Está en la página 1de 140

THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Las Conferencias de Edimburgo sobre Ciencia Mental

(Doré inicia en la página 78)

Thomas Troward

Traducidas por el equipo de traducción de Ciencia de la Mente


MÉXICO bajo la dirección de Rebeka Piña Alonso RScF, B.Ed.

I.

Espíritu y Materia

Al comenzar una serie de conferencias sobre la Ciencia Mental es difícil


fijar la mejor manera de abrir el tema. Puede uno acercársele desde
muchos puntos de vista, cada uno con una ventaja peculiar; pero
después de una cuidadosa deliberación me parece que, para el
propósito del presente curso, no puede haber mejor punto para
comenzar que la relación entre Espíritu y Materia.

He seleccionado este punto porque la distinción, o lo que creemos que


es la diferencia, entre ellos es una con la cual estamos tan
familiarizados que puedo asumir que será reconocida por todos; y
podré por lo tanto, hacer esta distinción de inmediato al usar los
adjetivos que habitualmente aplicamos para expresar la oposición
natural entre ambas, - espíritu viviente y materia inerte.

Estos términos expresan nuestra impresión actual entre espíritu y


materia con la suficiente precisión y considerados solamente desde el
punto de vista de las apariencias externas, esta impresión es, sin duda,
correcta. El consenso general de la humanidad hace lo correcto al
confiar en la evidencia de nuestros sentidos y cualquier sistema que
diga que no debemos hacerlo jamás obtendrá estatus permanente en
una comunidad sana y cuerda.

No hay nada malo en la evidencia de los sentidos sanos llevada a la


mente sana, el error se cuela al juzgar esta evidencia. Estamos
acostumbrados a juzgar solamente por las apariencias externas y por
ciertos significados limitantes que atamos a las palabras, pero cuando

1
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

comenzamos a indagar el significado real de nuestras palabras y a


analizar las causas que dan lugar a las apariencias, encontramos que
nuestras nociones antiguas van cayendo gradualmente hasta que
despertamos al hecho de que vivimos en un mundo enteramente
distinto de aquel que reconocíamos anteriormente. La antigua y
limitada modalidad de pensamiento de ha alejado imperceptiblemente
y descubrimos que estamos ante un nuevo orden donde todo es libertad
y vida.

Este es el trabajo de una inteligencia iluminada que resulta de la


persistente determinación de descubrir lo que la verdad es en realidad,
sin tomar en cuenta ninguna de las nociones preconcebidas, derivadas
de cualquier fuente; la determinación de pensar honestamente por
nosotros mismos en lugar de dejar que piensen por nosotros.
Empecemos por indagar lo que queremos realmente decir por la
vitalidad que le atribuimos al espíritu y la cualidad mortal que le
atribuimos a la materia.

Al principio diríamos que la vitalidad se compone del poder del


movimiento y la muerte de su ausencia; pero la ciencia más reciente
muestra que esta distinción no es lo suficientemente profunda. Ahora
sabemos que todos los átomos de la "materia inerte" se mueven. Veo un
pedazo de acero sólido y a la luz de la ciencia actual sé que los átomos
de esa masa inerte vibran con intensa energía, yendo y viniendo
continuamente con rapidez incesante cuya actividad compleja deja
perpleja a la imaginación.

La masa como tal puede estar inerte sobre la mesa; pero en vez de estar
destituida del elemento del movimiento es la morada de una incansable
energía que mueve las partículas con una velocidad increíble.

Es, por lo tanto, no el mero hecho del movimiento lo que esta en la raíz
de la distinción que hace instintivamente ente espíritu y materia;
Debemos ir mas allá de esto. La solución del problema nunca se
encontrara al comparar la Vida con aquello que llamamos muerte y la
razón para esto se volverá aparente más adelante; pero la verdadera
clave del asunto se encontrará al comparar un grado de vitalidad con
otro. Existe, por supuesto, un sentido en el cual la calidad de la
vitalidad no admite graduación; Pero hay otro sentido en el cual es
enteramente una cuestión de grado. No tenemos duda de la vitalidad de

2
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

una planta, pero nos percatamos de que es algo muy distinto a la


vitalidad de un animal. ¿Qué niño no preferiría un perro a un pez por
mascota? ¿Por qué el niño es mas avanzado que el perro? La planta, el
pez, el perro y el niño están todos igualmente vivos, pero hay una
diferencia en la calidad de su vitalidad acerca de la cual nadie tiene
dudas, y nadie dudaría en decir que esta diferencia reside en el grado
de inteligencia. De cualquier forma que veamos el tema siempre
encontraremos que lo que llamamos vitalidad de cualquier vida
individual esta al fin medida por su inteligencia. Es la posesión de una
mayor inteligencia lo que posiciona al animal por encima de la planta
en la escala, al hombre por encima del animal, al intelectual por encima
del salvaje. Entre más elevada la inteligencia, el modo del movimiento
se encuentra bajo su control de forma más completa; Y al descender en
la escala de inteligencia, el descenso se ve marcado por el
correspondiente incremento de movimiento automático que no esta
sujeto al control de una inteligencia consciente de sí misma. Este
descenso es gradual desde el reconocimiento de sí mismo de la
personalidad humana más elevada al orden más bajo de las formas
visibles a las que nos referimos como cosas, en las cuales el
reconocimiento de sí se encuentra absolutamente ausente.

Vemos, entonces, que la vitalidad de la Vida consiste en inteligencia,


en otras palabras, en el poder del Pensamiento; y podemos también
decir que la cualidad distintiva del espíritu es el Pensamiento, y, como
opuesto a esto, podemos decir que la cualidad distintiva de la materia
es la Forma. No podemos concebir a la materia sin forma. Alguna
forma debe de haber, aun invisible al ojo; para que la materia sea
materia debe ocupar un lugar en el espacio y el ocupar un espacio
cualquiera necesariamente implica una forma correspondiente. Por
estas razones podemos establecer como una proposición fundamental
que la cualidad distintiva de la materia es la Forma y la del espíritu es
el Pensamiento. Esta es una distinción radical desde la cual
importantes consecuencias se obtienen, y deberán de ser notadas con
cuidado por el estudiante.

La Forma implica extensión en el espacio y también limites dentro de


ciertas fronteras. El pensamiento no implica ninguno de estas dos.
Cuando, por lo mismo, pensamos en la Vida como existente de una
forma en particular, la asociamos con la idea de su extensión en el
espacio, de tal manera que un elefante puede decirse que consiste de

3
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

mucha más sustancia viva que un ratón. Pero si pensamos en la Vida


como el hecho de la vitalidad no lo asociamos con ninguna idea de
extensión e inmediatamente entendemos que el ratón esta tan vivo
como el elefante, sin importar la diferencia de tamaño. El punto
importante de esta distinción es que si podemos concebir cualquier
cosa como carente totalmente del elemento de la extensión en el
espacio, debe estar presente en su totalidad en cualquier parte y en
todas parte, es decir, en todo punto del espacio simultáneamente.

La definición científica del tiempo es que es el periodo ocupado por un


cuerpo en pasar de un punto dado en el espacio a otro, y por lo tanto,
de acuerdo a esta definición, al no haber espacio no puede haber
tiempo; y, por lo tanto aquella concepción del espíritu que lo
comprenda como carente del elemento del espacio debe entenderlo
como también carente del elemento tiempo; y por lo tanto encontramos
que la concepción del espíritu como Pensamiento puro, y no como
Forma concreta, es la concepción de que éste subsiste en perfecta
independencia de los elementos de tiempo y espacio. De esto se obtiene
que si la idea de cualquier cosa se concibe como que existe en éste nivel
solamente puede representar aquella cosa como existente solamente en
el aquí y en el ahora. En esta visión de las cosas nada puede estar tan
remoto de nosotros ni en tiempo ni en espacio: o la idea se disipa por
completo o existe como una entidad presente, y no como algo que será
en el futuro, dado que si no hay secuencia en el tiempo, no puede haber
futuro. De igual forma, cuando no hay espacio, no puede haber un
concepto de algo que exista alejado de nosotros. Cuando los elementos
del tiempo y el espacio se eliminan, todas nuestras ideas de las cosas
deben, necesariamente, ser el de que éstas existen en un aquí universal
y un eterno ahora. Esto es, sin duda, una concepción sumamente
abstracta, pero le pido al alumno que la trate de entender en su
totalidad, ya que es de vital importancia para la aplicación práctica de
la Ciencia Mental.

El concepto opuesto es el de las cosas que se expresan a sí mismas a


través de condiciones de tiempo y espacio y así establecen una variedad
de relaciones hacia otras cosas, como de tamaño, distancia y dirección,
o de secuencia en el tiempo. Estos dos conceptos son respectivamente,
el concepto de lo abstracto y de lo concreto, de lo incondicional y de lo
condicionado y de lo absoluto y lo relativo. No se oponen entre sí en un
sentido de incompatibilidad, sino que son complementarios y la única

4
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

realidad es en la combinación de ambos. El error del idealista en


extremo es en batallar para entender lo absoluto sin lo relativo, y el
error del materialista extremo es en querer comprender lo relativo sin
lo absoluto. Por un lado el error es tratar de comprender un interior sin
exterior y viceversa; ambos son necesarios para la formación de una
entidad substancial.

II.

EL MODO SUPERIOR DE INTELIGENCIA CONTROLA AL


INFERIOR.

Hemos visto que el descenso desde la personalidad, como la conocemos


en nosotros mismos, hacia la materia, como la conocemos en lo que
llamamos formas inanimadas, es un descenso gradual en la escala de la
inteligencia desde aquel modo de ser que es capaz de entender su
propia fuerza de voluntad como la capacidad de originar nuevos trenes
de causación hacia ese modo de ser que es incapaz de reconocerse a si
mismo. Entre más alto sea el grado de vida, más elevada la inteligencia;
de lo que se deduce, que el supremo principio de la Vida debe ser
también el principio ultimo de la inteligencia. Esto se demuestra
claramente por el grandioso orden natural del universo. A la luz de la
ciencia moderna el principio de evolución nos es familiar a todos, y el
ajuste certero que existe entre todas las partes del plan cósmico es
demasiado autoevidente como para insistir sobre ello. Todo avance en
la ciencia consiste en descubrir nuevas sutilezas de conexión dentro de
este magnifico orden universal, el cual ya existe y solamente necesita
nuestro reconocimiento para llevarlo a un uso práctico. Si, entonces, el
trabajo más elevado de las mejores mentes no consiste más que en el
reconocimiento de un orden ya existente, no hay manera de alejarse de
la conclusión de que una inteligencia monumental debe de ser
inherente en el Principio de Vida, el cual se manifiesta a sí mismo como
este orden; y así vemos que debe haber una gran inteligencia cósmica
que subyace la totalidad de las cosas.

La historia física de nuestro planeta nos muestra primero una rebulla


incandescente dispersa sobre vastas infinidades de espacio; mas
adelante esto se condensa en un sol central rodeado de una familia de
planetas apenas consolidados de una materia plástica primordial; luego

5
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

se suceden incontables milenios de lentas formaciones geológicas, una


tierra poblada por las formas de vida más bajas, vegetales o animales,
desde estos crudos orígenes un movimiento majestuoso e incesante
lleva a las cosas de etapa en etapa hasta la condición en que las
conocemos ahora. Viendo esta estable progresión nos queda claro que,
de cualquier manera que podamos concebir la naturaleza de este
principio evolutivo, provee el continuo avance de la raza. Pero lo hace
al crear tales números de cada tipo que, después de permitir un amplio
margen para todos los posibles accidentes en los individuos, la raza aun
continuará.-

"Tan cuidadosa con el tipo parece


Tan sin cuidado de la vida individual"

En resumen, podemos decir que la inteligencia cósmica trabaja a través


de una Ley de Promedios que permite un amplio margen para los
accidentes y fallas de lo individual.

Pero el progreso hacia una inteligencia más elevada siempre es en la


dirección de aminorar este margen de accidentes y llevar al individuo
más y más lejos de la ley de promedios y substituirla por la ley de la
selección natural. En lenguaje científico ordinario, es la supervivencia
del más apto. La reproducción de los peces es a una escala que anegaría
los mares si cada individuo sobreviviese; pero el margen de destrucción
es igualmente enorme y así la ley de promedios sencillamente mantiene
la proporción normal de la raza. Pero al otro lado de la escala, la
reproducción no es tan enormemente excedente de la supervivencia. Es
verdad que hay un amplio margen de accidentes y enfermedad que
recorta los números de los seres humanos antes de que hayan
alcanzado el promedio de duración de la vida, pero aun así es a una
escala muy diferente de la destrucción prematura de cientos de miles
contra la supervivencia de uno solo. Por lo tanto, puede tomarse como
un hecho establecido que en proporción al avanzar la inteligencia el
individuo de esa de ser un mero sujeto de la ley de promedios y tiene
un poder que incrementa continuamente de controlar las condiciones
de su supervivencia.

Vemos, por lo tanto, que hay una marcada diferencia entre la


inteligencia cósmica y la inteligencia individual, y que el factor que
diferencia a esta ultima de la primera es la presencia de la voluntad

6
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

individual. El asunto de la Ciencia Mental es el de asegurar que la


relación de este poder individual de volición a la gran ley cósmica que
provee el mantenimiento y avance de la raza; y el punto relevante es
que el poder de la voluntad individual es en sí mismo el resultado del
principio cósmico evolucionario al punto donde alcance su nivel más
elevado. El esfuerzo de la Naturaleza ha sido siempre hacia arriba
desde el tiempo en que solamente las formas mas bajas poblaban la
tierra y ahora ha culminado en la producción de un ser con una mente
capaz de razonar abstractamente y un cerebro equipado para ser el
instrumento físico de una mente tal. En esta etapa el principio creativo
de Vida se reproduce a sí mismo en una forma capaz de reconocer los
trabajos de la ley de evolución y la unidad y continuidad del propósito
que corre a través de la progresión total hasta ahora indica, mas allá de
toda duda, que el lugar de tal ser en el esquema universal debe de ser el
de introducir la operación del factor el cual, hasta este punto, ha sido
notorio por su ausencia, el factor, principalmente, de la voluntad
inteligente individual. La evolución que nos ha llevado hasta este punto
ha trabajado a través de la ley cósmica de promedios; ha sido un
proceso en el cual el individuo en sí mismo no ha tomado parte
consciente. Pero dado que es lo que es, y lleva la caravana de la
procesión evolutiva, si el hombre ha de evolucionar más allá, solamente
puede ser a través de su cooperación consciente con la ley que le ha
llevado al punto donde puede comprender que tal ley existe, su
evolución en el futuro debe ser con su consciente participación en el
gran trabajo y esto solamente se podrá efectuar a través de su
inteligencia y esfuerzo individual.

Es un proceso de crecimiento inteligente. Nadie más puede crecer por


nosotros, cada uno debemos crecer por nosotros, y este crecimiento
inteligente consiste en nuestro reconocimiento creciente de la ley
universal, la cual nos ha llevado hasta donde estamos. Es una gran
máxima que la Naturaleza nos obedece en la misma proporción en la
cual nosotros la obedecemos primero.

Estas consideraciones nos muestran que aquello que distingue a la


forma superior de inteligencia de la inferior es el reconocimiento de sí,
y entre más inteligente sea este reconocimiento, mayor será el poder. El
grado menor de auto reconocimiento es aquel que solo se comprende a
sí misma como una entidad separada de las demás entidades, como el
ego distinto del no ego. Pero el grado mas elevado de auto

7
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

reconocimiento es aquel que, al reconocer su propia naturaleza


espiritual, ve a las demás formas, no tanto como no egos, o como
aquello que no es si mismo, sino como un alter ego, o aquello que es
como si mismo en otro modo de expresión. Es este nivel mas elevado
de auto reconocimiento el cual es el poder por el cual el Científico
Mental produce resultados. Por esto es imperativo que entienda
claramente la diferencia entre Forma y Ser; que uno es el modo relativo
y la marca de estar sujeto a las condiciones y que el otro es la verdad de
lo absoluto y aquello que controla las condiciones.

Este reconocimiento del ser como una individualización del espíritu


puro debe por necesidad controlar todos los modos del espíritu que no
hayan aun alcanzado el mismo nivel de auto conocimiento. Estos
niveles más bajos del espíritu están sujetos a la ley de su propio ser
porque no conocen la ley; y por lo tanto, el individuo que ha obtenido
este conocimiento puede controlarlos a través de la ley. Pero para
entender esto, debemos indagar un poco más en la naturaleza del
espíritu. Y hemos demostrado la presencia de una inteligencia
maravillosa que lo subyace todo, pero ¿dónde se encuentra esta
inteligencia? Finalmente, solamente podemos concebirla como
inherente en alguna sustancia primordial que es la raza de todos los
demás modos de la materia que nos son conocidos, ya sean visibles al
ojo o necesariamente inferidos por la ciencia a través de sus efectos
perceptibles. Es aquel poder que, en todas las especies y en todos los
individuos, se convierte en lo que la especie o el individuo es; Y así,
solamente podemos concebirlo como una inteligencia auto formativa
inherente en la sustancia última de la cual cada cosa es una
manifestación particular.

El que esta sustancia primordial sea considerada como auto-formativa


por una inteligencia inherente que habita en sí misma resulta evidente
del hecho que la inteligencia es la cualidad esencial del espíritu; y si
hubiésemos de concebir a la sustancia primordial como algo aparte del
espíritu, entonces tendríamos que postular algún otro poder que no es
ni espíritu ni materia y origina a ambos, pero esto solamente es poner
la idea de un poder auto evolucionante un paso mas atrás y el asegurar
la producción de un grado inferior de espíritu indistinto de uno más
elevado, lo cual es una conclusión gratuita y una contradicción de
cualquier idea que nos podamos formar de un espíritu indistinto.

8
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

No podemos evitar la conclusión de que el espíritu contiene la


sustancia primordial en sí mismo, lo que nos lleva al enunciado común
de que lo hizo todo a partir de la nada. Así que encontramos dos
factores en la creación de todas las cosas, Espíritu y la Nada, y al sumar
el espíritu con la Nada, nos quedamos solamente con el Espíritu: X + 0
= X.

Desde estas consideraciones vemos que el fundamento último de


cualquier forma de la materia es el espíritu, y por ende que la
inteligencia universal subsiste a través de la Naturaleza inherente en
cada una de sus manifestaciones. Pero esta inteligencia críptica no
pertenece a la forma particular excepto en la medida en que este
físicamente adecuada para su concentración en una individualidad
autocogniscente: permanece escondida en esa sustancia primordial de
la cual la forma visible es una manifestación más amplia. Esta
sustancia primordial es una necesidad filosófica, y solamente podemos
imaginárnosla como algo infinitamente más fino que los átomos que
son en sí mismos una inferencia filosófica de la ciencia física: aun, por
carecer de una palabra mejor, podemos convenientemente hablar de
una inteligencia primaria inherente en la sustancia misma de las cosas
como Inteligencia Atómica. Este término puede, tal vez, estar sujeto a
algunas objeciones, pero servirá a nuestros propósitos para distinguir
este modo de la inteligencia del espíritu de su opuesto, es decir de la
Inteligencia Individual. Esta distinción debe de anotarse
cuidadosamente porque es por la respuesta de la inteligencia atómica a
la inteligencia individual que el poder del pensamiento puede producir
resultados en el plano material, como en la cura de una enfermedad a
través del tratamiento mental. La inteligencia se manifiesta a sí misma
a través de su responsividad y toda la acción de la mente cósmica al
llevar el proceso evolucionario desde sus principios hasta su a actual
estado humano no es nada más que la continua respuesta inteligente a
la demanda que cada etapa en el proceso le ha hecho para ajustarse a sí
misma con su entorno. Al haber reconocido la presencia de una
inteligencia universal que todo lo permea, también debemos reconocer
la correspondiente responsividad que se encuentra escondida
profundamente dentro de su naturaleza y que está dispuesta a entrar
en acción en cuanto la llamen.

Todo tratamiento mental depende de esta responsividad del espíritu en


sus grados inferiores hacia grados superiores de sí mismo. Aquí la

9
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

diferencia entre el científico mental y la persona sin instruir, radica, el


primero usa esta responsividad y él ultimo no, porque no la conoce.

III.

LA UNIDAD DEL ESPIRITU

Hemos pavimentado el camino para entender mejor lo que queremos


decir cuando decimos "unidad del espíritu". En la primera concepción
del espíritu como el origen subyacente de todas las cosas vemos una
sustancia universal que, en esta etapa, no está diferenciada en formas
específicas. Esta no es una cuestión de algún tiempo pasado, sino que
subsiste en cada momento de todos los tiempos en la naturaleza más
interior de todo ser; y cuando vemos esto, vemos que la división entre
una forma especifica y otra tiene una profunda unidad esencial, que
actúa como apoyo de todas las formas distintas de individualidad.

Al ir penetrando nuestro patrón de pensamiento en la naturaleza de


esta sustancia espiritual que todo lo produce vemos que no se puede
limitar a una porción única de espacio, sino que debe ser tan ilimitada
como el espacio en si, y que la idea de una porción de espacio donde no
este es inconcebible. Es una de esas percepciones intuitivas de las que
la mente humana no puede evadirse, que este espíritu primordial que
todo lo genera debe ser inconmensurable y por lo tanto jamás podemos
pensar sobre el sino es en términos universales o infinitos. Es una
verdad matemática que el infinito debe ser una unidad. No se pueden
tener dos infinitos, porque entonces ninguno sería infinito, cada uno
estaría limitado por el otro. El infinito es unidad matemáticamente
esencial. Este es un punto que no puede enfocarse demasiado, porque
le siguen las consecuencias más importantes. La Unidad, como tal, no
puede multiplicarse ni dividirse, dado que ambas operaciones
destruyen la unidad. Al multiplicar producimos una pluralidad de
unidades en la misma escala que el original; y al dividir producimos
una pluralidad de unidades a menor escala y una pluralidad de
unidades no es unidad sino multiplicidad.

Por lo tanto, si penetráramos por debajo de la naturaleza externa del


individuo hacia aquel principio interno de su ser desde el que su
individualidad se levanta, solamente lo podemos hacer al pasar de la
concepción de la existencia individual hacia aquella de la unidad del ser

10
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

universal. Esto podría parecer como una mera abstracción filosófica,


pero el alumno que producirá resultados prácticos debe comprender
que estas abstracciones son los fundamentos del trabajo que realizara.

El hecho más grande que debe reconocerse sobre la unidad es que,


dada que es una unidad sencilla, donde quiera que este, debe estar en
su totalidad. En el momento en que permitimos a nuestra mente
divagar hacia la idea de la extensión en el espacio y decimos que una
parte de la unidad esta aquí y otra por allá, hemos descendido a la idea
de que la unidad esta fraccionada y en ese caso estamos lidiando con lo
relativo, o la relación que existe entre dos o más entidades que están
limitadas entre sí, y hemos pasado de la región de la unidad sencilla
que es el absoluto. Es por lo tanto, una necesidad matemática que,
dado que el principio de Vida es infinito, este sea una sola unidad y
consecuentemente sea omnipresente. Dado que es infinito, o ilimitado,
esta en todos lados, por lo tanto todo el espíritu está presente en todo
momento en todos lados.

Éste es el hecho fundamental de todo ser, y es por esta razón que he


preparado el camino al esclarecer la relación entre espíritu y materia
como la relación entre idea y forma, de un lado el absoluto y por otro el
relativo, que depende de los elementos de tiempo y espacio que están
ausentes de lo absoluto. Este gran hecho es que el espíritu subsiste
continuamente en el absoluto, ya sea o no de forma corpórea, y desde él
fluyen todos los fenómenos del ser, ya sea en el plano mental o en el
físico.

El conocimiento de este hecho es la base de toda operación espiritual


consciente, y por lo tanto en proporción a nuestra creciente
reconocimiento de este aumentara nuestro poder de producir
resultados visibles también incrementará. Él todo es más grande que
las partes, y por lo tanto, si a través de nuestro reconocimiento de esta
unidad podemos concentrar todo el espíritu en cualquier punto dado
en cualquier momento dado, incluiremos cualquier individualización
de este que deseemos..

La totalidad es más grande que su parte, y es así, si, por nuestro


reconocimiento de esta unidad, podemos concentrar todo el espíritu en
cualquier lugar determinado, en cualquier momento que lo deseemos.

11
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

El espíritu puro es el principio de Vida considerado aparte de la matriz


en el cual asume relación al tiempo y al espacio de forma particular. En
este aspecto es pura inteligencia indiferenciada (sin forma) hacia la
individualización.

Como inteligencia pura es susceptibilidad y responsividad puras. Al


estar desproveída de las relaciones temporales y espaciales esta
desprovisto de personalidad individual.

Por lo tanto, es así que, en este aspecto un elemento meramente


impersonal sobre el cual, por razón de su inherente inteligencia y
susceptibilidad, podemos impresionar cualquier reconocimiento de la
personalidad que queramos. Estos son los grandes hechos con los
cuales trabaja el científico mental, y el alumno hará bien en reflexionar
ampliamente sobre ellos y en la responsabilidad que esto conlleva.

IV.

Mente Subjetiva y Objetiva

Hasta este momento ha sido necesario establecer las bases de la ciencia


a través de la declaración de principios generales altamente abstractos
que hemos alcanzado a través de puro razonamiento metafísico. Ahora
pasamos a la consideración de ciertas leyes naturales que han sido
establecidas después de una gran serie de experimentos y
observaciones, su significado completo se volverá más claro cuando
veamos su aplicación a los principios generales que han ocupado hasta
este momento nuestra atención. Los fenómenos de la hipnosis son
ahora totalmente reconocidos como hechos científicamente
establecidos y cuestionar su credibilidad sería totalmente superfluo.

Dos grandes escuelas de medicina se han fundado sobre estos hechos, y


en algunos países se ha vuelto materia de discusión legislativa especial.
La pregunta ante nosotros hoy en día, no es acerca de la credibilidad de
los hechos, sino de las deducciones y conclusiones apropiadas que
podamos extraer de ellos. La apreciación correcta de estas conclusiones
es una de las ayudas más valiosas que pueda hacer el científico mental,
ya que confirma las conclusiones puramente de razonamiento a priori
por un orden de instancias experimentales que coloca la verdad de
éstas más allá de la duda.

12
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

La gran verdad que la ciencia del hipnotismo ha traído a la luz, es la


naturaleza dual de la mente humana. Ha existido mucho conflicto entre
diversos escritores acerca de que si esta dualidad es el resultado de la
presencia de dos mentes separadas en un hombre, o es la acción de la
misma mente empleándose de diferentes funciones. Ésta es una de esas
distinciones sin una diferencia clara que afectan enormemente el
camino a la verdad. Una persona necesita su individualidad para ser
verdaderamente un ser humano, así que el resultado neto es el mismo,
ya sea que concibamos sus diferentes modos de acción metal como si
provinieran de mentes separadas (por decirlo así) en el hilo de su
individualidad única y cada una adaptada a un uso en particular, o
como funciones distintas de la misma mente; en cualquier caso
estamos lidiando con una individualidad, y como quiera que
imaginemos la mecánica de este funcionamiento mental, es meramente
cuestión de cual será la imagen que nos revele su acción mas
claramente.

Por lo tanto, por conveniencia del tema, hablaré en estas lecciones de


esta acción dual como si procediera de dos mentes, una externa y una
interna, la interna la llamaremos la mente subjetiva y la externa la
mente objetiva, ya que estos son lo nombres reconocidos más
frecuentemente dentro de la literatura que trata estos temas.

Una larga serie de experimentos cuidadosos realizados por


observadores de reconocida reputación mundial, ha establecido
diferencias contundentes entre la mente subjetiva y la mente objetiva
que podríamos enunciarlas de la siguiente manera:

La mente subjetiva sólo puede razonar deductivamente y no


inductivamente, mientras que la mente objetiva lo puede hacer de las
dos formas.

El razonamiento deductivo es el silogismo puro que demuestra, por qué


una tercera proposición debe de resultar necesariamente si asumimos
las otras dos, aunque no nos ayuda a determinar si las dos
declaraciones iniciales son verdaderas o no.

13
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

La esfera del razonamiento inductivo es determinar la verdad por


medio de conclusiones basadas en la observación de una serie de
diversos hechos.

La relación entre los dos modos de razonar consiste en observar


primero un suficiente número de ejemplos para llegar inductivamente
a la conclusión de que cierto principio es aplicable en general. Después,
entrar al proceso deductivo asumiendo la verdad de este principio y
determinar el resultado a seguir en un caso determinado, según la
hipótesis de su verdad.

El razonamiento deductivo procede de asumir la veracidad de cierta


hipótesis o suposiciones con las que se expresa el silogismo; no se
interesa en la veracidad o falsedad de dichas suposiciones, sino sólo
con la cuestión que surgirá si suponemos su veracidad.

El razonamiento inductivo es el proceso a través del cual comparamos


entre sí un número de instancias separadas hasta ver el factor común
que les dio su razón de ser.

La inducción surge al comparar distintos hechos, y la deducción al


aplicar principios universales. Por lo tanto, la mente subjetiva
únicamente sigue el método deductivo.

Múltiples experimentos practicados en personas dentro del estado


hipnótico han demostrado que la mente subjetiva es incapaz de
seleccionar y comparar, lo que es indispensable para el proceso
inductivo, pero acepta cualquier sugerencia, no importa qué tan falsa
sea, pero habiendo aceptado la sugestión deduce las conclusiones en
forma estrictamente lógica y opera sobre cualquier sugestión hasta la
mínima fracción de aquellos resultados que le corresponden.

Como consecuencia de esto, se deduce que la mente subjetiva está


completamente bajo el mando de la mente objetiva. Con suma fidelidad
ella reproduce y elabora cualquier cosa que la mente objetiva imprime
en ella hasta sus últimas consecuencias; los hechos del hipnotismo,
demuestran que las ideas pueden ser impresas en la mente subjetiva
por la mente objetiva de otro, así como también por la suya propia.
Esto es un punto muy importante, ya que todos los fenómenos de

14
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

sanación dependen de esta obediencia a la sugestión del pensamiento


de otro, ya sea presente o ausente, de telepatía o algo parecido.

Bajo el control del practicante del hipnotismo la personalidad del


sujeto se modifica de momento; él cree ser cualquier cosa que el
hipnotista le dice que es; es un nadador nadando en las olas del mar,
un ave volando en el aire, un soldado en los tumultos de batalla, un
indio rastreando a su víctima. Mientras esté bajo la influencia del
hipnotista, actúa aquello que se le sugiere con gran exactitud. Pero los
experimentos de hipnotismo van más allá de esto, y demuestran la
existencia en la mente subjetiva de poderes mayores que trascienden
cualquier poder ejercido por la mente objetiva por medio de los
sentidos físicos; poderes tales como la habilidad de leer el
pensamiento, transferencia de pensamientos, clarividencia y otros
parecidos, los cuales se manifiestan frecuentemente cuando el paciente
se encuentra bajo el estado de hipnosis. Tenemos prueba experiencial
de la existencia en nosotros de facultades trascendentes, las cuales en
pleno desarrollo y control concientizado nos podrían poner
perfectamente en una nueva esfera de la vida.

Pero debe de ser entendido que el control debe de ser nuestro y no


ejercido por ninguna otra inteligencia externa ya sea de ésta u otra
dimensión.

Pero tal vez el hecho más importante que los experimentos hipnóticos
han demostrado que la mente subconsciente es la constructora del
cuerpo. La entidad subjetiva en el paciente es capaz de diagnosticar el
carácter de la enfermedad que padece y de señalar remedios, indicando
un conocimiento psicológico que puede exceder aquel del médico más
entrenado, y también de entender las correspondencias entre las
condiciones de la enfermedad de los órganos del cuerpo y los remedios
materiales que apoyan el alivio. Y desde aquí sólo estamos a un paso de
esas numerosas instancias en donde se dispensa completamente del
uso de remedios materiales y trabaja en sí directamente en el
organismo, para que la restauración completa de la salud se dé como
resultado de las sugestiones de salud perfecta hechas por el
hipnotizador al paciente mientras permanecía en estado hipnótico.

Estos son hechos completamente establecidos completamente en


cientos de experimentos conducidos por una variedad de

15
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

investigadores en diferentes partes del mundo. De ellos podemos


extraer dos inferencias de importancia mayor: una es que la mente
subjetiva es absolutamente impersonal y la otra que es la constructora
del cuerpo, o en otras palabras es el poder creativo en el individuo.

Que la mente subjetiva es impersonal en sí misma se demuestra por su


disponibilidad de asumir cualquier personalidad que el hipnotista
escoge imprimir sobre ella. La deducción inevitable es que la
personalidad que se proyecta bajo hipnosis en la mente del sujeto
hipnotizado proviene de la asociación de su propia mente objetiva con
la del hipnotista. Cualquiera que sea la personalidad que la mente
objetiva imprima sobre ella, será la personalidad sobre la que ésta
actúe y asuma; y ya que es la constructora del cuerpo, construirá un
cuerpo en correspondencia con la personalidad impresa sobre ella.

Estas dos leyes de la mente subconsciente forman los cimientos del


axioma que establece que nuestro cuerpo representa el cúmulo de
nuestras creencias. Si nuestra creencia firme es que nuestro cuerpo está
sujeto a todo tipo de influencias fuera de nuestro control, y que un
síntoma u otro son influencias incontrolable influencia que operan
sobre nosotros, entonces esta es la creencia impresa en la mente
subconsciente, que por la ley de su propia naturaleza, la acepta sin
discusión y procede a diseñar condiciones físicas que correspondan a
esta creencia.

De nuevo, si nuestra creencia firme es que ciertos remedios físicos son


los únicos medios de sanción, entonces encontramos en esta creencia
los cimientos de toda medicina.

No hay nada irrazonable en la teoría de la medicina; ella está


estrictamente en correspondencia lógica con la medida del
conocimiento de aquellos que se apoyan en ella y que pueden
asimilarla, y actúa perfectamente de acuerdo con su creencia de que en
un gran número de casos la medicina hará bien, pero de que falla en
muchos otros casos.

Por esto, para aquellos que aún no han alcanzado una percepción más
profunda de las leyes de la naturaleza, el agente sanador de la medicina
es una ayuda de sumo valor para aliviar cualquier enfermedad. El error
a combatir, no es la creencia de que la medicina es capaz de hacer el

16
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

bien por sí sola, sino el error de que no existe un modo más sutil o
mejor.

Entonces, siguiendo el mismo principio, si entendemos que la mente


subconsciente es la constructora del cuerpo, y que el cuerpo no está
sujeto a influencia alguna, exceptuando aquellas influencias que
alcanzan su mente subconsciente, entonces lo que debemos hacer es
imprimir esto sobre la mente subconsciente y pensar habitualmente
acerca de ella como la fuente de Vida perpetua que está renovando
continuamente el cuerpo, construyendo a través de material sano y
fuerte, y en la independencia más completa de cualquier tipo de
influencia, excepto de aquellas que deseamos imprimir sobre nuestra
mente subconsciente por nuestro propio pensamiento.

Cuando hayamos comprendido completamente estas consideraciones,


veremos que es tan fácil exteriorizar condiciones sanas del cuerpo,
como lo contrario. Prácticamente el proceso equivale a una creencia en
nuestro propio poder de vida; y ya que esta creencia, de ser domiciliada
dentro de nosotros, necesariamente producirá un cuerpo sano
correspondiente, no debemos escatimar cualquier esfuerzo alguno que
nos convenza que existen bases suficientes y razonables que la
sostienen. El sostenimiento de una base sólida a esta convicción es el
propósito de la Ciencia Mental.

V.

MÁS CONSIDERACIONES RELACIONADAS CON LA MENTE


SUBJETIVA Y OBJETIVA

Una consideración inteligente acerca del fenómeno del hipnotismo nos


muestra que lo que llamamos estado hipnótico es el estado normal de
la mente subjetiva. Siempre se concibe a sí misma con relación a
alguna sugestión que se le dé (consciente o inconscientemente) al modo
objetivo que la gobierna, y sus resultados externos emergen
correspondientemente.

La naturaleza anormal de las condiciones inducidas por el hipnotismo


experimental, es causada al remover el control normal que sostiene la
mente objetiva del individuo sobre su mente subjetiva, y sustituirlo por

17
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

otro control. Es así que podemos decir que la característica normal de


la mente subconsciente es su acción perpetua de concordancia ante
algún tipo de sugestión. Se vuelve entonces una cuestión de
importancia muy elevada, el determinar en cada caso, la naturaleza
contenida en la sugestión, y cuál es la fuente de su origen; pero antes de
considerar las fuentes de la sugestión debemos de entender más
profundamente el lugar que ocupa la mente subjetiva en el orden de la
naturaleza.

Si el lector ha entendido lo que se ha dicho hasta ahora acerca de la


presencia de un Espíritu inteligente que prevalece a través del espacio y
que permea toda la materia, no tendrá dificultad ahora en reconocer
este espíritu - que lo trasciende todo, como la mente subjetiva
universal. Es obvio que no puede, como mente universal tener las
cualidades de la mente objetiva. La mente universal es el poder creativo
de la Naturaleza; y como poder originador, debe primero de crear las
formas variadas dentro de las cuales la mente objetiva reconoce su
individualidad, antes de que estas mentes individuales puedan
reaccionar a ella; y por lo tanto, como espíritu puro o primera causa,
no puede ser nada más que mente subjetiva; Y el hecho, que ha sido
abundantemente probado por experimentación es, que la mente
subjetiva es la constructora del cuerpo, nos muestra que el poder de
crear a través del crecimiento interior, es la característica esencial de la
mente subconsciente.

Con ambos, tanto experimentación como razonamiento a priori, puede


decirse que dondequiera que encontremos el poder creativo
trabajando, nos encontramos percibiendo la mente subjetiva, ya sea
trabajando en la gran escala del cosmos, o en la escala miniatura
individual. Podemos así establecer como un principio el hecho de que
la inteligencia que todo lo trasciende (la que consideramos en la
segunda y tercera sesión) es puramente mente subjetiva, y sigue la ley
de la mente subjetiva, es decir, que es moldeable a cualquier sugestión,
y que llevará cualquier sugestión que sea impresa en ella hasta su
consecuencia más lógica y rigurosa.

La incalculable importancia de esta verdad, quizás no impresione al


lector a primera vista, pero una pequeña consideración le mostrará las
enormes posibilidades que ella contiene, y en la sección de
conclusiones tocaré brevemente las serias conclusiones que resultan de

18
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

ésta. Por el momento será suficiente entender que la mente subjetiva


en nosotros es la misma mente subjetiva que está trabajando a través
del universo dando vida a la infinidad de formas naturales de las cuales
estamos rodeados, y que de forma similar, también nos está dando vida
a nosotros mismos. Se le puede llamar la sostenedora de nuestra
individualidad; y podemos hablar libremente de nuestra mente
subjetiva como nuestra parte personal dentro de la mente universal.
Esto, por cierto, no quiere decir que la mente universal esté dividida en
fracciones, y es para evitar ese error que he discutido la unidad esencial
del espíritu en la tercera sección; pero para evitar concepciones
elevadamente abstractas al lector principiante, usaremos por
conveniencia la idea de una parte personal dentro de la mente
universal subjetiva.

Comprender nuestra mente subjetiva individual de este modo, nos


ayudará mucho a sobrepasar la dificultad metafísica que confronta
nuestro entendimiento consciente, del uso de la primera causa, en otras
palabras el crear resultados externos a través del uso de nuestro propio
pensamiento.

A fin de cuentas, solamente puede existir una primera causa la cual es


la mente universal, pero dado que es universal no puede, siendo
universal, actuar en el plano de lo individual y particular. Para que ella
lo fuese, tendría que dejar de ser universal y por lo tanto dejar de ser el
poder creativo que deseemos usar. Por otra parte, el hecho de que
estamos trabajando por un objetivo específico definido implica nuestra
intención de usar este poder universal para aplicarlo a un propósito en
particular, es así que nos vemos involucrados en la paradoja de tratar
de hacer el acto universal en el plano de lo particular.

En la balanza de la naturaleza, queremos efectuar un cruce entre los


dos extremos, el espíritu creativo profundo y la forma particular
externa. Entre estos dos existe un abismo, y la cuestión es, cómo
construir un puente entre ellos.

Entonces, es aquí, que la concepción de nuestra mente subjetiva


individual como nuestra parte de la mente subjetiva universal, provee
los medios para confrontar la dificultad, ya que por una lado está en
conexión inmediata con la mente universal y por el otro está en
contacto inmediato con el objetivo individual, o mente intelectual; y

19
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

ésta, por su parte, se localiza en el tiempo y el espacio. Por lo tanto, la


relación entre la mente subjetiva y la mente objetiva en el individuo
forma el puente que es necesario para conectar los dos extremos de la
balanza.

La mente subjetiva individual puede ser entonces considerada


precisamente como el órgano del Absoluto, de la misma manera que la
mente objetiva es el órgano de lo Relativo, y es para que regulemos
nuestro uso de estos dos órganos, que debemos entender lo que
significan los términos "absoluto" y "relativo". El absoluto es aquella
idea de una cosa que se contempla existiendo en sí misma y no con
relación a otra cosa, es decir, que contempla su esencia; Y lo relativo, es
aquella idea de una cosa que se contempla con relación a otras cosas, es
decir circunscrita por un cierto medio. El absoluto es la región de las
causas, y lo relativo es la región de las condiciones; y por lo tanto, si
deseamos controlar las condiciones, podemos lograrlo sólo a través de
nuestro poder de pensamiento en el plano de lo absoluto; lo que
podemos hacer solamente a través del medio de la mente subjetiva.

El uso consciente del poder creativo del pensamiento consiste en


obtener el poder de Pensar en lo Absoluto, y esto sólo se puede alcanzar
por medio de una clara concepción de la interacción entre nuestras
diferentes funciones mentales. Por esta razón, el estudiante debe
recordar enfáticamente la idea de que la mente subjetiva, en cualquier
escala, es sensitiva intensamente a la sugestión, y que como poder
creativo, trabaja con exactitud para materializar en el mundo externo la
sugestión que se imprima más fuertemente sobre ella.

Entonces, si tomamos cualquier idea fuera del ámbito de lo relativo,


donde está limitada y restringida por las condiciones impuestas sobre
ella por las circunstancias que la rodean, y la transferimos al ámbito de
lo absoluto, donde no está limitada, un reconocimiento correcto de
nuestra constitución mental nos permitirá hacer esto por medio de un
método claro y definido.

El objeto de nuestro deseo, es necesariamente concebido primero por


nosotros, como relacionado a circunstancias existentes, que pueden o
no, parecer favorables a él; y lo que queremos eliminar es lo imprevisto,
y obtener algo que es seguro en sí mismo. Para lograr esto, hay que
trabajar en el medio de lo absoluto, y para este propósito debemos de

20
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

trabajar en imprimir en nuestra mente subconsciente la idea de aquello


que deseamos, y hacerlo dejando totalmente aparte cualquier
condición. Esta separación de los elementos de condición, implica la
eliminación de la idea de tiempo, y consecuentemente debemos de
pensar en la cosa como ya realizada y existente. Si no hacemos esto, no
estaremos operando conscientemente sobre el plano de lo absoluto, y
no estaremos empleando el poder creativo de nuestro pensamiento.

La forma más sencilla de obtener el hábito de pensar de esta manera, es


concebir la existencia en el mundo espiritual, de un prototipo
espiritual de todo aquello que existe, el cual se convierte en el molde de
la existencia externa correspondiente.

Si nos habituamos a ver al prototipo espiritual como el ser esencial de


la cosa, y la forma material como el desenvolvimiento de este prototipo
en la manifestación exterior, entonces veremos que el paso inicial para
la producción de cualquier hecho externo, debe de ser la creación de su
prototipo espiritual. Este prototipo, siendo puramente espiritual,
puede ser formado solamente por la operación del pensamiento, y para
que tenga substancia en el plano espiritual debe de ser pensado como
ya existente ahí.

Esta concepción ha sido elaborada por Platón en su doctrina de ideas


arquetípicas, y por Swedenborg en su doctrina de correspondencia; y
de forma aún más elevada el gran maestro, "Por eso les digo: que todo
lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido, y lo recibirán".
(Marcos 11:24 y Mateo 21:22) La diferencia de tiempos verbales en este
pasaje es extraordinaria. El autor nos pide que primero creamos que
nuestro deseo ya ha sido concedido, que ya es algo consumado, y que su
logro seguirá como algo seguro en el futuro.

Esto no es nada más que el uso del poder creativo del pensamiento en
una dirección específica, imprimiendo la mente universal subjetiva con
aquella cosa en particular que deseamos como un hecho ya existente. Al
seguir esta dirección estamos pensando en el plano de lo absoluto y
eliminando de nuestras mentes toda consideración a condiciones
externas que impliquen limitación o la posibilidad de contingencias
adversas; así estamos plantando una semilla que si la dejamos
ininterrumpida, germinará infaliblemente en su manifestación externa.

21
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Haciendo uso inteligente de nuestra mente subconsciente, creamos un


núcleo, por llamarlo así, que en cuanto es creado, comienza a ejercer
una fuerza de atracción, que atrae todo aquel material correspondiente,
y si a este proceso se le permite seguir ininterrumpido, continuará
hasta que una forma externa correspondiente a la naturaleza del núcleo
se manifieste en el plano objetivo y relativo. Éste es el método que la
Naturaleza utiliza universalmente en todo plano. Algunos de los
pensadores más avanzados en la ciencia física, en su deseo de
comprobar el gran misterio del origen del mundo, han postulado lo que
ellos llaman la formación de "anillos vortex" formados por una
substancia primordial infinitamente fina. Nos dicen que si dicho anillo
fuera formado en la escala más diminuta y se hiciera rotar, entonces, al
estar rotando en puro éter y no expuesto a ninguna fricción, debería, de
acuerdo a todas las leyes físicas conocidas, de ser indestructible y de
movimiento perpetuo. Al permitir que dos de estos anillos se
aproximaran uno al otro, se unirían por medio de la ley de atracción, y
así sucesivamente hasta formar la materia manifiesta, tal como la
conocemos con nuestros sentidos externos.

Por supuesto que nadie ha visto estos anillos con los ojos físicos. Son
una de esas abstracciones que resultan si seguimos las leyes de la física
observada y las secuencias matemáticas a sus consecuencias necesarias
inevitables. No podemos responsabilizarnos por las cosas que podemos
ver, a menos que asumamos la existencia de otras cosas que no
podemos ver; y la "teoría del Vortex" es una de estas suposiciones. Esta
teoría no se ha establecido por científicos mentales, sino puramente
por científicos físicos. Es la conclusión final, a la que sus
investigaciones los han llevado, y su conclusión es que todas las formas
innumerables de la naturaleza tienen su origen en el núcleo,
infinitamente minúsculo, del anillo del vortex, por cualquier medio que
él haya recibido su impulso inicial. Una cuestión que no le interesa a la
ciencia física es el medio a través del cual el vortex recibió el impulso
inicial.

Así como la teoría del vortex reconoce la formación del mundo


inorgánico, la biología reconoce la formación de organismos vivos.
Ellos también tienen su origen en un núcleo primordial el cual, al
establecerse, opera como un centro de atracción para la formación de
todos esos órganos físicos de los cuales está compuesto el individuo
perfecto. La ciencia de la embriología muestra que esta regla es válida

22
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

sin excepción, en todo el mundo animal, incluyendo al humano; y la


botánica nos enseña, cómo el mismo principio trabaja dentro de todo el
mundo vegetal.

Todas las ramas de la ciencia física demuestran el hecho que toda


manifestación, de cualquier especie y en cualquier escala, es iniciada
por el establecimiento de un núcleo, infinitamente pequeño pero
dotado por una energía de atracción inquebrantable, causando su
incremento constante de poder y definición de propósito, hasta que el
proceso de crecimiento es consumado o la forma madura se expresa
como un hecho consumado.

Ahora si éste es el método universal de la naturaleza, no es nada difícil


suponer que su operación se inicia en un estado bastante anterior al de
la formación del núcleo material. Tan pronto este es llamado a ser,
comienza a operar por la ley de atracción en el plano material; ¿pero
cuál es la fuerza que origina al núcleo material? Dejemos que nos dé la
respuesta un trabajo reciente en la ciencia física; "En su esencia
primordial, la energía puede ser incomprensible por nosotros, excepto
como una exhibición de la operación directa por aquello que llamamos
Mente o Voluntad." Esta cita es de un curso de conferencias acerca de
"Las ondas en las Aguas, Aire y Éter," dada en 1902, en el Instituto
Real, por J. A. Fleming. Éste es pues, el testimonio de la ciencia física,
de que la energía originadora es Mente o Voluntad; y estamos entonces,
no sólo haciendo una deducción lógica de ciertas intuiciones de la
mente humana, sino que también estamos siguiendo las líneas de la
ciencia física más avanzada, cuando decimos que la acción de la Mente
planta ese núcleo, el cual, si se le permite crecer ininterrumpido,
eventualmente atraerá a sí todas las condiciones necesarias para su
manifestación en la forma visible exterior.

La única acción de la Mente es el Pensamiento; y es por esta razón que


por medio de nuestros pensamientos creamos condiciones externas
correspondientes, porque creamos el núcleo que atrae a sí sus propios
equivalentes en perfecto orden hasta que el trabajo final se manifiesta
en el plano externo.

Esto está de acuerdo estrictamente con la concepción científica de la ley


universal del crecimiento; Y podemos brevemente resumir todo el
argumento, diciendo que cualquier pensamiento nuestro, crea un

23
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

prototipo espiritual de él mismo que constituye un núcleo, o centro que


atrae todas las condiciones necesarias para su eventual materialización
en el mundo externo, gracias a la ley de crecimiento inherente en el
mismo prototipo.

VI

LA LEY DEL CRECIMIENTO

El entender correctamente la Ley de Crecimiento es de la más alta


importancia para el alumno de la Ciencia de la Mente. El gran hecho
que debe comprenderse con respecto a la Naturaleza es que es natural.
Podremos pervertir el orden de la Naturaleza, pero éste prevalecerá a la
larga, regresando, como dijo Horacio, por la puerta trasera, aun cuando
lo saquemos con trinchete; y el principio, el medio y el fin de la ley de la
Naturaleza, es el principio de crecimiento que proviene de una
vitalidad inherente en la entidad misma. Si entendemos esto desde el
comienzo, no destejeremos nuestro propio trabajo, al empeñarnos en
forzar que las cosas se conviertan en aquello que por su misma
naturaleza no son. Por esta razón, cuando la Biblia dice que "aquel que
cree, no se apresurará" enuncia un gran principio natural: que el éxito
depende de que nosotros usemos la ley universal del crecimiento, y no
de que la opongamos..

Sin duda, entre mas vitalidad le pongamos al germen, el cual hemos


acordado llamar el prototipo espiritual, más rápido germinará; pero
esto se debe simplemente a que, con una concepción más entendida le
pondremos más poder de crecimiento a la semilla que lo que le
pondríamos si tuviéramos una concepción más débil. Nuestros errores,
eventualmente, siempre pueden rastrearse a nuestra falta de confianza
en la ley de crecimiento. O a veces creemos que la podemos acelerar
con alguna coerción exterior de nuestra parte, lo que nos lleva a la prisa
y a la ansiedad, por no decir que a veces nos lleva al empleo de métodos
terriblemente equivocados. Otras veces renunciamos a toda esperanza
y así negamos el poder de germinarse que tenía la semilla que
plantamos. El resultado es el mismo, ya que en ambos casos estamos en
efecto, formando un prototipo espiritual nuevo, de características
opuestas a nuestro deseo, lo que así neutraliza el primer deseo
formulado y lo desintegra y usurpa su lugar. La ley es siempre la
misma, la ley de que nuestro Pensamiento forma un prototipo

24
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

espiritual que, si se deja en paz, se reproducirá a sí mismo en


circunstancias externas; la única diferencia está en el tipo de prototipo
que formemos, y así, el mal nos llega precisamente a través de la misma
ley que nos brinda el bien.

Estas consideraciones simplificarán en gran medida nuestras ideas


acerca de la vida. Ya no hemos de considerar dos fuerzas, sino
solamente una, como la causa de todas las cosas; la diferencia entre el
bien y el mal es simplemente el resultado de la dirección en la cual esta
fuerza se haga fluir. Es ley universal que si revertimos la acción de una
causa, al mismo tiempo revertimos su efecto. El mismo aparato que
encendemos con mociones mecánicas produce electricidad, o lo
podemos encender con electricidad y producir mociones mecánicas; o
aritméticamente, si 10 entre 2 =5 entonces 10 entre 5=2, y entonces, si
hemos de reconocer que el poder del pensamiento produce cualquier
resultado, veremos que la ley, por la cual el pensamiento negativo
produce resultados negativos, es la misma por la cual el pensamiento
positivo produce resultados positivos.

Por lo tanto, toda nuestra desconfianza en la Ley de crecimiento, ya sea


que se demuestre en la ansiosa tarea de presionar desde el exterior, o
en permitir que la desesperación tome el lugar de la gozosa
expectación, revierte la acción de la causa original y consecuentemente
revierte la naturaleza de los resultados. Es por esta razón que la Biblia,
el cual es el libro más profundamente esotérico de todos,
continuamente se hace tanto énfasis sobre la eficiencia de la fe y la
destructiva influencia de la incredulidad; y de la misma manera, todos
los libros de cualquier rama de la ciencia espiritual nos avisan
continuamente contra la admisión de dudas o miedo. Son lo inverso del
principio que construye y por lo mismo son el principio que destruye;
sin embargo, la Ley en sí misma no cambia jamás, y la Ciencia de la
Mente se basa en la inmutabilidad de la Ley.

Estamos acostumbrados a entender la inmutabilidad de la ley natural


en nuestra vida diaria, y por lo mismo, no debería ser difícil
comprender que esa misma inmutabilidad de la ley, que obtiene
resultados en el lado visible de la naturaleza, lo hace también en el lado
invisible. El factor variable no es la ley, sino nuestra propia voluntad; y
es al combinar este factor variable por el invariable, que podemos
producir los diversos resultados que deseamos. El principio de

25
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

crecimiento en la semilla es uno de inherente vitalidad, y el trabajo que


el jardinero tiene es paralelo al trabajo que se hace en la Ciencia
mental. Nosotros no ponemos la vitalidad auto-expansiva en la semilla,
pero necesitamos sembrarla y también, por así decirlo, alimentarla con
la contemplación callada y concentrada de nuestro deseo como si fuera
un hecho ya consumado. Sin embargo, debemos remover
cuidadosamente de dicha contemplación la idea de cualquier esfuerzo
intenso de nuestra parte para hacer que la semilla crezca. Su eficacia
consiste en ayudar a eliminar esos pensamientos negativos de duda que
plantarían cizaña en nuestro trigo, y por lo tanto, en lugar de algo
extenuoso, tal contemplación debe estar acompañada por una
sensación de placer y descanso al prever la segura obtención de
nuestros deseos. Esto es lo que el apóstol Pablo recomienda, el dar a
conocer nuestras peticiones a Dios con gratitud, y su razón de ser
reside en la perfecta totalidad de la Ley del Ser que solamente necesita
nuestro reconocimiento de ella para que la usemos de cualquier
manera que queramos.

Algunas personas poseen el poder de la visualización, o de hacer


imágenes mentales de las cosas, en un nivel más avanzado que otras, y
tal facultad pueden emplearse ventajosamente para facilitar la
realización de las operaciones de la Ley. Pero aquellos que no poseen
tal facultad de manera notable, no necesitan descorazonarse por su
falta de ésta, ya que la visualización no es la única manera de realizar o
comprender que la ley opera en el plano invisible. Aquellos cuyo sesgo
mental sea hacia la ciencia física deberán comprender esta Ley de
Crecimiento como la fuerza creativa que aparece a través de toda la
naturaleza; y aquellos que tengan una mente matemática pueden
pensar que todos los sólidos se generan a partir del movimiento de un
punto, el cual, como dijo Euclides, es aquello que no tiene ni partes ni
magnitud y es, por lo tanto, una abstracción tan completa como podría
serlo cualquier núcleo espiritual. Para usar las palabras del apóstol
Pablo, estamos tratando con la sustancia de las cosas que no se ven, y
tenemos que adquirir el hábito mental a través del cual podremos ver
su realidad y sentir que estamos manipulando mentalmente la única
sustancia que existe, y de la cual todas las cosas visibles no son más que
diferentes modos. Por lo tanto, debemos ver nuestras creaciones
mentales como realidades espirituales, y después, confiar
implícitamente en la Ley de Crecimiento para que haga el resto.

26
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

VII

RECEPTIVIDAD

Para poder sentar las bases del trabajo práctico, el alumno debe
esforzarse por obtener una concepción clara de lo que quiere decir la
inteligencia del espíritu indistinto, o no diferenciado. Queremos
comprender la idea de inteligencia aparte de la idea de individualidad,
esta es una idea que nos elude hasta que nos acostumbramos a ella. Es
la falta de comprensión de esta cualidad del espíritu lo que ha dado pie
a todos los errores teológicos que tanta amargura han traído al mundo
y que han sido las causas primordiales del retraso del verdadero
desarrollo de la humanidad. El transmitir adecuadamente este
concepto en palabras, es tal vez imposible, y el intentar definirlo es
introducir la idea misma de limitación que queremos evitar. Es una
cuestión de sentimiento más que de definición; sin embargo, si hemos
de encontrarla, algo de esfuerzo debe dedicarse para indicar la
dirección en la cual debemos sentir esta gran verdad. La idea es
comprender la personalidad sin ese estado de identidad con el yo (ego),
que diferencia a una persona de la otra. "Yo no soy aquel otro por que
soy yo mismo" esta es la definición del yo (ego) individual; pero
necesariamente imparte la idea de limitación, porque el
reconocimiento de cualquier otra individualidad, afirma a la vez el
punto donde nuestra propia individualidad cesa y la otra comienza.
Este modo de reconocimiento no puede atribuírsele a la Mente
Universal. Que ésta reconociera un punto donde ella misma cesara y
algo más tuviera su comienzo sería el reconocerse a sí misma como no
universal; como el significado de la universalidad es la inclusión de
todas las cosas, por lo tanto, que esta inteligencia reconociera cualquier
cosa como algo que tiene su ser fuera de ella misma, sería una negación
de su propio ser.

Por lo tanto, podemos decir que, cualquiera que sea la naturaleza de


esta inteligencia, debe estar enteramente desprovista del elemento de
auto reconocimiento como personalidad individual en cualquier
medida. Al verlo en esta luz queda claro desde el principio que el
espíritu originador que todo lo permea es el gran principio impersonal
de la Vida que da cabida a todas las manifestaciones particulares de la
Naturaleza. Su absoluta impersonalidad, en el sentido de completa
ausencia de cualquier consciencia del yo individual es un punto en el

27
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

cual es imposible insistir demasiado. El atribuirle una imposible


individualidad a la Mente universal es uno de los dos grandes errores
que encontramos que erosionan los fundamentos de la religión y la
filosofía de todas las edades. El otro consiste en apresurarnos al
extremo opuesto y negar la cualidad de inteligencia personal a la mente
Universal. La respuesta a este error, como en antaño, es la sencilla
pregunta: "¿Aquel que hizo al ojo no habrá de ver? ¿Aquel que
implanto el oído, no habrá de escuchar?" O para usar un dicho popular
"No puedes sacar de una bolsa más de lo que hay en ella"; y por
consecuencia, el hecho de que nosotros mismos somos centros de esta
inteligencia personal es prueba de que el infinito, del cual se
concentran estos centros, debe ser inteligencia infinita, y así no
podemos evitar atribuirle los dos factores que constituyen la
personalidad, es decir, inteligencia y voluntad. Por lo tanto llegamos a
la conclusión de que esta esencia universalmente difundida, de la cual
podemos pensar como una especie de protoplasma espiritual, debe
poseer todas las cualidades de la personalidad, sin el reconocimiento
consciente de sí mismo que constituye la individualidad separada: y
dado que la palabra "personalidad" se ha asociado en nuestra plática
diaria tan cercanamente a la idea de "individualidad", será tal vez
mejor acuñar un término nuevo, y hablar de la no-personalidad de la
Mente Universal como personez para indicar su cualidad personal,
aparte de la individualidad. Debemos comprender que este espíritu
universal permea todo el espacio y toda la sustancia manifiesta, tal
como nos dicen los científicos físicos que lo hace el éter. Que donde
quiera que esté, ahí debe llevar con él todo lo que es en su propio ser; y
así veremos que estamos en medio de un océano de Vida indistinta
pero Inteligente, arriba, abajo y por todos lados, impregnándonos tanto
mental como corporalmente, y haciendo lo mismo con todos los otros
seres.

Gradualmente, al ir comprendiendo la verdad de esta declaración,


nuestros ojos empezarán a abrirse a su inmenso significado. Significa
que toda la Naturaleza está llena de una personez interior, infinita en
sus potencialidades de inteligencia, responsividad y poder de expresión
y que solamente espera que nosotros la reconozcamos para ponerse en
acción. Según los términos de su naturaleza, solamente nos puede
responder según la reconozcamos. Si estamos en ese punto intelectual
donde no podemos ver otra cosa que la suerte gobernando al mundo,
entonces esa mente universal subyacente se nos presentará nada más

28
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

como una confluencia fortuita de fuerzas sin ningún orden inteligible.


Si estamos lo suficientemente avanzados como para darnos cuenta que
tal confluencia solamente produciría el caos y no el cosmos, entonces
nuestro concepto se expande ante la idea de una Ley universal y
encontramos que esto es la naturaleza de un principio que todo lo
subyace.

Hemos avanzado enormemente desde el campo del mero accidente


hasta llegar a un mundo donde existen principios definidos en los
cuales podemos contar con certeza cuando los conocemos. Pero he aquí
el punto crucial. Las leyes del universo están ahí, pero somos
ignorantes de ellas y solamente a través de la experiencia obtenida de
diversos fracasos podemos obtener revelaciones sobre las leyes con las
cuales tenemos que tratar. Cuán doloroso es cada paso y cuán lento el
progreso. Millones y millones de años serían insuficientes para
entender todas las leyes del universo, no solamente en el mundo
visible, sino también en el invisible: cada vez que fallamos por
desconocer la ley, implica sufrimiento, causado por nuestra ignorancia
de ella; y así, dado que la Naturaleza es infinita, nos topamos con la
paradoja de que, de alguna manera, debemos abarcar el conocimiento
de lo infinito con nuestra inteligencia individual y debemos peregrinar
por una incesante Vía Dolorosa bajo los latigazos de la inexorable Ley
hasta que encontremos la solución del problema. Pero se preguntarán:
"¿No podemos avanzar hasta que poseamos por fin todo el
conocimiento?" La gente no se da cuenta de lo que se quiere decir con
infinito, o no harían preguntas tales.

Lo infinito es aquello que es ilimitado e inexhausto. Imagina la


capacidad más vasta que puedas y habiéndola llenado con el infinito lo
que queda del infinito es tan infinito como antes. Para el matemático
esto es muy sencillo. Eleva x a la potencia que quieras, y no importa
qué tan vasta sea la disparidad entre ésta y las potencias menores a X,
ambas son igualmente desproporcionadas con Xn. El reino universal de
la Ley es una verdad magnífica; es uno de los dos grandes pilares del
universo simbolizados por los dos pilares que estaban a la entrada del
templo de Salomón: es Jachin, pero Jachin debe estar equilibrado con
Boaz.

Es una verdad perdurable que nunca puede alterarse, que cualquier


infracción a la Ley de la Naturaleza debe acarrear con ella

29
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

circunstancias punitivas. Jamás podemos ir más allá del rango de causa


y efecto. No hay escapatoria de la ley de castigo más que a través del
conocimiento. Si conocemos una ley de la Naturaleza y trabajamos con
ella, encontraremos que es nuestra amiga constante, siempre dispuesta
a servirnos y que jamás nos reclama por errores pasados; pero si la
transgredimos ignorante o voluntariamente, se convierte en nuestra
implacable enemiga, hasta que una vez más la obedezcamos; y por lo
tanto la única redención posible del dolor y de la servidumbre
perpetuos, es la auto expansión que pueda comprender el infinito
mismo. ¿Cómo puede hacerse esto posible? Por medio de nuestro
progreso en ese grado y tipo de inteligencia por el que comprendemos
la inherente personez de la Vida divina que todo lo permea, que es a la
vez La Ley y Sustancia de todo lo que es. Bien lo dijo el antiguo rabino
Judío: "La Ley es una Persona".

Una vez que nos damos cuenta de que la Vida universal y la Ley
universal son una con la Personez universal, entonces hemos
establecido el polar de Boaz que se necesita para complementar a
Jachin; y cuando encontremos el punto común en los que se unen estos
dos, hemos elevado el Arco Real a través del cual podemos entrar
triunfalmente en el Templo. Debemos disociar la Personez Universal de
cualquier concepto de individualidad. Lo universal jamás puede ser lo
individual; eso sería una contradicción de términos. Pero dado que la
personez universal es la raíz de todas las personalidades individuales,
encuentra su máxima expresión en la respuesta a aquellos que
comprenden su naturaleza personal. Y este es el reconocimiento que
soluciona la paradoja aparentemente irresoluble. La única manera en
que podemos obtener el conocimiento de Ley Infinita que cambiará la
vía Dolorosa por el Sendero de la Alegría es la de incorporar en
nosotros un principio de conocimiento conmensurado con la infinidad
de aquello que se necesita saber. Esto se logra al comprender que hay
una Inteligencia, tan infinita como la ley misma, en medio de la cual
flotamos como en un océano. Una Inteligencia sin personalidad
individual, pero la cual al producirnos se concentra en las
individualidades personales que somos.

¿Cuál debería ser la relación de esa Inteligencia hacia nosotros? No una


de favoritismo: siendo Ley no puede respetar a una persona por encima
de otra, porque su ser es la raíz y apoyo de todos por igual. No una de
rechazo a nuestros avances; ya que carente de individualidad no puede

30
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

tener ningún objetivo personal propio que esté en conflicto con el


nuestro; y dado que es en sí misma el origen de toda inteligencia
individual, no puede apagársele por la inhabilidad de entenderla.

Por los mismos términos de su ser, por lo tanto, esta Mente infinita que
todo lo subyace y todo lo produce debe de estar lista inmediatamente
para responder a todos aquellos que comprenden su verdadera relación
con ella. Como es el principio mismo de Vida, debe ser infinitamente
susceptible al sentimiento, y reproducirá consecuentemente, de
manera absolutamente fidedigna, cualquier concepto de sí misma que
le imprimamos.

Por lo tanto, si comprendemos que la mente humana está al punto de la


evolución del orden cósmico, en el cual se ha elevado una
individualidad capaz de expresar, no sólo la vitalidad, sino la personez
del espíritu universal subyacente, entonces veremos, que su modo más
perfecto de auto expresión debe ser el identificarse a sí misma con estas
personalidades individuales.

La identificación, está, por supuesto, limitada por la medida de la


inteligencia individual, es decir, no sólo la percepción intelectual de la
secuencia de causa y efecto, sino también la indescriptible reciprocidad
de sentimiento a por medio del cual reconocemos instintivamente algo
en otro que lo hace parecido a nosotros. Es así que, cuando
inteligentemente comprendemos que el principio íntimo del ser, debe,
a causa de su universalidad, tener una naturaleza común a la nuestra,
entonces hemos resuelto la paradoja del conocimiento universal,
porque hemos identificado nuestro ser con la Mente Universal, la cual
es equiparable con la Ley Universal. Así, llegamos a la verdad de la
declaración de San Juan: "Ustedes conocen todas las cosas", sólo que
este conocimiento es primariamente del plano espiritual. No se lleva a
los enunciados intelectuales se necesiten o no; porque no es en sí
mismo el conocimiento específico de hechos particulares, sino el
principio indiferenciado de conocimiento el cual podemos diferenciar
de cualquier forma que escojamos.

Esto es una necesidad filosófica del caso, ya que aunque la acción de la


mente individual consista en diferenciar lo universal en aplicaciones
particulares, el diferenciar el todo universal sería una contradicción de
términos; y así, dado que no podemos agotar el infinito, nuestra

31
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

posesión de éste, debe consistir en nuestro poder de diferenciarlo,


según lo requiera la ocasión, siendo el único limite el que nosotros
queramos asignarle a la manifestación.

De esta manera, el reconocimiento de la comunidad de personalidad


entre nosotros y el Espíritu universal indiferenciado (que es la raíz y
sustancia de todas las cosas) resuelve la cuestión de nuestra liberación
del puño de hierro de una Ley inflexible, no al abolir la Ley, lo que
significaría la aniquilación de todas las cosas, sino al producir en
nosotros una inteligencia en afinidad con la Ley universal misma, lo
que nos permite aprender y llenar los requisitos de la Ley en lo
particular, según se vaya dando. Es así que la Inteligencia Cósmica se
vuelve individual y la inteligencia individual se torna universal; las dos
se vuelven una, y en la proporción en que esta unidad se comprenda y
se actúe, se encontrará que la Ley, la cual da lugar a todas las
condiciones externas, se vuelve más y más clara de entender, y puede
así usarse más libremente, de tal manera que a través de una diligente y
estable labor, podemos alcanzar grados de poder a los cuales es
imposible asignar límites.

El alumno que entienda el razonamiento del desarrollo de sus propias


posibilidades no debe cometer errores aquí. Debe comprender que todo
el proceso es cuestión de llevar lo universal hacia la esfera de lo
individual, y de elevar lo individual al nivel de lo universal, y no
viceversa. Es un axioma matemático que no puedes contraer lo infinito,
pero que si puedes expandir lo individual; y es precisamente bajo este
esquema que funciona la evolución. Las leyes de la naturaleza no
pueden ser alteradas en el más mínimo grado; pero podemos llegar a
tal comprensión de nuestra relación con el principio universal de la Ley
que los subyace, como para poder presionar todas las leyes
particulares, ya sean del lado visible o invisible de la Naturaleza a
nuestro servicio, y así tornarnos en los amos de la situación. Esto se
deberá conseguir a través del conocimiento; y el único conocimiento
que efectuará este propósito en toda su inmensurable inmensidad, es el
conocimiento del elemento personal en el Espíritu Universal, y de su
reciprocidad con nuestra propia personalidad. Nuestro reconocimiento
de este Espíritu, debe ser por lo tanto doble, como el principio de
secuencia necesario, orden o Ley, y también como el principio de
Inteligencia que responde a nuestro propio reconocimiento de ella.

32
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

(Personez: característica carente de personalidad individual u


objetiva.)

VIII.

ACCIÓN RECÍPROCA DE LAS MENTES UNIVERSAL E


INDIVIDUAL

Debe admitirse que las presentes consideraciones nos llevan a las


fronteras de la especulación teológica, pero el estudiante debe tener
presente que, como Científico Mental, es de su incumbencia, ver aún el
más exaltado fenómeno espiritual desde un punto de vista puramente
científico, el cual resulta de la operación de una Ley universal natural.
Si de esta manera simplemente trata los hechos según los vaya
encontrando, habrá pocas dudas acerca del verdadero significado de
muchos enunciados teológicos que se le volverán más claros. Sin
embargo, hará bien en sentar como regla general que no es necesario
que demos una explicación teológica, ya sea del lado personal o del lado
impersonal de la Naturaleza, ni para el uso ni para el entendimiento de
la ley; por lo tanto, la cualidad personal inherente en el espíritu
universal subyacente (el cual este presente en todas las cosas) no puede
sobre enfatizarse; no obstante, debemos recordar que estamos tratando
con un poder puramente natural que reaparece en cualquier punto con
una variedad proteica* de formas, ya sea como persona, animal o cosa.
(Nota del editor: *proteico que cambia fácilmente de formas o de
aspecto, como el dios griego Proteus.)

En todo caso, en lo que este poder se convierte para el individuo, se


mide exactamente a través del reconocimiento de éste por aquel
individuo. Para todos y cada uno, conlleva la relación de apoyo de la
raza, y ahí donde el desarrollo individual sea incapaz de comprender
nada más, será el limite de la relación; Pero al ir expandiéndose el
poder de reconocimiento del individuo, encontrará una expansión
recíproca de parte de este poder inteligente el cual se desarrollará
gradualmente en la consciencia como íntimo compañerismo entre la
mente individualizada y su fuente no individualizada.

33
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Ahora bien, ésta es exactamente la relación que, bajo principios


científicos ordinarios, debemos esperar encontrar entre el individuo y
la mente cósmica, en el supuesto de que la mente cósmica sea mente
subjetiva y que, por las razones que ya se han dado, no la podamos ver
bajo ninguna otra luz. Como mente subjetiva debe reproducir
exactamente la concepción de sí misma que la mente objetiva del
individuo le imprime, al actuar a través de su propia mente subjetiva; y
al mismo tiempo, como mente creativa, construir factores externos en
correspondencia con este concepto. Quot homines tot sententioe: Cada
cual exterioriza, precisamente en sus circunstancias exteriores su idea
de la Mente Universal; y el hombre que comprenda que a través de la
ley natural de la mente puede llevar a la Mente Universal a una acción
perfectamente recíproca con la suya, la hará una fuente infinita de
instrucción y una fuente infinita de poder.

Así, él alternará sabiamente los aspectos personales e impersonales


respectivamente entre su mente individual y la Mente Universal;
cuando busque guía o fuerza, él contemplará a su propia mente como el
elemento impersonal el cual recibirá personalidad de la sabiduría y
fuerza superiores de la Gran Mente; y cuando por otra parte, él tenga
que dar esas reservas así acumuladas, deberá revertir la posición y
considerar a su propia mente como el elemento personal, y a la Mente
Universal como el elemento impersonal, el cual podrá por lo tanto
dirigir con certeza al imprimirle su propio deseo personal.

No necesitamos asombrarnos con la grandeza de esta conclusión, ya


que se llega a ella naturalmente, por la relación entre las mentes
subjetiva y objetiva; y la única pregunta es si limitaremos nuestra
visión al nivel más bajo de la objetiva, o lo expandiremos de manera
que asumamos las ilimitadas posibilidades que nos presenta la mente
subjetiva.

He lidiado con esta cuestión largamente porque nos provee la llave de


dos temas muy importantes, la Ley de Provisión (Divina Providencia) y
la naturaleza de la Intuición. Los estudiantes a veces encuentran que es
más fácil entender más fácilmente cómo la mente puede influir al
cuerpo con el cual está tan íntimamente asociado, pero encuentran más
difícil entender cómo puede influir a las circunstancias. Si la operación
del poder del pensamiento estuviese confinada exclusivamente a la
mente individual esta dificultad podría surgir; pero si hay una lección

34
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

que la Ciencia Mental debe aprender de memoria más que ninguna


otra, es que la acción del poder del pensamiento no está limitada a una
individualidad circunscrita.

Lo que hace el individuo es únicamente darle dirección a algo que es


ilimitado, es llamar a la acción una fuerza infinitamente mayor que la
suya, la cual, dado que es en sí misma impersonal aunque inteligente,
recibirá la impresión de su personalidad y podrá por lo tanto hacer
sentir su influencia más allá de los límites que limitan la percepción
objetiva del individuo sobre las circunstancias con las que tiene que
lidiar. Por esta razón enfatizo la combinación de dos aparentes
opuestos en la Mente Universal: La unión de la cualidad de inteligencia
con la cualidad de lo impersonal. La inteligencia no solo le facilita
recibir la impresión de nuestro pensamiento, también le da causa para
que divise exactamente los medios correctos para lograrlo.

Este es solamente el resultado lógico de la hipótesis de que estamos


tratando con una Inteligencia infinita que también es Vida infinita.
Vida significa Poder, y vida infinita, entonces significa poder ilimitado;
y un poder ilimitado activado por inteligencia infinita no puede
concebirse interrumpido jamás por falta de recursos para alcanzar el
logro de su objeto; es así, que recibiendo la intención de la mente
Universal, no puede haber duda de su logro final. Después viene la
pregunta de intención. ¿Cómo sabemos cual es la intención de la mente
Universal? Aquí llega el elemento de impersonalidad. No tiene
intención, por que es impersonal.

Como ya lo dije, la mente Universal trabaja por medio de una ley de


porcentajes para el avance de la raza, y no está preocupada por los
deseos en particular del individuo. Si sus deseos están alineados con el
movimiento evolutivo del principio eterno, no hay lugar en la
Naturaleza, ni poder alguno, que pueda restringir su logro. Si se
encuentran en oposición al movimiento evolutivo general, lo traerán a
un choque con él. De la relación entre ellos, resulta que el mismo
principio que se muestra en la mente individual como Voluntad, se
convierte en una Ley de Tendencia en la mente universal; y la dirección
de esta tendencia debe ser siempre la de donadora de Vida, porque la
mente universal es el espíritu indiferenciado del universo. Por lo tanto,
en cada caso, la prueba es la de si nuestra intención particular va en la
misma dirección vital; y si así es, entonces podremos estar

35
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

absolutamente seguros de que no hay intención por parte de la mente


universal de oponerse a la intención de nuestra mente individual;
estamos tratando con una fuerza puramente impersonal, y no se
opondrá con planes suyos o propios, como tampoco lo harían el vapor o
la electricidad.

Combinando así estos dos aspectos de le Mente Universal, su


impersonalidad y su inteligencia perfecta, encontramos precisamente
el tipo de fuerza natural que necesitamos, algo que sobrellevará
cualquier cosa que pongamos en sus manos sin que se nos hagan
preguntas o se regateen términos, y habiendo tomado nuestro asunto,
dará a éste una inteligencia en donde el conocimiento unido de la raza
humana es insignificante, y ofrecerá un poder equivalente a su
inteligencia.

Quizá esté usando una expresión muy directa y cruda, pero mi objetivo
es proporcionarle al estudiante, la naturaleza del poder que él puede
emplear y el método con el que lo puede lograr, y así, establecer mi
posición completamente: aunque tu propósito no sea dirigir el cosmos
entero, pero atraer beneficios físicos, mentales, morales, o financieros a
tu vida o la de otro.

Desde este punto de vista individual el poder universal creativo no


tiene mente propia, y es así que tú puedes decidir por Él. Cuando se a
hecho una decisión por él, nunca usurpa su lugar como el poder
creativo, pero instantáneamente activa su trabajo para llevar acabo el
propósito para el cual fue concentrado; Y amenos de que esta
concentración haya sido disipada por el mismo agente (tu mismo) que
la produjo en primer lugar, trabajará en esta gracias a la ley de
crecimiento para terminar la manifestación en el plano exterior.

Al tratar con esta gran inteligencia impersonal, estamos trabajando con


el infinito, y debemos comprender a la Infinidad como aquello que toca
todos los puntos. Y si así lo hace, no debe existir dificultad en entender
que esta inteligencia puede atraer desde los confines del mundo, todos
los medios requeridos para su propósito, y comprendiendo la ley a
través de la cual el resultado es ejecutado; definitivamente debemos
dejar a un lado todo cuestionamiento acerca de lo medios específicos
que se emplearán en cualquier caso.

36
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

El cuestionar esto, es como sembrar la semilla de la duda, la cual debe


ser erradicada como nuestro primer objetivo. Y nuestra labor
intelectual debe ser dirigida, no en el intento de divisar las múltiples
causas secundarias que deben combinarse para producir el resultado
deseado, poniéndole de antemano que causas particulares deben ser
necesarias, y de que lugar deben de venir; Por el contrario, la labor
intelectual debe estar dirigida para ver más claramente el raciocinio de
la ley general, a través de la cual las vías de causas secundarias se
ponen en movimiento.

Utilizando nuestro intelecto de la forma descrita anteriormente, puede


ser nuestro mayor obstáculo para el éxito, pues solo ayuda a que
nuestras dudas se incrementen, pues está tratando de comprender
particularidades que están enteramente fuera de su círculo de visión
por el momento; pero utilizado posteriormente constituye un apoyo
material para mantener ese núcleo, sin el cual, no hay centro desde el
cual el principio de crecimiento pueda afianzarse.

El intelecto solo puede deducir consecuencias desde los hechos que es


capaz de identificar, y consecuentemente no puede deducir ninguna
seguridad de hechos de cuya existencia aún no tiene conocimiento por
medio de sus sentidos externos; pero por la misma razón puede
entender la existencia de una ley a través de la que las circunstancias
aún no manifestadas son traídas a su manifestación.

Entonces, usado en su orden correcto, el intelecto se convierte en


sirviente de ese poder más interior dentro de nosotros, que manipula la
substancia invisible de las cosas, y que podríamos llamarle primera
causa relativa. Indiferenciado:

IX.

CAUSAS Y CONDICIONES

La expresión "primera causa relativa" se usó en la última sección, para


distinguir de las causas secundarias, la acción de la Primera Causa
Universal del principio creativo en la mente individual

Según existe en nosotros, la causación primaria es el poder de iniciar


un tren de causación dirigido a un propósito individual. Es causa

37
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

primaria por ser el poder para iniciar una secuencia fresca de causa y
efecto, y es relativa al referirse a un propósito individual, y por lo tanto
puede hablarse de ella como causa primera relativa, o como el poder
primario manifestado por el individuo. La comprensión y el uso de este
poder es el objetivo total de la Ciencia Mental y por lo tanto es
necesario que el estudiante vea claramente la relación entre causas y
condiciones.

Una sencilla ilustración explicará este propósito mejor que una


elaborada discusión. Si se lleva una vela encendida a un cuarto el
cuarto se ilumina, y si se retira la vela el cuarto regresa a la oscuridad.
Ahora bien, tanto la iluminación como la oscuridad son condiciones,
una positiva que resulta de la presencia de la luz, y otra negativa que
resulta de su ausencia. De este ejemplo sencillo podemos ver que toda
condición positiva tiene una condición negativa exactamente opuesta y
correspondiente, y que esta correspondencia resulta, de que ambas
están relacionadas a la misma causa, una positiva y otra
negativamente. En consecuencia, podemos sentar la regla de que todas
las condiciones positivas resultan de la presencia activa de cierta causa,
y todas las condiciones negativas de la ausencia de tal causa.

Una condición, ya sea positiva o negativa, nunca es la causa primaria, y


la causa primaria de cualquier serie jamás puede ser negativa, dado
que la negación es la condición que surge de la ausencia de una
causación activa. Esto debe entenderse minuciosamente, ya que es la
base filosófica de todas esas "negaciones" que juegan un papel tan
importante en la Ciencia Mental, y que puede resumirse en la
declaración de que como el mal es negativo (o la ausencia del bien), no
tiene existencia sustancial en sí mismo. Sin embargo, en cuanto las
condiciones llegan a existir, ya sean positivas o negativas, se convierten
a su vez en causas y producen otras condiciones, y así ad infinitum,
creando una cadena de causas secundarias.

Mientras emitamos juicio basados solamente en la información de los


sentidos externos, estaremos trabajando en el plano de la causación
secundaria. No veremos más que una sucesión de condiciones que son
parte de una cadena infinita. Condiciones antecedentes que surgen del
pasado y que se extienden hacia el futuro; y desde este punto de vista,
estaremos bajo el puño de hierro de un destino del que parece no haber
posibilidad de escapatoria.

38
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Esto se debe a que los sentidos externos son solamente capaces de


lidiar con las relaciones que un modo de limitado, dado que son
instrumentos a través de los que obtenemos conocimiento de lo relativo
y lo condicional. Ahora bien, la única manera de escapar es
elevándonos de la región de las causas secundarias hacia la de la
causación primaria, donde se encuentra la energía originadora antes de
haber pasado a la manifestación como condición. Esta región se
encuentra dentro de nosotros mismos; es la región de las ideas puras; y
es por esta razón que he enfatizado los dos aspectos del espíritu como
pensamiento puro y como forma manifiesta. La imagen de
pensamiento o patrón ideal de una cosa es la causa primaria en lo que
se refiere a esa cosa; es la sustancia de esa cosa, sin haber sido aún
afectada por condiciones antecedentes.

Si nos damos cuenta de que todas las cosas visibles a nuestro alrededor
deben tener su origen en el espíritu, entonces comprendemos que toda
la creación a nuestro alrededor es evidencia de que el punto de partida
de todas las cosas está en las imágenes de pensamiento (ideas); ya que
ninguna otra acción, sino la formación de tales imágenes, pudo
concebirse del espíritu antes de que se manifestara en materia. Si
entonces, éste es el modus operandi del espíritu para su auto-
expresión, solamente tenemos que transferir esta concepción de la
escala del espíritu cósmico que trabaja en el plano de lo universal, a la
del espíritu individualizado que trabaja en el plano de lo particular,
para ver que al formar el patrón ideal en nuestro pensamiento
ponemos en movimiento la causa primaria relacionada a este objeto
especifico.

No hay diferencia en especie entre la operación de la causa primera en


lo universal y en lo particular, la diferencia es solamente una diferencia
de escala, pero el poder en sí es idéntico. Por lo tanto debemos que
siempre tener muy claro si estamos siendo o no conscientemente la
primera causa. Noten la palabra "conscientemente", porque consciente
o inconscientemente, siempre estamos usando la causa primaria; por
esto enfaticé el hecho que la Mente Universal es puramente subjetiva y
por lo tanto está atada a las leyes que se aplican a la mente subjetiva en
cualquier escala.

39
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Siempre estamos imprimiendo algún tipo de ideas sobre la Mente


Universal, ya sea que estemos o no conscientes del hecho, y nuestras
limitaciones resultan de haber impreso sobre ella la idea de limitación,
la cual hemos absorbido, limitando así cualquier posibilidad a la región
de las causas secundarias.

Pero ahora que la investigación nos ha demostrado que las condiciones


jamás son causas en sí mismas, sino meros eslabones subsecuentes en
una cadena que se comenzó en el plano del ideal puro, lo que tenemos
que hacer, es revertir nuestra manera de pensar y ver al patrón ideal
como lo real, y a la manifestación externa como un mero reflejo que
debe cambiar con cualquier cambio que se produzca en el objeto que lo
genera. Por estas razones, es esencial saber si estamos o no usando
conscientemente la causa primaria con un propósito definido o no, y
éste es el criterio. Si vemos a la satisfacción de nuestro propósito como
algo contingente de las circunstancias, pasadas, presentes o futuras, no
estamos haciendo uso de la causa primaria; hemos descendido al nivel
de la causación secundaria, la cual es la región de las dudas, miedos y
limitaciones, todos los cuales se imprimen en la mente subjetiva
universal, con el inevitable resultado que construirá las
correspondientes causas externas. Pero si nos damos cuenta que la
región de las causas secundarias es la región de las meras reflexiones,
no pensaremos en nuestro propósito como en algo que depende de
ninguna condición, sino que sabremos que al formar la idea de ello en
el absoluto, y al mantener esa idea, hemos moldeado la causa primaria
en la forma deseada y podemos esperar los resultados con gozosa
expectación.

Aquí encontramos la importancia de entender la independencia del


espíritu del tiempo y del espacio. Un ideal como tal, no puede formarse
en el futuro. O debe formarse aquí y ahora o no debe formarse para
nada; y es por esta razón que todo maestro que ha hablado alguno vez
con conocimiento del tema, ha impreso en sus seguidores la necesidad
de imaginar la satisfacción de sus deseos como algo ya realizado en el
plano espiritual, una fait accompli, como condición indispensable de la
satisfacción de tal deseo en lo visible y concreto.

Cuando esto se entiende debidamente, cualquier ansiedad acerca de


qué medios se utilizará para la realización de nuestros propósitos, se ve
como algo totalmente innecesaria. Si el fin ya se aseguró, entonces

40
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

todos los pasos que llevan a él, estarán igualmente seguros. Los medios
llegarán al pequeño círculo de nuestras actividades conscientes, día tras
día, en el orden debido, y luego hemos de trabajar sobre ellos, no con
miedo, duda o emoción febril, sino clamada y gozosamente, porque
sabemos que el fin ya está asegurado, y que nuestro uso razonable de
tales medios, como se presenten en la dirección deseada, es solamente
una porción de un movimiento coordinado mucho más grande, del cual
no admite duda el resultado final. La Ciencia Mental no ofrece un
premio a la pereza, sino que traslada el trabajo de la región de la
ansiedad y la laboriosidad asegurando al trabajador el éxito de su labor,
si no en la forma precisa en que lo anticipó, en otra aun más adecuada a
sus requisitos.

¿Pero supongamos que cuando llegamos al punto donde alguna


decisión importante tenga que tomarse, decidamos mal? Bajo la
hipótesis que el fin ya está asegurado, no se puede decidir
erróneamente. Tu decisión correcta es tan sólo uno de los pasos
necesarios para la obtención de un fin, como cualquiera de los otras
condiciones que nos dirigen a él. Por lo tanto, aunque debemos ser
cuidadosos en evitar acciones apresuradas, podemos asegurarnos que
la misma Ley, que controla el resto de las circunstancias en la dirección
correcta, también influenciará nuestro juicio en esa dirección. Para
obtener buenos resultados debemos entender debidamente nuestra
relación con el gran poder impersonal que estamos usando.

Este poder es inteligente, nosotros somos inteligentes, y ambas


inteligencias deben cooperar. No debemos precipitarnos a la Ley y
esperar que haga por nosotros, lo que solamente puede hacer a través
de nosotros. Por eso debemos usar nuestra inteligencia y saber que está
actuando como instrumento de una inteligencia mucho mayor, y al
tener este conocimiento podremos, y deberemos, cesar toda ansiedad
sobre el resultado final.

En la práctica, debemos primero formar la concepción ideal de nuestro


objeto, con la intención definitiva de imprimirla sobre la mente
universal. Es esta intención, la que extrae tal pensamiento de la región
de las meras imaginaciones casuales. Así podemos afirmar que nuestro
conocimiento de la ley es razón suficiente para esperar calmamente los
resultados correspondientes, y que por lo tanto, todas las condiciones
necesarias nos llegarán a su debido tiempo. Entonces podemos regresar

41
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

a los asuntos cotidianos con la tranquila seguridad de que las


condiciones iniciales, o ya están aquí, o pronto llegarán a nuestra vista.
Si no las vemos inmediatamente, descansemos satisfechos en el
conocimiento de que el prototipo espiritual ya está en existencia, y
esperemos hasta que alguna circunstancia que apunte en la dirección
deseada comience a manifestarse. Puede que sea una circunstancia
pequeña, pero es la dirección y no la magnitud la que debe tomarse en
cuenta. Tan pronto como la veamos, debemos considerarla como el
primer brote de la semilla que hemos plantado en el Absoluto, y hacer
calmamente y sin excitación, lo que requieran las circunstancias. Al
hacer esto, veremos que se nos llevará a nuevas circunstancias en la
misma dirección, hasta que nos encontremos guiados paso a paso hasta
conseguir nuestro objetivo.

De esta manera, el entendimiento del gran principio de la Ley de


abastecimiento, por medio de experiencias repetidas, nos liberará de
pensamientos ansiosos o labor extenuante, y nos llevará a un mundo
nuevo, donde el uso todos nuestros poderes, ya sea mentales o físico,
serán solamente el desenvolvimiento de nuestra individualidad sobre
las líneas de su propia naturaleza, y por lo tanto una fuente perpetua de
salud y felicidad; Sin duda, un incentivo suficiente, para estudiar
cuidadosamente las leyes que gobiernan la relación entre el individuo y
la Mente Universal.

X.

INTUICIÓN

Hemos visto que la mente subjetiva es susceptible a la sugestión de la


mente objetiva; pero también existe una acción de la mente subjetiva
sobre la mente objetiva.

La mente subjetiva individual es su ser más profundo, y su cuidado


primordial es el mantenimiento de la individualidad ya que es su
fuente; y dado que es espíritu puro tiene su existencia en ese plano del
ser, donde todas las cosas subsisten en el eterno aquí y ahora universal,
puede entonces informar a la mente menor de cosas removidas de su
alcance de saber, ya sea por los elementos de distancia o de futuro.
Podemos asignarle un poder ilimitado a la percepción de la mente
subjetiva ya que debido a la ausencia de las condiciones de tiempo y

42
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

espacio, debe de concentrar todas las cosas en un enfoque presente, y


ahí emerge la pregunta; ¿por qué no mantiene a la mente objetiva
informada continuamente en todo momento y de todo?

Y la respuesta es, que lo haría, si la mente objetiva estuviese lo


suficientemente entrenada para reconocer las recomendaciones
otorgadas, y uno de los propósitos de la Ciencia Mental es llevar a cabo
este entrenamiento.

Cuando reconocemos que la posición de la mente subjetiva es la


manutención de la individualidad, no podemos dudar que mucho de lo
que consideramos como movimiento espontáneo de la mente objetiva,
tiene su origen en la mente subjetiva, impulsando a la mente objetiva
en la dirección correcta, sin estar nosotros conscientes de ello. Pero hay
veces, cuando la urgencia del caso lo amerita, o cuando por una razón
desconocida la mente objetiva se compenetra con la mente subjetiva,
que la voz interior se escucha más fuerte y persistentemente. Cuando
esto sucede, haremos bien en prestar toda nuestra atención a esa voz
interior.

La importancia de entender y seguir la intuición no puede ser


exagerada, pero yo admito de corazón, la dificultad práctica de
mantener el balance entre ignorar la voz interior o dejarnos llevar por
locuras sin fundamento. La mejor guía es el conocimiento que nos llega
con la experiencia, la que gradualmente nos conduce a la adquisición
de segundo sentido interior, que nos permite distinguir lo verdadero de
lo falso, y que parece aumentar por medio del sincero deseo por la
verdad y el reconocimiento del espíritu como su fuente.

Los únicos principios generales que el escritor puede deducir de su


propia experiencia son, que cuando, a pesar de toda apariencia
apuntando en dirección de cierta línea de conducta, si aún existe un
sentimiento persistente para no seguirla, en la mayoría de los casos, se
encontrará que los argumentos de la mente objetiva, (aunque correcta
según los hechos conocidos objetivamente) ignoraba hechos que no
podían ser reconocidos objetivamente en aquel momento, pero que
conocía la intuición.

43
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Otro principio es que a menudo, nuestra muy primera impresión o


sentimiento sobre cualquier asunto suele ser correcto. Antes de que la
mente objetiva comience a argumentar sobre el tema, es como la
superficie tranquila de un lago que refleja la luz claramente de arriba;
pero en el momento que empieza a argüir basándose en apariencias
externas, ellas también se reflejan sobre su superficie, haciendo que la
imagen original se vea borrosa e irreconocible. Esta primera
concepción se empaña rápidamente, por lo que debe de ser
cuidadosamente observada y registrada en la memoria, prestando
atención a los muchos argumentos que se presentarán en el plano
objetivo.

Sin embargo, es imposible de someter esta acción tan interior de la


intuición a reglas duras e inflexibles, y más allá de notar
cuidadosamente casos particulares tal y como van ocurriendo,
probablemente el mejor plan para el estudiante será de incluir todo el
tema de la intuición en el principio general de la Ley de Atracción,
especialmente si observa como esta ley inter-actúa con esta cualidad
del espíritu universal del que ya hemos hablado.

XI.

EL SANAR

El tema del sanar ha sido elaborado y tratado por muchos escritores y


merece por completo toda la atención que se le ha dado, pero el objeto
de estas conferencias, es más bien, el de afirmar en el estudiante
aquellos principios generales en el que todo el uso consciente del poder
creativo del pensamiento está basado, más que en establecer las reglas
para su aplicación especifica.

Entonces, examinaré los principios generales que parecen ser comunes


dentro de los diversos métodos del sanar mental que están en uso, los
cuales derivan su eficacia, no de la peculiaridad del método en lo
particular, sino por ser el método que permite que las leyes Naturales
actúen.

Ahora bien, el principio universalmente expuesto por todo sanador


mental, en cualquier término en el que se ha explicado, es que la base
de toda sanación es un cambio de creencia.

44
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

La secuencia de donde resulta esto es:

• La mente subjetiva es la facultad creativa dentro de nosotros, y


crea todo aquello que la mente objetiva le imprime;

• La mente objetiva, o intelecto, imprime su pensamiento en la


mente subjetiva;

• El pensamiento es la expresión de la creencia;

• Todo lo que la mente subjetiva crea es la reproducción externa de


nuestras creencias.

Nuestro objetivo principal es el de cambiar nuestras creencias. No


podemos hacer esto sin una sólida convicción de la falsedad de
nuestras viejas creencias y de la veracidad de las nuevas creencias, y
esta base la encontramos en la ley de causación, la cual me ha
interesado explicar. La falsa creencia, que se materializa en el mundo
externo como enfermedad, es la creencia de que una causa secundaria,
la cual es simplemente una condición, es la causa primaria.

El conocimiento de la ley nos demuestra que solo existe una causa


primaria, y éste es el factor al que hemos llamado la mente subjetiva o
subconsciente de nuestra individualidad.

Por esta razón he insistido en la diferencia entre colocar una idea en la


mente subconsciente, esto es, en el plano de lo absoluto, sin referencia
de tiempo y espacio, y colocar la misma idea en la mente consciente
intelectual, la cual sólo percibe las cosas relacionándolas a su tiempo y
espacio.

Ahora, la única concepción que puedes tener de ti mismo en el absoluto


o incondicional, es como Espíritu viviente puro, no obstaculizado por
condiciones de ninguna clase, así que no está sujeto a la enfermedad; y
cuando esta idea está firmemente impresa en la mente subconsciente,
se materializa en el mundo externo.

La razón por la cual este proceso no es siempre exitoso en el primer


intento, es porque toda nuestra vida hemos retenido la falsa creencia de

45
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

la enfermedad como una entidad en sí misma y por lo tanto siendo una


causa primaria, en vez de ser meramente el resultado de una condición
negativa por la ausencia de una causa primaria; y una creencia que se
engendró desde la infancia no se puede erradicar de un momento a
otro.

Encontramos muy seguido, entonces, que después de un tiempo


durante un tratamiento hay una mejoría en la salud del paciente, y
poco después los síntomas reinciden. Esto es porque la nueva
CREENCIA en su facultad creativa, aún no ha tendido tiempo para
penetrar a las profundidades de la mente subconsciente, y que sólo ha
entrado parcialmente. Cada tratamiento que sigue refuerza el
subconsciente dentro de la aceptación de la nueva creencia, hasta que
se efectúa una cura permanente. Éste es el método de auto-sanación
basado en el propio entendimiento de la ley de su ser, obtenido por el
paciente.

Pero "este conocimiento de la ley no lo tiene todo hombre y mujer" o al


menos, no lo reconoce tanto como para permitirle darse un tratamiento
exitoso a sí mismo, y en estos casos se vuelve necesaria la intervención
del sanador o (practicante metafísico.) La única diferencia entre
sanador y paciente, es que el sanador ha aprendido cómo controlar al
máximo los modos menos conscientes del espíritu, por el de mayor
consciencia, mientras que el paciente no ha alcanzado aún este
conocimiento; y lo que el sanador hace, es substituir su propia
conciencia objetiva (consciente) la cual es la voluntad asociada al
intelecto, por la del paciente, y así encontrar entrada a su mente
subconsciente (del paciente) e imprimirle la sugestión de Salud
Perfecta.

Surge una pregunta, ¿cómo es que el sanador puede substituir, su


propia mente consciente por la del paciente? Y la respuesta muestra la
aplicación práctica de aquellos principios tan abstractos que he
introducido y establecido desde las primeras secciones.

Nuestra concepción ordinaria o común, es la de una personalidad


individual que termina donde empieza la personalidad del otro; en
otras palabras, que las dos personalidades están completamente
separadas. Esto es un error. NO hay tal línea firme de demarcación
entre personalidades, y las fronteras entre una y otra pueden ser

46
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

reducidas o incrementadas en su rigidez de acuerdo a la voluntad, de


hecho pueden ser temporalmente removidas tan completamente que,
por el momento las dos personalidades se fusionan como una.

La acción que toma lugar entre el paciente y sanador depende de este


principio.

El sanador le pide al paciente que adopte una actitud mental receptiva,


indicando así que va a ejercitar su volición con el propósito de remover
la barrera de su personalidad objetiva, y así poder permitir la entrada al
poder mental del sanador.

A su vez, el sanador hace lo mismo con la diferencia que, mientras el


paciente, por su parte remueve la barrera, con la intensión de admitir el
flujo del poder mental, el sanador lo hace con la intensión de dar salida
a ese flujo, y así, gracias a la acción conjunta de las dos mentes, las
barreras de las dos personalidades es removidas y la dirección de los
dos flujos de volición se determina; fluye activamente del sanador (por
decir así) para pasar al paciente que está pasivamente dispuesto a
recibirla, de acuerdo con la ley natural universal de que el influjo debe
de ser siempre, desde el plenum al vacío.

Esta eliminación mutua de las barreras mentales externas entre


sanador y paciente, es a lo que se le da el término de empatía mutua.
Aquí se encuentra una aplicación práctica del principio explicado
anteriormente en este libro, de que el espíritu puro está presente en su
totalidad en todo lugar simultáneamente. Es por esta razón, que tan
pronto como sanador reconoce que las barreras externas de la
personalidad entre él y el paciente han sido removidas, que puede
comunicarse con la mente subconsciente de su paciente como si fuera
la suya propia; ya que ambas mentes son espíritu puro, el pensamiento
de su identidad las hace idénticas. Las dos están concentradas en una
sola entidad, a tal punto, que la mente consciente del sanador puede
sostener la mente subjetiva del paciente, de acuerdo al principio
universal del control de la mente objetiva por medio de la sugestión.

Por esto he insistido en la distinción entre espíritu puro (concebido


aparte de la extensión de cualquier matriz) y la concepción de éste,
como extensión de una matriz.

47
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Si concentramos nuestra mente pensando en la condición de la


enfermedad del paciente como una entidad separada, no estamos
concibiendo al paciente como espíritu puro, lo cual no nos permitirá
entrar eficazmente a la fuente de su ser. Por esto debemos de retirar
nuestro pensamiento de la contemplación de todo síntoma, y de hecho
de toda su personalidad física, y debemos de pensar en él como
individualidad puramente espiritual, y como tal enteramente libre de
estar sujeta a cualquier condición. Por consecuencia, materializa en el
mundo externo las condiciones máximas de vitalidad e inteligencia
propias del espíritu puro.

Al pensar así del paciente, afirmamos mentalmente que la


correspondiente vitalidad perfecta que es su creencia interna, se
reconstruirá externamente. Al ser impresa esta sugestión por el
pensamiento consciente del sanador, (mientras al mismo tiempo el
paciente está aceptándolo) el resultado es que la mente subconsciente
del paciente se unifica con el reconocimiento de su propio poder dador
de vida, y de acuerdo a la ley de la mentalidad subjetiva, procede a
llevar el trabajo de esta sugestión hacia la manifestación externa,
remplazando la Salud por la enfermedad.

Debe entenderse que el propósito de este proceso aquí explicado, es el


de fortalecer la individualidad del sujeto, y no de dominarla. El usarla
para dominar sería un acto inverso, trayendo la penalidad
correspondiente para el practicante. En esta descripción he
contemplado el caso en el que el paciente está cooperando con el
sanador, habiendo sido instruido previamente por el sanador acerca de
los amplios principios de la Ciencia Mental, siempre y cuando no esté
relacionado con ellos. Pero esto no es siempre recomendable o posible.
Hay veces que, el pronunciamiento de principios crea oposición ante
prejuicios existentes, y cualquier antagonismo activo de parte del
paciente, tenderá a intensificar la barrera de la personalidad
consciente, que como primer objetivo del sanador, debe ser removida.
En casos como estos, nada es tan eficiente como el tratamiento
ausente.

Si el estudiante ha comprendido todo lo que se ha dicho en el tema del


espíritu y la materia, verá que en el tratamiento mental, el tiempo y el
espacio no cuentan para nada, porque la acción completa toma lugar en
un plano en el que estas condiciones no existen; y por eso es

48
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

intrascendente que el paciente tenga que estar en la presencia


inmediata del sanador o en territorio distante. Sobre estas
circunstancias se ha encontrado que por experiencia, uno de los modos
de sanación más efectivos, es el de hacer tratamientos mientras duerme
el paciente, ya que naturalmente, todo su sistema está en estado
relajado, previniéndolo de presentar oposición consciente al
tratamiento.

Y bajo la misma regla, el sanador es capaz de tratar aún más


eficientemente durante su propio dormir, que durante su estado
despierto. Antes de irse a dormir imprime firmemente en su mente
subjetiva para que se lleve la sugestión curativa a la mente subjetiva del
paciente, y entonces, gracias a los principios generales de la relación
entre la mente subjetiva y objetiva esta sugestión es conducida durante
todas las horas en la que la individualidad consciente se encuentra en
reposo.

Este método es aplicable a los niños pequeños, a los que los principios
de la ciencia no se les puede aun explicar; y también a personas a
distancia: y en verdad la única ventaja adicional para el encuentro
personal del paciente y el sanador, es en la instrucción que es dada
oralmente, o cuando el paciente se encuentra en ese estado inicial de
conocimiento donde la presencia visible del sanador da la sugestión
que algo se está haciendo y que no se podría hacer en su ausencia; de
otro manera la presencia o la ausencia del paciente son asuntos
perfectamente indiferentes.

El estudiante debe de recordar que la mente subconsciente no necesita


trabajar a través del intelecto o mente consciente para producir sus
efectos curativos. Es parte de la perpetua fuerza creativa de la
naturaleza, mientras que el intelecto no es creativo sino distributivo.

De la sanación mental solo hay un paso a la telepatía, clarividencia y


otros modos de manifestación de poder trascendental, que se exhiben
de vez en cuando por medio de la entidad subjetiva que obedece a leyes
tan exactas como aquellas que gobiernan a la que estamos
acostumbrados a considerar nuestras facultades más normales, pero
estos temas no entran apropiadamente dentro del enfoque de este
libro, cuyo propósito es exponer los amplios principios que subyacen a
todo fenómeno espiritual.

49
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Hasta que estos principios sean entendidos claramente, el estudiante


no aprovechará el estudio detallado de los poderes más interiores; ya
que hacerlo sin una base de conocimiento firme y algo de experiencia
en la aplicación práctica, lo expondrá a cosas desconocidas que no le
aprovecharán positivamente, sino que serán contrarios a los principios
científicos que nos dicen que avance a lo desconocido, solo debe de ser
hecho desde lo conocido, de otro modo sólo se arribará a una región
confusa de trabajo - sin principios claramente definidos para su guía.

XII.

VOLUNTAD

La Voluntad es de una importancia primordial tal, que el estudiante


debe estar en guardia contra cualquier error sobre la posición que ésta
mantiene en la economía mental.

Muchos maestros y escritores insisten en la fuerza de voluntad como si


ésta fuera una facultad creativa. No hay duda que una fuerza de
voluntad intensa puede desarrollar ciertos resultados externos, pero
como todos los otros estados obligados, carece de la permanencia
natural del crecimiento. Las apariencias, formas y condiciones
producidas por la mera intensidad de la fuerza de voluntad sólo
permanecerán, mientras continúe sosteniéndolas esa fuerza; pero si
ésta se agotase o removiese, los elementos así forzados a combinarse de
manera poco natural, regresarán inmediatamente a su estado anterior.
La forma que se creó forzadamente, jamás tuvo el germen de vitalidad
en sí misma, y por lo tanto se disipa tan pronto como se retira la
energía externa que le apoyaba.

El error está en atribuirle poder creativo a la voluntad, o tal vez debería


decirse, en atribuirnos a nosotros mismos cualquier forma de poder
creativo. La verdad es que el hombre jamás crea nada. Su función no es
crear, sino combinar y distribuir aquello que ya tiene existencia.
Aquello que llamamos nuestra creación, es una combinación nueva de
un material ya existente, ya sea mental o corpóreo. Esto se demuestra
ampliamente en las ciencias físicas. Nadie habla de crear energía, sino
de transformar una forma de energía en otra; y si entendemos esto

50
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

como un principio universal, veremos que en el plano mental, tanto


como en el físico, nunca creamos la energía sino que nada más
proveemos las condiciones por medio de las cuales, la energía que ya
existe de un modo, puede exhibirse a sí misma de otro. Por lo tanto,
aquello que llamamos el poder creativo del hombre, es esa actitud de
expectación receptiva, la cual (por decirlo así) forma un molde, en el
cual la forma plástica y aún indiferenciada pueda fluir y asumir la
forma deseada.

La voluntad no es el poder, sino que mantiene las facultades mentales


en la posición relativa al poder que le permita llevar a cabo el trabajo
deseado. Si llamásemos la imaginación la función creativa, pudiésemos
decir que la voluntad el principio centralizador. Su función es la de
mantener a la imaginación centrada en la dirección correcta. Nuestro
objetivo es controlar conscientemente nuestros poderes mentales, en
lugar de dejar que nos apresuren aquí y allá de una manera sin
propósito; debemos entender la relación entre ellos, para que
produzcan los resultados externos deseados.

La causación comienza a partir de alguna emoción que da lugar a un


deseo; enseguida, el juicio determina si es aconsejable exteriorizar ese
deseo o no. Luego, cuando el deseo que ha sido aprobado por el juicio,
aparece la voluntad y ella dirige la imaginación para formar el
prototipo espiritual necesario. Con la imaginación así centrada en un
objeto en particular, se crea el núcleo espiritual, el que a su vez actúa
como un centro, alrededor del cual comienzan a actuar las fuerzas de
atracción, y continúa operando hasta que (a través de la ley de
crecimiento) el resultado concreto se vuelve perceptible a nuestros
sentidos externos.

Entonces, el trabajo de la voluntad es el de retener las variadas


facultades de nuestra mente en una posición donde ellas hagan en
realidad el trabajo que queremos, y esta posición se puede generalizar
en las tres siguientes actitudes:

• Deseamos actuar sobre algo


• Deseamos que éste algo actúe sobre nosotros
• Deseamos mantener una posición neutral.

51
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

En otras palabras, o tratamos de proyectar una fuerza, o de recibir una


fuerza o de mantener una posición de inactividad con relación a un
objeto en particular. Entonces, el juicio determina cuál de estas tres
posiciones tomaremos, si la activa consciente, la receptiva consciente, o
la neutral consciente. La función de la voluntad es simplemente
mantener la actitud que hemos determinado; y si mantenemos una
cierta actitud mental, podemos esperar con certeza que la ley de
atracción atraerá a nosotros hacia lo que corresponde exteriormente a
la actitud en cuestión.

Mantener una actitud determinada es muy distinto al enredo de fuerzas


nerviosas, casi de manera animal, que en algunas personas constituyen
la fuerza de voluntad. Esto no implica esfuerzo alguno de parte del
sistema nervioso y en consecuencia no termina en cansancio alguno. La
fuerza de voluntad, al ser llevada de la región de la mentalidad inferior
al plano espiritual, se convierte sencillamente en la determinación
calmada y pacífica de retener una cierta actitud mental a pesar de todas
las tentaciones al contrario, sabiendo que al hacerlo, el resultado
deseado aparecerá seguramente.

El entrenamiento de la voluntad y su transferencia de las regiones


inferiores al plano más elevado de nuestra existencia es uno de los
objetivos más elevados de la Ciencia Mental. El hombre se define por
su voluntad. Cualquier cosa que haga por voluntad propia es su propio
acto; cualquier cosa que haga sin consentimiento de su voluntad no es
su propio acto, sino por el poder que forzó su voluntad. Debemos
reconocer que en el plano mental, ninguna otra individualidad puede
obtener el control sobre la nuestra, a menos que primero se lo
permitamos. Por esta razón todo uso legítimo de la Ciencia Mental se
enfoca en el fortalecimiento de la voluntad, tanto en nosotros como en
los demás, y en colocarla así bajo el control de una razón iluminada.
Cuando la voluntad se da cuenta de su poder para lidiar con la causa
primaria, ya no es necesario que cada vez que desee usarla, el que la
opera se recuerde y enuncie in extenso toda la filosofía de su acción. Ya
sabiendo que la voluntad entrenada es una fuerza espiritual tremenda
que actúa en el plano de la causa primaria, simplemente expresa su
intención de operar en ese plano, y sabe que el deseo así expresado se
exteriorizará a su debido tiempo como un hecho concreto.

52
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

El que opera la voluntad ve ahora que el punto que realmente demanda


su atención, no es el de poseer o no el poder de exteriorizar los
resultados que escoja, sino el de aprender a escoger sabiamente qué
resultados quiere producir. Nunca supongamos que aun los poderes
más elevados pueden exceptuarnos de la ley de causa y efecto. Jamás
podemos poner en movimiento alguna causa sin producir aquellos
efectos que ya contiene en su embrión. Estos efectos se convertirán a su
vez en otras causas, produciendo así una serie que debe seguir
fluyendo, hasta que se le detenga al operar una causa de carácter
opuesto a aquella que la originó. Así encontramos el campo para
ejercitar nuestra inteligencia esta para que continúe expandiéndose con
la expansión de nuestros poderes. Si nuestra intención es buena,
siempre desearemos ver los resultados de nuestra acción, según el
alcance de nuestra inteligencia. Tal vez no seamos capaces de ver muy
lejos, pero existe un principio general y seguro acerca de las causas y
condiciones. Este principio es la secuencia del carácter mismo de la
causa inicial: si tal carácter es negativo, es decir, que no contiene
ningún deseo de exteriorizar amabilidad, gozo, fuerza, belleza o
cualquier otro tipo de bien, esta cualidad negativa se sentirá por todo el
proceso; pero si el motivo original es la característica afirmativa
opuesta, entonces se reproducirá en formas de amor, gozo, fuerza y
belleza con impecable precisión. Por lo tanto, antes de ponernos a
producir nuevas condiciones a través del ejercicio de nuestro poder de
pensamiento, debemos sopesar cuidadosamente los resultados a los
que nos pueden conducir a largo plazo. Así encontraremos de nuevo un
amplio campo para el entrenamiento de la voluntad; aprender a
adquirir ese auto control nos permitirá posponer una satisfacción
presente pero inferior, en aras de la perspectiva de un bien mayor.

Estas consideraciones nos llevan, naturalmente, a tema de la


concentración.

Acabo de señalar que toda acción mental debidamente controlada


consiste en mantener la mente en una de tres actitudes; pero existe una
cuarta condición mental, que es la de dejar que nuestras funciones
mentales funcionen sin que nuestra voluntad las dirija hacia algún
propósito especifico. Es en la palabra propósito que debemos fijar toda
nuestra atención; en lugar de derrochar nuestras energías, debemos
seguir un método inteligente de concentración. La palabra
concentración significa estar unido en el centro, y el centro de cualquier

53
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

cosa es el punto en donde todas sus fuerzas están igualmente


balanceadas. Entonces, concentrarse significa llevar primero nuestra
mente hacia una condición de equilibrio que nos permita dirigir
conscientemente el flujo del espíritu hacia un propósito reconocido
definitivamente, y entonces tener cuidado de evitar pensamientos que
dirijan el flujo en la posición opuesta.

Debemos tener en cuenta siempre, que estamos lidiando con una


maravillosa energía potencial la cual no se ha diferenciado aún en
algún modo en particular, y que a través de la acción de nuestra mente,
se puede convertir en cualquier modo particular de actividad que
queramos. Al mantener nuestro pensamiento fijo en el hecho de que el
influjo de esta energía está tomando lugar, y que a través de nuestra
actitud mental nosotros estamos determinando su dirección,
realizaremos gradualmente una materialización correspondiente.

Entonces, la concentración adecuada no consiste en tremendos


esfuerzos. Estos agotan el sistema nervioso y derrotan su propio
objetivo, ya que sugieren una fuerza adversa contra la cual hay que
luchar, y por lo tanto crean las circunstancias adversas temidas. La
concentración efectiva excluye todos los pensamientos que puedan
dispersar el núcleo espiritual que estamos formando, e insiste
alegremente en el conocimiento de que, dado que la ley es certera en su
acción, nuestro deseo está seguro de obtenerse.

El otro gran principio a recordar es que la concentración tiene el


propósito de determinar la calidad que hemos de dar a la energía
previamente indiferenciada, en lugar de arreglar las circunstancias
especificas de su manifestación. Ese es el trabajo de la energía creativa
en sí misma, la cual construirá sus propias formas de expresión de
manera bastante natural si se lo permitimos, evitándonos así una gran
cantidad de ansiedad innecesaria. Lo que realmente queremos es
expansión en una cierta dirección, ya sea de riqueza, salud o lo que sea.
Mientras lo obtengamos, qué importa si nos llega a través de un canal
insospechado. Es el hecho de que estamos concentrando energía de un
tipo particular para un propósito en particular en la que debemos fijar
nuestra mente, y no en buscar los detalles específicos ni tenerlos como
esenciales para la consecución de nuestro objetivo.

54
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Estas son las dos reglas de oro en lo que concierne a la concentración,


pero no debemos suponer que debido a que tenemos que estar en
guardia contra divagaciones ociosas no existe el reposo, al contrario es
durante los periodos de reposo en los que acumulamos la fuerza para la
acción, pero el reposo no es un estado sin propósito. Como espíritu
puro, la mente subjetiva nunca descansa: solamente la mente objetiva
en conexión con el cuerpo físico necesita descanso. Aunque sin duda
haya momentos en que el descanso mejor se obtenga al detener la
acción de nuestro pensamiento consciente de una vez por todas, el
método más aconsejable es el de cambiar la dirección del pensamiento
y en lugar de centrarnos sobre algo que tenemos intención de hacer,
pensemos calladamente en lo que somos. Esta dirección del
pensamiento puede, por supuesto, desarrollarse hacia la especulación
filosófica más profunda, pero no es necesario que siempre estemos ya
sea proyectando conscientemente nuestras fuerzas para producir algún
efecto externo, o dilucidando los detalles de algún problema metafísico.

Simplemente nos daremos cuenta de que somos parte de una vitalidad


universal y así obtendremos una callada centralización, la cual, aunque
se mantenga a través de un acto consciente de la voluntad, es la esencia
misma del resto. Desde este punto vemos que todo es Vida y todo es
Bueno y que la Naturaleza, desde su superficie claramente visible hasta
sus profundidades más arcanas, es un vasto almacén de vida y de
bienestar enteramente dedicado a nuestro uso individual. Tenemos la
llave de todos sus tesoros, y ahora podemos aplicar nuestro
conocimiento de la ley del ser sin entrar en todos esos detalles que
solamente se requieren para propósitos de estudio. Al hacer esto,
encontramos los resultados en haber adquirido la consciencia de
nuestra unidad con el todo. Este es el gran secreto, y cuando lo
hayamos captado podremos disfrutar la posesión del todo, o de
cualquier parte de éste, porque al reconocerlo lo habremos hecho (y
seguimos haciéndolo) nuestro.

En un momento dado, lo que más nos atrae del espíritu viviente


universal es aquel aspecto con el cual estamos más en contacto; al
darnos cuenta de esto, extraeremos ríos de energía vital de él, que nos
harán vivir gozosamente, y que nos hará irradiar una esfera de
vibración que esquivará toda sugerencia hiriente de cualquier plano.
Tal vez no obtengamos habilidades literarias, artísticas o científicas
como resultado de nuestra comunión con la Naturaleza, pero el gozo de

55
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

esa introspección, producirá un flujo correspondiente que se


manifestará a sí mismo en el semblante más feliz de aquel que se
percata de su unión con el todo. Él se da cuenta (y este es el gran
beneficio en la actitud mental que no está dirigida a ningún objeto
externo especifico) que, por sí mismo, es, y siempre será, el centro de
toda esta galaxia de la Vida. Así, se contempla a sí mismo sentado al
centro de la infinidad, no la infinidad de un espacio en blanco, sino una
que pulsa con el ser viviente, y en la sabe que la esencia verdadera no
puede ser más que buena. Esto es lo opuesto a la concentración egoísta
del ser, es el centro en donde encontramos que recibimos de todos y
fluimos a todos.

No hay vida verdadera aparte de este principio de circulación, y si


contemplamos nuestra posición central como algo que nos brinda
ventajas más grandes para el consumo, hemos fallado por completo en
entender el tema de nuestros estudios. Hemos perdido de vista la
verdadera naturaleza del Principio de Vida, la cual es acción y reacción.
Si queremos que la vida entre en nosotros, nosotros mismos debemos
de entrar en la vida; entrar en su espíritu de la misma manera en que
nos adentramos en el espíritu de un libro o de un juego, para
disfrutarlo. No puede haber acción solamente al centro, debe haber un
perpetuo fluir hacia la circunferencia, y de nuevo hacia el centro, para
mantener una actividad vital. De otro modo se asegurará el colapso, ya
sea por causa de anemia o de congestión. Pero si entendemos la
naturaleza recíproca de la pulsación vital, vemos que fluir hacia afuera
consiste en el hábito mental de ver y dar el bien a los demás, en lugar
de en acciones específicas. Entonces veremos que el cultivo de esta
disposición proporcionará incontables avenidas para que la vitalidad
universal fluya a través de nosotros, ya sea al dar o al recibir, lo que no
habíamos sospechado antes. Esta acción y reacción edificará nuestra
propia vitalidad de tal manera que encontraremos que cada día
estamos aun más vivos que el anterior.

Esta es pues, la actitud de reposo en la cual podemos disfrutar de las


bellezas de la ciencia, de la literatura y del arte, o podemos estar en
comunión pacifica con el espíritu de la naturaleza, sin la ayuda de una
tercera mente para actuar como interprete. Ésta continúa siendo una
actitud llena de propósito, aunque no esté dirigida a un objeto
específico: no hemos permitido que la voluntad relaje su control, sino
que hemos alterado su dirección nada más. Así que tanto para la acción

56
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

como para el reposo, encontramos que nuestra fuerza reside en nuestro


reconocimiento de la unidad del espíritu y de nosotros mismos como
concentraciones individuales de este.

XIII

EN CONTACTO CON LA MENTE SUBCONSCIENTE

Las páginas precedentes han hecho que el estudiante cobre consciencia


de alguna manera de la enorme importancia que tienen nuestros tratos
con la mente subconsciente. Nuestra relación con ella, ya sea en la
escala de lo individual o de lo universal, es la clave de todo lo que
somos o lo que podemos llegar a ser. En su trabajo no reconocido está
la fuente de todo lo que podemos llamar la acción automática de cuerpo
y mente y en la escala universal es el poder silencioso de la evolución
que trabaja gradualmente hacia delante, hacia ese "evento divino hacia
el que toda la creación se mueve" y por nuestro reconocimiento
consciente de lo que lo hagamos, con relación a nosotros, todo lo que
creemos que sea. Entre más compenetración tenga nuestra relación con
él, más de lo que hemos considerado acción automática, ya sea en
nuestros cuerpos o circunstancias, pasará a estar bajo nuestro control,
hasta que al final controlemos todo nuestro mundo individual.

Entonces éste es el gran asunto involucrado, ¿Cómo hemos de


ponernos en contacto con la mente subconsciente de manera práctica?
La pista que nos da la dirección correcta, se encuentra en la cualidad
impersonal de la mente subconsciente de la que he hablado. No
"impersonal" como en carente de los elementos de la personalidad, ni
aún, en el caso de la mente subjetiva individual, como carente del
sentido de individualidad, sino impersonal en el sentido de no
reconocer las relaciones externas particulares que le parecen a la mente
objetiva como las constituyentes de su personalidad y de tener una
comprensión de sí muy independiente de estas. Si entonces, hemos de
entrar en contacto con ella, debemos hacerlo bajo sus propios términos.

La mente subjetiva solamente puede ver las cosas desde el punto de


vista deductivo, por lo cual no puede tomar nota del punto de vista
inductivo con el que construimos la idea de nuestra personalidad
externa, y consecuentemente, si nos pusiéramos en contacto con ella,

57
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

no podríamos hacerlo trayéndola al nivel de lo externo y no esencial,


sino solamente al elevándonos a su propio nivel en el plano de lo
interior y esencial.

¿Cómo puede hacerse esto? Dejemos que dos escritores conocidos nos
den la respuesta: Rudyard Kipling nos dice en su historia KIM, cómo el
niño podía perder su sensación de personalidad al preguntarse varias
veces " ¿Quién es Kim?" Gradualmente su personalidad parecía
desvanecerse y experimentaba una sensación de pasar a una vida más
grande y amplia, en la cual el niño Kim era desconocido, mientras que
su consciencia individual permanecía, solamente que exaltada y
expandida a una dimensión inconcebible; y en la biografía de
Tennyson, escrita por su hijo, se nos dice que a veces el poeta tenía
experiencias similares. Nos ponemos en contacto con el absoluto,
exactamente en la proporción en que nos alejamos de lo relativo; son
inversamente proporcionales.

Para ponernos en contacto con nuestra mente subconsciente, debemos


esforzarnos en pensar en nosotros mismos como ser puro, como la
entidad que apoya la manifestación exterior, y al hacerlo debemos
entender que la cualidad esencial del ser puro debe ser buena. Es en sí
misma, Vida pura, y como tal, no puede desear nada que vaya en
deterioro de la Vida pura, en cualquier forma en que ésta se manifieste.
Consecuentemente, entre más puras sean nuestras intenciones, más
fácilmente pondremos a nuestro yo en relación con nuestra entidad
subjetiva; y lo mismo aplica para esa Mente Subconsciente Mayor de la
cual nuestra mente subjetiva individual es una manifestación
particular.

En la práctica, el proceso consiste primero, en formar una idea clara en


la mente objetiva del concepto que deseamos transmitir a la mente
subconsciente, entonces, cuando esto se haya comprendido claramente,
debemos esforzarnos en perder de vista todos los otros hechos
conectados con la personalidad externa, excepto el uno en cuestión, y
así mentalmente dirigirnos a la mente subjetiva como si fuese una
entidad independiente e imprimir sobre ésta lo que se desea hacer o
creer.

Cada cual debe formular su propio método de trabajo, pero un método


que sea a la par sencillo y efectivo, como decirle a la mente subjetiva:

58
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

"esto es lo que quiero que hagas, ahora tomarás mi lugar, trayendo


todos tus poderes e inteligencia, y te considerarás como yo mismo."
Habiendo hecho esto, regresa a la realización de tu propia personalidad
objetiva y deja a la mente subjetiva llevar a cabo su tarea con total
confianza que, por la ley de su naturaleza, lo hará si no se le molesta
con la repetición de mensajes contrarios desde la mente objetiva. Esto
no es una mera fantasía, sino una verdad que comprobada diariamente
por las experiencias de muchos. Los hechos no se fabrican para
adecuarse a la teoría, sino que la teoría se ha construido a través de la
cuidadosa observación de los hechos; y dado que se ha demostrado
tanto por la teoría como por la práctica, que tal es la ley de relación
entre mente subjetiva y objetiva, nos encontramos cara a cara con una
gran cuestión.

¿Existe alguna razón por la cual las leyes que son efectivas para la
mente subjetiva individual, no lo sean también para la Mente
Universal? La respuesta es que no la hay. Como se ha mostrado, la
Mente Universal debe, por su misma universalidad, ser puramente
subjetiva y lo que es ley para una parte debe ser ley para el todo.
Podemos concluir estas conferencias al considerar el resultado de
aplicar lo que hemos aprendido respecto a la mente individual
subjetiva con relación a la Mente Universal.

Hemos aprendido ya, que los tres grandes hechos relacionados con la
mente subjetiva son: su poder creativo, su respuesta a las sugerencias,
y su incapacidad de trabajar por otro método que no sea el deductivo.
Este último es un punto sumamente importante, porque implica que la
acción de la mente subjetiva no está de ninguna manera limitada por
un precedente.

El método inductivo trabaja sobre principios inferidos de un patrón


preexistente, y por lo tanto, lo mejor que produce es forma nueva de
una cosa vieja. Pero el método deductivo trabaja de acuerdo a la
esencia o espíritu del principio y no depende de ninguna manifestación
previa concreta para su deducción. Este último método de operación
debe necesariamente ser el de la Mente que todo lo origina, dado que
no podría haber un patrón preexistente del cual se pudiesen haber
aprendido los principios de construcción. La necesidad de un patrón
hubiera prevenido su construcción si el método hubiese sido inductivo
en lugar de deductivo. Así, por las necesidades del caso, la Mente

59
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Universal debe actuar deductivamente, es decir, de acuerdo a la ley que


se ha encontrado ser la verdadera para la mente individual subjetiva.
Por lo tanto no está limitada a precedente alguno, lo cual quiere decir
que su poder creativo es absolutamente ilimitado, y al ser
esencialmente mente subjetiva y no objetiva, es enteramente receptiva
a las sugerencias. Es una deducción inevitable, que así como podemos
imprimir cierto carácter de personalidad sobre la mente subjetiva
individual a través de la sugerencia, así también podemos imprimirlo, y
lo hacemos, sobre la Mente universal. Es por esta razón que he
enfocado la atención sobre la cualidad personal inherente del espíritu
puro al contemplarla en su plano más interior. El carácter que le
investimos a la Mente universal se convierte en la más importante de
las consideraciones, dado que nuestra relación hacia ésta es puramente
subjetiva, infaliblemente nos traerá de regreso aquel carácter que le
imprimamos; en otras palabras será para nosotros exactamente lo que
creamos que es. Esto es sencillamente una inferencia lógica del hecho
de que, como mente subjetiva, nuestra relación primaria con ésta
solamente puede darse en el plano subjetivo, e indirectamente,
nuestras relaciones objetivas deben surgir también de la misma fuente.
Este es el significado de ese pasaje de la Biblia que se repite dos veces
(Salmo 18:26 y 2Sam.22:27), "Limpio serás con el limpio, pero del
perverso tú te apartarás" ya que el contexto nos enseña claramente que
estas palabras son dirigidas al Ser Divino. El reino espiritual está
dentro de nosotros, y al entenderlo así se convierte para nosotros en
una realidad. Es la invariable ley de la vida subjetiva que "así como un
hombre piensa en su corazón, así es", es decir, sus estados subjetivos
internos son la única realidad verdadera, y aquello que llamamos
realidades externas son solamente sus correspondencias objetivas.

Si comprendemos absolutamente la verdad de que la Mente Universal


debe ser exactamente como el concepto de ella que tengamos, y que
esta relación no es meramente imaginaria, sino que debe ser para
nosotros un hecho real, y también la base de todos los otros hechos; por
lo tanto, es imposible sobre estimar la importancia del concepto de la
Mente Universal que adoptemos. Para los no instruidos no hay
elección. Ellos se forman un concepto de acuerdo a la tradición que han
recibido de los demás y hasta que aprendan a pensar por sí mismos,
deben regirse por los resultados de tales tradiciones. Ya que las leyes
naturales no admiten excepciones, no importa cuán fallida sea la idea
tradicional, su aceptación involucrará una reacción correspondiente en

60
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

la Mente Universal, que a su vez se verá reflejada en la mente


consciente y en vida exterior del individuo. Jesús, el más grande
maestro de la Ciencia Mental, ha dejado bases claras para nuestra guía.
Él compele a su público, aquellas gentes comunes, sin instrucción, que
lo escuchan felices, a imaginarse a la Mente universal como un padre
de todos, benigno y compasivo, que envía las bondades de la
Naturaleza sobre todos, buenos y malos. También la dibujó como un
Algo que ejerce un cuidado especial y peculiar sobre aquellos que
reconocen su disposición de hacerlo: "Los cabellos de tu cabeza están
contados" y "Ustedes son más valiosos que los gorriones" Nos decía que
la oración debería hacerse al Ser no visto, no con duda o miedo, sino
con la absoluta seguridad de una respuesta certera, y no deberían
ponérsele límites a su poder o voluntad de trabajar por nosotros. Pero
para aquellos que no lo comprendan así, la gran Mente es
necesariamente el adversario que los arroja en prisión para hasta que
paguen hasta el último centavo. Así, en todos los casos, el Maestro
imprimió en sus escuchas la correspondencia exacta de la actitud de
este Poder invisible hacia ellos con su propia actitud hacia Él.

Tales enseñanzas fueron la adaptación para la capacidad intelectual de


una multitud iletrada, de las verdades más profundas de lo que ahora
llamamos Ciencia Mental. La base de todo es la personalidad críptica
del espíritu que se esconde a través de la infinita Naturaleza bajo toda
forma de manifestación. No puede ser otra cosa que bondad, no puede
tener nociones de maldad, por lo que todo mal intencional nos pone en
oposición a ella, nos priva de su guía, y nos abandona a luchar nuestra
batalla solos contra el universo, con una desventaja, que a la larga será
demasiado grande para nosotros. Pero recuerda que la oposición jamás
puede ser de parte de la Mente Universal, porque en sí misma es mente
subconsciente. Suponer cualquier oposición activa de su parte contra
su propia iniciativa, sería contrario a todo lo que hemos aprendido de
la naturaleza de la mente subconsciente ya sea individual o universal.
La posición de la mente Universal hacia nosotros es siempre el reflejo
de nuestra propia actitud.

Aunque la Biblia esté llena de amenazas contra aquellos que persisten


en la oposición consciente de la Ley Divina del Bien, por otro lado está
llena de promesas de inmediato y total perdón para todos aquellos que
cambien su actitud y deseen cooperar con la Ley del Bien como la
conozcan. Las leyes de la Naturaleza no actúan vengativamente, y

61
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

debemos darnos cuenta de que estamos lidiando con la ley suprema de


nuestro ser.

Es sobre la base de esta ley natural que encontramos declaraciones


como la de Ezequiel 18:22, la que nos dice que si nos olvidamos de
nuestras iniquidades, nuestras transgresiones pasadas jamás se nos
volverán a mencionar. Estamos lidiando con los más grandes principios
de nuestro ser subjetivo, y nuestro mal uso de ellos en el pasado jamás
pueden hacer que su inherente ley de acción cambie. Si nuestro método
de usarlo en el pasado nos ha traído tristeza, miedo y problemas, sólo
debemos regresar a la ley, y al hacerlo, la causa de los efectos se
revertirá. Un sincero esfuerzo de actuar al nivel de nuestra nueva
actitud mental es esencial. Porque no podemos realmente pensar de
una manera y actuar de otra; pero nuestras repetidas fallas al actuar
como desearíamos hacerlo no deben descorazonarnos. La intención
sincera es lo esencial, y es lo que a la larga nos liberara de los hábitos
que parecen por ahora insuperables.

El paso inicial consiste en determinar imaginarnos a la Mente


Universal como el ideal de todo lo que desearíamos que fuese (tanto
para nosotros como para los demás) junto con la tarea de reproducir
este ideal, no importa cuán imperfectas sean nuestras vidas. Al haber
tomado este paso, podemos entonces verla como nuestra Amiga
omnipresente, quien nos provee de todo lo bueno, nos libera de todo
peligro y nos guía con todo consejo. Al habituarnos a ver así a la Mente
Universal, encontraremos que de acuerdo a las leyes que hemos estado
considerando, se nos volverá cada vez más y más personal, y en
respuesta a nuestro deseo su inherente inteligencia se nos hará cada
vez más y más perceptible en nuestro interior; como el poder de
percibir la verdad más allá de cualquier enunciado que pudiésemos
formular a través de la mera investigación intelectual.

De la misma manera, si pensamos en ella como un gran poder dedicado


a satisfacer todas nuestras necesidades, también le imprimiremos este
carácter, y por medio de la ley de la Mente Subjetiva, procederá a
actuar la parte de esa providencia especial con la que hemos acreditado
su ser. Si nos damos cuenta por encima de todo esto, que queremos
algo aun más grande y perdurable, aplican las mismas reglas: dale a la
Mente Universal la sugerencia de deseo y por la ley de relación entre
mente subjetiva y objetiva también esto se cumplirá. Así, los problemas

62
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

más profundos de la filosofía nos llevan al antiguo enunciado de la Ley:


"Pide y se te concederá, busca y encontrarás" "Toca y se te abrirá".
Este es el resumen de la ley natural de la relación que hay entre
nosotros y la Mente Divina. Debemos empezar desde donde nos
encontramos ahora, y a través de estimar correctamente nuestra
relación con la Mente Divina Universal podremos gradualmente
obtener cualquier condición que deseemos. Si cambiamos primero
nuestra actitud mental habitual, nos convirtamos en la persona que
corresponde a esas condiciones, ya que jamás podremos ponernos por
encima de la ley de correspondencia. Para esta ley no hay límites. Lo
que puede hacer por nosotros hoy, lo puede hacer mañana y a través de
todos los mañanas de la eternidad. La creencia en la limitación es la
única cosa que causa la limitación, puesto que así le imprimimos
límites al principio creativo.

Pero no debemos ignorar nuestras responsabilidades. El pensamiento


entrenado es mucho más poderoso que el no entrenado y por lo tanto,
entre más profundamente penetremos en la Ciencia Mental, más
cuidado debemos tener para evitar todo pensamiento y palabra que
exprese aun en lo mínimo una forma de mala voluntad. Chismes,
murmuraciones e ironías, no van de acuerdo a los principios de la
Ciencia Mental, y de igual manera aun nuestros pensamientos de
bondad más pequeños, llevan con ellos una semilla de bien la cual
seguramente dará frutos a su debido tiempo. Esto es una importante
lección de la Ciencia Mental, dado que nuestra mente subjetiva toma su
color de nuestros hábitos mentales establecidos y una ocasional
afirmación o negación no serán suficientes para cambiarla. Por lo
mismo, debemos cultivar el tono que deseemos ver reproducido en
nuestras condiciones, ya sean de cuerpo, mente o circunstancia.

En mis conferencias el propósito ha sido el de asentar los amplios


principios generales de la Ciencia Mental. El conocimiento de los libros
solamente es un medio para un fin. Los libros solamente pueden
dirigirnos hacia qué buscar y dónde, pero debemos encontrarlos por
nosotros mismos. Por lo tanto, si realmente has captado los principios
de la ciencia, enmarcarás tus propias reglas que te darán mejores
resultados que si trataras de seguir los de alguien más. Nunca temas ser
tú mismo. Si la Ciencia Mental no te enseña a ser tú mismo, entonces
no enseña nada. Tú mismo, más de ti mismo, y más de ti mismo es lo
que quieres, únicamente con el conocimiento de que el ser verdadero

63
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

incluye el ser superior y el ser interior, los cuales están siempre en


contacto con la Gran Mente Divina.

Como dice Walt Whitman. NO estás todo incluido entre tu sombrero y


tus botas.

XIV

EL CUERPO

Para algunos estudiantes les es difícil captar que la acción mental


puede producir algún efecto verdadero en la substancia material; pero
si esto no es posible entonces no hay tal cosa como Ciencia de la Mente,
cuyo propósito es producir condiciones mejoradas, tanto en el cuerpo
físico, como en el entorno, para que la máxima manifestación a la que
se aspire sea siempre una de demostración en el plano de lo visible y lo
concreto. Por lo tanto, el lograr una convicción de una verdadera
conexión entre lo visible y lo invisible, entre el interior y el exterior, es
uno de los puntos más importantes de nuestros estudios.

Que tal conexión existe debe de existir se prueba con el argumento


metafísico en respuesta a la pregunta ¿Cómo llegó a existir el todo? Y la
creación toda, incluidos nosotros, queda como evidencia de esta gran
verdad. Pero para muchas mentes un mero argumento abstracto no es
del todo convincente, o de alguna manera se hace más convincente si
está apoyado en algo de naturaleza más concreta; y para tales lectores
les daría algunas sugerencias con respecto a la correspondencia entre lo
físico y lo mental.

El tema abarca un área muy amplia, y el limitado espacio de que


dispongo sólo me permitirá tocar en algunos puntos sugerentes; aún
así, estos pueden ser suficientes para mostrar que el argumento
abstracto tiene algunos hechos correspondientes que lo respaldan.

Una de las pruebas más convincentes que Yo he visto, la brinda el


"biómetro", un pequeño instrumento inventado por un eminente
científico francés, el finado Dr. Hippolyte Baraduc, que muestra la
acción de lo que él llama "la corriente vital". Su teoría es que esta

64
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

fuerza, cualquiera que pudiera ser su naturaleza, está universalmente


presente, y opera perpetuamente como una corriente de vitalidad física,
fluyendo con más o menos energía a través de todo organismo físico, y
que puede, de alguna manera y hasta cierto grado, ser controlado por el
poder de la voluntad humana. La teoría en toda su minuciosidad es
extensivamente elaborada, y ha sido descrita en detalle en los trabajos
publicados del Dr. Baraduc. En una conversación que tuve con él hace
como un año, me dijo que estaba escribiendo otro libro que daría más
luz al tema, pero unos meses después falleció antes de que fuera
presentado al mundo. Sin embargo, el hecho que quiero presentar al
lector, es la demostración visible de la conexión entre la mente y la
materia, que nos proporciona un experimento con el biómetro.

El instrumento consiste de un capelo dentro del cual pende una aguja


de cobre de un delgado hilo de seda. El capelo está sobre una base de
madera, debajo de la cual hay un serpentín de cobre, que sin embargo,
no está conectado a ninguna batería u otro aparato y tan sólo sirve para
condensar la corriente. Debajo de la aguja, dentro del capelo, hay una
tarjeta circular dividida en grados para marcar el movimiento de la
aguja. Dos de estos instrumentos se ponen uno junto del otro, pero de
ninguna manera conectados, y el experimentador extiende los dedos de
ambas manos a más o menos a una pulgada de distancia de los capelos.
Según la teoría, la corriente entra por la mano izquierda, circula por el
cuerpo y sale por la mano derecha; es decir, hay una atracción por la
mano izquierda y una proyección por la derecha, así entonces de
acuerdo con los experimentos de Reichenbach sobre la polaridad del
cuerpo humano.

Debo confesar que, aunque había leído el libro del Dr. Baraduc, Les
Vibrations Humaines, aborde el instrumento con un enfoque mental
muy escéptico; pero pronto me convencí de mi error. Al principio,
manteniendo una actitud de entera relajación, encontré que la aguja de
la mano izquierda era atraída veinte grados, mientras que la aguja de la
mano derecha, la que era afectada por la corriente de salida, era
repelida por diez grados. Después de permitir que el instrumento
regresara a su equilibrio normal, una vez más lo aborde con el
propósito de ver si el cambio de actitud mental modificaría en lo más
mínimo el flujo de la corriente. En esta ocasión, asumí la actitud
mental más fuerte que me fuera posible con la intención de enviar un
flujo a través de la mano derecha, y el resultado, comparado con el

65
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

anterior fue notable. La aguja de la izquierda ahora fue atraída sólo diez
grados, mientras que la de la mano derecha fue desviada algo más de
treinta grados, por ende indicando claramente la influencia de las
facultades mentales en la modificación de la acción de la corriente.
Puedo mencionar que el experimento se realizo con la presencia de dos
médicos que tomaron nota de los movimientos de las agujas.

No me detendré aquí para discutir la cuestión de cual puede ser en sí la


constitución de esta energía vital - será suficiente para nuestro
propósito actual que está ahí, y el experimento que he descrito nos
encara con el hecho de una correspondencia entre nuestra actitud
mental y las fuerzas invisibles de la naturaleza. Aún si decimos que esta
corriente es alguna forma de electricidad, y que la variación de su
acción está determinada por los cambios en la polarización de los
átomos del cuerpo, entonces este cambio de polarización es el resultado
de acción mental; por lo que el adelantar o retrasar la corriente cósmica
es igualmente el resultado de la actitud mental, sea que supongamos
que nuestra fuerza mental actúa directamente sobre la corriente en sí, o
indirectamente al inducir cambios en la estructura molecular del
cuerpo. Cualquiera que sea la hipótesis que adoptemos la conclusión es
la misma. En sí, que la mente tiene el poder para abrir o cerrar la
puerta a fuerzas invisibles, de tal manera que el resultado de la acción
mental se hace aparente en el plano material.

Ahora bien, las investigaciones muestran que el cuerpo físico es un


mecanismo especialmente adaptado para la transmutación de poder
interior o mental a modalidades de actividad externa. Sabemos por la
ciencia médica que todo el cuerpo tiene entreverado una red de nervios
que sirven como canales de comunicación entre el ego espiritual
interno, que llamamos mente, y las funciones del organismo exterior.
Este sistema nervioso es dual. Un sistema, conocido como el Simpático,
que es el canal para esas actividades que no son conscientemente
dirigidas por nuestra volición, tales como la operación de nuestros
órganos digestivos, la reparación del desgaste de los tejidos y demás. El
otro sistema, conocido como el Voluntario o Sistema Espino - Cerebral,
es el canal a través del cual recibimos la percepción consciente de los
sentidos físicos y ejercemos control sobre nuestros movimientos del
cuerpo. Este sistema tiene su centro en el cerebro, mientras que el otros
tiene su centro en masa gangliónica detrás del estomago, conocido
como el plexo solar, y del que algunas veces se habla de él como el

66
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

cerebro abdominal. El sistema espino - cerebral es el canal de nuestra


acción por volición o acción mental consciente y el sistema simpático es
el canal de la acción mental que inconscientemente apoya las funciones
vitales del cuerpo. Así, el sistema espino - cerebral es el órgano de la
mente consciente y el sistema simpático es el de la mente
subconsciente.

Pero la interacción de la mente consciente y subconsciente requiere de


una interacción similar entre los sistemas nerviosos correspondientes,
y la conspicua conexión por la que esta es proporcionada es el "nervio
vago". Este nervio sale de la región cerebral como una porción del
sistema voluntario, y a través de él controlamos los órganos vocales; de
ahí pasa hacía el tórax enviando ramificaciones hacía el corazón y los
pulmones; y finalmente, pasando por el diafragma, pierde su capa
exterior que distingue a los nervios del sistema voluntario y se
identifica con los del sistema simpático, formando así un enlace que
conecta a los dos y haciendo del hombre una sola entidad física.

En forma similar diferentes áreas del cerebro indican su conexión con


las actividades objetivas y subjetivas de la mente respectivamente, y
hablando en general podríamos asignar la parte frontal del cerebro a la
mente objetiva y la parte posterior a la mente subjetiva, mientras que la
porción intermedia toma del carácter de ambas.

La facultad intuitiva tiene su correspondencia en esta parte superior


del cerebro situada entre las porciones frontal y posterior, y hablando
fisiológicamente, es aquí donde las ideas intuitivas encuentran entrada.
Estas al principio están más o menos sin forma y generalizadas en
cuanto a su carácter, sin embargo son percibidas por la mente
consciente, de otra manera no estaríamos conscientes de ellas para
nada. Entonces el esfuerzo de la naturaleza es traer estas ideas a una
forma más definida y utilizable, por eso entonces la mente consciente
las toma e induce una corriente vibratoria correspondiente en el
sistema nervioso voluntario, y esto a su vez induce una corriente en el
sistema involuntario, por lo tanto entregando la idea a la mente
subjetiva. La corriente vibratoria que primero descendió del ápice del
cerebro al cerebro frontal y por ende a través del sistema voluntario al
plexo solar ahora se invierte y asciende del plexo solar a través del
sistema simpático al cerebro posterior, indicando esta corriente inversa
la actividad de la mente subjetiva.

67
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Si removiéramos la porción superficial del ápice del cerebro


encontraríamos inmediatamente debajo el cinturón brillante de
substancia cerebral llamada el "cuerpo calloso". Este es el punto de
unión entre lo subjetivo y lo objetivo, y conforme la corriente regresa
del plexo solar a este punto ésta es restaurada a la porción objetiva del
cerebro en forma fresca que ha adquirido por una silenciosa alquimia
de la mente subjetiva. Por lo que la concepción que primero fue
vagamente reconocida es restaurada a la mente objetiva en forma
definida y utilizable, y entonces la mente objetiva, actuando a través del
cerebro frontal - el área de comparación y análisis - procede a trabajar
sobre una idea claramente percibida y a extraer las potencialidades
latentes en ella.

Claro que debe tenerse en cuenta que aquí estoy hablando del ego
mental en la modalidad de su existencia con la cual estamos más
familiarizados, que se reviste de carne, aunque hay mucho que decir de
otras modalidades de su actividad. Pero para nuestra vida diaria
tenemos que considerarnos como somos en ese aspecto de vida, y desde
este punto de vista la correspondencia fisiológica del cuerpo a la acción
de la mente es un punto importante; y por lo tanto, aunque siempre
debemos recordar que el origen de las ideas es puramente mental, no
debemos olvidar que en el plano físico la acción mental implica una
acción molecular correspondiente en el cerebro y en el sistema nervioso
dual.

Si, como dice el poeta Elizabetano, "El alma es forma y hace al cuerpo",
se hace claro que el organismo físico debe ser un arreglo mecánico
especialmente adaptado para el uso del poder del alma, así como la
maquina de vapor es al poder del vapor; y es el reconocimiento de esta
reciprocidad entre los dos que es la base de toda curación mental o
espiritual, y por ello el estudio de esta adaptación mecánica es una
importante rama de la Ciencia Mental. Sólo no debemos olvidar que
esto es el efecto y no la causa.

Al mismo tiempo es importante recordar que tal cosa como la reversión


de la relación entre causa y efecto es posible, así como un mismo
aparato se le puede hacer que genere fuerza mecánica mediante la
aplicación de electricidad, o que genere electricidad mediante la
aplicación de fuerza mecánica. Y la importancia de este principio

68
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

consiste en esto. Siempre hay la tendencia de que las acciones que al


principio eran voluntarias se vuelvan mecánicas, esto es, que pasan de
la región de la mente consciente a la región de la mente subconsciente,
y que adquieran un lugar permanente ahí. El profesor Elmer Gates, de
Washington, ha demostrado esto fisiológicamente en sus estudios de la
formación del cerebro. Nos dice que todo pensamiento produce un
ligero cambio molecular en la substancia del cerebro, y la repetición del
mismo tipo de pensamiento causa la repetición de la misma acción
molecular hasta que finalmente un verdadero canal se forma en la
substancia del cerebro, que sólo puede ser erradicado con un proceso
de pensamiento invertido. De esta manera "surcos de pensamiento"
son cosas muy literales, y una vez establecidos, las vibraciones de las
corrientes cósmicas fluyen automáticamente a través de ellos y por
tanto reaccionan en la mente por medio de un proceso contrario a
aquel de nuestra voluntad e intención de atraer lo invisible hacía el
mundo de los efectos. De esta manera se forman lo que llamamos
"hábitos", de ahí la importancia de controlar nuestros pensamientos y
cuidarnos de ideas indeseables.

Pero por otra parte es proceso reaccionario puede utilizarse para


confirmar modalidades de pensamiento buenas y que dan vida, para
que por medio del conocimiento de sus leyes podamos reclutar al
mismo cuerpo en la construcción de esa plena y perfecta personalidad,
cuya obtención es el objetivo de nuestros estudios.

XV

EL ALMA

Habiendo atisbado a la adaptación del organismo físico a la acción de la


mente, ahora debemos percatarnos de que la mente es en sí un
organismo que de la misma manera se adaptó a un poder aún superior,
sólo que aquí la adaptación es una de facultad mental. Como en otras
fuerzas invisibles todo lo que podemos conocer de la mente es
observando lo que hace, pero con esta diferencia: que como nosotros
mismos somos esa mente, nuestra observación es una observación
interior de los estados de consciencia. De esta manera reconocemos
algunas facultades de nuestra mente, cuyo orden de funcionamiento he
considerado en la página 74; pero el punto al cual atraería la atención

69
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

ahora es que estas facultades trabajan siempre bajo la influencia de


algo que las estimula, y este estímulo puede venir del exterior a través
de los sentidos, o del interior por la consciencia de algo no perceptible
en el plano físico. Ahora, el reconocimiento de estas fuentes interiores
de estímulo a nuestras facultades mentales es una rama importante de
la Ciencia Mental, porque la acción mental así establecida funciona en
forma tan exacta a través de las correspondencias físicas, así como
aquellas que se inician del reconocimiento de hechos externos, y por
ello el control y dirección correcta de estas percepciones interiores es
asunto del primer instante.

Las facultades más inmediatas que nos conciernen son las de la


intuición y las de la imaginación, pero al principio es difícil ver como la
intuición, que es totalmente espontanea, puede llegar a controlarse por
medio de la voluntad. Desde luego que no se puede interferir con la
espontaneidad de la intuición de ninguna manera, porque si dejara de
actuar con espontaneidad dejaría de ser la intuición. Su esfera de
acción, como quiera que sea, es la de capturar ideas del infinito y
presentarlas a la mente para ser manejadas a su discreción. En nuestra
constitución mental, la intuición es el punto de origen y, por lo tanto,
dejar de actuar con espontaneidad sería dejar de actuar totalmente.
Pero la experiencia de una gran sucesión de observadores muestra que
la intuición puede ser entrenada para adquirir una mayor sensibilidad
hacía una dirección en particular, y la elección de esa dirección en
general está determinada por la voluntad del individuo.

Se encontrará que la intuición trabaja más prontamente en aquellos


temas que más habitualmente ocupan nuestro pensamiento; y de
acuerdo a las correspondencias fisiológicas que hemos estado
considerando, esto puede explicarse en el plano físico por la formación
de canales cerebrales especialmente adaptados para la inducción de
vibraciones en el sistema molecular correspondientes a la clase
particular de ideas en cuestión. Pero desde luego debemos recordar que
las ideas en sí no son causadas por los cambios moleculares, sino por el
contrario, son la causa de los mismos; y es en esta traslación de acción
de pensamiento a acción física que somos llevados a encarar el eterno
misterio del descenso del espíritu a la materia; y que aunque podamos
rastrear la materia a través de sucesivos grados de refinamiento hasta
que se convierte en lo que, en comparación con esas modalidades más
densas que son más familiares, podríamos llamar substancia espiritual,

70
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

aún así al final, no es el principio pensante en sí. El criterio está en la


palabra "vibraciones". Por delicadamente etérica que sea la substancia,
su movimiento se inicia con la vibración de sus partículas, y la
vibración es una onda de cierta longitud, amplitud, y periodicidad, es
decir, algo que sólo puede existir en términos de espacio y tiempo; y tan
pronto estamos tratando con algo capaz de la concepción de medida
podemos estar seguros que no estamos tratando con el Espíritu, sólo
con uno de sus vehículos. Por lo tanto aunque podemos llevar nuestro
análisis de la materia más y aún más hacía atrás - y sobre esta línea hay
una gran cantidad de conocimiento que se puede adquirir -
encontraremos que el punto que poder espiritual o fuerza de
pensamiento que se traduce a vibraciones etéricas o atómicas siempre
nos eludirá. Por lo tanto no debemos atribuir el origen de ideas al
desplazamiento molecular en el cerebro, aunque, la reacción de lo físico
en lo mental de que hablé más arriba, la formación de canales de
pensamiento en la materia gris del cerebro puede tender a facilitarnos
la recepción de ciertas ideas. Algunas personas realmente están
conscientes de la acción de la porción superior del cerebro durante el
influjo de una intuición, siendo la sensación una de expansión en el
área del cerebro, que podría comparase a la apertura de una válvula o
una puerta; pero todo intento de inducir el influjo de ideas intuitivas
por medio del recurso fisiológico de tratar de abrir esta válvula
ejerciendo la voluntad debe desalentarse por la posibilidad de daño al
cerebro. Considero que algunos sistemas orientales abogan por este
método, pero podemos confiar en que la mente regulará la acción de
sus canales físicos de manera adecuada a sus propios requerimientos,
en lugar de tratar de manipular la mente forzando en forma antinatural
su instrumento mecánico. En todos nuestros estudios sobre estas líneas
debemos recordar que el desarrollo es un crecimiento perfectamente
natural y no se logra presionando indebidamente ninguna porción del
sistema.

El hecho, sin embargo, persiste en que la intuición trabaja más


libremente en la dirección en que más habitualmente concentramos
nuestro pensamiento; y en la práctica se encontrará que la mejor forma
de cultivar la intuición en cualquier dirección es meditar sobre los
principios abstractos de esa clase de temas en particular en lugar de
sólo considerar casos aislados. Tal vez la razón sea que casos
particulares tienen que ver con fenómenos específicos, esto es la ley
trabajando en bajo ciertas condiciones limitadas, mientras que los

71
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

principios de la ley no están limitados por condiciones locales, así la


meditación habitual sobre ellos libera nuestra intuición a un rango
infinito donde la concepción de condiciones antecedentes no la limitan.
De todas maneras, cualquiera que sea la explicación teórica, se
encontrará que la captación clara de principios abstractos en cualquier
dirección tiene un efecto acelerador sobre la intuición en esa dirección
en particular.

La importancia de reconocer nuestro poder de así dar dirección a


nuestra intuición no se puede exagerar, porque si la mente está
sintonizada en simpatía hacía las más altas fases del espíritu este poder
abre la puerta a posibilidades ilimitadas de conocimiento. En su
funcionamiento más elevado la intuición se convierte en inspiración, y
algunos grandes registros de verdades fundamentales y misterios
supremos que nos han llegado de miles de generaciones heredados por
grandes pensadores de antaño sólo se pueden explicar en el supuesto
de que sus pensamientos más intensos sobre el Espíritu Originario,
aunado a una adoración reverente del mismo, abrieron la puerta, a
través de su facultad intuitiva, a la más sublime de las inspiraciones
con relación a las verdades supremas del universo, en cuanto a ambos,
la evolución del cosmos y la evolución del individuo. En dichos
registros explicativos de los misterios supremos tres sobresalen en
forma preeminente, todos dando testimonio de la Verdad Única, y cada
uno a su vez dando luz sobre el otro; y esos tres son la Biblia, la Gran
Pirámide y La Baraja - una combinación curiosa pensarán algunos,
pero espero en otro volumen de estas series poder justificar mi
postulado. Hago alusión aquí a estos registros porque la unidad de
principios que exhiben, sin contraponer su gran divergencia de método,
nos aporta prueba de que la dirección tomada por la intuición es
ampliamente determinada por la voluntad del individuo que abre la
mente en esa dirección en particular.

Cercanamente aliada a la intuición es la facultad de imaginación. Esto


no quiere decir meras fantasías, que hacemos a un lado sin mayores
consideraciones, sino nuestro poder de formar imágenes mentales
sobre las que centramos nuestra atención. Estas, como he dicho al
principio de este libro, forman un núcleo que, en su propio plano, llama
a la acción a la Ley Universal de atracción, dando así origen al principio
de Crecimiento. La relación de la intuición a la imaginación es que la
intuición capta una idea de la Gran Mente Universal, en la que todo

72
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

subsiste como potencialidad, y se la presenta a la imaginación en su


esencia más que en una forma definitiva y entonces nuestra facultad de
construir imágenes le da una clara y definitiva forma, la cual presenta a
la visión mental, la que a su vez nosotros vivificamos centrando la
atención de nuestro pensamiento sobre ella, infundiéndole así nuestra
propia personalidad, y con ello proporcionando ese elemento personal
a través del cual la acción específica de la ley universal relativa al
individuo en particular toma lugar.

El que a nuestro pensamiento se le permita entonces centrar su


atención sobre una imagen mental en particular depende de nuestra
propia voluntad, y el que ejerzamos nuestra voluntad depende de
nuestra creencia en nuestro poder para utilizarla para dispersar o para
consolidar una imagen mental dada; y finalmente nuestra creencia en
nuestro poder para hacer esto depende de nuestro reconocimiento de
nuestra relación con Dios, Quien es la fuente de todo poder; porque es
una verdad invariable que nuestra vida tomará su forma total, tono y
color de nuestra concepción de Dios, sea esta concepción positiva o
negativa, y en la secuencia en que lo hace es la que ahora se da.

De esta manera entonces, nuestra intuición está relacionada a nuestra


imaginación, y esta relación tiene su correspondiente fisiológico en el
círculo de vibraciones moleculares que he descrito arriba, que,
teniendo su comienzo en la más elevada o porción "ideal" del cerebro,
fluye a través del sistema nervioso voluntario, el canal físico de la
mente objetiva, regresando por el sistema simpático, el canal de la
mente subjetiva, completando así el circuito y siendo entonces
restaurado al cerebro frontal, donde es conscientemente moldeado a
formas claras hechas a la medida para un propósito específico.

En todo, este poder de la voluntad para regular la acción de la intuición


y de la imaginación no se le debe perder de vista, ya que sin este poder
de control central perderemos todo sentido de individualidad; y por
ende el objetivo final del proceso evolutivo es la evolución de las
voluntades individuales impulsadas por tal beneficencia e iluminación
como para hacerlas vehículos adecuados para el flujo del Espíritu
Supremo que ha creado hasta ahora cósmicamente y que ahora puede
llevar el proceso creativo a sus más elevados estados sólo a través de la
unión consciente con el individuo; siendo ésta la única solución del

73
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

gran problema, ¿Cómo puede la Mente Universal actuar en su plenitud


sobre el plano individual y particular?

Esta es la máxima evolución, y la evolución exitosa del individuo


depende de su reconocimiento de esta máxima y el trabajar hacía ella;
por lo tanto esto debe ser el gran fin de nuestros estudios. Hay una
correspondencia en la constitución del cuerpo a las facultades del alma,
y hay una correspondencia similar en las facultades al poder del
Espíritu Origen del todo; y como en toda adaptación de vehículos
específicos así también aquí, nunca podemos comprender
correctamente la naturaleza del vehículo y utilizarlo correctamente
hasta que captamos la naturaleza del poder para el cual está
especialmente adaptado. Dejémonos entonces, en breve conclusión
considerar la naturaleza de ese poder.

XVI

EL ESPIRITU

¿Qué debe de ser en sí el Espíritu Origen del Todo? Esa es la pregunta


ante nosotros. Comencemos con un hecho relativo a él acerca del cual
no podemos tener la menor duda - es creativo. Si no fuese creativo
nada podría llegar a existir; por lo tanto sabemos que su propósito, o
Ley de Tendencia, es traer vidas individuales a la existencia y rodearlas
con un medio ambiente adecuado. Ahora bien, un poder que tiene esto
como su naturaleza inherente debe de ser un poder amable. El Espíritu
de Vida que busca expresión en vidas individuales no puede tener otra
intención hacía ellas que "que tengan vida y la tengan en abundancia".
Suponer lo contrario sería una contradicción de términos. Sería
suponer al Principio Eterno de Vida actuando en contra de sí mismo,
expresándose a la inversa de lo que es, en cuyo caso no estaría
expresándose a sí mismo sino a su opuesto; así que sería imposible
concebir al Espíritu de Vida actuando en algo que no fuera el
incremento de vida. Esto hasta ahorita es sólo imperfecto en apariencia
por razón de nuestra apreciación imperfecta de la posición, y nuestro
consecuente anhelo de unidad consciente con la Única Vida Eterna.
Conforme nuestra consciencia de unidad se perfecciona, así también la
dación de vida del Espíritu se hace más aparente. Pero en el ámbito de
principios la naturaleza puramente Afirmativa y de dación de Vida del

74
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Espíritu Origen de Todo es una inevitable conclusión. Ahora bien, ¿por


qué nombre podemos llamar tal inherente deseo de agregar a la
plenitud de cualquier vida individual - es decir, hacerla más fuerte,
brillante y más feliz? Si esto no es Amor, entonces no sé que otra cosa
es; y así, somos guiados filosóficamente a la conclusión de que el Amor
es el poder primario impulsor del Espíritu Creativo.

Pero la expresión es imposible sin Forma. ¿Qué forma entonces debe


de dar el Amor a sus vehículos de expresión? Por la hipótesis del caso,
no podría encontrar auto - expresión en formas que fueran odiosas y
repugnantes a sí mismo - por lo tanto la única correlación lógica del
Amor es la Belleza. La Belleza no es aún universalmente manifestada
por la misma razón que la Vida tampoco, en sí, la falta de
reconocimiento de su Principio; pero que el principio de belleza es
inherente en la Mente Eterna está demostrado por todo lo que es Bello
en el mundo en que vivimos.

Estas consideraciones nos muestran que la naturaleza inherente del


Espíritu debe consistir en la interacción eterna del Amor con la Belleza
como la polaridad Activa y Pasiva del Ser. Entonces este es el Poder
para cuyo funcionamiento nuestras facultades del alma están
especialmente adaptadas. Y cuando este propósito de la adaptación es
reconocido comienza a revelársenos la forma en que nuestra intuición,
imaginación y voluntad se deben ejercer. Entrenando nuestro
pensamiento a estar habitualmente centrado en esta dualidad de
unidad de las Fuerzas Origen del Amor y Belleza, la intuición se torna
más y más sensible a las ideas que emanan de esta fuente suprema, y la
facultad de crear imágenes se entrena en la formación de imágenes
correspondientes a tales ideas; mientras que en el lado físico la
estructura molecular del cerebro y del cuerpo se ajusta más y más
perfectamente a las corrientes vibratorias tendientes a la manifestación
externa del Principio Originador. Así el hombre total es llevado a la
unicidad consigo mismo y la Fuente Suprema de Vida, para que, en las
palabras de San Pablo, él es día a día renovado a imagen de Él que lo
creó.

Nuestro más inmediato reconocimiento del Amor y Belleza Origen del


Todo por tanto fluirá como paz mental, salud corporal, discreción en el
manejo de nuestros asuntos y el poder para llevar a cabo nuestras
empresas; y conforme avanzamos a una concepción más amplia del

75
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

funcionamiento del Espíritu de Amor y Belleza en sus infinitas


posibilidades, así mismo nuestra intuición encontrará un alcance más
amplio y nuestro campo de acción se expandirá junto con él - en una
palabra, descubriremos que nuestra individualidad está creciendo, y
que estamos siendo más verdaderamente nosotros mismos más de lo
que nunca antes fuimos.

La cuestión de las líneas específicas sobre las cuales el individuo puede


ser más perfectamente entrenado en cuanto a su relación al Espíritu de
Vida que todo lo abarca es por tanto de suprema importancia, pero es
de tal magnitud que aún el sólo delinear brevemente su alcance
requeriría un volumen por sí sólo, y por lo tanto no trataré adentrarme
en ello aquí, mi propósito en este momento es únicamente ofrecer
algunas pistas sobre los principios subyacentes en la unicidad trinitaria
del Cuerpo, Alma y Espíritu que sabemos que somos.

Tan sólo estamos en comienzo del sendero que nos lleva a la realización
de esta unicidad en el desarrollo total de todos sus poderes, pero otros
han caminado por esta vereda antes que nosotros, de cuyas
experiencias podemos aprender; y no menos importante es el fundador
de Fraternidad Más Cristiana de los Rosacruces. Esta mente maestra,
que en su juventud salió con la intención de ir a Jerusalén, cambió el
orden de su viaje y primero residió por tres años en la ciudad simbólica
de Damcar, en el país místico de Arabia, y después como por un año en
el místico país de Egipto, y después por dos años en el país místico de
Fez. Entonces, habiendo aprendido todo lo que se podía adquirir en
esos países en esos seis años, regresó a su nativa Alemania, en donde,
con base al conocimiento que había adquirido, fundó la Fraternidad de
los Rosacruces, para quien escribió los libros místicos M. y T. Entonces,
cuando se dio cuenta que su trabajo en su estado actual estaba
terminado, por propia voluntad dejó a un lado el cuerpo físico, no,
según está registrado, por descomposición o por enfermedad, o por
muerte ordinaria, pero por dirección expresa del Espíritu de Vida,
resumiendo todo su conocimiento en las palabras

Jesus mihi omnia.

Y ahora sus seguidores esperan el advenimiento de "el Artista Elías",


quien traerá el Magnum Opus su terminación.

76
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

"Dejad que el que lea entienda".

77
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

LAS CONFERENCIAS DE DORE – THOMAS TROWARD

Las conferencias contenidas en este volumen fueron dictadas por mí en


la Galería Doré, Bond Street, Londres, durante los Domingos de los
primeros tres meses del presente año y ahora son publicadas por
bondadosa solicitud de muchos de mis oyentes; de ahí su título de “Las
Conferencias de Doré”. Un número de discursos separados sobre una
variedad de materias se presentan, necesariamente, con la desventaja
de carencia de continuidad, y también, con el riesgo de frecuente
repetición de ideas y expresiones similares. Así que confiamos en que el
lector perdonará estos defectos como inherentes a las circunstancias de
la obra. A la vez se encontrará que, aunque no diseñadas especialmente
en tal forma, hay un cierto desarrollo progresivo de pensamiento a
través de la docena de conferencias que componen este volumen, la
razón de esto es que todas ellas tienen por objeto expresar la misma
idea fundamental; es decir, aquella de que aunque las leyes del
universo no pueden romperse nunca, pueden hacerse operar bajo
condiciones especiales que producirán resultados que no podrían ser
producidos bajo condiciones provistas espontáneamente por la
naturaleza. Este es un principio científico simple y nos indica el lugar
ocupado por el factor personal de una inteligencia que ve más allá de la
limitada manifestación presente de la Ley, hasta su esencia real y que
constituye así la instrumentalidad por medio de la cual las infinitas
posibilidades de la Ley pueden ser evocadas en formas de poder,
utilidad y belleza.

A más perfecta, por consiguiente, la operación del factor personal,


mayores serán los resultados desarrollados a partir de la Ley Universal;
y de aquí que nuestra línea de estudio debe ser doble: por una parte el
estudio teórico de la acción de la Ley Universal y por otra el ajuste
práctico de nosotros mismos para hacer uso de ella. Si el volumen
presente ayuda al lector en esta doble búsqueda, habrá cumplido su
propósito.

Necesariamente que las diferentes materias han sido tratadas muy


brevemente y las conferencias pueden ser consideradas solamente
como sugerencias de líneas de pensamiento que el lector puede seguir

78
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

por sí mismo y por lo tanto no debe esperar una elaboración cuidadosa


de los detalles, que gustosamente hubiese efectuado si hubiese estado
escribiendo exclusivamente acerca de uno de estos temas. Este
pequeño libro debe ser tomado solamente por lo que es, el registro de
algunas charlas fragmentarias con una audiencia muy inteligente y a la
cual dedico este volumen con agradecimiento.

T. Troward Junio 5, 1909.

ENTRAR EN EL ESPIRITU DE ELLO

Todos conocemos el significado de esta frase en nuestra vida diaria. El


Espíritu es aquello que da vida y movimiento a cualquier cosa, en efecto
es le causa de todo lo que existe. El pensamiento del autor, la impresión
del pintor, el sentimiento del músico, es aquello sin lo cual sus obras
nunca hubiesen venido a existencia, y así, es solamente cuando
entramos en la idea que hace surgir la obra que podemos derivar todo
el goce y beneficio que ella puede conferir. Si no podemos entrar en el
Espíritu de ella, el libro, le pintura, la música, no tienen sentido para
nosotros. Para apreciarlas debemos compartir la actitud mental de su
creador. Este es un principio universal; si no entramos en el Espíritu de
una cosa, está muerta en cuanto concierne a nosotros, pero si entrarnos
en él reproducimos en nosotros la misma cualidad de vida que trajo esa
cosa a existencia.

Ahora bien, si este es un principio general, por qué no podemos llevarlo


a abarcar mayor número de cosas? Por qué no al más elevado alcance
posible? No podríamos alcanzar hasta el Espíritu originador de la Vida
mismo y reproducir así en nosotros una fuente perenne de potencia
vital? Este, seguramente, es un asunto que merece nuestra más
cuidadosa consideración.

El espíritu de una cosa es aquello que es causa de su movimiento


inherente y por consiguiente la pregunta que se nos presenta es: ¿cuál
es la naturaleza del poder primario de movimiento que se encuentra en
el fondo del orden interminable de vida que vemos a nuestro alrededor,
incluyendo nuestra propia vida? La ciencia nos proporciona terreno

79
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

amplio para decir que no es material, porque la ciencia ha, ahora, al


menos teóricamente, reducido todas las cosas materiales a un éter
primario distribuido universalmente y cuyas innumerables partículas
están en equilibrio absoluto; de aquí se sigue, con bases matemáticas
solamente, que el movimiento inicial que empezó a concentrar el
mundo y todas las substancias materiales a partir de las partículas del
éter disperso, no podría haberse originado en las partículas mismas,
Así, por una deducción necesaria, a partir de las conclusiones de la
ciencia física, estamos obligados a suponer la presencia de algún poder
inmaterial capaz de separar o apartar ciertas áreas específicas para el
despliegue de la actividad cósmica y construir entonces un universo
material, con todos sus habitantes, por medio de una secuencia
ordenada de evolución, en la cual cada etapa establece el fundamento
para el desarrollo de la etapa que debe seguir; en una palabra, nos
encontramos cara a cara con un poder que exhibe, en una escala
estupenda, las facultades de selección y adaptación de medios para
ciertos fines y así distribuye la energía y la vida de acuerdo con un
esquema reconocible de progresión cósmica. Por lo tanto no es
solamente Vida, sino también Inteligencia, y la Vida guiada por la
Inteligencia se torna en Voluntad. Es este poder primario originador el
que significamos cuando hablamos de “el Espíritu” y es en este Espíritu
de todo el universo que debemos entrar, si hemos de reproducirlo como
una fuente de Vida Original en nosotros.

En el caso de las producciones del genio artístico sabemos que


debemos entrar en el movimiento de la mente creativa del artista, antes
de poder comprender el principio que dio nacimiento a su obra.
Debemos aprender a participar del sentimiento, a encontrar expresión
para lo que es el motivo de su actividad creadora. No podríamos aplicar
el mismo principio a la Gran Mente Creadora con la cual buscamos
tratar? Hay algo en la obra del artista que es análogo con la creación
original. Su obra, literaria, musical o gráfica es creación original en una
escala miniatura y en esto difiere de aquella del ingeniero, la cual es
constructiva, o de aquella del científico, que es analítica; porque el
artista, en cierto sentido, crea algo a partir de nada y por consiguiente
parte del simple sentimiento y no de una necesidad preexistente. Esto,
por la hipótesis del caso, es verdad también de la Mente Paterna,
porque en la etapa donde toma lugar el movimiento inicial de la
creación no hay condiciones existentes para compeler la acción en una
dirección más que en otra. En consecuencia, la acción tomada por el

80
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

impulso creativo no es dirigida hacia circunstancias externas y el


movimiento primario debe ser por la tanto enteramente debido a la
acción de la Mente Original sobre Sí Misma; es el proceder de esta
Mente para la realización de todo lo que ella siente que es en Si Misma.

Así que el proceso creativo es, en su principio, un asunto puramente de


sentimiento, exactamente lo que significamos por “motivo” en una obra
de arte.

Ahora bien, es en este sentimiento original que necesitamos entrar,


porque él es la fons et origo de toda la cadena de causación
subsecuente. Entonces, ¿qué puede ser este sentimiento original del
Espíritu? Puesto que el Espíritu es Vida-en-Sí-Mismo, su sentimiento
solamente puede ser hacia una mayor expresión de Vida, cualquier otra
clase de sentimiento sería autodestructivo y por lo tanto inconcebible.
Entonces, la expresión de Vida plena implica Felicidad y la Felicidad
implica Armonía; la Armonía implica Orden y el Orden implica
Proporción; la Proporción implica Belleza y es así que en el
reconocimiento de la tendencia inherente al espíritu, hacia la
producción de Vida, podemos reconocer también una tendencia
inherente semejante para la producción de estas otras cualidades; y
puesto que el deseo de otorgar la mayor plenitud de vida gozosa
solamente puede ser descrito como Amor, podemos resumir la
totalidad del sentimiento, que es impulso del movimiento original en el
Espíritu, como Amor y Belleza, el Espíritu encontrando expresión a
través de formas de Belleza en centros de Vida y en relación armoniosa
Consigo Mismo. Este es un enunciado generalizado del extenso
principio a través del cual el Espíritu se expande, partiendo de lo más
interno hacia lo más externo, de acuerdo con una Ley de tendencia
inherente en Sí Mismo.

Se ve a Sí Mismo, por así decir, reflejado en varios centros de vida y


energía, cada uno con su forma apropiada, pero en el primer caso estas
reflexiones no pueden tener existencia, excepto dentro de la Mente
originadora. Tienen su iniciación como imágenes mentales, así que,
además de los poderes de Inteligencia y Selección, debemos también
comprender el de la Imaginación como perteneciendo a la Mente
Divina; debemos representarnos estos poderes como operando a partir
del motivo inicial de Amor y Belleza.

81
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Este es el Espíritu en que necesitamos entrar y el método de hacerlo es


perfectamente lógico. Es el mismo método por el cual se efectúa todo
adelanto científico. Consiste en observar primero como opera una
cierta ley en condiciones provistas espontáneamente por la naturaleza y
luego considerar cuidadosamente el principio que indica esta operación
espontánea; finalmente, deducir de esto cómo actuaría el mismo
principio en condiciones especialmente seleccionadas y no provistas
espontáneamente por lo naturaleza.

El progreso en la construcción de buques proporciona un buen ejemplo


de lo que quiero decir. Anteriormente se empleaba la madera en vez del
hierro, porque la madera flota en el agua y el hierro se hunde; no
obstante, ahora los navíos son construidos de hierro; el pensamiento
cuidadoso mostró que la ley de flotación es que cualquier cosa puede
flotar si, volumen por volumen, es más ligera que la masa de líquido
desplazada por ella; y así ahora hacemos que el hierro flote por la
misma ley por la cual se hunde, porque con la introducción del factor
personal proveemos condiciones que no ocurren espontáneamente, en
acuerdo con la máxima esotérica de que “la naturaleza sin ayuda
fracasa”. Ahora queremos aplicar el mismo proceso de especialización
de una Ley genérica a la primera de todas les Leyes, aquella de la
tendencia genérica dadora de Vida del Espíritu mismo. Sin el elemento
de la personalidad individual el Espíritu solamente puede trabajar
cósmicamente por una Ley genérica; pero esta Ley admite una
especialización más elevada y esta especialización solamente puede ser
alcanzada a través de la introducción del factor personal. Para
introducir este factor el individuo debe ser completamente consciente
del principio subyacente en la acción cósmica o espontánea de la Ley.
Dónde, entonces, encontraremos este principio de Vida? Ciertamente
que no será contemplando la Muerte. Para colocar un principio en
operación en la forma que requerimos, debemos observar su acción
cuando está operando espontáneamente en esta dirección en
particular. Debemos preguntarnos por qué actúa en la dirección
correcta hasta donde llega su alcance, y habiendo aprendido esto
podremos hacerla ir más lejos. La Ley de flotación no fue descubierta
contemplando el hundimiento de las cosas sino contemplando la
flotación de cosas que flotaban naturalmente y entonces preguntándose
inteligentemente por qué lo hacían así.

82
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

El conocimiento de un principio debe ser obtenido por el estudio de su


acción afirmativa; cuando comprendemos esa acción estamos en
posición de corregir las condiciones negativas que tienden a evitar o
impedir la acción.

Ahora bien, la Muerte es la ausencia de la Vida y la enfermedad es la


ausencia de la salud, así que para entrar en el Espíritu de la Vida
necesitamos contemplarlo donde se le puede encontrar y no allí donde
no se encuentra. Hacemos frente a la antigua pregunta: “Por qué
buscas a los vivos entre los muertos?” Es por esto que iniciamos
nuestros estudios con la consideración de la creación cósmica, porque
es allí donde encontramos al Espíritu de Vida operando a través de
incontables edades, no solamente como energía inmortal, sino con
perpetuo avance hacia más elevados grados de Vida. Si solamente
pudiéramos entrar en el Espíritu como para hacerlo personalmente en
nosotros lo que El, evidentemente, es en Sí Mismo, se realizaría la
magnum opus. Esto significa comprender nuestra vida como inducida
directamente del Espíritu Originador; y si ahora comprendemos que el
Pensamiento o la Imaginación del Espíritu es la gran realidad del Ser y
que todos los hechos materiales son solamente correspondencias,
entonces se sigue lógicamente que lo que debemos hacer es mantener
nuestro lugar individual en el Pensamiento de la Mente Paterna.

Hemos visto que la acción de la Mente Originadora debe ser


necesariamente genérica, que está acorde con los tipos que incluyen
multitud de individuos. Este tipo es la reflexión de la Mente Creativa al
nivel de ese prototipo genius, y que al nivel humano es el Hombre, no
como asociado con circunstancias particulares, sino como existente en
el ideal absoluto.

Entonces, en la misma proporción en que aprendamos a disociar


nuestro concepto de sí mismos de cualesquiera circunstancias
particulares y a descansar en nuestra naturaleza absoluta, como
reflexiones del Ideal Divino, así, nosotros, a la vez, reflejamos de
regreso hacia la Imaginación Divina la concepción original de Sí Misma
como expresada en el Hombre genérico o típico y así, por ley natural de
causa y efecto, el individuo que comprende esta actitud mental, entra
permanentemente en el Espíritu de Vida y llega a ser una fuente
perenne de Vida, que surge espontáneamente de su interior.

83
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Se encuentra entonces siendo, como dice la Biblia, “la imagen y


semejanza de Dios”. Ha alcanzado el nivel en el que proporciona un
nuevo punto de partida para el proceso creativo; y el Espíritu,
encontrando un centro personal en él, comienza su operación de novo,
habiendo así solucionado el gran problema de cómo permitir que lo
Universal actúe directamente en el plano de lo Particular.

Es en este sentido, como proporcionando el centro requerido para una


nueva partida del Espíritu creativo, que se considera al hombre como
un “microcosmos”, o universo en miniatura; y esto es también lo que se
significa en la doctrina esotérica de La Octava y de la cual podré hablar
más plenamente en otra ocasión.

Si los principios establecidos aquí son cuidadosamente considerados,


se encontrará que arrojan mucha luz sobre lo que en otra manera sería
oscuro; y proporcionarán también la clave de los ensayos
subsiguientes.

Se le pide al lector, por consiguiente, que las medite cuidadosamente y


tome nota de sus relaciones con el tema de nuestra próxima
conferencia.

INDIVIDUALIDAD

La individualidad es el complemento necesario del Espíritu Universal,


que fue el tema de nuestra consideración el domingo pasado. El
problema total de la vida consiste en encontrar la verdadera relación de
lo individual con el Espíritu Universal Originador; y el primer paso
hacia la averiguación de ésta es comprender lo que el Espíritu
Universal debe ser en Si Mismo. Ya hemos hecho esto en alguna
extensión y las conclusiones a las que hemos llegado son:

• Que la esencia del Espíritu es Vida, Amor y Belleza.

• Que su Motivo, o impulso motor primario, es expresar


la Vida, el Amor y la Belleza que El se siente Ser.

• Que lo Universal no puede actuar en el plano de lo


Particular excepto a través de llegar a ser lo particular,
esto es, por expresión a través de lo individual.

84
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Si estos tres axiomas son comprendidos claramente, habremos


obtenido un fundamento sólido para iniciar la consideración de nuestro
tema para hoy.

La primera pregunta que se presenta naturalmente es: Si estas cosas


son así, por qué no todo individuo expresa la vida, el amor y la belleza
del Espíritu Universal? La respuesta a esta pregunta se encuentra en la
Ley de Consciencia. No podemos ser conscientes de cosa alguna a
menos de comprender una cierta relación entre ella y nosotros. Debe
afectarnos en alguna manera, en otra forma no podemos ser
conscientes de su existencia; y de acuerdo con la manera como nos
afecta nos reconocemos como subsistiendo en relación con ella. Es este
autorreconocimiento de nuestra parte, llevado a abarcar la suma total
de todas nuestras relaciones, ya sean espirituales, intelectuales o
físicas, lo que constituye nuestra comprensión de la vida. Con base en
este principio, entonces, para la comprensión de Su propia Vivencia,
llega a ser una necesidad para la Mente originadora la producción de
centros de vida, a través de los cuales lograr relaciones conducentes al
logro de esta comprensión consciente. Entonces se sigue que esta
comprensión solamente puede ser completa donde lo individual tiene
libertad perfecta para retenerla; en otra manera ninguna comprensión
verdadera podría haber tenido lugar. Por ejemplo, consideremos la
operación del Amor. El Amor debe ser espontáneo o no tendría
existencia. No podemos imaginar algo como amor inducido
mecánicamente. Porque cualquier cosa que es formada como para
producir automáticamente un efecto, sin volición alguna de su parte,
no es sino una pieza de un mecanismo. De ahí que si la Mente
Originadora ha de llegar a comprender la realidad del Amor, solamente
puede ser a través de algún ser que tenga el poder de retener amor. Lo
mismo se aplica a la comprensión de toda otra modalidad de vivencia;
así que es solamente en la proporción a la vida individual como centro
independiente de acción, con la opción de actuar ya positiva o
negativamente, que cualquier vida real ha sido producida del todo. A
más lejos se encuentre la cosa creada de ser un arreglo meramente
mecánico, más elevado es el grado de creación. El sistema solar es un
trabajo perfecto de creación mecánica, pero para constituir centros que
pueden reciprocar la naturaleza superior de la Mente Divina, se
requiere no un mecanismo, no importa lo perfecto, sino un centro
mental que sea, en sí mismo, una fuente independiente de acción. De

85
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

ahí que en lo requerido del caso, el hombre debe ser capaz de colocarse
ya en relación positiva o negativa con la Mente Paterna, de donde se
origina; en otra manera no sería más que una figura de movimiento
regular.

En esta necesidad del caso encontramos, entonces, la razón de por que


la vida, el amor y la belleza del Espíritu no son reproducidas
visiblemente en todo ser humano. Son reproducidas en el mundo de la
naturaleza, en tanto una acción mecánica y automática pueda
representarlas, pero su reproducción perfecta solamente puede tomar
lugar con base en una libertad semejante a aquella del Espíritu
Originador, que por consiguiente implica la libertad de negación tanto
como la de afirmación.

Por qué, entonces, el individuo hace una selección negativa? Porque no


comprende la ley de su propia individualidad y la cree una ley de
limitación en vez de una Ley de Libertad. El no espera encontrar el
punto de partida del Proceso Creativo reproducido dentro de sí, así que
busca el aspecto mecánico de las cosas como el fundamento de su
razonamiento acerca de la vida. En consecuencia, su razonamiento lo
conduce a la conclusión de que la vida es limitada, porque asume la
limitación en sus premisas y así, lógicamente, no puede escapar de ella
en sus conclusiones. Entonces cree que esta es la ley y ridiculiza la idea
de trascenderla. Indica la secuencia de causa y efecto, por medio de la
cual la muerte, la enfermedad y el desastre, retienen su predominio
sobre el individuo y dice que la secuencia es ley. Y está en lo correcto en
cuanto a esto, porque es una ley; pero no la Ley. Cuando hayamos
alcanzado apenas esta etapa de comprensión, tendremos que aprender
todavía que una ley superior puede incluir a una inferior tan
completamente como para absorberla enteramente.

La falacia implicada en este argumento negativo, es la suposición de


que la ley de limitación es esencial en todos los grados del ser. Esta es
la falacia de los antiguos constructores de buques en cuanto a la
imposibilidad de construir buques de hierro. Lo que se requiere es
alcanzar hasta el principio que se encuentra en el trasfondo de la Ley en
su operación afirmativa, especializarlo bajo condiciones superiores a
aquellas presentadas espontáneamente por la naturaleza y esto
solamente puede hacerse por la introducción del elemento personal, es
decir, por una inteligencia personal capaz de comprender el principio.

86
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

La pregunta, entonces, es: Cuál es el principio a través del cual


llegamos a ser? Y esta es solamente una aplicación personal de la
pregunta general:

¿Cómo vino cosa alguna a existencia?

Ahora bien, como indicamos en el artículo precedente, la deducción


final de la ciencia física es que el movimiento originador toma lugar en
la Mente Universal, y es análogo a aquel de nuestra propia
imaginación; y como acabamos de ver, el ideal perfecto solamente
puede ser aquel de un ser capaz de reciprocar todas las cualidades de la
Mente Originadora. Consecuentemente, el hombre, en su naturaleza
más interna, es el producto de la Mente Divina imaginando a expresión
una imagen de Sí Misma en el plano de lo relativo, como
complementaria de su propia esfera de lo absoluto.

Si hemos de ir al principio más Interno en nosotros, al cual la filosofía y


las Escrituras, por igual, declaran estar hecho a la imagen y semejanza
de Dios, en vez de ir a los vehículos que tal principio externaliza como
instrumentos a través de los cuales funciona en los varios planos de ser,
encontraremos que hemos alcanzado un principio en nosotros que se
encuentra en loco dei en relación con todos nuestros vehículos y
también con nuestro medio ambiente. Que se encuentra por encima de
todos ellos y los crea, no importa lo ignorantes que seamos de tal
hecho, y que en relación con ellos ocupa el lugar de causa primera. El
reconocimiento de esto es el descubrimiento de nuestra propia relación
con la totalidad del mundo de lo relativo. Por otra parte, esto no debe
conducirnos al error de suponer que no hay nada superior, porque,
como ya lo hemos visto, este principio interno o ego es en sí mismo el
efecto de una causa antecedente, porque procede del proceso
imaginativo de la Mente Divina.

Así que nos encontramos colocados en una posición intermediaria


entre la verdadera Causa Primera, por una parte, y el mundo de las
causas secundarias por la otra; y para comprender la naturaleza de esta
posición, debemos regresar al axioma de que lo Universal solamente
puede trabajar en el plano de lo Particular a través de lo individual.
Entonces vemos que la función de lo individual es diferenciar el flujo
indistribuído de lo Universal en direcciones apropiadas para iniciar
diferentes cadenas de causación secundaria.

87
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

El lugar del hombre en el orden cósmico es el de distribuidor del Poder


Divino; sujeto, sin embargo, a la ley inherente al poder que distribuye.
Vemos un ejemplo de esto en la ciencia ordinaria, en el hecho de que
nunca creamos fuerza; todo lo que podemos hacer es distribuirla. La
palabra misma Hombre (Man) significa distribuidor o mediador, en
común con todas las palabras derivadas de la raíz MN (raíz “Sanderit”
MN, dice el original), e implica la idea de medida, como en las palabras
“Moon” (luna), mes, mente, “man” (hombre), el peso Indio de 80
libras; y es por esta razón que se habla del hombre en las Escrituras
como del dispensador de los dones divinos. A medida que nuestra
mente se abra al significado total de esta posición, las inmensas
posibilidades y también la responsabilidad contenida en ella, se harán
manifiestas.

Significa que el individuo es el centro creativo de su propio mundo.


Nuestra experiencia pasada no nos proporciona evidencia alguna en
contra de esto. Nuestra verdadera naturaleza está siempre presente,
solamente que hasta ahora hemos tomado el aspecto inferior y
mecánico de las cosas como nuestro punto de partida y así hemos
creado limitación en vez de expansión. Y aún con el conocimiento de la
Ley Creativa que hemos alcanzado ahora, continuaremos haciendo lo
mismo, si buscamos nuestro punto de partida en las cosas que se
encuentran por debajo de nosotros y no en la única cosa que se
encuentra por encima de nosotros, es decir, en la Mente Divina; porque
es solamente en ella que podemos encontrar Poder Creativo ilimitado.
La vida es ser, es la experiencia de estados de consciencia y hay una
correspondencia infalible entre estos estados internos y nuestras
condiciones externas. Ahora vemos que, a partir de la Creación
Original, el estado de consciencia debe ser la causa, y la condición
correspondiente el efecto, porque en la iniciación de la creación no
existían condiciones y la operación de la Mente Creativa sobre sí misma
puede haber sido solamente un estado de consciencia. Este, entonces,
es claramente el Orden Creativo, de estados hacia condiciones. Pero
invertimos este orden y pretendemos crear partiendo de las
condiciones hacia los estados. Nos decimos: “Si tengo tales y tales
condiciones, ellas producirán el estado de sentimiento que deseo”, y al
hacerlo así corremos el riesgo de cometer un error en cuanto a la
correspondencia, porque puede resultar que tales condiciones
particulares sobre las cuales nos fundamentamos pueden ser tales que

88
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

no produzcan el estado deseado, O, además, aunque ellas pudieran


producirlo en cierto grado, otras condiciones podrían producirlo en
aún mayor grado, mientras abrimos al mismo tiempo la senda para la
realización de más elevados estados y mejores condiciones. Por esto
nuestro plan más sabio es seguir el modelo de la Mente Paterna y hacer
del autorreconocimiento mental nuestro punto de partida, sabiendo
que por la Ley inherente del Espíritu las condiciones correlativas
llegarán por un proceso natural de crecimiento. Entonces el gran
autorreconocimiento es aquel de nuestra relación con la Mente
Suprema. Ella es el centro generador y nosotros somos los centros de
distribución; así como la electricidad es generada en la estación central
y distribuida en diferentes formas de poder, por razón de su paso a
través de centros apropiados de distribución, de modo que en un lugar
ilumina una habitación, en otro lleva un mensaje y en un tercero
impulsa un tranvía. En igual manera el poder de la Mente Universal
toma formas particulares por medio de la mente particular del
individuo. Ella no interfiere con las líneas de su individualidad, sino
que trabaja siguiéndolas, haciéndole así, no menos, sino más sí mismo.
Así que no es un poder obligante, sino un poder expansivo e
iluminador; así que a más reconocimiento por parte del individuo de la
acción recíproca entre Ella y sí mismo, debe llegar a mayor plenitud de
vida.

Así que tampoco tenemos que preocuparnos de condiciones futuras,


porque sabemos que el Poder originador de todo está operando a través
de nosotros y para nosotros y que de acuerdo con la Ley, demostrada y
probada por toda la creación existente, produce todas las condiciones
requeridas para la expresión de la Vida, del Amor y de la Belleza que
ES, así que podemos perfectamente confiar en El para abrirnos el
camino a medida que avanzamos. Las palabras del Gran Instructor:
“No penséis en el mañana”, y observe que la traducción correcta es:
“No pensáis ansiosamente”, son la aplicación práctica de la filosofía
más cierta. Esto, naturalmente, no significa que no debamos
esforzarnos. Debemos ejecutar nuestra parte en el trabajo y no esperar
que Dios haga para nosotros lo que El solamente puede hacer a través
de nosotros. Debemos usar nuestro sentido común y nuestras
facultades naturales para trabajar en las condiciones presentes ahora.
Debemos hacer uso de ellas, en cuanto sea factible usarlas, pero no
debemos tratar de ir más allá de lo requerido por las cosas presentes;
no debemos tratar de forzar las cosas, sino permitir que crezcan

89
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

naturalmente, sabiendo que lo están haciendo así bajo la guía de la


Sabiduría Creadora de Todo.

Siguiendo este método entraremos más y más en el hábito de


considerar la actitud mental como la Clave de nuestro progreso en la
Vida, sabiendo que todo lo demás debe surgir de ésta; y descubriremos,
además, que nuestra actitud mental está eventualmente determinada
por la forma en que consideramos la Mente Divina. Entonces el
resultado final será que veremos que la Mente Divina no es nada menos
que Vida, Amor y Belleza - la Belleza siendo idéntica con la Sabiduría, o
ajuste perfecto de las partes con el todo; nos consideraremos como
centros de distribución de estas energías primarias y por consiguiente,
a nuestra vez, centros subordinados de poder creativo. Y a medida que
penetremos en este conocimiento encontraremos que trascendemos
una ley de limitación después de otra, encontrando una ley superior, de
la cual la inferior es solamente una expresión parcial, hasta que
llegaremos a ver ante nosotros, como nuestra meta final, nada menos
que la Ley Perfecta de Libertad; no libertad sin Ley, lo cual es anarquía,
sino Libertad acorde con la Ley. En esta forma encontraremos que el
Apóstol habló la verdad literal, cuando dijo que llegaríamos a ser como
El cuando Le viéramos como El es, porque el proceso total por el cual
es producida nuestra individualidad es el de reflexión de la imagen
existente en la Mente Divina. Cuando comprendamos así la Ley de
nuestro propio ser, podremos especializarla en modalidades poco
concebidas hasta el presente pero, como sucede con todas las leyes
naturales, la especialización no puede tener lugar a menos que el
principio fundamental de le ley genérica haya sido completamente
comprendido. Por estas razones el estudiante debe esforzarse en
comprender más y más perfectamente, tanto en la teoría como en la
práctica, la ley de relación entre las Mentes Universal e individual. Esta
es la ley de acción recíproca. Si este hecho de la reciprocidad es
comprendido, se encontrará que explica tanto el por qué el individuo
no alcanza a expresar la plenitud de la Vida, que es el Espíritu, como el
por qué puede alcanzar a la plenitud de esa expresión; exactamente
como la misma ley explica por qué el hierro se hunde en el agua y como
puede hacérsele flotar. La individualización del Espíritu Universal, por
el reconocimiento de su reciprocidad con nosotros, es el secreto de la
perpetuación y del crecimiento de nuestra propia individualidad.

90
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

EL NUEVO PENSAMIENTO Y EL NUEVO ORDEN

En las dos conferencias precedentes me he esforzado por lograr alguna


concepción de lo que el Espíritu Originador de Todo Es en Sí Mismo y
de la relación del individuo con EL. En cuanto es posible formarnos
concepción alguna de estas cosas, vemos que son principios universales
aplicables a toda la naturaleza y que al nivel humano son aplicables a
todos los hombres, son leyes generales; el reconocimiento de las cuales
es un requisito preliminar para cualquier avance posterior; porque el
progreso se efectúa, no haciendo de lado la ley inherente a las cosas, lo
cual es imposible, sino especializándola a través de la presentación de
condiciones que capacitarán al mismo principio para actuar en manera
menos limitada. Habiendo, por consiguiente, obtenido una idea general
de estos dos esenciales, el universal y el individual, y de la relación del
uno con el otro, permítasenos ahora considerar el proceso de
especialización. En qué consiste la especialización de una ley natural?
Consiste en hacer que esa ley o principio produzca un efecto que no
podría producir bajo las condiciones simplemente genéricas provistas
espontáneamente por la naturaleza.

Esta selección de condiciones adecuadas es obra de la Inteligencia, es


un proceso de arreglo consciente de las cosas en un nuevo orden, como
para producir un resultado nuevo. El principio nunca es nuevo, porque
los principios son eternos y universales; pero el conocimiento de que el
mismo principio producirá nuevos resultados, cuando opere bajo
nuevas condiciones, es la clave del desarrollo de infinitas posibilidades.
Lo que tenemos que considerar, por lo tanto, es la operación de la
Inteligencia en el abastecimiento de condiciones específicas para la
operación de principios universales, como para producir nuevos
resultados que trasciendan nuestras experiencias pasadas. El proceso
no consiste en la introducción de elementos nuevos, sino en hacer
nuevas combinaciones de los elementos que han estado siempre
presentes; así como nuestros antecesores no tenían concepción alguna
de carruajes que pudiesen moverse sin caballos y, no obstante, por una
combinación apropiada de elementos, que se han encontrado siempre
en existencia, tales vehículos son hoy objetos comunes en nuestras
calles. Cómo, entonces, es dirigido el Poder de La Inteligencia a
Trabajar sobre la ley genérica de la relación entre lo Individual y lo

91
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Universal, como para especializarlo en la producción de resultados más


grandes que aquellos obtenidos hasta ahora?

Todas las adquisiciones prácticas de la ciencia, que colocan en ventaja


el mundo civilizado de hoy sobre los tiempos del Rey Alfredo o de
Carlomagno, han sido logradas por un método uniforme y muy simple.
Es siempre a través de la averiguación del factor afirmativo en
cualquier combinación existente, y preguntándose ¿por qué, en esa
combinación particular, tal factor no actúa más allá de ciertos límites?
¿Qué hace del asunto un éxito, hasta el punto al cual llega, y qué le
impide ir más adelante? Considerando entonces, cuidadosamente la
naturaleza del factor afirmativo, vemos qué clase de condiciones
debemos proveer para capacitarla a expresarse más plenamente. Este
es el método científico; respecto a cosas materiales se ha demostrado
verdadero; y no hay razón para que no sea también igualmente
confiable con respecto a los asuntos espirituales.

Tomando éste como nuestro método, nos preguntamos: ¿Cuál es el


factor afirmativo en toda la creación y en nosotros, como incluidos en
la creación? Como vimos en la primera conferencia, este factor es el
Espíritu, ese poder individual que concentra en formas el éter
primordial y dota a esas formas con varias modalidades de
movimiento, desde el movimiento mecánico simple del planeta hasta el
movimiento volitivo en el hombre. Y, puesto que esto es así, solamente
el Sentimiento y el Pensamiento del Espíritu Universal puede ser el
factor afirmativo primario (ver mis Conferencias de Edimburgo sobre
Ciencia Mental). Ahora bien, por la hipótesis del caso, el Espíritu
Universal debe ser la Pura Esencia de Vida y, por consiguiente, Su
Sentimiento y Su Pensamiento solo pueden estar dirigidos hacia la
expresión continuamente creciente de la Vivencia que Ella Es. Y, en
consecuencia la especialización que estamos buscando debe
encontrarse en condiciones tales que le proporcionen un centro desde
el cual pueda realizar más perfectamente este Sentimiento y expresar
este Pensamiento; en otras palabras, la forma de especializar el
principio genérico del Espíritu es proveyendo nuevas condiciones
mentales en consonancia con su propia naturaleza original.

El método científico de investigación, por consiguiente, nos conduce a


la conclusión de que las conclusiones requeridas para traducir la
operación racial o genérica del Espíritu a la operación individual

92
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

especializada, es una nueva forma de pensar una modalidad de


pensamiento concurrente con, y no en oposición a, el movimiento
progresivo esencial del Espíritu Creativo Mismo. Esto implica una
inversión total de nuestros antiguos conceptos. Hasta hoy hemos
tomado las formas y condiciones como el punto de partida de nuestro
pensamiento; y hemos inferido que ellas son las causas de los estados
mentales. Ahora hemos aprendido que el verdadero orden del proceso
creativo es exactamente lo inverso; y que el pensamiento y el
sentimiento son las causas y, que las formas y las condiciones son los
efectos. Cuando hayamos aprendido esta lección, habremos
comprendido el principio fundamental por el cual la especialización
individual de la ley genérica del proceso creativo llega a ser una
posibilidad práctica.

Nuevo Pensamiento, entonces, no es el nombre de una secta en


particular, sino el factor esencial por medio del cual se continúa
nuestro propio desarrollo futuro; y su esencia consiste en ver la
relación de las cosas en un Nuevo Orden. Hasta ahora hemos invertido
el orden verdadero de causa y efecto; ahora, considerando
cuidadosamente la naturaleza real del Principio de Causación en Sí
Mismo, causa causans como distinguido de causa causata, volvemos
al orden verdadero y adoptamos un nuevo método de pensamiento de
acuerdo con él.

En sí este orden y este método de pensamiento no son nuevos. Son más


antiguos que el fundamento del mundo, porque son los del Espíritu
Creativo Mismo; y a través de todas las edades esta enseñanza ha sido
entregada en varias formas; su verdadero significado ha sido percibido
solamente por unos pocos en cada generación. Pero cuando la luz se
hace en cualquier individuo, es una nueva luz para él; y así para cada
uno sucesivamente llega a ser un Nuevo Pensamiento; y cuando alguien
lo alcanza o lo realiza se encuentra en un Nuevo Orden. Continúa en
verdad incluido en el orden universal del Cosmos, pero en una forma
perfectamente diferente a la que había supuesto previamente; porque,
desde este nuevo punto de vista, encuentra que él está incluido, no
tanto como una parte del efecto general, sino como una parte de la
causa general; y cuando percibe esto, entonces ve que el método para
su avance ulterior debe ser el de permitir que La Causa General fluya

93
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

más y más libremente en su propio centro específico; y él, por


consiguiente, busca proveer condiciones de pensamiento que le
capaciten para hacerlo así.

Empleando aún, entonces, el método científico de seguimiento del


factor afirmativo, comprende que este poder causativo universal, por
cualquier nombre que sea llamado, se manifiesta como Inteligencia
Suprema en la adaptación de medios para ciertos fines. Lo hace así en
el mecanismo del planeta, en la producción de abastecimiento para el
soporte de la vida física y en el mantenimiento de la raza como un todo.
Es verdad que el investigador se enfrenta en cada momento con el
fracaso individual; pero su respuesta a esto es que no hay fracaso
cósmico, que disminuirá en la proporción en que el individuo logre el
reconocimiento del Principio Motor de ese proceso y provea las
condiciones necesarias para capacitarlo a tomar un nuevo punto de
partida en su propia individualidad. Ahora bien, una de estas
condiciones es el reconocerlo como Inteligencia y recordar que cuando
opera a través de nuestra mentalidad no cambia en manera alguna su
naturaleza esencial; así como la electricidad no pierde ninguna de sus
cualidades esenciales al pasar a través del aparato especial que la
capacita para manifestarse como Luz.

Cuando vemos esto, nuestra línea de pensamiento es algo así como:

“Mi mente es un centro de operación Divina. La Divina


operación es siempre hacia la expansión, hacia la expresión
plena; esto significa la producción de algo que trascienda lo
que ha sucedido o habido hasta ahora, algo completamente
nuevo, no incluido en la experiencia pasada, aunque
procediendo ella en una secuencia ordenada de crecimiento.
Por lo tanto, puesto que lo Divino no puede cambiar su
naturaleza inherente, debe operar en la misma manera en
mí. En consecuencia, en mi propio mundo especial, del cual
soy el centro, se moverá para producir nuevas condiciones,
siempre en ventaja sobre cualquier cosa que haya sucedido
antes”.

94
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Esta es una línea legítima de argumento, de las premisas establecidas


en el reconocimiento de la relación entre la mente individual y la Mente
Universal; y resulta de nuestra consideración de la Mente Divina, no
solamente como creativa, sino también como directiva; esto es, como
determinante de las formas reales que tomarán las condiciones para su
manifestación en nuestro propio mundo particular, así como en suplir
la energía para su producción. Si no vemos en el Espíritu Originador un
poder formativo, echaremos de menos el punto de relación entre lo
individual y lo universal. Este es el poder formativo en toda la
naturaleza; y si hemos de especializarlo debemos aprender a confiar en
su cualidad formativa cuando opera desde su nuevo punto de partida
en nosotros.

Pero se presenta naturalmente la pregunta: Si esto es así, ¿cuál es la


parte jugada por el individuo? Nuestra parte es proveer un centro
concreto alrededor del cual circulen las energías Divinas. En el orden
genérico de ser ejercemos sobre él una fuerza de atracción, de acuerdo
con el modelo innato de nuestra individualidad particular; y a medida
que comenzamos a comprender la Ley de esta relación, nosotros, a
nuestro turno, somos atraídos hacia lo Divino a lo largo de las líneas de
menor resistencia; esto es, en aquellas líneas que son más naturales a
nuestra inclinación mental especial. En esta manera lanzamos ciertas
aspiraciones, con el resultado de que intensificamos nuestra atracción
de fuerzas Divinas en una cierta manera específica y ellas comienzan a
actuar, tanto a través de nosotros como a nuestro alrededor, de acuerdo
con nuestras aspiraciones. Esto es lo racional de la acción recíproca
entre la Mente Universal y la mente individual; y esto nos muestra que
nuestros deseos no deben estar dirigidos tanto hacia la adquisición de
cosas particulares como hacia la reproducción en nosotros de fases
particulares de la actividad del Espíritu; y esto, siendo creativo en su
misma naturaleza está limitado a exteriorizarse como cosas y
circunstancias correspondientes. Entonces, cuando estos hechos
externos aparecen en el círculo de nuestra vida objetiva, debemos
trabajar sobre ellos desde un punto de vista objetivo. Aquí es donde
muchos son deficientes en la terminación del trabajo. Comprenden lo
subjetivo o el proceso creativo, pero no ven que éste debe ser seguido
por un proceso objetivo o constructivo y, en consecuencia, son
soñadores imprácticos y nunca alcanzan la etapa del trabajo terminado.
El proceso creativo trae a nuestras manos los materiales y condiciones
para el trabajo; entonces debemos hacer uso de ellos con diligencia y

95
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

sentido común. Dios proveerá el alimento, pero El no cocinará la


comida.

Esta, entonces, es la parte tomada por el individuo; y es así como llega


a ser un centro de distribución de la energía Divina, no tratando por
una parte de conducirla como fuerza ciega, ni por otra colocándose él
mismo bajo un impulso irracional y ciego, procedente de Ella. El recibe
guía porque busca guía; y busca y recibe de acuerdo con una Ley que él
es capaz de reconocer; así que, no sacrifica su libertad, ni empequeñece
sus poderes, como un ingeniero que se somete a las leyes genéricas de
la electricidad, para aplicarlas a algún propósito específico. A más
íntimo llegue a ser su conocimiento de esta Ley de Reciprocidad, más
encontrará que ella conduce a la Libertad, con base en el mismo
principio por el cual encontramos en la ciencia física que la Naturaleza
nos obedece precisamente en el mismo grado en que nosotros primero
obedecemos a la naturaleza. Como dice la máxima esotérica: “Lo que es
verdad en un plano es verdad en todos”. Pero la Clave de este
enfrascamiento de cuerpo, mente y circunstancias es en ese nuevo
pensamiento que llega a ser creativo de nuevas condiciones, porque
comprende el verdadero orden del proceso creativo. Por esto, si hemos
de traer un nuevo orden de Vida, Luz y Libertad a nuestras vidas,
debemos comenzar por producir un nuevo orden en nuestro
pensamiento y encontrar en nosotros mismos el punto de partida de
una nueva serie creativa, no por la fuerza de voluntad personal, sino
por la unión con el Espíritu Divino, el Cual en la expresión de Su Amor
y de Su Belleza inherentes, hace todas las cosas nuevas.

LA VIDA DEL ESPIRITU

Las tres conferencias anteriores han tocado sobre ciertas verdades


fundamentales en un orden definido; primero, la naturaleza del
Espíritu Originador mismo; luego, la relación genérica del individuo
con este Espíritu Omniabarcante; y por último, la forma de especializar
esta relación como para obtener mayores resultados a los que aparecen
espontáneamente por la mera acción genérica; y hemos encontrado que
esto solamente puede lograrse a través de un nuevo orden de
pensamiento. Esta secuencia es lógica, porque implica un Poder, un
Individuo que comprende el Poder, y un Método para aplicar el Poder,
deducido del entendimiento de su naturaleza. Estos son principios
generales sin cuya comprensión es imposible ir más adelante, pero

96
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

asumiendo que el lector ha comprendido su significado, podemos pasar


ahora a considerar su aplicación con más detalle.

Ahora bien, esta aplicación debe ser personal, porque es solo a través
del individuo como la especialización superior del poder puede tomar
lugar, pero al mismo tiempo esto no debe conducirnos a suponer que el
individuo, por sí mismo, trae la fuerza creativa a existencia. Suponer
esto es inversión; y no podemos imprimir con suficiente profundidad
sobre nosotros mismos que la relación de lo individual con el Espíritu
Divino es aquella de distribuidor y, no de creador original. Si esto se
mantiene en la mente con firmeza la forma se hará clara; de otra
manera seremos conducidos a la confusión.

¿Qué, entonces, es el Poder que debemos distribuir? Es el Espíritu


Originador mismo. Estamos seguros de que esto es así porque el nuevo
orden de pensamiento comienza siempre en el principio de cualquier
serie que se contempla para traer a manifestación, y está basado en el
hecho de que el origen de todo es el Espíritu. Es en esto donde reside su
poder creativo; de ahí que la persona que se encuentra verdaderamente
en el nuevo orden de pensamiento asume, como un hecho axiomático,
que lo que ella tiene que distribuir, o diferenciar en manifestación, no
es ninguna otra cosa sino el Espíritu Originador. Siendo este el caso, es
evidente que el propósito de la distribución debe ser la expresión más
perfecta del Espíritu Originador como El Es en Sí Mismo, y lo que El es
en Sí Mismo es enfáticamente Vida. Lo que está buscando expresión,
entonces, es la Vivencia Perfecta del Espíritu; y esta expresión debe ser
localizada, a través de nosotros, por medio de nuestra modalidad
renovada de pensamiento. Veamos, entonces, como nuestro nuevo
orden de pensamiento, con respecto al principio de la Vida, promete
operar. En nuestro antiguo orden de pensamiento habíamos siempre
asociado la Vida con el cuerpo físico, la vida había sido para nosotros el
hecho físico supremo. Ahora, sin embargo, sabemos que la vida es
mucho más que esto; pero, como lo mayor incluye lo menor, ella
incluye la vida física como una modalidad de su manifestación. El
verdadero orden no requiere de nosotros negar la realidad de la vida
física o llamarla una ilusión; por el contrario, ve en la vida física la
terminación de una gran serie creativa, pero se le asigna su lugar
apropiado en la serie, que es lo que el antiguo modo de pensamiento no
hacía.

97
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Cuando comprendemos la verdad acerca del Proceso Creativo, vemos


que la vida originadora no es física. Su vivencia Consiste en
pensamiento y sentimiento. Por este movimiento interior produce
vehículos a través de los cuales funciona, y estos llegan a ser formas
vivientes debido al principio interno que los está sosteniendo; por la
tanto, la Vida en la que estamos interesados primariamente en el nuevo
orden es la vida del pensamiento y del sentimiento en nosotros como
vehículos, o medios de distribución, de la Vida del Espíritu.

Entonces, si hemos comprendido la idea del Espíritu como el gran


Poder formativo, como se estableció en la última conferencia,
buscaremos en El el origen de la Forma tanto como el Poder; y, como
deducción lógica de esto, recurriremos a El para dar forma a nuestros
pensamientos y sentimientos. Si el principio es reconocido una vez, la
secuencia es obvia. La forma asumida por nuestras condiciones
externas, ya de cuerpo o de circunstancias, depende de la forma
asumida por nuestros pensamientos y sentimientos; y nuestros
pensamientos y sentimientos tomarán forma a partir de esa fuente de
la cual les permitimos recibir sugestión. Así, si les permitimos aceptar
sus sugestiones fundamentales a partir de lo relativo y de lo limitado,
asumirán una forma correspondiente y la transmitirán a nuestro medio
ambiente externo, produciendo así la repetición del viejo orden de
limitación en incesante círculo recurrente. Ahora bien, nuestro
propósito es salir de este círculo de limitación, y la única manera de
hacerlo es moldear nuestros pensamientos y sentimientos en nuevas
formas, avanzando continuamente hacia mayor y mayor perfección.
Para llenar este requisito, por consiguiente, debe haber un poder
formativo mayor que aquel de nuestras propias desvalidas
concepciones, y éste se encuentra en nuestra comprensión del Espíritu
como Belleza Suprema, o Sabiduría Suprema, moldeando nuestros
pensamientos y nuestros sentimientos en formas armoniosamente
ajustadas a la expresión plena en, y a través de, nosotros, de la Vivencia
que el Espíritu es en Sí Mismo.

Ahora bien, esto no es nada más que la transferencia al lugar más


interno de origen de un principio, con el cual todos los lectores que
están “en la idea” se presume están completamente familiarizados, el
principio de Receptividad. Todos sabemos lo que se significa por una
actitud mental receptiva cuando se aplica a la curación o a la telepatía;
y no se sigue lógicamente, que el mismo principio puede ser aplicado a

98
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

recibir la vida misma de la Fuente Suprema? Lo que se quiere, por


consiguiente, es colocarnos en una actitud mental receptiva hacia el
Espíritu Universal con la intención de recibir su influencia formativa en
nuestra sustancia mental. Es siempre la presencia de una intención
definida la que distingue la actitud receptiva inteligente de la mente, de
la mera absorción tipo esponja, que chupa cualquiera y toda influencia
que pueda estar flotando alrededor; porque no debemos cerrar
nuestros ojos al hecho de que hay varias influencias en la atmósfera
mental por la cual estamos rodeados; y algunas de ellas son de la clase
más indeseable. La intención clara y definida es, por consiguiente,
necesaria en nuestra actitud receptiva como en nuestras actitudes
activas y creativas; y si nuestra intención es tener nuestros propios
pensamientos y sentimientos moldeados en formas tales como para
expresar aquellas del Espíritu, entonces establecemos aquella relación
con el Espíritu que, por las condiciones del caso, debe necesariamente
conducirnos a la concepción de nuevos ideales vitalizados por un poder
que nos capacitará para traerlos a manifestación concreta. De esta
manera es como llegamos a ser centros diferenciadores del
Pensamiento Divino dándole expresión en forma en el mundo de
espacio y tiempo; así se soluciona el gran problema de capacitar a lo
Universal para actuar sobre el plano de lo particular, sin ser estorbado
por aquellas limitaciones que la mera ley genérica de manifestación
impone sobre ello. Es precisamente aquí donde la mente subconsciente
realiza la función de un “puente” entre lo finito y lo infinito, (como lo
observamos en mis “Conferencias en Edimburgo sobre Ciencia
Mental”) y por esta razón es tan importante un reconocimiento de su
susceptibilidad a la impresión.

Entonces, por el establecimiento de una relación personal con la vida


del Espíritu, la esfera de lo individual se aumenta. La razón es que la
persona permite que una inteligencia más grande que la propia tome la
iniciativa; y puesto que él sabe que esta Inteligencia es, también, el
Principio mismo de Vida, no puede tener temor alguno de que actúe en
tal manera para disminuir su vida individual, porque eso sería
entorpecer su propia operación, sería una acción autodestructiva, lo
cual es una contradicción en términos de la concepción del Espíritu
Creativo. Sabiendo, entonces, que por su naturaleza inherente esta
Inteligencia solamente puede trabajar hacia la expansión de la vida
individual, podemos descansar en Ella con la máxima confianza y estar
seguros de que tomará una iniciativa que conducirá a mejores

99
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

resultados que cualesquiera que podamos prever desde el punto de


vista de nuestro conocimiento. Mientras insistamos en dictar la forma
particular que debe tomar la acción del Espíritu, la limitamos y así
cerramos contra nosotros caminos de expansión que de otra manera se
nos hubieran abierto; y si nos preguntamos por qué hacemos esto,
encontraremos, en el fondo de nuestra mente, que es debido a que
nosotros no creemos en el Espíritu como Poder formativo. Hemos, en
verdad, avanzado hasta la concepción de El como de un Poder
ejecutivo, que trabajará de acuerdo con un modelo prescrito. Pero aún
tenemos que comprender la concepción de El como versado en el arte
de diseñar y como capaz de elaborar esquemas de construcción, que no
serán solamente completos en sí mismos, sino también que estarán en
perfecta armonía el uno con el otro. Cuando avanzamos hasta la
concepción del Espíritu como conteniendo en Sí Mismo el ideal de la
Forma, tanto como el Poder, cesaremos en el esfuerzo de tratar de
forzar las cosas en cierta forma particular, ya en el plano interno como
en el externo, y estaremos satisfechos en confiar a la armonía
inherente, o Belleza del Espíritu, el producir combinaciones mucho
más perfectas que cualquier cosa que podamos concebir nosotros
mismos. Esto no significa que nos reduciremos a una condición de
apatía, en la cual haya sido ahogado todo deseo, expectación, o
entusiasmo, porque éstos son los resortes de nuestra maquinaria
mental; sino al contrario, su actividad será vivificada por el
conocimiento de que en el fondo de ellas está operando un Principio
Formativo tan infalible que no puede fallar el blanco; así que, no
importan lo bellas y buenas que sean las formas existentes, podemos
siempre descansar en la feliz expectación de que vendrá algo todavía
mejor. Y vendrá por una ley natural de crecimiento, porque el Espíritu
es en Sí Mismo el Principio de Aumento. Crecerán para salir de las
condiciones presentes por la simple razón de que si Vd. ha de alcanzar
un punto más avanzado solamente puede empezar donde se encuentra
ahora. Por esto está escrito: “No despreciéis el día de las cosas
pequeñas”. Hay solamente una condición asignada a este movimiento
de avance del Espíritu en el mundo de nuestro medio ambiente, y esta
es que debemos cooperar con El; y ésta cooperación consiste en hacer
el mejor uso de las condiciones existentes con la alegre confianza en
que el Espíritu de Aumento se exprese a través de nosotros, y para
nosotros, porque estamos en armonía con El. Esta actitud mental será
encontrada de inmenso valor para liberarnos de la preocupación y de la
ansiedad; y como consecuencia, nuestro trabajo será llevado a cabo de

100
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

una manera mucho más eficiente. Realizaremos el trabajo presente por


el valor que posea en sí, sabiendo que allí se encuentra el principio de
desarrollo; y haciéndolo simplemente por lo que es en sí traeremos a
inferir en él un poder de concentración que no puede fallar en sus
buenos resultados; y esto en forma natural y sin ningún esfuerzo
penoso. Entonces encontraremos que el secreto de la cooperación es
tener fe en nosotros mismos porque tenemos primero fe en Dios; y
encontraremos que ésta Divina auto confianza es algo muy diferente
del jactancioso egotismo que asume una superioridad personal sobre
los demás. Es simplemente la seguridad de un hombre que sabe que
está trabajando de acuerdo con una ley de la naturaleza. El no clama
como un logro personal lo que la Ley hace por él. Pero, por otra parte,
no se complica en razón del clamor contra su audacia presuntuosa,
elevado por personas ignorantes de la Ley que está empleando. Por esto
no es ni jactancioso, ni timorato, sino que simplemente trabaja con esta
alegre expectación, porque sabe que esta confianza está colocada sobre
una Ley que no puede ser quebrantada.

De este modo, entonces, debemos entender la vida del Espíritu como


siendo, también, la Ley del Espíritu. Las dos son idénticas y no pueden
negarse. Nuestro reconocimiento de ellas les proporciona un nuevo
punto de partida a través de nuestra propia mentalidad, pero continúan
siendo lo mismo en su naturaleza; y a menos de ser limitadas o
invertidas por nuestra afirmación mental de condiciones limitadas o
invertidas, ellas trabajarán a plenitud, y con mayor plenitud
continuamente, de expresión de la Vida, del Amor y de la Belleza que el
Espíritu es en Sí Mismo.

Nuestro sendero, por consiguiente, es claro; es simplemente


contemplar la Vida, el Amor y la Belleza del Espíritu Originador y
afirmar que ya estamos dándole expresión en nuestros pensamientos y
actos, sin importar lo insignificantes que ellos puedan parecer en el
presente. Este sendero puede ser muy angosto y humilde en su
comienzo pero crece siempre más amplio y asciende más, porque es la
expresión en expansión continua de la Vida del Espíritu, el cual es
infinito y no conoce límites.

101
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

EL ALPHA Y LA OMEGA

El Alpha y la Omega, el Primero y el Último. Qué significa esto?


Significa la serie total de causación desde el primer movimiento
originador hasta el resultado final y completo. Podemos considerar esto
en cualquier escala, desde la creación de un cosmos hasta la creación de
una bata para dama. Todo tiene su origen en una idea, en un
pensamiento; y tiene su terminación en la manifestación de ese
pensamiento en la forma. Son necesarias muchas etapas
intermediarias, pero el Alpha y la Omega de la serie son el pensamiento
y el objeto o cosa. Esto nos indica que en esencia el objeto ya existía en
el pensamiento. La Omega está ya en potencia en Alpha, así como en el
sistema Pitagórico se dice que todos los números proceden de la unidad
y son resolubles de regreso en ella. Ahora bien, este principio general
de la ya existencia del objeto en el pensamiento es de lo que tenemos
que apoderarnos en nuestro entendimiento, y así como lo encontramos
verdadero en el diseño de un arquitecto de la casa que se construirá, así
lo encontramos verdad en la gran obra del Arquitecto del Universo.
Cuando veamos que esto es así, habremos comprendido un principio
general que opera en todas partes. Ese es el significado de principio
general; puede ser aplicado a cualquier clase de sujeto; y el uso de
estudiar principios generales es darles aplicación particular en
cualquier cosa con la que tengamos que tratar. Con lo que más tenemos
que tratar la mayoría de nosotros es con nosotros mismos y así
llegamos a la consideración del Alpha y la Omega en el ser humano. En
la visión de San Juan, quien pronuncia las palabras: “Yo soy el Alpha y
la Omega, el Primero y el Ultimo” (o “el Principio y el Fin”), es descrito
como “alguien semejante al Hijo del hombre”; esto es, no importa lo
trascendente de la aparición en la visión, es esencialmente humano y
nos sugiere así la presencia del principio universal al nivel humano.
Pero la figura de la visión apocalíptica no es aquella del hombre
ordinario como lo conocemos. Es aquella de Omega como subsiste
entronizada en Alpha; es la idea de la humanidad como subsiste en la
Mente Divina y la cual fue manifestada en forma objetiva ante los ojos
del vidente y presentó por lo tanto el Alpha y la Omega de esa idea en
toda la majestad de la Gloria Divina.

Si comprendemos la verdad de que el objeto ya existe en el


pensamiento, ¿no vemos que esta Omega trascendental debe ya existir

102
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

en el ideal Divino de cada uno de nosotros? Si en el plano del tiempo


absoluto esto es así, ¿no se sigue que esta humanidad glorificada es un
hecho presente en la Mente Divina? Y si esto es así, entonces este hecho
es eternamente verdad concerniente a todo ser humano. Pero si es
verdad que el objeto existe en el pensamiento, es igualmente verdad
que el pensamiento encuentra forma en el objeto; y puesto que las
cosas existen baja las condiciones relativas de tiempo y espacio, están
necesariamente sujetas a una ley de Crecimiento, así que mientras la
subsistencia del objeto en el pensamiento es perfecta ab initio, la
expresión del pensamiento en el objeto es un asunto de desarrollo
gradual. Este es un punto que no debemos perder de vista nunca en
nuestros estudios; y nunca debemos perder de vista la perfección del
objeto en el pensamiento, porque no veamos aún la perfección del
pensamiento en las cosas. Por esto debemos recordar que el hombre,
como lo conocemos ahora, no ha alcanzado en manera alguna su
evolución final. Estamos aún en el proceso, pero hemos alcanzado Un
punto en el que podemos facilitar el proceso evolutivo a través de la
cooperación consciente con el Espíritu Creador. Nuestra participación
en esta obra comienza con el reconocimiento del ideal Divino del
hombre, encontrando así el modelo por el cual debemos guiarnos.
Porque, puesto que la persona para ser creada, según este modelo, es
nosotros mismos, se sigue que, a través de cualquier proceso que el
ideal Divino se transforme en realidad concreta, el lugar donde ese
proceso opera debe estar dentro de nosotros mismos; en otras
palabras, la acción creadora del Espíritu toma lugar a través de las leyes
de nuestra propia mentalidad. Si es una máxima verdadera que el
objeto debe tomar forma en el pensamiento antes de que el
pensamiento pueda tomar forma en el objeto, entonces es claro que el
Ideal Divino solamente puede ser externalizado en nuestra vida
objetiva en proporción a su formación primaria en nuestro
pensamiento; y toma forma en nuestro pensamiento solamente en la
extensión en que comprendemos su existencia en la Mente Divina. Por
la naturaleza de la relación entre la mente individual y la Mente
Universal, este es estrictamente un caso de reflexión; y en la proporción
en que el espejo de nuestra propia mente entorpece o refleja
claramente la imagen del ideal Divino, en esa proporción dará
nacimiento a la reproducción débil o vigorosa de ella en nuestra vida
externa.

103
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Siendo este el aspecto racional del asunto, ¿por qué hemos de limitar
nuestra concepción del ideal Divino de nosotros mismos? ¿Por qué
hemos de decir: “Soy una criatura demasiado inferior para reflejar tan
gloriosa imagen”, o “Dios nunca se ha propuesto reproducir en los seres
humanos un ideal tan ilimitado? “. Diciendo tales cosas exponemos
nuestra ignorancia de la Ley total del Proceso Creador. Cerramos
nuestros ojos al hecho de que la Omega de la terminación ya subsiste
en el Alpha de la concepción y que el Alpha de la concepción no sería
nada más que una ilusión mentirosa si no fuese capaz de expresión en
la Omega de la terminación. El proceso creador en nosotros es que
lleguemos a ser la reflexión individual de lo que comprendemos que
Dios es relativamente para nosotros y, por consiguiente, si
consideramos al Espíritu Divino como el potencial infinito de todo lo
que puede constituir un ser humano perfeccionado, esta concepción
debe, por la Ley del Proceso Creador, construir gradualmente una
imagen correspondiente en nuestra mente, la cual a su vez actuará
sobre nuestras condiciones externas.

Esto, por las leyes de la mente, es la naturaleza del proceso y nos


muestra lo que significó San Pablo cuando habló del Cristo como
siendo formado en nosotros (Gal. iv: 19) y lo que en otro lugar llama ser
renovados en conocimiento según imagen de El, quien nos ha creado
(Col. iii:10). Esta es una secuencia totalmente lógica de causa y efecto;
lo que requerimos es ver más claramente la Ley de esta secuencia y
usarla inteligentemente; ese es el por qué San Pablo dice de ser
“renovados en conocimiento”; este es un Nuevo Conocimiento, el
reconocimiento de principios que no habíamos comprendido
anteriormente. El hecho, que en nuestra experiencia pasada no
habíamos comprendido, es que la mente humana forma un nuevo
punto de partida para la obra del Espíritu Creador; y en la proporción
en que veamos esto más claramente, más nos encontraremos entrando
en un nuevo orden de vida en el cual llegaremos a estar menos y menos
sujetos a las antiguas limitaciones. Esta no es una recompensa que nos
sea otorgada arbitrariamente por aferrarnos dogmáticamente a ciertas
afirmaciones meramente verbales, sino que es el resultado del
entendimiento de la ley suprema de nuestro propio ser. En su propio
plano es tan puramente científica como la ley de la reacción química;
solamente que aquí no estamos tratando de la interacción de causas
secundarias, sino con la acción auto-originadora del Espíritu. Por esto
se debe considerar una nueva fuerza que no aparece en la ciencia física,

104
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

el poder del Sentimiento. El pensamiento crea forma, pero es el


sentimiento el que le da vitalidad al pensamiento. Pensamiento sin
sentimiento puede ser constructivo, como en las grandes obras de
ingeniería, pero no puede ser nunca creativo como en la obra del artista
o del músico; y aquello que origina dentro de sí un nuevo orden de
causación es, en cuanto concierne a todas las obras pre-existentes, una
creación ex-nihilo y es, por consiguiente, Pensamiento expresivo de
Sentimiento. Esta unión indisoluble de Pensamiento y Sentimiento es
lo que distingue el pensamiento creativo del mero pensamiento
analítico y le coloca en una categoría diferente; y por lo tanto, si hemos
de lograr un nuevo punto de partida para continuar la obra de la
creación, este debe ser por la asimilación del sentimiento del Espíritu
Originador como parte y parcela de Su pensamiento, es aquel entrar en
la Mente del Espíritu de que hablé en la primera conferencia.

Ahora bien, las imágenes en la Mente del Espíritu deben


necesariamente ser genéricas. La razón de esto es que por su misma
naturaleza el Principio de la Vida debe ser prolífico, esto es, tender
hacia la Multiplicidad y, por consiguiente, la Imagen-pensamiento
original debe ser fundamental para todas las razas y no exclusiva de
individuos particulares. Consecuentemente las imágenes en la Mente
del Espíritu deben ser tipos absolutos de los verdaderos constitutivos
esenciales del desarrollo perfecto de la raza, exactamente lo que Platón
significó con ideas arquetípicas. Esta es la subsistencia perfecta del
objeto en el pensamiento. Por esto es que nuestra evolución, como
centros de actividad creadora, los exponentes de nuevas leyes, y a
través de ellas de nuevas condiciones depende de nuestra comprensión
de que en la Mente Divina existen los arquetipos de perfección mental,
simultáneamente como pensamiento y sentimiento. Pero cuando
encontramos todo esto en la Mente Divina no nos encontramos con una
Personalidad infinita y gloriosa? No falta nada de lo que podamos
comprender como Personalidad exceptuando la forma externa; y
puesto que la esencia misma de la telepatía es que no importa la
presencia física, nos encontramos en una posición de comunión
interior con una Personalidad a la vez Divina y Humana. Esta es esa
Personalidad del Espíritu que San Juan vio en la visión apocalíptica, y
la cual por las condiciones mismas del caso es el Alpha y la Omega de la
Humanidad.

105
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Pero como he dicho, es simplemente genérica en sí misma y llega a ser


activa y específica solamente a través de una relación puramente
personal con el individuo. Una vez más debemos comprender que nada
puede suceder excepto de acuerdo con la Ley y, por consiguiente, esta
relación específica no es arbitraria, pero surge de la Ley genérica
aplicada bajo condiciones específicas, Y puesto que lo que hace a una
Ley genérica es precisamente el hecho de que ella no suple las
condiciones específicas, se sigue que las condiciones para la
especialización de la Ley deben ser provistas por el individuo. Entonces
es cuando su reconocimiento del movimiento creativo originador, como
surgiendo del Pensamiento y del Sentimiento combinados, llega a ser
una posesión operativa práctica. El comprende que existe un Corazón y
una Mente del Espíritu recíprocos a su propio corazón y mente; que no
está tratando con una abstracción membranosa, ni con una secuencia
puramente matemática, sino con algo pulsante de Vida, tan cálido,
vívido y lleno de interés como la suya propia; de ningún modo al
contrario, porque es lo Infinito de todo cuanto es en sí mismo. Y este
reconocimiento va aún más lejos todavía, porque, puesto que esta
especialización puede tomar lugar solamente a través del individuo
mismo, se sigue lógicamente que la Vida, que se especializa así, llega a
ser su propia vida. Este autorreconocimiento a través del individuo no
puede en manera alguna cambiar la naturaleza inherente del Espíritu
Creador y, por lo tanto, en la extensión en que el individuo perciba su
identificación consigo mismo, se coloca bajo su guía y llega a ser así
uno de aquellos “dirigidos por el Espíritu”. Así empieza a encontrar el
Alpha y la Omega del ideal Divino reproducido en sí mismo, en muy
pequeño grado en el presente, pero conteniendo el principio del
crecimiento perpetuo hacia una expansión infinita de la cual todavía no
podemos formarnos concepción alguna.

San Juan resume su posición total en sus palabras memorables: “Muy


amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que
hemos de ser; pero sabemos que cuando El apareciere (esto es, se haga
claro para nosotros), seremos semejantes a El; porque (esto es, la razón
de todo esto) le veremos como El es”. (I Juan 3:2).

EL PODER CREADOR DEL PENSAMIENTO

Uno de los grandes axiomas del nuevo orden de ideas del que he
hablado, es que nuestro Pensamiento posee poder creador y puesto que

106
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

la superestructura total descansa sobre este fundamento, es bueno


examinarlo cuidadosamente. Ahora el punto de partida es ver que el
Pensamiento, o la acción puramente mental, es la única causa posible
de la cual podría haber venido a manifestación la creación existente y
es por esto que en las conferencias anteriores he hecho énfasis en el
origen del cosmos. Por consiguiente no es necesario ir de nuevo sobre
este aspecto, y comenzaremos la investigación de esta mañana
asumiendo que toda manifestación es en esencia la expresión de un
Pensamiento Divino. Siendo esto así, nuestra propia mente es la
expresión de un Pensamiento Divino. El Pensamiento Divino ha
producido algo que es capaz de pensar; pero la cuestión es si su
pensamiento tiene la misma cualidad creadora que aquella de La Mente
Paternal.

Ahora bien, por la hipótesis misma del caso la totalidad del Proceso
Creativo consiste de la presión continua hacia adelante del Espíritu
Universal, para la expresión a través de lo individual, de lo particular; y
el Espíritu en sus diferentes modalidades es, por consiguiente, la Vida y
la Sustancia del Universo. De ahí se sigue que si ha de haber una
expresión de poder de pensamiento, solamente puede ser a través de la
expresión del mismo poder de pensamiento que subsiste latente en el
Espíritu Originador. Si fuese menos que esto sería solamente un tipo de
mecanismo y no podría ser poder pensante, así que para ser poder de
pensamiento debe ser idéntico en clase con aquel del Espíritu
Originador. Es por esta razón que se dice que el hombre ha sido creado
a imagen y semejanza de Dios; y si comprendemos que es imposible
que esto sea de otra manera, encontraremos un fundamento firme del
cual extraer muchas deducciones importantes.

Pero si nuestro pensamiento posee este poder creador, por qué nos
vemos obstaculizados por condiciones adversas? La respuesta es:
porque hasta ahora hemos usado nuestro poder invertidamente.
Hemos tomado el punto de partida para nuestros pensamientos con
base en hechos externos, en consecuencia, hemos creado una
repetición de hechos de naturaleza similar y mientras continuemos
haciendo esto necesitaremos continuar perpetuando el antiguo ciclo de
limitación. Y debido a la sensibilidad de la mente subconsciente a la
sugestión (Ver las Conferencias de Edimburgo, Capítulo V), estamos
sujetos a una muy poderosa influencia negativa procedente de aquellos
quienes no están familiarizados con principios afirmativos, y así las

107
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

creencias raciales, las corrientes de pensamiento de nuestro medio


ambiente inmediato tienden a consolidar nuestro propio pensamiento
invertido. No es, por lo tanto, sorprendente que el poder creador de
nuestro pensamiento, usado así en una dirección equivocada, haya
producido las limitaciones de las cuales nos quejamos. El remedio,
entonces, es cambiar nuestro método de pensamiento y en vez de
tomar los hechos externos como nuestro punto de partida, tomar la
naturaleza inherente del poder mental como nuestro verdadero punto
de partida. Ya hemos logrado dos grandes pasos en esta dirección,
primero viendo que la totalidad del cosmos manifestado no podía
haber tenido su origen en ninguna otra parte sino en el poder mental y
segundo, comprendiendo que nuestro propio poder mental debe ser
igual en clase con aquel de la Mente Originadora.

Ahora podemos ir un paso más adelante y ver como este poder en


nosotros puede ser perpetuado e intensificado. Por la naturaleza del
proceso creativo su mente es en sí misma un pensamiento de la Mente
Paterna; así que, mientras este pensamiento de la Mente Universal
subsista, usted subsistirá, porque usted es él. Mientras usted piense
éste pensamiento él continuará subsistiendo y necesariamente
permanecerá presente en la Mente Divina, llenando así las condiciones
lógicas requeridas para la perpetuación de la vida individual. Se puede
encontrar una analogía pobre del proceso en una dinamo
autoalimentado, donde el magnetismo genera la corriente y la corriente
intensifica el magnetismo, con el resultado de producir una corriente
aún más intensa, hasta que se alcanza el límite de saturación;
solamente que en la infinitud sustantiva de la Mente Universal y en la
infinitud potencial de la Mente Individual no hay límite de saturación;
o podemos comparar la interacción de las dos mentes a dos espejos,
uno grande y uno pequeño, opuestos el uno al otro, con la palabra
“Vida” grabada en el grande. Entonces, por la ley de reflexión, la
palabra “Vida” aparecerá también en la imagen del espejo menor
reflejada en el espejo grande. Naturalmente que estas son solamente
analogías muy imperfectas; pero si usted puede comprender la idea de
su propia individualidad como un pensamiento en la Mente Divina, que
es capaz de perpetuarse a través de pensar en sí mismo como el
pensamiento que es, habrá alcanzado la raíz de todo el asunto y por el
mismo proceso no solamente perpetuará su vida sino que también la
expandirá.

108
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Cuando comprendemos esto por una parte y por la otra comprendemos


que todas las condiciones externas, incluyendo el cuerpo, son
producidas por el pensamiento, nos encontramos situados entre dos
infinitos, la Mente infinita y la Sustancia infinita, de las cuales podemos
derivar lo que queremos y moldear condiciones específicas a partir de
la Sustancia Universal, a través del Poder Creador que logramos de la
Mente Universal. Pero debemos recordar que no es por la fuerza de
voluntad personal sobre la sustancia, lo cual es un error que nos
lanzará en toda clase de inversiones, sino comprendiendo que nuestra
mente actúa como un canal a través del cual opera la Mente Universal
sobre las substancias en una manera particular, de acuerdo con la
modalidad de pensamiento que estamos buscando incorporar. Si,
entonces, nuestro pensamiento es concentrado habitualmente sobre
principios, más bien que sobre cosas particulares, comprendiendo que
los principios son nada menos que la Mente Divina en operación,
encontraremos que ellos necesariamente germinarán para producir sus
propias expresiones en hechos correspondientes, verificando así las
palabras del Gran Instructor: “Buscad primero el Reino de Dios y su
Justicia y todas las cosas se os darán por añadidura”.

Pero nunca debemos perder de vista la razón del poder creador de


nuestro pensamiento, esto es, que es debido a que nuestra mente es en
sí un pensamiento de la Mente Divina y que en consecuencia nuestro
aumento en vivencia y en poder creador debe estar en proporción
exacta con la percepción de nuestra relación con la Mente Paterna. En
consideraciones tales como estas se debe encontrar la base filosófica de
la doctrina de la Biblia en cuanto a la idea del “Hijo” con su
culminación en la concepción del Cristo. Estas no son meras fantasías
sino la expresión de principios estrictamente científicos, en su
aplicación, para profundizar los problemas más profundos de la vida
individual; y su base es que el mundo de cada cual, en o fuera de la
carne debe necesariamente ser creado por su propia consciencia, y que,
a su vez, su modalidad de consciencia tomará su color de la concepción
de su propia relación con la Mente Divina, o hasta la exclusión de la luz
y del color, si no comprende la Mente Divina, o bien hasta su
construcción en formas de belleza en la misma proporción en que él
comprende su identidad de ser con aquel Espíritu Originador de Todo,
que es Luz, Amor y Belleza en Sí Mismo.

109
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Así que la más grande obra creadora del pensamiento en cada uno de
nosotros es hacernos conscientemente “hijos e hijas del
Todopoderoso”, comprendiendo que debido a nuestro origen divino,
nunca podemos realmente estar separados de la Mente Paterna, la cual
está continuamente buscando expresión a través de nosotros; y que
cualquier separación aparente es debida a nuestra concepción
equivocada de la verdadera naturaleza de la relación inherente entre lo
Universal y lo Individual. Esta es la lección que el Gran Instructor ha
colocado tan luminosamente ante nosotros en la parábola del Hijo
Pródigo.

EL GRAN AFIRMATIVO

El Gran Afirmativo aparece en dos modalidades, la cósmica y la


individual. En esencia es la misma en ambos casos, pero en cada uno
trabaja desde un punto de partida diferente. Este es siempre el
principio de Ser, aquello que es como distinguido de aquello que no es;
pero para comprender el verdadero significado de esto, debemos
entender lo que se significa por “aquello que no es”. Es algo más que la
mera no existencia, porque obviamente no tendríamos por que
ocuparnos acerca de lo que es no existente. Es aquello que al mismo
tiempo es y no es, y aquello que responde a esta descripción es:
“Condiciones”. El pequeño afirmativo es aquello que afirma
condiciones particulares como todo lo que es posible de ser
comprendido, mientras que el gran afirmativo abarca una más amplia
concepción, el concepto de aquello que da surgimiento a las
condiciones. Cósmicamente es aquel Poder del Espíritu que emite la
creación total como expresión de Sí Mismo y es por esta razón que he
llamado la atención en las conferencias anteriores hacia la idea de la
creación ex nihilo de la totalidad del universo visible; como nos dicen
igualmente las escrituras Orientales y Occidentales, este es la
exhalación del aliento del Espíritu Original; y si ustedes han seguido lo
que he dicho concerniente a la reproducción de este espíritu en el
individuo, que por la misma naturaleza del proceso creativo la mente
humana debe ser de la misma calidad con la Mente Divina, entonces
encontramos que una segunda modalidad del Espíritu Originador se
hace posible, aquella de la operación a través de la mente individual.
Pero ya sea que actúe cósmica o personalmente es siempre el mismo
Espíritu y por consiguiente no puede perder su carácter inherente, que
es aquel del poder que crea ex nihilo. Es la contradicción directa de la

110
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

máxima’ “ex nihilo nihil fit”, nada puede hacerse de la nada; y este es el
reconocimiento de la presencia en nosotros mismos de este poder, que
puede hacer algo de nada y que es la clave para nuestro progreso
ulterior. Como resultado lógico del proceso cósmico creativo, el trabajo
evolutivo alcanza un Punto donde el Poder Originador crea una imagen
de Sí Mismo; y así proporciona un punto fresco de partida, desde el
cual puede operar específicamente, así como en el proceso cósmico
opera generalmente. Desde este nuevo punto de vista no contradice en
manera alguna las leyes del orden cósmico, pero procede a
especializarlas, trayendo así resultados a través del individuo,
resultados que no podrían ser logrados en otra manera.

Ahora bien, el espíritu hace esto por el mismo método que en la


Creación Original, es decir, creando ex nihilo; porque en otra forma
estaría atado por las limitaciones inherentes, necesariamente, a la
forma cósmica de las cosas y así no se habría logrado un punto fresco
de partida. Este es el por qué le Biblia hace tanto énfasis en el principio
de Monogénesis, o creación a partir de un poder singular en vez de a
partir de un par, y es debido a esto que se nos dice que esta Unidad de
Dios es el fundamento de todos los mandamientos y que el “Hijo de
Dios” es declarado como “monogenerado” o engendrado de uno,
porque esa es la traducción correcta de la palabra Griega. La inmensa
importancia de este principio de creación a partir de un poder singular,
llegará a ser aparente a medida que comprendamos más plenamente
los resultados producidos de la suposición del principio opuesto, o el
dualismo del poder creador; pero como la discusión de esta gran
materia requeriría un volumen para sí, en el presente, me contento con
decir que esta insistencia de la Biblia, sobre la singularidad del Poder
Creador, está fundamentada en un conocimiento que va hasta la raíz
misma de los principios esotéricos y por lo tanto no es para dejarla de
lado en favor de los sistemas dualísticos, aunque superficialmente estos
últimos pueden parecer más consonantes con la razón.

Si, entonces, es posible colocar el Gran Afirmativo en palabras, es que


Dios es UNO y que este UNO encuentra centro en nosotros; y si el
significado total de esta afirmación se comprende, el resultado lógico
será encontrado como una nueva creación tanto en, como de, nosotros.
Comprenderemos en nosotros la operación de un nuevo principio cuyo
rasgo distintivo es su simplicidad. Es UNIDAD y no está complicado
con segundo alguno; por esto lo que contempla no es como será

111
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

modificada su acción por aquella de algún segundo principio, algo que


lo obligaría a trabajar en una manera particular y así limitarlo; sino lo
que contempla es Su propia Unidad. Entonces percibe que Su unidad
consiste de un mayor o menor movimiento, así como la rotación de la
tierra sobre su eje, no interfiere con su rotación alrededor del sol, sino
que ambos son movimientos de la misma unidad y están definidamente
relacionados el uno con el otro. En manera semejante encontramos que
el Espíritu se está moviendo simultáneamente en el macrocosmos del
universo y en el microcosmos del individuo, que los dos movimientos
se armonizan debido a que son el mismo Espíritu y que el segundo está
incluido en el primero y lo presupone. La Gran Afirmación, por
consiguiente, es la percepción de que el “YO SOY” es UNO, siempre en
armonía Consigo Mismo, e incluyendo todas las cosas en esta armonía
por la simple razón de que no hay un segundo poder creador; y cuando
el individuo comprende que este poder, eternamente singular, es la raíz
de su propio ser, que por consiguiente tiene centro en sí mismo y
encuentra expresión a través de él, aprende a confiar en su singularidad
y en la armonía consecuente en él de sus acciones con lo que está
haciendo a su alrededor. Entonces ve que la afirmación: “Yo y mi Padre
somos UNO”, es una deducción necesaria de la comprensión correcta
de los principios fundamentales de ser; y entonces, con base en el
principio de que lo menor debe estar incluido en lo mayor, desea que la
unidad armoniosa de la acción sea mantenida por la adaptación de su
propio movimiento particular con el movimiento mayor del Espíritu,
operando como el Principio Creador a través del gran todo. En esta
manera llegamos a ser centros a través de los cuales las fuerzas
creativas encuentran especialización, por el desarrollo de ese factor
personal, del cual depende siempre la aplicación específica de las leyes
generales. Se forma una suerte específica de individualidad, capaz de
ser el eslabón entre el gran Poder Espiritual del universo y la
manifestación de lo relativo en el tiempo y en el espacio, debido a que
participa continuamente de ambos; y debido a que el individuo de ésta
clase reconoce la singularidad del Espíritu como el punto de partida de
todas las cosas, se esfuerza en retirar su mente de todos los argumentos
derivados de las condiciones externas, ya sean pasadas o presentes y en
fijarla en el movimiento de avance del Espíritu, que él sabe que es
idéntico, tanto en el universo como en sí mismo. Cesa de intentar
dictarle al Espíritu, porque no ve en El una mera fuerza ciega, sino que
lo reverencia como la Inteligencia Suprema; y por otra parte no se
arrastra ante El en duda y temor, porque sabe que El es uno consigo y

112
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Se está realizando a Sí Mismo a través de él y por consiguiente no


puede tener ningún poder antagónico hacia Su propio bienestar
individual. Comprendiendo esto deliberadamente coloca sus
pensamientos bajo la guía del Espíritu Divino, sabiendo que sus actos
exteriores y condiciones deben por esto ser conducidos a estar en
armonía con el gran movimiento de avance del Espíritu, no solamente
en la etapa que ha alcanzado ahora, sino en todas las etapas futuras. No
niega del todo el poder de su propio pensamiento como agente creador
de su propio mundo personal, por lo contrario, es precisamente en el
conocimiento de este hecho que se basa su percepción del verdadero
ajuste en los principios de la Vida, pero por esta misma razón es más
solícito de ser guiado por esa Sabiduría, que puede ver lo que él no
puede ver, de manera tal que su control personal sobre las condiciones
de su propia vida puede ser empleado para su continuo crecimiento y
desarrollo.

En esta manera nuestra afirmación del “Yo Soy” cesa de ser la


afirmación petulante de nuestra personalidad limitada y llega a ser la
afirmación de que el gran YO SOY afirma Su propia SEIDAD
igualmente en nosotros, a través de nosotros y así nuestro uso de las
palabras llega a ser, muy en verdad, el Gran Afirmativo, o aquello que
es la raíz de todo ser, como distinguido de aquello que no tiene ser en sí
sino que es solamente exteriorizado como el vehículo para Su
expresión. Comprenderemos nuestro verdadero lugar como centros
creadores subordinados, perfectamente independientes de las
condiciones existentes, porque el proceso creador es aquel de la
monogénesis y no requiere ningún otro factor aparte del Espíritu para
que pueda ejercerse, pero al mismo tiempo subordinados al Espíritu
Divino en la grandeza de Su inherente movimiento impelente, porque
hay solamente UN Espíritu y no puede ser antagónico desde un centro
hacia lo que está haciendo en otro.

Así la Gran Afirmación nos hace hijos del Gran Rey,


viviendo simultáneamente en obediencia a ese Poder que
está por encima de nosotros y ejerciendo ese mismo poder
sobre todo el mundo de causación secundaria que está por
debajo de nosotros.

113
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Así en nuestra medida y estación cada uno de nosotros recibirá la


misión del YO SOY.

CRISTO, EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no


he venido para abrogar, sino a cumplir” (Mateo 5:17)

“Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que


cree” (ROM. 10:4).

Si estas palabras son la pronunciación de una mera superstición


sectaria, son carentes de valor; pero si son la afirmación de un gran
principio, entonces es digno de investigarse cuál es ese principio. El
cumplimiento de cualquier cosa es conducir a total realización todo lo
que contiene potencialmente y así el cumplir de cualquier ley en su
plenitud, significa expresar todas las posibilidades que hay ocultas en
ella. Este es precisamente el método-que ha producido todos los
avances de la civilización material. Las leyes de la naturaleza son las
mismas ahora que en los días de nuestros incultos antecesores
Anglosajones, pero ellos solamente expresaron una fracción
infinitesimal de las posibilidades que esas leyes contienen: ahora
hemos sacado mucho más de ellas, pero no hemos en manera alguna
agotado sus posibilidades y así continuamos avanzando, no
contradiciendo las leyes naturales, sino realizando más plenamente su
capacidad. ¿Por qué no deberíamos- entonces, de aplicar el mismo
método a nosotros mismos y ver si no hay potencialidades ocultas en la
ley de nuestro propio ser que aún no hemos conducido a su realización?
Hablamos de una buena época que se aproxima y de un mejoramiento
de la raza; pero no reflexionamos que la raza está compuesta de
individuos y que, por consiguiente, el avance real debe ser efectuado
solamente a través del mejoramiento individual y no a través de Actos
del Parlamento; Y por lo tanto el individuo con quien debemos empezar
es nosotros mismos.

La manifestación completa de la Ley de la Individualidad es el fin o


propósito de la enseñanza bíblica concerniente a Cristo. Es una
enseñanza fundamentada en la Ley, espiritual y mental, reconociendo

114
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

completamente que ningún efecto puede ser producido, excepto por la


operación de una causa adecuada; y Cristo es colocado ante nosotros
tanto para explicar las causas como para exhibir la medida plena de los
efectos. Todo esto de acuerdo con la Ley; y la importancia de estar de
acuerdo con la Ley es que la Ley es Universal y las potencialidades de la
Ley están, por lo tanto, inherentes en cada uno; no hay ley especial
para alguien, pero alguien puede especializar la ley, usándola con un
entendimiento más completo en cuanto a lo que puede sacar de ella; y
el propósito de la enseñanza de las Escrituras respecto a Cristo es
ayudarnos a hacer esto.

Las conferencias anteriores nos han conducido paso a paso a ver que el
Espíritu Originador, que trajo primero el mundo a existencia, es
también la raíz de nuestra propia individualidad y está, por
consiguiente, siempre listo, por su naturaleza inherente, a continuar el
proceso creativo a partir de este punto de vista individual, tan pronto
como las condiciones necesarias sean provistas y estas condiciones son
condiciones de pensamiento. Entonces, a través de la realización de la
relación de Cristo con la Mente Originadora, con el Espíritu Paternal o
“Padre”, recibimos un promedio (Standard) de pensamiento que puede
actuar creativamente, haciendo surgir todas las potencialidades de
nuestro ser oculto. Ahora bien, la relación de Cristo con el “Padre” es
aquella de la Idea Arquetípica en la Mente Creadora de todo, de la cual
hemos hablado previamente y así llegamos al concepto de la idea Cristo
como principio universal y como siendo una idea, por consiguiente,
capaz de reproducción en la Mente individual; explicando así el
significado de San Pablo cuando habla de Cristo como siendo formado
en nosotros. Es aquí donde viene el principio de monogénesis, ese
principio que me he forzado en describir en la primera parte de la serie
presente de conferencias como originando la totalidad de la creación
manifestada, por una acción interna del Espíritu sobre Si Mismo; y es
la ausencia total de control de cualquier poder secundario que hace
posible la realización en realidades externas de ideas puramente
mentales. Por esta razón el estudio espiritual sistemático comienza con
la contemplación del cosmos existente y luego transferimos el concepto
del poder monogenético del Espíritu, a partir del cosmos hasta el
individuo y entendemos que el mismo Espíritu es capaz de hacer lo
mismo en nosotros. Este es el Nuevo Pensamiento, el cual con el
tiempo se realizará en el Nuevo Orden y proveeremos así nuevas
condiciones del pensamiento que capacitarán al Espíritu para

115
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

continuar su trabajo creador a partir de un nuevo punto de vista, aquel


de nuestra propia individualidad. Este logro realizado por el Espíritu,
de un nuevo punto de partida, es lo que se significa con la doctrina
esotérica de la Octava. La Octava es el punto de partida de una nueva
serie de duplicaciones del punto de partida de la serie previa en un
nivel diferente, -así -como sucede con las octavas en la notación
musical. Encontramos referencias constantes en las Escrituras a este
principio; la terminación de una serie anterior en el número Siete y la
iniciación de una nueva serie con el número Ocho, el cual toma el
mismo lugar en la segunda serie que el Uno tomó en la primera. La
segunda serie procede de la primera por desarrollo natural y no podría
venir a existencia sin ella, por esto el Primero, o Número Originador de
la segunda serie es el Ocho, si consideramos la segunda serie como la
prolongación de la primera. Siete es la correspondencia numérica de la
manifestación completa porque es la combinación de tres y cuatro, los
cuales representan respectivamente el trabajo completo de los factores
espiritual y material, involución y evolución, y así juntos constituyen el
todo completo. Los estudiantes del Tarot comprenderán aquí el proceso
por el cual el Yod de Yod llega a ser el Yod de He. Es por esta razón que
la creación primaria o cósmica termina en el descanso del Séptimo Día,
porque no puede proceder adelante hasta que un nuevo punto de
partida se encuentre. Pero cuando este nuevo punto de partida es
encontrado en el Hombre, comprendiendo su relación con el “Padre”,
iniciamos una nueva serie y hacemos vibrar la Octava Creadora y por
consiguiente la Resurrección toma lugar, no en el Sabbath o Séptimo
Día, sino en el Octavo Día, el cual entonces llega a ser el Primer Día de
la nueva semana creadora. El principio de la Resurrección es aquel de
la comprensión lograda por el hombre de su individualización del
Espíritu y su reconocimiento del hecho de que, puesto que el Espíritu
es siempre el mismo Espíritu, llega a ser el Alfa de una nueva creación a
partir de su propio centro humano de ser.

Ahora bien, todo esto es necesariamente un proceso interior tomando


lugar en el plano mental; pero si entendemos que el proceso creativo es
siempre primariamente un proceso de involución, o de formación en el
mundo espiritual, comprenderemos algo del significado del Cristo
como “EI Hijo de Dios”, la concentración del Espíritu Universal en una
Personalidad en el plano espiritual, correlativamente con la
individualidad de cada uno de quienes ofrecen las condiciones de
pensamiento necesarias. Para quienes lo comprenden hay entonces,

116
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

descubierta en el Espíritu Universal, la presencia de una Individualidad


Divina, recíproca con aquella del hombre individual; el reconocimiento
de lo cual es la solución práctica de todos los problemas metafísicos
concernientes a la emanación del alma individual a partir del Espíritu
Universal y las relaciones que surgen de allí; porque esto lleva los
asuntos fuera de la región de la especulación intelectual, la cual nunca
es creativa sino solamente analítica, y los transfiere a la región del
sentimiento y de la sensación espiritual que es la morada de las fuerzas
creadoras. Este reconocimiento personal de lo Divino nos proporciona
entonces una nueva base de Afirmación y no necesitamos molestarnos
más en retrotraernos para analizarla, porque sabemos
experimentalmente que está allí; así encontramos ahora el punto de
partida de la nueva creación, listo para nosotros de acuerdo con el
modelo arquetípico de la Mente Divina misma y por lo tanto perfecta y
correctamente formado. Cuando esta verdad es comprendida
claramente, ya sea que lo logremos por un proceso intelectual, o a
través de simple intuición, podemos hacerlo nuestro punto de partida y
proclamar que tenemos nuestro pensamiento impregnado por el poder
creador en base a esto.

Pero extensa como es la concepción lograda así, debemos recordar que


es todavía solamente un punto de partida. En verdad, trasciende
nuestro alcance previo de ideas y presenta así una culminación de la
serie creadora cósmica, que va más allá de esa serie y nos trae así al
número Ocho y a la Octava; pero debido a esto mismo, es el número
Uno de una nueva serie creadora que es personal para el individuo.

Entonces, debido a que el Espíritu es siempre el mismo, debemos


buscar una repetición del proceso creador en un nivel superior y, como
todos sabemos, ese proceso consiste primero en la involución del
Espíritu en la Sustancia y, consecuentemente, de la evolución
subsecuente de la Sustancia en formas que aumentan continuamente
en aptitud como vehículos para el Espíritu: así que ahora podemos
buscar una repetición de este proceso universal desde su nuevo punto
de partida en la mente individual y esperar una externalización
correspondiente, acorde con nuestro axioma familiar de que los
pensamientos son cosas.

Ahora bien, es como tal manifestación externa del Ideal Divino que el
Cristo de los Evangelios es colocado ante nosotros. No deseo

117
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

dogmatizar, pero diré solamente que a más claramente comprendamos


la naturaleza del proceso creativo en el aspecto espiritual, más pierden
sus fuerzas las objeciones corrientes de la narrativa de los Evangelios; y
me parece que negar esa narración como una total imposibilidad es
hacer una afirmación semejante con respecto al poder del Espíritu en
nosotros. Usted no puede afirmar un principio y negarlo en la misma
palabra; y si afirmamos la externalización del poder del Espíritu en
nuestro propio caso, no veo cómo podemos lógicamente establecer un
límite para su acción y decir que bajo condiciones altamente
especializadas no podría producir efectos altamente especializados. Es
por esta razón que San Juan coloca el asunto del Cristo manifestado en
la carne como criterio total (1 Juan IV:2). Si el Espíritu puede
realmente crear, entonces, no se puede limitar la extensión o método
de su operación; y puesto que el fundamento de nuestra expectación de
expansión individual es el ilimitado poder creador del Espíritu,
rechazar el Cristo de los Evangelios como una imposibilidad es quitar el
terreno de debajo de nuestros propios pies. Es una cosa decir: “No
entiendo por qué el Espíritu debe haber operado en esa manera”, esa es
solamente una afirmación honesta de nuestra etapa presente de
conocimiento; o podemos muy bien decir que no nos sentimos
convencidos de que el Espíritu operó en esa manera; esa es una
verdadera confesión de nuestra dificultad intelectual; pero ciertamente
que quienes descansan declaradamente en el poder del Espíritu para
producir resultados externos, no pueden decir que no posee este poder,
o que lo posee solamente en grado limitado; la posición es lógicamente
autodestructiva. Lo que debemos hacer por consiguiente, es suspender
todo juicio y seguir la luz en cuanto nos sea posible verla y poco a poco
se hará más clara para nosotros. Hay, me parece, alturas ocultas en la
doctrina de Cristo, designadas por la Sabiduría Suprema para
contrarrestar las profundidades ocultas del Misterio de las Tinieblas.
No creo que nos sea del todo necesario, o quizá posible, escalar estas
alturas o medir estas profundidades, con nuestra presente inteligencia
infantil, pero si comprendemos cuan completamente la ley de nuestro
ser recibe su plenitud en Cristo, en cuanto conocemos de esa ley, no
sería posible que lleguemos a concebir que existan fases aún más
profundas de esa ley, la existencia de las cuales solamente podemos
suponer ligeramente a través de la intuición? Ocasionalmente solo el
borde del velo es levantado para algunos de nosotros, pero esa mirada
momentánea es suficiente para indicarnos que hay poderes y misterios
más allá de nuestra concepción presente. Pero aún allí la Ley reina

118
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

suprema y por consiguiente tomando a Cristo como nuestro punto de


partida básico, comenzamos con la Ley ya realizada, ya en aquellas
cosas que nos son familiares o en aquellos reinos que se encuentran
más allá de nuestro pensamiento y por lo tanto no necesitamos sentir
temor de mal alguno. Nuestro punto de partida es aquel de la seguridad
ordenada por la divinidad a partir de la cual podemos desarrollarnos
tranquilamente hacia una evolución superior, que es la realización de la
ley de nuestro propio ser.

LA HISTORIA DEL EDEN

Toda la Biblia y la historia total del mundo pasado, presente y futuro


está contenida en embrión en la historia del Edén, porque ellas no son
más que el desarrollo continuo de ciertos grandes principios que están
declarados allí alegóricamente. Que esto no es en manera alguna una
noción nueva está indicado por la siguiente cita de Orígenes: “Quién es
tan tonto y carente de sentido común como para creer que Dios plantó
árboles en el Jardín como un granjero; y plantó allí el árbol de la vida
perceptible a los ojos y a los sentidos, el cual dio vida a quien comió de
él, y otro árbol que le dio al comedor un conocimiento del bien y del
mal? Creo que todos deben considerar esto como figuras bajo las cuales
se oculta un sentido recóndito”. Sigamos, entonces, la sugestión de este
antiguo Padre de la Iglesia e investiguemos cuál puede ser el “sentido
recóndito” ocultado bajo esta figura de los dos árboles. En la superficie
de la historia hay dos raíces, una de Vida y la otra de Muerte, dos
principios fundamentales produciendo resultados diametralmente
opuestos. La marca distintiva del último es que éste es el conocimiento
del bien y del mal, es decir, el reconocimiento de dos principios
antagónicos y requiriendo así un conocimiento de la relación entre ellos
para capacitamos a hacer continuamente los ajustes necesarios para
mantenernos en marcha. Ahora bien, en apariencia esto es plausible.
Parece tan completamente razonable que no percibimos su
destructividad final; y así se nos dice que Eva comió del fruto porque
ella “vio que el árbol era grato a los ojos”. Sin embargo, una cuidadosa
consideración nos mostrará en qué consiste la naturaleza destructiva
de este principio. Está basada en la falacia de que el bien está limitado
por el mal y de que no se puede recibir nada bueno, excepto a través de
la eliminación del mal correspondiente por su comprensión y derrota.
Desde este punto de vista la vida se hace un continuo combate contra
toda imaginable forma de mal y después de que hayamos agobiado

119
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

nuestros cerebros en diseñar precauciones contra todo posible mal,


queda aún la posibilidad, y mucho más que la mera posibilidad, de que
no hayamos en manera alguna agotado la categoría de posibilidades
negativas y que puedan presentarse otras que ninguna cantidad de
prevención de nuestra parte pueda haber imaginado. A más
consideramos esta posición más intolerable se hace, porque desde este
punto de vista no podemos tener nunca base alguna cierta de acción y
las fuerzas del posible mal se multiplican a medida que las
contemplemos. Promulgar ser más listos que todo el mal por nuestro
conocimiento de su naturaleza, es intentar una tarea cuya inutilidad se
hace aparente cuando la vemos en su verdadera luz.

El error es el de suponer que la Vida puede ser generada en nosotros


mismos por un proceso intelectual; sino que, como lo hemos visto en
las conferencias precedentes, la Vida es el movimiento primario del
Espíritu, ya sea en el cosmos o en el individuo. En su orden apropiado
el conocimiento intelectual es sumamente importante y útil, pero su
lugar en el orden del todo no es el de Originador. Este no es Vida en sí
mismo, sino una función de la vida; es un efecto y no la causa. La razón
del por qué esto es así, es porque el estudio intelectual es siempre el
estudio de varias leyes que surgen de las diferentes relaciones de las
cosas entre sí; y por consiguiente, presupone que estas cosas, junto con
sus leyes, ya se encuentran en existencia. En consecuencia, no
comienza desde el verdadero punto de vista creativo, aquel de crear
algo enteramente nuevo, creación ex nihilo, como distinguida de la
construcción o el reunir materiales existentes, que es lo que significa
literalmente la palabra. Reconocer el mal como una fuerza con la que se
debe contar, es por lo tanto, renunciar del todo al punto de vista
creativo. Es renunciar al plano de la Causa Primera y descender al reino
de la causación secundaria y perdernos en medio de la confusión de
una multiplicidad de causas y efectos relativos, sin comprender ningún
principio unificador subyacente.

Ahora bien, la única cosa que puede liberarnos de la inextricable


confusión de una infinita multiplicidad es la realización de una unidad
subyacente, y en el fondo de todas las cosas encontramos la presencia
de un Gran Principio Afirmativo, -sin el cual nada podría tener
existencia. Este, entonces, es la Raíz de Vida; y si le acreditamos como
siendo capaz, no solamente de suplir el poder, sino también la forma
para su manifestación, veremos que no nos es necesario ir más allá de

120
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

este Poder único y singular para la producción de cualquier cosa. Es el


Espíritu produciendo Sustancia a partir de Su propia esencia, y la
Sustancia tomando Forma de acuerdo con el movimiento del Espíritu.
Lo que tenemos que comprender es, no solamente que esta es la
manera como el cosmos es traído a existencia, sino también que debido
a que el Espíritu encuentra un nuevo centro en nosotros, el mismo
proceso se repite en nuestra propia mentalidad y, por consiguiente,
estamos continuamente creando ex nihilo, ya sea que lo sepamos o no.
En consecuencia, si consideramos el mal como una fuerza con la que se
debe contar y que por lo tanto requiere ser estudiada, estamos en
realidad creándola; mientras que por otra parte, si comprendemos que
hay solamente una fuerza para ser considerada y que es absolutamente
buena, estamos, por la ley del proceso creativo, trayendo ese bien a
manifestación. No hay lugar a duda de que para ese uso afirmativo de
nuestro poder creativo es necesario que empecemos partiendo del
concepto básico de un poder originador singular que es absolutamente
bueno y productor de vida; pero si existiera un poder auto-originador
que fuera destructivo, entonces, la creación no hubiera venido a
existencia jamás, porque los poderes auto-originadores positivo y
negativo se cancelan el uno al otro y el resultado sería cero. El hecho,
entonces, de nuestra propia existencia es prueba suficiente de la
singularidad y bondad del Poder Originador y desde este punto de
partida, no hay un segundo poder para tener en consideración y en
consecuencia, no tenemos que estudiar el mal que pueda surgir de
circunstancias existentes o futuras, sino que se requiere mantener
nuestras mentes fijas solamente en el bien que intentamos crear. Hay
una razón muy simple para esto. Es la de que toda nueva creación lleva
necesariamente su propia ley con ella y por esa ley produce nuevas
condiciones de sí misma. Un balón proporciona una ilustración
familiar de lo que quiero significar. El balón posee su propio peso, pero
con la introducción de un nuevo factor, el gas, trae con él una ley
propia que altera completamente las condiciones, y la fuerza de
gravitación es totalmente vencida de manera que la masa total se eleva
en el aire. La Ley misma nunca se altera, pero la hemos conocido
previamente solo bajo condiciones limitantes. Estas condiciones, sin
embargo, no son partes de la ley misma; y una comprensión más clara
de la Ley nos muestra que contiene en sí el poder de trascenderlas. La
Ley que toda nueva creación porta consigo no es por lo tanto una
contradicción de la antigua ley sino su especialización en una
modalidad superior de acción.

121
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Ahora bien, la Ley final es aquella de la producción ex nihilo por el


movimiento del Espíritu dentro de Sí Mismo y todas las leyes
subordinadas son solamente las medidas de las relaciones que se
presentan espontáneamente entre las diferentes cosas cuando son
conducidas a manifestación, y por consiguiente, si una cosa
enteramente nueva es creada, debe necesariamente establecer
totalmente nuevas relaciones y producir así leyes enteramente nuevas.
Esta es la razón del por qué, si consideramos la acción del Espíritu puro
indiferenciado como nuestro punto de partida, debemos confiar en que
El producirá manifestaciones de la ley que, aunque perfectamente
nuevas desde el punto de vista de nuestra experiencia pasada, son tan
completamente naturales en su propia forma como cualquiera que haya
existido antes. Es por esto que en estas conferencias coloco tanto
énfasis en el hecho de que el Espíritu crea ex nihilo, esto es, de formas
no preexistentes, sino simplemente por Su propio movimiento dentro
de Sí Mismo. Si, entonces, esta idea es comprendida claramente, se
sigue lógicamente de ella que la Raíz de la Vida no se encuentra en la
comparación del bien y del mal, sino en la simple afirmación del
Espíritu como el poder todopoderoso Creador del Bien. Y puesto que,
como ya lo hemos visto, este mismo Espíritu creador de todo encuentra
un centro, y un punto fresco de partida de operación, en nuestras
propias mentes, podemos confiar en que seguirá la Ley de Su propio ser
allí, así como en la creación del Cosmos.

Solamente no debemos olvidar que está operando a través de nuestras


propias mentes. El piensa a través de nuestra mente y nuestra mente
debe ser un canal apropiado para esta modalidad de Su operación
conformándose o ajustándose a las amplias líneas genéricas del
pensamiento del Espíritu. La razón para esto es una que he tratado de
imprimir a través de estas conferencias, esto es, que la especialización
de una ley nunca es la negación de ella, sino al contrario, el
reconocimiento pleno de sus principios básicos; y si este es el caso en la
ciencia física ordinaria, debe ser igualmente así cuando llegamos a
especializar la gran Ley de Vida misma. El Espíritu nunca puede
cambiar su naturaleza esencial como esencia de Vida, Amor y Belleza; y
si nosotros adoptamos estas características, las cuales constituyen la
Ley del Espíritu, como la base de nuestro propio pensamiento, y
rechazamos todo lo que sea contrario a ellas, entonces
proporcionaremos las condiciones genéricas amplias para el

122
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

pensamiento especializado del Espíritu a través de nuestras propias


mentes; y el pensamiento del Espíritu es aquel de involución, o el paso
del Espíritu hacia la forma, lo cual es la razón total del proceso creativo.

La mente de que todo el tiempo está siendo formado así es la nuestra


propia. No es un caso de control por una individualidad externa, sino la
expresión plena de lo Universal a través de una mentalidad organizada,
que ha sido siempre una expresión menos perfecta de lo Universal; y
por consiguiente, el proceso es de crecimiento. No estamos perdiendo
nuestra individualidad, sino que estamos haciéndonos a la posesión
plena de nosotros mismos por el reconocimiento consciente de nuestra
participación personal en la gran obra de la creación. Empezamos en
alguna ligera medida a entender lo que la Biblia significa cuando habla
de que somos “partícipes de la naturaleza Divina” (II Pedro 1 :4) y
entendemos el significado de la “unidad del Espíritu” (Efesios lV:3). Es
indudable que esto implicará cambios en nuestras antiguas
modalidades de pensamiento; pero estos cambios no son forzados
sobre nosotros, sino que son producidos naturalmente por el nuevo
punto de vista desde el cual apreciamos las cosas. Casi
imperceptiblemente crecemos hacia el nuevo orden de pensamiento
que procede, no de un conocimiento del bien y del mal, sino del
Principio mismo de la Vida. Eso es lo que hace la diferencia entre
nuestro antiguo pensamiento y el nuevo. Nuestro antiguo pensamiento
estaba basado en la comparación de factores limitados: nuestro nuevo
pensamiento está basado en una comprensión de principios. La
diferencia es como aquella que existe entre las matemáticas del niño,
quien no puede contar más allá del número de manzanas o bolas de
cristal colocadas ante él y aquellas del graduado sobresaliente en
matemáticas que no depende de objetos visibles para sus cálculos, sino
que se sumerge audazmente en lo desconocido porque sabe que está
trabajando con base en principios indudables. En igual manera, cuando
comprendemos el Principio infalible de la Ley Creadora, no nos
encontramos más en necesidad de verlo todo claro y definido de
antemano, porque si así fuera, nunca podríamos ir más allá del radio de
nuestras antiguas experiencias; pero podemos movernos firmemente
hacia adelante porque tenemos la certeza del principio creador con el
cual estamos trabajando, o mejor quizá, Quién está trabajando a través
de nosotros y que nuestra vida, en todos sus más pequeños detalles, es
Su expresión armoniosa. Así que el Espíritu piensa a través de nuestro

123
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

pensamiento, solamente que Su pensamiento es mayor que el nuestro.


Es la paradoja de lo menor conteniendo a lo mayor. Nuestro
pensamiento no carecerá de objeto o será inteligible para nosotros.
Será completamente claro en cuanto concierne al asunto. Sabremos
exactamente lo que queremos hacer y por qué queremos hacerlo y
actuaremos así en una manera razonable e inteligente. Pero lo que no
conocemos es el pensamiento mayor que durante todo el tiempo está
dando origen a nuestro pensamiento menor y el que se manifiesta a
medida que nuestro pensamiento menor progresa hacia la forma.
Entonces veremos gradualmente el pensamiento mayor que nos
impulsó hacia el menor y nos encontraremos trabajando en armonía
con su línea de acción, guiados por la mano invisible del Espíritu
Creador hacia el aumento continuo de grados de vivencia a las cuales
no necesitamos asignar límites, porque son la expansión del Infinito
dentro de nosotros mismos.

Este, según me parece, es el significado oculto de los dos árboles en el


Edén, el Jardín del Alma. Es la distinción entre un conocimiento que es
solamente aquel de la comparación entre las diferentes clases de
condiciones y un conocimiento que es el de la Vida que da nacimiento
a, y por lo tanto controla, las condiciones. Solamente debemos recordar
que el control de las condiciones no es solamente para lograrse por la
autoafirmación violenta, la cual es solamente el reconocerlas como
entidades substantivas con las cuales batallar, sino por la unidad
consciente con ese Espíritu Omnicreador que trabaja silenciosamente,
pero seguramente, en sus propias líneas de Vida, de Amor y de Belleza.

“No por fuerza, ni por Poder, sino por Mi Espíritu, dijo el Señor de las
Legiones”.

EL CULTO DE ISHI

En Oseas 11:16 encontramos esta notable frase: “Y será ese día, dijo el
Señor, que me llamarás Ishi (Marido mío), y no me llamarás más
Baali”; y con ésta podemos acoplar la frase de Isaías LXII: 4: “Serás
llamada Hephzibah, y tu tierra Beulah; porque el Señor se deleita en ti
y tu tierra será cansada”.

En ambos pasajes encontramos un cambio de nombre; puesto que un


nombre presenta algo que corresponde a él, y en realidad solamente

124
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

equivale a una descripción suscinta, el hecho indicado en estos textos


es un cambio de condición que responde a un cambio de nombre.

Ahora bien, el cambio de Baali a Ishi indica una alteración importante


en la relación entre el Ser Divino y el orador; pero debido a que el Ser
Divino no puede cambiar, la relación alterada resulta de un cambio en
el punto de vista del adorador; y este solamente puede proceder de una
manera de considerar a la Divinidad, esto es, de un nuevo orden de
pensamiento concerniente a Ella. Baali significa Señor e Ishi significa
esposo y así el cambio en relación es aquel de una esclava que es
liberada y luego casada con su antiguo amo. No podríamos tener una
analogía más perfecta. En lo relativo al Espíritu Universal el alma
individual es esotéricamente femenina, como lo he indicado en “El
Misterio de la Biblia y el significado Bíblico”, porque su función es
receptiva y formativa. Esto es necesariamente inherente a la naturaleza
del proceso creativo. Pero el desarrollo del individuo como medio
especializador del Espíritu Universal dependerá enteramente de su
propia concepción de su relación con El. En tanto lo considere como un
poder arbitrario, algo así como propietario de un esclavo, se encontrará
en la posición de un esclavo, manejado por una fuerza inescrutable, sin
saber en qué dirección ni para qué propósito. Puede adorar a tal Dios,
pero su culto es solamente el culto del temor y de la ignorancia y no hay
interés personal en el asunto, excepto el de escapar a algún castigo
temido. Tal adorador escaparía felizmente de su tal divinidad, y de su
culto el cual, cuando analizado, sería encontrado como nada menos que
odio disfrazado. Este es el resultado natural de un culto basado en las
tradiciones inexplicadas, en vez de en principios inteligibles, y es el
opuesto mismo de ese culto en Espíritu, y en verdad, que Jesús llamó al
verdadero culto.

Pero cuando la luz comienza a hacerse en nosotros, todo esto se


cambia. Vemos que un sistema de terrorismo no puede dar expresión al
Espíritu Divino, y comprendemos la verdad de las palabras de San
Pablo: “Quien no nos ha dado el espíritu de temor, sino de poder, de
amor y de una mente cabal”. A medida que la verdadera naturaleza de
la relación entre la mente individual y la Mente Universal se hace más
clara, encontramos que esta es una acción y reacción mutua, una
perfecta reciprocidad, que no puede estar mejor simbolizada que por
una relación afectuosa entre esposo y esposa. Todo es hecho a partir del
amor y no de la obligación, hay una perfecta confianza en ambos lados

125
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

y ambos son igualmente indispensables el uno para el otro. Esto es


simplemente llevar a cabo la máxima fundamental de que lo Universal
no puede actuar en el plano de lo Particular excepto a través de lo
Particular; solamente este axioma filosófico lo desarrolla en un cálido
intercambio viviente.

Esta es la posición del alma que está indicada por el nombre de


Hephzibah. En común con todas las otras palabras derivadas de la raíz
semítica “hafz” implica la idea de guardar, así como en el Oriente un
hafiz es quien guarda la letra del Corán, aprendiendo todo el libro de
memoria, y en muchas expresiones semejantes. Hephzibah, puede, en
consecuencia, traducirse como “uno guardado”, recordando así la
descripción en el Nuevo Testamento de quienes son “guardados en
salvación”. Es precisamente este concepto de ser guardado por un
poder superior el que distingue el culto de Ishi del de Baali. Una
relación especial ha sido establecida entre el Espíritu Divino y el alma
individual, una de absoluta confianza y de intercambio personal. Esto
no requiere separación alguna de la ley general del universo, sino que
es debido a aquella especialización de la ley por medio de la
presentación de las condiciones especiales personales del individuo, de
las que he hablado antes. Pero nunca ha sucedido actitud mental del
individuo; él ha llegado a un nuevo pensamiento, a una nueva
percepción más clara de Dios. Ha afrontado las preguntas: ¿Qué es
Dios? ¿Dónde está Dios? ¿Cómo opera Dios? y ha encontrado la
respuesta en la frase apostólica de que Dios está “sobre todo, a través
de todo y en todo” y comprende que “Dios” es la raíz de su propio ser,
siempre presente en él, siempre operando a través de él y presente
universalmente alrededor de él.

Esta comprensión es la verdadera relación entre el Espíritu Originador


y la mente del individuo, es aquella que se menciona esotéricamente
como el Matrimonio Místico, en el cual los dos han dejado de ser
separados y se han hecho uno. En efecto ellos fueron siempre uno, pero
puesto que solamente podemos comprender cosas desde el punto de
vista de nuestra propia conciencia, es el reconocimiento del hecho lo
que la hace una realidad práctica para nosotros. Pero un
reconocimiento inteligente nunca causará confusión de las dos partes
de las cuales consiste el todo, y no conducirá nunca al individuo a
suponer que está manejando una fuerza ciega, o que una fuerza ciega lo

126
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

está manejando a él. Ni destronará a Dios, ni se perderá a sí mismo por


absorción en la deidad, sino que reconocerá la reciprocidad de lo
Divino y de lo humano como resultado natural y lógico de las
condiciones esenciales del proceso creador.

¿Y cuál es el Todo que es creado así? Es nuestra propia personalidad


consciente; y por consiguiente, cualquier cosa que saquemos del
Espíritu Universal adquirirá en nosotros la cualidad de la personalidad.
De ese proceso de diferenciación de lo universal en lo particular, es de
lo que he hablado tan frecuentemente, y el cual, a través de una tosca
analogía, podemos comparar con la diferenciación del fluido eléctrico
universal en modalidades específicas de poder, debido a su paso a
través de aparatos apropiados. Es por esta razón, que en lo relativo a
nosotros, el Espíritu Universal debe necesariamente asumir un aspecto
personal y ese aspecto que asumirá estará en correspondencia exacta
con nuestro propio concepto de El. Esto se encuentra de acuerdo con
leyes mentales y espirituales inherentes a nuestro propio ser, y es por
esto que la Biblia busca construir nuestro concepto de Dios sobre líneas
tales que nos liberan de todo temor al mal y nos dejan así en libertad de
usar afirmativamente el poder creador de nuestro pensamiento, desde
el punto de vista de una mente calmada y sin problemas. Este punto de
vista puede ser alcanzado solamente yendo más allá del radio de
sucesos del momento, y esto solamente puede hacerse por el
descubrimiento de nuestra relación inmediata con la fuente
indiferenciada de todo bien. Coloco énfasis en estas palabras
“inmediato” e “indiferenciado”, porque en ellas está contenido el
secreto de toda la posición. Si no podemos extraer en manera
inmediata del Espíritu Universal, nuestro recibir estaría sujeto a las
limitaciones del canal a través del cual nos llega; y si la fuerza que
recibimos no estuviese diferenciada en sí misma no podría tomar forma
apropiada en nuestras mentes y llegar a ser para cada uno de nosotros
exactamente lo que requerimos que sea. Es este poder del alma
humana, de diferenciar ilimitadamente del Infinito, lo que estamos
aptos a olvidar, pero a medida que llegamos a comprender que el alma
es en si misma una reflexión e imagen del Espíritu Infinito, y un claro
reconocimiento del proceso creativo cósmico muestra que no puede ser
otra cosa, encontramos que debe poseer este poder y que en realidad es
nuestra posesión de este poder lo que constituye la total raison d’etre
del proceso creativo: Si el alma humana no poseyera un poder ilimitado
de diferenciación del Infinito, entonces el Infinito no podría ser

127
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

reflejado en ella y consecuencialmente el Espíritu Infinito no


encontraría salida para su reconocimiento consciente de Si Mismo
como la Vida, el Amor y la Belleza que El Es. Nunca podemos examinar
con la suficiente profundidad la definición esotérica de Espíritu como
“el poder que se conoce a Sí Mismo”. El secreto de todas las cosas,
pasadas, presentes y futuras está contenido en estas pocas palabras. El
autorreconocimiento y auto contemplación del Espíritu es el
movimiento primario del cual procede toda la creación, y la realización
en el individuo de un centro fresco para autorreconocimiento es lo que
el Espíritu gana en el proceso; esta ganancia acreditada al Espíritu es a
lo que se refieren las parábolas donde el Señor es representado como
recibiendo aumento de parte de sus sirvientes.

Cuando el individuo percibe esta relación de sí mismo con el Espíritu


Infinito, encuentra que se ha elevado de una posición de esclavitud a
una de reciprocidad. El Espíritu no puede actuar sin él más de lo que él
puede actuar sin el Espíritu. Los dos son tan necesarios el uno al otro
como las dos polaridades de una batería eléctrica. El Espíritu es la
esencia ilimitada de Amor, Sabiduría y Poder todos tres en uno
indiferenciado y esperando ser diferenciados por apropiación, esto es,
por la solicitud individual para ser el canal de su diferenciación.
Solamente se requiere hacer la solicitud con el reconocimiento de que
por medio de la Ley de Ser responderá seguramente, y el sentimiento
correcto, la visión correcta y el trabajo correcto para el asunto
particular que tenemos a mano fluyan en manera totalmente natural.
Nuestros antiguos enemigos, la duda y el temor, pueden tratar de
traernos de regreso bajo la limitación de Baali, pero nuestro nuevo
punto de vista del reconocimiento del Espíritu Originador de todo
como absolutamente unificado con nosotros, debe mantenerse siempre
resueltamente en la mente; porque si nos quedamos cortos en esto, no
estaremos operando al nivel creador, estaremos creando, en verdad,
porque nunca podemos separarnos de nuestro poder creador, pero
estaremos creando en la imagen de las antiguas condiciones limitantes
y destructivas y esta es solamente la perpetuación de La Ley Cósmica
de los Promedios, que es precisamente sobre la cual tiene que elevarse
el individuo. El nivel creador es donde las nuevas leyes comienzan a
manifestarse en un nuevo orden de condiciones, algo que trasciende
nuestras experiencias pasadas y por consiguiente produciendo un
avance verdadero; porque no hay avance solamente en repetir lo
antiguo aunque lo repitamos durante siglos: es la marcha firme de la

128
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

naturaleza del espíritu avanzando lo que ha hecho del mundo de hoy


algo mejor que el mundo de los pterodáctilos y de los ictiosauros, y
debemos buscar el mismo movimiento de avance del Espíritu actuando
desde su nuevo punto de partida en nosotros mismos.

Ahora bien, esta relación especial, personal e individual con el Espíritu


es lo que está representando por los nombres de Ishi y Hephzibah.
Desde este punto de vista podemos decir que a medida que el individuo
despierta a la unidad con el Espíritu, el Espíritu despierta a la misma
cosa. Se hace consciente de Sí Mismo a través de la consciencia del
individuo y así se soluciona la paradoja del autorreconocimiento
individual del Espíritu Universal, sin el cual ningún nuevo poder
creador podría ser ejercido y todas las cosas continuarían procediendo
solamente de acuerdo con solo el antiguo orden cósmico. Naturalmente
que es verdad que en el orden meramente genérico el Espíritu debe
estar presente en toda forma de Vida, como lo indicó el Maestro cuando
dijo que ningún gorrión cae al suelo sin la intervención “del Padre”.
Pero si los gorriones a los que él alude hubiesen sido muertos y
estuviesen en venta a un precio que indica que es el destino de una
buena cantidad de ellos, vemos en esta precisamente una etapa de
manifestación donde el Espíritu no ha despertado al
autorreconocimiento individual y permanece al nivel inferior de
autorreconocimiento, en aquel del espíritu genérico o de raza. El
comentario del Maestro: “Vosotros sois de mayor valor que muchos
gorriones”, indica esta diferencia: en nosotros la creación genérica ha
alcanzado el nivel que proporciona las condiciones para el
despertamiento del Espíritu al auto-reconocimiento en el individuo.

Y debemos recordar que todo esto es perfectamente natural. No hay


toma de pose o esfuerzo en busca de efecto en cuanto a ello. Si tiene
que inflar la Vida, ¿quién va a colocar la Vida en usted para inflarla?
Por consiguiente, es espontáneo o nada. Por esto es que la Biblia habla
de ello como del don de Dios. No puede ser ninguna otra cosa. Usted no
puede originar la fuerza originadora; ella debe originarlo a usted; pero
lo que usted puede hacer es distribuirla. Por lo tanto, inmediatamente
experimente cualquier sentido de fricción, puede estar seguro de que
hay algo erróneo en alguna parte; y puesto que Dios no puede cambiar
nunca, usted debe estar seguro de que la fricción está siendo causada
por algún error en su propio pensamiento, usted está limitando al

129
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Espíritu en alguna manera; póngase al trabajo de descubrir lo que es.


Es siempre el limitar el Espíritu lo que causa esto. Usted lo está atando
a condiciones en alguna parte, diciendo que es en razón de algunas
formas existentes. El remedio es regresar al punto original de partida
de la Creación Cósmica y preguntar: ¿Dónde estaban las formas
preexistentes que entonces dictaron al Espíritu? Puesto que el Espíritu
nunca cambia es todavía él mismo y es tan independiente de
condiciones existentes ahora como lo fue en el comienzo; y así es que
debemos pasar por sobre las condiciones existentes, sin importar cuán
adversas sean aparentemente e ir directamente hacia el Espíritu como
originador de nuevas formas y nuevas condiciones. Este es verdadero
Nuevo Pensamiento, porque no se ocupa de las cosas antiguas sino que
va directamente hacia adelante a partir de donde estamos ahora.

Cuando hacemos esto, solamente confiando en el Espíritu, y no


estableciendo los detalles particulares de su acción, solamente
diciéndole lo que queremos, sin dictarle como debemos obtenerlo,
encontraremos que las cosas se mostrarán más y más claramente día a
día, tanto en el plano interno como en el externo.

Recuerde que el Espíritu está vivo y operando aquí y ahora, porque si


alguna vez el Espíritu ha de ir del pasado hacia el futuro debe ser
pasando a través del presente; por lo tanto lo que usted tiene que hacer
es adquirir el hábito de vivir directamente del Espíritu aquí y ahora.
Pronto encontrará que este es un asunto de intercambio personal,
perfectamente natural y que no requiere ningunas condiciones
anormales para su producción. Simplemente trate al Espíritu como lo
haría con cualquier otra persona de sensible corazón bondadoso,
recordando que está siempre allí, “más cerca que las manos y los pies”,
como dice Tennyson, y comenzará gradualmente a apreciar su
reciprocidad como un verdadero hecho práctico.

Esta es la relación de Hephzibah con Ishi y es aquella del culto en


Espíritu y en verdad, que no necesita ni el templo en Jerusalén ni en
Samaria para su aceptación, porque todo el mundo es el templo del
Espíritu y usted mismo es Su Santuario. Mantenga esto en mente y
recuerde que nada es demasiado grande o demasiado pequeño,
demasiado interior o demasiado exterior, para el reconocimiento y
operación del Espíritu, porque el Espíritu es en Si Mismo tanto la Vida
como la Sustancia de todas las cosas y es, también, el Auto-

130
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

reconocimiento desde el punto de vista de su propia individualidad; y


por consiguiente, debido a que el Autorreconocimiento del Espíritu es
la Vida del proceso creador, por el simple hecho de confiar en el
Espíritu usted podrá trabajar de acuerdo con su propia naturaleza,
pasar más y más completamente hacia ese Nuevo Orden que Procede
de El, Quien dice: “Mirad Yo hago todas tas cosas nuevas”.

EL PASTOR Y LA PIEDRA

La metáfora del Pastor y la Oveja es de ocurrencia constante a lo largo


de la Biblia y naturalmente sugiere la idea de guiar, vigilar y alimentar,
tanto a la oveja individual como al rebaño completo, y no es difícil ver
la correspondencia espiritual de estas cosas en una manera general.
Pero encontramos que la Biblia combina la metáfora del Pastor con
otra metáfora, aquella de “la Piedra” y a primera vista las dos parecen
algo incongruas.

“De allí es el Pastor la Piedra de Israel”, dice el Antiguo Testamento


(Génesis 49:24), (Nota del Traductor: La versión de Casiodoro de
Reina, revisada por Cipriano de Valera dice: “De allí el pastor, y la
piedra de Israel”) y Jesús se llamó a sí mismo: “El Buen Pastor” y “La
Piedra rechazada por los constructores”. El Pastor y la Piedra se
encuentran identificados y así podemos, por consiguiente, buscar la
interpretación en algún concepto que combina los dos. Un pastor
sugiere el cuidado personal por el bienestar de las ovejas y una
inteligencia mayor que la de ellas. Una piedra sugiere la idea de
construcción y en consecuencia, de medida, adaptación de partes al
todo, y construcción progresiva de acuerdo con un plan. Combinando
estos dos conceptos llegamos a la idea de la construcción de un edificio
cuyas piedras son personas, cada una tomando su parte más o menos
consciente en la construcción; así, pues, un edificio, no construido del
exterior, sino auto formado por un principio de crecimiento, a partir de
lo interno, bajo la guía de una Sabiduría Suprema que penetra la
totalidad y la conduce etapa por etapa hacia la integridad final. Esto
indica hacia un Orden Divino en los asuntos humanos con el cual
podemos cooperar más o menos conscientemente; en ambas formas,
hacia nuestra ventaja personal o hacia la promoción del esquema
mayor de evolución humana como Un todo. El propósito final siendo el
establecimiento en todos los hombres de ese principio de ‘la Octava” al

131
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

que ya he aludido antes. Y en proporción, a medida que algún esbozo


de este principio es comprendido por los individuos, o por grupos de
individuos, estos especializan la ley de desarrollo racial, aunque muy
bien no pueden ser perceptivos de este hecho, y se colocan así bajo una
operación especializada de la Ley fundamental, la cual les diferencia
consecuentemente de otros individuos y nacionalidades, como a través
de una guía peculiar, produciendo desarrollos superiores que la mera
operación genérica de la Ley no podría lograr.

Ahora bien, si mantenemos establemente en la mente que aunque el


propósito, o Ley de Tendencia, o el Espíritu Originador, tiene siempre
que ser universal en su naturaleza, debe necesariamente ser individual
en su operación, podremos ver que este propósito universal puede ser
realizado solamente a través de la instrumentalidad de medios
específicos. Esto resulta de la proposición fundamental de que lo
Universal puede trabajar solamente sobre el plano de lo Particular
haciéndose lo individual y particular; y cuando comprendemos el
concepto de que la mera operación genérica de la Ley Creativa ha
conducido ahora a la raza humana hasta el punto que le es posible, esto
es decir que ha desarrollado completamente al simple genus homo
natural, se desprende que si cualquier desarrollo posterior toma lugar,
puede ser solamente a través de la cooperación del individuo mismo.
Es hacia el despliegue de esta cooperación individual hacia lo cual nos
está conduciendo ahora al movimiento progresivo del Espíritu, y es a la
extensión gradual de este principio universal a lo que se alude en la
profecía de Daniel, respecto a la Piedra cortada sin ayuda de las manos
y que se expande hasta que llena toda la tierra (Daniel 2:34 y 45). De
acuerdo con la interpretación dada por Daniel, esta Piedra es el
emblema de un Reino espiritual, y la identidad de la Piedra y del Pastor
indica que el Reino de la Piedra debe ser también el Reino del Pastor; y
el Maestro, quien se identificó tanto con la Piedra como con el Pastor,
declaró enfáticamente que este Reino era, en su esencia, un Reino in
tenor: “el Reino de los Cielos está dentro de vosotros”. Debemos por lo
tanto, buscar su fundamento en un principio espiritual o en una ley
mental inherente a la constitución de todos los hombres, pero
esperando ser conducido a desarrollo más pleno por medio de un
acatamiento más exacto de sus requisitos esenciales; lo cual es
precisamente el método por el cual la ciencia ha evocado poderes
procedentes de las leyes de la naturaleza, que no fueron ni soñados en

132
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

edades anteriores; y en manera semejante el reconocimiento de nuestra


verdadera relación con el Espíritu Universal, el cual es la causa de todo
ser individual, debe conducir a un avance tal, tanto para la raza como
para el individuo, del que escasamente podemos formarnos una idea en
el presente, pero que apreciamos vagamente a través de la intuición y
del que hablamos como el Nuevo Orden.

El acercamiento de este Nuevo Orden está haciéndose sentir


veladamente en todas partes; se encuentra como dice el Francés, en el
aire y la misma vaguedad y misterio que le acompañan está causando
un sentimiento de inquietud en cuanto a la forma que pueda asumir.
Pero para el estudiante de la Ley Espiritual no es este el caso. El sabe
que la Forma es siempre la expresión del Espíritu, y por lo tanto,
puesto que se encuentra en contacto con el movimiento progresivo del
espíritu, sabe que él mismo estará siempre incluido armoniosamente
en cualquier forma de desarrollo que pueda tomar el Gran Movimiento
de Progreso. Este es el beneficio práctico y personal que nace de la
comprensión del Principio que está simbolizado por la doble metáfora
del Pastor y de la Piedra. Y en todos esos nuevos desarrollos que se
encuentran, quizá ahora mismo, dentro de distancia mesurable,
podemos descansar en el conocimiento de que nos encontramos bajo el
cuidado de un Pastor bondadoso y bajo el proceso formativo de un
Maestro Constructor sabio.

Pero el principio del Pastor y de la Piedra no es algo de lo que no se


había oído hasta ahora, o que solamente vendrá a existencia en el
futuro. Si no hubiera manifestaciones de este principio en el pasado,
podríamos preguntarnos si en realidad existe tal principio; pero un
cuidadoso estudio del asunto nos indicará que ha estado operando en
todas las edades, algunas veces en modalidades que muestran más
inmediatamente el aspecto del Pastor, y algunas veces en modalidades
presentando más claramente el aspecto de la Piedra, aunque la una
siempre implica la otra, porque son la misma cosa vista desde
diferentes puntos de vista. Esta materia es de un inmenso interés, pero
cubre tan amplio alcance de estudio que todo lo que puedo hacer aquí
es indicar que tal campo de investigación existe y es digno de
exploración; y la exploración trae su compensación con ella, no
solamente colocándonos en posesión de la historia del pasado, sino
mostrándonos que esta es la clave, también, de la historia del futuro y

133
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

además haciendo evidente en escala mayor la operación del mismo


principio de Ley Espiritual, de que a través de nuestra cooperación con
ella podemos facilitar el proceso de nuestra propia evolución
individual. Así añade un vívido interés a la vida, proporcionándonos
algo digno hacia lo cual mirar y presentándonos un futuro personal que
no está limitado por la proverbial cuenta de tres y diez años.

Ahora bien, hemos visto que la primera etapa en el Proceso Creativo es


siempre aquella del Sentimiento, del esfuerzo del Espíritu en una
dirección particular y por lo tanto podemos buscar algo de la misma
clase en el desarrollo del gran principio que estamos considerando
ahora. Y encontramos este primer vago movimiento de este gran
principio en las intuiciones de una raza particular, que parece haber
combinado desde tiempo inmemorial las dos características del vagar
nómada con sus rebaños y manadas y la simbolización de sus creencias
religiosas en monumentos de piedra. Los monumentos mismos han
tomado diferentes formas en diferentes países y edades, pero la
identidad de su simbolismo se hace más clara a la luz de una cuidadosa
investigación. Junto con su simbolismo encontramos siempre el
carácter nómada de los constructores en el hecho de que están
investigados con un aura de misterio y romance, tales como no se
encuentran en ninguna otra parte, pero siempre podemos encontrarla
rodeando a estos constructores, hasta en países tan separados como la
India e Irlanda. Luego, cuando pasamos más allá de la etapa
meramente monumental, encontramos rastros de evidencia histórica
relacionando las diferentes ramas de esta raza, creciendo en su
complejidad y fortaleciendo su fuerza acumulativa a medida que
avanzamos, hasta que por último somos conducidas a la historia en la
cual vivimos; y finalmente las más asombrosas afinidades del lenguaje
colocan un toque final a la masa de pruebas que puedan reunirse a lo
largo de estas diferentes líneas. En este círculo mágico, países tan
remotos el uno del otro como Irlanda, Grecia, Egipto, Palestina y
Persia, son traídos a estrecha contigüidad, una tradición similar y hasta
una nomenclatura similar, une a los misteriosos constructores de la
Gran Pirámide con los, igualmente misteriosos, constructores de las
Torres Circulares de Irlanda; y la Gran Pirámide misma, quizá anterior
a la llamada de Abraham, aparece como el sello oficial de las Estados
Unidos; mientras la tradición traza la piedra de coronación de la
Abadía de Westminster al tiempo del Templo de Salomón y aún antes.
Porque la mayor parte de los pueblos, antes errantes, se han

134
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

establecido ahora en sus hogares destinados, pero la raza Anglosajona,


el Pueblo de la Piedra Angular, es todavía la pionera entre las naciones,
y hay algo esotérico en la antigua broma de que cuando se llegue al Polo
Norte se encontrará a un Escocés allí. Y no menor en la cadena de
evidencia es el eslabón proporcionado por una tribu de seres errantes
todavía, los Gitanos con su duplicado de la Pirámide en un paquete de
cartas, un volumen que ha sido llamado “El Libro de las Pinturas del
Diablo”, por quienes lo conocen solamente en su uso equivocado y en
su inversión, pero que cuando interpretado a la luz del conocimiento
que estamos obteniendo ahora, proporciona un ejemplo notable de esa
divina política por la cual, como dice San Pablo, Dios emplea las cosas
tontas de este mundo para confundir al sabio; mientras que una
verdadera comprensión de los Gitanos indica su conexión inequívoca
con esa raza que a través de su vida errante ha sido siempre el guardián
de la Piedra.

En estos pocos parágrafos he podido solamente indicar muy


brevemente las extensas líneas de investigación que conducen hacia
una materia de importancia nacional para los pueblos de Bretaña y
América y los cuales nos interesan personalmente, no solamente como
miembros de estas naciones, sino porque proporcionan prueba, en la
mayor escala posible, de la misma especialización de las leyes
universales que cada uno de nosotros tiene que efectuar
individualmente para sí mismo. Pero ya sea el proceso individual o
nacional es siempre el mismo, y es la traducción al plano más superior,
a aquel de la Vida Omnioriginadora, de la antigua máxima de que “la
Naturaleza nos obedecerá exactamente en proporción a nuestra
obediencia previa a la Naturaleza”; esta es la antigua parábola del señor
quien, encontrando a sus servidores ceñidos y esperándole, se ciñe él
mismo y les sirve (Lucas 12:35 a 37). La nación o el individuo que
realiza así el verdadero principio del Pastor y de la Piedra, se coloca
bajo guía y protección Divina especial, no por un favoritismo
incompatible con el concepto de la Ley universal, sino por la operación
misma de la Ley. Se ha colocado en contacto con sus posibilidades
superiores, y para recurrir a una analogía que ya he empleado antes,
aprender a hacer flotar su hierro por la misma ley por la cual se hunde;
y así se hacen el rebaño del Gran Pastor y el edificio del Gran
Arquitecto, y cada uno, no importa lo insignificante que pueda parecer
su esfera, llega a ser partícipe en la gran obra y por consecuencia lógica,
empieza a crecer sobre nuevas líneas de desarrollo por la simple razón

135
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

de que un nuevo principio produce necesariamente nuevas


modalidades de manifestación. Si el lector piensa estas cosas podrá ver
que las promesas contenidas en la Biblia, ya en lo nacional o en lo
personal, no son más que afirmaciones de la ley universal de Causa y
Efecto, aplicada a los principios más internos de nuestro ser y que, por
consiguiente, no son mera rapsodia, sino la expresión figurativa de una
gran verdad cuando el Salmo dice: “El Señor es mi Pastor” y “Sois mi
Dios y la Roca de mi salvación”

LA SALVACION ES DE LOS JUDIOS

¿Qué significa este decir del Maestro? Ciertamente que no la mera


suposición arrogante en favor de Su propia nacionalidad. Tal idea es
negada, no solamente por lo universal de todas sus otras enseñanzas,
sino también por la instrucción misma en la cual ocurren estas
palabras, porque El declaró que el templo Judío era igualmente con el
Samaritano de ninguna importancia en el asunto. Dijo que el verdadero
culto era puramente espiritual y enteramente independiente de lugares
y ceremonias, mientras que a la vez hizo énfasis en la expectación Judía
de un Mesías, así que en esta enseñanza nos encontramos con la
paradoja de un principio universal combinado con lo que, a primera
vista, parece ser una tradición de tribu totalmente incompatible con
cualquier reconocimiento del reino universal de la ley. Así que
reconciliar estos opuestos aparentes, parece ser el problema que ha
colocado aquí ante nosotros. La solución se encuentra en aquel
principio que he tratado de dilucidar a lo largo de estas conferencias, la
especialización de la ley universal. Pueden diferir las opiniones en
cuanto a la narración Bíblica del nacimiento de Cristo, si esta es
tomada literal o simbólicamente, pero no puede, creo, haber diferencia
de opinión en cuanto al principio espiritual implicado. Este es aquel de
la especialización, por el individuo, de la relación genérica del alma con
el Espíritu Infinito del cual procede. La relación misma es universal y
resulta de la naturaleza misma del proceso creativo, pero la ley de la
relación universal admite de la especialización particular exactamente
en la misma manera que todas las otras leyes naturales; es solamente
aplicando a la Ley suprema de la Vida el mismo método por el cual
hemos aprendido a hacer que el hierro flote, es decir, por el
reconocimiento plano de lo que la Ley es en Sí Misma. Cualesquiera
otros significados que podamos dar al sustantivo Mesías, significará

136
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

indudablemente la representación absolutamente perfecta en el


individuo de todas las infinitas posibilidades del Principio de Vida.

Ahora bien, Jesús hizo esa afirmación debido a que este gran ideal
constituyó la base sobre la cual se fundó la nacionalidad Hebrea. Este
fundamento ha sido lamentablemente mal comprendido por el pueblo
Judío pero, sin embargo, no importa cuán imperfectamente, todavía es
sostenido por él, y a partir de este pueblo el ideal se ha esparcido por el
mundo Cristiano. Aquí, también, este ideal continuó siendo
lamentablemente concebido en error, no obstante, es todavía retenido,
y solamente es necesario reconocerlo en su verdadera luz como un
principio universal, en vez de como dogma ininteligible, para la
salvación del mundo. De ahí, debido a que ha proporcionado el medio a
través del cual este ideal supremo se ha preservado y esparcido, es
verdad que “La salvación es de los Judíos”.

Su idea fundamental era correcta pero su entendimiento de ella fue


incorrecto; esa es la razón de por qué el Maestro, a la vez, arrolla con
todo el culto nacional del templo y preserva la idea nacional del Mesías;
y esto es igualmente verdad del mundo Cristiano en el presente. Si la
salvación es algo real, debe tener su origen, en alguna ley y si hay una
ley ésta debe estar fundamentada en algún principio universal; por lo
tanto, es este principio el que debemos buscar si hemos de entender
esta enseñanza del Maestro.

Ya sea que tomemos la historia Bíblica del nacimiento de Cristo literal


o simbólicamente, enseña una gran lección. Enseña que el Espíritu
Originador de Todo es el verdadero Padre de lo individual, tanto en
alma como en cuerpo. Esto es apenas comprender desde el punto de
vista del individuo lo que no podemos dejar de entender en relación
con la creación original del cosmos; es la comprensión de que el
Espíritu Originador de Todo es a la vez la Vida y la Sustancia en cada
individuo aquí y ahora, exactamente como debe haberlo sido en el
origen de todas las cosas. El parentesco humano no cuenta para nada,
este es solamente el canal a través del cual el Espíritu Universal ha
actuado para la concentración de un centro individual; pero la causa
final de ese centro, tanto en la vida como en la sustancia, continúa en
todo momento siendo el mismo Espíritu Originador Uno.

137
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Este reconocimiento cercena la raíz de todo poder de lo negativo, y así


en principio nos libera de todo mal, porque la raíz del mal es la
negación del poder del Espíritu para producir el bien. Cuando
comprendemos que el Espíritu está encontrando su propia
individualización en nosotros, en su doble esencia como Vida y
Sustancia, entonces veremos que puede y está queriendo crear todo lo
bueno para nosotros. El único límite es aquel que nosotros mismos nos
imponemos al negar Su operación. Cuando comprendemos la
creatividad inherente del Espíritu encontramos que no hay razón para
quedarnos cortos en punto alguno y decir que no se puede ir más
adelante. Nuestro error está en considerar la vida del cuerpo como
separada de la vida del Espíritu y este error es corregido por la
consideración de que, en su naturaleza final, la Sustancia debe emanar
del Espíritu y que ésta es solamente el registro de la concepción que el
Espíritu tiene de Sí Mismo, encontrando expresión en el espacio y en el
tiempo. Cuando esto se hace claro se sigue que no es del todo necesario
tomar en consideración la Sustancia. La forma material está en la
misma relación con el Espíritu que la imagen proyectada sobre una
pantalla lo está con la transparencia del proyector. Si queremos
cambiar el asunto exhibido no manipulamos la reflexión que se
encuentra sobre la pantalla, sino que cambiamos la transparencia; y en
manera semejante, cuando llegamos a comprender la verdadera
naturaleza del proceso creativo, aprendemos que las cosas exteriores
deben cambiarse por un cambio en la actitud espiritual interior.
Nuestra actitud espiritual estará siempre determinada por nuestro
concepto de la relación que tenernos con Dios o con el Espíritu Infinito;
y así, cuando empezamos a ver que esta relación es una de absoluta
reciprocidad, que es el autorreconocimiento del Espíritu Infinito desde
nuestro propio centro de consciencia, entonces descubrimos que todo
el secreto de la Vida consiste en la simple confianza en el Espíritu
Omnicreador como identificándose conscientemente con nosotros. El
ha, por así decir, despertado a una nueva modalidad de
Autorreconocimiento peculiar a nosotros, en la que individualmente
formamos el centro de Su energía creativa. Comprender esto es
especializar el Principio de Vida. La lógica de ello es simple. Hemos
encontrado que el movimiento originador del Espíritu, de donde
procede toda creación, solamente puede ser Auto contemplación.
Entonces, puesto que el Espíritu Original no puede cambiar Su
naturaleza, Su Auto contemplación a través de nuestras propias
mentes, debe ser tan creativa en, para, y a través de, nosotros como lo

138
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

fue en un principio; y en consecuencia, encontramos el proceso creativo


original repetido en nosotros y dirigido por el pensamiento consciente
de nuestras propias mentes.

En todo esto no hay lugar para la consideración de las condiciones


externas, ya sean de cuerpo, o de circunstancias; porque ellas son
solamente efectos y no la causa; y por consiguiente, cuando alcanzamos
este punto de vista cesamos de considerarlas en nuestros cálculos. En
vez de ello empleamos el método de auto contemplación, sabiendo que
este es el método creativo y así nos contemplamos como aliados con el
infinito Amor y Sabiduría del Espíritu Divino, el cual tomará forma a
través de nuestro pensamiento consciente y actuará así creativamente
como una Providencia Especial, dedicada enteramente a guardarnos,
guiarnos, proveernos, e iluminarnos. Todo el asunto es perfectamente
natural cuando es considerado a partir de un reconocimiento claro de
lo que la operación creativa del Espíritu debe ser en sí misma; y cuando
esto es comprendido en esta manera perfectamente natural, toda
tensión y esfuerzo para compeler su acción cesa: estamos unificados
con el Poder Omnicreador que ha encontrado ahora un nuevo centro en
nosotros, desde el cual continuar Su proceso creativo hacia más
perfecta manifestación que aquella que podría obtenerse por medio de
las condiciones genéricas, no especializadas, del orden meramente
cósmico.

Ahora bien, esto es lo que representa el Mesías, y por lo tanto está


escrito que “a ellos El dio poder para llegar a ser hijos de Dios, así como
a tantos que creyeran en Su Nombre”. Esta “creencia” es el
reconocimiento de un principio universal y de una confianza personal
en él, como ley, que no puede ser quebrantada; porque esta es una Ley
de todo el proceso creativo especializado en nuestra propia
individualidad. Entonces, también, no importa lo grande que pueda ser
el misterio, la supresión y limpieza de todo pecado se sigue como parte
esencial de esta comprensión de una nueva vida; y es en este sentido
que podemos leer todo lo que la Biblia nos dice sobre este aspecto del
tema. El principio de esa vida nueva es el Amor; porque cuando nos
reunimos con el Espíritu Paternal en mutua confianza y amor, ¿qué
espacio queda en cualquier parte para recuerdo alguno de fracasos
pasados?

139
THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Esto, entonces, es lo que representa el Mesías para el individuo; pero si


podemos concebir una nación fundada sobre tal reconocimiento de su
relación especial con el Principio Director del Universo, tal pueblo debe
necesariamente llegar a ser el conductor de las naciones, y aquellas que
se le opongan deberán fracasar por un principio de autodestrucción
inherente en la naturaleza misma de la posición que toman. La
dirección resultante de tal autorreconocimiento nacional, no estará
basada en la conquista y la coacción, sino que vendrá naturalmente.
Otras naciones buscarán la razón del éxito y prosperidad fenomenal del
pueblo favorecido, y encontrando esta razón en una Ley Universal,
empezarán a aplicar la misma ley en la misma manera, y así el
resultado se extenderá de país en país hasta que finalmente la tierra
entera estará llena de la Gloria del Señor. Y tal nación, o más bien
compañía de naciones, existe. Seguir su desarrollo presente, a partir de
sus antiguos comienzos, está lejos del alcance de este volumen, y aún
más lejos está el especular sobre su desarrollo ulterior; pero para mis
lectores en ambos lados del Atlántico puedo decirles que este pueblo es
la raza Anglosajona en todo el mundo. Escribo estas líneas sobre el
monte histórico de Tara; esto llevará una insinuación a muchos de mis
lectores. En algún tiempo futuro me podré extender más sobre este
tema; pero en el presente mi meta es solamente sugerir algunas líneas
de pensamiento que surgen del decir del Maestro de que la “Salvación
es de los Judíos”.

140