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Chile: 11 de Septiembre, Terror y Poesía

“Rendición incondicional, Rendición Incondicional!!” se escucha la
chillona pero macabra voz proveniente de Augusto Pinochet. Se trata
de las comunicaciones radiales sostenidas por Pinochet durante el
Golpe Militar del año 73, que se conocerían muchos años después
gracias a la intercepción de un radioaficionado.

Casi en simultáneo, desde otro audio se escucha una voz distinta: “…les
digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la
conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada
definitivamente…”. Es la voz tranquila y profunda de Salvador Allende,
quien nos obsequió su último discurso, en medio de un Palacio de La
Moneda en llamas producto del bombardeo de tanques y aviones.
Las comunicaciones radiales de Pinochet prosiguen: “…Se mantiene el ofrecimiento de
sacarlo del país…pero el avión se cae, cuando vaya volando…” dice Pinochet con esa
desagradable voz y continúa casi gritando: ”… hay que impedir la salida (de allende)
entonces …hay que actuar sobre él...matando la perra se acaba la leva iñor!!”. Se escucha
a Pinochet con dureza destemplada y exudando, cual pus mal oliente, odiosidad,
resentimiento y tirria.
Por su parte Allende, sabiendo que serán sus últimas palabras, prosigue: “…Tienen la
fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen... ni
con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos...”, se escucha un Allende con
sapiencia milenaria, “…Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la
traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde,
de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una
sociedad mejor…” Canta, pues no habla, su último poema, un Salvador Allende sabiendo
que la tragedia está sobre él pero, no obstante la muerte y el horror que se ciernen sobre
Chile, tiene la certeza casi profética que finalmente la fuerza bruta, la muerte y el horror
serán derrotadas.

Es curioso, pero la palabra o el lenguaje usados por uno y otro, muestra - quizás con mayor
crudeza que cualquier foto o video - la lucha entre lo sublime y lo brutal, entre el terror y
la poesía.

Es que el Lenguaje, aquel que usamos cotidianamente, es el mejor reflejo de quiénes somos
cada uno de nosotros. “El adjetivo, cuando no da vida, mata”, nos señala Huidobro;
“Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo
llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.", escribe el gran Neruda
agradeciendo el lenguaje heredado a los conquistadores.

Es que la Palabra construye y destruye realidades. Y la palabra, ese soplo mágico y sonoro,
también nos conecta con lo profundo de nuestro ser. Quizás por eso desde siempre, los
antiguos escritos religiosos son escritos poéticos y, también desde siempre, a los escritos
poéticos se les admira con actitud devocional.

“Al comienzo fue el Verbo” dice San Juan; “Cuando no existía la tierra en medio de la
oscuridad antigua, cuando nada se conocía, hizo que se abriera la palabra fundamental”
señala un Canto Guaraní; “Para el iniciado que todas las cosas crea y ninguna recibe en
herencia, la luz es numen del Verbo” plantea el poeta español Ramón del Valle Inclán;
mientras en un antiguo texto siloísta, insinuante y crípticamente leo “La Realidad habla
por la boca del Poeta”.

Por todo lo anterior, cuando intente explicarles a mis futuros nietos, quien fue Pinochet y
quien fue Allende, me bastará hacerles escuchar los terroríficos audios de Pinochet
bombardeando La Moneda y aquel extraordinario último discurso de Salvador Allende.

Estoy seguro que la poesía hará suave y sutilmente la tarea pedagógica mejor que cualquier
libro de historia e incluso que cualquier crudo video de la época.

Por último, y quizás por algún extraño sortilegio de este lenguaje creador de realidades, no
deja de ser una sorprendente coincidencia histórica, que en la trágica batalla del 11 de
Septiembre, se enfrentaran un “Augusto”, armado de tanques y aviones, en contra de un
prácticamente indefenso “Salvador”. Pero luego de cuarenta años, podemos afirmar con
certeza (y con alegría) que la suave y sensible Poesía, finalmente se impuso a la barbarie de
la bomba y la metralla.