DESARROLLO

A ESCALA HUMANA
Conceptos, aplicaciones y algunas reflexiones
Manfred A. Max-Neef
co n co l ab o r a ci o n es d e:
Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn
DESARROLLO
A ESCALA HUMANA
Conceptos, aplicaciones y algunas reflexiones
Indice
Present ación
Joan Martínez Al ier....................................................... 9
Prólogo a la present e edición
Ruben G. Pri eto ............................................................. 13
Prefacio................................................................................ 17
Primera Part e
Desarrollo a Escala Humana
1. Relectura de la crisis latinoamericana:
crisis y perplejidad
Crisis de propuest as y crisis de ut opías ..............................23
Limit aciones para nuest ro desarrollo..................................25
Objet ivos del Desarrollo a Escala Humana.........................30
2. Desarrollo y necesidades humanas
Reflexiones para una nueva perspect iva.............................37
Fundament ación...............................................................49
Bases para una sist emat ización posible .............................55
Notas sobre met odología...................................................67
Opciones que definen el desarrollo....................................78
3. Desarrollo y autodependencia
Hacia un desarrollo aut odependient e .................................83
Sobre el mundo invisible...................................................93
En base ala edición de Development dialogue, número especial de1986,
en español, editado por la Fundación Dag Hammarskjóld, Uppsala,
Suecia, traducciones del libro Human scale development, ed. The Apex
Prexx, Nueva York, EE.UU., hechas por Soledad Domínguez, y nuevos
agregados del autor
©1993, Manfred Max-Neef.
©Editorial Nordan-Comunidad
Avda. Millán 4113 – Tel. (598-2) 35 56 09
12900 Montevideo, Uruguay
Coedición acordadapor Nordan e Icaria
para su distribución en España:
lcaria Editorial, S.A.
Comte d'Urgell, 53
08011 Barcelona
Primera edición: marzo 1994
Segunda edición: octubre 1998
ISBN: 84-7426-217-8
Depósito legal: B. 44.657 - 1998
Impresión y encuadernación: Romanyà Valls,
Verdaguer, 1 Capellades (Barcelona)
7
Presentación
Sobre las micro-organizaciones..........................................................100
Sobre recursos ...............................................................106
Recapit ulación .............................................................................................115
4. La p roblemát ica no resuelt a de
la articulación micro-macro
Respuest as pendientes ............................................................................. 117
El problema de la agregación ............................................................. 118
Art iculación y direccionalidad del sist ema.................................. 121
Segunda Part e
Algunas reflexiones para seguir pensando
5. Sobre la poda del lenguaje
(y otros ejercicios inusuales)
para comprender el progreso social
El problema................................................................... 125
Manifest aciones del problema......................................... 126
La búsqueda de respuest as ................................................................... 133
Conclusiones.................................................................................................. 137
6. Una manera estúpida de vivir
La idea.......................................................................... 139
La crisis ........................................................................ 140
La coacción del lenguaje ................................................ 142
¿Exist en soluciones?...................................................... 144
El fut uro posible ........................................................... 146
Veamos lo invisible
El libro que el lect or o lect ora t iene en las manos no es el único
que Manfred Max-Neef ha publicado, ni es t ampoco el más
conocido. Es el más nuevo. Antes Max-Neef publicó un par de
libros muy famosos en diversos círculos de Europa del Nort e y
de América del Sur: La Economía Descalza y Real Lije
Economics (en colaboración con Paul Ekins). El autor t ambién es
conocido por haber sido candidat o verde en las elecciones
presidenciales chilenas en 1993, alcanzando el 6 por ciento de los
votos. En esa cont i enda, en la derecha est uvo un candi dat o
apel li dado Alessandri (represent ando lo que en otra época de
Chile se llamó momios); en el cent ro e izqui er da moderada,
un candi dat o apellidado Frei, que ganó ampliament e las
elecciones. Un déjàvu. Hubo t ambién un candidat o de la
izquierda t radicional no reciclada, sin apel li do hi st órico y de
ideas inamovi bles. La novedad fue Max-Neef, y su act uación
polít ica fue convincent e y digna. Hubo t ambién en esas elecciones
un int ento de confusión (como ocurre en España) a cargo de la
sect a de los siloíst as disfrazados de "humanist as" y
"ecologist as", pero su vot ación no llegó al uno por ciento.
Max-Neef no es sin embargo un polít ico profesional. Es una
per sona con exper ienci a en la economía t r anscendent al,
precisament e la vinculada al pet róleo (¿cómo Schumacher est uvo
vinculado al carbón?). A part ir del exilio tras el golpe milit ar de
Pinochet en 1973, se ha convert ido en uno de los más prest igiosos
8 9
economist as alt ernat ivos y ecológicos. Max-Neef nos hace ver
lo que permanece invisible en la economía convencional. Como
se sabe, el t rabajo domést ico no remunerado proporcionado
mayorment e por mujeres, esos t rabajos de cuidar de las personas,
supondrían una part e import ant e de t oda la producción, pero no
est án cont abilizados.
El PIB es el valor de toda la producción de la economía, sin
rest ar las amort izaciones; lo que Max-Neef llama PGB, producto
geográfico brut o. Si cont áramos esos trabajos invisibles de las
mujeres comprobaríamos que suponen el 20 o el 30 por ciento
del PIB. En la cont abilidad macroeconómica tampoco se incluyen
los servicios ambientales prest ados por la nat uraleza, es decir, la
absorción grat uit a de cont aminant es, su capacidad de proporcionar
agua, ener gía, el ement os y compuest os quími cos, r i queza
genét ica. Esas condiciones nat urales de la producción permanecen
invisibles para los economist as. Sólo si son dest ruidas, sólo al
surgir una percepción social de que la economía ha ent rado en
colisión con la ecología, sólo ent onces algún que otro economist a
empieza a musit ar algo acerca de las "ext ernalidades", los
" impuest os pi gouvi anos" , l a at r i buci ón de " der echos de
propiedad" sobre la nat uraleza...
También son invi si bl es para los economist as y para los
polít icos que les son fieles todos esos otrostrabajos de los hombres y
las mujeres pobres del mundo que se "buscan la vida". Se
confunde el concept o de t rabajo con el de empleo asalariado, se
olvidan de los campesinos, de las cooperat ivas informales, de los
t r abajos vol unt ar ios. Todo lo que no da "valor añadi do"
cremat íst ico, o que da poco, es casi invisible.
En cambio, Max-Neef y sus colaboradores dicen que debemos
qui t arnos esos ant eojos cremat í st i cos. También debemos
abandonar el ansia de modernización uniformizadora. Debemos
pensar en los valores de uso y apreciar la diversidad. Reconfort a
el ánimo que en estos moment os, en los países ibéricos, haya
libros como el de Max-Neef, y además una revaloración general
de los trabajos de amar y de cuidar. El éxito de Laura Esquivel
con la novela Como agua para chocolate y simult áneament e la
sorpresa neo-zapat ist a (desgraciadament e por la vía armada) en
favor de las tradiciones indígeneas mayas, de sus bosques y
cult ivos, indican un cambio de tendencia. Mejor Max-Neef, Laura
Presentación
Esquivel y los neo-zapat ist as, que est a diet a de Oct avio Paz y
Vargas Llosa (un criollo que aprendió el inglés y no sabe quechua)
que habit ualment e nos llega de ult ramar. Max-Neef nos recuerda
que la agricult ura "moderna" de lowa e Illinois es menos eficiente
energét icament e y más destruct ora de la diversidad biológica que
las agricult uras t radicionales del sur de México y de los Andes,
arrojadas a un lado en la carrera por la "modernización" y la
compet it ividad. ¿Cuándo se darán cuent a los economist as, y de
quienes de ellos se fían, que su medida de la "product ividad" es
ecológicament e falsa? Ni los servicios de la nat uraleza ni los
t rabajos no asalariados, son valorados por la cont abilidad
económica.
Y, sin embargo, esos servicios de la nat uraleza y esos t rabajos
invisibles, son esenciales para la satisfacción de las necesidades.
Est a t eoría de Max-Neef presupone una invest igación de la noción
de "necesidad". Para los economist as neoclásicos, "necesidad"
es una palabra improcedent e. Ellos hablan de "preferencias
reveladas" en los mercados. Cont ra ese subjet ivismo de los
economist as, algunos economist as crít icos (el propio Georgescu-
Roegen ya en los años 1930, ant es pues de desarroll ar su
paradigma de economía ecológica), señalaron que algunas
necesidades eran más import ant es que ot ras. Desde ot ro ángulo,
Veblen presentó a principios de siglo una t eoría sociológica sobre
las necesidades superfluas. Pero los economist as han despreciado
a psicólogos y sociólogos. Abraham Maslow (cit ado por Max-
Neef) no aparece en los t ext os de economía.
Desde la marxismo, la doctrina predominant e ha sido que la
producción det ermina las necesidades. El "sist ema" nos crea
necesidades. Ot ros, como Marcuse, soñaron en 1968 junt o con
t oda una generación, en la posibilidad de que los humanos
t engamos una estruct ura aut odet erminada de necesidades.
La famosa aport ación de Max-Neef a una t eoría operat iva de
las necesidades va más allá de esas di scusiones. En est e libro
desarrolla est a t eoría con la colaboración de Antonio Elizalde y
Mart ín Hopenhayn. Hay que dist inguir ent re necesidades y
"sat isfactores" de esas necesidades. Las necesidades humanas
10 11
no son infinit as e inescrutables. Por el cont rario, son finit as y las
conocemos bien. Eso no supone un reduccionismo biológico o
et iológico, ni t ampoco la aplicación del enfoque de "necesidades
bási cas de l os pobr es" (propio del Banco Mundial y
ot r as organizaciones internacionales a part ir de los años 1970).
Las necesi dades humanas lo son de t odos los humanos,
de los Mapuche y de los neoyorquinos, son finit as e
ident ificables, pero los "sat isfact ores" pueden ser muchos y
variados. Los mejores son los sinérgicos, es decir, los que
sat isfacen varias necesidades a la vez.
Est e es pues mi resumen de l as páginas más import ant es de
est e libro, una ayuda al lect or algo perezoso para animarle a
emprender la lect ura.
Joan Martínez Alier
Barcelona 20 de enero de 1994
Prólogo a la present e edición
«No es sencillo discernir entr e lo que
conviene conservar y lo que hay que
destruir» Al fons Barceló . Filosofía de
la economía. Barcelona, Ed. Icaria, 1992
Nos encont ramos en una encrucijada. Y la perplejidad frent e a
la reali dad en que hemos desembocado, l uego de décadas de
progreso y desarrollo, por moment os nos paraliza. Est amos
obligados a definir caminos al andar, desde un desafío de alguna
manera similar al que, en el origen, enfrent aron los primeros
habit ant es en sus cavernas, sin ninguna t radición y desde
la escasez de l enguajes. Tenemos que volver a di bujar en
l a penumbr a, al abrigo de nuestras pequeñas comunidades, los
signos que puedan simbolizar nuest ra comprensión de una
realidad amenazant e y facilit ar la creación de alt ernat ivas.
Est amos enfrent ados al riesgoso moment o de la creación.
Ineludiblemente debemos int errogar a lo visible o a lo que
somos capaces de visualizar, y desde allí hacer visible lo
posible, desde sueños que t al vez parezcan imposibles.
Las páginas que siguen son parte de nuestro acerbo, que pueden
ser un respaldo para volver a fundar la humanidad, amenazada
hoy por las creaciones perversas de poderosas minorías,
promot oras de modelos, ideas y t écnicas que nos han
aproximado al ecocidio. Ecocidio que dest ruye con los mismos
gest os, t ant o a la nat uraleza como a sus pret endidos
dominadores, junt o con las mayorías silenciosas tomadas como
rehenes en las luchas por el poder y atrapadas en mecanismos de
producción y reproducción de bienes y relaciones de t odo t ipo,
que aspiran a perpet uar ese sistema.
12 13
Prólogo a la presente edición
Su lect ura nos prepara para el advenimient o de una nueva
realidad, creada a imagen y semejanza de los mejores deseos de
libert ady de justicia. Porque de eso de trata, ya que más que inventar
nuevos cuentos o procedimientos tecnológicos, estamos convocados
a elaborar un nuevo paradigma que nos rescate de esa convicción de
vivir días sin mañana, en que parece hundirse nuest ra época.
Est e libro inaugura una discusión que no t ermina con él, y al
mismo t iempo nos impulsa a la búsqueda de alt ernativas. Por ello
se aproxima más a una obra de art e, en un nivel art esanal, en las
ant ípodas de los reit erados discursos t ecnocrát icos. Aquí la
economía que se había insubordinado, poniéndose por encima de
los seres humanos y de la nat uraleza, convirt iéndolos en meros
recursos para un desarrollo omnipot ent e, es abrazada para retraerla
a lo que es su función, y que nunca debió haber abandonado: un
pensamient o efect ivo que va y viene ent re la experiencia y la
const rucción t eórica de los dat os emergent es de la realidad,
referidos a los requerimient os reproduct ivos, a la lógica de la
repet ición cíclica de los procesos de producción, circulación y
consumo. La esfera económica es así concebida como un
component e más de la soci edad humana y, por
consi guient e, en ínt ima conexión con la polít ica y la cult ura,
con la ecología y la sociología, la psicología y la ant ropología.
Por oposición hemos sufrido el embat e hegemónico, a iz-
quierda y derecha, de una post ura t ecnocrát ica, economicist a,
que nos present a como «ciencia económica, lo que en realidad es
una mezcolanza de proposiciones cient íficas, recet as t écnicas,
i nst r ument os anal ít i cos, i dearios polít icos y pr opaganda
polít ica».(A. Barceló, Filosofía de la economía, p.79)
Max-Neef nos propone una comprensión de la est ruct ura y
dinámica de aquellos aspectos de las act ividades sociales que
denominamos «sist ema económico» desde la perspect iva de la
at ención de las necesidades humanas básicas, inclui das dent ro
del marco social y ecológico.
A diferencia de la t eoría económica convencional, cuyo nivel
cient ífico queda cuest ionado, aquí est án present es el marco
ecológico, la estruct ura inst it ucional, la exist encia de grupos
sociales y su int erconexión en lo económico y polít ico, así como
la urdimbre cult ural que da sent ido desde un imaginario social
radical, a la t otalidad sist émica en que se inscriben las relaciones
de los seres humanos y la de éstos con la nat uraleza y la historia.
Superada la algarabía del progreso y el desarrollismo, y la
t ambién ilusa construcción de un «socialismo» contra la
sociedad, t enemos que reaprender a criticar lo falso e
inconsist ent e, lo meramente inst rumental y socialmente injust o, e
ir const ruyendo una negación rigurosa y sust ent able. Pero
t ambién necesit amos crear un discurso posit ivo que pueda
fundar alt ernat ivas reales y convert irse en fuent e de propuest as y
experiencias cargadas de esperanzas. De esperanzas y no de
ilusiones enraizadas en lo que Cornelius Cast oriadis dest aca
como «la capacidad que t ienen los colect ivos humanos de
hacer sur gir de manera inmot ivada –aunque condicionada–
formas, esquemas nuevos que más que organizadores son
creados de mundos». (El mundo fragmentado)
El paro estruct ural, la dualización social y la degradación
ambient al son el trasfondo del discurso de la lógica del mercado,
de la revolución t ecnológica y de la ofensiva conservadora y
reaccionaria que campea en la economía y la polít ica act uales.
Una crecient e producción de «economía crít ica» empieza a
abrir nuevas perspect ivas. Las ideas expuest as en est e. libro de
una u ot ra manera ya han pasado la prueba de fuego, circulando
de mano en mano desde Venezuela a Bolivia, de Chile y Uruguay
hast a Brasil, Paraguay o Colombia, pero t ambién confront adas
en Estocolmo, Madrid, Londres y Penang. En ámbitos
académicos, en organizaciones barriales, en proyectos
cooperat ivos de autoconstrucción, en centros de atención
primaria de la salud, en organizaciones de product ores rurales,
en experiencias comunit arias y en grupos de ecología social. La
«matriz de necesidades humanas» es ya familiar en muchos
espacios de socialidad concretos, fuente de inspiración, que
provoca respuestas creat ivas y que se ha convert ido en un
inst rument o agudo de crít ica de la sit uación vivida.
La oport unidad de est a obra es evident e, ya que lo que
caract eriza est e período de fin de siglo es, sin duda, el descrei-
mient o frent e a un est ilo de desarrollo que se ha revelado
ecológicament e predatorio, socialment e perverso y polít icamen-
t e injust o. La publicación en cast ellano, paradójicament e ant ece-
dida por versiones en inglés y en alemán, puede dinamizar en
nuest ro cont inent e las corrient es present es en numerosos movi-
mientos sociales, que perciben que los magros e injustos result a-
dos económicos, son la cont rapart e de los det erioros realizados.
Y que la lucha manifiest a entre privat ización y est at ización,
14 15
aparent ement e nueva, juega como ocult amiento y negación de un
verdadero y radical plant eo que reponga a la sociedad, a
t ravés de sus formaciones bási cas, en el prot agoni smo de
l a gest ión polít ica y económica, por medio de la
aut oorganización y la aut ogest ión.
«La panacea li ber al que se le ofrece a nuest ros pueblos no
es capaz de gar ant izar un desarrol lo ecológicament e
sust ent abl e, socialment e j ust o y polít icament e viable»,
afirmaban unánimes los represent ant es de or ganizaciones
ecologist as de t odo el cont inent e, en el moment o de formar
el Pact o Acción Ecológi ca de Amér ica Lat ina y el Cari be,
en oct ubr e de 1989. Y más reci ent ement e ot ras voces
afirman complement ari ament e y enfi lando haci a el f ut uro
que «l a cr ecient e inoper anci a del Est ado para resolver los
problemas ecológicos podrá llevar a formas inédit as de
aut ogest ión comunit ari a». (Brailovsky y Foguelman,
Memoria Verde, p. 375)
Tal vez sea oport uno cerrar est a present ación con una
pizca irónica, aport ada por el economist a Joan Robi son, en
su «Teoría del desarrollo»: «El est udio de la economía no t iene
por objeto la adqui sición de un conj unt o de r espuest as
pr eparadas para los problemas económicos, sino aprender
a no dejar se engañar por los economistas». (p.27)
En últ i ma inst ancia, y como lo señalan sus aut ores, l a
propuest a aquí pl ant eada no quiere ser un model o. Nada
en ell a pret ende apunt ar a sol uciones definit ivas, pues «es
una opción abi ert a que sólo se j ust ifi ca en la medi da en
que se la asuma y ent ienda como construcción permanent e».
Ruben G. Prieto
Mont evideo, 20 de agosto de 1993
Prefacio
Est e documento crist aliza un t rabajo esencialment e
t ransdisciplinario realizado por un equipo de invest i gador es
de dist int os paí ses de América Lat ina. El t rabajo fue preparado
a lo largo de un año y medio con la colaboración de
profesional es provenient es de Chil e, Ur uguay, Bolivia,
Colombia, México, Brasil, Canadá y Suecia, dedicados a
disciplinas t ales como economía, sociología, psiquiat ría,
filosofía, ciencia polít ica, geografía, antropología, periodismo,
ingeniería y derecho. Los part icipant es const it uyeron un
gr upo est abl e de reflexión e invest igación colect iva que se
reunió, en el curso de los dieciocho meses de t rabajo, en t res
seminarios-t alleres, mant eniendo cont act o int elect ual est recho
y permanent e desde el comienzo hast a el término del proyect o.
Además del grupo est able, cuya cont inuidad permit ió
profundizar la reflexión colect iva en torno a problemát icas
específicas del desarrollo, hubo invit ados especiales en cada
una de las reuniones.
Los principales insumos par a est e t rabajo lo const it uyen
los relat orios de cada uno de los Seminarios, Talleres y dist intos
document os producidos por lo part icipant es. La redacción final
est uvo a cargo del equipo del CEPAUR y apunt a más a int egrar
de manera coherent e la diver si dad de los aport es que a
reflejar la opinión part icular de cada uno de los part icipant es.
El document o producido sobre la base de los t res t alleres, fue
discut ido en un seminario de evaluación final, en el cent ro Dag
Hammarskjöld en Uppsala.
1
1. El equipo encargado de este proyecto desea expresar su agradecimiento a los
funcionarios y acádemicos de la Universidad de La Serena en Chile, la
Universidad Federal dePernambuco, Brasil y la Fundación para el Desarrollo
16 17
Prefacio
La propuest a que aquí se cont iene const it uye un aport e para una
filosofía del desarrollo. Pret ende por lo t anto, ser un aport e
sugerente, suscept ible de ahondarse en cualquiera de los múltiples
ámbitos que aborda.
El proyecto fue realizado de manera conjunta por el Cent ro
de Alt ernat ivas de Desarrollo (CEPAUR) de Chile y por la
Fundación Dag Hammarskjöld de Suecia. Nació de la necesidad
de sit uar en el contexto lat inoamericano (y a la luz de los cambios
de escenario ocurridos durant e el últ imo decenio) la propuest a
contenida en el Informe Dag Hammarskjöld de 1975 «Qué hacer:
Ot ro Desarrollo». El text o resultant e aspira a t ener como
interlocut ores a agentes del desarrollo regional, planificadores y
polít icos, grupos de desarrollo local, académicos de diferent es
disci plinas relevant es para el desarrollo, foros internacionales y
profesional es e int elect uales dedicados a pensar caminos
de humanización para un mundo en crisis.
La propuest a cont enida en est e t rabajo es, pues, un esfuerzo
por int egrar líneas de reflexión, de invest igación y de acción que
puedan const it uir un aport e sust ancial para la const rucción de un
nuevo paradigma del desarrollo, menos mecanicist a y más
humano.
La primera part e de est e libro, fue publicada en 1986 como
número especial de la revist a Development Dialogue con el t ít ulo
Desarrollo a Escala Humana: una opción para el futuro.
A est a edición, se ha sumado una nueva sección: «Not as
sobre Met odología», así como dos nuevos capít ulos que
const it uyen la Segunda Parte de est e libro. De ést os, el primero
es una versión ampliada del ensayo «La poda del lenguaje» que
fue publicado en 1988 en Development, la revist a de la Sociedad
para el Desarrollo Int ernacional. El otro capít ulo incorporado, es
una versión corregida de la conferencia que el autor dio en el
marco de la Conmemoración de Schumacher, oct ubre de 1989 en
Bristol, Inglat erra.
Est as dos adiciones al libro, represent an, aunque no sean
product os terminados, al menos, caminos hacia campos nuevos y
de la XII Región. Chile, por su apoyo entusiasta y la eficaz realización de
varios seminarios regionales llevados a cabo durante el período de ejecución
de este proyecto. Sin el apoyo intelectual y material de estas instituciones, no
hubiera sido posible la terminación exitosa de este proyecto.
abiertos de invest igación y reflexión. Subrayan el carácter elusivo e
int erminable de l a búsqueda de respuest as f inal es para la
cuest ión del mejoramient o humano at ravés del desarrollo.
El Cent ro de Alt ernat ivas de Desarrollo -CEPAUR- es una
organización no gubernament al de espect ro int ernacional,
dedicada, a t ravés de la invest igación de nat uraleza
t ransdiciplinaria y proyectos de acción, a una reorient ación del
desarrollo, a t ravés de la promoción de formas de
aut odependencia local que sat isfagan las necesidades
fundament ales de los seres humanos, y de una manera más
gener al, a promover el desarrollo a escal a humana.
Las oficinas de CEPAUR est án en la Avenida Sant a María
349, Apto 42-B, Sant iago, Chile, y la dirección post al es CEPAUR,
Casilla 27001, Sant iago 27, Chile.
Manfred Max-Neef
Director Ejecutivo, CEPAUR.
18 19
Primera parte
Desarrollo a Escala Humana
1. Relectura de la crisis latinoamericana:
crisis y perplejidad
Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn
Crisis de propuestas y crisis de utopías
Hoy es casi un l ugar común af irmar que Amér ica Lat ina
est á en crisis. Son muchas las versiones, descripciones e
int erpret aciones que se han hecho de la cr i sis, por lo que
el di agnóst ico de la enfermedad parece est ar complet o, por
lo menos en sus cont enidos más profundos y t rascendent es. Lo
que aún no ha generado consenso es el t rat amient o, debi do a la
compleji dad del cuadro que se nos present a. La perplejidad,
result ant e de una sit uación a la que no le reconocemos
precedent es simi lares, nos ha mant enido en una especie de
callejón sin salida, que bloquea el paso hacia soluciones
imaginat ivas, novedosas y audaces. Se int uye con claridad que
las recet as convencionales y t radicionales, de cual quier
t rinchera que venga, no f uncionarán. Sin embar go, hay una
especi e de t emor paralizant e que inhi be el diseño de caminos
radicalment e dist int os que pudieran event ualment e sacamos del
embrollo.
El t emor es ent endi bl e, porque no es nada fáci l
renunciar a di seños est rat égi cos o const rucciones t eóricas e
ideológicas en las que se han ciment ado durant e largo t iempo
no sólo creencias, const r ucciones y esperanzas, sino incl uso
pasiones. Pero el hecho es que la magnit ud de la cr isi s
parece t r ascender nuest ra capacidad de asimil arla e
int ernalizar la plenament e. Después de t odo, no se t rat a de
una cr isis cl ara. No es sólo económica, ni es sólo social,
cult ural o polít ica. De alguna manera, es una conver gencia
de t odas el las pero que, en su agr egación, result a en una
t otalidad que es más que la suma de sus partes.
23
En lo polít ico, la crisis se ve agudizada por la ineficacia de
las inst it uciones polít icas represent at ivas frent e a la acción de las
élit es de poder financiero, por la int ernacionalización crecient e
de las decisiones polít i cas y por la f alt a de cont rol que la
ciudadanía t iene sobre las burocracias públicas. Cont ribuyen
t ambién a la configuración de un universo polít ico carent e de
fundament o ét ico, la t ecnificación del cont rol de la vida social, la
carrera armament ista y la falta de una cultura democrát ica
arraigada en las sociedades lat inoamericanas. En lo social, la
crecient e fragment ación de ident idades sociocult urales, la falt a
de int egración y comunicación ent re movimient os sociales, la
crecient e exclusión social y polít ica y el empobrecimiento de
grandes masas, han hecho inmanejables los conflictos en el seno
de las sociedades, a la vez que imposibilit an las respuest as
const ruct ivas a t ales conflictos. En lo económico, el sist ema de
dominación sufre act ualment e cambios profundos, donde inciden
de manera sust ancial la mundialización de la economía, el auge
del capit al financiero con su enorme poder concentrador, la crisis
del Est ado de Bienest ar, la crecient e part icipación del compl ejo
mil it ar en la vi da económica de los paí ses, y los múlt iples
efect os de las sucesivas oleadas t ecnológicas en los pat rones de
producción y consumo.
Todo esto sorprende a los países en desarrollo en condiciones
de t remenda desvent aja y los obliga –con la complicidad de
gobernantes y clases dominant es– a enormes sacrificios y cost os
sociales para «sanear» sus si st emas financieros y pagar los t an
ment ados servicios de sus deudas con los acreedores del mundo
indust rializado. Ant e este panorama inciert o, más desolador que
halagador, las respuest as y búsquedas de alt ernat ivas al
aut orit arismo, al neoliberalismo, al desarrollismo y al populismo,
se empantanan en programas inmediat istas, y en balbuceos
reactivos, o se reducen a la reivindicación y recuperación de los
«niveles hist óricos».
Al t rat ar de ident ificarla con un nombre, nos hemos inclinado
por llamarla la crisis de la utopía, porque su manifest ación más
grave nos parece el hecho de que est amos perdiendo –si es que
no hemos perdido ya– nuestra capacidad de soñar. Nos
debat imos en un agot ador insomnio que nos impide la lucidez
imprescindible para enfrent ar con vigor e imaginación nuestros
problemas. Nos hemos convert ido, en cambio, en una especie de
Relectura de la crisis latinoamericana: crisis y perplejidad
somnolientos administ radores de una crisis a la que int uimos
imposible de resolver por nuest ros propios medios. Est a
somnolencia en que nos hace desembocar la crisis de la utopía se
manifiesta con muchos rost ros: el derrot ismo, la desmovilización,
la abulia, el individualismo exacerbado, el miedo, la angust ia y
el cinismo.
Los campos en los que en el pasado –con o sin éxit o–
luchamos por nuest ras propias causas, hoy nos aparecen como
cubiert os de bruma. Nuest ras razones se hacen difusas, y los que
aún mant enemos una volunt ad de lucha, acabamos, sin darnos
cuent a, emprendiendo luchas que nos son ajenas. De allí que
nuest ro primer y desesperado esfuerzo ha de ser el de
encont rarnos con nosot ros mismos y convencernos además,
de que el mejor desarrollo al que podremos aspirar –más allá de
cualquier indicador convencional que, más que nada, ha servido
para acomplejarnos– será el desarrollo de países y cult uras
capaces de ser coherent es consigo mismas.
La propuest a cont enida en est e document o no pret ende ser la
solución final para superar nuest ra crisis. Sin embargo, es un
camino posible. Es una opción surgida de una larga reflexión
colect iva por parte de un grupo de lat inoamericanos que,
acompañados en la jornada por amigos solidarios de Suecia y
Canadá, han decidido compart ir los result ados de su recuperada
capacidad de soñar.
Limitaciones para nuestro desarrollo
Si limit amos nuest ro análisis a los component es económicos de
]a crisis, y observamos su comport amiento histórico a través de
las polít icas económicas y de desarrollo que se han aplicado en
Lat inoamérica durant e las últ imas cuat ro décadas, lo primero que
det ect amos es un claro proceso pendular. Los períodos de
expansión acaban generando desequili brios financieros y
monet arios, que derivan en respuestas est abilizadoras que, a su
vez, acaban generando elevados costos sociales, lo que induce a
nuevos impulsos de expansión.
En est e juego pendular se confrontan las dos grandes
concepciones económicas que han dominado el panorama de
América Lat ina: el desarrollismo y el monet arismo neo-liberal.
Ambas compart en el no haber logrado lo que originalment e se
24 25
Relectura de la crisis latinoamericana: crisis y perplejidad
propusieron, pero cada cual de manera dist int a y por razones
dist intas. Por ot ra parte, no todo es negat ivo en un fracaso, de
manera que vale la pena dedicar algunas reflexiones al sello que
cada una de est as concepciones ha dejado impreso en la hist oria
económica y socio-polít ica de la región.
Frustraciones del desarroll ismo y del monetarismo
El desarrollismo fue una experiencia profundamente movilizadora.
Fue generadora de ideas y de corrient es de pensamiento. Es
durant e el período de su predominio en que surge no sólo la
CEPAL, que le da su gran impulso, sino el Banco Interamericano
de Desarrollo, la ALALC, el Pact o Andino y ot ras import ant es
iniciat ivas regionales t ales como la Alianza para el Progreso. En
los cont ext os nacionales aparecen las inst it uciones de. planifica-
ción, las corporaciones de foment o de la producción en sus
dist int as versiones, las polít icas que impul san la indust rializa-
ción y revierten la composición demográfica de países hasta
ent onces predominant ement e rurales, las reformas bancarias, el
mejoramiento de los sist emas estadíst icos, la promoción popular
y los variados int ent os de reformas est ruct urales. Surgen, ade-
más, los primeros argument os y t esis sólidas que apunt an a la
defensa de nuest ras export aciones, afectadas—como logra de-
most rarse—por un det erioro const ant e de los t érminos de int er-
cambio. Por últ imo, son economist as lat inoamericanos adscritos
al pensamiento desarrollist a quienes aparecen como act ores de-
t erminant es en la creación de la UNCTAD.
Durante las décadas de los años cincuent a y sesent a t iene
pleno sent ido hablar de un pensamiento cepalino o de una filoso-
fía del BID. Exist en posiciones que generan debat e. Hay una
efervescencia creat iva indiscut ible. Los centros de poder del
Nort e contraargument an, pero, por primera vez, a la defensiva.
Todo ello empieza a diluirse en la década siguient e, y los orga-
nismos int ernacionales lat inoamericanos comienzan a perder su
ident idad original. El monet arismo neo-liberal, que había hecho
sus incursiones esporádicas sin lograr imponer su caráct er más
allá de episodios coyunt urales de est abilización, comienza a
irrumpir con t oda su energía.
El fracaso del desarrollismo no puede, ciert ament e, atribuirse
ni a falta de ideas ni a pobreza de creat ividad. Por el cont rario,
sus aport es han sido formidables en cuant o a crear una
infraest ruct ura económica rica y diversificada. Las razones de su
fracaso se han debido fundament almente a su propia incapacidad
para cont rolar los desequili brios monet arios y financieros, a que
la est ruct ura product iva que generó –especialment e la indust ria–
result ó tremendament e concent radora, y a que su enfoque del
desarrollo, predominant ement e económico, descuidó ot ros
procesos sociales y polít icos que comenzaban a emerger con
fuerza y gravit ación crecientes, especialment e después del
t riunfo de la revolución cubana.
La hist oria del neo-liberalismo monet arist a es ot ra y bien
dist inta. Si el desarrollismo fue generador de pensamiento, el
monetarismo ha sido fabricante de recetas; por lo menos el
que hemos visto aplicado en nuestros países. En nuest ro medio
no es posible det ect ar propiament e un pensamiento o una
filosofía neo-liberales. Ello no se debe, por cierto, a que la
mencionada escuela carezca de t ales sust entos. Bast a leer para
ello a los economist as aust ríacos. El problema radica en que el
esquema aquí aplicarlo ha sido el de un neoliberalismo incult o,
dogmát ico y fuera de cont ext o.
A diferencia del desarrollismo, el neo-liberalismo monet arist a ha
fracasado en un período mucho más breve y de manera mucho
más est repitosa. Más aún, se parece a un derrumbe fenicio, que
nada deja después de su paso except o un inmenso vacío. El que
hoy en día sólo logre sust ent arse, en América Lat ina, con el
apoyo de regímenes dictatoriales o pseudo-democrát icos, es
prueba suf icient e de que l a presión generada por los cost os
sociales sólo puede mantenerse bajo cont rol con la aplicación de
medidas represivas.
Suponiendo, empero, que el neo-liberalismo monet arist a se
hubiese aplicado de manera más acorde con la riqueza de pensa-
miento de sus creadores, especialment e austríacos, su fracaso, en
el cont ext o lat inoamericano, habría sido igualment e inevit able.
Esto es así al menos por t res razones. Primero, porque a pesar de
poder impulsar el crecimient o económico, no es generador de
desarrollo en el sent ido amplio que hoy lo ent endemos. Segundo,
porque sus supuest os de racionalidad económica son profunda-
ment e mecanicist as e inadaptables, por lo t ant o, a las condiciones
de países pobres, donde la miseria no puede erradicarse como
consecuencia de la liberalización de un mercado del que los
26 27
Relectura de la crisis latinoamericana: crisis y perplejidad
pobres se encuent ran, de hecho, marginados. Tercero, porque en
mercados rest ringidos y oligopólicos, donde los grupos de poder
económico no se enfrent an a fuerzas capaces de limit ar su
comport amiento, la act ividad económica se orient a con sent ido
especulat ivo, lo que deriva en result ados concent radores que son
socialment e inaguant ables.
Hay que dest acar, por últ imo, que ambas concepciones
económicas han compart ido algunos elementos, aunque con
dist int a int ensidad. Las dos han pecado de mecanicist as y de
provocar result ados económicos concent radores. Para el neo-
liberalismo, el crecimiento es un fin en sí mismo y la
concentración se acept a como una consecuencia nat ural. Para el
desarrollismo, el crecimiento es una condición económica que
conllevará desarrollo. Ambas suponen que la concentración
est imula el crecimiento lo cual es demostrable est adíst icamente –
pero, mient ras el neoliberalismo no ve necesidad alguna de
limit arla, el desarrollismo, que sí le reconoce límit es, no logra
cont rolarla. El desenlace de est a hist oria de cuarent a años nos
insert a, f inalment e, en la sit uación de perplejidad en que hoy
nos encont ramos.
Reacci ones ante las frustraci ones
Hay diferent es reacciones frent e a la sit uación act ual. Est án, por
ejemplo, los que sost ienen que después de t odo el naufragio no
se ha producido. Argument an para ello que durant e las últ imas
dos décadas y media los niveles de ingreso se han más que
duplicado, que ha habido una notable expansión del product o y
que se han mult iplicado las export aciones. Todo ello es cierto.
Sin embargo, est án los que exhiben la otra cara de la realidad: el
agravamiento de la pobreza en los sect ores populares, el hecho de
que algo más de un t ercio de la población económicamente act iva
se debat e entre el desempleo y el subempleo, el agravamiento de
los grandes déficit s sociales, especialment e la vivienda, y, por
últ imo, una deuda ext erna que, al margen de consideraciones
ét icas respect o de lo que t endríamos o no t endríamos que hacer,
result a clarament e impagable a menos que agravemos nuest ra
pobreza y agot emos nuestros recursos hast a límit es
est ruct uralment e irreversibles.
Hay quienes ven la posibilidad de que, al enmendar ciert os
errores, es posible revit alizar esquemas que result aron at ract ivos
en el pasado. Ot ros, como es el caso de los aut ores de est e
documento, ven un inmenso espacio abiert o para diseñar
alt ernat ivas radicalment e dist int as. La segunda posición se
sust enta no sólo en la percepción de una experiencia hist órica
agot ada, sino en algunos errores graves que podrían comet erse al
aplicar soluciones convencionales para escapar de la crisis.
Al enfrent ar el fut uro se corre el riesgo de caer en errores de
percepción o de equivocarse en la acción. En mat eria de
percepción se comet en dos errores graves. El primero es pensar
que la crisis económica lat inoamericana es atribuible a la crisis
ext erna. El segundo, que se desprende del ant erior, es suponer que
nuest ra depresión es coyunt ural. Si bien es ciert o que las
condiciones externas influyen en economías dependient es y
vulnerables como las nuestras, no es menos cierto que una
recuperación de la economía capitalista del nort e no t endría
necesariament e efectos significat ivos para nuest ra propia
recuperación. Las razones se desprenden de los errores que
pueden comet erse en mat eria de acciones, y que señalamos a
cont inuación.
Sería t ot alment e ilusorio sust ent ar una estrat egia de
desarrollo fut ura en la expansión de las export aciones de
productos primarios, por la sencilla razón de que t odo indica que
el grueso de ellos mant endrán, por diversas razones, condiciones
desfavorables en los t érminos de int ercambio, mient ras otros
comienzan a ser desplazados por sust it utos más eficient es. Del
mismo modo, una est rat egia sust entada en la diversificación de
las export aciones, ent endida ést a como export ación de
manufact uras, se est rellaría inevit ablement e cont ra las polít icas
prot eccionist as de las pot encias del nort e. Suponer por ot ra part e,
un desarrollo apoyado en las cont ribuciones ext ernas de capit al,
queda descart ado de plano por el gravísimo e irresoluble est ado en
que nos mant iene el endeudamient o.
De lo dicho se desprende que nuest ra sit uación dista mucho
de ser coyunt ural. De all í que result a inevit abl e, en nuest ra
opinión, desplegar t odos los esfuerzos posibles para diseñar
alt ernat ivas imaginat ivas pero viables. Las condiciones de t al –o
de t ales– alternat ivas parecen bast ant e claras. Por una part e, si las
dos concepciones económicas que han dominado el escenario
lat inoamericano no han logrado sat isfacer las legít imas carencias
de las mayorías lat inoamericanas, una nueva concepción ha de
orient arse primordialment e hacia la adecuada sat isfacción de las
28 29
Relectura de la crisis latinoamericana: crisis y perplejidad
necesi dades humanas. Por ot ra part e, si el desarrol lo f ut uro
no podrá sust ent arse en la expansión de l as export aciones
(por las barreras descr it as), ni en sust anciales aport es de
capit al foráneo por l as dr amát icas l imit aciones que impone la
deuda ext erna, la nueva concepción ha de or ient ar se
i nevit abl ement e hacia la generación de una crecient e
aut odependencia.'
Objetivos del Desarrollo a Escala Humana
Est e t rabajo propone, como perspect iva que permit a abrir
nuevas líneas de acción, un Desarrol lo a Escala Humana. Tal
desarrol lo se concent ra y sust ent a en la sat isfacción de las
necesi dades humanas f undament ales, en l a generación de
nivel es crecient es de aut odependenci a y en l a art i cul ación
or gánica de los seres humanos con l a nat ur al eza y l a
t ecnologí a, de los procesos global es con los
comport amient os locales, de lo per sonal con lo social, de la
planificación con la aut onomía y de la sociedad civil con el
Est ado.
Necesi dades humanas, aut odependencia y art i culaciones
orgánicas, son los pil ares f undament ales que sust ent an el
Desarrol lo a Escala Humana. Pero para servir su propósit o
sust ent ador deben, a su vez, apoyar se sobre una base
sóli da. Esa base se const ruye a part ir del prot agonismo real de
las personas, como consecuencia de pr ivil egi ar t ant o la
diver si dad como la aut onomía de espacios en que el
prot agoni smo sea realment e posi bl e. Logr ar l a t ransformación
de l a persona-objet o en persona-sujet o del desarrol lo es,
ent r e ot ras cosas, un pr oblema de escala; por que no hay
prot agoni smo posi ble en si st emas gi gant í st i cos organizados
jerárquicament e desde arriba hacia abajo.
El Desarrollo a Escala Humana apunt a hacia una necesaria
profundización democrát ica. Al facil it ar una práct ica
democr át i ca más direct a y part icipat iva puede contribuir a revert ir
el rol t radicionalment e semi-pat ernali st a del Est ado
lat inoamericano, en r ol est i mul ador de sol uciones creat ivas
que emanen desde abajo hacia arr i ba y result en, por lo t ant o,
más congr uent es con las aspiraciones reales de las personas.
1. Por «articulación» entendemos la construcción de una relación coherente y
consistente deinterdependencia equilibrada entre elementos dados.
Estado y parti ci paci ón soci al en Améri ca Latina
Si n pret ender real izar un análi si s hist ór ico o sociológi co
sobre los modelos de Est ados en la r egión, parece
import ant e, empero, constat ar la incapacidad hist órica de t ales
modelos para la plena promoción de espacios de part icipación
popular.
A los procesos de independencia y const it ución de
est ados nacional es en Améri ca Lat ina si guieron procesos de
desarrol lo impulsados y controlados por las oligarquías
nacionales. Est os se desenvolvieron en el marco de
democr aci as li beral es y t uvi eron por objet ivo el desarrol lo
capit al i st a y la int egraci ón con los mercados ext ernos. Pero
est as democraci as excl uyeron de la vi da polít ica a las masas
popular es, privándolas de canales de part icipación social o de
presión polít ica.
Est e caráct er ost ensiblement e rest ringido de los espacios de
part icipación y de los beneficios sociales del desarrollo
capit alist aoligopólico, precipit ó la cr isis del Est ado
oligár qui co. Una nueva f ase en la modal i dad est at al f ue l a
de los r egímenes popul i st as-nacionalist as, los que int ent aron
combinar mayor part icipación popular con la formulación de
proyectos nacionales homogéneos que permit ieron una
modernización más ágil y sólida de la nación. Est os sist emas
abrieron canales de represent ación polít ica –el sufragio universal–
y crearon mecanismos de represent ación sectorial. Como forma de
gobierno, el principal aport e del populismo fue el reconocimient o
de grupos sociales hast a entonces excluidos del conciert o polít ico.
Puest o que el Est ado mismo se hizo cargo de est e proceso de
incorporación de nuevos actores al desarrollo, esto redundó en un
considerable aumento de su función reguladora. A la mayor
part icipación polít ica de sect ores incorporados a la vida socio-
polít ica acompañaron polít icas redist ribut ivas pilot eadas por el
Est ado.
Si bi en est e modelo est at al t uvo la f uer za par a
l egit imarse fr ent e al t r adicional Est ado ol i gár qui co, el
Est ado populi st a necesit ó, por su propia precar iedad fr ent e
a gr upos int ernos de poder económico y a las presiones
imperialist as de países ricos, consoli dar de manera compul siva
proyect os nacionales homogéneos. Est os proyect os no
f ueron capaces de r ef l ej ar l a het erogenei dad de sect ores y
comuni dades que componen la sociedad civi l, de modo que
la part icipación social y el prot agonismo popular se vieron
socavados por el aut orit arismo implícit o en el «proyect o
único», y por mecanismos burocrát icos y pat ernali st as que
reforzaron la vert icalidad y la concent ración de poder.
30 31
Relectura de la crisis latinoamericana: crisis y perplejidad
La t ensión ent re proyectos nacionales homogéneos y
diversidad de actores sociales que claman por mayor
prot agonismo, se repit e en la ola de regímenes progresist as que
ocuparon buena part e del escenario polít ico en muchos países de
la región. Tales Est ados no buscaron legit imación mediant e la
democracia polít ica –y est o los diferencia de los populismos
const it uidos por sufragio universal–, sino a través del respaldo
popular obt enido mediant e la expansión de conquist as sociales y
nacionales, y a t ravés del control sindical de t ipo corporat ivo en
muchas de las funciones del Est ado.
Los regímenes polít icamente autorit arios, y liberales a ult ranza
en lo económico, han sido los más represent at ivos del últ imo
decenio, muy especialment e en el Cono Sur de América Lat ina.
En ellos se combina la concent ración del poder polít ico
(acompañado de represión física y psicológica sobre la población
civil) con la privación para amplios sectores de los beneficios
sociales y económicos que habían conquist ado bajo el alero de
gobiernos populist as o progresist as. Es en estos regímenes
represivos, de corte neoliberal, donde la part icipación social y el
protagonismo popular se han vist o más desvast ados.
Pero es precisamente en estos regímenes, y frente a esta crisis
aguda, donde las oposiciones democrát icas revalorizan la
necesidad de fundar un orden basado en la art iculación de la
democracia polít ica con la part icipación social. Es en esta
dirección que apunt a, t ambién, el present e document o. La
alt ernat iva, en las act uales condiciones, gira menos en t orno a
opciones ideológicas est ereot ipadas que en la posibilidad de
combinar procesos de desconcentración económica,
descent ralización polít ica, fort alecimiento de inst it uciones
aut ént icament e democrát icas y aut onomía crecient e de los
movimientos sociales emergent es.
El desafío va más allá del t ipo de Est ado y se ext iende hacia
la capaci dad de la propia sociedad civil par a movili zar se y
adecuar un orden polít ico representat ivo a los proyectos de los
diversos y heterogéneos sujet os sociales. La pregunt a candent e,
no sólo par a un Est ado democr át ico sino t ambi én par a una
sociedad y una cultura democrát ica en la región, no es ya cómo
cont ener la diversidad, sino cómo respet arla y est imularla. Al
respect o, un t ipo de desarrollo orient ado a fort alecer espacios
locales, micro-organizaciones y la mult iplicidad de matrices
cult urales dispersas en la sociedad civil, no puede eludir la tarea
de consolidar práct icas y mecanismos que comuniquen,
socialicen y rescat en las diversas ident idades colect ivas que
conforman el cuerpo social.
Est os procesos de. prot agonismo crecient e result an, pues,
decisivos para art icular proyectos que expandan la aut onomía
nacional y que socialicen de manera más equit at iva los frutos del
desarrollo económico. De allí que sea indispensable zanjar la
crecient e atomización de movimientos sociales, ident idades
cult urales y est rat egias comunit arias. Art icular estos
movimientos, ident idades, est rat egias y demandas sociales en
propuest as globales no es posible mediant e la homogeneización
que caract erizó a los populismos o nacionalismos. Requiere, por
part e del Estado, nuevos mecanismos inst it ucionales capaces de
conciliar participación con heterogeneidad, formas más act ivas
de represent at ividad y mayor recept ividad en cada una de las
inst ancias públicas.
No es el objet ivo del present e documento desarrollar una
propuest a en t orno al modelo de Est ado adecuado para la
promoción de un Desarrollo a Escala Humana. Nuest ro énfasis
recae en las exigencias para y desde la propia sociedad civil.
Est o no implica en absoluto la minimización de la problemát ica
del Estado, sino la voluntad de complement ar propuest as
polít icas para el Est ado con la perspect iva de los act ores
sociales, de la part icipación social y de las comunidades y del
pot encial que en sí mismos puedan contener. Nuest ro énfasis en
una «democracia social» o bien en una «democr aci a de la
cot idi anei dad» no obedece a la despreocupación por la
«democracia polít ica», sino a la convicción de que sólo
rescat ando la dimensión «molecular» de lo social
(microorganizaciones, espacios locales, relaciones a Escala
Humana) t iene sent ido pensar las vías posibles de un orden
polít ico sust ent ado en una cultura democrát ica. Compart imos en
est e sent ido la idea de que, para evit ar la at omización y la
exclusión, sea en lo polít ico, en lo social o en lo cult ural, es
imprescindible generar nuevas formas de concebir y pract icar la
polít ica. El present e documento no pret ende describir t ales for-
mas, sino abrir –siempre abrir– espacios de reflexión y de sensi-
bilización que expandan la conciencia crít ica ante lo que vivimos
y promuevan la sensación de urgencia por nuevos caminos de
acción polít ica.
32 33
Relectura de la crisis latinoamericana: crisis y perplejidad
Hábi tos y sesgos en los discursos del desarrollo
Más al lá de la apret ada sínt esis de los acápit es
precedent es, nuest ra reflexión compart ida nos ha permit ido
concret ar algunas conclusiones que amplían el contexto de la
problemát ica urgente de modificar sust ancialment e nuest ros
concept os y enfoques de desarrollo.
Vivimos y trabajamos una historia que desconoce la sub-
hi st or i a que l a hace posi bl e. De al l í que obser vamos
cot idianament e las graves desart iculaciones que se dan ent re las
act uaciones de las cúpulas polít icas y las aspiraciones e impulsos
que se desencadenan en los sect ores populares. Buscamos just i-
ficación para nuestras acciones en los plant eamient os o pensa-
mient os que at ribuimos a nuest ro difunt o héroe de t urno, sin
siquiera percat amos de la sabi duría del hombre y la mujer que
siembran el maíz y que, al compart irlo en la olla común, logran
sobrevivir, no por lo que hemos hecho, sino a pesar de lo que no
hemos hecho.
Vivimos y t rabajamos modelos de sociedad que desconocen la
complejidad creciente de la sociedad real en que est amos
inmersos. De allí que observamos el quehacer febril y obsesionado
de los t ecnócrat as que diseñan soluciones ant es de haber
ident ificado el ámbito real de los problemas. La just ificación de
los modelos la buscamos en los modelos mismos, de manera que
cuando las soluciones fracasan, no es por fallas del modelo, sino
por t rampas que hace l a reali dad. Esa reali dad que se hace
present e no se percibe como un desafío que hay que enfrent ar,
sino como un obst áculo que hay que domest icar imprimiendo
aún mayor fuerza en la aplicación reincident e del modelo.
Vivimos y t rabajamos la importancia orientadora de nuest ros
conocimient os formales adquiridos. De allí que observamos en
t ant os dirigent es un miedo patológico al prot agonismo y a la
libert ad. El pueblo est á para ser orient ado, aún por aquellos que
se dan el lujo de desconocer la orient ación del pueblo. Así se
diseñan programas para «concient izar», porque por alguna
ext raña razón se supone que el que sufre no sabe por qué sufre, y al
que le va mal no sabe qué es lo que lo aqueja.
Vivimos y t rabajamos la construcción de un orden, sin en-
t ender lo que es ordenable ni lo que est amos ordenando. De allí
que observamos el culto fet ichist a por la forma, como manera de
ocult ar el t emor inconciente a las incert idumbres que encierra el
fondo. Confundirnos así la ley con la just icia y el reglament o con
la eficiencia. Ident ificamos la generosidad con la limosna y la
part icipación con la reivindicación concedida. Ut ilizamos las
palabras sin respet ar su contenido y acabamos así construyendo
caricat uras en vez de cont ext os coherent es en los cuales sust ent ar
la const rucción de nuest ros proyect os de vida individuales y
colect ivos.
Conscient es de todo lo expuesto, la propuest a que hemos
elaborado no es un modelo. Nada en ella pret ende exhibir
el rango de sol ución def init iva, porque ent endemos que el
ser humano y todo su ent orno son componentes de un fluir
permanent e que no pudo det enerse con milenarismos ni menos
con ocasionalismos.
34 35
2. Desarrollo y necesidades humanas
Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn
Reflexiones para una nueva perspectiva
¿Hay al go que aportar a l o que ya se ha di cho?
La bibliografía sobre necesidades humanas a que pueden recurrir
los interesados es vast a y, en muchos casos, cont iene aport es
cont undent es. La t emát ica ha t rascendido los ámbit os de la
filosofía y la psicología, para convert irse en centro de at ención de
las disciplinas polít icas, económicas y sociales en general. Los
organismos internacionales preocupados por la promoción del
desarrollo han hecho suyo, en est os últ imos años, el criterio de
que ést e debe orient arse preferent ement e hacia la sat isfacción de
las llamadas necesidades básicas. Más aún, en 1975 el Informe
Dag Hammarskjöld «Qué hacer: Otro desarrollo», colocaba t al
propósito como uno de los pilares fundament ales del nuevo t ipo
de desarrollo que debía desencadenarse urgent ement e a fin de
superar la desoladora miseria que sufría la mayoría de los habi-
t ant es del Tercer Mundo.
Hoy es acept ado casi como un lugar común que desarrollo y
necesi dades humanas son component es de una ecuación
irreduct ible. Sin embargo, en est a línea de reflexión queda aún
mucho por aport ar.
En primer lugar, est á el hecho de que el nuevo enfoque no
puede reducirse a mero arreglo cosmét ico de un paradigma en
crisis. Impl ica desde la part i da, la apert ur a hacia una nueva
manera de cont ext ualizar el desarrollo. Ello significa modificar
sust ancialment e las visiones dominantes sobre estrat egias de
37
Desarrollo v necesidades humanas
desarrol lo, en el sent i do de ent ender , por ej emplo, que ningún
Nuevo Or den Económi co Int ernacional podr á ser si gnificat ivo si
no est á sust ent ado en la r eformul ación est r uct ural de una densa
red de Nuevos Ordenes Económicos Locales.
Si gnifi ca, además, reconocer la incomplet it ud e
i nsuficiencia de l as t eorí as económi cas y soci ales que han
servi do de sust ent o y or i ent ación a l os pr ocesos de
desarr ol lo hast a el present e. Si gnifica t omar concienci a,
concret ament e, de. que en un mundo cada vez más het erogéneo por
su crecient e. e inevit able int erdependencia, l a aplicación de
modelos de desarrol lo sust ent ados en t eorías mecanici st as,
acompañados de indicadores agr egados y homogeneizant es,
represent a una r ut a segura hacia nuevas y más inquiet ant es
frust raciones.
Un Desarrol lo a Escala Humana, or ient ado en gran medi da
hacia la sat i sfacción de las necesi dades humanas, exi ge un nuevo
modo de int erpr et ar la r eal i dad. Nos obli ga a ver y a eval uar el
mundo, las personas y sus procesos, de una manera dist int a a la
convencional . Del mi smo modo, una t eorí a de las necesi dades
humanas par a el desarrol lo, debe ent ender se j ust ament e en esos
t érminos: como una t eoría para el desarrollo.
1
Tal como una piedra t iene at ribut os dist int os para un geólogo
que para un arquit ect o, las necesi dades humanas adqui eren visos
dist intos en el ámbit o de la psicología clínica que en el ámbit o del
desar rol lo. Ello no implica, empero, sugerir la const rucción de
nuevos r educcioni smos. Los ámbit os y los at r i but os est án
imbri cados en ambos casos. De lo que se t rat a es de una cuest ión
de forma y de énfasis; es decir, de enfoque.
El desafío consi st e en que polít i cos, planif icadores,
promot ores y, sobre t odo, los act ores del desarrol lo sean
capaces de manejar el enfoque de las necesidades humanas, para
orient ar sus acciones y aspiraciones.
La necesari a transdisci pli nariedad
Los aport es que siguen apunt an a ese propósit o. Es decir, hacer
ent endible y operat iva una t eoría de las necesidades humanas para
1. Utilizamos aquí la noción de teoría como un proceso deductivo a partir de
ciertos postulados.
el desar rollo. El esf uer zo no puede sust ent ar se, sin embar go,
en ninguna disciplina part icular, porque la nueva realidad y los
nuevos desafíos obligan ineludiblement e a una
t ransdisciplinariedad.
1
La evidencia cent ral es que las nuevas calami dades sociales se
nos revelan, cada día más, ya no como problemas específicos, sino
como problemát icas complejas que no pueden seguir at acándose
sat isfact oriament e mediant e la aplicación exclusiva de polít icas
convencionales, inspiradas por disciplinas reduccionist as.
Tal como la enfermedad de una persona puede t raducirse en un
problema médico, y esa mi sma enfermedad t ransformada en
epidemia t rasciende el campo est rict ament e médico, del
mismo modo nuest ro desaf ío act ual no consi st e t ant o en
enfrent ar problemas, como en enfrent ar la t remenda magnit ud de
los problemas.
Es la cuest ión de la crecient e magnit ud y complejidad la que
det ermina la transformación de problemas con claros cont ornos
disciplinarios en problemát icas generadoras de difusos ent ornos
t ransdisciplinarios.
Exclamaba el Mar qués de Sade, en medio del t error de la
Revol ución Francesa: «Ya no exi st e ninguna hermosa
muert e indivi dual». De manera análoga podemos exclamar
nosot ros, en medio de una real i dad act ual que nos agobia: «ya
no nos queda ningún hermoso problema part icular».
Sólo un enfoque t ransdi sciplinario nos permit e comprender ,
por ejemplo, de qué manera la polít ica, la economía y la salud han
convergi do hacia una encr ucijada. Descubrimos, así, casos
cada vez más numerosos donde la mala salud es el result ado de la
mala polít ica y de la mala economía.
Si las polít i cas económi cas di señadas por economi st as,
afect an –como, de hecho, lo hacen– a l a totalidad de una
sociedad,, los economi st as ya no pueden pret ender que su
úni ca pr eocupación son los problemas económicos. Tal pretensión
1 La transdisciplinariedad es una solución que, con miras a alcanzar un mayor
entendimiento, va más allá de los ámbitos esbozados por disciplinas estrictas.
Mientras que el lenguaje de una disciplina puede limitarse a describir algo (un
elemento aislado, por ejemplo), puede resultar necesaria una actividad
interdisciplinaria para explicar algo (una relación entre elementos). Por la misma
razón, para entender algo I un sistema como se lo interpreta por otro sistema de
mayor complejidad) se requiere una participación personal que vaya más allá de
las fronteras disciplinarias, convirtiéndola así en una experiencia
transdisciplinaria.
38 39
sería poco ét ica, puesto que implicaría asumir la responsabilidad
por la acción, pero no por las consecuencias de la acción.
Nos enfrentamos a sit uaciones desconcert ant es, donde cada
vez ent endemos menos. De ahí que las cosas est án realment e
mal, y se volverán peores, a menos que dediquemos mucha más
energía e imaginación al diseño de transdisciplinas coherentes y
significat ivas. Vivimos una época de t ransición trascendent al, lo
cual significa que los cambios de paradigma no sólo son necesa-
rios, sino imprescindibles.
Tres postulados y algunas proposici ones
El desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos
Est e es el post ulado básico del Desarrollo a Escala Humana.
Acept ar est e post ulado –ya sea por opciones ét icas, racionales
o int uit ivas– nos conduce a formularnos la siguient e pregunt a
fundament al: «¿Cómo puede est ablecerse que un det erminado
proceso de desarrollo es mejor que otro?». Dent ro del paradigma
t radicional, se t ienen indicadores t ales como el Product o Bruto
Int erno (PBI), el cual es, de alguna manera y caricat urizándolo un
poco, un indicador del crecimiento cuant it at ivo de los objet os.
Necesit amos ahora un indicador del crecimient o cualit at ivo de
las personas. ¿Cuál podría ser?
Cont est amos la pregunt a en los si guient es t érminos: «El
mejor proceso de desarrollo será aquel que permit a elevar más la
calidad de vida de las personas». La pregunt a siguiente se des-
prende de inmediat o: «¿Qué det ermina la calidad de vida de las
personas?».
«La cali dad de vi da dependerá de las posi bi li dades que
t engan las personas de sat isfacer adecuadament e sus necesidades
humanas fundamentales». Surge la t ercera pregunt a: « ¿Cuáles
son esas necesidades fundament ales? y/o ¿quién decide cuáles
son?». Ant es de responder a est a pregunt a, deben hacer se
algunas disqui siciones.
Necesidades y satisfactores
Se ha creído, tradicionalment e, que las necesidades humanas
t ienden a ser infinitas; que están const ant ement e cambiando; que
varían de una cult ura a otra, y que son diferent es en cada período
Desarrollo v necesidades humanas
histórico. Nos parece que t ales suposiciones son incorrect as,
puest o que son producto de un error concept ual.
El t ípico error que se comet e en la lit erat ura y análisis acerca
de las necesidades humanas es que no se explicit a la diferencia
fundament al ent re lo que son propiament e necesidades y lo que
son satisfactores de esas necesidades. Es indispensable hacer una
dist inción ent re ambos concept os –como se demost rará más
adelant e– por mot ivos t ant o epist emológicos como
met odológicos.
La persona es un ser de necesidades múlt iples e
interdependient es. Por ello las necesidades humanas deben
ent enderse como un si st ema en que l as mi smas se
i nt er relacionan e int eract úan. Simult aneidades,
complement ariedades y compensaciones (t rade-offs) son
caract eríst icas de la dinámica del proceso de sat isfacción de las
necesidades.
Las necesidades humanas pueden desagregarse conforme a
múlt iples crit erios, y las ciencias humanas ofrecen en est e sent i-
do una vast a y variada lit erat ura. En est e documento se combinan
dos crit erios posibles de desagregación: según categorías
existenciales y según categorías axiológicas. Est a combinación
permit e operar con una clasificación que incluye, por una part e,
las necesidades de Ser, Tener, Hacer y Est ar; y, por la otra, las
necesidades de Subsist encia, Prot ección, Afect o, Ent endimiento,
Part icipación, Ocio, Creación, Ident idad y Libert ad.
1
Ambas
cat egorías de necesidades pueden combinarse con la ayuda de
una mat riz. (Ver pág. 54).
De la clasificación propuesta se desprende que, por ejemplo,
alimentación y abrigo no deben considerarse como necesidades,
sino como sat isfact ores de la necesidad fundament al de subsis-
t encia. Del mismo modo, la educación (ya sea formal o informal),
el est udio, la invest igación, la est imulación precoz y la medit a-
ción son sat isfact ores de la necesidad de entendimiento. Los
1. Si bien en la cultura judeocristiana, se nos ha dicho que "la ociosidad es la
madre de todos los vicios", creemos firmemente que tiene muchas virtudes.
De hecho, el Ocio y la Creación parecen ser inseparables si se interpreta al
primero como el "estado de conciencia y espíritu que invita a todas las
musas". Se puede encontrar una brillante argumentación en este sentido en la
obra de Bertrand Russell “In Praise of Idleness”. De cualquier manera, ocio
no es sinónimo de holgazanería.
40 41
sist emas curat ivos, la prevención y los esquemas de salud, en
general, son sat isfactores de la necesidad de prot ección.
No exist e correspondencia biunívoca entre necesidades y
sat isfactores. Un sat isfactor puede cont ribuir simult áneament e a
la sat i sfacción de diver sas necesi dades o, a la inver sa, una
necesidad puede requerir de diversos sat isfactores para ser
sat isfecha. Ni siquiera est as relaciones son fijas. Pueden variar
según t iempo, lugar y circunstancias.
Valga un ejemplo como ilust ración. Cuando una madre le da
el pecho a su bebé, a t ravés de ese act o, cont ribuye a que la
criat ura reciba sat isfacción simult ánea para sus necesidades de
subsist encia, prot ección, afecto e ident idad. La sit uación es
obviament e dist int a si el bebé es aliment ado de manera más
mecánica.
Habiendo diferenciado los concept os de necesidad y de
sat isfact or, es posible formular dos post ulados adicionales.
Primero: Las necesidades humanas fundamentales son
fini tas, pocas y clasi fi cabl es. Segundo: Las necesidades
humanas fundamentales (como las cont enidas en el sist ema
propuesto) son las mismas en todas las culturas y en todos
los períodos hi stóricos. Lo que cambia, a través del tiempo
y de las culturas, es la manera o los medios utili zados para
la satisfacción de las necesidades. (Ver «Fundament ación»,
páginas 45 a 51).
Cada sist ema económico, social y polít ico adopt a diferent es
est ilos para la sat isfacción de las mismas necesidades humanas
fundament ales. En cada sist ema, ést as se sat isfacen (o no se
sat isfacen) at ravés de la generación (o no generación) de diferen-
t es t ipos de sat isfact ores.
Uno de los aspect os que define una cult ura es su elección de
sat isfact ores. Las necesidades humanas fundamentales de un
indivi duo que pert enece a una sociedad consumi st a son las
mismas de aquel que pert enece a una sociedad ascét ica. Lo que
cambia es la elección de cant idad y calidad de los sat isfact ores,
y/o las posibilidades de t ener acceso a los sat isfactores requeri-
dos.
Lo que está culturalment e determinado no son las
necesidades humanas fundamental es, sino los sati sfactores
de esas necesidades. El cambio cult ural es –ent re otras cosas–
consecuencia de abandonar sat isfactores t radicionales para
reemplazarlos por ot ros nuevos y diferent es.
Desarrollo y necesidades humanas
Cabe agregar que cada necesidad puede sat isfacerse a niveles
diferent es y con dist int as int ensidades. Más aún, se sat isfacen en
t res cont extos: a) en relación con uno mismo (Eigenwelt); b) en
relación con el grupo social (Mitwelt); y c) en relación con el
medio ambiente (Umwelt). La calidad e int ensidad t ant o de los
niveles como de los cont ext os dependerá de t iempo, lugar y
circunst ancia.
La pobreza y las pobrezas.
El sist ema propuest o permit e la reint erpret ación del concepto de
pobreza. El concept o t radicional es limitado y rest ringido, puesto
que se refiere exclusivament e a la sit uación de aquellas personas
que pueden clasificarse por debajo de un det erminado umbral de
ingreso. La noción es est rict amente economicist a.
Sugerimos no hablar de pobreza, sino de pobrezas. De hecho,
cualquier necesidad humana fundament al que no es
adecuadament e sat isfecha revela una pobreza humana. La
pobreza de subsist encia (debido a aliment ación y abrigo
insuficient es); de prot ección (debido a sist emas de salud
ineficientes, a la violenci a, l a car rera ar mament i st a, et c.) ;
de afect o ( debi do al autorit arismo, la opresión, las relaciones
de explot ación con el medio ambient e nat ural, et c.); de
ent endimient o (debido a la deficiente calidad de. la educación); de
participación (debido a la marginación y discriminación de
mujeres, niños y minorías); de ident idad (debido a la imposición
de valores ext raños a cult uras locales y regionales, emigración
forzada, exilio polít ico, et c.) y así sucesivament e.
Pero las pobrezas no son sólo pobrezas. Son mucho más que
eso. Cada pobreza genera patologías, t oda vez que rebasa
lími tes crít icos de intensidad y duración. Est a es una observación
medular que conviene ilustrar.
Economía y patologías
La gran mayoría de los analist as económicos est arían de acuerdo
en que el crecimiento generalizado del desempleo, por una part e, y
la magnit ud del endeudamiento ext erno del Tercer Mundo, por
otra, const it uyen dos de los problemas económicos más
import ant es del mundo act ual. Para el caso de al gunos
paí ses de América Lat ina habría que agregar el de la
hiperinflación.
42 43
Desarrollo y necesidades humanas
Desempleo
A pesar de que el desempleo es un problema que, en mayor o
menor grado, siempre ha exist ido en el mundo indust rial, todo
parece indicar que nos est arnos enfrent ando a un nuevo t ipo de
desempleo, que t iende a permanecer y que, por lo t ant o, se est á
t ransformando en un componente est ruct ural del sist ema
económico mundial.
Es sabido que un individuo que sufre una prolongada
cesant ía cae en una especie de «mont aña rusa» emocional, la
cual comprende, por lo menos, cuatro et apas: a) shock,
b) opt imismo, c) pesimismo, d) fat alismo. La últ ima et apa
represent a la transición de la inact ividad a la frustración y de allí
a un est ado final de apatía donde la persona alcanza su más bajo
nivel de aut oest ima.
Es bast ant e evident e que la cesant ía prolongada pert urbará
tot alment e el sist ema de necesidades fundament ales de las
personas. Debido a los problemas de subsist encia, la persona se
sent irá cada vez menos prot egida; las crisis familiares y los
sent imientos de culpa pueden destruir las relaciones afect ivas; la
falt a de part icipación dará cabida a sent imientos de aislamiento
y marginación y la disminución de la autoest ima puede
fácilmente provocar crisis de ident idad.
La cesant ía prolongada produce pat ologías. Sin embargo,
est o no const it uye la peor parte del problema. Dadas las act uales
circunst ancias de crisis económicas generalizadas, es decir, dada
la magnit ud del problema, no podemos seguir pensando en
pat ologías individuales. Debemos necesariament e reconocer la
exist encia de pat ologías colect ivas de la frust ración, para
las cuales los t rat amient os aplicados han result ado hast a ahora
ineficaces.
Aun cuando son procesos económicos los que generan el
desempleo, una vez que ést e rebasa magnit udes crít icas, t amo en
cant idad como en duración, no hay trat amient o económico
alguno que sea capaz de resolver la problemát ica en que el
problema original se ha transformado. Como problemát ica
pert enece a una t ransdisciplina que aún no se ha comprendi do
ni organizado. Esto últ imo, en t érminos de un programa para el
fut uro, represent a el primer desafío. En lo que se refiere a
t endencias, est as pat ologías colect ivas aument arán.
Deuda externa
La deuda ext erna del Tercer Mundo t ambién será responsable de
otro t ipo de patologías colect ivas. Con el fin de mant ener al sistema
bancario internacional robusto y sano, una gran cantidad de países y sus
poblaciones t endrán que somet erse a cost a de quedar debilit ados y
enfermos.
El Presi dent e del Part i do Conservador Brit áni co, John
Gummer, señaló, a comienzos de 1985: «Est ados Unidos import a los
ahorros del rest o del mundo y exporta la inflación. Esto const it uye
un grave problema». Ahora bien, debido a un dólar americano
sobrevaluado y a tasas de interés exorbit ant es, las naciones
deudoras deberán pasar por todas las penurias para poder
maximizar sus ingresos por concept o de export aciones. Est e hecho,
inevit ablement e, se realizará a cost a de la depredación irreversible
de muchos recursos, del aument o de hambrunas y de un crecient e
empobrecimient o, no coyunt ural, sino estruct ural. Det erminar
cuales serán las t erribles patologías colect ivas que irán surgiendo en
los países pobres, como consecuencia de est a aberrant e sit uación, es
el segundo desafío.
Hiperinflación
La experiencia lat inoamericana demuestra que la hiperinflación
t ambién t rasciende la esfera económica y condiciona el conjunto de
la vida social. Durant e los últ imos años, países como Brasil,
Argent ina, Bolivia y Perú han sido psicosocialment e devast ados por
una moneda en la que sus usuarios confían cada vez menos. Más
allá de las consecuenci as económicas de deval uaciones diarias
(especulación financiera, disminución crónica de inversiones
product ivas, det erioro sist emát ico de salarios reales) la inflación
sost enida, a t asas anuales de t res y hast a cuat ro dígitos, erosiona la
confianza de. un pueblo, crea falsas expect at ivas que luego frust ra
violentament e, y despierta una profunda incertidumbre respect o del
fut uro. El t emor por la «salud» de la moneda irradia sent imient os
colect ivos de crecient e pesimismo respecto del paí s, del Est ado y
del f ut uro de cada persona. El agudo det erioro de la confianza
conlleva inseguridad y escept icismo generalizados, fenómenos
difíciles de revert ir, y con los cuales es aún más dif íci l const ruir
alt ernat ivas capaces de superar esa misma crisis inflacionaria.
La problemát ica de la hiperinflación no sólo t iene component es
44 45
Desarrollo y necesidades humanas
económicos, sino psi cológicos y soci ales además. El nuevo
concept o de inflación inercial reconoce precisament e que, en
part e, la inflación es consecuencia de la propia inflación. Es
decir, las expect at ivas inflacionarias det erminan que el
comportamiento de las personas sea t al, que acaba imprimiendo
aún más aceleración a la espiral inflacionaria, lo que es un
ejemplo claro de profecía aut ocumplida. De ahí que la única
manera eficaz de atacar esta problemát ica sea a t ravés de una
coherent e est rategia t ransdisciplinaria.
Hemos aport ado sólo t res ejemplos. Sin embargo, son
muchos más los procesos económicos que, concebidos y
diseñados en forma t ecnocrát ica y con visión reduccionist a,
generan pat ologías colect ivas. Los economist as, especialment e
los ubicados en posiciones de influencia, deberían hacer su propio
esfuerzo de honest a autocrít ica para descubrirlos y reconocerlos.
Ello implica, por cierto, asumir como principio algo que
pareciera olvidarse con demasiada frecuencia: que la economía
está para servir a las personas, y no las personas para venir a la
economía.
Política y patologías
Las persecuciones, product o de int olerancias polít icas, religiosas
y de ot ros t ipos, son t an ant iguas como l a humani dad. Sin
embargo, nuestro «logro» más novedoso es la t endencia de los
principales liderazgos polít icos act uales, de orient ar sus acciones a
generalizaciones t an increíblement e esquizofrénicas acerca del
«enemigo» que nos est án conduciendo direct ament e hacia el
omnicidio; es decir, hacia la posible mat anza de todos nosot ros.
El miedo
Dicha esquizofrenia polít ica no se encuent ra sólo a nivel de
confront aciones globales ent re los grandes poderes: t ambién se
dan casos similares en muchos niveles nacionales. Todos son
responsables de la generación de diversas patologías
colectivas del miedo.
Sugerimos aquí, en calidad de ejemplo, cuat ro t ipos de
pat ologías colect ivas del miedo, de acuerdo a su origen: a) por
confusión semánt ica originada en manipulaciones ideológicas;
b) por violencia; c) por aislamient o, exilio y marginación; y
d) por frust ración de proyectos de vi da. Segurament e hay
ot ros, pero ést os parecen suficient es a modo de ejemplo.
Los eufemismos
Los discursos del poder est án llenos de eufemismos. Las palabras
ya no se ajust an a los hechos. A lo que deberíamos llamar
aniquiladores, lo llamamos armas nucleares, corno si se t ratara
simplement e de versiones más poderosas de las armas
convencionales. Llamamos «mundo libre» a un mundo lleno de
ejemplos de las más obscenas inequidades y violaciones de los
derechos humanos. En nombre del pueblo se inst it uyen
si st emas donde el pueblo simplement e debe acat ar, de manera
obedient e, los dict ámenes de un Est ado Todopoderoso. Marchas
pacíficas de prot est a son severament e cast igadas y los que en
ellas part icipan son det enidos y condenados por «atent ar cont ra
el orden público y subvert irlo». Sin embargo, y al mismo t iempo,
las variadas formas de t errorismo de Est ado se aplican en nombre
de las leyes y el orden. Podrían llenarse muchas páginas con
ejemplos. El caso es que las personas dejan de comprender y, por
lo t anto, se t ransforman en cínicas, o bien en masas perplejas,
alienadas e impot ent es frent e a la realidad.
Violencia, marginación y exilio
La violencia pert urba direct ament e la necesidad de prot ección y,
de est e modo, da paso a una profunda ansiedad. Por ot ra part e, el
aislamient o, la marginación y el exilio polít ico dest ruyen la
ident idad de las personas y causan rupt uras familiares con
dest rucción de afect os, y generan sentimientos de culpa, a
menudo acompañados de fant asías o int entos reales de
aut oaniquilación. Además. la frust ración de los proyect os de vida
debida a una intolerancia polít ica aniquiladora de la libert ad,
dest ruye la capacidad creat iva de las personas, lo cual conduce
lent ament e, a part ir de un profundo resent imiento, a la apat ía y
pérdida de la autoest ima.
Nuest ro t ercer desafío consist e en reconocer y evaluar las
pat ologías colect ivas que los diversos sist emas socio-polít icos
son capaces de provocar –cada uno a su manera y con su propia
intensidad– como result ado del bloqueo sist emát ico de necesi-
dades t ales como ent endimient o, prot ección, ident idad, afecto,
creat ividad y libert ad.
46 47
Resumen
Lo que se ha sugerido en est a reflexión es que:
a) cualquier necesidad humana fundament al no sat isfecha de
manera adecuada produce una pat ología;
b) hast a el momento, se han desarrollado t rat amientos para
combat ir pat ologías individuales o de pequeños grupos;
c) hoy en día, nos vernos enfrentados a una cant idad de
pat ologías colect ivas que aument an de manera alarmant e, para
las cuales los t rat amient os aplicados han result ado ineficaces;
d) para una mejor comprensión de est as patologías colectivas
es preciso est ablecer las necesarias t ransdisciplinariedades.
La posibilidad de desarrollar diálogos fecundos ent re
disciplinas pert inent es para la adecuada int erpret ación de
problemát icas como las mencionadas const it uye el cuarto
desafío.
Nuevas patologías colect ivas se originarán en el cort o y largo
plazo si cont inuamos con enfoques tradicionales y ort odoxos. No
t iene sent ido sanar a un individuo para luego devolverlo a un
ambient e enfermo.
Cada di sciplina, en la medida en que se ha hecho más
reduccionist a y tecnocrát ica, ha creado su propio ámbito de
deshumanización. Volver a humanizamos desde dentro de cada
disciplina, es el gran desafío final. En ot ras palabras, sólo la
volunt ad de apert ura int elect ual puede ser el cimient o fecundo
para cualquier diálogo o esfuerzo t ransdisciplinario que t enga
sent ido y que apunte a la solución de las problemáticas reales que
afect an a nuest ro mundo act ual.
La humanización y la t ransdisciplinariedad responsables son
nuestra respuest a a las problemát icas y son, quizás, nuestra única
defensa. Si no asumimos el desafío, nadie será inocent e. Todos
seremos cómplices de generar sociedades enfermas. Y no hay
que olvidar aquello que América Lat ina ha aprendido a cost a de
mucho dolor; que... si «en el país de los ciegos el t uert o es rey»;
en «las sociedades enfermas son los necrófilos los que det ent an
el poder».
Sugerencias
Una línea de invest igación fecunda en relación a las t endencias
animadas por las estruct uras exist ent es es el est udio de proble-
máticas a fin de est imular enfoques y perspect ivas t ransdiscipli-
Desarrollo y necesidades humanas
narias. La crecient e complejidad de nuest ras sociedades requiere
de aproximaciones más amplias que las meramente
disciplinarias. De ello derivan exigencias metodológicas y
epist emológicas que será necesario ident ificar y responder.
Por últ imo, es imprescindible iniciar el reconocimient o de la
magnit ud y caract eríst icas de las patologías colect ivas propias de
la act ual crisis, y diferenciarlas conforme a cómo se expresan en
los dist intos órdenes socioeconómicos y polít icos que enfrent an
dicha crisis. Deberá t ambiént rabajarse en el diseño de indicado-
res capaces de expresar la evolución y profundidad de pat ologías
colect ivas que surgen de fenómenos t ales como el desempleo, la
hiperinflación, la marginalidad en sus dist int as manifest aciones
y la represión. Será necesario asimismo int roducir en los ámbitos
académicos y polít icos una reflexión más sist emát ica sobre las
pat ologías colect ivas, en el ent endimient o de que desbordan los
límit es de las disciplinas individuales.
Fundamentación
Necesi dades humanas: carencia y potenciali dad
Una polít ica de desarrollo orient ada hacia la sat isfacción de las
necesidades humanas, ent endidas en el sent ido amplio que aquí
les hemos dado, trasciende la racionalidad económica
convencional porque compromet e al ser humano en sut ot alidad.
Las relaciones que se est ablecen –y que pueden est ablecerse–
ent re necesidades y sus sat isfact ores, hacen posible construir
una filosofía y una polít ica de desarrollo aut ént icamente
humanist a.
Las necesidades revelan de la manera más apremiant e el ser
de las personas, ya que aquél se hace palpable a t ravés de ést as
en su doble condición exist encial: como carencia y como
pot encialidad. Comprendidas en un amplio sent ido, y no
limit adas a la mera subsist encia, las necesidades pat ent izan la
t ensión const ant e entre carencia y pot encia t an propia de los
seres humanos.
Concebir las necesidades t an solo como carencia implica
rest ringir su espect ro a lo purament e fisiológico, que es precisa-
ment e el ámbito en que una necesidad asume con mayor fuerza
y claridad la sensación de «falt a de algo». Sin embargo, en la
medida en que las necesidades compromet en, mot ivan y movili-
48 49
Desarrollo y necesidades humanas
zan a las personas, son t ambién pot encialidad y, más aún,
pueden llegar a ser recursos. La necesidad de part icipar es pot encial
de part i cipación, t al como l a necesi dad de af ect o es pot enci al
de afect o.
Acceder al ser humano a t r avés de las necesi dades permit e
t ender el puent e ent re una ant ropologí a f ilosóf ica y una
opción pol ít ica y de polít icas; t al parecía ser l a vol unt ad que
animó los esf uer zos int elect uales t ant o de Kar l Marx como
de Abr aham Maslow. Comprender l as necesi dades como
carencia y pot encia, y comprender al ser humano en función de
ellas así ent endi das, previ ene cont ra t oda reducción del ser
humano a la cat egoría de exist encia cerrada.
Así ent endi das l as necesi dades –como carenci a y
pot encia–result a impropio hablar de necesi dades que se
«sat isfacen» o que se «colman». En cuant o revelan un proceso
di al éct ico, const it uyen un movimi ent o incesant e. De all í que
qui zás sea más apropiado hablar de vivir y reali zar l as
necesi dades, y de vivir las y realizarlas de manera cont inua y
renovada.
Necesi dades humanas y sociedad
Si querernos def inir o eval uar un medio en función de l as
necesi dades humanas, no bast a con comprender cuáles son
l as posibili dades que el medio pone a di sposición de los gr upos
o de l as per sonas para reali zar sus necesi dades. Es preciso
examinar en qué medi da el medio repr ime, t olera o est imula
que las posi bil i dades di sponi bl es o dominant es sean
r ecr eadas y ensanchadas por los propios individuos o grupos que
lo componen.
Satisfactores y bienes económicos
Son los sat isfactores los que definen l a modali dad dominant e
que una cult ur a o una soci edad i mpr imen a l as necesi dades.
Los sat isfact ores no son los bienes económicos di sponi bl es
sino que est án referi dos a t odo aquello que, por represent ar
formas de ser, t ener, hacer y est ar , cont ri buye a la real ización
de necesi dades humanas. (Ver página 55). Pueden incluir, entre
otras, formas de organización, est r uct uras polít icas, pr áct icas
social es, condi ciones subjet ivas, valores y normas, espacios,
cont ext os, comport amient os y act it udes; t odas en una
t ensión permanent e ent r e consolidación y cambio.
La aliment ación es un sat i sfact or, corno t ambién puede serlo
una est ruct ura fami liar (de l a necesi dad de prot ección, por
ejempl o) o un or den pol ít ico ( de la necesi dad de part i cipación,
por ejemplo). Un mi smo sat i sfact or puede reali zar dist int as
necesidades en cult uras dist int as, o vivirse de manera divergent e por
las mismas necesidades en cont ext os diferent es.
El que un sat isfactor pueda t ener efectos dist int os en diversos
cont ext os depende no sólo del propio cont ext o, sino t ambién en
buena part e de l os bi enes que el medio genera, de cómo los
genera y de cómo organiza el consumo de los mismos. Ent endidos
como objetos y artefactos que permit en increment ar o mermar la
ef ici enci a de un sat i sfact or, los bienes se han convert i do en
element os det erminant es dent ro de l a civi lización indust rial. La
forma cor no se ha or gani zado la producción y apropiación de
bi enes económicos a lo l ar go del capit ali smo indust rial ha
condicionado de maner a abr umador a el t ipo de sat i sfact ores
dominantes.
Mient ras un sat isfact or es en sentido último el modo por el cual
se expresa una necesidad, los bienes son en sentido estricto el medio
por el cual el sujet o pot encia los sat isfactores para vivir sus
necesidades. Cuando la forma de producción y consumo de bienes
conduce a eri gir los bienes en fines en sí mi smos, ent onces la
pr esunt a sat isfacción de una necesidad empaña las pot encialidades
de vivirla en t oda su amplit ud. Queda, allí, abonado el t erreno para la
confirmación de una sociedad alienada que se embarca en una carrera
product ivista sin sent ido. La vida se pone, entonces, al servicio de los
artefactos en vez de los art efact os al servicio de la vida. La pregunta
por la calidad de vida queda recubiert a por la obsesión de increment ar
la product ividad de los medios.
La const rucción de una economía humani st a exi ge, en est e
marco, un import ant e desaf ío t eórico, a saber : ent ender y
desent r añar l a dial éct ica ent r e necesi dades, sat i sf act or es y
bi enes económicos. Est o, a fin de pensar formas de organización
económi ca en que l os bi enes pot encien sat i sf act ores para
vivir l as necesidades de manera coherent e, sana y plena.
La sit uación obli ga a repensar el cont ext o social de las
necesidades humanas de una manera radicalment e dist int a de como ha
sido habit ualment e pensado por planificadores sociales y por
diseñadores de polít icas de desarrollo. Ya no se trat a de relacionar
necesidades solament e con bienes y servicios que presunt ament e las
50 51
Desarrollo y necesidades humanas
sat isfacen, sino de relacionarlas además con práct icas sociales,
formas de organización, modelos políticos y valores que repercut en
sobre las formas en que se expresan las necesidades.
Para una t eoría crít ica de la sociedad no bast a especificar
cuáles son los sat isfact ores y bienes económicos dominant es al
interior de ella, sino presentarlos además como product os
históricament e const it uidos y, por lo t ant o, suscept ibles de ser
modificados. Por consiguient e, es necesario rastrear el proceso
de creación, mediación y condicionamient o ent re necesidades,
sat isfact ores y bienes económicos.
La rei vindi cación de lo subjeti vo
Suponer una relación directa entre necesidades y bienes
económicos permit e la const rucción de una disciplina
objet iva, t al corno la economía t radicional supone serlo. Es
decir, de una di sciplina mecanicist a en que el supuest o cent ral es
el de que las necesidades se manifiest an a t ravés de la demanda
que, a su vez, est á det erminada por las preferencias individuales
en relación a los bienes producidos. El incluir los sat isfactores
como part e del proceso económico implica reivindicar lo
subjet ivo más allá de las puras preferencias respecto de objetos y
artefactos.
Podemos comprender cómo se viven las necesidades en
nosot ros mismos y en nuest ro medio: grupo familiar,
comunit ario o social, sist ema económico, modelo socio-polít ico,
est rat egias de vida, cult ura o nación. Podemos t rat ar de entender
cómo se relacionan en nuestro medio los sat isfactores y bienes
económicos dominant es con las formas de sent ir, expresar, y
act uar nuestras necesidades. Podemos det ect ar cómo los
sat isfactores y bienes disponibles o dominant es limit an,
condicionan, desvir t úan o, por el contrario, est imulan nuest ras
posibilidades de vivir las necesidades humanas. Podemos, sobre
esa base, pensar las formas viables de recrear y reorganizar los
sat isfactores y bienes de manera que enriquezcan nuest ras
posibilidades de realizar las necesidades y reduzcan nuest ras
posibilidades de frust rarlas.
Las formas en que vivimos nuest ras necesi dades son,
en últ imo t érmino, subjet ivas. Parecería, ent onces, que t odo
j uicio universal izador podr ía pecar de ar bit rario. Tal
objeción bien podría surgir desde la t rinchera del posit ivismo.
La ident ificación que el posit ivismo hace de lo subjet ivo con
lo part icular, si bien pone de manifiest o el fracaso histórico del
idealismo absolut o, const it uye para las ciencias sociales una
espada de Damocles. Cuando el objet o de est udio es la relación
ent re seres humanos y sociedad, la universalidad de lo subjet ivo
no se puede soslayar.
El caráct er social de la subjet ividad es uno de los ejes de la
reflexión sobre el ser humano concret o. No exist e imposibilidad
de juzgar sobre lo subjet ivo. Lo que exist e, más bien, es miedo
a las consecuencias que pueda t ener t al discurso. Un caso claro
lo encontramos en la t eoría económica, desde los neoclásicos
hast a los monetarist as, donde para no hablar de necesidades se
acuña la noción de preferencias. Tras est a opción se revela el
marcado recelo hacia lo universal-subjet ivo y a las consecuencias
de asumirlo, sobre t odo si se t rata de defender una economía de
libre mercado. Las preferencias se definen en el ámbit o de lo
subjet ivo-part icular, son compet encia de cada persona, y no
amenazan, por lo t ant o los supuestos de la racionalidad del
mercado. Hablar, en cambio, de necesidades humanas
fundament ales obliga a sit uarse desde la part ida en el plano de
lo subjet ivo-universal, lo cual t orna est éril cualquier enfoque
mecanicist a.
La forma en que se expresan las necesidades a través de los
sat isfactores varía a lo largo de la historia, de acuerdo a cult uras,
referent es sociales, est rat egias de vida, condiciones económicas,
relaciones con el medio ambiente. Est as formas de expresión
t ocan t anto lo subjet ivo como lo objet ivo, pero est án permeadas
por la sit uación histórica del vivir de las personas. De ahí que los
satisfactores son lo histórico de las necesidades y los bienes
económicos su materialización.
Necesi dades humanas: tiempo y ri tmos
Por carecer de la necesaria evidencia empírica, no podemos afirmar
a ciencia ciert a que las necesidades humanas fundament ales son
permanentes. Sin embargo, nada nos impide hablar de su caráct er
social-universal, en t anto necesidades cuya realización result a de-
seable a cualquiera, y cuya inhibición, t ambién para cualquiera, ha
de result ar indeseable. Al reflexionar en tomo a las nueve necesida-
des fundament ales propuestas en nuestro sist ema, el sent ido común,
acompañando de algún conocimiento antropológico, nos indica que
52 53
segurament e las necesidades de subsist encia, prot ección, afecto,
ent endimiento, part icipación, ocio y creación est uvieron present es
desde los orígenes del «Horno habilis» y, sin duda, desde la aparición
del «Horno sapiens».
Probablement e en un estadio evolut ivo post erior surgió la
necesidad de identidad y, mucho más tarde, la necesidad de libertad.
Del mismo modo es probable que en el fut uro la necesidad de
t rascendencia, que no incluimos en nuestro sist ema por no
considerarla todavía t an universal, llegue a serlo t ant o como las
otras.
Parece legít imo, ent onces, suponer que las necesidades
humanas cambian con la aceleración que corresponde a la
evolución de la especie humana. Es decir, a un ritmo sumament e
lento. Por est ar imbricadas a la evolución de la especie, son
t ambién universales. Tienen una t rayect oria única.
Los sat isfactores t ienen una doble trayect oria. Por una part e
se modifican al ritmo de la hist oria y, por ot ra, se diversifican de
acuerdo a las cult uras y las circunst ancias, es decir, de acuerdo
al rit mo de las dist int as historias.
Los bienes económicos (art efact os, t ecnologías) t ienen una
t riple t rayectoria. Se modifican a rit mos coyunt urales, por una
part e, y, por la ot ra, se diversifican de acuerdo a las cult uras; y
dentro de ést as, se diversifican de acuerdo a los diversos estrat os
sociales.
Podríamos decir, quizás, que las necesidades humanas fun-
dament ales son at ributos esenciales que se relacionan con la
evolución; los sat isfactores son formas de ser, t ener, hacer y estar
que se relacionan con est ruct uras; y los bienes económicos son
objetos que se relacionan con coyunt uras.
Los cambios evolut ivos, los cambios est ruct urales y los
cambios coyunt urales ocurren con velocidades y rit mos
dist int os. La t endencia de la historia coloca al ser humano en un
ámbit o crecient ement e arrít mico y asincrónico en que los
procesos escapan cada vez más a su control. Est a sit uación ha
llegado act ualment e a niveles ext remos.
Es t al la velocidad de producción y diversificación de los
artefactos, que las personas aument an su dependencia y crece su
alienación a t al punt o, que es cada vez más frecuent e encontrar
bienes económicos (art efact os) que ya no pot encian la
sat isfacción de necesidad alguna, sino que se t ransforman en
fines en sí mismos.
Desarrollo y necesidades humanas
En algunos de los sectores marginados por la crisis, y en grupos
cont est at arios a los est ilos de desarrollo dominant es, es que se
generan procesos contrahegemónicos en que sat isfact ores y bienes
económicos vuelven a subordinarse a la act ualización de las
necesidades humanas. Es en esos sectores donde podemos
encont rar ejemplos de comportamientos sinérgicos que, de alguna
manera, aport an un germen de posible respuesta a la crisis que nos
apabulla. Esos procesos, dignos de est udiarse y ent enderse, se
analizan en la t ercera part e de est e documento.
Bases para una si st emat i zación posibl e
Una taxonomí a de l as necesi dades humanas
Tal como ya quedo dicho, lo que precisamos es una t eoría de las
necesidades para el desarrollo. Eso nos plant ea la exigencia de
const ruir una t axonomía de necesidades humanas que nos sirva
como inst rument o de polít ica y de acción.
Sin duda exist en muchas maneras de clasificar necesidades, y
todas ellas dependen de los propósit os que con la clasificación se
persigan. De allí que t oda t axonomía deba considerarse como
provisoria, abiert a y sujeta a cambios en la medida en que surjan
nuevas razones o evidencias para hacerlos. Para los propósit os del
desarrollo, una t axonomía pluridimensional que dist inga
clarament e ent re necesidades y sat isfactores es una herramient a
út il y fact ible. Lament ablement e, en la formulación de dicha
t axonomía nunca podremos est ar al resguardo de la objeción de
arbit rariedad. Pero considerando que el esfuerzo es, de t odas
maneras, imprescindible, podemos reducir el riesgo si respetamos
los siguient es requisit os:
a) La taxonomía debe ser comprensible: las necesidades
enumeradas deben ser fácilment e reconocibles e ident ificadas
como propias.
b) La taxonomía debe combinar amplitud con
especi ficidad: debe llegarse a un número reducido de
necesidades clarament e enunciables (una palabra para cada
necesidad), pero capaces de crear en su conjunt o un universo
suficient ement e amplio para que cualquier necesidad
fundamental vivida pueda remit irse a él.
c) La taxonomía debe ser operati va: para t odo sat i sfact or
exist ent e o pensable, una o más de las necesidades enunciadas ha
54 55
de aparecer como necesidad objet ivo del sat isfactor. Lo que debe
pret enderse es que la t axonomía haga posible el análisis de la
relación entre necesidades y formas en que ellas se sat isfacen.
d) La taxonomía debe ser potencialmente crít ica: no
bast a que la t axonomía remit a sat isfactores a necesidades. Es
preciso t ambién poder det erminar las necesidades para las cuales
no exist en sat isfactores deseables o sat isfact ores que dest ruyen o
inhiben la realización de necesidades.
e) La taxonomía debe ser potencialmente propositiva: en la
medida en que sea crít ica y capaz de detect ar insuficiencias en la
relación ent re sat isfactores disponibles y necesidades vividas, la
t axonomía debe servir de resort e para pensar un orden alt ernat ivo
capaz de generar y foment ar sat isfactores para las necesidades de
todas las personas —y de t odo la persona— y sust it uir satisfactores
excluyent es, que sacrifican unas necesidades, por ot ros, más
comprehensivos, que combinen la sat isfacción de varias necesi-
dades.
La t axonomía propuest a represent a una opción. Está referida al
desarrollo y la consideramos operacional para el desarrollo.
Además sat isface los requi sit os enunciados. Sin embargo, aún
así debe considerarse como propuest a abierta, suscept ible de ser
perfeccionada.
Necesi dades, satisfactores y bienes económicos
En el cont ext o de nuestra propuest a ha de ent enderse, como ya
quedó dicho, que las necesidades no sólo son carencias sino
t ambién, y simult áneament e, pot encialidades humanas
individuales y colect ivas.
Los sat isfactores, por ot ra part e, son formas de ser, t ener,
hacer y estar, de carácter individual y colect ivo, conducent es a la
act ualización de necesidades.
Bienes económicos, por últ imo, son objetos y art efactos que
permit en afect ar la eficiencia de un sat isfact or, alt erando así el
umbral de act ualización de una necesidad, ya sea en sent ido
posit ivo o negat ivo.
Una matriz de necesidades y satisfactores
La int errelación ent re necesidades, sat isfact ores y bienes econó-
micos es permanent e y dinámica. Entre ellos se desencadena una
Desarrollo y necesidades humanas
dial éct ica hist órica. Si, por una part e, los bienes económicos
t ienen la capacidad de afect ar la eficiencia de los sat isfactores,
ést os, por ot ra part e, serán determinant es en la generación y
creación de aquéllos. A t ravés de est a causación recíproca se
conviert en, a la vez, en parte y en definición de una cultura, y
en determinant es de los est ilos de desarrollo.
Los sat isfact ores pueden ordenarse y desglosarse dent ro de
los cruces de una matriz que, por un lado, clasifica las
necesidades según las cat egorías exist enciales de ser, t ener, hacer
y est ar; y por el ot ro, las clasifica según categorías axiológicas de
subsi st encia, prot ección, afect o, ent endimiento, part icipación,
ocio, creación, ident idad y libert ad. (Ver Cuadro 1, pág. 58)
La mat riz que se present a en el Cuadro 1 no es de ninguna
manera normat iva. Es sólo un ejemplo de t ipos de sat isfactores
posibles. De hecho, cada persona o cada grupo puede construir y
llenar la suya según sea su cult ura, su t iempo, su lugar o sus
circunst ancias, o bien según sus limit aciones o sus aspiraciones.
De la observación de los dist int os casilleros de la matriz que
cont ienen propuest as de sat isfactores posibles, se desprende que
muchos de los sat isfact ores indicados pueden dar origen a
diversos bienes económicos. Si se escoge, por ejemplo, el casillero
15 que indica formas del hacer para sat isfacer la necesidad de
entendimiento, se encuent ran sat isfact ores como invest igar,
est udiar, experiment ar, educar, analizar, medit ar e int erpret ar.
Ellos dan ori gen a bienes económicos, según sea la cult ura y
sus recursos, t ales como libros, instrumentos de laboratorio,
herramient as, comput adoras y ot ros art efactos. La función de est os
es, ciert ament e, la de pot enciar el hacer del entendimiento.
Ejempl os de satisfactores y sus atri butos
La mat riz que se propone es sólo un ejemplo que no agot a los
t ipos de sat isfact ores posibles. De hecho, los sat isfact ores pueden
t ener diversas caract eríst icas que abarcan un amplio abanico de
posibilidades. Proponemos dist inguir para fines analít icos al
menos cinco t ipos, a saber: a) violadores o destructores;
b) pseudo-sat isfact ores; c) sat isfact ores inhibidores; d)
sat isfact ores singulares; y e) sat isfactores sinérgicos. (Ver
Cuadros 2 al 6)
56 57
Necesidades
según categorías
axiológicas
Ser Tener Hacer Estar
SUBSISTENCIA 1/ 2/ 3/ 4/
Salud física,
salud mental,
equilibrio,
solidaridad,
humor,
adaptabilidad
Ali mentación,
abrigo, trabajo
Ali mentar,
procrear,
descansar,
trabajar
Entorno vital,
entorno social
PROTECCION 5/ 6/ 7/ 8/
Cuidado,
adaptabilidad,
autonomía,
equilibrio,
solidaridad
Sistemas de
seguros, ahorro,
seguridad social,
sistemas de
salud,
legislaciones,
derechos, familia,
trabajo
Cooperar,
prevenir,
planificar, cuidar,
curar, defender
Contorno vital,
contorno social,
morada
AFECTO 9/ 10/ 11/ 12/
Autoestima,
solidaridad,
respeto,
tolerancia,
generosidad,
receptividad,
pasión,
voluntad,
sensualidad,
humor
Ami stades,
parejas,
familia, animales
domésticos,
plantas,
jardines
Hacer el amor,
acariciar,
expresar
emociones,
compartir, cuidar,
cultivar, apreciar
Privacidad,
intimidad, hogar,
espacios de
encuentro
ENTENDIMIENTO 13/ 14/ 15/ 16/
Conciencia
crítica,
receptividad,
curiosidad,
asombro
discipl ina,
intuición,
racionalidad
Literatura,
maestros,
método, políticas
educacionales,
políticas
comunicacionales
Investigar,
estudiar,
experimentar,
aduar, analizar,
meditar,
interpretar
Ambitos de
interacción
formativa:
escuelas,
universidades,
academias,
agrupaciones,
comunidades,
familia
PARTICIPACION 17/ 18/ 19/ 20/
Adaptabilidad,
receptividad,
solidaridad,
disposición,
convicción,
entrega,
respeto, pasión,
humor
Derechos,
responsabilidades,
obligaciones,
atribuciones,
trabajo
Afil iarse,
cooperar,
proponer,
compartir,
discrepar, acatar,
dialogar, acordar,
opinar
Ambitos de
interacción
participativa:
cooperativas,
asociaciones,
iglesias,
comunidades,
vecindarios,
familia
Necesidades
Según categorías
existenciales
Desarrol l o y ne cesi d ades hu manas
Cua dr o 1 Mat r i z de ne ces i da de s v s at i sf act or e s*
Necesidades
según categorías
axiológicas
Ser Tener Hacer
Estar
OCIO 21/ 22/ 23/ 24/
Curiosidad,
receptividad,
imaginación,
despreocupación,
humor,
tranquilidad,
sensualidad
Juegos,
espectáculos,
fiestas, calma
Divagar,
abstraerse,
soñar, añorar,
fantasear, evocar,
relajarse,
divertirse,
jugar
Privacidad,
intimidad,
espacios de
encuentro, tiempo
libre, ambientes,
paisajes
CREACION 25/ 26/ 27/ 28/
Pasión, voluntad,
intuición,
imaginación,
audacia,
racionalidad,
autonomía,
inventiva,
curiosidad
Habilidades,
Destrezas,
método,
trabajo
Trabajar, inventar,
construir, idear,
componer, diseñar.
interpretar
Ambitos de
producción y
retroalimentación,
talleres, ateneos,
agrupaciones,
audiencia,
espacios de
expresión, libertad
temporal
IDENTIDAD 29/ 30/ 31/ 32/
Pertenencia,
coherencia
diferencia,
autoestima,
asertividad
Símbolos,
lenguaje,
hábitos,
costumbres,
grupos
de referencia,
sexualidad,
valores,
normas, roles,
memoria histórica,
trabajo
Comprometerse,
integrarse,
confundirse,
definise,
conocerse,
reconocerse,
actualizarse,
crecer
Socio-rit mos,
entornas de la
cotidianeidad,
ámbitos de
pertenencia,
etapas
madurativas
LIBERTAD 33/ 34/ 35/ 36/
Autonomía,
autoestima,
voluntad, pasión,
asertividad,
apertura,
determinación,
audacia, rebeldía,
tolerancia
Igualdad de
derechos
Discrepar, optar,
diferenciarse,
arriesgar,
conocerse,
asumirse,
deobedecer,
meditar
Plasticidad
espacio-temporal
* La columna del SER registra atributos, personales o colectivos, que se
expresan co mo sustantivos. La columna del TENER, registra instituciones,
normas, mecanismos, herramientas (no en sentido material), leyes , etc, que
pueden ser expr esados en una o más palabras. La columna del HACER
registra acciones, personales o colectivas que pueden ser expresadas como
verbos. La columna del ESTAR registra espacios y ambientes.
58 59
Necesidades
Según categorías
existenciales
Desarrollo y necesidades humanas
Cuadro 2 Violadores o destructores Cuadro 3 Pseudo-sat isfact ores
I. Armamentismo Protección
2. Ex ilio Protección
3. Doct rina de Protección
Seguridad Nacional
4. Censura Protección
5. Buroc racia Protección
6. Autoritarismo Protección
Subsist encia, Afect o, Partici pa-
ción, Libertad.
Afecto, Participación, Identidad
Libertad.
Subsistencia, Identidad,
Afecto, Entendimiento,
Participación, Libertad.
Entendimiento, Participación,
Ocio, Creación, Identidad,
Libertad.
Entendimiento, Afecto,
Participación, Creación,
Identidad, Libertad.
Afecto, Entendimiento,
Participación, Creación,
Identidad, Libertad.
Satisfactor
1. Medicina mecanicista: «A pill for every ill»
2. Sobreex plotación de recursos naturales
3. Nacionalismo chauvinista
4. Democracia formal
5. Estereotipos
6. Indicadores económicos agregados
7. Dirigismo cultural
8. Prostitución
9. Símbolos de status
10. Productivismo eficientista obsesivo
11. Adoctrinamiento
12. Limosna
13. Modas
Necesidad que aparenta satisfacer
Protección
Subsistencia
Identidad
Participación
Entendimiento
Entendimiento
Creación
Afecto
Identidad
Subsistencia
Entendimiento
Subsistencia
Identidad
Supuest o satisf actor Necesidad que se Necesidad cuya
pretende s atisfacer satisfacción imposibilita
Destructores
Los violadores o destructores son element os de efect o paradojal.
Al ser aplicados con la int ención de sat isfacer una det erminada
necesidad, no sólo aniquilan la posibilidad de su sat isfacción en
un plazo mediat o, sino que imposibilit an, por sus efect os cola-
t erales, la sat isfacción adecuada de ot ras necesidades. Est os
elementos paradojales parecen est ar vinculados preferencial ment e a
la necesidad de protección. Est a necesidad puede provocar
comport amientos humanos aberrant es, en la medida en que su
insat isfacción va acompañada del miedo. El atribut o especial de
los violadores es que siempre son impuest os. (Cuadro 2)
Pseudo-satis factores
Los pseudo-satisfactores son elementos que est imulan una falsa
sensación de sat isfacción de una necesidad det erminada. Sin la
agresividad de los violadores o dest ruct ores, pueden en ocasio-
nes aniquilar, en un plazo mediato, la posibilidad de sat isfacer la
necesidad a que originalment e apunt an. Su at ribut o especial es
que generalment e son inducidos a t ravés de propaganda, publi-
cidad u ot ros medios de persuasión. (Cuadro 3)
60 61
Satisf actor Necesidad que satisface
1. Paternalismo Protección Entendimiento, Participación,
Libertad, Identidad.
2. Familia sobreprotectora Protección Afecto, Entendimiento,
Participación, Ocio, Identidad,
Libertad.
3. Producción tipo Taylorista Subsistencia Entendimiento, Participación,
Creación, Identidad, Libertad.
4. Aula autoritaria Entendimiento Participación, Creación,
Identidad, Libertad.
5. Mesianismos
(Milenarismos)
Identidad Protección, Entendimiento,
Participación, Libertad.
6. Permisividad ilimitada Libertad Protección, Afecto, Identidad,
Participación.
7. Competencia
económica obsesiva
Libertad Subsistencia, Protección,
Afecto, Participación, Ocio.
8. Televisión comercial Ocio Entendimiento, Creación,
Identidad.
Desarrollo y necesidades humanas
Cua dr o 4 Sat i sf act or es i nhi bi dor es Cuadr o 5 Sat i sf act or es si ngul ar es
1. Programas de s umi nist ro de aliment os Subsistencia
1. Programas asistenciales de vivienda Subsistencia
2. Medici na c urativ a Subsistencia
3. Sistemas de s eguros Protección
4. Ejérci tos prof esionales Protección
5. Voto Participación
6. Espect ácul os deportivos Ocio
7. Nacionalidad Identidad
8. Tours di rigi dos Ocio
9. Regalos Afecto
Inhibidores
Los satisfact ores inhibi dores son aquellos que por el modo en
que sat isfacen (generalment e sobresati sfacen) una necesidad
det ermi nada, di fi cult an seri ament e l a posibi lidad de sati sfacer
otras necesidades. Su atributo es que salvo excepciones, se hallan
ri t uali zados, en el senti do de que suel en emanar de hábi tos
arraigados. (Cuadro 4)
Satisfactores singulares
Los satisfactores singulares son aquell os que apunt an a l a
satisfacción de una sola necesidad, siendo neutros respecto a la
satisfacción de otras necesidades. Son caract erísti cos de los pl anes y
programas de desarrollo, cooperación y asistencia. Su principal
atributo es el de ser institucionali zados, ya que t ant o en l a
organi zación del Estado como en la organización civil, su generación
suele estar vinculada a instituciones, sean estas Ministerios, otras
reparticiones públicas o empresas de diverso tipo. (Cuadro 5)
62 63
Satisfactor
Necesi dad Necesidad cuya satisfacción se
inhibe
1. Lactancia materna Subsistencia
Protección, Afecto, Identidad
2. Producción autogestionada Subsistencia Entendimiento,Participación,
Creación, Identidad, Libertad.
3. Educación popular Entendimiento Protección, Participación,
Creación, Identidad, Libertad.
4. Organizaciones
comunitarias democráticas
Participación Protección, Afecto, Ocio,
Creación, Identidad, Libertad.
5. Medicina descalza Protección Subsistencia, Entendimiento,
Participación.
6. Banca descalza Protección Subsistencia, Participación,
Creación, Libertad.
7. Sindicatos democráticos Protección Entendimiento,Participación,
Identidad.
8. Democracia directa Participación Protección, Entendimiento,
Identidad, Libertad.
9. Juegos didácticos Ocio Entendimiento, Creación.
10. Programas de
autoconstrucción
Subsistencia Entendimiento,Participación.
11. Medicina preventiva Protección Entendimiento,Participación,
Subsistencia.
12. Meditación Entendimiento Ocio, Creación, Identidad.
13. Televisión cultural Ocio Entendimiento
Desarrollo v necesidades humanas
Cuadro 6 Sat isfact ores sinérgicos
Satisfactor Necesidad Necesidad cuya satisfacción
estimula
Satisfactores sinérgicos
Los satisfact ores si nérgi cos
1
son aquellos que por l a forma en
que satisfacen una necesidad determinada, estimulan y contribuyen
1. Sinergia significa el comportamiento de un sistema completo, que resulta
impredecible a partir del comportamiento de cualquiera de sus partes tomadas
aisladamente. Fueron los químicos los primeros en reconocer la sinergia,
cuando descubrieron que toda vez que aislaban un elemento complejo, o
separaban átomos o moléculas de un compuesto, las partes separadas y sus
comportamientos singulares jamás lograban explicar el comportamiento de
todas las partes asociadas. En este sentido, la sinergia connota una forma de
potenciación, es decir, un proceso en el que la potencia de los elementos
asociados es mayor que la potencia sumada de los elementos tomados
aisladamente.
a la sat isf acción simult ánea de ot ras necesi dades. Su
princi pal at ribut o es el de ser cont rahegemónicos en el
sent i do de que reviert en racional idades dominant es t ales
como las de compet encia y coacción. (Cuadro 6)
Satisfactores exógenos y endógenos
Los sat i sfact ores cor respondient es a las primeras cuat ro
cat egorías, por ser habit ualment e impuest os, inducidos,
rit ualizados o inst it ucional i zados son en alt o gr ado
exógenos a la sociedad civil , ent endi da ést a como
comuni dad (Gemeinschaft) de personas li bres capaces,
pot encialment e o de hecho, de di señar sus propios
proyect os de vi da en común. En t al sent i do se t r at a de
sat isf act ores que han si do t radi cionalment e impulsados de
arri ba hacia abajo. La últ ima cat egor ía, en cambio, revela
el devenir de procesos l iberadores que son product o de
act os volit ivos que se i mpul san por l a comuni dad desde
abajo hacia arri ba. Es eso lo que los hace
cont rahegemónicos, aún cuando en ci ert os casos
t ambién pueden ser or i ginados en procesos impulsados
por el Est ado.
El que el Est ado l at inoamer icano sea capaz de mut ar su
rol t radi cional de generador de sat i sfact ores exógenos a la
sociedad civil , en est imulador y pot enciador de procesos
emanados desde abajo hacia arri ba, es j ust ament e uno de
los propósit os principal es del Desarr ol lo a Escal a
Humana. P art i cularment e en las condi ciones
t remendament e r est r ict ivas que impone la cr i si s act ual ,
el aument o de los niveles de aut odependenci a local ,
r egional y nacional debi er a ent ender se como met a
alt ament e priorit aria. Pero t ambién es preci so ent ender que
la mejor manera de alcanzar t al met a es a t ravés de l a
gener ación de pr ocesos sinér gicos en t odos los niveles.
La t ercera part e de est e Informe se ocupa pr ecisament e de
descri bir al gunas formas de desencadenar tales procesos.
El hecho de que var ios de los sat i sfact ores que se
dan de ejemplo en los cuadros no aparezcan en la mat ri z,
se debe a que l os de l os cuadros t ienen un mayor nivel
de especif ici dad. La mat riz, recuérdese, es sólo ilust rat iva y
no normat iva.
64 65
Desarrollo y necesidades humanas
Apli caci ones de la matriz
La sist emat ización propuest a es aplicable para fines de
diagnóst ico, planificación y evaluación. La mat riz de
necesidades y sat isfact ores puede servir, en primera instancia, de
ejercicio participat ivo de aut o-diagnóst ico de grupos insertos en el
espacio local. A t ravés de un proceso de diálogo int eract ivo –
preferent emente con la presencia de un promotor que haga las
veces de element o cat alizador– el grupo puede ir ident ificando
sus caract eríst icas act uales en la medida en que sus int egrant es
vayan llenando los respect ivos casilleros.
El result ado del ejercicio permit irá al grupo tomar conciencia
de sus carencias y pot encialidades más profundas. Una vez
visualizada la sit uación act ual, pueden repet ir el ejercicio en
t érminos proposit ivos. Es decir, en t érminos de qué sat isfactores
serían necesarios para la más adecuada sat isfacción de las
necesidades fundament ales del grupo. En la medida en que los
sat isfact or es se vayan i dent i fi cando con cr eci ent es
nivel es de especifici dad, deberán post eriorment e ser
analizados cr ít icament e por el grupo en cuanto a sus
caract eríst icas y at ributos, para est ablecer si son –o deben ser–
generados exógenament e o si pueden ser generados por la propia
comunidad. Tal análisis revelará la capacidad pot encial de
aut odependencia que puede lograrse en ese espacio local. El
mismo análisis, al examinar las caract eríst icas de los sat isfactores
propuest os, permit irá al grupo evaluar sus efect os posit ivos si son
singulares o sinérgicos, y sus efectos negat ivos si son violadores,
inhibidores o pseudo-sat isfact ores.
La et apa siguient e consist irá en const atar las posibilidades de
acceso a los bienes económicos necesarios. Es decir, a los
recursos mat eriales como capit al, t ecnologías y art efact os.
El ej ercicio propuest o t iene una doble virt ud. En pr imer
lugar, permit e hacer operat iva, a niveles locales, una est rat egia
de desarrollo orient arla hacia la satisfacción de las necesidades
humanas. En segundo t érmino, por sus propias caract eríst icas,
result a educador, creat ivo, part icipat ivo y generador de
conciencia crít ica. En otras palabras, el mét odo es por sí mismo
generador de efect os sinérgicos.
La t écnica descrita no se circunscribe solament e a su aplica-
ción en los espacios locales. Es igualment e ut ilizable a niveles
regionales y nacionales. En los espacios locales asume la forma
de un proceso part icipativo lo más amplio posible, en que puedan
expresarse t ant o los ámbit os económicos, polít icos, sociales y
cult urales de la comunidad, como los diversos est amentos
conformados por jóvenes, mujeres, adult os, ancianos y ot ros
grupos represent at ivos.
En el plano regional el ejercicio debe ser realizado por un
equipo cuidadosament e seleccionado que no sólo represent e los
dist intos ámbitos del quehacer regional, sino que, por su
represent at ividad, conjugue los int ereses t anto públicos como
privados. En la esfera nacional el equipo debe asumir,
inevit ablement e, caract eríst icas transdisciplinarias, dada la
complejidad que asumen las problemát icas vist as desde el
ámbit o global.
Articulación y rescate de la diversidad
De est e modo un proceso int eract ivo que va desde lo local hast a
lo nacional, pasando por lo regional, exige elaborar metodologías
apropiadas que permitan compat ibilizar en una art iculación
armónica las visiones, aspiraciones y propuest as surgidas de los
dist intos espacios. En la t ercera parte de este documento se hacen
algunas propuest as en ese sent ido.
Un desarrollo orient ado hacia la sat isfacción de las
necesidades humanas no puede, por definición, est ruct urarse
desde arriba hacia abajo. No puede imponerse por ley ni por
decreto. Sólo puede emanar direct amente de las acciones,
aspiraciones y conciencia creat iva y crít ica de los propios
actores sociales que, de ser tradicionalment e objetos de
desarrollo, pasan a asumir su rol prot agónico de sujet os. El
caráct er cont rahegemónico que t iene el Desarrollo a Escala
Humana no implica necesariament e agudizar el conflicto entre
Est ado y sociedad civil. Por el cont rario, int ent a demostrar, a
t ravés del mét odo propuesto, que el Est ado puede. asumir un rol
est imulador de procesos sinérgicos a part ir de los espacios
locales, pero con capacidad de abarcar todo el ámbito nacional.
El rescat e de la diversidad es el mejor camino para est imular
los pot enciales creat ivos y sinérgicos que exist en en toda socie-
dad. De allí que parece aconsejable y coherente acept ar la
coexist encia de dist intos est ilos de desarrollo regionales dent ro
de un mismo país, en vez de insist ir en la prevalencia de «est ilos
nacionales» que han demostrado ser hast a ahora eficient es para
66 67
Desarrollo y necesidades humanas
el enriquecimiento de algunas regiones a cost a del
empobrecimient o de ot ras. Los «est ilos nacionales» est án
concebidos en su mayor part e con el propósit o de reforzar o
mant ener la unidad nacional. No debe, sin embargo, olvidarse
que la unidad no significa uniformidad. Puede exist ir una base
más sólida para la unidad real cuando un cúmulo de pot enciales
cult urales afloran libre y creat ivament e, cont ando con las
oport unidades, el respaldo técnico y el est ímulo para hacerlo.
Notas sobre metodología
El esfuerzo por comprender
Desde la publicación en 1986 de la primera versión de Desarrollo
a Escala Humana, se logró acumular una considerable
experiencia en lo relat ivo a la ut ilización de la mat riz de
necesidades y sat isfactores (descritos en el capít ulo ant erior)
con fines analít icos, con dist int os grupos en diferent es países.
La met odología desarrollada hast a el moment o muest ra que
dicha matriz permit e lograr una idea acabada de los problemas
cent rales que impiden la act ualización de las necesidades
humanas fundament ales en la sociedad, comunidad o inst it ución
que se est udia.
Si part imos de la suposición desarrollada por el autor en el
present e t rabajo (véase capít ulo 5, Sobre la poda del
lenguaje, pág. 125), se puede decir que sabemos cómo describir, y
que hemos aprendido a explicar. Sin embargo, lo que muchas
veces pasamos por alto es el hecho de que describir más explicar
no es igual a comprender. La metodología que est amos plant eando
probablement e permit a una mayor concient ización en cuanto a esta
et apa adicional.
Para present ar est a metodología en forma simple y a la vez
amplia, seguiremos el desarrollo de un t aller imaginario de dos
días de duración, con cincuent a asist ent es. El propósit o de este
ejercicio es permit ir a los part icipant es que reflejen la realidad de
su sociedad en su conjunto a la luz de la t eoría del Desarrollo a
Escala Humana, para decidir formas de vencer o hacer frent e a
los problemas más import ant es que se det ect en.
Primera etapa. El grupo se divide en cinco subgrupos de diez
personas. (La experiencia demuest ra que diez es un número
ópt imo para alcanzar los objet ivos plant eados.) La t area que se
propone a cada grupo es elaborar la mat riz que cont enga los
element os dest ruct ivos (sat isfactores) que afect an a su sociedad,
o sea, t odos aquellos «fact ores de dest rucción» que impiden la
act ualización de las necesidades humanas fundament ales. Con
est e f in, cada gr upo reci be t reint a y sei s hojas de papel
autoadhesivo numeradas del 1 al 36. Cada una de ellas representa
un casil lero en blanco de la mat ri z, los cuales deberán ser
llenados.
Segunda etapa. Durant e las primeras dos horas, se pide a los
grupos que se dedi quen al llenado de los casilleros
correspondient es a la columna SER; o sea, los casilleros 1, 5, 9,
13, 17, 21, 25, 29 y 33. (Según cuadro 1, pág. 58 y 59) Cada
punto que se ingrese en el casill ero debe ser result ado de la
di scusión del grupo. El coordinador del seminario debe hacer
hincapié en que en la columna que lleva el nombre de SER se
deben regist rar atributos, personales o colect ivos (en este caso,
deben ser negat ivos), que puedan expresarse como nombres. Por
ejemplo, en el casillero 17, Part icipación, algunos elementos
negat ivos pueden ser: aut orit arismo, discriminación,
indiferencia, et c.
Una vez que t ranscurren las dos horas, se recolectan todas las
hojas y se adhier en en la par ed, quedando así compl et a la
columna SER, a suficient e dist ancia una de otra, dejando espacio
para colocar las ot ras tres columnas que se armarán después, para
complet ar las cinco matrices.
Las dos horas siguientes se dedican a llenar los casilleros de
la columna TENER. Se debe recordar a los part icipantes que en
est a columna se regist ran inst it uciones, normas, mecanismos,
herramient as (no en sent ido material), leyes, et c., que puedan
expresarse con una o más palabras. Al gunos ejemplos pueden
ser: doct rina de la seguridad nacional, inst it uciones represivas,
leyes de. educación discriminatorias, etc. Una vez finalizado el
t iempo, se junt an otra vez t odas las hojas y se colocan en la pared,
al lado de cada una de las columnas correspondient es ya
realizadas.
Se est ablece una pausa de t res horas, y los part icipant es se
reúnen nuevament e de t arde. Es import ante un descanso largo,
porque si se lleva a cabo en forma correcta, est e ejercicio es muy
intenso y exigent e.
68 69
Desarrolla y necesidades humanas
Las dos horas siguient es se dedican de manera análoga a la
columna HACER. Se aclara que en la columna hacer, deben
regist rarse acciones, personales o colect ivas, que se expresen
corno verbos. Como ejemplo podemos mencionar discriminar,
oprimir, imponer, censurar.
Durante las dos horas finales, se debe completar la columna
ESTAR. Se explica a los part icipant es que Est ar se refiere a
ubicaciones o entornos en el sentido de tiempos y espacios.
Al t erminar la jornada, tenemos cinco matrices negat ivas –
mat rices de dest rucción– ordenadas en la pared.
Tercera etapa. Durant e la noche, se solicit a a un grupo de
volunt arios que unifiquen las cinco mat rices en una. La forma
práct ica de hacer lo es t omar t odos los casil leros número I,
eliminar t odas las repet iciones y los sinónimos y obt ener un sólo
casillero represent at ivo del conjunto. Se hace lo mismo con el
resto de los casilleros hast a que se obt iene una sola matriz, que
represent a las percepciones de los cincuent a part icipantes. Se
dibuja la matriz en un mural grande (por ejemplo de 120 x 80 cm.)
y se coloca en la pared, de modo que pueda ser examinada por los
part icipant es en la mañana del día siguient e.
Cuarta etapa. En la sesión siguient e, los part icipant es se dividen
en nueve grupos, uno para cada necesidad humana fundament al.
Se recort a la mat riz en nueve t iras, para que cada grupo reciba
una part e. Debe quedar claro que cada t ira represent a una
necesidad con sus cuatro casilleros llenos con sat isfact ores
negat ivos.
Se pide al grupo que inicie una discusión para seleccionar de
cada uno de los cuat ro casilleros el elemento que consideren más
import ant e y decisivo. En ot ras palabras, se debe seleccionar el
fact or dest ruct or de más peso en el conjunt o. En casos
excepcionales, se pueden seleccionar dos it ems de un mismo
casillero. En cada caso, la selección debe part ir de un consenso,
producto de la discusión y debat e del grupo. Est a et apa puede
llevar el t iempo que se requiera.
Quinta etapa. Cada grupo ent rega la list a, que cont iene entre
cuatro y ocho sat isfactores negat ivos seleccionados. Se escribe la
list a en una nueva mat riz en blanco, la cual se ident ificará como
la matriz de sínt esis. Represent a los elementos más negat ivos que
afect an a una sociedad, comunidad o inst it ución (según la
percepción de los part icipantes) en lo que se refiere a la
act ualización de las necesidades humanas fundament ales.
Representa los desafíos principales que deben abordarse. Por lo
t ant o, la discusión e int erpret ación de la matriz de sínt esis debe
realizarse en sesión plenaria.
Sexta etapa. Si el t iempo lo permit e, o si el coordinador logra
est ablecer una relación a largo plazo con los part icipant es, se
recomienda la realización de una experiencia adicional. Ut ilizando
exact ament e el mismo procedimient o de const rucción de la mat riz
negat iva, se pide a los part icipant es elaborar la mat riz de su
Utopía: o sea, de cómo debería ser su sociedad para que ellos se
sient an realment e sat isfechos. Mient ras se lleva a cabo est a part e
del ejercicio, la mat riz negat iva no debe est ar en manos de los
part icipant es, porque puede pasar que se elabore la nueva mat riz
simplement e anot ando los opuest os de la ant erior.
Sépt ima et apa. Una vez completo el segundo ejercicio, se
confront a a los part icipant es en sesión plenaria con ambas
mat rices: la negat iva y la posit iva. A cont inuación se inicia una
discusión sobre los posibles punt os de cont acto ent re ambas. Ot ra
vez se pueden organizar grupos pequeños, con una mecánica de
juego, en la que el equipo ganador es el que encuent ra los
sat isfact ores «comunicant es» más sinérgicos. De hecho, la
discusión consist irá inevit ablement e en seleccionar sat isfactores.
Por est a razón, cada it em seleccionado deberá ser analizado en
forma conjunt a para est ablecer sus caract eríst icas. ¿Es endógeno o
se origina fuera de la comunidad? ¿Es singular, lineal o sinérgico?
Est e t ipo de discusión part icipat iva puede resultar muy rica y
est imulant e, y represent a en sí misma una experiencia con efect os
sinérgicos.
La nueva conciencia
A principios de 1987 se llevó a cabo un seminario como el que se
describió ant eriorment e, en Bogotá, Colombia, con cincuent a
part icipant es, universit arios y académicos de alt o nivel de todo el
país. Después de reflexionar sobre los element os dest ruct ivos
que afect an a la sociedad colombiana, y pasar por las et apas del
ejercicio, seleccionaron de la mat riz de sínt esis la siguient e list a
70 71
Desarrollo y necesidades humanas
de element os como los más significat ivos: Agresividad,
Indiferencia, Obediencia, Censura, Acept ación, Apat ía,
Dependencia, Alienación, Neut ralidad (int erna), Desarraigo,
Manipulación ideológica e Inst it uciones represivas.
Est a list a determinó el siguient e análisis y conclusiones. Si uno
pide una descripción de la sociedad colombiana, la respuest a
segurament e reflejará la imagen de una sociedad con un alt o grado
de violencia. Si se piden explicaciones, probablement e se dé un
perfil de los dist int os grupos que est án en conflicto, y que entonces
det erminan esa violencia. Pero si examinamos la list a ant erior,
producto de un int enso proceso de análisis introspect ivo, percibimos
algo muy interesant e y probablement e inesperado. Hay violencia –
mucha violencia– en la sociedad colombiana, pero según lo que
r evel a la l i st a, se consi der a que el gran problema subyacent e es
el miedo. Es difícil, o casi imposible det erminar si el miedo es
result ado de la violencia o su causa (o ambas cosas). Pero de todas
maneras, todo parece indicar que la «enfermedad» que sufre el
pacient e es el miedo. Por lo t anto, si el medicamento recet ado se
concent ra exclusivament e en int entar curar la violencia, sólo se
est ará aplicando una medicina inadecuada o incomplet a para la
«enfermedad» incorrect a. Como result ado, puede ocurrir que el
pacient e empeore.
La valoración final de los part icipant es fue que la met odología
de t rabajo –más allá de que revele o no verdades nuevas– permit ió
descubrir facet as inesperadas de un problema, y aument ar así la
conciencia acerca de los t emas relevant es.
Otros ejempl os
A part ir de la experiencia colombiana, se realizaron ot ros
seminarios tanto en el Nort e como en países del Tercer Mundo. Aún
cuando se debe t rabajar mucho para confirmar algunas t endencias
probables, ya queda claro que se han hecho hallazgos inesperados
pero significat ivos. Uno de los más int eresant es puede ser el
hecho de que no parece existir correlación ent re los niveles
alcanzados de crecimi ent o económico y la felicidad relat iva de la
gent e involucrada. El otro aspect o que sale a la luz son las pobrezas
(según la definición de la Teoría del Desarrollo a Escala Humana)
que exist en en cada sociedad.
Aún sin iniciar un análisis, los siguientes ejemplos son dramát icos
Cuadro 7 Matriz negat iva consolidada (Gran Bret aña)
Ser Tener Hacer Est ar
SUBSISTENCIA
Egoísmo, derroche,
desconexión, falla de
equilibrio, favore-
cimiento de la
adicción, falta de
moderación, insa-
ciabilidad, pasivi-
dad, codicia, avari-
cia, egocentrismo,
confusión, ansiedad,
stress, regresión,
dependencia, laña de
poder.
Malnutrición, faltade
techo, mala salud,
desempleo, moneta-
rismo, sobreproduc-
ción, contaminación,
política económica,
desigualdad, consu-
mismo, insustentabi-
Iidad, centralización,
hiperurbanización,
política de salud,
aceptaciónsocial de
la desigualdad.
Contaminar, robar,
degradar, especular,
monopolizar, hacer
propaganda, aísla-
miento, ignorar, co-
mer enexceso, apro-
piarse, hablar para
evitar hacer,
acaparar,
discriminar en el ofi-
cio, adulterar ali-
mentos.
Faltade armoníacon
la naturaleza, efecto
invernadero, contami-
nación, desarrollo de
la vivienda, conges-
tión, alejamientode la
tierra, destrucción del
habitat animal, exce-
so de planificación,
diseños arquitectóni-
cos pobres, gasto
sistémico.
PROTECCION
Miedo, nacionalis-
mo, hostilidad, pa-
ranoia, sigilo, pose-
sividad, represión,
autodestrucción,
agresividad, pater-
nalismo, egoísmo,
imprevisibilidad,
dogmatismo, de-
pendencia, racismo,
elitismo, introver-
sión, alienación,
servilismo, avaricia,
indiferencia, com-
petitividad, vulnera-
bilidad,
Totalitarismo, arma-
mentismo, Ley deSe-
cretoOficial, censura,
nacionalismo, mer-
cantilismo, burocra-
cia, ejército, propie-
dad, “medicinacura-
tiva", mercadoy po-
Iítica de vivienda,
aceptación social de
la
violencia, discrimina-
ción, prejuicio, van-
dalismo.
Destruir, envenenar,
explotar, negar res-
ponsabilidad, des-
fruir otras especies,
causar confusión,
imponer, controlar,
mandar, luchar, ar-
marse, manejar en
forma arriesgada,
contaminar, nocum-
plir, sobreproteger.
Bases militares, de-
gradación del medio
ambiente, calles peli-
grosas, transporte
peligroso, viviendas
mal diseñadas, dis-
criminaciónespacial,
superpoblación, dis-
tribución demográfica
no balanceada, falta
de espacios comunes
seguros, urbaniza-
ción.
AFECTO
Racionalidad, cinis-
mo, superficialidad,
miedo, narcisismo,
agresividad, celos,
sobreprotección,
alienación, posesi-
vidad, forma deser
inglesa, inseguridad,
permisividad, pro-
miscuidad, soledad,
desconfianza, inhi-
bición, reserva, ti-
midez, arrogancia,
frigidez, intelectua-
lidad, parálisis.
Sistema de educa ción,
organización, medios
de comunicación,
ruptura familiar, bre-
cha gener acional, por -
nografía, sexismo,
prostitución, transfor-
mación dela afectivi-
dad encomodidad,
comercialización, se-
paración delafamilia
numerosa, comercia-
lización de lapreocu-
pasión, automatiza-
ción, computariza-
ción.
Separar, aislar, des-
cuidar, dominar,
destruir, dar por su-
puesto, ahusar, ac-
tuar precipitadamen-
te, inhibir, moralizar,
poner precio a las
cosas, comerciar con
el afecto, devaluar,
fallar en la comuni-
cación.
Aislamiento en la
multitud. pérdida del
sentimiento de per-
manencia, problemas
de diseño, agendas
sobrecargadas, con-
taminación visual,
superpoblación,
paranoia espacial, di-
solución del entorno
familiar, prioridades
de tiempo alteradas,
clima, falta detiempo,
falta de espaciocuali-
tativo.
72 73
Desarrollo y necesidades humanas
ENTENDIMIENTO
Fanatismo, sigilo.
-inteligencia, falla
de receptividad,
apatía, prejuicio, ig-
norancia voluntaria,
miedo, insularidad,
reserva, egoísmo.
Elitismo, competiti-
vidad, xenofobia,
centrarse exclusiva-
menteen el objetivo,
inseguridad, avari-
cia, desconfianza,
cinismo, autoritaris-
mo, servilismo, cla-
sificacióndecasta.
Prensa/medios deco-
municación, sistema
de educación, orien-
tación al éxito, dog-
matismo político,
despreocupación por
la MadreTierra, espe-
cialización, laIglesia,
los Diez Mandamien-
los, las instituciones
británicas, autocensu-
ra, condicionamiento,
prejuicio, excesode
información, dog-
matismo.
Intelectualizar, ma-
nipular, planificar en
exceso, complicar,
simplificar en exce-
so, hacer hincapié
excesivoen latecno-
logía, renunciar,
desvalorizar la intuí-
ción, despersonali-
zar, desinformar, u-
tilizar jerga, confun-
dir, desvalorizarse,
filtrar, sentirse supe-
rado emocionalmen-
te, sentimentalizar,
ignorar, actuar sin
compasión, negar.
Distanciamientode la
naturaleza, estructu-
ras educativas aleja-
das del medio am-
biente, ritmo decam-
bio rápido, inhibición
de la integración a
causa delavelocidad
de la información y la
actividad, incompati-
bilidad de los siste-
mas de lenguajecon
el entornosocial.
PARTICIPACION
Inhibición, aisla-
miento, esnobismo,
coerción, apatía,
egoísmo, anonimato,
haraganería, menta-
lidad cerrada, des-
acuerdo, emotividad,
racionalismo, colec-
tivismo, ignorancia,
analfabetismo, estu-
pidez, cinismo, inex-
periencia, intelec-
tualismo, compla-
cencia, deshonesti-
dad, defensa, super-
ficialidad, pragma-
tismo, parálisis.
Mala salud, sistema
Electoral británico,
sistema declases, go-
bierno centralizado,
democracia represen-
tativa, ayuda alimen-
taria, monopolios,
sociedades secretas,
asociaciones y cuer-
pos profesionales,
burócratas, expertos,
leyes discriminatorias,
instituciones deaten-
ción mental, estado
benefactor, poder cre-
ciente del gobierno.
estructuras jerárqui-
cas, normas sociales
fuera deépoca, des-
igualdad social, pre-
juicio.
Dividir, notolerar,
excluir, retirar, cen-
surar, imponer parti-
citación, ocultar, es-
tar enconnivencia,
decepcionar, patroci-
nar, reprimir el voto,
renunciar alas res-
ponsabilidades, optar
por fuera, controlar,
desconfiar, ocultar,
desear saber lodolo
que pasa.
Clubes elitistas, ex-
cesiva profesionaliza-
ción del deporte,
transportepeligroso,
falta de espacios co-
munales, discrimina-
ción espacial, propie-
dad privadadel espa-
cio, fragmentación de
la vivienda, conurba-
ciones, centralización.
OCIO
Hiperactividad, apa-
tía, utilitarismo, fa-
vorecimiento dela
adicción, nerviosis-
mo, inflexibilidad,
soledad, depresión,
egoísmo, competiti-
vidad, rigidez deho-
rarios, fatiga, stress,
calvini smo ,culpa,
confusión , fal ta de ima-
ginación, explota-
ción, represión, ava-
ricia, obsesiones, dar
órdenes enexceso,
miedo, inseguridad,
afiebramiento.
Desempleo, profesio-
nalismo en el deporte,
ética laboral, crimina-
lidad, valores victoria-
nos, droga, calvinis-
mo, televisión, fami-
lia/padres, maestros,
consumismo, propa-
ganda, teléfono, obli-
gaciones, trabajo,
entornohostil, apostar.
Ganar, correr mara-
tones, andar precipi-
tadamentesin rumbo,
tratar deobtener re-
sultados, planificar
horarios enexceso,
juzgar y reprimir, tra-
bajar demasiado, ne-
gocios, concentrar
nuestraatenciónfue-
ra de nosotros, igno-
rar lo que ocurre
dentro denosotros,
actuar llevados por
condicionamientos y
hábito, consumirse.
Congestión, codicia
colectivapor el espa-
cio, clima británico,
vacaciones en excur-
sión, agendas sobre-
cargadas, paranoia
temporal, talla dera-
los de ocio, entorno
no adaptadoal clima,
falta detranquilidad y
espacio privado.
CREACION
Inhibición, reserva,
miedo, torpeza, abu-
rrimiento, confor-
mismo, adicción al
trabajo, apatía, ano-
mia, formalismo,
institucionalismo,
inadecuación, satu-
ración, terquedad.
obstinación, miedo,
aceptación, serie-
dad, faltade aptitud,
prácticade larepre-
sión, indiferencia,
autonegación, pará-
lisis.
Opresión, censura,
industrialización, pro-
ducciónmasiva, divi -
sión del trabajo, in-
dustriade la propa-
ganda, produccióna
gran escala, protoco-
lo, medios decomu-
nicación, especializa-
ción, sistemas de exa-
men, los militares,
enfermedad, naturale-
za didáctica del siste-
ma educativoparala
producciónmasiva,
sistemas escolares,
predominio deobjeti-
vos materiales.
Comercializar, des-
Valorizar lacreativi-
dad local, influenciar
las mentes creativas
en función delas ne-
cesidades industria-
les, idolatrar, hacer
fetichismo, destruir,
desalentar, institu-
cionalizar, descalifi-
car alos demás, juz-
gar, comparar, mora-
lizar, centrarseen los
fines más que enlos
medios, negar, equi-
librio izquierdo/de-
racho.
Presión detiempo,
falla de espacio,me-
dio ambientecontro-
lado, alejamiento dela
naturaleza, medio am-
biente domesticado,
falta de espacio para
cosas creativas, falta
de espacios comuni-
tarios, alteración del
sentido del usoapro-
piado del tiempo, falta
de acceso ainfraes-
tructuras comunita-
rias, ritmos creativos
pobres, falta detiem-
po para analizar, su-
perpoblación, exigen-
cia develocidad enla
producción, falta de
creatividadgrupal.
IDENTIDAD
Faltade poder, mie-
do, chauvinismo,
i ns eg ur i da d,
elitismo, fatiga, na-
c i o n a l i s m o ,
saturación, insig-
nificancia, raciona-
lismo, centralismo,
colectivismo, discri-
minación por causa
de la edad, sexismo,
racismo, faltade
autoestima, posesi-
vidad, alienación,
conformidad, falta de
raíces, neurosis,
agresividad, falta de
equilibrio.
Sistema decastas, re-
glas sociales, estruc-
tura de clases. Medios
de comunicación, mo-
das, despreocupación
por laMadreTierra,
separación, conflicto
de roles, irrelevancia,
i ndust ri al iz ac ión,
gr andes agr upamiento
de gente, pérdida dela
personalidad, pérdida
de la comunidad, po-
brezamaterial, esta-
dísti cas, pr econceptos,
prejuicios, ridículo,
estereotipos, dinero,
poder, propaganda.
Búsquedade uni-
cidad, practicar ritos,
volverseobsesivo,
reprimir, aislarse,
confor mar se, e star en
connivencia, mante-
ner el status quo,

institucionalización
de la gente, usar uni-
f orme, esconder y
suprimir, rendirse a
las expectativas de
otros, adoptar posi-
ciones, negarseal
conocimiento desi
mismo, rechazar la
vinculación con los
demás y el entorno.
Viajar a diario, cultu-
ra de bar, superpo-
blación, reglamenta-
ción es tr i c t a, medio
ambientedegradado,
sistemas familiares
cerrados.
LIBERTAD
Coacción, opresión,
codicia, pasividad,
totalitarismo, igno-
rancia, racionalismo,
miedo, obediencia,
falta de recursos, ur-
banidad, cobardía.
Privación, pobreza,
censura, enfermedad,
sistema electoral bri-
tánico, representación
desigual, machismo,
injusticia del sistema
judicial, individualis-
mo, censura, centrali-
zación, Whitehall, sis-
lema declases, des-
empleo, Ley deSecre-
to Oficial, hipotecas,
pensiones, normas
sociales, estereotipos,
prejuicios.
Polarizar lalomade
decisiones, descon-
fiar, reprimir, robar,
desvalor i zar el miedo,
engañarse así mis-
mo, negar responsa-
bilidad, corromper,
controlar através del
dinero y/o el poder,
actuar por costumbr e,
conformarse, legislar.
Faltade espacio, se-
mana detrabajo de
cuarentahoras, leyes
de regulaciónde hora-
rios deapertura, ame-
naza al medio ambien-
te, dominaciónpor
parte del entornocul-
toral, falta dederechos
a espacios comunes,
fronteras racionales,
sobrepoblación, crea-
ción de espaciode
poca calidad, los de-
rachos de lamayoría
contrala libertad indi-
vidual.
74 75
Cuadro 8 Matriz negat iva de sínt esis (Gran Bret aña)
Ser Tener Hacer Estar
SUBSISTENCIA
Falta de
moder aci ón
Insustentabi li dad Contaminar
Falta de armoní a
con l a natur al eza
PROTECCION Autodestr ucci ón
Especulac ión,
prej uic io
Explot ar
Degr adac ión del
medi o ambient e
AFECTO Ruptur a fami li ar
Raci onali dad,
ali enación
Desvalor izar
Ruptur a del
medi o fami liar.
deformación de
las pr ior idades
temporales
ENTENDIMIENTO Prejuici o
Falta de c onc ienc ia
ecol ógica
Abdic ar
Ritmos de cam-
bio r ápi dos, i n-
compat ibi li dad de
los sist emas de
lenguaje en el
medi o soci al
PARTICIPACION Apatía Gobier no centraliz ado
Renunci ar a l as
responsabi lidades
Falta de espac ios
comunitari os
OCIO Cul pa
Droga,
entretenimient o
Correr s iempre,
ignorando lo que
hay dentro de
nosotr os
Congesti ona-
miento
CREACION Inhibici ón
Predominio de
obj etivos
materi ales
Comerc ializ ar,
desmor al izar
Alej ami ento total
de nat uraleza
IDENTIDAD
Miedo,
desarr ai go
Falta de c onc ienc ia
ecol ógica
Rehuir el
conoc imi ento de
sí mismo, rechazar
toda conex ión c on
los demás y el
medi o ambient e
Degr adac ión
ambi ental
LIBERTAD Miedo Privac ión Desvalor izar
Creac ión de es pa-
cios de cali dad
pobr es
Desarrollo y necesidades humanas
Cuadro 9 Matriz de sínt esis negat iva (Suecia)
Ser Tener Hacer Estar
SUBSISTENCIA
Falta de s enti do,
glotonerí a
Sociedad a gran
escal a
Autodestr ucci ón
Explot ación del
medi o ambient e
PROTECCION Miedo, anonimato Centraliz aci ón
Evitar res pons abi-
lidades, evitar
contacto
Contaminación
AFECTIO
Miedo a la
intimidad
Sociedad masificada Evitar contacto
Arquit ectura
deshumanizada
ENTENDIMIENTO Prejuici o Fragment ación
Someters e a
tensi ón nervi osa
Aislamiento
PARTICIPACION Falta de poder
Gran Scal eness,
regl amentaci ón
Subor di nac ión Aislamiento
OCIO
Falta de c onfi anz a
en si mismo
Conducta de
trabajo*
protestante
Preocupars e,
ocupar
el tiempo con
cosas
import antes
Falta de ti empo
CREACION
Actitud de "qui én te
crees que sos para
decirme tal c osa"
Conformidad de
masas
Sobrest imar
pens amientos
tecnocr áticos
Falta de expresio-
nes tradici onales,
di s t anc i as gr an-
des entr e el hogar
y el trabajo
IDENTIDAD Falta de c onfi anz a,
falsedad
Mentir as ofic ial es Deci dir c ontra l os
princ ipios
Tomar dec isi ones
sin tener en c uent a
a las personas
afectadas
LIBERTAD
Ori entac ión de
segur idad
Burocracia
Obedecer, regularse
en exc eso
Conformidad con
la planific ación
urbana y edil ici a.
* N. del Trad.: Expresión que se utiliza para identificar una forma de vida, según la cual trabajar
esforzadamente es bueno, la falta de moder ación es mala, y el triunfo es di gno de admiración. Estos
lineamientos tienen sus raíces religiosas en la doctrina calvinista.
76 77
en sí mismos. El cuadro 7 (pág. 73) muestra la mat riz negat iva
unificada correspondient e a la sociedad brit ánica, según la
interpret ación de un grupo de alrededor de cuarent a act ivist as y
hombres de negocios int eresados en los problemas sociales. Se
puede apreciar clarament e, al examinar la t ot alidad de
elementos incluidos en cada casillero, que el ejer cicio
est imul a a los part icipant es para vencer t odo t ipo de modest ia
o t imidez. En realidad, nuest ras observaciones demuest ran que
en algún moment o del ejerci cio, se int ensifi ca en forma
import ant e la urgencia por sacar a l uz, verdadera y
honest ament e (no import a cuán doloroso sea), los problemas
que import an en la sociedad. El cuadro 8 (pág. 76) es la
mat riz de sínt esis de la ant erior, y muest ra una sociedad que
falla en la comunicación, por nombrar el menor de los males.
El cuadro 9 (pág. 77) es la mat riz de sínt esis de una
experiencia con part icipant es similar es a los del ejemplo
brit ánico, pero en la soci edad sueca. Al examinarla, se
sient e casi enseguida que se est á frent e a una sociedad de
personas solit arias.
Los ot ros cuadros siguient es son ejemplos de casos
lat inoameri canos. El cuadro 10 ( pág. 79) es la mat r iz de
sínt esi s de una experiencia en Bolivia, efect uada con
represent ant es de cuarent a y cinco organizaciones no
gubernament ales que t rabajan con la comunidad, especialment e
con campesinos. Los cuadros I I y 12 (páginas 80 y 81)
corresponden a un ej ercicio complet o, ef ect uado por
doscient os ci udadanos en siet e fases en La Paz, que es la
municipalidad más pobre de la Provincia de Mendoza,
Argent ina. El cuadro 11 es la mat riz de sínt esis negat iva y el
cuadro 12 es la deseada. Es int eresant e señalar que el
cont enido de la últ ima mat riz, t iene poco que ver con lo que
generalment e se asume que son parámet ros de los crit erios de
desarrollo convencional. ¡Algo para medit ar!
Opciones que definen el desarrollo
Necesi dades humanas:
del enfoque lineal al enfoque sistémi co
Las necesi dades humanas f undament ales conforman un
si st ema en el que no cabe est ablecer l ineali dades
jerár qui cas. Est o si gnif i ca, por una part e, que ninguna
necesi dad es per se más import ant e que ot ra, y por ot ra
part e, que no hay un or den f ijo de precedencia en la
act ualización de las necesidades (que la necesidad B, por ejem-
Desarrollo y necesidades humanas
Cuadro 10 Mat riz de sínt esis negat iva (Bolivia)
Ser Tener Hacer Estar
SUBSISTENCIA Ignorancia Corrupción Explotar
Falta deinfraestruc-
tura en general,
Mala distribución
poblacional
PROTECCION Inseguridad
Arbitrariedad
institucional
Discriminar
Discriminación
espacial
AFECTO Inseguridad
Pérdida de valores
morales
Engañar
Aislamiento
geográfico, Distan-
ciamiento familiar
ENTENDIMIENTO Ignorancia
Sistema educativo
obsoleto
Marginar,
dogmatizar
Ambientes inadecua-
dos, distanciamiento,
falla de redes de
comunicación
PARTICIPACION Discriminación
Centralización, No
respeto de los
Derechos Humanos
Prejuzgar
Carencia de
infraestructura
básica
OCIO
Desorientación,
Represión
Ausencia de
sistemas educativos
Manipular
Falta detiempo pro-
pio por estrategias
de supervivencia
CREACION Alineación
Sistema educativo
memorístico
Subestimar
Falta detiempoy
ambientes adecua-
dos para investigar y
crear
IDENTIDAD Dominación
Falta depolíticas de
integración y
protección
Adoctrinar
Crecimiento urbano
irracional
LIBERTAD Autoritarismo Injusticia Dominar Dependencia
plo, sólo puede ser sat isf echa l uego de que la A haya sido
sat isfecha) Simult aneidades, complementariedades y
compensaciones (nade-of fs), son caract er í st icas de la
conduct a del sist ema. Exi st en, sin embar go, l ímit es para
est a generali zación. Es preci so reconocer un umbral pre-
si st ema, por debajo del cual l a ur gencia por sat i sf acer una
det erminada necesi dad l lega a asumir caract eríst icas de
urgencia absolut a.
El caso de la subsi st encia es el más claro. Cuando esa
necesidad est á infrasat isfecha, toda ot ra necesidad queda
bloqueada y prevalece un único impul so. Pero el caso no es
sólo váli do para la subsi st encia. Es igualment e pert inente para
otras necesidades. La ausencia t ot al de afect o o la pérdida de
ident idad, puede llevar a las personas hast a extremos de
aut oaniquilación.
78 79
Cuadro 11 Matriz de síntesis negativa (Mendoza, Argentina)
Ser Tener Hacer Estar
SUBSISTENCIA Dependencia Desempleo Depender Destruccióndel oasis
PROTECCION Paternalismo
Seguridadsocial
inadecuada
Depender Aislamiento
AFECTO Egoísmo
Faltadevaloraciónde
las actitudes positivas
del prójimo
Criticar
Diseminacióntempo-
ral de lafamilia por
cuestiónlaboral
ENTENDIMIENTO Incomunicación
Autoritarismo
Mediocridad
Aceptar, Seudo-
Informar
Destitución inadecua-
da de lapoblación
PARTICPACION Ignorancia
Desconocimientode
derechos y
obligaciones
Depender Aislamiento
OCIO Desinterés
Carencia demedios
recreativos
Desvalorizar
Ausenciade ámbito
incentivador
CREACION Conformismo mediocridad Destruir
Aislamiento,
Hacinamiento
IDENTIDAD Falla depersonalidad Falsos prejuicios Dividir Aislamiento
LIBERTAD Dependencia
Faltadeconcienciade
las verdaderas
libertades
Dividir. Especular
Ambitode
dependencia
La opción de t rabaj ar con el supuest o de l ineali dad o con
el supuest o sist émico es, sin duda, la opción más import ant e
para definir un est ilo de desarrollo.
Regirse por la lógica de la linealidad da origen a pat rones de
acumulación divorciados de la preocupación por el desarrollo de
las per sonas. Si se opt a por l a l ineal i dad, la est rat egia
est ablecerá prioridades a part ir de las pobrezas de subsi st encia
observadas. Los programas se or ient arán preferent ement e de
manera asist encial, como un at aque a la pobreza entendida
convencionalment e. Las necesidades serán ent endidas
exclusivament e como carencias y, en el mejor de los casos, los
sat isfact ores que el sist ema genere serán singulares.
Paradojalment e, t al opción impulsa una causación circular
acumulat iva (en el sent ido de Myrdal) y los pobres no dejan de
ser pobres en la medida en que aument a su dependencia de
sat isfact ores generados exógenament e a su medio.
Si se opt a por el supuest o sist émico, la est rat egia priorizará la
generación de sat isfact ores endógenos y sinérgicos. Las
necesidades serán ent endidas simult áneament e como carencias y
Desarrollo y necesidades humanas
Cuadro 12 Matriz de síntesis positiva (Mendoza, Argentina)
Ser Tener Hacer Estar
SUBSISTENCIA Tomade iniciativas Capacidad definiquito
Edificar Escuela
Normal Superior
FidelaAmparán
Conciencia delos
recursos naturales y
humanos
PROTECCION Personalidad
Respetopor el
núcleo familiar
Concientizar Integración
AFECTO Solidaridad Entregamutua
Criticar
constructivamente
Espacios de
encuentro
ENTENDIMIENTO Armonía, Conciencia Perseverancia
Valorar virtudes
personales
Comunicaciónsin
discriminación:
familia, escuelay
comunidad
PARTICPACION
Iniciativa, Humanidad
crítica, Diálogo
Respetode los
derechos humanos
Dialogar
Fábricas y
universidades
OCIO
Predisposición,
Originalidad
Imaginación Recrearse Lugares deencuentro
CREACION Imaginación Originalidad Trabajar
Ambitos de
producción
IDENTIDAD Autenticidad
Personalidad
integrada
Asumir
Participar enel medio
social
LIBERTAD Respeto Responsabilidad Tomar conciencia
Disponer deámbitos
propicios
como potencias, permit iendo así romper con el círculo vicioso de la
pobreza.
De lo ant erior se desprende que la manera en que se ent iendan
las necesidades y el rol y at ributos que se asignen a los sat isfactores
posibles, son absolutamente definitivos para la definición de una
est rat egia de desarrollo.
De la efi cienci a a la sinergia
Enfocar el desarrollo en los t érminos aquí propuest os, impl ica
un cambio de la racionalidad económica dominant e. Obliga, entre
otras cosas, a una revisión profunda del concept o de eficiencia. Est a
suele asociar se a nociones de maximi zación de product ivi dad y
de ut ili dad, a pesar de que ambos t érminos son ambiguos. Tal
como Taylor la ent endía –para ilust rar con un caso, conspicuo–, al
llevar el crit erio económico al extremo más alienado de la razón
inst rument al, la pr oduct ivi dad se nos apar ece como
bast ant e inef i ci ent e.
80 81
Sobredimensiona la necesidad de subsi st encia y obliga al sacrificio
de otras necesidades, acabando por amenazar la propia subsistencia.
Cabe recordar que el t aylorismo pasó a la hist oria como la
«organización del surmenage».
En discursos dominantes del desarrollo t ambién se asocia la
eficiencia a la conversión del t rabajo en capit al, a la formalización
de las act ividades económicas, a la incorporación indiscriminada de
t ecnologías de punt a y, por supuesto, a la maximización de las tasas
de crecimiento. El desarrollo consiste para muchos en alcanzar los
niveles mat eriales de vida de los países más indust rializados, para
t ener acceso a una gama creciente de bienes (art efact os) cada vez
más diversificados.
Cabe pregunt arse hast a qué punt o esos int ent os de emulación
t ienen sent ido. En primer lugar, no exist en evidencias de que en
aquellos países las personas vivan sus necesidades de manera
int egr ada. En segundo l ugar, en los paí ses ricos, l a abundanci a
de recursos y de bienes económicos no ha l legado a ser
condición suficient e para resolver el problema de la alienación.
El Desarrollo a Escala Humana no excluye met as
convencionales como crecimiento económico para que todas las
personas puedan t ener un acceso digno a bienes y servicios. Sin
embargo, la diferencia respecto de los est ilos dominant es radica en
concentrar las metas del desarrollo en el proceso mismo del
desarrollo. En otras palabras, que las necesi dades humanas
fundament ales pueden comenzar a realizarse desde el comienzo v
durante todo el proceso de desarrollo; o sea, que la realización de
las necesidades no sea la meta, sino el motor del desarrollo mismo.
Ello se logra en la medida en que la estrat egia de desarrollo sea capaz
de est imular permanentement e la generación de sat isfactores
sinérgicos.
Integrar la realización armónica de necesidades humanas en el
proceso de desarrollo significa la oport unidad de que las personas
puedan vivir ese desarrollo desde sus comienzos, dando origen
así a un desarrollo sano, autodependient e y part icipat ivo, capaz de
crear los f undament os para un or den en el que se pueda
conci li ar el crecimiento económico, la solidaridad social y el
crecimient o de las personas y de toda la persona.
Un desarrollo capaz de conjugar la sinergia con la eficienci a
quizás no bast e para dar cumplimient o cabal a lo deseado; pero
sí bast a, y plenament e, para evit ar que en el ánimo de las personas
lo no deseado parezca inexorable.
3. Desarrollo y autodependencia
Manfred Max-Neef Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn
Hacia un desarrollo autodependiente
Sobre l as múl ti ples dependenci as
Los esf uerzos por est ablecer un Nuevo Orden Económico
Int ernacional (NOEI) y una nueva divi sión int ernacional del
t rabajo no han logrado at enuar las relaciones de dependencia
económica, f inancier a, t ecnológica y cult ural de los paí ses en
desar rol lo respect o de l as naciones indust riali zadas. El auge
del capit al financiero ha restringido aún más la capacidad y el
derecho de los países deudores de deci dir sobre sus propios
dest inos. Al respect o, l as polít icas de aj ust e impuest as por el
Fondo Monet ar io Int ernacional a los gobiernos de los países
lat inoamericanos, que sol icit an crédit os para pagar los
desor bit ant es servicios de sus deudas, reflejan el poder de la
banca privada int ernacional para mermar la soberanía de los países
pobres.
Las paut as de consumo que el mundo rico export a e impone
al mundo en desarrol lo somet e a est e últ imo a relaciones de
i nt er cambi o que agudi zan su dependenci a, perpet úan sus
desequil ibrios int ernos y amenazan su ident idad cult ural. Son los
paí ses indust r ial izados l os que cont rol an l a producción y
comercialización de los insumos y product os de las t ecnologías
de punt a y de gran part e de la producción indust rial. Son t ambién
est os países los que difunden el cr it erio de que t ales t ecnologías y
product os son imprescindi bles y prefer i bl es par a cual qui er
sociedad que aspire a increment ar el bienestar de sus miembros.
82 83
Desarrollo y autodependencia
La dependencia en mat eria de paut as de consumo, que desde los
propios países en desarrollo es alent ada por los grupos de poder
económico que se benefician con la comercialización
correspondient e, ha aport ado de modo significat ivo al mont o de
las deudas ext ernas de los países lat inoamericanos. Según
est imaciones del economist a Jacobo Schat an
1
, ent re 1978 y 1981
se generaron en México import aciones prescindibles que
ascendieron a catorce mil millones de dólares, cifra que alcanzó a
diez mil millones de dólares para Brasil y cinco mil millones de
dólares para Chile. En términos per cápita, en Brasil las
import aciones sunt uarias significaron set enta y nueve dólares, en
México doscient os, mientras en Chile fueron de quinientos t rece
dólares. La India, en cambio, muestra una import ación de bienes
sunt uarios de sólo cinco dólares per cápita, y no es casualidad que
su nivel de deuda ext erna sea tan inferior al de los países de
América Lat ina.
Romper con modelos imitat ivos de consumo, no sólo conjura la
dependencia cult ural sino que hace posible además un uso más
efici ent e de los recur sos generados en la per iferi a. Reduce,
t ambién, el impact o negat ivo de las polít icas prot eccionist as que
los países industrializados impulsan en defensa de sus product os.
Las relaciones de dependencia se imbrican y refuerzan entre sí.
No pueden considerarse aisladament e los diversos ámbitos de
dependencia (económico-financiero, t ecnológico, cult ural y
polít ico), pues la fuerza de cada uno de ellos radica en el apoyo que
recibe de los ámbit os rest ant es.
Es en razón de est as múlt iples dependencias que las mismas
inhiben un desarrollo orient ado hacia la aut odependencia y la
sat isfacción de las necesidades humanas. La sat isfacción de
necesidades t ales como subsist encia, prot ección, part icipación,
creación, ident idad y libertad se ve inhibida por las exigencias
que, de manera explícit a o sot errada, los cent ros int ernacionales
del poder hacen a la periferia en cuest ión de modelos polít icos,
paut as de crecimiento económico, pat rones cult urales,
incorporación de t ecnologías, opciones de consumo, relaciones de
intercambio y formas de resolver los conflict os sociales. La
acept ación de t ales exigencias no sólo se nut re de las dependencias,
sino que además las refuerza. Nos encont ramos, pues, ante un
1. Jacobo Schatan. World Debt: Who 1s t o Pay?, London, Zed Books, 1987.
círculo vicioso dent ro del cual poco o nada puede avanzarse en la
sat isfacción de las necesidades más vit ales de las grandes masas
de los países en desarrollo. Bajo t ales condiciones sería más fiel a
los hechos, hablar de países del «anti-desarrollo» que de países en
vías de desarrollo.
El problema polít ico del Desarrollo a Escala Humana no
puede entonces plant earse en base a la búsqueda de espacios que
el NOEI abra a las economías periféricas; por el contrario, de lo
que se t rat a es de definir una est rategia de desarrollo nacional
aut odependient e para abordar desde allí la posibilidad de que el
NOEI cont r ibuya a promover sus obj et ivos. No es cosa de
empujar las export aciones al máximo en función de la demanda
del cent ro, para después pregunt arse cómo ut ilizar los ingresos
provenient es de las export aciones. Más bien debe comenzarse
por regular el flujo de export aciones y reducir el de import acio-
nes conforme lo requiera un desarrollo más endógeno y
aut odependient e.
Tal como nos vemos enfrentados a una interrelación de
ámbitos de dependencia (económico-financiero, t ecnológico,
cult ural y polít ico) nos hallamos paralizados por una agregación
de espacios de dependencia: local, regional, nacional e int erna-
cional. La concent ración económica y la cent ralización de las
decisiones polít icas generan y refuerzan dependencias ent re est os
dist intos niveles: los países pobres est án somet idos al arbitrio de
los países ricos, y al int erior de los países pobres sucede lo
mismo que ent re países pobres y ricos: realidades locales y
regionales parecen dest inadas a subordinar sus opciones a los
designios de los gobiernos cent rales y de quienes concent ran el
poder económico de la nación.
La autodependencia como eje del desarrollo
Las relaciones de dependencia, desde el espacio int ernacional
hast a los espacios locales, y desde el ámbito tecnológico hast a el
ámbito cult ural, generan y refuerzan procesos de dominación que
frustran la sat isfacción de las necesidades humanas. Es mediant e
la generación de aut odependencia, a t ravés del prot agonismo real
de las personas en los dist int os espacios y ámbit os, que pueden
impulsarse procesos de desarrollo con efect os sinérgicos en la
sat isfacción de dichas necesidades.
84 85
Concebirnos est a autodependencia en función de una
interdependencia horizont al y en ningún caso como un aisla-
mient o por part e de naciones, regiones, comunidades locales o
cult uras. Una int erdependencia sin relaciones aut orit arias ni
condicionamient os unidireccionales es capaz de combinar los
objet ivos de crecimiento económico con los de just icia social,
libert ad y desarrollo personal. Del mismo modo, la armónica
combinación de t ales objet ivos es capaz de pot enciar la sat isfac-
ción individual y social de las dist int as necesidades humanas
fundament ales.
Ent endida corno un proceso capaz de foment ar la part icipa-
ción en las decisiones, la creat ividad social, la aut onomía polít i-
ca, la just a dist ribución de la riqueza y la t olerancia frent e a la
diversidad de ident idades, la aut odependencia const it uye un
element o decisivo en la art iculación de los seres humanos con la
nat uraleza y la t ecnología, de lo personal con lo soci al, de lo
micro con lo macro, de la aut onomía con la planificación y de la
sociedad civil con el Est ado.
Articulación entre seres humanos, naturaleza y tecnología
La conduct a generada por una cosmología ant ropocéntrica, que
sit úa al ser humano por encima de la nat uraleza, es coherent e con
los est ilos tradicionales de desarrollo. De ahí que la visión
economicist a del desarrollo, a t ravés de indicadores agregados
como el PGB, consi dera como posit ivos, sin discriminación,
t odos los procesos donde ocurren transacciones de mercado, sin
import ar si ést as son product ivas, improduct ivas o destruct ivas.
Result a así, que la depredación indiscriminada de un recurso
nat ural hace aumentar el PGB, t al como lo hace una población
enferma cuando increment a su consumo de drogas farmacéut icas
o de servicios hospit alarios.
Las t ecnologías presunt ament e modernas suelen, a su vez,
result ar engañosas. Un ejemplo conspicuo es el del si st ema
agrario nort eamericano, reconocido por su enorme eficiencia.
Alt ament e mecanizado y con subsidios para el pet róleo, es, sin
embargo, un sist ema not ablement e ineficient e si se lo mide en
t érminos de la cant idad de energía consumida para producir una
cant idad det erminada de kilo/calorías. No obst ant e, si se mide en
t érminos monetarios, genera supuest ament e beneficios enormes
y, de ese modo, cont ribuye al crecimient o del PGB. Estos ejem-
Desarrollo y autodependencia
plos son igualment e válidos para los países del Tercer Mundo t an
influidos por el «hechizo» de las t ecnologías de punt a. En Méxi-
co, según la fundación Xochicalli, se est ima que se gast an alre-
dedor de 19.000 Kcal. para colocar 2.200 Kcal. de aliment os en
la mesa. Más aún, la cant idad de energía gast ada sólo en el
t ransport e de productos aliment icios, es en México casi igual al
t otal de energía requerida por el sector primario para la produc-
ción de alimentos. Que t ales sit uaciones se consideren posit ivas,
const it uye sin duda una aberración concept ual.
Debido a que el Desarrollo a Escala Humana est á principal-
ment e compromet ido con la act ualización de las necesidades
humanas, t ant o de las generaciones presentes como fut uras,
foment a un concept o de desarrollo eminent emente ecológico.
Est o implica, por una part e, const ruir indicadores capaces de
discriminar ent re lo que es posit ivo y lo que es negat ivo; y, por
ot ra, diseñar y ut ilizar t ecnologías que se ajust en a un proceso de
desarrollo verdaderament e eco-humanist a que pueda garant izar la
sust entabilidad de los recursos nat urales para el fut uro.
Articulación de lo personal con lo social
Los modelos polít icos y est ilos de desarrollo dominant es se
han t ropezado con t remendos obst áculos para compat ibilizar el
desarrollo personal con el desarrollo social. Tant o las dinámicas
del ejercicio del poder, como los efect os de ideologías
excluyent es, t ienden a disolver a las personas en arquet ipos de
masas, o a sacrificar a las masas por arquet ipos del individuo.
Abundan los modelos que post ergan el desarrollo social en
nombre de la soberanía del consumidor, en circunst ancias que
reducir la persona a la cat egoría de consumidor también coart a el
propio desarrollo personal.
Desarrollo social y desarrollo individual no pueden darse de
manera divorciada. Tampoco es razonable pensar que el uno
pueda sobrevenir mecánicament e como consecuencia del otro.
Una sociedad sana debe plantearse, como objetivo ineludible, el
desarrollo conjunto de todas las personas y de toda la persona.
Tradicionalment e, se ha pensado que la escasez de recursos
obliga a opt ar ent re ambas posibilidades, ya que en la práctica no
parece posible aplicar polít icas inclusivas. Tal crit erio nace, sin
duda, de una concepción convencional de la eficiencia. Si, por el
cont rario, t omamos en cuent a, además de los recursos conven-
86 87
Desarrollo y autodependencia
cionales, los recursos no convencionales con su pot encial
sinérgico ( Ver pág. 106), comprobarnos que las polít icas
i ncl usivas son viables, y que sólo combinando desarrol lo
personal con desarrol lo social es posible alcanzar una sociedad
sana, con individuos sanos.
La art icul ación de l a dimensión per sonal del desarrollo
con su dimensión social puede lograr se a part ir de nivel es
crecient es de aut odependenci a. En el ámbit o personal, la
aut odependenci a est imula l a i dent i dad propia, la capaci dad
creat iva, la aut oconfianza y la demanda de mayores espacios
de l ibert ad. En el plano social, la autodependencia refuerza la
capacidad para subsist ir, la prot ección frent e a las var iabl es
exógenas, la i dent i dad cult ural endógena y la conquist a de
mayores espacios de l i bert ad colect iva. La necesaria
combinación del pl ano per sonal con el plano soci al en un
Desarrol lo a Escal a Humana obl iga, pues, a est imul ar la
aut odependencia en los diver sos niveles: indivi dual, gr upal,
local, regional y nacional.
Articulación de lo micro con lo macro
Las relaciones de dependencia van de arriba hacia abajo: de lo
macro a lo micro, de lo int ernacional a lo local, y de lo social a lo
individual. Las relaciones de aut odependencia, por el contrario,
t ienen mayores efect os sinér gicos y mult ipl icador es cuando
van de abajo hacia ar r i ba; es decir, en la medi da en que la
aut odependencia local est imul a l a aut odependenci a
r egi onal y ést a est i mul a l a aut odependencia nacional.
Est o no signifi ca que las polít icas de ni vel macr o sean
i nt r ínsecament e i ncapaces de i r r adi ar aut odependencia
hacia los niveles micro-sociales, sino que deben enfrent ar
siempre dos desafíos. El primero implica reducir al mínimo,
mediant e mecanismos inst it ucionales u ot ras vías, el riesgo de
reproducir relaciones vert icales «en nombre de» la
aut odependencia para las unidades regionales y locales. El
segundo implica que, en t érminos operat ivos, los procesos de
aut odependencia desde los micro-espacios result en menos
burocr át icos, más democrát i cos, y más efici ent es en la
combinación de crecimient o personal y desarrollo social. Son
precisament e est os espacios ( gr upales, comunit arios, locales)
los que poseen una dimensión más nít ida de escala humana, vale
decir, una escala donde lo social no anula lo individual sino
que, por el contrario, lo individual puede potenciar lo social.
En relación a un Desarrollo a Escala Humana, estos espacios son
fundament ales para la generación de sat isfact ores sinérgicos.
No pr et endemos suger ir que la aut odependenci a se
l ogr a mediant e la mera agregación de pequeños espacios. Tal
post ur a no haría sino reproducir una vi sión mecanicist a que
ya bast ant e daño ha provocado en mat eria de polít icas de
desarrollo. Sin la complement aci ón ent r e pr ocesos gl obal es
y procesos micro- espaciales de aut odependencia, lo más
probable es la coopt ación de l o mi cro por lo macro. Las
complement ari edades ent r e lo macro y lo micro, y ent re los
diver sos micro-espacios, est imulan el pot enciamient o
r ecíproco ent re procesos de i dent i dad sociocult ural, de
aut onomía polít ica y de aut odependencia económica. ( Ver pág.
117).
Articulación de la planificación. con la autonomía
Lograr niveles crecient es de aut onomía polít ica y de
aut odependenci a económica en los espacios local es, exi ge
promover procesos que conduzcan a el lo. Est o plant ea, como
desaf ío cent ral para un Desarrollo a Escala Humana, conciliar la
promoción desde fuera con las iniciat ivas desde adent ro.
Dif ícilment e la acción espont ánea de gr upos locales o de
i ndivi duos ai sl ados puede t rascender si no es pot enci ada
t ambi én por planifi cadores y por acci ones pol ít i cas
concert adas. Se pr eci sa una planif i cación global para las
autonomías local es, capaz de movi l izar a los gr upos y
comuni dades ya or gani zados, a f in de que puedan
t ransmut ar sus est rat egi as de supervivencia en opciones de
vida, y sus opciones de vi da en proyect os polít i cos y sociales
orgáni camente art iculados a lo largo del espacio nacional.
Articulación de la sociedad civil con el Estado
Revert ir l a dependenci a en sus di st int os espaci os y
ámbit os requiere de prof undos cambios est r uct urales en las
r el aciones ent re el Est ado y la sociedad civi l: cambios que
apunt en t ant o a generar y reforzar aut odependencia, como a
resolver las presiones y cont radicciones que puedan sur gir
dent ro de los propios espacios y ámbit os que acceden a una
aut odependenci a cr ecient e. En el primer caso, la int erconexión
ent re múlt iples dependencias ( de lo int ernacional a lo local,
de lo t ecnológi co a lo sociocult ural) sólo puede enfrent ar se
con la movil ización, l a consol i dación de la aut onomía
dondequiera que brot e y el respet o por la diversi dad de cult uras,
de formas de or gani zación y de reivindicaciones micro-
espaciales. En el segundo caso, la autodependencia mult iplica la
88 89
Desarrollo y autodependencia
conciencia crít ica y, con ella, las expect at ivas de part icipación
de múlt iples act ores sociales, lo cual se t raduce en demandas
movilizadoras en procura de cambios, que deben armonizarse
dent ro de una globalidad orgánica.
Mient ras la organización social y económica siga encuadrada
dentro de una lógica política de caráct er piramidal, difícilmente
podrán asignarse y diversificarse los recursos en función de la
het erogeneidad est ruct ural de la población lat inoamericana. Por
ello, es necesario cont raponer a la lógica est at al de poder la
aut onomía polít ica que emana desde la sociedad civil, es decir,
de la población y sus organizaciones. Es a t ravés de experiencias
efect ivas y articuladas de autodependencia que podrá relat ivizarse
el prejuicio de que la eficiencia necesariamente va de la mano
con la centralización en la toma de decisiones.
Desdeñar el papel del Estado y de las polít icas públicas en la
ejecución de las t areas de planificación y asignación de recursos
es expresión de irrealismo. En el otro ext remo, reducir la
organización social y product iva gest ada por la sociedad civil a
un Est ado macrocefálico es viciar el proceso desde la part ida.
Foment ar la autodependencia en múlt iples espacios exige, en
cambio, considerar el desarrollo ya no como expresión de una
clase dominant e ni de un proyecto polít ico único en manos del
Est ado, sino como producto de la diversidad de proyectos
individuales y colect ivos capaces de pot enciarse ent re sí. De ahí
que para garant izar t ales procesos, el Estado deberá desempeñar
un papel fundament al abriendo espacios de part icipación a
dist int os actores sociales, a fin de evit ar que, a t ravés de la
reproducción de mecanismos de explot ación y de coerción, se
consoliden proyectos autónomos perversos que at ent en cont ra la
mult iplicidad y diversidad que se pret ende reforzar.
Potenciaci ón de grupos y actores sociales
En cont rast e con la racionalidad económica dominant e, el
Desarrollo a Escala Humana, cent rado en la promoción de la
aut o-dependencia en los diversos espacios y ámbitos, no
considera la acumulación como un fin en sí mismo ni como la
panacea que remedia t odos los males de los países en desarrollo.
Pero no por ello minimiza la import ancia de la generación de
excedent es, sino que la subordina a la const it ución de grupos,
comunidades y organizaciones con capacidad para forjarse su
autodependencia. Mediante su expansión y art iculación, desde los
micro-espacios hasta los escenarios nacionales, podrá asegurarse
que la acumulación económica redunde en una sat isfacción
progresiva de las necesidades humanas de la población. La
capacidad de los diversos grupos e individuos para decidir .sobre
sus propios recursos y regular sus dest inos garant iza un uso de
excedent es que no sea discriminatorio ni excluyent e.
Espacios y actores
En los espacios locales –de escala más humana– es más fácil que
se generen embriones de aut odependencia cuyas práct icas cons-
t it uyan alt ernat ivas pot enciales a las grandes est ruct uras pira-
midales de poder. Es en los espacios a escala humana donde
desarrollo personal y desarrollo social más pueden reforzarse
ent re sí. No hay, por lo t ant o, dependencia que pueda combatirse
si no se empieza por rescat ar los embriones cont radependient es
que se gest an en las bases de la organización social. El rol del
Est ado y de las polít icas públicas debe incluir, pues, la t area
medular de det ectar estos embriones, reforzarlos, y promover su
fuerza mult iplicadora. Es, por lo demás, en los espacios locales
donde las personas se juegan la primera y últ ima inst ancia en la
sat isfacción de las necesidades humanas.
Polít icas alt ernat ivas centradas en el Desarrollo a Escala
Humana han de est imular la const it ución de sujetos sociales
capaces de sost ener un desarrollo autónomo, autosust ent ado y
armónico en sus diversos ámbit os. Esto no significa, claro est á,
que el desarrollo sólo se limite a privilegiar espacios microsociales.
La fuerza con que la recesión int ernacional remece a los países
lat inoamericanos, y los desequili brios est ruct urales del capit alis-
mo perifér ico, t ornan insuf ici ent e dicho énf asi s si no se lo
concilia con polít icas globales que aligeren la precariedad de las
grandes masas desposeídas. Pero t ales polít icas deben incluir en
su agenda el imperat ivo de asignar recursos que puedan pot enciar
procesos de autodependencia en el espacio local.
Autodependenci a versus i nstrumentalizaci ón
El desarr ol lo aut odependi ent e revi ert e l a t endenci a a
homogeneizar e instrument alizar a los sect ores y actores sociales
90 91
Desarrollo y autodependencia
en nombre de la eficiencia y de la acumulación. Es corrient e en
el mundo en desarrollo, y en América Lat ina en part icular, pagar
por la acumulacion y la eficiencia el precio de la dependencia.
Pero la dependencia inhibe la sat isfacción de las necesidades
humanas, y por lo t ant o es un precio que no debiera t olerarse.
Obliga a manipular a las masas desposeídas en función de las
exigencias de los grandes cent ros de poder económico, e induce
a int erpret ar las heterogeneidades cult urales, product ivas y
organizat ivas como meros obstáculos al crecimiento.
A est a racionalidad económica es preciso oponer ot ra
racional i dad cuyo eje axiol ógi co no sea ni l a
acumul ación indiscriminada, ni el mejoramiento de
indicadores económicos convencionales que poco dicen del
bienest ar de los pueblos, ni una eficiencia divorciada de la
sat isfacción de las necesidades humanas. Esta otra
racionalidad se orienta al mejoramiento de la calidad de
vida de la población, y se sust enta en el respeto a l a
diversi dad y en la renunci a a convert i r a las personas
en instrumentos de ot ras personas y a los países en
inst rumentos de otros países.
Lógi ca económi ca versus éti ca del bienestar
A una lógica económica, heredera de la razón inst rument al que
impregna la cult ura moderna, es preciso oponer una ética del
bienest ar. Al fet ichismo de las cifras debe oponerse el desarrollo de
las personas. Al manejo vert ical por part e del Est ado y a la
explot ación de unos grupos por otros hay que oponer la gestación de
voluntades sociales que aspiran a la part icipación, a la aut onomía
y a una ut ilización más equit at iva de los recursos disponibles.
Es imperioso desembarazarse de cat egorías a priori y de
supuest os que hast a ahora han sido incuest ionados en la macro-
economía y en la macropolít ica. Una opción por el Desarrollo a
Escala Humana requiere est imular el prot agonismo de los sujet os
para que hagan de la aut odependencia su propia opción de
desenvolvimiento y t engan la capacidad de irradiarla a otros
sectores de la sociedad. Lo decisivo para este desarrollo es cómo y
qué recursos generar y ut ilizar para pot enciar micro-espacios y
sujet os con volunt ad de autodependencia.
La autodependencia implica una especie de regeneración o
revit alización a t ravés de los esfuerzos, capacidades y recursos
de cada uno. Estrat égicament e significa que lo que puede
producirse (o lo que puede solucionarse) a niveles locales es lo
que debe producirse (o lo que debe solucionarse) a niveles
locales. El mismo principio se aplica a niveles regionales y
nacionales.
La opci ón por la autodependenci a
Aut odependencia significa cambiar la forma en la cual las
personas perciben sus propios pot enciales y capacidades, las
cuales a result an menudo, autodegradadas como consecuencia de
las relaciones cent ro-periferia imperant es. La reducción de la
dependencia económica, que es uno de los objet ivos del
desarrollo aut odependient e, no int ent a ser un sust it ut o del
intercambio económico, que será siempre necesario. Siempre
hay bienes o servicios que no pueden ser generados o provist os
local, regional o nacionalment e. Por lo t ant o, la autodependencia
debe necesariament e alcanzar una nat uraleza colect iva. Debe
t ransformarse en un proceso de int erdependencia ent re pares,
a fin de que formas de solidaridad prevalezcan por encima de la
compet encia ciega.
El desarrollo autodependient e permit e una sat isfacción más
complet a y armoniosa del sist ema t otal de necesidades humanas
fundament ales. A t ravés de la reducción de la dependencia
económica, la subsi st encia se prot ege mejor, puest o que las
fluct uaciones económicas (recesiones, depresiones, et c.)
provocan mayores daños cuando prevalece una estruct ura de
dependencia cent ro-periferia. Más aún, incent iva la part icipación
y la creat ividad. Est imula y refuerza la ident idad cult ural a través
de un aument o de la aut oconfianza. Por últ imo, las comunidades
logran un mejor ent endimient o de las tecnologías y de los
procesos product ivos, cuando son capaces de aut oadminist rarse.
Sobre el inundo invisible
El mundo invisi ble y su potenci al
En las páginas que siguen no se pret ende convert ir a los sectores
invisibles ni a las micro-organizaciones en los absolut os port ado-
res de una transformación est ruct ural de la sociedad, ni t ampoco
en los redent ores de la historia cont emporánea. Si hemos consa-
92 93
Desarrollo y autodependencia
grado un espacio considerable del documento a est os act ores, ha
sido con la int ención de enfat izar lo que en buena part e de la
literat ura del desarrollo se soslaya, a saber: toda esa «infrahist oria»
de la vida cot idiana donde las práct icas product ivas se ent roncan
con estrat egias colect ivas de supervivencia, ident idades
cult urales y memoria popular. Conscient es de t odas las
limitaciones del mundo invisible, t anto en lo económico como en
lo cult ural, nos parece, sin embargo, que ese mundo cont iene y
produce relaciones entre práct icas económicas, organizaciones
sociales y rasgos cult urales, que. no pueden obviarse en el análisis
si lo que se busca es un desarrollo endógeno. Finalment e, nuest ro
énfasis en el mundo invisible y sus micro-organizaciones
obedece t ambién a la necesidad de complement ar ot ras
perspect ivas, que han concentrado sus esfuerzos en comprender
las dinámicas de ot ros actores (los jóvenes, la mujer, los
sindicatos, los empresarios, el Est ado, et c.), con una perspect iva
«de abajo hacia arriba» capaz de recuperar corno relevant e lo
que t radicionalment e ha t enido rango de marginal. No con el
objeto de mist ificar lo marginal, sino de reconocer su valor y
potencial, en tanto uno de los actores sociales prot agónicos para
una democrat ización part icipat iva, descentralizada y a escala
humana.
La sit uación de cr isis económica que at raviesa América
Lat ina se manifiest a de muchas maneras. Una de las más
significat ivas es la expansión sostenida de los sectores invisibles
en el curso de. los últ imos años. En países con altos índices de
desempleo, como es el caso de Chile, el cont ingent e de población
act iva que t rabaja en ocupaciones no asalariadas es de t al
magnit ud que ya pierde todo sent ido considerarlo corno sector
residual de la sociedad. Por una curiosa dialéct ica, t ales sectores
se manifiestan a la vez como expresión ext rema de la crisis y
como event ual embrión para revert irla. Por falt a de oport unidades
en el mercado formal, los t rabajadores desocupados y sus
familias generan formas alt ernat ivas de organización product iva
y de act ividad laboral, dando origen a una sorprendent e
diversidad de est rat egias de supervivencia. En cuanto expresión
ext rema de la crisis, los sect ores invisibles revelan la máxima
precariedad de condiciones de vida y de trabajo, product o de la
inseguridad permanent e que impone un mercado compet it ivo
donde la baja product ividad del sect or plant ea grandes
desventajas. Todo esto se agrava por el hecho de que los sectores
invisibles se tornan funcionales a un capit alismo que es incapaz
de generar los empleos product ivos necesarios en la economía
formal.
Fortalecimiento de las micro-organizaciones
En cuanto embrión para revertir la crisis, el mundo invisible crea,
en función de sus est rat egias de supervivencia, un sinnúmero de
microorganizaciones product ivas y comunit arias, donde la ét ica
solidaria que se da al interior de las mismas const it uye un recurso
indispensable para sobrevivir y desplazarse en un medio en el
que impera la lógica compet it iva. De modo que las fuerzas
endógenas de la solidaridad se confront an permanent emente con
las fuerzas exógenas de la compet encia. En est a confront ación,
las perspect ivas son dos, y diamet ralment e opuest as: 1) que las
presiones exógenas debilit en est as organizaciones, las disuelvan
por «inercia» o las incorporen a la racionalidad compet it iva del
sist ema dominante; o 2) que est as organizaciones se fort alezcan,
conquist en grados crecient es de aut odependencia e irradien su
fuerza solidaria hacia otros segment os de la sociedad. Para que
lo segundo suceda se requiere descent ralizar las decisiones,
desconcent rar los flujos de recursos y promover la part icipación
popular.
Lo anterior no significa que una polít ica de desarrollo
aut odependient e deba abocarse exclusivament e al
fort alecimient o int erno de los sect ores invisi bles. Semej ant e
t esit u
r
a sería parcial y reduccionist a. De lo que se t rata es de
rescat ar t odo el arsenal de creat ividad social, de solidaridad y
de iniciat ivas autogest ionarias que el mundo invisible se ha
forjado para sobrevivir en un medio excluyente, para oponerlos,
a través de polít icas globales, al imperio exclusivo de una
lógica compet it iva y dependient e.
La necesidad de redes horizontales
En est e sent ido, los act ores invisibles deberían configurar redes
horizont ales, desarrollar acciones de apoyo mut uo, art icular
práct icas individuales y grupales, y así plasmar proyect os com-
partidos. Así será posible acabar con la atomización que amenaza
su existencia. Proyectos nacionales que abran a estos sect ores las
posibilidades de part icipar en la toma de decisiones, permit irán
at enuar las presiones exógenas y fort alecer los pot enciales
endógenos.
94 95
Desarrollo y autodependencia
El mundo invisi ble y l a crisi s latinoameri cana
Un rasgo inconfundible del desarrollo lat inoamericano en lo que
se refiere a los mercados de t rabajo es la insuficiencia de los
sectores económicos para absorber el incremento de la población
económicament e act iva. Ello genera un excedent e de fuerza de
t rabajo que desemboca en un aument o del cont ingent e de
desempleados y subempleados. Quienes se encuent ran en este
cont ingent e se insert an en el mercado de trabajo de manera muy
diferenciada, const it uyendo segment os het erogéneos que
conforman t anto el aut o-empleo de bajos ingresos como también
una pluralidad de formas de organización social del t rabajo
donde predominan unidades product ivas no inst it ucionalizadas,
es decir, localizadas fuera del sector product ivo formal.
Individuos y familias, organizados en microunidades
económicas que ocupan los int erst icios del sist ema y
desempeñan act ividades económicas desdeñadas por el núcleo
capit alist a moderno, componen una fracción significat iva de la
fuerza de trabajo en casi t odos los países de América Lat ina.
Est e excedent e de nat uraleza est ruct ural vio ext endida su
part icipación con el discurrir de la crisis económica que ha
afect ado a los países de la región desde 1981. Esto significa que
a un excedent e est ruct ural de la fuerza de t rabajo se incorporó un
contingent e coyunt ural de considerable magnit ud, lo que agudiza
un problema que ya era crónico.
Est udios realizados para varios países revelan t ant o un
aument o sust ancial del desempleo como una int ensificación del
subempleo. Para muchos t rabajadores que han sido expulsados
del sect or moderno, la inserción en mercados no organizados y
en act ividades no inst it ucionalizadas const it uye la principal
alt ernat iva al desempleo, sobre todo ant e la falt a de cualquier
legislación social de prot ección al trabajador desempleado.
Est imaciones bast ant e conservadoras muest ran que en Brasil,
ent re los años 1981 y 1983, los sectores informales urbanos
crecieron a una- t asa del 6.6% al año, aument ando
significat ivament e la part icipación de est os sect ores en la
ocupación no agrí cola. Dichos segment os han t enido un
import ant e papel en el ajust e de los mercados de t rabajo,
amort iguando el impact o social del desempleo durant e la crisis e
increment ando su peso relat ivo en el tot al de la población
ocupada.
Las omisiones de las estadísticas
Los sect ores no organizados y no inst it ucionalizados de la fuerza
de t rabajo, denominados genéricamente sectores «informales»,
no agot an el concept o de «sectores invisibles», sino que est án
cont enidos en est os últ imos. Si los sist emas de informaciones
est adíst icas exist ent es en la mayoría de los países de la región son
incompletos e inadecuados para comprender la dimensión,
est ruct ura y dinámica de los sect ores informales, la medición de
los ot ros segmentos invisibles es práct icament e inexist ent e y
sólo asoma en encuest as e invest igaciones aisladas de caráct er
local.
En contrast e con est as carencias en la invest igación, los
segmentos invisibles, vist os como un todo, t ienen considerable
import ancia en los países de la región, pues desarrollan
est rat egias de supervivencia alt ernat ivas a las que exist en en el
mercado formal del t rabajo. La relevancia de t ales segmentos no
se limit a ni a su volumen absolut o ni a su peso relat ivo, sino que
comprende t ambién su papel alt ernat ivo en cuant o a las formas
de supervivencia de sus miembros. Esto últ imo trasciende la
capacidad de los sist emas de información vigentes, lo que una vez
más evidencia que, desde el punt o de vist a analít ico y de la
formulación de polít icas, dichos sist emas sólo parecen t omar en
cuent a lo que puede ser medido. Al carecer de una adecuada
base t eórica para abordar est os ámbitos, los regist ros
demográficos, de fuerza de t rabajo y de cuent as nacionales
carecen de una orientación básica para producir las mediciones
relevant es.
Desafíos metodológicos y de reconceptualización
Las lagunas t eóricas y est adíst icas recién mencionadas dificult an
el diseño de una t axonomía para los sectores invisibles. Dicha
t axonomía debiera esclarecer no sólo lo que hacen y no hacen
esos sect ores, sino además agrupar las múltiples act ividades y
ocupaciones «invisibles» en cat egorías de análisis que permit an
aprehender, tras la absolut a heterogeneidad de est os sectores, los
elementos que ellos compart en ent re sí. Semejant e t area es
indispensable para est udiar la presencia de un conjunt o muy
ext endido de personas que ocupan int erst icios en la moderna
economía de mercado, desde donde forjan alt ernat ivas en mat e-
ria de organización product iva y organización social del trabajo,
alt ernat ivas que son esenciales para su supervivencia individual
y colect iva.
96 97
Una primera exigencia es la de ext ender el concepto de
t rabajo allende l a noción convencional de empleo. Est a últ ima
se reduce a una relación de salario y de subordinación al
capit al. En las sociedades lat inoamericanas los sectores
invisibles present an, por su propia het erogeneidad, una
diversi dad de formas de t rabajo que escapan a l a noción
convencional de empleo. Est e t rabajo puede asumir un
car áct er indi vi dual , como es el caso de los aut o-
empl eados, o colect ivo organizado en familias, asociaciones,
pequeñas organizaciones comunit arias, micro-empresas, et c. No
siempre el t rabajo en est os ámbit os t iene mot ivaciones
excl usivament e económicas, si bien en la mayoría de los
casos sur ge de la necesi dad de obt ener ingresos. El t rabajo
t ambién puede ser soli dario, movil izador de energías
sociales, part icipat ivo, dirigido a mejorar la infraest ruct ura
social o bien consagrado a lograr al guna conquist a polít ica
como puede ser la generación de mayor aut onomía en las
decisiones comunit ari as. Est o exige t rascender la reducción
del concept o de t rabajo a l a ópt ica de fact or de producción
o de la condición de demanda derivada. Est as son cat egorías
convencionales aplicadas a la noción de empleo y de poco
sirven para comprender formas de t rabajo regidas por
racionalidades o mot ivaciones dist int as. Una perspect iva int egral
del desarrollo debe cont ar con un concepto más amplio del
t rabajo, entendiéndose t ant o su función de generador de ingresos
(salarios u ot ros) como en sus efect os sobre la cali dad de
vida, a saber: como satisfacía
.
de necesidades humanas y como
cat alizador de energías sociales.
Un proyect o de sociedad más j ust a y part icipat iva par a
l os países de Amér ica Lat ina debe incl uir la eval uación del
si gnifi cado hi st óri co de est as diversas formas de
or ganización individual y social del t rabajo. Es necesar io
ver ifi car si las mi smas const it uyen formas alt ernat ivas
para un nuevo est ilo de desarrollo aunque t engan, por el
moment o, sólo un caráct er embrionario. T al eval uación
obl i ga a det ect ar l as múlt ipl es r acional i dades exist ent es
en est as organi zaciones. Pero para que la invest i gación
t eórica pueda t raducirse en cambios polít icos es preciso t ambién
i dent if icar a los nuevos act ores soci ales que est án
emer giendo desde el int erior de aquellos segment os y que
const it uyen agent es pot enciales de cambios. Tant o la
ident ificación de racionali dades como de act ores soci ales
cont ribuirí a a viabi lizar nuevas formas de organización
capaces de t ransformar la realidad social.
Tales t areas no pueden, empero, minimizar el papel histórico
Desarrollo y autodependencia
que, en las soci edades l at inoamer i canas, han
desempeñado el capit al, principal inst rument o de
modernización económica en la r egi ón, y el Est ado, que
si empr e ha asumi do el papel de viabi l i zador de los
avances capit al i st as. Est os dos component es t ienen una
dimensión insosl ayable en nuest ros paí ses, y desconocerlos
puede inducir a graves errores de anál isis en relación a los
rumbos que el desarrollo podrá asumir en est as sociedades.
Autodependenci a y producci ón de conocimientos
El Desarrol lo a Escal a Humana r equier e reest r uct urar la
promoción de conocimient os con miras a socializar la
conciencia crít ica y los inst rument os cognoscit ivos
necesar ios par a cont rarrest ar las múlt iples formas de
dependencia. Tal reest ruct uración precisa que las nuevas
i deas se confront en con aquél las hast a ahora dominant es
en los espacios de las pol ít icas públicas. De all í la
necesi dad de r eal i zar un conj unt o de acciones que
permit an logr ar que est as i deas sean di scut i das y
prof undizadas en los múlt iples ámbit os y escenarios
donde se int ent a promover un desarrollo cent rado en las
personas.
Es preci so desarrollar est udios que permit an crear
bases de dat os capaces de medir o eval uar lo relevant e
para el Desarrollo a Escala Humana. En t al sent i do, será
necesario modif icar los sist emas de información
est adíst ica y cualit at iva, de manera que reflejen las
het erogeneidades est ruct urales y las especificidades
psi cocult urales de las dist int as regiones, y sobr et odo, l as
pot encialidades que subyacen en est as diversidades.
Es necesar io impul sar la part i cipación popular en los
si st emas de producción de información. Ello requerirá, por una
part e, redi señar los sist emas est adí st icos y de producción
de dat os, de f orma t al que hagan accesi ble la información
a las per sonas y result en relevant es para sus int ereses. Lo
dicho demandará profundizar y socializar las técnicas de
aut odiagnóst ico comunit ario.
Result a convenient e impul sar la cr eación de bancos de
ideas a nivel nacional e int ercomunicados a nivel
lat inoamericano. En di chos bancos deber ía reunir se
i nformación sobre pr oyect os e iniciat ivas de base que
apunt en hacia la aut odependencia local pot enci ando el uso
de r ecur sos no convenci onal es, (véase pág. 106), como
t ambi én sobre t ecnologías y pol ít icas públi cas afines con el
Desarrollo a Escala Humana.
98 99
Desarrollo y autodependencia
Es recomendable hacer esfuerzos para modificar los currículos
de enseñanza en los cent ros de educación superior para que
incorporen sist emát icament e la reflexión sobre alternat ivas de
desarrollo en sus aspect os proposit ivos, epist emológicos y
met odológicos. La formación de invest igadores en est a materia
es indispensable t ant o para int egrar conocimient os y
experiencias en provecho del Desarrollo a Escala Humana como
para evit ar la tiranía de ideologías reduccionistas y de visiones
unidimensionales sobre el t ema.
Es preciso mejorar la formación de educadores de adult os y la
capacit ación de promotores del desarrollo para que sea
consist ent e con los objet ivos de la aut odependencia. la
sat isfacción de las necesidades humanas y la part icipación
comunit aria.
Es aconsejable, t ambién, elaborar programas de post-grado en
docencia e invest igación, a fin de hacer aport es sist emát icos en
t orno de los problemas que se pl ant ean en relación a la
búsqueda de alt ernat ivas de desarrollo para nuestros países.
Por últ imo, es recomendable propiciar la formación de una
red de cent ros de invest igación y capacit ación que mant engan
ent re sí una est recha relación, a fin de ret roalimentarse
permanentemente en la construcción de un nuevo paradigma de
desarrollo.
Sobre las micro-organizaciones
Las mi cro-organizaciones en l os sectores invi si bles
Una de l as manifest aciones más gravit ant es de los sect ores
invisibles la const it uye un amplio espect ro de micro-empresas y
otras pequeñas organizaciones económicas que operan en los
int erst icios o brechas dejadas por el gran capital. La racionalidad
de est as micro-organizaciones puede est ar det erminada por la
necesidad de supervivencia en el marco de crisis agudas, por la
falt a de oport unidades brindadas en la moderna economía de
Mercado, o por una alternat iva conscient e asumida frent e a la
disciplina y jerarquía dominantes, t anto en el empleo del sector
formal como en la t radición histórica general. En t odos est os
casos, la racionali dad que r ige a las micro-organizaciones no
t iene como fundamento único el principio capit alist a de
acumulación mediant e el lucro.
Heterogeneidad de las micro-organizaciones
Cabe dest acar que generalment e est as micro-organizaciones
económicas se encuent ran subordinadas al núcleo capit alista
moderno; pero la diversidad de est as organizaciones y sus dist in-
t as racionalidades las diferencia de las empresas que, ubicadas en
el sector moderno, operan sobre bases capit alist as en mercados
cada vez más caract erizados por el oligopolio concentrado. Al-
gunos est udios han demostrado cómo las diferent es est ruct uras
con que operan esas micro-organizaciones generan diferencias
de product ividad y de ingresos que t ornan poco atrayent es los
t rabajos ej erci dos en esos segment os no inst it ucionalizados,
salvo para grupos de baja calificación y para personas con mayor
dificult ad para acceder al mercado formal. Sin embargo, también
exist en casos en que las micro-organizaciones han emergi do
como alt ernat iva consciente a la disciplina del t rabajo asalariado
o como mecanismo social de defensa frente a un ambient e social
y polít icament e host il. En t ales casos, donde prevalece la mot i-
vación por nuevas experiencias sociales o por mecanismos de
solidaridad dict ados por la necesidad de supervivencia de grupos
o comuni dades, el t rabajo desempeña un papel diferent e al
ejercido cuando los segment os sólo operan por falt a de oport uni-
dades deseables en el sect or moderno de la economía. La het e-
rogeneidad del sect or es mult idimensional; a las dimensiones
recién aludidas cabe agregar que los segment os invisibles son
t ambién muy diversos en lo que se refiere al sect or de act ividad
donde se localizan, a su producción y comercialización de bienes y
servicios y a sus formas de organización social del trabajo (micro-
unidades individuales, cooperativas, micro-unidades familiares, et c.)
Inestabilidad de las micro-organizaciones
Ot ro rasgo de las micro-organizaciones es su inest abilidad, evi-
denciada por sus elevadas tasas de nacimient o y muert e. Tales
organizaciones encuent ran serias dificult ades para sobrevivir
individualmente. Su supervivencia depende de fact ores t ales
como: t amaño del mercado, localización, est ruct ura de costos,
divisibili dad de las vent as, posibilidades para ingresar en un
mercado compet it ivo, posibilidad de diversificar sus fuent es de
insumos y de mat erias primas, capacidad para evit ar la depen-
dencia respect o de pocos compradores (en especial los int erme-
diarios), acceso al. crédito, etc. Est os element os, determinant es
100 101
para la aut o-reproducción de las micro-organizaciones, pueden
reforzarse en base a programas de asist encia, provengan de
inst it uciones públicas o privadas. A part ir de una nueva
concepción de la gest ión de los recursos económicos y sociales,
(ver Sobre recursos, pág. 106) y de una visión alt ernat iva del
proceso de desarrollo, puede atenuarse gradualment e el caráct er
dependient e, inest able e int erst icial de las micro-organizaciones
en sociedades que, como las lat inoamericanas, cuent an con una
aguda het erogeneidad est ruct ural.
De no mediar nuevas visiones e int erpret aciones, la mayor
part e de las microorganizaciones económicas t enderán a vivir
una historia cort a, paut ada por episodios limit ados de acumula-
ción y por t ent at ivas frust radas de crecimient o. Aunque parezca
paradoja!, est as act ividades propias de los sect ores invisibles
t ienen un t remendo pot encial para at acar el flagelo del
desempleo. De ahí la necesidad de apoyarlas y est imularlas de
manera coherent e, ya que los sect ores modernos de la economía no
serán capaces por sí solos de resolver los efectos adversos de la
crisis.
Micro-organizaciones y macropolíticas
Para la permanencia y el desarrollo de est as organizaciones es
fundamental el papel ejercido por el Estado. Est e podra minar la
existencia de aquéllas, sea por simple omisión o por la represión
de movimient os sociales que, al nacer en el seno de las micro-
organizaciones, pueden aliar se a ot ros sect ores de la sociedad
civil en la lucha por rescat ar el poder concentrado por el Est ado.
De fundamental importancia para la promoción de micro-
organizaciones con vist as a cambios estruct urales resulta, pues, la
art iculación micro-macro, por cuant o el impacto sociopolít ico y
económico de las micro-organizaciones que se forjan en los
sect ores invisibles dependerá de su capacidad de gravit ación en
el conjunto de la sociedad. Ella dependerá, a su vez, de si est as
organizaciones sólo est ruct uran estrat egias de simple supervi-
vencia o si además, y a t ravés de est as estrat egias, se const it uyen
en embriones de un desarrollo alt ernat ivo.
Li mitantes y potenciales de l as mi croorganizaci ones
Sería t ot alment e absurdo ident ificar el Desarrollo a Escala
Humana, en su más amplio sent ido, con los sectores invisibles, y
Desarrollo y autodependencia
mucho menos con un subconjunt o de éstos que llamamos micro-
organizaciones económicas. Cabe, empero, ident ificar en est as
unidades el embrión de formas diferent es de organización social
de la producción y del trabajo que podrían rescat arse para nuevos
est ilos de desarrollo y pot enciarse con esa finalidad a t ravés de
la acción polít ica y de programas de apoyo pert inent es.
Una de las dimensiones a t ravés de las cuales se manifiest a la
crisis económica y social que padecen los países de la región es
la problemát ica de los sect ores invisibles. De allí la función
relevant e que éstos cumplen en la búsqueda de una opción para
la superación de la crisis. Pero aunque alt ernat ivas al orden
exist ent e nazcan y maduren en algunos espacios micro-sociales
del mundo invisible (espacios contra-hegemónicos que conjugan
una economía, una cult ura y una volunt ad polít ica), su
t ransformación en alt ernat ivas viables de efecto global requiere
ident ificar y reforzar aquellos sujetos capaces de impulsar su
realización práct ica. Es desde est a perspectiva que la cuest ión de
lo invisible ha de concebirse corno parte de la problemát ica de la
t ransición hacia nuevas formas de or ganización social . Al
respect o no puede desconocerse que en algunas experiencias
asociadas con el mundo invisible, ya se despliegan iniciat ivas que
pueden llegar a sobrevivir a la coyunt ura de crisis que les dio
origen.
Cualquiera sea la est ruct ura que define a los sect ores
invisibles, la incidencia polít ica de ést os sobre el resto de la
sociedad dependerá t ambién del caráct er react ivo o creat ivo de
los sujet os involucrados. En ot ras palabras, para la promoción de
cambios est ruct urales es necesario separar, al int erior del
mundo invisible, lo que son meros mecanismos de resistencia
frent e a la crisis, de lo que son mecanismos mot ivados por la
búsqueda de mayor autonomía. Est os últ imos pueden
desembocar en una est ruct ura más durable e inspirar la creación
de nuevas estrat egias de desarrollo.
La autodependencia como proceso socioeconómico
La mayor autodependencia que las organizaciones populares
pueden alcanzar en su funcionamiento y gest ión est á direct ament e
det erminada por la manera en que t ales organizaciones se
insert an y part icipan en el mercado. Hay que reconocer, sin
embargo, que la aut odependencia absolut a es una ut opía.
Lo deseable-posible es lo conquista de grados crecientes de
102 103
Desarrollo y autodependencia
autodependencia. En ot ras palabras, la aut odependencia queda
det erminada por el modo en que las micro-organizaciones se
relacionan con ot ros sujet os y organizaciones. Puest o que la
aut odependencia se forja a t ravés de esas relaciones, no se t rata
de un hecho, sino de un proceso definido por un sist ema de
relaciones. Si ant e las presiones de la crisis, muchas
organizaciones económicas populares se esfuerzan por forjar
práct icas de aut ogest ión, ello const it uye de por sí un import ante
paso no sólo hacia la autodependencia, sino t ambién hacia una
mayor autonomía, pues revela, por part e de grupos y
comunidades, la volunt ad de ejercer el control sobre sus propias
condiciones de vida. Es en esa medida que const it uyen uno de
los embriones para un Desarrollo a Escala Humana. El
problema consist e, pues, en ident ificar modos de organización y
operación int ernos y sist emas de relaciones con el mercado
ext erno, que permit an a est as organizaciones conquist ar grados
crecient es de autodependencia y autonomía para adopt ar
librement e decisiones en función de sus propios objet ivos e
intereses. Todo est o en la perspect iva de un progresivo
desarrollo de las capacidades personales y de cont rol sobre las
propias condiciones de vida, para desplegar modos de ser y de
act uar alt ernat ivos que se proyecten hacia una t ransformación
de las relaciones económicas y sociales, sust ent adas en una
cult ura democrát ica.
La consecución de est os fines requiere que las
organizaciones posean los factores necesarios para generar los
act ivos e ingresos económicos indispensables a fin de sat isfacer
las necesidades de consumo de sus int egrant es y reponer y
ampliar los fact ores ut ilizados. Est os factores deben combinarse
en cant idades y calidades definidas de t al forma que la unidad
económica pueda asegurar su reproducción y crecimiento. Por
ello la capacidad de las microorganizaciones de perpet uar su
exist encia mediant e la generación de excedentes que permit an
financiar su crecimiento result a esencial, además, para
increment ar su aut odependencia.
Desafíos para el Estado
Una amenaza permanent e para el logro de mayores niveles de
aut odependencia y autonomía de las micro-organizaciones es el
intent o de coopt ación por part e del aparat o del Est ado, de los
part idos polít icos y de ot ras inst it uciones que operan con la
lógica del poder. Las organizaciones económicas y movimientos
sociales en general son con frecuencia neutralizados por un
escenario polít ico de estruct uras piramidales que ent re sí se
disput an hegemonías.
El problema de la coopt ación es determinant e para las
art iculaciones ent re organizaciones locales y procesos globales.
La coopt ación se realiza mediant e la ident ificación y
manipulación polít ica de los actores sociales, lo que
invariablement e conduce a la pérdida de ident idad de éstos y a su
ut ilización para fines que desvirt úan sus objet ivos endógenos. En
est a dinámica, el sist ema de relaciones que se est ablece ent re las
micro-organizaciones y las macroest ruct uras de poder, remat a en
la pérdida del control de aquéllas sobre sus propios recursos y
sobre su dest ino.
El sent ido que asuman est as art iculaciones depende en gran
medida de las característ icas del proceso polít ico, del carácter de
las inst it uciones est atales y del proyecto ideológico que define al
Est ado. En el context o de los procesos polít icos autorit arios y
ant i-democrát icos, las subvenciones públicas suelen acompañarse
de condicionamientos y mensajes dest inados a inducir en las
comunidades beneficiadas det erminados comportamient os, o
dirigidos a evit ar acciones que el Est ado considera
inconvenientes para el orden social y polít ico est ablecido. En los
casos en que rige el est ado de derecho y la sociedad se organiza
como democracia merament e represent at iva, las subvenciones y
asignaciones de recursos públicos se encuadran en polít icas de
reforma social que van acompañadas de mensajes ideológicos o
doctrinarios que t ambién condicionan el funcionamient o de las
micro-organizaciones y de los movimientos sociales, mermando
su capacidad de aut onomía y aut odependencia. Sin embargo, es
evident e que un est ado de derecho es mucho más propicio para
la coexistencia de múlt iples ident idades socio-cult urales que un
régimen aut orit ario. Más aún, es condición necesaria–aunque no
suficient e– para promover la aut onomía y la aut odependencia en
los diversos ámbitos y espacios. Tant o el juego polít ico
democrát ico, como un sist ema económico que dist ribuya
recursos conforme a las necesidades de los dist int os grupos y
sect ores sociales, son requisit os indispensables para la
promoción de un est ilo de desarrollo como el que aquí se
propone.
104 105
Sobre recursos
Recursos paral a autodependencia
En mat eria de polít icas concret as orient adas al Desarrol lo a
Escala Humana en América Lat ina, un element o decisivo es el de
la generación y asignación de recursos dest inados a fort alecer
organizaciones locales que operan con una racionalidad cont ra-
hegemónica (solidaria, sinérgica, part icipat iva) y a increment ar
la aut odependencia de est as organizaciones. Si se fort alecen
«embriones de organización» puede at enuarse el riesgo de la
coopt ación de lo micro por lo macro, y puede aument ar la
permeabilidad de lo macro por lo micro. Una polít ica de recursos
para el desarrollo local ( descent ralizadora y part icipat iva) y
desde las organizaciones local es const it uye la pi edra angular
para unat ransformación est ruct ural «de abajo hacia arriba».
En est e sent ido es pr eci so examinar el problema de los
recursos al int erior de las pequeñas organizaciones económicas,
evaluar crít icament e las nociones convencionales de recursos,
buscar formas alt ernat ivas para movilizar recursos financieros y,
sobre t odo, ponderar la importancia de recursos no
convencionales para el desarrollo local y, part icularment e, para
el de las pequeñas organizaciones económicas.
El trabajo cornoun multi -recurso
Al analizar una unidad product iva a fin de evaluar su eficiencia
y su modo de organizar el proceso product ivo, el paradigma
ort odoxo de la t eoría económica, basado en el concept o de
función de producción, post ul a que el fl ujo de producción,
durante un ciert o período de t iempo, depende del stock de capital
y del uso de una cant idad det erminada de t rabajo, combinados en
una proporción dada. De ello se deduce que tanto el trabajo como
el capital no son sino factores de producción, vale decir, insumos
para el proceso product ivo. Bajo semejant e perspect iva nada
diferencia, en un sent ido formal, la máquina del t rabajo humano:
ést e se adquiere en el mercado como una mercadería cualquiera
dado que t iene un precio (salario) y est á sujet o al libre juego de
ofert a y demanda.
Si en su versión primit iva t rabajo y capit al fueron, para la
Desarrollo y autodependencia
t eoría económica, considerados homogéneos, post eriorment e la
noción de homogeneidad del capit al fue superada por la llamada
«Cont roversia del Capit al» o «Controversia de Cambridge». La
idea de homogeneidad del t rabajo fue t rascendida por la «Teoría
del Capit al Humano», pero ést a redujo el t rabajo humano a la
condición de capit al acumulable mediant e inversiones en
educación y ent renamiento. Además de ser objet able en el plano
ét ico, est a t eoría cont iene un sofisma ideológico merced al cual
los t rabajadores t ambién aparecen, en ciert a forma, como
capit alist as.
Más allá de los reduccionismos aludidos, est as nociones
omit en un conjunto de recursos relacionados con el trabajo y que
la experiencia histórica obliga a considerar. El t rabajo const it uye
mucho más que un fact or de producción: propicia creat ividad,
moviliza energías sociales, preserva la ident idad de la
comunidad, despliega solidaridad, y ut iliza la experiencia
organizacional y el saber popular para sat isfacer necesidades
individuales y colect ivas. El t rabajo t iene, pues, una dimensión
cualit at iva que no puede explicarse por modelos inst rument ales
de análisis ni por est imaciones economét ricas de funciones de
producción.
En el marco de la act ual crisis, la dimensión cualit at iva del
t rabajo se hace más manifiest a en las act ividades que desarrollan
muchas de las microorganizaciones. Se t rat a de elementos
int angibles, no mensurables ni definibles en unidades
comparables a las usadas para los fact ores de producción
convencionales. Ligados a una noción más amplia del t rabajo,
est os recursos desempeñan un papel decisivo al compensar la
escasez de capit al con elementos cualit at ivos para el aumento
de la product ividad. Ent endido como una fuerza que moviliza
pot encialidades sociales, el t rabajo, más que un recurso, es un
generador de recursos.
La reconcept ualización de los recursos –incluído el t rabajo–
es necesaria y viable. Permite superar visiones un
udimensionales que t ienden a subordinar el desarrollo a la
lógica exclusiva del capit al.
Las reconcept ualizaciones a que se ha hecho referencia y la
definición de alt ernat ivas para la generación de recursos exigen
considerar dos ámbit os fundamentales que se examinarán en los
it ems siguient es. El primero se refiere a los recursos no
convencionales, y el segundo a las alt ernat ivas de
financiamient o para el desarrollo local.
106 107
Desarrollo y autodependencia
Los recursos no convencionales
Los recursos no convencionales son import ant es no sólo para la
supervivencia de micro-organizaciones sino t ambién para la
const it ución y el desarrollo de movimientos sociales en dist intos
países de América Lat ina. Casos ilust rat ivos los encont ramos en
las Organizaciones Económicas Populares chilenas (OEP), en las
comunidades crist ianas de base del Brasil, en las organizaciones
de barriadas del Perú, en los movimientos juveniles y de mujeres,
en las asoci aciones indígenas, en los gr upos ecologist as y en
t ant os otros.
Organizaciones análogas existen en t odos los países de la
región, y son formadas por personas que han resuelt o unir
esfuerzos para enfrentar grupalmente la sat isfacción de sus nece-
sidades f undament ales mediant e la const rucción de proyectos
colect ivos de vida.
En el caso de las micro-organizaciones, muchas de ellas se
crean a fin de paliar la ausencia de oport unidades de t rabajo en
los sectores más modernos de la economía, pero t ambién buscan
alt ernat ivas conscient es frent e a la alienación y a la
jerarquización vert ical del t rabajo en las fábricas, en las oficinas
y en otros servicios organizados en t orno al núcleo capit alista
moderno. Buena part e de est as organizaciones no sólo se
consagran a act ividades económicas que garant icen su
aut oreproducción, sino que t ambién desarrollan act ividades
sociales, cult urales y recreat ivas. La producción y la
comercialización de bienes y servicios se complement a allí con
act ividades de aut oconst rucción, huert os orgánicos, cocina
comunit aria, compras comunes, t eatro popular y otras.
Más allá de los recursos económicos
Los recursos que t ales movimientos y organizaciones movilizan
no se agot an en lo que convencionalment e suele ent enderse por
recursos económicos. Mient ras estos últ imos se reducen al t raba-
jo, con sus varias califi caciones, y al capit al, ent re los ot ros
recursos se incluyen:
2. Conciencia social;
3. Cult ura organizat iva y capacidad de gest ión;
4. Creat ividad popular;
5. Energía solidaria y capacidad de ayuda mut ua;
6. Calificación y entrenamiento ofrecido por instit uciones de apoyo;
7. Capacidad de dedicación y compromiso de agent es ext ernos o
internos.
Es preciso dest acar la part icularidad muy especial que dist ingue
a los recursos convencionales de los no convencionales.
Mient ras los primeros se agot an en la medida en que se ut ilizan,
los segundos se pierden sólo en la medida en que no se ut ilizan.
Por ejemplo, el poder que se entrega, es poder que se pierde; el
dinero que se da es dinero que se deja de tener. En cambio, la
solidaridad que se da es sol i dari dad que cr ece; el
conocimient o que se ent rega es conocimiento que se expande.
Los recursos no convencionales pot encian un desarrollo que
va más al lá de la noción convencional de acumulación (aun
cuando la incluye), ya que se funda, además, en el acervo del
saber práct ico generado por la propia comunidad. Tal
acumulación de conocimientos amplía a su vez la pot encialidad
de los propios recursos: capacidad organizat iva, generación de
nuevas conduct as y opciones enriquecedoras de int eracción
comunit aria. Ot ro rasgo dist int ivo de estos recursos, y que
reviert e las perspect ivas economicistas habit uales, es que,
cont rariament e a los recursos económicos convencionales que se
caract erizan por la escasez, los recursos no convencionales
abundan. Tienen, además, una enorme capacidad de conservar y
t ransformar la energía social para procesos de t ransformaciones
profundas.
Complementación ent re recursos convencionales y no
convencionales
La pot enciación de recursos no convencionales, como los enu-
merados, est imula no sólo la autodependencia, sino que garant iza
una mejor ut ilización de los recursos convencionales, espe-
cialment e del capit al. Esto es fácilment e comprobable a la luz de
la experiencia de muchos proyect os locales ejecut ados en Amé-
rica Lat ina con apoyo de organismos int ernacionales. Muchísi-
mos proyect os que han cont ado con todo el apoyo financiero
necesario, acaban por desvanecerse debido a su incapacidad de
est imular las mot ivaciones y pot encialidades endógenas de los
grupos que se pret ende beneficiar. De ahí que t odo recurso
convencional que no se apoye en un querer ser y en un querer
hacer de la comunidad, es decir, en la emergencia de los recursos
108 109
no convencionales que la comuni dad deci da movili zar,
acabará por ser ineficient e.
Est a reconcept ualización de los recursos no sólo ext iende las
opciones en materia de planificación y polít icas, sino que
además destaca que el principal agente de t ransformación es la
capacidad del ser humano de movilizar su sensibilidad,
imaginación, volunt ad y su talento int elect ual en un esfuerzo que
se ext iende desde el desarrollo personal al desarrollo social, y que
genera así una conciencia int egradora que va de lo individual a lo
colect ivo, t ransformando recursos int ernos a la persona en
cat alizadores de una energía social transformadora. Es
precisament e est e caudal sinérgico de los recursos no
convencionales lo que los conviert e en una pieza clave para el
Desarrollo a Escala Humana. Y es por su dimensión hist órico-
cult ural que una polít ica de recursos no convencionales es
mucho más que una polít ica económica.
Recursos no convencionales y democraci a social
Est os recursos pueden ser inst rument os import ant es de
t ransformación en la medida en que se encuent ran enraizados en
las comuni dades y «almacenados» en la t radición hist órica y
cult ural. Son las comunidades las que pueden maximizar y
viabil izar el uso de ellos, pues t ales recur sos les son
inherent es. De modo que el potenciamiento en el uso de los
recursos no convencionales implica también el potenciamiento
de la participación comunitaria de la sociedad civil frente al
Estado y de la autodependencia frente a la dependencia.
A los recursos no convencionales mencionados pueden
agregarse ot ros análogos que hacen referencia t anto al ámbito
histórico- ant ropológico como al de las est ruct ur as
social es, t al es como las redes sociales, la memor ia
col ect iva, la i dent i dad cult ural y las visiones del mundo.
La alt ernat iva orient ada al Desarrollo a Escala Humana pasa
necesariament e por una polít ica de act ivación de recursos no
convencionales. Ello obliga a asumir un enorme desafío
ideológico, cual es el de avanzar en la perspect iva de:
1. Ident ificar y aprovechar las coyunt uras hi st óricas
favorables a fin de mult iplicar las iniciat ivas que la
sociedad civil forja para administrar los recursos
disponibles en una dirección renovada.
Desarrollo y autodependencia
2. Ident ificar y ampliar los espacios sociales que
alber gan mayor pot encial en mat eria de recursos no
convencionales.
3. Ident ificar y est imular los act ores sociales capaces de
ut ilizar est os recur sos en f unción de cambios
est ruct urales hacia un Desarrollo a Escala Humana.
Al ternati vas de financiamiento local
El sist ema financiero convencional no ha sido adecuado para la
promoción del desarrollo local ni ha respaldado experiencias
alt ernat ivas de or ganización económi ca. El lo es part e de un
cont ext o polít ico que requiere de una revisión crít ica. Tanto más
import ant e es est a revisión cuando se toma conciencia de la
crisis económica que at raviesan los países de la región. Las
polít icas est abi l i zador as dest i nadas a resolver l os
probl emas de desequilibrio int erno y endeudamiento ext erno,
fueron minadas por un proceso irresponsable de
financiamient o a los grandes grupos económicos y al Est ado
por part e del sist ema financiero privado int ernacional. Lejos de
conducir a nuest ros países a su desarrollo, est os procesos
precipitaron una profunda crisis económica y social que no
t iene paralelo en la hist oria lat inoamericana. Si algo no puede
soslayarse, es el hecho de que el financiamient o a los grandes
grupos económicos y al Est ado agudizó una crisis que
empobreció aún más a aquellos sect ores que han si do
t radicionalment e exclui dos soci al, económica y
polít icament e del proceso histórico de expansión económica.
Uno de los principal es problemas en rel ación al
financi amiento local es el de la hipert rofia y cent ralización del
Est ado en América Lat ina. Más recursos est arían disponibl es
para promover la aut odependencia de los espacios local es si
se l levaran a cabo, en muchos de los paí ses de l a región,
r eformas a los sist emas t ri but arios, monet arios y
financi eros. Est o, a fin de permit ir que t ant o los recursos
públicos como los privados est én más direct ament e vincul ados
a las necesi dades locales y a los grupos más desprotegidos de
la población. La discusión en torno a la disyunt iva ent re
descent ralización y cent ralización se sit úa así en el cent ro
de l a probl emát i ca del Desarrol lo a Escal a Humana. Con
ello se replantea el papel del Estado como asignador de recur sos
para favorecer el desarrollo orient ado al fort alecimient o de
los espacios locales.
110 111
Desarrollo y autodependencia
Las inst it uciones financieras que se dediquen al
financiamient o local en función de un Desarrollo a Escala
Humana deben plant earse fines y formas de operar que
desborden el marco convencional del financiamient o. En
primer lugar, est as inst it uciones deben promover la creat ividad
local y apoyar iniciat ivas comunit arias que se organicen a
t ravés de relaciones solidarias, horizontales y equit at ivas. En
segundo lugar, t ales inst it uciones deben maximizar, en el nivel
local, l a veloci dad de cir cul ación del dinero. Est o
si gnif ica capt ar el excedent e generado localment e y hacerlo
circular la mayor cant idad de veces posi bl e al int erior del
espacio local, ampl iando así la capacidad mult iplicadora del
financiamient o a part ir de un nivel det erminado de ahorro. En
t ercer lugar, est as inst it uciones han de adecuarse para que los
propios ahorrant es o generadores de excedent es puedan decidir
sobre el dest ino de sus recursos, lo que permit iría mayor
t ransparencia a la relación ahorrant e-inversor, promoviendo
más part icipación en las act ividades consagradas a viabilizar
alt ernat ivas de desarrol lo en el espacio local. En cuart o
lugar, t ales inst it uciones financieras deben admini st rarse en
forma cooperat iva por per sonas de la propia comuni dad,
para lo cual l a ger encia t ambién debe ser de origen local. Por
últ imo, para que la inst it ución financiera local pueda sost ener
una imagen de credi bi li dad debe cont ar con prot ección
cont ra event ual es cr i si s de l i qui dez. Est a prot ección podría
asumirla una organización bancar ia t al como el Banco
Central o cualquier otro sólido banco oficial.
En función de lo ant erior , es menest er que el si st ema
bancar io en Amér i ca Lat ina incor por e una nueva
ori ent ación que amplíe su concepción de financiamient o.
Así podr á superar se la pr áct i ca r est ri ct iva en mat er ia de
pr ést amos, r emoviendo l as barreras conservadoras que
exigen garant ías pat rimoniales como condición imprescindible
para la concesión de crédit os.
Si n desmedro de su aut onomía, los bancos local es
t ambién podrí an est ar vi nculados t ant o al si st ema
f inancier o nacional corno al int ernacional. Con rel ación a
est a últ ima art iculación cabrí a pensar en l a creación de un
banco regional lat inoamer icano cuya f unción primor di al
fuer a la de apoyar el f inanci amient o l ocal . Di cho banco,
de cobert ur a r egi onal, podr ía concebir se como una
inst it ución cooperat iva int egrada por bancos locales.
Ot ra forma de financiamient o local es la de la llamada Banca
Descal za (Barefoot Banking). Se t r at a de un mecani smo
que generalment e se vincula con alguna inst it ución financiera
oficial.
Su objet ivo es el de asi gnar recur sos a act ivi dades que
pueden desarrol lar gr upos locales que, de no mediar est a
gest ión, no t endr ían acceso a fi nanci amient o de ninguna
ot r a i nst it ución bancar i a, f uer e públ ica o pr ivada. El
si st ema t i ene múlt i pl es variant es, pero en general f unciona a
t ravés de la i dent ifi cación de oport uni dades de inver sión
reali zada por personas ent renadas que conviven con la
comuni dad. Tales agent es sel eccionan act ividades en f unción
de las condiciones locales y en la medi da en que cont engan
pot encial i dades de desarrol lo. En est os casos el apoyo se
adapta a las posibilidades real es del provecto local, en lugar
de que el proyecto se adapte a las exigencias del mercado
financiero.
El financiamient o local exige también que la propia inst it ución
financiadora (o cualquier otra agencia pública o privada)
suminist re, de ser necesario, apoyo t écnico para la formación y
ejecución de proyect os que aprovechen las oport unidades
económicas exist ent es en la localidad. Tal exigencia no debe
ent enderse como formal, sino como inst rument o que permit a
evaluar la viabilidad del esfuerzo y mejorar el apoyo ext erno.
El financiamient o para pequeñas organizaciones económicas
en espacios locales obliga a las inst it uciones a ser capaces de
capt ar los ahorros y canalizarlos mediant e el crédit o para at ender
las necesidades locales. En el caso del Grameen Bank Project , en
Bangladesh, el crédit o generó ahorros, lo que es poco usual.
Suel e ocurr ir lo cont rario, a saber, que el ahorro genere
crédit o. La relación ent re ahorro y crédit o ha sido objet o de
algunas propuest as en t rabajos recient es. Se argument a al respect o
que, a la luz de los problemas enfrent ados por las comunidades
más pobres que buscan o vivencian formas alt ernat ivas de
desarrollo, la movilización del ahorro, combinada con créditos a
nivel local, const it uye uno de los medios más import ant es para la
promoción del desarrollo de la comunidad. Por ot ro lado, hay
experiencias que demuest ran que el sect or informal cuenta con
gran pot encial para la generación de ahorros, y que dicho pot encial
ha sido escasament e aprovechado.
Las inst it uciones de ahorro en los espacios locales
sur gen, pues, corno import ant es agencias de apoyo a
experi enci as alt er nat ivas, sobre t odo si no per si guen fines de
lucro y se limit an a pequeños espacios geográficos, asumiendo
así el papel de bancos t ípicament e popular es. Para mayor
coherenci a con el desarrol lo local, est as inst it uciones deben
además: 1) poseer una estruct ura descent rali zada; 2) li gar de l a
112 113
maner a más est recha posi bl e l a formación de ahorros a
l as necesi dades de crédit o l ocal ; y 3) superar o encont rar
formas alt ernat ivas a las exi gencias habit uales de garant ías
para la concesión de crédit os.
Autonomí a y macropolí ti cas
Result a imprescindi ble di señar pol ít icas para apoyar el
desar rollo de los sect ores invisibles mediant e la aplicación
de programas de capacit ación, cr édit o y asi st encia
t écnica a los pequeños product ores urbanos y rurales,
privilegiando especialmente a micro-or gani zaciones capaces
de deci dir y dir i gir sus proyect os por sí mismos, de manera
colect iva y solidaria.
Asimi smo, los programas de capacit ación, crédit o y
asi st encia t écnica deben t ener como obj et ivo primor dial el
aument o de l a capacidad de cont rol por part e de las micro-
organizaciones y de l as pobl aciones or gani zadas sobre el
conj unt o de bienes y servicios necesar ios para reducir la
pobreza, garant izar la cali dad de vi da, el mejorami ent o del
hábit at y del ambient e y est imular, así, la aut odependencia
en las comuni dades, municipios y regiones.
Convendr ía foment ar la aplicación de est rat egias de
desarrol l o que reconozcan y respet en l a diver si dad de
r eal i dades y formas de or ganización. que en los pl anos
locales, regionales y nacionales caract eri za a Amér ica
Lat ina, y convert ir así la diver si dad en element o
pot enciador del desarrollo. El lo debe implicar un esf uerzo
si st emát ico de desconcent ración del poder polít i co, de
modo de di st r i bui r más i gualit ar i ament e su ejercicio en
l os di st int os ámbit os de la soci edad y así asegurar la
adecuada consideración de los intereses locales y regionales.
Finalment e, aparece como imperiosa la necesi dad de
abocar se a est udios profundos que apunt en a una
reestruct uración de los sist emas f inancieros y bancarios
dent ro de nuest ros países, de t al manera que aport en al
desar rol lo no sólo en t érminos globales, sino que lo
est imulen específicament e en los espacios regionales,
municipales y comunit arios, con especial énfasi s en el
pot encial de aut odependencia en las organizaciones local es.
En t al sent ido, cabe consi derar la creación de bancos
local es (no sucursales de bancos nacionales) que
est imulen el ahorro comunit ar io y l a circulación de
excedent es en las propias comunidades que los generan.
Desarrollo yautodependencia
Recapitulación
Desafí os y alternati vas
El Desarrol lo a Escal a Humana, or ient ado hacia la
sat i sfacción de las necesi dades humanas, alcanza en l a
aut odependenci a su condición, su medio y su valor
irreduct i ble. En el plano de la práct ica, t al opción
requiere, como impul so ini cial, una polít ica de
movi li zaci ón de la sociedad civi l. Par a promover
cambios est ruct urales, la movilización debe asumir dos
desafíos:
1) pot enci ar el uso de recur sos no convencionales en
l a const r ucción de proyect os colect ivos de vi da
encaminados al logro de la aut odependencia y a la
sat isfacción de las necesidades humanas;
2) pot enciar los desarrollos locales par a que su
i nfl uencia t rascienda las limit aciones espaciales y puedan
part icipar en la const r ucción de una nueva hegemoní a en
el ámbit o nacional. P ara que las diver sas práct icas
l ocal es o micro-espacial es se const it uyan en una realidad
social nueva deben art icularse en un proyect o con exi genci a
de gl obal i dad. De al l í la import ancia pol ít i ca deci siva
de la art iculación micro-macro. La cuest ión capit al es
hacer viabl e la const it ución de suj et os que, desde los
pequeños y muy het erogéneos espacios, sean capaces de
sost ener y desarrollar sus propios proyect os.
Desafíos para el quehacer político
Para las estruct uras polít icas existent es se presenta el desafío de
ser capaces de rescat ar la riqueza de las dinámicas que ofrecen
los movimient os sociales del mundo invisi bl e, para
int egrarlos como act ores si gnificat ivos, y no residuales, de
un nuevo proyect o de sociedad. En las condiciones act uales,
por fact ores t ales como la marginación económica y social, y la
inoperancia de las práct icas polít icas convencionales, son cada
vez más frecuent es las respuest as de lucha social cuyas formas
no encajan en los pat rones t radicionales del quehacer polít ico.
La t endencia a la formación de grupos con est ruct uras no
burocrát icas e informales, la disposición a formas colect ivas en
la t orna de decisiones y la orient ación más práct ica que
114 115
ideológica en la definición de objet ivos, const it uyen rasgos que las
organizaciones polít icas deberían considerar para redefinirse a sí
mismas. Tal redefinición obliga a que est as organizaciones forjen
mecanismos de part icipación en las decisiones, combinen sus
exigencias ideológico-est rat égicas con las de orden práct ico y ét ico
y act ualicen sus discursos en función de las necesidades sentidas y
movilizadas por las propias comunidades.
Articulación Sin cooptación
Un problema crít ico es el del t amaño de la organización, ya que
ést e no es ajeno a la est ruct ura de valores que se pueda generar
en su int erior. Las organizaciones más pequeñas cuent an con
posibilidades para forjar relaciones int ernas horizont ales,
solidarias y menos ideologizadas; pero carecen de capacidad
para promover alternat ivas globales y para superar el caráct er
coyunt ural o precario de sus expresiones. En est e marco, la
cuest ión central para la alt ernat iva de desarrollo que buscamos es
la agregación sin burocratización, o dicho en ot ras palabras, la
articulación sin cooptación. Est e desafío no est á resuelt o y sólo
puede resolverse a través de la int eracción entre la t eoría y la
práct ica social. Si no se at aca este problema, la alt ernat iva del
Desarrollo a Escala Humana quedará reducida a un mecanismo
de refugio en los espacios micro-sociales, perpet uando en los
espacios mayores un orden excluyente que, por lo mismo,
acabaría por diluir est a alt ernat iva en sus meras int enciones.
Sólo un est ilo de desarrollo orient arlo a la sat isfacción de las
necesi dades humanas puede asumir el post er gado desafío de
hacer crecer a toda la persona y a todas las personas. Sólo la
crecient e aut odependencia en los diversos espacios y ámbit os
puede enraizar dicho desarrollo en el cont inent e lat inoamericano.
Sólo el inclaudicable respeto a la diversidad de los innumerables
mundos que habit an en el ancho mundo de América Lat ina
garant iza que esa autonomía no se confine al jardín de las ut opías.
Sólo la art iculación de est as diversidades en un proyecto polít ico
democrát ico, desconcent rador y descent ralizador puede pot en
ciar los recursos sinérgicos indispensables para la decant ación de
un desarrollo a la medida del ser humano.
4. La problemática no resuelta
de la articulación micro-macro
Manfred Max-Neef
Respuestas pendientes
El problema de la art iculación micro-macro aún est á por
resolverse t anto en la t eoría económica como en las polít icas de
desarrollo. Tan lejos est á, en efect o, de haber alcanzado una
solución sat isfactoria, que incluso result a legít imo pregunt arse si
acaso se t rat a de un problema real y, en caso de serlo, si acaso
t iene solución. En relación al asunt o, hay que t ener claro que la
propia historia de la t eoría económica ha sido una historia de
opciones y no de soluciones.
Los vai venes de l a teorí a económi ca
La primera visión de mundo de la economía en cuant o disciplina
propi ament e t al , el mercant i l ismo, f ue una vi sión macro-
económica. La crisis del mercant ilismo t rajo como consecuencia
que las t res revoluciones económicas siguient es –represent adas
sucesivament e por los fisiócrat as, los clásicos y los neoclásicos-
correspondieran a visiones microeconómicas, cuyas diferencias
ent re sí est aban fundamentalmente determinadas por crit erios
divergentes respect o de la noción de valor
1
. La cuart a revolución,
el keynesianismo, volvió a ent ender la economía como macro-
1. Los trabajos de los neoclásicos sobre macro conceptos, de todas formas,
están basados en postulados bastante ingenuos.
116 117
La articulación micro-macro
economía, dando origen, entre muchos aportes hoy difíciles de
descart ar, a los indicadores agregados.
Los post -keynesianos, los neo-keynesianos y los monetaristas
act uales, por mucho que trat en de desligarse del pasado
inmediat o, siguen habit ando el edificio macroeconómico que
Keynes construyó. Pero la mera crisis replant ea el dilema una
vez más: ¿La economía es macroeconomía o microeconomía?
Tal vez no haya respuest a porque es posible que después de casi
400 años acabemos por concl uir que el problema no radi ca en
que no hemos encont rado una respuest a, sino en que no hemos
sabido plant ear la pregunt a.
Las t eorías, polít icas, est rat egias y est ilos de desarrollo
surgi das con post erioridad a la segunda post-guerra han sido
influidas det erminant ement e por la t eoría económica reinant e. Si
est a ha sido macroeconómica, el desarrollo t ambién se ha
ent endido como macrodesarrollo, y los indicadores del desarrollo
han sido preferent emente los indicadores agregados que aport a la
macroeconomía keynesiana. La art iculación micro-macro no
resuelt a por las t eorías económicas t ampoco ha encont rado, por
lo t anto, solución visible en los procesos de desarrollo.
El problema de la agregación
El desconcierto que caract eriza la sit uación act ual se manifiest a
en debat es y t omas de posición bast ante ext remas las unas de las
otras. Por una part e, los economistas de la escuela neo-aust ríaca
afiliados al «individualismo metodológico» sost ienen que todo
comport amiento es entendible sólo en t érminos individuales y
que, por lo t ant o, no existen ent idades colect ivas como comuni-
dades, sociedades y gobiernos cuyas propiedades sean dist int as
de las de los individuos. Al revivir el supuest o del «homo
economicus», que act úa racionalment e al ut ilizar los medios más
eficient es para el logro de sus fines, se concluye que la nueva
t eoría económica debiera concent rarse específicament e en el
nivel microeconómico, único nivel real y concreto.
Por otra part e, encont ramos argumentos que just ifican la exis-
t encia de ambos niveles en cuanto ent es reales, a part ir de
const at aciones paradojales sust ent adas tanto en evidencias empíri-
cas como en demostraciones matemát icas. En este sentido se ofrecen
ejemplos en que lo que cada individuo persigue corno mejor para sí
mismo, puede, a nivel de agregación, result ar en una sit uación que
nadie desea. De t ales evidencias se concluye que no se pueden
agregar las decisiones individuales y suponer que lat otalidad sea la
simple suma de las mismas ya que, más allá de un det erminado
umbral crít ico, las consecuencias agregadas pueden acabar negando
por completo las int enciones individuales.
Unainterpretación di alécti ca
Sin ánimo de fabricar soluciones ecléct icas, es preciso
reconocer, a nuest ro juicio, que hay element os de fuerza en los
dos argumentos que hemos escogido como ejemplos ext remos.
Parece sensat o acept ar, por una part e, que los comport amientos
ent endibles y observables ocurren efect ivament e en planos
individuales, es decir, al nivel micro. Del mismo modo habría
que acept ar la exist encia real de situaciones macro, lo cual no
implica, sin embargo, poder hablar de comportamientos macro.
Quizás lo más acert ado sea sugerir, entonces, una interacción
dialéct ica ent re estados macro y comportamientos individuales,
de t al suert e que, aún cuando se influyan recíprocamente, ni los
unos ni los otros son predecibles mecánicamente a part ir de la
sola observación de su opuesto. En ot ras palabras, lo que
post ulamos es que un det erminado estado macro (polít ico,
económico, ambient al, et c.) influye en los comportamientos
individuales, y éstos, a su vez, influyen en los cambios de est ados
macroscópicos. Pero como los sist emas humanos no son
mecánicos, las interacciones no lineales entre los
microelement os de un sist ema pueden dar origen a diversos
est ados macroscópicos compat ibles con las int eracciones
microscópicas.
La imposibilidad de la predicción mecánica en el caso de
si st emas humanos, obl i ga a asumir la t area y el esf uerzo de
t rabajar con nociones t ales como inest abilidad, azar, incert idum-
bre, umbrales, desadapt aciones, cat ást rofes y efectos perversos.
De t odo lo sugeri do sólo cabe desprender que, si bien es
ciert o que ent re lo micro y lo macro exist e una indi sol uble
relación, no es menos cierto que ello de ninguna manera implica
una articulación.
1
1. Cada articulación entre elementos es una relación, pero no cada
relación es una articul ación. Ver nota de Capítulo 1, pág.30.
118 119
La articulación micro-macro
Llegamos así al plant eamiento de las dos pregunt as
fundament ales, a saber: 1) ¿en qué consist iría propiament e la
art iculación micro-macro? y 2) ¿es realmente posible lograrla?
Articulaci ón mi cro-macro
Ent endemos la art iculación como la efect iva complementación
ent re los procesos globales y procesos micro-espaciales de
aut odependencia, sin que se produzca la cooptación de lo micro
por lo macro. Est a complementariedad vert ical la ent endemos
acompañada, además, de una complement ariedad horizont al
ent re los diversos micro-espacios, a fin de estimular el
potenciamiento recíproco entre procesos de ident idad
sociocult ural, de aut onomía polít ica y de autodependencia
económica.
Lo ant er ior no es, ci ert ament e, una definición. Somos
concient es de que se t rat a más bien de una manifest ación de
«deber ser». En tal sent idos se t rata de. un «deber ser» que no se
da en la realidad lat inoamericana observable. Más aún, basándo-
nos en las evidencias acumuladas, sólo cabe concluir que la
articulación micro-macro, en el cont exto de los est ilos económi-
cos act ualment e dominant es en nuest ros países, no es posible.
Est a conclusión es bast ante drást ica, pero nos parece, a la vez,
difícilment e refut able.
Cualquier art iculación posible trasciende ampliament e las
causalidades y los supuest os mecanicist as en que se sust ent an
t ant o la t eoría económica como las est rat egias de desarrollo
aplicadas hast a ahora. Implica necesaria e inevit ablement e una
t ransformación profunda en los comport amient os y modos de
interacción social. Exige, en la realidad, la transformación de la
persona-objeto en persona-sujeto y, en la t eoría, la sust it ución de
l a r aci onali dad compet it iva maximi zador a del «homo
economicus» por la racionalidad solidaria optimizadora del «homo
sinergicus».
Articulaci ón, protagonismo y flexi bili dad
Una sociedad art iculada no surge mecánicamente; se la
const ruye. Su construcción sólo es posible a part ir de la acción de
seres prot agónicos, y el protagonismo. a su vez, sólo se da en los
espacios a escala humana donde la persona t iene presencia real y
no se diluye en abstracción est adíst ica. De allí que t odo proceso
art iculador debe organizarse desde abajo hacia arriba, pero
promovido por sujet os cuyo comport amient o conscient e conlleve
una voluntad art iculadora. Es decir, por personas capaces de
act uar sinérgicament e. El programa no es simple, pero por
complejo que sea, no vislumbramos ot ra alternat iva.
En últ ima instancia la art iculación se hace posible cuando se
construye un sistema social capaz de desarrollar su capacidad de
adapt ación. Es decir, un sist ema capaz de internalizar
orgánicament e la innovación, la novedad y el cambio cualit at ivo,
aún cuando est os sean imprevisibles e impredecibles. En est e
sent ido, hay que t ener presente que la capacidad de adapt ación
de un sist ema es inversamente proporcional a los grados de
rigidez de su est ruct ura, entendidas esas rigi deces ya sea como
jerarquías fosilizadas, marcadas desigualdades sociales,
aut orit arismos o burocracias inerciales. De ahí que
prot agonismos e int erdependencias reales const ruidas desde la
base social hast a su superestruct ura, represent an la única
posibilidad de mant ener una est ruct ura flexible capaz de
art icularse.
Es necesario tomar conciencia de la complejidad que
encierra la event ual solución del problema plant eado, aun
cuando se rehuya su aplicación. Sirve al menos para desmit ificar
intent os que, por ubicarse en cont extos mecanicist as
convencionales, parecen condenados a la frust ración desde la
part ida.
Articulación y direccionalidad del sistema
El panorama lat inoamericano nos present a un conjunt o de
sociedades profundament e desart iculadas. Incluso en períodos
pasados, en que varios países present aron t asas elevadas y
sostenidas de crecimiento del Producto, la desart iculación no se
resolvió. Prueba de ello es la t asa de crecimient o más sost enida
de t odas: la de las pobrezas (como se han definido en est e
document o) en que se debat en las grandes mayorías de nuest ro
cont inent e.
Se han planteado muchas razones para explicar est a
dramát ica contradicción. No pret endemos invalidar ninguno de
los argumentos hast a aquí esgrimidos. Sólo pret endemos agregar
ot ro que ha sido, quizás, el menos examinado. Lo planteamos en
t érminos de hipót esis: t oda direccionalidad a priori que se im-
ponga a un sist ema socio-económico desart iculado, inhibe sus
120 121
posibilidades de art iculación. Dicho en ot ras palabras: no es la
direccionalidad impuesta la que logrará la art iculación, sino, al
revés, será la art iculación la que det erminará la direccionalidad
deseable.
Dadas las condiciones act uales, no t iene sent ido «forzar» la
dirección de un sist ema. La prioridad es clara. Lo que se precisa
es vert ir t odos los esfuerzos para art icular la int errelación de las
part es del sist ema. Sólo un sist ema art iculado puede aspirar a ser
un sist ema sano. Y sólo un sist ema sano puede aspirar a la
aut odependencia y a la act ualización de los sujetos que lo
integran.
Segunda parte
Algunas reflexiones para seguir
pensando
122
5. Sobre la poda del lenguaje
(y otros ejercicios inusuales)
para comprender el progresosocial*
Manfred A. Max-Neef
El problema
Mient ras enfrent amos los muchos component es de la mega-
crisis que se ha apoderado de nuest ro mundo, padecemos de una
especie de confusión generalizada cuando hacemos el esfuerzo
de comprenderla. Básicament e parecería que no logramos com-
prender en qué consist e comprender. En ot ras palabras, no hay
manera de quebrar el código de la crisis, si no logramos codificar
de manera adecuada nuest ra propia manera de comprender.
Como seres que ut ilizan lenguajes complejos, somos capaces
de describi r sit uaciones, procesos, circunst ancias. Como
product o de algunos conocimient os especiales adquiridos,
t ambién sabemos explicar sit uaciones, procesos, circunst ancias.
Lo que parece, empero, escapar a nuest ra at ención, es el hecho
de que describir más que explicar no implica comprender.
Comprender es algo más; es algo dist into.
El describir y el explicar se vinculan al conocimiento que es
mat eria de la ciencia. El comprender, en cambio, es forma de
iluminación respect o de la esencia y del sent ido de las cosas y,
* Este capítulo ha sido tomado en gran parte de un trabajo previo de M. Max-
Neef: «About the Pruning of Language (and other unusual exercises) for the
Understanding of Social Improvement» , preparado para la Society for
International Development, New Delhi. India. 1988.
125
Sobre la poda del lenguaje
por lo t ant o, más que cont ribuir al increment o del conocimiento, es
generador de sabiduría. Así acot ados los conceptos, es posible
const at ar que hemos alcanzado una et apa de nuest ra hist oria que se
caracteriza por el hecho de que sabemos mucho pero
comprendemos muy poco. Es aquí donde, a mi juicio, radica el
meollo del problema.
Manifestaciones del problema
La confusión que nos invade cuando nos esforzamos por
comprender, se manifiest a de al menos t res maneras:
a) nuestro compromiso con opciones de relevancia secundaria,
b) la ut ilización det eorías simplist as para la interpret ación de
realidades sociales complejas, y
c) el empobrecimient o de nuestro lenguaje.
Opciones de relevancia secundaria
Luchamos por opciones. Si, después de haber opt ado, las cosas no
result an como esperábamos, es muy probable que la opción
escogida haya sido –sin percat amos de ello– de relevancia
secundaria. Ello significa que debe haber –el propósit o es
encont rarla– una opción de relevancia primaria, subyacent e y
det erminante de la que inicialment e escogimos. Vayan algunas
ilust raciones.
Obsesionados como parecen est ar la mayoría de los seres
humanos con el poder, predomina la creencia de que las cosas
cambiarán (por ciert o para mejor) cuando seamos «nosot ros» los
que t engamos el poder: es decir, cuando «ellos» dejen de t enerlo,
quienes quieran que sean los nosot ros o los ellos. Creer en algo así
es, evident emente, bast ante ingenuo. Si lanzamos una mirada
retrospect iva, result ará int eresant e const at ar que, a est as alt uras de
la hist oria, práct icament e todos los poderes y combinaciones de
poderes ya han estado en el poder. Las cosas, sin embargo, no
parecen mejorar mucho, a pesar de todos los ejercicios de poder
ya pasados. La preocupación respecto de quién debe ejercer el
poder es, por lo t ant o, asunt o de relevancia secundaria. Lo que
subyace como de relevancia primaria, es la necesidad de examinar
el concepto del poder en sí mismo. Si lo ent endemos como la
capacidad de control y manipulación ejercida por la persona (o
grupo) que t iene la fuerza, y lo comparamos con aut oridad –
ent endida como la capacidad de influir ejercida por la persona o
grupo a quien se le otorga legit imidad en reconocimiento a sus
capacidades y cualidades– nos podemos pregunt ar lo siguient e:
«¿Las cosas van mal porque el grupo equivocado est á en el poder, o
las cosas van mal porque hay algo que est á mal con el poder
mismo?». Hoy, más que nunca en est e si glo, est a pregunt a
necesita una respuesta, y la respuest a consiste en decidir si
queremos o no sust ituir el poder por la autoridad y reinvent ar así
nuevament e la verdadera democracia. La aut oridad t al como se
la define aquí puede funcionar sólo a Escala Humana.
En medio del Nuevo Desorden Económico Int ernacional,
causant e de la injust icia y la inequidad de la deuda del Tercer
Mundo, muchos países se preocupan otra vez por el problema de
quién debe t ener el cont rol del sistema bancario -el est ado, el
sect or privado, o una mezcla de ambos. Sin duda, est e es un
problema import ant e. Sin embargo, deberíamos pregunt arnos:
«¿Están mal las f inanzas de tantos paí ses porque los
si stemas financi eros están en malas manos, o están mal las
finanzas de t ant os paí ses porque hay algo que está mal
con los si st emas financieros?». Aunque est a pregunt a
just ificaría t odo un tratado, cit amos aquí sólo algunos desast res
económicos característ icos de nuest ros t iempos.
«La producción de bienes y servicios dejó de ser la arista
di námi ca de l a act i vi dad económi ca, se pr
o
duj o una
transición hacia las transacciones documentarias y la
especulación.. Los mercados del futuro
y
la especulación
empezaron a dominar a los verdaderos productores y
consumidores que son l os pobres, las muj eres, l os pue-
bl os t ri bal es y l os campesi nos del Tercer Mundo, y
presci nden de el l os a menos que se «adecúen» a l as
t ransac ci on es comer ci al es con pr e ci os cr ea dos
artificialmente. En lugar de apuntar a una reproducción
sustentable de riqueza, el sistema económico mundial,
conduci do por el capital ismo comercial, se ha dedicado a
crear riqueza instantánea a través de la especulación
ef ectuada a expensas del
f
uturo –v de l os pobres. La
década transcurrida entre 1973 y 1982
,
fue t estigo de una
intensificación de los movimientos de capital que van
126 127
desde l os bancos t ransnaci onal es y l as i nsti tuci ones
financi eras hacia el Tercer Mundo. Est a etapa de
soli citud de prést amos constit uye la raíz misma de la
crisis de l a deuda cont emporánea del Tercer Mundo. Y
l os préstamos se esti mularon con el fi n de reci clar l a
enorme liquidez que el sist ema f inanci ero del Nort e
habí a generado y no podí a absorber. El Tercer Mundo se
convi rtió en un i mport ant e campo de i nversi ón con
una , gran rent abili dad: l as ganancias de los si et e
bancos est adounidenses mas important es aumentaron
vertiginosament e del 22% en 1970 al 55% en 1981, y al
récord del 60% registrado el año sigui ent e. El Sur cayó
en una t rampa de deudas, recibiendo préstamos con la sola
finalidad de pagar los intereses de préstamos anteriores».
1
En los viejos t iempos, el crecimiento económico se debía a la
producción, mient ras que hoy en día la riqueza se origina por
medio de ficciones económicas improduct ivas. No más del 5%
de las t ransacciones comerciales en mercados de fut uro se
conviert en en int ercambios reales de mercancías. No hace falt a
deci r que ya es t i empo de que est e si st ema suf r a una
reconcept ualización radical, para colmar las demandas y
exigencias de la realidad act ual
.
de nuest ro mundo.
Una de las opciones más candent es, especialment e en
América Lat ina, es la que se plant ea ent re dictadura y
democracia polít ica. Result aría monst ruoso afirmar que t al
opción no es alt ament e relevant e. Pero así y todo, hay una
opción aún más relevant e que debe at enderse. La podemos
plant ear en los t érminos siguient es «¿Acabarán las sociedades
lat inoamericanas por consolidar una cultura autorit aria (y
frecuent emente represiva), o serán capaces de const ruir una
cultura democrát ica; es decir, una democracia de la
cot idianeidad?». Est a interrogant e es, por cierto, de relevancia
primaria, ya que ninguna democracia polít ica represent at iva
puede durar, por bien concebida que est é, si está const ruida sobre
los cimientos de una cult ura aut orit aria. Se desplomará t arde o
t emprano, tal como lo hemos podido vivir y const at ar
1. Vandana Shi va, Staying Alive, Londres: Zed Books, 1988, pág. 220. Abrazar
la vida, Montevideo: Instituto del Tercer Mundo, 1991, pág. 247.
Sobre la poda del lenguaje
const at ar trágicamente t ant as veces en nuestro cont inente. Las
dict aduras en América Lat ina, aún en países como Uruguay y
Chile, no deben ser archivadas como accident es históricos que
afect aron sociedades de larga t radición democrát ica. La verdad
del problema es que las dict aduras son en muchos sent idos,
exacerbaciones históricas de culturas autorit arias subyacent es.
Compleji dad social y teorí as simpli stas
Una ment e simplist a es una ment e llena de respuest as. También
es una mente que no se percat a del hecho de que las respuest as
deben est ar precedidas por pregunt as pert inent es. La persona de
ment e simplist a busca inspiración y conocimientos en t eorías
simplist as. Más aún, se t rat a de personas que suelen ser muy
act ivas y, por lo t ant o, doblement e peligrosas. No falt an los
expertos en desarrollo que reúnen los at ribut os señalados. Si t ales
personajes pudieran represent arse en una t ira cómica, el
arquet ipo sería un hombrecillo cargando un malet ín lleno de
soluciones, buscando con una experiencia perpleja, los problemas
que se ajust en a esas soluciones. Tal personaje circula por t odos
los rincones de nuestro cont inent e; y de su presencia no se libran
ni siquiera muchas de las organizaciones y movimientos del
mundo contrahegemónico.
Caricat uras apart e, lo que result a serio y preocupant e es que
mientras nuest ras sociedades se tornan cada vez más complejas,
nuest ras t eorías –sean sociales, polít icas o económicas–
dest inadas a int erpretarlas, se tornan crecient ement e simplist as.
Est o es peligroso, ya que se sabe que los parámet ros de un
sist ema sólo pueden ser cont rolados desde un sist ema de mayor
complejidad. Ello equivale a decir, en otras palabras, que a t ravés
de t eorías y modelos simplist as no podemos pretender
comprender el comport amient o de sist emas sociales como
aquellos que nos preocupar) y de los que formamos part e. Hay
muchos ejemplos de simplismo, de modo que sólo algunas pocas
ilust raciones bast an.
Primero que nada cabe dest acar la desproporcionada
import ancia que., en nuest ro mundo act ual, se le asigna a lo
económico en cont raposición a ot ros ámbitos de la preocupación
humana, como la polít ica y la cult ura. De hecho, parecería que la
preocupación central de la polít ica es la economía. Las t an
ment adas cumbres de líderes del Primer Mundo, son casi siempre
128 129
Sobre la poda del lenguaje
cumbres económicas en las que la macroeconomía ha llegado a
t ransformarse en la gran cat edral de las mit ologías act uales.
Pareciera que ya no va quedando ningún problema de la
humanidad fuera del alcance de las manipulaciones
macroeconómicas. Todo ello, a pesar de lo que la historia
recient e nos enseña. Al respect o, un coment ario de Jane Jacobs,
la dist inguida economista urbana inglesa:
«La macroeconomía –es decir la economía a gran escala– es
una rama de la ci encia relativa a la t eoría y la práctica de
comprender y fortalecer las economías nacional es e
internacionales. Es un fracaso. Su fal enci a está en la mala
suerte de haber sido ampliamente aceptada y reconocida.
Suponemos, y con razón, que los experimentos de los físicos y
exploradores espaciales son extraordinariamente costosos.
Pero estos costos no son nada en comparación a los fondos
enormes que bancos, industrias, gobiernos e instituciones
internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario
Internacional y las Naciones Unidas han volcado para llevar a
cabo experiencias de la teoría macroeconómica. Nunca una
ciencia, o una supuesta ciencia, ha sido aceptada tan
indulgentemente. Y nunca un experimento ha dejado tantos
fracasos, sorpresas desagradables, esperanzas frustradas y
confusión, al punto de que surge seriamente la duda de si esta
tragedia será reparable. Si lo litera, no sería, indudablemente,
por aumentar el uso y difusión de la misma teoría y práctica. »
1
ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
La insist encia en creer en la eficiencia de ciert os modelos
macroeconómicos es t an int ensa que, a veces, da la impresión de
que más que de la economía han pasado a formar part e de una
t eología. De hecho, podemos observar una y otra vez que cuando
una det erminada polít ica económica sust ent ada en su correspon-
dient e modelo macroeconómico fracasa, la reacción de sus
impulsores y promot ores pareciera corresponder al supuesto de
1. Jane Jacobs, Cities and theWealth of Nations, Nueva York: RandomHouse,
1985, pág. 6.
que el modelo est á bien, y que es la realidad la que hace trampas.
Por lo t ant o se insist e en la reaplicación del modelo, sólo que con
mayor vigor.
La fascinación que provocan los modelos macroeconómicos
se debe, quizás, al hecho de que sus componentes son medibles.
Ello es import ante, porque para una ment e simplist a, todo lo que
es import ant e es precisamente aquello que puede ser medido. De
allí que no debería sorprendernos que haya t ant os economist as
que, en lugar de conformarse con estar más o menos acertados en
sus predicciones, prefieren equivocarse con alt a precisión.
Ot ra manifest ación de simplismo es lo que qui siéramos
ident ificar como el principio del «pensar nort eño para la acción
sureña» (nort hern thinking for southern act ion). Si en nuest ra
calidad de lat inoamericanos deseamos convert irnos en expertos
en desarrollo de América Lat ina, debemos hacer nuest ro post grado
de especialización en los Est ados Unidos o en Europa. De ese
modo seremos respetados, no sólo en la opinión de nuest ros
colegas del norte, sino en la de nuest ros colegas sureños t ambién.
Huelga advert ir que una sit uación de est e t ipo es no sólo absurda,
sino que peligrosa. De hecho, ha contribuido a la sist emát ica
inhabilidad para reconocer e int erpret ar su propia realidad. Valga
un ejemplo.
En todas las t eorías económicas, desde Cant illón y Adam
Smit h, cont inuando con St uart Mill, David Ricardo, Marx y
Engels, pasando por Schumpet er, Keynes y Phillips, para
t erminar con los post -keynesianos y con los adherentes al
neoliberalismo monet arist a de la escuela de Chicago; había algo
que simplement e no podía ocurrir y que, sin embargo ocurrió.
Algo que cont radecía todas las t eorías económicas. Tant o fue
así, que al fenómeno aparecido hace unos quince años, hubo que
encont rarle un nombre: est agf lación (st agf lat ion). No
encajaba en ninguna t eoría económica conocida en el momento
de su aparición. Ahora bien, en términos simples y sencillos,
est e extraño fenómeno puede describirse como una sit uación
caract erizada por precios altos con t endencia a aument ar, junto
con insuficient es fuentes de empleo. ¡Sorprendent e! En efect o,
porque se trat a precisament e de una caract erización que ha
predominado en muchos de los países pobres del mundo. Bajo
el predominio del «pensar nort eño», algo como la est agflación
sólo podía ser descubiert o y adquirir exist encia legít ima si
ocurría en el nort e.
130 131
El hecho de que se tratara de algo corriente en el sur, simplemente
no fue regist rado ni siquiera por los economist as sureños, t an
fascinados como sus colegas del nort e con las famosas curvas de
Philips, muy en boga por aquellos t iempos, y que demostraban la
imposibilidad del fenómeno.
Empobrecimiento del lenguaje
Una de las consecuencias del t ipo de simplismo descrito es, por
cierto, el empobrecimient o del lenguaje y, en part icular, del
lenguaje del desarrollo. Indicadores agregados que t ienen mucho
menos sent ido del que normalment e se les atribuye, y acerca de
los cuales ya bast ant e se ha escrito, son sólo un ejemplo. El hecho
de que t oda vez que una autoridad económica anuncia un
porcent aje elevado de crecimient o del Producto Brut o, se
presuma que el público debe percibirlo como una buena not icia,
es evidencia del grado en que un lenguaje pobre (simplist a)
puede ut ilizarse para «domest icar» a las personas. Frent e a un
crecimient o anunciado del PNB, nadie pregunt a lo único que
sería pert inent e pregunt ar: «¿A costa de qué será ese
crecimient o?» De hecho, lo que la mayoría de las personas no
sospechan (y la mayoría de los economist as t ampoco dicen) es
que un país puede crecer a cost a de empobrecerse, puede crecer a
cost a de quedar igual y, en casos excepcionales, el crecimiento
puede conllevar un aumento de la riqueza real. Es evident e, por
ejemplo, que si se depreda con gran ‘eficacia’ un recur so
nat ural, durant e el proceso el product o crece. Del mismo
modo crece si la sociedad se ve at acada por una epidemia que
obliga a increment ar el consumo de productos farmacéut icos y
de servicios hospit alarios. Es obvio que ambos t ipos de
crecimient o son indeseables. No obst ant e, por falta de
conciencia pública al respect o, buena part e del crecimient o de
nuest ras economías lat inoamericanas se est á realizando a cost a
de la depredación de recur sos, impulsados, como est amos, a
servir la descomunal deuda ext erna. En ot ras palabras, est amos
creciendo a cost a de aument ar nuest ra pobreza estruct ural de
manera irreversible. Todo ello ocurre por la ut ilización de un
lenguaje «adecuadament e empobrecido» en el que las gent es
creen. Ot ra caract eríst ica del lenguaje empobrecido del
desarrollo se manifiest a por los enfoques reduccionistas y
mecanicist as que dominan el pensamiento económico act ual.
Sobre la poda del lenguaje
Un lenguaje empobrecido es ext remadament e peligroso y,
por lo tanto, result a imprescindible hacer esfuerzos para
enriquecerlo. Lo int eresant e de t al esfuerzo es que,
cont rariament e a lo que parecería obvio, un lenguaje pobre no
requiere ni de más ni de nuevas palabras o conceptos. En efecto,
la característ ica de un lenguaje pobre es que t iene demasiadas
palabras detrás de las cuales –a sabiendas o no– ocult amos
nuest ra ignorancia. El desafío que se plant ea en el int ent o por
enriquecer el lenguaje consist e, entonces, en encont rar aquellas
«palabras t apón» det rás de las cuales se ext ienden nuest ros
vacíos de percepción y de ent endimiento.
Un lenguaje es, a la vez, producto y generador de una cult ura.
Si el lenguaje es pobre, la cult ura es pobre. Si el lenguaje de
nuest ro desarrollo es pobre, nuestro desarrollo será pobre.
La búsqueda de respuestas
Como ejercicio ment al, una poda adecuada de las palabras claves
podría ser la solución para un lenguaje empobrecido. El principio
fundament al de la acción de podar queda claro para cualquiera
que se haya int eresado alguna vez en huert os. Por medio de la
poda, logramos más y mejor a t ravés de menos. Menos ramas y
hojas permit en una mayor absorción de l uz y darán mejores
frutos. En el caso del lenguaje el podar ciert as palabras nos
forzará inevit ablement e a lograr mayores niveles de claridad.
La solución a los peligros derivados de la ut ilización de
t eorías simpli st as consi st e en idear mét odos que, ya sea por
nuest ra part icipación directa o nuest ra vinculación int elect ual
compromet ida, nos permit an realment e ser part e, o sent irnos
realment e ident ificados con aquello que pret endemos
comprender. Es imposible la comprensión si nos separamos del
objeto al que pret endemos comprender. La separación sólo puede
generar conocimient o, pero no comprensión.
Las posibilidades de mejorar nuest ra elección de opciones,
nuest ra capacidad de dist inguir fluidament e ent re opciones de
import ancia primaria o secundaria, dependerá en gran medida de
la calidad .de las soluciones que demos a los otros dos problemas:
lenguaje y simplismo. Por esa razón examinemos las soluciones
sugeridas en acción.
132 133
Sobre l a poda
Lo que sigue es el result ado de un experiment o personal, y se
ent rega aquí a gui sa de ejemplo de lo que vale la pena int ent ar.
La poda alcanzó a los siguient es t érminos de un lenguaje
largament e ut ilizado: Desarrollo, Crecimiento económico,
Eficiencia, Product ividad y los indicadores agregados como el
Product o Geográfico Bruto. La incógnit a surgida de inmediat o,
después de la operación, eras si acaso sería posible emit ir juicios
sobre la sociedad, en part icular sobre su event ual mejoramient o,
o si el int ent o result aría vano y mut ilado desde la part ida.
Una preocupación constant e ha sido la de ident ificar y
explicit ar las met as que nuest ra sociedad debería alcanzar. En
t al sent ido –hablando en un lenguaje pre-poda– aparecería como
bast ant e corrient e y probable una afirmación del siguient e t ipo:
«Aspiramos a una sociedad más desarrollada, de crecimiento
económico sost enido (ahora se est á usando el t érmino sostenible)
donde la mayor eficiencia y product ividad que conlleva la
modernización, permit an una vida mejor para todos».
Súbit amente, como result ado de la poda, esa frase nos parece
at erradorament e vacía y carent e de significación real.
Descubrimos, en cambio, que lo que ahora aspiramos es a la
const rucción de una sociedad coherente. Es decir, una sociedad
coherent e consigo misma, lo cual implica que no sea caricat ura
de otra. Esa sociedad coherente habrá de sat isfacer a lo menos
t res atribut os: Complet it ud, Consist encia y Decidibilidad.
1. Complet itud: si gnif ica que el si st ema cont iene –y
genera–t odos los elementos necesarios que, si
adecuadament e organizados, permit en su reproducción de
manera crecient ement e aut odependient e. En otras palabras,
que las necesidades humanas fundament ales de todos los
miembros del sist ema, pueden ser crecientement e sat isfechas
a t ravés de sat isfactores generados dentro del propio sist ema
1
.
Lo dicho no apunta ni a la aut osuficiencia, ni a la aut arquía o
al aislacionismo. Tanto el comercio ext erior como ot ros t ipos
de int ercambio son necesarios y convenient es. De lo que aquí
1. Sobre el concepto de Necesidades Humanas y Satisfactores, ver la Primera
Parte de este libro.
Sobre la poda del lenguaje
se t rat a es que dichas t ransacciones no ocurran a expensas de
privaciones de las personas.
2. Consistencia, significa que el est ilo de reproducción que se
escoj a par a el si st ema, no conll eva cont r adicciones
aut odestruct ivas. Retornando al lenguaje no podado, puede
ilust rarse un caso de inconsist encia, como el crecimiento
económico a costa de la depredación de recursos o de daños
ecológicos irreversibles. Las contradicciones autodest ruct ivas
no sólo pueden surgir en el ámbit o económico. También
pueden presentarse en las esferas de la preocupación polít ica,
social, cult ural, cient ífica y t ecnológica. Un sistema consis-
t ent e es, esencialment e, un sist ema capaz de generar efect os
sinérgicos.
3. Decidibilidad, implica que el sist ema est á imbuido de una
capacidad que le permit e aprender de la experiencia, propia y
ajena. Como consecuencia de ello sus miembros t ienen
mejores posibilidades de reconocer alt ernat ivas y opciones
relevant es. Un sist ema que sat isface est e at ributo no puede
construirse sobre la base de una est ruct ura autorit aria, ya que
en t ales est ruct uras la información fluye en una sola direc-
ción: de arriba hacia abajo. Requiere de una est ruct ura par-
t icipat iva, donde la retroaliment ación no sea inhibida. Un
sist ema decidible es esencialment e una democracia direct a.
La poda del lenguaje nos abre caminos para la elaboración de
indicadores nuevos y relevant es de mejoramiento social. Los
indicadores de complet it ud, consist encia y decidibilidad pueden
llevar, sin caer en los errores mat emát icos de los indicadores
globales agregados, a la event ual aparición de algún t ipo de
noción general de coherencia. Se ha comenzado un programa (en
el sent ido cient ífico de la palabra) para invest igar en ese sent ido.
1
Sobre interpretación
Un element o aislarlo (objet o real o simbólico) «a» puede ser
descrito pero no puede ser explicado. Una relación ent re elemen-
1. El Centro de Alternativas de Desarrollo (CEPAUR) en Chile, encabezado
por el autor. está investigando sobre el tema.
134 135
Sobre la poda del lenguaje
t os a través de un operador que haga posible esa relación –algo
como «a * b»– puede escribirse y puede explicarse. Pero, t al
como explicamos con ant erioridad, describir más explicar no
significa comprender. El sist ema «a * b» sólo puede compren-
derse desde un sist ema de mayor complejidad. Ello significa que
sólo cuando elevamos la complejidad del sist ema al integrarnos
hast a formar parte de él y compenet ramos de él: «(a * b) * ψ»,
podemos pretender comprenderlo.
Aunque las formulaciones del párrafo anterior no hayan
quedado claras para algunos, ilust ran (quizás de manera muy
simplificada) lo que t enemos en ment e. Sin embargo, la idea
puede ser expresada en t érminos más sencillos. Suponga que
ust ed ha est udi ado t odo cuant o es posible est udiar –desde el
punto de vist a ant ropológico, cult ural, psicológico, biológico y
bioquímico– acerca del fenómeno del amor. Ust ed es un erudit o.
Ust ed sabe t odo lo que es posible saber acerca del amor, pero
nunca comprenderá el amor, a menos que se enamore. Este
principio es válido para t odos los sist emas humanos, aunque casi
siempre se lo pasa por alt o. En realidad, la invest igación social
y económica rara vez va más allá de la descripción y la
explicación. Tomemos por ejemplo, el caso de la pobreza. Me
animaría a decir que si hast a ahora hemos sido incapaces de
erradicar la pobreza, es porque sabemos demasiado de ella, pero
no comprendemos su esencia.
La últ ima frase me lleva a una reflexión adicional. El resolver
problemas pert enece al t erreno del conocimiento y requiere un
pensamient o fragment ado. En el t erreno del comprender, el
plant earse problemas y la resol ución de probl emas no t iene
sent ido, dado que nos manejamos con t ransformaciones que
comienzan con y dent ro de nosotros mismos. Ya no funciona
aquello de que «nosot ros estamos aquí, y los pobres están allí, y
t enemos que hacer algo para remediarlo; desarrollemos entonces
una est rat egia para resolver el problema». Ahora debemos decir:
«somos parte de algo que debe ser transformado porque est á mal,
y dado que compart imos la responsabilidad por aquello que est á
mal, no hay nada que nos impi da comenzar nuest ro propio
proceso de t ransformación». Aún si soy un invest igador, debo
aprender a int egrarme al objeto de mi invest igación.
Hay, por supuesto, dist int as formas de lograr la int egración
ent re el invest igador y el objeto de la invest igación. No t iene que
ser necesariament e una int egración física, aunque en el caso de la
invest igación social, económica y a menudo cult ural, debería
serlo. Hay mét odos de integración ment al en los campos
abst ractos de invest igación, pero no es el propósito de est e
capít ulo describir t ales métodos. En todo caso, podría agregarse
que si hubiera más economist as y sociólogos «descalzos»,
seríamos t est igos de un mejoramiento en los result ados de las
polít icas económicas y sociales.
Conclusiones
Una vez realizado el ejercicio de podar, y habiendo t omado
conciencia de los límit es del conocimiento por un lado, y de las
diferencias entre conocimient o y comprensión por otro lado, no
hay problema en volver a mis viejas palabras, y aún a mi viejo
lenguaje. Si lo hago ahora, t ant o las palabras como el lenguaje
que conforman ya no serán máscaras detrás de las que se esconde
la ignorancia sino que serán espacios fért iles para el progreso
permanent e hacia la int egridad int elect ual.
Traducción: Soledad Domínguez
136 137
6. Una manera estúpida de vivir*
Manfred Max-Neef
La idea
Desde niño me ha preocupado lo que considero una cuest ión
import ant e: «¿Qué es lo que hace únicos a los seres humanos?
¿Hay algún at ributo humano que ningún ot ro animal posea?» La
primera respuest a recibida fue que los seres humanos t enemos
alma, y los animales no. Esto me sonó ext raño y doloroso, porque
amaba y amo a los animales. Además, si Dios era t an just o y
generoso –hecho que yo todavía creía firmement e en esos días–
no hubiera hecho semejant e discriminación. O sea, que no me
convencí.
Varios años más t arde, bajo la influencia de mis primeros
maest ros, se me llevó a concluir que nosot ros éramos los únicos
seres int eligent es, mient ras que los animales sólo t ienen inst intos.
No me llevó mucho t iempo darme cuenta que est aba otra vez
sobre la pist a falsa. Gracias a las contribuciones de la etología,
hoy sabemos que los animales t ambién poseen int eligencia. Y
reflexioné, hast a que un día finalment e creí que lo t enía -los seres
humanos son los únicos seres con sent ido del humor. Ot ra vez fui
desengañado por est udios que demuest ran que hast a los pájaros
se hacen bromas ent re sí y se «ríen». Ya era un est udiant e
universit ario y había casi decidi do rendirme, cuando mencioné a
mi padre mi frust ración. Simplement e me miró y dijo: «¿Por qué
* Adaptado de la conferencia en el marco de la Conmemoración de
Schumacher en Bristol, Inglaterra, el 8 de octubre de 1989.
138 139
Una manera estúpida de vivir
no int ent as por el lado de l a est upidez?». Aunque al principio me
sent í impact ado, los años pasaron, y me gust aría anunci ar, a
menos que al gui en más pueda recl amar una precedencia legít i -
ma, que est oy muy orgulloso de ser probablement e el fundador
de una nueva e import ant e di scipl ina: l a Est upi dologí a. Sost en-
go, por lo t ant o, que la est upi dez es un rasgo úni co de los ser es
humanos. ¡Ningún ot ro ser vivo es est úpido, salvo nosot ros!
Claro que est as afirmaciones pueden sonar ext rañas y hast a
caprichosas al principio. Pero en el período escolar de invierno en
1975, dict é un cur so en el Wellesley Col lege de Massachuset t s,
abiert o t ambién para est udiantes del Massachusett s Inst it ut e of
Technology (MIT), cuyo t ít ulo fue «Invest igación sobre la nat uraleza
y las causas de la est upi dez humana». Como se podrán imaginar f ue
un curso muy concurrido. La gent e pensó que iba a ser divert ido, y de
hecho las dos primeras clases lo fueron. Durant e la t ercera clase los
part icipant es empezaron a verse un poco más serios, y en la cuart a
sesión ya había caras largas. A medida que el curso avanzó, todos
descubrimos que el t ema era bast ant e serio.
La crisis
Pero, ¿por qué menciono est o ahora?. Soy una per sona que viaj a
mucho, quizás demasi ado. Fue así que hace pocos meses comple-
t é mi t ercer vi aje alrededor del mundo en dos años. Result ó ser
una experiencia muy especial, y me sucedió al go que nunca ant es
me había pasado, mi ent ras est aba en Bangkok, l a capit al de uno
de mis países asiát icos favorit os. La primera mañana me despert é
sint iendo una gr an depresión, como si est uviera enfrent ando una
cri si s exi st enci al prof unda. No cr eo que pueda expr esar se con
palabras, pero la sensación fue al go así: «He vi st o demasiado. No
qui ero ver más. ¡Est oy hart o!». Er a un sent imi ent o hor r i ble,
at emorizant e, y me pregunt é: «¿por qué est oy sint iendo est o?».
La respuest a llegó con la súbit a const at ación de que lo que crece
con mayor veloci dad, y se dif unde con l a mayor ef i ci enci a y
aceler ación en el mundo moderno, es l a est upi dez humana. Ya
sea cuando conocí la et apa final de un plan que arrasó miles de
poblados rurales en Rumania con el fin de modernizar y expandir
la producción agrí cola
1
; o cuando presenci é el colosal programa
1 La conferencia en conmemoración de Schumacher, sobre la cual se basa este
capítulo, fue realizada antes de la caída del régimen de Ceausescu.
de t r ansmi gración en Indonesi a, f inanci ado por el Banco
Mundial, que desarr ai gó mil lones de per sonas y l as t ransport ó
de un l ado a ot r o del paí s en nombre del desarrol lo; o
cuando l as aut ori dades del desar rol lo en Tai landia
anunciaron or gul losas que en el nort e, que permanecía aún
densament e forestado, se desmant elar í an ci ent os de pobl ados,
cuyos pobladores ser ían reinst alados en cat orce cent ros
ur banos «con t odas l as comodi dades que r equi er e una
soci edad moderna»; t odas esas acciones reflejaban el mismo
t ipo de est upidez.
Me di cuent a ent onces que l a est upi dez es una
f uer za cósmi cament e democrát i ca. Nadie est á a salvo. Y ya
sea en el nort e, el sur, el est e o el oest e, comet emos las mi smas
est upi deces una y ot ra vez. Parece exi st ir al go que nos vuelve
inmunes a la experiencia.
Pero no t odo era oscur i dad, sin embar go. En el medio de
mi cr isi s, me di cuent a de que se est án abr iendo caminos, y
exist en t ambi én si gnos posit ivos. En real i dad, al final, me
i nvadió la sensación de que est aba presenciando los últ imos
cien met ros de una carrera de diez ki lómet ros ent re dos f uerzas
irreconcili ables, y que una de ell as iba a ganar por una nar iz,
y que t odo par ecí a indicar que sería la nariz más important e de la
historia humana.
Dos f uer zas, dos paradi gmas, dos ut opías, desarrol ladas
en forma brillant e en el libro de Vandana Shiva «Abrazar la vida»
', que producen un mundo esquizof réni co. Cual quier per sona
sensi ble no puede evit ar caer en un est ado esquizofr énico. Esa
es nuest ra r eal i dad y no podemos engañar nos. Ent onces la
pregunt a es cómo hacemos frent e a est a sit uación. ¿Cómo la
int erpret amos? O t ambi én, ¿cómo l legamos a caer en una
sit uación así , si el mundo no f ue siempr e esquizof rénico,
según creo honest ament e?.
El result ado final de mi cri sis f ue posit ivo. Pocos días
después me encont raba con mi esposa en una mar avi l losa
i sl a de Polinesia - el l ugar perfect o para volver a enamorar se
de la vi da. I magi nen el caminar en el agua cri st al ina de
un magní f ico arrecife de coral y los peces que vienen a comer de
nuest ra mano.
1 Vandana Shiva, Staying Alive, Londres: Zed Books, 1988
140 141
Una manera estúpida de vivir
Fue maravilloso, comencé a recuperarme, y pude así cont inuar
mis reflexiones en circunst ancias más propicias.
Siempre sucede que uno recibe ayuda de los amigos, no sólo
de los que uno conoce personalment e, sino de los amigos que se
han hecho a través de los libros. En est a ocasión, fue Ludwig
Witt genst ein el que vino en mi ayuda. Me concentré de nuevo en
el problema del lenguaje. El lenguaje no es sólo una expresión de
cult ura, sino que t ambién genera cult ura. Si el lenguaje es pobre,
la cult ura será pobre. Pero el t ema es que t ambién est amos
atrapados por el lenguaje. El lenguaje es una forma de prisión. La
forma en que ut ilizamos las palabras o concept os influencia y
hast a a veces det ermina no sólo nuest ro comport amient o sino
t ambién nuest ras percepciones. Cada generación, como señalaba
el gran filósofo español Ort ega y Gasset , t iene su propio t ema, o
sea, su propia preocupación. Yo agregaría que cada generación
t iene t ambién su propio lenguaje, que la at rapa.
La coacción del lenguaje
Estamos atrapados, nos gust e o no, en el lenguaje de la economía,
que ha domest icado al mundo ent ero. Un lenguaje nos domést ica
cuando logra empapar toda nuestra vida cot idiana y nuestras
formas cot idianas de expresión. El lenguaje de la economía se
ut iliza en la cocina, entre amigos, en las asociaciones cient íficas,
en los cent ros cult urales, en el club, en el lugar de trabajo, y hasta
en el dormit orio. En cualquier lugar del mundo, est amos
dominados por el lenguaje de la economía y est o influencia en
gran medida nuestro comport amient o y nuest ras percepciones.
Pero el hecho de que est emos domest icados por un lenguaje
det erminado, no necesariament e es negat ivo, aunque en est e caso
puede serlo. Todo se reduce a una cuest ión de coherencia e
incoherencia. Paso a explicar.
A fines de los años veint e y principios de los t reinta, durant e
el período conocido corno la «Gran Crisis Mundial», surgió el
lenguaje de la macroeconomía keynesiana. La macroeconomía
keynesiana no fue sólo consecuencia de la crisis, sino que
permit ió su int erpret ación, y fue además una herramienta
eficient e para superarla. Fue un caso de lo que yo llamo un
lenguaje coherent e con su desafío hist órico.
El siguient e cambio en el lenguaje ocurrió en los años
cincuenta, cuando hizo su aparición el «lenguaje del desarrollo».
Aunque Joseph Schumpet er ya había escrito sobre los concept os
del desarrollo económico en los años veint e, no fue hasta los años
cincuent a que se puso de moda. Pero el lenguaje del desarrollo no
fue consecuencia de una crisis, más bien lo cont rario. Fue un
lenguaje que respondió al ent usiasmo generado por la
espect acular reconst rucción económica de la Europa de la
post guerra. Era un lenguaje opt imist a basado en el profundo
sent imiento de que al fin se había encontrado la forma de
erradicar la pobreza del mundo. Recordemos algunos de sus
clichés: indust rialización rápida, modernización, urbanización,
gran impulso, despegue, crecimient o autosust entado, et c.
Produjo muchos y muy import ant es cambios durante los años
cincuent a y sesent a, cambios que parecían just ificar el opt imismo.
En ciert a manera, fue ot ra vez un caso de coherencia ent re el
lenguaje y el desafío hist órico.
Desde mediados de los set ent a y durant e todos los años
ochenta (década que fue baut izada en los círculos de las Naciones
Unidas como la «década perdida»), surgió una nueva crisis, una
megacrisis que nos enfrent a, una megacrisis que t odavía no
podemos int erpret ar en toda su magnit ud. Lo ext raño acerca de
est a crisis es que no ha generado su propio lenguaje. En est a
megacrisis todavía usamos el lenguaje del desarrollo,
«enriquecido», por así decirlo, con la int roducción de los
principios más reaccionarios desent errados del cement erio de la
economía neoclásica. Entonces lo que t enemos ahora es un
lenguaje basado en el ent usiasmo del crecimient o y la expansión
económica ilimit ados frent e a una realidad de crecient es colapsos
sociales y ecológicos. Esto significa que estamos viviendo -y esto
puede ser una de las característ icas principales de la crisis act ual-
en una sit uación de incoherencia peligrosa: nuest ro lenguaje es
incoherent e con nuest ro desafío hist órico.
Est o no ocurre porque no haya aparecido un lenguaje alt er-
nat ivo. Exist en lenguajes alt ernat ivos que pueden probar que son
más coherentes, pero lo ciert o es no han logrado t erminar con el
viejo lenguaje. Lo que en realidad vemos es que en el mejor de
los casos, algunos concept os de los lenguajes alt ernat ivos han
logrado penet rar el lenguaje t odavía dominant e, pero simple-
ment e como adjet ivos. Represent an solamente arreglos cosmé-
t icos. Tomemos el concepto de sust ent abilidad (a pesar de todas
las discusiones bizant inas que se dan en cuanto a su definición),
142 143
Una manera estúpida de vivir
que se ha transformado en crecimient o sust ent able. No se
discut en los méritos del crecimiento ilimit ado, porque sus
pret endidas virt udes son un component e fundament al del
fundament alismo económico convencional. Entonces, todo lo
que el lenguaje dominant e permit e es hablar de un crecimiento
«mejor».
¿Por qué los lenguajes alt ernat ivos no logran penet rar más?
Una de las razones es que muchos de los llamados esfuerzos
alt ernat ivos no se dirigen a aquellos que t odavía adhieren a
posiciones convencionales y t radicionales. Parece haber una
act it ud prevalent e, resumida en observaciones como: «No les
hablamos»; después de todo, «los académicos no valen la pena»;
«la ciencia occident al es dañina»; «los hombres de negocios son
insensibles». Pero entonces, si no somos capaces de dialogar en
forma inteligente, nunca dejaremos de ser esquizofrénicos. Los
escépt icos seguirán exist iendo; no podemos pretender que
abandonen el planet a. Entonces, aquellos que hacen esfuerzos
por cambiar las cosas, también tendrán que int ent ar hacerse
ent ender por los demás. Ahora nos t oca a nosot ros, y
debemos t ener sent ido de la aut ocrít ica. Nunca me sumaría a la
idea de que somos los dueños de la verdad; eso sería muy
arrogant e. Simplement e presumo que estamos buscando algo
con buena fe, pero t ambién podemos equivocarnos, y dent ro de
veint e años, quizás digamos: «¡Qué ingenuo fui, qué absur da
que era mi posición! Nunca me imaginé esto y aquello».
No est á mal equivocarse; sí est á mal ser deshonesto, y no nos
podemos dar el lujo de serlo. Formulamos propuestas, hacemos
proposiciones, y esto es nat ural ent re seres humanos. Tendemos
a pensar, que cada propuest a es justa o equivocada. Por eso es que
somos t an apasionados cuando tomamos part ido. Yo
recomendaría ot ra vez recurrir a Witt genst ein porque es una
forma de darse cuent a que las proposiciones no son
necesariament e verdaderas o falsas. De hecho, quizás la
mayoría de las proposiciones son carent es de sent ido, y es
import ant e t enerlo en cuent a. También deberíamos darnos
cuent a que es muy peligroso caer en pensamient os rígidos y
poco flexibles. Hemos vivido experiencias históricas de
int olerancias fundament alist as de todo t ipo y color. A veces
t iemblo cuando pienso en la posibilidad de una fut ura
intolerancia fundament alist a verde.
¿Existen soluciones?
Est e mundo est á hart o de grandes soluciones. Est á cansado de
gent e que sabe exact ament e lo que hay que hacer. Est á aburrido
de gent e que anda con el port afolio lleno de soluciones buscando
problemas que encajen con esas soluciones. Creo firmement e
que debemos comenzar a respet ar un poco más la capacidad de
reflexión y el poder del silencio.
Est e mundo quizás necesit e algo sumament e simple -que
seamos; pero cuando digo ser, no me refiero a ser est o o aquello.
Es, en mi opinión, el cambio personal más grande al que nos
enfrent amos: ser lo suficient ement e valient es para ser.
Dado que aquí est amos t odos preocupados por el bienest ar
humano y la salud de nuest ro planet a, permít anme recordarles
algunos hechos. Primero, est amos viviendo en un planeta en el
cual las sociedades est án cada vez más int erconect adas e
int erdependient es en todo lo que es posit ivo y t ambién en todo lo
que es negat ivo. En realidad, así es como debe ser en cualquier
sist ema vivient e. Sin embargo, debido a la caract eríst ica humana
de la est upidez, desaprovechamos las condiciones de
interdependencia y de conexión, que darían una oport unidad a la
solidaridad para desplegar sus posibilidades sinérgicas, y así
superar nuest ra grave sit uación. Parece que todavía preferimos la
eficiencia económica de la avaricia y la dinámica polít ica de la
paranoia. Esto hace que siga en pie un sist ema global en el que la
pobreza sigue creciendo en todo el mundo y una gran part e del
esfuerzo cient ífico y t ecnológico está direct a o indirect ament e
dirigido hacia asegurar las posibili dades de dest ruir a toda la
especie humana.
Segundo, ya no t iene sent ido hablar de países desarrollados y
países en vías de desarrollo, a menos que agreguemos ot ra
cat egoría: países en vías de subdesarrollo. Est a sería la cat egoría
correct a para denominar a varios de los act uales países ricos, en
los que la calidad de vida de la población se est á det eriorando a
ritmos alarmant es. Tomemos un caso extremo. A principios de
oct ubre de 1989, el Mi ami Herald publicó que en Est ados
Unidos, uno de cada cinco niños vive por debajo de la l ínea
de pobreza. Una proyección adviert e que para el años 2010 est a
proporción aument ará a uno de cada t res. Y ese país que posee el
6% de la población mundial, consume casi el 45% del tot al de la
energía ut ilizada en el mundo.
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Una manera estúpida de vivir
Tercero, una de las condiciones más t rágicas, por la que la
humanidad en conjunt o debería sent ir vergüenza, es que hemos
logrado const ruir un mundo en el que, según dat os de UNICEF,
la mayoría de los pobres son niños, y, aún peor, donde la mayoría
de los niños son pobres. Una cosa debe quedar clara: no podemos
segui r pr et endi endo que podemos r esolver una pobreza
insust ent able por medio de la instrument ación de un desarrollo
insust ent able.
La paradoja es, me parece, que sabemos mucho pero
comprendemos muy poco. Permít anme elaborar un poco más
est a afirmación.
Tendemos a pensar que una vez que describimos y
explicamos algo, ya lo hemos comprendido. Esto es un error
porque, como observamos en el capít ulo ant erior, describir más
explicar, no es igual a comprender. Permít anme recordarles el
ejemplo de la página 136: nunca podrán comprender el amor si
no se enamoran. Esto es válido para cualquier sist ema vivient e.
No se puede pretender comprender algo de lo que no se forma
part e. Por est a razón, ¿cómo pretendemos comprender una
sociedad, un mundo, un planet a, una biosfera, si nos apart amos
de ellos?.
¿Cuánt os de nosot ros realment e comprendemos los
problemas que est amos t rat ando de resolver? La resolución de
problemas pert enece al campo del conocimiento y requiere un
pensamient o fragment ado. En el campo de la comprensión, el
plant eo de problemas y la resolución de problemas no t ienen
sent ido, porque debemos enfrent arnos a t ransformaciones que
comienzan con y dent ro de nosot ros mismos.
El futuro posible
¿Y qué pasará en el fut uro?. Con respecto a est e tema, me gustaría
compart ir con ustedes la idea de un buen amigo mío, el
dist inguido ecólogo argent ino Dr. Gilbert o Gallopin, que ha
propuest o tres posibles versiones del fut uro
1
.
La primera, es la posibilidad de la ext inción t otal o parcial de
la especie humana. La forma más obvia de que est o ocurra es a
t ravés de un holocaust o nuclear, el cual, según sabemos, se basa
1. Elaborado en una conversación privada con el autor.
en el principio de la Dest rucción Mut uament e Asegurada. Pero
además del holocausto nuclear, hay una serie de procesos
act uales que pueden causar dicha sit uación: el det erioro del
medio ambient e, la destrucción de los bosques, la dest rucción de
la diversi dad genét ica, la polución de los mares, l agos y ríos,
la lluvia ácida, el efect o invernadero, la reducción de la capa de
ozono, y ot ros.
La segunda posibilidad es la barbarización del mundo.
Algunas caract eríst icas serían el surgimiento de «burbujas» de
enorme riqueza, rodeadas de barricadas o fortalezas para proteger
esa riqueza de los inmensos t erritorios de pobreza y miseria que
se ext ienden más allá de las barricadas. Es int eresant e dest acar
que est a versión aparece cada vez más en la l it erat ura de
ciencia ficción de la últ ima década. Es como la at mósfera de
Mad Max, t an brillant ement e descrit a por los aust ral ianos en
ese fi lm. Muchos de est os síntomas ya se encuent ran en algunas
act it udes mentales y en la exist encia real de áreas aisladas para
los muy ricos, que no quieren cont aminarse visual, audit iva o
físicament e con la pobr eza. Un component e de est a
ver sión será el resurgimiento de regímenes represivos, que
cooperarán con las élit es ricas e impondrán condiciones de vida
cada vez peores a los pobres.
La t ercera versión present a la posibilidad de una gran
t ransición -el pasaje de una racionalidad dominant e de
compet encia económica ciega y de codicia, a una racionalidad
basada en los principios de la solidaridad y el compart ir.
Podríamos llamarlo el pasaje de una Dest rucción Mut uament e
Asegurada a una Solidaridad Mut uament e Asegurada. La
pregunta es si podemos hacerlo. ¿Tenemos las herramient as, la
volunt ad y el t alent o para const ruir una Solidaridad Mut uament e
Asegurada? ¿Podremos vencer la est upidez que hace que
posibilidades como esa queden fuera de nuest ro alcance? Creo
que sí podemos, y que t enemos la capacidad. Pero no nos queda
mucho t iempo.
Queremos cambiar el mundo, pero nos enfrent amos a una
gran paradoja. En est a et apa de mi vida, he llegado a la conclu-
sión de que no soy capaz de cambiar el mundo, ni siquiera una
part e de él. Sólo t engo el poder de cambiarme a mí mismo. Y lo
fascinant e es que si decido cambiarme a mí mismo, no hay fuerza
policial en el mundo que pueda impedirme hacerlo. La decisión
depende de mí, y si quiero hacerlo, puedo hacerlo. Pero el punt o
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fascinant e es que si yo cambio, puede ocurrir algo en
consecuencia que conduzca a un cambio en el mundo. Pero
t enemos miedo de cambiar. Siempre es más fácil int entar cambiar
a los otros. La enseñanza de Sócrat es fue: «Conócet e at i mismo»,
porque sabía que los seres humanos t ienen miedo de conocerse.
Sabemos mucho de nuest ros vecinos, pero muy poco sobre
nosot ros mismos. Ent onces, si simplemente pudiéramos cambiar
nosot ros mismos podría darse la posibilidad de que al go
fascinant e pudiera suceder en el mundo.
Espero que llegue el día en que cada uno de nosot ros sea lo
suficient ement e valient e para poder decir, con t oda honest idad:
«Soy, y porque soy, me volví part e de…». Me parece que est e es
el camino correct o a seguir si queremos poner fin a una manera
est úpida de vivir.
Traducción: Soledad Domínguez
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