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Tesis Ramsés Santamaría Domínguez

Tesis Ramsés Santamaría Domínguez

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Esta es mi proyecto de tesis para obtener la licenciatura en Diseño Gráfico. Esta es la versión impresa quizas por ello encuentren algunas páginas en blanco ya que son las del reverso.
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03/09/2014

Actualmente hay una confusión cuando se habla de la existencia
de los sacrificios humanos. Algunos autores coinciden en que no exis-
tían, mientras que otros aseguran que sí. Tomando en cuenta una
entrevista con un totonaca actual, y en base a ciertos documentos
históricos, se decidió hablar de este tipo de ceremonias, que si bien no
es seguro que existieron, ahora son más bien un recuerdo impreciso
de una antigua cultura, que hoy por hoy es el resultado de una serie
de acontecimientos que más tarde se mencionarán.
Así, se hace mención a la reseña que Fray Bartolomé de las Casas
hace sobre los ritos y sacrificios que se practicaban. Uno de ellos es
el que se llevaba a cabo los sábados, en el cual todos asistían a los
templos desde temprano, estaban en los patios una hora, y más
tarde, los señores y caballeros principales se dirigían a la estatua
principal, enfrente de la cual se sacrificaban de la siguiente manera:
traían consigo 25 pajillas y una navaja, con la cual se hacían un
orificio por el cual las metían y sacaban. Cada sábado perforaban
un miembro distinto, lengua, brazo, pierna, etc.
En cuanto a las estatuas representativas de la naturaleza que
tenían en sus hogares, el número de ellas dependía de su situación
dentro de la comunidad, así, los señores tenían 6 figuras, los nobles
o caballeros 4, y los ciudadanos normales 2. Las figuras eran hechas
en forma similar a una campana y se envolvían en mantas. Dentro
del templo tenían una escultura hecha de pino a la que se le hacían
ofrendas de alimentos, flores y pajillas con sangre de orificios que se
hacían en las orejas una vez a la semana. Además, una vez al año
se dirigían al templo en procesión, llevando con ellos sus estatuillas
y dejándolas ahí por 5 días como un rito de purificación.
Fray Bartolomé de las Casas considera que la época de los sa-
crificios humanos proviene de la conquista de los aztecas, ya que
antes sólo sacrificaban alimentos y animales, y menciona que tras
la conquista por parte del pueblo guerrero, se adoptaron 3 fiestas

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3.1 La Cultura Totonaca

Marco Contextual

Capítulo 3

Ritual de los voladores de Papantla, llevado a cabo
en Cempoala.

Volador de Papantla en el Tajin.

principales al año, en las que todos se vestían de gala e iban al
templo, en el cual rezaban casi medio día, para regresar en la noche
y presenciar el sacrificio de varias personas en favor del Sol. El ser
elegido para ser sacrificado era considerado un privilegiado, ya que
no cualquiera tenía la dicha de ser mensajero para llevarle noticias
y pedirle al Sol por la buena fortuna del pueblo.
También practicaban 2 veces al año un acto de aislamiento en
el cual meditaban sobre su comportamiento y trataban de estar
en contacto con la naturaleza.
Fray Bartolomé en uno de sus escritos hace referencia a la paz
y armonía en la que vivían, sin riñas, sabiendo cómo convivir unos
con otros, humildes y amables, respetando sus leyes y cumpliendo
con sus actividades y con el ejercicio de su religión.
En el periodo clásico, la influencia teotihuacana se dejó entre-
ver en el nuevo repertorio cerámico, lo cual tuvo que ver con la
transformación de la conducta ritual de las élites gobernantes.
El énfasis puesto en la reproducción local de los vasos trípodes
señala un modelo cultural de “extracción teotihuacana”. El
comportamiento ritual y su expresión material terminaron por
alejarse del sustrato cultural original, el cual se manifestaba en
forma de una cultura “nativa”. La cultura “refinada” formada
por El Tajín, Morgadal Grande y Cerro Grande, se valdría de
varios medios de expresión y sólo entre ellas cabía la imagen del
Tláloc teotihuacano, cuya expresión simbólica resultaba nueva
en la costa del Golfo de México. Se hizo que éste conviviera con
el ritual del Juego de Pelota y poco a poco las representaciones
locales del Tláloc teotihuacano se adaptaron al pensamiento
simbólico de la costa del Golfo.
En la actualidad, desde el 31 de octubre da comienzo la festi-
vidad de los Fieles Difuntos, los que murieron en forma natural.
De esta fecha hasta el 1 de noviembre llegan las ánimas de los
niños (Laqsq’at’án), y del 1 al 2 de noviembre llegan las ánimas
de los adultos, quienes llegan en forma de insectos a comerse la
ofrenda que consta de alimentos recién hechos y calientes. En las
dos noches se forman grupos de jóvenes para cantar las alabanzas
de casa en casa.

El altar donde se coloca la ofrenda (alimentos, bebidas, licores y
otros objetos de uso tradicional para las ánimas) se llama pachau.
Esta ofrenda tiene una tradición muy antigua y se tiene por norma

que las personas deben realizarla cada año, y aquéllas que no lo
hagan recibirán un castigo por su falta y por apartarse de las normas
sociales y culturales aceptadas por la comunidad.
Así, se sabe que el pueblo Totonaca se apropió de complejas
experiencias en materia astronómica y metereológica por lo cual
le fue familiar el movimiento solar, lunar y planetario.

El ritual de los Voladores de Papantla

Una de las manifestaciones culturales más sentidas y significativas
del estado de Veracruz y de nuestro país, es la Danza de los Voladores
de Papantla, tradición cultural totonaca que se viene practicando desde
tiempos inmemoriales; los “hombres pájaro” que al despegar de la tierra
estrechan comunicación con los cuatro puntos cardinales.
Es una ceremonia de respeto y de equilibrio de los hombres
para la naturaleza; se trata de un ritual mágico lleno de misticismo
y colorido; el tiempo unido a las creencias de los practicantes y
espectadores como un ejemplo de dignidad ante sus tradiciones.
La danza de los pájaros como ellos mismos le dicen, águila o
gavilán, es practicada en estas comunidades indígenas sólo en las
fiestas patronales, sin embargo, actualmente algunos grupos viajan
a diferentes países para mostrarla.
De acuerdo a Francisco Acosta Báez, jefe de la Unidad de Culturas
Populares de la Zona Norte, la danza de los Voladores de Papantla
es una manifestación cultural que tiene similitud con otras danzas
en varias regiones de México y Centroamérica, por la identificación
de los cuatro puntos cardinales, que equivalen al Sol, al Viento, a
la Tierra, y al Agua.
De acuerdo a Acosta Báez, en términos de principios, la danza
del volador es una ceremonia propiciatoria mediante el cual se
establece un diálogo con las fuerzas de los elementos naturales y
sobrenaturales donde el oficiante, que es el danzante; es el símbolo
de la supervivencia humana.
En la actualidad, hay varios grupos de voladores que han susti-
tuido el tradicional árbol utilizado para el palo volador, recurriendo
al tubo de acero, esta situación hace que se pierdan, hasta cierto
punto, las costumbres que enriquecen la ceremonia de la danza.
Esta danza se presenta en algunas comunidades de Puebla,
San Luis Potosí, Guatemala y Nicaragua, no obstante, Veracruz es
cuna de esta tradición.

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Capítulo 3

Marco Contextual

3.1 La Cultura Totonaca

Actualmente, en la zona norte del Estado, se pueden observar

dos grupos.

Los primeros, organizados en una unión de danzantes que desde
hace más de 24 años está conformada por más de 30 agrupaciones,
la cual no sólo trata de velar por los intereses de los danzantes
ante los empresarios turísticos, sino también, de resguardar in-
ternamente los principios básicos de la cultura totonaca. El otro
grupo se conforma de danzantes independientes quienes viven
en la sierra de Zozocolco.
En El Tajín se encuentra el primer grupo, cuya indumentaria es
la tradicional. De acuerdo a este grupo, la danza de los voladores
es una ceremonia de saludo y comunicación con la naturaleza;
sincretismo cultural que puede ser comparado con la misa que hace
un sacerdote en la iglesia, cuando pide a los santos y a Dios; “noso-
tros igual, con nuestra danza y sones pedimos a los cuatro puntos
cardinales: al Sol, al Viento, a la Tierra y al Agua para que nuestra
vida y la de los demás tenga frutos y perdure por siempre”.
Señalan, además, que esta tradición es un ritual sagrado, no
cualquiera puede subir y volar, se trata de una danza de respeto
en la cual los danzantes tienen que seguir ciertas condiciones para
poder hacerlo. Estas condiciones no pueden ser reveladas en su
totalidad, ya que consideran que si así fuese, el indígena podría
ser un hombre muerto culturalmente hablando.
Actualmente, muchos totonacas critican a aquellos que conven-
cen a sus compañeros para llevar la danza al extranjero, ya que
opinan que atentan contra su cultura, desvistiendo y despojando
las verdaderas raíces indígenas, y al regresar vienen tal y como se
fueron, sin ganancias.
En cambio, uno de los grupos independientes establecido en la
Lagunilla entre lomeríos cercanos a Tajín, que ha representado a
su cultura repre-sentando esta danza en el extranjero, piensa que
“el encuentro y saludo fraternal con los iapaches, los americanos,
los latinoamericanos y los navajos, resulta una gran satisfacción,
sobre todo el reconocimiento de nuestra cultura en la que, sin
lugar a dudas ellos se ven reflejados”.
Comentaron que la ceremonia para el corte del palo volador ya
no se hace como antes, sólo en algunas comunidades lo practican.
“Antes en este lugar, cuando cortábamos el poste se pedía permi-
so al monte porque según nuestros ancestros se siente celoso al

arrancarle un árbol. Por lo tanto, teníamos que ofrendarlo tocando
la flauta y el tamborcito al mismo tiempo que a sus pies se le depo-
sitaban flores, veladoras, tamales y aguardiente; las mujeres que
acompañaban al arrastre ofrecían agua, comida y jerez, mientras
que al parar el palo en el pozo echaban un guajolote vivo”.

Juego de Pelota

El juego de pelota era una actividad sagrada que compartían
varias de las culturas ancestrales; quien perdía era decapitado
como ofrenda a la naturaleza, para conocer el designio de ésta
sobre todos los aspectos de la vida. Con el tiempo el juego se volvió
profano, y los españoles lo prohibieron porque pensaron que iba
en contra de la nueva religión que deseaban implantar.
Las canchas del juego de pelota siempre se construían dentro
de los centros ceremoniales, cerca de los templos más importantes.
Varias de estas canchas incluyen santuarios y altares de sacrificio,
en Chichen Itzá, Xochicalco, Tula, Monte Albán y El Tajín, por
ejemplo.

El espacio de juego tiene planta en forma de doble T o de I, y
está limitado a los lados por muros verticales o en talud. Este diseño
general ofrece dos variantes: con tlachtemalácatl

, usual en Tula
y Xochicalco y entre los mexicas y los mayas del periodo Clásico; y
sin ese aditamento (mayas tardíos y Monte Albán), en cuyo caso
los marcadores eran altares de planta circular, como es el caso de
las estelas de Chincultik y Piedras Negras, Chiapas.
A juzgar por las representaciones que se conservan en Copán,
los jugadores portaban sobre el máztlatl

un cinturón de cuero
de venado con prolongaciones para proteger las caderas, así como
musleras, rodilleras y un guante en la mano izquierda. En otras
versiones aparecen con lujosos atavíos (disco de Chincultik y relieves
de la plataforma oriente de Chichén Itzá), cascos (figuras de Tlapa-
coya) y gruesos cinturones (esculturas de Jaina), lo cual ha hecho
pensar a algunos investigadores que se trataba de yugos.
El número de jugadores variaba, siendo de 2 ó de 4.
La pelota era de hule, extraído del látex de varias especies
vegetales, y tenían un diámetro de 10 a 12 cm. Por las descripcio-
nes de Sahagún, Durán, Molina y Oviedo, se sabe que la noche
anterior al juego, quienes habrían de participar en ella hacían
penitencia; al día siguiente, los expectadores se sentaban en lo

Máztlatl.
Taparrabo.

Tlactemalácatl.
Anillo por donde había que pasar la pelota y el cual
servía para dividir el campo en el Juego de Pelota.

Preparación de la indumentaria de un jugador de pelota.

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Marco Contextual

Capítulo 3

Relieve que muestra un supuesto sacrificio de un
jugador de pelota en las Higueras.

alto de las murallas, y los jugadores, divididos en dos bandos, se
colocaban frente a frente y a lo largo de las banquetas; la pelota
tenía que estar en constante movimiento, sin rebasar ciertas marcas,
pegándole exclusivamente con el codo y el cuadril(Clavijero), las
rodillas y las asentaderas (Durán), la cadera (Paterson), la cabeza,
los hombros, los brazos y las asentaderas ( Blom) o la espalda y
las rodillas (Linne).

Quien hacía que un adversario tocara la pelota con otra parte
del cuerpo, o la lanzaba hasta la pared opuesta o por encima de
la muralla, ganaba un punto; pero la única manera de conseguir
un triunfo definitivo, en cualquier momento, consistía en hacer
pasar la pelota por el anillo. Antes de la llegada de los españoles,
este juego tenía un carácter fundamentalmente religioso. En los
relieves de las banquetas de Chichén Itzá aparecen dos grupos
de jugadores rivales separados por un disco que lleva una cabeza
de la muerte; el primer jugador de uno de los equipos tiene una
rodilla en tierra y acaba de ser decapitado; el opuesto lleva en
una mano un cuchillo y en la otra la cabeza del sacrificado; y del
cuello de la víctima brota la sangre en forma de serpiente y de un
tallo provisto de frutos, todo lo cual sugiere un acto de culto a la
fertilidad de la tierra. Otras significaciones se incluyen en el Popol
Vuh, libro sagrado de los mayas en que se describe un torneo de
ese tipo; y en el Códice Borgia, que representa al Tezcatlipoca negro
(Yayauhqui) y al Tezcatlipoca rojo (Tlatlauhqui) enfrentados en
un juego de pelota.
Su práctica debió estar muy extendida, pues tan sólo los pueblos
de Tochtepec y Otatitlán tributaban a Moctezuma 16 mil pelotas
de hule.

En El Tajín, en la cancha del juego de pelota, existen esce-
nas esculpidas que conservan y reconstruyen paso a paso este
ritual.

Simbología

La simbología puede ser distinta en cada caso. Las hipótesis
apuntan hacia teorías relacionadas con el simbolismo del fuego, el
rito de la fertilidad y factores de tipo ceremonial, guerrero, astral o
económico. Este juego era tan popular que se practicaba también
para solucionar disputas y problemas de límites, para adivinar la
suerte, para correr apuestas y aún por codicia de los jugadores, pues

quien lograba hacer pasar la pelota por el anillo podía despojar de
todas sus joyas y prendas a los concurrentes.
El juego de pelota simboliza la lucha de contra-rios. Las represen-
taciones de plantas, árboles y figuras esqueléticas lo vinculan con la
fertilidad, el sostenimiento del cosmos a través del sacrificio, la vida
y la muerte. De acuerdo a algunos investigadores, la cancha es una
herida en la tierra que representa una entrada al inframundo, por
eso la mayoría de las canchas se encuentran en lugares bajos como
Uxmal, Yucatán, o bajo el nivel de otros edificios. Para terminar
con la sequía, había que bajar a enfrentarse con el inframundo.
Así, la posibilidad de fertilidad dependía de este ritual. Los motivos
que acompañan a las representaciones del juego de pelota como
serpientes, cocodrilos, sapos, tortugas, caracoles, mariposas, jagua-
res, lirios acuáticos y daturas, están asociados a las ceremonias del
juego. Para algunas culturas, la sangre se con-vierte en serpientes
o plantas; la mariposa sintetiza la transformación, porque de larva
se convierte en un ser volador; el sapo, la tortuga y el cocodrilo son
animales que viven en el agua y en la tierra; el jaguar es un excelente
nadador que además complementa su alimentación con tortugas
y peces. El lirio acuático se asocia con el agua, por eso aparece en
la boca de Tláloc (dios de la lluvia), además de que es una planta
alucinógena, por lo que se deduce que utilizaban alteradores de
la conciencia para acceder a una realidad diferente.
El juego representa un acceso al inframundo y, al mismo tiem-
po, la posibilidad del renacimiento. En las escenas del juego con
frecuencia se representan cuerdas y lazos sosteniendo la cabeza
de Hunahpú (el gemelo creador) que identifica, expresa y percibe.
Además, la cuerda sugiere continuidad; la cabeza se convierte
en árbol y fecunda con su saliva a la virginidad del inframundo.
El ollin (movimiento), surge de una armonía dual en la unidad de
los opuestos en la cancha. Es el equilibrio que el hombre busca y
encuentra en la naturaleza y todas sus manifestaciones.

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