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CIHAC. CM- Versión digital

E-141-6

GUATEMALA AMÉRICA CENTRAL CONTRERAS REYNOSO, JOSÉ DANIEL Una rebelión indígena en el Partido de Totonicapán en 1820: el indio y la indepen- dencia. Guatemala: Imprenta Universitaria, 1951. 90 p. Existe además una 2da. ed. de 1968 por Editorial Universitaria en Colección General. Solicitar por 04.02.02 408

UNA

en

el

J.

DANIEL

CONTRERAS

R.

REBELION INDIGENA

Parltdo

de

Totonicapán

en

I820

El Indio y la Independencia

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Se cuenta con 1.

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GUATEMALA, C. A. 1951

J.

DA NIEL

CONTRERAS

R.

UNA

REBELION

INDIGENA

en

el Partido

de

Totonicapán

en I820

El Indio y la Independencia

J. DA NIEL CONTRERAS R. UNA REBELION INDIGENA en el Partido de Totonicapán en I820 El
l005 c lm.-9-51. Impreso N9 232. Impreso en Guatemala, C. A. IMPRENTA UNIVERSITARIA e.J pet(

l005 c lm.-9-51.

Impreso N9 232.

Impreso en

Guatemala,

C.

A.

IMPRENTA

UNIVERSITARIA

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~O'lJ

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H¡:::~) ~~ 15"~C¡1

Trabajo presentado a la FACULTAD DE HUMANIDADES (Depar_

tamento de Historia), de la Universidad de San Carlos

de

Guatemala.

\

I

I

PUblicación patrocinada por el INSTITUTO DE ANTROPOLOGIA

E '''STOBlA DE GUATEMALA CMin;".'io d. Educación PúbUoaJ,

,.

\

I

INTRODUCCION

INTRODUCCION

En julio de 1820, un año antes de la proclamación de nuestra independencia, estalló en el pueblo indígena de Totonicapán, cabecera del Partido y Alcaldía Mayor del mismo nombre, una sublevación en la cual tomaron parte grupos indígenas de San Francisco el Alto, Momostenan-

go, San Andrés Xecul y San Cristóbal, pertenecientes todos

al mismo Partido quiché.

de

Totonicapán y al grupo lingüístico

Este levantamiento fué el epílogo de una larga etapa de protestas y motines indígenas en contra de los Reales Tributos que, suprimidos en 1811 por las Cortes de Cádiz 1, habían vuelto a cobrárseles desde la vuelta de Fernando VII al trono de España. Los indios, que siempre se mostraron decididos a defender sus intereses, consideraron enton- ces la vuelta al sistema de Tributos como disposición ar- bitraria de sus Alcaldes Mayores y Justicias para robarlos impunemente. Ello dió lugar a firmes alegatos. Tal argumento exasperó los ánimos. Los indios se rebelaron abiertamente al no obtener de parte de las auto-

ridades centrales la orden solicitada para que sus Justicias

no siguieran exigiéndoles el pago de los Tributos.

Desco.-

nocieron a las autoridades coloniales, hicieron huir al Al- calde Mayor, encarcelaron a sus Alcaldes y Justicias indios y luego coronaron como Rey al "natural" Atanasio Tzul.

 

1 Antes

de

promulgarse la Constitución

de Cádiz de

1812,

se abolieron

los

Rea-

les

Tributos

como

una tardía

medida

en

contra la

explotación

del

indio.

6

Ninguno de nuestros historiadores se ha ocupado has- ta el presente 2 de estudiar -a pesar. de sus hO?das re- flexiones- tan significativo acontecimIento. La epoca en que ocurrió y la coronación de Tzul, no pueden pasars.e por alto al enfocar el desarrollo de l~s sucesos q~e.culmI- naron con nuestra emancipación polítIca de Esp~na. ,to.dos los motines indígenas ocurridos en aquellos. dIas 10gIca- mente deben ser interpretados como síntomas no ~e~pre­

ciables

colonial, general en todo el contmente, tema VIvenCIas en-

tre los conglomerados indígenas.

de que

el

espíritu

de r~belión co~tra.el r~gImen

. En efecto, no es difícil advertir en dichos leva~:amIen­

tos las mismas causas originales de toda la revolu~lOn a~e-

. cuando en el caso del indio, por su propIa. shuaclOn SOCI dentro del mundo de la colonia, l as rebelIones n~ fue~an

rIcana que

dI' o'

por tierra con la dominación espanola, aun 'al

'-1-

"

.

expresamente dirigidas contra la mona.r~uía espar:ola sI.no

sus JustIcIas y CabIld?s m-

directos representantes del r egImen , . q~e. le s Impo-

nía los tributos, los mandamientos y los repartImIe~tos. Por esta causa el indio rebelde nunca fué consld:rado como un "infidente", acusación que ~e daba a los crIollos y mestizos desafectos al régimen espanol. En ?os procesos se 1es acusa de amotinados, insubordina".dos, msolentes y hasta de revolucionarios; pero para ser mfldente el: ~~c~­ sario haber sido antes vasallo fiel, calid~d nunca acrI Ul- da al indio, considerado siempre como el SIervo que no acep- taba de buen grado su servidumbre.

t

Alcaldes Mayores,

con ra sus

dígenas,

2

La

única

referencIa

.

.

escrita

.

lt

que

e

III

eca.

1815.

onozco

UTAT

f'

LAN

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T

A

ul na

de

Tzul

la les

da

de

muy

el artículo Arqueolog,a

graf ía e Hi storia. Tomo IV, NQ 1. Se re lere a z

la rebelión de Totonicapán en

Cuatema

la

Sociedad

brevemente

J .

A.

Villacorta

de

en

Geo-

situando

l~s

l~s

q~e.

Esp~na.

~e~pre­

r~gImen

r~belión co~tra.

leva~:amIen­

revolu~lOn a~e-

7

Totonicapán en

1820, no fué la primera ni la última ocurrida en nuestra historia. Antes y después los conglomerados indígenas han expresado su incoformidad hacia el medio que los pre- siona y explota con motines y rebeliones, dirigidos a menu-

La rebelión de los indios quichés de

do contra los ladinos; rebeliones y motines que tanto en la época colonial como en la republicana fueron debelados

siempre por medio de la fuerza 3. Pero ningún hecho, semejante al del presente estudio, ofrece tantos motivos de interés por haber sido una declaración expresa de inde- pendencia por parte de un conglomerado indígena en los

mismos días en que

chaban por aquella causa.

nuestros mejores próceres criollos lu-

Nuestra emancipación ha sido siempre juzgada como exclusiva "revolución de criollos", como si bastara la deci- sión de una clase minoritaria para imponer importantes cambios políticos, v. gr.: el de la independencia con todas

mona.r~uía

n~ fue~an

q~e.

repartImIe~tos.

~e

Criollos fueron la mayoría de los direc-

tores, pero necesitaron para realizar sus anhelos un tras- fondo popular de prolongado descontento sin el cual nin- guna revolución puede llevarse a cabo. y en ese trasfondo hallaremos forzosamente al artesano y al pequeño indus- trial, al artista y al agricultor, a la clase parda y mestiza

sus derivaciones.

en suma y, desde luego, a los conglomerados indígenas, los cuales aunque apartados de los grupos principales de crio- llos y mestizos, no por eso son menos importantes para el estudio completo de nuestra historia, sobre todo si se tiene

calid~d

~~c~­

a

la luz como lo demuestra la rebelión de los quichés de Totonicapán en 1820, que también en ellos había anhelos

por un cambio en la vida política de la colonia.

Que sus

3 Como ocurrió Con el levantami en to de los indios de Santa Catarina Ixtag ua_

cán. de 1839 (ver NQ 24 de este trabajo); Con los l eva n tamientos indígenas contra el sIstema de habilitaciones en los altos Cuchumatanes en 1898; con la fallida rebelión de los indios de Totonicapán en 1905 (F. Hernández de León El L ibro de las cíaEfem en é rides,1944. Tomo IIJ, Cap. CCV) y COn el levantamiento de l~s indios de Patzi-

8

rebeliones no hayan sido valoradas por los mismos próce- res criollos como contribución a sus propias luchas, es cir- cunstancia ajena a la voluntad del indio; pero el historia- dor está obliga,do a darles su verdadero valor y no puede negarles el mismo espíritu libertario que movía a otras rebeliones contra el gobierno español, como las de El Sal- vador y Nicaragua en 1811.

Para reconstruir los sucesos ocurridos en Totonicapán en 1820 hemos tenido a la vista los procesos seguidos contra numerosos indios por las autorida.des españolas en la se- gunda década del siglo XIX. Estos documentos pertene- cen al Ar,chivo General del Gobierno. Sus datos y cifras de clasificación se incluyen al fina.l del presente trabajo.

CAPITULO PRIMERO

·

I

-

1. Los aborígenes de Guatemala, al igual que los de otros lugares de América, no resistieron mucho tiempo a

las

armas

conquistadoras

españolas:

a

mediados

del

si.

glo

XVI prácticamente había terminado

toda

resistencia

abierta 4.

Pero

el

indio

conquistado

no

fué

nunca

ple-

namente sojuzgado: halló manera de mantener vivos, a tra- vés de tres siglos de cOloniaje, todo un conjunto de conte- nidos culturales propios, profundamente arraigados, que

hicieron

pese a su servidumbre material.

de él, en 10 espiritual, una nación independiente

Si examinamos la situación social de los grupos indí- genas contemporáneos, sobre todo en aquellos alejados de los centros urbanos y de las zonas de explotación agrícola más evolucionadas, o en regiones de arrinconamiento geo- gráfico en donde las vías de comunicación han tardado en llegar, v. gr.: los Altos Cuchumatanes, advertiremos que éstos todavía conservan fuertes supervivencias de sus tra- diciones autóctonas y constituyen, en buena parte, núcleos nacionales propios: tienen sus propias lenguas, trajes que los diferencian de los demás habitantes, prácticas religiosas típicas que responden a un sentimiento del mundo y de la vida muy suyoS, su "costumbre", en suma, para usar el término con el cual los indios nombran aquellas reglas de su vida que los diferencian de los ladinos. Esta supervivencia en los grupos indígenas de prácti- Cas y tradiciones culturales, si no estrictamente autóctonas por 10 menos bastante distintas a las del resto de la pobla- ción ladina, es consecuencia del régimen político colonial

--

torio nacional,

4 Sólo los lacandones y los itzaes se mantuvieron sin ser conquistados en el terri_

hasta el siglo XVII.

12

respecto al indio. La condición de servidumbre en que vi- vió bajo el régimen español
respecto al indio. La condición de servidumbre en que vi-
vió bajo el régimen español logró apartarlo hasta el má-
ximo del contacto de los grupos no indios, dando por re-
sultado no sólo la desconfianza hacia él sino, además, el
mantenimiento vivo, para defensa propia, de sus lenguas y
muchas de sus costumbres.
Ya Fuentes y Guzmán se duele de los males que les
vienen a los indios por no hablar castellano y José Cecilio del
Valle habla en 1820 de la necesidad de merecer la confian-
za del indio en bien de la nación 5.
Pero estos juicios aislados, acaso compartidos por mu-
chos hombres del mundo colonial, muy poco podían hacer
para cambiar la situación vigente. El indio, que en los
primeros años de la conquista fué visto como un salvaje e
infiel, al cual según las costumbres de la época era lícito es-
clavizar y marcar con hierro como a cualquier semoviente,
habría de convertirse en todo el correr de los tres siglos
del coloniaje, en el siervo indispensable para el desarrollo
de la vida económica. Esto es desde luego lo natural y ló-
e~oqnU,e ~e
cast:1~averdad
~n:o
~~sipe~o.~ueron
gico en toda colonización: el conquistador está más inte-
resado en obtener de los vencidos un rendimiento econó-
mico que incorporarlos a sus propios usos y costumbres.
No pretendemos afirmar que España eludió cambiar
la situación cultural del indio. Lejos de eso muchas leyes
dictadas en la metrópoli estuvieron encaminadas a conse-
guir ese fin: hubo escuelas para indios en casi todas las
parroquias, se hicieron reducciones con el fin inmediato de
enseñarles "policía" y los misioneros y doctrineros no des-
cansaron en su catequización. Pero la conquista cultural,
que logró imponer al indio algunas prácticas importadas,
muc~s
e~;n~ad~:o;~~~nga
~~~~lí::
c~~se~ven.su~
prim~t~~~~oSo~
~e
d~osa
~Ut:
~;:éa
A~z~~i:pf~~s~e1
~n
~u
5 Fuentes y
Guzmán:
De los
daños
que
vienen
a
los
indios
por
no hablar
cas"
tellano
(libro xiii, cap. ix).
J.
Cecilio del Valle:
Merezcamos la
confianza del indio.
El Amigo
de
la Patria. tomol,
pág .
24
(octubre de
1820)
Obras
completaS
de
J.
C.
del
Valle.
(Para
los
N Q 2,
datos
bibliográficos
completos
de
las
obras
que
~e
ac~on
citen
en
este
trabajo,
ver
Bibliografía).

13

sobre todo

'

en cuant

o a gObIerno m

.

umclpa1 '. y a

IgIon

mas Importante . y por

f ue menos eficaz de 1

la rer

"

El rendimiento e~oqnU,e ~e hubiera deseado. '

e

11

o una reducción interesab omlCO era

de los tributos menos q

cer para cambiar 1

a en tanto facilitaba el

cob

ue

por la f

aCI 'l'd 1 ad que podr'

pnmltIvas t de los la I'nd'

ro o f re-

lOS.

L

com atIr las idolatrías

d'

as costumbre

a

octrma y la mis lOn, " por su

b

.

s

par e, estaban dirigidas

1 catequización debía h

acerse y no para a enseñarles castellano

b'

.J:!

La a

mayor e.lectividad en las

rrecto,. al fin y al cabo vino len es 10 pedagógicamente co-

a

supervIvencia de las len

se

enguas aborígenes, y si

ser la causa principal de 1

1admo. ona.s, alto valladar que a

para en el presente al guas ind o autóct

10

y

al

2. La conquista cultural d

p1etamente.

Muchos

. el mdlO fracasó, así, casi com-

ma y costumbres de los cast:1~averdadse adaptaron al idio-

.

~n:ocomo consecuencia directa ~~sipe~o.~ueron los menos

.

por las necesidades

.

a mISlOn y la reducción

cla1es

entre indio

. Impuestas por las re1aci

muc~scédulas e~;n~ad~:o;~~~ngalas cuales se ~~~~lí::

'

d Igena

e todos modos el h

ec

h

o de

qu orona Española.

tócton:s c~~se~ven.su~lenguas prim~t~~~~oSo~grupos in-

P uede

so

d'

10

a gO mdlscutib1e

.'

~e en

Lo' mISmo o

m

cos umbres au- .

. d~osa parecIda

raca-

e

a

de la cat

vertir

c

de

'. el crIstianismo de 1 os on co10ma1 es tamb"

.

111

d'

10 es

. t· equlzaci

.

lOS'

len notorIO una mezcla d

.

1 f

El

y

't

n os

rIS Iamsmo del

'.

heterodoxia c ~Ut: lograron inculcarle los

se

lame

rIS lana es notable

.

'. e sus VIeJOS mISIoneros. Su

Pedro ~;:éade ella el propio A~z~~i:pf~~s~e1siglo XVIII

~e

gráfico_m

s y Larraz.

Dice éste

e

uatema1a don

geo-

oral, entre otras cosas

"La u1 afección a los

,

o sIgUIente' ~n ~u descripción

1

os , SI . h

sacrament

g

. so amente se habrán confirmac~on es tan poca, que

e-

. ublera . de r

1

arse, por el dI' e a conÍIrm

a o, quando más dos-

14

l

Entre ano no

-

pIde no m

o,

.

d

.

,

se reciben; , 1 en

a's el Santo o eo,

'entas personas. t P eligro de muer e. s~

c

Y

mentos, a

qUe

e reciven los sacra-

por

'

despues

d

1 e

. ' mlmstra . 't'

aa

nos

s

Si se .' mqUIere,

.'

el Vla ICO.

'

se hace me assl? , no

quier en

los

.

ha'- otra 'respuesta smo

y

d'

"

~n ws

por

_

que así

y

más adelante:

.

"Esta misma tarde se a tratado 1 lesia el la asunto llamo Ame- y mI

concluslOn

h

f

é' Por eso esta

u

.

" 6

.

.,

g

los , indios

ricana, cuyos legisladores son

l mismo tema en

sus reflexiones so-

d'

IC.

varias idola-

,

las ma-

lo

matarían.

celebrar

puesto

toque de cam- . ,

'ban en proceslOn

les

e'

Volviendo sobre e

c' tóbal Totonicapan, ,

ns

reveló , abajo el cura el que

e

de San

. bre la parroqUIa

"En otra, vlslta . . me

na '

s

y

o

m

v

t

nifestara,

Entre otras cos,as declaro altar

mIsa .

costó mucho etextaba

er

porque

pr

,

dI as en un

.

1 sia

qu la de hacer

portátil

ciertos

con muc h o

h

l

el centro de la 19 e

1

a

a

.

media noc

,

e to cerro a quemar copa

en.~.

panas y que

con much~~~L,ce~a c~;r"Estandoescribien?o esto

ue los indios teman que

que

siendo en la

cantara en la igle- d'

que no

que na

puede formarse co~cep t do con S~Lantojo, como

y que lo ViO el mls.~o.

me entró el cura dlclen.do ~n la sacristía; dije

cantar mañana una m~ .a .

no se podía, y respon lelo

+-'

sacnS~la, no

quenan que

.

d'

se

sia. Estos son los 2n

f

n que

no

Y por eso se

Ice

1,Oto de ellos, pero el

o

alla es quere1' sahr en.

salen y hacen 1 o

ta

de

los

. porque como la ren- lo

t

en

que q:ueren,

C01.S.Soe ~ principalmen e

o

;

curatos

6 Cortés

y

Larraz.

Visita

a

la

ParroquIa

.

de

TotoniC'apán.

en.~.

s~

~n

much~~~L,ce~ c~;r"Estando

sacnS~la,

mls.~o. ~n

m~ .a

co~cep

~

S~L

15

que dan ellos; en no haciendo todo como se les an- ta/a dicen: que no quieren pagar las funciones

como 10 dicen en esta de la sacristía; con cuyo mo- tivo es de temer que condescienden a todo los cu- ras por no quedarse sin renta".

Esto es apenas ligera muestra, pero prueba evidente de que en vano trataron los curas doctrineros y misioneros de combatir las idolatrías de los aborígenes. Acaso por es- to mismo la Inquisición que determinaba y controlaba las

aquellas faltas contra vidas. la fe,

no pudo tener ninguna ingerencia en

y no puede echarse en olvido, cuando se habla del cris- tianismo de los indios, al famoso San Pascual Bailón cuya pintoresca historia nos refiere Fuentes y Guzmán 7.

3. Sólo en el aprovechamiento económico del indio sier- vo no fracasó el régimen colonial.

Estuvo sometido a

veces

Pagaba los Reales Tributos, impuesto en efectivo

una explotación dura y a

cruel.

o en especies y que fué siempre, en Guatemala, el ingreso

más fuerte obtenido por las arcas reales.

Estaba obligado

repartimientos.

Eran estas dos formas de servicios perSonales que debía prestar el indio; lo s primeros en la construcción de cami- nos, edificios pÚblicos, puentes, etc. y los segundos en las fincas y haciendas de las clases ricas percibiendo sueldos de hambre. Es Curioso observar que estos dos sistemas de ex- Plotación humana volvieron a usarse en la época republi-

además a

servir

en

los

mandamientos

y

cana en forma de impuestos de vialidad y habilitaciones. Para obtener del indio el máximo rendimiento los fun- cionarios coloniales extremaban a veces sus exigencias. De

-- nada o de muy poco servían las disposiciones reales en fa- Vor de los indios; emanaban de un organismo demasiado

7 Fuentes

y

GUzmán.

Recordación Florida,

libro XIII,

cap.

VIII.

16

lejano para que pudiera darse cuenta de la realidad del me- dio en donde debían imponerse. Para formarnos una idea concreta de la situación de servidumbre en que vivía el indio y de lo que éste represen- taba en la economía colonial, transcribimos los siguientes párrafos de un informe presentado en 1808 al Real Consu- lado de Comercio.

"Pero hallándose tan inmenso espacio de país ocupado por un millón escaso de habitantes de- rramados en todo él, a distancias enormes inter- poladas de desiertos y montañas, y en que no ha penetrado su centro la huella humana, y de cos- tumbres diametralmente opuestas a todo lo que verdaderamente podría constituirlos felices en sus respectivas condiciones: j Qué probabilidad ha de haber de que con estos datos, se eleve repentina- mente a un grado de opulencia que compita con los mejores reinos del mundo! Ilustremos más la proposición, y digamos que el millón propuesto de habitantes se compone de

646,666 indios de todos sexos y edades. 313,334 pardos y algunos negros. 40,000 blancos.

1.000,000

Los primeros, que son, hablando con propiedad, los indígenas o naturales, gobernados inmediata- mente por sus Gobernadores y Justicias de la propia casta, bajo el dominio español; en los po- lítico, de un Intendente, Alcalde Mayor o Corre- gidor; y en lo espiritual, de los curas seculares o regulares, se mantienen hasta el presente tan adic-

R ~al

1

2

2~12 4 .

17

tos a sus costumbres y usos antiguos, que verda- deramente su vida es la misma que la de los pri- "

meros pobladores de la tierra

" Lo referido, y los trabajos a que se les obli-

ga, enviándolos los Alcaldes Mayores en partidas con nombres de repartimientos a las haciendas de los que los piden para sus labores, y a los que deben dárs'eles con arreglo a las leyes: la con- ducción sobre sus espaldas, de cargas pertene- cientes a los mismos alcaldes mayores, curas y particulares de la clase de blancos, de unos pa- rajes a otros: la composición de caminos, la cons- trucción de los edificios, templos y casas, bajo la dirección de los maestros arquitectos o alba- ñiles, y en fin, todo lo que es servicio penoso y molesto, está reservado para esta gente en todo

el r,eino de Guatemala. Ellos son el descanso de

las demás clases sin exclusión: ellos son los que nos alimentan surtiéndonos de lo necesario y de regalo, al paso que ellos son tan parcos y fruga- les que casi nada comen de sustancia. Y si los indios trabajan como queda insinuado, las indias haeen lo propio al t anto y tal vez más: hasta los indezuelos trabajan, pues apenas tienen alguna so- lidez en sus piel'necitas, cuando van con sus ma- dres al monte a recoger palitos para el fuego, y

a renglón seguido caminan ya con sus padres jornadas largas con sus carguitas proporcionadas a cuestas" 8.

nial.

Tal era la situación del

indio bajo el reglmen colo-

Estudiaremos las protestas y motines con que res-

8

I n for m e

al

C o n s ul a d o

d e

Com e rci

o

pres e n ta d o

e n

1 8 0 8

por

d ú n

J

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don

An s el m o

Q!lir ós ,

incluído

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L os

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su

histo ri a

y

8 U

civi l iz a ció n

de

Ant o nio

B atres

J á u reg ui,

p á gs.

1

2

2~12 4 .

18

pondieron a esta dolorosa servidumbre, porque como dice Luis Alberto Sánchez: "El indio no fué jamás un resig- nado: fué un sojuzgado. Nunca un convencido: apenas un vencido. Soportó mientras no pudo hacer otra cosa, ex- cepto ahí donde el desamparo y el rigor acabaron por segar toda fuente de virilidad y energía" (9).

4. Los grupos indígenas, pues, pese a su situación de servidumbre en una sociedad en donde ellos ejecu- taban "todo lo que es servicio penoso y molesto" y eran "el descanso de las demás clases sin exclusión", lograron mantener en lo espiritual una fuerte independencia expre- sada en sus costumbres y religión. Esta independencia también la obtuvieron -ampara- dos en las mismas leyes coloniales- en la forma de gobier- no municipal que se les permitió. Se clasificaban entonces los poblados según el mayor o menor número de blancos e indios que en ellos hubiere. Eran Ciudades, cuando el número de vecinos blancos sobre- pujaba al de indios; Villas, cuando los blancos estaban cuan- jo menos en una proporción del 50%; "Lugares" o "Pue- blos de indios", aquellos donde la población indígena era mayor 10. Demás está decir que el número de los últi- mos era grandemente superior a las otras. De los 857 lu- gares anotados por Juarros 11 sólo quince eran ciuda- des (en Guatemala, la Capital y Cobán) y diez y seis villas (Petapa y Antigua, en Guatemala). El gobierno de todos los poblados estaba directamen- te en manos de los Cabildos o Ayuntamientos. En los pue-

 

9

L.

A.

Sánchez.

El

Pueblo

en

la

R evolución

A 'mericana.

pág .

53.

10

J.

J.

Pardo.

Apuntes del Curso de

Historia de Centro América en la Facul-

tad

de

Humanidades.

11 Domingo Juarros:

Compendi o de

la Hi8toria de la ciudad de Guatemala, tomo

r. Indice alfabético de las ciudades, villas, pueblos y

94.

lugares de este Reyno, págs. 75-

inte~aban

ml~mo

J~n­

19

blos de indios los Alcaldes y Regidores que los inte~aban eran exclusivamente indios principales, con el obJeto de que la población indígena colaborara más fácilmente en el Gobierno municipal. Además funcionaban en cada pue- blo de indios otras dos instituciones de gobierno que tienen todavía supervivencias en algunos pueblos del país: las co-

fradías y las parcialidades. Las primeras se ocupaban, bajo la dirección del cura, de la administración de asuntos religiosos: cuidado de la Iglesia, celebración de festividades, etc. Las segundas: las parcialidades, eran divisiones tribales dentro de un ml~mo pueblo; supervivencias de las primitivas tribus que se J~n­ taron para hacer las reducciones de indios. Estas parCIa- lidades traían aparejado un sistema semipatriarcal de go- bierno que permitía ventilar todas las diferencias surgidas entre sus componentes sin recurrir a las autoridades comu- nales; cosa que sólo sucedía cuando en un pleito, por ejem-

plo, se afectaba dos o más parcialidades.

, Tanto los Cabildos como las Cofradías y parcmhdades

tenían en sus manos el gobierno civil y religioso de los grupos indígenas. Sobre ellas mandaba el Corregidor_ o Alcalde Mayor, representante directo del Rey de Espana, quien para el mejor rendimiento de sus actividades utili- zaba los servicios de otros caciques e indios principales que

y J us-

.

.

desempeñaban los cargos de Gobernadores de indios

ticias, funcionarios que tenían a su cargo el cobro de los Reales Tributos, la vigilancia de las siembras, el control de la vagancia de los indios, la distribución de trabajado-

res para los mandamientos y repartimientos, etc. Este sistema de administración política de los pueblos d¿ indios fué indudablemente propicio, no sólo para con-

Este sistema de administración política de los pueblos d¿ indios fué indudablemente propicio, no sólo para

20

servar las prácticas de muchas tradiciones autóctonas, sino

también para mantener en independencia 12,

ellos vivo un anhelo de mayor

12 En la actualidad muchos pueblos indígenas conserVan superv ivencias en sus

regímenes internos de gobierno (Ver por ejemplo La Vida y las Creencias de los indí- genas quichés de Guatemala, parte segunda, títulos B y e de Schultze Jena). En 1893

Antonio Bah'es Jáuregui escribía: "En Nahualá, en Santa Catarina, en Santo Tomás Chichicastenango y en algunos otros pueblos se gobiernan de este modo : el gober-

n ador y la municipalidad actúan en los casos COmunes sujetos a su jurisdicción; pero sí es extraordinario, 10 someten a la decisión de la Junt a de Notables, que só lo

servido cargos públicos, de alcaldes p ri meros

en adelante. Si el negocio es muy arduo, y puede comprometer los intereses gene- rales del pueblo, acuden al Consejo de los Ancianos, compuesto de los hombres de más edad y experiencia, cuyo parecer es sagrado para todos. aunque contraríe sus in-

tereses u opiniones". (Nota al pie de la pág. 173 de Los Indios, su Historia y 8tt

se compone de los individuos que han

CAPITULO SEGUNDO

CAPITULO SEGUNDO

- II

-

5. Los indios formaron, pues, durante la época colo- nial, verdaderos grupos nacionales sometidos a ser- vidumbre; pero a la dureza de ésta correspondió la más tenaz de las rebeldías.

Las autoridades españolas no se engañaron nunca del grado de sometimiento de los naturales. Estaban plena- mente convencidos de que sólo el temor podía mantenerlos apaciguados. Muchas veces habían tenido que reprimir sus protestas con castigos drásticos contraproducentes, que, como apunta Cortés y Larraz, "sólo aprovechan para radi- carlos más y más en el horror, odio y aversión que tienen

a los españoles empeñados en afligirlos más y más con nue-

vos castigos y desprecios". Son muchos los procesos que las autoridades coloniales tuvieron que seguir contra indios "insolentes" o "amotina- dos" y en tales juicios los Alcaldes Mayores o los Fiscales de la Real Audiencia solían asentar conceptos que nos de-

jan adivinar el espíritu rebelde de los conglomerados indí- genas. Por ejemplo en 1816 en juicio seguido contra el indio Estanislao Argueta, acusado de "sedicioso, reboltoso

y perturbador del orden público" por el Alcalde Mayor de Totonicapán, don Manuel José Lara, encontramos estas frases escritas por el Fiscal de la Audiencia: "Resulta comprobado el genio inquieto y perturbador de Argueta,

su mordacidad que habla de todos, aun de las autoridades, murmurando de sus providencias, imputando su ineptitud

e ignorancia, y no respetando ni aun lo.s créditos y buen

nombre de los padres curas, y demás

" 13

24

Estos conceptos podrían aplicarse a una gran mayoría de los naturales: en todos ellos la murmuración ha sido siempre síntoma inequívoco de su descontento. Motines, protestas y rebeliones eran comunes en la época colonial. Indios que se negaban a trabajar en los campos, que no querían pagar los tributos, que desconocían a sus Justicias y aún protestaban contra sus curas; y ni los castigos corpo·rales deprimentes como los de aquel Alcalde Mayor que utilizaba "en vez de picota un negro que tiene de las manos a los indios cuando los azotan", ni la cárcel, ni el temor de irse a condenar en un infierno, podían evi- tarlo. Afortunadamente para el indio, la figura beneméri- ta del padre Las Casas tuvo siempre émulos. Hubo en todo tiempo personas que trataron de disculpar sus levan- tamientos en vista de su ignorancia y situación social. Así lo hizo en 1813 el Procurador de Pobres don Joaquín Eduar- do Marcial, al defender al indio Miguel González en un jui- cio seguido contra éste y otros naturales con motivo de una rebelión contra el Alcalde Mayor de Totonicapán, a la que nos referimos después.

"Conociendo el carácter de los indios -dice Mar- cial- y sus modos de pensar no se extrañará en ellos cualesquiera procedimientos por irregular que parezcan, son tan sostenidos en sus solicitu- des, y tan caprichosos en las materias de costum- bre, que primero se expondrán con la mayor se- renidad al peligro de perder la vida que ceder un sólo punto cuando se hayan persuadidos a que así se ha usado siempre, cuya expresión tiene más imperio en ellos que aún la misma justicia:

para estudiar con alguna reflexión su carácter' son igualmente celosos con la conservación de sus intereses comunales y particulares y aún mu- cho más si éstos consisten en las tierras, de ma-

,

agr~vio

25

nera que el intentar despojarlos de alguna por- ción de éstas que crean tener derecho para po- seerla, es el mayor agr~vio que en su concepto se les puede inferir, lo cual me parece muy confor- me a la razón pues la tierra es el único patrimo- nio de estos miserables". a esto se agrega la demasiada ignorancia

de esta clase de hombres infelices que apenas les hace distinguir la moralidad de las acciones, y a quienes por lo regular no dirije la razón, sino el capricho: a ellos en cierto modo no los gobierna la ley por la justicia, sino por la costumbre que haya en su observancia aunque se oponga direc··

tamente a su misma "

de los indios, se creerá un atentado criminal la

y a vista de estas propiedades características

."

sublevación de que hablo. El espíritu revolucio- nario y tumultuoso es propio de esta clase de gentes, y como carecen al mismo tiempo de una buena educación que los reforme y contenga co- meten muchos excesos las más veces inculpa-

bIes

"

14.

Hemos transcrito estos párrafos por toda la gama de datos que ofrece para conocer el criterio que se tenía del indio; criterio que no ha cambiado mucho -como ad- vertíamos antes- en nuestros días. Pregúntese, para el caso, al común de los guatemaltecos de hoy y la mayoría estará de acuerdo con Marcial en considerar a los indios como miserables, ignorantes, incapaces de distinguir la

moralidad de las acciones, tercos, etc., con esta diferencia:

no todos estarán

El indio, según el Procurador Marcial, era tumultuo- so y revolucionario, perseverante en la defensa de su "cos-

de acuerdo en disculpar sus excesos

26

tumbre". Pero la rebeldía indígena no tenía, como pen- saba Marcial, origen en la ignorancia del indio, sino en algo mucho más profundo; su inconformidad con el medio en que vivía, una firme protesta contra su situación de servidumbre.

6. Así vivían los indios. Un pueblo siervo que no ha-

bía perdido su aspiración de libertad. Una expre- SlOn de rebeldía viva y pujante mantenida enhiesta a tra- vés de toda la época colonial pese a no haber tenido "más correctivo que el látigo a todas horas". En todo tiempo estuvieron prontos a manifestar su descontento: ya por las vías legales en forma de protestas ante la Real Audiencia; ya por las vías de la sedición amo- tinándose o negándose a cumplir con los tributos y servicios personales. "Su última razón para no admitir gobierno es que huirán a los montes, quemarán sus jacales y que se perderán los tributos" 15. De hecho toda su situación social era motivo sufi- ciente para justificar las rebeliones y protestas; pero a fi- nes de la colonia la causa que los mueve concretamente es el pago de los Reales Tributos. La oposición a ello es la bandera de lucha de la rebelión de Totonicapán en 1820. El pagO de los Reales Tributos fué suprimido por las Cortes generales. y extraordinarias de Cádiz en 1811, las cuales además decretaron entonces que los indios debían gozar de todos los derechos concedidos a las otras clases. Las mismas Cortes, al promulgar la Constitución de 1812, dieron a todos los naturales calidad de españoles y de ciu- dadanos. De tales medidas tuvieron conocimiento los indios. Su indudable conformidad queda expresa en una especie de "Acta" levantada por los indios de Totonicapán, la cual corre

15 Cortés

y

Larraz,

De8cripción

Geoo'ráfico

Moral de

la

Diócesis

de

Guatemala.

27

agregada al proceso de rebelión seguido contra Atanasio

Lucas AguiJar y compañeros, comprometidos en el

motín contra las autoridades españolas en 1820, que nos sirve de documento principal para la realización de nues-

tro estudio. Dice el "acta" referida:

Tzul,

"Atanasio Tzul, primer principaI/Lucas AguiJar Ale. S. S. mo./Juan Monroy, Alcalde Trinidad y Franco. Velazco, Juan Paz y los Comunes Cofradías de años que han pasado/ Averigua. el cuento del Tributo y tuvis. de gasto miJ pesos menos quartío./Lucas AguiJar Ale. S. S. mo. en su mesmo año ayó la primera respues- ta/Y pedimos Dios las gracias Al Rey Ntro. Sor. / Ahora estamos ovedecidos del onor qe. nos. yso Ntro./Sro./ en 7 de julio de 1812" 16.

En este documento se manifiesta una idea que luego será motivo de confusión para. los indios: las humanitarias disposiciones de las Cortes de Cádiz se atribuyeron lógica- mente al Rey de España pues no era posible que los indios entendieran lo que estaba pasando en la Madre Patria; y así cuando el "deseado y amado" Fernando VII vuelve al trono en 1814 y anula todas las disposiciones acordadas por aquellas beneméritas Cortes, ordenando por consiguiente que se siguieran cobrando los Tributos, los indios protesta- ron alegando que 'aquello no era más que un robo de parte de sus Justicias, Alcaldes Mayores y demás funcionarios coloniales por ellos conocidos.

de suyo

propensos a cualquier manifestación de inconformidad. Con la acusación de ladrones hecha. por los indios a sus autori- dades comenzaron todas sus revueltas desde entonces. Nada los convencía de lo contrario. Comisiones iban a Guate-

Esta creencia acabó

de exaltar los

ánimos,

28

mala para discutir con los miembros de la Audiencia sobre tan espinoso asunto. Se les aseguraba era mentira la su- presión de los tributos, que debían pagarlos, pero ellos se- guían murmurando y amotinándose en cada oportunidad. Así encontramos a los indios de Totonicapán en los últimos días de la dominación española.

7. Para. el objeto de nuestro estudio sólo vamos a ocu-

parnos de las rebeliones de los indios quichés, las cua_ les bvieron como causa directa el pago de los Reales Tri- butos y de aquellas que de un modo u otro se relacionan con éstas; pero debo advertir que no fueron las únicas. Otras muchas ocurridas en el país prueban que el estado de "in- quietud de los indios" o "su insolencia", términos con los cuales es corriente encontrar designadas sus rebeldías, era común en todo el reino. En Cobán, por ejemplo, en el año de 1803, estalló una revuelta indígena contra el Alcalde Mayor y los ladinos, que amenazó envolver a toda la im- portante provincia de la V€rapaz. Causa de esta sublevación fué una orden dada al Al- calde Mayor don Antonio Pedro Palomo, por la Real Au- diencia. Debía éste castigar con 20 azotes en el cepo a cinco principales de Cobán que se habían presentado ante la Audiencia quejándose del propio Alcalde. La afrenta amotinó a los naturales. Llenos de coraje e impulsados por su resentimiento racial hubieran matado a Palomo de no intervenir en su defensa los frailes dominicos del convento de aquel lugar. Los amotinados, entonces, después de sal- var del cepo a sus principales, se dedicaron a saquear y que-

mar las casas de todos los ladinos, los cuales buscaron re- fugio en el Convento para no ser víctimas de terrible ma- tanza. Sólo la presencia de soldados de la capital pudo contener este motín 17.

29

8. Sin embargo, sólo hasta 1813 en el proceso a que nos

hemos referido ya y al cual pertenece la defensa del Procurador don Joaquín Eduardo Marcial (v. NQ 5), apa- reeen por primera vez comprometidos los indios del Par- tido de Totonicapán como promotores de un motín. En este año, a fines de octubre o principios de noviem- bre, tuvo lugar en el pasaje Macsul, jurisdicción de Santo Tomás Chichicastenango, pueblo indígena del grupo qui- ché inc1uído dentro la Alcaldía Mayor de Sololá, un levan- tamiento contra don Narciso Mallol o Mayol, Alcalde Ma- yor de Totonicapán. Provocó el levantamiento un litigio de tierras ejidales planteado por el Común de Totonicapán el cual pretendía que sus mojones limítrofes con Chichicastenango debían correrse media legua dentro de las tierras de este último pueblo. Mayol para ventilar el asunto citó a los indios to- maBes al paraje nombrado. Les hizo conocer los títulos en los cuales fundaban su pretensión los totonicapenses y tra- tó de convencerlos, pero los chichicastecos adversaron sus puntos de vista, acaso en un tono que pareció insolente al Alcalde Mayor quien enfurecido la emprendió a golpes con uno ele los indios. Si Mayol hubiera conocido mejor a los naturales no hubiera usado tan brutal procedimiento que sólo habrí'a de servir para provocar un motín del cual salió mal herido. Los indios lo atacaron con piedras y palos y punto seguido cargaron con él y sus acompañantes en C'alidad de botín de guerra. Tuvo que intervenir pronto el Alcalde Mayor de Sololá, un tal Ba1lecillos, para evitar que los ánimos exal- tados de los indios llevaran las cosas a un estado más grave.

Como era de rigor se abrió proceso contra los indios

señalados como cabecillas del levantamiento, y castigados luego con cuatro y cinco años de prisión en Omoa, Petén,

Chimendes o

Trujillo y Guatemala.

A la parcialidad de

30

Chimedes se le multó con 200 pesos por su participación en el motín. Entre los indios enjuiciados como cabecillas aparecen cuatro individuos del común de Totonicapán -uno de los cuales, un tal Juan Yax, logró por cierto huir de la cár- cel de Sololá a donde había sido llevado previamente- a los que se sindica como autores intelectuales de la suble- vación, pues, se dice en el proceso, habían ido varias veces a Santo Tomás Chichicastenango con el fin de preparar los ánimos en contra de Mayol a quien hacían aparecer como interesado en robar tierras a los chichicastecos lB.

9. Después del incidente descrito, a consecuencia del cual parece que murió al Alcalde Mayor don Narciso Mayol, 19 habremos de encontrar a los indios de Toto- nicapán en estado de inquietud y rebeldía creciente. En todo el partido las protestas contra los curas y justicias menudean y para colmo de males el retorno del sistema de tributos agregó al espíritu de la "ra,,;a vencida" un motjvo más para la protesta. Don Manuel José lJara, funcionario que sustituyó a Mayol en el gobierno de tan importante y populosa Alcal- día Mayor y a quien le tocó hacer frente a la rebelión de 1820, no ignoraba que su provincia era un polvorín. Lo manifiesta así en una carta dirigida a las autoridades cen- trales al dar cuenta de un motín ocurrido en Santa María Chiquimula en 1818 20 En otra oportunidad aconseja firmeza con los rebeldes para evitar tener en breve un le- vantamiento que acaso necesitaría una nueva reconquista.

18 Documento NQ 2.

19 En Carta dirigida por el Alcalde Mayor don Manuel José Lal'a a la Au-

diencia de Guatemala (24 junio de 1820) en la que acusa a Lucas Aguilar de Ber

el "corifeo" de los indios, se refiere al motín de Chichicastenango en 1813 diciendo que éste fué provocado por los indios de Totonicapán y que a consecuencias de él

murió

don

Narciso

Mayol.

Documento

NI}

5.

31

En el año de 1818 en Santa María Chiquimula; en este mismo lugar y en Sacapulas, en 1820, estallaron los tres más importantes motines, anteriores al de Totonicapán, mo- tivo de este estudio, provocados por el cobro de los Reales Trib:ltos. En todos ellos aparece la mano directriz de los indios de San Miguel Totonicapán capitalizando el descon- tento de sus hermanos de sangre para el estallido final que pretenderá hacer renacer el Reino quiché de sus ancestros.

CAPITULO TERCERO

- 111 -

10. La rebelión de Tzul y Aguilar que vamos a estudiar

tuvo como escenario a los pueblos del Partido de To- tonicapán que con el de Huehuetenango formaba la Al- caldía Mayor de Totonicapán, provincia que para Juarros era una de las más importantes del reino y a la cual asigna una población de 58,200 habitantes incluyendo unos 2,750 ladinos; lo que equivale a una proporción de 21 indios por cada ladino. Toda la Alcaldía estaba dividida en 11 curatos, siete de los cuales eran servidos por curas regulares y los otros cuatro por frailes franciscanos (San Miguel Totonicapán), dominicos (Nebaj) y mercedarios (Malacatán y Jacalte- nango). El Alcalde Mayor, residente en el pueblo de To- tonicapán, tenía bajo sus órdenes tres Milicias Urbanas acuarteladas en Chiantla, Huehuetenango y su capital 21. El Partido de Totonicapán tenía una población aproxi- mada de 30,000 habitantes, en su mayoría indios del grupo quiché, distribuídos en siete pueblos de indios y dos aldeas de ladinos. Eran los primeros San Miguel Totonicapán, San Cristóbal, S'an Andrés Xecul, San Francisco el Alto, Mo- mostenango, S'anta María Chiquimula y San Gaspar Cha- huI. San Luis Sahcajá y San Carlos Sija las segundas 22. Los indios de tan importante zona eran bien conocidos como industriosos y comerciantes. Fuentes y Guzmán, re- firiéndose a los del pueblo de Totonicapán, el Chimeqenya, de los indios, apunta:

21

En

1820

no

estaban

acuarteladas

las

Milicias

en

San

Miguel

Totonicapán,

seg ún

se desprende del

proceso

contra

Tzu]

y

Aguilar.

22

Juarros,

o.

C.,

tomo

I,

tratado

I,

cap.

IV.

36

pues aunque e numeroso y grande pueblo, está disminuído de lo que fué en lo que en los principios en más de veinte partes de menoscabo de su prime- ra importancia; pues de más de 52,000 habitadores que tuvo en su conquista, hoy se enumera su pa- drón por de 2,030 tributarios que corresponden a 8,120 habitadores 23, que laboriosos y siempre mercuriales, ya en los cultivos de los campos aten- tos y cuidadosos, se utilizan bien mantenidos o en las artes mecánicas industriosos y ejercitados se interesan con largo aprovechamiento; pues ade- más, de las larguísimas cosechas de maíz que con- siguen y encierran de dilatadas y fértiles semen- teras anuales, de que proveen y socorren con lar- go interés suyo a muchos pueblos de la costa, son incesantes en los comercios a que se alargan has- ta San Salvador y San Miguel con cosas de su propia manufactura, de lo que en aquellas pro- vincias necesitan, en grandes cantidades de za- patos, vaquetas, badanilla.s, suela, gamuzas, fus- tes, caparazones, cojinillos, sayales, gerguetas, escapopules, frazadas, medias de lana, losa, har- pas, vihuelas, escabeles y sillas de sentar, en cuya obra están todo el año ejercitados con gran- de provisión de todas estas cosas, que se difun- den no sólo a las provincias, sino a los muchísi- mos progresores de aquel camino, empleándose también aquestos indios en la crianza no pequeña de gana.do menor, de donde se producen las lanas suficientes a sus telares" 24.

"

d

23 En ]a descripción de Juarros, San Miguel Totonicapán aparece Con una po- blación de 6,849 habitantes; "454 ladinos; 578 indios Caciques, o Nobles, deseen. dientes de los de Tlascala, que vinieron con don Pedro de Alvarado; (estos tienen

titulo

de

armas

y

varios

privilegios,

como

tener

Gobernador

de

su

propia

casta,

estar

exentos

de

pagar

tributos

y

·otras

obenciones);

y

5817

maseguales

o

ple-

beyos". 24 Fuentes y

Guzmán,

o.

c., libro VIII,

cap.

IV.

37

La descripción anterior, fué escrita a mediados del siglo XVIII, pero puede decirse que, salvo los cambios im- prescindibles, corresponde a la situación que privaba en To- tonicapán en la época durante la cual ocurrieron los moti- nes provocados por la vigencia de los Reales Tributos.

11. Así era el mundo de los indios quichés en el cual tocó

vivir a Atanasio Tzul y a Lucas Aguilar los cabeci- llas principales de la rebelión totonicapense. Un mundo propio con idioma y tradiciones propios; un pueblo some- tido con anhelos de libertad; ¿ en qué otro grupo social gua- temalteco se daban tantas circunstancias aunadas que lo empujaran hacia la realización de su independencia? Ni en el criollo ni en el mestizo, pese al innegable anhelo de

cambio que había también en ellos. Pero mientras el criollo y el mestizo fueron "infiden- tes" al rebelarse, el indio fué solamente un rebelde a secas, ya que jamás había sido vasallo fiel: siempre un pueblo

que no le lle-

gó con la Independencia. Atanasio Tzul era, en 1820, un indio de poco más de 60 años, jefe de familia y agricultor. Alcalde de su pue- blo en 1816 se había mostrado renuente a cobrar los Reales Tributos limitándose a exigir el pago de los impuestos de comunidad, sueldos y eclesiásticos: siete reales en total al

año por cada tributario. No se dice en ninguna parte de los "autos" del proceso que se le siguió por rebelión, que se creyera o fuera consi- derado como descendiente de los antiguos reyes quichés (ca- lidad que tomó al ponerse la corona del Señor San José), pero se le llama "primer Principal" 25. Además, un incidente que aparece relatado en su declaración ante el Alcalde Mayor Lara hace sospechar que sus contemporáneos

vencido en espera de su hora de liberación

25

Ver

ffacta U

transcrita

en

~l

N9

6.

38

lo tenían corno descendiente de soberanos, o en todo caso corno el personaje más importante de la Comunidad. Preguntado en el proceso sobre las razones que había tenido para dejar su traje tradicional y adoptar el de es-

pañol ("casaca, sombrero al tres, espadín, bastón, medalla al cuello"), respondió que dos indios se lo habían dado ma- nifestándole que era vergüenza que usara su traje acos- tumbrado siendo un principal. Lara le preguntó la causa por la cual no habían cambiado sus trajes los demás prin-

esta

respuesta acaso se escondía un motivo desconocido no ex- presado por el indio temeroso de las consecuencias. Lucas Aguilar, el otro primer cabecilla, indio maze- gual de 59 años, jefe de familia y agricultor corno Tzul, tenía también en su hoja de servicios hechos que lo calificaban corno revoltoso e insubordinado. Siendo Alcalde de la Co- fradía del Santísimo se había visto envuelto en un motín contra el cura de Totonicapán en 1818 y corno se recordará aparece nombrado con otros indios principales en la espe- cie de "acta" levantada en 1812 con motivo de la supresión de los tributos por las Cortes de Cádiz (v. N9 6). Era corno Tzul, y la mayoría de los otros cabecillas, un analfa- beto, pero indudablemente más despierto y sagaz; tanto que algunas veces se tiene la impresión de que él era el ver- dadero jefe de la conjuración y que sólo aprovechaba el in- dudable prestigio de Tzul para cumplir sus fines persona- les. Dejó a Tzul el título de Rey o Fiscal Rey (!), pero se reservó el de Presidente, el cual en la mentalidad indíge- na debió ser más importante que el primero, porque aquel, el de Rey, correspondía en el gobierno colonial a un per- sonaje sólo conocido de nombre, en tanto que el de Presi- dente era dado indistintamente al Capitán General y Go- bernador del Reino de Guatemala, alto funcionario que re- gía sus vidas.

cipales; Tzul sólo pudo contestar que no sabía; y en

39

Con Tzul, el Rey, y Aguilar, el Presidente, colabora- ron en la rebelión totonicapense de 1820 muchos otros in- dios principales de todos los pueblos del Partido, que en todos hubo siempre gentes dispuestas a desconocer la auto- ridad de su 'Alcalde Mayor y Cabildos y Justicias, más in- clinados estos últimos a colaborar con los funcionu;rios es- pañoles que con los rebeldes de su propia raza.

12. Don Manuel José Lara, Alcalde Mayor de Totonica-

pán, estaba demasiado convencido de que la rebelión que lo obligó a abandonar su Provincia con la consiguiente reprobación de la Audiencia de Guatemala, no era un sim- ple motín corno tantos otros a los cuales había tenido que hacer frente desde que había tornado el mando de su Al- caldía. Así lo manifiesta en carta dirigida al Juez Ex-

traordinario de la Sala del Crimen "no se trata de un sim- ple motín sino de una. verdadera conjuración premeditada

con mucha malicia

2", y en otra ocasión al pedir ayuda militar, solicita usar drasticidad con los alzados, porque si no se someten pronto el motín se volverá un levantamiento general y el Rey ten-

drá que gastar muchos hombres y dinero en una nueva re- conquista 27. y no se equivocaba el Alcalde Mayor en sus aprecia- ciones. La rebelión fué pr,eparada con tiempo y ejecutada con arrojo, y de no haber faltado una mejor dirección, di- fícil de esperar dado el grado cultural de los cabecillas, hubiéramos tenido en Guatemala una reproducción en pe- queño de la rebelión que en el Perú encabezó en 1780 el indio José Gabriel Condorcanqui (Tupac Amaru). Las causas inmediatas del levantamiento fueron, corno se ha dicho, los reales tributos que el indio ya no quería pagar. La misma razón había provocado todos los moti-

ejecutada con arrojo y animosidad"

26 Documento N9 1lo

H.

27 Documento

N9

40

nes del Partido en los últimos años; motines que son el pre- ludio del estallido de Totonicapán; último acto del drama colonial de los indios.

13. Los hechos comenzaron en la cuaresma de 1820 cuan-

do los indios principales de Santa María Chiquimu- la llegaron a la Capital del Partido a manifestar al Tenien- te Ambrosio Collado, enviado especial de la Audiencia, su conocimiento de la supresión de los tributos. Collado quiso convencerlos de lo contrario, pero los naturales fundados en haber visto "otros pape,les" no quisieron oirlo. Al final se armó un tumulto en el pueblo. Lucas Aguilar y Atana- sio Tzul enviaron entonces una embajada de indios a Gua- temala compuesta por Juan Tipas, Francisco Velazco, Juan Lara y Justo Vásquez, con una nota para el Fiscal quien en respuesta les mandó decir que debían pagar los tributos aún cuando les permitía hacerlo poco a poco. No convenció a los cabecillas aquella respuesta y or- ganizaron una segunda embajada, capitaneada esta vez por el propio Tzul. Más tarde fué enviada una tercera. De ambas obtuvieron, al igual que la primera, los mismos poco halagadores resultados 28. Con todo los indios siguieron oponiéndose al pago de tributos. En Santa María Chiquimula arrebataron a los escribanos, que levantaban el padrón de tributarios por orden de Lara, "los papeles de los tributos", y bajo la ame- naza de darles muerte los obligaron a huir del pueblo con el propio Alcalde Mayor. Luego enviaron los "papeles" a la capital para averi- guar si era .cierto que se debía pagar o nó 29. Lo mismo ocurre en Sacapulas. Lara escapa hacia Chiantla, donde también encuentra los ánimos exaltados 30.

28 Declaración de Francisco Velazco en el proceso contra Tzul,

pañeros.

Documento N9

16.

29 Documento

N9

10.

30 Documento

N9

6.

Aguilar y

Com-

41

Son tiempos de "inquietud" en todo el Reino. Se han infiltrado las buenas nuevas de la rebelión de Riego en Ca- bezas de San Juan (enero de 1820) y Urrutia y Montoya no las tiene todas consigo. Las tertulias actúan e,n la capital del reino y también en el olvidado y frío pueblo de indios de San Miguel Totonicapán: en las casas de Aguilar y Tzul se reunen a menudo' indios principales de todo el Partido. ¿ De qué se trataría en estas juntas? ¿ Qué planeaban los indios ? Nunca lo dij eron claramente los acusados ni los testigos. Los escribanos de ellas, además, lograron huir y ponerse a salvo en los montes. Si hubiesen pres- tado declaración a.caso tendríamos detalles de interés ahora perdidos. A la luz de pocos datos precisos sólo se puede deducir lo siguiente: no quieren pagar tributos, a su entender, ya abolidos j lo de siempre!. Pero a la hora de la revuelta no se concretaron a este punto: sustituyeron a sus Justicias y Alcaldes, desconocieron a Lara y coronaron un Rey ¿ Pla- nearían todo esto en las juntas? Es muy probable por no decir casi seguro. Aquellas reuniones tenían miras tan dilatadas como las de Betlén famosas: de ellas saldrían un Rey y un Presidente. ¿Rey y Presidente de qué? ¿ De un Reino Quiché?

14. Las juntas -ello puede afirmarse con seguridad- mantuvieron contacto con la ciudad Capital por me- dio de comisiones de indios a través de los cuales deben ha- ber tenido noticias vagas y acaso incomprensibles de la Jura de Fernando VII. En Totonicapán se esperaba con an- siedad la. llegada de unos famosos "papeles" por medio de los cuales los indios quedarían -según su decir- dispen- sados de la real tributación. Urrutia y Montoya, mientras tanto, convencido por no- ticias obtenidas desde México de la implantación del régi- men constitucional ·en la Madre Patria, había ofrecido al

42

Ayuntamiento hacer lo propio en su gobernación ofreciendo jurar el acta constitutiva el 9 de julio 31.

La relación de estos acontecimientos con los de Toto- nicapán es innegable. Los próceres criollos debieron es- perar ansiosos el día 9: cuarenta y ocho horas antes, el do- mingo 7 de julio de 1820, llegó en medio de una manifesta- ción cívica, muy cercana al motín, un correo a Totonicapán con los "papeles" esperados. Los indios salieron a su encuen- tro hasta Patzún y los recibieron en medio de salvas de cohe- tes, repicar de campanas y música de tambores y chirimías. Desde ese día el Alcalde Mayor y los Justicias indios se die- ron cuenta de que ya no serían obedecidos ni respetados:

la rebelión había comenzado con todo su vigor.

que tanta exaltación provo-

caban entre los indios? En los autos del proceso contra Tzul, Aguilar y compañeros, se les llama "los papeles", "los

papeles de la constitución" o "la constitución que nos conce- dió nuestro Rey". ¿ Sería una copia de la Constitución es-

lástima que en el Ar-

pañola de 1812? N o es creíble. Es

chivo General del Gobierno se conserve únicamente una parte del proceso contra los cabecillas de la rebelión, (la que contiene todas las declaraciones de los procesados, tes- tigos y una que otra nota o carta interesante) y se haya

perdido el expediente del juicio propiamente dicho. Allí, con las sentencias dictadas, es probable que se incluyeran los "papeles de la Constitución", de los cuales se encontra- ron cinco copias en la casa de Aguilar. Sólo podemos, por tanto, hacer conjeturas más o me- nos afortunadas. Haya sido la Constitución de 1812 o un documento relacionado con ella, es indudable que venía a resolver -o al menos así lo creían los indios- el aspecto principal del descontento: "el cuento de los tributos".

¿ Qué papeles serían los

31 Ramón

A. Salazar,

HistOiia

de

21

años, cap .

XXXIII.

43

15. Fuera lo que fueren estos papeles, tuvierOn la virtud

de marcar el principio de la rebelión. Tzul y Aguilar en sus puestos de cabecillas actuaron, ya en posesión de ellos, con propósitos dirigidos hacia una liberación total. Comenzaron por cursar citaciones a los justicias y princi-

pales de los pueblos cercanos en las que se nombra al Rey (de España) como soberano a quien se respeta. He aquí la convocatoria hecha por los de Totonicapán a los de San Francisco el Alto:

"A los Ales. Juss. del Pueblo de Sn Franco. el Alto. q' Ds. los Ge. pro ms. as.

"Sors. Juss. del Pueblo de Sn. Franco. el Alto y principales de este pueblo, harán que se vengan a este de Topn. el día nueve de este a oir la nueva Constitución que nos ha concedido nuestro Rei y Sor. que se publicará al de aquí con mucho cariño y amor, sin pleito otro. Harán convidar a los de Momostego. que concurran al de aquí los prin-

cipales

ins. de los Srs. Juss." 32.

"El día nueve" "a oír la nueva Constitución": el mismo día acordado por el Capitán General del Reino para jurar la Constitución. Todo hecho a espaldas, o mejor dicho, en contra del Alcalde Mayor y sus Justicias, pues aunque se les invita, la misma invitación hace suponer que se hará con ellos o sin ellos como en efecto ocurrió. La publicación de la nueva Constitución fué toda una fiesta nacional en Totonicapán. Entre salvas de cohetes, música de marimbas, chirimías, tambores y repicar de cam- panas, como se hacían todas las fiestas grandes, se organizó una verdadera procesión que recorrió "la estación grande" en cuyas "cuatro capillas" se leyeron los famosos papeles. Tzul iba en puesto de honor "montado a caballo, con casa-

44

ca, sombrero al tres, espadín, b-astón y medalla al cuello" -vestuario que como se dijo ya, usó a menudo desde enton- ces, acaso queriendo imitar a los grandes señores de la Me- trópoli del reino-o Luego celebraron corridas de toros y se adornó con cortinas el cabildo de donde habían salido pre- viamente los alcaldes y regidores que no quisieron acuerpar la rebelión. En aquellas celebraciones sólo faltaba la nota culmi- nante: la coronación del Rey Indio, verdadera expresión de Independencia sin próceres criollos ni funcionarios co- loniales haciendo de independizadores : la declaración de Independencia del aborigen vencido, pero no resignado.

16. Ninguno de los comprometidos en la rebelión ni los

testigos que declararon en el proceso, dijeron haber visto la coronación de Tzul. Todos dan respuestas evasi- vas, pero afirman haber oído decir que tal cosa había ocu- rrido. El propio Tzul y su mujer, como era de esperarse, negaron el hecho. Esto no impugna que la coronación se haya llevado a cabo; ocultar los hechos de los cuales habían

a~I.lo

Ger:era~

Zic~~,

sido testigos o afirmar cualquier cosa para salir del paso, era hábito reconocido en los indios. No gustaban compro- meterse en aquellos sucesos que pudieran ocasionarles do- iores de cabeza. "Tienen por costumbre no afirmar jamás las cosas que ven y saben -dice Fuentes y Guzmán- por- que siempre responden quizás es así, quizás habrá, aunque "

sepan que lo que se les pregunta es así, y lo hayan visto

33

~usticias

Buenaventura Pacheco, por ejemplo, Gobernador de Indios a quien Aguilar y Tzul quitaron la. vara y encarcela- ron por no cumplir con sus obligaciones, declaró "que por noticias sabe que se la puso (la corona) una noche en su casa y fué el viernes después del domingo en que hubo pro-

33

Fuent es

y

Guzmán,

o.

C.,

libro

XIII,

cap.

VI.

s~s

lo~

45

cesión y se publicaron los papeles de la constitución, ha- biendo hecho en festividad de la coronación, demostracio- nes públicas de alegría, muchas tardes de toros y música de tambores y salvas de cohetes, que desta fecha en adelante Tzul se presentó en algunas ocasiones vestido de soldado

" 34.

Otros dan la fecha exacta. Dicen que la coronación fué el viernes 12 de julio en la noche y que ta,l día Tzul se puso en la cabeza la "corona del Señor San José" y en la de su mujer, Felipa Soc, colocó la de Santa Cecilia "sentándo- se bajo dosel así como se sentó en el cabildo en donde tenía formado uno con el Palio del Señor que era nuevo". N o es posible negar a la luz de estas declaraciones la. coror:ación de. Tzul como Rey de los indios. La voz pú- b.hca. a~I.lo mamfestaba. Una carta sin mayor importan- CIa dIrIgIda a Tzul por un indio de Momostenango llamado Antonio Zic~~, el 28 de julio, es documento importante para esta concluslOn: en ella se le da el tratamiento de Capitán Ger:era~ y Gobernador, títulos que, como se apuntó antes, eqUlvahan en la mentalidad del indio al de Soberano.

17. Mientras Tzul se coronaba Rey y acaso soñaba con repetir las hazañas de los soberanos legendarios de su pueblo, Aguilar se ocupaba de los menesteres inherentes a su papel de Presidente. Ante su presencia fueron traí- dos t?,doS los ~usticias de los pueblos comprometidos en la rebehon, a qUIenes exigía la devolución de los tributos re- cau.da?os amenazándolos con matarlos y azotarlos si se resIsban a sus órdenes. Muchos son los Justicias que en s~s declaraciones dicen haber sido maltratados. Entre ellos fIguran lo~ alcaldes y el Gobernador de Totonicapán. Al Alcalde PrImero lo golpeó el propio Aguilar; al Alcalde Se- gundo y al Gobernador se les encarceló después de quitarles

34 Declaración

de

Buenaventura

Pacheco.

Documento

No

15.

46

sus varas y amenazarlos con la muerte. La vara del Go- bernador fué usada por Tzul como insignia de mando. La residencia de Aguilar adquirió todas las caracterís- ticas de una casa de gobierno. Grupos de indios le hacían constantemente guardia para defenderlo de posibles ata- ques. Lo propio sucedía con Tzul, pero en casa de éste el movimiento era menor. El Presidente, además, comenzó a cobrar un impuesto de dos reales por cada tributario, para reunir, según se de- cía, la suma gastada en "el pleito de los tributos", pues los indios cabecillas de la revuelta pretendían haber sido ellos con sus gestiones en Guatemala, los que habían logrado la supresión del impuesto. Si esta pretensión era un ardid o consecuencia de un engaño del que habían sido víctimas por algún ladino de la capital, es algo imposible de aclarar. Los probables nexos con agentes no Indios ni siquiera fueron insinuados en las declaraciones. Tzul y Aguilar y los otros cabecillas se li- mitan a decir que Juan Tipas llevó la noticia de la supresión de los tributos, pero no dicen cómo obtuvo éste tal noticia; y el propio Tipas, por su parte, no agrega datos aclarato- rios sobre este asunto. Pero que se hicieron algunos gastos es indudable, por lo menos para enviar las comisiones de agentes indios a la capital. Para constancia de ellos el "escribano" Francisco Xavier García subscribió un acta el 8 de julio, el día antes de la publicación "de la nueva constitución", que a la letra dice:

"Totonicapán, julio ocho días del año de 1820./ En esta fecha (hicimos) ntros. nuestro apunte, 'Y en memoria de lo que gastamos en el pleito de tributos, y comunidades y fueron cuarenta, y tres ps. y pico sin yntervención de ninguna ayuda to- do esto fué dinero de la cofradía del Smo. asiendo un año ya esto fueron con aumento de ochenta, y

47

dan fee,

Somos los que vimos, y en mi año yo que fui Ale. del Smo. Lucas Aguilar, Ale. trinidad Juan Mon- roy Juntamente con los demás cofrades que da fee. Otro (si) nosotros los apunta;dores del Smo. Re- pusimos dies y seis ps. para ayuda de los dros. de tributos, y comunidades esto a sido Con testigos

que fueron dhos. prinls. por si (en) ,Algún tiem- po tuviere alguno que alegar ponemos este pre- sente por aver livrado nueva Constitución y no firmamos por no saver.

seis ps. Sin los días atrasados,

Parece y suman Sincuenta, y nue- ve Otros dos ps. ma. q. dio la Cofra- día de Chianta ya son sesenta, y un

Parece y suman Sincuenta, y nue- ve Otros dos ps. ma. q. dio la Cofra- día

"s. 59"ps.

"s. 61"ps.

Para que conste Franco. Xavier García" 35 .

En este documento quedó expresa ya la posibilidad del futuro descontento que pudiera ocasionar entre los indios el haber utilizado fondos comunales sin su autorización y sirvió también de excusa para exigir la contribución nece- saria para reponerlos.

18. Salta a la vista el motivo económico de la rebelión

indígena, materializado en "el pleito de los tribu- tos". Pero si la situación económica del indio dentro del sistema colonial era suficiente para provocar cualquier le- vantamiento, otras circunstancias no despreciables se su- maban a ésta: la discriminación racial, la tutela política, la supervivencia de sus lenguas y costumbres autóctonas:

su propio concepto del mundo y de la vida, en suma, que aunados al estado de servidumbre lo empujó a buscar la

35

Docum ento

No

15.

48

re-estructura de un reino .indígena. Para ello tenía la vi- vencia de una tradición histórica nunca muerta del todo en su conciencia de pueblo. Pero no pasan en 'vano los años y los de la colonia fue- ron duros para la raza indígena. Los indios quichés de To- tonicapán en 1820, pese a su innegable unidad de cultura

y semejante situación social y económica, carecían de la

unidad política necesaria para la integración de un reino o un estado indio. Si la capacidad intelectual de los cabe-

ciHas hubiera sido otra, otro hubiera sido el desarrollo de

pero es muy probable que entonces no hubie-

ran sido cabecillas de un motín indígena sino simplemente conjurados de alguna rebelión contra el Rey de España, co- mo lo fueron el Dr. Tomás Ruiz y Manuel Tot, gentes de su misma raza comprometidos en la Conjuración de Betlén. El historiador no debe, aunque quisiera, hacer conje- turas sobre lo que no sucedió, y por eso tenemos que estu- diar a Tzul y a Aguilar tal como fueron y actuaron, sin menguarles ni sumarles méritos. Si la rebelión encabe- zada por ellos no culminó en lo que acaso soñaban, es sólo consecuencia de su mundo histórico en el cual no era posi- ble ya la presencia de un estado indio; porque contra tal idea se rebelaban no sólo las autoridades españolas repre- sentadas por Lara y Cózar, sino todas la sociedad guate- malteca no india. En un reino presidido por Tzul, no hu- biera podido tener cabida ni siquiera un prócer de la cali- dad de don Pedro Molina, porque para Tzul, indio, la idea de patria estaba relacionada apenas con una provincia. Un prócer criollo, en cambio, entendía la patria en otras di- mensiones. Los tres siglos de dominación española habían

los sucesos

creado un elemento humano con intereses políticos y eco- nómicos que amarraban en un todo más o .menos compacto

el territorio de las antig.uas divisiones tribales de los abo-

rígenes. Ni un reino quiché, ni un reino cakchiquel, ni un rei- no ixil, ni cualesquiera otro reino indígena era posible que

r~

49

se recreara entonces como entidad política independiente. Los grupos indígenas que podían ser considerados como nacionalidades plenamente constituidas, pues tenían sus propias lenguas, sus tradiciones culturales propias, un sen- tido del mundo y de la vida muy suyos, características étni- cas típicas y hasta territorios nacionales con límites con- cretos eran y son, por razones d.erivadas de r~ conquista, considerados como una clase social inferior y no como una nación aparte. Por eso el indio que se llama a sí mismo "natural" para diferenciarse del no indio, al cual en lo más íntimo de su alma debe considerar como exótico, que bus- caba al rebelarse la estructura de una nación independiente, tenía que hallar el rechazo del criollo, del mestizo; d.el ladi- no, en fin, que consideraba su rebeldía como simple insu- bordinación de una clase de su sociedad y no como la acti- tud de un pueblo aparte.

19. A los hombres les está permitido soñar, y Tzul era

hombre. No es el único revolucionario que ha pla- neado una revolución social cuando ésta no puede llevar- se a cabo. Se coronó rey con la corona del Señor San José

por el breve espacio de 29 días. De su efí-

mero reinado no quedó sino una tradición indígena más para la Historia Patria y una nueva desilusión para el "natural" que no logró su libertad con la independencia. Los veintinueve días del reinado de Tzul fueron de zo- zobra para los ladinos del Partido de Totonicapán, a los cuales se amenazó con dar muerte, y para los Alcaldes y Regidores de los Cabildos, Justicias y Gobernadores indios que no acuerparon el movimiento revolucionario. Mien- tras tanto don Manuel José Lara, fugitivo en Quezaltenan- go, ayudado por el Comisionado de Orden, Teniente Coro- nel Prudencia Cózar, preparaba sus tropas para la pacifi- cación de su Alcaldía Mayor. El 3 de agosto las tropas de Cózar entraron en San Miguel Totonicapán. El primer hecho fué la muerte de

y fué rey

50

un indio, un tal Manuel Vásquez, único que hizo en aquel pueblo resistencia armada, y luego trataron con crueldad

a cuanto natural encontraban a su paso. "Nos dieron cue- ro", saquearon nuestras casas y tuvimos que huír "de ver aquellas gentes que no cesaban de desquiciar puertas" no teniendo más delito que "haber celebrado la constitución", dicen los vecinos de Totonicapán en queja presentada ala Audiencia contra Cózar 36.

Unicamente en el cruce de los caminos de Totonicapán, San Cristóbal y San Francisco el Alto hubo un conato de resistencia efectiva de los indios contra los soldados. Aquí había dej ado Cózar unos cincuenta hombres para prote- gerlo en caso de retirada. Los indios que estaban ocultos en los montes cercanos cayeron sobre ellos atacándolos con hondas, piedras, palos y machetes logrando dispersarlos mal parados de la refriega, pese a sus armas de fuego. Al tener noticias del incidente el Comisionado de Or- den volvió de Totonicapán con más fuerzas e hizo huir

a los naturales, no sin tomar prisioneros contra los cuales pidió luego autorización para proceder militarmente 37.

Fuera de este suceso, la pacificación no tuvo los carac- teres de una nueva reconquista como había pensado el Al- calde Mayor Lara, pues aunque los indios estaban dispues- tos a resistirse (grupos de ellos fueron a Totonicapán con ese objeto) en la hora crítica faltó decisión a los cabeci- llas, convencidos acaso que sin armas toda resistencia era suicida. Tzul, Aguilar -el Rey y el Presidente-, Monroy, Velazco, Sitalán, Say y otros muchos de Totonicapán y los pueblos inmediatos, fueron hechos prisioneros y sometidos

a juicio por rebeldes, revolucionarios, amotinados, que no por "infidentes", circunstancia especial de recalcar para comprender por qué nunca los hemos tenido como próceres de nuestra lucha por la libertad.

36 Documento

NQ

16.

51

20. Si la rebelión terminó con el encarcelamiento de los

cabecillas, no sucedió lo mismo con la protesta indí- gena y el descontento que mantuvieron latente hasta mu- cho tiempo después. Lara hubo de mantenerse vigilante

y ser prudente unas veces, drástico otras, para evitar un

nuevo estallido. En cuanto se fueran los soldados -era voz pública- la rebelión comenzaría otra vez, suponiéndose para entonces más sangrienta, ya que trataría de eliminar

a los ladinos y a los Justicias indios. Representante de este sentimiento fué el indio Valerio Saya quien se puso en libertad por orden de Urrutia y Montoya. Al volver a San Cristóbal, de donde era veci- no, lo hizo en medio de muchos otros indios y pasó por el Cabildo a insultar al Alcalde Primero, un tal Miguel Yxcó,

y a golpear a un regidor y al escribano. Yxcó, dió cuenta

de éste y otros sucesos a su "bien amado padre y señor" don Manuel José Lara, agregando que de no enviar de nue- vo a la cárcel ·a dicho revoltoso se verá obligado a vender sus cosas e irse a Guatemala, pues teme que sus compatrio- tas lo maten 38.

Say volvió a la cárcel gritando para que lo oyeran, cuando lo conducían, que en "la capital iban a ver los que peleaban si no les haría saber si no era cierto que el tributo se quitaba". Pero no todos los indios cabecillas fueron presos. Los "escribanos" José Paz y Francisco García, por ejemplo, lograron huír. La presencia de ellos y de otros entre el pueblo pudo ser la causa de la inquietud que subsistió y la cualbabría de aflorar de nuevo en 1824, caando veremos

a

los indios de esta región amotinándose contra los ladinos

y

enviando embajadas a Chiapas a tratar con el comisio-

38 Carta

de Miguel

Yxcó

a

Manuel

José Lara.

Documento

N9

15.

52

nado mexicano la anexión de sus tierras a la república az- teca 39.

21. Y así concluyó la rebelión de los indios de Totonica-

pán que encabezara Atanasio Tzul. Este, Aguilar y los demás cabecillas fueron a la cárcel de Quezaltenango, y presumimos que si no pagaron con la vida su rebeldía fué sólo porque el interminable papeleo judicial prolongó la causa hasta que los acontecimientos políticos del año 21 hicieron improcedente culpar a nadie por sedición contra el gobierno español. De este final, cabe advertir, no tene- mos sino vagas sospechas, pues, como se dij o anteriormente, faltan en el Archivo General del Gobierno una o más par- tes del proceso 40.

Sólo en el caso de algunos cuantos comprometidos en la rebelión, los indios Francisco Pastor, Francisco Jimé- nez y Francisco Vásquez, capturados por Cózar en el cona- to de resistencia armada a que nos referimos en el N9 19, tenemos certeza del indulto firmado precisamente por el prócer Larrazábal en 1822. La última noticia que tenemos de Tzul y Aguilar arran- ca de una solicitud presentada por ellos y otros indios pro- cesados por la misma causa, escrita por anónima persona, la cual para defenderlos usó de casi los mismos argumentos del Procurador Joaquín Eduardo Marcial en la causa de Miguel González.

39 Informe sobre que ]os principales de Totonicap án quieren anexarse a Méxi-

co (Archivo General del Gobierno d" Guatemala. B. 11 8-25-5. 1602 01. Año de 1 824).

Otros muchos documentos del mismo año indican en todos los indios del Partido de Totonicapán igual propósito. Véase, por ejemplo, el documento B. 118-25-4-16200, del A. G. G. de G. sobre esa misma actitud en los indios de Momostenango.

40 J. A. Villacorta, en el artículo citado, dice de Tzul: "Todavía en 1815, Anas-

tasia Tzul (sic) recogió la despedazada corona quiché al ser proclamado rey de la Villa de Totonicapán. Veinte días ocupó el trono de sus antepasados, pero tropas de Quezaltenango, San Marcos y Sija ocuparon la plaza, capturaron al rey Tzul, que murió en la cárce1 de aquella población altense, terminando así el generoso es- fuerzo del pueblo quiché por su libertad". No sabemos de donde obtuvo estos datos erróneos el señor Villacorta.

53

En este documento, en el cual se hace a los indios con- fesar su ignorancia y su barbarie, epílogo por cierto angus- tioso para este capítulo olvidado de nuestra Historia Pa- tria, se dice lo siguiente:

"Atanasio

Tzul,

Lucas

Aguilar,

Juan

Monroy,

Antonio

Cuenca,

Antonio Batz, Antonio

Sitalán,

Francisco Velazco

"complicados en el

motín y presos en esta cárcel de Quezalto. como mas lugar haya ante de Su mrd. decimos: qe. la piedad con qe. ntro. augusto soberano desde su rexio solio está atendiendo a los infelises presos qe. como nos- otros ximen bajo el duro peso de sus delitos, está bijente en dos consentidos yndultos qe. ha espedido, y se han publicado el 1 9 en este Quezalto. el 24 de Julio último y el 2 9 el 22 de corriente Eno.

"No nos hasemos inosentes de aquellos exesos; pe- ro tampoco tendrán a los ojos de la Ley todas las malicias que esta pide para que se nos impusiera un castigo del mismo modo que si poseyeramos una educación capaz de hacernos dicernir don juicio. Por el contrario Señor Alcalde Mayor, nacidos en los montes y criados sólo acostumbra- dos a un grosero ejercicio, y a tratar con nuestros padres y comps. habituados también como nos- otros a complacerse con las bestias, no es posible que con tales principios distingamos lo bueno de lo malo, ni que por lo mismo suframos la pena de la suerte que debiera un hombre civilizado y cria- do en otra sociedad. Nuestras leyes siempre han visto con equidad a los de nuestra clase y están llenos los Códigos de recomendaciones para que se nos vea con aquella compasión que exije nues- tra barbarie, y aunque en el día de nuestra sa- bia Constitución ha puesto a los indios en tan alto

etc

54

grado, de este beneficio gozan nuestros sucesores

pero que nosotros aún todavía estamos en el mis- mo estado de ignorancia que es la que nos priva de conocer nuestra felicidad temporal. En la Real Sala de la Audiencia está encargada por el Arto, undésimo del último indulto la decla- ratoria de esta gracia. En la justificación de aquel superior Tribunal esperamos que viéndonos con clemencia nos lo aplicará, pues desde luego

lo imploramos, y su merced en cumplimiento del

citado Arto, como juez de primera instancia se servirá remitir a S. E. este escrito con los autos para su declaratoria. Por tanto.

A una señal suplicamos humildemente se digne

proveer como pedimos, que es justicia vuestra. No sabemos firmar" 41.

La solicitud fué recibida y firmada por el Alcalde Ma- yor Lara el 21 de enero de 1821 y trasladada a la Sala de In- dultos de Guatemala. Hasta aquí llegan nuestros datos, pero no sería arriesgado suponer que Tzul y sus compa- ñeros fueron puestos en libertad y que de vuelta en sus pue- blos siguieran soñando con emancipar a sus hermanos de raza y de cultura.

41 Solicitud

de

indulto

anexa

al Documento

N9

15.

CAPITULO CUARTO

-

IV

-

22. Uno de los propósitos de nuestro trabajo, relatar los acontecimientos ocurridos en Totonicapán durantr la

segunda mitad de 1820, ha quedado cumplido en el capítu-

lo anterior. Nos queda por realizar el segundo: unir tales

acontecimientos con todo el momento histórico nacional en que ocurrieron. Tarea ésta más difícil por cuanto obliga a referir aspectos de nuestra independencia, hecho de suyo discutible y siempre apasionante, pues como ya advertía-

mos en las palabras introductorias, la rebelión indígena de Totonicapán que coronara Rey a Atanasio Tzul, amerita se

le considere como una genuina manifestación del espíritu

libertario que tanto se enaltece en nuestros próceres.

Adviértase que no digo contribución a la independen- cia, sino manifestación de espíritu libertaTio. Debe acla-

rarse este punto para no caer en equívocos: el indio mani- festó con sus constantes rebeldías, que culminaron en los últimos días de la Colonia con la sublevación ya relatada de los quichés de Totonicapán, su innegable anhelo de cam- bio, de mejora, de libertad: de revolución, en suma; pero no contribuyó abiertamente a la proclamación de la inde- pendencia, ni nuestros próceres criollos les dieron a sus le- vantamientos la importancia que habían dado a los de El Salvador y Nicaragua en 1811, para. no citar sino los más caracterizados. Ahora bien, manifestar descontento -exp:'esión natu- ral de un anhelo de cambio y de mejora- es contribuír también a la realización de un movimiento revolucionario.

el indio al manifestar con re ":

O para ser más explícitos:

beldías su descontento, contribuyó a la realización de la independencia.

58

Nuestros historiadores han dejado corrientemente en

~l olvido estas manifestaciones de la insatisfacción popular, Inseparables de todo movimiento revolucionario. Para ca- si todos ellos la independencia es resultado exclusivo de lucha de criollos y peninsulares, debilitamiento político de España, repercusiones de la independencia de los Estados Unidos, de la Eevolución Francesa, de las campañas napo- leónicas y de las nuevas tendencias económicas de la polí-

tica europea.

. El olvido y menosprecio de la contribución del pueblo llega hasta el máximo, por ejemplo, en Antonio Batres Jáuregui, cuando dice que la independencia de las colonias españolas "no fué fruto de la reacción de los vencidos con- tra los vencedores, sino ineludible y lógico final de la tre- menda lucha entre dos porciones de la raza conquistadora:

entre los miembros de la misma familia, criollos unos y peninsulares otros. Los dueños primitivos de estas bellí- simas comarcas no se alzaron en armas, clamando libertad del Rey de España. El glorioso estandarte de la rebelión no fué tremolado ni por aztecas, ni por cakchiqueles, ni por muiscas, ni por quichúas, ni por araucanos. Los aboríge- nes eran espectadores, o a las veces instrumentos de los españoles nacidos en americano suelo, que desde Chile has- ta Méjico, lucharon heroicamente por la emancipación de "

las colonias

42.

Las ,cosas, sin embargo, no fueron tan simples como pretende el citado historiador. Ni sólo lucha de criollos contra penisulares, ni sólo indios espectadores. Tomar a la independencia como revolución exclusiva de criollos va- le decIr de las clases altas: hacendados, comerciantes, terra- tenientes, etc., es pecar voluntaria o involuntariamente de olvido e ~njusticia: De olvido para con los elementos del pueblo, (mestizos, pardos, indios) que acuerparon los le-

.

'

42 Batres

J áuregui,

o.

C"

tercera parte,

ca.p.

1.

59

~l

~njusticia:

vantamientos encabezados por los criollos; de injusticia por que se les niega a estos elementos populares anhelos indu-

dables

de una vida mej or y de libertad.

El papel del criollo, desde luego, no fué superfluo. Por el contrario: era la clase descontenta más capacitada para encauzar y dirigir la revolución: de ahí su calidad de pró- cer. Pero no era el único descontento y sí probablemente el menos o, mejor dicho, el que menores motivos tenía pa- ra estarlo. Si revisamos, para el caso de Guatemala, el informe presentado por Aqueche y Quirós al Real Consulado de Co- merio en 1808, al cual nos hemos referido ya (V. NQ 3), ad- vertiremos suficientes motivos para el innegable descon- tento de las clases menos privilegiadas. Ya hablamos de la situación del indio y a su respuesta al medio que lo oprimía y en el cual era el "descanso de todas las clases sin exclu-

sión". Negar sus anhelos por un trato mejor, es negarle calidades humanas. Que la independencia no le haya me- jorado su situación es consecuencia ajena a su descontento, el cual no desaparece, sino se mantiene vivo en toda la épo- ca republicana. el descontento del mestizo y del pardo no era menos notable. Se hizo presente en todas las conjuraciones y re- beliones y consignó su contribución a la independencia en la propia acta del 15 de septiembre: "Siendo públicos e in- dudables los deseos de independencia del gobierno español que por escrito y de palabra ha manifestado el pueblo de la " "el señor Jefe Político la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamara de hecho el mismo pueblo" (Acta de la Independencia de Guatemala). ¿ Qué ello es sólo literatura? Veamos, para convencernos de lo contrario, quién era y qué hacía en la sociedad colo- nial ese pueblo en el cual era voluntad general la inde- pendencia del gobierno español, como reza el acta referida.

y

60

Del millón de habitantes que Aqueche y Quiroz calcu- lan para el reino de Guatemala 43 corresponde el 64.67%

a la población india, el 31.33 % a los "pardos y algunos ne-

el 4 % a los blancos "americanos y españoles,

hacendados, comerciantes, mercaderes de toda suerte de tráficos, empleados, eclesiásticos, etc." "La segunda clase de habitantes son los 313.334 pardos, incluso algunos negros: casta menos útil por innata floje- ra y abandono. De esta especie se pueden hacer tres divi- siones: llil-Artesanos, como pintores, escultores, plateros, carpinteros, tejedores, sastres, zapateros, herreros, etc., cu- yos oficios son necesarios en la república, pero de tal modo los ejercen por costumbre, capricho y arbitrariedad, que necesitan una reforma y arreglo, que precavan los menos- cabos que sufre frecuentemente el común que está por ne- cesidad atenido a ellas, sin que esto perjudique a la habilidad particular de algunos plateros, escultores y carpinteros; tanto más admirable, cuando que parece natural, que en vista de sus principios, y falta de proporciones no debían tenerla, ni a la formalidad y honradez de algunos maestros acreditados por su conducta. Carecen de fondos en lo gene- ral, para proveerse de los materiales respectivos: es menes- ter que el que necesite la obra, si su valor llega a una docena de pesos los desembolse al maestro, antes de recibirla, para comprar la materia, pagar a los oficiales, y comer mientras la trabaja, lo que sería soportable si la recib iese al tiempo estipulado, y en aquellos términos y modo pactados; mas no sucede así: las más veces se halla frustrada la confianza del que manda hacer la obra y ha desembolsado su dinero con anticipación porque si la consigue es en fuerza de sus recon- venciones repetidas o demanda judicial a que se ve constre-

gros" 44 y sólo

43 Ver

44

En

N9

3.

el

informe de Aqueche y

Quir6s

se incluyen

entre los

pardos

a

toda

la

población

ni

indígena

ni

criolla,

es

decir,

también

a

los

mestizos

que

eran

induda-

blemente la

mayoría.

Genera lmente

el

término pardo era usado para

designar

a

los

mulatos.

61

ñido

j qué penalidades, atrasos y fatigas no experimentan los due-

! su pereza y falta

radical de vergüenza, hacen indispensable una continua

vigilancia sobre ellos para que trabajen algo

y lo peor

es que propensos al robo por su educación enteramente abandonada, lo ejercen al menor descuido de los dueños y

mayordomos

gente parda que dedicada a la agricultura en pequeñas he- redades, que trabajan por sí, tanto en las provincias como en los pueblos de las inmediaciones de la capital, debemos con justicia de excluirlos de la nota que sólo recae en la especie que acabamos de describir. 3 lil -Esta que no es la menos diminuta, se compone de una zanganada perjudicial en sumo grado a todos los demás órdenes del Estado, por- que no trabajando absolutamente para subsistir, viven a expensas de los robos de reses y frutos, que ejecutan en las haciendas; de los plátanos que hallan abundantes en las márgenes de los ríos y de rapiñas y hurtos en Doblado con lo que pasan la vida jugando a los dados, embrigándose, hiriéndose y matándose atrozmente, y en suma, arrimados a las tapias y cercas de los pueblos, y de los barrios de la capital, infundiendo recelo a los vecinos honrados y labo- riosos" 45 He aquí descrito al elemento no indio ni criollo, al ver- dadero y directo antecesor del guatemalteco ladino actual (causa y consecuencia de todo nuestro proceso histórico) presentado por dos de los 40,000 blancos de la colonia. ¿ Pue- de imaginarse una revolución sin su concurso activo y di- recto? No, indudablemente. La presencia de las clases populares en la emancipa- ción política del continente, más palpable en aquellos lu- gares en donde la lucha armada fué necesaria, no puede refutarse; pero es un hecho que necesita ser recalcado en

por último recurso

2 lil -Gente de labranza y armería:

ños de las haciendas y recuas con ella

Sin embargo no deja de haber porción de

.

,

45

Citado

por

Batres

J á ureg ui,

o.

c.

62

el estudio de nuestra independencia para no negarle, como algunas veces se ha hecho, su genuino carácter revolucio- nario sólo porque no hubo luchas sangrientas como en Mé- xico o. Venezuela. Quienes tal afirman olvidan que en 1821 no tenía vi- gencia el concepto Guatemala-Nación-Independiente. Por tanto nuestra emancipación política no puede ser abstraída de la realidad histórica continental con la cual se aúna para formar un todo compacto y complejo. Guatemala era sólo una provincia, pobre y de menor importancia, del vasto imperio colonial español. "Su independencia" forma parte de la Independencia de América en la que el descontento po.pular jugó un papel inseparable de todas las otras cau- sas.

Parte de este descontento popular es el manifestado por los indígenas en protestas, motines y rebeliones; síntomas no despreciables de la descomposición del sistema colonial y del debilitamiento del gobierno españo.l; y expresión de su nunca muerto sentimiento de libertad: presencia, en fin, del indio y de lo indio, que así ponía su grano de are- na en nuestro m.ás importante aco.ntecmiento histórico. Indispensable o no este concurso, no podemas afirmarlo. Al hecho histórico hay que aceptarlo tal y como sucedió. Disertar sobre lo que hubiera sucedido de haberse desarro- llado las hechas de atra mado, no es campetencia del histo- riador.

23. El descontento indígena, expresado en matines y re-

belianes contra los Reales Tributas es, pues, parte del descontento popular que sirvió de fondo a nuestra inde- pendencia. Pera na es la única circunstancia por la cual debemos cansiderar a la rebelión de Tzul como un acto más en toda nuestra lucha emancipadora. Otros argumentos pueden agregarse. Advertiremos, por ejemplo, si revisamos los aconteci- mientos descritos en el capítulo anterior, algunas coinci-

63

dencias en las causas y aún en la cronología de ·los hechos, con los sucesas dirigidos por criollos. En ambos, por ejemplo, hay causas económicas im- partantes utilizadas cama bandera de lucha: la abalición del tributo entre las indios, del manopolio comercial y del control económico, entre los criollos. En ambos sectares, además, la rebelión de Riego tiene repercusiones similares: la publicación de los "papeles de la Constitución" que abolían el pago del tributo, el 9 de julio, es el principio de la rebelión de Tzul y Aguilar; la jura de la Constitución por parte de Urrutia en Guatemala el mismo 9 de julio, es el inicio del fin hacia la independen- cia. La publicación del primer número del Editor Consti- tucional, el 27 de julio (cuando Tzul podía considerarse todavía rey) es la primera manifestación abierta en la eta- pa de nuestra lucha emancipadora que habría de cerrarse con la redacción y firma del acta del 15 de septiembre. Esto no es mera coincidencia de cifras en dos aconte- cimientas distintos, sino sincranizaciones de un mismo pro'- ceso histórico en dos mundos distintos. Lo último es algo que se debe tener muy en cuenta al preguntar por la can- tribución del indio en nuestra emancipación política y cuan- do se investiga el porqué ésta no salvó al indio de su ser- vidumbre. El mundo del indio y el mundo del no indio, del "na- tural" y del "ladino", correspondían (yen buena parte corresponden aún) a das naciones distintas. El indio era el pueblo vencido y sajuzgado, con su lengua propia, su cultura propia, su religión propia, sujeto a un gobierno con características propias: lengua, cultura, religión y costum- bres de una nacionalidad india, no estrictamente autócto- na, pero sí indiscutiblemente distinta a la del no indio, del cual lo separaron siempre el valladar de la tutela oficial y la servidumbre, la explotación y la sangre. El indio nun-

64

ca fué un súbdito y por eso sus rebeldías jamás se conside- raron como "infidencias". Podía ser infidente un criollo, un mestizo y hasta un mulato o un negro liberto: pero no un "natural". Un Ar- ce, un Barrundia, un Marure si se rebelaban contra Fer- nando VII, dejaban de ser vasallos fieles: un Tzul que cometía un crimen más grave al coronarse Rey, era sólo un amotinado. Insistimos en esto para poder entender la razón que asistía a los próceres al no valorar las rebeliones indígenas ni interpretarlas como manifestación de anhelo de inde- pendencia. El prócer criollo por su misma situación cul- tural y social debía dar más importancia a lo que pasaba en México, España o Sur América que a un motín indio; y el "natural", por su parte, para quien el criollo, el espa- ñol y hasta el mestizo, el pardo y el negro eran represen- tativos del conglomerado que lo oprimía y explotaba, al re- belarse lo efectuaba contra todo lo que no fuera indio. El era miembro de una nacionalidad sin otros nexos que los de su lengua y su raza. Su patria no era América, ni siquiera su provincia, sÍno el estrecho territorio geográfico limita- do por montañas en donde había gentes que hablaban su misma lengua, practicaban sus mismas costumbres y su- frían la misma servidumbre.

24. Por tales razones, en lugares como nuestra patria, en

donde la proclamación de la independencia no fué precedida de luchas armadas, la colaboración del indio con el criollo fué casi nula; pero sus mismas rebeldías, como dijimos antes, son su grano de arena en la realización de todo el hecho complejo que fué la independencia. No era posible que pudieran ofrecer mayor contribución a los pró- ceres criollos, los cuales por su parte tampoco proporciona- ron mayor cosa al indio, quien después de la proclamación de la independencia siguió siendo tan siervo como antes.

65

En teoría pasó a ser un ciudadano con las mismas calida-

des que las del resto de la población, como se había acordado en 1811 por las Cortes de Cádiz; pero de hecho su condi- ción personal y social no cambió con la independencia. El

de todas las clases sin exclusión",

en lo económico, y una nación sometida en lo político. Por eso los motines de indios no terminaron en 1821. Se multiplican entre esta fecha y 1824 adquiriendo a ve- ces el carácter de lucha racial, (motines contra ladinos). No en vano, como decía un Corregidor de Verapaz, los in- dios consideraban como ladinos a todos los no indios y como "españoles de Guatemala o de España" a sus Corregidores y demás funcionarios políticos.

Para sofocar los motines indígenas las autoridades re- publicanas siguieron empleando los mismos expedientes de fuerza que habían empleado los funcionarios coloniales, mu- chos de los cuales, como el propio Manuel José Lara, de quien tanto hablamos en el capítulo antecedente, siguieron desempeñando sus mismos puestos. El criterio del indio y de 10 indio no varió en la mente de las nueva s autorida- des; y por eso sus levantamientos no pudieron ser inter- pretados como síntomas de una enfermedad nacional que debía curarse en sus raíces, sino como simples "motines indios" que debían sofocarse por que causabm males a la economía del país. En 1839, por ejemplo, los indios de Santa Catarina Ixtaguacán se sublevaron contra los comisionados del Es- tado de los Altos, Juan Bautista Flores y Felipe García, quienes se habían presentado en dicho pueblo a recaudar

La sublevación fué sometida por medio de las

impuestos.

armas. De tal hecho Flores y García dieron el siguiente informe a su Gobierno: "Al fin tenemos el sentimiento de anunciar a Ud. que a pesar de la moderación y la pruden- cia, ha tenido la expedición a Santa Catarina un resultado faltal para el orden del Estado y para los enemigos de éste,

siguió siendo el " descanso

66

que ayer han recibido el debido escarmiento a nombre del gobierno. Los indígenas de Santa Catarina, después de los ofrecimientos más sumisos, han abusado de la confian- za que éstos inspiraron, y de la manera más pérfida. Ayer era el día designado para el entero de la contribución, se- gún sus protestas, y con este motivo les dimos entrada a los municipales y principales en la casa de nuestro hospe-

daje

les de Nahualá, sin disfraz ninguno, dejaron entrever la dañada intención con que iban, asegurando claramente, que

no pagarían la contribución más que los matasen

ese instante ya fué una lucha reñida, porque tuvimos que

lidiar personalmente con los más atrevidos

ron muertos en distintos lugares, más de 40, y entre éstos

los dos cabecillas más atrevidos. Los heridos son muchos. Desgraciadamente un soldado de los nuestros fué muerto

por la misma tropa recluta

después, que los catarinos están de acuerdo y contaban con indígenas· de esta ciudad (Totonicapán), de San Mi- guelito y de Santa Lucía, y sobre ésto suplicamos al Go- bierno supremo fije su consideración, porque es de grande trascendencia en el orden público" 46. Lorenzo Montúfar se refiere a este suceso agregando "que no sólo en Santa Catarina había agentes de los servi- les sublevando a los pueblos. Los había también en Chian- tIa, donde promovieron una conspiración que oportuna- mente fué sofocada" 47. Esto significa que para los libera- les los sublevaciones indígenas obedecían a causas políti- cas ajenas a los indios: aunque no es remota la posibilidad de la presencia de agentes ladinos en los pueblos de indios, estos explotarían, en todo caso, una situación social de in- conformidad sin la cual un motín no tiene razón de ser.

Hasta entonces ha sido cuando dos de los principa-

Desde

Se encontra-

Se nos ha informado ahora

46 El Tiempo, N9 43, tomo l, octubre 26 de 1839. 47 Lorenzo Montúfar. Reseiía Histórica de Centroamérica, tomo 111, libro VI,

67

25. En resumen la independencia no cambió la situación

social del indio. En teoría se le dieron iguales ca- lidades que a los demás ciudadanos, pero aun éstas calida- des habrían de verse pronto disminuídas por la misma le- gislación republicana. En 1839, por ejemplo, se crea un organismo específi- co para la protección de los indios 48. En el dictamen de la comisión de organización provisional de la Asamblea Cons·· tituyente sobre la necesidad de establecer este "régimen de protección y lomento en favor de los indios" los legisla- dores se quejan de los males sufridos por los indígenas a consecuencia de una legislación (la liberal) que les había dado una iguardad mal interpretada, a diferencia de las antiguas Leyes de Indias que los habían protegido 49. Más adelante esta misma Asamblea Constituyente in- cluye en la Declaratoria de los Derechos del Estado y de sus individuos, el artículo siguiente: "Aunque todos los hom- bres tienen por la naturaleza iguales derechos, su condi- ción en la sociedad no es la misma; lo que depende de cir- cunstancias que no es dado nivelar a ningún ser humano. Para fundar y mantener el equilibrio social, las leyes am- paran al débil contra el fuerte, y por esta necesidad en to- das las naciones, aun en las más cultas, son protegidos par- ticularmente aquellas personas que por su sexo, edad o falta de capacidad actual, carecen de ilustración suficiene para conocer y defender sus propios derechos. Por tanto, ha- llándose la generalidad de los indígenas en este último caso, las leyes deben protegerles a fin de que se mejore su con- dición, de evitar que sean defraudados de lo que les per- tenece en común y en particular, y que no sean molestados

48 Se creó un Ministerio encargado de dirigir y promover ante el gobierno y los tribunales, las solicitudes de las comunidades indígenas, y una comisión perma-

nE"nte

condiciones

para

el

mejoramiento

de

las

de

vida

del

indio.

49 Dictamen de la

Comisión

tuyente.

Guatemala,

El

Tiempo,

de organización

21,

tomo l,

N9

provisional de la Asamblea

agosto 25

de

1839.

Consti

68

en aquellos usos y hábitos aprenuwos de sus mayores, y que no sean contrarios a las buenas costumbres" 50.

A este artículo vuelven los mismos argumentos que

habían privado en la legislación colonial: amparar al débil contra el fuerte, proteger al indio por ignorante, etc. Por otra parte tanto en el dictamen al cual nos referimos pri- mero, como en este artículo de la Declaratoria de los Dere- chos del Estado y de sus individuos, se puede leer, entre líneas, que la situación del indio lejos de mejorar acaso ha- bía empeorado. La legislación liberal de la Reforma volvió a dar al indio calidades de ciudadano igua:es a las del resto de los habitantes, pero luego creó, como una necesidad económi- ca para defender la naciente industria del café, el famoso sistema de habilitaciones que transformaron a numerosos grupos de indios en verdaderos esclavos.

25. Este ligero esquema de las vicisitudes de la población

indígena durante el siglo XIX, presentado para ejemplificar la poca o ninguna influencia que en la vida del

indio tuvo la emancipación política de España, puede ser- vir también de modo indirecto para explicar el porqué del olvido de las luchas de los indios de Totonicapán de 1820, por parte de nuestros historiadores. En efecto, la población indígena ha sido siempre con- siderada expresa o en forma sobreentendida CO::10 un ele- mento no estrictamente guatemalteco; hecho que tiene ex- plicación en la circunstancia tantas veces apuntada de ser el indio un conglomerado nacional autónomo por sus ca- racterísticas culturales.

El ladino, lógicamente, ha tenido que interpretar así

cada motín indígena como un fenómeno provocado por el

50

Artículo

tercero

de

la

Declaratoria

de los

Derechos del

Estado

y

sus

indivi-

duos .

El Tiempo,

tomo

l,

60,

diciembre 21

de 1839.

 

N~

69

(odio del indio para el ladino, de la "raza ven-

cida" para con los presuntos descendientes de los conquis-

tadores)

celo racial

y no como expresión de inconformidad social en

un fuerte secto1' de connacionales.

Por esta circunstancia era difícil para nuestros próce- res ver en T'zul, Aguilar y compañeros a otros tantos de- fensores de la misma causa por la que ellos luchaban. Pero así y todo no es posible negar la similitud de mi- ras en los grupos criollos y los grupos indios: un cambio político, económico y social en el régimen público. Por con- siguiente si se quiere obtener un cuadro completo de todo

el desarrollo histórico de nuestra emancipación política no

pueden dej arse en el olvido las rebeliones indígenas: tanta importancia tienen ellas como cualesquiera otras rebelio- nes contra el gobierno español ocurridas por aquellos años. Debemos considerar para mejor entender lo anterior que tanto en la época en que las rebeliones indígenas ocu-

rrieron como las causas que las provocaron y el suceso en sí, tienen notable paralelismo con las luchas encabezadas por los criollos.

El 15 de sep-

tiembre de 1821 no es una fecha aislada. En el lapso his- tórico que va desde la jura de Fernando VII en 1808 ["puede decirse que tales festividades (las de la Jura) fueron los suntuosos funerales de la monarquía española en Centro América"] 51 al 1Q de julio de 1823 en que se declara la in-

dependencia absoluta "de la antigua España, de México,

y de cualquiera otra potencia, así del Viejo como del Nuevo

Mundo" 52, el 15 de septiembre es sólo un eslabón de todo el desarrollo histórico de nuestra emancipación política. Durante este período de 15 años, los anhelos de inde- pendencia del gobierno español tuvieron manifestaciones

Veamos primeramente el factor tiempo.

51

R.

A.

Salazar,

o.

c.,

cap.

XVII.

 

52

Acta

de

independencia

del

19

de

julio

de

1823.

70

de diversa índole aunque no Slt:;mpre se declaraba expresa- mente la emancipación política como finalidad concreta. La independencia americana como finalidad surgió de hechos políticos propios de España, luego transformados hacia la emancipación absoluta. En este panorama todas las rebe- liones contra el gobierno español, y no sólo las dirigidas por criollos, tienen el mismo significado. En consecuencia, el levantamiento de Tzul debe ser valorado con el mismo cri- terio que el levantamiento de El Salvador y Nicaragua en 1811 y las otras intentonas ocurridas en toda la Capitanía General, desde la fecha últimamente citada hasta 1823. Lo dicho en cuanto a la simultaneidad de los sucesos indígenas y criollos en el tiempo. Igual paralelismo pue- de notrase si se revisan las causas concretas que motivaron unos y otros levantamientos. La independencia americana, y por consiguiente la guatemalteca, surgió a consecuencia de diversos factores:

anacronismo del sistema colonial, debilitamiento de la mo- narquía española, influencias del momento político eco- nómico mundial. Estas causas, desde luego, tenían que manifestarse distintamente en el mundo indígena que en el mundo de los ladinos. En el indio el repartimiento, el mandamiento, el tri- buto, la tutela política, fueron más decisivos en la formación del transfondo de inconformidad motor para la proclama- ción de la Independencia que las influencias ideológicas ex- tranj eras de las cuales hacían gala los próceres criollos. Estos, además, se movían por celos de clase con los penin- sulares y por la necesidad de lograr reformas económicas que les permitieran desarrollar mejor los recursos del país. También había causas económicas en las rebeliones in- dígenas: la abolición del tributo por ejemplo, es paralela a la abolición de la tutela económica que buscaban los crio- llos.

71

Por otra parte no es posible dejar en el vacío las posi- bles relaciones entre los acontecimientos de Totonicapán y los de la capital del reino. Ya en el capítulo III las fuimos apuntando: se publican en Totonicapán los "papeles de la constitución" que liberaban al indio del pago de los Reales Tributos y el mismo día Urrutia y Montoya juraba en Gua- temala la Constitución de la Monarquía Española; Tipas lleva a Totonicapán noticias sobre la implantación de un régimen abolicionista del pago de tributos antes de que oficialmente se tuviera noticias de la sublevación de Riego. Además el desconocimiento de las autoridades coloniales por parte de los indios debe tener para el historiador el mismo significado que las infidencias de criollos y ladinos en los otros lugares de la Capitanía General. Las rebeliones indígenas de Totonicapán en 1820 de- ben, pues, ser interpretadas como parte de un todo com- pIejo: el proceso histórico que culminó con la proclamación de la Independencia. Por consiguiente tanto Atanasio Tzul y Lucas Aguilar, como Juan Monroy, Martín Canaztú, Baltazar Paz, José Coxal, Juan Tipas, Francisco Velazco, Valerio Say, Antonio Sitalán, etc., deben también figurar en la galería de nuestros próceres, aún cuando ellos no sus- cribieran actas de independencia al estilo criollo, y sólo hallan tenido en cuenta para la realización de sus planes una parte de lo que un ladino entiende como nación guatemal- teca.

DOCUMENTOS

DOCUMENTOS

del

Archivo General del

Gobierno

consultaron

para

la

realización

de Guatemala que se

del

presente

trabajo.

-ALCALDIA MAYOR DE VERAPAZ (AI.2l.6)

Doc . NQ l.-El Alcalde Mayor de Verapa z ,informa haberse amo-

jurisdicción contra los

tinado

ladinos de Cobán.

varios pueblos

de

su

Año de 1803.

Expediente NQ 24563. Legajo NQ 2797.

-ALCALDIA

MAYOR

DE

SOLOLA

(Al.2l.IO)

Doc. NQ 2.-Autos

del

Chichicastenango,

Alcalde mayor de Totonicapán.

Motín

de

Tomás

en el paraje Macsul e insultos al

los

indígenas

de

Santo

Año de 18"13.

47749

- 5527

47700

- 5523

-ALCALDIA MAYOR DE TOTONICAPAN (AI.21.S)

Doc. NQ 3.-Autos contra Estanislao Argueta , alias Cachichah por revoltoso, sedicioso y alterador del orden públi-

co.

Año de 1816.

3937 -

193

Doc. NQ 4.-Contra

los motores del motín habido

ría

Chiquimula.

Año

de

1818.

en Santa Ma-

3940 -

193

76

Doc. N9 5.-Contra los autores del motín habido en Santa María

Chiquimula contra el párroco.

Año de 1820.

3942 -

193

Doc. N9 6.-Sobre que se proceda con energía contra los culpa- bles del motín habido en Santo Domingo Sacapulas. Año de 1820.

3944 -

193

Doc. N9 7.-Los naturales de San Miguel Totonicapán informan de los daños que han sufrido en sus casas y cultivos de parte de las tropas que llegaron a la pacificación. Año de 1820.

3945 -

193

Doc. N9 8.-Los indios de Chiquimula, Momostenango, San Fran- cisco el Alto, etc., se niegan a pagar los tributos. Año de 1821.

4965 -

194

Doc. N9 9.-Informa el Alcalde Mayor sobre haber estallado

un

motín en Santo Domingo

Sacapulas.

Año

de

1820.

4966

-

194

Doc. N9 10.-Informa Mayor de

María

de tributos.

el encargado

de

Totonicapán

la

que

justicia

los

de

la

Alcaldía

Santa

el sistema

indígenas

contra

de

Chiquimula se amotinaron

Año de 1820.

47149 - 5479

77

Doc. N9 ll.-Sobre que el Alcalde Mayor de Totonicapán informe sobre el estado en que se encuentran los autos con- tra los motores de la sublevación de los indígenas. Año de 1820.

47151 - 5480

Doc. N9 12.-Autos contra Francisco Pastor, Francisco Jiménez y Francisco Vásquez, indios de San Francisco el Alto

Totonicapán, por ser cabecillas de

y

la sublevación.

San

Cristóbal

47152 - 548'0

Doc. N9 13.-Instancia de los principales mazeguales y principa- les de los pueblos de San Miguel Totonicapán y San Francisco el Alto, sobre la libertad de los cabecillas de la rebelión, presos en la cárcel de Quezaltenango.

Año

de 1820.

47153 - 5480

Doc. N9 14.-Informe rendido por el Alcalde Mayor de Totonica- pán a cerca de la sublevación de los indígenas. Año de 1820.

47154 - 5480

Doc. N9 15.-Autos contra Lucas Aguilar, Atanasia Tzul y compa- ñeros por sediciosos y cabecillas del escandaloso mo- tín de los pueblos de Totonicapán, San Cristóbal, Mo- mostenango, San Francisco el Alto y Chiquimula. Año de 1820.

47155 - 5480

Doc. N9 16.-Los principales de San Miguel Totonicapán expo- nen los padecimientos que sufren los reos de la su-

blevación de 1820.

Año de 1821.

47157 - 5480

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INDICE ALFABETICO

INDICE

ALFABETICO DE NOMBRES Y DE LUGARES

DE

PERSONAS

Aguilar, Lucas. 27-35-37-38-39-

El Alto, San Francisco. 5-35-43-

40-41-42-43-44-45-46-47-48-50

50.

52-53-63-69-7l.

España.

5-12-19-27-43-57-64-65-

América.

11-64.

68-69.

Antigua. 18. Aqueche, Juan Antonio. 59-60. Argueta, Estanislao. 23.

Bailón, San Pascual. 15. Batz, Antonio. 53. Batres Jáuregui, Antonio. 57. Barrundia, J. Francisco. 64.

Cabezas de San Juan, Las. 4l. Canaztú, Martín. 71. Cobán. 18-28. Collado, Ambrosio. 40. Condorcanqui, José Gabriel.

(Tupac Amaru).

39.

Cortés y Larraz, Pedro. 13-23. Cózar, Prudencio. 48-49-50. Cuenca, Antonio. 53. Cuchumatanes. 11. Coxal, José. 71.

Chahul, San Gaspar. 35. Chiantla. 35-40-47-66. Chiapas. 51. Chichicastenango, Santo Tomás.

29-30.

Chile. 57. Chimendes o Chimedes. 29. Chimeqenya. 35. Chiquimula, Santa María. 30-31-

35-40.

Estados Unidos. 57.

Fernando VII. 27-69. Flores, Juan Bautista. 65. Fuentes y Guzmán, Antonio de.

12-15-35-44.

García, Felipe. 65.

García, Francisco Xavier. 46-47-

51.

García, Ballecillos, Gabriel. 27.

González, Miguel. 24-52.

Guatemala. 11-13-15-17-18-27-29-

38-39-46-51-54-59-60-62-63-65-

71.

Huehuetenango. 35.

Ixtaguacán, Santa Catarina. 65-