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CÓMO SE ABREN LAS VENTANAS DE LOS CIELOS

CÓMO SE ABREN LAS VENTANAS DE LOS CIELOS

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Pastor Fernel Monroy
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¿Cómo se abren las ventanas de los cielos? “Porque en Él vivimos, y nos movemos, y somos”. Hechos 17:28a.

Quiero hablarle en esta oportunidad de cinco aspectos que traen la gracia del Señor para que los cielos se abran. Quiero hablarle sobre las ventanas de los cielos, ¿cómo se abren las ventanas de los cielos?, ¿qué es lo que enseña la Biblia al respecto?, ¿qué debemos mantener presente para que haya una apertura de cielos abiertos sobre nuestra vida?. En el libro de Génesis 28:11-20, cuando Jacob tuvo un sueño y miró cómo ángeles descendían por la escalera hacia la tierra y luego ascendían por la misma, hacia el cielo. Y esto representa una ministración de cielos abiertos para la tierra sobre hombres y mujeres. Quiero decirle que en este momento es posible, está ocurriendo que hombres y mujeres están teniendo una visitación no casual, sino están respirando una atmósfera de cielos abiertos sobre sus cabezas, sobre sus vidas en lo espiritual, en lo secular, en su familia, en su economía, en la obra de Dios y esas personas lejos de ir hacia atrás, van avanzando, van teniendo ascensos, conquistando. ¿A quiénes les gustaría vivir bajo esa influencia? El primero está en Mateo 7:7-11. “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe y el que busca halla y al que llama se le abrirá. Qué hombre hay de vosotros que si su hijo le pide un pan le dará una piedra, si le pide un pescado le dará una serpiente? Pues si vosotros siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, cuanto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le piden?”. ¿A usted le gusta que sus hijos tengan malas cosas?, definitivamente no. ¿Qué le gusta que tengan, buenas cosas indudablemente? Ese es el gusto de Dios. Véalo así, es el deseo, el plan, el programa de Dios. Dice el versículo 11, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? ¿Sabe por qué a veces no llegan esas buenas cosas? No porque no hayamos pedido, ni porque a lo mejor no hemos buscado y no porque no hayamos llamado, es porque no insistimos en hacerlo. Lo hacemos una vez y luego nos olvidamos. La persistencia es la clave número uno, que va a mantener abiertas las ventanas de los cielos. Paralelo a este pasaje, en 1º de Reyes 18:42-45 dice que Elías oró siete veces, siete veces estuvo expectante. Cuando mandó a su siervo al monte había sequía y le dijo, “Va a llover, anda a ver si viene la lluvia”. Subió al monte y no miró nada, bajó y Elías le dijo que volviera a subir. Subió, bajó y le dijo a Elías que no había nada. Elías le dijo que subiera siete veces hasta que de repente miró una nube pequeña del tamaño de la palma de su mano. Para Elías eso representaba que vendría un tremendo aguacero, que debía estar preparado porque los cielos se abrieron. A veces llegamos a las primeras de cambio. “No hay nada Elías”. Que tal si Elías se amedrenta, “no hubo nada” y se frustra. Sea perseverante, la persistencia hizo que los cielos se abrieran, por supuesto, creyendo. ¿Quién quiere que los cielos se abran sobre su cabeza? Persita. Si fue necio en el mundo, sea más necio ahora con el Padre. La historia de la viuda, “Hazme justicia”, le decía al juez injusto a cada momento. Persista, busque, clame, porque al que pide se le dará. Pero no dice solo que pida, mire el versículo 8, “Porque todo aquel que busca haya, y todo aquel que llama se le abrirá”. Esa faceta habla de insistencia, de ser constante. “Dará buenas cosas al que se las pida”. Hoy vamos a pedir, se vale pedir. Hay tiempo para orar, hay tiempo para pedir a nuestro Padre, no tenga temor. A veces somos escasos hasta con nuestras peticiones, tímidos. “Señor, sólo para mas o menos pasarla”. Pídale. Ahí está la oración de Jabes, la cual un hombre la hizo célebre en un libro. Dice en esa oración, “Oh, Jehová, si tú me bendijeras, si ensancharas mi territorio, si me libraras del mal”. (1 Cró. 4:10) Y dice la Biblia que Dios le concedió a Jabes todo lo que pidió. Persista, persevere en la oración, en la búsqueda del Señor. Dígale al Señor que quiere moverse en él, quiere fluir en Él, quiere vivir en Él, porque en Él vivimos, en Él nos movemos y en Él somos. Cuando esté bajo la influencia de cielos abiertos, donde la gloria de Dios esté derramada sobre usted, le será fácil tomar decisiones, las que tome en la presencia del Altísimo, van a ser certeras, van a ser golpes seguros, no al aire.

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