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PRESIDENCIA

Nuestro Patrimonio

Artículo publicado en ―El Informador‖


De Guadalajara, Jalisco
Diciembre del 2005
María Luisa Armendáriz

Hace unos días recibí un correo electrónico de un amigo sobre la


situación de nuestro patrimonio arquitectónico en San Cristóbal de las
Casas. Mi amigo está convencido de que vivimos en una ciudad que
sufre una contradicción de locura: contemplamos la destrucción de
nuestro patrimonio sin que apenas se levanten voces de protesta al
tiempo que permitimos la construcción de una nueva ciudad en las
afueras moderna, con fachadas seudo coloniales y cerramos los ojos
ante la deforestación de los cerros, la conversión de nuestras
principales plazas en tianguis, el deterioro de nuestros ríos y manto
acuífero, la invasión de zonas de reserva ecológica, la conversión de
montañas en minas de arena y el deterioro de nuestros principales
monumentos. Luego de contemplar algunas fotografías de Gertrude
tomadas en la Calle Real de Guadalupe, mi amigo había exclamado
con un suspiro: ―¡Qué bonito era San Cristóbal!‖.
Muchos otras ciudades de la República podrían pronunciar, por
ejemplo ―Qué bonito era Zacatecas‖, o Oaxaca, Morelia, Mérida,
Antigua, Tlaxcala, Comitán, San Luis Potosí, San Miguel de Allende,
Guanajuato o Taxco. Todas esas ciudades han logrado que su
patrimonio arquitectónico se convierta en su principal atractivo al
tiempo que han mantenido durante muchos años un proyecto de
restauración permanente en el que se interesan los gobiernos y se
involucra a otros actores empresariales, sociales o municipales. En
programas a largo plazo, muchas de estas ciudades han logrado
rescatar y proteger su patrimonio arquitectónico. Me resulta
aberrante que encontremos las fotografías del viejo San Cristóbal y
las veamos con tristeza y melancolía.
Mi amigo está muy preocupado porque se enteró de que San
Cristóbal ya no puede intentar ser declarado Patrimonio de la
Humanidad por la UNESCO, al haber permitido la destrucción y
deforestación de su entorno. Le he dicho que en San Cristóbal
debemos tener la conciencia tranquila pues hemos empezado a

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revertir el proceso sobre una batalla perdida en las décadas sesenta y


setenta cuando, inevitablemente, bajamos la guardia. Él me
respondió: ―En San Cristóbal, María Luisa, esto es absolutamente
falso, estamos ante el umbral de la desaparición, deterioro y
desfiguramiento de nuestro pueblo; en esto no exagero, es verdad‖,
remata su carta.
Estas palabras expresan el desahogo que compartimos algunos
sancristobalenses. No sólo no somos capaces de hacer la ciudad que
tantas veces soñamos, sino que en este tiempo de la Cultura de la
Rehabilitación Urbana (si viajamos nos daremos cuenta de cuánto
han logrado otras ciudades), San Cristóbal continúa dejando destruir
o pone en peligro su patrimonio arquitectónico sin hacer nada
efectivo para remediarlo: conocemos voces más autorizadas que en
privado afirman que en los últimos años se está produciendo una
destrucción mayor que la perpetrada en las décadas sesenta y
setenta, cuando muchas de las casas de San Cristóbal fueron
demolidas, muchas calles antes empedradas fueron pavimentadas y
muchas fachadas fueron modernizadas. ―La de ahora –afirman—es
una destrucción más sutil, más disfrazada, pero más intensa y
definitiva‖.
Ante este fenómeno, sólo es posible que realicemos un plan a largo
plazo para la conservación de nuestro patrimonio y nuestro entorno,
un programa eficiente de protección patrimonial. Hemos esperado
muchos años que este programa lo presenten y ejecuten las
autoridades. Es necesario implementar un pacto entre los distintos
actores que permita revertir el proceso de deterioro de nuestra
Ciudad.
El criterio urbanístico de San Cristóbal es radicalmente contrario a las
políticas de protección del patrimonio arquitectónico. Otras ciudades
―compensan‖ el sobrecosto de conservación como valor social,
mediante el apoyo de la Administración Pública con subvenciones,
compensaciones urbanísticas, deducción de impuestos locales u otro
tipo de ayudas. Dichos apoyos se aplican para el uso de materiales
tradicionales de construcción –teja y adobe en vez de lámina y block-
-. Otros programas pueden impedir la seudodivisión de antiguas
casas y fachadas. En otros países se aplican apoyos en el aprendizaje
de oficios tradicionales, como la herrería, la alfarería de construcción,
la ebanistería o la carpintería.

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No podemos resignarnos a buscar los archivos fotográficos para


buscar el rostro del San Cristóbal perdido ni asumir el discurso
catastrofista o reaccionario de que poco importa ya, nada se puede
hacer. La elaboración de un nuevo plan general y un proyecto de
edificios para conservar, consensuado por todos los grupos
municipales y fuerzas sociales, es la oportunidad de llegar a un gran
acuerdo ciudadano que detenga el proceso de deterioro. No entiendo
cómo no somos capaces de intentarlo.

María Luisa Armendáriz


San Cristóbal, Diciembre del 2005

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