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3 Compilación y notas: José Tlatelpas - Leopoldo Ayala - Mario Ramirez Centeno Prólogo: Fausto Trejo Fuentes Presentación: Arturo López Cándido

EL LIBRO ROJO DEL 68
Poesía y Gráfica Social Movimiento Estudiantil Mexicano 1968–2008

FESEAPP DF AC LGPolar Publishing Society / La Guirnalda Polar Partido del Trabajo-DF Editorial Cibertaria Corriente Cultural del Maíz Rebelde

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EL LIBRO ROJO DEL 68 Compilación y notas: José Tlatelpas Leopoldo Ayala Mario Ramírez Centeno Prólogo: Fausto Trejo Fuentes Presentación: Arturo López Cándido Ensayos: Leopoldo Ayala, José Tlatelpas, Mario Ramírez, Subcomandante Marcos, Horacio Caballero Edición: Fundación de Estudios Sociopolíticos, Económicos, Autogestión y Poder Popular del Distrito Federal, AC. LGPolar Publishing Society / revista La Guirnalda Polar, Vancouver, Canadá (http://lgpolar.com) Partido del Trabajo, México DF Editorial Cibertaria, México DF http://cibertaria.blogspot.com/ Corriente cultural Maíz Rebelde http://grupomaizrebelde.blogspot.com/

© De la obra Mario Ramírez, José Tlatelpas © De esta edición: Fundación de Estudios Sociopolíticos, Económicos, Autogestión y Poder Popular del Distrito Federal, AC. LGPolar Publishing Society / revista La Guirnalda Polar © Del diseño del libro: José Tlatelpas © De las ilustraciones: José Hernández Delgadillo, Alfredo Meneses, Adolfo Mexiac, Kristin, Melecio Galván, Alfonso Pérez Soriano, Rini Templeton, Ocaranza. © Pinturas de la portada: Frente, José Hernández Delgadillo, reverso, Alfredo Meneses, inéditas, Colección de Leopoldo Ayala México, septiembre del 2009 ® Todos los derechos reservados conforme a la ley.

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Gráfica de Melecio Galván

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PRÓLOGO

Fausto Trejo Fuentes

El hombre crea a la historia y la historia crea al ser humano. K. Marx Sólo los hombres con consciencia y voluntad hacen historia. V.I. Lenin

Todo suceso histórico trasciende en el recuerdo reflexivo por su importancia. Esto es, en su hermenéutica histórica. El ser humano lleva en potencia el lograr metas y realizaciones, lo encamina el ambiente, bien sea positiva o negativamente. De esta manera asistimos a una serie de sucesos que marcan la polarización ante la más importante interrogante existencial: ¿Doy a mi vida un sentido humanista, o me hundo suicida? La respuesta está en los hechos. ¿Qué respuesta al pueblo daría un gobierno como el del PRI? El Movimiento Estudiantil Popular de 1968 es un suceso reflexivo por su poder de movilización que nunca antes se dio. La actitud proterva y sucia de los medios de difusión coludidos, no logró detener ni interrumpir la concentración nunca antes vista hasta ese momento de un millón y medio de personas en Zócalo y calles aledañas, en movilización masiva por identificación ideológica en sólo treinta días, del 26 de julio al 27 de agosto. Este es el testimonio de solidaridad y apoyo unido que da el cambio cualitativo de Movimiento Estudiantil a Movimiento Estudiantil Popular. Desde entonces hasta la fecha, con la sola excepción de las concentraciones en torno a Andrés Manuel López Obrador, nunca se ha vuelto a dar.

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De esta manera las manifestaciones fueron acrecentándose, la unidad rebasó la ciudad de México y se hizo nacional, fortalecida en elementos ya existentes. De igual forma, los medios de difusión rabiosamente intentaron desprestigiar, empobrecer, calumniar, difamar y todos los denuestos inimaginables, como la campaña de agresión solapada y bien pagada. El Movimiento Estudiantil Popular respondió a esta batalla con lealtad y altura en su ansiedad de realización. Contra el poderoso gigante represor, se contrapuso el otro poder: el de la dignidad firme de la respuesta de un pueblo. ¿Por qué surgió esta respuesta popular? La traición a la Revolución Mexicana, la cobardía ante la realidad de una educación socialista, la venta paulatina de la patria a los Estados Unidos, el saqueo sexenal de los bienes del pueblo, la negación de los derechos democráticos y humanos, sostenida por la represión, la persecución y la vejación ciudadana. Se evidenció el mexicano sediento de libertad y de justicia. Se luchó por la democracia. Nuestro Movimiento Estudiantil actúa estructurado de la siguiente manera: en su columna vertebral por el Consejo Nacional de Huelga (uno o varios representantes de cada escuela e instancia educativa, solidarizada a la huelga); la Unión de Padres de Familia (formada por padres en quienes no cupo el temor represivo y apoyaron y marcharon con sus hijos); la Coalición de Maestros de Enseñanza Media y Superior pro Libertades Democráticas y la Coalición de Artistas e Intelectuales, presidida por José Revueltas y los artistas e intelectuales conscientes y consecuentes. Su actuación clave es el levantar un Pliego Petitorio de exigencias antirepresivo y antiimpunidad: exigir la libertad a todos los presos políticos hasta ese momento (a nivel nacional y popular, por primera vez se retoma esa bandera); exigir castigo a los culpables de la violencia desatada oficialmente y de la represión; desaparición de los artículos anticonstitucionales 145 y 145 bis; la desaparición de cuerpos creados para reprimir al pueblo como los granaderos y no creación de cuerpos semejantes. En suma, establecer la democracia, la justicia y la libertad como derecho constitucional de todo mexicano. Nuestra exigencia constante, firme, era una sola: diálogo. El gobierno enmudeció, nunca se atrevió a sostener un diálogo con sus gobernados. Cobardemente inició su respuesta con un bazucazo en la puerta colonial de la Preparatoria Número Uno, persecuciones, encarcelamientos, desapariciones y asesinados en las calles. Se realiza la marcha magna del 27 de agosto en la cual, en mi intervención oratoria, propuse que ese día fuera “el Día de la Coalición Revolu-

9 cionaria” por ser modelo en número, en unidad y de motivación ideológica y acción de lucha. El gobierno representado por Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, García Barragán y Corona del Rosal, psicológicamente con espíritu genocida, represivo e inhumano, con preponderancia de los impulsos bestiales de su cerebro, encaminado solamente por la ceguera emocional del poder y ante la necedad de sostener una falsa apariencia mexicana en las olimpíadas, decidió el genocidio frío y criminalmente calculado. Del escritorio de la Secretaría de Gobernación a Los Pinos se fraguó la muerte de una generación noble y limpia de jóvenes mexicanos. El Ejército se encargaría de ejecutarla, disfrazado o no. El 2 de Octubre se ametralló y remató el paradigma de protesta de la lucha ejemplar juvenil. Contaron con el crimen de lesa humanidad como común denominador para acabar con la consciencia y voluntad que crea y forja la historia. El historial de luchas pasadas y la nobleza de una juventud que idealizó un futuro verdadero, que había vertebrado el Movimiento Estudiantil Popular, motivó la orden del gobierno mexicano: matar y rematar a todos. Los camiones y convoyes del Ejército recogieron los cadáveres que llenaron la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, secuestraron los cuerpos, los incineraron en diferentes lugares, entre ellos el Campo Militar Número Uno, donde se afirma que hubo quejidos y alaridos entre esos cuerpos no muertos del todo. Eso no lo hicieron ni los nazis. Pero el ideal del Hombre Nuevo, del Comandante de América Ernesto Che Guevara, no fue extinguido: eran únicamente algunos primeros hombres nuevos en México victimados. La humanidad es un devenir histórico que crea la historia y esta misma la modela como un todo; su proceso es el de humanización, está en lo más grandioso de los pueblos, su consciencia, es lo que ama más la vida y sobre todo cuando esta consciencia nos impulsa en la lucha por un mundo más justo. Pero ya lo había advertido Dimitri Shostakovich: “No hay arte sin ideología”. La poesía, el teatro, la música, la cinematografía, la danza, la narrativa, la plástica en todas sus expresiones: pintura, escultura, grabado y la gráfica espléndida, cristalizó en 68. No sería posible, sin el arte, analizar nuestros días de lucha y el efecto histórico del Movimiento Estudiantil Popular de 1968 para México y para el mundo. 68 marca el paradigma histórico de nuestras luchas. 68 enriquece la historia y está presente en ella. 68 alienta, da luz, vitaliza la fuerza de las consciencias que genuina y convincentemente lanza y vuelve a lanzar a cada momento el grito de ¡Ya Basta!

10 En las páginas de este libro está suficientemente representada la poética mexicana de poetas del 68 y otros que los suceden desde ese momento y que siempre ocuparán un lugar en la presencia de la memoria colectiva. “Pueblo que pierde la memoria, pierde su libertad”. No hay poesía exclusiva de 68, hay poesía desde 68: revolucionaria, comprometida, con el mismo rostro y en voz alta, nos evoca la poesía de la Revolución Española. La escriben los militantes del Movimiento, los hijos, los nietos y todos los que vendrán para contener cualquier gobierno que intente repetir otro 2 de Octubre, otro 10 de Junio, otra Guerra Sucia. Con todo mi amor a los jóvenes y a la poesía, recordaré siempre el hecho en la Plaza de las Tres Culturas, cuando un joven al descubrirme en plena balacera de las armas pesadas del Ejército, me dijo: “Maestro, si lo ven lo matan”. Me tomó del brazo derecho y nos encaminamos a la puerta lateral de la iglesia de Santiago Tlatelolco, cuando una bala asesina le atravesó la cabeza. Cayó a mis pies. Las convulsiones propias del descerebrado expresaron los estertores de la muerte, que para mí son inolvidables. No sé cuánto tiempo permanecí ahí, sentado con el cadáver en mis brazos. Finalmente consideré que al permanecer ahí sería blanco fácil de las balas asesinas del Ejército Mexicano. Me dirigí a la puerta lateral de la iglesia, la encontramos cerrada. Muchas vidas podían haberse salvado si esa puerta hubiera estado abierta. No fue así. Me desplacé hacia las calles de la avenida Nonoalco, hoy Ricardo Flores Magón, ahí me recogió un automóvil de unos muchachos que me identificaron. Así salí de esa masacre genocida que marcó mi vida y mi compromiso que me trasciende. Y escribo: Mis compañeros y hermanos además, no están ni olvidados ni muertos y sus enemigos han de ver surgir de sus cadáveres heroicos, el espectro victorioso de sus ideales, que sirven de paradigma en nuestras luchas por un mundo más digno de ser vivido.

México DF, septiembre del 2008

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Tinta china de José Hernández Delgadillo, “El Muralista del 68”

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PRESENTACIÓN Desde el 68 Y Después del 68 CONSTRUYENDO EL PODER POPULAR Por Arturo López Cándido “Los filósofos hasta el momento han interpretado la realidad, se trata de transformarla” Marx “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles" Bertold Brecht El 68 nos recordó que es preciso atender las necesidades del cambio social, entender la historia presente y establecer la acción correcta. En estos años hemos aprendido que las clases sociales en movimiento representan historias vivas y significativas. Esto nos ha llevado a la conclusión de que la perspectiva histórica debe tener el propósito de ver las cosas en movimiento desde el punto de vista de la clase trabajadora y las mayorías en nuestro país. Aun más, hemos aprendido del pasado y aceptamos por fin que sin memoria no es posible una nueva historia. El descifrar, antes y después del 68, la ideología política, la lucha social, los movimientos sociales, los medios masivos de comunicación en los que sustenta su poder la burguesía, constituye la primera fase del quehacer de la acción revolucionaria que servirá para identificar las tareas de cambio estructural y los cambios que se requieren. Desde el 68 y antes se ha argumentado si es o no posible hacer la revolución utilizando el andamiaje de las leyes de la democracia, instituida por la burguesía. Pierde validez tal alternativa cuando se trata de instituir sobre la factibilidad de su ideología de domi-

14 nación una base para defenderse de su ofensiva ideológica de clase. En otros términos, no es posible transformar la sociedad agitando la bandera de la burguesía. Puede uno preguntarse si en última instancia esta actitud no significa que el antagonismo, identificado a nivel de discurso como el enemigo de clase, deja de existir cuando dicho enemigo de clase se reviste de su poder oculto de dominación, y hace creer que puede jugarse el juego de la conciliación y de la paz social. Esta perspectiva refleja la práctica social de la burguesía y jamás la práctica social del pueblo. Es decir, se trata de hacer de la lucha social de las masas un instrumento hacia el cual la práctica social de los grupos dominados se dirija y que el mensaje llano desde arriba sea eliminado, dado que el pueblo mismo es el más genuino generador y el actor de los mensajes que le son destinados. El objetivo fundamental que cristaliza la inspiración de la política nueva, de toma de decisiones de las masas, es hacer del pueblo el protagonista principal de su propio destino en la lucha de clases: se trata de devolverle el habla al pueblo. Por lo tanto la teoría no puede desligarse de la práctica y menos aun pretender guiar o moldear el proceso práctico desde fuera. Así es que hay que entender a nuestro juicio, las tantas veces citadas, e incomprendidas Tesis XI de Marx: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos, pero de lo que se trata es de transformarlo.” Aunque esto no significa que hay que renunciar a la teoría revolucionaria. La introducción a la praxis como categoría central no sólo significa reflexionar sobre un nuevo objeto sino fijar asimismo el lugar de la teoría en el proceso práctico de transformación de lo real. Este concepto, determina la naturaleza y función de los distintos aspectos del marxismo como crítica, proyecto de emancipación, conocimiento y vinculación con la práctica. El marxismo es una crítica a lo existente: la realidad del capitalismo; las ideas (falsa conciencia) o ideología con la que se pretende justificar esa realidad y los proyectos o programas que sólo persiguen reformarla. Aunque la crítica marxista tiene por base la explicación de los males sociales del capitalismo, fustiga estos males y condena al sistema, a la realidad económica y social en que se dan.

15 El marxismo no es sólo una crítica al capitalismo, sino a la vez el proyecto de una sociedad emancipadora en la que se aspira a realizar los valores degradados e irrealizables en la realidad criticada. Para Marx se trata de una sociedad en la que los hombres determinan sus condiciones de existencia: con una fase superior o un reino de la libertad sin clases, sin Estado ni relaciones mercantiles y con una distribución de los bienes conforme a las necesidades de los individuos; y una fase inferior, o de transición en que dicha distribución se hace conforme al trabajo que aporta cada quien. El pensamiento de Marx mantiene en pie sus tesis y previsiones acerca de la explotación y mercantilización creciente de la producción, la concentración cada vez mayor de la riqueza, la progresiva limitación de la concurrencia y la correspondiente eliminación de la mediana y pequeña industria, la transformación de la ciencia en fuerza productiva, su conocimiento descubre lo realmente existente en un campo de posibilidades de desaparición del capitalismo, así como otra alternativa social. Por su contenido científico, el marxismo trata de fundamentar racionalmente lo expuesto arriba y de orientar la práctica necesaria para convertirla en realidad, es por ello que la unidad de un conocimiento práctico y de una práctica consciente, es necesario pensar en el mundo para poder transformarlo, pero esto no basta conocerlo, para garantizar su transformación; esta cuestión no es una cuestión teórica, sino práctica. El hecho de anunciar y examinar las medidas que impulsa un gobierno para definir si es de derecha o izquierda, genera ambigüedad, al hacer creer que el único o principal actor del cambio es la entidad gubernamental. Esta es una concepción particular y muy burguesa de la política, pues quien hace los grandes cambios y transformaciones son las masas organizadas. ¿Cómo devolverle el habla al pueblo, su cultura y economía? Es preciso vincular la lucha popular con las iniciativas populares que van generalizando el proceso revolucionario, jornadas de trabajo voluntario, gestión popular, acercamiento completo entre los diferentes sectores del proceso de cambio, he aquí algunas experiencias que testimonian la práctica social del pueblo.

16 Es necesario plantear propuestas en lo económico, lo social y lo político pero también en la cultura, el arte y la ideología. Recordemos a Bertold Brecht, quien resalta la importancia de la cultura política: “El peor analfabeto es el analfabeto político. / Él no ve, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. / Él no sabe que el costo de vida, el precio del frijol, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado o de la medicina, dependen de decisiones políticas. / El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho, diciendo que odia la política. / No sabe, el muy imbécil, que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, el asaltante y el peor de todos los bandidos, que es el político corrupto, lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.” Lo medular de estos planteamientos, es defender el sitio que ocupa el pueblo en el centro de la lucha de clases, en la medida que éste exige reinscribir la historia del pasado y del presente. A la luz de este concepto, cambiando el signo de la gesta burguesa, hace falta que la historia de las clases trabajadoras remate en una victoria electoral y la iniciación de un proceso revolucionario. El proceso electoral del 2006 fue muy aleccionador y puso en evidencia las debilidades y fortalezas de la izquierda, así como de las fuerzas democráticas de nuestro país, y solamente en el proceso electoral. Es acontecimiento mayor que nos demostró que hay que tener estructura electoral y estructura partidaria; unidad y un movimiento social sólido y al pueblo organizado. Si esta unidad no se realiza, no arribaremos al poder político en el 2012. Con estas estructuras organizativas sí podríamos enfrentar las políticas económicas sociales y culturales del gobierno espurio que van en contra del pueblo y ser ejemplo de resistencia civil y de movilizaciones políticas para frenar las políticas antipopulares del gobierno de Calderón. En estos casi dos años de lucha de resistencia ante las políticas del régimen espurio, se destaca el proyecto más ambicioso que haya tenido la izquierda y las fuerzas progresistas y democráticas de nuestro país en la historia, en donde el Partido del Trabajo ha jugado un papel significativo en la denuncia de las políticas reaccionarias en contra de los trabajadores de nuestro país, en contra de la represión que han sufrido los diferentes sectores de la población, de las decenas de asesinatos políticos contra quienes han denunciado las acciones antiobreras de Calderón, los cientos de

17 presos políticos que ya están en las mazmorras de la burguesía, la cercenación de contratos colectivos, los despidos masivos. El Partido del Trabajo ha promovido miles de amparos contra la Ley del ISSTE, ha promovido la defensa de los derechos fundamentales de los trabajadores a organizarse y quitarse el control estatal que no respeta su independencia. Por ello exigimos que se termine con la sobre explotación laboral y demandamos una mejor distribución de la riqueza así como romper con la imposición de salarios de miseria. Y cuando los trabajadores alcen la voz por la defensa de sus derechos, estaremos con ellos, denunciando al capitalista y a su gobierno por la represión que los trabajadores son objeto de manera abierta o encubierta. Nos pronunciamos en contra de la depredación de nuestros recursos naturales por parte de la gran industria y de la venta de nuestros recursos naturales, nos oponemos a los intentos del Gobierno Espurio en alianza con el PRI-AN por privatizar nuestros energéticos. Nos manifestamos por la defensa de los recursos naturales de nuestro país. Por eso la importancia de organizarnos en torno a la defensa del petróleo y la electricidad que hoy la burguesía, representada por el PRI-AN, pretende vender a los grandes capitales cuando es propiedad de todos los mexicanos. Para ello, los capitalistas poderosos buscan las famosas reformas estructurales, para apoderarse de los bienes del pueblo y del territorio mexicano con el objeto de lograr la sobre explotación de nuestras riquezas y obtener grandes ganancias que enriquezcan y revaloricen al gran capital, aunque arrastren con estas políticas económicas a millones de mexicanos a la miseria, y al país, a la quiebra. No han creado las suficientes fuentes de empleo en prometidas campañas, vergüenza deberían tener de que miles de mexicanos emigran a los Estados Unidos y que el país base su desarrollo en las remesas de nuestros connacionales. Esta política está condenada al fracaso. Por esto nos oponemos rotundamente al Tratado de Libre Comercio; pedimos que la parte agropecuaria se retire de dicho tratado, ya que la independencia alimentaria de nuestro país está en juego y es un aspecto de seguridad nacional, pues el desarrollo, el progreso y el crecimiento económico está en riesgo. Pedimos a Calderón que declare la moratoria a la deuda externa y se renegocie para garantizar un futuro desarrollo económico.

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En nuestro país permea la corrupción en todas las instituciones, unas con menor y otras en mayor grado, están involucradas hasta los tuétanos. Por eso el llamado generalizado al pueblo para transformarlas y crear otras nuevas que representen los intereses legítimos del pueblo, como lo ha manifestado nuestro Presidente legítimo, el Lic. Andrés Manuel López Obrador: un nuevo gobierno en donde exista una verdadera impartición de justicia y se borren de la escena las instituciones que están impregnadas de corrupción y se formen otras nuevas. El gobierno actual pretende imponernos, en alianza con el PRI-AN, una reforma judicial en donde pretende restringir los derechos humanos, políticos y sociales que tenemos. Intenta judicializar la actividad política y social y tratar a los dirigentes políticos y sociales como delincuentes comunes. Para muestra un botón: a los compañeros de Atenco los sentenciaron a muchos años de cárcel por defender sus tierras contra una injusta expropiación e impedir que se les impusiera un aeropuerto (los trataron de obligar a vender sus tierras al mísero precio de $ 7 pesos el m 2 ). Está muy claro como el Gobierno Espurio firmó un tratado de cooperación con los norteamericanos, y pretende implementar una ley diseñada en Estados Unidos con pretensiones de controlar al pueblo en el caso de estallido social y para salvaguardar la seguridad nacional de los gringos. Esto es lo que representa el “Acuerdo para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte” (ASPAN) y la iniciativa Mérida (Plan México). Este aspecto lo queremos ponderar, pues existe la posibilidad de la colombianización de nuestro territorio nacional, con el pretexto de “combatir al narcotráfico y al crimen organizado”. Esta reforma judicial fue elevada a rango constitucional: allanamiento de morada, detención de personas sin orden de aprehensión de un juez, el arraigo preventivo, la incomunicación de detenidos, la intervención de llamadas telefónicas, correos electrónicos; en el fondo lo que se pretende ante cualquier brote de descontento y organización popular es aplastarlo no importa que dichas expresiones provengan de la vía pacífica, civil, política o militar; pues su manejo de la “contra insurgencia” no distingue la protesta social de la subversiva. Es necesario resaltar que nuestra fracción parlamentaria se ha pronunciando en contra de cualquier iniciativa de ley de las fuer-

19 zas reaccionarias, llámese Ejecutivo Federal o PRI-AN que estén en contra de la clase trabajadora. El proceso de desnacionalización y globalización de la economía, trajo consigo la organización de diferentes sectores del pueblo, la posición de los movimientos más recientes en nuestro país se han caracterizado por el predominio del pueblo trabajador y en el enfrentamiento con el régimen por mejoras en su nivel de vida. Dicho conflicto ha permitido avanzar en sus demandas y en la articulación y solidaridad de los propios movimientos, con la perspectiva de acumulación de fuerzas para las futuras luchas, en las que se incorporan ciudadanos, organizaciones de la sociedad civil y nuevos actores sociales, con la idea de fortalecer la lucha social colectiva en donde está incluida la partidaria o no partidaria. Se trata de un movimiento popular pluriclasista. Dichos referentes nacionales como la APPO que se caracterizó por defender los derechos políticos y sociales del pueblo de Oaxaca, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que ha denunciado el charrismo sindical y se pronuncia por democratizar su sindicato, el Frente Sindical Mexicano, que se ha destacado por la lucha contra la privatización y desnacionalización de los energéticos y las organizaciones campesinas que resisten las políticas neoliberales que han destruido la economía en el campo. Han surgido a lo largo y ancho del país, organizaciones en defensa de la economía familiar, de la resistencia obrera, en el Sindicato Minero Metalúrgico, se han organizado para defender sus derechos laborales, e incluso condenar el asesinato de mineros. La resistencia de muchos sectores de la población está latente. El Partido del Trabajo no se queda al margen de la lucha cotidiana donde participa el pueblo, pues consideramos que esta lucha de clases es el preparativo para arribar al poder político en el año de 2012. Existen las condiciones objetivas para lograrlo, ya que estamos construyendo esta lucha casa por casa, fábrica por fábrica, ejido por ejido, universidad por universidad; en pocas palabras, en todos los rincones del país. Esta es la consigna de nuestro Presidente legítimo, el Lic. Andrés Manuel López Obrador. Estamos en una campaña nacional de afiliación y credencialización que nos permita el reclutamiento de nuevos cuadros políticos que se incorporen tanto a las tareas partidarias electorales como a las que estén vinculadas a las organizaciones de masas. De esta ma-

20 nera establecernos territorialmente en todo el país una campaña que nos garantice la movilización política, la difusión y solidaridad con la lucha del pueblo, denunciar las iniciativas de ley impulsadas por el ejecutivo y el parlamento que estén en contra de las clases populares; exigir el respeto a los derechos humanos y a las libertades políticas y sociales, así como denunciar la represión de que son objetos el pueblo y las compañeras y compañeros luchadores sociales, denunciar cualquier acto de corrupción en nuestras instituciones de gobierno. Y no se nos debe olvidar la lucha de nuestros presos de conciencia, es así como surge el Frente Nacional Contra la Represión (FNCR). Las elecciones del 2006 nos enseñaron que, en lugar de buscar cargos en el posible gobierno por ganar, debemos entender que no estuvimos a la altura de los acontecimientos y circunstancias. Hoy nuestro presidente legítimo ha recorrido todo el país, municipio por municipio, para definir las tareas del movimiento y organizar territorialmente la resistencia en contra de las políticas neoliberales del presidente espurio y preparar la defensa de la industria energética, creando los Comités en Defensa del Petróleo, en el marco de la creación de un referente nacional que estamos construyendo como organización popular y que es la Convención Nacional Democrática. Esta iniciativa tiene como objetivo organizar a los ciudadanos con partido o sin partido para la movilización política y la resistencia civil en contra de las iniciativas del gobierno espurio en esta etapa, y en los procesos electorales se convertirá en estructura electoral y territorial, pero también en defensora del voto. Nosotros asumimos, como tarea fundamental, el control de nuestro territorio, convertirnos en propagandistas y organizadores del proyecto socialista que estamos impulsando con diferentes fuerzas políticas. Consideramos que el socialismo es la única salida que tenemos los pueblos y nuestro país para resolver la crisis a que nos orilló el capitalismo. Después de las grandes movilizaciones del Movimiento Estudiantil del 68, del CEU y el CGH, y la Campaña Presidencial del Lic. Andrés Manuel López Obrador, La Convención Nacional Democrática ha convocado a las más grandes movilizaciones políticas que han existido en nuestro país y consideramos que ése es el camino para derrotar a la burguesía y su gobierno.

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“Víctimas”, dibujo sobre papel por Kristin

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23 CUARENTA AÑOS DE POESÍA SOBRE EL 68 Y LA MASACRE Por Leopoldo Ayala ¡Diálogo! ¡Justicia! ¡Libertad a los presos políticos! ¡Democracia! ¡Dos de Octubre no se olvida! ¡10 de Junio no se olvida! ¡Guerra Sucia no se olvida! ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! Los carteles, las mantas, las pintas, las pegas, la emoción, las acciones, los rostros lo gritaron de todas las maneras. Para nosotros la poesía nace como una demanda más del Movimiento Estudiantil Popular de 1968: Pueblo en pie. 2 de Octubre: 629 y más muertos.10 de junio: 125 y más. Guerra Sucia – nunca sabremos cuántos ni sus nombres–. Sociedad civil joven. Hoy a cuarenta años, finalizado el siglo XX e iniciado el nuevo, las mismas voces en otras gargantas y en las aún persistentes de entonces, siguen acusando la misma realidad: Genocidio de Estado. Aberración criminal de los que tienen al mismo tiempo el poder y la manipulación de la ley, afrenta a la conciencia de la humanidad, a las víctimas, a los principios éticos y al derecho internacional y penal. El rostro de la impunidad: persecución, desaparición forzada, cárcel, tortura, homicidio, crimen de lesa humanidad. El poema es colectivo, contiene versos plurales, consubstanciales, unísonos: “Oh, Patria, / fosa común / donde estamos con la mitad del cuerpo adentro, / la otra mitad se ha puesto a caminar” escribe Bañuelos. Surge, incisiva, la versificación de Rosario Castellanos: “Recuerdo, recordamos / hasta que la justicia se siente con nosotros”. De Thelma Nava es la voz que incendia la sangre en: “Ellos ignoran que los muertos crecen”. En la metáfora pura: “Aquí con mis hermanos. / Aquí con mis hermanas, el puño es una sílaba”, de González Rojo, “... Con su deshojazón de piernas, de ojos, de manos, / de gritos despetalados por la bayoneta rígida”, de López Moreno. “Como si la distancia entre un brazo / y la cabeza / se midiera con miles de baldosas”, de Mario Ramírez: “Yo tenía la edad que no he borrado”, de Leroy. La poesía se escribe con rebeldía, frasea su propio coraje, su responsabilidad, su “nuevoaliento”. Se llena de pueblo y sale al paso, avanza en la boca de pie, acciona en el corazón, acusa en el hecho y provoca la nación del poema. La memoria es poesía. Ni siquiera la guerra muda contra el presente puede exterminarla. Los pueblos nunca olvidan. Nuestro pueblo conoce de memoria a la memoria, la hace presente, la hace viva; la poesía sostiene a la memoria.

24 “El verso humano pesa / yo lo cojo entre mis manos / y siento que me dobla las muñecas”, expresó el poeta combatiente republicano español Pedro Garfias. El verso es un grito, señala, condena. El grito escapa hasta los otros... En la revista ¿Por qué?, en carta abierta escribimos: “Compañera, compañero, mexicanos: Era el 3 de octubre y todavía había gases, boquetes en los muros y un aire que sabía a pólvora y a muerte en Tlatelolco”. Fue como ayer, compañera, compañero mexicanos. Las piernas intentaban sostenernos, la vida no estaba con nosotros, nuestro cuerpo nos compartía con otro cuerpo. Los ojos habían visto todo, tal vez lo que nunca debieron ver. Era la realidad mexicana de frente, dentro de nosotros mismos. Violentamente supimos que la Patria no es un libro. Ahora estamos tú y yo aquí, deudos vivos por ellos, muertos por los otros; los que haremos pagar pronto su masacre; los que nunca podremos olvidar; los que entraron la muerte de los caídos en nuestro puño, cada vez que el sudor nos recuerda la frente, y cada vez que levantamos el brazo y miramos otros puños. Su muerte que espera el apretar de nuestros dedos, la muerte completa de los otros, los que están ahí todavía: los asesinos. ¿Recuerdas, compañera, compañero mexicano? Todo comenzó aquel 23 de julio de 1968. Grupos de porros de las vocacionales 5 y 7 (“araños” y “ciudadelos”) tuvieron una riña con los de la Preparatoria Ochotorena. El pleito fue en las calles cercanas a la Ciudadela. Entonces llegaron varios camiones de granaderos armados con macanas, bombas lacrimógenas y garrotes. Era la primera vez que los veíamos ahí, aunque los habíamos visto golpear a trabajadores. Dijeron que iban a “imponer el orden” y atacaron bárbaramente a los dos bandos. Y hubo los primeros dos muertos a golpes en las calles. A otros los hirieron. Alguien dio una orden y los granaderos entraron al local de la vocacional 5, arbitrariamente golpearon a maestros y alumnos y secuestraron a gran cantidad de ellos. Iban al mando del teniente coronel Armando Frías. Todos protestaron por la arbitrariedad. Se decidió marchar y hacer pública la protesta; denunciar el atentado gangsteril salvaje y gorilesco; demostrar el repudio a la policía y los granaderos. Otra marcha manifestaba solidaridad y apoyo al pueblo y a la Revolución Cubana. La marcha se hizo; era la primera marcha. Y como todas, pacífica y legal. Pero en el cruce de las calles de Madero y Palma los cuer-

25 pos represivos estaban escondidos. Agredieron brutalmente y esta vez no sólo a golpes; utilizaron también las bayonetas cortas y las largas. A culatazos nos acometieron. Muchos guardamos señales de aquel día. Nos persiguieron hasta el Hemiciclo a Juárez, ahí nos cercaron. Las garantías individuales estaban suspendidas; cualquier joven que caminara en la calle era, podía por ese solo hecho, ser golpeado y reprimido. Comenzó la cacería, el allanamiento de domicilios particulares. Esa vez murió otro compañero. Las calles estaban llenas de carteles. Toda la ciudad era un cartel revolucionario: Che, Zapata, los verdaderos héroes populares, las consignas y las frases rebeldes. Pero el gobierno no se detuvo. Estaba dispuesto a continuar, a llegar hasta los límites donde el hombre deja de serlo, hasta convertirse en bestia. Enviaba agentes a quebrar vidrios y quemar escaparates, cometer atracos, había habilitado de “orejas de perro” a muchos taxistas, boxeadores y otros más. Fascistizaron la ciudad más rápidamente que los nazis en Alemania. Apoyado con miembros de su ejército criminal, el 30 de julio acometió con éste, perfectamente equipado con armamento y pertrechos de guerra y con el batallón motorizado tomó la Preparatoria Número 3, disparando contra los estudiantes que ahí se encontraban: con un cañón antitanque con explosivos TNT derribó una puerta centenaria, después lanzaron otro tanque que penetró destruyendo un mural de José Clemente Orozco. Pero cobardemente no penetraron ellos. Había como 330 muchachos. Entonces el ejército lanzó a sus perros entrenados. Estos, acometieron ferozmente; sus hocicos desgarraron a jirones la carne adolescente. Los jóvenes universitarios sangraban en los hombros, en los testículos, en las ingles y en los labios. Las escenas fueron indecibles. No permitieron pasar a la Cruz Roja porque “esto es asunto del gobierno”, dijeron. Después entró el ejército, secuestrando y haciendo prisioneros a los malheridos. Murieron 17 jóvenes y otros más, hasta completar poco a poco 32. El ejército con otros batallones, sumió en estado de sitio las vocacionales 2, 5 y 7, varias preparatorias, el Casco de Santo Tomás, la Ciudad Universitaria y la Escuela de Arte Dramático del Instituto Nacional de Bellas Artes. Debidamente adiestrados en el Parque Lázaro Cárdenas, ganando 40 pesos por jornada, grupos paramilitares fueron entrenados por Jorge Eduardo Pascual y a las órdenes del regente de la ciudad, general Alfonso Corona del Rosal. Estos sujetos tuvieron como funciones, además de reprimir, efectuar toda clase de actos vandáli-

26 cos, robos, secuestros, ataques personales, a la vía pública, golpizas, violaciones, asaltos a autobuses, a camiones refresqueros y comercios en céntricos lugares. Todo ello para desprestigiar ante la solidaria opinión popular, a los integrantes del Movimiento Estudiantil y culparlos posteriormente, al apresarlos, de estos delitos. Inmediatamente la prensa vendida calificó de “maleantes, malhechores y delincuentes” a los estudiantes y apoyó las medidas del presidente y la intervención del ejército; a muchos jóvenes los obligaron, a golpes, a ser retratados con fusiles del ejército y hacerlos pasar por “terroristas armados” para justificar los crímenes. A la armada genocida le pagaron $30 por cada estudiante golpeado que llevaran a la cárcel, después los obligaron a ayudar a conducir el tránsito. Por las calles los estudiantes eran detenidos, cateados, y se les exigía identificación. Todos los efectos militares y paramilitares fueron acuartelados. El despliegue armamentista estaba en su apogeo. Las detenciones fueron incontables. Era estado militar. El Consejo Nacional de Huelga, maestros, alumnos y pueblos, intentamos organizarnos. Exigimos: 1.- Libertad a los presos políticos. 2.-La destitución de los funcionarios represores: Luis Cueto, Mendiolea Cerecero y Alfonso Frías. 3.- La desaparición del Cuerpo de Granaderos, instrumento de la represión, y no creación de cuerpos semejantes. 4.- Derogación del Artículo 145 y 145-Bis del Código Penal Federal (delito de disolución social). 5.- Indemnización a las familias de los muertos y los heridos que fueron víctimas de la agresión desde el viernes 26 de julio en adelante. 6.- Deslindamiento de responsabilidades de los actos de represión y vandalismo por parte de las autoridades y a través de policías, granaderos y ejército. Hubo manifestaciones casi todos los días de agosto y el 13 de septiembre. La Manifestación del Silencio, en que se demostró que 500,000 personas pueden exigir sus derechos y protestar ante un gobierno criminal con el sólo poder de su presencia y la verdad revolucionaria. El 18 de septiembre el ejército violó la autonomía universitaria y ocupó la Universidad Nacional Autónoma de México. El 23 los granaderos intentaron asaltar la Vocacional 7 del Politécnico, pero en heroica resistencia los alumnos y el pueblo los repelieron. Un día después, el ejército se posesionaba de la Vocacional 7, dejando casi totalmente destruido el edificio. El mismo

27 día ocupó el Casco de Santo Tomás, rompiendo, incendiando y hurtando lo que encontró a su paso. Carente de palabras, impotente para responder al pueblo del cual se decía representante, el Presidente de la República Gustavo Díaz Ordaz, se negó a dialogar con el Consejo Nacional de Huelga, escudándose en los representantes que nombró. Su Cuarto Informe de Gobierno es una muestra palpable y prueba delictiva de la amenaza que ya se cernía sobre los mexicanos. En dicho Informe definió a la autonomía universitaria como “la libertad de enseñar”. Entre otras cosas dijo: “No admito que existan presos políticos”. Calificó de “provocadores” e “instigadores de la violencia” a los estudiantes; y refiriéndose a su ejército criminal: “Declaro a nombre de la nación mi expresión pública de reconocimiento a nuestros soldados. Modestos, heroicos “juanes” que arriesgan su vida. Cuando el ejército mexicano interviene en labores del mantenimiento del orden interior (anticonstitucional, Art. 129) debe hacerse respetar”. Y en un ataque de ira lanzó la sentencia asesina “No quisiéramos vernos en el caso de tomar medidas que no deseamos, pero que tomaremos si es necesario; lo que sea nuestro deber hacer lo haremos; hasta donde estemos obligados a llegar, llegaremos“. Antes había dicho: “Una mano está tendida… Los mexicanos dirán si esa mano se queda tendida en el aire…” Esa mano quedó tendida ante la historia como representativa criminal de los gobiernos impuestos por el imperialismo norteamericano y los capitalistas mexicanos. Es la mano genocida que contiene en cada uno de sus dedos la muerte de más de 629 mexicanos asesinados en la plaza de las Tres Culturas. Todo estaba encima de los planes del escritorio ejecutivo. La suerte mexicana se encontraba ante el sillón más confortable de Palacio Nacional. Ustedes lo recuerdan todo, compañeros mexicanos, porque lo vieron. O tal vez llegaron tarde. Éramos decenas de miles, mujeres, hombres, niños, ancianos, trabajadores, amas de casa, campesinos, maestros y estudiantes. Oiríamos a los oradores, los pensadores, los informadores de nuestro Movimiento, los que se habían comprometido con la lucha del pueblo, la exigencia de sus derechos, su lucha; los que entonces marcaron el camino y precisaban de nuestra ayuda y acción, compañeros mexicanos. Juntos decidiríamos los pasos a seguir.

28 Era la segunda vez que nos reuníamos en mitin en Tlatelolco. La señal del gobierno fue la bengala verde en el cielo. Era la orden a los agentes judiciales para disparar contra el ejército, contra el pueblo. Era la espera del ejército para “responder a la provocación”. El hecho más ignominioso de la historia mexicana se escribía. Eran las 6:10 de la tarde. El Consejo Nacional de Huelga estaba en el edificio Chihuahua. Miramos hacia arriba. Todo correspondió a un plan militar perfectamente elaborado, cada paso, cada aparente sucedido estaba calculado cuidadosamente. El Ejército sitia toda la plaza, penetra de la siguiente manera: a) Por la rampa destruyendo el barandal de la calle Lázaro Cárdenas y entra frente a la Voca 7. b) Otra columna invade por las pirámides justo ante la entrada del templo de Santiago Tlatelolco. c) Otra columna más se introduce entre el jardín y la torre de Relaciones Exteriores. d) En pelotones y grupos numerosos, otros entran por entre los pasillos de los edificios, principalmente de Manuel González. El Ejército establece el sitio, un cerco casi completo, toma con tanques las calles de Manuel González, Ricardo Flores Magón y el hoy eje Lázaro Cárdenas. Deja descubierta la avenida de Reforma Norte como única vía de salida. El ejército usó en la operación “Mausers” (rifles de nombre alemán), las armas posteriores a la Revolución, de alto poder y de 9 milímetros. Es el arma reglamentaria del ejército para defender a la Patria y sólo para la guerra. El Ejército empezó a disparar. Los oradores quisieron continuar, se pensó que eran balas de salva, pero algunos cayeron. Ante la sangre, vimos que se trataba de una acometida bestial de los soldados que se habían parapetado perfectamente. Se desplegaban tanques, cañones, camiones, convoyes. El “Batallón Olimpia”, perfectamente adiestrado, sabía a lo que iba: a matar a su propio pueblo. Drogados la mayoría de ellos, disparaban tirando contra todos, contra nadie en particular, como si hubieran querido asesinar a la ciudad entera; hacia arriba, hacia abajo, a todas partes iban los disparos, se estrellaban en los muros, en las paredes, en los techos, automóviles estacionados, faroles, ventanas, y en los cuerpos indefensos de los jóvenes, las mujeres y aun los niños. Más de 10,000 soldados y agentes policíacos, muchos de ellos vestidos de civil, disparaban, disparaban. Todos tenían la mano izquierda en-

29 vuelta en un pañuelo blanco. Se identificaban y continuaban disparando. Más de media hora duró la acometida, el tiroteo, las heridas, la muerte. Escondidos primero en un departamento tirados en el suelo, oyendo, mirando, sintiendo; fueron varias las muertes que vivimos. El ejército estaba enloquecido: se desplegaban, acometían a los grupos más numerosos que intentaban huir y no podían; las carreras de los niños, la desesperación de los padres, el terror en el semblante, los boquetes uno tras otro en los muros, los desplomes y las botas de los sardos pisoteando, marchando, rematando los cuerpos con sus bayonetas. En ese momento nos encontrábamos debajo de un automóvil y veíamos solamente la vida que había caído, la parte baja de los cuerpos o los cuerpos en el suelo, abiertos, con la sangre ennegrecida en el pecho, las manos y la cara, y el pavor de que estallara el tanque de gasolina y voláramos en pedazos. Nos escondimos tú y yo compañera, compañero mexicano, sin mover una sola de nuestras fibras, tú y yo, con la respiración detenida, los ojos desorbitados y con el golpe seco del caer de los cuerpos. Desde ahí vimos a una niña de doce años ser fusilada en un elevador, tuvimos la amarga visión: Un muchacho ensangrentado que, al ver masacrado a su compañero y querer alcanzarlo, desplomó también su muerte; al partir en carrera, la huida, el atravesarse inconsciente, enloquecido, de un lado hacia otro, y el impacto de la metralla en el pecho. La madre frenética al ver a su hijo asesinado, disparó su furia en medio de la Plaza contra todo un ejército para ser baleada de inmediato y caer hacia adelante, de frente, en un gran charco rojo óxido. Desde entonces supimos de la rabia y el coraje, impotentes, la esencia carnicera de ese gobierno, su falsía, su cobardía. Desde entonces el arte tuvo su verdadera dimensión. Desde entonces nuestro lenguaje se formó con rostros, horas y cuerpos. A las 10:00 p.m. todavía salían heridos de la zona, la Plaza desolada. La explanada había sido recubierta casi en su totalidad con cadáveres y sangre. Era paisaje de muerte abandonada. Esa vez murió el pueblo, pero sus asesinos aún se encuentran en el poder, aún viven del lujo de sus industrias, de sus fábricas; explotan, cenan y se reparten la vida del obrero, del campesino, del estudiante; los mismos criminales déspotas, altaneros o demagogos ante su pueblo, pero lacayos sumisos del gobierno de Estados Unidos. Ellos, los hipócritas, los tiranos, los apátridas, los traidores. Ellos, los genocidas. Ellos lo pagarán. Hoy estamos hablando tú y yo, compañera, compañero mexicano. Oímos el sonido de

30 nuestra conversación, caminamos y nos movemos. Pero los nuestros, los que estuvieron con nosotros y marcharon en las manifestaciones, los que gritaban ¡México, libertad!, están en el cemento, las azoteas, los frigoríficos, la fosa común, los incineradores del Campo Militar No. 1 donde arrojaron a cientos, muchos de ellos aún vivos. Nuestros compañeros, están muertos, ¿Y nosotros, compañeros mexicanos? Nosotros estamos frente a ellos. Ahora ellos son nosotros. ¿Sabes? La muerte se ha quedado en mi cara. En nuestra cara. Pero nos preparamos. Nos organizamos. Estamos atentos, activos, conscientes del trabajo que pronto debemos hacer. Tu trabajo. Mi trabajo. Nuestro trabajo revolucionario que será la verdadera razón de nosotros mismos, de nuestros hijos, de los que murieron. Oigo la sonrisa insolente, cínica, de Díaz Ordaz arriba de la banda tricolor, y el golpeteo disonante de sus dientes. Vuelvo a mirar la fotografía de ¿Por qué?, esta fotografía; y el manchón oscuro, hueco, del disparo que acusará siempre a los impostores gobernantes que no tienen el honor y el valor de castigar a los asesinos. El disparo homicida en el corazón del pequeño mártir del 2 de octubre en Tlatelolco. Todo lo que sé ahora es que tenía razón ese campesino del pueblo de Mizquic que habló entrecortado con su coraje sencillo de certeza, en esos cuatro minutos nerviosos frente al micrófono. Recuérdalo tú también. Él dijo: “Los estudiantes no sirven para nada. Cuando el gobierno los reprime contestan con gritos y piedras. Siempre gritan, pero nada más. Se necesitan armas”. Y cuando digo su nombre, Cleofas Pantoja Segura; los recuerdo a todos, te recuerdo a ti, compañera muerta en la Preparatoria 5, a ti compañera, compañero mexicano. Y digo el nombre lento, para que poco a poco se vaya poniendo de pie. Y lo escribo. Y lo repito muchas veces. Millones de veces. Millones de veces mexicanas. Estamos juntos, compañeras, compañeros mexicanos: ¡Dos de Octubre no se olvida! ¡Venceremos!

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Portada de José Hernández Delgadillo para la revista estudiantil Nueva Generación (1972)

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33 Comentarios a la presente selección de poemas sobre el 68 mexicano Por José Tlatelpas Esta no es una antología de remembranza, un libro más de crónica o lamentos; ni un estudio desde afuera. Esta es una antología que es parte y consecuencia de la lucha estudiantil y social de los mexicanos, por ello es una fuente primaria que registra los hechos, su entorno, su resultado y síntesis en la poesía de un pueblo, su arte visual y pensamiento. Este libro también explora el significado del 68 en la perspectiva viva del presente y del futuro posible, de ahí su nombre: El Libro Rojo del 68. A diferencia de otros libros sobre el tema que intencionalmente hacen de lado a varios de los grandes personajes del 68, nosotros incluimos imágenes del maestro José Hernández Delgadillo, ejemplo de entrega, honestidad y rectitud, el artista visual más representativo de este movimiento. En la música recordamos a “El Cronista Musical de México”, “el guerrillero de la canción”, José de Molina. Leopoldo Ayala, “El poeta del 68”, nos acompaña como antologador. Tenemos también la participación del maestro Fausto Trejo Fuentes, dirigente magisterial del 68 que se distingue por su impecable claridad y rectitud. Este es un libro de política y cultura, por lo que es imprescindible mencionar la aportación al movimiento del novelista y dirigente social José Revueltas, la cantautora Judith Reyes, y el legendario grupo de sátira musical “Los Nakos”. Hay más artistas e intelectuales que recordar. Algunos, vinculados estrechamente con la lucha por la democracia o el movimiento estudiantil mantuvieron viva su aportación, contra viento y marea, en las décadas cuando se incrementó la represión a los movimientos sociales y cuando la mayoría de los políticos callaban. Algunos fuimos también víctimas de persecución, aislamiento, calumnias y campañas difamatorias perpetradas por los lacayos del imperio. Otros sufrimos exilio, cárcel o marginación por la defensa de las causas justas que tratamos de defender. Grupos como “Maíz Rebelde”, “Arte Colectivo en Acción”, secretarías de Cultura y Prensa del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), la Liga Independente de Músicos y Artistas Revolucionarios (LIMAR), el Taller de la Gráfica Popular, el grupo MIRA, CLETA-UNAM, el Taller de Arte e Ideología, Comisión Cultural del PMS y otros, mantuvieron viva la aportación del movimiento estudiantil del 68 durante las dos décadas de más intensa represión, de 1968 a 1988. A partir de esta fecha, más compañeros se sumaron organizadamente a la tarea del análisis, la reivindicación o la memoria. Los artistas del 68 y sus seguidores enfrentaron con valor, claridad e ingenio a la prensa mercenaria y a “los intelectuales vendidos”, levantaron su obra sin becas ni financiamientos bajo condiciones de gran adversidad, y también establecieron un interesante contraste con “la

34 prensa y los intelectuales perdidos” (aquellos que, sin dolo, nada ven, nada oyen, ni registran). Se debe mencionar también el valioso trabajo de otros compañeros que a partir del 68 aportaron arte y reflexión. Entre otros: Alberto Híjar Serrano, Pedro Valdez, el Negro Ojeda, Felipe Galván, Luis y Enrique Cisneros, Gonzalo Martré, Francisco Segura, Héctor García, Juan Alejandro, el grupo de teatro democrático “Los Mascarones”, Aurora Reyes, el grupo Los Nakos (Ismael “Maylo” Colmenares, Gabriela Huesca, Ricardo Pérez Monfort, Amparo Martínez, Enrique Reintería, Gladys Marroquín, Antonio Ávila, Francisco Barrios “El Mastuerzo”, Paco Ignacio Taibo II, Elia Crotte, Armando Vélez, Armando Vega Gil, José Martínez Meza, Mayra Cebreros, Jorge Silva y Gerardo Aboytes), León Chávez Texeiro, Enrique Ballesté, Manuel Rodríguez, Cayo Vicente, Cruz Mejía, el grupo cultural de la UVID-19 de Septiembre y los hermanos Betancourt, el grupo de danza Barro Rojo, Iseo Noyola, Gabino Palomares, René Villanueva y Los Folkloristas, Amparo Ochoa, Carlos Bracho, Beatriz Munch, Eugenia y Margarita León, Margarita Bauche, la Cooperativa de Cine Marginal, Anthar y Margarita, el Grupo Canek, el grupo Zumbón, Vientos Para un Nuevo Día, grupo La Nopalera, Emilia Almazán, Rafael Catana, Roberto González, Ulises Perzábal “La Changa”, Alejandro Zenteno, Miguel Ángel Gamboa, Andrés Mejía y el grupo de rock TNT, Rodrigo González “Rockdrigo”, Jaime López, Rina Lazo, Arturo García Bustos, Enrique Bordemangel y Cervantes, los nuevos Hermanos Michel, Guillermo Briseño y, entre otros, los aquí antologados. En otra categoría, se encuentra la aportación de Elena Poniatovska y Carlos Monsivais, también valiosa por su contribución a la crónica y la difusión. Sin embargo, es verdaderamente insólito que en 40 años de libros, películas y crónicas del 68, prácticamente nadie ha registrado la continua y clarísima participación de estos artistas y creadores que durante décadas convocaron y animaron las marchas, las huelgas, los mítines con sus canciones, sus murales, sus pinturas, su poesía y el testimonio de sus ingenios. Debe llamarnos a profunda y seria reflexión que, a 40 años del heroico movimiento estudiantil, la prensa, las editoriales y los medios, de izquierdas y derechas, substituyan a los artistas del movimiento, con una insólita alquimia, por los artistas favoritos de los gobiernos y sus instituciones, ajenos a estas luchas y amigos de ex presidentes represores. Es al menos vergonzoso o revelador que, en 40 años de crónicas, los cronistas todavía no hayan visto y registrado los murales de Hernández Delgadillo, las canciones de Judith Reyes, José de Molina y Los Nakos, la poesía de los escritores militantes del 68, el teatro de Los Mascarones y CLETA, etc. Este distanciamiento, al que también contribuyen los partidos políticos, sus dirigentes e instituciones, se debe seguramente a que los artistas progresistas siempre han sido una voz vibrante, independiente, crítica y libertaria, difícil de manipular para el servicio de los buscadores del poder, el dinero y los intereses cortesanos.

35 Todos los poetas, los militantes, los ciudadanos y los literatos incluidos, aunque muy diferentes en oficio y compromiso, nos merecen un profundo respeto y reconocemos su valiosa aportación y testimonio. Ellos representan distintas posturas ideológicas, políticas y estéticas. En este libro hemos buscado sus elementos de convergencia y se reúne obra con varios criterios. Primero, como el título indica, es una antología de poemas que parten del tema de la lucha estudiantil de 1968. Segundo, se han seleccionado algunos autores por su militancia, a otros por su calidad. Tercero, se han incluido también textos que tienen valor histórico o testimonial. Por ello, este libro es parte cultura, parte testimonio, parte denuncia política y parte reflexión plural. Y eso es precisamente la esencia de la poesía, síntesis personal, estética y compartida de lo más relevante de la experiencia humana. Aquí mostramos parte del registro social y espiritual de una época y de un pueblo, en la voz de sus poetas y en las imágenes de sus artistas visuales. No tratamos de valorar a los militantes tan solo como poetas, ni a los artistas nadamás como militantes; sino de reunir en un libro, con respeto a las diferencias, el testimonio en poesía de un gran pueblo que no es ajeno a su dolor y que, desde distintas posturas, ideologías y sentires, manifiesta su asombro e indignación ante la represión de un mal gobierno. Así como se ha escrito sobre la novela de la Revolución Mexicana, es preciso estudiar y conocer La Poesía y el Arte del 68, que con su obra acompañaron también a los estudiantes y al pueblo en una conmoción social de profundas consecuencias. Aquí incluimos poemas de escritores profesionales, como Rosario Castellanos y Bonifaz Nuño, de escritores no necesariamente de oposición, como el Nobel Octavio Paz, poetas e ilustradores que han sido activistas sociales como Hernández Delgadillo, Leopoldo Ayala, Mario Ramírez, Benito Balam y quien esto escribe, poetas más recientes, como María Teresa Irazaba. Presentamos autores que escriben en las lenguas de nuestros pueblos originarios, como el zapoteca Macario Matus y el nahuatlato Baruc Martínez y la palabra fraterna de algunos distinguidos poetas de origen extranjero: por la mejor España Juan Rejano y Paco Ignacio Taibo I, de Argentina Máximo Simpson, de Uruguay Mario Benedetti y de Honduras el poeta cinchonero Vicente A. Torres. Algunos autores son más directos, otros complejamente simbólicos como el pintor Alfredo Meneses y el poeta Ramón Martínez Ocaranza. No hemos podido incluir a todos los poetas que quisiéramos, nos ha faltado mayor espacio y tiempo. Algunos pocos no pudieron o no quisieron participar en este proyecto. En los materiales encontrados hay quien ha escrito desde el movimiento y sobre el movimiento: quien lo ha profetizando (R. M. Ocaranza), quien lo ha vivido y defendido (Leopoldo Ayala), quien lo ha sufrido (Margarita Paz Paredez), quien lo recuerda (David Huerta) y quien lo imagina (M. Teresa Irazaba). Hemos omitido a quien lo ha denostado (Jaime Reyes), a varios que impropiamente equiparan las fuerzas represivas con las antiguas deidades de nuestros pueblos originarios y a quienes tímidamente, a penas, mencionan nuestro tema.

36 Hemos dicho que el oficio, el estilo y la ideología de los poetas aquí presentados es muy variado. Y que, siendo poesía en castellano, no es raro que aquí coincidan un mexicano y moderno mester de juglaría con retoños de un mester de clerecía. Pero creemos que no es menos poeta el autor del romancero del Cid, que don Luis de Góngora y Argote, y aquí, en esta antología de “literatura ciudadana”, todos los poetas tienen su lugar, con el respeto y la dignidad que su integridad o su oficio les han ganado. No quisimos encerrarnos en la limitante del poema lírico y prometeico, aunque reconocemos su valor. Hemos querido compartir poemas que fueron y son parte de la realidad y la reflejan. La poesía es contenido, forma, sociedad, ritmo, metro y prosodia; pero también síntesis de la historia, del arquetipo, del libre albedrío: es, pues, compromiso y elección. Hemos tratado de que nuestro enfoque sea síntesis de una lucha real con consecuencias reales en el mundo de hoy. No creemos que un movimiento social y sus mártires deban circunscribirse a un recuerdo histórico, ni a un análisis literario, solamente. Hemos intentado hacer coincidir, no supeditar, literatura, testimonio y pensamiento. Esto es parte de la memoria social que representa parte de la historia moderna de México y América Latina. Respecto al llamado “Memorial de Tlatelolco”, creado y financiado por el Estado, y construido por sus elegidos, no creemos que represente la memoria fiel del movimiento toda vez que ha sido creado por el mismo Estado que perpetró la represión, que nunca cumplió las demandas, y que tampoco ha castigado a los culpables ni ha emitido una disculpa formal ni convincente. ¿Cómo entonces erigir un memorial a las víctimas sin haber dejado de ser un victimario...? Hace poco tiempo el archivo documental fue donado de algún modo a la UNAM pero, a nuestro juicio, no ha dejado aún de ser un centro institucional. No se ha convertido todavía en un referente que refleje un movimiento vivo, ciudadano, horizontal y suficientemente crítico, como se requiere. Queremos deslindar de quienes han usado el tema por oportunismo, ostentación y provecho político o comercial; y de quienes ven al 68 como un episodio histórico y prefieren la comodidad de la nostalgia al análisis profundo o la militancia vigente y sostenida. Para nosotros el movimiento del 68 fue un despertar a una realidad que existía antes, existió entonces con la sangre y represión brutal a la ciudadanía y subiste hoy contra el pueblo en hechos como los sucedidos en Aguas Blancas, Acteal, Atenco, la APPO, y la indiferencia del gobierno frente al abuso criminal y las calumnias contra estudiantes mexicanos, entre ellos Lucía Morett, perpetradas recientemente en la frontera de Colombia. En fin, los ejemplos no escasean. Las demandas del 68 en realidad no fueron nunca desahogadas. Las luchas estudiantiles ulteriores, como la del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) y del Consejo General de Huelga (CGH), fueron continuidad del 68. En esencia, quizá en el fondo esta lucha estudiantil fue por impulsar una verdadera democracia civil: Si la ciudadanía participara democráti-

37 camente en las decisiones del gobierno, no habría brutales represiones. Si los jóvenes estudiantes fueran tomados en cuenta, no tendrían que pagar una educación y materiales de estudios más caros que en Estados Unidos y Europa. Si hubiera democracia social, los profesionistas tendrían trabajo y no se derrumbaría a la empresa nacional para privilegiar a las grandes transnacionales. Si hubiera democracia social, hubiera un país de ciudadanos independientes económicamente, y no un país lleno de familias angustiadas y míseros changarros a la puerta de grandes trasnacionales. La lucha estudiantil del 68 pugnó por consolidar varios de esos derechos y mientras ésto no esté resuelto, la lucha ciudadana habrá de continuar. La aportación político cultural de los activistas del 68 y sus herederos transformó a México positivamente. No vemos en los frutos de su sacrificio ni utopías ni derrotas, sino avances reales, pero inconclusos. No ha caducado la situación de injusticia y represión en México. Podemos decir que la Revolución no completó sus metas ni tampoco el Movimiento Estudiantil del 1968. Por lo tanto, Zapata vive y las demandas y banderas de los valientes estudiantes y ciudadanos del 68 mexicano siguen vigentes, expresando necesidades fundamentales del país. Y por tanto, son motivo de reflexión obligatoria para los jóvenes de hoy y del mañana y han sido motivo para que los poetas se sumen a la reflexión histórica y social. José de Molina cantaba al respecto: “Compañero, en tinieblas tu continente está. Una luz necesita: Dásela ya”. Nosotros vemos a los líderes sociales al frente o junto con las luchas sociales, no detenidos en una fotografía del tiempo. Nos deslindamos de oportunistas acomodaticios que buscan tan sólo ganancias políticas y económicas sin participación en la dirección social y siempre acomodados en el presupuesto. Tampoco vemos a la cultura de rodillas, controlada por las limosnas de instituciones culturales corruptas, que no representan a los artistas, sino medran a su costa y además procuran destruir su independencia gremial y controlar, restringiendo fondos, los análisis independientes, la crítica profunda y el verdadero desarrollo creativo de una cultura con raíces. De ahí la comodidad del espectáculo ligero, del entretenimiento banal, síntoma que nos permite identificar la ideología, la postura política y los intereses económicos de quienes los promueven. No debemos buscar la herencia del 68 en falsas izquierdas oportunistas, sectarias y caníbales, ni en una derecha apátrida, amoral y sin principios, que desde hace cinco siglos ha tratado de vender la soberanía y los bienes nacionales a potencias extranjeras; sino en la conciencia política de la nación verdadera, en las nuevas oportunidades de alternancia, en el naciente multipartidismo, en la experiencia cultural y política que hemos ganado, y en la praxis de los movimientos sociales significativos de las últimas cuatro décadas. No debiéramos limitarnos a la denuncia y la condena, sino decodificar el presente, proponer un futuro mejor. Debemos saltar los cercos y fronteras legalistas, construidos contra el pueblo, y ver

38 más allá, para conformar una verdadera democracia y justicia social, sustento de nuestra soberanía cultural, económica, política y territorial. Este libro representa la continuidad de un trabajo iniciado en Tlatelolco, 15 años Después, proyecto que impulsamos con el maestro José Hernández Delgadillo desde la Secretaría de Prensa del Movimiento Revolucionario del Pueblo (1983), después, con el compañero poeta Benito Balam, publicamos Desde los Siglos del Maíz Rebelde (1988, 2008). Posteriormente aparecería el catálogo documental El Lienzo de Tlatelolco, de Leopoldo Ayala, José Hernández Delgadillo y Héctor García (1998), y en el 2004 Ni Perdón ni Olvido, investigación de Leopoldo Ayala y Mario Ramírez, libro que evolucionó en esta selección y aportó material para otros libros. También hemos tomado materiales de otras publicaciones como 53 Poemas del 68 Mexicano, de nuestro finado amigo Aroche Parra (1972), Generaciones Rebeldes de José Alberto Damián y Alejandro Zenteno (2007), de nuestra investigación y participación directa en el movimiento estudiantil, de los textos publicados por la revista Por Qué, y de la antología Poemas y narraciones sobre el movimiento estudiantil de 1968, de Marco Antonio Campos y Alejandro Toledo Patiño (1996); esta es más literaria, y con ella, respetuosa pero claramente, estamos en desacuerdo en el sentido de que para nosotros el 68 sí fue un movimiento popular. La divergencia es mayor con las opiniones de Enrique Krauze sobre la literatura del 68, porque las consideramos no sólo falsas, sino dolosas, clasistas, carentes de fundamento y relevancia conceptual. Evitamos también hacer una versión cronologista o historicista, limitada en su esencia, por lo que nos avocamos a una antología analítica, política y con la visión de unidad y vinculación con las luchas vigentes, alejándonos de la comodidad de un oportunismo sin opinión. Esta edición la dedicamos a los valientes luchadores por la democracia en México, no a los líderes o caudillos; sino al pueblo, el verdadero héroe del 68 y nuestra historia. Y también a los artistas visionarios que pasaron lista de presente como hijos verdaderos de este pueblo. En fin, hoy presentamos 68 poetas y 112 poemas, una canción y 40 imágenes de 8 artistas visuales en este Libro Rojo del 68. Los compiladores recordamos con profundo aprecio a nuestros mártires civiles, marchamos una vez más, agitando banderas de esperanza y de unidad, con un libro de poemas y memoria en nuestra mano y vinculándonos a la marcha actual por lograr un mejor futuro para todos. ¡Dos de octubre: no se olvida! ¡Lucha, lucha, lucha, no dejes de luchar, por un gobierno obrero, campesino y popular! ¡Ni perdón ni olvido! ¡Dos de octubre: no se olvida!

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Obra de Alfredo Meneses

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41 EL 68 EN LA MEMORIA ESTUDIANTIL Y POPULAR Por Mario Ramírez Centeno Se conoce al 68 como el año cumbre de un período revolucionario mundial donde las masas avanzan en su lucha logrando victorias en diversos frentes. Cuando los sucesos del 68 dieron inicio en México, ya se había dado la caída de Charles de Gaulle en Francia, en lo que se conoció como el “Mayo Francés”, donde el papel de los estudiantes fue fundamental para, con su entusiasmo, facilitar la participación de los vecinos del Barrio Latino, primero, y después los obreros, quienes llevaron a una Huelga Nacional a Francia que hizo temblar a todo el sistema, donde no faltaron los enfrentamientos callejeros y las barricadas en distintos puntos de París. Como en toda lucha se dan bajas y el período revolucionario ya había recibido con dolor el asesinato del Che Guevara – octubre de 1967 - y se daba un proceso de represión a toda manifestación de libertad como el también asesinato a Martín Luther King. En USA se daban las acciones de los Black Phanters – Panteras Negras –, Black Power – Poder Negro -, y los Brown Berets – Boinas Cafés –, militantes México-Chicanos. Ya había sido asesinado Rubén Jaramillo, los ferrocarrileros y los maestros tenían en la cárcel a dirigentes suyos como Demetrio Vallejo y Othón Salazar. Llevaba nueve años la Guerra de Vietnam y el movimiento antibélico hippie manejaba entre sus grandes lemas “Haz el amor, no la guerra”, en contra de la guerra de Vietnam. Por lo tanto las masas aumentan su capacidad de movilización y se gana confianza en la derrota de los estados burgueses y a favor de la lucha contra la opresión. En China llevaba dos años la publicación del “Libro Rojo” una síntesis de las principales ideas de Mao Tse Tung que propugnaba por darle a los jóvenes y estudiantes el papel de sujetos revolucionarios. Ya se había llevado a cabo la Revolución Cultural China donde, de igual manera, se colocaba a los jóvenes, y a los estudiantes en particular, como sujetos críticos de la transformación revolucionaria. En México inicia como una forma de provocación a la marcha del Partido Comunista, dándose una serie de protestas que con la justificación de las Olimpiadas a organizarse en nuestro país, fueron reprimidas puntualmente por el Estado mexicano, dándose el fenómeno de los Mártires del 68, donde jóvenes estudiantes, obreros, amas de casa, maestras embarazadas y niños los asesinó el Estado mexicano en distintos momentos, culminando en la fatídica fecha del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de

42 las Tres Culturas de Tlatelolco, donde se estima que murieron más de 700 asistentes a la manifestación. 2 de octubre no se olvida La masacre del 2 de octubre de 1968 y el asesinato del Che Guevara se convirtieron durante años en los iconos inspiradores de la izquierda mexicana. Sembró el movimiento estudiantil popular del 68 muchas conciencias y nacieron a la lucha miles de activistas, dirigentes populares y guerrilleros que después formarían parte de movimientos de lucha más grandes que capitalizarían las distintas contradicciones y errores del sistema y del Estado mexicano. Hubo muchos pensadores que vieron en el 68 un “estallido inservible” o un martirologio mesiánico, pero ninguno de los dos tiene sentido si se ubica en el contexto de la historia de las luchas del pueblo mexicano, pues inmerso en la acción de masas estaban miles de activistas que se habían formado al calor de la lucha estudiantil del primer CEU, del movimiento de médicos, del movimiento ferrocarrilero, del movimiento magisterial, de la masacre y lucha de copreros de Guerrero y en otras experiencias de lucha, autogestión y resistencia del pueblo de México ante la opresión de un PRI ya caduco, de un Estado retrasado y de un sistema anquilosado que no permitía ni siquiera la participación política más que a una élite de corruptos dinosarios y no le daba a la población el acceso al bienestar y a las libertades sociales y humanas que se gozaban en otras latitudes. En ese contexto la mirada mundial colocaba como un país en ascenso a México, al cual las repúblicas de otras latitudes le habían concedido ser la sede de las olimpiadas. Gesto que llenó de orgullo y pánico a la élite de políticos de la época. Al ver la caída de Charles de Gaulle, héroe de la Segunda Guerra Mundial en Francia y en el contexto internacional de avance de las masas antibélicas, contestatarias, contraculturales y revolucionarias, no les quedó más remedio que responder en pánico con altos niveles de represión no vistos en otras latitudes, de ahí que se explique aunque no se justifique, la masacre del 2 de octubre de 1968. De esa manera se explica también el contubernio, la complicidad criminal de todo el sistema social, desde el Estado a los medios de comunicación, pasando todavía por la complicidad actual de acallar los gritos de los asesinados, las heridas de los reprimidos y el llanto de los cercanos a las víctimas. De querer acallar la memoria de un hecho salvaje que no debería volver a suceder pero que sin embargo ahí se encuentra en la historia como uno de los terribles errores de un partido de Estado, de una dictadura de partido de Estado que demuestra así su incapacidad para incluir a los desposeídos, a los disidentes, a los críticos y a los diferentes. Des-

43 nuda a un sistema con toda la carga de intolerancia que puede tener una sociedad corrompida. Con el hecho más primitivo que pueda caber en un país: la aniquilación del que disiente o es agente de cambio, la aniquilación del contrario como política de Estado, que es el argumento principal, para acusar a ese Estado, de prácticas persecutorias y fascistas. Muchos nacimos a la lucha, a la conciencia social y a la política con el grito de “2 de octubre no se olvida” y todavía continúa ese grito en nuestra memoria, que no lo podemos acallar más que a punta de seguir participando en las luchas de todo el mundo. Que no sean inservibles tantas muertes, tanto sufrimiento y tanto llanto. El 2 de octubre y el Movimiento Estudiantil y Popular del 68, junto con el asesinato del Che Guevara son los íconos renovadores de una lucha que todavía continúa y se ha capitalizado en la construcción, aún pendiente en todas sus implicaciones, de la democracia para el país. La construcción de una nueva nación. La guerrilla y las luchas de los 70´s Ante la cerrazón del sistema y la represión del 2 de octubre, así como el encarcelamiento de muchos miembros del movimiento del 68, muchos jóvenes alimentaron la guerrilla urbana y rural y comenzaron a realizar acciones guerrilleras a lo largo del país. Cabe destacar entre las experiencias guerrilleras de los 70´s, a las de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, tanto como la Liga Comunista 23 de Septiembre. De igual manera comenzaron a llevarse a cabo distintas actividades en torno a reforzar la opción de la vía electoral, al visualizarse salidas violentas y sangrientas de parte del Estado mexicano, en su búsqueda por aniquilar la oposición de izquierda, dentro de un contexto internacional de guerra fría entre el bloque capitalista y el bloque socialista, donde se repite la masacre del 2 de octubre en la fecha del 10 de junio de 1971 y una serie de acciones criminales más en lo que se conoce como la “guerra sucia”. Las distintas opciones de izquierda fueron construyendo alternativas de lucha para distintos sectores nacionales a lo largo de los setentas y, bien entrados los ochentas, las experiencias de las vías revolucionarias, de acciones de masas y electorales fueron abriéndose camino de forma paralela. El EZLN reporta su nacimiento a mediados de los ochentas y para entonces ya aparecen en la escena política distintos esfuerzos electorales y el Partido Comunista – PCM - logra recuperar su registro a finales de los setentas, dentro de una supuesta “apertura democrática” que jamás nos dio acceso al triunfo y, arrojaba migajas de registros a diestra y balas a siniestra, según le convenía a la dictadura de partido de Estado priísta.

44 El segundo CEU aparece en escena repitiendo las movilizaciones masivas de damnificados del terremoto del 85. En el 85 fuimos testigos de cómo distintos luchadores sociales que fueron parte del movimiento estudiantil y popular del 68, dieron su solidaridad, apoyo y dirección durante los aciagos momentos del terremoto del 85, participando en la creación de una serie de organizaciones de damnificados, rescatando víctimas y sumándose de lleno a la lucha vecinal por vivienda digna. Artistas como José de Molina, José Tlatelpas, Benito Balam, José Hernández Delgadillo y Los Nakos, artistas del 68, realizaron actividades de solidaridad con los damnificados, donando su trabajo para actividades como el magno evento del Auditorio Nacional el 20 de noviembre de 1985. Un año después los estudiantes recuperamos, no sin cierto temor, la confianza a 18 años del 68, pero utilizando la experiencia analizada del 68, optamos por no confrontar directamente al Estado y el pliego petitorio es únicamente de la UNAM, solicitando solamente un aumento en el presupuesto de la institución educativa después de una huelga estudiantil del CEU de 15 días, a lo que se forma una resistencia de varias escuelas que logramos alargarla hasta 20 días, naciendo una nueva generación de luchadores sociales que alimentarán a las nuevas luchas populares y la vía electoral de las izquierdas mexicanas. De ahí que digamos, contra los que dicen que el 68 es una herencia sin herederos, que la lucha continúa. Esfuerzos electorales como el de la COCEI logran arrancarle el municipio de Juchitán, en Oaxaca, al hegemónico PRI. De ahí en adelante, la combinación de esfuerzo electoral y lucha social con presiones de masas logra irle arrancando espacios electorales al Estado monolítico priísta, hasta culminar con la derrota del PRI del gobierno federal en 1988. La lucha del pueblo continúa a pesar de los “sesudos intelectuales orgánicos del sistema” que afirman que todo eso “ya terminó”. 1988, 20 años después: triunfo de los Mártires del 68 La experiencia de la lucha electoral logra el triunfo del Frente Democrático Nacional con la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas y muchos miembros del movimiento del 68 se suman a la confluencia de las izquierdas alrededor del disidente del PRI hijo del expropiador del petróleo nacional, Lázaro Cárdenas. El triunfo de los Mártires del 68 es haber logrado desenmascarar a un sistema mexicano como excluyente, perseguidor y represivo y que el pueblo votara en masa en contra del PRI, en contra de decenas de años de exclusión, represión, corporativismo. Se da también la movilización gigantesca de la conmemoración del 68 con una marcha que confluye en la Plaza de las Tres Culturas a los 20 años, en la que, ya para cuando se recibe a la marcha, la plaza ya se encontraba llena con

45 manifestantes que rememoraban el 68 y recordaban el 2 de octubre reconociendo con su presencia la importancia del 68 y el referente histórico del 2 de octubre en la simbología de agravios contra el pueblo y la deuda pendiente del Estado priísta hegemónico y opresor. Al grupo Maíz Rebelde nos tocó organizar el acto político-cultural de los 20 años para conmemorar el 68 y el 2 de octubre, con muchos artistas solidarios entre los que se encontraban José Hernández Delgadillo, Leopoldo Ayala, Carmen de la Fuente, Mercedes Sosa, José Tlatelpas, Benito Balam, Leopoldo Ayala, José de Molina, Horacio Espinosa Altamirano, Los Nakos, Pedro Valdez, Cristina Gómez, Comité Mexicano de la Nueva Canción, y otros. El Movimiento electoral del 88 del Frente Democrático Nacional logra la integración de la izquierda mexicana del PMS y otros referentes para con ello establecer la posibilidad más abierta hacia la vía electoral, de tal suerte que con ello se sientan las bases para dar una lucha electoral más efectiva. Pero el “sistema se cae” y se impone en nuestro país la duda de un fraude electoral frente a la posibilidad de que la izquierda logre la conquista del Estado. De esa manera nuevamente se cierra el sistema y excluye de la participación democrática que presume, a la izquierda mexicana. En el transcurso de los siguientes años se van creando opciones de la vía electoral de la izquierda mexicana para acceder al poder, entre ellas el Partido del Trabajo – PT – a donde se van sumando desde agrupaciones maoístas hasta políticos de izquierda mexicanos, algunos participantes del movimiento estudiantil y popular del 68, así como participantes y dirigentes del movimiento estudiantil posterior al 68. A mediados de los noventas irrumpe en escena el Ejército Zapatista de Liberación Nacional –EZLN–, con nuevas formas de lucha que van de lo militar a lo político formado principalmente por las etnias mayas tojolobal, tzotzil, tzeltal y otras, del sur de país que generan una red internacional de apoyo que la sustenta, y renueva el discurso y la práctica de la izquierda mexicana, que se recupera con eso de la caída del socialismo en Europa oriental y genera esperanzas en torno a la vía armada como forma de acceso al poder o al menos como una forma efectiva de presión. Aparecen otras agrupaciones guerrilleras como el EPR y el ERPI, que de forma conjunta ejercen una presión militar popular sobre el sistema, lo que a la larga es capitalizado por los partidos que luchan por la vía electoral, quienes comienzan a ser reconocidos en sus victorias.

46 1998, 30 años después: se obliga al sistema a abrirse Con el triunfo de la vía electoral de la izquierda para el acceso al poder en distintas partes del país y principalmente en la capital, y la presión sobre el sistema, por todas las vías, va construyéndose el poder de la izquierda mexicana que mantiene presencia importante en la Cámara de Diputados, en primer instancia y logra un acceso al poder ejecutivo de varias localidades del país. Mediante la combinación de las distintas vías de lucha se conquistan espacios que deben ser reconocidos por el poder del priísmo en nuestro país. El sistema se abre ante las evidencias de nacionales e internacionales de ser un Estado represor, corporativizado y corrupto que tiene que ceder ante una izquierda que lo cuestiona hasta en sus mismos cimientos. Si la ruptura de Cuauhtémoc Cárdenas, significa la primera grieta y síntoma inequívoco de descomposición del partido en el poder, la guerrilla significa también el estallamiento de luchas populares que buscan una solución ante la pobreza galopante de un pueblo con muchas afrentas por parte del Estado mexicano y el sistema social. De igual manera los cientos de militantes del 68 que confluyen con Cárdenas, aportan para la construcción de movimientos sociales que logran la renovación de la izquierda mexicana. Con nuevos aires la izquierda mexicana logra conquistar distintos espacios políticos del poder estatal y gubernamental lo que hace aspirar con mayores bríos a una mayor apertura. Pero la derecha se activa y comienza también a conquistar espacios a lo largo del país a partir de “concertacesiones” donde, a cambio de apoyos al PRI, le es concedido desde diputaciones hasta senadurías y presidencias municipales, así como gobernaturas en un avance desmedido y oportunista. En el 2000 se da la experiencia de que ante el desprestigio galopante del PRI la población opta por votar por una derecha provincial y ambiciosa, pues la herencia del priísmo represor dentro de la izquierda mexicana no supo construir una opción civilizada de gobierno. El CGH y la caída del PRI del gobierno federal Un año antes de las elecciones del 2000, el movimiento estudiantil presenta una serie de acciones y la huelga estudiantil más larga de la historia, la tentación de la salida represiva no se hace esperar y se crea la PFP, una policía creada exprofeso para facilitar la represión a movimientos sociales como el Consejo General de Huelga – CGH -, formado por la misma alianza de colectivos estudiantiles que conmemoramos los 30 años del 2 de octubre de 1968, en octubre de 1998.

47 El CGH nace de estos colectivos y se amplía en la construcción de la Asamblea Estudiantil Universitaria que se constituye en CGH, convirtiéndose en problema a resolver por el sistema al cual no se le ocurre otra forma que la represión y el desalojo de los estudiantes inconformes de la UNAM, tomada por la PFP por encima de su autonomía. Sorprendentemente, el nuevo cardenismo no comprende el manejo simbólico del proceso, que recuerda en las calles el Movimiento Estudiantil y Popular del 68, así como el 2 de octubre que se encontraba ya grabado con dolor en el corazón del pueblo, y se suma a la represión y la descalificación priísta y sistemática, lo que lo arrastra en su desprestigio y lo presenta como un dinosaurio más que no deslindó completamente con el priísmo retrasado. El pueblo busca opciones ante el anquilosamiento evidente del Estado priísta opresor y sus corifeos incrustados en una parte de la izquierda penetrada por el antiguo priísmo, lo que desde luego es aprovechado por la derecha, que se presenta a las elecciones de ese año como un partido moderno, cuando llevaba como candidato a lo más retrasado de la historia con una derecha confesional, atávica y provincial como lo fue Vicente Fox, pero que tuvo la delicadeza de no agredir al Movimiento Estudiantil Mexicano y eso lo presentó como un político civilizado y noble, imagen que supo aprovechar, inclusive robando símbolos de la izquierda mexicana como la “V” de la victoria del 68. Las banderas actuales de la izquierda son las de la defensa de la soberanía energética, alimentaria y social, en una pugna constante contra la ultraderecha y la derecha en el poder federal que no se tienta el corazón para asesinar y reprimir a la población con el fin de justificar su guerra contra el narcotráfico que busca, en realidad, la criminalización de la lucha social, para lo cual inventa crímenes y, con el contubernio de los otros poderes del Estado, castiga con desapariciones, encarcelamiento injustificado, penas inhumanas, violaciones y tortura al disidente, agente de cambio o progresista que protesta. Sin embargo existen otros procesos con mucho futuro como son el desarrollo del poder popular y la realización de una nueva Constitución, luchas todas inscritas en las teorías del contrapoder como la Presidencia Legítima y otros proyectos más. Otra vertiente más es la relacionada con la lucha ideológica, cultural y económica en la vía de ir construyendo, por la vía de los hechos, al socialismo en México. Como vemos, la lucha continúa y el 68 no busca herederos porque sus manifestaciones fueron las de un pueblo que se expresa a través de sus jóvenes y sus estudiantes en una alianza popular que busca vías distintas ante la opresión, la explotación de clase, la represión del Estado y para el

48 avance de la historia. A quiénes no participan en las luchas, jamás verán las conexiones entre una lucha y otra, pero la continuidad la da no solamente el simbolismo del 68 y el ajuste de cuentas ante la deuda histórica de la masacre del 2 de octubre, sino la participación constante de la generación del 68 en las distintas luchas sociales y la renovación constante de cuadros de una izquierda que no ha cancelado aún la lucha ni ha dado por olvidadas las afrentas de los tiranos.

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Dibujo de Santiago Tlatelolco por Alfonso Pérez Soriano

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COMUNICADO (EN LOS 30 AÑOS DEL MOVIMIENTO DEL 68) Por el Subcomandante Insurgente Marcos Ejército Zapatista de Liberación Nacional México A la Digna Generación de 1968 Hermanos y Hermanas: Les escribo a nombre de los hombres, mujeres, niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional para saludarlos en esta fecha que recuerda los 30 años de la matanza de Tlatelolco, pero también los 30 años de un movimiento que luchó por la democracia, la libertad, y la justicia para todos los mexicanos. 68 no es sólo el 2 de octubre y la dolorosa Plaza de las Tres Culturas. 68 no es sólo aquel Tlatelolco, aquel edificio Chihuahua contemplando, olímpicamente atónito y apenado, la matanza de niños, hombres, mujeres y ancianos desarmados e inermes ante las tanquetas, los fusiles, las ametralladoras, la estupidez hecha gobierno. 68 no es sólo la plaza resumiendo y resumando la sangre de tres culturas bajo la muerte decretada por un sistema político que hoy se mantiene y se reproduce sobre matanzas semejantes. 68 es también y sobre todo, la Marcha del Silencio, el Poli, la UNAM y cientos de estudiantes de instituciones de educación superior viendo para abajo, el Topilejo de la autonomía popular, las asambleas, las pintas en los muros, las brigadas, los mítines relámpago, la calle subvertida y vistiendo la dignidad con ropajes nuevos. La calle como territorio de la otra política, la de abajo, la nueva, la luchadora, la rebelde. La calle hablando, discutiendo, haciendo a un lado automóviles y semáforos, pidiendo, reclamando, exigiendo un lugar en la historia. 68 es una ventana para ver y aprender de la abierta confrontación entre varias formas de hacer política, entre distintas maneras de ser humanos. El movimiento de 1968 marcó la historia de este país de manera definitiva. Entonces se enfrentaron dos países: el construido sobre la base del

52 autoritarismo, la intolerancia, la represión y la explotación más brutales; y el que se quería y quiere construir sobre la democracia, la inclusión, la libertad y la justicia. Allá arriba en el México de los poderosos, de los que deciden con la fuerza y por la fuerza el rumbo que más convenga a sus propios intereses, de los que hacen del monólogo, el garrote y la mentira la forma de gobierno, de los que no escuchan más que la voz que les devuelve el falso espejo que el Poder construye para quienes lo sirven e idolatran, de los que ofrecen la mano tendida y el diálogo directo mientras golpean, persiguen, encarcelan, violan, asesinan y mienten a quienes no les rinden obediencia ciega, sumisión, cabezas gachas. El México del PRI y de los militares. El México de la violencia y la mentira. El México de los que inventan confabulaciones desestabilizadoras, conspiraciones extranjeras, bienestar para la familia, rescates bancarios, voluntades de diálogo, ayuda a damnificados, caminos y puentes. El México de los que simulan gobernar para todos. El México de los que administran la catástrofe para beneficio de unos cuantos. El México de los criminales que ordenan y que jalan el gatillo en Tlatelolco, en Acteal, en Chavajeval, en Unión Progreso, en Aguas Blancas, en El Charco. El México de los de arriba. El México que agoniza. Abajo el México de 68 El México de los que viven y mueren la rebeldía y la lucha por la justicia de la única forma posible, es decir, de vida entera. El México de los que siguieron, y siguen, exigiendo, luchando, organizando, resistiendo. El México de los que no vieron pasar los años con amargura, los que se levantaron, volvieron a caer. Los que volvieron, vuelven siempre, a levantarse. El México de los que no limitaron la rebeldía y la exigencia de justicia a meros asuntos de calendario, a enfermedades pasajeras que la edad cura. El México de los que no definieron “rebeldía” sólo como una noción que no iba más allá del largo del pelo de los hombres e inversamente proporcional al largo de la falda de las mujeres. El México de los que no se contentaron sólo con buscar en el cuadrante

53 de su radio la respuesta que está en el viento, que no vieron la rebeldía nada más como una incómoda moda de decir “no”, que no definieron la lucha por la justicia sólo como el éxito musical que se tararea continuamente. El México de los que no se dejaron que el paso del tiempo igualara cordura con claudicación. El México de los que no cortaron su dignidad ni alargaron la desmemoria. El México de los que no hicieron del 68 pasado vergonzante, mera travesura juvenil, escalera al mal gobierno. El México de los que no fueron, ni son, ni serán líderes, pero que en la casa, en el trabajo, en el camión, en el taxi, en el caballo, en la máquina, en el aula, en la fábrica, en la iglesia, en el pesero, en la silla de ruedas, en el autobús, en el arado, en la peluquería, en el salón de belleza, en el tractor, en el avión, en el taller, en el puesto ambulante, en la motocicleta, en el mercado, en el hospital, en la curul, en el estadio deportivo, en el consultorio, en el escenario, en el laboratorio, en el cabaret, en el asilo, en el escritorio en la oficina, en los estudios de cine, radio y televisión, en los talleres de artes plásticas, en el metro, en el clóset, en las sillas de redacción, en el mostrador, en la bicicleta, en cualquiera de los colores con que se pinta lo cotidiano y silencioso, levantan una mano, una imagen, un sonido, una boleta, un voto, un puño, un pensamiento, una voz para hacer frente a las mentiras gubernamentales y decir: No, ya no. Ya basta. No les creo. Queremos algo mejor. Merecemos algo mejor. El México de los que en sindicatos, en centros de educación, en los partidos políticos de oposición, en las organizaciones sociales, en las organizaciones no gubernamentales, en las colonias populares, en los ejidos y comunidades, en la clandestinidad, en las calles y en los campos y en las montañas, en todas partes, continuaron, siguieron, resistieron. El México de los que aprendieron que la esperanza se construye también con dolores y caídas. El México de los que dijeron NO a la falsa comodidad de la rendición, de los que con el pelo corto, largo o sin cabellos hicieron crecer su dignidad, de las que acuñaron la memoria sin importar si la falda cubría o no las rodillas. El México de los que vivieron y murieron 68 y empezaron a parir otro mañana, otro país, otra memoria, otra política, otro ser humano. El México de los que no construyen escaleras, de los que ven a los lados y encuentran al otro para hacerse y hacerlo “camarada”, “compañera”,

54 “compañero”, “hermano”, “hermana”, “pareja”, “compita”, “valedor”, “amigo”, “amiga”, “manito”, “manita”, “colega” o como quiera que se le llame a ese largo y accidentado camino colectivo que es la lucha por todo para todos. El México de los de abajo. El México que vivirá. El México de 1968. El México de los todos que se repiten y renuevan en su lucha –distintos, diferentes, otros– por la democracia, la libertad y la justicia sin importar edades, sexos, colores, culturas, provincias y localismos, lenguas y credos. El México de los que lucharon y luchan por ser mejores de la única forma en la que es posible ser mejores, es decir, con todos. A ellos y ellas. A los que siguen. A los que resisten. A los que continúan. A los que, aún muertos, sobrevivieron 68 y hoy vemos de este lado, junto nuestro aunque distintos y diferentes. A ellos y ellas. A los que siempre saludamos nosotros los zapatistas. 1968. 1998. Tiempo de exigir que se conozca toda la verdad, que no queden impunes los crímenes de ayer y de hoy. 1968. 1998. Entonces y ahora la mentira de arriba vino para esconder la realidad. Entonces y ahora la verdad de abajo viene para mostrar la realidad. 1968. 1998. La realidad de la sangre manchando las plazas. La realidad del autoritarismo llevado al crimen. 1968. 1998. La realidad de los muertos y los vivos recordando y cultivando la memoria. La realidad de la lucha que sigue. La realidad del mañana que se anuncia, que vendrá... Vale. Salud y no hay que olvidarlo: 30 años después... la lucha continúa. Desde las montañas del Sureste Mexicano. Por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. México, octubre de 1998.

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Tinta china de José Hernández Delgadillo

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CONTEXTO
DESCRIPCIÓN ÉPICA DE LA CIUDAD SITIADA “Anónimo de Tlatelolco”, (1528) (Sección referente a la Conquista) Versión de Ángel María Garibay Y todo esto pasó con nosotros. Nosotros lo vimos, nosotros lo admiramos; con esta lamentosa y triste suerte nos vimos angustiados. En los caminos yacen dardos rotos, Los cabellos están esparcidos. Destechadas están las casas, enrojecidos tienen sus muros. Gusanos pululan por calles y plazas, y en las paredes están los sesos. Rojas están las aguas, están como teñidas, y cuando las bebimos, es como si bebiéramos agua de salitre. Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe, y era nuestra herencia una red de agujeros. Con los escudos fue su resguardo, pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad.

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ANÓNIMO DE TLATELOLCO (Fragmentos, basados en traducción de Ángel Ma. Garibay K.) Y todo esto pasó con nosotros. Nosotros lo vimos, nosotros lo admiramos. Con esta lamentosa y triste suerte nos vimos angustiados. En los caminos yacen dardos rotos, los cabellos están esparcidos. Destechadas están las casas, enrojecidos tienen sus muros. Gusanos pululan por calles y plazas, y en las paredes están salpicados los sesos. Rojas están las aguas, están como teñidas, y cuando las bebimos, fue como si bebiéramos agua de salitre. Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe, y era nuestra herencia una red de agujeros. Con los escudos fue su resguardo, pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad. Hemos comido palos de colorín, hemos masticado grama salitrosa piedras de adobe, lagartijas, ratones, tierra en polvo, gusanos... Comimos la carne apenas, sobre el fuego estaba puesta. Cuando estaba cocida la carne

59 de allí la arrebataban, en el fuego mismo, la comían. Se nos puso precio. Precio del joven, del sacerdote, del niño y de la doncella. Basta: de un pobre era el precio sólo dos puñados de maíz, sólo diez tortas de mosco; sólo era nuestro precio veinte tortas de grama salitrosa. Oro, jades, mantas ricas, plumajes de quetzal, todo eso que es precioso, en nada fue estimado... El llanto se extiende, gotean las lágrimas allí en Tlatelolco. Cuando todos se hubieron reunido, los hombres en armas de guerra, los hombres que hacen estruendo, ataviados de hierro fueron a cerrar las salidas, las entradas, los pasos. (Sus perros van por delante, los van precediendo.) Entonces se oyó el estruendo, entonces se alzaron los gritos. Muchos maridos buscaban a sus mujeres Unos llevaban en brazos a sus hijos pequeños. Con perfidia fueron muertos, Sin saberlo murieron y el olor de la sangre mojaba el aire Y el olor de la sangre mojaba el aire. Y los padres y madres alzaban el llanto. Fueron llorados, se hizo la lamentación de los muertos. Los mexicanos estaban muy temerosos: miedo y vergüenza los dominaban.

60 Y todo eso pasó con nosotros. Con esta lamentosa y triste suerte nos vimos angustiados. En la montaña de los alaridos, en los jardines de la greda, se ofrecen sacrificios ante la montaña de las águilas; donde se tiende la niebla de los escudos. Ah, yo nací en la guerra florida, yo soy mexicano. Sufro, mi corazón se llena de pena. Veo la desolación que se cierne sobre el templo cuando todos los escudos se abrasan en llamas. En los caminos yacen dardos rotos. Las casas están destechadas. Enrojecidos tienen sus muros, gusanos pululan por calles y plazas. Golpeamos los muros de adobe. Y fue nuestra herencia tan sólo una red de agujeros. Esto es lo que ha hecho el Dador de la Vida allí en Tlatelolco.

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El poeta Leopoldo Ayala y el cantautor José de Molina

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EN ESTA PLAzA Por José de Molina

Cuentan que los pajarillos callaron sus trinos para no cantar. Cuentan que la golondrina emigró temprano para no mirar. Porque al cruzar, nuestra ciudad, vieron la sangre de un niño cubriendo de rojo su plaza ancestral. Vieron la sangre de un niño cubriendo de rojo su plaza ancestral. La sangre hace costra dura, no se derrite con llantos, ni se limpia con lamentos, ni con lágrimas se lava. Oiga lo que estoy diciendo, no me importa que se azore: levántese y tome un arma, haga algo pero no llore, haga algo pero no llore.

64 Porque al cruzar, nuestra ciudad, vieron la sangre de un niño cubriendo de rojo su plaza ancestral. Vieron la sangre de un niño cubriendo de rojo su plaza ancestral. En el viejo campanario las campanas redoblando. Ya no nos llaman a duelo, a luchar, están llamando. Oiga lo que estoy diciendo, no me importa que te azores: levántate y toma un arma, haz algo pero no llores, haz algo pero no llores. 1968

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El novelista José Revueltas, el maestro Fausto Trejo, el poeta Leopoldo Ayala y el dirigente del Partido Comunista Mexicano Marcué Pardiñas

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68 POETAS 40 AÑOS

POESÍA SOCIAL DESDE EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DEL 68 MEXICANO

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69 EL RÍO NUEVO Por Saúl Álvarez Mosqueda, “El Chino” Yo pertenezco a ese río que baja por octubre con los brazos en alto y que inunda las calles desbordado. Yo nací en ese río que viene de julio y que corre de Norte a Sur lleno de sueños y de niños-hombres mientras los hombres-niños tiemblan de miedo en las riberas tranquilas. Yo soy ese río lleno de estrellas adolescentes que arrojan libros para azolvar la arteria de la paz-sepulcro. De la "paz-trancazo" que viene como paloma verde con un ramo de fuego en el hocico y un laurel de granadas en las alas, montando un tanque y arrullando un fusil. Yo soy el agua que llenó Reforma de gritos nuevos y de historia para lavar las estatuas oxidadas por la gloria vieja y el orín de los soldados. Vengo de la tarde en que anochecieron

70 doscientos héroes pequeños de inmensa estatura que alcanza las nubes. Estuve yo en la escuela donde floreció la vergüenza y salió la mano débil que adornó la ciudad haciendo hablar las paredes y los muros y convirtió la urbe en un grito solo, en una voz que despierta a las bestias de la selva, como el reclamo agudo de un recién nacido que ilumina el primer hogar. Y vi el relámpago de orgullo que incendió la sangre y alumbró el oscuro palacio donde duerme la Hidra mientras lame sus alas de cartón. Yo vi escupir fuego a un sol lleno de heridas esa tarde, cuando el miedo se vistió de verde y asesinó la pesadilla que le humillaba el sueño. Y vi a la cobardía vestida de negro y leyes cubrir con su cuerpo purulento las rejas de una cárcel para que salieran las llamas del nuevo sol que amaneció en los polos del valle esa tarde.

(El autor fue preso en Lecumberri, ahí ganó un premio en un concurso de poesía para prisioneros políticos, convocado por defensores de los derechos humanos)

71 TLATELOLCO Por Adolfo Anguiano Valadez Caracol de guerra antorcha que incendia Son las cinco y media en “La Plaza de las Tres Culturas...” El caimán avanza hacia el río oliendo sangre, agazapado. Entró el odio, penetró el espanto, de pánico se estremecieron los instantes, temblaron los relojes congelándose las almas; la metralla en víbora de plomo paralizó las gargantas... El tumulto no escuchó las seis en paz de la tarde... Porque no sonaron las seis de la tarde sólo pólvora y ojos asesinos... sólo pánico atorando las gargantas, ansiedad y muerte desgarrando niños, mujeres, estudiantes, en “La Plaza de las Tres Culturas”. La técnica y estrategia, la maldad que habita en la bestia, la piel tinta de sangre enarboló la chacalesca, restregándose en el pasto de sus víctimas, trescientas voces se callaron para siempre, trescientas... ¡Ahí, en Tlatelolco! Fuente de ignominia, está brotando roja semilla de una aurora, la espada de una causa. ¡Ahí está brotando!

72 En los tanques se escudó la muerte, brilló el filo de los dientes del invierno prematuro de rabia centelleando, ojos asesinos... En el potro de la noche cabalgó la furia y el espanto entre torres de miedo que se irguieron con nombres de próceres y héroes y fantasmas de terror envueltos en las sábanas de cientos de anónimas mortajas... Rondó la muerte con su música hasta el canto del gallo estrangulado, se coaguló la sangre entre despojos y quedó el panteón de gigantes malheridos, un pueblo marcado con saña de asesinos que tatuaron en la frente la señal ardiente de una muerta democracia… porque hoy estrenó Tlatelolco ¡El estigma que orna el pecho de la patria!

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Lápiz de cera, dibujo 1 de la serie Perros-Hombre, Ocaranza

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75 MORDAzA (Fragmento) Por Jesús Arellano En memoria, de los días 19 y 22 de septiembre y 2 de octubre de 1968 1 Si sólo la palabra, invulnerable, raíza murallón contra toda insufrible tiranía. Si sólo el pensamiento pondrá juicio al malestar legislativo, ejecutivo y judicial. —Corazón de amapola te lo juro—, va mi palabra en prenda y voy por ella. 3 El monopolio del gobierno, imperialismo del negocio feudal, se quita el mascarón y a insana demagogia la enhierbaza la más íntima emoción al campesino, la conciencia engatusa del obrero y pignora la bolsa del ingenuo burgués. 5 Contra la depresión y la mordaza —corazón de montaña— me descoyoto en lunas. Mira la muchedumbre, enjilgueriza nubes desde el rojo social e impide, cuando puede, que escarnezca la estampida legal que desató Madero. 6 Porque fogón de sílabas eternas, emocional a lágrima, trago y salitre, Marcela igual que a ti —corazón de la lluvia y de los grillos—, también desde la nuca a la nariz —a mí— se me acabó ya la prudencia. 1968

76 DE OTRA GENERACIÓN Por Víctor Joel Armenta A Carlos Jiménez, sobreviviente del 2 de octubre I Yo no vi la muerte en estas ruinas que ahora veo, no he podido observar los zapatos vacíos, monumentos desolados de los cuerpos también vacíos; no logro sacar la sangre de la piedra gris y sucia que adoquina el piso. II Yo no vi el relámpago de bengala, el rayo de la muerte descendiendo, yo no vi en Tlatelolco la vida acuchillada, ni los tanques, ni las bayonetas librando su combate contra todas las derivaciones de la palabra vida. Es decir, no he visto nada, y recorro hoy la plaza, y veo pasar la gente tantos años más tarde, y las ruinas que hablan — imponentes y místicas — de la gloria del imperio mexica tenochca tlatelolca. III Muchos como yo tampoco vieron esas horas ni los días precedentes

77 ni las muchachas de antaño ni el amor poblando calles y paredes y abismos, ni las bestias cercando el pavimento. Somos otra generación que circula en las venas infinitas, gente nueva arrancándole vivencias a la memoria de los otros. IV Pero las ruinas guardan miles de nombres, y en cada esquina saltan los espectros, y uno puede reconocerlos aunque no pueda nombrarlos; haría falta que hablaran estas sombras, quién era Juan, y quién esa tarde tenía planes para el cine y quién pensaba visitar a su familia el mes entrante. V Si me callo, si me niego a escuchar el ruido de los autos, el canto estridente de las ambulancias, el bullicio de la ciudad que ha cicatrizado sus heridas, si convoco el silencio detrás de mí y en cada sitio en que dispongo la vista, resulta que la plaza — incapaz de guardar tanto silencio — me devuelve los ecos de la vida, y me aturde con el silbido de las balas, me atropella con imágenes de muerte, me va guiando por senderos de sangre que dejaron otros pasos. Y la plaza enrojece de vergüenza, de dolor, de rabia de ser cómplice.

78 VI ¡Pero levántate, oh plaza de los muertos, oh, gloria de los dioses antiguos! Crepita en el viento que desatan las antorchas y las velas dolientes y el recuerdo. ¡Levántate, oh plaza inmemorial, no guardes nunca más las venas deshojadas ni el eco de las risas y los llantos! VII Porque el recuerdo está tan vivo que seguirá doliendo aunque pasen los años y sacuda la tierra su carga de edificios; porque somos de una generación distinta que sabe amar tanto como aquéllos, gente nueva que no sabe quedarse sin banderas, que somos carne y sangre de un país de hombres y mujeres con estirpe de gigantes metidos en el pecho. VIII Resucitará la hora en que maltrechos, atónitos y lúcidos cayeron estos cuerpos, y agregará otra huella de pasos tras los pasos, otros nombres de pie, seguramente; yo viviré para ver

79 cada segundo imperecedero de ese tiempo, yo seré testigo de los días y los años. Pueden saberlo los enemigos de entonces y de siempre — no es secreto —, los pequeños verdugos y los sabios grises de la inquina y la tortura y la canalla… que allá, al final de la línea, esta sangre les tiende una emboscada.

80 10 DE CORPUS Por Leopoldo Ayala Nunca el presente es intocable si nos lo han hecho. Y para desenmascarar a las palabras es preciso antes haber enmascarado a las palabras; cuestión de método pero también cuestión de cobrar a plomo nuestra vida. Sagrado Corazón de Jesús ya le dieron en la mano, pobrecito, protégelo Señor. Hijo de la chingada éste es peor que el otro, pobrecito, protégelo Señor. Hoy es jueves para el cuerpo como 71 de nosotros. Hay que decir las horas y hay que costear las municiones, los tanques antimotines por primera vez, las varillas eléctricas E. M. Hoy es jueves como muerte para el pecho y los periódicos. Una bomba de gas lacrimógeno. La mano de explosión de un granadero. Y las 5.05 de la tarde. “Aquí teniente Jasso, oportunísticamente son unos seis mil...” “Acaba de salir una camioneta con propaganda y posiblemente con varios líderes, deténgala.” La marcha era para fundir lo que jamás termina, para que la vida no cayera derribada. Y los pedazos lejanos por los antiguos cuerpos, compañeros, durarán el hecho que ya avanza.

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Luz y Traición, de Alfredo Meneses

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83 La poesía está en la calle. Con una limpidez extraña de seguir, de continuar, de ser para siempre más grande que sus pasos: la columna. Del brazo. De espalda a pecho, de canto a palabra. Ya no dibujen las palabras. ¡Vívanlas! La marcha era para continuar la lucha interrumpida, para generar la materia decisiva. ¡La marcha era para marchar con la Libertad a cuestas! 4 p.m. Más de 10 000 estudiantes, obreros, pueblo. Santo Tomás, Instituto Técnico, Av. de los Maestros y San Cosme. Al cruzar por Sor Juana los granaderos con armamento de alto poder nos detuvieron por primera vez. Mexicanos al grito de guerra el acero aprestad y el bridón y retiemble en sus centros la tierra al sonoro rugir del cañón. Pasamos. Fue la única alegría en los rostros. Confiados, caminamos. Interceptadas por onda corta se grabaron las comunicaciones policíacas. “Los tengo detenidos, qué hago con ellos...” ¡Salta la palabra a la calle y se hace manifestación! La autoridad a mi cargo no tiene número oficial de muertos. La imaginación del Pueblo hace ver... No se permitirá ni se tolerará ninguna manifestación pública.

84 Los jóvenes son inclusive engañados porque no están encauzados dentro del camino de la auténtica revolución. ¡Esa V no se ve! ¡Esa V no se ve! Aquí teniente que entren en acción los halcones... Ahí vienen... protéjanlos, protéjanlos. ¡Protéjanlos! El primero que cayó fue un obrero de Ayotla Textil, como una bóveda oscura su pecho enrojeció. Ahondando entre la gente su mirada latía toda esperanza. Intentamos avanzar pero sonaron los disparos como un soplo caliente rojo. Quiso decir algo pero su aliento fue como una tela negra en medio de la calle. Nos dispersamos. Corre conmigo. No te separes. Yo no sé yo qué quería, íbamos contra la agonía llevando nuestro miedo entre las manos permanecimos boca abajo, pegados contra el suelo en sismo, las ametralladoras, los fusiles, las metralletas saltaban la barda guareciente. Agáchate pendejo cuando pasen nos salimos. Unos corrieron al panteón inglés y les pegaron, otros se escondieron, los más fueron derecho a la Normal, ahí es donde los querían meter fuego a fuego, colocados en el centro sin que pudieran salir. Ahí estuvimos hasta pasadas las 12 p.m. Fábrica de poesía sin vida. Son las 21 hrs. la ciudad en junio se mantiene como siempre en calma.

85 Nosotros nos metimos en un puesto de tiro sport en una feria. - Por aquí joven, están escondidos adelante. Adentro había un muchacho jorobado y una mujer rasgándose los brazos. - Pobrecito. - Protégelo Señor. ¡Ay la muerte ocupando la calle a bocacalle! Ay los cuerpos y los disparos resonando casi 2 horas o tres años. Y otra vez los mismos días como gérmenes humanos. Y la mandíbula del dolor y de la rabia. Qué hacer, carajo cuando se ve la pierna colgada como trapo rojo y el cuello y los brazos y las bocas batidas y atenazadas. (A las 40 horas como hijo sonoro nació mi segundo hijo. Yo todavía tenía en la ropa el olor a población y a pólvora y no podía asentar fuerte los zapatos por miedo a atropellar alguna cosa.) Qué decir otra vez tirado como un túnel frente a la arremetida de la muerte. Márquez. Argüelles. Vargas. Manuel. Beltrán. Guzmán. Moreno. Martín del Campo. Treviño. Barrera. Jorge de la Peña. Jésica de 4 años.

86 Lilia de 3 meses. Más de 42 muertos dijeron en la Universidad, entre 75 y 125 llevados al Campo Militar No. 1. Las aperturas democráticas. Un diálogo verdadero con el gobierno. Se puede gobernar para la burguesía y para el Pueblo. Cuántos más claudicarán y silenciosos y ocultos maniobrarán y confundirán. Alerta compañero. El sentido revolucionario es uno y sólo lleva el golpe frontal. Cerca de mí, los cadáveres se defienden inútilmente. Habrán de despedazarlos queriendo arrojar en la autopsia su luz, sus puños cerrados, la alzada de su responsabilidad joven. A prueba de tanto mexicano de mierda esos cadáveres son ejército que refuerza, que señala lo que aumenta el hombre, lo que hace a nivel de sangre probar ser hombre. A las 18:15 p.m. buitres y halcones policías arrasaron a metralla la Cruz Verde, asesinaron las camas, el almidón blanco de los uniformes, las orejas heladas de los recién heridos; y entre el cerco tambaleante de los frascos de suero los araron profundos. Pero un día esos cadáveres agredirán desde el balcón de Palacio, los patios de las fábricas. el barbecho, las pantallas de cine y el televisor, la voz mediatizante de intelectuales y cultos maestros y desde la imbecilidad de la oficina, agredirán. La realidad asesinará al pasivo espectador.

87 Cinco especies de dedos detienen todo lo que he escrito. Un sudor endurecido forcejea con mi país. ¡Por nuestros compañeros caídos no un minuto de silencio sino toda una vida de lucha!

CÓMO CALLARÁS SUS VIDAS Cómo callar la emboscada presidencial descalabrada al genocidio. Cómo callar al batallón paramilitar Olimpia masacrando la Plaza de Tlatelolco. Cómo callar el golpe seco desbravando la muerte adolescente, ensartada en el delirio apátrida de la bayoneta militar. Cómo callar el disfraz uniformado rasgando a sardo los cuerpos infantiles. Cómo callar la sangre pegada al pavimento de Octubre y Junio. Cómo callar a los halcones ensangrentados a la orden presidencial. Cómo callar las varas eléctricas y la pólvora estallando en la cara y el cuerpo vivo. ¡Ahora callas pero antes torturabas! No podrás callar la orden in juris de la Suprema Corte de Justicia ¿Oíste? Investigar los hechos hasta el fondo del crimen. No podrás callar tu sexenio de terror, tus cárceles, tus fosas clandestinas, tu hipocresía internacional y tu reprimir fascista al Pueblo entero. No podrás callar 120, 000 pies de película en el 3er. piso de Relaciones que García Pineda tomó a tu “Operación Galeana” y te entregó en mano. Y los otros tantos del 10 de Junio. Y las fichas de héroes descalabrados filmados. No podrás callar tu fanfarronería homicida reducida hoy a la falta de hombría de un mudo ex presidente en impotencia. El derecho en ansia de los pueblos de saber quién mató a sus hijos no prescribe. No prescriben las promesas despachadas a gusto de un presidente entrante que en "su cambio" dijo no callaré frente a la dignidad de la patria. No prescriben las fotografías ni las actas de defunción por golpes brutales, tortura mexicana y fusilamiento de luchadores sociales. 34 años de infamia ¡Viva Eureka! ¡Vivan los rostros rescatados vivos de 200 presos políticos! ¡Viva Xí Nich'! No prescriben los huesos triturados por una muerte que no era la suya

88 y que habla el amor a la vida. No prescriben todas estas caras que hoy nos miran desde dentro del corazón con los ojos fijos del valor, nunca amputados, nunca volatilizados. Antes que eso viven aquí, nacen en las venas de todo un Pueblo. Y tú no tienes lugar ¡No tienes nada! ¡Fuera de la historia digna de la que nunca fue tu Patria! ¡Fuera tu cara vieja, abyecta de horror, descarada! ¡Fuera tus dientes esparcidos entre los escombros de cada arruga! La pesadilla embriagada de poder te derrumba ¡Tirano cortado de raíz! Estás solo en la monstruosidad de cada uno de tus crímenes, uno tras otro, en cada desaparición una tras otra hambrientas. En los 143 asesinados por tus generales que arrojaron al mar desde un avión Arava del Ejército Mexicano inventariado. Tienes tus horas marcadas por cuerpos permanentes de sangre. ¡La sangre es ya tu única compañía! Ya estás preso en ese rincón que separa la cabeza del cuerpo de tu agujero; en el desprecio ardiente de nuestras doñas dispuestas a defender hasta a tus propios hijos si desaparecieran por ti, a Madre Rosario y sus huelgas de hambre de por vida colgada como hijo al cuello y de nuestro grito tan todos: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! No prescriben en ningún país la obligación de rendir cuentas a la muerte. ¡Así no lo hiciste y hoy la nación te lo demanda! No habrá nunca para ti in dubio pro reo — De tu lado por duda — porque no hay un mexicano que dude de tu sexenio triturador rabioso y ningún juez será la mierda primera pegada a tu cadáver. Jus semper logitur o mejor aún Veritas semper logitur “El derecho siempre brillará” o mejor aún “La verdad siempre brillará” como brillan las catedrales de luz de nuestros desaparecidos. Ahí están en su vida de hoy en los carteles sus ojos fijos, en todas partes su expresión noble en el viento. Para siempre el muro mayor del corazón de su Pueblo siempre escribe: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! Oye tu hedor por tus mismas víctimas al ver tus disparos. Tus víctimas hoy de pie y en lucha pudren la mentira de tu yacer y lo lanzan al vacío. Esos rostros vivos son el fuego donde has ardido tu ser inhumano.

89 Tu muerte pasada a normal que te vendrá a podrir dos veces. ¡Tu callar cobarde demuestra que tenemos la razón! Escucha, criminal a espaldas del mundo: ¡No asesinarás a la poesía que ellos nos entregan ni al futuro que hacemos hoy aquí! ¡Y menos aun a la Patria justa, digna y libre que vencerá! ¡Que vencerá! ¡Que vencerá! Al Comité Eureka en su XXV Aniversario en Lucha y a la Comparecencia como Indiciado por Genocidio de Luis Echeverría Álvarez, ex presidente de México. Agosto 2002.

CELDA CONYUGAL

Distinta a mi mano dura antes llena de la suavidad que pone al temor la caricia conducida y que ahora únicamente alcanza el polvo que pesa sobre sus hombros; hago de esta hora partículas para dividir el tiempo. Son las 3 p.m. a las 4 p.m. cerrará la vida. Qué luto llevan mis duras manos ahora. Se perderán amargas en esta hora con el puño cerrado y la rabia en la puerta de los dedos —déjame el puño suelto y sin caricia. Arde el silencio más oscuro y se propaga colectivo en esta “C” de castigo sin crimen ni caderas: y me explico mis huesos y me explico lo que el hombre rehúsa y lo que esconde su sangre. Más míos son mis huesos bajo la tela azul que me confunde. Más míos son mis huesos.

90 El viento de la ciudad tiene aliento de asesino. Y hace olvidar en su impacto definitivo cualquier día, aquel día 2 entregado a sangrar o este día por ejemplo o todos los que llevan las uñas parecidas. Cifra día al dolor de la espina dorsal hecha a la infamia. Sólo tengo este paso agigantado para razonar y atravesar mi nuevo cuarto lado a lado, mi cuarto un paso cardinal cercado de apego por mi casa, mi cuarto rematado de golpe labio arriba a lo mejor del hombre; pero cuántas semanas tiene mi razón cuántas armas rígidas y cuánta munición que la defienda tiene. Decididamente estas duras manos que entran sus temblores no me ayudan a recoger mi cuerpo de esta celda. Mi cuerpo que lleva lo que siento a secas como temperatura de los pies a la cabeza. Estoy ardiendo de deseo y de angustia y de bocas muertas hundidas en mi cuello alargándome el último mordisco con los dientes arqueados. Como una gota que lleva la alegría de un amanecer rodeado por el cuerpo, los de la segunda planta —las celdas de castigo, digo— no tienen ni vista ni bajar y deben alejar juntar su rostro en cajas de cerillos sobre un hilo, el hilo atravesado para aparecer la limosna y la lástima que cortará el guardia puntual y conveniente y comedido al robo y la rígida mirada; como si la vida fuera saliva puesta en medio del grito y de la súplica. A quién viene a ver. Ah. Cómo se llama usted. Te buscan. Te señalan. Ah. El 25 tiene el detenido en la lista. Allí quisiera recorrer mi traje adolescente de combate y no decir: La Libertad y marchar y despierta de todo y yergue a sonar el brazo y asesta tu golpe de justicia. Allí está. Él, con su sonrisa que ya no puede cerrar

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Dibujo 6 de la serie Perros-Hombre de Ocaranza

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93 porque muchos le detienen la boca y el crimen ennegrece y escarba y taladra y hace espuma. Que no tiemble cuando el hombre cierre el puño y lo levante. Y no decir todo esto y callar y callar la hazaña y desunir al cortejo el sabor que tiene de difunto. Los muros desnudos de mis ojos tienen tu cadena de domingo y triunfo y remordimiento masculino. El 25 tiene el detenido en la lista. He tocado la ingle de la muerte y en nuestra cadavérica sábana he mordido su mórbido pezón. He trincado los dientes con el vapor seco a sus piernas heladas. He encerrado en su movimiento sepulcral todo un rebaño salvaje sesteando a sus palpitaciones, estrangulando y persiguiendo como vigía el deleite de sus contracciones. Y su jadeo nunca satisfecho he perseguido. Creo que el trabajo de mi abrazo ha sostenido el olor transcurrido del cuerpo de la muerte. La boleta. Su boleta. Qué número viene a ver. Nombre: esposa, amiga, amante, enemiga, hembra. Nombre, dirección, lugar que ocupa en el suelo. No más dibujos por las calles, no más palabras, bastante hay despedazado con las lágrimas en todos los charcos con los andamios tiesos como cadáveres boqueteados y con la espalda al suelo y la bravura impotentes. Todo se hubiera perdido si la trinchera de sillas y la forma de los dedos hubiera sido menos noble a la cabeza, y se hubiera querido agrandar para defenderse al paso del tableteo mecánico y echada hacia adelante. Haré yo porque todos cuando muertos hieran sus propios ataúdes y los expresen mejor,

94 y hagan exacta su dicción bajo la tierra. En la cremación trastabillante al desgaste de la piel amigos, compañeros haré yo porque los muertos, estos muertos no les permitan sucumbir del todo. Las 4 Termina la visita de mujeres. Termina el tiempo de la visita de mujeres. Déjame abrazarte y mantener tu cuerpo encima del lodo y separar tu gemido inaccesible y poseerte de pie con el inquebrantable poder de un guerrillero. En una hora hay amor suficiente para esgrimir el corazón y hacerle lanzar el más hermoso grito cóncavo por el cuerpo. Ella como trofeo de desnudez oscura y grietas ondulantes y polvo. Ella rígido promontorio de virginidad asilo y látigo sonoros. Ella que irá a mi tumba como muchacha y tentará a la risa, tranquila con el sabor del recuerdo entre su pelo castaño. Ella que agregará nuevas matanzas a mis poemas despiertos. Ella puta y puerta llegada a la tristeza con el primer poema o la soledad envejecida o la llovizna al vientre fecundo a la palabra o al hijo. Ella no más fuerte al amor tan de golpe, tan debajo del crimen, tan de miedo. Ella misma: la muerte. No se dice crujía sino dormitorio. No se dice celda sino cuarto. No se dice preso sino interno. No se dice hombre sino esqueleto gigantesco. No se dice Patria sino infamia. Sale y regresa. Un peso. Regáleme su periódico, su cara, su dolor, su gesto.

95 ¡Población 61! ¡Altas 0! ¡Bajas 0! “C” de castigo sin crimen ni caderas “C” de crujía “C” Escucha fiera hambrienta de desgracia y no otra cosa siento más mi vida que tu muerte. Tenemos que hablar de tantas cosas a dentellada seca hablar a furia compañera que desgarre el amor como tú ahora. Escucha piel filial de celebrar nuestros dolores, escucha. Escucha al hijo que nacerá de una hora permitida en la celda conyugal. Escucha al hijo del amor, del cuerpo del trabajo, al hijo que respetará la forma del hombre y fijará sus hechos y su lengua a la atmósfera con la fuerza más fuerte, con el ansia más hablada, con la mente más Pueblo. Atrasa tu cuerpo viejo cínico de especie que callas lo que vives y que hiciste. Son muchos los muertos para atracar mejor tus años satisfechos pero escucha, son estos muertos las primeras sílabas, los primeros pasos, los primeros intentos de este hijo mío de la agonía. De este hijo nacido en la celda conyugal en una exacta hora permitida. El despertar lleva lo trágico frente a la mancha del fusil lo vasto de ser en nueve meses lleva. Y no hay suficiente sudor para tomar sosiego y arar los ojos que lo vieron todo. En carros animales hijo los vi agonizar sin ritmo y los carros como hombres y los carros hacían intento de reír y golpeaban junto a la bala nacida temprano lanzada a la alabarda del compañero ciego de mirarse la cara y de llevar no ser ya más. Compañera mía enseñaremos a rezar a nuestro hijo: Caerá a su diestra y a su siniestra y no pedirá la sangre al pavimento transformará el helicóptero en infancia y su clavícula asesina

96 en la hora precisa de la muerte amén. Tengo que preguntar lo que he olvidado. Tengo que pensar que tus rodillas y tus piernas y tu cuello y tu silencio y la injuria y sus miradas y los ojos que imaginan moverse tu cuerpo y mi cuerpo son fragmentos solamente de esta hora, de esta hora exacta acelerada hora de celda conyugal; y que la vida es para encontrar las nuevas fuerzas y que no ha llegado todavía el momento. Marcha esta agonía amor marcha esta agonía amor o te maldigo. Y siempre la ternura tendrá la caricia que renueve el cuerpo. 1971

DÍA DE MUERTOS Del libro: Vivirás, América Sin aire, los labios apuntalan los pasos del danzante a la máscara de la plaza que avanza y retrocede. La máscara que perdió su rostro justador. La máscara que puede ser la tuya o la mía. Las cintillas del danzante arquean hasta cubrirlo todo se unen y palpitan la cara tapada de la cara petrifican por los brazos el incendio de su falda de gentío. Madura este dolor animal, la vista, el oído, la sangre que no nació ni murió nadie. Las palabras llevan a cuestas la tarde extensa, como muchacha que sale a fragmentarse retrocediendo las sombras continúa por el pecho de los hombres buscar sin encontrar. —Ese grupo de 80 estudiantes es criminal en conjunto— noviembre 2 rodea la hiedra, las piernas, la sucesiva cara ocupada por la noche.

97 En México noviembre 2 sabe a polvo y caliza. Hoy me doy cuenta cabal del rostro de los muertos antes de morir; de cómo cadáveres me darán las espaldas, y de que su muerte se medirá por lo que tomaron de la vida. En América noviembre traspasa la alegría terca que repite los nombres arrojados con sus extremidades al cadalso, viajeros brutales gastados en la boca y la palabra, los nombres para el diálogo cumpliéndose los nombres. Noviembre que no acaba de abrir con su voz las entrañas de la madre, vieja madre insurrecta, vieja revolución insurrecta, ahogada hace cuchillos y racimos. —Que hagan la jura los granaderos, agentes secretos y policías, testigos de echar más hondo que nunca se confunden ni contradicen— Pesa el destierro (el curso normal de la vida es un destierro). Pesa la arena verdinegra que mancha las paredes de la cúpula. Pesa el amor intermitente, endurecido en el cemento muerto sobre lo que deja la vida, 1968-1970 sería mucho la que no habla ni sonríe, la boca de adolescente que tiembla y teme cada uno de sus flancos. Se atosiga la muerte, yo le diría que no le conozco, que podría dejar de ser de nuevo. Que no ha habido la vida. Réquiem aeternam dona eis, domine: et lux perpetúa lúcaet eis. Te decet hymnus, Deus in Sion et tibi Reddetur votum in Jerusalem: exaudí orationem meam, ad te omnis caro veniet. Réquiem aeternam —Criminales de abusar de su mayor capacidad intelectual. Los juzgo criminales de 20 delitos y añádanse los que lloren sus puños. Criminales presos, criminales de pasar frente a un incendio; el que pasa cerca de un incendio, si es joven, anda criminal— Tendido entre barracas en cuartos con números de aluminio y mesas;

98 llevo el pellejo del asombro, el delirio la infancia en los caracoles huecos, la acometida, las bayonetas de espalda, el rojo y azul, el adulterio, el incesto, la ardilla de sus manos. Los escarabajos serenos en la palma del templo suspenden el canto extraño de ayer. Santo, Santo es el Señor y del humilde es señor. Janitzio en Día de Muertos es ahora canto de prisión. —Criminales de familiar la Constitución como bandera— Tu cabellera desatada inmóvil a la primera mañana, largamente descubre tus rodillas; tus rodillas niños ávidos arrojados a fuerza como caballos insostenibles; tus rodillas que cumplen sus quehaceres de arrimarse al amor. ¿Recuerdas? Era posible sobornar algo tallarlo hasta el último contorno desnudarte al rescoldo de la ceniza y abrazarte con los pies en abanicos delirantes (cuánto golpe me resuena). Cuántos amaneceres parapetaron el cielo y derribaron nuestras sábanas. —Si pudiera decirte: te amo y nada más. — Nuestras sábanas ahora caravanas silenciosas levantan entre sus íntimos centímetros los bañados muertos. Mano antigua del hombre, torre del año cruel, salvaje dimensión de cacería, pan de otra manera, esfera de sus cuerpos no tengas misericordia de ellos. Toman por asalto esta guerra mínima. Toman curvados sus labios difuntos. —Presos del juego de espejos de la política mexicana— Sólido entre las velas de sebo, el espacio se rompe en rosarios y ofrendas, aprendemos a reír

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Las Tres Culturas 1, de Melecio Galván

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101 y fumamos y bebemos vestidos para esperar el alba. Han caído todas las gentes que he conocido y no tengo derecho a escribirles —pero su canción reconoce la libertad que canto— horizontaron en el ataúd de los tejados, vieron a la muerte hacerse músculo y sólo a los ojos orfanar con un sentido de horror o de angustia, pero sostuvieron las manos que aún cabalgan los bordes fúnebres del hueco de las balas. Presos del retrato del presidente en turno. Presos de oír el asesinato, la persecución policíaca, la ocupación militar de las escuelas, el estado de sitio nunca declarado, el genocidio. Presos. Debajo funerar presos. Presos de hablar el Zócalo. Presos de ser 500,000. Presos por copiar la letra en las calles. Presos de desfilar en silencio un 27 y volver a ser 500,000. ¡Viva la muerte! España. ¡Viva la muerte! América. ¡Viva la muerte! México. Hay que sobrevivir como el bárbaro, con la respiración sumergida, sacudir el crespón del regente y advertir que ha corrompido el cuadrante de la tarde. Hay que pegar al paladar la dura vista y arder y dar vuelta al tiovivo de la sangre. —No basta ser presos; hay que morir por hambre hasta matar a la agonía— después vendrá el destierro. Contra 308, los que penetraron el escalofrío de los animales ellos, los asesinos escucharon:

102 a) El uso anticonstitucional de ejército apoyando actos también anticonstitucionales (artículos 29 y 129); b) La suspensión de hecho de las garantías individuales (artículos 1, 9 y 29); c) La cesación de la autonomía universitaria; d) El ejercicio de medidas represivas en sustitución del diálogo democrático (artículo 8); c) La clausura oficial de todo proceso democrático en el país; f) La detención ilegal, arbitraria y totalmente anticonstitucional de funcionarios, investigadores profesores, intelectuales, empleados, estudiantes y padres de familia, cuyo único delito era encontrarse en el centro de estudios en el momento que fue ocupado por el ejército (artículos 1 y 29). Demandamos, por lo tanto, de usted como Presidente de México y Jefe Nato del Ejército, el acatamiento irrestricto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Esta noche imita tu nombre. Me pesa amarte. Las parejas bailan en el atrio con tanta ternura que no pueden encontrarse en sus absurdas y líricas palabras. El olor a proa te amaga y oscurece la sien endurecida de tu posesión de grisú. —Mi cólera, esta cólera violencia reactiva le llamaron; está al servicio de la vida— Nosotros, pero nosotros… Hasta pronto y comenzaron a bajar. —De un tiro mataron a mi hijo por pintar una barda el 16 de noviembre. Tenía 17 años— La cuerda, es la cuerda. Como si hubiesen sido viejos fortificándose y aludieran a la necesidad de nadie. Atravesaron ermitaños descalzos en Valle de Gethsemani hallando el aliento y los oídos en el pensar que se vive orinaban de rodillas la sentencia;

103 cinco años, diez años, incesante. Vieron cómo los muertos aquellos nuestros jóvenes muertos en lugar de marchar gesticulaban la eternidad de panteón en memoria, con las narices chatas hasta el infinito. Vieron los dedos destrozados por un Apocalipsis sin golpe a disparar con lodo de otro mundo; pronto se volvieron menos parecidos. Vieron a la multitud sentada sobre un banco resistiéndose a unirse a los soldados para que perdonaran sus culpas, lejos de la metralla que regalaron a los niños, lejos de las mentiras, lejos de la mirada que sufrían decirse como si no hubieran nacido, las noches de cielos hermosos los hechizan como ratones domésticos, tentadoras. Al principio el sexo es inocente, pero los sardos maricas acarician las cejas peladas, perdidos atropellaban a cuchilladas sus culpas veniales, los convertían en vírgenes que acometían el espanto con sus tetillas aceradas. Cráneos ya dispuestos para los largos kilómetros del cuartel emputecido. Adolescentes detenidos en el predio de la infamia al abandono, detenidos del gesto roto que aún reclaman el cuerpo. Es la cuerda, la cuerda es la cuerda. La cuerda de maniquíes difuntos. Años y nombres: 20 20 18 21 19 24 20 22 20 Héctor Méndez Brown. José Meel Gaitán Quiñones. Noé Fernando Gutiérrez G. Manuel Pérez Valladares. Manuel Sánchez Casas. Marco Antonio Ovanda Pérez. Roberto Valdez Garibay. Jorge Acosta Nava. Venancio Leslei Montoya.

104 20 21 25 21 21 22 29 21 26 19 21 18 22 24 23 23 18 21 24 26 26 22 22 Adolfo Flores Mejía. Herminio Baltasar Cisneros. Rigoberto Valenzuela Yépez. Ceferino Chávez Alarcón. Alfredo Alonso Chacón García. Carlos Isauro Arguello. Arturo Pérez Ángeles. Catarino Pérez Ángeles. Eleuterio Cruz García. Pablo Salet Aguilar. José Gazca Boyer. Juan Chincolla Márquez. Arturo Salazar García. Felipe Gutiérrez Belloso. Romeo González Medrano. Jaime Goded Andreu. Ramón Tecaira Arias. Juan Robles Armenta. Moisés González Pacheco. Ernesto Aarón Chávez Ortiz. Martín Dosal Jattar. Antonio Ayala Hernández. Mario Marrón Morales.

Es la cuerda. La cuerda que hunde las ingles en las celdas raídas por juglares a lo largo de su garganta que se ahorca, osamenta clavada en los óvulos de la ciudad. La cuerda cara a cara una hora, los calcetines zurcidos en grupo, los jóvenes ajustados a las últimas risotadas, los ojos a distancias iguales y los cigarros encendidos soplando la esperanza de lugar o algo menos. Acaso mueran. Eso importa un carajo. Y el tiempo y el hambre y el porvenir disparate rabioso. Un carajo. González de Alba Guevara Niebla El Búho Fausto Trejo Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca Tita

105 Nacha No puede haber nada como dormir este danzante entumecido en la plaza y alumbrar lo que sería la vida. La persistencia de ir borrando la memoria como pechos familiares asemeja al mundo. El aliento es lenguaje para transitar cuerpos, exequias y calles. Pero no es suficiente para reconciliarse vivo. ESCRIBE UN POEMA ¡Carajo! ya escribe un poema yo quiero explicar pero los nudillos se asemejan en un puño Yo quiero decirte que para escribir un poema es necesario detenerse en el trabajo de todo acumular la sed de muchos ganarle al día arriesgar la sangre o la memoria escribir en la mirada un encuentro o un disparo Es cierto que ni hoy ni ayer he podido escribir un poema cómo hacerlo si es necesario primero redactar el volante transportar la silla y el micrófono para la asamblea ordenarse en los rostros de los compañeros llenar de furia las palabras para el mitin discutir con los militantes cuáles consignas pintar en las mantas sostener las banderas de huelga clavar las pancartas en los palos, en los brazos en las pupilas recortar las fechas de los periódicos retener la lista de masacrados 50 diariamente en El Salvador 10 todos los días en Guatemala que victoria se escribe con Nicaragua y Nicaragua con FSLN. y en Colombia la memoria con M 19 veces puede asegurarse porque superpone cuerpo heroico obstinado Y en Haití venden a los niños a 18 dólares y en Chiapas por 200 puede escogerse entre los 4 hermanitos Puedo escribir no un poema sino una sucesión de líneas cuando hay que preparar una huida

106 o entregar el dinero llevar una ropa o comida detrás de la esperanza y traer la pregunta precisa al guarura rescatar de la crujía el abrazo del proletario o del preso político a quién sabe a quién debemos hablarles de esto quién está más cerca de un hermano firmar repúblicamente un libro como poeta innecesario y sorprendido arrojar bombas de palabra en encuentros y congresos oficiales explicar en una clase o en una calle que ha desaparecido el cuerpo de la revolución asesinada que la América muere con huesos desordenados de niños y junto a la compañera el amor a la patria se refuerza en cada beso doblemente armado a todo esto la certeza de que se está haciendo muy poco ¡Carajo! digo yo cómo detener el trabajo de todo cómo desocupar la mano y la conciencia para escribir enteramente un poema. YO ACUSO Cada día esfuerzo más la edad que aumentan mis huesos. Cada día mis dientes toman por fuerza la palidez que aguanta mi rostro sin quejarse. Cada día mi cuerpo hierra al lodazal el gusto de morir en su hechura de socavón y es sudor violento. Y es como si las manos a pesar de la guerra delirante del tacto no temieran estar encintas — llenas de espinas y hechas de alambradas — de un producto masculino que cumpliera el extremo llorado por los ojos. Aplasta la miseria y la ofensa ensañada al pedazo que basta para vivir. Aplasta la orden y la insignia y la escarapela pelada de remover la piel. Aplasta el cerco testereado por el plomo. Llevo conmigo la batalla de 629 jóvenes que habían cesado de resucitar. Mis muñecas se doblan murientes en la trinchera de sus gestos. Llevo conmigo los cuerpos infantiles rotos contra las baldosas y que ha regresado el viento. La sangre de sus cuerpos rotos contra las baldosas, que el que sabe del sabor del crimen

107 no ha podido hundir en la porosidad del asfalto. Tlatelolco pisotea la frente y degüella la cabeza que estremecen los gritos. Y yo acuso. Yo acuso a los oídos de gruta resonante convertidos en puentes, hechos de un puño, sordos a la vida que lanzan los agonizantes. Yo acuso a las miras exactas, idiotas de nacimiento, creyendo tomar el partido de perdonar a la naturaleza, vomitando vivamente su profecía de antropofagia. Yo acuso a los muros que equivocaron el futuro y fueron la agonía, haciendo nupcias entre la luz pétrea del obús y las espadas rodeadas de carne adolescente. Yo acuso al cemento donde se cumplieron las puertas de la muerte boca abajo, y a las azoteas panteones de enterrados vivos. y bramidos de ciervos. Yo acuso a la fosa común y a los incineradores y a la piedad sobre los ojos; yo acuso al hoyo como un lobo sobre la esperanza y siempre solo en busca de su imagen completa. Ay, oigo y alguna vez vendrá al campo el olor del jaguar por su misma sangre, el mismo Dios con su cara de ídolo y su paño de lujuria y todas sus verdades, por el dos de Octubre que quiso ser dos de Noviembre mexicano. Yo acuso al Dos de Octubre. Yo acuso al laurel del poeta porque hace mucho que la poesía carece de flores y se forma en el grito y en la coagulación de la sangre que es la muerte de la sangre. Yo acuso a las páginas de los diarios, vaya un carcelero para despedir el recuerdo largo terrible y arreglar la época de nuevo. Yo acuso a las iglesias porque te bendigo hermano y te maldigo en expresión del oro, y no te quedan cabellos porque sucede que la divinidad se encierra

108 y Pedro niega; ¡y vete! y no te gloría el Agnus Dei de Pascua. Yo acuso a los planes sobre el escritorio y al ruido de la silla ejecutiva Atornillada a la emboscada y a la desesperanza. Yo acuso al edificio seco de piedra donde se renueva la palabra legal Y el último pensamiento y el grito que dijo: “el responsable soy yo” y la garganta y la lengua y la pareja que lo engendra y lo hizo posible. Yo acuso a la lista de desaparecidos, a los proyectiles, a los vehículos, a los frigoríficos, a los heridos con su carga, al campo que custodia la paz convertido en campo de concentración 68; y a todo lo que va de pleno al golpe. Yo acuso a las cárceles y a las celdas duras como latidos de mortero para dar cabida a los perseguidos y no agrandarlos y no esconderlos. Yo acuso a mi país por no lanzar sus cuerpos como cuchillos afilados y acometer como mariposas heridas por las calles. Yo acuso todo lo que vendrá si a mi suelo el odio cincela perforaciones y las enciende, y porque rueda castillos de cohetes de la infamia. Yo acuso. acuso. acuso a mi siglo donde se baila. acuso a mi siglo donde se bebe. acuso a mi siglo donde se hace el amor voraz en diez minutos. Yo acuso a mi siglo donde se apila a los vivos y se abren las esclusas que queman los párpados y se grita a los muertos y se mata y se derriba al hombre. México, 1968 Yo Yo Yo Yo

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Yo Acuso, cartel por Kristin

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111 LAS CALLES (Fragmento) Por Benito Balam ¿Cómo andar por las calles de México si todavía no han dejado de gotear los adoquines y no ha cesado el quejido del aire que cubre la Plaza de las Tres Culturas? ¿Si yacen todavía allí los mexicanos como resbalándose entre piedras, los mexicanos más patriotas, como una fila de atropellados o un reguero de dedos mutilados, como si la tierra hubiese desencajado sus costillas y puéstolas sobre la superficie de México? ¿Dónde abrevar el corazón? ¿En qué vasija oculta? Ellos anduvieron por donde antes murieron otros hombres, acaso como un breve y dulce engaño; ellos abrieron de nuevo los cauces de la sangre y comenzaron a labrar un nuevo rostro, ventisca gutural, anatomía sideral de la garganta, guitarra dislocada, golpes, traumatismo morado que expresa el corazón cuando se llora o crisis que lleva el fuego y los fragmentos del cuerpo deshechos en la plaza. ¡Oh, la inmortalidad de la plaza!, crustáceo de sangre que sedimenta la huella de un rojo pavimento, huella de la locura que vierte el ojo y la mirada en acecho, irremediable inundación de una muerte que no puede creerse. Sombra de las tres culturas, gestos fulminantes que acaso látigos castigan:

112 ¡Justicia a la muerte de puños derrotados! ¡Justicia a la indignación y a la batalla de públicos cráneos derribados! Llevo la serenidad conmigo y el celo del fusil bajo mis vientres, un canal de diálogo de ira y el humo de fuegos encendidos, puños en metales, rojos ríos como banderas extendidas o dedos exclamando. … Nuestra nocturna flor deshabitada abriéndose por noche en una lucha y el alarido y la boca arriba y los ojos en el horizonte señalando el cielo como última tumba de un fuego de artillería, ondeando la bandera como una noche, como una terrible usurpación a un pueblo. Para los días de la inclemencia que un día atardecieron de víctimas, para esos días de impacto y ruido persiguiendo el arrojo de relámpagos y pájaros con lujo de bengalas y buitres no sobra esta señal, no sobra el puño.

113 YO SOY EL ALA Al espíritu del 68 En un pedazo de carne cabe un hombre un pedazo solo un trozo solo de ala alza el vuelo total de todo el cuerpo Miguel Hernández Yo soy el ala ¿dónde parir mis días? Yo soy el ala abrirme no estoy solo mi paladar sombrío yo soy el ala mira cómo vuela mira cómo derrumba ese solar de bruma cómo defiende sus páramos de piedra sus páramos donde Pedro niega y niega y aún así es un ser de lumbre añicos de fiebre en los años de la infamia ¡Mírame! Yo soy el ala no importa que no me dirijas la mirada tus pupilas son mías en el paladar del tiempo mías cuando la palabra se pronuncie en tu propia boca como una boca de silencios bien nacidos como una boca de ojos tanto tiempo anhelada y te alumbre la conciencia perdida aunque Pedro niegue de nuevo sobre las piedras sobre las huellas de nuestros propios pasos encima de tus ojos enfrente de tu mujer o de tu marido o de tus hijos y te cubra de tierra y te enferme de nuevo serán entonces un páramo con las pupilas apretadas pero dueño de ti mismo yo soy el ala

114 una llama una sencilla llama que reventó la lengua para llamarse democracia y para que tú, hermano, hermana, animal herido y perseguido sobreviviente altivo de las noches dormidas inextinguible cuerpo del incendio hables de nuevo conmigo por tu propia boca, aunque yo no esté. Yo soy el ala porque soy flor una coraza enarbolada una corola que estalla y hace frío una bandera que al corazón llamó la dignidad para parir mis días. Yo soy el ala, hermana, hermano, ven a volar conmigo. Octubre de 1988

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PRIMERA COMPOSICIÓN PARA EL CANTO PATRIO (Fragmento) Cómo andar por los caminos de México sin avergonzarnos de no tener atadas las manos de los asesinos y permitir que continúe el tranco de su merodeo salvaje sabiendo que nos acecha cada día su zarpazo pero es que no huelen ese olor a lodo y excremento que han dejado impregnado en las paredes y los corredores de los edificios del poder público. Y es que ya no se recuerda cómo terminaron con Rubén Jaramillo con Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, si todavía no han dejado de gotear los adoquines y no ha cesado el quejido del aire que cubre la plaza de las 3 culturas ¿y por qué tener alguna resignación y estar conformes nuestras almas, si yacen todavía allí los mexicanos como resbalándose en las piedras los mexicanos más patriotas como una fila de atropellados o un reguero de dedos mutilados? Como si la tierra hubiese desencajado sus costillas y puéstolas sobre la superficie de México. Por qué soportar las locuras de la burguesía y sus borracheras festivas con el imperialismo. Esas criaturas frescas las únicas dignas del decoro nacional nunca imaginaron el peso de su muerte y nunca los mexicanos habíamos estado tan en el borde del mundo en Berlín, en París, en Roma, en Amberes parecía que México se había ido a caminar por todas partes

116 nunca la conciencia de latinoamericanismo había reconcentrado tanta fuerza en Bogotá, en Caracas, en Santiago de Chile, en Panamá, en La Paz, en Guayaquil, en Sao Pablo, reverberaba el canto agigantado de nuestro pueblo ¡solidaridad con los estudiantes mexicanos! ¡condena mundial al gobierno mexicano! ¡apoyo al pueblo de México! y hasta en el estadio olímpico la tormenta de aplausos pareciese escurrir su ovación por los jóvenes caídos el 2 de octubre.

117 NO CONSTA EN ACTAS Por Juan Bañuelos A Octavio Paz (Tomado de la revista Siempre No. 803) 1 (Tlatelolco 1521 y 1968) Oh bebedor de la noche, ¿por qué te disfrazas ahora? ¿Todo es igual acaso? ¿Tengo que repetir lo que el augur grabó en el silencio de la piedra curtida por el viento? “... esparcidos están los cabellos, destechadas las casas, enrojecidos sus muros. Gusanos pululan por calles y plazas y en las paredes están… salpicados los sesos; masticamos salitre, el agua se ha acedado. Esto ha hecho el Dador en Tlatelolco, cuando nuestra herencia es una red de agujeros”. ¿Todo es igual que ayer, entonces? ¿Ensartaremos cráneos como cuentas, y se ha de repetir lo que el augur grabó en silencio de la piedra? ¿Con coágulos de sangre escribiremos México? Yo el residuo, el superviviente hablo: los comienzos de los caminos están llenos de gente. No haremos diálogo con la Casa de la Niebla. 2 (Alguien) Mañana hace mucho tiempo oiré olvido y celebraba míos para saberlo Alguien que transita inventando un destino.

118 Esto no es incoherente, como puede creerse. Es un pueblo, digamos. Ya que el bosque es más fuerte que los rayos y el hacha. En cualquier momento, no será extraño, de aquí en adelante la ira, el llanto, la indignación, la fiesta, dirán: “miradlos”, indicarán: “seguidlos”. De cada frente estudiantil que sangre irrumpirá el fulgor de los que nada tienen. Y no serán perdidos de vista porque saben su edad hasta este punto que son los desollados que buscan su piel bajo la luz de un rostro semejante. Yo vagué por la Calzada de los Muertos sobre un pueblo petrificado. De pronto aquellas piedras que mañana hace tiempo, con hectáreas de cólera movieron el horizonte. Hoy vivo en las imágenes del día y en el fruto que forman el espejo y la niebla. Todo anda, repta, vuela, el corazón es pez a la deriva y el mismo paralítico desplegará sus alas. ¿Qué importan las granadas de gas al borde del estruendo en las manos rapaces? Ah gasistas, soldados, “hermanos inmundos” Si fueran distintos en un país distinto en donde la pobreza afinada como un instrumento peligroso no los hiciera doblemente abyectos. Oh pueblo aturdido con discursos disecados como pájaros muertos; tu llanto no es el mismo de otros siglos, es llanto de gases lacrimógenos

119 (industrial y en conserva). Y los que han concebido la iniquidad en sueños, cuando amanece cumplen con el poder entre sus manos TRAS—TRAS—TRAS—CLIC—CLIC–BLAM Oh patria. Fosa común donde estamos con la mitad del cuerpo adentro, la otra mitad se ha puesto a caminar con el verano de las llamas. Todos estamos sujetos a investigación. la sombra da la misma piel a cualquier muro. Por tanto yo deletreo la luz si encuentro la mirada no en el temblor del sueño, sino en el que despierta, ¿Y si después de todo, mexicano? La esperanza es pesada si su lecho es de muertos que quisieron, un día, volcar soles sobre nuestros párpados. 3 (Marcha del Silencio) ¿Quién levantó la Villa Olímpica? ////// Manos de obreros que viven en cuevas de arena. ¿Quiénes lavan los pisos, manejan los autos, preparan los banquetes en las grandes mansiones? ////// Aquellos para los que se hicieron las leyes cuando el amo pierde un brillante. ¿Quiénes mantienen los cordones policíacos alrededor de la garganta popular? ////// Los mismos que escriben su nombre en los acuerdos levantados para la Paz. ¿Y quién pide respeto a la Ley de Sumisión? ////// El docto senador a quién más tarde sus hijos besarán la mano.

120 Las filas del silencio avanzan sobre el paisaje enrojecido de las

calles

(en las casas los clavos cuelgan de un llanto en la pared). En mitad del Zócalo interrogan la noche y las campanas y aquella multitud hecha una estatua airada. Enfrente: el Palacio y tinieblas y ellos. Es imponente oír arrastrar tantas cadenas. Por la mañana la radio volvió a hablar de honor de patria y grandeza. 4 (Visita) –Tocan a la puerta, mujer... Es la hora de los allanamientos. 5 (En la Cruz Roja) La noche con la lluvia ha nublado los vidrios. La Cruz Roja va y viene mientras la formalina levanta en vilo camillas y gavetas. El tedio burocrático provoca que la gente camine de un extremo a otro. Algunos sollozan. En las ventanas la noche y la lluvia. Una mujer descalza cubierta la cabeza con un rebozo negro espera que le entreguen a su muerto. 22 años, Politécnico: un hoyo rojo en el costado hecho por la M-1

121 reglamentaria. Las sirenas no dejan de ulular. Y un camillero silba, despreocupado, una vieja canción que nos conmueve. 6 (El comerciante en aves canoras) Si ha vivido en el campo –me dijo el hombrecito– recordará las aves: las que vienen del Sur, las que llegan del Norte. Aquí en Iztapalapa por las tardes observo su vuelo y adivino su grito y su plumaje. Antes cazaba ardillas, liebres, conejos... muchos. Todo es bueno si hay hambre. ¿Y usted qué hace? De pronto la gente en el mercado se ha reunido y apoya gritando a un estudiante: “Abajo el mal gobierno”. Hay veinte grados a la sombra. Se oye un fragor de estoperoles y el centelleo frío de fusiles quiebra la tarde. Corre el pueblo. Es derribado un puesto de manzanas. Sobre el asfalto yace el vendedor de pájaros cantores y a su lado un periódico abierto: “En Biafra, los fallecimientos por hambre se han estabilizado en 6,000 seres cada día”. Es para estar tranquilos.

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Las calandrias no dejaron de cantar toda la noche. 7 (Danzón dedicado) –Aquí tejones– les dijo el coronel de granaderos. DO–RE–MI–FA–SOLdados. Qué madriza. Danzón dedicado a los chavos estudiantes. A ver si se nos hace ahora, jefecita, a ver si la vidorria no nos hace batos. Porque eso sí, ya estufas de esquives a la vida. Vamos a ver si de éstos ñeris sale siquiera un Kid Azteca. El que apretó el gatillo se puso de pronto a llorar. 8 (Cambio de estación) La estación ha cambiado de golpe igual que la conciencia de mi pueblo. (Hoy es mi cumpleaños. Al lado suena el aire a todo trapo. Las horas ruedan como botones descosidos. Y es lo que a mí menos me importa.) La lucha sigue. Octubre ha visto caer asesinada a mucha gente en Tlatelolco, Santo Tomás y Zacatenco. Los árboles comienzan hoy a desnudarse, mis mejores amigos huyen perseguidos,

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“Calaca”, por Ocaranza

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125 ¿acaso la hojarasca les servirá de almohada? ¿Las cocinas oscuras de los hogares muertos oirán pronto los pasos de sus vacantes dueños? Desde mis años caigo hasta este viernes, a un día de nacido, a tres, a diez y a mil, y aprendo cómo cuesta dañar la parte que me quiero. Y hablando de carbón ¿el agua alisa su pelo natural? ¿Y la soga del fuego está a la mano? Cómo sube gente por mi rostro. ¿Nos dará la cólera calor para el invierno? Hoy cumplo años. Y estoy pegado a los barrotes de una cárcel que tengo por ciudad. Algo violento irrumpe: la sangre de una vena rota. 9 (La muerte y la doncella) Políglota de 19 años, también acribillada. A ti que me haces hablar sin haberte conocido, a ti que me haces me adentre en tu silencio, que congregas las hojas a la luz de este otoño, tienes el nombre de una ternura antigua: Ana María Regina. Tu rostro flota en la ciudad igual que el frío en una cueva. Amiga, ¿de qué materia fuiste, que las balas no destruyeron tu belleza? Porque te convertiste en copal florido, lo contrario del polvo, tu muerte nos transforma Yo aprendo algo de ti, torcaza, cuando vagas y chocas con mis labios y sueldo los pedazos de tu nombre. Y lo que digo va en andrajos y tiene frío.

126 En ti la vida habló en distintos idiomas. Mírame a los ojos, de modo que los que lean estas líneas sepan que te alimentas del plato deslumbrante de un nuevo nacimiento. Tú tienes sólo una leve dolencia. Es cierto, no hubo nada entre ambos y cómo te amo: déjame ser tu amigo, si acaso tu tristeza, o si prefieres tómame como hermano. A ti que me hiciste hablar sin haberte conocido, ¿de qué materia fuiste, que las balas no destruyeron tu belleza? 10 (Sigue del poema 2) Oh, pueblo mío que entras en el día como aquel que tiembla cuando conoce el amor. Siempre tuve palabras a medias, hoy las tomo enteras de tu profundo pozo. Alguna vez la conocí en el mapa, ahora toco a la patria en carne viva. Giro sobre sus goznes de miseria y a su boca de palizada allego la retama del odio, el atolón de cuajo adolescente, el frenesí craneano traspasado por la lluvia de ametrallamiento. Época de ostras y avestruces (izquierdistas muriéndose de oídas o reaccionarios sollozando estiércol). Pero también tiempo de tapires. Los padres han sido vencidos. Han tardado en venir. Nunca partieron. Cuando los escorpiones cerraron las puertas por dentro de la patria,

127 nuestros hijos supieron la impaciencia; nosotros enrojecimos de cólera, impotentes, y no supimos presentir la hora en que ellos volverían a casa con las huellas de la tormenta. Lo que ha empezado va muy lejos: con la cabeza sin reposo, siempre llega al futuro derribando puertas. Capital de la hoguera: Zacatenco, la Ciudadela, Iztapalapa, Casco de Santo Tomás y Tlatelolco. Úvula viva que arremete contra toda coartada de lenguas proditorias. Bajo el trismo del miedo, sobre un cardumen de azoteas, las banderas olímpicas puestas con especial cuidado nos ocultarán el crimen. Aquel que tranquilamente va de compras aún ignora que una bala le espera al doblar la esquina. Mexicano, recela del que habla resignado, del que tiene un cansancio de toda la extensión de su palabra, del que frente a paisajes de cuellos sin cabeza agradece el diminuto abanico de un aplauso. Cuídate, mexicano, de los que orinan alrededor de tu quejido. ¿Por qué hablo de ésto y ésto si es tan bella la estación que se inicia y un castaño se mece al lado de mi casa mientras la brisa y la quietud se duermen en el color de su corteza? ¿Qué puedo hacer si la furia y el duelo están metidos en mis versos, en mi pan, en mi plática y mi sueño? Silencio, que las paredes oyen para la policía. Y nadie hable de un río con su tarde,

128 porque el látigo del centurión silbaría entre estas líneas. Hemos dado un paso de glaucoma por las calles tatuadas de Nonoalco. Mis palabras salen perforadas. Son los últimos disparos de la noche. Oh ciudad mía, ciudad montada sobre tanques, sobre un gargajo de cuartel. 11 (Ante el derrumbe de mi casa) Brilla la telaraña en los escombros. Inicuamente el aire se balancea en el terror y la araña se nutre aligerando el paso, y ya ni el llanto escuda el golpe de esa ceniza cuya boca es desdentada salud desde la cuna. Los hijos se alargan e insisten como relámpagos que imitan la lívida cara de la noche. No es posible oscilar más entre el crujir de la madera de aquellos muebles / que recuerdan la savia y el cubil quemado de la lluvia. Un arco iris en el cuadrante de la araña perdura al paso de donde jamás estuve / y el ruido de un auto que tiene prisa asusta este destino que baja al fondo y me despierta pululando entre desechos de palabras. Mis manos no tocan más que muros.

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12 TODO COMO SANGRE, VIENEN HUMEANDO LOS VESTIDOS; TODO UN MIEDO PONIENDO EL LUGAR: COMO EN HUMO, COMO EN SANGRE, COMO EN LA NIEBLA. A la vida dale con tu muerte, a la muerte dale rienda suelta en mil narices. Pero nada de quejas / mejor ponte a escuchar tu esqueleto. Si ya naciste coge ternura de tu recién nacido cada día. Haz el amor, siéntate en la hierba, cura tu pulque, suda, que si te han de partir mañana la / queda de pie en el horizonte como un pájaro en el hilo telegráfico. Por el peine alborota tus cabellos, por el agua danos sed y entra en voz alta a la tristeza no vaya a resultar que / desplumado como un gallo / una pierna ande por acá y la otra entre coqueta en los sollozos. A luego desliza en la rocola una moneda para espantar con música los aires. Como ayer. Mientras detrás de la casa desenterraban a los acribillados de hace un año. Huele a estoraque en la ciudad de México (suenan los cascabeles, el turpial liba el canto pintado). Será mejor que peles los dientes a tu calavera. Valle de México, noviembre 13 de 1968

130 TRISTEzA Por Juan Bautista Villaseca (Fragmento tomado de la revista México en Guardia No. 267) Las semanas no eran así, con un olor a huesos dormidos en la pólvora, con calles orinadas por el miedo, con tanques militares de veneno, no parecían esquirlas que las musas dejaron sobre el tiempo, ni había un río de sangre en cada calle, ni había tantos ojos en las cárceles. No sé si se ha exiliado el corazón ni por qué duelen tanto las letras de mi Patria.

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TE ACORDÁS HERMANO Por Mario Benedetti ¿Te acordás hermano que tiempos aquellos cuando sin cortedades ni temor ni vergüenza se podía decir impunemente pueblo? cada uno estaba donde correspondía los capos allá arriba/ nosotros aquí abajo es cierto que no siempre logró colarse el pueblo en las constituciones o en las reformas de las constituciones pero sí en el espíritu de las constituciones/ los diputados y los senadores todos eran nombrados sin boato como representantes de ese pueblo ahora el requisito indispensable para obtener curules en los viejos partidos y algunos de los nuevos es no pronunciar pueblo es no arrimarse al pueblo no soñar con el pueblo incluso hubo un ministro mexicano (sabines dixit) que en el sesenta y ocho unos meses después de tlatelolco dijo/ con el pueblo me limpio el culo después de todo el tipo era sincero por otra parte en las obras más doctas de los historiadores con oficio el pueblo aún figura en las notas al pie y en el último tramo de la bibliografía pero el voquible pueblo/ en general/ es contaseña de las catacumbas

132 de los contactos clandestinos de las exhumaciones arqueológicas de vez en cuando surge un erudito que descubre que engels dijo pueblo que gramsci el che guevara y rosa luxemburgo que mariátegui y marx y pablo iglesias dijeron pueblo alguna que otra vez y ciertos profesores que todavía tienen en sus armarios el pañuelo rojo llevan a sus alumnos al museo para que tomen nota disimuladamente de cómo eran las momias y los pueblos y claro los muchachos que absorben como esponjas se levantan sonámbulos en mitad de la noche y trotan por los blancos corredores diciendo pueblo saboreando pueblo mas como en la vigilia vigilada ya nadie grita ni murmura pueblo hay en las calles y en plazoletas en los clubes y colegios privados en las academias y en las autopistas una paz algo densa/ a prueba de disturbios y un silencio compacto/ sin fisuras algo por el estilo del que encontró neil amstrong cuando anduvo paseando por la luna sin pueblo

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“Paloma de la Paz” por Melecio Galván

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135 EL ALA DEL TIGRE Por Rubén Bonifaz Nuño 49 Feria de muertes de artificio para alegrar el luto; azules granadas, fisuras lacrimógenas sangran la pared. Y por encima alguien se ríe y alguien calla. No se quién me manda a que me maten. De alambradas, de carbones rojos, de silenciadas bocas de hambre, de semilla de pan de pobre, sume su miseria el pobre. Y alguien paga por la compra, y alguien grita que sabe, y engorda y se abandera. Luto alegre de quien lo apareja sobre su lengua sólo; hollejos de carne en riesgo, calcinada. Y un clamor de almendras expansivas amargo de plomo, da el quién vive a quien me ha mandado a que me maten. 61 Empavesa de fiesta el aire los mástiles del valle; asoman, de los altos cráteres, las naves de agrestes mares eclesiásticos.

Banderas de vidrio, Sol, aludes otoñales de la luz podrida. Y aquí de la muerte; aquí, los cauces periféricos de la agonía; los ametrallados sin saberlo; la carrera sórdida y en brazos de la persecución, la cárcel incineradora y desatada.

136 Calma mugiente de la tarde; asombro del mar sobre volcanes extendido; Sol bajo las olas. Nave de fiesta entre banderas agónicas, el valle. Nadie debe recordar. Se olvida todo. 84 A golpes de risa y sangre, aumenta el gozo atlético del día, y la ciudad se vuelve humana y de humana muerde y asesina. La carne combustible crece de empequeñecerse, y se consume. De calle en calle, los antiguos ojos de la cólera y el miedo dan la señal. De tumbo en tumbo y tumba en tumba ensangrentadas ruedan las banderas; a ceniza la carne va, desde la lumbre. Por mucho que me aflija, y mucho que me alegre, ¿no he de consolarme? Ciegos en medio del combate están de pie los hombres. Vivos por breve tiempo, mis hermanos. Sólo por la muerte nos queremos.

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“Represión”, tinta por José Hernández Delgadillo

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EL GRITO EN CIUDAD UNIVERSITARIA (15 de septiembre de 1968) Por Horacio Caballero Silva

La inquietud inflama el pensamiento mientras el corazón ensancha sus latidos luminosos Las palabras son corceles del estratega que así las articula Por eso libran obstáculos aun en los momentos más difíciles como en el Grito esa beligerante conjura que toma las calles y en plena batalla se profiere Las horas del 15 de septiembre fueron las del cerco autoritario en la universidad sitiada Ya el rector Barros Sierra había avanzado como cresta en oleaje ante el filo que acotaban los tanques Y todo el movimiento era un torrente que cerraba el puño y estrellaba la voz sin esperar de las afrentas sino oscuridades hostiles La protesta crecía desde lo hondo extendiendo su voz hasta la noche Y cuando Heberto proclamó su grito libertario defendiendo el campus su designio contra la espuma demoníaca

140 desmanteló el circo violento de los poderosos criminales y rescató de la boscosa muchedumbre a aquellos indecisos cuando menos para entender la tristeza de mirar la libertad como un rehén olvidado Se comprendió entonces la derrota de las instituciones vulneradas que ascienden al poder para incubar olvido en el hueco de la historia La ingratitud no sabe pero siembra contra la generosidad su desmemoria La izquierda tiene su principio heroico del ejemplo de los Padres de la Patria Aquella noche en Insurgentes ni Hidalgo ni Morelos ni Allende ni las valientes mujeres insurrectas hubieran aceptado menos riesgo Sólo si tienen fuerza viviente las palabras chocan contigo mismas y generan la chispa de su fuego Pero si su valor literario miente recrudecen la máscara del discurso farsante humareda de aplausos, crepitante leña Este año El Grito fue en C.U. y Santo Tomás y por nada pudo haber sido en Palacio ocupado por un tropel de genocidas ni en Dolores donde el histórico bronce despierta el corazón que rompe para todos los sellos esclavistas tantos rostros sin voz ni voto de las gentes

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Porque El Grito no debe enmarañarse con la cáscara del desengaño que la luz disuelve Por eso Heberto levantó la voz y confirmó a la Patria

LA MANIFESTACIÓN DEL SILENCIO (13 de septiembre de 1968)

La más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena Gandhi Cuán peligroso es para el país si la retórica del cargo es un mastín rabioso que dirige sin ley al funcionario. H.C. S.

I El silencio siempre ha sido una presencia de carga poderosa cuando la borrasca que a sí misma se deshace resurge desde la quieta claridad del agua Así fue cuando salimos el 13 de septiembre con el silencio como depósito de todos los semblantes y las palabras calladas que avanzaban resueltas

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Esa tarde no sólo se vieron nuestras banderas ondear entre el silencio formidable también se distinguía entre los vientos desgarrados un grave reclamo que marchaba y la sangre enaltecida ante tan enorme inmerecida burla ¿Qué ofrecía el gobierno sino derrota y claudicación? Había que remar levantando entre tan fuertes ráfagas el rostro al viento de todos los caídos Una vez más nuestras voces unían en el silencio terrible los rotos eslabones A esa ahora ya era claro que no éramos la presa fácil ni el rector doblegado ni la escuela que querían imponernos como cárcel Por eso frente a nosotros se abría la puerta de una batalla decisiva Era la hora joven del coraje mientras las amarillentas palabras del poder rabiosas alardeaban equívocos y calumnias acusaban de sublevación a las escuelas del Politécnico y la Universidad censuraban la Autonomía día y noche la acusaban de presunción territorial como si se tratara de un estado dentro del Estado Esa tarde el silencio enfatizó el semblante limpio de la juventud estudiosa pero el presidente estaba poseído de un reaccionario absolutismo y deliraba

143 como si la Razón de Estado realizara la oscuridad de todos sus caprichos En la manifestación del 13 de septiembre ya éramos la gran comunidad herida que debía responder y ganar la calle o demostrar mayor inteligencia al defenderse El silencio es la señal visible ante la audiencia pensamiento que se profundiza y despedaza los calabozos de la mente (Coro) – Como un caudaloso fluir sobre su enorme cauce nuestro silencio contra la traición estatal era el silencio contra el silencio II La presencia plena se yergue en grandes unidades Todo un río viviente que desfila Se pueden percibir al fondo los ruidos enojosos de los pies marchando y un romántico romperse de cadenas con la voluntad de liberarse El silencio es necesario para superar los hechos y la postración humillante de innumerables y sutiles ataduras El silencio es la consolidación de la virtud y el arte La vida no es un pasatiempo ni la libertad este aventurarse a la conquista de un riesgo del que sólo hemos pulsado de lejos los abismos

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Y es tal la oscuridad que madura sus uvas en racimos que en el silencio que no cesa de avanzar nos hace más visibles porque es el pueblo quien avanza silencioso entre esta luz que toca el suelo con sus ramas III

El movimiento expande su protesta a todo lo ancho y largo de Reforma Desde su callada disciplina se yerguen como templos profanados las escuelas De ahí surge un silencio implacable que responde al destrozo de las instituciones Que nadie se confunda si siente la manifestación en sus latidos El espíritu es el silencio que transparenta su semblante es la hermandad que nos toca en el hombro como alguien que saluda haciendo la “V de la victoria” y que luchará hasta el fin Así avanzan esforzados en un campus universal los universitarios y politécnicos y el pueblo unido en un grave silencio con la vida en vilo mientras el depredador aguanta su respiración para asestar el golpe

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Como un rayo es el silencio cuando las muchachas y profesoras alcanzan con las cadenas rotas en las manos a sus sueños en la translúcida gracia de su vuelo Este silencio que marcha con nosotros es el mismo del que la historia arranca su futuro más fuerte que la indignación de miles y miles Y ya por Avenida Juárez el honor despierta en una multitud y en Bellas Artes y Madero ya es inmensa la dignidad que avanza en sus columnas El 68 entero era un jardín de fieras silenciosas y el sexenio una polvareda de cobardes fugitivos La Manifestación del Silencio expresa la paz y el honor del país en la escalada cruenta

Todo mundo tenía que plantarse con coraje para entonar con esa muchedumbre el canto del silencio como un himno en la contradicción del viento Y avanzar... avanzar... avanzar... con un poderoso y monótono silencio entre la nube translúcida de una comunidad transfigurada que caminó con firmeza en el abismo y llevó el silencio a su estatura verdadera

146 PARA CANTARLE A LA PATRIA Por Raúl Cáceres Carenzo (Testimonio antilírico para Latinoamérica Nota: En cuanto a la posible semejanza con nuestro país y nuestra política, ésta desde luego, es una coincidencia en la que el poeta no tiene culpa, pero de la cual se siente responsable. Por remordimiento y cólera, con ira y asco, escribimos hoy las palabras que pueden nombrar estos días enmascarados y valientes. Las escribimos entre todos). A LOS JÓVENES Sucede que no encuentro a la patria: que no puedo cantarle porque aún no se enciende ni suenan sus espigas en mis dedos. ¿De cuál patria me hablan? ¿De ésto que se recita en las escuelas? ¿De ésto que se publica en las revistas de ayer, mañana y siempre con la gente de siempre y por el oro de siempre? ¿A cuál patria queréis, oh señores con úlcera, que consuman mis fuegos solitarios? ¿A esta en la que se apoya el candidato? ¿A ésto que engaña, ésto que insulta, ésto que muerde? ¿A ésto que duele, a este trapo que sirve para fregar el piso y el automóvil del señor Ministro? ¿A ésto que hiede, a este perfume de querida costosa? ¿A esta junta de bestias, grandes monos, culebras, sapos y soldaditos, momias y secretarios? ¿A ésto he de cantarle? Sí señor, al momento; aquí está mi palabra, la joven prostituta

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“Granaderos Represión”, dibujo de Alfonso Pérez Soriano

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149 que demanda una beca. Aquí están los poetas los jóvenes poetas de espíritu invertido de lánguidas caricias; para sobar tu sexo marchito, oh burguesía, tu sexo humanicida, patria mía, dulce patria, suavísimo esqueleto, ancianita cachonda, mi abuelita. ¿A esto he de cantarle? Sí señor, al momento; mas dadme unas señales —dictado taquigráfico al cerebro genoide— para apoyar el canto, mi Gorila. Para empezar: aplausos, alegría, los XIX Juegos, mariguana, charros y jaripeos, el tequila y grandes carteles: PAN Y CIRCO. Un canto a la bandera, un desagravio a nuestros padres mayas, al rebozo, al alma nacional, a las estatuas; odas al genocidio, a las consignas al INEFABLE-INCOMPARABLE ejército, al granadero heroico, a la magna permanente, gloriosa invasión de Norteamérica; a la jauría oficial, a nuestras leyes; “La libertad de prensa”, he comprendido, más la poesía abstracta. Resultado: —nuestra patria es muy-culta-y-progresista. ¿Y el pueblo, oh dueño mío, el campesino, el obrero, las tierras, mi sirvienta, los bosques, la riqueza nacional, el primo Pepe? — ¿Metáforas? — ¿Fuegos artificiales? — ¿Decoración folklórica? He comprendido bien, Gran Renacuajo. A la noche regreso para yacer contigo en tu lecho de intensa suciedad encumbrada.

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Y este canto, este canto, este himno pindárico a la patria, al dinero, a tus vedettes, al brinco, a la industria, al comercio, a tu madre, a mi pueblo decorado con danzas y sonajas, a un torero, a un cantante, a los “marines”, a un boxeador, al chile, a la papaya, al relajo, al desmadre, al albur, a la goma, a los buenos vecinos, al turismo, a la úlcera, al golf, a nuestros ídolos y a la buena digestión de la paloma que ornamenta nuestras calles olímpicas y se pasa las bombas por el buche y da del cuerpo con la palabra paz. Y la palabra paz más DEMOCRACIA más JUSTICIA SOCIAL más YO LO MANDO más ¡MÉXICO CREO EN TI! o en la ASISTENCIA PÚBLICA más COMUNISMO OFICIAL más, LA TOSTADA; han de hacer de la patria una canción de moda, un ritmo nuevo; hasta que todos nosotros ardamos dulcemente en la hoguera que el pueblo ha de encender mañana (ya las candelas nazis han quemado la noche). Porque si no la enciende mi pueblo, Grande Sapo, si no es capaz de odiarte y de arrancarte a dentelladas el corazón podrido y de golpearte el cerebro con insultos con dientes y cuchillos, con piedra y fusiles, con soles de palabras durísimas, con pedernal y jades de su sangre remota, de tus tigres dormidos; entonces te merece este pueblo, Santo Padre, Gran Ministro del Crimen, oh, Cazador del Hombre. Si no ardemos mañana, Virrey, Emperador, padrote nuestro;

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entonces ya no importa, Rata Gorda; no importa que el poema se publique no importa que tu “PAZ” digiera bombas ni que el pueblo se joda con su hambre pintada y dance con sus huesos, con su muerte pintada: ya nada importa, Deprimente Asesino; nada me importa ya si no ardemos mañana y yaceré en tu lecho de suciedad y miedo si no ardemos mañana, General. 8 de noviembre de 1968. México, D. F. – Año de la ira.

152 ROMANCE AL ESTUDIANTE MUERTO Por Ricardo Capetillo Casare

Cien estrellas en lo alto nadan con brazos de fuego y la madre arroja al piso pedazos de lirios muertos. Sabe que no ha de volver el estudiante pequeño, que lo mataron a golpes soldados y granaderos. Y su dolor hondo, largo lo mastica su silencio y sólo exige justicia el puñal de su lamento. El veintinueve de julio —fecha amarga en el recuerdo— salió el niño de su casa a unirse a sus compañeros con una pancarta blanca de caracteres muy negros que en sus trazos reclamaba: “¡Dónde acabaron los muertos!” Y en su protesta, protesta se viene enlutando el cielo. Mientras aún palpitaban de doce bronces el eco, dispararon los verdugos la puerta del colegio y lo sacaron a rastras soldados y granaderos y fue regando su sangre sobre el duro pavimento, mientras ambulantes vienen por la piltrafa del cuerpo. La madre en su triste pena sigue guardando silencio

153 mientras que la prensa oculta los desmanes del gobierno. Sigue esperando, esperando del estudiante el regreso, aunque en sus entrañas sabe que al estudiante pequeño lo trituraron a golpes soldados y granaderos. 11 de septiembre 1968

154 El ESPEJO DE PIEDRA Por José Carlos Becerra (Tomado de la revista Siempre, No. 802) Detrás de la iglesia de Santiago Tlatelolco los cuchillos de jade hallaron su visaje ceremonial en boca de las ametralladoras. Detrás de la iglesia de Santiago Tlatelolco, Nuño de Guzmán oró ante Huitzilopochtli, y le ofreció el sacrificio. Detrás de la iglesia de Santiago Tlatelolco, descubrieron aterrados que otra vez existía ese país, aquel que ellos creyeron sepultado bajo el jade y las plumas y los estípites y los palacios de Adamo Boari y los desayunos en Sanborns, de su oportuna y mestiza retórica. Detrás de la iglesia de Santiago Tlatelolco, treinta años de paz más otros treinta años de paz, más todo el acero y el cemento empleados en construir la escenografía para las fiestas del fantasmagórico país, más todos los discursos, salieron por boca de las ametralladoras. Lava extendiéndose para borrar lo que iba tocando, lo que iba haciendo suyo, para traerlo a la piedra del ídolo nuevamente. ¿Pero lo trajo de nuevo a la piedra del ídolo? ¿Pero tantos y tantos muertos por la lava de otros treinta años de paz, terminarán en la paz digestiva de Huitzilopochtli? Se llevaron los muertos quién sabe a dónde. Llenaron de estudiantes las cárceles de la ciudad. Pero al jade y a las plumas y al estofado de los estípites y a los nuevos palacios que ya no construyó Boari, y a los desayunos en Sanborns se les rompió por fin el discurso. Y cuando intenten recoger esos fragmentos de ruido para contemplarse,

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Marcha con Irma Prieto, Leopoldo Ayala y otros, manta de José Hernández Delgadillo

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157 encontrarán en ellos solamente a los muertos hablándoles. A 30 años de paz –como a otros treinta años de paz–, más todo el acero y cemento empleados en inventar la sombra de un país, más a todos los discursos y los planes de negocios dulcemente empapados por el olor de los desayunos en Sanborns, se les rompió, de pronto, el espejo. Se apostaron como siempre detrás de una iglesia, poco importa si laica o religiosa, y otras “Noches” y otras “Matanzas”, vinieron en ayuda de ellos. En la Plaza de las Tres Culturas, el “Cacique gordo de Zempoala” y don Nuño de Guzmán y el anciano general perfectamente empolvado, descubrieron que en realidad eran uno solo porque secretamente siempre desearon parecerse a Limantour. Después de haber desayunado juntos en Sanborns el “Cacique gordo de Zempoala” y don Nuño de Guzmán y el anciano general perfectamente empolvado, en la Plaza de las Tres Culturas, escucharon —ya uno de los últimos conciertos— el vals “Dios nunca muere”. Noviembre 6 de 1968

158 MEMORIAL DE TLATELOLCO Por Rosario Castellanos

La oscuridad engendra la violencia y la violencia pide oscuridad para cuajar el crimen. Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche para que nadie viera la mano que empuñaba el arma, sino sólo su efecto de relámpago. ¿Y esa luz, breve y lívida, quién? ¿Quiénes son los que agonizan, los que mueren? ¿Los que huyen sin zapatos? ¿Los que van a caer al pozo de una cárcel? ¿Los que se pudren en el hospital? ¿Los que quedan mudos, para siempre, de espanto? ¿Quién? ¿Quiénes? Nadie Al día siguiente nadie. La plaza amaneció barrida; los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo y en la televisión, en el radio, en el cine no hubo ningún cambio de programa, ni un anuncio intercalado ni un minuto de silencio en el banquete (pues prosiguió el banquete). No busques lo que no hay: huellas, cadáveres, que todo se lo han dado como ofrenda a una diosa, a la Devoradora de Excrementos. No hurgues en los archivos pues nada consta en actas. Ay, la violencia pide oscuridad porque la oscuridad engendra el sueño y podemos dormir soñando que soñamos.

159 Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria. Duele, luego es verdad. Sangra con sangre y si la llamo mía traiciono a todos. Recuerdo, recordemos. Esta es nuestra manera de ayudar a que amanezca sobre tantas conciencias mancilladas, sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta, sobre el rostro amparado tras la máscara. Recuerdo, recordemos hasta que la justicia se siente entre nosotros.

160 A QUIEN CORRESPONDA Por Elsa Cross (Tomado de la revista ¿Por qué?, No. 19) Y bien, señores: en la ciudad y el idioma que prefieran tenemos quince, veinticuatro, dieciocho años, cuerpos hermosos, saludables, tenemos la cabeza y la conciencia claras y derecho a vivir humanamente. ¿Hasta aquí vamos bien? ¿A alguien le parece injusto o torvo? Casi todos tenemos una gana profunda de armonía: lo que nos pertenezca sea como nosotros abierto y transparente, la tarde mejor del mes de octubre. Nos gusta la escuela. Y también irnos de pinta al bosque y poner a los maestros un apodo irrespetuoso y sonar muchas veces con torpeza, ardientes, mismo sentimiento en la guitarra. Nos gustan Los Beatles, las fiestas y el futbol y todos amamos a una muchacha de grandes ojos negros, a un muchacho y pensamos en trabajar para casarnos. Somos tan jóvenes aún que no tuvimos voluntad ni tiempo de crear más intereses que nuestra propia virtud de adolescentes locos o de muchachos sabios y serenos. Muchachos simplemente. Violenta capacidad para el trabajo y el amor, violenta también para la rebelión, la ira, el combate, violenta, triste para la evasión y la anarquía. Pero amamos, sin retórica, la belleza y la paz

161 y no nos gusta, señores, a ninguno de nosotros, yo lo juro, que un muchacho de nuestros mismos años (ni cualquier hombre o mujer sobre la Tierra) se vuelva difunto o asesino en las guerras imbéciles, sea aplastado por presupuestos o por tanques, castrado, encerrado en la prisión. No nos gusta que no le enseñen a leer pero sí a engordar políticos ladrones*, a tener hambre y dar gritos solamente para aclamar el acelerado desarrollo y el nacional y unánime progreso... Como que lo del hambre suena ya muy dicho ¿no les parece así? Ni modo. Gracias a ustedes la miseria en todos sus colores y niveles es un lugar común (¿Miseria? ¿Cuál? si el generoso pueblo costea nuestros estudios y además paga fiestas, joyas caras, yates, pieles…). Pero vamos al grano. En dos o tres palabras lo que pasa poderosos señores, es que el mundo que ustedes nos heredan es un poco demasiado puerco, viejo y podrido y definitivamente no nos gusta. * Perdón por la redundancia. 11 de Oct. de 1968 LOS AMANTES DE TLATELOLCO Apenas se desprenden de la sombra. Sus murmullos alzan leves señales al pie del contrafuerte.

162 Sus tenis blancos fulguran. Ajenos a esas piedras vueltos uno hacia el otro, olvidan en sus labios el grito de las masacres, los pechos abiertos a punta de obsidiana o bayoneta. Indiferentes a la sombra que los cubre los jóvenes amantes murmuran o quedan en silencio, mientras la noche crece sobre las ruinas, engulle los basamentos de los templos, las inscripciones, la urna de dos esqueletos que se abrazan en su lecho de polvo, bajo el cristal donde se secan las flores de una ofrenda.

163 NOSOTROS ESTUVIMOS ALLÍ Por Carmen de la Fuente (Tomado del libro Entre Combate y Tregua, 1968) Hoy he sentido pena, rencor por estos días sordos a su desastre, mancos de honor, teñidos de absurda indiferencia. Por una de esas calles encuentro a una pareja, tan joven la muchacha que al balbucear parece un pájaro que tiembla; él en cambio platica con pasión y los hechos le nublan vista y lengua. “Nosotros estuvimos allí”, y un visceral espasmo revive la tragedia. Ese “allí” testifica la iniquidad, la ciudad y los hombres graneados; sobre el cielo de México la verde luz, principio del horror y las tinieblas. “Nosotros estuvimos allí” quiere decir, oímos, escuchamos la sangre, el estertor, la muerte, rozando nuestra espalda, consumando el más frío genocidio. Era el furor, la piedra de un pávido molino triturando la noche; una madre corriendo con un párvulo al seno exangüe ya y el otro pequeñuelo enloquecido.

164 Y las balas silbando cortando con su aullido los nombres, haciendo dispersar el vocerío, de ayes, gemidos y blasfemias. Las paredes manchadas, las ventanas como órbitas vacías; el relámpago cruel, las bayonetas como rebaño torpe que doblega en un campo de rosas y de lirios la vida azul, la rotunda esperanza de la Tierra. ¡Oh funesta marea ola de sal, escombros, incinerada y maloliente fiesta! No podemos callar, albergar tras de muros vergonzosos nuestra cobarde y silenciosa pena. He aquí nuestro dolor, escuchad este llanto, esta protesta. Octubre de 1968 Agosto de 1971

ELEGÍA COMBATIVA Yo no tengo veinte años, ¡ah, si yo los tuviera! ¡Qué libertad tan grande de mis huesos creciera! Yo no tengo veinte años y me falta el coraje para abrir con los puños las puertas que nos cierran. Porque sucede, amigos, que estoy llevando ahora

165 un ataúd a cuestas: esa es mi patria, un ataúd, una barcaza negra. Un miedo negro y sordo corre por las calles ciegas, el pan nos sabe a luto, tienen la sal y el agua triste sabor a pena. Soy y no soy, existo sin saber por qué el hombre resiste tanta afrenta. Dime, ¿quién eres, pueblo? obrero, ¿dónde estabas? Alguien gritó en la noche, alguien cayó, alguien supo de la matanza artera. Pero callan los padres, el hermano, la hermana, temerosos del lobo, contrita la conciencia. Huele a sangre la calle, a pólvora el semblante desfigurado y roto de agredidas escuelas. ¡Oh patria, qué desdicha saberte con cadenas! Yo no tengo veinte años, ¡ah, si yo los tuviera!, qué libertad tan grande de mis huesos creciera. México, 1968. TESTIMONIO Desde la fila obrera de los escarnecidos, duelo sin tregua, al cabo de semanas una tras otra en fuga y el azoro de disparos coléricos y sirenas de alarma.

166 En estos días de afrenta y también desde la invicta soledad del heroísmo he aquí que yo sentencio: ¡Vergüenza para el hombre! ¡Luto y deshonra de la ciudadanía! ¡Gardenias para el túmulo donde yacen las leyes ultrajadas! No reconozco patria, tu estatura celeste te han desgastado el nombre y escarnecido a lo ancho de la Tierra. Busco tu claridad, gozo del aire, canto del paisaje, y encuentro los caminos asediados, organizado el crimen y el asalto. ¡Libertad!, ¡Libertad!, ¿dónde tu nombre?, ¿dónde el impulso esbelto de tus alas? Hay que vestir los trajes de ceniza y hechos muerte y pavesa por las calles gritar amargamente: Aquí estoy sufriendo largamente con los míos días de aflicción, noches gemidas por los estrechos túneles de miedo y la humedad viscosa de las cárceles. Estoy aqui para dar testimonio de cómo se han violado los principios, fornicado las leyes, legitimado la traición, el odio, arrasado el enjambre proletario. Estoy aquí viendo al esbirro bárbaro segar el trigo joven.

167 Cercan las aulas, castran las conciencias, postran la dignidad bajo las armas. Estoy aquí viendo borrarse el rostro de los hombres detrás de la impotencia de sus lágrimas. Miro una multitud: con los sueños quemados aún camina sacudiendo banderas; forman inexpugnables batallones, sus máquinas, sus libros, sus arados. Por cada cicatriz nace una rosa y abren ventanas en los muros lívidos. HABLA RINA LAzO Yo quiero contarles amigos de Diego, amigos de Rina, cómo es que estoy presa lejos de mi gente, lejos de mi casa. Fue un día de septiembre: mí mano trazaba contornos de pájaros, sueños, nubes, alas, claros mediodías. De pronto, en la noche, ¿quién grita?, ¿quién llama? Tíranme la puerta cinco policías. ¡Oh, la negra noche! ¡Soledad tan fría!, se indigna mi esposo, llora la hija mía.

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Me asustan, me envuelven con mentiras sórdidas, historias ladinas; voy de un sitio a otro, a rastras me llevan, migración, la cárcel, Procuraduría. Los jueces dijeron la hallamos culpable, culpable dijeron los falsos escribas. Sí, yo soy culpable de fincar mi patria donde vivo y amo, donde soy artista. De sentir el ritmo, el color, la línea de un pueblo que nace de mi entraña en soles, leyenda y poesía. Sin embargo, amigos, porque creo en el hombre yo creo en la justicia. Y esta que es mi mano flores, rosas, pinta porque siendo libre libres son los sueños, la imaginación. Con fe en mis principios, en la libertad, os invito amigos no olvidéis a Rina y que en el día ocho como es tradición recordemos juntos a Diego Rivera cuya luz me alienta en esta prisión. Diciembre 8 de 1968

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Grabado por Adolfo Mexiac

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171 CRISTAL EN TLATELOLCO Evodio Escalante Poesía reunión de cuerpos que nadan en la sombra Los insurrectos están aquí Uno al lado del otro (La página es el campo) Traen al hombro los rifles Certeros Invisibles Viven hundidos como clavos En la piel de la noche y nadie sabe luego Si nos verán sus ojos (Esta sala es el campo) Los insurrectos se extienden por la página Mirad Están en todas partes Veo sus rostros maquillados de blanco De perfil o de frente De arriba, de abajo Los dos óvalos que dibuja El hormigueante trasero amodorrado Sentados Tranquilamente en paz (Oh En todas partes pastan Como rebaños La blanca hierba de la página) Después de Tlatelolco En esta sala donde la luz penetra apenas de milagro ¡Cualquiera puede pensar, tomar su voz, meterse en su alma para siempre! La rebelión comienza cualquier noche Una noche

172 sentados Tranquilamente, en paz Un dos de octubre por ejemplo El ejército extiende su baba Sobre la superficie Un dos de octubre Rostros Perdidos En la noche Máscaras Rotas Detenidas En el lomo del agua Los insurrectos flotan en silencio Como una siembra, o como una sombra, Como una siembra, como una sombra La muerte toca sus primeros Inaudibles Timbales Tres Culturas de Miedo descomponen la atmósfera Oh Caer Es caer Al fondo de una loza En un recodo agreste Junto a la soledad inmensa de una hoja El panteón es de arena ¡El deber es tomar las alas Y romper los sepulcros! Romper este espacio lechoso y aterido de cuerpos desnudos sin palabras Ahora Precisamente ahora Mientras el tiempo amontona rastros y rostros descompuestos Y alguien quizá nos mira o no nos mira Desde su butaca Desde sus ojos diminutos Con el miedo infernal de Tlatelolco Y el silencio Que hace hablar a los muertos y a los muertos.

173 LA IMAGINACIÓN DEL PODER Por Horacio Espinosa Altamirano (Tomado de la revista ¿Por Qué? No. 57) “Queremos el mundo y lo queremos ahora” Tenéis razón, el mundo está ulcerado. Ataviado de infamias, ceñido a la neurosis y los atardeceres del paroxismo atómico semeja el paso zigzagueante de un beodo en el óseo costillar del universo. ¿Qué esperabais, ilustres académicos del arte genocida, qué suponíais, militares de la cretinocracia, prosopopéyicos, filicidas del orden Y la escatología del principio del crimen y la autoridad marcada con fusiles y mazmorras y las viscosidades del delito? ¿Qué esperabais, burócratas vandálicos oscuro testimonio de un pacto de roedores, que esta pelota de estiércol que juega con el hombre, que rebota en la nada e irrumpe en el recinto de los dioses, tenga el sonido del último suicida? ¿Qué esperabais, redondos bonzos gastronómicos impasibles gestores de sevicia, morfología enajenada, cifra de servilismo, dictadura antropoide y lombrosiana? ¿Queríais dosis de vida adulterada en homenaje al pudridero, a la herrumbre sanguinolenta de vuestra progenie? ¡Eso queríais! Y os confabulabais entre pactos de miasmas y epitafios. Pero ante el absoluto de la muerte surgió el absolutismo de la vida. Y contra infamia se hizo barricada,

174 contra la asfixia izamos el oxígeno, lo elemental del hombre en trascendencia y la imaginación contra el poder, la imaginación al poder, prohibió prohibir al hombre la alegría, clausuró el desamor, sus filos de alcaloide, la negra cimitarra de la espuma que estalla entre las sienes del suicida. ¡Ay vendaval que anuda la garganta de ciudades y calles! ¡Ah espada de heroísmo fundida en multitudes, templada con blasfemias como águilas heráldicas! Traed hasta mi mano la insignia y la brigada clandestina cuyas invisibles armas son el honor y el totalitarismo de la imaginación. Más alta que la especie son vuestras palabras que colman de orgullo, vuestra mirada de roja levadura o llamarada con festines de luz y autonomía, porque desde el hollín insano y punitivo habéis recobrado para el hombre el paraíso de la sangre de Abel y sembráis la realidad de la imaginación a contramuerte, a certidumbre blindada de intemperie contra ratas andróginas y moluscos togados. Tenéis razón. Vuestra aérea marea, vuestro ondear de estampida es sólo comparable a las centurias de París y de octubre y la cólera que amáis y amasáis en vuestros corazones es sonido de acero subversivo. (Zumba París y cruje en castellano Hispanoamérica. Y es barbada la roja barricada de Cuba y Nicaragua y el trigo de Argentina se ensambla a la epidermis mundial de Norteamérica. Y la espuma que besa a Venezuela se hincha de bolívares, porque hasta el capitán llegamos con un ramo de sangre, con un fusil de lágrimas y un árbol instantáneo de incendio y dinamita, y en su fronda insurgente convocamos

175 legiones de la aurora, la fauce del crepúsculo y el nido del galope.) Tenéis razón. Heredamos un mundo de lápida y sustento para morir y agonizar apenas. Con mendrugo y harapo hemos andado esta hondonada cuya torre y estrella y la vara para medir la dignidad mesiánica, está en manos fariseas. De la casa del hombre no existen paredes ni cimientos y la furia es campana claroscuro, metralla que nos une como pátina o musgo militante, como licor o báculo iracundo. entre desheredados escarlatas, con mendigos de rostro verdinegro y jadeantes relieves trazados por el sudor del hombre, por el golpear del corazón del hombre en la puerta de Dios: este aldabón labrado por réprobos de mil generaciones. Y es ahora cuando vosotros, jóvenes del mundo, preguntáis: “¿ha llegado la justa hora de la justicia? ¿Dios está, barbado de furores, aquí, hombro y brazo unidos con los humillados de la tierra? ¿Se trata del espejismo, de la vulgar utilería y la tramoya para que el hombre yerre permanente por las orejas del desamparo y las cuencas del hambre y la miseria?” Porque si estamos para errar y eres la mampostería que cubre el crimen y la adiposa voz de la riqueza, es hora de entregarte a las afrentas, a la copa de maldiciones del huérfano y a la decoración simplista de un satélite que ronde taumaturgo el universo. Tenéis razón. Cifras de humo y guarismos de angustia han hecho con la carne del hombre. Escatología ciñeron a la luz y levantaron un hongo atrás del arco iris. Nos dieron el cansancio que curvó a las montañas y un licor homicida

176 y un voltaje de zarza nos hizo guerrilleros, combatientes cuya sangre y marea es órbita de astros, insurgencia que asciende a los violines, a las cuerdas del bosque, al estallido oceánico de púberes libélulas y al bronco testamento del maderamen rojo que cubre a nuestros muertos, que lleva nuestros muertos al pan de cada día, aérea barricada o férrea guarnición de heroica ciudadela. Estamos, con vosotros, Biznietos-de-Sandino, roquedal de París. Estamos con vosotros, Relámpagos-de-O’Higgins, fusiles de Bolivia, Estamos con vosotros, Herederos-del-Trueno y espada de Sarmiento. Con vosotros estamos, Oxígeno-de-Lincoln, guerreros de la paz. Con vosotros estamos. Oleaje-y-Barricada de Morelos y de Sucre. Comuneros-de-Roma, estamos con vosotros con la acción de Guevara y la voz de Fidel. Más allá del cansancio y las fronteras dadnos un instante de vuestra dignidad, estudiantes y obreros en un solo combate son la espada del Cid: obreros y estudiantes, el futuro es la suma de Bolívar y de Marx. Creo en la muerte de todos los poderes que limitan al hombre, creo en la fecunda libertad. Y en la fertilidad del hombre para procrear la libertad, y en la libertad como destino del linaje del hombre, y en el hombre como guerrero de la paz, señor de su progenie y dentadura de astros y planetas. Y creo en el pueblo, hijo del hombre, padre del hombre, espíritu e hijo del espíritu del hombre. Y entrego esta heráldica reunido al fuego y al fragor que dais al mundo, izando itinerarios de rojas barricadas o suma de galaxias de canto y ciudadela. 31 de julio de 1969

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DOS DE OCTUBRE A las seis de la tarde es hora de cadáveres, nada sino cartílago en los dedos. La piedra comunica, está erizada, hinchada por zarpazos de la sangre y se torna mandíbula, burbuja de hemorragias, ávida lengua que succiona y los adoratorios exhiben su racimo de muertos, su ración de holocausto alzándose en proceso triturado y cada noche hay vértebras, estallido de vísceras: gelatina de sesos que hierve con asfixia y jadeo. ¿Cómo pueden los hombres vivir sin perturbarse, cruzar esta explanada sin oír los lamentos? ¿Cómo puede la yerba fundarse en su aspereza, crecer sin ser sudario, herida con vertiente de relámpagos rojos? Hay cosas que existen desde entonces y no entiendo: hablo de lo pasivo, del esfuerzo terrible de ahuyentar a los muertos; hablo de la mordaza en la sal del océano para romper su terquedad untada a cada muro, ceñida en los peldaños: zurcida al edificio y a la iglesia. Porque la luz se agrieta al mirar esta plaza y el Sol escarba y brama obligado a embestir un catafalco y no hay fuerza capaz de darle sepultura, ni palanca o espalda que lo lleve a la fosa. (Carros blindados, tanquetas del ejército patrullan Tlatelolco: La tensión hace zumbar el aire. Cuatro bengalas verdes abren el hocico de fusiles y ametralladoras: disparan sobre todo movimiento.) El crimen no se ovilla, es iracundo, tiene extenso ramaje de sentencias: La sangre es inmortal y no se evade y es imposible hurtarle sus reclamos. Como lengua de áspid fue la señal con luces de bengala y el cielo se trizó, se hizo añicos

178 para cientos de manos que intentan abrazar la existencia, para cientos de ojos que absorben el espanto. Fue combate de carne contra acero, el sabor de la muerte revertiendo, izándose con iras y fantasmas, entre bostezos por beber la vida. Fue un eructo de verdes antropófagos, de excremento blindado y drogadictos amamantados con asesinatos de férrea impunidad. (Ruido de estoperoles contra el pavimento. — ¡Estoy herido! — ¡Déjenme salir! ¡Quiero salir! — ¡Aquí hay un niño muerto! Arde un edificio. La gente está de horror despavorida: Tlatelolco es madeja de lamentos: tejido de estertores.) Piedra de sacrificios colectiva, cadalso ingente de la muerte anónima que yergue su invisible monumento. Pisar es hundirse en los despojos, en el harapo y musgo de los sesos. Centímetro a centímetro interrogo el rostro de la angustia. el último resquicio de esperanza que cayó cercenado. (El fuego se propaga y el saqueo. Hay descarga expansiva: falanges de colmillo y bayonetas.) ¿Dónde quedó del trueno su redoble? ¿Dónde la carne humeante y sus despojos? ¿De qué mar se incorporan estos muertos con un quejido de diluvio humano? Dos de octubre de trampa a quemarropa e irrupción de simiescos guantes blancos. No soy cuando me cercan estos muertos: no hablo porque buscan expresarse. Transcurro por los hornos crematorios y la salobre sábana marina; camino por el túnel de la muerte deletreando su áspera epidermis, el duelo familiar, la casa viuda, el espesor del hombre que reúne las sílabas del llanto.

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(Sin sirenas ni luces treinta ambulancias entran y salen del Campo Militar Número Uno: Se ignora a dónde van, de qué salen cargadas, pero en los cristales traseros se ven zapatos oscilar: zapatos en los que se inicia la muerte.) ¿Este muro de sangre dará asilo a la vida, segará el vendaval de indiferencia? Yo soy sobreviviente de estos muertos y por mi lengua quieren levantarse, asirse a los peldaños del oxígeno. Es terrible un pueblo que no entiende dónde están ni quiénes son sus héroes. Es mortal si con silencio colabora al crimen del espíritu y la sangre y más aún si ignora los cadáveres y los befa y los niega con escarnio. La escalinata avanza y se transforma en ola y barricada, contagia el corazón con su argamasa: habla idioma de horror cristalizado. Aquí de la escultura anticipada, del vagido espontáneo de la flama, somos testigos. Están en catarata de silencio erguidos y expectantes: la muerte los fundió en un estruendo. Todos los huesos en un largo friso y estaremos proscritos mientras no alcemos allí los corazones que ahoguen la injusticia. Yo enarbolo en el bronce la hosca jerarquía de un tiempo degollado, enfrento al exterminio un coro de águilas, porque hay otra vida en vuestra muerte y no hay descanso mientras se levanta el mundo a la estatura de los héroes.

180 SIEMPRE OCTUBRE Filadelfo Figueroa Amanece bajo la lluvia La jornada en los barrotes Separados por 7 centímetros Anochece bajo el sudor Del obrero, del campesino En la fosa de tres metros Y a cualquier hora Se siente que es octubre Se repite el dos de octubre del 68

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“Tres Culturas 2”, Apunte por Melecio Galván, 1968

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183 TIEMPO REPETIDO Por Edmundo Font López Tiempo repetido, te conozco; de oírte de leerte, de sentir con rabia ajena tu herencia de lamentos, tu acumular las penas en el único lugar común de la desgracia. Juan Matías?... Presente. Rubén González?... lo mataron, maestra. Lo mataron, se le murió su muerte de repente sorprendida, se fueron los dos, su muerte y él, muy sorprendidos, algo falló cronológicamente, niño joven-sin luego. Se le rompieron los veinte años, los veintiuno, de cuajo; y el olvido nos correteó toda esa tarde por su calle sin salida de paredes altas. Seca tarde lluvia amarga lluvia rojo Me arden los ojos y los labios y el aire suena reiterativo, quejumbroso. Suena a altoparlante, a grito abierto, a garganta inocente, esperanzada. A mentadas de madre, impotentes. A furia y a coraje y a recuerdo.

184 2 DE OCTUBRE EN UN DEPARTAMENTO DEL EDIFICIO CHIHUAHUA Por Isabel Fraire Piel rota orilla incierta de la piel rota carne como la carne que le doy al gato la sangre rezuma y chorrea en goteras se ve el hueso ancho y profundo el boquete como plato sopero alto en el muslo el tazón de carne cruda y sangre cuerpo tendido en el piso en cuatro dedos de agua “No es nada.” “¡Cómo que nada! ¿Te duele?” “Nada, un rozón.” Las balas atraviesan vidrios atraviesan puertas se entierran en paredes “¡Cuidado señora!” (tiene un niño en brazos) “Métase al baño, ahí está más segura.” Los estampidos retumbando arrecian “Agáchense.” “Hasta abajo.” “No se asomen, por Dios.” “¿Cómo te sientes?” “No es nada.” (La señora con su niño en brazos gritando) “¿Por qué siguen, por qué siguen tirando? Dios mío, Santa Virgen, que paren, ya no sigan...” “Otra vez.” “Agáchense.” “Baje la cabeza.” “Dame la mano”, como mala película que no termina nunca. Diez días después los periódicos no hablan más que de Olimpíada. No fue nada, un rozón.

185 LA NUEVA REVOLUCIÓN Por Francisco Gallego Ayer pinté en un muro de la escuela: “…y la voz, maravillosamente libre, que un dos de octubre el enemigo intentó callar con tableteos, hoy es amordazada por nosotros…” Por qué... ¡Carajo!, aquí nadie se mueve; nos mató la expansiva, sorda, desconfianza en las masas. Escribo sobre un muro, me indigno, me levanto contra la dictadura; maldigo a los inmóviles porque soy de este mundo, de estas cosas que son y romperemos; porque si alguien no lucha es —hoy, sesenta y nueve—, un poco asesino de sus propios hermanos. Después... salí a la calle y en Guerrero, Morelos y Chihuahua el ejército se defendía inútilmente y los de Ayotla se apoderaron de la fábrica, y los adolescentes se pusieron nuevamente en pie; y a pesar de los quince delitos y veintitantos años de condena los presos nos dijeron ¡Adelante!, y etcétera, etcétera, etcétera. Hoy, pinto en una barda: “La hora, el día, mi país es un gran horno, no se ve más que luz.” Julio 1969. Año I de la Nueva Revolución

186 CASCO DE SANTO TOMÁS Casco de Santo Tomás... ¡Continente de la ciencia! No quisiera recordar ¡Refugio de la cultura! Pero hay tragedia en tu historia ¡Templo de los estudiantes! Tragedia que se sortea entre el amor y la gloria. Historia del estudiante. Historia del Proletario. ¡Mañana lluevan mañanas, hoy llueven revoluciones! La sangre escurre en la tarde; la tarde escurre en la sangre. ¡Piedra contra metralla! Serpenteante silueta. ¡Botella contra cañón! Soldadesca aquelarre. ¡Suspiro contra granada! Mancillado el rocío. Y la moral por bandera. Casco de Santo Tomás... ¡Continente de la ciencia! ¡Refugio de la cultura! ¡Templo de los estudiantes! No quisiera recordar, ¡pero hay tragedia en tu historia! Cárcel de Lecumberri, 1968

187 CANTARES DE LA DICHA NEGRA (Fragmento) Por Orlando Guillén A Fati II Señores: este es el poema de la dicha negra. Lo escribo el cinco de noviembre de 1968, ciudad de México, capital de muertes grandes. Desde hoy, garganta para mi grito y rincón donde se hincha la rata enteca del odio. III Me hirieron la soledad, me hirieron la compañía, y donde quiera que voy me van hiriendo la voz, me vigilan la saliva, me enfurecen el tamaño de la furia y me han dejado el recuerdo lisiado desde el dos de octubre. Todos los dedos me dicen las palabras de los muertos nuevos. IV Aquí sólo se es poeta a pesar de la palabra. Abril 2 de 1972

188 EN MEMORIA Por Cristina Gómez Hoy amaneció el cielo 2 de octubre como nuestro recuerdo el odio y el amor corren por el asfalto como en aquella plaza Hoy amaneció siendo las 5:30 de la tarde como nuestro recuerdo el amor ha crecido por años en cada rebeldía en cada obrero en lucha Hoy amaneció así año sesenta y ocho como nuestro recuerdo el odio se convierte en guerrilla huelga en la fábrica Hoy amaneció siendo 2 de octubre 5:30 p. m. año 68 como nuestro amor y nuestro odio Tomaremos la calle Como de julio a octubre Con la esperanza a cuestas No puede tanta sangre lavarse con el tiempo ni perder su sentido No podrá el asesino seguir en el silencio alimentando el miedo

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“Reprimidos”, dibujo por Alfonso Pérez Soriano

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191 MORATORIO CHICANO Por Linda González Fue 1970, el año del Moratorio Chicano el año en que yo cumplí 12 Había revolución en el aire cada vez que respiraba me dejaba el aire más y más inquieta llena de deseos de estar marchando por la calle Whittier contra la guerra en Asia contra las guerras en los Barrios de los Ángeles En la primavera mis pechos florecieron una mujer enfrente del espejo las armas florecieron en las selvas La sangre que da la vida un derrame de mi cuerpo la sangre de los muertos un derrame de los ríos de Vietnam Tantos murieron mataron sin saber quiénes fueron los enemigos los enemigos enmascarados en su propio país Lágrimas pesarosas goteaban agobiando la tierra brazos en puños se levantaron fuertes y firmes contra la guerra en Asia contra las guerras en los Barrios de los Ángeles

192 EL DILUVIO Por Enrique González Rojo El diluvio se inició hacia la madrugada. Los primeros indicios de la aurora nacieron anegados. El agua tuvo la pretensión de sustituir a la atmósfera. En las fosas nasales empezaron a germinar florecillas silvestres. Entre el palo mayor y el ancla, el viejo dio los últimos retoques a su temeridad. Y con su voz de bajo bíblico conminó a todos los seres a penetrar en parejas a su arca. Entraron el día y la noche. La izquierda y la derecha. El arriba y el abajo. Tú y yo. El y ella. Nosotros y ustedes. Ellos y ellas. Nuestro hombre logró salvar del diluvio la dialéctica. EDUCACIÓN Hijo mío que yaces en la cuna: quiero hablar con tus manos. Desearía que se valieran ellas por sí mismas desde la tierna edad de los dos puños. HERMANOS, HERMANAS Aquí, con mis hermanos, vivo el enjambre del nosotros, fraternal, macizo, más dulce que la miel,

193 el orgasmo amarillo de la lengua. Aquí, con mis hermanas recluto este revólver a la línea política de alguno de mis odios primordiales, de alguna de las rabias que producen cataclismos en mis órganos internos y le siembran tumores a mi espíritu. Aquí, con mis hermanos. Aquí, con mis hermanas, el puño es una sílaba de la frase filial indispensable para gritar al fin el terremoto, la libre asociación de los añicos. UNA MALA PALABRA Amanecí con una mala palabra en la punta de la lengua. Era un pequeño mitin de saliva rabiosa. Una jauría de gérmenes que muerden los talones de sus propias mandíbulas. La grabación de un rechinar de dientes. Un pasarse la noche más oscura del alma con el furor de una vela. El más feroz estado de ánimo de mi puño. En verdad un bellísimo vocablo: la canonización de una blasfemia. Me arrojé hacia el olvido, hacia la pluma. Reuní rápidamente en el espacio de esta hoja, montañas, ríos, prados, la veleidosidad de los colores que busca mi alfiler coleccionista, la cabra montaraz que es en la roca la flor del equilibrio; el abejorro que le permite rechinar al cielo. Pero sentí de pronto que debía sacudir la cabeza y desenmarañarme las neuronas,

194 mover la cabeza y lengua hasta que la palabra resbaló a estos renglones como si el “rompan filas” de la muerte diera en el centro mismo de un espejo. Y al caer en el cosmos del poema, en su fina estructura de reloj emotivo, esta dura palabra con la cual desperté, vuelve un entrenamiento guerrillero lo que intentaba ser un día de campo. TRAS LAS REJAS Este poema estuvo en Lecumberri, si lo ven contrahecho y tembloroso, si no sabe guardar la compostura y si al hablar escupe, escupe sangre, les pido por favor que lo perdonen. Se trata de un poema torturado. NUESTRA LENGUA Los verbos rompen en astillas la quietud. Hacen que el inválido (aquel que perdió por un agujero de la bolsa todo el polvo del camino) arroje las muletas, brinde sus primeros auxilios al sendero fracturado y haga un viaje de ida y vuelta al horizonte. Son combustibles de la frase. Veleidades de la piedra. Ruedas que convierten a los pronombres sedentarios en carruajes, bicicletas o automóviles. A decir verdad, ustedes nunca podrán con nosotros porque tienen averiados los verbos. Porque saben de Ulises solamente la historia de su muerte. Porque nosotros hemos encontrado entre Bakunin y Marx

195 el eslabón perdido. Y su novedad la vamos a soltar a los cuatro, ocho, dieciséis vientos. Y sépanlo de una vez para siempre: este aliento, amasijo de todas las palabras, no dará nunca, nunca, nunca nuestra lengua a torcer. EL QUÍNTUPLE BALAR DE MIS SENTIDOS (XXVIII) Va de pasión en fondo por las calles alineada la masa. Pasa en ellas su tráfico iracundo. Cada gente hace un mínimo cráneo con su mano para poner en él su incipiente conciencia proletaria. Avanza cada frente con su breve pancarta de coraje. Aunque en medio del río pretendo ser la gota que conserva la conciencia de sí, me uno al coro de voces que da forma a ese cauto que luce finalmente borradas las fronteras de los himnos nacionales. Los gritos y las porras nos hablan de una isla, de un territorio libre en la esperanza, de un descubrir aquí en el Nuevo Mundo de nuevo el Nuevo Mundo. En medio de esta turba donde un furioso verso es cada hilera, cada grupo una estrofa, la manifestación una poesía de Neruda, Hikmet o Maiakovski que ha ganado la calle, me pongo a recordar, y se me viene a la memoria el tren, el tren de carga –atestado de espíritu rebelde–

196 de manifestaciones ferroviarias que le daban al zócalo el carácter de estación terminal. Y se me vienen al recuerdo la masa de estudiantes, maestros, que soñaban que una bandera roja, con audacia alpinista, sobre la Catedral se enseñoreara. Y se me viene aquí, justo a la angustia, la célula con Pepe, con Eduardo, el breve caracol en el que pude sintonizar un día el rumor del Mar Rojo que se acerca. Y entonces se me viene todo el sesenta y ocho a la cabeza. La manifestación hecha en silencio, en que sólo podían descubrirse los puños en voz alta. La manifestación que se diría guardaba ya minutos de silencio por las futuras victimas. Recuerdo Tlatelolco. Recuerdo mis amigos y alumnos y recuerdo el permanente mitin de sus tumbas. Y en medio del recuerdo caigo en cuenta que quizá a la vuelta de la esquina puede encontrarse el monstruo, el monstruo lacrimógeno, la fiesta de las balas del monstruo. Pobre México invadido de Díaz y de Díaz, presa de hordas de Díaz. Pobre México. En tu bandera luce un monstruo devorando una serpiente.

197 SOL DE OCTUBRE Por Alfredo Gutiérrez y Falcón I El fango pesa. Pesa mucho el fango sobre las flores, sobre las flores heridas con las botas. Pero… esto no es nada, no tiene importancia, ¡Adelante, no te detengas! Tlatelolco fue testigo de la muerte de los soles: sol de aire, sol de tierra, sol de agua, sol de fuego, quinto sol... Su dolor no puede ser más grande ahora con una luz de atardecida fiesta, en cuya transparencia verde lució el aplauso de los dioses para premiar a sus actores. El ritmo era relojero, precisos los disparos y el ataque sin piedad exigía más aplausos, más hojas laudatorias y paraísos fantásticos para ese nazismo hecho teatro. Pero… ¿Ésto qué? Si hubiera pasado, si ya no fuera, entonces… los muros, el aire y la historia, estarían tristes por la ausencia del compás para las botas y los tanques. II Amigo mío: Mi capacidad no rinde lo que tú quisieras. Esta es la razón de mi empeño en asegurar que no he visto pasar algo diferente.

198 Lo que ocurre es lo mismo, se repite como el tintineo de las registradoras o como el golpe del reloj. Si hubiera cambiado el ritmo de la danza, los voceros oficiales lo estarían difundiendo; la gran prensa estaría de plácemes; pero no, todo es lo mismo: la misma agua de odio, el mismo veneno en los besos y en los panes. Lumbre de bala, lodo sin agua, escarnio y estiércol… Todo igual. La misma pantomima, el mismo teatro de forma, los mismos prisioneros, los mismos difamadores, la misma miseria. Los mismos jilgueros halagando los tímpanos apoltronados. Mientras estuve soñando pudo ocurrir la masacre. Mas… yo no tengo la culpa de ignorarlo. Tampoco soy culpable de que me preguntes y de que estés perdido. Confieso que soñé lo que escribo para darte a conocer el ábaco de los jerarcas y la regla para calcular mis sueños. III No, no es aquí, puede ser en la casa de enfrente. Aquí los cerrojos están en las mismas bocas y las manos obedecen las mismas consignas, y el cerebro lo mueven las manos, porque el corazón es de acero y los músculos también obedecen. No, no es en esta casa. Si aquí fuera, nuestros jerarcas ya hubieran intervenido. Nosotros vivimos en un paraíso

199 cuyo termómetro controlan nuestros dignos burgueses. No, aquí no es. No nos vengan a importunar. Cuando algo ocurra lo comunicaremos. Así que… ¡Chao! IV Pero jóvenes, mis almas jóvenes: ¿Por qué se empeñan en mentirle al tiempo? Aquí no ha ocurrido nada. Nada anormal, desde luego. ¿Pretenden hacerse viejos, biliosos, desadaptados... ? Observen desde la altura: todo igual, nada pasa, nada ha pasado. Apenas si proyectan cambiar nombre al delito de disolución social. Fíjense bien: La ciudad se mira de un solo techo. Si hubiera pasado algo, hoy mismo nos estuviera atosigando la incredulidad con miles de cárceles abiertas, bocas sin hambre, empleados respetuosos y eficientes servicios públicos... V Pero no; todo es igual... igual... igual... La atmósfera sigue presionando a la impotencia; las lenguas de los fusiles bruñen y rebruñen el aire; las consignas hacen ritornelos y las palabras no deben ser expresivas. Sienten, prueban y oyen los cerrojos, aquellos que quieren decir algo. Lo único permisible es hablar, Hablar en voz baja y hablar aunque no se diga nada. Nada de nada, porque todo es igual... igual… igual.

200 El único timbre autorizado es de pólvora, estroncio y toxinas, es el único que siembra y resiembra rosas rojas y negras, en los campos inermes y confiados; es el único que sembrando sangre logra que reverdezca Huitzilopochtli. VI Si algo hubiera ocurrido, truenos y relámpagos lo estarían gritando los corridos y tarimas, los huapangos y los sones, estuvieran saltando en las gargantas. Estarían felices porque Goyo Cárdenas y Kaplan, son dignos representantes de los superhombres; que la señora del Ministro dirige la Fundación Exterminio encargada de ejecutar la operación ébano; que las prostitutas (las decentes, por supuesto) fueran regenteadoras de los servicios públicos; que los banqueros pudieran instituirse “hermanos de la caridad” dispuestos a racionar también el aire y el agua, entre las grandes masas envenenadoras del ambiente con suspiros estúpidos y lágrimas cocodrilences; que los prestanombres fueran designados hijos predilectos de nuestro paraíso. Pero por ahora, no ha pasado nada. Todo es igual... igual... igual. Si algo hubiera ocurrido, truenos y relámpagos lo estarían gritando los corridos y los sones, estuvieran saltando de gusto en las gargantas.

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Portada del libro Yo Acuso de Leopoldo Ayala, por José Hernández Delgadillo

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203 ¡PUEDES VERLOS! Por Angélica Guzmán Callad, callemos por un instante, sólo por un minuto para que escuches claramente las voces que se levantan de la tierra a la conciencia, las mismas que cascabelean por la plaza cuyos ecos de consignas grabadas en las piedras, retumban en los muros testigos y en el viento de pólvora y fuego. Callad, que ante la mirada infinita de cientos su brillo refleja la vida de miles. Callemos sólo para darnos valor y no llorar para que después de este silencio nos llueva la blasfemia. Detengamos los sesenta segundos para hablar con nuestros hermanos. ¿Los puedes ver? su rostro es tibio, sus labios dulces, hay en sus cuerpos flores y laureles, en una mano abrazan un caracol llamando a los hermanos, en la otra hay un hacha, un rifle, un amor. Así son, como viento y como plomo; así, hacen su ronda de la plaza a la sierra, del edificio a la escuela, de las escalinatas a la fábrica, de la iglesia a las chozas, de las ruinas a las marchas.

204 Son eternos soldados guardianes, su sangre los ha vestido del rojo igual rojo estrella ¿Puedes tocarlos? ellos extienden los brazos y te abrigan en el deseo eterno. Ellos acarician tus ojos y los dotan del milagro del pueblo, ellos tocan tus instintos y los echan a volar alcanzando el puño, ellos besan tus lágrimas y las convierten en acero puro. No hables; que aún faltan instantes que ya no son muchos para gritar con las almas que rondan por la patria sumergida, para tomar su mano y marchar a su diestra, para desenterrar los rencores, para afilar las garras, para tomar las esperanzas y lanzarlas por los vientos. No hables; que hoy es tiempo de unificar las ansias. No puedes defraudarlos ellos te han anotado en el libro de la historia; ellos, camarada, han convertido el octubre en rabia, en brazos y en otoño semilla. Ellos te han mostrado sus neuronas, sus voces, sus consignas; han dejado junto a tu puerta un millar de volantes llamando a la lucha. No tienes alternativa, compañero, compañeros; 2 de Octubre no se olvida.

205 TLATELOLCO 6 PM Por Filemón Hernández ¿De qué vida mutilada, de qué espejo roto para siempre están hechas las calles? ¿Quién dicta el paso veloz, la mirada que huye? ¿Quién lanzó la primera piedra en el despeñadero insustancial de la muerte? ¿De qué quijada está hecho el odio? ¿Cómo puede un hombre ver a una muchacha a través de la mirilla del fusil? ¿Cómo puede una bota aplastar impunemente la gracia adolescente de una falda? ¿Por qué tocar la puerta de la infancia a bazucazos? ¿Por qué convertir la memoria en la fosa común de la ignominia?

206 DOS DE OCTUBRE Juan Manuel Hernández La vieja infancia de sonajas agoniza En el vientre de esta ciudad de miedo Donde el aire y la rosa y la estrella Y la mirada comulgan con el odio y la espera. Porque la sangre hierve en las arterias Y la sombra, nuestra sencilla sombra Es un niño asesinado entre la niebla Por la bayoneta de una estrella. Las cabelleras juveniles Aptas para cobijar sueños de victoria Caen en Tlatelolco salpicando la piel De la historia, mientras los simios genocidas Diaz-ordaz-corona-echeverría-los sin madre Fornican sudor de prostituta En la entraña premeditadamente envilecida De sus bestias gemelas. Ahora nuestro canto está desnudo Como una catedral donde el bombardeo Como una lágrima coagulada en el asfalto Como un Dios creándose a sí mismo Ahora sabemos Que nuestras manos rojas de octubre No limpiarán el viento La sonrisa morena de los hijos nuestros Porque declaramos nuestro ocio A la noche con un sol de metralleta.

207 NUEVE AÑOS DESPUÉS Por David Huerta Yo aparecí en la sangre de octubre, mis manos estaban fúnebres de silencio y tenía los ojos atados a una espesa oscuridad. Si hablaba, mi voz me sonaba como una materia desalojada, mis huesos estaban empapados de frío, mis piernas fluían con el tiempo, moviéndose hacia afuera de la plaza, en una dirección extraña y sin sentido: de renacimiento, llevándome a los espejos y las calles desordenadas. La ciudad estaba arrasada por el silencio, cortada como un cuarzo, tajos de luz diagonal daban sus raciones apretadas a las esquinas, los cuerpos estaban callados y aplastados contra su vida, pero había otros cuerpos también, pero había otros cuerpos también. Hablo con mi sangre entera y con mis recuerdos individuales y estoy vivo. Yo me pregunto: ¿cómo tenemos los ojos, las manos, el cerebro y los huesos después de que salí de la plaza? Todo es denso, voluminoso, y fluye, fluye desde que salí de la plaza. El aire me decía que todo estaba quieto, esperando. Yo me moví hacia afuera de la plaza, mi boca estaba quemada por los recuerdos, y mi sangre estaba fresca y luciente como un anillo continuo en el interior de mi cuerpo absolutamente vivo. Pues me movía hacia fuera de la plaza, entero y respirando. Respiraba imágenes y desde entonces todas esas imágenes me visitan en sueños, rompiéndolo todo, como caballos delirantes.

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Estaba en el amasijo del día el espejo de la muerte. Y una palabra de mi vivir colgaba de un borde infinito. Yo no quisiera hablar del tamaño de aquella tarde, no poner aquí adverbios, gritar o lamentarme. Pero quisiera, sí, que se viera toda una quemadura de cólera manchando el espejo de la muerte. ¿Dónde podría poner mi vivir, mis palabras sino ahí, nueve años después, en esa cólera fría, en ese animal de ira que se despierta a veces para esmaltar mi sueño con su aliento sanguinario? Toda mi sangre circula por mi vivir, entera, incuestionable. Pero entonces oí cómo se detenía, amarrada a mi respiración, y golpeando, con el sordo llamado de su inmovilidad, golpeando mis voces interiores, mis gestos de vivo humano, el amor que he podido dar y la muerte que mismamente entregaré. Luego vino el miedo a mis ojos para cubrirlos con sus dedos helados. Todo el silencio de mi cuerpo abría sus alvéolos frente a los cuerpos arrasados, escupidos hacia la muerte por el ardor de la metralla: esos cuerpos brillando, sanguíneos y recortados contra la desmenuzada luz de la tarde, otros cuerpos diferentes del mío y más diferentes aún, porque habían sido extirpados a la vida humana por un tajo enorme, por una vertiginosa ferocidad, por manos de una fuerza doliente que se lanzaba, aullando, contra esos cuerpos más tenues ya que la tarde y más y más brillantes, en mi sueño de todavía vivo ser humano. Es verdad que escuché la metralla y ahora esto escribo, y es verdad que mi sangre fluye de nuevo y todavía sueño con una especie de muerta duda, y veo a

209 veces mi cuerpo desnudo como un espacioso alimento para la boca devoradora del amor. ¿Dónde estuvieron las ataduras de mi vivir, mis espejos y mis días, cuando sobrevino la tarde en la plaza? Si tomo un pedazo, una brizna de mi cuerpo para ponerla contra el recuerdo de esa tarde en esa plaza, retrocedo asustado a mi vida como, si me hubieran golpeado en la boca los dedos levísimos de cientos de fantasmas. Hablo de estos recuerdos inmensos porque tenía que hacerlo alguna vez, así o de otra manera. Yo salía de la plaza con un vivo estupor en la boca y los ojos y sentía mi saliva y mi sangre, vivo aún era una noche fresca, dada al tiempo. Pero en las calles, en las esquinas, en las habitaciones, había cuerpos aplastados y sellados contra su vida por un miedo gigantesco y amargo. Un anillo de miedo estaba cerrándose sobre la ciudad. Como un sueño extraño que no cesaba y que no conducía ningún despertar. Era el espejo de muerte lo que sobrevenía. Pero la muerte había ya pasado con sus armaduras y sus instrumentos por todos los rincones, por todo el aire abolido de la plaza. Era el espejo de la muerte con sus reflejos de miedo lo que nos daba sombra en una ciudad que era esta ciudad. Y en la calle era posible ver como una mano se cerraba, cómo sobrevenía un parpadeo, cómo se deslizaban los pies, con un silencio espeso, buscando una salida, pero salida no había: solamente había una puerta enorme y abierta sobre los reinos del miedo. Octubre de 1977

210 ESA MADRUGADA… Por María Teresa Irazaba I Esa madrugada el sonido de la ambulancia fue detenido por los soldados La navaja de un bisturí cortó mi amarre umbilical del vientre de mi madre Mientras cientos de metrallas dispararon y abrieron otras carnes A la tierra arrojaron sus cuerpos una fosa clandestina es su nuevo vientre A mí me dieron un nombre a ellos les borraron la vida Sus madres palpitaron con el vientre hueco los soldados las obligaron a quedarse mudas II Sólo mi madre recuerda la masacre de Tlatelolco Para ella su lucha es tener una familia Una casa con las ventanas abiertas para que entre el Sol la ropa dulcemente alineada para un padre ausente

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La cocina es su compañera y enciende todavía sus luces para alumbrar a sus muertos En mi casa con serpentinas y confeti de colores se festeja mi cumpleaños Para ocultar nuestra soledad nos colocamos un antifaz sonreímos un rato a las visitas y cerramos la puerta Mi padre con nostalgia recuerda la antorcha olímpica del 68 nunca habla de los jóvenes masacrados ese dos de octubre A mí me rebautizaron diciéndome que no fui asesinada pero siempre me pregunto si ese día no dispararon en mí alguna lenta puerta

212 YA NO MÁS VUELTAS Por Carlos Jiménez R. Ya no más vueltas a la rueca del tiempo Veinte años son muchos y quinientos demasiado De Tenochtitlan a las Tres Culturas sólo caudal de ultrajes y matanza Ya basta de silencios y de acecho: la memoria enardecida no tolera más el horizonte funesto en los senderos de la patria Basta de vanas cosechas y del afán eternamente traicionado Fin a las huelgas desahuciadas y a las horas de minutos consumidos Compañeros de la huella en la memoria: no más banderas desteñidas por la espera ¡Que abandone el acero su vaina de polvo anunciando al mundo nuestras voces! Cada hombre una voluntad alerta y poderosa cada mujer otra ira ¡Que se escuche el grito disonante del alba redimida para siempre! ¡Que desborde el sueño su utopía más allá del margen de vigilia y avance desde el epicentro de la furia hasta conseguir lo imposible! 1988

213 2 DE OCTUBRE * Por Ethel Krauze Los he visto en las noches, en las fiestas, fantasmas en el vino y la risa de los amigos: Buscando el amanecer, y el amanecer no era. Se quedaron muriendo: Buscaban su hermoso cuerpo y encontraron sangre abierta. Se quedaron muriendo. No volvieron. Se quedaron helados en la esquina de las balas: muchedumbre de abejas en picada, abejorros de plomo plumas negras negras alas cayendo en la tarde del viernes, en la plaza, en el ruedo sin toros, sin olés, sin golondrinas. Se quedaron muriendo en Tlatelolco. Festín de banderillas: sólo ellas vinieron ese día a picarles el lomo, la cabeza, a cortarles la oreja, a montarlos en hombros. Banderillas, banderolas: bayonetas.

214 Ya vienen cayendo esas punzantes mariposas: diamantina de acero, alfileres dormidos voladores, cuchillitos roedores, ladradoras avispas. ¡Qué deslumbrante espectáculo! ¡Qué tremendo con los últimos humos de la pólvora! Los veo, ahora, cuando alguien ha cumplido diecisiete años. Y ellos siguen abrazándose al aire con el grito en las manos, buscando, todavía, amanecer el 3. Llegar siquiera al final de ese octubre: Era mes de canciones y lunas antes de Tlatelolco. También los veo morir en los que no murieron. En los que se rindieron a la yerba, o al trago, a la demencia, al burócrata, al dólar, al bastardo, a la niebla. Los veo en los señores de traje y corbata, en los traidores: los que cumplen cuarenta, los que pagan la cuenta con tarjeta, con su firma: los del miedo. Los del déme la carta, caballero. Licenciado ¿al ajillo?

215 ¿a la mostaza? ¿al curry suculento, o el chateaubriand desea? ¡El poeta con papas, para dos y bien asado, con su salsa bernesa! Los he visto rondar en los pasillos, en las salas de espera, a la hora de las tortas y en el tedio. En los que piden permiso y compermiso y cómo no. En los que cuidan la entrada y las espaldas; en las bocas cerradas. Sí señor, señor, lo que el señor ordene. ¿Quién mató a mis hermanos? ¿Quién les puso esa trampa, esa trompa de fuego en la sien y en el cuello? ¡Lo que diga el señor! ¿Qué no está en el memorándum? No, su sangre no viene cantando: es un chorro de espinas en el sueño, un espasmo de soles sofocados. ¡Siete copias, y un recado, y un testigo, y el cuerpo del delito! No se cerraron sus ojos ante los cuernos de hierro. Cerraremos el archivo. Levantaron la cabeza.

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No hay pruebas por el momento. La miel de su inteligencia, hasta que diga el señor hasta que amanezca. Pero el señor aún no ha dicho. Nadie dice. No. Nadie dice los traigo atragantados en la copa en la ropa en los zapatos. Nadie dice. Pero se metieron por la fuerza en los renglones, se acodaron en la mesa, me preguntaron cómo estuvo todo. * García Lorca y Florit son mis padrinos, E. K.

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“Pretorio”, dibujo por Melecio Galván

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219 EL CAOS O RESTOS, TEMBLORES, IRAS Por Jaime Labastida 1 EL BELFO al aire me despierto, salvaje casi, animal perfectamente, jaime labastida, una bestia con honda de palabras, amoroso habitante de un solo largo sueño: el de la luz que lenta avanza. Y llego a la feria, al vértigo de luces: girasoles lunares en la arena, los gritos del payaso y el audaz movimiento del acróbata: caravana y rodilla hacia los palcos, escupitajo suave a galerías, tal es el gratis demagogo desde el púlpito en sombra de sus venas. Feria que hace costumbre el vómito de incienso a los tiranos y el tósigo infernal del padrenuestro, que disfraza la alegría con sonámbulo talco y en la que todos dicen sí con un palaciego señor mío en la ronda de cuerpos empujados. Pero en este remolino sin vértebra posible un remoto zopilote vuela sobre vivos. 2 ¿QUIÉN está vivo? A disparos preguntan: ¿quién vive? Un apenas pañuelo nos despide de todos. El eco ya se instala y se disuelve en polvo, el aire, en densidad la llama, en revolución la espera.

220 ¿Qué se responde? Sólo el suplicio se ha instalado en la plaza y de la tarde apunta un alba de balazos. La luz lenta disgrega sus destellos tiernos. Sólo está vivo un perro muerto y más allá de sus ladridos, más acá de las voces cortesanas y del trigo que nace en panes sin aroma, mi pueblo sale desde un terrible estuario de silencios. Y se incorpora. Y golpea. Y responde a la pregunta afirmándose en el odio. ¿Sólo está vivo un perro muerto? La verdad es que hieden la orden de impureza y el general condecorado, hiede la patria y la pistola hiede, hieden las sangres y las botas hieden; hedor la mano y más hedor la pluma que apenas si se atreve a describir pavores. Hieden los tanques y las bombas hieden. Es un hedor esa bengala que desciende a iluminar la víctima y su azoro. Es un hedor el grito, y es un hedor el crimen y es un hedor a muerte el que se siente al ver el pleito de cadáveres hambrientos en busca, sí, de hilachas y de huesos y que aún maceran los restos de gemidos tiernos. Y las balas a ras de tierra merodean en busca de muchachas para alojar en la plaza la gangrena. No se entiende qué pasa, qué pasa, quién grita, quién dispara, quién vive. Ya el silencio se instala como un hondo pozo moribundo que se abriera desde la garganta. Y se palpa una herida. Y se siente

221 un temblor. La plaza es una ciénaga, la lámpara enmudece. 3 PUES TODO tiembla y todo se deshace. Todo cambia y todo se construye. Temblor el párpado y temblor el hierro; temblor la espada y tempestad la forma. Huracán la cuchara y un temblor el cráneo. El pensamiento mismo tiembla, lloroso, ante el espejo. El mar se pudre la conciencia acecha. Apenas unos astros que caen y en su temblor arrastran planetas macerados. Pues todo tiembla y todo se edifica. Temblor la piedra y más temblor la vida. Un día, por ello, el viento cobrará la solidez de los metales, la ruina levantará piedra a piedra su esqueleto, el pensamiento se armará hasta hacer del pueblo catapulta, pues todo cambia y todo se edifica. Todo se alza y todo permanece. Viene la sangre y la mirada queda. Queda un disparo y unos niños quedan. Queda la plaza luminosa y pura. Vienen los muertos y sus nombres quedan. Queda un recuerdo y un temblor combate. Viene la lucha y los tambores quedan. Vienen caballos y estudiantes vienen. Quedan obreros, campesinos quedan. Pues ya con nombre de cuchillos se bautizan la cólera y el alba. Nada es entonces vano.

222 LA SANGRE DEL CREPÚSCULO José Landa Cuando volvemos la vista al pasado lo primero que vemos es ruinas. Hegel Puedo cortar tu cabeza pero tú no puedes cortar la mía. Baudelaire Entre las ruinas del tiempo las ruinas de nosotros Entre las ruinas de nosotros las ruinas de los otros Eso hemos visto muchachos en estos días cuando el crepúsculo es una pantalla de sangre y el mar vive tan lejos como un reino mitológico Mas no hay dioses ahora que nos miren morder el lomo de los perros. desde sus televisores divinos No hay dioses muchachos cubiertas de ceniza estamos solos en las calles

Octubre se ha vuelto una palabra más en el calendario El dos de octubre –pensamos– nació mi hijo le compraré un regalo para mostrarle que lo quiero Sabemos de esa fecha por los periódicos y la radio Ese día nos casamos algunos uno que otro nos cansamos de mirar el rostro calizo de los muros De nacer un poco antes quizá tendríamos una cicatriz más en la memoria Nos dolerían las piernas y los brazos y nuestras manos olerían a pólvora a tierra y a fantasmas De nacer un poco antes con seguridad estas palabras serían sólo silencio Y el silencio muchachos muerde con mayor fuerza que

223 los años Junto a nosotros pasa un tropel de voces un motín de sombras rojas con olor a sepulcro que espantan nuestros sueños Sentimos el aire frío de la noche perforar nuestras casas Abrazamos a los hermanos los padres la mujer y los hijos De dónde viene –preguntamos– la procesión de muertos que en lugar de rezar escupen insultos y blasfemias Hoy es mil novecientos noventa y ocho hace treinta años aún no respirábamos el mundo Sólo sabemos que el crepúsculo es una pantalla de sangre Que alguien debería encargarse de tantos muertos que flotan en el aire Que el tiempo es un poco de ruina y un poco de mentiras Pero nosotros muchachos ¿a quién le pedimos que limpie el crepúsculo? Tlatelolco, cierta ocasión La niebla de tan roja y no se marcha El cielo de tan oscuro y no se levanta Las armas de tan canallas y no se mueven Los muchachos bajo la niebla y se derrumban cubre la plaza cae sobre la plaza cubren la plaza de tan tigres quedan el cielo las armas sobre la plaza para no erguirse más

Alguien tiene que limpiar tantos escombros pero ese día hecho de escombros no podrá removerse

224 NIÑO PAN DE MUERTO Por Iván Leroy A Leopoldo, poeta Dije quiero morir de pan de muerto y el pan maduro quedó entre los dientes del cuerpo estallado, costura de un vientre hinchado de metralla. La campana le cantó a los muros sus quejidos y las lápidas se llenaron de nombres rotos y revueltos. Yo tenía la edad que no he borrado y mi calavera levantada con la mano izquierda y la V de la Victoria chueca y las reumas ferrocarrileras y a Vallejo en las consignas. El estallido de un tanque de gas entró por la ventana con el grito de los esperpentos desnudos y ojos de lumbre, las venas humeantes de ira, zapatos de lodo y leche sometidos y el primer pubis acariciado que vi por la rendija. Tenía su cicatriz y mi cuchillo avergonzado y la foto del Che cubierta de blanco, no entendía por qué debía recargarme en el pensadero para rezar un Padre que Tita hizo Nuestro. Veo la lanza recién clavada en el pecho de un hombre niño destilando su ira, lo veo en la portada de una revista dinamitada ¿Está vivo? Es un niño ¿Está muerto? Un niño trepa una llanta abandonada bautiza el patio y navega, tiene espada y bandera nacioná. (Vachita sigue mi ejemplo y se acaba la mamila, come carroña y bebe hiel porque quiere ser como niño grande.) Mejor hubiera sido pájaro. Los niños construyen barcos vikingos, brincan la cama deshabitada cuando papá no está. El niño tenía sus ojos blancos de velero,

225 sus pestañas largas de preguntas, su herida en el pecho enfermizo, su boca torcida en la banqueta desnuda escuchando el ruido de un tanque. La campana también se quejó de su nombre y no tuvo lápida ni cruz ni rezo ni madre que lo hallara ni tiempo para pensar ni barco. El niño del pan de muerto tenía la boca de azúcar morena, la bandera nacional cumplió los años de su memoria en un patio de lodo blanqueado, la libertad se llenó de niños revueltos rotos y obedeciendo al pavimento, hombres niños portada de revista, Padres Nuestros ajenos porque murió Tita, cicatrices avergonzadas, cuchillos entre las rendijas, lumbre en el pubis, ojos gritando su gente con las pestañas muertas. Yo soy el niño que se quiere morir de pan de muerto, que no entiende ni al pan ni al niño ni a la muerte.

226 MOTIVOS PARA LA DANzA Por Roberto López Moreno I Esta mañana vamos a hablar de Tlatelolco. ¡Comience la danza!, como si nos fuera dada la capacidad para llenar las mañanas de tristeza, de odio y de rencor profundo, de miedo. Esta vez vamos a hablar de ese rencor magnífico que pudimos guardar por tanto tiempo para no romper el papel depositario y acabar por no decir nada. En un montón de tinta amotinada. A muchas frustraciones de distancia regresamos a nosotros mismos, volvemos a ver nuestro pellejo, aquel que guardamos tan celosamente mientras el cielo llovía bengalas sorpresivas. Hay veces que el dolor nos duele tanto que no se habla con palabras, que hablamos con sudores, con orines, con la savia que se asfixia impertinente agolpando la mitad del pecho. Ah, pero nosotros, los periodistas de un mundo equilibrista, seguimos escribiendo, llenando nuestras páginas con tinta comercializada; ustedes, los burócratas... seguimos burocratizando el sueño; y ustedes, médicos y abogados, seguimos engrasando las ruedas del sistema; y ustedes, maestros en aulas desdentadas, seguimos geómetras de cuadros para el miedo; y ustedes, estudiantes,

227 proseguimos gritando a media calle, agitando nuestros ramos demagógicos hasta que el puesto oportuno te amordaza. Total, aquí no pasa nada, fulanito de tal murió de cáncer, la mengana se acuesta con mengano, el dólar se cayó desde el Empire, la mafia aprobó a Juan de las pitas y cualquier deslenguado posa en genio porque se encuera en nombre de la Zona Rosa, mientras, la fuerza, se ahoga en un tumulto de agua. II Esta tarde vamos a hablar de los recuerdos. Vivíamos en un cuarto total, destartalado, en donde le debíamos hasta el aire. Éramos nueve fulanos maldormidos quienes nos repartíamos el hambre democráticamente. Uno estudiaba economía, otro era piloto, otro más trabajaba en una fábrica y ahí, y entre nosotros, aprendió la palabra plusvalía; tres venían del desierto con la sed en sus células resecas; otros dos ordeñaban a la física y yo me carcajeaba haciendo versos. Por las noches, en lugar de buena cena bebíamos cerveza, y cantábamos, y decíamos poemas congregantes, “puedo escribir los versos más tristes esta noche”, y hablábamos de novias y de aviones. Éramos nueve que hablábamos de mítines, de las contradicciones, de Marx y de Proudhon, pero ninguno de nosotros conocía el plomo, por eso es que después nos dispersamos, cada quien con su propia banderita de paz sobre su hombro.

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Yo lo vi, fui testigo amedrentado, primero un helicóptero y después la muerte. El crimen que nos llega desde el cielo, rotundo, repugnante, arbitrariamente gorilesco, y la voz fratricida: “en mí no cabe el odio”, y su eco irresponsable: “a mí la historia me hace los mandados”, y mientras, el asfalto, con su deshojazón de piernas, de ojos, de manos, de gritos despetalados por la bayoneta rígida. Allá una mujer embarazada, acá, diferentes zapatos de muchachas, solos, deshabitados, y padres que preguntan por sus hijos, más allá, una manta con la efigie del Che, envuelta en agua triste, por todas partes el odio y la angustia, las ventanas con sus bocas abiertas, ahogadas por el frío y en el palacio un Presidente que dice: “aquí está mi mano”, y un pueblo asustado que responde entre dientes: “que le hagan la prueba de la parafina”. Eran como pájaros helados, desalados, untados en el pavimento indiferente. Eran como una maldición por siempre. Éramos nueve que ya sabíamos del plomo, divisor certero. Un mal recuerdo en un tumulto de aire. III Fue en Tlatelolco, Nosotros lo vimos esta tarde, con nuestros ojos ardientes lo vimos, lo sentimos, lo palpamos, nosotros lo vimos. ¡Dancemos! Destruyamos todo con la danza para hacernos la luz y el nuevo tiempo, hacer el canto.

229 Fue en Tlatelolco, nosotros lo vimos, estaban todos reunidos para empezar la danza. Era la primera época, fue en Tlatelolco, el quinto sol danzaba sobre nuestras cabezas, la piedra era la cama de los siglos, la lengua de los hombres, la lengua de los vientos, la lengua de esa tarde, de allá del cielo bajó, fue del cielo que bajó como un relámpago, del cielo bajó el rayo verde, los hombres se reunían para iniciar la danza, luego llegaron los perros de la muerte, babeaban, sus pisadas sobre las escalinatas, plam, plam, plam, sus pisadas, plam, plam. Del cielo cayó como un cometa, un rayo verde, un relámpago verde, una estrella verde. Nosotros somos testigos. Caían sus pisadas, plam, plam, plam. Sus pisadas plam, plam, plam, clavaban sus pezuñas en el piso, babeaban, los hombres caían en medio de la danza. Que florezca todo porque todo está muerto, porque mataron todo. Que se acabe todo porque reconstruiremos todo, lo haremos todo, nacerá todo, volverá todo con la danza, dancemos, sus pisadas, plam, plam, plam, reconstruiremos todo con la danza, porque acabaron todo, porque mataron todo, todo murió en un tumulto de fuego.

230 IV ¡Comience la danza! Porque esta noche nos hemos echado al hombro un compromiso, el de encontrarnos nuevamente, el compromiso de hablar hasta la fatiga misma de nuestra saliva, a palabra calada. Hay que romper los verbos y la sangre amordazada para marcar el asco con toda nuestra lengua y quemar con la ceniza de los muertos ciegos una cruz en la frente de los criminales, el que dio la orden en Palacio, “el responsable soy yo”, y las hienas de pronta ejecutoria. Y bien, todos los días son hoy, que lo digan los cuerpos cerrados para siempre en Tlatelolco con las venas vencidas en las escalinatas, que lo digan los herederos de este rito cruento, sobre 68 deyecciones, el que salió de su casa un diez de junio para rebautizarse con la muerte, el que azota las plumas lastimadas en subterráneos plenipotenciarios. “El responsable soy yo”. Sí, claro, el responsable eres tú, pero también yo, y todos los pronombres responsables del idioma, y todos los minutos silenciosos, y el desconocimiento de la palabra ¡Basta! En esas condiciones me asusta entrar a las maternidades de luz vertiginosa, palpar mi sien intacta y que mañana siga siendo el hoy de siempre, y saber que jamás olvidaremos Tlatelolco desde esta descarnadora tumultez de tierra. V Aquí se acabó la danza. ¡Dancemos!

231 POEMA TRICOLOR En México, mi patria, somos muy mexicanos, las muchachas de mi pueblo visten verde, blanco y colorado, las calles de muerte provinciana visten verde, blanco y colorado, el viento y los jacintos visten verde, blanco y colorado, la ciudad, reina de los infartos, viste verde, blanco y colorado, las putas en los hoteles de paso se desvisten verde, blanco y colorado, el quince de septiembre viste verde, blanco y colorado, los carceleros del fuego visten verde, blanco y colorado, los asesinos del alba visten verde, blanco y colorado, verde, blanco y colorado, la bandera del soldado. La chingada viste verde, blanco y colorado, los hijos de la chingada visten verde, blanco y colorado, y yo, Roberto López Moreno, me visto de mierda. 3 de octubre de 1968 ESTARNOS EN EL CANTO Estamos en el canto, elote aéreo, la danza se desgarra de la arcilla y hacen forma el grito y el paso. Ahora los volcanes caminan sobre el valle... van a un mitin.

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ANTIPOL Este poema, amigo policía, persígalo, bórrelo rómpalo, atente contra él a macanazo limpio, hágalo cuadritos, tráguelo si no teme indigestarse, pero mañana mismo, esté seguro, lo verá de nuevo gritando por las calles. ORALIA El rostro de una joven, casi una niña, tomado de frente y de perfil. Una fecha arriba: 30-VII-68. Abajo, la ficha que marca para siempre la suerte de los malhechores. MÉXICO. D.F. 00308. Casi a la mitad de la fotografía, tinta negra, la tosca mano de la autoridad, marcó, desde su anonimato: AGITADORA Y de golpe los recuerdos. Yo estuve enamorado de esa niña, de esa joven, de la delincuente del retrato, de ese rostro fichado. Era agitadora, o sea, parte fue de los niños héroes de aquel tiempo de sangre. De pronto, todo el peso de esos años, los recuerdos, lo llorado a rabias de impotencia en calles magulladas. Se interrumpe la visita a la exposición. Hay una lágrima que no encuentra en dónde acomodarse.

233 NO SE OLVIDA Por Héctor Manjarrez Aquí, mi amor, en esta ciudad destruida en que hemos aprendido sin saberlo bien a vivir, aquí donde tú y yo y ellos hemos querido, el tiempo no pasa, se va sin huella, sin naturaleza, y cuando de pronto viene una fecha, un dos de octubre cualquiera (“no se olvida”), y cuando de súbito el recuerdo regresa y sacude tu osamenta de vida y quieres llorar y chillar y una felicidad te pasa por las ideas al ver a la gente marchando por las calles bellas, por las avenidas feas, por la memoria de ya diez años de no saber y no olvidar, de no poder hilar los recuerdos, de ya no contar los días ni los muertos aquí, mi amor, en esta misma ciudad de nuncajamás marcada por las balas donde todo es rapiña, se volvió al lugar de la matanza porque está escrito no sé donde, en qué pared, que los vivos nunca dejan de amar a sus muertos aunque quieran olvidar. Aquí, mi amor, donde tu cuerpo es tan sagrado aquí donde todo parece ayer y ayer es tan olvido, las motocicletas piafaron al paso de la columna que el recuerdo tendía sobre el asfalto y aquellos muertos sinnúmero del 2 de octubre nos dieron cobijo, nos dieron temporada, nos dieron números para tomar las calles que nunca nos dan más que nostalgia y pavor y mucha prisa de cruzarlas, y el tiempo se suspendió seis horas por 3650 días que nuestros seres revivieron a sabiendas del hecho insensato de estar vivos y de la rabia y lo cotidiano y el pesar

234 y las calumnias con que los diarios seguirán escribiendo hasta nuestra historia personal— aquí, mi amor, repito, porque así son desde siempre los kyries y cantos fúnebres y versos de amor, en esta ciudad de todos exiliados, se volvió a la plaza donde J. fue capturado, donde G. lo fue también, donde N. y D. pudieron huir bajo las balas, donde muchos que jamás conocimos murieron en su lugar. Aquí, mi amor, aquí mismo como si te doy cita o te pido que mires mi mirada, aquí donde las madrigueras hacen agua y todos aprendemos a huir hasta de nosotros mismos, en Tlatelolco acampamos unas horas el desamparo y nos quedamos callados o dimos de gritos reivindicando para nos el infortunio, la peste que nos diezma, el odio pánico de la memoria que nada más que el amor y los muertos pueden coagular en nuestros sentidos y vivimos, y vivimos, y vivimos entre las murallas del recuerdo y el olvido, y a sabiendas caminamos hasta la plaza vedada, donde se apaga el alumbrado y las veladoras iluminan, y las miradas, y se alza el puño izquierdo que se crispa ante la Historia y el vacío, aquí, amor mío, la presencia se aclara con el tesón del silencio y la exhalación de un grito y la belleza de estar vivos no olvida nada de lo que pudo extraviar en sólo diez años de esperarnos tras la esquina de una calle que no siempre se puede recordar, porque pese a todo no se olvida. México, 3 de octubre de 1978

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Dibujo 2 de la Serie “Hombres Perros”, por Ocaranza

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237 TLATELULCO: TLAXOXOUHCAYUXINACHTLE Tlatelolco: semilla libertaria Por Baruc Martínez A mis hermanos campesinos de Tláhuac, que también están padeciendo las veleidosas decisiones del mal gobierno, al quererles expropiar la tierra que han defendido por siglos.

Ce tlatzahtzilli, ome tlatzahtzilli, centzontlatzahtzilli: ye quimahmahua in ahquehuan mocentlaliah, yehuan in altepehuahqueh quitzahtzihticateh tlacaxoxouhcayutl, yehuan in miltequitqueh ca ye ompohualmahtlacxiuhticah oyauyuchihqueh, yehuan in popocaltequitqueh in itech pohuih Casa del Obrero Mundial, yehuan in momachtihqueh quiamapohuah Manifiesto del Partido Comunista, Dios y el Estado, La conquista del pan, El Capital, La náusea, El rebelde, La guerra de guerrillas… Un grito, dos gritos, miles de gritos: es la multitud que se contagia, es el pueblo que grita libertad, son los campesinos que hacía medio siglo habían hecho una Revolución, son los trabajadores anarquistas de la Casa del Obrero Mundial, son los estudiantes que leen el Manifiesto del Partido Comunista, Dios y el Estado, La Conquista del Pan, El Capital, La Náusea, El Muro, La Guerra de Guerrillas… Mochtlacatl onmocuepa caltzalampa, ahmo cualle tlahtocayutl in quicuihcuiliah, quiahaxcatihticateh, quinemilizmaquiliah, telpochcayuticah quitlacualtiah, tlacaxoxouhcayuticah quiihiyocuiltiah, in momachtihqueh tequitihticateh hueliz in ciauhcayotequitl: mah ihza itlalnamiquiliz in coch-huetzaltepetl.

238 La gente invade las calles, se las expropia al mal gobierno, las hace suyas, las vivifica, las nutre con juventud, les inyecta el soplo libertario de la rebeldía, estudiantes trabajando, tal vez en el quehacer más pesado: despertar las conciencias de un pueblo aletargado. ¿Cux quiyacana intechializ in cualli nemiliztli? ¡Ahmo! Ahhuel tlanemilia in tlein ahmo panocah. Quinyolpachihuia ce tecocolizyalhuacayutl, quinyolpachihuiah ce texupechtilizyalhuacayutl, quinyolpachihuiah ce teyezzoyauyuyalhuacayutl, ce yalhuacayutl quinyolchicahuah huan ahmo quincahua motzinquetazqueh… ¿Los alienta la esperanza de un mejor futuro? ¡No! Imposible basarse en algo que todavía no ha sido. Se alimentan de un pasado doloroso, de un pasado de opresión colonial, de un pasado sangriento por la lucha armada, de un pasado que los fortifica y no les permite dar un paso atrás... In tlatzahtzilli onmocuepa tlacoxyutl, in tlacoxyutl onmocupea temahmauhtiliztle, auh imbalas in xolopihatzitzitin quimmahnextia in ahquehuan quichicoihtah in ahmo cualle tlahtocayutl. In tecac quimoyauhtoc, in tetlaquen quitzahtzayantoc, in tetonacayuh quicohcototztoc, tetahhuan inchoquiliz, toaltepeh icocoliz… Los gritos se tornan en angustia, la angustia en miedo, y las balas de los miserables esbirros señalan a los que osaron desafiar al mal gobierno. Los zapatos esparcidos, los ropajes desgarrados, los cuerpos mutilados, el llanto de los padres, el dolor de la patria… Tlatelulco: texoxouhcayualtepetl iaxcatzin in tocultzin Cuauhtemoctzin, zatepan centzonyexpohualchiconxiuhticah occehpa ontemi yezticah, miquizticah.

239 Mahtlacyeyi tunalle agosto metztle ahmo molcauhtoc, ome tunalle octubre metztle aic molcahuaz. Tlatelolco: bastión libertario de nuestro abuelo Cuauhtémoc, 467 años después te tornas de sangre y luto. 13 Agosto nunca se ha olvidado, 2 de Octubre jamás se olvidará. Yeceh inyezzo cah oquimana inon ahcualtunalle quicuitlatiz in yolchicahcayucuemitl, huan huel ihcuac onahciqui tlaxoxouhcayupixquizpa. Auh axan itlac Práxedis G. Guerrero tiquinilhuiah in ahquehuan omicqueh: “Ocachi cuahcualle toquetzah tonmiquizqueh cah totlancuaquetzah tonnemizqueh”. Pero la sangre derramada aquel funesto día ha de fertilizar los surcos de la rebeldía, y, entonces, llegará el momento de pixcar la libertad deseada. Mientras tanto a los caídos en esa lucha, junto con Práxedis G. Guerrero, les decimos: “Más vale morir de pie que vivir de rodillas”.

Huexocalco, Ticic tlaxilacalco, Tlahuac altepec. Desde la casa de los huejotes, en el barrio de Ticic, en el pueblo de Tláhuac, 5 de septiembre del 2008.

240 PROFECÍAS DE TLACATECÓLOTL Por Ramón Martínez Ocaranza Porque si yo quisiera entrarían los colibríes en el reino de las sombras a remover el agua y disparar los dardos

música. Hay tiempos de llorar: también hay tiempos de patear el llanto. Tlacatecólotl sabe que

y la

brujas beben aguas podridas para que las dipsómanas hereden la lepra de sus hijos. Porque tinieblas hay en los engendradores de tinieblas. Y tinieblas se vuelven todo lo que tocan. II Del gran festín salió la bárbara bo rra

las

cha pidiendo sangre muerta; llena de sangre muerta; para que las marquesas del tapanco: para que los enanos del tapanco.

241 ¡Las grandes putas pidiendo la cabeza del Bautista! III Todo lo puede Dios; pero no puede lavar

las

manchas de los

crímenes

Los hijos de los muertos recogerán el odio de sus muertos. Y Lady Macbeth padecerá venenos delirantes. IV Tlacatecólotl sabe que la sangre llora

por

su

y que los colibríes pueden entrar al reino de a remover el agua

sangre;

las

sombras

y disparar los dardos y la música.

V Y en el Juicio Final los hijos de los asesinos maldecirán a sus

engendradores.

242

Porque los muertos aman a sus muertos. Porque los muertos aman a sus muertos. Porque los muertos aman a sus muertos. Porque los muertos aman a sus muertos. Porque los muertos aman a sus muertos. Febrero 8 de 1968

LOS PROBLEMAS DE DÉDALO DECLARACIÓN POÉTICA Despedacé los ritmos, las palabras, el feroz contrapunto del concepto, y tumultuariamente hice un mitin en contra de lo bello. Si quise decir luna, dije perros muriéndose de hambre. Si quise decir árboles, predije la lucha de los hombres. Nadie puede dictarme preceptivas en esta noche bárbara del tiempo en que doncellas locas se suicidan y las damas adúlteras se embriagan y así preparan el advenimiento

243 de Dios en sus orgías. ¿Quién me puede decir en qué consiste la analogía de las cortesanas con las hijas del infame agiotista? ¡Muera la luz! graznaron los cuervos. Y quemaron la casa de los libros. Y luego los poetas Salen Con que ¡la luna! Cuando feroces gorilas los patean. ¡Quememos los tratados de la moral del dios de las finanzas con todo y champaña y sus monjas anónimas! ¡Que mueran los arcángeles eunucos! ¡Que se vayan al diablo las estrellas! Yo me decido a ser un tumultuario contra la horrenda estatua de la poesía que oculta la belleza del odio contra el odio. A QUETzALCÓATL ESCARNECIDO I Tuve la convicción de que las líneas del triángulo lloraban para quebrar los muros.

244 Poco a poco se me fueron muriendo las pa la bras. Y por querer pintar una pregunta de rojo, vi los signos. (Del círculo del círculo renacen los acueductos del quebrantamiento.) Porque la condición del hombre tiene caminos retornables que nunca pasan por los mismos sueños. No es falso relacionar la negación oscura con nuestra identidad. Cada camino tiene su caracol y sus ciudades. Pero no hay mar en las estatuas ciegas. Y por cada tormento van llorando los testimonios de los laberintos. II En la terrible noche de los Códices los muertos tocan sus caracoles amarillos y cada quien puede llorar de rabia para que las empresas de los ataúdes; o para que la lepra de la muerte.

245 En los nocturnos de las academias danzan las magnolias podridas. Y en las esquinas de los laberintos se arrancan los ojos las estatuas; o descomponen los ferrocarriles; o caminan las tumbas. Un día Quetzalcóatl llenó la tierra de culebras, y con sus huesos alimentó la desdicha. El odio va por las escalinatas del tiempo chorreando cascabeles oscuros. Y para recordar que somos hombres, le perforamos el corazón a las estrellas; le reventamos los tímpanos al tiempo; pateamos las parábolas; llenamos de espanto las casas de la sabiduría. Porque en la noche de los Códices tocan los muertos sus caracoles amarillos para que dancen todas las tumbas de la tierra. III Es entonces cuando quisiéramos arrancarnos las glándulas genitales y arrojárselas a los perros para que no nos diera vergüenza con los Códices pateados. Todos tuvimos culpa del incendio del Tonalámatl y el Calmecac. Ardieron los huesos de Quetzalcóatl y los itzcuintlis se tragaron los ojos para que el llanto de la rabia impotente comunicara su condición de perro abandonado. Porque los nigromantes vomitaron la sombra de los destinos.

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Y porque las columnas vieron subir el odio por sus capiteles. La tinta negra fue la más culpable del compromiso con la muerte. Nadie purificó las lágrimas del mundo. Los caracoles rodaron por las escalinatas. Y cuando vimos arder la Casa de la Sabiduría, nos dieron ganas de arrancarnos las glándulas genitales y arrojárselas a los perros para que no nos diera vergüenza con los Códices pateados. Las víboras salieron de la tumba de Quetzalcóatl. Nadie sintió los ritmos de los teponaztlis, sonando profecías. Y el gran Tlacatecólotl se subió a la pirámide más alta de la tierra, y desde allí tocó sus caracoles trágicos. Septiembre 24 de 1968 DÍA DE MUERTOS I En las pirámides nocturnas gritaban las flores de la muerte para que Quetzalcóatl se llenara de palomas terribles. Oremos por el tiempo de los itzcuintlis amarillos y de los triángulos negros de los cascabeles;

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Dibujo por José Hernández Delgadillo en Tlatelolco, 15 Años Después

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249 para que los millones de otoños que han pasado se llenen de amapolas. Nunca la muerte tuvo tantas melancolías de serpientes como cuando los llantos de los ataúdes rodaron por las escalinatas; o como cuando el viento maldijo los vientres sucios. Porque días llegarán en que la sangre de los sacrificados inundará la conciencia del tiempo y los ojos se saldrán de las tumbas para clavarse en los espejos vacíos. Los Códices no mienten: los veinte días del Tonalámatl llorarán los hijos de las flores, las madres de las flores, y las doncellas de las flores. II Porque los dioses se vestirán de luto el día de las ofrendas, y porque las apátzikuas del lago dirán los salmos de Kurikua-Aueri. Porque la danza de los cocodrilos extenderá sus mantos negros para que lloren las escalinatas en los dulcísimos senos de Coatlicue. Porque los mirasoles inundarán de lágrimas la tierra cuando se cumpla el jeroglífico de las entrañas nocturnas. III Y entonces las palabras dieron el cumplimiento de las magnolias sumergidas.

250 La flor del corazón, la Yolloxóchitl, pintó de negro sus espumas. Y las Centzonhuitznáhuac quebrantaron la hora de la vida. Y Quetzalcóatl lloró como no había llorado nunca un Dios sobre la tierra. Octubre 25 de 1968

DE LA VENTANA ENLOQUECIDA Hay parábolas duras que golpean las preguntas del viento como cuando lloramos la muerte de una estrella; de un río; de un hermoso tigre. Las casas de los profetas fueron derribadas para que sus versículos no resonaran en los muros. Pero la danza quebró los cascabeles de la ventana enloquecida cuando los signos se cumplieron; cuando los salmos se sacaron los ojos. Y fue que yo no pude ser el tiempo de la palabra muerta; ni quebranté los cánticos. Ardieron las palabras en el gran signo de la mutilación.

251 Y fue la noche de los lamentos lúgubres y

tristes.

Las madres juntaban los huesos de sus hijos como los triángulos conocen que las orquídeas son para las redes oscuras del crepúsculo. Y sin embargo fueron asesinadas las preguntas. Porque de las parábolas nacieron los colibríes amarillos. Y porque ya Tlacatecólotl había contado los días del quebrantamiento. Los días del quebrantamiento. Noviembre 28 de 1968

252 OCTUBRE Por Macario Matus Publicado en la revista Neza Cubi, No, 14 Yo pertenezco al pasado, como tres mil años atrás. Esta sangre que rueda en mí la siento vieja, cansada… Hoy está más abajo que arriba, petrificada en el olvido. Los muertos llaman a rebato, llaman a la lucha por la plaza con bayoneta en mano y pólvora en la frente. Pero, ¿qué puede hacer esta sangre sin coraje ni color? ¿Qué puede hacer si tan sólo quiere humedecer la laja del tiempo? ¿Qué si quiere sólo empañar el espejo de la aurora? Prefiere callar como si nada ocurriese debajo de la epidermis, como si el corazón fuera una roldana jalada por los días. Calla porque las alas de la poesía están trabadas entre los barrotes y porque adentro está arrumbada la novela, y porque los números se caen de carcoma, y porque Dios ayuda a que se vayan al Diablo. Digo que tengo tres mil años porque conozco la fuerza vital de muchas cosas; la fuerza del gobierno que silencia bocas, manifiestos, circulares, volantes, de sus escombros y ata la voz en la garganta la fuerza de herrumbre del fusil que se renueva día a día en el desuso, la fuerza de la cobardía callada hasta la ignominia por la ausencia del sexo. Conozco la fuerza del plomo cuando incursiona como paloma

253 en el pecho de octubre. ¿Ay, octubre, que volaste sin una gota de mi sangre? Y también porque conozco, la fuerza de la poesía, cuando festona los cafés de L.S.D. o cuando viste de prostituta en busca de hombre. La llaga sangra sin color la bayoneta chirría el eco sin voz, lo del Zócalo quedó atrás, y la zapatilla de la joven de 18 años – única arma contra el tanque de guerra – ha quedado colgada sobre un cordón de la historia. 2 octubre 1970

254 ELEGÍA 1968 Por Carlos Montemayor ...todo bajo el cielo tiene su tiempo: tiempo de nacer y tiempo de morir... tiempo de matar y tiempo de curar... tiempo de endechar y tiempo de bailar... Eclesiastés 3:1-4 I Piedra ciega quebrada como hombre rota como mujer abierta en los costados derrumbe de piedras tierra asombrada reducida a mis palabras ultrajada por el engaño y el olvido ciudad erguida una tarde destrozada arrepentida del aire y de su presencia maligna enferma manchada ciudad piedra levantada como sonido de amor poseída en nuestra sangre tanta piedra que brota en desorden que mis sueños golpean hasta quedar desnudos desenterrados del sueño del grito nuevamente ancestral lucha y voz sujetas a nosotros como en esta plaza tanta piedra sujeta a la piedra II Sepulcro desgarrado que lastima mis ojos y mi voz puñales fusiles desechos en las armas indefensas de los cuerpos tiempo de muerte que removió las piedras para dejarlas como nosotros fundiendo el sonido de este antiguo despertar ciudad que nos llamó a ocultar la fuerza tanta piedra que le brota de los labios los dientes la boca la garganta las manos

255 tanto grito petrificado en la tierra la ciudad la piedra los costados el silencio de fuerza en los ojos en la noche que ahora veo una quieta ciudad en la respiración como bestia que acecha contenida esperando salir gritar arrasar demoler matar tanta muerte nuestra III Estoy erguido sobre mí sobre mis manos sobre mi boca dentro derrumbado en nosotros un sueño y recuerdo tanta piedra que siento correr dentro de mí grito que me estalla los ojos para no perderme de vista como no se pierde esta ciudad sin recoger estoy erguido sobre mis hombros sobre las piedras camino pienso contemplo pero cuánto pesa la voz cuánto queman estallan las venas cuando siento que estoy en la tierra de tu cuerpo en la tierra de nuestra muerte nuestra erguido callado defendido en esa tierra amigo amiga estoy en la tierra de tu cuerpo de tu cuerpo IV Levanta el templo sus piedras como aire aullidos cascajos lanzados el inútil vaho envejecido seco en los muros de la huida la angosta cárcel de la campana torre derruida boca abierta que muerde ensimismada el aire sin hablar sin sentir y dentro el metal sin retumbar sin tañer sin destrozar Y mientras te abrazo amiga caes muerta en mi cuerpo en mi tiempo caes perdida en el eco de mis oídos el eco de tu abrazo deja acariciar tus ojos como campanas eternas el templo masacrado incinerado que resuena en tu cuerpo

256 V Tanto amor lastimado al correr entre las piedras al correr entre nuestros costados abiertos entre nuestra piel llena de nosotros nuestra piel llena de nosotros VI Todo quedó en esta plaza: nuestro amor en las piedras otra noche derrumbada el silencio vela como ataúd madre y hombre entre las botas y escupitajos de las escoltas y la vida se ensucia escondida en los edificios con el afanoso mendrugo que nos queda del amigo que no alcanzó a huir Todo quedó en esta plaza: la piedra inmemorial del sacrificio sacerdotes que olvidaron la pureza y ciegamente buscan nuestro corazón: sacrificado sin astucia espontáneo y atraído por el placer antiguo de la guerra florida ahora conoció el engaño y la pureza germinará en la sangre la flor de la desconfianza Todo quedó en esta plaza: tantas piedras lastimando el aire tanta piedra que oyó el múltiple estertor y quedó en su raíz la amargura y la dulzura de ese silencio (la luz precipitada en el cielo me descubre y el efecto del día llega al dolor a través de la mirada imposible olvidar imposible quedarse muerto)

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Foto de marcha con Felipe Galván, Leopoldo Ayala y Fausto Trejo en el aniversario 34 del 68.

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259 TLATELOLCO 68 Por Thelma Nava I Es preciso decirlo todo, porque la lluvia pertinaz y el tiempo de los niños sobre los verdes prados nuevamente podrían lograr que alguien olvide. Nosotros no. Los padres de los otros tampoco y los hijos y los hermanos que pueden contarnos las historias y reconstruyan los nombres y vidas de sus muertos tampoco. II Tlatelolco es una pequeña ciudad aterrada que busca el nombre de sus muertos. Los sobrevivientes no terminan de iniciar el éxodo. Pequeña ciudad fantasma, húmeda y triste a punto de derrumbarse si alguien se atreviera a tocarla nuevamente. Nada perdonaremos. Rechazamos todo intento de justificación. III Miro pasar las ambulancias silenciosas una tras otra mientras aquí en el auto un anciano que sangra y no comprende nada está en mis manos. IV Que no se olvide nada. aunque pinten de nuevo los muros y laven una y otra vez las piedras y sean arrasados los prados incendiados con pólvora

260 para borrar, definitivamente cualquier huella. V Ellos ignoran que los muertos crecen, que han echado raíces sobre las ruinas aunque los hayan desaparecido (para que nadie verifique cifras). Todo ha sido invadido por la sangre. Aún vuelan partículas por el aire que recuerda. Es de esperarse nuevamente su visita. Los asesinos siempre regresan al lugar del crimen.

LOS INQUISIDORES I No respetaron nada ni siquiera las cartas de amor, los retratos de familia o los pequeños recuerdos de infancia. II Se esconden detrás de cualquier parte. Todo lo contaminan, cuanto dicen sus labios es corrupto. A pesar de todo ellos tampoco están seguros de amanecer al día siguiente. III ¿Sabías que se pasan las noches imaginando nuevas formas de tortura? Escriben su miserable y reptante nombre en el cráneo de su propio hermano. Ellos creen que están vivos

261 y que un hombre dejará de gritar la palabra libertad cuando queman sus libros, cuando desnudan a su mujer o cuando le roban el pasaporte. IV Ignoran que el tirano no duerme y da saltos en su lecho cuando le falta el aire. No saben que la libertad se respira como una golondrina se navega como una isla por todos los rincones de la patria. V Siempre es posible que de un momento a otro llamen a la puerta destrocen las paredes para mirar que hay detrás de los ladrillos. Te pongan una bomba de tiempo entre las manos derriben la escalera y se alejen silbando mientras urden la versión oficiosa que habrá de publicarse al día siguiente. VI A todos puede sucedemos. Nadie escapa de sus perseguidores. Usan el traje del vecino, el auto de un amigo, la sonrisa del hombre de la esquina para sacarte con engaños de tu casa, golpearte el bajo vientre, obligarte a firmar declaraciones y pretender hablar a solas con tu viuda. VII Sabes que existen y están en todas partes. Te miran por agujeros invisibles, te acechan cuando haces el amor. Están en el teléfono, en la mesa de café y en los supermercados. Se reproducen como larvas.

262 VIII Es necesario conjurar el peligro de los inquisidores, escribir la palabra amor sobre las puertas donde antes se leía “censada”. Utilizar un código secreto, meterse en la pantalla de la televisión, amar con gafas negras. Aprender de memoria las consignas escritas en toda la ciudad No viajar en un radio mayor de 250 kilómetros. Llevar siempre un equipaje ligero. Nada de libros. No cruzar las fronteras por si acaso. No investigar el nombre de los muertos. Olvidar la tortura para siempre. Ellos avanzan y nos sitian y nadie puede verlos. Amurallan el territorio y los niños no aprenden la verdadera historia en los textos gratuitos.

263 CONCENTRACIÓN DE LA CÓLERA Por Óscar Oliva A José Revueltas Odio y amo. ¿Por qué lo hago, preguntas, acaso? No sé. Pero siento que es hecho, y me torturo. Catulo Hoy me calzo de cólera. Hoy me visto de viento. Corro bajo de una luz de bengala que alumbra mi presencia desconcertada con el grito colgado de los dientes, atravesado por una bayoneta. Trastabilleo hasta chocar con un carro donde bajan hombres armados que comienzan a golpearme. Bosques enteros son derribados en mi cerebro. Me descubro la cara para saber más. Hoy conozco en carne propia a mi país. Por eso estoy con esta hacha incrustada en el cráneo, oliendo y tocando la fatiga que ha hundido el pico en uno de mis costados. ¿Qué año es? El polvo ha entrado en mi garganta a cubetazos. Para reconocerme tengo que pararme frente a un espejo. Preguntarle a mis amigos si me han visto pasar. Pero ellos no me responden. Tampoco pueden hablar. Sus heridas, igual que las mías, se abren con un mínimo esfuerzo: cuando desnucan a un colibrí con los dedos, cuando desnucan a una muchacha. No pueden responderme desde la cárcel, porque el carcelero les ha roto las costillas a culatazos.

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Un tren no me deja respirar. Otro no me deja dormir, desgarra mi piel, entra por el túnel de mi boca, se descarrila en mi corazón; rompe las celdillas de mis pulmones, atraviesa mi carne, cae al vacío, cae a mis pies que están clavados en la tierra. Me apeo del tren en el lado norte de la ciudad. Todavía con olor a campesino, con el morral al hombro, voy descubriendo la ciudad, la ciudad va desnudándome. Un culatazo me derriba. Esto es México. No escribo con palabras. Las palabras no sirven para nada. Sólo sirven el odio, una mano sobre un libro, una pintura que nombra lo indecible, una mujer con un libro entre las piernas. Delante de una copa sorbo la poesía recién descubierta como una estatua de ira. ¿Cuántos ojos son mis ojos, cuántas bocas tiene mi rostro, cuántas, qué innumerables piernas me sostienen? ¿Con qué hoz cortar la espiga, los cabellos de estas palabras, hasta dejar el papel limpio,

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Dibujo 4 de la Serie “Perros-Hombre” por Ocaranza

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267 vacío, cayendo, sin caer, en una cámara oscura, en el espacio sideral? Hoy viajo en el testuz del aire, como un pez alado. Toros despliegan arcoiris y lluvias. Se embisten unos a otros, mugiendo, enrojeciendo nubes, Parecen muchachos golpeándose, dándose de lanzazos. Hoy conozco otra ciudad, que me hace palidecer. Es como una barra de plata o de hielo porque se deshace en mis pelos. Ahora estoy tras de las rejas de una prisión, comiendo una asquerosa comida, con la colcha llena de chinches. ¿Todavía vamos a besarnos, muchacha? ¿Dónde, amor, voy a acariciarte, si han quemado tu cama, clausurado tu cuarto, derruido tu edificio? No pases la lengua por mi pecho, porque me hieres. No alcanzo tu cuello. No puedo moverme. Siento tu respiración, tus ansias. Pero tú también estás muerta. Tú me deshaces de tanta fatiga, al contacto de mi mueca. Nos arrastramos tratando de alcanzarnos, pero cuando llegamos al sitio donde nos esperábamos, ya no hay sitio, ni cuerpos, ni amor. Levanto un brazo, y nada. Levantas una pierna, y te alejas cojeando. Nos han engañado. Nos han envilecido, castrado, ensuciado. Manco estoy, lejano, ido. No habito aquí,

268 sino en otra galaxia, viajando en la copa de algún planeta. ¿Quién dispara esa ametralladora? ¿Quién conduce ese tanque de guerra? Corro a cuatro pies, me trepo a un árbol dando de alaridos, hundo la cabeza en el agua. Tengo frío, humo, primavera. Huelo a piedra, a perro, a pintura. Es mejor cortarse los dedos de las manos y empuñar un arma con la boca, los ojos o las orejas. Es mejor correr sin piernas.

¿De dónde diablos he llegado? Vallejo, Vallejo, aún te dan duro con un palo, la cárcel se ha hundido junto con tus costillas no sé a dónde. El hambre no ha podido matarte. Ni siquiera el suero, las jeringas, las sondas, las transfusiones podrán revivirte, hacerte andar como ellos quieren. Vallejo, sin embargo, sin nada, muerto y olvidado, tú eres la cólera, la rebelión. Enterrado estoy, mordiéndome los puños. Asisto a mi funeral en una caja de pino. ¿Escuchas?

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Es un tren que silba en la madrugada. El tren que puede ser un caballo, o un cometa, o una hormiga. ¿Qué estoy diciendo? Escribo sobre mi cadáver, que dócilmente me sirve de mesa. Mi cadáver llorándome.

MANIFESTACIÓN

El espacio donde nos movemos se rompe. De pronto, el silencio. 350,000 manifestantes, HA LLEGADO EL DÍA EN QUE EL SILENCIO ES MÁS ELOCUENTE QUE LAS PALABRAS QUE AYER ACALLARON LAS BAYONETAS. Contra las apariencias, el silencio mantiene enteramente compactas las filas de los manifestantes. Existe la violencia del silencio. Si no existiera, los ojos no podrían moverse de ningún modo, a todos los ángulos. El Palacio Nacional, lleno de escupitajos. Salgo de nuevo a la superficie, con mi cabeza en la mano izquierda.

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VARIACIONES SOBRE UN MISMO FANTASMA Juan José Oliver Al principio de las catástrofes y cuando han terminado, se hace siempre algo de retórica. Camus, La peste I Fantasmal mi miedo milenario dio la vuelta por la calle desfilaban vehículos siniestros una parvada verde de metálicos reflejos planeaba heridas en el aire viento sin dueño agua y voces esculpidas con el cincel de la saliva El horizonte caleidoscopio cenizo paralelo de los sueños se irisó de voces A su tiempo como si la lluvia lo tuviera calculado la voz quedó petrificada al alcance de la mano como un cuello a la verticalidad del hacha del verdugo Medio instante después cae la cabeza rueda ese grito ahogado por su centro los ojos están abiertos y me rozan me avisan la rabia impotente del último segundo la tristeza infinita de la mudez imprevista de los veinte de los quince de los trece años flotando en un caos agazapado de piedras y sueños en añicos

271 II Giró la luz guardaron luto los reflejos Un sol irrepetido diamante carbonizado ocultó su pelambre Conté los pasos de esta tarde ya con la histeria amarillenta estucada al filo de los labios sacudí esas imágenes caídas ya lentamente ya siniestra la voz avanza como loca y colecciona los más diversos odios para prender fuego a la página y trocar por llamas este agobio de retórica gris que se desgarra carroña en movimiento Conté los pasos de esta tarde sorbí la sal de la emboscada bajo un cielo de plomo entumecido III Podría ser hoy la víspera mañana será él pacto con la sangre ante el umbral del alba aquí sobre este puente ceniciento los pájaros modorros cantan sus encierros inventan la armonía los maniquís de la decencia Yo que vi la sangre huir al gran canal me niego a compartir esas miserias esas caras del “ya veremos mañana” esos hombros de “qué se le va hacer” yo que leo los diarios yo haciéndole al poeta cómplice creador de paz interna

272 calculador de la miseria yo que forniqué con la Tierra yo besando el suelo la sangre aquella tarde que morí de miedo en brazos de una jacaranda rodeada de agonías yo que te vi y no te reconozco yo que eras tú y éramos nosotros ellos en filas en montones quietos la muerte acostada boca arriba buscando el Sol entre las nubes nosotros en fin con el gran vicio de vernos al espejo IV Ronda la muerte al júbilo el luto se acerca por las cuatro esquinas algo ha cambiado desde entonces Ahora la fosa común es visitada por turistas V El asesinado muere dos veces otros morimos simplemente Mientras te escribo muerte llegas no sólo en la palabra

273 MÉXICO: OLIMPÍADA DE 1968 Por Octavio Paz A Doré y Adja Yonkers Delhi, a 3 de octubre de 1968 Tomado de la revista Siempre No. 801 La limpidez (Quizá valga la pena Escribirlo sobre la limpieza De esta hoja) No es límpida: Es una rabia (Amarilla y negra Acumulación de bilis en español) Extendida sobre la página. ¿Por qué? La vergüenza es ira Vuelta contra uno mismo: Si Una nación entera se avergüenza Es león que se agazapa Para saltar. (Los empleados Municipales lavan la sangre En la Plaza de los Sacrificios.) Mira ahora, Manchada Antes de haber dicho algo Que valga la pena, La limpidez. Ocubre 30 de 1968

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CANTO A LA JUVENTUD Por Margarita Paz Paredes “Juntos, juntos, ¡oh jóvenes amigos! La ventura del hombre es el fin que anhelamos. Potentes por la unión, cuerdos por la pasión. ¡Juntos, juntos! ¡oh, jóvenes amigos! También aquel que cae en la lucha es feliz si con su cuerpo a otros un peldaño les brinda hacia la ciudadela de la gloria ¡Juntos! ¡juntos! ¡oh, jóvenes amigos! Adam Mickiewicz I ¡Juventud, juventud! Ha sonado la hora, hora de lucha y de conquista, de vigilia y de reto a los cobardes topos de la infamia; a los abyectos capitanes del odio, agazapados tras la sucia alambrada de bayonetas homicidas; hora de la verdad encarcelada que rompe sus barrotes de ignominia y libera su grito amordazado en explosión de insólita denuncia. ¡Juventud, juventud! Tú has despertado la indignación dormida, apaciguada en las conciencias tibias; la ira desatada contra los mercenarios agresores del templo, de tu templo inviolable; contra los asesinos y los perros de presa famélicos y torpes,

275 que atacan y destrozan los pechos limpios y las frentes puras. Tu grito de protesta resuena en los confines de la tierra con ecos juveniles y potentes. Ya el oído del mundo es un gigante caracol abierto al clarín que amanece, sacudiendo el sueño aletargado de los hombres. Incinerados cuerpos juveniles dispersan tus cenizas combativas, y del silencio sórdido del miedo surgen como legiones encendidas espadas misteriosas y certeras, hiriendo el puño inicuo del tirano, II “Nos veremos yo y tú juntos en la misma calle, hombro con hombro, tú Y yo, sin odio ni yo ni tú, pero sabiendo tú y yo, a dónde vamos yo y tú... ¡No sé por qué piensas tú, soldado, que te odio yo!” Nicolás Guillén ¿Qué pasa en nuestra tierra? ¿Quién desangra la patria en lo más noble y tierno de su estirpe? Bestias enardecidas contra el joven, recientemente niño, en cuya boca apenas decidida, hasta la imprecación suena a campana gozosamente jubilosa. Ejércitos, ejércitos, ciegos de pólvora, envenenados de metralla y más aún envenenados

276 por el designio de una mano enferma, nefasta, omnipotente, dura de tumbas, de prisiones, ávida de clavar sus negras garras en la bandada juvenil y hermosa que ensancha el horizonte y se le escapa… Ejército, soldado, quítate la coraza que te ahoga la oprimida conciencia; retrocede a tu origen de dulce tierra y humo campesino. Eres del pueblo y el pueblo te erigió guardián de tus hermanos. ¡Ah!, soldado, recuerda cuando cambiaste el azadón humilde por un fusil para guardar la patria en la más alta dignidad del hombre. Ahora, qué oscura venda ciega tus ojos de labriego antiguo. Ahora, tu mano compañera es mano fratricida. Ahora, la patria que guardabas de extraños enemigos, es patria ensangrentada con la sangre inocente de párvulas palomas. Quítate la coraza, arráncate la venda y escúchame, soldado: que está naciendo entre las bayonetas, entre la podredumbre y la ignominia; a pesar de las cárceles siniestras; a pesar de los torvos asesinos, algo pequeño, apenas balbuciente, que crecerá como las golondrinas con el espacio libre para el vuelo;

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Retrato inédito de Margarita Paz Paredez, archivo de Yamilé Paz Paredez y La Guirnalda Polar

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279 un mundo digno, abierto para todos, donde el pan no se amargue ni el aire se envenene. III

“Hemos sufrido en tantas partes los golpes del verdugo y escrito en tan poca piel tantas veces su nombre, que ya no podemos morir, porque la libertad no tiene muerte”. Otto René Castillo

¡Ah!, jóvenes amigos, compañeros. ¡Adelante! Amarga es la batalla y dulce la victoria. ¡Adelante! El camino se ensancha hacia la libertad de un horizonte que espera la conquista.

¡Estudiante, estudiante! Tu incontenible grito ha traspasado las fronteras del templo; penetra a los rincones cotidianos, cruza las avenidas que antes eran dimensión de alabanza al señor que la impuso; y ondea como una llama inextinguible quemando criminales acechanza en la Plaza Mayor, donde ha quedado cobardemente muda la respuesta. No importa que de los callejones del silencio donde se ocultan la traición y el asco,

280 vuelva a surgir el asesino artero, la brutal agresión a la esperanza. El pueblo sometido por inhumana explotación de siglos, tras la barrera cruel de su ignorancia, con la mordaza vil de su miseria, despierta de repente y se rebela con tu clarín clamando vigoroso en el espacio de esta tierra herida, y contigo camina decidido, con sus manos oscuras, fraternales encendidas de ira justiciera, a la conquista de una nueva patria.

22 de agosto 1968

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CARTA A EFRAÍN HUERTA Buenas noches, amigo. Ya es tan tarde… He vuelto a oír tu voz, un poco afónica, pero tan cálida, tan sin obstáculos, tan suavemente tierna, acogedora como siempre bajo cualquier espacio, en cualquier tiempo. Por eso es que te escribo. Quiero contarte cosas, en verdad, terriblemente tontas. Te diré lo que siento, lo que pienso, si es que pienso… ¡Es tan absurdo! Me encuentro un poco triste. No sé por qué. Mi alma está como encogida, tan sin aire, como si de pronto me la hubieran atado, encarcelado en una breve prisión de barro antiguo, duro, impermeable, seco. Sólo que ahora, hay una humedad que se trasmina, un agua amarga, violenta, retenida, que pugna por desbordar su cauce. Una humedad que me traspasa la piel y nubla mis pupilas y me llena de atroz melancolía. Cómo duelen los ojos de mi alma, ávidos, plurales, amorosos desde la luz primera hasta la sombra donde habitan. ¿Qué hago, Efraín Huerta? ¡Ayúdame! Te digo la verdad. No encuentro nada, nada de lo que amé, ni tan siquiera aquello fútil, intrascendente a lo que dio belleza inesperada la tibia luz del sueño, de la ilusión constante. ¿Por qué se ha convertido en desierto infinito, en impasible pavimento, en ciudad despoblada? Esta ciudad a la que alguna vez cantaste tu odio y tu amor, por cierto inseparables,

282 porque ambos crepitaban al calor de esa hoguera que tu pasión atiza con renovada y múltiple ternura. Pero, Efraín ¿qué es lo que se ama? ¿O qué se puede odiar con certidumbre? Te diré, por ejemplo: Yo amé también esta ciudad hace tres años. He contado los días: son como mil noventa y cinco. ¡Qué ciudad, compañero! Habitada por seres de rebelde belleza, jóvenes Cristos blandiendo un solo látigo sobre los mercaderes criminales, voraces que violaban su templo. Ciudad enriquecida, poblada de canciones, de voces comunicadas amorosamente. Nunca el silencio, la soledad que nos agobia, porque todo fue nuestro, para todos. Entonces aprendí que la alegría, la lucha, la esperanza y la verdad, son colectivas. Y también el dolor, la maldición, la muerte. ¡Qué intenso y breve fue el amor! ¡Qué breve la victoria, el grito, la palabra! Pólvora y hierro y saña arrasaron la vida. Sólo quedó la sangre coagulándose sobre las Plazas y las Avenidas, inexorablemente despobladas. Sólo el clamor inútil, impotente de Prometeos encadenados por pretender robar el fuego al dios, para los hombres. ¿Te acuerdas? El odio desgarró nuestras gargantas en punzantes protestas. ¡Ah, pero qué breve el odio, qué deleznable la memoria! El miedo andaba a saltos, con su capa de niebla recorriendo las calles, allanando las casas, soplando su pavor en las conciencias. Creo que por eso nos cubrimos con una losa los pechos y las frentes.

283 Entonces fue el olvido, tal vez, la indiferencia. ¿Sabes, hermano? En verdad, no comprendo. Recuerdo nada más que llegaron seres como de otro planeta y alegraron de pronto la ciudad desolada con su belleza móvil, armoniosa, llena de gracia y ritmo. Dicen que se llamaron Olimpíadas. Pero yo pienso ¿no mancharía sus plantas ágiles la juvenil, reciente sangre derramada, la húmeda, roja tierra, el negro, negro y asesino humo? Después, ¡qué importa!, el otro polvo removido a patadas, invadió la ciudad. Sólo quedaron en mi oído sus primitivos gritos y como un leve dolor de frescas sepulturas pisoteadas. Y otra vez el silencio, la soledad, el corazón reseco... ¿Qué más quería contarte? ¡Ah, sí! Estuve esperando durante toda la mañana tu felicitación asidua por el día de mi santo. ¡DIEZ DE JUNIO, Efraín! Lo olvidaste, ¿verdad? Pero la tarde se me vino encima, se desplomó como agrietada bóveda. Y entonces la traición, agazapándose, agredió de improviso con sus picos famélicos la bandada inocente. Y entonces ¡qué breve el odio, qué impotente la rabia! De veras, nada entiendo. O tal vez, ya nada me interesa. Como te dije aquella noche: no escribo desde hace mucho tiempo. ¿Para qué la poesía, el amor, la esperanza? Ya sé… me regañaste. Por eso es que te escribo, aunque sean tonterías. Dime algo, contéstame Efraín. Te quiere siempre, Margarita. Octubre de 1971

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PRESAGIO Es noche de diciembre y un presagio más agudo que el frío de todos de los inviernos se aposenta en mi alma, en mi alma, donde un fuego puntual sigue licuando, lenta, pacientemente, los granizos hostiles del río congelado de los sueños. Y el presagio es apenas un lamento indeciso, que no logra, integrarse en el llanto. Mi sangre es un oleaje agresivo y demente, en que navegan barcos fantasmas, sin piloto, hacia innombrables puertos donde atracan gaviotas de alas despedazadas por cuchillos violentos. Quiero saber mi historia, mi ubicación, mi nombre, mis pasos anhelantes por la Tierra. Quiero tocar mis manos y mi frente, sorprender un calor sobre la estepa de mi piel dormida. Pero ya nada sé, nada interrumpe el enjambre tenaz de la vigilia. Pegajoso silencio se adhiere a las fronteras de mi sombra y una mortal indiferencia invade el espacio vacío. ¿Cómo, entonces, emprender un regreso para encontrar la ruta perdida entre la niebla? ¿Dónde la voz que se apagó en la tarde? ¿Por qué el amor, que junto a mí marchaba con su diario prodigio encendiendo cenizas en mi pecho, salpicando de luz mis soledades, abandonó su campanario y acomodó su nido en la estrella más alta

285 donde toda mi búsqueda no toca el aire luminoso que acompañó su vuelo? ¿En dónde estás, poesía? Capitana de ejércitos gloriosos, cenzontle alucinado, taumaturga divina. Mi devoción amante ya no alcanza a descubrir las huellas de tu imagen. Lejos de mí, distante y muda en orfandad inmensa me abandonas. ¿En dónde estás, poesía? Sola, a mitad de la noche, yo te invoco. Antes que muera deja caer en mi silencio una brizna sonora de tu salterio mágico, porque será el encuentro de todo lo anhelado: el amor y el prodigio, la esperanza y el sueño, y en las manos heladas de la muerte un incendiado trigo de alegría. Diciembre de 1979

286 LOS QUE MURIERON Y NO SABEMOS NADA Por Yamilé Paz Paredes …Y aun tuvieron la osadía de impedirnos que les diéramos tierra y poderlos querer por las pequeñas cosas. No alcanzamos, siquiera, a doblar la rodilla hasta sus bocas, ni a preguntar por ellos a ellos mismos, o a conocer su amor a las montañas y qué simiente a diario iban sembrando; si un día tuvieron hambre o bicicleta… Tuvieron la osadía de impedirnos que creciéramos juntos (Nos faltó tiempo para estar más cerca y no podemos decir que les amamos). De ellos, uno por uno sólo tenemos el último retrato, la ira de su muerte ondeando en cada puño (Nos faltó tiempo para estar más cerca). Llegamos al final de su voz, y no sabemos nada. Su voz, su amor y su certeza no importaban. Tan sólo eran cadáveres —menos que eso— un número global sobre un papel en blanco. “Ciento cincuenta” (algunos dicen: treinta) —ni siquiera ciento sin cuenta números—, un sólo número, un número global, tan sólo eran cadáveres de último momento.

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“Paloma Olímpica” por José Hernández Delgadillo

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289 Tuvieron la osadía de impedirnos que creciéramos juntos. Tuvieron la osadía. No podrán impedirnos que regresemos y en nombre de su voz y de sus nombres, de lo que sí sabemos, a ellos, los podridos, los que nacieron muertos, les metamos un plomo en cada muerte. Entonces les pondremos un número —serán bastantes—. Seamos más nosotros. Tlatelolco, octubre 6, 1968 Año de la represión

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EN MÉXICO NO HAY PRESOS POLÍTICOS ¡INSENSATOS! Por José Piñeiro Guzmán “En México no hay presos políticos” (qué lástima que en México no haya presos políticos que liberar, qué bella oportunidad desperdiciada para demostrar toda la magnanimidad de que es capaz un hombre) “Las injurias no me hieren”, “el odio no ha nacido en mí“ Las ocho y media de la noche, poco más o menos, el patio de la crujía está muy solitario. está muy callado: bien podría creerse viéndolo desde el redondel, que es una crujía abandonada; dentro de las celdas, muchos duermen todavía el “carcelazo”, también en el interior algunos platican, otros seguimos frente al televisor; de pronto se escuchan gritos confusos allá afuera, algunos salimos a los corredores de las celdas altas, no sabemos qué pasa. –¡Hay bronca con los de la “M” (también es una crujía de presos políticos), –“no dejan salir a sus visitas” –“las tienen secuestradas”. Se escuchan voces airadas de protesta, hay carreras, quienes estamos en las celdas altas bajamos a toda prisa, la puerta de la crujía está abierta y sin candado, el vigilante ha desaparecido; –“¿qué pasa?” –“una comisión fue a hablar con el General”, diez o quince, no sé, aguardamos en la puerta, algunos de los que dormían comienzan a salir de sus celdas, –”¿qué pasa?”

291 se oyen gritos en el redondel, y un vocerío que aumenta gradualmente. Una ráfaga de disparos se escucha y los fusiles de los guardias casi inmediatamente, también empiezan a disparar. –“¿contra los de la “M”?” dos compañeros llegan golpeados y sangrando, –“¡ahí vienen!” “¡ahí vienen!” La primera oleada de atacantes llega a la puerta de la crujía que permanece abierta y sin candado, el vigilante se ha marchado, presentía algo, o sabía todo. Vociferantes, sedientos de sangre, con ansias de herir, de desgarrar, de matar, como los “indios malos” de los westerns, de las cintas cinematográficas hechas por los “blancos” para justificar el exterminio de miles de nativos, para justificar el despojo que llamaron Conquista; así llegó la primera oleada. “Van a ver pinches estudiantitos” –“ora sí se los va a cargar la chingada” –“pinches culeros”. Les arrojamos botellas vacías de refrescos que se deshacen en mil fragmentos sobre la reja que el último de los compañeros en entrar ha cerrado; eso hace que se detengan frente a la puerta unos instantes, sólo uno o dos minutos, pero vuelven a la carga; más botellas que estallan en los hierros, nuevo repliegue de la horda. Los guardias del garitón, comienzan a disparar sus fusiles, contra nosotros, hacia el interior de la crujía, a donde estamos, no hacia la puerta por la que pretenden entrar los asaltantes; cada vez más cerca, los impactos de las balas se oyen muy fuertes, en las paredes,

292 en la reja. –¡apándense, apándense!, grita Raúl corremos a las celdas, ya no es posible seguir conteniéndolos más las balas rebotan en el piso, es una pequeña guerra, pero estamos inermes, entre dos fuegos, entre dos enemigos. Hay un clamor de triunfo cuando al cesar los disparos las hordas cruzan la puerta y entran a la crujía; al patio. Nos encerramos en las celdas, ahora son muchos los atacantes, crece la intensidad de los gritos, crece la angustia, crecen los ruidos de cosas que se rompen, de palos que golpean las puertas de hierro de las celdas, de hierros que golpean a las puertas, varillas, y tubos; la bestia vociferante –“abran hijos de su chingada madre” –“van a ver putos” –“abran hijos de la chingada”. Están sedientos de sangre, quieren destruir, quieren herir, quieren destrozar. El saqueo comienza, los garrafones del agua son estrellados en el suelo y las paredes de las celdas; lo que no pueden llevarse es hecho pedazos, mesas bancos libros papeles, se llevan los limones y el azúcar ¿para qué? ¿con qué objeto? ¿no son más valiosos para ellos

293 los radios los televisores, la ropa el dinero? ¿por qué el agua, los limones y el azúcar? ¿es acaso que nuestra huelga de hambre, más conocida en el extranjero que en nuestro país, les ocasiona “descrédito” a esos centenares de infelices? el tiempo se detiene. –Está muy cabrón esto. me dice Guardado que está conmigo en una de las primeras celdas, no sé qué responderle para tratar de inspirarle confianza. una confianza que no tengo sólo le digo, –sí mano, pero yo pienso lo mismo ¿tres minutos? ¿cinco? ¡un siglo! –“esa “D”, váaaamonos” (esa “D”, crujía o “dormitorio” que en la rudimentaria clasificación de nuestro primitivo “sistema penitenciario” alberga asesinos). Pasos y voces que se alejan lentamente, lentamente, lentamente. Hay una tregua que aprovechamos algunos para cambiar de sitio en busca de celdas que ofrezcan mayor seguridad. Busco a Manuel y lo encuentro en su celda con José Luis, quien está muy pálido, una bala lo hirió en la parte inferior del hombro, afortunadamente sólo tiene dañado el músculo, si el proyectil hubiese penetrado en otro sitio, dos o tres centímetros hacia la derecha, le hubiera despedazado los huesos, las articulaciones del hombro, –¿te duele mucho? –sí, me arde mucho, siento el brazo entumido, con la mano del otro brazo se oprime la herida, fue un balazo en sedal afortunadamente, pero debe estar bastante adolorido, recuerdo ahora el incidente allá en la Federal de Seguridad, durante el interrogatorio, el pretendido balazo, también en sedal, que me dieron casi en la misma parte. –voy a buscar a Roberto, dice José Luis, la celda de ellos está en la parte

294 de arriba, se marcha y yo también salgo para ir a mi celda, en el fondo de la crujía, –apándate bien, le digo a Manuel antes de irme es curioso, pero todos, por instinto buscamos nuestras celdas. Silencio: sólo unos pocos segundos, nuevos gritos nuevas hordas, el saqueo continúa, el tiempo no transcurre, más injurias, maldiciones, las mismas amenazas, más sonar de hierros y maderas en las puertas; el saqueo sigue, no se detiene, avanza, continúa mecánicamente y la angustia persiste, el temor la confusión, pero el tiempo no transcurre. Con pesadas barretas de hierro las puertas de las celdas empiezan a ser forzadas, una a una, sin prisas, sin que nada lo impida no hay salvación posible.

295 6-8 IN MEMORIAM MONÓLOGO DEL PÁJARO DE FUEGO Por Eduardo Quiroz García Heme aquí, al otro lado de mi propia imagen, hablando de una lejanía del cielo. En una oscuridad temprana, soliloquio de la noche que enfrenta desde latitudes opuestas a dos distintos y a uno mismo. Sol, Sol lejano, Sol furtivo... ¡Si pudiera volar!, volaríamos dos, o tres, o cuatro, ¿juega quién a ser nosotros que engaña nuestra sed con burlas en filos de tormenta? Lloran y sangran sueños en los hielos del amor, imperio de los serafines muertos, noble tan siniestro día, errante mutación de Dios humano, ¡es este tu paraíso belicista!, aquí se gesta la ternura de un sadismo, el fulgor de los ocasos ¡He aquí el viento!, al viento de la muerte, entre un amanecer que disgrega mil olvidos, mutuo e individual olvido, sueños en deseo, propio ajeno exilio que te arrastra y te dispersa, aunándole a un remordimiento que nunca será nuestra conciencia la traición, ahora y siempre, pájaro de fuego, al azar tus alas rotas con espinas de silencio y abandono, hematomas en el alma tu sangre baña los recuerdos de una plaza en falso movimiento, en la furia de tu vuelo ahora inexistente el cielo rondando tu final, al acecho el buitre de la urbe, el ave de lo oscuro, camaleones con bengalas en las patas, nadie te detiene, aún la muerte, esa digna muerte, avante tú, que el eco no retornará...

296 CELESTE IMPERIAL

Saber que la sentencia del olvidado es despertar a la luz y a la sombra de una aurora que se finge loca, es sentir el doble filo, la doble daga que con cruel novedad lacera el cuerpo, de extremidad a extremidad para anunciar su pronta muerte y su vencida resistencia. El frío, materialmente cubre las extremidades vagabundas que se han cansado de esperar una hora justa, una sola. Ahora cada parte es perfecta abstracción abandonada a su indiferencia, en un suelo estéril, bosque incinerado donde llueven las condenas. El cielo negro es una bandera rota. Sólo esperan nuestra muerte. La furia cumplió su ciclo y cambió de piel. El improperio se disuelve en letargo. Se desmoronan los techos construidos con manos ajenas. El último sueño ha muerto, mitad ahogado en un lago de niebla y mitad abandonado en un laberinto que tiene condición humana, paredes de cristal, donde el minotauro es el rostro que refleja en el lejano espejo. Letanía profana es nuestro campo de batalla. Himno de resignación. Desierto vivo. Residuo del alba. Somos el valor del soldado enlutecido, el orgullo que se arrastra herido. La gloria es fatua, el olvido nos brinda permanencia, nos da seguridad. Tenemos la ventaja del exilio, volamos y cantamos, oscilamos al celeste, al azul que raya el imperial. Salimos del control. Perdemos el equilibrio. La tarde es eterna. No cae la noche ni nace aún el día, es el alarido del Sol el que gime su cruel agonía, nos cubre su voz latente de braza muerta, ardemos en ausencia... Se desenreda la esperanza, es este nuestro hogar. Nos hemos alejado, no estamos en huida.

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Foto del poeta Mario Ramírez, archivo de La Guirnalda Polar

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CAIMÁN DE HIERRO Por Mario Ramírez Como si la sangre no se saciara de tanto morir en los cuerpos de las víctimas que se otorgan en sitios alejados y los reuniera en un golpe para cumplir un rito de amistad con la barbarie. Como si las mandíbulas de metal inexorable obligaran a la cabeza del monstruo a sacudir la presa para así despertar la desolación escondida entre las carnes, aun cuando la sangre ya ha partido. Como si no hubiera separación entre la dignidad y la obligación de arrojar las bestias a devorar inermes brazos infantiles. Así se abalanzó el caimán de hierro sobre tres culturas. No vi cuando las pirámides se arrebataron dolidas de su inmovilidad de piedra ni cuando la inmovilidad de la iglesia arrebató hasta la piedra o cuando los cubos celulares de los edificios alcanzaron a cubrir algunas esperanzas. Tampoco presencié aquellas caminatas detenidas por los mordiscos de hierro y plomo del caimán. Me lo contaron la tormenta en las guitarras y las noches de sangre en el cuerpo de los hermanos mayores o las noches en soledad esperando a los padres que buscaban a una niña perdida entre banderas. No vi aquello pero me golpeó por mis cabellos llenos de viento, mintiendo el prevenir la delincuencia sobre un aspirante a poeta de 14 años, en el conteo desde la explosión de su primer pájaro y su primera lluvia. Era el caimán de hierro sobre tres culturas.

300 Como si la distancia entre un brazo y la cabeza se midiera con miles de baldosas arrinconadas en la desesperación de la crujía o en los dedos agarrotados de tanto arañar las paredes o la sangre. Como si las carcajadas de la ignorancia revestidas con mass media para rendirse ante los mediocres tuvieran que rematarse en la ferocidad de las bayonetas, si ya han cumplido con la estupidez. Como si no existieran esos gritos en cada una de las calles de esta ciudad abandonada por los testigos. Silenciado su pasado para no poseer su futuro. Así el caimán devora las tres culturas...

DEL ASESINO EN SERIE CONOCIDO COMO “EL ESTÚPIDO” ¿Cuál pecado cometió el país tan execrable que ha tenido que resistir a los peores tiranos, los asesinos con disfraz de democracia? La historia mexicana siempre se escribió con sangre. Pero ya hay suficiente sangre para ahogar a todos los tiranos. Cuando la estupidez es investida con la banda tricolor, disque para darle su “desarrollo” a esta tierra, y la estupidez se atemoriza, es que ha llegado el asesino y no hay lugar para la espiral de flores, ni para el aliento ni para los cuadernos del fuego.

301 Así pasó, como te lo cuento. Un pleito de muchachos, el trompo, la novia, el machín o el suéter. Eran pájaros probando alas. Así pasó, como te lo cuento y no estoy llorando, te hablo de pie, te hablo de frente. El estúpido y su trompa, Díaz Ordaz, el estúpido y su tropa. También el otro estúpido que pedía la banda tricolor, Echeverría Álvarez. Cuando los estúpidos no están al tamaño de la historia han de aprovecharlo todo para torcerlo todo a su ambición. El estúpido ambicioso. Su tropa. Rompen la puerta de la escuela. Los bárbaros rompen la puerta de la academia. Los pobres no tienen permiso de tener fuego. Ser pobre y tener fuego es ser un subversivo. Como si el ser subversivo no fuera necesario ante la guerra cotidiana de la opresión. Como si las brigadas en la calle no pudieran por derecho llenar de fuego a esta ciudad. Así los bárbaros rompieron la puerta, para ponerle cadenas al salón. Pero el salón puede detenerse, las ideas no. El estúpido ambicioso, las lenguas de tinta y de payola, las fastuosas olimpíadas, los cinco arillos cómplices, el olímpico ejército, la medalla del odio, la hilera de tanquetas, los perros del dolor se han soltado, el policía olímpico alcahuete, el estrado se llena de saliva, el estúpido de viaje, los comerciantes del deporte ponen a venta nuestro país, algún pendejo gringo invade Texas,

302 algún español bastardo masacra indios. La historia no se equivoca: todo sucedió aquí. El disfraz de democracia se desempolva y se exhibe en pantalón corto colgado de una antorcha. Los cuadernos se desbordan de las aulas. Con el salón encadenado los cuadernos detienen las escuelas y marchan. La resistencia y el silencio, la marcha y las antorchas, el aire y la rabia, la paloma y la calle, la brigada y el boteo, los maestros y el rector, la ciudad y la esperanza, la luna y el pocillo, los obreros y los campesinos, la guardia y las fogatas, el canto y la protesta, la cámara y el pincel, las pintas y la discusión, la asamblea y el CNH, esto es para vencer la estupidez. Así pasó, como te lo cuento. Así pasó, como te lo cuento y no estoy llorando, te hablo de pie, te hablo de frente. Los cuadernos tomaron las calles, mientras en el palacio las cortes decidían helicópteros y bengalas, el batallón “Olimpia”, la Plaza de las 3 Culturas, el 2 de octubre, sobre el mitin de cuadernos, tarascadas de plomo, bestias sobre infantes, tanques en el vuelo del carroñero, sangre en la pirámide, muerte en la memoria, plumajes rotos, masacrar una generación como si Herodes, sueños despedazados, llantos de madres y de padres, gargantas apretadas,

303 testigos silenciados, dolor en las entrañas, ventanas rotas, los juguetes y los lápices fueron pisoteados, ¿dónde quedó la paloma? leche radiactiva, leyes de banqueros, salarios de miseria, horarios infamantes, tiempo libre devorado por tu empleo, deuda eterna, atracos al erario, ejército y policías cercando Acteal, perdón, Tlatelolco, el Palacio Negro, Cerro Hueco, el estúpido y su corte la vestida ocho. Así pasó, como te lo cuento y no estoy llorando, te hablo de pie, te hablo de frente. ¿Qué otra cosa quieres que te cuente? ¿Aguas Blancas? ¿1988 y la denuncia de la mascarada electoral? ¿1985 y la masacre por negligencia en la construcción? ¿La masacre cotidiana por hambre o por enfermedades curables? ¿La 23 de septiembre? ¿El 10 de junio? ¿Los asesinatos de obreros disidentes y dirigentes sociales? ¿Genaro Vázquez? ¿Lucio Cabañas? ¿Emiliano Zapata? ¿Pancho Villa? ¿Los Flores Magón? Se parece demasiado el crimen. Al asesino en serie ya fue descubierto hace mucho, podemos derrotarlo aún. Ya hay suficiente sangre para ahogar a todos los tiranos.

304 Todo esta escrito, todo pasó. Sólo te lo cuento como me lo contaron los testigos y las fotos, la historia y la represión. MARÍA BRIGADA Ahí estaba, en la panza de la serpiente naranja. Ahí estaba, y la serpiente como que la iba a morder pero ella se levantó con su voz de estampa y su nido de mariposas, como extraña virgen del boteo, y la serpiente quedó desdentada de monedas. Ahí estaba, yo la vi, señora. Levantaba el puño izquierdo y la llamaron María Brigada, Si hubiera sido mi hija, la de los soles en el vestido, le hubiera acuchillado la greña. Pero ya ve, señora, de haber sido otro le amarro un arresto a la mano y no le hubiera dicho a usted nada. 1987 GUERREROS DE LECHE Nos arrancamos los dientes de leche para tatuar los signos primerizos

305 de los guerreros en nuestros pechos y nuestra estrella. Enfilamos las testas, enjoyadas con aves tropicales, a quemar Las Cuatro Direcciones de La Cruz del Nagual. Como buenos hechiceros de las masas detenemos nuestro andar, jaguar electrizando a su enemigo, y en el acto cubrimos con banderas enrejados. Llevamos nuestros huesos juveniles para formar las torres en la plaza y los héroes no se desdicen montados en sus globos de Cantoya para formar las filas rumbo a las grietas del caimán de hierro sobre tres culturas. Y casi sin saber del caimán de hierro los días se van sumando a la saliva, una luz a lo lejos perdidos en las cuevas, carcajada en el café de pollo, la guitarra con su boca de luna muchachas que ríen por haber encontrado su alegría en una huelga, chavos que se ven bien en su perfil de justos ladrones del fuego. Y de pronto los adueñados de la lumbre nos presentan la portada de los diarios donde nuestro perfil aguileño es devorado por la serpiente, por esa pinche serpiente que tenemos aplastada bajo las alas... Huelga estudiantil, UNAM, 1987

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CANCIÓN DE CUNA PARA UN NIÑO FRANCÉS Al mayo francés del 68 A dormir, a dormir, niño de la doble luna, a dormir. Hoy amanecieron barricadas donde tus hermanos mayores toman al cielo por asalto y tus padres llevan La imaginación al poder.1 Donde el héroe de la Segunda Guerra Mundial no entendió que los pueblos avanzan con terremotos, con marejadas, con la risa llena de viento. La poesía está en la calle.2 Sed realistas, exigid lo imposible.3 A dormir, a dormir, niño de la libertad, a dormir. Olvídense de todo lo aprendido. Comiencen a soñar.4 Fueron los estudiantes emocionados los que comenzaron a tomar las calles por el amor que los pueblos tienen por sus destinos. La huelga estudiantil no era más que una canción de cuna para los pueblos, y la represión se convirtió en alimento del fuego, en brasas de la rebelión contra todo lo establecido. No se encarnicen con los edificios, nuestro objetivo son las instituciones.5 A dormir, a dormir, niño del pecho de pluma, a dormir.

307 La huelga general estalló en la cara de los mismos de siempre que devoran la riqueza, que devoran los corazones. Niño no llores ya te tocará a ti cantar en La Sorbona y enamorar muchachas en las marchas, Esas jóvenes rojas cada vez más hermosas,6 bajo las fotos de Mao, del Che y de Marx. Cuanto más hago el amor, más ganas tengo de hacer la revolución.7 A dormir, a dormir, niño que suspira, a dormir. Tus padres pelean por el pan de cada día, porque su sudor en la frente te prodigue cuidados y dibuje tu risa en las mañanas. La barricada cierra la calle pero abre la vía.8 Y cada vez somos más los que llenamos la masa encabritada. A dormir, a dormir, niño de las manos de palomas, a dormir. No vamos a reivindicar nada, no vamos a pedir nada. Tomaremos, ocuparemos.9 El patrón te necesita, tú no necesitas al patrón.10 No llores niño, ¿acaso somos de la materia del agua? Me golpeas y crezco, me encarcelas y me desbordo. No hay pensamiento revolucionario. Hay actos revolucionarios.11

308 A dormir, a dormir, niño del pelo enmarañado, a dormir. Esto no es más que el principio, continuemos el combate.12 Descansa ahora, niño, que mañana tendrás la mirada limpia y el corazón generoso encerrado en la fábrica con las mantas rojinegras destronando a los ambiciosos. Cambiar la vida. Transformar la sociedad.13 A dormir, a dormir, niño del mundo, niño de las mil pieles, a dormir, pues el mayo francés fue el mayo del pueblo, de todos los pueblos del orbe. El arte ha muerto. Liberemos nuestra vida cotidiana.14 Prohibido prohibir. Prohibido prohibir. Prohibido prohibir.15 Consignas del mayo francés en el poema L´imagination au pouvoir. Sorbona. Calle Rotrou. Soyez réalistes, demandez l´impossible. Censier. Oubliez tout ce que vous avez appris. Commencez par rêver. Sorbona. Sorbona. Medicina. Sorbona. La barricade ferme la rue mais ouvre la voie. Censier. On ne revendiquera rien, on ne demandera rien. On prendra, on occupera. 10 Le patrón a besoin de toi, tu n´as pas besoin de lui. 11 Nanterre. 12 Ce n´est qu´un début, continuons le combat. 13 Ciudad Universitaria. 14 Sorbona. 15 Il est interdit d´interdire. Sorbona.
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“De Rodillas”, dibujo por Melecio Galván

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311 1968 Por Juan Rejano

Herida y desgarrada, tierra hermosa; estás herida y con tu sangre tiñes las piedras que otro tiempo sintiera las pisadas de los héroes y las doncellas gráciles. Herida estás, sufriendo, y son los mismos brazos augurales que un día me acogieron como hermano en derrota los que ahora, torturados, se crispan de dolor. Yo dejo aquí, desnuda, mi palabra, para sumarme a ti, para sumarme a tus penas, tus ansias, tus luchas, tus heridas. Contigo he convivido, no con los que te explotan, no con los que bandera de tu infortunio hacen demagógicamente. Contigo he convivido largos años. A tu lado una vida entera he trabajado, aprendiendo de ti, de tu firme prudencia, recibiendo a diario esa sabiduría que sólo las afrentas y el dolor acumulan. Te di lo que traía: nada, un poco quizá de mi antigua soberbia, de mi experiencia altiva, que ni siquiera pudo domeñar la derrota. Mi soledad te di, y más desdichas. Y también mi deseo de enlazar mis manos con las tuyas y a tu vera ganar los horizontes. Ahora tú estás sufriendo, las heridas abiertas, y yo te dejo aquí lo único que tengo: mi palabra. Mi palabra que en una puede cifrarse: amor.

312 EL CANTO DE LOS MENORES Por David Roura I El dos de octubre del 68 yo no estuve en esta plaza No todos estuvimos. Éramos pocos de mi edad que marchábamos en las grandes manifestaciones del 68 Quería gritar mi rebeldía no sabía cómo Comenzaba nuestra primavera de palabras y contamos la libertad por las calles que las hicimos nuestras Tenía por qué rebelarme había que hacerlo para poder vivir con dignidad Cuando marchamos en silencio con el rector de la UNAM al frente nuestros pasos resonaron como poderosas palabras e hicieron temblar a los soldados que ocupaban al IPN, a la UNAM o temblaron... y tuvieron miedo Oí en mi casa decir: –“Con quince comunistas colgados en el Zócalo acababa yo esta revuelta” –No dudé que se pudieran inmolar a los 15. Pero nadie nos iba a detener ya Supe que no era el único II Yo no estuve en esta Plaza el 2 de octubre del 68. Pero recuerdo esa tarde A las 6:00 pm Nos bajaron del tranvía

313 que corría de Mixcoac a la Villa Nos hicieron caminar varias calles bajo una valla policíaca Un helicóptero volaba sobre Tlaltelolco. No nos permitieron detenernos Sonaban oleadas de rítmicos disparos Creí oír a lo lejos barullo de gente Sólo un policía con altavoz nos decía: –“No se detengan, caminen” – Ya en la noche, algunos sobrevivientes difícilmente narraban lo sucedido El 3 de octubre era un viernes obscuro, siniestro ¿A dónde ir? ¿Con quién hablar? Le di la espalda al fuego olímpico. No le aplaudí a ninguna de las medallas regaladas a México. Nunca pude entender a esa gente Sólo diez días antes habían masacrado a jóvenes inocentes Y ahora le aplaudían al Presidente asesino Sonaban las fanfarrias olímpicas Los tibios ganaban la batalla Caminamos con la rabia y el miedo entre las manos Aprendí el lenguaje del poder Una bengala cruzó la plaza yo no la vi Yo no estuve en esta Plaza... ¿Cuántos asistentes? Pocos: para el número de las grandes marchas Algunos nunca han estado en esta Plaza Faltan mil plazas iguales para recibir a los que dicen “Estuvimos”

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Yo no estuve en esta Plaza esa tarde Pero estoy cada año y marcho Como marché en aquella alegoría de libertad que fue el 68 Yo no estuve en esta Plaza esa tarde No fui líder estudiantil Era un simple estudiante de Secundaria No fui perseguido en el 68 (algunos años después, sí) No me dispararon en esta Plaza el 2 de Octubre (3 años después, el 10 de Junio, sí) No fui preso político en el 68 (6 años después, sí) Sólo queríamos cantar la libertad por las calles y aprendimos a callar a ser clandestinos a no esperar Ya no estampar nuestros nombres en ningún registro público Y no confiar en diálogos ni aperturas democráticas Aprendimos a contraatacar con las mismas armas y organizamos en células Tal vez la Historia no registre nuestra lucha sorda Tal vez sólo valga: Del 68 a la transición democrática Del 68 a los reconocimientos Del 68 a los curules Del 68 a la CÍA y a la traición. No sé Éramos pocos de secundaria los que marchamos en el 68. Pero nuestra generación no murió y seguimos luchando... seguimos luchando... seguimos luchando

No claudicamos y somos más

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Seguirán los 2 de octubre y seguiremos luchando A pesar de no haber estado el 2 de Octubre del 68 en esta Plaza Todos nos templamos en esta Plaza. Todos vivimos en Chiapas Todos moriremos luchando Todos somos Chiapas Todos somos Marcos SILENCIO CULPABLE Ahora callas, cuando tenías que vomitar la sangre que te ahoga, asesino de mi tiempo y de mi generación. Callas, escondes tu miedo ante los que te perseguimos. Te amparas en argucias legales te ufanas de tener los mejores abogados, pero nosotros no dejaremos de acorralarte. Porque no olvidamos. Huyes, merodeas como una hiena, no harta de cadáveres, Huyes a tu madriguera; tus guardias, tus soldados, tus abogados y tus descendientes no pueden exculparte de tu pasado, de tus burlas, mentiras y crímenes,

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Hoy callas, mañana nosotros estaremos en tu muerte, en tu sepultura y te recordaremos todas las muecas de dolor, todo el espanto de nuestros compañeros asesinados y torturados, te reintegraremos todo el odio que engendra. ¡Hay heridas profundas, odios vivos; duran por toda la historia, perduran por generaciones! Nunca el silencio liberará tus fauces de la sangre de Tlatelolco, de San Cosme, y de tu inmunda Guerra Sucia. Callaste, como frente a las madres de los desaparecidos y a la militancia de sus hijos. ¡Cínico! ¡Farsante del mundo! ¡Sátrapa de la patria! Son iguales los presos de Pinochet que llenan los estadios de Chile, a los presos de tus cárceles clandestinas y de campos militares. Hoy, el silencio del tiempo los funde y los condena. ¡Como él tendrás que rendir cuentas! ¡Porque el deber con la patria, no prescribe! El veredicto popular te dicta:

317 Luis Echeverría Alvarez: Asesino. Culpable de Genocidio. Culpable de Tortura. Culpable de delitos de Lesa Humanidad. PARTIDA 68 A la memoria del "Pai" Florencio López Osuna. Nunca supimos en qué momento nos levantamos como piezas amenazantes. Ellos tenían la "partida" perfecta; un tablero país... en blanco y negro. Imponían las verticales leyes. Nosotros, refulgentes peones, claros prospectos de alfiles, conciencia de un sueño de Patria Nueva y canto de peón pueblo, por ello cambio de las viejas formas. ¡Tiende el sistema sus piezas asesinas! Todas ellas armadas sin respetar ninguna regla. Disponían de blancas y negras en un amplio tablero de dos millones de cuadros en kilómetros. El rey, déspota rey, el próximo rey: Sus seis mil alfiles políticos corruptos, sus ochocientas torres militares de asalto, sus quinientos caballos religiosos, empresarios, legisladores,

318 millones de burócratas y peones rasos desclasados, tenían nuestra Dama patria secuestrada. De pronto, con un audaz enroque, los sorprendimos. nos parapetamos en nuestras casillas-escuelas, dominamos el pleno centro del tablero, pequeñas plazas en una increíble posición. Lanzamos alegóricos avances de "peones envenenados”. Defensa Movimiento Estudiantil: P4R, Asambleas; C3AR, Pegas; P3CD, Mítines; A2C, Marchas; 0-0, Huelgas; A4A+, Resistencia... Amenazamos con la Variante Popular: P8R, Democracia.

Propusimos gambito de la dama cautiva y la dama Patria sonrió. Gritamos: Jaque al sistema político, jaque al rey autócrata, jaque al rey inflexible... Y una bazuca destrozó los sueños, la puerta y media docena de vidas jóvenes en el Fiancetto de San Ildefonso, Preparatorias 1 y 3. Las torres tanquetas asaltaban nuestra enrocada autonomía. Otras torres fuego avasallaban al Politécnico. La Superior de Economía y la Voca 7 caían luchando. Casilla por casilla, es decir escuela por escuela,

319 fuimos perdiendo el “juego” desigual. A bayonetas, fuego de metralla, luces de bengala, drogadas tropas desquiciadas, así derrumbaron nuestra últma defensa. Tlatelolco es incendio, el tablero es tironeado. No hay partida: sólo presos piezas incineradas, sólo jóvenes sueños patrios asesinados. Prisión para los alfiles líderes. Prisión para los anhelos libres del ajedrez. Florencio tardó 33 años para jugarles otra partida. Viejo maestro y zorro alfil, movió sus piezas, dobleteó torres, alfiles, caballos, en elegante y certero movimiento, sentenció: Jaque mate al viejo rey. ¡Abrir los archivos del 68! Jaque mate al viejo rey. ¡Comisión de la verdad! Jaque mate al viejo rey. ¡Juicio a los asesinos! Jaque mate al viejo rey. "Jaque mate al viejo rey" Qué extraña muerte, qué inundar de dudas te impidió ver

320 cómo se derrumban las piezas enemigas en éste, el actual tablero. Tu último movimiento en vida fue contundente y certero. "Juicio y mate al viejo rey". Ajedrecista, camarada por siempre. El genocidio no quedará impune. ¡Ganaremos la partida! Florencio: ¡2 DE OCTUBRE NO TE OLVIDA!

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Dibujo por Rini Templeton

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323 DOS DE OCTUBRE ¿QUIÉN NO LO RECUERDA? Víctor C. Ruiz Arrazola De las noches del sesenta y ocho la segunda de octubre se recuerda con rabia y luto por la lluvia de balas y de gases que lavaron los cuerpos desangrados del estudiante del obrero del maestro del curioso. ¿Quién no recuerda que a su hijo torturaron que decenas de seres muertos cayeron? ¿El antes y el después del 68? Sí, el antes y el después del 68. ¿Qué es para... el dragón que vomitó hierro hirviendo sobre las miles de semillas que estaban germinando?

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TLATELOLCO, 68 Por Jaime Sabines 1 Nadie sabe el número exacto de los muertos, ni siquiera los asesinos, ni siquiera el criminal. (Ciertamente, ya llegó a la historia este hombre pequeño por todas partes, incapaz de todo menos del rencor.) Tlatelolco será mencionado en los años que vienen como hoy hablamos de Río Blanco y Cananea, pero esto fue peor, aquí han matado al pueblo: no eran obreros parapetados en la huelga, eran mujeres y niños, estudiantes, jovencitos de quince años, una muchacha que iba al cine, una criatura en el vientre de su madre, todos barridos, certeramente acribillados por la metralla del Orden y la Justicia Social. A los tres días, el ejército era la víctima de los desalmados, y el pueblo se aprestaba jubiloso a celebrar las Olimpíadas, que darían gloria a México. 2 El crimen está allí, cubierto de hojas de periódicos, con televisores, con radios, con banderas olímpicas.

325 El aire denso, inmóvil, el terror, la ignominia. Alrededor las voces, el tránsito, la vida. Y el crimen está allí. 3 Habría que lavar no sólo el piso: la memoria. Habría que quitarles los ojos a los que vimos, asesinar también a los deudos, que nadie llore, que no haya más testigos. Pero la sangre echa raíces y crece como un árbol en el tiempo. La sangre en el cemento, en las paredes, en una enredadera: nos salpica, nos moja de vergüenza, de vergüenza, de vergüenza. Las bocas de los muertos nos escupen una perpetua sangre quieta. 4 Confiaremos en la mala memoria de la gente, ordenaremos los restos, perdonaremos a los sobrevivientes, daremos libertad a los encarcelados, seremos generosos, magnánimos y prudentes. Nos han metido las ideas exóticas como una lavativa, pero instauramos la paz, consolidamos las instituciones; los comerciantes están con nosotros, los banqueros, los políticos auténticamente mexicanos, los colegios particulares, las personas respetables. Hemos destruido la conjura, aumentamos nuestro poder: ya no nos caeremos de la cama porque tendremos dulces sueños. Tenemos Secretarios de Estado capaces de transformar la mierda en esencias aromáticas,

326 diputados y senadores alquimistas, líderes inefables, chulísimos, un tropel de putos espirituales enarbolando nuestra bandera gallardamente. Aquí no ha pasado nada. Comienza nuestro reino. 5 En las planchas de la Delegación están los cadáveres. Semidesnudos, fríos, agujereados, algunos con el rostro de un muerto. Afuera, la gente se amontona, se impacienta, espera no encontrar el suyo: “Vaya usted a buscar a otra parte”. 6 La juventud es el tema dentro de la Revolución. El Gobierno apadrina a los héroes. El peso mexicano está firme y el desarrollo del país es ascendente. Siguen las tiras cómicas y los bandidos en la televisión. Hemos demostrado al mundo que somos capaces, respetuosos, hospitalarios, sensibles. (¡Qué Olimpíada maravillosa!), y ahora vamos a seguir con el “Metro” porque el progreso no puede detenerse. Las mujeres, de rosa, los hombres, de azul cielo, desfilan los mexicanos en la unidad gloriosa que construye la patria de nuestros sueños.

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“Represión”, dibujo por Melecio Galván

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329 TLATELOLCO (Cuauhtémoc) Por Máximo Simpson No me tiren, que soy el rey de México y de esta tierra. Cuauhtémoc El llanto se extiende, las lágrimas gotean allí en Tlatelolco. Cantares Mexicanos I Agualuz nochetiniebla piedrasueño, sueñosombra piedraluz aire dormido polvotierra desmemoria de la noche tensa noche nochefuego desmedida lanza torva arco negro de la noche piedrasola agualuz noche tiniebla piedra sueño sueño sombra piedra luz aire dormido la demencia estamos locos qué nos pasa quiénes son de dónde viene todo el odio Isabelpiedrademuerte qué nos pasa agualuz nochetiniebla piedrasueño con el trueno entre los dientes arcabuces popolocas no hay piedad ay quiénes son ay qué nos pasa agualuz nochetiniebla piedrasueño escribamos frailes negros popolocas los caballos por los aires de la Tierra bestia negra de la muerte quiénes son ay qué nos pasa los soldados Tlatelolco ay el Sol que ya se acaba es el límite del Tiempo se termina ya no hay años es el límite del tiempo la mortaja los soldados Tlatelolco

330 la demencia estamos locos los caballos se arrojaron de las torres se arrojaron de la vida se cayeron de la muerte desde arriba desde abajo desde el útero madre de la Tierra en el polvo. II Derrotado profundo, joven muerto que mueres diariamente, sabedor consagrado que en el perdido calendario del Tiempo revisas la escritura de los días, los colmillos funestos, la sonrisa de Dios y sus cavernas junto al cantor decapitado: lambiscones de rapiña optimista, tejedores de sarape de sangre, vomitan cada día su retórica negra, su mortal exabrupto. Y en Tlatelolco se oyen truenos, en Tlatelolco estamos locos, en Tlatelolco nos morimos, en Tlatelolco están de fiesta en Tlatelolco, Tlatelolco. ¡Tlatelolco! III Plaza de Tlatelolco: semen vivo de la vida muerta, matriz del maderamen que se cae, de la profunda escalinata para un viejo ritual, para una nueva sangre. Iglesia paralela del tiempo, miradores y torres que un día fueron tumbas, corola de un grito que no calla. Allí todo se junta: allí el azteca temerario y el Gran Inquisidor, el tiempo y su lujuria de restos inmortales, de piedras rozagantes.

331 Y también el despojo y su secuela, la injusticia y la muerte, la injusticia y la vida, la injusticia pagando su diezmo de hombres vivos al gran devorador, al dios de siempre. Atrio ceremonial saqueado ahora y antes, sitio donde bregaron quienes hoy son leyenda, lugar donde pensamos con el cuerpo doblado sobre un pozo de olvido. Trastienda del alborozo olímpico, plaza casamentera de osamentas rebeldes. Plaza de la Matanza: A las aves siniestras de Moctezuma herido sucedió un helicóptero radiante. Y mientras el discóbolo de Atenas preparaba su canto circular, mientras llegaba el fuego desde el patio de Homero, yo lo vi en Tlatelolco: cadáver altanero, su loca brasa láctea, su coágulo de vida, su compacto cristal, su condensada ausencia legendaria, su fuego inconsumido deterioran la muerte, saquean su reinado de tumbas silenciosas. Y el útero irredento de México exiliado procrea para siempre al Niño Viejo: su macizo cadáver camina por el mundo, y su lengua callada suelta improperios insepultos. IV Agualuz nochetiniebla piedrasueño, sueñosombra piedraluz aire dormido, polvotierra desmemoria de la noche, el baldado camina, y el hombrecito paria que alimentó a los dioses, lustrabotas que lustra la injusticia del mundo, corona diariamente al rey Cuauhtémoc,

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sostiene con amor al joven muerto, lo alimenta con brasas y vejámenes. Agualuz nochetiniebla piedrasueño, sueñosombra piedraluz aire dormido, polvotierra desmemoria de la noche, aquí llega Cuauhtémoc con los pies destrozados, aquí llega el cantor, es el cantor que vuelve, aquí llegan los muertos escondidos, otra vez a esta plaza, otra vez a este foso, semen vivo de la vida muerta. 1968-1970

333 5 DE AGOSTO Por María Elena Solórzano De la Plaza de Honor de Zacatenco, como riachuelos que integran un torrente universitarios y politécnicos, normalistas y estudiantes de Chapingo inician la marcha hacia los caminos bordeados de cardos y las esquinas donde acecha la ignominia. Tonantzin (nuestra madre ancestral) desde el ceremonial del Tepeyac los mira. Caminan por las calles sembrando anhelos de libertad, ansias de justicia. "Ya no somos esclavos" dice la espesa demagogia. No llevamos grilletes en los pies, pero aún los llevamos en el alma. La gente sale de sus casas, los aplaude, les brinda palomas blancas, agua nieve para refrescar sus labios. Es un surtidor de luz, la esperanza por un México donde los niños vuelen papalotes y las mujeres tejan sus vidas con madejas de esperanza. Un México donde no se compre la justicia ni se ensalcen los triunfos del malvado. Siguen por Tlaltelolco. Ahí, los templos de piedra y argamasa se irguieron imponentes. Ahí, entre las piedras, todavía se encuentran las raíces

334 de nuestra raza cósmica. Atraviesan junto a la Plaza de las Tres Culturas, donde se reunían los guerreros águilas y jaguares para alimentar al Sol con sus heridas. Donde se reunían los Tlatoanis, los ancianos y los sabios a discernir sobre el destino de sus pueblos. La juventud valiente grita sus consignas: "Libertad de expresión." (La prensa amordazada, moribunda.) "Democracia para un pueblo sojuzgado." Quince mil voces al unísono reclaman, quince mil voces despiertan la conciencia adormilada. Quince mil voces en un solo estruendo contra la mentira criminal bullente de latrocinio y corrupción. No más la palabra cercenada por consignas del gobierno. No más mujeres profanadas como castigo a su lucha por la verdadera democracia. No más sangre de inocentes. “El vino de la tierra” es vida y no debe de correr por las baldosas ni manchar las camisas de los hombres o los blancos faldones de las hijas. Con la cabeza en alto llegan a Santo Tomás, las mentes preñadas de grandiosos ideales y la visión de un Anáhuac transparente. Es la juventud en lucha por una Patria libre, para que el pan llegue a cada puerta y del fogón de mamá grande desprenda el sacrosanto olor de la tortilla.

335 Para que germine el pensamiento en el almácigo de la escuela pública y ofrezca su más preciado fruto. Será cuando el pueblo cante en todas las plazas y resuene la risa de los niños en las cuatro esquinas de la Patria henchida de mar, de arena, de selvas, de humedades… De todo lo que la libertad reserva a un pueblo soberano.

(El 5 de agosto de 1968 los estudiantes politécnicos organizan el Comité de Huelga del IPN. Poco después se formaría el Consejo Nacional de Huelga (CNH), que representaría a todos los estudiantes del país.

336 SEPTIEMBRE Por Paco Ignacio Taibo I Un día, el día en que no me detuvieron en que ni siquiera me tocaron los golpes, porque la ley y el orden me desprecian un rato descuidados (era de tarde, llovía) se olvidaron de mí. Era un día en que caminé por Insurgentes y los coches azules llenaban la calle hasta saciarla. Ese día tenía miles de papelitos arrugados llenando los bolsillos. Si me hubieran registrado me hubiera sido imposible explicarles cómo fueron escritos (es difícil explicar cosas así), bajo qué luz, con quiénes, en qué horas del día repartía mis pequeños odios con el odio grande de los miles que éramos. Es difícil explicarles a ellos. Los papeles del bolsillo, digo, eran poemas, o casi, eran días asustados, gastados, sonrisas repartidas como volantes en las esquinas, eran pintas chiquitas, casi para mí mismo, para situarme en el planeta genial que era hoy la ciudad, declaraciones insólitas de mi complicidad conmigo mismo, con lo que estábamos haciendo.

337 Si entonces ese día, alguien hubiera dicho ¿de dónde han salido?; ¿quién los hizo? Son subversivos, reflejan tu anarquismo, tu desconfianza del mundo, tus problemas sexuales, tu falta de tristeza, tu soledad corrupta; son muestra de que eres aún adolescente, de que en el fondo desconfías de ti mismo… yo hubiera dicho: ¡vete a la mierda! Son sólo poemas; poemas solamente, y reflejan (nada refleja) todas esas cosas… Y además, todos tenemos papeles en los bolsillos. Pero hoy, otro día, si me preguntan que pasó con ellos, sería difícil explicar explicar que estaban por aquí que se fueron por las alcantarillas mientras su autor corría, que se derritieron de sudor entre los dedos, o que están aquí porque los he guardado. ¿Acaso importa? Los volvería a hacer.

338 EL ALMA DE UN HILO QUE PENDÍA DE SANGRE Por Guillermo Tinoco García El alma en un hilo que se desprende en giros concéntricos de colores De incandescentes llamas pirotécnicas no las aspas de un molino de viento son las aspas de un helicóptero “huey” un vigía que flota vigilando la “ley” Flotan en el aire las lleva el viento las luces de la señal de “fuego” sobre la muchedumbre manifestante ¡fuego!... ¡fuego!... fuego… Fuego cruzado como en combate A estrenar las armas nuevas contra la masa compuesta de niños de mujeres de hombres del pueblo El pueblo en concurso de expresión manifiesta buscando con las palabras el diálogo de las razones no la metralla ni el crujir de las cadenas de los carros de asalto y las tanquetas ni el tableteo del fusil metralladora “M-16” ni las ráfagas de balas trazadoras rasantes que escupe la tanqueta desde su torre y mirillas y los carros de asalto de combate… La tropa especializada del Batallón Olimpia el alma de un niño que se desprende se la lleva la bala expansiva de la 50 La bala trazadora de color verde muerte mata una mujer embarazada por el amor cotidiano la granada explota sobre los niños escondidos En la mira telescópica infraroja del francotirador corre la joven vestida de blanco

339 hace blanco en su pecho que se mancha de rojo cae en el pasto verde con los brazos abiertos Esa noche de terror no estado de sitio noche que se prolonga en los días esa noche de toque de queda para los habitantes de toda la zona de Tlalelolco dos de octubre la noche de los saqueos de los ultrajes y violaciones de asesinatos de los “suicidios colectivos” Noche de vandalismo en que las hordas de ordaz convirtió el día en uno de esos días de Díaz Ordaz Esa noche de estado de sitio de saqueos de ultrajes de asesinatos qué terror toda la noche olía a pólvora a sangre terror que huele a muerte a pólvora y a sangre Blasfemias, golpes, gritos, insultos, brutalidad Las botas patean las puertas las destruyen las culatas rompen los cráneos las puertas destruyen Patadas en las costillas en todo el cuerpo destruyen los gritos de dolor se prolongan en todo el medio El eco de la tarde tiene ecos de ayes en todos los tonos el vacío está lleno del grito de caída del que encontró la muerte al estrellarse en el asfalto El asalto de los militares adiestrados amaestrados como perros rabiosos babean jadean muerden atacan usan sus armas y las “artes marciales” aprendidas Las manos enguantadas de blanco estrangulan aprisionan gargantas aprietan testículos matan Escarapelas en las solapas de los asesinos todo testigo de cargo tiene la última pena la pena de pasar la tortura y pasar a la lista a la larga lista de desaparecidos y asesinados a los muertos y asesinados en la tortura secuestrados por millares en el campo militar

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Los traidores denuncian los débiles acusan los miedosos mienten los tíranos matan El alma pende de un hilo de sangre el alma es un hilo de sangre que se desprende en giros concéntricos en la espiral del miedo En la angustia del terror a la muerte perdido en el infinito de las injusticias

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Dibujo de la portada de Tlatelolco 15 Años Después por José Hernández Delgadillo

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343 TLATELOLCO, 15 AÑOS DESPUÉS Por José Tlatelpas Duro, duro, duro: escribe duro las palabras. Han golpeado a la Normal, al Metro, a los camioneros de la Ruta 100. Golpearon duro, también, las antiguas pirámides de los abuelos para extenderlas sobre el piso y el olvido. Edificaron una iglesia mentada “Santiago” - Tlaltilulco. También la golpearon encerrando en ella puercos sanguinarios que el dos de octubre, de mil, novecientos, sesenta, y ocho, pintaron el Códice del Decenio, glifos sanguinarios, que no se irán borrando con el tiempo. Por eso ahora el poeta escribe poemas con dedos de piedra, con palabras duras y ligeras, tezontle rojo, inacabable. Tlatelolco, cuatrocientos años después. Santiago Tlatelolco, quince años después. La sangre del pueblo, de los seiscientos muertos, los armados con amor y valentía, los que no fueron borrados con calientes balas de gris y duro, se ha secado. Tlamatines, historiadores de México, cuicanis: ¿... están presentes? El aire aún agita el polvo de la sangre, pinta en las paredes de los teocaltin, los edificios de Tlatelolco, los murales que faltaron a Orozco, a Diego y a Siqueiros. Los murales nuevos, los nuevos libros de pintura están delineados con anilinas sangrientas. Y también con la tintura de gusanos comedores de corazones. Quince años después nos hemos reunido todos aquí.

344 Los mismos edificios, acribillados, están presentes. Las madres, los hijos, los trabajadores, están presentes. El polvo de la sangre y el rastro de los gusanos, los que comen y roen la alegría del hombre, están presentes. Y los poemas y murales que avanzan con pies de acero aquí presentes, desafiando las bengalas. Los cronómetros atómicos han detenido su palpitar. Pacientes aguardan la distribución de las palabras, la lucha de hoy, el testimonio de siempre. Está el pueblo de México, se dice fácil: periodistas del mismo pueblo: ¿Dónde están...? Últimamente han golpeado duro a la Normal, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, los campesinos de la Huasteca... Los pequeños y grandes piojos chupadores de la sangre obrera y campesina, los abominables piojos, siguen mordiendo todavía no han sido exterminados por el DDT de las iras populares. Los millones de oídos están pendientes. Los ojos esperan, se abren, se entrecierran. Las manos se agitan; pero también construyen. ¡Vamos! Vamos a engarzar el dolor con la esperanza, la disciplina y el esfuerzo: coloquemos el collar: ¡jades rojos!, en el cuello poderoso de nuestro pueblo. Aún venimos con el itacate del pasado y la pesada carga en nuestros hombros. Pero traemos también el morral de tus palabras: ¡“Hay que tirar la carga o morir”! ¡“No aceptamos un futuro de tinieblas”!

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PRIMER POEMA II (EL TESTIMONIO DE “EL PATO") Al Pato, el Noel, el Jelipín, el Gustavo, el Carlos: a los valientes estudiantes del 68 mexicano. Jalando mis manos, mis pies marchando a gritos, al vuelo mi espíritu, soltar. Peñascos, los átomos del universo, frontera, resquebrajadura, fuente de futuro. Esta semana se trataba de subir: mi bicicleta azul, correr, el más loco, con los ojos cerrados, llegar de Xola a Lindavista, a Chapultepec, a ningún lado. Se trataba de ver a María, el vaivén de sus cabellos… pero llegó el pinche Felipín. Llegó el Gustavo y con ello me perdí el más grande espectáculo de todo el universo, en cualquier siglo, lugar y hora, el maravilloso andar de la michoacana, María. Ay, lo lamento infinito cada día. Nos subimos a la camioneta Renault: cajuela llena de volantes, cigarros Raleigh, coca colas, inquisidores laberintos, inagotable adicción por las sorpresas, la verdad, lo impredecible. Llegamos a la Universidad, “hay que entregar los documentos” (producidos en serie por un padrísimo mimeógrafo). Esperan los compañeros del Consejo. Era imprescindible burlar al acero y los soldados. “Esa es la consigna, compañeros. La Universidad ha sido tomada por las armas.” Sin libros, sin minifaldas, como en las películas de guerra,

346 muchísimos soldados. Nos miraban, y allí nosotros: ¿parecemos vietnamitas, panteras negras, barbas tienes, quizá nos confunden con el Che Guevara…? Al pasar por la escuela de Derecho ("Proletarios del Mundo, Uníos"), les gritamos: "¡Pinches soldados, vayan y chinguen a su madre!". Para qué lo dije. Se movieron como en las películas de guerra trataron de clavar el paso. Les volvimos a insultar, el puño en alto. Al dar la vuelta nos esperaban, apuntando nos horribles rifles gubernamentales. Tuvimos que bajar del coche. Corriendo nos rodearon listos para romper los vidrios, noche final de estrellas, las culatas prestas. Nuestras manos en la nuca. "Pinches estudiantes pendejos", nos gritaron. Los rifles hacen clic, apuntaron. Llegó un oficial corriendo. "No disparen, sólo queremos detenerlos". A patadas nos llevaron presos. De dos en dos nos colocaron en amplios camiones militares. Y a cada camión pusieron dos custodios. Pronto empezamos a conocer nuestro destino. En los primeros camiones se oían plomazos. Pun, pun, como en las películas de guerra. "Ya valió madres", le dije a mi compañero detenido, "¡ya los están matando!" Llegaron al camión detrás del nuestro, suspenso, balazos, el grito ahogado del Gustavo… un “aaaaay...” y luego, nada. Y un calladísimo silencio, muy remoto, muy particular, espantoso y frío. Llegaron entonces por nosotros: Dos soldados con casco verde. Traían una gran tablota

347 y entonces comprendimos: no fueron los balazos sino las nalgadas ejemplares los ruidos que se oían. Me pusieron en 4 patas como vaca y me dieron una tunda de tablazos. Y luego me dijeron: "Párate ya, pinche comunista. ¿Te dolió...?" Y yo les respondí: ("Proletarios del Mundo Uníos" “¡Pedro El Malo, aquí está tu Mikimaus!”): "¡No me dolió!", muy escueta, dignamente. Entonces agarró el casco de su correa: restallaban luces por toda mi cabeza. Por todos lados botaban mis recuerdos: Disneilandia, Cachirulo, la patita de Cri cri. Me grita furioso el soldado raso: "¡Para que te duela, pinche comunista!". Adolorido, pero inspirado por los Niños Héroes, me quedé muy compungido y quieto. Entonces le tocó su turno a mi compañero: temblaban sus patitas, como un perrito Poodle, pobre cuate, sólo le faltaba aullar. La multiplicación de las nalgadas, y la pregunta resucitó al final de los tablazos: "¿A ti sí te dolió...?" Y mi compañero, apurado, respondió: "Sí, a mí sí, sí me dolió, me dolió muchísimo." "Pues para que te duela más, pinche maricón". Y le recetaron el doble de cascazos. A mi me dio algo de risa, pero lo disimulé muy serio. Pasaron quiza dos horas, nos pusieron enfrente, nos tiraron al suelo. Había que tragar la propaganda para que no encontraran los volantes en las bolsas, dijo un compañero. Y nos tragamos los volantes, eso sí, papel Revolución, del más barato, proletario. La tinta sabía horrible: gasolina, chicle, suelo. Y entonces llegó un supremo comandante. Nos ordenaron pararnos de espaldas,

348 era una pared, roca volcánica, lugar final, vertical, de piedra. Y nos dijo el oficial furioso. "Ahora sí, pinches comunistas, los vamos a chingar". Hablaba en serio. La orden estalló, lenta y firmemente, sin dudar. "¡Fórmense bien, de cara a la pared! Las manos en la nuca". Y entonces ordenó: "¡Un Pelotón al frente! ¡Peeeelotón...! ¡Preeeeeparen...! (El tiempo es a veces interminable) ¡Apuuuunten...! ¡Fuego…!” Los plomos asesinos la carrera olímpica, cronómetro final; los fusiles escupieron sus aplausos, fuego, olores demoníacos, 10, 20, 40 tiros se escucharon. …cerré mis ojos y me dije. "Ya valió…" Ni tiempo de espantarme tuve. La televisión celebra la Olimpíada. Un señor a mi lado se desmaya. Otro estalla en alaridos: “¡Piedad! ¡Tengo hijos!", suplicaba, "¡No me maten!". Uno más, histérico decía: "¡No me maten, soy policía, trabajo en la UNAM, estaba espiando, soy de ustedes, no me maten!". A ese lo golpearon mucho más y a rastras lo metieron a una “julia”; estaba llena ya de presos esa cárcel-camioneta. Los estudiantes allí le pusieron otra tunda. Los compañeros gritan, "¡No nos maten!". La paloma de la paz se pinta de colores.

349 Y los soldados celebran: burlas, estulticia. "¿No que muy valientes, pinches comunistas? A ver, que los defienda Castro..." Ferrocarril de la noche, andando a carcajadas. Los disparos fueron al cielo azul pero de espaldas no se sabe. — Y me cai que no es nada divertido. Total que nos meten al bote. En los separos un preso cantaba ópera, increíble, canciones rancheras: Cama de Piedra, Valentina, La Adelita. Y nos daban de comer frijoles bien aguados, café super aguado, unos recontra-pinches-panes, agrios, correosos, sabor a llanta. Y toda la comida sabía realmente a diablos. "Con tal de no comer ésto", pensé, "no vuelvo a molestar soldados". El Felipe se reía: "a los Niños Héroes, ándale, a ésos sí, les daban tacos al pastor..." Había un preso que era nuestro líder. Le decían los más rucos: "El Maestro". Decían que era un escritor, el pelo largo, acá, barbado, creo que usaba lentes, y sonreía como San Pedro. Lo rodeábamos, se le pregunta: "¿Vamos a salir de aquí? ¿Nos van a torturar? ¿Triunfará la lucha estudiantil? ¿No nos van a matar, verdad...?" Sólo un ratito en el patio de la cárcel, había que aprovechar el Sol, estirar las piernas, alcanzar una noticia. Estar más cerca del maestro nos hacía sentir más listos, saber cómo íba todo a terminar. Cuando nos soltaron nos esperaba la prensa mundial (doña Pachita), nuestros papás, qué cerca su cariño.

350 II El Carlos me invitó a la Marcha Silenciosa. Y ahí fuimos el Noel, el Carlos y José. En la Escuela Nacional de Antropología esperamos el momento de salir. Me ligué a una chava de mezclilla, muy intelectual y muy piernuda. Me preguntó muy seria: "¿Qué opinas de Trostsky, de Marx, de Mao y de Bakunin?" Sí había leído yo un poco de ellos, del pinche Bakunin, nada. Así que me sentí seguro y dije: "Bueno, Marx es bueno, pero divide las clases. Mao es muy acertado, pero no tiene la profundidad de Marx. Trotsky no, porque está en contra de Stalin. Stalin era muy cabrón. Bakunin tiene diferencias con…" Y la muchacha me miraba con la boca abierta. Triunfal sonrisa. Yo, como lavereal, presumiendo mis sabias opiniones. (Tenía ya dos meses de conocer a todos esos genios) De repente se levantó y me dice: "Oye... Tú eres de los que están en contra de todo a favor de nada. ¡No tiene caso perder mi tiempo! ¡...Adiós!" Y así, sin ligue y sin orgullo, inicié La Marcha del Silencio. Todos nos tomamos de los brazos, íbamos callados, seriecitos, respetuosos. Era algo importante, se sentía en el aire. En algún momento se sumó El tata Cárdenas, general, ex presidente. Yo fui a donde estaba y marchamos juntos un ratito por avenida Insugentes y Reforma. Ahí se incorporó un oficial de rango,

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Retrato de José Tlatelpas por José Hernández Delgadillo

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353 y se sumó en silencio a nuestra marcha. Los estudiantes lo aplaudimos. Atrás de mí una plancarta con la foto del poeta Ho Chi Minh. En silencio se escuchaba "¡Ho, Ho, Ho Chi Minh. Díaz Ordaz: Chin chín chín." Pero habíamos quedado: era una marcha ejemplar. Nadie hizo ruido, todos comprometidos y callados. Responsabilidad del mexicano, impecablemente obrero, vertical. En la otra marcha llegamos al Zócalo, me retiré muy de noche. Tenían que comer mis hamsters y ratones. Los estudiantes cantaban las plancartas, acurrucaban besos, soñaban minifaldas. entonces llegaron caballos flacos y malditos, soldados con espadas y tanques verdes, con golpes de insulto y sable desalojaron a los defensores de la Gran Tenochtitlán. Cuando brillaron los sables, los sacerdotes danzaban. III Fuimos a la marcha del 2 de Octubre. Dimos la vuelta a toda la unidad. de Tlatelolco, al cerco de brillantes bayonetas. Y nos detuvimos en la calle de San Juan de Letrán, para bajar. Abajo el mitin, la chaviza sentadita, al centro. Pero el Noel se adelantó. Y desde abajo nos gritaba: "No le saquen, maricones, bajen" Pero a mi lado los soldados cortaban cartucho, los ojos rojos, el aire, raro, apuntaban, se enroscaban, pechotierra.

354 "No le saques, no te va a pasar nada", seguía gritando el valiente michoacano. Y de repente se oyeron tiros atravesando la sorpresa. Noel el purépecha como flash captó la situación. Y se alejó como venado, velozmente. Desde el puente, por las pirámides, hacia el edificio Chihuahua se fue huyendo. Sus cascabeles danzaban, huyendo de la muerte. Los estudiantes que estaban hasta atrás, entre el puente y la iglesia de Santigo Tlatelolco, estaban quietecitos, quitados de la pena, se soltaron de la mano, corrieron como noticia, luciérnagas del Mictlan allí los perseguían. Salían soldados de alguna puerta, por la iglesia salían demonios, no era el Dios de los Ejércitos. Y como Alvarado, alcanzaron por la espalda a los que para salvarse corrían al edificio. Llanto nacional, gotas grises, sincopados corazones. Por detrás los perseguían. Yo los veía caer, algunos no se levantaban, otros seguían corriendo. Amores idos se convulsionaban, derribados. Los rifles tenían las bayonetas puestas, desde el principio, hambientas, afiladas. Los estudiantes volaban, jóvenes parvadas, caían encima de los otros, qué sucede, otros con sus cuerpos protegían a los demás. En ese momento comenzaba a oscurecer. Se hizo noche rapidísimo, en un instante, no son velas, bayonetas, chispas. Yo estaba paralizado, mi mente, congelada: los soldados pechotierra humo de pólvora, sorpresa, vuelo. No pensé que tirarían. Los tiros fueron antes de las bengalas cuando mucho, al mismo tiempo. Los soldados que estaban a mi lado, raros. Mi cuate dijo, “pinches zombies, mariguanos.” Chocaron de frente a nosotros, varias veces, ni nos veían. Y ora ya qué hacemos, de esto no sé nada. Si salíamos corriendo de volada, segurito, nos iban a tirar.

355 Así que fingí demencia y me quedé quieto, muy quieto, quietecito. Caminé de lado, muy despacio, despacito. Y nos fuimos caminando juanto a otros, extraños civiles que caminaban muy seguros y ocupados, como si aquí no pasara nada. Me fui caminando, esténcil lateral, silente, San Juan de Letrán, quien hayas sido, sácame de aquí. Vamos hacia el Sur, donde Zapata. Se oían muchísimos disparos, aullaban, fantasmas grises, en las Tres Culturas. Truenos de la muerte, los estudiantes caían, detonaban sus espaldas, los niños y las madres también corrían. ¿Qué podíamos hacer entonces? Pasamos por Relaciones Exteriores, las entradas y salidas copadas por soldados. Por todos lados insólitos quebrantos, cubriendo todas las salidas. A mi lado el Chencho, seguimos caminando, imposible distinguir cuántas balas, cuántos gritos, la dimensión de la guerra inesperada. A cuatro o cinco calles pegamos la carrera hasta llegar a Bellas Artes. Artes de mi país, insólito refugio. Nunca había corrido tanto, tan rápido y en tan poco tiempo. El Chencho igual. No supe qué hacer. Estaba borracho de balas o de muerte. Al llegar a la casa todos preguntaban. No llegaba Noel, Ni Carlos, ni Felipe, varios no llegaron a sus casas. Y todo mundo visitando a sus mamás y hablando con los amigos y vecinos. Las Guardianas de la Patria nos lloraban: “¿En dónde están mis hijos...?” Bajo el cielo negro sus manitas acurrucaban fuerte, remotísima esperanza. “¿En dónde están mis hijos...?” — ¿En dónde están, guardianes?

356 UN HOMENAJE PARA LOS MASACRADOS, PARA LA RESISTENCIA, UN CANTO Por Vicente A. Torres Y los bípedos caballos galoparon la humilde piel de México Sobre otra cultura reprimida y en TLATELOLCO se trazaron las voces las pancartas quedando un valle de muertos donde las hienas verdes desafiaron hasta el aire De una u otra manera nos han arrebatado la esperanza la libertad que este pueblo no conoce de siglos pero sobre este caos perenne que dirigen los bárbaros del Norte no queda otro camino que la consigna de los muertos y la protesta de los vivos Este no es un nihilista llanto ¡Es un grito! que viene de la oscuridad del lenguaje del fusil un homenaje para los masacrados y para la resistencia, un canto

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“Judith Reyes, artista generosa y ejemplar, en el libro publicado por RedeZ (2007) y Ediciones Clandestino (2008). Uno de los pocos intentos por mostrar una visión amplia e inclusiva sobre la contribución de los artistas a un México mejor.” JT

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359 LA PATRIA DE LA JUVENTUD Por Jesús Vargas Valdés No le miré su cara, no supe de qué color eran su piel y su pelo; no me di cuenta si era joven o madura, si tenía 30 o 50 años... No hubo diálogo ni preguntas, nada supe de ella ni ella de mí; todo el espacio lo llenó el miedo... Las palabras no hicieron falta esa noche; fue un encuentro silencioso, simbiosis de solidaridad y coraje... Nunca supe cómo fui a parar a ese lugar, ni tampoco cuál era el nombre del edificio; toqué fuerte; no había luz prendida, ni afuera ni adentro… ¿Por qué toqué allí? ¿Por qué me abrió? ¿Por qué me salvó? ¿Porque era una madre sufriendo todas las muertes? ¿Porque salvando mi vida salvaba la de sus propios hijos? ¿O la de los hijos que nunca tuvo? O nada más… ¿Por qué así expresaba su coraje contra los asesinos…? No recuerdo qué fue lo que dije, ni siquiera recuerdo si dije algo. Entré como un perro asustado, me tiré en el suelo, me arrastré y a tientas me acomodé en una esquina; allí quedé arrinconado, una eternidad, junto a la ventana… Afuera siguieron los disparos, desgarrando el cielo oscuro de Tlatelolco; sinfonía de guerra, de balas y explosiones; composición del mismo autor de Río Blanco, de Cananea… y de la otra sinfonía que mató a Zapata, a Ángeles y a Pancho Villa. Ahora se escuchaba un solo, seco y penetrante, producido por la metralla; luego todos los calibres en impetuosa armonía, y después, que retiemble en su centro la Tierra, fulgurante y sonoro el rugir del cañón. Dudé unos instantes, pero lo tuve que aceptar… era un cañón: primero el trueno, luego los vidrios y el temblor de las paredes… estaban disparando las tanquetas contra el edificio Chihuahua. ¡Cuántos estaban muertos!

360 ¡Cuántos estaban muriendo…! Siempre me he preguntado: ¿Por qué no recuerdo los gritos? ¿Nadie gritaba? ¿Nadie hablaba? ¿Fue tanto el miedo que me quedé sordo? No, yo no estaba sordo; escuché perfectamente las balas… Y mientras corría, también escuché el silencio del miedo, el golpeteo de los zapatos contra las baldosas, mil respiraciones ahogadas por la vivencia de la muerte, y las maldiciones de mil hombres y mujeres enfurecidos que gritaban desde las ventanas… Ahora que recuerdo, pienso que de no ser por la oscuridad, por los balazos, por el miedo, y por el terrible sentimiento de pequeñez, todo podría haber sido como cualquier día. Ahora que recuerdo, pienso que de no ser porque la plaza había sido invadida por el ejército, de no ser porque desde arriba sonaban los disparos y abajo yacían los cuerpos tendidos, todo hubiera sido como cualquier día en Tlatelolco. De no ser porque a los del CNH los habían atrapado, de no ser porque mucha gente corría descalza, entre los pisoteados, entre los bayoneteados, entre los baleados, entre los desangrados, simplemente, de no ser por éso todo hubiera sido igual, igual que cualquier otro día… De no ser por los rebozos, los zapatos y los libros, las teteras, las cachuchas y los sombreros regados en la plaza; de no ser por los desaparecidos, el cinismo y la prepotencia de un señor presidente, y la complicidad de la prensa vendida; de no ser porque una mujer abrió la puerta de su casa, todo sería igual en la vida… Yo no hubiera nacido otra vez, no hubiera crecido el pensamiento ni el amor por esta madre patria, que conocí mejor aquella noche, 2 de octubre, noche que después de tantos años no se olvida y sigue como lumbre en la memoria.

361 LA NOCHE DEL 2 DE OCTUBRE Por Othón Villela Larralde Las bayonetas, fieras acercadas, clavaron su crueldad en los pupitres y en los pechos abiertos de los jóvenes. La sangre derramó su son rebelde desde la voz truncada por el fuego. México supo del dolor y el crimen y la noche cayó sobre la angustia con las arterias rotas... ¡Gonzalo estaba muerto! Guadalupe, abril tamaulipeco, no volverá a decir en sus corridos las cosas nuevas de su tierra vieja; ya ni el corrido injusto de sí mismo. Cuántas sonrisas frescas se cambiaron de golpe por muecas permanentes de distancia sin pasar por el huerto del sollozo. ¿Su delito? Exigir la verdad y la justicia. Nunca el verde fue más tétrico y odiado que en esta noche que produce un rojo desolado, caliente y borbotearte, con el viaje del plomo despiadado que equivocó de rumbo. Arriba un general y un presidente, embadurnados, en su danza mortífera e histérica con la mueca del odio y la injusticia en parodia de Herodes y de Hitler. Esa sangre no salpicó un renglón en los periódicos,

362 pero pintó un terrible compromiso en los muros con grietas donde el pueblo cansado busca sombra. Esta noche se alarga... se alarga como coágulo maldito por todos los paisajes sorprendidos de muerte, palpita roja y verde mientras un blanco estúpido y neutral ampara cobardías... Yo, inútil, me hundo en el silencio con la muda protesta. Torpe, infeliz y tartamudo deambulo en la estridencia citadina con una cicatriz de furia ausente. ¡Me proclamo cobarde, Tlatelolco! Mi silencio me duele —periodista vendido— no sé cómo llegar hasta mis hijos con mi cuenta pendiente ante la patria.

363 MI MADRE CUENTA Por Óscar Wong Mi madre cuenta que nací hambriento; era rechoncho y colorado (dice); tenía una cuna heredada de otros niños –mis hermanos– y por eso tengo la sangre de colores. “Naciste hace más de veinte años, atormentado, predispuesto”. Pero miente, mi madre miente, Porque yo nací “... un día que Dios estuvo enfermo, grave”, nací una tarde descubierta entre gritos y otras cosas que me duelen: Tlatelolco, dos de octubre.

364 LECTURA DE SHAKESPEARE (SONETO 66) Por Gabriel Zaid Asqueado de todo esto, me resisto a vivir. Ver la Conciencia forzada a mendigar y la Esperanza acribillada por el Cinismo y la Pureza temida como una pesadilla y la Inquietud ganancia de pescadores y la Fe derrochada en sueños de café y nuestro Salvajismo alentado como Virtud y el Diálogo entre la carne y las bayonetas y la verdad tapada con un Dedo y la Estabilidad oliendo a establo y la Corrupción, ciega de furia, a dos puños: con espada y balanza. Asqueado de todo esto, preferiría morir, de no ser por tus ojos, María, y por la patria que me piden. 1968 NO HAY QUE PERDER LA PAz ¿Sigue usted indignado, Señor Presidente? Mala cosa es perder por unos muertitos, que ya hacen bostezar de empacho a los gusanos, la paz. Todo es posible en la paz. 1971

365 POR ELLOS Por Carmen Zenil Qué triste llega el recuerdo. No puedes gritar. La noche soporta tu silencio: memoria nuestra que no olvida jamás lacera cada crujir del viento cada gota de lluvia que cae en tu suelo y no te acaricia sola por la lucha que hubo en tu vientre. Ellos inmensos en el campo de tu mitin eterno. Qué agonía aturde, invade, te acompaña. Escuchas y escuchas el puño de los jóvenes de ayer, de hoy; en pie el querer transformar su raíz de humanidad igual en todos; joven que abandona la mochila por vivir. Horas, días, semanas, años. ¡Dieron vida por tener fuerza de pueblo! Desde entonces… heredan el deseo igual de caminar sin más alrededor que el mismo sueño: guía único que acerca la libertad y la justicia necesarias. ¡Tlatelolco! ¡Cuánta sangre inocente –como el suelo en que se derramó– tienes que llevarla encima, sin poderla limpiar! Sangre de batalla viva. Corazón joven que no pensó ser perseguido, asesinado que no concibió que una mano brutal caería sobre la sonrisa que existía sólo en ellos por la posibilidad de acariciar la ruta de un cuerpo en libertad. Qué historia más reciente puedes contarnos. Dolor porque tu Patria no murió aquellos jóvenes volvieron a nacer de ese suelo, de esa sangre que el agua no arrebata de esa mira de bayoneta, de oscuridad de tortura

366 de quienes huyeron, de los que los traicionaron de nosotros que seguimos corriendo aquí aún para salvarnos. La pena te seguirá alas rotas antes del tiempo cuando aquellas apenas empiezan a cerrar el puño los que van por la verdad al dominio de su propio universo. Unos cuantos a veces son mayoría contra la imposición que cae en ti día 2 del mes Octubre de ese año es 1968. Te llevamos en mayoría Plaza de las Tres Culturas. No permanezcas fría, muriente y más sombría cada año. Incumples gritar tus cadáveres tu silencio no distinto a la realidad tenemos enfrente los hijos de los hijos de tus hijos. Tlatelolco… ¿Cuántos años más esperas para sanar encontrar la paz irrumpida abandonar el horror enterrado gris en tu piel? El genocidio cae sobre indefensos los que sólo tienen en la mano el arma del amor compañero de al lado. ¡En el corazón del joven memoria del 68 infinita eres Plaza de las Tres Culturas Tlatelolco es Dos de Octubre Es olvido jamás! ¡NO HE MUERTO! Abrí mis ojos delante de ti. Tinta y papel dieron vida. Es mi adelante. Camino México por las calles cargo todo banderas, pancartas, imágenes, consignas.

367 El corazón vibra al nuevo ritmo de esta marcha. Nuestra marcha un solo latir razón por la misma parte vamos todos a bocacalle cercana. Indígenas, estudiantes, maestros, obreros sin distancia mínima entre cada paso pie en pie codo en codo mano en mano puño en puño. ¡Llanamente Pueblo, Patria, Hermanos! Mi lugar participante no es espectador activista sin saber, soy. Oradores nacen palabras, mujeres, hombres. Luchan pueblo y lucha país se marca la conciencia se llena el sentimiento transcurren pensamientos. Ya no es igual ni cotidiana la vida. Se respira el aire asediado. Es cálido hielo la atmósfera. La sonrisa siente al sentir el pueblo unido. Mi rostro se abre en un dolor opresor. Mi angustia espera en la respuesta. Cae la certeza en esperanza. Y es porque nosotros somos la esperanza joven fe en la potencia de los puños amor porque el amor es nuestro y nunca es debilidad es fuerza vida por cada compañero que cae. Fuerza ante los golpes en las esquinas las escuelas, las plazas, el Zócalo. Puño levantado como disparo en puerta, explanada presencia en Tlatelolco. Voz clara de frente en alto dentro de la columna o calumnia autorizada.

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Verde vida, entusiasmo nunca uniforme militar. Rojo amor contra la bengala de la muerte. Consigna heredada de nuestra Revolución siempre boca de disparo. Corrí, mi vida me salvó. Contemplo la hipnosis de la madrugada. Ni estrellas ni luz ve el cielo. Me penetran gritos despavoridos pasos agitados el pavimento cruje como bala repetida. El agua se dispersa y en la tierra hay sangre lágrimas evaporándose en las caras muertas de los niños. En alto manos tensamente recargadas en los muros es el esgrimir oficialmente militarizado es la mofa al soldado por orden gubernamental. Continúo el camino represivo. Alguien guió por un título disimulado “Olimpíadas 68”. Yo no existía. No luché en mi habitación ni me quedé. No me paré un jueves de corpus 10 de junio de 71. Me reconozco sola en una bandera mexicana mi consigna sabe mi imagen cuando regresaron los golpes convertidos en halcones. Hoy mi vida me salva. Es madrugada y otra vez sin dormir. Cuántas veces me ha salvado mi vida. Muero tantas veces como la conciencia de un compañero exiliado reprimido, golpeado, torturado, desaparecido. Continúo mis pasos. Soy una generación que ha salvado la vida en la memoria herida del Pueblo. Mi vida es poesía que continúa cada poeta. ¡Tú!... ¡Poeta! Sangra papel y tinta cuando ya otros pies no escriban caminos y no haya quien se detenga a través del tiempo a gritar la historia ¡No nos dejes morir! ¡Que viva siempre la poesía!

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APENDICES

370 APÉNDICE 1 Prólogo al libro: DESDE LOS SIGLOS DEL MAIz REBELDE (Poemas de Benito Balam, José Tlatelpas y mario Ramírez, 1988) Por Horacio Caballero Silva

Estos son algunos de los poetas jóvenes que forman parte de esta corriente cultural y que me despiertan interés, los cuales están siendo llamados a filas por una vocación histórica: En realidad, más que capillas son verdaderas órdenes, como hubo órdenes de caballería y órdenes religiosas. Ahora hay órdenes del poeta de la calle. El poeta de la calle es el que recibe el cariño y el apoyo de la gente, algo mejor que el aplauso o el premio del concurso. Cuando se trata de cooperación para conseguir una impresión ¡Cómo hay aportaciones de la gente! Eso es importante, porque el monopolio de las editoriales y de los premios oficiales empieza a declinar frente al apoyo solidario del pueblo, a pesar de la modestia de estas publicaciones que, en su sólo formato, son ya un poema de protesta. Qué importante que hayan surgido estas identificaciones, el descubrimiento de estos intereses. No es raro que ocurran estos encuentros, que se den como veta los minerales parecidos. Yo creo que este mismo espíritu que los ha llamado, es el mismo espíritu que llamó a todos los activistas en el 68, es el mismo que nos está llamando a filas, el que está organizando el llamado a través del poema hacia la transformación de esta sociedad. Esta sociedad también la van a transformar los poetas y los poetas también tienen que ser transformados por ella. De ahí que la responsabilidad de escribir tenga un valor y una exigencia moral que empieza a penetrar en el ánimo de estas palabras, de estas imágenes poéticas que cruzan como aves, como formas de elevación hasta zonas donde se habla de la totalidad, se habla de un hecho colectivo que reclama justicia. Buena parte de su temática es de indignación, de estupor, de reclamación de justicia; pero no en un tribunal o en un reportaje periodístico, sino en medio de un juicio universal, profundo, abarcando todos los espacios de la abstracción y queriendo llegar con mucha fortaleza y ánimo guerrero a sus semejantes, a quienes les inquietan también éstas cosas y, cuyo lugar de reunión también está en la calle. Es muy claro que ha aparecido una cultura del 68, la historia del México contemporáneo se mide o se valora como "la de antes del 68" y “la de después del 68". Esto significa que el 68 ha sido un cambio definitivo, total.

371 Es irreversible el acontecimiento de las vocaciones del estudiantado y de la juventud. Pero no toda la juventud se ha enterado bien de estos acontecimientos a pesar de que se habla tanto de ello, de ahí la importancia y la responsabilidad de comunicarlo en aquellos a quienes impactó el mensaje y despertó dentro de sí una modificación, hasta el grado de desarrollar una cultura diferente, de convertir en comunicado de convicción profunda, en comunión social este saber y sentir que implica toda esa experiencia de confrontación entre una generación joven y un gobierno avejentado, caduco, y con una larga tradición de corrupción e intolerancia. Frente a un Estado de gángsteres y bandoleros contra los que se alzó el movimiento del 68, y que todavía subsiste de muchas formas a pesar de los esfuerzos del Estado por renovarse moralmente, lo que motivó el 68 sigue exigiendo de una sociedad honesta la entrega que principalmente los jóvenes son capaces de dar, para enfrentarse a tanta arbitrariedad, a tanto crimen y a tanto sinvergüenza "honorable" con estatuas levantadas. Esta joven poesía no descansa, no se inspira o no tiene la influencia paterna de los octavio paz, que maicean a sus pequeños discípulos. Para los corifeos y crtíticos tradicionales y oficiales, esta generación sufre de una escasez del lenguaje poético tradicional u oficial. Sin embargo no le falta el lenguaje en donde hierve, se caldea o muerde el habla popular, en donde la energía del discurso de combate invade la palabra. Esta generación no teme expresar la realidad y la pobreza y para ello se sirve del lenguaje. Estas nuevas emociones nos conducen a nuevos caminos, a una ceremonia en la que se sumerge un pueblo para escarbar su historia en la conciencia. La actitud de este movimiento es legítima y no lo digo por un simple deslinde político; sino por una necesidad real del lenguaje literario. Este es uno de los puntos principales que los reúne en una publicación. Creo que se enfrentan a un medio literario donde los poetas son principalmente de corte tradicional, de grupos muy reducidos, como el mismo Alí Chumacero lo ha declarado: "mi poesía es para las minorías". Lo mismo Octavio Paz, aunque su poesía es hermosísima, se ha vuelto complaciente consigo misma y, en ese sentido, no alcanza a expresar la realidad profunda de una sociedad. Es un poeta que necesita realizar reportaje político para tratar esta temática; pero su poesía no es ya suficientemente fidedigna y flexible como para enarbolarla de una manera impactante y que deveras interesara a esta juventud que quiere hacer poesía. Esta es una juventud que busca la poesía con otras formas, buscando de una manera distinta, con otros moldes, buscando, quizás, de una manera ciega en lo ya perdido; pero sabiendo que se trae en la sangre

372 algo que no tiene necesariamente que ser filtrado por una historia poética de élite. Aquí hay el interés de hacer una poética que debe haberse logrado desde Guillermo Prieto con su "Musa Callejera", y el Nigromante con sus poemas de mayor garra, de quienes despunta una poética que no supimos seguir en lo mejor de nuestra tradición. Se puede volver a Martí, Altamirano, Othón y Antonio Plaza y López Velarde, y sacar líneas muy importantes, de un interés social muy genuino, de una inquietud por el México al que una revolución buscó reinterpretar a través de sus muralistas. Creo que esta poesía quiere ser una poesía muralista, quiere decir en las planas lo que se dice en los muros, explora en lo profundo las imágenes de una sociedad a la que que los poetas de élite y de minorías nunca prestaron su palabra para hacerlas verdad y para darles voz. Esta joven generación se encuentra dentro de una exigencia histórica que los obliga a una trascendencia; se nota en Mario Ramírez el esfuerzo por decir cosas muy fuertes, muy grandes, muy “arrastra pueblos”, cuando dice, por ejemplo: “¡Vengan a mí! / grité con profetas en los dedos…” Pareciera que necesita tener magnetismos digitativos al escribir sus versos. Los poetas del Maíz Rebelde muestran una necesidad de hacer acopio de márgenes carismáticos a través de un magnetismo que los reúne, quizá con el código de su propio carsima, y buscan moverse en el seno de la sociedad a través de la cultura y un espíritu revolucionario. Pareciera que están llenos de un ánimo que no carece de jardinería mesiánica; pero también se manifiestan como becerros enojados, hambrientos o sedientos, que rompen las cercas y se enfrentan a la situación de la indiferencia egoísta y gigantesca con un desvalimiento enorme, como si los hubieran abandonado los propietarios de las realidades en las cuales se desarrollaron como seres vivos. Su obra es un movimiento como de salvaje brinco, que pasa por los prados de los artistas de lujo, como si no los conocieran, sin hacerles caso. Reciben, a veces, influencia más del extranjero que del propio país, hay un rechazo selectivo y un sentimiento de nostalgia. En otra veta importante, expresan su nostalgia porque quieren recuperar las raíces. Por otro lado hay desarraigo porque el pasado inmediato no se quiere recibir, no se quiere aceptar, porque se han visto sus frutos y esta juventud no quiere asumirlos, no puede seguir esa línea, no puede repetir la historia de los voceros oficiales. Por eso para ellos la historia se replantea a partir del 68 y desde ese momento se aprecia de manera distinta toda la tradición cultural, en la cual los éstos poetas toman su lugar sin tantos premios ni aspavientos.

373 Cada autor tiene su propia singularidad, un estilo bastante logrado a fuerza de desear escribir y lograr expresarlo. Los tres están comprometidos, se están comunicando con una sociedad histórica. En unos casos con una comunidad joven, en la que Mario Ramírez es un activista y líder de constante presencia. En otro caso, el poeta se está comunicando son una sociedad de amigos o camaradas, como ocurre con Tlatelpas, él mismo lo dice: "mis amigos de parrandas". Cuando habla de personalidades históricas habla como de “mi cuate”, “mi carnal”, hasta le hubiera gustado tomarse un trago con ellos, es más, se lo toma, como un gran brindis de conciencia social. Se manifiesta como el más coloquial, amiguero y muchachero en toda su temática. Benito Balam nos muestra unos poemas en los que se comunica con el drama de la historia, es relevante su necesidad por hablar con el espíritu inmortal en el humo que queda de nuestros antepasados. La imagen muralista de la que toman aliento estos poetas proviene de los murales de Bonampak, los relieves de Monte Albán, o los restos históricos de Teotihuacan o Cacaxtla, la descripción de todos esos guerreros, de todos esos cortejos, de esas ceremonias, iniciaciones y misterios, proceden del muralismo más antiguo de México. Benito Balam, por ejemplo, busca en las fuentes de la cultura maya sus raíces y de ahí pasa a convertir en mural todo aquello que los ojos de su voz han contemplado en la historia; mientras que Tlatelpas las busca en la cultura nahuatl del pueblo chinampero de Tláhuac y Mario Ramirez se desenvueve en la cultura del barrio y entre el valiente tropel de amigos que defiende esos territorios. Es a partir de esas pautas que ellos van labrando entendimientos, con la esperanza de llegar a entender un siglo entero de acontecimientos. El muralismo es también una manera de ordenar la armonía de los sentidos y crear el entendimiento en orden a una nueva historia. Para toda poesía que se respete es, de alguna manera, esta descripción, este estar en la historia, lo que la hace universal y vigente. La poesía, cuando tiene demasiados elementos ahistóricos ya no es poesía, es invernadero; es el poema en donde la jardinería también logra hermosos resultados; pero la poesía original (original no por pura, sino por su brutalidad, por el caudal irresistible del que proviene) creo que se aprehende y se desprende de su momento histórico, así se escribió La llíada y el Canto de Job. La poesía pura, ahistórica, nunca ha tenido momento, es una poesía huérfana, quién sabe de cuántas musas ha sido abandonado el hijo que esa poesía reclama. Lo que podríamos empezar a llamar "el muralismo poético" de esta joven generación, de la que este libro nos muestra una parte y una primera selección, tiene algunos matices. No es exactamente como el movimiento

374 muralista; pero indudablemente éste tiene resonancias en ellos. Esta sinergia y compromiso social que produce el movimiento del Maíz Rebelde no se ve en todos los grupos de poetas de su generación, y esto es algo que los distingue de un modo significativo. La prueba más evidente es la compañía estética del muralista José Hernández Delgadillo, incansable luchador social, en el diálogo plástico-poético en el que convergen con emoción y acción. Al retomar estas reflexiones, podría agregar que Hernández Delgadillo pudo transmitir con simpatía la genialidad no sólo de su arte pictorico sino también la honestidad de su compromiso. Naturalmente que éstos poetas han leído el esfuerzo poético de la última década y de los últimos 50 años. Esto es evidente: sería pueril renunciar, deshacerse o avergonzarse de una cultura. El asunto es que esa cultura no les permite a ellos llegar a sus objetivos, y en cambio, la cultura mural sí les da base y también la cultura prehispánica y el indigenismo actual con la cultura urbana de las comunidades proletarias e indígenas de nuestros días. Los poetas del Maíz Rebelde quieren hacer un nuevo consenso, quieren descubrir a la comunidad que el 68 parió, la sociedad mexicana a la que se enfrentan y encontrar nuevos caminos. Hay una siembra rebelde, y este es un "Maíz Rebelde" porque se exige crear el alimento, dar el atole y las tortillas verdaderas, que nutran al campamento de una campaña impredecible. Es una poesía que está reclutando y llamando a filas para un acontecimiento que se llama consenso, que se llama conciencia social, que se llama compromiso histórico. Hay que tomar de su claridad lo que nos permita, en la conciencia, captarnos o identificarnos como comunidad histórica. Y deslindarnos de toda la bastardía y parasitismo, con las que una cultura de élite ha ignorado con su poética a la sociedad que sufre. Y no será el gemido, el chillido o la protesta los elementos con que construya la nueva poesía; sino la convicción profunda de que se está en el ordenamiento histórico de un pueblo que se ha negado a arriar las banderas. Esta selección no agota el consenso, es sólo un trío de los poetas que están trabajando en esta línea, pero valga como un primer ejemplo para mostrar esta corriente y su empeñoso deseo de incluir la victoria en sus objetivos. “Hasta la victoria siempre”

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APÉNDICE 2 BIBLIOGRAFÍA / FUENTES
53 Poemas del 68 Mexicano, Miguel Aroche Parra, Yamilé Paz Paredes, 10 junio, 1972, 232 p. Tlaltelolco 15 Años Después, José Tlatelpas, José Hernández Delgadillo, Francisco de Moyocoyatzin, México: Ediciones Causa del Pueblo, MRP, 1983, 32 p. El Lienzo de Tlaltelolco, Textos: Leopoldo Ayala, Gráficas: José Hernández Delgadillo, Fotografía: Héctor García, México: GDF- Delegación de Tlalpan, 1998, 247 p., 138 láminas. Ni Perdón ni Olvido, Leopoldo Ayala, Mario Ramírez, 2004, 150 p. Generaciones Rebeldes, José Alberto Damián y Alejandro Zenteno, México: Nubes y Arena (Impreso) / LGPolar Publishing Society (Versión digital), 2007, 48 p. Poemas y narraciones sobre el movimiento estudiantil de 1968. Marco Antonio Campos y Alejandro Toledo Patiño, compiladores. México: UNAM, Coordinación, de Humanidades, 1996. 282 p. Entre Combate y Tregua, 1968. Revista en Internet La Guirnalda Polar, http://lgpolar.com Antología Poética, Ramón Martínez Ocaranza, México: Secretaría de Cultura, de Michoacán, 2007, 160 p. Elegía de los Triángulos. Ramón Martínez Ocaranza. México: Editorial Diógenes, 1974. 160 p. Diorama de Excelsior Revista Neza Cubi, No, 14 Revista ¿Por qué?. Números 19 (octubre de 1968), 35 y 57. Revista Siempre. Números 801, 802, 803. Revista México en Guardia No. 267 Cánticos y Testimonios. Discografía. José de Molina, 1972. Desde Los Siglos del Maíz Rebelde, Compilación Benito Balam. Ilustraciones José Hernández Delgadillo, Prólogo: Horacio Caballero. México: Palabra al Vuelo, 1988, 96 p., LGPolar Publishing Society, 2008 Detrás de la Serpiente, Benito Balam, José Hernández Delgadillo, José Tlatelpas, Mario Ramírez, José de Molina, Leopoldo Ayala, Video, México: Causa del Pueblo MRP, 1988 Detrás de la Serpiente, Audio, The Coyote Sen Klip Recordings, 90 min, Vancouver, Canadá, 1990 El Derecho al Fuego, Mario Ramírez, José Hernández Delgadillo, Pról. Leopoldo Ayala, México: Editorial Cibertaria, CEU, 1992, 41 p. La Patria de la Juventud, Jesús Vargas Valdés, Chihuahua, México, Nueva Viscaya Editores, 2008, 243 p. Judith Reyes, Una Mujer de Canto Revolucionario, Liliana García Sánchez, Ediciones Clandestino, Cuernavaca, Morelos, 2008,160 p.

376 APÉNDICE 3 SOBRE LOS AUTORES Leopoldo Ayala: Nació en la ciudad de México, en 1939. Integrante del Consejo Nacional de Huelga en 1968, hoy forma parte del Comité del 68. Su poema Yo acuso ha hecho historia en el movimiento estudiantil mexicano. Miembro del grupo Maíz Rebelde. Toda su poesía muestra un profundo sentido contestatario. En Vivirás América plasma sus ideales de liberación inspirado en los más grandes luchadores sociales del continente. José Tlatelpas: Nació en la ciudad de México, en 1953). Autodidacta y dirigente político-cultural. Fue Secretario de Prensa del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), fundador del Partido Mexicano Socialista (PMS) y del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue preso político y torturado en el 68; sobrevivió a un simulacro de fusilamiento en la UNAM y a la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco. Ha publicado su obra en México, Japón, Estados Unidos y Canadá. Fundador del grupo Maíz Rebelde. Desde 1985 también ha producido obra pictórica, principalmente acrílicos, tintas chinas y murales que ha pintado en México, Estados Unidos y Canadá. Director desde 1996 de la revista cultural hispano-canadiense La Guirnalda Polar (http://lgpolar.com). Es miembro del Consejo de Redacción de la agencia virtual de noticias Aviso Urgente! TV (http://www.livestream.com/avisotv) y dirige la Revista de análisis social “Poder Popular”. Mario Ramírez: Nació en la ciudad de México, en 1965, cuenta con una rica y extensa obra que rebasa los cuarenta títulos de poesía. Ha publicado una novela, El Miniño. Pintor Muralista. Militante del MRP desde muy joven, fue dirigente del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) y del Consejo General de Huelga (CGH). Fundador del grupo Maíz Rebelde. “Premio Poetry Contest of Mission Library of California 1990” de San Francisco, California USA. “Premio Nacional a la Creatividad Juvenil 1993”. Participante de la ULVVA. Miembro del “Foro de Apoyo Mutuo para el Arte y la Cultura en GAM”, así como de la “Fundación Arte, Cultura y Sociedad A.C.” Director de la Editorial Cibertaria desde 1992. Funcionario de Arte y Cultura en la SEDESOL Guanajuato. Funcionario Cultural y Artístico en distintas instancias. Posee una voz de innegable raíz urbana y popular. Es miembro del Consejo de Redacción de la agencia de noticias Aviso Urgente! TV (http://www.avisotv.com). Es director de producción en la revista Poder Popular (www.scribd.com/poder popular) Fausto Trejo: Siquiatra nacido en Pachuca, Hidalgo, en 1925; amigo del Che Guevara y de Fidel Castro; Director de las Preparatorias Populares en la década de los 60; dirigente de la Coalición de Maestros de Enseñanza Media Superior Pro Libertades Democráticas en 1968; sobreviviente de la matanza del 2 de octubre;

377 secuestrado por el Jefe de la Policía el “Negro” Durazo y sometido a un simulacro de fusilamiento. Arturo López Cándido. Dirigente estudiantil, de organizaciones vecinales, fundador del FPR (Frente Popular Revolucionario) y del PT (Partido del Trabajo), físico de profesión y actualmente dirigente del Partido del Trabajo del Distrito Federal y presidente de la Fundación de Estudios Sociopolíticos, Económicos, Autogestión y Poder Popular del Distrito Federal, AC. Fue electo diputado de la Ciudad de México en el 2009. SCI Marcos. Subcomandante Insurgente Marcos, ha generado una obra epistolar importante que va de lo político a lo literario desde 1994, cuando hace irrupción el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), del cual es uno de sus dirigentes y fundadores. Ha publicado escritos suyos en inumerables diarios del país y del extranjero, así como una novela con Paco Ignacio Taibo II. Recibió el Bastón de Mando de comunidades indígenas de México y ha sido un incansable defensor de la autonomía de los pueblos originarios y las primeras naciones. APÉNDICE 4 ILUSTRADORES Adolfo Mexiac (Esperanza, Michoacán, 1927). Grabador, pintor muralista. Es miembro del Salón de la Plástica Mexicana. Su vena artística y temática proviene del taller de la Gráfica Popular, en particular de artistas como Leopoldo Méndez, quien fue su maestro. Su obra ha merecido reconocimientos en Europa, Asia y América Latina. José Hernández Delgadillo (Tepeapulco, Hidalgo 1927 - Ciudad de México, 2000). Pintor, muralista y militante durante toda su vida; continuador de la tradición social y muralística de Rivera, Orozco y Siqueiros. Su obra puede encontrarse en los museos más prestigiados de Francia, Estados Unidos, Japón y México. Fundador del grupo Maíz Rebelde. En 1961 recibió el Premio Internacional en la Bienal de Jóvenes, en París. Fue precandidato a la Presidencia de la República por el PMS en 1987. Rini Templeton (Búfalo, USA, 1935 - USA, 1986). Artista precoz y rebelde desde niña, decidió unir su suerte a los activistas sociales de Estados Unidos, México y Centroamérica. Dejó como legado a los movimientos libertarios sus ilustraciones. Su testimonio es ejemplo de la solidaridad de los pueblos de todo el mundo. Alfonso Pérez Soriano: Nació en la ciudad de México, en 1952. Pintor y dibujante, relacionado con los círculos de artistas visuales oaxaqueños y fotógrafos de

378 arte. Cuenta con una amplia trayectoria en la cual ha mostrado gran interés por los temas de carácter social y urbanos, sin abandonar la experimentación plástica, la pintura sobre modelos desnudas y el arte social. Sus trabajos han aparecido en libros y revistas. Ha participado en varias organizaciones de cultura progresista. Alfredo Meneses: Nació en San Antonio Tomatlán en 1936 y murió el 10 de enero de 1983. Su obra se encuentra en las colecciones de Mauricio Achar, María ElenaTrejo, Leopoldo Ayala, Fausto Trejo y Julio Téllez. Estudió pintura en La Esmeralda. Ilustró libros de muchos poetas. Colabró en la Gaceta Politécnica de Literatura y Redacción. Pintó murales con autores como Benito Meseguer y Capdevila. Su obra posee un profundo simbolismo y muestra una especial maestría en el manejo de las sombras, luces y colores. Melecio Galván: Nació en 1945, en San Rafael, estado de México. Estudió en la Escuela Nacional de Pintura de San Carlos. Con el Grupo MIRA fue premiado en Intergraphic, en Alemania Oriental. Trabajó en La Semana de Bellas Artes y el CEMPAE. Ilustró libros y poemas de varios escritores mexicanos, entre ellos, poemarios de José Tlatelpas y Macario Matus. Fue torturado y asesinado en 1982, la prensa y sus allegados señalaron como posibles culpables a la policía federal y a los caciques locales. A la fecha los culpables siguen sin castigo. Kristin: Pintora y muralista, nació en Sandefiord, Noruega, en 1942. Ha ilustrado libros de varios poetas, es autora del mural Lienzo por la Vida, que se encuentra en el hospital Rubén leñero de la ciudad de México. Ocaranza: Nació en Morelia, Michoacán, el 28 de mayo de 1953. Estudió artes visuales en San Carlos. Ha participado en varias bienales nacionales e internacionales. Tiene mención honorífica en el Concurso Nacional de Gráfica de Contenido Político y Social. Es maestro de artes visuales.

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ÍNDICE
Prólogo: Fausto Trejo Fuentes ………………................................................................................ Presentación: Prof. Arturo López Cándido ……………................................................................. 40 Años de Poesía Sobre el 68 y la Masacre: Leopoldo Ayala ……………………....….............. Comentarios a la Edición: José Tlatelpas ………….....……...............…...................................... El 68 en la Memoria Estudiantil y Popular: Mario Ramírez …………….…........……….............. Comunicado Sobre el 68: Subcomandante Insurgente Marcos ………….................................... CONTEXTO POÉTICO Descripción Épica de la Ciudad Sitiada: Anónimo ……………...………..................................... 57 Anónimo de Tlaltelolco: Anónimo ……………………................................................................... 58 En Esta Plaza (canción): José de Molina ……………….........................................…...............… 63 68 POETAS El Río Nuevo: Saúl Álvarez Mosqueda “El Chino” ........................................................................ 69 Tlatelolco: Adolfo Anguiano Valadez ………….............................................................................. 71 Mordaza: Jesús Arellano …………………...............................................................................…… 75 De Otra Generación: Víctor Joel Armenta ……………………....................................................... 76 10 de Corpus: Leopoldo Ayala ...................................................................................................... 80 Cómo Callarás sus Vidas: Leopoldo Ayala ....................................... .......................................... 87 Celda Conyugal: Leopoldo Ayala ………………………................................................................. 89 Día de Muertos: Leopoldo Ayala ………………………...............................................................… 96 Escribe un Poema: Leopoldo Ayala ………………………...............….......................................... 105 Yo Acuso: Leopoldo Ayala ……...............................................................……….............………… 106 Las Calles: Benito Balam ……………………................................................................................. 111 Yo Soy el Ala: Benito Balam …………………….........................................................................… 113 Primera Composición Para el Canto Patrio: Benito Balam …………………….......................… 115 No Consta en Actas: Juan Bañuelos ……………………............................................................... 117 Tristeza (Fragmento): Juan Bautista Villaseca ……..................................................................… 130 Te Acordás Hermano: Mario Benedetti ……………………........................................................… 131 El Ala del Tigre: Rubén Bonifaz Nuño ……......................................................…...........………… 135 El Grito en Ciudad Universitaria: Horacio Caballero Silva ………........................…..........…….. 139 La Manifestación del Silencio: Horacio Caballero Silva ……..........................……...............…... 141 Para Cantarle a la Patria: Raúl Cáceres Carenzo …..........................................…................…… 146 Romance al Estudiante Muerto: Ricardo Capetillo Cásares ………….....................................…. 152 El Espejo de Piedra: José Carlos Becerra ….........................……….................. ......................… 154 Memorial de Tlatelolco: Rosario Castellanos …………….........................................................… 158 A Quien Corresponda: Elsa Cross …………………………........................................................... 160 Los Amantes de Tlatelolco: Elsa Cross Cross ………………...........................................………. 161 Nosotros Estuvimos Allí: Carmen de la Fuente ………………..............................................…... 163 Elegía Combativa: Carmen de la Fuente ………………..........................................................…. 164 Testimonio: Carmen de la Fuente ……..........................................................................…………. 165 Habla Rina Lazo: Carmen de la Fuente ……………….................................................................. 167 Cristal en Tlatelolco: Evodio Escalante ………………….............................................................. 171 La Imaginación al Poder: Horacio Espinosa Altamirano ………................................................... 173 Dos de Octubre: Horacio Espinosa Altamirano ……..............................................................…… 177 Siempre Octubre: Filadelfo Figueroa …………………...........................................................…… 180 Tiempo Repetido: Edmundo Font López …………………............................................................. 183 7 13 23 33 41 51

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2 de Octubre en un Departamento del Edificio Chihuahua: Isabel Fraire ………..........…….... 184 La Nueva Revolución: Francisco Gallego ……………………….................................................... 185 Casco de Santo Tomás: Francisco Gallego ………………………................................................. 186 Cantares de la Dicha Negra: Orlando Guillén ………….............................…………..........…...… 187 En Memoria: Cristina Gómez ……………………....................................................................…… 188 Moratorio Chicano: Linda González …………………............................................................…… 191 El Diluvio: Enrique González Rojo ............................................................................................… 192 Educación: Enrique González Rojo ….......................................................................................... 192 Hermanos, Hermanas: Enrique González Rojo ..........................................……...............……… 192 Una Mala Palabra: Enrique González Rojo .................................................................................. 193 Tras Las Rejas: Enrique González Rojo .…….....................................................…..............…… 194 Nuestra Lengua: Enrique González Rojo ….......................................................................……… 194 El Quintúple Balar de mis Sentidos: Enrique González Rojo …..................……………............. 195 Sol de Octubre: Alfredo Gutiérrez y Falcón ………................................................................…… 197 ¡Puedes Verlos!: Angélica Guzmán …...............………………..................................................… 203 Tlatelolco 6 PM: Filemón Hernández ...............................................................…………………… 205 Dos de Octubre: Juan Manuel Hernández …..........................................................……………… 206 Nueve Años Después: David Huerta ……...........................................................………………… 207 Esa Madrugada… María Teresa Irazaba …...............……………….........................................… 210 Ya no más Vueltas: Carlos Jiménez R. …...............................................................……………… 212 2 de Octubre: Ethel Krauze …...............………………...........................................................…… 213 El Caos o Restos, Temblores, Iras: Jaime Labastida ….................……………………………..... 219 La Sangre del Crepúsculo: José Landa …...........…………………….......................................… 222 Niño Pan de Muerto: Iván Leroy ……...........…………...............................………….................... 224 Motivos Para la Danza: Roberto López Moreno …..............…………......................................… 226 Poema Tricolor: Roberto López Moreno …....................................................................………… 231 Estarnos en el Canto: Roberto López Moreno …...................................................……………… 231 Antipol: Roberto López Moreno …..............................................................................…………… 232 Oralia: Roberto López Moreno ...........................................................................…………….....… 232 No se Olvida: Héctor Manjarrez .......................................................................…………………… 233 Tlatelulco: Tlaxoxouhcayuxinachtle Semilla Libertaria: Baruc Martínez …......………..…....... 237 Profecías de Tlacatecólotl: Ramón Martínez Ocaranza …...............................................……… 240 Los Problemas de Dédalo: Ramón Martínez Ocaranza …...................................................…… 242 A Quetzalcóatl Escarnecido: Ramón Martínez Ocaranza …...........….................................…… 243 Día de Muertos: Ramón Martínez Ocaranza: ............................................................................... 246 De la Ventana Enloquecida: Ramón Martínez Ocaranza............................................................. 250 Octubre: Macario Matus …...........………….................................................................…………… 252 Elegía 1968: Carlos Montemayor .................................................................................................. 254 Tlatelolco 68: Thelma Nava …...............…………………...........................................................… 259 Los Inquisidores: Thelma Nava …...............…………………….................................................... 260 Concentración de la Cólera: Óscar Oliva …...............………………….....................................… 263 Manifestación: Óscar Oliva ….......................................................................……………………… 269 Variaciones Sobre un Mismo Fantasma: Juan José Oliver …..............……….........…………… 270 México Olimpíada de 1968: Octavio Paz …................……………....................................……… 273 Canto a la Juventud: Margarita Paz Paredes ………...........……..........................................…… 274 Carta a Efraín Huerta: Margarita Paz Paredes ….......................................................…………… 281 Presagio: Margarita Paz Paredes ……………...............…............................................................. 284 Los Que Murieron y no Sabemos Nada: Yamilé Paz Paredes ..............……...............………… 286 En México no hay Presos Políticos ¡Insensatos! José Piñeiro Guzmán …................………… 290 6-8 in Memoriam: Eduardo Quiroz García ………..............……................................................… 295 Celeste Imperial: Eduardo Quiroz García ………..............…….................................................… 296

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Caimán de Hierro: Mario Ramírez ……………..............………..................................................... 299 Del Asesino en Serie Conocido Como “El Estúpido”: Mario Ramírez …..............………….… 300 María Brigada: Mario Ramírez ….........................................................................………………… 304 Guerreros de Leche: Mario Ramírez ………………...............................................................…… 304 Canción de Cuna Para un Niño Francés: Mario Ramírez …………...............……...............…… 306 1968: Juan Rejano …...............…………..........................................................................………… 311 El Canto de los Menores: David Roura …..............….........................................………………… 312 Silencio Culpable: David Roura ……...................................................................………………… 315 Partida 68: David Roura …………………................................................................................…… 317 Dos de Octubre: Víctor C. Ruiz Arrazola …….................................................................………… 323 Tlatelolco, 68: Jaime Sabines ….................................................................. .......….……………… 324 Tlatelolco: Máximo Simpson …………............................................................................………… 329 5 de Agosto: María Elena Solórzano …...................................................................……………… 333 Septiembre: Paco Ignacio Taibo I………..................................................................……………… 336 El Alma de un Hilo que Pendía de Sangre: Guillermo Tinoco García …..............….....………… 338 Tlatelolco, 15 Años Después: José Tlatelpas …….................................................……………… 343 El Testimonio de “El Pato”: José Tlatelpas ……........................................................…………… 345 Un Homenaje Para los Masacrados, Para la Resistencia, un Canto: Vicente A. Torres …........................................…………………… 356 La Patria de la Juventud: Jesús Vargas Valdés ........................................................................... 359 La Noche del 2 de Octubre: Othón Villlela Larralde ..................................................................... 361 Mi Madre Cuenta: Óscar Wong ………….....................................................................…………… 363 Lectura de Shakespeare: Gabriel Zaid ………….........................................................…………… 364 No hay que Perder la Paz: Gabriel Zaid ………….......................................................…………… 364 Por Ellos: Carmen Zenil ………………….................................................................................…… 365 ¡No he Muerto!: Carmen Zenil ……….......................................................................……………… 366 APÉNDICES Apéndice 1: Prólogo de Maíz Rebelde, Desde Los Siglos: Horacio Caballero ......................... Apéndice 2: Bibliografía. Fuentes ............................................................................................... Apéndice 3: Sobre los escritores ................................................................................................ Apéndice 4: Sobre los ilustradores ............................................................................................. 40 IMÁGENES Muerte y Trascendencia: José Hernández Delgadillo. Portada Gráfica con frase de Tomas Mann: Melecio Galván …...............................…………….………… Tinta China: José Hernández Delgadillo ....................................................................................... “Víctimas”, dibujo sobre papel: Kristin ….....................................................................………… Portada Revista Nueva Generación: José Hernández Delgadillo ….........…..........................…. Cristo: Alfredo Meneses …….........………….......................................................................……… Santiago Tlatelolco: Alfonso Pérez Soriano …............…………...............................................… Tres Culturas Represión: José Hernández Delgadillo …….....................................................…. Foto Poeta Leopoldo Ayala y José de Molina: Anónimo …........………………...................…… Foto Novelista José Revueltas, Fausto Trejo, Leopoldo Ayala y Marcué Pardiñas: Anónimo …................................................................……. Lápiz de cera, dibujo 1 Serie Perros - Hombre: Ocaranza …...........................................…….. Torso Luz y Traición: Alfredo Meneses ...........................................................…………………… Dibujo 6 de Serie Perros Hombre: Ocaranza .............................................................................. Las Tres Culturas 1: Melecio Galván …................…………………........................................…… 5 11 21 31 39 49 55 61 65 73 81 91 99 370 375 376 377

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Yo Acuso, cartel: Kristin ................................................................................................................. 109 Calaca: Ocaranza ........................................................................................................................... 123 Paloma de la Paz: Melecio Galván .…...............................................................…………………… 133 Represión, Tinta: José Hernández Delgadillo …..................................................................…….. 137 Granaderos Represión: Alfonso Pérez Soriano ........................................................................... 147 Marcha con Irma Prieto, L. Ayala y otros, manta de J. H. Delgadillo: Anónimo ...................... 155 Grabado: Adolfo Mexiac …….................................................................................………………… 169 Tres Culturas 2, Apunte, 1968: Melecio Galván ....................................................................…… 181 Reprimidos, dibujo: Alfonso Pérez Soriano .................................................................................. 189 Portada del libro Yo Acuso de Leopoldo Ayala: José Hernández Delgadillo ............................. 201 Pretorio, dibujo: Melecio Galván …............................................................................…………… 217 Dibujo 2 de la Serie Hombres Perros: Ocaranza ........................................................................ 235 Dibujo portada Tlatelolco, 15 Años Después: José Hernández Delgadillo ................................ 247 Marcha con Felipe Galván, Leopoldo Ayala y Fausto Trejo: Anónimo ...................................... 257 Dibujo 4 de la Serie Perros-Hombre: Ocaranza .......................................................................... 265 Retrato inédito de Margarita Paz Paredez: Archivo Yamilé Paz Paredez ................................... 277 Paloma Olímpica: José Hernández Delgadillo ........................................................................….. 287 Foto del Poeta Mario Ramírez: Archivo La Guirnalda Polar .....................................................… 297 Foto del Poeta Mario Ramírez: Archivo La Guirnalda Polar .....................................................… 297 De Rodillas, dibujo: Melecio Galván ............................................................................................. 309 Sentados en el Mitin: Rini Templeton …............……...................................................…………… 321 Represión, dibujo: Melecio Galván ............................................................................................... 327 Portada Tlatelolco 15 Años Después: José Hernández Delgadillo ............…..................... ……. 341 Retrato del Poeta José Tlatelpas: José Hernández Delgadillo ….........................................…… 351 JudithReyes, Una Mujer de Canto Revolucionario .................................................................... 357 La madre patria frente al sacrificio: Alfredo Meneses. Contraportada

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Fuentes URWBookmanL y Arial Narrow. Diseño por La Guirnalda Polar http://lgpolar.com Esta edición consta de 6000 ejemplares, más sobrantes para reposición. Impreso en México Distrito Federal, septiembre de 2009. La impresión estuvo a cargo de Martín Cambrón

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