viajar había de ser si era cosa que debía de hacerseo
no.
Con estanorna por guía selanzó a convertir al vastoy abandonado
distrito confiado a sus cuidados apostólicos.
El primer invierno durmió al raso cinco noches.
Como los perrosque tenía eran unoscachorrosfofos e inexpertos,
que no sabíana dónde iban ni de dónde venían, y como se fatigaban
pronto con la carga, el pa Fox los conducía ffotando todo el día
delante de ellos chorreandosudor por todos los poros.
Luego, al llegar a casa, bebía doce o catorce vasos de agua uno
tras otro.
Cuando se resolvía a dormi¡ a la intemperie 1ohacía a eso de la
media noche, despuésde haber perdido toda esperanzade llegar al
poblado.
En cuanto a comer, comía lo que caíay como caía, principalmente
comida indígena, a la cual se acostumbróa
a fuerza de voluntad.
[,as Herrnanas de Ia Nieve
Concibió entoncesla idea de fundar una congregaciónreligiosa de
indígenas, que luego se bifurcó para abrazarhermanasy hermanos.
Esta última
no duró más que un par de añosy se extinguió cuando
el tercer postulante se casó como lo habían venido haciendo los es-
kimales desdeel Gengiskán o quien fuese el padre de la raza.
Las Hermanas de la Nieve sobreviven en la fecha, aunque no
quedan más que cuatro.
A estascuatro les estoy dando seis días de Ejercicios, que hacen
con todo recogimiento. Visten un hábito peculiar, negro tirando a
pardo, y hacenvotos que debenrenovarsetodoslos años,puesexpiran
a los doce mesesde emitidos.
Es ésta la primera experiencia de este género en el país de los
eternoshielos. Unas se casaron,otras semurieron y no quedan, como
dije,
sino cuatro, dos veteranas y dos novicias. El padre Fox las
amaestracon pláticas, lecturasespiriruales,explicacionescatequéticas,
puntos para la meditación, horasde oración, exámenesde conciencia,
etc, etc., luego las manda en binas a las aldeas,donde la gentelas
mantiene y donde las buenashermanasenseñanla doctrina, las ora-
106
ciones, himnos sagrados,etc., y dondele roturan y preparanel terreno al padre, que no hace más
ciones, himnos sagrados,etc., y dondele roturan y preparanel terreno
al padre, que no hace más que llegar, administrar los sacramentosy
proseguir el viaje.
Llevo tres días solo en Hooper Bay. El padre Fox aprovechó mi
venidaparahacerunaescapadaa suparroquiade Chevax, dondeespera
tener algún f¡uto a la vez que descansartodo lo
corto
espaciode tres días. Hoy terminamos los
más que pueda en el
Ejercicios y las ejer-
citantes renuevan sus votos; una los hace por primera vez, Están
contentísimas, muy animadas a continuar trabajando por Dios y re-
sueltasa serlo que se dice santasen toda regla. Despuésdel desayuno
las entretengocon historias queríen y agradeceny
a mí me danmateria
de meditación, puespareceque no vine al mundo más que para contar
historias;profesión bien rastreray menguadapor cierto; pero así como
el leopardo no cambia ni puede cambiar los colores de rayas en la
piel, así yo no puedo cambiar de condición por más propósitos que
hago de enmendarme.
I-a bendición del misionero
Poco antesdel mediodía, mientrasescuchabapor radio el parte de
guera japonés, entra en nd cuarto un eskimal diciéndome con voz
tristona que le siga inmediatamente,pues su mujer se estámuriendo;
no puededar a luz y está ya en las últimas.
Vamos los dos por el senderode nieve y penetramosen sucovacha
subterr¡íneadonde una mujer da señalesde entrar en agonía.
Con una fe como jamás había sentido yo en mi vida le di
la
bendición a la pobre mujer.
Salí a los pocos minutos, despuésde consolarlay animarla lo más
que pude, y apenashabía andado cien metros cuando me llaman a
gritos; vuelvo a la casay veo con pasmoun niñote, fresco y regordote,
asustadizo,con más vida que un cachorro retozón.
Los circunstantesse miraron y uno dijo en voz alta:
-Ya veis cómo no podemos vivir sin el padre. Si estepadre no
hubiera venido, en vez de bautizo tendríamos entierro.
Todos asintieron. Terminada mi misión de bendecir, me despedí
y volví a mi aposentoadmirando el poder y las obrasde Dios nuestro
Señor.
t0'7
Llega el padre Fox ligente Que la masa eskimal ordinaria, al fin es eskimal' y
Llega el padre Fox
ligente Que la masa eskimal ordinaria, al fin es eskimal' y continúa
imperténito sin oírme, sin ocurrírsele siquiera volver la cabezapara
Hoy
llega el padre Fox muy satisfechode su escapadita.
Nos sentamosa planear y, al cabo de un par de horas, decidimos
queel hermanoWickart, de Akulurak. vengainmediatamentea
Hooper
Bay a cuidar de la parte manual y material de la casa, a fin de que el
padre quede libre para dedica¡seexclusivamentea lo espiritual.
ver cómo va el pa
Clavo los ojos en su trineo, que cadavez se aleja más, en espera
de que vuelva lacabeza para hacerle la señal con los brazos, pero
Sipari se me aleja hastaque se convierte en un punto neglo a ras del
horizonte.
Aun
así el pa
tal vez tenga que volver un año a los Estados
Unidos a recobrar la salud perdida.
Por la tarde llega Sipari con el trineo de Akulurak.
Los perros me conocen a la legua y se me trepan a los ho
Entre eI cielo y la nieve
¡os
muy zalamerosy
noblotes. El señor obispo estáen Akulurak y desea
Por fin, le perdí de vista. Era aún la mañanay no conüábamoscon
veÍne y hablarme.
Yo estoy completamente restablecido del viaje, lleno de
llegar a nuestro destino hastabien entradala noche.
vida y
A esodel mediodía, solo enffe el cielo y la nieve, me paré a comer
animación, contento en toda la línea, aunque me embargaun -Bl p."r"n_
timiento de que la vuelta va a ser dura como la venida.
p
Fox
me ha tratado a cuerpo de rey.
Paso el anocheceren preparativos. Hablamos hasta muy entrada
la noche.
unaspasascon pan y queso.
Los perros se tendieron a descansar jadeantesen una soledad y
silencio que yo no acierto a describir.
Me invaden oleadasde ira contra el atolondrado guía, pero la ira
es mala consejera;por eso, cambio de disco y apacientoa la imagi-
Después del desayunonos disponemos a partfu. Sipari va con el
.
trineo del padre Fox y yo voy con el mío de Akulurak.
Mientras enganchanlos perros al tiro yo me postro de rodillas ante
nación con otros temas.
Estamos en guerra. Lo bonito sería ahoraque un ffimotor japonés
viniera por acá y me tomara por un enlacede las defensascosterasy
me cosiera con la nieve desde su ameffalladora. ¿Qué
el sagrario, y así, co quien no dice nada, le ofrezco al Señor la
tengo yo que
el japonés del
vida por la salvación de las almas. Son momentos de una solemnidad
sagradamezcladacon un no sé qué de simplicidad muy natural en un
misionero.
con la guerra? Mas, ¿y qué va a saber de esto
trimotor?
Siguieron los encargosde última hora y las despedidasacostum_
bradasy salimosparaAkulurak a un galopedesbocado,pueslos perros
estabandescansadosy el rastro no era del todo malo.
de lo
En estos pensamientosme coge la una de la tarde.
Pruebo a sentanneen el trineo, pero' por lo visto, soy más pesado
me imagino y los perros hacen alto en señal de protesta'
Sipari conoce un atajo por la orilla del mar que nos debe ahorrar
por lo menos veinticinco kilómetros. Naturalmente, debe i¡ delante;
pero los perros del padre Fox no se pueden comparar con los míos,
que les dejana medio camino.
Cambiamos,pues, de trineo y Sipari toma la delanteracon el trineo
de
Tengo, pues, que caminar a pie con las manosen los bar¡otes del
eo, mientras que a Sipari le llevan como en volandas mis perros
lurak.
En aquel silencio del cielo grisáceo y nieve muda sólo veo ante
mis ojos el rastro abierto por Sipari, las dos rodadasque se pierden
de
ulurak. Yo le sigo con el trineo del padre Fox cada vez más
lejos.
Le doy vocesque me aguardecon el fin de haceralto unosminutos,
descansar,cambiar impresiones, etc., pero Sipari, aunquemás inte_
mis ojos como los carriles de un tren en la pampa ilimitada'
Y así, horasy máshoras.
Se levanta un airecito de cara que empeorala situación' Son las
cinco y comienza a oscurecer.
oleadasde ira! Hasta hubiera dado la bienvenida al tri-
¡Nuevas
motor
japonés de marras; sin embargo, la vida es amable y lucho
108
109
Siguen varios siglos de tortura. A los cinco minutos lo cogió el guía junto a
Siguen varios siglos de tortura.
A los cinco minutos lo cogió el guía junto a su trineo y me lo
devolvió.
Nuevos enredosy paradasque ya hubiera querido yo ver allí al
pacientísimo Job.
- Como la impaciencia
pugna para vencenne, reclino la frente en
los brazos de Jesucristoy
permita que caiga sob¡e mí.
-"
p."pato a sobrellevar cuanto er cielo
ln
catástrofe
Siempre adelante
Discutimos anirnadamente los pros
y prevaleció, para
mi daño, la idea de ffasponer el monte
aldea pintoresca, donde dormiríamos co
tnnuguyugu_"ut,
Por fin llegó la catástrofe:como los peffos no podían arrancar, al
levantar yo el trineo en vilo y empujarlo, se me doblaron las piernas
en un amasijo de calambrestan genuinosque me vi imposibilitado de
asentarla planta del pie allí, en aquel monte barrido por un vendaval
de nieve en unanoche tenebrosacon un tiro de perrosexhaustos,vacío
el estómago,sin jugo yaparasudarcomolo pedíael continuoesfuerzo,
molido, atribulado, estropeadoy puesto fuera de combate.
Tuve que reclinarme sobreel trineo y dejar que los perros, a paso
de tortuga, se desenredaseny continuasen.
La pierna izquierda se repuso luego, pero la derechase negó de-
finitivamente a funcionar. Cojeando y apoyándomeen el trineo hice
señascon la lintema al guía, que me esperófielmente.
Le expusemi situación y le vinieron ganasde reírse.
Propusehacer alto allí; meternos vestidos en el saco de dormir;
descansarvarias horas y luego continuar; pero me respondió que si
yo me metía en el saco de dormir en aquel monte, despertaríaen la
eternidad.
Tenía razón.
Unavez ganadala cu
era entre matorrales.
re, lo demáseracosery cantar. El ascenso
Pero ¡si, al menos,hubieraagua!Sí, la había,y
precisamenteallí
mismo, debajo de nuestrospies, se despeñabaun arroyo. Sipari cavó
un hoyuelo, metió el brazo y sacóuna taza de aguaque bebí a sorbos
gedeónicos, no fuera que el contraste del agua fría me dañara. Me
tendí luego en el trineo y descanséunos quince minutos.
La noche triste
Al
cruzar un bosquecilo de algo así como retamasentrelazadas se
enredó el
correaje de los perros en unas ramas nudosas, y,
con el
esfuerzo de un
perdió de vista.
tirón supremo, se rompió la soga y un perro se me
Con la pierna izquierda muy valiente y la derechaa media máquina
reanudéla marcha detrás del guía. Si supierayo el camino, tomaría
el trineo de Akulurak y caminaría sentado;mastodo estabacombinado
de suerte que aquella había de ser para mí la noche triste por anto-
nomasia.
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El dolor, que en lugar de amenguarse acentúaominosamente,me hizo adoptaruna medida prudencial que consistió en
El dolor, que en lugar de amenguarse acentúaominosamente,me
hizo adoptaruna medida prudencial que consistió en ajustara Miguel,
antiguo alumno de Akulurak, que me llevasey que añadiesesusperros
a los míos para conünuar con más velocidad.
La gente de Magayagameutni se enteró siquiera de mi indispo-
sición. ¿Para qué?Ninguna de suschozasme pareció a propósito para
descansary restablecerme,y por otra parte urgía mi retorno a la casa
misión para conferenciar con el señor obispo y para preparar con
antelación los festejos del
Nacimiento.
Salió Sipari delantecon los perrosde Akulurak y a buenamarcha.
Yo me arrellané en el trineo envuelto en pieles y Miguel dio la voz
He ahí el problema.
Pocasvecesen la vida me he encomendado a Dios con tanto fervor
de <Listos> a dieciséis penos que semejabanun tren de mercancías.
A las dos horas de respirar aquel aire congeladome sentí tan mal
Diez horasdepie o trotandojunto al trineo en unaatmósferahelad
que tuve que hacer alto y disponer el saco de dormir, de suerte que
me metí y cubrí de pies a cabezaconvirtiendo el trileo en catre y a
los envoltorios de mantas en colchón y cama blanda.
Así, en posturahorizontal y bien cubierto, vi pasarselas horas con
y ahora cuesta arriba en una borrascade nieve en la oscuridad de
noche y con un trineo
exhausto, habían convertido mi cuerpo en un
fantasmade cuerpo humano.
un lentirud aplanadora.Vinieron terraplenes,altibajos, desnivelesrá-
pidos y otrasexcrecenciasperiféricas que causabantrompazosy trom-
picones, cada uno de los cualesera como una coz que me dieran en
la boca del estómago.
Hacia las dos de la ta¡dele preguntéa Miguel si llegaríamospronto
En cosa de diez minutos estábamosen ra llanura. una hora más
y nos vimos en la aldea de Magayagameut cerca ya de las once de la
a algún poblado.
Me respondió que en menos de una hora pasaríamospor uno, y
que dentro de ffes o cuatro horas llegaríamos a Kaveagemeut,donde
vivía su tía, que nos trataría colosalmente.
En una choza desapacible
más moderado; me contentécon
siete.
Nos acostamos.A las pocas horas despertécon dolor
agudo que
Llegamos, en efecto, al primer poblado, consistenteen una choza
cubría geográficamente todo mi interior, aunque con especialénfaiis
sin entarimado, sin bancos, sin sillas, sil
cama, sin nada de lo que
en los intestinos.
nosotrosconsideramoselementaly rudimentario en cualquierade nues-
tras viviendas.
Enfermo en la tundra
Al salir de mi camastroimprovisado, me metí en la chozagateando
con un cólico de estaturamediana reuní a la población católica
y sin decir oste ni moste me senté junto a la estufa todo
desplumado.
alicaído y
antesde que tuvieran tiempo de desayunarcon el fin de facilitarles la
pción de los sacramentos.una asentadaregular oyendo confesio-
misa y exhortación a vivi¡ como Dios manda.
La ma
y la hija que me vieron obrar así, serniraron y rompieron
a reírse con ruido de catarataen una crecida. Magnífico contraste,me
estoy yo muriendo y ellas se retuercende risa.
lt2.
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Parano desconcertarlascon una mirada tre bunda que pugnapor salirme, hago un esfuerzo y me sonrío,
Parano desconcertarlascon una mirada tre bunda que pugnapor
salirme, hago un esfuerzo y me sonrío, con
entraron en razón.
cual se serenarony
Tomamos una taza de té hirviendo y ya nos disponíamos a partir,
cuando la perspectiva de dos o tres horas más a campo travieJa por
el hielo me hizo dudar seriamentesi no sería mejor
quedarme allí a
morir placenteramentejunto a la estufa, sentadoen un cajón y apoyado
en el poste que soportabala techu
re.
Se pesaronlos pros y los contras. Miguel y Sipari te
laban de
sólo pensarquetuvieran que pernoctarallí. En mi e
pálida humeantecomo locomotora a toda marcha.El hedor no espara
describirse.
Poco a poco me fui haciendo a la oscuridad de la estancia y vi
que allí no había habido fuego por lo menosen tres días.
Un viejo tosía tronando y llenaba de esputosun bote en el que no
siempreacertaba.Dos criaturasroncabansobreunastablasarrellenadas
en andrajos. El ama de casa, robusta y con señalesde buena cianza,
me contó que el hijo mayor había ido a ver los cepos, y, como no
había vuelto con los perros, estabansin leña; que dispensaseel frío
recibimiento.
eño de no serles
molesto ni gravoso les dejé salir con la suya y partimos cuando ya
empezabaa oscurecer.Miguel sabía el camino de memoria.
Entraron luego Miguel y Sipari. Esteúltimo, previsor y zorro viejo,
llevaba una cocinilla portátil de keroseno, la encendió y
calentó agua
La marcha finebre
para tomar el te clásico de las tundras alaskanas.
Sin ganasde comer y bebiendo a la fuerza nnataza de té me acosté
vestido y arrebujadoen el sacode dormir, quetendí sobreun camastro
formado por varales apartadosy ñudosos, contiguos a una pared cu-
Arreglamos una camadecenteen el trineo; me hundí en un abismo
de mantasy pieles; nos encomendamosa Dios y salimos para Kavea-
gameut, que quiere decir <villa del zor¡o>.
Fue aquello una marcha fúnebre. El cólico e eoraba a pasosde
gigante y yo me vi morir. En realidad de verdad era eso lo único que
me faltaba, pues ya iba amortajado y metido en un ataúd.
Como los trompicones se sucedíancon ritmo de letanía, y como
el malestar y los dolores me dominaban en toda la línea, me recogí
interiormente y me preparéparaentregaraDios el alma de un momento
bierta de escarcha;un camastroestrechísimoy a dos cuartasdel suelo,
con otro camastroencima de la misma catadura.
Aquí
el cólico llegó a su cénit. Cadarespiraciónera una bocanada
de vapor como si estuviera fumando un puro habano.
El testamento
Mientras se acostabanlos demás, llamé a Sipari y le dije sin
ambagesque me moría y que recibiese allí mi testamento.
a otro.
Hasta me halagabala idea de morir, dejar el suelo desnivelado
cubierto de nieve y hielo, volar a los cielos y ver a Dios cara a ca-ra.
Creo que caí en una especiede sopor del que me sacó la voz de
En primer lugar, que dijese a los de Akulurak que moría contento
y feliz
y sin resentimiento de ningún género.
Miguel
que me anunció nuestro arribo a Kaveagameut.
Me arrastréfuera del trineo lo mejor que pude y me dirigí todo
encorvado a la única choza del luear.
Que al morir no permitiese que hiciesen supersticionessobre mi
cuerpo, porque si las hacían me apareceríaa ellos con unas uñasmuy
largas y les haría pasar la medrana mayor de su vida; y eso no una
noche, sino varias,y acasomuchas.
Que me dejaseenvuelto como estabay me llevase en línea recta
a Akulurak, donde debía ser enterrado junto al hermano Chiaudano,
El adiós a la vida
piamontés, y que no me llorase sor Catalina, la cocinera, que llora
por nada.
Siguieron varios encargossobrepapeles,contratosy dinero, y con
Al abrir la puerta y echar una vista en derredor, di un adiós final
el testamentohecho quedé más tranquilo y me pxse a meditar.
a la vida y me resigné a morir allí lo
más cristianamenteposible. No
Real-
tenían leña. Tampoco luz, a no ser que llamemos luz a una astilla
mente yo no tenía derechoalguno a quejarme;aI contrario, yo era un
incrustada en un pedazo de aceite de foca que daba una llamarada
mimado del cielo.
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Aquella muerte era casi demasiadoideal. Así murió el padre Francisco Javier en la choza de
Aquella muerte era casi demasiadoideal.
Así murió el padre Francisco Javier en la choza de Sanchón sin
más compañía que el chino Antonio y el crucifijo; chozapobrísima
como la mía; soledadcompleta como la mía; dolor agudoy mofífero
que alcanzó de Dios quince años más de vida cuando estabaa las
puertasde la muerte.
Sipari se apresura a disponer la partida. En una choza caliente
como el mío;
sensaciónlejana y abandonocomo los míos; y todo ello
en un ambientepagano idéntico hastaen los pequeñosdetalles.
hubierainclusopodido celebraraquellamañana;pero en aquellanevera
hubiera sido pedir otro milagro.
Enwelto en pieles me arrellané en el trineo y caminamostodo el
día sin ver otro
poblado que la famosa choza de Kapotlik, donde no
hicimos alto, pues nos corría prisa llegar al río Negro, donde tengo
Cuestión de horas
Yo sigo muy mal. El más leve intento de moverme me paraliza
de dolor. Acaso seacuestiónde unashoras.
una capillita muy pobre, pero muy devota. Mientras más trompazos
daba el trineo y mientras más soplabala brisa, mejor me ponía. El
restablecimientoera ya una cosa palpable. Bendito seaDios.
Cuando se esparza la
noticia de mi muerte dirán: <Murió en
Alaska>, así, sin más. No sabenque muero en este agujero perdido
entre el cielo y el centro de la tierra. Pero mejor serádejar que piensen
1o que quieran; 1oque importa ahora es prepararse.
De nuevo en el mundo de los vivos
Seguimosrodando por aquellos parajes horas y más horas hasta
que divisamos las chozas del río
Negro, a donde llegamos antesdel
Muero al pie del cañón, qué caramba, como murieron tantísimos
más desdela muerte prototipo de Jesucristo enla cruz.
Muero en pleno combate y espero juntarme pronto con el sumo
capitán de los buenos, Jesucristo, que me precedió y me está espe-
rando. Sería una canallada no responder con prontitud a su divina
llamada.
oscurecer.Unas sopascalientesy varios mendrugosde pan con queso
aceleraronla mejoría.
Bauticé a dosniños, Marcelo y Silvestre;bendije dosmatrimonios;
preparéparala confesión a los adultosy lesconfesé;dirigí las oraciones
En unos momentos más de meditación fatigosa, pero clara, se
apoderóde mí tal deseode salir deestaciírcely volar a ver a Jesucristo,
que, como Elías en el desierto, pedía a mi alma que se apresuraraya
de la nochey el rosario; cenémás sopascon salmón, pan y café y me
acostéa dormir de un tirón una noche del todo opuestaa la anterior.
En un momento de reflexión, al verme de nuevo entre los vivos
por los c
nos de esta vida tan accidentada,me llegó a pesar seria-
y saliese viril y letabunda.
El dolor del cuerpo cedió el paso a la alegría del espíritu y sentí
que, en vez de morirme, se alejaba el malestar y mejoraba visible-
mente. Ya podía dar vueltas en el camastro sin ver estrellas, y hasta
podía estirarme sin daño notable.
La oscuridad era total y muy propicia patala meditación.
Como salga de ésta ya sabréyo ayudar a morir. Sentado junto a
un moribundo no tendré más que reconcentrarmey volver a vivir esta
noche de recuerdosimborrables; lo que entonceshubiera yo querido
oír, eso le di¡é al oído al agonizante.
Siguen unashorasmás y la gentecomienzaa desperezarse.Pruebo
mente no habermemuerto en Kaveagameut.
Dudo mucho que en momento algunode mi vida me encuentretan
bien preparadoy dispuestocomo 1oestuveen aquel camastroa modo
de ecúleo, en aquellanoche fría y oscuray con dolorestan agobiantes.
Pero, en fin de cuentas, ¿qué somos,sino mayordomosde nuestras
vidas?No nospertenecemosa nosotrosmismos; pertenecemosa Dios.
Enfilamos el rastro de Kusilvak y llegamos a la aldea al declinar
la tarde. La gente estaba de fiesta y celebraban unas danzas muy
solemnesque tienen todos los años antesde las Navidades.
Danzas originales
a leva¡rtarmey veo con ex1u;añrezaque me tengo en pie y hastapuedo
caminar.
Almas esparcidaspor el mundo han rogado por mí esta noche y
me han alcanzadode Dios una prórroga como la del buen Ezequías,
Entramos todos en el que pudiéramosllamar <<salón>,un recinto
subterriíneomrty capaz, donde tuvieron lugar danzasindígenas, que
no son danzaspropiamente hablando, pero hay que llamarlas así por
falta de vocablo más apropiado.
tt6
rt7
Dos tambores fenomenalesgolpeados con una vara flexible. La rapaceríay las mujeresse apretaronal¡ededorde las
Dos tambores fenomenalesgolpeados con una vara flexible. La
rapaceríay las mujeresse apretaronal¡ededorde las paredes,mientras
los hombrestomamosposiciones en el centro. yo tambi¿nsoy hombre.
misa en eI salón de baile
A falta de aguacon quelavarsesalgode la madrigueray me jabono
Para darles ánimo y para santificar, por decir así, la ceremonia,
tomé un tambor y les dejé boquiabiertos cuando vieron cómo
seguía
el ritmo de la música sin fallar un golpe, exactamente lo mismolue
hacenellos, y no todos a bulto, sino los más experimentados.
Es que he presenciado danzassimilares centenaresde vecesv ellos
no lo sabían.
Al punto fijo no acerté a responder a la pregunta interior de si
aquello era hacermetodo a todos o era hacer el payaso;pero,
provi_
sionalmente, seguídándoleal tambor como si dosdíasantesno hubiera
estadoa la boca de la muerte.
Cómo se duerme en Alaska
Terminamos ya muy de noche y yo dormí allí mismo con otros
pocos que hacían del salón común su dormitorio habitual.
el rostro y las manos con nieve dura que tiene la asperezadel barro
secoy aguantaun manoseointerminable sin derretirse.
Me apuntan unas barbasde cuatro días y tengo el cabello desor-
denado. Debo aparecerverdaderamentehorrible y espantoso.Menos
mal que los eskimalesaparecenmucho peor y hastatal vez muffnuren
que me doy postín.
Tenemos misa de comunión allí mismo donde danzan todo el
invierno, y la oyen muy respetuosos.
Pienso en las gracias que recibirán con esta visita de Jesucristo;
cómo revolotearánlos ángelesalrededordel cáliz; cómo el etemo Padre
tendrá clavados los ojos en esta escena de catacumbas;cómo los
pobrecitos eskimalesno entienden nada del drama que se está repre-
sentandoante susojos, y cómo el mismo misionero no entenderáhasta
que vaya al cielo el bien inmenso que por su medio obró Dios en las
almas de los indígenas. Vivimos de noche y no vemos las transfor-
Tendimos los sacos de dormir sobre los tablones y uno de los
circunstantes contó una historia más larga que la de calainos en tono
tristón
y pesado con el fin de adormecernos a
todos.
Es éseel estilo indígena castizo que está aún en boga
en regiones
intactas de huellas de hombres blancos que todo lo tansforman con
su mera presencra.
Aquellos tablones parecíanpeñas,y
no muy pulidas que digamos.
_
Pero si los demásdormían sin quejarse,
qué -"
¿de
uoy u q.r"¡urZ V
no digamos nada del madero dela cruz, porque entoncesmi saco de
dorrnir se convierte en lecho de flores.
No, no esque hagafrío propiamente hablando, porqueel saloncito
estáenterradosin más salida que un agujero cenado con puerta y piel
maciones que tienen lugar en las almas.
Despuésde misa bautizo al simpático Bartolomé, de cuatro meses;
les dejo una provisión abundantede aguabendita, anoto en la libreta
muchos datos concernientesa viejos y viejas que tienen derecho al
subsidio de la vejez, recibo varios encargospara diversos pupilos de
Akulurak y salimos a todamarchapor planiciesnevadasy monótonas.
Hace buen día, es decir, no hace frío ni sopla el viento. Los dos
trineos ruedan ligeramentepor lagos anchurososque se sucedencon-
tinuamente.
A medio día llegamos al almacén de Postolik, donde mi amigo
de oso, y el aire no penetra por ninguna parte; pero el ambientá es
húmedo, como lo delata la respiración vaporosa.
Así y todo dormimos sin peqcancealguno.
Andrés me sirve una suculentacomida.
Charlamos mucho de sobremesay le prometo enviarle una chica
mayorcita que le ayude en las faenasde la cocina y haga también de
niñera.
Lo que me inquietaba un poco era la convicción de que
en aquel
recinto sin ventilación se apretabana trillonadas los microbios mal-
De nuevo hacia Akulurak
sanosy que a mí me cercabancomo enjambreshambrientosy rabiosos;
ya nos veríamos las carasal día siguiente en campo raso, con el
vientecito que se estila por estasllanuras alaskanas.
Demos a cadauno lo suyo, y demos tiempo al tiempo.
Reanudamosla marcha y a eso del oscurecerdivisamos la torre
de Akulurak,
a donde .iegamos sanosy salvos. Salió toda la
gente a
recibirnos con mucha algarubíade voces acompañadasde aullidos de
perTos.
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t19
semanasde ausencia! ¡pues no era nada la de noticias que 7 esp ans ! Y
semanasde ausencia!
¡pues no era nada la de noticias que
7
esp
ans
! Y el señor obispo me esperabaen su cuarto también c;n
saberde Hooper Bay.
Al dirigirme a su cuarto, vestido como venía, re encontré a medio
Entrineoparasalvarel almadeJuanFelipe.
camino que venía a verne muy cariñoso y paternal.
Fue un encuentroinolvidable. Hacía
dosáñosque
no nos veíamos.
Había sido mi provincial y nos habíamostratadomucho en los úrtimos
años.
Estando en la leal villa de Alakanuk, en la desembocaduradel
Yukon, una noche llegó un trineo con la noticia de que Juan Felipe
estaba muriéndose y deseabaYerne. Juan Felipe vivía muy lejos.
Aquella misma noche tuvimos una tormenta más que regular que nos
sepultóen montañasde nieve fresca. Consumí el santísimoen la misa
Luego, durante la cena, les conté brevemente los sucesosmás
y salimos el guía y yo camino de Kuijak a vernos con JuanFelipe'
No había rastro por ninguna parte. Allí
no había más que nieve
fresca y profunda.
Mientras íbamos por el Yukon no corríamos peligro; pero cuando
tuvi
s que meternospor el bosquecon su marañade lagos, aÍoyos
y
lagunase
ncadascon matorralesentrecortadospor más lagunas,
el
perro guía sehizo un 1ío, se paró en seco, se sentómuy señorito y
nos miró como preguntándonospor dónde queríamos que fuese'
Para que las calamidades nunca vengan solteras, comenzaba a
nevusqueary el viento iba tomando cadavez más fuerza'
Paco Felipe, mi guía y dueño del trineo, probó fortuna zigza-
gueandoél solo mientras yo sujetabael trineo, pero tuvo que desistir,
pues la nieve le llegaba a los sobacos.
En un consejo de guerra sumarísimo decidimos salir del bosque y
seguir el curso de los ríos; curso largo y penoso pero más seguro.
Volvimos al dichoso Yukon.
Al cabo de mucho tiempo arremetimoscon el afluente Erkojolok
y fuimos abriendo un rastro profundo con una lentitud aplanadora.
Hicimos alto en la choza'de Pablo, que nos dio té hirviendo y unos
panecillos.
* En las costasdel Ma¡ de Bering (CMB) 8l-85'
r20
t21
Seguimos muy valientes abriendo rastroslentos y profundos ha que al atardecerllegamos al afluente lramado bonitamente
Seguimos muy valientes abriendo rastroslentos y
profundos
ha
que al
atardecerllegamos al afluente lramado bonitamente Tak¡az
nak, nombre
que tardé varios días en aprender cuando le
a
llegada a Alaska.
la diferencia a fin de cuentas. Paco se ríe de mí; me llama viejo y
holgazán, me dice que me quedetendido en el trineo y é1,con sus 19
años, sigue trampeandoa las manillas con un pie en el trineo y el otro
haciendo como que empuja. Es que é1también ha llegado al límite
del cansancio. ¡Pobres perros!
Yo le digo a Pacoque cuandoyo tenía 19 años,etc., etc., etc.
El me respondeque todos los viejos dicen lo mismo.
Pacoy yo nos
tendido en el trine
ábamos,uno a las manillas mientras el
La familia de Paco