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Pesca - no todo pero mucho e interesante (by Afro)

Pesca costera: ¿de día o de noche?

En la mar, al igual que en tierra, hay especies depredadoras y otras que son, básicamente, presas. Aunque
esto resulte un poco simplificador, puesto que una misma especie puede -y a menudo es- presa y depredador
al tiempo, asumiremos este esquema con objeto de facilitarnos las cosas.

Del mismo modo, podríamos decir que la mayoría de los grandes predadores son nocturnos o prefieren cazar de
noche. Las presas, básicamente, herbívoras, suelen optar por el régimen diurno, salvo algunas especialmente
adaptadas a la oscuridad.

Muchas de las potenciales capturas del pescador deportivo de costa mantienen su actividad tanto de día como
de noche. No obstante, es a partir del ocaso cuando se capturan la mayoría de los grandes peces con caña en
aguas costeras.

Los ecosistemas litorales, muy ligados todos ellos a la


luz, mantienen unas pautas constantes con respecto a
ésta. Así, de día observamos cómo algunos seres
desarrollan una intensa actividad y viceversa. Por
ejemplo, cefalópodos, crustáceos, grandes espáridos y
serránidos son básicamente nocturnos. Por el contrario,
pequeños espáridos y serránidos, así como toda la
familia de los lábridos, son esencialmente diurnos.
Otros, como lubinas, salmonetes y la mayoría de los
pelágicos que recaban en nuestras costas, se alimentan
tanto de día como de noche, pero a menudo prefieren
hacerlo en la oscuridad, porque esto les permite
acercarse más a tierra o explorar aguas de menor
profundidad -que suelen ser las más ricas en nutrientes-
.

De lo anterior, cabe inferir que el pescador deportivo


costero que persigue grandes piezas desde tierra, suela
hacerlo de noche. Tal es el caso del surf-casting
pesado, que se practica mayoritariamente de noche
con la esperanza de alcanzar ejemplares de talla
respetable, que se ponen a tiro de caña únicamente
cuando el astro rey se eclipsa en el horizonte.

Sin embargo el pescador con material ligero, dirigido a pequeñas piezas -como es el clásico "corchero" que
vemos cualquier tarde soleada en el puerto-, emplea las horas diurnas para acometer su empresa. Pesca un
montón de pececillos de modestas dimensiones, pero que pueden proporcionar tanta satisfacción como cualquier
otro, y, sin duda, aseguran la diversión. Mucho más entretenido, desde luego, que el que se afana por capturar
grandes doradas en la soledad de la playa nocturna.
Ahora bien: si pretendemos capturar grandes
ejemplares con caña desde la costa, siempre es más
recomendable intentarlo de noche, a no ser que
nuestro objetivo sean los mugílidos o los mayores
ejemplares de maragota o durdo, que pueden alcanzar
un tamaño respetable.

Entre las especies costeras más comunes a la pesca


deportiva, encontramos tres tipos, en función de que se
alimenten de noche, de día o de ambas maneras.
También hay que señalar que, algunas, cambian
parcialmente sus hábitos por agentes externos o
condicionadas por el medio.

En este apartado encontraríamos factores tales como la excesiva presión humana sobre los ejemplares adultos
de especies muy perseguidas, o circunstancias naturales, como podrían ser la concentración de ciertos alimentos
naturales en determinados momentos.

Como ejemplo, pongamos el caso de la lubina, un pez que caza tanto con luz intensa como de noche, aunque a
menudo se muestre más activa durante el amanecer y el ocaso.
Pues bien, la lubina, cuando no es excesivamente
molestada por el hombre, podrá ser pescada a
cualquier hora, independientemente de su tamaño. Sin
embargo, observamos que los grandes ejemplares se
aventuran en los lugares, digamos, humanizados, sólo
de noche o con el agua muy turbia. Suponemos que
este comportamiento viene dado por adaptación, como
si el pez tomase ciertas precauciones a sabiendas de la
presencia del hombre en sus cazaderos habituales.

Algo parecido observamos con los grandes sargos, cuya


captura en costas frecuentadas, espigones, muelles,
etcétera, se produce sobre todo de noche. Pero esto no
quita para que ambos peces se alimenten también de
día.
Como agentes externos naturales, dijimos que, uno de
los más frecuentes, sería la concentración de alimento
en determinados momentos y lugares. Para continuar
con el caso de las lubinas, esto es lo que ocurre
exactamente con aquéllas que viven en las zonas
norteñas de la Península cuando llega el invierno.

Tan pronto comienzan las angulas a arribar a la costa, las lubinas -y los reos- se concentran en las entradas de
las rías y sus inmediaciones esperando a que este manjar comience a remontar los ríos. Dado que las angulas lo
hacen únicamente de noche, la actividad nocturna de las lubinas crece acorde con el ritmo de entrada de las
anguilitas, sin duda uno de sus alimentos preferidos.

Pero también existen especies cuyos hábitos alimenticios son exclusivamente -o casi- nocturnos o diurnos.

Veamos un pequeño cuadro con los peces más frecuentes del pescador deportivo de costa. Conviene tenerlo
siempre presente a la hora de planificar una jornada de pesca.

Especie Diurnos Nocturnos Día y noche

Salmonete

Mojarra

Sargo común

Tordo o serrano

Cabra o cabrilla

Lubina

Congrio

Cabracho

Dorada

Mugílidos
Mero y cherna

Julia o doncella

Durdo o maragota

Herrera o perla
La influencia de la luna sobre la pesca

Es un hecho asumido por muchos pescadores que las fases lunares inciden en la
actividad de los peces y, por lo tanto, en la pesca. Pero, ¿hasta qué punto esto tiene un
fundamento real y puede ser utilizado para pescar con más éxito? ¿O se trata
simplemente de una tradición o creencia sin ninguna base científica? No hay por el
momento estudios concluyentes, pero en lo que todos estaremos de acuerdo es que, en
ocasiones, los peces pueden comportarse como unos seres auténticamente lunáticos...

Los peces viven en un medio sujeto a la acción gravitatoria de la luna y el sol, siendo el
reflejo más evidente las mareas, cuya intensidad depende de la fase lunar. Varias
investigaciones han demostrado que las fases lunares afectan a una gran variedad de
animales marinos, pero en la mayoría de los casos se ha comprobado que los cambios en
el comportamiento se deben a cambios en la intensidad de las mareas, y no a la
influencia directa de las fuerzas gravitacionales o electromagnéticas sobre los
organismos. En un medio marino sujeto a la acción de las mareas, muchos animales
acomodan sus períodos de alimentación a la cadencia de las mismas. Además, los ciclos
de reproducción de algunas especies de invertebrados y peces están coordinados por la
fase lunar, de manera que la puesta la realizan únicamente durante períodos muy
concretos, normalmente coincidentes con las lunas llena y nueva. Lógicamente, los
depredadores aprovechan las concentraciones masivas de estos animales para
alimentarse frenéticamente.

La luna como elemento de sincronización


Por lo tanto, la luna actuaría como un elemento de referencia para sincronizar los relojes
biológicos de los organismos, los cuales regulan algunos procesos orgánicos y del
comportamiento. Estos ritmos internos permiten a los animales anticiparse a las
condiciones favorables, y no reaccionar a ellas después de que se producen. Es decir,
una especie puede aumentar su actividad y la búsqueda de alimento siguiendo las fases
lunares, siempre y cuando sus presas también muestren cambios de comportamiento
relacionados con la luna.

Tablas solunares
A lo largo de los 27,3 días que tarda la luna en completar una evolución completa a la
Tierra, se producen períodos mayores y menores de fuerzas gravitatorias sobre la
superficie terrestre, que desde hace tiempo se han utilizado para elaborar unos
calendarios llamados tablas solunares, donde se especifican estos períodos. Según la
teoría de los períodos solunares, en esos momentos que duran de una a dos horas, se
producen picos en la actividad de muchas especies, especialmente las de vida acuática.
Basándose en estadísticas elaboradas con datos de capturas, al parecer la proporción de
capturas puede duplicarse o triplicarse durante los horarios solunares, en especial
cuando se trata de peces de gran tamaño. Los días de luna llena y luna nueva, junto con
los tres días previos y posteriores, son períodos en los que la influencia solunar es más
intensa, lo que en teoría produce un incremento en la intensidad de las horas de
actividad solunar. Si bien las estadísticas muestran una tendencia a que los mejores
momentos teóricos para pescar son los que producen las mejores capturas, con criterios
científicos no se puede demostrar que esta tendencia sea significativa.
A falta de estudios más concluyentes, se puede asegurar que las fases lunares ejercen
una influencia directa sobre la actividad alimentaria de los peces, y por ello los
resultados de la pesca pueden variar en función del momento del ciclo lunar. Sin
embargo, una relación más directa, tal y como propone la teoría de las tablas solunares,
no tiene por ahora una confirmación científica. La realidad es que los peces viven en
unos ambientes donde el alimento es limitado, de manera que se alimentan siempre que
tienen oportunidad de hacerlo, esté o no la luna en posición favorable. Puesto que la
caza gasta mucha energía, los depredadores adaptan sus ritmos de alimentación a los
momentos en que son más eficaces capturando presas. La gran diversidad de situaciones
que se pueden dar en una masa de agua, como el tipo de hábitat, presas presentes,
condiciones meteorológicas, etc. hace que los períodos solunares, si realmente afectan al
comportamiento de los peces, queden enmascarados por la personalidad específica de
cada lugar.

En las aguas continentales, los cambios de nivel de agua debido a la luna son mucho
menores que en el mar, de hecho, son imperceptibles. En este caso, la posible acción de
la luna sobre los organismos acuáticos debe ser más sutil y relacionada con otros
mecanismos. Entre éstos, cabe citar que algunas especies de insectos utilizan las fases
lunares para sincronizar la emergencia de los adultos, lo cual sin duda debe tener su
influencia sobre los peces que de ellos se alimentan.

Bajo la luz de la luna


Otro mecanismo está relacionado con la iluminación ambiental que produce la luna, que
si bien es de baja intensidad en comparación a la del sol, es suficiente para que muchos
peces tengan visibilidad suficiente para buscar presas durante la noche. Es el caso de la
trucha, el black bass y especialmente de la lucioperca, dotada de una excepcional
agudeza visual nocturna.

En cambio, la visión del lucio requiere algo más de luz, de manera que muy raramente
se alimenta ni en las noches más claras. En cierta manera, la intensidad luminosa que
produce la luna podría compararse con la de la puesta y la salida del sol, momentos en
los que los peces depredadores son más eficaces en la caza de presas. El resultado es,
por lo tanto, que los ritmos de alimentación y el comportamiento de los peces puede
variar periódicamente según la fase lunar.

Aparte de estas consideraciones de tipo general, hay quien va más allá y afirma que la
luna ejerce una influencia directa sobre el comportamiento de los peces y otros
organismos, produciendo unos períodos llamados solunares que alternan momentos de
gran actividad seguidos de otros de poca o nula actividad.
Pesca a flotador o al coup

En la mar siempre se ha pescado con flotador. Sobre todo especies de talla discreta, han sido
tradicionalmente perseguidas mediante esta técnica.

No obstante, la pesca en agua salada con boya ha evolucionado menos que su homóloga en agua dulce y,
mientras los pescadores de lagos ríos y pantanos adoptaban las técnicas más refinadas provenientes de Europa
y USA, los pescadores de mar continuaban empleando los mismos aparejos y montajes que habían utilizado
durante las últimas décadas. Esto, por fortuna está cambiando y cada vez son más los pescadores de mar que
se aventuran con montajes sofisticados y equipos ligeros y sensibles para pescar a flotador.

Incluso, algunos, no hablan ya de pesca a boya o a flotador, sino que se descuelgan con términos como "a la
inglesa" hasta hace muy poco tiempo patrimonio exclusivo del agua dulce.
Lo cierto es que esta evolución de los sistemas de
pesca tradicionales está incidiendo positivamente en el
número de capturas, pero, sobre todo, en la
satisfacción de los pescadores. Y tenemos que hablar
de satisfacción porque este tipo de equipos y de
montajes, proporcionan mayores sensaciones, sobre
todocuando capturamos minitallas o peces de pequeñas
dimensiones.

Otra ventaja de estos aparejos más sofisticados, es


que, por primera vez, han posibilitado el lastre
adecuado del cebo, así como una colocación más
precisa del mismo. Esto, que puede parecer trivial,
cobra a veces una importancia decisiva. Pensemos en
que la mayoría de los peces costeros se alimentan a
una profundidad determinada y, así mismo, tienen una
boca característica, que les permite ingerir un tipo de
bocado o de un volumen determinado.

Por tanto, se acabó eso de pescar en la mar con una


boya gigante y mal lastrada sin apenas sensibilidad,
con un terminal corto y sin lastre y con un voluminoso
cebo que pende a media braza de la superficie. Este
sistema, muy habitual en cualquier puerto de nuestra
geografía, ha pasado de moda. Lo que antaño se
consideraba pesca generalista y polivalente ha pasado
a ser, sin más, sinónimo de falta de pericia.

Sabemos que la mayoría de las especies que perseguimos son de escasa talla y que, básicamente, serían:
lábridos, pequeños espáridos, e incluso, si hacemos rozar el cebo a ras de suelo, blénidos, salmonetes y
góbidos.
Por tanto, nuestro aparejo debe fondear lo suficiente
para quedar, como mucho, a una braza del fondo, a no
ser que pesquemos entre las rocas o al lado de la pared
de un muelle.

Es decir, puesto que perseguimos especies de roca,


tendremos que ponerles el cebo lo bastante cerca del
fondo para que se decidan a tomarlo.

Estos peces no viven en aguas libres y cuando,


accidentalmente, se encuentran en medio de una gran
masa de agua, se sienten desorientados y en peligro.
No es, pues, la situación ideal para tentarlos con
nuestros aparejos.

Por tanto, lo lógico será emplear el montaje que más se ajuste a las necesidades o a los hábitos del pez que
pretendamos capturar, y que, al mismo tiempo, nos proporcione el máximo control sobre la picada. Adoptar las
técnicas más desarrolladas en la pesca a boya, puede ser entonces imprescindible.
Por otra parte, a menudo observamos cómo los pescadores de mar en general y los de flotador en particular,
practican su afición muy mal pertrechados del equipo necesario. Esta situación contrasta con sus homólogos de
agua dulce, provistos a veces hasta la exageración de todo tipo de aperos de pesca. Pero, en este deporte, suele
ser mejor pasarse que quedarse corto, pues nunca se sabe a qué situación nos vamos a tener que enfrentar.
Por lo pronto, habría que hacer una lista, digamos, de
complementos, que todo pescador de mar a flotador
debería llevar consigo en cada jornada de pesca:
- Sacadera adecuada
- Por lo menos otro tipo de cebo de repuesto o para
alternar.
- Terminales o hilos de distintos diámetros.
- Varios tamaños de anzuelos, plomos y boyas.

Aunque este material que acabo de citar parece muy


básico, si dan una vuelta por cualquier muelle,
rompeolas, puerto o, en general, cualquier "punto
caliente" de pesca a boya, se darán cuenta de que son
una excepción aquellos pescadores que lo poseen.
Pesca al coup en la mar.

Juan Bautista García Pérez-Castejón nos introduce en la pesca al coup en la mar, extraído de su esperado
libro "Cuaderno de pesca. Modalidades y técnicas avanzadas de pesca en mar."

La modalidad de pulso (coup) consiste en lanzar, clavar y recuperar un pez con una caña desnuda a la que
hemos colocado un sedal anudado a la puntera. La base principal de esta modalidad es el cebado de la zona, ya
que sin él, difícilmente podremos obtener alguna captura. Esta modalidad, como casi todas, tienen su origen en
agua dulce, pero ha tomado un tremendo auge en el mar, sobre todo en los puertos y zonas rocosas.

Este tipo de pesca propicia sentir la picada de los peces directamente en la puntera de las cañas. Por ello se
fabrican sin anillas y sin porta carretes, porque el pescador de coup mantendrá la caña en la mano y clavará la
pieza en el momento que advierta la picada.

¿Dónde y cuándo practicar esta modalidad?

El coup o pesca a pulso es una modalidad que se puede practicar en cualquier sitio, siempre y cuando nos
encontremos cómodos en el lugar elegido. Cuando la practicamos dentro de los puertos, la meteorología apenas
influye en su desarrollo. Pero, sin embargo, cuando la practicamos fuera de las zonas abrigadas o resguardadas
del viento, descubrimos que se hace más difícil y más pesada. Por ello, considero que debemos primero saber
distinguir el estado del mar, antes de decidirnos por una zona u otra. Por ejemplo: Cuando el mar está como
una balsa de aceite o un espejo y apenas hay viento, se dice que está en calma (calma chicha). Cuando
aparecen pequeños rizos superficiales y acompañados de una ligera brisa, se dice que hay ventolina (rizado).
Cuando ya empiezan a aparecer pequeños borreguillos por encima de la superficie marina y la brisa empieza a
convertirse en viento, se dice que hay marejadilla.
Cuando estos borreguillos se convierten en crestas de
espuma y las olas empiezan a ser más largas, se dice
que hay marejada (brisa fresca). Cuando la fuerza del
viento es mayor y las olas empiezan a ser escarpadas y
muy largas, se dice que hay fuerte marejada
(frescachón).

Cuando el viento arrastra a las olas en capas espesas,


se dice que hay mar gruesa o muy gruesa (temporal).
Cuando las olas ganan altura y el temporal se endurece
dejando una superficie blanca, se dice que la mar está
arbolada (temporal duro). Y, por último, cuando el mar
arrastra por el aire rociones de espuma y el viento ha
conseguido sobrepasar los 50 nudos, se dice que hay
temporal huracanado (mar montañosa).

Cañas.
Con relación a las cañas, el mercado es muy extenso,
ya que podemos encontrar varios tipos: telescópicas y
enchufables.

Con respecto a las medidas, pueden llegar hasta los


14,5 m. de longitud, pero solamente las enchufables,
ya que las telescópicas es muy difícil que se fabriquen
tan largas, debido a que son muy difíciles de manejar,
se tiene un mal control del flotador por la excesiva
longitud de la línea y por la dificultad de lanzar
flotadores de muy poco peso; el caso es que cada día
se utilizan menos, y difícilmente se fabrican ya por
encima de los 10 m.

Sin embargo, las enchufables permiten el lanzamiento


de todo tipo de flotadores – al margen del peso que
tengan estos-, permiten la precisión en el clavado, se
tiene un control total sobre el flotador en todo
momento y de la profundidad a la que se pesca. Pero,
para que sean efectivas, debemos colocar un
amortiguador en la punta. Este amortiguador no es
más que un elástico de diferentes texturas y
elasticidad, que permite amortiguar la fuerza de las
sacudidas de los peces.

Los materiales con que se fabrican estas cañas son muy diversos: desde el carbono, grafito, kevlar o fibra de
vidrio, hasta el titanio. Pero hay tener en cuenta que, a mayor longitud, mayor peso; por ello el material que
debemos elegir para este tipo de caña será siempre muy liviano, descartando las más pesadas. Con respecto a
la acción, son parabólicas, con repartición a la puntera, pero, al mismo tiempo, algunas son de acción más
rápida, debido a que el pescador debe clavar la pieza en el momento de advertir la picada.

Las pruebas de flexibilidad que tenemos que hacerle a una caña para saber si es buena, son varias. Por ejemplo:
Debemos colocar la caña extendida horizontalmente, con la puntera a unos 20 ó 25 cm. del suelo y propinar un
fuerte golpe de muñeca hacia arriba. En esta maniobra se observará que la puntera debe subir y bajar
rápidamente hasta rozar el suelo, y de esta forma se observará la flexibilidad que tiene la puntera. Otra de las
pruebas que se pueden realizar es la de flexibilidad del arco. Ésta, la realizaremos simplemente anudando un
sedal a la puntera y tirando hacia abajo. De esta forma, observaremos el arco que se produce y se determinará
la resistencia que tiene la caña.

Mientras llevamos a cabo lo anterior, la caña no debe hacer ningún ruido extraño. Por otro lado, cuando
realicemos estas maniobras, nunca las haremos con brusquedad, sino que simularemos los distintos tirones que
puede producir un pez.
Sedales.

En esta modalidad los sedales más usados son aquellos que contienen en su fabricación un alto contenido de
teflón o coramida, ya que todo el aparejo dependerá directamente de él. Con relación al diámetro más utilizado,
oscila entre el 0.16 mm. y el 0.22 mm., utilizando siempre los sedales más finos según el estado del mar y en
función de la especie que se pretenda pescar.

Otra de las cosas que debemos tener en cuenta, es que nunca pondremos el sedal más largo que la longitud de
la caña, porque si tenemos la fortuna de clavar alguna pieza considerable, ésta hará que la caña se arquee y, si
dicha longitud es mayor, será imposible sacar la pieza del agua, e incluso nos costará mucho trabajo introducirla
en el salabardo.

Por norma general, el bajo línea será siempre confeccionado directamente con la línea madre, ya que muy pocas
veces se utiliza mosquetón, porque, muchas veces, es divisado por los peces, haciendo que estos ni se acerquen
al cebo.

Plomos:

En esta modalidad, las plomadas están siempre determinadas por el tipo de flotador que se usa. Por norma
general, los plomos más usados son los de guisante o perdigón, que nos sirven para plomar el flotador. Aunque,
a veces, se pueden sustituir dichos plomos por otros que también harán la función buscada, pero de
dimensiones y pesos distintos. Uno de los más utilizados, aparte de los anteriores, es el de torpedo -pero con
muy poco peso-, e incluso los de pera taladrados.

Anzuelos:

No existen anzuelos específicos para la modalidad de


coup. Por lo general, los tamaños que se utilizan son
medianos y pequeños entre el 6 y 12. Siempre
colocaremos el anzuelo con relación al cebo que se
utilice y a la clase de pez que se pretenda pescar. Con
respecto a los modelos, podemos utilizar varios, pero
siempre será aconsejable utilizar aquellos que tienen la
pata más larga, con el fin de poder sujetar bien la
carnada.

Flotadores:

Con respecto a los flotadores que se usan en esta


modalidad, no existe un modelo especifico, como
sucede en la modalidad de inglesa o incluso boloñesa,
sino que, por lo general, el pescador elige el que mejor
se adapte al estado del mar. Por ello, en este tipo de
pesca se pueden utilizar muchos y de variadas formas:
desde los de aguas quietas, hasta los de fuerte
marejada. Por suerte, en el mercado tenemos donde
elegir, ya que hay muchos modelos.

Los materiales de fabricación son muy variados, desde la madera de balsa hasta el plástico, pasando por el
corcho natural o artificial. Su fabricación es muy sencilla: primero se confecciona el cuerpo según el diseño que
se elija; más tarde se perfora por el centro o se le colocan unas pequeñas anillas por fuera según sea el
modelo; una vez hecho esto, se le coloca la antena y se pinta. Los modelos fabricados son muy variados, porque
pueden tener forma de dardo, flecha, trompo, redondos, cónicos, o incluso en forma de huevo, y en diferentes
tamaños y pesos, desde los 2 gr. hasta los 200 gr.

Terminales:

El terminal para esta modalidad se suele hacer siempre en su forma directa, ya que, de lo contrario, o sea,
indirecta, el mosquetón se vería mucho, haciendo que los peces desconfíen del cebo. El terminal está
condicionado por la especie que se pretenda pescar; aparte, hay que tener en cuenta que el flotador no debe
nunca hundirse por el peso del cebo y los plomos, ni tampoco debe quedarse acostado encima del agua.

Si buscamos especies que se dediquen a comer en la zona de mayor claridad, como es la superficie, deberemos
usar flotadores que coloquen nuestro cebo ahí, pero siempre y cuando sea de la forma más natural posible. Si,
por el contrario, el pez acostumbra a comer a fondo, deberemos utilizar aquellos que se puedan lastrar con
bastante peso, para que, al caer al agua el cebo, se vaya rápidamente al fondo y no sea atacado por los peces
pequeños que se alimentan a media agua o en la superficie.
Cebos:

Si pudiéramos preguntar a todos los pescadores que utilizan esta modalidad, observaríamos que todos tienen en
común la masilla como cebo principal, porque en esta modalidad no se efectúan lanzamientos fuertes que
pueden hacer que de desprenda del anzuelo, y porque el cebo es muy parecido al engodo que preparamos a
base de pan. Pero ello no quiere decir que siempre utilizaremos la masilla como cebo principal, sino que también
debemos utilizar otros tipos, desde lombrices, asticot o pan francés, hasta sardina e incluso patas de calamar.
Lance pesado: aspectos a tener en cuenta.

El lance pesado es una técnica en la que, aparte de la importancia que tiene que el lanzado sea lo más
correcto posible, tanto en su ejecución como en su precisión y suavidad, hay que cuidar otros
aspectos, como son los aparejos y los cebos que empleemos.

Salvo en los casos en los que lancemos a un punto concreto –por ejemplo a una hondonada o una barra, o a
cualquier lugar favorable pues le suponemos abundancia de peces- lo normal será lanzar nuestro aparejo cuanto
más lejos mejor.

Para ello debemos ejecutar el lanzado con fuerza y habilidad para conseguir distancias largas. Además, es
conveniente que el plomo sea lo suficientemente pesado y la caña lo suficientemente larga, pero, en cualquier
caso, que vayan en consonancia. Es fundamental el equilibrio entre caña, carrete y el peso que lancemos.

Tampoco debemos descuidar el estado del sedal y que la bobina del carrete se encuentre totalmente llena.
Sobra decir que las anillas deben estar perfectamente alineadas y pulidas para ofrecer el mínimo rozamiento
posible.

A fin de aumentar unos metros la distancia alcanzada


por el aparejo, nos adentraremos en el agua de la orilla
hasta donde nos sea posible. Para ello es muy
aconsejable estar provistos de altas botas de goma o
de pantalones de vadear.

Una vez efectuado el lance, mantendremos abierto el


carrete y situaremos la caña en su correspondiente
soporte, que hemos fijado anteriormente. Sólo
entonces cerraremos el carrete y tensaremos el sedal.
Si, al poco tiempo de haberlo tensado, observamos que
el seno del hilo cae fláccido, procederemos a tensarlo
de nuevo. Si, repetida esta operación, el resultado es el
mismo, esto significará que la corriente es demasiada
para nuestro lastre y mueve demasiado el aparejo, con
lo que habrá que plantearse poner un plomo más
pesado, o bien emplear plomadas especiales que se
ofrezcan resistencia a su desplazamiento por el lecho
marino. A este fin, disponemos de plomos con garfios,
salientes, puntas y demás elementos para conseguir un
sólido agarre incluso en fondos blandos.

Respecto a los cebos, su volumen y capacidad para


mantenerse en el anzuelo es decisiva a la hora de
plantearnos el lance. Con los cebos blandos, una buena
opción será la de amarrarlos con un poco de hilo de
licra, de algodón o de goma elástica.
También debemos tener en cuenta su tamaño, lo cual puede dificultar el lanzado del aparejo, así como que éste
“vuele” de manera óptima.

Entre los cebos aptos para ser lanzados, está la gusana de mar en casi todas sus variedades, los moluscos
bivalvos, con o sin concha, y los cangrejos y otros crustáceos pequeños o en trozos.

También los trozos de calamar y, si tenemos cuidado al encarnar, los cebos más olorosos como las sardinas y
otros peces. Aunque algunos utilicen el pescado en salmuera, e incluso, congelado, nosotros optaremos siempre
que sea posible por el pescado fresco y, cuanto más fresco, mejor.

La creencia de que el pescado un poco pasado puede resultar más atractivo por despedir un aroma, digamos,
más penetrante, es totalmente infundada. No pongo en tela de juicio que huela más, pero no hay que confundir
mayor olor con peor olor.

Los peces distinguen perfectamente el tufo de la carnada pasada, y habrán de estar muy hambrientos y
desesperados para atacar este tipo de cebo. Por otra parte, el pescado bien fresco es el más resistente, y, por
tanto, el que mejor aguantará en el anzuelo.

Este es otro punto interesante para el aficionado, que a veces sólo se preocupa del lanzado y no piensa en que
su cebo ha de estar luego en el agua de la mejor manera posible. Dado que las corrientes producidas por el
oleaje y la resaca suelen ser fuertes, conviene resaltar la importancia de que el cebo aguante bien las
embestidas del agua y se mantenga en su posición original, minimizando el fenómeno adverso que constituyen
los golpes de mar para la sujeción de la carnada en el anzuelo. Por eso, lo mejor será emplear cebos que
mantengan cierta consistencia y anzuelos lo suficientemente grandes como para que quede bien sujeto el
bocado.
Respecto al cebado previo de la zona de pesca, aunque
algunos autores e incluso reputados aficionados así lo
aconsejen, la experiencia nos demuestra que esta
práctica no se puede generalizar en el surf casting y
sólo debe ser tenida en cuenta en condiciones muy
específicas, como cuando la mar está muy bella o
lanzamos a un lugar cercano a la orilla y que, por esa
razón, sea susceptible de ser alcanzado por nuestro
macizo o engodo.

De no mediar estas condiciones –poco frecuentes en las


rompientes- no sería efectivo cebar el agua y, a
menudo contraproducente, por la sencilla razón de que
la corriente lo alejaría rápidamente de nuestro radio de
acción de pesca, si es que antes ha tenido alguna
oportunidad de llegar hasta allí. Piénsese que, a
menudo, los lances que realizamos son de más de 75
m. y lo difícil que es macizar una zona más allá de los
30 ó 40 m.

Por último, un aspecto determinante y que muchos descuidan, es la manera de entrar en el agua que tiene el
aparejo. De nada valdrá haber alcanzado la mayor distancia posible o haber colocado nuestra carnada con
precisión en esa barra tan querenciosa, si el aparejo cae desordenado. Me explico: durante el lance, muchas
veces, el plomo tiende a situarse por delante de las hijuelas de los anzuelos que rematan el aparejo. De caer al
agua así, el resultado es un más que previsible enredo. De nada sirve un aparejo enredado. De ahí que debamos
vigilar el aparejo mientras vuela, para que penetre en el agua de forma que quede en banda, en posición
correcta para pescar.
Hay muchas técnicas para la pesca en la mar, pero el lance pesado, es sin lugar a dudas, la modalidad
deportiva más empleada.

En la pesca al lance pesado debemos controlar a la perfección, además del tipo de especies y el tamaño de los
ejemplares que deseemos capturar, el tipo de fondo con el que nos encontramos. Un sabio aficionado me solía
comentar que el fondo dice mucho de lo que se puede pescar y de cómo se puede pescar, y así es. Si estamos
lanzando en la playa, sabemos que, frente a nosotros se extiende un desierto de arena, sin accidentes en el
fondo ni nada que pueda hacer peligrar nuestro aparejo.

En consecuencia, podemos lanzar lo más lejos posible e ir cobrando poco a poco el aparejo, “arando” lentamente
el lecho de arena y dejando un sabroso rastro de olor que los peces seguirán hasta dar con el cebo, que se
desplaza muy lentamente cubriendo un radio de acción muy amplio. Si el fondo es de roca, no conviene tocar la
manivela del carrete más que para tensar la línea acto seguido del lanzado, pues los riesgos de enrocar y perder
el aparejo son evidentes.

Por otro lado, recuérdese que debemos emplear carnada cuyo hábitat se corresponda con el tipo de fondo. De
esta manera, si éste es de arena, podemos encarnar con un cangrejo verde, uno de arena, navajas, chirlas,
almejas, berberechos o cualquier tipo de anélido (la gusana de mar es un cebo casi universal y óptimo en todos
los fondos de arena o fango). Si, en cambio, pescamos sobre la roca, darán mejor resultado otros cebos más
propios de ese ecosistema.

Además, en un fondo liso y regular, de arena o de fango, el anzuelo debe ir en el extremo de la línea y
descansar sobre el mismo lecho. Pescando sobre roca –frecuentemente accidentada y con algas- lo más
conveniente es que el plomo se sitúe al final de la línea y que el/los anzuelos estén a un par de pies por encima
de éste. De esta forma, conseguiremos que nuestro cebo sea más visible y aparente, más móvil y oloroso, que
si queda a ras de suelo, tapado por las algas o dentro de una grieta, y se lo pondremos más fácil al pez en
cuanto a su localización.
Para pescar con esta técnica, es preferible usar pesadas
cañas de lanzado de una potencia superior a los cien
gramos y un poderoso carrete. Lógicamente, no
podremos mantenerlas en la mano –aparte de que
solemos trabajar con varias cañas a la vez- y por eso
es recomendable proveerse de unos soportes o
sujetacañas, para poderlas mantener sólidamente
clavadas en el suelo.

Si pescamos en una playa, estos sujetacañas se hacen


imprescindibles, pues el carrete nunca debe tocar la
arena, uno de los peores enemigos de todo instrumento
mecánico.

Alguien podría poner en duda que las cañas deban ser


pesadas para realizar esta pesca, puesto que muchos
aficionados prefieren optar por peces de pequeña o
mediana talla, como son los salmonetes, lenguados,
herreras –llamados también magres- etc. que, a priori,
no necesitan de grandes anzuelos ni fuertes sedales ni
potentes carretes. Entonces, ¿para que quiero yo un
equipo de lanzado pesado? –podrían preguntar.

Dicho así habría que convenir con ellos en que no les falta razón, pero si se analiza esta modalidad de pesca,
nos daremos cuenta de que, una cosa es lanzar dentro del puerto o en un resguardado malecón, y otra es lanzar
en las playas y en las escolleras, donde habitualmente debemos enfrentarnos a las corrientes, al oleaje y otros
aspectos propios de la rompiente que no podemos menospreciar.

Si, en estas condiciones, es decir, con el oleaje y la resaca, lanzamos con una caña ligera que no permita lastrar
el aparejo convenientemente, lo habitual es que nuestro aparejo “baile” sobre el fondo y se convierta en un
objeto liviano que la corriente mueve a su antojo. El previsible resultado es que se enrede y no pesque.

Entonces, a usted, si quiere pescar a fondo en la rompiente, le quedan dos opciones: Una, utilizar un equipo
ligero y pescar sólo los días en que la mar está bella. Dos, proveerse de un equipo que le permita ser utilizado
con pesados lastres –al margen de que luego usted decida montar anzuelos pequeños y cebarlos con gusana
para pescar peces de escasa talla, que puede ser muy divertido y aconsejable- y pescar donde, cuando y como
quiera.

Una objeción: “Oiga, yo no quiero lanzar a donde rompen las olas, porque allí se me enreda el aparejo y es más
incómodo”.

Bueno, usted se lo pierde, pero tenga presente que el oleaje desarrolla una acción, algo así como de rodillo y
rastrillo, y que levanta –amén de muchas partículas inorgánicas- muchos animalillos y materia orgánica, que
quedan temporalmente en suspensión y que sirven de comida a los peces. De otro modo, ¿qué cree usted que
hacen los peces vagando como alma en pena por ese desierto de arena que es el fondo de una playa?
Además, estoy convencido que a los peces tampoco les
divierte el oleaje, ni nadan entre las olas por deporte.
No, los peces no son aficionados al surf ni nada que se
le parezca (los delfines sí, pero ese es otro cantar) y si
explotan la rompiente es siempre por alguna razón,
que suele reducirse a lo más simple y prosaico que es,
ni más ni menos que, como decimos los humanos,
buscarse las lentejas, o los gusanos o los cangrejos o lo
que sea, pero, en definitiva, comer.

Por eso, sea usted consecuente y lance su alimento


–con un anzuelo por medio, claro está- donde lo van a
buscar los peces.
La caña debe ser larga, de más de tres metros, rápida
y fuerte, de pocos tramos, pero de puntera sensible
para detectar cuanto antes la picada.Esta elección no
es arbitraria, pues está avalada por razones, tales
como que precisamos realizar lanzamientos largos, y
que, además, una vez lanzado, la caña debe quedar en
vertical sostenida por el soporte que previamente
hemos clavado en la arena, a mayor altura que las
crestas de las olas.

El carrete, además de poderoso, con un freno sensible


por si tenemos que enfrentarnos a grandes piezas, y
capaz de albergar, cuando menos, doscientos metros
del 0.40.

El soporte de la caña será de acero inoxidable y, si pescamos en la playa, con el pie de forma espatulada, para
mantenerse más sólidamente en la arena.

Existen en el mercado diferentes tipos de lastres, algunos de ellos especialmente concebidos para ofrecer un
mejor anclaje en el fondo arenoso, e impedir así que ruede el aparejo con los embates de las olas. Tenemos
plomos incluso con pequeños garfios, que ofrecerán gran resistencia a los desplazamientos causados por la
corriente.

Por último, otro elemento indispensable son las botas altas –por encima de la rodilla- de goma, aunque en
determinados lugares o en ciertas condiciones, sería más aconsejable pescar con pantalones de vadear.
Lance pesado - surf casting
Los cebos, tres montajes avanzados

Llega la hora de plantearnos montar unos cebos un poco más elaborados, es decir,
emplearlos de forma que tanto resistan un buen lance como sirvan para atraer mejor a
la pesca. Sobre cebos para la pesca en mar podríamos estar hablando durante mucho
tiempo, pero en esta tercera entrega nos vamos a plantear cómo montar mejor el
calamar, la sardina, las gusanas y titas, e incluso nuestros primeros vivos para pescar
en el rebalaje.

Lo más sencillo, lo que todos hacíamos al principio


y lo que muchos aficionados que salen de vez en
cuando a pasar un rato de pesca en la orilla siguen
haciendo, es meter el cebo -tal cual- en el anzuelo,
o mejor dicho y para que la expresión sea más
correcta, introducir el anzuelo en el cebo
pinchándolo hasta que sólo asoma el sedal.

La teoría...
Esto es lo más simple, lo más rápido, lo que
suponemos mejor, pero a menudo lo que peor resulta a la hora de que la pesca lo tome bien,
y ello por dos motivos fundamentales: primero, al lanzar, con la tensión y tracción del
momento del lance y las vibraciones que se producen en el aire mientras vuelan plomo y
embocadura, y segundo, con el impacto en el agua y la caída (con un efecto de torsión
acusado hasta que el plomo toca el fondo), el cebo así montado casi nunca queda “en su
sitio” una vez que descansa en el fondo.

Muchas veces el cebo se desprende incluso en el aire (cebos blandos como la sardina o
gusanas mal prendidas) y en otras ocasiones lo hace al chocar con el agua, pues el impacto
es fuerte, y un cebo medio suelto ya durante el vuelo se acaba soltando o desgarrando en
cuanto toca agua y cae hacia abajo según tira el plomo hacia el fondo.

La solución no pasa por enganchar el cebo retorciéndolo una y otra vez en el anzuelo, pues
al final acabamos con la consistencia de ese cebo y lo que en nuestras manos parece bien
agarrado, o se medio suelta o queda en una forma y disposición que no es del todo efectiva
una vez en el escenario de pesca, allí en el fondo.

Cebado, enfilado o ascado


Por ello, vamos a comentar cómo podemos montar algunos cebos muy efectivos, casi
universales, y sobre todo que en cualquier momento pueden hacer que una buena pieza nos
entre; vamos a “volver sardinas”, a “amarrar calamar”, y a “entubar gusanas y titas”; suena
raro, pero así podríamos denominar a estas formas de presentar dichos cebos, tan atractivos
y eficaces que, cualquier pez que pase por donde se encuentra el anzuelo, lo tomará. Como
material necesario una bobina de hilo elástico y unas agujas huecas (se compran en las
tiendas especializadas en pesca de mar).

Desde Santurce, las traigo yo...


La sardina siempre tendemos a emplearla cortada en trozos y
enganchada directamente al anzuelo, con lo que se desprende
con facilidad o se desplaza, quedando donde el pez no se
clava al tomarla; por ello vamos a cortar las colas de unas
sardinas de tamaño medio, frescas (por ejemplo del día
anterior y saladas para que endurezcan un poco, pero ojo, sin
pasarnos, que pierden jugo), y en el momento de montar el
anzuelo abrimos dicha parte de la sardina por la zona ventral,
desde la zona más gruesa hasta la base de la aleta caudal. La
abrimos y retiramos la espina con cuidado.

Como un calcetín
A continuación le damos la vuelta, dejando la piel hacia dentro,
la carne para fuera y, en el interior -como si fuese el relleno-
ponemos el anzuelo, cuyo arponcillo asomará por uno de los
laterales. Ahora toca sacar la bobina de hilo elástico y, sujetando con cuidado la sardina
vuelta, vamos liando desde la cola hacia abajo unas cuantas vueltas, dando consistencia al
cebo, que se aprieta y queda firmemente unido al anzuelo. Procuremos liar unas vueltas por
encima del nudo del anzuelo (lo notamos al tacto) y otras vueltas por debajo, para que el
anzuelo se sujete mejor y soporte la energía transmitida durante el lance.

Paciencia
No es complicado, aunque en los primeros montajes tal vez tardaremos un poco en lograr
conseguir el resultado que queremos; la sardina así montada no sólo atrae mucho más que
de la forma tradicional, sino que resiste el lance de forma totalmente segura, y en el
movimiento del aparejo en el fondo siempre permanece en su punto ideal para clavar al pez
que entre a comérsela. Además, si queremos aumentar más su atractivo podemos, una vez
terminado el liado con hilo elástico, sumergir el cebo en aceite de sardina, que se compra en
las tiendas de pesca. Como podéis ver vamos a seguir pescando con las mismas sardinas,
pero ¿a qué resultan bastante más atractivas así?

¡Una de calamares!
Con el calamar ocurre algo parecido, pues hay quien coloca una anilla de éste sujeta como
buenamente puede al anzuelo. La verdad, esto es apostar por pescar poco, pues hay exceso
de cebo y de mala presentación, y salvo un congrio o una morena -poco selectivos ambos-
poco podremos esperar. También hay quien emplea una tira cosida, camuflando la punta del
anzuelo al final del todo, lo que, llegado el caso, es desde luego menos malo.

Tira vuelta
Pero el mejor montaje de calamar que se puede emplear es -junto a la cabeza entera del
calamar pequeño, ideal en muchos pesqueros de arena limpia para el róbalo y la baila- la tira
vuelta sobre el anzuelo. Y me explico: abrimos por un lado a lo largo del cuerpo de un
calamar, pequeño o mediano, dependiendo del anzuelo y de la pieza que esperemos
capturar; lo extendemos y cortamos una tira a lo largo, de un par de centímetros, dando un
pequeño corte que no llegue a traspasar hasta la parte externa, sin cortar la piel, que servirá
para sujetar las dos partes, haciendo de “bisagra”, de pliegue.

Luego ponemos el anzuelo y su sedal de forma que el hilo quede en ese pliegue que hemos
“casi” cortado, y el anzuelo se mantenga (al igual que en el caso de la sardina) asomando por
la parte inferior. Lo enrollamos y comenzamos a liar fuerte con el hilo elástico, sin miedo,
pues la carne aguanta bien y el pescado no lo percibe en absoluto. El final, la parte de la tira
que da al sedal de la embocadura, lo afirmaremos bien, al igual que la zona de la patilla del
anzuelo, para que quede bien sujeto.

Mucho mejor
Así podemos lanzarlo con fuerza y a muy buena distancia, siendo un cebo ideal de día y de
noche, válido para róbalos, sargos, doradas, bailas, peces de limón, herreras y un largo
etcétera. En realidad todo lo que deambule por allí entrará a comérselo, seguro.

Titas
Por último vamos a por las titas, el montaje más
sencillo de los tres, muy parecido al que hacemos
con las gusanas, por lo que la forma de realizarlo
será casi idéntica. Ni unas ni otras podemos
pincharlas en el anzuelo sin más, pues pierden
vitalidad, se vacían, y lo que es peor, se
desprenden en el lance o al caer hacia el fondo, y
de quedar colgando de mala manera, si un pez
entra y la engancha por cualquier lado, la arranca
del anzuelo sin llegar a prenderse.

Por ello vamos a comenzar a emplear una aguja hueca que permita ensartar a la gusana o a
la tita por dentro (la tita pequeña o bibi es para mí tal vez el mejor cebo para el surf casting en
la mayoría de los pesqueros, aunque hay excepciones, por supuesto) procurando dañarla lo
menos posible, y sobre todo tratando de no sacar la aguja a través de la piel, sino
aprovechando los orificios naturales de cada extremo.

Cuidadín
Una vez en la aguja (la mantendremos allí el menor tiempo posible) introducimos la punta del
anzuelo en uno de los extremos de la aguja hueca, tensamos el sedal hasta que la aguja se
arquee un poco y vamos empujando la gusana o la tita para ir metiéndola en el anzuelo.

La tita se introduce entera, descansando en la curva del gancho del anzuelo, y la gusana,
dependiendo de la variedad que sea, o la metemos entera también o podemos dejar un tercio
fuera del anzuelo, de forma que al moverse en el fondo atraiga a la pesca; incluso se hacen
montajes con dos o tres gusanas, un “pegote” irresistible para róbalos y doradas.

Máxima
Lo importante en todos los casos es que la tita o la gusana permanezcan vivas mientras
están en el fondo, moviéndose, pues la atracción que ejercen entonces sobre los peces es
tremenda. Aquí dejamos estos comentarios sobre los cebos; recordemos que tenemos
mucha variedad, que debemos ir probándolos para concretar los pesqueros y peces más
dados a entrar a tal o cual cebo, y a la vez ir descubriendo cuáles se adaptan también mejor
a nuestra forma de pescar y a los peces que normalmente perseguimos.
El surf casting es quizás la técnica más empleada por los aficionados a la pesca de mar desde tierra, sobre
todo porque España cuenta con muchos km. de playa donde podemos practicarlo.

Aunque para los más puristas el surf casting es la pesca al lanzado pesado en la rompiente, para la gran
mayoría surf casting significa simplemente la pesca a fondo desde la orilla de la playa, al margen de que haya
oleaje o no.

Sin embargo, nuestro país presenta dos tipos de playas muy diferentes que serían, básicamente, las
atlánticas/cantábricas y las mediterráneas.

Por eso, lo primero que debemos hacer es diferenciar bien ambos espacios y entender el funcionamiento de cada
uno de ellos.

En el caso del Atlántico o del Cantábrico, la mayoría de las playas se transforman en grandes planicies de arena
durante la bajamar, especialmente aquéllas que tienen poca pendiente.

Por tanto, si lo que pretendemos es pescar en una playa cantábrica o atlántica, deberemos ser conscientes de
este fenómeno y prepararnos para actuar sobre un territorio que queda al descubierto y después “se llena” de
agua.
Las playas que sufren grandes oscilaciones de tamaño a causa de la marea, suelen tener además grandes
corrientes por el desplazamiento de las masas de agua, y constituyen un paraje apropiado para varios tipos de
pesca, puesto que muchos peces se adentran tan pronto como la profundidad de agua se lo permite en ese
desierto que forma la playa en marea baja.

Con la bajamar, la playa ofrece un aspecto monótono, el de una gigantesca superficie de arena, sin vegetación,
y surcada sólo ocasionalmente por algún regatillo de agua, que en los puntos más bajos puede formar “piscinas”
de poca profundidad y aguas transparentes.

En este aparente desierto, hay, sin embargo, una gran biodiversidad. Aparte de aves limícolas, que esperan la
bajada de la marea para recorrer la planicie recién liberada por la mar, encontramos un montón de animales que
se refugian bajo la arena (navajas, berberechos, almejas, cangrejos de arena o comunes, diversos tipos de
anélidos, etc.) y que constituyen el alimento de los peces que están esperando que suba la marea, es decir, que
recorren el camino inverso al de las aves.

Se deduce que si pretendemos pescar a caña,


tendremos que esperar a que la marea comience a
subir, para interceptar a los peces que van llegando.
Entre los más comunes se encuentran la omnipresente
lubina, el salmonete de roca, los peces planos -como
rodaballos, lenguados y platijas-, algunos espáridos -
como el sargo rey, la dorada y la herrera-, o arañas
(también llamadas salvarios) y otras especies menos
apetecidas.

Por eso recomendamos lanzar los aparejos (siempre


que tengamos el agua suficiente, que, si está turbia o
blanca por la espuma puede ser bastante incluso con
menos de un metro de profundidad) a las zonas que
están siendo conquistadas por la marea, y desplazarnos
acorde va subiendo ésta, con lo que tendremos ocasión
de recorrer un gran trecho y pescar muchas de las
distintas especies que siguen inexorablemente ese
camino.

Por último, cuando la marea comienza a descender, los


peces emprenden la retirada poco a poco, con lo que,
llegado ese momento, debemos pensar en abandonar
también, o cambiar de escenario de pesca.
La playa mediterránea, aunque a simple vista parezca
similar, es muy distinta, sobre todo a causa de que la
marea es casi inexistente y en vez de tener un desnivel
de varios metros como en la costa atlántica, suele
rondar en torno a los 30 ó 40 cm.

Además, el oleaje propio del Atlántico se reduce sustancialmente en este mar cerrado, y el agua es más
cristalina y salada, y sujeta a cambios de temperatura más considerables. Aun así, las especies que
encontraremos son casi siempre comunes o registran pequeñas variaciones con respecto a las del Atlántico
(recordemos que el Mediterráneo es un mar relativamente joven y subsidiario del Atlántico, que llenó su cuenca
vacía hace unos seis millones de años, cuando se abrió el Estrecho de Gibraltar) y por tanto, la flora y la fauna
son, en general, comunes a todas nuestras costas peninsulares.

Esto no quita para que el Mediterráneo registre algunos endemismos -como el ermitaño gigante-, así como
algunas –pocas- especies tropicales procedentes del mar Rojo.

Pero en lo que sí difiere, -pese a haber señalado la uniformidad general que existe en cuanto a flora y fauna- es
en los métodos de pesca, pues aunque nos enfrentemos a las mismas o muy parecidas especies, por darse
condiciones distintas, debemos adaptar nuestras técnicas y nuestra estrategia de pesca a las mismas.

En el Mediterráneo no es posible esperar a los peces que aprovechan la marea para recorrer la playa recién
y de aguas turbias, hacen que, para engañar a los peces, lo más provechoso sea aguardar a las horas de escasa
luz, y lanzar muy lejos buscando toda la profundidad posible.

De hecho, muchos pescadores “de costa”, que pescan abundantemente en el Cantábrico, no serían capaces de
pescar nada en el Mediterráneo si no abandonan la tierra firme y se introducen unos cientos de metros mar
adentro en embarcación.

Esta búsqueda de profundidad se convierte en casi una obsesión para algunos pescadores ribereños
mediterráneos, que elegirán (con buen criterio) las playas de más pronunciada pendiente para practicar el surf
casting, donde puedan asegurarse también unos metros de fondo cuando lancen el aparejo.
En cualquier modalidad de pesca, sea cual sea, el lanzado
se convierte en una de los principales aspectos a tener en
cuenta por el que la practica, que debe dominarlo para poder
depositar el aparejo o el señuelo allí donde cree que es el
lugar o zona de actuación idónea.

El término inglés surfcasting se podría traducir como lanzado sobre las olas.
En español comúnmente se conoce como lance desde costa, a fondo,
pesado..., y otros términos según sea el sitio donde se practique esta
modalidad de pesca. Lanzar sobre las olas es, en este estilo, una
característica básica: hay que sacar, cuanto más mejor, la mayor cantidad de
línea posible.

Sin embargo hay veces en las que no hace falta alcanzar distancias míticas
para obtener un día memorable de pesca. Algunos peces se pueden capturar
a escasos metros de donde se ha plantado la caña.

Sobra decir que cada uno tiene su sistema propio de pesca, y a cada cual le
toca descubrir cuál es el suyo. Esto necesita tiempo y experiencia, propia y
ajena, en estas lides. No obstante, y para seguir evolucionando, nunca está
de más probar y aprender algo nuevo. En este sentido los nuevos métodos
de pesca relacionados con el surfcasting, y más en concreto las nuevas
modalidades y técnicas que se pueden aplicar a los lanzados, me llevan a
publicar mi modesta opinión personal en este artículo.
En una caña de lanzado pesado, o de surfcasting, podemos
encontrar una leyenda parecida a ésta. Las primeras
inscripciones indican el número de tramos (tres,
enchufables) y la longitud. La última indica la acción (B,
que significa acción media) y la potencia (para lanzar entre
200 y 300 gramos).

El equipo

No quisiera pasar por alto, antes de entrar en la materia más propia de las
técnicas de lanzado, el comentar de forma somera (que este tema daría para
otro articulo) algo sobre el equipo empleado en esta modalidad de pesca:
cañas, anillas, carretes e hilos, los cuales, y gracias a las nuevas tecnologías
empleadas y aplicadas en su construcción, son en gran parte responsables
de los logros que se puedan obtener en el tema que nos ocupa.

Cañas

Básicamente y según su acción, se dividen en parabólicas, o lentas, y con


acción de punta, o rápidas.

Las primeras doblan la caña en su tramo medio, siendo relativamente lentas


al ejecutar el lanzado y no alcanzando muy largas distancias. En las
segundas la caña se dobla cerca de la puntera, con lo que se obtiene una
mayor velocidad en el lanzado y por lo tanto una mayor distancia obtenida
tras el mismo.
Llegados a este punto, cabría hacer una observación: una caña lanzadora no
es necesariamente una caña pescadora, y viceversa. Una caña
extremadamente rígida en su punta nos permitirá la utilización de plomos
mayores que otras más blandas en el mismo tramo, y por lo tanto se
obtendrán mayores distancias de lanzamiento, si bien con este tipo de cañas
durante la acción de pesca el numero de peces clavados y llevados hasta la
mano será inferior que con otras un poco menos rígidas (hay un dicho entre
los pescadores que dice que es la caña la que tiene que clavar al pez).

Su construcción suele ser en compuestos de fibra de carbono, ahora incluso


con refuerzos de titanio. Este tipo de materiales las hace más robustas y
potentes, a la vez que más ligeras. También, en algunos modelos, se
incorpora una malla de Kevlar, que las dota de solidez.. Suelen tener una
longitud de entre 4,25 y 4,50 metros. Su potencia más usual oscila entre 100
y 300 gramos.

Para concluir, y en consonancia con lo antedicho, una buena caña para la


práctica de la pesca al "lanzado sobre las olas" (que no para las
competiciones de lanzado) debe guardar un equilibrio entre una caña
"lanzadora" (muy rápida) y "pescadora" (más lenta).

Anillas

Hay que tener en cuenta de que son éstas las que soportan el paso del hilo o
sedal. El rozamiento entre ambos elementos se traduce en menos metros de
hilo sacado de la bobina, a la vez que en un más rápido deterioro del sedal, y
de las anillas. Por consiguiente, conviene de que el anillado de la caña esté
realizado en un material muy duro y con un bajo coeficiente de rozamiento,
como puede ser el carburo de silicio (SIC).

Carrete

Existen en el mercado dos tipos de carretes: los llamados de bobina fija, y los
de bobina giratoria, también llamados multiplicadores (lo que no tiene ningún
sentido, pues multiplicadores lo son todos).
Los carretes destinados a la pesca en la modalidad de surfcasting deben
permitir almacenar al menos 200 metros de hilo de 0,40 mm de diámetro. Su
construcción debe ser sólida y con tratamiento anticorrosivo (por aquello de la
salinidad del mar).

Con respecto a la bobina, si es cónica (en los carretes de bobina fija) mejor.
Estos tipos de bobinas permiten una mejor salida del sedal. Aunque también
interviene de una manera especial el llenado de la misma, esto es: el hilo
deberá de estar enrasado con el borde superior de la misma, lo que junto con
un buen diseño de la bobina facilitará una mejor salida de la línea y en
consecuencia permitirá alcanzar mayores distancias de lanzado.

En lo concerniente al carrete del tipo de bobina giratoria, su mayor problema


es la regulación del freno centrífugo, y el uso del pulgar, para evitar que la
inercia de la bobina provoque un "nido" en la línea. Hasta adquirir algo de
experiencia en su manejo este tipo de problemas son bastante frecuentes.

Línea

En lo referente al sedal a emplear, una cosa es evidente, y es que a menor


diámetro del hilo empleado mayor distancia de lanzamiento se obtiene, pues
tanto el peso como el rozamiento son mayores. Insisto (a costa de pecar de
reiterativo): no se debe olvidar que estamos tratando de una modalidad de
pesca, en la que "meter hilo", cuanto más mejor, es una de sus principales
características.

El lanzado

Dicho lo anterior pasemos a ver los distintos lanzados que con más asiduidad
se emplean en esta modalidad pesquera. Para ello he seleccionado tres tipos
de lances que a mi juicio son los más practicados: tradicional, catalana,
media luna o ground cast, y pendular. Hay más, y como antes dije cada
pescador tiene su sistema, pero estos que aquí se exponen son los más
extendidos, unos más que otros, por lo que he podido observar tanto en
concursos de lanzado como en jornadas de pesca.
También cabría matizar algo, y es que no hay que engañarse: manejar una
caña de 4,25 o 4,50 metros, y lanzar un paternoster de 2 o 3 anzuelos con
sus respectivas carnadas a 150 metros desde la orilla, requiere fuerza,
habilidad y experiencia.

Un detalle muy a tener en cuenta es la parada de la caña tras el lanzado:


ésta debe ser en seco, para que toda la energía se transmita al plomo, y lo
más alta posible, para que la parábola que describa el plomo en su
trayectoria sea amplia y en consecuencia la distancia recorrida sea mayor.
Lógicamente la parada coincide con la suelta del hilo (por cierto, la caña no
tiene que sonar durante la ejecución del lanzado si se ejecuta correctamente:
caña silbadora, poco lanzadora).

Por último, hablar de pasada de un importante detalle al que no se le presta


mucha atención. Me refiero al drop, caída, o distancia del plomo hasta la
punta de la caña, siendo éste uno de los métodos o factores que más influyen
a la hora de cargar la caña al máximo, permitiendo, si está bien elegido,
utilizar pesos más reducidos, controlar mejor la dirección del lanzado, y
reducir el esfuerzo necesario para ganar más metros.

Lanzado tradicional

No tiene nada que explicar. Básicamente, consiste en llevar la caña en un


plano vertical por encima de la cabeza (above cast) con el plomo pendiendo
de la puntera de la caña.

Su ejecución es siempre encarando al objetivo, es decir: el lanzador se


coloca mirando al mar y luego, con un movimiento de arriba abajo, lanza.

Dada su simplicidad es el adecuado para los que comienzan a iniciarse en


esta modalidad de pesca, o bien para aquellos escenarios (escolleras,
espigones, cantiles...) donde puede ser complicado efectuar el movimiento
amplio que exigen otros tipos de lanzado.
Con el lanzado tradicional no hay que esperar grandes logros en cuanto a
distancias se refiere.

Preparando y ejecutando un lanzado vertical tradicional.

Catalana, media luna o ground cast

Existen muchos más nombres que denominan este tipo de lanzamiento. Los
más conocidos son los citados. Ground cast se podría traducir por "lanzado
desde tierra", pues es del suelo de donde parte el plomo para la ejecución de
este lanzado.

Su virtud es que la caña se carga mucho más que en el lanzado tradicional,


lo que se traduce en más distancia obtenida.

Para describir este tipo de lance me apoyaré en el método que yo utilizo, que
advierto que no es la forma más ortodoxa de ejecutarlo, aunque las
diferencias son pocas (básicamente se diferencia en la posición del plomo y
puntera), pero he llegado a lograr más distancia de esta forma que con la
tradicional en este estilo y es la que mejor se adapta a mis necesidades.

Para empezar hay que imaginarse que estamos dentro de un reloj. Lo que yo
hago es colocarme de costado al mar situando la punta de la caña a las dos
en punto y el plomo entre las cuatro y las cinco, casi formando un ángulo de
45º entre plomo y puntera (el más puro estilo dice que el hilo se extienda
como una prolongación de la caña).
La pierna derecha esta adelantada un paso y sobre ella recae el peso del
cuerpo, el talón de la caña se sitúa más o menos, a la altura del pecho,
mientras que la puntera está más abajo, a unos pocos palmos del suelo. La
mano que sujeta el hilo (la derecha si somos diestros) está baja y extendida
hacia atrás.

Este conjunto (posición de caña, plomo y cuerpo), hace que la caña ya esté
en tensión antes de empezar la rotación del cuerpo, lo cual hace que cuando
empezamos a girar (la pierna izquierda es entonces la que soporta el peso
del cuerpo) la caña se cargue más cuando el plomo empieza a volar a
nuestras espaldas.

Cuando encaro el mar es cuando la mano que sujeta el talón de la caña tira
hacia el pecho, al tiempo que la mano que sujeta el hilo la extiendo lo más
arriba posible, deteniendo el movimiento como a las doce o a la una en punto
de ese reloj imaginario. Esto hace que el plomo salga disparado bien algo
(cuanto más mejor) en una parábola ascendente y que obtengamos una gran
distancia de lanzado.
La serie de dibujos muestra la ejecución de un lanzado de
media luna, o "ground cast".

Pendular

Si el tipo de lance anteriormente descrito se sale un poco de lo habitual, el


pendular se puede definir como un estilo de difícil ejecución. Esto es debido a
que en este tipo de lanzamiento se carga tanto la caña y es tal aceleración
que se le imprime al plomo, que lo más normal, para el principiante, es que la
caña domine al lanzador, y no al revés, lo que genera errores en la dirección
del los lanzados y en su altura.

Básicamente consiste en hacer oscilar al plomo en el aire, primero hacia


detrás y luego hacia delante, en un movimiento parecido al de un péndulo.

Se parte de una posición parecida a la del ground cast, solo que ahora el
tronco del lanzador estará de espaldas al objetivo, es decir mirando en
dirección contraria a la que luego tendrá el lanzado.
Partiendo de tal posición se comienza a balancear la caña tal como se ha
descrito anteriormente (de atrás para delante y viceversa), para que cuando
el plomo alcance su punto más alto en estas series de vaivenes comencemos
a girar el cuerpo (la caña continuará aun por detrás del lanzador). A
continuación cambiamos la dirección del plomo cargando la caña en un
movimiento giratorio parecido al del ground cast, para finalmente quedar
mirando hacia al mar, momento éste de finalizar el lanzado con una sucesión
de movimientos encadenados: primero tiramos de la mano que sujeta el talón
de la caña, de abajo arriba, y después traemos nuevamente el talón de la
caña hacia nuestro pecho, culminando entonces el lanzamiento, que se
deberá de efectuar por el lateral del lanzador.

Aquí quiero apuntar algo sobre la seguridad, tanto la propia, como la de los
que están a nuestro lado. No se debe de olvidar, de que hay un plomo de
más de 100 gramos "volando" sobre nuestras cabezas, en el caso del
pendular, con lo que esto puede conllevar para la integridad física del
lanzador y quienes le rodean.

Conviene, al iniciarse en este tipo de lanzados, el pendular en especial,


practicarlos sustituyendo el plomo, por algo más blando y de menor
consistencia, como por ejemplo un bullrag (una especie de "huevo" de
silicona, especial para obtener más distancia con señuelos artificiales de
pequeño tamaño) o una pelota de tenis en la que inyectamos agua y
preparamos para fijarla como plomo.

Tampoco se debe de olvidar un problema frecuente en esas playas "valladas"


por las innumerables cañas plantadas en ellas. Es recomendable no utilizar
los lanzados más evolucionados hasta que no tengamos bastante destreza,
de lo contrario nos pasaremos toda la jornada desenredando nuestro hilo de
las líneas de los que comparten con nosotros la jornada de pesca, y si bien
es de humanos el equivocarse la paciencia de los demás suele, tarde o
temprano, terminar por acabarse.
Dicho lo anterior, convendría practicar estos lanzados en esos días en los
que, por las inclemencias del tiempo, mala mar..., no están como para
dedicarlos a pasar una jornada de pesca, buscando en esos días los lugares
menos poblados, donde se tenga la seguridad de no generar ningún tipo de
percance.

La serie de dibujos muestra la ejecución de un lanzado


pendular.

Solo falta decir, a modo de colofón, una pequeña pero interesante


apreciación: no busquemos batir marcas desde el principio, ejecutemos los
lanzados con suavidad, con movimientos que se encadenen en una fluida
sucesión, hasta depurar y conseguir una técnica que nos lleve a lanzar de
una forma mecánica y al tiempo natural por nuestra parte.
Para ello no hay mejor aliado que el tiempo y la perseverancia. No hay que
amilanarse por los fallos que al principio podamos cometer (cosa que por otro
lado, es lógica y normal), sino más bien todo lo contrario: seguir
"machacando", hasta convertirnos en experimentados lanzadores, en pesca o
en competición.

Con todo y con ello, de vez en cuando y por muy diestro que se sea
lanzando, hay veces en que es mejor olvidarse del último efectuado, recoger
y volver a lanzar nuevamente pasa por ser la mejor y única opción a tan
desastroso lanzado.
PESCA DEL MÚJOL A SURFCASTING

La llisera, la llisa, el mújil… creo que debe ser el pez mas criticado de toda
nuestra costa. ¿Pero todas estas críticas a que son debidas?

A ver, yo soy el primero que me gusta comerme con los míos una buena
lubina o dorada pescada por mí, pero no nos engañemos, eso no es lo que
nos envenena de la pesca, sino seriamos pescateros en lugar de
pescadores. Vamos a pescar por puro placer y por ver como día a día somos
capaces de saber y poder engañar al pescado que se nos meta en la
cabeza. Aparte, la gente cada vez que ve a la llisera de playa (liza aurata, la
del punto amarillo, lisa llobarrera…) la relacionan con su familiar la lisa
portuaria.

MEJOR ÉPOCA: Siendo un año caluroso se pueden clavar durante todo el


año.

Si no, hay dos épocas muy buenas: primavera y otoño.

En veranos también hay y muchas, pero tenemos un inconveniente muy


grande: los bañistas, entonces claro, no es imposible.

En primavera (sobretodo en Mayo) se suelen sacar menos cantidad, eso si


son mas gordas.
En otoño, podemos hacer jornadas de 10, 15, 20, e incluso “mi record”
personal se encuentra en mas de 25 lliseras en poco mas de 4 horas… eso
si el tamaño suele ser mas discreto, siempre puede salir un “pepino” pero lo
normal se encontrará entre los 400gr al kilo, kilo y medio máximo.

¿La mejor hora?

La lisa se pesca durante el día, y para mi las mejores horas son al amanecer
y del medio día (15:00h) hasta la puesta de sol, mejor desde las 15:00 h
hasta anochecer.

MEJOR APAREJO: Para esta pesca he probado aparejos de 1, 2 y 3


anzuelos, he probado todo tipo de combinaciones, 2 largos, centrados,
etc.…
Y el mejor bajo que me ha ido es este

Referente al equipo , para esta pesca suelo montar dos cañas a poder ser
de acción semi-parabólica, de 4,20m (Trastevere 4,20m de Renzo Valdieri),
relativamente “blandas” pero con su puntito de nervio por si tengo que
alargar un poco el lance , bobinadas con hilos finos (desde el 0,14 al 0,18) ,
anzuelos desde el nº 6 hasta el nº 8 curvos y de carbono empatados con
líneas desde el 0,20 al 0,28 , si estáis en concurso montar un 0,30 de
gameta y un 0,25 de madre mas que nada por rapidez, pero si pescáis por
placer , disfrutarlas con hilos finos.

Así podremos disfrutar de su pesca.

DISTANCIA DE LANCE: Hay que buscarlas, yo hago lo que siempre hago


con otras especies, una la lanzo medio larga (100m-110m) y otra corta
(40m) poco a poco las voy cruzando, la larga la lanzo un poco menos y la
corta un poco mas, hasta que las encuentro, en el momento que tengo
picada, pongo las dos en la misma distancia que he tenido la picada.
Cuando dejamos de tener picadas… a comenzar de nuevo: una larga otra
corta.

Para hacer esto hay un sistema que ahora ya no lo suelo hacer ya que me
suelo acordar cual es la larga y cual es la corta … pero al principio de
empezar a “cruzar las cañas” un buen pescador conocido en el mundo de la
competición me dijo un truco que él utilizaba para nada mas ver la caña que
están picando saber si es la que esta “larga o corta” es un sistema muy
sencillo y hasta tonto , pero al menos a mi hasta que me lo dijeron no se
me había ocurrido …

El sistema es este:

La caña que lanzo larga, la pongo en el cañero de manera tradicional, recta,


tensada, con el carrete mirando hacia el mar… vamos como ponemos la
caña en el soporte siempre… En cambio la otra (la corta) la pongo
“tumbada”, apoyada en el soporte (como los días que hace mucho viento,
que por culpa del aire no nos deja poner la caña en alto)

¿En el momento que la “corta” pasa a “larga”?

Pues las ponemos otra vez así… la “corta” tumbada y la “larga” subida al
soporte.

Un truco para que la caña que esta tumbada nos tense es "engañarla"
poniéndola girada y casi paralela al mar, así nos “cojera” mejor y quedara
totalmente tensada, y veremos perfectamente las picadas.

Este truquito os sirve tanto para la llisera como para cualquier especie que
vaya en bancos y tengamos que “localizar” para machacar el banco con las
2 cañas a la vez.

Igualmente, al menos por donde suelo ir a pescar yo, muy pocas veces
tengo que superar los 100 m para hacer una buena pesquera.

Fijaros en la foto como rápidamente distinguiremos cual es la “corta” y cual


la “larga” y aparte como las dos cañas están marcando perfectamente. (Lo
de engañar a la que esta tumbada es para que marque…sino la engañáis y
es una caña un poco dura no os marcará)
MEJOR CEBO: Para pescar en el puerto o en escollera , el pan enmasillado
con algún aceite de sardina suele ser el mejor cebo , lo que pasa es que
claro ,estamos hablando de la llisera pescada en la playa , el pan es un muy
buen cebo , pero inviable para pescar desde playa dada su extremada
fragilidad.

He probado muchos, por no decir que todos los tipos de gusanos


comerciales y el que mejor resultado me ha dado siempre ha sido el gusano
conocido como NORTE.

Otro cebo que va muy muy bien, es un gusano poco conocido llamado
SALTARELO.

En el caso de no poder encontrar norte o saltarelo, el coreano es una buena


alternativa, no es tan eficaz como los antes nombrados, pero tampoco va
mal, la verdad.
Truquito cuando cebéis: El norte es un gusano muy muy blando, yo lo que
suelo hacer es en cada gameta cebar 2 gusanos mínimo, contando que sean
de tamaño normal e incluso si alguna vez salen pequeños, cebo 3 por
anzuelo.

¿Por qué?

Dada la fragilidad de este cebo, muchas veces si forzamos un pelín el lance,


nosotros mismos veremos que cuando lancemos “perderemos”parte de
gusano… ¿Solución? Poner el doble, así nos aseguramos que cuando nuestro
aparejo llega al agua queda un buen “filetón”.

Siempre dejo la cola del gusano en la punta del anzuelo, a no ser que tenga
que forzar bastante el lance que entonces pongo de 2 a 3 gusanos enteros y
el último con la cabeza en la muerte del anzuelo, para que aguante la
barrida.

ESTADO DEL MAR: Para mi el mejor estado del mar es rizado o plano, se
pueden sacar si esta un poco movido, pero si esta muy muy movido ni me
lo planteo, ya que no suele funcionar la cosa.

Será una tontería, pero los días soleados me han dado mejor resultado que
los días nublosos con amenaza de tormenta e incluso con lluvia.

Como sabéis las llisas tienen la costumbre de deleitarnos con grandes y


magistrales saltos mientras que nosotros estamos en la playa… el día que
mas salten las llisas, menos cojeréis.
Surf Casting de competición.

Todavía existen personas que piensan que la pesca es una tarea sosegada y pasiva.

Claro que estas personas no han tenido la oportunidad de asistir a algún concurso de pesca de competición, y
menos aún de haber estado varias horas cerca de un competidor deportivo en la modalidad de lanzado pesado o
surf-casting. Porque, de haber sido así, jamás dirían que es una tarea sosegada, principalmente porque un
pescador deportivo de competición es una persona que no se para a observar sus cañas, o sea, no espera a que
la caña le marque la picada de los peces, sino que está constantemente moviendo los aparejos que están en el
agua, y constantemente cambiando el cebo, en previsión de que esté un poco defectuoso. Efectuando
lanzamientos cortos, medianos, largos y súper largos, buscando concretamente los posibles lugares donde se
concentran los peces para alimentarse.

De hecho, la prueba es que muchos de los pescadores deportivos de competición pueden llegar a consumir de
30 a 40 cajas de gusanos en una noche. Teniendo en cuenta que cada caja puede llevar aproximadamente entre
6 y 8 gusanos de lombriz de playa o arena, se puede hallar la media de lo consumido. Claro que, no podemos
olvidarnos que solamente se pueden utilizar dos cañas. Esto lleva a imaginar el tiempo que descansan.

La pesca de competición en la modalidad de lanzado pesado o surf-casting no es solamente el trabajo constante,


sino que también influyen muchos factores para conseguir el mayor número de piezas. Entre otros, podríamos
citar el saber qué aparejo colocar para que los peces ataquen mejor a los cebos, la longitud de las cametas, la
memoria de picada y, cómo no, el grado de frescura de los cebos.
¿Cómo ser un pescador de élite?

Si has decidido introducirte en la pesca de competición, debes intentar conseguir pescar con los materiales más
sofisticados del mercado, dependiendo, claro está, de tu economía. Estamos de acuerdo que los peces no tienen
predilección a la hora de picar entre un material más caro o más barato, pero la razón principal de este
comentario es sencilla, ya que en una competición cualquier prestación del material será una ventaja sobre tu
rival; una caña que consiga llegar a más distancia, un puntero híbrido, un nivel de recuperación mayor, un sedal
más fino, etc. Todo ello te hará, a veces, conseguir mayores capturas. Por ejemplo: si en una competición
participan 20 pescadores (por poner una cifra), debes tener en cuenta que serán 40 plomos cayendo al agua
constantemente, por lo tanto, los peces, ante tanta actividad y ruido, intentaran poner agua de por medio. Ello
quiere decir que en un radio de 100 m. a 140 m. de la orilla, los plomazos en el agua serán múltiples; si
consigues con una caña especialmente diseñada para las largas distancias colocar tus cebos por encima de los
140 m., tendrás más posibilidad de conseguir buenas piezas que aquellos que no llegan. Por otro lado, el sedal
también jugará un papel muy importante: de hecho con sedales finos conseguirás mayores distancias y por lo
tanto, conseguirás pasar esa barrera, donde otros no llegan.

En caso contrario, o sea, en el caso de que los peces


estén comiendo cerca de la orilla, siempre un puntero
híbrido conseguirá clavar más piezas que un puntero
convencional, porque este puntero dejándolo bien
arqueado actúa de ballesta y en el momento en que el
pez toque el cebo, él mismo se retrae y consigue clavar
la pieza. Y qué decir de los lanzamientos.

Si quieres llegar con facilidad a conseguir largas


distancias, deberás practicar la técnica de los
lanzamientos, porque un lanzamiento bien ejecutado es
ya una ventaja sobre cualquier rival.

Por ello, mi consejo es simplemente que practiques


cada vez que puedas, bien en seco o en mojado, y que
cada día intentes aprender nuevos lanzamientos
siempre y cuando sean mejores en técnica y longitud.

Uno de los lanzamientos que se consigue mayor


distancia es el pendular, ya que el plomo se carga de
fuerza y consigue llegar donde otros lanzamientos no
llegan. Al igual que es el mejor, también es el más
difícil; por lo tanto, primero debemos aprender la
técnica y después practicar mucho. Pero, primero, mi
consejo es aprender a la perfección los otros
lanzamientos antes de aventurarte a practicar éste.
Por ejemplo, uno de los más largos es el lateral apoyado; es preferible aprender este lanzamiento antes que el
otro.

Por otro lado, en el surf-casting de competición, los cebos juegan un papel muy importante: de nada sirve
colocar un cebo voluminoso para intentar pescar peces grandes. Esta postura hará que pierdas metros en el
lanzamiento y tengas una caña a la espera de que dicho pez entre a comer el cebo. Hoy por hoy, la experiencia
me ha demostrado que en una competición hay que intentar sacar el mayor número de piezas y nunca intentar
pescar la pieza de tu vida. Para ello ya existen los días que vas por libre y no tienes que competir.

Por lo tanto, es preferible, si estamos en playa, utilizar solamente lombriz de arena y dejar a un lado casi todo lo
demás. Y claro está, cambiar el cebo cada vez que esté deteriorado, por muy poco que sea este deterioro. Al
igual que tampoco hay que dejar las cañas caladas mucho tiempo: si a los cinco u ocho minutos de estar en el
agua no descubrimos indicios de picada, debemos recogerla y, tras cambiarle el cebo, volver a lanzar, pero
buscando nuevas zonas. De ahí que muchos pescadores de competición no utilicen el típico gusano luminoso en
la puntera de la caña, ya que, haya o no marcado el pez la picada, transcurrido dicho tiempo recogen el aparejo.
Para no perder tiempo en colocar el nuevo cebo, debemos utilizar la percha; este accesorio nos ayudará reponer
los cebos mientras las cañas están en el agua, y tras sacarlas simplemente cambiaremos todo el aparejo
terminal. Por eso se suele utilizar la técnica de pescar indirectamente; o sea, la línea principal del carrete se une
a los terminales por medio de un mosquetón, haciendo fácil el cambio de estos.

Este conjunto de factores, junto a tu gran afición y dedicación por este deporte, harán que pases de ser un
simple pescador de ocio a ser un pescador de élite. Todo depende de ti.

¿Cómo debe ser la caña ideal para el surf-casting de competición?

Saber elegir una caña especialmente diseñada para el surf-casting es muy difícil, principalmente porque unos
fabricantes diseñan unos modelos especiales, pero siempre nos gustaría que tuviera algo más con relación a las
prestaciones que nos presentan en el momento de su adquisición en la tienda.

Por todo esto, he pensado que tal vez escribiendo cuál sería para mí la caña ideal para esta modalidad tan
específica, algún alma caritativa recoja mis indicaciones y las haga realidad fabricando una buena caña. Según
mi juicio, la caña ideal para la modalidad de surf-casting de competición debe ser de la siguiente forma:

-La caña debe ser de tramos y tener una longitud de 4.40 cm., lógicamente en tres tramos de 1.46 cm. cada
uno.

-El anillado debe ser de SIT y de tipo BMNAG (Súper Ocean New Concept Guide). Deberá tener cinco anillas del
tipo fijo, cuatro en el último tramo y una en el segundo, siendo ninguna anilla abatible.

-Tomando primero el tramo final y como referencia la primera anilla la de la punta, sus grosores serán: 20, 25,
30, 45, 65 y colocadas a las distancias siguientes: De la puntera a la siguiente debe haber 25 cm., de ésta a la
siguiente 35 cm., de ésta a la siguiente 50 cm., y de ésta última al final de este tramo, 45 cm. En el segundo
tramo, o sea en el tramo central, la anilla debe estar colocada a 90 cm. desde el principio del tramo que se
enchufa hasta ésta.

-La acción debe oscilar entre intermedia con repartición a la puntera, o bien intermedia con un puntero adicional
de tipo híbrido.

-La potencia será siempre entre 100 y 200 gr.

-La composición de la fibra debe ser de carbono de alto modulo, con revestimiento de titanio, o incluso
revestimiento de kevlar.
-La parte final de la caña, o sea, el puño, debe ser
anatómico y poseer un tapón con dos pesas que sirvan
de contrapeso. Estas pesas deben pesar 25 gr. cada
una, e ir unidas por medio de un tornillo de rosca, para
quitar o poner según el tipo de lance.

-El porta carretes debe ser de rosca de los de tipo


inglesa y debe estar situado a 70 cm. del final de la
caña.

-Todos los tramos hembras deben tener un casquillo


metálico en la boca.

-Los tramos segundo y tercero deben llevar una parte


rugosa cerca de la intersección del anclaje, para poder
desmontarlas fácilmente, incluso con las manos
mojadas.

-En la zona de la puntera y las patas de cada anilla, o


sea, entre medio de las dos sujeciones de cada anilla,
debe llevar un trozo de cinta reflectante.

-Los tramos machos y hembras deben llevar una señal


de montaje, bien sea pintada o grabada. Estas señales
indicarán que una vez unidas, la caña quedará
perfectamente alineada.
Pues bien, amigo lector, ésta sería, a mi juicio, la caña ideal para conseguir lanzamientos superiores a los 170
metros con sedal del 0.20 mm. de línea y con un chambel de un solo brazo, colocado de bajo línea. Ya sólo
falta que la fabriquen.
El carrete de surf-casting.

El carrete de surf-casting, un artículo que Juan Bautista García nos ofrece en exclusiva y como adelanto de su
próximo libro “Cuaderno de pesca”.

Para una buena elección del carrete debemos tener claros varios puntos y, cómo no, las propiedades del carrete
que se va a elegir. En primer lugar, el carrete también debe ser muy liviano, pero resistente a la corrosión de la
sal. Por ello debemos elegir aquellos que en su aleación contengan mayor presencia de carbono, titanio, o
materiales similares. Con respecto a la velocidad de recuperación, en este caso la que más predomina es 4.5:1,
que significa que el brazo de recuperación dará 4.5 vueltas por cada vuelta de la manivela. Pero, una vez que
vayamos a elegirlo, podemos incluso comprar aquellos que tengan mayor o menor nivel de recuperación.

Está claro que para esta modalidad existen varios tipos de carretes: los multiplicadores o bobina giratoria y los
fijos o bobina fija. Cuando se adquiere un poco de experiencia en la pesca a surf- casting, mucha gente se da
cuenta de que utilizar carretes multiplicadores es como utilizar un Formula 1, pero, al igual que para pilotar un
coche de esta magnitud se requiere una experiencia y un aprendizaje, con los multiplicadores sucede lo mismo.
Por ello, el paso de bobina fija a multiplicadores, muchos lo consideran un abismo; pero la verdad es muy
distinta, y la mayoría de las veces, esta opinión es muy exagerada.
Actualmente, estos carretes vienen provistos de dos
frenos, que trabajándolos adecuadamente permiten
utilizarlos en cualquier circunstancia, sin que se
produzcan los tan temidos enredos o nidos de sedal.
Para ello, se debe regular primero el freno de
desplazamiento, que es el que frena al tambor o bobina
por medio de unos discos igual de grandes que dicha
bobina, y debemos aflojarlo o apretarlo en la medida
del peso que utilicemos.

Para ello simplemente colocaremos la caña en


horizontal, o sea paralela al suelo, y sencillamente
dejaremos que el plomo caiga por su propio peso, pero
teniendo en cuenta que nunca debe acelerarse o
detenerse, sino que debe caer lentamente. El otro
freno, el centrífugo, es el que frena el tambor en el
momento del lanzado impidiendo que éste se acelere
en demasía y produzca lo indeseado. Mucha gente lo
regula en el centro aproximadamente y no lo vuelve a
tocar en todo el día; pero para que nos dé un mayor
rendimiento debemos regularlo correctamente.

Para ello, debemos lanzar varias veces y regularlo según proceda, porque está claro que nunca lanzamos con la
misma fuerza, ni siempre pescamos en la mismas condiciones marinas ni meteorológicas. Por otro lado, durante
el lanzado, debemos tener en cuenta que con estos carretes no es el sedal el que se sujeta, sino la propia
bobina, que deberemos sujetarla con el dedo pulgar y no con el índice como se hace con los carretes de bobina
fija.

Por lo tanto, puede hasta producir confusiones en el momento del lanzado. Al igual que la posición de estos
carretes es siempre por encima de la línea de las anillas y más cerca del puño, para que de esta forma sea el
pulgar de la mano izquierda el que sujete la bobina del carrete, mientras que la mano derecha la colocaremos
más arriba, o mejor dicho, más hacia el centro del puño.

En el caso de que decidamos comprar un carrete de bobina fija, debemos tener varios puntos en cuenta, aparte
de que el manejo será mucho más sencillo. En primer lugar, la bobina o tambor siempre será en forma cónica, a
ser posible de aluminio o, en su defecto, con los bordes de aluminio, para que de esta forma el sedal resbale
mejor y se desenrolle más rápida y fácilmente. El freno no debe quedarse atorado, ya que si clavamos una
buena pieza, la salida del sedal será fundamental para poder trabajar la pieza enganchada. De lo contrario, el
pez puede romper con facilidad el sedal. El arco sujeta-hilos o pick up, nunca debe cerrarse en el momento del
lanzado. Si lo hace romperá cualquier línea e incluso puede romper la caña.
Estos carretes también poseen un mecanismo de
antirretroceso de la palanca para evitar enredos en el
sedal, cuando éste está flojo. Hay pescadores que
prefieren comprar carretes sin freno, y con ayuda de
este mecanismo trabajan la pieza enganchada. Una de
las cosas más importantes es que el mecanismo del
carrete debe ser siempre de materiales anticorrosivos,
aparte de que también nos fijaremos en los dientes de
la corona, y, cómo no, en el grosor del eje principal.
Por otra parte, otro de los puntos a tener en cuenta
será el rodillo guía-hilos; éste debe tener un
rodamiento y poseer un sistema para evitar el
retorcimiento del sedal producido por el calor al pasar a
través de él.

Por lo general, en esta modalidad, los sedales a utilizar


suelen ser relativamente finos. Por ello, muchas veces
nos encontramos con el problema de cargar la bobina
con muchos metros de sedal hasta que llegue al borde
de ésta.

Para esta operación, muchos pescadores colocan un sedal de diámetro medio en las 3/4 partes de la bobina y la
última parte la cargan con sedal fino. De esta forma, el grueso hace de cuerpo, mientras que con el fino es con
el que se pesca.

También hay muchos pescadores que prefieren utilizar bobinas de competición para evitar precisamente este
cuerpo de sedal, ya que estas bobinas solamente poseen la capacidad de 200m. ó 250 m. de sedal fino, según el
diámetro.
Otro de los puntos que también es muy importante en este tema, es el nivel de recuperación de estos carretes.
Claro que de ello dependerá el diámetro de la bobina. Hay muchos pescadores que en esta modalidad prefieren
utilizar carretes que tengan mucho nivel de recuperación y de esta forma recuperar el aparejo mas rápidamente.
Personalmente, considero que esto no es un punto primordial en el surf-casting. Tal vez en el spinning si lo sea,
pero aquí no, y todo porque si tenemos un carrete que nos recupere las piezas muy rápidamente, al poco tiempo
de tenerlo descubriremos que la mayoría de los peces se recuperan por encima del agua y dando saltos, cosa
que destruye la magia de la pesca. Esta magia no es más que poder disfrutar de las capturas cuando se resisten
a abandonar su medio natural con tirones y aflojamientos; aparte de que muchas veces se nos desengancharán
las piezas o partirán el sedal al llegar a la rompiente de las olas en la orilla.

Para todo esto, existe una explicación lógica: si recuperamos un pez rápidamente, éste abrirá la boca y opondrá
mucha más resistencia que si viene nadando, al margen de que tire más o menos. Esta resistencia hará que,
muchas veces y según el grado de penetración que tenga el anzuelo en su boca, el pez se desclave por
desgarramiento o bien se rompa el bajo de línea que, por lo general, es fino.

Por todo esto, personalmente recomiendo comprar carretes que tengan la bobina bastante gruesa. Aunque
tengan menor nivel de recuperación, tendrán mas facilidad en la salida del sedal y, por lo tanto, los
lanzamientos serán más largos, que al fin y al cabo, es una de las principales características que se buscan en
esta modalidad.
En definición el "surfcasting" es una modalidad de
pesca en el mar que se basa en lanzar a largas
distancias desde la costa anzuelos con carnadas o
cebos naturales unidos mediante una línea de
pesca y con la ayuda de un plomo o plomada.

Este tipo de pesca es ampliamente practicada por


los pescadores deportivos de orilla ya que para
ello no es necesario una embarcación y basta
conseguir una buen punto pesquero en la orilla
de la playa y poseer los equipos, que por sus
precios asequibles están al alcance de muchas
personas. También puede ser practicada desde
acantilados y rompientes, o su variante desde malecones y muelles.

Para esto son empleadas cañas muy potentes y largas con carretes
generalmente del tipo de tambor fijo que nos permiten realizar largos
lanzados así como otros equipos complementarios detallados a continuación.

Las cañas

La cañas actualmente empleadas para este tipo de pesca suelen ser


fabricadas de fibra de carbono por su resistencia y poco peso. Años atrás
estas cañas eras construidas con fibra de vidrio, las cuales eran excelentes
pero en algunos casos muy pesadas para todo un día de pesca. Los aros,
anillas o guías, deberán ser de materiales ligeros y resistentes a la corrosión
como oxido de aluminio o materiales cerámicos. Estas cañas están
diseñadas para lanzar con las dos manos y existen varios tipos dependiendo
de su tamaño, construcción, sitio de pesca y especie a pescar.

De acuerdo a su construcción estas cañas pueden ser de tramos


desmontables o telescópicas y sus medidas oscilan entre 3,50 y 4,20 metros.
Algunas cañas de tramos enchufables.

Las primeras pueden estar compuestas hasta por tres piezas de hasta 1,40
metros de largo, cada una que se unen entre si mediante enchufes a presión.
Aunque su desventaja radica en la dificultad para su transporte por su
tamaño, tienen una excelente acción de pesca no igualada por las
telescópicas. La ventaja fundamental de las cañas de tipo telescópicas está
en su versatilidad y fácil transporte.

Dependiendo del sitio donde pescamos dependerá directamente el tamaño y


acción de la caña a utilizar. Si pescamos desde la orilla de la playa son
aconsejables el uso de cañas largas y potentes, de unos 3,80 a 4,20 metros
de largo con una acción de 8 a 10, capaces de lanzar plomadas de hasta 250
gramos a más de 100 metros de distancia para lograr así superar la línea de
rompiente.

Si pescamos desde acantilados o rompientes las cañas pudiesen ser algo


mas cortas para facilitar la maniobra del lance desde nuestro punto de pesca
entre las salientes de las piedras.
Cañas telescópicas.

Los carretes

Los carretes generalmente utilizados para la pesca de orilla son los del tipo
de tambor fijo que son sencillos de operar, poseen un sistema anti-retroceso
y un freno regulable que generalmente está situado en la parte superior de la
bobina o tambor, aunque en algunos modelos recientes el mando del freno
esta situado en la parte posterior del cuerpo del carrete.

Carretes de tambor fijo.

Para el lanzado se deberá liberar manualmente el brazo recuperador, el cual


tan pronto empecemos a cobrar línea volverá automáticamente a su posición
de recuperación.

Estos son los carretes mas indicados para lanzar a grandes distancias con
líneas de resistencia de hasta 30 libras. Las capacidades de estos carretes
están comprendidas entre 200 metros de nylon de 0,40 mm hasta unos 300
metros de 0,60 mm.

No se descarta el uso de los robustos carretes de tambor giratorio para esta


modalidad de pesca, sobre todo para obtener lances precisos y cortos así
como para la pesca de grandes piezas que requieren mucha capacidad de
líneas resistentes.
La línea de pesca

Generalmente se fabrica de monofilamento de nailon, y de acuerdo al tipo de


pesca y la especie a pescar su diámetro varía de entre 0,25 mm a 0,60 mm,
con resistencias de 6 lb a 40 lb.

Algunos tipos de líneas


diseñadas para la pesca en el
mar.

Es aconsejable utilizar líneas de excelente calidad ya que la relación


existente entre su diámetro y resistencia es fundamental para los lances. Una
línea delgada de alta resistencia irá mas lejos con menos esfuerzo que una
de inferior calidad con diámetro mayor pero con la misma resistencia.
También por experiencia sabemos que las líneas mas delgadas pescan más
que las gruesas, ya que estas ultimas crean suspicacia en los peces. Otro
factor que se deberá tomar en cuenta es que a mayor diámetro de nailon se
incrementara el arrastre de la línea tanto por la acción de las corrientes como
de los vientos, también el tipo de fondo donde pescamos influye en el grosor
de la línea a seleccionar, ya que fondos del tipo rocoso nos obligan a utilizar
un nailon de mayor diámetro tomando en cuenta el riesgo de enganche.
Relación genérica
diámetro/resistencia para líneas de
monofilamento de nailon.

Para una mayor comprensión de la relación existente entre la resistencia de


la línea y el diámetro se puede consultar la tabla de conversión
resistencia/diámetro de una línea de alta calidad.

Los anzuelos

Para esta modalidad de pesca, y según la especie que


se piensa capturar, su tamaño varía generalmente
entre el # 6 y el # 5/0, y sus modelos o formas son
diversos, desde los convencionales de púa simple con
punta recta, pasando por los resistentes de punta curva
para grandes piezas, hasta llegar a aquellos
sofisticados que poseen doble púa para especies muy
peleonas y con boca frágil.

En cuanto al tamaño del anzuelo depende de su


numeración, a un numero mayor el anzuelo será menor
hasta llegar a 1, después se le añadirá un cero a la
numeración, ejemplo 3/0, 4/0, etc, donde un numero índice mayor indicara
mayor tamaño del anzuelo. Para una mejor comprensión de lo anterior se
anexa una ilustración con diferentes tamaños de anzuelos y su numeración.
Las plomadas

Estas suelen estar diseñadas de diferentes

formas dependiendo del uso que le daremos así


como de las condiciones del mar, fondo..., y con
pesos que van desde los 90 gramos hasta los 250
gramos o más. Sus formas más comunes son de
pera, redondas o triangulares. Las dos primeras se
emplean generalmente para la pesca en orillas de
playas con fondo de arena donde necesitamos lanzar
a grandes distancias. Las de formas triangulares o Dos tipos de plomo
habituales en el
en forma de satélite con ganchos son empleadas "surfcasting".
cuando pescamos también en fondos de arena, pero
con mucha corriente, mala mar o fuerte brisa. Para fondos rocosos son
utilizadas unas plomadas planas que facilitan el desenganche en caso de un
percance con las piedras del fondo.

El porta cañas

Es un accesorio opcional muy útil, sobre todo cuando pescamos en playas


con orilla de arena para colocar la caña. Suele estar fabricado de un grueso
ángulo de aluminio o acero inoxidable, éste se clava verticalmente en la
arena y posee una cavidad para el mango de la caña. Nos ayudara mucho
cuando cambiamos o colocamos las carnadas después de una recogida,
cuando esperamos el pique de un pez o simplemente cuando queremos
comer o tomar algo.

En la siguiente entrega seguiremos conversando de esta modalidad, esta vez


de las carnadas o cebos utilizados, de cómo armaremos los aparejos para las
diferentes especies a pescar, algunos trucos, y de cómo podemos identificar
las especies que obtendremos en determinado lugar simplemente
observando el tipo de orilla, fondo, claridad del agua, etc.
La modalidad de pesca bautizada con el término anglosajón
de surf casting, cuya traducción literal vendría a ser algo así
como pesca a la rompiente, asimismo conocida, entre otros
muchos más apelativos, como pesca al lanzado pesado o
pesca al lance de fondo, resulta ser, sin duda alguna, la más
practicada por ese nutrido colectivo de pescadores que
conforman y dan carta de naturaleza a la pesca deportiva
desde costa.

Basta observar cualquier rincón de nuestras costas, cualquier playa,


promontorio, roquedo o espigón, con esos enjambres de cañas dibujadas en
el horizonte, y que fijadas en el suelo, altivas y desafiantes, esperan
pacientes el ansiado momento de denunciar la picada en forma de nervioso
cabeceo, para caer en la cuenta de hasta qué punto esta disciplina deportiva
cuenta con pronunciamiento y raigambre tan acusados que la hacen
prevalecer, en lo que a número de adeptos se refiere, a cualquier otra de las
numerosas modalidades de pesca deportiva desde costa que se practican a
lo largo y ancho de todo el litoral español.

Un escenario adecuado
para la práctica del surf
casting: una escollera
portuaria. La
acumulación de cañas
prueba la popularidad
de la técnica.
La causa y motivo de contar con tal predicamento, con tal grado de
aceptación, habrá que buscarla, entiendo yo, en una cualidad, virtud más
bien diría, que juega en claro favor de la misma: su proverbial polivalencia.
En efecto, no existe ningún otro tipo de modalidad de pesca deportiva desde
costa que permita, al tiempo, que el pescador pueda escrutar tan amplio
territorio o zona de pesca como el que ésta le propicia, pues el hecho de que
el cebo pueda ser ubicado a voluntad del que maneja la caña, desde la
misma línea de costa hasta más de un centenar de metros separado de
aquélla abre todo un mundo de posibilidades que le son negadas al resto de
modalidades condenadas a un campo de acción mucho más reducido. Sin
embargo, y como no podía ser de otro modo, también este sistema de pesca
cuenta con ciertas servidumbres, entre las que cabe destacar la imposibilidad
de aprovecharse de los beneficios que aporta el cebado o macizado del lugar
de pesca, sobre todo cuando ésta se practica, como viene siendo lo habitual,
a distancias tan alejadas de la orilla que resulta vano, por lo inútil, realizar tal
acción.
¿Mejor cuanto más lejos?

Pero, cuidado, que nadie se lleve a engaño,


pues es fácil caer en el tópico, en la falsa
creencia, de que cuanto más alejado se sitúe el
cebo de la línea de costa, es decir: cuanto mayor
profundidad se alcance en la ubicación de éste;
mayores posibilidades existirán de conseguir
presas, y de mayor talla. En absoluto esto es así,
y conviene advertirlo en favor de los atribulados
pescadores noveles que, guiados por esta
errónea aseveración, se obsesionan y
empecinan, una y otra vez, con un único objetivo
alcanzar mediante el potente lance los lugares
más distanciados posibles a la línea de costa
como una panacea, única y exclusiva, para
Una buena dorada, una de obtener unos buenos resultados en la acción de
las piezas más buscadas por pesca. Bien lo saben los veteranos pescadores
los pescadores de las costas
marítimas españolas. que practican esta modalidad que la cosa no
resulta tan fácil, o dicho de otro modo, que un
potente lanzado no implica necesariamente una mayor posibilidad de picada,
muy al contrario puede ocurrir, y de hecho ocurre a menudo, que una mejor
selección y presentación de las carnadas y de los bajos de línea empleados,
acompañada de un conocimiento de la orografía submarina de la zona de
pesca, de la interpretación del estado de la mar y de las corrientes y mareas
que la puedan afectar en un momento dado, suplen la mediocridad del lance
propiciando unas mayores posibilidades de picada.
El síndrome de la distancia

Tan de Perogrullo resulta esta afirmación que, en caso contrario, en el


supuesto que se diera por buena la regla que a más potente lance, a mayor
fondo conseguido, mayores capturas, bastaría con disponer de una
embarcación que nos transportara a esos fondos apetecidos para conseguir
pesqueras de escándalo, y ello, también lo saben bien los pescadores de
embarcación, no es así ni mucho menos, llegándose a la paradoja de ver en
ocasiones que, mientras el pescador de costa lucha y se esfuerza para
alcanzar esas distancias "mágicas" de la playa de arena, allá por los 150 y
más metros. El pescador de embarcación se acerca hasta los fondos
someros, hasta casi rozar la quilla de su embarcación con el fondo de arena,
en la creencia contraria de que las presas se encuentran más próximas a la
orilla, pareciendo, pues, como si los términos se encontraran invertidos, como
si se hubiera desvirtuado la esencia de cada una de las modalidades de
pesca: el pescador de costa emulando en sus afanes al pescador de
embarcación, y éste tratando de imitar al de costa en sus quehaceres.
cada especie, su fondo

Existe, es evidente, una distancia, digamos


mínima, en relación a la pesca desde costa,
que para que ésta resulte verdaderamente
efectiva habrá que superar, pues qué duda
cabe que no todas las especies se aventuran
a visitar fondos tan extremadamente someros
como los que se pueden encontrar a apenas
unas decenas de metros de la misma orilla de
la playa. Ahora bien, una vez superada dicha
barrera, en mi modesta opinión, no hay que
desdeñar ningún tipo de posibilidad con
respecto a la posible ubicación de las
potenciales presas, ya que, insisto, no
necesariamente la mayor marca de la sonda
resulta ser el marco ideal para muchas Aguardar pacientemente la
picada ocupa la mayor parte
especies en sus expediciones de caza o
del tiempo del pescador de
migraciones en busca de alimento. La surf casting.
existencia de un roquedo sumergido o de un
algar a escasa distancia de la orilla de la playa, por ejemplo, se convierten en
lugar de encuentro de especies en busca de pequeños invertebrados con los
que saciar su apetito y a la vez centro de atracción para sus especies
depredadoras, augurando así mayores posibilidades de captura que no otro
lugar más alejado de la costa, con mayor fondo, pero convertido en un
desierto de arena sin ningún atractivo especial para la mayoría de las
especies que pueblan estos ambientes marinos próximos a la costa.

Un buen ejemplo lo constituyen especies tan populares como son el sargo


común y la mojarra, moradores por excelencia del fondo pétreo, somero o no,
y que, en consecuencia, nunca habrá que buscarlas en el fondo arenoso, por
mucha distancia de la orilla, por mucha profundidad, en que éste se sitúe.
De ahí que anteriormente se citara la importancia, la enorme importancia, que
supone conocer, siquiera a grandes rasgos, la orografía submarina que
dibuja la zona de pesca elegida, circunstancia ésta que resulta fácil de
comprobar en aquellas zonas litorales sometidas a la acción de las mareas
de cierta entidad y harto complicado y de mucha más difícil lectura en los
lugares donde faltan aquéllas, caso del mar Mediterráneo, o, en fin, en
donde, en virtud de los pronunciados fondos existentes no se cuenta con la
suficiente incidencia visual a esos efectos.

Las corrientes

De alguna forma también relacionado con la acción


de las mareas, encontramos otra fenómeno de vital
importancia para el desarrollo de esta modalidad de
pesca como son las corrientes marinas imperantes
en la zona, y que en virtud de su intensidad, y al
margen de que habrá que preverlas con respecto al
aparejo a utilizar para minimizar su consabida acción
de arrastre, pueden actuar como fenómeno capaz de
alterar las costumbres de no pocas especies, hasta
el extremo de hacer que algunas de ellas muestren
una total inactividad al no darse las condiciones
naturales y que le son propias para su actividad

Una buena técnica de diaria, y todo lo contrario, augurar una inusitada


lanzado es necesaria acción cazadora en relación a las especies
para alcanzar las
distancias que a veces, depredadoras que ven en este marco de corrientes
no siempre, pide el intensas, quizá con las aguas tomadas en virtud del
surf casting.
arrastre de partículas del fondo que las mismas
propician, el momento idóneo para, camufladas junto
al roquedo o el algar, acechar a sus potenciales víctimas.
No hay que olvidar, por otro lado, que la acción de las mareas y las corrientes
marinas, en virtud de los desplazamientos de grandes masas de agua que
provocan, actúan como movimientos de arrastre de todo tipo de materias
orgánicas susceptibles de servir de alimento para muchas especies, y que
dichas materias tienden a acumularse, formando verdaderos depósitos de
sedimentos de diferente entidad, en los accidentes orográficos que van
encontrando en su camino, convirtiéndose así en otro motivo de visita del
roquedo sumergido y de toda clase de anfractuosidades que pueda presentar
el relieve submarino por parte de especies en busca de fácil pitanza. La
dorada y la herrera, por ejemplo, son dos de las especies que gustan de
merodear por esas zonas de sedimento en donde las posibilidades de
encontrar alimento se multiplican, sin perjuicio, por otro lado, de que estas
dos especies en concreto sean también visitantes asiduas del fondo arenoso
llano y estéril.

Para todos los escenarios

Advierta el amable lector, que hasta el momento se ha venido hablando


supuestamente de la pesca al surf casting desde una playa de arena, es
decir, desde un punto de pesca con unos fondos habitualmente muy
someros, y si resulta válida para este escenario la advertencia de que el
binomio: mayor profundidad igual a mayor pesca, no necesariamente es
admisible, con más razón se podría trasladar a otros ambientes de pesca tan
diferentes de la playa de arena como son los roquedos naturales,
acantilados, espigones y escolleras portuarias, o dicho de otro modo, a todos
aquellos posibles escenarios en los que al mismo pie del puesto de pesca se
dan ya unos fondos de cierta entidad.
Pescando desde la playa de arena o incluso también desde la de cantos
rodados, de perfil bajo, se puede aducir la necesidad, como se ha dicho, de
tener que salvar una barrera a causa de la reducida sonda que los fondos
inmediatos a donde se sitúa el pescador presentan, cosa que,
evidentemente, no ocurre cuando la acción de pesca se desarrolla desde
estos promontorios citados, generalmente, y a excepción quizá de algunos
roquedos naturales y espigones playeros de poca entidad, con acceso directo
ya de por sí a masas de agua con sondas de diverso valor, pero totalmente
aptas para constituirse en el lugar de visita y estadía de un buen número de
especies que despiertan el interés del pescador deportivo.

No siempre pican las grandes doradas: a menudo no queda


otro remedio que conformarse con las humildes mojarras.
Los peces del roquedo

Será, pues, pescando desde estos puntos, y con más razón si cabe, cuando
convendrá desterrar de una vez por todas el consabido tópico del lance
potente como única garantía de picada, ya que, salvo otras circunstancias
ajenas o indirectamente relacionadas con la pesca en sí, en principio, la
dorada, la lubina, la herrera, y ya no digamos el sargo, la mojarra, la salpa y
la oblada, por citar unos ejemplos, disponiendo, insisto, de la profundidad de
agua necesaria como dispondrán en estos enclaves, más que buscar fondos
alejados de cualquier manifestación en forma de roquedo submarino,
tenderán a aproximarse a él, y si éste no existiera, al propio puesto de pesca
o a sus inmediaciones, roquedo sumergido al fin, por cuanto que es
justamente en estos lugares donde se favorecen dos aspectos tan
consustanciales a estas especies como son la alimentación, en virtud de las
materias orgánicas en forma de pequeños invertebrados y sedimentos
orgánicos que allí se dan cita, y la posibilidad de encontrar cobijo y refugio
seguro ante el imprevisto y fulminante ataque de cualquier depredador. Y
hablando de depredadores, será éste un buen ejemplo de demostración de
hasta qué punto la profundidad de agua cobra una importancia marginal en
estos escenarios utilizando esta modalidad de pesca, pues es de todos
conocido que las anjovas, los palometones, las serviolas, e incluso las
lubinas y otros depredores que se aventuran en sus razias o batidas de caza
por estas aguas, antes que priorizar el calado de las mismas anteponen la
única circunstancia que en verdad es la impulsora de tal actitud: la existencia
de presas potenciales, sea cual fuere el fondo o profundidad de agua a la que
se encuentren éstas, es decir, que lo mismo pueden aceptar la carnada
reposando en el fondo situado justo al pie del acantilado que a cien metros de
él, y por ende, la posibilidad de picada será la misma en ambas ubicaciones,
lo que a la postre significa que se puede prescindir perfectamente de la
obligatoriedad del lanzado potente, o mejor aún, diversificar los "riesgos" de
picada, es decir, utilizar, como viene siendo habitual, dos cañas para la
acción de pesca: una de ellas con su cebo situado a una distancia próxima o
relativamente próxima al puesto de pesca y la restante a una mayor distancia,
consiguiéndose así escrutar una mayor zona de pesca. Ese es el quid de la
cuestión, como bien saben todos los buenos aficionados a esta modalidad.
Lograr, por medio de la distinta ubicación de ambos cebos, dar con el lugar
exacto en donde se encuentra el cardumen de peces y, en consecuencia,
donde las picadas se producen con mayor asiduidad, y entonces sí, haciendo
caso omiso de la profundidad de agua o distancia en que este punto se
encuentre, ubicar ambos cebos continuamente en dicho lugar buscando el
conseguir la mayor rentabilidad posible a la acción de pesca.

El pescador y sus circunstancias

Anteriormente se ha hecho referencia a unas circunstancias ajenas o


indirectamente relacionadas con la acción de pesca en sí, pero que sin
embargo pueden, en un momento determinado, modificar sustancialmente lo
dicho hasta el momento. Se me ocurre, por ejemplo, el hecho de que el
pescador, conocedor del fondo existente, de la acción de las corrientes y
mareas, y, en fin, provisto de un buen equipo de pesca y de los cebos
adecuados al momento y las especies que se pretenden capturar, de pronto
se encuentra de bruces con una draga en plena acción de dragado en el
radio de acción de su caña, o con que se ha producido esta operación
recientemente. También pienso en el momento de la entrada de las barcas
de pesca profesionales que vuelven de faenar y que también pasan en su
deambular por un punto dentro del radio de acción de la caña en cuestión, o,
en fin, con que recientemente se han instalado unas canalizaciones
submarinas justo en el lugar de pesca habitual y del mismo modo a tiro de
caña. En principio, estas circunstancias no dejan de constituirse en un
inconveniente, pues qué duda cabe que el atribulado pescador ve modificado
sustancialmente el medio por él tan bien conocido. Sin embargo, el aficionado
curtido en estas lides puede sacar buen beneficio de las mismas, a poco que
tenga en cuenta que el lugar donde la draga deposita las materias extraídas
al mar se convierte en un verdadero vivero de especies atraídas por toda
suerte de gusanos, moluscos, etc., que acompañan a la materia pétrea, fango
o arena arrancada por aquélla del fondo marino.
Un saliente
rocoso es un
buen lugar para
intentar la pesca
de los grandes
depredadores de
aguas abiertas.

Asimismo, una vez finalizada la operación de dragado, el fondo pétreo que se


dibuja actúa, por los motivos aludidos y por los restos de materia orgánica
que en él queda depositada, como polo de atracción para no pocas especies.
Algo similar ocurrirá con las supuestas tuberías o canalizaciones, que si es
cierto se convertirán en un lugar donde fácilmente podrán quedar trabados
los anzuelos, no lo es menos que el pescador que asuma este riesgo contará
con un marco idóneo para capturar un buen número de especies que verán
en ellas las mismas ventajas que le proporciona el roquedo sumergido. La
entrada a puerto de las barcas profesionales de pesca genera siempre cierto
"trastorno" al pescador, pues, al margen del movimiento de aguas que éstas
producen suele ser frecuente que junto con ellas, o mejor dicho detrás de
ellas, viajen distintas clases de especies depredadoras persiguiendo los
restos de pescado de desecho que por la borda van arrojando sus tripulantes.

Y digo que genera cierto trastorno, por cuanto que el que ansía la captura de
depredadores ve en esta irrupción de navíos el momento idóneo para que se
produzcan las picadas, y por el contrario, el que pretende la captura de otras
especies no depredadoras teme que la súbita aparición de anjovas o
palometones haga huir despavoridas a doradas y herreras, amén del peligro
que supone el perder el aparejo si una de esas embarcaciones se cruza con
la línea de la caña.
La importancia que reviste la perfecta ejecución del lanzado
en esta modalidad de pesca, tanto por lo que concierne al
hecho de poder ubicar el cebo en el lugar exacto donde
confiamos se van a producir las picadas, como el dotar a
dicha sesión de lance de la suficiente potencia para alcanzar
el pretendido objetivo, implican que el equipo de pesca a
utilizar, además de resultar aquilatado a las características
propias de cada pescador, deberá ser tan ligero, cómodo y
manejable como sea posible, convirtiéndose, de algún modo,
en un apéndice de la propia masa física del pescador, en una
articulación o extensión mecánica perfectamente
sincronizada con éste en lo que respecta a movimientos y
prestaciones.

e nada sirve un espléndido equipo de pesca de surf casting, cuando entre el


mismo y el pescador que va a utilizarlo no existe esa química, esa íntima
comunión o simbiosis que permite la total soltura y, comodidad del que
maneja
D la caña en virtud del perfecto acople que se da entre dicho equipo y
las características físicas del pescador en cuestión. De lo que se desprende
que no existe para la práctica del surf casting una medida ideal o estándar en
cuanto a longitud de caña, dureza y demás prestaciones de ésta, muy al
contrario, debe ser el propio pescador el que, insisto, en atención a sus
propias peculiaridades y, cómo no, por supuesto también en función de la
entidad de las presas que se pretendan capturar, el que se decida finalmente
por tal o cual caña, sin perjuicio de que la misma. como viene siendo habitual,
vendrá a oscilar entre los, más menos, 4'5 metros de longitud.
Líneas especificas

Si las características del carrete v, en mayor


medida si cabe, las de la caña, cobran
singular importancia en lo que a esta
modalidad de pesca se refiere, qué decir de la
línea a utilizar. toda pez que, como ya se
apuntó, el diámetro de la misma, que es como
decir la entidad de las presas que se
pretenden capturar, condicionará a los dos
anteriores. Así, por ejemplo, si para pescar,
en las condiciones adecuadas se entiende. el
palometón o la anjova crecida, se precisará
de un diámetro de línea mínimo de 0,50
milímetros o de 0,55 milímetros, Los entrantes rocosos donde
rompen las olas, con fondos
respectivamente, sin embargo, para la pesca mixtos de arena y roca, son
de la dorada pequeña y de la herrera. por citar lugares ideales para peces
como el sargo o la lubina.
otros dos ejemplos de especies de menor
entidad en cuanto a peso y potencia de nado, el diámetro mínimo de
monofilamento se podrá reducir hasta prácticamente los 0,14 milímetros e
incluso, ya únicamente para la herrera, los 0,11 ó 0,10 milímetros, siempre y
cuando exista una necesidad perentoria de ubicar el cebo a una notable
distancia de la orilla, o sea, cuando se precise del concurso de un potente
lance. Esa enorme diferencia de diámetros requeridos para ambas
situaciones, amén de la diferente capacidad de línea que se precisará para
hacer frente al palometón, con tamaños que pueden superar en ocasiones los
30 kilos de peso, por un lado, y a la "humilde" herrera, por el otro, hacen que
más que hablar de una supuesta caña y carrete válidos para sendos
cometidos haya que hablar de cañas y carretes distintos y especializados
cada uno de ellos en los cometidos para los que han sido concebidos y
diseñados.
La caña de surf casting

Resulta evidente. que una caña destinada para a pesca de la herrera. por
ejemplo no será válida para intentar la captura de palometones, corvinas,
serviolas o anjovas crecidas, y viceversa. En el primer caso primará sobre
todo su extrema sensibilidad y adecuado nervio como sinónimos de
capacidad de lanzar y de transmitir al que maneja la caña aspectos que, sin
embargo, se convertirán poco menos que en marginales para el segundo
caso, en el que prevalecerá 1a potencia, entendida como una capacidad de
respuesta en un momento dado, sobre los demás aspectos o prestaciones
que puedan venir asociadas a la misma.

El carrete

Del mismo modo que no puede hablarse de una caña ideal, de un estándar
en este tipo de aparejo, tampoco se puede pretender, en lo que a carretes
concierne, hallar la perfección, o mejor dicho, el carrete perfecto, el que todo
lo abarca, para esta modalidad de pesca, pues, como ocurriera con el caso
anterior, la entidad de las presas a capturar condicionará en gran medida el
diámetro de la línea a utilizar y con él las características en cuanto a tamaño
y capacidad del carrete más apropiado. Ni siquiera el hecho de disponer de
varias bobinas, cargadas con nailon de distinto diámetro cada una de ellas,
será suficiente para atender tal circunstancia, ya que las necesidades que
plantea la pesca de los grandes depredadores son tan diametralmente
opuestas a las que exige la pesca de otras especies de mucha menor entidad
que, por lo general y si se pretende pescar en las condiciones adecuadas, ni
el más versátil de los carretes puede hacer frente a tal número de exigencias.
En la elección del carrete jugará un papel destacado, más que las
características físicas del pescador, las propias preferencias personales en
relación a aspectos tan fundamentales como puedan ser su ligereza con
respecto al peso; su ratio, es decir, la capacidad de cobrar o recoger línea por
cada vuelta de manivela; la suavidad en la acción de recogida de línea,
auspiciada por la calidad de los engranajes internos y los rodamientos a
bolas de que disponga; su tamaño, versatilidad y accesorios que incorpore, y
muy especialmente el número de bobinas intercambiables con las que se
comercializa; el diseño ergonómico, los materiales de construcción y los
acabados exteriores garantizando una buena estanqueidad y resistencia a la
corrosión; y, cómo no, el sistema de frenado y su accionamiento y
graduación. Característica ya común a un buen número de carretes es la
posibilidad de eliminar el molesto balanceo lateral que se produce durante la
acción de recoger línea, y que obliga al pescador, entre otras cosas, a
realizar un mayor esfuerzo durante la misma. Una aguja o guía hilos provisto
de rodamiento siempre ayudará a suavizar la ya mencionada acción de
recuperar línea, y un mecanismo de rápida y total liberación del freno en un
momento determinado ayudará a solventar situaciones comprometidas, como
aquélla en la que la presa, situada ya a poca distancia del pescador, de
pronto se revuelve con fuerza poniendo en peligro la integridad física del bajo
de línea.

Una dorada en el
salabre. Las doradas,
por la dura batalla que
presenta y por la calidad
de su carne, son tal vez
la presa cumbre de la
pesca al surf casting.
Accesorios imprescindibles

Esta especialización, lejos de limitarse a cañas, carretes y líneas, afecta


también, como no podía ser de otro modo, a unos elementos de tanta
importancia como puedan ser los plomos y, sobre todo, los bajos de línea.
Los primeros, generalmente con diseños aerodinámicos al objeto de ofrecer
la menor resistencia posible al aire durante su trayectoria, se comercializan
adoptando muy distintas formas y acabados: desde los clásicos en forma de
pera, a los planos, pasando por los redondos, ovalados, fusiformes y un largo
etcétera. En principio, la forma que finalmente adopte el plomo cobra
importancia, más que por el hecho en sí de ofrecer la menor resistencia
posible al aire, por la capacidad de rendir los efectos deseados con respecto
a la naturaleza del fondo donde quedará depositado, o dicho de otro modo,
evitar que el aparejo sea arrastrado a capricho de la corriente y, en la medida
de lo posible, también que el plomo en cuestión quede enrocado o trabado en
el fondo.
Así, por ejemplo, el plomo adecuado para un
fondo de arena o fango será diferente al que
resulta idóneo para un fondo de piedra, del
mismo modo que jugará un papel
preponderante en la elección del tamaño y del
peso del plomo finalmente a utilizar el estado
que presenten las aguas en cuanto a oleaje,
corrientes y mareas, como asimismo las
características de la caña en sí y el grosor de
la línea de la que se va a hacer uso. Los
plomos planos, hoy en franca decadencia,
siempre se han mostrado muy adecuados
para los fondos de arena o fangosos. Para la
playa de canto. rodados o fondos de guijarros
Las lombrices nada como el plomo redondo. Para fondos de
marinas, de
diversas especies, piedra suelen resultar muy adecuados los que
son el cebo por imitan la forma de pera y, sobre todo, los
excelencia para
este tipo de pesca. redondos en forma alargada provistos de un
tubo de plástico en su parte superior y que
actúa como verdadero mecanismo que evita que éste quede trabado
entre las oquedades y recovecos submarinos. El plomo provisto de
garras será apto para fondos pétreos sometidos a intensas
corrientes submarinas en los que quedará trabado, como si de un
ancla se tratara, hasta que, en virtud de la fuerza de arrastre
ejercida por la presión de la caña que maneja el pescador, las
garras metálicas se abrirán liberándolo de dichas masas pétreas.

Por otro lado, resulta evidente también que en función del grosor de
la línea con que se equipe el carrete, así como de las características
propias de la caña en cuanto a dureza, nervio y flexibilidad, e incluso
también del tamaño o forma del cebo que se vaya a utilizar, el plomo
requerido, o mejor sería decir el peso del plomo requerido, variará
sustancialmente.

En líneas generales se podría fijar el siguiente paralelismo: a mayor


grosor de línea mayor peso de plomo para alcanzar una misma
distancia, de igual modo que a mayor dureza de la caña también
mayor peso de plomo en el mismo sentido, y así también, a mayor
volumen de cebo mayor peso de plomo. De lo que se desprende
que la práctica de la pesca de surf casting o lanzado de fondo
enfocada a la captura de la serviola, por poner un ejemplo, sujeta a
la utilización de unos diámetros mínimos de monofilamento de 0'60
milímetros, y en la que cobran protagonismo cebos tales como una
lisa viva, caballa, alacha o varias sardinas ensartadas a la vez, es
decir, carnadas que fácilmente pueden arrojar un peso superior a los
250 gramos, requerirá de un planteamiento y de unos aparejos
sensiblemente diferentes, muy especialmente por lo que respecta a
los plomos, que los utilizados, por poner otro ejemplo, para la pesca
al surf casting de la herrera, aquí limitados a unos pesos, tamaños y
grosores mucho más reducidos.

El equilibrio es la clave

En general, puede afirmarse que existe un consenso por parte de


todos los pescadores con respecto a lo dicho anteriormente, esto es,
que cañas, carretes, plomos y líneas, dejando al margen marcas,
modelos, formas, precios y diseños, están sujetos a ciertas
servidumbres y a una clara especialización en virtud de las presas
que se pretenden capturar. Sin embargo, tal consenso se volatiliza
cuando uno se adentra en el conocimiento del
mundo de los bajos de línea destinados a la pesca del surf casting; y
digo "mundo" porque, efectivamente, así se puede definir el entorno
que rodea a este elemento tan característico de esta modalidad de
pesca.
Bajos. En la variedad esta el gusto

N o creo que exista, exceptuando quizá la pesca al volantín desde


embarcación, otra modalidad que cuente con tal variedad de bajos
de línea susceptibles de ser utilizados y que de hecho son
empleados con mayor o menor fortuna y predicamento a lo largo de
todas nuestras costas. La primera discrepancia comienza con el
hecho en sí de situar el plomo: unos, acérrimos partidarios de
colocar el plomo al final de la línea madre y situar el bajo de línea a
continuación de éste por medio del clásico quitavueltas, otros, por el
contrario, no se cansan de alabar las excelencias de un montaje
propiamente de volantín, es decir, colocar el plomo al final de la
línea y sobre él el bajo o los bajos de línea.
Los primeros alegan, entre otras ventajas,
que este tipo de montaje propicia en
mayor medida que el cebo descanse en el
suelo de forma más natural; los segundos
ven en su sistema predilecto un seguro
para evitar enredos del bajo de línea con
la línea madre, amén de que resulta
mucho más sencillo el disponer de varios
bajos a la vez. No falta, para complicar
más el tema si cabe, el que adopta una
fórmula mixta haciendo suyas las dos Una alternativa más
barata a la lombriz, y
posibilidades: un bajo sujeto al
también muy efectiva
quitavueltas con que remata el plomo en aunque más difícil de
manejar: los
su parte inferior y otro bajo situado en la mejillones.
parte superior del plomo, ¿alguien da
más? Pues sí, otra variedad sería, tomando el primer ejemplo,
colocar un nuevo bajo sobre el propio bajo, es decir, convertir al bajo
de línea en línea madre a partir del plomo, así como, ya en la
segunda opción citada, dotar al bajo situado más próximo al plomo
de una mayor longitud, de modo y manera que el cebo que éste
porta descanse sobradamente sobre el suelo.
En fin, existen casi tantas variedades de montar los bajos de línea
de surf casting como imaginación tenga el propio pescador, aunque,
a mi modesto entender, más que echarle imaginación a los
montajes, más que buscar la vistosidad, por no decir la complejidad,
en ocasiones totalmente injustificada, lo que en realidad debe
interesar al pescador es que el bajo en cuestión resulte realmente
eficaz, ése es verdaderamente el quid de la cuestión, pues de nada
sirven filigranas y florituras si a la postre el bajo se muestra
totalmente ineficaz o inadecuado para las condiciones de mar
imperantes en el momento y el relieve y naturaleza que dibujan los
fondos submarinos de la zona de pesca, sin olvidar la propia
idiosincrasia de las especies a las que va destinado, o sea, intentar
pescar con un bajo, barroco él, cargado con tropecientos mil
anzuelos, en una situación de corriente intensa invitando a hacer
acto de presencia a los continuos enredos en la línea madre, sea
cual fuere el sistema de ubicación de bajos y plomo finalmente
elegido, cuando no a que sean varias las presas que tomen el cebo
a la vez (cosa más que frecuente) y que la línea madre rompa
debido a la excesiva presión que ejercen las mismas o, en fin, que
se multipliquen las posibilidades de que alguno de los anzuelos
quede trabado en el fondo, todo ello por no citar lo ya tantas veces
comentado: que una presentación lo más natural posible de nuestro
aparejo, reduciéndolo, en la medida de lo posible, a su más mínima
expresión, siempre ayudará a conseguir mayor número de picadas,
sobre todo de aquellas especies o ejemplares más astutos y
desconfiados; pues, ni que decir tiene, que una lubina, por poner un
ejemplo, no es únicamente que no hará caso, sino que además
huirá despavorida ante la visión de un "aparejo de pesca" que más
que aparejo se antoja algo parecido a un árbol de Navidad, cargado
todo él de bajos de línea y adornado con un buen puñado de bolitas
de los más variados colores.
Alguna herrera despistada y otros tipos de peces de menor entidad
puede que entren al quite, pero intentar pescar una lubina, una
dorada crecida, una sama o un astuto sargo utilizando dicho método
resulta totalmente pueril, incluso si se echa mano de los cebos más
sugerentes.

Cebos

Y hablando de cebos, y teniendo siempre en cuenta las


particularidades propias de cada zona de nuestro extenso litoral, sí
se podrían establecer unos estándares en cuanto a su idoneidad y
eficacia.

En primer lugar habrá que dejar de lado el viejo tópico de que el pez
siempre prefiere aquellos cebos que son propios del hábitat o
entorno en el que se halla en un momento determinado, tan fácil de
rebatir como resulta el observar a las herreras, sargos y mojarras
deleitándose con los pequeños caracoles de tierra que son ofrecidos
por los pescadores, y que evidentemente, por ser terrestres, nunca
han tenido ocasión de conocer en su medio natural; la patata
hervida que tanto gusta a la salpa y a la boga; el pan que devoran
con fruición los mújoles, las obladas y las herreras; o, por citar otro
ejemplo: el hecho de que gusanos provenientes de otros países muy
alejados de nuestra geografía (coreanos, cordelle importado de
Chile, etc) y que evidentemente nunca han sido vistos por las
especies que tenemos a tiro de caña en nuestras costas, gusanos
como digo foráneos, se constituyan en excelentes cebos para no
pocas especies autóctonas.
Cuestión de presupuesto

En segundo lugar, bueno será advertir que el mejor cebo para una
determinada especie y momento no necesariamente resulta ser el
que se vende más caro, cosa que menudo tiende a considerarse
poco menos que como dogma de fe por parte de algunos
pescadores.

Es cierto que determinados cebos de


los considerados como caros, caso de
la tita o la lombriz de arena, por
ejemplo, suelen ofrecer unos
excelentes resultados con la mayoría
de las especies no depredadoras con
excepción de la lubina, sin embargo,
existen también otros cebos, mucho
más modestos desde el punto de vista
pecuniario, como puedan ser el
cangrejo ermitaño, diversos caracoles
Una buena pareja de de mar e incluso los propios mejillones
anjovas. Unos peces que y la más que popular sardina, por citar
exigen aparejos capaces de
soportar sus violentas también unos ejemplos de ellos, que
acometidas, y sus fuertes y
en determinadas circunstancias,
cortantes mandíbulas.
periodos del año y enclaves pueden
incluso llegar a superar el rendimiento de aquéllos en lo que a
aceptación se refiere.

Así, pues, resulta aconsejable que el pescador, lejos de dejarse


guiar por un afán puramente mercantilista, en lo que a elección de
cebos se refiere, analice en profundidad el medio al que se va a
enfrentar, qué tipo de presa pretende capturar, en qué periodo del
año se encuentra, cuál es la fisonomía submarina del punto de
pesca elegido, qué tipo de mareas y corrientes inciden en dicho
lugar y hasta qué punto la intensidad de las mismas pueden hacer
variar la primitiva estrategia planeada...

Sólo tras este concienzudo análisis logrará alcanzar unas


conclusiones válidas al objeto de orientarle en la búsqueda del cebo
más apropiado, ya que a poco que se aplique al mismo caerá en la
cuenta de que resulta absurdo encarnar una tita con destino a la
dorada con un mar tan embravecido que a buen seguro las habrá
hecho huir muchas millas mar adentro; o tentar a la herrera con la
exquisita lombriz en un lugar tan poblado de pequeñas bogas que
harán prácticamente imposible que el cebo llegue a tocar el fondo
sin ser devorado antes por ellas; o que junto a las barcas amarradas
en el puerto suelen buscar las doradas los cangrejos ermitaños que
éstas arrojan por la borda tras las labores de limpieza de los artes
de pesca, convirtiéndose en un lugar ideal para probar suerte con
este tipo de carnadas; o que con la marea entrante y fuertes
corrientes es el mejor momento para probar suerte con la codiciada
lubina, la que gusta también de saborear las exquisiteces de la
sugerente lombriz pero que, en esas circunstancias, no sabrá ni
podrá resistirse a un apetitoso bocado en forma de boga o lisa de
tamaño adecuado; o que, en fin, con unas aguas quietas y
cristalinas, el astuto y huidizo sargo desconfiará de cualquier tipo de
cebo que no sea un inquieto gusano descansando en la arena
invitándole a la fácil pitanza, o la aromática sardina que
convenientemente salada expande sus inconfundibles y atrayentes
efluvios por todo el entorno submarino.

El mundo de la pesca deportiva en el mar está rodeado de


sueños y mitos, es un crisol en el que unen realidad y fantasía,
una rara mezcla de recuerdos y anhelos, de historias pasadas y
ficciones futuras. Ya lo comenté al hablar de la corvina y su
halo legendario, y nuevamente quiero reiterarlo hoy en estas
páginas dedicadas a la pesca a fondo sobre los roquedos, pues
no hay pescador de mar que no haya fantaseado en más de
una ocasión con encontrar ese pesquero aislado y casi virgen,
ese pequeño paraíso particular que tantas veces dibujó en su
memoria, al que se llega un buen día, por casualidad, y cuya
localización se convierte desde entonces en secreto
celosamente guardado y custodiado.

Cuántas veces, contemplando la mar desde la costa, paseando por la playa


en las largas tardes veraniegas, habremos escrutado el horizonte con una
idea fija rondando nuestras mentes: "Debe haber buenos sitios aún por
descubrir, ¡con lo grande que es la mar!", y sin embargo las más de la veces
la reflexión suele quedar ahí, pues estamos apegados a nuestros hábitos,
también en esto de la pesca, y en nuestra próxima singladura nos dirigiremos
a la zona de siempre, en busca de una seguridad que no es necesariamente
sinónimo de éxito.

Los pulpos, ademas de buenos


guisos, son un buen cebo para
muchas especies.
Grandes doradas.

En todas nuestras costas podemos encontrar grandes ejemplares de dorada. Pocas, cierto, pero, como en el
caso de las meigas “haberlas haylas”.

Si pretendemos capturar doradas de gran tamaño, lo primero que debemos es dotarnos de un equipo de surf-
casting muy robusto, lo que es absolutamente necesario si consideramos que la dorada puede alcanzar pesos
respetables y su defensa es siempre brutal.

El sedal será también grueso y resistente. Hay quien usa como bajo de línea cuerdas de piano, aunque esto ya
me parece pasarse un poco, por muy melómano que sea uno.

Además, la carnada suele ser muy específica, como ahora veremos. De este modo, el aficionado evita que los
pezqueñines del fondo se coman el cebo e invaliden el aparejo, pero, al poner un cebo sólo apto para doradas,
se corre el riesgo lógico que, de no picar ellas, nos vayamos sin un mal pez para el recuerdo.

Una estrategia útil es la de combinar la pesca de la dorada con otras más polivalentes que puedan depararnos la
captura de otros peces. De niño solía acompañar a mi tío Pepe, un leonés versado en el arte de atrapar truchas
a mano que, en poco tiempo, se aclimató a los aires del Cantábrico y enseguida resultó ser un gran pescador de
mar.

Pues bien, íbamos a menudo a probar suerte a un acantilado sito tras la iglesia de Santa María, en Castro-
Urdiales, el templo más marinero que conozco. Pese al inconveniente de la mucha altura, aquel inmenso cortado
de roca era (ya no lo es tanto) un magnífico lugar de pesca. Salían cabras, julias, fanecas, cabrachos, algún
sargo... y doradas.
Así que mi tío llevaba tres largas cañas de lanzado. Dos
de ellas aparejadas con anzuelos medianos y pequeños,
con sedal fino y cebadas con gusana.

Y la tercera, invariablemente con sedal del 0.50, un


potente sagarra y un anzuelo tipo prótesis del Capitán
Garfio, del que pendía un cangrejo común de buen
tamaño.

Muchas veces, tras la jornada de pesca, recogíamos


esta caña y ahí seguía el cangrejo, si no se lo había
llevado un pulpo. Pero a veces, y tras amagar la caña
con salir volando, clavaba una dorada.
La tita. un cebo excelente para esta especie.

Se pueden imaginar lo que es izar un pez de estas características a lo alto de un acantilado. Y mejor que se lo
imaginen porque me siento incapaz de describirlo. En fin, ¡qué tiempos! Pero a lo que íbamos: una estrategia
mixta de este tipo, conviene ser tenida en cuenta por el aficionado razonable y que no se empecine en pescar
doradas y nada más que doradas.

La dorada admite una amplia gama de carnadas que incluye muchos invertebrados, sobre todo moluscos y
crustáceos. También se muestra muy golosa con todo tipo de anélidos o con la gusana llamada “tita”, que puede
ser de un tamaño apreciable y entonces es uno de los mejores cebos que podemos ofrecerle. Además, como casi
todos los espáridos -en mayor o menor medida- disfruta con el marisco.

Pero la dorada es un caso especial. Es el más marisquero de la familia, lo que ya es mucho decir. Por eso es
aborrecida por los acuicultores que crían mejillón, berberechos u ostras, en cuyos emplazamientos acostumbra a
realizar grandes destrozos.

Si encarnamos con navaja, no encontraremos demasiado problema para ensartarla en el anzuelo sin arrancarle
las valvas, pero con otros moluscos no será tan sencillo. Con almejas, chirlas o berberechos, podemos optar por
forzar ligeramente la concha, introducir el anzuelo y sujetarlo de la forma más firme que hallemos. Si es con
mejillones, podemos forzar las valvas con un cuchillo e introducir el anzuelo, con la seguridad de que dicho
molusco no lo “escupirá”. Así presentaremos un magnífico cebo -que obtenemos por un módico precio en la
pescadería- y nos aseguraremos que permanecerá en el anzuelo tanto tiempo como queramos, hasta ser
atacado por una dorada. Con la excepción del pulpo, ningún otro animal marino comerá nuestra carnada.

Los cangrejos también son excelentes. No importa de


qué clase sean, aunque la mayoría de los aficionados
nos decantamos por el cangrejo común, también
llamado verde.

Lo mejor es no matarlo –muerto también pican, pero


tendrá menor poder de atracción- así que debemos
encarnarlo procurando no herirlo. Para esto existen
varias maneras de hacerlo.

La más sencilla –y mi opción personal- pasa


únicamente por amarrarlo con una gomita. También
podemos prender el anzuelo atravesando el punto en el
que las patas anteriores se unen con el cuerpo del
animal, pero esta forma no garantiza una sólida
sujeción y corremos el riesgo de herirlo gravemente.
Otra manera, muy ingeniosa, consiste en secarle el caparazón y pegar allí el anzuelo valiéndose de unas gotitas
de pegamento rápido y extra fuerte.

Si lanzamos a una zona de lecho blando –fondos arenosos o cenagosos-, lo cual es muy habitual, conviene
amputar las patas anteriores del cangrejo para evitar que se entierre. Aún así, algunos lo consiguen, por lo que
dar un tironcito de vez en cuando, nunca está de más.

Es frecuente que, cuando preguntemos, en uno de estos tironcitos, sintamos un peso excesivo en el aparejo.
Entonces caben dos opciones, a saber:

A) Que tengamos una dorada presa: Ocurre a menudo que aunque una dorada de gran tamaño
haya comido la carnada, la puntera de la caña no detecte nada. Esto se debe a su formidable paladar,
duro como una piedra, que le impide percibir el pinchazo del anzuelo. La dorada mastica despacio y
puede llegar a destrozar un anzuelo no muy robusto. Por eso se da el caso de que, ni nosotros ni el
pez, notemos nada. Si creemos que tenemos una dorada, debemos pegar un fuerte tirón para
asegurar el clavado. Entonces se produce la brutal reacción del pez y es aconsejable, tan pronto como
se clava, soltar un poco el freno del carrete, en especial si tenemos poco sedal en el agua o éste es
poco elástico. Obrando de esta forma, evitaremos la rotura del hilo en los primeros compases de la
lucha, que suelen resultar verdaderamente violentos.

B) Que un pulpo o una sepia estén devorando nuestra carnada. El ataque de cefalópodos a los
cebos destinados a la dorada es habitual. Aunque hayamos encarnado un gran cangrejo, esto no
impide que una sepia –y menos aún un pulpo- se lo coman. A veces, podemos asegurar un firme
clavado mediante un tirón, sobre todo de tratarse de un pulpo. En cambio, las sepias rara vez se
aseguran con un tirón, pues lo normal es que clavemos una de sus garras –tentáculos- y acabe
soltándose el animal acorde lo traemos hacia nosotros. Por eso conviene dotarse de un redeño o
salabre en el que introducir la sepia tan pronto la tengamos al alcance. Notamos que estamos
trayendo un cefalópodo porque pesa y tira -suave y continuamente- sin la violencia ni las sacudidas
propias de un pez. Con mucho cuidado y sin tirones, podemos conseguir traerlo hasta la orilla, incluso
sin que venga clavado. Es tal la voracidad de estos seres que, por ejemplo, de encontrarse comiendo
el cangrejo que teníamos de cebo, podemos arrastrarlos hasta la misma superficie sin que suelten su
presa, por más que ningún anzuelo los retenga.
La dorada se pesca todo el año y en todas nuestras
costas, a profundidad variable. Algunos autores
relacionan los periodos de freza con los mejores
momentos para pescar a los grandes adultos, pues
estos se acercarían a la costa y formarían bancos
numerosos. Dicho así, la verdad es que suena bien,
pero mi experiencia personal desdice esta rotunda
afirmación.

Para colmo, estos periodos de freza que algunos


autores establecen en otoño, otros lo hacen en
primavera y otros en invierno. Me inclino a pensar que
la dorada tiene distintos momentos de freza a lo largo
del año y que, además, cambian en función de que
tomemos como referencia los ejemplares de un lugar u
otro. Esto no es de extrañar y, más bien, lo curioso
sería que se comportase igual una población asentada
en aguas del Golfo de Vizcaya, que otra del Golfo de
Roses, sin olvidar a las que viven en aguas atlánticas
andaluzas o en las Rías Bajas, por citar solo algunas.

Lo cierto es que, en lo que concierne a su pesca, puedo


asegurar que ésta es posible todo el año, si bien en el
Mediterráneo parece ser más factible durante los meses
primaverales y estivales, y el Cantábrico Oriental
durante el otoño y el invierno.
Spinning en la mar.

Juan Bautista García Pérez-Castejón nos desvela algunos aspectos muy interesantes del lanzado ligero o
spinning, técnica ideal para capturar depredadores marinos muy codiciados.

La pesca a spinning o, mejor dicho, la pesca al lanzado, es otra de las variantes de la pesca a casting. El término
"spinning", traducido literalmente significa "hilando" o, en este caso, "recogiendo". Pero para poder recoger,
primero hay que lanzar, y "casting" significa "lanzado".

La base principal de esta modalidad es lanzar y recoger un cebo, bien sea natural o artificial. Podemos realizarla
desde tierra o en embarcación. Si decidimos que sea desde tierra, puede ser desde cualquier punto: escolleras,
puertos, zonas rocosas e incluso desde las playas. Si, por el contrario, decidimos hacerlo desde embarcación,
tendremos la ventaja de acceder a zonas donde tal vez no podamos hacerlo desde tierra: paredes de grandes
acantilados, zonas rocosas de difícil acceso, etc. Por otra parte, tendremos la ventaja de poder pescar sobre
grandes fondos, ya sean de roca, arena o pedregosos. Y con la ventaja también de no preocuparnos por los
posibles enroques, que se puedan producir desde tierra cuando utilizamos artificiales ahogados.

Teniendo en cuenta que el mar no está plagado de peces, sino que cada día sacar alguno es más difícil,
debemos saber elegir la zona idónea para hacer trabajar a los artificiales. Una de las mejores zonas serán
siempre las rompientes de las olas, ya que, aparte de ocultar el sedal e incluso la trampa del anzuelo, harán que
el artificial, bien sea de un tipo o de otro, adquiera las características principales de su función, o sea, parecerse
a un pececillo en apuros, bien por estar huyendo de algún depredador, bien por estar herido. El caso es que
debe despertar el instinto predador de los peces, para que ataquen sin vacilación.

En la modalidad de spinning existen dos tipos: spinning ligero y spinning semipesado:


- Spinning ligero: Es la variante de esta modalidad que se dedica a trabajar con cebos inferiores a 50 gr.; por lo
tanto, se realiza con cañas relativamente cortas y con sedales muy finos, porque, de lo contrario, no se podrían
lanzar los artificiales lejos de la orilla. Por lo general, se utiliza en zonas específicas de las rompientes, tales
como recovecos, entrantes y demás zonas donde el espacio es reducido, pero con la ventaja de ser los lugares
preferidos por los peces depredadores, como puede ser la lubina, lampuga, incluso algún que otro dentón, por la
alta densidad de espuma.

También esta variante se está utilizando mucho en el interior de los puertos y cerca de las barcazas; de ahí que
se necesite un buen control del lanzado, porque, de lo contrario, nuestros terminales se podrían enredar
fácilmente en las amarras de los barcos.

- Spinning semipesado: Por el contrario, está más enfocado a playas, zonas rocosas amplias, e incluso desde la
escollera en los puertos. Se trata de lanzar cebos artificiales más pesados, entre 50 gr. y 80 gr., muchas veces
ayudados de buldós, e incluso plomos de espiral colocados en la propia línea. Tal vez, por todo esto, es
preferible utilizar cañas más largas.

Respecto a dónde y cuándo practicar esta modalidad,


realmente no se trata de dónde encontrar el lugar
idóneo para practicar el spinning en cualquiera de sus
versiones, sino de localizar los lugares donde los peces
depredadores están al acecho de sus presas.

De esto se desprende que, primero, tenemos que


frecuentar sitios donde los peces pasto habiten, tales
como desembocaduras de ríos, grandes ramblas,
bajíos, etc. y siempre utilizar los señuelos artificiales en
lugares donde la espuma sea muy abundante,
principalmente porque esto camuflará el cebo artificial,
haciendo que el depredador se lance sobre él sin
contemplaciones.

También, aparte de las rompientes, de las


desembocaduras, los bajíos, etc., las playas pueden
darnos muchas sorpresas, sobre todo con ejemplares
de lubina, ya que este magnífico depredador suele
frecuentarlas muy cerca de las orillas, buscando
precisamente alevines. Por ello, cuando practiquemos
esta modalidad en zonas de playa deberemos siempre
lanzar nuestros señuelos a las zonas de espuma, o sea,
a las rompientes de las olas, e incluso podemos optar
por lanzar en paralelo a ellas. Claro que para ello,
debemos meternos unos metros dentro de mar, en
invierno utilizando vadeadores y en verano el bañador.

Con relación a las mejores horas para esta modalidad, siempre intentaremos coincidir con la subida de la marea.

Para esta modalidad de pesca existen cañas específicas, pero casi todos los que la practicamos en el mar lo
hacemos con cualquier caña. Pero si nos decidimos a emplear las cañas que se fabrican específicamente para
esta modalidad, tenemos que saber a qué clase de spinning nos vamos a dedicar. Si nos decidimos por el ligero,
deberemos comprar las que son relativamente cortas y en dos tramos, con medidas entre los 2 m., y los 2,5 m.,
con puños anatómicos especiales para el lanzado con una sola mano. Hay que decir que esta modalidad nació en
agua dulce, de ahí el diseño de las cañas de spinning ligero, pero, para su utilización en el mar, es recomendable
utilizarlas sólo en el interior de los puertos y en zonas donde predomine el mar en calma, sin descartar las zonas
rocosas, ya que también dependerá de la clase de peces que estemos buscando: un ejemplo sería el intento de
clavar obladas en cualquier saliente de roca.

Sin embargo, si nos decidimos por el spinning semipesado, debemos comprar cañas más largas, diseñadas para
la pesca en las escolleras, zonas rocosas, playas, etc., con puños especialmente diseñados para el lanzamiento a
dos manos, con longitudes de entre 2.5 metros y los 3.9 m. De esta forma tendremos más control sobre la pieza
capturada y también más control con relación a las olas y las posibles rocas. Respecto a la acción, en ambos
casos debe ser parabólica progresiva y con potencias entre los 10 gr. hasta los 80 gr., según el diseño. A la hora
de comprarlas podemos elegir distintos materiales: carbono, grafito, kevlar, wisquer, titanio, etc., eligiendo la
que consideremos que nos ofrece la garantía y robustez necesaria para practicar esta modalidad.

Un buen carrete para spinning debe ser ligero, y con un


nivel de recuperación muy importante, con al menos
cuatro rodamientos a bolas. En primer lugar, la caña y
el carrete los tendremos en la mano cuando estemos
de pesca; por ello deben formar un conjunto bien
equilibrado y armonioso.

En segundo lugar, debe ser un carrete muy rápido en la


recogida, principalmente porque puede ser muy
cansado estar todo el día lanzando y recogiendo un
cebo. Por ello, el nivel de recuperación debe ser mayor
que en los demás carretes. Un nivel de entre 5.2:1 y
6:1 (o sea que por cada vuelta de la manivela, el brazo
de recuperación debe dar 5.2 ó 6 vueltas) puede ser
ideal. Cuantos más rodamientos a bolas o cojinetes
contenga en su engranaje, más suave y rápida será la
recuperación del sedal.

Con relación al material de fabricación, debemos elegir


carretes que estén fabricados en materiales ligeros,
tales como el grafito, carbono, aluminio, etc. Materiales
que, aparte de ser livianos, también sean resistentes a
la corrosión del salitre marino.
Por ello, aquellos que tienen la bobina cónica y fabricada en aluminio, son más resistentes a la corrosión;
además, dicho material proporciona facilidad en la salida y recogida del sedal. Otro de los puntos a tener en
cuenta es que nunca practicaremos esta modalidad con el freno del carrete cerrado, ya que si tenemos una
buena picada en el momento de la recogida y según el tamaño del pez, puede romper la línea con suma
facilidad. Si, por el contrario, pescamos con el freno flojo, por muy grande que sea y por mucho que tire la
pieza, nunca romperá el sedal.

Cuando se habla de sedales para el spinning, tendremos en cuenta que deben ser muy resistentes, ya que en
esta modalidad se suelen usar sedales finos para obtener mayor distancia en los lanzamientos. Por tal motivo,
los sedales más usados son los comprendidos entre los diámetros 0.18 mm. y 0.28 mm., según la especie que
se pretenda pescar. Porque si esta modalidad la utilizamos para pescar lubinas, dentones, espetones, lampugas,
etc., con cebos artificiales o naturales, el sedal deberá ser del 0.28 mm. como mínimo, con el único fin, de que
el pez, en su afán de escapar a la trampa del anzuelo, no pueda romperlo. Por otro lado, si utilizamos artificiales
ahogados, debemos emplear sedales ahogados también, mientras que si utilizamos artificiales flotantes, también
debemos usar sedales flotantes.
Por otro lado, muchas veces el estado del agua determina la coloración de un sedal u otro. Sin ir más lejos, si
utilizamos sedales de colores claros cuando lanzamos nuestros cebos artificiales en las rompientes, siempre
habrá menos posibilidades de ser detectado por los depredadores, que si lo hacemos con otros más oscuros. La
realidad no es precisamente que los peces vean el sedal, sino que asocian la continuidad del cebo artificial y la
rigidez del sedal al peligro. Por ello, no debemos nunca recoger los cebos de la misma forma.

También hay que decir que, cuando se recupera una pieza en esta modalidad, nunca debemos intentar sacarla a
la fuerza, sino que la trabajaremos lo máximo posible hasta que se canse y sea fácil cobrarla. Si, por el
contrario, decidimos pescar pequeños peces, como obladas, bogas, pejerreyes, etc., deberemos optar por
utilizar sedales muy finos, debido principalmente a que pueden ser divisados por las posibles piezas. Los
mejores sedales para esta modalidad siempre serán los que mayores prestaciones proporcionen: poca
elasticidad, bajo nivel de memoria, alto contenido en teflón, colamida, poliamida, etc.
PECES DE GALICIA

Lubina, un depredador nocturno


comercializado desde el Imperio Romano Los términos lubina y robaliza derivan
del latín "lupum" (lobo), referido a su
voracidad y rapidez de ataque..
También se llama robaliza

Es muy apreciada por su carne magra y compacta, con pocas espinas y de sabor
delicado

Llob pa los catalans

La Lubina (Dicentrarchus labrax) es un pez óseo del orden de los perciformes, encuadrada en la
familia Moronidae,conocida ya en los mercados de la época romana como "lupi lunati"

Descripción: Cuerpo robusto, fusiforme; cabeza alargada, con hocico afilado, boca ancha y
mandíbula inferior ligeramente prominente En el margen inferior del preopérculo hay unas espinas
grandes dirigidas hacia delante.

Dos aletas dorsales, la primera con radios espinosos fuertes, la segunda con radios blandos; los
primeros tres radios de la aleta anal espinosos.

Su coloración varía de un gris oscuro en el lomo a gris plateado en los flancos y blanco en el vientre
Las lubinas son depredadores típicos y prefieren cazar por la noche Son muy voraces, alimentándose
de todo tipo de organismos: gusanos, crustáceos, cefalópodos y peces.

Talla: de 40 a 65 centímetros, máxima 1 metro, excepcionalmente algo mayor. Peso desdesde los 5 a
los 7 kilos, pudiendo ocasionalmente llegar hasta los 10 ó 12 kilogramos.

Distribución: En el Atlántico desde Noruega a Senegal, mar Báltico y parte del mar del Norte,
Mediterráneo y mar Negro.

Hábitat: Costas rocosas y arenales, bocanas de los puertos, zonas de estuarios y deltas en aguas
salobres, remonta ríos grandes y pequeños. En el mar habitan desde zonas superficiales hasta
profundidades de unos 100 metros. Los jóvenes en bandos, los adultos en solitario.

Alcanza la madurez sexual a los dos años (machos) o a los tres (hembras). Entre Mayo y Agosto las
lubinas se reúnen en grupos numerosos para reproducirse. Generalmente varios machos fecundan los
huevos de una sola hembra.

Los huevos son pelágicos, de 1.2 mm de diámetro y las larvas al nacer miden entre 3.5 y 4 mm
alcanzando el estado de alevín a los 40-60 días cuando se concentran en las zonas costeras poco
profundas y desembocaduras de los ríos Se trata de una especie de gran valor comercial, muy
apreciado por su carne blanca, magra, compacta, con pocas espinas y de sabor fino y delicado La
lubina, junto con la dorada, es la especie que más se emplea en piscicultura en la costa Mediterránea.

Su óptimo de temperatura se encuentra entre los 20-25ºC y su crecimiento es un poco más lento que la
Dorada, alcanzando los 500 gramos de peso en un intervalo de tiempo que varía desde los 16 hasta los
28 meses, dependiendo de la temperatura. En España su cultivo industrial está consolidado y se han
producido en el año 2000 unas 2500 Tm y 10 millones de alevines. Para el 2001 las previsiones eran
de cerca de 4000 Tm.

El nombre de lubina, así como los gallegos de Robaliza o Robalo derivan del latín "lupum" (lobo),
debido a su voracidad y a la rapidez con que ataca a sus presas.

Es una especie objeto de una intensa pesca tanto deportiva, desde superficie o submarina, como
profesional, mediante línea, palangrillo o diversas artes de enmalle. En Galicia, con artes de anzuelo
normalmente se captura con cebo vivo, preferentemente bolo o un pequeño cangrejo llamado patexo.
PESCA DE LA LUBINA EN GALICIA
LANZADO CON EQUIPO LIGERO

Es esta una técnica tan sencilla como eficaz y productiva. No es selectiva, puesto que podremos
capturar toda clase de peces, por lo que si nuestra intención es coger lubinas debemos tentarlas en
aquellos lugares o posturas en las que sabemos que se concentran, a saber, escolleras y diques
portuarios (sobre todo en las zonas internas), en playas
y estuarios así como en las rompientes, allí donde el mar
se bate con toda su fuerza contra la costa.
Resulta muy apropiada esta forma de pescar para
iniciar a los niños en esta bonita afición enseñándoles a
manejar la caña y los aparejos, que por otra parte no
han de ser nada costosos ni sofisticados, de sobra
tenemos con un material sencillo y barato.
Para empezar caña y carrete, han de ser lo más livianos
posibles, puede que solo vayamos un rato a pescar, pero
en otras ocasiones podremos estar todo el día con lo que
hay que mitigar al máximo el cansancio. Esta es una
pesca activa, con la caña en la mano vamos a la busca
del pez, bueno, a la busca y captura, por que si damos
con él y no lo cogemos no habremos hecho nada, la
mayor parte de las veces son ellos quienes nos engañan.

Paso a explicaros rápidamente lo que tenéis que hacer


para empezar a poner en practica este método.
para situar el anzuelo alejado del plomo,
hablo de metro veinte a metro y medio. Con
ello conseguimos que el cebo nade con soltura
y naturalidad a los ojos del pez, del cebo os
hablare en un momento. No creo necesario
ningún esquema para ilustrar la forma
correcta del aparejo pero si no lo tenéis claro
fijaros en la foto nº1. Empleo plomos
"torpedo" agujereados, paso el hilo a través
de el, lo ato a un esmerillón simple pero de
calidad para que haga su función, entre
esmerillón y plomo una bolita de goma para
que no sufra el nudo o bien lo que yo utilizo,
un trocito de tubo interior de un cable
coaxial de televisión que al ser de plástico cumple su función y es barato. Del esmerillón cuelga el
bajo; ya esta todo listo para comenzar a pescar, falta el cebo.
La miñoca de mar , "bicho" o "norte" va ha ser nuestra carnada, más o menos asequible, según las
regiones, pero eso sí al alcance de cualquier pescador en cualquier momento, por lo que no nos

quedaremos con las ganas de salir a pescar a nuestro rincón favorito. Aquí en las Rías Bajas

El Anzuelo que emplearemos dependerá un poco del tamaño de los peces que haya en la zona, pero
con que tengamos anzuelos del nº4 y del nº1 nos será suficiente para enfrentarnos a los peces y
situaciones que se den en cada momento. Deben ser de la mejor calidad posible, de paleta, recto y
protegido contra la corrosión salina, apropiado este tipo para su uso con gusanos. Este tipo de
anzuelo trabaja muy bien porque el pez va a morder nuestro engaño, pocas veces le dará tiempo a
engullirlo y al clavar después de sentir la picada el anzuelo tiende a trabar en la boca del pescado,
éxito seguro y poco daño a la fisonomía del pez. Un detalle a tener presente, los anzuelos han de estar
siempre bien afilados, una lima de uñas de señora sirve para ello y cualquier anzuelo oxidado ha de
ser desechado. Los anzuelos de carbono en esta modalidad no dan buen resultado, ni son los mejores
ni son los más baratos, contad con que se pierden regularmente algunos. No voy a hacer publicidad
con ello pero por relación-precio os recomiendo el "all-round" de la casa Mustad.

Una vez que os he comentado los materiales apropiados y la forma de prepararlos junto al cebo
necesario os voy a contar un poco acerca de cómo desarrollar este tipo de pesca.

Sencilla y eficaz es la manera de ponerla en práctica. Podéis pescar en todo tipo de condiciones, desde
tierra, desde embarcación, en playas, en puertos, en espigones, pero con una condición, que la zona a
batir, la zona por la que habremos de mover nuestro aparejo, sea arenal con ausencia de rocas o
zonas donde se puedan producir muchos enganches, el resto es coser y cantar siempre que los peces
quieran.

Desde embarcación las cosas se simplifican aún más en cuanto a que no trabajaremos con cañas sino
simplemente con el sedal en la mano. Aquí en Galicia esta forma de pescar es muy popular y se la
conoce como pescar "a liña". Se trabaja con una o dos líneas que se arrastran por el fondo hasta que
se produce la picada. Dejamos a la deriva la barca arrastrada por el viento y la corriente,
controlamos los sedales y los remos a la vez con nuestras manos, más simple no puede ser pero
requiere practica.

Volvamos de nuevo a la pesca desde la orilla o desde tierra. Hemos llegado a nuestra postura favorita
y nos disponemos a probar esta suerte. Si los peces están cerca de nosotros puede que con un pequeño
plomo prensil redondo de 5 a 10 grs. sea
suficiente para lanzar 15 ó 20 metros,
pero si pescamos en una playa puede
que tengamos que lanzar a más de 80m.
y para ello puede ser necesario un
plomo torpedo de más de 60 grs.; pongo
por caso dos situaciones extremas. Por
lo general con pesos intermedios
pondremos, en la mayoría de las
ocasiones, nuestro cebo al alcance de las
lubinas que tanto ansiamos.

Hablo por vez primera en este relato de


la tan apreciada por nosotros los
pescadores, lubina o robaliza como la
llamamos por estos lares, robalo en sus
mayores tamaños, pez muy combativo y
a la vez desconfiado. Junto a los sargos y a las doradas forman para mí el trío de ases de los peces
deportivos de mar , por su combatividad y dificultad a la hora de engañarlos, amén de lo apreciado
de sus carnes, una delicia.

A la hora de pescar habremos de realizar un barrido de la zona de pesca, lanzando a larga y acorta
distancia en diferentes ángulos a la busca del pez, cubriendo en abanico toda la postura que estemos
trabajando; no se trata de lanzar a diestro y siniestro pescando a lo loco, sino que habremos de
interpretar lo que nos muestra el mar en cada momento. Una corriente de agua, un remolino, una
fosa de arena, los flujos de agua dulce, los pasillo de playa, entre rocas son propicios para encontrar
lubinas así como las entradas a los puertos.
Podemos prospectar igualmente la
profundidad, buscando al pescado en
aquellas capas de agua en se mueve o
alimenta en ese momento y aquí os hago una
observación. En nuestras frías aguas
atlánticas las lubinas y otras muchas especies
de peces se mueven y desarrollan su vida
muy cerca del fondo, permaneciendo en él la
mayor parte de su tiempo en busca de aguas
con mayor temperatura y allí se alimentan.
Con la llegada de la primavera y el verano,
al aumento la temperatura del agua le
acompaña una mayor actividad de las
lubinas que se pueden encontrar a medias
aguas. Puedo decir que casi nunca he visto a
las lubinas moverse cerca de la superficie a
la caza de sus presas salvo en momentos puntuales de la época estival, sobre todo al amanecer y en el
ocaso.

A la hora de recoger el cebo podemos hacerlo de forma continua o de manera intermitente, pero
siempre despacio, de forma pausada. Al atractivo del gusano se une el movimiento y ahí radica todo
el secreto de la eficacia y rendimiento que tendremos con esta forma de pesca. Si recogemos de
continuo y con ritmo la lubina, abadejos y sargos serán presas habituales, si recogemos muy muy
despacio puede que pesquemos alguna dorada y si alternamos paradas en nuestra recogida entonces
llenaremos el cubo con lisas y mujoles, que tendrán tiempo de chupar el cebo junto a otras especies
como salmonetes, lenguados, sollas, etc.etc.

Quería daros por último un detalle sobre los bajos de linea. Desde hace unos cuantos meses estoy
utilizando con gran éxito líneas de nylon de fluorocarbón llamadas ultravioletas y que parece ser que
son invisibles para el pez. Yo destacaría de estas líneas su escasa memoria y resistencia al nudo. Suelo
utilizar el nylon " Trialón" en medidas 0´25 para bajos y en 0´30 ó 0´35 para la línea madre.

Ya sólo os queda preparar los pertrechos y salir a la busca de una buena captura o de una buena
pescata. Podéis pescar muchos peces pequeños, pero seamos responsables y respetuosos con el mar y
con nosotros mismos, los peces que no den la talla por favor devolverlos al mar para que puedan
desarrollarse y procreen. Yo a las lubinas que pesco pequeñas les hago un pequeño corte en la aleta
caudal; con ello he podido comprobar a grosso modo el lento crecimiento de estos peces, seamos
buenos pescadores, gracias a todos. (*)

Y gracias por vuestra atención, cualquier duda o sugerencia que tengáis remitirla al correo
electrónico de Pesca en Red. Un cordial saludo pescadores y buena pesca, suerte y hasta la próxima.

(*) Aquí en Galicia la talla mínima legal para la lubina es de 36 cms. y como detalle os diré que la caja
de bicho se paga en torno a las 150 ptas. por unos 30 o 40 gusanos contados.
Lubinas con cola de rata.

Muchos aficionados muestran interés por pescar lubinas a látigo. Por lo


menos, eso dicen. Pero cuando preguntamos, nadie, o casi nadie, lo ha
conseguido.
Entonces, ¿es que la lubina no es un pez apto para esta técnica? Sí lo es, aunque, por
diferentes motivos, no resulta fácil su captura.

A medida que la pesca con cola de rata ha empezado a extenderse desde las aguas
continentales a las marinas, ha comenzado también la búsqueda de posibles candidatos
para convertirse en presas. Enseguida hemos pensado en la lubina, en este pez que
podemos encontrar muy cerca de la orilla, con pocos centímetros de agua y que ataca a
todo lo que se mueve.

En buena lógica, una lubina, que ataca a la gran mayoría de los artificiales, morderá
también un estrimer que imite un alevín o un pequeño crustáceo, un camarón, una
quisquilla o una pulga de mar, por ejemplo.

Y seguro que, de llegar el señuelo hasta donde se encuentra el depredador y


presentárselo de la forma adecuada, será efectivo. Pero, a mi juicio, ahí, precisamente,
radica la primera de las dificultades. En que podamos llegar hasta la lubina.

Salvo los ejemplares jóvenes, de carácter gregario y que se desplazan en cardúmenes


más o menos compactos, la lubina es un predador que actúa sólo o en pareja, y recorre
un extenso territorio de caza. A no ser que su abundancia en una zona concreta sea
considerable, las probabilidades de que este pez “se meta” dentro del limitado radio de
acción que cubriremos con nuestro aparejo, son escasas. Y para ponerlo más difícil,
tendremos que encontrar cierta disposición por su parte para atacar a nuestra imitación,
coincidiendo con el tipo de alimento que está buscando en ese lugar.

Por ejemplo, si damos con un bálamo de


lubinetas que persiguen en un pozo tildal a
unos aterrorizados alevines de mugílidos y
hacemos llegar hasta donde se encuentran
un estrimer que no se corresponde en
absoluto con los pececillos, parece lógico
que lo desdeñen y sigan a lo suyo.

Porque, a diferencia de los peces


artificiales, los estrimers no recuerdan a
nada en concreto y, lo que es peor, no
poseen un movimiento incitante, como en
el caso de los peces artificiales, sino sólo el
que consigamos transmitirles con la
habilidad de nuestra muñeca.

Me explico: un pez artificial: lo lanzamos,


recogemos y se pone a nadar, a navegar él
solito, de maravilla, emitiendo vibraciones
y reflejos, convirtiéndose en el centro de
atracción con sólo girar la manivela del
carrete.
Un estrimer lanzado sobre la mar inmensa. Ameriza. Y no ocurre nada. Si lo traemos
recogiendo “no nada nada”, no incita, no provoca. Habrá, pues, que ingeniárselas para
hacerlo creíble, dando saltos sobre la superficie, o pequeñas carreras con paradas
nerviosas. Difícil. Muy difícil. Pero se puede conseguir.

Por otra parte, que las lubinas se acerquen mucho a la orilla no significa que nosotros nos
podamos acercar mucho a ellas, es decir, que entren en nuestro radio de acción pescando
a látigo, y menos aún, de día.

La lubina come en el fondo, a media agua y en superficie. Pero no es un pez como, por
ejemplo, los mugílidos, que actúan en compactos cardúmenes “barriendo” todo lo que
encuentran a su paso flotando en la superficie. Si a estos últimos les presentamos una
imitación de miga de pan –hecha con algodón u otro material similar- no la rechazarán,
máxime si antes los hemos cebado con pan. Con los macabíes tropicales, sucede tres
cuartos de lo mismo. Por eso son la estrella a látigo en agua salada. Pero es que estos
peces se mueven en bálamos de miles de individuos -a través de los manglares en aguas
someras- comiendo en superficie, por lo que contaremos con muchas posibilidades de que
“se encuentren” con nuestro artificial. Una lubina, por el contrario, no ataca a algo
posado, inerte, sobre la superficie.

Comprobamos pues, que la escasa densidad de las lubinas y su forma de alimentarse,


hace que su pesca con cola de rata presente, por desgracia para los mosqueros, serios
inconvenientes. Por tanto, si queremos esquivar estas contrariedades, tendríamos que
localizar un lugar donde sepamos que las lubinas se concentran; que, a poder ser, se
encuentre muy cerca de la orilla –si vamos desde tierra-; y que el alimento que estén
buscando, pueda ser imitado y montado en una cola de rata.

Existen algunas playas, especialmente


aquellas de origen fluvial, que son
frecuentadas con asiduidad por bálamos de
lubinetas. Si ocupamos la zona tildal con la
bajamar y esperamos a que comience a
subir la marea, interceptaremos a estas
jóvenes –y no tan jóvenes- lubinas en su
recorrido. Provistos de vadeadores,
inmóviles entre la espuma de las olas que
comienzan a invadir los pozos, y con
estrimers saltarines que imiten quisquillas,
podemos darles un susto. Si tenemos la
suerte de encontrar un bálamo numeroso
de lubinetas de alrededor de ½ kg. y las
engañamos con nuestros señuelos, la
diversión está garantizada.

Si nada de esto funcionase, confiemos en


la infalible angula. Fabriquémonos unos
artificiales, con plástico o vinilo
transparente, y recorramos las márgenes
de las rías cantábricas durante las noches
de invierno, cuando sube la marea y las
lubinas se concentran esperando la llegada
de este manjar.
Si existe algún tipo de iluminación artificial o la noche es clara, podremos verlas
cebándose como los salmónidos.

Si no, nos tendremos que contentar con escuchar sus “chapladas”, que es como llamamos
al instante en que se ceban en la superficie.

Respecto al equipo, utilizaremos un material similar al que empleamos en aguas


continentales para la pesca de salmónidos a látigo.

Si tenemos intención de practicar con frecuencia esta pesca, lo mejor será adquirir una
caña especial para mar, que ya están disponibles en el mercado español.

En cualquier caso, una caña más bien rápida, de alrededor de nueve pies para una línea
del siete o del ocho, debería ser suficiente. La línea, de material sintético, puede ser
“descentrada” (WF) o, mejor aún, del tipo “saltwater” (SW), con el peso más adelantado
y de punta sumergida.
Añadir un terminal de acero, como recomiendan algunos, me parece una barbaridad. La
lubina no es un congrio. Ni siquiera un lucio.

Utilizaremos estrimers ad hoc que, hasta donde sé, apenas se comercializan, por lo que,
en la mayoría de las ocasiones, tendremos que fabricárnoslos nosotros o pedírselos a
nuestras amistades, en caso de que conozcamos a alguien.
Cebos para la lubina.

La lubina es un pez carnívoro, como lo prueban su constitución y su boca y mandíbulas, un formidable


predador que admite una dieta variada. Así, ingiere muchos alimentos de distintas especies y tamaños, vivos
o muertos, pero siempre muy frescos. Esta adaptabilidad a los distintos alimentos que componen su dieta
natural, repercute de forma directa en la amplia gama de cebos que admite.

Casi todos los cebos de origen animal que el aficionado presenta en el anzuelo, suelen ser apropiados para la
lubina; el único requisito es que, en caso de estar muertos, no haya comenzado el proceso de descomposición.
Así, tan bueno resulta un cebo a base de sardina o un trozo de calamar, como un anélido cualquiera, un
cangrejo o un molusco presentado sin concha.

Pero, debido a su carácter predador, la lubina siente especial predilección por los cebos vivos, en especial
aquellos que provoquen una reacción instintiva y le hagan creer que pueden escapar. De este modo, un cangrejo
al que ve un fugaz instante llevado por la resaca de las olas, un pececillo debatiéndose, un camarón agitándose
en una nube de espuma, activarán el ataque feroz de nuestro pez.

Los cebos “muertos” –como son los trozos de pescado o de calamares, o los moluscos desprovistos de sus
naturales defensas- funcionan mejor cuando se los presentamos en aparejos de fondo, como si hubiesen caído
allí de forma natural tras haber muerto por la razón que fuera.
Pescando grandes ejemplares.

Todos ansiamos esa gran captura que tan pocas veces se produce. Lo importante es estar preparados para
que cuando pique, no se nos escape el pez de nuestros sueños.

Primero habría que definir a qué llamamos grande


cuando hablamos de peces. Evidentemente, no será lo
mismo hablar de grandes capturas si practicamos
modalidades de pesca tales como la cacea de altura o
curricán pesado, o nos decantamos más bien por la
pesca de mini tallas con sedales inferiores al 0.18 y
diminutos anzuelos.

En cualquier caso, para un aficionado que pesca con


caña desde la costa –salvo raras excepciones- un pez
que alcance un kilogramo de peso, será un pez grande.

Una vez puestos en contexto, añadiremos que, cuanto


menor sea el grosor de nuestros sedales y la potencia
de nuestros aperos de pesca, “mayor” nos resultará el
tamaño de nuestras capturas y más disfrute nos
proporcionarán.

Es decir, que si pescamos una lubina de un par de kilos


caceando en alta mar con un aparejo para bonitos, nos
resultará una presa insignificante, pero si esa misma
lubina la capturamos con una caña poco potente, un
sedal del 0.18 y un diminuto artificial haciéndolo volar
sobre la espuma de las olas en la rompiente, cobrarla
puede resultar tan emocionante y deportivo como
pescar el más gigantesco marlín o el más monstruoso
atún.
Dicho esto y recomendando encarecidamente al aficionado que utilice aparejos ligeros, nos centraremos en el
tema. Muchos de nosotros, casi todos, tratamos de engañar a los peces mayores y esto es una buena estrategia
de partida.

Un pez, para llegar a ser grande, ha debido superar muchas pruebas que la naturaleza y la mano del hombre
–en perversa comunión- le han puesto en el camino. Por tanto, quien logre engañar a este pez podrá presumir
de ser un buen pescador, lo que incluye –aparte de un poquito de suerte- experiencia, grandes conocimientos
sobre la vida y costumbres de sus presas, y bastante tenacidad, todo ello muy elogiable.

Lo malo es que, en muchas ocasiones, cuando por fin pica el gigante al que llevamos tentando tanto tiempo con
nuestro aparejo, consigue escaparse y nos deja con un palmo de narices.

Las razones más habituales son varias. En muchas ocasiones se producen roturas evitables. Esto suele estar
motivado por que no hemos repasado el estado de los sedales y los nudos. El hilo debe estar siempre en
perfecto estado operativo, sin raspaduras ni nudos (los nudos accidentales deben ser evitados como la peste) ni
defectos. Para ello, lo mejor es, antes de pescar, pasar unos cuantos metros de sedal entre nuestros dedos para
comprobar su estado, así como el de los bajos de línea, con lo que, de paso, evitaremos gran parte de la
memoria que cogen los sedales.
Los nudos mal hechos son otra de las causas. Debemos
comprobar que estén dados correctamente. Aunque
todo lo anterior esté en orden (repetimos: sedales y
nudos en buen estado), se puede producir una rotura si
la presa excede a los límites de peso y fuerza fijados en
el diseño del aparejo al que ha picado. Este es el
momento en el que intervienen dos elementos
fundamentales: la caña propiamente dicha y el carrete,
en concreto, el freno.

Cuando trabajemos el pez la caña debe estar levantada


formando un ángulo de más de 60º con la superficie.
La caña es la prolongación de nuestro brazo, un brazo
flexible que amortiguará las embestidas del pez.
Hagamos que la caña también trabaje, que cumpla con
su cometido, que canse al pez que se debate y que
impida que sus violentas arrancadas desbaraten
nuestro aparejo.

El carrete, por su parte, posee una pieza fundamental,


el freno, que a demasiados pescadores parece no
preocupar demasiado y éste es un error que se paga. El
freno sirve para prevenir la rotura del hilo.

Si lo graduamos –según la resistencia del sedal- correctamente, antes de que el hilo rompa el freno cederá unos
metros y el pez se cansará, gastará sus fuerzas tirando del hilo que a duras penas puede sacar. El zumbido del
freno es una de las músicas preferidas del aficionado: no se abstenga de escucharla.

Por el contrario, abrir el carrete y dejar que salga hilo de la bobina libremente, constituye otro frecuente error
que suele conducir a la pérdida de la pieza. Esto provoca embrollos en el sedal y la pérdida de la tensión del
mismo, con lo que el anzuelo se aflojará en la boca del pez y lo perderemos en cuanto se dé la vuelta.

Otro factor a tener en cuenta es la forma que tiene cada pez de defenderse cuando se nota clavado. Aparte de
que nos puede dar la sensación de que algunos venden su libertad más cara que otros (en realidad, esto
depende de su fuerza y habilidades natatorias, pues ningún ser vivo renuncia a la vida salvo en casos límite),
encontramos diversas maneras de proceder cuando notan el anzuelo en sus carnes.
Los que viven en cuevas y grietas tratarán de alcanzar
la seguridad de su refugio –como el mero-. Los que
habitan en aguas libres y más aún si son de régimen
pelágico, se encaminarán con decisión hacia mar
abierto –como los jureles, las agujas, caballas etc.- y
los que progresan en las rompientes del litoral, tratarán
de poner una piedra entre ellos y la caña, con lo que,
en ocasiones, romperán el sedal –como la lubina, el
sargo etc.-.

En consecuencia, si tenemos la seguridad de que el pez


que estamos cobrando es un morador de las aguas
abiertas, podremos aflojar el freno tanto como
gustemos y dejar que saque muchas brazas de nuestro
carrete. Sólo deberemos esperar hasta que deje de
tirar para empezar a cobrarlo. En cambio, si
presumimos que nos encontramos ante un pez de roca,
-si es uno de los que vive en cuevas, tanto peor-
tendremos que tratar de cobrarlo lo antes posible sin
darle opción a que se haga fuerte entre las piedras y
parta nuestro sedal.
Con la caña, trataremos de guiar su trayectoria, impidiendo al pez que se introduzca en las zonas de rocas y
corrientes, y buscaremos el lugar idóneo para vararlo o sacarlo a tierra.

Este es el otro momento crítico, sobre todo si no disponemos de una sacadera apropiada, o las condiciones
físicas del lugar donde desarrollamos la pesca son demasiado infructuosas para sacar cómodamente la captura
del agua. En cualquier caso, si no disponemos de una sacadera, o un grampín, nunca intentaremos sacarlo
dejándolo colgado en el aire, aunque sea un segundo. Es la típica forma de perder un gran pez cuando ya estaba
hecho lo más difícil.

Lo más recomendable para salvar la situación es “ahogarlo”, es decir, mantener la cabeza del agotado animal
fuera del agua, hasta que su vejiga natatoria se llena de aire y comienza a flotar y a moverse con mucha
dificultad. Entonces, sin prisa, recogemos unos metros más de sedal hasta que, levantando la caña con la
izquierda, podamos poner al pez en banda y llevarlo hasta nuestra mano derecha, siempre con la cabeza de éste
asomando fuera del agua y sin perder en ningún momento la tensión del sedal.

Después introduciremos los dedos con decisión debajo de las agallas y asiremos fuertemente. Espere un
segundo hasta sus dedos se acostumbren y note que el pez está bien trabado. Cuando se sienta bien seguro de
la firmeza de su sujeción, ¡arriba con él!
Sargos a fondo.

Cuando se habla de sargos, generalmente nos referimos a su pesca a media agua, bien a pulso o con boya, y
muchos se preguntarán: ¿es que no pican sargos a fondo?

Por supuesto que sí, y lo hacen de una manera mucho más confiada que a un cebo que oscile entre dos aguas.
De hecho, son una de las especies más comunes que encuentra el aficionado que practica esta modalidad.

Pescando con boya, los sargos son rapidísimos, pican con decisión y se escapan con mayor decisión si cabe.
Vamos, que son muy decididos para todo, especialmente para burlarnos. Además, el agua color chocolate y con
mucho movimiento en el fondo, es lo único que garantiza el éxito. Si la mar está bella y el agua transparente,
será mejor no intentarlo.

Pero el lance pesado nos proporciona abundantes


capturas con la mar calma y en casi cualquier tipo de
fondo y, además, presenta la ventaja de que los sargos
atacarán alimentos que, a media agua, serían
rechazados.

Esta curiosa manera de comportarse no atañe en


exclusiva a los sargos, sino que, lejos de ser una rareza
o una particularidad de estos espáridos, resulta
bastante frecuente en los peces de roca.

Lo podemos ver también con la lubina, pues este pez


se comporta de manera idéntica, en cuanto a devorar o
no un cebo determinado según el lugar en el que se le
presente.
Para utilizar un símil humano, sería algo así como
declarar que nos gusta mucho el bocadillo de chorizo,
siempre y cuando lo comamos de pie, pero nunca lo
probaríamos si estuviésemos sentados a la mesa. En
nuestro caso no tendría ningún sentido, pero si
volvemos a la particular biología de los peces, veremos
que sí lo tiene.

Para una especie acostumbrada a una alimentación oportunista y variopinta como es el sargo, -tanto da sea de
un tipo u otro- la forma en la que se presenta su alimento es determinante a la hora de ingerirlo o rechazarlo.
Un trozo de sardina o de calamar, bocados ambos que encontraría deliciosos abandonados sobre el lecho
marino, nunca serían atacados si los encontrase suspendidos entre dos aguas a plena luz del día. ¿Por qué? Pues
porque un sargo “sabe” que un trozo de pescado puede ser hallado en el fondo, pero nunca en otro sitio.

Una quisquilla o un cangrejillo que se agita en medio de la espuma sí será engullido entre dos aguas. Un
cangrejo inerte, fuera del radio de acción de la resaca, también será rechazado, ya que el sargo encontraría
antinatural ese animalillo que no flota, suspendido, colgando de un hilo. Muy sospechoso, vamos.

Sin embargo, a fondo, pican a una amplísima gama de


cebos (ante la ausencia de cebo, los he capturado
hasta con trozos de chorizo, en un acto de renuncia sin
precedentes a una parte integrante de mi bocadillo) y,
respecto al aparejo, podemos decir otro tanto: Casi
todos son válidos, siempre que el tamaño de los
anzuelos se adapte a su boca.

Los aparejos de lanzado son de dos tipos en lo


sustancial. Uno de ellos está pensado para las especies
que comen exclusivamente los nutrientes que
encuentran depositados en el lecho marino. Es aquel en
el que el plomo está por delante del anzuelo, o sea, el
que -con sus lógicas variaciones, claro está- sigue esta
pauta y por este orden: plomo, quitavueltas e hijuela
rematada en un anzuelo.

De esta forma nos aseguramos que el cebo quede


tendido sobre el lecho, lo cual es importante para
algunas especies. Por ejemplo, si tratamos de capturar
salmonetes, peces planos, etcétera, un cebo
presentado a una braza del fondo nunca funcionaría.

El otro aparejo típico de fondo, es aquel en el que, el o


los anzuelos, se colocan por encima del plomo.
emplea para peces ramoneadores, sobre todo en zonas
rocosas.

Admite múltiples anzuelos y montajes, como el famoso


pater noster, con varias hijuelas cortas rematadas en
sendos anzuelos, que pescarán a distintas
profundidades, aunque siempre cerca del fondo.

Es ideal para la pesca de lábridos –como el tordo o


serrano, julia o doncella, durdo o maragota- o de otros
peces que comparten este nicho, como es un pequeño
serránido conocido como cabra o cabrilla.

Estos peces se mueven muy cerca del fondo, pero no


“reptan” sobre él como lo harían los peces planos o las
anguilas, ni hurgan en el lecho blando como una
herrera o un salmonete.

Lo bueno delos sargos es que “hacen a todo”, es decir,


da lo mismo qué tipo de aparejo de fondo les
presentemos: pican bien en los dos, ya sea a los
anzuelos que quedan tendidos sobre el lecho, como a
los que quedan suspendidos a poca distancia de él.
LA PESCA DEL SARGO

Hábitos alimentarios

Es un pez que suele comer de casi todo, aunque existen preferencias por algún que
otro tipo de cebo. Como norma general sienten debilidad por todo tipo de gambas,
camarones, quisquillas, ermitaños, cangrejos de playa, chipirones, etc...
siempre lo mas frescos posibles y por todo tipo de gusanos o lombrices de mar,
americana, titas, etc.., pero deberemos tener muy presente en la época del año en la
que pesquemos con el fin de ofrecer a los mismos la carnada predominante en esa
fecha, si hay mucho camarón en junio, por ejemplo, estarán comiendo camarón,
si un barco ha arrojado al mar cerca de la costa cajas de boquerón o sardinas
estarán comiendo de las mismas, quiero que entendáis que aun sintiendo debilidad
por la gamba, etc, si no hay, comerán de lo que haya en ese momento y será lo que
tengamos que ofrecerle en mejores o iguales condiciones. Hay que tener claro a la hora
de pescar sargos que no podemos seleccionar una única carnada para ellos, pues la que
fue muy buena en agosto para enero no lo es, así que deberéis ofrecerles lo que ellos
quieran comer.

Si observáis a un sargo veréis que dentadura tan potente tiene y que armadura de
molares, por lo que también podéis intentar pescarlo con cualquier tipo de caracol
marino, pues personalmente los he probado con ellos y dan buen resultado.

Suele alimentarse al anochecer y amanecer, aunque no es raro pescar sargos de día,


sobre todo con el mar esta revuelto y sus aguas sucias.

Tenemos que tener muy presente la luna, no suele comer con luna llena y el mar en
calma, pero si muestra actividad con luna llena y el mar picado. Siguiendo como norma
general pescaremos con luna llena en aguas profundas y con la oscuridad o luna
muy menguante o poco creciente en poca profundidad, se entiende poca
profundidad unos 50 cm., no dudéis pescar en poca profundidad con oscuridad, pues
aunque parezca mentira, los grandes ejemplares salen a la orilla, dicen que llegan a
acostarse para coger el cebo, yo personalmente he podido observarlos con su lomo fuera
del agua intentando comer la carnada que le ofrecía.

Acción de pesca

Hay que tener presente que como buen esparido buscara la noche, como antes hemos
comentado, para su alimentación, menos el raspallón y la mojarra que suele alimentarse
de día condicionada por su hábitat, ya que suelen frecuentar los puertos o zonas
portuarias donde consiguen su alimento, bien por afluencia de barcos y por consiguiente
peces muertos en sus fondos o por la gran cantidad de pescadores arrojando cebos o
enguado.

Para pescar sargos deberos buscar un estado de la mar propicio para ello, el mar tiene
que estar movido, a ser posible de poniente y con las aguas turbias, es decir no
importara que tenga olas grandes, sobre todo si vamos a pescar con caña de pulso o
boya, si por el contrario pescamos con caña de lanzado o surf-casting no será un factor
determinante el estado del mar pues lanzaremos lo mas lejos posible con el fin de llegar
a los sargos.

Podemos pescar sargos todo el año, aunque su verdadera época empieza en


Septiembre y termina, digamos, en Marzo, durante este periodo de tiempo tienen
su puesta y es curioso que no tiran de la caña, simplemente levantas la misma y hay un
sargo pillado y que no os dará mucha guerra.
Pesca con caña de pulso y boya

Como su nombre indica es una caña sencilla , es decir, sin carrete, donde engarzaremos
nuestro sedal a la puntera de la misma y dejaremos que cuelgue el mismo hasta unos
50 cm del mago o ultimo tramo, donde pondremos un anzuelo del numero 4 empatillado
a un hilo del 28 al 35, el anzuelo lo lastraremos con un pequeño plomo de bola o
simplemente un esmerillón pequeño, dejaremos una distancia desde el lastre hasta el
anzuelo de unos 30 cm con el fin que la carnada o cebo este en el agua de la forma mas
natural posible. Si pescamos a pulso, es decir dejando sentir el tirón o picada del sargo
en la caña, estaremos muy atento a lo que nos dice la misma, no solo a los tirones que
suele acometer dicho pez, sino al peso o pequeños toques que nos adviertan que esta
embuchado, etc.. Deberemos clavar al pez con un movimiento de muñeca , no de un
fuerte tirón, de lo contrario sacaremos la carnada de la boca, aunque hay partidarios
de dar un tirón seco dado que la boca del sargo esta muy bien armada de dientes y su
interior esta llena de piedra adoquinadas una al lado de la otra, pero mi consejo es que
lo hagáis con un suave tirón de muñeca . A este modo de pesca se le puede poner
una boya con el fin de que queden nuestras carnadas a la profundidad deseada y nos
advierta de la picada del pez, la pesca con boya es la mas difícil, ya que hay que
saber interpretar los movimientos de la misma en el agua, no creáis que es la mas
sencilla, cualquiera tira de la caña cuando esta se hunde, pero en verdad ¿ sabemos lo
que antes de hundirla nos ha dicho la boya o corcho?, ¿si se ha acostado,
vibrado, etc...?, saber interpretar una boya o corcho es algo que en mis 45 años no he
conseguido , pero si he visto a quienes saben hacerlo y que cuando ven en ella signos
de pescado comiendo, le tiran y hasta te dicen por la forma que ha comido, que pez es.

El lastre o plomada del aparejo dependerá también de la corriente que haya, pues es
absurdo intentar pescar con un solo plomo de bola y que la carnada se quede fuera del
agua o desplazada a un lado por la corriente, para ello iremos agregando de uno en
uno pequeños plomos de bola hasta nivelar el aparejo de la forma mas vertical
posible con la puntera de la caña. No pongáis grandes plomadas que los sargos
la verán y no se acercaran a la carnada.

Pesca con caña de lanzado : Surfcasting

A este tipo de pesca no le influye tanto que el mar este o no movido, simplemente
lanzaremos lo mas lejos de la orilla que podamos, con el fin de llegar a profundidades
donde puedan habitar sargos, con el mar en calma, en el caso de que el mar este
movido, pescaremos mas a la orilla, en la zona turbia. No es aconsejable que pongáis
mas de 2 anzuelos y mi opinión es que no pongáis “rastrero”, pues suele comer alto. Y
la carnada aconsejada para este tipo de pesca seria las lombrices de mar y calamares,
pues las demás son blandas y dado la acción de la caña se caerán, ahora, si pescamos
cerca si podemos ponerla. Cuidad el freno del carrete y cargar los carretes con el hilo del
30 aun poniéndole puente.

Zona recomendada de pesca

Cuando vayáis a pesca en playas tratareis de localizar desembocaduras de ramblas o


ramblizos, espigones, entrantes de piedras, etc.. donde siempre tendréis piedra y
casi seguro sargos, dependiendo de la dirección de la corriente nos situaremos a un lado
u otro de las mismas. La forma que hay para determinar la dirección de la
corriente es muy fácil, tirareis al mar delante de vosotros un trozo de madera o
gallo de algas ( trozo de raíz de las mismas) y veréis hacia donde navega, esto
es muy importante a la hora de enguar la zona, como veréis mas adelante.

Si pescáis desde rocas o espigones buscar siempre la zona donde más rompa el agua
y a ser posible que haya piedras.
Preparar la zona de pesca

El tema de cómo y con que preparamos la zona es a veces muy personal, pero no seria
completo este artículo sin que os diera alguna que otra receta para hacer un enguado,
que para el que escribe, funciona a la perfección. Ya sabemos que comen de casi todo,
pues vamos a usar de casi todo para hacerlo, es muy sencillo. Buscamos un bote de
los de pintura de los de 10 o 20 Kg. Lo limpiamos bien que no queden partículas
de sustancias toxicas y ya tendremos el recipiente para hacerlo. En el mismo
echaremos cualquier de pescado graso ( sardinas, caballas, estorninos, etc..)
que compraremos al menor precio posible, lo cubrimos con un poco de sal en
grano y dejamos el mismo unos 3 o 4 días, sin sacarlo del bote trituramos el
mismo hasta que se haga una pasta homogénea, yo suelo usar un taladro que me
sirve de batidora, cambio la broca por una especie de hélice que me he fabricado, si la
pasta queda dura agregaremos agua o aceite de pescado. Ya tenemos la base,
ahora vamos a enriquecerlo, podemos acompañar a esa pasta con pan sin la corteza,
líquidos de salazones y desperdicios de los mismos, erizos, almejas en mal
estado, anchoas en latas, de las caducadas, berberechos frescos o en lata,
caracoles marinos y terrestres, gambas y cangrejos, sangre de pescado,
etc........, siempre muy triturado pues se trata de atraer , no de alimentar. Con el
fin de que el enguado llegue pronto al fondo le pondremos tierra, no arena, la tierra
hace una pasta mas compacta y suele duran en el fondo un poco mas que la arena y
sirve para poner el agua turbia a su vez.

Existen en el mercado preparados de enguado, son muy buenos y efectivos, pero la


salsa esta en fabricarlo uno mismo, es decir se empieza a pescar en el momento de
empezar a prepararlo. No soy partidario del granulado que venden , pues cuando he
enguado con él cuando he pescado algún sargo ya estaba atiborrado del mismo y eso no
es bueno.

El secreto de un buen pescador es saber que cantidad tiene que poner al


enguado de uno de los elementos que lo forman con el fin de enriquecerlo
dependiendo del cebo predominante en la zona, si están comiendo ermitaños le
pondremos bastantes ermitaños, entendéis la jugada.

La forma de enguar es muy sencilla, como antes os comentaba, miraremos la corriente,


si la corriente es de poniente pescaremos a poniente del lugar enguado a unos 2 o 3
metros ya que la información del mismo les llegara en esa dirección a los sargos y si es
de levante igual. Cuando no haya corriente alguna o muy poca si pescaremos sobre el
enguado teniendo la precaución de lanzar nuestra caña por encima del mismo, es decir,
si el enguado lo lanzo a 3 metros de la orilla, mis carnadas a 5 metros.

No saturéis la zona de enguado, lanzar con un trozo de madera unos 500 gr la primera
vez y si pican los sargos no le lancéis mas, cuando dejan de comer echamos un poco,
unos 200 gr. y así seguiremos la pesquera. No os desesperéis con los sargos, estas toda
una tarde enguando y nada y en un momento los tenéis comiendo.

Bueno no se si me habré dejado algo por contaros, pero como casi siempre habrá
quienes digan que si los pescan con la mar muy buena, etc...... efectivamente, pero lo
normal y mi experiencia durante 45 años es la que os he relatado.

Pescando con este sistema además de sargos pescareis otros peces como obladas,
doradas, salpas, palometas, herreras y alguna que otra araña, así que cuidado.
Sargo breado: el gran desconocido.

El Sargo breado, también llamado real o imperial, es uno de los sargos más raros, más sabrosos... Y el
que puede alcanzar mayor tamaño, algo así como el Primo de Zumosol de la familia.

Nos encontramos ante un pez “de lujo”: exquisito en la mesa y combativo como pocos en el anzuelo. Añadiría
que, de todos los sargos, éste es mi favorito, aunque esto no quiera decir nada, pues ya se sabe que para
gustos están hechos los colores. En todo caso, los que presenta este animal son verdaderamente característicos,
con una librea que lo hace inconfundible. Vamos a conocerlo un poco mejor.

Este sargo, cuyas denominaciones científicas son Sargus cervinus, Sargus trifasciatus, Johinius trifasciatus,
Diplodus trifasciatus, Charax cervinus.... recibe a su vez distintos nombres vulgares, entre los que encontramos:
Sargo breado, bedao, vedao, barriao, monjón, sargo imperial, real, etcétera.

Su silueta es parecida a la del sargo común, con el cuerpo ovalado y comprimido, típico de la familia a la que
pertenece.

Sin embargo, aparte de la librea –sobre un fondo dorado se disponen gruesas franjas transversales color
chocolate- se diferencia claramente por la boca. Posee unos labios bastante carnosos y gordos, y su dentición es
muy peculiar: grandes incisivos y, separados de estos, pequeñísimos molares.

Crece más que cualquier otro sargo, llegando a rebasar los 50 cm. de longitud, y puede vivir incluso a 300 m. de
profundidad.
Sus aspectos reproductivos –como tantos otros en este
pez- no han sido muy estudiados, pero casi todos los
ictiólogos consultados, coinciden en señalar la época de
freza entre los meses de enero y mayo. Lo cierto es
que, durante el verano, resulta frecuente encontrar
juveniles de esta especie, de unos 5 cm. de longitud,
engrosando los desordenados bálamos que forman
otros espáridos del genero diplodus, como son las
mojarras y los sargos comunes.

Su distribución, si bien abarca toda nuestro litoral, es


muy desigual, y sus poblaciones fluctúan de forma
considerable en una misma zona sin que conozcamos
con exactitud el porqué.

Hay autores que sugieren una progresiva expansión de la especie hacia aguas más septentrionales,
extendiéndose hacia el norte por el Golfo de Vizcaya. No obstante, cada vez resulta más raro encontrar buenos
ejemplares, ya sea en zonas mediterráneas, cantábricas o atlánticas. Además, parece ser sumamente
vulnerable, a tenor de lo que se desprende del recuento de sus poblaciones en aguas protegidas, si las
comparamos con las de los tramos más castigados de nuestras costas -donde el número de ejemplares
disminuye drásticamente-.

Respecto a sus costumbres, nos hallamos frente a un pez muy tímido, quizás el más receloso de todos los
sargos, lo que añade cierto encanto a su captura, un aliciente más que nos brinda su natural desconfianza.

Las particularidades en sus hábitos frente al resto de los sargos, se acentúan con la edad. Aunque los individuos
jóvenes se comporten de forma parecida a los demás componentes de la familia diplodus y, de hecho, ya
señalamos que se encuentran a menudo mezclados entre ellos, a medida que crece nuestro pez desaparece su
espíritu gregario y comienza a separase en pequeños grupos que, más adelante, se dividirán a su vez en parejas
o incluso en individuos solitarios.

A lo anterior, se une la tendencia de los sargos breados por ocupar zonas de mayor profundidad, donde se
establecerán al llegar al estado adulto y pocas veces abandonarán ya.

Sólo cuando el sol desaparece en el horizonte o en condiciones de gran turbiedad de las aguas costeras, suben a
cotas de menor profundidad, por lo que su pesca desde tierra suele efectuarse de noche o durante las últimas
horas de las tardes estivales.

También el otoño constituye una magnífica estación para acosarlos, teniendo presente siempre que la falta de
luz o la oscuridad del agua, serán los únicos factores que posibiliten que este pez se acerque a tierra lo
suficiente para ponerse a tiro de nuestras cañas.

Por eso debemos buscar los canales que se desplazan por el fondo incrementado su profundidad, o las cortadas
submarinas que dan paso a lechos que descienden en pendiente. Estos lugares “de subida” pueden resultar muy
fructíferos para el aficionado que logre colocar ahí su aparejo.
El tipo de fondo que prefiere el sargo breado cambia
según el tamaño o las aguas donde nos encontremos,
pero lo ideal suele ser uno de tipo mixto, con tramos de
arena, roca y fango. Nuestro pez siente una especial
querencia por estos lechos “suaves”, ricos en
invertebrados que constituyen en gran medida su
alimento. El 90% de las veces que me lo encuentro
debajo del agua –por lo general individuos inmaduros-
lo hallo vagabundeando sobre un lecho de arena o de
fango flanqueado por rocas y algas, y rara es la vez
que me permite acercarme hasta tenerlo a tiro de
fusil.

También frecuenta las proximidades de las


desembocaduras de las rías, en especial tras unos días
de lluvia que engordan el agua y transportan
abundante materia orgánica, pero no se introduce en
los cursos de agua dulce tanto como el sargo común o
la dorada.
Hemos de saber que se trata de un pez de régimen casi bentónico, que en contadas ocasiones se desplaza hasta
zonas superficiales, y raramente come entre dos aguas.

Nos encontramos ante una pesca de espera, en la que emplearemos grandes y fuertes cañas de lanzado, que
llevarán nuestros cebos a zonas de cierta profundidad. El aparejo recomendado para este pez es uno de fondo,
con un plomo corredizo que garantice la inmovilidad del mismo sobre el lecho marino y un bajo de línea no
demasiado grueso, para no infundirle sospechas.

También las zonas de paredes rocosas y cortados sobre la mar son buenos lugares, siempre que haya bastante
profundidad. En este caso podremos pescar a pulso o, si lo hacemos a corcho, dando mucho calado al aparejo.

Lo normal será pescar más sargos comunes y mojarras que sargos breados, pero al final, todo llega.

Nuestro pez puede alcanzar un peso considerable y la batalla que presenta es siempre feroz. Así que la caña
debe estar en consonancia y, en general, todo el equipo preparado para aguantar sus embestidas.

En todo caso, dado que el número de individuos que patrullan una determinada zona no suele ser numeroso
–salvo bálamos excepcionales- y que es, de por sí, un pez considerado en muchos lugares como “raro”, conviene
emplear un aparejo polivalente, que nos posibilite también la captura otras especies.

Mi preferencia es la de utilizar bajos de una braza y de un grosor del 0.30. Empato un solo anzuelo para evitar
enredos, de tamaño medio y pata corta.
Ya hemos dicho que su dentición es muy distinta a la
de otros grandes espáridos, como la dorada, y presenta
escasos molares, y, consecuentemente, mandíbulas
menos poderosas que las de este otro espáridos
especializado en moluscos y crustáceos acorazados, por
lo que los anzuelos no tienen por que ser
especialmente robustos.

Teniendo esto en cuenta, podemos adivinar su


alimentación y, en buena lógica, el tipo de cebo más
adecuado. Es omnívoro pero, al igual que el resto de
los sargos, tirando a carnívoro. Su dentición sugiere un
tipo de alimento no demasiado duro y sus gruesos
labios indican sensibilidad y tacto preciso en la
búsqueda de sus presas.

Pica muy bien a aparejos cebados con moluscos sin


cáscara, pequeños cangrejos –enteros y vivos o
troceados- y anélidos de todo tipo. El cangrejillo de
arena o galera, suele ser una buena opción, sobre todo
en fondos blandos. Asimismo, otro cebo que no suele
fallar es el ermitaño, sobre todo los ermitaños gigantes
del Mediterráneo, de los que no disponemos en el
Cantábrico y que alcanzan un tamaño suficiente para
cubrir un anzuelo de dimensiones considerables.

Como anécdota, solo me resta decir que los dos últimos sargos breados que he capturado picaron a gusano de
coco o rojo, pero estoy casi convencido de que hubieran entrado igual de haberse topado con una coreana, tita,
americana o de rosca, ocultando mi anzuelo.
23 de Septiembre de 2005 12:32 A.M.

Salmonetes de noche: una pesca sencilla y


sabrosa.

El salmonete constituye una presa habitual de los aficionados que practican la pesca al lanzado. Sin embargo,
pocos son los que se dedican específicamente a este pez, y su captura, por lo tanto, suele obedecer a la
casualidad.

Esto no quita para que el aficionado que desee pescar salmonetes, pueda hacerlo con ciertas garantías de éxito
si elige los lugares, el cebo y los aparejos apropiados.

El salmonete se alimenta de forma ininterrumpida tanto de día como de noche, pero dado que el cebo que le
presentaremos es blando y apetecido por casi todos los pequeños peces que pueblan estas aguas, optaremos
por intentar su pesca en periodos nocturnos. ¿Por qué? Pues porque con la oscuridad muchos de estos pequeños
peces –por ejemplo todos los lábridos- se retiran a sus escondites hasta el amanecer, con lo que no atacarán al
cebo que va destinado al salmonete. Esto no impide que otros pezqueñines continúen activos –como los
espáridos- pero, al menos, descartaremos un buen número de ellos.

Lo cierto es que pescar salmonetes no es difícil, pero sí puede serlo su localización. En otras palabras: es una
especie que no presenta problemas para su captura, una vez que hemos dado con la zona donde habita.
Entonces su pesca puede ser coser y cantar, pues nuestro pez se comporta como un rastreador meticuloso, y no
dejará ni un cm² por registrar hasta dar con el cebo. Prueba de esta búsqueda incesante del alimento hozando
por el lecho marino, son los manchones negros que observamos a veces en el fondo y que constituyen una
buena señal para asegurarnos su presencia.
Cosas de familia

Existen dos tipos de salmonetes en nuestras costas: el


de roca (Mullus surmuletus) y el de fango (Mullus
barbatus). Ambas especies se asemejan tanto en su
comportamiento, como en su morfología. La diferencia
más apreciable estriba en la coloración, que, en el caso
del de fango, es gris con reflejos metálicos plateados o
casi negros, mientras que el de roca exhibe vivos
colores rojos, naranjas, amarillos o fucsias. También
podemos diferenciarlos por la forma del morro, mucho
menos achatada en el de roca.

En lo gastronómico, las similitudes no son tantas, pues


su pariente de fango presenta un marcado sabor a
barro, a balsa, que recuerda al de algunos ciprínidos
que habitan pantanos, remansos y otras aguas de
escasa corriente.

Además, el salmonete de fango frecuenta mayores


profundidades, por lo que no es habitual su captura por
parte de los aficionados. En cambio, el de roca, que se
aproxima durante la primavera a la costa para
permanecer allí todo el verano, resulta un pez atrevido,
que gusta de merodear por todos los lechos ‘blandos’ -
ya sean de arena, de fango o mixtos- incluso con muy
poca profundidad.
Este comportamiento lo pone a tiro de las cañas de lanzado y propicia que podamos ofrecerle nuestro cebo con
bastantes garantías de que lo encontrará, si otro pez no da antes con él, como pasa a menudo. Y es que,
muchas veces, el salmonete viaja acompañado de pequeños sargos que pululan a su alrededor y aprovechan el
alimento que el salmonete desentierra o descubre. Me explico. El salmonete rastrea parsimonioso el fondo con
sus barbillones y hoza en el lecho buscando animalillos o partículas comestibles. Los sargos de escasa
envergadura siguen su andadura, a pocos centímetros por encima, y se lanzan como misiles sobre el alimento
que acaba de descubrir.

Dado lo frecuentes que resultan estas disputas alimenticias con los pequeños sargos, las primeras picadas que
detecte la puntera de nuestra caña pueden corresponder a los ataques de los minúsculos espáridos, o bien a la
primera y tímida cata del salmonete, que después se convertirá en una decidida picada.

Este dato es importante, ya que, si lo dejamos comer, nos aseguramos que el anzuelo quedará sólidamente
instalado en lo más profundo de su boca. Ahora bien, si tratamos de clavarlo en los primeros instantes –durante
el corto periodo de ‘cata’ al que antes me refería- conviene no tirar con fuerza, so riesgo de arrebatarle el
bocado o de romperle su ya de por sí endeble boca. En cualquier caso, es preferible no apresurarse, pues, una
vez que haya probado nuestro cebo, si éste es de su gusto, se lo tragará sin mayores contemplaciones y lo
tendremos preso.
El material

El aparejo que vamos a utilizar es realmente sencillo.


Basta con que cumpla su función, que no es otra que la
de mantener el cebo tendido en el fondo, el único sitio
donde lo buscará nuestro pez.

Yo me suelo decantar por el empleo de un plomo tipo


oliva corredizo, con un quitavueltas que marcará el
tope. Al quitavueltas, amarrado a la línea madre,
fijaremos una bajo de sedal de menos del 0.20, y aquí
empataremos un anzuelo de tamaño mediano y poco
robusto.

Recuérdese que el salmonete nunca alcanza un gran tamaño y una pieza que supere 1 kg. peso es algo
excepcional. Además, ya señalamos que su boca no es fuerte, aunque sí relativamente grande comparada con
su tamaño, por lo que la elección del anzuelo no planteará problemas. En realidad, casi cualquiera le va bien.

El bajo de línea tampoco debe ser muy largo y con algo menos de una braza será más que suficiente. El
salmonete no es un pez muy exigente en este sentido, y un bajo tirando a corto evitará enredos, en caso de
pescar en aguas poco profundas o con la mar revuelta.

Así que, con un aparejo muy simple (plomo, quitavueltas, anzuelo) nos arreglaremos bien, sin que debamos
utilizar materiales caros o sofisticados.

La caña que usaremos puede ser una de las más corrientes que existen en el mercado. El único requisito que
debe cumplir es que la puntera sea lo suficientemente sensible para detectar la picada. Con eso basta. Ah, y se
me olvidaba: si quieren disfrutar esta pesca, procuren que el material empleado sea lo más ligero posible.

Aunque la defensa de este pez no sea para lanzar cohetes, resulta digna durante los primeros compases de la
lucha, lo que se traduce en violentos tirones. Es el justo premio para el pescador que ha adecuado el material a
las dimensiones de su presa y puede apreciar la batalla del salmonete en lo que vale.
Los cebos

En este apartado es quizás donde nuestro pez se muestra más riguroso. Aquí no vale cualquier cosa. Sólo
acepta cebos blandos provenientes de invertebrados y no todos.

Un aparejo cebado con trozos de pescado (sardina, anchoa, etc.)o de cefalópodos (calamar, sepia...) u otras
carnadas que se suponen poco menos que universales para la pesca en la mar, será rechazado.

Lo mejor consiste en emplear anélidos de casi cualquier tipo, tanto da que sea gusana de rosca, de arena o
serrín, americana, coreana, gusano rojo, etc. Todos los gusanos marinos le encantan, por lo que será el mejor
cebo que podemos ofrecerle.

En este caso, aconsejamos ser generosos en la


cantidad que ponemos en el anzuelo y, si el tamaño lo
permite, encarnar la gusana entera. Existen varias
razones para proceder así: la primera, como ya vimos,
porque es frecuente que otros pececillos acompañen al
salmonete y se lleven, antes que él, una porción del
alimento. La segunda, porque una buena gusana entera
y viva le resultará más fácil de localizar. Y la tercera y
no menos importante, porque el salmonete traga
buenos bocados si se le presenta la ocasión, por lo que
no arrancará un pedazo y se marchará, sino que
devorará toda la carnada y con ella, el anzuelo.

También podemos cebar con mejillón, con navaja o con otros bivalvos, pero lo más sencillo y recomendable es
emplear anélidos, con los que siempre acertaremos.

Una última cosa antes de despedirme: cuando atrapemos un salmonete, tras desanzuelarlo, debemos escamarlo
para que aparezca ese color rojo vivo en todo su esplendor.

Esta tarea es sencilla cuando todavía está vivo, pues sus escamas son grandes y se desprenden con facilidad
pasando la uña del dedo pulgar a contra pelo –contra escama, vamos-.

De esta manera, la parte escamada se tornará de un rojo intenso, que hará de nuestras capturas bellísimos
trofeos.
Señuelos artificiales.

Sobre los señuelos se ha escrito mucho, pero nunca es suficiente.

Los peces predadores tienen algunos sentidos muy desarrollados. La vista suele ser uno de ellos, aunque no
necesariamente (el tiburón es más bien algo cegato, por ejemplo). Lo que sí tienen siempre muy fino es un
sentido que a nosotros nos es ajeno y consiste en lo que se conoce por línea lateral, un órgano sensitivo que
detecta las vibraciones en su medio, esto es, en el agua.

También el sentido del gusto suele estar muy desarrollado, (además, el agua transmite mejor los sabores y las
vibraciones que el aire). Para entender este sentido debemos saber que el olfato –tal como lo conocemos-
parece ajeno a los peces, pero el gusto es de hecho el equivalente a nuestro sentido del olfato y opera como tal.
Esto es así porque los olores se transmiten en el aire, mientras que el agua (un medio 800 veces más denso) lo
que transporta es en realidad partículas gustativas que el pez detectará con precisión perruna a modo de olores
terrestres.

Por tanto, cuando hablemos de su sentido del gusto no pensemos en nuestro paladar, sino en nuestra pituitaria.
Sin embargo, este sentido, digamos del gusto-olfativo no ayudará a que los peces se lancen sobre nuestros
señuelos, sino todo lo contrario. Por tanto, el secreto de la atracción de los artificiales debe estribar en la vista y
en la línea lateral.

Teniendo todo esto en cuenta y tomando muchas


referencias y ejemplos en distintas especies, y
actuando asimismo en condiciones variadas, llegamos a
la conclusión que cada especie o cada individuo en cada
circunstancia, ataca guiado por sentidos distintos y
quizás, por razones diferentes.

Nos parece lógico que una lubina, pez que ve muy bien,
se lance contra un pez artificial en medio de la espuma
y rechace a ese mismo pez si lo encuentra en aguas
quietas y cristalinas, o una trucha que es engañada por
una cucharilla en un río crecido y turbio, la rechace en
una poza transparente.

Una caja repleta de vinilos.

Entonces podríamos decir: “Claro, ha descubierto el


engaño y no pica.”

Hasta aquí todos de acuerdo. Pero no es tan sencillo.


También hemos observado a predadores lanzarse sobre
los señuelos más aparatosos, artificiales e inverosímiles
en la naturaleza, en condiciones de aguas quietas, con
una visibilidad total, aunque esto es menos común que
lo anterior.

O a alevines de especies predadoras atacar a señuelos


casi tan grandes como ellos, que, por su tamaño,
nunca constituirían sus presas naturales.
Por último, tampoco es extraño contemplar cómo un
predador, “juega” con el artificial, y le da con el morro
o con las aletas y, en ocasiones, acaba siendo clavado
–lo que se conoce por “robar” el pez-.

Por tanto, esto nos lleva a suponer que los predadores


atacan a los artificiales por varias y distintas razones:
Por entretenimiento, por su necesidad de alimentarse y
quizás también, por defender su territorio de caza
frente a posibles intrusos.

Por supuesto que la opción más frecuente será la que


hace referencia a su alimentación, pero, en todo caso,
no la única.

Diferentes tipos de anguilón fabricados en vinilo.

Se me ocurre citar el ejemplo del salmón, depredador


como todo buen salmónido, que, cuando se halla
remontando el río para desovar, pica por instinto, no
por necesidad de alimentarse (pues en esta fase de su
vida abandona la nutrición), aunque también conviene
señalar que lo hace tanto a cebos naturales como a
artificiales.

Esto nos plantea otra pregunta que nos hacemos


constantemente todos los aficionados al spinning: ¿Qué
señuelos son efectivos?

Todos. Sin duda. Todo lo que se desplaza por el agua


de menor tamaño que el predador, es objeto de su
interés.

Casi todos los pescadores hemos tenido ocasión de


contemplar alguna vez, cómo, cuando recogíamos
nuestro aparejo, era perseguido el plomo por una
lubina o una aguja, o cómo una pluma o una hojita
caída sobre un remanso, que se movía empujada por el
viento cortando la superficie, era objeto del ataque de
una trucha u otro predador.
Entonces, si todos los señuelos son eficaces, ¿por qué
razón no pescamos tan pronto como una de nuestras
cucharillas o peces artificiales, de bonito y conseguido
diseño, atraviesan las aguas?

La respuesta es fácil y difícil al mismo tiempo. Lo fácil,


y sin duda, acertado también, sería decir que eso
concierne a los peces, que picarán o no a nuestro
señuelo por las razones que sean, pero, que, en
cualquier caso, sobre esto no tenemos ningún control.
Esta respuesta sería sensata, pero no nos aclara nada,
y además yo soy de los que están convencidos de que
se pueden buscar las razones –digamos ocultas-, que
poseen los peces para picar o no a un señuelo
determinado en unas condiciones determinadas.
Algunos modelos para la pesca en mar proviene de la pesca en
aguas continentales.

En otras palabras, hablar de apetencias es impropio cuando nos referimos a los peces, puesto que, como
animales que son, se rigen por un código intrincado y complejo marcado por su instinto o, si lo prefieren y para
darle la razón a Richard Dawkins [1], por los imperativos que imponen sus genes.

Así, un pez atacará a un señuelo cuando éste desate en él una reacción natural que le mueva a hacerlo, y, en
consecuencia, la función primordial del señuelo será, por un lado, propiciar el ataque y, por otro, burlar los
mecanismos del pez, que hacen que ataque a determinadas presas y rechace otras. Damos por supuesto el de la
alimentación como estímulo más probable en la mayoría de las ocasiones, aunque esto no quiera decir que
rechacemos otros a priori. En todo caso, cuanto más sepamos sobre sus preferencias alimenticias y en qué
contesto se sitúan éstas, más posibilidades tendremos de darle gato por liebre, adecuando nuestros artificiales
para que reproduzcan con fidelidad todo aquello que estimula al pez y provoca su ataque.
[1] R. Dawkins es profesor de etología y autor del “ Gen egoísta”, un tratado sobre la respuesta genética a
determinados estímulos, que proporciona muchas claves interesantes sobre el comportamiento animal.
La industria de la pesca deportiva, se encarga de ofrecernos todos los modelos imaginables que puedan engañar
al pez. A medida que crece este mercado, se incrementa también la investigación y la sabiduría de las casas
comerciales, y llenan los comercios especializados de todo tipo de fauna artificial, que, en ocasiones, nos tentará
más a nosotros mismos que al propio pez.

Sin embargo, lejos de negar la eficacia de estos señuelos, -que es evidente y, de hecho, me confieso ser el
primer entusiasta y amigo de probar todas las novedades posibles- sí debemos advertir al neófito que no todos
ellos conseguirán pescar en todas las condiciones, o, mejor dicho, que todos ellos pescarán, pero sólo cuando se
den las condiciones propicias, a veces, muy difícilmente pronosticables.

Los señuelos actuales cubren todos los gustos y


tenemos, desde los que funcionan muy bien recogiendo
a muy poca velocidad, hasta otros en los que es
necesario cobrarlos tan rápido como los antiguos
voladores de plomo y pelo de chivo.

Además, podemos elegir entre los que nadan a varios


metros de la superficie o los que saltan a flor de agua;
los que tienen un elevado peso para ser lanzados a
larga distancia, los que imitan a la perfección al cebo
natural o los que se inspiran en monstruos “tecno” del
ciberespacio, los de colores neutros o los de colorido
chillón, sin olvidar los que nadan silenciosamente o los
que poseen artificios que producen sonidos varios etc.

En definitiva: hay mucho donde elegir y pronto nos


encargaremos de describir los tipos principales, aunque
seguro que alguno se nos queda en el tintero –pido
perdón de antemano, pero háganse cargo, uno no
puede dar abasto; seguro que el aficionado que
conozca mínimamente el tema lo comprende-.
El principal problema que originan es, precisamente, la elección del más adecuado para cada circunstancia, lo
cual es casi imposible de explicar en un libro, dado que cada tramo de la costa, cada día del año, cada hora,
determinan unas circunstancias particulares que, a su vez, deben decidir la elección del señuelo en cada ocasión.
Para elegir correctamente, al margen de posteriores
consideraciones, lo primero que se habrá de tener en
cuenta es adónde queremos lanzarlo y si nuestro
material (caña, carrete y sedal) permite dicho
lanzamiento. En otras palabras, debemos saber si el
peso del señuelo es suficiente para poder lanzarlo con
nuestro equipo y después, si nadará correctamente en
las aguas donde lo lancemos.

Muchos pescadores compran un pez artificial porque les


parece bonito, original o que se asemeja a un pez
verdadero. Así, pueden adquirir un bello pez fabricado
en madera de balsa y tratar de lanzarlo con una caña y
un sedal que no es la apropiada para poner lejos un
señuelo tan poco pesado, o en unas aguas donde no se
desenvuelve correctamente para provocar el ataque de
los depredadores que allí se encuentren. Por ello, antes
de adquirir los señuelos, conviene recordar de qué
equipo disponemos y dónde pretendemos pescar, y
consultar los pesos de los peces artificiales que suelen
venir indicados.

Después, calcularemos los mejores colores, los diseños


que nos parezcan más apropiados etc., aunque debo
confesar que el acierto con un señuelo artificial suele
ser, al final, bastante imprevisible en muchas ocasiones
y en el éxito de la elección existe un marcado
protagonismo de la fortuna. Diferentes modelos de popper, un señuelo de superficie.

Lo más sensato es tener una colección abundante de señuelos, e ir intercambiando nuestros artificiales. Esto es
sencillo poniendo un quitavueltas en el extremo de la línea, o bien dando un nudo tipo gaza, que nos permita
cambiar el señuelo sin tener que estar cortando el sedal, y dando nudos y más nudos cada vez que probemos
uno nuevo, aunque esta solución prescindiendo del quitavueltas, hará que coja torsión el sedal.
Como norma general, podemos indicar que en las
playas, entre el oleaje, funcionan muy bien algunos
vinilos largos de tipo anguiliforme y color whisky, sobre
todo para la lubina, que siente una especial predilección
por la anguila.

También son muy eficaces en estas circunstancias las


cucharillas ondulantes metálicas o los señuelos con
hélice que “alborotan” mucho y crean un efecto casi
hipnótico para los peces que depredan entre las
espumas.

Puede ser conveniente a veces traer el señuelo


bastante rápido, casi a nivel superficial, y haciendo que
salte sobre la superficie de vez en cuando como si de
un pececillo asustado se tratase. Sin embargo en otras
ocasiones, lo mejor es cobrar lento, dejando que se
hunda o flote y con pequeñas paradas, como si nuestro
señuelo fuese un pez perdido indeciso, que no sabe
muy bien qué hacer ni adónde ir sin la compañía de su
banco de parientes.

Esto ocurre en la naturaleza, y si observamos a un pez


perdido, de los que acostumbran a moverse en
compactos cardúmenes, nos daremos cuenta de que
Un señuelo de hélices, un cranckbait de aguas medias y un reacciona de un modo semejante. Dado que los
cangrejo que simula la realidad. Diferentes señuelos para
diferentes capas de agua.
predadores prestan mucha atención a estas señales,
puede ser una buena forma de engañarlo.
Con aguas oscuras, a la salida de la ría o después de las tormentas que tiñen la costa con el flujo oscuro del
agua dulce proveniente de los ríos turbios, podemos emplear peces artificiales en colores amarillos, verdosos,
naranjas etc. cobrándolos también a poca velocidad y a cierta profundidad, con parones y arrancadas,
introduciendo cambios de velocidad aleatorios.

En cualquier caso, lo de la velocidad o de qué forma debemos conducir nuestros señuelos en el agua, no está del
todo claro y depende, además, de muchos factores.
Lo mejor podrá ser alternar distintos señuelos, y
cobrarlos a la velocidad que proporcione el movimiento
óptimo para el que lo ha diseñado el fabricante. La
pregunta se origina a renglón seguido. ¿Cómo podemos
saber cuál es esa velocidad óptima?

Sólo podemos ofrecer un consejo que sería una regla


casi general para muchos señuelos artificiales –que no
todos- y es que cuando la puntera de la caña registre
vibraciones regulares y similares, el pez artificial o
nuestro artilugio está nadando a la velocidad convenida
por el fabricante. Si, en cambio, se producen
vibraciones irregulares, o movimientos violentos en la
puntera de la caña, podemos pensar que lo estamos
trayendo a una velocidad que no es la más adecuada
Diferentes tipos de artificiales de vinilo en un color muy efectivo en
–generalmente demasiado rápido- o bien, que se ha
condiciones de baja visibilidad: hot orange o naranja "fuerte"
enredado.
En líneas generales, la velocidad ideal suele rondar entre los 2 y los 5 nudos, aunque, claro está, dependiendo
del señuelo, del tipo de aparejo, de las condiciones de la mar o del tiempo etc.

Demasiados factores para esbozar una teoría que sustituya a las necesarias horas de práctica.

De noche, también podremos hacer que nuestros señuelos trabajen a poca velocidad y para esto, son ideales
una vez más los peces artificiales, algunos de los cuales nadan muy bien aunque los cobremos lentamente.
Una modalidad apasionante consiste en introducirse en
el agua de las playas, entre el oleaje, con unos
pantalones de vadear, y lanzar en todas direcciones
buscando la lubina que caza a veces en la misma orilla.
Esto puede ser eficaz en casi todas las playas y
prácticamente durante todos los meses del año. Lo
único que debemos cuidar es que la playa no sea
utilizada por bañistas, ni saqueada por redes y otras
artes profesionales que, por desgracia, asolan buena
parte de los lugares del litoral a pocos metros de la
orilla.

Cada vez que compremos un señuelo artificial, lo más


aconsejable es ver cómo “nada”. Esto se consigue
lanzando en un lugar de agua transparente y con cierta
altura, para comprobar sus evoluciones, trayéndolo
más rápido, más despacio, dejando que se hunda o que
flote, es decir, probándolo.
Esto, que parece una obviedad, suele ser olvidado por la mayoría de los pescadores, y, aparte de la elección del
color, el tamaño etc., lo que es imprescindible es saber cómo trabaja, cómo se maneja en el agua.

De hecho, antes indicábamos que en la elección del tipo de señuelo más adecuado, la suerte es un factor casi
siempre decisivo e, incluso el más experimentado pescador se lleva sorpresas, al comprobar que un señuelo con
una pinta magnífica no pesca, o aquél que ha pescado tantos días seguidos en el mismo puesto no pesca hoy
–sin razón aparente-, pero que ese otro tan “feo” y que nunca dio resultado, se lleva esta vez los peces de calle.

Sin embargo, en lo que no existen dudas es en que cada señuelo nada de una forma determinada, y algunos
deberán ser traídos a mucha velocidad, otros muy despacio, otros de forma regular y otros con violentos tirones.
Esto sí que lo podemos comprobar antes de comenzar a pescar, y por eso recomendamos encarecidamente que,
cada pez artificial, cada señuelo que adquiramos, sea debidamente probado, y nos familiaricemos con su manejo
y sus características antes de emplearlo.
Los lábridos: una familia típicamente veraniega
de nuestras costas.

Antes de comenzar, conviene señalar que los lábridos más comunes de nuestras costas son: el durdo,
pinto o maragota; el serrano, tordo o bodión; la julia o doncella; el gallano -o gayano-, o gallito real; y
el tabernero o picón.

Los lábridos son peces de fondo, pero que no viven pegados a él, como sería el caso de los peces planos, por
ejemplo. Estos últimos se encuadrarían en lo que llamamos "bentónicos" propiamente. Es decir, que habitan en
los lechos marinos sin separarse de allí, frecuentemente posados sobre el mismo, y cuando se desplazan o se
alimentan, lo hacen también a ras de fondo.

Pensemos en un lenguado o en un pez araña, representantes ambos de peces bentónicos. Se mantienen durante
largos periodos inmóviles, a la espera de que una de sus presas se ponga a tiro; o se desplazan a escasos
centímetros del fondo para posarse de nuevo en otro lugar. Su cuerpo está adaptado a la vida bentónica, así
como sus sentidos. Generalmente, pasan más tiempo inmóviles que nadando y se alimentan tanto de día como
de noche. Además, este tipo de peces suele poseer eficaces dispositivos de camuflaje, para resultar invisibles
mientras permanecen quietos.

El caso de los lábridos es diferente y es lo que se conoce como nectobentónicos ramoneadores. En otras
palabras: son los que permanecen cerca del fondo o de una pared rocosa del litoral, pero nadando a cierta
distancia. Obtienen su alimento "picoteando" entre las algas o en la superficie de las rocas y raramente se hallan
en fondos desnudos de arena o grava.

Su cuerpo está adaptado a nadar constantemente, aunque sin recorrer apenas unos metros. Es decir, algo así
como si revoloteasen, pudiendo mantenerse suspendidos a media agua y alimentarse o desplazarse en las más
inverosímiles posiciones, lo que incluye con la cabeza hacia abajo, hacia arriba, efectuando quiebros y giros en
cualquier ángulo, etcétera.
Otro aspecto interesante es que, al revés que los
grandes nadadores, que emplean para desplazarse
básicamente la aleta caudal, los lábridos suelen hacerlo
con las pectorales.

O sea, muchas veces se desplazan con la aleta caudal


recta, sin moverla apenas, impulsados sólo con estas
aletas pectorales que, los peces que viven en aguas
libres utilizan sobre todo como timón o como una
especie de estabilizadores, de modo análogo al rabo de
muchos mamíferos que equilibra su carrera o su salto.

Por tanto, los lábridos son incapaces de nadar a


grandes velocidades o de recorrer largas distancias.
Para encontrar un ejemplo válido, tendríamos que ir
directamente a buscarlo en los animales que se
desplazan en otro medio semejante al agua: el aire.
Aquí encontramos aves, como águilas, buitres o
albatros, que serían el equivalente a los grandes
pelágicos que surcan los océanos. Recorren largas
distancias sin esfuerzo aparente, y están adaptados a
la vida errante en la inmensidad de sus respectivos
medios.

No obstante, imaginemos que un buitre tuviese que


efectuar una maniobra muy rápida y precisa en un
espacio pequeño, como podría hacerlo un gorrión o una
paloma. Evidentemente, le resultaría complicado, si no
imposible.
Pues bien: los lábridos, se mueven en el agua, no ya como gorriones o palomas, sino más bien como colibríes,
como máquinas de maniobrabilidad perfecta que pueden desenvolverse en un mundo lleno de obstáculos, de
barreras, de corrientes, de algas... En fin, todo aquello que encontramos en los fondos litorales de los mares
subtropicales o tropicales donde viven.
Al contrario que un pelágico, como pudiera ser un bonito o una sardina, son incapaces de valerse en aguas
libres. De hecho, si capturamos unos lábridos y los mantenemos vivos en un tanque de agua, podremos realizar
un sencillo experimento que revela lo anterior.

Subimos el tanque a bordo de una embarcación y ponemos proa a mar abierto. Cuando tengamos unas decenas
de brazas de profundidad bajo nuestra quilla, soltamos a los pececillos en la superficie.
Algunos probarán a sumergirse o tratarán de escapar tan pronto como se sientan libres de nuevo. Pero, a los
pocos minutos, muchos de ellos estarán merodeando alrededor del casco de nuestra nave, incapaces de
encontrar el fondo y totalmente desvalidos en mitad de la mar. Tratan, por tanto, de encontrar un objeto que les
brinde protección frente a las aguas libres, en las que no pueden sobrevivir.

Los grandes espacios marinos son absolutamente hostiles para los lábridos. Ninguna especie de esta amplia
familia es capaz de vivir en este medio.
Tampoco los encontraremos en los fondos desnudos.
Los lechos de grava o de arena están reservados para
otras especies que, o bien pueden camuflarse o
enterrarse, o son buenos nadadores.

Un lábrido, con sus vistosos colores y sus escasas dotes


para alcanzar velocidades respetables, sería una presa
demasiado fácil para cualquier depredador.

Por eso prefieren los fondos rocosos, a ser posible


tapizados de algas, y que cuenten con muchos lugares
donde esconderse y por los que merodear. De hecho,
muchos lábridos tropicales están adaptados a los
arrecifes coralinos, lo cual no es de extrañar a tenor de
su morfología y de sus hábitos.

Los lábridos son carnívoros, pero eso no los convierte


en depredadores, al menos, no en predadores "típicos",
como podría ser una lubina o una anjova. La
alimentación de los lábridos está compuesta
básicamente por pequeños invertebrados, entre los que
destacan anélidos marinos, crustáceos de escaso porte
y algún molusco ocasionalmente si lo encuentran
abierto.

Su boca, de reducidas dimensiones, está especializada


en este tipo de alimentación.

Las mandíbulas no son muy fuertes, pero van armadas con unos afilados dientes aptos para ramonear en la
superficie de las rocas, justo donde se encuentran sus presas naturales.

Sus labios, muy prominentes y carnosos, son quizás lo más característico de su boca. Y, por supuesto, cumplen
su correspondiente función: bien irrigados y sensibles, ejercen de apoyo táctil para detectar a los animalillos de
los que se alimentan pegados a la roca. Para el pescador de caña son una bendición, pues el anzuelo clava
firmemente en este grueso apéndice, con lo que se evita perder la pieza.
La cabeza es pequeña, en consonancia con la boca, cuya apertura alcanza un ángulo de unos 45º, muy lejos de
lo que se esperaría en otra especie carnívora de alimentación ictívora. Así pues, si comparamos algunos peces
que viven en entornos similares y de tamaño también parecido, como podrían ser un gallano o una julia
(lábridos) y una cabrilla (serránido), pronto evidenciaremos está diferencia. Con sólo observar su boca
distinguiremos sus diferentes adaptaciones, en cuanto a régimen alimenticio se refiere.

Eso no impide para que, habitualmente, pesquemos en el mismo lugar, con la misma carnada y los mismos
aparejos estos tres peces. No obstante, la cabrilla posee anchas mandíbulas, con una boca enorme si la
comparamos con la de un lábrido y pequeños dientes, que sirven únicamente para retener a su pieza. En el caso
del gallano o de la julia, los dientes son curvos, más fuertes, grandes y afilados, idóneos para "rascar" en la roca
y desprender a los animalillos allí asidos. Tampoco necesitan una gran boca o unas anchas mandíbulas, pues
nunca ingieren otros peces a los que deban capturar.
Por tanto, la cabrilla, como buen serránido que es, está diseñada para capturar pequeños peces y otros
animalillos de un bocado, con lo que una boca pequeña le haría fallar en muchas ocasiones. Pero, como vemos,
no es el caso de los lábridos.
Ahora ya sabemos un poco más sobre esta familia tan típica en nuestras costas. En próximos reportajes
detallaremos los aparejos y las técnicas más eficaces para su captura.
Dado que ya vimos en el reportaje anterior sobre los lábridos algunas de sus características más
señaladas, conviene tenerlas presentes a la hora de confeccionar nuestros montajes para atraparlos.

Señalemos, punto por punto, aquellas que revisten especial importancia:

1- Comen pequeños invertebrados y su boca no acepta alimentos duros: En consecuencia, el aparejo debe ser
apto para pescar con carnada, nunca con artificiales. Lo cebaremos únicamente con anélidos, con moluscos
gasterópodos o bivalvos sin concha –nunca con trozos de cefalópodos- y con unos pocos tipos de crustáceos.
Lógicamente, evitaremos todos aquellos que sean demasiado duros o grandes, y tendremos que limitarnos a los
siguientes: Pequeños cangrejos –a poder ser en época de muda- de no más de 2 cm. de longitud. Quisquillas.
Pulgas de mar y cochinillas.
2- Viven y nadan cerca del fondo, pero a cierta
distancia de éste.

Por tanto, las hijuelas o terminales, deben ir colocadas


de modo que presenten el cebo a una distancia variable
de entre un pie y una braza del lecho marino.

Los lábridos también atacan a un cebo que repose


directamente sobre el fondo, por lo que, en montajes
de varios anzuelos no es desdeñable la opción de
colocar uno en punta que vaya en esta posición.

Sin embargo, los que están suspendidos a cierta


distancia suelen registrar mayor número de ataques,
quizás porque les resulta más fácil su localización.

3- Su boca es pequeña y carnosa: con lo que el anzuelo


ideal es, asimismo, pequeño, de alto poder de
penetración y poco sólido. No nos hallamos frente a
espáridos de potentes molares y duras bocas, sino
frente a unos peces de gruesos labios y bocas
puntiagudas, en las que un anzuelo fino, recto y de
pata larga, hará presa con mayor facilidad.

Además, la pata larga presenta la ventaja de dificultar


el tragado completo del mismo. Si tenemos en cuenta
que muchos de los lábridos que pescamos con anzuelos
pequeños, pueden y deben ser devueltos al agua por
no dar la talla, conviene no dejar que traguen el
anzuelo. Uno de tipo “pico de loro” o corto y redondo,
tendrá muchas más posibilidades de ser ingerido y
matar al pez que pretendemos liberar.

Por otra parte, un anzuelo muy sólido, de quedar


enganchado en la piedra, acarreará a menudo que
perdamos todo o gran parte del aparejo.

4- Viven en fondos rocosos: Esto condiciona que el


aparejo sea adecuado para no trabarse en fondos duros
y llenos de obstáculos.
Un fallo habitual que cometen muchos aficionados,
consiste en presentar un aparejo de surfcasting que
sería adecuado para pescar, por ejemplo en el fondo de
una ría o en un gran arenal.

Este tipo de montajes suelen precisar una plomada


específica para adherirse al fondo o para evitar que
“garreen”, es decir, se deslicen llevados por la
corriente. Por eso, los plomos a los que me refiero
–cada vez más utilizados entre los aficionados al lance
pesado- poseen puntas, arponcillos o ganchos, que
consiguen un efecto de ancla.

Pero, en un fondo rocoso, como sería el caso de


perseguir lábridos, esta función de agarre se torna
nefasta, por cuanto perderemos aparejos en cada
echada.

Son de escasa talla: Así que no conviene sobredimensionar la resistencia de nuestros aparejos ni equipos. En
lábrido de más de 2 kg., en nuestras aguas es excepcional, y el peso más habitual no pasa del ½ kg. No es
como si perseguimos, por ejemplo, doradas, o lubinas, especies en las que, aunque la mayoría de los ejemplares
adultos ronden 1 kg. de peso, siempre cabe la posibilidad de encontrarse con ejemplares de más de 5 kg., que
darían al traste con un aparejo dimensionado para los ejemplares más comunes. Con los lábridos, esto no
ocurre.
Pescando durdos o maragotas

El durdo, maragota o pinto es un lábrido que presenta una amplia gama cromática, sin que se sepa a día de
hoy con exactitud a qué obedece esta singular variedad en su coloración.

Pese a que morfológicamente encontramos ejemplares prácticamente iguales, si tomamos como referencia su
patrón cromático, parecerían pertenecer a especies distintas.
Esta singularidad, junto con el peso que puede alcanzar, es quizás lo más destacable. De hecho, es el mayor
lábrido de nuestras aguas. Eso le convierte en una presa de cierta entidad para el pescador deportivo.

En realidad, esta especie no presenta algunos de los alicientes habituales que podemos encontrar en los peces
más codiciados, como sería el caso de la lubina, la dorada, el dentón y otros de este porte. Pero también es
cierto que un buen durdo, de 2 ó 3 kg. de peso, es capaz de presentar una feroz -aunque corta- batalla, y de
poner nuestro equipo a prueba. Y es que, para pescarlo, necesitamos un equipo ligero, adecuado a la captura de
lábridos.

La mayoría de la gente que se dedica de alguna


manera a perseguir esta especie, lo suele hacer con
equipos de fondo, de lance semipesado o de rock-
fishing, según dónde pesquen. Sin embargo, mi
preferencia es completamente distinta, pues yo apuesto
por pescarlos a boya; eso sí, con el adecuado calado
para poner el cebo en el sitio correcto.

Con esto, me refiero a que, si bien el durdo es un pez


de fondo, no se encuentra a ras de éste, sino que
merodea cerca de las piedras, se adentra en las
grietas, vaga mezclado entre las algas o al amparo de
los bosques de laminaria.
Por tanto, una carnada suspendida cerca del fondo, tiene más posibilidades de ser detectada por nuestro pez,
que si la dejamos tendida sobre el lecho marino.

El durdo es un pez curioso, de natación lenta y sosegada, que recorre sin prisa su territorio y ramonea sobre las
piedras. Este dato también nos da la pista de lo que busca: principalmente crustáceos blandos, entre los que se
encuentran quisquillas, camarones y pequeños cangrejos. Por cierto, un cebo excelente lo constituyen los trozos
de cangrejo, especialmente si es blando.

Suele ser un pez solitario, aunque a menudo lo vemos, sobre todo los ejemplares jóvenes, nadando junto a
otros lábridos o pequeños espáridos. En ocasiones, también, entra y sale constantemente de los repliegues y las
cuevas del fondo, en las que duerme y se refugia, pero que no hace suyas con carácter permanente como lo
haría, por ejemplo, un mero. Es decir, que el hecho de localizar un durdo en una grieta, no nos garantiza que
vaya a estar ahí al día siguiente, al estilo de los serránidos de fondo.

Desde los roquedos costeros, desde un espigón, desde la misma orilla de la mar siempre que el fondo sea de
piedra y algas, encontraremos maragotas. No necesitamos apenas profundidad, pues esta especie se
desenvuelve a veces en muy poco agua y bastan un par de brazas para dar con buenos ejemplares.

Pero también hay que apuntar que los grandes


especímenes son cada vez más raros en aguas
someras, sobre todo si éstas están sometidas a la
presión habitual que el hombre ejerce en la inmensa
mayoría de nuestras costas. A no ser que demos con
una cala virgen o poco frecuentada, donde podremos
reencontrarnos con los grandes durdos en muy poco
agua.

De no ser así, conviene buscarlos a 4, 5 ó 6 brazas , con un aparejo fino y bien lastrado. Recuérdese que la
picada del durdo no es muy violenta y que conviene clavarlo por sus gruesos labios para evitar que se trague la
carnada, cosa que ocurre con frecuencia si no estamos atentos para propinar un rápido cachete.
Por eso conviene utilizar anzuelos finos, de pata larga y
rectos, que evitarán, al menos en parte, ser ingeridos
enteros y quedar alojados en la entrada de las vísceras
del pez.

Respecto a los cebos, ya hablamos de los cangrejos


(enteros los menores y a trozos el resto), pero son
igualmente efectivos camarones y quisquillas y, por
supuesto, anélidos marinos.

Cebos para lábridos.

No cabe duda de que, los gusanos o "gusana", como se llama a los anélidos de mar en algunos puntos de
nuestra geografía, constituyen uno de los mejores bocados que podemos ofrecerles, y son aceptados, de
forma casi universal, por todos y cada uno de las especies que componen la familia de los lábridos. Pero esta
amplia familia de peces marinos come muchos otros alimentos, que también podrán servirnos de cebo, a
veces a un precio mucho más económico.

Vayamos por partes, ¿qué comen los lábridos? Mejor aún, comenzaremos enumerando aquello que no comen:
peces ni cefalópodos. En otras palabras, los lábridos no son ictívoros, por lo que rechazan cualquier carnada
constituida por pescado. Esto incluye desde peces vivos, hasta pedazos de peces muertos. Así pues, cebos tan
reputados como los trozos de sardina, de boquerón, etcétera, o bien tiras de calamar o de pulpo, serán del todo
inconvenientes para su pesca.

Por supuesto, tampoco atacarán a los señuelos artificiales para mar, que simulan, en su mayoría, pequeños
peces. A los lábridos les gustan los cebos vivos, puesto que no son en absoluto carroñeros, pero en su dieta -
repetimos- está ausente cualquier tipo de pescado. Sin embargo, sí comen un buen número -por no decir casi
todos-, de los animalillos que pueblan las franjas litorales de nuestras costas. Estamos hablando de cangrejillos,
anélidos (gusanos), pequeños moluscos abiertos, quisquillas, pulgas de mar, etcétera.
Como vemos la lista es amplia, pero los pescadores deportivos, salvo pocas excepciones, usan, casi
invariablemente el mismo tipo de carnada: anélidos marinos.

No obstante, esto no quita para que existan diferencias entre los muchos tipos de anélidos, vulgarmente
conocidos como "gusana" o limbrices de mar, de que podemos disponer, pero no quería desperdiciar la
oportunidad de reseñar algunos otros cebos que, igualmente efectivos, no son tan empleados para capturar
estos peces. Me refiero, sobre todo, a los pequeños crustáceos, fáciles de capturar con la bajamar y realmente
productivos en el anzuelo.
Pesca del lenguado y otros peces planos.

Estos peces se caracterizan, primeramente, por tener forma “plana”, aplastada y con los dos ojos en un
mismo lado, al contrario que la mayoría de los demás peces que tienen uno en cada lado.

Bonito lenguado próximo a los 750 gramos.

Viven en el fondo, sobre todo cuando éste es de fango o arena, a distinta profundidad según las especies,
tamaño y época del año. Generalmente son sabrosos y de alto valor y rendimiento comercial. Son carnívoros y
pican muy bien a pequeños cebos, como a ciertos moluscos (navajas, chirlas, berberechos etc.) y, en especial, a
todo tipo de gusanos y anélidos marinos.

Entre las especies más destacables de peces planos para el pescador deportivo encontramos a los escolftálmidos
–el rodaballo y el rémol-, a los pleuronéctidos –la platija y la solla- y los soleidos –el lenguado-.

Todos estos peces se pescan con aparejos muy finos y pequeños anzuelos cebados con gusanos marinos,
lanzando a fondo en las playas y puertos, y dejando que el cebo yazca sobre el lecho de arena o de fango.

Su pesca se llevará a cabo en los meses de primavera y


verano, que es cuando se acercan a la costa siguiendo
las pautas de su comportamiento reproductivo, pues en
invierno permanecen en mar abierto en fondos de
mucha profundidad.

Pescando en la playa, lanzando directamente desde la


orilla –surf casting- podremos conseguir buenas
capturas en verano, a condición de que dicha playa no
sea excesivamente frecuentada por el género humano.
Además, también podremos capturar, con los aparejos
destinados a peces planos, salmonetes, herreras,
salvarios, gobios de arena y otros peces que se mueven
en este mismo hábitat, todos ellos de parecidas
costumbres alimentarias.

Lo mejor será tentarlos de noche, que es cuando estos


El autor con una bonita captura.
peces despliegan toda su actividad, pues de día
acostumbran a quedarse quietos en el fondo,
camuflados perfectamente.

Podemos pescarlos desde los rompeolas y espigones, o bien desde las playas. El único requisito es que el lecho
sea blando, es decir, de arena o de fango.

Salvo en los casos en los que lancemos a un punto concreto –por ejemplo a una hondonada o una barra o
cualquier lugar favorable pues le suponemos abundancia de peces- lo normal será lanzar nuestro aparejo cuanto
más lejos mejor.

Para ello debemos ejecutar el lanzado con fuerza y habilidad para conseguir distancias largas. Además es
conveniente que el plomo sea lo suficientemente pesado y la caña lo suficientemente larga. Tampoco debemos
descuidar el estado del sedal y que la bobina del carrete se encuentre totalmente llena. Sobra decir que las
anillas deben estar perfectamente alineadas y pulidas para ofrecer el mínimo rozamiento posible.

A fin de aumentar unos metros la distancia alcanzada por el aparejo, si estamos en una playa, nos
adentraremos en el agua de la orilla hasta donde nos sea posible. Para ello es muy aconsejable estar provistos
de altas botas de goma o, como ya indicamos, de pantalones de vadear.

Cocos y tubos. Dos cebos excelentes para la pesca de peces planos.

Una vez efectuado el lance, mantendremos abierto el carrete y situaremos la caña en su correspondiente
soporte que hemos fijado anteriormente. Sólo entonces cerraremos el carrete y tensaremos el sedal. Si, al poco
tiempo de haberlo tensado, observamos que el seno del hilo cae fláccido, procederemos a tensarlo de nuevo. Si,
repetida esta operación, el resultado es el mismo, esto significará que la corriente es demasiada para nuestro
lastre y mueve demasiado el aparejo, con lo que habrá que plantearse poner un plomo más pesado.

Respecto a los cebos, quizás los más adecuados sean la gusana de mar en casi todas sus variedades, en
concreto, las de tubo, arenícola, coreana, de serrín o de fango, aunque, si podemos elegir, optaremos por las
especies más resistentes, y por tanto, que mejor aguantarán en el anzuelo.
Este es otro punto interesante para el aficionado que
practica lance pesado, y que necesita firme sujeción
para que el cebo aguante bien durante el lanzado.
Además, dado que las corrientes producidas por el
oleaje y la resaca suelen ser fuertes, conviene resaltar
la importancia de que el cebo aguante bien las
embestidas del agua y se mantenga en su posición
original en el anzuelo. A ello hay que añadir que el
potente lanzado, también puede resultar un fenómeno
adverso para la sujeción de la carnada en el anzuelo.

Por eso, lo mejor será emplear cebos que mantengan


cierta consistencia y anzuelos adecuados para que
quede bien sujeto el bocado.
Si pretendemos capturar peces planos podemos montar
un aparejo de varios anzuelos, con bajo de línea fino
(del 0.22 al 0.28) y anzuelos también pequeños, -de
tipo pico de loro pueden dar muy buenos resultados- a
poder ser de grafito, con una alta capacidad de
penetración. Recordemos que los peces planos, pese a
ser predadores, suelen tener una boca bastante
pequeña y, a veces, delicada.
La pesca del calamar desde tierra.

La pesca del calamar desde tierra cuenta cada vez con más adeptos y, debido a los modernos señuelos,
consigue buenas capturas, asequibles incluso para los pescadores menos experimentados.

El calamar es un molusco que pertenece a la familia de


los cefalópodos, (moluscos de concha interna) que,
como su nombre indica -cefa=cabeza, podos=pies-,
tienen los pies en la cabeza, o, mejor dicho, los
tentáculos, unos apéndices llenos de ventosas con los
que apresan y sujetan a sus víctimas.

Para los que no lo hayan descubierto ya, diremos que


los cefalópodos son los calamares, pulpos y sepias,
básicamente, y pueden ser perseguidos, más o menos,
como si de peces se tratase. Claro está, con los
aparejos adecuados, que difieren ligeramente de los
que utilizamos para capturar peces, pues estos últimos
llevan anzuelo.

Todos los cefalópodos son voraces depredadores y eso


los convierte en presas adecuadas para los pescadores
poco avezados, que se sorprenderán de lo fácil,
divertida y emotiva que puede resultar su captura.
Podemos perseguirlos en todas nuestras costas y
durante todo el año, aunque el verano es quizás la
época más fructífera y, sobre todo, la más agradable
para su pesca.

La pesca del calamar es apta para pescadores noveles o expertos.


Aunque la de los calamares ha sido tradicionalmente
una pesca que se llevaba a cabo en embarcación, en
los últimos años, la evolución de los señuelos y de los
materiales ha conseguido la posibilidad de perseguirlos
con éxito desde espigones, escolleras, diques, y, en
general, cualquier lugar que garantice unas cuantas
brazas de profundidad.

Y es que, a diferencia de la sepia, el calamar es un


animal "nadador", amante de las aguas libres y los
grandes espacios, por lo que no esperaremos
encontrarlo posado en el fondo, o apostado en
oquedades y grietas submarinas, como sería el caso de
su pariente.

De todas formas, para ambas especies, podemos utilzar


el mismo montaje que consiste, básicamente, en un
aparejo simple provisto de un cebo artificial especial,
llamado potera o guadaña, que consiste en un cuerpo
central de plomo forrado con hilo y rematado en una
corona de anzuelos sin agalla; o bien en un pez de
plástico coloreado terminado en la misma corona de
anzuelos, también sin agalla o sin muerte.

Esto es así, porque los calamares y sepias sólo tiran en


una dirección y no se revuelven como los peces, por lo
que no es necesario el arponcillo o muerte para
sujetarlos una vez clavados.

En el caso de la guadaña de plomo, el señuelo debe


quedar suspendido a un par de brazas del fondo (unos
tres metros), y con un intervalo variable -cada minuto
más o menos- el pescador dará un tironcito a la línea,
para que el cebo, que cuelga del sedal, se mueva y
simule un pez vivo.

En este caso necesitaremos valernos de una caña de


más de cinco metros, para separar en lo posible el
señuelo de la pared del espigón o del cortado desde el
que pesquemos.

Si en vez de la tradicional guadaña de plomo,


utilizamos uno de los modernos peces artificiales para
cefalópodos -también llamados "pajaritos"-, podemos
lanzarlo y dejarlo que se hunda lentamente, mientras lo
traemos hacia nosotros recogiendo poco a poco y con
intervalos en los que "nadará" libremente.

Estos señuelos nos ofrecen la posibilidad de ser


lanzados a la distancia que alcancemos, por lo que no
necesitaremos una caña larga, sino más bien cualquier
modelo de casting o similar.

El calamar o la sepia, llegado el momento, se lanza con


avidez sobre el reclamo y lo abrazan con sus
tentáculos.

Cuando el pescador tire del hilo, notará su peso y


entonces se procederá, no a clavarlo con un suave
golpe de muñeca como si se tratara de un pez, sino
simplemente a subirlo, mientras el animal, que se
desplaza mediante un sistema de propulsión a chorro -
algo así como los aviones a reacción, pero en plan
casero- tratará de librarse tirando en sentido contrario
a nuestra presión.

Una vez lo tengamos a bordo o en tierra, el pescador


se cuidará del previsible chorro de tinta que expulsa el
animal como mecanismo de defensa y se observará con
detenimiento que el señuelo -la potera- tampoco ha
resultado manchado de tinta. Si es así, habrá que
limpiarlo antes de volverlo a arrojar al agua.

Diferentes señuelos para la pesca del calamar.

Esta pesca es realmente sencilla y el equipo a emplear


es, asimismo, poco sofisticado y, por supuesto, barato.
Bastará con una caña de acción media o blanda, que
nos permita lanzar los pocos gramos que pesan los
señuelos para calamar.

También es recomendable, si utilizamos montajes Hay gente que añade un pequeño plomo de perdigón
múltiples, que los señuelos sean de distinto tamaño, para lanzar más lejos, o para que el señuelo se hunda
para poder tentar tanto a los pequeños como a los más rápido. También podemos montar varios señuelos
grandes ejemplares, que a veces conviven en los con hijuelas sobre la línea madre, y separados entre sí
mismos lugares. por una o dos brazas, con objeto de cubrir más agua o
de capturar varios a la vez.

Recuérdese que los calamares suelen presentarse en


bálamos, por lo que tendremos ocasión de clavar dos a
la vez si somos afortunados y nuestro aparejo se topa
con el cardumen.
Julias o doncellas desde tierra

La julia suele ser pescada en embarcación, a escasa distancia de la costa. Pero aunque sea muy habitual
esta pesca embarcada, no lo es menos la que realizamos desde tierra.

La julia suele ser pescada en embarcación, a escasa distancia de la costa. Hay una modalidad clásica para los
botes del Cantábrico que se denomina precisamente así: salir a julias y cabras. Por supuesto, las cabras o
cabrillas a las que nos referimos, son esos pequeños serránidos que comparten, además de nicho ecológico,
algunos patrones tanto morfológicos como de conducta con los lábridos.

Pero aunque sea muy habitual esta pesca embarcada, no lo es menos la que realizamos desde tierra, sobre todo
en lugares que cumplan un requisito fundamental: fondo rocoso.

Únicamente necesitamos que el lecho marino sea lo suficientemente escarpado y que ofrezca los cobijos
necesarios, para que esta especie esté presente. A partir de ahí, todo es sencillo.

La julia es un pez muy voraz, e incluso desaprensivo. Pica sin pensárselo dos veces, como buena oportunista a
todo lo que considere comida. Este modelo de conducta, de extrema voracidad y falta absoluta de prudencia a la
hora de tomar la carnada, es muy común entre las especies de escaso tamaño con las que comparte la
escollera. De alguna manera son conscientes de sus reducidas dimensiones, de que cualquier otro pez de mayor
envergadura puede hallarse al acecho y arrebatarles el alimento, lo cual ocurre con frecuencia.
Debemos considerar que las aguas que pueblan las
julias y casi todos los lábridos, constituyen fecundos
ecosistemas de aguas poco profundas y bien
iluminadas, donde existe una gran concentración de
alimento y de peces. Además, este tipo de especies
bentónicas o nectobentónicas como la julia, no son
rápidos nadadores, ni tienen dentaduras y mandíbulas
que impresionen a nadie, por lo que cualquier sargo,
cualquier lubineta, una simple mojarra que merodee
por las inmediaciones, dará al traste con el festín que
se le anunciaba.

De ahí, que góbidos, blénidos y lábridos, se encuentren


entre las familias más oportunistas e irreflexivas frente
al alimento.

Esta característica hace de la julia un pez


sumamentedivertido para la pesca deportiva de
minitallas y un recurso siempre a nuestro alcance,
sobre todo en las condiciones medioambientales menos
afortunadas para otros tipos de pesca costera. Me
refiero a esos días estivales, en plenas vacaciones
veraniegas, con todo el tiempo del mundo y todo a
favor para pasar las horas centrales del día con una
caña asomando a la mar. En ese entorno plácido en el
que da gusto salir a pescar, tocados con un sombrero
de paja y ligando bronce en una cala solitaria y
silenciosa. Precisamente esos días de cielo azul y aguas
claras en los que no pican ni los ojos de tanto mirar a
la superficie.

En los que no se mueve ni esa solitaria nubecilla ni se


adivina una ola en los confines del horizonte. Pues
bien, esos días en los que la naturaleza invita a
deleitarnos al borde del agua con una caña en la mano,
pero sabemos que lo que pesquemos nos lo podemos
comer crudo, tenemos un aliado en el fondo dispuesto
a cebarse con nuestra carnada.

Un montón de julias multicolores revolotean como


pajarillos por la escollera en busca de ese bocado que
podemos ofrecerles. Así pues, dejamos de lado los
pesados equipos de surf casting, aparcamos la caña de
spinning y su caja repleta de artificiales y echamos
mano a esa olvidada cañita de fibra de vidrio con la que
aprendimos a pescar de niños.
Compramos una caja de coreanas baratitas (con una
vale, que aquí se puede trocear la carnada), buscamos
unos anzuelos pequeños y finitos, mejor de pata larga,
y renunciamos al bocadillo, que otras pescas nos
facilitarían degustar.

Si vamos a julias nos será prácticamente imposible


hacer otra cosa que echar, clavar, pescar, desanzuelar,
cambiar carnada... En fin, un poco estresante pero muy
divertido.

Sobre todo si empleamos un aparejo con varios


anzuelos, presentados entre media y una braza del
fondo, y los cebamos con gusana. La mejor, a mi
gusto, la coreana, pero también la de serrín y la blanca
de agua pueden ser excelentes.

Debemos renunciar a las gusanas blandas o excesivamente grandes y gruesas, pues la julia posee una de las
bocas más precisas que encontramos (recuérdese a su primo tropical, conocido como "labro limpiador") y le será
fácil encontrar un punto de la carnada del que tirar para llevarse el cebo sin pasar por la taquilla del anzuelo.

Con una boca minúscula y precisa como una pinza de depilar, la colocación del cebo y el tamaño del anzuelo son
definitivos. La julia no es un salmonete, que necesita una gusana entera para desencadenar su ataque. Le basta
una pequeña porción, lo justo para cubrir el anzuelo, que nunca excederá del 0.10. Todo lo que quede fuera,
sobra. Y como se suele decir, "lo que sobra, estorba", pues nuestro pez se valdrá de esta circunstancia para
desprenderlo del anzuelo.

Respecto al resto del equipo, ya dijimos que es suficiente con esa vieja caña de fibra polivalente que, como vale
para todo, ya no empleamos para nada y mantenemos arrumbada en el fondo del armario. Pero cuidado. Una
cosa es que valga y otra muy distinta que sea lo mejor. Me explico. A menudo, ese tipo de cañas son muy
sensibles -lo cual es necesario- pero muy lentas, lo cual es un serio inconveniente si pretendemos devolver vivas
nuestras capturas.

La julia, al igual que el resto de los lábridos, traga sin contemplaciones, por lo que, en cuanto se produce la
picada, debemos propinar un cachete seco y tratar de clavar en sus gruesos labios. De otra forma, el anzuelo se
alojará casi en sus vísceras y montaremos una carnicería a la hora de desanzuelarla. Por eso, lo mejor, y lo más
divertido, pese a que podamos perder unos cuantos ejemplares -que en este caso tampoco tiene mucha
importancia- es tratar de clavar al primer toque, cosa mucho más sencilla con una caña de acción de punta, que
con una parabólica. De esta forma, la mayoría de los peces que capturemos vendrán clavados por la boca y
podremos devolverlos al agua en perfecto estado de revista.

Por último, la potencia de la caña, si pescamos a corcho, es suficiente con una del orden de 10-40 y si lo
hacemos a fondo, dependerá del plomo que vayamos a lanzar, que debería ser el mínimo posible.
Mitos, suposiciones y realidades en la pesca
deportiva

"El equipo para pescar en la mar debe ser más robusto que para el agua dulce"

Esta afirmación la comparten, no sólo la mayoría de los aficionados y profanos, sino también muchos de los
fabricantes de material de pesca. Es decir, es algo tan asumido que muy pocos se habrán preguntado el porqué.
Analicemos cómo se llega a esta errónea conclusión.

Bien es cierto que la mar obliga a ciertos requisitos que deben cumplir todos aquellos equipos que se expongan
a ella. Parece natural que, si utilizamos materiales poco apropiados, éstos acaben fallando al poco tiempo y, lo
que es peor, abandonándonos como un mal desodorante en el peor momento: Esos carretes que se atascan de
repente o esas piezas que, súbitamente, se rompen cuando tenemos preso al pez de nuestra vida.

A menudo, estos deterioros de los materiales suelen


ser debidos a la acción corrosiva del salitre,
verdaderamente destructora. No sólo con las partes
metálicas, sino también con los plásticos, las resinas, el
nylon, las fusiones de fibras sintéticas y, de hecho, casi
todos los materiales que empleamos se ven afectados
de una manera u otra. Así pues, muchos de ellos,
desde los anzuelos hasta los sedales, pasando por los
carretes y cañas, llevan revestimentos especiales que
los aíslan, siquiera parcialmente, de la acción del
salitre, con lo que les proporcionan una mejor y más
larga vida.

Sí, el salitre es uno de los mayores fastidios, de cara a


la longevidad y eficacia de nuestro equipo, pero hay
algo peor. No, no son las olas, los golpes de mar, ni las
mareas. No, tampoco son las condiciones de vientos y
corrientes que podamos sufrir. Es algo, en principio,
mucho más inocente. Nos referimos, claro está, a la
arena de playa, quizás el agente más destructor y
nocivo para el pescador de costa. Y si no, que se lo
pregunten a los sufridos aficionados al surf-casting.

La arena, a veces formada por granos diminutos, se


cuela como un ladrón en todas las partes sensibles de
nuestro equipo. Por supuesto, a todos se nos ocurre
que nuestros carretes serán sus objetivos preferentes y
los más proclives a sufrir severos daños. Así que la
gente se cuida mucho de que estas máquinas estén a
salvo, y para ello se gastan el dinero que haga falta con
tal de que lleven buenos sistemas de sellado y
proporcionen un hermetismo a prueba de arena.
Esto es casi imposible, pero, teniendo cuidado y limpiando el carrete cada poco tiempo, conseguiremos que nos
dure muchas jornadas. El problema es que, todo el esmero que ponen en conservar su carrete alejado de los
pérfidos granitos calizos, no se corresponde con el poco que le dedican a salvaguardar sus cañas.

Parece como si las cañas fueran ajenas al maleficio de la arena, y no es así. Al contrario. La arena raya las
anillas y termina inutilizándolas pero, sobre todo, raya el mismo blank, y no te digo nada, cuando penetra en el
cuerpo de las telescópicas.

Es decir, en las de tramos, que se cuele un poco de arena en las juntas es malísimo, pero en las telescópicas,
esto mismo puede significar cargarse la caña ahí mismo. Por tanto, un trapo a mano para pasarlo por la caña,
antes y después de montarla, o bien cuando llegamos y cuando marchamos, puede ayudar a conservar el equipo
en condiciones óptimas. No olvidemos que la arena, al igual que el salitre y, generalmente, en pérfida comunión,
se pega como una lapa a nuestros materiales.

Vemos, pues, que lo que marca la diferencia real entre el equipo de agua dulce y salada, es en realidad ajeno a
la solidez del mismo. En todo caso, al aguante que proporciona frente al salitre, y ya que la lucha contra la
arena no se contempla, ese sería el único factor diferencial. Entonces, la pregunta de rigor se plantea de nuevo:
¿Para qué queremos un equipo más robusto en la mar que en el agua dulce?

La respuesta, esta vez, podría venir determinada por las especies piscícolas que pueblan la procelosa mar
océana. Aquí, quien más quien menos, todo el mundo ha visto esos documentales de Costeau, en los que un
tiburón blanco casi se come a un tío dentro de una jaula, barrotes incluidos. ¿Y qué decir del de la orca, que se
zampa unas focas gordas y lustrosas como luchadores de sumo? Si es que la mar está llena de bichos enormes:
atunes gigantes, peces espada, tiburones, orcas, la ballena blanca del capitán Akab y el pulpo de su homólogo
Nemo. Hay de todo, cierto. Pero seguro que no nos pica nada que supere unos pocos kilos de peso. Palabrita del
niño Jesús.

Y como lo anterior está más claro que el pis de un vegetariano, todas las precauciones que tomemos y toda la
solidez de nuestro equipo no servirá para nada, cuando se interese por nuestro cebo un pececillo de una
cincuentena de gramos, que es lo normal y como debe ser.

Porque no lo olvidemos: por cada pez de más de 5 k. hay miles, millones de unos pocos gramos. Hombre, si
usted es "muy fino" y sabe mucho de esto, conseguirá eludir el acoso de los pezqueñines y reservará lo suyo
para los pecezones. Que no es por poner en duda su pericia y su saber, pero entonces este libro no es para
usted, ni siquiera se acerca al perfil de pescador medio que ofrece la estadística. Entonces, claro, si sólo pican
bichos diminutos, para qué quiero yo esta caña que me ha costado cincuenta mil duros de los antiguos, por no
mencionar el sedal con aguante para tropecientos kilos y los anzuelos estos enormes que me está entrando
complejo de ganchero del Sella.

Yo se lo digo, no se ponga así: por si un día le pica la dorada de 8 kilos. Eso sí, tenga en cuenta que, tras pescar
los últimos 34 años de mi vida, sólo tengo constancia de un ejemplar de dorada que se acercaba a ese peso. Lo
que sí he visto a millares, son los pececillos incansables que tienen que alimentarse como sea y, en su loca
carrera para conseguir una talla aceptable que limite su número de enemigos, están dispuestos a zamparse
cualquier cosa que usted haya tenido a bien de colocar en su anzuelo.

"El buen pescador pesca a pulso (o a mosca, o con enchufables, o a casting, etc.)"

En otras palabras: el buen pescador es el que pesca de una manera determinada y no de otra. ¿Por qué? Pues
porque yo estimo que es más difícil, o más deportiva, o más productiva, o ve a saber qué.

Bueno, visto así, no parece tener mucha base esta


afirmación, y, sin embargo, seguro que la hemos oído,
con ligeras variantes muchas veces. En principio, no
hay modalidad más difícil o más fácil. Sí, por mucho
que algunos estén pensando en la pesca a mosca y la
estén comparando, con cierto desprecio quizás (lo
noto) con la de cebo o carnada. Puede que incluso con
la de cucharilla o pez artificial. Otros se jactarán de
pescar con vinilos y aparejos "finnesse" y se estarán
acordando de los que practican la pesca con pez vivo.
Unos cogerán carpas con un rústico y enorme flotador
empleando pan como cebo, mientras otros habrán
teñido sus ásticots y calibrado hasta el último
miligramo su veleta para capturar esos mismos
ciprínidos en ese mismo puesto.

Así es la pesca y, a priori, parece que hay técnicas más


complicadas, o más sofisticadas y laboriosas, lo que
nos podría inducir a la creencia de que, en
consecuencia, el mejor pescador, el más sabio y ducho,
optará por alguna de éstas. Pero esto es falso. La
experiencia nos demuestra, una vez más, que en la
pesca no se deben tener ideas preconcebidas. De
hecho, muchos de los mejores pescadores que he
conocido, practicaban las modalidades más rupestres,
con los equipos más básicos y de las formas menos
homogéneas. Y viceversa.

Lo que ocurre es que, dado que, como apuntábamos, hay técnicas más sofisticadas, resulta natural ver en ello
una correlación con la pericia de quienes las practican.
Pero no hay que confundir conceptos que, aunque
pueden ir ligados, no tienen que ser necesariamente
asimilables. Pongamos el caso del mosquero
tradicional. Este individuo, amén de su mayor o menor
destreza en el manejo de su equipo (algo que puede
ser realmente complicado en ocasiones), tendrá
también amplias nociones sobre entomología, sabrá
leer el agua y determinar los lugares adecuados para
posar sus imitaciones y, si es montador, una gran
habilidad para conseguir fabricar esas verdaderas obras
de arte, que conocemos como moscas artificiales.

Pero, todo ello, no significa que sea mejor pescador


que alguien que emplea una basta vara de bambú con
una anilla en punta para amarrar un cabo de sedal.

De hecho, conozco "mosqueros" que emplean muchas


horas (todo el crudo invierno) montando moscas. Que
engrasan una y otra vez su cola de rata. Que sacan de
la funda esa caña que han traído de Inglaterra y la
miran embobados durante meses. Y, cuando por fin
comienza la temporada de salmónidos, se desplazan
todos los fines de semana que pueden a un río que
unos días está mal y otros peor. Bueno, también ha
conseguido tres o cuatro jornadas buenas, en las que
no ha hecho viento, ni ha llovido en demasía, ni bajaba
muy alto ni muy bajo el caudal, ni había mucha gente
alrededor, o un vertido había asolado la cuenca.

En fin, cuatro días que, sin ser excepcionales, ha valido


la pena ir de pesca. Sí. Eso es todo. Y eso justifica una
pasión y la temporada, porque esto es lo que hay y de
donde no hay, ya sabemos lo que se puede sacar.

Así que este mosquero de ciudad, por mucha revista que compre y muchas moscas que monte, hará más pesca
de salón que otra cosa. Mientras que al amigo que dejamos con su vara de bambú y que lleva yendo a pescar
todos los días desde antes de que tuviera memoria, sabe por qué ese pez se muestra esquivo hoy, y que esa
turbulencia en el agua delata algo que nadie más percibe, y que si ese pajarillo se posa en esa rama, mejor
lanzar al lugar opuesto… Vamos, que le da mil vueltas a nuestro mosquero, por mucho que no sepa diferenciar
una mosca seca de una cucharilla.
Que en el Cantábrico se pesca más que en el Mediterráneo, es algo que muchos asumen con sorprendente
naturalidad. Bueno, habrá alguien que, prudente, matice que quizás no mayor número de peces, pero, desde
luego, mayores en tamaño.

Los peces mayores, los monstruos marinos que en algún sitio deben vivir, por fuerza han de hacerlo en el
Cantábrico: ese mar proceloso y oscuro, siempre encapotado y fiero. Eso no tiene contestación, ¿o alguien cree
que un mar tan doméstico, tan "nuestro" -como ya proclamaron los romanos hace más de dos milenios-, pueda
albergar algo que no sean chanquetes, boquerones y poco más? Todo lo que sea mayor que la morralla al uso
será una excepción, o estará de paso, como los grandes atunes rojos que cruzan el Estrecho desafiando la
trampa de la almadraba gaditana.

Por tanto, queda así demostrado de forma fehaciente y


sin posibilidad de refutación que, como dicta el sentido
común, en el Cantábrico hay más peces y, por
supuesto, de mayor envergadura.

Tan bien lo he argumentado en unas pocas líneas, que


estoy a punto de creérmelo yo también, si no fuera
porque sé que no es así. Claro, cuando uno dice estas
cosas, siempre se enfrenta al escepticismo general,
cuando no al choteo y la burla. "A ver, ¿es que has
pescado todos los peces de los dos mares y has
comparado? Listo, que eres un listo".

Evidentemente, nadie puede medir el número de


ejemplares y el tamaño de cada uno, en eso estamos
de acuerdo, pero sí se pueden tomar otras referencias
que nos sirvan como medida.
La primera que debemos considerar es el espacio efectivo en el que viven los peces. Me explico. Del mismo
modo que no todo el campo es orégano, no toda la mar es apta, o igual de apta, para criar en su seno
comunidades estables de peces.

El océano es un gran desierto azul transitado por bálamos de pelágicos, pero sólo en su parte superior,
básicamente en la capa de agua que recibe aporte de luz. A medida que nos sumergimos, la presencia de peces
es cada vez más escasa, sobre todo cuando los fondos alcanzan cotas de profundidad elevadas. En otras
palabras, en el momento en que salimos de la plataforma continental la vida marina desciende, como el lecho
oceánico, en picado.

Sabiendo que la pesca, así como el resto los organismos que conforman la mayor parte de la biomasa marina -
con la excepción del plancton-, se encuentran fuertemente ligados a las plataformas continentales, el
Mediterráneo ya no parece tan mal sitio para albergar buenas comunidades de peces.

Fondos poco profundos, abundante insolación y temperaturas elevadas son factores determinantes para la
generación de vida. También es verdad que, al ser un mar prácticamente cerrado y con grandes poblaciones
humanas a lo largo de sus costas, los efectos de la contaminación han deteriorado en gran medida la calidad de
sus aguas. A eso hay que sumarle un problema de sobrepesca crónico, así como otras circunstancias que, en
conjunto, castigan muy duramente a este pequeño mar.
Pero eso no quita para que, comparado con el
Cantábrico, el Mediterráneo ofrezca mucha mayor
extensión (en km2) de plataforma continental, que, a
la postre, es el factor determinante. En el Cantábrico,
en cuanto te alejas unas pocas millas de la costa, el
fondo cae por debajo del centenar de brazas. Un poco
más mar adentro y tendremos que tirar de carretes
eléctricos. Un poquito más, y ya ni eléctrico ni gasolina
ni diesel. Y de donde no hay, no se puede sacar.

Por tanto, aunque cada vez que hable con un,


pongamos, pescador malagueño, me diga eso de "que
suerte que teneí en el norte, con lo pedazo bisho que
podeí cogé", que sepa que ya nos gustaría muchas
veces poder tener a nuestra disposición lo que tienen
ellos. Y además, como suele ocurrir, siempre es más verde el prado del vecino.
Vemos que lo que ocurre es una reacción natural, un reflejo que nos hace pensar en el Cantábrico como un mar
grande, opuesto al Mediterráneo, que sería un mar pequeñito. Y ahí se produce la asociación de ideas, algo así
como "a mayor cantidad de agua, más y mayores peces".

En parte, este razonamiento tendría lógica, pues no es lo mismo pensar en el Ebro que en un riachuelo de
montaña, o en el pantano de Buendía comparado con una charca de Arganda.
Pero lo cierto es que, superado un tamaño crítico para el desarrollo de las especies que pretendamos pescar, el
resto no guarda relación ni proporcionalidad.

Hace poco leía en una revista americana de pesca, que una universidad en EEUU había realizado un estudio que
demostraba con datos algo que muchos intuíamos: a mayor tamaño del cebo, mayor talla de los ejemplares
conseguidos, aunque menos en número. Bueno, parece obvio pero está bien que alguien nos lo confirme; y
quién mejor que los científicos de un país que, en lo referente a pesca deportiva -como en tantas otras
cuestiones-, se sitúa en otra galaxia.

En este caso, los datos conseguidos ratifican lo que nos anunciaba nuestro sentido común. Y en el caso que aquí
nos ocupa, también lo haría si nos parásemos a considerar lo estéril de los lechos marinos fuera de la
plataforma continental. O dicho de otro modo, que la unidad de medida que debemos tomar como referencia
fundamental, es la cantidad de plataforma continental de la que dispone cada mar, y no los miles de millones de
m3, que en su mayoría serán aguas desiertas y oscuras, si no están cerca de la superficie o próximas a la
costa.
Captura y suelta

Hay algo que es evidente: pescando matamos peces. Sin embargo, podemos tratar de minimizar los efectos
letales de esta práctica deportiva si tenemos un poco de cuidado.

De hecho, disminuir en lo posible el número de muertes es consustancial a la pesca deportiva moderna y la


progresiva concienciación de los aficionados en este sentido es cada vez mayor. Lejos quedan aquellas portadas
de revistas de pesca de los años 80 y 90, con un montón de peces secos al pie del orgulloso pescador.

El captura y suelta, que comenzó como una necesidad en algunos cauces de salmónidos especialmente
castigados, se ha impuesto progresivamente en todas nuestras aguas. Lo que comenzase como una rareza -
justificable por la presión que se ejercía en algunos tramos fluviales sobre algunas especies muy cotizadas-,
ahora es una práctica tan común, que es imposible entender la pesca moderna sin la correspondiente amnistía
de lo capturado.

Bien es cierto que, en esto del "captura y suelta", encontramos grandes asimetrías, en cuanto a su implantación
y ejercicio, según sea el tipo de pesca y las especies que se capturan. O sea que, mientras en aguas
continentales y en concreto en la pesca de ciprínidos, o en la de predadores como bass, lucio y siluro, la
amnistía suele ser general y sin limitaciones, en los salmónidos es todavía muy desigual y reservona, por no
hablar de las capturas en agua salada, donde aún es una práctica minoritaria. Sobre todo cuando nos topamos
con grandes ejemplares de especies cotizadas, como doradas, lubinas, etc. Nunca, en mis más de treinta años
pescando, he visto devolver al agua algún pez de estas características, aunque quizás sea cuestión de tiempo y
en los próximos tres decenios comiencen las sorpresas.

Sea como fuere, cada vez está más claro que en este mundo en el que vivimos, todas las especies -incluidos
peces y humanos- viajamos en el mismo barco, y la conservación de unos implica la de los demás y viceversa.
Así pues, aunque sólo sea por egoísmo, nos conviene cuidar de todo lo vivo que nos rodea, y los peces no
pueden constituir la excepción. Y como cada vez hay más pescadores que nos encanta capturar peces, pero no
necesariamente matarlos, máxime si no los vamos a comer, vamos a ver de forma detallada algunas
recomendaciones para inflingirles el menor daño posible.

La elección del material


El equipo es un factor que suele ser desechado de cara
a causar menor mortandad, lo cual es un error. Los
anzuelos redondos suelen engancharse en la boca del
pez con mayor frecuencia que los rectos, más
propensos a ser tragados. Pero sobre todo, un equipo
ligero permite sentir mejor la picada y,
consecuentemente, clavar antes de que el pez se
trague nuestra carnada.

Nos referimos, claro está a la pesca con cebo, que


sigue siendo la mayoritaria en la mar y la única que
aceptan ciertas especies, como podrían ser los lábridos
y muchos espáridos.

Existen, por decirlo de alguna manera, tres formas de clavar al pez:

-Dejar que se clave solo: Esto es lo más normal en muchos tipos de pesca, sobre todo los de
fondo. Es lo más perjudicial para el pez y los daños que le ocasiona el anzuelo suelen ser
irreparables. El animal ingiere el alimento y cuando se siente preso, es porque ya tiene el anzuelo
alojado muy profundamente. Para sacárselo, a veces haremos una auténtica carnicería, por lo que,
a menos que vayamos a consumir ese pez, esperar a que se clave solo es lo peor que se puede
hacer.

-Robarlo: Llamamos "robado" al pez que viene enganchado por cualquier otro lugar que no sea la
boca o sus adentros. Todavía hay quien práctica diversas técnicas de pesca "al robo", cosa muy
reprobable y prohibida. Por cada pez que consigamos de esta forma, habremos herido -con
frecuencia, fatalmente- a muchos otros. Cosa distinta es estar pescando con técnicas deportivas y
legales y, por casualidad, clavar a un pez por algún sitio distinto a la boca. Se dice que ese pez
"viene robado", pero eso, a mi juicio, no comporta que su captura sea menos meritoria, ni le resta
valor alguno.

-Clavarlo activamente: Para ello debemos estar prestos con la muñeca y el hilo justo fuera del
carrete, de modo que, en cuanto pique, seamos capaces de clavar al pez.
De esta forma vendrá herido sólo por la boca, y los daños que sufra no serán de gran importancia,
pues, una vez en libertad, pronto se repondrá de sus heridas.
Es la forma más bonita de pescar con caña, más deportiva, emocionante y menos lesiva para el
pez. Si pescamos a fondo, debemos de asegurarnos de que las hijuelas, patas, bajos o gametas
estén conectadas directamente y sin la presión del lastre, a la línea madre, de modo que podamos
sentir la picada. A flotador, es más sencillo y basta con calibrarlo adecuadamente para que señale
la presencia del pez. Además, pese a que muchos no lo crean, clavando al pez se consiguen
mejores resultados y se disfruta mucho más. Tanto como liberando a animal que, una vez en
tierra, ya no queremos para nada.
¡Ya es nuestro!
Una vez en nuestro poder, nos toca decidir: ¿de verdad
queremos quedarnos con nuestra captura? Si su
respuesta es afirmativa, por el motivo que sea, no hay
nada que objetar. Sáquelo del agua y déjelo que
muera. La exposición al oxígeno del aire, hará que
coletee frenéticamente y muera en poco tiempo. No se
está asfixiando, sino todo lo contrario. Tampoco está
muy claro que sufra en este proceso, aunque haya
gente que prefiere matarlo de un golpe. En todo caso,
es difícil saber cuál de las dos muertes resulta menos
mala para el animal, aunque recordemos que los peces
no sienten como nosotros, ni podemos meternos en su
diminuto cerebro y en su mundo sensitivo.

Lo que sí parece una salvajada es mantenerlos con vida una larga sesión de pesca, enganchados por la boca en
unos hierrajos dentro del agua, o presos y hacinados en una redecilla, para luego soltarlos todos cuando
terminemos. Muchos de ellos, si no han muerto todavía, morirán en las próximas horas.

Si queremos soltar a un pez, hay que hacerlo cuanto antes, en cuanto lo sacamos del agua, sin ese purgatorio
previo, que muchos no lograrán superar. Peor suerte corren incluso los que van a parar a un balde lleno de
agua. Allí nadan unos minutos y, a medida que se calienta el agua y se queda sin oxígeno (éstos sí mueren
asfixiados), irán perdiendo la vida uno tras otro. Lo peor es que la gente que lleva el balde o cubo de agua para
meter allí a sus presas, lo hace "¡para que no se asfixien!", cuando esto es precisamente lo que consiguen y,
además, de forma lenta.

Devolverle la libertad (y la vida)

Es una sensación siempre grata y recomendable, pero


si no se hace bien, no sirve de nada. Así pues, conviene
seguir unos pasos básicos que serían, más o menos,
estos:

1- Cojemos al pez con cuidado, sin


despanzurrarlo. Lo mejor es tener las
manos mojadas, para no desprenderle de
su mucosa, lo que le ocasionará luego
infecciones por hongos y otras
enfermedades cutáneas. Esto es muy
común en algunas familias, como los
salmónidos. Si no tenemos la pericia
bastante para prenderlo firme pero sin
estrujarlo, con las manos desnudas,
podemos emplear un trapo húmedo.

2- Ahora procederemos a quitarle el


anzuelo. Esto se debe ejecutar con mimo,
nunca tirando del pez y desgarrando su
boca. Podemos ayudarnos de un
desanzuelador, que es práctico y barato.
3- Bueno, ya tenemos el pez en nuestras manos y sin anzuelo. Si ha pasado demasiado tiempo (hemos tardado
mucho con el anzuelo, nos hemos hecho un montón de fotos, etc.) conviene reanimarlo. Para ello lo metemos
en el agua y lo hacemos nadar, todavía sujeto por el lomo. Es importante que consiga mantenerse de forma
vertical en el agua a media profundidad. Si se queda en la superficie a flote, es posible que tenga la vejiga
natatoria llena de aire y no pueda sumergirse, con lo que morirá al cabo de un rato. Si cae al fondo "a plomo",
será víctima de oportunistas cangrejos o similares, antes de que pueda recuperarse. Por eso, antes de soltar al
pez, debemos cerciorarnos de que puede nadar, o flotar entre dos aguas.

4- Si pescamos desde un muelle, espigón, o cualquier otro lugar a cierta distancia del agua, tirar desde allí al
pez, es poco aconsejable. Al caer contra la superficie, sobre todo si lo hace golpeándose, puede quedar
malherido. Así que intentaremos dejarlo caer de cabeza o junto con el agua de un cubo, de modo que no se
golpee. La superficie quieta es como el cemento, cosa que sabe bien todo aquel que se haya lanzado desde un
trampolín a una piscina.
Picaduras en la playa

En cierta ocasión ya tratamos aquí sobre los peligros más habituales del pescador deportivo y, por
ende, de todo aquel que se acerca a la costa. No obstante, ahora, de cara al verano y dado la
cantidad de consultas que nos llegan al respecto, creemos necesario ahondar en el tema desde la
perspectiva de los tres animales costeros que propician más del 90% de los accidentes de este tipo.
Nos referimos a las medusas, a los erizos de mar y al pez conocido como víbora, araña, salvario o
escorpión de mar.

Vayamos por partes:

Medusas

Las medusas que frecuentan nuestros mares no se encuentran, ni mucho menos, entre las más peligrosas del
orbe, que prosperan en los mares tropicales (como la avispa de mar o la carabela portuguesa) y que pueden
llegar a matar a un adulto en poco tiempo.

Las nuestras son mucho más benignas, pero esto no quita para que puedan darnos un susto y nos produzcan
lesiones de cierta gravedad. Así pues, siempre que encontremos una medusa en la playa, lo mejor es sacarla
con cuidado del agua, ayudándonos de un redeño o similar para no tocarla, y enterrarla en la arena a cierta
profundidad.

Si observamos que su número es elevado, no debemos


bañarnos ni realizar ninguna actividad en el agua.
Incluso con traje de neopreno, las medusas son
especialistas en picarnos allí donde encuentran piel
desnuda, como es el caso de los labios.

Tampoco debemos tocar aquellas que encontramos


varadas en la orilla con aspecto de estar muertas, pues
sus glándulas venenosas permanecen activas incluso
después de deshacerse su gelatinoso cuerpo.

Si nos pica una medusa debemos proceder


rápidamente pero sin asustarnos, y recordar que eso
que nos acaba de pasar, sucede a miles de personas
cada año en nuestras costas.

Lo primero que hay que hacer es limpiar la zona afectada con agua salada –nunca con dulce- y retirar
completamente cualquier resto de tentáculo que pudiera haber quedado adherido a la piel. Después pondremos
algo frío sobre la zona afectada –nunca hielo de forma directa-, pero sí por ejemplo ese mismo hielo dentro de
una bolsa estanca. Luego aplicaremos tomate crudo en lonchas y de forma abundante, en periodos de unos 10
minutos. Dejaremos que su jugo vaya neutralizando el veneno y repetiremos la operación varias veces en las
siguientes horas. Si no podemos encontrar tomate fresco, podemos aplicar alcohol o amoniaco (que es un
remedio universal contra picaduras y venenos diversos) con un paño, ligeramente diluido.

En caso de que la zona afectada sea extensa o suframos malestar general, dificultad respiratoria u otros
síntomas alarmantes, acudiremos sin demora a un puesto médico.

Escorpión, víbora de mar, pez araña, salvario, etc.

Con estas denominaciones comunes conocemos a los diversos miembros de la familia de los traquínidos que
pueblan nuestras aguas. Son peces costeros de régimen bentónico que viven semienterrados en la arena y
tienen unas espinas ponzoñosas que despliegan como arma defensiva.

La picadura más habitual se produce cuando caminamos por la orilla y los pisamos. Se trata entonces de
ejemplares de pequeño tamaño y no suelen inocularnos grandes dosis de veneno. Es peor cuando atrapamos
con nuestro aparejo alguno de estos peces y nos pica en las manos por tratar de desanzuelarlos sin tomar las
necesarias precauciones.

Su picadura es muy dolorosa y molesta, afecta al sistema nervioso y podemos tener cierta sensación de
parálisis. Sin embargo y salvo raros casos, no suele ser grave y sus efectos desaparecen al cabo de unas horas.
Debemos proceder de la siguiente manera. Limpiamos
la herida con agua, da igual que sea dulce que salada,
y rápidamente la introducimos en agua tan caliente
como podamos aguantar. El veneno de los traquínidos
es termolábil, lo que significa que se destruye con el
calor, así que justo al contrario que en el caso de las
medusas, aquí lo que debemos aplicar es calor.

Si no podemos disponer de agua caliente, trataremos la


picadura con amoniaco.

Erizos de mar

Su picadura es la más benigna y quizás, también, la más frecuente. Las púas de los erizos de nuestras costas,
en contra de lo que se cree, no son venenosas.

El problema que presentan es que, una vez que traspasan nuestra piel, se parten, se enquistan y se infectan.
Por tanto, resulta necesario extraerlas cuanto antes, para lo cual se emplea habitualmente unas pinzas de
depilar.

Sin embargo, no es éste el instrumento más adecuado, pues estas púas son tan quebradizas que, aunque
creamos haberlas extraído, quedará algún pedazo dentro, a veces minúsculo pero suficiente para desencadenar
el posterior proceso que culmina con la infección.

Para sacar la púa en su totalidad, lo mejor es clavarla con una aguja o alfiler. Se necesita, lógicamente, un poco
de pericia, pero no es tan difícil como parece a priori .
Pesca desde embarcación
Preparativos y cebos

Todo aficionado a la práctica de la pesca deportiva desde embarcación habrá


asistido en diversas ocasiones a la ya vieja disputa que suelen mantener
aquellos que son partidarios del curricán frente a los que prefieren decantarse
por la pesca a fondo. Esta última cuenta sin duda alguna con un arraigo
mucho mayor en nuestro país, aunque es innegable que la pesca con
artificiales va ganando adeptos de forma progresiva e imparable. No voy a
ser yo quien tercie en esta controversia, entre otras cosas porque mi afición
por el curricán me haría hablar sin demasiada objetividad de este asunto.

De cualquier modo nos dediquemos a un tipo u otro de pesca es preciso


tener claro que la improvisación es pocas veces compañera del éxito, norma
ésta que se convierte en exigencia mucho mayor a la hora de preparar
seriamente una pesca a fondo, en la que entran en juego un número
considerable de factores que conviene cuidar con mimo antes de hacernos a
la mar.

Un pez que también frecuenta los fondos de roca


es la perseguida hurta.

El primero de ellos no es otro que la selección de las especies que


pretendemos capturar, pues en fondos de roca, en torno a los 25 o 35 metros
de profundidad, encontraremos una fauna submarina lo suficientemente
variada como para plantearnos técnicas y equipos muy diferentes en función
de las piezas buscadas.

Quien haya oído hablar de la presencia de grandes dentones, doradas o


corvinas en una determinada zona y se presente allí con los enseres que
habitualmente utiliza en la pesca de la breca o la mojarra, hace mejor en
ahorrarse el viaje y buscar otro enclave más propicio para la pesca de
especies de tamaño medio. Quiero decir con esto que en la pesca a fondo
requiere de preparativos adecuados a las especies buscadas, se capturen o
no, requisito que hace imprescindible varias horas de dedicación en las
jornadas previas a la salida al mar.

Si comenzamos refiriéndonos a las cañas y carretes conviene pensar en dos


equipos por pescador, uno de ellos dedicado a la pesca de especies
menores, otro dispuesto para tentar las grandes piezas que deambulan por
entre los accidentes del roquedal. Las cañas han de quedar perfectamente
preparadas antes de salir de puerto, pues de lo contrario no haremos más
que acumular enredos e incomodidades en las reducidas dimensiones de la
embarcación. Idéntica labor de disposición previa ha de seguirse con los
aparejos, de los que nos ocuparemos brevemente algo más adelante.

Sin embargo, el gran preparativo extra de la pesca a fondo frente al curricán


no es otro que la búsqueda y selección de los cebos que han de emplearse
durante la jornada. Se impone la visita al mercado para hacernos de una
buena provisión de sardinas, choco, calamar, al margen de otras posibles
carnadas, como las populares "gusanas" y "albiñocas", pagadas de día en
día a precios cada vez más elevados.
En la elección de los cebos cabe siempre una gran variedad, por lo que a
continuación incluimos un sencillo cuadro que recoge algunas de las
carnadas recomendadas para las piezas de buen tamaño.

Especies Cebos Frescos Cebos Vivos


Dentón · Pequenos chocos y calamares · Mojarra y caballa
enteros. vivas.
· Chocos y calamares en tiras.
· Navaja.
Corvina · Choco entero. · Caballa viva.
· Sardina .
Dorada · Navajas, concha fina.
· Grandes gusanos, tita.
Congrio · Sardina, rejos de pulpo. · Mojarra viva.
· Pequeños peces. · Caballa viva.

Como vemos, hemos dividido los cebos en frescos y vivos. Entre estos
últimos, algunos se adquieren fácilmente en mercados y comercios
especializados; otros, como las caballas o las mojarritas, habrán de
procurarse sobre el terreno.

Con los cebos en nuestro poder es el momento de prepararlos y


almacenarlos cuidadosamente en una neverita, para evitar que mueran o
entren en descomposición por efecto del calor, pues sobre todo los anélidos
("gusanas" y similares) y moluscos son sumamente delicados, y muy
sensibles a los cambios bruscos de temperatura.

La acción de pesca. El fondeo

Amanece una jornada más y el sol va despertando los colores y las formas
sobre un mar tranquilo, suavemente rizado por la brisa de tierra. Con la
embarcación de camino al pesquero, los tripulantes, en silencio, ejercitan la
imaginación y dibujan en sus mentes lo que ha de ser un nuevo día de pesca:
¡qué lento se pasa el tiempo cuando estamos ansiosos por vernos ya con la
caña en la mano, metidos en faena!
Por fin sobre el punto elegido, la primera operación del día es la del fondeo,
momento crucial del que puede depender el desarrollo de toda la jornada.
Como norma general es preciso disponer de una cantidad suficiente de cabo
que nos permita afirmar fuertemente la embarcación en el punto elegido.
Para un fondo de unos 25 metros se precisan al menos 60 metros de
estacha, con el fin de que el cabo forme un ángulo agudo con el fondo, pues
de lo contrario la acción del viento sobre la embarcación puede hacernos
perder el punto de anclaje, que en ocasiones se consigue con no pocos
esfuerzos. A la hora de largar el rezón el patrón deberá calcular el margen de
error que supone fondear con esta longitud de cabo, pues el ancla puede
quedar en la zona elegida y la embarcación a unos veinte metros o más a
favor de la dirección del viento, tal vez lo suficiente para no lanzar nuestros
aparejos en el punto ideal.

En determinadas jornadas, a causa de la existencia de mar de fondo o


fuertes corrientes, resulta casi imposible hacer llegar el ancla a su destino.
Para solventar este problema son muy útiles un par de plomos de un kilo de
esos que se usan para bucear. Basta con anudarlos fuertemente al ancla y
ésta buscará el fondo sin mayores problemas. En estos días, el peso de los
plomos que empleemos en nuestros aparejos habrá de aumentarse
considerablemente o de lo contrario pescaremos entre dos aguas,
acumulando líos y enredos a cada instante.

Una precaución más cuando se fondea sobre roca es la de amarrar el rezón


por la parte de las uñas, practicando luego un nudo que asegure el cabo a la
argolla del ancla mediante un cordel ligero. Si el rezón se niega a salir, basta
con tirar fuertemente de él hasta que se rompa el cordel y el hierro invierta su
posición zafándose de las rocas. Amarrar directamente por la argolla puede
hacernos pasar un mal rato intentando desprender el ancla de entre las
firmes piedras del roquedo.
Con la embarcación fondeada sobre el pesquero es el momento de preparar
el "angüado", una bolsa de red en la que hemos introducido varios kilos de
sardinas algo pasaditas, trituradas y mezcladas con arena. Una vez plomada,
esta red se deja a media agua, con el fin de atraer a las caballas que han de
servirnos después como cebo vivo. ¡Ya estamos listos para largar las líneas!

Anzuelar invertebrados, como la "tita" de la


fotografía, parece que nos da menos pena que
anzuelar peces.

Disposición de las cañas: la espera

Por fin comienza la verdadera acción de pesca. El primer paso es preparar


dos cañas ligeras equipadas con aparejos finos de varios anzuelos y plomo
terminal, estilo rosario, cebadas con trocitos de "gusana", choco o calamar
con el fin de hacernos con las preciadísimas caballas. Estos aparejos se
dejan descansar a media agua, aproximadamente a la misma profundidad en
que hemos dispuesto la red con las sardinas. Poco a poco irán llegando las
primeras caballas, que han de conservarse vivas mediante un oxigenador o
simplemente en un gran balde al que iremos cambiando el agua cada poco
tiempo. Si no aparecen las curiosas caballas conviene dejar caer estos
aparejos ligeros hasta el fondo. Obtendremos así pequeñas mojarritas o
raspallones que, aunque menos efectivos, también dan buenos resultados,
especialmente con el dentón y el congrio.

Con la provisión de cebo vivo asegurada (basta con ocho o diez ejemplares)
cada pescador cala sus dos cañas; una para especies de tamaño medio:
brecas, sargos, vidriadas, chopas...; la otra destinada a las especies
mayores: grandes doradas, dentones, congrios y corvinas.
Ambos tipos de aparejos se montan con plomo terminal, el de las cañas
ligeras con varios anzuelos, el de cebo vivo con un sólo anzuelo y equipado
de una varilla que impida que el pececillo con su nado continuo enrede la
línea al final del aparejo.

El anzuelado del cebo vivo se realiza con cuidado, justo detrás de la aleta
dorsal, cuidando de no dañar el pececillo que ha de mantenerse con vida al
final del aparejo. Algunos pescadores acostumbran a recortar con unas
tijeritas algunos flecos de la aleta caudal de las caballas con el fin de reducir
un poco su movilidad e incitar así al predador, que como es sabido muestra
preferencia por las presas débiles o heridas. Comprendo que estas
operaciones puedan dañar la sensibilidad de más de un aficionado, aunque
no veo por qué ha de censurarse la pesca con caballitas o mojarras vivas y
no la operación de ensartar una "gusana", una "tita" o una almeja igualmente
vivas, pues se trata de un hecho moralmente idéntico.

Con las líneas caladas, llega ahora el momento de la espera, la hora de la


conversación, acompasada por el rumor del mar y sólo interrumpida por
alguna que otra picada en las cañas pequeñas. Allí están las otras, las del
cebo vivo, suavemente arqueadas y mudas ¡Una hora en el pesquero y sólo
hay una chopa y un par de vidriadas que llevarse a la boca!

- Toma una cervecita.

- Prueba este queso que Paco ha traído del pueblo.

- ¿Nos cambiamos de sitio?...

Y de repente, la puntera de la caña roja se arquea buscando el fondo y un


homigueo nervioso se apodera de nosotros tres. El afortunado toma la caña
en sus manos y regula el freno; nosotros recogemos el resto de las líneas
para evitar un enredo que daría al traste con la pieza.
-Es un dentón

-sus cabezazos y huidas verticales son inconfundibles.

-¡Trabájalo bien, despacio, que es bueno!

Y al cabo de unos largos minutos está allí a flor de agua con sus vivísimos
colores destellando al sol de la mañana. ¡Sacadera y a bordo! Un bonito
dentón de cinco kilos que ha dado buena cuenta de la caballita que le
teníamos preparada.
En las anfractuosidades del
roquedo tiene su morada el
congrio.

Continúa la jornada y nos divertimos con la entrada de otras piezas menores.


Ahora probamos con las navajas vivas, colocadas enteras, con cáscara, y
sujetas al anzuelo solo por una pequeña gomilla elástica. Es el cebo ideal
para las grandes doradas que armadas de su poderosa dentadura no
encuentran problema alguno en triturar las frágiles valvas de la navaja: ¡que
pena que estos hermosos y combativos ejemplares sean cada día más
escasos!
Con el declinar del día, un congrio de buen tamaño entra a la mojarrita viva.
Al aflorar a la superficie nos invade cierta desilusión, pues más de uno
pensaba ya en un nuevo dentón que hiciera compañía al ya cobrado. En
resumen una hermosa jornada.
Y sin embargo, como bien sabe el lector, otros días la cosa es bien distinta y
uno se vuelve a puerto mirando las carnadas, intactas, allí en el fondo de su
neverita y piensa de repente en lo buenos que estarían esos chocos frititos o
a la plancha, y piensa en la paliza que nos ha dado el mar y en ese
madrugón de esta mañana y en lo que queda antes de llegar de nuevo a
casa.
Cada vez que se presenta la ocasión, cientos de
pescadores deportivos se acercan a las costas de
toda España con la ilusión de disfrutar de las
abundantes posibilidades que ofrece la práctica de
la pesca de mar en nuestras aguas; sobre todo en
verano, cuando se dispara la venta de
embarcaciones, cañas, carretes y todo tipo de
artículos de pesca: estamos en plena temporada y
las largas columnas de pescadores se alinean en
aquellos enclaves, cada vez más escasos, que han
escapado a las inevitables hordas del bronceador y
la tumbona.

Entre las distintas opciones que se nos presentan en la pesca de mar, querría
dedicar unas líneas a la pesca con artificiales, cada vez más extendida,
aunque aún minoritaria, en nuestras costas. Rara vez el pescador neófito se
atreve con señuelos, tal vez por las dificultades técnicas que puedan
plantearle o quizá sólo a causa de la desconfianza que le ofrece colocar un
pececillo o una cucharilla ondulante al final de su línea: "¿ Cómo va a picar
algo en este trocito de madera?", se repite, y mientras, paga su habitual cajita
de gusanos, pensando en el precio astronómico de esos tres artificiales que
acaba de llevarse su compañero de mostrador, sin saber que bien cuidados y
con algo de suerte pueden durarle casi media vida.

Una cajita con algunos señuelos


apropiados para la pesca de especies
de pequeño tamaño, especialmente
útiles para el costeo en meses
veraniegos.
Tal vez por el carácter aún minoritario de la pesca con artificiales, no es
nuestra intención la de presentar aquí unas páginas absolutamente
novedosas, para "consumados expertos", si es que los hay en este
imprevisible mundo de la pesca, sino más bien la de ofrecer una pequeña
guía para aquéllos que decidan asomarse por vez primera al colorista y
variado campo de los señuelos artificiales para pescar en el mar.

Señuelos y especies: rompiendo algunos prejuicios

En diversas ocasiones he leído preciosas colaboraciones dedicadas a la


pesca de fondo y en general a distintas técnicas en las que se emplea el
cebo natural, en las que se hablaba con cierta ironía acerca de los cebos
artificiales, casi señalando que en determinadas zonas de nuestra geografía
los peces no se dejaban engañar por tales ingenios, tal vez por ser las
especies de allí especialmente astutas y sólo aficionadas a un puñado de
cebos tradicionales. Sin ánimo de entablar controversia y como la divergencia
es sana quiero señalar que en esta actitud no hay más que un prejuicio
establecido sin más y que en efecto son más las especies que podemos
capturar con señuelos artificiales que aquéllas que tradicionalmente se
reconocen como peces de presa.

Sin entrar en el terreno de la pesca a mosca, en el que me declaro


especialmente ignorante, podemos señalar casi una quincena de especies
capturables con cebos artificiales en nuestras costas. Entre las habituales:
anchova, lubina, palometa blanca, caballa, jurel, baila, dentón, bonito; menos
frecuentes: el pargo, la corvina, el ballesta, la llampuga y la serviola. Esto sin
contar las especies de altura, aguja imperial y atún rojo, o las capturas de
suerte como el serrano o el mismísimo sargo.

Aún recuerdo cómo hace unos quince años muchos pescadores de nuestra
zona nos miraban con poca simpatía y mucha incredulidad al revelarles que
tal o cual pesca de lubinas se había hecho al curricán o que aquel precioso
dentón que contemplaban había entrado a un artificial de 14 cm.
Hoy son muy pocas las embarcaciones de pesca deportiva en las costas de
Huelva que no cuentan entre sus aparejos con al menos un puñadito de
señuelos, que en muchos casos se convierte en un verdadero arsenal de
artificiales.

Surtido básico para la caballa, el


jurel y la palometa. Las
opciones de montaje son
variadas y es posible combinar
la acción de señuelos de distinto
tipo en el mismo aparejo. Una
buena opción consiste en
sustituir el plomito terminal del
rosario por un pez de plomo de
16 ó 25 gramos.

Sin embargo, como bien sabe el lector el uso de un tipo u otro de señuelo
está asociado a distintas situaciones de pesca y el pececillo que hoy funcionó
tan bien, pasado mañana puede irse a la caja sin una sola picada, pues han
cambiado las condiciones ambientales o simplemente las especies presentes
son otras distintas a las de ayer. Estos cambios, frecuentes todo el año, son
especialmente repentinos en los meses estivales, en los que es habitual
encontrar bancos de especies migratorias que por este tiempo se acercan a
nuestras costas. Si el pescador es aficionado al uso de artificiales, deberá
adaptarse ahora a las nuevas circunstancias que le ofrece la mar. De las más
frecuentes y de aquellos señuelos más útiles y extendidos nos ocuparemos a
continuación, siempre como orientación general, que en esto de la pesca
resulta conveniente huir de las leyes de carácter universal.
Tres situaciones de pesca:

1.- Caballas, jureles y palometas: pequeñas piezas comiendo en superficie

Tres horas de curricán sin una sola picada pueden hacerse muy largas.
Media mañana en la playa mirando las inmóviles punteras de las cajas
acaban por lo menos con la mitad del buen talante de todo pescador. Y sin
embargo, muchas veces ahí mismo, delante de nuestras narices está la
posibilidad de pasar de la inactividad al entretenimiento, con sólo mirar un
poco al mar y abandonar nuestra obstinación inicial que nos ha hecho dedicar
buena parte de la jornada a la captura de una especie determinada y sólo
una. De nada vale nuestra intención cuando lubinas y doradas pasan delante
de nuestros cebos sin inmutarse, mientras que a unos pocos metros, quizá
muy cerca de nuestra zona de siempre un grupo de charranes hace
continuos picados sobre la superficie para salir acto seguido con un
boqueroncito en el pico.

Todo pescador se integra, al menos durante unos momentos, en un


ecosistema en el que ocupa, se quiera o no, el lugar de depredador. La
observación de la actividad natural que tiene lugar en el medio en el que
desarrollamos nuestra actividad es imprescindible para adaptarse a las
nuevas circunstancias.
Chicharros en embarcación.

La pesca deportiva desde embarcación no equivale a capturar enormes ejemplares con aparejos costosos y
equipo sofisticado.
Algunas especies, como el chicharro o jurel, no requieren demasido esfuerzos ni medios técnicos, y proporcionan
grandes satisfacciones. Además, dado su comportamiento gregario, podemos capturar muchos especímenes
seguidos y ni siquiera habremos de internarnos en mar abierto para encontrar bancos abundantes.

Lo único que debemos tener en cuenta es la estacionalidad, que cambia en función del lugar en el que nos
encontremos. Los jureles, en casi toda Europa, en el Mediterráneo y en muchos otros puntos del planeta, se
acercan periódicamente a tierra en grandes bálamos.

Los más pequeños llegan hasta el interior de los puertos y de las bahías. A veces, los podemos ver en los
lugares más recogidos, formando nubes de ejemplares inmaduros de unos pocos centímetros de longitud que se
apiñan cerca de la orilla. Luego, están los de tamaño mediano que buscan instintivamente más agua, y se
localizarán cerca de tierra, pero ya con una o dos decenas de metros de profundidad. Por último, los grandes
ejemplares, que pesan alrededor de un kilogramo, evitarán vivir dentro de puertos, bahías o ensenadas, pero,
en determinadas fechas, podremos encontrarlos a una o dos millas de la costa, a condición de que haya calado
suficiente para que se sientan cómodos.

Recordemos que los jureles son, como todos los


carángidos, grandes nadadores, animales diseñados
para triunfar en los grandes espacios oceánicos y
depredadores insaciables.

Estas características les confieren un gran atractivo


para la pesca deportiva, pues son luchadores tenaces y
entran bien a cualquier señuelo o carnada que les
presentemos.

En España contamos con dos subespecies muy


próximas (Trachurus trachurus y Trachurus
mediterraneus) que, a efectos de su pesca, puden ser
tratadas como una sola. También su prima, la caballa,
es susceptible de ser capturada con las mismas
técnicas.

En realidad, para pescar chicharros no necesitamos


gran cosa. Bastará con el equipo más sencillo y el
señuelo más rudimentario para que este pez nos haga
los honores.

Aunque podamos capturarlo con cebo, lo más divertido


y eficaz resulta su pesca con señuelos artificiales.
Quizás lo más práctico sea emplear la técnica de
curricán ligero o cacea costera, que consiste en
navegar con uno o varios aparejos largados en busca
del pez.
Ya hemos indicado que casi cualquier señuelo le va
bien, pero me suelo decantar por las cucharillas
onduladas en plata u oro, o los señuelos medianos de
plumas de colores. Dado que nos las veremos con
peces que raramente superan los dos kilos, ni siquiera
necesitamos caña, ni demás complementos habituales
en la pesca desde embarcación.

No obstante, la caña nos parece más deportiva, por lo


que siempre aconsejamos su uso. Debemos recordar
siempre su pequeña talla para no sobredimensionar la
resistencia del equipo, lo que es muy habitual. En ese
caso, con unas cañas y unos sedales demasiado
robustos, perderemos sensibilidad y deportividad.

Esta situación es muy habitual y a menudo


encontramos embarcaciones con aparejos preparados
para túnidos, pongamos por caso, que luego han
pescado jureles o caballas, por ejemplo.

Otro factor que hay que tener siempre presente es que


estamos hablando de pescado azul, por definición más
delicado que el blanco.

Así que todos los cuidados que tengamos en su


manipulación serán pocos, si lo vamos a destinar al
consumo humano. El chicharro posee una carne
sabrosa y francamente grata. Cocinado al horno, bien
fresco y pescado con anzuelo, hará las delicias del más
delicado paladar. Ahora bien, si lo hemos golpeado, su
carne se convertirá en una masa incomible.

Por eso, cuando pesquemos chicharros, capturemos sólo los que vayamos a comer y tratemos las capturas con
mimo. Nosotros seremos los primeros recompensados.
Señuelos artificiales.1

Estos señuelos se emplean tanto de costa como desde embarcación.

Artificiales de plomo Jensen de


40 y 25 gramos. Se fabrican en
distintos colores y son ideales
para la pesca vertical sobre
fondos rocosos. Salvo en días
de aguas muy tomadas,
conviene usar colores naturales.

En los meses estivales es muy frecuente esta situación que describimos,


pues los bancos de pescado azul suelen acercarse lo bastante a nuestras
costas como para decidirnos a intentar su captura, siempre entretenida y
viva. Los indicios que muestran la presencia de estas piezas en superficie
son de sobra conocidos: aves marinas lanzándose, especialmente los
pequeños y ágiles charranes, pececillos-presa saltando sobre la superficie y
las turbulencias que originan los depredadores al atacar casi a flor de agua.

Las piezas que podemos encontrar en estos cardúmenes son esencialmente


caballas y estorninos, jureles y palometas. En determinadas zonas pueden
aparecer también las bailas y las anchovas de mediano tamaño. Veamos
ahora algunos señuelos y técnicas para su captura.

Señuelos y técnicas

Los artificiales que suelen emplearse en estas situaciones son esencialmente


de cuatro tipos diferentes:

- Peces de plomo, de un peso entre 20 y 25 gr. Los más difundidos son los de
la casa noruega Jensen.

- Pequeños peces artificiales de superficie (5-9 cm). No importa que sean


modelos diseñados para la pesca en agua dulce, que de hecho son los que
se muestran más útiles con las piezas de pequeño tamaño.
- Cucharillas plateadas ondulantes, de un peso en torno a los 16 gr.

- Angulones de silicona rojos o blancos.

Estos señuelos se emplean tanto de costa como desde embarcación.

Peces artificiales rematados


en colores vistosos, casi
chillones. Por lo general su
uso se limita a jornadas de
aguas oscuras y a las horas
de escasa luminosidad.
Como vemos, el óxido ha
comenzado a atacar las
anillas y poteras de algunos
de ellos, que han de ser
reemplazadas de
inmediato.

Desde la orilla conviene usar peces de plomo, más adecuados por su peso y
diseño para el lanzado, sin necesidad de utilizar ningún otro lastre
suplementario. Para ello es preciso emplear un monofilamento de poco
grosor, 0.24, y una caña ligera de unos tres metros y medio. Conviene lanzar
a aquellos puntos en que hemos detectado actividad y recoger con la caña
alta a base de cambios constantes en la velocidad de recuperación de la
línea. Si queremos emplear señuelos de poco peso podemos ayudarnos de
los buldós, esferas de plástico que se llenan de agua a la mitad, colocando el
señuelo (pez artificial o silicona) 1,50 m. por detrás del buldó. Además de
éstas, las opciones de montaje son muy diversas: rosario plomado, rosario y
pez de plomo, buldó y pez artificial...
Desde embarcación la técnica más efectiva es el curricán ligero a corta
distancia de la embarcación (25 m.), con el fin de aprovechar las turbulencias
del motor, que suelen atraer la atención de estas presas. Pueden emplearse
indistintamente los peces artificiales en madera, los de plomo y las cucharas
ondulantes, pues son todos señuelos bastante versátiles. No obstante, si
tuviese que hacer una elección, con carácter general, me decantaría por los
peces en madera para caballas y estorninos, los de plomo para la baila y las
cucharas ondulantes para el jurel y la palometa blanca.

2.- La pesca en vertical sobre fondos rocosos

Hay jornadas en las que el curricán proporciona escasos resultados y sin


embargo tenemos la certeza de que hay pescado en nuestra zona de pesca,
bien porque hemos hecho una buena pescata pocos días antes, bien porque
observamos inconfundibles signos de actividad en las aguas sin que éste se
vea correspondida por las consiguientes picadas. Las causas de esta
aparente falta de pesca pueden ser de distinto origen y son sin duda bastante
difíciles de precisar. Lo cierto es que por una razón u otra el pescado no
muestra interés alguno por los señuelos que arrastran nuestras líneas, sea
cual sea el color y modelo que le ofrezcamos. Muchas veces sucede esto en
la pesca de la esquiva lubina, incluso en jornadas que empezaron muy bien y
de repente se torcieron sin razón aparente. Y sin embargo, la pesca sigue
ahí, concentrada sobre el fondo rocoso, a muy poca distancia de las cuevas y
recovecos que le proporcionan refugio: es el momento de probar con unos
lances verticales que nos permitan acercar los señuelos a las mismas barbas
de las piezas que ahora permanecen inactivas.

Señuelos y técnicas

En este tipo de pesca se utiliza un equipo muy similar al empleado


tradicionalmente para especies de agua dulce, como el black-bass: cañas
cortas y flexibles, carretes ligeros y eso sí, un monofilamento un poco más
grueso, en torno al 0,30 mm, que permite soltar los enroques sin perder
demasiadas muestras.
Los días nublados y de
aguas oscuras, tal vez tras
varias jornadas de
temporal, suelen exigir el
empleo de señuelos de
colores vivos. Sobre estas
líneas, un buen ejemplar
de lubina cobrado en una
gris mañana de marzo.
Empleamos un artificial
de profundidad verde-
caballa-oro de 11 cm.

Para iniciar la acción de pesca es preciso situarse justo sobre el roquedo en


el que tenemos la certeza o al menos la sospecha de que suele refugiarse el
pescado. Con el motor apagado y en silencio comenzaremos a probar con
distintos tipos de lances, de los más superficiales a los absolutamente
verticales, dejando caer el señuelo a fondo y accionando la caña a base de
golpes secos de muñeca. Para ello se emplean peces de plomo (recomiendo
los de la casa Jensen y el modelo Pirken) de tres pesos distintos: 16, 25 y
40g, en función del tipo de presas que persigamos.

Esta técnica da excelentes resultados con la baila y la lubina, sobre todo en


los meses invernales. Ahora en verano también puede practicarse con éxito,
con la variedad añadida que proporcionan los jureles o chicharros y las
combativas anchovas, que siempre regalan una espectacular lucha,
especialmente deportiva con estos equipos ligeros.
3.- Al curricán tras anchovas y lubinas

Para la pesca de anchovas y lubinas a la cacea suelen emplearse peces


artificiales de una longitud que oscila entre los 7 y los 14 cm. La descomunal
oferta de pececillos que pueden encontrarse en cualquier comercio bien
surtido hace imprescindible que el pescador que pretenda iniciarse en esta
técnica conozca bien sus prestaciones y características, si no quiere hacer
una mala elección y de paso un desembolso extra sin rendimiento alguno.

Surtido de señuelos flotantes de


11 y 14 cm. Los elegidos son
algunos de mis favoritos para la
pesca de la anchova y la lubina.

La mayoría de las marcas dedicadas a la fabricación y distribución de peces


artificiales trabaja fundamentalmente con dos tipos de modelos: flotantes o de
superficie (floating) y ahogados o de profundidad (sinking). También las
tablas de colores suelen coincidir con bastante frecuencia: negro-plata, oro-
fluorescente, azul-caballa, verde-caballa y cabeza roja-cuerpo plateado... La
elección de la marca corresponde por tanto al pescador y aunque no quiero
decantarme abiertamente por ninguna en concreto, si daré una serie de
recomendaciones generales:

- Un buen pez artificial para la pesca en el mar ha de tener una acción viva,
de movimientos rápidos, continuos y uniformes; debe navegar sin ladeos
laterales y ha de estar milimétricamente equilibrado.

- Los señuelos de madera dura y armados con anzuelos de acero inoxidable


son los más duraderos y fiables. Si se adquieren modelos de agua dulce
conviene sustituir inmediatamente poteras y anillas por otras hechas en
material anticorrosión.
- Más vale desconfiar de las "gangas"; la mayoría no sirven para nada, salvo
para quitarle las poteras y hacernos un llavero.

- Conocer bien una determinada gama de señuelos posibilita comprar sin


errores, sabiendo siempre lo que buscamos, lo que permite ahorrar tiempo y
dinero.

Con estas premisas estamos listos para componer nuestra caja de artificiales
con un surtido suficientemente versátil para afrontar distintas circunstancias
de pesca, pues cada especie tiene sus muestras preferidas y cada artificial se
muestra más rentable en determinadas condiciones ambientales.

Señuelos flotantes

Los señuelos flotantes o de superficie están fabricados en una madera más


blanda que aquella que se emplea para hacer los de profundidad. También
suelen diferenciarse de éstos últimos en el tamaño, forma y material de la
pala que les confiere la acción de nado, pues la de los flotantes suele ser
corta, menos inclinada y de plástico, frente a la de los de profundidad,
generalmente más larga, con más ángulo de profundización y fabricada en
metal.

Para elegir los colores es preciso tener en cuenta el grado de transparencia


de las aguas: a menor claridad tienden a emplearse colores más vistosos.
Las cuatro libreas más eficaces son la de color caballa, azul o verdosa, la
negra y plateada y la oro-fluorescente, especialmente rentable en los
momentos previos al atardecer y en días oscuros o de aguas tomadas.

Los señuelos flotantes son en general más efectivos con la anchova que con
la lubina, más aficionada a las muestras de profundidad que a las de
superficie. También en los tamaños existen algunas diferencias de gusto,
pues el róbalo suele preferir por lo general artificiales más pequeños, en torno
a los 7-9 cm. Con estas medidas no suelen fabricarse modelos flotantes para
el mar, pues los tamaños clásicos más extendidos entre los artificiales de
superficie son 11 y 14 cm.
Un señuelo flotante de estas dimensiones suele profundizar unos dos metros
con cien metros de línea del 0.30 largada, lo que los convierte en ideales
para pescar en aguas de poco calado, especialmente con la marea baja,
cuando el riesgo de enroque es mucho mayor.

Señuelo limpio y repasado con


paciencia. Con anillas y poteras
nuevas volverá a estar en
óptimas condiciones para la
pesca.

Señuelos de profundidad

Los modelos ahogados o de profundidad están fabricados con una madera


más dura que los hunde al depositarlos en las aguas. La longitud y el material
de composición de la pala, metálica en la mayoría de los modelos, completan
su capacidad de profundización.

Suelen utilizarse en cuatro tamaños distintos: 7, 9, 11 y 14 cm. Su disposición


para hundirse hasta los seis o siete metros, en aquellos modelos de mayor
medida y peso, sin necesidad de plomo adicional alguno, los convierte en
indispensables en aquellos momentos y días en que el pescado no come en
superficie y es preciso buscar aguas más profundas para conseguir picadas.

La dificultad esencial en su manejo radica en que, como hemos dicho, no


flotan sobre la superficie, por lo que si detenemos la embarcación para
recoger una de las cajas o realizar cualquier otra operación es preciso
recogerlos rápidamente, para evitar que lleguen hasta el fondo y queden
enganchados en las rocas.
Cuidado y mantenimiento de los señuelos

Para terminar estas notas dedicadas a los señuelos y artificiales para el mar
me gustaría hacer referencia a las normas básicas de cuidado y limpieza,
pues si se siguen con regularidad garantizan una larga vida a nuestros
artificiales y les permiten conservar la eficacia y fiabilidad que tenían recién
comprados.

Almacene sus muestras en una buena caja hermética que le permita


mantener un orden razonable de colocación y ordene los señuelos cada vez
que termine una jornada de pesca.

Cada cierto tiempo hay que revisar el estado de anillas y poteras,


sustituyendo inmediatamente aquéllas que muestren signos de oxidación.
Una potera oxidada ofrece aún ciertas posibilidades de aguantar la entrada
de una pieza; las anillas, más endebles, se deshacen fácilmente en cuanto
son atacadas por los óxidos.

De vez en cuando conviene lavar las muestras con agua dulce y pasarles un
estropajo finito para eliminar restos de suciedad y realzar así el brillo y tono
de sus colores que con frecuencia suelen quedar mates por efecto de la sal.

Los pececillos artificiales


despliegan una verdadera explosión
de formas y colores.

Siguiendo estas recomendaciones se alarga considerablemente la vida de un


artificial.
Señuelos artificiales.2

Sobre los señuelos se ha escrito mucho, pero nunca es suficiente.

Los peces predadores tienen algunos sentidos muy desarrollados. La vista suele ser uno de ellos, aunque no
necesariamente (el tiburón es más bien algo cegato, por ejemplo). Lo que sí tienen siempre muy fino es un
sentido que a nosotros nos es ajeno y consiste en lo que se conoce por línea lateral, un órgano sensitivo que
detecta las vibraciones en su medio, esto es, en el agua.

También el sentido del gusto suele estar muy desarrollado, (además, el agua transmite mejor los sabores y las
vibraciones que el aire). Para entender este sentido debemos saber que el olfato –tal como lo conocemos-
parece ajeno a los peces, pero el gusto es de hecho el equivalente a nuestro sentido del olfato y opera como tal.
Esto es así porque los olores se transmiten en el aire, mientras que el agua (un medio 800 veces más denso) lo
que transporta es en realidad partículas gustativas que el pez detectará con precisión perruna a modo de olores
terrestres.

Por tanto, cuando hablemos de su sentido del gusto no pensemos en nuestro paladar, sino en nuestra pituitaria.
Sin embargo, este sentido, digamos del gusto-olfativo no ayudará a que los peces se lancen sobre nuestros
señuelos, sino todo lo contrario. Por tanto, el secreto de la atracción de los artificiales debe estribar en la vista y
en la línea lateral.

Teniendo todo esto en cuenta y tomando muchas


referencias y ejemplos en distintas especies, y
actuando asimismo en condiciones variadas, llegamos a
la conclusión que cada especie o cada individuo en cada
circunstancia, ataca guiado por sentidos distintos y
quizás, por razones diferentes.

Nos parece lógico que una lubina, pez que ve muy bien,
se lance contra un pez artificial en medio de la espuma
y rechace a ese mismo pez si lo encuentra en aguas
quietas y cristalinas, o una trucha que es engañada por
una cucharilla en un río crecido y turbio, la rechace en
una poza transparente.

Una caja repleta de vinilos.

Entonces podríamos decir: “Claro, ha descubierto el


engaño y no pica.”

Hasta aquí todos de acuerdo. Pero no es tan sencillo.


También hemos observado a predadores lanzarse sobre
los señuelos más aparatosos, artificiales e inverosímiles
en la naturaleza, en condiciones de aguas quietas, con
una visibilidad total, aunque esto es menos común que
lo anterior.

O a alevines de especies predadoras atacar a señuelos


casi tan grandes como ellos, que, por su tamaño,
nunca constituirían sus presas naturales.
Por último, tampoco es extraño contemplar cómo un
predador, “juega” con el artificial, y le da con el morro
o con las aletas y, en ocasiones, acaba siendo clavado
–lo que se conoce por “robar” el pez-.

Por tanto, esto nos lleva a suponer que los predadores


atacan a los artificiales por varias y distintas razones:
Por entretenimiento, por su necesidad de alimentarse y
quizás también, por defender su territorio de caza
frente a posibles intrusos.

Por supuesto que la opción más frecuente será la que


hace referencia a su alimentación, pero, en todo caso,
no la única.

Diferentes tipos de anguilón fabricados en vinilo.

Se me ocurre citar el ejemplo del salmón, depredador


como todo buen salmónido, que, cuando se halla
remontando el río para desovar, pica por instinto, no
por necesidad de alimentarse (pues en esta fase de su
vida abandona la nutrición), aunque también conviene
señalar que lo hace tanto a cebos naturales como a
artificiales.

Esto nos plantea otra pregunta que nos hacemos


constantemente todos los aficionados al spinning: ¿Qué
señuelos son efectivos?

Todos. Sin duda. Todo lo que se desplaza por el agua


de menor tamaño que el predador, es objeto de su
interés.

Casi todos los pescadores hemos tenido ocasión de


contemplar alguna vez, cómo, cuando recogíamos
nuestro aparejo, era perseguido el plomo por una
lubina o una aguja, o cómo una pluma o una hojita
caída sobre un remanso, que se movía empujada por el
viento cortando la superficie, era objeto del ataque de
una trucha u otro predador.
Entonces, si todos los señuelos son eficaces, ¿por qué
razón no pescamos tan pronto como una de nuestras
cucharillas o peces artificiales, de bonito y conseguido
diseño, atraviesan las aguas?

La respuesta es fácil y difícil al mismo tiempo. Lo fácil,


y sin duda, acertado también, sería decir que eso
concierne a los peces, que picarán o no a nuestro
señuelo por las razones que sean, pero, que, en
cualquier caso, sobre esto no tenemos ningún control.
Esta respuesta sería sensata, pero no nos aclara nada,
y además yo soy de los que están convencidos de que
se pueden buscar las razones –digamos ocultas-, que
poseen los peces para picar o no a un señuelo
determinado en unas condiciones determinadas.
Algunos modelos para la pesca en mar proviene de la pesca en
aguas continentales.

En otras palabras, hablar de apetencias es impropio cuando nos referimos a los peces, puesto que, como
animales que son, se rigen por un código intrincado y complejo marcado por su instinto o, si lo prefieren y para
darle la razón a Richard Dawkins [1], por los imperativos que imponen sus genes.

Así, un pez atacará a un señuelo cuando éste desate en él una reacción natural que le mueva a hacerlo, y, en
consecuencia, la función primordial del señuelo será, por un lado, propiciar el ataque y, por otro, burlar los
mecanismos del pez, que hacen que ataque a determinadas presas y rechace otras. Damos por supuesto el de la
alimentación como estímulo más probable en la mayoría de las ocasiones, aunque esto no quiera decir que
rechacemos otros a priori. En todo caso, cuanto más sepamos sobre sus preferencias alimenticias y en qué
contesto se sitúan éstas, más posibilidades tendremos de darle gato por liebre, adecuando nuestros artificiales
para que reproduzcan con fidelidad todo aquello que estimula al pez y provoca su ataque.
[1] R. Dawkins es profesor de etología y autor del “ Gen egoísta”, un tratado sobre la respuesta genética a
determinados estímulos, que proporciona muchas claves interesantes sobre el comportamiento animal.
La industria de la pesca deportiva, se encarga de ofrecernos todos los modelos imaginables que puedan engañar
al pez. A medida que crece este mercado, se incrementa también la investigación y la sabiduría de las casas
comerciales, y llenan los comercios especializados de todo tipo de fauna artificial, que, en ocasiones, nos tentará
más a nosotros mismos que al propio pez.

Sin embargo, lejos de negar la eficacia de estos señuelos, -que es evidente y, de hecho, me confieso ser el
primer entusiasta y amigo de probar todas las novedades posibles- sí debemos advertir al neófito que no todos
ellos conseguirán pescar en todas las condiciones, o, mejor dicho, que todos ellos pescarán, pero sólo cuando se
den las condiciones propicias, a veces, muy difícilmente pronosticables.

Los señuelos actuales cubren todos los gustos y


tenemos, desde los que funcionan muy bien recogiendo
a muy poca velocidad, hasta otros en los que es
necesario cobrarlos tan rápido como los antiguos
voladores de plomo y pelo de chivo.

Además, podemos elegir entre los que nadan a varios


metros de la superficie o los que saltan a flor de agua;
los que tienen un elevado peso para ser lanzados a
larga distancia, los que imitan a la perfección al cebo
natural o los que se inspiran en monstruos “tecno” del
ciberespacio, los de colores neutros o los de colorido
chillón, sin olvidar los que nadan silenciosamente o los
que poseen artificios que producen sonidos varios etc.

En definitiva: hay mucho donde elegir y pronto nos


encargaremos de describir los tipos principales, aunque
seguro que alguno se nos queda en el tintero –pido
perdón de antemano, pero háganse cargo, uno no
puede dar abasto; seguro que el aficionado que
conozca mínimamente el tema lo comprende-.
El principal problema que originan es, precisamente, la elección del más adecuado para cada circunstancia, lo
cual es casi imposible de explicar en un libro, dado que cada tramo de la costa, cada día del año, cada hora,
determinan unas circunstancias particulares que, a su vez, deben decidir la elección del señuelo en cada ocasión.
Para elegir correctamente, al margen de posteriores
consideraciones, lo primero que se habrá de tener en
cuenta es adónde queremos lanzarlo y si nuestro
material (caña, carrete y sedal) permite dicho
lanzamiento. En otras palabras, debemos saber si el
peso del señuelo es suficiente para poder lanzarlo con
nuestro equipo y después, si nadará correctamente en
las aguas donde lo lancemos.

Muchos pescadores compran un pez artificial porque les


parece bonito, original o que se asemeja a un pez
verdadero. Así, pueden adquirir un bello pez fabricado
en madera de balsa y tratar de lanzarlo con una caña y
un sedal que no es la apropiada para poner lejos un
señuelo tan poco pesado, o en unas aguas donde no se
desenvuelve correctamente para provocar el ataque de
los depredadores que allí se encuentren. Por ello, antes
de adquirir los señuelos, conviene recordar de qué
equipo disponemos y dónde pretendemos pescar, y
consultar los pesos de los peces artificiales que suelen
venir indicados.

Después, calcularemos los mejores colores, los diseños


que nos parezcan más apropiados etc., aunque debo
confesar que el acierto con un señuelo artificial suele
ser, al final, bastante imprevisible en muchas ocasiones
y en el éxito de la elección existe un marcado
protagonismo de la fortuna. Diferentes modelos de popper, un señuelo de superficie.

Lo más sensato es tener una colección abundante de señuelos, e ir intercambiando nuestros artificiales. Esto es
sencillo poniendo un quitavueltas en el extremo de la línea, o bien dando un nudo tipo gaza, que nos permita
cambiar el señuelo sin tener que estar cortando el sedal, y dando nudos y más nudos cada vez que probemos
uno nuevo, aunque esta solución prescindiendo del quitavueltas, hará que coja torsión el sedal.
Como norma general, podemos indicar que en las
playas, entre el oleaje, funcionan muy bien algunos
vinilos largos de tipo anguiliforme y color whisky, sobre
todo para la lubina, que siente una especial predilección
por la anguila.

También son muy eficaces en estas circunstancias las


cucharillas ondulantes metálicas o los señuelos con
hélice que “alborotan” mucho y crean un efecto casi
hipnótico para los peces que depredan entre las
espumas.

Puede ser conveniente a veces traer el señuelo


bastante rápido, casi a nivel superficial, y haciendo que
salte sobre la superficie de vez en cuando como si de
un pececillo asustado se tratase. Sin embargo en otras
ocasiones, lo mejor es cobrar lento, dejando que se
hunda o flote y con pequeñas paradas, como si nuestro
señuelo fuese un pez perdido indeciso, que no sabe
muy bien qué hacer ni adónde ir sin la compañía de su
banco de parientes.

Esto ocurre en la naturaleza, y si observamos a un pez


perdido, de los que acostumbran a moverse en
compactos cardúmenes, nos daremos cuenta de que
Un señuelo de hélices, un cranckbait de aguas medias y un reacciona de un modo semejante. Dado que los
cangrejo que simula la realidad. Diferentes señuelos para
diferentes capas de agua.
predadores prestan mucha atención a estas señales,
puede ser una buena forma de engañarlo.
Con aguas oscuras, a la salida de la ría o después de las tormentas que tiñen la costa con el flujo oscuro del
agua dulce proveniente de los ríos turbios, podemos emplear peces artificiales en colores amarillos, verdosos,
naranjas etc. cobrándolos también a poca velocidad y a cierta profundidad, con parones y arrancadas,
introduciendo cambios de velocidad aleatorios.

En cualquier caso, lo de la velocidad o de qué forma debemos conducir nuestros señuelos en el agua, no está del
todo claro y depende, además, de muchos factores.
Lo mejor podrá ser alternar distintos señuelos, y
cobrarlos a la velocidad que proporcione el movimiento
óptimo para el que lo ha diseñado el fabricante. La
pregunta se origina a renglón seguido. ¿Cómo podemos
saber cuál es esa velocidad óptima?

Sólo podemos ofrecer un consejo que sería una regla


casi general para muchos señuelos artificiales –que no
todos- y es que cuando la puntera de la caña registre
vibraciones regulares y similares, el pez artificial o
nuestro artilugio está nadando a la velocidad convenida
por el fabricante. Si, en cambio, se producen
vibraciones irregulares, o movimientos violentos en la
puntera de la caña, podemos pensar que lo estamos
trayendo a una velocidad que no es la más adecuada
Diferentes tipos de artificiales de vinilo en un color muy efectivo en
–generalmente demasiado rápido- o bien, que se ha
condiciones de baja visibilidad: hot orange o naranja "fuerte"
enredado.
En líneas generales, la velocidad ideal suele rondar entre los 2 y los 5 nudos, aunque, claro está, dependiendo
del señuelo, del tipo de aparejo, de las condiciones de la mar o del tiempo etc.

Demasiados factores para esbozar una teoría que sustituya a las necesarias horas de práctica.

De noche, también podremos hacer que nuestros señuelos trabajen a poca velocidad y para esto, son ideales
una vez más los peces artificiales, algunos de los cuales nadan muy bien aunque los cobremos lentamente.
Una modalidad apasionante consiste en introducirse en
el agua de las playas, entre el oleaje, con unos
pantalones de vadear, y lanzar en todas direcciones
buscando la lubina que caza a veces en la misma orilla.
Esto puede ser eficaz en casi todas las playas y
prácticamente durante todos los meses del año. Lo
único que debemos cuidar es que la playa no sea
utilizada por bañistas, ni saqueada por redes y otras
artes profesionales que, por desgracia, asolan buena
parte de los lugares del litoral a pocos metros de la
orilla.

Cada vez que compremos un señuelo artificial, lo más


aconsejable es ver cómo “nada”. Esto se consigue
lanzando en un lugar de agua transparente y con cierta
altura, para comprobar sus evoluciones, trayéndolo
más rápido, más despacio, dejando que se hunda o que
flote, es decir, probándolo.
Esto, que parece una obviedad, suele ser olvidado por la mayoría de los pescadores, y, aparte de la elección del
color, el tamaño etc., lo que es imprescindible es saber cómo trabaja, cómo se maneja en el agua.

De hecho, antes indicábamos que en la elección del tipo de señuelo más adecuado, la suerte es un factor casi
siempre decisivo e, incluso el más experimentado pescador se lleva sorpresas, al comprobar que un señuelo con
una pinta magnífica no pesca, o aquél que ha pescado tantos días seguidos en el mismo puesto no pesca hoy
–sin razón aparente-, pero que ese otro tan “feo” y que nunca dio resultado, se lleva esta vez los peces de calle.

Sin embargo, en lo que no existen dudas es en que cada señuelo nada de una forma determinada, y algunos
deberán ser traídos a mucha velocidad, otros muy despacio, otros de forma regular y otros con violentos tirones.
Esto sí que lo podemos comprobar antes de comenzar a pescar, y por eso recomendamos encarecidamente que,
cada pez artificial, cada señuelo que adquiramos, sea debidamente probado, y nos familiaricemos con su manejo
y sus características antes de emplearlo.
TRUCOS Y CONSEJOS

PRIMER CONSEJO:

Puesta en libertad de cualquier ejemplar que nuestra conciencia indique como INMADURO.
No solo hay que hacer caso de las tallas mínimas, debemos pensar que éstas están
hechas para pesca comercial y nos resultan hasta demasiado benevolentes. Nuestro
propio criterio es el acertado si somos responsables y sabemos lo que queremos para el
futuro. Poner en libertad al PEZqueñin.. nuestros hijos lo agradecerán.

ANJOVA:

Se recomienda, ya sea pescando desde la costa o en embarcación fondeada, presentar


el cebo (sardina entera, cola de caballa, etc.) en una bajo de línea reforzado.

La caña ha de ser potente y el sedal de una resistencia notoria, ya que este pez presentará
una buena lucha y deberá resistir bastante durante el combate.

Al curricán, los peces artificiales de 14 a 20 cm. simulando caballas, haciéndolos trabajar


a 3-4 brazas durante el pleno día y a sólo una o en superficie en atardeceres y
amanecidas.
En la pesca de chambel se debe seguir el presente consejo: Jamás atarse, o liarse, en
manos o pies el sedal. En profundidades grandes existen especies de tremendo tamaño
que si bien es difícil su picada en la carnada, no es difícil y ocurre muy a menudo que
ataque a las piezas enganchadas en la chambelada. Un túnido, escualo u otra especie que
se tragara el chambel en estas circunstancias nos daría tal tirón que nos quedaríamos sin
dedos o nos iríamos al fondo marino.

Un truco para que jamás se nos enrede el sedal en la cubierta del barco consiste en no
pisarlo. Si el pelo es fino, con una simple pisada se nos enredará.

Otro truco para evitar lazadas y enredos es pasar el hilo de la bobina a una plegadera
grande, contra más grande mejor, con el fin de que el pelo se amolde a ella y pierda la
forma de vueltas que trae al sacarlo de la bobina. Jamás usar directamente para chambel
un hilo recién sacado de la bobina, será imposible evitar que se enmarañe completamente.

Forma de deshidratar sardinas para su utilización posterior.

Se separan los filetes de ambos lados de la cabeza y las espina central. Se le quitan las
aletas. En una tabla se pone una fina capa de sal, se coloca una capa de filetes con la cara
de la piel boca abajo y se añade una capa de sal encima de los filetes. Se coloca la tabla
en lugar ventilado (sin que le de el sol directamente). Una vez secas las sardinas (24
horas) pasarlas a un recipiente y congelarlas. Podremos hacer uso de ellas al cabo de
varios meses y una vez se introduzcan en el agua se hidratan y tendremos una estupenda
carnada.

Forma de dar consistencia a una masilla si nos ha salido algo blanda y no queremos
añadir más ingredientes para secarla un poco.

Si una masilla nos resulta poco consistente, simplemente con frotarla (amasándola) contra
una tabla seca tomará consistencia ya que la tabla chupará parte de liquido. Otra forma es
utilizar papel de estransa, pero en lugar de frotar extenderemos la masilla sobre él
sucesivamente para que el papel vaya chupando el sobrante.

Forma de ver mejor el puntero de una caña para no forzar la vista y ver mejor la
picada de especies sutiles y desconfiadas que apenas dan “el tirón” cuando pican.

A veces nos encontramos que especies sumamente desconfiadas no dan el “tirón” en la


picada y solo podremos notar su picada observando el puntero de la caña o la tensión de
la línea. Esto nos hace tener que estar fijando la mirada continuamente en el puntero y en
la línea, lo que hace que nuestra vista sufra o incluso no veamos la picada.

Cuando se afloja o tensa una línea hay que tener buena vista para observarlo, para
mejorar la visión de la línea se puede poner un trocito de lana de color vivo en ella
mediante un falso nudo. El cambio en altura de esta señal nos indicará si se afloja o se
tensa la línea.

Con respecto al puntero de la caña lo habitual es colocar cinta aislante de color rojo o
blanco (colores más visibles que otros) alrededor del puntero (10 cm). Si la caña es de un
color neutro (negro o similar), esto nos permitirá observar mejor el movimiento en la
picada.

No cabe decir que si se efectua un gran tirón, no serán necesarios todas estas triquiñuelas
ya que la carraca nos lo indicará y la gran curvatura de la caña también.

Conservación de utensilios y aparejos.

Guardarlos siempre en sitios secos alejados de la humedad y del sol directo. El sol en
particular daña con sus rayos ultravioletas los hilos.

Si observamos que los anzuelos no están suficientemente afilados, para lo cual


pasaremos el anzuelo por una de nuestras uñas y si vemos que resbala es que no están lo
suficientemente afilados, tomaremos una piedra de afilar de grano muy fino y los
afilaremos con ella.

Si observamos que nuestros anzuelos están tomando algo de oxido, no demasiado ya que
lo mejor será tirarlos entonces, introduciremos los anzuelos oxidados en vinagre fuerte y
los dejaremos de 12 a 24 horas. Luego comprobaremos si están afilados, los
enjuagaremos y secaremos para guardarlos en lugar seco.

Las empuñaduras de nuestras cañas son las que normalmente se ensucian y deterioran
más. Si nuestras cañas tienen empuñadura de corcho y está en muy mal estado, para
limpiarlas hagalo mediante una lija de agua muy fina. Si el corcho no está en muy mal
estado limpiarlas mediante agua jabonosa y un cepillo sin frotar demasiado fuerte. Si la
empuñadura es sintética hágalo mediante agua, jabón y un cepillo.

Si por descuido hemos dejado que nuestras cañas y carretes se vayan ensuciando con el
paso del tiempo, habiéndose efectuado depósitos de salitre, minerales y porquerías en
anillas de acero, empuñaduras de aluminio o metal, etc. podremos limpiarlas
perfectamente con cualquier antical de los que se usan en cocinas y baños. Una vez hecha
la limpieza lavar muy abundantemente para eliminar el producto corrosivo.

Utensilios de fácil fabricación si nos quedamos sin los originales.

Si alguna vez nos quedamos sin plomos, algo que hemos utilizado la inmensa mayoría de
pescadores han sido las bujías. Es bueno tener una buena provisión de bujías que nos las
darán en cualquier taller y llevarlas en el coche por si acaso. Si en una mala jornada de
pesca perdemos nuestros plomos, nos olvidamos de ellos, o cualquier otra circunstancia,
siempre podremos echar mano de las bujías que llevamos en el coche, y por otro lado si la
zona de pesca es propensa a la pérdida, mejor perder bujías que nuestros costosos
plomos.

A veces nos hemos dejado nuestros pinchos en la arena, sobre todo por las noches,
olvidándonos de ellos hasta que a la mañana siguiente vamos a salir a pescar y nos
damos cuenta de ello. Una forma de preparar un cañero rápido es disponer de tubería de
PVC. Cortaremos un trozo a la longitud normal de nuestros pinchos y le daremos por uno
de sus extremos un corte recto y por el otro un corte rasgado en ángulo para que clave
mejor. Si disponemos de una lija o lima, limaremos el corte para que no queden rebabas
que puedan dañar las cañas.

A veces, hemos llegado a la playa de arena y cuando nos hemos dispuesto a pescar
hemos comprobado que nuestros pinchos se han quedado en casa. Dios ya no pesco
hoy!. No hay que preocuparse. Haremos un apaño lo mejor que podamos mediante una
botella grande de plastico ( fanta, agua, cocacola, etc…)….. Haremos un boquete en la
arena con una profundidad como la de la botella, cortaremos la boca de la botella a la
altura de un diámetro similar al ancho de nuestra caña. Introduciremos la botella y
rellenaremos el espacio que quede entre el boquete y la botella con piedras planas y
arena. Lo prensaremos lo más posible para que tome mucha consistencia el invento. Esto
será una chapuza pero al menos podremos pescar ese día. El pie de la caña lo podremos
envolver con un trapo para que no sufra con el roce de la botella.

DENTÓN:

Al ser animales solitarios y tremendamente territoriales, caso de localizar un lugar en el


que se obtenga un buen ejemplar, si se pretende conseguir un nuevo ejemplar de la misma
especie, tómese referencias del sitio y vuelva a intentarlo transcurrido el tiempo. De
momento en el mismo en el mismo sitio y en el mismo tiempo es bastante probable que tan
solo existiera el ejemplar capturado.

La hora idónea para la pesca del dentón es a la caída de la tarde o al alba,


preferentemente en el atardecer. Durante el día tan solo se le debe buscar si existe buen
oleaje después de días de calma. Los días nublados con marejada son buenos para
intentarlo durante el día.

Existe un cebo (carnaza) adecuado por experiencia propia, el cual me ha reportado


grandes ejemplares. El cebo es la sepia (jibia) de tamaño pequeño (15 cm - choco). La
sepia (jibia) viva se ensarta (mediante aguja) en un hilo del 40 atravesando tan solo el
"pellejo" superior por encima de la barquilla (el animal no sufre daño). El anzuelo queda
establecido justo tras la cabeza y al inicio de la barquilla. Si no es posible la sepia viva no
importa, siempre que exista un poco de correntín, de la forma que está engarzada se
moverá de una forma idónea para la captura del dentón.

LANZADO EN EL MAR: SEÑUELOS

Existen pescadores que junto a los señuelos adaptan un trocito de cebo o carnada para
ayudar en las capturas. El cebo "engua" con olor el entorno del señuelo ayudando a
engañar al pez.

LUBINA (ROBALO):

Los artes y métodos de pesca para la lubina son muy variados. Se la puede pescar desde
la orilla (surfcasting), en puertos y radas y desde embarcación.

Desde embarcación admite la pesca tanto en fondeo como curricán. Se ha demostrado


que la lubina admite métodos de pesca como los peces de agua dulce, lanzado y mosca.

Para el curricán admite tanto los señuelos artificiales de peces, como cucharillas
ondulantes o plumas.

Particularmente me ha dado muy buen resultado la pluma blanca, la cual la confecciono yo


mismo con plumón de gallina e hilo rojo.

En cierta ocasión logré un ejemplar de más de 5 kilogramos en cuyo estómago tenía 7


calamares de unos 15 cm cada uno, por lo que o se había comido los desperdicios
arrojados al mar por algún pescador o ese ejemplar era goloso por los calamares. No
descarto la utilización de cefalópodo para la pesca de la lubina.

El curricán con pluma se debe realizar lo más cerca posible de costa y a muy poca
profundidad (cuidado con las rocas, ya me he llevado más de un susto).

En los puertos, aunque yo no lo he practicado, he visto conseguir bastantes y buenos


ejemplares mediante el lazado de una sardinita pequeña, a la cual se le quita la cabeza y
se pasa (mediante aguja) y se hace una falsa lazada en la cola (para sujeción en el
lanzado).

Desde playa los días buenos son con rompientes en orilla, y un señuelo inmejorable son
las pequeñas anguilas, éstas se ensartan por encima del lomo en la aleta dorsal para que
no sufra daño. Señuelos de peces y cucharillas dan también buen resultado. El lanzado se
realizará justo por detrás de la rompiente (no importa la profundidad, las he llegado a ver
fuera del agua).

NUDOS Y LAZADAS:

Es muy importante y aconsejable cada vez que se pretenda hacer un nudo, ya sea
empatillados de anzuelos, nudos de unión de sedales, trincamientos de quitavueltas
(giratorios) o cualquier nudo de unión de sedales con accesorios, el mojar (humedecer) el
hilo. De esta forma resbala y ajusta perfectamente.

ROLO:

Muy a menudo ocurre que las condiciones del mar no son las más adecuadas para la
pesca al rolo. Un fuerte viento o una excesiva corriente nos hace desplazarnos a mayor
velocidad que la adecuada. La velocidad adecuada no debe pasar de 3 nudos y en
circunstancias adversas existe un buen truco para hacer que nos desplacemos a menor
velocidad. El mencionado truco consiste en largar un cabo con la cadena del ancla. Esto
nos dará un buen lastre a la embarcación y ralentizará la velocidad.

ALGUNOS CONSEJOS PARA PESCADORES NOVELES.

La pesca es un arte que difícilmente se rige por unos parámetros fijos . Los parámetros que
rigen los factores que influyen en la picada de un pez son tremendamente complejos y
cambiantes según regiones, climas, factores medioambientales del momento y un sin fin de
actividades que influyen en este delicado arte.

Para cada lugar, tiempo, especie, y momento determinado, el pescador debe hacer uso de
sus conocimientos y versatilidad, y mediante todos estos valores lograr adaptar una
metodología adecuada que le permita conseguir los logros propuestos.

Expuestos la tremenda variedad de factores intervinientes en comprender la dificultad de la


pesca, es indispensable aclarar que para un pescador novel, el conocimiento, la intuición y
experiencia se conseguirán con la práctica y aprendizaje de los métodos de pesca, de los
factores que influyen en la misma y de su capacidad de conocimiento sobre las distintas
especies.

Uno de los factores primordiales que afectan a la pesca son las condiciones
medioambientales. Las buenas condiciones favorecerán una buena jornada, mientras que
condiciones adversas la perjudicarán a no ser que la versatilidad del pescador adapte sus
métodos a estas malas condiciones paliando la dificultad que se le ha presentado.

Dentro de las condiciones medioambientales debemos destacar las siguientes:


Temperatura del mar, es uno de los factores a tener en cuenta por todo buen pescador. La
temperatura del agua rige o afecta las apetencias alimenticias de los peces. La mejor
temperatura para las picadas son con agua templada, ya que la muy caliente aletarga a los
peces y la muy fría les hace requerir menos alimentación. Claro está indicar que con
excepciones de especies la mejor época para la pesca será la de los meses templados.
Comprobar tabla de mejores épocas de pesca por especies en la sección de LEGISLACIÓN Y
VARIOS - apartado COMPLEMENTOS.

Hay un dicho que dice a día lluvioso el pez es menos perezoso. No es cierto salvo que
influyan otros factores. Sí se ha comprobado que los días de lluvia leve el pescado se
activa. Incluso existen métodos de pesca, como para el atún, en el que se utilizan difusores
de agua para levantar cortinas de espumas que representen bancos de sardinas o pescado
pequeño. También es cierto que los días de lluvia los ríos desprenden al mar cúmulos de
alimentos a los que los peces se acercan. Lo cierto es que no parece ser un gran factor,
que de por sí solo, afecte muy favorablemente a una buena jornada.

El oleaje, por marea o viento, suele ser un factor importante para la pesca. Las olas,
mareas y viento, son responsables del movimiento tanto de superficie como de fondo. No
hay nada peor para la pesca que los puntos de marea muerta en los que cualquier
pescador habrá observado la total falta de actividad de los peces. Un pequeño oleaje,
marea o viento que favorezca el movimiento marino, favorecerán notoriamente la pesca.

Tanto desde costa como embarcado, las correctas condiciones de marea favorecerán en
extremo una buena jornada de pesca. El pescador de lanzado, surfcasting o métodos de
lanzado desde costa, se verá favorecido y las mareas, rompientes y oleaje le favorece los
acumulamientos de desechos donde poder poner en práctica su técnica. Las rompientes
donde depredadores como lubinas actúan, se verán favorecidas para la pesca con días
adecuados de oleaje. Podemos asegurar que este punto es uno de los que afectan
principalmente para favorecer al pescador.

Con respecto a la presión atmosférica, barométrica, es otro factor que influye notablemente
en el comportamiento de los peces. Durante la disminución de presión o estabilización de la
misma, el pez hace mayor actividad, pasando a fases de muy poca actividad en los
cambios bruscos de alza de presión. Todo pescador habrá comprobado que en los días
anteriores a tempestades los peces detectan la bajada de presión previa a la tormenta y se
incrementa su actividad, sin embargo el/los días siguientes a la tempestad las capturas son
pocas y difíciles.

En resumidas cuentas debemos indicar que no existen factores fijos que determinen que
vayamos a lograr una excelente pesquera. Sí existen unos parámetros que, si bien no
siempre son acertados al cien por cien, mejorarán las capturas y harán que los días
difíciles no nos vengamos de vacío.
Cebos Naturales, Tradición y eficiencia.
E l cebo natural es una opción cada vez menos utilizada en nuestro país. La fulminante aparición de
la pesca a mosca, que ha capturado a la gran mayoría de los aficionados, y la emoción de la pesca
con cucharilla; han dejado de lado esta técnica que supone el inicio mismo de la pesca y que no
necesita demostrar su conocida eficacia.

En nuestros días, la pesca con cebo natural está prohibida en muchas zonas de nuestro país. El
motivo principal es que se ha demostrado que utilizando este tipo de cebo, se provoca generalmente
la muerte de un porcentaje demasiado alto de ejemplares. Esto hace que no se permita su uso en
tramos de pesca sin muerte o en aquellos en los que se estén realizando repoblaciones.

Siendo consecuentes con esta afirmación, muchos opinan que este tipo de cebo no debería permitirse
en ningún lugar en el que legalmente haya que devolver al agua los ejemplares que no alcancen una
determinada medida.

Pero la pesca con cebo natural resulta una modalidad altamente deportiva, que pone a prueba la
habilidad del pescador y que ha demostrado en numerosas ocasiones sus buenos resultados. Desde
luego todo un lujo para practicar en las zonas y con las especies que nos estén permitidas; siempre
con el respeto del medio ambiente como principal objetivo.

Para obtener buenos resultados en la pesca con cebo natural, el pescador deberá mostrarse ante todo
observador. Debe ser capaz de analizar el terreno en el que va a desarrollar la acción de pesca, ver de
qué se están alimentando los peces, estudiar su comportamiento, la climatología reinante...
Solamente así conseguirá obtener resultados óptimos.

TIPOS DE CEBOS Pez pasto

Existen dos modalidades diferentes de cebos naturales: simples o compuestos.

CEBOS SIMPLES

Entendemos por cebo simple aquel que se compone de un único elemento.

Dentro de los cebos simples, podemos encontrar los de tipo animal y los vegetales. El primer grupo,
el de cebos animales, se compone de pequeños peces, que podrán estar vivos o muertos.

Los cebos de tipo animal funcionan sobre todo en el mar y fundamentalmente con las especies
depredadoras. Para los depredadores, especialmente los salmónidos, nada mejor que el uso de cebos
naturales, de tipo animal, que estén vivos. De hecho cuando usamos un cebo de tipo artificial,
debemos darnos cuenta de que estamos imitando de alguna manera a este cebo natural (la cucharilla,
la mosca ahogada... su función es la de imitar cebos vivos).

Algunas de las especies que normalmente se pescan por medio del cebo vivo son las siguientes:

· Anguila: que entra muy bien a este tipo de cebo en cualquier estación del año. Suele
mordisquear el pez antes de tragarlo, deberemos dejar que lo haga antes de asustarla y que
salga huyendo.

· Barbo: suele pescarse con cebo vivo a principios de año.

· Lucio: que entra al pez vivo cuando el tiempo refresca (a partir de mediados de otoño).

· Perca: principalmente en los días que están nublados. Suele atacar al vivo en cualquier
época del año y lo hace directamente, por lo que conviene que el pescador esté atento y sea
rápido a la hora de levantar.

Por otro lado, el cebo vegetal suele usarse en agua dulce y principalmente en las zonas que disponen
de poca o nula corriente. Da buen resultado en la pesca de los ciprínidos (la carpa es un buen
ejemplo), con los que el uso de cebos como el maíz o la patata han demostrado buenos resultados en
numerosas ocasiones.

Cualquier pescador de río que se haya dedicado a este tipo de pesca, sabe que el mejor día para
practicarla es tras una fuerte tormenta. Las tormentas arrastran gran cantidad de tierra y con ella un
número indeterminado de invertebrados, que desde ese momento se convierten en el plato del día de
las especies de la zona. Si nos encontramos en un día de estos, no dudaremos ni un momento en
utilizar lombrices o larvas, la zona estará con toda seguridad poblada de ellas, por lo que las nuestras
pasarán desapercibidas, que es en definitiva lo que se pretende.

Como bien afirma la sabiduría popular: “Río revuelto, ganancia de pescadores”.

Coreana

Si hemos decidido usar el cebo natural en el mar, aprovecharemos las horas en las que la marea esté
subiendo, y nos dirigiremos a aquellas zonas que quedan al descubierto cuando el mar se encuentra
en su punto más bajo. En estos lugares los peces estarán acostumbrados a encontrar alimento como
quisquillas, cangrejos, gusanos de mar... Nuestro cebo natural no será un intruso en este ambiente.

Si no estamos dispuestos a buscar entre la tierra nuestros cebos, siempre nos quedará la opción de
comprar en el mercado mejillones, navajas, chirlas... Que procuraremos estén vivas

CEBOS COMPUESTOS

Por cebos compuestos entendemos aquellos que requieren una elaboración, en la cual van a
intervenir diferentes elementos.

Suelen utilizarse más en agua dulce que en el mar, principalmente para la pesca de ciprínidos.

Muchos de estos cebos basan su éxito en el olor que expiden, que logra atraer diferentes especies.

En la mar, suelen utilizarse para la captura de mugílidos, principalmente con aparejos provistos de
flotador. También existen casos en los que se utiliza este tipo de cebo para cebar las aguas y atraer
peces que después se pescan con cualquier otro arte.

Harinas de Maíz, pescado ...

Las modalidades de cebos compuestos son muy grandes, casi cada pescador tiene su propia
preparación, que le resultará más o menos válida en su zona de pesca. Generalmente se realizan a
partir de pastas o engrudos, en los que se mezclan distintos materiales tales como la harina (que
puede ser de pescado, de trigo, de maíz) con aceites (tanto vegetales como animales) y en ocasiones
diversas especias y colorantes. Además se pueden incluir quesos, masillas animales... con el objetivo
de dar olor.

Harina de Camarón

Los fabricantes, viendo que el tema del cebado puede convertirse en un buen negocio, han
investigado y sacado al mercado cebos compuestos y masillas ya preparados. Nadie garantiza al cien
por cien los resultados, pero utilizados con las especies correctas y de la manera adecuada, se
convierten en una opción perfectamente válida.

LA PESCA DE LA TRUCHA CON CEBO NATURAL


En lo que a la pesca de la trucha con cebo natural se refiere, podemos hablar de tres cebos tipos de

cebos que nos reportarán éxito: las lombrices, las larvas y los insectos.

En cuanto a las lombrices, existen dos tipos diferentes y perfectamente válidos: las denominadas
lombrices de tierra y las lombrices de basural.

Lombriz de tierra

Suele decirse que las lombrices de tierra son las más efectivas a la hora de la pesca, pero también
son más difíciles de conseguir, necesitando localizar un terreno con agua suficiente.

Las lombrices de basural, por su parte, podremos obtenerlas de cualquier montón de estiércol. En
estas zonas suelen aparecer gran cantidad de ellas.

En cuanto a las larvas, las encontraremos debajo de las piedras del río y en las zonas del río en las
que exista una fuerte corriente.

Para practicar la pesca de la trucha con estos cebos (lombrices y larvas), nos decantaremos por
cañas de fibra hueca, que no sean del todo rígidas y con una buena acción. Las mejores cañas suelen
ser las de 3 ó 4 tramos y las telescópicas. La longitud dependerá directamente de las características
del río donde vayamos a realizar la acción de pesca, si bien suele estar entre los 4 y los 5 metros.

En cuanto al carrete, el más aconsejable es el de lance ligero y de unos 250m de capacidad de bobina,
de manera que nos permita realizar lances lo más largos y precisos posible.

Larvas Coco

Con el fin de que nuestro nailon pase lo más desapercibido posible, buscaremos uno que en color
imite al agua del río. El nailon más aconsejable, varía desde el 0,18 hasta el 0,22 y claro está que debe
soportar de 3 a 4,5 o más kg.

El anzuelo debe de ser grande (del 8 al 1), siempre en función de las normas específicas que rijan
tramo del río.

Cuando llegue el verano, será la hora de probar con los insectos; saltamontes, grillos... serán los
cebos más adecuados durante la temporada estival.

Se trata de una modalidad de pesca de enorme similitud a la pesca con mosca seca; si bien en la
pesca con cebo natural podremos optar por pescar a fondo o bien “bailar” los insectos al ras del
agua, como si acabaran de caer al río. Para quienes han practicado esta última modalidad afirman que
es la que mayores satisfacciones reporta, tanto en resultados como en diversión.

Para su práctica nos decantaremos por cañas telescópicas, sin anillas; en cuya puntera ataremos un
trozo de nailon de 1 ó 1,5 metros, sonde irá colocado en anzuelo, sin plomada.
LOS MEJORES CEBOS PARA CIPRINIDOS

Sobre lo que voy a hablaros a continuación, seguro que muchos de vosotros ya lo sabéis
todo, o casi todo. A mi me ha costado muchos días de pesca descubrirlo y quisiera que
los que empiezan a pescar puedan saberlo desde el principio, pues sea en la época que
sea, siempre abra alguien "que empieza". Espero que podais conocer algunos de los
cebos mas utilizados en la pesca de ciprínidos.
• LAS LOMBRICES
Durante los meses de verano las lombrices son un buen cebo para conseguir
grandes ejemplares. En los ríos crecidos de nivel o desvordados, se logra con
ellas lo que con otro tipo de cebos no se conseguiría nunca. Existen tres tipos
fundamentales de lombriz:
o Lombriz de tierra.- Son de color marrón-rojizo suave, y tienen la cola
mas plana y ligeramente mas ancha que el resto del cuerpo. su tamaño
medio oscila entre los 13 y 15 Cm. Pueden recolectarse por la noche en
un campo húmedo y en las orillas de los ríos, acequias y donde exista
mucha humedad. Son muy sensibles a la luz intensa y a las vibraciones.
Por lo que otro método consiste en introducir una varilla de hierro, rígida
y larga, en la tierra, y darle unos golpes secos. En pocos momentos las
lombrices comenzaran a salir, (siempre en zonas húmedas y con algo de
vegetación y raíces). Otro método es poner sacos o trapos mojados sobre
la zona donde se suelen encontrar, y esperar hasta la jornada siguiente,
las encontraremos entre las fibras del saco o bajo los trapos.
o Lombriz de estiércol.- Comunmente también se la suele llamar "lombriz
anillada". Tiene la piel roja, mas suave que la de la lombriz de tierra, con
unos anillos amarillentos alternos, su tamaño medio es de 10-13 Cm. y
pueden conseguirse con facilidad entre los abonos de la huerta. Tiene
mas movilidad que la anterior, aunque es delicada a la hora de
manipularla.
o Lombriz roja.- Son de color intenso, parecidas a las de estiércol, pero
sin anillos. Su tamaño medio es de 5-8 Cm. y pueden conseguirse en las
zonas de estiércol, dedicadas a la cria de ganados porcinos.
o Conservación.- En cajas ventiladas, en sitios frescos y manténiendolas
húmedas pero no mojadas, y con la tierra o estiércol de la zona donde se
las haya encontrado, o entre musgo.
• LA MASILLA
Es la mas versátil de los cebos, ya que podemos adecuarla en función del tipo de
pez que queramos pesca y las condiciones del agua. Podemos hacerla firme para
aguas rápidas y blanda y tentadoramente pequeña, para aguas lentas. También es
fácil de añadirle colorantes y condimentos que acentúe su atractivo y aroma
o Preparación;
2. Cojemos un pan que tenga entre dos y siete días y le quitamos la corteza.
3. Remojamos el pan hasta que este esponjoso
4. escurrimos el pan hasta quitar el máximo de agua
5. Lo amasamos en en una superficie plana, hasta que no se nos pegue a los
dedos, (se le puede añadir un poquito de harina)
6. Por ultimo, procedemos a darle color y sabor si así lo deseamos.
• PAN
Es el cebo mas fácil, limpio y barato de preparar. Es efectivo en cualquier época
del año y en cualquier modalidad de pesca. Utilizando la corteza conseguimos
un cebo de superficie muy eficaz, y si utilizamos la miga, al ser ligera y
esponjosa, se hunde lentamente y queda por encima de la vegetación del cieno,
en lugar de hundirse y permanecer oculto. Procurar usar pan tierno y fresco y
guardarlo a la sombra, en una bolsa de plástico para conservarle la humedad.
Los peces encuentran muy atractivo el sabor natural y puro del pan.
• MAIZ
Es un cebo muy selectivo para cuando persigues piezas grandes, ya que los
peces pequeños encuentran difícil el atraparlo. El mejor es el enlatado, que viene
con un jugo azucarado que lo hace mas dulce y jugoso, aunque también funciona
el congelado. Al ser de color amarillo vivo no solo atrae a los peces, sino que
ayuda a ver la picada en aguas claras
• PATATA
Las patatas nuevas peladas, después de hervirlas, se convierten en un excelente
alimento para las carpas hambrientas Se conoce desde hace tiempo como un
buen cebo. Sobre su preparación , se lava el exceso de suciedad de la piel y sin
pelar se ponen a hervir hasta que estén blandas , pero no demasiado, para que
una vez la queramos poner en el anzuelo, no se rompa a trocitos. La cocción
suele durar de 10 a 15 minutos. Como variantes para aromas y color, podemos
añadir en el agua una pizca de azafrán, para que queden amarillas, unas gotitas
de anís, vainilla y un largo etc.
• CEBOS DE CARNE
Este cebo es una excelente alternativa a las larvas y los gusanos. Son igualmete
fiables los filetes usados en trozos pequeños y los embutidos como el franfurt,
cortados a dados. La carne picada o de salchicha mezclados con cebo picado e
incluso la carne enlatada, son muy buenos para hacerlos servir en las
desembocaduras de los mataderos y en las cercanias de las granjas.
• LEGUMBRES
Las legumbres constituien un cebo excelente para la carpa, eso si, usado
correctamente. Nunca debemos usarlas como cebo cuando estan secas, sin haber
estado en remojo y debidamente cocidas, ya que las legumbres absorven el agua
y se hinchan en el estomago del pez y podriamos causarle graves molestias e
incluso la muerte.
o Preparacion.- Dejarlas en remojo al menos tres o cuatro horas, despues
las podemos hervir durante 3-5 minutos y posteriormente, en esa misma
agua, se dejan reposar otros tantos minutos. Podemos probar con alubias,
judias blancas y pintas, garbanzos, habas, guisantes, lentejas...etc. Dan
muy buen resultado con el aparejo "Hair"
• CEREALES
Un cebo muy popular en los años sesenta y que parece que esta viviendo un
lento resurgir. Tenemos que tener tambien cuidado a la hora de utilizarlo, para
no lastimar al pez.
o Preparacion.- Despues de lavado se deja en remojo toda la noche. Se
pone en un cazo y se cubre con agua caliente, posteriormente se ponen a
calentar hasta la ebullicion y luego, a fuego lento durante unos 30
minutos, o el tiempo necesario para que los granos se abran y dejen a la
vista el blanco interior. Los mejores son el trigo y la cebada y a ser
posible, elegir los granos mas grandes.
• FRUTOS SECOS
Este es otro de los cebos peligrosos para la salud de los peces, si no se utilizan
correctamente, pero si hacemos buen uso de ellos, os garantizoqeu da un
resultado excelente.
o Preparacion.- Se dejan en remojo durante 24 horas, despues se ponen a
hervir y se baja el fuego manteniendo la ebullicion durante 20 minutos ,
en caso del cacahuete y de las avellanas, y 30 minutos en caso de las
nueces del brasil, chuflas y almendras, que dicho sea de paso, estos cinco
son de los que mejor resultado ofrecen. Debo advertiros que solo se usan
los crudos y sin salar y que tambien se montan con el aparejo "Hair".
• QUESO
Este es un cebo que funciona muy bien durante todo el año, pero da mejores
resultados cuando los rios estan crecidos y el agua baja tomada, ya que los peces
se dejan guiar por el olfato mas que por la vista. Los mejores quesos son los mas
olorosos como el Roquefort o el de Cabrales, aunque tambien dan buen
resultado los quesos blandos y cremosos utilizados en forma de masilla.
• FRUTA
Este cebo tuve la fortuna de conocerlo y probarlo, un dia en que me desplace al
rio Ebro y me deje olvidado todos los cebos en casa. Estuve observando el agua
y vi a varias carpas jugueteando alrededor de una naranja que flotaba en el agua,
entonces pense , ¡igual funciona!, entonces me dispuse a coger una naranja de
las que habia por alli cerca y probarla. La sorpresafue mia al notar el resultado
de la pescata que hice en esa jornada y desde entonces cuando voy a algun rio,
siempre me fijo en los arboles frutales que lo rodean y suelo probar con los
frutos que arrojan. Los que ofrecen mejores resultados son; la pera, manzana,
uvas, moras y cerezas. Probarlo merece la pena y quizas os asombreis de los
resultados.
• GALLETAS PARA PERRO
Este cebo, aunque muy poco conocido y utilizado, da muy buen resultadosobre
todo en los dias calidos de verano, ya que es cuando las carpas patrullan sobre la
superficie. Se suele utilizar como cebo flotante. Probablemente tengais
problemas para ensartarlas en el anzuelo y quizas se os rompan, pero el truco
esta en remojar las galletas en agua caliente para ablandarlas. Aunque debeis
escurrirlas bien, ya que las galletas remojadas flotan menos y podriais necesitar
mas de una para mantener el anzuelo a flote.
• LARVAS
Existen varios tipos de larvas que podemos conseguir en nuestro pais, y que dan
muy buenos resultados, tales como:
o Gusano blanco o asticot.- Este es el nombre por el cual se conoce a la
larva de la mosca azul. Su color es blanco y suele medir unos 13 mm.
Generalmente los venden en polvo de maiz o serrin. El asticot es la larva
con mas auge de nuestro pais y la mas facil de encontrar en las tiendas
especializadas.
o Gusano rosado.- Son las larvas de la mosca verde, su color es rosado y
muy parecido al asticot, aunque mas pequeño. Suelen venderlos tambien
en polvo de maiz y son mas vivaces que los anteriores.
o Achaparrados.- Son las larvas de la mosca domestica, tambien
parecidos al asticot, pero son aun mas pequeños. Se venden en arena
roja, ligeramente humedecida. Son los mas activos.
o Gusano de lodo.- Es la larva de una mosca enana de dos alas, llamada
zumbador. Los podemos encontrar en aguas quietas y estancas, por lo
general contaminadas. Suelen tener uno 18 mm. de longitud, su color es
rojo y por lo general son poco activas.
o Joker.- Es la larva del mosquito. Lo podemos encontrar en aguas
corrientes residuales, ligeramente contaminadas. Suelen tener unos 8
mm. de longitud, son rojos y se mueven por el agua sin cesar.
o Existen otros tipos de larvas como las de las abejas o avispas, aunque
menos utilizadas.
o Conservación.- El mejor lugar para conservarlos es en la nevera, o en su
defecto, en un lugar fresco, oscuro y ventilado, de esta manera podremos
conservarlos una semana en verano y dos o tres en invierno. (tapar bien
los recipientes pues son buenos escaladores)
o Como conseguir larvas de mosca, en casa
9. Ponga unos trozos de carne fresca en un cubo limpio, forrado con papel
de periodico.
10. Cubra el cubo dejando un agujero para que entren las moscas, pongalo en
un lugar oscuro, y al cabo de un par de dias, en la carne se podran ver los
huevecillos.
11. Envuelva la carne en papel de periodico y cubra el cubo con cuidado para
que no desprenda olores.
12. A los pocos dias los huevos eclosionaran y las larvas comenzaran a
devorar la carne, en unos 6-8 dias. Cuando las larvas dejen de comer, ya
tienen el tamaño adecuado.
• BOILLIES
Hasta hace poco tiempo eran muy poco utilizados en nuestro pais, aunque en
Europa gozan de una gran aceptacion, sobre todo, cuando vas detras de una gran
carpa. Se pueden encontrar en casi todos los establecimientos, cebidamente
preparados, aunque los pescadores mas expertos son propensos a confeccionarse
sus propios boillies. Asi pues, si tu eres un pescador, pero no de los mas
expertos y quieres prepararte tus propios boillies, apuntate esta receta.
o Preparacion.- Se hace una masa con huevos y harina (la cantidad de
ingredientes dependera de la cantidad de masa que quieras hacer), luego,
cada pescador tiende a poner los ingredientes en los que mas confia,
como la arina de soja, germen de maiz, harina de semola, colorantes y
condimentos varios. Una vez puestos los ingredientes elegidos, se hace
una masa y se va amasando hasta que tenga un tacto pegajoso como el de
la masilla. Una vez en su punto se hacen bolitas que suelen ser de unos
12 a 18 mm. de diametro y se sumergen en agua hirviendo de 60 a 90
segundos. Se utilizan con el aparejo "Hair".
o No olvidemos que en el mercado existen una gran variedad de aromas y
colorantes que podemos utilizar en todos nuestros cebos, para darles ese
aroma que les falta o ese color mas atrayente. Quiero recordar que si
utilizamos cebos enlatados o en bolsas, os las lleveis a casa,asi
contribuimos todos a mantener los margenes de los rios completamente
limpios. no resulta agradable llegar a un puesto y verlo lleno de bolsas,
latas y botes de gusanos. Tambien debeis tener cuidadocuando cojais los
peces, para que no sufran heridas y para que cuando vuelvan a ser
tentados por nuestros cebos y se produzca esa tan esperada picada, lo
hagan con la misma fuerza y energia que nos hace emplearnos y
disfrutarlo al maximo.
Cebos

Cebos vivos Cebos vivos Otros cebos


Gusano americano Gusano de playa Cangrejo ermitaño
Gusano de cerrin
Gusano coreano
Tita
Gusano de playa
Este tipo de gusano es excepcional
para la pesca al surfcasting,su
cuerpo es muy fino pero es un
manjar para los peces.A la hora de
meterlo en la aguja hay que hacerlo
de forma suave procurando que no
se rompa.El hilo que tenemos que
usar para el empatillado del anzuelo
debe ser no superior al 25 o 30,ya que si usamos hilo mas
grueso no podremos pasar la gusana del nudo del empatillado
hacia arriba.Tambien hay que tener en cuenta que cuando lo
adquirimos en la tienda viene en en una bandejita de plastico
con arena de playa mojada, pero para su optima utizacion hay
que llenar la bandeja con agua del mar cuando lleguemos al
pesquero.La aguja a utilizar sera muy fina, la cual luego nos
ayudara a encarnar el anzuelo y con mucha paciencia lo
iremos deslizando desda la aguja hacia el anzuelo hasta que
quede completamente acoplado para que se mueva con
facilidad y este a punto para que algun pez lo coma.

Gusano coreano
Este gusano muy apreciado por los
pescadores es idoneo para el
surfcasting,muy nervioso,cada vez
que se le coge para anzuelarlo si no
tienes cuidado seguro que te da un
bocado,de color verdoso,lo podemos
trocear si es grande,por lo cual
podemos aprovechar mejor la carnada.

Gusano americano
Lo mismo que ocurre con los peces
en nuestro litoral,el gusano
americano tiene diferentes nombres
segun la region en la que nos
encontremos,aunque su nombre
mas popular es americana.Su
nombre en ingles es blood
worm(gusano de sangre).Entre las
grandes ventajas de este gusano es la de expulsar una gran
Nota cantidad de sangre y otros liquidos,soltando asi un atractivo
Importante aroma bajo el agua,facilmente detectable por sus presas,en
Tenemos que tener este caso por las nuestras si les pescamos.Su estructura es
siempre en cuenta muy solida,siendo por ello muy apto para el surfcasting y que
que para pescar
ademas se pueden encontrar en diferentes tamaños,entre
con los gusanos,el
nudo de los cinco y diez centimetros de largo,lo que permite su utilizacion
anzuelos o entero sin trocear,alargando asi su vida en el agua sin perder
empatillado es su relativa movilidad.Para clavar este gusano en el anzuelo
fundamental,tiene usaremos como para todos los tipos de gusanos las
que ser un
famosas(agujas) indispensables para la pesca,teniendo
empatillado
perfecto para que cuidado de que el gusano pierda la menos cantidad de sangre
nos permita posible.Se deben utilizar enteras siempre que sea posible.Hay
deslizar el cebo que esperar a que saque la boca y ese sera el momento de
suvemente sin clavar la aguja,ya que de lo contrario haremos que pierda
romperlo.
bastante sangre

Conservación Tita
Partiremos de Este gusano lo podemos encontrar
la base de que el
cebo que en muchos tamaños desde 3cm
compramos en la hasta 15cm de largo y hasta 3cm de
tienda es fresco.Por ancho,es bastante duro por lo cual
lo tanto debemos lo podemos utilizar y tener la
conservarlo asi el
seguridad de que asi como al
mayor tiempo
posible,todos estos gusano de playa toda la morralla
gusanos descritos que haya le comerá incluso los
anteriormente cangrejos,a este solo le comerá alguna buena pieza.Lo
necesitan un lugar podemos anzuelar de varias formas aunque la mas usual es
fresco por lo cual
hacerlo tiras y con hilo elastico (licra) enrollarlo hasta hacer
podemos utilizar
una nevera de canutos los cuales al igual que a todos los gusanos lo
playa.Con el anzuelaremos con la ayuda de la aguja.Su cuerpo duro y firme
gusano de aguanta mucho tiempo si deformarse,por lo cual estará
playa,solo le siempre como la vez lancemos con el.La tita es un cebo
añadiremos agua
estupendo para especies como la dorada, el sargo,robalo.
del mar cuando lo
vayamos a
utulizar,una vez lo Gusano de cerrin
hagamos
tendremos que
gastarlo.A quien no
le sobra carnada
tras un dia de
pesca,pues si
tenemos en cuenta
lo anterior Es una buena carnada aunque es un
dicho,podemos poco endeble,es facil de anzuelar y
traer de vuelta a
casa el cebo que
una carnada para todo tipo de
nos haya sobrado,y pez.Tambien se usa para cañas de
lo meteremos en el mano,se va cortando a pedazitos y
frigorifico(en el anzuelando y dá unos resultados
cajon de la excelentes.
verdura) alli nos
duraran vivos
algunos dias mas La podemos adquirir en cajas individuales o en master para
por si podemos cuando vamos a estar una jornada completa de pesca.
volver a ir de
pesca.Eso si,se lo
debes decir a la Cangrejo ermitaño
mujer que estan
alii para que no se
Los ermitaños,no tienen
asuste ni te los tire concha que los proteja de los
a la basura.
depredadores,por ese motivo
usan conchas de moluscos
para convertirlas en su
casa.Es habitual ver las
conchas recubiertas de algas sobre todo para
pasar inadvertidos.Cuando sufren algun percance
como que la concha ya no sea lo bastante
segura,o que se le quede pequeña,salen de la
concha y se buscan nueva casa.Este cebo aunque no
es ideal para el lanzado,a larga distancia,es sin duda uno de
los mejores cebos para la dorada. Una vez hayamos
anzuelado al cangrejo debemos usar el hilo
elastico o licra para que nos aguante el lance y no
se nos caiga por el camino.
Cebos - Como atraer a los peces

Macizo, Bromeo, Anguado, Engodo.


A continuación en este articulo de la sección cebos os vamos a hablar del Macizo, también conocido como
Anguado, Bromeo o Engodo según en la zona del territorio en el que pesquemos.

Muy utilizado antiguamente en épocas en el que la pesca desde orilla era la reina de las pescas en mar, hoy
en día la pesca al lanzado o surf-casting ha contribuido a que muchos pescadores practiquen esta técnica
principalmente, y dejando de lado la pesca a boya desde orilla y por consiguiente la utilización de un
atrayente de peces (Macizo) a la postura de pesca.

El macizo según el diccionario de la Real Academia es "el cebo que emplean los pescadores, consistente
en una mezcla de residuos de pescado, como sardinas o chicharros, o sus desperdicios, o más
comúnmente, en salvado y arena." Si buscáramos cebo en el diccionario veríamos que lo denomina como
"atrayente", por tanto hablaríamos del atrayente para peces formado por la mezcla de restos de pescado y
arena.

Ahora solo vamos ha hablar del bromeo como atrayente para pesca en el mar, pero no nos queremos
olvidar de su importancia en la pesca de ciprinidos, pero eso será otra historia de la que hablaremos en la
sección de ciprinidos ya que en la pesca de ciprinidos esta técnica de atraer a los peces a nuestra postura
se ha perfeccionado tanto que daría para escribir un libro.

El bromeo siempre va ha estar formado por un componente que hará de aglutinador y le dará consistencia a
la vez que transportara su olor por las corrientes como es la arena o diferentes tipos de harina, y por otro
componente que hará de atrayente.

Antiguamente la arena de playa era el principal componente que se utilizaba pero en la actualidad es muy
utilizada la harina. Con la aparición de diferentes tipos de harinas, que podemos encontrar en las tiendas de
pesca para hacer los macizos utilizados en la pesca de ciprinidos, le dan al bromeo mucho mas olor y
poder de atracción.

El bromeo se puede hacer mezclando diferentes materiales según las especies que queramos atraer, aquí
os vamos ha enseñar como hacer el mas común, el formado por sardinas y harina. Este es el mas
polivalente y utilizado, al atraer a casi todas las especies por no decir a todas. Dependiendo de la especie
que queramos atraer podemos añadir a la mezcla de la harina otras sustancias como mejillones, ermitaños,
cangrejos o lapas, todos ellos machacados, para atraer sargos y doradas; pan duro para atraer a las lisas y
salpas; pulpo o calamar triturado para acercar a las lubinas y sargos; caracoles pequeños de campo para
mabras, sargos y doradas.

Muchos pescadores añaden a estas mezclas aceites que encontramos en las latas de anchoas o sardinas
para potenciar su olor.

Junto a las fotografías os vamos a describir como realizar vuestro bromeo de sardinas y harina.
Compraremos un par de kilos de sardina, alecha o boquerón (según el precio, la más barata) y cuatro o
cinco de harina de pescado o harina de trigo. Algunos pescadores hablan de que el pescado debe de ser
fresco y otros prefieren dejar el bromeo una vez hecho un par de días al sol para que su olor aumente y así
también su poder de atracción.

Yo creo que es indistinto, las dos cosas las he hecho y a la hora de pescar no he notado diferencia. Con lo
que si he notado diferencia ha sido con la cara de mi mujer cuando el bromeo se pasaba un par de días en
la terraza al sol y el olor aumentaba.

Una vez que tenemos la sardina, la troceamos con una tijera de cocina en trozos muy pequeños.

También la podemos machacar con una piedra o con las manos pero aseguraros de poneros unos guantes
de plástico (como el que dan en las gasolineras) sino el olor a sardina os durara varios días. Una vez
deshecha la sardina la juntaremos con la harina mezclándolo todo muy bien.

Iremos añadiendo harina y mezclándola con la sardina hasta conseguir la consistencia deseada y necesaria
para poder formar bolas de bromeo que luego, en la acción de pesca lanzaremos en nuestra postura.

Añadiremos agua si es necesario y pensar que cuanto mas consistencia le demos a mas profundidad
empezara a trabajar el bromeo.

Cuando comencemos a pescar lanzaremos varias de estas bolas en el lugar donde luego colocaremos
nuestro cebo y durante la acción de pesca iremos lanzando mas bolas cada cierto tiempo para mantener al
pescado en la zona de pesca.

Solo recordaros que tengáis muy en cuenta las corrientes ha haya en donde estéis pescando, ya que estas
pueden desplazar el bromeo a varios metros de donde este vuestro cebo solo sirviendo el bromeo para
alejar los peces de nuestro anzuelo.
El macizo o engodo en la mar.

El macizo o engodo es un alimento que arrojamos al agua en distintas dosis, con la


intención de que los peces se ceben para facilitar que acudan a nuestra zona de pesca,
o para que se familiaricen con el alimento con el que luego encarnaremos el anzuelo, o
ambas cosas.
De lo anterior se desprende que el macizo puede estar compuesto de muy distintas materias y, con bastante
frecuencia, de la misma que usamos para encarnar. En ocasiones, el verdadero problema radica en hacer llegar
el macizo hasta el punto en el que queremos pescar y, más aún, hacer que permanezca allí.
Para ello deberemos sopesar las corrientes, la profundidad, así como la constitución del propio macizo. Para
lanzarlo podemos utilizar un tiragomas especial (sobre todo si le hemos dado forma de bolitas, o si se trata de
pequeños animales de poco peso que queramos arrojar enteros, como quisquillas, gusanillos, etc.)
En caso de que practiquemos una pesca de
rompiente en zonas con marea pronunciada
-todas nuestras costas salvo las
mediterráneas- existe una forma magnífica
de dosificar el macizo para que su acción se
prolongue durante toda la jornada y
mantenga a la pesca en nuestro radio de
acción.
Habrá que empezar diciendo que cuando se
practica esta pesca de rompiente cercana a
las rocas, se aprovecha siempre el espacio
de tiempo durante el cual la marea está
subiendo, que es cuando los peces de roca
se acercan a comer en los tramos del litoral
que va cubriendo progresivamente el agua
a medida que la marea avanza. Este es el
caso de los sargos, las lubinas, los lábridos
y un largo etc. Pues bien, lo que haremos
con el macizo es precisamente eso, no
arrojarlo directamente al agua, sino
esparcirlo en distintos niveles sobre las
rocas que serán bañadas por la marea.
De esta manera nos aseguraremos que siempre habrá macizo en el agua, y
mantendrá a los peces pegados al lugar que deseemos y expectantes ante la afluencia
de comida que obtendrán progresivamente con el avance de la marea. Si, por el
contrario, pescamos a fondo, lejos de la rompiente, en una embarcación a cierta
distancia de la costa, podemos encontrar dificultades para hacer llegar el macizo hasta
nuestro pesquil, que se encuentra en el fondo, a veces, a muchas brazas de
profundidad.

Entonces, si arrojamos directamente el macizo a la superficie, lo normal es que apenas


una mínima parte llegue hasta el fondo, y en caso de que haya corriente -que es lo
normal- el poco macizo que llegue al fondo alcance una zona muy alejada de donde
pescan nuestros aparejos.
El truco que emplearemos para solventar esta situación es el de la bolsa de papel lastrada con piedras. A tal fin,
introduciremos cierta cantidad de macizo en una bolsa de papel, a la que previamente hemos añadido un par de
piedras de mediano tamaño; cerraremos la bolsa y la amarraremos a un cabo o un sedal de distancia bastante
para llegar hasta el fondo.
Una vez allí, esperamos unos poco minutos y damos un
fuerte tirón, con lo que conseguiremos romper el fondo
de la bolsa de papel y liberar el macizo que habrá
llegado de esta manera hasta el punto donde trabajan
nuestros aparejos de fondo.
Otra forma que se revela excelente, consiste en utilizar
un trozo de red o una malla -como las de las bolsas de
naranjas- y la llenamos de peces troceados y de piedras
para lastrarla. De esta forma nos aseguraremos un
macizo permanente cerca de nuestros aparejos.

Pescando en la rompiente podemos hacer


un buen macizo a partir de los
invertebrados que pueblan las playas y
escolleras. Estos animales que servirán
para procurarnos el macizo son
básicamente moluscos y crustáceos,
desdeñando los equinodermos, salvo el
erizo de mar, que bien triturado y mezclado
con arena, constituye también la base de
un macizo excelente.

Para ello, recoja cangrejos, mejillones,


lapas etc. Macháquelos con una piedra al
tiempo que los va mezclando con arena y
agua marina. Obtendrá un macizo perfecto
para los peces de roca.

No obstante, este tipo de macizo es bastante agresivo para con el medio, por lo que
suele ser más recomendable el tradicional macizo a base de despojos de pescado, sobre
todo de sardina o de anchoas.
Si tenemos la suerte de estar en una localidad donde podamos acercarnos hasta una conservera, no tendremos
problemas para conseguir gratis estos despojos.
Convenientemente salados y mezclados con harina, con un poco de arena o con cualquier otra sustancia para
darles la consistencia y el peso que se prefiera, podremos guardarlos durante mucho tiempo en botes de plástico
bien cerrados.
Así nos aseguraremos tener siempre macizo disponible para cuando lo precisemos.
La sardina
He querido empezar por este cebo ya que es el mas utilizado y además es el cebo con el
que mas especies de peces se puede pescar. Podríamos decir que todos los peces entran
facilmente a este cebo. Con sardina como carnada he pescado doradas, lubinas, llisas,
sargos, congrio, morenas, lenguados, dorados, anjovas, lechas, etc. Todo tipo de peces
y de todos los tamaños.
Compraremos sardina siempre lo mas fresca posible, si queremos dar consistencia a esta
por que pesquemos en una zona con mucha morralla que se la come rapidamente o la
queremos lanzar a gran distancia, debemos un día antes a salir de pesca ponerla con sal
gorda en un recipiente, de esta forma cuando vallamos a utilizar las sardinas habrán
perdido parte del agua que contienen quedando mas duras y resistentes.
Existen dos formas de preparar la sardina dependiendo de la técnica de pesca que
queramos utilizar. Si pescamos a lanzado la preparación y colocación de la sardina, así
como el aparejo que utilizaremos será muy diferente a si utilizamos la sardina para
pescar a boya o flotadorPesca a Flotador .- Para la pesca a flotador cerca de la costa
prepararemos la sardina de la siguiente forma : Con unas tijeras cortaremos a la sardina
la cabeza, zona de las tripas y cola. Este tronco o centro de la sardina que queda lo
abriremos verticalmente haciendo dos filetes con los dos costados y estos los partiremos
en dos a su vez. De esta forma de cada sardina obtendremos cuatro carnadas. Con los
restos de cabezas y tripas que sacaremos a las sardinas podremos hacer una masa junto
con arena de playa o harina que cuando estemos pescando nos servirá de bromeo o
atrayente. Si queremos dar consistencia a estos medios filetes de sardina como he
comentado antes cortaremos el cebo que pensemos utilizar al día siguiente y los
colocaremos en sal gorda.
La colocación en el anzuelo .- Yo utilizo siempre anzuelos color plata para la sardina,
pienso que pasa mas desapercibido, de pata larga, y si los peces que queremos tentar
son sargos, lubinas, doradas, dobladas utilizo anzuelos del numero 1, 2 , 3 dependiendo
del tamaño de las posibles piezas. Para colocar el medio filete en el anzuelo coseremos
literalmente este, pinchamos por un extremo el trozo de sardina por el que traspasaremos
el anzuelo y así sucesivamente ( dos ó tres veces), hasta llegar al otro extremo de la
sardina en el que dejaremos el anzuelo escondiendo la punta de este pinchando en el
cebo. De esta forma el anzuelo y el bajo de línea cercano al anzuelo sujetan
perfectamente la sardina, quedando esta totalmente extendida y con el anzuelo en su
parte inferior que es por donde el pez empezara a comer.
El aparejo que utilizaremos constara, si pescamos a medias aguas, de flotador que no
necesite mucho plomo, unos pequeños plomos y un bajo de línea de +- 50 cms. Pescando
a medias aguas debemos hacer que nuestra sardina se mueva libremente como movida
por la mar, por esto utilizaremos un bajo de línea largo y poco plomo en el aparejo. Si
pescamos a ras de fondo nuestro aparejo cambiara a todo lo contrario, bajos de línea mas
cortos (+- 25cms.) y aparejos muy plomados, de esta forma nuestro trozo de sardina
llegara antes a la zona de pesca (fondo) y debido al peso permanecerá mas tiempo en
ella, optimizando al máximo el tiempo de pesca.
Dependiendo de donde este el pescado a ras de fondo o medias aguas utilizaremos un
aparejo u otro. Con esta técnica y cebo probada por mi podréis pescar lubinas, sargos,
doradas y palometas entre otros peces siendo las mejores horas las del orto, ocaso y
durante la noche.
Pesca a Lanzado.- Para la pesca a lanzado prepararemos la sardina de la siguiente
manera : La partiremos por la mitad obteniendo dos carnadas, o solo le quitaremos la
cabeza partiendo con las tijeras de esta forma tendremos una sola carnada, o bien la
dejaremos entera.
Colocación en el anzuelo.- Se utilizan dos tipos de anzuelo, uno el anzuelo simple del
numero 1 o mas grande, según las posibles presas, o el triple (ancoreta o potera). Es
recomendable que siempre estos sean de buen acero carbono ya que con este tipo de
cebo, pescando a lanzado, el tamaño de las capturas nos puede sorprender, muchos
pescadores unen un terminal de acero al anzuelo para que peces como morenas,
dorados, serviolas y otros depredadores no rompan el terminal al morderlo.
Para colocar la sardina en el terminal y el anzuelo utilizaremos la aguja de sardina.
Pinchamos y atravesamos la sardina con la aguja por el lugar donde cortamos con las
tijeras, en las enteras la meteremos por el ojo de la sardina. En el otro lado de la aguja
colocamos la lazada y con la otra mano desplazamos la sardina por la aguja al terminal y
al anzuelo clavando este en la carne de la sardina quedando la pata del anzuelo
escondida dentro de la sardina. Para afianzar el cebo, sobre todo cuando queremos
lanzar lejos y con la fuerza se pueda desprender, algunos pescadores realizan una media
lazada con el terminal cercano a la cola de la sardina para luego meter esta por dentro y
cerrar la lazada sujetando la sardina con esta lazada por la cola.
El aparejo que utilizaremos para la sardina a lanzado constara de un plomo de lanzado
(100-150 grs.), un esmerillón o quitavueltas al que engancharemos el bajo de línea o
terminal, este no debe ser muy largo para no liarlo en la acción de lanzar ( +-25 cms.),
exceptuando cuando pesquemos la lubina que en estos casos deben de ser superiores a
50 cms. ya que no debe detectar el peso del plomo y tensión de la línea hasta que haya
tragado bien la sardina, para solucionar también este problema algunos pescadores
aconsejan colocar una plomada de bajo peso (20-30 grs.).
Como he comentado antes es aconsejable que el bajo de línea o terminal sea de acero,
esto nos ayudara a no perder un buen pez al morder y cortar un terminal tan grueso
como un 40mm.

La sardina es el cebo perfecto para el sargo

Sardinas en sal
Sardina. Sardina Pilchardus

La sardina es un cebo tradicional que nunca ha perdido vigencia.


Al margen de que, en la actualidad, proliferen nuevos cebos, o
cebos que hasta hace poco tiempo eran casi desconocidos para la
mayoría de los aficionados, la sardina sigue presente en los
puestos de cabeza del ranking de cebos marinos.
Y es que la modesta pero siempre efectiva sardina tiene mucho a su favor: primero
su precio y su amplia distribución, lo que posibilita un acceso fácil para cualquier
aficionado; y segundo, su demostrada capacidad de atracción, que consigue gracias
a un penetrante aroma.
Entre los defectos que pudiera presentar, se cuenta el de su poca consistencia en el
anzuelo como principal inconveniente, y el de no ser demasiado efectiva si tratamos
de capturar pequeños peces de escollera, como los lábridos, que entrarán mejor a los
anélidos, o a pequeños crustáceos como las quisquillas.
No obstante, para la mayoría de los peces, en especial los de cierta envergadura y
todos los pelágicos, la sardina constituye un cebo fantástico, siempre recomendable.
Y, si somos aficionados a la pesca nocturna, no se lo piense más: compre un kilo de
sardinas y llénelas de acero. Ah! Y no se preocupe si ha comprado demasiadas:
puede comérselas (cosa poco aconsejable con otros cebos) en sustitución de aquello
que no pescó, puede salarlas y utilizarlas en posteriores ocasiones o, si no,
macháquelas, añádales sal, arena y harina, y guarde el macizo –o engodo- resultante
en un bote plástico.
Calamar. Loligo Vulgaris

Junto a la sardina, cebo clásico donde los haya, el calamar presenta las virtudes que
ella le faltan, aunque carece de su principal virtud. Y es que si a la sardina le falta
consistencia, al calamar le sobra, pero si a la sardina le sobra aroma y, en
consecuencia, poder de atracción, el calamar se queda pelín corto en este aspecto.
Pero, claro, si queremos cebar un aparejo de fondo y tenerlo pescando toda la noche,
sólo podremos recurrir a un cefalópodo como nuestro calamar para que nos haga el
trabajo sucio. A ver si no quién va a trabajar horas extras bajo la superficie con tanta
entereza.

Generalmente, se emplea en aparejos nocturnos, aunque de día


funcionan igualmente bien. Lo que sí debemos saber es que no es
válido para todas las especies, pues existen peces que lo
desdeñarán o lo probarán con recelo para abandonarlo acto
seguido. No referimos a los salmonetes, los lábridos, los
lenguados, etc.
Pero si queremos pescar un buen congrio, por ejemplo, o una cherna o un pez
“serio” en un aparejo de fondo, el calamar se nos presenta como una opción
inmejorable, ya que aguantará impávido el ataque de los pezqueñines esperando a
pie firme la llegada del comensal a quien iba destinado.
Americana

También conocido por “guanamino” en algunas zonas, se ha convertido en poco


tiempo en uno de los cebos más populares de nuestro país. Y también es uno de los
más caros. De hecho, la cantidad que se paga por una docena de estos anélidos,
suele ser mucho más elevada que lo que pescaremos con ellos.
Es una gusana muy resistente en el anzuelo y que puede adquirir grandes
dimensiones, aunque lo más habitual es que midan entre 10 y 15 cm, pudiendo
llegar con facilidad hasta el medio metro. Aguanta muy bien el lanzado, por lo que
es ideal para los aparejos pesados de surf casting.
Además, presenta la ventaja de no sucumbir a los ataques de los “pezqueñines”, que
apenas causarán mella en su robusto cuerpo. Por tanto, se conservará en el agua en
perfecto estado de revista durante bastante tiempo.
Esto es crucial cuando perseguimos grandes peces con cebos relativamente blandos,
pues los ejemplares mayores son raros y siempre habrá algún “pezqueñín” que se
encargue de destrozar nuestra carnada antes de que el grande la encuentre.
Por último, debemos tener cuidado cuando la encarnamos, pues este anélido
acostumbra a mordernos con sus diminutas pero fuertes mandíbulas al ser
manipulado. No nos infringirá un grave daño, ni es venenoso, pero puede resultar
doloroso.
Gusana coreana.

Es quizás la más resistente de cuantas especies de anélidos marinos se


comercializan. Irrumpió con fuerza en el mercado español hace ya bastantes años y
se ha ganado merecida fama de aguantar carros y carretas.

Es ideal para peces pequeños y medianos, pero, sobre todo, es especialmente


recomendable para el aficionado que no quiere prestar demasiada atención al cebo,
pero quiere uno fácil de manipular, mantener, y con características universales en
cuanto a los peces cuya captura posibilite.

Para eso está la coreana, que aguanta bien los cambios de temperatura, que puede
vivir una semana en una caja dentro del maletero del coche, y que gusta a la mayoría
de las especies marinas.

Es fácil también de encarnar, presenta un tamaño entre pequeño y moderado y es


bastante consistente en el anzuelo.

Por cierto, las mayores, pueden “picar” levemente con sus mandíbulas cuando
tratamos de encarnarlas, pero esto no debe asustarnos, pues nunca llegarán a
herirnos.
Gusana de tubo.

Un cebo clásico y fiable. Lo que conocemos por gusana de tubo, -o, simplemente,
tubo-, es un anélido marino de color rojizo, que se caracteriza por un penacho
filamentoso, que comienza a la altura de la cabeza y llega a cubrir hasta la mitad
superior del cuerpo. Este penacho se aprecia únicamente cuando el animal se
encuentra en el agua.
Su tamaño medio es de entre siete y catorce centímetros, pero resulta bastante
gruesa en proporción a su longitud. Es una gusana bastante dura, que permite poder
ser empleada en trozos. O sea que, al contrario que otros anélidos, como el gusano
de coco, este anélido podrá ser utilizado en porciones, sin que por ello se vacíe ni
pierda su atractivo.
En pequeños trozos es excelente para los pececillos que, como panchitos,
chicharrillos o pequeños espáridos del género diplodus, necesitan de anzuelos cortos
y de poca carnada.

Pero es igualmente efectiva para los peces de mayores


dimensiones que puedan requerir mayor bocado. Para ello
podremos ensartarla entera, con o sin ayuda de una aguja.
Ya hemos dicho que esta gusana no se vacía, por lo que el uso de la aguja no
presenta problemas.
Es bastante polivalente y resulta del agrado de la mayoría de los peces. Su grado de
dureza y resistencia es intermedio, y podemos hablar de un cebo “todo terreno”, que
siempre es conveniente tenerlo a mano.
Es un cebo muy apreciado y consumido, por lo que su precio ¡ay!, como el resto de
los anélidos, ha aumentado considerablemente en estos últimos años. No obstante,
sigue siendo más barato que la americana o que el cangrejillo que continúan en la
cabeza del ranking como “primeros espadas”.
Gusana blanca.

También conocida como gusana de agua o nadadora, esta gusana


es un anélido marino de mediano tamaño. Resulta un cebo
bastante común y no demasiado caro. Hace años, sin embargo,
era más empleado que ahora.
Se ve que los pescadores nos hemos vuelto más exigentes o que estamos dispuestos
a gastarnos más dinero en cebo, no sé.
El caso es que, aunque su demanda se hay reducido por la gran competencia que se
ha establecido con los anélidos “nuevos”, no por ello ha dejado de gustar a los
peces.
Y es que, pese a que su tamaño y resistencia en el anzuelo no sean comparables al
que ofrecen algunos de sus primos, no conviene olvidarnos de esta gusana que tantas
capturas nos ha reportado a muchos aficionados.
Especialmente con peces de pequeño tamaño y pescado a corcho, la gusana de agua
–a la que conocemos así porque es ésta la forma de conservarla viva y como
solemos encontrarla en las tiendas de pesca- puede ser un cebo excelente, sin duda
digno rival de la de fango o de la aguerrida coreana.
También pescando a fondo puede constituir un cebo óptimo. A los lábridos y a los
sargos de mediana talla les encanta.
Arenicola

También conocido como gusana de coco o gusano rojo, es un anélido muy común y
uno de los cebos preferidos para los pescadores que practican el lance pesado.

Sobre todo si los lechos son arenosos o fangosos, este gusano


proporcionará excelentes resultados. El mayor problema que
presenta es que su cuerpo, blando y carnoso, es atacado por
muchas especies para las cuales no iban destinados nuestros
anzuelos.
Además, este gusano, una vez ensartado en el anzuelo se vacía en cuestión de
minutos y queda reducido en poco tiempo a un pellejo rojizo. Así que, si lo
utilizamos como cebo, debemos cambiarlo cada poco tiempo, como máximo media
hora.
Al encarnarlo expele un líquido amarillento que tinta nuestros dedos. No es irritante,
pero deberemos luego lavarnos las manos con jabón para quitarnos esa coloración.
El arenícola se encuentra en zonas tildales y es relativamente fácil de encontrar
durante las horas de bajamar, pero debemos recolectarlos con cuidado, debido a su
fragilidad. Viven en galerías poco profundas en forma de “U”, con un aguajero de
entrada y otro de salida, siempre en superficie.
Es uno de los mejores cebos que podemos presentar a muchas especies de las que
comen en el fondo. En concreto, es la mejor carnada para el salmonete.
Lombriz de tierra. Lumbricus terrestris

Es el equivalente terrestre de los anélidos marinos y funciona


estupendamente para casi toda clase de peces que pueblan las
aguas continentales, pero también para muchas especies marinas.
Es fácil encontrarla en los comercios especializados en pesca, si no queremos cavar,
pero también podemos esperar a que llueva para atraparla –sobre todo de noche-, en
los prados y campas, donde sale a retozar cuando éstos alcanzan la humedad
deseada. Entonces podremos atraparlas fácilmente y constituirá una buena ocasión
para ir a pescar al río más próximo con estas lombrices en los siguientes días tras el
chaparrón, pues seguro que las aguas han arrastrado a algunas de ellas, y el pez
encontrará muy natural nuestro cebo.
Por tanto, si usted pesca con otros cebos o con artificiales y una tormenta hace
aflorar a la superficie a un buen número de lombrices de tierra, coja un puñado y
váyase al río. Seguro que hará una buena pesca, pues son, precisamente, esas
lombrices, las que está esperando el pez que caigan en su radio de acción arrastradas
por el agua.
Pero, como hemos dicho al principio, también funciona muy bien con muchas
especies marinas, entre las que se encuentran peces tan selectivos como el salmonete
de roca. Hay viejos pescadores que sólo utilizaban lombrices de tierra como cebo,
independientemente de que fueran al río o a la costa.
Por tanto, si no disponemos de anélidos marinos, pero podemos capturar lombrices
de tierra, y queremos ir a pescar a la costa, no lo dudemos. Quizás no sea tan buena
en la mar como en agua dulce, pero garantizamos que hay muchos peces marinos
que no desdeñan este cebo tradicional de las aguas continentales.
Tita. Sipunculus Nudus.

De aspecto alargado y carnoso, similar a una salchicha y de un tamaño que puede


superar los 60 cm., la tita es uno de los mejores cebos de mar. Es muy apreciado en
la pesca al lanzado pesado, pues su característica principal es la de ser muy resiste,
por lo que podemos realizar lanzados muy potentes sin que este cebo se desgarre ni
pierda la presentación original. Además, los pececillos tardarán mucho en arrancarlo
del anzuelo.
Por ello, es ideal para tentar a las grandes piezas, que, generalmente, no son las
primeras en encontrar el bocado que les tenemos reservado. La tita, gracias a esa
resistencia que mencionábamos, seguirá cubriendo nuestro anzuelo y aguardando a
esa dorada, a ese gran sargo o ese pargo al que iba destinado.
Es, asimismo, un cebo válido para todas las especies litorales.
Las titas pequeñas, llamadas “bibis”, son también excelentes, sobre todo para peces
que poseen bocas más pequeñas o más delicadas, como es el caso del salmonete.
La tita es uno de los cebos más populares en el Mediterráneo, pero no ocurre lo
mismo en el Cantábrico, donde es casi desconocido. Sin embargo, cada vez son más
los aficionados que lo demandan, por lo que estimamos que, en un plazo breve, los
comercios especializados en pesca deportiva comenzarán a ofrecerlo junto con los
demás cebos tradicionales. Esperemos que eso llegue pronto y que todos los
aficionados de este país podamos darnos el gustazo de pescar con este magnífico
cebo.
Caracola. Thais haemastoma

Esta caracola es una de las más comunes y resulta un habitante frecuente de todas
nuestras costas. Gusta de los lugares con abundante comida y de profundidad
moderada.
Es carnívora, predadora y carroñera, y llega a medir unos 10 cm. de altura. En
ocasiones la encontraremos vacía, o bien ocupada por un cangrejo ermitaño. No
hace falta recordar que, siempre que haya un cangrejo, éste será un invasor, pues el
crustáceo no puede fabricar la concha que le protege.
En efecto, la concha es creada siempre por el molusco que conocemos como
“caracola”, cuyo cuerpo carnoso puede ser utilizado también para encarnar nuestros
anzuelos.
En España no es corriente emplearlo como cebo ni comerlo. No así en otros países,
utilizado comúnmente para ambos fines. Recuerdo que, en la costa del sur de Méjico
la caracola era un apreciado manjar, que competía en precio con la langosta.
La cocinaban en rodajas, sobre una plancha, y le ponían una salsita picante. Estaba
deliciosa, pero no es así como debemos ofrecérsela a los peces, que la prefieren
cruda y sin picante ¡ellos se lo pierden!
Debido a que puede alcanzar un tamaño considerable, en ocasiones será más
prudente trocearla, en porciones proporcionales al tamaño de nuestros anzuelos.
Sacarla de la concha no suele ser tarea fácil, y hay quien se ayuda de un martillo
pilón.
Lo que sí debemos tener presente es que es un molusco que vive únicamente en el
agua, por lo que si la mantenemos en seco mucho tiempo, morirá y se pudrirá
rápidamente. El olor es nauseabundo y su mujer/marido, hijos/as, propondrán
echarle de casa.
Para hacer acopio de estos moluscos, lo mejor es buscarlos en los puertos y
dársenas, en cuyos fondos ricos en deshechos orgánicos proliferan.
También pueden acercarse al puerto cuando los arrastreros estén limpiando las artes
y hacerse con unas cuantas.
Bígaro común. Littorina littorea

Este molusco gasterópodo, al que muchos conocemos como “caracolillo” es el más


conocido de los caracoles marinos, aperitivo habitual en bastantes regiones
españolas.
Es mucho más empleado como alimento humano que como cebo, pero esto no quita
para que podamos encarnarlo en el anzuelo, sobre todo cuando perseguimos
pequeños peces de roca en las escolleras.
No obstante, no es un cebo “de primera categoría”, comparable con las gusanas o
lombrices de mar, ni con los ermitaños o las quisquillas; eso sí, debido a su
profusión en todas nuestras costas pedregosas, puede sacarnos de un apuro cuando,
por falta de cebo nos vemos impelidos a terminar nuestra jornada de pesca.
Habita las zonas tildales, a veces incluso en el límite superior del radio de acción de
la marea, pero siempre en su área de influencia. Lo más habitual, sin embargo, es
encontrarlo adherido a las rocas que quedan durante bastantes horas sumergidas.
Suele encontrarse en resquicios de las peñas, en grietas y otras anfractuosidades que
le sirven para protegerse del oleaje y las corrientes.
Su concha es dura, de color negruzco, y, si queremos emplearlo como cebo,
debemos romperla con cuidado para no desmenuzar su frágil y carnoso cuerpo.
Para recolectar bígaros, basta con darse un paseo por las zonas intermareales y
escudriñar las grietas de las grandes piedras o dar vuelta a las más pequeñas, en las
que acostumbra a estar en su cara no visible.
Recoger caracolillos es entretenido y podemos pasar un buen rato con la excusa de
hacernos con un puñado. Es una actividad ideal para llevarla a cabo en familia, pues
a los niños les encanta, y con esta distracción observarán todos esos animalillos,
como quisquillas, cangrejillos, blénidos y otros muchos que comparten el fascinante
nicho tildal.
Caracol de la huerta o vulgar.

Aunque no es un cebo tradicional de mar, puede constituir un eficaz sustituto para


capturar algunas especies de las más usuales en la pesca deportiva.
Recordemos que el caracol vulgar –como todos los caracoles- es un molusco
gasterópodo, con un cuerpo carnoso susceptible de ser puesto en el anzuelo.
En cierta ocasión, me hallaba pescando lábridos (julias, serranos, durdos o
maragotas etc.) con caña desde un acantilado. La pesca se estaba dando bien –quizás
demasiado bien- y la cantidad de picadas y peces que había puesto en tierra, habían
terminado con mi provisión de gusanas. Estaba pensando ya con tristeza que pronto
debería irme a casa ante la ausencia de cebo, cuando un hombre que paseaba por allí
se acercó con curiosidad a ver la pesca y le comenté el problema.
Entonces me dijo que lo mejor que podía hacer era capturar algunos caracoles de los
que abundaban por el lugar, sacar la carne, hacerlos tiras con la navaja y seguir
pescando con ellos.
Efectivamente, pude continuar pescando toda la jornada y llenar la cesta.
En posteriores ocasiones, he comprobado que el caracol vulgar de tierra no sólo es
apto para lábridos, sino también para muchos otros peces, como la herrera, perla o
mabra, por ejemplo, que pica también con decisión a este molusco terrestre.
Así que ya lo saben: no sólo es efectivo para los grandes ciprínidos, como ya saben
los aficionados de agua dulce, sino que puede depararnos muy gratas sorpresas en la
pesca de mar....
Almejas

Las almejas, como otros moluscos bivalvos viven enterrados en la arena, y tienen forma
redondeada y concha dura. Se pueden ofrecer sin concha o con un trozo o una parte de
ella e incluso entera –si pretendemos pescar doradas u otros grandes espáridos de
molares poderosos-.
Podemos hacernos con este cebo rastrillando la arena durante la bajamar en la misma
playa, o bien comprarlo en el mercado o la pescadería. Pero las almejas, quizá sea
mejor comérnoslas que ponerlas de cebo pero, en fin, allá cada cual.
Estos moluscos resultan especialmente atractivos presentados a fondo y valiéndose de
técnicas tales como el surf casting.
Lo mejor es presentarlos frescos, pero se prestan a distintos tipos de conservación sin
perder demasiado. Así pues, podemos congelarlos o comprarlos directamente en
conserva, siempre que ésta sea “al natural”, es decir, únicamente con agua y sal.
Berberecho Cerastoderma edule

El berberecho es un molusco bivalvo con una concha durísima que, aparte de su


valor gastronómico, suele ser empleado como cebo.
La verdad es que, es raro que los aficionados encarnen sus anzuelos con berberechos
frescos, pero cada día hay más gente que utiliza las conservas de estos moluscos “al
natural”, es decir aquellas tratadas únicamente con agua y sal.
Esto es así porque los berberechos son apetecidos por un grandísimos número de
especies piscícolas, tanto marinas como de agua dulce. Grandes ciprínidos,
espáridos, lábridos o peces planos, son algunas de las familias que se darán un festín
con estos moluscos.
Además, una vez en conserva, ganará en consistencia y será más fácil de anzuelar,
lo que sumado a su sencillez de manejo y a su enorme disponibilidad, lo convierten
en un cebo ideal para tener en la despensa “por si acaso”.
El berberecho habita fondos arenosos y fangosos, con abundante materia orgánica, y
le encantan los lechos de las rías, donde se acumulan gran cantidad de nutrientes.
Soporta altas dosis de contaminación, sobre todo por metales pesados, por lo que no
son siempre aptos para el consumo humano. Por ejemplo, en una de las rías más
contaminadas, la del Nervión, habitan zonas imposibles de colonizar para otros
moluscos.
Asimismo, se adaptan a zonas de baja salinidad en aguas salobres y vive enterrado a
escasa profundidad, generalmente a unos pocos centímetros.
Coquina. Donas Vittatus

La coquina, también conocida por cochafina y xarleta, entre otros nombres, es uno
de los moluscos bivalvos más bellos. Vive enterrada a escasa profundidad en las
zonas intermareales. Prefiere los grandes arenales y se desplaza con bastante
frecuencia ayudada con un pié fuerte y carnoso. Incluso, algunas noches, podremos
observar el rastro de sus desplazamientos grabado en la arena mojada.

Este molusco es un manjar, sobre todo crudo. Pero también es eficaz como carnada.
Además, posee la ventaja de ser relativamente abundante en muchas playas y,
puesto que se entierra a poca profundidad, podemos recolectarlo fácilmente en los
sitios que habita.

Es ideal para cebar aparejos de fondo y surf casting, especialmente si pescamos en


lechos de arena. El mayor inconveniente que presenta es que su tamaño es reducido,
por lo que resulta más adecuada para encarnarla en anzuelos de pequeño o mediano
tamaño, destinados a herreras, peces planos, etc.

Una forma divertida y efectiva de recolectarlas es caminando a gatas por la orilla


durante la bajamar, mientras introducimos en la arena los dedos. Y cuando digo
dedos, no me refiero sólo a los de las manos: de hecho, encontraremos incluso más
con los de los pies. El tacto de su concha es tan suave y especial, que, una vez
hayamos palpado una, reconoceremos sin lugar a dudas si lo que acarician la punta
de nuestros dedos es una bella coquina. No cabe equivocación posible.
Mejillón común. Mytilus edulis

Difiere de otros bivalvos sobre todo porque no vive enterrado, sino asido a la roca
por un filamento que segrega -una especie de cerdas de aspecto estropajoso- muy
duro, y se apiña en los roquedos y bajíos, donde se juntan miles o millones de
individuos en apretada convivencia.
Dado su carácter gregario, y que se encuentra ampliamente extendido por toda la
costa y a la vista, es de muy sencilla recolección. Si no, también puede encontrarse
en cualquier pescadería a un precio muy módico.
Es una carnada olorosa y apta para casi todos los peces del litoral, pero tiene un fallo
que hace que a menudo el pescador lo rechace para cebar sus anzuelos. Nos estamos
refiriendo a su escasa consistencia.
Sin embargo, se pueden utilizar algunos trucos para afirmarlo en el anzuelo. El más
sencillo es, sin duda, el del hilo de goma, que consiste en dar unas vueltas y un
simple nudo con este fino hilo flexible alrededor de la carnada -una vez puesta en el
anzuelo-, con lo que ésta quedará consolidada y no se desprenderá cada vez que
lancemos o un pequeño pez tire de ella.

Por tanto, sólo debemos servirnos de un carrete de hilo vulgar,


para dar unas pocas vueltas sobre la carnada, aunque también hay
quien se vale de hilo de goma, que proporciona inmejorables
resultados. Esto mismo es aplicable a otros moluscos bivalvos,
como chirlas, coquinas, almejas, etc.

En caso de que pretendamos capturar doradas y sepamos de su


existencia en un lugar determinado (como una estratégica barra
de arena, la entrada de un estuario etc.), debemos ofrecer a estos
animales el mejillón entero, a sabiendas de que pocos peces que
no sean estos espáridos podrán inmiscuirse en nuestro aparejo.

Para realizar esta pesca tan selectiva debemos encarnar el mejillón


entero introduciendo el anzuelo por el sifón.

Una buena técnica para encarnar el mejillón entero consiste en


forzarlo un poco con una navaja, deslizar el anzuelo dentro y dejar
que se cierre de nuevo. Así conseguiremos una sujeción
inmejorable. Para macizar la zona, arrojaremos unos cuantos
puñados de mejillones, también vivos y enteros, alrededor de
donde hemos lanzado el aparejo.
Navaja. Solen vagina, S. Silicua, S. Legumen

Es quizás el mejor molusco para cebo, habida cuenta de su aroma, su consistencia y


su cantidad de “carne”. Son bivalvos lamelibranquios, pero de concha frágil, que
viven enterrados en la arena –sobre todo a la salida de la ría y muchas veces junto a
zonas de berberechos- aunque su territorio raramente queda en seco y si es así, por
poco tiempo.
Con las mareas vivas, durante la bajamar, observamos unos característicos agujeros
abiertos en la arena, donde se esconden.
Para atraparlas se utilizan muchos métodos –entre los cuales se incluye el mercado,
previo pago-, aunque quizás los más divertidos y tradicionales sean el de la varilla
de paraguas y el de la sal.
El de la varilla de paraguas consiste en hacernos con una de ellas o con una larga
aguja de hacer punto, (mejor aún si le practicamos una muesca en forma de agalla) e
introducirla de un golpe en los agujeros, que son túneles rectilíneos donde el
molusco permanece quieto y expectante -esto último es suposición mía-.
Si notamos que hemos pinchado carne, procederemos a sacarla con cuidado,
haciendo fuerza lateral con la varilla para que el molusco herido no pueda “recular”
y sumergirse en las profundidades de su túnel.
Este método para capturar navajas es entretenido y provechoso cuando se sabe
ejecutar correctamente (he conocido auténticos especialistas) aunque, de no ser así,
se corre el riesgo de cobrar pocas y herir o matar muchas de ellas inútilmente.
Por eso aconsejamos encarecidamente el método de la sal, que, además, nos parece
mucho más divertido y no causa ningún daño a los moluscos que se nos escapen.
Una vez más, con la bajamar durante las mareas vivas, localizamos el territorio
sembrado de agujeros donde están las navajas. Nos acercamos suavemente con una
bolsa de 1 kg. de sal, y echamos un poquito en la boca de cada agujero, procurando
que caiga dentro.
Entonces, pasados unos segundos o casi inmediatamente, las navajas se asoman
durante un breve espacio de tiempo, como preguntándose qué es lo que ocurre, y
nosotros, en un alarde de reflejos, las atrapamos y las sujetamos fuertemente para
que no se introduzcan de nuevo en el túnel.
Después tiramos de ellas con cuidado –para que no se rompan ni se desgarren- y nos
las comemos con sal y limón, pasándolas unos segundos por la sartén que hemos
puesto a calentar sobre unas brasas en la arena de la playa.
La lapa. Patella caerulea, Patella vulgata

La lapa es un cebo habitual, casi un clásico de los cebos para


pescar en la costa. Pero eso no significa que sea el mejor cebo, ni
siquiera que sea bueno para un amplio grupo de peces.
De hecho, la lapa es más que nada una carnada de urgencia, un animal que está
siempre disponible en cualquier punto de nuestras costas, incapaz de escapar y,
generalmente, a nuestro alcance.
Y, si es cierto que algunos peces picarán a este cebo, también lo es que muchos lo
despreciarán, o sólo lo atacarán cuando no tengan posibilidad de conseguir otro
sustento.
La lapa nos recuerda a un caracol, con sus minúsculos cuernecillos y su concha
durísima que preserva sus órganos internos. Se pega a las rocas mediante un pie
carnoso convertido en ventosa, precisamente la parte con la que encarnaremos. Es
quizás, su dureza la que más desanima a sus posibles presas.
No obstante, para algunos espáridos de cierta talla y, especialmente en invierno,
cuando escasea el alimento, la lapa pueda ser una alternativa razonable.
Funciona mejor a fondo, en aparejos robustos destinados, por ejemplo, a grandes
sargos. De hecho, en las entrañas de estos peces suelen abundar los restos de lapas
jóvenes, lo que también nos proporciona pistas sobre la potencia de sus mandíbulas
y su acerada dentición.

En nuestras costas existen varios tipos de lapas, aunque, a efectos


de su utilización como cebo, no cabe hacer muchos distingos.
Todas ellas son de régimen litoral y se alimentan de las algas que
revisten las rocas.

Las lapas son moluscos comestibles que se desplazan muy


lentamente, sobre todo de noche. Su consumo es mínimo,
restringido únicamente a algunas personas, generalmente
habitantes de pueblos pesqueros. Se pueden condimentar con
limón, en crudo, pero también admiten distintos guisos, hoy en día
casi olvidados.
Cangrejo verde. Carcinies maenas.

Habita las zonas tildales frecuentemente escondido bajo las algas, bajo una roca o
bajo la arena, enterrado a muy poca profundidad. También es muy común en los
estuarios de todos nuestros ríos.
Es un cebo magnífico para la dorada y los grandes sargos cuando cebamos nuestros
aparejos de surf casting y lanzamos en zonas de arena y fango. Para impedir que se
entierre, algunos pescadores le arrancan las dos patas de atrás, aunque no estamos
seguros de que esto funcione. Lo que sí es esencial es no presentarlo nunca en
aparejos que trabajan a media agua. Es un animal de fondo y allí es donde debe estar
y donde engañará al pez.
Puede crecer bastante, así que su tamaño se adecuará al de la captura que
pretendamos, sobre todo si está duro, es decir, si no ha mudado recientemente.
El cangrejo verde o común no suele encontrarse fuera del agua -salvo algunos que
quedan en seco con la bajamar debajo de una piedra con abundante humedad- y
optan con frecuencia por enterrarse en la arena, aunque nunca profundamente ni en
ningún sitio concreto, al revés que sus primos (Squilla mantis) conocidos por
galeras.
Tampoco se encuentra en las paredes de roca, como hace otro de sus parientes, el
zapatero o corredor, ya que no soporta quedar en seco durante muchos minutos. Por
tanto, si pescamos en las zonas de acantilados o de grandes paredes rocosas que bate
la mar, su uso no es demasiado adecuado, pues los peces que patrullan la zona no
están acostumbrados a encontrarse cangrejos verdes en esos parajes, mucho menos a
media agua, es decir, pescando con boya.
Como a casi todos los crustáceos, debemos encarnarlo procurando no herirlo. Para
esto existen varias maneras de hacerlo. La más sencilla –y mi opción personal- pasa
únicamente por amarrarlo con una gomita.
También podemos prender el anzuelo atravesando el punto en el que las patas
anteriores se unen con el cuerpo del animal, pero esta forma no garantiza una sólida
sujeción y corremos el riesgo de herirlo gravemente.
Otra manera, muy ingeniosa, consiste en secarle el caparazón y pegar allí el anzuelo
valiéndose de unas gotitas de pegamento rápido y extra fuerte.
Para capturarlos, basta con pasearse por la zona litoral con un
redeño e ir levantando piedras. Más efectivo aún resulta cebar un
retel con un trozo de pescado y buscarlos en los estuarios o en el
interior de los puertos.
Zapatero. Pachyprasus marmoratus

También llamado mulato y corredor, es el cangrejo de forma cuadrada y de tintes


oscuros presente en todas las zonas mediolitorales y supralitorales de nuestra
península. No le molesta la exposición prolongada al aire y al sol, y suele estar sobre
las rocas al descubierto, siempre preparado para arrojarse al agua o esconderse en una
grieta cercana.
Muchos peces litorales conocen está costumbre de arrojarse súbitamente al agua y allí
lo esperan ansiosos, sobre todo los sargos y la lubina.
Por eso, este cangrejo puesto en el anzuelo y columpiándose en el vaivén de las olas,
medio camuflado por la espuma, se vuelve irresistible para los peces que patrullan la
escollera.
Si hemos cogido muchos cangrejos, tomaremos los más duros y grandes, los
aplastaremos a pisotones y arrojaremos al agua sus pedazos para atraer y confiar a la
pesca. Luego pondremos uno –lo más blando posible- en el anzuelo y lo arrojaremos
de igual manera sobre la ola, en el momento en que ésta rompa contra las piedras. La
picada en estas condiciones es decidida y brutal.
Los cangrejos zapateros son muy escurridizos y tratan de ponerse a salvo entre las
piedras tan pronto como se sienten descubiertos. Durante el invierno, a causa del frío,
se desplazan con cierta torpeza, -también cuando acaban de mudar y son blandos
como una “gominola”; en ocasiones casi no pueden moverse y constituyen entonces
el mejor cebo imaginable- pero en verano, especialmente los días calurosos, su
metabolismo se halla "revolucionado" al máximo, y corren como almas que lleva el
diablo.
Su estructura corporal está, asimismo, diseñada para la carrera y para guarecerse
bajo las piedras y en las estrechas grietas de las rocas calizas. Sus patas, rematadas
en uñas, son fuertes y ágiles, y su cuerpo plano les permite introducirse en
estrechísimas rendijas.
Lo mejor para conseguir cangrejos recién mudados es bien simple. Deberemos
buscarlos bajo las rocas que se hallan colindantes con el estrato supralitoral, en otras
palabras, bajo las rocas que sólo reciben un aporte mínimo de agua marina en cada
punta de marea.
Este cangrejo, como casi todos los crustáceos marinos, se enfrenta a un problema:
puede vivir durante cierto tiempo en seco, pero necesita un aporte de agua marina con
regularidad. Eso determina que los cangrejos zapateros o mulatos busquen estos
emplazamientos para esconderse después de mudar, y se amparen al cobijo de las rocas
que marcan el límite de la marea, lo justo para estar sumergidos unos minutos antes de
volver a quedar en seco.
¿Por qué? Pues porque el cangrejo sabe que casi todos sus enemigos potenciales
vienen de la mar y que a los peces les encanta engullir crustáceos blanditos y gomosos,
como él en estos momentos. Por eso evitarán zonas que queden sumergidas a
profundidad bastante como para que un pez pueda merodear por allí, y se acogerán a
las zonas más secas, aunque, como decíamos, siempre dentro del radio de acción de la
marea.

Ya saben donde buscarlos. Levanten las piedras –cuanto más


grandes sean éstas, por regla general, mayores serán también los
cangrejos que se esconden bajo ellas- y pongan a punto sus
reflejos, porque a los cangrejos zapateros, con mucho
fundamento, se les conoce también como “corredores”.

En caso de que renuncie de antemano a levantar piedras, sólo le


queda una opción para capturarlos después de mudar, aunque no
es muy recomendable, por el riesgo que conlleva desplazarse
entre las rocas por las zonas tildales durante la noche.

Coja una linterna, póngase un calzado cómodo y a poder ser, cuya


suela no resbale, y adéntrese en los pozos poco profundos que
deja la marea. Allí los encontrará al descubierto, siempre y cuando
los busque en charcos de muy escasa profundidad y alejados de la
orilla. Cuidado con el verdín si camina de noche por esos
vericuetos del litoral, tan húmedos y resbaladizos.
Ermitaño. Eupagurus bernhardus

También conocido como caracol bruja o magurio, constituye un magnífico cebo que
puede ser recolectado sin esfuerzo durante las horas de bajamar. Es muy eficaz para
todos los peces de roca. En el Mediterráneo su variedad “gigante” es empleada
frecuentemente para cebar los palangres de fondo de los profesionales. Presenta la
ventaja añadida de que, si nos acercamos al puerto pesquero más cercano, podremos
conseguirlos a miles cuando limpien las redes de arrastre.

Este crustáceo figura en las primeras posiciones de la lista de


mejores cebos; sin embargo, existen muchos aficionados que no lo
conocen o, simplemente, no lo utilizan.
Quizás el mayor inconveniente que presenta es su escasa talla, pero en el
Mediterráneo encontramos una subespecie endémica de ermitaño de mucho mayor
tamaño que el común, ampliamente distribuido por todo el litoral ibérico.
Podemos aprovisionarnos de estos crustáceos en las rocas que deja al descubierto la
marea o bien husmeando entre las artes de arrastre, cuando son limpiadas en el
puerto.
El ermitaño, al revés que los moluscos gasterópodos, no es capaz de fabricar su
propia concha, por lo que debe usurpar la de los caracoles marinos e ir cambiando a
una mayor, a medida que crece su cuerpo.
Este cangrejo debe ser encarnado comenzando por su blando abdomen, de manera
que la punta del anzuelo salga finalmente por la cabeza, entre las patas. Su aspecto
resulta poco agraciado –de ahí que en muchos puntos de nuestra geografía es
conocido vulgarmente como “caracol bruja”-, pero para los peces de roca, es
deliciosos e irresistible. Constituye una carnada perfecta para pescar lábridos,
espáridos y pequeños serránidos.
Para sacarlo de la concha, bastará con calentarla con un mechero o en una pequeña
parrilla. Tan pronto como sienta que su tradicional refugio quema y se ha vuelto, por
tanto, inhabitable, el indefenso magurio saldrá despavorido.
Galera. Squila mantis

Estamos frente al cebo de moda. Este crustáceo de reducidas dimensiones carece de


valor gastronómico, pero no de valor comercial, si nos atenemos a la alta demanda
que presenta por parte de los aficionados a la pesca. En efecto, el kilo de galera
cuesta más dinero que el de langostinos, aunque no se venda por kilos, sino por
unidades o por docenas, en los mejores comercios de pesca deportiva.
En realidad, la galera es un feroz depredador arenícola que vive en túneles que le
sirven de guarida y de puesto de caza. Acecha a sus presas y, cuando se ponen a
distancia de tiro, las atrapa con sus pinzas para devorarlas a placer dentro del túnel
que le hace las veces de madriguera.
En lo morfológico, guarda cierta semejanza con la cigala o con el cangrejo de río,
pero sus hábitos no tienen nada que ver con los anteriores. Podemos atrapar galeras
sirviéndonos de un tubo a modo de aspirador, que colocaremos sobre la boca del
agujero donde vive, para “absorber” al animalillo y sacarlo de su guarida.
Lo más sencillo, sin embargo, sería comprarlo, aunque su precio puede ser a veces
desproporcionado.

La galera es ideal para tentar a casi todas las especies de roca y


de arena, se encarna con facilidad –sus pinzas son blandas e
inofensivas- y puede reportar capturas insospechadas.
Camarón. Palaemon serratus

Este crustáceo nos recuerda a una quisquilla gigante y cabezona. Vive en la zona
intermareal o mediolitoral, al amparo de las oquedades y grietas que encuentra entre
las piedras del fondo. De noche busca comida y se muestra más activo. Se pesca con
redeños, reteles, nasas y otras trampas similares, cebadas con despojos de pescado.
Es muy codiciado por la exquisitez de su carne, por lo que se le persigue con saña.

El camarón o quisquillón es un magnifico cebo, pero muy poco empleado. La causa


es, aparte de su relativa escasez, su enorme valor culinario, lo que le salva del
anzuelo, pero lo empuja al puchero o a la parrilla, tanto da.

Desde aquí, como lo cortés no quita lo valiente, mantendremos que es uno de los
mejores cebos que podemos emplear en la pesca costera, pero que nunca se nos
ocurriría darle este cometido. Recomendamos encarecidamente que “pique” usted, y
se coma este delicioso bocado que nos ofrece la mar.
Quisquilla. Leander aquilla

Todo buen aficionado reconoce su importancia como cebo natural. Su primo de


zumosol, el camarón o quisquillón, es igualmente efectivo y se traslada su uso a
aparejos más pesados, y a anzuelos de más porte, aunque si es fresco, hágame caso, no
lo ponga de carnada y cómaselo usted.
Las quisquillas serán bien aceptadas en casi todos los nichos ecológicos de la
rompiente, pero el problema que presentan es que debido a su mínimo tamaño, serán
demasiado bien aceptadas, luego picarán muchos peces de muy escasa talla, con los
inconvenientes que esto nos puede deparar si pretendemos otras capturas de mayor
envergadura.
La quisquilla debe ser encarnada viva y entera (la cabeza, con sus antenas y sus ojos
que brillan, es muy efectiva), comenzando por la cola, para situar la punta del anzuelo
lo más cerca de la cabeza. Para conseguir el mejor encarnado, es conveniente
acomodar la forma y tamaño del anzuelo a la talla de la quisquilla, de manera que no
sobresalga nada, pero que tampoco quede parte alguna de su cuerpo sin su
correspondiente porción de acero.
Como con el resto de los crustáceos pescando a boya, el bajo de línea debe ser largo y
se debe lanzar preferiblemente a donde el agua “engorda”, es decir, donde se ve
enturbiada por la espuma o por cualquier otro factor.
Para hacernos con un puñado de quisquillas basta con rastrear las zonas
intermareales con un redeño o quisquillero. Suelen ocultarse entre el verdín de las
rocas y las algas del fondo. Si necesitamos mayor cantidad, procederemos a cebar el
redeño con trozos de pescado.
Respecto a la conservación del cebo capturado, un anciano pescador me explicó que lo
mejor era meterlo en una boina vieja llena de algas mojadas. Yo no le voy a
contradecir, pero, como muchos -entre los que me incluyo- ya no gastamos boina, y
éste no suele ser un artículo que pulule envejecido por los recovecos de nuestros
armarios roperos, podremos sustituirlo por un saquito de gruesa tela o de bayeta,
siempre lleno de algas frescas y húmedas.
Nunca utilizaremos recipientes con agua de mar para conservar nuestro cebo (es un
error habitual que pronto produce la podredumbre del agua y la muerte y corrupción de
los animalillos cautivos), sólo algas y arena mojada o, en algunas ocasiones y para
especies -sobre todo anélidos- muy determinadas, serrín o virutas de madera húmeda.
Una vez el cebo así dispuesto, es decir, en un saquito lleno de algas mojadas, se
guardará en un sitio fresco (a una temperatura de entre 7 ºC y 14 ºC) y si es posible, se
le dará "de beber" -se sumerge el saquito en agua de mar durante unos minutos y luego
se deja escurrir- diariamente y se inspeccionará para retirar los cadáveres (esto también
es importante para evitar que mueran los demás).
Con esta técnica de conservación se podrá mantener el cebo en perfecto estado
operativo durante varios días, tanto da que sean quisquillas, como cangrejillos, pulgas
de mar o ermitaños.
Pan.

El pan nuestro de cada día es un cebo que, por típico para algunas especies
dulceacuícolas –sobre todo algunos ciprínidos-, pasa desapercibido para la mayoría
de los pescadores de mar.
Sin embargo, el pan es un poderoso cebo también para algunas especies marinas, en
especial para aquellas de régimen vegetariano u omnívoro. Es el caso de las salpas o
salemas, o de los mugílidos, por ejemplo.
De todas formas, dado que no es un alimento natural de los peces, conviene siempre
cebar la zona de pesca con abundantes miguitas antes de lanzar el aparejo.
Si queremos utilizar este cebo, obraremos de la siguiente manera: El día anterior
habremos comparado una barra de pan. La mitad la guardamos en una bolsa de
plástico. Al día siguiente, arrojamos la otra mitad al agua, partida en trocitos que
sirven como macizo o engodo. Con el pedazo restante, que se ha vuelto gomoso tras
haber estado un día entero envuelto en plástico, encarnamos el anzuelo. Los trozos
que pongamos como cebo nunca serán mayores que lo justo para cubrir el engaño –
en el agua se hincharán y aumentará considerablemente su tamaño- pues se pretende
que el pez pueda engullirlos de un bocado.
Otra forma de pescar con pan consiste en elaborar una masilla añadiéndole agua y
moldeando una porción de ésta sobre el anzuelo. En ese caso, debemos estar atentos
para que dicha masilla no resulte demasiado sólida, pues, en ocasiones, formaremos
una bola alrededor del anzuelo tan robusta, que los peces a los que va destinada –a
menudo con denticiones poco desarrolladas- no podrán llegar hasta el anzuelo, sino
después de haberla mordisqueado hasta desintegrarla.
Recordemos además que, el pan en estado “normal” al contacto con el agua se
ablanda y flota, mientras que la masilla hecha con el mismo, se hunde y endurece.
Masilla.

La masilla es un cebo muy empleado, sobre todo en el


Mediterráneo, por los aficionados costeros. Aunque lo normal es
fabricárselo uno mismo, también se puede encontrar en comercios
especializados por un módico precio.

La masilla es un compuesto hecho a partir de una base de harina,


a la que se añade agua y otras sustancias para sazonarlo y dotarlo
del aroma que se pretende atraiga a los peces. Entre los más
comunes se cuentan el aceite de pescado, los triturados de
sardinas, anchoas y demás pescado azul, así como otras esencias
aromáticas.

La masilla se emplea pescando a media agua, ya sea a corcho o


veleta, o a pulso. Nunca a fondo. Cuenta con incondicionales,
sobre todo por las ventajas que presenta como cebo económico y
de fácil manipulado. Pero eso no quita para que, como cebo en sí,
resulte más bien discreto.

Por eso, aunque muchos lo empleen, no aconsejamos su uso,


salvo de cara a capturar algunas especies de régimen omnívoro o
vegetariano, como los mugílidos o algunos espáridos, como
pudiera ser el caso de la boga o de la salpa.

Uno de los fallos más comunes cuando se pesca con masilla es el


de colocar una porción demasiado grande en el anzuelo. Las
presas típicas con este cebo suelen ser ejemplares de pequeño
tamaño y, a menudo, pertenecen a especies que no son
predadoras, por lo que su boca tampoco es apropiada para
consumir grandes pedazos.

Además, la masilla, a no ser que esté hecha con muy buen tino,
suele endurecerse hasta extremos imposibles. Tras unos minutos
bajo el agua, el apetitoso bocado se convierte en una bola de
cemento que los peces de boca pequeña y frágil serán incapaces
de ingerir.
PESCA CON PATA DE PULPO

La pata de pulpo es uno de los cebos más interesantes para la pesca de grandes lubinas. En
muchas ocasiones, sabemos que en la zona que estamos pescando hay grandes lubinas, hemos
probado con diferentes señuelos y a diferentes horas, las hemos visto nadar cerca de la orilla
cazando, pero ni nuestros peces artificiales, ni anguilones, ni otros cebos han conseguido el éxito y
las lubinas los han ignorado en todo momento. Este es el momento de utilizar la pata de pulpo para
tentarlas. Con este cebo el porcentaje de éxito se multiplicara por 1000 y casi seguro que esa gran
lubina que nos tiene hipnotizado en no mucho tiempo estará clavada al otro extremo de nuestra
línea.

La pata de pulpo debido a su olor posee un gran poder atrayente, además al tener fósforo será un
cebo muy interesante cuando pesquemos por la noche ya que para las lubinas y otras especies
este se presentara como un luminoso fosforescente que a grandes distancias será visto por los
peces.

La experiencia después de haber utilizado este cebo en muchas ocasiones y con gran éxito de
capturas, me dice que debemos utilizar preferentemente pulpos capturados en la zona, en la
mayoría de los casos el pulpo comprado en la pescadería no conseguirá engañar a esa gran lubina
que no sé por que extraña razón detectara el engaño y no lo comerá.

Una vez que tengamos un pulpo pescado en el mismo lugar donde tentaremos a la lubina, le
cortaremos una pata por la zona mas gruesa y utilizaremos unos 6 o 7 cm de esta cortando la pata
por el extremo mas fino y desechándolo.

Con la aguja de la sardina lo montaremos en el anzuelo, este será de carbono y del nº 1 del cual la
punta quedara fuera sin clavarlo al cebo como en la foto.

El aparejo que utilizaremos será muy simple, un plomo de muy poco peso máximo 60 grs. y un
terminal bien largo + - 1 metro.

Lanzaremos cerca de la orilla en donde rompen las olas, en la zona en la que se forma la espuma
del oleaje. Mantendremos el freno del carrete totalmente abierto y la línea sin tensar. La lubina debe
de coger el cebo con confianza y no notar la tensión de la línea para que la lubina trague la pata de
pulpo con confianza.

La picada de la lubina se manifestara doblando continuamente la caña y sacando varios metros de


línea de nuestro carrete continuamente, sin tirones, como si al otro lado de la línea hubiéramos
enganchado una locomotora. Cogeremos la caña y cerrando el freno del carrete procederemos a
clavar el pez dando un tirón fuerte para seguidamente abrir otra vez el freno del carrete para no
romper la línea y trabajar al pez.
El primero de ellos, y sin duda, el más empleado sería
la quisquilla (Leander aquilla ), no confundir con el
camarón (Palaemon serratus) de mayores dimensiones
y pelín grande para la boca de la mayoría de los
lábridos, si exceptuamos las mayores maragotas o
durdos.

El uso de la quisquilla, pese a ser un cebo muy utilizado


por los pescadores de escollera, a veces está
circunscrito, casi exclusivamente, a la pesca de
espáridos con el agua movida. No hay duda de que
este empleo tiene su fundamento, pues es quizás lo
mejor que podemos encarnar en el anzuelo si
perseguimos sargos o mojarras con el agua gorda.

Pero no debemos olvidar que, al igual que estos espáridos, lo lábridos cazan en los mismos ecosistemas
litorales, aventurándose en aguas poco profundas para capturar estos pequeños crustáceos. La única diferencia
estriba en que los lábridos, a diferencia de los sargos, prefieren las aguas quietas o de corriente moderada y
cristalinas para alimentarse. Pero su alimento, en este caso las quisquillas que buscan en los pozos tildales tan
pronto como la marea se lo permite, es el mismo. Por tanto, unas quisquillas vivas en un aparejo de lábridos,
serán tan efectivas como en un aparejo de sargos. No desaprovechemos la oportunidad de ofrecérselas.

Del mismo modo, habitualmente nos olvidamos de los cangrejos cuando pretendemos pescar lábridos. ¿Por qué?
Pues porque asociamos a los cangrejos a los grandes espáridos de dentadura poderosa y fuertes mandíbulas.
Pero, ahora viene la pregunta del millón: ¿es que todos los cangrejos son grandes y duros? Pues no:
lógicamente los cangrejos no nacen midiendo cinco centímetros de largo y con unas poderosas pinzas. Entonces,
¿por qué no probamos a encarnar con los más pequeñitos, esos que encajan como un guante en nuestro
minúsculo anzuelo? Por desconocimiento, sin duda. Repárese en que estos cangrejillos, por un lado, son más
frecuentes y fáciles de atrapar que sus hermanos mayores y, además de más pequeños, generalmente más
blandos, más aptos, en suma, para las fauces de los lábridos.
Respecto a los cangrejos de mayores dimensiones, si damos con ellos cuando están mudando, podemos
llevarnos gratas sorpresas, y no sólo me refiero ahora a los lábridos, sino también a especies tan perseguidas
como la lubina. El cangrejo blando es uno de los mejores cebos para el durdo o la maragota, incluso partido en
pedazos que se adecuen al tamaño de nuestro anzuelo, funciona a las mil maravillas.
Y, hablando de cangrejos, nunca debemos olvidarnos de ese gran cebo, sin duda uno de los mejores para todas
las especies de roca, que es el cangrejo ermitaño.

En España contamos con dos especies: el cangrejo ermitaño, digamos, "normal" (Eupagurus bernhardus) y otra,
endémica del Mediterráneo, a la que se conoce como "ermitaño gigante". Esta última es bastante empleada
como cebo, sobre todo entre los palangreros profesionales de bajura muchos puertos del sur peninsular, pero
estos ejemplares, magníficos para capturar, por ejemplo, grandes espáridos, suelen ser demasiado grandes para
la mayoría de los lábridos. En cambio, los otros ermitaños -los pequeños, vaya-, son ideales para aquel aparejo
que persiga julias, tordos, gayanos o cualquier otro labro que se tercie.

Respecto al cangrejo ermitaño -también conocido como caracol bruja-, los profanos deben saber que,
obviamente, no se trata de un molusco gasterópodo, sino de un crustáceo. Entonces, se preguntará alguno,
"¿cómo así tiene concha?". La respuesta es simple: la roba. Se la roba, por supuesto, a un caracol de verdad, a
un verdadero gasterópodo, que estaba en el fondo llevando una vida, suponemos plácida, de molusco, hasta
que muere y es despojado de su casa, o lo matan y es despojado de su casa, que aunque no es igual, es
parecido. El caso es que uno se queda sin parte de su cuerpo y el otro se apropia de él. En nuestro caso vendría
a ser como si alguien se quedase con nuestra piel y nuestro esqueleto, lo cual suena muy terrorífico y muy
grunch, aunque ya se sabe que las comparaciones son odiosas.
Digo esto, porque aliviará problemas de conciencia al
aficionado que decida emplear ermitaños como
carnada, para lo cual tendrá que hacer salir al
animalillo de su concha.
Para ello existen dos métodos, igualmente expeditivos,
pues el inquilino ermitaño es propenso a resistirse y no
abandonar su morada -por mucho que la haya
previamente robado- de buen grado. Así que no pierda
el tiempo conminándole a salir y oblíguele por las
bravas. Las dos maneras a las que nos referíamos son
estas:

A) Partimos la concha con ayuda de una piedra o de un


martillo: La ventaja es que es un método rápido. La
desventaja es que, si no se hace con mimo y
atinadamente, corremos el riesgo cierto de hacer puré
a nuestro crustáceo.

B) Calentamos la concha con un mechero: La ventaja es que siempre sale entero y en prefecto estado
operativo. La desventaja es que es un método lento y paciente y, a veces, nos quemamos los dedos.
Por lo demás, podemos encontrar ermitaños en todo nuestro litoral, especialmente en la franja tildal al retirarse
la marea.
En resumen, tanto quisquillas como cangrejos ermitaños, son dos cebos magníficos para cualquier lábrido que
se precie, y podemos ofrecérselos con las mismas garantías de ataque que con un anélido marino, quizás su
cebo por excelencia.
CARNADAS - CEBOS

Para pescar con un vivo, debemos utilizar este sistema: Lanzar primero la Esta es la forma de encarnar un vivo. Hay tener mucho cuidado al pincharlo
caña (sin carnada, solamente el plomo) y luego deslizar el vivo por el hilo ya que si lo hacemos mal ya no será un vivo :)) .
utilizado un esmerillon o imperdible.

Para los camarones vivos podemos encarnar con el imperdible que hemos
visto en la anterior viñeta, si no disponemos de el, tambien lo podemos
Para las gusanas este es el mejor sistema, aunque hay quien no utiliza aguja.
hacer con un anzuelo y mucho cuidado. Tambien habra que deslizarlo por
el hilo.
Las navajas o los muegoslas podemos encarnar con cáscara o sin
ella. Con cáscara tiene la ventaja que atacrará menos la morralla Así se ponen las navajas sin cáscara.
y duraramas la carnada. Notese que hay que liarle hilo elástico.

Carnada excelente para grandes peces. La carnada de siempre. Con esto entran Doradas.
Tambien es buena para la dorada, no olvideis el hilo elástico. La sardina. Yo las pongo así. Excelente para el Robalo.

Esta es una forma muy personal de poner los calamares, a mi me Lo mismo os digo de la gamba o el camarón pelado. Repito, no
va bién. olvideis el hilo elastico (Lycra).
Esta es una de la formas de preparar la Tita. Esta es otra.

Esta es una buena carnada para la Herrera,


Esta, para las titas pequeñas (francesas).
¡¡Probadla!!
NUDOS BASICOS

NUDOS PARA ATAR LA LINEA AL APAREJO


NUDO DE SANGRE

1º Introduzca la punta libre de la linea a trves


del ojal del anzuelo.
2º Coloque la punta de libre hacia atras y
pasela por debajo de la linea.
3º Coloque la punta de nuevo por encima de la
linea para formar una lazada.
4º Con la punta, de unas cuatro vueltas
alrededor de la linea.
5º Situe la punta hacia atras y pasela entre el
ojo y el primer lazo.
6º Tire con fuerza y recorte la punta.

LATIGO DE PALETA

1º Doble la punta de la linea a lo largo de la


pala del anzuelo. Rodee con la punta libre la
linea y el gancho.
2º De unas seis vueltas con la punta libre y
luego pasela por la lazada doblada de la linea.
3º Tense el nudo con cuidado y recorte la
punta.
NUDO DE DOMHOF (Uninudo)

1º Pase la linea por el ojodel anzuelo y forme


una gran lazada a lo largo de la pala del
anzuelo.
2º De varias vueltas a la linea alrededor del
anzuelo y de la punta superior del lazo para
unirlos. Luego introduzca la punta de fuera en
el lazo y tire fuertemente. Recorte la punta.

NUDO PALOMAR

1º Para unir un esmerillon (o un señuelo o


anzuelo grande) a una linea, doble la punta de
la linea e introduzcala en el ojo.
2º Realice un solo nudo en la linea doblada.
3º Tire de la punta sobre el esmerillon (o
señuelo o anzuelo).
4º Tense el nudo y recorte la punta.

NUDO DE BOBINA

Este sencillo nudoes la manera mas facil y


eficaz de atar el sedal a la bobina del carrete.
NUDOS PARA FORMAR LAZOS
LAZO DE DOBLE VUELTA (Lazo de cabo de cirujano)

1º Doble la punta de la linea hacia atras.


2º Efectue un nudo en la linea doblada.
3º Vuelva a introducir la punta doblada por el
lazo.
4º Tense el nudo y recorte la punta.

LAZO DE SANGRE

1º Doble la punta de la linea hacia atras.


2º De una vuelta con la punta doblada
alrededor de la linea.
3º Vuelva a pasar la punta doblada por el
centro.
4º Tire del nudo y recorte la punta.
NUDOS PARA UNIR LINEAS
NUDO DE AGUA ( de cirujano)

1º Coloque las puntas de las dos lineas en


paralelo unidas durante unos 15 cm.
2º Mantenga las dos lineas juntas y forme con
ellas una lazada amplia.
3º Manteniendo las dos lineas unidas, pase las
puntas por la lazada cuatro veces.
4º Tire de las dos lineas para tensar el lazo en
un nudo y recorte las puntas.

NUDO BARRILETE

1º Junte las puntas de dos lineas, coja una


punta y de cuatro vueltas alrededor de la otra.
Luego echela hacia atras y pasela entre las dos
lineas .
2º Repita esta operacion con la otra punta
libre, con cuidado de no deshacer el primer
paso.
3º Humedezca el nudo para lubricarlo, luego
tenselo y recorte las puntas.
E aqui 4 franchutes (Alguno muy bueno)

Le noeud Amortisseur

Le noeud Amortisseur est un noeud qui retient 100 % de force rupture, à réserver pour les leurres et la pêche
de gros poissons. De plus il est facile à réalliser.

Etape 1 Etape 2 Etape 3 Etape 4 Etape 5

Le noeud Pitzen

Le noeud Pitzen a été créé par E. Pitzenbauer. Ce noeud donne un produit équivalent au noeud Duncan, il est
cependant plus facile à faire car il n'y a pas de passages répétés dans la boucle. Enfin le noeud de Pitzen
conserve 95 % de force rupture.

Etape 1 Etape 2 Etape 3 Etape 4 Etape 5 Etape 6

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Pescador

Le noeud du pêcheur

Les marins le reconnaissent comme le plus sûr de tous les noeuds destinés à mettre bout à
bout deux cordages, qu'il s'agisse de fines lignes de pêche ou de grosses amarres. On peut,
dans certaine mesure, l'utiliser avec deux cordages de sections et de raiseurs différentes.

Le noeud de pecheur se compose de deux demi-noeuds. Pour l'exécuter, on juxtapose, sur


une certaine longueur, les deux cordages à rabouter, et, à l'extrémité de chacun d'eux, on
fait un demi-noeud autour de l'autre. Pour le défaire, on commence par écarter les deux
noeuds qui le composent, ce qui peut se révéler particulièrement délicat si les cordages ont
subi une forte tension.

Etape 1

Etape 2

Etape 3
Bajo de linea

Le noeud de bas de ligne

On a trouvé une référence à ce noeud dans un texte imprimé en 1496, et Izaak Walton, le
"père de la pêche à la ligne", l'a également mentionné dans un ouvrage publié au XVII°
siècle. Cette façon de relier deux fils entre eux a donc traversé les siècles, et elle est
toujours couramment utilisée car elle s'accomode bien de diamètres différents. Il faut
toutefois effectuer au moins quatre tours et bien placer les nylons en parallèle, sans qu'ils
se chevauchent.

Etape 1

Etape 2

Etape 3
Bajo de linea

Etape 4
Vuelta de potencia

Le noeud de boucle-potence

Certaines techniques de pêche requièrent de monter plusieurs hameçons sur une ligne
principale. Pour le maquereau, qui se déplace en bancs serrés permettant de faire d'un coup
des pêches miraculeuses, on emploie le terme de "mitraillette". Ce noeud paraît tout simple,
pourtant il exige un certain tour de main.

Etape 1

Etape 2

Etape 3
Cirujano

Le noeud de chirurgien

Comme son nom l'indique, le noeud de chirurgien est utilisé pour ligaturer les vaisseaux
sanguins. Son usage, toutefois, nest pas réservé aux seuls diplômés de la Faculté : les
pêcheurs l'utilisent également volontiers, et il se montre très efficace pour réunir deux
sandows. Dans de derner cas , il daut cependant savoir que le noeud ne tiendra bien que si
on l'enroule sur lui-même pendant qu'on le serre.

Etape 1

Etape 2

Etape 3

Etape 4
Le noeud de potence
Dos lineas

Réunir deux lignes

Les britanniques, grands maîtres s'il en est de la pêche à la mouche, qualifient le noeud
utilisé pour cette opération de "noeud de tonneau", à cause de la forme que lui donnent ses
nombreux tours. On l'emploie pour mettre bout à bout deux lignes de diamètres égaux, ou à
peu près semblables. C'est un des plus classiques parmis les noeuds de pêche, et il est
recommandé de ne pas trop le serrer : on doit toujours pouvoir en compter les tours.

Ce noeud fait l'objet d'une anecdote amusante. Au XIX° siècle, les pêcheurs et les
marchants d'accessoires possédaient leurs noeuds secrets, dont faisait partie celui-ci : une
fois sérrés, impossible de savoir comment ils avaient été réalisés. Au début de ce siècle, un
officer-mécanicien, réussit à trancher dans le sens de la longueur ce noeud particulier. Il
examina au microscope les boucles et les tours, et le noeud de tonneau révéla son mystère.

Etape 1

Etape 2

Etape 3

Etape 4
Doble pescador

Le noeud de pêcheur double

Le noeud de pêcheur ne devrait jamais être réalisé autrement. Les deux tours effectués par
chaque demi-noeud jouent, en effet, le rôle d'amortisseur quand les deux cordages se
trouvent sous tension ; ainsi le noeud est-il plus facile à défaire ensuite. Les grimpeurs, qui
l'utilisent couramment pour rabouter deux cordes, ou pour faire un anneau de Prusik, ne
connaissent d'ailleurs le noeud de pêcheur que sous sa forme double.

Etape 1

Etape 2

Etape 3

Etape 4
Aguja

Le noeud d'aiguille

Ce noeud constitue la façon la plus élégante de relier une empile au corps de ligne. C'est
également le montage le plus solide, qui offre un avantage supplémentaire : le noeud
d'aiguille ne s'accroche nulle part et ne se charge pas d'algues et autres débris.

Etape 1

Etape 2

Etape 3
Aguja

Etape 4

Etape 5
grinner doble

Le noeud de Grinner double

C'est l'application du noeud de Grinner à un autre usage : mettre deux lignes bout à bout.
Un tel noeud n'a jamais trahi son pêcheur; même quant il relie des nylons de diamètres
différents. Mais quel doigté il exige !

Etape 1

Etape 2

Etape 3

Etape 4

Etape 5

Etape 6
Turle

Le noeud du major Turle

Le major Turle, qui pêchait sur les rivières du Devon, inventa en 1884, cette méthode pour
monter les hameçons à oeillet incliné. Il convient de respecter scrupuleusement cette façon
de procéder : passer le nylon dans l'oeillet, faire le noeud, passer la boucle coulissante par-
dessus l'hameçon, et alors seulement serrer.

Etape 1

Etape 2

Etape 3

Etape 4
Le noeud Palomar

Le noeud Palomar est surtout utilisé pour les émerillons, il peut l'être aussi pour des
leurres et des hameçons. Il demeure très apprécié pour les utilisations de fils tressés et
pour les nylons ayant tendance à glisser.

Etape 1

Etape 2

Etape 3

Bueno a ver si con toda esta información pescas algo ;-)) Afro -Nov.2005 Mao
Señuelos artificiales.1