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Nº 18 Nueva Época - Diciembre 2005

Edi t ada por:
XXXI Convención de
A • U L • A
D
O
S
S
I
E
R
:
ALBERT EINSTEIN:
EL CENTENARIO DE
UN AÑO MÁGICO
NEUROTEOLOGÍA:
¿CIENCIA O
CIENCIA-FICCIÓN?
FILOSOFAR VERSUS
OPINAR
LOS PARTIDOS
POLÍTICOS JUDÍOS EN
LA ÉPOCA DEL
SEGUNDO TEMPLO
(hasta el año 70 d.C.)
Creer en Dios
después de Auschwitz
1 Aula
7
Nº 18 Nueva Época-Diciembre 2005
PUBLICACIÓN DE LA ASOCIACIÓN DE
ESTUDIANTES Y GRADUADOS
UNIVERSITARIOS ADVENTISTAS DE ESPAÑA
Consejo Directivo AEGUAE:
Presidencia: Eva Basterra
Vicepresidencia: Joel Moyano, Marta Muñoz
Secretaría: Mª Teresa Cuadrat
Tesorería: Ruben Amigó
Vocalías: Miguel de la Cruz, Francisco Giménez,
José Manuel López, Isaac Llopis
Edita Aula7activa
Coordinación gestión: Mercè Gascón
Redacción: Francisco Giménez,
Ramon-Carles Gelabert
Equipo: Eva Basterra, Esther Amigó, Albert Prat,
Rubén Sánchez
Coordinación: Francisco Giménez
Diseño gráfico y maquetación: Esther Amigó
Depósito Legal: B-6934-2004
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08080 Barcelona
Tel.: 616 754 880
E-mail: info@aula7activa.org
Web: www.aula7activa.org / www.aeguae.org
AULA 7 está abierta a todo tipo de colaboraciones.
Los artículos publicados expresan exclusivamente
las opiniones de sus autores.
Sumario
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3 Editorial – AEGUAE
5 Albert Einstein: El centenario de un año mágico – Isaac Llopis Fusté
11 Neuroteología: ¿Ciencia o ciencia-ficción? – Mercé Gascón Pomar
15 Filosofar versus opinar – José Manuel López Yuste
18 Premios Arte y Cultura 2004
19 Reseñas bibliográficas
23 Los partidos políticos judíos en la época del Segundo Templo
(hasta el año 70 d.C.) – Ramon-Carles Gelabert i Santané
31 Dossier - Creer en Dios después de Auschwitz
33 Para que triunfe el mal... – Francisco Giménez Rubio
35 Una aproximación adventista al Holocausto – Francisco Giménez Rubio
39 La Iglesia Adventista de Alemania y Austria pide perdón por actividades durante
el nazismo – Mark A. Kellmer/ANN Staff (Adventist News Network)
42 Auschwitz en la memoria - Ramon-Carles Gelabert i Santané
44 AKDAG – J. Mihran Akdag
46 Baviera: un paseo por el núcleo del nazismo – Eva Basterra Alonso
48 Me entristece – Rosa Moya Armengau
A • U L • A
RECOMIENDA la recopilación
de las diferentes convenciones de
AEGUAE. Bájatelas de nuestra web
LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE EN MI VIDA DIARIA
Roberto Badenas
En diciembre de 1988, con motivo de conmemorar el centenario de la
Asamblea de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día que
tuvo lugar en Minneapolis en 1888, AEGUAE resucitó el tema de la justifi-
cación por la fe. Las charlas, tratadas por Roberto Badenas, nos sirvieron
de estímulo y reflexión para profundizar en el significado de la justifica-
ción por la fe en nuestra vida diaria.
LA NO VIOLENCIA
Georges Stéveny
Un nutrido grupo de universitarios adventistas se reunía el mes de
marzo de 1976 en San Lorenzo de El Escorial. El tema que les ocu-
paba era la no violencia. Para tratar el tema se contaba con uno de
los, probablemente, pensadores más lúcidos de la Iglesia Adventista,
el pastor Georges Stéveny.
De la reflexión acerca de un tema preocupante surgieron una serie
de resoluciones y propuestas que impulsaron a muchos jóvenes ad-
ventistas hacia un compromiso más pleno con sus ideales: servir a
sus semejantes, pero sin necesidad de portar armas, signo inequí-
voco de violencia.
LA CRUZ FUENTE DE VIDA
Georges Stéveny
En este documen-
to, extraído de sus
charlas en 1983
en Poio, Georges
Stéveny da una
visión muy intere-
sante sobre la
muerte de Cristo.
LA FUNCIÓN DE LA LEY EN LA
TEOLOGÍA DE LA GRACIA
Roberto Badenas
Roberto Badenas ha sido profesor
y decano de la Facultad Adventista
de Teología en Collonges, Francia.
Ha dedicado más de treinta años
de estudio y pasión a los evange-
lios de Jesús de Nazaret y a las
epístolas de Pablo de Tarso. Y uno
de los frutos de su encuentro con dichos personajes
ha sido su magistral estudio: Christ the End of the Law.
Romans 10:4 in Pauline Perspective.
Sobre el tema el autor ha publicado el libro titula-
do Mas allá de la ley (Safeliz, 1998), que os invitamos
a consultar.
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«El amor de Dios no protege de todo
sufrimiento, pero protege en todos los
sufrimientos.»
1
Este año, al conmemorar el 60.º aniversario de
la liberación del campo de concentración y ex-
terminio de Auschwitz, hemos tenido la oportu-
nidad de reencontrarnos con uno de los más ho-
rribles episodios de la historia del ser humano:
el genocidio nazi. El genocidio más conocido,
pero no el único, en el que parte de las motiva-
ciones fueron religiosas. AEGUAE no podía de-
jar pasar la ocasión para reflexionar sobre ello.
En este número de Aula7 os ofrecemos una
recopilación de interesantísimos libros que pro-
fundizan ampliamente en el nazismo y sus con-
secuencias, pero añadiremos en este punto al-
gunas reflexiones que, como individuos y como
miembros de la sociedad y de una comunidad
religiosa, no podemos olvidar.
El genocidio nazi fue el resultado de un con-
junto de elementos y situaciones explotados y
manipulados por Hitler para la consecución de
sus nefastos delirios de dominación mundial. De
entre todos ellos, hay uno que es casi tan anti-
guo y constante como la propia existencia del
ser humano: el sentimiento de superioridad.
Individual o colectivamente, este sentimiento
siempre va de la mano de la existencia humana
y sus consecuencias son inevitablemente perni-
ciosas.
¿Somos una excepción los creyentes, los ad-
ventistas? Quizás no ensalcemos la superioridad
racial, cultural o económica, pero ¿y la superio-
ridad espiritual? ¿Qué consecuencias prácticas,
diarias, tienen expresiones como «nosotros so-
mos el remanente de Dios», «somos el pueblo
escogido de Dios», «somos la única iglesia que
tiene la verdad»?
La promoción de un sentimiento de superiori-
dad religiosa, además de no ser acorde con el
Evangelio, nos aboca a la devaluación de todo
prójimo que no viva, piense o crea como noso-
tros, los elegidos. Y cuando se alberga la idea
de que el diferente es inferior, se ha sembrado
la semilla que, debidamente manipulada, pue-
de desembocar en considerar al diferente como
prescindible. «¿Quién te hace a ti superior?, y,
en todo caso, ¿qué tienes que no hayas reci-
bido? Y si de hecho lo has recibido, ¿a qué tan-
to orgullo, como si nadie te lo hubiera dado?»
(1 Corintios 4:7, NBE).
El nazismo se preocupó, también, por alec-
cionar a las masas con verdades simples y ab-
solutas. Para ello, había que establecer qué co-
nocimiento era apropiado para el pueblo ario y
qué conocimiento (libros, profesores, escrito-
res...) debía ser aniquilado por peligroso, por
corruptor. Había que anular la posibilidad de que
el pueblo examinase críticamente la actuación
del poder y el arma más eficaz para ello es, sin
duda, la limitación del conocimiento, del estu-
dio, de las inquietudes intelectuales, seguida de
la fijación de una serie de conceptos muy ele-
mentales y viscerales por medio de la propa-
ganda.
La sociedad occidental se fue acostumbran-
do a convivir con la propaganda política (si bien
tras la Segunda Guerra Mundial hubo de ser mu-
cho menos evidente). Y cuando el creyente que,
de todo lo que lee, hace un análisis cruzado con
su experiencia religiosa, medita en los choms-
kyanos «conceptos vacíos de contenido», «en
los eslóganes que no significan nada» y que las
democracias actuales utilizan para «fabricar con-
senso»,
2
ese creyente se pregunta: ¿escapan
las iglesias y sus feligreses a estos usos?
En 1977, Hans Küng dedicaba su libro Ser cris-
tiano al amplio número de creyentes de todas la
iglesias «que no quieren permanecer en una fe
infantil, que esperan algo más que un mero re-
pertorio de frases bíblicas» (p. 15). Si conocie-
Editorial
AEGUAE
1
KÜNG, Hans, Ser cristiano, Madrid; Ediciones Cristiandad, 1977, 3.ª ed., p. 554.
2
CHOMSKY, Noam, Cómo nos venden la moto, Barcelona: Icaria-Más Madera, 2001, 13.ª ed., pp. 11-20.
se a los adventistas españoles de 2005, ¿sus-
cribiría esta frase o pensaría que hemos su-
cumbido ante una religión facilona a base de es-
lóganes que, realmente, no significan nada? Si
permitimos que unas cuantas frases hechas sus-
tituyan el conocimiento propio, los principios éti-
cos y el espíritu crítico de cada individuo, estare-
mos contribuyendo a la formación de generaciones
enteras de sujetos susceptibles de manipulación
por cualquier organización que ostente algún po-
der sobre esos individuos.
Por último, no olvidemos que el nazismo se
esforzó mucho por conseguir la uniformidad de
la especie humana (comenzando por el pueblo
alemán): uniformidad de pensamiento, cultura,
raza, vestimenta, estilo de vida... Nuestra diver-
sidad es un regalo de Dios destinado al enri-
quecimiento mutuo, así que desterremos de una
vez el miedo y el rechazo a convivir con quien
no piensa o vive como cada uno de nosotros en-
tiende que es correcto. Profundicemos en nues-
tra tolerancia, en el respeto por el prójimo, en la
reivindicación de la libertad con que Dios ex-
presamente quiso que existiésemos. Recor-
demos, en definitiva, la maravillosa sentencia
paulina: «Y ¿a santo de qué mi libertad va a te-
ner por juez la conciencia de otro?» (1 Corintios
10:29, NBE).
Esforcémonos, pues, para no incurrir nunca
en comportamientos individuales ni colectivos
que puedan tener el más mínimo matiz que trai-
ga a nuestra memoria el nazismo.
4
Aula
7
Introducción
Albert Einstein es, sin du-
da, el físico más conoci-
do de la historia moder-
na. De hecho, podríamos
decir que, lamentable-
mente, es de los únicos
físicos que es conocido por la inmensa parte de
la población.
Lo que personalmente he encontrado más fas-
cinante de Albert Einstein es que en 1905, a los
26 años, publicó tres artículos que sentaron las
bases de la relatividad, la mecánica cuántica y
la física estadística, que podemos decir que son
los tres campos más estudiados de la física y,
a pesar que a la mayoría de los lectores os pue-
den parecer lo mismo, son tres campos bien di-
ferentes que han ido evolucionando paralela-
mente a lo largo de los últimos años.
Estos artículos fueron enviados a la prestigiosa
revista Annalen der Physik y son conocidos ge-
neralmente como los artículos del Annus Mirabilis
(latín, «año milagroso»), en referencia al increí-
ble año que vivió la física.
Es por ello que la Unión Internacional de Física
Pura y Aplicada junto con la UNESCO conmemo-
ran 2005 como el Año
Mundial de la Física,
1
celebrando el centena-
rio de la publicación de
estos trabajos.
En este texto voy a
hablar sobre qué se es-
cribió en estos artícu-
los. Primeramente, en la sección Datos biográ-
ficos, voy a introducir brevemente los hechos
históricos más trascendentales de la vida de Albert
Einstein, ya que a través de su biografía, vere-
mos en qué circunstancias estaba envuelto en el
momento de escribir los artículos de 1905.
En las siguientes secciones me centraré en
las tres teorías que Einstein publicó en los ar-
tículos de 1905, enfatizando la importancia que
han tenido cada una de ellas en el desarrollo de
la ciencia del siglo XX.
Por último, nos centraremos en sus creencias
religiosas y cómo éstas influyeron en sus teo-
rías científicas. Se ha hablado mucho sobre la
religión y Einstein y, aunque sólo mencionaré
brevemente los puntos generales, me gustaría
incitar al lector a profundizar más en ello, por-
que creo que vale la pena conocer su perspec-
tiva de Dios.
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Albert Einstein:
El centenario de un año mágico
Isaac Llopis Fusté. Licenciado en Ciencias Físicas
1
Para más información: http://www.fisica2005.org/view/default.asp.
Datos biográficos
Albert Einstein nació en una familia judía el 14 de
marzo de 1879 en Bahnhodstrasse (Alemania),
pero al cabo de un año se trasladó con su fami-
lia a Múnich. Cuando era joven no prometía ser
el gran científico que finalmente fue, ni mucho
menos. De hecho, cuentan que fue tan lento en
aprender a hablar que hubo quien creyó que po-
día ser retrasado.
El colegio no le motivaba; era excelente en
matemáticas y física pero no se interesaba por
las otras asignaturas. Le iba tan mal en latín y
griego en el instituto que un profesor le acon-
sejó dejar de estudiar con estas palabras: «Usted
nunca llegará a nada, Einstein»… obviamente
se trataba de un profesor con poca pedagogía y
sin grandes dotes de futurólogo.
Albert se trasladó con su familia a Italia. Allí
tuvo la oportunidad de conocer la gran tradición
cultural italiana, admirar las obras de Miguel
Ángel y recorrer Italia pensando y estudiando por
su cuenta. Tuvo toda la libertad que quería y go-
zó por un tiempo de su vida.
Pero regresó a Múnich y luego se trasladó a
Zúrich, pues su padre quería que ingresara en
la universidad. Sin embargo, no pudo ingresar
en ella por no haber completado sus estudios
secundarios, por lo que decidió incorporarse al
Instituto Politécnico de Zúrich, donde logró es-
tudiar física y matemáticas con H. Weber y H.
Minkowski, importantes científicos de la época.
En el año 1900 se casó con una joven mate-
mática croata, Mileva Maric.
Al graduarse llegó la hora de buscar trabajo.
Al no tener recomendaciones de sus maestros,
con los que no había tenido buena relación, no
pudo encontrar ningún trabajo permanente y es-
tuvo dos años como profesor particular o con tra-
bajos esporádicos.
Un amigo del Instituto Politécnico consiguió
para Einstein un puesto como experto técnico
de tercera clase en la Oficina de Patentes suiza
en Berna. Rápidamente logró dominar las fun-
ciones a desempeñar en la oficina de patentes,
con el objetivo de tener tiempo libre para dedi-
carlo para sus propios estudios sobre temas ta-
les como las propiedades físicas de la luz, por
ejemplo.
Por las noches trabajaba en sus ideas o invi-
taba a algunos amigos a su apartamento para ha-
blar de física, filosofía y literatura. Incluso empe-
zó a publicar los resultados de sus investigaciones
en uno de los principales diarios científicos.
En el año 1905, con 26 años, Einstein publicó
tres trabajos científicos que, como hemos co-
mentado, son la base de la física moderna: la
teoría de la relatividad especial, el efecto fotoe-
léctrico y el movimiento browniano.
En 1909 fue nombrado profesor del Instituto
Politécnico de Zúrich. Actividad docente que lue-
go desarrolló en Praga y Berlín. Al mismo tiem-
po, aprovechando su escaso tiempo libre, tra-
bajaba en la búsqueda de una generalización de
su teoría de la relatividad.
En 1911, formuló el principio de equivalencia
entre un movimiento acelerado y un campo gra-
vitacional.
Separado de su primera mujer, con la cual tu-
vo dos hijos varones, contrajo matrimonio con
su prima Elsa Einstein en 1915, que también era
separada y con dos hijas.
Un año después, en 1916, publicó su teoría
general de la relatividad, el punto culminante de
su trayectoria científica. En la relatividad gene-
ral se geometriza la gravitación y Einstein pro-
porciona las matemáticas que permiten calcular
punto a punto la «geometría» en la vecindad de
una masa. No vamos a entrar en el significado
físico de esta teoría, pero sí diremos que una de
sus principales consecuencias fue el surgimien-
to de la teoría del Big Bang. La relatividad ge-
neral proporcionó nuevas preguntas sobre el ori-
gen y evolución del Universo; es lo que se conoce
como Cosmología.
Albert Einstein fue galardonado con el premio
Nobel de Física en el año 1921, pero no por la
teoría general de la relatividad sino por sus in-
vestigaciones sobre el efecto fotoeléctrico y sus
grandes aportaciones en el terreno de la física
teórica.
Durante la Primera Guerra Mundial fue uno de
los muchos académicos alemanes que criticó la
participación de Alemania en la guerra. Luego,
su continuado apoyo a los objetivos pacifistas
y sionistas lo convirtieron en el blanco de ata-
ques por parte de los antisemitas y extremistas
de derecha alemanes. Aún sus teorías científi-
cas fueron ridiculizadas públicamente, en espe-
cial la teoría de la relatividad.
Obligado a exiliarse, vivió en Bélgica, Francia
y Reino Unido, para finalmente, en 1933, esta-
blecerse en Princeton (Nueva Jersey, Estados
Unidos). En 1940, obtuvo la nacionalidad esta-
dounidense y, hasta su muerte, trabajó por inte-
grar en una misma teoría las cuatro fuerzas de
la naturaleza: gravedad, electromagnetismo, y
las interacciones nucleares fuerte y débil. Nunca
lo consiguió y aún nadie lo ha logrado.
En 1939, Einstein colaboró con varios físicos
en la redacción de una carta al presidente Fran-
klin D. Roosevelt, indicándole la posibilidad de
6
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7
fabricar una bomba atómica y que el gobierno
alemán podría estar embarcado en tal proyecto.
La carta, que llevaba sólo la firma de Einstein,
ayudó a apurar los esfuerzos americanos para
construir la bomba, pero Einstein no tuvo parte
en el trabajo y desconocía todo sobre él en ese
momento.
Falleció en Princeton el 18 de abril de 1955.
Como otros genios, como Mozart o Gaudí, de-
jó su última y mejor obra (la teoría universal de
las fuerzas físicas) a medias.
El movimiento browniano
En 1827, el botánico R. Brown observó en el mi-
croscopio cómo un grano de polen, suspendi-
do en el agua, se movía sin cesar de forma caó-
tica. La causa de este movimiento, llamado
posteriormente «movimiento browniano», se des-
conocía ya que en aquella época el concepto de
átomo no estaba todavía arraigado y se desco-
nocía la estructura interna de la materia.
El movimiento browniano es el movimiento
caótico que cualquier partícula de tamaño pe-
queño experimenta en un fluido, ya sea un gas
o un líquido. Como se puede ver en la figura ad-
junta, una partícula se mueve sin destino.
Si observamos la bocanada de humo que lan-
za al aire un fumador, podemos ver que está
compuesto de un gran número de pequeñas par-
tículas que se están moviendo incesantemente
en todas las direcciones. Si un día vamos al ci-
ne y observamos en la oscuridad el haz de luz
que emite el proyector, nos daremos cuenta de
que hay muchas partículas, muy pequeñas, que
se están moviendo incesantemente. Veremos
que lo hacen en forma zigzagueante y en todas
direcciones, también se mueven hacia arriba a
pesar de estar expuestas a la gravedad. Estas
partículas tan enigmáticas son sencillamente las
partículas de polvo que hay en el aire que se
mueven brownianamente.
Antes de que Einstein explicara el movimien-
to browniano muchos científicos propusieron di-
ferentes teorías que, a diferencia de la de Einstein,
eran sólo argumentos cualitativos.
Einstein publicó en 1905 un artículo con su
teoría sobre el movimiento browniano, en el que
contrastó la teoría cinética con las leyes de la
termodinámica, dando un resultado positivo.
La teoría cinética postula que la materia está
compuesta de pequeñas partículas, lo que aho-
ra identificamos como átomos o moléculas, que
están en movimiento constante. Esta teoría pre-
tende explicar las leyes observables a nuestras
escalas a partir de las leyes (distintas) que go-
biernan las partículas microscópicas (cuyos ta-
maños característicos son 10
-9
m, es decir
0.000000001 metros).
Concretamente, si nos fijamos en el caso de
los granos de polen suspendidos en agua,
Einstein sugirió que las moléculas del agua te-
nían un movimiento desordenado y que, de vez
en cuando, unas moléculas golpeaban al gra-
no de polen por un lado y lo enviaban hacia una
dirección, pero después lo podían enviar hacia
otra y así sucesivamente.
Einstein obtuvo una ecuación para represen-
tar este movimiento en el cual, entre otras co-
sas, figuraba el tamaño de las moléculas del
agua. Con esta ecuación obtuvo predicciones
cuantitativas que podían compararse con resul-
tados experimentales. Por ejemplo, predijo la dis-
tancia que debe recorrer una partícula suspen-
dida en un fluido.
Viendo que la ecuación propuesta por Einstein
describía bien el movimiento browniano, se probó
la existencia de los átomos y moléculas. Por aquel
entonces, la mayoría de científicos no creían en la
existencia real de estas partículas y sólo los con-
sideraban ficciones teóricas útiles para compren-
der las reacciones químicas. Einstein demostró
que no, que estas partículas existen y que el mo-
vimiento browniano es una manifestación de ello.
Por lo tanto, el movimiento caótico del grano
de polen es debido a las colisiones que experi-
menta con las moléculas del fluido. La intensi-
dad del movimiento crece a medida que au-
mentamos la temperatura del sistema (las
moléculas de agua se moverán más rápido) o
disminuimos el tamaño de la partícula suspen-
dida en el fluido (los choques con las moléculas
de agua le afectarán más).
7 Aula
7
• Trayectoria de una partícula browniana.
La teoría del movimiento browniano permitió
a J. B. Perrin, en 1913, calcular el tamaño de
la molécula del agua. A partir de ese cálculo se
pudo conocer el tamaño de otros átomos. Los
átomos fueron reconocidos por la comunidad
científica como objetos reales, cuya existencia
no debía aceptarse sólo por fe.
La teoría de la relatividad especial
Durante más de dos siglos, la mecánica de Isaac
Newton explicó completamente la física. Hablar
de física era hablar de las 3 famosas leyes de
Newton; bueno, para un estudiante de bachille-
rato posiblemente también. De hecho, el Universo
entero parecía comportarse tal como lo prede-
cían las ecuaciones de la física newtoniana.
A principios del siglo XX empezaron a surgir
evidencias de que la física newtoniana, así co-
mo todos los conceptos relacionados con ella,
no describe adecuadamente los fenómenos que
suceden a la escala de los átomos o a veloci-
dades comparables a la de la luz.
A finales del siglo XIX surgió una teoría llama-
da teoría del éter que postulaba que, al igual que
las olas y el sonido necesitan un medio para
transportarse, la luz también necesitaría un me-
dio, llamado «éter».
Todos los experimentos se forzaban para ad-
mitir justificación a través de esta teoría. Ningún
físico dudaba de la existencia del éter, pero na-
die tenía la más remota idea de qué clase de
sustancia podía ser.
Michelson y Morley, mediante experimentos
de óptica, quisieron medir la velocidad relativa a
la que la Tierra se mueve con respecto al éter.
El experimento fue fallido, en vez de mostrar las
propiedades del éter, no se produjo ninguna ve-
locidad relativa. Este asombroso resultado no
podía ser explicado por la teoría de las ondas vi-
gente en la época. Se intentaron muchas expli-
caciones, como que la tierra arrastraba de algu-
na forma al propio éter o paranoias parecidas,
pero todas ellas resultaron ser incorrectas.
Las investigaciones iniciadas a raíz del ex-
perimento llevaron a una teoría alternativa con-
sistente, la contracción de Lorentz, que expli-
caba el resultado nulo obtenido a través de la
supresión del éter. El desarrollo de esta teoría
desembocó en la relatividad especial de
Einstein.
Einstein cambió las leyes de Newton y Galileo
por su teoría de la relatividad especial, que de-
mostraba que el espacio y el tiempo están muy
relacionados entre ellos. Esta teoría es la com-
binación de dos ideas fundamentales:
- Principio de relatividad: las leyes de la físi-
ca son idénticas para cualquier sistema in-
ercial de referencia; es decir, son las mis-
mas para un observador en reposo o que
uno que se mueve a velocidad uniforme.
- La velocidad de la luz es la misma para to-
dos, no importa dónde estés ni a qué ve-
locidad te estés moviendo. El valor de di-
cha velocidad es aproximadamente de
299.800 km/s ≈ 100 millones de km/h.
Se pueden extraer diversas consecuencias:
- El reposo o el movimiento uniforme de un sis-
tema son indetectables desde el propio sis-
tema de referencia.
- En todo sistema de referencia en movimien-
to el tiempo transcurre más lentamente que
en uno en reposo.
- En todo sistema de referencia en movimien-
to los cuerpos se contraen en la dirección del
movimiento.
- En todo cuerpo en movimiento la masa au-
menta respecto a su masa en reposo.
- No se puede superar la velocidad de la luz.
- Probablemente, la ecuación de la física más
conocida a nivel popular es la expresión ma-
temática de la equivalencia masa-energía
(E = mc
2
), deducida por Einstein como una
consecuencia lógica de esta teoría.
Esta teoría revolucionó nuestra concepción
del espacio y el tiempo. El tiempo hasta enton-
ces había sido considerado como una constan-
te, como dice la lógica, todo el mundo sentía el
paso del tiempo de igual manera, independien-
temente de su lugar y de la velocidad a la que
se movía. Ahora el tiempo dependía de cada in-
dividuo, lo único que es invariable es la veloci-
dad de la luz, es bastante curioso, ¿no?
De este punto de partida surgieron todo tipo
de consecuencias aparentemente peculiares.
Resultó que nada que tuviera masa podía viajar
más ligero que la velocidad de la luz en el vacío.
Resultó que con la velocidad, la longitud en la
dirección del movimiento disminuía, la masa au-
mentaba y el tiempo corría más despacio.
También resultó que la luz no tenía por qué
considerarse necesariamente como la vibración
de una sustancia misteriosa llamada éter, la luz
podía viajar atravesando el vacío en forma de
partículas diferenciadas, similares a los cuantos,
que recibieron el nombre de fotones.
A principios del siglo XX, tanto la teoría de la
relatividad como la mecánica cuántica parecían
destruir la física de Newton, pero es necesa-
8
Aula
7
rio decir que en ningún momento se probó que
lo predicho por Newton era falso, simplemente
es que la física newtoniana es válida sólo para
velocidades pequeñas comparadas con la de
la luz y también para tamaños grandes com-
parados con el tamaño atómico. Pero casi to-
dos los movimientos que experimentamos dia-
riamente siguen las leyes de Newton, es por
ello que es lo primero que se explica en las es-
cuelas.
El efecto fotoeléctrico
El efecto fotoeléctrico consiste en la aparición
de una corriente eléctrica en ciertos materiales
cuando éstos se ven iluminados por ciertos tipos
de luz. La electricidad no es más que un flujo de
electrones, es decir, un conjunto de electrones
moviéndose hacia un cierto lugar.
Estos electrones, en condiciones normales,
están ligados a un núcleo atómico; para fluir se
les debe suministrar una energía suficiente pa-
ra escapar de la atracción a la que son someti-
dos por parte del núcleo atómico. Darles liber-
tad requiere un previo pago energético, es como
la energía que se le debe dar a un cohete para
que logre escapar de la atracción terrestre.
En este efecto sucedía como si la radiación
expulsase a los electrones de los átomos, los
electrones aprovechaban la energía de la luz pa-
ra escapar de la atracción nuclear. Parecía co-
mo si luz y materia (electrones) se intercambia-
ran energía y esta energía fuera suficiente para
que estos electrones escaparan.
En 1902 se descubrió que la energía de los
electrones emitidos no dependía de la intensi-
dad de la luz. Una luz brillante de un tipo deter-
minado puede provocar la emisión de un nú-
mero mayor de electrones que una luz débil del
mismo tipo, pero no de electrones con más ener-
gía. Esto confundía a los físicos de la época.
Einstein aplicó al problema la teoría desarro-
llada cinco años antes por Max Planck, que pos-
tulaba que la energía se emitía en unidades dife-
renciadas, a las que llamó cuantos. Es importante
señalar que si la frecuencia de la luz es más alta
2
hay más energía en el cuanto.
La teoría del cuanto no resultaba muy con-
vincente en esa época, ya que Planck parecía
estar jugando con los números para que su ecua-
ción diera resultado.
Sin embargo, Einstein demostró que se ne-
cesitaba un cuanto con una cierta cantidad de
energía para expulsar un electrón de un metal
dado. Por lo tanto, la luz con una frecuencia por
encima de un valor dado expulsaría electrones,
y la luz con una frecuencia por debajo de ese va-
lor no lo haría. Una luz muy débil con una fre-
cuencia lo bastante alta expulsaría unos pocos
electrones; una luz muy fuerte con una frecuen-
cia insuficiente de electrones no expulsaría na-
da. Cuanto más alta fuera la frecuencia de la luz
y mayor el cuanto, más energía tendrían los elec-
trones expulsados (véase la ecuación de Planck:
E = hν, donde E es la energía del cuanto, h es
la constante de Planck y ν es la energía de di-
cho cuanto).
La teoría del cuanto revolucionó todos los as-
pectos de la física y de la química. Su acepta-
ción marca el límite entre la «física clásica» y
la «física moderna». Es el nacimiento de la físi-
ca cuántica.
Creencias religiosas
Se ha hablado mucho de las creencias religio-
sas de Einstein, incluso como parte esencial pa-
ra entender su dilatada carrera científica.
Einstein creía en un «Dios que se revela en la
armonía de todo lo que existe, no en un Dios que
se interesa en el destino y las acciones del hom-
bre». Deseaba conocer «cómo Dios había crea-
do el mundo». Es decir, creía en un Dios crea-
dor del Universo, de la Física y de cosas tan
maravillosas como la música y el arte (su es-
tancia en Italia fue clave en este sentido).
No creía en un Dios personal, él veía al Eterno
como un ente lejano incapaz de preocuparse por
las cuestiones cotidianas. Aún así, ésta no es ra-
zón para considerarlo ateo, como muchos han
hecho.
En algún momento resumió sus creencias re-
ligiosas de la manera siguiente: «Mi religión con-
siste en una humilde admiración del ilimitado es-
píritu superior que se revela en los más pequeños
detalles que podemos percibir con nuestra frágil
y débil mente».
En una ocasión, en una reunión se le preguntó
a Einstein si creía o no en un Dios, a lo que res-
pondió: «Creo en el Dios de Spinoza, que es
idéntico al orden matemático del Universo».
Lo que Einstein vio con estupor fue que, en
1920, de la idea de la relatividad del espacio y
del tiempo se había concluido, quién sabe por
qué misteriosos paralogismos, que no había nin-
gún valor absoluto: ¡no existían el bien ni el mal!,
9 Aula
7
2
Por ejemplo, la luz azul es de frecuencia más alta que la luz roja.
¡no había nada absoluto! Se había confundido
la relatividad del movimiento con el relativismo
filosófico y ético, y eso no era lo que Einstein pre-
tendía.
Una sentencia común llegó a ser ésta: Einstein
ha demostrado que la verdad no existe; el bien
y el mal son una invención de mentes engaña-
das por la apariencia de los fenómenos.
Einstein, señala Paul Johnson, no era un ju-
dío practicante, pero sí un hombre que recono-
cía la existencia de un Dios y la existencia de
normas absolutas del bien y el mal. Incluso en
el ámbito físico le repugnaba el principio de in-
determinación de la mecánica cuántica. «Usted
—le escribió a Born— cree en un Dios que jue-
ga a los dados, y yo creo en la ley y el orden
totales en un mundo que existe objetivamente y
que, de un modo absurdamente especulativo,
intento aprehender. Yo creo firmemente, pero abri-
go la esperanza de que alguien descubrirá un mo-
do más realista o más bien una base más con-
creta que la que me ha tocado en suerte hallar.»
Por lo tanto, se cometió una atrocidad, atri-
buirle a Einstein el negar el absoluto; la existen-
cia del bien y el mal como conceptos innega-
blemente absolutos era la base de su religión.
Conclusiones
Las tres teorías que hemos mencionado, y que
son las componentes del año milagroso, no tie-
nen nada que ver entre ellas, son campos de
la física distintos, pero todas las teorías fueron
grandes revoluciones científicas e incluso filo-
sóficas. Un joven desconocido en la comunidad
científica generó dudas e impuso conceptos nue-
vos a todos los grandes físicos del momento.
He querido explicar brevemente en qué con-
sistieron dichas teorías y qué cambios hubo en
la física debido a ellas. Posteriormente he in-
tentado aclarar el hecho de que Einstein no era
ateo, como muchos han querido hacer ver, si-
no que más bien dudaba de algunas teorías fí-
sicas por sus implicaciones filosóficas que ne-
gaban el absoluto, que él atribuía siempre a un
reflejo de Dios en el Universo.
Referencias
PAIS, Abraham, El Señor es sutil. La ciencia y la
vida de Albert Einstein, Barcelona: Ariel, 1984.
EINSTEIN, Albert, El significado de la relatividad,
Madrid: Espasa-Calpe, 2005.
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En nuestra sección de noticias, podrás encontrar tem
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actualidad. Consúltala y haznos llegar tu opinión
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El término neuroteología es utilizado por prime-
ra vez por Aldous Huxley (1894-1963). Pos-
teriormente, científicos del área de las ciencias
de la salud recuperarán dicha palabra para de-
nominar la disciplina que estudia la relación en-
tre la biología del cerebro y las experiencias re-
ligiosas, es decir, las partes y funciones del
cerebro que se activan en el uso de prácticas es-
pirituales (meditación, oración, visiones religio-
sas, etc.). El tema despierta un profundo interés
en el medio científico que se refleja en los 1.200
estudios realizados en la última década (90% de
ellos en Estados Unidos) sobre la relación entre
la espiritualidad y la salud.
En la década de 1950 se inician en algunas
universidades de Estados Unidos y Canadá los
primeros estudios en este campo, en su mayor
parte con financiamiento privado. Pero los tra-
bajos más divulgados han sido los efectuados
por Eugene G. D’Aquili, psiquiatra y antropólogo
de la religión, fallecido en 1998; Andrew New-
berg,
1
neurofisiólogo y especialista en medicina
nuclear de la Universidad de Pensilvania (Estados
Unidos), y Michael A. Persinguer, psicólogo y
neurofisiólogo de la Universidad Lauretian, en
Sudbury (Canadá).
Eugene d’Aquili y Andrew Newberg comien-
zan su investigación en torno a 1970, preten-
diendo demostrar que el cerebro está genéti-
camente estructurado de forma que incita a la
religiosidad. Dichos investigadores intentan res-
ponder a preguntas como: ¿de dónde procede
la necesidad humana de crear mitos?
«Muchos pensadores secularizados creen que
la religión es una invención psicológica que na-
ce de la necesidad de aliviar los miedos exis-
tenciales y encontrar, así, confort en esos ancla-
jes en medio de un mundo confuso y peligroso.
Newberg y D’Aquili defienden, por su parte, ava-
lándose en los datos científicos mencionados,
que el impulso religioso arraiga en la biología del
cerebro humano. El sentimiento de unidad con
el cosmos o de proximidad a Dios no es una me-
ra ilusión o un puro fenómeno de psicología sub-
jetiva, sino que resulta de una cadena de acon-
tecimientos neurológicos que pueden ser
observados, grabados y actualmente fotografia-
dos. Obviamente, ambos investigadores no di-
cen que ven a Dios en las imágenes de sus es-
tudios.»
2
El grupo de estudio estaba compuesto por
monjes tibetanos y religiosas franciscanas, que
accedieron voluntariamente a efectuar sus prác-
ticas habituales de oración y meditación bajo ob-
servación neurológica. Para ello fue utilizado un
escáner que mide el flujo sanguíneo relaciona-
do con la actividad cerebral, denominado SPECT
(Tomografía Computerizada por Emisión de
Fotón Único), y contraste radiactivo, introducido
de forma endovenosa en el momento de la prác-
tica religiosa. Se obtuvo así un mapa cerebral
3
que permitió comprobar un incremento de la ac-
tividad en la parte frontal del cerebro y un des-
censo en la parte posterior del lóbulo parietal
(Área de Asociación de la Orientación).
11 Aula
7
Neuroteología:
¿Ciencia o ciencia-ficción?
Mercè Gascón. Coordinadora de Aula7activa
1
Los estudios de Eugene G. D’Aquili y Andrew Newberg aparecen principalmente en las obras: The Mystical
Mind: Probing the Biology of Religious Experience, Augsburg Fortress Publishers, 1999; y Why God won’t
go away: Brain Science and the Biology of Belief, Ballantine, 2002.
2
COSTA BOU, Joan, «Algunas reflexiones sobre la neuroteología», en
http://www.sedase.net/ArticlesEstudi/sobre_neuroteologia.htm.
3
Localización de las sustancias: unas manchas rojas y amarillas muestran las zonas con alta concentra-
ción de radiactividad; otras verdes y azules, las que poseen menos radiación. Las primeras indican aque-
lla región del cerebro donde las neuronas trabajan con más intensidad.
Según los investigadores, al no recibir infor-
mación sensorial, el Área de Asociación de la
Orientación se vuelve incapaz de determinar los
límites del individuo. Y eso sería lo que provoca
que el meditador perciba sensaciones relacio-
nadas con el «infinito» o de «unidad con el
Universo».
Los estudios neuronales mostraron también un
incremento de actividad en el lóbulo frontal iz-
quierdo y una reducción del funcionamiento de
la región cerebral derecha. Los neurocientíficos
han observado que las personas que emplean
más la zona izquierda tardan menos tiempo en
eliminar las emociones negativas. Este desequi-
librio entre los hemisferios
conlleva también una reduc-
ción del miedo y la cólera.
¿Se puede afirmar me-
diante este estudio que los
circuitos neuronales involu-
crados cuando tenemos una
experiencia religiosa son úni-
cos? ¿Qué Dios nos creó con
un dispositivo cerebral espe-
cífico para que pudiéramos
relacionarnos con Él?
El mismo Newberg en una
entrevista publicada en la re-
vista Descubrir
4
afirma:
«Hacen falta más estudios
para clarificar estas simili-
tudes y diferencias. Lo que
sí pensamos es que las es-
tructuras que están en la ba-
se de estas experiencias son
similares a las que usamos
12
Aula
7
IMÁGENES CEREBRALES ANTES Y DURANTE
LA MEDITACIÓN
Antes de la meditación Después de la meditación
Lóbulos frontales Lóbulos frontales
4
Año 8, n.° 86, Buenos Aires, Argentina, septiembre de 1998.
ÁREAS CEREBRALES INVOLUCRADAS EN EXPERIENCIAS
RELIGIOSAS Y ESPIRITUALES
3
Lóbulo
occipital
2
1
Vista lateral
derecha
1 Incremento de la actividad cerebral en el lóbulo
frontal izquierdo.
2 Unidad cósmica: cuando el lóbulo parietal reduce
su actividad, la persona se siente una con el Uni-
verso.
3 Respuesta a palabras religiosas: en la unión de los
tres lóbulos, esta región gobierna la respuesta al
lenguaje.
4 Respuesta a imágenes sagradas: la parte baja del
lóbulo temporal está involucrado en el proceso por
el cual las imágenes, como velas y cruces, facilitan
la oración y la meditación.
5 Respuesta a emociones religiosas: la parte media
del lóbulo temporal está vinculado a los aspectos
emocionales de la experiencia religiosa.
Cerebelo
Lóbulo
parietal
Lóbulo
frontal
Lóbulo
temporal
4
5
en la vida cotidiana pero son activadas en for-
mas diferentes, y esto resulta en experiencias
particularmente profundas.»
Las investigaciones de Newberg y D’Aquili han
sido objeto de muchas críticas, ya que otros in-
vestigadores afirman que el descubrimiento del
círculo cerebral de la espiritualidad no debe utili-
zarse como un argumento a favor de la existen-
cia de Dios, si no que la experiencia espiritual o
religiosa del ser humano es sólo un producto más
de la actividad cerebral, y que incluso se pue-
de llegar a activar ese circuito y crear el senti-
miento religioso por medio de la utilización de
drogas alucinógenas, electroestimulación, etc.,
o como consecuencia de algunas patologías ce-
rebrales (epilepsia, esquizofrenia, etc.).
En esta línea de pensamiento, las investiga-
ciones de Persinger pretenden demostrar que es
posible provocar experiencias religiosas mediante
una técnica de estimulación magnética transcra-
neal, ya que de forma accidental, mientras rea-
lizaba un experimento para intentar aumentar la
inteligencia creativa sometiendo a diversos indi-
viduos a estimulación magnética craneal, los vo-
luntarios refirieron haber tenido una experiencia
mística, notar una presencia invisible y sentirse
conectados con todo el mundo.
Para poner a prueba su teoría, Persinger adap-
tó un casco de motociclista, al que le incorporó
tres solenoides (poderosos imanes o bobinas
que generan campos electromagnéticos cuan-
do conducen electricidad) a la altura de ambos
lóbulos del cerebro.
Persinger mantiene que es probable que las
experiencias religiosas puedan ser producidas
por ansiedad, crisis personales, falta de oxígeno,
baja glucosa en sangre, simple fatiga..., situa-
ciones que desencadenan una pequeña tormenta
eléctrica en el lóbulo temporal izquierdo. Cuando
la estimulación se produce únicamente en la re-
gión izquierda y la derecha no es estimulada, el
individuo percibe la sensación de presencia de
Dios, alucinaciones visuales, auditivas y táctiles.
Pero debemos considerar que el fin de los ex-
perimentos de Persinguer, según sus propias pa-
labras, «no es determinar si Dios existe o no»
sino hallar aplicaciones terapéuticas a sus des-
cubrimientos.
El debate y la discusión continúa, no sólo en-
tre investigadores del ámbito de las ciencias de
la salud sino entre teólogos, filósofos, etc.; unos
afirman que existe «una base neuronal para la
experiencia religiosa», otros lo niegan. Newberg
incluso ha desarrollado un modelo que explica
qué sucede en el cerebro cuando perdonas a al-
guien, expresas sentimientos de amor y de gra-
titud. Algunos creen que se ha producido una in-
vasión de las neurociencias en ámbitos que ocu-
paban la filosofía, la teología o la sociología, entre
otras, intentando dar respuestas con una orien-
tación biologista a preguntas tales como la exis-
tencia de Dios, a las que nunca se podrá res-
ponder con una «radiografía».
No es sorprendente que la experiencia reli-
giosa se refleje en la actividad cerebral. Si todo
lo que experimentamos pasa por el cerebro, no
ha de extrañarnos que también halle reflejo la
experiencia religiosa. Lo que los científicos no
han demostrado todavía es si los cambios neu-
rológicos que se producen en la vivencia espi-
ritual significan que es el cerebro el que está pro-
duciendo esas experiencias o si tan sólo está
percibiendo una realidad espiritual; si nuestros
circuitos cerebrales crearon a Dios o si Dios creó
nuestros circuitos cerebrales, para poder llegar
a conocerlo y relacionarnos con Él.
Las investigaciones continúan. Las dos ex-
puestas en este artículo son sólo un pequeño
ejemplo de cómo investigaciones sobre un mis-
mo tema pueden llegar a conclusiones contra-
puestas. Pero lo importante es que sepamos ser
cristianos reflexivos y críticos ante los descubri-
mientos científicos, «conociéndolo y cuestio-
nándolo todo y rescatando lo positivo» como nos
aconseja Pablo.
Las cuestiones para la reflexión son innume-
rables, pero para concluir este breve artículo se
proponen algunas de ellas intentado incitar el in-
terés y la profundización en el tema del lector:
– ¿Por qué consideran la experiencia religiosa
como un hecho único? ¿No varía la actividad
cerebral según el concepto y relación que ten-
gamos con Dios? ¿Por qué se generaliza si
simplemente se ha experimentado con mon-
jes budistas y monjas franciscanas? ¿Es lo
mismo hablar de vivencia religiosa en el bu-
dismo, catolicismo, protestantismo, etc.?
– ¿Puede la experiencia religiosa describirse
simplemente en términos biológicos?
– Si una misma experiencia puede interpre-
tarse de forma diferente por varias perso-
nas, ¿qué valor se le da a la interpretación
personal de la experiencia religiosa en la in-
vestigación?
– Si ciertas enfermedades, sustancias aluci-
nógenas o alteraciones temporales produ-
cen los mismos efectos que la experiencia
religiosa, ¿puede llegar a considerarse se-
gún estos estudios el sentimiento y expe-
riencia religiosa una enfermedad?
13 Aula
7
Referencias de interés
ALZOGARAY, Raúl A., «El “costado biológico” de la religión», en suplemento “Futuro” del diario
Página/12, Buenos Aires, Argentina, 20 de febrero de 2002.
CAROZZI, María Julia, «En busca del módulo de Dios». Entrevista al doctor Andrew Newberg.
Revista Descubrir, año 8, n.° 86, Buenos Aires, Argentina, septiembre de 1998.
«Comunión con Dios. ¿Un artefacto del cerebro humano?», en http://berclo.net/pages-
div/communion-es.html.
COSTA BOU, Joan, «Algunas reflexiones sobre la neuroteología», en
http://www.sedase.net/ArticlesEstudi/sobre_neuroteologia.htm.
«La religión y el cerebro. Brain news», artículo publicado en la revista Newsweek, el 14 de mayo
de 2001. Véase http://www.abielg.com/pnl/nt_01.html.
MARTÍNEZ, E., «Una nueva investigación descubre la base neurológica de la espiritualidad».
Tendencias 21, en http://www.tendencias21.net.
«Neuroscience, Religious Experience and the Self», Congreso de Montréal, 2001. Véase
http://www.srcpcanada.org.
«Neuroteología, neumoteología y rayos gamma», en
http://www.geocities.com/aulogc/Publicaciones/ultimasnoticias/Neuroteologia_Neumoteologia_y
_rayos_gamma.htm.
NEWBERG, ANDREW B., «A Neuropsychological Analysis of Religion: Discovering Why God
Won’t Go Away», ponencia presentada en el Germantown Jewish Centre in Mt. Airy, Filadelfia
(Estados Unidos), 10 de febrero de 1998.
PALMER, L. D., «Éste es tu cerebro en oración», en
http://www.yatraexpedition.org/escritos/cienciayesp.doc.
PERSINGER, Michael, Presentación del «Neuroscience Behavorial Program». Véase
http://www.laurentian.ca/neurosci.
«¿Qué es neuroteología?», en http://www.geocities.com/eNoticias_EIC/E27.htm.
RUBIA, Francisco J., La conexión divina. Barcelona: Crítica/Drakontos, 2003.
The Center for Theology and the Natural Sciences, http://www.ctns.org.
14
Aula
7
15 Aula
7
El estilo formal de la cita ini-
cial posee diferentes niveles
de lectura, en su apuesta por
una consideración de la filo-
sofía como paradójica.
Así, dada la imagen de la
filosofía académica en su acu-
ñamiento de historia de la fi-
losofía, legada por la tradición
continental, o dada la filoso-
fía como actividad analítica,
ocupada en corregir lengua-
jes impropios de suyo, caso
del lenguaje científico y de-
más, es poco probable pen-
sar la propia filosofía desde
otra imagen que no sea la de
templo del saber. Deleuze se
aventura a pensar la filosofía
en otra clave. No es la con-
templación del ser lo que im-
porta, ni la teoría de la triada
de universales con sabor a la
escolástica del medievo, ni tan
siquiera su cara pedagógica contemporánea pa-
ra ilustrar debates de carácter ético-políticos en
el ágora, llamado televisor. La filosofía no comu-
nica sino que permite la creación de encuentros
físicos a través de un modo de vida particular. Se
trata de relaciones, no de comprender conteni-
dos transcendentes. Lo interesante es el gra-
do de intensidad con el que nos adentramos
en el caos para coger una parcela del mismo,
y hacerlo respirable, vivible, palpable.
Otro nivel de lectura, el ca-
rácter paradójico de la filo-
sofía permite volverse contra
la representación de sí mis-
ma. Incluso se puede pensar
en los siguientes términos:
con Deleuze se abre la ima-
gen de la filosofía como di-
ferencia de diferencias. Es
decir, ahora para ser deleu-
zianos imitemos sus con-
ceptos con profesionalidad,
con precisión, con rigurosi-
dad. De esta manera, toda-
vía falsearíamos por cierta
conciencia escrupulosa pa-
ra con el autor, la pretensión
del mismo de ser un explo-
rador, no un archivo. Él pre-
tende ayudar a abrir pers-
pectivas. No se trata de cerrar
el movimiento del pensa-
miento para hacer pensable
lo impensable, de manera
excepcional, y como excepción. No todo libro ca-
talogado de filosófico posee ese momento de
ruptura, de paradoja, de sorpresa ante la estu-
pidez, y de alejamiento de considerar la verbo-
rrea proposicional como producto destinado al
consumo de masas. El filosofar no tiene que
ver con el enciclopedismo de la figura del in-
telectual, sino con la creación de conceptos
como fuente de respuesta a los problemas
relevantes del plano de inmanencia.
Filosofar versus opinar
José Manuel López Yuste. Licenciado en Filosofía
«Si la filosofía es paradójica por naturaleza, no es porque toma partido por las
opiniones menos verosímiles ni porque sostiene las opiniones contradictorias, sino
porque utiliza las frases de una lengua estándar para expresar algo que no pertenece al
orden de la opinión, ni siquiera de la proposición [...].
»El constructivismo descalifica cualquier discusión que retrase las construcciones
necesarias, del mismo modo que denuncia todos los universales, la contemplación, la
reflexión, la comunicación en tanto que fuente de los así llamados falsos problemas que
emanan de las ilusiones que rodean al plano.»
(DELEUZE, Gilles y GUATTARI, Félix: ¿Qué es la filosofía? Barcelona: Anagrama, 1993,
pp. 82-83).
• Deleuze y Guattari.
Una tercera posibilidad de leer la cita es la más
pegada al texto, a la letra: la literal. La filosofía
crea su propio código cifrado al margen del len-
guaje común, y cotidiano del ciudadano de a pie,
pero justamente con ese mismo instrumento, con
su significante. Es decir, no emplea fórmulas ma-
temáticas artificiales pero, sin embargo, se ha-
ce necesaria la construcción lingüística para no
privar al pensamiento de sus posibilidades. Con
dicho constructivismo se recorta un pedazo de
caos, propio del plano prefilosófico sumergido
en el mundo del lenguaje estándar. Se trata de
la metáfora deleuziana del desierto y los nóma-
das. Es consabido el rechazo que el sentido co-
mún de cualquier lector no filosófico manifiesta
ante la jerga filosófica. Hay un mismo significante,
lenguaje natural, pero con un peculiar significa-
do, semántica filosófica. Así, la filosofía comien-
za su actividad creadora al margen del mundo
de la opinión, y sin ánimo de soportar a la ma-
nera de un castigo policial las impertinencias de
la lógica purista. Ahora bien, cuando digo literal,
debe entenderse en un marco de sentido. Éste
es el comentario de un párrafo de Deleuze co-
mo excusa para problematizar la necesidad de
la filosofía. Estamos mirando la cita desde aquí,
desde este juego lingüístico, pero atendiendo a
su sentido.
De lo dicho, surge la pregunta por la descali-
ficación de la opinión. ¿Qué hay de nocivo en
ésta?
Un primer análisis nos lleva a recordar que
la historia de la filosofía, ya desde el mito de la
Caverna en Platón, siempre ha menospreciado
el mundo de lo opinable, sensible, visiblemente
tenebroso, como poco más o menos una liga-
dura de la cual hay que desligarse para comen-
zar a filosofar, es decir, a crear conceptos, ca-
so del concepto de Idea, como modelo de
pensamiento para la contemplación de los
Universales, valores absolutos, en base a los
cuales la opinión debe corregirse. Vuelta a la rea-
lidad un tanto quijotesca en sus pretensiones de
verdad.
A diferencia de Platón, Deleuze no pretende
en un momento posterior rescatar y transformar
el mundo de la opinión. El personaje conceptual
Sócrates ha desvelado a la manera del Sancho
de Cervantes que hay realidades duras de roer.
Más bien, Deleuze propone la huida hacia ade-
lante, la fuga del mundo de la opinión como vi-
da filosófica. Al igual que Platón, observa la so-
ciedad del espectáculo como un impedimento
para pensar, pero no emplea la categoría de iden-
tidad sino de diferencia. Además, actualmente
en la sociedad capitalista como plano inmanen-
te, los medios de comunicación saturan toda po-
sibilidad de expresión. Hay un control de los cli-
chés mentales; hay una relajación de nuestra
intensidad afectiva. Nuestra cotidiana expe-
riencia está impregnada del todo vale en el
mundo de los audiovisuales si se dispara la
franja de audiencias. Todo es moneda de cam-
bio. Ante ello quedamos sumidos en el más pro-
fundo de los hipnotismos, o en el más caótico de
los mundos posibles. Frente a dicho dilema sur-
ge la actitud vital de poner a funcionar el pen-
samiento para disipar la potencia de la imagen.
Se pretende una inmersión en los valores de la
luz. En la obra deleuziana hay una cierta ten-
dencia a la contraortodoxia, el sentido común se
sustituye por tensiones; la conjuración del error
en fascinación por la estupidez; lo claro y distin-
to en distinto oscuro, según Foucault. Es más,
el pensamiento es gesto, salto, danza, separa-
ción extrema, tensa oscuridad. Con ello nace
la filosofía del tacto; de la intensidad; de lo de-
sigual. Así, dejar de lado el ámbito de lo unifor-
mado, de los medios de control, es decir, el ám-
bito de la representación, en el que habitamos
con nuestra manera moderna de ser normales.
Cada día hay un abanico de opiniones opues-
tas en cualquier programa de televisión y en las
diferentes cadenas de radio. Muchas preguntas
son irrelevantes. No se pretende más que fijar
la atención en falsos problemas, o sea de poca
monta, ya que la regla de juego afirma que cual-
quier punto de vista, aunque sean contradicto-
rios, merece todo el respeto a ser expresado y
oído. Con ello hay una clara desvinculación de
toda posible acción no controlada. Además, si
desde el mundo de la opinión se extralimitan en
su conducta algunas personas, se pasa al mun-
do del derecho y la legalidad. El Estado demo-
crático en su función autoritaria dictamina los
espacios en los que la opinión no puede entrar.
El lenguaje jurídico sobrevuela y limita el mun-
do de lo opinable, preservando los intereses del
propio sistema. Debido al desengaño político
actual, no hay voluntad de utopía sino de vivir
en los espacios vacíos, en los entre del discur-
so, en los lugares donde la estupidez ha deja-
do paso al pensamiento fascinador. Ahora hay
carencia de grandes finalidades, pero a nadie
le importa lo más mínimo, como apuntaba ya
Nietzsche. Se vive en el mundo de la indiferen-
cia posmoderna por exceso de información vi-
sual, y por la crisis de la razón ilustrada, heri-
da de muerte desde los genocidios que han
asolado Europa en el siglo XX; desde los terro-
rismos globalizados de aquí y de allá; desde la
ineficacia de la ONU. La política no es más que
16
Aula
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17 Aula
7
un espectáculo sin ideologías, pero con la aten-
ción puesta en el control de los mass media. Se
hace política desde el poder y para perpetuar-
se en el poder. Se ha ensimismado contem-
plándose en el mismo lago en el que Narciso se
ahogó.
Frente a todo ello, Deleuze plantea el que-
hacer filosófico como un juego en el que nos sen-
timos intensamente vivos, encontrándonos con
la tarea de recortar a través de conceptos la cons-
trucción de soluciones a los problemas plantea-
dos filosóficamente. Éstos no vienen suminis-
trados vía opinión, con su carácter ilusorio, sino
vía existencialmente filosófica. Tampoco la ló-
gica con su ámbito de la proposición puede su-
plantar ni confundirse con la filosofía, aunque
tenga tales pretensiones, ya que funciona des-
vinculando las proposiciones de los elementos
psicológicos, sometiéndolas al paradigma cien-
tífico de la verificación. Además, dedicarse al
análisis formal de las proposiciones, a la conca-
tenación de las mismas, es poco interesante al
compararlo con la posibilidad de alcanzar el pen-
samiento una fuerza inmanente creativa. Así, la
filosofía en la creación de sus conceptos se
muestra como constructivismo. No es una ac-
tividad única, puesto que también el arte y la tec-
nociencia participan de dicha fuerza creadora,
efectuando una interacción basada en guiños de
complicidad.
Desde aquí la filosofía deleuziana se explora
como un modo de ponerse en órbita ante lo que
emerge, de lo que se está formando como pen-
samiento en base al pathos de la exterioridad.
El medio productivo para la filosofía es un de-
venir otro, comunidad de diferencias, ejem-
plificada en la etiqueta «Deleuze-Guattari».
Quizás nuestro encuentro con la filosofía sólo
pueda ocurrir en fuga hacia otro tiempo, hacia
otro territorio, no llamado opinión, ni comunica-
ción, ni falsos problemas, ni contemplación me-
tafísica, ni nada parecido. Quizás la construc-
ción de la filosofía pase necesariamente por amar
a Dios con todas las posibilidades de nuestro
pensamiento. Quizás la filosofia sea ese proyecto
ilimitado de humanizar el caos en el que habita-
mos con el prójimo. Quizás la filosofía tenga la
misión crítica que Horkheimer le atribuyó en su
Crítica de la razón instrumental:
«Los mártires anónimos de los campos de con-
centración son los símbolos de una humanidad
que aspira a nacer. Es tarea de la filosofía tra-
ducir lo que ellos han hecho a un lenguaje que
se escuche, aun cuando sus voces perecede-
ras hayan sido acalladas por la tiranía.»
Quizá la fuerza de la filosofía no resida en
su propio razonar sino en vivenciar con-
ceptualmente un mañana que recompense
la lógica incomprendida del Amor. Quizá de-
ba ocuparse en desarrollar la semilla de la es-
peranza: el mal, la muerte, será aniquilada, tie-
ne fecha de caducidad. Quizá la ética del rostro
—como apunta Lévinas— sea lo que debe mo-
tivar la acción correcta. El encuentro con el Otro
es posible; aunque su cara nos esté velada, no
lo está su vida diferente, expresada en el amor
incluso a los enemigos, aunque sea desde una
cruz en un monte cercano a Jerusalén, hace
ya dos milenios. Quizás así el caos, la violen-
cia, quede lista para sentencia. Quizá la filo-
sofía no pase por la muerte de Dios tal y como
apuntó Nietzsche, sino por las antinomias kan-
tianas de la razón, ejemplificadas en la resu-
rrección de Jesús de Nazaret, como propone
Adorno en Dialéctica negativa. Quizá así el fi-
lósofo disfrute al implicar a otros en esta pers-
pectiva diferente, y al final le espere la prome-
sa de la eudaimonia, la dicha, la felicidad perdida
y encontrada de ser Persona de nuevo ante la
mirada del Creador.
18
Aula
7
Premios Arte y Cultura 2004
En la convención anual de AEGUAE de 2004 se otorgaron los siguientes premios
Arte y Cultura en las distintas categorías convocadas, todas ellas bajo el lema
común de «La mano del hombre en la Tierra».
Lema
«Pienso, luego... AEGUAE»,
Sarai De la Fuente i Gelabert.
Cortometraje
«HomigaS»,
Esther Amigó Marset.
Fotografía
Isaac Nogueras.
Pintura
Manuel Soutullo.
Pintura express
Begoña Ramos Jiménez.
Literatura express
Núria Berna Gómez, por el
siguiente poema
Dos sonrisas
caminaban juntas,
la tuya y la mía.
La calle se llamaba
«Siempre Alegría»,
sonaban bandas sonoras
por las esquinas.
Una tormenta estalló
de repente,
dos sonrisas buscaron refugio
en cabañas frías,
se cerraron
y se volvieron vacías.
Dos almas caminaban juntas,
la tuya y la mía
pero ahora la pena
oscurece mis días.
El humano hambriento escarba.
Rodilla hincada, manos de garra,
con dientes y uñas volcado
araña su escaso jirón de tierra,
ni siquiera suyo, prestado.
Vanidad le dejó sin nada.
Fortuna le dejó por otro.
A Verdad ya no la cree.
Y de Fe perdió el contacto.
Más posesión no tiene
que la que abarcan sus dedos.
Sumido en la miseria de su ansia
desespera por cavar y hallar bocado,
haciéndose la boca agua
sin lograr con qué saciarla.
Así el humano hambriento escarba.
¡Y al fin el tacto da tierra mojada!
Hunde su mano.
Aferra cuanta puede.
La extrae repleta
y…
ante su asombro…
está teñida de negro espeso,
óleo codiciado quizá en otro tiempo,
que ahora sólo olerlo le repugna
porque nadie lo refinó en comestible.
Maldición vuelve a perseguirle.
Fracaso se empeña en acosarlo.
De Ambición se siente traicionado.
Y Poder le trata con desprecio.
Sigue el humano
hambriento…Escarba.
La vida entera le va en ello.
¡Y vuelve a encontrar tierra mojada!
Hunde su mano.
Aferra cuanta puede.
La extrae repleta
y…
ante su asombro…
está teñida de rojo intenso,
color de sangre aún caliente
que alguien perdió en vano intento
u obligaron a derramar por fuerza.
Angustia, acorralado, lo alcanza.
Bondad se perdió en el olvido.
A Justicia le impiden acercarse.
Y Libertad marchó para siempre.
¿Qué hará el humano hambriento?
Escarba.
¿Puede esperar ya más nada?
Escarba.
¡Y descubre excitado una semilla!
¡Se considera salvado!
La mira.
La come.
La engulle.
Mas…con prisa se atraganta.
¡Mastica la tierra con rabia!
¡Escupe en su propio agujero!
Agotado,
de nuevo,
hunde su mano.
Cálido,
de pronto,
algo la aferra,
vivo,
desde dentro.
Otra mano surgida del suelo
lo tiene bien agarrado.
– ¡Suéltame!
¡Estás clavada y mal herida! –
mientras suave lo atrae al interior del
[pozo.
– Si me sueltas estás perdido.
Sólo volviendo a ser tierra
recuperarás del polvo el destino
que ya se te fue de las manos.
Amor consiguió saciarlo.
Futuro olvidó su pasado.
La Eternidad le ofreció cobijo.
Y Paz, por fin, le dio descanso.
Gacel Sayah (pseudónimo)
Escarba
PREMIOS OTRAS COLABORACIONES
19 Aula
7
AL-WINDAMI, Thura
El diario de Thura. El testi-
monio de una joven durante
la guerra de Irak
Barcelona: Ediciones B, 2004.
El diario real de una joven ira-
quí de diecinueve años, tras el
estallido de la guerra de Irak por
los Estados Unidos de George
W. Bush. Una crónica de como
el derrocamiento de un dictador no ha llevado la
paz, la democracia y la prosperidad. En definitiva
de cómo la guerra no trae la paz. Un alegato con-
tra la guerra, de cualquier signo.
(Francisco Giménez)
ANÓNIMA
Una mujer de Berlín
Barcelona: Anagrama, 2005.
La Alemania de los primeros
días de posguerra fue el es-
cenario de un drama menos
conocido, pero doblemente
sangrante. La población fe-
menina de muchos lugares,
en especial del Berlín ocupa-
do por las tropas soviéticas, sufrió acoso, viola-
ciones y el doble desprecio de los ocupantes y
de los compatriotas alemanes, dispuestos a so-
brevivir a toda costa, aún de la violación de sus
propias mujeres. Este libro de autora anónima,
recoge los recuerdos de esa época, que vie-
ron la luz fuera de Alemania antes que dentro
del país, gracias al crítico y periodista Kart W.
Marek, a quien la autora entregó su obra. Como
indica la contracubierta del libro: «En este docu-
mento único no se ilustra lo singular sino lo que
les tocó vivir a millones de mujeres: primero la
supervivencia entre los escombros, sin agua, sin
gas, sin electricidad, acuciadas por el hambre, el
miedo y el asco, y, posteriormente, tras la bata-
lla de Berlín, por la venganza de los vencedores.
[…] También queda patente su superioridad in-
terior, al ser capaz de establecer diferencias in-
cluso entre los soldados rusos que violaban y sa-
queaban.»
(Francisco Giménez)
BARTH, Karl
Esbozo de dogmática
Santander: Sal Terrae, 2000.
El teólogo Karl Barth es el más
importante de la corriente de-
nominada teología dialéctica.
Se sitúa en referencia al con-
texto filosófico de la Escuela de
Frankfurt. Su labor docente fue
interrumpida en la Universidad
de Bonn en 1934, y la retomó en el verano de 1946
—acabada la Segunda Guerra Mundial— en la mis-
ma universidad.
La obra mencionada supone abordar el credo apos-
tólico para abrir la esperanza de un nuevo enfoque.
Barth destaca la incapacidad, y la limitación huma-
na, para comprender a Dios a la manera de la doc-
trina católica de raigambre metafísica. Para él lo
significativo es la humillación de Dios al hacerse hu-
mano en Cristo. Aquí encuentra un ancla en la que
sujetarse para reconstruir su fe, impresionada por
la tristeza reflejada en la cara de sus alumnos. Esta
obra está basada en las clases que impartió en el
que él consideró el semestre más hermoso de su
carrera docente. Además es significativa la parado-
ja que presenta el título. Dogma es algo no cues-
tionado y cerrado. Esbozo es algo que se nos em-
pieza a presentar como inacabado, inconcluso. Esto
nos deja dependientes del conocimiento que hemos
de adquirir en base a unos principios de fe. Algunos
teólogos han considerado esta obra como la Summa
Theologica del siglo que hemos dejado atrás.
(José Manuel López)
EHRMAN, Bart D.
Jesús, el profeta judío apo-
calíptico
Barcelona: Paidós, 2001.
Este libro nos adentra en el
análisis crítico del Jesús históri-
co, haciendo un recorrido com-
parativo tanto por los evange-
lios como por fuentes ajenas a
los mismos. Destaca el men-
saje prioritario de la venida del reino cargado de
radicalismo apocalíptico, concienciando a sus con-
temporáneos del juicio venidero, y el estableci-
miento de la justicia y la paz, abriendo dicha gra-
cia a favor del marginado según el estatus quo
Reseñas bibliográficas
20
Aula
7
religioso de la época. Desarrolla a lo largo de la
historia todos los movimientos que han heredado
dicho mensaje, y cuál es el estado actual de la
cuestión.
(José Manuel López)
ENZENSBERGER, Hans
Magnus
La gran migración
Barcelona: Anagrama, 2002.
Desde un compromiso inteli-
gente con los valores humanos
trata el gran tema de actualidad
de la vieja Europa con un esti-
lo ensayístico ameno, enrique-
cido por la aportación de datos
históricos, que vienen para ayudar en la compren-
sión de esta constante necesidad humana. Eleva
el ejemplo cotidiano a la categoría de reflexión crea-
tiva dilucidando la manipulación peligrosa que se
hace desde los grupos de poder del sistema esta-
blecido por los países de acogida. Critica el cinis-
mo de la publicidad occidental como invitación al
paraíso terrenal en los países pobres, y cuánto hay
de paradoja esclavista en los países ricos al de-
clarar, por imperativo económico, superfluo a cual-
quier ser humano.
(José Manuel López)
ETTINGER, Elzbieta
Hannah Arendt y Martín
Heidegger
Barcelona: Tusquets, 1996.
La autora es profesora de hu-
manidades en el Massachu-
setts Institute of Technology,
Cambridge (Estados Unidos).
Ella ha podido acceder a la co-
respondencia privada del filó-
sofo Heidegger, que no será publicada hasta bien
entrado el siglo XXI. Este hecho es relevante pues-
to que permite aclarar la relación entre Arendt y
Heidegger. Ella de origen judío, y él perteneciente
al partido nazi. Ambos distanciados por sus dife-
rencias ideológicas, pero fieles en su concepto de
la amistad. Cabe apuntar que desde 1924 a 1928
fueron amantes. Para Hannah su amor por Martín
era la razón de vivir en esa época. Tras un perío-
do de dos décadas de separación, acabada la
guerra, Hannah vuelve de Estados Unidos a
Alemania, provocando todo un fenómeno social
e intelectual por su obra Los orígenes del totali-
tarismo. Heidegger, en ese momento histórico
(1950), necesita que ella le ayude a recuperar su
prestigio y su reputación. Para dicho fin, necesi-
ta el beneplácito de Jaspers, amigo y maestro de
ambos. Éste pedirá a Arendt que renuncie a su
amistad con Martin porque no se ha retractado de
manera pública del fascismo. Ella no aceptará di-
cha exigencia, y mantendrá hasta el final de su vi-
da la amistad con dos gigantes de la filosofía del
siglo XX, que se odiaban y seguro admiraban re-
cíprocamente.
(José Manuel López)
FERNÁNDEZ, F. y TURÓN, V.
Trastornos de la alimenta-
ción: guía básica de trata-
miento en anorexia y bulimia
Barcelona: Masson, 2001.
Se recomienda este libro por
estar ubicados ante un pro-
blema que últimamente afecta
al 5% de mujeres de clase me-
dia-alta tanto adolescentes co-
mo adultas, según el equipo de Psiquiatría de la
Unidad de Trastornos de la Alimentación, Ciudad
Sanitaria y Universitaria de Bellvitge, L’Hospitalet
de Llobregat (Barcelona). Pensamos que una in-
formación seria y preventiva puede ser útil para
prepararnos ante el reto mediático de obtener una
sana autoestima más allá de un bajo peso o una
delgadez «ideal». Es importante detenerse en las
numerosas tablas aclaratorias a modo de síntesis
para captar la dimensión de la problemática.
Tristemente, fantasear con un logro imposible lle-
va a un deterioro de la mente, volviendo al pen-
samiento enfermizo hasta el punto de poder ser
hospitalizado como en los casos prácticos en los
que se basa esta guía.
(José Manuel López)
FEST, Joachim
El hundimiento
Barcelona: Galaxia Gutenberg,
2005.
Detallado relato de los últimos
14 días de vida de Hitler y su
gobierno en el búnker de la can-
cillería de Berlín. Un relato que
muestra al lector la paranoia del
dictador, su distanciamiento de
la realidad que vivía el propio pueblo alemán, el te-
mor reverencial de sus más estrechos colaborado-
res y el rencor que Hitler sintió hacia los alemanes
por la derrota.
21 Aula
7
Joachim Fest, historiador alemán, posee un buen
número de obras publicadas de variados temas y
estilos. Destaca, sin duda, la biografía titulada Hitler,
publicada en 1973 y que se ha convertido en un
best-seller.
(Eva Basterra)
HABERMAS, Jürgen
Israel o Atenas. Ensayos
sobre religión, teología y
racionalidad
Madrid: Trotta, 2001.
Este libro presenta el pensa-
miento alemán en el contexto
del siglo XX, y cómo contribu-
yó la visión crítica judía a lo
que se ha dado en llamar el
espíritu filosófico alemán. Además explica el apar-
theid al que fue sometido el pensamiento ilus-
trado judío alemán por los nazis cultos como Carl
Schmitt, filósofo del Estado. Para el autor no se
puede entender Occidente sin vincular la cultura
grecorromana a la fe revelada al pueblo judío, y
al cristianismo como continuador de ambas tra-
diciones contrarias. El concepto de religión en
este conjunto de ensayos es complejo y diná-
mico por la constante inquietud intelectual de su
autor. Habermas piensa que la religión tiene al-
go de utopía que contagia los sistemas sociales
de un afán crítico de revisión y mejora. También
analiza cómo en el contexto de la globalización
la religión toma partido. Como apunta el editor
del libro, Eduardo Mendieta —profesor de Ética
y Filosofía en la Universidad de San Francisco,
California—, para Habermas la religión y la filo-
sofía se necesitan mutuamente, ya que la primera
aporta contenidos a la segunda, y esta última los
puede hacer entendibles actualizándolos, me-
diante un lenguaje filosófico adaptándolo a las
sociedades democráticas y laicas. Un ejemplo de
ello es el axioma fundamental de los Derechos
Humanos: la dignidad humana.
(José Manuel López)
MARÍAS, Julián
La perspectiva cristiana
Madrid: Alianza Editorial, 1999.
La tesis que defiende este fi-
lósofo cristiano es recuperar
el sentido fuerte del cristia-
nismo como una visión de la
realidad auténticamente ori-
ginal, aunque se enmarque
dentro de conceptos de pensamiento filosófico
helénicos, y se establezca en una situación his-
tórica con visos de universalidad, perseguida
y amparada bajo el Imperio Romano. Clarividen-
te en su honestidad intelectual al enjuiciar el
análisis del devenir infiel de la iglesia, al supe-
ditar el amor al prójimo a otros intereses se-
cundarios como la ganancia de poder e in-
fluencia desde la coacción y la violencia.
(José Manuel López)
REES, Lawrence
Auschwitz. Los nazis y la
“solución final”
Barcelona: Crítica, 2005.
Esta obra abarca dos grandes
áreas de estudio: por un lado,
es un completo relato sobre
los hechos que acontecían
diariamente en el campo de
Auschwitz. Por otro, nos pre-
senta a miembros supervivientes de las SS que
ni se arrepienten ni piden perdón por lo que hi-
cieron en ese campo de exterminio.
Laurence Rees es codirector de documentales his-
tóricos de la BBC y autor del afamado documen-
tal de mismo título que este libro, estrenado en
2005.
(Eva Basterra)
STEINERT, Malis
Hitler y el universo
hitleriano
Barcelona: Vergara, 2004.
Obra absolutamente recomen-
dable que indaga en la vida de
Adolf Hitler (orígenes, relacio-
nes familiares, formación per-
sonal y vivencias anteriores a
la llegada al poder) así como
en el desarrollo de la política interior y exterior del
Tercer Reich, la época y la sociedad en que Hitler
desarrolló su poder.
Su autora, Marlis Steinert, es profesora emérita
del Instituto Universitario de Altos Estudios Inter-
nacionales de Ginebra y un referente imprescin-
dible en los estudios sobre el fascismo y la
Alemania nazi.
(Eva Basterra)
22
Aula
7
WEIL, Simone
Pensamientos desordenados
Madrid: Trotta, 1995.
La escritora parisina nació en
1909 en una familia judía. Fue
educada en un ambiente inte-
lectual agnóstico y abierto. Su
compromiso con la resistencia
francesa hizo que se solidari-
zada desde Londres con ellos
hasta límites insospechados. Se negaba a comer
más que lo que los franceses de la zona ocupada
comían. Murió de tuberculosis en 1943.
Esta obra fue escrita durante los tres años anterio-
res a su muerte. Así pues nos presenta las ideas que
la orientaban ante dicha situación. Es un reflejo fiel
a lo que fue su manera de pensar y actuar. Algunos
temas tienen que ver con la paciencia y esperanza
en que el mal no tenga tanta presencia; la relación
con la divinidad en nuestro quehacer cotidiano; la
fuerza espiritual que aporta la poesía religiosa; las
diferentes clases de trabajo que ennoblecen, o al
contrario, deshumanizan al ser humano; su profe-
sión de fe en Cristo; la relación entre el amor a Dios
y la desdicha; la relación entre Israel y los gentiles.
(José Manuel López)
ORIGINS
Revista editada en inglés originalmente por el Geoscience Research Institute (GRI), con
su sede en California. Auténtica referencia para los estudiosos e interesados en el
creacionismo, trata todos los puntos de vista respecto al origen de la Tierra y de la vida
que en ella habita. Próximamente en www.aula7activa.org encontrarás el cuarto
número.
CONCIENCIA Y LIBERTAD
Revista editada en 9 idiomas por la
Asociación Internacional para la Defensa
de la Libertad Religiosa, con su sede en
Berna (Suiza). Se divide en tres partes:
Estudios, Dossier y Documentos, con
temas sobre la libertad religiosa que
seguro te gustarán. Paulatinamente iremos
añadiendo nuevas revistas con la fecha en
que fueron editadas.
AULA7
Para que el lector de Aula 7 tenga una recopilación de todas las revistas editadas
hasta hoy, iremos incorporándolas paulatinamente con la fecha en que fueron
publicadas.
BÁJATE DESDE NUESTRA WEB
ESTAS REVISTAS GRATUITAMENTE
23 Aula
7
Introducción
Después de la caída de Jerusalén en el año 70
d.C. el judaísmo sobrevivió gracias a los fariseos;
fueron sus tradiciones las que estructuraron la
ley judía hasta nuestros días. Por eso se tien-
de a veces a proyectar esta situación al período
anterior al año 70 d.C. En el Nuevo Testamento
los evangelios corren el peligro de reforzar es-
ta tendencia; es verdad que hablan de los sa-
duceos, de los herodianos, de los samaritanos
y señalan que uno de los discípulos, Simón, te-
nia el sobrenombre de zelote, pero los únicos
adversarios serios de Jesús, en el plano doctri-
nal, siguen siendo los fariseos. Esta simplifica-
ción no recoge toda esa ebullición de ideas que
diversificaba entonces al judaísmo. Josefo, por su
parte, nos habla de tres «sectas», para presen-
tarnos de hecho a cuatro: fariseos, saduceos,
esenios y zelotes.
De hecho, resulta muy difícil definir a estos gru-
pos. En efecto, por una parte el judaísmo se aco-
modaba bastante bien a las divergencias más o
menos importantes entre sus miembros, con tal
que mantuvieran unas cuantas verdades esen-
ciales y ciertas prácticas. Así, por ejemplo, en
Jerusalén los discípulos de Jesús parece ser que
fueron bien considerados bastante tiempo, co-
mo si siguieran formando parte del pueblo judío:
conservaban la fe en el Dios único, se apoyaban
en las escrituras, seguían rezando en el tem-
plo (Hechos 3:1); formaban entonces, dentro del
judaísmo, una especie de nueva tendencia que
se designa en cierta ocasión como la secta de
los nazarenos (Hechos 24:5). Por otra parte, la
doctrina de estos grupos nos es poco conocida:
la de los fariseos se nos ha transmitido en tex-
tos que fueron escritos mucho más tarde; el pen-
samiento de los saduceos sólo nos ha llegado a
través de las críticas de sus adversarios; los mo-
vimientos bautistas se desarrollaron entre las ca-
pas populares que no suelen dejar literatura; só-
lo los esenios, a partir del descubrimiento de
algunos de sus manuscritos a partir de 1947, nos
ofrecen algunos documentos.
Período histórico de aparición de los partidos
políticos judíos
El origen de los fariseos, saduceos, esenios y
zelotes se relaciona con la época macabea.
Del 333 al 198 a.C., los judíos están bajo el
dominio de los lágidas de Egipto. En el 198 a.C.
el monarca seléucida Antíoco III se apodera de
Palestina. En este contexto el helenismo penetra
en Israel, dividiendo a la sociedad en proheléni-
cos y tradicionalistas. El mundo griego se les pre-
sentaba a algunos judíos como la posibilidad de
abrirse a un mundo nuevo, a una cultura más
avanzada, la helénica. Pero el pueblo, temien-
do que desapareciese la fe con sus costumbres,
se aferró a la tradición y no siguió las nuevas co-
rrientes.
El autoritarismo de Antíoco IV Epífanes, que
quiso imponer la religión griega, prohibiendo la
circuncisión y las prácticas judías, provocó la su-
blevación de Matatías en el año 167 a.C. El año
166 a.C., uno de sus hijos, Judas Macabeo, re-
Los partidos políticos
judíos en la época del
Segundo Templo
(hasta el año 70 d.C.)
Ramon-Carles Gelabert i Santané. Redacción Aula7activa
conquistó el templo y lo purificó en el 164 a.C.
(fiesta de la dedicación). Pero la guerra continuó
largo tiempo en el terreno de las armas y de la
diplomacia.
En el año 152 a.C. el puesto de sumo sacer-
dote del templo de Jerusalén llevaba vacante
siete años. Desde la época de David y Salomón,
el sumo sacerdote era escogido de la descen-
dencia de Sadoc (2 Samuel 8:17; 1 Reyes 2:35).
La legitimidad estaba ligada a la pertenencia a
la dinastía de Sadoc. Pues bien, en el 175 a.C.
el sumo sacerdote Onías III había sido elimina-
do por Antíoco IV y había muerto asesinado en
el destierro. Su hermano Jasón obtuvo el pues-
to mediante una elevada suma de dinero, pero
pronto fue sustituido por Menelao, un oscuro sa-
cerdote; luego fue elegido Alquimo. Cuando mu-
rió en el 159, nadie lo sustituyó. Fue entonces
cuando Jonatán logró también en el 152 a.C que
lo nombrara sumo sacerdote Alejandro Balas, un
pretendiente al trono de Antioquia. Jonatán era
de clase sacerdotal, pero no descendiente de la
rama de Sadoc; por eso los apegados a la tra-
dición consideraron ilegítimo su sacerdocio. Ello
motivó que algunos judíos piadosos empezaran
a separarse de los macabeos.
Así pues, las cuatro grandes sectas (fariseos,
saduceos, esenios y zelotes) nacieron en medio
de estas circunstancias tan turbulentas. Al prin-
cipio, todos los judíos piadosos estaban unidos
en torno a la familia de los macabeos por un mo-
tivo religioso: habían rechazado valientemente
la apostasía que les quería imponer Antíoco IV
y que algunos habían aceptado, abandonando
las costumbres judías y recurriendo incluso a
la cirugía para hacer desaparecer la circuncisión,
signo de la pertenencia a Israel (1 Macabeos
1:13-15). Para los creyentes, ese abandono de
la alianza y de su signo visible no podía me-
nos de acarrear la maldición de Dios, esto es,
toda una escalada de castigos que llevarían
hasta la pérdida de la tierra de Israel, tal como
habían anunciado los profetas y como había de-
mostrado ya antes el destierro. Como indica bien
2 Macabeos 6:12-17, al enviar el castigo inme-
diatamente después de las primeras apostasías,
Dios evitó que todo el pueblo apostatase y que
fuera profanada la alianza una vez más.
Pero, lo que está claro a nivel de los principios
para quienes, con Matatías, «sienten celo por
la ley y quieren mantener la alianza» (1 Macabeos
2:27), no resulta tan claro en lo concreto: ¿exige
la fidelidad a la ley un inmovilismo absoluto? Y si
se admite cierta evolución, ¿hasta dónde se lle-
gará? Aquí es donde empiezan a separarse los
diferentes partidos políticos judíos.
Saduceos
Su nombre parece estar relacionado con Sadoc,
los saduceos se consideran a sí mismos como
los ostentadores legítimos del sacerdocio legíti-
mo en la línea de Ezequiel 40:46. Se les puede
considerar como los descendientes del sacer-
docio y de la aristocracia de la época macabea,
contemporizadores con el helenismo y fieles a
la dinastía asmonea. Aparecen como un grupo
organizado bajo Juan Hircano (135-104 a.C.).
Intervienen continuamente en la vida política de
Israel, sobre todo por medio del sumo sacerdo-
te y del Sanedrín.
En su origen, por tanto, eran los caudillos de
la resistencia contra los considerados impíos por
el judaísmo tradicional, pero para asegurar la vic-
toria de su causa tuvieron que buscar apoyos en
el exterior, especialmente entre los romanos, ne-
gociando con sus adversarios más directos.
Estos contactos los abrieron a la civilización grie-
ga que era la de sus amos.
La historia de los asmoneos y del grupo sa-
duceo que los sostiene muestra cómo van cre-
ciendo cada vez más en el lujo y en las aficiones
helenísticas; esto se ve sobre todo en el comer-
cio entre Grecia y Palestina, comercio importante
ya que de lo contrario no habría recibido Hirca-
no II, como signo de reconocimiento, la corona
de oro de Atenas, además de levantar su esta-
tua dentro de la ciudad. Tampoco Jonatán dese-
chó la corona de oro que le ofreció Alejandro
Balas al nombrarle sumo sacerdote (1 Macabeos
10:65-20).
En el piano religioso son ellos los que tienen
poder en el templo y por tanto en el culto, y en
el Sanedrín hasta el año 76 a.C., fecha de la
muerte de Alejandro Janeo. Al final de su vida
comprendió que era peligroso gobernar apo-
yándose en un solo partido y le pidió a Alejandra
que dejara sitio al partido de los fariseos. Ale-
jandra hizo entrar en el Sanedrín a algunos es-
cribas que pronto acapararon todo el poder reli-
gioso. Los saduceos verán mermada así su
capacidad de influencia sobre el poder, dado que
su jefe, el sumo sacerdote, depende totalmen-
te del poder civil (los asmoneos, luego Herodes
y el procurador romano) y por eso no cuentan
con simpatías entre el pueblo.
La fe saducea, por lo que sabemos, se expli-
ca muy bien en este contexto: están muy ape-
gados al Pentateuco, sospechan de los profetas
y prescinden de los escritos, considerándolos la
causa de todas las tradiciones nuevas, influidas
por las civilizaciones circundantes y promovidas
por los fariseos. Insisten en mostrar su fidelidad
24
Aula
7
al Dios de los padres y de la alianza, fidelidad
que les viene muy bien para justificar su estilo
de vida. Niegan la resurrección, apoyándose en
el concepto tradicional de una retribución inme-
diata y material: ellos poseen la riqueza y el po-
der, porque Dios les bendice y son ellos los jus-
tos.
Flavio Josefo, que se reclama fariseo, dice que
«es para ellos una virtud disputar contra los maes-
tros de la sabiduría que siguen» (Antigüedades,
18, 16): cuanto más concreta y limitada es la ley,
mayor es el terreno en donde no se aplica, en
donde se goza de plena libertad. Encontramos
una aplicación concreta de este principio en las
reglas de pureza: los saduceos creen que sólo
son válidas dentro del recinto del templo. Ésto
tiene dos consecuencias: se está libre de ellas
fuera del servicio del templo y son libres para
tratar con los paganos (véase, al contrario, la
actitud de los fariseos: Marcos 7:3-4); la pure-
za, y por tanto la santidad, está reservada a los
que están frecuentemente en el templo, o sea,
a los jefes de los sacerdotes; el pueblo no es-
tá prácticamente afectado por estas reglas y
se le puede pedir toda clase de cosas y de ser-
vicios, especialmente prestaciones persona-
les.
En el siglo I d.C. los saduceos representan un
triste papel: desde Pompeyo, Roma les ha qui-
tado el poder político y una parte del poder reli-
gioso (el sumo sacerdote ya no es escogido por
Dios, hereditariamente, sino por el emperador y
su legado); los fariseos les han despojado de
lo que les quedaba de autoridad; incluso en su
propio terreno, en el culto, tienen que seguir las
propuestas de los fariseos debido a la presión
del pueblo.
Sin embargo, orgullosos de su condición de
nobles, parecen haber llegado hasta el final en
su preocupación por el bien del pueblo tanto
como para su propio provecho. Flavio Josefo
nos los muestra interviniendo muchas veces en
favor del pueblo ante los procuradores roma-
nos o contra éstos ante el emperador. Es ver-
dad que tienen conciencia de que su prosperi-
dad va ligada a la suerte del pueblo; son los
primeros en querer apagar todo motín popular
que pudiera acarrear represalias. Fueron tam-
bién los principales responsables de la muer-
te de Jesús (cf. Juan 11:49-50). Fue sin em-
bargo uno de ellos el que ocasionó la catástrofe
del año 70 d.C., al interrumpir en el año 66 d.C.
el sacrificio por el emperador. La única razón
de ser que les quedaba, el templo, desapare-
ció destruido en el año 70 d.C., y con él tam-
bién ellos desaparecieron.
Fariseos
Los fariseos (su nombre quiere decir los «sepa-
rados», es decir, los santos, la verdadera co-
munidad de Israel), no pueden ser contados, so-
ciológicamente, entre la clase superior. En su
mayoría eran gentes del pueblo sin formación
de escribas. Pero sus relaciones con los escri-
bas eran tan estrechas, que no se les puede se-
parar con seguridad de ellos, tanto más cuanto
que el ascenso de los escribas marcó su pro-
pio ascenso.
Los fariseos entran concretamente en la his-
toria bajo Alejandro Janeo (103-76 a.C.); se atre-
ven a oponerse a aquel rey-sumo sacerdote que
les reprochaba su influencia sobre el pueblo; así
comenzó una guerra civil de seis años en la que
miles de judíos fueron crucificados por su propio
rey. Pero los fariseos salieron victoriosos y lo-
graron un grado elevado de influencia bajo el rei-
nado de Alejandra.
Pero sus orígenes deben buscarse aún más
lejos; se les relaciona con el grupo de los hassi-
dim y con el sacerdote Esdras. Los hassidim, los
judíos piadosos, que, durante la restauración na-
cional llevada a cabo por Esdras, creían que
no bastaba con reconstruir el templo, las mura-
llas y la ciudad de Jerusalén, sino que había que
construir además una vida espiritual basada en
el estudio de la ley para conocer la voluntad de
Dios y en la oración.
Con el estallido de la crisis macabea los has-
sidimadoptaron diferentes posturas; al principio
se pusieron al lado de Matatías, pero ya en tiem-
pos de Judas Macabeo algunos dejaron el mo-
vimiento, pues a sus ojos la lucha de Judas te-
nía un carácter más político que religioso.
Durante la crisis macabea se dibujan enton-
ces las diferencias entre las tres grandes co-
rrientes judías. Los saduceos siguen una acti-
vidad política de compromiso con el vencedor,
para recuperar todo cuanto puedan; los zelotes
rechazan todo compromiso y luchan activamen-
te por expulsar al ocupante; los fariseos, cer-
canos ideológicamente a estos últimos, rehúsan
el compromiso político activo y creen que el pue-
blo y el país alcanzarán su salvación con su pie-
dad y el estudio de la ley. Así, por ejemplo, acep-
tan al sumo sacerdote Alquimo, a pesar de su
formación helenista, porque con él pueden rea-
nudarse los sacrificios rituales en el templo y de
esta forma se honra de nuevo a Dios.
Esta actitud de respeto ante el sumo sacerdo-
te, sea el que sea, ligada a una desconfianza fren-
te al poder político, continuará siendo caracte-
rística de los fariseos. Cuando llegó Pompeyo a
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7
Oriente y le pidieron el 63 a.C. que arbitrase en-
tre Hircano II y Aristóbulo II, el pueblo «pidió que
no le dieran un rey, pues su tradición era obede-
cer a los sacerdotes del Dios a quien honraban;
que esos hombres (Hircano y Aristóbulo), des-
cendientes de los sacerdotes, habían querido in-
ducir al pueblo a cambiar de gobierno para re-
ducirlo a la esclavitud» (Antigüedades judías, 14,
4). Esta delegación del pueblo era de hecho la de
los fariseos. Más tarde, Herodes el Grande no
consiguió que le prestasen juramento de alianza.
Los fariseos, hombres piadosos, conocían bien
la ley, se esforzaban ante todo en vivirla ellos
mismos y consideraban como obligación el en-
señarla, tal como lo hacían sobre todo en la si-
nagoga.
Su recelo del poder y su preocupación por la
educación de las masas les dieron a los fariseos
una influencia enorme entre el pueblo, hasta el
punto de que los dirigentes judíos tenían que se-
guir siempre sus consejos; el sumo sacerdote
tenía que someterse a su decisión, incluso en un
acto tan estrictamente religioso como el acce-
so al Santo de los Santos el día del Kippur.
Herodes el Grande parece ser que tuvo más con-
sideración con ellos que con los saduceos: cuan-
do subió al trono, liquidó a muchos de sus ad-
versarios, pero se contentó con imponer una
multa a los fariseos que le negaban el juramen-
to. En el siglo I de nuestra era, si los procura-
dores romanos parecen ser más bien prosadu-
ceos, los fariseos encuentran apoyo en los reyes
Agripa I y II. Dada su influencia en el Sanedrín,
fueron verdaderamente los defensores del pue-
blo y se presentan como el primer partido tanto
político como religioso.
Salidos del pueblo, los fariseos quieren estar
separados de él (ese es realmente el sentido de
su nombre); les parece demasiado ignorante de
la ley y sobre todo impuro, ya que no respeta su-
ficientemente las leyes de santidad, expresión
misma de la voluntad de Dios. De esta ley de
Moisés sólo una parte se puso por escrito; el res-
to fue transmitido oralmente por Moisés a los pro-
fetas y luego a los sabios o escribas (rabinos)
gracias a una enseñanza esotérica que, en el si-
glo I, se fue haciendo cada vez más importante.
Esta ley oral tiene tanto o más valor que la es-
crita. Y en la medida en que se respeta a esta
ley, oral y escrita, se adquieren los méritos ne-
cesarios para la salvación y para la venida del
Mesías que establecerá finalmente el reino de
Dios, echando al mismo tiempo a los romanos y
a todos los demás ocupantes.
El fariseísmo era el único movimiento sufi-
cientemente religioso para resistir a la catás-
trofe del año 70; en Yamnia, en la costa del
Mediterráneo, será él el que haga renacer el ju-
daísmo.
Siete clases de fariseos
Cuatro textos del Talmud nos ofrecen algunas
listas de los diferentes tipos de fariseos:
- Los «anchos de espalda»: escriben sus ac-
ciones sobre la espalda para que los hom-
bres les respeten.
- Los «rezagados»: con el pretexto de un pre-
cepto urgente que cumplir retrasan pagar a
los obreros.
- Los «calculadores»: se dicen que, como tie-
nen ya muchos méritos acumulados, pueden
permitirse el lujo de cometer alguna falta.
- Los «ahorradores»: se preguntan qué pue-
den hacer para aumentar sus méritos.
- Los «escrupulosos»: se preguntan por los
pecados ocultos cometidos para compen-
sarlos con alguna buena acción.
- Los «fariseos del temor», que actúan como
Job.
- Los «fariseos del amor», que actúan como
Abrahán; son los auténticos.
Zelotes
Sólo después de la insurrección judía del año 66
d.C., llama Josefo «zelotes» a los que antes ha-
bía llamado «bandidos». Reconoce sin embargo
que existían ya como secta. (a la que no nombra)
o grupo organizado desde el año 6 d.C., cuando
Judas el Galileo lanzó un movimiento revolucio-
nario contra el censo organizado por Quirinio de
los bienes de los judíos, con fines fiscales.
Pero de hecho, como tendencia, este movi-
miento extremista hunde sus raíces en la histo-
ria antigua del pueblo. Su nombre «zelote» pro-
cede de una palabra griega que significa sentirse
«celoso de». Ya en la época del Éxodo, se nos
habla del sacerdote Finés celoso de Dios
(Números 25:6-13); este movimiento se desarrolló
en la época macabea y a partir de entonces to-
dos los textos nos describen a unos zelotes del
mismo tipo: rigorista violentos que, como Finés,
Elías, Jehú y Matatías, ejecutan sin piedad a quie-
nes consideran infieles a la ley de Moisés. Para
los zelotes de la guerra judía, el enemigo no son
ya los judíos apóstatas, sino los romanos y sus
colaboradores. Asistimos sin duda a un cambio
provocado por una nueva situación.
Tanto en el plano de las acciones concretas
como en el de las motivaciones más hondas, se
26
Aula
7
trata del mismo movimiento a través de estos si-
glos: fanáticos por la santidad del templo y el res-
peto a la ley, seguros de que Dios está con ellos;
en efecto, el Señor ha dado una tierra a Israel,
pero en cambio no tolera en esa tierra santa nin-
guna falta, ninguna transgresión, ni por parte de
los judíos ni por parte de los infieles.
Los judíos pueden faltar a su fidelidad religio-
sa; en ese caso, los zelotes intervienen, con la
bendición de los sacerdotes, para un linchamiento
inmediato (podría ser un ejemplo de ello la muer-
te de Esteban: Hechos 6:12ss). También pueden
faltar a su fidelidad política, buscando pactos con
el ocupante, los romanos, en vez de fiarse sólo
de Dios. También entonces reaccionan los zelo-
tes.
Los no judíos, sobre todo los ocupantes, tie-
nen que ser eliminados, en especial si se mues-
tran agresivos (con el censo) o si se burlan de
las instituciones religiosas; un acto desvergon-
zado de un soldado romano y la destrucción por
el fuego de un rollo de la ley por culpa de otro
provocaron, por los años 50 d.C., varios motines
que desembocaron en guerra abierta. La últi-
ma provocación fue el saqueo del templo por el
procurador Floro.
De esta forma, mientras que los saduceos y
sus amigos asmoneos traicionaban la causa re-
ligiosa de los macabeos aliándose con los peo-
res enemigos de su fe, los zelotes eran los cam-
peones de la ortodoxia y del integrismo. Era
imposible el consenso entre las dos tendencias
y sus divergencias se muestran tanto en el pla-
no geográfico como en el social: los zelotes tie-
nen su origen en Galilea, donde pueden fácil-
mente buscar refugio en cuevas y escondrijos,
y suelen ser muy pobres. Los saduceos mandan
en Judea y sobre todo en Jerusalén, y son gen-
te bien acomodada.
Religiosamente, los zelotes tienen una con-
fianza absoluta en Dios y en las instituciones: el
templo y la ley. Están convencidos de que con
sus acciones de «limpieza de los impíos», apre-
suran la llegada de su reino, de su mesías; Dios
es el único señor, pero él no actúa solo y tiene
necesidad de los hombres; cuanto más celo-
sos sean de él, incluso en el plano político y en
el temporal, tanto mejor.
Esenios
Su conocimiento se debe en gran parte al des-
cubrimiento de los manuscritos del mar Muerto
a partir de 1947. Pero antes de que conociéra-
mos su biblioteca, los conocían ya Josefo, Filón
de Alejandría y Plinio el Viejo.
Su historia y sobre todo su origen no están to-
talmente aclarados. Parece ser que durante la
crisis macabea algunos descendientes de la fa-
milia de Sadoc se refugiaron en el desierto. El nú-
cleo probablemente más importante se instaló en
Qumrán, donde se reunieron laicos y sacerdotes
sadoquitas, lo que explicaría su organización,
muy jerarquizada, que sitúa a los sacerdotes en
un lugar insustituible en todos los grados.
No se han esclarecido tampoco algunos pun-
tos importantes de su vida; durante mucho tiem-
po se creyó que no se casaban, pero se ha en-
contrado allí un tratado sobre el matrimonio y se
han excavado tumbas de mujeres y niños.
Existen dudas sobre si todos vivían en Qumrán,
o en otras comunidades cerradas, o en un régi-
men «abierto».
Lo cierto es que eran más escrupulosos to-
davía que los fariseos en su apego a las reglas
de pureza y absolutamente tradicionales en va-
rios puntos: rechazaban el calendario seléucida
y seguían el antiguo (esto explica que no cele-
braran la pascua en la misma fecha que el ju-
daísmo oficial). La práctica de abluciones de pu-
rificación eran muy presentes entre los esenios,
y sobre todo renunciaron a la liturgia del templo
de Jerusalén, demasiado manchado a sus ojos
desde que se cambió el calendario y los sumos
sacerdotes dejaron de ser sadoquitas. Preferían
sustituir los holocaustos por la santidad de su vi-
da, aguardando a que Dios restableciera el cul-
to y el templo en su pureza original.
Se consideraban como el ejército sagrado de
Dios, que había de combatir en la tierra y aniquilar
a todos los impíos en el momento en que Éste
diera la señal; en aquel momento, los ángeles del
cielo combatirán también contra los demonios en
un combate escatológico que asegurará la vic-
toria final de Dios, la destrucción de todos los im-
píos y el triunfo de los santos. Quieren estar siem-
pre ritualmente dispuestos para esta guerra santa,
pero a diferencia de los zelotes no quieren com-
prometerse mientras Dios no dé la señal.
Los esenios son, como indican Josefo y Plinio,
un grupo muy cerrado, pero que atrae a judíos
que quieren entregarse por completo a Dios. Se
desconoce el impacto político sobre la sociedad
judía del siglo I d.C., pero parece que tomaron
partido por los zelotes en la guerra contra Roma
en los años 66-70 d.C., conflicto a raíz del cual
los esenios desaparecieron como grupo.
Herodianos
Los cristianos en sus evangelios no hablan de
los esenios, pero sí citan a veces a los herodia-
27 Aula
7
nos (Marcos 3, 6). Es cierto que Herodes el
Grande, luego Antipas en Galilea y los dos Agripa
no pudieron reinar sin tener un grupo de parti-
darios. Probablemente los judíos más cercanos
y comprometidos a favor de la Roma domina-
dora de su tierra.
Bautistas
Se conocen sobre todo dos grupos bautistas: el
que se agrupa en torno a Juan denominado el
Bautista y que duró bastante tiempo (Hechos
18:25; 19:1-5), con el que polemizan los cris-
tianos; y el grupo que nació en torno a Jesús,
que había sido bautizado a su vez (Juan 3:22;
4:1-2). Este último grupo quedará evidentemen-
te transfigurado por completo por la persona de
Jesús. Al lado de estos dos grupos organizados,
probablemente se debieron multiplicar entre el
pueblo las prácticas bautistas.
Estos movimientos se caracterizaban también
por la repulsa del templo.
Samaritanos
Aunque no pertenecen propiamente hablando al
judaísmo ni constituyen una secta judía, los sa-
maritanos tienen que ser considerados como una
comunidad característica del ambiente palesti-
no de aquella época.
Se les podría caracterizar a la vez por su pro-
ximidad y su oposición al judaísmo. Los samari-
tanos sólo reconocen como texto sagrado el
Pentateuco; siguen sus prescripciones con todo
rigor en lo que atañe, por ejemplo, a la circun-
cisión, al sábado y a las fiestas. Su liturgia y su
literatura religiosa celebran al Dios único, a su
profeta Moisés, la liberación de Egipto y la re-
velación del Sinaí. Pero, por otra parte, se ma-
nifiesta una divergencia fundamental con los ju-
díos en el hecho de que rechazan los demás
libros de la Biblia judía y sobre todo en su ne-
gativa a reconocer a Jerusalén y su templo co-
mo centro religioso.
Los samaritanos establecen un centro religio-
so propio en el monte Garizín en la ciudad de
Siquén. En la cumbre de esta montaña es don-
de celebran las grandes fiestas, especialmente
la pascua según el ritual de Éxodo 12.
Hay también un mesianismo entre los sama-
ritanos, que esperan al Taheb, el que ha de ve-
nir. No se trata de un descendiente de David, co-
mo el mesías judío, sino de una especie de
nuevo Moisés, el profeta de Deuteronomio 18:15.
Después de la caída del reino del Norte y de
la toma de Samaria el 721 a.C., los asirios de-
portaron a una parte de los habitantes y esta-
blecieron en aquellas tierras colonos mesopotá-
micos. Aestos, junto con los que habían queda-
do en Israel, se les atribuye la creación de un
culto sincretista. Aunque la tradición samaritana
sitúa la ruptura todavía antes, cuando Siquén fue
abandonada por Silo. También cabe pensar que
los samaritanos nacen como grupo religioso con-
frontado a los judíos que retornan del exilio ba-
bilónico, en la época de Zorobabel y de Nehe-
mías, o en el momento de la conquista de
Alejandro; fue entonces, según el historiador ju-
dío Flavio Josefo, cuando los samaritanos cons-
truyeron un templo en el monte Garizín.
Las relaciones solían ser bastante tensas en-
tre Jerusalén y Samaria.
Los samaritanos se reclamaban los herede-
ros de las tribus del norte que permanecieron fie-
les a la fe de Moisés.
Escribas
Al lado de la antigua clase superior constituida
por una parte del estamento sacerdotal y los te-
rratenientes enriquecidos se había formado, du-
rante los últimos siglos antes de nuestra Era, una
nueva clase superior: la de los escribas.
Hasta el 70 d.C. podemos constatar la exis-
tencia en Jerusalén de un gran número de sa-
cerdotes provistos de formación de escribas, le-
vitas, miembros de las familias patricias, los
cuales elaboraron la tradición saducea, fariseos
y también comerciantes y artesanos.
El único factor del poder de los escribas es-
triba sólo en el saber. Quien deseaba ser ad-
mitido en la corporación de los escribas por
la ordenación debía recorrer un regular ciclo
de estudios de varios años. El joven israelita
que deseaba consagrar su vida a la erudita ac-
tividad de escriba comenzaba el ciclo de su for-
mación como alumno (talmud). La enseñanza
comenzaba en los años jóvenes. Eso es lo que
nos cuenta Flavio Josefo, aunque desmesura-
damente afirma en su propio elogio en la
Autobiografía que, desde la edad de los ca-
torce años, dominaba plenamente la exégesis
de la Ley.
El alumno estaba en relación personal con su
maestro y escuchaba su enseñanza. Cuando ha-
bía llegado a dominar toda la materia tradicional
y el método de la halaká, hasta el punto de es-
tar capacitado para tomar decisiones persona-
les en las cuestiones de legislación religiosa y
de derecho penal, era «doctor no ordenado» (tal-
mud hakam). Pero sólo cuando había alcanza-
do la edad canónica para la ordenación, fijada
28
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7
29 Aula
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en cuarenta años según una noticia postannaí-
tica, podía ser recibido, por la ordenación (se-
mikah), en la corporación de escribas como
miembro de pleno derecho, como «doctor orde-
nado» (hakam). Apartir de entonces estaba au-
torizado a zanjar por sí mismo las cuestiones de
legislación religiosa y ritual, a ser juez en los pro-
cesos criminales y a tomar decisiones en los
civiles, bien como miembro de una corte de jus-
ticia, bien individualmente.
Sólo los doctores ordenados creaban y trans-
mitían la tradición derivada de la Torá, la cual,
según la doctrina farisea aceptada por la gene-
ralidad del pueblo, se encontraba en pie de igual-
dad con la propia Torá, incluso por encima de
ella. Sus decisiones tenían el poder de «atar»
y «desatar» (cf. Mateo 16:19; 18:18) para siem-
pre a los judíos del mundo entero. Aquien había
estudiado, a quien había hecho los estudios aca-
démicos, se les abrían, por consiguiente, en
cuanto poseedor de ese saber y de ese poder
omnímodo, los puestos claves del derecho, de
la administración y de la enseñanza. Hicieron,
por tanto, aparición las «profesiones académi-
cas»; las ejercían los escribas junto con su en-
señanza y su profesión civil.
Fuera de los sacerdotes jefes y de los miem-
bros de las familias patricias, sólo los escribas
pudieron entrar en la asamblea suprema, el
Sanedrín; el partido fariseo del Sanedrín esta-
ba compuesto íntegramente por escribas. El
Sanedrín no era sólo una asamblea gubernati-
va; era en primer término una corte de justicia.
Ahora bien, el conocimiento de la exégesis de
la Escritura era decisivo en las sentencias ju-
diciales.
Cuando una comunidad tenía que elegir en-
tre un laico o un escriba para un puesto de an-
ciano, de jefe de la sinagoga o de juez hay que
suponer que generalmente prefería a un escri-
ba. Lo cual significa que un gran número de pues-
tos importantes, ocupados antes por sacerdotes
o laicos de elevado rango, habían pasado to-
talmente o en su mayor parte, en el siglo I d.C.,
a manos de los escribas.
Referencias bibliográfícas
SAULNIER, Ch. y ROLLAND, B., «Palestina en
tiempos de Jesús», Estella: Verbo Divino,
Cuadernos Bíblicos 27, 1982, pp. 49-55.
JEREMIAS, Joachim, Jerusalén en tiempos de
Jesús, Madrid: Cristiandad, 1980, 2.ª ed., pp.
239-281.
SCHÜRER, Emil, Historia del pueblo judío en
tiempos de Jesús. Tomo 2: Instituciones polí-
ticas y religiosas, Madrid: Cristiandad, 1985,
pp. 497-525 y 715-779.
30
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7
LOS JÓVENES Y EL
EVANGELIO: ENTRE
CATEDRALES Y
FAST FOOD
La lectura de este libro,
que recoge las ponen-
cias del I Coloquio de la
Facultad Adventista de
Teología de Collonges-
sous-Salève, nos puede
aclarar los motivos que
llevan a los jóvenes a
alejarse de las iglesias.
¿PROSELITISMO O
MISIÓN?
Una pregunta que no
deja indiferente a nin-
gún cristiano. Cuando
la evangelización afirma
el respeto por el próji-
mo. Algunas formas de
compartir la propia fe
son aceptables, mien-
tras que otras no.
EL ENIGMA DEL
SUFRIMIENTO
Georges Stéveny
El sufrimiento es uno de
los temas que más pre-
guntas provoca en cre-
yentes y no creyentes, y
al tiempo una de las ba-
ses que muchos utilizan
para cuestionar el ver-
dadero amor de Dios.
Con este libro, Georges
Stéveny (recientemente
fallecido) despeja mu-
chas de esas dudas y
muestra realmente el
verdadero carácter de
Dios.
LA EUTANASIA A
DEBATE. Reflexiones
desde una perspectiva
cristiana
Josep Antoni Alvarez
Con motivo de la invitación
de AEGUAE para partici-
par en el último congreso
con el tema de la eutana-
sia, Josep A. Alvarez ha
recopilado sus reflexiones
sobre este tema tan inte-
resante y de ellas ha sa-
lido este libro.
LACUNZA, un
Heraldo de la
Segunda Venida de
Cristo
Dr. Alfredo Félix
Vaucher
Encomiable obra de in-
vestigación en América
y Europa, sobre la vida
y la obra del jesuita
Manuel de Lacunza y
Díaz.
DE LA ANTROPOLOGÍA
A LA CRISTOLOGÍA
Este libro es un homenaje a
Jean Zurcher, en el que se
incluye su biografía. El res-
to de artículos están com-
puestos por cuestiones de-
batidas por el cristianismo
desde hace dos mil años: la
naturaleza del hombre, su
cuerpo y su mente; la mis-
teriosa persona de Dios y la
identidad compleja de Jesús.
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DOSSIER
CREER EN DIOS
DESPUÉS DE AUSCHWITZ
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Sesenta años después del conocimiento popu-
lar del Holocausto (que no por parte de los po-
líticos de la mayoría de países democráticos de
la época), cabe preguntarse si su descubrimiento
sirvió para algo, si aportó algo positivo a las con-
ciencias para evitar su repetición.
Apesar de su carácter de acontecimiento «úni-
co», la capacidad del ser humano para el mal no
ha disminuido un ápice.
«Después de Auschwitz» —campo de con-
centración nazi convertido en símbolo del Holo-
causto y de la maldad sistematizada desde el
poder estatal, que en vez de proteger a sus ciu-
dadanos les ataca y destruye—, se ha converti-
do en una expresión válida para analizar el mun-
do después de 1945. Desde un punto de vista
político, económico y de derechos humanos, pe-
ro también teológico y de valores morales. Ámbi-
tos todos ellos a los que se intentará un acerca-
miento, en especial a los dos últimos por su
directa influencia en cómo vemos el mundo des-
de nuestra perspectiva cristiana.
La fuerza de la memoria
La fuerza de la memoria reside en persistir, por-
que siempre hay revisionistas interesados de
la historia, que niegan la veracidad de las atro-
cidades que se cometen (y que con su apoyo
comparten), aunque sean transmitidas en direc-
to por CNN. Para que la historia no se repita.
El romanista alemán de origen judío Victor
Klemperer llevó durante toda su vida unos de-
tallados diarios. Los correspondientes a 1933-
1945 se han publicado recientemente (Quiero dar
testimonio hasta el final, Barcelona: Galaxia
Gutenberg/Círculo de Lectores, 2003, 2 t.) y en
ellos es posible apreciar la incredulidad de una
inmensa parte de los judíos alemanes —muchos
convertidos al cristianismo y que se considera-
ban antes alemanes que judíos—, ante la tra-
gedia que se avecinaba, a pesar de los eviden-
tes signos antisemitas en Alemania desde antiguo.
A continuación se reseñan algunas citas del
diario de Klemperer, que permaneció en Alema-
nia hasta el final de la guerra junto con su es-
posa (no judía), que ponen esto claramente de
manifiesto. El mismo Klemperer, un hombre cul-
to e inteligente, tardó en darse cuenta de lo que
realmente perseguía la represión nazi respecto
a los judíos, a pesar de apreciar el peligro que
representaba Hitler y el nazismo para Alemania.
16 mayo 1936: «La mayor parte del pueblo es-
tá contenta, un pequeño grupo acepta a Hitler
como mal menor, nadie quiere desembarazarse
realmente de él […] Y todos tiemblan por su pan,
por su vida, todos son horriblemente cobardes.
(¿Tengo derecho a reprochárselo? En mi último
año de catedrático juré fidelidad a Hitler, me he
quedado en el país: no soy mejor que mis seme-
jantes de raza aria.)»
13 agosto 1936: «Por otra parte: lo que en Ale-
mania saben hasta los niños no puede desco-
nocerlo del todo el señor Blum. ¿Son en Fran-
cia tan idiotas que están esperando a que los
pasen a cuchillo? Por otra parte: ¿por qué le han
tolerado todo hasta ahora? Francia a Alemania,
Inglaterra a Italia. Todo es perfectamente turbio
y oscuro. Probablemente nadie, ni siquiera un
gobernante, conoce las fuerzas, las inhibiciones,
las tendencias que existen en realidad.»
24 septiembre 1936: «[...] el NSDAP ha captado
muy bien la opinión pública y que el sueño judío
de ser alemanes fue efectivamente un sueño. Para
mí, éste es el descubrimiento más amargo.»
17 agosto 1937: «Con lo que me he convertido
en apátrida no sólo exteriormente. Y aunque un
día hubiese cambio de gobierno: mi sensación
interior de ser alemán ha desaparecido.»
27 octubre 1937: «¡Y yo que hasta 1933 he es-
tado convencido de mi germanidad!»
10 abril 1938: «Asunto importante para la tiranía
de cualquier tipo es la represión del afán de pre-
guntar.»
9 octubre 1938: «Nadie podrá quitarme mi ger-
manidad, pero el nacionalismo y el patriotismo
han desaparecido para siempre.»
3 diciembre 1938: «[…] no hay otra opción: te-
nemos que irnos.»
Para que triunfe el mal...
Francisco Giménez. Licenciado en Geografía e Historia
17 marzo 1940: «Me pregunto a menudo dónde
está ese antisemitismo salvaje.»
28 noviembre 1941: «Si nos quedamos, nues-
tras vidas corren peligro, pero no perderemos la
oportunidad de llevar después una vida digna de
ser vivida.»
22 diciembre 1941: «[...] sigo creyendo que po-
demos y que queremos emigrar.»
11 mayo 1942: «Ahora estoy librando el más du-
ro combate por mi germanidad. [...] mi bautismo
no fue comedia.»
29 mayo 1942: «[...] simplemente, los otros no
pueden ponerse en nuestra situación [...].»
11 septiembre 1942: «Inocente no es nadie en
Alemania. ¿Por qué se ha tolerado tanto tiempo
este régimen?»
19 septiembre 1942: «[...] por tanto, tendrá tiem-
po de exterminar por completo a los judíos.»
5 mayo 1943: «[...] la sensación de estar muer-
to, de la pérdida irrecuperable de vida, siempre
pesa sobre mí.»
Una aniquilación única
Lo que convierte en único al Holocausto es el ca-
rácter frío y desapasionado con que la maquina-
ria nazi planea y realiza la aniquilación del pue-
blo judío, en los territorios que domina, incluso
con el empleo de los más avanzados medios téc-
nicos, como los ordenadores IBM de la época.
Esta aniquilación se produce de manera gra-
dual; reduciendo de forma progresiva los dere-
chos que se reconocen a la población judía, co-
mo si no formaran parte de la nación alemana.
Poco a poco, se les va relegando de los pues-
tos de trabajo de prestigio e influencia, hasta que
pasando cada vez por trabajos más denigrantes
acaban siendo una mera fuerza de trabajo es-
clava, sin libertad para decidir dónde trabajar.
Los que terminan en campos de exterminio son
considerados aún menos que personas, apro-
vechándose de ellos no sólo sus bienes, sino in-
cluso sus propios cuerpos: sus dentaduras (se
han detectado lingotes de oro fundidos a partir
de prótesis dentarias de oro), su pelo, su piel (pa-
ra la confección de lámparas, por ejemplo) o su
escasa grasa, para hacer jabón.
En el plano económico, se ven aislados. For-
zados a malvender sus negocios y bienes; a no
disponer libremente del dinero depositado en en-
tidades bancarias; a ser arruinados si marcha-
ban del país (por si los bancos extranjeros, co-
mo los suizos, no lo hacían suficientemente bien
luego) y aún más si permanecían.
En el plano cultural, se ven arrebatados de to-
do libro que no sea judío, de instrumentos mu-
sicales, de radios, de la lectura de la prensa, del
acceso a la cultura y a la educación...
Este aniquilamiento cultural se inicia con la de-
nigración de los intelectuales judíos y sus ideas
(como Einstein y la teoría de la relatividad, por
ejemplo), para seguir luego con la destrucción
de sus obras (literatura, arte «degenerado», etc.),
y con la persecución sistemática de la intelec-
tualidad judía. La lista de intelectuales asesina-
dos o destruidos mental o moralmente por el na-
zismo es impresionante. Sólo lo que recoge el
pintor Eduardo Arroyo en su magnífico libro El
trío calaveras. Goya, Benjamin, Byron (Barcelona:
Círculo de Lectores, 2003, en el apartado dedi-
cado a Richard Benjamin (pp. 45-112) es espe-
luznante. Esta aniquilación física tiene su pun-
to culminante en los campos de concentración
nazis, donde no hay personas, sólo «números».
A ello se suma la aniquilación del propio sen-
timiento de formar parte de la nación alemana,
de la sensación de ser parte del pueblo alemán:
se es un extraño en un país extraño.
La responsabilidad ante el Holocausto
Las iglesias cristianas han tenido mucha culpa
en la carga negativa vertida sobre el pueblo ju-
dío. Acusado de deicida, la teoría del reempla-
zo de Israel por la Iglesia cristiana ha sido una
de las causas esgrimidas para la persecución
secular de los judíos en el ámbito occidental. Su
rechazo a Jesús les hace perder su categoría de
Pueblo de Dios.
¿Quién es culpable de los holocaustos de es-
te mundo? Podemos decir que Satanás y que-
darnos tan anchos (después de todo estamos
en sus dominios), pero es una respuesta muy
cómoda.
El Holocausto (como todos los holocaustos)
fue promovido por seres injustos, que no en-
contraron una respuesta ni un freno adecuado a
sus planes: ni de las propias víctimas, que la ma-
yoría de veces no dan crédito a lo que les está
pasando; ni de las potencias democráticas (ya
no digamos de las totalitarias), que priman sus
intereses políticos y económicos sobre el inte-
rés humano, aun sabiendo perfectamente lo que
ocurre (¿por qué no se bombardearon los cam-
pos de concentración o las vías que conducían
a ellos?); ni de la población de sus propios paí-
ses, que callan ante las injusticias (con lo que
otorgan y las bendicen), cuando deberían ser los
primeros en reaccionar, ya que saben aunque
no lo manifiesten.
El alemán Martin Niemöller (1892-1984), pas-
tor protestante y activista social, es autor del
34
Aula
7
siguiente poema, que ejemplifica la inacción an-
te la injusticia y sus consecuencias más inme-
diatas, incluso para nosotros mismos, que aca-
bamos siendo objeto de la injusticia (tanto física
como moral y espiritualmente, como conse-
cuencia de nuestra inacción):
Cuando los nazis arrestaron a los comunistas,
no dije nada:
después de todo, yo no era comunista.
Cuando arrestaron a los socialdemócratas,
no dije nada:
después de todo, yo no era socialdemócrata.
Cuando arrestaron a los sindicalistas
no protesté:
después de todo, yo no era sindicalista.
Cuando arrestaron a los judíos
no protesté:
después de todo, yo no era judío.
Cuando me arrestaron a mí
no había nadie que pudiera protestar.
Como afirmaba el político y escritor británico
Edmund Burke: «Hay un límite en que la toleran-
cia deja de ser virtud.»
Es en ese punto en el que nuestra conciencia
cristiana debe hacernos actuar, no con carác-
ter retroactivo para lamentar los errores pasa-
dos, sino en el momento para evitarlos con to-
das nuestras fuerzas. Incluso con el propio
sacrificio: como Sansón, sacrificado en aras de
un bien superior; no en vano su «suicidio» es
presentado en el Nuevo Testamento (Hebreos
11:32-35) como un ejemplo de fe en Dios.
Qué hacer con la memoria del Holocausto
Prácticamente todo el mundo reconoce el valor
de la memoria histórica para evitar repetir nues-
tros errores. La literatura o el cine se han con-
vertido en los dos grandes vehículos actuales
para conservar viva la memoria del Holocausto,
en las dos grandes armas para combatirlo.
Algunos autores son mucho más radicales y
consideran que habría que arrasar todo recuer-
do físico del Holocausto, para que sólo quedara
memoria en la palabra (un vehículo divino por
excelencia). Es el caso del editor Mario Muchnik,
que afirma: «Pueblo de la abstracción, pueblo
de la memoria, los judíos habrían debido —y de-
berían hoy— propugnar que un par de robustos
bulldozers barrieran ese valle de los caídos sui
generis [Auschwitz] y dejaran el campo libre pa-
ra construir casas o granjas o parques. De ese
modo, darían a la memoria de la calamidad la
forma bíblica indiscutible o indiscutida y le con-
ferirían la única aproximación a la eternidad que
le es dada al hombre: la de su palabra escrita.»
(Revista de Libros, n.º 101, mayo 2005).
Qué hacer con los holocaustos
El año 2005 coincide también con el recuerdo de
otro genocidio, el del pueblo armenio, llevado a
cabo por las autoridades de la naciente Turquía
moderna y que tuvo su momento álgido en 1915.
Asimismo, en 2005, en medio de las ceremo-
nias en recuerdo del Holocausto, algunas insti-
tuciones adventistas —como las iglesias alemana
y austríaca— han llevado a cabo un reconoci-
miento de su parte de responsabilidad en dicho
genocidio, por su inacción y subordinación a un
poder estatal injusto. Algo que Jesús nunca hu-
biera aceptado, pues si bien dijo: «Dad, pues,
a César lo que es de César, y a Dios lo que es
de Dios» (Mateo 22:21), también dijo: «De cier-
to os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de es-
tos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicis-
teis» (Mateo 25:40).
Esa es la gran pregunta teológica después de
Auschwitz: ¿mantendremos nuestra fe? No ya
si hay Dios o si Dios es omnipotente, pues no ha
actuado para evitar el Holocausto. La pregunta
clave es: ¿seguiremos a Jesús hasta las últimas
consecuencias?
¿Mantendremos una fe viva o meramente teó-
rica, hablaremos u obligaremos a que hablen las
piedras?
Si no defendemos a los perseguidos injusta-
mente, nos convertimos en perseguidores.
Como afirmó también el anteriormente cita-
do Edmund Burke:
«Para que triunfe el mal, sólo es necesario
que los buenos no hagan nada.»
35 Aula
7
• Rafael Pérez
del Moral,
prisionero en el
campo de
concentración
de Mathausen.
Para los nazis:
178284.
Entre la literatura publicada en los últimos tiem-
pos sobre el Holocausto destaca un título direc-
tamente relacionado con el mundo adventista:
DOUKHAN, Jacques B. (ed.), Thinking in the
Shadow of Hell. The Impact of the Holocaust on
Theology and Jewish-Christian Relations, Berrien
Springs (MI): Andrews University Press, 2002.
Este libro recoge los diferentes trabajos reali-
zados en el año 2000 para un simposio de la
Universidad de Andrews, coordinado por el Ins-
tituto de Estudios Judeo-Cristianos del Seminario
Teológico Adventista del Séptimo Día y con la
participación de la Asociación Internacional pa-
ra la Libertad Religiosa. Investigadores sobre el
Holocausto, líderes religiosos y expertos en li-
bertad religiosa analizan un capítulo de la histo-
ria de cristianos y judíos que muchos quisieran
olvidar, urgiendo a los lectores a no distanciar-
se del traumático acontecimiento del Holocausto.
Historias perturbadoras, diálogo franco e inves-
tigación formal se unen para examinar las di-
versas vertientes de este acontecimiento único,
como nos muestra su sumario:
Prefacio ¿Por qué meditar sobre el Holocausto?,
Jacques B. Doukhan
I. Las raíces del Holocausto
* Las raíces eclesiásticas del Holocausto: De la tra-
dición Adversus Judaeos al Holocausto, John Jovan
Markovic
* La raíces socioculturales del Holocausto: La secu-
larización del antisemitismo cristiano, Margarete Myers
Feinstein
II. La Teología después de Auschwitz
* Pensamiento religioso judío después de la catás-
trofe, Gershon Greenberg
* ¿Debemos dejar atrás el pasado? Reflexiones cris-
tianas sobre el Holocausto, Marvin R. Wilson
* Teología cristiana después de Auschwitz, Stephen
R. Haynes
* Teología adventista después de Auschwitz, Jacques
B. Doukhan
III. Ser creyente después de Auschwitz
* Ser judío después de Auschwitz, Morley T. Feinstein
* Ser cristiano después de Auschwitz, John Graz
IV. Relaciones entre judíos y cristianos después
de Auschwitz
* Relaciones entre judíos y cristianos después de
Auschwitz, Robert M. Johnston
* Sentando las bases de un diálogo entre judíos y cris-
tianos, John Graz
* El encuentro con el «otro» en el Aqedah: Una re-
flexión después del Holocausto sobre el encuentro
entre judíos y cristianos, Jacques B. Doukhan
Liturgia del Holocausto
Apéndice: La Iglesia Adventista del Séptimo Día
durante el Holocausto
* Adventistas en la Alemania nazi: Un estudio sobre
la reacción de los adventistas del séptimo día frente
a un gobierno totalitario, Edward Thomas Decker, Jr.
* La pureza de la raza nazi y los adventistas, Roland
Blaich
* Los adventistas y la persecución de los judíos ba-
jo el régimen nazi: Aproximacón a dos fuentes en con-
flicto, Daniel Heinz
El editor: Jacques B. Doukhan
Jacques Benyamin Doukhan nació en el seno
de una familia judía de origen sefardí, se edu-
có en Francia, Israel y Estados Unidos. Aceptó
los valores y creencias de la Iglesia Cristiana
Adventista del Séptimo Día sin renunciar a su
herencia religiosa y cultural judía. Es profesor de
Lengua Hebrea, Exégesis y Estudios Judíos, y
director del Instituto de Estudios Judeo-Cristianos
del Seminario Teológico Adventista del Séptimo
Día de la Universidad de Andrews (Michigan,
Estados Unidos).
Asimismo es editor de dos de las principales
revistas dedicadas a fomentar el acercamiento
entre judíos y cristianos —Shabbat Shalom y
L’Olivier—, además de autor de numerosos li-
bros y artículos.
36
Aula
7
Una aproximación
adventista al Holocausto
Francisco Giménez. Licenciado en Geografía e Historia
Las lecciones del Holocausto
Los cristianos pueden extraer muchas lecciones
del Holocausto, pero la más importante es que
la oportunidad actual puede ser la última para
que la Iglesia cristiana se examine a sí misma,
examine sus doctrinas y enseñanzas, así co-
mo su dirección y ambiciones espirituales. Los
primeros Padres de la Iglesia manifestaron odio
y desprecio hacia la Torá, el judaísmo y los ju-
díos en general. Las generaciones siguientes
cultivaron este mismo odio que llegó a plasmar-
se en legislaciones antijudías por parte de las
monarquías europeas. Por fin, la Iglesia llegó a
reconocer la legitimidad del régimen más mal-
vado de la historia: el régimen nazi. La iglesia
comenzó con el ostracismo de los judíos, que
sólo era posible evitar optando entre el bautis-
mo y la muerte, para acabar afirmando «los ju-
díos no pueden vivir».
Durante siglos, el desprecio para los judíos fue
tal que era imposible un diálogo entre judíos y
cristianos. Hoy, tras el Holocausto, este diálogo
está teniendo lugar, y para que llegue a buen
puerto es necesario que las víctimas del Holo-
causto sean rehabilitadas. Los cristianos pueden
sentirse más aliviados, pero como afirma Shalom
Ben-Chorin: «No debemos caer en la ilusión de
que la calle que conducía al diálogo [completo y
significativo] ha sido realmente despejada. Sólo
se han alcanzado puestos avanzados.» Hay to-
davía muchos escombros que deben retirarse.
Durante el simposio celebrado en 2000 en la
Universidad de Andrews, el Dr. John Graz, Di-
rector de Relaciones Públicas y Libertad Religiosa
de la Asociación General, hizo las siguientes afir-
maciones: «[Auschwitz] debería enseñarnos a
ser activos en la defensa de los derechos hu-
manos. […] Lo que le sucedió al pueblo judío pue-
de sucederle a otras minorías. […] Como cristia-
nos debiéramos ser muy sensibles al proceso
que lleva a un gobierno a discriminar y perseguir
a una minoría. […] Ser un cristiano después de
Auschwitz me ayuda a decir “no más”, no más
persecución política y religiosa, no más discrimi-
nación sobre bases sociales, raciales, religiosas.»
Por su parte, Jacques B. Doukhan urgió a los edu-
cadores a «repensar sus prioridades y darse
cuenta de la importancia y relevancia de cursos
y seminarios que tengan relación con el tema del
Holocausto», e hizo un llamamiento a los teólo-
gos adventistas para trascender más allá de las
respuestas académicas al Holocausto y permi-
tir que sus lecciones impacten su teología y pen-
samiento religioso (Fuente: Adventist News
Network).
Las relaciones entre judíos y cristianos des-
pués de Auschwitz
Este punto es una de las preocupaciones prin-
cipales de Jacques B. Doukhan, como se refle-
ja en una entrevista que le realizó el Dr. John
Graz, y que se publicó en la revista Ministerio
Adventista (marzo-abril 2000). En ella, aparece
el siguiente diálogo:
«John Graz: Yo supongo que cuando un judío
escucha la palabra “Jesús”, no piensa en la
persona de Jesús, sino en lo que los “cristianos”
hicieron: masacre de judíos y campos de con-
centración. En otras palabras, ¿hay alguna es-
peranza de reconciliación después de Auschwitz?
Jacques Doukhan: Usted sencillamente ha to-
cado la cuerda más sensible. El presidente Bill
Clinton dijo una vez: “Es difícil disociar el men-
saje del mensajero”. Debido a la vergonzosa y
dolorosa historia que acaba de evocar, el nom-
bre de Jesús se ha asociado en la conciencia ju-
día con el recuerdo de las masacres, discrimi-
naciones y rechazos durante 2.000 años, la
sistemática “enseñanza de contención”; todos al-
canzaron su clímax en Auschwitz. Muchos cristia-
nos todavía no comprenden la naturaleza de esa
conexión; y, conscientemente o no, siguen ali-
mentando sus mentalidades con el viejo veneno:
enseñando y predicando las maldiciones contra
los judíos, a quienes acusan del más horrible cri-
men de la humanidad, deicidio: matar a Dios.
»Mientras tanto, existe la teología de la sustitu-
ción, que niega a los judíos y a Israel el derecho,
incluso, a ser Israel, pues el verdadero “Israel”
es otro pueblo. (Esta teoría ha sido denuncia-
da como un “holocausto espiritual”.) Esto, su-
mado a toda clase de extrañas ideas que los cris-
tianos tienen acerca de los judíos: el mito del
complot judío, la asociación de los judíos con
el engaño y el dinero, etc. Me estoy refiriendo
aquí a la antigua bestia llamada “antisemitismo”.
»Usted me preguntó si hay esperanza de re-
conciliación después de Auschwitz. Mientras los
cristianos, sean los que fueren, sin importar la
comunidad a la cual pertenezcan, no compren-
dan su responsabilidad en Auschwitz; mientras
sigan alimentando el fuego y empujando en la
misma dirección; mientras conserven en su co-
razón ideas y sentimientos antisemitas, no hay
esperanza de reconciliación. Con Auschwitz, la
historia judeocristiana llegó al punto muerto: no
hay posibilidad de retorno. Después de Ausch-
witz, ya no es decente pensar, actuar o sentir, en
las formas que produjeron Auschwitz. Esperar
una reconciliación después de Auschwitz, signi-
37 Aula
7
ficaría albergar la esperanza de una “conversión”
genuina por parte de los cristianos. Mientras los
cristianos no tomen este pecado del antisemi-
tismo seriamente; mientras no estén dispuestos
a dar un giro de 180 grados, arrepentirse y re-
conocer las raíces judías que tienen, no hay es-
peranza de ninguna reconciliación, y me refie-
ro aquí a la reconciliación cristiana con el Dios
de Israel mismo.
»La relación entre las dos conexiones es tal, que
un teólogo cristiano ha ido tan lejos como para
denunciar el antisemitismo como un pecado con-
tra el Espíritu Santo; es decir, un pecado imper-
donable. Puede ser que esto suene exagerado
para muchos que no han llegado a comprender
la espantosa naturaleza de este pecado y sus im-
plicaciones, y eso se debe sencillamente a que
se han acostumbrado demasiado a él.»
Aproximación a
Thinking in the Shadow of Hell
El libro comienza con una conmovedora cita del
teólogo Irving Greenberg Jewish: «no debería-
mos decir ninguna cosa teológicamente […] que
no pudiéramos decir en la presencia del millón
de niños que murieron».
A continuación se encuentra un interesante
prólogo de Jacques B. Doukhan, como editor de
la obra, del que presentamos un breve extracto
por su clarificadora aportación al conocimiento
del Holocausto:
«¿Por qué debería concernirnos el Holocausto
ahora, más de cincuenta años después del acon-
tecimiento y en el inicio de un nuevo milenio?
[…] ¿Y por qué este Holocausto? ¿Por qué cen-
trarse en esta tragedia que afectó principalmen-
te a los judíos europeos en la Segunda Guerra
Mundial? ¿Qué sucede con Hiroshima o el infa-
me comercio de esclavos o los otros holocaus-
tos: gitanos, armenios, nativos americanos y,
más recientemente, somalíes, bosnios y ruan-
deses? Mucha gente se siente extrañada y mu-
chas veces irritada por este énfasis y desafortu-
nadamente lo descartan. Para ellos el Holocausto
no forma parte de su propia historia.
»Sin embargo, estas cuestiones expresan una
auténtica vergüenza que debería ser asumida,
pues se ignoran tres realidades básicas de este
Holocausto que resumo brevemente a conti-
nuación.
»1. El carácter de este Holocausto comparado
con otros acontecimientos de la historia pasada
y contemporánea es “único”. La irracionalidad
que rodeó unas amenazas míticas o imagina-
rias, la destrucción sistemática y técnica que se
perpetró a sangre fría sin pasión ni cólera, el in-
grediente religioso (cristiano), y la magnitud de
este horror son algunos de los principales as-
pectos que lo definen “cualitativamente como un
acontecimiento único”.
»2. La naturaleza paradigmática de este Ho-
locausto se usa en la actualidad como un mo-
delo clásico de referencia cuando se analizan
casos de abusos o aventuras fascistas tanto en
Europa como en cualquier otra parte del mundo.
De forma provechosa, la ética humana, los de-
rechos civiles, la protección animal y aun lo con-
cerniente al entorno ha sido medidos por la va-
ra del Holocausto. La historia pasada y las
tradiciones religiosas han sido también revisa-
das y releídas a la luz del Holocausto.
»3. El impacto sin igual de este Holocausto ha
afectado a la cultura mundial y penetrado en los
más variados dominios: política, historia, litera-
tura, filosofía, arte, música, cine y teología.
»[…] Así es importante y particularmente relevante
para todos nosotros hoy, judíos y cristianos, eu-
ropeos y no europeos, religiosos y seglares, re-
cordar y considerar este hecho, no sólo por sus
implicaciones éticas con el fin de aprender sus
lecciones y evitar repetir los mismos errores, sino
también por respeto a quienes somos: descu-
briendo nuestra propia identidad como seres vi-
vos después de Auschwitz, y a partir de aquí rea-
lizando nuestra misión en el curso de la historia.»
Repensar el Holocausto y sobre todo nuestra
propia actitud ante este hecho, nuestra impasi-
bilidad ante hechos similares, constituye la cla-
ve para entender el porqué no se debe olvidar,
el porqué no se debe ni permanecer indiferen-
tes ni olvidar ningún otro holocausto, ningún asal-
to a la dignidad humana. Porque Jesucristo no
lo haría y, si queremos ser sus seguidores sin-
ceros, no podemos más que oponernos de for-
ma activa a cualquier tipo de injusticia.
38
Aula
7
39 Aula
7
Al cumplirse el 60.º aniversario de la finalización
de la Segunda Guerra Mundial, los líderes ad-
ventistas de Alemania y Austria han publicado
una declaración donde afirman que «lamentan
profundamente» cualquier participación de apo-
yo a las actividades nazis durante la guerra. Los
organismos eclesiásticos «confiesan honesta-
mente» la incapacidad de «seguir a nuestro
Señor» al no proteger a los judíos y a otras mi-
norías del genocidio, conocido comúnmente co-
mo Holocausto. Millones de personas perecie-
ron como consecuencia de las atrocidades de la
guerra, entre los que se encontraron más de 6
millones de judíos que fueron exterminados por
las persecuciones nazis durante el período que
abarcó de 1933 a 1945.
Esta declaración fue publicada inicialmente en
el número de mayo de 2005 de AdventEcho, una
revista mensual de la iglesia en idioma alemán,
y también aparecerá en otras publicaciones ale-
manas, dijo el pastor Günther Machel, presidente
de la región eclesiástica adventista de Alemania
Sur y uno de los tres firmantes de la declaración.
Una copia de la declaración fue enviada a Yad
Vashem, la Autoridad de la Memoria de los
Mártires y Héroes del Holocausto de Israel, aña-
dió el Dr. Rolf Pöhler, un ex presidente de la re-
gión eclesiástica de Alemania Norte que en la
actualidad colabora como asesor teológico de la
región, y que participó en la confección del bo-
rrador de la declaración.
«Lamentamos profundamente que el carácter
de la dictadura nacionalsocialista no haya sido
captado a tiempo y con la claridad suficiente, y
de que la naturaleza impía de la ideología nazi
no haya sido identificada con claridad», afirma
la declaración en su traducción del alemán. La
iglesia también dice lamentar «que en algunas
de nuestras publicaciones [...] se hallaron artícu-
los donde se glorificaba a Adolf Hitler y se acep-
taba la ideología antisemita de una manera que
hoy resulta increíble».
Los líderes de la iglesia también expresaron
sus disculpas porque «nuestro pueblo llegó a
asociarse con el fanatismo racial, destruyendo
las vidas y la libertad de 6 millones de judíos y
representantes de las minorías de toda Europa»,
y de que «muchos adventistas del séptimo día
no compartieron las necesidades y el sufrimien-
to de sus conciudadanos judíos».
Pero sobre todo, es de lamentar, indicó la de-
claración, que hubo congregaciones adventistas
de Alemania y Austria que «excluyeron, separa-
ron y abandonaron a feligreses [...] de origen ju-
dío de manera que fueron enviados a la prisión,
al exilio o la muerte».
Bajo diversos decretos raciales, algunas con-
gregaciones adventistas expulsaron a miembros
de origen judío. Uno de ellos, Max-Israel Munk,
fue enviado por los nazis a dos campos de con-
centración. Munk sobrevivió y regresó a la igle-
sia después de la guerra, donde dijo que no que-
ría actuar en contra de su congregación por la
manera en que había sido tratado, afirma el Dr.
Daniel Heinz, archivista de la Universidad Adven-
tista de Friendensau y quien estudió las activi-
dades adventistas durante el período nacional-
socialista.
Junto con el pastor Machel, los otros líderes
que firmaron la declaración fueron los pastores
La Iglesia Adventista de
Alemania y Austria pide perdón
por actividades durante
el nazismo
Mark A. Kellmer/ANN Staff
Fuente: Adventist News Network
Klaus-Jurgen van Treeck, presidente de la re-
gión Alemania Norte, y Herbert Brugger, presi-
dente de la Iglesia Adventista de Austria. Pöhler
y Johannes Hartlapp, historiador de la iglesia de
Friedensau, realizaron el borrador en el que se
basó la declaración. Las tres regiones eclesiás-
ticas votaron a favor del texto final, dijo Pöhler.
En la declaración, los tres afirman que «la obe-
diencia que debemos a las autoridades civiles
no debe llevar a renunciar a las convicciones y
valores bíblicos», y afirmaron que si bien Dios
sólo puede juzgar las acciones de las genera-
ciones pasadas, «en nuestros días, sin embar-
go, queremos asumir una postura decidida por
el derecho y la justicia hacia todos los pueblos».
En una entrevista telefónica, Brugger dijo que
«nuestros miembros realmente apreciaron la pu-
blicación de este documento».
Los miembros más jóvenes de nuestra igle-
sia, indicó, «apreciaron mucho» esta iniciativa.
No se ha recibido la reacción de la comunidad
judía de Austria, pero Brugger dijo que en Austria
la iglesia adventista no es tan conocida como
otros movimientos.
Al preguntársele cómo fue posible que una
iglesia que considera el sábado como una de sus
creencias fundamentales pudiera abandonar a
otros guardadores del sábado durante la perse-
cución, Brugger dijo creer que fueron conside-
raciones políticas y no teológicas las que pue-
den haber llevado a adoptar esta postura.
Durante la Primera Guerra Mundial, una parte
de la Iglesia Adventista de Alemania sufrió una di-
visión, en oposición al servicio militar. Esto llevó a
los nacionalsocialistas a que en 1936 proscribie-
ran el así llamado «Movimiento de la Reforma».
Brugger dijo que el temor de que los nazis clau-
suraran los principales templos adventistas pue-
de haber influido en las decisiones de los líderes.
«Creo que durante esa época los líderes de
la iglesia temían perder el control de la Iglesia
y perder la Iglesia porque las autoridades polí-
ticas ya habían [...] confundido nuestra Iglesia
con el Movimiento de la Reforma», explicó. «Creo
que nuestros líderes tuvieron temor de perder el
reconocimiento oficial de la iglesia, de manera
que acaso no fueron tan fieles a nuestras creen-
cias como hubiera sido necesario.»
Y añadió: «Fue más político que teológico, es-
toy seguro.»
El principal templo adventista de Alemania fue
brevemente clausurado por los nazis, destaca
Pöhler. Un rápido cambio al respecto por parte
del régimen produjo alivio entre los adventistas,
pero también un nivel de cooperación con el go-
bierno que se tornó malsano.
«No sólo nos mantuvimos en silencio, sino que
también publicamos cosas que nunca debería-
mos haber publicado. Publicamos ideas antise-
mitas que, desde nuestra perspectiva, no eran re-
almente necesarias», dijo Pöhler en una entrevista
telefónica. «Fuimos aún más lejos y publicamos
cosas que eran realmente antisemitas. [...] Salimos
de la senda para mostrar que éramos leales al go-
bierno alemán nacionalsocialista.»
«Tuvimos que haber sabido que una declara-
ción equivocada, una acción equivocada signifi-
caba que una persona podía terminar en un cam-
po de concentración», dijo Pöhler al referirse a
esa era. «Fue por eso que excluimos y desfra-
ternizamos a adventistas judíos: si una iglesia
local no hubiera hecho esto, los nazis hubieran
clausurado el templo, llevado a los ancianos a
prisión y eso hubiera significado una prohibición
completa para la iglesia.»
Si bien algunos adventistas europeos asu-
mieron la valerosa decisión de proteger a los ju-
díos, otros siguieron con la corriente en parte de-
bido a la preocupación por sus familias e iglesias.
Era difícil en sí que un individuo ayudara a un ju-
dío, explicó Pöhler, pero arriesgar las vidas de
una congregación era aún una carga mayor. Esa
precaución puede verse reflejada inclusive en la
nomenclatura utilizada por los adventistas ale-
manes, dijo.
«La Escuela Sabática fue llamada “Escuela
Bíblica”; no queríamos utilizar el término original
porque significada correr riesgos», dijo Pöhler.
«Podían confundirnos con los judíos. Al rehusar
llamarla Escuela Sabática, se efectuaba una de-
claración; se creaba un espacio entre la iglesia
y los judíos.»
El Dr. Daniel Heinz, director de los archivos
eclesiásticos de la Universidad Adventista de
Friedensau, Alemania, dijo que sus investiga-
ciones acerca de los adventistas que ayudaron
a los judíos durante la guerra lo llevó a descu-
brir a los que actuaron de manera diferente.
«Los líderes de la Iglesia adaptaron e inclu-
sive tomaron parte de la ideología antisemita de
los nazis; en algunos casos, hicieron más que lo
necesario para agradar a las autoridades nazis.
Esto es algo que realmente nos resulta extraño.»
Al mismo tiempo, dijo, «sé que muchos ad-
ventistas de la gente común ayudaron a los ju-
díos, pero nunca hablaron al respecto».
En toda Europa se ha documentado feha-
cientemente la resistencia a las políticas nazis,
así como la respuesta compasiva pero valiente
de muchos cristianos, entre los que hubo ad-
ventistas, con el fin de proteger las vidas de los
que sufrieron bajo la persecución nazi. Esto abar-
40
Aula
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41 Aula
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ca a Polonia, Hungría, Países Bajos y Dinamarca,
entre otros países.
«Hallé algunos relatos sumamente impresio-
nantes de adventistas que ayudaron a los judíos
durante el período del Tercer Reich, arriesgan-
do sus vidas, y también hallé lo opuesto», dijo
Heinz. Entre otras, una familia adventista de
Letonia albergó a un judío, lo escondió durante
la guerra, y sobrevivió. El refugiado llegó a ser
un creyente adventista y pastor de la Iglesia lue-
go de la finalización de la guerra.
Según el pastor Machel, «sesenta años des-
pués de la Segunda Guerra Mundial es muy tar-
de, pero vimos que era la última oportunidad de
efectuar esta declaración».
Ya se habían producido intentos de efectuar
tales declaraciones, si bien por lo general es-
tos fueron ignorados o anulados por los líderes
de la Iglesia que habían vivido durante el na-
zismo y que no querían que la Iglesia «juzgara»
a sus predecesores. Sin embargo, en 1988, al
cumplirse el 50.º aniversario del «Kristallnacht»
del 9 de noviembre, o «noche de los cristales ro-
tos», en la cual turbas que apoyaban al nazismo
destrozaron las vitrinas de mercaderes judíos y
saquearon las sinagogas, la entonces Iglesia
Adventista de Alemania Oriental publicó una de-
claración en su pequeña revista. En 1989, du-
rante las celebraciones de los 100 años de la
Iglesia Adventista de Hamburgo, el pastor Erwin
Kilian, presidente de la Iglesia Adventista de
Alemania Norte, se refirió al «período oscuro»
en su alocución y ofreció sus disculpas. Otra bre-
ve declaración fue hecha en 1995, al cumplirse
el 50.º aniversario de la finalización de la guerra.
Los jóvenes de la Iglesia han reaccionado po-
sitivamente a las expresiones de preocupación
y contrición de la declaración. Dos adventistas de
Berlín dijeron que apreciaban el documento.
«El revelar con humildad nuestros pecados y
faltas es lo más importante que quiere Dios que
hagamos», dijo Sara Gehler, de 25 años de edad.
«Y aunque ya pasaron 60 años, creo que era ne-
cesario que como adventistas asumamos una
postura clara respecto dae la Segunda Guerra
Mundial.» Y añadió: «Es nuestro deber como
cristianos proteger y ayudar a los débiles, inde-
fensos y necesitados.»
Julian Müller, de 26 años de edad, añadió:
«Creo que es nuestra responsabilidad como Igle-
sia confesar nuestros errores y no ocultarlos, es-
pecialmente cuando hay vidas humanas de por
medio. [...] Mi esperanza es que no tengan que
pasar otros 60 años para que tengamos el valor
de pedir perdón por los errores que cometimos
desde entonces.»
El pastor Machel dijo que la respuesta de los
miembros fue también «muy positiva» en la re-
gión eclesiástica de Alemania Sur, donde se en-
cuentran ciudades tales como Múnich y Nu-
remberg, bastiones del nacionalsocialismo.
«Algunos estaban esperando una acción tal de
los líderes.»
La declaración también fue bien recibida en
los círculos internacionales de la Iglesia. «Durante
mucho tiempo estuve esperando un texto co-
mo este», dijo el pastor Richard Elofer, presi-
dente de la Iglesia Adventista en Israel. «Alabo
al Señor porque tocó los corazones de nuestro
pueblo de Alemania y Austria para que produ-
jeran esta declaración.»
El Dr. John Graz, Presidente de Relaciones
Públicas y Libertad Religiosa de la Asociación
General, añadió: «Para los que creen en el amor
divino por cada miembro de la familia humana,
en contra de cualquier tipo de discriminación ba-
sada en la raza, la religión o el sexo, esta de-
claración, escrita por una generación que no tu-
vo responsabilidad en el Holocausto y en la
guerra, pero que reconoce la responsabilidad de
sus padres, permanecerá como un hito positi-
vo y un gran estímulo.»
• Documento de identidad de Max-Israel
Munk (el Israel fue una imposición de las
autoridades nazis para distinguir a los
judíos que no tenían un nombre «judío»,
como lo fue el de Sara para las mujeres).
Este adventista judío que fue borrado de
los registros eclesiásticos cuando los nazis
así lo ordenaron. Después de sobrevivir a
la prisión en dos campos de concentración,
Munk regresó a su hogar al finalizar la
guerra y solicitó reingresar a la iglesia.
[Fotografía: Revista AdventEcho, Alemania]
42
Aula
7
El 27 de enero de 1945, 60 años ha, soldados
del ejército soviético liberan el campo de con-
centración de Auschwitz (Polonia), el mundo des-
cubre horrorizado lo que significa realmente la
«solución final» del Tercer Reich. Los testimo-
nios sobrecogedores de supervivientes son tes-
tigos de cargo del horror, de la deshumanización
perpetrada en pleno siglo XX.
Béla Zslot (1895-1949). Escritor húngaro reclui-
do en el gueto de Nagyvárad (Transilvania, por
aquel entonces Hungría, actualmente Rumania),
en el verano de 1944 logra burlar los trenes con
destino a Auschwitz. Un médico, que sí viaja en
alguno de los vagones, le inyecta el virus del ti-
fus, Béla Zslot cae enfermo y evita el «viaje» de
la muerte para «contar algún día algo todo lo que
nos ha ocurrido. Quizá pueda publicar algo sobre
todo eso». Sus suegros y su hijastra no tuvieron
tanta suerte, desaparecieron en Auschwitz.
«Todo lo que había definido hasta ahora al hom-
bre europeo había desaparecido a nuestro alre-
dedor. [...] Seguíamos viviendo, pero estábamos
más muertos que los muertos de otras épocas,
pues estos tenían una tumba con una lápida y su
nombre escrito en ella. Nosotros ya no tenemos
nombre.» (Nueve maletas, Madrid: Taurus, 2004.)
Paul Celan (1920-1970). Poeta. Nace en la ciu-
dad de Czernowitz, antigua capital de Bucovina,
entre Rumania y Ucrania. Tras un sin fin de ava-
tares, retorna a su pueblo natal con sus padres,
donde descubre vagones atestados de gente que
partían hacia Auschwitz. Un infierno inimagina-
ble. Celan se oculta en una fábrica de cosméti-
cos, sus padres no lo consiguen y son extermi-
nados en campos de concentración. El poeta es
deportado a un campo de trabajo en Moldavia,
pero jamás se perdonó lo ocurrido.
En el poema A un lado de las tumbas, escri-
be: «¿Me permites, madre, como ayer, ay, en ca-
sa, / la discreta, dolorosa rima alemana?»
En 1948 confiesa a sus parientes en Israel:
«Acaso soy uno de los últimos que deben vivir
hasta el final el destino de la cultura judía en
Europa. ¿Por qué escribo «deben vivir»? Porque
un poeta no puede dejar de escribir, mucho me-
nos si es judío y su idioma de escritura el alemán.»
Celan en 1948 escribe el poema Muerte en fu-
ga: «Grita que suene más dulce la muerte / la
muerte es un Maestro Alemán / grita más oscu-
ro el tañido de los violines así subiréis como hu-
mo en el aire / así tendréis una fosa en las nu-
bes no se yace allí estrecho.»
Primo Levi (1919-1987). Nace en Turín (Italia).
Durante la Segunda Guerra Mundial se une a los
partigiani, el ejército alemán lo captura y confie-
sa ser judío, quiere que los nazis sepan que los
«corderos» también luchan.
En el libro Conversaciones con Ferdinando
Camon Primo Levi manifiesta: «Cuando estaba
en el campo de concentración tenía siempre el
mismo sueño: soñaba que regresaba, que vol-
vía con mi familia y les contaba, pero no me es-
cuchaban. La persona que tengo delante no me
escucha, se da media vuelta y se marcha. En el
campo les conté a mis amigos este sueño y me
contestaron: “A nosotros nos pasa lo mismo”.»
(Conversaciones con Ferdinando Camon, Madrid:
Anaya & Mario Muchnik, 1996.)
En el «camino de regreso» de Auschwitz es-
cribe: Si esto es un hombre (1947), La tregua
(1963), Los hundidos y los salvados, donde lee-
mos:
«Las cenizas humanas provenientes de los
crematorios, toneladas diarias, eran fácilmente
reconocibles como tales pues con gran fre-
cuencia contenían dientes o vértebras. A pesar
de eso, se usaron con distintas finalidades: pa-
ra rellenar terrenos palúdicos, como aislante tér-
mico en los intersticios de las construcciones de
madera, como fertilizante fosfórico; especial-
mente se emplearon como arenas para cubrir
los caminos de la aldea de las SS, situada jun-
to al campo.» (Los hundidos y los salvados,
Barcelona: El Aleph Editores, 2000.)
En 1987 el suicidio es su forma de llegar a la
estación termini.
Elie Wiesel (1928), premio Nobel de la Paz (1986).
Wiesel contaba apenas quince años cuando fue
deportado a Auschwitz con su familia y otros
15.000 judíos de su ciudad natal, Sighet (Transil-
vania); por aquel entonces territorio húngaro, hoy
forma parte del Estado rumano. En Auschwitz ve
morir a su madre y a una de sus hermanas, en
Buchenwald es testigo del apaleamiento y muer-
te de su propio padre. Liberado por las tropas alia-
das cuando cuenta dieciséis años.
Auschwitz en la memoria
Ramon-Carles Gelabert i Santané. Redacción Aula7activa
43 Aula
7
En 1958 publica su primer libro, La noche: «No
tenía nombre, esperanza ni futuro, y sólo se [le]
conocía por [su] número, A70713. […] Nunca ol-
vidaré esta noche, la primera noche en el cam-
po, que hizo de mi vida una larga/noche cerra-
da con siete llaves. / Nunca olvidaré este humo.
/ Nunca olvidaré las caritas de los niños cuyos
cuerpecillos vi transformados en torbellinos/de
humo bajo un cielo mudo. / Nunca olvidaré es-
tas llamas que consumieron para siempre mi fe.
/ Nunca olvidaré este silencio nocturno que me
ha arrancado para toda la eternidad el / deseo
de vivir. / Nunca olvidaré estos instantes que
asesinaron a mi Dios y a mi alma, y los sueños
que/tomaron el aspecto de un desierto. / Nunca
olvidaré esto, aunque estuviera condenado a vi-
vir tanto tiempo como Dios mismo. / Nunca.» (La
noche, Barcelona: El Aleph Editores, 2002.)
Imre Kertész (1929), premio Nobel de Literatura
(2002). Alos 14 años de edad, año 1944, es de-
portado a Auschwitz, de paso a su destino: Bu-
chenwald, donde es liberado en 1945. «Cuando
pienso en una nueva novela –afirma– siempre
pienso en Auschwitz.»
En Kaddish por el hijo no nacido (1990) escri-
be: «No hay manera de curarse de Auschwitz,
nadie se recupera de la enfermedad que es
Auschwitz.»
En el discurso de recepción del Nobel mani-
fiesta: «Con horror, diez años después de ha-
ber sido liberado del campo me di cuenta de que
todo lo que me quedaba de aquella experiencia
eran algunas impresiones, unas cuantas anéc-
dotas. […] ¿Para qué nos sirve aún la literatura?
Me parece claro que una línea imposible de tras-
pasar me separaba de la literatura y los idea-
les, del espíritu asociado al concepto de literatu-
ra. El nombre de esta línea de demarcación es
Auschwitz. […] Cuando escribimos sobre Ausch-
witz, debemos saber que, en un cierto sentido,
Auschwitz suspendió la literatura. [...] Después
de Auschwitz estamos más solos.»
Victor Frankl (1905-1997). Psiquiatra y super-
viviente de Auschwitz, afirma que «el padeci-
miento de una vida sin propósito» es la enfer-
medad de nuestra época y que el hombre
necesita encontrar significado a su propia vida
para ser dueño de su destino. «[Gracias a
Auschwitz] hemos llegado a saber lo que real-
mente es el hombre. Tanto ha inventado las cá-
maras de gas como ha entrado en ellas con la
cabeza erguida y el padrenuestro o el Shema
Israel en sus labios». (El hombre en busca del
sentido, Barcelona: Paidós, 1999.)
Sesenta años nos separan de Auschwitz, sin
embargo Zslot, Celan, Levi, Wiesel, Kertész,
Frankl y tantos otros, que se nos antojan como
fantasmas anónimos, nos gritan en palabras de
Eli Wiesel: «Los que estuvimos allá, nunca va-
mos a poder salir; los que no estuvieron, nunca
van a poder entrar...»
Ellos son la memoria que nos impide olvidar.
Notas y referencias
Este artículo ha tomado textos de: AZANCOT, N. y LÓPEZ-VEGA, M. «Escribir después de Auschwitz». El
Cultural: http://www.elcultural.es/HTML/20050127/Letras/LETRAS11220.asp.
Más información en:
• Museo y Memorial de Auschwitz-Birkenau: http://www.auschwitz-
muzeum.oswiecim.pl/html/eng/start/index.php.
• Anna Heilman: http://www.annaheilman.net/index.html.
Anna Heilman es la última sobreviviente del complot para destruir el crematorio IV de Auschwitz-Birkenau.
• The Nazi’s Testimony: http://www.guardian.co.uk/secondworldwar/story/0,14058,1386675,00.html, The
Guardian (Londres, 10 de enero de 2005).
• Wikipedia, artículos:
- http://es.wikipedia.org/wiki/Auschwitz.
- http://es.wikipedia.org/wiki/Campo_de_concentraci%C3%B3n_de_Auschwitz.
• The Vidal Sassoon International Center for the Study of Antisemitism: http://sicsa.huji.ac.il.
• The Holocaust Martyrs’ and Heroes’ Remembrance Authority: http://names.yadvashem.org.
• The Central Database of Shoah Victims’ Names:
http://names.yadvashem.org/wps/portal/IY_HON_Entrance.
• The New Museum. http://www1.yadvashem.org/new_museum/overview.html.
• Yad Vashem Magazine:
http://www1.yadvashem.org/about_yad/magazine/magazine_new/mag_36/home_magazine_36.html.
• Enciclopedia del Holocausto: http://www.ushmm.org/wlc/sp.
***
44
Aula
7
AKDAG…, éste es mi apellido, el que ha mar-
cado mi vida y, quizás, haya condicionado mi for-
ma de ser; el que me robó el pasado, pero al mis-
mo tiempo me ha dado la vida. Una dualidad que
sin duda alguna me ha marcado…
Mi padre es armenio nacido en Estambul. Los
armenios son un pueblo prácticamente desco-
nocido, de ahí que a mi padre le llamen «el tur-
co» y a mí también. No obstante, mi padre siem-
pre dice que el hijo de un armenio es armenio.
Yo nací en España, en Huelva, igual que mi
madre, pero los primeros cuatro años de mi vi-
da los pasé en Alemania, y luego me trasladé a
Cataluña hasta el día de hoy. Nunca me he sen-
tido identificado con ninguno de estos lugares,
culturas o banderas. Siempre me he manteni-
do al margen de los típicos y harto conocidos co-
mentarios nacionalistas, xenófobos o racistas:
«me siento catalán», «yo soy español», «los ma-
rroquíes son diferentes», «este barrio está lleno
de sudacas», por poner algunos ejemplos.
Por otra parte, siempre he creído que todo ser
humano tiene y siente miedo a no ser nada, y es
precisamente el miedo el que nos lleva a unir-
nos a algo, a un grupo, a una organización o a
un país. Creamos una bandera y bajo ella ya no
somos un ser individual y vulnerable, sino que
nos sentimos algo más grande, más poderoso,
respetado y reconocido por los que son como
yo. Pero ahí es cuando surge el problema: si soy
paquistaní, tengo enemigos hindúes; si soy co-
munista, no soy aceptado por la derecha; si soy
chechenio, odio a los rusos. De esta forma na-
ce la semilla del odio, la intolerancia y su más
salvaje expresión, el GENOCIDIO.
A mí lo único que me interesa es ser y sentir-
me una persona, un ser humano, nada más.
Estoy convencido de que nuestro mundo será
un mundo mejor, cuando las personas sean y se
sientan sólo eso, personas.
Pero hay algo que me inquieta desde el pa-
sado, algo que no me deja seguir siendo quien
soy… Un día leí que todos los apellidos arme-
nios terminan en –yan. Le pregunté a mi padre
por qué nuestro apellido es Akdag, de origen tur-
co, si somos armenios, y me contó la historia de
nuestro apellido.
Lamentablemente hasta hace unos años no
comprendí cuál era su importancia. Gracias a la
globalización e Internet, empecé a leer e infor-
marme. Averigüé hechos que los libros de co-
legio no recogen, hechos que la mayoría de la
gente desconoce, porque el tiempo los ha ido
enterrando poco a poco hasta casi extinguirlos…
El genocidio armenio
Tras la decadencia del Imperio Otomano y la pér-
dida de poder, aparece el Partido de los Jóvenes
Turcos, cuyo objetivo radica fundamentalmen-
te en acabar con el país heterogéneo con el que
se encuentran y crear un estado nuevo, homo-
géneo, una nación poseedora de un mismo gé-
nero o de iguales caracteres. Para conseguir di-
cho objetivo, el pueblo armenio representa un
gran obstáculo…
A partir de ese momento, los jóvenes turcos
deciden eliminar la cuestión armenia con un plan
de exterminio perfectamente trazado.
El 24 de abril de 1915, detienen y asesinan
a 650 armenios, entre ellos intelectuales, políti-
cos, poetas, clérigos, etc. Con este ello preten-
den decapitar el progreso intelectual, profesio-
nal y artístico del pueblo armenio, y sobre todo
impedir que se organicen y defiendan.
Más tarde, con la excusa de la Gran Guerra,
envían a hombres armenios de entre 15 y 45
años a la guerra, sin munición ni armas. Sim-
plemente son utilizados como mano de obra pa-
ra cavar trincheras, que luego se convertirán en
sus propias tumbas.
El siguiente paso consiste en la deportación
de la población civil en todas y cada una de las
localidades armenias. Se forman las denomina-
das y bien organizadas «caravanas de la muer-
te». Aquellos que viven en los pueblos del norte
se dirigen hacia el mar Negro para morir aho-
gados; los que habitan en el centro de Anatolia
caminan en dirección al desierto para ser arro-
jados a los pozos que allí había. Las largas mar-
chas se acompañan de violaciones, torturas y
robo de las pocas pertenencias que cargan a sus
espaldas.
En un solo año, el fatídico 1915, los Jóvenes
Turcos consiguen privar y arrebatar a los arme-
nios una herencia que se remonta a tres mil años
atrás; consiguen profanar sus iglesias, quemar
y destruir sus bibliotecas; consiguen ver redu-
AKDAG
J. Mihran Akdag
45 Aula
7
cidas a escombros sus localidades y aldeas; con-
siguen aniquilar una antigua civilización en esta
región.
Aproximadamente 1.500.000 armenios son
asesinados y a los supervivientes se les obliga
al exilio. De los 2.100.000 armenios que existen
en Turquía en el año 1912, pasan a 77.435 en
1927 y en la actualidad no llegan a 50.000.
No sólo los turcos intervienen directamente en
este holocausto. La Alemania de aquella época
es la mejor aliada y cómplice de Turquía, ya que
comparte el mismo objetivo genocida de crear
una raza aria pura. Pocos años después lo lle-
varía a cabo. Por otro lado, los turcos se sirven
de los kurdos, quienes a cambio de aceptar de-
terminadas promesas, participan activamente en
las sangrientas matanzas, las mismas que años
más tarde sufrirían también como pueblo.
Y lo más grave es que también intervienen en
este exterminio los gobiernos de otros muchos
países, que estaban debidamente informados
de lo que estaba sucediendo y no hicieron nada
por evitarlo, o dejar que por lo menos saliera a
la luz. Si se hubiera actuado a nivel internacio-
nal quizá los nazis no hubieran cometido tam-
poco el genocidio judío.
En una reunión, Adolf Hitler utilizó como ar-
gumento para convencer a los generales de sus
planes genocidas: «¿Quién recuerda hoy la ma-
tanza de los armenios?»
* * *
AKDAG es el nombre de una montaña. Cerca
de ella, convivían pacíficamente turcos y arme-
nios hasta que llegó el odio…
Ante aquella barbarie, el alcalde de un pue-
blecito de origen turco decidió arriesgar su vida
y salvar a un niño armenio, mi abuelo. Le puso
por apellido AKDAG para que no fuera identifi-
cado y asesinado por las tropas turcas. De la his-
toria de mi abuela, lo único que se recuerda es
que fue rescatada cuando era niña de una mon-
taña de cuerpos sin vida, donde sólo se movían
las ratas. Aquellos roedores marcaron su ros-
tro para siempre. A mi abuela nunca se le olvi-
daría lo que el hombre es capaz de hacer.
Todo esto me conmueve en lo más profundo
de mi alma y si quiero ser sincero he de reco-
nocer que crece en mí la tentación de caer en
el nacionalismo, en identificarme como armenio,
en recuperar la memoria de un pueblo para que
aquella atrocidad no caiga en el olvido. No pue-
do permitir que el genocidio se complete. No quie-
ro creer que se puede «exterminar». No puedo
permitir que un pueblo muera para siempre.
Olvidar lo que ocurrió es perder una gran lec-
ción para los tiempos venideros. Pero el geno-
cidio armenio, como otros, encierra un mensa-
je mucho más profundo que no me pertenece a
mí pronunciarlo ni a cualquier armenio, sino a to-
da la Humanidad.
Víctimas y verdugos se mezclan bajo la mis-
ma bandera, en un mismo país. Dentro del mo-
vimiento nazi, hubo hombres que arriesgaron su
vida para salvar a judíos; naciones, que hoy
abanderan la libertad de los pueblos, cometen
las peores atrocidades, matando a miles de per-
sonas inocentes; gobiernos, como el israelí por
sus intereses militares con Turquía, todavía no
han reconocido el genocidio armenio; incluso
la misma Turquía de hoy en día oculta y niega
sistemáticamente el GENOCIDIO que cometió, y
exige además su reconocimiento y entrada en
Europa.
Quizás algún día nos desmarquemos de los
nacionalismos, de las ideologías de aquellos go-
biernos obtusos que sólo piensan en sus propios
intereses, sin intentar comprender que el ser hu-
mano está por encima de todo, sea de la na-
cionalidad, raza o condición que sea. En defini-
tiva, que el hombre merece ser respetado sólo
y únicamente por ser un ser humano.
• En las
fotografias
de época,
dos aspectos
del genocidio
armenio.
Abajo a la
derecha vista
panorámica
de monte
Akdag
46
Aula
7
Baviera fue el gran feudo del nazismo, baldón
del que difícilmente podrá deshacerse. Pero
Baviera es mucho más y, sin duda, un lugar que
merece la pena conocerse, tanto por su historia
como por ser un placer para los sentidos.
Siendo el mayor de los estados alemanes, tie-
ne el mérito de que todo su territorio es una jo-
ya paisajística, cultural y arquitectónica. Es una
tierra de la que se sienten muy orgullosos sus
nativos (y no es para menos, la verdad), senti-
miento del que es sencillo percatarse: los tram-
pantojos (pinturas en las fachadas) de las casas
nos muestran escenas costumbristas y religio-
sas; especialmente en los pueblos y entre la gen-
te mayor, todavía hoy se ven hombres y muje-
res vestidos a diario con el que aquí conocemos
como típico traje tirolés; siguen fieles a su gas-
tronomía (nada que ver con la profusión de
McDonald’s de Francia); el tarado de Ludwig II
aún es un personaje idolatrado; más que como
alemanes se definen como bávaros y, aunque
pasen décadas, los cambios no se hacen evi-
dentes para el viajero. Visité Baviera por prime-
ra vez en el año 1987 e hice el mismo viaje en
2004; excepto por los vehículos, apenas percibí
cambios, algo que para quienes vivimos en es-
ta España entregada al hormigón y las excava-
doras resulta sorprendente.
Sociedad eminentemente católica y derechis-
ta (fue el único estado alemán que no ratificó la
Constitución alemana de 1949 y todas las elec-
ciones posteriores a la SGM las ha ganado el
mismo partido de derechas, el CSU), habría de-
primido a Lutero si éste echase un vistazo hoy
al interior de las iglesias bávaras: las protestan-
tes apenas si son frecuentadas por personas
bastante mayores y las católicas rebosan de ni-
ños, jóvenes y adultos (y Ratzinger todavía no
era Papa). Sólo habría encontrado consuelo en
que unas y otras siguen teniendo unos órga-
nos magníficos y organizando estupendos con-
ciertos semanales, por pequeña que sea la lo-
calidad o la iglesia. Es ciertamente envidiable la
cantidad de actos culturales que un turista en-
cuentra en esas ciudades, incluso en las de unos
pocos miles habitantes.
La parte amable de Baviera se completa con
sus paisajes alpinos de una belleza apabullante
y con su variopinta arquitectura. Son imprescin-
dibles pueblos medievales como Rothemburg ob
der Tauber y Dinkelsbühl: con murallas transita-
bles, torreones y casas entramadas. Incluso se
puede hacer la ronda nocturna con el sereno que,
ataviado a la antigua usanza, acude de taber-
na en taberna avisando que es la hora de cerrar
y volver a casa, al tiempo que cuenta la histo-
ria del pueblo de Dinkelsbühl.
Entre los pueblos medievales y la anodina ar-
quitectura moderna, el viajero puede visitar los
preciosos castillos de Ludwig II. De los tres que
edificó sólo consiguió terminar uno (el más pe-
queño, el Königsschloss de Linderhof, en el que
construyó una cueva artificial con estanque y
estalactitas, con la única finalidad de que Wagner
representase allí su Tannhäuser; el composi-
tor no visitó el lugar ni una sola vez), dejó en
proyecto muchos otros y así consiguió dilapidar
no sólo la fortuna de su familia sino, en buena
parte, la del estado bávaro. Entre sus últimas
voluntades dejó órdenes para que, a su muer-
te, todos sus castillos fuesen destruidos, pues
consideraba que eran obras sublimes que el vul-
go no debía ver, porque ello equivaldría a una
profanación. Su modelo indiscutible de hombre
de Estado era el absolutista Luis XIV (a él de-
dicó dos de sus castillos, llenándolos de soles)
y, con todo, sigue siendo uno de los personajes
más queridos entre los bávaros. Incomprensible.
¿Y qué vestigios del nazismo encuentra el via-
jero? Sinceramente, pocos. El nazismo se cuidó
de construir campos de concentración en su be-
lla y amada Baviera, tan sólo Dachau (que fue
el primero de todos y modelo para los siguien-
tes, inaugurado en marzo de 1933 –Hitler había
llegado al poder dos meses antes–) y Flossen-
bürg. La mayoría de pabellones de Dachau (in-
Baviera: Un paseo por
el núcleo del nazismo
Eva Basterra Alonso. Presidenta de AEGUAE
47 Aula
7
mediaciones de Múnich) fue destruida, pero aún
pueden visitarse algunos edificios originales, sien-
do especialmente sobrecogedores los dos le-
vantados para los hornos crematorios, uno de
ellos con una cámara de gas que nunca fue uti-
lizada. El pabellón que albergó las cocinas, la-
vandería, baños y almacén acoge una exposi-
ción permanente sobre el campo de Dachau y
los horrores nazis.
¿Quién no recuerda las imágenes de Hitler en
una terraza, con unas vistas impresionantes de
los Alpes, junto a Eva Braun, sus oficiales o su
perra pastor alemán? Ese refugio de montaña
que Martin Bormann mandó construir en Ober-
salzberg (Berchtesgaden), como regalo para
Hitler en su 50.º cumpleaños, a una altitud de
1.834 m, permanece intacto y puede ser visita-
do por cualquiera que así lo desee. Hoy la fa-
mosa terraza es una cafetería (¡!), lo mismo que
el gran salón interior. 3.000 trabajadores lo cons-
truyeron en 13 meses, junto con el túnel de ac-
ceso a la cúpula de entrada al ascensor reves-
tido en latón (aún se conserva el original), que
asciende 124 m por dentro de la montaña, has-
ta llegar al refugio. El resto de estancias hitle-
rianas de la localidad fue totalmente destruido
por los bombardeos del ejército británico.
Y, por último, Nuremberg (Nürnberg). De esta
bonita ciudad de historia milenaria, reconstruida
con las ruinas que quedaron tras los bombar-
deos aliados (fue la segunda ciudad alemana
más destruida, tras Dresde), quedan en la me-
moria las imágenes más hitlerianas. Desde 1927
fue la ciudad nazi por excelencia (acogía las reu-
niones anuales del partido nazi); en 1933 Hitler
la declaró Ciudad de los Congresos Partidarios
del Reich, lo que suponía que cada año se reu-
niesen unos 500.000 nacionalsocialistas, la ma-
yoría uniformados, que copaban todas sus ca-
lles y, para acoger mejor a esta muchedumbre y
sus desfiles, mandó construir un enorme com-
plejo conocido como Campo Zeppelin que, aun-
que sólo se ejecutó en su fase inicial, todavía
subsiste y hoy está dedicado a la promoción de
los Derechos Humanos.
Estar en el coliseo y la gran avenida donde
Hitler lanzaba sus discursos llenos de odio y sim-
plismo y presidía los desfiles del ejército y las ju-
ventudes hitlerianas, es una experiencia rara que
te hace consciente de la megalomanía de Hitler.
Ver al mismo tiempo fotos de la época y a uno
mismo en esos lugares, te sume en un estado
que es una mezcla de silencio, tristeza, perple-
jidad y total incomprensión.
Viajar es un placer y una gran herramienta
educativa. Conoced Baviera, pero no sólo la par-
te bonita o romántica; id también a la más triste.
Y si alguna vez tenéis la posibilidad, visitad Aus-
chwitz y Birkenau (junto a Cracovia, Polonia).
Ninguna lectura ni documental os transmitirá las
emociones y reflexiones que vuestra presencia
física en esos museos del horror os proporcio-
nará. Ni queriendo podría olvidar el escalofrío to-
tal que sentí cuando toqué la chaqueta de rayas
de un preso judío en Auschwitz. Triste, pero ne-
cesario.
• A la izquierda, castillo de
Neuschwanstein (Füssen) construido por
Ludwig II.
• Arriba Coliseo construido por Hitler en
Nuremberg.
48
Aula
7
Sigo sin comprender por qué se continúa exter-
minando a pueblos, por qué continuamos matando
y asesinando a otros seres humanos hoy, en el
presente, en mi tiempo. Me entristece profunda-
mente que no exista una organización mundial
cuyo ejército de banderas blancas apague cual-
quier intento de discriminación, guerra o extermi-
nio. Me entristece que no se viva con y para la
paz, con y para el respeto. Me entristece que se
maltrate y discrimine al vecino porque habla una
lengua distinta, porque viste unas ropas distintas,
porque come unos alimentos distintos o porque
venera a un dios distinto; y más aún me entriste-
ce que se mate al vecino por tener simplemente
un color de piel distinto y tal vez unos ojos y dien-
tes distintos. Me entristece que hoy, en el presente,
en mi tiempo, el ser humano continúe siendo la
más sanguinaria y cruel de las bestias. Una bes-
tia que abre fuego y decapita sin tregua a otro
igual, a otro hermano, a otro ser que respira y sien-
te igual que yo. Sólo me formulo una pregunta,
porque la historia y los testimonios de otros tiem-
pos no han sido suficientes para recapacitar y rec-
tificar, para humanizarnos, para ser de una vez
y para siempre SERES HUMANOS: ¿hasta cuándo
dejaremos de ser la peor de las bestias?
Me entristece
Rosa Moya Armengau. Licenciada en Filología Española
LIBROS EN PREPARACIÓN muy pronto
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ERAN MUY POCOS
Félix Valtueña Borque
Novela inédita de Félix Valtueña Borque, en la que narra la trayectoria de la Iglesia
Adventista después de la Guerra Civil española, observada por un muchacho.
Y FUI MAESTRA COMO TÚ
Violeta Balué Iserte
Autobiografía de Violeta Balué Iserte, en la que explica sus experiencias, sus vivencias y
la dificultad de una mujer adventista en un país sin libertad religiosa, para conseguir su
sueño: ser maestra, como un dia lo fue Jesús para sus discípulos y para todos nosotros.
CRISTO EL FIN DE LA LEY Romanos 10:4 En la perspectiva paulina
Roberto Badenas
Tesis doctoral de Roberto Badenas, originalmente en inglés, traducida por fin al español.
Ideal para estudiosos de la Palabra de Dios.
LA NO VIOLENCIA DE DIOS Y DE LOS HOMBRES
Georges Stéveny
En la Biblia hay dos testamentos, pero un solo Dios. Tal es la convicción de Georges
Stéveny al abordar el problema de la no violencia. Las preguntas delicadas que suscita-
ron las «guerras santas» del pueblo hebreo, ciertas leyes mosaicas o simplemente la
«ira» de Dios merecían, por cierto, una respuesta mejor que las formulaciones tradicio-
nales con las que durante mucho tiempo se ha estado transmitiendo la fe cristiana.
De la antigua a la nueva alianza, del Decálogo a las revelaciones que aportó Jesucristo,
esta obra plantea el problema con franqueza y acierto. Enseña, sobre todo, a distinguir
entre lo que Dios quiere y lo que permite, entre lo que hace y lo que hacen los hombres
en nombre de Dios. No pasa por alto el examen de las relaciones entre el cristiano y la
autoridad, según el apóstol Pablo. Sin duda, proporciona muchas claves para compren-
der mejor el Antiguo Testamento.
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