Está en la página 1de 780

'Mm^ íjyiptei]

o c?'-rxt JTo J\^ 1 X eM - i c^^i

\lM«yjHl4) «le lu .\in{'r¡('a ( ciilnil v dfl Coloirio de nhot^adus 4l<' Lima; díR't<»r eu If.ve^

tic lii ('iiív<>i'«>idad d«' ('«Nta-Kíni; Acad'-iiiico corroiMindioiito do la Roal

Academia (>N|iaítola, úo la Rral Academia di' la Historia y de la

Academia «U* Helias Letras ile Santiago de Chile; Acadiuiieo

pr«>rc<iur de la Matritense de .Iiir¡s]triideneia y l.ejisla-

W^

ei')ii; iiidiridiio de la SiK'iedad de

ttc-oirrafia de l'aris

TOMO (I AKTO.

(ilATIvMALA.

.

'

( )ria\ -I íM i ], \\ I;'!

1 88 1

iiiui.tio 1

Colección Luis Lujan Muñoz

> Jnlvcrsidad Francisco Mirroqufn

www.ufm.edu Guatemala

m

El libro G. ^ , volumen 3. ^ de la Reseña, termina con

la muerte del general Morazan, acaecida el 15 de setiem-

l)re de 1842 al ponerse el sol, y los capítulos 1.^,2.^ y ''\. ^ de este libro son una consecuencia de tan infausto

como memorable acontecimiento,

habla de suce-

Pero en el capítulo 5. ^ y en otros, se

sos anteriores á la muerte de Morazan, lo cual parece li-

na falta cometida contra el orden cronoloi^ico. que debo

dominar en toda narración historien

Esto, pues, requiere esphcaciones.

(^entro-América no es un todo: son cinco fracciones.

y aun en tiempo del Gobierno federal, tenia cada una su

(/ongreso, su Poder Ejecutivo, su Corte de .lustjíMa. su ré-

gimen j sus tendencias especiales.

Para hablar de este todo, no hay mas (jue dos sistemas.

O en cada capítulo se trata de lo que acaece en las cin-

co secciones centro-americanas, aunque los sucesos no

tengan enlace y sean incoherentes, ó se destina un capí-

tulo separado para cada sección.

El primer método proíhice confusiones, oscuridad v embrollo.

n El segundo está menos sugeto á estas gravísimas fakas.

-

qne hacen insoportable una obra histórica; y por lo mis-

mo fué el adoptado en la Reseña. Pero hablándose de ima sección sola en cada capítulo,

al escribirse cada uno de ellos^ se avanza en la escala del

tiempo, j las otras secciones quedan momentáneamente

olvidadas^ siendo preciso volver á ellas en su oportunidad,

para continuar la narración desde el punto en que se la

habia dejado. Hay sucesos que necesitan unidad en la narración^ y

que^ por su grande interés, como el drama que termino

el 15 de setiembre de 1842, no se pueden cortar.

Se refirieron en el libro sesto las disposiciones de don

Braulio Carrillo que obligaron á los costaricenses á lla-

mar á Morazan, el regreso á Centro-América de este je-

fe y su entrada á Costa-Rica, la revolución de setiembre, sus móviles y su desenlace.

>

Narrándose todo esto, se dejó sin mencionar el régimen

interior de aquellos Estados, que no eran el gran teatro

de los acontecimientos, y fué preciso en el libro 7. ^ vol-

ver á ellos, tomándolos desde el punto en que antes se les

habia dejado.

En el capítulo 4. ^ se habla del Plan de Iguala y de los Tratados de Córdova

No solo se habla de ellos, sino que ambos documentos

se insertan íntegros al fin del mismo capítulo. Esto tam-

bién exije esplicacion.

Correspondía, por el orden de fechas, tratar de la ocu- pación de Soconusco, y se trató de ella.

Esta ocupación no fué un hecho aislado.

Está unida íntimamente á muchos sucesos de (pie fué

consecuencia hasta llegarse al Plan de Iguala.

De ese plan todos los centro-americanos han hablado:

pero uo todos lo han leído.

üi

Ei5 conveniente que se tenga á la vista; y así las pei*so-

ñas que no lo han leído, lo leerán; los individuos que lo conocen, recordamn su contenido, y todos tendrán pre- sente el ])unto de partida de acontecimientos que aun se

hallan en perspectiva.

El 7. ®

libro termina con ios tratados de Seusenti,

c:elebrados entre ol Salvador y Honduras, á 27 de novieni-

I>re de 1845.

Siendo así, no deberla esperarse, en todo el libro, na línea rctereutí» á ninírmí acontecimiento posterior á

u-

esta fecha.

Sin embargo, oii el capítulo (í. ^ se encuentran docu-

mentos posteriores.

Uno de ellos es el tratado Clayton-Bulwer, celebrado

en Washington á los 19 dias |lel mes de abril de 1850.

El capítulo 0. ^ tiene el siguiente rubro: ••^[ediacion.

|)roteí;torado, colonia."

Convenía referir todo lo que ha pasado acerca de esto.

Diciéndose solo lo ocurrido hasta noviembre de 45, la materia, que ofrece uu grande interés, queda incompleta. Todia continuarse en el tomo 5. ^ ; pero ¿quien asegu-

ra al autor de esta obra que, dadas las circunstancias de nuestras imprentas, llegará á publicarse el tomo 5. ^ , aun-

cjue hace mucho tiempo que está escrito?

El tratado Clayton-Bulwer puso fin á las cuestiones de

(¡ue se habla sn el capítulo G. ®

Es documento de alta importancia para la América

Central.

Mucha gente vio grandes cuestiones territoriales con

Nicaragua j Honduras, y vio á San Juan del Xortc en

manos de una potencia extranjera.

Después vieron los pueblos á San^Juan de Nicaragua

en poder do los nicaragüenses, y observaron que la- agi-

tá^cion de la prensa disminuia, que Us cuestioi^es terminar

IV

ban^ ó que por lo menos quedabaii aplazadas; pero no to-

dos los habitantes de todos los pueblos conocen la causa

de esa trasformacion.

La causa es el tratado Clayton-Bulwer, que se halla desde el foho 87 hasta el 91 de este libro.

Ese tratado mantiene el statu quo territorial de Centro- América, ante las grandes potencias .del mundo.

El dia

que se declare, ya sea en Washington ó ya en

Londres, que el Tratado Clayton-Bulwer ha caducado,

veremos surjir nuevas cuestiones, cuyas consecuencias hoy

no se pueden prever.

En el mismo capítulo se encuentra, como documento

justificativo, ima carta escrita en San José de Costa-Rica

por el general ecuatoriano, don Juan José Flores, el 15 de junio de 1850, al Cónsul Chatfield y á don Manuel

Francisco Pavón.

Esa carta, aimque documento muy secundario, da luz

acerca de la materia á que se refiere el capítulo 6. ^

El general Flores era un personaje de la antigua Co-

lombia, y figuró en la epopeya de emancipación.

Una carta de Bolívar, escrita á Flores, contiene estas

palabras:

^^Diez millones de gracias, mi querido Flores, por tan

inmensos servicios á la patria y á la gloria de Colombia.

Yo debo a Ud. mucho, infinito, mas de lo que puedo es-

presar; los servicios de Ud. no tienen precio ni recompen-

sa.^'

Es preciso que haya sido verdaderamente grande la

persona á quien el Libertador así escribia. Flores no solo era un militar; conocia pi'oílindamente

la historia, el derecha público y el internacional; era un literato y un hablista distinguido.

El frácxjionamicríto de Coloínbia, sus causas y las revo- luciónos di9 lo que ^d hu Uaraatlo, c'oin ra'^ti*) TO-pl?^'; 4r

*\

inérica-latiiia, tístraviaiido lan ideas de l'loi'es, Je hicieron

creer que en el mundo de Colon podia aclimatarse la mo-

iiar([uia, bajo la soml^ra de la columna de Julio.

Los sucesos del año de 30 en Francia y las doctrinas do Royer -CoUard y de Benjamín Constant, convirtieron en

monárquicos constitucionales á muchos repúblicos del

\ucvo-Mundo.

Felizmente los acontecimientos de que fué testigo y ac-

tora la Nación francesa en 1848. rectificaron completa-

mente estas creencias.

El general Flores desvanecido por las ideas de moiuu-

quia, pretendió levantar en su patria un trono, con el a-

[)oyo de doña Maria Cristina de Borbon.

Las maquinaciones de Flores se comprendieron.

Paz Soldán, ilustre Ministro de instado de la República

peruana, dirijió una circular enérjica y luminosa á los Go-

biernos de América, denunciando el peligro en ([ue se ha-

llaba la democracia y la República, y todo el continente

americano se puso en movimiento.

En la misma Europa ¡quien lo diria! hubo ajitaciones. Muchos políticos de allá temieron que se alterara el e-

(juilibrio europeo.

Doña Maria Luisa Fernanda, hija segunda de la reina Cristina, habia contraído matrimonio cou don Antonio

Maria F'elipe Luis de Orleans, Duque de Montpensier, hi-

jo de Luis Felipe de Orleans, rey de los franceses: y ha-

bia quienes temiei'an, on el Viejo-Mundo, {[ue ])reponde-

rara la Francia, eu virtud de una monarquia americana, bajo la protección de las casas de Orleans y de Borbon. Lo cierto es que hi Inglaterra corté el movimiento de

Flores, deteniendo los buques y elementos de. guerra con

(pie se pretendía expedicionar, El general Flores, arrojado, por. entonces, detoíLis las

:.

.

Su iutelijeiicia y vasta instrucción, lo hicieron estimar

en esa bella sección centro-americana, j prestó no pocos

servicios al país.

Sus tendencias monárquicas, su odio, por lo mismo, á

los Estados-Unidos de América, y su amor á las testas co-

ronadas, lo ligaron al Cónsul Chatfield y á don Manuel Francisco Pavón, á quienes escribió la carta que se á

los folios 85, 86 j 87 de este libro.

íhuÍ j

^

La carta no deshonra á Flores, que era un extranjero

en Centro-América; no deshonra á Chatfield cuyos inte-

reses halagaba. Deshonra al partido servil guatemalteco.

En este libro se halla íntegro el pacto de Chinandega,

documento voluminoso; pero sin tenerlo á la vista no se

pueden comprender las citas que de él se hacen en los do- cumentos relativos á las guerras entre el Salvador y Gua- temala; entre Honduras, el Salvador y Nicaragua.

Sensible es, que no siempre se pueda en este libro ha-

blar con elogio de estimables ciudadanos que aun viven,

entre los cuales se halla el Lie. don Pablo Buitrago, ex-

director de Nicaragua.

. Del señor Buitrago se dice que combatió al general

del ex-

Morazan y á su partido, y que celebró la caida

Presidente y su muerte.

Una serie de documentos lo acreditan, que no pueden

borrarse, y que los nicaragüenses consei'van en la me-

moria. Es imposible hacerlos desaparecer, para presentar los

hechos de una manera diferente de como han pasado.

No es menos sensible tener necesidad de hablar á Jn

presente generación, de hombres que han desaparecido,

dejando lúgubres recuerdos, y cuyas tumbas son veneran- das, por razón de parentesco y de vínculos de fanailia,

para muchos joveínesi educarlos en la escuela mox}fema.

vil

que ocupan dignamente puestos elevados.

Pero nadie es responsable de lo que no ha hecho. A

ninguno se puede imputar acciones ajenas.

Estas doctrinas no son inievas. Existen desde que exis-

tió la razón humana, y están consignadas en nuestros an-

tiguos códigos. Una ley de liccosvinto, dice, que el hijo

no debe ser castigado por la culpa del padre, ni el padre

por la culpa del hijo, ni la mujer por la culpa del marido,

ni el marido por la culpa de la mujer, ni el vecino por la

culpa del vecino, sino que cndii uno debo sor cnstigado

por su propia culpa. Mas dignos de elojio son los jóvenes que habiéndose c-

ducado en la escuela reaccionaria, marchan con firmeza

por la senda progresista, sin temores ni trepidaciones,

que algunos otros que comenzaron á nutrirse en política

después del año de 71, y que necesitan estímulos para po-

derse mantener de pió en la senda que conduce a nue-

vos v o'randiosos horizontes.

uatemala. marzo 80 de 1881.

II

El segundo está menos siigeto á estas gravísimas faltas,

que hacen insoportable una obra histórica: t por lo mis-

mo fué el adoptado en la Reseña.

Pero hablándose de una sección sola en cada capítulo,

al escribirse cada uno de ellos, se avanza en la escala del

tiempo, j las otras secciones quedan momentáneamente

olvidadas, siendo preciso volver á ellas en su oportunidad,

para continuar la narración desde el punto en que se la

habia dejado. Hay sucesos que necesitan unidad en la narración, y

que, por su grande interés, como el drama que terminó

ol 15 de setiembre de 1842, no se pueden cortar.

Se refirieron en el libro sesto las disposiciones de don

Braulio Carrillo que obligaron á los costaricenses á lla-

mar á Morazan, el regreso á Centro-América de este je-

fe y su entrada á Costa-Kica, la revolución de setiembre, sus móviles y su desenlace.

Narrándose todo esto, se dejó sin mencionar el régimen

Ulterior de aquellos Estados, que no eran el gran teatro

de los acontecimientos, y fué preciso en el libro 7. ^ vol-

ver á ellos, tomándolos desde el punto en que antes se les

habia dejado.

En el capítulo 4. ^ se habla del Plan de Iguala y de los Tratados de Córdova.

No solo se habla de ellos, sino que ambos documentos

se insertan íntegros al fin del mismo capítulo. Esto tam-

bién exije esplicacion.

Correspondía, por el orden de fechas, tratar de la ocu-

])acion de Soconusco, y se trató de ella.

Esta ocupación no fué un hecho aislado.

Está unida íntimamente á muchos sucesos de (pie fué

consecuencia hasta llegarse al Plan de Iguala.

De ese plan todos los centro-americanos han hablado; pero no todos lo han leído.

111

Ks conveniente que se tenga á la vista; y así las perso-

nas que no lo han leído, lo leerán; los individuos que lo

conocen, recordarán su contenido, y todos tendrán pre- sente el punto de partida de acontecimientos que aun se

hallan en perspectiva.

El 7. ^

libro termina con

los tratados de Sensenti.

celebrados entre el Salvador y Honduras, á27 de noviem-

bre de 1845.

Siendo así, no debería esperarse, en todo el libro, u-

ua línea referente á ningún acontecimiento posterior á

esta fecha.

Sin embargo, en el capítulo (>. ^ se encuentran docu-

mentos posteriores.

Uno de ellos es el tratado Clayton-Bulwer, celebrado

en Washington á los 19 dias del mes de abril de 1850.

El capítulo C. ^ tiene el siguiente rubro: ''Mediación.

[)rotectorado, colonia."

Convenia referir todo lo que ha pasado acerca de esto.

Diciéndose solo lo ocurrido hasta noviembre de 45, la materia, que ofrece un grande interés, queda incompleta. Podia continuarse en el tomo 5. ^ ; pero ¿quien asegu-

ra al autor de e^ta obra que, dadas las circunstancias de nuestras imprentas, llegará á publicarse el tomo 5. ^ , aun-

que hace mucho tiempo que está escrito? El tratado Olayton-Bulwer puso fin á las cuestiones de que se habla en el capítulo 6.

'^

Es documento de alta importancia para la América

Central.

Mucha gCiitc vio grandes cuestiones territoriales con

Xicaragua. 7 ]^ouduras, y vio á San Juan del Norte en

manos de una potencia extranjera.

Después vieron los pueblos á San Juan de Nicaragua

en podei' de loí> nicaragüenses, y observaron que la agi- tación de la prensa disminuía, quo las cuestioaes terniina-

\y

ban, ó que por lo iiieiios quedaban aplazadas; pero iio to-

dos los habitantes de todos los pueblos conocen la causa

de esa trasformacion.

La causa es el tratado Olayton-Bulwer, que se halla desde el folio 87 hasta el 91 de este libro.

Ese tratado mantiene el statu quo territorial de Centro-

América, ante las grandes potencias del mundo.

El dia

que se declare, ya sea en Washington ó ya en

Londres, que el Tratado Clayton-Bulwer ha caducado,

veremos surjir nuevas cuestiones, cuyas consecuencias hoy

' no se pueden prever.

En el mismo capítulo se encuentra, como documento

justificativo, ima carta escrita en San José de Costa-Rica

por el general ecuatoriano, don Juan José Flores, el 15 de junio de 1850, al Cónsul Chatfield y á don Manuel

Francisco Pavón.

Esa carta, aunque documento muy secundario, luz

a-cerca de la materia á que se refiere el capítulo G. ^

El general Flores era un personaje de la antigua Co-

lombia, y figuró en la epopeya de emancipación.

Una carta de Bolívar, escrita á Flores, contiene estas

palabras:

'^Diez millones de gracias, mi querido Flores, por tan

inmensos servicios á la patria y á la gloria de Colombia.

Yo debo á Ud. mucho, infinito, mas de lo que puedo es-

presar; los servicios de Ud. no tienen precio ni recompen-

sa."

Es preciso que haya sido verdaderamente grande la

persona á quien el Libertador así escribía.

Flores no solo era un militar; conocía proñindamente

la historia, el derecho público y el internacional; era un literato y un hablista distinguido.

El fracciouamieato de Colombia, sus causas y las rcvu-

\'

iiiérica-latiua, estraviaiido las ideas de Mores, le hicieron

creer que en el mundo de Colon podía aclimatarse la mo-

iiarquia, bajo la sombra de la columna de Julio.

Los sucesos del año de 30 en Francia y las doctrinas de

Royer -CoUard y de Benjamin (Jonstant, convirtieron en

monárquicos constitucionales á muchos ]'epúl)Ucos del

Nuevo-Mundo.

Felizmente los acontecimientos de que fué testigo y ac-

tora la Nación francesa en 1848, rectificaron completa-

mente estas creencias.

El general Flores desvíinecido por las ideas de monar-

(piia, pretendió levantar en su patria un trono, con el a-

poyo de doña Maria Cristina de Borboii.

Las maquinaciones de Flores se comprendieron.

Paz Soldán, ilustre Ministro de Estado de la República

peruana, dirijió una circular enérjica y luminosa á los Go-

Ijíernos de América, denunciando el peligro en que se ha- llaba la democracia y la RepúbUca, y todo el continente americano se puso en movimiento.

En la misma Europa ¡quien lo diria! hubo ajitaciones.

Muchos políticos de allá temieron que se alterara el e-

quilibrio europeo.

Doña Maria Luisa Fernanda, hija segunda de la reina Cristina, habia contraído matrimonio con don Antonio

Maria Felipe Luis de Orleans, Duque de Montpensier, hi-

jo de Luis Felipe de Orleans, rey de los franceses; y ha-

bia quienes temieran, en el Viejo-Mimdo, (pie preponde-

rara la Francia, en virtud de una monarquía americana, bajo la protección de las casas de Orleans y de Borbon.

Lo cierto es que la Inglaterra corto el movimiento de

Flores, deteniendo los buques y elementos de guerra con

que se pretendía cxpedicionar.

El general Flores, arrojado, por eutouces, do todas las

i'epúbJi<faí5 5^a<J-aX]aOí:ii?:^^'a^í Olicontró a^il'g ^n Qosta^Ritía,

VI

Su intelijencia y vasta instrucción^ lo hicieron estimar

en esa bella sección centro-americana^ j prestó no pocos

servicios al país.

Sus tendencias monárquicas^ su odio, por lo mismo, á

los Estados-Unidos de América, y su amor á las testas co-

ronadas, lo ligaron al Cónsul Chatfield y á don Manuel Francisco Pavón, á quienes escribió la carta que se ve á

los folios 85, 86 y 87 de este libro.

La carta no deshonra á Flores, que era un extranjero

en Centro-América; no deshonra á Chatfield cuyos inte-

reses halagaba.

Deshonra al partido servil guatemalteco. En este libro se halla íntegro el pacto de Chinandega,

documento voluminoso; pero sin tenerlo á la vista no se

pueden comprender las citas que de él se hacen en los do- cumentos relativos á las guerras entre el Salvador y Gua-

*

temala; entre Honduras, el Salvador y Nicaragua. Sensible es, que no siempre se pueda en este libro ha-

blar con elogio de estimables ciudadanos que aun viven,

entre los cuales se halla el Lie. don Pablo Buitrago, ex-

director de Nicaragua.

o

Del señor Buitrago se dice que combatió al general

Morazan y á su partido, y que celebró la caida

Presidente y su muerte.

Una serie de documentos lo acreditan, que no pueden

borrarse, y que los nicaragüenses conservan en la me- moria.

Es imposible hacerlos desaparecer, para presentar los

del ex-

[lechos de una manera diferente de como han pasado.

Xo es menos sensible tener necesidad de hablar á la

presente generación, de hombres que han desaparecido,,

dejando lúgubres recuerdos, j cuyas tumbas son veneran- das, por razón de parentesco y de vínculos de familia,

para muchos jóvenes, educados en la escuela moderna,

VTÍ

(juc ocupan dignainentc puestos elevados.

Pero nadie es responsable de lo que no ha hecho. A

ninguno se puede imputar acciones ajenas.-

Estas doctrinas no son nuevas. Existen desde que exis-

tió la razón humana, y están consignadas en nuestros an-

tiguos códigos. Una ley de Kecesvinto, dice, que el hijo

no debe ser castigado por la culpa del padre, ni el padre por la culpa del hijo, ni la mujer por la cidpa del marido, ni el marido por la culpa de la mujer, ni el vecino por la

<ndpa del vecino, sino que cada uno debe ser castigado

por su propia culpa.

Mas dignos de elojio son los jóvenes que habiéndose e-

ducado en la escuela reaccionaria, marchan con firmeza

por la senda progresista, sin temores ni trepidaciones,

que algunos otros que comenzaron á nutrirse en política

después del año de 71, y que necesitan estímulos para po-

derse mantener de pie en la senda que cominee á nue-

vos y grandiosos horizontes.

Guatemala, marzo 30 de 1881.

s

EESENA HISTÓRICA

AMERICA CENTRAL.

LIBRO SÉTIMO.

<;í>NTIKNK la NAUKAnoX DE MUC;II08 SUCESOS ANTEIÍIOIJES A LA

MUERTE DEL (JEXEKAL MORAZAX, Y ACONTECIMIENTOS NO-

TARLES OCURRIDOS DESPUÉS DE ELLA. HASTA EL TRA-

TADO DE PAZ ENTRE EL SALVADOR Y TrONÍ>l líAS

QUE SE FIRMO EN SENSENTI.

C A.PITUI.O PKIMERO.

Costa-Rica.

1 —Prlslau cros~'2.

SUMARIO.

Heridos 3. Jñiei'íos- -4. Cálculos (le los tiíoft

que se hicieron durante él combate —5. Calculo de heridos y

muertosf5. Muerte de Prado—1. Gobierno provisional 8. Tra-

tados con Saget 9. Observaciones 10. Empréstito 11. Personas

entre quienes se distribuye— \2. í^e aumenta el empréstito.

1 Se hallaban luisioneros en Costa-Rica, Cabanas, Barrios, Ras-

cón, Orellana, González, Zepetla ( Mannel,) Oarcia del Rio, dos s^

4

KESEÑA HISTÓRICA

ñores Pintos de San Salvador, Francisco Morazan, liijodel ex-Pre-

sidente, Ángulo, doctor Menendez, Vigil, Cruz Lozano, Esteban

Ti-avieso y otros muchos.

2Estaban no solo prisioneros sino lieridos, José Antonio Ruiz.

hijo del general 3íorazan, Ignacio Zepeda, Búlnes, Brairi, Lauda,

Espinar y algunos otros.

4 Se calcula que Morazan hizo durante el combate l«iOOO tiros,

de los cuales cien fueron cañonazos, y que á la plaza que él defen-

'lia se dirijieron 200,000 tiros, de los cuales 300 fueron de cañón.

5 Se cree que los muertos excedieron de cien, y los heridos de

doscientos.

OManuel Gómez, comandante de Bagaccs, al saber el pronun-

ciamiento del interior, marchó contra José Maria Prado, quien se

hallaba en la ciudad que hoy se llama Liberia, sin fuerza, sin hos-

tilizar á nadie y esperando solo órdenes superiores de la autoridad

que en San José se considerara legítima. Manuel Gómez, hombre

inculto y sin ningún género de principios, asesinó á Prado por pla-

cer. El crimen quedó impune, merced á los trastornos -políticos.

Algunos años después don Manuel Zeledon era juez en San Jo^é,

levantó un proceso contra el asesino de Prado, y éste tuvo necesi-

dad de acudirá las leyes relativas á la prescripción de delitos para

salvarse.

7 "Las autoridades civiles y políticas de San José, dice don

Felipe Molina, celebraron una acta desconociendo los poderes su- premos que hablan regido el Estado después de su ocupación por

hI general Morazan. En el mismo dia fué proclamado jefe proviso-

rio don José Maria Alfaro, y comandante general de las armas don

Antonio Pinto, quienes se hablan puesto á la cabeza de los pueblos

en las jornadas del dia 11 y siguientes.-'

8—El mismo Molina continúa así la narración;

"Las tropas que formaban la división de vanguardia del Ejército

Expedicionario, que el General Morazan habia organizado para in-

vadir los otros Estados y que se hallaban en Punta Arenas al man-

do del General Saget, en níimero de 300 á 500 hombres, con noticia de los^itimos acontecimientos ocurridos en el interior, y de ha- llarse muchos de los partidarios de Morazan detenidos en San José,

en calidad do prisioneros, entre otros el General Cabanas, se replie-

gan á los buques que estaban surtos en el Piwerto preparados para

conducir las mismas troj^as, y desde allí amenazan al nuevo Gobier-

no. Este envia Comisionados, que lo fueron don Rafael Ramírez y don José Maria Castro quienes celebran c