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La Afectividad y la Sexualidad

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Sacerdocio y afectividad
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José Luis Meza Rueda

La Afectividad y la Sexualidad

en la Vida Religiosa

Propuesta para la formación inicial

INDO AMERICAN PRESS SERVICE LIMITADA Avenida Caracas No. 49-07 Apartado Aéreo 53274 - Chapinero Bogotá, D.C., - Colombia Marzo de 2001

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Se le acercó uno de los escribas y le preguntó: "¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?" Y Jesús contestó: "El primero es: Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Y el segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo Mayor que éstos no hay mandamiento alguno". (Mc 12,28-31)

INTRODUCCIÓN Un religioso ha muerto y se presenta ante Dios quien le pregunta: "Dime, ¿qué hiciste de tu vida?" Él respondió: "Senor, Tú lo sabes todo y te habrás dado cuenta que durante todos los días de mi vida cumplí fielmente mis votos" –y prosiguió- "Obedecí a mis superiores aunque no estuviese de acuerdo, viví con lo necesario aunque añorara muchas cosas y guardé la castidad aunque me abrasara por dentro".Dios le miró con compasión durante unos segundos que parecieron siglos y dijo: "Es una pena que hayas perdido tu vida". Este hombre abrió sus ojos ante el desconcierto de aquellas palabras y objetó con un porqué. Dios continuó diciendo: "Porque confundiste lo que es una verdadera consagración. Quien pretenda seguir mi llamado deberá amar con intensidad a todos a aquellos que pasen por su vida en derroche de generosidad y sirviendo con alegría". El mundo de hoy está viviendo verdaderos cambios y la vida religiosa no está ausente de esta dinámica. Hoy por hoy se han comenzado a andar caminos que en otro tiempo parecían difíciles e imposibles y, además, a cuestionar las tradiciones que no tienen sentido. La persona ha venido recobrando el valor que se merece y por eso los procesos de formación han hecho una clara opción por atender al hombre o a la mujer que trae consigo una serie de notas características que tienen que ver con el/ella mismo(a), con su contexto, con su cultura y con su historia. El elemento antropológico está presente como punto de partida en los procesos de formación porque la persona no puede negar el nivel humano a la hora de cultivar aquellos niveles que podríamos denominar cristiano y religioso.

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El presente escrito es una propuesta dentro de la línea antropológica porque estamos convencidos de la importancia que tiene considerar lo "humano" de la persona a la hora de establecer un proceso de formación para la vida religiosa. Ahora bien, de esta base queremos rescatar el componente de la afectividad y la sexualidad como lo más humano que poseemos todos y que merece ser trabajado a conciencia dentro de una intención seria de acompañamiento. No podemos negar que durante mucho tiempo este tema era vetado-e incluso en algunos contextos y comunidades lo sigue siendo-, se consideraba un tabú y muy pocos se atrevían a decir una palabra precisa y objetiva frente a las inquietudes que surgieran en una persona o en un grupo. Fácilmente se desviaban las dudas o los fenómenos hacia el nivel de lo moral y lo religioso argumentándose con textos del magisterio de la iglesia o haciendo una manipulación del evangelio. Las situaciones por las que pasa el individuo a nivel humano deben ser trabajadas y orientadas desde este nivel con la ayuda de ciencias como la psicología, la sociología, la pedagogía, la comunicación, la biología, la fisioanatomía humana y la medicina entre otras cosas. Lo que proponemos va dirigido a aquellas personas que trabajan como formadores, orientadores, acompañantes y responsables en procesos de formación inicial para la vida religiosa sin dejar de lado a aquellas personas interesadas en el tema. Pretende ser un recurso para ser utilizado en el momento que se considere más oportuno según las necesidades de la persona y el grupo, según la evolución misma del crecimiento que se da en cada dimensión y según la intención que se tiene en cada etapa. Si es una propuesta está implícito el deseo de que sea enriquecida por la experiencia de aquellas personas que han jugado o están jugando el rol de formadores. La validación de los elementos teóricos y los ejercicios que aquí se exponen sería el mejor aporte al mismo trabajo. Es conveniente decir que todo lo que aparece aquí ha sido el fruto de un trabajo intenso a través de los últimos años con jóvenes religiosos que se encontraban en sus diferentes etapas de formación inicial, con jóvenes que hacían sus últimos años de secundaria o sus estudios universitarios y de una manera especial, de la oportunidad de haber compartido con una cuarentena de formadores provenientes de todas las latitudes del mundo, muchos de ellos con una experiencia significativa en el acompanamiento de formandos religiosos. A través de sus páginas el lector podrá encontrar en la primera parte (capítulos 1 y 2) una fundamentación de la afectividad y la sexualidad como realidades antropológicas, la integración que debe hacer el hombre en su propia vida y su relación con el proyecto personal. En la segunda parte (capítulo 3) se hace un desarrollo de la

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sexualidad a partir de la importancia que debe tener en la formación. Se propone un programa de sexualidad seguido por los elementos más importantes del desarrollo psicosocial y psicosexual de la persona. Ademas, en el capítulo cuarto se hace una propuesta de trabajo de los procesos personales como la autoimagen, el autoconcepto, la autoestima y la autonomía a partir de ejercicios que pueden ser implementados ya a nivel individual ya a nivel grupal. De la misma forma se proponen otros medios para trabajar los procesos dialógicos y grupales considerando la construcción de vínculos, la amistad, el enamoramiento, los duelos afectivos, los juegos de grupo, la comunicación y el conflicto, la asertividad, la clarificación de valores y la aceptación del grupo. Por último, el capítulo quinto tiene como intención hacer caer en la cuenta de que el ambiente que hay en una comunidad o grupo humano es tremendamente influyente en la manera como se vive la afectividad y la sexualidad y, por eso, los espacios y tiempos comunitarios deben contribuir a la generación de un ambiente afectivo.

Finalmente, este trabajo es un aporte a la preocupacion y a la labor que realizan muchas personas en la formación de religiosos auténticos capaces de responder con transparencia y entrega a su propia consagración desde el carisma que tiene cada comunidad. Es un gusto poder compartirlo. El autor

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CAPÍTULO UNO LA AFECTIVIDAD Y LA SEXUALIDAD COMO REALIDAD ANTROPOLÓGICA 1.1. POR QUÉ UNA PROPUESTA PARA LA FORMACIÓN DE LA AFECTIVIDAD Y LA SEXUALIDAD EN LA VIDA RELIGIOSA En el mundo de hoy las disciplinas antropológicas parecen coincidir en que el hombre está llamado a alcanzar su realizacion más cuando señalan el amor como el elemento unitivo y esencial para lograrla. Hay quienes han definido al hombre como un ser con vocación para el amor. Él mismo se constituye en don y en potencialidad, por eso debemos decir que nadie nace amando, el hombre aprende a amar incluso desde el mismo momento de la concepción cuando es aceptado y esperado por sus progenitores.

Salta a la vista para cualquier persona que tenga que ver con el hombre y su mundo que es necesaria una formación de la afectividad y, si esta es la expresión humana de la sexualidad, entonces, por ende, tambien se hace necesaria una formación de la sexualidad donde quiera se encuentre o se vaya a encontrar.

Entonces, para responder a la pregunta ¿por qué un programa de formación de la sexualidad y la afectividad en la vida religiosa? se puede echar mano de dos perspectivas: la realista y la idealista. Para la primera basta con dar una mirada a lo que vemos y traer a colacion algunas referencias hechas por los analistas de la realidad y para la segunda sería inagotable la cantidad de textos en las diversas áreas que hablan de la afectividad y sus relaciones. Con respecto a la perspectiva realista se puede partir del hecho constatable y visible de la salida de los religiosos de sus congregaciones o de los sacerdotes de su ministerio. Pujol i Bardolet1 se dio a la tarea de entrevistar a más de una centena de personas de las cuales once permanecían en el estado religioso y/o clerical y las demás se habían retirado. Es interesante tenerlo en cuenta porque el grupo en mención es una muestra representativa en cuanto a las edades, los tiempos de duración dentro de dicho estado, las motivaciones y los procesos.

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PUJOL, Jaume, fsc.Vocación, fidelidad y cambio. Madrid: San Pío X, 1988.p. 24-26.

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Así es que podríamos explicitar como causas o manifestaciones de las crisis vocacionales en edad adulta: 1. El «vacío afectivo» producido por tensiones provocadas precisamente como consecuencia de una intensa dedicación vocacional, cuando la persona tiene la impresión de que su labor no llega a ser reconocida... 2. La pérdida de ilusión en el ministerio por creer que carece de sentido y de utilidad lo que se realiza... 3. Una evolución racional a nivel de ideología y de creencias que ha sometido a crítica toda la ideología que sostenía su existencia vocacional... 4. El hecho de haber adquirido una personalidad con dificultad de someterse al sistema institucional... 5. Deficiencias afectivas arrastradas desde antiguo y nunca debidamente resueltas... 6. La aparición, con los años, de nuevas exigencias afectivas que producen vértigo en la persona y parecen exigirle el tomar decisiones...2.

Nótese que por lo menos tres de ellas, sino todas, tienen relación con la afectividad ya sea porque: 1. Falla la autoestima; 2. Ha habido deficiencia de ésta desde antes de ingresar a la comunidad; 3. Está implicada la personalidad en su identidad y orientación; 4. Ha habido una eclosión en el proceso de madurez afectiva; o 5. Lo que daba sentido a la existencia ya no lo da.

Hasta el momento va quedando claro que la afectividad es una dimensión que está inmersa en toda la personalidad, por tanto, no se puede caer en el reduccionismo de afirmar que hay problemas con la afectividad cuando el religioso se ha enamorado o se sale para contraer matrimonio. De hecho, la afectividad se manifiesta en los contextos en los cuales se mueve el religioso como el ministerial y el comunitario.

Hablando de los consagrados que han conflictuado su estado con su intensa entrega pastoral o ministerial, Pujol dice: A estas personas les surge una nueuajerarquia de ualores, al mismo tiempo que queda relativizada la anterior. Llegan a experimentar un cierto aislamiento y soledad al percibir una actitud reticente a niuel institucionat... El diálogo se hace difícil ya que se encuentran ubicados entre dos lenguajes...

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Ibíd., p. 94-95

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Esta situación les ha producido tensión que ha repercutido en su vida afectiva... La principal consecuencia que se sigue de ello es el debilitamiento de la relación afectiua, digamos de comunión... Las situaciones de desconfianza, angustia distanciamiento que se siguen no benefician en modo alguno ni el necesario dialogo ni el equilibrio personal3.

En el contexto comunitario bastaría con mirar la vida misma y darse cuenta que cuando dos o más personas se reúnen bajo un mismo techo y ponen todos sus esfuerzos para construir una comunidad desde una verdadera fraternidad, las dificultades afloran porque la diversidad que puede llevar a la unidad es la misma que lleva a la desintegración. Esto se debe a la actitud desde la cual asume cada uno la realidad del otro y su aceptacion. Esto lo previó Juan Bautista De La Salle, fundador de una comunidad religiosa, cuando dice: No es posible que uarias personas uiuan unas con otras sin tener que sufrir unas de otras. El uno tendrá un carácter atrabiliario; el otro será de genio contrario; éste tendrá maneras poco delicadas; aquél de mal genio; el de más allá será demasiado complaciente; quién manifestará fácilmente lo que piensa; quién será hasta reservado y disimulado; quién tendrá espíritu de crítica. Difícil el que esta diversidad de caracteres y genios tan diferentes no ocasionen molestias entre los Hermanos; y tanto, que si la gracia no les sostiene, es casi imposible se acomoden los unos a los otros y que la caridad no sufra grave detrimento4.

Véase la sabiduría del hombre que es capaz de expresar con claridad para su tiempo y para el nuestro, haciendo las debidas actualizaciones, el reto de construir comunidad en la caridad desde la propia singularidad de cada uno de sus miembros. En fin de cuentas, ¿no es acaso la afectividad el fundamento para lograr este cometido? No es atrevido decir que, en condiciones naturales, la gracia no actúa si el hombre no le deja un espacio para que lo haga. Le corresponde a la persona que ha optado por la vivencia de la fraternidad poner de su parte y amar, con todo lo que este verbo implica, a aquellos que comparten su vida. Esto tambien es un aprendizaje.

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Ibíd., p. 88. DE LA SALLE, Juan Bautista. Meditaciones. 74.1. Madrid: Bruño, 1970

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Cuando no se da lo anterior, la afectividad se abre camino por cualquier vertiente y genera otras situaciones. Una de ellas es la crisis sentimental que parte desde la misma sexualidad y desemboca de diferentes maneras: soledad, retiro, frustración, matrimonio...etc. Arriba se decía que casi siempre se reducía el problema afectivo a lo sentimental, ahora es bueno precisar que este reduccionismo se debe en un alto porcentaje a la crisis que genera una ruptura y que, en muchos casos, termina en un compromiso de pareja. Aquí no se pretende señalar cuál es la causa o el efecto ya que podría resultar un sofisma y a la postre sólo se puede determinar en cada caso particular. A este respecto retomemos un comentario de Pujol sobre su investigación con el grupo de «salidos» de la vida consagrada: La crisis sentimental es explicitada por dificultades en la practica de la castidad de total continencia, manifestando imposibilidad de integrar la sexualidad, de experimentar lesiones en la personalidad por falta de adecuado desarrollo afectiuo... incluso alguno argumenta algún tipo de «perversión afectiua» en su comportamiento o bien la imperiosa necesidad de complementariedad con el otro sexo... Ahora bien, el problema sentimental podría tener sus raíces en una adolescencia todavía no superada, o que surja con el choque con una realidad, o bien simplemente, emergencia de algo nuevo en la persona hasta el presente insospechado... En el período de la formacion inicial es posible que esta situación se haya vivido sofocándola, distrayéndola o reprimiéndola, sin haber conseguido, acaso, dar la educada solución al problema. Al no ser debidamente integrada la sexualidad y vivida normalmente la afectiuidad, esta situación puede haber constituido un problema que ha ido lastrando la existencia de la persona, privándola de felicidad y de integridad5.

Ya desde el inicio de la cita aparece algo que no se puede olvidar y que vendrá de nuevo por ser la realidad para la cual se hace esta propuesta. Las personas que están entrando a la vida religiosa son jóvenes que se encuentran dentro de una etapa llamada adolescencia tardía. Son adolescentes porque permanecen en ellos algunos rasgos propios de esta etapa aunque se haya dado su desarrollo físico-psíquico en una gran proporción. Este proceso inacabado se constituye en una oportunidad o en una amenaza según el ambiente y la formación que se les prodigue. Hay que tener bien claro que una casa de formación no es un lugar terapéutico que da solución a conflictos estructurales de la personalidad, pero sí es el lugar donde se siguen consolidando procesos
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PUJOL, Op. Cit. p. 110-111.

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inherentes a la persona como su identidad, su orientación, su capacidad comunicativa y relacional y, además, es el ambiente donde se inician otros procesos que se pueden expresar en ritmos, hábitos y comportamientos según sea el caso y que corresponden a los elementos constitutivos de la vocación religiosa: lo espiritual, lo comunitario, lo ministerial y lo consacratorio.

Al brindar una formación en la afectividad y la sexualidad no se quiere asegurar que el individuo carecerá de problemas de esta índole, antes bien, es posible que aparezcan algunos nunca pensados y que se ha perdido cierta tranquilidad interior, pero este enfrentamiento es el que genera un acrisolamiento de la propia personalidad y una manera de abordar directamente la naturaleza humana, sin temores y haciendo todo lo posible por dominar las variables que allí ocurren.

También, suena idealista querer prever el proceso afectivo de toda la vida desde las etapas de formación, ya que cada día se nace a nuevas formas de existir, de amar y de sentir. Las circunstancias cambian y esto hace que el hombre tenga que jugar el papel de resignificar sus valores, sus convicciones, sus opciones y la forma como se relaciona consigo mismo y con los otros. Esto no contradice lo que ya se había dicho, antes bien, respeta el misterio de la vida misma y la libertad de la persona humana, base de su autonomía.

De otra parte, la afectividad exige del hombre una respuesta. Si ésteno la da, ella se expresa de diferentes maneras. Aparte de las nombradas anteriormente es conveniente recordar cómo en la vida religiosa las «compensaciones» llegan a solucionar el problema hasta cierto punto y conducen a la persona hacia un laberinto de difícil salida. En el juego de demanda de respuesta y de respuesta no satisfactoria los comportamientos compensatorios se hacen más acuciantes hasta llegar a un sentimiento profundo de frustración personal. Esto se debe a que el objeto-sujeto (que pueden ser personas, animales, cosas, actividades, etc) sobre el cual se vierte el afecto no tiene la conciencia o la capacidad de responder afectivamente, entre otras, porque el afecto de una compensación es eminentemente posesivo.

Hasta aquí dos conclusiones que van de la mano: la necesidad de una formación que aborde directamente la afectividad y la sexualidad, y la función importantísima que debe asumir el mismo formador.
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La formación afectiva sentimental y sexual, tiene mucha importancia en esta etapa del proceso de afirmacion del yo y de crecimiento por el despertar psicológico. Además de procurarles educación sexual será muy importante crear un clima humano en el que el despertar a la afectividad y a la sexualidad pueda ser asumido normalmente por cada candidato mediante la adecuada orientación de los superiores. Jamás los miedos, las prohibiciones, los fantasmas, los prejuicios o las proyecciones deberán formar parte de los medios de la formación... por el contrario, estas situaciones negatiuas impiden el proceso dinámico de vivir y de asumir la propia afectividad y la sexualidad6.

Pasando a la perspectiva idealista ya se decía que son muchos los textos que justifican educar al hombre en la afectividad y en la sexualidad. Como más adelante se hace un desarrollo de la afectividad desde las perspectivas psicológica, filosófica y teológica, viene a continuación la voz de la Iglesia que no ha olvidado que lo plenamente espiritual es plenamente humano, y no se puede llegar a lo primero olvidando lo segundo.

Puesto que el sujeto de la formación es la persona en cada fase de la vida, el término de la formación es la totalidad del ser humano... La dimension humana y fraterna exige el conocimiento de sí mismo y de los propios límites para obtener el estímulo necesario y el apoyo en el camino hacia la plena liberación. En el contexto actual revisten una importancia particular la libertad interior de la persona consagrada, su integración afectiva, la capacidad de comunicarse con todos, especialmente en la propia comunidad, la serenidad de espíritu y la sensibilidad de aquellos que sufren, el amor por la verdad y la coherencia efectiva entre el decir y el hacer7.

La exhortación sobre la Vida Consagrada hace aportes valiosos como el anterior para seguir enfatizando sobre lo que se ha iniciado tímidamente desde hace algunos años como es la educación afectiva en la formación. Ahora bien, desde ya debe quedar claro que la formación de la afectividad no se reduce a tener un programa teórico o
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Ibíd., p.84 JUAN PABLO II. Vía Consecrata. No. 71. Ciudad del Vaticano: Editricie Vaticana, 1996. p. 128-129 (206).

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didáctico sobre el tema, ni tampoco a brindar un par de lecturas que brinden información sexual, ni tampoco señalar en el cronograma

un tiempo para desarrollar un seminario-taller con la invitación de algún especialista... esto es importante y sirve, pero es sólo una parte del todo al cual llamaremos en adelante proceso de formación de la afectividad que a su vez, por estar ubicado en esta propuesta de trabajo, se constituye en un proyecto para la formación de la misma. Finalmente, la Perfectae Caritatis nos recuerda que la consagracion en el voto del celibato, la afectividad y el amor en la fraternidad van unidos, además, la vivencia de este complejo hunde sus raíces en la naturaleza humana8. 1.2 ¿QUÉ SE PRETENDE CON ESTA PROPUESTA? De la justificación saltan a la vista los objetivos de una propuesta que quiere trabajar la dimensión afectiva y la sexualidad en la persona que ha optado por la vida religiosa, más aún cuando dicha persona se encuentra en la juventud y lleva en sí misma un proceso de crecimiento en todas las dimensiones. Por eso, la formación no debe ahorrar esfuerzos para asegurar que dicho proceso siga su marcha teniendo en cuenta el rompimiento que ha hecho el joven para vivir un nuevo estilo de vida.

El joven es el protagonista de su propia formación. A él le corresponde centrarse en la opción de vida por la cual quiere seguir y ayudarse de todos los recursos que están a su disposición. Entonces, la primera tarea es el conocimiento de su sí-mismo, de su personalidad. Es el reconocimiento de su manera de pensar, de sentir y de actuar. Sus necesidades, actitudes y valores. La manera de responder ante determinada situación sus mecanismos de defensa y la de sus emociones. Y su estructura yoica determinada por su autoconcepto, autoimagen, autoestima y autonomía.

Esta tarea no olvida que a su lado hay otros-yo que tienen igual intención y, por tanto, se conforma la estructura llamada comunidad. Visto de esta manera, la comunidad formada por los jóvenes que inician su formación y por los hermanos que hacen las veces de formadores y acompanantes, es una fortaleza. No es por nada que la
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Cfr. Perfectae Caritatis No. 12. Vaticano II. Bilbao: Mensajero, 1986. p. 318.

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formación se de en el modus vivendi de ser religioso y sea con aquellos que desde ese momento son y serán sus hermanos.

Lo personal y relacional quedaría incompleto si la afectividad no estuviera también orientada a Dios como el Amor Absoluto. Por Dios tiene sentido su consagración y su misión. En Él halla la fuente de su vocación y encuentra la razón última y fundamental del amor. A través de Él se lleva a cabo la trascendencia de lo íntimamente personal y lo intensamente comunitario.

Hasta el momento ha quedado claro que la formación es más que un programa de contenidos con determinado objeto de estudio, es más que un acompañamiento individual, es más que un proceso personalizado. La formación es el ambiente y el espacio relacional donde el y la joven descubre su personalidad y la configura para responder propositivamente al ser religioso con las dimensiones que le son propias. Una de ellas, sin duda la más importante porque a ella debe su nombre, es la comunitaria y por esta misma es que tiene la posibilidad de vivir su afectividad.

Finalmente, otro objetivo primordial de la formación es favorecer la construcción de una comunidad donde haya reconocimiento, afecto y aceptación de cada uno de sus miembros y donde se establezcan los lazos afectivos que podrán manifestar la posibilidad real de vivir en la fraternidad. 1.3. SEXUALIDAD Y AFECTIVIDAD La realidad antropológica más esencial es la sexualidad que, a la vez, se constituye en el fundamento mismo de la afectividad. Ni para lo primero, ni para lo segundo caben reduccionismos; inclusive, hay que ser cuidadosos en cualquier definición que se pretenda dar al respecto, siempre con la posibilidad de que existen elementos de la sexualidad y de la afectividad que son esenciales y abarcantes.

La afectividad hunde sus raíces en la sexualidad y esta a su vez se integra en todas las dimensiones del hombre. Cuando no se entiende esto, se hace una clara división entre sexualidad y afectividad, causa de ciertas formas de ser patológicas que, aunque sean comunes, no contribuyen a la realización del hombre.

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Conservar la unidad entre afectividad y sexualidad es garantizar el puente que unifica al mismo hombre y le permite establecer una relación sólida y sana consigo mismo, con los demás, con el mundo y con el Trascendente.

En sintesis, este binomio es una fuerza poderosa que lleva a que el hombre se personalice. No es gratuito que expertos en varias ramas humanistas señalen el amor como el único camino que lleva a la plenitud y a la realización del mismo hombre. 1.3.1 ¿Qué es la sexualidad? Definir la sexualidad es complejo por cuanto se hace necesario encontrar las palabras adecuadas que sirvan como marco para señalar los elementos esenciales y subyacentes a ella. Ulteriormente será posible enriquecer el concepto y el desarrollo que viene a continuación que es una propuesta surgida desde la experiencia y el estudio hecho a este respecto.

La sexualidad es una dimensión, es una realidad esencial de la identidad que no tiene límites porque de alguna manera u otra influye en los diferentes niveles (físico, psíquico y espiritual), contenidos (estructura yoica y relaciones) y potencialidades (inteligencia, afecto yvoluntad) de la persona humana. (Véase figura 1).

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Figura No. 1 La sexualidad parte de un sustrato que es propio de todos los seres animales superiores: el sexo. El hombre comparte este elemento con los otros seres de la naturaleza dándole la potencialidad para conservarse y diferenciarse de las otras especies. Ademas, el sexo Ie confiere las dotaciones tendenciales como respuesta al ambiente en el cual vive y se desarrolla.

Es evidente que el sexo determina al hombre y a la mujer en su totalidad, sin embargo, en ocasiones esto queda de lado reduciéndolo a lo genital o a la posibilidad de ser macho o hembra. Para evitar esto lo más conveniente es tener en cuenta las diferentes categorías que posee el sexo.

Entonces, dentro de un orden secuencial podemos hablar de: 1. Sexo cromosómico: se da en el mismo momento de la fecundación y permite la unidad en la diferencia. Es la creación de un fenotipo único e irrepetible dentro de las ilimitadas posibilidades que le da el genotipo. 2. Sexo gonadal: Al cabo de unas semanas, la estructura primigenia protofemenina toma forma según el juego de hormonas que tenga

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lugar y se constituyen las gónadas masculinas (testículos) o las gónadas femeninas (ovarios). 3. Sexo hormonal: Donde el metabolismo cíclico de la mujer o el permanente del hombre hacen efectiva la presencia de las hormonas para que cada organismo funcione según su propia fisiología (estrógenos-testosterona). 4. Sexo cerebral: Por la constitución particular del cerebro masculino o del femenino, aparecen los ritmos diferenciales de desarrollo y las facilidades para diversos procesos (ver estudios de los Drs. Hessel, Moir y Pert). 5. Sexo de género: Es la tarea por el cual el hombre adquiere lo masculino y la mujer lo femenino, es la síntesis de la cultura y lo social en el individuo.

Cada forma de expresión del sexo casi que genera conceptos diferentes, pero no se puede olvidar que todo ellos forman parte de un único concepto. Además, es necesario profundizar las ideas que se han presentado ya que nos son más que un esbozo. También hay que decir que otros autores agregan otras categorías como: sexo genital interne (caracteres sexuales terciarios), sexo genital externo (órganos genitales externos), sexo morfológico (aspecto corporal externo), sexo psicológico (identidad sexual o convencimiento que tiene la persona de su sexo), sexo social (conjunto de rasgos conductuales que indican la pertenencia a determinado sexo), sexo legal (el que aparece en los documentos de identificación) y sexo como dimensión espiritual (que ayuda a descubrir la verdadera profundidad de la persona).

En el siguiente componente (léase la figura 1 de abajo hacia arriba), aparece el núcleo de nuestro estudio: la sexualidad. Se dijo anteriormente que la sexualidad es la dimensión de la persona que le permite su propia realización mediante procesos de relación interna y externa. Por esto la sexualidad es lo humano del género y le es propio -ya no se comparte con los otros seres-. La sexualidad hace posible la relación de la persona consigo misma y con los demás para construir con el otro un fin determinado.

La sexualidad empuja al ser humano a llevar a cabo tres opciones existenciales: identidad, funcionalidad y adaptación. La palabra opción puede entenderse como prcoceso porque lleva implícita una dinámica que conjuga varios elementos en cada una. Mejor dicho, hay tres trilogías que dan lugar a los tres procesos antes mencionados.

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El proceso de identidad es la síntesis entre tradición (bagaje familiar, cultural y social), generación (forma típica de comportamiento de un grupo de individuos en un tiempo y espacio determinado) y genera (configuración del sexo biológico con el psiquico y el socio-cultural).

El proceso de funcionalidad está determinado por la posibilidad que tiene el hombre/mujer de relacionarse con el otro, hacer gratificante dicha relación en el placer y de procrear dando lugar a un tercero como fruto del amor.

Y el proceso de adaptación se da cuando el individuo asimila las normas, internaliza actitudes, clarifica valores y logra convivir con los que son próximos a él según sea el contexto en el cual se desenvuelva. Aquí es donde entran a jugar parte los valores sociales como la tolerancia, el respeto y la aceptación, y los valores comunicacionales como el diálogo, la comprensión y la asertividad.

Ahora bien, dejar la sexualidad en este nivel sería truncar el tercer componente al cual ella da lugar y sin el cual ninguna persona podría lograr la plenitud de su vida: sentido. La sexualidad le da sentido a la vida porque le permite a la persona regir su existencia en la autonomía y la autodestinación, y lograr tener conciencia de lo que es, de lo que quiere ser y de la forma como ha de lograr este recorrido entre ser y deberser.

Es necesario romper con los conceptos de sexualidad que no sobrepasan el umbral de lo biológico y que, en el peor de los casos, sólo la conciben como genitalidad. La genitalidad forma parte de la sexualidad pero no es lo único. Tampoco se pretende hacer un pansexualismo pero debemos reconocer que la naturaleza humana está determinada por la sexualidad.

1.3.2 Antropologia de la sexualidad El punto de partida para hacer una antropología de la sexualidad es la misma persona con aquellas facultades y potencialidades que le son inherentes y que le permiten aprehender el mundo. ¿Qué se quiere decir con esto? Básicamente que la
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sexualidad está fundamentada en los mismos procesos que le permiten al hombre y a la mujer tener autonomía sobre sí mismo(a).

Figura No. 2 La persona autónoma, es decir, aquella que es protagonista de su propia vida y que la rige dentro de un sistema valórico que asegura su propia realización, también puede hacerlo con su sexualidad. No es por nada que muchos de los sistemas educativos y de socialización tiendan a que la persona internalice, interiorice y clarifique aquellos valores que la hacen responsable frente a sus actuaciones, las consecuencias de estas actuaciones y con capacidad de proyectar su vida.

No se pretende llegar a una conclusión precipitada, pero podemos tener la seguridad de que la autonomía es vital para la persona en cualquier grupo social. La vida religiosa no escapa de este requisito, antes bien, debe hacerlo un fin de su formación. Formar en la vida autónoma es formar para que el individuo, sin importar las circunstancias de lugar, funciones, tiempos, personas, sea coherente con lo que es.

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Entonces, la sexualidad responde a tres procesos básicos que, a su vez, son paralelos e integrados.-pensar, sentir y actuar. Cuando se cae en el error de olvidar alguno o de reducir el hombre a uno de ellos, es cuando aparecen las deformaciones del mismo hombre y de la sexualidad. Por ejempio, si se hace una reducción al «hombre que piensa» aparece el racionalismo de la vida, de la vida religiosa, de los votos, de la consagración. Si se hace una reducción al «hombre que siente» fácilmente se cae en el hedonismo, en el placer, en darle rienda suelta a los «instintos» y en reducir la sexualidad a genitalidad. Y, si se hace al «hombre que actúa» se llega al voluntarismo o a las prácticas sin sentido, a la rutina misma de la vida sin saber el porqué.

La distinción de los procesos es metodológica, pero insistimos en que la única manera de lograr la autonomía sobre ellos es integrarlos (Figura 2). Frente a la vida y las experiencias que le suceden a diario, el hombre que piensa accede al conocimiento, conceptualiza y le da contenido a esas experiencias y también un significado. Como también siente, él sabe lo que quiere y lo que no, lo que fue placentero y lo que no, esto le permite hacer una valoración de la experiencia y darle una significación. Y como también opta, de la decisión se desprende la actuación que tiene una orientación específica y que le da sentido a eso que hace.

Lo anterior da lugar a dos desarrollos: el cognoscitivo y el valorativo. Es aquí donde el hombre también puede hacer una división entre uno y otro.

Tener conocimiento del ideal pero vivir su vida con otros valores, es decir, habrá unos valores en la razón que inclusive son defendidos en el discurso pero en la práctica, en la vida, salen a jugar parte los valores que han recibido significado por parte del individuo. Si, por el contrario, los desarrollos cognoscitivos y valorativos están integrados, de la misma manera estarán los estilos cognoscitivos y vivenciales. El estilo es la forma como se asume la vida, es la misma personalidad. Y de estos estilos se llega a la autonomía como fin, pero que de alguna manera ha estado presente desde el principio mismo de la experiencia. Si todo esto se hace específico a la sexualidad, sin importar el tipo de educación que reciba el sujeto, aquella se expresa en los conceptos, en los sentimientos y en las acciones sobre el ser hombre y ser mujer, de la relación de pareja, de la familia, del celibato, de la virginidad, de la amistad y de las relaciones consigo mismo. Además, tiene que ver con los mitos sexuales, las reservas personales, la intimidad, la historia
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afectiva, los temores, las formas de distraerse (cines, espectáculos, lecturas, imagenes) y los objetos por los cuales se tienen aprecio. Un programa de formación de la sexualidad y la afectividad debe caminar por los procesos de la persona que piensa, siente y actúa. Por eso, anteriormente afirmábamos que un programa que se queda en lo racional y el intelecto puede llegar a ser un elemento informativo, pero no formativo. También debe favorecer el desarrollo cognoscitivo (que es más que conocimientos sobre un determinado tema) y el desarrollo valorativo como la síntesis de aquello que en la sexualidad posee una significado, una significación y un sentido. 1.3.3 ¿Qué es la afectividad? La sexualidad tiene una forma sublime de expresión que es la afectividad En otras palabras, la afectividad es el fin último de la sexualidad. Nada saca el hombre o la mujer con tener todas las potencialidades que le da la sexualidad si no va más allá de aquello que también pueden experimentar otros seres que poseen una naturaleza sexuada. La afectividad tiene la posibilidad de hacerse dimensión en el hombre y, en cuanto dimensión, le permite al hombre llevar a cabo un proceso de crecimiento como contribución a su propia personalización. Aquí no se pretende hacer diferencia entre afectividad y dimensión afectiva aunque ésta última nos recuerde que hay otras dimensiones constituyéndose en un concepto más integrador. Sin embargo, en la exposición que sigue a continuación se hablará indistintamente de una o de otra. 1.3.3.1 Desde la perspectiua psicológica Erich Fromm se ubica dentro de esta perspectiva y en su obra clásica ubica al amor como la verdadera respuesta a la existencia humana. Pero, si es una respuesta debe haber una pregunta. Si se mira con profundidad no es propiamente una pregunta, es una situación conflictual inherente al ser humano y que él denomina separatidad. A propósito de ella dice «La vivencia de la separatidad provoca angustia; es por cierto la fuente de toda angustia... La necesidad más profunda del hombre es la necesidad de superar la separatidad, de abandonar la prisión de su soledad»9.

9

FROMM, Erich. El arte de amar. España: Paidós, 1994. p. 19.

19

La dimensión afectiva encierra en sí misma toda la realidad del individuo como ser que se ubica frente a sí mismo y frente al otro para salir del fenómeno de la soledad. Es la expresión de esta dimensión la que hace que él salga de sí para lograr una unión interpersonal, la fusión con otra persona en el amorysolucionar con plenitud el problema de la separatidad.

Un ser humano que quiera desarrollar la dimensión afectiva debe dar ya que «el amor es dar, esto produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad»10 . La vida del hombre se hace y se construye cuando es capaz de amar dando de sí, sin reservas ni condicionamientos. Cuando es capaz de integrar los elementos pilares del amor: el cuidado, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento.

Sin lugar a duda, la dimensión afectiva como todas las dimensiones, evoluciona a partir de ejes axiológicos que forman una sola unidad. No es acaso concebir el cuidado como la preocupación activa po la vida y el crecimiento de lo que amamos, la responsabilidad como la respuesta a las necesidades expresadas por el otro; el respeto como la capacidad de ver a una persona tal cual es; y el conocimiento como el trascender la preocupación por sí mismo y ver a la otra persona en sus propios terminos11 lo que constituye en esencia el eje axiológico de la dimensión afectiva.

Hay quienes se han atrevido a profundizar en la dimensión afectiva la propuesta del amor como el alma que llega hasta el rincón más insospechado del ser. Hay un acuerdo con Scott Peck cuando proclama que «E1 amor es la voluntad de extender el sí mismo de uno con el fin de promover el crecimiento espiritual propio o de otra persona»12.

Aquí hay que entender la voluntad como el deseo de intensidad suficiente para traducirse en acción. Una acción capaz de llevar a la persona humana a crecer con el otro de manera integral. Esta voluntad es la que lleva a que la persona no mitifique la expresión del amor dentro de la dimensión afectiva: no hay falsos romanticismos, ni dependencias parasitarias, ni autosacrificios, ni confusión con meros sentimientos.
10 11 12

Iíd., p.32 Cfr. Ibíd., p. 34-37. PECK, Scout M. La nueva psicología del amor. Argentina: Emecé, 1994.p. 83.

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El hombre que posee la voluntad de amar es aquel que es capaz de comprometerse porque: El compromiso es el fundamento, la firme roca, de toda relación genuina de amor... asumir compromisos es algo inherente a la genuina relación de amor. Quien está verdaderamente interesado en el crecimiento espiritual de otro, sabe consciente o instintivamente, que puede fomentar ese crecimiento sólo en virtud de una relación constante»13.

Dicho de otra forma, uno de los mayores signos de madurez psicológica de un individuo es la capacidad de compromiso y, de manera particular, en la dimensión afectiva. El amor se hace compromiso revelando en aquellos que se comprometen la autonomía que caracteriza a los que son hacedores de su existencia. «Dos personas se aman únicamente cuando son capaces de vivir la una sin la otra pero deciden vivir juntas»14.

No se puede terminar este apartado sin traer a colación a un autor que ha experimentado en su propia vida el afán de buscar sentido a su existencia, a Viktor Frankl. No hay equivocación si se reitera lo mencionado anteriormente cuando se dijo que un hombre que trabaja su crecimiento en la dimensión, afectiva está asegurando el sentido de su propia vida porque ella le permite trascender su propio yo para llegar al otro, que dicho por Frankl aparece de esta manera: El amor constituye la única manera de aprehender a otro ser humano en lo más profundo de su personalidad. Nadie puede ser realmente conocedor de la esencia de otro ser humano si no le ama. Por el acto espiritual del amor se es capaz de ver los trazos y rasgos esenciales en la persona amada...al hacerle consciente de lo que puede ser y de lo que puede llegar a ser, logra que estas potencias se conviertan en realidad15.

El ente psíquico de la persona tiende al equilibrio y a la armonia cuando su yo es capaz de extender fronteras para llegar a otro yo y construir un nosotros. Al lado de este equilibrio aparece el estado de autorrealización que se renueva en el proceso evolutivo
13 14 15

Ibíd., p. 144. Ibíd., p. 100. FRANKL, Víctor. El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder, 1994. p. 110.

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del hombre. Optar por el afecto y el amor es estar seguro de sí y llegar a brindar seguridad al otro. 1.3.3.2 Desde la perspectiva filosófica El hombre, ser pensante, ha dedicado innumerables espacios y tiempos para volver sobre sí mismo y reflexionar en torno a la pregunta que ya planteaba Kant en su tetrada filosófica: ¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar? ¿Qué es el hombre? Dar respuesta a este cuestionamiento existencial es abrir la ventana para que los elementos que pueden dar luz entren por ella y vislumbren una respuesta que nunca será acabada. Muchos de estos elementos se tejen dentro del eje afectivo porque reflexionar en torno a lo que es el hombre es tener en cuenta esta dimensión.

Dice Martin Buber: « ¿Qué es el hombre? Respondemos la pregunta si acertamos a comprenderlo como el ser en apertura dialógica, en cuyo «estar-dos-enrecíproca- presencia» se realiza y se reconoce cada vez el encuentro del «uno» con el «otro»16. Es decir, el hombre debe entenderse como el ser que es cuando entra en relación con otro, es un ego que se inter-relaciona con un alter-ego. La posibilidad de llegar a ser del hombre queda supeditada a la reciprocidad vivida con el otro.

No se trata de hacer complicado lo que se puede entender con palabras sencillas y, para este propósito, se pueden enriquecer estos postulados con los de aquel que es admirado por la profundidad de su pensamiento. Max Scheler habla claramente de la unificación afectiva como el fundamento de sentir lo mismo que el otro, o mejor, es a través del fundamento del amor por el cual el hombre llega a identificar su propio yo con un yo individual ajeno.

Scheler17 acuñó una nueva significancia a la simpatía como el resultado de la unificación afectiva. La simpatía representa una funcion originaria, última del espíritu, que no ha surgido en absoluto por modo genético, que entra en la constitución de todos los seres dotados de afectividad.
16

BUBER, Martín. Qué es el hombre. México: Fondo deCultura Económica, 1980.p. 151.

17

SCHELER, Max. Esencia y formas de la simpatía. Ed. 3. Buenos Aires: Losada, 1957. p. 169.

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El hombre tiene una disposición natural para el afecto pero la afectividad es construida a través de un sano aprendizaje del amor. No se puede llegar a creer que el hombre trae consigo un depósito predeterminado de afecto y, que dependiendo de las circunstancias, abre la llave para que salga ya sea de manera escasa, racionada o abundante. Por eso no se debe malentender la palabra «dotados» como algo que viene innato con el hombre, sino como la construcción, el crecimiento o la constitución que hace el mismo hombre a través del tiempo.

Hasta aquí se podría pensar que los filósofos lanzan sus ideas acerca de la afectividad hacia un plano de difícil entendimiento. Pero, no es así, ya que el mismo Scheler lo dice de esta forma: «E1 amor sexual, aun en sus más nobles y más puras manifestaciones pertenece radical e indeclinablemente a la esfera vital del hombre»18. La sexualidad es existencialidad, el amor es propio del hombre, la afectividad le da razón a su vida y la simpatía es la garantía de su propia personalización. 1.3.3.3 Desde la perspectiva teológica Intentar acercarnos a la dimensión afectiva desde la teología es manifestar que el hombre sobrepasa los límites de la inmanencia y se hace trascendente porque hay un Trascendente. Cuando vemos la dimensión afectiva desde la teología cristiana hacemos una referencia clara a Aquel que nos reveló el rostro amoroso del Padre y que fue capaz de amar con plenitud, Jesús, el Dios que se hizo hombre como uno de nosotros y les enseñó a los de su tiempo y nos enseña a nosotros hoy que el amor es posible y que es la base para todo aquel que quiera ser su seguidor -y, así no lo fuera, es la invitación para el que quiera ser Hombre-. San Juan dice en una de sus cartas: Queridos míos, am’emonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, pues Dios es amor... El que dice «Yo amo a Dios» y odia a su hermano es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ve, si no ama a su hermano, a quien ve?19.

18 19

Ibíd., p. 151. 1 Juan 4, 7-8.20.

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Lo anterior nos da claridad sobre dos ideas: la primera, que desde la óptica de la fe, el amor es el camino que lleva al conocimiento de Dios. Conocer en el lenguaje bíblico es compartir la naturaleza de, es decir, que amando es como el hombre llega a vivir su imagen y semejanza de Dios. A través del amor el hombre se hace trascendente como el Jesús que ha trascendido el tiempo haciéndose presente entre los hombres de hoy. Y, la segunda, que el amor no es un etéreo, sino que es la expresión del hombre que se personaliza en el mismo hombre. La dimensión afectiva no se vierte sobre una roca, ni sobre una imagen, ni queda en el aire esperando un mejor viento. La dimensión afectiva se construye en la persona y se proyecta en la persona. Este es su mapa de acción. Dentro de la fe esto cobra real sentido. Para aquel que quiera sentirse hijo de Dios o en amistad con Dios deberá vivir en el amor con aquellos que están a su lado.

San Pablo es un convencido del amor, por eso dice que no hay nada más perfecto. A la luz de sus escritos podemos decir que el hombre que quiera orientar su dimensión afectiva por los caminos del amor deberá cultivar dentro de sí muchas actitudes y, viceversa, si posee el amor se manifestará en multitud de actitudes. El amor es paciente, es servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo lo cree y todo lo espera20. Después de un texto tan profundo se entiende porqué el amor hace del hombre un ser cercano a la perfección. Frente a esto puede haber dos acciones: desilusión por la inalcanzabilidad de la meta viendo el amor como un sueño al cual pueden acceder sólo los santos o una actitud de compromiso por asumir dentro de la propia personalidad cada rasgo que le puede llevar a ser un hombre de afectividad equilibrada y evolutiva.

En cuanto a la realización personal se refiere, el amor es la base que la garantiza. Así lo expresa S.S. Juan Pablo II: La persona es un ser para el que la única dimensión adecuada es el amor. Somos justos en lo que afecta a una persona cuando la amamos: esto vale para Dios y vale para el hombre. El amor por una persona excluye que se la pueda tratar como un objeto de disfrute... Lo más esencial del amor es el
20

1 Corintios 13,4-7.

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sincere don de sí mismo. En este sentido la persona se realiza mediante el amor21.

Dentro de un lenguaje teológico la palabra realización va en línea directa con el concepto de salvación. El hombre que ama profundamente está llevando a cabo su proceso de salvación que se da bajo la gratuidad del Dios que también le ama. Esta es la insistencia del evangelio, llegar a que el hombre descubra que en el egoísmo no se salva ni se realiza, es en el amor donde puede lograr este cometido. Es asi como se entiende el primer y principal mandamiento «Amar a Dios y al prójimo como a sí mismo». 1.3.4. La clarificación de valores en la dimensión afectiva La clarificación de valores es una acción consciente y sistemática del formador u orientador que tiene por objeto estimular el proceso de valoración de los formandos con el fin de que éstos lleguen a darse cuenta de cuáles son realmente sus valores y puedan, asi, sentirse responsables y comprometidos con ellos.

Cuando una persona adquiere más seguridad y confianza en sí misma, y tiene más claridad en sus metas, podrá enfrentarse de modo más constructivo que si no hubiera desarrollado estas actitudes. Tendrá un mayor sentido crítico y creativo y, por lo tanto, su influencia en el medio será a favor del cambio y hacia una sociedad más humana. Esto es general a la persona y, por tanto, aplicable a la afectividad.

No es el momento de hacer historia en cuanto a las técnicas de clarificación de valores y a los diferentes autores, pero es obligante nombrar a Louis Raths y a Lawrence Kohlberg porque la exposición que se hace está basada en su aporte a la psicología. Es característica de la clarificación de valores la integración de pensamiento, afectividad y acción; el objetivo es llegar a la conducta, pasando por el sentimiento y la claridad de ideas. Es la integración de la triple visión de la persona que piensa, desea y opta.

21

JUAN HABLO II. Cruzando el umbral de la esperanza. Bogotá: Norma, 1994.p. 207-208.

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Raths y sus colaboradores expresaron en sus primeras colaboraciones su intención de ayudar al desarrollo del proceso de valoración, de modo que el individuo llegue a tener la habilidad de darse cuenta de lo que él realmente aprecia y quiere, y así pueda actuar en conformidad con sus propias decisiones y no quede a merced de las influencias e imposiciones del ambiente. Se trata de que el lugar o foco de valoración se encuentre en la propia persona y no en otros. Reconocen la importancia que tiene en la conducta humana el nivel intelectual y la afectiuidad pero consideran que estos dos factores no son los únicos que determinan el comportamiento, puesto que este depende de la claridad o confusión de las metas que se pretende lograr22.

Si una persona sabe bien los valores que mueven su vida -su vida afectiva- su conducta será normalmente decidida, coherente, productiva; mientras que si no tiene claridad en lo que quiere conseguir ni en los valores que lo fundamentan, su conducta será dispersa, desorganizada e ineficaz.

La clarificación de valores debe abordar a un individuo que desde temprana edad ha sido influenciado por tres ambientes que, en no pocas ocasiones, le han bombardeado mensajes contradictorios y con metodologías completamente diferentes: La familia, la escuela y la calle. Estas inciden en el proceso de valoración que ocurre en la persona que se va desarrollando poco a poco.

La familia transmite normas de conducta bajo la concepción de que los padres son los que poseen la experiencia y saben lo que conviene a sus hijos y lo que no conviene. Ellos deciden por sus hijos desde lo más ínfimo hasta lo más trascendente. En la parte afectiva los padres son manipuladores y «vendedores» del cariño hacia sus hijos: «Si no haces tal cosa entonces no te quiero»...«Tú debes lograr tal meta porque así me darás una gran satisfacción por todo el esfuerzo que he hecho por ti».De un modo inconsciente los hijos van aprendiendo a responder a las necesidades y sugerencias de los demás.

La escuela hace otro tanto a través de sus propios medios. La vida se normatiza y se regula hasta el extremo. La obediencia es una verdadera virtud y la aplicación en
22

PASCUAL, Antonia. Clarificación de valores y desarrillo humano. Madrid: Narcea, 1988. p. 34.

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la adquisición de contenidos es el mérito. Las relaciones entre profesores y alumnos son frías y funcionales. El afecto es algo que puede llegar a ser mal visto si llegara a ocurrir. Por ejempio, el joven no tiene derecho a sentir ni a expresar emociones. Si ríe es un burletero, si llora es una «nena», si grita es un revolucionario, si saluda a su compañero con afecto es «un tipo raro», pero si lo hace fuertemente es un «patán». La escuela es el mundo de las contradicciones afectivas.

Y la calle hace una propuesta diferente a través de mensajes y signos diversos. Es el mundo de lo permitido, de lo fascinante por descubrir, de las experiencias novedosas, de los caminos que en muchas ocasiones no tienen ruta de vuelta y de los retos para los que no tienen condencia de quiénes son y qué quieren. En este ambiente se «vende» el amor a quien lo pueda comprar; se promulga el placer como fin y se prodiga el disfrute del otro sin más compromiso que el beneficio metálico que pueda otorgar.

Estos ambientes crean en el individuo tal confusión en su mente que se hace necesario clarificar los valores que regirán su vida, que le darán autenticidad y que le darán sentido a su propia vida. Más todavía si dicho individuo ha optado por la vida religiosa en donde se necesita que haya un sistema de valores que sostenga cada decisión y cada actuación, sobre sí mismo y sobre los demás. Raths23 señala como exigencias de la clarificación de valores: 1. Seleccionar libremente 2. Seleccionar entre varias alternativas 3. Seleccionar después de la cuidadosa consideración de las consecuencias de cada alternativa 4. Apreciar y disfrutar la selección 5. Afirmarla 6. Actuar de acuerdo con la selección 7. Aplicarla repetidamente en nuestra forma de vida

El objetivo primordial de la clarificación de valores en la dimensión afectiva es el desarrollo de los procesos de valoración que le lleven a tomar decisiones libres teniendo en cuenta alternativas y consecuencias, y que lleven al compromiso de la acción. Esto implica que el individuo tome contacto consigo mismo dando lugar a su

23

RATHS, Op. Cit. p. 30.

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autoconcepto y autoestima, se abra a su propia experiencia y se escuche para darse cuenta de lo que realmente quiere porque es autónomo.

Clarificar los valores en la afectividad lleva a que la persona pueda responder vitalmente a preguntas como: ¿A quién quiero? ¿Por qué quiero? ¿A quién amaré? ¿Qué compromiso asumiré? ¿Qué destino daré a mi sexualidad? ¿Bajo qué valores fundamentaré mis lazos afectivos? y otras que buscan dar sentido a la persona que ama y que es amado dentro de la vida consagrada porque en esta opción también se vive la afectividad.

CAPÍTULO 2 INTEGRACIÓN DE LA SEXUALIDAD Y LA AFECTIVIDAD Y SU
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RELACIÓN CON EL PROYECTO PERSONAL DE VIDA

2.1. SEXUALIDAD INTEGRADA A través de los últimos tiempos las diferentes escuelas psicológicas han venido haciendo sus propuestas de comprensión de la sexualidad yla manera como ésta se relaciona con la persona humana. De una forma especial es necesario reconocer el aporte que hace Freud y el psicoanalisis, y de ahí en adelante Addler y Jung. Aquí no se pretende hacer una exhaustiva revisión bibliográfica ni la evolución del pensamiento psicoanalítico, sino recoger dos conceptos que fueron adoptados por la vida consagrada para llegar a un tercero que no es del psicoanalisis sino de la escuela existencialista-humanista. 2.1.1 Represión de la sexualidad Durante mucho tiempo, aunque no de manera explícita, la represión fue la forma como se trató la sexualidad y sus fenómenos. Pero, ¿qué es la represión? Es un mecanismo de defensa por el cual el individuo excluye de la conciencia contenidos psíquicos (ideas o impulsos) con el fin de evitar el ansia. Se puede excluir lo que una vez era consciente o también sofocar ideas y sentimientos antes que puedan llegar a la consciencia24.

La represión es el mecanismo más fuerte y por eso, de alguna manera se enlaza con otros mecanismos que también le refuerzan como: el desplazamiento (dirigir el afecto a un objeto diverso en el cual se descarga el mismo afecto); la intelectualización (uso defensivo de la razón para convencer a los otros de la legitimidad de su vivencia); la racionalización (adaptación de la realidad a los propios impulsos y opiniones); la compensación (esfuerzo psíquico para contrarrestar las carencias); y la formación reactiva (expresión de pensamientos, afectos, o comportamientos opuestos al impulso subyacente).

Aunque circular en su proponen o él palabra clave
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un mecanismo de defensa es inconsciente, las ideas que el sujeto hace cabeza lo hacen consciente, lo mismo que las estrategias que se le mismo se autopropone para controlar la sexualidad. El control es la que tiene como significado la «dominación» de aquel «monstruo

Cfr. CENCINI, A y A, MANENTI. Psicología y formación. Estructuras y dinamismos. México: Paulinas, 1985.p. 336.

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dormido» que en algún momento, el menos esperado, puede despertar y hacer trizas al hombre débil, casi incapaz frente al instinto sexual.

En palabras más específicas se habla de la continencia como virtud, el no sucumbir a la «carne» mientras el fuego del placer abrase el cuerpo frente a un espíritu que debe ser más fuerte. La sexualidad es mirada con miedo y la continencia tendrá gratificación algún día. La castidad es un sacrificio (con mortificación de los sentidos).

El conductismo hace sus recomendaciones para lograr el «control» de la sexualidad y para ello nombra algunas estrategias como el control del medio (v.gr.que haya frases e imagenes «sanas» en el lugar de trabajo o de descanso y no aquellas que estimulen al placer); el control de estímulos discriminativos (v.gr. romper con aquella compañía que por su forma de hablar o vestir es excitante); el autoregistro (para hacer reconocimiento de los logros virtuosos obtenidos cada día); y el autorefuerzo (v.gr. la repetición de alguna frase como principio de vida en la pureza o dignidad). No se pretende descalificar estos medios porque pueden resultar válidos, pero por su naturaleza mecanicista demandan demasiada energía de la persona humana y en algún momento se entrecruzan con la moralidad que, a su vez, en no pocos casos, genera individuos escrupulosos y con poca capacidad de aceptación y perdón cuando se falla.

El mismo Freud hace caer en la cuenta en su explicación de la represión que existen las memorias de lo reprimido haciendo que la excitación sexual originaria al ser revivida encuentre un nuevo canal que le permita manifestarse en forma de algún síntoma neurótico. Es por esto que fue necesario dar un paso más y hablar de la sublimación de la sexualidad descargándola del matiz negativo que le daba la represion. 2.1.2 Sublimación de la sexualidad La sublimación es el proceso mediante el cual impulsos inaceptables (sexo y agresividad) son canalizados hacia metas superiores, personal y socialmente aceptables, encontrando así su satisfacción25. Dentro de la sublimación juega un papel importante la gratificación que es el fin del impulso natural, pero cambia el objeto de afecto. Este mecanismo que difícilmente se ubica en el plano de lo inconsciente es usado casi por todos y se extiende a todas las actividades.
25

Cfr. Ibíd., p. 339.

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Dentro del contexto de la vida religiosa, Javier Garrido263 ha diferenciado la sublimación de dos formas: la sublimación-trasvase donde se da una especie de transferencia y Dios sería el símbolo del objeto-afecto humano; y,la sublimación cultural donde se subordina la satisfacción del placer inmediato en aras de una gratificación (que corresponde a lo expuesto anteriormente).

La creatividad es un elemento importante dentro de aquel que quiera vivir una sexualidad sublimada ya que en ella pone en juego todo su ser personal haciendo que el fruto de su dedicación le produzca alegría y placer. El lenguaje de la sublimación tiene otra naturaleza y otras formas de presentación -positiva, tal vez, comparada con el de la represión. Por ejemplo se habla de «renuncia por...», de la satisfacción que produce cuando alguien se entrega a una misión noble, de la canalización positiva de energías y del encumbramiento de la misma persona hacia sus propios ideales. Pero, el mismo Garrido hace caer en la cuenta del peligro que tiene sublimar la sexualidad cuando se pretende llegar a ideales inalcanzables y comprometiendo la afectividad. Si esta se engaña y encubre motivaciones sospechosas, la sublimación puede transformarse en mecanismo neurótico de defensa, muy difícil de atacar: rigidez perfeccionista, delirio de autogra.deza, derivaciones subrepticias de las pulsiones (obsesiones sexuales, fobias...), intolerancia ideologica, etc. Caben formas más suaves: pasividad y dependencia, incapacidad de entrega afectiua, manipulación de personas jugar a gratificaciones indirectas (fantasías, flirteos...), etc.27 La vida religiosa no escapa a esto y por eso se proponen cuatro elementos básicos para que la sublimación tenga éxito -si se permite la expresión-: en la línea del yo, una autoafirmación; en la línea de tú, estableciendo relaciones personales equilibradas; en la línea de la misión, construyendo la cultura; y en la línea del Trascendente, el amor a Cristo.

26

GARRIDO, Javier. Grandeza y miseria del celibato crisitiano. Santander: Sal Terrae, 1987.p. 109. 27 Ibíd.,p. 115.

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De todas formas la sublimación sigue siendo un concepto que se queda corto frente a la sexualidad y no se piense que es por ser del psicoanalisis, ya que el mismo Ackerman, psicoanalista puro, le hizo la crítica a Freud diciendo que éste no comprendió la fuerza creativa del amor, que se escapa de la líbido, y no depende necesariamente de este monismo impulsivo. 2.1.3 Integración de la sexualidad Necesariamente tendremos que salir del psicoanalisis introduciéndonos dentro de la rica propuesta que hace la psicología humanista. Desde un tiempo para acá se ha venido hablando de que el hombre debe integrar su sexualidad y, mucho más, el religioso. Esta postura parece resolver las inquietudes que se derivaban de la represión y la sublimación. Se entiende por integración la manera por la cual un elemento viene a formar parte de una totalidad. Esto significa que dicha parte tiene un valor en sí misma cuando es vista dentro del universo. Es decir, no permite ser desechada, ni marginada, ni absolutizada. Llevado a la sexualidad, ésta no puede dejarse de lado por el "peligro" que representa ni tampoco debe ser absolutizada como lo único, lo esencial o lo valedero.

A manera de presupuesto no podemos olvidar que la persona humana es quien integra la sexualidad a su ser dándose una manera específica de ser hombre o de ser mujer. Pero, ¿quién es la persona humana? Viktor Frankl28 lo desarrolla espléndidamente en su ensayo «Diez Tesis sobre la persona» y dice acerca de ella: 1. Es un indiuiduo, no admite partición, no se puede subdividir porque es una unidad; 2. Además de ser in-diuiduum, es in-summabile, es decir, tampoco se puede agregar porque es una totalidad; 3. Cada persona es absolutamente un ser nuevo, un nuevo yo; 4., La persona es espiritual hallándose en contraposición con su ser psicofísico; 5. Es existencial, significa que no es fáctica ni pertenece a la facticidad. Es un ser facultativo que existe de acuerdo con su propia posibilidad para la cual o contra la cual puede decidirse. 6. La persona es yoica, o sea, no se .haya bajo la dictadura del ello; 7. La persona brinda unidad y totalidad desde sus componentes físico-psíquico-espiritual; 8. La persona es dinámica justamente por su capacidad de distanciarse de su ser físicopsíquico para manifestar lo espiritual; 9. Es capaz de trascender y de enfrentarse a sí mismo; y lO. La persona no se comprende a sí misma sino desde el punto de vista de la trascendencia y esta se da cuando el hombre tiene un sentido para su vida.
28

FRANKL, Víctor. La voluntad de sentido. Barcelona: Herder, 1994. p.106 ss.

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En el quinto presupuesto subyace la diferencia entre la psicología existencial, la psicología psicoanalítica y la psicología individual. Porque la primera, a diferencia de la segunda que aspira al placer y deja al hombre que sea impulsado por la líbido y a diferencia de la tercera que le da supremacía al condicionamiento social, pone su centro en los valores. Y, además, enfatiza que ser hombre es ante todo ser libre y responsable.

De lo anterior se infiere que la sexualidad no es contraria al ser de la persona humana, sino que forma parte de ella. El hombre que Integra su sexualidad comienza por integrar su corporalidad que de alguna manera es lo más sensible de la sexualidad. No la niega, ni la ignora, ni la rechaza. Reconoce la enorme potencialidad vital que hay en ella. Y, aunque haya algo que se escape de los límites de la voluntad (procesos límbicos y del mesocórtex y arquicórtex), la sexualidad puede ser orientada bajo el principio de la autonomía.

En la expresión hacia los otros, la persona que ha integrado su sexualidad se le ve natural y sin tensiones ni ansiedades frente a las personas del sexo opuesto o del mismo sexo. Antes bien, considera que es posible la amistad heterosexual -y conveniente- para participar y compartir la otra manera de posicionarse frente a la vida y al mundo. La intencionalidad de las relaciones está caracterizada por la lucidez, la igualdad y la autenticidad. A propósito de la intencionalidad, la persona misma conoce en su interior que le mueve a establecer lazos afectivos con determinada persona y es este conocimiento el que le permite saber lo que le es conveniente a sí misma y al otro. En síntesis, para no olvidar algo que es esencial, la integración de la sexualidad tiene como fruto la libertad interior que se refleja en alegría, paz, afecto, responsabilidad, intimidad y profundidad. Hay una capacidad de amarse a sí mismo y a los demás con un amor desinteresado y Fiel. Hay nobleza y anchura de corazón -lejos de un afán de apegos y posesividades-.Hay una fe que da lugar a una afectividad que alimenta el espiritu y acerca a Dios para fortalecer la alianza que se ha hecho con Él. Que no suene extraño lo dicho hasta aquí porque es posible. No es necesario sacar a relucir los nombres de los santos porque tiene el riesgo de alejar lo expuesto. Basta mirarse a sí mismo y responderse con la mano en el corazón «¿Qué he hecho de mi sexualidad? ¿La he reprimido, la he sublimado o la he integrado?» Reconocer el lugar donde nos encontramos es saber los pasos que debemos dar para lograr lo que

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queremos. En condiciones normales -no hablamos de psicoterapia-, el hombre está en la posibilidad de lograr la integración de su sexualidad con sus propios recursos y desde su estado de vida. El celibato tiene unos presupuestos psico-afectivos29 que no serían otros que los rasgos que revelan una sexualidad integrada. - Autenticidad: Esta comienza con la decisión de tomar la vida en las propias manos y se alimenta de la conciencia de ser, de no tener miedo a la verdad. La autenticidad permite al religioso basar su afectividad en la alianza de amor entre el, Dios y sus Hermanos y va más allá del cumplimiento de unas normas. - Interdependencia: Es el resultado de integrar dependencia e independencia. Cuando esto no se hace se cae en la una o en la otra. La dependencia se da cuando se refuerza el rol de la autoridad, en las relaciones hay actitudes pasivas, cerradas y posesivas, y se necesita de una persona que apruebe y dé seguridad. Se cae en la independencia cuando hay un miedo a la dependencia y por eso se evita la relación interpersonal, no se sabe hablar de sí mismo ni se expresan los sentimientos. Hay interdependencia cuando la persona se deja querer y quiere, no exige y recibe con gozo lo que le dan. Se siente gratificada y a la vez puede sacrificarse por algo o por alguien. Reconoce que es importante para los otros y que los demás también son importantes para él. Cada relación lleva implícita un compromiso con el cual puede crecer y hacer crecer. -Desinhibir y personalizar el propio cuerpo: En la vida religiosa no se niega la corporalidad sino que se vive dentro de una forma particular de relación. Dicho de otra forma, es la parte de mi-ser-persona que me permite comunicarme con los otros. A través del cuerpo puedo sentir los afectos de los demás. Comprender esto es difícil ya que cargamos con nosotros el dualismo platónico que nos lleva a disociar el cuerpo considerándolo como una amenaza para el celibato. Integrar el propio cuerpo es no moralizar las pulsiones, no se trata de definirlas como buenas o malas, sino de saber que son propias. El cuerpo nos permite ser persona porque nos da identidad. Es la forma de ser hombre o de ser mujer en el mundo. Es lo visible de la sexualidad conel cual puedo llegar a conocerme y a conocer a los demás. Inclusive, a través de la corporalidad sexual y el hombre desea afectivamente a la otra persona. Si esto no se da, hay un rompimiento que lleva a la persona a una dicotomía entre el ser ideal y el ser objeto.

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Cfr. GARRIDO. Op. Cit. p. 99-107

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- Integración de la pulsión de agresiviuidad-autoafinnacion: Aquella energía vital de la cual hablaba Freud, la líbido, que emerge desde lo más profundo de la persona debe ser integrada al proceso de afirmación. La persona que no logra este cometido hace de ella una fuerza que le «quema» expresándola en la agresión al otro. Dicha agresividad puede ser pasiva o activa y busca la reafirmación inadecuada del individuo. Tendencia a la misoginia, machismo-feminismo, neurosis obsesiva, compulsiva o depresiva, o ataque frontal a aquello que siente quitarle piso a su identidad. La autoafirmación se da en el equilibrio interno y externo, y en la aceptación del sí-mismo y del otro. - Vivencia significativa del tú: Ya se ha dicho anteriormente que la persona -aún mas, la que opta por la vida religiosa- tiene la oportunidad frecuente de relacionarse con otras personas. Es la relación ego-alter-ego que le permite ser persona, según Buber. Por eso, si el tú se hace significativo, está abriendo camino para su propia realización y del otro.

No son pocos los casos en los que, por motivos interiores (miedos, inseguridad y dependencia) y por la dinámica de las comunidades religiosas donde son frecuentes los cambios de comunidad y de lugar de trabajo, el consagrado puede llegar a un agotamiento relacional. Pierde fuerzas para volver a empezar, construir comunidad e iniciar nuevas relaciones de amistad. Esto lo hace apático a lo humano y se encierra en las cosas. Lo que hace cobra más valor que las personas con las cuales vive. Esto es lo que hay que evitar comprendiendo que la significatividad no acaba en la no-presencia del otro con el cual se ha relacionado. En cambio, si su corazón es fuente de amor, cada tu que irrumpe en su vida será una oportunidad para extender su afectividad en una experiencia siempre diferente porque cada persona es única y singular. - Dramática existencial: La grandeza del hombre incluye su finitud porque responde a una inmanencia que no niega la trascendencia. Esta finitud le da límites a la libertad y por ello el hombre debe responder a unas leyes universales y naturales de las cuales no puede salirse, si lo hiciera su existencia menguaría o acabaría. También dicha fIe da al hombre la experiencia de la frustración, de sentir que en muchas ocasiones la vida no se da como quisiera por más que ha puesto todo lo que está a a su alcance. Asumir la frustración como una experiencia para su crecimiento y madurez es integrar la dramática existencial. Saber que su vida depende de las decisiones que él toma porque es autónomo, pero también reconocer que la actuación y las decisiones del otro también lo afectan positiva o negativamente. Todo está en la forma como asume los acontecimientos que se dan, que lo interpelan, que lo confrontan o que lo desestabilizan (muerte, duelo, enamoramiento, fracaso laboral, etc.)

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- Integracion de la soledad: Cualquiera que sea el estado de vida la persona se ve enfrentada a vivir la soledad. Se puede hacer la diferencia entre el estar solo y el sentirse solo. La primera responde más a una situación espacio-temporal en donde no hay presencia visible de un «tú». La segunda es la situación dada por la falta de experiencias significativas con un «tú» teniendo el sentimiento de abandono.

Sin pretender ser minimistas, la soledad del que ha optado por la soltería es diferente a la del que ha optado por vivir en pareja y del que se definió por la vida religiosa. En los dos primeros estados de vida la soledad se da y se entiende -aunque no se acepte- porque en la soltería no hay un «tú» y en el segundo sólo hay un «tú» (no se hace alusión a las muchas posibilidades que se pueden dar en uno y otro caso resultado de una manera de concebir la libertad, el compromiso y la fidelidad, y que son la carta de cada día en estos tiempos postmodernos).

En la vida religiosa se vive una de las paradojas más particulares: sentirse solo sin estarlo. Parece increíble, pero es real. El religioso deberá aceptar aunque viva en comunidad con otras personas, compartiendo un proyecto común, unidos por el mismo carisma, responsables de la misma misión, compartiendo la misma espiritualidad y estando bajo el mismo techo, tendrá la experiencia de la soledad. Deberá asumirla con tranquilidad y dar un paso ineludible, encontrar la presencia de Dios en ella. De no hacerlo vendrá el ostracismo o el escapismo en una desmesurada vida social que luego irá en detrimento de la misma fraternidad. Más adelante vendrán algunas pistas para iluminar este punto que es de suma importancia, pero no se debe considerar que optar por la vida religiosa es optar por la soledad, no es así. En realidad, la soledad es una experiencia existencial de toda persona humana.

2.2 EL PROYECTO PERSONAL DE VIDA 2.2.1 ¿Qué es el proyecto personal de vida? El Proyecto Personal de Vida se entiende como el núcleo central de sí formado por los valores en torno a los cuales va estructurándose la identidad de la persona. Tal núcleo manifiesta la cualidad de vida que la persona persigue como un bien necesario o en gran manera útil. El proyecto está constituido, en consecuencia, por el conjunto de cosas o realidades que son importantes para la persona, por sus valores y por su modo
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de vida. El proyecto de vida no es un esquema abstracto de ideas que embridan o atenazan las iniciativas que permanentemente brotan en la vida; no predetermina nada ni es carril obligatorio. El Proyecto de Vida llega a poseer cierta naturaleza intuitiva que deja vislumbrar el desarrollo futuro, una hiptesis, un interrogante, una invitación, sobre todo un sentido que dar a la vida, un esbozo de respuesta a los grandes interrogantes existenciales: ¿Por qué he venido al mundo? ¿Qué sentido tiene la vida y la muerte? ¿Cuál es el sentido del universo que me rodea?30 2.2.2 Propósito del proyecto de vida El Proyecto de Vida puede ser una clave eficaz dentro del proceso de ser persona. Un Proyecto Vital visto a simple vista tiene un triple propósito: 1. Un propósito en el presente: El Proyecto de Vida es la ubicación del individuo en un hoy. Es el eje central, el punto de apoyo alrededor del cual la personalidad va construyéndose, estructurándose como principio unificador de las propias aspiraciones. Se constituye en un |punto sobre el cual se comienza a caminar con sentido.] 2. Un propósito hacia el futuro: La palabra Proyecto revela esta intencion, pro: hacia delante, a favor de; yectar: lanzar, dirigrse a. El Proyecto de Vida genera una tension hacia el future, pone de relieve las expectativas del porvenir, exige y ayuda a buscar una orientacion para la propia vida. Es el marco teleologico del crecimiento propio. 3. Un propósito de identidad: El proyecto exige el descubrimiento del propio yo bajo un profundo conocimiento de la historia personal. Aquel que es capaz de establecer su Proyecto de Vida hace uso de su autonomía y su libertad, se compromete consigo mismo para que el ideal se haga realidad y se constituya como hacedor de su vida sin olvidar que es un ser en relación.

Además, si el proyecto de vida es un factor que contribuye la construcción de la personalidad, tenemos que decir que el Proyecto de Vida evita que el hombre sea presa del impulso o del condicionamiento. Hace que se enfrente con su vida y le busque sentido. Descubre valores que le atraen y se deja guiar por ellos.

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Cfr. SOVERNIGO, José. El proyecto de vida. En busca de mi identidad. Madrid: Sociedad de Educación, 1990. p. 46-47.

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El Proyecto de Vida favorece la integración de dos elementos que pueden ser distantes: El yo real y el yo ideal. El yo real se puede entender como lo que yo soy ahora, la situación personal del individuo: valores, defectos, los problemas que tiene, su historia compuesta de acontecimientos, experiencias, equivocaciones y conquistas. Y el yo ideal representa lo que yo quiero ser, el motivo por el cual se vive, las metas propuestas para ser hombre en las circunstancias adyacentes. Elaborar un Proyecto de Vida conlleva por eso mismo, partir de lo que uno es y concretar poco a poco lo que se ha de ser. 2.2.3 El proyecto personal de vida y los valores La base axiológica es el alma sobre la cual se cimienta el Proyecto de Vida. Por eso, hablar de Proyecto de Vida es hablar de valores constituidos |dentro de un sistema propio lo que, a su vez, hace la diferencia entre un proyecto y otro. Conviene poner de relieve, ante todo, que un Proyecto de Vida no es igual para todos y no todo enunciado de valores constituye un auténtico proyecto válido. Existe una notable variedad de proyectos según la diversidad de valores y del tipo de personalidad que los encarna.

El sistema de valores da sentido a los actos de cada dia haciendo que el Proyecto de Vida otorgue al individuo confianza y esperanza en las dificultades y lo haga libre y protagonista ante los condicionamientos de la sociedad.

El Proyecto deVida es la concreción de valores en una persona. Es hacer que estos tengan sentido y se expresen vivencialmente. Es la interiorización y afianzamiento de los valores dentro de un orden que generan actitudes y comportamientos con razón de ser. Los valores que ha clarificado un individuo son su sistema de abordaje de la realidad. Cuando se establece el Proyecto deVida se está respondiendo, indudablemente, a la pregunta ¿Cuáles son los valores que le dan sentido a mi ser y a mi qué-hacer? Revelación particular del sistema valórico f rente a sí mismo, f rente a los demás y f rente al entorno. «E1 proyecto es la ordenación inteligente de la dinámica de crecimiento en los valores. En y según el proyecto se da el cultivo de los mismos. El proyecto está

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determinado por los valores que se pretende alcanzar. Se hace proyecto para conseguir valores. El sentido de los valores es correlativo al sentido humano y cristiano de la dignidad de la persona»31. Los valores aseguran que la persona no llegue a un vacío existencial, al contrario, que alcance una dignidad. 2.2.4 El proyecto de vida, sus dimensiones e identidades Lo que viene a continuación no es una contradicción a la consideración hecha de manera fehaciente de considerar al ser humano como un todo. |El es una integralidad en la cual se entrelazan de manera armónica y sin dejar límites los diferentes aspectos de su ser. Aunque parezca paradójico, se hace una presentación de dimensiones no para dividir sino para apreciar el valor que tiene cada una de las partes. Si se va de lo general a lo particular es necesario preguntarse primero por el hombre universal, su proyecto y sus dimensiones. Para ello hacemos referencia al desarrollo hecho de manera más amplia en nuestro libro «La afectividad en el proyecto personal de vida»32 y que nos sirve para encauzar nuestra reflexión sobre lo específico de la vida religiosa.

Hay cuatro dimensiones que aseguran la solidez y la unidad del Proyecto de Vida: Dimensión profesional, dimensión política, dimension afectiva y dimensión trascendente.

Al nombrarlas en este orden no se está proponiendo en ningún momento que esta sea la secuencia para crecer en cada una de ellas. Las cuatro se van dando simultáneamente porque las cuatro forman un sistema en la que es imposible incidir en alguna y no incidir en las demás. Si se afecta una de ellas de inmediato las otras también se afectan. LA DIMENSIÓN PROFESIONAL Pareciera que una sociedad donde el sistema capitalista neoliberal rige las vidas de las personas, de las instituciones, empresas y macro-grupos humanos, la dimensión profesional fuera la más importante. De hecho, muchos proyectos de vida se han
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MARTÍNEZ, Mariano. Cmf. Los proyectos personales y comunitarios. Madrid: Publicaciones Claretianas, 1992. p. 61. 32 Cfr. MEZA, José Luis. La afectividad en el proyecto personal de vida. Bogotá: Libros y Libres, 1996.

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reducido a esta dimensión haciendo que la persona busque afanosamente oportunidades para estudiar una carrera, para encontrar un trabajo y para ganar dinero.

A este respecto es fácil encontrar instituciones educativas que han generado todo un proceso de orientación profesional para los jóvenes que cursan sus últimos aos de secundaria. Aparecen psicólogos, orientadores, test de aptitudes, charlas con profesionales-.etc, para asegurar que cada individuo tome la mejor opción de acuerdo con sus capacidades y limitaciones. La dimensión profesional no puede absorber la fuerza que tienen las demás dimensiones. No puede hacer del sujeto un homo-faber que reduce su existencia a hacer... hacer para ganar... y subsistir. La dimensión profesional hace referencia a los valores del trabajo y al desarrollo de las cualidades del hombre. El trabajo y la profesión no pueden ser considerados como un medio de supervivencia. El trabajo debe ser la tarea que al ser desarrollada produzca realización, satisfacción y felicidad. El dinero no puede ser el fin del trabajo, sino la consecuencia de la propia realización y la contribución al progreso personal, social y cultural.

De la palabra profesión surge la acción de profesar y «profesa» aquel que se consagra a algo dejándose apasionar por lo que hace pero sin ser absorbido. Vibra en su corazón cuando logra hacer lo que quiere porque vierte en su trabajo grandes dosis de creatividad, ingenio, objetividad, ciencia, humanismo y entrega. Lejos de él cualquier automatización de su quehacer que lo lleve a perder su sentido llegando a una rutinización inacabable.

LA DIMENSIÓN POLÍTICA Cuando se menciona una dimensión de esta naturaleza no se hace referencia a los movimientos políticos, ni a pertenecer a un partido político, sino que se refiere al espíritu que impulsa cualquier acción política del hombre: el que lleva a hacer de él un sujeto que se interrelaciona con los otros para buscar el bien común de todos.

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Dentro de la dimensión política se encuentran los valores del servicio, la solidaridad, el compromiso, la honestidad, el respeto por el otro, la tolerancia y todos aquellos que hacen que el hombre pueda vivir en la sociedad de la cual forma parte.

El hombre no es una isla y, por tanto, no se puede quedar en un «mi vida, mi estudio, mi trabajo, mi casa...» debe ser capaz de abrir las fronteras de su yo para descubrir que otros tienen los mismos derechos y que deben ser respetados aunque no haya lazos afectivos que los unan.

Los valores de lo político hacen del joven un sujeto crítico frente a las situaciones que se le presenta al grupo social del cual forma parte. Se habla del grupo social sin determinar su extensión porque puede ser tan grande como lo conciba la conciencia política que tiene el individuo que pertenece a ella. En un nivel mínimo podríamos hablar de familia; si ampliamos un poco, pasaríamos a considerar el sector, el barrio, la ciudad, la región, la nación o el mundo. El hombre debe ser consciente que cualquier cosa que haga o deje de hacer afecta positiva o negativamente a los otros en los diferentes niveles. Ese hacer puede ir desde un sembrar un árbol hasta dar un voto, o desde tirar un papel a la calle hasta colocar una bomba en un sitio transitado. LA DIMENSIÓN AFECTIVA Los valores de la dimensión afectiva tienen que ver con el conocimiento de sí mismo y el valor de la vida, la autoimagen, el autoconcepto, la autoestima y la autonomía. Además, el valor que un individuo da a su existencia y a la existencia de los demás.

El amor por la vida tiene que ver con la sexualidad, suya y la del otro. La afectividad se pone a prueba en las diferentes expresiones de la sexualidad que se dan en las situaciones de la vida cotidiana como la identidad sexual, los roles sexuales, el noviazgo, el embarazo no deseado, la posibilidad de aborto, la droga, las conductas sexuales excepcionales, el acoso sexual, etc. Todos somos conscientes que la vida está llena de decisiones que se dan en cada momento, pero las decisiones que se toman en la vida afectiva - a, nuestro parecer- son

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las más trascendentales de todas. De hecho, el éxito en esta dimensión genera en la persona una sensación de plenitud y realización. O, lo contrario, las «embarradas» afectivas han llevado a la consumación total, la depresión, el suicidio como "solución" extrema o a un giro de 180 grados en el proyecto personal de vida. Valdría la pena preguntarse cómo vive un hombre que se siente amado y que ama. ¿No es acaso un hombre que se vuelve altamente productivo? que piensa en el bien del otro? que es comprensivo, optimista y alentador? Que tiene un espíritu en paz y alegría, y estrecha sus lazos con el Dios de su fe? Pero, yendo al otro extremo, cómo vive un hombre que no ama y se siente rechazado por el otro - o en el peor de los casos, odiado-. ¿No es aquel que reniega de lo que hace? que se vuelve neurótico en la sociedad? Que se siente solo y abandonado? que no tiene metas o ideales? que hace de Dios una blasfemia? LA DIMENSIÓN TRASCENDENTE La dimensión trascendente, sin duda, forma parte del proyecto vital de una persona. Esta convicción está fundamentada en la fe que profesa el hombre y que anima su vida, Es la convicción del hombre como ser perfectible que se mueve dentro de la continua inmanencia-trascendencia: un hombre que está sujeto al tiempo y al espacio y un hombre que transpasa los límites que ponen estas dos variables.

Darle un sentido trascendente a la vida es aceptar que ella tiene un componente espiritual compartido por un Ser superior al que consideramos Padre del cual procedemos y al cual volvemos. Dentro de una perspectiva teológica cristiana este Dios Padre es amor y por eso perdona al hombre, lo acompaña, lo guía y lo conduce a Él, pero, no se confunda, respeta su libertad como don que legitima su naturaleza.

Es el hombre quien, a través de su libertad, hace amistad con Dios desde su propia situación y desde esta vida. Por eso, esta dimensión trascendente lleva en sí misma los valores llamados religiosos y morales: la fe, la fraternidad, el amor, el perdón, el servicio y todos aquellos que presenta el evangelio.

Nótese que no hay ningún valor evangélico que se quede dentro de una relación simbiótica cerrada entre el hombre y Dios. Todos los valores trascienden a los demas hombres. Por eso, la dimensión espiritual o trascendente le da sentido a muchas de las cosas que hace el hombre y a su propia vida.

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Para el hombre y la mujer que optan por la vida religiosa hay un proyecto de vida que afina cada una de las dimensiones anteriores convirtiéndolas en identidades entendidas como la realización de los elementos de cada dimensión que forma parte de la persona humana33 sin olvidar que la afectiva incide en todas las identidades porque la vida religiosa es una opción en, por y para el amor. 2.2.4.1 Identidad Formativa Un religioso vive la dimensión profesional cuando traza para sí mismo un plan de formación personal que le permita crecer de continuo en el conocimiento de aquellas áreas que le tocan en su forma de vida y en las que necesita para responder a la misión que se le ha confiado. Hoy más que nunca el religioso debe estar atento a renovar de manera permanente su saber en virtud del profetismo por el cual el mundo le pide una palabra como respuesta a la realidad que vive. Se ha dicho que el mundo demanda de la vida religiosa testimonio y fidelidad, pero no hay que olvidar que el mundo también reconoce para sí la eficacia y la competitividad. Si hay religiosos que por su vida activa se relacionan con el mundo, ellos deben ser excelentes profesionales en lo que les toca -sin caer en el profesionalismo-.

Aquí tiene un papel importante el discernimiento. Este le permite al religioso descubrir lo que es importante y lo que necesita para ser fiel a sí mismo y al carisma de la congregación de la cual forma parte. Por ejempio, el religioso educador debe ser una persona muy preparada en llevar el evangelio a través del mundo de la educación. Esto significa que debe tener un conocimiento suficiente de pedagogía, catequesis, teología, filosofía, psicología y sociología (y de otras áreas). Pero, debe ser un especialista en alguna de ellas, no para lucirse en el mundo, sino para responder a los problemas que van apareciendo y que pueden ser abordados desde esa área dentro de un diálogo interdisciplinar. 2.2.4.2 Identidad Ministerial La misión se considera en el sentido amplio y profundo de la palabra. No se trata en este caso de ir a un lugar diferente al del trabajo. La misión es la síntesis entre carisma, espiritualidad, comunidad y ministerio. Es la respuesta concreta a un mundo que pide a gritos algo que la vida religiosa le puede y le debe dar.
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Cfr. MARTÍNEZ. Op. Cit. p. 89-125.

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Aunque sea la dimensión política del religioso, va más allá del concepto señalado arriba, porque es la acción que éste hace convencido de que es un avance hacia el Reino de Dios. Es el «grano de arena» para lograr que en el mundo y en esa parte concreta de la humanidad haya justicia, paz, igualdad, amor, perdon, progreso y dignificación.

Hasta aquí se ha hablado en singular, pero hay dos cosas en las cuales no se puede caer: un protagonismo individual y un activismo sin sentido. El primero es el olvido de que hay una comunidad que sostiene, una congregación que posee un carisma y una Iglesia que promueve. Por tanto, no se hacen las cosas para llegar a una gloria personal, sino la de Dios. En lo segundo se da una priorización por la eficiencia -incluso ni siquiera esto y el desgaste de energía en muchas cosas que no tienen sentido.

Antes de hablar de cada una de las identidades se decía que la vida religiosa es una cuestión de amor y que el amor está presente en cada dimensión. El amor hacia Dios (espiritual), el amor a los hermanos (comunitaria), el amor a sí mismo (formativa) y el amor hacia aquellos en los cuales se vierte el ministerio (ministerial). También, por esto, se decía que la afectividad es una dimensión envolvente y llega a cada una de las otras dimensiones haciendo que la persona se sienta plena.

2.2.4.3 Identidad Comunitaria La dimensión afectiva tiene en la vida religiosa un núcleo privilegiado para su expresión. Al interior de las comunidades sus miembros se llaman «hermanos o hermanas» y la cuestión no es llamarse sino ser. Sólo se es «hermano» en la medida en que cada uno considere al otro como tal. La comunidad es este núcleo privilegiado pero no el único.

En la vida religiosa se hace una opción afectiva clara: la fraternidad. Es cuestionante escuchar cómo en muchas exposiciones sobre la vida religiosa este punto se ha diluido o ha tornado otro rumbo. Entonces, se habla de que la afectividad del religioso debe vertirse en la oración y en el trabajo, y así afrontar una irremediable soledad. Es posible que el olvido sea inconsciente, lo que no quita un pensamiento subyacente.
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El religioso podrá vivir su afectividad plenamente cuando sea capaz de vivir la fraternidad que no es otra cosa que amar -no se le quite fuerza al verbo remplazándolo por otros- a aquellos con los cuales vive. En otras palabras, se trata de vivir una experiencia significativa y profunda de amistad donde es posible el diálogo, el perdón, la aceptación, la empatía, el respeto, la estima y el reconocimiento.

La fraternidad puede ser mucho más exigente que la misma vida matrimonial porque demanda el esfuerzo de amar más de un tú. Los tiempos modernos han hecho que en las comunidades se reduzca considerablemente el número de sus miembros. Esta condición puede beneficiar grandemente la calidad de las relaciones fraternas y la manera como se puede hacer realidad esta forma de amar. Más adelante aparece la manera cómo el proyecto personal se enlaza con el proyecto comunitario porque uno y otro se justifican y fundamentan. Cuando un grupo humano se pone de acuerdo para vivir juntos reconoce que en la diversidad está la fuente para la unidad, que en la aceptación está el camino para estar y que en el amor está la clave para integrar lo personal y lo comunitario. El amor es lo único que puede explicar que este milagro sea posible: que personas de diferente edad, cultura, formación y manera de concebir el mundo puedan vivir compartiendo su propia persona. La Iglesia lo recuerda cuando nos dice que las comunidades deben fomentar en su interior una espiritualidad de comunión que se constituye en “signo de diálogo siempre posible y de una comunión que pone en armonía las adversidades”34. 2.2.4.4 Identidad Espiritual El religioso que pretende crecer en esta dimensión va a descubrir que hay Alguien que tiene nombre propio, que lo llama, lo consagra, lo envía y lo salva. Que todo esto lo hace porque lo ama con profundidd y de manera incondicional. Su nombre es Jesús, el Hijo de Dios, el amigo que está presente, ama incondicionalmente y le perdona. “El perfil de esta identidad coincide con el descubrimiento de Jesús en el propio corazón. Evoluciona según la relevancia y polarización que va ejerciendo la misma persona”35. Hay una relación directa con la persona de Jesús que llena toda la vida y le da plenitud.
34 35

JUAN PABLO II. Op. Cit. p. 51. Ibíd., p.109.

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A su vez, permite al hombre partiicpar del Dios Padre, Dios Bueno que también ama desde siempre, que se comunica con el Espíritu en cada uno de sus dones. Es este amor y el sentido lo que hace que el hombre responda con el mismo lenguaje, el lenguaje del amor. Amar a cada persona con la cual tiene la oportunidad de vivir, de compartir, de trabajar y de ser interpelado. Cuando se logra este amor surge la virginidad como don y virtud.Antes podría ser considerada como un voto muy cercano a la ley y que, por consiguiente, nopuede ser trasgredido.La virginidad es el efecto de amar a Dios profundamente y sentirse amado por Él. Por tanto, de reconocer existenicalmente la presencia de Dios en la propia vida. Si Dios está presente es necesario comnicarse con El, por eso, aparece la oración como el diálogo íntimo que el hombre hace con Dios para ofrecerle su vida, su historia, sus proyectos y, en fin, su humanidad. La acción de gracias, la petición, el perdón o la alabanza brotan naturalmente porque se sabe que en la intimidad nada queda escondido, no hay por qué temer, el Señor lo sabe y lo recibe. La debilidad humana e sfortaleza. Crecer en la identidad espiritual es transformarse y es imposible que esto no repercuta en los demás. La experiencia de Dios se hace más que por la palabra, por la vida misma. Se nota en el rostro, en la manera de llegar a los otros, en la disponibilidad, en el estar atento a la necesidad y en la entrega con la cual se hacen las cosas. 2.3 AFECTIVIDAD Y PROYECTO COMUNITARIO (COMUNIDAD) Partiendo de la identidad comunitaria queda reconocida la importancia que tiene la comunidad como núcleo en el cual se expresa la afectividad. Pudiera resultar que para el hombre, en especial el joven, sea necesario un rostro concreto, alguien con el cual pueda compartir su vida, sus inquietudes y sus problemas; alguien con el cual pueda sentarse a la mesa, ver la TV o entretenerse en un juego; alguien con el cual pueda sonar, construir proyectos y trabajar en ideales comunes...; y alguien con el cual pueda sentir una estima sincera, una mano que levanta, que anima y que perdona. Ese alguien está en la comunidad.

Por esta razón desde hace algunos años se ha venido dando una revisión profunda de la afectividad de la vida comunitaria dentro del estado religioso. La vida afectiva se encuentra a menudo ignorada y a veces suscita desconfianza; en nuestros
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días los religiosos viven una relación con el exterior frecuente y variada; faltos de formación personal en la vida afectiva y en la responsabilidad, se dan en las comunidades religiosos «solterones» o adolescentes prolongados; para los religiosos jóvenes las causas más frecuentes de las salidas se encuentran en la soledad y en la falta de amistad; la forma como se vive la afectividad no facilita la castidad.

Aparecen a continuación unas orientaciones que responden al presupuesto de que la vida afectiva es un elemento determinante en la vida religiosa: 1. La unidad de la persona engloba necesariamente la vida afectiva, la vida espiritual, la vida intelectual y la vida apostolica; 2. A lo largo de los años y durante la juventud, la vida afectiva cobra mayor importancia; 3. Cada religioso posee una vida afectiva que debe vivir en plenitud, dentro de su propio estado; y 4. La existencia del religioso, como la de todo hombre y mujer, implica la soledad y debe integrar esta realidad en su propia vida.

Los medios para llevar a cabo están sugeridos en el esfuerzo que hace la comunidad por vivir en espíritu de familia; en el dar a sus miembros, especialmente a jóvenes y a ancianos, la compañía y la atención que necesitan; en invitar a cada uno a considerar su responsabilidad en la animación de la vida de comunidad; en cuidar las relaciones interpersonales; y en dar importancia a las expresiones de fraternidad como la atención a las necesidades de los demás, acogida, capacidad de escuchar, participación en las penas y alegrías, franqueza y lealtad en las relaciones.

A la hora de concretar la intención de «ser hermanos» aparece un instrumento pedagógico que permite generar un referente explícito sobre el cual constatar el avance que se hace en lo que se pretende: el proyecto comunitario. Este es un ponerse de acuerdo en la presencia de Dios de cada uno de los objetivos, prioridades, medios, espacios, tiempos y actividades que le servirán a la comunidad para dinamizarse en la fraternidad, para sentir que son hermanos, para que el amor viva y se haga palpable. El proyecto comunitario está constituido por la convergencia de ideales vocacionales. Su impulso primigenio surge de participar todos los miembros de un mismo carisma... Los religiosos buscan juntos la voluntad de Dios sobre la propia comunidad, se corresponsabilizan, comprometen su vida entera en ese itinerario de crecimiento. Ahí se da la confesión de la fe común, la oración compartida, la vivencia de los consejos evangélicos, el

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ardor apostólico siempre renovado, el servicio fraterno y la comunion en el amor36.

El proyecto comunitario es una clave que garantiza la vida comunitaria. Si queda claro que es la manera como todos juntos y cada uno van a vivir la fraternidad, el proyecto comunitario no puede ser reducido a una distribución de actividades o responsabilidades, ni a un cronograma de actividades, ni a un requisito que debe ser presentado al Superior local, ni a un documento estático que cada año cambia de fecha, ni un obstáculo que impide la actuación del Espiritu, ni una estructura normativa de la cual no se podrá salir más adelante. El amor se abre paso sobre cualquiera de estos reduccionismos.

2.4.

IDENTIDAD,

MADUREZ

Y

REALIZACIÓN

PERSONAL

2.4.1 En búsqueda de la identidad La persona que sale de la infancia y se adentra en la adolescencia comienza a ser consciente de un proceso que ha iniciado desde su concepcion, el proceso de identidad que a lo largo de la vida le irá permitiendo responder a algunos interrogantes existenciales. Es interesante reconocer cómo los humanistas en las diferentes áreas coinciden en señalar elementos semejantes para lograr la identidad sin importar si los presentan a manera de dimensiones, aspectos o interrogantes.

El primer interrogante es: « ¿Quién soy yo?» Darle respuesta de manera existencial es evitar cualquier simplismo circunstancial porque dentro de ella se juegan su papel la autoimagen, el autoconcepto, la autoestima y la autoaceptación. Algunos filósofos han dicho que el hombre que se pregunta por sí mismo es aquel que llega a ser persona.

La identidad dada por el «quien soy yo» es la superación de la incipiente identificación que el nino ha hecho con su padre de igual sexo confundiendo su propio ser con el del otro a través de la imitación. Por tanto, el interrogante suscita una crisis de autoimagen y de autoconcepto, una confrontación con la realidad y una ruptura con los sistemas de seguridad.
36

MARTÍNEZ, Op. Cit. p. 164.

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El segundo interrogante es «¿Qué quiero ser?». Este cuestionamiento lanza a la persona hacia la trascendencia dentro de un proceso de constante crecimiento en todas las dimensiones. Es la invitación a salir de su refugio, no ignorar las potencialidades que lleva dentro de sí y ser fiel a sí mismo. Esta dinámica de proyectarse vitalmente requiere de la autenticidad y esta no es otra cosa que el coraje para vivir a fondo siendo el mismo en la libertad.

Hasta aquí, estos dos cuestionamientos asegurarían una manera de llegar a la identidad, pero dentro de una perspectiva cristiana para el hombre creyente habría un tercero: « ¿Cómo aparece Dios en mi Vida?». Las palabras podrían ser otras, por eso, vale la pena aclarar que se trata de la experiencia fundante de la cual han hablado los místicos, teólogos y maestros espirituales. Es la experiencia por la cual el hombre permite ser transformado por Dios e ir más alla de sí mismo.

2.4.2. Llegando a la madurez de la vida No se pretende entrar en la discusión ya conocida en torno a la madurez de la vida o de la persona concebida como un punto que difícilmente se alcanza. Por esto, alguna escuela psicológica ha señalado que es más pertinente hablar de crecimiento y no de madurez, pero de todas formas establece criterios de crecimiento dentro de un rango que considera la naturaleza humana dándole posibilidades de normalidad.

La manera de ver así a la persona humana tiene su bondad ya que cuando se habla de madurez aparece una pregunta ineludible: ¿Cuándo una persona es madura? La respuesta en no pocos casos viene cargada de un idealismo que provoca frustración para aquel que está al final de sus días queriendo saber si participa o no de la madurez. Este es el peligro real, por eso, lo que aparece a continuación son rasgos para una iluminación dentro de la aproximación significativa que hace el hombre hacia su propia madurez.

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Garrido37 señala algunos criterios de madurez humana de forma selectiva como los siguientes: - Conciencia de autoestima y limitación: Es la conciencia de la finitud del hombre la que le lleva a superar el conflicto entre el yo ideal y el yo real que a su vez se sustenta en la capacidad que tiene de estimarse. La autoestima descansa en el conocimiento propio y en la aceptación que tiene de dicho conocimiento. Conocerse y aceptarse es poseerse en lo que se es verdaderamente. Es la superación de la fantasía del deseo, propia de la etapa adolescencial donde se lucha por lograr una imagen o alcanzar unas metas que son sólo sueños muy distantes de la realidad. - Identidad personal: Definida por un centro propio de donde parten, fluyen y convergen la forma de pensar, de sentir y de actuar. En él se entretejen los rasgos de la personalidad y es su conjunto lo que Ie permite al hombre ser, yendo más allá de la comparación con otros, porque por sí mismo tiene valor. La identidad personal está dada por las actitudes que el hombre tiene frente a la vida. - Proyecto de vida: La madurez se da en el estar viviendo un proyecto de vida, es decir, en haber concebido la vida como un proyecto que se sitúa en el presente, considera el pasado y se lanza al futuro. El hombre mira su historia y se da cuenta que en ella hay coherencia (fidelidad no a los preceptos, sino a sus propias convicciones y valores). Ha encontrado sentido de haber vivido su vida como la vivió. - Equilibrio razón-corazón: Una cultura occidental como la nuestra le ha dado mucho valor a la razón sin darle cabida al corazón, pero como éste busca decir una palabra y lo hace, el hombre cierra sus oídos a este clamor. En este juego aparecen las máscaras que distancian aun más la razon del corazón y hacen entre ellos el camino más largo del mundo38. Además, el hombre que llega la madurez ha logrado equilibrar la objetividad desvinculada de la razón con la subjetividad vinculada del corazón. - Autenticidad: La natural psicología en boca de los educadores insiste desde que somos pequeños en el «procura ser Tú mismo», pues bien, esto es la autenticidad como signo de madurez. Ser uno mismo considerando y aceptando las cualidades y defectos. Ya no existen los miedos o los prejuicios que le llevaban a calcular la relación con los otros y hacer un esfuerzo desgastante para presentarse de manera diferente, a utilizar la máscara dictada por la razón en sus criterios de simpatía, seguridad y fórmulas de atracción.
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Cfr. GARRIDO, Javier. Adulto y cristiano. Crisis de realismo y madurez cristiana. Santander: Sal Terrae. 1989.p. 11-14
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Cfr. LACASSE, Micheline. De la cabeza al corazón. El camino más largo del mundo. Santander: Sal Terrae. 1992

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- Autoafinnación y vivencia de la sexualidad: Al respecto hemos hablado de la integración de la sexualidad (ver apartado 2.1). Es aquí donde logra su mayor culmen porque se ha ido mas allá de la moralización de los actos, no se tiene miedo al impulso sexual y hay un verdadero gusto por el ser personal empezando por la corporalidad. No se niega la sexualidad, al contrario, esta dimensión cobra su manera específica de darse en la vida religiosa. - Aceptación de la historia personal: Es en la madurez cuando la persona da una mirada atrás haciendo reconocimiento de la vida en unidad. Es decir, la persona que acepta su vida hace de ella un todo -no la cuenta a pedazos- y la percibe toda ella positivamente -no desecha capítulos de su vida como pudiéndolos botar al rincón del olvido-. No renuncia a nada de su historia porque éxitos y fracasos, avances y problemas, cotidianidad y hechos extraordinarios tuvieron un lugar en su vida con sus efectos, y todo ello le da respuesta a su situación actual. Toda su historia es el sentido de su vida. 2.4.3. La realizacion personal Mucho se ha dicho sobre la realización personal como meta última del hombre y de su existencia. Además, aparece con frecuencia desde el inconsciente colectivo sin importar las condiciones en las cuales se encuentre el individuo. Pero, ¿qué podríamos entender por realización personal en la vida religiosa?

Si nos hacemos ayudar de las ciencias y, en especial de la psicología, tendremos qué decir que la realización personal es más que el despliegue de las posibilidades biológicas del hombre (modelo innatista o vital-evolutivo). También es más que la reacción acertada y eficaz a los estímulos del medio situacional (modelo condicionista o reactivo condicional). La realización personal es el estado en el cual el hombre ha logrado la interiorización de símbolos y de valores de tal forma que dentro de si hay un sentimiento de plenitud y de armonía consigo mismo y con el universo (modelo interaccionista o dinamico-constructivista)39

Si vamos al otro lado del péndulo para preguntarnos cuándo una persona en la vida religiosa no ha llegado a su realización -en ocasiones resulta más fácil hacerlo- se podrían señalar algunas características que llegan a ser patógenas: 1. Cuando en el individuo hay un sentimiento de que tuvo que destruir o mutilar su yo personal por
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Cfr. APARICIO, Angel y Joan CANALS. Diccionario teológico de la vida consagrada. Madrid: Publicaciones Claretianas, 1989. p. 1516-1522.

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cumplir con las exigencias de su opción; 2. Cuando lleva una doble vida de signo contrario, ya de forma sincrónica o alternante y que puede vivir desde una consciencia en conflicto hasta la pacificación racionalizada de su fidelidad; 3. Cuando soporta la vida religiosa como una pesado fardo que hay que cargar porque no tiene la valentía o la seguridad para tomar una decisión diferente o porque el tiempo ha pasado y es demasiado tarde para buscar algo que le dé seguridad; 4. Y cuando no hay un sentimiento de gozo ni de plenitud realizadora, ni se comparten las alegrías y los sufrimientos y no hay creatividad en el trabajo.

Viktor Frankl dice que el mayor síntoma - tal vez el único- de la no realización humana es el vacío existencial40, resultado de una vida sin sentido o como decía Albert Einstein «Quien siente su vida vacía de sentido, no solamente es desgraciado sino apenas es capaz de sobrevivir». A propósito de esto el mismo Frankl puntualiza el vacío existencial bajo tres modalidades: El conformismo entendido como el hombre que quiere hacer lo que los demás hacen, el totalitarismo que es hacer lo que los demás quieren y la neurosis noógena que es la falta de la voluntad de sentido 41. Hoy es significativa la cantidad de individuos que andan por las calles viviendo cualquiera de estas modalidades haciendo de su vida un «trajín» rutinizado sin el más mínimo sabor.

La garantía de la realización personal está dada por la autotrascendencia, es decir, por la capacidad de salir de sí mismo y encontrar una razón que se hace significativa para entregarse sin reservas. La interiorizacion no se queda en el individuo, sino que fluye a manera de fuente vertiéndose en aquello que le da sentido a la vida. Pero, ¿qué puede lograr esto? A la luz del padre de la logoterapia podremos citar tres formas de voluntad de sentido: l. Creando una obra o realizando una acción; 2. Teniendo una experiencia con alguien (o Alguien); 3. Frente a una situació desesperada (que no se puede cambiar) asumir una actitud de esperanza y convertirla en un triunfo.

Para lo que nos interesa, queremos resaltar la segunda posibilidad ya que es aquí donde se enraiza la vida religiosa (y cualquier opción relacional). Es el encuentro con ese Alguien llamado Dios y con el otro alguien llamado «tú» o «hermano» donde tenemos la preciosa oportunidad de dar sentido a nuestra vida y lograr nuestra propia realización.
40 41

Cfr. FRANKL, Viktor. Op. Cit. p. 143. Cfr. Ibíd., p.16

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Y precisamente entiendo bajo autotrascendencia el hecho fundamental de que ser hombre significa estar orientado siempre hacia algo más allá de sí mismo, algo que no es él mismo, alguien: un sentido que lo colma u otro ser humano a cuyo encuentro va con amor... La autotrascendencia de la existencia humana se realiza en el servicio a una causa o en el amor a alguien, o sea al logos en sí y como tal a un logos encarnado42. SEGUNDA PARTE CONCEPTOS Y ALTERNATIVAS DE TRABAJO CAPÍTULO 3 LA SEXUALIDAD COMO NÚCLEO DE DESARROLLO EN LA FORMACIÓN 3.1 EL CRECIMIENTO HUMANO 3.1.1 El amor como variante fundamental El hombre cobra valor singular en la medida en que establece para sí su propio yo. Es decir, el yo es el principio unificador y particular de cada hombre que le permite entrar en relación con otros-yo que poseen iguales características. Hoy día no es nuevo decir que el yo da al hombre una propiedad holística, dialéctica, estructural y finalista. Estas propiedades no se contradicen sino que se integran a través de diferentes procesos que actúan como mediadores. Uno de ellos es la formación. Esta debe buscar principalmente la integración de la persona en sus niveles y sus potencialidades.

Antes de abordar los niveles y las potencialidades de la persona humana, nos vamos a referir al amor como la variante fundamental que penetra hasta lo más profundo del hombre. Como lo decíamos anteriormente, hablando de la dimensión afectiva, el hombre tiene la posibilidad de amar y es esta posibilidad la que se constituye en camino para su propia realización. La afectividad tiene la capacidad de dinamizar las otras dimensiones hasta tal punto de darle plenitud al hombre en lo profesional, lo politico y lo espiritual -para el religioso en su espiritualidad, su
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Ibíd., p. 211.

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ministerio, su vida comunitaria y su consagración- o lo contrario, llevarlo a la frustración.

El amor se escapa a cualquier definición, sin embargo, puede ser concebida como la actitud intema personal integral y positiva delante de la vida.

El amor es sentimiento pero es más que esto. El amor es la experiencia de vida que abarca la totalidad de la persona. El amor le permite a la persona aceptar la vida como un don, aceptarse como hombre o como mujer, aceptar a los demás y llegar a Dios. La experiencia del amor es el prototipo de todas las experiencias de vida que se expresa a través del mismo amor o del desamor y los comportamientos que le son propios. 3.1.2. Los tres niveles de la persona Es bastante fácil aceptar y comprobar que nos movemos en tres niveles que están unidos entre sí: físico, psíquico y espiritual. En primera instancia, el niuel físico está determinado por la corporalidad de la persona, -o como diría Xabier de Zubiri- la corporeidad es una nota esencial del ser persona y va más allá de lo biológico. Todos tenemos un cuerpo que de alguna forma tiene la configuración de la persona. Si recordamos, la visión hebrea de la persona entiende el cuerpo como una forma de ver la persona. En cambio, los griegos platónicos separan de tal modo el cuerpo del espíritu que ya no se puede pensar en la unidad. Hasta hoy tenemos las consecuencias de esta visión dualista.

La dimensión física tiene una identidad masculina o femenina, tiene características correspondientes a la edad, cultura, raza, etc. Además, su extensión va hasta donde alcanzan los sentidos. La corporalidad es una carta de identidad -posiblemente la más evidente y la que tiene un primer protagonismo- de la persona frente al mundo que le rodea. La corporalidad es identidad en el ser mujer o en el ser hombre. En la dinámica de interacción del hombre con su mundo aparece la imagen de sí mismo y frente a ella tiene la posibilidad de aceptarla o rechazarla.

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El nivel psíquico es la dimensión de los sentimientos, de los afectos, de la comunicación entre las personas y de las emociones que surgen frente a situaciones muy concretas. Es también el campo de la razón, de las conquistas científicas, de las decisiones intelectuales y del aprehender el mundo. Traspasa los límites de espacio y tiempo. Su contenido está dado por el consciente y el inconsciente y, por tanto, una buena parte de él se escapa |del dominio del mismo hombre, por lo menos en condiciones normales; |Pero sobre él descansa la forma de pensar y de sentir de la persona. Hay quienes le dan tanta importancia a este nivel que ubican en él la propia personalidad.

Y el nivel espiritual incluye las experiencias y los contenidos espirituales, es decir, la búsqueda del sentido de la vida, la religión, el Trascendente y la comunicación con Dios. No es del todo preciso, pero los valores podrían ser ubicados en este nivel y comprendidos desde aquí, ya que el fin último de los valores es la trascendencia del hombre ya con el otro hombre, la sociedad, la historia, la cultura o la religion.

Ya decíamos que el amor -o el desamor- se expresa en los tres niveles porque es abarcante e integrativo. Por eso, a nuestro parecer, no es correcto limitarlo al nivel psíquico. La presencia o la ausencia del amor caracterizan la personalidad. El amor en el nivel físico se nota en la salud, en la buena disposición, en el equilibrio físico. A propósito de esto sería conveniente validar uno de los postulados de la psicobiología cuando dice que el cuerpo canaliza cualquier experiencia psíquica, sea positiva o negativa. Hablando de estas últimas, el desamor se nota en las distintas formas de enfermedad que van contra la vida de manera directa o indirecta, o en forma de agresividad contra los otros.

A nivel psíquico, la presencia del amor produce serenidad, buena comunicación, capacidad de aprender, altruismo, convivencia y buena autoestima. El desamor produce un sentimiento de ansiedad, búsqueda de compensación afectiva, sentimiento de inferioridad, agresividad verbal contra las personas, resistencia a la autoridad y al grupo, sentimiento de tristeza e inconformidad con el ambiente.

En el nivel espiritual, el amor se expresa por la alegría, la compasión, el equilibrio ideológico y la capacidad de perdonar. El desamor se revela en los extremismos ideológicos y espirituales, o en caracterizaciones de la persona haciéndola

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perfeccionista, moralista-amoralista, inflexible y con un desplazamiento de su afectividad hacia campos vanales o materiales.

Los tres niveles formarían una escala evolutiva en el proceso de crecimiento de la persona en el amor porque al inicio de la vida la lectura del amor se hace a través de lo físico, una vez garantizado el amor físico viene un amor psíquico que se centra en el sentimiento de aceptación (de sí mismo y del otro) y, por último, la persona crea una actitud interior donde amándose a sí mismo y a los demás logra su trascendencia en el espíritu y el abandono en el Dios del cual se siente amado y al cual ama. 3.1.3. Las potencialidades del ser humano El campo afectivo está compuesto por tres potencialidades: afecto, inteligencia y voluntad. De manera sintética ha de entenderse el afecto como las fuerzas emocionales y los sentimientos, la inteligencia abarca la comprensión de la realidad y la voluntad significa la capacidad de tomar decisiones para la vida presente y futura.

Estas potencialidades deben ser formadas en la unidad porque es en la unidad donde interactuan unas y otras. Por ejemplo, frente a una situación en donde está en juego la amistad por una persona que a su vez tiene un problema. Viene la memoria afectiva y le recuerda al individuo que hay un sentimiento de aprecio desde hace algún tiempo. La inteligencia le hace caer en la cuenta que su intervención es valiosa y pertinente en este momento, y la voluntad lo lleva a tomar la decisión de ayudarle de tal o cual manera. Es un ejemplo simplista que puede ayudar a comprender que las potencialidades están presentes siempre en el hombre y que están actuando aunque sea de forma pasiva. Claro que una realidad externa puede tocar la inteligencia y no el afecto, o incluso puede tocar la inteligencia y la voluntad sin incidir en el afecto. Bastaría con recordar cómo algunos comportamientos son activados por la racionalización de un valor y por la presión que ejerce el medio ambiente (v.gr. el cumplimiento de una norma social sin convicción de corazón).

A continuación se presentan dentro de nuestra propuesta algunas estrategias para educar la afectividad y la sexualidad que se basan en la estructura compleja dada por la integración entre los niveles y las potenciales. Queda claro que no hay correspondientes directos aunque por su naturaleza se tienda a señalar que determinada estrategia tiene que ver con tal nivel o con tal potencialidad. No es este nuestro pretendido, sino enfatizar; una vez más que lo cognitivo va de la mano con lo afectivo,

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que lo informativo no suple lo formativo y que todo, en su conjunto, tiene que ver con la realidad bio-psíquica-espiritual del hombre. 3.2 PROGRAMA DE EDUCACIÓN SEXUAL Cuando se trabaja con jóvenes que ingresan al primer año de formación no se puede dejar de lado la edad en la que se encuentran. Por el promedio de edad pueden ser fácilmente ubicados en la etapa Ilamada adolescencia tardía. Ellos se encuentran en el umbral de la etapa adulta y, aunque hayan tomado la decisión de entrar a la vida religiosa, conservan algunos rasgos del gran universo de jóvenes que se haya en esta edad. Vamos a mirar algunas de estas características y su especificación al interés de este trabajo.

La adolescencia tardía es un período de gran emoción y anticipación para los adolescentes que finalmente obtienen, antes de abandonar esta edad, la independencia y autonomía que se les negó antes. La entrada a la vida adulta no está marcada con rituales o ceremonias específicas. No hay un criterio exacto que marque el final de la adolescencia. Se pueden encontrar algunos de naturaleza jurídica o legal, otros de naturaleza biológica o psicológica, y otros de naturaleza social o cultural. Sin embargo, hay que admitir que algunos criterios en la línea de la autonomía podrían definir la entrada a la edad adulta. Por esta misma razón se ha dicho que la adolescencia se ha prolongado siendo una etapa que comienza hacia los 10 años y va hasta los 25 años porque, incluso en esta edad, permanecen algunos rasgos típicos de la adolescencia en muchas personas.

Algunos jóvenes toman las riendas del adulto con decisiones no viables o abruptas desafiando a las personas con las cuales mantienen una línea de autoridad. Algunas de estas decisiones o comportamientos tienen que ver con la sexualidad: relaciones prematuras, paternidad y embarazo, matrimonio, etc. El problema de su vida sexual les causa seria ansiedad. El adolescente en esta etapa puede comportarse como un adulto joven controlando su propia vida y tomando decisiones en un sano ejercicio de su autonomía. Otros, en cambio, tendrán actitudes pasivas y heteronomas, dejando la carga de sus decisiones al grupo de personas de las cuales depende. Y otros pueden vivir el estado ambivalente de autonomía heteronomfa con juego de roles en ocasiones contradictories.

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Ahora bien, el joven que ingresa a la vida religiosa debe continuar su proceso de crecimiento hacia una madurez humana que conjugue sanamente su autoimagen, autoconcepto, autoestima y autonomía. La formación debe generar el ambiente y los espacios para que esto ocurra. Si volvemos al objeto de este apartado, se hace imprescindible que el formador sepa comprender y acompañar al joven formando en aquellas situaciones que de por sí son conflictivas, más aún, cuando se enmarcan dentro del contexto de lo religioso. Un ejemplo que puede ayudar a entender esto es el del joven que viviendo procesos finales de identidad se siente confundido sobre su orientación sexual (cree ser homosexual) u, otro ejemplo, es el joven que sintiendo ansiedad frente a algunas responsabilidades asignadas se masturba como forma de escape. En estas particularidades es necesario el conocimiento y la prudencia. Todo lo anterior da lugar para decir que se hace necesario desarrollar con los jóvenes de primeros años de formación un programa que vaya directamente a los contenidos de la sexualidad partiendo de los componentes biológico-físico y psicológico. Podríase suponer que ellos llegan a la casa de formación con estos conocimientos ya que han terminado su secundaria, pero es necesario asegurarse de esto. Por eso, a continuación se presenta un programa base con los contenidos que el joven debe saber y, si no fuera así, que se deben desarrollar en una primera etapa. 3.2.1 Objetivo del programa Ayudar al formando a adquirir y/o reforzar los conocimientos que le llevarán a una comprensión de la sexualidad en su dimension bio-psíquica como fundamento para la constitución de su propio autoconcepto y autoestima. 3.2.2 Contenido UNIDAD 1: Revisión de la reproducción humana Síntesis de la unidad: El objetivo de esta unidad es llevar al formando a una revisión comprensiva del sistema reproductivo retomando los contenidos vistos en su educación secundaria y añadiendo a éstos los detalles más complejos de la dinámica reproductiva de la sexualidad.

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El contenido incluye las funciones de las hormonas masculinas y femeninas, enfatizando el papel que juega cada una de ellas en la reproducción. Conocer el proceso de la concepción junto con los conceptos de fecundidad y esterilidad (incluyendo los factores en hombres y mujeres que contribuyen a estas condiciones). Cubrir los puntos básicos de la genética y la asignación del sexo por los factores X y Y (teniendo en cuenta los mitos a este respecto). Conocer lo concerniente al proceso de embarazo y parto, la compatibilidad sanguínea, problemas en el embarazo, desórdenes del sistema reproductivo en la mujer (quistes ováricos, fibromas, cáncer vaginal, cervical y uterino, y otros) y en el hombre (cáncer en los testículos, problemas glandulares y de la próstata y otros).

También debe examinarse, en lo relacionado con el embarazo, lo concerniente a la planificación familiar y los métodos anticonceptivos. La visión que la cultura tiene acerca de la mujer y el papel que debe desempenar el hombre. Este tema debe ir más allá de la información y constituirse en sujeto de debate para la clarificación de valores en torno a la vida, la mujer, la familia, la responsabilidad y la paternidad-maternidad. Temas y conceptos: 1-1 Sistema reproductivo femenino y masculino 1. Morfología y fisiología del sistema femenino. 2. Morfología y fisiología del sistema masculino. 3. Hormonas del sistema femenino y masculino, y su función en el proceso de reproducción. 4. Compatibilidad sanguinea y factor Rh 5. Genética: Genes y cromosomas 6. Determinación del sexo 1-2 Concepción, embarazo y parto 1. Fecundidad y esterilidad 2. Proceso desde la fecundación al parto 3. Síntomas del embarazo 4. Problemas típicos del embarazo y el parto 5. Uso de drogas y alcohol 6. Precauciones y recomendaciones 7. Desórdenes del sistema reproductivo femenino y masculino 1-3 Planificación familiar y métodos anticonceptivos 1. Definición de planificación familiar, control de la natalidad y métodos anticonceptivos
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2. Descripción de los métodos anticonceptivos: funcionamiento y eficacia, ventajas y desventajas. 3. Ètica de la utilización de los métodos anticonceptivos UNIDAD 2: Crecimiento y Desarrollo Síntesis de la unidad: El formando, como se dijo anteriormente, es un adolescente tardío que está en la edad de conocer -si es que ya no ha tenido esta oportunidad- la información que respecta a la maduración sexual que ha tenido lugar en sí mismo. Con seguridad habrá experimentado sensaciones físicas sexuales y, posiblemente, habrá tenido intercambio sexual. Su constitución corporal está altamente definida y sus órganos sexuales se encuentran funcionando en el rango máximo.

El joven formando debe conocer la naturaleza del funcionamiento sexual. Necesita saber que el intercambio sexual va más allá de la copulación y que la persona posee los elementos para determinar el ejercicio de su sexualidad. Se hace necesario enfatizar sobre la idea que la persona es un ser que siente, piensa y opta, y que, por tanto, su sexualidad está lejos de ser instintiva. Es conveniente presentar este contenido dentro de una atmósfera tranquila y de confianza, sin generar temores o ansiedades y, menos, matizarla de moralismos. También es conveniente que no sean presentadas con la ayuda de elementos eroticos o sexualmente estimulantes. Tampoco es bueno invadir la intimidad haciendo preguntas sobre su pasado sexual o si tienen ciertos comportamientos sexuales vigentes (v.gr. la masturbación), lo que no significa que se pase por alto el tratamiento de estos temas. Valga decir, la actitud de objetividad y naturalidad asumida por el orientador dará una pauta y dejará una impronta en los jóvenes formandos.

Los jóvenes deben poseer una idea sobre las disfunciones sexuales (condiciones que inhiben la satisfacción sexual) y los desórdenes sexuales (anormalidad física de un órgano que imposibilita la función sexual). De nuevo, es importante disipar los mitos sobre la sexualidad masculina y femenina.

Para completar esta unidad, no hay que olvidar examinar en detalle los factores que contribuyen al cuidado del cuerpo. Debe hacerse una revisión de los hábitos personales

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de salud e higiene que se aprendieron anteriormente y que ellos practican de manera rutinaria. Además, los exámenes médicos periódicos y los signos de infección en el área genital (enfermedades de transmisión sexual) junto con el enfoque preventivo.

Temas y conceptos: 2-1 Maduración sexual y funcionamiento sexual 1. Respuesta sexual humana 2. Madurez física, psíquica y social 3. Mitos y tabúes asociados al funcionamiento sexual masculino y femenino 4. Disfunciones sexuales: Concepto, clases, causas y tratamientos 5. Desórdenes sexuales: Concepto, descripción, signos y tratamientos 6. Orientación sexual: heterosexualidad, homosexualidad y bisexualidad 2-2 Cuidado del cuerpo 1. Cuidado preventivo de la salud 2. Hábitos personales y cotidianos para la salud e higiene sexual 3. Medidas de salud sexual periódicas 4. Enfermedades de transmisión sexual (ETS). Descripción, causas y tratamientos 5. Infección genital: Concepto, causas y tratamiento Unidad 3: Desarrollo emocional Síntesis de la unidad: El contenido de esta unidad pretende ser el enlace para lo que sigue a continuación en la propuesta. Se parte de que los jóvenes formandos han dejado hace poco tiempo el mundo juvenil que pretendemos comprender. Inclusive, es un mirar lo que ellos mismos vivieron (o están viviendo) al entrar a la vida religiosa. El joven entre los 17 y 20 años tiene en su mente algunas preguntas que le interpelan su existencia: «¿Quién soy? ¿A dónde quiero llegar? ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿Qué tengo para asumir mi propia vida?» Desde el inicio de su adolescencia ha habido el esfuerzo por constituir su identidad y su género como ser individual y
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como hombre en la sociedad. Esta búsqueda de identidad se hace en el crecimiento de cuatro procesos básicos que perdurarán durante toda la vida: autoimagen, autoconcepto, autoestima y autonomía. Es interesante revisar cómo algunos jóvenes en su afán de lograr independencia, autonomía e intimidad, resultan caminando por la vía de la frustración, la rebeldía y la alienación. Es importante hacer una reflexión sobre los motivos de acción que se dan en el mundo juvenil dentro de la vivencia de su sexualidad, lo mismo que revisar el objetivo del sexo en su vida y en sus relaciones, y la responsabilidad en él. Aunque los jóvenes tengan la disposición de ser religiosos, es conveniente comprender el vínculo existente entre amor-sexo-compromiso y las expresiones vigentes en la sociedad. Analizar desde la perspectiva psicológicay antropológica todas las variantes donde se conjugan el amor, la responsabilidad, la madurez, la estabilidad y el compromiso pueden resultar muy interesantes para aquel que está en proceso de opción. Temas y conceptos: 3-1 Necesidades emocionales del adolescente tardío 1. Identidad, independencia y libertad 2. Procesos de la estructura yoica - Autoimagen - Autoconcepto - Autoestima - Autonomía 3. Necesidades relacionales 3-2 Retos del adolescente tardío 1. Decisiones sexuales 2. Sexo pre-marital 3. Conflictos generacionales 4. Influencia cultural 5. Medios de comunicación social 3-3 Opciones de vida y su compromiso en el amor

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1. Vida matrimonial Naturaleza, finalidad, situaciones, fundamentos y realidad 2. Vida religiosa 3. Vida celibataria

3.3 DESARROLLO PSICOSOCIAL Y PSICOSEXUAL 3.3.1 La propuesta de Erikson Con respecto al desarrollo psicosexual Erikson hace una de las propuestas más interesantes ya que ofrece una visión psicosocial de la vida en desarrollo y busca los extremos, uno positive y otro negativo. Su modelo se centra en la búsqueda de identidad y dentro del proceso de crecimiento no se puede pasar a la siguiente etapa sin completar la anterior. Otra cosa importante es que Erikson arranca desde el inicio de la vida y va hasta la muerte. De alguna forma es también epigenético y ontogenético.

Erikson distingue ocho etapas en la vida del hombre, cinco hasta la adolescencia inclusive y tres de adulto. Cada etapa está atravesada por un conflicto, expresado bipolarmente que, si se resuelve positivamente, origina el fruto positivo de la etapa al cual se le ha llamado virtud. Esto da lugar a la fase siguiente. Su modelo es dinámico por cuanto integra la visión de madurez (procesos internos) y tiempo (variable externa). Una presentación breve es la siguiente: 1. etapa. Confianza básica vs desconfianza básica (0-1 año): Corresponde a la niñez. La virtud es la esperanza, o la capacidad de estar en la existencia de un modo confiado. Si el niño recibe aquello que necesita en protección y seguridad física, afecto, sobre todo de la madre, alimento, descanso, él desarrolla una sensación de confianza en los demás y en sí mismo. Si el ambiente es hostil o muy conflictivo y se siente abandonado, le domina el miedo y aprende a desconfiar. 2. etapa. Autonomía vs vergüenza y duda (1-3 años). Primera infancia. La virtud es la voluntad. El niño necesita de espacio para su movilidad, ejercitar su percepción y su memoria. Hace sus primeros tanteos en la autonomía a través de los movimientos y en la diferenciacion de la madre y el padre. El éxito le dará un sentido de autonomía. Necesita paciencia, sobre todo en los cambios de humor. Necesita de una intervención equilibrada para no bloquearle ni dejarle hacer las cosas sin control. Pero, si es demasiado controlado por sus padres, se inhibe, duda y es tardo en el aprendizaje. Su autoconciencia puede estar dominada por la vergüenza, es decir, por la necesidad de ser

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aprobado, originando dependencia hacia las expectativas externas y en su interior habrá duda. 3. etapa. Iniciativa vs culpabilidad (4-5 años). Edad del juego. La virtud es la finalidad o el propósito en cuanto voluntad no sólo autoafirmativa sino creadora. Es importante que el niño tenga suficiente libertad para ejercitar las iniciativas, conocimientos, imaginación, vivacidad, espontaneidad, actividad, pequeñas responsabilidades en forma gradual -según sus capacidades-, sin percibir demasiado sus errores, sin exigir más de lo que es capaz a su edad, sin generarle sentimiento de «lo malo». 4. etapa. Industria vs inferioridad (6-11 años): Edad escolar. La virtud es la competencia, en el doble sentido de valer y de afirmar el propio valer. Cuando el niño no ha conseguido resolver bien los conflictos anteriores, la escuela puede ser campo de batallas donde no va a vencer, será el típico niño falto de iniciativa que evita toda competición en el juego o en la clase y se le achaca pereza y falta de motivación. Si es lo contrario, la escuela va a ser campo de aprendizaje, haciendo con gozo y alegría las cosas, confirmando su sentimiento personal de valor, de cooperación con el grupo y con la familia para desarrollar sus capacidades y admitir sus límites. Tendrá un desarrollo del pensamiento abstracto ligado a horizontes amplios de pensamiento. 5. etapa. Identidad vs confusión de identidad (12-20 años): Edad de la adolescencia. La virtud es la fidelidad a sí mismo y a sus proyectos. Descubrimiento del mundo emocional interior. Sentido crítico de lo recibido e «independencia» de criterios. Descubrimiento de la sexualidad a nivel de pulsión y, sobre todo, a nivel de relación. Todo esto va creando una conciencia de identidad. Pero, la adolescencia es una etapa crítica en que se siente la inseguridad, no se sabe lo que se quiere. El adolescente se preocupa por la impresión que los demás tienen de él. Busca personas que son la identificación positiva y negativa. Necesita asociarse con grupos en donde se siente una individualidad. Esta incertidumbre puede generarle un estado de confusión. La identidad psicológica y biológica se unen en torno a una opción vocacional. 6. etapa. Intimidad vs aislamiento (20-35 años). Juventud. La virtud es el amor, en cuanto calidad de relaciones interpersonales y en cuanto elemento incondicional de la responsabilidad y el trabajo. Con una buena identidad la persona puede tener experiencias de intimidad con el otro: con Dios y con las personas en todos los niveles. La intimidad se trata de la capacidad de amar y entregarse, de construir un proyecto de vida con alguien, de una sexualidad vivida sanamente, controlada y enriquecedora. Época en que se crean vínculos estables y activos, época de tener hijos o de hacer proyectos definitivos de vida. El amor es real y maduro. Puede participar activa y plenamente en la vida comunitaria. Pero, si se arrastran las etapas anteriores, pueden aparecer los problemas de carácter, incapacidad de relaciones auténticas, replegamiento y aislamiento.

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7. etapa. Generatividad vs estancamiento (35-65 años). Edad adulta o adultez madura. La virtud es el cuidado o la solicitud, en cuanto responsabilidad profunda para una entrega más honda y de autodonación. Se expresa en la capacidad de orientar a otras personas, a otras generaciones a través de ideas, experiencias y valores. Hay estabilidad y creatividad, visión de conjunto con perspectiva de futuro. La persona que no consigue eso se preocupa únicamente de sí misma, toma la vida por su cuenta, tendencia al egocentrismo, a abandonar las responsabilidades, a prescindir del futuro y a tener una sensación de confusión y de sin-sentido de la vida. 8. etapa. Integridad vs desesperanza, disgusto. (De los 65 anos en adelante). La vejez. La virtud es la sabiduría. La integridad del yo se concretiza en la persona que ha resuelto satisfactoriamente los conflictos precedentes, o sea, está satisfecho consigo mismo, ha tenido experiencias de intimidad, ha podido tener cuidado hacia las personas y las cosas. Por su sabiduría consigue integrar los aspectos positivos y negativos, desprenderse de sí mismo y de su vida para aceptar con tranquilidad la muerte. Mira su pasado como algo valioso y reconoce la ambigüedad de los logros. Goza de lo vivido y de lo que tiene con la paz del desasimiento de si. Pero, los que no saben para qué han vivido y tienen la sensación de haber «perdido el tiempo», le temen a la muerte, viven en irritabilidad ansiosa por no poder amar ni gozar de nada. Es la desesperación. A continuación viene una síntesis [cuadro 1: Psicosexualidad] que puede facilitar la visión de conjunto de los estudios de Erikson. Aparecen las diferentes etapas, el estadio y modo psicosexual, las crisis psicosociales, el radio de relaciones significativas, la virtud que se da en la etapa, la patología básica que resulta cuando el proceso de madurez no ha resuelto la debida crisis y los principios relacionados de orden social. Acto seguido está otro cuadro donde se encuentra de forma escalonada la secuencia de las crisis en el desarrollo psicosocial del individuo [Ver cuadro 2]. 3.3.2 Ciclos vitales y crisis existenciales La vida humana está dada por ciclos vitales que van enmarcando los ritmos de desarrollo del mismo individuo. Dichos ritmos tienen dentro de sí la dinámica que originan las crisis existenciales y, en la linea de Erikson, Javier Garrido43 presenta un estudio a la luz de una visión existencial humana. Hay un postulado del cual parte «El hombre comienza a ser adulto cuando define su libertad». Este fin comienza a lograrse después de la adolescencia y se consolidará hasta el final de la vida pasando por cuatro ciclos en los cuales habrá en cada uno una crisis existencial:

43

Cfr. GARRIDO. Javier. Adulto y crisitano. ed. 3. Santander: Sal Terrae, 1989. p. 32-42.

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Estadios O etapas

Estadios y modos psicosocial es Oralrespiratorio, sensorialkinestésico (modos incorporativ os) Anal-uretral, muscular (Retentivo eliminatorio ) Genitalinfantil, locomotor (intrusivo, inclusivo) “latencia”

LA PSICOSEXUALIDAD El ciclo vital completado Crisis Radio de Virtud o psicosocia relacione valor les s significati vas Confianza básica vs desconfianz a básica Autonomía vs vergüenza, duda Iniciativa vs culpa Industria vs culpa Identidad vs confusión de identidad Intimidad vs aislamiento Persona maternant e Esperanza

Patología básica Antipatía s Retraimie nto

Principios relaciona dos de orden social Orden cósmico

I INFANCI A

II NIÑEZ TEMPRA NA III EDAD DE JUEGO IV EDAD ESCOLA R V ADOLES CENCIA VI JUVENT UD

Personas parentales

Voluntad

Compulsió n

“Ley y orden”

Familia básica

Finalidad

Inhibición

Prototipos ideales

Vecindad y escuela Grupos de pares y exogrupos; modelos de liderazgo Partícipes en amistad, sexo, competició

Competen cia Fidelidad

Inercia

Orden tecnológic o Cosmovisi ón ideológica

Pubertad

Repudio

Genitalidad

Amor

Exclusivid ad

Pautas de cooperació ny competició n

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VII ADULTE Z VIII VEJEZ

Procreativid ad

Generativid ad vs estancamie nto Integridad vs desesperan za

Generalizaci ón de los modos sensuales

ny cooperació n Trabajo dividido y casa compartid a “Especie humana” “Mi especie” Cuadro No. 1

Cuidado

Actitud rechazant e Desdén

Sabiduría

Corrientes de educación y de tradición Sabiduría

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VIII Vejez VII Adultez VI Juventud V Adolescenci a IV Edad escolar III Edad de juego II Niñez temprana I Infancia Confianza vs desconfianza ESPERANZA Industria vs inferioridad COMPETENCIA Iniciativa vs culpa FINALIDAD Autonomía vs vergüenza VOLUNTAD Identidad vs confesión FIDELIDAD Intimidad vs aislamiento AMOR Creatividad vs estancamiento CUIDADO

Integridad vs desesperanza SABIDURÍA

-

Ciclo entre la adolescencia y la adultez (de los 18 a los 25 años): Crisis de autoimagen. Pasada la etapa crítica de la adolescencia se espera que haya un cierto equilibrio emocional que aborda la pregunta "¿qué quiero hacer con mi vida?". El estilo de vida se desarrolla dentro del medio universitario, la iniciación en un trabajo, relaciones afectivas de amistad y noviazgo, y un mundo que deja de ser abstracto y lo coloca de frente a una realidad que no deja de producir confusión.

La confusión tiene que ver con el futuro y el joven duda de lo que ha sido evidente. Esta situación afecta su autoimagen porque tambien ha sido afectada la autopercepción que respondía desde una identificación idealista. La crisis de autoimagen se da por el choque entre el ideal del yo y el yo real.

Esta crisis obliga al joven resituarse de cara al futuro y a llevar a cabo un proceso de autoconocimiento que le permita una aceptación inicial de sí mismo. El proyecto de vida asume una nueva condición de libertad que va más allá del deseo y cuenta con la realidad. Si esta crisis se resuelve adecuadamente, tiene como fruto la determinación entendida como la decisión por un proyecto de vida personalmente asumido y que siente auténticamente.

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- Ciclo del joven adulto (entre los 25 y los 40 años): Crisis de realismo. La persona tiene un proyecto estable de vida y la tarea de construirlo en el futuro que se hace presente. Está lanzado a vivir generosamente en las iniciativas, las responsabilidades, los vínculos y la actividad.

Ahora bien, si la tarea es hecha con responsabilidad, si hay entereza ante las dificultades, si los vínculos se viven en la polivalencia propia, si hay un conflicto entre intimidad y acción, si los fracasos golpean la certeza de la opción, entonces, hacia los 35 años adviene la crisis del realismo. Es más radical que la anterior.

La crisis del realismo consiste en darse cuenta de que el mundo en el cual ha intentado hacer realidad su proyecto de vida no se amolda ni se amoldará jamás a sus planes y deseos. Y entiéndase por «mundo» el conjunto de realidades en torno a las cuales se ha configurado la historia. Este «darse cuenta» le permite al mismo hombre optimizar los recursos de su propia vida y «tener los pies sobre la tierra» para no malgastar las energías en aquello que podría seguir siendo demasiado ideal. - Ciclo del adulto maduro (entre los 40 y los 55 años): Crisis de reducción. El proyecto de vida se vuelca sobre sí mismo y el hombre no se plantea una meta sino la validez de dicha meta. No se trata de conquistar la realidad sino de aceptarla. Esto no es fácil porque se da como una segunda adolescencia en la cual el hombre se siente confuso e inseguro. “¿Merecería la pena tanto esfuerzo, tanta esperanza?”. La crisis de reducción es llamada así porque el proyecto de vida tiende a cerrarse en lo alcanzado; porque hay una reducción en la salud, las relaciones humanas y el protagonismo social; porque tiende a re-pensarse todo lo pensado, querido y trabajado; y porque la muerte comienza a revelarse como algo real.

Sin embargo, es la época de la madurez en sentido cualitativo. Se recogen los frutos del trabajo y la dedicación de etapas anteriores. Se tiene la experiencia de la vida. Se distingue lo esencial de aquello que es accesorio. Hay una eficacia cargada de conocimiento y de diligencia. Si recordamos a Jung, es la etapa en la cual comienza el proceso de convergencia de la personalidad y un encuentro profundo con el propio yo.

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-Ciclo del adulto anciano (a partir de los 55 años): Crisis de impotencia. La edad es relativa y podría señalarse más aquella en la cual el sistema social y la vida misma se caracteriza por el retiro profesional, la disminución física, se vive de recuerdos y la muerte es una realidad. Hay un sentimiento de empobrecimiento de recursos que señala la cadencia de la curva vital. La crisis de impotencia está marcada por interrogantes como ¿En qué consiste la existencia? ¿Para qué vivir si el destino es morir? ¿Merece la pena creer, esperar y amar? Y sin embargo, es una época de serenidad y sabiduría, de libertad interior en la simplicidad de la mirada, en el corazón intacto, liberado de todo egocentrismo. La existencia se basa en la confianza y hay una verdadera paz espiritual. 3.3.3 Desarrollo psicosexual en la vida religiosa Continuando dentro de una línea humanista dinámica, Prada442 hace un estudio sencillo que integra el crecimiento y la madurez personal con la opción por la vida religiosa. Este estudio presenta el desarrollo psicosexual en tres etapas que se dividen a su vez en fases. De forma breve se puede ver cómo el desarrollo de la sexualidad desde sus inicios influye en la manera de ser dentro de la opción religiosa: Etapa 1. Sexualidad Infantil (1 a 12 años) -Fase 1. Inconsciencia sexual (2 primeros años). Los infantes no están conscientes cognitiva ni emocionalmente de su sexualidad y la de los otros. Pueden experimentar placer pero no tienen pensamientos o sentimientos que se relacionen directamente con la sexualidad. Es importante la actitud de la madre. Puede haber masturbación desde el primer año de vida. Los padres que actúan negativamente (que el niño permanezca inocente, puro y sin mancha) pueden causar una fijación durante mucho tiempo o aún toda la vida.

Adultos fijados en esta etapa manifiestan una psicosexualidad débil. Experimentan y gozan relativamente poco de la sexualidad. ¿Asexuales? Vacíos aún si se casan. Religiosos fijos en esta etapa usualmente son vistos como muy prometedores porque no tienen problemas con la castidad y el celibato. Se confunde así asexualidad con madurez sexual y tarde que temprano, sobre todo en edad avanzada, aparecen síntomas neuróticos. - Fase 2. Despertar sexual (de los 3 a los 7 años). Niños y niñas se dan cuenta que sus cuerpos son diferentes de los cuerpos de padres y hermanos del sexo opuesto. Este
44

Cfr. PRADA, Rafael. Sexualidad y amor. Bogotá: Paulinas, 1985 (colección experiencias).

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descubrimiento les puede fascinar: se miran, corren desnudos y se inspeccionan. Preguntan, adquieren vocabulario sexual, hacen juegos sexuales con sus hermanos y pares (juegan al papá y a la mamá, a los doctores y a las enfermeras). En esta época los ninos son muy sensibles a las reacciones de sus padres. Así, padres que manifiesten disgusto o sorpresa pueden causar regresión del niño a la primera fase. Si las reacciones son de calma y tranquilidad, se facilitará el desarrollo psicosexual. Si el niño en otras áreas no-sexuales no experimenta suficiente éxito o placer, fácilmente puede acudir a una fijación sexual. Los adultos fijos en esta fase prefieren contactos con personas de su propio sexo o con niños, y si lo hacen con el otro sexo sólo es de manera no duradera (complejo de Edipo). Los candidatos religiosos que se han fijado en esta fase tienden a sentirse inadecuados, con sexualidad amenazante por no ser explorada. - Fase 3. Sexualidad oculta (de los 7 a los 12 años). Debido a que los comportamientos sexuales comunes de los niños durante la fase anterior suscitan mucha ansiedad en los adultos, los niños aprenden que es mejor hacer las cosas «clandestinamente». Llegamos a la etapa en que aparentemente no hay interés por el sexo opuesto (latencia), pero de hecho sí hay interés. Si no hay un desarrollo saludable, el niño aprende a ocultar su sexualidad. Los candidatos religiosos jóovenes y otros adultos fijos en esta etapa son sexuales secretamente (tienen miedo a que alguien se entere de su sexualidad). Así se crean mitos, tabúes y miedos que desembocan en autodiscriminación, desvalorización y autovergüenza. Etapa 2. Sexualidad adolescente (de los 12 a los 20 años) Esta etapa es importante porque antecede a la cristalización casi definitiva de la personalidad. Puede suceder que los aprendizajes positivos de la niñez se reafirmen o se modifiquen por negativos, o viceversa. -Fase 1. Fantasía sexual (12 a 15 años). En la abundante fantasía sexual el protagonista es el adolescente y a ese nivel se van integrando el intelecto, la emoción, la genitalidad sexual y el romanticismo. Los adolescentes que carezcan de destrezas y competencias básicas (autoestima y autoconfianza) para relacionarse con el sexo opuesto, o que sean desanimados por su familia, se fijan fácilmente en esta etapa de «fantasía». Los religiosos que se fijan en esta fase ejercitan su sexualidad sólo a nivel de fantasía; más aún, al comparar sus fantasías con su realidad verdadera, tienden a experimentar desilusiones y resentimientos. -Fase 2. Preocupación sexual (15 a 18 años). Época de masturbación, pornografía, chistes, cine rojo, baile, música, ropa, etc. El adolescente se siente fuertemente atraído por el sexo opuesto. La saturación sexual permitirá que el adolescente se tranquilice, se calme y comience a prepararse para la universidad y el trabajo. Los adolescentes que se
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fijan aquí, no maduran hacia un compromiso emocional con el otro y una de las razones podría ser la posesividad de los padres que le impiden la heterosexualidad. Candidatos religiosos fijos aquí usualmente están preocupados por el sexo tanto en su vida privada como social; el sexo es su marco de referencia continuo que les impide ver otros valores. Hay una tensión crónica entre el voto de castidad y la sexualidad aumentada. Llega a permitirse expresiones de sexualidad que luego le causan sentimientos de culpa, confusión de roles, tensiones en la comunidad, etc. -Fase 3. Relaciones sexuales superficiales (18 a 20 años). Las salidas de grupo evolucionan a salidas de pareja (caricias, besos, coito). Al relacionarse sexualmente en esta fase lo hace inicialmente en forma experimental, egocéntrica y mezclada con otras necesidades y emociones. Las otras emociones y necesidades (intimidad, afecto, ser independiente, ser superior, ser deseado) luchan con la sexualidad; de ahí nace fácilmente la inestabilidad y el disturbio. Esta fase es importante porque el adolescente comienza a conocer sus debilidades y fortalezas, y se prepara para la emancipación del hogar. El adolescente descubre que hay fuentes de alegría y apoyo fuera del hogar. Si hay fijación es porque hay temor a progresar hacia interacciones más íntimas y más intensas. Los candidatos religiosos fijos aquí tienen relaciones con el sexo opuesto de manera superficial, ambivalente, egocéntrica y conflictiva, y tienden a depender de figuras de autoridad (padres, directores espirituales, superiores) para que los animen en sus votos llevados mediocremente. Etapa 3. Sexualidad adulta (de los 20 años en adelante) Las personas se tornan psicosexualmente más confiadas, altruistas e integradas. -Fase 1. Mutualidad psicosexual. (De los 20 a los 30 años). Se da el paso de ver las relaciones heterosexuales como instrumento para conseguir gratificación y afirmación a verlas como oportunidad para expresar y compartir cuidado, afecto y confianza. Se respeta la individualidad y se comparte la vida. Hay personas que llegan a esta fase y aquí se quedan. Los jóvenes religiosos fijos en esta fase tienen relaciones equilibradas con el otro sexo pero aún de manera superficial. -Fase 2. Integración psicosexual (hacia los 30 años). Etapa que dura hasta la muerte. Las necesidades psicosexuales toman su lugar «dentro de otros valores» y otras necesidades igualmente innportantes o más importantes. Compromiso vital de la persona. La sexualidad está integrada a la persona de modo que todos sus actos son sexuados biológica y psicológicamente. El religioso(a) la acepta y la ofrece por amor al Reino.

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CAPÍTULO 4 FORMACIÓN DE LA AFECTIVIDAD 4.1. PROCESOS PERSONALES La personalidad tiene una estructura básica a la que hemos llamado estructura yoica en la cual se integran diversos componentes procesuales y dinámicos. Para nuestro propósito hablaremos de cuatro: autoimagen, autoconcepto, autoestima y autonomía. Partimos de la base misma del yo y la forma cómo éste se presenta para hacer un acercamiento a su definición. Toda persona tiene un yo real, es decir, una definición de su si-mismo a través de las características que le son propias, tanto aquellas que le dan unidad con el género como las que lo diferencian. Es lo que los norteamericanos llaman el «self», la objetivación del propio ser en el reconocimiento de lo positivo y lo negativo. Sin embargo, al lado del yo real está el yo ideal entendido como aquello que la persona quiere ser y a lo cual tiende a cada momento de su vida. Se constituye en la luz de su propia realización humana. El yo ideal ejerce un poderoso influjo -incluso moral- en la persona. Además, de otra parte está el yo social que se define como la imagen con la cual nos presentamos a los demás y va en la línea directa con el rol que estamos desempeñando en determinado contexto. El yo social ha sido presentado por algunos como la «máscara» con la cual aparecemos en escena; no es ni buena, ni mala a menos que haya una exageración y persistencia que mantiene una apariencia que nunca da a conocer lo que verdaderamente somos. Entonces, es en esta tríada del yo real, yo ideal y yo social donde se intrincan los cuatro componentes nombrados favoreciendo su evolución.
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4.1.1 Autoimagen La autoimagen se define como la imagen mental que nos formamos acerca de nosotros mismos y surge a partir de aquello que los otros dicen de nosotros, de nuestras experiencias y de nuestra reflexión. La autoimagen tiene su primera fuente en el esquema corporal o componente biológico ya que la corporalidad es lo más evidente a la sexualidad. No queremos hacer un reduccionismo en este apartado, sino -al darle especial importancia al cuerpo- pretendemos su reconocimiento y aceptación. También queda claro que no es el único elemento que da lugar a la autoimagen. El componente biofísico de la sexualidad es más que la suma de células somáticas, o el conjunto de órganos con una función específica, o el cuerpo como estructura fisiológica. El componente biofísico es corporalidad. Esto significa que se une a las otras dimensiones y le da identidad a un individuo, es decir, forma parte de su personalidad. El cuerpo tiene unas notas características45 de las cuales resaltamos:
1. El cuerpo es lenguaje. Desde 1920 ya se hablaba que la constitución física de una

persona podía revelar los rasgos de su personalidad. Después, Alexander Lowen lo ratificó en sus estudios diciendo que «los determinantes de la personalidad y el carácter están estructurados físicamente»46. Inclusive, hoy la bioenergética y otros métodos terapéuticos hacen lecturas corporales para determinar los tipos de enfermedades y sus causas. El cuerpo habla, expresa quién es el individuo que lo posee. 2. El cuerpo es memoria. Empezando por el genotipo que guarda toda la información genética de generaciones pasadas. En él están grabadas nuestras experiencias, empezando por aquellas que pudieron ser físicamente traumáticas (una fractura, una enfermedad infecto-contagiosa, etc). Pero, también nuestra historia emocional queda escrita en nuestro cuerpo y le da una constitución especial. Bastaría con leer los trabajos de Reich y Lowen para comprender esta afirmación. 3. El cuerpo es encuentro. Desde el inicio la persona es el encuentro de dos células sexuales que fusionadas dieron lugar al nuevo ser. La corporalidad le permite al hombre entrar en contacto con los otros desde lo más sencillo como ver a la otra persona y estrechar su mano hasta lo más íntimo y profundo como la unión sexualgenital.
45

Cfr. GIMEO-BAYON, Ana. Comprendiendo cómo somos. Dimensiones de la personalidad. Col. Serenipity, Bilbao: Desclée de Brouwer, 199.p. 73-77. 46 LOWEN citado por GIMENO BAYON. Ibíd., p. 75.

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El cuerpo como lenguaje, memoria y encuentro nos permite darnos cuenta de nuestro estado de ánimo, de nuestra forma de comportarnos, de nuestras reacciones frente a los sucesos previstos o inesperados, de nuestra capacidad de ser afectados por el medio ambiente, de la posibilidad de trascender e ir más allá del mismo límite corporal. La sensualidad le da esta posibilidad cuando los sentidos se constituyen en canales de comunicación entre él y su mundo.

Creemos que la corporalidad como núcleo de la autoimagen puede ser reflexionada para conocerla, reconocerla y aceptarla. El cuerpo forma parte de nosotros. No podemos renunciar a él aunque persistan en el ambiente aquellas ideas dualistas platónicas y maniqueas que llegaron a condenarlo o rechazarlo. Más todavía, llegar a dignificar su valor en aquel que ha hecho una opción religiosa. Ejercicio 1: MI MAPA CORPORAL 1. Se comienza haciendo una motivación sobre la importancia del cuerpo y el reconocimiento que debemos hacer de él. Se puede tener en cuenta que el cuerpo es lenguaje, memoria y encuentro. 2. Cada persona dispone de la hoja "Mi mapa corporal" donde se encuentra el dibujo de un desnudo (equivalente a su edad) en el cual tiene la oportunidad de señalar las partes de su cuerpo que le gustan y las que no (ver anexo 1). 3. Acto seguido la persona reflexiona y escribe las razones por las cuales dichas partes le gustan o le disgustan. 4. Como actividad complementaria se les invita a recordar su etapa de adolescencia y a señalar en la misma hoja los cambios que fueron aceptados positivamente y los que se dieron negativamente. De igual manera, determinar las razones que los hicieron posititvos o negativos. 5. La socialización en parejas, pequeños grupos o en grupo general es importante. Se les invita a que compartan lo que deseen de su mapa corporal. Esto genera confianza y es un paso que permite concebir el cuerpo como algo natural, incluso cuando se habla de las partes genitales. Ejercicio 2: REPRESENTACIÓN DE MI CUERPO

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1. Se hace una motivacion a partir de la importancia de nuestro cuerpoy de la aceptación que debemos tener hacia él. Una parte de nuestro cuerpo nos es dada por via genética y la otra, de alguna manera, se ha hecho por el cuidado, la nutrición y la salud. 2. Se le facilita a cada uno una masa de plastilina para que ellos la moldeen hasta lograr la representación más cercana de su cuerpo. Aunque no haya mayores cualidades artísticas debe haber buena voluntad para hacerlo lo mejor posible. No es válido hacer una representación simbólica. 3. Cuando se ha finalizado puede haber un tiempo de observación por parte de los otros participantes. El punto central e importante es que haya una presentación verbal de cada uno con la ayuda de la representación en plastilina donde se exponga « ¿Quién soy yo a través de mi cuerpo?» 4. Algunas de las preguntas para la reflexión y el diálogo son: ¿Me siento satisfecho con mi representación? ¿Qué partes de mi cuerpo fueron fáciles de moldear? ¿Cuáles fueron difíciles? ¿Por qué? ¿Estas partes coinciden con las que me gustan y me disgustan de mi cuerpo? ¿La representación la hice vestida o desnuda? ¿Por qué?

Ejercicio 3: CONTACTO Y CARICIA CORPORAL 1. La piel es el límite máximo de nuestra zona personal de protección. Cuando permitimos que alguien nos toque es porque tenemos confianza en esa persona. Pero, el nivel de confianza determina la naturaleza, la intensidad y el lugar del contacto. No es lo mismo abrazar que besar, no todos los abrazos son iguales, ni todos los besos se dan en la misma parte. 2. Dentro del contacto y la caricia aparece la sensibilidad, es decir, juegan su papel los diferentes sentidos que poseemos: la vista, el ofdo, el gusto, el olfato y el tacto. En este ejercicio pondremos a prueba algunos de ellos. 3. Por parejas cada uno tendrá un tiempo corto para observar el rostro de la otra persona. Quien es observado puede cerrar los ojos para facilitar el recorrido visual que la otra persona hace por cada zona de su cara. 4. Luego, de nuevo cada uno tendrá un tiempo para hacer dicho recorrido con los dedos en el rostro de su compañero. Aunque el tiempo es corto puede parecer largo para algunas personas, por eso se pide que finalicen cuando se indique. 5. Al interior de cada pareja dialogan acerca de las preguntas que vienen a continuación y luego pueden ser socializadas a todo el grupo: ¿Cómo me sentí (como agente activo y pasivo)? ¿Qué descubrí en mismo? ¿Qué descubrí en el otro? 6. Por diferentes circunstancias puede resultar que el trabajar con otra persona sea "violento", sobre todo si hay un pudor excesivo por el propio rostro o demasiado respeto para tocar el rostro de la otra persona. Entonces, una variante de este ejercicio puede ser la utilización de un espejo llevando a cabo lo señalado en los puntos 3 y 4
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por sí mismos. Si se hace el ejercicio con esta variante valdría la pena revisar lo que hay subyacente como prejuicios, temores o inseguridades. EJERCICIO 4: UNA CARTA A MI CUERPO47 1. Para facilitar el desarrollo del ejercicio se necesita de un espacio amplio y que cada persona pueda contar con dos sillas. Cada quien visualiza mentalmente su cuerpo. Emplea unos minutos en recorrerlo con la imaginación y observar cómo se siente con respecto a él y cada una de sus partes. Luego lo ubica en la silla que ha colocado al frente suyo. 2. Al principio cada quien ha recibido dos hojas. En una de ellas escribe una carta a su cuerpo en donde explica todo lo que aprecia de él y los resentimientos que pueda tener con respecto a él. 3. Terminado el punto anterior, se cambia a la otra silla y se imagina que ahora es «su cuerpo» que le escribe a él. En esta carta de contestación «su cuerpo» le cuenta todos los agradecimientos y resentimientos que guarda por la manera cómo él lo trata. 4. Se reflexiona en torno a las siguientes preguntas: ¿has aprendido algo de tu manera de vivir tu dimensión corporal? ¿Quiéres cambiar algo de ello? ¿Cómo lo harás?

Ejercicio 5: MI CUERPO HABLA DE MÍ 1. Se ha dicho que el cuerpo y sus partes tienen lenguaje y comunican formas de ser. Las otras personas hacen lectura de nuestra personalidad a través de nuestro cuerpo. Por eso, vamos a trabajar este ejercicio por parejas (preferiblemente con aquella persona con la cual tengamos un buen conocimiento). 2. A cada persona se le entrega la hoja “mi cuerpo habla de mí” (Ver anexo 2). Esta hoja tiene tres columnas. En la primera aparecen las siguientes partes o acciones del cuerpo: cabello, ojos, labios, manos, brazos, pechos, piernas, constitución física, manera de sentarme y manera de andar (es posible añadir otras). 3. La segunda y tercera columnas son espacios en blanco. La persona toma su hoja y responde brevemente a la siguiente pregunta: «¿Qué dice(n) mi(s)... acerca de mí?» colocando cada parte de la primera columna en el espacio de la pregunta. Es conveniente no racionalizar la respuesta buscando palabras adecuadas o lo que nos gustaría que dijera esa parte de nosotros. Las respuestas espontáneas son las mejores.
47

Ibíd., p. 96.

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4. Acabada esta primera parte, la persona le entrega su hoja a su compañero de trabajo (doblada de tal forma que no vea lo que ha escrito). Ella responderá a la misma pregunta en tercera persona, por ejemplo «¿Qué dice su cabello acerca de él?». Las respuestas deben ser breves y sinceras. 5. Al finalizar la segunda parte, intercambian de nuevo las hojas y leen lo escrito. ¿Dónde hay coincidencias? ¿Dónde hay divergencias? ¿Qué descubrió de las partes de su cuerpo? Ejercicio 6: MIS SENTIDOS SE EXPRESAN48 1. Este ejercicio es una variante del anterior. Los sentidos forman entre sí una red de expresión. Ellos hablan de la persona y la relacionan con el mundo. Nuestra mirada, nuestra voz y el movimiento de nuestro cuerpo son reveladores de lo que pensamos, sentimos y actuamos. Se invita al grupo para que cada uno se sienta consciente de lo que viene a continuación. 2. Mi mirada: ¿Soy consciente de que mis ojos hablan? ¿Qué expresan? ¿Bondad, dulzura, comprensión? ¿Juicio, reprobación, amenaza? ¿Alegría, tristeza? ¿Qué dicen mis ojos? ¿Soy capaz de percibir lo que transmiten a las personas? ¿Cómo es mi mirada? ¿Directa, intensa, huidiza, turbada? 3. Mi voz: ¿Soy capaz de abrir mi boca? ¿En qué situaciones el sonido de mi voz sale claro, firme, seguro? ¿En cuáles me quedo mudo? ¿El tono de mi voz es fuerte, tajante, brusco, autoritario? Cuando hablo, ¿qué sensación me produce la reacción de mis oyentes? 4. Mi cuerpo en movimiento: ¿Cómo es la expresión de mi rostro? ¿Cómo es mi sonrisa? ¿Cómo es mi manera de andar? ¿Vacilante, segura? ¿Se abren mis brazos fácilmente o tienden a estar pegados a mi cuerpo? ¿Me gusta tocar a las otras personas? ¿Qué expresa mi modo de tocar? Ejercicio 7: RELAJACIÓN SEXUALIDAD49 E INTERIORIZACIÓN DE NUESTRA

1. Esta es una técnica de interiorización que ayuda al reconocimiento del propio cuerpo y la manera como se puede integrar a la vida afectiva facilitando la vivencia de la castidad consagrada. Se facilita un ambiente de tranquilidad con el suficiente espacio para tomar la posición más cómoda. La música adecuada (agua que corre, instrumental) puede ser un medio de ayuda eficaz.
48 49

LACASSE, Micheline. De la cabeza al corazón. Bilbao: Sal Térrae, 1995. p. 60-62. Cfr. PRADA. OP. Cit. p. 179-183

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2. El animador utiliza el tono de voz adecuado y puede seguir el guión siguiente: Cierra los ojos y siéntete tranquilo. Respira suave y profundamente. En este momento tu cerebro está produciendo ondas alfa, que son ondas de descanso y relajación. Quédate tranquilo. Inhala el aire por la nariz y exhálalo por la boca. Imagina el número 3, bien grande y brillante. Significa relajación física. Respira en profundidad. Ahora imagina tu pie derecho y comienza a relajarlo. Siente cómo la sangre bulle por tu pie. Los músculos se sueltan. Se siente bien. La relajación va subiendo a la rodilla. Siente cómo tu pierna se relaja. Haz lo mismo con tu pierna izquierda... Siente tus piernas como una gelatina. Se siente agradable. Concéntrate en tu mano derecha. Aflójala y haz que tu sangre corra por las venas sin dificultad. Haz lo mismo con la mano izquierda. No olvides respirar profundamente. Imagina ahora tus glúteos y relájalos. Tus caderas y relájalos. Tus órganos sexuales y relájalos. Se siente bien. Respira. Concéntrate ahora en tu estómago...órganos digestivos... pancreas... riñones...hígado... pulmones... pecho... corazón... Se siente bien, muy agradable. Concéntrate ahora en tu espalda y columna vertebral. Suelta los músculos, las vértebras y los ligamentos. Relaja tu cuello. Imagínate que le están dando un masaje suave. Ahora concéntrate en tu cabeza. Siente un aire fresco que recorre tu cara. Suelta el mentón... los pómulos... tu boca... tu nariz... tus párpados están pesados... tu frente tersa... tu cuero cabelludo está relajado. Respira profundamente. Te imaginas ahora que de tu cuerpo sale una energía positiva, como una ola que se derrama por todo el cuerpo hasta tus pies mientras te repites «Yo soy energía». Cinco veces. Una... dos...

Ahora vamos a pasar a la segunda parte. Imagina el número 2, bien grande y brillante. Este número va a significar relajación mental. Repítete internamente despacio y en profundidad estas palabras: «paz... tranquilidad... coherencia... descanso...». Tu mente está tranquila, nada te preocupa. Ahora imagina un lugar muy tranquilo, no conocido (playa, bosque, lago). Vas a descansar unos minutos en este lugar ideal. Contempla el lugar, respira y repite las palabras. Pasamos ahora al plano básico. Imagina el número 1 bien grande y brillante. Este número significa relajación profunda, laboratorio donde puedes trabajar tus problemas anteriores, condicionarte positivamente para el futuro y vivir tus experiencias actuales de manera positiva. Imagina una escalera con diez peldaños, vamos bajando poco a poco, cada escala significa un nivel más profundo de relajación. Escalas 10, 9, 8... Relájate... respira... escalas 7, 6, 5... Relájate... (Hasta llegar a la última). Con este ejercicio vas a lograr reconocer y aceptar tu cuerpo un poco más. Vamos a volver sobre él repasando cada una de sus partes como si tu vista fuera un rayo de luz.
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Vamos a ir desde los pies hasta la cabeza. Mira tus pies, ¿te gustan? ¿Por qué te gustan/ disgustan? Dale gracias a tus pies porque con ellos has podido caminar, correr, bailar...y diles «Quiero seguir contando con ustedes. Los voy a cuidar. No se van a enfermar. Forman parte de mí y así los quiero» (Y así se nombra cada parte preguntándose si le agrada o no, dándole gracias por la función que ha prestado y expresando un sentimiento positivo hacia ellos. No se olvide nombrar las partes genitales). Vamos finalizando, has trabajado muy bien. Este ejercicio lo puedes hacer tú mismo para seguir aceptando tu propio cuerpo. Recuerda decirte cosas positivas. Respira. Voy a contar de uno a tres y saldrás de tu estado de relajación. Te vas a sentir muy bien y con mucha energía. Mueve poco a poco tu cuerpo, tu cabeza, respira y abre los ojos. Muy bien. 4.1.2 Autoconcepto Aunque sea difícil establecer el límite entre autoimagen y autoconcepto y, además, el de estos dos con la autoestima, el autoconcepto es otro componente de la estructura yoica de suma importancia en la personalidad. Se define como la identificación de las características que le son propias a un indiuiduo, es decir, es la autodefinición del sí-mismo.

El hombre tiene la capacidad de descubrir el mundo que le rodea y de construir una representación interna de los elementos que le son significativos. También, de la misma manera, construye teorías y conceptos sobre sí mismo. Si en lo primero el sujeto dice cómo ve las cosas del mundo que le rodea, en el autoconcepto revela cómo se ve a sí mismo.

El autoconcepto es un proceso y un resultado de la vida misma. Se constituye a través del tiempo con los éxitos y los fracasos, los miedos y las inseguridades, las sensaciones físicas, los placeres y los disgustos, y las experiencias significativas. Además, sin duda, está influenciado en gran medida por aquellas personas que ejercen autoridad sobre él o con las cuales existe una relación afectiva. Por eso, una forma de potenciar el autoconcepto -especialmente en la niñez y la juventud- es que los padres y maestros no creen autoconceptos negativos o hagan comparaciones para señalar incapacidades. Lo anterior tiene especial importancia en la formación para la vida religiosa.

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En las primeras etapas el joven religioso debe iniciar su crecimiento en su opción y por eso debe construir un autoconcepto como consagrado. El formador debe potenciar dicho crecimiento respetando la singularidad del individuo y reconociendo cada una de sus características. En ocasiones ocurre que el formador o el grupo hacen un señalamiento sobre alguna de estas características o sobre algún comportamiento y se «bautiza» al individuo incluso cuando se quiere resaltar algo positivo. Por ejemplo, aquel joven que demuestra virtud espiritual o intelectual le apodan el «santo» o el «sabio». Más aún, cuando se trata de algo negativo dicho señalamiento va a estar martillándole de forma desagradable sin darle espacio para cambiar o para demostrar otras cualidades. El autoconcepto implica tanto la razón como la emoción. Sin embargo, es la razón la que establece la definición del sí-mismo. Por eso hay que saber que la razón posee dentro de sí un filtro que le permite establecer el «cómo me veo». Albert Ellis50, padre de la terapia racional-emotiva ha establecido desde la psicología cognitiva que las ideas que poseemos en nuestro interior son las que hacen que, ante el mismo acontecimiento (estímulo, evento, hecho), el comportamiento de las personas (consecuencias, reacciones) sea distinto. Esta teoría nos sirve para comprender cómo estas mismas ideas o creencias que poseemos también determinan nuestro autoconcepto. Ellis las ha llamado «ideas noracionales»51 y son las siguientes: 1. «Para ser feliz es necesario que todas las personas que están en mi entorno me amen, me tengan simpatía y me aprueben». 2. «Para considerarme valioso debo ser profundamente competente, adecuado y capaz de conseguir los objetivos en todos los aspectos posibles». 3. «Algunas personas son malas, malvadas, viciosas y deben ser severamente censuradas y castigadas por su maldad. Incluso yo si pertenezco a esta categoíia de personas». 4. «Cuando las cosas no salen como yo las deseo es algo espantoso y catastrófico». 5. «Mi felicidad tiene su fuente en el exterior y en los acontecimientos que suceden y tengo poco o ningún control sobre mis penas y mis trastornos emotivos».
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Cfr. ELLIS, Albert y HARPER, R. A new guide to racional living. Wilshire books. North Hollywood. California,1975. ELLIS, Albert. Razón y emoción en psicoterapia. Bilbo: Desclée de Brouwer, 1980. 51 Cfr. AUGER, Lucien. Ayudarse a sí mismo. Una terapia de la razón. Santander: Sal Terrae, 987. –ÁLVAREZ, Ramiro. Para salir del laberinto. Santander: Sal Terrae, 1992. p. 119-149.

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6. «Si algo puede resultar peligroso o espantoso, me debo preocupar terriblemente por ello y atormentarme sin cesar por tal eventualidad». 7. «Es más fácil rehuir las eventualidades de la vida e intentar evadirme de las propias responsabilidades que hacerles frente». 8. «Mi vida pasada es el determinante supremo de mi acción presente y, dado que algún elemento ha afectado profundamente mi vida, es inevitable que ese influjo dure para siempre». 9. «Hay siempre una solución buena, precisa y perfecta para mis problemas, y es una catástrofe no dar con esa solución». 10. «Mi propia felicidad es alcanzable mediante la inercia y la inacción». 11. «Siempre necesito apoyarme en alguien más fuerte, más sabio»

Nótese que cada idea no-racional lleva implícita una manera de concebirse a sí mismo y una forma de alimentar el autoconcepto. Si las vemos en su conjunto se revela la dependencia en los otros, la hiper-autocrítica, la supravaloración de los acontecimientos, la heteronomía, el desconocimiento de capacidades, el «anclaje» asfixiante a la historia personal, la ansiedad en la competencia y la falta de valoración del ser. Valdria la pena detenerse en cada una pero lo importante es hacer que la persona reconozca la idea no-racional con la cual está "casado" permitiendo que se oxigene su autoconcepto.

Ejercicio 1: HABLEMOS DE USTED MISMO 1. Una de las formas más ricas y naturales para saber qué visión tenemos de nosotros mismos es expresarnos libremente sobre nuestro yo. De hecho es una propuesta utilizada cuando se quiere salir de la estructura de un test o de cualquier instrumento con respuestas predefinidas y espacio limitado que podría ser más práctica a la hora de sistematizar la información. 2. Para hacerlo se trata de que la persona se sienta tranquila generando un ambiente favorable. Se le pide que suponga la presencia de otra persona que sencillamente le dice: «Durante el tiempo que sigue, hable de Ud. mismo». Entonces, hace una descripción libre de su personalidad. Para registrar lo que va diciendo puede utilizar papel y lápiz o tener a la mano una grabadora. Hacer el registro es conveniente por cuanto le facilitará después hacer la reflexión sobre lo que ha dicho.

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3. Si el ejercicio se hace en grupo, entonces, no tendráa que imaginar al interlocutor porque es real. El trabajo puede realizarse en parejas, pequeños grupos o en el gran grupo. Siempre será conveniente que el registro lo haga uno de los que escucha. 4. Finalizado lo anterior, hace lectura del registro hecho (o escucha la grabación) y toma conciencia de lo que dijo: rasgos relevantes, rasgos que nombró sutilmente, características positivas y negativas, rasgos que dijo de los cuales tiene seguridad, o de los que no está convencido plenamente, o aquellas que le faltó decir. También, reconocer las cualidades que dijo para "quedar bien" y que son su máscara. 5. La descripción aunque sea libre puede tener un guión de ayuda teniendo en cuenta las dimensiones de la persona: física, psíquica, social, comunicativa, profesional y espiritual. Cuando el ejercicio se hace en grupo, es posible que los otros confronten la información si ha habido conocimiento mutuo.

Ejercicio 2: LAS LISTAS 52 1. Nombrar las características que poseemos puede ser más facil. Para ello se le pide a la persona que elabore dos listas. La primera será la de todas aquellas que considera cualidades o factores personales positivos: atributos físicos, habilidades, talentos, dones. 2. En la segunda lista se hace una enumeración de las debilidades. De aquello que considera como sus defectos y los quiere trabajar –o está trabajando- en sí mismo. 3. Ambas listas pueden ser complementadas a través de los días. Además, es interesante observar que lista surge más ráapidamente y preguntarse el porqué. Ejercicio 3: YO SOY MI HISTORIA PERSONAL 1. Todo hombre posee una historia que ha determinado su ser actual. Esa historia le permite comprender muchos rasgos de su personalidad. El siguiente ejercicio es una ayuda para recuperar dicha historia aceptándola con afecto. No estamos diciendo «para apegarnos a ella», o anorar lo que pudo haber sido y nunca fue o cultivar un determinismo sobre el presente y el futuro. 2. En un ambiente tranquilo y, tal vez, después de una técnica de relajación se le entrega a cada persona el instrumento "Yo soy mi historia personal" para ser diligenciado (ver anexo 3). Dicho instrumento es una rejilla que cruza las grandes

52

Cfr. POEWLL, John. La felicidad es una tarea interior. Santander: Sal Terrae, 1996. p. 35.

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etapas de crecimiento con la propia vida a través de las personas, los lugares y acontecimientos y su repercusión en la propia existencia. 3. Es posible que el espacio sea insuficiente. Para ello basta prever hojas que se puedan anexar al instrumento. También es conveniente que el joven sepa que la información es de carácter personal. 4. Una variante de este instrumento sería la especificación por años considerando las relaciones familiares y sociales, las experiencias educativas, religiosas y culturales53. Ejercicio 4: LA VENTANA DE JOHARI 1. Esta técnica es conocida desde hace algunos años y permite que la persona reconozca contenidos de su personalidad por su propia parte y de las personas que pertenecen a su grupo de referencia. Hay cuatro contenidos básicos que tienen los siguientes nombres: la zona libre (lo que yo sé de mí que los demás también saben), la zona secreta (lo que yo sé de mí que los demás no saben), la zona ciega (lo que los demás saben de mí que yo no sé) y la zona oculta (lo que ni yo ni los demás saben de mí). 2. Uno de los propósitos es establecer el contenido de cada zona y el flujo que se da entre una y otra. Es decir, cómo a través de la comunicación y la vida misma, determinado contenido de la zona oculta pasa a la zona secreta u oculta y, luego, a la zona libre. Incluso, saber qué zona es más abundante en su contenido teniendo en cuenta el grupo al cual se pertenece. Cencini54 desarrolla una explicación más amplia a este respecto. Ejercicio 5: IDENTIFICACIÓN DE MIS IDEAS NO-RACIONALES 1. Hablando del autoconcepto hicimos una breve explicación de la influencia que tienen en nosotros determinadas ideas o creencias que han sido llamadas ideas noracionales por la terapia racional- emotiva. Estas afectan no sólo las relaciones con los demás y con el mundo, sino la concepción de nuestro propio self. 2. A continuación aparecen 20 afirmaciones o reacciones a situaciones determinadas. Consiste en identificar la idea racional que subyace en cada una de ellas (remítase a lo expuesto en el principio de este apartado). 1. «Lo que me ha ocurrido este fin de semana ha sido algo espantoso. A ninguno le ha pasado una cosa igual».
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MEZA, José Luis. La afectividad y el proyectovpersonal de vida. Bogotá: Libros y Libres, 1996.p. 135-37. 54 CENCINI, A. y MANENTI. Psicología y Formación. México: Paulinas, 1994. p. 41-43.

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2. «De pequeño siempre le tuve miedo a mi padre, por eso, hoy le tengo miedo a aquellas personas que tienen autoridad sobre mí». 3. «Es tal el miedo que tengo fracasar en el examen, que no logro dormir». 4. «¿Qué quiere que haga? Mejor espero a que esto pase» 5. «Mi vecino es un salvaje. Todos los días llega borracho y Ie pega a su esposa. Si pudiera lo...» 6. «Desde que fui cambiado de comunidad mi vida se ha vuelto triste y las cosas han perdido su sentido». 7. «Para qué aprender a tocar guitarra si no tengo buen oído y nunca llegaría a tocar bien» 8. «Los alumnos, despues de todo, deben respetar y estimar a sus maestros» 9. «Cuando fulano, con el cual hemos discutido alguna vez, viene a la comunidad yo me las arreglo para ausentarme y evitar problemas» 10. «Si mis padres me hubieran educado mejor yo no sería como soy» 11. «Ayer deseé que a fulano le pasara una desgracia. Qué malvado soy. Soy un vil pecador» 12. « ¿Cómo podría ser feliz sin ti (sin tu apoyo)?» 13. «Probablemente el director se va a poner de mal genio conmigo. Cuando lo pienso se me hace un nudo en la garganta y me tiemblan las piernas» 14. «Fulano no me ha estimado nunca. Siempre anda buscando mi talón de Aquiles. Y lo niega» 15. «En la reunión comunitaria estaba desesperado. Por eso me puse a hacer monitos en mi agenda y a leer una revista» 16. «E1 acto fue un desastre porque no comenzamos a la hora y se extendió más del tiempo previsto» 17. «EI error que cometí nos ha costado una demanda. ¡Qué estúpido he sido! Voy a renunciar» 18. «Cuando estaba en la universidad mi maestro de Biblia era aburrido y dogmático, por eso, nunca me gustará la teología» 19. «No tengo fuerzas en absoluto para asumir lo que me ha encomendado el provincial»

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20. «Es preciso que le encuentre la solución al problema que tenemos. De lo contrario todo puede venir abajo». 3. Después de hacer una identificación individual, se puede hacer un feedback conjunto para mirar coincidencias y discrepancias. Es posible que alguna afirmación tenga varias posibilidades de respuesta. 4. Como lo más importante es reconocer las ideas no-racionales propias, se invita a cada uno a hacerlo de la siguiente manera: a) Recuerde algunos acontecimientos que le hayan sucedido en la última semana (cinco es un buen número); b) Recuerde la manera como reaccionó frente a ellos y la idea (la primera idea) que vino a su mente y escríbala (por lo menos una para cada situacion); c). Señale cuáles de ellas fueron noracionales; d). Determine cuál hubiera sido la reacción más conveniente y la confrontación a la idea no-racional. 5. La confrontación se entiende como el ejercicio que hace la persona para darse cuenta si las ideas que bullen en su interior frente a determinado acontecimiento son realistas o no, racionales o no. Si no lo son, entonces hay que cambiarlas.

4.1.3 Autoestima Si el autoconcepto es la identificación de nuestras características autoestima es la valoración que hacemos de las mismas. Es el sentido de verse a sí mismo con bondad y valor que se concreta en confianza y seguridad en sí mismo. "Es la satisfacción personal del individuo consigo mismo, la eficacia de su propio funcionamiento y una evaluativa aprobación que él siente hacia sí mismo"55.

Al igual que la autoimagen y el autoconcepto, la autoestima está influenciada por las personas significativas al individuo, todavía más cuando está en las primeras etapas de su desarrollo. Si recordamos a Erikson, ésta enraiza desde la primera etapa cuando el niño comienza a ganar confianza en relación con su madre de quien recibe cariño y protección. En adelante, las otras personas que guardan alguna referencia con él podrán incidir en su propia capacidad de aceptarse y quererse a sí mismo.

Si lo llevamos a la formación en la vida religiosa, también debemos reconocer que el formador y el grupo en el cual se desenvuelve el joven ejercen tal influencia. Por
55

OÑATE, María Pilar de. El Autoconcepto. Madrid: Nancea, 1989. p. 78

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eso, dentro de la formación han de tenerse en cuenta algunos criterios para potenciar una sana autoestima como: 1. La competitividad, entendida como la capacidad para llevar a cabo algo reconociendo los límites y las dificultades. La competitividad lleva a un reconocimiento personal sano. No se confunda con competencia que produce roces entre las personas y un afán por sobresalir sobre los otros.

2. La libertad para tomar decisiones significatiuas incluso cuando la elección lleve a cometer errores. 3. El respeto, ya que el otro es alguien importante y merece ser reconocido en su valor. 4. El afecto, haciendo que la relación sea acogedora y dignifique a la persona. 5. El control entendido como una orientación definida, establecida y firme que no tienda a un permisivismo o a una vigilancia asfixiante. 6. El reconocimiento de los logros conseguidos sin hacer una insistencia única o exagerada en los fracasos.

Una sana autoestima nos permite la autoaceptación de lo que somos y hacemos en su justa medida. Evita el autocastigo o tener sentimientos de culpa no merecidos. En la seguridad y la confianza propia podemos vivir auténticamente y afrontar las situaciones que se nos presentan sin perder el equilibrio aunque éstas nos afecten. La autoestima podría ser vista como una disposición personal y perdurable caracterizada por la consistencia temporal y como un resultado de la autoevaluación regulada por los eventos ambientales.

De lo anterior se deduce que la autoestima tiene dos procesos que coexisten. La autoestima expresada como un sentimiento perdurable de la persona hacia sí misma y la autoestima expresada como emoción-reacción ante un hecho puntual que intensifica o reduce dicho sentimiento. Ejercido 1: Ml AUTOESTIMA DENTRO DE LA VIDA COTIDIANA 1. Nuestra autoestima tiene dos procesos que se embridan mutuamente: como sentimiento y como emoción. Esto significa que, aunque las personas tengan bajos o

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altos niveles de autoestima, dicho nivel fluctúa de acuerdo con las circunstancias que ocurren. Es humano ser susceptible a las cosas que nos pasan, sean positivas o negativas y la diferencia radica en que el grado de afectación varía de una persona a otra, es decir, una misma situación puede afectar grandemente a una persona y mínimamente a otra. 2. El siguiente ejercicio pretende hacer una «graficación» de los niveles de afectación producidos por algunas situaciones de la vida cotidiana. Es difícil «traducir» una emoción a una escala numérica pero lo podemos intentar tratando de acercar ese algo interno y exteriorizarlo en algo material como una hoja de papel. 3 Se le entrega a cada participante una copia del instrumento “Mi autoestima dentro de la vida cotidiana" (ver anexo 4) en donde aparece una línea horizontal con diez barras en blanco. Al lado izquierdo hay un eje vertical que representa una escala-de valor de 1 a 10. Se lee cada una de las situaciones que aparecen en el siguiente punto dejando el tiempo para reflexionar (pensar y sentir) la siguiente pregunta: «¿Cuánto afecta mi autoestima esta situación?». Como si fuera un termómetro, la barra será rellenada hasta el grado de la escala de valor que mejor representa el nivel de afectación de determinada situación. A mayor afectación más área de la barra será rellenada y viceversa. Téngase en cuenta que las situaciones negativas se llenan del eje horizontal hacia abajo y sus valores son negativos. 4. A continuación aparece una lista de veinte situaciones (las primeras diez son negativas y las otras diez positivas) para ser leídas dejando el tiempo necesario de tal manera que la persona se haga la pregunta y proceda a rellenar la respectiva barra. Es necesario evitar al máximo la racionalización de la respuesta. Situaciones negativas 1) Mis mejores amigos están organizando una fiesta y no me van a invitar. 2) Saqué una pésima nota en un trabajo al cual le dediqué cantidad de tiempo. 3) Tuve un altercado con un Hermano de comunidad y desde hace una semana no nos hablamos. 4) Este fin de semana supe que mis padres se van a separar. 5) Mi equipo favorito de fútbol perdió un partido importante. 6) Perdí una materia en la universidad y me toca repetirla en el siguiente semestre. 7) Un Hermano me dijo que mi forma de vestir y de hablar dejaba mucho qué desear. 8) En la escuela recibí un comunicado donde se me informa que los alumnos no entienden mi materia y que soy un mal maestro. 9) Un Hermano al cual aprecio bastante se va a retirar de la comunidad. 10) Una joven que me cae bien me despreció una invitación para ir al cine. Situaciones positivas
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1. Un estudiante se me acercó y me dio las gracias por un consejo que le di hace unos días y con el cual pudo resolver su problema. 2. Recibí la noticia de que en mi casa uno de mis hermanos se va a casar (o se va a graduar como universitario). 3. Ganamos un partido importante de fútbol con el equipo al cual pertenezco. 4. Obtuve una excelente nota en una sustentación a la cual le dediqué mucho tiempo de preparación. 5. Esta semana se me acercó un grupo de padres de familia y me dijo que era «carismático» en mi trabajo y que me hacía querer de los estudiantes. 6. Mis hermanos de comunidad celebraron mi cumpleaños y las palabras de uno de ellos fueron muy significativas. 7. Me gané una beca para hacer un curso que deseaba hacer. 8. Fui delegado por la comunidad para representarla en un evento nacional. 9. Una persona a la cual admiro me dijo que sería un gran religioso. 10) La comunidad recibió un premio por su misión apostólica en el país. 5. Después se procede a hacer un análisis del instrumento con ayuda de las preguntas que vienen a continuación. Hay que tener en cuenta que la autoestima tiene que ver con nuestro sistema de valores, nuestra relación con las personas y con las cosas, y la significatividad que éstas tienen para nosotros. 1) ¿Cuál situación negativa afectó más mi autoestima y cuál menos? cPor qué? 2. ¿Cuál situación positiva me afectó más y cuál menos? Por qué? 3. ¿Estas situaciones son de qué naturaleza? 4. ¿Soy más susceptible a las situaciones positivas? a las negativas? 5. ¿Qué implicaciones tiene para mi vida el que mi autoestima se afecte fácil/difícilmente? 6. ¿Cómo hacer para que lo negativo no incida fuertemente en mi autoestima? Ejercicio 2: LA SILLA VACÍA56 1. Se trata de ser conscientes sobre lo que sentimos cuando nos colocamos de cara a nosotros mismos. Por eso, se invita a que cada quien tome una posición cómoda, relajada, de respiración tranquila y con la mente serena. Un ejercicio de relajación puede ayudar perfectamente en este primer paso. 2. El orientador dice: «Con los ojos cerrados vamos a imaginar una silla a unos tres metros de distancia de la nuestra. Nos damos cuenta de las características de la silla. De pronto, de la penumbra, sale una persona que conoces y se sienta. Date cuenta de la forma como te mira. Le dices algo (lo que tú quieras) y te das cuenta de su reacción».
56

Cfr. POWELL. Op. Cit. p. 34.

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3. Agrega: «Ahora, te vas a imaginar que viene otra persona. Eres tú mismo. Se sienta en la silla y se observan mutuamente. Date cuenta de cómo está, de los gestos que hace y de su postura. Vas a pedirle que hable de ti y que responda a las siguientes preguntas: ¿Qué es lo que más le gusta de ti? ¿Qué es lo que menos te gusta de ti? ¿Qué le gustaría que aceptaras de ti mismo? ¿Qué es lo que te hace agradable/ desagradable frente a los demás? Escucha cada respuesta con atención y no la olvides. 4. Las preguntas se refieren a todas las dimensiones, no sólo a lo físico. Es posible agregar o suprimir alguna de ellas. Después, se pide a cada uno que haga un registro de la experiencia. Y, si es posible, se puede compartir. Ejercicio 3: UN ANUNCIO DE MÍ MISMO 1. Este es un ejercicio sencillo que puede ser utilizado para hacer una confrontacion de primera mano con el conocimiento de sí mismo y el reconocimiento de nuestras propias cualidades y capacidades. 2. Con un tiempo determinado y una buena motivación, se pide a cada uno que redacte un anuncio de prensa (a manera de clasificado) sobre sí mismo. Un esquema puede ser el siguiente: nombre, cualidades, cosas que hace bien y campos de trabajo en los que se podría desempeñar. 3. Finalizado el punto 2 viene un tiempo para compartir la experiencia. ¿Cómo se sintieron? ¿Facilidades? ¿Dificultades? ¿Se sienten satisfechos con el anuncio que hicieron de sí mismos? 4. Este ejercicio tiene la posibilidad de seguir siendo enriquecido a través de los días. Se les pide que lo dejen en su lugar de trabajo y le agreguen más contenido. 4.1.4 Autonomia Pensar en un hombre que es protagonista de su propia vida es pensar en un hombre autónomo. Si se rige por el concepto que encierra esta cualidad, se debe entender que le da al hombre la capacidad para regir su existencia, situarse en su realidad, ser consciente de sus posibilidades y ser capaz de llevar a cabo una transformación personal y social. En el hombre autónomo subyace una ética de responsabilidad que es bien diferente a una ética del éxito que santifica los medios en función de los fines y que considera como bueno todo lo que funciona o le proporciona beneficios, poder o placer. También es diferente a una ética de intenciones que tiene una orientación más o menos neutral de los valores y que la inclina a interesarse por una motivación puramente interna de la acción, eliminando cualquier preocupación por las consecuencias de una

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decisión o actuación. Por el contrario, una ética de responsabilidad se pregunta de manera realista por las consecuencias de la acción y asume su propia responsabilidad. Hay que tener en cuenta que la autonomía no se logra; ipso facto, ni mágicamente. Es algo que se construye con el paso del tiempo en ambientes que la propicien. Cuando se habla de ambientes se hace referencia a aquellos que lo pueden lograr por su esencia educativa: la familia, la escuela y la casa de formación. Dentro de estos ambientes tienen su actuación aquellos que hacen las veces de orientadores: los padres, los maestros y los formadores.

Con lo anterior estamos diciendo que la autonomía es una meta que se puede conseguir en la medida en que estos ambientes se inter-relacionen y se integren mutuamente para hacer que el sujeto se haga autónomo. A su vez, la autonomía es una estrategia, es una forma de actuar, una técnica, un procedimiento que adopta el formador para facilitar que el sujeto desarrolle una capacidad dialógica y un juicio moral con el que pueda hacer sus opciones vitales con la máxima responsabilidad. Sólo generando un ambiente autónomo se genera autonomía. Si se superan las posturas heterónomas se hace al sujeto consciente de su protagonismo en la vida, responsable de su existencia, de sus actos y de su futuro.

Aparece la pregunta ¿Qué tiene que ver lo dicho anteriormente con el Proyecto Personal de Vida, la dimensión afectiva y la vivencia de la sexualidad? La autonomía es el alma que sustenta un Proyecto de Vida comprometido. Establecer un proyecto es tener vision de futuro. Tener una visión de futuro implica realizar las acciones que llevan a él, y no se realizan acciones si no se toman decisiones. En síntesis, la autonomía se expresa en la capacidad de tomar decisiones y en el empeño que se pone para lograrlas.

Hemos dicho anteriormente que las decisiones afectivas son trascendentales para la existencia humana. Con ellas podemos llegar a tener un sentimiento pleno de realización y sin ellas viviremos una forma de vacío en nuestras vidas. También hemos dicho que la vida religiosa lleva consigo una opción afectiva, la de amar a Dios y a nuestros hermanos como a nosotros mismos dentro del espíritu de la fraternidad. Esta opción se construye todos los días y se alimenta a base de tomar decisiones que nos acercan a ella. El religioso debe tener presente que él lleva las riendas de su propia vida –sin dejar de lado la gracia de Dios- y que debe encarar las circunstancias que se le van
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presentando para ser coherente con la opción que ha tornado. Es por todo esto que la vida religiosa es en sí misma un valor para ser interiorizado y asumido. Al respecto de la autonomía aparecen algunos cuestionamientos que deben resueltos: ¿Quién toma las decisiones de mi vida? ¿Qué decisiones he tomado (voy a tomar) con respecto a mi proyecto personal de vida? ¿Qué valores he clarificado para mi propia vida? ¿Qué nivel de responsabilidad veo implicado en las decisiones que voy tomando?

Ejercicio 1: DESCUBRIENDO VALORES (TRABAJO CON CARICATURAS) 1. Los medios de comunicación y la vida cotidiana nos ofrecen «cuadros» que expresan de forma explícita o implícita valores. La caricatura es una forma agradable de trabajar valores ya que sus autores tratan de plasmar en sus dibujos los valores que dan lugar a actitudes y a comportamientos. Uno de los caricaturistas más interesantes para esto es Quino ya que es un crítico de la realidad. Por eso, lo proponemos para este ejercicio. 2. Se le entrega a cada persona una copia de la caricatura (ver anexos 5 y 6). Se les da un tiempo para que la observen y a partir de su lectura haya un diálogo con base en las siguientes preguntas: Caricatura 1 (Anexo 5): 1- ¿Qué expresa la caricatura (descripción)? 2- ¿Cuáles son los valores sexuales de la generación de los jóvenes y la de los adultos? 3- ¿Existe discordancia entre unos y otros? ¿Por qué los adultos critican los valores de los jóvenes? 4- ¿Hay algun valor sexual de los jóvenes que vaya en contra de la persona? 5- ¿Qué valores (o actitudes, comportamiento y roles) definen los estereotipos masculino y femenino de hoy? 6- ¿Qué crítica haces tú a la forma como los jóvenes viven la sexualidad? 7- ¿Cómo sitúas la vida religiosa (su vida comunitaria y el voto de castidad) frente a la propuesta afectiva y sexual que hace la sociedad de hoy? Caricatura 2 (Anexo 6): 1- ¿Qué expresa la caricatura (descripción)? 2- ¿Qué suscitan los "interrogantes" de los personajes? 3- ¿Qué valores/antivalores tiene la vida de pareja? 4- ¿Cuál sería la adaptación de la caricatura a la vida religiosa? 5- ¿Qué valores/antivalores tiene la vida comunitaria? 6- ¿Han habido situaciones -conoces siuaciones- en la vida religiosa en las cuales te has sentido un desconocido?

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7- ¿Qué hay que favorecer en la vida religiosa (vida comunitaria) para llegar a un real conocimiento del otro? 3. Se puede hacer una selección de las preguntas que se proponen o incluir otras que ayuden al reconocimiento de valores. Es conveniente conectar el mensaje de la caricatura, el diálogo y el contexto real en el que se encuentra el formando. Ejercicio 2: EL RIESGO DE EXPANDIRSE57 1. Dentro de la autonomía juega un papel importante la motivación que a su vez pone en movimiento la voluntad y la transforma en acción. La motivación para expandirse estará de algún modo relacionada con nuestro incremento de la libertad, con nuestro gozo y nuestra realización. El deseo de expansión sale desde dentro de la persona como una fuente y le hace superar algún estado de inercia o inmovilismo. 2. Este ejercicio pone a prueba nuestra capacidad de expandirnos a través de pequeñas decisiones (algunas sencillas, otras complejas) que deben ser logradas en el plazo de un día. En la mañana y siguiendo el orden que se propone, la persona lee y asume una expansión para este día y al final debe ser evaluada. 1 Una emoción que nunca he compartido. Hoy compartiré esa emoción. 2- Un riesgo que nunca he corrido. Hoy correré ese riesgo. 3- Un objetivo que nunca he perseguido. Hoy intentaré alcanzarlo. 4- Un rechazo al que nunca me he expuesto. Hoy me arriesgaré 5- Una necesidad que nunca he sido capaz de admitir ante nadie. Hoy voy a admitirla. 6- Una disculpa que nunca he sido capaz de ofrecer. Hoy me disculparé. 7- Una afirmación que nunca he podido hacer. Hoy voy a hacerla. 8- Un secreto que nunca he compartido. Hoy lo compartiré con alguien. 9- Un sufrimiento que nunca he revelado. Hoy lo haré. 10- Un afecto que nunca he expresado. Hoy voy a decir a alguien "Te quiero". 3. Se pide a cada persona que lleve un registro sobre la expansión de cada día: ¿la logró? ¿En qué consistió? ¿Se siente satisfecho? ¿Fue como quería? o ¿no la logró? ¿Qué lo impidió? ¿Lo reintentó al siguiente día? 4. Al final de toda la experiencia es bueno tener un tiempo de retroalimentación ya con la persona ya con el grupo para evaluar el avance (o no avance) sobre la autonomía. Ejercicio 3: HOJA DE VALORES Y TOMA DE DECISIONES
57

Cfr. POWELL. Op. Cit. p. 111

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1. La autonomía puede definirse como la capacidad que tiene la persona para orientar su propia vida dentro de la toma de decisiones. A diario lo estamos haciendo. Tomamos decisiones sobre asuntos prácticos de rutina y tomamos decisiones trascendentales que pueden cambiar el rumbo de nuestra existencia. Es necesario ser conscientes de que detrás de la autonomía hay un sistema de valores, de que detrás de una decisión siempre hay un valor que se pretende salvaguardar. 2. Este ejercicio busca que la persona decida qué posición tiene frente a algunas afirmaciones que se relacionan con la afectividad, la sexualidad y la vida religiosa. Para ello proponemos dos formas: Forma 1 Se le entrega a cada persona la hoja donde aparecen las afirmaciones y sobre las cuales toma posición sobre cinco posibilidades: Totalmente de acuerdo (TA), de acuerdo (A), indeciso (I), en desacuerdo (D) y totalmente en desacuerdo (TD). Es conveniente que evite al máximo posicionarse en "indeciso" porque a la larga es precisamente una falta de decisión. Se da el tiempo suficiente para responder. Al final se abre un diálogo sobre las afirmaciones que pueden ser pertinentes al grupo o al proceso. Otra posibilidad es que a cada respuesta se le dé una escala de valor según la tendencia que se quiera conocer y la formulación de cada afirmación. Por ejemplo, queremos saber si hay una tendencia a ser "conservador-liberal" en lo sexual, entonces la primera afirmación tendrá una escala de 1 a 5 en donde 1 corresponde a TA y 5 a TD. En la segunda afirmación (por la manera como está redactada) la escala es de 5 a 1 en donde 5 corresponde a TA y 1 a TD. AI final de la sumatoria, los puntajes altos revelan una actitud "conservadora" y los puntajes bajos una actitud "liberal". Forma 2 De la lista se escoge un número conveniente de afirmaciones (sugerimos entre 5 y 10) que suscite reflexión y dé lugar al diálogo de valores. El orientador le dice al grupo que va a leer una afirmación y que cada uno tendrá la posibilidad de "estar de acuerdo", "estar en desacuerdo" o "estar inseguro". Para facilitar la visualización el lugar donde se encuentran estará dividido en tres zonas que corresponden a las tres posibilidades de respuesta. Después de leída la afirmación cada quien se ubica en la zona que corresponde a su respuesta para dar lugar al diálogo con cada grupo: ¿Por que está de acuerdo/ en desacuerdo? ¿Qué valor defiende en su decisión?

Es importante que cada grupo se escuche. Al final, los que están en la zona de los "estoy inseguro" pueden pasar a alguna de las otras dos zonas. También es

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importante que cada quien sepa dar razón de su decisión y que la cantidad mayoritaria de personas en una zona no significa que ellas posean la verdad. Lo esencial es estar atento a las argumentaciones y a las confrontaciones que pueden resultar. Quien dirige debe tener cuidado de no presentar su posición como la respuesta válida.

La hoja de valores tiene las siguientes afirmaciones: 1-Está bien que los novios tengan relaciones prematrimoniales. 2-La práctica sexual no alcanza la dignidad de la abstinencia sexual. 3-La actividad sexual reporta una considerable mejora en las relaciones de pareja. 4-Los homosexuales son seres enfermos a quienes la sociedad debe dar tratamiento terapéutico especial. 5-Los programas de radio y televisión ejercen una fuerte influencia en las actitudes sexuales de los jóvenes. 6-La cuestión de cómo nace un niño y los métodos anticonceptivos y planificación familiar es materia que deben saber las mujeres. 7-El homosexual es un ser que tiene tanto derecho como el heterosexual de disfrutar su sexualidad. 8-El amor libre es una posibilidad legítima en la pareja. 9-La Iglesia es la mejor autoridad para decidir lo que está bien y lo que está mal en materia sexual. 10-No tener relaciones sexuales produce problemas psicológicos. 11-El aborto debe ser permitido en caso de violación de la mujer. 12-El hombre debe ser fiel a su esposa. 13-Las mujeres deben tener la misma libertad sexual que los hombres. 14-Lo más importante del acto sexual es la procreación. 15-La mujer debe ser fiel a su esposo. 16-Tanto el hombre como la mujer tienen derecho a tener relaciones sexuales antes del matrimonio. 17-La masturbación tiene consecuencias sobre el bienestar fisico y psicológico. 18-Las relaciones sexuales son algo necesario. 19-Cada persona debe decidir su comportamiento sexual teniendo en cuenta a los demás. 20-Proyectar la vida no tiene sentido porque la vida es un juego del destino o del azar. 21-La fraternidad es un ideal inalcanzable en una cultura heterosexual. 22-Es mejor disfrutar el presente y todas las oportunidades que lleguen porque el futuro es incierto. 23-La masturbación va en contra de la castidad. 24-La amistad no es posible porque las personas buscan a las otras por interés. 25-La sociedad tiene roles masculinos y femeninos que deben ser respetados.
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26-Cuando una persona entra en una comunidad pierde su libertad. 27-La comunidad ha de favorecer el proyecto personal de cada miembro sobre el proyecto comunitario. 28-El/la religioso/a que evita el trato con personas del otro sexo cumple mejor su voto de castidad. 29-A las mujeres religiosas se les facilita más la vivencia de su consagración que a los hombres religiosos. 30-Un religioso puede tener relaciones sexuales porque su opción no le ha quitado su naturaleza humana.

3. Nótese que algunas afirmaciones se pueden agrupar por temas específicos dándole mayor riqueza de contenido a los diálogos, detectar niveles de coherencia o contradicción y las tendencias sobre dicho tópico. Por último, el orientador debe confrontar para clarificar valores y suscitar una reflexión que incida en la propia vida. Siempre será interesante que cada quien descubra su propio sistema de valores y la forma como ejerce su autonomía.

4.2. PROCESOS DIALÓGICOS: YO-TU 4.2.1 Construcción de vínculos e intimidad Cuando hablamos de procesos dialógicos relacionales estamos hablando por lo menos de tres elementos: Yo, tú y la relación rnisma. Es obvio que los dos primeros son de suma importancia pero no bastan para lograr la relación. Para hacerlo es necesario tender entre uno y otro un lazo de unión al cual llamamos vínculo. Es decir, el vínculo es aquello que hace que dos personas o más dejen de ser seres independientes o apartados, y pasen a ser un sistema en donde integran su sí-mismo.

Al respecto la teoría vincular dice que un vínculo resulta cuando las personas ejercen sus roles y sólo en la medida en que lo hagan. En otras palabras, un vínculo no resulta porque alguien se de a sí mismo el título de un rol. De otra parte, el rol sólo tiene sentido cuando se vive el vínculo. Un ejemplo podría ser el siguiente: una mujer ejerce el rol de madre, pero es madre en la medida que vive su relación maternal con su hijo, y el niño vive su rol de hijo en cuanto tiene un vínculo filial con la mujer que le ha dado a luz. Otro ejemplo, lo da el binomio educador-educando: ser educador sólo tiene sentido si hay alguien a quien educar y la única posibilidad es tejer un vínculo con el

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educando para lograr este propósito, y alguien es educando porque cuenta con un educador dentro de su proceso de formación.

Lo dicho anteriormente tiene gran importancia para la vida religiosa porque sólo somos cuando vivimos lo que decimos ser. En la vida religiosa las personas se llaman "hermanos" o "hermanas" pero no por el hecho de llamarse así ya lo son. Esto significa que cuando se vive el vínculo de ser- hermano-con-otro se pueden llamar hermanos, de lo contrario no es más que un formalismo.

En el ser-hermano está el núcleo de la afectividad del religioso y ésta es su opción. Durante mucho tiempo se ha desviado el núcleo afectivo hacia el ministerio, la espiritualidad o la consagración, pero es necesario dar el viraje para recobrar esto que es esencial. Un religioso hace su opció afectiva en el ser-hermano, no en el trabajo apostólico o en el tener a Dios como un sucedáneo o lo que sería peor, en la soledad. No se malentienda lo que acabamos decir creyendo que estas realidades de la vida religiosa no son importantes. Sí que lo son y también están influenciadas por la manera como el religioso vive su afectividad, pero no pueden suplantar su opción afectiva.

El ser-hermano-con-otro podría ser un idealismo o un postulado romántico, pero es lo único que salvará la vida religiosa que se da en comunidad. No es más que -y sólo eso- amar al otro, a aquel que está al lado y con el cual se comparte la vida, el techo, la comida, los momentos de gracia y ocio, la oración, la misión y la misma consagración. Amar al otro en el respeto de su propia individualidad y con la posibilidad de que en el vínculo se dé el cambio mutuo porque éste es un fruto de la intimidad que se genera.

Hemos dicho "intimidad" porque es la palabra que encierra con mayor intensidad la calidad del vínculo. Es una lástima que la palabra intimidad se haya dejado para la vida de pareja, la experiencia sexual o el amor romántico porque ella denota una forma de "estar cerca y en profundidad" con la otra persona y responde a contextos relacionales diferentes de la vida de pareja. La intimidad tiene lugar cuando en una pareja o en un grupo se ponen en juego la mente y el corazón, por tanto, en la amistad, en una comunidad o en una fraternidad también se da la intimidad. Erik Erikson define la intimidad como "la capacidad de comprometerse en las relaciones afectivas y de compromiso común y de desarrollar una fortaleza ética que
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soporte estas relaciones aún cuando éstas supongan sacrificio y renuncia". Visto así, la intimidad trae consigo una gran exigencia para las personas por eso puede resultar más fácil evitarla.

Whitehead58 señala que hay dos impulsos en la persona que obstruyen la intimidad: el deseo de controlar y la retirada. Es natural encontrar en un grupo que dialoga sobre determinado tema para luego tomar decisiones, a alguna persona que pretenda controlarlo imponiendo su propio parecer, "las cosas se deben hacerami manera" (esto puede darse desde la sutileza hasta la coacción incisiva). También se puede encontrar aquella que decide "retirarse" cuando lo que dice no es tenido en cuenta, "ellos no me aprecian porque mi aporte no fue escuchado y, por eso, mejor callo". Estos dos impulsos responden al miedo de acercarnos al otro porque en la cercanía podemos perdernos a nosotros mismos. Este temor, aunque no es real, es el enemigo de la intimidad. Es un error considerar que por estar cerca del otro se puede perder la propia identidad, las ideas, los planes y no se podrá sobrevivir dentro de un ahogo inminente. Ahora bien, esta es la justificación del miedo, pero la razón verdadera es la falta de confianza en nosotros mismos para poder sobrellevar la influencia de los demás. Porque es cierto que cuando hay un vínculo con el otro y, además, es un vínculo afectivo, existen tres posibilidades: la confirmación de lo que uno es, el descubrimiento de nuevas potencialidades y el cambio personal. Es por esto que la vida comunitaria vivida en plenitud es el ambiente más favorable para llevar a cabo un cambio. Lo contrario, una vida comunitaria esclerótica produce la anomia de sus miembros y la "muerte" de su propio crecimiento.

Anteriormente decíamos que el vínculo surge en el ejercicio de nuestros roles. Sin embargo, para lo que nos concierne tenemos que hacer diferencia entre los roles funcionales y los roles vivenciales. Los primeros son los relacionados con el hacer y los segundos con el ser. Son estos los que nos interesan porque es en ellos donde se vive la afectividad. En relación con la intimidad, esta se da cuando vamos mas allá de nuestros roles funcionales y nos arriesgamos a estar-cerca desde nuestro roles vivenciales. Es claro que la intimidad difícilmente se da entre patrón-empleado,
58

WHITEHEAD, Evelyn y James WHITEHEAD. Community of faith. Creating chritian communities today. Twenty-third publications. Chicago, 1992. p. 124.

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director-súbdito, comprador-vendedor, rector-profesor. En cambio, se da o debería darse en la relación hermano-hermano.

A la hora de vivir la intimidad también se descubre que hay experiencias que le son inherentes: la cooperación y la competitividad59. Ambas son una prueba de nuestro propio conocimiento, de nuestra propia confianza, de nuestra empatía con los otros y de nuestra capacidad de interdependencia. La cooperación y la competitividad involucran conjuntamente a los miembros de la pareja o a un grupo para lograr un objetivo común poniendo a prueba las habilidades que cada quien tiene. Esto incluye el reconocimiento que hacemos de nosotros mismos y el que hacemos de los demás.

Además, la flexibilidad personal junto con lo anterior se constituye en una pista para lograr el vínculo que se quiere. El vivir juntos implica que estamos abocados a reconocer que los otros tienen una palabra qué decir igualmente válida a la nuestra. Sólo es posible una conciliación de pareceres, la toma de una decisión, la negociación grupal, cuando hay flexibilidad en el grupo. Dicha flexibilidad es el mejor síntoma de una madurez personal y de una integridad psicológica. Esto es importante ya que no son pocas las personas que piensan que cuando son flexibles "les falta carácter y denotan inmadurez". La expresión de la intimidad se da de diferentes maneras: 1. Cuando el sentido de sí mismo permite equilibrar el conocimiento de lo que somos con nueva informacion; 2. Cuando el conocimiento de las otras personas incluye la capacidad de ver las cosas desde su propio punto de uista; 3. Cuando hay la disponibilidad de ser influenciados por este conocimiento, y nuestro cambio es una respuesta a la nueva información y a las diferentes situaciones interpersonales; 4. Cuando la flexibilidad para darse el cambio es una forma de fortaleza y no algo que nos disminuye; y 5. Cuando hay tolerancia frente a la tensión que produce el cambio y la renuncia60

La intimidad acrecienta el carácter dinámico de las relaciones comunitarias, porque ella permite la acomodación, el entendimiento, la tolerancia y el perdón dentro de las mismas relaciones que son concretas. Es decir, no hemos hablado de un

59

Cfr. Ibíd., p. 127 Ibíd., p. 129.

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idealismo o de una relación universal, sino de personas específicas que ponen todo lo que está a su alcance para que haya un vínculo fuerte. Por último, es necesario precisar que el vínculo se estrecha cuando hay una verdadera significatividad. El "yo" se hace significativo para el "otro- yo" cuando adquiere un lugar dentro de su mundo afectivo y, sin poseerlo, se constituye en un núcleo esencial y particular que le permite crecer afectivamente. Esto tiene su repercusión práctica en la vida comunitaria, en la vida de pareja, en la amistad y en la espiritualidad. Si el otro –persona o Dios- es significativo) para mí no habrá ningún recurso negado y, al contrario, se dará un total desprendimiento 4.2.2 Amistad Desde tiempos antiguos hasta nuestros días la amistad ha sido un tema de interés para el hombre. Mucho se ha dicho sobre la amistad a través de la filosofía, la teología y la psicología. Se encuentran tratados enteros sobre cómo definirla, sus características, su importancia en la realización del hombre e, incluso, hay quienes proponen maneras para construirla. Por eso, en este apartado no vamos a hacer una exposición en este sentido sino que trataremos de desarrollar algunas ideas acerca de la amistad en la vida religiosa. La vida religiosa es una opción por el amor, para el amor y en el amor. En este juego de palabras subyace la verdad de la amistad. La amistad no es otra cosa que la forma como se vive el amor dentro de la opción que hacemos. Esto es válido para aquellos que han decidido comprometerse en el matrimonio y para los que se consagran a Dios en un ministerio. En el caso que nos atañe queremos hablar de la amistad ad intra y ad extra de la opción religiosa. Con relación a la amistad al interior de la comunidad estamos de acuerdo con que los religiosos por su triple condición humana, cristiana y religiosa, están particularmente llamados a ser amigos. Dice SanAgustín61que esta es una condición obligante para aquellos que comparten el mismo techo y el mismo pan. Los religiosos sólo responden a su vocación creando a su alrededor un clima de amigos que les haga sentirse humanamente realizados y felices de modo

61

Cfr. San Agustín. De diversis quaest, 83,71,1.

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que no tengan que buscar fuera de la comunidad lo que en ella misma deberían encontrar como primer tesoro62.

Una cualidad de la amistad es que es inclusiva y da la posibilidad de que el religioso se dé y se relacione con las personas que están fuera de su comunidad. En relación con el exterior también ha habido un cambio significativo en los últimos años porque se ha venido hablando sobre la importancia que tiene el que un religioso lleve relaciones de amistad con personas de uno y otro sexo. Esta forma de pensar evoluciona la que se tenía hasta hace pocos años -creemos que aún quedan rezagos- en donde la amistad ha sido vista con muchas precauciones. Bastaría recordar las innumerables recomendaciones de los formadores a los nuevos religiosos y de algunas reglas que hablaban sobre la manera de tratar a las personas del "mundo" y a las mujeres -incluso vistas como la tentación en toda su potencialidad-; el halo de tabú con que se cubrió el tema de la sexualidad y la afectividad; las reservas durante la formación evitando cualquier relación con el sexo opuesto; y todo lo que se dijo acerca de las "amistades particulares" y de la "tercera vía".

Es claro que cuando hablamos de amistad siempre tendremos en cuenta el concepto noble, la naturaleza positiva y las características que le son propias. Hay quienes se empeñan en hablar de amistades malas o perjudiciales pero, si existen, dejan de ser amistades porque dentro de la amistad hay que reconocer la bondad y el respeto hacia el otro, la gratuidad, la confianza, la intimidad, la libertad, la comunicación y la confidencia. Más aún, la confiabilidad y la lealtad, el calor humano y el afecto, el soporte, la franqueza, el sentido del humor y la disponibilidad para dar el tiempo63. Dentro de la vida religiosa y fuera de ella siempre será conveniente tener lazos de amistad ya que son una contribución para vivir con plenitud la propia consagración, tener bienestar físico, psíquico y espiritual, y para la realización del gran mandamiento del amor. Incluso, nos atreveríamos a decir que el religioso que no vive en la amistad, que no tiene amigos, está lejos de vivir en plenitud su opción y denota un síntoma -tal vez grave- de desintegración personal.

De las características arriba nombradas quisiéramos rescatar dos que no son rnás importantes que las otras pero que dan pistas para vivir la amistad en lavida religiosa: la gratuidad, y la comunicación. La primera, la gratuidad, es la que lleva a dar sin
62 63

Cfr. JIMÉNEZ, Álvaro. Aportes de la psicología a la vida religiosa. Bogota: San Pablo,

APARICIO, A. y J. CANALS. Op. Cit. p. 34.

1993. p.106.

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esperar nada a cambio, o mejor dicho, si se espera algo, que la amistad se acreciente un poco más. La gratuidad es el signo de una afectividad madura "Me aman porque amo", no de una afectividad infantil "Amo porque me aman." La gratuidad es la exaltación del otro y por eso nada es más importante que la persona.

La comunicación es un medio esencial para lograr la amistad y para cultivarla día a día. La amistad exige que cada quien se abra al otro dándose a conocer en su forma de ser, su historia, su proyecto y su mundo de relaciones. Es esta misma razón la que nos permite explicar porqué algunas comunidades viven sin amistad y sus relaciones son superficiales. Su comunicación no sobrepasa el primer o segundo nivel, es decir, no va más allá de las expresiones formales de saludo y de hablar de las otras personas o de las noticias del día. Siempre será un reto llegar a niveles más profundos, donde sean capaces de compartir lo que les sucede y sus sentimientos. Incluso donde la comunicación va más allá de la palabra64.

Ahora bien, cada religioso debe ayudarse del discernimiento personal para saber si tal o cual amistad conservan su bondad. Ya lo hemos dicho y lo seguiremos diciendo, todos contamos con un poderoso instrumento que nos permite ser conscientes de la intencionalidad de nuestros actos, la conciencia. No podemos negar que todo lo concerniente a la afectividad intrinca de una manera especial los mecanismos de defensa para auto- engañarnos y, por eso, fácilmente una amistad que ha tornado otro rumbo puede ser racionalizada, negada o proyectada. Pero, al final, nosotros mismos nos daremos cuenta que el autoengaño es una cobertura que se desvanece enfrentándonos a las consecuencias de nuestros actos.

Para facilitar el discernimiento en la amistad proponemos algunas preguntas que pueden servir para la reflexión personal del religioso. Cada una de ellas debe ser respondida en relaciones de amistad concretas, no en general. Entonces, "Mi amistad con... 1. Respeta mi proyecto personal de opción por Jesús? 2. ¿Es una evasión o un miedo a la soledad? 3. ¿Desea el bien de la otra persona? 4. ¿Es honesta, es decir, no pretende engañar ni degenerarse? 5. ¿Respeta la libertad interior? 6. ¿Es un motivo que me une más a Dios, es decir, no disipa mi oración?
64

Cfr. MELENDO, Maité. La comunicación: base de relaciones comunitarias profundas. Vitoria (España): Eset, 1995, p. 34-37.

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7. ¿Es una relación libremente elegida, es decir, no manipulada ni elegida? 8 ¿Está ausente de sentimentalismos (regalos excesivos y costosos, correspondencia exagerada, llamadas y citas frecuentes) y de pasión? 9 ¿Es no excluyente, es decir, otras personas tienen cabida sin que surjan celos o afanes posesivos? 10 ¿Es un espacio de crecimiento espiritual? 11 ¿Tiene intenciones o intereses subyacentes? La amistad es signo de plenitud. El amor que sale de sí mismo para darse, buscando el bien de los demás, no es un amor menesteroso sino generoso. No revela indigencia sino plenitud y madurez. Quien no es capaz de vivir en amistad no ha superado todavía la "adolescencia" en el amor65. 4.2.3 Enamoramiento La psicología ha hecho esfuerzos abismales por comprender a la persona, sin embargo, pareciera que siempre queda algo de su complejidad por abordar. Dentro de una lógica mecánica podríamos decir que la opción es el acto de elegir algo renunciando a otras posibilidades y que el hombre debería detenerse y valorar aquello que ha elegido sin añorar las posibilidades a las que ha renunciado. Pero, la vida tiene una dinámica que va más allá de esta lógica porque el hombre tiene la capacidad de transformar, transformarse y ser transformado por sus experiencias y por la forma como se posiciona frente a las circunstancias.

Lo primero que queda claro es que el enamoramiento es una realidad posible -más común de lo que parece- en el hombre o la mujer que ha optado por la vida religiosa. Lo podemos definir como el sentimiento de atracción que se tiene sobre alguien y que puede ser correspondido. Este sentimiento involucra los niveles psíquicos de la mente, el afecto y la voluntad demandándole energía para ser invertida en la relación que se tiende con el sujeto del enamoramiento.

Como estamos hablando de la vida religiosa debemos tener en cuenta que el religioso ha hecho una primera opción por seguir y amar a Jesús. Cuando éste se enamora forma una estructura dada por tres actores: el mismo, Jesús y la otra persona. La conciencia sobre esta estructura triádica es el primer paso para orientar una situacion de enamoramiento.
65

ALONSO, S. Ma. La utopía de la vida religiosa. Madrid: Publicaciones Claretianas, 1982. p. 255.

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De otra parte, decíamos en el apartado sobre la amistad, al religioso le corresponde vivir un sano equilibrio entre su consagración a Dios (amor a Dios), su relación con la comunidad y su relación con las personas que entran en contacto con él (amor al hombre). Es en este juego donde tiene lugar el enamoramiento. Pensemos en los casos que conocemos y nos daremos cuenta que muchos de ellos se dieron con personas que pertenecían al ambiente de vida o de trabajo del religioso. Tal vez no fue algo buscado pero el estado personal y las circunstancias ad intra y ad extra de la comunidad lo propiciaron o lo favorecieron. Decimos "propiciar" o "favorecer" para descartar que sean las circunstancias las que detenían y definen el que un religioso se enamore. Esto lo hace la persona porque es ella y sólo ella la que decide dar vía libre al sentimiento primigenio de atracción teniendo como resultado el enamoramiento y todo lo que puede ocurrir a partir de allí.

La persona que es autónoma no se pondría a explicarle al mundo que se ha enamorado por la falta de vida comunitaria, por la incoherencia de algunos religiosos, por la iniciativa de las mujeres o de los hombres, por la soledad... y por otras razones que no serían más que justificaciones que pretenden responsabilizar a los demás de aquello de lo cual ella es responsable.

Algunos síntomas que revelan un estado de enamoramiento podrían ser las frecuentes llamadas o carteo, los marcados tiennpos de encuentro, la exclusividad en la relación, la puesta en escena de los mecanismos de defensa (negación, racionalización, proyección), la indiferencia o dejar de lado los compromisos comunitarios, la ausencia de las actividades comunitarias, la falta de entusiasmo en la oración, la demanda de dinero, las mentiras y hacer de su vida cotidiana un misterio. Estos son los síntomas pero no nos podemos quedar aquí en lo visible.

Le corresponde al religioso, a él mismo, hacer un proceso de discernimiento sobre su situación porque, independientemente de los síntomas, él debe saber que la estructura triádica que ha formado le genera una doble vida con un gasto enorme de energía y el concerniente debilitamiento del compromiso que ha adquirido. Es posible -y ha ocurrido- que el religioso que se ha enamorado prefiera vivir de esta manera, jugando con su vocación, con las personas, con Dios y con él mismo, incluso algunos lo llegan a disfrutar, pero debe saber que al final no ha engañado a nadie, sólo a sí

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mismo y que este acto (o manera de vivir) tendrá consecuencias que deberán ser asumidas.

Cuando el religioso es consciente de que se ha enamorado ¿Qué debe hacer? Re-significar su opción. Puede resultar fácil decirlo, pero difícil hacerlo y, sin embargo, es la mejor manera de salir de la "encrucijada". La re-significación de la propia vocación no debe ser extraña al religioso, es una tarea para hacer de vez en cuando, en los tiempos de cierre de un ciclo experiencial, al finalizar una etapa, en un retire, o en algun momento de reflexión sobre la propia vida. Entendemos la resignificación como el acto por el cual el religioso vuelve a dar valor a su vocación, al Ser que lo llama, a su relación con Jesús, a su comunidad, a su ministerio y a su consagración. Darle valor a lo anterior es fortalecer intensamente la relación entre el religioso y Jesús.

Ahora bien, esto no es suficiente, también es necesario cortar con la relación generada con el sujeto del enamoramiento. Es la misma recomendación que los psicoterapeutas de pareja hacen a los casados que quieren salvar su matrimonio cuando ha aparecido una tercera persona: "Corta la relación con tu amante, haz desaparecer la triada y dale fuerza a la relación dual". El religioso que se arriesga a mantener dicha relación está propiciando una condición que puede echar por tierra el proceso de resignificacion.

Pasando a algunas orientaciones para la formación es necesario tener en cuenta que: 1. El enamoramiento es una experiencia posible, normal si se tiene en cuenta que los formados son jóvenes que atraviesan la etapa de la fidelidad-introversión y quieren ganar para sí el fruto de la intimidad (E. Erikson). No hay que armar un drama ni generar miedo. 2. Estar atento a las señales de enamoramiento no significa tener una actitud policiaca y obsesiva frente a las personas desconfiando de cualquier cosa. Siempre será más importante confiar en la persona y creer en su palabra. 3. Es un tema que debe ser tratado con naturalidad en el grupo favoreciendo la participación de los formandos desde su experiencia y lo que ellos conocen. 4. El enamoramiento es una experiencia enriquecedora porque permite el descubrimiento de sí mismo y de la otra persona. Además, hay quienes dicen haber

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fortalecido su vocación y fraguado sus convicciones. Otros reconocen haber descubierto su verdadera vocación con la cual se sienten felices. 5. El formador deberá tratar dicha situación con la persona implicada de manera individual (nunca en grupo y menos a base de indirectas). Acompañar al individuo para que haga su proceso de discernimiento y resignificacion. A propósito de esto, el diálogo clarificador es una excelente ayuda. Y evitar al máximo la moralización culpabilizadora en la persona que no haría más sino aumentar la ansiedad. 6. El enamoramiento puede ser "el resultado de...". No existen causas únicas para todos los casos. Es conveniente revisar el contexto, las situaciones, las convicciones y las intenciones. No podemos olvidar que el mundo de hoy da la iniciativa a hombres y mujeres y que el religioso no puede ser ingenuo. Por su formación, sus hábitos, sus valores, los religiosos resultan atrayentes para los demás. También es conveniente revisar si es una experiencia repetitiva aunque cambien las condiciones. Los sentimientos no pueden ser el fundamento para tomar decisiones. Por eso, tomar decisiones desde el "sentirse enamorado" será un riesgo. Por su unilateralidad o bilateralidad disfuncional, el enamoramiento se desvanece cuando desaparece el objeto-sujeto de atracción o cuando el sujeto descubre las causas y/o las intenciones y las integra a su experiencia. 8. Se cree que teniendo ocupados a los formandos en multitud de actividades, su mente estará atenta a responder a lo que se les pide y no se "distraerán" pensando en la atracción que tienen -o podrían tener- con alguna persona del sexo opuesto. Esta medida preventiva o curativa debe ser considerada ya que no va mas allá de lo que vive el individuo. Es más conveniente revisar las lagunas en la experiencia comunitaria o causas predisponentes (por ejemplo, la relación madre- religioso) o la forma como la comunidad vive los tiempos de fragilidad afectiva como los fines de semana, los tiempos de descanso o al finalizar cada jornada.

Nada de lo aquí expuesto es una fórmula mágica. Todo son posibilidades de trabajo para ser validadas en la vida misma. Le corresponde a cada persona, formador o formando, permitir o permitirse su ayuda. 4.2.4 Duelos afectivos La comunidad se construye en la medida que cada uno de sus miembros genere vínculos con los demás. Anteriormente dijimos que un vínculo es el resultado de la
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significatividad que una persona tiene con respecto a otra en el desempeño de determinado rol. Para la vida religiosa se entiende como el afecto y la amistad que viven los miembros de una comunidad porque son conscientes de su fraternidad y de lo que significa.

El concepto "comunidad" es un imaginario que se alcanza a través de relaciones concretas entre las personas. Dicho de otra forma, nadie puede decir "yo amo a mi comunidad" si no ama a cada de sus hermanos. Ahora bien, resulta que una comunidad religiosa tiene una dinámica particular que la hace flexible, disponible y cambiante. Su proyecto de provincia, su ministerio, las necesidades al interior de una comunidad y otras circunstancias hacen que sus miembros se renueven. Cualquier cambio que suceda hará que toda la comunidad inicie una nueva etapa porque siempre será diferente y le corresponderá plantear para sí misma un nuevo proyecto comunitario que le permita saber cómo hará para acercarse más al evangelio en clave de fraternidad.

Pasando a la relación yo-tú, hay por lo menos tres situaciones que pueden hacer que un vínculo se corte o se transforme: el cambio de comunidad, el retiro de la comunidad o la muerte. Es aquí en donde el religioso no puede negar su naturaleza humana y vivir un proceso llamado "duelo afectivo" porque en algo se asemeja al duelo que vive aquel que guardaba un compromiso afectivo con alguien que ha desaparecido. Al respecto es posible que alguien señale como exagerada esta apreciación, entonces, valdría la pena que esa misma persona reflexione sobre la calidad y la intensidad de su vida afectiva con las personas que comparten su existencia. Al respecto podemos traer a colación la conocida frase de Voltaire cuando hace una crítica a las comunidades religiosas diciendo: "Se reúnen sin conocerse, viven sin amarse y mueren sin llorarse".

El religioso está llamado al amor universal y por eso pone todo lo que está a su alcance para amar a Dios, a sus hermanos, a las personas en su ministerio y a sí mismo. Este ideal abarca una realidad más humana como es la amistad que se genera en la comunidad. Es natural que viviendo juntos, trabajando en equipo, compartiendo un proyecto, orando sus experiencias y dándose mutuamente, dicha relación de amistad se haga fuerte y transparente. Pero, ocurriendo la ruptura del vínculo por alguna de las situaciones ya nombradas, también es natural vivir algunas fases como de tristeza, enojo, inconformismo, negación, no aceptación e introversión. Al respecto, tenemos la impresión de que en muchos casos este proceso se ha racionalizado impidiéndole su evolución.

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El formador debe tener en cuenta el duelo afectivo en la formación afectiva de los nuevos religiosos. Hacer un acompañamiento en el momento en que se presenta es altamente positivo. Sin negar lo que es propio a los sentimientos y las emociones del individuo, también es conveniente hacerle caer en la cuenta de que en la ausencia hay presencia (se pasa de una presencia-presencia a una ausencia-presencia, ya no está en el nivel físico, pero sí en el psíquico y espiritual), sobre todo si se trata de un cambio de comunidad y está la posibilidad de seguir compartiendo la vida. La vida religiosa tiene la fortaleza del re-encuentro, de la posibilidad de vivir juntos, de ser-juntos y de hacerjuntos. Aunque sea más dificil, también es posible configurar un vínculo de otra naturaleza con los que se retiran o con los que mueren a través de la comunicación y la oración.

Si el religioso es consciente de sus procesos de duelo y de vivirlos como aporte a su propio crecimiento (procesar la experiencia) estará salvaguardándose de llegar a ser un religioso que "renuncia" al afecto de los hermanos dándole lo mismo que salga, llegue o muera alguno; de vivir un "cansancio" tal que no le permite volver a comenzar en la construcción de comunidad y de darse cuenta de la riqueza de las personas que ahora comparten su vida; de darle más importancia al que-hacer y de imbuirse totalmente en un activismo que es más un escape de la vida afectiva; de vivir en la soledad aunque esté rodeado de hermanos; de añorar y vivir nostálgico por aquellas relaciones que fueron buenas y que no se volverán a repetir; o de idealizar la amistad en un imposible de lograr. 4.2.5 El diálogo clarificador: Una herramienta para el discernimiento en los procesos afectivos A diario se identifican jóvenes que tienen alguna inquietud o se encuentran un tanto desorientados por una situación que están viviendo. Esta realidad es compartida por los jóvenes religiosos que van cursando sus primeros años de formación. Algunas de estas situaciones tienen que ver con el mundo afectivo de la persona (v.gr. un enamoramiento, un duelo, un malestar con algún hermano). En los diferentes casos la persona se acerca a alguien y le dice "Vengo para que me des un consejo porque estoy pasando por tal situación o tengo determinado problema". Acto seguido le cuenta su situación de la cual obtiene una "bella" reflexión. El joven ha quedado feliz al haberlo escuchado y la otra persona se siente satisfecha por haberle dicho lo que le dijo. Pero, no ha sido eficaz porque generalmente se da mayor confusión. Aquí el orientador ha dado a conocer su punto de vista que se fundamenta en su sistema de valores y en su forma de ver el mundo que en nada coincide con la del joven. No se logró clarificar nada.

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Desde que el joven formando entra a una comunidad, sus formadores le insisten sobre la necesidad de tener un acompañante espiritual, un confesor o simplemente que tenga un estrecha relación de acompañamiento con su formador. Dependiendo de las circunstancias y la presentación de este recurso, también ocurre que el joven formando busca en su acompañante el consejo a seguir y la total confianza basada en la experiencia hace que sea un acto más de heteronomía. En esto hay que tener especial cuidado porque habría una clara dependencia del uno hacia el otro.

Distinto es si el sujeto cae en la cuenta de sus necesidades, de sus oportunidades y objetivos. También es distinto si se le ayuda a reunir el material de su inquietud y es él mismo quien construye. El objetivo del diálogo clarificador no es dar ni quitar, ni formular, ni decir lo que el otro tiene que hacer, al contrario, procura enfrentar al sujeto con su inquietud. Al respecto dice Raths: Fundamentalmente la estrategia consiste en que se contesta, a la persona en una forma que lo hace meditar sobre lo que ha elegido, lo que aprecia y lo que está haciendo. Lo estimula a aclarar su manera de pensar y su conducta y, de este modo, a clarificar sus valores; lo alienta a pensar en ellos66.

Hay un hábito que puede ser obstáculo para llevar a cabo un buen diálogo clarificador: el de dar respuestas, fórmulas o tomar la vía rápida para solucionar los problemas diciendo lo que hay que hacer. Es posible que la solución resulte pero se ha mandado al traste la autonomía que se pretende formar y, en cambio, sí se está construyendo un individuo heterónomo. El diálogo clarificador no se queda en preguntas de forma, al contrario, son de fondo: SUJETO: Insulté a mi hermana "tal" de mi comunidad ORIENTADOR: ¿Era la mejor manera de actuar?

Esto hace que se revele la carga valorativa y emocional que active dicha conducta. Hay que tener en cuenta que las preguntas deben ser lo más honestas posible para asegurar una respuesta sincera. Hay que evitar al máximo hacer preguntas que enjuicien o reprueben, ya que provocaría una respuesta a la defensiva.

66

RATHS, Luis. El sentido de los valores y la enseñanza. México, 1967. p. 55.

110

Esto se explica mejor con una situación en donde el orientador puede responder de distintas maneras a alguien que puede estar tomando una opción de vida en su Proyecto personal: SUJETO: Me voy a retirar de la comunidad porque me he enamorado y quiero comprometerme con Julia. ORIENTADOR: Respuesta 1: ¿Como?/?/ Respuesta 2: ¿Y eso, cuando? Respuesta 3: (¿Has pensado en tu papá y Respuesta 4: Maravilloso, me parece muy bien. Respuesta 5: ¿Has tenido en cuenta otras alternativas?

en

tu

mamá?

En la primera respuesta hay un tono enjuiciador haciendo que la persona se sienta reprobada y señalando que está haciendo las cosas mal. La segunda respuesta atiende más a las circunstancias y, por tanto, la respuesta será circunstancial perdiendo la oportunidad de explorar valores. En la siguiente se manifiestan los sentimientos humanos que pueden ser utilizados para manipular afectivamente al sujeto haciéndolo sentir culpable. En la cuarta respuesta se corta el diálogo ya que el sujeto se quedará pensando en que el orientador (formador) quedó satisfecho o sencillamente no le importó. En cambio, en la última respuesta, se entra a revisar las motivaciones y los valores por los cuales el sujeto piensa tomar esta decisión. El sujeto es quien siente y debe saber las verdaderas posibilidades, fortalezas y debilidades, y las consecuencias de tal decisión.

Es oportuno traer a colación las características que da Raths67 a la pregunta clarificadora que se hacen extensivas al diálogo clarificador: 1. El diálogo clarificador no juzga, ni señala, ni valora. No dice lo que es bueno o malo. Ni lo que está bien o mal. 2. No da fórmulas ni respuestas. Es el sujeto quien tiene que buscar los caminos.
67

Cfr. Ibíd., p. 58.

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3. No es insistente ni coactivo. Permite al formando valorar su duda, su inquietud, sin presiones externas. 4. El diálogo clarificador no pretende ser el principio de grandes proyectos. No trata de hacer caer en la cuenta al otro de lo grande que puede ser. Es el gesto sencillo, cotidiano y acumulativo que genera proceso y estimula la búsqueda de posibilidades. 5. No es un interrogatorio ni una entrevista. Las preguntas no se lanzan con el fin de obtener una información, sino para confrontar la vida del otro. 6. Cuando se trata de clarificar valores el diálogo no debe ser largo ni extenso, pues normalmente se termina adoctrinando. 7. El diálogo clarificador debe ser personalizado y personalizante. Solamente en un ejercicio grupal bien motivado puede emplearse a nivel masivo. 8. No puede ser una actitud obsesiva del formador el pretender hacer un diálogo de este tipo en toda circunstancia. 9. En el diáogo, en las preguntas y respuestas, no debe permitirse un objetivo preestablecido. No se trata de charlar hasta que caiga en la cuenta. 10. El diálogo clarificador no responde a una fórmula mecánica. Cada persona y cada situación son diferentes. Exige originalidad y sabiduría. Cuando una respuesta ayuda a un sujeto a hacer más claro para él su modo de pensar o de actuar puede considerarse eficaz.

Si se tiene en cuenta lo anterior se estará asegurando la clarificación de valores con los elementos nombrados en el primer capítulo de este trabajo. 4.3 PROCESOS GRUPALES Y COMUNITARIOS La comunidad es un imaginario que debe ser construido día a día sobre la base indiscutible de que sus miembros son personas y como tales comparten la naturaleza humana en toda su extensión. La comunidad pueda ser vista como un grupo y, sin embargo es más que un grupo pero para lo que nos atañe en este apartado, queremos hacer caer en la cuenta que todo lo dicho por la psicología y la sociología sobre dinámica de grupos puede ser una fuente valiosa para comprender y para iluminar los procesos de comunidad.

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A continuación aparecen algunos aspectos que bien pueden ser considerados durante la formación de los religiosos que viven en comunidad y que también, porqué no, trabajan en equipo. No nos vamos a detener en la teoría de grupos pero debemos tener claridad en los elementos que le son propios.

4.3.1 Juegos de grupo: El chivo expiatorio El anáisis transaccional ha explicado que la estructura de la personalidad está compuesta por tres estados del yo que fueron bautizados por Berne68 como estado del yo adulto, estado del yo infantil y estado del yo parental. Desde allí se habla que cada quien posee en su interior un yo-adulto, un yo-padre y un yo-niño.

Precisando el contenido de cada uno de los estados del yo se encuentra primordialmente que: en el estado padre están las conductas aprendidas, ideales, información sin análisis, prejuicios, opiniones, costumbres, convicción de poder y seguridad. En el estado niño están las emociones, intuiciones, creatividad, biología, impulsividad, curiosidad, sentimientos de indefensión, desvalimiento e impotencia, egocentrismo, fantasía, intuición, capacidad de goce y manipulación, pensamiento mágico y creencias mágicas, alegría, miedos, rabias, dolor y pena. Y en el estado adulto están los juicios, información analizada, reflexión y decisiones reflexionadas, cálculo de posibilidades, realismo y sentido de la oportunidad y adecuación al momento y a las circunstancias.

Basado en esta teoría, Karpman69 determinó que los contenidos se traducían en roles y aparecían en la escena de las relaciones sociales losjuegos psicológicos con tres papeles: la víctima, el Salvador y el perseguidor. Los tres roles son falsos por cuanto responden a relaciones simbióticas o conflictivas no resueltas, es decir, siguiendo este juego no se contribuye a la madurez de las personas ni del grupo, ni a la solución de los problemas.

En rasgos generales la víctima necesita ser humillada, busca a alguien que la salve y le hace gastar energía al Salvador. El Salvador necesita que lo necesiten, se
68 69

Explicado por GIMENO BAYON. Op. Cit. p. 54-57. Cfr. Ibíd., p. 200.

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rodea de gente dependiente y persigue al perseguidor. Y, éste último necesita que le teman, establece límites injustos y minusvalora las necesidades de los demás. i Estos roles cambian dentro de una misma situación haciendo posible que una persona juegue en tiempos diferentes los tres roles. Es tan cotidiano que puede ser visto como normal y no hay realidad de interacción humana que no se vea matizada por este juego psicológico (comunidad, pareja, grupo de amigos, equipo de trabajo, etc.) Todo esto lo hemos dicho para ubicar un fenómeno que se conoce como el "chivo expiatorio". La vida comunitaria no se libra de este fenómeno y por eso queremos enfatizar su existencia dando alguna luz sobre cómo trabajarlo. Lo primero que debemos tener en cuenta es que en una comunidad se dan conflictos cuando no se precede de la mejor manera para solucionarlos. En ocasiones se hacen alianzas y coaliciones defensivas, se retiran los afectos de las personas, hay dispersión o fuga, se dan las luchas reiteradas o sencillamente la resignación. A las anteriores maneras de "solucionar" un conflicto se agrega la de buscar un culpable. De manera consciente o inconsciente los miembros del grupo se preguntan: "Veamos, y frente a esto, ¿quién tiene la culpa?". Por desgracia, si estamos hablando de un grupo estamos diciendo que hay un nivel de conocimiento, entonces, casi siempre se señala al mismo individuo o a alguien que de manera oficial tenga que ver con la naturaleza del conflicto. Se recurre al chivo expiatorio porque "es una manera fácil de absolverse a sí mismos y para defenderse de las propias inconsistencias"70. Por eso, teniendo en cuenta lo anterior podemos sugerir algunas formas para trabajarlo cuando se presente: 1. Frente a un conflicto siempre es conveniente comenzar con una previa revisión personal. Esto hace que cada quien analice el nivel de responsabilidad que tiene frente a las variables del conflicto antes de comenzar a señalar quién es el responsable (cosa que algunos hacen bastante bien) y facilita la objetividad y la tranquilidad que se debe tener en estos casos. 2. Cuando comienza el juego víctima-salvador-perseguidor lo mejor es cortarlo de alguna manera. En algunas ocasiones ignorar es una buena estrategia. En otras se pueden cruzar transacciones, es decir, a la expresión que surge del yo-niño en el rol de víctima puede haber una confrontación desde el yo-adulto con una pregunta; lo mismo, cuando sale a flote el perseguidor se le aborda desde el yo-padre. Y otra estrategia es
70

MANENTI, Alessandro. Vivir en comunidad. Aspectos psicológicos. ed. 3. Santander: Sal Terrae, 1983. p. 38.

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darle al contenido la envergadura real evitando las exageraciones que van acompañadas por "Es que a mí siempre...o nunca...tal cosa" 3. Confrontar con una pregunta puede ayudar a clarificar no sólo el contenido de lo que se está diciendo sino el rol que asume determinado miembro ayudándole a cambiar. Por ejemplo, al perseguidor se le pregunta "¿Cómo te sentirías en su lugar? ¿Qué te gustaría que hicieran los demás por ti en un caso así?". Al Salvador: "Y tú, qué necesitas y deseas para ti ahora?". Y a la víctima: "¿Qué puedes hacer por ti en este momento? ¿Qué soluciones ves a tu problema?"71. Por último, cuando las personas conocen no sóo este fenómeno sino todo lo relacionado con los mecanismos de defensa, esto ayuda a tener conciencia de cuándo ocurre. Por esto, una sugerencia válida es que los formandos y el formador conozcan con propiedad esta dimensión del yo ayudándose de estudios y aportes como los de Powell72 quien habla sobre la dificultad que tenemos para darnos a conocer, para aceptar que el otro "invada" mi yo colocando máscaras y actuando de tal manera que podamos tener dominio de las personas y de las situaciones. Ejercicio 1: IDENTIFIQUEMOS LOS ROLES 1. En la vida cotidiana estamos viviendo a diario el juego psicológico de víctimaperseguidor-salvador. Los medios de comunicación a través de las novelas y filmes hacen una buena representación de este juego. 2. Consiste en grabar en video un segmento o un episodio de una novela y presentarla al grupo para que ellos identifiquen los roles en los personajes y en los diálogos. 3. Otra modalidad consiste en traer a colación historias o cuentos que conocemos desde pequeños como por ejemplo "La Cenicienta", "Edipo Rey", etc. 0 simplemente hacer una dramatización de alguna escena familiar o de la comunidad. Ejercicio 2: ANÁLISIS DEL JUEGO EN MÍ73 1. A continuación aparecen unos elementos que permiten conocer y analizar los "juegos psicolóicos" propios. "Piensa en un proceso repetitivo que te ocurre con una persona o un tipo de personas en el que acabas con malestar. Y pregúntate qué te ocurre una y otra vez". 2. A partir de ahí se le pide a la persona que vaya respondiendo las preguntas (acaso recordando la última vez que ocurrió):
71 72 73

Cfr. GIMENO BAYON. Op Cit. p. 204 POWELL, JOHN. ¿Por qué temo decirte quién soy? ed. 5. Santander;: Sal Terrae, 1992. Cfr. Ibíd., p. 208.

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1) ¿Cómo empieza todo? (cebo) 2) Entonces, ¿Qué sucede? (flaqueza) 3) Después, ¿Qué ocurre? (respuestas) 4) ¿Qué pasa luego? (cambio-cruce) 5) ¿Qué sorpresa me llevo? (chasco) 6) ¿Cómo me siento al acabar? ¿Cómo supongo que se siente la otra persona? (saldo) 3. Análisis del juego 1) Mi declaracion (o la suya) inicial o senal tacita fue... 2) Lo que en la otra persona (o en mi) engancho el rol de (Salvador, perseguidor o victima) fue... 3) Su respuesta (o la mia fue) fue... 4) En el momenta crucial yo (o el otro) hice o dije... 5) Lo que dio lugar a confusión, sorpresa, o... 6) Dejando a la otra persona sintiéndose... y a mí sintiéndome...

Por último, ¿Desde qué rol empecé el juego (salvador-víctima-perseguidor)? ¿Qué aspectos míos o del otro estaba exagerando? 4.3.2 Comunicación y conflicto en la comunidad La comunidad hace que sus miembros se acerquen mutuamente, pero esta cercanía no siempre es fácil aunque haya un espíritu de colaboración y participación. Inclusive, cada quien puede vivir "el dary recibir" como el corazón de la comunidad sintiendo que esto no es suficiente en determinadas situaciones donde se rompe el equilibrio y en donde aparece el conflicto.

Frente al conflicto una comunidad tiene diversas herramientas: la empatía, la apertura personal y la confrontación74. La empatía nos capacita para entender a la otra persona desde su propia estructura, es decir, desde sus ideas, sentimientos y valores. Entender a la otra persona desde su punto de vista no es necesariamente estar de acuerdo con ella, pero es el paso esencial para llegar a una decisión.

74

WHITEHEAD, Evelyn y James WHITEHEAD. Community of faith. Crafting Christian communities today. Twenty- third publications. Chicago, 1992. p. 140.

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Cuando compartimos nuestras ideas, sin miedo ni temor, cuando abrimos el espacio para dar a conocer nuestros valores y necesidades, y nuestras ideas y sentimientos, estamos creciendo en la empatía. Pero, lo que sucede es que caemos en la trampa de la "seguridad completa" y nos permitimos hacer silencio de aquello que está en nosotros hasta cuando estemos seguros y no haya confusiones. Realmente este sofisma nunca llegará, en cambio, sí nos privará de comunicarnos con los demás. Obviamente existe otra circunstancia que puede mediar la empatía y es el respeto por lo que el otro dice o, mejor aún, la valoración que damos a lo manifestado.

El temor, la desconfianza, los prejuicios y el afán de seguridad minan la apertura personal y llevan a que no nos involucremos en nuestras comunicaciones. Por lo tanto, también es necesario que, dentro de la empatía, la comunicación sea clara y concreta. Por ejemplo, utilizamos expresiones como "Todos piensan que...", "La mayoría desearía que..." "A todos se les dificulta..." a cambio de emplear aquellas que nos indican particularmente como "Yo pienso que...", "Yo desearía que...", "A mí se me dificulta..." Para que esto se dé cada quien debe sentir que lo puede hacer sin que esto se le vuelva en su contra y que será valorado aunque al final, dados los concebidos procesos de discernimiento y diálogo, se tome una decisión contraria a lo expuesto.

De otra parte, a la hora de exponer nuestras ideas y, sobre todo, nuestros sentimientos, nos falta un vocabulario apropiado. Muchos de los estados de ánimo quedan reducidos a "estar bien o mal" y resulta que estas palabras son muy ambiguas y no revelan con claridad lo que sucede al interior del individuo. En cambio, hay otras palabras o frases que dicen con profundidad lo que puede estar sucediendo a nivel físico, psíquico, social o espiritual.

La tercera herramienta ha sido denominada como confrontación. Esta herramienta la concebimos negativamente, por eso, es posible que se preste a confusión porque ¿cómo solucionar un conflicto generando confrontación? Lo primero que hay que aclarar es que la confrontación involucra la fortaleza psicológica interior que reacciona frente a la información emocional significativa sea esta positiva o negativa. Es decir, cuando recibimos "X" información que es emotiva, nuestro interior se moviliza y lleva a que demos una respuesta. La manera de reaccionar cuando somos confrontados es la defensa y lo hacemos frente a algo positivo como un "te amo" o frente a algo negativo como un "has sido un irresponsable". Entonces, cuando queremos utilizar la confrontación como herramienta hay que saber que se debe

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comenzar por una exploración de las circunstancias que han hecho que una persona actuara de determinada manera y no por el juicio anticipado de dicho comportamiento.

Sin embargo, el conflicto no debe ser tornado corno un síntoma terrible sino corno una dinámica normal de las relaciones interpersonales. Inclusive, puede ser un síntorna de salud y de revelación de algo significativo que está ocurriendo. La razón es dada en la diversidad de los miembros de un grupo que pretenden la unidad. Esta diversidad genera el conflicto por discrepancia (cuando hay diferentes significados ante una misma realidad), por expectativa (cuando suceden cosas que no se esperaban o cuando las personas no hacen lo que debían hacer), por necesidad (cuando hay carencia de algo que parece evidente) o por la misma naturaleza humana (cuando hay abuso de confianza o no se tiene en cuenta el poder de las palabras que usamos).

El conflicto tiene en sí mismo un poder ambiguo ya que su presencia no garantiza necesariarnente que un grupo terrnine bien. De hecho, si un conflicto no se soluciona o tiene una rnala solución, viene la hostilidad, la desintegración, el resentimiento y la ruptura de relaciones. En cambio, la solución adecuada de un conflicto puede aunar los vínculos existentes y que los miembros aprendan un poco más sobre sí mismos y los demás.

Para solucionar un conflicto no existen recetas estandar pero sí podríamos nombrar algunas condiciones que pueden favorecer su solución. En un conflicto, un grupo o comunidad debe ver más allá y dentro del mismo conflicto. Esto significa a las claras que hay por lo menos tres actitudes que no deben entrar en escena: la autodefensa, la negación o la culpabilización. Además, si se necesita de la solidaridad, la preocupación mutua y de habilidades de comunicación (a lo cual hemos dedicado un apartado más adelante). Otra clave de caracter preventivo del conflicto, es que una comunidad debe reconocer las áreas potenciales donde puede surgir. A lo cual se le añade el estado subjetivo que "dispara" o acrecienta el conflicto. Por ejemplo, una comunidad que descubre que la responsabilidad en la animación de la oración es una área potencial de conflicto y que en los tiempos de mayor stress o cansancio hay más propensión a que este ocurra, tiene en sus manos un punto de partida para hallar la manera de cómo hay que actuar para poder continuar la marcha sin que se dé una situación conflictiva. Señalar las causas y las circunstancias en que se presenta también es un buen punto de partida más si hay un acuerdo común sobre este análisis.
118

Ejercicio 1: SOLUCIONANDO UN CONFLICTO 1. Recuerda dentro de tu comunidad/familia un conflicto que se haya presentado y que haya sido resuelto positivamente. Reconstruye los hechos y piensa en las circunstancias y las causas. Determina las estrategias utilizadas para lograr su solución. Recuerda cómo se sentían -cada uno- al ver que el conflicto fue solucionado positivamente. 2. Haz lo mismo con uno que haya sido solucionado negativamente y haz lo mismo que aparece en el punto anterior. 3. En tu situación actual, señala un conflicto que estés viviendo actualmente y determina los mismos elementos del punto 1. Si no vives un conflicto actual, determina las áreas potenciales de conflicto de tu comunidad y conociendo a sus miembros, señala cuál sería la manera de dar solución a los conflictos que se pueden presentar. 4.3.3 Aceptación del "pecado" del otro En una comunidad religiosa las actuaciones de sus miembros tienen incidencia directa en tres niveles: personal, comunitario e institucional. Dependiendo del tipo de actuación, las repercusiones serán más o menos fuertes en cada nivel y, si éstas son negativas traspasando el nivel de lo personal, la situación se hace más compleja. No es raro encontrar que la tendencia ante los conflictos sea "personalizarlos" dándoles nombre propio y colocando la mirada sobre aquel en quien recae "toda la responsabilidad".

Es posible que, efectivamente, un individuo sea el responsable de un suceso que implicó a toda la comunidad porque tiene que ver con la eficacia de una gestión administrativa, o con la honorabilidad y credibilidad en el ministerio, o con la moral sexual, o con el testimonio evangélico, etc. Es en estos casos en donde hay un camino a seguir si lo que se pretende es salvaguardar el sentido de comunidad y los vínculos de unidad que hay en su interior: el perdón. Es fácil escribirlo y difícil de vivirlo porque cuando una actuación ha repercutido negativamente en los demás, estos no quieren dar el brazo a torcer ya que "se tiene la razón" para obrar así.

El perdón es una virtud cristiana que va más allá de un requerimiento humano por eso es exigente. Sin embargo, así no se llegara a ella habrá que llegar a la aceptación del otro como punto mínimo. Sí, aceptarsignifica no rechazar, no marginar, y no sumir al otro en su pecado. Significa creer en el otro, creer en la conversión y en el respeto al derecho que todos tenemos de errar y de equivocarnos con la posibilidad de enmendar sobre la falta cometida.

119

El dilema estará por resolverse en cada situación y con cada individuo. Creemos que una persona vale más que una estructura, una función, un bien material o un proyecto. Pero, aunque en ocasiones se le dé más relevancia a estos, lo más complejo será cuando se han implicado a otras personas bajo graves perjuicios. Cualquier decisión deberá favorecer en el respeto y la justicia a cada una de las partes si se pretende actuar de forma correcta y en virtud del mismo hombre. 4.3.4 Asertividad La vida comunitaria lleva implícita una dinámica de comunicación constante. A diario, al interior de la comunidad, sea a niveles duales o grupales, la comunicación está presente. Lo importante es establecer la calidad de dicha de comunicación y la manera como ocurre. Es obvio que estamos hablando de algo esencial ya que sin ella sencillamente no hay comunidad. La comunicación va más allá de la información o de situaciones de discusión, es la conexión mutua entre lo que pensamos, sentimos y pretendemos hacer.

Los estudiosos de la comunicación concuerdan en afirmar que su calidad está dada por diferentes características y una de ellas es la asertividad. Aunque sea un término más o menos reciente ya se ha dicho bastante acerca de ella por eso lo que pretendemos es explicitar la importancia que tiene la asertividad dentro de la comunicación en una comunidad. Sólo quien posee una alta autoestima, quien se aprecia y valora a sí mismo, podrá relacionarse con los demás en el mismo plano, reconociendo a los que son mejores en alguna habilidad, pero no sintiéndose inferior ni superior a otros... La asertividad es la capacidad de autoafirmar los propios derechos sin dejarse manipular y sin manipular a los demás75.

La asertividad es la condición de la comunicación que nos lleva a expresar lo que está en nuestro interior sin detrimento de nuestra dignidad ni de la dignidad de la otra persona. Es un equilibrio entre las tendencias pasiva y agresiva con las cuales nos comunicamos a menudo. La primera se denota por una actitud no-reactiva frente a los que nos sucede tratando de racionalizar al máximo las causas como algo que no vale la
75

CASTANYER, Olga. La asertiividad: expresión de una sana autonomía. Bilbao: Desclée de Brouwer, 1996. p. 21-22.

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pena dialogar. La segunda es la tendencia a comunicarnos de forma reactiva con el afán de imponer nuestra idea o sentimiento frente al otro porque estamos seguros de tener la razón. Ambas tendencias se dan en planos de desigualdad, es decir, o nos creemos inferiores o superiores frente al otro.

Entonces, para que una interacción personal resulte satisfactoria depende de que nos valoremos a nosotros mismos y a los demás y, además, también depende de que poseamos una serie de habilidades para responder correctamente y una serie de convicciones o esquemas mentales que nos hagan sentir bien a nosotros mismos. A veces se confunde la sinceridad como la capacidad de decir las cosas tal cual como nos parecen sin importarnos para nada la manera como lo hacemos y sin medir las consecuencias que tiene lo que decimos en la vida y en las relaciones con las otras personas. Es aquí donde aparece el reto de ser asertivos en la comunicación. En una buena comunicación debemos estar de acuerdo en que poseemos unos derechos a ser preservados como: ser tratado con respeto y dignidad, expresar los propios sentimientos y opiniones, ser escuchado, tomar decisiones, decir "no" sin sentirse culpable, pedir lo que quiero sabiendo que el otro puede decir no, cambiar de parecer, a cometer errores, pedir información, ser independiente, tener éxito y superarme. Estos mismos derechos casi que se convierten en las reglas dejuego que una comunidad debe conocer y tener en cuenta cuando se comunica. El arte está en que cuando se atropella alguna de ellas, la manera de "denunciar" dicha trasgresión sea de forma asertiva y no agresiva o pasiva. Dependiendo de las personas, las situaciones y las circunstancias, habrá la posibilidad de ser asertivos en diferentes niveles. Castanyer76 señala que cada modalidad se convierte en un entrenamiento que debe hacer cada miembro con la posibilidad de equivocarse y no siempre de tener resultados positivos. Algunas de ellas son:
1.

Asertividad positiva: Consiste en la expresión de lo bueno que se ve en las otras personas. Es el elogio a alguien por algo con lo cual se ha destacado o le ha salido bien. No hay que esperar a que sea una fecha especial o un acontecimiento espectacular. Respuesta asertiva elemental: Es la expresión llana y simple de los propios intereses y derechos. El lenguaje verbal y no verbal (tono, gestos y posición
Ibíd., p. 95-99.

2.

76

121

corporal) debe ser un conjunto coherente, sin ironía ni contradicciones y tampoco sin lamentaciones.
3.

Respuesta asertiva con conocimiento: Cuando hay un reconocimiento de la otra persona y el planteamiento de nuestros derechos e intereses.

4. Asertividad subjetiva: Ocurre cuando se hace una descripción del comportamiento del otro, sin condenarlo y una descripción objetiva del efecto que ha producido -produce- dicho comportamiento. Incluye, además, la expresión de los propios sentimientos y de lo que uno desea de la otra persona. 5. Respuesta asertiva frente a la no-asertividad o a la agresividad: Consiste en hacerle ver a la otra persona cómo se está comportando y mostrarle cómo podría comportarse de manera asertiva. En este punto hay que evitar generalizaciones y exageraciones.

Nótese que estas modalidades forman una escala en donde el nivel de exigencia para la persona que pretende ser asertiva es cada vez más fuerte. Es necesario aprender a controlar y equilibrar los estados de ánimo y lo que se quiere decir para llegar a lo que se pretende lograr.

Las personas que han vivido en comunidad pueden atestiguar y reconocer en su propia vida que ha habido situaciones claras en donde, por falta de asertividad, se han destruido verdaderas relaciones fraternas y afectivas. La persona conlleva en su propia naturaleza un orgullo que no le permite muchas veces enmendar o dar un paso humilde para restablecer lo que se ha perdido y menos cuando él cree haber obrado rectamente.

Por último, agregamos a la luz de lo dicho algunas conductas que también pueden constituirse en reglas comunicativas que favorecen la asertividad: es mejor hacer una petición que dar una orden; es mejor hacer una pregunta que una acusación; es mejor hablar de lo que se hace y no de lo que es; no es conveniente acumular emociones negativas; es mejor dialogar los temas uno a uno; no es bueno hacer generalizaciones ni fiarse de la excesiva sinceridad; y debe haber un acuerdo entre la comunicación verbal y la no-verbal.

Creemos que una comunidad que es asertiva prodiga para sí misma un ambiente eficaz para crecer personal y grupalmente. Ya lo dijimos, es un reto y un aprendizaje

122

porque en nuestras culturas nos hemos acostumbrado a callar aguantando pasivamente lo que sucede, o a estallar agresivamente desgastando exageradamente nuestras energías o, lo que podría ser peor, ser indiferentes renunciando a comunicarnos.

4.3.5 Clarificación de valores: (Utilización del dilema Junto con el diálogo clarificador que veíamos en un apartado anterior de este capítulo, el dilema es otra estrategia que puede ser una excelente ayuda para la clarificación de valores. Al contrario del diálogo clarificador, el dilema es una metodología que se utiliza en grupo y consiste en proponer un tema conflicto a los formandos con el objeto de crear discusión a base de tomar posición llevando a la clarificación de valores.

Dice Raths que el dilema "consiste en una declaración o exposición que incita a pensar y discutir'77 y Kohlberg afirma que "... crea un conflicto negativo donde los formandos tienen que pensar la solución de un problema moral y pensar las razones conflictivas ensu propia mente”78.

Puede tener varias maneras de aplicación, desde una narración del hecho hasta una lectura del que lo expone. Los elementos que forman parte del dilema pueden ser modificados de acuerdo con la realidad particular que vive el sujeto y el grupo. De hecho, puede incluir vivencias propias de la edad. La clave del éxito del dilema está en la forma como se plantean las preguntas. Estas deben ser de calidad, no superficiales. Deben movilizar al individuo en su mente, en su sentimiento y en su acción. Lo anterior garantiza una confrontación de altura en el grupo. Una advertencia es que el formador debe tener especial cuidado en no declarar su postura desde la exposición del dilema. Esto sesgaría la discusión y las conclusiones que cada formando obtendría a nivel personal. Según la edad y otras variables, los participantes podrían parcializarse hacia el formador o colocarse en contra si saben de antemano lo que él piensa.
77 78

RATHS. Op. Cit. p. 89. KERSHREIMER. El crecimiento moral de Piaget a Kolhberg. Madrid: Marcea, 1984.p. 110.

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El dilema siempre propone implícitamente dos o más soluciones por donde se puede enfocar. No es el formador el llamado a señalar la solución. Es cada persona quien, con su carga valórica, con la luz que arroja cada comentario y con cada participación en la discusión, el que toma posición y concluye. Lo importante es que su posición debe tener alguna fundamentación. Ahora bien, con respecto a lo dicho anteriormente, no significa que el formador se deba abstener de compartir su experiencia valórica. Al contrario, lo puede hacer dejando en claro que es una posición como cualquiera otra y que no es la solución absoluta al dilema. El formador debe conocer el ambiente que existe en el grupo para acertar en los núcleos de interés de tal forma que el diálogo toque lo más profundo de las personas que están en él.

A continuación se presentan cuatro dilemas que ya han sido trabajados con resultados satisfactorios y que integran en su contenido elementos de la afectividad y la sexualidad. Los dos primeros se sitúan dentro del contexto de la vida religiosa y los siguientes tienen un contenido menos específico: Dilema 1: EL DILEMA DE GILBERT Gilbert es un religioso sacerdote que entró a su congregación al terminar sus estudios secundarios y es procedente de una familia medianamente religiosa que tiene cinco hijos. Desde que ingresó mostró una gran capacidad para su formación y una sensibilidad por los más necesitados. Hizo sus estudios y vivió cada una de las etapas de formación hasta llegar a su ordenacion sin perder de vista su deseo de trabajar con los pobres. Ahora, después de unos años de haber recibido el sacramento del orden, ha recibido la obediencia para trabajar en una parroquia de una ciudad importante y en un medio donde la gente tiene buenos medios económicos sin ser clase alta. Ha visto durante este tiempo que todo está bien organizado y lo que debe hacer es favorecer dicho orden desde la responsabilidad que le han asignado. Todo esto le ha hecho sentir que la estructura de la congregación lo ha alejado de su meta. Las celebraciones eucarísticas y su propia oración se han vuelto rutina y son áridas. Su entusiasmo se ha venido apagando poco a poco. En este contexto conoció a Karina, una joven de trato amable, simpática y perteneciente a una de las familias del sector. Después de un tiempo se enamoraron mutuamente y cada uez que pueden se encuentran para hablar y compartir el tiempo juntos. Por respeto de uno para con el otro no han tenido
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relaciones sexuales. Gilbert tiene la convicción de que mientras esté en el estado sacerdotal no las tendrá. Es por esto que ha pensado en pedir la dispensa de sus votos y de su ministerio. Al tratar de hablar con su superior, éste intuyó claramente su situación y le ofreció un cambio para que fuera a trabajar con un proyecto que tiene la congregación en una zona necesitada aunque esto requiriera hacer otros cambios para no debilitar el equipo de la parroquia. Diálogo clarificador del dilema de Gilbert: 1. ¿Cuáles opciones puede tomar Gilbert (posibilidades)? ¿Cuál opción debería tomar? ¿Por qué? 2. De la pregunta anterior, ¿Cuáles serían las consecuencias si toma dicha opción? 3. Si opta por quedarse en la congregación e irse a trabajar con el proyecto para los pobres ¿Qué debería pasar con su relación con Karina? 4. Si opta por retirarse y comprometerse con Karina ¿Estaría traicionando su primer ideal? 5. ¿Qué valores hay en Gilbert, en Karina y en el superior de Gilbert? 6. Si Gilbert y Karina hubieran tenido relaciones sexuales ¿Cambiaría la opción a tomar? ¿Por qué? Dilema 2: EL DILEMA DE CLARA INÉS Clara Inés es una religiosa que pertenece a una comunidad con carisma educativo. Al terminar su fomnación fue enviada a una comunidad encargada de una obra ubicada en un contexto popular. Su juuentud y su forma de ser un tanto despierta, liberada, alegre y carismática le ayudaron a "caerle bien" a las niñas y a las jóvenes del colegio, Su tiempo lo gasta casi todo en la preparación de clases, en los grupos juveniles, la catequesis y en dialogar bastante con las alumnas. Su vida de oración la considera buena aunque, en ocasiones, por estar ocupada en su trabajo apostólico, no alcance a llegar a la oración comunitaria. Su espíritu crítico también le ha ayudado a ver la realidad. En las reuniones de comunidad ha comenzado ha hacer algunas propuestas que implicarían cambios dentro de la estructura institucional como, por ejemplo, volver el colegio mixto y becar a las más pobres en vez de negarles el cupo. Además, en la vida comunitaria, anima de manera diferente la oración, la eucaristía y las reuniones. Incluso ha llegado a cambiar el orden de los lugares comunes de la casa. Todo esto ha hecho que sus Hermanas comiencen a molestarse - unas más que otras-, tanto así que en una reunión de comunidad le criticaron fuertemente su afán de innovismo y su idealismo que, según ellas, rayaba en el

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"romanticismo". Además, alguna "ya le ha informado a ia superiora" que falta a la oración y que pretende cambiar todo de la noche a la mañana. Todo esto ha generado un cheque en ella. Su ánimo anda en el suelo. Una Hermana le ha brindado su apoyo a escondidas ponqué no quiere tener conflictos ni con la comunidad ni con la directora. Se siente sola y desanimada. También sabe que la evaluación que le hace la comunidad es decisiva para poder renovar sus votos al final del año. Ella ama la vida religiosa y quiere su comunidad. Diálogo sobre el dilema de Clara Inés: 1. ¿Cómo evalúas la actuación de Clara Inés en su nueva comunidad? 2. ¿Cómo evalúas la actuación de la comunidad? 3. Si fueras Clara Inés ¿Compartirías el sentimiento de soledad y abandono? 4. ¿Qué opciones tiene Clara Inés? 5. ¿Qué debe hacer Clara Inés? ¿Por qué? 6. ¿Habría algo a lo cual Clara Inés no debería renunciar? Dilema 3: EL DILEMA DE JUAN Y JUANA Juan y Juana viven cada uno en una isla en alta mar. Las islas donde habitan distan entre sí unos tres kilómetros. Un gran puente las une y permite a los habitantes pasar sin dificultad. Juan y Juana se conocieron, se gustaron e iniciaron un buen noviazgo. Esta relación se prolongó por tres años de cariño, comprensión, diálogo y respeto. Pasado el tiempo y viviendo una relación de noviazgo madura, Juan propuso a Juana matrimonio, a lo que ésta respondió que sí. Fijaron el lugar y la fecha de la boda. Acordaron que se realizaría en la isla donde vivía Juan por estar mejor dotada. Estaba todo listo pero en la víspera de la boda pasó un ciclón y se llevó el puente. No había otro medio de comunicación pues el puente satisfacía todas las necesidades de los habitantes de las dos islas. Juana no sabía qué hacer. A lo lejos divisó un barco que llegó hasta la isla de Juana. Ella habló con el capitán para pedirle el favor de pasarla hasta la otra isla, a lo cual el capitán respondió: "Con mucho gusto, pero si se acuesta conmigo y hacemos el amor". Juana estaba desesperada, no sabía qué hacer. Corrió a donde su mamá para que le dijera lo que debía hacer. La madre le respondió: "Hija mía, ya eres una mujer grande, ya debes saber qué hacer. Tú decides".

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Después de mucho pensar, Juana optó por aceptar la propuesta del capitán con tal que éste la pasara. Efectivamente, el capitán cumplió su palabra después de acostarse con ella. Al llegar a la otra isla, Juan estaba aguardando. Se abrazaron, pero por las mejillas de Juana rodaron unas lágrimas. Ella pensó: "No se lo puedo ocultar". Y se lo dijo. En ese momento Juan se llenó de indignación, tomó a Juana por los brazos, la miró con desprecio y la cacheteó. Pasaba por allí un caballero inglés, de los que tienen por oficio defender a las damas, desenfundó su espada y mató a Juan. Diálogo clarificador del dilema de Juan y Juana: 1. Califique la actuación de cada uno de los personajes del relato en una escala de 1 a 5. 2. Sustente la razón por la cual dio a cada uno de ellos esa calificación. Esto se pone en común tratando de que los formandos expresen los valores que reconocen en cada uno de los personajes y sus acciones. Dilema 4: DILEMA DE HEINZ. De Kolhberg. En Europa hay una mujer que padece un tipo especial de cáncer y va a morir pronto. Hay un medicamento que los médicos piensan que la pueden salvar. Es una forma de radio que un farmacéutico de la misma ciudad acaba de descubrir. La droga es cara pero el farmacéutico está cobrando diez veces lo que le ha costado a él hacerla. Él pagó U$200 por el radio y está cobrando U$2.000 por una pequeña dosis del medicamento. El esposo de la mujer enferma, Heinz, acude a todas aquellas personas que le conocen para pedir prestado el dinero pero sólo puede reunir unos U$ 1.000 que es la mitad de lo que cuesta. Le dice al farmacéutico que su esposa se está muriendo y le pide que le venda el medicamento más barato o le deje pagar más tarde. El farmacéutico dice: "No. Yo lo descubrí y voy a sacar dinero de él". Heinz, está desesperado y piensa atracar el establecimiento para robar la medicina que necesita su mujer. Preguntas para el diálogo clarificador del dilema de Heinz: 1. ¿Debe Heinz robar la medicina? 2. Si Heinz no quiere a su esposa, ¿Debe robar la droga para ella? 3. Suponiendo que la persona que se muere no es su mujer, sino un extraño, ¿Debe Heinz robar la medicina para un extraño?

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4. (Si estás a favor de robar el medicamento para un extraño). Supongamos que se trata de un animal que él quiere, ¿Debe robar la droga para salvar al animal? 5. ¿Por qué debe la gente hacer cualquier cosa para salvar la vida de otro de todas formas? 6. Está contra la ley que Heinz robe. ¿Esto lo hace moralmente malo? 7. De todos modos, ¿Por qué la gente generalmente hace todo lo que puede para evitar ir contra la ley? 8. ¿Cómo se relaciona la pregunta anterior con el caso de Heinz? Un aspecto interesante del trabajo con estos dilemas y otros que contemplen elementos de la dimensión afectiva y la vivencia de la sexualidad, es la imposibilidad de dejar de integrarlos con otras dimensiones. Sencillamente porque el hombre es un todo que revela sus valores en torno a lo social, lo cultural, lo profesional, lo espiritual y lo afectivo. Además, revela el grado de desarrollo moral en el cual se encuentra la persona (su relación con lo legal o normativo, la autoridad, el valor del hombre, etc.) 4.3.6 Aceptación y conocimiento de grupo: El átomo social Dentro de las técnicas que ofrecen un impacto en la dinámica de un grupo es el "Átomo social" ya que permite procesos personales y grupales. El Átomo Social es una forma gráfica a través de la cual el sujeto puede mirar la lejanía o la cercanía de los demás dentro del estado emotivo en el cual se encuentra en ese momento. Es decir, este instrumento es altamente subjetivo y responde a un momento específico o a una etapa particular de la vida. Se puede utilizar para graficar las relaciones afectivas del pasado o del futuro, pero lo más común es que se haga para el tiempo presente.

Un aspecto que no se puede olvidar es, que siendo de naturaleza subj'etiva, lo que se presenta allí es la realidad del sujeto y no del grupo aunque pueda dar pistas objetivas de relaciones concretas entre unos y otros miembros del mismo grupo. De otra parte, da la oportunidad para expresar sentimientos o emociones, no es racional, y en esto hay que insistir desde el inicio.

Cuando se trabaja el Átomo Social es necesario tener en cuenta hasta dónde se pretende llegar (obsérvense las fases que aparecen en la descripción) porque a la hora de implementar todas las fases con el deseo de que todos tengan la posibilidad de poner en común su "hoja", el tiempo es una variable a considerar. Se debe emplear todo el que se necesite para evitar cortes que puede generar malestar o agudizar conflictos.

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La dinámica de la técnica puede ser descrita como una curva ascendentedescendente que se repite tantas veces como el núero de participantes. El punto máximo se puede considerar como el momento de catarsis emocional en donde aparece la expresión de los sentimientos en su estado más puro y de mayor intensidad (alguien pudiera resultar llorando, gritando o saliéndose de la sala), por eso debe haber una excelente preparación y motivación por parte del animador y habilidad para responder a los comportamientos que ocurran.

La descripción paso a paso es la siguiente: l. paso: Motivación El animador pone en clima de confianza la actividad retomando la importancia de conocerse a sí mismo y a los demás, de respetar y profundizar las relaciones con el otro, de la serenidad con la cual debemos comunicar lo que sentimos (no se debe confundir serenidad con racionalidad), de la escucha y receptividad cuando los otros me hablan y de la posibilidad para crecer un poco más. 2. paso: Representación gráfica (elaboración de la "hoja" de mi Átomo Social) El animador les dice que cada quien es como un núcleo alrededor del cual giran los "elementos" que forman parte de su vida. Dichos elementos pueden ser personas, cosas, actividades, valores.-.etc. Según sea el propósito se pueden colocar límites pero siempre será conveniente delimitar el número de elementos (10 como máximo). Se pueden considerar: Los compañeros de grupo Todos los compañeros de grupo y el director Todos los miembros de la comunidad (formandos y formadores) Las personas que tienen para mí significancia afectiva (comunidad, familia, compañeros de trabajo...) • Las personas y/o seres-actividades que forman parte de mi vida (perro, hobbies, oración, apostolado...)
• • • •

Para lo que se pretende vamos a tomar el primer item, el que se circunscribe a los compañeros de grupo, y el animador le dirá a los participantes que elaboren en una hoja su 'Átomo Social" en donde cada uno se ubica en el centro y los demás a determinada distancia de él. Pero, ¿qué determina la distancia? Hay tres preguntas que debe responderse para cada uno: ¿Quién es? ¿Qué tipo de emoción me genera? y ¿Con
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qué intensidad? Es la respuesta a esta última la que dará la distancia entre ese elemento y el núcleo. No hay que olvidar que detrás está el sentimiento, no una elaboración racional. Para hacer más específico lo dicho anteriormente, es bueno presentar algunas convenciones que ayudan a visualizar lo que se pide (a manera de sugerencia). Ya dijimos que la persona está ubicada en el centro y se representa con un círculo. Los demás serán también representados por círculos más pequeños (si se involucran cosas éstas pueden representarse con cuadrados y, si hay actividades, con triángulos, etc). Desde el núcleo se tiende hacia cada uno de los círculos una línea que varía según sea el tipo de sentimiento/emoción que guarda hacia esa persona: si es una relación sólida y positiva se representa con una línea continua [_]; si es una relación conflictiva y negativa se representa con una línea a trazos o discontinua [----]; si es una relación de sentimientos mixtos o encontrados se representa con una línea mixta [- - - - -]: y si es una relación compleja y a la vez conflictiva se representa con una línea quebrada. Se recuerda que la longitud de la línea está determinada por la intensidad del sentimiento que se tiene hacia esa persona. Por ejemplo, un joven considera la relación con un compañero "X" y un compañero "Y". Con el primero guarda una profunda amistad, se tienen confianza, comparten muchas cosas, etc, la línea será corta y continua. Con el compañero "Y" tiene una relación tensa, cuando se encuentran "se Ie daña el día", vive pensando en cómo hacerle sentir mal, por tanto le roba energía emocional, con éste también será una línea corta pero discontinua. Nótese que ambas relaciones son intensas, sólo que la primera es positiva y la segunda no lo es. Si el joven se deja guiar por el sentimiento, la distancia entre cada uno y él saldrá como un "chispazo". Se deja el tiempo necesario para que cada quien elabore su "átomo social" procurando que no sea excesivamente largo para evitar racionalizaciones. (Véase un ejemplo en el anexo 7). 3er. paso: Psicodrama (Ubicación) Este paso y el siguiente podrían definirse como la esencia misma de la técnica, ya que a es aquí donde se da la revalidación de sentimientos y la posibilidad de asumir nuevas formas de ser (concebir, sentir y comportarse) hacia los demás. Para facilitar el trabajo se procura que desde el principio se tenga la sala despejada y todas las sillas se encuentren contra la pared.

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Se hace la invitación para que alguien trabaje su átomo social asumiendo el rol de su dibujo. Esta es la fase más larga de todo el ejercicio en la cual el animador debe tener tacto. El voluntario se ubica en el centro y, mientras hace lo que se describe a continuación, Simula su presencia con una silla.

El voluntario comienza por ubicar a cada una de las personas que están en su hoja a la distancia que le es proporcional. Cuando esta técnica se hace con personas que no se conocen, los participantes asumen el rol y la descripción que el sujeto-núcleo da de ellos. La manera de representar la línea en este cuadro humano se hace utilizando posiciones, gestos, movimientos periódicos, lenguaje no-verbal, etc. Cuando el sujetonúcleo considere que cada quien tiene la representación que él siente hacia cada uno de ellos, entonces, se ubica en el centro de nuevo.

Como este ejercicio se propone para un contexto en donde los formandos llevan determinado tiempo conociéndose, es posible que haya situationes molestas, risas o comentarios. Es conveniente que el animador enfatice en la seriedad del trabajo y no permita que esto disipe la atención de todo el grupo. Es importante el respeto que cada quien debe dar a su propio papel. 4. paso: Psicodrama; diálogo y resolución Cuando está representada la hoja del voluntario en un cuadro humano que es visible a todos, el animador debe asegurarse que está claro el sentimiento que hay hacia cada uno de ellos. Esto es ayudado por la distancia y la posición que tienen cada quien. Ahora, pregunta a cada uno ¿Cómo te sientes? Cuando cada quien haya expresado su respuesta, el animador le pregunta al sujeto-núcleo con quien quiere trabajar (es claro que pretender trabajar la relación con cada uno sería demasiado extenso).

Si la dinámica va bien, el voluntario señalará aquella relación que es negativa e intensa y, por tanto, aparece ya una segunda persona protagonista quien no debe olvidar el sentimiento que la otra persona tiene sobre él y que va a ser un facilitador para descubrir lo que realmente ocurre. Es posible que el clima siga siendo un tanto artificial, entonces, el animador invita al sujeto- núcleo para que proponga una situación -tal vez reciente- en donde salió a flote el sentimiento que tiene hacia esta persona. Es importante que la otra persona no se coloque a la defensiva, sobre todo si sale a relucir el ya conocido triángulo de perseguidor-víctima-salvador.

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Cuando está claro el sentimiento viene todo el diálogo que ayuda a confrontara la persona. Algunas preguntas pueden ser: ¿Qué es realmente lo que te hace actuar así? ¿Verdaderamente es negativa la forma como esta persona actúa? ¿No pertenece a su forma de ser? ¿No es posible que seas tu quien actua de una forma precipitada, inconveniente? ¿No serán prejuicios o una idea prefabricada que no te deja encontrar otras cosas?

Incluso se puede ir más allá. Todos sabemos que los acontecimientos que forman parte de nuestra historia han marcado inconscientemente algunas normas de conducta que se repiten con los demas aunque sean personas diferentes y en situaciones diversas. Por ejemplo, se conoce el caso de un joven que vive solitario y se queja de que los demás no lo tienen en cuenta. Revisando su historia personal, cuando era un niño de unos 10 años, su familia cambió de casa dejando así a sus amigos de vecindad y de escuela con las cuales se las llevaba muy bien. Esto produjo tanto dolor en el que inconscientemente tomó la decisión de no relacionarse con los demás para evitar futuras rupturas. Este ejemplo de la vida real es sólo uno de todos aquellos que forman parte de la vida de todas las personas. Entonces, el animador podría interpelar al sujetonúcleo para que éste trate de identificar aquella situación de su historia que hoy hace que se comporte de determinada forma. También, es posible que "algo" que la otra persona hace le recuerde, por ejemplo, a un hermano, a su papá u otra persona con la cual la relación afectiva fue traumática. En la medida en que cada quien reconozca que esto puede ser la razón y no el otro sujeto en sí mismo, vendrá una nueva manera de verlo.

Al llegar a este punto el sujeto está en la posibilidad de tomar una resolución e, inclusive, comenzar a sentir de una manera diferente. No son pocos los casos en donde esta persona ha re-descubierto el valor de la otra naciendo una verdadera amistad. No es mágico, es el resultado de un proceso que ha comenzado con la ayuda de esta técnica. Nadie quiere ser "malo" porque sí, al contrario, las personas quieren cambiar y ser mejores pero les falta el cómo hacerlo. Acabado el trabajo con este primer voluntario se sigue con el siguiente hasta cuando todos hayan pasado. Si el clima es favorable y la dinámica se ha llevado en un ambiente de confianza, al final todos pasarán al centro. No se necesita obligar a ninguno. El animador debe tener en cuenta:

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1. El animador debe tener claro el propósito de la técnica. No es un juego para pasar el rato. Hay otras mucho más ágiles y hasta divertidas que pueden aportar conocimiento personal. 2. El animador debe suponer que el desgaste de su propia energía será real. Por eso, es bueno tener ciertas condiciones personales que le ayuden a llegar hasta el final: reglas claras, preparación anticipada de recursos, tranquilidad, espacio sereno, etc. y que el mismo grupo no se encuentre en un momento de ansiedad por algo que ocurrió o que está pronto a ocurrir. 3. El animador debe correr el riesgo de que los participantes no sean honestos o prefieran trabajar relaciones que no son tan conflictivas. 0 que asuman respuestas de indiferencia ante lo que es evidente. Por ejemplo, un número mayoritario de personas ha coincidido en que "X" persona está alejada del grupo y ésta no reconoce que sea un problema. Entonces, el animador le puede preguntar "¿Por qué te sientes bien cuando todo el mundo te ignora?" 4. El animador puede decidir llegar hasta el segundo paso donde cada quien dibuja su átomo social y se pregunta lo que siente por cada uno. Además, se le puede pedir que guarde la hoja y la deje "olvidada". Más adelante (dos o tres meses después) se puede volver a repetir la técnica y comparar las dos hojas para analizar cómo continúan las relaciones con los demás. 5. Si se trabaja hasta la segunda fase se pueden trabajar representaciones materiales de las personas en vez de la hoja con círculos y líneas. Por ejemplo, sobre una tabla o un espacio plano se colocan a la distancia requerida objetos que simbolizan algo de la persona en cuestión. Alguien podría colocar un libro para representar a una persona que sólo le interesan los libros o que es un intelectual; o colocar una pandereta para representar a alguien que es "ruidoso" o alegre; o utilizar piedras de diferente forma y de colores variados (los colores también poseen un lenguaje y comunican sentimientos). Todo depende de la motivación del animador y de la creatividad del grupo. 6. Por último, en la última fase, es importante que se dé el propósito de darle una nueva naturaleza a la relación. El animador debe ayudar a que el sujeto encuentre alternativas y después asuma decisiones de cambio. Para esto sugerimos revisar lo concerniente al diálogo clarificador que aparece en un apartado anterior.

CAPÍTULO 5

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HACIA LA GENERACIÓN DE UN AMBIENTE AFECTIVO

En este capítulo pretendemos una propuesta que vaya más allá de un plan de trabajo en donde se integren un sinnúmero de temas importantes y para ser desarrollados a partir de conferencias, talleres, guías de reflexión, técnicas de grupo y lecturas. Queremos hacer una propuesta que involucre la vida misma, la vida que se da en la comunidad a través de sus diferentes momentos y en la sucesión de cada una de las etapas.

Partimos del siguiente principio: el currículo latente tiene un poder altamente formativo y, por eso, los espacios que existen en cada etapa de formación deben generar un ambiente afectivo que conlleue a la formación de la afectividad y la sexualidad. Hay quienes señalan a partir de su experiencia educativa y formadora que el currículo latente es más formativo que el currículo explícito -discusión a la cual no queremos entrar y, en cambio, queremos dilucidar cómo algunos de estos espacios se convierten en un contexto para crecer y formarse afectivamente. Inclusive, si nos vamos para el lado opuesto, cualquier programa de formación en la sexualidad y afectividad que no encuentre su fundamento en los procesos reales y en la vida de comunidad, quedará baldío.

5.1 LA FRATERNIDAD ES UN ESTILO DE VIDA En apartados anteriores hemos reflexionado sobre la fraternidad y sus implicaciones con la dimensión afectiva, el proyecto comunitario, los vínculos y otros elementos más que la conciernen directamente. Por eso queremos puntualizar en aquello que nos parece relevante para comprender la manera como la fraternidad es una opción, es un modo de estar con otro, es un estilo de vida. El religioso que decide ingresar a una comunidad está haciendo sobre su opción esencial del seguimiento de Cristo, su opción afectiva, la de ser hermano. En otras palabras, ser hermano de Jesús, el Señor, ser hermano de aquellos con los cuales va a compartir su vida en la comunidad y ser hermano de las personas que le necesitan dentro de su carisma. Esto es fácil escribirlo en unas cuantas líneas, el reto es hacerlo realidad, por eso, la fraternidad en nuestros días es un verdadero desafío.

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El mundo de hoy con todos los fenómenos de no-relación está atento a aquellas realidades donde sí existe. Son muchos los jóvenes que admiran cómo un grupo de personas de diferente edad, generación, cultura, y raza llegan a amarse como una familia a base de tener una espiritualidad, un ministerio y un proyecto común. No se puede negar que en algunas personas ha sido el signo para suscitar su propia vocación. Hasta aquí hemos dicho dos cosas importantes. La primera, la fraternidad es una forma de amor y no está por demás decir que es el amor entre los hermanos lo que cohesiona la fraternidad. De La Salle lo escribió así: «Piedra preciosa es la caridad fraterna en el seno de las comunidades... Perdida ella, todo está perdido. Conservadla, por tanto, cuidadosamente, si queréis que vuestra comunidad perviva»79. La metáfora vale para entender que el amor es esencial y que se debe vivir. Lástima grande que nuestra sociedad culturalmente heterosexual haya dejado la expresión del verbo amar para la relación de pareja ya que amar es más que estimar, querer, respetar y apreciar.

La segunda idea importante es que la fraternidad está llamada a ser signo en el mundo de hoy. Para ello, cada miembro debe vivir dentro de su propia persona la experiencia fundante y la experiencia configuradora de la fraternidad. La primera será el anclaje, la roca firme que da solidez en las dificultades y la convicción de que es un ideal posible. La segunda, es la experiencia de ser hermanos cada día, en el cotidiano, con las personas que comparten el pan de la eucaristía y el pan de la mesa, es la convicción de un ideal posible en cada circunstancia. La comunidad religiosa necesita vivir relaciones más profundas entre sus miembros a partir de una caridad realista y concreta. Esto, más que otra cosa, convertirá a la comunidad en un signo evangelizador: anuncio del proyecto de Dios de convertimos en una familia de hermanos80. Para favorecer la fraternidad será conveniente: 1. Conocer a cada uno de los miembros de la comunidad. Sus cualidades y valores, su contexto familiar y su historia personal. Hay que hacerlo al principio de una etapa y hay que seguirlo haciendo cada vez que se pueda. Inclusive, aunque al iniciar un nuevo año la comunidad esté compuesta por los mismos hermanos o hermanas. Más aún si algún miembro llega u otro sale.

79 80

DE LA SALLE, J. Meditaciones 91,2. APARIICO, Ángel y JOAN Canals. Diccionario teológico de la vida consagrada. Madrid: Publicaciones Claretianas, 1989.p. 755.

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2. Establecer un proyecto común que tenga en cuenta los proyectos personales. Un proyecto que vaya más allá de las funciones, las actividades, el cronograma... que involucre al mismo espíritu y el deseo fehaciente de ser hermanos. 3. El poder de la comunicación es grandísimo cuando se quiere construir comunidad. Hay que favorecerla por todos los medios y en los diferentes espacios -formales y no formales- que tiene una comunidad. Pero, siempre con algunos principios básicos como hablar siempre en primera persona, no juzgar a los demás, no hacer comentarios descalificantes y si se va a hablar de alguien que sea en su presencia. 4. Estar atento a las situaciones de las personas y de la comunidad que son significativas y hacen reconocimiento: los cumpleaños, los éxitos, algún problema de familia, alguna fiesta de comunidad, los estados de ánimo, etc. 5. Ser descaradamente hermanos. Que no se llegue a pensar que los tiempos, los recursos y los compromisos que van en favor del amor fraterno son perdidos. Al contrario, cualquier pretexto puede ser bueno si se trata de compartir juntos ya sea en alguna convivencia o celebración, alguna cena, alguna liturgia donde se señale un signo especial o sencillamente reunirse para compartir lo que se ha vivido durante la semana. Cualquier detalle es importante porque tiene la posibilidad de convertirse en Sacramento cuando ha sido recibido en el amor fraterno. 6. Según las culturas de donde procedemos y las costumbres de familia, hay algunos gestos afectivos que llegan al alma y hacen falta. La fraternidad se traduce también en la mano cálida que se tiende cada mañana, en el abrazo sentido cuando hay reencuentro después de algún tiempo, en la palmada sincera que anima en el cansancio, en el estar al lado cuando hay tristeza o en la mirada transparente cuando el otro habla y nos dice algo de sí. "La comunidad consiste en hacerse cargo uno del otro en un profundo respeto por la originalidad y el devenir de cada uno"81. 7. La forma como se establece una comunidad responde también a la forma como cada miembro vive y concibe la afectividad y la imagen que tiene de Dios. Es decir, afectividad-imagen de Dios- comunidad van íntimamente ligados. Por eso, es una tarea preguntarse a nivel personal: "¿Qué actitud tengo frente a la afectividad/sexualidad?" y "¿Qué imagen tengo de Dios?" Para dar luego respuesta a nivel grupal a la pregunta "¿Qué comunidad hemos construido?"82.

81

CASTELLANOS, Nicolás. Proyecto y comunidad de vida. Madrid:Ed. Paulinas, 1973.p. 234.m 82 ARRIETA, Lola. Convivir con la afectividad. Instituto Teológico de vida religiosa. Vitoria. España. Frontera Hegian, 1994. p. 33-51.

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5.2. CONSTRUCCIÓN DEVÍNCUL0S Y SENTIDO DE PERTENENCIA En un apartado anterior señalábamos la importancia de construir vínculos en una comunidad. Un vínculo es entendido como la relación que se da entre un sujeto y otro haciendo que entre los dos haya significatividad. Es este conjunto de relaciones lo que hace que al final haya una red de sostenimiento de la misma comunidad. El ejemplo no es exacto pero nos podría servir para ilustrar lo que hemos dicho: ¿Què es una viga para sostener un gran edificio? Nada. Pero la viga es un puente entre columna y columna que unida a otras vigas y columnas forman una estructura tan fuerte que es capaz de sostener toneladas de cemento fundido y otros materiales. Ahora bien, este ejemplo es un tanto frío. No es así la naturaleza humana, ni tampoco es rígida. Es precisamente su calidez y versatilidad lo que hace que la comunidad sea un todo dinámico y transformante. Por lo mismo, hay que tener en cuenta que cada uno de los miembros que forman parte de una comunidad, todos ellos, son importantes. En la medida en que cada quien entienda que pertenece, que forma parte, que es comunidad, sólo en esta medida la comunidad será una fortaleza. Nadie niega que la comunidad sea un don del espíritu pero, a su vez, es una experiencia de convivencia entre personas humanas y con su dinámica propia. La comunidad es más que un grupo. Pero, siendo más que un grupo debe tener sus características como el llegar a producir un «nosotros» en donde cada quien se hace sensible a las actitudes y los sentimientos de los demás. Es este nosotros lo que da pertenencia y no una simple referencia de grupo. Uno de los elementos que hace que una comunidad sea más que un grupo es que no se queda en ella misma sino que es trascendente. Valdría la pena recobrar un diálogo tenido entre un periodista y la madre Teresa de Calcuta cuando aquel le preguntó más o menos en estas palabras «¿Por qué su comunidad se dedica a cuidar leprosos y personas en estado terminal?». Y ella le respondió: «Perdóneme pero su pregunta está mal formulada, no es 'porqué', sino 'por quién' hacemos esto?» Dichas estas palabras el periodista entendió que su respuesta iba hasta el nivel espiritual pasando por lo antropológico y social. Es algo así. Una comunidad tiene un fin y por eso tiene sentido reunirse y vivir en comunidad. Alday dice que la pertenencia consiste en una sensación de participar y de ser bien aceptado por un grupo y que se logra a través del contacto, la identificación con los

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valores, las normas y las actitudes, y la homogeneidad83. El sentido de pertenencia lleva a una interdependencia en donde una decisión grupal modifica el comportamiento individual o, lo contrario, una decisión individual afecta el clima grupal. La pertenencia se trata de una actitud de espíritu muy rica. Compromete en efecto la mente, el corazón y la voluntad. Adherimos a una comunidad es en primer lugar, saber que, al mismo tiempo que nos pertenece nosotros pertenecemos a ella. El sentido de pertenencia es un elemento primordial de toda verdadera adhesión. A través de ésta percibimos que, una comunidad que nos desborda y nos trasciende, reclama nuestra vinculación84.

Sentir que pertenecemos a una comunidad es nuestro propio desafío. Este profundo sentimiento es lo que nos lleva a valorarla aunque haya fallas y debilidades, aunque en muchas ocasiones no se avance con la velocidad que se quiere y aunque en algún momento alguien tenga que renunciar a aquello que le es evidente, porque la pertenencia lleva a la confianza en la comunidad y al afecto haciendo que haya un clima que es más importante que otras cosas. Es algo así como la importancia que tiene el clima de familia sobre el electrodoméstico que no se ha podido comprar, o la gotera que se ha formado después de la temporada de lluvia, o la pelea del hijo menor en la noche anterior, que podrían ser pretextos perfectos para señalar culpablesy armar una discusión de nunca acabar. Pero, es el mismo clima afectivo lo que produce el cambio y, de todas formas, con la objetividad que se merece, se ahorrará para comprar aquel electrodoméstico, aquella gotera será reparada y se dialogará con aquel hijo menor que no actuó debidamente. Entonces, es pertenencia que se traduce en reconocimiento, confianza, afecto y compromiso activo.

Si nos vamos para el otro polo preguntándonos ¿qué pasa cuando una comunidad aglutina individuos sin sentido de pertenencia? Las palabras podrían ser más pero cualquiera de ellas es suficiente en sí misma para decir que por allí se vence la estructura que más adelante quedará reducida a polvo: desafección, indiferencia, menosprecio, recelo, agresividad o pasividad. Nuestro idioma nos permite jugar con dos verbos «ser» y «estar». Entre uno y otro hay una diferencia abismal a la hora de aplicarlos a la comunidad. Es muy diferente «estar en una comunidads a «ser de una comunidad». La diferencia es que la primera desliga cualquier compromiso llevando a que la persona no sienta ningún afecto hacia los éxitos o fracasos de la comunidad o
83

Cfr. ALDAY, Josu. cmf. El sentido depertenencia y de adhesión congregacional. Extractum ex Claretianum, vol. XXXIV, 1994, p. 406. 84 Ibíd., p. 408.

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por conveniencia podría aceptar los primeros y criticar lo segundos como una consecuencia de la cual no tiene responsabilidad. Más aún, frente a cualquier situación es completamente indiferente actuando ya de manera pasiva o agresiva. Los ejemplos sobran pero piénsese en la animación litúrgica, el cuidado de los bienes materiales, la celebración de lo social y demás.

Ahora, ¿cómo formar en el sentido de pertenencia?. Para empezar traigamos a colación el ya conocido adagio popular «Nadie ama lo que no conoce», por eso, el conocimiento sería la primera pista de accion. El joven o la joven que quiere ser religioso o religiosa debe comenzar por conocer la congregación a la cual va a entrar y ésta debe facilitarle dicho conocimiento. En no pocas ocasiones se confunde el conocimiento con la información de aspectos secundarios o, con el temor de dar a conocer más de lo necesario, se hace reserva de lo que es verdaderamente importante. En otras ocasiones se quiere presentar una comunidad idealizada y espiritualizada olvidando que está compuesta por hombres o mujeres y por tanto goza de fortalezas y debilidades. Entonces, conocer la comunidad es conocer su carisma, sus miembros, su historia, su proyecto, sus sueños, sus retos, sus aciertos y desaciertos, lo que hay que fortalecer y lo que hay que corregir.

Como segunda pista para lograr el sentido de pertenencia y de adhesión estaría la estima expresada a través de la valoración que el mismo miembro da al formar parte de la comunidad; de la empatía que hace que la persona entre en la piel de la congregación y asuma como propia su historia, con sus páginas luminosas y sus pasajes oscuros, sintiéndose también solidario de las grandezas y miserias; y de la celebración de la vida, de la fe, de la liturgia, de los éxitos alcanzados por toda la comunidad o por alguno de sus miembros, del avance hecho frente a la realidad. Al lado de lo dicho se entiende que de manera recíproca está el compromiso con ella. La pertenencia se entiende desde el compromiso y este lo lleva a sentirse parte de una comunidad. Comprometerse es dar el todo por el todo, sin reservas, meterse de cuerpo y espíritu, mente, corazón y voluntad, es el dar la vida para tener vida, es la consagración radical en un algo por un Alguien, es el vivir con pasión siendo aquello por lo cual se optó, sin mirar atrás. 5.3 Conocimiento del otro; ¿Quién eres tú? Continuando con la reflexión anterior, es necesario que en la formación se favorezca el conocimiento del otro. Cuando decimos conocer, estamos diciendo que podremos dar una respuesta más o menos profunda y válida a la pregunta « ¿Quién eres tú?».

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Lograr el conocimiento del otro debe ser una tarea a iniciar desde la formación. Incluso, debe darse dentro de un clima natural y persiguiendo otros fines. Por eso, nuestra propuesta es que el formador suscite el encuentro de los formandos con metas específicas y en las diferentes dimensiones con la posibilidad de que, en un momento posterior, haya el tiempo para la retroalimentación y la reflexión personal donde se descubra el avance obtenido en el conocimiento del otro. Además, donde se revisen las propias actitudes que favorecieron u obstaculizaron dicho conocimiento.

Sabiendo que el conocimiento se puede lograr en la interacción grupal, en pequeños grupos y por parejas, y que ésta se hace más directa e intensa cuando hay menos personas que interactúan (por ejemplo, a nivel de parejas habrá un solo interlocutor con el cual habrá qué dialogar, decidir y trabajar), algunas pistas pueden ser las siguientes: 1. Parejas (grupos pequeños) que se encargan de determinada responsabilidad al interior de la casa como el aseo, los servicios, la economía, la decoración, el funcionamiento de recursos, la alimentación, las informaciones sobre diferentes aspectos, etc. 2. Parejas (grupos pequeños) que asumen la animación de actividades, tiempos o compromisos del proyecto comunitario como la preparación de la oración y liturgias, reuniones comunitarias, paseos y días de ocio, días de retiro, jornadas culturales, tiempos de vacaciones, eventos académicos, etc. 3. Parejas de trabajo y reflexión sobre los temas que se van desarrollando en el programa de formación. Inclusive, actividades propuestas para la comunidad que se relacionen con conocimiento personal, contexto familiar, proyecto de vida o algún ejercicio de los que aparece en nuestra propuesta. El formador deberá estar atento para saber en qué momento debe haber un cambio de grupos o parejas interactivas. El cambio constante, en ocasiones, sólo permite relaciones superficiales, de igual manera una estructura rígida que no permite cambiar los puede llevar a un empobrecimiento en las posibilidades de conocer, compartir y trabajar con otras personas.

5.4 LA ORACIÓN Sin pretender hacer un tratado sobre la importancia de la oraicón y la espiritualidad, queremos dejar en claro que la oración es una expresión de amor entre el

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hombre y Dios. Dios ama al hombre y éste también lo ama y se siente amado. De su corazón surge como una fuente la necesidad de estar con el Absoluto y extasiarse en El para hallar el sentido y la razón de su vida. La oración vista de esta manera, es un espacio de crecimiento afectivo. En ella, el hombre se perfecciona en el amor porque vive con intensidad su amistad con Dios. Muchos maestros espirituales supieron descubrir y gozar deeste don. La oración nos eleva a Dios y hablamos con el corazón más que con la boca o la razón. Ahora bien, no podemos olvidar que la vida oracional religiosa también se da en el ámbito comunitario. Orar en comunidad es experenciar esa amistad personal con Dios entre los hermanos. Por eso, recíprocamente, la comunidad es un lugar donde se comparte la fe. Indudablemente es un nivel alto y exigente que, cuando la comunidad llega a él, también logra la comunión en intensidad. Por eso, desde el comienzo debe existir una propiciación para encontrar el valor de la oración como algo indispensable dentro de la maduració personal afectiva que merece ser compartido con los demás dentro de la sinceridad y la tranparencia. Por último, si al final, la oración, ya es personal o comunitaria, se convirtiera en una recitaicón sin sentido de salmos o himnos y el reloj marcará el límite, entonces, se habrá perdido lo esencial. Al contrario, al finalizar cada espacio de oración la comunidad entera debe sentir que la fe, la esperanza, el amor, el perdón y la fraternidad han sido renovados. Todos deben sentirse más hermanos como fruto al haber recitado el padrenuestro, proclamado un salmo u orar por las necesidades de los demás y las propias. 5.5 EL ACOMPAÑAMIENTO PERSONAL Y LA ENTREVISTA La persona que entra en un proceso de formación sabe que en su caminar le acompaña el formador para crecer en las diferentes dimensiones que le darán identidad en su opción religiosa. Este acompañamiento no pretende suplantar el protagonismo que le pertenece al formando y, por eso, su fundamento es la autonomía. Con esto estamos desechando cualquier viso de dependencia que pudiera darse incluso en las primeras etapas.

Hacer acompañamiento significa estar al lado para orientar procesos personales, confrontar actitudes, clarificar valores y animar en el cotidiano. Para lograr esto se necesita conocer las circunstancias de cada persona (historia personal, contexto y proyecto) de tal manera que el acompañamiento se hace sobre realidades concretas y en
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personas particulares. Además, agregamos que el acompañamiento debe tocar el corazón de las personas (del formador y del formando) de tal forma que se llega a una transformación interior. El acompañamiento personal es un espacio de crecimiento afectivo ya que a través de él se incide sobre la estructura yoica (autoconocimiento, autoconcepto, autoestima y autonomía), se reconocen los valores de la persona y se abren posibilidades de respuesta ante las situaciones que se van presentando. También, porque fortalece el vínculo que hay entre formador y formando haciendo que haya un ensanchamiento en el ser- hermanos. Ahora bien, el acompañamiento tiene algunos espacios específicos como la entrevista personal (encuentro concertado entre formando y formador) en la cual hay una destinación del tiempo y de los recursos para hablar de lo que concierne al sujeto y sus relaciones. Como estamos ubicados en el contexto de la vida religiosa, dejamos de un lado las pretensiones que tienen las entrevistas técnicas y profesionales. Por tanto, la entrevista es también un espacio para crecer en la fraternidad. Podemos ser conscientes de un elemento valiosísimo que toma parte esencial en el acompañamiento y la entrevista: la palabra. Es a través de la palabra como logramos el mensaje unívoco para hacer orientación, confrontación, clarificación o animación. Pero, algo bien importante es que la palabra pierde poder cuando se hace un discurso que se repite invariablemente con todas las personas. Si el acompañamiento pretende tocar el corazón de la persona, la palabra deberá ser afectiva (no se malentienda con «estar diciendo palabras afectivas»), es decir, será la palabra que surge después de haber escuchado y puesto todas las energías en tratar de comprender al otro. Sobre esto mismo, en ocasiones, la sola escucha sin proferir más que alguna palabra que la corrobora, podría ser más plenificante y acertada que un listado de consejos. En el ambiente profesional de la psicología se dice que el orientador no debe implicarse afectivamente con su cliente por razones de objetividad e imparcialidad. En el caso de la vida religiosa, creemos lo contrario, ya que sólo el amor en el acto de acompañar puede lograr cambios profundos en la persona y es este mismo amor que respeta la autonomía el que puede hacer que, en un caso determinado, el formador invite al formando a resituar su vocación para lograr su propia realización y, si el formando ha sentido este afecto, asumirá esta invitación como un acto sincero para el beneficio de sí mismo.

Por último, son muchas las recomendaciones que se hacen para tener un acompañamiento eficaz pero consideramos que la prudencia y la reserva
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son de vital importancia. El contenido que se comparte en el acompañamiento va ligado en muchas ocasiones con la propia intimidad, por eso no puede ser divulgado como quien comunica una anécdota o una noticia ya que daría lugar a un sentimiento de «traición» en la persona implicada. Entre el acompañante y el acompañado debe haber una mutua confianza. 5.6 LOS MOMENTOS DE OCIO La vida está dada por ciclos en donde son necesarios aquellos tiempos para recobrar energías, cambiar de actividad y descansar. Estos tiempos generalmente coinciden con estados de sensibilidad/fragilidad afectiva y por eso es más conveniente llevarlos a cabo comunitariamente. Además, los tiempos de ocio poseen una naturaleza informal que permite el despliegue de algunas cualidades personales que quedan «dormidas» frente al estudio y al trabajo. En el análisis transaccional se diría que son las oportunidades que tenemos para que el yo-niño salga a flote permitiendo un conocimiento de aquello que podemos hacer en la alegría y el gozo del juego, la recreación y el cambio de rutina. Propiciar estos espacios es de suma importancia para el formador ya que le ofrecen un conocimiento de valores, actitudes y comportamientos y, también, da las condiciones para acercarse a los formandos de manera distinta en el desempeño de su rol. Por todo esto creemos que el ocio es un espacio de crecimiento afectivo por todo lo que puede ocurrir: la responsabilidad que cada uno asume; las charlas de contenido informal sobre aquello que es anecdótico o banal; el contacto a través del juego y el deporte; la expresión de intereses desde el ambiente informal; el lenguaje sencillo conectado a las tradiciones familiares y culturales; y la descomplicación frente al cambio de condiciones. Es posible que frente al criterio de productividad de nuestra sociedad capitalista o un enfoque desviado de la pobreza, haya desacuerdo sobre los tiempos de ocio, pues bien, éste será el primer trabajo de concertación comunitaria, que todos comprendan el beneficio que tiene para la misma comunidad. Detrás de la negativa de algún miembro a no participar en los tiempos ocio, está también la negativa a compartir con la comunidad, a fortalecer lazos fraternos y a crecer afectivamente.

5.7 LA SOLEDAD No podríamos acabar sin hacer mención a una realidad que se da en la persona en
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cualquier estado de vida por el cual opte. Algunos sociólogos han hablado de la soledad como la gran paradoja del cambio siglo. Nunca antes el hombre había tenido tanto medios para comunicarse con los demás -la lista se haría interminable de todo lo que la tecnología pone a disposición- y nunca antes el hombre se ha sentido tan solo. Aquí aparece el verbo «sentirse» sobre el cual hay que hacer una diferencia a la hora de verlo desde el lente existencial. Porque una cosa es «estar» solo y otra es «sentirse» solo. La primera categoría alude a una situación espacio -temporal donde nuestra razón enfoca a un individuo que ha tomado la decisión de no entrar en contacto con otras personas o establecer relaciones con ellas, ya sea de forma temporal o definitiva. Puede ser visto como una exterioridad. La segunda categoría se propone como un estado que surge de los más profundos de la persona y se ubica como un sentimiento -por demás terrible cuando no se quiere- que hace del hombre un individuo aislado de y por los demás y su entorno. Es una vivencia interior. Nos vamos a referir a la segunda categoría hablando de la soledad y lo que ésta implica para el hombre religioso.

En principio todos estamos llamados a dar la vida como dinámica de nuestra realización o morir en nuestra propia autodestrucción. Es en este dualismo donde aparece la soledad pero la diferencia está en la forma como es asumida en uno u otro sentido. Es posible sentir la soledad inclusive dando la vida por los demás porque no estamos exentos de las tentaciones propias de la naturaleza humana; pero, mucho más cuando la vivimos como fruto de nuestras «actuaciones de muerte». Explicando un poco más lo anterior detengámonos en otra paradoja, la del religioso que se entrega día a día a su oración, a su comunidad y a su apostolado y, a pesar de todo, llega a sentirse solo porque ve que no participa de la «visibilidad» de la fertilidad, es decir, se siente como estéril frente al mundo. Es obvio que esta manera de ver las cosas responda a una lectura reducida o desviada de lo que Erikson llamó generatividad. Esta va más allá del ejercicio genital y de engendrar hijos. Tiene que ver con la participación en el desarrollo de las nuevas generaciones. Pero no son pocos los que permanecen en esta forma de ver la crisis y por eso deciden abandonar la vida consagrada para establecer una relación de pareja donde la generatividad sea concretada en un acto procreativo.

Aunque no termine de esta manera, la paradoja es vivida en determinados tiempos como un sin-sentido. Es algo así como: «Cómo es posible que me sienta solo cuando vivo en la misma casa con tantas personas a las cuales llamo hermanos». Es posible que esto lleve a una revisión más profunda de las razones que provocan tal

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sentimiento o un análisis por parte de la misma comunidad que detecta este síntoma en uno o varios de sus miembros y, por tanto, se fortalezcan estrategias de encuentro entre sí. Pero, también es posible que se intensifique el sentimiento de soledad en dicho individuo y se dé un canal que sirva de escape a tal situación.

La soledad puede ser sutil o inconcientemente buscada. Hay quienes no aceptan que sea el resultado de aquellas situaciones que arriba hemos llamado «de muerte» porque miradas aisladamente guardan para sí mismas algo de bondad. Como por ejemplo, la tendencia al paternalismo en donde el religioso «adopta» a una persona necesitada en lo material o lo espiritual y forma una relación simbiótica y dependiente que más adelante, cuando se rompe, da lugar a un vacío y un sentimiento de traición. En otros religiosos la soledad puede ser buscada como refugio, defensa, coartada o gratificación. Refugio como estado en el cual se hace escape de la maldad del mundo que se encuentra en las personas, mas si son del sexo opuesto. Defensa por similar razón y por el miedo a establecer relaciones en donde se ponga en juego el conocimiento propio, la amistad, el compromiso, la donación de sí mismo o simplemente la inseguridad como síntoma de un complejo de inferioridad. Coartada y gratificación como manera de llamar la atención de aquellos de quienes se quiere obtener una «comprensión» o una caricia. Como esto es inconsciente hace que el religioso no lo acepte, antes bien, le busque una justificación. Si seguimos hacia una zona que no sea de penumbra como esta, podemos decir que la soledad también es el resultado de buscarla conscientemente, mejor dicho, de saber con claridad que va a ocurrir por abandono, marginación, repulsión o indiferencia. En la vida cotidiana podemos encontrar su representación fácilmente. Pensemos en los religiosos que son sacerdotes y ejercen su ministerio con un interés metálico. Al final, los fieles lo van a ver como un funcionario al cual se le ha contratado por un servicio. Esto crea el imaginario en las personas «No te necesito, no te llamo». 0, los religiosos educadores que han reducido su ministerio a cumplir un horario y dar unas clases de religión. El trato hacia los alumnos es como el de un maestro más en donde el rigor académico es más importante que la realidad humana. A un religioso así no acuden los alumnos. 0, si se quiere, miremos un ejemplo de la vida comunitaria y pensemos en aquel religioso que nunca tiene tiempo para las actividades de comunidad por estar ocupado con los libros o la TV y sus hermanos se han acostumbrado ya a su constante negativa a cualquier proposición y, por eso, en adelante no lo invitan más. Estas y muchas otras situaciones no son extrañas porque se pueden constatar en la vida religiosa.

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Junto con la soledad -hemos dicho- va la esterilidad. Este binomio puede ser detectado según para donde fluya la corriente. Podemos decir que hay un paso de la esterilidad a la soledad cuando el hombre se ve abocado a buscar compensaciones afectivas. Es la tendencia simbiótica y el afán de generar dependencia lo que lo conduce a una crisis afectiva y sexual porque siempre habrá movimiento de ruptura por parte de los otros (a menos que asuman las consecuencias de este juego). Pero, también podemos decir que hay un paso de la soledad a la esterilidad cuando vemos a un religioso que se limita a cumplir las normas, la regla es vista como conjunto de preceptos que deben ser cumplidos y en la observancia está su omnipotencia. Su seguridad está en no traspasar los límites. Se le ve frío en su exterior y, sin embargo, podría estar abrasado en su interior. De todas formas y en cualquiera de estos dos movimientos, una soledad así es un síntoma de inmadurez afectiva. Dependencias afectivas y quizás formas larvadas de misoginia, incapacidad para vivir la soledad, temor posiblemente inconsciente a la relación de amistad, relaciones humanas ambiguas o poco claras, tendencia a ver siempre el peligro o el demonio en los demás, son manifestaciones de inmadurez afectiva que hay que poner a la misma altura a pesar de sus muchas diferencias85. Ahora bien, hasta aquí la soledad puede ser vista como un enemigo del cual hay que huir o por lo menos no demostrar frente a los demas. Ya dijimos que la soledad no es el problema, sino lo que la origina, la manera como la vivimos y las consecuencias. Dar una fórmula para evitarla sería una seudoverdad. La soledad es inherente a la naturaleza humana y por eso, siguiendo la propuesta gestáltica, cuando la curva experiencial alcance su más bajo nivel debemos ayudarnos para emerger tomando para nosotros lo mejor que ella nos puede aportar. No es por nada que los hombres espirituales afirmen que en la soledad se conoce el amor de Dios porque en ella se aprende a defenderse por sí solos, a no crear dependencias afectivas y tener una total intimidad con Él. La soledad es la experiencia necesaria para entablar relaciones y amistades cordiales, y estar abierto al don del otro, sin poseerlo. La soledad es maestra y en las circunstancias más convulsionadas puede ser un oasis donde se toman un «algo» vital que permite seguir la marcha. Por último, la soledad puede ser un llamado, sí", el Ilamado a amar a una persona viva, no a enamorarse de una idea. La sexualidad en la persona es una fuerza que lo lleva a relacionarse con alguien semejante y solo revela todos los dinamismos y
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CENCINI. Amedeo. Por amor con amor en el amor. Libertad y madurez afectiva en el celibato consagrado. Madrid: Atenas, 1996. p.914

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toda su riqueza cuando se vive dentro de una relación totalmente interpersonal86. No olvidemos que el religioso opta por Alguien y cobra su rostro en el mundo de los otrosalguien.

CONCLUSIÓN DOS monjes en peregrinación llegaron a la orilla de un río. Allí vieron a una joven vestida con mucha elegancia. Era evidente que no sabía qué hacer, ya que el río estaba crecido y no quería arruinar su ropa. Sin vacilar, uno de los monjes la cargó sobre su espalda, cruzó el río y la dejó en la orilla al otro lado. Luego, ambos monjes continuaron su camino. Pero, después de una hora, el otro monje comenzó a lamentarse diciendo: "Ciertamente no está bien tocar a una mujer. Tener contacto cercano con mujeres va contra los mandamientos. ¿Cómo pudiste ir en contra de las reglas de los monjes? El monje que había cargado a la joven siguió caminando en silencio hasta que finalmente señaló: "¡Yo la dejé junto al río hace una hora. Eres tú quien todavía la traes contigo!"(Del budismo Zen). El ser humano está llamado al amor y éste es el camino que lo llevará a su propia realización cualquiera que sea su estado de vida. Amar es un ejercicio y un aprendizaje. Desde que el niño se encuentra en el vientre materno se van dando las disposiciones para amarse a sí mismo, a los demás y a Dios, éste es el imperativo existencial cristiano. No se puede amar a Dios sin antes haber aprendido a amarse y amar a los otros. Es tarea del religioso formador brindar los espacios y los recursos para que los jóvenes formandos puedan descubrir cuánto se aman, cuánto aman y cuánto se sienten amados. Además, los jóvenes que comienzan su vida consagrada deben reconocer el camino que les queda por recorrer. Aunque el amor sea un aprendizaje también es un don que recibimos de Aquel que es amor y nos lo ha comunicado desde el principio. Por eso, el hombre o la mujer que pretende vivir en el celibato consagrado no debe dejar de pedir instantemente a Dios esta gracia porque al lado de la voluntad humana también se necesita de la fortaleza que da la gracia divina. El mundo necesita personas que hayan sido capaces de integrar su sexualidad a su afectividad, lo mismo que necesita de religiosos y
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Cfr. Ibíd.,p. 906

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religiosas que, habiendo logrado esto en su propia opción, reflejen alegría, equilibrio y transparencia en su forma de ser para que el mundo vea que es posible llegar a la realización dentro de la vocación religiosa, o mejor todavía, que ésta tiene sentido.

Finalmente, queremos enfatizar una vez más sobre la importancia que tiene la afectividad dentro del proyecto personal de vida del religioso. Es necesario vivirla porque ella misma es expresión de la sexualidad que, a su vez, es una dimensión inherente a la naturaleza humana. Negarla es una posibilidad, pero sus consecuencias tienen un costo muy alto para la vida misma. Al religioso le corresponde la tarea personal y permanente de integrar su sexualidad sabiendo que cuenta con los otros para lograrlo.

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Anexos
Anexo 1
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MI MAPA CORPORAL Autoimagen Estimado formando: El presente instrumento pretende ayudarte a reconocer la imagen que tienes de ti mismo partiendo de la corporalidad. Por eso, te invitamos a señalar las partes de tu cuerpo con las cuales te sientes a gusto escribiendo un signo positivo y con las cuales no te sientes a gusto escribiendo un signo negativo. En el espacio en blanco trata de escribir las razones. Como actividad complementaria (utilizando otro color) recuerda tu adolescencia y señala los cambios de tu cuerpo que fueron positivos y los que fueron negativos (adjunta alguna nota explicativa).

Anexo 1-b MI MAPA CORPORAL Autoimagen
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Estimada formanda: El presente instrumento pretende ayudarte a reconocer la imagen que tienes de ti misma partiendo de la corporalidad. Por eso, te invitamos a señalar las partes de tu cuerpo con las cuales te sientes a gusto escribiendo un signo positivo y con las cuales no te sientes a gusto escribiendo un signo negativo. En el espacio en blanco trata de escribir las razones. Como actividad complementaria (utilizando otro color) recuerda tu adolescencia y señala los cambios de tu cuerpo que fueron positivos y los que fueron negativos (adjunta alguna nota explicativa).

Anexo 2 MI CUERPO HABLA DE MI Autoimagen
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Estimado(a) formando: En el ejercicio siguiente vas a tratar de descubrir lo que expresa tu corporalidad de ti mismo(a). Para ello te proponemos diez partes o acciones de tu cuerpo que aparecen en la primera columna. Entonces: 1o. En un primer tiempo, de manera personal, vas a completar la pregunta que aparece a continuación con cada una de estas partes. La respuesta la escribes en la primera columna. Evita racionalizar la respuesta. 2o. En un segundo tiempo vas a pedirle a un compañero que se haga la misma pregunta con respecto a ti y que escriba las respuestas en la tercera columna. Para esta parte dobla la hoja de tal manera que lo que has escrito no sea visible a tu compañero. 3o. En un tercer tiempo, despliega la hoja y compara las respuestas. Espera las demás instrucciones de orientador.

“¿Qué dice(n) mi(s)… acerca de mí?” 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. Cabello Ojos Boca/labios Manos Brazos Pecho Piernas Constitución Física 9. Manera de Sentarme 10.Manera de Andar ________________ ________________ ________________ ________________ ________________ ________________ ________________ ________________ ________________ ________________ ________________ ________________ ________________ ________________ ________________ ________________ ________________ ________________

Anexo 3 YO SOY MI HISTORIA PERSONAL

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Estimado(a) formador: A continuación encontrarás una rejilla que te ayudará a recuperar tu historia personal teniendo en cuenta tres elementos básicos: los acontecimientos, las personas y la repercusión que dichos acontecimientos tuvieron en tu vida. Y esto a lo largo de las diferentes etapas por las que has pasado. Si el espacio es insuficiente puedes anexar una hoja. Etapa ACONTECIMIEN TO descripción, lugares y fechas PERSONA S que tuvieron lugar REPERCUSIÓ N EN LA VIDA Consecuencia s

INFANCIA Y NIÑEZ TEMPRANA 0-3 años EDAD DEL JUEGO 3-6 años EDAD ESCOLAR 6-12 años ADOLESCENC IA 12-17 años JUVENTUD 17-25 años

Anexo 4 AUTOESTIMA Y VIDA COTIDIANA Gráfica de incidencia
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Estimado(a) formador: De acuerdo con el concepto dado sobre la autoestima, te invitamos a hacer un ejercicio en dónde vas a tratar de “vivenciar” una serie de situaciones que ocurren en la vida de las personas y que de alguna manera afectan –afectarían- negativa o positivamente tu autoestima. Escucha atentamente cada situación y rellena la columna del número correspondiente hasta el grado que tú consideras como el nivel de incidencia o afectación que has tenido al vivir –si vivieras- dicha situación. Primero trabajaremos las situaciones negativas (del eje horizontal hacia abajo) y luego las positivas (del eje horizontal hacia arriba). Escala positiva
10 9 8 7 6 5 4 3 2 1 1 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 2 3 4 5 6 7 8 9 10

Escala negativa

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Anexo 5 DESCUBRIENDO VALORES Trabajo con caricaturas

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Anexo 6 DESCUBRIENDO VALORES Trabajo con caricaturas (2)

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Anexo 7 EL ÁTOMO SOLAR Ejemplo de una hoja de trabajo

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