Prólogo Jakob von Uexküll, portavoz de mundos desconocidos

La primera vez que leí a Jakob von Uexküll fue en el otoño del 2009, mientras recolectaba elementos para armar el rompecabezas de una tesis. Fue en una librería de usados, “El rufián melancólico”, donde di con una edición de “Cartas biológicas a una dama”. Sin fecha ni traductor y visiblemente roído por el tiempo, el libro había sido publicado –posiblemente hacia fines de la década del 40– por una editorial chilena, Zig-Zag. Conseguir, aunque fuera en Buenos Aires, libros de Jakob von Uexküll no era en modo alguno una labor que no entrañara múltiples dificultades. Pero intempestivamente apareció uno. Yo ya había podido ver cómo Deleuze lo convertía al spinozismo, cómo Cassirer lo postulaba como el superador de la antinomia mecanicismo/vitalismo en la biología teórica, cómo Canguilhem lo ponía al final de una serie que revolucionaba el concepto biológico de “milieu” originariamente heredado de la física de los
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fluidos, cómo Heidegger se inspiraba en él para luego discutirlo y celebrarlo, cómo Agamben lo retomaba para meditar a Heidegger e, incluso, cómo Sloterdijk lo evocaba como factor deconstructivo de la noción metafísica de mundo universal. Luego caí en la cuenta de que, más allá de las recuperaciones que la filosofía operaba sobre él (a las cuales se fueron sumando Merleau-Ponty, von Bertalanffy, Ortega y Gasset, etc.), el tipo había sido un precursor oscuro y que, inclusive, existía una “ley de Uexküll”. Precursor de la etología antes que Konrad Lorenz, pero precursor insospechado también de la (bio)cibernética y, más aún, fundador post mortem de la corriente biosemiótica dentro de la biología contemporánea. Cuando me dispuse a leer, preliminarmente, tres cosas me llamaron la atención. Primero, indudablemente, el título: Cartas biológicas a una dama. ¿Un libro para asombrar mujeres con conocimientos en biología? La idea me resultó un tanto excéntrica y lo cierto es que el libro estaba dedicado a su esposa, la condesa alemana Gudrun von Schwerin, quien años más tarde publicaría una biografía de Uexküll que haría las delicias de los muchachos de la “Sign Systems Studies” de la Universidad de Tartu, uexküllianos de pura cepa. Quizá en un acto de estricta justicia biológica, Gudrun haya decidido mostrar su fascinante vida al mundo para cerrar el círculo con aquel que –por intermedio de éste y otros libros– buscó mostrar al mundo la maravillosa vida de los vivos. Sea como fuere, lo cierto es que al ojear el índice y sobrevolar el texto, se toma clara conciencia de que ese mismo era el plan: exponer, con claridad y para el pueblo, el funcionamiento armónico y exuberante de una naturaleza infinitamente multiplicada a la par que coordinada. Luego me sorprendió que hubiese un capítulo dedicado al Estado y el hecho de constatar que, mientras la biopolítica se volvía una estrategia universitaria para desrealizar la política, Uexküll decía con todas la letras “el Estado, que debe crear las condiciones físicas de
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la existencia, habitación, vestido, alimento, no puede ser una simple sinfonía de libres sonidos; ha de formar una verdadera estructura”. Más tarde comprendí que su anti-liberalismo iba parejo con su anti-darwinismo. Fue esto, al comenzar la lectura, lo tercero que me llamó poderosamente la atención: la convicción y la intensidad de su lucha contra el darwinismo, como si detrás de dicha imagen de la economía de la naturaleza –signada por la competencia, la adaptación y los presupuestos malthusianos– se escondiese una imagen empobrecida y cuantitativa de la naturaleza, al tiempo que un porvenir funesto para todos los vivientes. Entre mate y mate pude terminar las “Cartas biológicas…”. A partir de ese día (o de las altas horas nocturnas en que di por finalizada aquella lectura inaugural) me convertí en un uexkülliano entusiasta y comencé mi peregrinaje en busca de más obras… Desde entonces, así como los personajes de la novela 2666 de Bolaño buscan a su Benno von Archimboldi, estuve siguiendo las huellas de Jakob von Uexküll. 1 El Barón Jakob Johann von Uexküll nace en Estonia en 1864. A los veinte años comienza a estudiar en la Universidad de Dorpat (hoy Tartu), donde fuera profesor von Baer una década antes, y se gradúa en 1889 con el título de Kandidat der Zoologie. Consternado por la visión simplista y especulativa del darwinismo que ofreciera el zoólogo Julius von Kennel en Dorpat, se vuelca al estudio de la fisiología y cifra en ella la posibilidad de renovar los estudios biológicos depurándolos de los modelos de causalidad físico-químicos.1 Es así que en 1890
1 Cf. Kull, Kalevi, “Uexküll and the post-modern evolutionism” en Sign Systems Studies 32 ½ , 2004, p. 105.

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comienza a estudiar fisiología en la Universidad de Heidelberg, en el laboratorio de Wilhelm Kühne, especializándose en el campo de la fisiología muscular de los invertebrados marinos. Sus primeros materiales de estudio experimental son erizos de mar, pulpos, moluscos, estrellas de mar, sipúnculas… y su gran pasión teórica es Kant, al cual estudia con devoción durante toda la década del ’90. En 1899 publica, junto a Albrecht Bethe y Theodor Beer, un artículo donde cuestiona la terminología antropomórfica empleada por la fisiología sensorial y propone una nueva batería de conceptos para designar la recepción de estímulos.2 El texto tuvo un gran impacto, llegando incluso a influir en el desarrollo del conductismo norteamericano y en los conceptos de reflejo de Pavlov y Bekhterev.3 En 1907 recibe el doctorado honoris causa en Heidelberg por sus investigaciones en fisiología muscular y, particularmente, por sus estudios de regulación neuromotora (lo que se dio en llamar luego la “ley de Uexküll”). Estos estudios, y su desarrollo posterior en la noción de círculo funcional (Funktionskreis), constituirían algunos de los primeros modelos del principio de retroalimentación4, noción capital en la cibernética. Tras este primer período de investigación fisiológica, Uexküll comienza a abrirse camino para la reformulación de la biología teórica y, en 1909, publica una de sus obras más influyentes:
Cf. Rüting, Torsten, “History and significance of Jakob von Uexküll and of his institute in Hamburg” en Sign Systems Studies 32 ½ , 2004, p. 40.
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Cf. Harrington, Anne, Reenchanted Science: Holism in German Culture from Wilhelm II to Hitler, Princeton University Press, Princeton, 1996, p. 42.
3 4 Cf. Lagerspetz, Kari Y., “Jakob von Uexküll and the origins of cybernetics” en Semiotica 134(1/4), 2001, pp. 643–651; Kull, K., “Jakob von Uexküll: An introduction” en Semiotica 134(1/4), 2001, p. 5; Rüting, T., op. cit., pp. 50-51.

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Umwelt und Innenwelt der Tiere (Mundo circundante y mundo interno de los animales). En ella describe el comportamiento y el funcionamiento corporal de diversas especies de invertebrados e introduce el concepto que lo llevará a la fama. En efecto, con el concepto de Umwelt (mundo circundante), Uexküll logra ofrecer una imagen totalmente diferente de la naturaleza y sienta las bases teóricas para el desarrollo de una “biología subjetiva” de inspiración kantiana5 y vocación antidarwinista. Abocado a dicho proyecto, publica numerosos artículos y libros en los cuales va madurando y enriqueciendo su teoría biológica con nuevos conceptos, entre los cuales se destacan el de “círculo funcional” (Funktionskreis) y el de “conformidad a plan” (Planmäßigkeit). Este último, que a primera vista restaura la tradicional teleología, se convierte en la idea regulativa central de toda su teoría biológica. Tal es así que en su Theoretische Biologie (Biología Teórica) de 1920 Uexküll, quizá recapitulando su propia historia, afirma programáticamente: “la pregunta sobre la conformidad a plan es asunto de la biología, la pregunta sobre el funcionamiento orgánico pertenece a la fisiología”.6 Un año antes, en 1919, Uexküll publica por entregas sus Biologische Briefe an eine Dame (Cartas biológicas a una dama) en la revista conservadora Deutsche RundsEl diálogo con Kant será permanente. Uexküll lo cita y lo emplea profusamente, valiéndose no solo de sus conceptos e ideas sino también de su espíritu crítico. En este punto, se destacan las recuperaciones que se operan sobre la Crítica de la razón pura (cuya “estética trascendental” amplía, incluyendo a las especies no humanas) y la Crítica del juicio (particularmente, su segunda parte, que le permite a Uexküll no sucumbir ante las tentaciones del vitalismo metafísico). En el libro que se presenta, además, el influjo de la moral kantiana también tiene lugar.
5 6 Cf. Uexküll, Jacob, Theoretical Biology, Trad. D. L. MacKinnon, Harcourt, Brace & Co., New York, 1926, p. 125.

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chau. El mismo texto con ligeras modificaciones se reedita en 1920 y constituye la edición que se traduce en el presente libro. En este punto, cabe subrayar que Cartas biológicas…, además de ser una obra de divulgación científica que presenta la visión biológica de Uexküll en general y la teoría del Umwelt en particular, constituye el primer antecedente de la introducción del capital concepto de “círculo funcional” y, fundamentalmente, es expresión de un Uexküll auténtico: teóricamente maduro, históricamente situado y expresivamente locuaz. ¿Por qué? En primer término porque es un libro contemporáneo de su Biología Teórica, considerada su gran obra. Luego porque permite vislumbrar, en cartas como la décima, su voluntad de intervención política (anti-República de Weimar), el furor germánico que lo asalta con la Primera Guerra Mundial (se nacionaliza alemán en 1918) y el creciente perfil anti-inglés y anti-liberal con que aderezaba su ya adquirido anti-darwinismo. De hecho, ya en 1917 escribía un texto fustigando a la moral inglesa a partir de la “economía de la naturaleza” implicada en el darwinismo y en 1920, tras reeditar sus Cartas biológicas…, extiende sus consideraciones “biopolíticas” al publicar Staatsbiologie (Biología del Estado).7 Estas luchas teórico-políticas se manifiestan en él con la fuerza de un destino y explican, junto a su genio literario y científico, la insolencia y la elocuencia que rebosan en su prosa. A su carácter situado quizá quepa agregar que en 1917 la Revolución Rusa le expropia todos sus bienes en Estonia y que, por esta y otras razones, sus simpatías con los bolcheviques fueron nulas. En 1925, gracias a las tratativas de Otto Kestner, Uexküll es designado para reconstruir el Acuario de Hamburgo y, un año más tarde, funda y dirige el Institut für Umweltforschung (Insti7

Cf. Rüting, T., op. cit., pp. 40-45.

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tuto de investigación del Medio ambiente) de la Universidad de Hamburgo. El instituto, que funciona hasta 1934, se convierte en un vital centro de investigación y es visitado, entre otros, por Konrad Lorenz –fundador de la etología– a principios de la década del treinta. En su “período de Hamburgo”, se destacan las publicaciones de Die Lebenslehre (1930) (Teoría de la vida) y de Streifzüge durch die Umwelten von Tieren und Menschen (1934) (Paseando por los mundos circundantes de animales y humanos). Finalmente, a los 76 años, publica su última gran obra teórica, Bedeutungslehre (1940) (Teoría del significado), que luego se convertiría en texto fundamental para el desarrollo de la biosemiótica.8 Tras pasar en la isla de Capri con su dama los últimos cuatro años de vida, Uexküll muere en 1944. 2 Al lector actual de este libro no podrán pasarle desapercibidos enunciados uexküllianos tales como: “En el mundo biológico es todo armonía, todo melodía… Todo, hasta lo más pequeño, muestra un orden, un sentido y un significado”; “No hay una evolución, solo hay un origen”; “Variación sin plan, adaptación sin plan y falta de planificación en la lucha por la existencia: esos eran los tres motivos por los que Darwin negaba toda conformidad a plan en el mundo viviente. Los tres son erróneos”; “Como un todo inmutable y ordenada según un plan, la especie se dilata

Sobre esta cuestión, la bibliografía es sumamente extensa y se incrementa día a día. Para una introducción al tema, bajo la forma de manifiesto científico, véase: Kull, K., Emmeche, C., Hoffmeyer, J. et alt, “Theses on Biosemiotics: Prolegomena to a Theoretical Biology” en Biological Theory 4(2), 2009, pp. 167-173.
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en el pasado de nuestra historia terrestre. Todo indica que se ha originado como un todo, como lo han hecho todos los sujetos.” ¿Un “nuevo” fijismo? ¿Una restauración del vitalismo teleológico? ¿Una variante de la teología natural devenida hoy Intelligent design? La cuestión es compleja e irreductible a dualismos o antinomias perennes (preformismo/epigénesis, fijismo/evolucionismo, mecanicismo/vitalismo, racionalismo/romanticismo, etc.); un estudio detallado obligaría a un rodeo histórico-conceptual que excede las posibilidades de este prólogo.9 No obstante, para responder sucintamente y situar la originalidad de Uexküll, bosquejaremos algunas de las líneas que harán circuito en su pensamiento y los principales tensores que animaban el campo de las ciencias de la vida en la Alemania de mediados y fines del siglo XIX. En este punto, el ambiente en el cual se forma nuestro autor se hallaba tensado por dos polos. Por un lado, el darwinismo y sus promotores que, favorecidos por un clima propenso a las explicaciones históricas, logran establecer la centralidad del enfoque filogenético y presentan una imagen de la evolución de las
Elementos para un estudio histórico-conceptual de las transformaciones de la biología continental en los siglos XVIII y XIX –constituyentes de las premisas del pensamiento uexkülliano– se encuentran en: Gode-Von Aesch, A., El romanticismo y las ciencias naturales, Trad. De Brugger, I. T., Espasa-Calpe, Bs. As., 1947; Cassirer, E., El problema del conocimiento IV, Trad. Roces, W., FCE, México, 1998, Libro Segundo; Canguilhem, G., La connaissance de la vie, Vrin, Paris, 1971; Foucault, M., Las palabras y las cosas, Trad. Frost, E. C., Siglo XXI, Bs. As., 2002; Jacob, F., La lógica de lo viviente, Trad. Senent, J. y Soler, M.R., Tusquets, Barcelona, 1999; Palti, E. J., “La ‘metáfora de la vida’. La filosofía de la historia de Herder y los desarrollos desiguales en las ciencias naturales” en Aporías, Alianza, Bs. As., 2001, pp. 133-191; Palti, E. J., “Filosofía romántica y ciencias naturales: límites difusos y problemas terminológicos” en Prismas. Revista de historia intelectual, Nro. 4, Bs. As., 2000.
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especies (transformismo) que entroniza el modelo ilustrado de causalidad físico-química como único válido. Por otro lado, la embriología de Karl Ernst von Baer. Éste había logrado demostrar, a principios del siglo XIX, que en el desarrollo del embrión se produce un proceso que va de lo homogéneo a lo heterogéneo conforme una progresiva y ordenada diferenciación. Con ello, no solo refutaba al preformismo clásico (que postulaba en el germen la existencia de una estructura diferenciada que no hacía más que crecer gradualmente), sino que además planteaba una serie de límites al concepto de causalidad físico-química pues, al demostrar que cada embrión específico consta de una fuerza plasmadora (Gestaltungskraft) y de un plan de desarrollo orientado a un fin determinado (Zielstrebigkeit), no era posible derivar el efecto de la causa sin apelar a un concepto de causalidad teleológico, es decir, no era ya posible pensar una causalidad puramente físicoquímica, mecánica y accidental sino que había que reconocer un desarrollo ontogenético ordenado temporalmente con miras a un resultado.10 Con ello, ya era imposible imaginar a los vivientes como máquinas pues no existe máquina alguna que se construya
10 Elías Palti reconstruye este proceso y, desmontando las antinomias reduccionistas (preformismo/epigénesis, fijismo/evolucionismo, etc.) con las que suele organizarse la historia de las ideas biológicas, señala: “Contra las doctrinas preformistas (Cuvier), von Baer afirmaba la idea de un proceso formativo progresivo a nivel ontogenético. Contra las vitalistas (Wolff), rechazaba el concepto de ‘fuerzas motoras’ primordiales distintas de las formas en que éstas se manifestaban. El resultado será un concepto nuevo de la preformación germinal, un modelo de formación progresiva en el que lo que se encuentra preformado no es ningún conjunto de rasgos definidos, sino el principio que los conforma. El mismo, sin embargo, contra la idea de los vitalistas, ya no sería ninguna ‘substancia’ o ‘fuerza formativa’ sino un orden lógico de transformaciones sucesivas, mutuamente correlacionadas –algo parecido a lo que hoy llamamos un ‘programa genético’. En definitiva, al reformular los términos en cuestión, von Baer logra finalmente conciliar dos conceptos como los de ‘preformación’ y ‘evolución’ que,

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a sí misma. Si bien esta imposibilidad ya había sido establecida en el siglo XVIII por Blumenbach y avalada por Kant en la Crítica del juicio, el concepto del cual dependía (Bildungstrieb o impulso formativo) permanecía como postulado incognoscible y hubo que esperar hasta las investigaciones embriológicas de von Baer para que la epigénesis adquiriese una base epistemológica reconocida (hoy enrolada en lo que se conoce como “biología del desarrollo”). Si bien en un primer momento estas tesis fueron opacadas por el furor darwinista de mediados del siglo XIX y la centralidad de la filogénesis, pronto comenzaron a emerger grietas en el esquema evolucionista y, hacia fines de siglo, se revitalizan los enfoques ontogenéticos y con ellos se relanza el problema de la teleología.11

en el marco del pensamiento ilustrado, resultaban mutuamente contradictorios.” Palti, E., Op. cit., 2000. Dos casos célebres, surgidos de estudios de regulación y regeneración de los organismos, permiten ilustrar este relanzamiento. Por un lado, en 1890, el biólogo alemán Gustav Wolf hace el siguiente experimento: extirpa el cristalino del ojo de un tritón (salamandra de agua) y constata que, tras un tiempo, el órgano se regeneraba perfectamente y, más aún, que dicha regeneración se valía de tejidos diferentes a los empleados en su desarrollo embriológico. Con ello, Wolf concluía que existía una “adecuación primaria a fin” en el organismo que era irreductible al modelo evolucionista y que debía existir desde el mismo origen. En la misma línea, Hans Driesch realiza el siguiente experimento: corta en dos el embrión de un erizo de mar y constata que, lejos de producirse una división de la estructura orgánica, una malformación o estropearse el proceso embriológico, nacen de cada parte dos erizos de mar perfectos aunque de la mitad de su tamaño. De allí, Driesch concluía la existencia de una fuerza vital, la “entelequia” o “psicoide”, de carácter inmaterial, intensivo y cualitativo que no sólo sería irreductible a los factores físicoquímicos sino que los dirigiría siendo un agente no mecánico que lleva un fin en sí mismo. A partir de este postulado metafísico, Driesch emprenderá una tenaz lucha anti-mecanicista convirtiéndose en el adalid del neovitalismo a inicios del siglo XX. En este punto cabe agregar que, si bien Uexküll se reconoce a sí mismo
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En este contexto, Uexküll se vuelca a la investigación fisiológica y toma partido abiertamente por Baer. Así, internándose en el campo de los estudios ontogenéticos, Uexküll hereda toda una rica tradición del pensamiento filosófico-biológico continental y la problematiza en función de un cuestionamiento general al darwinismo y, más específicamente, a la versión que Ernst Haeckel popularizaba en Alemania. En esta lucha, resurgen como recursos la anatomía comparada de Georges Cuvier, la Naturphilosophie de Goethe y sobretodo Kant, autoridad en torno a la cual se organiza la ofensiva. “Es urgentemente necesario volver a Kant”, gritaba Uexküll en 1913 mientras desmontaba una por una las tesis basales de darwinismo: contra el gradualismo evolutivo, avala el mutacionismo de Hugo De Vries; contra la teoría de las variaciones accidentales y acumulativas, afirma –recurriendo a Baer y a Gregor Mendel– que cada especie posee un determinado “plan de construcción” (Bauplan) en el cual se encuentran codificadas sus reglas de formación y un conjunto de predisposiciones genéticas; contra el mecanismo de la herencia de los caracteres adquiridos, afirma –junto a August Weismann– la continuidad del “plasma germinal” y niega que los hábitos empíricos puedan ser un factor de transformismo; contra la imagen azarosa del devenir natural, reactualiza la idea leibniziana de armonía como coordinación y postula un modelo musical de la naturaleza; contra la omnipotencia explicativa de la lucha por la supervivencia, advierte sobre el error de tomar la parte por el todo y postula que los vivientes poseen afinidades inmanentes que los llevan a entablar relaciones asociativas entre ellos y con su mundo; contra el mecanicismo darwinista afirmado en una
como vitalista y celebra algunos de los descubrimientos driescheanos, su posición con respecto a la teleología es –como veremos– singular y sumamente cauta.
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lógica de causa/efecto, afirma una biología experimental que analice en la naturaleza y en los vivientes relaciones de parte/todo. Todo lo cual nos lleva al problema que abre este parágrafo y al concepto de “conformidad a plan” (Planmäßigkeit). ¿Qué tipo de “teleología” defiende Uexküll? A principios del siglo XX, nuestro autor señala:
“La lógica, la psicología, la matemática, no son intuitivas; pero la biología es intuición, según su esencia. Su problema consiste en revelar a nuestra inteligencia la conformidad a plan del ser orgánico. Mas la conformidad a plan sólo es dada en la intuición espacial. En eso se diferencia de la tendencia a un fin, la cual añade el tiempo como ulterior factor. Nosotros sólo podemos comprender aquellas máquinas cuyas ruedas están puestas unas al lado de otras en el espacio; máquinas cuyas ruedas están parte en el porvenir y parte en el pasado son para nosotros totalmente incomprensibles.”12

Y, unas páginas antes, aclaraba:
“Bajo conformidad a plan no debe ser entendida otra cosa que una determinada disposición de las diferentes partes de un objeto que hacen de él una unidad. (…) La unidad que resulta de esta manera es siempre ‘funcional’, pues lo que se enlaza en unidad no es la forma, sino la función de las diferentes partes.”13

Uexküll, Jacob, Ideas para una concepción biológica del mundo, Trad. Tenreiro, R. M., Espasa-Calpe, Bs. As., 1951, p. 24. La primera edición en alemán se publica en 1913.
12 13

Ibid., p. 19.

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Con sobriedad kantiana, entonces, Uexküll procesa el reverdecer de la teleología a partir de un enfoque mereológico que lo distancia, a un tiempo, de las causas finales aristotélicas, del teo-teleologismo que ve en el hombre el objetivo final de la Naturaleza, del neovitalismo metafísico de Driesch y, también, de la preformación germinal de von Baer. En este sentido, la noción de “conformidad a plan” opera como una idea regulativa y metodológica (Uexküll la llama “teleología estática”), y encuentra en la anatomía, la fisiología y la observación experimental la posibilidad de establecer “planes de construcción” (Bauplänen), esto es, formas de cada especie, totalidades, que se definirían por relaciones funcionales y sistemáticas entre partes. De este modo, desplazando el concepto metafísico-trascendente de fin y declarando irresoluble el problema del origen y la transformación de las especies14, Uexküll establece un programa holístico para la biología. Este movimiento sintoniza con la época y parece expresar, dentro del campo de los estudios de la vida, una mutación epistemológica más general en la economía del saber occidental (esto es, el quiebre de las perspectivas evolucionistas, mecanicistas e historicistas y el ascenso de enfoques holísticos y sistémicos centrados en los conceptos de forma y función; traslación del centro de gravedad de lo diacrónico a lo sincrónico). Sea como fuere, lo notable en Uexküll es que el análisis sistémico y funcional de las relaciones entre partes no se limita a la anatomía y la fisiología de los vivientes sino que, transgrediendo las fronteras de la piel, busca envolver el mundo.

Sobre esta cuestión, véase la carta octava del presente libro y, también, la décima, donde Uexküll vuelve sobre el problema de la producción de nuevos genes haciendo una analogía con la invención técnica.
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3 Si bien conservador, Uexküll no es un reaccionario. Crea una nueva visión de la naturaleza y es reconocido –por sus contemporáneos15, por

Heidegger, en su curso de Friburgo de 1929-30, celebra las tesis de Uexküll señalando que se trata de las reflexiones zoológico-biológicas más penetrantes de la época (a partir de las cuales, agrega, “ha venido a ser habitual hablar del Umwelt de los animales”), que “sus investigaciones concretas son de lo más fructífero que la filosofía puede apropiarse hoy” y que las teorías de Driesch y Uexküll constituyen los dos pasos esenciales de la biología contemporánea. En este sentido, Heidegger dedica no menos de cien páginas a meditar en torno a las implicancias del concepto de Umwelt, en el marco de una consideración comparativa que aspira a deslindar el sentido de la noción de mundo, a partir de una triple tesis: la piedra es sin mundo; el animal es pobre de mundo; el hombre configura mundo. Cf. Heidegger, M., Conceptos fundamentales de la metafísica, Trad. Ciria, A., Alianza, Madrid, 2007, pp. 243, 318, 223-329. Asimismo, resaltan las similitudes de la noción de Umwelt con el concepto heideggeriano de ser-en-elmundo (Ser y Tiempo, 1927) y no resulta imposible, asimismo, tender líneas con la noción husserliana de Lebenswelt. Por otro lado, el otro gran representante de la filosofía alemana de la época, neokantiano él, también manifiesta entusiasmo con las tesis uexküllianas. En su Antropología filosófica (1944), Cassirer hace de Uexküll el eslabón encontrado que permite pensar los mundos animales como precondición para pensar la realidad simbólica del mundo humano y, en el cuarto tomo de su monumental obra El problema del conocimiento (1957), lo postula como quien supera –metodológicamente– la disputa entre mecanicismo y vitalismo, sentando las bases para el desarrollo del holismo y las perspectivas organísmicas. Cf. Cassirer, E., Antropología filosófica, Trad. Imaz, E., FCE, México, 2009, pp. 45-49; Cassirer, E., op.cit., 1998, pp. 242-262. Esto, por último, nos lleva a vincularlo con el fundador de la teoría de los sistemas y continuador de su biología teórica en la década del treinta, Ludwig von Bertalanffy, quien retoma su concepto de Umwelt, expone sus ejemplos y lo unge como el inaugurador “de la actitud biológica moderna”. Cf. Bertalanffy, L., Teoría general de los sistemas, Trad. Almela, J., FCE, México, 1989, pp. 239-242, 247, 252-253, 256. Finalmente, no puede dejar de señalarse el decisivo influjo que Uexküll opera sobre el pensador español Ortega y Gasset. Sobre esta cuestión, véase: Jordano-Barea, D., “Ortega y la ecología de Jacob von Uexküll” en Boletín de la Real Academia de Córdoba, Nro. 105, pp. 108-111, 1983.
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nuevas generaciones16 e incluso hoy día17– por la invención de un gran concepto. En efecto, la noción de Umwelt –introducida en 1909 y traducible como mundo circundante o medio ambiente– inaugura una nueva etapa en su pensamiento y habilita un campo de reflexión que prontamente repercute en la filosofía alemana. En Cartas biológicas a una dama, particularmente, la noción juega un rol bisagra, no sólo se encuentra a mitad del libro (es la sexta de doce cartas) sino que marca un desnivel en la argumentación, desencadena una aceleración e indica el pasaje del dominio micro-biológico al macrobiológico. Esto es, el pasaje de una “estética trascendental” de las especies animales a una “dialéctica trascendental” dirigida a pensar la idea de mundo biológico, tránsito que también designa –como vimos– el mo16 Georges Canguilhem lo sitúa en un lugar destacado en su bello artículo Le vivant et son milieu. Cf. Canguilhem, G., op. cit., pp. 143-146. Maurice Merleau-Ponty, en su segundo curso sobre el concepto de naturaleza, en 1957-58, le dedica todo un apartado al análisis de “Las descripciones de J. von Uexküll” siendo, sin embargo, posible rastrear su influjo en sus obras precedentes. Sobre esta cuestión, véase: Ostachuk, A., “El Umwelt de Uexküll y Merleau-Ponty” en Ludus Vitalis, vol. XXI, Nro. 39, 2013. Las remisiones de Gilles Deleuze a la obra de Uexküll, que se hacen presentes en Diálogos (1980) y en Spinoza: filosofía práctica (1978), se profundizan en Mil Mesetas (1980) y se consagran en ¿Qué es la filosofía? (1991), donde Deleuze y Guattari le reconocen el carácter de “obra maestra”. Véase: Heredia, JM, “Deleuze, von Uexküll y ‘la naturaleza como música’” en A parte Rei – Revista de Filosofía, Nro. 75, Madrid, 2011. Finalmente, hay quienes –incluso– extienden el influjo uexkülliano a la obra de Jacques Lacan. Véase, Chien, J-P., “From Animals to Humans: Uexküll’s Umwelt as read by Lacan and Canguilhem” en Concentric: Literary and cultural studies, Nro. 32.2, 2006, pp. 43-67.

Véase Sloterdijk, P., Esferas III (Espumas), Trad. Reguera, I., Siruela, Madrid, 2006, p. 153; Sloterdijk, P., “Atmospheric politics” en Latour, B. and Weibel, P. (eds), Making things public, MIT Press, 2005, p. 945; Agamben, G., Lo abierto, Trad. Costa, F. y Castro, E., Adriana Hidalgo Ed., Bs. As., 2006, pp. 77-90; Latour, B., Cogitamus, Trad. Bixio, A., Paidós, Bs. As., 2012, pp. 179-183.
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vimiento del pensamiento uexkülliano de la fisiología sensorial con animales marinos a una reflexión holística de la naturaleza. Uexküll introduce el concepto de Umwelt diferenciándolo de dos nociones, la de Umgebung (entorno físico y geográfico, característico de la percepción humana) y la de Welt (mundo o universo de la ciencia); frente a ellas, el concepto busca captar la construcción subjetiva específica del animal, su mundo de percepción (Merkwelt), su semiósfera propia. De aquí que para un mismo entorno físico y geográfico (Umgebung) haya innumerables mundos circundantes (Umwelten). Dicho brevemente, deconstruyendo la idea según la cual todos los vivientes y los objetos habitan un mismo mundo universal (remedo del espacio newtoniano y la mirada antropocéntrica), Uexküll demuestra que cada especie tiene su propio mundo circundante, que cada animal construye su medio asociado activamente a partir de regímenes de percepción específicos, que cada viviente habita en su propia esfera espaciotemporal y se relaciona con un número limitado de señales. Ello implica, por un lado, dejar de ver a los vivientes sea como animales individuales aislados y mecánicos, sea como poblaciones estadísticas, y pasar a verlos como un complejo y activo sistema de relaciones con el mundo (la unidad mínima de análisis deviene la pareja individuo-medio asociado), y, por otro lado, dejar de pensar al medio como espacio físico objetivo o terreno de la competencia y pasar a considerarlo a partir de sus cualidades semiológicas.18 De modo que, el primer movimiento
Esto es, “la formulación [del concepto de Umwelt] opera un salto cualitativo en el marco de la discusión biológica respecto del concepto de ‘medio’. En efecto, la biología naciente vio emerger un problema: ¿cómo pensar la relación del viviente con su medio de existencia? En un primer momento, entre mediados del siglo XVIII e inicios del XIX, se ofrecieron dos respuestas. O bien el medio
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del concepto de Umwelt, nos impele a reconocer en cada especie animal una particular forma de percepción. Cada viviente es permeable sólo a un conjunto limitado de señales, o portadores de significación (Bedeutungsträger)19, que lo desinhiben y lo disponen, siéndole totalmente indiferente e inaccesible el resto del entorno, sus propiedades físicas y su multiplicidad de estímulos. Unas pocas señales alcanzan para situarse y dotar de sentido funcional al mundo, cada animal –dice Uexküll– vive en su propia esfera. Ahora bien, hasta aquí nos hemos referido a sólo uno de los aspectos de la noción de Umwelt, el mundo de percepción (Merkwelt), hace falta ahora restituir su complementario y abordar el mundo de efectos o mundo de acción (Wirkwelt). El mundo de efectos es el teatro de operaciones del animal y está calcado sobre su mundo de percepción. Ambos son complementarios y por ello el animal se haya atravesado por
era pensado como condición de posibilidad a priori para la viabilidad del viviente y el desempeño normal de sus funciones orgánicas (Cuvier), o bien el medio (como concepto importado desde la física y la astronomía newtoniana), era pensado como el conjunto de fuerzas físicas o físico-químicas –luz, calor, presión del agua y del aire, gravedad, atracción, vibración, etc.– que afectaban la morfología y el comportamiento de los vivientes (Buffon; Lamarck; Comte). En un segundo momento, con Darwin, el medio pasa a ser pensado como el conjunto de los otros vivientes con los cuales se entra en relación directa. Así, el medio será imaginado como un campo de lucha y competencia, en el cual se disputan los recursos escasos y la posibilidad de prolongar la vida. En este caso, no es el modelo físico sino el modelo de la economía clásica el que es importado por la biología. En suma, el medio era o bien un a priori, o bien un conjunto de fuerzas físico-químicas, o bien el conjunto de vivientes próximos. Con Uexküll, el medio comienza a adquirir cualidades semiológicas y, con ellas, se profundiza la consideración de la relación entre percepción y comportamiento.” Heredia, JM, “Etología animal, ontología y biopolítica en Jakob von Uexküll” en Filosofia e História da Biologia, Vol. 6, Nro. 1, Sao Paulo, 2011, p. 73
19 En el libro que se presenta, el concepto empleado por Uexküll para mentar esta idea es el de “portadores de características” (Merkmalsträger).

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una realidad simbólica. Retomando el sentido de Platón, cabe recordar que los símbolos son analíticos y mantienen una relación inmanente con lo simbolizado, son pares complementarios que remiten a una totalidad previa (que, en este caso, hay que reconstruir por sus efectos). Así, determinadas señales percibibles para el animal son símbolos que convocan a su complementario activo.20 Ahora bien, la relación entre el mundo de percepción y el mundo de efectos, o mejor dicho, la relación entre señal y operación, no es directa sino que se encuentra mediada por la actividad de un sujeto y dicha actividad implica, en las condiciones que le son dadas, una traducción y –con ella– la constitución del mundo circundante. Para Uexküll, como para Kant, el sujeto es lo primero. Aclaremos este punto, el sujeto animal lleva consigo un plan de construcción (Bauplan) y un conjunto de predisposiciones genéticas que le abren un campo específico de posibilidades perceptivas y activas. La realización de dichas posibilidades depende de la dinámica relacional de su mundo interior (Innenwelt), que Uexküll define como un compuesto de órganos perceptivos y órganos activos (o efectores) enlazados, controlados y regulados por un órgano conductor (sistema nervioso central). El trabajo de traducción, entonces, se opera en la relación amplificante del mundo interior sobre el entorno exterior (Umgebung) y da como resultado la constitución de un mundo circundante (divisible ahora en un mundo de percepción y mundo de efectos). Es interesante agregar que,
En la octava carta del presente libro, Uexküll señala: “Toda propiedad de un ser vivo es expresión de una relación (…). Así, para completar la relación, le corresponde a cada propiedad de un ser vivo una propiedad complementaria en el mundo circundante.”
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ante la aparente equivocidad que asume el concepto de Umwelt desde su introducción en 1909, Uexküll se ve obligado a reexplicitar sus intenciones en 1913:
“La palabra [Umwelt] se ha naturalizado prontamente, pero no la idea. Este término es empleado ahora para designar lo que rodea inmediatamente a un ser vivo, en el mismo sentido que antes la palabra milieu. De este modo ha perdido su sentido peculiar. Es un afán totalmente vano querer oponerse contra el uso del lenguaje, y tampoco la expresión ‘mundo circundante’ corresponde con bastante exactitud al concepto que le es atribuido. Por ello quiero poner en su lugar el término ‘mundo perceptible’, Merkwelt, y significar con ello que para cada animal haya un mundo especial, que se compone de las notas distintivas recogidas por él del mundo exterior. El mundo perceptible, Merkwelt, que sólo depende de los órganos de los sentidos y del sistema nervioso central, se completa por el ‘mundo de efectos’, Wirkungswelt, que abarca aquellos objetos a los cuales están acomodados los instrumentos de comer y moverse del animal. En el mundo de efectos se suele hoy pensar, ante todo, al hablar del mundo circundante como milieu de un animal (…). Pero aquí reside el error fundamental. La enumeración de los diversos objetos del mundo general de efectos al cual está acomodado el animal es de un interés totalmente accesorio y fácil de ejecutar por la pura observación. Pero el descubrimiento del mundo perceptible de cada animal es un trabajo principalmente nuevo y muy fatigoso, que sólo puede ser resuelto mediante el experimento. Si se quiere abarcar el mundo de efectos y el mundo perceptible con el nombre de mundo circundante, bien puede hacerse; pero debe uno darse cuenta enseguida de que de los dos juntos no resulta ninguna unidad,
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sino que para ello es imprescindiblemente necesario el organismo del animal, que es el que crea la dependencia entre ambos mundos.”21

Es por esto que puede decirse que el animal construye su medio convirtiéndolo en mundo circundante y es por esto, también, que realiza una actividad simbólica al correlacionar señales con operaciones. Uexküll lo dice con todas las letras en la sexta carta del libro que se presenta:
“el mundo circundante se descompone en dos partes: en un mundo perceptible [Merkwelt], que va desde el portador de características [la cosa] hasta el órgano sensorial, y en un mundo de efectos [Wirkungswelt], que va desde el efector hasta el portador de características. Hay un efecto (…) que va de las características del portador de características hasta el órgano sensorial del animal. En el mundo interior, este efecto sufre diversos cambios y sale a la luz como una acción del animal para ponerse en funcionamiento en el portador de características. Así se cierra un círculo que denomino círculo funcional y que siempre encierra al portador de características y al sujeto.”

De aquí se derivan varias cosas. En primer término, que el análisis anatómico y fisiológico ya no sólo debe orientarse a los órganos receptores que hacen posible el mundo de percepción, sino también a los órganos actores o efectores (de defensa, ataque, etc.) que definen lo que puede hacer un animal. En este punto es central subrayar que Uexküll rechaza rotundamente toda tentativa de acercamiento psicológico al fenómeno zoológico
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Uexküll, J., op. cit., 1951, pp.55-56.

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y, particularmente, al concepto de mundo interior del animal. Ellos resultan incognoscibles “en sí” y sólo es posible reconstruir su estructura a partir de la observación. En segundo término, se destaca la otra gran innovación conceptual de Uexküll: la noción de “círculo funcional” (Funktionskreis). Con ella se explica concretamente el mecanismo por el cual el animal construye su mundo circundante y, por otro lado, se establece –contra el modelo de causalidad física– un modelo de causalidad retroactiva.22 En efecto, con esta noción es posible dilucidar lo que más arriba designábamos como traducción subjetiva pero, también, evadir la tentación de “calcar la condición sobre lo condicionado” y abrir un campo para pensar los procesos y las relaciones en su carácter constituyente –relativizando así la instancia trascendental. Sea como fuere, la idea según la cual el efecto opera retroactivamente sobre la causa, permite a Uexküll combinar dinámicamente dos nociones en principio antagónicas: el preformismo de los planes de construcción específicos y el constructivismo de los animales al territorializarse en el medio. De este modo, en tanto vive, el animal construye progresivamente un conjunto de montajes sensorio-motores y perceptivo-activos que recogen, sintetizan y relacionan en espiral las características perceptibles de los objetos con las posibilidades activas del sujeto. Dichos montajes, residentes en el mundo interior del animal y constituyentes de su mundo circundante, se gestan en relaciones puramente diferenciales y se amplifican conforme una gradación que va desde las operaciones puramente instintivas (que actualizan capacidades e incrementan, empírica y progresivamente, la eficacia de su ajuste funcional con la situación) hasta los actos de experiencia (resolución de
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Cf. Uexküll, J., op. cit., 1951, p. 39.
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problemas que implican aprendizajes, conductas de rodeo, técnicas, invenciones, etc.).23 4 Esta construcción del mundo por parte del animal conduce, ciertamente, a un subjetivismo generalizado. Un subjetivismo, además, duplicado. Porque nos encontramos frente a una subjetividad de especie (basada cada una en un plan de construcción [Bauplan] específico, estructurada genéticamente, dotada de umbrales de percepción y de modelos operatorios, etc.) y, paralelamente, ante una subjetividad individualizada (construcción diferencial y maquínica del mundo circundante por medio del establecimiento progresivo de montajes sensorio-motores, perceptivo-activos y, también, afectivo-emotivos). Reconsideremos el asunto a la luz del ejemplo que nos ofrece un animal diminuto cuyo mundo circundante resulta sumamente simple. En su libro más resonante –traducido, al menos, en seis idiomas-24, Uexküll analiza el modus vivendi de las garrapatas y,
23 Dentro de este abanico se juega la especificidad del ser humano, no lo separa de los animales una diferencia de naturaleza sino de grado (la mayor frecuencia de los actos de experiencia, el incremento de su capacidad resolutiva de problemas, la invención de técnicas y herramientas, etc.; así como la capacidad de conservar y transmitir todo ese conjunto de saberes mediante un lenguaje formalizado). Por otro lado, sobre la cuestión de la invención en animales y humanos, véase: Simondon, G., Imaginación e invención, Trad. Ires, P., Cactus, Bs. As., 2013, pp. 157-207.

Streifzüge durch die Umwelten von Tieren und Menschen (1934) (Paseando por los mundos circundantes de animales y humanos), traducido al francés bajo el título Milieu animal et milieu humain. Para un listado de todos los libros y artículos publicados por Uexküll, así como de las traducciones de su obra, véase: Kull, K., op. cit., 2001, pp. 15-39.
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en el marco de una discusión imaginaria entre un fisiólogo y un biólogo, describe su mundo circundante a partir de tres círculos funcionales: (a) la garrapata percibe una señal, el olor del ácido butírico contenido en el sudor de los mamíferos, y, desde lo alto de un árbol, se deja caer sobre el cuerpo del animal que pasa; (b) la garrapata cae y, al sentir la señal del choque con los pelos del animal, desactiva la modalidad olfativa, comienza a percibir características táctiles y deambula hasta encontrar una zona pelada; (c) las señales de calor le confirman estar en el lugar adecuado y da inicio a la succión de sangre.25 Uexküll se pone en el lugar del biólogo y, contra el fisiólogo, argumenta que no hay que reducir dicho fenómeno a una lógica físico-química sino, primeramente, preguntarse por qué entre la multitud de estímulos y excitaciones que habitan un bosque inmenso la garrapata solo es sensible a tres señales que, además, enlaza con operaciones. Para Uexküll el problema biológico –no el fisiológico– está en poder pensar esta relación subjetiva, la cual convierte al animal no en una máquina sino en un maquinista.26 El mundo circundante de la garrapata, entonces, se compone sólo de tres destellos. Todo el resto es, para ella, inexistente. La situación, que espacialmente ya resulta reveladora, es aún más impresionante en el plano temporal. Uexküll señala que en el Instituto zoológico de Rostock han demostrado que una garrapata puede esperar hasta dieciocho años sin morir la llegada de dichas señales. ¡Dieciocho años sin nutrirse y a la espera! Este hecho notable nos permite –tras haber hablado mucho del espacio–, referirnos a la temporalidad del sujeto viviente y desembocar
Cf. Uexküll, J., Milieu animal et milieu humain, Trad. Martin-Freville, C., Rivages, Paris, 2010, pp. 40-42.
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26 Cf. Ibid., p. 33.
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en otra teoría no menos notable. Para empezar, Uexküll evoca a Kant y afirma sin vueltas: “sin un sujeto vivo, no puede haber ni espacio ni tiempo”.27 ¿Qué implica esto? Que la relación entre espacio y tiempo es intrínseca, que el mundo circundante es para el viviente su propia esfera espaciotemporal y que ya no es posible pensar al tiempo como una línea objetiva y externa a los fenómenos. Para explicar esto, Uexküll recurre a von Baer y a su notable teoría de las “longitudes de momentos”. La tesis, básicamente, es la siguiente: la vida de todo viviente se compone de la misma cantidad de momentos pero la duración de dichos momentos varía en función de la especie. Tras reponerla, en la carta tercera del presente libro, Uexküll señala fascinado:
“Ahora bien, hay animales que viven solo un año y otros apenas unos días. ¿Cómo se transforma la imagen del mundo si ellos alojan en su vida la misma cantidad de momentos que nosotros? (…) Los animales que viven solo un día les hablarían a sus hijos de ese tiempo horroroso como una vieja leyenda. Para algunos, día y noche serían un mes; para otros, media vida. A estos seres vivos, todos los sucesos en el mundo les deberían parecer extraordinariamente largos. Así, la bala que sale volando de la pistola parecería estar suspendida en el aire. Desconocerían también el crecimiento de los árboles, al igual que nosotros el de las montañas. Por otro lado, podemos pensar en seres vivos que extienden su cantidad de momentos durante un mayor número de años. Para ellos, las estaciones cambian como para nosotros los días. Todo ocurriría en un tiempo más acelerado. Las hierbas brotarían de la tierra como de una fuente y desaparecerían. Los bosques reverdecerían, crecerían y
27 Cf. Ibid., p. 45.
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morirían como las praderas. No se vería el sol, solo un haz centelleante aparecería brevemente en el cielo para darle lugar a una corta oscuridad.”

Tras todo lo expuesto, el problema que surge es evidente: ¿Cómo se articula esta biología subjetiva con una visión holística de la Naturaleza? ¿Cómo se pasa de este mundo pulverizado y deconstruido a la construcción de un mundo biológico? Con su elegancia habitual, Uexküll responde cantando una canción. 5 En las últimas páginas de Cartas biológicas…, tras un largo recorrido, Uexküll señala que sólo una pregunta lo “agobia irresistiblemente”: “¿es verdaderamente apta la época actual para buscar en la conformidad a plan la esencia de lo viviente?”. El modo de plantear el problema es sumamente sutil. Aquí no se pregunta si la época es capaz de descubrir o reconocer la existencia de un orden subyacente sino, simplemente, si está dispuesta a orientar sus conocimientos en una determinada dirección. El problema, efectivamente, es epistemológico pero la formulación, sin dudas, está animada por un carácter ético-político. Lo que se pregunta Uexküll es si somos capaces de volver a creer en el mundo, si estamos preparados para volver a creer en la Naturaleza, si podemos comportarnos en función de un proyecto para la totalidad. Y todo esto nos lleva a retornar sobre el concepto de “conformidad a plan”, principal idea de la razón biológica que implica, como en Kant, un ideal de la razón. Uexküll dice en este mismo libro: “Llamo conformidad a plan al poder actuante en el mundo animado con el que debe relacionarse el ajustamiento general de los seres vivos”, y más adelante, “Una fuerza supra31

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espacial y supra-temporal sostiene, mueve y forma todo: la conformidad a plan”. Estas ideas aisladas, en esta época, conducen casi inmediatamente al descrédito. Pero lo cierto es que no se trata aquí de proposiciones científicas o postulados metafísicos sino de cuestiones de carácter ético-político y metodológico que, por lo demás, laten en nuestra época como problemática ecológica. Ecologista sin ONG, Uexküll decide transmitir su visión holística de la naturaleza y del mundo biológico (idea culminante de su “dialéctica trascendental” y, por ello mismo, vinculada con el plano ético-político) mediante la metáfora musical. La naturaleza conforme a plan es una inmensa sinfonía en la cual las células se ordenan rítmicamente, los órganos dibujan melodías, los sujetos devienen tonos singulares y las relaciones traman armonías.28 ¿Y cómo se llega a esto? Recapitulemos: la conducta animal obedece, como vimos, tanto a una partitura genética inmanente (Bauplan) cuanto a una capacidad relacional constructiva, enlazadas ambas por el concepto operativo de círculo funcional. Ahora bien, los círculos funcionales –que definen el modo de hacer mundo de cada animal– se intersectan, se cruzan, forman circuitos, ponen a los vivientes en relaciones de punto y contrapunto. ¿Estas relaciones son puramente contingentes? ¿Se trata de una “simple sinfonía de libres sonidos”? No. Uexküll señala que todo animal adviene al mundo dotado de ciertas predisposiciones genéticas y, entre ellas, hay “genes complementarios”. De este modo, se explicaría el hecho de que el abejorro y la flor, o la abeja y la orquídea (es decir, seres cuyo origen en nada se
Sobre la metáfora musical en Uexküll, véase: Buchanan, B., Onto-ethologies: The animal environments of Uexküll, Heidegger, Merleau-Ponty and Deleuze, State University of New York Press, Albany, 2009, pp. 26-27; Heredia, JM, “Deleuze, von Uexküll y ‘la naturaleza como música’” en A parte Rei – Revista de Filosofía, Nro. 75, Madrid, 2011.
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parece y cuyo desarrollo se da en distintos espacio-tiempos), conjuguen sus círculos funcionales y desplieguen relaciones de punto y contrapunto. Ambos seres poseerían genes complementarios y ello los predispondría a entablar relaciones funcionales entre sí y a realizar la “conformidad a plan” de la naturaleza. Es esta complementariedad la que explica que vivientes de especies diversas entren en relaciones de lucha pero también de simbiosis y asociación, relaciones éstas que la teoría de la adaptación darwinista difícilmente puede explicar. Son dichas relaciones de co-funcionamiento las que permiten a Uexküll, entre otras cosas, postular la noción de “conformidad a plan” de la naturaleza como idea de la razón. ¿Estas relaciones son puramente necesarias? ¿La misma composición musical se repite una y otra vez? No. La Naturaleza no se ciñe a una partitura única, no canta siempre la misma canción porque, si bien la estructura de cada especie persiste, las relaciones tonales, melódicas y rítmicas que entablan entre sí los vivientes son fluidas e irreversibles. La canción nunca termina, se prolonga indefinidamente renovándose a sí misma y produciendo nuevas notas en la relación activa que los vivientes entablan entre sí y con sus mundos: “Lo que une a todas las relaciones existentes en un cambio continuo pero reglado es la conformidad a plan. El medio para que esta pueda imponerse lo constituyen los impulsos genéticos, actuantes en el protoplasma. Pero lo primario es la relación.”29 Juan Manuel Heredia

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Uexküll, J., carta séptima de la presente edición.
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