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Tadeusz Dajczer - Meditaciones sobre la fe

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El apoyo en Dios, como una manifestación de la confianza en él, no será plenamente
puro si no adquiere la forma de abandono en Dios. Porque tú puedes confiar en él, pero
esperando que cumpla tu voluntad: «Dios mío, confío en que harás mi voluntad”. Esa es
una continuación de la egoísta búsqueda de uno mismo. El apoyarse en Dios tiene que
convertirse en abandonarse en él.
“Señor, que sea como tú quieras, porque tú me amas, y sabes mejor que nadie lo que me
hace falta y lo que hace falta a aquellos que yo amo y por los que imploro». En la vida
interior y en nuestro acercamiento a Dios, la confianza ha de irse convirtiendo en un
total abandono.
Santa Teresa del Niño Jesús y su hermana Celina hacían barquitos de papel en los que
escribían: «Abandonarse en Dios» y los echaban al agua. Esa era una forma de rezar que
tenían Teresa y Celina; hay aguas, hay olas de la vida por las que Dios debe
conducirlas, y ellas han de abandonarse en su amor.
La teología de la vida interior dice que el hombre consigue la paz interior solamente al
abandonarse en Dios. Mientras no intentes abandonarte en el Señor, conocerás la
inquietud, y tu corazón se sentirá atribulado, como una mariposa junto a la llama, llena
de temor, problemas y preocupación. No hay otro camino para alcanzar la paz que un
pleno abandono a su voluntad, es decir, a su amor.
Cristo le dijo a santa Gertrudis cuando rezaba por la salud de una amiga: «Me molestas,
Gertrudis, al rogar por su salud, porque su enfermedad es una gran gracia, y ella se
somete a mi voluntad y rápidamente se santifica». La palabra «abandonarse», escrita por
santa Teresa del Niño Jesús y Celina en los barquitos de papel, tiene una gran
profundidad. Significa el abandono de los planes y visiones propios, significa el
abandono de todo para poder entregarse plenamente al Señor. Nosotros estamos siempre
llenos de planes y visiones propios, mientras que la voluntad y los planes de Dios, con
frecuencia, son distintos. Pero cuando Dios frustra nuestros planes se trata de una
frustración bendita, porque está hecha por el amor, que siempre busca nuestro bien.
En nuestra intención de abandonarnos en Dios, puede ser un obstáculo muy serio la
deformada imagen que tengamos de él. Esa deformación puede consistir en que Dios
sea para ti un juez y sientas miedo de él. Es horrible sentir miedo de Dios, sentir miedo
de aquel que es el amor. Es posible que temas abandonarte en él porque sientas temor
ante lo que pueda hacer contigo. Pero debes recordar que ese temor consciente ante
Dios hiere profundamente su corazón. Otra cosa es el temor instintivo, el que nace por
sí solo, es decir espontáneamente,

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y que realmente escapa a nuestro control. Sin embargo, cuando conscientemente
admites tener miedo ante Dios estás cometiendo una gran infidelidad. Si sientes miedo
de Dios, de la gente y del mundo, entonces no puedes confiarte, y no puedes tener fe en
ser sumergido en el amor de Dios.
Santa Teresa del Niño Jesús dijo brevemente: «Hay que ser como un niño y no
preocuparse de nada». Esa sola frase comprende todo un programa. Abandonarse al
Señor significa no 5reocuparse de nada, porque él te ama y se preocupará de todo.
Solamente entonces empezará a llegar la paz verdadera hasta nuestra alma, hasta
nuestro corazón. No podemos deshacernos de los peligros que generan temor, pero es
muy importante eliminar ese temor con un acto consciente de abandono en el Señor.
Cuando san Pablo pidió a Jesús que eliminara alguna gran dificultad de su vida, algo
que frustraba sus planes, Jesucristo le respondió: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se
muestra perfecta en la flaqueza» (2Cor 12,9). Santa Teresa añadió en su comentario:
«La confianza y la fe se perfeccionan entre los temores». Eso significa que tu temor
representa un gran papel en la economía de Dios. Es necesario para provocar en ti actos
de fe. El temor es una prueba para la fe, y por esa razón Dios permite que exista, para
que crezcas en la fe. La confianza y la fe se perfeccionan entre los temores.
El temor puede ser un agente generador de enfermedades, y hay mucha gente que
efectivamente sufre esos efectos. El temor suele ser una de las causas de las neurosis y
de las psicosis. Pero también puede ser el punto de partida de un gran abandono. Todo
depende de ti. El temor es un reto para ti. ¿Qué tratamiento le darás? ¿Aceptarás estar
abrumado bajo su peso? ¿Optarás por hacer actos de abandono en aquel que es el poder
ilimitado y el amor infinito? Todo sigue estando dentro de nuestra propia decisión. En la
esfera de los sentimientos no podemos deshacernos de los temores, o, al menos, no
siempre. No se trata de eliminar el temor, sino de profundizar en la fe, lo demás es
añadidura. Pero en la esfera espiritual, por la fe, podemos separar el temor del abandono
en Dios. Así, el temor puede ser un factor que profundice nuestra fe, como sucede con
todas las tentaciones.
A santa Margarita María Alacoque, gran apóstol del Corazón de Jesús, el Señor le dijo
con gran ardor: «Permíteme actuar». El cristianismo es la religión de la gracia, la
religión que nos orienta a permitir la actuación de Cristo. Para ir abriéndonos cada vez
más a esa actuación, debemos tratar de tener una apertura tal que permita a Cristo vivir
en nosotros plenamente. Entonces, él podrá crear en ti su obra maestra, como lo hizo en
María, que vivió con la fe, con la confianza y con el total abandono en el Señor.
La regla básica de la actuación de Dios es que él no quiere imponer nada. Si las puertas
de tu corazón permanecen cerradas, él no tratará de forzarlas. «Jesús lo hará todo por mí
—escribió santa Margarita María— si le permito que actúe en mí. En mí amará, deseará
y complementará todas mis deficiencias». El abandonarse en Dios es la forma suprema
de la confianza y del apoyo en el Señor. «Nada más desearé —decía santa Teresa del
Niño Jesús—, ni la muerte, ni los sufrimientos, pero los amo, porque el amor en sí es
para mí el más fuerte imán. Mi guía es abandonarme a la voluntad de Dios, y no existe
ninguna otra brújula. En mi corazón solamente hay sitio para lo que desea Jesús. Mi
alma está en paz, y nada puede

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alterar esa calma. Deseo únicamente lo que él quiere». Santa Teresa reconoce que
necesitó bastante tiempo para alcanzar aquel estado de abandono en la voluntad del
Señor: «Pero al fin lo conseguí. Dios me ha dominado y me ha puesto donde estoy». Su
total abandono en Dios y su aceptación de todo como voluntad del Señor, quedaron
demostrados con su extraordinaria confesión:
«Amo todo lo que me envías).

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