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Resumen Del Libro El Hombre Moderno

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El libro es el P. Alfredo Sáenz
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EL HOMBRE MODERNO. Descripción fenomenológica. P. Alfredo Sáenz, SJ. 4ta edición. Año 2001. Gladius
Resumen del Pbro. Juan Lisandro Scarabino

Introducción
Hombre Moderno es el hombre que es fruto de la llamada “civilización moderna”. Esta es la civilización resultante, la creada sobre los escombros de la antigua civilización fundada en el cristianismo. El hombre moderno es el resultado, el fruto de ésta. Proceso por el cual se fue formando la civilización moderna: Cristiandad Renacimiento Reforma protestante Iluminismo Revolución Francesa Revolución Soviética El nuevo orden mundial (hoy en día). (Aclaración: estos no son bloques compactos) Paso crucial: en el medioevo el hombre era considerado el centro de todo. A partir de Galileo sólo será algo minúsculo dentro de la pequeñez de la tierra. Pascal: “el silencio eterno de estos espacios infinitos me espanta”. Otro paso: el hombre quiere recuperar su protagonismo perdido. Esto se concretaría en el antropocentrismo moderno, el humanismo renacentista y la Ilustración. El hombre quiso volver al centro de la creación marginando a Dios. La infinitud del universo, afirmada por la nueva cosmología, se fue transformando en la infinitud potencial de la propia mente, incluso hasta creadora. La mente humana es idéntica a la razón divina. Hoy en día quedan cristianos pero no cristiandad, es decir, una sociedad impregnada con el espíritu del Evangelio. Lewis sostiene que estamos en una época post-cristiana, fruto de un salto histórico cualitativo. Enrique Rojas dice que el hombre contemporáneo se parece mucho a los productos light: comida sin calorías, manteca sin grasa, cerveza sin alcohol, azúcar sin glucosa, tabaco sin nicotina, leche descremada. Un hombre descafeinado, un hombre sin sustancia, sin contenido.

I La falta de interioridad
Su escasa interioridad es lo primero que se advierte en el hombre moderno. Interioridad = aquel recóndito fondo del alma que es afectado cuando decimos que algo nos ha entrañado en el corazón, que algo nos ha impresionado, conmovido. Dice Sciacca que el hombre de hoy vive más exteriormente que interiormente. Que recuerda todas sus citas, menos la que tiene consigo mismo. Ha perdido la capacidad de recogimiento y concentración, la meditación y el silencio. Hoy se refleja la superficie de las cosas en lugar de reflejar sobre las cosas la profundidad de nuestro espíritu. Merton: “el hombre ha perdido la capacidad de estar a solas consigo”, Pascal, habla de la “huída de sí mismo”.

3 Todo esta ha constituido un modo de ser, un estilo de vida = la DIVERSIÓN, di-vertere, vertirse, derramarse hacia fuera. Estamos en la cultura de la evación. Se prefiere la acción transitiva a la inmanente. Hoy ya no es “en el principio era el Verbo”, sino “en el principio era la acción”. Hoy se identifica el SER con la función. El hombre se percibe como un conglomerado de funciones. Hay un “funcionalización”. También, unido a esto, hay un “culto a la velocidad” (Ortega y Gasset). Y esta celeridad vertiginosa trivializa la capacidad de reflexión. También hoy se lee casi exclusivamente revistas sensacionalistas, que fomentan la curiosidad. Todo esto contribuye a una creciente desinteriorización. Predomina el culto a la cantidad de la extensión. Se vive cuantitativamente y no cualitativamente. Todo lo cuantitativo es algo externo, que lleva a la voluntad de dominio, el cual es opuesto a la interioridad.

II El desarraigo
El hombre de hoy es un hombre que ha perdido sus arraigos. Es un hombre individualista (producto de la revolución moderna) y absolutamente colectivista (producto de la revolución soviética). Conclusión de esto: no es un ser orgánico, que es cuando el hombre se integra en un organismo como miembro de un cuerpo, cuando tiende puentes que lo trascienden y enriquecen. El hombre inorgánico es un ser aislado, al que hay que sustentar y darle vida. Las dos revoluciones disocian al hombre de sus religaciones, de sus familias, de su profesión, de su Patria, de Dios... Algunas manifestaciones de dicho desarraigo: • La pérdida de la formación doctrinal, de la intuición. Se perdieron los valores, el sentido íntimo, intuitivo. Todo esto hace percibir el fin, lo cual hoy no se puede. Ejemplo: en el pasado las construcciones se integraban al paisaje, hoy se procede al revés. • Hoy el hombre mira el futuro olvidándose del pasado, de la herencia recibida. Goethe: “sólo es grande quien se concidera heredero” • Exaltación desmesurada de la libertad. • La pérdida de raíces hace que el hombre se encuentre desorientado, que se mueva en la oscuridad, sin puntos de apoyo, sin metas, sin planes. El hombre fugitivo que siempre está de viaje. Ya no hay amores permanente. • El hombre moderno se olvida de lo que está a su alcance. Esto lleva a que el hombre viva en el lejano abstracto, lo cual lleva a que se inserte al mundo de las utopías. • El hombre tiene que llenar esta brecha: con lo abstracto y lo que no tiene memoria: la vida solo es una sucesión de acontecimientos, una acumulación de hechos inconexos e incomunicados. • Cuando el hombre sale del estado orgánico, pasa al estado mecánico y no hay comunicación, sino soledad. • Hace una analogía entre el hombre moderno y el antiguo y la planta natural y la artificial.

4 • Dato expresivo del hombre moderno: la aparición de lo descartable, (hasta la mujer en el matrimonio se convierte en descartable).

III La masificación.
La masificación es una forma de homogeneidad, que forma al hombremasa, el cual es un hombre hecho de prisa e idéntico al otro. La masa designa a un modo de ser hombre que se da hoy a todas las clases sociales. Masa: lo que vale solo por su peso. Realidad que se manifiesta por ausencia y no por presencia. Ausencia de formas, de colores, de cualidades. Masa en lo social: se da cuando un grupo de personas se agolpan en base a idénticos sentimientos, deseos, actitudes, perdiendo, por esto, su personalidad. La persona se convierte en u conglomerado de individuos uniformes e indistintos, que al hacerse bloque no se multiplican sino que se adicionan. Dos tipos de masificación: • TRANSITORIA: cuando los hombre en algunos momentos pierden su capacidad de pensar libremente y tomar decisiones, adhiriendo al conglomerado. • CRÓNICA: cuando la gente pierde de manera casi habitual sus características personales. Se adhiere al conglomerado. El hombre masificado ha renunciado a la vida autónoma, se encuentra cómodo en ello. Adhiere a las opiniones mayoritarias sin pensar. Es un hombre sin carácter, sin compromiso, sin responsabilidad. Es más, odia a todo lo que “huela” a personalidad. La conducta masificada es la renuncia al propio yo. El individuo no tiene ya que elegir. Es fruto del hombre-masa, fruto de su envidia y resentimiento, la minusvaloración y el descrédito de la palabra nobleza, porque las personas nobles se exigen, asumen deberes y obligaciones, cosas que no hacen los hombre masas. El hombre-masa se ha perdido en el anonimato del SE. Ya no es “Juan dice”, sino “Se dice”... De esta manera se esconde la responsabilidad. Peculiaridad del hombre-masa: la DESPERSONALIZACIÓN, la ausencia de interioridad. El hombre-masa no tiene vida interior: aborrece el recogimiento, huye al silencio, necesita del ruido, la calle, la TV (hay veces que se prende todo el día, aunque ni se le preste atención). Nuestra época masificante prefiere la cantidad a la cualidad (ejemplo, ha hecho del número el árbitro del poder político). De esta forma el individuo, se vuelve cosa, en su ser uniforme y sin subjetividad, en una cifra, en materia de encuesta. Los medios de comunicación constituyen el principal alimento del hombre-masa. Lo peor es que al hombre masificado le hacen creer que por su unión con la multitud es alguien importante.

IV El igualitarismo.
Es una consecuencia de la inmersión en la masa. Se nivelan los estados sociales, los sexos y las personas. Hay hombres y mujeres estandarizados en todas las partes del mundo (mismo peinado, lenguaje...)

5 Uno de los signos de nuestro días es el triunfo de lo Idéntico, de los mismo, del formidable poder de la moda. Estos y muchas más cosas parecidas contribuyen a la “intercambialidad” de los seres humanos. La identidad de los miembros de una sociedad resulta siempre antihumana. Porque es propio del hombre la variedad. Si no se desorbita, la diversidad se vuelve enriquecedora, posibilita el despliegue de las distintas personalidades y su mutua complementación. Cuanto más elevada es una civilización, más se diversifican las funciones sociales, políticas y religiosas... Cuando es distinto molesta a los “igualados”. Este tema se conecta con el de la masificación: lo que iguala es la inserción en la masa. La pretensión de igualar a los que son desiguales constituye una injusticia. “Libertad, igualdad y Fraternidad”, es contradictoria: donde hay libertad no puede haber total igualdad. Tampoco hay que confundir igualdad con Fraternidad, ser igual a otro consiste en “no ser menor que él”, lo cual implica comparación (Marcel). La tendencia al igualitarismo está unida con el vicio de la envidia (“sereis como dioses). También está ligado con el facilismo. Lo propio de una sociedad ordenada es la unidad en la diversidad y la diversidad en la unidad. Pero eso es ahora una caricatura. La unidad se convierte en uniformidad, similitud, copia y la diversidad en individualismo, dispersión, anarquía. Aquí brota la rebelión. Este hombre-masa se cree que tiene el derecho de afirmar el “derecho a la vulgaridad” y trata de imponerlo a los demás. Así también, anhela ejercer dominio político, se cree capaz de opinar de omne re scibile, juzgando, diciendo, pronunciándose dogmáticamente y sin información alguna, sobre las más delicadas cuestiones del orden moral y social. El hombre logró la conquista del mundo de las cosas a costa de su propia cosificación. (Sábato).

V La adición televisiva.
El homo sapiens, producto de la cultura oral y escrita, se va convirtiendo en homo videns. Toda la vida encuentra su centro en la pantalla. El acto de ver está atrofiando la capacidad de entender. Hay muchas palabras, que representan conceptos e ideas que no tienen correlatos visibles, su contenido es intraducible en imágenes. Cuando la TV suple a la lectura, produce imágenes y anula los conceptos, así atrofia la capacidad de abstracción y con ella la capacidad de entender. En las universidades y colegios, los profesores advierten un retroceso muy notable en la capacidad de atención, de memoria, de intuición, de juicio. O sea un descenso muy generalizado de la concentración y de la madurez intelectual. El imperialismo de la imagen va demoliendo el reino de la palabra y de la inteligencia, con el acrecentamiento de la estupidez y de la necedad. La proliferación de la imagen, precipita la tendencia a la pasividad. Estamos en la edad “post-pensamiento”.

6 La TV destruye más, el saber y el conocimiento del que trasmite. (Sartori) La información se transformó en un fin en sí mismo, reemplazando a la formación, al conocimiento y a la sabiduría. La TV puramente informativa, contribuye a la masificación generalizada. El acto de “telever” está cambiando la naturaleza del hombre. Hoy se ve TV antes de aprender a leer y escribir. La TV es la primera escuela del niño. “La escuela divertida que precede a la escuela aburrida” (Sartori). “Al principio fue la televisión”. Cuando este niño crezca se hará alérgico a los libros. Se trata de una “cultura de la incultura”, lo que implica atrofia y pobreza mental. La gente llega a pensar que lo que no ve no existe. La TV es espectáculo, pero el mundo real no es espectáculo y cuando se lo convierte en tal, los problemas quedan deformados y el televidente desinformado. La TV hace imposible la comunicación familiar. La TV se vuelve protagónico en el plano de la política (ej. Sondeos) El hombre ha quedado preso de la máquina que el mismo descubrió. Ya no tenemos un hombre que reina gracias a la tecnología inventada por él, sino un hombre sometido a la tecnología, dominado por sus máquinas. El inventor ha sido aplastado por sus inventos. Homo digitalis, se reduce a apretar los botones de un teclado, sin ningún contacto auténtico con el mundo real. Se trata de remontar la corriente, intentando el retorno desde la incapacidad de pensar (post-pensamiento) al pensamiento, lo que será imposible si no defendemos la lectura, el libro, es decir, la cultura escrita.

VI La urbe macrocéfala
En buena parte el hombre de hoy es un hombre modelado por el espíritu de la ciudad. Platón hablaba sobre la necesidad que las ciudades sean humanas, a la medida del hombre, haciendo posible el conocimiento mutuo de los ciudadanos y la amistad (base de la política) Las primeras ciudades fueron pequeñas, en comunión con el paisaje. Se conocían entre los habitantes. Todo esto no sucede en las macro-ciudades. Estas están estructuradas con mente cartesiana “espirit de geometrie”. (Ej. La Plata en la cual hasta los nombres se reemplazan por números). Las ciudades macrocéfalas constituyen un verdadero atentado contra lo humano. Hay una incapacidad de “aquerenciamiento” que caracteriza al hombre moderno. El hombre moderno se va convirtiendo de un “ser que habita” a un “ser que ocupa”. Jorge Simil habla de la influencia de los medios de trasportes públicos: los hombres se miran mutuamente, minutos y horas y no se hablan. La mayor de las relaciones sensibles quedan confiadas, casi exclusivamente, al sentido de la vista. Algo parecido ocurre en las fábricas. Hoy se ve, pero no se oye. Dice Simil que la vista suele captar lo más general, mientras que el oido nos permite adentrarnos en las particularidades, ya que es este sentido el que mejor trasmite los estados de ánimo. Sciacca habla de la “soledad en compañía”, la más insoportables de las soledades. La conversación se sustituye por las charlas. Porque para conversar hace falta tiempo y hoy nadie lo tiene.

7 Tampoco se cultiva el género espistolar. Hoy nadie está dispuesto para nadie, tampoco para sí mismo, cada uno está disponible para las cosas, para los negocios y para aquello que sirve a sus intereses. Para protegerse contra el desarraigo, el hombre se cierra neuróticamente sobre sí mismo, con la que se sumerge en un aislamiento aún mayor. Por un lado la ciudad masifica y por otro hace que el hombre reaccione con una actitud marcadamente egoísta. De acá el individualismo extremo. La sociedad de masas ha efectuado un hipersocialización ante la que el individuo reacciona con todo tipo de frustraciones, represiones, agresiones y miedos que se resuelven pronto en neurosis (basta caminar por las calles de Buenos Aires para darse cuenta de esto). Lo más preocupante es que todo esto va en aumento.

VII La técnica deshumanizante y el economismo.
En los últimos decenios es innegable el desarrollo de técnica, al parecer indetenibles. Existen dos modos de ver a la técnica: como instrumento de poder y felicidad o como un elemento demoníaco. No se puede negar que el proceso tiene aspectos positivos, pero cuando la técnica se desorbita, acarrea consigo graves tentaciones y peligros. De esto se tratará en este capítulo. 1. La economía y el hombre tecnificado. La técnica ofrece al hombre actual una enorme cantidad de posibilidades. Esto enciende en el hombre el ansia de lo insaciable, impulsándolo a vivir exteriormente y no intensivamente, en sentido de profundidad. Esto sucede en la práctica, mientras se crece en la técnica, se decrece en la interioridad y se empobrece el espíritu. No hay proporción entre el progreso exterior y el interior. El progreso técnico va unido con el materialismo. La economía es la teología del siglo XX, una ciencia que no encastilla en su ámbito específico sino que invade otros campos, sobre todo el político, a tal punto que los gobiernos actuales se identifican por su política económica. La economía y el progreso técnico constituyen la piedra base del mundo de nuestro tiempo. “Homo oeconomicus”: sus acciones se guían por el cálculo del interés propio. La economía va de la mano con el egoísmo. Marx construyó su sistema de pensamiento según el cual la economía es la estructura básica de la realidad y todo lo demás (política, religión...) es una “superestructura” destinada a justificar la economía dominante. Desde el liberalismo actual, se percibe al hombre como un incansable calculador de ventajas e intereses, en todas sus actividades y relaciones. Una estrecha relación une a la técnica y el crecimiento económico. A través de la economía y la técnica se busca la salvación aquí en la tierra. Esto es: la posibilidad de encontrar en este mundo la plena felicidad. La energía que antes se ponía para las cosas de la fe, por la secularización, se empezó a poner en el perfeccionamiento de este mundo, iniciándose así el impresionante despliegue de la técnica moderna. En lugar de una fe, ya socialmente descartada, en un mundo trascendente, la mirada se vuelve ansiosa hacia objetos que pertenecen al ámbito meramente terreno. Primera tentación que propone la técnica al mundo moderno: que la vea como un sucedáneo de la salvación del hombre, pero esta vez aquí en la tierra. Segunda tentación: la fe en el progreso, un progreso indefinido.

8 Se pensó que el progreso abarcaría todos los aspectos de la existencia y a la humanidad en su totalidad. El progreso técnico ha tenido resultados que las generaciones anteriores no habían previsto (ej: cuidar la naturaleza…). “La unidad técnica del mundo hace también posible la muerte de la técnica de la humanidad” (Carl Schmitt) Este mito del progreso va unido al del superhombre. La seducción que crea dicho desarrollo y la civilización que él ha suscitado, contribuye a difundir una mentalidad donde se valora de manera descompensada la instrumentación: las cosas no son, sino que sirven. La noción de servicio se confunde con la de rendir: quien no rinde, no sirve. Acá se ve un triunfo del “homo faber”, que es un ser instintivo, un animal evolucionado. El hombre ya no es un medido por lo que es sino, sino por su rendimiento laboral, por lo que produce. “Homo technicus” porque a las técnicas debe su formación, su manera de pensar y de obrar, su cultura… En un ambiente así, surge la tecnocracia, que es el dominio de los hombres a través de la técnica. 2. Perspectivas del proceso económico Se nos ha dicho que el desarrollo técnico, cuyo motor es la economía, llevaría al mundo a la felicidad total, que el hombre se autorredimiría. Contrariamente a la prosperidad cuya difusión se esperaba, lo que se ha mundializado es la miseria. La técnica ha progresado, pero la gente sufre una gran decadencia económica. El trabajo se ha convertido en algo arcaico. Las riquezas ya no provienen del trabajo, como sucedía en las sociedades tradicionales, sino de especulaciones abstractas, sin mayor relación con la labor productiva. El primado lo tiene el capital. Todo cuanto afecta a esas riquezas es criminal. Hay que conservarlas a toda costa. Solo después de asegurar lo que toca a los negocios de ese grupo de personas, se tiene en cuenta, y cada vez menos, a los demás sectores de la población. De ahí el rechazo implacable de todos los que dejan de construir una fuente potencial de ganancias. Hay que merecer el derecho de vivir y, en este sistema, sólo lo merece una ínfima minoría. El resto deberá demostrar que es útil para la sociedad, para lo que rigen los negocios. Y solo es útil lo rentable, lo que agrega ganancia a las ganancias. Existe el peligro al despido, por más mal trabajo que se tenga. Esta economía del mercado, más que un poder es la borrachera del poder. A aparecido en la sociedad moderna un cuarto mundo integrado por una masa triste y enferma, cuya existencia disimulan los políticos. Gente frustrada que vive en el desconcierto total. Fueron convencidos de que “ser” es sólo “rendir”, “producir” y “ganar”. En este cuadro no existe Dios y tampoco el hombre. Paradoja: el hombre autoendiosado acaba por destruirse a sí mismo.

VIII El consumismo
Cuando el dinero, más allá de su fin natural, que es determinar la equivalencia entre las cosas, domina la ciudad, esta se convierte en un gran mercado y su habitante, en un ser productor y consumidor, regulado por estrictas normas cuantificables de rendimiento y eficacia. El “homo oeconomicus” tiene dos caras: el empresario y el consumidor. El empresario tiene como principal intento, no siempre el afán de lucro, sino el interés de su empresa. La empresa es para él como un ser de carne y hueso. El hombre de negocios no sabe de otro anhelo, no conoce otra preocupación que ver su

9 negocio crecer y hasta verlo convertirse en un organismo floreciente, fuerte y próspero. Aspira siempre a ampliar su negocio. Hay cuatro niveles que dirigen la vida de un niño: la grandeza, el movimiento rápido, la novedad y el sentirse que tienen poder. Todo esto se da en el empresario moderno. Todo empresario se consagra a una sola cosa: la producción. Esto llega a tal exceso que su actividad acaba por destruir su cuerpo y corromper el alma. El consumidor, por otra parte, también está obsesionado por el valor económico. Dice Sciacca, que lo propio de este valor consiste en ser “intercambiador y consumidor” y lo propio del valor espiritual es ser “expresador y comunicador”. Aquel puede ser comprado o vendido. Con los valores espirituales no se puede hacer esto. Para el hombre consumista solo cuentan los bienes terrenos, las cosas perecederas, como si fueran definitivas. Es la era del plástico: “tener, usar, tirar, volver a tener…” es la consigna. Es la metafísica de la nada. La muerte de casi todos los ideales. “La enfermedad del Occidente es la de la abundancia: tener todo lo material y haber reducido al mínimo lo espiritual” (Rojas). La civilización moderna, no sabe ya lo que es el hombre, ignora el sentido de la existencia y está amputado de toda finalidad. Se la puede definir como “la civilización de medios”, una civilización técnica. Ya no es el fin el que hace surgir los medios. Los mismos medios se han convertido en fin. Poseer los medios es poseer el fin. Al hombre de hoy no le interesan más los héroes y los santos, como en otras culturas. Sus modelos son los que han triunfado económicamente, gente llena de cosas. Se encargan de fomentar este espíritu consumista, los que dirigen la televisión. Estos crean necesidades y elaboran el horizonte de los anhelos. La televisión es el instrumento más eficaz del consumismo. Este espíritu tiene mucho que ver con el zapping. Esta palabra anglosajona significa golpear, disparar rápidamente y expresa la tesitura de aquel a quien le interesa todo y nada a la vez. El hombre moderno-televidente es “aquel que conoce el precio de todas las cosas y el valor de ninguna” (Oscar Wilde) El hombre consumista es un hombre inquieto, no se contenta con lo que tiene. Es el “homo consumens”, el hombre sin apetencias sagradas y trascendentes. Que no admite esto más allá que el de la adquisición incesante y universal. Se consume en una vida totalmente superficial. Lo más profundo que hay en el hombre moderno es su piel. La acumulación constante de bienes no aporta nada a la realización personal. En general el bienestar material se incrementa mientras el desarrollo espiritual se reduce. La sobreabundancia deja en el corazón la tristeza. La victoria de la civilización científica y técnica nos ha inculcado una inseguridad espiritual. Hoy ya no se reconoce el sentido, la finalidad de la existencia.

IX El hedonismo
Esta palabra viene del vocablo griego: edoné, que significa placer. Propiamente es un sistema filosófico, que hace consistir el bien en el placer. El hombre encuentra su felicidad en el placer. El hombre, según los hedonistas, está sujeto a la soberanía del instante. El placer físico tiene superioridad sobre el moral. Excluye la moderación en su búsqueda. El hombre de nuestro tiempo busca pasarla de la mejor manera posible, a costa de lo que fuere. Esta búsqueda omnímoda e insaciable del placer se convierte en una necesidad inconsciente. El hombre necesita un placer inmediato que invada toda su sensibilidad. Se ha buscado liberar el campo del sexo, que ocupa un lugar privilegiado en aquella búsqueda ansiosa del placer. Se confunde sexo con amor. Es un amor light.

10 Un amor así entendido considera a la mujer como un mero objeto del placer como si fuera un material descartable, que se usa y se tira. Al sexo practicado sin compromiso se lo llama amor y al bienestar se lo equipara con la felicidad. La erradicación social del pudor, el cual es la atmósfera protectora del sexo, es el síntoma de este desenfreno. El pudor es la tendencia y el hábito de conservar la propia intimidad de los extraños. Se dice que una persona no tiene pudor cuando se comporta en público como si estuviera sola y en privado. El pudor se expresa en los tres ámbitos: la viviendo, el vestido y el lenguaje. La vivienda el hombre la construye para proteger su intimidad. Si se invita a un amigo es para compartir dicha intimidad. La masificación, el desarraigo, el igualitarismo… tienen no poco que ver con la pérdida del pudor. El hombre actual sufre mucho y estos padecimientos se vuelven insoportables. La apertura de la propia intimidad se presenta como una liberación. La relación sexual ya no es una entrega de la intimidad, sino un “abandono del cuerpo”. Cuando uno pierde el pudor pierde la intimidad y por lo tanto pierde su posibilidad de encontrarse con Dios, porque este encuentro sólo se puede realizar en el centro mismo de la intimidad personal. El hedonismo es una actividad que no tolera ningún tipo de cuestionamiento. La tendencia al hedonismo es la consecuencia más cabal del desarraigo y del vacío que caracterizan al hombre moderno. Los fines de semanas se convierten en un período de evasión de las preocupaciones presentes y futuras, con la consiguiente sumisión en los placeres que dañan al espíritu. Se compra el olvido con el alcohol, el ruido, el placer sexual, la droga… Cuántas veces caminando por las calles nos ha impresionado ver tantos rostros sin profundidad, sin realidad. La civilización del goce es la muerte de los rostros.

X El relativismo
Esta tendencia se caracteriza por una interpretación muy peculiar del concepto de verdad. La norma de verdad no es el objeto sino que son otras cosas, por ejemplo la psicología del sujeto. Toda verdad es relativa en el sentido en que sólo es válida en relación con el sujeto que piensa. Para la filosofía realista, el objeto es la medida de verdad válida para todos los sujetos. La verdad se vuelve relativa en el sentido de que existe para una persona y puede, simultáneamente, no existir para otra. Se rechaza la universalidad de la verdad. Esto lleva a afirmar que todas las posiciones son igualmente válidas. Esto quiere decir que todo se reduce a la opinión. Existe también un relativismo en el campo de los valores. No hay valores absolutos. El hombre se siente permanentemente tentado a formarse una tabla propia de verdades y valores. Figura clave del relativismo: Hume, que a la pregunta de cómo determinar el valor de algo, distingue cuatro cualidad valiosas: cualidades útiles para la comunidad, para nosotros, inmediatamente agradables a nosotros e inmediatamente a otros. Se puede ver como la verdad y el valor dependen de la utilidad y del agrado que las cosas produzcan. Para Hume el primado no es la inteligencia, sino la inclinación. El sentimiento es el criterio último de valoración moral. En el hombre actual relativista han influido diversas corrientes de pensamiento: el pragmatismo, el fideísmo, el evolucionismo (la verdad es algo en permanente trasformación), el historicismo, el democratismo liberal.

11 El origen del relativismo filosófico es la ley de resentimiento (terminología de Nietzsche), que es cuando uno es incapaz de vivir según lo señala la razón y minimiza y desprecia racionalmente el sistema de valores que no ha podido o no ha querido encarnar. Así el relativismo doctrinal puede provenir del resentimiento contra las ideas consagradas por la tradición. Tras la renuncia a una tabla de valores y de doctrinas permanentes, a los dogmas sobrenaturales, el relativismo anuncia la supervivencia de un solo absoluto: que todo es relativo. Una persona tiene que dudar, en vez de afirmar. Dice Rojas que hoy todo es negociable. No existe más la verdad, sino mi verdad. El relativismo se presenta como un código ético imperante. El reglamento hoy más recurrido para calmar la conciencia es el del consenso. Algo es verdadero si hay consenso acerca de ello. Se hace depender la verdad de la convergencia de opiniones. Según Rojas ha aflorado en el hombre la “pasión por la nada”. El hombre al no tener ninguna certeza donde aferrarse ha perdido la capacidad de comprometerse (ejemplo, lo que ocurre con el matrimonio). La victoria del relativismo trae consigo el imperio de la mediocridad. El hombre mediocre no habla jamás, siempre repite. Admira un poco todas las cosas, pero no admira nada con calor, teme comprometerse.

XI La informalidad
Los inconformistas son los informales. Sus precursores son los cínicos griegos (los hippies griegos) Es una rebelión profunda que va más allá de los político y de los social. Es una rebelión contra las formas, a las que se acusan de ser “formalidades”. Pero las formas no solo expresan el fondo, sino que las enmarcan. La vulgaridad hoy se extiende cada vez más. La vulgaridad en los modales acaba por hacer vulgar el corazón y la inteligencia. En el fondo, estos revolucionarios, aparentemente tendidos hacia el futuro, son solemnes retrógrados. Van contra el progreso. Lo informe lleva a los informe y, en el límite, lo informe es la muerte. La solución es llevar las formas a la enseñaza al ámbito social y político. Belleza Hermosura “Fomosita” forma El arte moderno ha desterrado la estética de las formas. Lo mismo ocurre en la pintura y en la música. Hay que restaurar el valor de las formas en el ámbito de lo sagrado. En algunos sectores de la Iglesia se ha ido perdiendo la vivencia de lo sagrado, el sentido de reverencia y del misterio… Algunos creyeron que se debía renunciar a toda forma exterior. Parece que hoy en la Iglesia, se hace lo posible por relegar todo lo que pueda hablar al corazón. Frente al culto de la informalidad, los superiores ejercen el permisivismo, postura lógica con el hombre relativista ya que como no hay verdad es tolerante. La permisividad es como una especie de religión que consiste en no coartar ninguna libertad, aunque sea abusiva. Rojas dice que “de la tolerancia interminable nace la indiferencia pura”

XII El naturalismo
Esta es la tendencia principal de la sociedad y del individuo actual. El naturalismo brota de errores anteriores de la reforma protestante, que rechaza el orden sobrenatural.

12 La naturaleza se basta y posee en sí la ley y el fin. Pero como el hombre es incapaz e imperfecto, busca encontrar en la sociedad lo que le falta, siempre sin salirse del orden natural. La naturaleza es el único y el verdadero tesoro. En la raíz del naturalismo hay un acto de soberbia. El naturalismo al mismo tiempo afirma la dignidad de la naturaleza y frustra el impulso hacia lo alto. En el fondo no es sino la consecuencia del miedo que producen las alturas a que Dios nos ha llamado. El naturalismo frena al hombre, le corta las alas. El hombre naturalista es un pusilánime, que no se anima a cargar sobre sus hombros ese “pondos gloriae” que se le ofrece desde lo alto. También se autoconfirma en sus estrechos límites humanos, y se resiste a participar de la naturaleza divina. El origen último de este proyecto es la rebelión de Lucifer, su negativa al servicio y adoración a Dios, si pretensión de igualarse al Creador con las solas fuerzas de la naturaleza. La sociedad moderna está enferma de orgullo desmesurado. El hombre ha llegado hasta querer matar a Dios para que éste lo dejase en paz y pudiese vivir conforme a la naturaleza. El naturalismo tiene dos expresiones fundamentales: en el campo de la inteligencia y en el de la política. En el primero es el racionalismo, el cual fue empleado para atentar contra el orden sobrenatural. Y en el segundo, el liberalismo, en el que la libertad es lo único que se busca, porque todas las cosas existen desde, por y para la libertad. La primera sociedad afectada es la familia. El liberalismo pretende destruir la familia y la destruye en su fundamento: el matrimonio indisoluble, que se opone a la libertad (por supuesto mal entendida). Los pasos para llevar a cabo este proyecto, es entender el matrimonio como un contrato civil, luego aceptar el divorcio legal y por último fomentar el libre concubinato. Con esto está destruida la familia. El liberalismo reclama la secularización absoluta de las leyes, de la educación… En última instancia lo que proclama el liberalismo es el divorcio entre la libertad y la verdad. Pero una vez que se ha quietado la verdad al hombre, es pura ilusión hacerlo libre. Libertad y verdad o van juntas o perecen. El hombre del naturalismo pretende ser el hombre nuevo, un hombre hecho sobre los escombros de la visión trascendente, que se encierra en el reducto de su propia naturaleza, frustrando de esta forma todo impulso hacia lo alto. Enseña la Tradición cristiana que Dios se hace hombre sin dejar de ser Dios, para que el hombre se haga Dios sin dejar de ser hombre. Esto para el naturalismo es completamente imposible. “El naturalismo, hijo de la herejía, es mucho más que una herejía: es el puro anticristianismo” (Cardenal Pie). La herejía niega una o varios dogmas, el naturalismo niega que haya dogmas. La herejía expulsa a Dios de tal o cual porción de su Reino, el naturalismo lo elimina del mundo y de la creación. Ya Cristo describió esto en la parábola del Hijo Pródigo: el hijo menor quiso correr la aventura de la libertad sin límites, la aventura del naturalismo, en el abandono de su vínculo y condición filial, acabó vacío de sí mismo, y apacentando cerdos, es decir, acabó animalizado.

XIII El inmanentismo
El hombre moderno es esencialmente inmanentista. La inmanencia es la actitud del hombre que vive en la tierra como si fuera esta su patria definitiva. Inmanencia viene del latín “in manere”, permanecer en. Es lo contrario al trascendentalismo, que es la disposición de ir más allá.

13 El principio de inmanencia impregna los distintos campos del saber y del actuar. Esto se ve claramente en el campo de la filosofía moderna, principalmente en el idealismo alemán. Cuyo punto de partida es el cogito subjetivo. Esto lleva al hombre a cerrarse a sí mismo y su pensamiento se vulva activo y creador. En adelante el hombre es el punto de partida y de llegada. Este principio inmanentista trata de meterse en la teología. Dice Caturelli que el método inmanentista conduce al ateismo. Este prescindir de Dios, tanto en la filosofía como en la teología encuentra sus últimas resonancias en el orden temporal. La concepción inmanentista rige en el liberalismo y el marxismo. En el campo del pensar político, dos autores han ejercido un influjo considerable en nuestro tiempo: Antonio Gramsci, en el que su pensamiento se funda sobre tres presupuestos filosóficos: el materialismo, el historicismo y el inmanentismo, el cual, es para Gramsci, el telón de fondo de todo el edificio marxista. Y el otro autor es Francis Fukuyama, el cual se atreve a afirmar que ha llegado el fin de la historia y el consiguiente estado de felicidad en la tierra. Este es el proyecto del Nuevo Orden Mundial: el paraíso en la tierra de Mark, que no se realizó en la Unión Soviética, se cumplirá gracias al liberalismo. Pero para ello, dice Fukuyama, hay que dejar de lado la religión o salvo que se diga que no propaga la verdad, sino una verdad. Habrá que prescindir del catolicismo porque propaga la trascendencia y postula la felicidad más allá de la tierra. Ya esto lo había predicho San Agustín en De Civitate Dei: la Ciudad de Dios se caracteriza por el primado de Dios y la subordinación del hombre; la Ciudad del mundo, afirma el primado del hombre y la subordinación de Dios. Hay que elegir: o amar a Dios o amar al hombre. El hombre inmanente que ha perdido la esperanza y, por lo tanto, pasa constantemente de la presunción a la desesperación. Que el hombre pueda alcanzar la felicidad es una falacia. El hombre tiene alas de águila, no de gallina. Pero eso siempre le será necesario dejar abierta la puerta a la trascendencia.

XIV La pérdida del sentido de la existencia
La autorrealización es imposible cuando el hombre pierde el sentido de su existencia. Si la vida no tiene sentido no se puede ir sino a la deriva. Dice Heidegger que aun cuando el hombre tuviese en sus manos el control de todo, siempre quedará en pie a la pregunta fundamental: “¿para qué?”. Porque lo propio del hombre es saberse orientado a algo, ello da el sentido a la vida. Y esto no es algo que el hombre elige. Y solo es responsable y libre el hombre que da respuesta a dicha vocación. El hombre moderno ha perdido la brújula. A medida que el hombre fue adquiriendo más dominio de la técnica se ha ido vaciando existencialmente. Heidegger, de que “ninguna época ha acumulado sobre el hombre conocimientos tan numerosos y tan diversos como la nuestra, pero también ninguna época ha sabido menos lo que es el hombre.” El hombre se encuentra poco menos que sofocado por tantas comodidades, olvidando las cosas esenciales. “Todo se traduce en intereses que no debemos descuidar; todo se reduce a una lucha por poseer bienes materiales, pero una voz de dentro nos dice que hemos perdido algo puro, sublime y frágil. Hemos perdido de vista la finalidad. Admitámoslo, aunque sea murmurando palabras que solo nosotros podamos oír: en este vértigo de nuestra vida a la velocidad de relámpagos, ¿para qué estamos viviendo?” (Solzhenitsyn) El hombre no sabe ya quien es ni a donde va, camina en la oscuridad de la noche metafísica.

14 Einstein dice que el que considera que su vida carece de sentido no solo es un desdichado, sino que apenas tiene capacidad para vivir. El que mejor trató este tema fue Viktor Frankl. Habla de “Frustración existencial”, que ocurre cuando el hombre actual no sufre tanto pensando que vale menos que los demás, sino más bien, que su existencia no tiene sentido. Y para colmo no sabe como llenar ese “vacío existencial”. Jung dice que la neurosis es “el sufrimiento del alma que no ha encontrado su sentido”. El hastío, según Santo Tomás, es un “entristecerse” ante el bien espiritual. La asedia no permite echar raíces. Diversas son las evasiones que intentan quienes han perdido su voluntad de sentido: el placer, las diversiones, el alcohol. Todos son “rodeos” en busca de la felicidad que se escapa. En el 100% de los casos de drogadicción, aparece el complejo de vacuidad. El hombre existencialmente frustrado experimenta una imposibilidad para llenar el tiempo libre: la famosa “neurosis dominguera”. Dicha frustración se relaciona con la sensación de aburrimiento. El que vive en la frustración existencial ignora cómo encarar el sufrimiento, no le encuentra sentido alguno. Esto lleva al nihilismo, cuya esencia es la negación del sentido del ser. Frankl exhorta a salir de esta chatura frustrante, apelando a la autotrascendencia de la existencia humana.

XV Las falsas espiritualidades
El deseo de Dios está inscrito en lo más hondo del corazón del hombre, porque el hombre a sido creado por y para Dios, y Dios no cesa de atraerlo hacia sí. El hombre moderno, a pesar de su profunda decadencia, no deja de poseer un instinto religioso, que radica en su propia naturaleza y es indestructible. Cuando no lo vulva en el Dios verdadero, no puede menos que fabricarse dioses propios, ídolos, en quienes busca saciar su anhelo de trascendencia. En vez de la religión verdadera, el hombre ha puesto sus ojos en las religiones orientales. El hombre moderno abandonó el diálogo con Dios para abogarse al monólogo del racionalismo, de laicismo, del agnosticismo, hasta llegar a ese hastío y aburrimiento metafísico. Hoy en día se observa un auge de supersticiones: horóscopos, astrología…; de sectas, que buscan destruir la unidad religiosa; la adicción a las drogas, que es un reacción contra el vacío existencial. La pseudo religión más sintomática de nuestro tiempo es la New Age. Se habla de nueva era porque nos encontramos en la etapa final de un ciclo astronómico y vamos a entrar en un nuevo ciclo. El sol está pasando de un signo (piscis) a otro (acuario). Y siempre que el sol cambia de signo suceden cambios radicales en el desarrollo de la civilización, especialmente en el plano religioso piscis se distinguiría por el fanatismo, la ignorancia, el dolor, la división y el escepticismo. Acuario implica fraternidad, conocimiento, nueva visión de lo trascendente. Con Acuario desaparecerá el Cristianismo y se implantará una nueva religión a escala mundial. La New Age surgió a comienzos del 70 en California. Esto es un “cóctel ideológico”, una pseudo religión. Tiene sus “escrituras sagradas”, centros espirituales y oraciones litúrgicas. El movimiento propaga que el hombre a “creado a Dios a su propia imagen”. Contenido doctrinal: 1. Unidad del universo: todo es una sola cosa.

15 2. Divinización del cosmos: religa la tendencia a la ecología, ya no como cuidado de la naturaleza, sino en la creencia de que la tierra entera es un organismo viviente de carácter divino. 3. Rechazo del concepto cristiano de creación. 4. Feminismo. 5. Liberar todo el potencial encerrado en la mente humana, sobre todo sus elementos más femeninos, los instintos, las fantasías y las intuiciones. Todo esto con la ayuda de la hipnosis, el yoga y las drogas. 6. Teoría de la evolución: el hombre se desarrolla a través de encarnaciones, hasta que llegue a lo divino. La humanidad no tiene ya necesidad de que la salvación provenga de lo alto, no necesita ser redimida por Dios. La New Age insiste en el papel del conocimiento. Es una especie de gnosis. Esta espiritualidad recurre al uso de diversos símbolos: ej. el 666, el cual como tiene influencias sagradas, se lo debe utilizar para acelerar el proceso de la Nueva Era; el arco iris, que es un puente entre el alma humana y la gran mente universal. La New Age no se organiza en estructura jerárquica. Su principal enemigo es el cristianismo auténtico. Para ellos, Jesús es uno de los Maestros que vendrá pronto para tratar de modificar el Cristianismo, adaptándolo a la nueva realidad. El plan incluye 4 fases: 1- Trasformación del cristianismo. 2- Fusión de todas las religiones en una nueva religión. 3- Imposición por la fuerza de esta religión. 4- Destrucción de los grupos refractarios. Para destruir el cristianismo sugieren dos procedimientos: la “contaminación sincretista”, que trata de que los cristianos no dejen de serlo pero que adhieran a la New Age; y el “combate frontal”. Se profetiza la figura clave, que vendrá para el proyecto de gobierno y religión mundial: Maitreya, para ellos es el verdadero nombre de la divinidad que es llamo con distintos nombres por las distintas religiones: los católicos, Jesús; los judíos, Mesías; en oriente, Buda… La era de Acuario deberá ser inaugurada por Maitreya, quien impondrá la nueva religión. La New Age es un “satanismo encubierto”. La New Age se presenta como ofreciendo cierta “dosis de espiritualidad” a la humanidad enferma y quebrantada. Los planes tienen no poco que ver con el proyecto del Nuevo Orden Mundial. Aquella es la religión de este nuevo orden, una religión fabricada por los hombres, con trozos de Cristo, de Mahoma, de Buda, de espiritismo, etc. La Nueva Era y el Nuevo Orden Mundial podrán corresponder a las dos Bestias del Apocalipsis, la segunda en el campo de la política y la primera en el círculo de una falsa religión, sustitutiva del Cristianismo.

Conclusión
La “modernidad” siguió viviendo de viejas verdades cristianas, a pesar de su alejamiento del espíritu evangélico que caracterizó a la Edad Media. Lo que la “postmodernidad” señala no sería sino el término de lo en la modernidad quedaba aún de Cristiano. El hombre postmoderno sucede al moderno, haciendo suyas sus principales ideas, pero ya sin la menor conexión con sus antecedentes cristianos. “Estamos viviendo los días de la muerte en el mundo y en la Iglesia. El mundo marcha hacia una planificación universal, hacia un proselitismo mundial en una mezcla

16 de confusión de todas las ideas, de todas las religiones… una sociedad mundial sin fronteras, sin Iglesia y pueblo, sin jerarquía, sin otros valores que los inferiores al sexo y al dinero… En la sociedad nadie pensará en el pecado y en la virtud, nadie en Cristo y en Dios. Será una sociedad materialista y atea, todos estarán totalmente absorbidos en el trabajo, la cultura, el placer, el sexo, la diversión… El Evangelio será silenciado. Se hablará del hombre, del alimento terrestre, del perfeccionamiento físico y psíquico de la humanidad, de la paz, de la felicidad terrestre… Nada del más allá, ni de religión, ni de lo sobrenatural.” (P. Julio Meinvielle. 1969) Como resultado de todo lo sucedido, no sólo ha desaparecido Dios del hombre naturalista, hedonista… sino también, en cierta manera, el mismo hombre. La ausencia de la divinidad lo deja al hombre en una espantosa soledad. El hombre de nuestro tiempo no se encamina hacia la cumbre, sino hacia el abismo y lo hace convencido de que es un triunfador. Dice San Agustín: “lo pero que le puede pasar a un enfermo es creerse sano” y esto es lo que sucede hoy. Según Rojas “la sociedad actual va a la deriva pero orgullosamente, radiante de caminar hacia atrás, a un cierto galope deshumanizado.” La solución no será nada sencilla. Decía Pio XII: es todo un mundo que hay que rehacer desde su fundamento, de salvaje, hacerlo humano y de humano hacerlo divino. La crisis actual es un crisis, esencialmente, antropológica, más aún, metafísica. A pesar de todo, el hombre, de por sí, es algo grande. Es imagen de Dios, una imagen llamada a hacerse semejanza por la Gracia y la práctica de las virtudes. Hoy se hace necesario volver a exponer la grandeza metafísica y teológica del hombre.

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