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Nota al contralector

Sara Montero

El mundo es hostil y perverso. Por eso, creamos ContraEscritura, para tener un sitio al que volver siempre. Nos refugiamos unos en los otros, pidiendo prestadas las palabras que nunca encontramos y devolviéndolas (con intereses de todo tipo) en unos textos después. Nos emborrachamos, nos amamos, nos repudiamos, nos herimos, nos curamos… y todo sin salir del papel y sintiéndonos completamente libres. Por eso, hoy traemos esta recopilación ingrata y caprichosa, llena de dudas y de historias aún por cerrar para que el lector las com- plete a su gusto o sus circunstancias. No busque un orden cronológico, ni sentimental, ni narrativo. Búsquese a sí mismo en cada uno de los textos.

Con amor y lujuria,

ContraEscritura

5

En la luz constante del deseo

En la luz constante del deseo me muevo en antorchas trasfiguradas y límpidas. Su pulcritud, igual a un amor vivo que palpita, tiembla bajo la mano de un soplo de redenciones. Lo mismo en la vigilia que en el sueño, estoy más que siempre a la espera de la espuma, de un vuelco de ánforas y goteras de sangre sobre mi promesa amanecida. Y a la orilla de un beso.

Aleqs Garrigóz

6

Afirmación

Aquí está para ti la cama despoblada. Cisnes blancos se deslizan sobre ella, imaginariamente, sobre olas de seda que burbujean de voluptuosidad. Un beso de carmín como contestación, sobre parajes de ensueño, será lo que pida de ti cuando en mi pecho te acompañe mi aliento alcoholizado. Quebrantaremos la ley para conducirnos con soltura en ese encierro, delicioso por nuestro, lejano al resto de los hombres, donde brillen sin mengua tus ojos, los te amos. -Donde el macho monte y embista a sus anchas.- El mundo que viviremos no es éste, sino uno que ya nace adentro de estas palabras.

Aleqs Garrigóz

7

Cuando por fin te abrace

Cuando por fin te abrace, brevedad de la sonrisa, firmamento azul y resplandores, todo mi cuerpo temblará de desvelados placeres. Agua, agua fresca para mi sed espero. Espero el círculo de tus brazos cerrado en mi cintura, levantándome hasta las más altas estrellas, -Estoy seguro de ello como de que el alba procede a la noche y que otra vez amanece en nuestros perfiles.-, tus brazos otra vez sosteniéndome seguro bajo ese viento estelar, allí donde volvemos a estar juntos como eslabones de un misma cadena de esperanzas, donde tú dictas mi ley, donde somos posibles todavía.

Aleqs Garrigóz

8

Esperaba(n)

Maje Muñiz y Marcos Nogales

(Ella) Esperaba con alta impaciencia que aquellas ganas traspasasen competencias de su mirada a sus manos. Que dejase de desnudarla con los ojos y pasase a atacar, directamente, los botones de su camisa, cuidadosamente abotonada hasta el último de los ojales. Y, sin embargo, en aquellos ojos también estaba la duda. No sabían si a sus manos les seguirían de igual forma la otra decena de dedos en juego. Veintidós si contamos sus bocas. Un partido en el que los suplentes, las lenguas, también saldrían al campo. Infinitos jugadores, tantos como centímetros de piel. Pero sin un contador indicando el tiempo de juego que se les agotase. Resultó ser empate. Un agotador empate.

(Él) Esperaba ser esperado lo que me llevó a desesperar

entre tus ausencias de mediodía

y mis nostalgias de medianoche. Recordé cuando no éramos dos;

y era solo, como un gato en un mundo de perros que bufaba a los cuatro vientos que me creía independiente por no saberte.

y ahora que existes,

sé de ti

y sé que no me esperas,

desesperaré por ser esperado.

9

Estúpido y sensual tiempo, que nos desnuda la piel, que nos desgarra los músculos, que nos arranca las ideas, y hace polvo hasta los huesos, pulveriza nuestros sueños, dinamita nuestros caminos, Tan suave que no se hace notar, tan fuerte que duele, con tanta fuerza que disloca el alma. Estúpido tiempo, siempre móvil pero con ideas fijas, siempre insistes, siempre me niego, siempre consigues, siempre te tengo encima, aunque siempre para mí sea una vida, para ti un suspiro, aunque no suspires.

Estúpido y sensual tiempo

Marcos Nogales

10

Recuerdo: estaba el jardín engalanado de grillos y estrellas la noche que explotó en fuegos artificiales; el deseo era un trompo que giraba y giraba en la entrepierna, más adentro de la carne; la piel inauguraba los chispazos fugaces que la conducen al extravío; el aire era un cómplice en tu pelo. -Nada importaba: sólo tú y el instante.- Todo me produce ahora lenta, espesa melancolía, un añorar de la pubertad compartida. El deseo es, ya, en este punto, jugar contigo a la rayuela en aquel patio de la iniciación con la consigna de ir perdiendo más y más pudor. Que la lluvia lave para nosotros las tardes convexas, olorosas a ladrillo y hierbabuena, en las que resbalaremos vez tras vez para aprender la sexualidad nuevamente, hasta caer desmayados de fatiga uno sobre el otro ya sin miedo a nada.

Rosa y azul

Aleqs Garrigóz

11

“”

INSTRUCCIONES DE USO:

1. Enfoque su mirada en la pantalla.

2. Ejecute una lectura rápida.

Marta Martínez

Sin palabras, sin hambre, sin fuerza, sin luz, sin vida, sin sueño(s), sin ganas, sin armas, sin huesos, sin despedidas, sin bienvenidas, sin realidades, sin quiero, sin puedo, sin debo, sin retoques, sin histo- rias, sin pieles, sin auriculares, sin llamadas, sin vídeos, sin caricias, sin canciones, sin rimas, sin sol, sin hogar, sin refugio, sin oasis, sin oportunidades, sin coraje, sin trabajo, sin dinero, sin amaneceres, sin atardeceres, sin promesas, sin respuestas, sin futuro, sin fruta, sin verdades, sin romeos, sin julietas, sin puerta, sin ducha, sin orgasmos, sin noches, sin películas, sin regresos, sin silbidos, sin cartas, sin vendettas, sin escobas, sin lecturas, sin audios, sin fotos, sin ciencias, sin letras, sin cadáveres, sin regalos, sin dedos, sin pies, sin sonrisa, sin ti, sin nada.

3.

Retire la mirada de la pantalla.

4.

Aprópiese de mis palabras.

5.

Recuerde.

6.

Crea que usted sintió o siente lo mismo.

7.

8.

Desate su mejor llanto o dibuje su peor sonrisa.

8.

Ejecute una lectura lenta.

Sin palabras, sin hambre, sin fuerza, sin luz, sin vida, sin sueño(s), sin ganas, sin armas, sin huesos, sin despedidas, sin bienvenidas, sin realidades, sin quiero, sin puedo, sin debo, sin retoques, sin histo- rias, sin pieles, sin auriculares, sin llamadas, sin vídeos, sin caricias, sin canciones, sin rimas, sin sol, sin hogar, sin refugio, sin oasis, sin oportunidades, sin coraje, sin trabajo, sin dinero, sin amaneceres, sin atardeceres, sin promesas, sin respuestas, sin futuro, sin fruta, sin verdades, sin romeos, sin julietas, sin puerta, sin ducha, sin orgasmos, sin noches, sin películas, sin regresos, sin silbidos, sin cartas, sin vendettas, sin escobas, sin lecturas, sin audios, sin fotos, sin ciencias, sin letras, sin cadáveres, sin regalos, sin dedos, sin pies, sin sonrisa, sin ti, sin nada.

9. Devuélvame mis palabras.

10. Recoja mis entrañas del suelo.

12

Islas flotantes

Una luz lechosa nos recorre de repente en esta circunvalación de no eclipsados trayectos, porque estamos tú y yo descubriéndonos en todas nuestras humedades cósmicas. Somos islas sin pecado ni gravedad que saben ir siempre al trino de un sol púber,

a donde sea que haya un poco de polvo enamorado.

Nuestras cascadas se comunican su gozo. Se extasía cada rincón salino en que nace un suspiro

y las aberraciones de la música del tiempo

explotan al chocar contra nosotros. Así, como los cabellos de un niño albino que pidiera nacer, así irradiamos un misterio que se refiere a la luz, aunque seamos tan oscuros como la antimateria.

Aleqs Garrigóz

13

ProhibiDOS

Prohibido callar.

Prohibido pensar hacia dentro. Prohibido no luchar(nos). Prohibido tener miedo y prohibido no intentarlo. Prohibido llorar por adelantado y prohibido sufrir en condicional. Prohibido escribir sin adjetivos. Prohibido cerrar los ojos y dejar de ver.

Prohibido no amar(me).

Marta Martínez

14

Castillos en el aire

Maje Muñiz

Ya no distingo ficción de realidad en lo que escribo. Igual que no supe diferenciar la verdad y la mentira de tus labios y tu mirada. Que si soy mala mintiendo y se me caza en seguida, más mala soy pillando las mentiras cuando prefiero creérmelas a pies juntillas. Los castillos en el aire siempre fueron mi forma arquitectónica favorita.

15

Sueño húmedo

El agua. El agua que resbala por las caderas no soporta la risa del amor cantando

el

encuentro de la realidad con su propia fantasía.

Y

cada melodía que duerme escurre melazas tibias

que llaman a la lubricación y al desborde, porque en el roce de tu pelvis con la pelvis de la almohada germinan palabras suculentas,

dádivas de luz, manglares penetrables

para el ritmo concéntrico de tu ansiedad. Tu aliento gime, hacia el anchuroso mar del deseo, su vaivén de dedos

y el glande henchido con las consonancias

propias del secreto y la convulsión. Lo demás, ese rumor dilatado,

es la sal que espera ser expulsada al mundo.

No hay más que esponjosas respuestas sin pregunta, un delirio apretado al palpitar de un éxtasis, una explosión de magia, abismo hacia adentro de la dicha. Así de sublime es.

No esperes a que el día toque las ventanas de la ciudad. Porque ya amanece así sobre tus sábanas. Respira cada vez más rápido; más rápido,

y

ya llega, ya está aquí: es el semen

el

semen. (Otra vez el semen.)

Aleqs Garrigóz

16

Claro de luna

En el parque todo lleno de rumores tranquilos, miramos los tardíos transeúntes pasar bajo el claro de luna. Sobre la banca callas con solemnidad; pero en tu silencio hay únicamente amor que descansa para incorporarse pronto con nuevas violencias. Busco tu mano. Es una noche de niebla, fría como acero. Entrelazamos los dedos haciendo un nudo compacto; sentimos en ellos la misma hoguera que no mengua con los años. No conforme, me inclino hacia ti, buscando escuchar de nuevo la canción de tu pecho. No resta, para esbozar la sonrisa, sino sentir el galope de tu sangre tan cerca y pensar que el mundo no es un lugar peligroso.

Aleqs Garrigóz

17

Dulce olvido

El viento nos golpeaba sin ningún tipo de clemencia. Un viento justiciero que intentaba castigarnos poniéndonoslo todo un poco más difícil, obstaculizar nuestra frenética huida o quizá, simplemente, advertirnos del peor de los presagios. Fuera lo que fuera, no podíamos detenernos. Ratón corría el último. Martín siempre decía que jamás mirásemos atrás mientras huíamos, que el volver la cabeza equivale al miedo y que el miedo solamente desemboca en derrota. Todos sabíamos que para nosotros una derrota en estas calles podía significar dos cosas: volver a ese sucio y viejo chiquero o bueno…directamente… acabar muerto. Yo no tenía miedo, no mientras corríamos. Era el único instante donde podía sentir pura vida diluyéndose con mi sangre, recorriendo todo mi organismo en cada latido. Creo que Martín lo en- tendía, lo compartía. Nunca lo supe, él siempre corría más que ninguno, pero estoy seguro de que una sonrisa pícara y burlesca se dibujaba en su cara, durante todo el tiempo que duraba cada una de nuestras torpes carreras. Yo no tenía miedo, pero no podía dejar de girar la cabeza cada veinte segundos. La desnutrición de Ratón era incuestionable. Su debilidad en los últimos días parecía ser un tema tabú, que todos es- quivábamos y nadie se atrevía a abordar, quizá por evitar preocuparle, por convencerle de que todo saldría bien. Quizá por convencernos a nosotros mismos de que todo saldría bien. Lo observaba en intervalos fugaces, intentando no separar demasiado mi sensatez de mis pies. Parecía deshacerse en cada movimiento, sus brazos creaban bruscas ondulaciones en el aire, dando la impresión de poder desprenderse del resto del cuerpo en cualquier momento. Corría mirando al piso, sin levantar la vista en ningún momento. Supongo que no le importaba la distancia que pudiéramos sacarle, cen- trándose solamente en mantenerse en pie y no tropezar con nada. Sabía que si acababa en el suelo, ya no sería capaz de levantarse. Cuando Ratón llegó al orfanato no supo decirnos que edad tenía. Todos le sacábamos un par de años, quizá más, eso parecía claro. Martín calculó que debía tener unos diez. Tampoco sabía su nombre. El pobre ni si quiera sospechaba que la gente pudiera tener nombre propio, como un diario o un auto. Le faltaban un par de dientes en los laterales, lo que hacía que sus incisivos aparentaran un mayor tamaño del que en realidad tenían. Martín, al verle la boca, estaba seguro de que el Padre Eloy se había ensañado con él, o quizá alguno de los agentes que se había encargado de traerlo hasta allí, pero Ratón no hablaba mucho, así que todo se quedaba en conjeturas.

Gonzalo Rielo

Podía notar como el frío agrietaba mis labios, mientras el aire helado que nos veíamos obligados a respirar se clavaba violentamente en mi abdomen, en cada nueva bocanada. Sentí un golpe seco a mis espaldas. Ratón yacía inconsciente en el piso.

- ¡Che, paren un momento! ¡Vuelvan! ¡Ratón cayó! -tuve que gritar, deteniéndome torpemente.

- ¡Malditos rateros pelotudos! -exclamó Martín, volviéndose hacia nosotros enojado.

Los demás también se detenían. Lucas apoyaba sus manos en las rodillas, intentando recuperar el

aire, con nerviosos jadeos. Natán miraba intranquilo hacia el fondo de la calle, asegurándose de que ya nadie nos seguía. Entre todos conseguimos llegar al callejón, cargando con Ratón a duras penas, totalmente desfallecido.

- Si siguen con sus torpezas y descuidos terminarán atrapándonos.-dijo Martín, encendiendo un cigarrillo.

Atardecía. La luz se filtraba entre los viejos edificios y casonas, envolviéndolo todo en una onírica pátina de colores anaranjados. El trocito de sol que todavía mostraba el día se alineaba en el hori- zonte, fiel y milimétricamente con nuestro callejón. Por ello lo elegimos. Saqué mi parte del botín, un pequeño pan blanco recién horneado y partiéndolo en trozos, co- mencé a introducírselo a Ratón en la boca, mientras sujetaba su nuca con la otra mano.

- No podemos estar siempre haciendo de niñeras, métanselo en la cabeza.- dijo Martín.

- Vos te creés todo un hombre ¿verdad? Mientras ustedes se pasan el pucho y siguen con sus bolu-

deces, valientes hombrecitos, Ratón se muere.- respondí bruscamente fruto, quizá, de la impotencia del momento, de la indignación, o de la injusticia de una inocencia arrebatada antes de tiempo. Nunca debí decir eso…no delante de Ratón. Como cada tarde, comenzaba a llegarnos, lejano, transportado por el viento como un leve murmul- lo, el sonido de ese joven y delgaducho bandoneonista rioplatense, desde la plaza. Seguro que esa

pareja de viejitos, que siempre tomaban su mate sentados en algún banco de la céntrica plazuela, ya se habían levantado y estarían enredando sus pies, sus piernas y sus sonrisas, al compás de ese tango, mientras algunos viandantes se paraban a observar y para otros, simplemente, pasaban des- apercibidos.

-murmuró Ratón, de manera casi inapreciable, mientras escupía una

tos seca y lacerante. Me miraba fijamente.- …ya se oye, como todas las tardes, ¿viste?

- Olvidáte…todo está bien

18

Cordero

A ti estoy completamente entregado,

cordero que deja su rebaño para ir a echarse a los pies de su amo. Pido tu leche adoptiva con grandes balidos. Mis vellones blancos y ondulantes son para que hagas correr a través de ellos los ríos de mi propia sangre.

Y

es que te amo hasta el sacrificio.

Si

lo único que quieres hacerme ahora

es

poner tu mano sobre mi espalda

para que pueda sentirme querido puesto que aún deseas que crezca un poco más, déjame cerrar los ojos y desear ingenuamente que tu cuchillo se hunda en mi carne y la traspase. No me devuelvas nunca a la majada, para dejarme confundido entre los otros. No te olvides nunca de mi necesidad.

Aleqs Garrigóz

19

Amanecer

Releo. Sueño. Me despierto. Te busco, me buscas, nos encontramos. Bésame, muérdeme, abrázame. Extiende tus brazos y cobíjame, porque la realidad me quema los ojos, y yo me transformo en una careta de piedra.

Verónica Iglesias

20

Amar es arder un poco

Amar es huir del mundo para refugiarse en unos brazos

que sepan del dolor que jamás compartiste y, entonces, en ese nuevo abismo abierto, cerrar los ojos y querer para adentro. Es dejar caer la ropa blandamente, murmurar su nombre a las puertas del misterio y sentir como su mano te introduce en él, no sin oprimirte un poco, como es debido. Amar es desear sus labios y tenerlos prodigando abundancia.

Y saber que la palabra cede al gemido,

piel sobre piel, centímetro a centímetro, poro a poro, fundiéndote como la cera en el caldero.

Es derrochar el cuerpo con el salvajismo

en que animal y hombre son la misma cosa jadeante, enardecida. Y apurar el trago cárnico de la copa traslúcida como si fuese la última vez. Es el torrente que fluye quemando las vísceras, sin querer detenerse.

Y quedarte un instante suspenso

para escuchar crepitar el fuego de tu hermosa perdición.

Aleqs Garrigóz

21

Cursi

Muerdo mis uñas

contando las horas para por fin volverte a ver.

Y es que te amo hasta la desesperación;

porque el amor es también desesperación. De noche, imagino tu boca en la almohada y la beso,

trémulo y nervioso

porque que la fortuna nos dibuje con su mano espléndida y que el al usar los colores rojo y violenta nos rocíe y salpique en cantidad! Estar unido a ti en todo momento:

en las buenas y en las mejores. Ir tras de ti siempre en vibrante alucinación, sin atender nada más del mundo, como un niño embelesado sigue a una mariposa. Pienso en ti y escribo.

¡Ah, cuánto doy

Y

esto es horroroso como un corazón que se triza.

o

que cae un abismo de congoja.

Y

como el fracaso de la elocuencia.

Aleqs Garrigóz

22

Ofrendas

Me gusta hacerte el amor de rodillas. Te follo como a una diosa, ofreciéndote, devoto, rosas de semen recién cortadas de la planta de mi orgasmo.

Después me tumbo sobre tu cuerpo e imploro tu bendición, suplico tu misericordia.

“Pásame una toallita que limpie tus ofrendas”.

Blas Martínez

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Deshora punta

ACTO PRIMERO

- ¿Marcos? ¡Marcos!

- Perdona, ¿Te conozco?

- Eres imbécil.

- Y tú me enamoras cada vez que te enfurruñas. Podría vivir en esa arruguita que se te forma en la frente y bajar a morir a esa manera de apretar los labios.

- ¿Has estado ensayando?

Marcos ríe, suda encanto y sus mejillas se llenan de rojo-no-me-mires-así-que-me-derrito. Clara hace ya un rato que se ha mudado al lunar de su cuello pero no se le nota.

ACTO SEGUNDO

- Perdamos el metro.

- ¿Vamos a tu casa? ¿Sigues viviendo con ese bicho apestoso?

- ¡No hables así de Lola! ¡Con la de cosquillas gratis que te ha hecho entre los dedos de los pies!

- Dos hembras en tu cama siempre fuimos multitud. Un segundo, dos, tres, una eternidad, cuatro

- ¿Tienes cerveza?

- ¿Qué te ha pasado? No eras de esas que preguntan tonterías. Clara sonríe por no besar.

ACTO TERCERO Follan y, además, hacen el amor.

Marta Martínez

ACTO CUARTO La luz que se cuela por los agujeros de la ventana hace que la habitación parezca un colador gigante. Clara mira a Marcos mientras duerme, le susurra para que sólo le oiga su subconsciente.

- Eres mi compañía favorita cuando estoy sola.

Marcos se despierta con las marcas del pasado, el presente, el futuro y la almohada en la cara.

- Te acompaño al metro si paramos en el supermercado, he quedado con Jesús para arreglar el mundo.

ACTO QUINTO

- Tienes que cortarte el pelo.

- Y tú tienes que aprender a compartir la sábana por las noches.

- Ven, acércate. Tienes un ahora que has vuelto sé lo mucho que te eché de menos colgando de la comisura de los labios.

- ¡Uf! ¡Quítamelo! ¡Quítamelo!

Pierden otro metro.

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El olvido nunca descansa

El Gobierno facilita el despido de empleados públicos, el Gobierno se niega a explicar por qué in- dultó a cuatro corruptos de su partido, otro hombre trata de suicidarse cuando iba a ser desahucia- do, el paro supera el 25% de la población activa por primera vez, Organismos Internacionales con- denan al Estado por detención “arbitraria” de un inmigrante, el Gobierno prepara el territorio para una nueva reforma de pensiones, los recortes llegan al Centro de Investigaciones Oncológicas… Ésta es la vida que me ha tocado vivir. Estamos en el momento exacto de la historia en el que parece que todo va a estallar en cualquier instante y no nos damos cuenta que el estallido ya ha tenido lugar y nos ha pillado mirando un anuncio de una casa de apuestas on-line en la tele. Ésta es la vida que me ha tocado vivir y de la que me ha tocado escribir. Para los que aún no me conocéis, me llamo Daniel, soy periodista y, acabo de enumerar los titulares de los últimos artículos que he escrito. Algo de lo que debemos ser conscientes es que los vencedores siempre tiran la historia a la basura y los vencidos se empeñan en rescatarla. Lo que los segundos no saben, y los primeros tienen como dogma, es que el olvido nunca descansa. Así que, no os preocupéis por los demoledores titulares que os acabo de mencionar, pronto los olvidaréis, probablemente cuando leáis otro que cuente que ayer un equipo de futbol ganó a otro. No es un reproche, aunque podría o debería serlo. No sólo es- táis programados para olvidar, además, lo necesitáis. Escribo noticias que nadie recordará mañana. Estoy obligado a vivir aquí y ahora. En una vida que no he escogido, una sociedad a la que no pertenezco por entero y con un trabajo que odio pero al que no puedo renunciar sin renunciar al teléfono, a la electricidad, al agua potable, a mi casa o a comer diariamente. Estoy obligado a ser yo, ese yo que nada tiene que ver con lo que había planificado ser a los tres años. Claro que, a los tres años, no pensaba en la necesidad de pagar facturas. Claudia se ríe compadeciéndose del niño que aún habita mi cuerpo cuando le digo algo así mientras hablamos en la cama. Entonces me abraza y me besa en la mejilla. Sabe que aún soy ese niño para el que las cifras económicas no deberían significar nada, ese niño al que sólo le basta un abrazo para ser feliz. Claudia lo entiende y me abraza con ternura, más como si fuera su hijo que su marido. Yo lucho por no llorar y preguntar en voz alta, no a ella, por qué debemos ser esclavos de una sociedad mezquina que nos trata como a simples piezas fácilmente sustituibles en un complejo engranaje. Así soy yo cuando estoy a punto de romperme, pero tengo otros momentos en los que me siento inmortal. Es algo innato al ser humano, todos creemos que somos nosotros los que estamos llama- dos a vivir eternamente. Sería una crueldad morir, morir y no dejar huella. Porque, morir habiendo dejado una huella imborrable nos hace menos muertos. Por eso se construyen rascacielos, por eso

Blas Martínez

se salta desde 3900 metros de altura, por eso se filman películas, por eso se emprenden carreras artísticas, por eso se corren los cien metros lisos, por eso yo escribo. Me refiero, claro está, a la poesía, no a los artículos que se leen mientras desayunas y son fácilmente sustituibles por las cajas

de cereales. Yo, por ejemplo, soy muy fan de leer las cajas de cereales o galletas mientras desayuno.

Me sirve, además, para aprender idiomas. No os lo vais a creer, pero en mi currículum vitae hace tiempo añadí en el apartado de idiomas “Portugués, nivel: Caja de galletas”. Las cajas de galletas, por lo menos, no mienten. No digo que mis artículos mientan, ni acuso a ninguno de mis compañeros

de hacerlo, aunque bien podrían, sus artículos y los míos, mentir. Apuesto a que muy pocos se

darían cuenta. Más de una vez he escrito artículos inventados para reírme un poco y, para imaginarme por un momento que, aunque yo no soy el hombre que planee ser cuando era un niño, aún soy más “yo” que “circunstancias”. Escribo el falso artículo y, reconfortado, arrugo el folio creyéndome superior al resto de los mortales por haberme revelado contra la realidad aunque sólo sea por unos segundos y la lanzo a la papelera sabiendo que pronto vendrá la realidad como un tsunami y me pillará en la orilla de la playa y descalzo. Mis jefes en la redacción saben que no es éste mi único síntoma de inmadurez. Ellos sufren otros

síntomas. Me tienen que recordar una y otra vez que tenía que escribir sobre no-sé-qué-cosa y que el plazo de entrega se pasó media hora, por no hablar del retraso que alcanzan los artículos para el suplemento semanal o de algunos artículos que jamás llegaron al cierre de edición. Esto lo digo por primera vez: no sé cómo aún conservo mi puesto de trabajo. Sé que a los que co nocéis mi faceta periodística os sorprenderá escuchar esto, a menos que haya trabajado para vosotros.

Mi primer libro de poesía fue un éxito de ventas, llegó a reeditarse hasta cuatro veces y se tradujo a

tres idiomas, aunque a mí, personalmente, me gusta mucho menos que mi segundo poemario, del que no se alcanzó a agotar la primera tirada. Hoy, presento mi tercer poemario y, éste es el discurso que tenía preparado para el público que decidiera venir y para mis compañeros, los periodistas, en su caso y me he empeñado en leerlo a

micrófono abierto aunque la sala esté vacía a excepción de mi amada esposa Claudia, un servidor y

un señor que se ha quedado dormido a medida que hablo y a pesar de la opinión de mi editor que

se ha marchado hace cinco minutos cabreado porque ha perdido dinero, porque ya nadie se acuerda de mí. A mí es algo que no me preocupa en exceso, como ya dije, el olvido nunca descansa. ¿Alguien se acuerda ya de los titulares con los que comenzaba mi presentación?

25

FMI

¿Quién te creó? ¿Quién te decide? ¿Quién te hace hablar? ¿Quién te guía? ¿Quién te posee? ¿Quién te paga? ¿Quién te vota? ¿Quién te da el derecho? ¿Quién te arrancó la humanidad? ¿Quién te dijo que la economía era el por, el para y el porqué? ¿QUIÉN COÑO TE CREES QUE ERES PARA HABLARME ASÍ?

Marta Martínez

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Pastoril

Bajo el sol nuestro amor es tan dichoso. Suenan los cencerros, locos,

y se pierden en la lejanía.

¡Cómo amamos dejar un momento la obligación para amarnos plenamente! Nos saluda el río con su risa de niño, “Hola” al pasar dicen los hongos

y complacientes nos miran las nubes en su cercanía. Radiante, el aire entona una melodía juguetona que despereza al pasto. Todo brilla en su ensueño calmoso. Y al lago, que duplica la frescura del cielo, vamos a hundir los cuerpos sin ropa. Las vacas regresarán solas. Sólo es necesario esperar sentados uno al lado del otro, mientras la tarde de la luz se despide. Otra vez caerá la noche. Vendrán la tormenta

y

trueno que te hace temblar.

Y

mañana el campo estará todo lleno de lodo.

Pero nuestro amor, como hace tantos veranos, permanecerá el mismo.

Aleqs Garrigóz

27

Estamos juntos. Si alargo un poco mi mano podré sobar tu pecho, tu cabello espeso,

tu cara más pulida que un vidrio de la orilla del mar.

Y estamos juntos porque nos gusta,

porque si juntamos nuestras bocas

hacemos brotar de ellas leche y miel. Así que las juntamos con frecuencia.

Y juntos somos más que una playa tranquila

donde el amor dibuja corazones en la arena,

más que un jardín donde se recuesta la melancolía a contar estrellas; mejor que el oro de la tarde en el que se mecen flores púrpuras y rosas. Somos jóvenes y campesinos:

la

mano que carga el fardo rumbo al hogar,

la

canción del viento en los trigales,

el

sudor haciendo fructificar la tierra.

Así de aromados y buenos.

Estamos juntos

Aleqs Garrigóz

28

Entré en un bar a mediodía preguntándome si por la hora debía desayunar o bien concederme un frugal aperitivo. Le expuse el dilema al camarero, quien me recomendó un vino suave y porras, para no renunciar a nada. También me preguntó si quería conversación, a lo que accedí compasivamente -tenía el bar vacío y cara de soledad- a pesar de que prefería un rato de silencio en alguna mesa apartada de la barra. Pronto descubrí que donde decía conversación quería referirse a un monólogo de él hacia mí, o sea, que en realidad inquiría si estaba dispuesto a escuchar lo que fuera a brotarle de la garganta y tal vez las gónadas. Empezó, pues, a opinar y conjeturar sin mesura, saltando de tema en tema y levantando una mano en señal de advertencia cada vez que me veía con intenciones de interrumpirlo, como sabiendo que iba a ser para llevarle la contraria. En efecto, no estábamos de acuerdo en nada, pero sólo yo estaba al tanto de tal eventualidad. Coincidió que terminó de liquidar el último asunto que albergaba en la recámara con que yo hiciera lo propio con el vino, donde había estado mojando las porras acechante mientras me acribillaba con su discurso, de modo que, lleno de rencor y sed de venganza, empecé a rebatir sus postulados de forma sutil, elegante, casi exenta de convencimiento, pero con un torrente verbal preñado de términos ficticios que iba inventando sobre la marcha, para marearlo. Le dije, sin rodeos, que el partido al que votaba estaba sarsimado de hótaros, lo que a la larga gener- aría ertesión en el electorado. También, que el sistema de juego de su equipo abusaba de estrategias priselinas, que el mundo taurino tendía al omidramiento y más le valía desaficionarse, que su actor favorito no era nadie sin el dudoso método de aflusión turtina y que invertir de nuevo en el ladrillo nos condenaría, sin duda, a una hecatescencia porimarosa de aúpa. Como era de esperar no se atrevió a darme la razón ni a quitármela. Sí me puso al tanto, sin alterar su gesto de perplejidad sulfúrica, del precio de la consumición y la conversación. Yo protesté, cla- ro, amenazándole con cobrarle entonces las palabras no homologadas si él hacía lo propio con sus

De la orfandad alfabética y otras tragedias

Nacho Samper

opiniones, a lo que respondió, muy académico, que las palabras no valían nada en sí mismas sino en función de la utilidad que prestaban, y puesto que él no sabía para qué usar aquéllas que le hube ex- puesto, carecían de valor alguno. No supe si lo decía por honestidad o tacañería, pero igualmente le aboné el importe exigido y salí del local sin darle las buenas tardes ni intenciones de regresar jamás. Sucedió, cosas del destino, que semanas después me vi obligado a volver al bar por razones fisiológi- cas urgentes. El camarero no exhibió síntomas de reconocerme, pero me senté en una mesa no muy lejana a su posición para evitar nuevos intercambios dialécticos y tomar tranquilo un sol y sombra (los servicios son sólo para los clientes, ya saben). Desde allí percibí sin esfuerzos el contenido de la conversación que mantenía con uno de los parroquianos, prácticamente fosilizado sobre la barra. Le exponía, sin pudor alguno, todos los argumentos disparatados que yo le aportara en su día, em- pleando como un calco aquella delirante adjetivación y sustantivación sin equivocarse en una sola sílaba. El interlocutor, sin dejar de amorrarse a la copa de pastís, cabeceaba complacido y repetía de vez en cuando alguna de aquellas palabras de mi absurda cosecha, visiblemente familiarizado con su significado. Puesto que ya era un cliente, hice uso del servicio una vez más, esta vez para llorar. Había puesto en circulación una serie de vocablos tan míos como un hijo que, inopinadamente, se encontraban instaladas en el imaginario colectivo, en el vocabulario popular, vaya. Me aterró la idea de que mis pequeñas creaciones discurrieran huérfanas de boca en boca, multiplicándose según esa mitosis in- conmensurable que caracteriza a las jergas, pero me escoció más la idea de no ir a ser nunca recon- ocido en calidad de creador –así es el amor propio-. Así que, si las oyen o ven escritas, aunque sea mal, sepan ustedes que me pertenecen más que a nadie. No les pido un canon por usarlas -detesto las modas recaudatorias- pero sí que las empleen con mimo, respeto y criterio. Si lo que quieren es saber qué significan, ya saben a quién preguntarle.

29

Ni idea

Hoy no me cuido ni me cuidan, no me apetece cuidar el detalle, complicarme entre tanta sencillez, pensar de más, pensarte de más. Parece martes trece y no es ni lunes doce, no me puedes obligar a crecer, no puedo obligarte a creer si no es día a día, los días tropezando, las horas volando. Multas por exceso de velocidad en los talones, a ras de calendario, tachando los días, ellos me tachan y restan tiempo de vida. Ni idea de lo que significa venganza, ni cómo los días pueden mirar mal sin tener ojos, ni por qué todos tienen manía a pisar con la izquierda. Pero sí tengo idea de las ansias, las ganas y las pérdidas, de las bibliotecas vacías y las almas perdidas. Las riñas y risas por compartir, aunque no se comparta nada, por ser tachados a la vez, y que se jodan los días.

Marcos Nogales

30

Sella-dos

Quisiera no tener que pedirte que te fueras pero ya no me quedan despedidas

y he gastado contigo todas las oportunidades que tú no me dieras.

Habría escrito una carta y la habría dejado en tu buzón pero recorrer el camino a tu casa si no es para correrme en tu cama pues no sé, no me llena.

Beatriz Ríos

Y disculpa si ya no sonrío

pero estoy guardando inviernos para cuando no queden primaveras, ¿o era al revés?

El caso es que cuando hago el amor en otras camas

y en otros tiempos

me saben a ti sus salivas

 

y

se me quiebra la voz en los gemidos.

Así que me vas a perdonar pero te escribo un poema

Y

claro.

y

gasto otra más de esas excusas que ya no me quedan.

Si

no puedo hacer el amor ni follar,

ya me dirás tú qué me queda.

Que sí. Que lo sé.

Y

me vuelvo a perder en la poesía

Que esto no es más que otra forma de decirte que me voy para intentar que vuelvas.

y

espero a que me salve alguno de tus versos.

O

de los míos.

Que me suenan a vacío tus respuestas

O

de los nuestros.

y que intento encontrar en palabras huecas

las esperanzas que no espero que me devuelvas.

Me está empezando a sonar a este poema otra vez a repetido. Será por eso de que se me agolpan todavía en la garganta las palabras que no te he dicho.

31

(H)Echa de menos

Marta Martínez

Primero eché de menos a la gente de siempre. Y los botones de la bata del colegio que no me comí porque mi madre decidió que dejaría de reponérmelos. Sin saberlo, eché de menos los labios del que inauguró mi saliva y esa manera de no mirarnos. Después eché de menos no poder tener cinco novios a la vez. Supe con años de retraso que eché de menos no haber heredado los ojos de mi abuelo. Y su capacidad para guardar silencio. Creo que eché de menos todas las ciudades en que me hubiera quedado a vivir. También aquellas a las que sólo aspiré. Y las que inventé. Y Macondo. Algún tiempo después eché de menos no hacerme querer más pero sobre todo mejor. Llegó un día en que eché de menos no querer más pero sobre todo mejor. Ahí fue cuando eché de menos un idioma que no dejara que las palabras me quedaran pequeñas y los sentimientos enormes. Eché de menos ayer equivocarme y lo contrario. Y eché de menos no doler. Hoy echo de menos a todos los que no conozco, el vientre materno y a mí que, vestida de ausencia, me hago menos. Y a ti.

32

Tormenta

Sueño con que el viento me traiga un resquicio de ese tiempo pasado que, dicen, siempre fue mejor, una tormenta amarilla de esas que hacen brillar el sol. Ya no queda más remedio que buscar en el presente, hasta encontrar el granizo que me active los sentidos. La letra, que me erice la piel y me revuelva las entrañas. No voy a perder nada si truena, que ya me robó el alma el barco pirata con ruedas.

Verónica Iglesias

33

Calles fantasmas

Las calles se convierten en fantasmas, plagados de tu espectro flotando sobre el calor que desprende el asfalto. La ciudad en verano emitirá calor suficiente como para borrar las huellas de tu paso por ella. Y que llegue el otoño y no crea verte por cada rincón.

Maje Muñiz

34

La amistad

Amistad es la comunión en que sientes otra carne como tuya, la muerte que se comparte, el abrazo donde se restaura un momento el desequilibrio en que el pesado mundo nos exige nuestro doloroso tributo de soledad. Es la ración necesaria de otro para sobrevivirlo y sobrevivir al desastre de existir, dulce vino vertido en la copa de otros cuerpos. La amistad es un misterio indescifrable, religioso. Un amigo desearía ya, desde siempre, Altas.

Aleqs Garrigóz

35

Palabras en blanco

Me salen contra el papel todas las palabras que se me atragantan antes de poder salir por la boca. Escribo, escribo y escribo. Y cuando miro la hoja, esta sigue en blanco. Creo que me he quedado sin cosas que decirte.

Maje Muñiz

36

S/M-entido

- Las niñas grandes no lloran

- ¡Ja!

Marta Martínez

37

Sa-(a)lados

Me

salen pájaros del pecho si me besas.

Mi

reino por las cosquillas de tus alas en mi ombligo.

Te obligo a regalarme un vuelo cada día.

Y

que vuelvas a besarme hasta la calma.

Y

que la cama se convierta en una playa

que yo no quiero más orilla que tu espalda.

Se nos conserva el amor bien en salazón después de todo.

Y marcan las olas el paso hacia un océano de dudas.

Problemas de mis mareos y tus mareas.

Y joder, mira si quiero hundirme en tus pupilas.

Pero prométeme no ahogarme con tus miedos

Y hacer siempre de tu cuello mi bote salvavidas.

Beatriz Ríos

38

Floración

Como una flor de primavera eres que entrega a los cuatro vientos su esencia, sin esperar y sin pedir. Toda tu condición es de muelles sin término, de puertas que se abren y de promesas hechas. Como una estancia te expandes.

Desgajas los ladrillos grises que sostienen la tarde; tienes la llave de la oscuridad cerrada, de la mismísima y hermética noche. Buscas en ti y encuentras un espejo.

Y

en él contemplas la ascensión del agua,

la

nutrición de la tierra, el crecimiento del lirio,

la

esperada renovación de la aurora.

Levantas y sostienes el espejo donde habito, donde es posible sentarse y descansar.

Aleqs Garrigóz

39

Tus ojos son dos abismos de sombra, lámparas taumatúrgicas que chispean mi apetito cuando, como un gato, recorro el caserío esperando la noche de los amantes. Ojos que conocen mi vigilia, que guardan mi sueño cuando, en tus brazos, caigo vencido por el sopor vespertino. Ojos que no se cierran cuando acaricio con mi lengua tus labios como si en ello se me fuera la vida. Yo encima de ti, o debajo, pero definitivamente adentro, más adentro que la oscuridad en tus ojos. La ceguera de la apetencia se instala como reino de dos entre nosotros cuando tus ojos, faros de tiniebla, vienen a señalar el derrotero de los barcos humanos que se hunden por voluntad en un agua de placer que hierve en la alcoba, mi alcoba, toda de invitación y confianza. Tú me desnudas con la mirada. Y sé que en su interior estaré haciendo alguna delicada, inocente obscenidad. Indescifrable y brillante obsidiana, algo -yo- madura dentro de ellos.

Ojos negros

Aleqs Garrigóz

40

Pasando revisión

Maje Muñiz

Aprendí por las malas a distinguir lo que necesitaba de lo que se me antojaba. Que las barreras no se bajan de manera voluntaria, que tienes que treparlas para ganarte el paso. Porque si te cuelas en un descuido mío, no tiene mérito alguno. Y si te marchas por las buenas yo me quedo con las defensas destrozadas. A ver quién pasa luego la revisión si se han quedado las paredes manchadas de falsas promesas. Las miradas oscurecidas por la tristeza que ni el sol llega para volver a iluminarlas.

41

Los hermanos

Hombro con hombro somos hombres.

Y por senderos adversos, sorpresivos de los años,

mi mano conoce en la suya

la extensión de su propia plenitud.

Espalda con espalda,

para abarcar en un vistazo la totalidad circundante,

así

los miembros de un precioso compás:

las

cabezas que se unen a un solo afán,

el

poder hacer de las fuerzas que se juntan,

la

dicha multiplicada al compartirse

como panes de un único milagro:

la guerra, el exterminio mutuo del humano

resueltos, conciliados.

Aleqs Garrigóz

42

El vino

Más cálido que la mano de un amigo el vino que convoca la escasa alegría, que junta al hombre con el hombre.

En sus labios espumosos me hace dejar los labios

y esa dulzura me revela, súbitamente, secretos de la música del mundo

en la que la noche es una sólo una nota más.

Y veo que es bueno. Y mi sangre

se está entonces en un bullicio festivo

porque se ha igualado a la de un dios que se hizo hombre sólo para morir. Y bailo. Y sueño aún más despierto; porque el esclavo es libre mientras bebe y baila junto a la fogata de su corazón ardiendo. Acompañando el canto de la guitarra

o cerca de tu cuerpo ahora con invisibles alas, allí donde mi pecho está ya hirviendo de amor con cada roce magnético de la vida, allí puede ir conmigo.

Aleqs Garrigóz

43

Descalza

Aquí, en nuestra baldosa azul, no ruge el mar, sólo discuten los pájaros. Descalzo mis pies y me clavo tus astillas,

porque no soy capaz de ponerme las sandalias y olvidarte. El pasado desdibuja mis labios pintados de rojo, y me deja desnuda bajo la lluvia. Viví soñando y ahora sueño que vivo, morí creyendo y ahora me quema el hastío,

me ciegan las luces de neón

pero ya no corro, camino.

Verónica Iglesias

44

Todas las niñas soñamos con cuidar de algo cuando éramos pequeñas, para eso se inventaron las muñecas. Sin embargo, el plástico y el pelo sintético no eran suficientes para mí: era una niña con mucho amor por repartir, pero consideraba que mi amor era tan preciado que sólo un ser vivo era merecedor de él. Quería cuidar de algo vivo. Quería que la vida de alguien dependiese de mi abso- luta dedicación y no buscaba recibir nada a cambio por el amor incondicional que estaba dispuesta a entregar. Estuve meses y meses rogando a mis padres que me regalaran una mascota, hasta que un día en- traron por la puerta con una bolsita de plástico: dentro nadaba alegre un simpático pececito rojo. Me sentí la niña más feliz y afortunada del Universo y con un golpe de originalidad e ingenio decidí llamarle Naranjito. Si hubiese sabido entonces lo que me esperaba quizás hubiera elegido un nom- bre mejor: éste pez fue tan solo el comienzo de una larga y desafortunada serie de Naranjitos. Dediqué todo mi tiempo y mi ilusión a mi nueva mascota: le daba de comer cada día, le hablaba cuando tenía problemas e intentaba mantener limpia la pecera. Creo que en mi infancia nunca me sentí tan llena y satisfecha como aquellos primeros meses junto a mi pequeño amigo. Pese a todos mis esfuerzos y a todo el cariño que le tenía, al cabo de un tiempo Naranjito se murió. Nada fuera de lo normal, al fin y al cabo estamos hablando de un pez rojo y si ninguna historia de amistad duradera entre hombre y mascota tiene como protagonista a un pez rojo, será por algo. Pero, para alguien que había depositado todas sus ilusiones y sus entusiasmos en ese animalito tan

La insorportable levedad de los peces rojos

Patricia Di Filippo

común y a la vez tan especial, fue un golpe muy duro. Había fracasado totalmente y nunca sería ca- paz de cuidar de algo. Por primera vez sentí sobre mis pequeños hombros la insostenible fugacidad de la vida. Tras llorar durante semanas enteras más lágrimas de las que nunca creí que fuera capaz, mis padres me compraron otro pececito y - tan ingeniosa como siempre - le llamé Naranjito II. Le quise tanto o más que al primero, pero éste duró incluso menos. Desde ese momento mi vida ha estado constelada por infinitas peceras de cristal, y es sólo ahora, gracias a la capacidad de retrospección que la edad adulta otorga, que aquella obsesión por cuidar de algo vivo cobra sentido. A medida que crecía tener un pez rojo dejó de perder su importancia en cuanto hecho en sí y fue adquiriendo una dimensión mucho más profunda: intentaba ganarle una batalla a la muerte, que se llevaba mis Naranjitos uno tras otro sin que yo pudiese hacer nada para evitarlo. Casi diez años después de aquella primera tarde en la que en que unos ojitos redondos y inexpre- sivos me miraron a través de una bolsita de plástico, observo el cuerpo inmóvil de mi enésimo pez rojo dentro de una bolsa de la basura. No es más que un pez cualquiera, que se llama como todos los anteriores y que lo único que ha hecho en su corta vida ha sido nadar de aquí para allá encerrado tras su cárcel de cristal, pero no puedo evitar sentirme frustrada. Otra vez. Quería aprender lo que era cuidar de alguien, pero tras una vida llena de peces rojos y peceras de cristal, lo único que he aprendido es que todos los que conozco y quiero se irán, al final.

45

La quimera de su espalda

Y era como ese olor entre los dedos después de fumar sus primeros cigarrillos…

Daría todos los besos robados de su adolescencia, por uno suyo en ese preciso lugar… La cuestión no era qué le ocurría, sino qué había dejado de ocurrirle…

Y era una mezcla entre el más violáceo de los atardeceres y el mismo diablo…

Que empezó a beber vodka porque echaba de menos saborearlo en sus labios…

Tenía las claves, incluso las respuestas… pero lo que no le quedaba eran fuerzas…

Y que la lluvia en la cara ya no era el analgésico que recordaba…

Porque era algo parecido al jazz… excepto si sonreía… entonces… era puro jazz.

Gonzalo Rielo

46

Vuelve

Vuelve, no me encuentro ya más.

Si

me palpo sólo encuentro mi desnudez estremecida

y

este vicio aturdido de replegamiento.

Adonde veo sólo hay sombras que me arrastran

y otros entes nacidos de mi locura.

En cada rincón me siento a llorar

y la luna se ensancha de leche enferma.

El sol entra por agujeros, consume las sabanas, me incendia. Sufro al presentir la dicha

con que tu cuerpo se abandona en otros brazos.

Vuelve. Difícil es el camino hacia exteriores; los muebles han violado su acomodo

y saltan de una pared a la contraria.

Ha estallado la armonía. La gente en la calle soba mi espalda, pero no ve el infierno que en mis vísceras combustiona; que me hace regurgitar azufre, cenizas, carbón. Espantosa como novela romántica es tu ausencia.

Ay, tu mirada aparece a veces entre tornillos y llaves que vuelan; pero no me dirige sus rayos, se cierra. En cada ventana hay un monstruo que me acecha.

Y éste instante parece ya un pozo, una dentadura que me come,

una trampa que me enreda.

Aleqs Garrigóz

47

Cuéntame un cuento

Maje Muñiz

Los mejores cuentos son las mentiras que te cuentas a ti mismo antes de dormir. Que porque escribas de vez en cuando algo en tu libreta tal vez llegues a ser escritor. Que algún día serás periodista de verdad. Que mañana te irás a dormir algo más temprano para poder levantarte sin la necesidad de un cubo de agua fría que te saque de la cama. Que aquella sonrisa alguna vez fue real y fuiste la causa de la misma.

48

Todo

Sueños lúcidos. Todas las noches. Todas y cada una de las noches. Expediciones oníricas llevadas al extremo, repletas de amenazas… de peligros. Todo con los ojos abiertos. Todas las noches. Todos los sueños. Toda Tú.

Gonzalo Rielo

49

Día de campo

Dejemos las torres de metal, su nebulosa de esmog, para internarnos en el verde recién inaugurado. Brillando de esplendor los cerros cambian vestiduras, ostentan su plenitud resurgida y lavada. Mira siempre hacia los campos floridos, los arroyos de barro que manan de fuentes tan íntimas, los taciturnos animales pastando dócilmente, los pájaros que improvisan luminosas orquestas. La brisa que unge con leve vestido de joyas nos regala ahora un arco siete veces coloreado:

promesa paternal recordada. ¿Y quién dijo que nada florece porque sí, que Dios está ciego, que su voluntad no puede ser hermosura? Recoge un ramo de anís, un puño de fresas silvestres, trae un diente de león para soplarle un secreto; hoy es día de alabar la delicadeza de la espiga y aspirar en cada flor una nueva fragancia. Tu pelo sombrío huele a tierra mojada. Hoy es día para el amor -ese secreto a voces que todos debemos descubrir-.

¡Aleluya!, nuestro canto se desposa con el día.

Aleqs Garrigóz

50

Mi problema con el transporte público

Peraltucho

A la gente que cree que el amor es una opción la invitaría a dar una vuelta conmigo en el autobús.

Es difícil no enamorarse viendo como las estudiantes de periodismo bostezan al son del traqueteo matutino del C2 (el autobús que me deja en mi trabajo y que, casualmente, pasa por la puerta de la

facultad de Comunicaciones). He de decir que tal vez yo no sea la persona más objetiva para hablar de este tema. Admito que tengo un problema. Soy incapaz de ir en un transporte público sin enamorarme al menos un par de veces de las distintas mujeres que veo allí.

Da igual que sea metro, autobús, tren, tranvía… Lo que sea… ¿Quieres que caiga rendido a tus pies? Solo tienes que procurar que te vea subir al mismo transporte que yo.

El

caso es que no puedo evitarlo.

Y

mira que intento resistirme…

Llevo mis cascos puestos para aislarme del mundo… Llevo mi libro para no mirar a mi alrededor… Pero es imposible… Siempre termino levantando la vista y encontrando al (nuevo y momentáneo) amor de mi vida. Incluso en algunos casos he llegado a bajar el volumen de la música al cero para poder escuchar su voz. Me imagino sus gustos, su vida, sus virtudes, sus defectos, antes de que lleguen a sus paradas he imaginado toda su vida pasada y nuestro futuro juntos. Alguna vez he mostrado un poco de coraje y he sacado mi libreta, garabateado algunos versos, algún dibujo, o simplemente un “Espero que tengas un gran día”. Pero esos mensajes nunca han llegado a sus destinatarias. Uno de los momentos más tristes de mi rutina matinal es ver como mi amor del día baja en su parada haciendo añicos todo lo imaginado hasta el momento. Me gusta pensar que cada mañana dejo retazos de mi corazón en ese autobús. Por eso, cuando escucho que alguien dice que el amor es solo una opción, no puedo más que compadecerlo y decirle, “Amigo, deberías probar subir alguna mañana al C2”.

51

Solo-solo

Maje Muñiz

No sabría decir si me llegué a enamorar de ti o solo de la idea de estar enamorada, de ti, por supuesto. Había leído mucho (ficción) al respecto. Pero, pensándolo detenidamente, no había una manera cuantitativa de medir los síntomas aparentemente claros del enamoramiento. ¿Eran las mariposas en el estómago? ¿Un vuelco en el estómago cada vez que me acariciabas? ¿Uno mayor cuando me mirabas como si me fueses a querer – amar- tú a mí también? ¿Era amor si viajaba solo/sólo en una dirección?

52

Fiesta

De la mano vamos llevando botellas de licor,

silbando felicidad en forma de himno por un camino de letreros señalando hacia adelante.

Mira bien. Ya cerca está la casa de par en par abierta,

el jardín engalanado de papeles de color,

las sillas para aquellos abúlicos y cansados

y el rincón polvoroso sin iluminar para aquel que en la embriaguez medita irremediablemente a muerte. ¡Caluroso deleite de ser dos permaneciendo juntos después de la reunión! Toma mi brazo. Las miradas no van a herirnos.

Mi juventud que se busca a sí misma, para palparse,

alarga la mano al vientre ajeno en el delirio. Las estrellas bailan con la música

y los fanales se ensanchan protegiendo la danza.

Somos dos flechas incendiadas que cruzan sin temor los rudos campos una batalla. ¿Lo sientes? Somos la tierra fecunda de latencias que está haciendo florecer el ideal, la poesía esperada.

Aleqs Garrigóz

53

Arde Estambul y yo con ella

Solidaridad. Solidaridad era esto. Que se te pare el corazón a la vez en España y en Turquía. Solidaridad es gritar sus consignas aunque no las entiendas. Porque piden justicia y libertad. Y en eso, en eso no hay ni colores ni banderas ni lenguas. Solidaridad es que arda Estambul y yo con ella.

Beatriz Ríos

54

Ahí, ahí, ahí

Ahí estabas tú, mirándome con la intensidad justa como para que desaparezca todo lo que hay alrededor.

Maje Muñiz

Y

yo, incapaz de creerme merecedora de una mirada de las que cortan la respiración, de las que no hace falta que vayan acompañadas con palabras, porque el significado se lee en el aire.

Y

ahí estábamos los dos, fluctuando entre la inseguridad no verbalizada y las palabras que nunca llegaron a pronunciarse. Porque no hacía falta. O porque no hubo valor.

55

Definire

Marta Martínez

BESO Para otros usos de este término, véase El Beso. “Ósculo” redirige aquí. Para otras acepciones, véase osculum. Un beso es el acto de presionar los labios contra la superficie de un objeto (generalmente la piel o los labios de otra persona) como una expresión social de afecto, de saludo, de respeto o de amor. Los labios son un foto sensitivo en la estructura de diversos organismos animales, y funcionan primordialmente como auxiliares en la identificación del entorno, como herramienta de succión o como auxiliares en la emisión de sonidos. El beso tiene una función social humana determinante en el proceso de cortejo.

Y

yo que

suponía

pensaba

olvidaba

jugaba

que de tener superficie no-nunca-jamás hablaría de la Física que mal aprobamos con orgullo ¿errado? del “soy de letras”.

que era cuando la piel se enteraba de lo que el corazón ya sabía y la cabeza seguía negando a ratos.

la retórica de las expresiones sociales y fusilaba protocolos con una mordida de labios pintados de rojo-te-lo-dije.

a soñar que el tuyo era el foco sensitivo de esta estructura orgánica animal.

deseaba

que fueras mi auxiliar, mi identificación y mi entorno.

anhelaba

tu herramienta succionando mi por fin.

esperaba

que tu función social humana determinante fuera regalarme un cortejo cada mañana.

Y

yo que creía que un beso es el acto, el postre y el porqué.

56

Distintas formas

Ágape Reductio

La tinta negra sobre su piel resultaba demasiado estética. El simple hecho de imaginarla conseguía excitarme, más aún de lo que ya estaba. Me hubiera gustado poseer su cuerpo desnudo para poder cubrirlo todo con frases negras. Mi gran obra iba a ser esa. Mi Biblia era ella.

57

El día que me ames cada estatua lucirá una sonrisa

y en la avenida habrá una mujer su maternidad cantando.

Bajo el sopor de las fuentes daremos de comer a las palomas

y los huérfanos se acercarán amistados.

Haremos un círculo con gis blanco para jugar

el juego de la infancia que todos sabemos.

El día que me ames veremos la cara de un niño en el sol

y él reirá con sus cabellos amarillos, sonrojado

cuando nos acerquemos a lamernos los labios

o

corramos bajo la lluvia sin zapatos

o

nos encerremos en la alcoba a palparnos la esbeltez.

Bajo el agua lacia cayendo como lágrimas del cielo nuestra ropa será innecesaria. Haremos barcas de papel para anunciarle a la ciudad nuestro amor. Las nubes formarán un remolino en el cielo limpiando, como a una mancha, el miedo. Eso será el día que me ames… ¿Me amarás?

Muy pronto

Aleqs Garrigóz

58

Todo el mar en los ojos

Claudia Sánchez-Ponce

Todo el mar.

Yo te digo que me dibujes y tú

escribes sobre tus manos la sucesión de los minutos. Líneas paralelas que se confunden.

[ardiendo]

[no hay suicidas en los días impares]

Corremos agarradas de la mano,

y no es que segregue endorfinas, pero me duele la sonrisa.

[todo cae por su propio peso] [las luces de colores no seducen a los ciegos] Ella solía decir que las lluvias de estrellas queman más de lo que iluminan. Yo le agarraba la mano y apretaba los labios, pero por dentro no paraba de estrellarme contra un silencio en el estómago. Por dentro rebotaba contra mis ganas de estar profundamente equivocada. Nada más, solo dedos en orificios desbocados y miedo, mucho miedo de no flotar al llegar el naufragio. [Recuerdas la playa de noche? Un móvil con cuatro canciones y la manera perfecta de escucharlas en bucle. -Te echo de menos incluso aquí, en la misma arena que tu cuerpo. Hace frío, es Noviembre y yo tengo tanto que decirte que me he olvidado de hablar.- Me he olvidado de explicarte que al caminar por las calles de tu ciudad yo sentía que flotaba, como en un vórtice alejado del universo. Conectando con tu universo. Plagadas de nosotras mismas, sin más.

Y ya ves, sigo rompiendo los mismos cristales de siempre. Las calles no han cambiado dentro de mi ciudad, encuentro los mismos atajos, los mismos laberintos de siempre.

Ha pasado mucho tiempo pero el reloj no se ha movido, sigue pálido el segundo en el que se encontraron nuestras pupilas.

Se ha detenido el instante, el amor nos sobrevive mucho más que nuestro propio recuerdo.

[dilatada]

59

Las gotas salinas, de vida, escurrían por tu cuerpo rocoso, accidentado como un planeta viejo, duro como el diamante,

brillante como plata recién lavada.

Y allí estaba yo, del otro lado,

tras la reja.

Cubierto por el manto nocturno,

te contraías y te volvías a abrir, ofreciendo tu pecho,

brindando tu imagen para ser adorada,

arrodillando a las galaxias que giraban a tu alrededor.

Y

mis músculos se tensaban contigo

y

las gotas escurrían también en mí.

-Yo te imitaba involuntariamente- Luego te fuiste

y contigo se fue el universo.

Yo permanecí aislado, marginal, aferrándome a la reja, para no caer.

el amor nos sobrevive mucho más que nuestro propio recuerdo.

Observándote tras la reja

Aleqs Garrigóz

60

Atrapada

Maje Muñiz

Me senté frente al espejo, observando aquel rostro que evitaba mirar tan a menudo. Aquel que tapaba con maquillaje a diario para no mostrarlo tal y como era. Me di cuenta de que mis defectos más complicados de enmascarar no podía ocultarlos con un poco de corrector. Que la tarea de mirarme a mí misma hacia dentro no tenía arreglo alguno posible si el resultado esperable era el de que me agradase lo que veía. Estaba atrapada en mí misma y aquello no tenía solución alguna.

61

Extíngueme

Sé caminar tu ardor

entrar con los dedos en el centro de ti

y lentamente (moviendo dedo a dedo) bailar el néctar de tu cuerpo

que baila cuando me incorporo en ti

a través de mi sobresalido centro.

De centro a centro, busco que el embalse de tu tristeza antigua

rompa a gemir latidos nuevos mientras tu mielosa catarsis abrace a mi sexo con la fuerza que se le olvidó

a mi sombra fulgurante.

Salgo y entro de ti con la dulzura lenta de una mariposa arbolea entro y salgo, entro y

salgo, como humo hecho de piel. Desde fuera busco con mi lengua hacerme cuerpo en el mapa de tu cuerpo. Saboreo la salina almendra de tu ser, exploro labios y pieles más oscuras sobre la superficie de tus cuevas

Javier Gomis

y mis manos, como dos enredaderas extendidas, andan leve y firmemente; andan los pezones de tu antigua soledad andan las orejas de tu antigua mudez

y las rodillas de tu vieja duda.

Ahora he vuelto al centro con el estandarte erguido de mi centro para que tus catarsis se sucedan y me lleves a la mía justo en el instante en que el sudor de mi frente

caiga, con un sabor lejano a lágrima, sobre los labios de tu boca que se sonríe mientras gimo -con susurros expandidos-

la felicidad del sol del cuerpo.

Pero aún con todo no he pedido

Y aún con todo

no he pedido pero hoy (ahora) arráncame el recuerdo Desenrédame esta manta de fuego

y apágame la soledad.

62

En cuerpo y alma. Rompiendo mis silencios, desvelando mis secretos, arrinconando todo los miedos que ayer enturbiaron tu mirada. Brindando mi desnudez con ansia desbocada a ese cuerpo desbordado de deseo, que delimita las húmedas fronteras de mi cama. Derrotando oscuridades con mi carne como ofrenda, arrancando con mis besos el delirio del que te sientes preso, para vivir amaneceres en el paisaje que esconde el cielo inacabado que reposa en el final inevitable de tus piernas. Descarrilando mis sentidos en ese vano intento de no enloquecer, envenenada por tu aliento, volviendo a recoger mis pedazos anegados en el placer de morir enredados en la crecida inevitable de tu cuerpo

En cuerpo y alma

Nevenka Warning

63

Pero vamos, que yo también me acuerdo mucho más de ti que de mí misma. Ni pienses que las tormentas con tu nombre han remitido. Todo esto sin motivos, sin palabras de regalo. Que la hipodermis la seguimos compartiendo.

El punto más seguido de todos

Claudia Sánchez-Ponce

64

Línea 9

Día quince, mes cinco, año cincuenta d.R.

Marta Martínez

Apuñala el silencio el paso de sus viejas zapatillas rosas. El pasillo dormitorio-baño crece un par de centímetros cada día, está segura. No hay peor patíbulo que la rutina ni mayor condena que la con- ciencia ósea de la vejez. Todo huele a gris.

Orina. Se obliga a ser ante el espejo. Entorna los ojos en busca de su yo pasado. Se agota. Asume un nuevo calvario en los tobillos hasta la cocina. Se sienta junto a la ventana de aluminio impersonal. Sirve una taza de café soluble del que ya escasea. Habla bajito para que su soledad no la escuche.

Sigo tramitando que me devuelvan tus cartas. Ahora resulta que son secreto de Estado nuestros “te echo de menos”. Conforme a la nueva política de la Junta, está prohibida la memoria. Andan nerviosos porque la Resistencia se les está descontrolando. Estoy harta.

Sí, yo también creo que estoy divagando. Lo cierto es que he venido a tu recuerdo a contarte una verdad. Tardé pero tuve una hija con otro hombre aunque conseguí que tuviera tus ojos. Se ha enamorado. La han visto revolcando su amor en la Línea 9.

Se le escapa una lágrima. Nota el corazón. Pum-pum, pum-pum, pum-pum. Se agacha y deja colgando la cabeza a la altura del horno oxidado. Abre la puerta y trae hacia ella una descolorida caja de galletas infantiles. Aparece el reverso de una foto. Los años han pintado el papel de color amarillo-no-te-olvido. Lee sin mirar: Somos poesía hasta que se demuestre lo contrario (15-5-2013).

Nunca entenderé por qué tenías que ir tú. Qué falta le hacía a la revolución el sacrificio de nosotros. Qué necesidad había de hacerme viuda sin estar casada. Me mataste con diecisiete años. Y aquí estoy, esperando la muerte (y con una hija repitiéndome) y queriéndote.

65

Fún-dame

Otra vez,

¡joder!

Como siempre.

Y luego me decís que no me enamore.

Otra vez.

Y yo os pido por favor que no me sonría.

Que ya no quiero otro cielo que no sea el de su boca. Que me arrepiento de los segundos que le robo a lo que tenemos.

A lo que tuvimos.

A lo que nos queda.

Que se me desgarra el corazón cada vez que se marcha. Que quiero sus uñas marcadas en mi espalda.

Y

hacer equilibrio entre sus miedos y mis mentiras.

Y

jugar a que no nos queda tiempo.

Y

quemarnos la piel en cada corrida.

Que los orgasmos no los tenemos, los regalamos. Que no hacemos el amor,

lo reinventamos.

Que no voy a dejarle, joder. Que me fundo donde acaba su piel y empiezan mis manos.

Beatriz Ríos

66

Acaríciame con la mirada

Maje Muñiz

Creía que mi punto más débil era la espalda hasta que me miraste como si fuera algo por lo que mereciera la pena sonreír. Entonces mi punto débil pasaron a ser esas miradas.

67

Todo depende, decía, de lo mucho que absorbas, esa metáfora me encantaba, y lo sabía, ella me sonreía y añadía: “Tú sigue estudiando al universo.” Defendía que sucedemos el tiempo absorbiendo, los días nos cansan, desgastan y envejecen, pero nosotros nos aprovechamos de ellos, acrecentamos en experiencias y conocimientos, como una esponja en masa al ser empapada. Somos ásperos, temerosos y perezosos, pero al final siempre, sin quererlo, nos llenamos, siempre llega alguien que te exprima hasta el límite, y te quedes en tu esencia para volver a llenarte de forma diferente. Te tienes que exprimir, de generación en generación, los padres se dejan desgastar por sus hijos para alimentar a sus nietos, para ahorrar las caídas que ya pagaron en el tiempo. Yo no sé si gritarlo a los cuatro vientos, por eso lo discuto con mi almohada todas las noches, siempre me llena la cabeza de pájaros que no temen echar a volar en cuanto me encuentro con Morfeo. A veces odio a la gente, a veces encuentro a las personas insoportables, pero solo estudio el universo porque cada persona es un mundo, un mundo con su contaminación y sus primaveras, por eso las demás veces me encanta ser humano y todo es interesante. Sigo buscando la lógica a lo que no lo tiene, sigo intentando destrozar lo que catalogan de imposible así vivo fuera de los límites que instituyeron los cuerdos, pidiendo peras a los olmos, dando más que escuchar que de hablar. Podría buscar explicaciones, dar mil razones y justificaciones, pero para ser sincero conmigo mismo y con vosotros, ella me lo dijo, solo por eso yo estudio el universo.

Esponja

Marcos Nogales

68

Pausa al portador

Entra sigilosa pero las bisagras gritan su llegada. Son las cinco de la tarde, esa hora en que su vuelta

a casa me despierta el instinto. Saludo desde el salón con la desgana del parado de larga duración.

No contesta. No me extraña. Esta mañana fui un poco borde. Crece su sombra en la pared. Desperezo la espalda y mi cabeza cambia el nido del cojín por el duro brazo del sofá. Me hago el tonto y saludo de nuevo. Sé que la primera vez me ignoró deliberada- mente pero no se me ocurre otra manera de pedir perdón. La lámpara de pie Kroby de veintiséis con noventa y nueve me descubre su figura suspendida en un contraluz naranja. Leo un cuerpo vestido sólo con un par de zapatos negros de tacón. Son los

que llevaba en nuestra primera cita, los que tuve que sujetarle de seis a siete porque decidió volver

a casa descalza por rebeldía de género. Creo que me enamoré de ella en algún momento entre las

seis y doce y las seis y trece, cuando vi sus ojos marrones clarear a miel en el semáforo de Hortaleza con Gran Vía. Desmaya su ropa en el pasillo. Cierro los ojos en un parpadeo incrédulo. Se me escapa esa mueca chulesca que siempre le calienta el ánimo. El rumor de su perfume me inunda el tercer sentido. Se planta ante mí con la mirada de niña traviesa que sabe que me gusta. Intento tocarla. Se aparta. Quiere que la mire. Le digo callado que un día de estos aprenderé a dibujar para marcar a carbon- cillo esas curvas contra las que ella lucha y que yo sueño a cada rato. Es una mujer nacida para ser agarrada. Bajo la mirada a mi entrepierna. Estoy empalmado. Mucho. Ella lo sabe hace rato. Ella siempre lo sabe todo un rato antes que yo. Probablemente aquel día supo a las seis y diez que estaba loco por

Marta Martínez

Me tiembla el pulso porque sé que nuestras bocas podrían hacer el amor a solas. Y aunque a ella

le basta esa saliva para sentirse querida, su cuerpo me exige. Mi pulgar lee su ritmo cardíaco en su

ingle. Palpita. Palpita por mí, por ella y por todo el universo concentrado en nuestras pelvis. Cerco su cintura. La atraigo hacia mí. No opone resistencia. Sus pezones se funden con los míos

y un calor intenso me estalla sin simulacro. Sus labios en mi cuello empiezan dibujando un beso

tímido, siguen trazando un mordisco travieso y acaban por pintar una sonrisa al notar, por fin, mi

cuerpo en el suyo. Las yemas de mis dedos podrían quemarla. Ojalá mis huellas dactilares supieran hablarle. Necesito sentirla más, un poco más, profundo. Quiero atravesarle el alma. Nuestras piernas chocan buscando la manera de encajar un puzzle de carne y huesos. Sé que su sexo llora de nervio mientras el mío juega con sus sensibilidades. Agitaré sus entrañas a fuerza de bailar sus ritmos. Arquea la espalda. Queda poco-nada que pensar. El sudor nos envuelve. Ella quiere morder el te- cho. Me gusta sentirla a cámara lenta.

A los primeros embates les arroja la sensualidad de una actriz de los años cincuenta. Me excita

verla sobre mí, cabalgándome. Me enciende la certeza, dulce, de saber que está ahí porque lo desea. Me encanta ver sus pechos agitándose anárquicamente de un lado a otro sonando a la metáfora de

nuestro pasado punk. Deslizo una mano hacia su enigma. La noto estremecer. Sus músculos me atrapan. Sus ojos quieren pero no consiguen mantenerse abiertos. Va maquillada del ímpetu de quien no va a conformarse con la mecánica del follar.

ella. Ella me besa, yo le muerdo el lóbulo de la oreja, ella se deja, y en un yo y un ella y un yo acaba por hacerme el jaque con un “hoy es tu día de suerte” a ras de erección. Suelto todo el aire de mi cuerpo

Todo mi todo a cambio de la cumbre de tus satisfacciones. Deja caer su peso una vez más. Y otra. Otra más. Mis dedos se hunden en sus caderas. La casa rebosa ese aroma complejo al que a todos nos gustaría ser condenados.

en un intento fallido de mantener la calma.

El

orgasmo es una anécdota aun siendo uno de los más intensos de su vida. No me lo dirá pero yo

Me trepa. Mi abdomen se tensa. El 100% algodón me pesa. No sé quién ha cosido toda esa ropa a mi

lo

sé.

piel. Despellejo la camiseta. No se conforma con mi torso desnudo y presenta batalla al botón de mi

-

Puedes matarme si lo deseas pero no te muevas. Déjame contemplarte un segundo más ahí, así,

pantalón. Vence con la determinación de una amazona. Abraza mi centro con un soplido disfraza-

cansada, feliz, satisfecha de mi.

do de ingenuidad. Sus dientes blanco-lejía-del-futuro dejan delicadamente claro que lo único sen-

- ¿Lo notas?

sato que puedo hacer es nada. Sonríe. Pienso, una vez más, que ese hoyuelo debería ganar premios. Cuatro manos en el sofá y dos rostros a un suspiro y medio de distancia. Su flequillo baila con mis cejas, nuestras narices se aparean con la inocencia de los besos de guardería. Se le escapa un gemido

- Sí.

Aprieta los labios por no morir de amor. La invito a que deje de soportarse y rinda su cabeza a mi pecho. Le coloco el pelo tras la oreja como marcan los cánones del romanticismo. Este debe ser ese

a mí un escalofrío. Deletreo cada gesto mirado. Saboreo la humedad de los amagos. Repaso nues- tras pieles de gallina hambrientas de tacto.

y

momento en que los poetas entienden el significado de todos sus versos. Sí, es ese momento porque no recuerdo quién soy ni cuándo llegará la factura de la luz.

69

Declaración de intenciones

Claudia Sánchez-Ponce

Más intenso que la muerte, el segundo justo desde el calor al sofoco, del deseo a la piel enfrentada.Laberintos que se abren como compuestos por cuchillos y el mismo juego de siempre, historias que no son contadas, acero forjado en los ojos como mecanismo de defensa. Trozos de tierra chorrean entre tus piernas, te has coronado porque antes eras de alambre y ahora tus carnes son de agua. Te encerraste en el subsuelo, cómo estropear todo a tu paso si te arrastrabas por el cieno Nada irradia más texturas que tu boca abierta entre la sábanas, óyelo. Todo un mundo condensado en una esfera, los trastornos consumados. Puedes vomitar todos los espasmos a mi lado, sobre la mesa construiremos un agujero negro.

70

Incapaz

Me quedé allí acurrucada, escuchando tus latidos. Incapaz de moverme, de pensar siquiera. Mucho menos de pronunciar en voz alta una sensación a la que aún no he decidido ponerle palabras. Siempre fui una cobarde.

Maje Muñiz

71

Uni-dos

Beatriz Ríos

Toda la vida pensando en si estará al otro lado del mundo el amor verdadero y el otro lado del mundo se convierte en Bruselas. Y el amor verdadero en la amiga de tu mejor amiga que viene de visita.

Y

de pronto te encuentras sentado en un vagón un miércoles noche cualquiera perdido en sus ojos, preguntándote de dónde narices ha salido esa chica.

Y

no dices nada. Un poco por vergüenza y otro por gilipollas. Sobre todo lo segundo. Porque hay que ser estúpido para tener ahí delante a alguien como ella y no lanzarse a la primera.

Bueno. Se puede ser estúpido o estar acojonado. Y él era más, también en eso, lo segundo. Fue más un problema de cojones que de luces, eso está claro.

Y ella… Bueno ella tenía uno de esos corazones repegados. De los que han roto mil veces pero y eso hay que tenerlo en cuenta, no había perdido ni un pedazo. Y dijo de ponerse a latir nada más verle.

Aunque claro, uno se agarra fuerte el corazón después de tantos ataques para que no se lo arranquen.

No se preocupen que el protagonista de esta historia no fue el miedo. Que nadie puede evitar lo inevitable. Ni si quiera quienes lo están evitando. Y ahora levita con el vuelo de su falda y enreda el tiempo en su pelo. Se muere más de amor y de ganas y menos de miedo.

Y cada puta lágrima en cada despedida es un “vuelve pronto, joder que te voy a echar de menos”.

A ellos. Por ser parte de mi vida y por haber encontrado el uno en el otro el cielo. Porque escribo mucha ficción pero no hay mejor amor que el verdadero.

72

Tu tú

Quiero tu sentido del humor, tus rutinas, tu indignación, tus ideas,

y tus frases que apuntaremos para no olvidar.

Quiero tus errores, tu (in)constancia, tus despistes, tu realidad,

y tus problemas que pintaremos solucionados.

Quiero tu cuerpo, tu olor, tu pelo enredado en mis dedos,

tus vapores follando mis poros en la ducha

y tu polla pegada cada noche a mi culo.

Te quiero

a

ti,

a

tu tú,

a

lo que podemos ser,

a

lo que ya somos

y

a lo que no seremos nunca.

Marta Martínez

73

Es un amanecer en que una prostituta de uñas pintadas es asesinada. Sus zapatillas de tacón, sus entrañas sangrientas, están dispersas bajo la luz del semáforo como los pétalos de un clavel por el crimen deshojado. Es una zona de alerta donde hay hombres que visten de mujer

y encienden cigarrillos a la espera de las sirenas de policía, la avenida de arrabal donde hay un bar de mala fama

y canturrea un estudiante

de pie ahora apenas salpicado por la tintura del morbo.

No hay nada más.

Para su plenitud, esta escena, sólo necesita terminar de suceder.

Rojo

Aleqs Garrigóz

74

Lecho para la inasible

Nacho Samper

Buscarás la piel seca y vivaz de alguna criatura inane –eternamente bruñida, bajo una forma perfecta de ventanal-, el rigor mortis impreciso a lo largo del cuerpo suyo -que no la tez tan virgen, estepa a cultivar, páramo nevadísimo-, y la solidez invertebrada sobre ocho puntos cardinales -la brújula ausente, consagrada a pies retráctiles que levitan al unísono-. ¿Ya sacudiste tu plumaje de seda huérfana o sutil corteza en los aires y atmósferas que agitas y siembras de espirales y anegas de versos? ¿Ya te elevaste, liviana y espantada del mundo hueco donde apenas moras y en cambio arrojas tus lágrimas negras? ¿Ya evitaste las corrientes masivas de discurso oxidado, las que te buscan corroer el alma inasible? Entonces, pósate un instante…

75

Derrota

Tras la última derrota, el mapa de los sueños truncados tiene forma de mi cuerpo y sus contornos. Primer amanecer con el alma atrincherada bajo mi piel ahora desgarrada, el corazón arrastrando sus pies desnudos tras la bandera de tu abandono. Atrás quedan, en el campo de batalla de mi lecho, tus labios ganando beso a beso ese terreno yermo que, antes de tu lengua, fue la languidez de mis pechos. Rendida y prisionera de lo que fueron nuestros cuerpos, de tu mirada, tus caricias, deshaciendo la fragilidad de mis paredes en el húmedo túnel de lo que ayer fue nuestro tiempo.

Nevenka Warning

76

Arena fugaz

¿No tienes la sensación, a veces, de que se escapan los momentos entre los dedos, como si fuesen de arena? Como si todo lo que pudieses retener fuese la sensación del tacto de los granitos, que también desaparecerá.

Maje Muñiz

77

El alba sexual

Fluyen mis manos en tu tronco

como dos ríos, mojándote, haciéndote reír.

Es

mi cuerpo de tierra, mi geografía de sangre,

mi

palabra de pájaros lo que amas de mí para que pueda

acariciar tus cortinas de terciopelo, lamer tus bembos de cereza, abrirte como un telón, tocar tus paredes internas.

Te abrazo en este mar de objetos al aire

donde está todo suspenso. Eres lo que permanece:

árbol al que me aferro, mástil que dirige mi barco a tierra firme, verga imantada de regresos.

Te encuentro seguido de una cauda de polen, ámbares,

sonidos corporizados y piedras preciosas,

brillando como un follaje de fosforescentes algas:

mi bosque de símbolos.

Fluyo en ti exquisitamente, fuerza hermafrodita, confort del río en su cauce, cofre que resguarda el tesoro; medicina de glicerina, alcanfor, menta y alcohol. Me desnudo ante ti estremeciéndome entero, conteniendo tu sístole de ojos insomnes. Me hablas con signos que intuyo ofuscado, voz que me penetra con su luz, lumbre que me atraviesa.

Aleqs Garrigóz

78

Explic-amé

No lo entiendes porque no has visto cómo se muerde los labios antes de besarme. Ni cómo le tiemblan las rodillas cuando me enredo en su cama. Ni has escuchado su voz al susurrarme. Ni has notado su aliento en mi nuca. No lo entiendes.

No lo entiendes porque no has visto cómo me lleva al orgasmo. Ni cómo aprieta mis muslos. Ni cómo me comen sus manos. Ni su boca. No lo entiendes.

No lo entiendes porque no me has visto reflejada en sus ojos. Ni cómo me fundo en sus huesos. Ni me disuelvo en sus babas. Ni me deshago en sus besos. Ni me ahogo en sus ganas.

No lo entiendes porque no sabes lo que es que te acaricie su barba. Que te revuelva su lengua. Que te sujete su espalda.

No lo entiendes. Y yo no entiendo que me dejes. Que me vuelques. Que te vayas.

Beatriz Ríos

79

Piedras

Ana Bort

De lo que más miedo tenía era de tener una mala caída y que me entraran piedras bajo la piel. Corría siendo consciente de cada zancada, poniendo la mitad de mi cabeza en los pies y la otra en la per- secución, sin querer ver nunca esos guijarros anclados tras una fina capa de epidermis que, transparente y delicada, dejaría entrever una piedra sólida y gris. Después me dijeron que era posible que una roca pequeña atravesara la carne y se quedara dentro, escondida, anónima y paciente, sin que nadie la viera y el miedo me entró de nuevo. ¿Y si crecía la piedra? ¿Y si se hacía tan grande que me partía? ¿Y si viajaba dentro de mí? ¿Y si invadía mi corazón, mis manos, mi cabeza? ¿Y si era el germen de una flor? ¿Y si crecían margaritas desde mis rodillas, desde las palmas de mis manos? Cada vez que alguien se caía (y era a menudo, de ahí mi desvelo) examinaba con sumo placer su herida (porque no era mía) y preguntaba, como si fuera algo casual, si se le había clavado alguna piedra, para comprobar con deleite que no había sido a mí y que mi cuerpo seguía libre de esa gravilla sobre la que jugaba. Ahora ya soy mayor y no hay peligro de me caiga por ese camino, porque ya no corro a ninguna parte, ni siquiera hacia mí misma. Y echo de menos temer las piedras.

80

Te

anuncias con una guitarra.

Tu

adolescencia es en mí como un exótico vaho de vida,

leve goce apenas recordado.

Despacio viertes en la alcoba exhalaciones de una infancia recobrada, alientos que son fragmentos azules de un anhelo desenvolviéndose en la realidad, sentencias de una misteriosa promesa vuelta hacia adelante, al lugar donde se experimentan los exquisitos roces, las voluptuosidades y aun las místicas asociaciones. Eres imán de carne y hueso, oloroso, saludable, palpitante, de cara a lo que está. Tus ojos como dos piedras pulidas atesorando toda posible oscuridad, ágiles en reconocer mi inquietud como a un gato que ha ya olfateado la sangre,

mi

estremecimiento de tardo despertar.

Tu

sonrisa como un arma más desenvainada que el relámpago.

Te

anuncias con una guitarra.

Trasformas la quietud de la siesta vesperal

en una convulsión concentrada de ansiedad entre las piernas. Tus manos como dos surtidores de espasmos eléctricos.

Shuming

Aleqs Garrigóz

81

Feliz como mires

Como el sonido de un cigarro al encenderse, como ir con prisa y encontrar los semáforos en verde, feliz como cuando la primavera parece verano. Como el artista en el momento previo a subirse al escenario, como cuando te veo sonriendo hasta en malos ratos, feliz como un niño con ilusión y ganas de vivirlo todo. Feliz como la falta de métricas y rimas si no las necesitas, como cuando te veo cada vez como si fuera la primera sabiendo que no será la última. Feliz como cuando recibes una carta a tu nombre, como el que ve en todo pequeño un gran detalle, como cuando llegas justo a tiempo y no hace falta justificación, como cuando recibes una respuesta y en ella no hay ningún pero, porque ya sabes que las palabras a las que les sucede un pero su valor nunca supera el cero. Soy feliz como cuando veo a tanta gente “contracorriente” triste cuando veo que no caen en la cuenta de que si todos van en la misma dirección esa será la corriente. Felicidad como la del despreocupado, tan solo ocupado, mientras los preocupados no aceptan que nadie les mande pero no dejan de leer el horóscopo diariamente. Feliz como el que sabe vivir la rutina sin que le trague la monotonía, como un reencuentro, un abrazo después de mucho tiempo, como un hombro, un apoyo para los tan malos momentos. Como el que se queda afónico de tanto luchar, como el cansado que encuentra consuelo en la noche, como un bolígrafo al saberse útil viéndose acabado. Ser feliz independientemente de cómo estés, porque la felicidad quizás no depende de lo que te rodee sino de los ojos con lo que quieras y gustes lo que puedes ver.

Marcos Nogales

82

Hay quienes no saben

pensando que está entera para nosotros,

Textigos

Marcos Nogales

si

elegir la experiencia

y

atacan los celos cuando está a medias

o

mejor la esperanza,

por si acaso su otra mitad se fue con otro.

que no ganan lo justo pero sí necesario

por si el mañana supera al ayer. Hay quienes prefieren cerrar los ojos

Somos camareros del día a día

y taparse los oídos, o como ellos dicen:

“ver la televisión” , curioso este mundo, mundo de mudos guiando a ciegos. Hay quienes no sabemos porque hay quien no entiende que prefiramos las palabras que llegan a donde no pueden ir las balas. Donde daña el amor y manda el temor, allí donde reinan las balas y curan las palabras. Somos textigos de amaneceres, pretendientes que esperan ansiosos ocasos, somos los gatos que eternamente cantarán a la luna huyendo de los perros para comerse a los ratones. Los que se enamoran de la luna ilusionados

dando tragos que pinten de un gris más claro la realidad que en ocasiones se vuelve insulsa. Somos lo que hacemos, seremos lo que fuimos, así podrían ser unos versos dulces que te salen los lunes. Sabiendo lo que hago puedes imaginar sobre mí,

y tantas veces imaginar es más agradable que conocer,

aunque yo prefiero, porque todos preferimos, conocer, así que solo se despellejarme en cada folio para conocer mejor al hombre.

Aunque todavía no sé si soy persona, para cuando no me queden versos, vosotros seréis los textigos

y yo me quedaré prefiriendo la esperiecia,

o la experanza, porque sin esperanza no se puede vivir, porque sin experiencia no tiene valor tener fe.

83

Nada es para siempre

Maje Muñiz

Ahora prefiero los relatos breves a las novelas. Los capítulos de 20 minutos a los de 50. Pasar las canciones antes de que terminen. Ahora, al fin, comprendí que lo breve, si es breve, cuando se termina duele menos. Que siempre llegarán las decepciones. O las despedidas. Y no sé cuál es peor. Ni si quiero averiguarlo. Que no quedan aún cicatrices y muescas por aparecer ni nada Y que nada es para siempre, decían tus ojos tristes.

84

El juego diario del puente

Javier Gomis

Mi-pensar, de este lado del puente, cierra los ojos contigo Por la gran calzada del sueño se filtran los caparazones del mundo y en el pretil camina el gato negro de las imágenes del día mientras el tiempo, sin pesar, fluye en el tic-tac de mi aliento; el sueño escucha un tropiezo de fuera, y las persianas se me abren Y mi pensar, del otro lado del puente, abre los ojos en ti.

85

Imposición de manos

Mis manos enlazadas en las tuyas

van trenzando una guirnalda de unidad;

mi tacto en tus formas descubre

planicies donde las yemas quisieran plantarse para siempre, playas doradas al calor del tiempo.

Tu cuerpo es la patria de sangre donde se abisma la dicha;

quiero navegar por tus hombros, tus caderas, como un barco que sigue el contorno irregular del mundo. Ésta es nuestra noche solar, hecha a la medida del goce. Subiré a tu tronco como una hiedra de caricias, velaré aprendiendo tu figura; me afanaré en ti en frote deleitoso para que, inhalando el perfume de tus transpiraciones, pueda alucinar más mi juventud, modelada por la diestra de la creación. Deja que mis palmas crezcan a tu sombra, que mis dedos sostengan en su poder el regalo de tu frente inclinada hacía mí. Tocaré como a un arpa tu felicidad argentina; sobaré tus genitales lustrosos de mansas humedades para ofrendarte un efecto espasmódico, la calidez vibrante que se galopa en el dorso, se alarga en apetencias mayores y se va explayando hasta el delirio.

Aleqs Garrigóz

86

(

)

Marta Martínez

Nunca había sentido tanto vértigo a ras de suelo. Aire, aire, aire, mar, sal, aire. Infarto contenido. Bien. Un paso y otro y uno más. Mierda. No puede esperar eternamente. Aire, aire, aire. Ya. Vuelve a lo alto de la Torre de Tokyo, de la London Eye de Londres, del Empire State de Nueva York, de la Torre de Telecomunicaciones de Berlín, de la Torre Eiffel de París, de la Catedral de San Basilio de Moscú, de la Basílica de San Pedro del Vaticano. Sobrevuela el desierto del Sahara en un ultraligero apellidado muerte segura.Tierra firme suspendida. Recuerdos sin ti, ni ti, ni ti. Casi sin ella. Repasa los ciento y pico errores, los veintiún años, los veintidós, los veintitrés y los veintisiete. Sonríe empapada en lágrimas por aquel acierto. Aire, aire, aire. Deja de ser especial. Deja de creerlo. AIRE. Mejor así. NO. Aprende a no necesitar. Aire, mar, sal, aire. Bien. NO ¿Cuánto falta para el futuro?

87

El espejo no miente

Maje Muñiz

Me miré en los mismos espejos en los que estuve reflejándome durante 18 años y no me encontré. El pelo era el mismo. Más corto, algo más rizado, pero del mismo tono que siempre. La sonrisa era nueva. Tal vez su simple presencia era una novedad.

Pero la mirada

Las marcas que había alrededor de esos ojos – los mismos que cinco años atrás – evidenciaban demasiadas noches de desvelo. Aunque esas marcas, en su mayoría, se debían a la risa.

88

ENNUI

Patricia Di Filippo

Tengo todo lo que un chico de mi edad podría desear: unos padres que me quieren, amigos en

mi

mochila y arrojo todo su contenido en el suelo, después la arrojo a mi armario. ¡Estoy cometien-

los que confiar, este es mi último año de instituto y las notas no me están yendo mal. Sin embargo

do

una equivocación enorme! Si realmente quiero empezar a vivir tengo que empezar desde cero,

siento que esta vida ya no me pertenece. Como cada chico de mi edad, me levanto por la mañana,

abandonar mi viejo Yo y ser, ser de verdad, ser una persona nueva. Y si deshacerme de mi viejo Yo

voy al instituto, como, estudio, de vez en cuando veo a mis amigos y me voy a la cama. Día tras día, día tras día siempre la misma historia, todo es tan automático que se vuelve lejano, irreal, y no es

significa renunciar a todo lo que tengo, ¡lo haré! Al fin y al cabo, toda esta ropa, todas estas reglas y comodidades, todo lo que poseo y toda la hipocresía que representa ha servido solo para hacer de

más que una copia de una copia de una copia. Ni siquiera el antes tan esperado fin de semana es

un mísero objeto sin voluntad. Esta noche me iré, en el hombro una mochila casi vacía, en mis

suficiente: incluso la música ensordecedora, las sucias pistas de baile y los sueños de extravío ahora no son más que tediosas costumbres. La semana vuelve a empezar. El tiempo pasa pero no consigo retenerlo, vivirlo: se me escapa de las manos como si de arena se tratase. Sin embargo algo ha ocurrido esta noche. Estaba yéndome a la cama, otro día estaba acabando como el día interior, pero he pasado delante del espejo del baño…y me he visto. O mejor dicho,

manos bolígrafo y papel, en mis oídos dulces notas de rock revolucionario, jazz frenético y blues melancólico – toda buena aventura merece una buena banda sonora – en mi corazón sueños de in- finitos: dejaré todo atrás e al fin empezaré a vivir. No hay mayor dicha que vivir con unos horizontes que cambian sin cesar, del estar cada día bajo un sol nuevo y diferente. Haré todo lo que siempre soñé hacer, porque al fin seré libre de hacerlo, y dejaré atrás toda esta respetabilidad interesada, esta

no me he visto. En frente mío se encontraba un desconocido con una mirada vacía y perdida en la inmensidad de la nada. ¿Quién era? He cogido mi rostro entre mis manos, y el desconocido ha llevado las suyas a las mejillas; he levantado la mano derecha, y he visto como el hombre delante mío hacia lo mismo. ¿Realmente he llegado a tal punto? ¿El incansable y monótono sucederse de los minutos, de las horas, de los días, me ha dejado tan vacío que no soy capaz de reconocerme en mi proprio reflejo? Ha llegado entonces el momento de terminar con esto, con el dejarme transportar como un fardo

vacía hipocresía sin sentido. Recorreré inmortales caminos bajo el destello de las ardientes estrellas, la Luna será mi única compañera, me dejaré transportar donde sea por quien sea, por gente que saborea la vida hasta la última gota, gente a la que la vida le explota en el pecho y que te arrolla, te arrolla hasta que tu mundo , tu alma, tu ser, da vueltas, gente para la que la vida nunca es suficiente, gente que de ansias de vida y de goce está llena, y bailaré, bailaré con los ojos cerrados dejándome transportar por las febriles y vertiginosas notas, bailaré el twist, el swing, el jitterbug y mi alma gri- tará y cantará y girará hasta que pinceladas de un suave y sereno rosa no tiñan el cielo y calienten

por un río, con el vivir una vida que no es mía. Aunque mi vida parezca haberse detenido, la Tier-

mi

rostro y mi corazón. Entonces retomaré mi viaje, yo que ahora ya no me sacio de vida, yo que

ra continúa girando y con ella la vida de los demás. Ha llegado el momento de recobrar mi vida, es más, ha llegado el momento de empezar a vivir. Seré quien yo quiera ser, me miraré al espejo y

ahora ardo en mi interior, viajaré y viajaré y viajaré, solo o con alguien no importa, pero nunca me detendré. Me perderé entre la salvaje naturaleza, temida por el hombre porque ignota e imprevis-

en frente no tendré a nadie más que yo, los ojos reflejados serán los míos y solo los míos. Abro mi armario, saco una mochila y empiezo a llenarla con todo lo que encuentro por delante. Cojo todas

ible, pero para un alma aventurera no existe nada más devastador que un futuro cierto. Ahí me encontraré a mí mismo, encontraré la Verdad, el Verbo. Y me salvaré.

mis camisetas, mis libros, mis pantalones, mis calcetines, mis chaquetas, mis sudaderas, todo, todo,

Mi

móvil vibra. Miro la pantalla: un mensaje de Carlo, “esta noche pizza, cerveza y partido, no fal-

como poseído por un frenesí incontrolable cojo todo lo que mis manos consiguen aferrar y lo em-

tes”, dice. Desde mi ventana veo como los primeros rayos de luz se reflejan sobre los ventanales de

pujo en la bolsa. Y entones me detengo por un instante. La respiración antes sofocada poco a poco

los

rascacielos y oigo los coches rugir: la ciudad empieza a despertarse. Todavía tengo media hora

se va pausando. Inspiro lentamente mientras cierro los ojos. Siento mi corazón aflojar su latido y exhalo todo el aire que hay en mis pulmones. Entreabro mis párpados y miro a mí alrededor. Cojo

para leerme el capítulo sobre Hegel e intentar aprobar el examen. Pero antes le escribo a Carlo “Vale, cuenta conmigo”. El fútbol es el fútbol.

89

Dis-culpas

Beatriz Ríos

Me miras y te disculpas. Hostia, está bien después de tanto tiempo. Se han pasado los meses jugando a que no sabemos lo que queremos. Y lo sabemos. De sobra. Pero yo tengo miedo y tú… Y tú quieres más a otra. Y así pasa que siempre me toca a mí quedarme con las sobras. La última vela en el entierro. La de en medio. La que siempre llega tarde. A la que siempre le falta tiempo. Pero me miras y te disculpas. Porque sabes que me lo merezco. Que otra cosa no pero paciencia me sobra cuando quiero. Y contigo la he tenido hasta el extremo. Concretamente hasta llegar a dos milímetros de tu boca y que nos paremos. Pero me miras y te disculpas. Por todo lo que no debiste hacer. Por todo lo que no has hecho. Me miras y te disculpas. Y yo he decidido que además de ti, se disculpa el universo. Por jugar a revolcarme el corazón en el estiércol. Por perderme la razón y robarme sueño. Pero me miras y te disculpas. Y yo encuentro la paz en ese rincón de mí misma en que un día hubo miseria. Y dejo de llorar, de desesperarme y sobre todo, sobre todo dejo de tener miedo. Porque me miras y te disculpas. Y se me pasan los arrepentimientos y lo reconozco, te quiero. Vaya si te quiero. Tanto como para mirarte con ella y sonreírme por dentro.

90

A veces

A veces llego a casa, me quito la ropa y aún no me siento desnudo.

Me sobra la piel, me oprime, me asfixia.

A veces no me reconozco. Entonces el oxígeno se apresura a quemar mis vías

respiratorias y camino sin rumbo hasta llegar a camas que no me extrañarán.

Menú 6 euros, asesoría fiscal, laboratorio dental y así, hasta llegar a su casa. Nº 35, 4ºC. No tiene nombre, ni pasado, tampoco futuro.

Y, de repente, me doy cuenta que la vida es una constante sucesión de tropiezos y,

a pesar de todo, parece que me gusta tropezar.

A pocas horas del abismo la muerte cerebral se anuncia en cada semáforo.

No merezco las risas, los besos, ni los orgasmos que he tenido a lo largo de mi vida.

A veces llego a casa, me quito la ropa y aún no me siento desnudo.

Me sobra la piel, me oprime, me asfixia. Te busco en cada pliegue de mis sábanas y no estás.

Otras veces, todo anda bien y sale el sol por donde dicen los libros que ha de salir el sol.

Blas Martínez

91

Tú-silencio-yo

Para matarnos te sobran la mitad de los silencios Y no soy yo. Eres tú.

Marta Martínez

92

La memoria presente del muro

el golpe en el recuerdo se hace piedra.

¡Hay tanta piedra

que los huesos de mis manos esculpen la herida entera de mi cuerpo

Y alrededor del niño hay tiempo

encerrado en el ahogo del muro.

!

Javier Gomis

93

A ritmo de

Maje Muñiz

Entre baile y baile, momento incierto, quedaste prendido de mis caderas. Asideros a los que aferrarse mientras pasa la tempestad, mientras avanza el tiempo. Y si antes se me iban solas al escuchar la música, ahora van por su cuenta a buscar las tuyas para encajarse con ellas.

94

Vulnerable

Maje Muñiz

Vulnerable. Como cuando desnudas tu alma y derribas las murallas que edificaste para protegerte. Débil, al límite, sin trampas, hipnotizada. Te quedas tal y como eres realmente. Con ese mal humor mañanero, con tus inseguridades al aire, que no tapa ningún maquillaje porque van más allá que unas simples ojeras. Que son ojeras internas de noches de desvelo por no aguantarte a ti mismo. Una vulnerabilidad más difícil de desvestir y, después de vestir. Heridas de las que tardan en cicatrizar si alguien lo quiebra todo.

95

Diario de enero

02/01/2013

El tiempo se acaba. El tiempo es infinito. Ilimitado para los remordimientos, limitado

para los sueños.

El tiempo, mi tiempo, se escapa. Y mientras, yo sigo mirando al suelo, evocando

momentos, y vidas enteras, que nunca fueron.

10/01/2013

No puedo hablar en nombre del ayer.

11/01/2013

Siempre llego tarde, aunque a veces, y solo a veces, es por los motivos correctos.

12/01/2013

Quizás merezca la pena una historia triste si uno puede escribirla.

13/01/2013

A veces no hay mejor opción.

14/01/2013

Cosas más importantes que las palabras (al menos temporalmente).

15/01/2013

Paso las horas en la parada del bus, llena y a la vez vacía. Ahogándome entre voces que desearía no tener que escuchar. Entre ellas la mía.

16/01/2013

La sensación de que tu cabeza no te hace caso, de que no puedes controlarte, y el miedo de no saber a dónde puedes llegar para hacerte daño. El miedo a no saber si te sobrevivirás.

17/01/2013

Plath tenía razón. No hay nada que un baño caliente no cure.

18/01/2013

¿Seré capaz de olvidarme, de dejar de ser mi centro?

María Morgade

96

Sueña hasta quedarte despierto

Maje Muñiz

Átame aquí a tu lado, en el mismo hoy de hace más de un año, de dentro de otros cinco. Haz de esta cama un refugio, un campo de batalla, un oasis, una tormenta. Pide lo imposible, sueña hasta quedarte despierto. ¿Quién necesita un mañana teniendo un hoy interminable?

97

Handout

Me extingo contigo y con la raza. Nos mat(am)o(s) en el tacto muerto, en el embarazo del píxel, en el dedo hecho flecha.

Google me llama, tengo que colgar.

Marta Martínez

98

.

Invítame a tus abismos, hallaremos color entre tanto vacío.

Claudia Sánchez-Ponce

99

.

La nieve, derritiendo las palabras. Que estúpido se nace cuando se vive muerto. Lo crudo

y voraz

de un silencio que exige violencia. Los rotos que malviven en el pecho sin agujas

sin invierno con fecha de caducidad. Y unos ojos poco deformados

dispuestos

a recorrerte sin respuesta.

Claudia Sánchez-Ponce

100

Post Mortem

Dejé pasar siglos entre mis piernas entre tu silencio y mi crudeza entre mi locura y tu sabor amargo.

He confiado mil veces en un cuello donde las venas estallaban y la sangre corría despacio a encontrarse con mi boca.

Lo cierto es que funcionamos doliéndonos, todos

esperamos encontrarnos a la vuelta de cualquier esquina cualquier puñal que nos atraviese por entero

y

nos arrodille, y nos condene.

Y

yo

en el día de la bestia cuando desdén y memoria se disputen mi honor vomitaré miles de horas echadas a perder.

Y nada ganará más batallas que mis caderas.

Claudia Sánchez-Ponce

101

Cada año

Maje Muñiz

Parece mentira que estas mismas calles por las que hoy pasea el gélido viento a su antojo sean las mismas que abrasa en verano el sol, dejando intransitable su asfalto. Parece mentira pasar de las bufandas a las faldas en cuestión de semanas. Que estos sean los últimos meses fríos que vayan a verte estas calles pasear por ellas. Parece mentira que el invierno acabe y llegue la primavera. Y, sin embargo, ocurre cada año.

102

Caer

María Morgade

Sabes qué es lo que no quieres, y lo que no quieres lo va absorbiendo todo. No eres capaz de olvidar aquello que ya solo tú recuerdas. La idea de que eres diferente se vuelve cada vez más ridícula, y el ser especial ya no es solo una excusa, sino una broma que ha perdido la gracia. Y todos te dicen: “Tienes toda la vida por delante”. Tienes toda la vida por delante hasta que dejas de tenerla, piensas tú. Entonces caes, tocas fondo, y te preguntas si esta será la vez en que ya no te levantes. Llevas tiempo esperándola, casi deseándola. Deseando el poder dejar de fingir que estás dispuesto a intentarlo. Porque en el fondo sabes que hace ya tiempo que dejaste de hacerlo.

103

A mordiscos

Maje Muñiz

Te voy a quitar la vergüenza a mordiscos. Mientras tú me quitas los complejos beso a beso, al mismo tiempo que tus manos se deslizan ágiles por los botones de mi camisa. Y desaparece el pudor a la misma velocidad que crecen las ganas. El mundo se ha parado en el instante en que has dado con el punto débil de mi cuello. Mi suspiro en tu oreja, transformándose en gemido. Tus manos asiendo mi nuca, no quieres que esté a más de diez centímetros de ti. La noche es larga. Las palabras se quedaron cortas hace horas. Y los besos tienen centímetros de piel de sobra para recorrer antes de que nos pille el amanecer.

104

Ci-egos

El problema es que cuando me miras es como si me atravesaras.

El problema es que ahora, cuando me miras, estás mirando más lejos.

Y mis ojos ya no bastan.

Mis pestañas no te retienen.

El horizonte no son mis pupilas.

Y joder, ya no nos vemos.

Beatriz Ríos

105

Instante de gloria

Borja Pino Jambrina

Valladolid. 21 de noviembre de 2011. 11:45 de la mañana. Una mosca del tamaño de un trolebús abandona su refugio entre las cacerolas de mi cocina y, volando bajo, se abalanza sobre mí discretamente, sin más ruido que el tenue y cadencioso zumbido de su aleteo. Sus intenciones: las del pulpo. Absorber mi sangre, beneficiarse de mi cuerpo sin compensación alguna, o… ¿Quién sabe? ¡Quizá algo peor! Al percibir la presencia de tan escurridizo y taimado enemigo, desvío la atención de la menestra de verduras que hasta ese momento he estado preparando, y estudio detenidamente cada uno de sus movimientos, tratando de averiguar cuál es su pauta de actuación. Simultáneamente, me inclino despacio, extraigo el pie derecho de la zapatilla que lo cubre y, procurando no alarmar a mi rival, me despojo del mugriento calcetín y lo empuño con firmeza. El sentido común me grita que huya, que abandone la estancia a toda prisa, que ponga pies en polvorosa después de haber inundado de insecticida la cocina (con la consiguiente pérdida de mi amadí- sima menestra, claro está). Pero yo no me arredro; permanezco de pie, erguido en el centro de la sala, observando con mirada desafiante cómo el malvado insecto crece progresivamente ante mis ojos, a medida que se aproxima a mí más y más. Y cuando, al fin, el bicho asqueroso se dispone a asestarme el chupetazo mortal… ¡PLAF! ¡Calcetinazo letal! Aplastado brutal e inmisericordemente contra la campana extractora de vapores de mi co- cina, el animal se agita durante unos segundos, tratando desesperadamente de ahuyentar a la cada vez más próxima muerte. Pero es inútil. Tras unos interminables segundos, lo inevitable se produce, y todo movimiento cesa de súbito. Pino: 1 – Mosca: 0. Eso es la gloria, mis amantísimos lectores. Eso es la gloria…

106

Socorro

Ayúdame a llorar este Fantasma negro Ayúdame a expulsar la rota voz del tiempo magullado Lánzame una cuerda aunque tenga manos de ceniza Búscame en el acto de mis letras y en ellas, grítame que no me marche como deseo marcharme. Viájame a la muerte donde la guadaña ralle para siempre-y-sólo una rayuela (para viajarnos más) Auxíliame esta palabra macilenta con lo que te fue esperanza y hoy es corazón Socórreme mi ajado memorial de luces diciéndome qué agotado pozo puede entrar dentro de una nube Asísteme la quemadura (soy niño, sólo en el desierto de lo gélido) La carretera está partida:

mis pies, sobre el tramo solitario donde el suelo es arena-movediza Los ojos ven dos precipicios a los lados, pero ¿quién / con qué arrojará su puente? Ayúdame, ayúdame pero no seas tú, espejo:

tras tu cristal tan sólo está lo opaco

Javier Gomis

107

Sin nombre. Pronombres

Esos ojos. Este atardecer. Prefiero contemplar el día caer reflejado en tus ojos. Esta boca. Esta noche. No tengo sed de alcohol ni de cualquier otra cosa que no seas tú. Estas manos. Ahora. No pienso orientarme con ningún sentido que no sea el del tacto. Estos besos. Aquel amanecer. No quiero moverme de entre estos brazos.

Maje Muñiz

108

Del otro lado

Hay un camino que lleva al otro lado al lugar al que se van los cuerpos cuando están ausentes sin estar. dicen que hay un reloj que no suena

dicen que los pájaros abandonan su rama y su voz para que la estirpe de nuestros ojos guerras y deseos aprendan a cantar sus vuelos Hay un camino hay un camino que lleva al jardín donde los niños reorganizan su caos en la rayuela y saltan como los pájaros en el suelo. allí los padres aprenden a jugar y no enseñan más a morir. El camino escucha el peso de la sombra de mi voz del otro lado entonces el camino escapa, huye de mí.

y mi voz, del otro lado, no tiene más hueco que mis huesos después del camino vuelvo a mí, estando sin estar

y

sin camino posible ya sólo queda aprender a jugar

o

a morir.

Javier Gomis

109

Lejano Paraíso

Gonzalo Rielo

‘A Eme, por haber entregado un pellizco de paz a un alma en ineludible y constante guerra’

Tu

punzante mirada como punto de partida. Tu cuello como punto de no retorno.

[I]

fumas y yo te observo y en ese momento creo no haber conocido jamás algo de tal perfección.

Observa sus manos. Sus oscuras y arrugadas manos. El tiempo no absuelve a nadie, eso parece

Me coges de la mano y me elevas, y todo se vuelve diminuto a nuestros pies. Diminuto. Pequeño.

quedarle claro.

Mi

pequeña…’

Un lejano bullicio rompe su melancólico instante. Ese en el que detiene la sordina de su vieja trom-

Las lágrimas tropiezan con el borde del papel en su caída libre hasta el suelo. Se había prometido

peta. Ese en el que, paradójicamente, deja de improvisar, reflexionando meticulosamente en el más

no

derramar una más. Se había prometido no volver a leer todas esas cartas. Se había intentado

profundo silencio, durante el tiempo que tarda en llegar el próximo tren. Siempre ha sido un cretino. Hubo un tiempo en el que era un cretino orgulloso y egocéntrico. Ya no. Ahora sólo es un cretino. La tenía a ella y aún así su felicidad se volvía más inaccesible por momentos. Su vida era demasia- do compleja. Su mente también lo era. Sus recuerdos. Sus emociones. Sus temores. Todo son gér- menes que se nutren de tu inseguridad, consumiéndote poco a poco, como una insaciable termita, devorando madera de manera atroz. Apagándote. Engendrando un muerto en vida. ¿Cómo podía pretender que pudiera hacerla feliz, si ya no recordaba como se sentía uno al ser feliz? No podía pedirle eso. No puedes pedirle a un hombre que improvise. Él sólo sabe improvisar con

concienciar siempre de que sólo eran palabras. Demasiado tarde. Las palabras, al contacto con la piel de sus dedos, penetran en cada uno de sus poros, diluyéndose con su sangre, infectando todo su organismo. Arruga la carta y la deja caer a sus pies. Preparar café, por alguna extraña razón, siempre le ha relajado. Hoy no queda café. Tampoco queda tabaco. Se perfila ligeramente los labios y elige una camisa de su armario. Cualquiera. Hoy no hay nada que celebrar. Tampoco hay nada que decidir. Como ayer… como mañana. Él pronto volverá.

un trasto desgastado por el tiempo. Ahora poco importa. Ese frasco de somníferos está esperando en la cómoda, desde hace ya algunos días. Siempre ha sido un cobarde. También hoy lo es. Aún aceptando que es su único camino, la única manera de encontrar la paz. Ésta será la noche elegida. Justo a las doce, medianoche, cuando todos duerman…cuando a nadie importe. Comprará una botella del mejor vodka y se preparará su peculiar cocktail. Gracias a un viejo conocido ha conseguido una pequeña dosis de insulina, que pondrá la guinda a este último y

Las temperaturas habían bajado últimamente, dentro y fuera de esa casa. Coge su habitual gabar- dina, colgada en una silla. Él volverá, un día más, de su asquerosa oficina, con sus problemas y sus rutinarias y previsibles pa- labras. Todavía no entendía cómo se había convertido en lo que siempre prometió repudiar. Vivía con el hombre equivocado. Por algún motivo, él parecía saberlo. A veces, sentía que leía su pensamiento sin ningún tipo de dificultad. Todo aquello terminó, aunque jamás fuera capaz de aceptarlo. Los planes improvisados, las botellas

definitivo pastel.

de

vino bajo las estrellas, hacer el amor hasta el amanecer, su gloriosa y deseada inestabilidad…

Ya no recuerda cuándo fue la última vez que esbozó una sonrisa. Nada de notas o cartas. Nada de palabras. Solamente silencio. Se acabaron las explicaciones, los argumentos y justificaciones. Se acabaron las preguntas. Pronto estará con ella de nuevo. Pronto

todo. Decide ir al centro. Le vendrá bien disiparse entre la multitud durante un rato. Ser una total descon- ocida para el resto. Fumar con la mirada perdida, como si realmente tuviera algo con lo que soñar.

estará con todos de nuevo.

Al

sentarse en el único asiento libre del vagón, se queda dormida al instante. Hace ya un par de

Las primeras sombras comienzan a distinguirse al final de la angosta galería. Cierra los ojos. La embocadura toca sus labios. La multitud pasa a su lado, pero nadie parece tener intención de dejar

semanas que el insomnio decide hacerle compañía cada noche. Se pasa el resto del día totalmente agotada.

una moneda.

En

realidad, no llega a dormirse por completo, aunque su subconsciente no para de proyectar tra-

Entreabre los ojos y consigue apreciar como una atractiva señorita de pelo negro le sonríe. Ataviada

zos, rostros y pequeñas fábulas en el dorsal de sus párpados.

con su gabardina, de un fuerte color rojo, parece destacar entre la apagada y gris muchedumbre. Termina de abrir totalmente sus ojos e intentando no descuidar la entonación de su frenético rit- mo, le sigue con la mirada. Cuando la figura de la joven se pierde en la multitud se da cuenta que,

Al bajarse del vagón, un enorme hombre, de tez pálida y cabeza afeitada, se tropieza con ella. Siente como si el hombro se le hubiera escapado del sitio. En cambio, el tipo ni se inmuta. Comienza a sentirse tranquila, en proporción a la acumulación de gente que aumenta por momen-

inconscientemente, le ha estado devolviendo la sonrisa todo el tiempo.

tos

en los estrechos pasillos hacia la salida.

Un

anciano pide limosna en la desembocadura de uno de los túneles. Parece haber perdido ambas

[II]

piernas.

‘La carne de mi espalda entre tus uñas. Mis labios. Los tuyos. Como un puzle de dos piezas, que jamás nos cansamos de construir. Y soñan- do despiertos se nos olvida vivir… pero nuestras arterias rebosan vida. Estamos más vivos que el resto. Al menos, así lo sentimos. Al menos, así lo siento.

Su padre siempre le decía que no debía sentir lástima por toda la mierda que se encontrara por la

calle, que la vida es para los valientes y mezquinos, que las buenas personas jamás comprarían un Rolls-Royce con su enorme, pero inservible corazón.

Su padre era un bastardo. Un miserable.

110

Coge un par de monedas de su bolso, sin detener el paso y se agacha para depositarlas en el gran vaso de plástico que el anciano sostiene entre sus muñones. Al acercarse al último pasillo que conduce a la salida, comienza a escuchar el sonido de lo que parece ser una trompeta. Suena a puro swing. Por un momento, recuerda cuando él la llevaba a ese antro de las afueras, donde todo el mundo vestía como si jamás hubiesen terminado los años treinta. La música sonaba siempre en ese enorme tocadiscos, sucio y arrinconado, con esas voces enlatadas y melodías apresuradas, mientras la gente se limitaba a fumar, beber licor y hacerse la interesante. A él le encantaba ese sitio. Sólo por eso, a ella también. El responsable de esa invasión de viejos recuerdos es un hombre de color, que toca su trompeta con los ojos cerrados, mientras agita con una mano la sordina. Lástima que no le queden más monedas. Ella le sonríe y, como si el viejo trompetista se viera obligado a ello, abre los ojos y le devuelve la sonrisa, mientras sigue su camino. El día ilumina con fuerza el final de las escaleras. Se coloca sus gafas de sol y piensa en qué marca de cigarrillos comprará, aunque… habíamos acor- dado que hoy no sería un día de decisiones.

111

Mal-ditas

Beatriz Ríos

Hay palabras que nadie desea escuchar. Palabras malditas que tienen la irremediable capacidad de hacer tambalearse los cimientos de nuestro mundo. O, incluso, de romperlos. Un “te quiero” antes de tiempo, o peor, tarde. Un “te echo de menos” de alguien a quien ya olvidaste. Un “se acabó”, cuando pensabas que esto no era más que el comienzo. Un “debí haberte dicho que…” cuando el pasado es irremediable. Pero eso sí, si hay algo peor que las palabras malditas son los malditos silencios previos.

112

Voz

descubro mi voz desnuda a la luz del ropaje del atardecer

todo parece inconstante como la piel temblorosa de un sueño

y tiemblo, hecho de tiempo busco el tiempo para las manos fijas mezclándose en el árbol

Pero hay incendios en el aire

y mis palabras iluminan desde sus ramas ajadas tan atadas al silencio

Todo perece hay una magia hecha pedazos en mi sombra/ los trozos del espejo me miran me redescubren me atacan

y yo

aquí

desnudo

a la espera del adiós

como una voz que quiso ser árbol desde siempre para siempre

Javier Gomis

113

Brevedad gritada

después de la herida búscame la constante lucha de recordar cómo se olvida /aunque la cicatriz recuerde

Javier Gomis

114

cAMinAR

Camino firme hacia el exceso de nuestras bocas

vestidas de descontrol.

El instinto

Tu voz me suena, me brota la sonrisa

que acabará en jadeo que será orgasmo.

Te condeno

se dispara.

a ser amado.

Marta Martínez

115

Amanécenos I

Hierve el amanecer.

La

última ola estalla otra vez en la misma arena,

en

esa que no nos ha conocido.

La

sal vuela entre las nubes

buscando un lugar en que asentarse.

Mientras, el alba clava tu pelvis en mi culo. Madura un calor sazonado a base de escalofríos incrédulos.

Un por fin.

Estás,

eres,

en primera persona del presente simple, indicativo y perfecto. Sonrío. Finjo mal un sueño ya evaporado.

Te aliento.

Me

deseas.

No

te mueves.

O sí,

no sé,

quizá,

venga,

por favor,

un

poco.

Mi

piel te exige.

Retuerce nuestros seres, pelea nuestros flujos,

bebe nuestras contorsiones, anuda nuestros pálpitos,

¡Suda!

Suda nuestra necesidad.

Prepárate para el viaje que seremos. Deja el equipaje bostezar

y en ese difuminar que es el tiempo, penetra mi alma.

Y olvidaré la física de esas mentiras

que son el cielo

y el significado del color rojo.

¡Vívenos!,

¡Ámanos!,

¡Dibújanos!,

¡Ensúcianos!

y haznos de día.

Marta Martínez

116

Amanécenos II

Congela el amanecer. No hay calor en el cielo ni espejismos en las dunas

ni más mentiras de colores. La luz se me resiste, el insomnio me abraza

y la pena acude a mi llamada.

Otro amanecer sin tu cuerpo. Otro despertar sin tu aliento. Otro Me vuelve ese témpano que es tu ausencia, esa cicuta, esa pesadilla condenada a eterna. Los tambores de ultramar amenazan con una isla desierta para nuestro naufragar en la nada.

Quiero llevarle la contraria al frío

y al azul

pero enero es inevitable,

la playa muere aburrida de mí

y este día sigue empeñado en sobrevivir.

Marta Martínez

117

Vérsa-me

Que yo lo que quiero es garabatear poemas con mi lengua en tu espalda.

Y que al final se nos mezclen las salíbas

Que se nos gasten los labios y enreden menos las palabras. Que no quiero hablar de amor. Ni de promesas.

Que quiero hacerte el amor a versos. Desnudarte a miradas. Comerte con las manos. Que quiero el fin del mundo en tus ojos. Que nos perdamos.

Que se te han deshecho las excusas en el filo de mi falda.

Y

has rozado mis caderas y buscas desesperado razones para no abandonar la cama.

Y

de esas, no te preocupes, no me faltan.

Déjame que me abrigue con lo poco que nos queda.

Con los finales felices de las páginas revueltas. Con los restos de otros poemas.

Y si te quedas, te lo prometo,

que empiezo contigo otra libreta.

Quédate esta noche y hablamos del futuro mañana que hoy mi vista solo alcanza dónde lances mis bragas.

Beatriz Ríos

118

Puestas de sol

Laura Aranda

Mientras un año más se marchita, como las hojas en otoño, tú sientes que todo va a seguir igual. Y eso, te emociona. Sabes que los cambios no vienen restringidos por acumular días. Sabes que el sol solo se pone cuando tú estas preparado, cuando en tu vida esa etapa ha finalizado. Sabes que esa puesta de sol, ese crepúsculo se pintará de los colores que bañen tu alma. No olvides que todos los crepúsculos, que todas las veces que a salido el sol, toda las veces que te has escondido con miedo a las tormentas, todas las veces que observabas la luna, todas ellas se reúnen en ti. En tu piel.

119

Maldigo

lo que quiero decir no es esto dijeron que lo esencial es indecible no hago más que maldecir y ¿cuándo bien-diremos algo? Soy el mudo sustituto de lo que no existe:

silencio.

Javier Gomis

120

Con las cartas sobre la mesa

Barcelona, 28 de noviembre de no-importa-qué-año

Mi querida Marta:

Espero que estés bien. Deseo de todo corazón que lo estés.

Sé que prometí no volver a escribirte (tú no lo sabes, pero prometí no volver a escribirte) pero hoy

fui a comer con Ángel Antonio y unos cuantos amigos suyos (el comisario de la exposición, un

ex-galerista, un crítico y un artista aún desconocido) y me dijeron que el whisky no emborrachaba y yo, inocente, les he creído.

No sé cómo escribir esto, no encuentro las palabras aunque esto ya estuviera escrito desde hace tiempo. Pasó por fin, Claudia me ha dejado. Hace hoy tres días. Cuando volví de la oficina ya no estaba. El armario estaba vacío. Parecía que nunca había estado allí. Me dejó una nota:

Blas Martínez

Así están las cosas aquí. Te podría contar que la semana pasada firmé un contrato con una pequeña editorial interesada en mis relatos, pero eso carece de importancia para mí ahora, como compren- derás. No sé cómo voy a hacer frente a la hipoteca, pero entenderás que ahora mismo no piense en eso. Para mí es más importante saber qué hago con el cartelito del buzón que anunciaba que en el 3º 2º del número 25 del Carrer Siracusa vivía Claudia conmigo. Dime Marta, ¿qué hago con el carteli- to? Porque eso es ahora lo único que me importa. Ángel Antonio se ha pasado la tarde hablando Dios sabe de qué escritor del que se ha acordado esta mañana mientras preparaba el desayuno, de la aceptación que había tenido su exposición y de las

ganas que tenía de acostarse con la nueva novia del ex-galerista. Yo me he pasado la tarde bebiendo

 

intentes localizarme. He dejado mi trabajo en el periódico y hoy dejo la ciudad. También he dejado

tarjeta SIM, la he dejado dentro de alguno de tus zapatos, ya descubrirás algún día en cual. Eres

y

pensando en qué zapato habrá metido Claudia su tarjeta SIM. Ese chip ha sufrido el mismo desti-

No

no que yo, a los dos nos ha dejado Claudia sin saber muy bien dónde, ni por qué.

mi

Marta, mi querida Marta: Sé que mañana me arrepentiré de haberte escrito, por eso me prometo

lo mejor que me ha pasado en la vida y eso es tan bello como demoledor. Quizá nunca deberíamos habernos conocido, no debería haberme sentado a tu lado aquella mañana en el autobús, ni debería haberme buscado una excusa para hablar contigo, ni debería haberte invitado a desayunar, ni de-

mi mismo, ahora que ya es 29 de noviembre, que te enviaré esta carta porque te la mereces. Te mereces saber que tenías razón. Un abrazo inmenso,

a

[Aquí vendría mi nombre, pero sin Claudia no soy nada, ni nadie]

berías haberme hecho el amor de aquella manera en los lavabos de aquella cafetería. Nunca debí enamorarme de ti, ni permitir que te enamoraras de mí. Estamos hechos el uno para el otro y eso me

asusta, por eso me voy.

Te amo y eso es algo que no va a cambiar nunca,

121

Cuervo y cornisa

Anda por la cornisa donde debajo está la muerte. Allí, abajo, los cuervos devoran los cuerpos del último niño que fue. Saltó para acercarse al niño aún no sabía que la muerte también estaba allí.

Javier Gomis

122

Exhalo

Ana Bort

Estoy ciega pero a la vez veo más que nunca. Te busco como un animal que acaba de salir del vientre de su madre. Soy incapaz de abrir los ojos pero mi olfato me empuja hasta tu aliento protector. Con cuidado, para no despertarte, exhalo el aire que tu cuerpo rechaza. Estás tan dormido que no notas mi movimiento, me rodeas entre sueños (¿sabes que soy yo? Sabes que soy yo). Hay quien acompasa su respiración con la del ser amado, yo lo contrario. Respiro cuando espiras y espiro cuando respiras. Así te inoculo parte de mí y yo te bebo, poniendo mi esfuerzo en dejar dentro de ti un poco de mi aire, que te llene y te trastorne. Y así puedo pasar horas. Tu olor me excita, noto tu sabor en cada segundo, adivino entre mis pestañas el perfil de tu boca, la altura de tus pómulos, tu bigote de señor. Pero no quiero dejar de respirarte, contengo mi ansiedad y espero, como un animal herido, a que te despiertes. Sin moverme, sin casi tocarte, exhalándote, volviéndome loca.

123

aIslado

nada cambia con el tiempo cuando sólo hay tiempo para llenar la agenda de la muerte por llegar, que llega siempre llena de deseos distanciados de la isla de la satisfacción, que es otra isla aislada de las manos roídas por los dientes de la culpa. desde mi sola isla los labios liban la sola soledad: una luciérnaga apagada por mis ojos -ese mar sin faro- y me pregunto yo qué faro si ni siquiera he fabricado barcos de papel y no hay escape ni puertas de cristal dispuestas a llevarme lejos de la aislada isla.

Javier Gomis

124

Esencia de cadáver

Todo comienza con un lápiz, este capítulo por una zurda. Somos más sin conformismos, somos un mecanismo de extinción de almas en pena pero escucharnos para jugarnos en la música de los silencios:

una mirada llena de sonrisas pero con los labios secos y callados. De repente miro al frente todo es niebla reconstruida en copos de autocomplacencia. Te perdí en ayer, y ayer era mañana y el mañana tiene heridas de ayer.

Ahora nos unimos y danzamos como patos mareados alrededor del sol cubrimos el cuerpo del delito,

¿Respiramos?

Siempre que nos quede un minuto nos regalaremos el vicio de nuestras bocas desengañándose

hasta donde nace la sangre.

En ese lugar de encuentro el vacío pronto nos absorbió

y dejó para el mundo de mí caricaturas de vidas pasadas mal llevadas a cabo. Comes la palabra atragantada en mi vergüenza marchita y exquisita como una sombra hecha cuerpo, como un cuerpo pintado a besos porque nunca se sabe lo que deparará el mañana. Quiérete libre, muérete en ascuas, róbate el aliento sediento de tu sexo trasnochado. Rómpeme el alma en tu séptimo sentido; las manos hablan con los ojos, los ojos con la piel

y la piel sólo canta cuando tengas frío.

Y aviva el aire en movimientos curvilíneos sexos,

a la orilla de unas clavículas echadas de menos, besadas de más, deseadas mal.

Claudia Sánchez-Ponce, Marta Martínez, Javier Gomis, Elena García

125

Caótico cadáver

Claudia Sánchez-Ponce y Marta Martínez

Me despertó la pesadez de la ceniza en el paladar.

La madrugada estuvo parada un rato entre discordias.

Como del fuego irrumpimos a carcajadas rojas, a todo color.

Me emborraché de la bilis estúpida de un instinto podrido.

Y ya todo era blanco y negro, murieron los grises. Hubiera sido tremendamente dúctil la composición de nuestros cuerpos, cuerpos (mal)nacidos de costumbres rotas de lógica.

Despertares caídos, perfumados cristales cóncavos percibidos como puzzles perfectos. Apestando rumores poco erectos supuré una verdad que no lo pareció. Fue la única.

En el caos estudiamos los opuestos que se desgarran, desde abajo y con extraña sutileza.

Rabia despiojada de tu recuerdo.

Mi lengua te buscará lo justo,

mis oídos la profundidad de una voz configurada como la más exacta de las imágenes saturada de superlativos. ¡Cállate! ¡Cállame! ¡Muérenos! Explótanos desde dentro, rómpenos para demostrar que seguimos tan desmontadas como completas. Astilladas en la vergüenza de quererse mal y masturbarse entre risas hipócritas. Podría haber escupido sobre un vientre trabado de inexactitud, de duda, de puñetazos en la boca del estómago como presagio del caos de los cuerpos. Enredaderas desesperadas, confusiones distraídas, orgasmos mal fingidos ahogados en una almohada hipocondríaca. Freno de repente y de repente cometimos la mejor de las locuras, condensarnos toda la piel sin lugar a huecos, ecos o truenos. Despedidas políglotas, silencios universales. Suicidio de la vida agotada de tumores en un alma disfrazada de domingo sin sentido. Bocas repartidas entre el ácido y el caos. Esta es la lucha, estricta pelea en el cuerpo de la duda. Tejeremos batallas.

126

Nota a pie(L) de página

Tengo la tinta partida en tu idea de mí.

La palabra que escribes mal y leo peor me pausa el embarazo, me ahorca la voluntad

y escupe sífilis en mis glóbulos rojos.

¿DesGARRAdor?

He estado de viaje en mis entrañas.

Me han contado que tus durezas me escuecen.

Y las estrellas que debían iluminarme

me han abrasado la digestión del momento perfecto que éramos. Sostengo mi corazón crucificado en tu chincheta. Doble o nada al futuro pluscuamperfecto

(primera persona del plural

y que se muera la realidad)

Ven AQUÍ,

lúchame,

rómpete el alma

y hablaremos de valor.

Y entre estas locuras ¿transitorias? algún día te invitaré a pasar la tarde entre mis papeles. La espero.

Marta Martínez

127

Marcho

no me marches cuando yo me marche.

me mancho de las manchas del pasado

y un día me marcharé limpio y feliz

/ ergo sin futuro

el dolor se ensancha en mí antes de que el gesto de la boca feliz sea, también

ancho

y el dolor penetra las muelas

antes de que se limpien con bosques de sonrisa.

márchame

marchítame

/no tengo mar ni luces ni nubes de Sol la flor de los párpados nacieron y se fueron degenerando en sombra. levanto con las manos los barcos de mi partida no mires atrás no hay mar y yo no estoy.

Javier Gomis

128

.

Cógeme el brazo y escuécete en mi pelvis, ráspate

los dedos con la punta de mi lengua. Araña el entrecejo

sobre un ictus de rectitud conversa Pon bien a secar la ropa que sobra, toda

mi saliva vestirá escalofríos a las puertas de tu miedo

Manos incandescentes, la travesía que conduce a tu esternón encierra muchos huracanes de carne y de viento.

Parece a veces que estás vacía y otras

y a estallar de delirio. Ponte de puntillas, quiero que veas Entras a tientas, clavas el estómago en la almohada y al segundo viras y me estampas contundente, suda la piel y gimen los ojos. Entre dos bocas solo sobra espacio y siempre, siempre faltan dientes que desgarren fuerte húmedo, atroz y terrible mente sincera.

en cambio, me atrevería a morderte el cuello

Claudia Sánchez-Ponce

129

Desvanecido

He escrito tan malos poemas que en lugar de escribirme me borran

todo lo que debería borrar de ellos.

Y ya

no tengo palabras/ por eso

callo

y por eso

siembro la desconfianza en los miembros donde soy espejo. Ya no soy nada. estoy desvanecido de la tierra como el dibujo de los aviones en el cielo.

Javier Gomis

130

Tiempo

Dicen que es espacio lo que nos separa.

Yo creo que no, yo creo que es tiempo.

hacia adentro y nos caemos por la tangente y mis ojos se separan de tus ojos y tus manos se separan de mis dedos. Duele el tiempo que vuela, por qué no?

de vuelta el tiempo vuela bajo y bajo el vientre me roza y no es tan figurado eso de que tiene alas. Y cuando saltas por la ventana

un puñal en la boca,

me descubre que planeas con el mismo viento que me abofetea día tras noche. Sol bajo el sol.

Y cuando regreso, somos Castillos,

de arena,

de piel muerta y mordiscos que no nos han sido robados,

sino donados,

que mudan la vista, que mudan la arena escuece, no lo sabías?

De repente es tiempo de mutar, de respirar

del estómago

grandes

sedimentos

sino más bien arrastrados.

Claudia Sánchez-Ponce

131

Tú y yo

Blas Martínez

Somos sangre huidiza y escandalosa. Somos jadeos entrecortados. Somos uñas que se clavan en la espalda. Somos espejos que no se creen lo que reflejan, lenguas que se detienen en pezones, un móvil que suena no-lo-vayas-a-coger, dedos que tiemblan. Somos vaho en las ventanas. Somos ruido del motor de un ascensor. Somos timbre. Somos culpa.

132

Senti-dos

Beatriz Ríos

Pagaría por ver otra vez tu cara al dejar caer mis maletas delante de la puerta. Había pensado un enorme discurso sobre lo mucho que te he echado de menos evitando a cualquier precio decir esas cinco palabras. Aunque a juzgar por la velocidad a la que me has besado sospecho que tú tampoco tenías apenas ganas de verme. Y ya no hace falta decir nada. Lanzo de una patada mis cosas hacia tu casa y enredo en un salto mis piernas a tu cintura. Puedo ver el jodido mundo entero desde aquí arriba. Y mientras me como el mundo en tu boca pienso que solo hay una cosa que me guste más que las reconciliaciones, está claro, los reencuentros.

Me besas con fuerza, como si tuvieras miedo de que me acabara. Me besas con delicadeza. Suave. Despacio. Tu lengua juega reconocer mis recovecos y tus dientes se llenan de mis labios. Y en lo que

tardamos en recorrer a tientas el espacio entre tu habitación y la puerta has recordado toda mi piel con tus manos y noto como el sujetador cuelga.

Me tumbas sobre la cama y te desequilibras. Caes encima y sonrío. Y clavo mi sonrisa en tus pupilas. Me miras. Me miras como nadie lo ha hecho antes. Como si fuera la primera vez que, fascinado, me

vieras. Y te muerdes los labios de ganas, tus manos se pierden bajo mi falda y comienzas a hacerme cosquillas.

Mi carcajada se convierte en gemido al morder mis muslos y acabas por enterrar la cabeza entre mis piernas. No sé en qué punto de todo esto he perdido las bragas y por el cielo que me importa una

mierda.

Vuelves a comerme a besos las piernas y yo trato como puedo de deshacerme de tu camiseta. Desaparecen al mismo tiempo mi blusa y tus pantalones y ahora soy yo quien coge las riendas. Tu torso se aprieta contra mi pecho y durante un instante nos deshacemos en caricias y disfrutamos del roce de nuestros cuerpos.

Me rodeas, me abrazas y me besas al mismo tiempo. Y noto como me buscas a tientas con tu sexo. No hay nada en este puto mundo que ame más que la primera embestida. Esa en que me miras y en la

penetración se funden nuestros cuerpos y los gemidos. Y me deshago y tú te deshaces conmigo. Y aún así, para llenarme de ti, aún me faltan sentidos.

133

Cap ou pas cap

Capaz. Morderte los huesos. Tensarte las cuerdas vocales. Cortarte el aire. Capaz. Hematomas cardíacos. Trastornos psicológicos. Esquizofrenia no diagnósticada. Capaz. Puño en la pared. Tirón de pelo. Crack. Capaz. Quererte.

Lucía Cazorla

134

Uni-direccional

Beatriz Ríos

El amor unilateral. A una banda. Unidireccional. Ese en el que caes rendido a los pies de alguien. Perdidamente enamorado en un ataque de pasión sin límites. Un afecto sincero, profundo e inexplicable por otro ser. Ese amor ilógico, irracional, estúpido… y terriblemente habitual. Ese amor en que tu pasas embelesado a su lado… y ni te ve.

135

La historia de amor (más breve) jamás contada

Hola

Te aprecio

Me molas

¡Me encantas!

Me gustas

Te quiero

Te amo

Te quiero

Me gustas

Me encantas

Me molas

Te aprecio

Adiós

Marta Martínez

136

Selva

Ana Bort

Se me han gastado los oídos y por ello, la boca. Si te asomas desde mi lengua verás una selva tupida a través de la que no pasa la luz y el aire está cargado. Una atmósfera hipnótica me mantiene dentro, uno nunca sabe a qué es adicto hasta que se desengancha. Está llena de sofás improvisados, camas en medio de la calle, cartas de amor escritas en tickets de Mercadona. No hay mucho sitio para cocinar, pero me salen cosas ricas. No se porqué me ha dado por ahí. Tirando de los hilos que cuelgan de las paredes verás mis minutos sagrados, que voy tejiendo de un lado a otro para que parezcan una manta. De noche, me cubren mejor que los árboles y desde allí ni oigo ni siento ni respiro siquiera. Pero escucho golpes desde fuera y mi educación cristiana me llena de culpa, por lo que salgo de mi propia selva de vez en cuando y sonrío y digo que bien, que todo en orden. Mi desespero es que alguien derrumbe mi mundo secreto y tenga que construir un nuevo refugio, ¿qué hago con mis muebles? ¿qué hago con mis harapos? Mientras tanto, confío y confundo amor con bosque, pertenencia con manta, seguridad con sábado. Pero no me sacarás de lo frondoso más de unas horas, no abriré la boca para contártelo.

137

En-sueño

Hoy he soñado contigo. Caminábamos. Y en medio del camino infinito nuestras manos se encontraban. Entrelazabas con fuerza tus dedos a los míos y en esa seguridad, la mayor conocida hasta entonces, yo caía. Caía hacia un suelo que no llegaba nunca en una caída infinita. Supongo que de alguna manera, cuanto más te aferras a alguien, más duro y largo es el golpe de la despedida.

Beatriz Ríos

138

D(h)u-eles

Se me enredaron los besos y los días a tu almohada. He perdido de vista el cielo buscándolo en tus ojos. Me saben a nicotina tus besos. Soy adicta a tus desvelos.

Y no hay metadona que calme la sed de tus nervios.

Aún resuena tu risa en mis oídos. Aún me queman las caricias en las manos. Aún me pesas. Aún te quiero.

Y conservo entre las sábanas perfumes de amor y sexo.

Que no existe en este mundo nada más parecido a un fantasma que el olor y su recuerdo.

Y me sobran noches de d(h)uelo.

Beatriz Ríos

139

En el campo del lenguaje

En el campo del lenguaje los bosques de lo perdido las selvas del abandono los negros árboles de la infancia llueven las palabras que me regresan a un desierto de palabras

Javier Gomis

140

Enredadera

Ana Bort

Cuando estoy enferma mi cabeza desliga los pensamientos unos de otros. En lugar de sucederse de forma lógica y alineada, saltan sin sentido. Nunca he andado por esta calle, pero parece que hay quien no ha salido de ella. Hay tiendas modestas, bares antiguos y carteles de se vende se alquila. Una guardería. La mochila se me moja y si la tapo, las puntas de las zapatillas se empapan sin remedio. Una casa que en algún momento estuvo en medio del campo es ahora cercada por cuatro edificios sin piedad que la atacan con su altura insalvable. Una enredadera, que quizás un día adornó una de las fachadas y sirvió de cobijo, sombra y jardín controlado, se ha comido todo el suelo y sigue devorando a su paso, porque nadie la corta. Si nadie te dice dónde parar, ¿por qué hacerlo? ¿para qué? Tu lib- ertad empieza donde acaba la mía. Pero no tengo a nadie enfrente, soy infinita. Aún no he entendido muy bien si mirándote llego a algún sitio o si solo rozándote te me llevas. Me agarras de las caderas, de las rodillas, atacas con tu boca. Parece mentira que puedas ir por la calle sin ser violado por nadie. Tanto pelo arreglado, tanta americana de mentira, mis compañeras de clase se disfrazan para entrar en las aulas. ¿Dónde están vuestros estuches? Hace poco me descubrí respirando muy hondo, una y otra vez, como si me faltara el aire. Había comenzado a tragarlo, a estirar el abdomen para absorber el máximo posible sin ser consciente de ello y alargaba la espiración con la boca en o, como dice la profesora de yoga. ¿sirve de algo tanta cocina, tanto cuidado? ¿y si me empleo en otra cosa? ¿y si dejo a mitad lo que estoy haciendo y salgo a mojarme?

141

Ojos de silencio

Descubres mi silencio lejano como un puente hecho escombros. del otro lado de las cosas descubres el silencio el silencio atosigándome los nervios el silencio pesado y ciego de lo que ven mis ojos cuando sonríen mientras el lado oscuro de la luna de mis ojos respira este silencio tú te escapas con lo que ven mis ojos cuando sonríen y hablan

Javier Gomis

142

Descafeina-dos

Beatriz Ríos

Huele a tierra mojada y a recuerdos congelados en el tiempo. Llueve y sonrío, no podía ser de otra manera. Una tarde fría, un café y ganas de vernos. Ha pasado el tiempo y lo reconozco, te he echado de menos. Llego tarde cuando tengo prisa, pronto cuando sobra el tiempo. Y hoy me van a faltar horas para sumergirme en la conversación infinita que nos queda pendiente. Llego pronto, ves, hoy me pueden los nervios. Y garabateo en la libreta esa que siempre llevo mientras te espero. Aún guardo la servilleta de los planes imperfectos. Ni uno. No hemos cumplido ni uno de los que prometimos al conocernos. Y ahora no importa. Ya no me pesan las cosas que no fueron, no se me atragantan las palabras que no nos dijimos. Ahora miro lo que no fue y solo pienso en futuro. En que tal vez fue mejor así, aunque me cagara entonces en el destino. Es curioso, el tiempo pasa y nos hacemos viejos. Pero también más sabios e indulgentes y maduramos. Y hoy te veo llegar a lo lejos y ya no me duelen los sueños que no fueron, los planes que nos deja- mos, los besos que se perdieron. Sonrío. Sonrío porque lo que me queman son las ganas de verte. De vernos. Porque ahora te tengo un cariño diferente y joder, que me pongo tierna cuando te veo. Me ves y tú también sonríes. Ignoro qué estará pasando por tu cabeza pero ahora no me importa como antes. Me abrazas, me abrazas fuerte. Y qué bien sientan los abrazos cuando ya no tienes miedo. Los primeros minutos, me pasa siempre, me quedo muda. Así que caminamos ausentes hasta el café de la esquina. Recuerdo la servilleta y pienso que esté café es uno de los que te debía y espero que el primero de todos los que nos quedan.

Te sientas. Siempre te siento lejos. Las manos apretadas, la mirada escurridiza y la conversación austera. Y para austeridad está el mundo ahora… Pero hoy estás relajado y dejas caer las manos sobre la mesa. Y me miras y nos reímos. Cuánto ha tenido que pasar para pasar a estar tan bien juntos. Me sigues intimidando un poco, lo reconozco. Aunque prefiero el modo en que me miras ahora. Con esos ojos de “cuanto has crecido”, “cuanto has cambiado”, “cuanto ha pasado…”. Y es cierto, ha pasado tiempo y “volaron las cenizas” que dirían Love of Lesbian y ya no me quemas. A veces mirarnos en los ojos de otro es una buena forma de encontrarnos.

- La última vez que nos vimos no hablamos de sentimientos – sentencias.

- ¿Qué quieres saber?

- ¿Con esas ojeras? Quién te roba el sueño.

- Ya sabes – contesto – otro de esos amores que llegan tarde y se van a destiempo.

Y en una sonrisa cómplice recordamos que una vez fuiste tú quién me robó el sueño y hoy te tomas conmigo el café que me mantiene despierta mientras le espero.

143

Esta mañana mientras dormías imaginé robarme tu naríz, esconderla dónde aquellos guerreros blancos no volvieran a encontrarla. Protegerla de la imagen que cada vez que aspiras pierdo de ti. Salvarte del intercambio subterráneo con sonido telefónico… Mostrar el gramaje de mi rabia prisionera entre papeles enrollados. Pero, de repente, me dieron ganas de correr, de escapar de la prudencia hasta quedarme sin aire, de cambiar los personajes de mi libro y degollar las circunstancias. De sumergirme en la inmensidad de la memoria y no encontrarme…

Incógnita

Fernanda Oyarvide

144

Iletrada

No sabe escribir esta noche pero alborota el silencio con un sueño pendiente de hilo. Camina firme tu ausencia hacia la única letra que no quieres leer. Elegiste no ser. Ahogarme en un baile de máscaras, enredarme en un laberinto con trampas. Elegiste no querer. Y la fantasía hecha cuerpo se cansa, por fin, de ver sus ojos llover. No sabe escribir esta noche pero alborota el silencio con un beso carente de nido.

Marta Martínez

145

Humo

Llamas a la puerta y a la que esta cede, una cortina de demonios me rodea

y mueve el agua de mi cuerpo.

Tantas odas mistéricas se vienen a la mente, tantos cantos rituales modernos.

Aplicas tu cortesía a mi piel

y el humo invisible me eriza las plumas

y las enferma con esa fiebre conocida. “Retira tu mano, camarada,

o podrías acabar hecho cenizas”.

Una vez evaporé el agua del estanque

y

los villanos vieron mis demonios

y

escucharon mi cuerpo en Saratoga.

A

veces mando yo, pero hoy no.

“Aparta tu mano o te convertirás en cosa,

es el poder de mis alas negras. No te engañes, amigo,

el amor es tuyo, pero el sexo no.

Eres una cosa para mis ojos de águila negra.

Si tu eres árbol, yo leñador.”

Gema Lamisma

146

Grito (I)

Abarca a latidos el horizonte curva su linea recta a gritos golpea los relojes y esparce sus cristales arranca el calendario y los años que no viví en tus ojos no esperes el metro vuela por la ciudad pierde los trenes, los buses, no pierdas tu mente insomne; no esperes a que venga el día corre hacia él en una carrera de locura fracasada de antemano, pero que merece la pena porque te deja sin aliento. Arroja los papeles por la ventana, olvida versos inútiles, escribe mil historias, escribe esta historia. Salta descalzo por los pasillos del otoño cae en abismos de tinta y de lluvia en ciudades al Este, al Norte de la penumbra. Ven, ve hacia ahí allí de donde no podamos volver ni en sueños.

Núria Molines

147

Lo nuevo y lo viejo

Golpe a golpe abrir puertas, desconocidas puertas no serán más / ni menos que las de ayer golpe a golpe abrir puertas con un pincel de barniz versado. será como renovar el desgaste de las puertas abiertas ayer.

Javier Gomis

148

Ciél-o

- Te sienta bien Bruselas - me dices. Y te miro y me pierdo en tus ojos y pienso que de ti me sentaban bien hasta las mentiras.

Beatriz Ríos

149

Whisky color atardecer

Gonzalo Rielo

¿Que si la eché de menos?

Bueno…no sé…supongo que debería rendirme a la evidencia. Sería demasiado atrevido negarlo. El orgullo es algo que te come por dentro, ¿sabes? Se extiende por todas tus entrañas, alimentándose de

tus mejores momentos.

Supongo que sí, que la eché de menos. Quizá demasiado tiempo.

Recuerdo que durante ese tiempo tuve muchos amigos. Sí. Yo los escuchaba a ellos y ellos me escuchaban a mí.

Mi amigo Jack Daniels nunca osó abandonarme, ni en el peor de los momentos. Tampoco Paul…Paul Desmond. Tocaba su saxo para mí cuando más lo necesitaba. A través de mi viejo gramófono me

hablaba de los atardeceres a pies del Golden Gate, de cómo brillaban los ojos de esas parejas adolescentes mientras él saboreaba su tabaco. Me hablaba de cómo preparar un buen ‘Martini seco’; de lo efímero que puede resultar el pleno bienestar o de cómo el orgullo te come por dentro. Sí. De él lo aprendí.

Latas de conserva, ceniceros repletos y relojes de inarmónicos engranajes también se convirtieron en fieles aliados.

Pero aprendí muchas otras cosas en ese periodo. El tiempo se puede consumir de infinitas maneras ¿entiendes? Aprendí muchas otras cosas. Sí. Útiles o no… ¿a quién coño le importa? Aprendí a montar en menos de treinta segundos un Colt-Magnum 357. También aprendí que con dos balas en la recámara, en una ruleta rusa, incluso si los participantes giran el tambor después de apretar el gatillo, siempre tiene más posibilidades de vencer el segundo ‘pulsador’…y de sobrevivir, claro. Ya se lo que estás pensando. Quieres saber cómo pude descubrir algo así ¿verdad?: probando, evidentemente.

Ha pasado tiempo…mucho tiempo y, sinceramente, no creo que ahora las cosas estén mejor por aquí.

El espejo me escupe una metáfora desfigurada del pasado cada vez que me atrevo a invadir su territorio. Apenas dejo que entre luz por los resquicios de las persianas durante el día. Solamente las alzo cuando el sol está a punto de ponerse. Todo el estudio se inunda de ese fuerte color rojizo. El humo de mi

cigarro se diluye en esa luz conciliadora y Crono congela unos minutos para mí, como el más óptimo presente. El tiempo. El maldito tiempo. Amo y señor absoluto… Hará como dos semanas que no aparezco por ese hospital. No, no te precipites…no me he rendido. En realidad, he sabido hacerme rápido con la victoria. Ese insolente nódulo en el pulmón derecho no sabía con quién estaba tratando cuando decidió quedarse

a dormir. Está totalmente acobardado. Me fumo una cajetilla y media de cigarrillos todos los días, para recordarle quién es el que manda. Él parece estar dándose cuenta y por eso, nervioso y asustado, se mueve a toda prisa, creyendo que puede ser su último minuto. Se extiende voraz cada día que pasa. Lo se. Diría que lo noto…saltando de un órgano a otro, haciendo su fugaz y letal periplo a través de mi sangre. Ya ves que no tengo cara de que me importe. Supongo que creerás que me he vuelto frío, que me he sumido en la más profunda desidia…o algo así. Quizá lleves razón. En realidad, me siguen fascinando las mismas cosas que entonces, solo que ya

no me hacen falta.

Se que también crees que me volví loco hace tiempo. Todavía me queda un último cigarro ¿sabes?…y un par de balas en la recámara.

150

De volar de noche

La levedad del cuerpo no nos impedía volar ventanas; nos mecía, en su sombra de viento rebelde

por tejados rojos y chimeneas de humo y miedo, atravesando horizontes de ciudades extrañas. Un cuerpo finito de días contados, un, dos,

y relojes en los ojos, tres, cuatro,

calendarios en el alma, cinco, seis

y

bolsillos llenos de notas

y

billetes arrugados.

Y

perdidos, perdidos dos cuerpos

propiedad del viento perdidos e inanes de cera, golpeados por una risa de ciudad de niños, de acordeones,

ciudad de tinta y de sueños. Y en esa pérdida de vendavales, ese caos de papeles

y pisadas rotas a impases

en equilibrios saltando cristales rotos que se encuentran sin evitar días de viento, de viento, de dos manos buscadas en tempestad. De noche, en noche, por la noche. Siempre de noche dos manos de cristal, imaginadas para el equilibrio de cuerdas flojas de saltos mortales a la espalda, perdidos y encontrados

y

dos manos,

y

en la noche,

y

en tempestad.

Núria Molines

151

Digo

Se puede decir bonito se puede decir feo se puede decir decir se puede decir /incluso dicha fea y bonito dicho que todo sirve para darle nombre a los silencios que todo sirve para darte nombre de silencio

Javier Gomis

152

Tal como voy llenando con palabras este verso, así van mis anhelos hipertrofiando tu alma. Sobrevolaste como un globo de gas henchido, solemne y ligera, las eras del sinsentido.

Y quiso mi alma asirse a la tuya, para volar.

(Mentí) Haciéndote creer que tu abrazo alveolar

hacía rechinar los dorados goznes de los cielos,

y hacía madurar en boca el fruto de los ciruelos. (Mentí: no podemos volar) Sólo quería contemplar

a vista de cometa, cómo abajo se mezclan

la

sangre, el barro y el verso que se merezca

el

poeta que te mienta

y no te deja volar.

Mentí: no te dejo volar

Ángel Hita Albarracín

153

Arte

Mirarte. Quererte como droga social que una línea tras otra dibuja tu cuerpo bajo mis piernas.

A la distancia cercana

observarte

el interior despegado.

Cinco líneas de cinco en clave de la (sostenido)

y el jardín de arañas

se deshace en los ojos.

Examinarte.

Acecharte

en cada punto suspensivo

y corregir el guiño de una coma.

El final es simple

y tan sencillo:

morir cuando ellos digan.

Sara M. Bernard

154

Acariciando balas de ceniza

Gonzalo Rielo

Es un lugar como los de antes. El tiempo parece no haber pasado por él. Las escasas y tenues luces descubren un cóctel de humo y polvo que inunda el ambiente durante toda la noche. Whisky con hielo. Jazz. Hasta el tabaco tiene un sabor más intenso allí dentro. El cañón todavía está caliente. Parece palpitar en el dorsal de su pantalón, intentando delatarlo a cada segundo que transcurre. Atropelladas risas en la mesa contigua rompen el halo de ausencia en el que se había embaucado durante unos minutos. Bebe tranquilo, a pesar de que la culpa y el arma siguen quemándole a partes iguales. El más puro y primitivo impulso de venganza se había apoderado de él, como el peor de los demonios, hacía solo unas horas y a pesar de ello, o precisamente por ello, se siente mejor que nunca. Promesas sin valor. Besos de carmín y sucia alevosía. Todo había quedado reducido a una cama, dos cuerpos y una argamasa de pólvora y sangre. Una leve racha de viento entra procedente del fondo del local. Dos siluetas comienzan a distinguirse entre la penumbra y el humo. Solamente cuando se acercan a la barra consigue ver con claridad los uniformes. El camarero señala hacia el lugar exacto donde él se encuentra sentado. Una última calada. Un último acorde de esa colérica trompeta. Un último vistazo a ese tugurio. Antes de que los dos agentes lleguen a su mesa, se levanta.

155

Sonrisa fugada

Las sonrisas no son perennes. Podrían serlo, deberían serlo pero no lo son. Podrían y deberían ser cuidadas / apreciadas / estimadas pero no lo son. Las sonrisas no son perennes porque no queremos / intentamos /sabemos que lo sean.

Marta Martínez

156

Piel sobre piel

Cadáver exquisito y twittero de Marta Martínez, Beatriz Ríos, Antonio García, Núria Molines, Javier Gomis, Sara Montero, Claudia Ponce, Elena García, Nacho Samper, Alberto Iglesias

Vestía los tacones con los que había despertado su primera erección, una camiseta abierta a la espalda, los labios rojos y las ganas. Le temblaban las manos y sacudía las caderas. Tenía el corazón acel- erado y entreabiertos los labios (y las piernas). No sabía si había hecho bien al tomar aquella decisión, pero por fin había dado un paso al frente. El primero de un largo camino recorriendo la autopista de tu cuerpo; y andar pintándonos los océanos con sudores y mordiscos breves. Paso tras paso, piel sobre piel como en una árida carretera infinita de Arizona, donde solíamos perdernos cuando nos creímos hippies. Sus ojos relampaguearon y dejó escapar un gemido adictivo capaz de despertar a un volcán. Desprendía magia oscura acompañada de aullidos y timbales. Sonidos que provocaban en ella sensaciones

tan inexplicables y maravillosas que no podrían explicarse con palabras de este mundo.

La noche era apenas un breve influjo. Su aliento, en cambio, la penetraba turbiamente como una aguja irisada. Llovían delirios. Llovían fuegos, fuentes de lava, que iluminaban su rostro como mil soles, descubriendo las viejas tinieblas. Todo se hizo luz.

Mi mano, palmo a palmo, encendiendo sus rincones. La piel ardía, los dedos ansiaban encontrar la piedra angular del placer. Un espasmo contenido entre el gusto animal y el dolor limitado empezaba

a condensarse en el rubor de unas sábanas felices de habernos conocido. Sábanas que se enredan entre mis piernas casi con tanta fuerza como tú agarras mis senos. Y mis miedos. Y mis besos. Y mis ganas. Y me estrello contra tus ganas como mis manos contra tu piel, mis besos sobre tu beso. Y en ese instante, te pierdo y me ganas como en el ajedrez de tu cuerpo, salto de tu ombligo a tu abrazo, de tu cuello blanco a la negrura de tu boca, y de nuevo mueres, de nuevo mato. Se funde el tiempo con el deseo y del rocío renacemos en consonancia y en silencio. Las sonrisas revolotean juguetonas bailando entre sí. Sonrisas que son reflejo de una pasión incontrolable y que se apodera de ella hasta tal punto que solo puede desear que nunca cese. A pesar de las brumas y las crines y las hadas, de vivir en un triste corolario, del hálito voluble con que trascendíamos juntos. Perdiendo ese aliento nos fundimos en un solo cuerpo, escondimos las vergüenzas, entregando cada instante, entregando años luz.

Índice

En

la luz constante del deseo, Aleqs Garrigóz

5

Observándote tras la reja, Aleqs Garrigóz

59

Afirmación, Aleqs Garrigóz

6

Atrapada, Maje Muñiz

60

Cuando por fin te abrace, Aleqs Garrigóz

7

Extíngueme, Javier Gomis

61

Esperaba(n), Maje Muñiz y Marcos Nogales

8

En cuerpo y alma, Nevenka Warning

62

Estúpido y sensual tiempo, Marcos Nogales

9

El

punto más seguido de todos, Claudia Sánchez-Ponce

63

Rosa y azul, Aleqs Garrigóz

10

Línea 9, Marta Martínez

64

“”, Marta Martínez

11

Fún-dame, Beatriz Ríos

65

Islas flotantes, Aleqs Garrigóz

12

Acaríciame con la mirada, Maje Muñiz

66

ProhibiDOS, Marta Martínez

13

Esponja, Marcos Nogales

67

Castillos en el aire, Maje Muñiz

14

Pausa al portador, Marta Martínez

68

Sueño húmedo, Aleqs Garrigóz

15

Declaración de intenciones, Claudia Sánchez-Ponce

69

Claro de luna, Aleqs Garrigóz

16

Incapaz, Maje Muñiz

70

Dulce olvido, Gonzalo Rielo

17

Uni-dos, Beatriz Ríos

71

Cordero, Aleqs Garrigóz

18

Tu tú, Marta Martínez

72

Amanecer, Verónica Iglesias

19

Rojo, Aleqs Garrigóz

73

Amar es arder un poco, Aleqs Garrigóz

20

Lecho para la inasible, Nacho Samper

74

Cursi, Aleqs Garrigóz

21

Derrota, Nevenka Warning

75

Ofrendas, Blas Martínez

22

Arena fugaz, Maje Muñiz

76

Deshora punta, Marta Martínez

23

El

alba sexual, Aleqs Garrigóz

77

El

olvido nunca descansa, Blas Martínez

24

Explic-amé, Beatriz Ríos

78

FMI, Marta Martínez

25

Piedras, Ana Bort

79

Pastoril, Aleqs Garrigóz

26

Shuming, Aleqs Garrigóz

80

Estamos juntos, Aleqs Garrigóz

27

Feliz como mires, Marcos Nogales

81

De

la orfandad alfabética y otras tragedias, Nacho Samper

28

Textigos, Marcos Nogales

82

Ni

idea, Marcos Nogales

29

Nada es para siempre, Maje Muñiz

83

Sella-dos, Beatriz Ríos

30

El

juego diario del puente, Javier Gomis

84

(H)Echa de menos, Marta Martínez

31

Imposición de manos, Aleqs Garrigóz

85

Tormenta, Verónica Iglesias

32

(

), Marta Martínez

 

86

Calles fantasmas, Maje Muñiz

33

El

espejo no miente, Maje Muñiz

87

La

amistad, Aleqs Garrigóz

34

ENNUI, Patricia Di Filippo

88

Palabras en blanco, Maje Muñiz

35

Dis-culpas, Beatriz Ríos

89

S/M-entido, Marta Martínez

36

A

veces, Blas Martínez

 

90

Sa-(a)lados, Beatriz Ríos

37

Tú-silencio-yo, Marta Martínez

91

Floración, Aleqs Garrigóz

38

La memoria presente del muro, Javier Gomis

92

Ojos negros, Aleqs Garrigóz

39

A

ritmo de

,

Maje Muñiz

93

Pasando revisión, Maje Muñiz

40

Vulnerable, Maje Muñiz

94

Los hermanos, Aleqs Garrigóz

41

Diario de enero, María Morgade

95

El vino, Aleqs Garrigóz

42

Sueña hasta quedarte despierto, Maje Muñiz

96

Descalza, Verónica Iglesias

43

Handout, Marta Martínez

97

La