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H,permedia
P.
Quéau,
Lo virtual
G. P. Landow, Hipertexto
George
P. Landow
Hipertexto
La convergencia
de
contemPoránea Y
la
1,.
2.
la teoria
cútica
tecnología
C$f,UeI0
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EL C0LEGI0
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PaidÓs
Barcelona-Buenos
Aires-México
Bibliotscs Dariel Cosio Yillegas
Inventario 2007
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Título original: Hipertext. The convergence of contemporary critical the-
ory and technology
Publicado en inglés por The Joh¡s Hopkins University Press
Traducción de Patrick Ducher
Cubierta de Mario Eskenazi
1." edición, 1995
Quedan
rigurosemcntc prohibidas, si¡ la autorización cscrita dc los titul¿¡cs dcl «Copyriglrt», bajo las
s¿ocioncs establecidas en las lcyes, la rcproducción totd o parcid de csta obr¡ por cualquier método o
procedimiento, comprendidos la reprografh y d tretamicnto inforrrático, y l¿ distribución dc eicmplares
de dla mcdirntc dquilet o préstemo públicos.
t992 by The
Johns
Hopkins University Press, Baltimore y Londres
de todas las ediciones en castellano
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Mariano Cubí, 92 - 08021 Barcelona
y Editorial Paidós, SAICF,
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Depósito legal: B. 40.27 4-L995
Impreso en Gráfiques 92,5.A.,
Torrassa, 108 - Sant Adria de Besós
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Sumario
Agradecimientos
.
1, El hipertexto
y la teoría c¡ítica'
-
-'
¿Un
berrida hipertextual?
¿Un
Ne1son
posestructura:
lista?
Vannevar
Bush
Y
el Memex .
' '
Definición
del hipertexto
y su historia como concepto.
Otras convergencias:
intertextualidad,
diversidad de
Texto virtual, autores virtuales e informática
literaria
El mod.lo no lineal de red en la teoría crítica actual'
¿Causa
o convergencia? ¿Influencia
o confluencia?
'
Ánalogías con la revolución de Gutenberg
'
r)
t3
1,4
L9
26
)1
)7
42
45
47
5L
5L
59
6r
2. Reconfigutar
eI texto.
Del texto al hipertexto
problemas
de ierminol ogia:
¿Qué
es el objeto que lee-
mos?
¿Qué
es el texto en hiPertexto? ' :
Texto verbal
Y
texto no verbal .
TextodisPerso
. . - .
Transliteración
hipertextual
de la c-ultura del escriba o
el manuscrito
electrónico
Argumentación,
organización
y retórica
'
Principios
y finales en el texto abierto'
'
tor láit., d.l texto abierto .
La categoría del texto, la categoría en el texto
El hipeltexto
y eI descentrar; Íundamentos
filosóficos
.
). Reconfigurar
al autor
75
78
79
81
86
92
95
95
Erosión de laPersonalidad
ir.
'4:...,'
,
t0
HIPERTEJCTO
Escritura en colaboración, autoría en colaboración
Ejemplos de escritura en colaboración con Intermedia
4. Reconfigutatlanarrativa .
l3L
El hipertexto y la concepción aristotélica de trama DL
Principios y finales en la narrativa
140
Afte,rnoon, de MichaelJoyce: la experiencia del lector
como autor
Cómo escribo este libro.
Presencia virtual.
Amenazas y promesas
Recontigurar aI estudiante.
Reconfigurar el momento de estuüar .
:
.
Reconfilurar las tareas y los métodos de evaluación .
Ejemplos de estudio en colaboración con Intermedia .
Redefinir la materiay los planes de estudio
iQué
posibilidades tiene el hipertexto en la enseñanza?
6. La política del hipertexto:
¿Quién
controla el texto?.
Oraciones hechas realidad, o la política de la resistencia
-
Lamarginación de la tecnologíay el misterio de la lite'
ratura.
Las políticas de determinadas tecnologías
El hipertexto y la política de la lectura
La visión política del hipertexto, o el mensaje del medio
La política del acceso.
Acieso al texto y derechos de autor
(Copyright)
-7.
Condusión abierta o fin de la ttansmisión
Agradecimientos
Qoisiera
agradecer al personal, tanto actual como antiguo,
del Institute for Research in Information and Scholarship
(IRIS)
de la Universidad Brown, y sobre todo a su director y fundador:
Villiam G. Ship p y a los actuales codirectores: Norman K. M.y-
rowitz y Marty
j.
tUi.frel Nicole Yankelovich, coordinadora de
ptoy..io en el IRIS en las fases tempranas de desarrollo y de aPli-
iación de Intermedia, y Paul D. Kahn, coordinador de proyecto
durante Dickens Veb y otros proyectos posteriores de Interme=
dia, hicieron gala de una gran inventiva, amabilidad y buen hu-
mor, incluso á 1o. t ro*.t tos de crisis, y Io mismo puede decirse
de
Julie
Launhardt, la asistenta coordinadora de proyecto. Tood
VÁderDoes y Larry Larrivee, ingenieros de las instalaciones del
IRIS, aseguraron el buen funcionamiento del equipo
(bar&ttare y
softusare) en circunstancias de continuos cambios.
-
A partir de 1988, cuando el Departamento de Servicios Infor-
máticos de la Universidad Brown asumió la responsabilidad del
Iaboratorio de fntermedia, fue gracias a 7a Tabor de Steve Andra-
de, Chris Chung y Vic Nair que pudimos aplicar Intermedta ala
enseñan z^ y a la investigación. Estoy especialmente agradecido a
mis. ayudantes de investigación, licenciados o no, por su gran en-
r; tuslasmo, y en partivular a Randall Bass, David C. Cody, Kathryn
,,,rStockton, Shoshana M. Landow y Gary §Teissman, así como a
,.:.mis
estudiantes de Ia Universidad Brov¡n. El desarrollo de Inter-
,,.media fue parcialmente financiado con aportaciones y contratos
i'
de International Business Machines, de Apple Computer y de la
"..-t
.,
r.0l
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153
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203
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205
2LO
218
221,
»0
243
251
Índi.. .nalítico. 279
it
I
L2
HIPERTE}CTO
Annenb erg/Corporation for Public Broadcasting Project, y les
agtadezco este apoyo.
Asimismo, expreso mi gratitud a muchos colegas y estudian-
tes que compartieron conmigo sus trabaios: Stuart Moulthrop,
que me prestó su versión en Storyspace de <<Forking Path»>
,
y
J.
David Bolter, Robert Coover, Terence Harpold, Paul D. Kahn y
G"ry Marchionini, que me dejaron ver los borradores o las pri-
meras versiones de sus escritos. También quisiera dar las gracias a
'§üilliam
Crossgrove, Shelia Emerson, §7illiam Keach, Neil Laza-
rus,
J.
Hillis Miller, Elli Mylof,iás, Allen Renear, Ellen Rooney,
Gregory Ulmer y a los miembros del CHUG, por sus conseios y
estímulo.
También debo mucho al personal de la editorial
Johns
Hop-
kins lJniversity Press, y sobre todo a Eric Halpern, eI director de
edición, que fue lo bastante abierto para entusiasmarse por un
proyecto que otros directores de edición en otras editoriales en-
contraron demasiado'extaño o incluso ininteligible. Anne §íhit-
more, mi asistenta de edición, sabe cuánto debo a su tara combi
nación de conocimientos, rigor y escepticismo y quisiera dejar
bien claro
9ü€,
si este libro tiene algún tipo de gracia, claridad o
precisión, es en gran parte gracias a ella.
Jim Johnston
y Glen Bu-
rris, de diseño y producción, tienen el mérito de haberse atrevido
a emprender algo'nuevo de un modo distinto.
y,
firrdro.rr"r., he de agradecer el apoyo y el estímulo de *i .t-
posa Ruth y de mis hijos, a quienes dedico este libro., Durante
años, han escuchado, con entusiasmo y comprensión, mis apasio-
nados alegatos sobre nexos, trama§, lexias, §fleb Views y otros ar-
tilugios de seguimiento. De todos los agradecimientos que la es-
critura de este libro ha motivado, éste es el que más me complace
expresar.
1. El hipertexto
y la teoria crítica
El problema de la causalidad. No siempre resulta fácl, deter-
minar lo que provocó determinado cambio dado en una ciencia.
¿Qué
hizo posible tal o cual descubrimiento? ¿Por
qué apareció
se concepto nuevo?
¿De
dónde surgió esta o aquella teoría? Es-
ms pfeguntas suelen resulrar muy
gmbarazosas
ya que no hay
Print
cipio, t.,odológicos en1os
eug
fund-amentar el análisis. La difi-
cultad es aún rnayor en el caso de cambios
generales que afectan a
:
toda una ciencia. Y más aún crrando se producen diversos cambios
relacionados enrre sí. Pero la dificultad máxima se da en el caso de
las ciencias empíricas: por un lado, el papel de los instrumentos,
técnicas, instituciones, acontecimiéntos,
intereses e ideología re-
:
sulta muy evidente, pero no se sabe cómo funcíona realmente una
articulación de cornposición tan complelay variada.
lvftcnel- Fouclu¡-r
1
Tbe Ord'er of Tbings
¿un
Derrida hipertextual? ¿un
Nelson
posestructuralista?
Cuando los diseñadores de programas informáticos
examinan
las páginas de Glas o de Of Giammatology (De la gramgtología),
se encuentran
con un Derrida ügtal:r;ado e hipertextual;
y, cuan-
do los teóricos literarios hoiean Literary Machine-§, se encuentran
con un Nelbon posestrucruralista
o desconstruccionista.
Estos en-
cuentros .h".átes
pueden darse porque durante las últimas dé-
cadas han ido .on r.tgiendo dos campos del saber, apafentemen-
te sin conexión ulgun a: la teoría de la literatur a
t¡ el hipertexto
informático.
Las d-eclaraciones
de los teóricos en literaturl
y del
frip.*.rto han'ido convergiendo
en un grado no-table. Trabaian-

^
menudo, aunque tto ti.-Pfe, en completo desconocimiento
unos de otros, los
i.nt"dores
de ambos campos nos dan indica-
ciones
que nos goát, en medio de los importantes cambios
que
están oCurriendó, hast a el episteme contemPoráneo'
Me atrevería
a decir que se está
Produciendo
un cambio de paradiry" en los
escritos á"Ju.q.res berri d^y de Theodor I'{elso{r, y los de Roland
Barthes y á. Andries van Dam. Supongo que aI menos un nom-
EL HTPERTEXTo
Y 1A TEoRÍA cnfr¡ce
L5
r4
I{IPERTE)CTO
bre de cadapareja Ie resultará desconocido aI lector. Los que tra-
bajanen el .r*pt de los ordenadores conocerán bien las ideas de
Náko¡ y de ,r* Du*; y los que se dedican a la teoría cultural es-
tarán ti*U"rtados
.ot l"t íd."t de Derri d^ y de Barthes'' Los
/
qtatro,
como otros muchos especialistas en hipertexto
y teoría cult
(
t,rr"l,
iorurl*
que deben abandonarse los actuales sistemas con-
) ..oarr¿esbasadó, .t nociones como centro, margen,
ierarquía
y li-
\
"áfi¿ad
y sustiruirlos
por otras de multilinealidad,
nodos, nexos y
i
,.d.r. Cái todos los
iarticipantes
en este cambio d9 paradigma,
I
nr.
marca una revolrr.iAt, .t a pensamiento,-consideran
la escri-
t r." electrónica como una reacción directa a las ventaias e incon-
i
venientes del libro impreso. Esta reacción tendrá profundas re-
; percusiones en la literatur a, laenseñan za y la política.
-
Los ngmerosos
paralelismos entre el hipertexto
y la teoú a ctí-
. tica presentan *rr.iot puntos de interés, de los cuales el más
importante tal vez sea el hecho de que Ia teoría crítica promete te-
,
orir^rel hipertexto mientras
que éite promete encarnar y, así, de-
i
;;Jt"r rráo, asPectos de la te-oría, tobt. todo los relativos a tex-
Itr"lid.d,
narrativa y a los papeles o funciones de lector y escritor.
Con el Lripertexto, ios teóricis de Ia cútica dispondrán, o dispo-
nen ya, d.
"t,
nuevo laboratorio donde poner- a prueba sus ideas,
además de las bibliotecas convencionales de textos impresos.
í Otro
punto fundamental es que una experiencia de la lectura en
)hipertexto,
o con hipertexto, esclarece muchas de las ideas más
(sisniticatiás
de la táría crítica. Como 1o subrayaJ. David Bolter
lJ".*plicar cómo el hipertexto encarna los conclPto¡
posestmctu-
rulirius de texto abierto: <<Lo que es antinatural en la letra impre-
sa se vuelve natural en el ámbito electrónico,
Y
muy pronto no
haúni falta decirlo, porque podrá mostrarse"''
Dice Barthes:
<<En este texto ideal, abundan las redes
(réseaux)'i
que actúan entre sí sin que ninguna
pueda imponerse
"ltj:-TU::l
este texto es una galaxia de significantes
y no una estructura
de(;
Gificados;
no tiJne
principio,
p.to sí diversas vías de acces?llT
\
q[e nirrgorr;
de ellas^pred,
."1ifi.ttse
d-e principal; los-'ódblos
J
o.r. *o.rilira se e*ti"nden
hasta donde alcance la uista;
!-93. Pde-
este texto absolutamente
plural,
ñ"t9
su número nunca está limi-
.
;;á;,
," n".
está basrdo J' h infínidad
del lenguajo>
(cursiva en
t
I
el original).'
--F---'G"<.
:., r
-
_*^
ComoBrrtho,,pffir"""..il'gsgg"ibe.,el..texto-en-f,'ormade
,
"..d;;dñ
".l"-Á,li*pss¡X"i@:,afirma
que <<las fronte-
*i
s."r¡áa-riuro
n ñEáffi-.rairi"éññá
detinidas>>,
y2 que se en-
L§ü.],-,
"
rrii"pado en un sisrema de referencias
a orros libros, otros
'
+rni."r*, otras frases: es un todo dentro de r¡na red"' una red de refe-
-";.".#;.?
Co,,,o todos los estructuralistas
y posestructuralistas,
á ffiil; v
Foucault
describen
el texto, el mundo
de la literatutd,
Y
§
il;;:í""o
a. poder y categoría qu9
implican, en términos
que
;r"rbi¿"
n".d;
áfti.rÁ
d.^mpo
áa
blr"rqxtllxformático'
Hpglexto,
eipr.qion
u.rr¡á+
eerÉ:,"-Jelr{-§elson
en los
"'
,
.ñ".r_Gnta,
se f"fi"r.
a un tipo de textó electrónico,
una tecno.
modo
de edición. Como á1 *ir*o lo expLica:
<<Con "hiptÍ.tlt6'r'
i
'
;;;fi"r
o a una esuitura no secuencial,
a un texto
que bifur:3'
i
,
gue permite
que el lector elija
y q*g ,. Í., meior en una pantalla i
.
i.t.ru.tiá-d"l.rr"rdo
con Í"
"".iAn
popular, se ttat^ de una se-
'
',
rie de bloqrr.,
de texto conectados
enti..;l8ol
l."lt:
1".-1"::i
áf;;;
itinerarios
para el usuario>>.'
El hiptrtexto,
término
q,r. ,.gui;;;r
utilizando
a lo largo de esta obra, implica un tex-
to comp.r.rá
á. fragmentos
de t.*to
-1o
que Barthes
denomina
lexias-y
1,rr rr"""t Étectrónicos
que los conectan
entre sí' La ex-
,
;;¿"
i;[n*rd,ia
simpl.emente
e- xtiende
la noción
de texto hi-
: i"r*6
de información.
Puesto
que el hipertexto,
al poder conec-
:
tar un p".ui; i. di,*rso verb I a imágenes'
-4-11',
*-*:*:¿
:Lffi".tri;.:ilrt."re
como , árto ft"[m.t io
.vá¡bal, .expande
1a
noción
d. t"*tf-Áit
,llade 1o meramente
verbal, no haré la dis-
Definición del hipertexto
y su historia como Goncepto
,
En S/Z,Roland Barthes describe un ideal de textualidad que
coincide exactamente con lo que se conoce como hipertexto elec-
;
rónico, un texto compuesto de bloques de palabras
(o
de imáge-
i
n.s) electrónicamentá unidos en múltiples trayectos, cadenas o
,
recorridos en una textualidad abierta, eternamente inacabad^
y
'
descrita con términos como nexo, nodo, red, trarna y trayecto,
i
d;:*
:;:: lE:::::-lf"":-:* :;,?::!3,i?::"'
Pues' -'
I
t.¿?.,
,r,
Iete*re
;;r *É¿i" informáti.o
qrr. relaciona
información
tanto
I
,1.' /
i
)
I
t7
L6 BL HrPERfExro Y tA TEoRfA cnÍuce
verbal como no verbal. Los nexos electrónicos unen lexias tanto
<<externas>> a una obra, por ejemplo un comentario de ésta por
otro autor, o textos paralelos o comparativos, como internas y así
crean un texto que el lector experimenta como no lineal o, mejor
di.t
o, como multilineal o muliisecuencial. Si bien los hábitos de
¡{L.t:ura
convencionales siguen válídos dentro de cada lexia, una
{ \r,
que se dejan atrás los oscuros límites de cualquier unidad de
fexto,
entran en ügor nuevas reglas y experiencias.
\
-
El típico artículo académico de humanísticas o de ciencias
'filustra
perfectamente las nociones subyacentes de hipertexto
j
como texto que se lee secuencialmente. Por ejemplo, en el caso de
i
un artículo sobre Ulises de
James Joyce,
uno va leyendo primero
í
1o que convencionalmente se conoce como texto principal y se va
\
encontrando números o símbolos que indican la presencia de no-
i..
\ ¡"r,a
pie de páginao alfinal de la obra; uno-deja entonces el tex-
\ Ias,
a ple de págrnao al. tmal de la obra; uno de¡a entonces eI tex-
,,'/ro
principal para leer dichas notas, gu€ pueden contener una cita
, V\,
de un pasaje deUlises que supuestamente apoya el argumento en
''/
j
cuestión, o bien datos sobre. agradecimientos o discrepancias del
autorcon otros escritores, etc. Las notas tarnbién pueden conte-
ner información acerca de otras fuentes, influencias y paralelis-
irnos con otros textos literarios. En cada caso, el lector puede se-
;guir la conexión y salirse por completo del primer artículo. Tras
Ieer la nota, o mirarla y decidir que una lectura completa no pro-
cede por el momento, vuelve al texto principal y sigue leyendo
,
hasta encontrar otra nota y volver a dejar el texto principal. Este
i tipo de lectura constituye la experiencia básica y el pqnto de par-
:tida
del hipertexto. Imaginémonos que uno pueda simplemente
-.locar
la página donde se encuentra el símbolo de la nota, referen-
cia o anotación para hacer aparecer instantáneamente el conteni-
do de la nota o incluso el texto completo, en este caso Ulises en-
tero, aI que alude la nota. Los artículos académicos se sitúan en
un campo de relaciones que, en su gran mayoría, perrnanecen
ocultas en el caso de los textos impresos y relativamente difíciles
de seguir por encontrarse físicamente lejos de sus referencias. En
cambio, el hipertexto electrónico facilita muchísimo el segui-
miento de las referencias índividuales así como la navegación por
todo el campo de interrelaciones, que también se vuelve muy evi-
( d.nt.. Este cambío en la facilidad pmaorientarse en ese contexto
{
y
"...der
a las referencias individuales
1[g_cj1
:l*:41g9-n!e*
_tanto
la experiencia de la lectura como la n-aturaLeza de 1o leído. Por
-ffif6A
¿i¿Uó;itl;üó l-6;ré
¡óyó.
r! ántó nrtaiá-en un sistema
de hipertexto
que tuviese nexos con todo el material citado
,
pas?'
ría aior*u, p".t" de un sistema mucho más extenso, en el que
Ja
totalidad
poáría resultar más importante que el documento indi-
,id,r¿t el artículo se encontraría ánton.es mucho más entrela2ado
a[ contexto
que su homólogo impreso
Como ,. ,., el.!rrnS$e.X.J.9 difumina las fron!-gtas e.nlre lector y
''
tr.
¿,escltor
y con ello
1ii"sát,
otra calidad del texto ideal de Barthes.

1; luz'de 1o, .rirbios actuales en informática, la distinción de
'Barthes
entre texto de lector y texto de escritor coincide con la
distinción entre los textos basados en la tecnología de la impren-
tay elhipertexto,
ya que este último alcanza
el objetivo de la obra literaria
(o
de la literatura como obra), que
.orrrirt. en hacer del lector, no un consumidor sryo-un
productor
del texto. Nuesffa literatura se caracteríza
por el despiadado di-
.
vorcio que la institución literaria mantiene entre el productor del
texto y su usuario, entre el propietario y el cliente. El lector se en-
cuentra sumergido ...rrr, .tpicie de ociosídad, es intransitivo' e
incluso serzor á ,r., de funciánar
por sí mismo, en lugar de acce-
;;;;1"; agia delsignificante,
alós placeres de la escritura, se 1o
á.i"ráfo .o"o la poble [bertad de acéptar o rechazar eltexto: leer
no es más que un referéndum.
Frente al texto de escritor, se en-
cuentra rr, áorrarurio, su homólogo negativo y reactivo:
to
que pue-
á" t.r f.ido pero no escritor d té*to á. Iector. Cualquier
tei<to de
lector p,r"d" considerarse texto clásico $/2,
4)
'
Comparemos
la descripción
que hacen los diseñadores de In-
termedi",
,rro ie los más iu*ruáos sistemas de hipertexto desa-
.i"U"¿"s hasta la fecha, del lector activo que el hipertexto requie-
re y crea:
Alavezherramienta Para
el escritor
y medio patael lector, los
documentos
en hipertexio
permiten a los escritores, o a grupos de
' autores, conectaidatos
entre sí, crear trayectos en un conjunto
de material afín, anotar textos ya existentes
y crear notls que re-
mitan ranto a datos bibliográficos
como al cuerpo del texto en
cuestí6n... Et lector
Pqede
pasearse pof esos textos anotados,
referidos y conectados de forma ordenada aunque no secuencial."
I{IPERTEXTO
'
Para tener una idea de cómo el hipertexto produce un texto de
lector de Barthes, examinemos cómo Vd., lector de este libro, lo le-
ería en una versión en hipertexto. En primer lugar, en vez de ma-
nejar un ejemplar impreso, lo estaría leyendo en una pantallade or-
denador. Las pantallas acruales, que no tienen la movilidad y tacto
de los libros impresos, hacen la lectura un poco más difícil. A las
personas
9u€,
como yo, suelen leer tumbadas en la cama o en el
sofá, la pantalla puede parecerles algo menos práctica. Por otro
lado, la lectura en Intermedia, el sistema de hipertexto con el que
(irabajo,
ofrece varias compensaciones importantes. Al I.er üa
TVersión
de este libro en Intermedia, Vd. podría, por ejemplo, carr--
(biar
el tamaño e incluso el típo de letra parahacer la lectura mucho
!"ar
fácil. Aunque no podríi h".", est; cambios de formá p€nfrá'
Lente paraotros lecto^res, sí podría hacerlos cuando quisierá.
,
Y, más importante aún, como estaría leyendo este hipertexto
, en una gran pantalla gráfica que muestra dos páginas atavez,ten-
dría la posibilidad de colocar varios textos unos al lado de otros.
Así, al llegar a la prímera nota del texto principal, al fhal del pa-
saje de S/Z mteriormente citado, activaría eL equivalente hiper-
textual de la referencia
(tecla,
símbolo de referencia) y ello haría
aparecer Ia nota final. La nota en hipertexto difiere de varios mo-
dos de la nota en un libro impreso. En primer lugar, se relaciona
directamente con el símbolo de referencia en vez de encontrarse
en trna lista nrimera da al final del texto principal. En segundo
lugar, una vez abierta y superpuesta al texto principal o bien co-
locada a un lado, la nota aparece como un documento indepen-,
diente, aunque asociado, y tro como una especie de texto subsi-i
diario, secundario y eventualmente parásito.
La nota en cuestión contiene la información siguiente: <<Ro-
land Barthes, S/Z,trad. Richard Miller
(Nueva
York, Hill y Wang,
L974), págs. 5-6>>.Lalextahipertextual equivalente a esta nota po-
dría incluir la misma información o, con más probabilidad, el pa-
saje citado, un fragrnento más largo o todo el capírulo o incluso el
texto íntegro de la obra de Barthes. Además, este pasaje podría
servir a su vez de nexo con otras declaraciones de Barthes al res-
pecto, con comentarios de estudiantes suyos o con pasajes de De-
rrida o de Foucault acerca del mismo concepto de texto en red.
Como lector, tendría Vd. que escoger entre volver a mi exposición,
seguir algrrna de las conexiones sugeridas por los nexos, utiTtzar
otras funciones del sistema o buscar conexiones nuevas' La
"""'J
tüdad del hiperrexto,
que se manifiesta en múltiples conexiones
t
entre bloques i"¿i"i¿"i"t d" texto,
.t.g.
un lector activo' '
-r
Además, un sistema completo a. nrp"rffif; d6¿"cia de
1o, libro, y á. algunas de las primeras aproximaciones
al hiper-
-
mismo
entorno tanto
^i
.r.rito, .o*o al lector. Así, con simple-
mente
entraf en el programa de procesamiento de texto, o editor,
como se 1o .orro..l VJ. pod ria tomar notas o incluso rebatir
por+:"
escriro mi interpreiaciórr.
A.rrrqre no podría modificar mi texto,
'
'
sí podría .r.ribi, una contestación
y 1u!8o- unirla a mi documen-
;;:Á;i
h abráleído este texto de lecior dé dos maneras imposibles
;;" oÁ libro:-
prgsro, Vd
-mis-mo--es-c-ogiila
frqysglgga
de su t
lectura
y, .o*-oiffiáárll"
tlr"iá, .r.og.*en
aistint^ uryé;tórias
;ffiúd.r,
la versión hipertextual
de este librq podría asumir
fo*6
muy diferentes, uri .o*o sugerir td- vez el valor de rutas
alternativas
y dedicar seguramente
rnenos espacio
-
e1 el texto
;t"rrt^l
, fár pasaies citJdos. Por otro lado, talvez había empe-
z
zado. ao*r. ,r'otut
"
a producir respuestas
al texto a medida gue
lo l.iu, ulguru, de las .id.,
podrían muy bjen presentarse
en for-
EL I¡IPERTE¡<To Y l¿. tBonÍe cnÍtlce
ma deteito,
que apoyen o contradigan
las interpretaciones
enun-
ciadas en mis escritos. I
f,;*; ¿¡,,t-'- ,
r' i:"*'l
Ü="tza''
,
"'''
** e'i-t.'.
L9
18
HIPERTEXTO
i- ¡;r'.>q'd'r¡'
-i
'-r1iir! ll,' i.l"¡¡'
"¿t'Llr
"
Otras convergenc¡as:
intertextualidad,
diversidad
de voces
y el descentrar
¡r;¡ll,'lnl
Como Barthes, Foucault
y Mikhail Bakhtin,'Jacques
Derrida-
¡¡iliz.aconstantemánte
términos colno nexo Qiaison),
tram-a.@'!11:
L
ied.
(réseau) y entretejer
(s'y tissent))r
que claman
PoI
la hipertex-(
*J¿"á¡
;;r;
dif.í.r,.iá. Ea¡ües,
qrr. insiste eo e-l ¡exto
de lec- =
;;;; ,r, rá fi"*ulidaá,D.rrid
"
r"f"*iie aprrt
ta textsd,
la inter-
r'
;*it"t
&A;..tfi;.9rga.ryá¡;
i; di;ii".io"
entre 1o intemó
v
1o
exrerno
a un i#á;r¿-
Er.. énfasis aparece con toda claridad
;;d" .tr-,
que <<como cualquier otro texto, el de "Platón" no
;;dí"
deiar d. .ri", involucr"do,
al menos de manera virtual' dinál
ffi;1ilJ,
.o' todos los mundos
que componían
el sistema del
o.
En francés en el original' T'
\:: ,
.,.,
,::,-
,
ii í.,;
-l
20
HIPERTEXTO
Er, HIPERTE)ffo Y I-A TEoRfA cnÍnce
2l
.,r
iü9T1 grieggr,
Ozl)..o' De hecho, lo que Derrida describe aquí
Á
concide con los actuales sistg.mas
de
hipárr-exto en los
que
el l..tá..
^{{actrygrlsqsgpa49-ggglQs§suh¡l&}ier,üavéc;ffi
-f
Puede
hacer intervenir diccionarios con andisiJ n o.fóiiigiá""
á.r. i'
correctan las palabras
aisladas con símiles, derivado, y .órrtrarios.
Una vez más,lo que Derrida y otros teóricos críticos expresan como
r'tna reivindicación lingiiística, aparentemente
des cabeilada, resulta
)'describir
precisamentJ
la nueva^dirr,n*i.a
de la lecn¡ra y de la escri-
Jtura
en el medio electrónico, más viftual que físico.
Derrida reconoce acertadamente (con
antelación, cabría de-
cir) que una nueva forma de texto más ríca, más libre, más fiel a
nuestra experiencia potencial, y talvez auna experiencia real aún
desconocida, depende de unidades discretas dJlectura. Como lo
explica, en 1o- que
QregoSy
Ulmer considera <da gene rulizaci1n
fundamental de su obr»>,8 también exíste <<1a posiU"mau¿
de omi-
sión o adición de citas, que pertenece a l" estrircrura de cualquier
marca, oral o escrita,
Y
gue constituye toda marca escrita, *i., y
fuera de cualquier horizonte semiolingüstico
de comunicación...
Todo signo, Íingriistico o no, oral o'es.rito, puede ser citado,
puesto entre comillas>>. La
$nli.".ión
de esta-facultad para ser;
citado, o aPaftado, se manifiesta en el hecho, clave para.l hip.r-i
texto, de que, como añade Derrida, ..de este modo,
iuede
alejarsei
de cualquier contexto dado y engendrar una infinia"¿ d. .ont.*-!
tos nuevos de una forma absolutamente
ilimitado>.e
:
Como Barthes, Derrida concibe un texto compuesto de uni-
dades discretas de lectura. La concepción de textJ de Derrida se
relaciona con su <<metodología
de la á.r.o*posición>>,
eue
podría
traspasar los límites de ta filosofía. Gregory Útr.r r"Urry", ..El ór-
gano de este episteme filosófico es l, Loáu, h boca qu; muerde,
mastica, cata... el primer paso de la descomposición
es el ,rrordis-
co»
(57).
legidar
que describe el texto .o*t ,ko muy próximo
a
las lexias de-Barthes, explica en Glas que <<el ob¡.to á"
"rtu
obra
también es el esdlo, el "morceau">>,o que Ulmer irad,rce por <<tro-
zo, pedazo, fragmento; piezade
músicl; tentempié, bocráorr. Este
morceau, añade Derrida, <<siempre está suelto, cómó su nombre in-
*1.
Los números entre paréntesis indican siempre el número de págína del úl-
timo texto citado. T.
*'.
En francés en el originai. T.
áig^, y, así, uno no se olvida de é1 con los dientes>>;'estos dientes,
según aclata Ulmer, se refieren a las comillas, corch:tes, parénte-
sisl cuando se cita un texto
(colocándolo entre comillas), el efectol
es el mismo que liberarse de un contexto limitativo»
(58).
\
Esta búsqued a a cíegas por parte de Derrida de un medio
per:a subrayar su reconocimiento de cómo opera el texto en un
m.dio impreso
-d
fit y al cabo, es un acérrimo defensor de la
escritura frente ala oralidad- ilustra la posición, o tal vez el di-
lema, del pensador que trabaja con letra impresa y percibe sus ca-
rencias
pero que no puede, pese a su brillantez' encontrar un
camino fuera de sumentalité."r Según demuestra la-experiencia con
hipertexto,
Detrida tantea hacia ufr nuevo tipo de texto-: 1o des-
..ib., 1o alaba, pero sólo puede presentarlo en términos de los re-
cursos asociadás con un modo particular de escribir, en este caso
las marcas de punüuación. Como nos lo recuerdan los marxistas,
el pensamientá se deriva de las fuerzas y modos de producción,
aunqlue, como veremos; pocos marxistas se enfrentan al más im-
portante modo de prodücción literaria, el que depende de las
kcnologías
de escritura e impresión.
De este énfasis de Derridu .t la discontinuidad
proüene el
concepto de hipertexto como un extenso montaje,-lo
que en-offo
lugar áenominé metatexto ylo que l.{elson llama .<docuverso>>. De
h"lho, Derrida emplea la palab ta montaje
Para
el cine, que ve
como un rival o *u alternátiva alaletra impresa. Ulmer destaca
que <<1a pizca o huella proporciona la "lingifistica"
Para
el encola-
áo/montaie>>
(267),y
-itu
el uso que hace Derrida de montaje en
Speecb and Pbenomena:
<<La palabra
"montaje" parece más apta
patasugerir que el tipo de reunión aquí expuesto
presenta una es-
iructurá tejiáu, entreme zclada, como una trama, susceptible de
permitir u ior diferentes hilos de sentido o líneas de fuerza sepa-
,urr. de nuevo o bien establecer nuevas conexiones,,.'o Parullevar
más lejos aún el teorizar intuitivo de Derrida d91 higertexto, ca-
bríaseñalar su reconocimiento de que esa textualidad como mon-
taje anuncia o coloca en'primer
plano el proceso de escritura
y,
por 1o tanto, techaza una transparencia engañosa.
::,,
I¡ir 1 .
lxt,:'':,
.:
"1.
Mentalidad;
(en francés en el original). T.
'1 El hipertexto, sistema fundamentalmente intertextual, presen-
ta una capacidad para enfatizar la intertextualidad de la que care-
ce el texto encuadernado en un libro. Como vimos, los artículos
académicos y los libros ofrecen un ejemplo obvio de hipertexrua-
li-dad explícita en un medio no electrónico. A la inversa, cualquier
obra de literatura, corno las que se suelen enseñar en la universi-
dad y que arbiffariamente denominaré <<noble>, para simplificar y
,lig.rurla discusión, ofrece un ejemplo de hipertexto implícito en
un medio no electrónico. Tomemos, una vez más, ell,Jlisás deJoy-
ce como ejemplo. Si examinamos, pongamos por caso, el pasaje de
Nausica en que Bloom contempla-^ G.rry McDow.ll ." t" pluyu,
, s€ lrotá que el texto de
Joyce
<<aludo> o <<se refiero> (éstos
son los
términos que solemos emplear) a muchos otros textos, o fenóme-
' .r.o, q,r. p,r.den tratarse como textos: los anuncios y árti."l"r i.
revistas femeninas que impregnan los pensamientos de Gerty, h.-
chos acerca del Dublín de entonces y de la Iglesia catílicay hasta
j el pasaje de Nausica en la Odisea o cualquierinformacíón ielacio-
I
nada con otros pasajes de la novela. Una presenración en hiper-

texto de la novela .ot..turía este pasaie ,o i¿lo con la clase de ma-
..," i'"
terial mencionado sino también con otras obras de
Joyce,
con
i..irr,¡"mentarios,
crític*r y rrrriantes r.*r,r"l"* El k;"*.*ro permite
';..,j'.-,;+"hacer más explícito, aunque no necesariamente intruso, el iraterial
,
-.-.li
'
afín que el lector culto prred" percibir alrededor de la obra.
l;':-i
Thars
Ygtg*
sugiere que la hipertextualidad, <<como análisis
estructural de textos en relación óoñ
-üñ
iiitéma más amplio de
prácticas significativas o de usos de signos en la cultur»>, áirri.tt.
i
la atención de la túada constituida poi el auror, la obra y la radi-
lción
hacia otra formada por el t.*á, el discurro y l" cultora. De
este modo,la<<intertextualidad
sustituye el modelo evolutivo de la
historia de la literatura por un modelo estructural o sincrónico de
la literatura como sistema de signos. El efecto más destacado de este
cambio estratégico es que libera el texto líterario de los deter-
minismos psicológi.o,
sociológico e histórico, abriéndolo a una
gama aparentemente infinita de relaciones>>.1' Morgan. describe
con acierto una implicación fundamental de la intertextualidad
del hipertexto (y
d. los hipermedios): esta aperrura, esra Iibera-
ción para crear y percibir interconexiones
se produce realmente.
sL lilpetrE)cro Y re rnoníe cnÍrrca
Sin embargo, aunque la intertextualidad
del hipertexto
parezca
á.Uilir.r
áiq,ri.. ,.drrccionismo,
histórico u otro, de ningún
Á"4" impide á lor inreresados leer la obra en términos del autor y
á. U ,ruái.ión. Las experiencias
hastala fecha con llyperCard

otros sistemas de hipertexto, sugieren
que- el hipertexto no nece-
á"ri"*.rrte
desvía Ia átención de dichos enfoques. Pero 1o más in-
ttt.t"t
re del hipertexto no es que td- vez pueda encarnar ciertas
reivindicuciorrei
de la crítica
"rt*.t,rralista
o posestructuralistar'i
sino
que proporciona un medio excelente de ponerlas a prueba'
22
El hipertexto y
la intertextualidad
23
HIPERTE)ffO
Et hipertexto
y la diversidad
de voces
A1 intentar imaginarla experiencia
de leer y escribir en esta
rrr.uu fo*U de texto, convenáría
prestar atención a 1o que Mik-
f-rrif
grkhtin
ha escrito acerca de la novela dialogística,
polifónica,
;;;
";;
multiplicidad
de voces,
eue
según é1 <<está construida, no
como el conjüto de una úni., ior.iencia
que absorbiese en sí
misma
como objetos las otras concienbias,
sino como un coniun-
io for*^do
por ia interacción de varias conciencias, sinque
-nin-
},;ñt.U"',
se convi efta del todo en obieto de otra>>-l2 La des-
I¡p.iO"
de Bakhtin de la forma literaria
polifónica presenta las
,"""16
de Dostoievsky
como una ficción hipertextual
en la que
las voces individuales asumen la forma de lexias.
Si bien Derrida ilumina la hipertextualidad
desde el punto
d. ürt" del .<ped azo>> o <<bocado¿ Bakhtin lo hace desde el pul-
to de vista d.'ru propia vida y fuerua, su, encarnación
o ejempli-
ii1*i¿"
J. ,r."
""ri
d" ,rrr" opinión,
d. una conversación
de
Ro*y." Así, según Bakhtin,
<<e11 la novela en sí, Ias "terceras per-
sonas" ro purJ.ipantes no son repiesentadas
de ningún modo'
ñ; hry lrrg",
p^rie1las, ni en la composición
ni en el sentido más
ñh"
d.L ábr",
(Problem.s, L8). Er, términos de hipertextuali-
J;á, e[o apunra a una calidad importante
de este medio de in-
fo-á".ióniel
hipertexto no permiie una,únicavoz
tiránica. Más
bien, La vozri.-p."
es 1a q,.,1 .-*? d. 1a experiencia combina-
áá.i enfoque del mom.rito,
de la lexia que-uno está leyendo-y
de la narrativa en perpetua forrnación según el propio 6ayecto de
lectura.
i
l;-.
t,{
I
1..,
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t
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.
.:. .
24
El hipertexto
Y
el descentrar
A medida que el lector se mueve por una red de textos, des-
plaza constantemente el centro, y por 1o tanto el enfoque o prin-
cipio organizador de su investigación y experiencia. En otras pa-
,labras,
el hipertexto proporciona un sistema que puede centrarse
luna
y otra vez y cuyo centro de atención provisional depende del
,
f
lector, gue se convierte así en un verdadero lector activo, en un
Iisentido
nuevo de la palabra. Una de las catacterísticas fundamen-
't"Ies
del hipertexto es estar compuesto de cuerpos de textos co-
nectados, aunque sin eje primario de organización. En otras pala-
bras, el met?texto o-*gggjg]-qo-. de
Cgqgp.rrtos,
el ente que se
cono.. .6ñáffi;"bi" ó tá"lo .t éi i*po de la ímpreni",gu-
rece de centro. Aunque esta ausencia de centro pueda crear pro-
d1'. bÉñáá iéctor y al escritor, también significa que cualquier usua-
'!:,\t'
rio del,hipertexio hace de sus intereses propios el eje oigarizador
uJ;
"'
(o
centro) de su investigación del momento. El hipertexto se ex-
\
i perimenta como un sistema que se puede descentrar y recentrar
, hasta el intinito, en parte porque transforma cualquier documen-
to que tenga más de un nexo en un centro pasaiero, en un direc-
torio con el que orientarse y decidir adónde ir a continuación.
La cultura occidental imaginó estas entradas casi mágicas a
' rrna realidad en forma de red mucho antes de la aparición de las
tecnologías inform áticas. La tipol ogíabíblica, que tan importante
papel desempeñó en la cultura inglesa en los siglos )§rr y xD(, corl-
cebía la historia en forma de tipos y sombras de Cristo y de la pro-
videncia divina.la Así, Moisés, que existe por sí mismo, también
existe como Cristo, quien cumple y complet4 el significado del
profeta. Como lo demuestran innumerables sermones, octavillas
y comentarios del siglo )§rI y de la época victoriana, cualquier
persona, acontecimiento o fenómeno servía de ventana mágica en
l, .o-pleja semiótica de los designios divinos para la salvación
del hombre, Al igual que el tipo bíblico, que permite a los acon-
tecimientos y fenómenos significativos participar simultáneamen-
te de varias realidades o niveles de realidad, la ¡lexia indiüdual
aporta irremediablemente un camino en la ..d d. torr.*iones.
Dado gue, en los Estados Unidos, el protestantismo evangélico
preserva y difunde estas tradiciones de exégesis bíblica, no sor-
prende demasiado descubrir que una de las primeras aplicaciones
HIPERTEXTO
EL HIPERTEIcTo
Y rn tPonfe cÚuc¿'
2'
del hiperrexto
ha tenido
que ver con la Biblia
y la tradición exe-
gética.r5
"-
-No
sólo las 1exias obran de forma muy parecida a los tipos,
sino
que se conüerten también en Aleph borgesiallos,
pulltos en
el espacio
qrr. a*ii.rr.r, todos los demás
puntos, ya
Qu!,
desde la
o*ilio"
dá*i"Áie
que cada Lrno propotiiona,
se puede ver todo
io demás, si bien .ro ii-rltáneamente,
en todo caso muy cerca, a
,rro o do, sdtos de distancia,
sobre todo en los sistemas
qrre dis-
Donen de una .ii.l.rrr.
funcián de búsqueda
de texto' A diferen-
il;;ilÑ.pU
¿"Jorge Luis Borges, gño
no tiene
q-ueverlo iodo
desde un único lrrgár, ii tr*po.o t r*barse en una bodega con Ia
*o.hil,
debajo ¿l U cabeia." El documento
en hipertexto
se
vuelve,un
AlePh viajero.
Esta .rpr.id^d tiene una relación obvia con las ideas de De-
rrida,
que insir,. .r, le.llggsidgd
dr.- camb,ia¡
ds punlg§ de vista
i;;"irando
la discu;ión. coino él mismo subraya en <<sffuctu-
;{#;;;-pirt-ir,
,h. Discourse
of the Human Sciences>>,
el
proceso
o proceái*i.rrro-que
llama descentr ar ha desempeñado
Xo-prp.l
i*portunte
en el cambio intelectual.
Por ejemplot
dice:
<<1a etno 1ogíarOi.
p"¿o aparecer como ciencia cuando se dio un
descentrar:
en el momento en que la cultura europea
Y,
efi conse-
;;;;;,
h historia de lu *.tufíiica-y
desus conceptos,
se dislocó,
,. J.lO'de
su locus, se vio obligadá
*leiar
de considerarse
a sí
misma
como i..,r]tora de referencia>r.'7
Derrida no implica que un
."rrrro i.rt.l..ioJ
o ideológico-sea malo
ya que-, .oT9 explica en
respr-resr
a
^
un preguntu á. Serge Doubróvsky:
..No he dicho
;;
rro fruy, ."rriro rri qr., podríamos
salir adelante sin centro'
iár^mí,
.i cen6o es una función,
oo un ente; una realidad, sí,
;;;;
;; fu"ción.
Y ésta es absolutamente
indispensable>> Q7
L)
'
r
,En
todor lo, sistemas
de hipertexto
el lector
puede escoger su
i,
propio centro de investigación
y experíencia'
Lo que este
princi- i
ii""ig*fi."
""
la prácñcu ., qrr. .1 l".tot no queda encerrado
á.rr,rá
de ningun, orguni zaciíio
jerarquía.Las experiencias
con
Irr.r*.dia
ráelro
qú. paralos que prefieren organizar
una se-
sión
por autores
y moverse,
pongamos
por caso,. de Keats a
Tennyson,
el sistema
puede ,.pr.r..rt1
el iradicional
enfoque de
siempre,
..*tráo en 11 autor, y que-aún resulta útil en muchos as-
p...ár. Éo, á.ro lado, n;aáa.qUg.
a lector atabaiar
así, y los que
desean irrrr"rt-igat f,
"¿i¿
ez áei", g.t. talizaciones
por peúodo'
26
pueden organizar sus sesiones en función de dichos períodos, va-
liéndose de los artículos sobre el romanticismo o la época vicro-
ríana como puntos de partida o puntos intermedios, mientras que
otros lectores pueden partir de nociones críticas o ideológiáas,
por ejemplo, el femínismo o la novela victoriana. En la práitica,
los usuarios suelen utiliz ar la mateúa desarrollada en la Úniversi-
dad Bro§/n a modo de sistema centrado en el texto y enfocarse en
obras indiüduales, y, si bien empiezan la sesión entrando en el
sistema en busca de información acerca de un autor dado, tien-
den a dedicar más tiempo a las lexias sobre textos específicos y
pasando de un poema a otro
(<<Laus
Veneris>> de Swinblrne y .rL^
Belle Dame Sans Mercb> de Keats u obras sobre Ulises de
Joyce,
Tennyson y Soyinka) o de un poema a texros de información
(<<Laus
Venerisn y documentos sobre los caballeros, el resurgi-
miento de 1o medieval, el amor cortesano, §7agner, etc.).
Vannevar Bush y el Memex
I.os especialistas en hipertexto hacen remontar el concepto a
un artículo pionero de Vannevar Bush, en un número de rg+: det
Atlantic Montbly, sobre la necesidad de máquinas de procesa-
miento de información mecánicamente conectadas para ayudar a
los estudiosos y ejecutivos frente a lo que se estaba convirtiendo
en una explosión de la informacíón.l8
Estupefacto por la <<cre-
ciente montaña de investigació»> a la que dábian enfrentarse los
trabajadores en todos los campos, Bush se dio cuenta de que el
número de publicaciones ya habia <<crecido mucho más ,tla de
nuestra capacidad de aprovechar realmente la información acu-
mulada. El conjunto de la experiencia humana está creciendo a
un ritmo prodigioso, pero los medios que empleamos para des-
plazarnos por este laberinto hesta llegar a'l prnto importante del
momento son los mismos que ualizábamos en los tiempos de 1as
carabelas>>
(17-18).
Añadía: <<Puede que hayamillones de grandes
ideas, así como los resúmenes de las experiencias en <iue sá basan,
todo ello archivado en esrructuras d. piedra de u..f,trble arqui-
tectura; pero, si el estudioso sólo consigue acceder a uno de ellos
tras una semana de investigación diligente, ñuy probablemente
no podrá mantener sus síntesis al dío>
(29).
HIPERTEXTO
EL HIPERTExTo
v r,¿. rponÍe cnftrce
'27
según Bush, el problema principal reside en 1o que
ll'amó <<1a
cuestión
de la
"i"..i6">r,
la r..op"i"ción
de la información,
y la
razínprimaria
por la que los que frecesitan información
no pue-
J; áontrarla',
,. d.b. a los inadecuados
medios de almacenar,
ordenar
y etiquetar la información:
Nuestra ineptitud
para acceder a un dato archivado
se debe
en gran p"*. a ü artifi.i¿i¿"¿
de los sistemas de índices. Cuando
; í;";nan
datos de cualquier
!ipo,
se.ordenan
alfabética o nu-
méricam;;,
y h informaciór,
sóló puede ser rec-uperada
remon-
irrdo t,,
firi"'ae
subclase en subclrte. Só1o puede esil en un si-
tio, a *.iror
que se utilice sistemas
dobles; hacen fa.lta normas
acerca d;i;;d;o
qrr. hay gue
seguir
para localizarla,-pero.las
: ¡ormas ,oo}.rt"rr. Aiemár, á"tp.rá
¿. encongar un dato, hay
'1
;;;;J.del
sistem
^paravolverá
.tttut luego siguiendo
otro tra-
, yecto
(r
1).
como 1o señala Ted Nelson, uno de los discípulos
más desta-
cados
de Brrsh: <<no hay nada malo en categotizar'.No
obstante;
;;;;"*
r^Lr ." puruilro: los sistemas
de categorías.só1o
tieneni
;-"dtr;tü
d cabá d. ,rrror años, empiezan
a par-ecer bastante
es-
;;id"r:.,tíur
referencias
del estilo
-tMugto,
Aleiandro"
tienen
ciárto carácter universab>
(Literary Macbines,
2/ 49)
Frente , ülisi¿ .,
v
dificultaá
de acceso
producidas
por los
actuales
medios á. g"riión de la información
basados en la im-
presión u otros
"r.ñ.irro.
físicos, necesitamos
un medio
que se
\
amolde meior a la manera de tiabaiar d9 la mente. Despué:
d'
t
[r;rrbi;l;"
medios de almacenar
y clasificar el saber de su épo-
.u,
grrrh
se queja: <<Lamente hománu no funciona
asír,
(ttAs
tü7e
ü;;ihi"krri,
siño por asociación.
«Suietando>>
un hecho o una
,1Á;",..1u
*".i" ,^ttu instantáneamente
al dato siguiente,
que 1e es
,,r"g*i¿o
por uro.ir.ión
de ideas, siguiendo
alguna intrincada
tra-
,ma
de .u-iro, conformada
por las células del cerebro>> o2).
"'-
p;r-;ü[erarnos
de los clntinamientos
de inadecuados
siste-
*r, a. clasificación
y permitirnos seguir nuestra tendencia
natu-
-;¡
".¿a
selección
por asociación,
y no mediante índices>>,
Bush
propone un ái;;;rt iro, .l <<Memex>>
,
c^paz de llevar a cabo, de
una man.r, *ái eficiente
y más patecidá a la mente humana,la
*""ip"lu.iórr-á.
hechos rául.r y de ficción- Según explica:
<Ün
Memex es un dispositivo
en el que una persona guarda sus libros'
26
HIPERTEXTO EL HIPERTe>cto Y r¿. TEoRÍA cnfnce
'S";. '
ri
.i;t .
.li
i.
iil
r¡-
Ei
n.
':¡.-
.s'
I
íi
l .
!,,
't
.
il.
t,"
i
ir.
1:
i)
i..'
-I:
.
¡l
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'27
pue{en organizar sus sesiones en función de dichos períodos, va-
liéndose de los artículos sobre el rornanticismo
o la época victo-
riana como puntos de partida o puntos intermedios,
mientras que
offos lectores
.pleden
partir dá nociones críticas o ideológicas,
por eiemplo, el feminismo o la novela victori ana. En la práctica,
los usuarios suelen utiliz ar la mateúa desarrollada en h Úniversi-
dad Bro'u/n a modo de sistema centrado en el texto y enfocarse en
obras indiüduales, y, si bien empiezan la sesión entrando en el
sistema en busca de información acerca de un autor dado, tien-
den a dedicar más tiempo a las lexias sobre textos específicos y
p":."!9"
d.Il poema a orro
(..Laus
Veneris>> de swinbirne y <<La
Belle Dame sans Mercb> de Keats u obras sobre [Jlises de
joyc.,
Tennyson y soyinka) o de un poema a textos de información
(<<Laus
veneris»
-y
documentos sobre los caballeros, el resurgi-
miento de 1o medieval, el amor cortesano, §7agn.* .r.f .
Vannevar Bush y
el Memex
I os e-specialistas-en hipertexto hacen remontar el concepto a
un artículo pionero
de vannevar Bush, en un número de rg+i det
Atlantic Montbly, sobre la necesidad de máquinas de procesa-
miento de información
mecánicamente conect-adas para
^yudu ^ los estudiosos y ejecutivos frente a lo que se estaba convirtiendo
en una explosión de la información.lt
Estupefa$o por la <<cre-
ciente montaña de investigació»>
a la que a.birn ..ri..rrt"rse los
trabajadores en todos los campos, Bush se dio cuenta de que el
número de publicaciones
ya había <<crecido
mucho más ita ¿.
nuestra capacidad de aprovechar realmente la información acu-
mulada. El conjunto de la experiencia humana esrá creciendo a
un ritmo prodigios-ot pero los medios que empleamos para des-
plazamos por este laberinto hásta ll.gri al punto importante del
momento son los.mismo-s que utiizábamos en los tiempos de las
carabelas>> (17-18).
Añadía: <<Puede que hayamillones
d. grurrd.,
ideas, así como los resúmenes de las áxperiáncias
en .iu. sábasan,
todo ello archivado en esrrucruras d. pi.dra de acef,tabl. .;;;i:
tectura; pero, si el estudioso sólo consigue acceder
"
rro d..ilos
tras una semana de investigación
diligente, Duy probablemente
no podrá
mantener sus síntesis al üar,
(Zg).
Según Bush, el problema principal reside en lo que llamó <<1a
cuestián
de la elec.ión>r, la t.1,-rp".ación de la información,
y la
razínprimaria
por la que los que necesitan información no pue-
den enlontrarli se debe a los inadecuados medios de almacenar,
ordenar
y etique tar la información:
Nuestra ineptitud para acceder a un dato archivado se debe
en gran parre a ü artifiii¿i¿"¿
de los sistemas de índices. Cuando
," á-"..nan datos de cualquier tipo, se ordenan alfabética o nu-
méricamente,
y la información sólo puede ser recuperada remon-
tando su pista-de subclase en subclase. Só1o
Plede
esjy en un si-
tio, a *.rro, que se utilice sistemas dobles; hacen falta normas
,.ér." d.l trry.cto que hay que seguir
pata localizarla,-pero-las
I
norrnas *ol.rt"rr. Ademár, á"tp.rés de encontrar un dato, hay
.r
que salir del sistem a paravolver a entrar luego siguiendo otro tra-
i yecto
(r
1).
:
:
Como 1o señala Ted Nelson, uno de los discípulos más desta-
cados de Bush: <<no hay nada malo en categotizar.
No obstante;
p"i
"",rr
raleza.,
purujlro: los sistemas de categorías-sólo
tienen
L.di, vida; al cabá de unos años, empiezan a parecer bastante es-
túpid"t..,,
Las referencias del estilo "Magno, Alejandro"
tienen
ciárto carácter universab>
(Literary Machines,2/49)'
-
Frente a la rigid ez y dificultad de acceso producidas por los
actuales medios á. g.riión de la información basados en la im-
presión u otros tr.hirro. físicos, ¡ecesitamos un medio que se
t
^molde
meior a la manera de trabaiat de la mente. Después de
t
d.r.ribir tÁ medios de almacenar y clasificar el saber de su épo-
ca, Bush se queja: <<La mente humana no funciona así,,
(ttAs
1ü7e
MrV Think»i, ,'ioo por asociación.
«Sujetando>> un hecho o una
i
ii;á,
<.1a ment. sdtá instantáneamente
al dato siguiente,
qu9 le es
',,.r"gáiao
por asociación de ideas, siguiendo
alguna intrincaáaffa-
i*r'd.
.Áirto. conformada
por las cé}ulas del cerebro>t 02) '
mas de clasificación
y permitirnos seguir nuestra tendencia natu-
ru1 a <<la selección
ú;
asociación,
Y
áo mediante índices>>, Bush
pr"p""" un dispor1,i.ro, el <<Memex», capaz de llevar a cabo, de
una manera mái eficiente y más parecida a }a mente humana,la
manipulación
de hechos reales y de ficción. Según explica:
<<Un
Memex es un dispositivo en el que una persona guarda sus libros,
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F
28
EL HIPERTD(TO
Y LC. TEORÍA CNTTCA
HIPERTD(TO
archivos y comunicaciones, dotado de mecanismos que permiten
la consulta con gran rupíáezy flexibilidad. Es un accesorio íntimo
y ampliado de su memoria>
O2).
Escribiendo antes de los tiem-
pos del ordenador digital
(la
idea del Memex le vino por primera
-,'',,,'
i.,
^mediados
de los años treinta), Bush concebía su dispositivo
como una especie de mesa con superficies translúcidas, palancas
y motores para una búsqueda rápida de archivos en forma de mi-
crofilmes.
'
Además de busc ar y recuperar información, el Memex tam-
bién permitiría al lector <<añadir notas marginales y comentarios,
valiéndose de un posible tipo de fotogrufía seca; e incluso podría
hacerlo con un sistema de agujas, como en los telégrafos que se
yen
hoy en día en las salas de espera de las estaciones de ferroca-
rril, igual que si tuviera la págin^ fi.i., delante de éb>
(3r.
De este aspecto crucial del Memex concebido por Bush, dos
cosas llaman la atención: primero, Bush está convencido de Ia ne-
¡
cesidad de anotar, duraáte la lectura, los pensamientos transito-
,i¿\i
rios y las reacciones al texto. Con este énfasis, 1o que hace Bush es
"-l',
redefinir el concepto de lectura como un proceso activo que im-,
'
plica escritura. Y, segundo, Ia referencia al lector perspicazy acti'
vo, que puede anotar un texto <<igual que si tuviera la página físi-
ca delante de éb>, atestigua la necesidad de concebir un texto más
virtual que físico. Una de la cosas más curiosas acerca de la pro-
posición de Bush es cómo utlhzalas limitaciones de una forma de
texto para iáear una tecn olog¡anLleva, y cémo ésta nos lleva, a su
vez, alJrta concePción totalmente nueva del texto.
Las <<características esenciales del Meme»> no son solamente
su capacidad para recuperar la información y anotarla, sino tam-
bién su sistema de <<índice por asociació»>, que los actuales siste-
ii'
*
,rr", de hipertexto denomin an flexo, <<cuya idea básica es la capa-
y automáticamente, otro artículo>>
(34).
Bush nos hace una des-
cripción de cómo los lectores crearían <<trayectos infinitos>>'con
esos nexos:
Al elaborar un trayecto, el usuario primero le da un nombre,
luego introduce dicho nombre en su libro de códigos y 1o teclea en
el teclado. Delante de él están los dos artículos que han de unirse
proyectados en dos superficies de visionado adyacentes. Debajo
de ellos, hay unos espacios paru códigos en blanco
Y !F
puntero
p^r^d.rigrrár1os. El,is,rario iólo tiene que tocar una tecla y los dos
artículos"r.
"r.oentran
unidos. En cada e,sPacio
P?\"
códigos
. consta el código pertinente del texto asociado. También en el es-
;"_.i|
paru.Oáigor, pero sin qu-e se vea, hay una serig de puntos
q". r.rárr 1eídoJpor una célula fotoeléctrica; éstos indican, con su
posición relativa, el número de índice del o6o artículo'
Más adelantá, cada vez que se visione uno de los artículos, el
otro podrá ser recuperado con simplemente
^pretar
un botón si-
trr"dá debaio del correspondiente
código 04)'
La increíblemente
premonitoria descripción
que hace Bush
de cómo el usuario deiMemex
crea y luego sigue trayectos sólo
prr.d. equipararse a.su reconocimiento
crucial de que estos tra-
yectos mlsmos constituyen una nueva forma de textualidad e in-
llrrro de escritura. Como é1 mismo 1o explica:
<<Cuando se han
;;;
""*.t"sos
artículos
para formar .r., t."y.cto-... es exacta-
mente como si se hubiesen reunido artículos físicos desde fuentes
;¡V ¿lrtantes,
y se los hubiese encuadernado
juntos para formar
un Íibro ,r.uoir. Y añade:
<<de hecho, va incluso más lejos,la que
ui
"ruculo
puede estar unido en numerosos
trayectos a la vez>>
(3,5) y, así, ctáabloque
de texto, imagen u otra información
pue-
de form ar parte de varios libros'
Ahora está claro que estos nuevos libros dgl Mgmex son eI
' ,rr* tiUro, o ,,, ,r.rJión más del nuerio libro, y, como"ellos,
los
I
!;"i"ri;,
i. trayectos, o uamaq, pueden compartirse.
Bush su-
giere, una vez ,rrá, .on gran acierio:
<<Aparecerán enciclop.{?.
Erfit.ramenre
diferenás,
hechas a 1a medida, con una malla
compuesta
de trayecto, uroáivos,
list as pataser introd"tídut
tn
.ltut.*.x
y ampíiudrr» O».
Otro
"tp".to
importaqte es que los
lectores-.rtrito..s
pueden comPartir conjuntos de documentos
y
utihzarlos
en otros camPos.
-
Brrrh, como ingeniáro
interesado. en las innovaciones
técni-
cas, aporta el eiemplo de un usuario de Memex
que estu diarupor
qué el pequeño arco turco parecía superior. al
u..o largo irr*r .r, hr
"r""i^*,rras
de las Cruzadas. En su Me-
mex, dirporrJde docenas de libros y artículos posiblemente perti-
nentes. Primero, examina una enciclopedia,
encuentra un artículo
interesanr. urrrri.re demasiado esquemático;
1o deja proyectado.
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1,..
HIPERTEXTO
A-continuación, en una obra de historia, encuentra otro artículo
relevante y une ambos. Y así sigue, construyendo un trayecto con
muchos artículos. De vez en cuando, inserta un comeniario pro-
pio, unido al itinerario principal
o bien a un uayecro secund;rio.
Cuando resulta evidente que las propiedades
eiásticas del mate-
rial tenían mucho que ver con el á..o, se desvía por una rama la-
teral- que 10 lleva a manuales sobre elasticidad y táblus de consran-
tes fisicas. Añade ury página de análisis propio. De este modo,
elabora en medio del laberinto de materii disponible un recorri-
do en función de sus intereses (34-3».
.EL
HIPERTEXTO Y Iá' TEORfA CNfrrCE
mentos nuevos generan a su vez una clase de;1-eño flexible, hecho
a la medida, abierto a las demandas del lector
il'posiblemente,
vul-
nerable a ellas. También generan la noción de una textualidad
múltiple, ya que, en el mundo del Memex, la palabru texto desig-
i
na: a) las unidades indiüduales de lectura que tradicionalm."r.
,
constituyen la <<obro>; b) díchas obras enreras; c) conjuntos de do-
i
cumentos creados con ffayectos; y, quiz á, d) los mismos trayectos
sin documentos acompañantes.
Talvez lo más interesante para alguien que considere Ia rela-
ción de las ideas de Bush con la crítica contemporánea y la teoría
cultural es que este ingeniero empezó rechazando algunas de las
ptemisas fundamentales de la tecnología de la información que
han ido dominando
(y
algunos incluso dirían creando) cada vez
más el pensamiento occidental desde Gutenberg. Además, Bush
deseaba sustituir los métodos esencialmente lineales que habían
contribuido al triunfo del capitalismo y del industrialismo por
"lgo
gue, en esencia, son máquinas poéticas; máquinas que traba-
jarun por analogia y asociación, máquinas que capturaran la bri-
\la¡tez anárquica de la imaginación humana. Todo ello da la im-
presíón de que Bush consíderaba que la cienci a y la poesía obran
básicamente de la misma manera.
Texto virtual, autores virtuales e informát¡ca literaria
Los efectos característicos de la informática sobre las discipli-
nas humanísticas se deben al hecho de que la información se al-
macena en forma de códigos electróni.or, en vez de marcas físicas
sobre una superficie física. Desde la invención de la escritura y de
la imprenta, la tecnología de la información se ha enfocado en el
problema de g-r94t."y luego pr-o!3g?r, unos rg.g!,s_l_lo§
1r_9rb_a19g
e-stá-
tiSgl" y- pefmsqg¡le5, Como innumerables aütóres vienén
[iócla-
mado desde los inicios de la escritura, estos registros fij.*o*s-con
qq§13:jl.t-r"_e.Igp9
"y..gJ-e."spacio,
por muy brevemente que sea, ya
que pérmiten a una persona compartir información con otras, en
üstintos lugares y momentos. La imp¡p-nta añade el elemento ab-
solutamente crucial de las múltiplei copias simultáneas de un
mismo texto; esta multiplicidad, que preserva un rexto disemi-
nando copias individualé§'d¿ ésre, permite a lectores separados
Además, Bush añade gue, a diferencia de los mayectos menta-
l'es, los del Memex del investigador <<no se .rfum"n>>, así gue,
cuando al cabo de unos años se reúna con un amigo patat.Étu.
<<de los modos
9n
que la gente se opone a las irrro"rru.iones, aun-
que sean de vital interés>> (3j),podrá
reproducir los trayecros que
creó paru investigar un tema o problema y aplicarlos a otro.
La idea de Memex, a la que Bush dirigióiu atención de forma
intermitente durante treinta años, influyó en Nelson, en Douglas
Englebart, en Andries van Dam y en orros pioneros del hiperáx-
to, induido el
glupo del Institut. for R.search in Informution und
Scholarship* (IRIS)
de la Universidad Brown, que creó Interme-
día. En <<As §7e Muy Think>> y <<Memex
Revisireá>>, Bush propone
el concepto de bloques de texto unidos con nexos y trmui¿n in-
troduce los términos nexos, conexión, trayectos y trama pata
des-
cribir su nueva_c_oncepción
de la textuali iad.n tá d.r.¡f,"ion qrr.
hace Bush del Memex contiene otras concepciones
básicas, e in-
cluso radicales, de la rextualidad. En prim., i.rgrr, requiere una re-
configuración
radical d9 Ia práctica áe h le.t,i'r, y d; la escrirura,
en la
gue
ambas actividades se acercan entre sí mucho más de lo
-que-
es posible con el libro impreso. En segundo lugar, a pesar del
hecho de que concibiera el M.*.* anres-del adráimi.iro de la
informática digital, Bush intuyó que era necesario algo como la
textualidad virtr¡al paralos
cambios que propugn
aba.É., t"r..r lu-
gar, su reconfiguracíón
del texto introduie ties elementos cornple-
tamente nuevos: los índices por asociació, (o
nexos), los trayectos
entre dichos nexos ylos conjuntos o ramas de t.uy..ios. Estás e'e-
*.
Instituto de Investigación en Información y Humanísticas. T.
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32 HIPERTE}ffO
EL HIPERTEXTO
Y I.A TEORÍA CNÍTICE
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en el tiempo y el espacio referirse a la misma información.2o Como
han demostrado Elizabeth Eisenstein, Marshall Mcluhan,
\ü7i-
lliam M. Ivins,
J.
David Bo1ter y otros investigadores de la histo-
ria de los efectos culturales de la imprenta, el ínvento de Guten-
berg produjo en las disciplinas humanísticas lo que hoy en día
\
entendemos por erudición y crítica. Una vez liberados de su tarea
I principal, que consistía en preservar la información en forma de
1 fragil.s manuscritos que se deterioraban con el uso, los eruditos,
',,
ttabajando ahora con libros, pudieron desarrollar nuevas nocio-
lnes
de erudición, originalidad y de propiedad intelectual.
Aunque el texto fijo múltiple producido por la tecnología de
la ímprenk ha tenido tremendos efectos sobre las concepciones
modernas de literatura, educación e investigación, todavía en-
frenta, como lo enfatizan Bush y Nelson, al investigador con el
problema fundamental de un sistema de recuperación de la infor-
,
mación basado en manifestaciones físicas del texto; es decir, el al-
i
macenamiento de la información en un formato lineal fijo dificul-
I ..
I ta su recuperaclon.
Este problema puede expresarse de dos maneras. En primer
lugar, que ninguna qdenación d. 1"§fo".qpg*-s"ió.p puede resultar
conveniente a"todoJE?TiéTá-ñGitárr, y, eri segundo lugar,
aunque ambas ordenaciones,
jerárquic y lineal, facilitan la infor-
mación según *1g* criterio de orden, éste no siempre coincide
con las necesidades de sus usuarios individuales. A 1o largo de va-
rios siglos, Ios escribanos, eruditos, editores y otros fabricantes de
libros han inventado una gama de dispositivos para aumentar la
rapidez de lo que hoy en día llamamos procesamiento y recupera-
ción de la información. La cultura del manuscrito presenció pro-
gresivamente la invención de las páginas individuales, capítulos,
párrafos y espacio entre palabras. La tecnología del libro se real-
zó con la paginación, los índices y las bibliogra{ías, Estos ingenios
han hecho la erudición, si no siempre fácl, o cómod a, al menos,
posible.
EI procesamiento electrónico de texto representa el cambio
más importante en la tecnología de la información desde el desa-
rrollo del libro impreso. Conlleva la promesa
(o
la atTrenaza) de
producir cambios en nuestra cultura, sobre todo en la literatura,
la educación, la crítica y la erudición, al menos tan radicales como
los producidos por los tipos móviles de Gutenberg.
El procesamiento
de texto informarizad,o
nos proporciona
textos él.ctrónicos
en vez de físicos, y este paso- de la tinta al có-
,iÑ; lo ..digiárr-
iroá,r..
una tecn ología de la información
-q*e
combinarr"i.áui[da¿rtugexibrlid-ad.-..Lggd:11¡;laaccesibili"*i
dad,.per.
,ffiffi;fffi;; ñ";ip'".*ñáÍa;to
de texto
\
electróni.o
**l¡r.áaigos
electrSrri.o.,
todos los textos
que el
lector-escritor
se encuentra
en la pantalla son virtuales' Por ana-
1"gi^con
la óptica, Ios informáticos
hablan de <<máquinas virtua-
, Ies» creadas
io,
,r' sistema operativg
qu: dan a los
,usuarios
la
sensación
deirabaiar
en máquinas
individuales
cuando, enleali-
dad, compart"t
*á sistema ion qri zá cientos de personas'" Atí
;;-"iáo,
los textos que el lecior y el escritor ven en la pa t?'
U, ¿a'ordenador
son versiones
creadas específicamente
para
ellos mientras una versión electrónica
primaria permanece en la
i
*.*ori"
d.l ordenador.
Se trabaja,
por 1o tanto, con una copia
$.t,ó;nica
hasta
que ambas versior.r
r" funden cuando se Ie
' ,
;i¡;
¿ ;rdenador
qrr. <<archive>> 1a versión
p,ropia del texto, alma-
, 11, y lu *.*oriu
aa ordenador
coinciden
brevemente,
pelo el lec-
,
tor siempre se encuenffa
ante una imagen virtual del texto
'
ut*u.."á¿"
y no ante Ia versión original;
de hecho, en términos
il;|]^.];*i..r,o
de texto, estas dlstinciones
no tienen mucho
sentído-
Como expone Bolter, la <<característica
más curioso>
de la
':
'
escritura
.l..t.órrica
es qrr. t o es t<directarnente accesible ni al es-
'
i".""f"gir.i..rrónica
aleiao abstrae del texto al escritor
y al lec-
:
i.*to"1g,rro...
En el medio eleAró¡rico,
se interponen
varias ca-
:
p", ¿" J"firii.rda
tecnología-entre
á1 escritor o el lector yel texto
codificado.
Hay rantos ,rírr"1.,
de aplazamientos
que el lector o
.r.ri o. oiá". áificultad
paraidentifilar
el t-elto:
¿es
lo
que hay en
ñ;áaren
la memori" d. trabaio o en el disco?>>
(WritingSpa'
c€,42-$)
,
;;;.;;
uhuuf^rái,udo
y-horrorizadg
por 1o
gl: q".cibe
como
los efectos omnipresentes
de esta codificación
digital, aunque sus
34
HIPERTEXTO
ejemplos sugieren que a menudo esrá confundido acerca de los
medios que la ernplean. Los punros fuertes y débiles del plantga-
miento de Baudrillard aparecen en sus comentarios ,."i., de la
digitalización del saber y de la información. Baudrillard percibe
con acierto que el paso de 1o táctil a lo digital representa un acon-
tecimiento esencial en el mundo contemporáneo, pero luego se
equivoca en cuanto a sus implicaciones, á, mejor &.ho, sót hs
percibe parcialmenre. Según Zl, h &gitñzación implica una opo-
sición binaria: <<La digitalización nos rodea. Esto es lo que se d.r-
prende de todos los mensajes y signos de nuesrra roii.drd . La
forma más evidente en que se manifiesta es la prueb a,la pregun-
ta/ contestación, el estímulo/respuesta>> (simulations,
1 1j). Bau-
drillard postula esta equivalencia, que equivocadamente conside-
ra axiomática, en su declaración de que <da verdadera fórmula
generadora, La que abarca todas las demás y la gue, de algún
modo, es la forma estabilizada del código, es la fórr,nula binariá, h
digitab>
(L45).
Llega a Ia conclusión
de que el hecho primario
acerca de lo digital es su relación con <<el control cibernético... la
nueva configuiación operacional>>, ya que <<la digit alizacíón es su
principio metafísico (el
Dios de Leibnitz) y el ADN, su profero>
(
101
).
Es cierto que la digitalización implica un estado binario, so-
bre todo en los niveles más básicos del código de máquina y en los
más elevados de los lenguajes de programación. Perá de áste he-
cho no se puede extrapolar ingenuamente, como hace Baudri-
llard, un sisterya entero de pensamiento o episteme. Por supues-
to, Baudrillard puede rener razón en parre; talvezha p.r.ibido
una conexión clave entre el modelo estímulo/respuesta y to digi-
tal. Sin embargo, el hecho del hipertexto demuirtru *"y cl^ía-
mente que lo digital no nos confina necesariamente en un mundo
lineal ni en uno de oposiciones binarias.
A diferencia de Derrida, que enfatiza el papel del libro, de la
escritura y de las tecnologías de la escritura, Baudrillard nunca
considera el texto verbal, cuya ausencia se prolonga
en toda su ar-
gumentación, y reconstiruye a su manera 1o que a todas luces no
esperaba. Sugiero que parre de la dificultal t.óri.a de Baudri-
llard se debe a que pasa por alto los textos verbales digitñzados
y se desvía demasiado fácilmente, a partir del hecho á. la codi-
ficación digital, en dos direcciorr.rt
(1)
hacia el rnodelo esrímu-
i: ., ..
i . -;A-.l:ia
EL HTPERTD(To v ¡-e reoRÍA cÚrrce
lolrespuesta
y el modelo y/o; y
(2)
hacia otros medios no alfanu-
méricls
(distintos de Ia escritura) como la fotografía,la radio y Ia
televisión. Curiosamente, cuando Baudrillard enfatiza con acierto
el papel de 1o digital en el mundo posmoderno, suele tomar sus
eiemplos de áigítalízación de unos medios que se basan en tecno-
logíai analógicas
y no ügitales, sobre todo en la época en que es-
.ríb., y las áf.r"rr.ias .ntre las características e implicaciones de
^-b6
son importantes. Mientras que el almacenamiento analó-
gico de inforÁación sonora y visual requiere un procesamiento
iir,."l, la tecnología digital suprime la necesidad de
-secuencia
al
posibilitar el
"..iro
directo á cu"lquier bit particular
.de
infor-
mación. Cuando se desea encon6ar determinado pasaje de una
)5
sonata de Bach grabada en una cinta, hay que recorrerla secuen-
cialment.,
,rt qre los aparatos modernos permiten pas ar tápí-
damente de uná pieza musical a otra. En cambio, cuando se quiere
localizar ,rtt putr¡e dado en una grabación digital, se puede acce-
der instantáneamente a dicho pasaie, marcarlo para futuras re-
férencias
y manipularlo .o*o sería imposible hacerlo con la
tecnolog íi analógi.*; po. ejemplo, se puede volver a escuchar ins-
hntáneamente
una pieza sin tener que rebobinar nada.
Al concentr"rrJ en los medios alfanuméricos
y al confundir,
según parece, las tecnologías analógica y digital,.Baudrillard gier-
dj|" oportroidad de ,".oro.er el hecho de qu-e 1o digital también
tiene i por.rrcial para ímpedir; bloquear y rodearla condición li-
neal y bin"ri", y s,istituirla por la multiplicidad,-
por una verdade-
,^ uáí-dad y áctivación del lector y la posibilidad-
Pgra
é1 de des-
viarse .r, ,rriirs redes. Baudrillard ha descrito un hilo principal o
constituyente
de la realidad contemporánea
que, potencialmente,
entra .. .orflicto con la realidad multilineal e hipertextual.
Además del hipertexto, varios aspectos de la informática en
las humanidades sá derivan de Ia virtualidad del texto. En primer
lugar, la facilidad con que se puede manipular símbolo.s alfanu-
*Zri.o, da lugar a un pro..r*iento de texto más sencillo. A su
ár,l^.orrro&dad
del^procesamiento
de texto f.aclhta mucho Ia
publicación erudita tradicional, es decir, la creación de textos fi-
á.dignos
y, en principio, doctos, a partir,de manuscritos o libros
publlcados,
i,rsio
.t, iI momento en que la noción misma de tex-
io aislado, unitario y unilateral tal vez esté cambiando e incluso
desapareciendo.
)6 HIPERTE)§O
eL Hrpenrnffo Y r¡. tponfe ctÍrrce
37
:. l¡
En segundo lugar, esta misrna facilidad para cortar, copiar y
manipular el texto permite formas diferentes de coru-posición eru-
dita, en las que las notas del investigador y la información original
existen en una mayor proximidad experimental. Según Michael
Fleim, a medida que la texrualidad electrónica vayaliberando la es-
critura de las limitaciones de la tecnol ogtadel papel impreso, <(enor-
mes cantidades de informaciín, y más textos todavía, se volverán
aócesibles inmediatamente bajo la superficie electrónica del escri-
to... Conectando un pequeño ordenador con un teléfono, un profe-
sional podrá leer "libros" que a su vez se abren sobre un extenso
riar de bases de datos que sistemizart todo el saber hurnanorr.B La
facilidad de manejo del texto erudito, que se debe ala capacidad de
los ordenadores pñaexaminar bases áe dator con gran velocidad,
permite la búsqueda de textos completos, concordancias dinámicas
e impresás, y otras clases de procesamientos que permiten a los eru-
d,itos.en humanidades plantearse nuevos tipos de preguntas. Ade-
más, a medida que uno escribe, <<el texto en progreso se encuentra
conectado y unido a todo el mundo de la informació»>
(161).
En tercer lugar, el texto virtual, cuya apariencia y forma pue-
den ser modificados según convenga al lector, mmbién tiene el
potencial de añadir un elemento completamente nuevo: el nexo
electrónico o ürtual que reconfigura el texto tal y como 1o cono-
cemos los que hemos crecido
junto
a los libros. Es la facultad de
\conexión
electrónica lo que crea el hipertexto, una textualidad
icompuesta
de bloques y nexos que permiten multiplicar los ma-
yectos de lectura. Como Fleim sostiene, el procesamiento de tex-
to electrónico ineütablemente produce nexos, y éstos desplazan
el texto, al lectot y ú escritor hacia otro espacio de escritura:
Las características distintivas de la formr¡lación del pensarnien-
'
to en el marco psíquico del procesamiento de texto coinciden con
la autom atízactín del manejo de la información y producen una co-
nexión sin precedente entre los textos. Con "conexión" no me re-
fiero a alguna vaga conexión física como la de libros individuales
compartiendo un espacio ffsico en la bibüoteca.Lapalabra "texto'
proüene de la palabra latina para tejído y ha llegado a tener una
tremenda exactitud de sentido en el caso del procesamiento de tex-
to. En el meüo elecmónico,la conexión es interactiva, es decir que
los textos pueden ser convocados instantáneamente en un mismo
marco psíquico
(
160- 161
).
La pfesencia de múltiples trayectos de lectura, que perturba
el equilibrio enue lector yiscritor y que crea así el texto de lector
d. Éarthes, también crea un texto que existe con una indepen-
dencia mucho menor respecto a los comentarios, anaTog¡as
y tra-
dicione's
que el texto impreso, Este tipo de demo
qatización
no
sólo redrri.la separación
ierárquica
entre el llamado texto princi-
pal y las anotu.iorr.r,
que ahora existen como textos indepen-
di"*.r, unidades de leclura o lexias, sino que también difumina
las fronteras entre textos individuales. De este modo, la conexión
electrónica
reconfigUra nuestra experiencia tanto del autor como
de la propiedad intelectual, y ello promete afectat, a su vez, nues-
tfas noclones tanto de autor
(y
de autoridad) de los textos que
estudiamos
como de nosotros mismos como autores.
Además, estos cambios se producen en. un entorno electrónico,
el docuverso nelsoniano, en el que Ia publicación cambia de sentí-
jo.
El hipertexto, mucho más que cualquier otro sistema informá-
tico, pro*.t. convertir la publicación en una cuestión de acceso a
;g""; red electrónica. Por el momento, los eruditos seguirán de-
pJrrdi.rrdo del libro, y es de prever que las meioras continuas en au-
toedición
e impr.ríá hsei pro'ooóurán una última floración del
texto como o§eto físico. No obstante, estos textos físicos serán
prád".iaos
(o
meior dicho, reproducidos) a p^rtir de textos elec-
irónicos;y, a*.did"
que los láctores se vayan acostumbrando
a la
.o*odiáá¿
¿. los t.xtos electrónicamente
conectados, el libro,
ahora definido tanto como herramienta del erudito como produc-
to acabado suyo, irá perdiendo su papel prepondefante en la inves-
tigación
humanística.
El modelo no lineal de red en la teorÍa crítica actual
Las discgsiones
y diseños de hipertexto comparten con }a te-
otla ctítica contemporánea
un énfasis en el paradigma o modelo
de red. Como mínimo, cuatro significados
de red aparecen en las
descripciones
y proyectos de sistémas de hipertexto, actuales y fu:
t rro".^En
ptitá". lrg"r, cuando se transfieren textos impresos al
hipertexto^,
toman la formu de bloques, nodos
9
lexias unidos en
,n^ r.d de nexos y trayectos. Red, en este sentido, se refiere a una
especie de equivd"ntá electrónico del texto impreso conectado
t'i
38
''i ,!.'
HIPERTEXTO
EL HTPERTEXTo Y tA TEoRfA cnÍtIce 39
i.i-
electrónicamente. En segundo lugar, cualquier conjunto de le-
xias, tanto si se deben al autor del texto verbal como a un tercero
que haya reunido textos de varios autores, toma la forma de una
red; en algunos sistemas, se llamattama a cualquier conjunto de
documentos, cuyos límites cambiantes los convierten, de ulg",
modo, en el equivalente hípertextual de una obra. En tercer lu-
gar, el término red tartbién se refiere a un sisterna electrónico que
implica ordenadores adicionales así como cables y conexiones fí-
sicas que permiten compartir información enre máquinas indivi-
duales, estaciones de trabajo o terminales de lectura-escritura.
Estas redes pueden tomar la forma de las actuales redes de ámbi-
to local
(LAN),*
como Ethernet, que conecta conjuntos de má-
quinas denuo de una institución o parte de ésta, como departa-
mentos o unidades administrativas.'o También hay redes de gran
ámbito
(§üAN)"'
qr. conectan distintas instituciones geográfíca-
mente muy alejadas. Las primeras versiones de redes de gran ám-
bito, tanto nacionales como internacionales, incluyen
JANET
(en
el Reino Unido), ARPANET
(en
los EE. UU.), el National Rese-
arch and Education Nenvork
(NREN)
,o'
y BITNET,
eue
conec-
ta universidades y centros de investigación en América del Norte,
Europa, Israel, Australia, NuevaZelanda y
Jap6n."
Estas redes,
que hasta el momento se han utilizado prirrcip"lmente paruel co-
rreo electrónico y púa transferir archivos particulares, también
han servido de infraestructura a boletines de noticias como Hu-
manist. Para que estas redes puedan soportar el hipertexto, hacen
f.alta equipos más potentes que puedan transferir con mucha ra-
pidez grandes cantidades de información.
La cuarta acepción de red, en cuanto a hipertexto, se acerca
mucho al sentido que se le da en la teoría cútica. Red, en su sen-
tido más completo, se refiere a la totalidad de los términos para
los cuales no hay término y que son representados por otros tér-
minos hasta que surja a1,go mejor o que u,no de ellos logre abarcar
el sentido más amplio y La mayor difusión: <<literatura», <<info-
mundor>, <<docuverso>> y, de hecho, <<cualquier escrito>>, tanto en
sentido alfanumérico como derridano. Las futuras redes de gran
LAN: Local Area Nenvork. T.
WAN: §üide Area Nerwo¡k. T.
Red Nacional de Investigación y Educación. T.
ámbito necesarias para un hipertexto interinstitucional, a gran es-
ca\a y a distancia, mat eríalizarán los actuales mundos de la infor-
mación, incluida la literatura. Dicho de otro modo,
Para
obtener
información haúfaltatener acceso a algÉn tramo de la red. Para
publicar en el mundo hipertextual, hará falta tener acceso, aun-
que sea de forma limitada, alrna red.
La analogía, modelo o paradigma de red, esencial en el hiper-
texto, aparece en todos los escritos teóricos estructuralistas y po§e§-
tructurdittr.. EI modelo de red y sus componentes rechazan la li-
'nealidad
en forma y explicación, y ello a rnenudo en aplicaciones
inesperadas. Bastará t¡n solo ejemplo de este pensamiento no lineal.
Aunque los expertos en narrativa casi siempre han subrayado la li-
nea[áad esencial de la naración, recientemente, los críticos han
empezado a encontrarla no lineal. Barbara Flerrnstein Smiü, por
ejemplo, sostiene que <<en virtud de Ia naturaleza misma del discur-
so, 1á no [nealidad es más bien la regla y no la excepción en las
obras naffativasrr.'n Puesto que volveré al tema de la narrativa line-
al,y no lineal en un capínrlo posterior, ahora sóIo mencionaré
que la
no linealidad se ha vuelto tan importante en el pensamiento crítico
contemporáneo ,
tarr de moda, podría decirser
Que
Ia obsen¡ación
de Smith, tanto si es aceftadacomo si no, resultaba casi inevitable.
Puede aprecíarse la importancia general del pensamiento no li-
neal o antilineal por Ia frecuencia con que Barthes y otros críticos uti-
lizarr,los vocablos nexo, red, trama y trayecto y por la destacada posi-
ción que les dan. Más que cualquier otro teórico contemporáneo,
Derriáa emplea los términ os flexo, tramA, red, matriz y entretejido en
relación .ot Iu hipertextualidad; Bakhtin así mismo emplea nexos
(Problerns,9,25), conexión
(9),
interconexión
(19)
y entretejidn Q2).
,
Como Barthes, Bakhtin y Derrida, Foucault concibe el texto
i
en términos de red y se vale precisamente de este modelo pata
describir su proyecto, <<el análisis arqueológico del conocimiento
mismo>> .En-Tbe arder of Thingr sostiene que su proyecto impli-
ca rechazatlas <<famosas controversias>> que tienen ocupados a
sus contemporáneos;
proclarna que..hay que reconstruir el siste-
ma general de pensamiento cuya red, en su aspecto positivo, hace
posible la interacción de opiniones simultáneas y aparentemente
iontrrdictorias. Es esta red Ia que define las condiciones que ha-
cen posible un problema o una controversia y sostiene la histori-
cidaá del saber>>.27 ParaFoucault, el orden es, en parte, ..lu ley in-
"1:
*2.
40 HIPERTEXTO
4L
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F:t;i. .
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EL }IIPERTEffO Y I-A TEORÍA CRÍTICA
terna, Ia red ocult»>
(xx);
según é1, una <<red>> es aquel fenómeno
<<capaz de interconectar>>
(127)
una amplta gama de taxonomías,
observaciones, interpretaciones, categorías y normas de observa-
ción a menudo contradictorias.
. La descripción de red que hace Heinz Pagels enTbe Dreams of
Reason
(Los
sueños de la razón) sugiere por qué la red seduce tanto
a los que sospechan de los modelos
jerárquicos
o lineales. Según é1,
<<una red no tiene "atrillra" ni"abajo". Más bien, es una pluralidad
de conexiones que incrementan las posibles interacciones entre sus
componentes. No hay autoridad central ejecutiva que supervise el
sistem»>." Además, como Pagels también explica, la red funciona
en varias ciencias físicas como un poderoso modelo teórico capaz
de describir una gama de fenómenos de muy distintas escalas espa-
ciales y temporales y, así, de ofrecer un programa de investigación.
El modelo de red ha cautivado la imaginación de la gente en cam-
pos tan diversos como la inmunología, la evolución y el cerebro.
Et sistema inmunológico, como el evolutivo, es un poderoso
sistema de reconocimiento de patrones con capacidad pña
aprender y rec'ordar. Esta característica del sistema inmunológico
ha sugerido a varias personas que un modelo informático dinámi-
co que simulara el sistema inmunológico también podría apren-
der y recordar... El sístema evolutivo obra en una escala de tiem-
'
po de cientos de miles de años, el inmunológico en cuestión de
dírr y el cerebro, en milisegundos. Si descubriésemos cómo el sis-
tema inmunológico reconoce y destruye los antígenos, tal vez ello
nos podría enseñar cómo las redes nerviosas reconocen y destru-
yen ideas. Después de todo, tanto el sistema inmunológico como
el sistema nervioso están constituidos por miles de millones de cé-
lulas altamente especialízadas que se excitan y se inhiben unas a
otras, y ambos aprenden y tienen memoria
(134-85).
El modelo de red también ha inspirado el movimiento cone-
xionista en inform ática, que recurre a una áipotética arquitectu-
ra nerviosa para el diseño en red>> de máquinas radicalmente di-
ferentes. Los conexionistas sugieren que <das conexiones, el
diseño mismo de la red>> aporta <da clave de su funcionamiento y
no algún programa interno como los de los ordenadores>>
(L25).
Los conexionistas también proponen una <<representación del sa-
be», en la que el saber está distribuido eru toda la red; y no sim-
plemente localizado en
4grt,
memoria electrónica ni en
"it'gYt
*i.ioirrterruptor.
Para lJs con.xionistas,
la representación
del
saber," dirtiibuye enre las fuerzas de las conexiones [¡los
ne-
xos !1, entre unidades»
(
L26)
C"*o lo demuestra Pagels, la ciencia contemporánea
y La teoría
crítica
proponen teorías convergentes acerca d9l penlamiento hu-
áÁ"
v
¿.f*rrrdo del pensami.áto basadas en el paradigma de red.
--
-
i.rry Eagleton y otror teóricos marxistas,
que a menudo recu-
rren ,1 p"r.rI*cn¡ialismo,
mmbién se valen del modelo o imagen
á. ,"d.r! En carrrbio,los marxistas más ortodoxos,
que tienen un in-
;;¿;;..ro.r"l
(o
un convencimiento
sincero) en la narrativa o la
metanarrativa
lineal tienden a recurrit a ted y a trama
principal-
mente
paracaracter aat laequivocación.
Pierre Machery
podría pa-
;;;ráro fuera de lugar siguiendo a Barthes, Derri d^y Foucault al
situar la"s novel^r dentro de una red de relaciones con otros escritos.
§;ñ Machery,
<<1a novela¡e sitúa inicialmente
en una red de libros
qol srrrtitoy.nia
complejid.ad
de las relaciones reales de las gue,
de
É..ho, estáconstiuidt
.i^lq.ri.r mundo?. Sit' embargo, su frase si-
ñ;r;
áeia bien claro
gue, , dif.r.r,cia de lamayoya
de los poses-
tructuralis,r,
o posmod.*irtrr,
que emplean la red como panüg-
ma de una situación abierta y n; restrictiva,
percibe la red como
.¿*";;
confina
y limita:
<<Encerrada en Ia totalidad
de una recopi-
lación, en medio d" ,r, compleio sistema de relaciones,
la novela se
""a".
[teralmente
alusión,^repetición
y continuación
de algo que
só1o entonces empieza a parecerse a un mundo inagotable>>-10
Fredric
Jamáson,
gue en The Political Unconscious
ataca a
Althusser
pár crear impresiones
de <<totalización fácib> y de ..tt1-
ma ininterrumpida
de i.nóm"nos>>,
considera, frecuente
y-explí-
.iiu*."te,
Ios Lodelos en red como el asiento del error." Por
ejemplo, cuando en Marxism and'Form critica
<<e1 prejuicio an-
;i;rÉ."1ativo>>
de la tradición liberal, dice quq .1su énfasis en el
aco-ntecimiento
individual a expensas
de la red de relaciones en
;;;;il¿f;".de
esrar inmersori.r
el medio que tiene el liberalis-
mo para <<prevenir que la gente [:gl. a conclusiones,
de otro
*oa" inerritables, a rri.r.l pó[tico>>." Aquí, el modelo de red re-
presenta *, .o*pleta y uá..,ruda
puesta en contexto, Suprimida
pot ulggna escuela de pensamiento
que no es la marxista,
pero
ir.
ráo resulta ,r...ruri a para describir las sociedades
premar-
*irrrr.
Jameson
repite .rt. putaügma en su capítulo sobre Her-
42
HrpERTExro
bert Marcuse, cuando explica que <<el deseo auténtico corre el
riesgo de disolverse y de perdersé
en la extensa red de seudosatis-
fabciones que constituyeÁ d sistema de mercador, (100-101).
una
vez más, el concepto de red proporciona
un paradigma
solamen.
te necesario, según parece, para describir las .o*ll.¡idades de
una sociedad caída. vuelve a hacerlo cuando, en
"l
.ipitrlo sobre
Sartre, discute la noción de fetichismo de Marx, qrr" p..senra,
paraJameson,
ciertas <<comodidades
y la red "objetiira,,
áe lus re-
laciones que. mantienen entre sí>> como la aparieácia ilusoria que
enfiIascata <4a realidad de la üda sociab>, que <<se encuentra en el
proceso mismo del trabajo>> (2g6).
¿Gausa
o convergenc¡a?
¿lnfluencia o confluencia?
¿Adónde
lleva la relación de la inform ática,y d.l hipertexro
en particular,
con la teoría de literatura de las irlr o .rárro últi-
mas décadas? En la conferencia de mayo de 1990 en el Elvetham
Hall sobre Ia tecnolog¡ay
el fururo de lainvest ígaciónhumanís
tíca,
J.
Hillis Miller sugirió: <<La relación... es rrrriltipl., oo lineal, no
causal, no dialécticay excesivamente
determin
^d^.
No enca
ia
ánlu
mayotia de los paradigmas
tradicionales que definen "relación,,rr.r,
El mismo Miller aporta un buen ejemplo de esta convergen-
cia entre la teoúa crítica y la tecnología. Arrt.r dé descub¡r eT hi-
pertexro, hablaba del rexto y del pro..rumiento (interpretativo)
de texto de una.mane.u qrrá ..r.,itu, á fam{íar u .rrJqiri.r" q.r.
hay? leído o tabajado con hipertexto.
por
ejemplo
,'.Á
Firtion
and Repetition describe cómo se lee una novet" ¿. Hárdy de una
forma que yo calificaría de hipertexrualidad
bakhtiniuná, <<Cada
pasaje es un nodo, un punto de intersección
o de enfoque, en el
que convergen 1ín9as que conducen a muchos offos p"rr¡., de la
n9vela y gue, en úldma instancia, los incluye todos>r.'Ningun pa-
saje tiene una prioridad particular
sobre los demás, en el ientido
de ser más importante
o de ser el <<origen o el fin dá lo, oros>>.3a
Así mismo,
."1
proponer <<un "ejemplo"
de estrategia descons-
truccionista de la interpreración)),
€n ibu criü, o, o llort
(L979),
describe bloques de texto dispersos y conectados,
""y"
il.orrido
se puede
seguir hasta un universo o metatexto gue
crece y au_
menta sin cesar. Aplica una estrategia desconstruicionista
á ci-
EL HTPERTExTo Y le rBonfe cnfuce
4)
tado fragmento de un ensayo crítico que contiene a su vez ufla
cita de oito ensayo, como un portador alberga un parásito>>. Pro-
siguiendo con la analogía microbiológica, Miller pasa a explicar
qüe ,.el "ejemplo" es un fragmento parecido a esas minúsculas
partículas de ulgUnu sustancia que se introducen en un diminuto
irbo de ensayo y se investigan con ciertas técnicas de química
analítica. Se puede llegar muy lejos, u obtener mucho de un pe-
queño fragmento de texto: nos gUía de contexto en contexto, que
se amplí* h"rtu abarcat, como medios necesarios, toda la familia
de lenguas indoeuropeas, toda Ia literatura y el pensamiento con-
..pto"l en estas lenguas y todas las permutaciones de nuestras es-
tiricturas sociales dá economías domésticas, receptoras y dadoras
de regalosrr.'5
A"" así, Miller subraya que el <<Glas de Derrida
y los ordena-
dores personales aparecieron más o menos al mismo tiempo. Am-
bos t.ib aiarr.orrr.i"rrte
y deliberadamente
para dejar obsoleto el
tradicioní modelo de libro Lineal y sustituirlo
por el nuevo hiper'
texto multilineal,
que ya se está convirtiendo rápidamente en el
modo de expresión característico, tanto de la cultura como del es-
tud.io de lai formas culturales. El "triunfo de la teoría" en los
estudios literarios y su transformación
por la revolución digi-tal
son dos.aspectos dl un mismo cambio arrollador>>
(Litera'ry
The-
ory, L9-n0i. Por supuesto, dicho cambio arrollador tiene muchos
componentes,
Pero
hay un tema que aparece tanto en escrito§ so-
bre ñip.ne*to
(y
el Memex) como en la teoría cdtica contempo-
ránea,* Las limitáciones de la cultura impresa, d. Ia cultura del
libro. Bush y Barthes, Nelson y Derrida, así como todos los teóri-
,cos
de estos campos, quizásorprendentemente
entrelazados, em-
piezancon el deseo dá [berarnos de las limitaciones de 1o impre-
,o. Ert. proyecto común requiere
que uno reconozca primero eI
enorme poá.t del libro, ya que, sólo cuando hayamos tomado
concienáa de la manera en que ha formado e informado nuesffas
vidas, podremos intentar escapar de algunas de sus limitaciones.
En este contexto, las explicaciones de Claude Lévi-Sffauss
del pensamienro iletrado ,nib, Sauage Mind
(El pensarniento sal-
uaji) y en sus tratados sobre mitolo gía aparecen, en parte, como
,i.ri.rrios
de descentrar la cultura del libro, de demostrar los con-
finamientos de nuestra cultura literaria saliéndose de ella, por
muy superfici"l y brevemente que sea. Al enfatizar medios de co-
|
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44
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HIPERTE)ffO
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Í:..:..:
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tt..
ali :
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¡..
EL HIPERTEXTO Y LA TEORfA CNÍNCE 45
bro, Adorno y Prefacio>>. Lo hace con gustoya gu€, como anunció
en Of Grammatology, <<aunque p,arczca lo contrario, esta muerte
del [trg, anuncia, siiiugar a áudas
(y,
en cierto senddo, siempiáha
;"".-a¿o), una muerte del discuiso
(de
un suPilesto discurso
completo)así.otroiñá-ñ-ü¿v-a-rrutasiéssp*l-a-hr$gria-{e--!g5:q-cri-
EIa,
en la historia como escritura. Lo anuncia con una antelación
Evarios siglos. Es en esta escala que debemos estimarlo>>.
(8)
En una conversación conmigo, Ulmer mencionó que, puesto
municación electrónicos
aulque no informáticos,
como la radio,
la tglgvjriól y el cine, Baudrillard,
Derrida,
l.un
FranEois Lyo-
tatd, Mcluhan y otros se pronuncian
iguahánte
en .""rru de la
futura importancia
de la tecnologsa dela información
b"r"d" .r,
la impresión, coincidiendo
, *.rrrdo con los que pi.nrÁ
en que
uno! medios de comunicación
análogos con rárid^o, movimiento
e información visual remodel arám ru&crlmenre
nuestras expecta-
tivas de la cultura y naturalezahumanas.
Entre los principales
críticos y teóricos de la crítica, Derrida
destaca como-el quá mejor adviei. l, importun.iu
á.üa tecno-
logía de la información
autónom", b^rráa en sisremas digiáes
más que analógicos. Como señala, <<el desamollo de rnétodo"s prác-
ticos..d5
leguperación
de la información
amplía enormemente las
posibilidades d9l
imgnsajg",
hasta el punto
en que
deja de ser la
traslación "escrita"
de un lenguaje, lairrnrf...nlia
de un signifi-
.-rdg
.9ue,
incluso p_ermaneciendo
oral, conservaría
su inlegri-
dadrr.rl Más q,r. .,.,*lquier otro teórico, Derrida se da cuenta de
que la informáticay los otros cambios en los medios de comuni-
cación han desgastado el poder del modelo lineal y del libro como
paradigmas afines y culturalmente dominanres.
Derrida d..lui",
«El fin de la escritura lineal es en realidad el fin del libro, aunque
sea en forma de libro que las nuevas escritura§, literarias o teóri-
cas,
le
dgian encerrar, pdta bien o para mab> (Of
Grammatology,
86). Por lo tanro, como lo señalu [il*.r, <dos escritos gramatolá-
gicos-ejemplifican
la lucha para romper la investidura
del libro>>
(App
lied Grammatology,
L31 .
según Derrida, .d, forma del "libro"
está pasando por un pe-
ríodo de agitación general, y, mientas su formu prr".i cada vez
menos natural.,. y su historia, menos transparentel
h forma de li-
bro por sí sola nopuede zanjar... la cuestión de aquello,
fro..ro,
de escritura que, al cuestionar en la prácticaesta
foimu, há de des-
mantelarlo>. El problema,
adery{s,
i.*-
reconoce Derrida, es que
<<no se puede
tocar>> la forma del Iibro <<sin trastornar
todo lo áe-
más>>
(Dissemination
LI¿ diseminación),
3) en el pensamiento
occi
dental. A Derrida, siempre deseoso de rocarlo rádo, .1lo ,o le pa-
rece urta razón suficiente para no tocar el libro y su reivindi.u.iór,
comienza con la cadena de expresiones que aparecen más o menos
corno título al principio
de Disserninatlon:
Hors Livres: fuera de
Iibro, Hors d'Oeuvre: entremés, Extratexto,
prelimin*
r,i" de li-
que la unidad de Derrida equivale al nexo, La gramatología
"t..1
,,
u.,. y la ciencia de conectat y, po. lo tanto, el arte y la cienci-a del
"
hipertexro.sT Uno podría añadir que Derrida también describe la
'
diieminación como una descripción del hipertexto: <<Junto con
una expansión ordenada del concepto de texto, la diseminación
inscribe una ley diferente que rige los efectos del sentido o de la
referencia
(}a
interioridad de |a "cosa", realidad, objetividad,
esenciüdad, existencia, presencia en general, sensible o inteligi-
ble, etc.), una relación diferente enffe la escritura, en sentido me-
tafísico de la palabra, y su "exterior"
(histórico, político, econó-
mico, sexual, etc.)>>
(Disserninatiort, 42),
Analogfas
con ta revoluc¡Ón de Gutenberg
Si nos encontramos realmente en un período de fundamenta-
les cambios tecnológicos y culturales análogos a la revolución de
Gutenberg, entonces ha llegado el momento de preguntarnos qué
podemos áprender del pasado; en particular, qué-podemos ple-
áecir ,..r.á del futuro al comprender Ia <<lógic»> de una tecnolo-
gía dada o de un conjunto de tecnologías. Según A1vi1 Kernan,
.{u "lógica" de una tecnología, de una idea o de una institución es
su tenJencia a conformar, en un limitado número de formas
o di-
'
recciones, todo aquello en que incidenr>." La obra de Kernan y de
orros como Rogei Chartiei y Eisenstein;.,"que
han estudiado las
complejas rranslciones desdela cultura del manuscrito hacia la de
lu imprlnh, sugiere mes lecciones claras o normas para cualquie-
ra que presienta similares transiciones-
En primer lugar, estas transiciones toman mucho tiempo; en
todo .uio, mucho más tiempo del que los primeros estudios sobre
el paso de la cultura del manuscrito a la de la imprenta podían 11e-
'46.
varnos a suPoner. Estudiosos de la tecnología y de la práctica de la
lectura señalan varios cientos de años de cÁbior y u.Lmodaciones
graduales, durante los cuales prevalecieron
distinias prácticas de la
lectura, formas de publicación y concepciones de lu literatura.
según Kernan, no fue hasta principios del siglo xvrrr que la
tecnología de la imprenta <<hizo pasar á lor países más ad.Írntu-
dos de Europa de una cultura oi^l a otra impresa, reordenando
toda Ia sociedad y reestructurando las letrar, *á, que meramente
modificándolas>> (9).
¿Cuánto
tardaráIa inform átiia,y sobre todo
el hipertexto, p^la operar cambios parecidos?
Uno i. pr.g.rrr^
cuánto tardará el paso al lenguaje electrónico en volverse omni-
presente en la cultura.Y
¿con
qué medios, apaños culturales pro-
visionales y demás intervendrá y creará un iuadro más .or,frrro,
aunque culturalmente más interesante?
"
La segunda norma importante es que el estudio de las rela-
ciones entre tecnología y literatura junto
con otros aspectos de las
humanidades no produce necesariamente una lectJra mecánica
_de
la cultura, como temían
Jameson
y otros. Como Kernan deja
-
bien claro, la comprensión á. h lógiiade una tecnología no per-
mite hacer predicciones, ya que en condiciones dif.r.rites ]a *ir-
ma tecnología puede producir efectos diferentes e incluso contra-
rios. Así,
J.
Daüd Bolter y otros historiadores de la escrirura han
señalado gue, al principio, la escritura, gue servía los intereses del
clero y de la monalguía al registrar leyes y acontecimientos, pare-
cía puramente
elitista, e incluso hierática; más rarde,
"
*ádid,
que iba progresando
hacia abajo en la escala social y económica,
empezó
I
parecer democtatizante
e incluso anárquica. En gran
medida, los libros impresos tuvieron efectos igualmenre dife"ren-
ciados, aunque los factores dem ocratizarttes taidaron mucho me-
nos en imponerse a los hieráticos: unos cuantos siglos, talvez dé-
cadas,
¡en
lugar de milenios!
Así mismo, como Marie Elizabeth Ducreux y Roger Chartier
han demostrado, tanto el material imprero .o*ó los t"nuscritos
fueron utilizados como instrum.rrtor <<de una aculturación reli-
giosa controlada por la autoridad, pero en ciertas circunstancias
ngrmitierorr
la resistencia de una fe recha zaday llegaron a ser un
último y secreto recurso en contra de la convetriórr-forroso>.
Los
libros de horas, los contratos matrimoniales y los llamados libros
evangélicos encamaban <<una tensión básica Lrtr. los usos públi-
EL HTPERTD(To v Le rponfa cnÍuce
47
co, ceremonial y eclesiástico del libro u otro material impreso y.la.
l.ct.rru privada, personal e interio tizadarr?e
El mismo Kernan insiste en que <<el conocimiento de los prin-
cipios básicos de la lógícade la imprenta, como la inalterabilidad,
la multiplicidad
y la siste matízación, permite predecir las tenden-
cias pero no los modos exactos en que iban a manifestarse en la
historia de la escritura y en el mundo de las letras. Tanto la idea-
lizacióndel texto literario como su atribución de una esencia esti-
]ística son desarrollos de posibilidades latentes de la imprenta,
pero opino que no habíauna necesidad previa y precisa de que las
i.t.u, fu.t"., vaLoizadas de estas maneras en particularr,
(181).
Kernan también señala <<1a tensión, por no hablar de oposición
manifiesta, ente dos de las fuerzas primarias de la lógica de Ia im-
prenta: la multiplicidad y la inalterabilidaá, d.go-que_podríamos
áenominar ef..ios "biblioteca" y de "librería de saldos">>(55),
que entran en
juego,
o prevalecen, sólo en determinadas condi-
Ciorr"r económicas,
políticas o tecnológicas.
Latefcera lección o norma que puede derivarse de Ia obra de
Keman y de otros historiadores de las relaciones entre las diver-
sas prácii."t de la lectura, las tecnologías de la información y la
crliot", es que las transformaciones tienen contextos e implica-
ciones políticos. Las consideraciones sobre hipertexto, teoría ctí-
tica y litgrltura han de tener en cuenta lo que
Jameson
llama <<el
reconoctmrento básico de que no hay nada que no sea, además,
social e histórico, y gue, de hecho, "en ultima instancia", todo es
político>> .
(Political
U nconscious, 20) .
Predicciones
Si la tecnolog ía dela imprenta cambió radicalmente el mun-
do tal y como lo expone Kernan de formatan:r convinceqte,
¿cuá-
les serán los efectoi d. una transición paralela de la ímprenta al
hipertexto informático? Aunque los cambios asociados con el
puro de la imprenta ala tecnología electrónica td.uez no presen-
ien ningún paralelismo con los asociados al paso del manuscrito a
la impret tr, lrt descripciones de los cambios más recientes en la
t..t ología del texto alfanumérico pueden sugerirnos campos de
investigación.
HIPERTE)(TO
"
-:i .i ,
EL HIPERT¡>mo
Y 1A TEoRÍA cnír¡ce
49
48 HIPERTEXTO
l'
i
a.
I
LI
i::::
:::'
!,1.:,
l,: ','r,
'
:!1: '. '4
f',.,
.r'
:
i.:,
,
,::,.
i;.'
tlt.
v.,
:i:
.
l. :..
Uno de los cambios más importantes se refier e ala tealización
del poder demo $atlzarnte de la nueva tecnología de Ia informa-
ción. Durante el paso de la cultura del manuscrito a la de la letra
impresa desapareció <<un sistema más antiguo de cartas refinadas y
cortesanas, esencialmente oral, aristocrático, autoritario y centra-
do en la corte... al ser sustituido progresivamente por u.R nuevo
sistema literario basado en la imprenta, democrático y centrado en
el mercadorr, crryes valores fundamentales <<aunque no estrictamen-
te determinados por razones técnicas, permanecían indirecta-
mente asociados con las realidades de la imprenta>>
(PrintingTecb-
nolog1t,4). Si la hipertextualidad y los sistemas informáticos afines
llegan a tener efectos tan generuhzaáos,
¿cuáles
serán? Nelson,
Miller y casi todos que escriben sobre hipertexto consideran que
esta tecnología es esencialmente democratizante y gue, por 1o tan-
to, mantiene algún tipo de existencia liberada y descentralizaáa.
Kernan cita numerosos casos específicos de cómo la tecnolo-
gía <<afecta alavida individual y sociab>. Por ejemplo, <<d modifi-
car su rabajo y sus escritos, la ímprenta obli gó a escritor, erudito
y profesor
-las
funciones literarias clásicas- a redefinirse a sí
mismos y, aunque no creara del todo a los críticos, editores, bi-
bliógrafos e historiadores de la literatura; sí aumentó notable-
mente su número e importancio>. La tecnología de la imprenta
así mismo redefiníí d, público de la literatura al convertirlo
vefemos a continuación,
también tienen efectos radicale, ,ot"
nuestra experiencia
de escritor,
texto y obra, a los que redefine'
Tan básicos y radicales son estos efectos qare nos fuerzan a cons-
;; q;. *rr.hrs de nuestras actitudes e iáeas
-4t
queridas y fre-
.tr"or.,
hacia la literatura no son sino el resultado de determina-
das tecnologías
de la información
I
d. la memoria cultural,
que
proporcioniron
el entorno adecuado
paru dichas actitudes
e ide-
.r. Érru tecnologí a,la del libro impreso y sus parientes más cerca-
ioi
q"" in.LryE lL página impresa o
Te.c*_o
graflada, engendra
cierras no.iorrás de prJpied
^d
y unicidad del escritor y del texto
físicamente
aislado
ir.Ll
hipertexto
hace insostenibles.
En otras
f"l"btut,
el hipert"*io
an.la en l.a historia muchos de nuestros su-
;;;, -a,
dif"t didos, haciéndolos
descender
del éter de la abs-
tracción y parecer meras consecuencias
de una tecnologia
daáa,
arraigaá,
""
un tiemPo y lugar dados'
-
Ñ h"..r posibl.t otot
plantearyientos,
el hiperrexto
tiene
mucho .r, .oáún con ulgrrnol de los principales
planteamientos
de las teorías literaria y sárniol ógica,y tobr" iodo óon .1 énfasis de
ñ.riidu
en el descentiar
y con Iu .o...pción
de Barthes
de texto
á. l..tor frente al de .r.ritor.
De hecho, el hipertexto
supone una
encaúiación
casi emb atazosaÍnente
literal de ambos conceptos'
y
ello, a Su vez, plantea nuevas cuestiones sobre éstos y su interesan-
te combinación
de presciencia
y relación histórica
(o
inscripción)'
i:.
i,:
ii: -'
,;:'
.t":
.':i:,
'i,,:'
.i;,
l:.
t'-. '
-:i1..:.
1;.,.: : .
i,' ,
;_t'
...r
:i1,
,;-..,
de un pequeño grupo de oyentes o lectores de manuscritos... a un
grupo de lectores... que compraban libros para leer en la intimi-
dad de su casa. La imprenta también hizo que la literatura resul-
tata, por prim eta vez, objetivamente real y, por lo tanto, subjeti-
vamente concebible como hecho universal, en grandes bibliotecas
de libros impresos que contenían grandes colecciones de escritos
mundiales.. La imprenta también reordenó la relación de las letras
con otros agentes sociales, por ejemplo, liberando al escritor de la
necesidad de un patrocinador y la consiguiente servidumbre a
la riqueza; desafiando y reduciendo el control de la autoridad
sobre los escritos mediante la censura estatal y promoviendo una
ley sobre propiedad intelecmal que entregaba al autor la propie-
dad de sus propios escritos
(PrintingTecbnology,4-5).
Los nexos electrónicos desplazan los límites entre un texto y
otro, entre escritor y lector y entre profesor y estudiante. Como
r
2. Reconfi$urar el texto
Del texto al hiPertexto
Aunque en el funrro leiano, o no tan lejano, todos los textos in-
dividualei estarán conectados electrónicamente
formando así meta-
textos
y merametatextos
de un género sólo parcialmente imaginable
hoy eldí d,y¡han aparecido formas de hipertexto de mucho menor
"lcance.
Existen yui.rntliteraciones
al hipertexto de poesía, de fic-
ción y de otras materias originalmente concebidas
para la
-tecnolo-
gia dál[bro. La forma más sencilla y ti*it"ia de esta transliteración
f,r.r.*,
el texto lineal, con su orden e inalterabilidad,
y luego añra-
ha, , modo de apéndices, críticas, variantes.textuales
u otros textos,
ráno1ógi.*.rr-t.
anteriores o posteriores.'En estos casos' el texto
riginafque conserva so formá andgua, se-convierte en un eie fijo
cual irradian los textos conectados,
y ello modifica la experien-
cia del lectot de este original texto en un nuevo contexto.
Se han publicado rácopilacione§ dídácticas de textos clásicos
en hipert.rito basadas .t, ,rt único texto, original'mente
creado
parusu difusión impresa, como eje ininterrumpido
alrededor del
'.rr"1
se articul*t .o*.ntarios
y anotaciones' Paul Delany, de la
Universidad Simon Fraser, por ejemplo, utilizí eL sistema Hyper-
card de Apple para ttr.ru.tibir al hipertexto-y
-aTpliar
el
Joseph
And.reus.r áá Hánry Fielding; en la Universidad Brown, qmplea-
mos de un modo similar el sist.ma Intermedia
para presentar his-
2
torias cortas de Kipling y de Lawrence''
i.
| ,
É''
'-'
,,,-.: §.,t.1:,,.
.
52
R.ECONFIGURAR EL TD(TO ,)
HIPERTEXTO
hipertextual unos materiales originalmente concebidos para la tec-
nología del libro dividiéndolos en lexias discretas, sobre todo cuan-
do contienen elementos multilineales que requieren la clase de lec-
tura multisecuencial asociada con el hipertexto. Un ejemplo de este
tipo de hipertexto ha aparecido en CD Word: Tbe Interictiue Bible
L-ibrary,r'que un equipo del Dallas Theological seminary*lha crea-
do con una versión mejo rudade Guide. Esta recopilación hipertex-
tual de la Biblia, destinada más bien al <<estudianre, teólogo, pasror
o lego» que al historiador de la religión, inclu¡re las versiór.i de la
Bíblia King
James,
Neur Intemational, New American Standard y
Revised Standard
,
así como textos griegos para el Nuevo Testa-
mento yla Biblia de los Setenta. Acompañan este material tres léxi-
cos griegos, dos diccionarios y tres comenrarios de la Biblia.r Con
este sistema, que almacena los textos electrónicos en un rlisso
com-
pacto, el lector de la Biblia puede yuxraponer pasajes de diferentes
versiones y compatat las variantes, examinatlaversión gnegaorigl-
nal y acceder a una rápidaayuda en gram áacay vocabulário gri.gór.
otra recopilación similar pero que emplea un sistema de hi-
Pertexto
más sofisticado es Cbinese Literature
(Literarura
china)
de PauI Kahn, que ofrece diferentes versiones de la poesía de Tu
Fu
(7
L2-77 0) que van desde el texto chino, transcripciones en
nuestro alfabeto y traducciones literales hasta omou líbros de
Kenneth Rexroth y offos.o Literatura cbina también incluye abun-
dante material secundario que permite la interpretación á. la po-
esía de Tu Fu. Como CD Word,la recopilación de Kahn p.rmit.,
tanto al principiante
como al iniciado, acercarse a un clásico en
lengua extraniera através de varias versiones y, como la Biblia hi-
pertextual
en disco compacto, también ubica el texto primario en
una red de nexos con las diferentes traducciones y las ieferencias.
Antes de examinar otras clases de hipertexto, convendúa recal-
car las
iustificaciones
y conclusiones implícitas de esras dos exce-
lentes obras. CD Word ofrece a sus lectóres una presentación
tec-
nológica de La Biblia parricularmente
apropiada porque, en
general, el texto se maneja en términos de p"rá¡.r .orto. o, como
dirían los escritores en hipertexto, como ri fu.r* de <<alta reso-
lucióru>. Del mismo modo, al ser más bien concisos, los poemas de
*.
Biblioteca Bíblica Interactiva. T.
*1.
Seminario Teológico de Dallas. T.
Tu Fu se prestan muy bien avnarecopilación similar en hipertexto.
A diferencia de estos dos eiemplos áe rcalízaciones en hiper-
texto, que respaldan el estudio con nexos electrónicos entre múl-
tiples textos paralelos, Iru Memoriam, otra recopilacíón, esta \¡ez
en Intermedia, creada en Ia Universidad Brown, se vale de los ne-
xos electrónicos pataelaborar un mapa de las alusiones y referen-
cias del texto, tanto internas como externas
-su
inter e intratex-
rualidad-5 y, así,las mateúaliza.
EI In Mernoriam de Tennyson, radicalmente experímental,
ilUstra pertectamente la validez áel comentario de Beniamin: <<1a
historia del arte presenta épocas críticas en las que cierta forma de
arte aspira a efectos que sólo podrán ser collseguidos plenamente
con un cambio de patrón técnico, es decir, con una nueva forma
artíEticarr.u Otra manifestación de este principio aParece en la Ii-
teratura
pictórica victoriana, sobre todo en Tennyson y Ruskin,
que antiiipr., en muchísimos detalles las técnicas del
-cine.?
Así
áo*o la literatura pictórica anticipa un medio futuro
(el
cine) uti-
|1ganáo la narrativa paraestructu rur la descripción, In Memoriam
¡
anticipa la hipertextualidad electrónica desafiando precisamente i
.
la narratirra yia forma literaria basada en ella. Convencido de que i''r
él
"mFú;d;
la nliiááio" ¿1.g íaca, que inexorablemente conduce
'
a lector y doliente'del pesar a la consolación, falsifica la experien-
cia real, el poeta elaboró un poema compuesto de 13 L fragmentos
paraexpresar el flujo y reflujo de las emociones
Y,
en particular, la
manera en que, irracionalmente, Surgen rebrotes de pesar mucho
tiempo después de la supuesta recuperación del doliente.
La muerte de Henry Hallam en t$3 hizo que Tennyson
cuestionara su fe en la naturaleza, en Dios y en Ia poesía. In Me-
moriam revela que Tennyson, que se había dado cuenta de que
unas composiciones breves encarnaban mejor las emociones
'
transitorias que seguían emb argándolo mucho tiempo después
de: su pérdida, rech az6 Ia elegía y la narrativa convencionales
::
porqué ambas presentab an al.lector una versión demasiado uni-
,
ficada, y, pof lo tanto, demasiado simplifi cada, de sentimientos
. como el.pesar y la resignación. Creando una poesía no lineal de
fragmentos, Tennyson g¡ía al lector de In Memoriam del pesar y
Ia desesperación a Ia espe tanza y la fe pasando por la duda; pero
con cada paso irrumpen emociones persistentes y opuestas, y
,' uno encuentra duda en medio de la fe, y dolor con Ia resolución.
lÉÉi§ÉɧiiÉ€iii
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I' E€á[ÉáÉÉ B[r
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RECONFIGURAR EL TD(TO
57
56 HIPERTE)ffO
En lugar de la :rarna elegíaca de <<Lycidas>>, <<Adonait» y .<Thyr-
sis>>, In Memoriam ofrece fragmentos entrelazados con docenas
de imágenes y motivos e informados por un igual número de re-
soludiones, principales y secundarias, de las que la más famosa es
la secció n 95, con su representación del encuentro de Tennyson
con el espíritu de Hallam, experiencia cumbre y maravillosamen-
te ambigua y mística. Además, otras secciones como la7 y la L19
ola28,la78 yla L04, se remiten unas a otras de diversos modos.
La protohipertextualidad de In Mernoriam atomiza y disper-
sa al Tennyson hombre. No se 1o percibe en ningún momento,
excepto td,vez en el epílogo, que aparece a continuación y fuera
del poema en sí. El verdadero Tennyson, el hombre que existió,
con sus creencias y temores, no puede extrapolarse de las sec-
ciones individuales del poema, ya que cada una de ellas presen-
ta a Tennyson sólo en un momento dado. Recorriendo estas sec-
ciones individuales, el lector experimenta una versión
"lgo
ideabzada de los momentos de pesar o'de restablecimiento de
Tennyson. Así, In Memoriam cumple la definición de Paul Va-
lery de la poesía como máquina que reproduce emociones. Tam-
bién coincide con otra observación que hizo Beniamin en una
comparación del pintor con el camarógrafo: <<En su trabajo, el
pintor mantiene una distancí a natural con la realidad mientras
que el camarógrafo penetra profundamente en su trama. H"y
una tremenda diferencia entre las imágenes que obtienen. La del
pintor es integral,la del camarógrafo consiste de múltiples ftag'
mentos que se ensamblan según una ley nueva>>
(Ǥlork
of ArD>,
233-234). Aunque refiriéndose a otro medio de expresión, Ben-
jamin
c^pra parte del sentido en que el hipertexto, comparado
con el texto, parece atomizado al mismo tiempo que transmite
una de las principales cualidades del poema no lineal y secuen-
/
/L"trama
hipertextual de In Memoriam
lntenta
captar la orga-
naaciónno lineal del poema estableciendo nexos entre secciones,
por ejemplo, entre la 7 ylallg,la2yla)9 o los poemas de Naü-
dad que se evocan unos a otros a lo largo de todo el poema
(Fig.
1). Y, más importante todavía, gracias a las capacidades de Inter-
media, el lector puede remontar de sección en sección siguiendo
varias docenas de leitmotiu que forman un hilo en todo el poema.
Trubajartdo con la sección 7, por ejemplo, los lectores que desean
moverse
por el poema siguiendo una secuencia lineal pueden ha-
cerlo
poi medio de los nexos entre las secciones anteriores
y
poster^iores; también pueden consultar cualquier
palabra en un
^diccionario
electrónicamente conectado o seguir nexos hasta lec-
tufas alternativas, críticas
(e
incluso una comparación
de la sec-
.iá" 7 con la tt9) o discusiones de las relaciones internas del
f""*u.
Además, la activación de los nexos señalados al lado de
prlrbtrt como oscuro, casa, puertas, maflo o culpable hace apare-
i., ,rr^ selección de varios tipor de materiales. La selección de
ma.no
genera instantáneamente
un menú con todos los nexos aso-
ciados a esta palabra, que incluyen un directorio gráfico de las
principales im,ágenes áe In Memoriam,
trÍt comentario crítico so-
[;" h irrug.n ci-tada y, lo más importante, una lista sistemática
de
cada.r.ro á. 1o, ,rsos de la palabia en el poema
iunto
con la frase
en que aparece; la elección de cualquiera
de los elementos del
*"rr,i prórro., la aparición del documento conectado, de una vi-
sión gán"r"l de la imaginería, de un comentario o del texto com-
pl.tJd. Ia secció, qrré contiene ese uso concreto áe mano.
Gracias a las capacidades
de Intermediapara
crear.nexos en
I
ambas
direccion.r
y conecmrlos con cualquier pasaje
(o
bloque
I
áe texto) de la obrá, el lector puede desplazarse
pof el poema si-
\
-:-.
guiendo distintos ejes. Aunque latramadelnMemoriam
conten-
i
.!
;;;;o
las oras obrur
"r,
tip.ttexto citadas más arnba,material
i
de referenciay lecturas altern-ativas, su diferencia principal radica
'1
""
.f é*pl.o á" 1o, trayectos de nexos, que permiten org anizar.l
-
.-.
poema por medio de ,L ,"d de leitmotii
y sácciones
que se remi-
i
1
ten unos a otros.s Aunque estos nexos los hayamos creado mis co-
i.
I
laboradores,
estudi"rrtá,
y Hcenciados,
Y Yo,
representan una cla-:-
tl
,. d. nexos obietivos
que también h"Lriu, póaiao establecerse
I
con
gna
completa función de búsqtreda de texto. En este y otlos
aspectos,
}a versión con Intermedia de In Memoriam representa
una forrna adaptable de hipertexto.
Aparte de la adaptación
de un texto cuya versión impresa ya
lo divide en seccionás análogas a las lexias, uno puede imponer
sus propias divisiones a una obra, como hace Barthes con <<Saffa-
sin." .i SlZ. Un ejemplo obvio de proyectos de este tipo serían
versiones hiperterirrdés
de <<Sarrasine>> solo, o incluso de éste en
S/Z de Barthes.' O6a versión electrónica
que realiza gran parte
del potencial del hipertexto para las variantes es Fotking Patbs:
58
HrpERTExro
An lruteraction
oftg
Jo_rge
Luis Borges (lgg7),o
d. Stuart Moulth_
rop, una adaptación
de <iForking
pathsr,
a.
J.
L- B";;;s; funcio_
na bajo storyspace,
un sistema ¿!
rrip.rtá*ro
.r.uil;?rJ.
David
Bolter,
Michael
Joyce
yJolrn
B. Smi;h.ro
,
Erros ejemplos
de adaptació¡
al hipertexto
ejemplifican
for_
'
mas de transición
enrre la iextualidad
.trr.r.iona]
yia hiperro,
i
tualidad.
l?r
otra p;";r.xisren
ya obras originalmenre
concebi-
i 9l
yu_r^
el hipertexro.
Ért"s conecran
.1..tü.ri.r*"ie
bloque,
i de texto, o mej_or dicho lexias, unos con otros y con diversos com_
,plementos gráficos
como ilustraciones,
mapas, organigramas,
es-
",
i
quemas y üsionT generales,
algunos de loslqab,
ío elisten en el
imedio
impreso.
En el futuro,habúmás
@el$x"r*rdo,
poi
la conexión
de secciones
aisladas de obr^ i"ai"iduales,
aunque la
noción de obra individual y discreta se está volviendo
cada vez
-
más débit e insostenible
en ál *"r.o de esta tecnología
informáti-
ca, como ya había ocurrido en el contexto
d. g."; pr*. de Ia
teoría crítica conremporánea.
Estas obras inclufen
pl.ri, y fic-
ción hipertextuales,
i. h, que hablar¿
más adelante, y el equiva-
lente_hipe*extual
de las obias críticas y erudii;;;;¿rrr.
una de las
_primeras
obras en esre nuevo medio, y J.rd. luego
la-primera
con Intermedia,
fue ra de BarryJ. Fishman; ..Th.
§7orks
of Graham swift:4
Hyp"rrext
Thesis>>
ríésil,;ü;,;s doctorar
de la Universidad
Brorñ sobre el noveü;;;ú;irá"t.;
.-orrr.-p
orá-
neo. La tesis de Fishman se compone
de sesenta y dos lexias, de las
cuales cincuenra
y cinco son do^.r*.ntos
de ,.*r" y ;i;;., esque-
Trr
o fotografías
dígrtñzados.
Los cincuenra y.irr.á
documentos
de texto que creó, .ór un tarnaño
de media págnahash
tres pági-.
nas a un solo espacio,
contienen
discusio".r
¿JUS r.ir p.i"cipales
obras publicadas
d¡ svrift, las crític-., qr. recibieron,
correspon_
dencia con el novelista y ensayos sobr.',.*"r,
técnicas y ras rera-
ciones intertextuales
en cada uno de sus libror'y..
.i .t";""ro de
su obra. Aunque Fishman
creó su recopitación
ér, hip.rt.*ro
como
un conjunto
de documentos
relativamente
autóno*o,
estableció
nexos con varias docenas de documentos
presentes
en el ,irt.*r,
-
que incluyen
desde escritos de profesores
i. ut *.rro, ,i., d.pur_
tamentos
hasta comentarios
de Ltro, estudiantes.
-.
uaminos Divergenres:
una interacción
ygún
Jorge
Luis Borges. T. *L.
Las obras de Graham swift: una resis rri!.rá*r"
ar.T.
RECONFIGURAR EL TEXTO
Problémas de terminolog!ía:
¿Qué
es el obieto
¿Qué
es el texto en hiPertexto?
59
que leemos?
Como las primeras ftases de este capítulo deben de haber su-
gerido, escribir sobre hipertexto en un medio impreso plantea in-
áediatamente
problemas de terminología muy parecidos a los
que Barthes, Dérrida y otros se encontfaron al intentar describir
úrr" t."tualidad ni representada por el carácter físico del libro im-
preso ni limitada poiél. Ya qr. él hipertexto cambia radicalmen-1/
ie lar experiencias
que leer, esuibir y texto suponen,
¿cómo
pY.-\
de uno emplear, sin inducir a errores, estos términos tan cargados
{
de las impúcaciones de la imprent a, p^rareferirse al material elec-
trónico? Todavía seguimos leyend o de acuetdo con la tecnología
de la impresión y seguimos orientando hacia la publicación im-
presa toáo lo que escribimos, pero ya emp,i eaan a vislumbrarse las
prime.r,
-*if.staciones
de tip.tt.*trrulidud
y a percibir algu-
nos aspectos de sus posibles porvenires. A.menos que se emplee
con sumo cuidado, 1á terminol ogíaestrechamente asociada con la
tecnología de la imprenta puede inducir ala confusión. Bastarán
dos ejemplos.
Úro d. 1o, problemas con que nos enfrentamos surge a la
hora de dar un nombre al objeto que leemos. El libro, por su-
puesto, es aquel obieto con el que leemos el productg
-d"
la tec-
nología de Ia imprenta. En nuestra cultura,la palabra li_bro puede
)
desifrar tr.,
"rriidades
muy distintas: eI objeto
_.1
sí,
91
texto y la
l
*rrrif.ttación de una tecnología áaáa. Llamar <<libro electrónico>>
a la máquiná con la que leemos el hipertexto induciría a error, ya
que está máquina .ot lu que se lee
(y
se escribe y se llevan a cabo
ótrur operaciones como mandar y recibir correo) no constítuye en
sí un [Lro, es decir, un texto: no coineide ni con el texto virtual ni
con su. encarnación física.
( Surgen problemas adicionales ya que el hipetexto iryp_l**-L
)
lector más activo, uno que no sólo selecciona su recorrido.d. Iec-
\
J
'
)rtunidad de leer como un escritor; es
\
ffiH'"T1:l?ltT'i:#:[HT.Hil
que ree puede asumir ra i
/.jf,rnción
de urrio, y añadir nexos u otros textos al que está leyen-z
I d". Así. el uso del término lector, como hacen algunos sistemas
f
"
).. :--
-1 -------i^ -^-^6
,o^o
^^-^
informáticos en sus mensajes al usuario, tampoco parece apro-
piado.t'
t
6A
HrpERTExro
Una solución
ha sido llamar
ese lugar cle lectura-escritura
una
:1?9'-99 9:rge*u¡r,
lor
analogíacon
lf estacíón
de ffabtajodel
in-
genrero;
esta expresión
suele referirse
a máquinas
reladvamente
potentes,
a menudo
conectadas
_en
I.dl
y .o, mucha
más poten-
cia de cálculo,
memori a y capacidades
t
griifiru"-q".'"1^;rdenador
personal."
sF embargo, y, qr. estaciói
d.e trabajoparece
sugerir
que
estos objetos
sólo existinán
en el lugar
d. ;;;í;i";esultarán
útiles sólo en ocupaciones
remunerrd""r,
esta expresión
también
resulta confusa.
Aun así, recurriré
a ella i.,0., en cuando,
aunque
sóIo sea poJque parece
más cercana-a
lo que el hipertexto
requie_
:e
que cualquiera
de los oros términos
,.rg..id;
ha;; la fecha.
Estos problemas
de terminorgeía;p;;n,
como ya resuha evi_
,
dente, pg.q,r,.
los papeles
de t.?r"ii
.r.ritor cambian
tanto en la
i
tecnología
hipe.t."t,.rul
que
nuestro vocabulario
"orri"rrrl.il"
l*,ry
poco qué ofrecer.
comoquie-ra
qu9 se denomine
ese lugar
de lectura-escritura,
no debe
concebirse
la máquina que .rrro.Lp
leaú parutrabajar (y
divertirse)
en hipertexto
árrro una máquina
aislada,
como el or_
denador p"*orul
de hoy en día. ilúñ
de e[o, er «objeto
con
que se lee>> debe concebirse
como una enmadañü;;
iü:
ca, alhiperdocumento,
ya que es el medio que tienen el lector y el
escritor
individuales
para ctnectarse
y participar
en .i Á,rrdo de
los nexos y docu-.rrio,
hipertextuales.
se plantea
offo problema
símilar
de terminología
respecto
a
la palabra
tuxtor qre tantas
veces h. .Ápl.uJo
yu"*
.r,, obra.
Más que cualquieiotro
término
crave d.átu
exposici
ón, textoha
dejado de cerlirse
a una única parabra.al
oirtir simurtáneamente
en dos mundos
Fry
distintos
,'"b"r.i;ig"ifi.rdos
contradictorios
y:
p^rl
emplearlo,
debe encontrarse
el"rnodo
d. .itu. ü .orfu_
sión. cuando intento
explicar
3lg"lo^".rf..ros
de ra diferen
cia, a
menudo
me veo obligaáo
^
d^í d.fi"i.i;es
nuevas y antiguas
poco precisas
o me descubr
o uúJtzando
er vieio ,Zrñú"
con un
sentido
en esencia
anacrónico.
por
ejemplo,
**do explico que
los sistemas
de hipertexto
permiten'.orr^".tur
un pasaje
<<en>>
el
<..exto>>
con otfos pagajes
tanto <<en>>
el <<texto>>
como <<fuer»>
de
é1, me veo enfreniado'precisamente
, * anacronismo
de este
tipo. La clase de rexro que p.rmite
habrrr,;;;;;'á".or...t"-
mente que sea, de interiores
y exteriores perten...
, l, imprenta,
mientras que
aquí estamos
consider".dJrra
forma de textuari-
REcoNFIGURAR
EL TP(To
6L
dad ürtual electrónica en la cual esto§ términos,
Y4
sospechosos, re-
5Jr* más problemáticos
y confusos todaü a.l)nasolución
ha sido'
utilizar teio como u.na ábreviatura anacrónica
de los términos
entre corchetes en la expresión siguiente:
<<Si uno fuviera
que trans-
ferir un rexto
(obra)
[át.gro
imlreso], digamos Losf Paradise
(El
ioroi¡,
perdido) de Miltorr, , *, forma electrónica,
podrían e§ta;
blecerse nexos entfe pasaies de [1o
que eral el texto loriginal]
(eI
;;;
¿. rrrirron) y .o1, ,rrr,
"*pli,
g trr^ de material externo al
L"á.riii"alrr.
Ei problema, por supuesto, es que,¡uando
el texto
impreso se convi.rt. .t urr t.ito electrónico, deia de poge.er la mis-
,rr, .lrs. de textualidad.
En las páginas siguientes, la palabra texto
Eil;*nderse
como <<versión-eláctrónica
de un texto impreso>>.'
Texto verbal
Y
texto no verbal
El problema de la denominación
del' <ttexto>> en el medio
hip.ri.iir"l
.orlleva la cuestión implícita de lo gue
debe abarcar
áiifr^ p^1ubru. Esta cuestión,
a su Yez,_nos
oblíga
?
reconocer
qrr. .1 hip.*.ra
,..orrfigura
el texto de un modo fundamental
ñ"
1o, .r^.*os electrónicoi
n9 parecían indicar a primera vista. A
lafuerza,
l, hd.;;."i"¿i¿ad
incluye una ptopotiión de informa-
;¿;;; ,r.rl[*ucho
mayor gre
1, impránt a;lamisma facilidad,
en comparación,
con que pr.á" añadirse este material fomenta su
inclusión.
Dicho de otro-rrrodo,
el hipertexto materializa
Ia rei-
vindicación
de Derrida de una nueva fo.*" de escritura
ieroglífi
¿"
*.
p".áu .rritar algunos de los problemas implícit9t,
y por 1o
tanto ineütables,
de |o"s sistemus
d..tcritura
occidentales
y de sus
versiones
impr.sas. Derrida reclama la inclusión
de elementos
vi-
,,.rul., en la ácritura
como un medio-de
escapar-a las limitaciones
de la linealidad.
Comentando
esta éxigencia
de los postulados de
D.rridr,
G*g;ry Uher explica
q,r.
!
gramatología.<<se
enfren-
ta>> a.rrrrro iritánio, durrnt. los cual.i f,r. suprimido
del len-
*"i.
todo aquello
que_ <<se resistía a una reducción a la linealidad.
fr"r'"*i.rrdo,
esta supiesión equivale
a la negació"
{.1
carácter
multidim.rr.iorrrl
d.[
p"nsamiénto simbólico
originalmente
evi-
áL"r. en el "mirogra-ma"
(el
término es de Leroi-Gourhan)
o es-
.ri op no lineal
(f,i.togr áfuca o
ieroglifica)>>
(Applied Grammato-
logy,8).
Derrida,
que-reclama una nueva escritura
pictogúfica
62
63
Wi,
t.
'llii:j
,'
.lü.:, ¡
$ii-".'
'ñ'.:,
t-".-
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t.
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i',:
-
:,j:t,.
P.ECONFIGURá,R EL TEXTO
HIPERTE)(TO
como salida al «logocentrismo>>,
ha visto su petición en gran par-
te satisfecha en el hiperrexto.
Por otra p?rrg, el
lripertexro
incluye los multimeüos ya que,
con la misma facilidad, puede conectar enre sí tanto pasajes de
texto verbal como información no verbal. Además, ya que la in-
formátic a digltaliza tanto los símbolos alfanuméricos iomo las
imágenes, el hipertexto electrónico puede, en teoría, integrar am-
bos. En la práctica, los populares procesadores
de texto como
Microsoft §7ord ofrecen cada vez más a menudo la posibilidad de
incluir material gráfico en documentos de texto. Los nexos, que
permiten remitir al lector a u.na imagen desde cualquier punto del
texto, hacen aún más fácll, esta integración de información verbal
y visual.
i
Además de la cantidad y diversidad crecientes de información
r alfabética y no verbal incluida en los documentos, el hipertexto
;
aporta elementos visuales que no existen en una obr,
-i*pr.ru.
'
Tal vez el más básico de todos sea el cusBr, una flecha, lir.u o
cualquier otro elemento gráfico parpáf,eante, que represenra la
presencia
del lector-escritor en el texto. EI cursor, que el usuario
-
desplaza desde el teclado apretando las teclas marcadas con una
flecha o con dispositivos como el <<ratón>> o la bola de rastreo,
proporciona una entrometida imagen móvil de la presencia del
Iector en el texto. Desde esta posición, el lector prr.d. modificar
el texto: con el ratón, puede situarse el cursor en medio de una
palabru,
por ejemplo, entre la p y la o de por. Apretando un botón
del ratón, se inserta una bamavertical parpadeárrt.;
apretando las
teclas de retroceso o de borrar r. s,.rpiirn" l^ p, al teclear, se van
insertando caracteres en este punto. En un libro, podemos reco-
rrer la págna impresa con el dedo, pero esta intrusión permane-
,icerá
pat^ siempre aigna al texto. Podemos hacer una marca en la
{página, pero nuestra intrusión no altera paru nada el texto.
El cursor, que añade la presencia, actividad y movimiento del
lector, se compleh, en la mayoría de los actualés sistemas de hi-
pertexto, con un símbolo que indica la existencia de material co-
nectado . Pata indicar la presencia de uno o más nexos, Interme-
dia colo ca aJ, principio del pasaje una marca que consiste en un
pequeño
rectángulo horizontal con una flecha en su interior. El
HypelCard de Apple soporta una amplia ga',,ade símbolos gráfi-
cos
(<<botones»)
Para
indicar los nexos unidireccionales caracte-
rísticos de este program a, CD Vord,basado en una ampliación de
Guide, emplea una ingeniosa combinación de cursores de dife-
rentes'formas para indicar el material conectado. Por ejemplo, si
el cursor se transforma en una flecha horizontal al siruarse encima
de una palabra, quiere decir que hay un botón de referencia,y, al
lr:t,
apretar el botón del ratón, aparecerá el texto conectado. El miq- .i
í
mo procedimiento en la prime ru página, estando el cursor encima
';
f
{
de la palabra Biblias, hace aparecer una lista de las abreviaruras de
g
=
?
las versiones incluidas de las Escrituras. Luego, d situarse encima
i; §
de RS% el cursor se convierte en una crucecita que señala ún
§i'
botón de sustitución. A1 apretar de nuevo el botón del ratón,
:
*
aparece la mención <<Versión Estándar Revisad»>. Todos estos
l'-
dispositivos
gráficos recuerdan al lector que está procesando y
n+
manipulando una nueva clase de texto, en la que los elementos
gráticos desempeñan un papel importante.
Hry un segundo componente visual importante en los siste-
mas de hipertexto que se valen de dispositivos, estáticos o diná-
micos, pate- orientar al lector en su navegación por el hiperes-
pacio. HyperCard ofrece un dispositivo estático, como Io es
iambién la visión general grát{íca de Intermedia, de Ia cual habla-
remos más adelante, Por otro lado, Storyspace e Intermedia dis-
ponen de mapas dinámicos de conceptos. Intermedia genefa av-
tomáticamente §üeb View, un mapa de conceptos dinámico que
proporciona información al lector mediante iconos rotulados, cu-
lror
docrr-entos .<rodean>> el texto gue se está leyendo. Al iniciar
Ia sesión, el lector elige una trama hipertextual
-
por ejemplo, la
de ln Memoriam o áe§7ole Soyinka o bien otra de la literarura in-
glesa a partir del siglo xvrrr
-
si¡g¿11do el cursor encima del ico-
rro .r.ogido y abreil documento pulsando dos veces seguidas'el
ratón, o bien activa primero el icono y selecciona la opción
<<Abrip> del menú de Irrt.t*"dia. Una vez que ha abierto §7eb
View, el lector puede colocarlo a un lado de la pantalla
(por
con-
vención, ala derecha). Ahora el lector puede trabaiat con docu-
mentos individuales y a su lado el mapa de seguimiento, que se irá
agrualtzando. Cada vez que el lector abre un documento o activa
uno previamente abiemo, §üeb View se actualb^y, de este modo,
proporciona información acerca de adónde se puede ir a conti-
nuación. Al seleccionar cualquier icono de §feb View se abre eI
'
documento representado por dicho icono. Web View también
64
presenta un histo úal gráfico del recorrido del lector mediante una
disposición vertical de iconos que indica el título de los docu-
mentos abiertos hasta entonces; pequeños iconos adicionales
muestran si el documento se abrió desde un archivo, siguiendo un
nexo, o si fue reactivado desde el escritorio.l'3
Es el sistema de hipertexto, y no el autor, el que proporciona
dispositivos como §7eb View. En contrapaftida, los autores en hi-
pertexto disponen de otros elementos visuales importantes: visio-
nes generales o directorios gráficos que ayudan al lector a navegar
por el metatexto. Estas visiones generales gráficas, que llevan el
'
apodo genérico de OV," presentan una gran diversidad de aspec-
tos entre los que cabe destacar el mapa de conceptos
(véase
IN
CUSTODY OV en la fig,2),
eu€
informa al lector acerca de los
nexos y de sus contenidos y muestra, además, un camino claro y
,
práctico para acceder a ellos. La visión g-ene-ral organiza con efi-
;ciencia un conjunto de ideas complejas alrededor de un fenóme-
ino
central, quepuede ser un ar.rto.
(T"nnyson,
Derrida), un perío-
do cronológico
(el
siglo )§rrr o el posmodernismo), una idea o
movimiento
(tipología
bíblica, desconstrucción). De un modo tí-
picamente hipertextual, la visión general implica que cualquier
idea que el lector escoia como c€ntro de su investigación existe en
el marco de otros fenómenos, que pueden tener o no con él una
relación causal.
Otro tipo de visión general de conceptos se vale de flechas
que recuerdan los vectores de fuerzas paraindicar las líneas de in-
fluencias o las relaciones causales. Por ejemplo, en las <<Relaciones
Líterarias de Dickens>>
(Fig.
J), se muestran con flechas las rela-
ciones de Dickens con escritores que influyeron en é1, aquellos en
quienes él influyó, así como los que compartían influencias mutuas
con é1. Este tipo de visión general gráfíca resulta particularmente
útil para presentar de form a claralas relaciones históricas. Imáge-
nes de objetos como fotografías de una célula o de la luna pueden
constituir un tercer tipo de visión general gráfica así como los ma-
pas y los gráficos técnicos.
,
Arnque el §7eb View de Intermedia cumple con éxito su fun-
,
ción de informar al,lector, funciona aún mejor cuando se lo com-
o.
OV por Overview; <<visión general gráfrca>>e-s la traducción del término téc-
nico <<Graphic Overview>>. T.
bina con archivos de visión general realízados por el autor o con
i
otras formas de carto grafia intelectual. §7eb View presenta una
imagen no
jerárquica
de todos los documentos conectados a la vi-
sión general
(o
a cualquier documento activado). En cambio, la
visión general presenta una otganízación
jerárquica, pero sin re-
.
velar la naturalezay número de documentos asociados a cada señal
de nexo. Intermedia ofrece dos formas de conseguir esta infor-
mación: el §íeb View y un menú que se activa siguiendo los nexos
señalados con un símbolo. Al activat un nexo particular, se oscure-
cen todos los demás nexos unidos a ese bloque del §7eb Vieur. Así,
trabajando
juntos,
los docurnentos individuales y §7eb View
informan constantemente al lector de la información que hay un
paso más allá del texto actual. Esta combinación de recursos ge- .,
nerados por el autor y por Intermedia es un buen ejemplo de la r
manera en que los autores de hipertexto emplean retóricamente
\
dispositivos visuales patac.ompletar el diseño del sistema y traba- I
jar con é1 sinérgicamente.'a
. Elementos visuales en el texto impreso
Esta descripción de los elementos visuales del hipertexto nos
recuerda que la imprenta también recurre a más información ,
visual de tá que nor*ul*.rrte se tiene en cuen ta: ésta no se limi-
,tL,
como podría'pensarse en u.n principio,'a los ejemplos obvios
como ilustraciones, mapas, esquemas, organigramas y gtáficos."
Incluso sin más elementos visuales explícitos adicionales el texto
-
impreso contiene ya una buena cantídad de información visual
apúte del código alfanumérico.,'
Los componentes visuales de las tecnologías de la escritura y
de la imprenta incluyen el espaciado entre palabras, Ia división en
párcaf.os, los diversos tipos y tamaños de letras, una compagina-
ción diferente para indicar pasajes citados de otras obras yla asig-
nación de lugares específicos, a pie de páginao al final de un ca-
pítulo o del documento, a los materiales de referencia
(notas).
A pesar de su considerable presencia en el texto impreso, los
elementos visuales denden a ser dejados de lado por los escritores
contemporáneos cuando consideranla naturaleza del texto en la
era electrónica. Como cualquier otro cambio, la expansión de la es-
RECONFIGURAR EL TEXTO 65
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HIPERTEXTO
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70 HIPERTEXTO
RECONFIGURAR EL TEXTO 7l
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critura de un sistema de lenguaje verbal a otro que abarque infor-
i
mación no verbal
-información
visual en forma de símbolos, ele-
imentos
representativos o cualquier otra información, sonido in-
duido- se ha enfrentado a una fuerte oposición, y a menudo la de
los sectores más inesperados y, en concreto, de los que ya emplean
el ordenador pata escribir. F{asta los que abogan por el cambio,
encuentran a veces la experiencia del cambio, y de su defensa, tan
agotadora en la etapa siguiente que se resisten, aunque ésta resul-
te implícita en los cambios que ellos mismos han propugnado.
Esta resistencia se manifiesta de forma muy clara en el comen-
-tario
muy frecuente de que los escritores no deberían pr.o.úp"t-
se por la comp agínaciín o Ia autoedición y que deberían dejar
estas actividades al editor. Se nos dice que los escritores, acadé-
micos u otros, no diseñan bien; y aunque 1o hicieran, prosigue la
argumentación, estas actividades son una pérdida de tiempo para
ellos. Esta recomendación, que recientemente se ha ffansformado
en mandato, debería inducirnos a preguntar por qué.
¿Y
si se nos
dijese: <<Tome,
vnlápiz. Aunque tenga una goma en la punta, no
la utilice. Los escritores de verdad no la utilizaru>? Como mínimo,
deberíamos preguntarnos por qué se ha incluido esta capacidad
de hacer algo; y, si practicásemos con ella, nos daríamos cuenta de
que bortai y, dadas la curiosidad y perversidad humanas, que en
determinadas circunstancias pueden significar 1o mismo, con
toda seguridad nos veríamos tántados a ,r1ilizrrla. Así,
¡una
c^pa-
cidad se convenkía en un placer culpable!
Cualquiera con un poco de interés por el diseño que haya exa-
minado, incluso por casualidad, los productos de las ediciones co-
merciales o universitarias habrá notado la gran cantidad de libros
pésima y deticientemente diseñados. A pesar de la labor ejemplar
de diseñadores como P.
J.
Conkwright y Richard Eckersley, mu-,
-
chas editoriales siguen produciendo libros feos de ver, con márge-
nes estrechos, letras demasiado pequeñas o bastas patauna distri-
bución dada y ningún sentido estético de la página. Se suelen
invocar las limitaciones económicas como único determinante de
la situación, aunque un buen diseño no tiene por qué producir un
producto final más costoso, sobre todo en 1a era de la comp aglna-
ción por ordenador. En varios casos de los que tengo constancia,
los editores encargaron el diseño a principiantes que confesaron
no tener ni formación ni experiencia en diseño gráfico. Al haber
tenido la suerte de que mis libros pasaran por las manos de artis-
tas de primer orden mucho más a menudo que por las de diseña-
dores ineptos, no hago estas observaciones en tono de queja, sino
como una preparación a la averiguación de por qué se les dice a los'
escritores que no se tomen molestias por el aspecto üsual de sus
escritos y de por qué aceptan tan dócilmente esta recomendación.
En parte se debe a que este mandato implica obviamente
cuestiones de categoría y poderi y, en concreto, implica una in-
terpretación específica
-es
decir, una construcción social- de
los conceptos de escritor y de escritura. Según estos conceptos, el
papel y la función del escritor se limitan a escribft.La escritura, a
su vez, se concibe exclusivamente como una manera de registrar
(o
crear) ideas mediante el lenguaje. Superficialmente, este enfo-
que parece bastante neutro y evidente, y ello ya debería indicar-
nos que se ha establecido hast a tal punto que ha llegado a abarcar
prerriisas culturales que bien se merecen un examen.
^
Este mandato de.<sólo escribio>, basado en la concepción pu-
ramente verbal de la escritura, implica obviamente 1o
siguiente:
primero, gue
sólo la información verbal tiene valor, al menos para
'á1
escritor
"o*o
escritor y patael lector como lector;'u y, segundo,
que la información visual tiene menos valor. El manejo de estos ti:
pos de información despreciados o con menos valor
(e
incluso,
¿se
merece el material visual la calificación de <<verdadera infor-.
mació»>?), de algún modo rebaja la categoúa del escritor, y 1o
hace menos escritor. El tema de Ia categoría vuelve a manifestar-
se al considerar otro motivo del mandato de <<sólo escribi»>, tam-
bién unido a las nociones de división del trabajo, de prestigio y de
posición. En general, se cree que los autores no deberían preocu-
parse por temas que incumben al impresor. Aunque turbado por
ésta exclusión, acepté esta argumentación hasta enterarme de
gue, hasta hace relativamente poco
(digamos,
los años J0),los es-
critores sokan aparecer por la imprenta de la Oxford University
Press,o mientras sus obras se eskban comPaginando, y que se les
permitía dar opiniones y consejos, algo que ahora se nos dice que
no es asunto nuestro, que está por debajo de nosotros, etc. El mo-
tivo rnás evidente p?ra cbnvencer a los escritores de renunciar a
las capacidades que les proporcionan sus herramientas de escri-
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Editorial universitaria de Odord. T.
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72 HIPERTE)ffO
RECONFIGURAR EL TD(TO
7)
tura también abarcala idea de que éstos no tienen la pericia, ni los
conocimientos paru producir un buen diseño. Para apoyar esta
argumentación se esgrimen un sinfín de artículos repletos de ti-
pos y tamaños de letra antiestéticos, escritos por estudiantes y
usuarios principiantes de Macintosh; y lo aceptamos demasiado
fácilmente sin más infórmación.
El hecho de que los principiantes en cualquier campo de acti-
vidad obtengan resultados de relativamente pobre calidad nunca
puede
justificar
que abandonen dicha actividad. Si así fuera, acen-
sejaríamos del mismo modo a los estudiantes que abandqnaran in-
mediatamente sus esfuerzos en redacción creativa y discursiva, en
dibujo y filosofía, y en matemáticas y química. Y si no damos este
consejo es porque creemos que las facultades implicadas en estas
actividades son importantes, a diferencia, según parece, de las re-
lacionadas con el aspecto visual. Por supuesto, también está el he-
cho de que Ia enseñanzatíene que ver con nuestro sustento y nues-
tra categotíaprofesional. La cuestión que se plantea es, pues,
¿por
qué es menos importante la información visual? El hecho mismo
d. qo. muchos usuarios investigan con elementos gráficos de tex-
to en sus ordenadores demuestra el placer evidente que obtienen
manejando efectos visuales. A su vez, este placer sugiere que, al
prohibir los recursos visuales al escritor, se le prohíbe también una
fuente dE placer al parecer inocente, algo de lo que uno debe pres-
cindir si pretende ser un escritor de verdad o un lector decente.
La rnayoúa de nuestros prejtricios contra la inclusión de iñ-
formación visual proviene de la tecnología de la imprenta. Exa-
minando la historia de la escritura, se ve en seguida que tiene una
largaconexión con la información üsual, por no hablar del origen
de muchos alfabetos en
jeroglÍficos ni de otras formas de escritu-
ra originalmente gráficas. Los manuscritos medievales presentan
.rrr, .ipecie de cámbinación hipertexrual de tamaños de letra,
márgenes, ilustraciones y otros embellecimientos del texto, con la
ca[grafía y otras adici<¡nes pictóricas.
\exts ütsqeso
-
Los nexos del hipertexto, el control
por parte del lecto t y la
variabilidad no sólo militan contra los modos de argumentación
que nos resultan familiares, sino gu€, además, tienen otros efectos '
áu.ho más generaler, ,rro de los cuales es añadir una especie de
aleatoriedad al texto del lector. Otro es que el escritor, como ve-
remos, pierde cierto control básico sobre su texto y, más específi-
cament^e, sobre los extremos y los límites. IJn tercero es que el '
texto parece fragmentar o atomizar sus componentes
(en lexias o
bloques de texto), y que estas unidades de lectura asumen una
vida propia al volversé más autónom as ya que dependen menos---
de loqu. Iot precede y los sigue en sucesión lineal.
Co-prruf,o .o, ei texto ,AV como existe en la tecnología áe
la impr.ritu, el hipertexto emplea diversas combinaciones
de ato-
mir^Lión y dispersión. A diferencia de Ia inalterabilidad espacial
d.el texto r.prodrrcido con la tecnología del libro, el texto electró-
nico ,i.*pr" present a vattantes, ya que ningún estado ni versión
es definitivo; siempre puede ser cambiado. Comparado con el
texto impreso, la fórmá electrónica
parece. relativamente
dinámi-
ca, ya que siempre permite la cortección, la actualtzación
y otraq,
*oáifi.rciones-similur.r.
Incluso sin los nexos, el texto electróni-
co abandona la inalterabilidad
característica del texto impreso,
que tantas repercusiones ha tenido en la cultura occidenal. Sin
inalterabilidad,
no puede haber texto unitario;
El hiperrexro,
due
añade un segundo tipo_fundarnental
de va-
riación, &rp.rr" y átomiza aitnmás el texto. Los nexos electróni-
cos permitán a 1o, ,rr.rurios recorrer distintos trayectos de lectura
"rr,i.
conjunto dado delexias o bloques de texto. Esta prestación
del hipertlxto, de la que surge su característica e-squiva de la line-
alidaá, tiene .i..ror ob.riot á i*pottantes sobre la concepción de
l" t.*trrulidad
y de las estru.t rrát retóricas. Al explicar su modo
de proced.r.., S/Z,Barthes declara:
«$
f-artir
de ahora "estrella-
rerios", el texto, Sepafando, a }a maneia de un pequeño terremo-
io, lo, bloqrr", de significados de los qu.e l-a lectura sólo percibe la
lir, ,rrp.rfi.ie, imp.I.eptiblemente
soldada
por el movimiento de
trr frrt.s, el flui¿á ¿ir."rso de lanauación
yla"naturalidad"
del
lenguaje ordinario. El significante mayor será troceado en una se-
rieáe breves fragmentos contiguos,
que llamaremos lexias,ya
qqe
',,,,
-* rxrrüaües dé \..tota»
(\]\
. lot r$\I) ttarnática
t¡ apasionata
'! ;...' .
giul,:qu. parezcadesde
el punto de vista de la
pP¡entt
1'jT:t::1
,t'I;;;;;;Á;,
h... de su método en S/2,-desc¡ibe
con
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en que un intento de ír más allá de la imprenta
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74 RECONFIGURAR EL TE}CTO
Transliteración hiPertextual
manuscrito electrónico
75
de la cultura del escriba o-el
HIPERTE)CTO
ciala hipertextualidad perturba el texto y la experiencia de la lec-
tura tal y como los conocemos. El texto o rrrá, exactamente los
}.,
pasajes de texto:
eue
se sucedían los unos a los otros en una pro:
gresión lineal ininterrumpida, ahora se fracturan, se desploman,
asumen identidades más individuales,
A1 mismo tiempo que la lexia hipertextual mantiene lazos
más sueltos, o menos determinantes, con las otras lexias de la
misma obra
(para
utilizar una terminología que ahora Lorre el
riesgo de quedar obsoleta), también se la p,r.á. asociar con tex-
tos de otros escritores. De hecho, se asocia con cualquier texto
conectado con ella, y de este modo se disuelven las nociones de
separación intelectual entre textos, del mismo modo que algunos
productos químicos destruyen la membrana celular de un orga-
nismo: la desrucción de la membrana destruye la célul a,la mit^.
En cambio, una destrucción análoga de las nociones, aún con-
-
vencionales, de separación textual quizá pueda destruir ciertas
actitudes respecto al texto, pero no necesariarnente destruirá el
texto. En todo caso, 1o reconfigwaú, así corrto nuestras expecta,
tivas sobre é1.
Otra consecuencia de los nexos electrónicos es que dispersan
' ..elr, texto en otros textos. A medida que las lexiar i¡¿i"i¿uales
van perdiendo su aislamiento físico e intelectual con el estableci-
miento de nexos, el texto se dispersa en ellas. La necesaria con-
textualidad e intertextualidad,
eu€
surgen al situar unidades de
lectura en una red de trayectos fácilmente navegables, entretejen
los textos, incluidos los de otros autores y los de medios no ver-
bales. Un efecto de este proceso es que debilita, y talvez destru-
ye, cualquier sentido de unicidad textual.
Estas nociones no resultan novedosas para la teoría literaria
contemporánea, pero aquí, como en otros muchos casos, el hi-
Pertexto
representa una encarnación incómodamente literal de
un principio que parecía especialmente abstracto y abstruso des-
de el punto de vísta de la imprenta. Puesto que gran parte del
atractivo y del encanto de estas ideas teóricas radica en su dificul-
tad o talvez en su preciosidad,
esta preséntación
más literal pro-
mete trastorn
at a los teóricos, en
furt.,
por supuesto, porque
trastorna la categoríay las relaciones de poder .nio campo.
El hipertexto fragmenta, dispersa o atomiza el texto de dos
maneras uti.r.r. Primáro, suprimiendo la linealidad de 1o impreso,
:,
lib.r^ los pasajes individualás de un único principio ordenador: la
',
/
Secuencia,y
atTtenaz cgn transformar el táxto en un caos. Y, lue-
o''"'''''
go, dest*y. la noción de texto unitario y permanente. El consi
á.rr, .l t.*to <<entero>> en términos de Sus componentes
produce
la primera forma de fragmentación; eI considerarlo
en función de
,,r, dif"tentes lecturas y versiones
produce la segUnda.
La pérdida de la áreencia .rr 1, textualidad unitaria
podría
prod,rcir muchos cambios en la cultura occidental,
y a menudo
con un coste elevado, si los
juzgamos
según nuestras actitudes ac-
tuales basadas en la irnprent". No todos esos cambios resultarán
necesariamente
costosos o dañinos, sobre todo en el mundo aca-
áé*i.o, donde este cambio conceptual nos permitiría corregir
^1Ñ6
de las distorsiones
produciáas
por la influencia de la cul-
,""ru de la imprenta. Acostumbrados
a las ediciones eruditas es-
tándares de lá, t"*tos canónicos, solemos pasar por alto el hecho
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t;.
estas versiones impresas del siglo :o< de obras original-
*.*. creadas en una crrlir-rr" del manuscrito son idealizaciones
extrañamente
ficticias que producen uha muy específica expe-
riencia del texto .Para r*p.i^r, las versiones eruditas impresas de
i
Platón, Virgilio o san Agustín proporcionan un texto mucho más
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fácLa. **.¡ur; il.rf;;;
ilá:rllqri"ra
quepodían obtener lot
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coetáneos de dichos textos. Ellos se encontraban
con textos tan
diferentes de los nuestros que la mera
sugerencia de que pudiéra-
mos compartir la misma éxperiencia
de la lectura engaña. Los
lectores ¿. t^ época de Platón, Virgilio o san Agrrstín procesaban
textos sin espaii"do entre palabras, ni mayúsculas ni puntuación.
Si hubiese l.^ído esras frasei mil quinientos años antes, habrían te-
nido este asPecto:
ellosseen contrab an contextostandiferentes
delosnuesüos
quelamerasu-
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asumen identidades más individuales.
Al mismo tiempo que la lexia hipertextual mantiene lazos
más sueltos, o menos determinantes, con las otras lexias de la
misma obra
(para
luttlízar una terminología que ahora Lorre el
riesgo de quedar obsoleta), también se la p,r.á. asociar con tex-
tos de otros escritores. De hecho, se asocia con cualquier texto
conectado con ella, y de este modo se disuelven las nociones de
separación intelectual entre textos, del mismo modo que algunos
productos químicos destruyen la membrana celular de un orga-
nismo: la destrucción de la membrana destruye la célul a,lamata.
En cambio, una destrucción aníloga de las nociones, aún con-
-
vencionales, de separación textual quizá pueda destruir ciertas
actitudes respecto al texto, pero no necesariamente destruirá el
texto. En todo caso, 1o reconfi gutatá, así corrro nuestras expecta-
tivas sobre é1.
Otra consecuencia de los nexos electrónicos es que dispersan
' ..el>, texto en otros textos. A medida que las lexiar i¡¿i"i¿uales
van perdiendo su aislamiento físico e intelectual con el estableci-
miento de nexos, el texto se dispersa en ellas. La necesaria con-
textualidad e intertextualidad, gue surgen al situar unidades de
lectura en una red de trayectos fácilmente navegables, entretejen
los textos, incluidos los de otros autores y los de medios no ver-
bales. Un efecto de este proceso es que debílita, y túvez destru-
ye, cualquier sentido de unicidad textual.
Estas nociones no resultan novedosas para la teoría literaria
contemporánea, pero aquí, como en otros muchos casos, el hi-
pertexto representa una encarnación incómodamente literal de
un principio que parecía especialmente abstracto y abstruso des-
de el punto de vísta de la imprenta. Puesto que gran parte del
atractivo y del encanto de estas ideas teóricas radica err su dificul-
tad o tal'vez en su preciosidad, esta preséntación
más literal pro-
mete trastornat .a los teóricos, en pu.t., por supuesto, porque
trastorna la categoríay las relaciones de poder en su campo.
RECONFIGURAR EL TEXTO
Transliteración
hipertextual de la cultura del escriba
manuscrito electrónico
74
75
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El hipertexto fragmenta, dispersa o
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y a menudo
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según nuestras actitudes ac-
tuales basadas en la imprentr. No todos esos cambios resultarán
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textos sin espa"i^do entre palabras, ni mayúsculas
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nido este aspecto:
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7 6
HTpERTD(To
Estos flujos ininterrumpidos
de caracteres
alfabéticos reque-
rían una gran habilidad incluso para dominarlos
fonéticamente.
Ya que el descifrar estos textos ?rrror".ía la lectura en voz alta,
casi todos los lectores experimentaban
I;r;;;;;;
sólo como
agotadoras
sesiones de decodificación
sino también como una es-
pecie de acruación en público.
El hecho mismo de que este texto que hubiésemos
leído hace
oTl q"it ientos años existía en forma de manuscriro también im-
plica
gre,
pa,rallegar
a leerlo, habríamos tenido que tener acceso
"-
un- obieto raro e incluso único.. . siempre que hlbi¿r.mos
sabi-
do de su existencia- y hecho un incómoáo, ."ro y a menudo peli-
groso
Y"j.
p^raverlo.
Tras tener acceso al manuscrito, tendríimos
que habernos acercado a él de una forma muy dif.r.rá de nuestro
actual enfoque desenvuelto
hacia el libro iripr.ro.
Con toda pro-
babilidad, nos habríamos
tomado este .rr.rr.^rrtro .o*o una rara y
privilegiada
opgrtunidad, y también nos habríamos acerc ado all
experiencia
de la lectura de este objeto único con un conjunto de
suplrestos muy distintos de los del erudiro moderno. Cor¡o Fjliza-
beth'Ei§enstein
ha demostrado,
la primera
función del estudioso
en una cultura del manuscrito consistía simplemente
en preservar
el texto,-que corría un doble peligro de degradarse
con cada lec-
tura: cadavez que se manejaba físicamenre
á fragil objeto, su lon-
gevidad disminuía, y, cadavez que se copiab" .i-"rr,rr"rito para
preservar y transmidr el texto, el escribíente inevitablementi
in-
troducía alguna desviación textual.
,
Así, incluso sin tomar en cuenta la presencia ajena y añ,aüda
de
|.a
.gmp_^sinación,
los índices, las ,.fJr.n.ias, los títjos y o,ro,
'i'
ar.¡ilugios de Ia tecnología del libro, el encuenrro y posterior
lec-
tura de un manuscrito
supory" un conjunto de .rpÉri.ncias
muy
distinto del qr¡9 hoy en día damot por sentado
ü¿
d. i*p;;-
tante resulta el hecho de gue, mientias el significad-o mismo de l"s
ediciones eruditas se debé , su publicacíórfen
comparativamenre
grandes
cantidades, cada **ri.rito de los texro, á.
platón,
vir-
gilio y san Agustín existía como objeto único. No se sabe q"¿
";;- sió1 particular
de los textos de dichos aurores manejab, Él .rr"rr-
tual lector. El presentar
la historia y, una relacián de texros
creados en una cultura del man,rscritó
en los término" a. i."i"
unitario propios
de la erudición moderna novela y falsifica sus re-
laciones intertextuales.
I
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RECONFIGURAR EL TEXTO 7i
Las ediciones eruditas modernas combinan tanto la unicidad
como la multiplicidad, pero de modos muy dístintos. Una edición
moderna de Platón, Viigilio o san Agustín ernpíeza presuponien-
do la existencia de un texto único y unitarío, pero ello se debe a su
capacidad para diseminar este texto en una gran cantidad de
ejemplares idénticos. En cambio, cada manuscrito antiguo o me-
dievál, que enc arnaba sólo una de muchas variantes potenciales
de .<un texto>>, existía como obieto único. Los investigadores que
intentan determinar, no ulgrm texto maestro probablemente míti-
co y seguramente
perdido hace mucho, sino la manera en que los
lectorei individuales se encontraban con Platón, Virgilio o san
Agustín en una cultura del manuscrito, necesitan una nueva con-
ce"pción de texto. De hecho, tenemos que renunciar al concep]o
i
d. t.*to unitario y sustituirlo
por nociones de texto diEBerso. En'
otras palabras, tenemos que hacer algo que han hecho algunos
historiadores de arte que trab aian en similares problemas medie-
vales: tomar la noción de tipo único encarnado en un-obieto úni-
co y sustituirla por una noción de conjunto complejo de variantqs.
Poi ejemplo, al intentar determinar los antecedentes temáticos,
iconoiógilos
y compositivos de las Madonnas de martil de princi'
pios del"sigloxrv, dobert Suck ale y otros especialistas en el esdlo
lort.rurro É"t abandonado las derivaciones lineales y la noción de
tipo unitario.-En su.lugar, insisten en que los escultores escogían
como punto de partidu r., <<plano maestro>> entre varios conjuntos
de formas básicás.t' Parece necesario algún tipo de cambio en las
actitudes básicas hacia las creaciones de la cultura del manuscrito.
La capacidad del hipertexto para conectar todas las_versiones
o variantes de un texto particular puede ofrecer un medio de res-
tablecer el equilibrio enire la unicidad y la variabilidad de los tex-
tos de antes de Ia imprenta. Por supuestó, incl-uso en presentaciones
hipertextuales, tanto las convenciones modernas de la imprenta
.rro el aparuto académico seguirán intentando recre at la
_expe-
riencia de hallarse ante esos textos, y nada puede devolver la uni-
cidad ni la consecuente aura del manuscrito único. Sin embatgo,
el hipertexto brinda Ia posibilidad de presentar el texto como un
."*po disperso de variantes y no como una entidad falsamente
unitaria. Lás pantallas de alta resolución y otros avances tecnoló-
gicos.deberían permitir algún dtalapresentación de todos los ma-
iuscritos individuales. Una familiarización con los sistemas de hi'
f
7 8
HTpERTD(To
i
pertexto podría en sí cambiar lo bastante los supuestos acerca de
:' 1a textualidad como pataliberar de algunos de sus prejuicios a los
investigadores de textos anteriores a la imprenta.
Arglumentación, organ¡zación y retórica
La conexión electrónica, que otorga al lector un papel mucho
más activo de lo que es posible con el libro, presenra d§rrror efec-
tos importantes. Considerados alalszde una literatura vinculada
a la tecnollgía del libro, estos efecros parecen dañinos y peligro-
sos, como de hecho deben ser para una hegemonía culmral bása-
da, como la nuestra, en una tecnología diierente de la memoria
cultural. En concreto, la retórica lineal numeratía de <<prirnero,
segundo y_ tercero>>, tan conveniente pata la impr.rrt^, seguirá
apareciendo dentro de los bloques de textos individuales pero no
podrá 5s¡ u¡iliz ada paru estructurar argumentos en un *"áio q,r.
anima a recorrer caminos diferentes en vez de seguir uno lin¿al
Este alejamiento de la linealidad puede parec., ,ri cambio clave,
y lo_ es, pero conviene tener presente qr. ,o supone un abandono
.de 1o natural.
Tom McArthur nos recuerd a: <<La esmucturación de los li-
bros no tiene nada de "natural";
de hecho, es tremend a.,tente an-
rz-natura! y necesitó nada menos que 4.000 años paraproducirse.
El gran logro de los escolásticos, iobre todo pui^ l"s L[t., escri-
banas del mundo, fue estilizar los temas, tramis y formas de los li-
bros en una forma realmente rigurosa, así como estructuraron
también los programas de estudi,o, lur escrituras y el debate>>.rs
Sus convenciones acerca de Ia estructura de los libros cambiaron
radicalmente
con el advenimiento de la imprenta, que fomentó la
ordenación alfabética, procedimiento qr.,. r,rr." rrit., habíacua-
jado.
¿Por
qué?
'
Una razón debe de ser que la gente ya se habíaacostumbrado,
a lo largo de dernasiados siglos, ál material ordenado por temas.
Este material se parecía muchísimo a la organizaciói <<normab>
del trabaio escrito ... La alfabetización también debía de resulta¡
ofensiva parlla visión global escolástica de las cosas. Debió de pa-
recer una ordenación peñersa, incoherente y hasta desprovirt" d"
79
RECONFIGURAR EL TE}CTO
sentido a unos individuos interesados en nítidos marcos que con-
tuvieran rodo el saber. Ciertamente,la
alÍabetización
plantea pro-
blemas de fragmentación, no tan obvios
cuando se trata de listas
de palabras pero graves cuando se trata de listas de temas Q6-77).
Las saludables observaciones
de McArthur,
que nos recuerda
que siempre consideramos naturales las construcciones
sociales
áe nuestro mundo, también sugieren que, desde eI punto de vista
de los escolásticot, el paso del manuscrito aI libro impreso y lue'
go al hipertexto representa una fragmentación
cada vez mayor'
irli.t t.rt el lector disponga de medios de orden ación, temáticos u¡
tr.o, culturalmente
áoh.-t.t tes, la fragmentación
del documentol
en hipertexto no i*pli.u la cl"s. d"
"Itropía
que una fragmenta-
I
.i¿r, .i*i}", ,rporrdría en el mundo de }a imprenta. Algunas de
SuS prestacionás como búsqueda de
-texto,
nexos automáticos,
agenres y porenciales filtros conceptualeg,
ofrecen la capacidad de
.árrr.*á,
Iu, ventajas de la hiperiextualidad
mientras
protege
?1
lector de los .f.cto, negativos d.} abandono de la linealidad'
Principios
y finales en el texto abierto
Los conceptos
(y
experiencias)
de empe zat y telqinar ímpli-
can linealidad.
¿Q"é
lesiucede en un tipo de textualidad no regi-
á; p;ir.ipalmeirü
po. la linealidad? Sipr.s.rponemos eug
la hi-
f"*""r"¿i¿"¿
preienta secuencias múltiples en lugar de una
áusencia total de linealidad y secuencia, entonces, una respuesta a
esta pregunta es que tiene múltiples-
principi":_y_f1a19s
en lugar
d. ,rio át". Basándonos en la obra de Edward §ü. Said sobre orí-
genes y comienzos,
el hipertexto ofsece al menos dos clases dis-
tintas de comienzos. La primera se refiere a la lexia individrr.l,
y
I r"g." da aun conjunto de éstas que forman un metatexto. Cada
vez que una feunión de materiales hipertextuales
se erige por sí
solu,tien
porque ocupa todo un sistema bien
Pllque
existe, por
muy brerremente
que sea, dentro de un marco, el lector tiene que
.-p.r". a leer en algún punto, y, par? é1, este punto es un co-
miánro. Refiriéndosü
loimpr.so, Said dice que <<el principio
4" i
una obra es, prácticamente hablando, }a entrada
principal a 1o
i
que ofrecerr.tf Pero
¿qué
ocurre cuando una obra
Presenta
mu-
:
80
HrpERTExro
:
chas entradas «principalesrr,
de hech o, tarLtas como nexos hay,a
i entre pasajes mediante los cuales se puede llegar a las lexias inái-
viduales (que,
desde nuestro punto de vista,
-se
con'rierten en el
equivalente de una obra)? Saiá nos ayu da a rerponder
al afirmar
que <<se designa "un principio"
para indicar, cjarificar o definir
un momento, lugar o acto posteriores.Enresu.men,
la designación
,
de un comienzo suele implicar también ra designr.i¿r,
d.e una in-
:
tención consecutiva> (5).
por
lo tanto,
!
en il;;¿;;;os ,Ce
Said,
incluso un texto atomizado pued.
;;Árir de comienzo siempre
que el
l"gT
del nexo, o punto
*
prrrida, asuma la función de pri-
mer eslabón de una cadena o de primer paso en un trayecto. s.-
gun Said: <<vemos que el principii
es er punto inicial (en
el tiem-
po,
espacio o acción) de una consecu.iór,
o proceso que tiene
duración y sentid o. El comienzo, entonces, es il pr;me, pog
en la
produccióru
intencional
de significados» (5).
La definición
casi hiperrextual
de said sugiere que <<en re-
- *i<-'
trospectiva, podemor
,r.i el comienzo como al
"prrrto
en que, en
i"':, una obra dV!g-,
9l
esc{íro,r-s-e.§s-marca
de todas lis otras obrur; ,,
comienzo
estábiléódiñmédiátamenre
relaciones con obras y" .*ir-
tentes, relaciones bien de continuidad bien de antagorír*o,
o
, una mezcla de ambasr, (j
).
Así como el hipertexto dificulta la determinación
del princi-
"""j,
pio de un texto porque, por un 1ado, cambia nuestra concepcíón
de texto
-y,
por otro, porqrr. permite al lector empezar .n michos
puntos distintos, también cambia el significado ie final. Lo, 1".-
tores no sólo pueden
escoger varios prrrrtor
donde terminar, sino
que pueden
además seguir ampliandt el texro, extenderlo, d.j"r-
lo más largo de como .ru .rrurdo emp ezaton a leer. como Ted
Nelson, uno de los iniciadores
del hipenexro,
dice: <<No hay rilii-
- Ta.
g.alafua,
No puede haber una uliima versión, un ultim"
ñ;
samiento. Siempre hay una nueva visión,
una nuev a idea,^rm
nueva interpretición
.Y laliteratura, que pretendemos
inforrnati-
zat, es un sistema parqpreservar
la cóntinuidad frente a este he-
cho... Recuerdela.analogía
entre el texto y el agua. El
"g";
á;y.
libremente,
el hielo, ,ro.-Lo, documenro, qr.?luyen,
los docu-
mentos vivos en la red están siempre sometiáos a uso y conexión
constaDt€s,
Y
estos nexos nuevos constantemente
se vuelven inter-
activos y accesibles. Cualquier ejemplar suelto que alguien con-
serva está congelado, muerto, carece de acceso a nuevas conexio-
RECONFIGURAR EL TEXTO 81
nes>>
(Literary
Macbines,2/6t, 48). Aquí, como en otras muchas
ocasiones, la concepción de textualidad de Bakhtin anticipa el hi-
pertexto . CarylEmerson, sll ffaductor y editor, explica que <<para
Bakhtin, "el todo" no es una entidad acabada; siempre es una re-
lación... Así, el todo nunca puede acabarse y apartarse; cuando se
rcaLruaun todo, es en ürtud de una definició¡ya abierta al cam-
bio>>
(Prob
lems, >oorrx).
El hipertexto difumina los límites del metatexto, y no se le pue--r
den aplicar las nociones convencionales de conclusión y de pro-
ducto acabado; su novedad misma dificulta su definición y des-
cripción con la antigua terminología, ya que se deriva de distintas
tecnologías de la enseñ anza y de la información y conlleva implica-
ciones ocultas inadecuadas parael hipenexto. Particularmente ina-
plicables resultan las nociones afínes de conclusión y de producto;
acabado. Como lo reconoce Derrida,una forma de textualidad qqe
va más allá de la imprenta <<nos obliga a extender... la noción do-
minante de
Ítexto"
para que <<deje de ser una recopilación acabaáa
de escritos, un contenido encerrado en un libro o entre sus márge-
nes y se vuelva una red diferencial, un tejido de huellas que eterna-
inente se refieren a algo distinto, a otras huellas diferenciales>>.'0
Lamateria hipertextual, que por definición es abierta, expan-
sible e incompleta, replantea estas nociones. Si se pasa al formato
hipertextual una obra convencionalmente considerada completa,
por ejemplo, Ulises, ésta se vuelve en el acto <<incomplet»>. Las
conexiones electrónicas,
9ue
enfatizan el establecimiento de ne-
xos, expanden instantáneamente un texto al proporcionar gran-
des cantidades de puntos de amarre donde atar otros textos . La
inalterabilidad y aislamiento físico de la tecnología del libro, que
permiten la estandaización y una relatívafactJidad de reproduc-
ción, a la fuerza cienanestas posibilidades. El hipertexto las abre.
Los limites del texto abierto :
El hipertexto redefine no sólo los comienzos y los finales deí
texto, sino también sus límites, sus bordes, por así decir. El hi-
pertexto nos brinda un medio de escapat de 1o que Gérard Ge-
nette llama <<una especie de idolatría, no menos seria y hoy en día
incluso más peligros»> que la idealización del autor, es decir <<el
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82
HIPERTEXTO
I-
,/r!.
fetichismo de la obra, concebida como objeto cemado, completo
y absoluto>>.21 A] put"t del texto físico al viitual, de la imprenta al
hipertexto, los límites se desvanecen
-el
desvanecimiánto que
tanto se esfue rua Detrida en conseguir en sus publicaciones
im-
Presas-
I
no se puede seguir dependiendo de concepciones o su-
puestos de dentro o fuera. Corno 1o explica Derridá, ..mantener
fuera 1o externo... es el gesto inauguraláe la "lógica'i
en sí, o del
"sentido"
común, siempre que concuerde con la identidad de lo
que esi ser lo que es, lo externo está fuera y lo interno, dentro. El
escribir debe volver a sér lo que nunca hubiese debido dejar de ser:
lrn
accesorio, un accidente, un exceso>>
(Dz'ssemination,
l2g). Stn
linealidad ni fronteras claras entre lo de dentro y lo de fuera, en-
tre la ausencia y la presencia y entre uno y los demás, cambiará la
filosofía. Recurriendo a un rexto de Platón como ejemplo, Derri-
d-a, gue úabaja en el mundo de la imprent
^,
ufirmá.oi p..rcien-
cia <<que la cadena textual que debemos colocar de nuevá .. su si-
tio ya no es simplemente interna al vocabulario de Platón. Pero al
ir más allá de las fronteras de ese vocabulario, no nos interesa tan-
to romper ciertos límites, con motivos o sin ellos, como replante-
ar el derecho
_de
situar.dichas fronteras, En una palabra, no cree-
mos que exista, con rigor, un texto platónico, cerrado sobre sí
mismo, completo con un interior y un exterioD> (1j0).
Derrida va más lejos aún y, con una afornrnada mezcla de pa-
ciencia y,humor, explica que al descubrir que los textos no tienln,
en realidad, ni interior ni exterior, no selor reduce a una masa
amorfa: <<No se trata de considerar que
[el texto] hace aguas por
I:.dr:
partes y puede hundirse caóticámente en la borrorigenera-
lidad de su contenido, sino de ser capazde desen marañarlás fuer-
zas de atracción ocultas que conectan una palabra presente en el
texto de Platón con otra, ausente de éste, si.mp.. q,r.,rro reco-
RECONFIGUNAN EL TEXTO
83
Así, el hipertexto crea un texto abierto, con límites abiertos,
un texto que no puede mantener fuera a otros textos y gue, por lo
¡¡ -
tanto, encarna el texto de Derrida en el que se difuminan áodos
¡|L-I
los límites que forman el borde movedizo de lo que solía llamarse
texto, de lo que antes creíamos que el mundo poáí^ identificar, es
decir, los supuestos comienzo y final de una obra, la unidad de
una recopilación, el título, los márgenes, las firmas, el dominio
de las referencias fuera del marco, etc.>>. El hipertexto sufre 1o
que Derrida describe como <<un desbordamiento (débordeme.nt)
que
I
borra todos esos límites y diüsiones>>
(«Living
O»>, 83).
En los sistemas de hipertexto, los nexos dentro y fuera de
un texto
-las
conexiones intra y extratextuales entre elementos del
texto
(imágenes
incluidas)- se vuelven equivalentes, acercando
í
así los textos entre ellos y difumin anáo'.rr lí-ites. Consideremos
i
los nexos hipertexruales en e1 caso de Milton: sus diversas des-
cripciones de sí mismo como profeta o poera inspirado en Paradi-
se Lost y sus citas del Génesis J:15 aportan ejemplos obvios. En
cambio, las relaciones extra e intertextuales se ilustran con nexos
entre un pasaje particular en el que Milton menciona la profe
9ía
y
sus otros escritos, en versos o en prosa, que recalcan puntos simi-
lares u obviamente relevantes, así como textos bíblicos, comenta-
rios de todas las épocas, declaraciones poéticas de otros autores
'semejantes
o contiarias y comentarios eipecializados. Del mismo
modo, las citas de Milton del texto bíblico en que un hombre es
mordido por una serpiente cuando le aplastaba la cabeza con el
talón, conectan evidentemente con el pasaje bíblico y sus inter-
pretaciones tradicionales y también con otras alusiones literarias
y comentarios especializados sobre todos estos temas. Los nexos
hipertextuales simplemente aceleran el proceso usual de estable-
cer relaciones y aportan un medio gráfico para estas transaccio-
nes, si es que se puede utilizar la palabra <<simplemente>> para re-
ferirse a un procedimiento tan radicalmente transformador.
La rapidez con que podemos movernos entre pasajes y pun-
tos en unos conjuntos de textos cambia tanto nuestra manera de
leer como de escribir, del mismo modo que la tremend a rupidez y
capacidad de calculo de los grandes ordenadores cambiaron va-
rios campos científicos al permitir investigaciones que antes re-
querían demasiado tiempo o riesgos. Uno de estos cambios pro-
viene del hecho de que los nexos permiten al lector moverse corr
-i
''i
I
l.\ i.
,:'---.- ' i
i.
n9 z.c:f
11
g9.-r9s
L
I !,
ru dentelle¡rte, l as arti cula giones >> (
1 3 0
)
.
otro iigno de la toma de conciencia, por parre de Derrida, de
las limitaciones y restricciones de las actltudls contemporáneas,
.,r-.
q*" surgeu. en asociación con el libro impreso, es su enfoque hi-
r
i
' pertextual
de la textualidad y del significado; enfoq,r. qrrá sigue
dudando de la existencia de <<un principio fundamá"tj o toáü-
zadoo>, puesto que reconoce que ..el "exterior" clásico del siste-
ma no puede asumir yala forma de una especie de extratexto ca-
paz de detener la concatenación de la .r.ritor"» (5).
I
i:
la misma facilidad entre puntos dentro y fuera de un texto. Una
livez
que uno puede *orr-.rr. con la misma facilidad entre, por
ejemplo, el principio de Paradise Lost y un pasaje del Libro !2,
miles de línear ..már allár>, y entre está principio y cierro texto
francés anterior o un modemo coment"rio
"rudito,
entonces, en
un sentido importante, la individualidad de los textos, que la cul.
tura de la imprenta creó, cambia radicalmente y, talrr.i, d., apa-
'
i
t¡"c.. Se pod ría argamentar gue, de hecho, todo io qrr. esta cone-
xión hipertextual hace es encarnar la forma en que uno
experimenta d.e hecho el texto durante la lecrura; pero, incluso
así, el acto de leer se ha acercado muchísimo, de algun modo, a
una encarnación electrónica del texto y por ello su naturalezaha
Lsmpezado a cambiar.
Estas observaciones sobre hipertexto sugieren que los ordena-
,
dores nos acercan todavía más a una cultura en la que ciertos as-
:r
:pectos
tienen más en común con una cultura de tradición oral de 1o
lqrr.
incluso
rlü7alterJ.
Orrg está dispuesro a admitir. En orality and
Literaqt
^fir:Íl,u
que los ordenadores nos han llevado a lo que llama
un <<estadio oral secundario>> que tiene <<parecidos chocantes>> con
el estadio oral primario, anterior a la escritura, <<en su mística de la
participación, su cuidado del sentimiento comunal, su concentra-
ción en el momento presente e incluso su uso de fórmulasrr."
No obstante, a pesar de que Org descubre paralelismos inte-
resantes entre una cultura del ordenador y otra puramente oral,
insiste equivocadamente en que: <<El proceso secuencial y espacial
de la palabra, iniciado por la escrítura y elevado a un nuevo orden de
intensidad por la imprenta, se ve aún más intensificado por el
ordenador, que lleva al máximo el compromiso de la palabia con
el espacio y el movimiento local
(electrónico)
y optim.izalalinea-
lidad analítica, haciéndola virtualmenre instantáne»> (116).
De
hecho, los sistemas de hipertexto, que ubican todos los textos en
una tram, dg relaciones, producen un efecto muy distinto, ya que
permiten la lectura y el pensamiento no secuenciales.
Uno de los efectos principales de esta lectura no secuencial, el
'i', debilitamiento de los lí-it.r áel texto, puqde concebirse o como la
I
, corrección del aislamiento artificial de un texto respecro a todos
,:
sus contextos o como la violación de tura de las principales
catac-
,
terística¡ del
libro.
S:g"t O.g, la escritura y l, impr.riO" produ- !
cen el efecto de una declaración oral discreta e indlpendieits
r
I
--t
RECONFIGURAR EL TEXTO
Al aislar un pensamiento en una superficie escrita, indepen-
dientemente de cualquier interlocutor, y al hacer la decl"t"iiór,
oral más autónoma e'indiferente . .o^lirier ataque, la escritura
presenta el habla y el pensamiento como desprendídos de todo 1o
demás, como algo independiente, completo. La imprenta también
ubica el habla y el pensamiento en una superficie separada de
todo lo demás, pero va rnás iláy sugierela áutosuficiencia (132).
Yahemos observado la forma en que el hipertexto sugiere in-
:
tegración en lugar de autosuficiencia. Otro posible resultado del
hipertexto tal vez pueda resultar desconceftante. Como Org des-
taca,los libros, a diferencia de sus autores, no pueden ser puestos
en entredicho.
El autor podría ser puesto en enuedicho si se pudiese llegar
hasta é1, pero no se lo puede alcanzar en ningún líbro. No hay for-
ma directa de refutar uñ texto. Incluso después de una total y de-
vastadora refutación, sigue diciendo exactamente lo mismo que
A
antes. Esta es una de las razones por la cual la frase <do dice el Ii-
bro>> equivale popularmente a <<es cierto>>. Es también una taz6n
por la cual ha habido quemas de libros. Un texto que afirme algo
que todo el mundo sabe que es falso seguirá proclamando la fal-
sedad mienmas exista
(79).
hipertexto sitúa el texto en un campo de otros textos,
¿podrá
una
obra individual cualquiera, a la que otra se haya referido, seguir
hablando con la mism a fuerua? Podemos imaginarnos presenta-
ciones hipertextuales de libros
(o
equivalentes) en las que el lec.-
tor podrá disponer de todas las críticas y comentarios sob rc 7a'
obra, que entonces pasará a existir como parte de un complejo
diálogo en vez de ser la encarnación de una voz que habla conti-
úadas de otros bloques, destruye el aislamiento físico del texto,
i.'.,.
así como las actitudes que suscita. Al permitir tanto las anotacio- 1
:
nes a un texto individual como su conexíón con otros textos, po-
L
o
siblemente contradictorios, destruye r.rna de las caracterirti.r,
,.
"''''
más básícas del texto impreso: su separación y su unicidad de voz. -,
Siempre que se ubica un texto dentro de uná red de textos, s. lo
"'
obliga a existir como parte de un complejo diálogo. Los nexos del
85 I
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84
HIPERTE)MO
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HIPERTE)CTO
87 RECONFIGURAR EL TEXTO
hipertexto, que tienden a afectar las funciones de autor y de lec-
tor, también modífican los límites del texto individual.
Los nexos electrónicos cambian radicalmente la experiencia
del texto al cambiar su relación espacial y temporal con otros tex-
tos. Leyendo una versión hipertextual de Great Expectations
(Grand,es
esperanza.s), de Dickens, o de Wastekn¿
(La
tierra baldta)
de Eliot, por ejemplo, uno puede seguir nexos hasta textos prece-
dentes, lecturas altemativas, críticas, etc. Segufu un nexo elecüóni-
co hasta r,rra imagen, digamos, de un desierto o de un yermo en un
poema de Tennyson, Browning
9
Syrrburne no toma más tiempo
que seguir rrn nexo entre un pasaje al principio del poema y otro al
final. Por lo tanto, el lector percibe los textos fuera dd, Vasteland
y el pasaje en la obra como equidistantes del pasaje inicial. Por ello,
el hipertexto difumina la distinción entre 1o que está <<dentro>> y 1o
que está <<fuera>> de un texto. También hace que todos los textos
conectados con un bloque de texto colaboren con dicho texto.
La categoria del texto, la categoria en el texto
Alvin Kernan afirma que la <<teoría general de Benjamin, se-
gún la cual las numerosas reproducciones desmitificaron el arte
en sí, explica precisamente lo que pasó en el siglo xyrrr, cuando la
imprenta, con su lógica de multiplicidad, despojó de su aura a los
clásicos del antiguo orden literario>>
(Printing
Technologlt, L52);
es muy probable que el hipertexto extenderá aún más el proceso
:
de desmitificación. Kernan defiende de forma convincente que en
.
los tiempos de Pope <<una inundación de libros, tanto en su ver-
tiente de obras diferentes como de múltiples ejemplares de un
mismo texto, amenazí con oscurecer los pocos clásicos, tanto an-
tiguos como modernos, idealizados en las letras culhs, y con de-
bilitar su aura con la edición de ejemplares impresos de aquéllos>>
(Lfi).
Cualquier meüo de información que fomente la rápida di-
seminación de los textos y un fácil acceso a ellos desmitifi cará
cadavez más los textos individuales. Pero el hipertexto presenta
otro efecto potencial para la desmitificación: haciendo perrnea-
bles las fronteras del texto
(ahora
considerado como lexia indivi-
dual), se suprime parte de su independencia y unicidad.
Keman añade además: <<Como los libros impresos estaban'en
su mayor parte en idiomas vernáculos, vulgarizaron aún más las
letras ampliando su ámbito desde un puñado de textos venera-
bles escritos en idiomas antiguos y sólo comprensibles para una
elite hasta un cuerpo de escritos contemporáneos en idioma local
que podían comprender todos los que sabían lee»>
(L53-154).
¿Se
verán así profanadas las versiones electrónicas de la Biblia corno
CD'Vord, gue en esencia parecen demo cratízarla? Podría ocurrir
de dos mutét"t. Primero, al proporcionar a cualquier lector algu-
nos procedimientos propios de los investigadores, la Biblia elec-
trónica podría desmitificar un texto que reviste un poder de talis-
mán para una gran parte de su público
En segundo lugar aunque más fundamental todavía, está eI
hecho mismo de que esta Biblia hipertextual, al fomentarla pre-
sencia de múItiples versiones, socava potencialmenrc 7a fe en la
posibilidad de un texto único y unitario. Desde luego, e1 prece-
dente victoriano de la pérdida de fe en la doctrina de la inspira-
ción verbal de las escrituras parece sugerir que el hipertexto po-
dría tener un efecto paralelo
(Landow,
Victorian Types, 54-56).
En la Inglaterra victoriana, el abandono gen erñzado de la creen-
cia de que todas y cada una de las palabras
{e
la Biblia, incluso en
su traducción inglesa, estaban divinamente inspiradas se debió a
una gran variedad de causas, incluyendo la influencia del criticis-
mo alemán, los enfoques racionales británicos independientes
como los del obispo Colenso, y los descubrimientos en geología,
filología y
(más
tarde) biología.'Por ejemplo, el descubrimiento
de que los hebreos no tenían un idioma único, como hasta enton-
ces presumían muchos creyentes, sobre todo evangélicos, debili-
tílafe en gran parte porque los creyentes tomaron conciencia de
una multiplicidad donde hasta entonces habían supuesto la unici-
dad. EI descubrimiento de múltiples inanuscritos de las Escritu-
ras tuvo muchos efectos paralelos. El hipertexto, que enfatizala
multiplicidad, podría provocar crisis pareóidas en las creencias.
Aunque Ia principal fuerza moúiz dela página impresa sea r¡.n
empuje lineal que cautiva al lector y lo obliga a seguir.leyendo
como si tuviese que leerlo todo, se han desarrollado formas espe-
ciabzadas de texto que utilizan códigos secundarios para presen-
tar una información difícil o imposible de incluir en un texto li-
neal. Las notas, finales o a pie de página, que constituyen una de
Ét
i.:
:.!' .1
nal, requieren algún tipo de código, como un núr'nero superíndi-
ce o enrre paréntesis, para indicar al lector que deje de leer 10 que
convencionalmente se denomina texto principal o cuerpo del tex-
ro, y que pase a leer un fragmento de texto añadido o periférico
motivado por el pasaie del texto principal.
Tanto en la edición académica como en la prosa erudita, estas
divisiones del texto se rigen de acuerdo con
jerarquías
de catego-
ríay poder. La letra más pequeña, en la que aparecen las notas fi-
"alár
y a pie de págin a, así como su ubicación fuera del centro de
atención normal del lector, dejan bien claro que estos escritos son
subsiüarios, dependientes, menos importantes. En la edición
^ca'
démica, estos y otros códigos tipográficos deian bien claro que
los esfuerzos del investigador,
Pot
muy extensos y costosos que
hayan resultado, son obviamente menos importantes que los es-
critos publicados, ya que éstos aparecen en el texto principal. En
el discurso erudito y crítico que emplea la anotación, estas con-
venciones también establecen la importancia del argumento do-
minante respecto a las fuentes del autor, sus partidarios y adver-
,
sarios, e incluso la obra de ticción o poética objeto de la crítica.
! i.\ ,
En hipertexto las anotaciones se experimentan de una forma
muy distinta. En primer lugar, 1os nexos electrónicos destruyen
.r, J acto la oposición binaria simple entre texto y notas en la que
se basan las rél"ciones de categoría propias del libro impreso. Al
seguii un nexo, el lector puede encontrarse con otro pasaje del
mismo texto o con otro al que alude. El nexo también puede con-
ducir a otras obras del mismo autor o a una gama de críticas, va-
riantes textuales, etc. La asignación al texto y a'las notas de lo que
Tom \lolfe llama distintos <<niveles de categoría>>
(statuspberes)
se vuelve muy difícil, y estas
jerarquías del texto tienden a desmo-
ronarse rápidamente.
Los ná*os hipertextuales colocan el texto actual en el centro
de un universo textual y, de este modo, crean un nuevo tipo de
je-
rarquía, en la que el poder del centro domina la infinita periferia.
Peró como en el hipertexto este centro es siempre pasajero, vir-
tual y cambiante
-o,
dicho de otro modo, aparece con la mera
Iectura de un pasaje en partisul¿¡- nunca titaniza los otros as-
pectos de Ia red como ocume con el texto impreso
-
Perfectamente consciente de que las obligaciones pokticas de
REcoNFrcuRAR EL Tnxro
89
hes también manipula las relaciones políticas del texto de una
manera muy intereiante. Por eiemplo, el procedimiento comple-
to o la.orrioo.ción áeS/Z sirve de comentario al problema de la
jerarquí
a y alas relaciones políticas entre las partes del texto eru- '
dito estándar. A modo de
juego, Barthes crea su propia versión de
un complejo sistema de notas a pie de página. Como Derrida en
Glas,.r." úna obra o metatexto que el lécior acostumbrado a leer
libros encuentra corrosivamente diferente o que considera, en
contadas ocasiones, como un comentario ingeniosamente pode- ,
roso sobre la forma en que los libros operan, es decir, la forma en ,
que obligan al lector a ver relaciones entre diferentes secciones_y, .
por lo tanto, a respaldar ciertas asociaciones de palabras dotadas .
á. pod.r y valor por aparecer en cierto formato y no en otro.
-En
otras palabras, Barthes habla de las notas a pie de página
y S/Z resulta-ser una crítica de las relaciones de poder entre las -',
distintur partes del texto. En una nota final o a pie de página, r-e-
cordémoilo, lu porción de texto convencionalmente conocida
como texto priniipal reviste
, Par^
el autor y el lector, un valor su-
perior
"
orulq,riera de sus partes complementarias
que incluyen
irorr., prefació, dedicatorias, etc., y que suelen adoptar la forma
de dispositivos diseñados
para facilitar la recuperación de la in-
formación. Estos dispositivos, que suelen derivarse directamente
de la tecnología de ú imprenta, sólo pueden oPerar en textos fi-
jos,
repetibles y físicamente aislados. Presentan grandes ventai§ y
p.i-ii.n distintos modos de lectura: por eiemplo, n9 hace f.alta
iub.. de mernoria dónde se encuentra un pasaie determinado'
cuando se dispone de recursos como títulos de capítulo, índices
de contenidos y alfabéticos. Por lo tanto, el sistema de referencias
tiene muchísimo valor como medio de orientar allector en su re-
corrido y de ayudarlo a recuperar inform aci6¡.
p.ró
dlo ii.ne cosres qu¿, como la mayoría de los que pleg el
lector, se han convertido en parte de nuestra experiencia de la lec-
tura hasta el punto que ya ni reparamos en ellos. Nos los enseña
Barthes. Como casi iodos los teóricos de la crítica de finales del
siglo >or, sobresale viendo lo ínvisible, insuflándolo con esPeran-
zit deque el condensado iluminaúlas sombras de aquello en que
los demás, durante mucho tiempo, no repararon y que creyeron
que no existía.
iQué
implica una nota a pie de página?
¿Y
cómo
lá manipula o eüta Barthes? Unida al aislamiento físico de cada
88
HIPERTE)ffO
'i
un texto hacen que el lector lea de un determinado modo, Bart-
90
HIPERTEXTO RECONFIGURAR EL TE)(TO 9t
texto, la división entre texro principal y nota a pie de página esta-
blece la importanciaprimari,
_¿a
t!"rá princijd
,"rÉ;" ;
"rr* textos, incluso cuando una reflexión
^rirr^
dll t"mi ,.r.1" en el
acto_que dicha relación, de hecho, no puede existir.
Tómese un artículo erudito del tipá qr. nosorros, profesores,
todos escribimos.
Deseamos escribii un artícrlo ,obr. ,lgur,
"r- pecto de la sección de Nausica del [Jlises deJoyce, un rexro que
incluso según la más burda medición cuanri átií^pur...
má, im-
portante,
más poderoso
gue una nota nuestr" qrrÁ identifique
el
origen de una expresión de G.rry McDowell ., L" revisra i.*.-
nina de la
fpo.r.
La novela de
Jáyce
exisre, y siempre existirán en
más ejemplares que nuestro artículo y, por..llo,
^li^n ^""
p,itli-
co y una reputación
más ext_ensos...
aunque reconor.o q,rá éstas
son nociones problemáticas
basadas en ciértas ideologíasino
obs-
tante, la mayoría de nosotros, o así lo espero, accede a"ellus ya que
son los valores según los cuales trabajr*or.
Al menos de for*,
ostensible. Incluso los desconstruccionistas
privilegian
el texto,,la.
gran obra.
Sin embargo, una vez que se ha empezado a escribir el artícu-
lo, las convenCíones
de la imprent a rapidamente
cuestionan estos
§uPuestos ya qu€ cualquier elemento del texto principal
resulta
claramente
más importánte que cualquier.l.*.rio
frr.iu de é1. El
texto físicamente
aislado y définido .r muy ari..r",;;;;,
;-;
9"g
explaya, oculta obvias conexion.s dá agradecifi.*"r
y cali-
ficaciones.
cuando se introduce
a otros .s.ritor., .r-*n textó,
suelen aparecer como sombras atenuad as y a menudo distorsio-
nadas de sí mismos. Ello en parre es neces irio yague, después Je
todo, uno no puede reproducir
en su artículo tá4" a i.xt" o libro
de otro autor. Parte dé esta atenuación proviene
de una inexacti-
tud,-negligencia
o descarada mal" f. poiparre
del autor. De todos
modos, dicha atenuación formu p".á di mensaje de l, impr.ni,
y supone una implicación que no puede eludirse, o en todá .uro,
no desde el advenimiento
del hipJrtexro, el cual,'al projor.ionar
un modo alternativo
de textua[áad, pone al descubi"rá diferen-
cias que ya dejan de ser ineütables
olnvisibles.
AI escribir para la_imprenta,
cuando indico el número de pá-
gjna dg * pasaje
de
Joyce
que cito o menciono, e incluso si in-
cfuyo dicho pasaje en mi texto o en una nota, éste pasa
"
urorni,
claramente
-¿l
menos en mi artículo- una posicién
subsidiaria
y comparativamente inferior respecto a mis palabras, que, al fin y
al cabo, aparecen en el llamado texto principal.
¿Qué
pasaúa si el
artículo se escribiese en hipertexto? Suponiendo que se esté tra-
bajando en un entorno hipertextual completamente desarrollado
,
se empezaría activando Ia novela deJoyce y abriendo, en un lado
de la pantalla del monitor, el o los pasajes en cuestión. A cond-
nuacién, se reda ctaríael comentario pero, llegado al punto en que
normalmente se citaría aJoyce, se procedería de un modo tohl-
mente distinto. Se crearía u.n nexo electrónico entre el texto pro-
pio y uno o más pasajes del texto de
Joyce.
Al mismo tiempo, se
podrían conectar pasajes del texto propio con otros aspectos de
ese mismo texto, con escritos de terceros o incluso con textos
propios anteriores. FIan ocurrido varias cosas, cosas que no co-
ir.tpot den a lo que esperábamos. En primer lugar, los nexos en-
f
"
tre los pasajes de
Joyce
y mi comentario hacen que se establezca
una relación muy distinta y mucho más tenue con el llamado tex-
to original de la que se daría en el mundo de los textos físicamen- :.i
ü
te aislados. En segundo lugar, tan pronto como uno ata más de un 3,*
bloque de texto o lexia a un mismo amarre
(o
nodo, marca de
nexo), se destruye cualquier posibilidad de
jerarquía
bipartita en-
i
tre la nota y el texto principal. En el hipertexto, el texto principal
,ri
es aquel que se está leyendo en este momento. Se da, pues, una
doble revalorización: con la disolución de esta
jerarquía,
cual-
quier texto conectado adquiere una importancia que td'vez nun-
ca hubiese alcanzado de otro modo.
Según Bakhtin, el artículo erudito, que cita o contiene decla-
raciones hechas por terceros, <<a veces para refutar, otras para
confirmar o añadir>> es un ejemplo de relación dialogística enüe
discursos directamente significantes dentro de los límites de un
único contexto... Ello no supone un choque entre dos autorida-
des sem ánticas definitivas, sino uno objetivado
(tramado)
entre
dos posiciones representadas y totalmente subordinadas a la au-
toridad superior y ultima del autor. En estas circunstancias, el
contexto de lógica única no se' desmorona ni se debilita>>
(Pro'
blems,188). Intentando eludir las exigencias, la lógica, de la eru-
dición impresa, el mismo Ba}ütin adopta un enfoque de Ia cita-
:, ción de otros autores más característicos del hipertexto o de la
':rtecnglogía posterior al libro que del libro lolpl:to.. De acuerdo
i;,1
con -Emerson, su editor y traductor, cuando Bakhtin cita a otros
92
RECONFIGURAR EL TEXTO 9)
HIPERTEXTO
críticos, <<1o hace a conciencia, y deja que su voz se oiga plena-
mente. Compren-de que e_l ma¡co siempie sigue .n pod.-, dll qrr"
lo elabora y que Ia posibilidad
de citar-" t."áro,
"Jrru"r, ""
pri-
vilegio ofensivo. Así, las noras a pie de página de Bakhtin rara-
*.rrj. siryeg paralimitar
el debaie d.sacreáitando
a orro, o bien
confiriéndole
una autoridád exclusiva. Pueden identific ar, ex-
pandir o ilustrar, pero nunca atribuyen rango al cuerpo del táxto,
y, así, su naturaleza es más próxima a la dé un glosario marginj
que no ala de una nota de una autoridad>> (rcocyrr).
l'Derrida
también menciona las relaciones de categoúa que re-
.:.:..r, y fragmenran
los textos, pero, a diferencia aá nurtÉes, se
dedica más a las oposiciorr",
.ritre prefacio y texro principal y
otros textos. Reconociendo
la categoría que corresponde a lrs di-
ferentes parte-s de un texto, Derrida .*á*irru lu *rn.ra en que
cada una de ellas se asocia con el poder o la categoría. Al discutir
la introducción de la Lógica de Hágel,lpo, .¡.-pio, Derrida seña-
la que << el prefacio
debe distinguirsá del a inirod)cción.
según He-
gel, no tienen ni la misma funcion ni la misma dignidad (bissemi-
nation, L7). La nueva, o verdadera, textualidadáe
Derrida
(que
q"
h.
dejado de equip arar a la hipeftexrualidad)
represenra <<una
tipología completamente
nueva en la que se d.rranecen los lími-
tes del prefacio y del texro "principal"i, (jg).
:
El hipertexto y
el descentrar; fundamentos fitosóficos
Se tiende a pensar en el texto desde la posición
de la lexia que
se considera. Acostumbrados
1
leer páginas impresas en pup"l,
tendémos a concebir el texro desde il p,rrrto d" ürt, d.l
j..to.
que-experimenta
dicha páginao pasaje, y esta parte del texto asu-
me
-la
posición
central. Sin emburgo, á rrip..texto vuelve muy
problem ático dicho supuesto de p*i.iór,
c.ntral. En carnbio, et
texto conectado, la nota, existe como el otro.texto y lleva a una
concepción (y
vivencia) del texto como otro.
En hipertexto, la nota, comentario o apéndice puede ser
.
,
cualquier texro conecrado y por ello la posición
de .ualqui., l"-
xia en un hipertexto se parec e ala det sábio en la época riictoria-
na. como el sabio, digamos carlyle, Thoreau o Ruskin, la lexia
está fuera, descentrada y, adernás, desafía. Dicho de ot.o modo,
i
l.
i
I
el hipertexto prospera en la marginalidad, como el sabio. Desde
esta marginalidad esencíal., a la que acota con un uso certero y
agresivo de los pronombres púa énfrentar sus intereses y opi-
rriorr.r con los del lector, define su posición discursiva o punto
de üsta.
El hipertexto insiste en que 1o marginal tiene mucho que ofre
-
'
cer y no sólo porque redefine el centro al no entregar la centrali-
dad a ninguna lexia, que sólo la ocupa mientras está a la vista del
lector. En hipertexto, el centro, así como la bellezay la relevancia,
.
se encuentran en Ia mente del que contempla. Como los quincs -'
;
-'
minutos de fama del hombre moderno de Andy §7arhol, en hi-
pertexto el centro sólo existe como objeto de evanescencia- Corño
cabe esperar de un medio de comunicación que cambia nuestras
relaciones con Ia información, los pensamientos y nosoffos mis-
mos de una forma tan drástica, la evanescencia de este centro
(en
migración perpetua) es más una premisa que un motivo de queja
o de burla. Es simplemente la condición según la cual, o en la
cual, pensamos,..oTrrlicamos o registramos pensamientos y ex-
preslones en el dominio hipertextual.
Esta disolución hipertextual del centro, que hace que este
medio resulte en potencia tan democrático, también 1o convierte
en un modelo de sociedad de convefsaciones en la que ninguna
conversación, ninguna disciplina o doctrina domine o fundamen-
te las otras. Es un ejemplo de lo que Richard Rorty denomina ..fi-
Iosofía edificante>>, cuyo objeto consiste en <(mantener la conver-
sación en movimiento en lugar de buscar una verdad obietiv»>.
Es una forma de filosofía
que sólo cobra sentido cuando protesta contra los intentos para
terminar la conversación con proposiciones de alcance universal,
recurriendo a la hipóstasis de un privilegiado conjunto de des-
cripciones. El peligro que pretende prevenir el discurso edifican'-
te es que una terminología dada, una particular forma de verse a
sí mismo lleve a pensar erróneamente que, a partir de entonces,
cualquier discurso puede o debe ser norrnal. El estancamiento re-
sultante de la cultura supondría, para los filósofos edificantes, la
deshumatización de los seres humanos
(Philosophy,377).
El hipertexto, que tiene incorporado un prejuicio con tta la
hipóstasis y probablemente también contra las descripciones pri-
r'I
94
HIPERTEXTO
vilegiadas,
encarna el enfoque filosófico
que prec onizaRorty. Las
experiencias
básicas de rexto, de inforrnación y de controi, que
4esplazan
los límites del poder del auto. h*.i. ál l..ror, .I^borrn
estos modelos suqlmTte posmodernos
y antijerárquicos
de in-
formación,
rexro, filoso fía
i
sociedad
3, Reconfigurar al autor
Erosión de la personalidad
El hipertexto, como la teoríacrítica contemp oránea,reconfigu-
ra
-reescribe-
al autor de var-ias manefas evidentes. Primero, la
figura del escritor en hipertexto se acerca ala del lector, aunque no
se funda completamente con ella; las funciones del escritor y de1
lector se enffelazan más estrechamente que en cualquier otro rng-
mento. Esta transformación y casi fusión áe los p^p.l.t es el último
paso de la convergencia entre dos actividades antes muy diferencia-
das. Aunque hoy en día se presuma que todos los qrre saben leer
también saben escribir, no siempre ha sido el caso, y los historiado-
res de Ia lecura señalan que durante varios milenios mucha gente
que sabía leer no podía siquiera escribir su nombre. Hoy en día,
iuando consideramos la lecturaylaescritura, séguramente las con-
cebimos como procesos en serie o procedimientos realizados de
forma intermitente por una misma persona: primero se lee, luego se
escribe y se vuelve a leer. El hipertexto, que crea un lector activo y
hasta entrometido; contribuye ala consumación de esta convergen-
cia entre ambas actiüdades; pero, al hacerlo, invade las prerrogati-
vas del escritqr, quitándole algunas para otorgárselas al lector.
Una señal clata de esta transferencia de competencias se ma-
nifiesta en las posibilidades, para el usuario, de escoger su propio
camino por el metatexto, de anotar textos escritos por otros y dq
crear nexos entre documentos propios o ajenos. El hipertexto no
permite que se modifique un texto producido por un tercero aun-
.!s.
'!:!
',:1r,.
'ii
j:
I:.
.
'rj
' i',
. e1-
t'
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¡:
i. :.
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