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a raíz del cafeto es el órgano a través del cual la planta ab-
sorbe el agua y los nutrientes minerales de la tierra para su
crecimiento y producción. En ella se acumulan las sustancias
que más tarde alimentarán sus hojas, sus fores y sus frutos, pero
también constituye su anclaje, su frme unión a la tierra.
Durante 20 a 25 años el cafeto crecerá, forecerá y fructifcará,
permitiendo que el hombre tome sus frutos para elaborar algunas
tazas de aromática bebida. Después, su ciclo vital concluirá. Será
arrancado de su entorno, amontonado junto con otros desechos
orgánicos, pasto de las llamas, arrastrado por las aguas...
Algunos cafetos escaparán de este triste fnal y nuevamente serán
vehículo de esa inmensa generosidad de la que sólo es capaz la
naturaleza. Sin embargo, esta renovada singladura no la realizarán
solos, sino de la mano, o mejor dicho, de las manos de un artista.
Que la materia con la cual trabaja Macedonio Quesada sea la ma-
dera no es circunstancia arbitraria. Su entorno natural siempre ha
estado presidido por
los cafetales que le
han procurado su
esencia y marcado
el cami no a segui r.
En contraposi ci ón
al artista académico,
este escultor popular,
que inició la senda de
su voluntad creadora
a los cinco años de
edad, establece su
propio lenguaje plás-
tico al margen de los
Macedonio
Quesada
la casa del soñador
cánones imperantes, conservando una estrecha relación
con su contexto cultural tradicional. Cientos de horas para
un ejercicio, que luego mostrará y compartirá con los
demás, en un destello de cándida sencillez, que acabará
apresando a la persona que contemple su obra.
Gracias a su ingenio y a su constante observación de la
materia prima, aprovechando la forma retorcida y sinuosa
de las raíces de los cafetos y de otras materias orgánicas
que recupera de la naturaleza, este artista primitivista
costarricense, utiliza sus propias técnicas para desvelar
su complejo mundo interior, interpretando las formas en
función de su experiencia personal pero también de sus
sueños.
En sus creaciones conviven héroes,
santos, vírgenes, cristos, personajes
populares, escenas de la vida coti -
diana que recogen las huellas de las
personas que conviven con él y de sus
antepasados. Las formas orgánicas de
la naturaleza entran en fructífero diálogo
con su imaginación, para dejar impre-
sas en su obra ideas primordiales (vida,
muerte, maternidad,...). Pero quizás sea
la fuerza expresiva de los rostros de sus
fguras, la que articula todo un catálogo
de sentimientos: dolor, alegría, inocen-
cia, malicia, etc., aprovechando las ca-
lidades, las formas y los matices que
el noble material le brinda. Es famosa
la "mirada de Macedonio" plasmada en
una de sus esculturas de madera y que
ninguno de sus aventajados alumnos ha
sabido copiar.
Macedonio Quesada Valerín, cuya obra
se ha expuesto en Estados Unidos,
España, Alemania, Francia, Colombia
y Panamá, falleció poco después de
que se le otorgara el Premio Nacional
de Cultura Popular Costarricense, en
1994.
Sin embargo, su peculiar diálogo entre
la imagen y el espectador continúa vivo.
Cuatro de sus 5 hijos siguen la ruta que
un día les mostrara su padre; dos de
ellos, Miguel y Hermes, están al frente
de lo que constituyó el mayor sueño del
artista, que fue crear su propio taller-
escuela de artesanía popular y que se
materializó en 1990 en La Casa del So-
ñador, choza de dos plantas, construida
en madera rústica, donde cada detalle
fue ideado por su creador y que muchos
consideran su mayor y mejor obra.
Situada cerca de la ciudad de Cachí, en
el valle Orosí (Cartago, Costa Rica,) la
Casa del Soñador es a la vez escuela,
galería y museo. En ella, los visitantes
pueden apreciar el arte de su fundador
y seguir su trayectoria a través de fo-
tos, objetos personales y recortes de
periódico, que hacen eco de su vida y
obra. Aunque aquí se pueden adquirir
esculturas de madera, ésta no es la
actividad principal de la casa. Lo que
realmente place a la familia Quesada
es que las personas que los visitan, pro-
cedentes de todo el mundo, los vean
trabajar y conversen con ellos, al calor
de una taza de café. A veces también
dan clases a sus visitantes-amigos, en
una escuela donde lo importante no es
transmitir el conocimiento del material,
o profundizar en el dominio de la técnica,
sino compartir sueños.
Rosemarie Keller

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