Finestrons

Antonio Martínez i Ferrer

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Derrotado será sólo aquel que quiere vencer. La lucha por lo justo nunca puede llevar a la victoria, sólo a la justicia. Por eso en esa lucha siempre las derrotas son desconocidas.

Gösta Agren, poeta finlandés.

Puede que el final del camino esté tan lejos como lo ha estado siempre; puede que esté incluso más lejos que nunca. Pero a pesar de ello, hay personas que no se dejan callar por la imposibilidad, que no renuncian a la justicia. Puede que el poeta a la utopía la llame “sueño” o “locura”, porque no está ciego al mundo real y conoce sus imposiciones; sin embargo para él sus exigencias son irrenunciables. Más que el éxito lo que está en juego aquí es la dignidad, la imbatibilidad de seguir diciendo lo que la razón dice una y una vez que es justo decir. ¿Para ser poeta? Sí, pero sobre todo para seguir siendo persona.

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En este poemario nos vamos a encontrar al Antonio Martínez i Ferrer que ya conocíamos: comprometido, solidario, de embestida clara y certera al enemigo. Pero también descubrimos a un poeta que ha afinado todas esas características previas, ha economizado su voz para que nada se desperdicie en lo superfluo.

No perseveraré en las palabras de decorar espacios para el entretenimiento.

Cada vez más y mejor, practica el poeta una poesía que yo llamaría de la densidad, de la concentración de sentido. Evita cualquier frivolidad, cualquier adorno innecesario, cualquier concesión a algo que lo distraiga de lo primordial: dar voz alucinada, poseída por los delirios del dolor, por los estragos de la injusticia. Su obsesión es sacar a la luz lo silenciado, lo que no tiene cabida en esta sociedad cada vez más abstraída en la pequeña lucha egoísta y cotidiana. Por eso habla el poeta desde establos, desde paredes sin encalar, desde esquinas y descampados, desde los no-lugares. Y habla una poesía tan desnuda y desamparada como sus protagonistas –nunca personajes. Una poesía que ahonda a la manera del hachazo sobre el tronco del árbol.

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El poeta se vale sobre todo de imágenes, imágenes que se cruzan delante de nuestros ojos y nos inundan como en sueños – o más valdría decir en pesadillas. Pero en medio de este bombardeo onírico, el vocabulario no deja en ningún momento lugar a dudas: los protagonistas son mendigos, huérfanos, desahuciados de la alegría infantil y superficial con que el poder nos abotarga los sentidos. El poder que reclama aquí un lenguaje que lo retrate: verdugos, infortunio, mercado, ira, rabia, furia, pus, lodo, rata, letrina, vómito, veneno, luto, entierro. Otras palabras se agrupan para darse calor en torno a unas cuantas ideas centrales: el dolor, la escasez, la ausencia. Y las ideas se hacen cuerpo en objetos humildes, que nos retrotraen a otros tiempos y a otros espacios, palabras y objetos que hacen visible la realidad que no tiene lugar en la realidad oficial: mendrugos, harapos, cacerolas, visillos, calceta. Como en estos versos, donde lo abstracto y lo concreto se funden para cobrar vida, gracias a los contrastes entre esas dos realidades de las que hablábamos:

De mendrugos son los sueños en las mañanas de almuerzos ausentes.

O en estos otros:

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Mientras los arados de oro siembran en bañera de champán libros de hambruna.

Antonio Martínez i Ferrer se muestra más que nunca en estos poemas. Se atreve a describir y comentar. No hay frialdad, ni pretensión de objetividad, no hay posturas ni medias tintas, sino continua exposición. ¿Cómo podría ser objetivo alguien que sabe que su cometido es rescatar a toda costa lo que nos queda de humanidad? Y así, es habitual que los poemas terminen con un comentario, a veces con una única palabra, como si el autor no pudiera resistirse a mostrar sus sentimientos frente a los escenarios que describe: Vacío. Crueldad. Silencio. Tiempo perdido. Un posicionamiento explícito y continuo, que hace que el poema esté siempre apegado al sentido que lo justifica y que el poeta no olvide nunca para quién habla.

Y digo no olvida, pero también valdría decir que recuerda. Recuerda sus propios dolores, la inclemencia de las injusticias que sufrió (La furia/se relee), y además imagina. El recuerdo del dolor sirve para tender puentes hacia los horrores que siguen

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ocurriendo, cerca y lejos. La generosidad de Antonio no se para en recordar, sino que va más allá e imagina las pesadillas que son el día a día de tantos. E intenta que los lectores también imaginemos, interpelándonos directamente: Mírate la sombra,/¿vives?

El recuerdo y la imaginación funden, trastocan el tiempo, y el avance se hace difícil con tales lastres. Por eso el poeta también se nos muestra en la duda, en la impotencia. Desolación. Escarba si puedes. Sí ¿pero hacia dónde? Y en medio de esta desolación de caminos rotos, que quizá no llevan a ninguna parte, le tienta –en su parquedad de palabras, en el homenaje a la ausencia, en la impotencia que le siega la voz, en el grito que nadie escucha- el silencio. Pero sabe que el silencio es la última forma de complicidad con los que mandan callar. Así que se afianza en su palabra, como instrumento de denuncia y también de apoyo, de muleta, de hombro. ¿El dolor es una multitud?, se pregunta. Y unos versos más allá se contesta: El dolor es una multitud. A esta multitud, el poeta le presta su voz para este camino sin pasos, o lo que es igual, sin huella. En su obsesión por que el dolor no pase inadvertido, inapreciado, el poeta escribe poemas que son huella, porque no puede sobrevolar lo que ve.

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Nos ofrece un pacto. Puede que no haya camino, pero él caminará hasta el centro del dolor, como el que hace un sacrificio por sus congéneres.

He convenido conmigo repasar el catálogo de deseos olvidados.

Y para darse fuerzas, a veces rescata una tenua esperanza que nace de lo pequeño, de lo que no nos falla. El amanecer, el hombro amigo, la sonrisa, el amor. Y va y amanece/y te sonríe. Pero no hay falsos engaños. La luz trae consigo la visión de aquello de lo que no puede apartarse la mirada:

Me derrumbo esperando al día. La nostalgia me ha reconocido. Pienso, es mejor esperar en la cama a que de verdad amanezca.

Y aún así, el poeta no puede evitar expresarse, opinar, comentar, y ha decidido además expresar directamente su ira, harto de ser mero espectador: maldice, abjura, protesta, ironiza, se derrumba

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y levanta el puño. Silencio, palabra, grito, murmullo, todo vale en este viaje. Y como nunca antes, Antonio Martínez i Ferrer se ha hecho consciente de la palabra poética, de su misión, y con toda claridad, expone su poética:

Soy el de los silencios largos y la palabra corta.

No pierdas el tiempo esperando el tono exacto.

Camina.

Así pues, aunque sea a tientas, caminemos juntos, eligiendo cuidadosa, amorosamente nuestra compañía, en la esperanza de ser cada vez más los despiertos, los que no cierran los ojos, los que esperan que de verdad amanezca. Como decía el poeta finlandés, y como sabe el poeta Antonio: no nos aguarda la victoria, sino la justicia.

ANA PÉREZ CAÑAMARES

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DAVID BENEDICTE

Hay amores que matan. Coja usted un gorrión pequeño, métalo en una jaula y sáquelo a la terraza. No necesitará alimentarlo. Lo hará su propia madre hasta que el animal tenga la edad de salir del nido. No obstante, si la jaula no se abriese, ella misma acabará por envenenarlo. Pregunte ahora, si tiene valor para hacerlo, qué es Poesía. Pregúntelo. Pero luego, salga volando. Haga el favor. **************************** A uno lo que le gustaría es ser ese gorrión envenenado para posarse, aunque fuera unos segundos, en la mente del Antonio Martínez i Ferrer que pasa sus días aislado en una barraca dalinianamente tuneada en Aguas Vivas. En ese mismo refugio de Alzira que comparte con su mujer, sus perros, sus gatos, sus naranjos, sus hijos, sus nietos, sus amigos y el torrente de estrepitosos colores que inunda a cada instante, de eso sí que estoy seguro, sus pensamientos. Del Antonio Martínez i Ferrer que se alimenta sólo de metáforas como si fuesen helados de vainilla y chocolate. Del Antonio Martínez i Ferrer que acostumbra a anotar sus versos en trozos de papel que después archiva y clasifica tan escrupulosamente como si fueran diamantes. Del Antonio Martínez i Ferrer que estuvo en un tiroteo llamado

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Tardofranquismo y combatió, desde las trincheras del Offset, a las fuerzas de caballería del Generalísimo Diablo. Del Antonio Martínez i Ferrer que fue obligado a abandonar a su familia, dejando atrás un reguero de desilusiones con «la angustia de las esperas y el miedo», para ir al encuentro del Socialismo y de la Libertad. A uno lo que le encantaría, repito, es enredarse un rato en las soledades fulgurantes del Antonio Martínez i Ferrer que presiente poemas que en ocasiones hablan de Lucha y Heroísmo. Porque debe ser ahí, en ese momento preciso en que sus versos descienden de la variable nubosidad valenciana, donde aparecen las respuestas. Donde uno encuentra soluciones para lo que aún está por hacer, por decir, por liberar. Porque a todos, sin excepción, nos acaba llegando la hora de sacar la basura. **************************** Asombra comprobar de qué pasta están hechos los sueños. Sobre todo los que tienen los poetas cuando, más o menos rejuvenecidos, cumplen 73 años. Alucinaciones esbozadas a partir de sus mejores y peores recuerdos. Evocaciones que, como los ‘flash-backs’ del cine mudo, se presentan sin avisar para cobrar así las facturas atrasadas. Es la vida, con su tiempo sosegado y, a menudo, fatal. La vida, que de pronto tiene un ar-gumento y empieza a parecerse a una película con final feliz. A uno lo que le gustaría es mudarse de sueños.

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Cambiar los suyos por los de Antonio Mar-tínez i Ferrer. Me instalo en el asiento trasero de un vagón desvencijado. Gira hacia mí la cabeza y me saluda efectuando con dos dedos alzados la señal de la victoria. Miro con orgullo a los ojos del Antonio Martínez i Ferrer que está a punto de abandonar España con dirección a Francia. Y entonces entiendo. Veo en su mirada que el poeta realiza hazañas como ésta con el mismo ímpetu con que administra sus versos. Con la misma intensidad que le pone a todo lo que hace. Ése es su excepcional saldo. Antonio Martínez i Ferrer es un gorrión tenaz que, cuando ha logrado romper los barrotes de su jaula, vuela. No le queda otro remedio que volar. De hecho, acciona el contacto. Conecta la radio. Los pilotos del encendido me parecen hermosos reflejados en su sonrisa. Algo me dice que estoy soñando. El cielo es verde, nuboso. Hay una irreal calma chicha en el Mediterráneo. Y el Antonio Martínez i Ferrer que perfila este sueño sólo cuenta treinta y pico años. **************************** De niño, y no tan niño, pensaba que existiría en un oscuro rincón de este mundo un tipo tan inmensamente rico, tan exquisito, que adquiriría estrellas del mismo modo que el resto de los mortales compramos otro par de calcetines nuevos. De una forma sencilla, natural. Sin más trámite que valorar su precio. Atesoraría constela-ciones como si fueran productos de primera

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necesidad. Valoraría el universo con un precio de venta al público. Sin iva incluido. Fantaseaba de niño, y no tan niño, con esa estúpida idea. La de que existiese alguien así, una especie de elegido enfundado en un mono azul celeste y armado con una sonrisa de dios. Moviéndose, con total parsimonia, entre montones de estiércol. Aún no sabía nada de Antonio Martínez i Ferrer. Del mismo Antonio Martínez i Ferrer que fabrica radiantes universos a partir de una rara combinación de maravillosa escritura y profunda empatía. **************************** Está usted a punto, afortunado lector, de adentrarse en las entrañas de un poemario de alto contenido moral. No es lo frecuente. Por eso le recomiendo tomar aire antes de contar en voz baja hasta cien, o de pertrecharse con herramientas idóneas para afrontar todos los vericuetos de su lectura. Es más fácil de lo que parece. Sobre todo si es su intención asomarse al abismo que explaya, desde el primer al último verso, Antonio Martínez i Ferrer en una Poesía que surge como lo haría un mar encrespado en una noche de invierno, allá donde «el dolor es una multitud.» Basta con hacerse unos arneses para el alma. No necesitará más. 'Contraventanas' es una obra de una belleza austera y auténtica; en cada palabra, cada ima-gen, hay tanta humanidad y compasión como para salpicar todos los rincones del mundo. Sólo él nos delata. Sin tongos ni diptongos. Las

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'Contraventanas' de Antonio Martínez i Ferrer nos protegen de fríos exteriores. Clima-tización de plástico para las entrañas de cada cual cuyos versos han sido engarzados, tan feliz como violentamente, desde el otro extremo de la poesía endecasidosa, metaforicorrupta, heptanatoriada, líricadente. Los cristales de las 'Contraventanas' de Antonio Martínez i Ferrer no se lavan con Bosque Verde ni con cualquier otro limpiador multiusos, sino con el líquido destilado de la pureza de los hombres, de los pájaros, de los nidos, de las nubes, de los mares. Hay que haberse comido muchos marrones para soñar con mendigar locuras «en el lugar / donde la lágrima / complace las esperas.» Y Antonio se los ha comido. Dignidad. Es su poesía una lección de dignidad que parte del compromiso. El compromiso con la propia obra. Porque al poeta no hay que pedirle aires de santidad, ni un certificado de sanidad, ni limpieza de sangre. Basta con que sea digno. Y Antonio es un hombre digno. Eso es lo importante. Más si sumamos a ese hecho el que sea un gran poeta. Sin tongos ni diptongos. Aunque repleto, eso sí, de ventanas con visillos de soñar: «el único remedio / –para el cáncer– / de los días sin nombre.» **************************** Hay amores que matan. La hembra del jilguero construye un cuidado nido de raicillas, hierba y musgo, revestido con lana y pelusa. Cada uno de ellos es una pequeña obra maestra, tan pequeña que, con

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frecuencia, es difícil de encontrar, a no ser por la alarma de los pájaros cuando nos acercamos. Eso, precisamente eso es Poesía. Ese piar chirriante y amedrentado «en la savia de una nube / con forma de roble». En el lugar donde «se cuelga la ansiedad; / alas de ruiseñor / de canto invisible / y dolor en la mirada. // Me has encontrado.» Gracias por haber hecho caso omiso a la orden del principio de este prólogo. Gracias por haber llegado hasta aquí. Gracias por habernos encontrado. Ahora sí. Comience a leer 'Contraventanas'. Salga volando. ****************************

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Sense empremtes

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He somiat que pidolava bogeries on la llàgrima complau les esperes.

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Estic entre parets sense emblanquinar

embolicant imprudencies.

No me esperes!

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En l'hort dels desdonats les casseroles són òrfenes.

Escapa si pots.

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De rosegons són els somnis en els matins d'esmorzars absents.

Crueltat.

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Els records pensen en la fugida pels rails de l'encontre.

El fang blau que guarda el bes, no esta.

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Finestres amb cortinetes de somiar, són l'únic remei -per al càncerdels dies sense nom.

Silencis.

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Un oceà de llençols, per ofegar-te, desitjaràs en la rebotiga de les interrogacions.

¿Pregunta, pregunta?

Temps perdut.

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En la sàvia d'un núvol amb forma de roure es penja l'ansietat;

ales de rossinyol de cant invisible i dolor en la mirada.

M'has trobat.

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¿Què et puc contar del mercat de l'infortuni

si s'ha trencat el calcetí de l'esquerra?

Furga si pots.

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¿Serem coneguts pel botxí? ¿S’ens negarà la mort dels moments dolços?

¿Ens vestiran amb draps d'oblit?

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La meua paraula és un esclat de col·lisions amb cristalls de gel.

¿El dolor és una multitud?

M'he precipitat darrere del cantó de la ràbia.

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El gust de sal fa la sesta en ungles d'arrapar llàstimes.

El dolor és una multitud.

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En la desolació,

el crit camina sense passos sobre un paisatge inacabat de crestes oceàniques.

El baròmetre, que mesura l'esclat del desig, conta esdeveniments sobre els penya-segats de la ràbia.

La bromera menja sarments que han oblidat el color de l'aigua.

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¿Si els fanals poden somiar, podran endevinar el seu infortuni?

Mira't l'ombra,

¿vius?

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La fúria es rellig en el diccionari de les causes.

El teu somriure, amic, continua perdut en les cantonades del fum.

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El meu univers és escàs en raons i extens en silencis.

Deixa'm, que em recolze en la teua mà per a creuar la pròxima arruga.

¿Pots?

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L'invident colpeja la llum, amb el seu bastó de mesurar espais.

Rapsòdia d'absències.

Jo colpege les paraules sense entendre per a què.

Alquímia de la confusió.

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És menester passejar la pudenta vessant de les incongruències,

per a prendre el sol al costat del criteri que corromp.

Creu-ho.

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He convingut amb mi repassar el catàleg dels desitjos oblidats

Apanyar velles històries que es relaten amb arraps de l'ànima;

mentre recórrec somnis, que fan calça, amb les sobres.

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Clarejà

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I I clareja i et somriu.

i m'arranque la visió amb espines de ferir llums.

II I clareja i no se que fer amb la llum la que sobra en l’esquena.

III I clareja, m'alce amb la saliva amarga de l'últim somni;

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IV I clareja cosa que no crec perquè la nit pasa trotant i tenyida de negre.

Mire el buit en el coixí somiant el teu perfum.

Així, amb el tic tac damunt m'afone esperant al dia.

V I clareja i seguixen els bombers asseguts esperant les flames que no arriben.

De segur que el captaire estarà dormit en la vorera de l'esquerra.

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VI I clareja per totes les habitacions on l'angoixa no dorm.

En els corredors el silenci camina en blanc.

VII I clareja entre la prudència del primer pas i l’ullet de la finestra.

VIII I clareja, per a comptar un conte i plantar un somriure.

En totes parts esperen, també en el teu carrer bella Dulcinea.

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IX La llet que m'han donat què pesat estic en esta alba.

I a qui importa esta figa d'clarejada i totes les clarejades.

Quins collons faig jo a les cinc del matí escrivint tonteries.

Pense, és millor esperar en el llit que de veritat clarege.

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Tremolors

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Amb una rajola de tardor colpeges el fum de l'infortuni i baixes plorant

després de la rialla del goset de fira.

Distàncies.

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El botó de cordar bogeries s'ha torçut en els plecs del pensament.

L'abatiment es passeja com un cent peus per camins esperpèntics.

Les solapes s'han oblidat de l'arribada del fred,

tinc molt de fred, odie el fred.

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La raó espera a què passe el silenci.

Que càlida la paraula que viatja amb destí.

43

La neu creix en les plomes de l'estruç assajant reflexos.

Plomes d'aigua en la meua veu. m'arranquen les llàgrimes.

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El pedal recita despropòsits mentre la roda de darrere crida destins impossibles.

A la volta el buit dels deliris.

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Xanglota l'avet en la primavera del surer.

Busques un univers per a embutxacar libacions de palometa.

Jo l'he trobat.

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Em sent perdut pel calendari de l'impossible.

Deserts de la subtilesa.

Confessionari de memòries fètides.

Univers de pus sense nom.

Missatge estigmatitzat amb fangs en la gola.

¡Soledat!

47

El diccionari dels matins respira allaus d’agulles.

En les latrines del pensament s'arrepleguen els vidres de vòmit per a tirar-los al desert de les obvietats.

Buits.

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Tot és terrible

hui ix a passejar la rata pel corredor del crit,

fa olor de carn podrida.

49

Es mengen els seus ossos i jugen sobre els rojos defecats del cadàver de la mare.

Mentre els aladres d'or sembren en banyeres de xampany llibres d'hambruna.

50

La bogeria es pert sense història i s’esvara entre els dits de l'avorriment;

mentre l'amic de les visites silencioses dona la mà amb ulls d'estúpida tendresa.

Com canta la saliva de la complaença!

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Prendre, només gust d'un arrap de l'amor que passa.

¡Que trist!

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Trencats, fatigues…

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El cos trencat es perd entre pantaixos.

L'alé camina sense veu.

Un cantó amb futur de raconada està tocant el saxo.

54

En un descuit del trellat he inventat les paraules de murmurar.

Aparta't, sóc verí.

55

Esta nit la pell es banya en l'oceà de la fatiga.

Els ossos estan en peu al costat de l’tardor.

Tremolors.

56

He descobert un prat on el desig fornica amb el desig.

Atenció que la carn agrada de trepitjar brutícies.

¡Vigila el camí que ix fugint!

En la mirada, cristalls de gel.

57

No ia res en harmonia quan la fatiga passeja amb capa d'opereta.

¿Estan les figueres del somni corrent per les ales d'un rossinyol amb plomes d'aigua?

Tinc son.

58

Mentre l'arena, de laments humits, anhela estendre's en els penya-segats;

un pardal de veus verdes em roba les empremtes que vaig oblidar en la platja.

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Límits.

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He ficat a secar unes quantes idees, aquelles, que s'arrepleguen en un dia de pluja.

Cap record vé a les pàgines de l'encontre, les meues mans arranquen transparències d'un somni amb suggeriments oceànics.

La enyorança m'ha reconegut.

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Quan criden els límits en els budells de la ràbia,

advertisc

en el finestró gotes de vent amb veu d'aigua.

62

He de lligar amb l'alé unes quantes esperes que m'ajuden a pernoctar en el calendari de les esquerres.

Demà aguaitaré als dies on va agonitzar el futur.

La porta boça la llinda. i no advertisc la ferida en roig.

Les artèries polsen oblit.

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No aniré darrere del vent de la raó ni pense cansar als carcellers de la hipocresia amb gemecs de sofre.

No perseveraré en les paraules de decorar espais per a l'entreteniment.

La meua saliva la soltaré en l'estable de les veritats xicotetes.

En la vesprada de mig dol cantaré una cançó que distraga els hòmens bons.

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El riu cantava solt, descuidat, llàgrimes sense màcula amb color d'atreviment .

Distàncies precises amb llavis de marge humit desitjos de córrer cap a totes les parts.

Amic amb llàgrimes d'acompanyar soterrars dits d'arena i abraços de dormir entre besos líquids.

Remors.

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I Sóc el dels silencis llargs i la paraula curta;

II Sóc el de les nueses a l'alba de tots els solsticis amb les llums mudes, perdudes o absents;

III Sóc el que se trenca en les rectes, en l'alé embolicat i sense botes de muntar històries.

66

IV Sóc el que no sap eixir del caos ni trobar restes de veu, en el matí de les parets emblanquinades.

V Sóc el de les idees de rastrejar horitzons amb les llums ajornades dansant en sordina.

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Espere, en el torb de un temps mort, arrupit en el pànic estrofes verges.

Buits.

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No hi ha portes en el sostre.

II Les figueres no saben lletrejar digestions.

III Els dàtils del palmerar de la ignorància s’ofeguen en silenci.

IV No passes el temps esperant el to exacte.

Camina.

69

Lletres amb veu de fem intenten passejar pels quaderns de guardar somriures.

Dissonàncies en el desert de les paraules perdudes.

No et donaré el llapis.

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El meu quadern de notes ha somiat ales per a escapar se en un somni.

El colze xarrador, de la tertúlia de les angoixes

s'arranca els silencis amb l'esperança de xafar raons.

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Llagues carcelleres de la desgràcia.

Pobre qui no sap demanar.

Més pobre el que s'absenta de totes les places.

I que pobre és qui no sap donar.

M'explique?

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Ja sé que perdut recorde passos que no he donat.

Quedaré soterrat en esta selva de torres autistes on no entra la rialla ni ix la por.

73

Com a príncep de les boçades indesxifrables, esperaré amb la corona cenyida al cul de les formes.

Allí on la roba estira prendré un glop d'incomoditats i m'abstindré de dir algo que s’entenga.

74

En l'horta d'avets nanos, el ciprer no pot prendre el vol ni assenyalar el camí de les mirades.

¡Jo no trobe els ulls!

75

És preceptiu parlar amb l'ombra del guant; l'oblit ha espellat tots els dits.

He pensat, tal vegada s'ha quedat algun tros de record en les butxaques de lafantasia.

Hauré d'esperar.

76

Tornaré a la plaça dels absents corrent pel carreró de l'engany.

Al somni encallat en la suor, tractaré de no tancar-li el pati de les vergonyes.

Les olors han mort.

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Pèrdues

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Els escalons de l'escala. freguen amb temps de nit els peus dels vençuts per l'angoixa,

he de buscar els traços de foc en l'angle del seu replec.

Els soterranis han mort; que sols els pilars amb olor de fred.

Ruïnes.

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Mossegues la camisa absent, mentre els camins compten barandats d'horitzons buits.

Diràs amb rumor de porta, que has trobat una finestra per a l'infortuni,

que morir és plaent si t'aparten els dies amargs.

De totes les amargors.

¡Clar!

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Pell que el temps ha menjat fa un moment;

la del meu pit.

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S'arreglava luxuriosa, en la mirada vella, una epopeia amb multitud d'Ulisses.

Un va creuar fugint, un altre es va perdre en l'arribada.

A qui em va vore el vaig entretindre amb llum d'ungles arribades de la quinta essència.

Li vaig comptar la soledat de Penélope.

Li vaig advertir

¡no mires on jo somie!

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El matí que servix per a eternitzar-se en l'arbre de ciment,

la mateixa on la sang pinta els pilars del mausoleu,

en eixe matí podràs contar els teus oblits.

Jo els he perdut.

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Per a res han de servir les espardenyes del sospir, ni les arracades de les orelles.

S'esolliran les pupil·les fartes d'engolir passats

i roncarà el felí amb so d'armari mentre busca la saliva de les eixides dolces.

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El fam, eixint dels caixons, es va entretindre en el marc de la Gioconda.

Va voler deprendre a riure com els traços inerts de les arrugues.

La sorpresa dels corredors on les mirades són llargues li esollia en els budells.

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En els amarraments del port buit, el gel vomita l'esperança.

Traços per a fugir dels dies sense baixador.

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No escriu faules el vent, i no és plausible entonar cançons d'arribada on mai ha existit una coral per a les eixides. ¡Ací, l’hostal de lo efímer!

Desapareix amb mi.

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