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mitocondriopatias

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Una revisión de buena calidad de lo que es una mitocondriopatía. Se recomienda mucho para estudiantes jóvenes de medicina.
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CURSO DE MIOLOGÍA

Mitocondriopatías
J.R. Ricoy-Campo, A. Cabello
MITOCHONDRIOPATHIES Summary. Aims. The purpose of this study is to review different aspects of mitochondrial myopathies. Development. Mitochondrial DNA is different to that found in the nucleus and is generally inherited through the mother. There are from 2 to 10 copies per mitochondrion and hundreds or thousands of mitochondria per cell. It contains 37 genes. The oxidative phosphorylation system consists of five enzymatic complexes. Mitochondrial diseases can affect many organs but somewhat more frequent in tissues that are physiologically more demanding as regards oxidative phosphorylation, such as the nervous system, the heart and skeletal muscle. Diagnosis of mitochondrial disease is performed by studying skeletal muscle because it is easily accessible and because of its dependence on oxidative metabolism; moreover, deficits in the respiratory chain are often not expressed in cultivated fibroblasts. Conclusions. The bioptic muscle specimen must be frozen using isopentane for later histochemical examination. For study under the electron microscope, a small sample must be set in glutaraldehyde or a similar fixative. A 150 mg (5 mm3) fragment which has been frozen without isopentane should be used for the study of the respiratory chain, although fresh muscle tissue is needed for the examination of the complex V. About 50 mg of frozen tissue are required for the study of the mitochondrial mutations. [REV NEUROL 2003; 37: 775-9] Key words. Mitochondria. Muscle. Myopathy. Oxidative phosphorylation. Ragged-red fibres. Respiratory chain.

INTRODUCCIÓN La vida en la Tierra sería drásticamente diferente si una célula eucariótica grande no hubiera incorporado, es decir, fagocitado, pero no digerido, una mitocondria ancestral hace aproximadamente mil millones de años. La mitocondria permitió a la célula huésped usar el oxígeno, y extraer así el máximo de energía de las moléculas alimentarias [1]. El origen exógeno de la mitocondria, conocido como teoría endosimbiótica, explicaría fácilmente el origen de la doble membrana de la mitocondria –la interna sería propia y la externa la aportaría la célula anfitriona–, la pérdida a lo largo de la evolución de parte de su material genético a favor del núcleo, la presencia simultánea en el orgánulo y en el núcleo del mismo gen, etc. La mitocondria se describió microscópicamente en 1857, el ADN mitocondrial se descubrió en 1963, y la secuencia completa de nucleótidos se publicó en 1981. Las enfermedades atribuidas al mal funcionamiento de las mitocondrias comenzaron a conocerse en 1962, cuando se encontraron mitocondrias anormales en una biopsia de músculo de una mujer con síndrome hipermetabólico eutiroideo, lo que pronto se denominó síndrome de Luft [2]. Más tarde, Shy y Gonatas [3] y Shy et al [4] introdujeron los conceptos de miopatía megaconial y miopatía pleoconial, para referirse a las miopatías mitocondriales con mitocondrias grandes o proliferadas y mitocondrias estructuralmente anormales, respectivamente. Con la puesta a punto del método tricrómico de Gomori adaptado a cortes de criostato, que permitió ver las mitocondrias como granos rojos, surgió el concepto de fibra rojo-rota o fibra rojo-rasgada (FRR), que se consideró como el marcador de enfermedad mitocondrial. Así es como comenzó a considerarse como miopatía mitocondrial la oftalmoplejía crónica exterRecibido: 23.12.02. Aceptado: 25.08.03. Unidad de Neuropatología. Hospital Universitario 12 de Octubre. Facultad de Medicina. Universidad Complutense. Madrid, España. Correspondencia: Dr. José R. Ricoy. Unidad de Neuropatología. Hospital Universitario 12 de Octubre. Facultad de Medicina. Universidad Complutense. Avda. Córdoba, s/n. E-28041 Madrid. E-mail: jricoyc@meditex.es © 2003, REVISTA DE NEUROLOGÍA

na progresiva. Más tarde se amplió la lista de enfermedades mitocondriales con los cuadros de encefalopatía, acidosis láctica, episodios similares a ictus (MELAS), epilepsia mioclónica con FRR (MERRF), enfermedad de Leigh, etc. En 1973, había 33 publicaciones sobre enfermedades con afectación muscular de naturaleza mitocondrial, que se podían sistematizar en siete grupos distintos [5]: 1. Síndrome hipermetabólico de Luft [6]. 2. Miopatía megaconial [2-4]. 3. Miopatía pleoconial [4]. 4. Miopatía distal congénita [6]. 5. Miopatía facioescapulohumeral [7]. 6. Miopatía ocular [8]. 7. Síndrome de Shy [9,10]. En 1988, se describieron deleciones del ADN mitocondrial en las miopatías mitocondriales [11], y otras mutaciones en la neuropatía óptica hereditaria de Leber [12]. Las deleciones y mutaciones del ADN mitocondrial se han descrito profusamente, hasta el punto de que hoy día se conocen más de 100 de cada una de ellas, que se asocian a enfermedades. Como contribución relevante al conocimiento de las miopatías mitocondriales en España, en 1988, Jiménez-Jiménez et al editaron un suplemento de la Revista de Neurología dedicado a ellas [13]. EL GENOMA MITOCONDRIAL El genoma humano es el conjunto de todo el ADN humano, el nuclear y el mitocondrial. El nuclear se organiza en forma de cromosomas, en número de 46 (número diploide) en la célula somática humana. El ADN mitocondrial es diferente al nuclear; constituye el llamado cromosoma 47, que es una molécula de ADN circular de 16.569 pares de bases –pb– (8.000 veces menor que el tamaño medio de un cromosoma humano, que es de 130 millones pb) en doble hilo, sin mecanismos de reparación del ADN ni histonas protectoras. El tamaño de 16.569 pb corresponde al primer ADN mitocondrial que se secuenció, que se denomina ‘secuencia Cambridge’. Hay otras variantes con un número levemente diferente de bases, como la ‘secuencia africana’, con

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16.559 pb, o la ‘secuencia sueca’, con 16.570 pb. El ADN mitocondrial es abundante, ya que existen de 2 a 10 copias por mitocondria, y de cientos a miles de mitocondrias por célula. Se calcula que en el músculo esquelético humano ocupa el 4% del volumen de cada fibra. El sistema de fosforilización oxidativa se compone de cuatro complejos enzimáticos (complejo I-IV), que intervienen en la cadena respiratoria mitocondrial, y un complejo (complejo V) de ATP sintasa, que utiliza la energía generada por el transporte de electrones en la cadena respiratoria para producir ATP. El ADN mitocondrial contiene 37 genes, de los cuales dos codifican ARN ribosómico (ARNr), 22 codifican ARN de transferencia (ARNt) y 13 codifican ARN mensajero (ARNm) y, por tanto, 13 proteínas de las 84 subunidades que intervienen en la cadena respiratoria (siete de las 42 del complejo I, ninguna de las cuatro del complejo II, una de las 11 del complejo III, tres de las 13 del complejo IV y dos de las 14 del complejo V). Generalmente, el genoma mitocondrial se hereda por vía materna, dado que las mitocondrias del espermatozoide no pasan a formar parte del zigoto; si entrase en el oocito alguna molécula de ADN mitocondrial paterno, ésta podría quedar diluida por el ADN mitocondrial del oocito, que es unas 1. 000 veces más abundante que el del espermatozoide. Sin embargo, recientemente se ha revelado la posibilidad de transmisión del ADN mitocondrial por vía paterna o, más concretamente, por ambas vías, materna en los linfocitos y paterna en el músculo esquelético [14]. La proporción de mutaciones en el ADN mitocondrial es 10 veces mayor que en el ADN nuclear, probablemente por su proximidad a los radicales libres generados durante la fosforilización oxidativa [15]. En algunas enfermedades la mutación no se detecta en la sangre periférica y hay que realizar una biopsia muscular [16]. Por otra parte, con la edad se produce una acumulación gradual de mutaciones del ADN mitocondrial. Al carecer los genes de intrones, las mutaciones afectan invariablemente a la secuencia codificadora. Dado que la cadena respiratoria mitocondrial es el único mecanismo bioquímico celular regido por un control dual, los genomas nuclear y mitocondrial, las enfermedades mitocondriales pueden deberse a tres mecanismos posibles: 1. Mutación del ADN mitocondrial. 2. Mutaciones nucleares que provocan alteraciones del ADN mitocondrial o defectos en el señalamiento intergenómico. 3. Defectos mendelianos que afectan a la cadena respiratoria sin defectos en el ADN mitocondrial, atribuidos a genes nucleares defectuosos que codifican proteínas que influyen indirectamente en la replicación y mantenimiento del ADN mitocondrial. Recientemente, se ha descrito una participación importante de la mitocondria en la muerte celular, con el desencadenamiento de apoptosis y la mediación de los efectos de la isquemia/ anoxia o de la sepsis. Una etapa clave de la autodestrucción celular es la eliminación de la capacidad de la mitocondria para producir ATP, debida a la acción de proteínas proapoptóticas, que causan una disminución drástica del potencial de membrana de la mitocondria. INCIDENCIA DE LAS ENFERMEDADES MITOCONDRIALES En un estudio prospectivo de 7 años, en Finlandia, sobre una

población pediátrica de 97.000 niños, se encontraron 116 con retraso psicomotor inexplicable; de estos 116 niños, 17 mostraron alteraciones bioquímicas de la cadena respiratoria, y sólo uno tenía una mutación patogénica del ADN mitocondrial [17]. En Inglaterra, se estima que 6,57 por 100.000 adultos y 12,48 por 100.000 individuos (adultos y niños) desarrollan o tienen riesgo de desarrollar enfermedades mitocondriales [18]. CLÍNICA DE LAS MIOPATÍAS MITOCONDRIALES Las enfermedades mitocondriales se manifiestan por una clínica muy proteiforme, que puede afectar a numerosos órganos. Las manifestaciones fenotípicas de los defectos genéticos mitocondriales afectan más a los tejidos con mayores demandas fisiológicas de fosforilización oxidativa; por esto, dominan el cuadro clínico las enfermedades neurológicas, la cardiomiopatía y la miopatía esquelética. Se distinguen varios síndromes con denominaciones diversas, algunas referidas a los signos y síntomas sobresalientes, como [16]: – Oftalmoplejía externa crónica progresiva (CPEO). – Síndrome de Kearns-Sayre (KSS). – Neuropatía óptica hereditaria de Leber (LHON). – Síndrome de Leigh: encefalomielopatía necrotizante subaguda. – Encefalomiopatía mitocondrial, acidosis láctica y episodios tipo ictus (MELAS). – Epilepsia mioclónica con fibras rojo-rotas (MERRF). – Encefalopatía mioneurogastrointestinal (MNGIE). – Neuropatía, ataxia y retinitis pigmentosa (NARP). La variedad de signos y síntomas que presentan las enfermedades mitocondriales puede abarcar el aparato neuromuscular, el sistema nervioso central, el ojo, el corazón, la sangre, el sistema endocrino, la piel, el riñón y el aparato gastrointestinal. Pueden también manifestarse por neoplasias, como el paraganglioma hereditario y la lipomatosis simétrica. Radiológicamente, se puede encontrar calcificación de los ganglios basales, necrosis estriatal bilateral, hipoplasia cerebelosa, atrofia cerebral o cerebelosa, infartos y leucoencefalopatía [16]. Por su parte, los hallazgos de laboratorio pueden consistir en hiperproteinorraquia, elevación de la CPK, acidosis láctica y mioglobinuria. BIOPSIA MUSCULAR El músculo esquelético es el tejido de elección para el estudio de las mitocondrias, tanto por su fácil accesibilidad como por su dependencia del metabolismo oxidativo. Además, frecuentemente, las deficiencias de la cadena respiratoria no se expresan en los fibroblastos cultivados. Por ello, el método habitual de estudio es la biopsia muscular. Los tejidos procedentes de autopsia sólo son válidos si se extraen en la primera hora después de la muerte o, en todo caso, antes de las cuatro horas. La biopsia muscular debe extraerse tras la anestesia de la piel, nunca del músculo, sin utilizar el bisturí eléctrico, sin una excesiva manipulación y con un tamaño adecuado, que permita el estudio con microscopía óptica y electrónica y el análisis bioquímico y genético. El estudio óptico de la biopsia muscular, concretamente en los casos con sospecha de enfermedades mitocondriales, debe

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hacerse en cortes realizados con criostato, previa congelación del músculo en isopentano y nitrógeno líquido. El fragmento para estudio de la cadena respiratoria es preferible que sea independiente del congelado con isopentano para criotomía, ya que éste puede tener un efecto perjudicial sobre las actividades de la cadena respiratoria. El estudio de la cadena respiratoria se puede realizar en músculo congelado para los complejos I-IV, mientras que para el complejo V se necesita músculo fresco. Para cada determinación se necesita un mínimo de 25 mg de tejido, lo que hace deseable un fragmento de 150 mg, que equivale a 5 mm3 . El músculo no debe contener tejido fibroso ni adiposo en exceso, así como tampoco predominio de fibras tipo II. La biopsia fijada en formalina no es útil para establecer el diagnóstico de miopatía mitocondrial; sin embargo, en casos diagnosticados, puede utilizarse para localizar, con técnicas inmunohistoquímicas, ADN mitocondrial normal o mutado o subunidades de la enzima anormal. Por ejemplo, en la deficiencia de complejo IV, es útil establecer si se codifica en el núcleo o en la mitocondria, y se pueden así diferenciar las formas fatales de deficiencia infantil de la citocromo C oxidasa (COX) de las benignas. Se han descrito otras técnicas sofisticadas, empleando tanto métodos de histoquímica enzimática como de inmunohistoquímica [19]. MICROSCOPÍA ÓPTICA El elemento característico de las miopatías mitocondriales es la presencia de FRR. Las mitocondrias anormales que se observan en las FRR pueden descubrirse también en otros tejidos; pero, en ocasiones, las mutaciones del genoma mitocondrial de las células somáticas en la embriogénesis inicial pueden ocasionar una aparente afectación exclusiva de un tipo tisular. Cuando las células diferenciadas contienen una población uniforme de mitocondrias normales y anormales, se denomina homoplasmia. Si la mezcla de mitocondrias genéticamente diferentes existe sólo en células aisladas, se denomina heteroplasmia. Por otra parte, en estudios in vitro se ha visto que el defecto bioquímico de la función mitocondrial sólo se expresa cuando se excede un nivel porcentual crítico de ADN mitocondrial mutado, si bien este umbral varía de un tejido a otro; se considera que el ADN mitocondrial defectuoso debe exceder el 85-90% del total del ADN mitocondrial de la célula. En el músculo, cuando una miofibra presenta el aspecto de FRR, se asume que es heteroplásmica con un umbral porcentual de, al menos, un 85% del ADN mitocondrial anormal. Las FRR se presentan en sólo algunas de las miopatías mitocondriales. Son muy frecuentes en los defectos de la síntesis de proteínas mitocondriales, como en el MERRF. La frecuencia de FRR varía entre menos del 1% y más del 30% de las fibras. Por otra parte, las FRR son poco frecuentes en determinadas miopatías mitocondriales, como en las deficiencias del complejo I, la causa más frecuente de síndrome de Leigh; nunca se describieron FRR en las deficiencias del complejo I codificado en el núcleo, y muy raramente en las correspondientes al codificado en las mitocondrias. En cuanto a la edad, nunca se han descrito en niños menores de 3 años con enfermedades mitocondriales, pero existen en las personas de edad y llegan a ser el 0,4% en la octava década.

Aunque las FRR se han informado en otras enfermedades, su presencia en un contexto clínico apropiado indica una miopatía mitocondrial [20]. Los granos rojos de las FRR se ven como un aumento de la actividad enzimática de la NADH dehidrogenasa, la succinil deshidrogenasa (SDH) y la COX, salvo cuando la mutación afecta a la síntesis de uno de estos enzimas. Un aumento de la actividad de SDH en el músculo liso de las paredes vasculares es un indicador útil de proliferación mitocondrial, particularmente en el MELAS. En un caso de deficiencia del complejo II, la actividad de SDH se ausentaba prácticamente en las fibras musculares y se preservaba en los vasos intramusculares. La valoración conjunta de SDH y COX, tanto en las FRR como en fibras sin este aspecto, permite orientar el diagnóstico. Cuando las FRR son SDH intensas y negativas para COX, deben considerarse trastornos debidos a deleciones de ADN mitocondrial o mutaciones del ARNt, que ocasionan defectos en la síntesis proteica mitocondrial (p. ej. , MERRF, KSS o CPEO). Por el contrario, cuando la actividad de SDH se corresponde con positividad para COX, esta situación es característica del MELAS o de mutaciones en los genes estructurales mitocondriales. Si la actividad de COX disminuye difusamente, pero respeta los husos neuromusculares y las paredes de los vasos, se debe pensar en las formas fatales o benignas de miopatía con deficiencia de COX infantil. Ahora bien, la presencia de actividad COX no excluye la deficiencia de COX. Con la edad se ven fibras COX negativas, igual que se observan FRR, y también en las miopatías inflamatorias, incluida la miositis por cuerpos de inclusión. Pueden apreciarse indicios de proliferación mitocondrial en ausencia de FRR, por un aumento de la actividad de SDH y por la actividad de COX. La proliferación mitocondrial no se corresponde indefectiblemente con una alteración de la actividad de la cadena respiratoria. También, es más frecuente en la actualidad en muestras con actividad normal de la cadena respiratoria [16]. En estos casos, puede tratarse de proliferación mitocondrial secundaria al tratamiento con anticonvulsionantes, a atrofia neurógena y a las miopatías esteroide y tirotóxica. Es importante en las miopatías mitocondriales valorar el acúmulo de glucógeno para excluir una glucogenosis, y el de lípidos, para excluir una miopatía con almacenamiento de lípidos. Además, el acúmulo de lípidos en FRR sugiere una deficiencia de la coenzima Q10, una deficiencia de COX o un KSS. MICROSCOPÍA ELECTRÓNICA Son numerosas las alteraciones estructurales de las mitocondrias descritas en las enfermedades mitocondriales [21]. Sin embargo, las alteraciones descritas se pueden observar en otros diversos procesos. El hallazgo más frecuente es la presencia de mitocondrias grandes y con formas irregulares, pero estos aspectos se han objetivado prácticamente en todas las enfermedades musculares. También se ha informado de l a presencia de inclusiones cristaloides localizadas en el espacio intermembranoso en otras miopatías e, incluso, en el músculo normal [20]. ENZIMOLOGÍA DE LA CADENA RESPIRATORIA Para valorar las deficiencias enzimáticas se utiliza como referencia la actividad de la citrato sintasa, indicadora de proliferación mitocondrial.

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Al correlacionar los datos bioquímicos con los clínicos y patológicos, se deben tener en cuenta las siguientes consideraciones: – En los pacientes con defectos de la cadena respiratoria se puede encontrar una considerable actividad enzimática residual, y se asignan varios grados de deficiencia. – La actividad enzimática puede confundirse con el deterioro enzimático, por defecto en la congelación, variables metodológicas y variabilidad en la capacidad de reproducción. – Los valores control no están bien estandarizados, dado que la actividad de la CR varía mucho con la edad. – Puede verse una actividad normal de la cadena respiratoria en miopatías mitocondriales probadas, y, al contrario, pueden verse deficiencias marcadas en otras miopatías (glucogenosis, síndrome de Zellweger, enfermedad de Menkes, y otras). A pesar de ello, el tipo de déficit bioquímico –sea de un solo complejo o de varios– es el método más sensible, aunque no sea el más específico, de establecer el diagnóstico de miopatía mitocondrial: – La deficiencia en el complejo I es el más común de los defectos de la cadena respiratoria; se puede diagnosticar en el músculo, en otros tejidos afectados e incluso en fibroblastos cultivados.

– El complejo II es la única subunidad enteramente codificada en el núcleo, y del que se conocen sólo tres mutaciones patogénicas, una de ellas asociada al paraganglioma hereditario. – La deficiencia del complejo III sólo puede diagnosticarse en el músculo y se asocia a intolerancia grave al ejercicio y a acidosis láctica. – La deficiencia en el complejo IV (COX) es una enfermedad autosómica recesiva. – Las deficiencias de los complejos I-III o I-II significan deficiencia del coenzima Q 10; se manifiesta por intolerancia al ejercicio y presentan FRR y depósito de lípidos en músculo. – La d eficiencia parcial combinada de los complejos I, II y IV suele ser el resultado de deleciones múltiples del ADN mitocondrial o de depleción del ADN mitocondrial. ANÁLISIS DE LAS MUTACIONES MITOCONDRIALES El análisis genético ofrece resultados en un número muy limitado de casos y exige laboratorios muy especializados; de todos modos, no hay técnicas disponibles todavía para las mutaciones de los genes mitocondriales codificados por el núcleo. Para estos estudios se necesitan al menos 50 mg de tejido congelado, y la importancia del consejo genético exige disponer de él.

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MITOCONDRIOPATÍAS Resumen. Objetivo. Se revisan los diversos aspectos de las miopatías mitocondriales. Desarrollo. El ADN mitocondrial es diferente al nuclear y se hereda, generalmente, por vía materna. Existen de 2 a 10 copias de ADN por mitocondria, y de cientos a miles de mitocondrias por célula. El ADN mitocondrial contiene 37 genes. El sistema de fosforilización oxidativa se compone de cinco complejos enzimáticos. Las enfermedades mitocondriales pueden afectar a muchos órganos, pero suelen ser más manifiestas en los tejidos con mayores demandas fisiológicas de fosforilización oxidativa, como son el sistema nervioso, el corazón y el músculo esquelético. El diagnóstico de

MITOCONDRIOPATIAS Resumo. Objectivo. Revêem-se os diversos aspectos das miopatias mitocondriais. Desenvolvimento. O DNA mitocondrial é diferente do nuclear e geralmente herda-se por via materna. Existem entre 2 a 10 cópias por mitocôndria e entre cem a mil mitocôndrias por célula. Contém 37 genes. O sistema de fosforilização oxidativa compõe-se de cinco complexos enzimáticos. As doenças mitocondriais podem afectar muitos órgãos, mas costumam ser mais manifestas nos tecidos com maiores necessidades fisiológicas de fosforilização oxidativa, como são o sistema nervoso, o coração e o músculo esquelético. O diagnóstico de doença mitocondrial reali-

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una enfermedad mitocondrial se realiza por estudio del músculo esquelético, tanto por su fácil accesibilidad como por su dependencia del metabolismo oxidativo; además, las deficiencias de la cadena respiratoria con frecuencia no se expresan en los fibroblastos cultivados. Conclusiones. La biopsia de músculo debe congelarse con isopentano para su estudio histoquímico. Para el estudio con microscopio electrónico se debe fijar una pequeña muestra en glutaraldehído u otro fijador similar. Para el estudio de la cadena respiratoria se debe destinar un fragmento de unos 150 mg (5 mm3), congelado sin isopentano, si bien para el estudio del complejo V se necesita músculo fresco. Para el estudio de las mutaciones mitocondriales se necesitan unos 50 mg de tejido congelado. [REV NEUROL 2003; 37: 775-9] Palabras clave. Cadena respiratoria. Fibras rojo-rotas. Fosforilización oxidativa. Miopatía. Mitocondria. Músculo.

za-se por estudo do músculo esquelética, tanto pela sua fácil acessibilidade como pela sua dependência do metabolismo oxidativo; além disso, frequentemente as deficiências da cadeia respiratória não se expressam em fibroblastos cultivados. Conclusões. A biopsia de músculo deve congelar-se com isopentano para estudo histoquímico. Para estudo com microscópio electrónico deve-se fixar uma pequena amostra em glutaraldeido ou fixador similar. Para estudo da cadeia respiratória deve-se destinar um fragmento de cerca de 150 mg (5 mm3), congelado sem isopentano, embora para o estudo do complexo V seja necessário músculo fresco. Para o estudo das mutações mitocondriais, são necessários cerca de 50 mg de tecido congelado. [REV NEUROL 2003; 37: 775-9] Palavras chave. Cadeia respiratória. Fibras vermelhas-lesadas. Fosforilização oxidativa. Miopatia. Mitocôndria. Músculo.

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