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Proust, Marcel - Los Placeres y Los Dias

Proust, Marcel - Los Placeres y Los Dias

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126

Los placeres y los días

ALBERT CUYP

Cuyp, sol en declinación disuelto en el aire límpido
Que un vuelo de pichones turba como el agua,
Trasudor de oro nimbo en la frente de un buey o un
abedul,
Incienso azul de los días hermosos humeando en la
colina,
O pantano de claridad estancada en el cielo vacío
Unos jinetes están listos, sombrero con pluma de rosa,
A un lado la palma; el aire vivo que enciende su piel,
Hincha levemente sus finos rizos rubios,
Y, tentados por los campos ardientes, las ondas frescas
Sin turbar con su trote los bueyes cuya manada
Sueña en una niebla de oro pálido y reposo,
Parten para respirar esos minutos profundos.

PAULUS POTTER

Sombrío pesar de los cielos de un gris uniforme,

127

Marcel Proust

Más tristes por ser azules en los pocos desgarrones,
Y dejan entonces sobre las llanuras transidas
Filtrar los llantos tibios de un sol incomprendido
Potter, humor melancólico de las sombrías llanuras
Que se extienden sin fin, sin alegría y sin color;
Los árboles, el caserío no dan ya más sombra,
Los endebles jardincillos no llevan ya flores.
Arrastrando baldes vuelve un labrador y flaca
Su yegua resignada, inquieta y soñadora,
Ansiosa, irguiendo la cabeza pensativa,
Aspira con un breve aliento el fuerte hálito del viento.

ANTOINE WATTEAU

Crepúsculo pintando los árboles y las faces
con su manto azul, bajo su máscara incierta;
Polvo de besos alrededor de las bocas cansadas . . .
Lo vago se hace tierno y lo muy próximo, lejano.

La mascarada, otra lejanía melancólica,
Hace el gesto de amar más falso, encantador y triste.
Capricho de poetas - o prudencia de amante,
necesita el amor que lo adornen sabiamente
He ahí barcas, comidas, silencios y música.

ANTONIO VAN DYCH

128

Los placeres y los días

Dulce altivez de los corazones, noble gracia de las co-
sas
Que brillan en ojos, terciopelos y maderas,
Lenguaje pulido hermoso de la actitud y las posturas
Hereditario orgullo de las mujeres y los reyes
Triunfas, Van Dyck, príncipe de los gestos tranquilos,
En todos los seres hermosos que pronto han de morir,
En toda bella mano que aún sabe abrirse;
Sin dudarlo - ¿qué importa? - te ofrece las palmas.
Alto de jinetes, bajo los pinos, junto a las aguas,
Tranquilas como ellos -como ellos muy cerca del llanto
Niños reales, ya magníficos y graves,
Vestimenta resignada, sombreros de plumas bravías,
Y joyas en las que llora -ola, a través de las llamas
amargura de los llantos que llenan las almas
Demasiado altivas para dejarlos subir a los ojos;
Y tú, por encima de todo, paseante precioso,
Con camisa celeste y una mano en la cintura,
en la otra una fruta con hojas, desprendida de la rama;
Sueño sin comprenderlo con tu gesto y tus ojos:
De pie, pero en descanso, en ese oscuro asilo,
Duque de Richmond, ¡oh joven sabio!- ¿o loco encan-
tador?
Vuelvo siempre a ti: Un zafiro en tu cuello
Tiene luces tan dulces como la tranquila mirada

CHOPIN

Chopin mar de suspiros, de lágrimas y de sollozos

129

Marcel Proust

Que atraviesa sin posarse un vuelo de mariposas
Jugando con su tristeza o bailando sobre las aguas.
Sueña, ama sufre, grita, apacigua, encanta o arrulla,
Siempre haces corner entre cada dolor
El olvido dulce y vertiginoso de tu capricho
Como las mariposas que vuelan de flor en flor;
De tu pesar entonces tu alegría es cómplice:
EL ardor del torbellino aumenta La sed del llanto.
De la luna y de las aguas, pálido y dulce camarada,
Príncipe de la desesperación o gran amor traicionado,
Te exaltas aún, más hermoso cuanto más pálido
Del sol que inunda el cuarto de enfermo,
Que llora sonriéndole y sufre al verlo,
Sonríes del remordimiento y lágrimas de la Esperanza.

GLUCK

Templo para el amor y la amistad, templo para el valor
Que una marquesa mandó construir en su parque
Inglés, en donde muchos amorcillos Watteau tenso el
arco
Tenían por blancos de su rabia corazones gloriosos.

Pero el artista alemán -¡cómo hubiera soñado ella con
Cnide!
Más grave y más profundo esculpió sin melindres

Los amantes y los dioses que ves en el friso:
Hércules en su pira en Los jardines de Armida.

130

Los placeres y los días

Los talones ya no hieren con bailes el sendero
En donde la ceniza de los ojos y la sonrisa apagada
Amortigua nuestros pasos lentos y azula las lejanías
La voz de los clavicordios ya calló o se ha quebrado.

Pero vuestro mudo grito, Admetes, Ifigenia,
Aún nos aterra, proferido por un gesto
Y doblegado por Orfeo o desafiado por Alcestes,
El Estigio-sin mástiles ni cielo- donde se mojó tu genio.

Gluck también como Alcestes venció por el amor
La muerte inevitable a los caprichos de una edad;
Está de pie, augusto templo del valor,
Sobre las ruinas del templete del Amor.

SCHUMANN

Del viejo jardín cuya amistad tu ha recibido bien,
Oye niños y nidos que silban en los setos,
Enamorado cansado de tantas llagas y etapas,
Schumann, pensativo soldado que desilusionó la gue-
rra

La brisa feliz impregna -donde pasan las palomas
Con el olor del jazmín la sombra del nogal enorme,
El niño lee el porvenir en las llamas del hogar,
La nube o el viento le hablan de tumbas a tu corazón.

131

Marcel Proust

Antaño corría tu llanto a los gritos del carnaval,
Donde mezclaban su dulzura a la amarga victoria
Cuyo impulso descabellado estremécese aún en tu me-
moria;
Puedes llorar sin término: Ella pertenece a tu rival.

Hacia Colonia el Rin deja corner sus aguas sagradas.
¡Ah, qué alegremente contabais los días de fiesta en sus
riberas!
Pero ya te duermes, quebrado de cansancio . . .
Llueven llantos en las tinieblas iluminadas.

Sueño donde vive la muerta, donde la ingrata posee tu
fe,
Tus esperanzas florecen y su crimen se desmenuza...
Luego, relámpago desgarrador del despertar, en que el
rayo
De nuevo te hiere por primera vez

Corre, embalsama, desfila con tambores o sé hermosa.
Schumann, oh confidente de las almas y Las flores,
Entre tus muelles alegres, río santo de los dolores,
Jardín pensativo, afectuoso, fresco y fiel,
Donde se besan los lirios, La golondrina y la luna,
Ejército en marcha, niño que sueña, mujer en llanto.

MOZART

Italiana del brazo de un príncipe de Baviera

132

Los placeres y los días

Cuyos ojos tristes y helados se encantan en su langui-
dez
En sus jardines friolentos abraza contra su pecho
Sus senos madurados en la sombra, donde sorber la
luz.

Su tierna alma alemana - un suspiro tan profundo
Prueba por fin la ardiente pereza de ser amada,
Entrega a las manos harto débiles para retenerlo
La radiante esperanza de su cabeza encantada.

Querubín, Don Juan, lejos del olvido que marchita,
De pie en los perfumes tantas flores holló
Que el viento dispersó sin secar sus llantos
De los jardines andaluces a las tumbas toscanas.

En el parque alemán donde niebIan los ocios,
Aún es reino de la Noche, la Italiana.

Su aliento endulza el aire y lo espiritualiza
Y la Flauta encantada gotea con amor,
En la sombra aún cálida de las despedidas de un día
hermoso,
Frescor de sorbetes, de besos y el cielo.

133

Marcel Proust

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