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Doctora Violeta Torres

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Published by: Julio Hernández López on Jun 23, 2014
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06/24/2014

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Le escribe una de las miles de batas blancas que salieron

indignadas a las calles el día de ayer, quien además de eso es
seguidora de su columna desde hace varios años. Me tomo la
libertad de escribirle por algunas imprecisiones graves de su
artículo publicado el día de hoy en La Jornada. Si bien es un
artículo de opinión y cada quien es libre de tener una propia y
más aún de externarla, a veces es difícil renunciar a la tentación
de hacer de una opinión personal un comunicado informativo,
¿verdad? Creo que es ahí donde usted se equivoca.

Usted escribe: Aun cuando es plausible toda movilización en contra de las
injusticias que suele producir el aparato judicial mexicano, plagado de corrupción y
arbitrariedad, requiere atención y contexto el caso específico del menor de edad Roberto
Edivaldo Gallardo Rodríguez, quien ingresó al Centro Médico de Occidente, en
Guadalajara, a causa de una crisis asmática y terminó muerto en enero de 2010, con los
pulmones perforados.

Es delicado y muy parcial el uso de sus palabras, además de
que deja claro que tiene un desconocimiento profundo del
caso al que pretende, dicho por usted mismo, poner en
contexto. Por eso insisto, una cosa es emitir una opinión,
derecho inalienable de todos, y otra muy distinta es pretender
"informar" de algo que no se sabe. Las cosas no se resumen en
que el niño ingresó por una crisis asmática y terminó muerto
con los pulmones perforados como lo dice usted con una
ligereza que me escandaliza. El menor no ingresó con una crisis
asmática sino en paro cardiorrespiratorio, dicho en otras
palabras: prácticamente sin vida. Sí, la causa de su estado de
gravedad fue una crisis asmática, pero no entró al hospital con
un simple broncoespasmo sino prácticamente muerto. Lo
primero que habría que resaltar es que la primera acción de los
médicos que lo atendieron fue, literalmente, revivirlo. Siguiendo
con las intenciones de contextualizar este caso, lejos de ser un
adolescente asmático nada más, este menor padecía obesidad
y diabetes mellitus, comorbilidades que merman seriamente la
capacidad de respuesta del organismo y que dificultan
sobremanera todos los procedimientos invasivos que pueda
requerir el paciente durante la terapia intensiva, ejemplos:
accesos vasculares (periféricos como una simple venoclisis y
centrales como la colocación de catéteres), intubación
endotraqueal, colocación de sondas, ventilación mecánica
asistida, etc. Si cualquiera de estos procedimientos per
seimplica un riesgo, este riesgo incrementa si se trata de un
paciente obeso.

Cuando el organismo pierde toda capacidad de respuesta y la
condición que sea, en este caso efectivamente se trataba de
una crisis asmática, rebasa todos los posibles mecanismos de
compensación y se detiene el latido cardiaco y la respiración
por un tiempo prolongado, estado en el que repito llegó el
menor al hospital, hay un serio sufrimiento de todos los tejidos
por falta de riego sanguíneo (isquemia) y de oxigenación
(hipoxemia), lo que provoca daños serios en prácticamente
todos los órganos del cuerpo; si el paro cardiorrespiratorio es
prolongado, irremediablemente deriva en una condición de
gravedad extrema conocida como falla orgánica múltiple cuya
mortalidad se aproxima al 90% de los casos, aún con todo el
manejo intensivo posible. Dicho lo anterior, ahora sí estamos
poniendo este caso particular en contexto.

Retomo el punto de la perforación de los pulmones que
menciona usted a la ligera. La colocación de un catéter central
(un acceso a alguna vena cercana al corazón), es un
procedimiento de riesgo, máxime cuando el paciente tiene
obesidad porque el exceso de tejido graso distorsiona la
anatomía normal. Se corre el riesgo de perforar otras venas o
peor aún alguna arteria o bien el pulmón, sí. Es un riesgo que
se asume porque el beneficio de colocar el catéter es mayor,
así de simple. No es una intervención que se decida por gusto
sino por necesidad y precisamente por los riesgos conocidos,
existe un formato escrito y de carácter obligatorio para este y
otros procedimientos invasivos: el consentimiento informado.
Un documento en el que se explican al familiar y/o paciente los
riesgos potenciales del procedimiento y que firman tanto el
familiar como el médico y dos testigos. En el caso que nos
ocupa ahora, todos los consentimientos fueron debidamente
llenados. El que se presentara esta complicación potencial no
hace al médico que lo llevó a cabo negligente o falto de
capacidad, es algo que le pudo haber pasado a cualquiera por
la dificultad del procedimiento. Y de ninguna manera algo que
se haga de manera intencional o por descuido, es una
complicación como muchas otras que se presentan en el
tratamiento intensivo de cualquier paciente.

Habría muchísimas más cosas que aclarar con respecto al caso
de este menor, pero prefiero sólo puntualizar en lo que usted
menciona porque me escandalizó e indignó el resumen tan
errado que le ofrece usted a sus lectores en el párrafo anterior;
aún con la liga para tener acceso a una información más
detallada.

Y por último y también haciendo referencia a ese párrafo pero
a la segunda parte del mismo, se equivoca usted también. Los
médicos no estamos pidiendo fuero alguno ni siquiera trato
especial, sino un trato justo y digno para nuestra profesión y el
ejercicio de la misma a nivel público, dejemos de lado la
medicina privada en este momento. Efectivamente y por
razones muchas veces ajenas al médico en sí, hay una franca
ruptura entre los médicos y los pacientes. Hay un descontento,
con sobrada razón, de parte de los usuarios de los sistemas
públicos de salud , créame, los que trabajamos en la medicina
pública no somos ajenos a eso. Pero ese descontento, ha
derivado en una exigencia malentendida contra los galenos.
Sistemáticamente todas las quejas recaen en estos últimos, por
lo que sea: por falta de medicamentos, por tiempos largos de
espera para recibir atención, por citas tan espaciadas, por
consultas breves y así, la lista continúa... todo eso recae
invariablemente en un solo personaje: el médico. La palabra
"negligencia" está de moda, y se ha convertido en una suerte
de poderío y supremacía, la gente se llena la boca diciendo a
la ligera: es negligencia médica. Es una acusación seria, muy
seria, que puede dañar toda una vida profesional de alguien en
un abrir y cerrar de ojos. Precisamente lo que exigimos los
médicos es que los casos que así lo demanden, sean evaluados
y cuando se requiera juzgados, por un órgano colegiado
competente. Para dictaminar si hubo o no mala praxis, debe
consultarse a expertos y eso es lo que hace la CONAMED. En el
caso de los 16 médicos de Guadalajara acusados penalmente
hubo violaciones flagrantes al proceso de evaluación y el
mensaje para el resto de la comunidad médica es contundente
e inaceptable: que estamos solos e indefensos; que cualquiera
con influencias y las relaciones necesarias puede brincarse a la
CONAMED y llegar hasta donde quiera llegar. Se equivoca
usted señor Hernández, no pedimos fuero ni trato especial sino
justo.

Dicho lo anterior, como en muchas otras cosas, comparto su
visión: el problema es mucho más profundo y es el común
denominador de esta catástrofe nacional, la corrupción sin límites
de toda la estructura gubernamental. Pero a pesar de todo, hay
miles que seguimos de pie.

Se agradece el tiempo y la dedicación para leer este correo,
reciba un afectuoso saludo de una seguidora.

Atentamente,
Dra. Violeta Torres Rodríguez
Endocrinóloga Pediatra
Posgrado en Diabetes Mellitus
Unidad de Medicina Basada en Evidencias
Hospital Infantil de México Federico Gómez

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