La Investigación en Educación en un mundo globalizado

La Investigación en Educación en un mundo globalizado Oscar Dávila (2008) Resumen Se parte del concepto de “globalización”, donde se explican sus antecedentes y su realidad actual, haciendo un énfasis en las fuerzas que determinan el movimiento mundial de ámbitos económicos, políticos, culturales y científicos. En esa línea, la expresión que más se adapta al término globalización es la “Gran Corporación Privada”, es decir, una serie de empresas privadas fusionadas, sin localización geográfica estandarizada (más bien virtual). Esta es la fuerza que hace posible el fenómeno de globalización en actividades de producción, consumo, servicios y educación de las futuras generaciones. En la comprensión de tal escenario, el investigador de hoy debe extender sus habilidades de creatividad e innovación. Palabras Clave: Globalización, Corporación Privada. Investigación, Educación Superior, Complejidad,

La Globalización desde dos ángulos (Los observadores y los observados) La globalización, término con indicadores notorios de estar en boga en el contexto de cualquier grupo social, denota cualquier cosa o persona que tenga raíces, estructura y consecuencias de tipo mundial. Se podría decir que una forma de abordar este término es mencionar la “globalización” como un movimiento que cruza culturas, economías, políticas y jurisprudencia con incidencias planetarias, en un ámbito donde las telecomunicaciones y la Internet juegan un papel de determinación de ciertas conductas nuevas y en proceso de aprehensión; otra perspectiva del término sería pensar en la “globalización” como un movimiento, que tiene su génesis en estados con hegemonía territorial, surgido a finales del siglo XIX y que hoy en día se connota como el resultado de diversos acuerdos con intereses bien definidos para seguir manteniendo ciertas cuotas de poder, que en la práctica definen las circunstancias y orden social que caracteriza nuestra era. Una de estas dos visiones se acerca más a la realidad, pero está solapada.

En primer lugar se invita a pensar que la actual realidad social globalizada no es producto del azar, ni es consecuencia de la introducción de nuevas Tecnologías de Información y Comunicación en diversos sectores de acción y ámbitos humanos de los países que conforman la identidad geográfica planetaria. Con la propuesta de la “Teoría Corporativa del Sistema Mundo” de Venanzi (2002) es poco probable pensar en esa posibilidad, y el sentido que recobra fuerza es que la globalización es el resultado de acuerdos de seres humanos que a nivel macro llevan mucho tiempo gestando y diseñando una estructura de poder, supeditados a un sin número de variables que hacen que el escenario sea altamente complejo, siguiendo un comportamiento senoide de ensayos, errores, propuestas y oposiciones, recesiones y progreso. Muchos años han pasado desde que las empresas privadas tomaron un papel protagónico y definitorio de la realidad social de los pueblos de norte-América (inicialmente), y de allí pasaron a formar parte del centro de toda la actividad mundial,

creando relaciones de profunda incidencia en la vida de los seres humanos de este planeta. Partiendo de esa realidad, una expresión que consigue definir “La Globalización” es que la misma está representada por el sistema de la gran corporación privada organizada en redes de distinto tamaño y naturaleza. Estas corporaciones no son nacionales, ni internacionales, ni multinacionales; Según Manuel Castell (citado por De Venanzi, 2002: 66) éstas se definen “por su carácter global, unidas en torno a grandes conglomerados de capital, funcionando en tiempo real en un ámbito literalmente planetario”. Ya González M. (1997: 28) había aludido el escenario anterior cuando menciona que “el mundo del siglo XXI será un mundo dominado por grandes asociaciones de países, cada vez más integrados entre sí; será un mundo de grandes empresas trasnacionales”. En pro de esta dominación, estas corporaciones fueron y son el resultado de fusiones de empresas privadas (Los observadores) que fomentaron y siguen fomentando nuevas formas de organización, producción y definición de una realidad social, muchas veces inconciente por el colectivo (Los observados), que de alguna manera asume como cierto que sus decisiones y su accionar diario tienen total autonomía e independencia de movimientos mundiales organizados, los cuales definen los flujos por donde se desplaza el paradigma de vida de nuestra actual sociedad. Esto nos lleva a pensar que, ni en el plano individual, ni a nivel de grupos, ni desde el estado regional, ni desde el estado nacional, y ni siquiera en el estrato de grupos de naciones organizados en cumbres mundiales, los ciudadanos del mundo resultan ser autónomos (socialmente hablando) frente al poder de estas corporaciones que tienen años gestando esta hegemonía que incide, a través de la publicidad y el poder de los medios de comunicación, en las realidades de las personas que cohabitan un espacio geopolítico en una determinada localidad del planeta. Esta idea es respaldada por Pérez Esclarin (1999: 9) cuando menciona que “Hoy somos todos corresponsables e interdependientes y es imposible el aislamiento y la verdadera autonomía. Todo lo que sucede en cualquier rincón del planeta de algún modo nos atañe”. Por lo tanto, decir que una nación no es signada desde los flujos sociales que definen la realidad mundial generalizada por hechos concurrentes e interrelacionados, es aludir que esa nación vive en un espejismo de libertad ideológica y libertad en la praxis social y en las relaciones de los actores de la sociedad. Dicha libertad esta regulada en apariencia por una legislación nacional, que puede traducirse en una tendencia ideológica de actuación en la sociedad; pero trascendiendo en las causas del por qué de ciertos fenómenos de la realidad, puede llegarse a concluir, con ciento nivel de conciencia y comprensión, que las fuerzas que mueven a la sociedad están tiradas de hilos que son movidos por las grandes corporaciones planetarias, quienes en el fondo definen el accionar social de un grupo de personas que de manera inconciente miran una realidad que creen que les es propia e innata. En este sentido, es fácil afirmar que las corporaciones privadas han crecido a tal punto, que no son los gobiernos, los que toman las decisiones cruciales en todos los ámbitos de la Sociedad. Estas corporaciones modelan el escenario nacional e internacional. “Dominan el 90% de toda la tecnología existente” (De Venanzi, 2002: 333) y sus escenarios organizativos han cedido a viejas estructuras jerárquicas y centralizadas, dando paso a procesos descentralizados y extendidos en toda la faz de la tierra. Echando una mirada retrospectiva, podemos darnos cuenta que antes de este proceso de globalización, la hegemonía en la definición de la realidad social estaba

centrada en el poder que se obtenía a través de la colonización territorial o espiritual. Ejemplos de este tipo de definición social son el imperio romano (dominación territorial) y el cristianismo o el Budismo (Dominación ideológica). Este tipo de hegemonías tuvieron su incidencia en un momento histórico (periodo romano-cristiano y la edad media), pero cuyo peso impositivo, desde pequeños grupos a una gran mayoría, repercutieron en nacientes formas de organización que debatían nuevas miradas de cómo el ser humano podía actuar en la sociedad, sin ser castigado o premiado, según fuese su accionar. Hoy en día esta linealidad desaparece porque las bifurcaciones obtenidas de ciertos escenarios relevantes del siglo 20, como las guerras mundiales, la explotación de recursos naturales, y guerras ideológicas (guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética; Capitalismo y Socialismo en América) llevaron a que el mundo tuviese una dimensión compleja que hizo que las relaciones fuesen dependientes y ciertas explicaciones tuviesen siempre una conexión directa e indirecta con otros escenarios o contextos. La explicación atomista de la realidad se fue haciendo imposible, y generó una forma de mirar el escenario local y mundial como complementario y por ende complejo. Así las sociedades son vistas desde un punto de vista del principio dialógico propio de complejidad. En estas sociedades no existe ninguna instancia de racionalidad colectiva. No existe una razón universal, sino sólo criterios de racionalidad sub-específicos: justicia, verdad, propiedad, belleza. Nada de esto puede ser englobado dentro de la religión que dominaba en una sociedad que se caracterizaba por ser obediente (edad media y moderna); en la actualidad las nuevas sociedades son disidentes. (Beriain, 2002: 2). La novedad de estas sociedades radica en que obtienen su integración por diferenciación funcional, a diferencia de las sociedades tradicionales que lo hacían por procedimientos de homogeneización. Así estas sociedades se dividen en pequeños centros de poder con funciones específicas como el político, el económico, el religioso, el legal, el cultural, el deportivo, etc. (Beriain, 2002: 2). Esto combo de pequeñas fuerzas incluía una forma heterogénea de percibir la realidad, de organizar la sociedad y de proponer fórmulas de riqueza y felicidad para la nación. Así surgen los partidos políticos con sus propuestas, pero que en su atómica presencia frente a una realidad llena de relaciones en todas direcciones, personas, grupos e ideas, se transaron con las variables que realmente daban forma al paradigma de los miembros de una sociedad. Así la corporación privada estaba inserta en las propuestas de tales partidos y grupos, redefiniendo tales propuestas y promoviéndolas a través del financiamiento. Las corporaciones privadas vieron así una especie de extremidades que llegaban a todos los extractos de la sociedad para preparar y condicionar los escenarios que permitirían que sus productos y servicios tuviesen aceptación y demanda, y con ello mantener su actividad de producción intacta. La corporación privada tiene claro este movimiento de dominación, pero no está conciente, al menos en un sentido filosófico (y quizá se admite que sí en un sentido práctico) que dicho accionar define una realidad social, unas costumbres, una planificación y una organización de los seres humanos que, de manera refleja y mecánica tal vez, definen el paradigma de vida de una localidad específica. La Investigación en un mundo globalizado. Esta realidad signada de complejidad, con poca cabida a pronósticos nacidos de análisis presentes del comportamiento de la misma, da paso a la incertidumbre. De esto se desprende que el abordaje de la realidad por parte del investigador debe ser “macro”, y no se privilegia la visión “microscópica” de realidades sociales particulares. Un fenómeno particular no puede ser estudiado encapsulado en la visión sesgada y reduccionista del contexto al que pertenece; al menos esto le daría unas cualidades particulares que serían parte de la verdad, pero no la realidad completa. Es por ello que la complejidad del mundo actual es el norte; en otras palabras “un mundo sin centro”. Para entender esto el investigador debe aplicar un análisis de alto nivel de abstracción de la realidad. Luego se hace la concretización a realidades particulares. La

estructura de estos escenarios puede ser abordada por procesos de alto nivel cognitivo del investigador como el método lógico deductivo donde se ordenan e interpretan una amplia diversidad de fenómenos sociales y sus relaciones aparentemente aisladas, y después hacer los ajustes de cierta parte de los datos en un marco específico donde encajen de manera más natural. Otro proceso que ayuda a buscar estructuración es a través del método inductivo donde se toman las fuerzas y variables aisladas para definir un escenario que surja por sí solo. Para complementar, Leal (2005: 27) coloca la abducción como un proceso mental superior, representado como un chispazo, o una intuición o insight que localiza la fuente del conocimiento y el elemento novedoso.

Siguiendo la línea de la que complejidad del mundo actual es el norte, las ideas del pensamiento complejo de Edgar Morin son claves en esta forma de explicar o interpretar la realidad. En especial importancia los principios del paradigma de la complejidad: El principio “dialógico” que alude la complementariedad de opuestos, el segundo principio de la “Recursividad organizacional” donde los efectos se convierten en causas y viceversa, y el tercer principio “hologramático”, donde “el menor punto de la imagen contiene toda la información del objeto representado” (Morin, 2003: 105)). Tales principios son perfectamente ajustados a estos tiempos para realizar innovaciones en la investigación. Por ejemplo, un individuo tiene sobre sí las herencias de sus ancestros y como tal actúa en la sociedad. Su desenvolvimiento social y el del resto definirán la realidad de tal sociedad. Esta actitud los hace “vigilantes contra toda tentación de certeza como prueba de una única verdad”; y contra toda afirmación inflexible de que “el mundo es propiamente tal, sino que es un mundo que traemos a la mano con los otros”. La Connotación de este pensamiento es más emocional que racional; es de allí donde surge la propuesta del amor de Maturana como pilar constitutivo de la ética. (Acoplamiento Estructural). (González M. 1997: 51) Siguiendo en la contextualización de la investigación en el mundo globalizado, podemos afirmar que un investigador actual que aspire “lograr la comprensión de un hecho particular, debe verse dentro del marco de la totalidad de los circuitos completos que sean relevantes para eso hecho” (De Venanzi, 2002: 7). Aquí salen a la palestra circuitos como el desorden y la entropía; La meta no debe ser buscar un orden, sino “dialogar con la realidad más que simplificarla o absorberla” (Leal, 2005: 99) ; se enfatiza en la idea de abandonar la idea de buscar un sentido de orden en el mundo actual; Esa tendencia positivista llegaba a un nivel de explicación, descripción o exploración de realidades o fenómenos, pero no daban con el centro de la cosa en sí (al menos no desde el punto de vista humanista). El positivismo heredado al siglo XX logró explicar la realidad, pero en tal siglo también surgió la tendencia de generar investigación práctica o más funcional, es decir, ya no bastaba explicar por qué el cielo es azul de día y negro de noche, por qué se oculta el sol en un eclipse, por qué no se cae la luna, o por qué ésta tiene apariencia de queso; Tal tendencia va a transformar el escenario donde se hace investigación e incidir en una mejora de vida de los miembros de la comunidad que se estudia. La posición dialógica, entre la reflexión subjetiva y el conocimiento formal objetivo cobra especial sentido en estos escenarios de transformación globalizados, pues se deben identificar y ordenar todas las fuerzas en juego, todos los discursos, todas las dimensiones, todas las posiciones; Así, trazando un marco de relaciones, se adopta una posición del investigador holista que permite redescubrir supuestos añejados de la realidad, porque “lo que parece caos y ruptura podría ser en gran medida rasgos de un nuevo orden que no terminamos de aprehender” (De Venanzi, 2002: 7). De esta forman surgen realidades no discutidas antes, como por ejemplo que algunos problemas anacrónicos, aparentemente superados por los actores de la semi-

periferia del mundo (entendida esta como el borde que rodea la corporación privada representada por algunos países desarrollados), tienen su incidencia actual en los actores de la periferia del sistema mundo (entendida esta como los países subdesarrollado o en vías de desarrollo). Otras realidades que no habían sido perfiladas, por no aplicar un análisis dialéctico de las relaciones de los fenómenos actuales, son las concernientes al uso de la tecnología. Por ejemplo, el uso de la Internet es una novedad que benefició la interconexión global, pero que al mismo tiempo excluyó a mucha gente que no pidió esa coyuntura en su realidad. Y aunque ciertamente podemos hablar de una liberación de la creatividad cultural o transculturación, es cierto que del análisis dialéctico podría deducirse (producto de muchas investigaciones) que la implementación de la Internet tiene un carácter ambivalente, ya que por un lado es la panacea de las comunicaciones y el encuentro global, pero por otro lado “condena a otros actores sociales a padecer los efectos no pretendidos de una serie de decisiones” (Beriain, 2002: 4). Adicionalmente este autor menciona “Uno puede argumentar que la globalización supone una ruptura de ciertas fronteras nacionales y de clase, pero esto no significa una abolición de la desigualdad sino una redefinición de su naturaleza.” (Beriain, 2002: 5). También Mora G. (2001: 115), alude a “los cánones que se transmiten por el espacio virtual son planificados cada vez más para exponer un prototipo cultural: el de los países con tecnología de punta”. La variable constante en el proceso globalizador es la creciente demanda de producción y uso de tecnologías. Sin embargo es preciso advertir que la tecnología debe ser vista como la posibilidad de obtener lecturas alternativas de actuar en nuestra sociedad y no como una imposición que desplace lecturas eclécticas o tradicionales, igual de efectivas en determinados contextos y que se generan en otros seres humanos. Vivir en un mundo complejo implica aceptar múltiples miradas de la realidad, múltiples opciones y posibilidades de crear la sociedad y el futuro, con mucha o poca tecnología. Independientemente de la posición que se asuma en el axioma del párrafo anterior, igualmente la tecnología dominante en el futuro será el aprovechamiento máximo de los principios informáticos y comunicacionales que hoy conocemos. Esto implica nuevas formas de innovar y de investigar, sin perder el carácter dialéctico, complejo y holista. Estas nuevas estructuras sociales que definirán el accionar futuro de los seres humanos en su medio ambiente natural (la tierra) requerirán un alto nivel de calificación educativa en la población. (“La población de China es un buen ejemplo de profesionales calificados en constante educación). Al mismo tiempo requerirá conocimiento tecnológico e infraestructura productiva” (De Venanzi, 2002: 304). Debe haber una apertura a la diversidad económica, cultural, política e inclusive filosófica, pero al mismo tiempo local, tendiendo así un pensamiento abierto a lo planetario y lo autóctono a la vez; esta visión compartida no puede convertirse en una barrera para la integración de países en forma de bloque. Las adaptaciones de algunas estructuras sociales y la Educación. “Por primera vez en la historia es posible fabricar cualquier cosa en cualquier parte y venderla donde se quiera. Este hecho implica una nueva realidad organizacional que habrá de provocar importantes cambios en la estructura corporativa” (De Venanzi, 2002: 305). La actual corporación privada vivirá transformaciones estructurales de funcionamiento y filosofía. Las estructuras no serán homogéneas; para ello se tendrán que crear estructuras diversas para realizar diversas funciones en diferentes momentos. Esta corporación privada deberá estar consagrada al cambio constante, al movimiento y a la adaptación para no sentirse amenazada por el entorno.

Algunas características que revela De Venanzi (2002), apoyado en las propuestas de Manuel Castell en su teoría de la Sociedad en Red, son las siguientes:  Las corporaciones dejarán de estar en un sitio visible y tangible. Las sociedades en ese sentido serán emblemáticas, llamadas por Knoke “Sociedades sin sitio” (placeless city). Las tareas se realizarán sin la necesidad de reunir a todos sus miembros en un mismo lugar y en un mismo tiempo. (De Venanzi, 2002: 306).  Las corporaciones serán más pequeñas, no requerirán casa matriz. La tecnología del futuro desarrollada por estas corporaciones consistirá en un desarrollo intenso y extenso de los principios cibernéticos, electrónicos y comunicacionales que hoy conocemos. Esto no quiere decir que no habrá innovaciones, solamente que éstas se basarán en principios científicos-técnicos que ya conocemos. (McRae, 1995 citado por De Venanzi, 2002: 307)  La estructura de la nueva corporación afectará igualmente al proceso educativo. Para volverse cónsona con la demanda laboral, la educación abandonará su carácter lineal y disciplinario,…,para convertirse en una experiencia continua de aprendizaje, de uso intensivo de las herramientas multimedia y basada en la realización de proyectos escolares inter-disciplinarios. (De Venanzi, 2002: 309). Aludiendo a esta última característica, el proceso educativo será igualmente afectado desde el punto de vista de su investigación y en la forma de innovar en él. Pérez Esclarín (1999: 118) signa a los maestros y profesores como investigadores y planificadores; “deben ser maestros de humanismo y maestros capaces de levantarse de sus rutinas para entrar en la dinámica de la innovación permanente”. Otra forma de decir esto es que se partirá de premisas observadas, comprobadas e interpretadas de la realidad actual para proponer un mundo educativo adaptado a las nuevas realidades futuras. En ese sentido Pert C. (2004), apunta al hecho de que “algunas de las cosas que vemos con los niños hoy en día son una señal de que la cultura está en el paradigma equivocado y que no aprecia el poder del pensamiento”. Quitar el manto a la realidad creada por el condicionamiento será un paso importante en la percepción de la realidad global. Al respecto esta autora menciona que “Por como está conectado nuestro cerebro sólo vemos lo que creemos que es posible. Combinamos patrones que ya existen dentro de nosotros mismos a través del condicionamiento.” Hagelin, J (2004), admite también que estamos en un paradigma equivocado y que nuestra formación siempre ha sido lineal. Su basamento radica en los datos aportados por la historia. Al respecto menciona: Cada era, cada generación, tiene suposiciones incorporadas: como por ejemplo que el mundo es plano, o que el mundo es redondo, etc. Hay cientos de suposiciones ocultas, cosas que damos por sentadas, que pueden o no ser ciertas. Históricamente, en la gran mayoría de los casos, estas cosas no son ciertas. Así que, probablemente si la historia es una guía, mucho de lo que damos por sentado acerca del mundo, simplemente no es verdad. Pero estamos encerrados en estos preceptos a menudo sin siquiera saberlo. Eso es un paradigma. Podríamos sugerir que un paradigma en puertas es la diversidad de pensamiento, el cual genera diversidad de escenarios. Para enfrentar a la diversidad de estudiantes, sus diversos estilos de aprendizaje, diversos intereses, diversas formas de percibir al mundo y de reaccionar ante él, es imperante actuar con mucha creatividad, y buscar soluciones laterales (aludiendo al pensamiento lateral de Bono E.). Quizá los caminos menos explorados y con menores probabilidades sean los mejores insumos para explotar la creatividad. Esta creatividad del docente - investigador en el sistema educativo debe ser abierta y flexible, pero al mismo tiempo crítica. Generalmente se generan ideas complejas, pero el

proceso cognitivo de los docentes innovadores también son complejos porque el todo no se puede explicar sin la suma de las partes, y las partes no se pueden explicar sin el contexto de la totalidad (Principio hologramático de la complejidad ya mencionado). Se busca modelar esta actitud de creatividad en los estudiantes, para fomentar ideas que sean gestadas desde las aulas de clase. La habilidad de ser creativos en los procesos de investigación y educación implica procesos cognitivos básicos tales como la capacidad de observar, utilizar diversas fuentes de información y puntos de vista, combinar la palabra, la imagen y la acción, aportar algo de la intuición y la imaginación con acciones especificas de organización y preparación de materiales educativos, haciendo una llave armónica entre los hemisferios cerebrales derechos e izquierdo del docente. Todo esto hace que produzca un hecho creativo que genera un cambio en su hacer docente que impacta a sus estudiantes y enriquece su proceso pedagógico. Así que la educación está tomando direcciones distintas, no lineales, diferentes a las tradicionales, empíricas más que teóricas, de sensaciones, de holismo y transculturación. En ese sentido es que debe apuntar la innovación en educación. Es imperante que a futuro prevalezca un modelo en equilibrio de poder pluri-dimensional entre el estado nacional, las instituciones y los individuos. Esto permitirá una participación en diversos escenarios de los individuos. Esta comprensión de esta realidad, no sólo de parte de quienes somos encargados de diseñarla, sino de parte de las personas que recibirán este legado para futuras generaciones (los niños de hoy). Tal comprensión permitirá tener realidades más acordes con el pensamiento de los individuos de una sociedad y no alineados de manera inconsciente con los preceptos, intereses, designios y mandatos de la gran corporación privada que es el centro del mundo, y los tentáculos que representan una buena porción de la misma realidad de hoy. El modelo educativo para el nuevo milenio debe seguir la línea de centrar su norte teleológico en el ser humano con la finalidad de formarlo para una sociedad justa, tolerante y libre de corporaciones (ideológicamente hablando), sin perder de vista el cultivo por la investigación científica y tecnológica. Adicionalmente que cada ser humano consiga su finalidad en la vida, su deseo de superación unido a ese sentimiento de qué es lo que vino a hacer o a aportar a este planeta. El compromiso es con la humanidad, con la ecología, con la tierra, con la vida en el colectivo. La aceptación de la diversidad es clave, atendiendo a la identidad nacional y cultura universal. Esta concepción filosófica debe envolver a todos los niveles de la educación del planeta; se dejará a un lado la individualidad y el apego por lo propio y el ego excesivo; esta es una constante que debe estar presente para no encontrar escollos en la aplicación de un modelo de una trascendencia de este tipo. Morin (1999: 67) alude a “Salvar a la humanidad realizándola”. Una reforma de pensamiento local incide en una tendencia de pensamiento global; una política de civilización pensada para todos, con profundos rasgos de humanismo reducirá las ignominias vividas, no sólo en los países donde la educación es un sistema con un sin fin de problemas, sino en otros ámbitos de la vida como el social, el afectivo, el familiar, el laboral, el civil, entre otros; El formar ciudadanos con esta conciencia es el rol de nosotros como docentes e investigadores, y partiendo de estas teorías representadas en modelos educativos innovadores podemos redimensionar nuestra praxis educativa con una performatividad que mejore cada uno de los espacios académicos de los que formamos parte como docentes y como estudiantes. La conciencia está despierta; el accionar es el siguiente paso. La sociedad debe encontrar la cohesión de sus individuos, la solidaridad y desarrollo, identificando y potenciando las condiciones que le permitan expresarse de manera novedosa en sintonía con la dialéctica de la relación global/local. Según Morin (2003: 30), la Inteligencia Ciega es aquella que “destruye los conjuntos y totalidades” y “aísla todos sus objetos de sus ambientes”. La inteligencia debe ser holista que permite “distinguir sin desarticular y asociar sin reducir” (Morin, 2003: 34). La realidad, tanto natural

como social, está provista por un lado de múltiples relaciones e interacciones entre actores heterogéneos, y por otro lado, de la incertidumbre y el azar como elemento siempre presente. Esta es la conciencia global que debemos enseñar a los niños de hoy que mañana tomarán el timón de nuestros continentes. Es por ello que De Venanzi (2002: 26) apuesta a que “se debe reinsertar el centro del sistema mundo (la gran corporación privada) en una dimensión holista que compagine su funcionamiento con el resto de los imperativos de evolución y desarrollo: la vida, el medio ambiente, la cultura”, y no aplastarlos, o generando ilusiones de que los intereses de tales corporaciones son los intereses del colectivo del planeta tierra. Sin embargo la posición de Wallerstein, citado por De Venanzi (2002: 34), es que “la evolución de el sistema mundo, o más precisamente su dinámica, no se dirige necesariamente hacia el progreso”. Partiendo de este escenario dividido entre el progreso y la recesión, De Venanzi (2002: 335) alude un enfoque esperanzador cuando afirma que: A pesar del dominio de las corporaciones privadas a nivel global, crece cada día el número de individuos que cuestionan con mayor o menor claridad y consciencia el proceso de colonización corporativa y reclaman nuevos espacios de participación y la posibilidad de presentar alternativas que retan los mitos y simulaciones contenidos en las versiones lustrosas de la globalización. Un movimiento no aislado, más bien amplio e integrado capaz de redirigir la agenda social, económica y política del naciente siglo XXI no termina de emerger. Es por ello que uno de los principales tapones que no deja emerger un grupo amplio con agenda social global en todos los aspectos de la vida de los seres humanos, es la división de la oposición antiglobalista. En cierta manera, la desunión de esta corriente opositora (o consciente de la incidencia de las corporaciones privadas en la realidad social de los países del mundo) trae consigo un reclamo a pequeña escala de posiciones de poder; podría decirse que este escenario es digno de otro análisis interpretativo. A manera de cierre, la idea que impera es que la investigación e innovación de nuestras realidades locales, no puede ceñirse al ámbito que las circunscribe; La racionalidad local es parcialmente compatible con la complejidad; el mundo de lógica y la razón no debe sobreponerse sobre el mundo de la complejidad y el entramado de relaciones de las variables que definen nuestra realidad. El principio dialógico de la complementariedad cobra vigencia en estos días de investigación social. Es por ello que hay que tener claro que existirán circunstancias y hechos que no entendemos actualmente pero que podrían ser las bases de la explicación, interpretación o transformación de realidades futuras. El investigador debe reconocer su estilo de pensamiento y de procesamiento de los fenómenos de la realidad; en este reconocimiento surge la personalidad científica creativa para dialogar con lo único que es permanente: El cambio; “Por lo tanto, no hay que temerle, sino más bien tratar de sentirnos a gusto con lo novedoso e incluso disfrutar de ello” (Leal, 2005: 19). Debemos encontrar un gustoso equilibrio en la concomitancia de nuestra realidad social caracterizada por “lo intercultural, la sensibilidad, la diferencia, la espiritualidad; pero al mismo tiempo el centrismo, lo plástico, la homogeneización, la frialdad, lo Light”. (Mora G., 2001: 115) Hacer “ciencia con conciencia” como lo plantea Leal (2005: 124) es no estar ajeno s a las fuerzas mundiales que definen comportamientos, culturas y destinos de nuestras sociedades. La producción del conocimiento científico debe estar legitimada en un paradigma que aclare y comprenda las formas específicas de la vida social. (Leal, 2005: 43). La flexibilidad de mente y corazón permitirá que el investigador pueda asumir los saltos paradigmáticos cuando éstos tengan a lugar, en vez de petrificar su visión de la

dinámica social en la que aprendió y en la única forma que éste conoce para explicarla y transformarla. En esa posición de apertura total hacia el universo cambiante debe estar erguida la mente del investigador actual, y más en aquél quien vierte su pasión a la realidad social y las relaciones de creciente complejidad que fomentamos los seres humanos de este planeta. Oscar Dávila

Para citar: Dávila, O (2008) "La investigación en Educación en un mundo globalizado". Ensayo. Revista FACES Vol XIX No. 1 Enero-Junio 2008. Universidad de Carabobo, Valencia. Venezuela.

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