Está en la página 1de 11

TEXTO TOMADO DE: La contribución del turismo al desarrollo integral de las sociedades receptoras. Aspectos teórico-metodológicos; Antón ÁLVAREZ SOUSA Facultad de Sociología. Universidad de A Coruña (España)

TEXTO TOMADO DE : La contribución del turismo al desarrollo integral de las sociedades receptoras. Aspectos

TEXTO TOMADO DE: Hernán Valencia Villamar y Margarita Manosalvas V. en: Las

políticas públicas; agentes de desarrollo y la planificación para el desarrollo local-regional. En Planificación y Desarrollo Local-Regional Curso Virtual

Material

FLACSO ECUADOR

6.3 ¿Qué capitales se requieren para el desarrollo local?

Hasta hace poco, se pensaba que el desarrollo y los cambios estaban solo en función del "capital dinero". Actualmente hemos aprendido que el "capital dinero" siendo muy importante este no es el único capital que se invierte en el desarrollo de los países. El capital no es uno solo, sino varios:

· Capital Humano · Capital Social · Capital Financiero · Capital Físico · Capital Ambiental

Las experiencias locales y reformas municipales de la década indican que el mayor o menor grado de fragilidad del tejido social o trama sociopolítica y económica es decisivo para la sostenibilidad de los procesos de gestión para el desarrollo local. Por ello, entre las estrategias más generalizadas esta la de fortalecer dicho tejido. Por una parte, tiene que ver con el desarrollo de base social y, por otra parte, con las políticas de desarrollo local dirigidas a los factores de desarrollo, conocidos como capitales. Al momento, se asume que el desarrollo local sostenible es posible, si se articula una adecuada combinación de capital humano, capital social, capital físico/financiero y capital ambiental.

3 LA PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA EN EL MARCO DEL DESARROLLO LOCAL. Miguel Anselmo Bitar. Argentina. 2005

6.3.1 El capital humano

Es el contenido acumulado en cada individuo de la sociedad. Su acumulación es histórica, se transmite de padres a hijos, desde el ambiente social y desde el educativo -formal e informal-. Se diferencia por la calidad de vida de los individuos, especialmente en salud, educación, capacidades, experiencia, valores individuales, liderazgo, entre otros, y según el género. Las sociedades serán diferentes, si los individuos con un alto capital humano son más o menos comunes o si son excepcionales.

El capital humano es el conocimiento y la cultura acumulados en las personas.

Pensemos, por ejemplo, en una comerciante que trabaja en alguna de esas populosas ferias de productos diversos en las grandes ciudades de nuestros países -Lima, México o La Paz-. Tomemos el caso de la ¨La Bahía¨ de Guayaquil, donde se venden toda clase de mercaderías, y pensemos en una comerciante que maneja un capital financiero importante, que sabe tratar con diferentes distribuidores comerciales y con cientos de clientes por semana, negociar con proveedores de Panamá o de otros países, enfrentarse a la competencia; y pensemos también en que gran parte de esos conocimientos los aprendió de sus padres y de sus abuelos. Vayamos, por el contrario, al campesino que vive y trabaja en un sector rural muy apartado: él y todos sus antepasados apenas si han tenido contacto con un solo intermediario que les compra todos sus productos. Comparemos, entonces, a las dos personas respecto de sus conocimientos y habilidades en materia de mercadeo. Por una parte, la señora posee destrezas para

comerciar y todo lo que de ellas se deriva: experiencia para hacer trámites, lograr permisos, desaduanizar mercadería, manejar conflictos con diferentes funcionarios del Estado y con complejas organizaciones formales y no formales de ese complicado mundo de ¨las bahías¨, e incluso habilidad en el manejo de la ciudad. La señora de La Bahía demuestra una enorme diferencia de conocimiento y experiencia en el ámbito del comercio en comparación con los que, para efectos de la misma actividad, ha adquirido el campesino. Pero, en cambio, respecto del manejo de la tierra, el control de plagas, la siembra, la cosecha y el manejo post cosecha de los productos, todas las destrezas acumuladas de generación en generación por el campesino hacen parte de un mundo desconocido para la comerciante de La Bahía. En uno y otro caso, ese acopio de conocimientos y experiencias es lo que llamamos capital humano. Para generar un cambio es necesario robustecer el capital humano, mejorar la instrucción, el conocimiento, las capacidades, las destrezas. Solo así el factor humano se vuelve positivo y es capaz de aprovechar sus fortalezas, sus recursos

20

y las oportunidades. Los elementos que componen los valores ind ividuales y que enriquecen al capital humano se expresan en individuos con:

Alta valoración de su identidad cultural: etnia, lenguaje, costumbres, tradición, historia comunitaria regional-nacional, símbolos; identidad de lugar: clima, paisaje, entorno, naturaleza; identidad jurídico-política: territorial, organizacional, institucional. Valores sociales: ética, moral, solidaridad, civismo y altruismo. Capacidad laboral calificada, nivel de instrucción, nivel de tecnificación y especialidad. Experiencia en manejo económico-financiero; en manejo de redes de comercialización, de comunicación, de información, de cultura, de agencias de desarrollo, de gestión institucional, de ejercicio y exigibilidad de los derechos y obligaciones. Conocimiento y destreza en las relaciones con otras culturas (idiomas, viajes:

regionales, nacionales e internacionales). Liderazgo en diversos ámbitos de las relaciones sociales. Otros valores y recursos humanos individuales.

6.3.2 El capital social

Putnam dice que Tocqueville estaba en lo cierto: “El gobierno democrático no se debilita sino que se fortalece cuando está frente a una vigorosa sociedad civil” y añade que “los ciudadanos de las comunidades cívicas esperan un mejor gobierno y lo consiguen (en parte, a través de sus propios esfuerzos). Exigen un servicio público más efectivo y están preparados para actuar colectivamente con miras a lograr sus metas compartidas. Sus contrapartes de las regiones menos cívicas asumen generalmente el papel de suplicantes, alienados y cínicos. Por parte de la oferta, el desempeño del gobierno representativo se facilita por la infraestructura social de las comunidades cívicas y por los valores democráticos de los funcionarios y ciudadanos. Lo más fundamental para la comunidad cívica es la capacidad social de colaborar por los intereses compartidos4.” La cantidad y calidad de las organizaciones de una sociedad constituyen lo que se conoce como “tejido social”. La idea está obviamente tomada del tejido textil: cuanto más tupido es el tejido de una tela, ésta es más fuerte que una de tejido flojo. En una comunidad, los gremios de artesanos, las organizaciones de mujeres, las brigadas 4 Robert Putnam: Para hacer que la Democracia funcione: la experiencia italiana en descentralización administrativa, Caracas, Editorial Galac, 1994, página 233.

juveniles, las organizaciones de personas de la tercera edad, los comités pro mejoras, la junta cívica, las sociedades culturales, las Fundaciones para el desarrollo, los clubes deportivos, las asociaciones de microempresas, las cooperativas y otras organizaciones conforman el ¨tejido social¨. Éste se vuelve más fuerte cuando varias

de ellas se unen en otra mayor: surgen entonces las organizaciones de segundo grado (por ejemplo, las federaciones de barrios). Existen también las de tercer grado, como las confederaciones. El “tejido” del capital social también se hace más fuerte y apropiado para el desarrollo cuando se conservan las tradiciones de solidaridad y reciprocidad –ayuda entre vecinos- y cuando se crean otras como los proyectos de ayuda mutua, las empresas asociativas, etcétera. Es un valor histórico acumulado con la experiencia comunitaria de identidad, interculturalidad, solidaridad, reciprocidad, organización social, confianza y ayuda mutua. En este nivel, estos valores sociales permiten que los intereses individuales se integren en intereses colectivos y corporativos, y estos, a su vez, en intereses cívicos, a partir de los cuales se construye la comunidad cívica, como producto de la participación ciudadana. En el ámbito de la participación de las entidades públicas y privadas de desarrollo, estas logran ser soporte y facilitar estos procesos de desarrollo cuando sus autoridades y funcionarios avanzan hacia una gestión de “protagonismos compartidos”, única forma de eliminar los problemas de competencia. Es el caso de los municipios y consejos provinciales, instituciones de desarrollo regionales, gobernaciones, y actualmente de las juntas parroquiales rurales, así como, por el lado estatal, de las organizaciones gubernamentales dependientes en los procesos de desconcentración, y, por el otro, de las ONGs y organismos internacionales. Este es, en esencia, el ámbito del desarrollo de la institucionalidad no solo estatal, sino además cívica y, por tanto, del ejercicio de un “poder público” resultado del equilibrio democrático entre las formas orgánicas que tiene el Estado y la sociedad civil. Un espacio que se ha desarrollado mucho en las últimas décadas son las alianzas interinstitucionales y sociales, para impulsar la gestión local y la formación de redes para el desarrollo. Pero, además, existen otros elementos que es necesario tomar en consideración para darle su verdadero valor al capital social: socialización cultural y socialización tecnológica, estrategias sociales de integración productiva y de mercado, inclusión social en todos los procesos de la sociedad. Respecto de este último elemento, es fundamental lograr una alta eficiencia en los enlaces de los procesos tanto de la economía como de la sociedad y la política, eficiencia que se expresará en formas sociales avanzadas de asociación y constitución de redes de cobertura de intereses, funcionalidades multi-sectoriales o coberturas territoriales. En el ejemplo de la señora comerciante de La Bahía de Guayaquil, resulta fundamental la eficiencia de su enlace con las redes de distribuidores comerciales, los cientos de clientes por semana, las redes de proveedores de Panamá o de otros países, las redes y relaciones de diversa intrincación de las organizaciones formales y no formales de las bahías y de la ciudad. Sus conocimientos, que -como decíamos- son parte del capital humano, se expresan en formas de relaciones colectivas, de gran complejidad, y son parte sustantiva del capital social. Cabe hacer aquí algunas disquisiciones. El capital social es, sin duda, un aspecto más abordados por varios de autores a partir de los estudios que, en Italia, realizó y difundió Putnam5 en 1993. No obstante, para una cantidad significativa de investigadores y académicos, el tema no ha alcanzado aún la madurez suficiente para su validación y para el afinamiento de sus enfoques y enlaces. En efecto, al momento este concepto tiene muchos adeptos, pero también sus críticos. Levi6 sostiene que es necesario hacer más hincapié en las vías por las que el Estado puede favorecer la creación de capital social. Considera que el enfoque de Putnam sobre las asociaciones civiles, al margen del Estado, se deriva de su perspectiva romántica de la comunidad y del capital social; perspectiva que restringiría la identificación de mecanismos alternativos para su creación y uso. Por su parte, Wall, Ferrazi y Schryer7 entienden que la teoría sobre el tema necesita de mayores refinamientos, antes de que el capital social pueda ser considerado como una generalización susceptible de medición8. Respecto de la naturaleza de los capitales, Flora (1995) observa que “el capital financiero es altamente móvil y las fronteras nacionales no significan obstáculos a su movimiento, mientras que el capital manufacturado y el capital humano, aunque también móviles, no son tanto como el financiero”. Hirschman9 identifica al capital social como recursos morales y se refiere a ellos como “recursos cuyo suministro aumenta, en vez de disminuir, con el uso y se agota con el desuso”¨.

  • 5 Robert Putnam: op. cit. Respecto del capital social, como principales referencias el autor señala a James Coleman: Foundations of social theory, USA, Harvard University Press, 1990; Robert Bates: ¨Institutions as Investments¨, programa de la Universidad Duke en Economía Política, en Trabajos en Economía Política, N° 133, diciembre 1990, y ¨Social Dilemas and Rational Individuals: An Essay on the New Institutionalism¨ en Policy and Society, N° 16, 1988; y Elinor Ostrom: Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action, New York, Cambridge University Press, 1990.

  • 6 Margaret Levi: ¨Social and unsocial capital: a review essay of Robert Putnam´ s Making democracy Work, en: Politics & Society, March, (1996), citada por Kliksberg: ¨Capital Natural, Capital Social y Desarrollo de la Sustentabilidad¨, en Participación, Superación de la Pobreza y Desarrollo Sustentable, Aprendizaje de los fondos sociales y ambientales de América Latina y El Caribe, Santiago de Chile, FOSIS, REDLAC, FDLA, RED SOCIAL, 2000.

  • 7 Wall, E., Ferrari, G., y Schryer, F. (1998): ¨Getting the goods on social capital¨, en Rural Sociology, vol. 63, citados por Kliksberg (2000).

  • 8 Bernardo Kliksberg, (2000).

  • 9 A. O. Hirschman: ¨Against Parsimony: Three Easy Ways of Complicating Some Categories of Economic Discourse¨, American Economic Review Proceedings, vol. 74, 1984. Citado por Putnam

(1993).

Estas consideraciones son de gran importancia para el tema del desarrollo local, pues argumentan a favor de políticas socioeconómicas que inviertan en la articulación de economías lugareñas, fortaleciendo sus redes, el ahorro y su capitalización, y ponen el peso de la reactivación económica del país en estos procesos y no exclusivamente en la inversión externa, que puede lograr enclaves altamente dinámicos pero igualmente volátiles. La condición de estabilidad del capital social no es absoluta. Moser10 indica que “mientras los hogares con suficientes recursos mantienen relaciones recíprocas, aquellos que enfrentan las crisis, se retiran de tales relaciones ante su imposibilidad de cumplir con sus obligaciones”; y Fuentes11, respecto de Chiapas en México, dice: “las poblaciones campesinas desplazadas, al verse obligadas a migrar, se descapitalizaron severamente en términos de capital social, dado que se destruyeron sus vínculos e inserciones básicas”. Algo parecido podemos observar en la provincia de Azuay, en Ecuador: sociedades tradicionalmente industriosas y con antiguas organizaciones de productores de tejidos de paja toquilla, orfebrería en oro y plata, artesanías de madera y cerámica; con importantes ahorros acumulados y capitales de inversión; con empresas familiares prósperas, especialmente en los cantones de Chordeleg y Gualaceo, fueron afectadas primero, en 1993, por el desastre natural de La Josefina y, luego, por la incautación bancaria de marzo 1999, que descapitalizó a amplios sectores sociales del país. Hoy, las masivas migraciones desde esa región al extranjero han desestructurado las familias, las sociedades, las empresas, las redes de las economías locales, las organizaciones y las instituciones. Esto significa que el capital social no es tan estable como se suponía hasta hace algunos años; pero, además, deja al descubierto su aguda dependencia del capital financiero, más aún en situaciones extremas como las de Azuay. Es de suponer que los últimos acontecimientos en Argentina están produciendo graves desarticulaciones a su histórico capital social. En lo que toca al campesinado ecuatoriano, la propia sustentación del desarrollo en los valores orgánicos de la sociedad ha sido puesta en tela de juicio. Martínez se cuestiona: ¨¿Es viable dentro del actual modelo impulsar únicamente el capital social, dejando al mercado la tarea de asignar ‘eficientemente’ el capital físico (productivo, financiero, etc.)? ¿Pueden los pobres del campo organizados bajo muchas modalidades integrarse eficientemente al mercado con solo el pasaporte del ‘capital social’? Los campesinos bajo este modelo seguirán siendo pobres organizados o no

organizados.¨12

10 Caroline Moser: ¨The Asset vulnerability framework: reassessing urban poverty reduction strategies¨, en World Development, vol. 26, N° 1, 1998. Citada por Kliksberg (2000). 11 Mario Luis Fuentes: ¨Chiapas: el capital social perdido¨, mimeo, México, 1998. Citado por Kliksberg

(2000).

12 Luciano Martínez: ¨Organizaciones de Segundo Grado, Capital Social y Desarrollo Sostenible¨, en

Sin duda, si el concepto de capital social queda reducido a sinónimo de asociación social, gremial, étnica, de género, etcétera, no es suficiente. Es necesaria una apropiada combinación de todos los recursos, pero además integrada al concepto de tejido social y de experiencias sociales en el manejo de redes sistémicas socioeconómicas, de gestión pública y privada, y jurídico-políticas. No es igual el capital social que ha acumulado el cantón Baños de Agua Santa (Tungurahua) en su experiencia en el manejo del turismo, que el desarrollado en un cantón de economía agrícola de subsistencia -con mínimas relaciones de comercialización y diversificación de su producción-, aunque toda su población pertenezca a una sólida organización social. Esta última condición no basta para salir de la pobreza, como lo evidencian muchas comunidades de la sierra ecuatoriana. En efecto, son muchos los ejemplos de comunidades en las cuales el peso de los valores sociales acumulados en sus experiencias es indudable; pero, su capital social no puede reducirse a su organicidad política, ideológica o étnica: la identidad cultural es básica para garantizar su enlace a redes económicas. Los indígenas comerciantes otavaleños son un caso de inserción individual, apoyada en redes sociales comunitarias a partir de las cuales construyeron complejas relaciones con el mundo exterior que hoy manejan con gran sabiduría. Mario Conejo13 estima que cerca de 20 oficinas de ¨brokers criollos¨ funcionan en Otavalo y considera fundamental la creación de un centro de información y comercialización, que integre a cerca de cinco mil otavaleños que recorren el mundo y seguramente han acumulado una de las experiencias sociales más importantes del país en términos de comercialización. En Ecuador, vemos en la sierra norte varias experiencias locales muy cercanas, pero que no logran construir una propuesta de subregión. Quince minutos toma ir de Otavalo a Cotacachi -cantón con una importante experiencia local- y otros pocos hasta Ibarra y Antonio Ante, cantones que también iniciaron procesos de gestión local y planificación estratégica. Hay dos horas de camino a la cuenca del río El Ángel, donde se desarrolla la experiencia de la Mesa de Concertación del Consorcio Carchi, así como al cantón Bolívar, con similar experiencia. ¿No será posible diseñar estrategias regionales comunes o, al menos, compartir las experiencias? Es necesario capitalizar estas últimas, integrándolas para que no queden reducidas a meros localismos.