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Atrapado en el fuego del averno,

el placer de esos montes,


el placer de esos rios,
era abrasador como sol en luna llena.

El ritmo embriagante lo habia capturado,


prisionero de una ilusión
como hijo bastardo de la locura,
su mente se erigía sobre el aire cálido
rojo extremo, amarillo calcinante.

La seducción ritmo mortal


aplaca el dolor
acalla la conciencia
con la intensidad de una tormenta.

Simbolos que se dibujan


como nubes en el cielo,
bailarinas que repiten el eco
en una esquina oscura y dominante
angeles infernales y voraces.

Es un sueño dilapìdado
es un despertar con aroma a pesadilla,
es una muerte que fenece en si misma
es un hombre que llora su agonía.