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Origen y fundación de Roma

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Origen y fundación de Roma

Los romanos, en su intento por equipararse con la cultura helénica tras los primeros contactos con ésta en la Magna Grecia, buscan un personaje del ciclo mítico griego que sirva a sus intenciones y encuentran en Eneas el modelo idóneo. Frente a la Odusia de Livio Andrónico –que continúa la tradición homérica y, por tanto, griega–, Nevio incorpora en su Bellum Poenicum la leyenda de Eneas desde la huida de Troya hasta la fundación de Roma, a fin de ofrecer a los romanos una tradición propiamente latina. Y será finalmente Virgilio quien eleve a la categoría de héroe nacional romano a Eneas en su epopeya Eneida. Así pues el origen más remoto de Roma hay en buscarlo en la guerra de Troya, cuyo inicio se remonta al anuncio (en unas versiones, de la titánide Temis; en otras, del titán Prometeo) que advierte a Zeus que si se casa con la nereida Tetis, ésta tendrá un hijo que será más poderoso que su padre. Para evitarlo obliga a Tetis a casarse con el mortal Peleo (otras fuentes apuntan que es la nereida quien rechaza a Zeus por respeto a Hera). A la celebración de los esponsales no se invitó a la diosa Eris, la Discordia, quien se presenta en el banquete y arroja sobre la mesa una manzana de oro con la inscripción: «A la más bella» (sobre el texto que lleva la manzana hay muy diferentes versiones). Pronto surge la disputa entre tres diosas que se consideran acreedoras a recibir el regalo: Hera, Atenea y Afrodita. Zeus se declara incapaz de dictar un veredicto –por no indisponerse con ninguna de ellas– y decide que Hermes las lleve al monte Ida ante el pastor Paris, quien habrá de eligir a cuál de las tres divinidades se entregará la manzana de la Discordia; éste es el denominado Juicio de Paris. Cada una de las diosas le ofrece su protección y un espléndido regalo: Hera, el dominio sobre toda Asia Menor; Atenea, la sabiduría y el triunfo en todas las batallas; Afrodita, el amor de la mujer más hermosa del mundo: Helena, la hija de Zeus y Leda. Paris sucumbió a los encantos de Afrodita y le entregó la manzana. Paris era hijo del rey de Troya, Príamo, y había sido abandonado en el monte porque antes de nacer un adivino había interpretado un sueño de su madre, Hécuba, pronosticando que el hijo que iba a nacer sería la causa de la destrucción de la ciudad. Posteriormente será reconocido por su hermana Casandra como el hijo abandonado y se le recibirá de nuevo en el palacio. Paris viaja a Esparta, donde vive Helena que está casada con Menelao, rey de la ciudad. Menelao se ve obligado a viajar a Creta para asistir a los funerales de su abuelo. Afrodita propicia que Paris y Helena se enamoren. Ambos huyen con destino a Troya. Las versiones sobre el rapto de Helena son muy variadas: unas aseguran que Helena acompañó voluntariamente a Paris; otras afirman que fue raptada por la fuerza; e incluso algunas señalan que Paris no se llevó consigo a Helena, sino sólo una sombra o imagen. Cuando Menelao regresa y descubre la desaparición de su esposa, acude a su hermano Agamenón, rey de Micenas, quien le aconseja que haga cumplir el pacto acordado por los pretendientes de Helena: que ayudarían al elegido a mantener su honor si fuera ofendido. De este modo se formó el ejército que los griegos (llamados aqueos o dánaos en los poemas homéricos) enviaron contra Troya (Ilión en Homero). Al frente del ejército irá Agamenón, como primus inter pares. La expedición contra Troya inicia su camino, que se ve interrumpido en Áulide por la falta de viento para impulsar las naves. Se consulta al adivino Calcante sobre la causa y éste revela que Ártemis está ofendida porque Agamenón ha dado muerte a una cierva y la diosa exige en compensación el sacrificio de la hija del jefe aqueo, Ifigenia.

Agamenón acepta y hace venir a la muchacha con la creencia de que se va a casar con Aquiles. En el último momento, Ártemis sustituye a Ifigenia por un cervatillo y la traslada a Táuride, donde se convierte en sacerdotisa de una terrible diosa que exige el sacrificio de todos los extranjeros que llegan hasta su territorio. Los aqueos llegan a Troya y se inicia el asedio que se prolongará durante diez años. La Ilíada narra el último año de la guerra, en concreto, el enfrentamiento de Agamenón y Aquiles por una esclava, Briseida. Finalmente los griegos toman la ciudad enemiga mediante la estratagema del caballo de Troya. La versión más conocida y elaborada se encuentra en la Eneida de Virgilio. Según la tradición, Ulises –inspirado por Atenea– sugiere la construcción de un gigantesco caballo de madera en cuyo interior hueco se esconderían los más valerosos guerreros. Fingirían la retirada y dejarían el caballo ante las murallas de Troya, como una ofrenda a los dioses para propiciar el regreso. Los troyanos derriban los muros para poder introducir el caballo en el interior de la ciudad y celebran una fiesta por lo que consideran es el final de la guerra. Esa noche salen los aqueos del caballo, franquean la entrada al grueso del ejército y arrasan Troya. La vuelta de los héroes griegos a sus puntos de partida dio lugar a una amplia serie de relatos (los Nostoi); el más conocido de todos ellos es el regreso de Ulises a su patria, la isla de Ítaca, narrado por Homero en la Odisea. Es en estos relatos de las aventuras posteriores a la guerra de Troya donde hay que situar la tradición de Eneas. El héroe troyano, hijo de Anquises y Afrodita, está casado con Creúsa, hija de Príamo y Hécuba, y toma parte en la guerra contra los griegos, aunque su papel sea muy poco relevante en las obras de Homero. La noche en que los griegos entran en Troya, Eneas se dispone a defender la ciudad, pero los dioses le advierten que desista de su empeño y huya, pues está destinado a fundar una nueva patria en tierras lejanas. El héroe reúne a su padre Anquises, su hijo Ascanio (también llamado Iulo), sus dioses patrios y a un grupo de seguidores en el monte Ida. Busca a su esposa hasta que se le aparece el espectro de ésta para anunciarle que ha muerto. Eneas embarca con su grupo en veinte naves y abandona la Tróade. Tras diversas peripecias llega a Creta, pero ha de abandonar la isla a causa de la peste allí declarada; alcanza después Sicilia, donde morirá Anquises. Se dirige a Italia, pero una tempestad desencadenada por Juno desvía la flota a Cartago, donde la reina Dido está dedicada a fundar la ciudad. Venus propicia el amor entre Dido y Eneas; ambos son felices, pero Júpiter envía a Mercurio para recordar a Eneas su destino. El héroe se ve obligado a abandonar la ciudad y Dido se suicida, tras maldecir a Eneas y a todos sus descendientes. Esta parte de la leyenda explicaría la hostilidad manifiesta entre romanos y cartagineses. Finalmente Eneas llega a Ausonia (Italia); toma tierra en Cumas y allí visita a la Sibila, que le muestra cómo descender al Hades, donde se encuentra con su padre Anquises que le revelará el futuro de su estirpe. Por último desembarca en las llanuras del Lacio. Le recibe el rey Latino, quien – siguiendo el consejo de los adivinos– concede a Eneas la mano de su hija Lavinia. Este hecho provocará la guerra con el pueblo vecino de los rútulos, ya que Lavinia estaba prometida a su rey Turno. Tras la guerra, que acaba con la muerte de Turno, Eneas funda la ciudad de Lavinio, donde reinará hasta su muerte. Le sucede su hijo Ascanio, que posteriormente fundará la ciudad de Alba Longa e instaura la dinastía albana. Procas, decimocuarto rey de Alba, dividió la herencia antes de morir en dos partes: el trono, por un lado; las riquezas, por otro. Numitor eligió el trono, pero su hermano Amulio, con el tesoro real que le había correspondido, pudo derrocarle

fácilmente. Para evitar la venganza ordena matar a su sobrino y obliga a su sobrina Rea Silvia a hacerse vestal para evitar que tenga descendencia. Pero Marte la viola en un bosque sagrado y de esta unión nacerán los gemelos Rómulo y Remo. Cuando Amulio conoce el nacimiento de los niños, ordena matarlos, pero los criados colocan a los gemelos en una canasta que dejan en el río Tíber; quiso la casualidad que una crecida del río depositara la cesta en la cima noroeste del Palatino, donde fueron alimentados por dos animales consagrados a Marte: una loba y un pájaro carpintero. Son recogidos por el pastor Fáustulo que los lleva a su casa en el Palatino donde son criados por su esposa Aca Larentia. Rómulo y Remo fueron enviados a Gabio a instruirse en las letras griegas. Cuando volvieron, se dedicaron al pastoreo y en ocasiones al bandidaje. En una ocasión tienen una disputa con los pastores de Numitor y Remo es apresado y llevado ante el rey Amulio. Fáustulo revela su verdadero origen a Rómulo, quien acude a Alba a salvar a su hermano. Matan a Amulio y reponen en el trono a Numitor. Cuando deciden fundar una nueva ciudad, los dos hermanos quieren ser el fundador oficial, por lo que recurren a los auspicios (el vuelo de las aves) para determinar quién es el elegido por los dioses. Remo se colocó en el Aventino y vio el primero seis buitres, pero Rómulo, situado en el Palatino, vio doce. Inmediatamente Rómulo traza con un arado, tirado por dos bueyes, el surco que delimita el recinto sagrado de la nueva ciudad. Remo se burla de las débiles murallas y salta penetrando en el recinto que se acaba de consagrar. Irritado por el sacrilegio cometido por su hermano, Rómulo le da muerte. En una variante de la leyenda, Fáustulo muere al intentar interponerse entre los hermanos. Según la tradición, la ciudad de Roma fue fundada el 21 de abril, día de las fiestas Parilia.

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