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HISTORIA

\Mi:iíl( \ CK.XTKAL.

^rwabríoi lento del pain por Iom e«»pa&olef( rl502)

lt««U %u iad«'prndfDria de la Opaña 1H:>1).

loolonao que habitaban

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INTRODUCCIÓN

TOMO STCOXJN-I>0

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iiiíiTOHu tíE LA mmu GENTeU.

Kl «o^ciindo tomo de la ''Historia de la Ainéiica Central, desde

í<» del país por los españoles hasta su indepencLn-

I va á ver la luz pública después de la sentida muerte

,

W* su niitor el Sr. Pon José Milla, á quien una anjina de i)echo ar-

'^ la noche del 80 de setiembre último.

jiido ya en la parte narrativa de los lieclios

jiie tnrieron lugar en el periodo trascurrido desde el año 1542 al

falla el juicio crítico con que el eminente y modesto escritor

<»»»«»nia terminarlo.

i. >:ina irrande que trabajo tan 'notable haya quedado incom-

let<»I ¡I/istima erande que el historiador, difamo de este nombre,

"lien el Sr. Presidente de la República, General Don J. Iluñno

:i«, encomiendo la difícil 6 importante tarea de escribir la his- ria anti^rua de la América del Centro, no haya podido dar cima "^ lalK»res, con tanto afán emprendidas, con tanto esmero y

\ erancia continuadasl Unas pocas horas antes de su muerte

ya doliente y achacoso se ocupaba de correjir las pruebas de las

iilfinr^< ;:;.»

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\-.>''i'inieii.

Tenia

el ilustre finado la ^-oncieii-

11

I NI^ODICCION.

cia del estricto oniiii>liniiento del deber contraído y se esmeraba

en correaponder dignamente á la cotí fianza que en él depositara Benemérito Jefe de la Nación.

No uie propongo en estas líneas escribir un prólogo extenso, ni

mucho nienos el juicio crítico de los acontecimientos verificados

durante los primeros cien arif)s de la dominación española; tarea

es esa superior á mis 1'uerzas. Tengo en mira úíticamente consig-

nar la causa porque la ohia encomendada á mi querido, respetado-

é inolvidable amigo, el Sr. Milla, haya quedado inconclusa; decir unas cuantas palabras acerca de los principales heclios históricos que

este volumen resefia, y cumplir así la recomendación con que la res-

petable Señora Bofia Mercedes Vidanrre, viuda de Milla, se ha ser-

vido honiarme. Interesante por mas de un concepto es este segundo tomo de la

historia p¿itria. No se traca ya en él de los brillantes episodios déla

Conquista, de aquellas luchas admirables que dan cierto carácter

épico á algunos de los sucesos de esa época, que se narran en el pri- mer volumen. Al fragor incesante del combate, á la fatiga sin des- canso del conquistador, sucedió el trabajo de la colonización, la tranquila aunque difícil tarea de organizar los países nuevamente

incorporados á la corona de Castilla.

La exposición de esos trabajos, durante el primer siglo del i'éji-

nien colonial, es el objeto de este segundo tomo y su estudio no pue- de menos de interesar vivamente, pues exhibe los elementos hetero-

géneos de que está formada nuestra sociedad y las ideas dominan-

tes que presidieron su desarrollo, nos muestra la cuna de nuestras

costumbres y el oríjen de muchos de nuestros errores económicos y

administrativos y ^'explicará en parte, ante la filosofía de la historia, los sucesos de nuestra moderna edad republicana," como dice mí ilustrado amigo el Doctor Don Marco A. Soto en interesantísima

-carta que escribía á su maestro y amigo el Señor Milla.

El réjimen colonial juzgado, como debe ser, en su tiempo y en las

circunstancias en que se hallaban la metrópoli y los países conquis- tados, no merece las acerbas censuras de que ha sido objeto.

La ignorancia de los principios económicos mas elementales, fué

causa principal de que en las leyes fiscales emitidas en aquella épo-

ca no se consultaran los intereses permanentes del comercio y de la

agricultura, que necesitaban para su oecimiento y mejora de la mas

amplia libei'tad en la contratación y de disposiciones que protejie-

ran y facilitarán el trabajo.

Leyes hubo que jjrohibian la exportación del cacao, á no ser que

los retornos se hiciesen en numerario en vez de mercaderías. Otras que por favorecer el comercio de la metrópoli y principal-

iXTUoi)i:í:ri<)X.

rri

nieníi» t-l déla provincia de Sevilla, impidieron el ya atiiro de Ceii-

tt

' :i ron el Perú y aun con lu Nu-va Esivafia. exijiendo que-

iM- i 'ürwtamente con la metrópoli. Error nianitiesro, que jm)- (Ifijo la fii^rdida de la naciente marina mercante de Guatetiiala, dis-

minuyó noiublr-mente las transarciones comerciales y privó á los

liaidtanteHdeeste pais del uso de muchos artículos, \h)v la irregula- ridad di»l<m envíc8 que harian los cr»inerciantes sevillanos y por la

lanUnza en el írasjKirte dn las mercaderías A |ie<«ar de tener puertos conocidos y írali<;id(»s m H racnico y

en el Atlántico, pues aun el de Santo Tomas de Clastilla estaba ya

luMlitadoen el tiemf)o¿ que nos referimos, se dis¡)usfK«jue el co-

mirrio fte efectuara f»or Veracrnz; y por esa via tan dilatada y cos- fnita. aparte de otra'* desventajas, salían nuestros ju-oductos y ve-

nían Inn nianii facturas, los vinos y los demás artículos de importa-

rinn.

Al^nnaii excuraiones de corsarios en aquella época motivaron la ••minion de eíia ley, en la que no se consultó tal vez que eran mucho

in

1

Im Inconvenientes que su práctica ofrecía al del peligro de

1^ protección exajerada en favor de los aboríj'^nes, reamoii naíu-

v¡f»Iencias á que se les sujetó durante el periodo dclíi con-

. Méoim <le las C4iusas de que la naciente agricultura de la AmóricA Central no alcanzara el desarrollo á que la feracidad de su

i'

la

aba.

íi'-ar vejaciones á los indíjenas y para que no se propaga-

m el cultivo de frutos, que podía perjudicar el comercie» con la ine-

tr^»|Mili. se prohibió que se ocu]>ara á aquellos en la ])lantacion de

vihntiy olivares. V esa prohibiírion, que después comprendió la de

s»*nibrar iní»rales y árboles de lino, se hizo estensiva á todos los vi-

ivynato» y írí>bernaciones de las Indias. A mas de esa proliibicion se

l»»en titnis varias, de igual linnj^^. »mi la*< Iny^.s^ Hniiri'lMs <»!) los piini'^-

ros cien anos de la colonia.

Y llegó a tal extremo el cuidado |)or]o.s naturales, que no era j)er-

ndtido á los espafio'es y ladinos vivir en los pueblos en que ellos

nioralmn. Y ese aislamiento no pudo menos de serles perjndicia},

pues eatoj-bó la mejora de su raza y de sus costumbres. Pero al lado

lie esos errores, discidpables ])or ser hijos de la ignorancia de la épo-

ca y de uu es<esivo celo proteccionista, en los que, y aun en mayo

res, incurrió también Inglaterra en el gobierno de sus colonias, er- rores siempre deplorables porque retardaron en parte el progreso

de e<tos |)aises. se encuentran muchas providencias administrativ as

que favorecieron el adelanto moral de esta sección de América.

Ií:is llamadas -^Nuevas leyes,'' á lasque el historiador consagra

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UN I i:<nn;t ( lo.N.

varias d<* las piíjinas de este tomo, fueron, en la generalidad de sus

l)rescriptú()nes, un verdadero progreso.

La creación de una nueva audiencia en los confines de Guatemala

y Nicaragua, que después se trasladó a la primera de estas provin-

cias y que con [)osr.erioridad y por un error que no tiene disculpa,

residió algún tiempo en Panam;í, entorpeciendo asi, liasta hacerla

imposible, la administración de justicia; determinar las atribuciones

de ese tribunal, queconocia en vista y en revista de todas las causas

civiles y criminales, sin mas recurso que el que respecto de las pri-

meras se dejaba á las partes para ocurrir al consejo de Indias,

cuando la importancia del i.egocio excedía de diez mil pesos de oro, fueron en el ramo de justicia las disposiciones mas culminantes de

las ' 'Nuevas leyes."

La prevención absoluta de que en lo sucesivo no se hiciera es-

clavo á indio alguno; de que en los pleitos entre naturales ó con

ellos se guardara un procedimiento sencillo; de que no se les car-

gase sino en fuerza de mucha necesidad: de que por ninguna auto-

ridad, ni menos por particulares, se pudiese dar á los indíjenas en

encomienda, son entre otras presciipciones, las mas notables que

rejistran las nuevas Ordenanzas. Esas prevenciones, sino importa-

ron la completa emancipación délos aboríjenes, prepararon por lo

menos su libertad deñnitiva La erección de una universidad, la creación de varios colejios, de hospitales y de casas de convalecientes; la apertura de caminos,

la construcci(m del puente de los Esclavos y de otros de segundo

orden, la habilitación de puertos, entre otros el de Santo Tomas,

son disposiciones muy importantes que se dieron durante el perio-

do histórico á que nos referimos y alas que el autor dedica varios 6

interesantes capítulos.

He concluido la lijera ojeada queme proponía echar sobre los

sucesos mas trascendentales qu^ este tomo reliere. A plumas au-

torizadas corresponde escrüir el juicio crítico de esta obra. Su

autor no se lisonjeaba de que estuviera exenta de errores; pero si abrigaba la esperanza de que sus trabajos contribuirían á facilitar la investigación histórica y abrirían ancho campo á discusiones ra-

^.onadas, para hacer luz en muchos puntos sobre los cuales existen

dudas, nacidas, unas veces, de la oscuridad y vacio que se advier-

ten en las crónicas antiguas y otras, de la contradicción en que los

mismos cronistas incurrieron.

Guatemala, Octubre de 1882.

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HISTORIA

r>K LA. AMERICA. CENTRAL.

CAPITULO I.

oii«\a« lü^c*.—Creación de ana aadioncia en los Coufines do Guatemala

J KletragUA. Sos atribaciones.Disposiciones en favor de los indios.

Prohibioioo de baoerloa eBolavos. Se manda poner en libertad á los que se

1iabÍ«iien hecho contra las reales órdenes anteriormente expedidas.— Orde-

nan «|U6 no 88 cargue á los indios, sino en coso de mucha necesidad, y sin

poUgro de ao vida y salud.—Prohiben emplear á los indios libres, en la

dtt las perlas, contra su voluntad. Disponen que los vireycs, gober-

oficiales reales, prelados, monasterios, &, no tengan indios escla-

:«» «e ponga en libertad á los que tuvieren.Se manda poner en li-

i lo-í indios esclavos que no sean bien tratados por sus araos, DiNpo8Ícion para que no se encomienden en lo sucesivo por ningún título,

inrlu««> ol de herencia.Compensaciones á los conquistadores y primero»

pobitdores á quienes se quitaron los indios de encomienda.Formalidíi- dea que deberían observarse en lo sucesivo en los descubrimientos.Pre- vención i'elativa á los ocursos al rey y al Consejo de Indias. Sensación

qae c:insan en América las nuevas leyes. El Padre Las Casas concluye

sa tratado de la Destruicion de las Indias.— Heñexiones acerca de este es-

crito. Se tiene conocimiento en Guatemala de las nuevas leyes. Irrita-

ción conti-a Las Casas.Carta del Ayuntamiento al rey, quejándose de es-

te uñ-^iont-ro.Nómbrasele Obispo de Chiapas.Designación de las perso-

nas que debían componer la Audiencia de los Confines.Señálase el lugar

de su residencia y se demarca su jurisdicción.El cabildo de Guatemala

IIU^TOUIA

disjHuii- ciivijir 11 la 1 üiic iMociiradores que represeuteu contra las nuevas leves. Eli jonso diversas personas y no aceptan la comisión.

(1.542-1543).

Oomeiiziibaii lab nuevay leyes, (que tal fué el norabre que se

les di(5.) con ciertas prescripciones reglamentarias para el mejor

gobierno y régimen interior del Consejo de Indias; y en seguida

mandaban establecer una audiencia real y un virey en los rei-

nos del Perú.

Creaban así mismo otra audiencia que debia residir en los Con-

fines de Nicaragua y Guatemala, con cuatro oidores letrados,

siendo presidente uno de ellos y encargándose por entonces esas í unciones al licenciado Maidonado, oidor de la audiencia de Méxi-

co. La de los Confines deberla tener á su cargo la gobernación ^e las provincias de Nicaragua y Guatemala, y la de sus adhe-

rentes, en las cuales no habria gobernador, á menos que el rey

dispusiera otra cosa. (1) Consignaban en seguida varias disposiciones que debían obser-

var las audiencias del Perú y los Confines, como también la de

Santo Domingo, de que daremos noticia detallada, tanto por la

importancia de muchas de ellas, como porque fueron las primeras que en un cuerpo de leyes se emitieron para las provincias de la

América Central.

Dispdnian que las audiencias conocieran en vista y revista de todas las causas criminales pendientes y de las que se promovie-

ran en lo sucesivo, de cualquiera clase ó importancia que fuesen;

(l) De esta disposición del emperador Carlos V data la creación de la pri- mera audiencia qne hubo en lo que se llamó d'espues América Central. Su

feolia es de 20 de Noviembre de 1542. En el siguiente año el príncipe gober-

aador la amplió y espücó mas, como luego diremos.

i>E LA AMKRJÜA CKNTUAL.

5

wíi <|ue hubiera recurso de apelacioü alguna en las sentencia»

«joe fironunciaran.

I^*»< «liiban ¡j¿;ual atribución eii |>unto á negocios civiles, sin

otro recurso al Consejo de Indias que el que se dejaba á las pai^

II í'aso de (jue el asunto versara sobre cantidad de diez mil

' oro ayiba. Kl agraviado deberia presentar su ocurso

jM

á

i.4

i

quo

''T^ona dentro de on año de pronunciada la sentencia^

(aria, sin embargo, dando lianzas la parte favorecida

df devolver lo que hubiese recibido, si se revocaba el fallo. Ks

le recurso no tendria logar en juicios sobre posesión.

Lam cartas y provisiones de las audiencias se expediniin ea

nombre del rey y se antorizarian con el sello real.

Si en los negocios en que conociesen dichos tribunales se vei^* taba UOA cantidad de mas de quinientos pesos de oro, se necesi-

tarian lr(»s votos pura formar sentencia; y si fuese de menor su-

ma, lMw»tarian d^»- v^*"-- '"^"í"'».'.)."^- Mn^,q(» j^^ otros dos dilirie*-

aen entre sí. Podría apelarse ante las audiencias de las resoluciones de lo^

gobernadores, y en este caso no habria súplica.

l4Ui audiencias se sujetarían a las ordenanzas especiales qjie fio les diesen, ú las de las Chancillerias de Granada y de Vallad

doiíd. i los capítulos de corregidores y jueces de residencia y tí

*

laa leyes y pragmáticas del reino.

^

Podrian las mismas audiencias, cuando lo juzgasen convenien*-

le, enviar a' tomar residencia á los gobernadores, oficiales y ju^

licias ordinaria.? de sus respectivas jurisdicciones; encomendando

esta diligencia ¿ personas de íidelidad y prudencia, que las snpieh

aeu descMupeílar conforme á las leyes. *Las de los gobernadores

de islas y provincias se remitirían al Consejo de Indias para su

determinación, y las demás serian sentenciadas por las mismas

audiencias: pudiendo siempre el Consejo mandar directamente

tomar residencia á los gobernadores cuando lo juzgase oportuno.

Tales eran las disposiciones reglamentarias de los tribunales

suiH^riores de las provincias de (luatemalay Nicaragna, del Pera y de Santo Domingo que contenían las nuevas leyes. Las que se

referían á libertad y buen tratamiento de los nativos eran la»

sisruientes:

6

HISTORIA

. Encargaban muy especialmente ií las audiencias cuidaran de que se tratase bien íí los indios y de que se conservaran; infor- mándose de los excesos que con ellos hubiesen cometido los go-

bernadores 6 personas particulares, y si se liabian observado las ordenanzas e instrucciones expedidas sobre el particular. Que remediasen los daños que se les hubiesen hechp y castigaran á

los culpados con todo rigor. Que en los pleitos entre los indios

ó con ellos no se levantasen grandes procesos, como solía suce-

der, por malicia de algunos abogados y procuradores; sino que

fie determinasen sumariamente, guardando sus usos y costumbres que no fuesen notoriamente injustos, y cuidando las mismas au-

diencias de que los jueces inferiores observaran esta dispo-

sición.

Prevenían que en lo sucesivo ni por causa de guerra ni por

otra alguna, ni á título de rebelión, ni por rescate, ni de otra ma-

nera se hiciese esclavo a ningún indio; debiendo ser tratados co- mo vasallos que eran de la corona de Castilla. Prohibían igual-

mente el que se sirviesen de ellos como naborías, ni de otro mo-

do, contra su voluntad.

Mandaban así mismo que los esclavos que anteriormente se

hubiesen hecho, sin razón, contra las provisiones y ¿rdenes ex- jíedidas por el rey, fuesen puestos en libertad, oídas las partes

fcreve y sumariamente y sin aparato de juicio. A falta de perso-

nas que representaran á los indios en las averiguaciones que de-

bían seguirse, se nombrarían al efecto, de oficio, hombres de con-

* ciencia y diligencia, y se les pagaria su salario de los fondos de

j)enas de cámara. Seguía en las nuevas leyes una disposición para que no se

cargase á los indios sino en fuerza de mucha necesidad y cuando Eo pudiera excusarse; previniendo que en tal caso la carga fuese

moderada, de modo que no peligrara su vida y salud. Que no se

Jes obligara en manera alguna á llevar carga contra su volun-

tad y sin la correspondiente remuneración; castigando severa-

mente á cualquiera que hiciese lo contrario.

Mencionaban en seguida las muchas muertes de indios y ne-

gros que se habían ocasionado de la pesca de las perlas; y para

evitar la repetición de estos males, prohibían, bajo pena de muer-

DE LA AMERICA CENTRAI,.

7

•te, el que se llevase á dichas pesquerías, indio alguuo libre, con-

tra su voluntad. (1)

Había en las ordenanzas otra disposición no menos importante

que las anteriorcH: la que prohibía espresamente á los vi reyes, ^gobernadores y sus tenientes, oficíales reales, prelados, raonaste-

rííw, cofradías. Jiospitales, casas de moneda y sus tesorerías, y íC

todas las pcr."*onas favorecidas con oficios, el tener indios enco-

mendados: por los muchos desórdenes y abusos que de tales en-

comiendai* se hablan ocasionado. Prevenía que todos los indios

-que tuviesen los referidos funcionarios y establecimientos, fuesen

desde luego íuc(>r|)orados en la corona real, aunque no leí hu-

biesen sido encomendados en razón de sus respectivos oficios; y

<|Qe 8Í aleaban que dejarían estos y las gobernaciones por con-

eervtr los indios, tampoco se les consintiese; pues se les había

de poner inme<liatamente en libertad.

A las personas que poseían indios sin tener título y á las que teoíéudolo, se les había dado un número excesivo de ellos, se

mandaba: i! los primeros, que los dejasen libres; y ¿ los segundos,

qne se les redujesen i una moderada cantidad.

Porotro capítulo de las nuevas ordenanzas se disponía que las

audiencias averiguasen si los indios que estaban repartidos ha-

blan sido bien tratados por sus amos: y en los casos en que se

probase haber sufrido malos tratamientos se privara de ellos á

los encomenderos y se les incorporara en la corona real.

Prevenían que en lo sucesivo ningún virey, gobernador, au-

diencia, ni otra persona cualquiera, pudiese dar á los indios en

encomienda, ni i)or via de remuneración, donación, venta, ni otro

título, n¡ por vacante, ni por herencia. Muriendo la persona que

tuviese indios encomendados, deberían las audiencias averiguar

-60 calidad m^Titov- v ^^^rvicios; informarse de como hubiese trata-

(l) £1 obispo y el jaez que fuesen á Venezuela deberían ordenar lo con-

veniente para eyitar el peligro á los indios y negros ocupados en aquel oficio;

en caso de que no pudiese excusarse tal peligro, cesarian las pesquerías

y

"porque estimamos, decían las ordenanzas, en mucho mas, como es razón, la

.^conserracion de sus ávidas, que el interés que nos puede venir de las perlas."

8

HISTORIA

do i los indios, y si dejaba mujer, hijos ii otros herederos, á los cuales haria el rey las gracias que juzgase convenientes, prove- yendo á su moderada sustentación del fondo de tributos; y que-

dando los tales indios incorporados en la real corona.

Prevenian á las audiencias el mayor celo y cuidado para que

los indios que se quitasen en virtud de las disposiciones anterio-

res, ó los que vacaran, fue>en gobernados en justicia, bien trata-

dos y doctrinados en la f6 católica; pues sobre todos estos puntos

se habría de pedir estrecha cuenta á las mismas audiencias.

Queriendo compensar en alguna manera a los descubridores y

prii^eros pobladores, muchos de los cuales habrian de perder

los indios que tenian en encomienda, en virtud de aquellas or-

denanzas, se mandaba á los vireyes, presidentes y audiencias

prefirieran para la provisión de corregimientos y otros aprove-

chamientos cualesquiera, a los pobladores casados, siendo perso-

nas hábiles.

Prohibian los pleitos sobre indios y mandaban que todas las

causas que estuviesen pendientes, ya en las Indias, ya en el Con- sejo, fuesen remitidas al rey.

Disponían la manera en que deberían hacerse en lo sucesivo

los nuevos descubrimientos, á ñn de evitar los abusos que se ha- blan observado en el particular. Nadie podria salir á descubrir

sin permiso de la audiencia del distrito, y en ningún caso seria

lícito sacar de las tierras que se descubriesen indio alguno, á no

ser tres ó cuatro que sirviesen de intérpretes. No podrían los

descubridores tomar cosa alguna de los indios, á no ser por via

de rescate y á vista de una persona nombrada por la audiencia;

conminándose con pena de muerte y pérdida de los bienes á los

que infringiesen esta disposición.

Los descubridores quedarían obligados á volver á dar cuenta

á las audiencias de sus descubrimientos, para que ellas remitie-

sen las relaciones al Consejo de Indias y se proveyese lo conve-

niente. Si la persona fuese hábil, se le encargaría poblar la tierra

descubierta, ó se le gratificaría según lo que hubiese trabajado ó

Las audiencias deberían cuidar de que fuesen con los

gastado

descubridores algunos religiosos, para doctrinar á los nativos.

Quedaba prohibido á los vireyes y gobernadores el entender

DE LA AMERICA CENTRAL.

1^

en cJe»í'ul)r¡mi*>ntos nui^vos, por raar ó por tierra, a cansa de los

irrav<»8 inconvenientes que se habiíin pulsado en quo {\](}<e una

inÍHna |M»rHo!)a deí^cubriíJor y <rob»rDa'lof. P]n cuanto a las capitu-

\Rc\one» celehrudas con vario» sugettís que a' la sazón estaban en-

lendiendo «n íiesciibrimientos, se disponía que guardasen las ])re-

</

(le aímellas nuevas ordt'níinzas y las in^tnicciones (pie

les

;

. ;i las audienrias. no ob-tante lo convenido y capitulado;