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REFLEXIÓN ADOLESCENCIA. PSICOANÁLISIS

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La adolescencia es una etapa de la vida de los seres humanos que ha venido recibiendo una carga negativa muy grande producto de los cambios que el adolescente muestra y que no son bien recibidos por los adultos por las características que estas transformaciones tienen y las actuaciones que causan.
La adolescencia es una etapa de la vida de los seres humanos que ha venido recibiendo una carga negativa muy grande producto de los cambios que el adolescente muestra y que no son bien recibidos por los adultos por las características que estas transformaciones tienen y las actuaciones que causan.

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Published by: JORGE ELIECER VILLARREAL FERNANDEZ on Nov 22, 2009
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LA ADOLESCENCIA

ESCRITO REFLEXIVO JORGE ELIÉCER VILLARREAL FERNÁNDEZ
“Cada tanto, cuando una mujer está embarazada, cuando un recién nacido abandona el útero materno para ingresar al mundo, cuando un niño llega a la pubertad, cuando alguien se casa o alguien se muere, aparece un lugar de reposo. Asistimos a bodas y a funerales. Emprendemos algo y constatamos que está terminado. Evocamos nuestros años jóvenes como el tiempo en que parecía posible cambiar radicalmente el curso de nuestro destino personal. Olvidamos la soledad, el dolor de la perdida, la angustia narcisista, la lucha contra el deseo y los tormentos de nuestros tiempos indómitos, ingratos y desobedientes. Apenas recordamos el retorno de la pasión exquisita, de los anhelos que nos liberaron de la aprisionante seguridad de la infancia”.

La adolescencia es una etapa de la vida de los seres humanos que ha venido recibiendo una carga negativa muy grande producto de los cambios que el adolescente muestra y que no son bien recibidos por los adultos por las características que estas transformaciones tienen y las actuaciones que causan.

Louise Kaplan

Lo que se puede entender de manera inmediata es que adolescencia significa cambio y como todo cambio es un salto al vacío para quien lo da. Es un cambio hacia lo desconocido y sin quien, en muchas ocasiones, guie o por lo menos muestre el camino que se va a recorrer. Es dejar una situación, una vida, un paraíso, para asumir otras. En esta medida hay que tener en cuenta que “toda vez que se renuncia a algo a cambio de otra cosa, toda vez que se está por transferir la pasión a otra persona, a otro dominio o a otro orden de la existencia estos hechos comienzan con alguna forma de violencia”1. Es análogo a la forma en que las revoluciones intentan transformar las sociedades iniciando con violencia, la cual puede ser desmedida en la medida en que los aspectos contradictorios de los cambios no se resuelvan, “la adolescencia constituye una conmoción del orden establecido a favor de una determinación apasionada de ideales nuevos y aun no probados”2. Son ideales nuevos, aún no probados, desconocidos, el vacío. En todo salto al vacío existe el miedo al fracaso, el miedo a quedarse solo en esa lucha, a ser abandonado por aquellos que pudieran haber iniciado la lucha a su lado.
1 Kaplan, Louse. Adolescencia. El adiós a la infancia. Pág. 281. 2 Ibíd. Pág. 282.

Es por esto que la confianza queda relegada a quienes piensan igual, actúen igual y sean iguales, es decir a los probados, a los que sean capaces de asumir las consecuencias de este viaje sin poner peros a lo que se presente. Pero al poco tiempo cae la ilusión ya que nadie es igual, nadie actúa igual y mucho menos asumen las dificultades. Las opciones que se presentan para continuar la tarea son diversas, las distintas estrategias y tácticas permitidas empiezan a llamar a los guerreros a nuevos caminos, los cuales son asumidos según los intereses individuales. En esta lucha quien se desvía se relega, así que los relegados y abandonados comienzan a crecer y la vanguardia a disminuir convirtiéndose esta en lo mejor de lo mejor, y donde esta lo mejor puede comenzar a imperar la selección natural donde los débiles van cayendo dejando paso a los fuertes. La lucha iniciada es prolongada, no es fácil adquirir nuevos modos de pensar, sentir e imaginar, mucho más si hay oposición de adultos, familia y sociedad para que esto se consiga, si se sigue permitiendo que ese cordón umbilical amarre a una infancia negada por ellos mismos y ya ida en el tiempo y el espacio. Pero tampoco da tiempo de espera ya que la vida viene implacable y exige que se hayan ganado batallas tan grandes como esta para poder tener el derecho a continuar el camino del sufrimiento permitido. El adolescente busca un lugar en la sociedad, su lugar, el lugar donde sus ambiciones personales puedan concretarse, pero esta ambición se enfrenta al ofrecimiento social que busca que el adolescente se instaure dentro del orden establecido, donde los sueños a cumplir son los del tirano y donde el papel del joven es ayudar a cumplir estos sueños, los valores colectivos de la sociedad están basados únicamente en los objetivos del presente. El joven busca más de lo que ofrece la vida diaria, “buscan ideales o valores a los que puedan guardar fidelidad”3, esto no lo encuentra en la sociedad, que lo que ofrece es mentira, desigualdad e injusticia. La sociedad ofrece al joven guerrero la oportunidad de instaurarse en ella “sin sufrimiento”, sin pensar en trivialidades e ideales imaginarios, mostrando caminos de goce sin límites sin explicarles que siempre existe “el peligro de caer más allá de los límites, para no regresar jamás”4, pero este peligro existe y se cobra victimas diariamente. Esta ilusión cobra muchas víctimas entre los jóvenes, quienes rehúyen la prueba de convertirse en adultos y se refugian en otras realidades o en la muerte, dulce descanso para el ser cansado de una búsqueda infructuosa. Pero, como en el análogo combate, de la memoria de cada víctima nacen nuevas ilusiones que iluminan el camino para los guerreros que siguen incansables.

3 Ibíd. Pág. 287. 4 Ibíd. Pág. 287.

La sociedad inventa el mundo que el adolescente quiere para preservarse ella misma. No quiere que las ideas liberadoras del joven vayan a entrar en las mentes alienadas de sus serviles. La capacidad de imaginación del adolescente crea mundos nuevos, mundos posibles donde abandonarse a su vida, donde generar constantes transformaciones para todos que permitan desarrollar cada uno su individualidad en lo colectivo. Sus aliados pueden llegar a ser los seres que están próximos a abandonar su vida, aquellos que tienen aún fresco el fragor de luchas anteriores y la sangre de los que van cayendo aún mancha sus vestiduras. Son los aliados que nadie quiere, los que todos serán pero nadie quiere llegar, pero que en estos momentos pueden encontrar motivos comunes para alianzas que permitan aprendizajes que van a ser parte de la munición necesaria para poder llevar su lucha a puntos más altos. Después de la larga jornada, la definición de la revolución estará en las manos de cada uno, el vencido que hará parte de las víctimas; el que cree que venció pero, cumpliendo la etapa obligada de las rebeldías juveniles, se apresura a crecer, “para dejar atrás sus modos torpes y fastidiosos y convertirse en adultos, sin otra opción que la de someterse a la benevolente tiranía de la rutina”5, al poco tiempo se dan cuenta del sometimiento a que han sido lanzados por sus sueños y buscan aferrarse a la seguridad de la vida diaria, “reservando algún tiempo para dedicarlo a las emociones excitantes”6. Y queda también el vencedor, el que sobrevive la prueba de convertirse en adulto, el que en un mundo de perspectivas estrechas fue capaz de encontrar un sentido de continuidad en su lucha, establece sus propias leyes que van a guiar su vida. La valoración al vencedor crece cuando se entiende que el logro se hizo sin ayuda alguna de convención formalizada y, con frecuencia, sin la guía y el apoyo de los adultos, a veces a pesar de ella. El joven vencedor es portador de renovación cultural, sus ideas ahora llevadas por un adulto, quien si tiene una posición, hacen que se enriquezca una sociedad que sin estos impulsos caería en la inmovilidad, espacio propicio para tiranías e injusticias. Los adolescentes pueden hacer posible que su modo de pensar sobreviva sobre toda la podredumbre que la sociedad está ofreciendo; siguen dejando legados que permiten avanzar hacia el esclarecimiento de la humanidad. Sus sueños, expectativas, ganas de transformación son el combustible que mueve la historia y la construcción de las sociedades.
5 Ibíd. Pág. 389. 6 Ibíd. Pág. 389.

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