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Mantener el Altar encendido

"El fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada
mañana y acomodará el holocausto sobre él y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de
paz. El fuego arderá continuamente en el altar, no se apagará". Levítico 6:12-13

Esa era una de las instrucciones de Dios, tocante a los sacrificios en la ley, sacrificios de paz que
tenía que hacer el pueblo. Llama la atención cuando dice que “el fuego arderá continuamente en
el altar”. Sabe que eso de continuo es sin cesar, no puede haber un momento que el altar no
tenga fuego. Dios había ordenado que el altar mantuviera la llama encendida. Si lo ponemos
paralelo a las enseñanzas del candelero de oro en el lugar Santo, las luces del candelero de oro,
las lámparas tenían que estar encendidas continuamente para alumbrar el lugar Santo, la mesa
de los panes de la proposición, la antesala al lugar Santísimo, el altar del incienso y la ruta que el
sumo sacerdote tenía que llevar para entrar al lugar Santísimo. El fuego en la Biblia tiene muchos
significados, es un símbolo del Espíritu Santo. El fuego purifica

¿Quién era el sacerdote? Los que tenían que mantener el altar encendido eran los sacerdotes
aarónicos. Ahora ya no estamos en ese período, no somos linaje aarónico, ahora estamos bajo la
línea sacerdotal del Señor Jesucristo, nuestro sumo sacerdote. Dice en 1ª de Pedro 2:9, que
nosotros somos un real sacerdocio. Dios nos hizo real sacerdocio. Pedro habla que los nacidos de
nuevo somos real sacerdocio. Apocalipsis también lo dice en el capítulo 1:6, que nos hizo reyes y
sacerdotes para gloria de Dios, el Padre. Entonces hay sacerdotes del antiguo Testamento, pero
hay también del Nuevo Testamento, sacerdotes de la ley, sacerdotes de la gracia, de la letra y del
Espíritu. Esos sacerdotes del espíritu somos aquellos que hemos reconocido a Jesucristo como
nuestro Salvador.

Recordemos las 3 funciones principales del sacerdocio. Primero, ofrecer un sacrificio a favor del
pueblo, llámese esto intercesión, el sacerdote intercedía delante de Dios. Segundo, ofrecer un
presente, incienso a Dios, esto habla de ministrar a Dios, adorarle. En otras palabras, el sacerdote
intercedía por el pueblo y también ofrecía a Dios un presente, ofrenda, adoración, incienso.
Interceder es a favor del pueblo, adorar es a favor de Dios. Tercero, instruir al pueblo. Él era el
responsable de tomar la ley, la Palabra y dársela al pueblo, explicársela. Esas 3 funciones
sacerdotales principales en el Nuevo testamento para los sacerdotes de la gracia, del espíritu, que
somos usted y yo, siguen vigentes. Repitamos interceder, adorar, instruir. Tengo que conocer, para
conocer debo haber permitido que alguien me instruya. Ahí está la importancia de que se
congregue, la importancia de que asista, de que sea parte de, no solamente es por cubrir un
espacio, es para que se instruya. Cuando un sacerdote de Dios, un ministro de Dios se la está
impartiendo, le está edificando, equipando, -los ministros de casa son los padres de familia-,
somos quienes tenemos que darle esa instrucción a los nuestros.

“El fuego arderá continuamente en el altar, no se apagará”. Para nosotros sacerdotes del nuevo
pacto significa, “No apaguéis el espíritu ni contristéis al Espíritu de Dios”; nosotros podemos
apagar el fuego del Espíritu Santo, podemos apagar el fluir. ¿Cómo lo podemos hacer? Primero
dejando de interceder. Segundo, por dejar de adorar. Tercero; por dejar de instruir. En otras
palabras, el pecado puede alejarnos de la relación con Dios. Un profeta del siglo pasado en uno
de sus libros llamado “Por qué no Llega el Avivamiento” dice, El que ora cesa de pecar y el que
peca, cesa e orar. Sencillo, pero profundo.

Ahora hay dos funciones sacerdotales en el Nuevo Testamento, dos facetas de la comunión con
Dios. 1. El acto propiamente y 2. La actitud. El acto es cuando usted y yo entramos a venimos a la
iglesia o entramos a nuestra habitación a orar, a interceder, a funcionar como sacerdotes,
adoramos, damos o recibimos instrucción. Con la actitud usted puede tener un altar y debe
mantener un altar encendido en su corazón para Dios. La mujer de Cantar de los Cantares decía,
“Yo dormía pero mi corazón velaba”. Aún sus sueños que sean cubiertos con la gracia, con la
bendición de Dios. La actitud también es su altar continuo, es mantener esa actitud de relación, de
oración, de servicio, de fidelidad, de entrega.
Pastor Fernel Monroy