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El Marxismo como ideología política, económica y social surge a mediados del siglo XIX.

El
planteamiento principal marxista se basa en una total intervención del estado en el mercado y la
abolición de la propiedad privada para individuos y sociedades; profesando así una economía de
planificación central. El estado decide qué producir, para quién producir y cómo se producirá,
buscando así la abolición de las clases sociales, haciendo a todos iguales económicamente,
planteamiento que como veremos más adelante, es una auténtica falacia.
El principio de igualdad en todas las cosas, así como en el aspecto económico es totalmente
utópico y quimérico ya que, nadie es igual a nadie, todos tenemos ventajas y habilidades distintas
de las cuales nos servimos para la producción de riqueza. Se podría decir que la acumulación de
riqueza es sólo para los más aptos y con habilidades suficientes para generarlas y que, con el
sudor de su frente, hacen de esta habilidad la principal fuente de bienestar económico y social de
su comunidad.
El marxismo desde sus inicios se declaró enemigo de las religiones. Para el marxismo, la religión
siempre es una concepción de ideas políticas que tienden a reafirmar y sustentar la estructura
económica existente.