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EN MI NOMBRE

Hago el aseo en un liceo, mi tarea consiste en barrer el patio y los pasillos.


Es un liceo gigantesco.

Ya perd la cuenta de los aos que llevo limpiando salas y ordenando mesas.

Tengo una deformacin en el cuerpo, por eso nadie me mira, nadie me
habla, ni ellos se acercan a m. No me importa, ya me acostumbr a ser
ignorado. Pero antes por lo menos me saludaban, ahora nadie me toma en
cuenta.

Mi Liceo es pobre y la mayora de los alumnos tambin. Yo tambin soy
pobre. Hay mil seiscientos estudiantes, no todos alcanzan a comer su
colacin en el comedor, muchos comen en las escaleras o en el patio. Por
eso me preocupo de barrer todo antes de que ellos almuercen.

En invierno oscurece temprano, a veces las ampolletas de los pasillos se
queman y todo se envuelve en sombras. Hay un fenmeno raro en este
Liceo, dicen los auxiliares que cuando entran a limpiar, a veces encuentran
salas que estn ms fras de lo normal y que sale vaho de sus bocas.

Cuando limpio las mesas y trapeo el piso, muevo las mesas y las sillas y no
s por qu algunos comentan que en algunas salas se escuchan ruidos y
luego van ver y dicen que estn vacas. Es mi trabajo, ellos se lo merecen,
muchos de ellos necesitan de mi obra, mi firma, mi sello.

Encontr un papel arrugado en el piso de una sala, era una nota suicida,
supe quien era. Trat de hablarle, pero me ignor, ni siquiera me escuch.
Una semana despus, en la sala de ella amaneci un escritorio vaco.

Detesto al jefe de administracin escolar, he trabajado duro para que vea
mi trabajo, pero desde hace un tiempo se ha mostrado indiferente conmigo.
Parece que se le subieron los humos a la cabeza, desde que supo que lo van
a ascender el prximo mes. Cuando le hablo en el pasillo el mira hacia atrs
y ya no se fija en mi como antes y sigue caminando.

Todava me acuerdo de la alumna, la nia del papel arrugado. Ahora
recuerdo su nombre: Marta Ochoa Palacios. Dicen algunos que se aparece
en un rincn del liceo, en los pasillos del pabelln de secretariado.

No puedo olvidarla, cuando estoy barriendo o trapeando el piso, aparece su
carita, sin permiso en mi mente. Por qu? A veces creo que se me va a
aparecer, pero nada sucede.

Hace tiempo que nadie me habla, desde que empezaron a hacer esas
aburridas y malditas misas en las que insisten en mencionar mi nombre, el
da de todos los santos.




Autor: P. Tapia Metzdorff