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Basura cero

Esta iniciativa, cada vez más numerosa en todo el


mundo, asume diversas medidas para reducir el
problema de los residuos
La iniciativa "Basura cero" quiere hacer honor a su nombre, de manera que los vertederos
y las incineradoras desaparezcan de forma progresiva. Sus impulsores propugnan un
cambio de modelo, en el que los productos se diseñen para no convertirse en un desecho
inútil y contaminante, y en el que toda la sociedad asuma pautas ecológicas de consumo
y gestión de los residuos. Cada vez más ciudades y comunidades de todo el mundo ponen
en marcha políticas de reducción y tratamiento de los residuos basados en estas ideas.

- Imagen: John Nyberg -

Las organizaciones ecologistas llaman a la gestión de los residuos urbanos "el gran
problema oculto", porque los ciudadanos no son conscientes de él. La práctica más
generalizada consiste en guardarlos en vertederos o quemarlos en incineradoras. La
basura desaparece de la vista, pero a costa del medio ambiente y del bolsillo de los
contribuyentes que pagan por estos servicios. Lejos de disminuir, es una molestia
creciente: la ONU prevé para 2025 la multiplicación por cinco de la generación de
desechos per cápita en los países desarrollados.

La basura no es un residuo inevitable que hay que esconder, sin


importar las consecuencias ambientales y económicas
El movimiento "Basura cero" recuerda que en la naturaleza nada es un desecho que se
abandona, sino que se reaprovecha en un ciclo continuo. Sostiene que la basura no es un
residuo inevitable que hay que esconder, sin importar las consecuencias ambientales y
económicas. Sus impulsores destacan la necesidad de las tres clásicas erres del
ecologismo (reducir la producción, el consumo y los desechos; reutilizar los productos y
alargar su vida útil; y reciclarlos una vez que son desechados) y la práctica del
compostaje, pero pretenden ir más allá. Su objetivo final es cambiar el modo actual de
producción y que todos los actores sociales, tanto las empresas como las instituciones y
los consumidores, asuman su responsabilidad.
Las empresas tienen que modificar su modelo productivo. Bajo el principio de la
"Extensión de la Responsabilidad del Productor" (ERP), los fabricantes se comprometen a
cuidar del producto, su envase y embalaje durante todo su ciclo de vida. Los bienes de
consumo tienen que diseñarse y producirse para generar el menor impacto ambiental
posible desde su origen. Si no lo consiguen, los productores tienen que asumir los costes
económicos y ambientales de su recogida y eliminación segura. La prioridad debe ser la
creación sostenible de productos de múltiples usos y de larga vida, la utilización de
materiales no tóxicos, biodegradables, reciclados y reciclables, el ahorro de recursos
naturales y energía o la reducción de las prácticas contaminantes.

- Imagen: Daniel Lobo -

La asunción de este sistema productivo permitiría a los consumidores ser más ecológicos.
Para ello tendrían que informarse, concienciarse y reutilizar, reciclar y compostar de
forma correcta y generalizada. Las instituciones deberían garantizar y facilitar la
implantación de este sistema, y velar por su cumplimiento. Si bien se pueden implantar
prácticas de basura cero a cualquier nivel, sobre todo las comunidades locales pueden
sacar más partido.

Los seguidores de este movimiento destacan no sólo sus ventajas medioambientales, sino
también las económicas. Además de ahorrarse los costes de mantener los vertederos y las
incineradoras, los sistemas de reciclaje y compostaje permitirían a las comunidades
locales la generación de importantes ingresos y puestos de trabajo.

Basura cero en ciudades en todo el mundo


Los defensores de los programas de "Basura cero" llevan años de trabajo y los frutos se
empiezan a notar. El premio Goldman, conocido como el Nobel del medio ambiente, ha
recaído este año en Yuyun Ismawati, de la organización BaliFokus. Los miembros del
jurado han valorado su trabajo para eliminar la incineración de residuos y la aplicación
de los citados programas en Bali (Indonesia).

San Francisco (EE.UU.) aplicó un sistema que logró, en diez


años, reducir en un 50% sus residuos urbanos
Las ciudades y comunidades que aplican la filosofía "Basura cero" son cada vez más
numerosas. La capital australiana, Canberra, fue la primera del mundo en aplicar una
legislación basada en estas ideas. En 1995, se planteó el objetivo de "ningún desecho en
2010". La ciudad de San Francisco (EE.UU.), con siete millones de habitantes, tomó buen
ejemplo y aplicó un sistema que logró, en diez años, reducir en un 50% sus residuos
urbanos. En la actualidad, unas 40 comunidades estadounidenses, algunas tan
importantes como Berkeley, Nueva York o Seattle, cuentan también con algún programa
de "Basura cero".

Canadá es otro modelo: una veintena de lugares han asumido estas iniciativas, entre
ellos, Ontario y Toronto, dos de las ciudades más grandes del país. Halifax es un caso
paradigmático. Capital de Nueva Escocia, una provincia canadiense de casi un millón de
habitantes, ha logrado reducir en un 65% la cantidad de residuos enterrados. Para ello,
en 1997 se asumió un ambicioso programa que logró recuperar y reciclar millones de
desechos en cinco años. Esta práctica generó mil nuevos puestos de trabajo.

En otra ciudad canadiense, Oakville, se ha reducido en un 50% el volumen de desechos.


Los ciudadanos están obligados por ley a compostar sus residuos, utilizar trituradoras en
los fregaderos o entregar los residuos limpios y separados. Las multas para quienes no lo
asuman pueden llegar a ser importantes.

- Imagen: Matteo Mazzoni -

Nueva Zelanda es el primer país del mundo en adoptar planes de "Basura cero" en todo el
territorio. La Zero Waste New Zealand Trust es una institución creada de forma
específica para alcanzar este objetivo.

Como ejemplo de importante ciudad de habla hispana, destaca Buenos Aires. Sus
responsables aprobaron en 2005 una ley que prohíbe la incineración, impone metas
concretas para reducir el enterramiento de residuos y logra el objetivo final de basura
cero en 2020.

La Alianza Internacional Basura Cero ofrece en su web una lista con las comunidades de
todo el mundo que han creado políticas públicas para promover prácticas similares a las
anteriores. En ella se encuentran varias ciudades de Reino Unido, Italia, Sudáfrica, Japón
o India, pero ninguna española.

Iniciativas corporativas de Basura cero


Algunas empresas han incluido en sus políticas la reducción del enterramiento de
residuos. General Motors ha anunciado un plan para lograr a finales de 2010 que la mitad
de sus 181 plantas de todo el mundo sean "libres de vertederos". Otras compañías del
sector, como Subaru o Toyota, han planteado iniciativas similares. El plan de
recuperación de fotocopiadoras y reutilización y reciclaje de materiales de la empresa
Xerox en Holanda le permitió un ahorro en el año 2000 de 76 millones de dólares. Por su
parte, Nike utiliza polímeros reciclables, disolventes a base de agua y tejidos a partir de
botellas de refresco reciclado.

El mundo de la moda también empieza a tener seguidores de esta idea. Los diseñadores
Mark Liu y Caroline Priebe utilizan tejidos respetuosos con el medio ambiente y patrones
pensados para su posterior reutilización y reciclaje.

Qué son los gases de efecto


invernadero
El dióxido de carbono no es el único de estos
elementos involucrados en el cambio climático
Conocidos por su influencia en el calentamiento global, los gases de efecto invernadero
(GEI) no son en realidad un problema. Resultan imprescindibles para mantener la
temperatura del planeta, pero la actividad humana ha aumentado su número y ha
alterado su equilibrio natural. El dióxido de carbono (CO2) es el más conocido, pero no es
el único: el vapor de agua, el metano, el ozono y otros gases con nombres más difíciles
de pronunciar, como el trifluorometano, son también compañeros de grupo. Los
científicos reconocen que hacen falta más investigaciones para entender por completo el
funcionamiento de estos gases y su efecto real en el cambio climático.
Por qué se forman

- Imagen: peter_w -

Los GEI constituyen un elemento esencial para la vida: sin ellos, el planeta sería un
bloque de hielo. Si en un invernadero la cobertura plástica evita la pérdida del calor y
conserva una temperatura estable, en la Tierra estos gases consiguen un efecto similar.
Su presencia en la atmósfera permite beneficiarse de parte del calor que envía el Sol. De
ahí su nombre.
Los principales GEI son de origen natural. El problema surge cuando la cantidad de estos
gases aumenta porque se altera el equilibrio natural y el clima se comporta de manera
distinta. La industrialización, con el uso masivo de combustibles fósiles (petróleo, carbón
y gas) y todas las actividades humanas derivadas, como el transporte o el uso intensivo
de la agricultura y la ganadería, contribuyen desde el siglo XIX a incrementar estos gases.

El problema surge cuando la cantidad de estos gases aumenta, lo


que altera el equilibrio natural
El aumento de los GEI se asocia también a otros problemas antropogénicos (causados por
el ser humano) para el medio ambiente. La deforestación ha limitado la capacidad
regenerativa de la atmósfera para eliminar el dióxido de carbono (CO2), uno de los
principales GEI.

Los científicos han descubierto que no todos los gases producen el mismo efecto, por lo
que han elaborado unos parámetros para medir su influencia real: su impacto se expresa
en cantidades de CO2 equivalente. Así se ha descubierto que el metano es un gas con un
efecto invernadero más potente en términos absolutos que el CO2. Sin embargo, las
actividades humanas como el transporte o la industria emiten tal cantidad de CO2, que
su contribución final en el efecto invernadero es mayor que la del metano.

A medida que se conocen más datos, los expertos subrayan que la proporción en el efecto
definitivo de estos GEI podría oscilar. Se apunta a la industria o al transporte como los
principales responsables del aumento de estos gases, pero las actividades agroganaderas
tendrían un efecto más importante del que parece. La Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) recuerda que la ganadería genera
óxido nitroso (296 veces más perjudicial que el CO2) y metano (23 veces más perjudicial
que el CO2).

La gran mayoría de la comunidad científica internacional está de acuerdo en la


importancia de reducir la emisión de estos gases. Para ello, se proponen diversas
medidas: sustituir los combustibles fósiles por energías renovables, asumir de forma
plena un mercado de emisiones de GEI, aplicar medidas de eficiencia energética,
aumentar la reforestación y, en definitiva, introducir en la sociedad prácticas de
desarrollo sostenible en todas las actividades.

Mapas para ver los gases de efecto invernadero

- Imagen: AEMET -
Una de las mejores maneras de afrontar un problema es hacerse una imagen del mismo.
Con esta idea, la Secretaría de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC en
sus siglas en inglés) y Google han creado un mapamundi con las emisiones generadas en
los principales países industrializados. Los datos, recogidos desde 1990, se pueden
observar por sectores y compararlos tanto por países como por categorías.

La Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA en sus siglas en inglés) ha creado una web
que ofrece datos sobre los principales GEI emitidos en la Unión Europea (UE) entre 1990 y
2006. El sistema permite hacer comparaciones entre países y por tipo de gas y CO2
equivalente.

En 2007, la Agencia Espacial Europea (ESA) informó de la producción de los primeros


mapas animados con la distribución mundial de los GEI más importantes sobre la
superficie terrestre (CO2 y metano). Para ello, sus responsables invirtieron tres años de
trabajo, entre 2003 y 2005, mientras observaban los datos del Espectrómetro de
Absorción de Exploración e Imágenes para Cartografía Atmosférica (SCIAMACHY), a bordo
del satélite Envisat de la ESA.

Qué son los gases de efecto


invernadero
El dióxido de carbono no es el único de estos
elementos involucrados en el cambio climático
Principales gases de efecto invernadero
Cuando se habla de gases de efecto invernadero (GEI) se suele destacar al dióxido de
carbono (CO2), por lo que podría pensarse que es el único. Pero hay muchos más. Algunos
de ellos con un potencial mayor. Estos son los principales GEI, ordenados de mayor a
menor impacto:

• Vapor de agua (H2O): según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el


Cambio Climático (IPCC en sus siglas en inglés), supone entre el 36 y el 70 por
ciento del efecto invernadero. La niebla, la bruma y las nubes son vapor de agua,
y es también el principal subproducto de la combustión de los combustibles
fósiles. Y por si fuera poco, el calentamiento global provoca un bucle que se
retroalimenta: con unas temperaturas más altas, se produce más vapor de agua,
que genera a su vez temperaturas más altas, y a su vez más vapor de agua, etc.
• Dióxido de carbono (CO2): es un
subproducto de la respiración celular y de la utilización de combustibles fósiles.
• Metano (CH4): es el principal componente del gas natural y de las flatulencias de
las vacas, así como de otras fuentes naturales (como los pantanos o las termitas)
y artificiales, como los vertederos. Los científicos reconocen que no entienden
del todo el ciclo del metano, por lo que su contribución al problema podría ser
incluso mayor.
• Óxidos de nitrógeno (NOx): estos gases se crean de forma natural a partir de la
descomposición bacteriana de nitratos orgánicos, por la combustión vegetal o por
la actividad volcánica. El ser humano ha provocado un aumento de estos gases, al
producirlos para diversos productos industriales y como subproducto de los
vehículos motorizados.
• Ozono (O3): el debilitamiento de la capa de ozono hizo famoso a este gas. Por
ello, resulta chocante afirmar que su aumento es negativo. En realidad, el ozono
no está distribuido de forma equitativa por el planeta. El ser humano ha
acentuado las diferencias. Por una parte, en la zona inferior de la atmósfera hay
demasiado ozono, que actúa como un potente GEI. Por otra, en la parte superior
escasea, lo que se traduce en una menor capacidad para impedir la radiación
solar adversa.
• Trifluorometano (CHF3): también conocido como fluoroformo, se utiliza en la
fabricación de los chips de silicio y como un supresor de fuego. Es el gas más
abundante de los hidrofluorocarbonos (HFC). Permanece en la atmósfera durante
260 años y atrapa el calor 11.700 veces más que el CO2.
• Hexafluoroetano (C2F6): utilizado en la creación de semiconductores,
permanece en la atmósfera hasta 10.000 años. Esta longevidad, junto con su
capacidad de retener el calor 9.200 veces más que el CO2, ha provocado el
interés del IPCC por seguirle de cerca.
• Hexafluoruro de azufre (SF6): gas inerte muy empleado en la industria de la
electrónica como aislante. El IPCC lo considera el GEI más poderoso del mundo,
con una capacidad de atrapar el calor 22.200 veces más que el CO2.
• Triclorofluorometano (CFC-11): este refrigerante provoca varios efectos
negativos en el medio ambiente. Además de retener el calor 4.600 veces más que
el CO2, reduce la capa de ozono de forma más rápida que cualquier otro
refrigerante, sin olvidar el impacto ambiental del cloro.
- Imagen: dvice -

La lista podría ampliarse a medida que los científicos estudian más el fenómeno. Es el
caso del fluoruro de sulfurilo (SO2F2). Utilizado como fumigante contra termitas, su
capacidad como GEI ha sido dada a conocer en marzo por científicos del Instituto
Tecnológico de Massachussets (MIT). Tiene una vida útil de 40 años y es capaz de atrapar
el calor 4.800 veces más que el CO2. Aunque en la atmósfera sólo se encuentra en 1,5
partes por billón, esta cantidad aumenta en un 5% al año según un reciente artículo
publicado en Journal of Geophysical Research.

Los científicos señalan la necesidad de desarrollar más investigaciones porque


desconocen el impacto exacto de los GEI y su posible evolución en los próximos años. El
Protocolo de Kyoto no tuvo en cuenta al trifluoruro de nitrógeno (NF3). Sus emisiones
eran tan bajas que los expertos asumieron que no tenía un impacto significativo en el
calentamiento global. Sin embargo, científicos del Instituto Scripps de Oceanografía de la
Universidad de California en San Diego revelaban el año pasado que su presencia en la
atmósfera es cuatro veces mayor de lo que se suponía. Este GEI tiene una capacidad de
atrapar el calor 17.000 veces superior a la del CO2 y dura cinco veces más en la
atmósfera que éste.

El impacto del metano también podría ser mayor del que se cree en la actualidad. Si el
cambio climático logra derretir las zonas de permafrost, el metano que guarda en su
interior se liberaría.

Barcelona, entre las ciudades con emisiones de GEI


más altas del mundo
Un reciente estudio del Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo,
con sede en Londres, ha destacado las ciudades con mayor emisión de CO2 equivalente
del mundo. La lista está encabezada por Washington DC, con 19,7 toneladas de CO2
equivalentes por persona. Esta cantidad supone una huella de carbono casi tres veces
superior a la de cualquier otra gran ciudad en los países desarrollados. Las siguientes
ciudades acompañan a la capital estadounidense en el "top diez": Glasgow, Reino Unido
(8,4 t); Toronto, Canadá (8,2 t); Shangai, China (8,1 t); Nueva York, EE.UU. (7,1 t);
Beijing, China (6,9 t); Londres, Reino Unido (6,2 t); Tokio, Japón (4,8 t); Seúl, Corea del
Sur (3,8 t). En el décimo puesto de esta clasificación se sitúa Barcelona, con 3,4
toneladas de CO2 equivalente por persona.

No obstante, el estudio relativiza el impacto de las grandes urbes. Si bien reconoce que
sus habitantes consumen grandes cantidades de energía, recuerda otras emisiones
importantes, como el metano, originado en las zonas rurales.