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“Yo soy tan normal como una paja” Supersalidos

Capítulo 1 – Patri

La chica desnuda de cintura para abajo a la que estoy lamiéndoselo con

esforzado interés se llama Laura. Esta es su habitación. La razón por la que no se quita el top, aunque no lleve sujetador, suele justificarla diciendo que se siente más sexy de la forma en la que la estoy viendo, otras veces dice que le gusta follar sin quitarse toda la ropa. Un extraño fetiche. Sin embargo, tras observarla, sé su autentica razón. En realidad no le gusta la forma que adoptan sus tetas cuando nada las sujeta. Como si existiera la posibilidad de que a mi no me gustaran… pero en fin ¿quien soy yo para decirle con qué follar? Mientras no le suponga nada, dejar que se las toque, no es un gran problema. Ahora mismo está gimiendo con fuerza y sobreactuando un poco. En realidad sobreactúa demasiado. Quiere motivarme y la verdad es que no puedo culparla. En otras circunstancias el simple disfrute de hacérselo con la boca y verla empaparse por mí ya me habría provocado una ansiosa erección, y sin embargo aquí estoy. Luchando por concentrarme y seguir, paso a paso, lo aprendido con otras mientras intento apartar mi cabeza de su poster de Jared Leto, el de Colin Farrell, el de Ryan Gosling… Los detalles en rosa de sus deportivas, el tanga a juego que ha caído sobre ellas, el corcho de sus fotos, el ejemplar de “Tengo ganas

de ti” de su mesita… en definitiva todo lo que hace que mi estimulación de su

clítoris esté siendo un desastre. Realmente sé que no tiene la culpa ni de mi flacidez ni de la falta de interés que no me deja concentrarme, así que decido ponerme en serio y asumir mi responsabilidad como es debido. Le introduzco dos dedos y esta vez sí, me gano su reconocimiento. Cuando por fin logro su culminación y frena mi boca con la mano sobre mi frente casi parece un sacerdote concediéndome el perdón.

Tras un breve respiro y antes de siquiera decirle nada ya lleva el condón en la mano. Cuando se acerca a ponérmelo y me la ve le choca un poco. No se esperaba que la tuviera tan dócil, así que decide empezar a felarme sin soltar el condón con la mano que no está usando. Al hacerlo me da la absurda sensación de que se prepara para tenderle una emboscada a mi pene. Esa gilipollez me hace sonreír estúpidamente por un instante y taparme la boca con disimulo para que no me vea. Solo falta que piense que me río de ella. Laura es francamente buena con la boca. Ya lo creo… Pero no lo está consiguiendo. Cuando cree que ya está me enfunda y se sienta sobre mí tal como vaticiné. Por un segundo hasta me hace creer que podré, pero pronto noto como

mi hombría se desmorona dentro de ella. Lo último que quiero es que se achaque

la culpa, bastante difícil le tiene que ser sobrellevar y excusar lo de hacerlo con camiseta, así que aunque no me guste le voy a mentir. Me digo que lo hago por ella y en el fondo es verdad. Usaré lo de la última vez. -Laura, creo que no voy a poder… Lo siento. -Le digo-.

-¿Qué te pasa, Hugo? –Laura me empieza a besar sensualmente el cuello y a lamerme los surcos de la oreja mientras con una mano me acaricia los testículos y me susurra al oído con la voz más lasciva que posee-. ¿No será que quieres que te la siga chupando…? -Esta semana he ido al urólogo. Últimamente me duele el glande al hacerlo por eso se me baja. No tengo nada raro, pero me duele. Quizá otro día ¿vale? Laura me besa en la boca e instintivamente le palpo sus grandiosas y problemáticas tetas bajo su top blanco. -Es una pena, pero si no se puede, no se puede… –Me dice-. Laura se tumba a mi lado y sigue besándome, casi consolándome. Supongo que es su instinto de mujer haciendo lo que todas ellas han ido aprendiendo a hacer desde el principio de los tiempos cuando sufrieron la disfuncionalidad de sus hombres. En una magnifica muestra de implicación y generosidad hacia mí, Laura descuelga su mano igual que antes y empieza a masturbarme con suavidad mientras me besa y me tumba para que me deje hacer. -¿Esto te duele…? –Me pregunta-. Acto seguido empieza a lamerme los pezones y a zarandeármela cada vez con más fuerza. En ese momento mi mente abandona la lucidez. Cierro los ojos y me dejo llevar. No sin antes preguntarme como alguien con un complejo, tan absurdo para mí, puede ser tan deliciosamente descocada. El ritmo de Laura ya no me deja pensar. Ella continua con ferocidad y a los pocos segundos más me doblega logrando que me corra. Cuando vuelvo a abrir los ojos la veo mirándome fijamente mientras me masajea con últimas y pausadas caricias. Después, considerando terminada su labor y sin dejar de mirarme, la frota contra su vagina de forma tan obscena que creo que me valdrá para futuras masturbaciones. Laura me cae genial.

Más tarde y ya de noche, de camino a casa, el paseo me sabe a derrota. Todo esto es difícil de explicar. Estoy seguro de que Laura me atrae, pero ya es la tercera vez que me pasa. Puede que el miedo a que me vuelva a suceder me haya provocado una neura, una que me impide hacer lo que hasta ahora siempre había sido sencillo, pero no, en el fondo sé que no es eso y también sé que si tiene algo que ver con ello lo tiene a una escala mucho menor. Hay algo que no está bien, puedo sentirlo y aunque lograra tener un pleno y glorioso coito con alguna chica, sin incidentes de ningún tipo, eso no significaría que el problema estuviera solucionado.

Bien pensado necesito despejarme un poco. Mi última esperanza de que algo salga bien hoy consiste en cuatro personas apostadas en una terraza y que ya deben tener la primera cerveza en la mano. Justo lo que necesito ahora.

Iván es el castaño de ojos verdes. Siente una pasión incondicional por el cine, las series y las cámaras, de hecho espera ser un buen cámara algún día. No es de los que pierden fines de semana subtitulando series, pero tiene la extraña manía de meter entre sus palabras, cada vez que puede, frases de películas o series que le gustan. Siempre ha sido el más atractivo de nosotros. Es guapo y a la vez tiene ese aura infalsificable de los chicos de buen corazón. Esa sensación instantánea que las chicas perciben como alguien que no las dañará. Realmente no es que haya estado con muchas más chicas que nosotros, pero si es cierto que siempre lo tuvo más fácil y a la primera impresión de su parte. Siempre está contento y jamás se ofende, no cree que tenga razones para ello y por esa razón lo usamos para insultarle cuando hemos tenido un mal día. Está locamente enamorado de Amelia, que comparte sus aficiones, su visión del futuro, sus gustos y además estudia muy cerca de él mientras aspira a ser directora de cine. Llevan juntos un año y jamás los he visto enfadarse. Son la pareja incómodamente feliz que no puedes evitar envidiar sanamente en ocasiones.

Dante es el rapado con la cuidada perilla negra de candado. Tiene los mismos ojos que yo aunque los míos son más oscuros, casi negros. Ahora mismo está soltero y es un auténtico salido. No un salido del tipo: la gorda de gafas no supone un problema, sino un salido de los que hablan de ello constantemente y siguen disfrutando de la masturbación varias veces al día aunque mantenga relaciones continuadas con una pareja. Trabaja en una pequeña empresa de fontanería con su padre y en sus ratos libres le gusta leer y buscar en internet sobre conspiraciones, sucesos paranormales y todo tipo de imágenes, videos y películas que la gran mayoría consideraría grotescas como poco. De hecho tiene una página que escribe junto a un amigo suyo americano al que nunca ha conocido en persona llamada: www.dondeescondielcadaver.com En ella se pueden encontrar desde videos reales sobre ejecuciones en países árabes, hasta horripilantes secuelas de operaciones mal realizadas, pasando por una gran cantidad de porno con el que sólo un psicópata lograría tocarse. Dante no está enfermo, solo tiene mucha curiosidad y un excéntrico sentido del morbo mucho más explorado de lo que la mayoría llega a explorarlo jamás y aunque para mí, que lo conozco, sea tan normal como la coca cola eso no evita que a veces piense en él cuando veo en las noticias gente hablando de que su

vecino parecía una persona muy normal y amable hasta que descubrieron que guardaba las cabezas de sus padres en el frigo.

La chica rubia natural del flequillo recto es Patri, estudia publicidad. De los dieciséis a los diecisiete salimos juntos, mi primera novia. Luego se hizo lesbiana y se juntó con la chica con la que está desde entonces, Violeta. Siempre me dijo que quererme fue lo que hizo que tardara tanto en salir del armario. Ella es la autentica voz de la razón de nuestro grupo. El último atisbo de cordura que nos queda. Con el tiempo aprendimos a escucharla y sin duda eso nos salvó de muchos domingos negros. Tiene un gran y negro sentido del humor y siempre mantiene la calma. Siente un gran cariño por todos nosotros y le gusta seguir viniéndose como uno más. Nunca ha querido perder la parte que suponíamos nosotros en su vida. Es la mejor amiga de todos y a la larga su homosexualidad enriqueció la amistad entre los cuatro, porque sea como sea somos tres chicos. Y Patri es alguien de quien podrías enamorarte en cualquier momento. Su novia, Violeta, es una defensora acérrima de la mujer rozando el hembrismo. Su familia es acaudalada, le encantan los cómics americanos, e idolatra sobre todas las cosas a Wonder Woman. Ella tuvo mucho más claro que Patri lo que era desde siempre y jamás estuvo con un chico. De hecho fue esa claridad y esa decisión las que hicieron que Patri lo aceptara con mayor facilidad, incluso a la hora de confesárselo a sus padres. Sus personalidades, gustos afines, el empuje de Violeta y la reflexión de Patri hacen que sean una pareja increíblemente compenetrada y feliz.

Y por último estoy yo. Me llamo Hugo, vivo en Almoradí un pueblo de la Vega Baja de Alicante, donde no suelen pasar muchas cosas y tengo veinte años como el resto de mis amigos. Costeo mi vida fregando platos en Ikea y gracias al cobijo de mis padres y su pleno apoyo a todo lo que me propongo. Solo hay una cosa en todo el mundo que me guste, me apasione y se me dé bien (al menos en la débil escala de las cosas que yo hago bien) Escribir. Y es más que probable que nunca llegue a comer de ello. No quise seguir estudiando después de bachiller y tuve la suerte de entrar por enchufe en un trabajo que me da las horas libres necesarias para poder ejercer mi vocación con cierta seguridad de conservar mi puesto si no la cago. Supongo que como a todos los veinteañeros, el futuro calló sobre mí de golpe pidiéndome una rápida respuesta sobre quien quería ser el resto de mi vida. Ya me hubiera gustado responderle… pero lo único que yo supe fue que ante la falta de respuesta lo mejor era ganar dinero y un horario que no me secuestrara aunque supusiera hacer lo que fuese. Después de todo no creo que haya

aspiración más universal que trabajar para vivir y no al revés. Si eso conllevaba el contacto directo con la forma de comer de la gente que así fuera, por un buen sueldo incluso podría jubilarme haciéndolo.

Mi vida es un entrelazado de rutinas que he ido construyendo hasta acabar

disfrutando de ser quien soy y por mucho que sea triste no preocuparse de que tu nombre perdure mi íntima inexistencia fuera de mi círculo es todo lo que amo y

deseo preservar.

Mi lugar en este grupo de amigos, juntos desde primaria, consiste en mi

equilibrio. Me acerco mucho al sentido común de Patri, a la sensibilidad de Iván y

a lo que sea que tiene Dante. Yo aporto la empatía y la comprensión. El resto de cosas importantes dentro de una amistad como determinados gustos, el humor, o incluso el vocabulario siempre han sido en nuestro grupo algo coral.

La azotea en la que hemos quedado es parte de la casa de Patri. De niños

poníamos tiendas de campaña y nos quedábamos a dormir aquí. Con el tiempo se ha convertido en nuestro lugar de reunión. Tras saludar a la madre de Patri subo las escaleras sabiendo que soy el último en llegar. Esta noche estoy un poco ausente. No tardarán en preguntar.

-Justo a tiempo. –Dice Iván al verme-. Dante quiere poner una película.

-La última vez que trajiste una película no salió muy bien, Dante.

Patri me mira y me acerca una cerveza abierta sin decirme nada.

-Es fuerte, pero realmente las escenas no son tan fuertes. –Explica Dante-.

-¿Cómo se llama? –Pregunto-. -A Serbian Film. El título corta a mitad mi primer trago. -Joder Dante, esa es la de los folla bebés. Llevas toda la semana hablándome de ella. -No es de follarse bebés, eso sólo es una escena y además no se ve realmente cómo lo hacen. -Con sólo imaginármelo ya me esta sentando mal la birra. -Por lo menos yo propongo cosas distintas no la misma mierda de siempre tratada y empaquetada para los cines que vais a ver vosotros, capullos. -Tú también las ves, algunas veces invitando a la chica que te llevas ¿de qué coño te quejas? –Interrumpe Iván-. Además ¿me vas a decir que la A Serbian Puta Mierda esa es mejor que Seven? Siempre es mejor una buena trama que lo macabro porque si. -¿Cuándo he dicho yo que todo lo demás sea mierda? Sólo digo que no todo es Hollywood joder. Podemos ver otras cosas. Os marcáis unos gustos y es que no os sacan de ahí.

-Dante… ¡se follan a un bebé! No nos estamos quejando de que dure tres horas o de que el argumento aburra. Se follan a un recién nacido y obligan a un tío a verlo. No quiero que esa mierda roce mi mente ni insinuado ni de ninguna otra puta forma. Aceptamos ver Ken Park y nos colaste en su lugar la aberración esa del cien pies humano. Hemos visto muchas veces muchos de tus videos “no son tan fuertes” y lo extraño es que jamás hayamos llamado a la policía. -Yo aun sueño a veces con la china que se sacaba el ojo con un tenedor… - Añade Patri-. -En serio. Tu cine está vetado en el grupo. Le dimos una oportunidad, pero no lo consiguió ¿de acuerdo? Tendrás que verlos on-line con Michael. -Nazis. -¿Y tu qué? –Me pregunta Iván mientras bebe-. ¿La tardanza significa que has mojado con Laura? -¿La has rellenado como a un formulario? –Pregunta Dante y sin contestar nada doy otro trago. -Le ha vuelto a pasar… –Contesta Patri por mí-. Dante e Iván la miran y luego me observan a mí dar otro trago y sentarme. -¿Cómo coño es posible? –Pregunta Dante-. Es como cuando vimos American Pie y todos coincidimos en que era imposible correrse dos veces seguidas, realmente ¿cómo es posible que te pase eso? Siempre he considerado tú libido muy cercana a la mía y Laura no está nada mal. -No lo sé, pero está empezando a ser un problema. Al principio mantuve la calma, pero hoy cuando hemos empezado a desnudarnos he podido notar los nervios en la nuca, nunca me había visto así antes de un polvo. -Excepto la primera vez. –Añade Patri sonriéndome con complicidad-. -Menos esa vez claro. –Le devuelvo la sonrisa-. -¿Vas a ir al urólogo? –Pregunta Iván-. -Que va, estoy casi seguro de que no es nada físico. -No estaría de más ir ¿no? Para asegurarte al menos. -No es físico. –Dice Patri-. Aunque no quieras que lo diga, necesitas oírlo, Hugo. Esto es por Helena. Noto como si mis intestinos se anudaran de repente, llevaba tiempo sin escuchar ese nombre. -No pasa nada, no tengo ningún problema en que hablemos de ella, pero no creo que sea eso. -Además, después de Helena estuvo con la chica esa y le fue bien ¿cómo se llamaba? La de Torrevieja –Dice Dante-. -Aitana. Y si, con esa todo fue muy bien. -Llevabas sin follar más de cuatro meses, Hugo. –Replica Patri-. Estarías para que te diera algo. Pero después de Aitana con todas te ha pasado y por daño que

Helena te haya hecho estás entre amigos, puedes reconocerlo. Para ti ella aun es la mejor. Si quieres mi opinión creo que tu poya está siendo más sincera que tú. -Lo que está claro es que con Helena no voy a volver, de hecho no creo que llegara a salir nunca con ella. Así que tengo que empezar a buscar una forma de solucionar esto y evitar que vaya a peor. -Por lo menos antes de que empiecen a hablar entre ellas de lo mal que te las follas. -Si, Dante… cómo mínimo antes de que empiecen a hablar de eso. Después de lo que ha pasado hoy creo que lo más sensato es evitar quedar con nadie hasta notarme más dispuesto. -Yo haría algo incluso mejor. –Dice Iván-. Espera a una chica mejor y a que quieras hacerlo con ella. A mi no se me ocurre nada más fácil de conseguir que una mejor que Helena la verdad. Puta de mierda… -Iván, no hace falta insultarla, joder. Pasemos de ella y ya está. Se trata de recobrar mis erecciones y en plenas facultades, basémonos en eso. Helena ya no cuenta. -Si quieres erecciones vayamos mañana a Rojales. –Propone Dante-. Vayamos, bebamos algo y contemplemos unos cuantos culos, cómo mínimo volveremos con una buena encima y ganas de tocarnos. -Me apetece beber, pero para abrir boca antes de ir al irlandés. Además, mañana es viernes, ya vamos el sábado a Guardamar tendrás culos de sobra con eso. ¿Amelia y Violeta se vendrían mañana? -Amelia si. –Dice Iván. -Convenceré a Violeta, nos lo pasaremos bien. –Dice Patri-. -Si por la tarde Violeta está ocupada dile que te dé el dinero, mañana a las siete compramos lo de mañana y pasado ya de paso ¿Vale? -Se lo pondré yo, no te preocupes. -Decidido entonces. -Coño. No me gusta cuando salimos los seis, parecemos los de Friends. -Cállate Dante. –Dice Patri-. -Cállate tú, Phoebe bollera.

Capítulo 2 – Mari Paz

Dentro del Intermarche repaso mentalmente la etílica lista de la compra, mientras Dante va echándolo todo a la cesta. Hoy solo hemos venido nosotros

dos.

-Llevamos el Seagram, los vasos, el hielo lo cogemos antes de irnos… -Recuérdame por qué no cogemos litros. -La ginebra es más rápida y en el irlandés podemos pedir cerveza mejor que la que venden aquí, Dante. Además así ya tenemos lo de mañana sábado. -Aun así los litros son más baratos. Sobre todo desde que os dio por dejar de comprar Negrita. -El sabor y la ausencia de resaca hacen que merezca la pena pagar la diferencia. Intenta mezclar Negrita con cerveza y verás como te levantas mañana. Echa cuatro de tónica, con eso y el hielo ya lo llevamos todo. -¿Marca pordiosera? -Schweppes. Si vamos a echarle mierda sería mejor comprar ginebra Thomas. -Vaya unos niños de bien estamos hechos… Dante termina de llenar la cesta y giramos al final del pasillo dirigiéndonos por fin a la caja. -¿Alguna vez has pensado en parar el tiempo aquí como en la peli esa que desnudan en medio del supermercado a la mujer de las tetas enormes? –Me dice-. -Se llamaba Cashback. Y no. -No lo has pensado, pero seguro que te gustaría. Por lo menos verla a ella. -Joder claro que me gustaría verla desnuda, no soy gilipollas. -¿Se la llegarías a meter? -Dudo mucho de la excitación que pudiera provocarme un cuerpo paralizado, Dante ¿Nunca has oído eso de que es mejor no tener nada si no puedes tenerlo todo? -Yo creo que no lo haría pero por incomodidad. Habría que gastar cantidad de lubricante a no ser que ya estuviera mojada antes de parar el tiempo ¿no? Poco a poco nos acercamos hasta su caja, tiene tres clientes y su compañera sólo dos. Sé que una vez más se me verá el plumero, pero prefiero verla de cerca. No puedo evitarlo. -¿Si sólo pudieras parar el tiempo una vez a quien desnudarías? –Le pregunto-

.

-¿Se vale famosas? -No. -A Amanda de Rojales, eso si que es un espectáculo. -¿De las que te cortarías la polla después de tirártela? -Por tirarme a Amanda me la cortaría incluso antes. -¿Y cómo…?

-Le metería los huevos. Ya estamos a pocos segundos de la cola. -Luego seguiremos hablando de esto, ahora por favor no hagas el gilipollas ¿vale? –Le pido-. Sé que piensas que es gracioso que me ponga nervioso delante de ella pero a mí no me hace ni puta gracia. Hablo en serio. -Me portaré bien, lo juro. Cuando por fin nos toca me mira directamente a los ojos con la misma sonrisa de siempre. Se llama Mari Paz, me saca varios años, aunque no demasiados, debe tener unos veintisiete o veintiséis y está casada. Es lo que podríamos llamar un amor platónico, no tengo la más mínima posibilidad de acercarme a ella, pero no puedo evitar que me cautive cada vez que la veo. Para mí, que he tenido la fortuna de mantener la compostura con chicas que me han impresionado mucho más de lo que nunca sabrán, Mari Paz es una sorprendente excepción. Su boca, sus ojos, su cuerpo, todo encaja a la perfección envolviendo una simpatía que hace que se me trabe la lengua, no me salga la voz o incluso no sea capaz de contar el dinero que llevo en la mano. Al margen de su matrimonio, de la imposibilidad o de cualquier otro factor que hace que una relación no sea tal y se convierta en algo platónico, este tipo de situaciones siempre tienen en común, en algún momento, un punto de inflexión. Cuando el deseado se da cuenta de su influencia sobre el otro. En mi caso Mari Paz lo apreció en silencio y jamás se aprovechó de su superioridad, de su edad, ni de su experiencia para sacarme los colores o ponerme en un aprieto que podría haber sido divertido para ella y sus compañeras. Yo creo que al darse cuenta se sintió halagada y por eso comenzó a ser más amable, a sonreírme más y a hacerse la tonta como yo intentaba en vano hacer siempre. Mari Paz no es algo que me torture no poder conseguir. Es, como ya he dicho, una excepción. Algo genuino y distinto que quiero conservar inalterable, porque es eso a lo único que puedo aspirar. No tengo ni la más remota duda de que en otras circunstancias lo habría intentado hasta estrellarme. Pero eso es tan absurdo como pensar en mi vida si hubiera nacido en África. Las circunstancias son las que son y el elemento inalcanzable que posee Mari Paz para mí es lo que hace que cada leve gesto, sonrisa o mirada, sean valiosas de un modo que con otras no será nunca tanto ni igual. -Hola. –Digo con voz floja mientras ella empieza a pasar la compra-. -¡Hola! -Sonríe-. ¿Dónde vais esta noche? -Nos quedaremos en el pueblo. Hoy nos lo tomaremos con calma. –La miro, sonrío y vuelvo a mirar el dinero empezando a contar otra vez desde el principio. Ella termina de pasar la compra y se me queda mirando-. ¿Cuánto es? Mari Paz de repente sonríe un poco más, casi riéndose. -¿Os lo vais a tomar caliente?

-¿Cómo? -Hugo… –Me dice Dante-. El hielo. -¡Ah! ¡El hielo! Si… Es que con tantas cosas ya no hay forma de acordarse de todo. –Me rio sin ganas y al instante de pronunciar lo dicho lo vuelvo a oír repetido en mi cabeza dándome cuenta de que ha sido una completa gilipollez-. Me acerco hasta la nevera industrial junto a la caja y cojo cuatro bolsas. Tras pasarlas le deposito todo el dinero en las manos y tras contarlo me devuelve cinco euros que le he dado de más. Nos cobra, cogemos las bolsas y me despido de ella con un hasta luego. Mari Paz hace lo propio bajando y subiendo cuatro dedos de su mano derecha sin dejar de sonreír. Otra gran muestra de entereza por mi parte Al salir. Dante, que lleva el hielo, saca una de las bolsas y me la da. -Toma, esta es para ti. -¿Para mi? ¿Por qué? -Para los huevos.

Ya cenados, duchados y con varios gin tonic encima. Nos acomodamos en una de las mesas del pub irlandés y pedimos lo acostumbrado: Una ronda de chupitos de tequila nada más llegar y seis pintas de cerveza. Después, cada tres pintas, solemos pedir otra ronda de chupitos. -¿Jugamos al “Yo Nunca”? –Propone Iván-. -Cariño, no… –Le responde Amelia-. La última vez que jugamos al “Yo Nunca” Dante me sonsacó todo lo que me había metido a la boca desde prescolar. -Todos los que juegan al “Yo Nunca” lo hacen para descubrir lo que han hecho los demás y como excusa para contar lo que hicieron. Es el propósito del juego. – Se defiende Dante-. De hecho la mayor regla del “Yo Nunca” es empezar siempre por alguien adecuado. Si es demasiado atrevido lo que pregunta y muchos beben, los que menos barbaridades han hecho empezaran a mentir para no parecer monjas. Y viceversa ¿verdad Amelia? -Aunque solo sea para que te calles. –Le dice Violeta-. Hoy he ojeado tu página, Dante. Entre toda la basura tienes algunos artículos buenos. El de la gran pirámide y el de la Atlántida me han gustado, pero no me queda muy claro si lo has sacado de fuentes fiables ¿todo lo que pones está contrastado? -Todo está sacado de autores que han escrito y estudiado el tema. Detrás de todos los lunáticos y los supuestos abducidos hay personas que estudian esas cosas con seriedad. Si te ha interesado puedo pasarte los programas de Cuarto Milenio que hablan de ello. El programa en sí no es que indague mucho, siempre se limitan a lanzar preguntas y a sentar en una mesa varios tíos que se enfrenten y difamen mutuamente, pero siempre dan referencias de obras y autores. Algunos merecen la pena.

-¿Y que significa el nombre de la página? ¿Por qué se lo pusisteis? –Pregunta Amelia-. -Lo eligió el americano y me hizo gracia. El nombre de una página no hace falta que signifique una mierda, solo que llame la atención para que alguien pinche a ver que es. -Donde escondí el cadáver. –Digo tras un trago-. Estoy seguro de que Dante tiene un par de sitios donde esconder uno. –Todos reímos. Hasta él-. -Yo no lo escondería. –Responde-. Lo tiraría a una acequia que cubriera poco. Esto no es el puto desierto de Las Vegas, si al final acabarán encontrándolo mal enterrado en cualquier huerto de por aquí es mejor centrar los esfuerzos en la coartada. -¿Y cómo conseguirías una coartada, Dexter? –Pregunta Iván-. -Si de verdad me lo propusiera… Haciendo que sea un suicidio. Le das unos cuantos tranquilizantes, para que esté dócil. Usas un cable eléctrico grueso, se lo enrollas al cuello varias veces y te lo echas a la espalda hasta ahogarlo y que las marcas del cuello parezcan las de un ahorcamiento fallido. -¿Ahorcamiento fallido por qué? –Pregunta Patri-. -Un ahorcamiento falla cuando el sujeto no se parte el cuello con la caída. Cuando eso no pasa pueden tardar hasta media hora en ahogarse y morir. -Entonces tendrías que tirarte media hora ahogándole. –Interviene Violeta-. Qué estupidez, nadie haría eso. -Exacto. –Contesta Dante dando lugar a un siniestro silencio-. De repente me viene la inspiración. -Pues yo no lo haría así. -¿Puedes superar al futuro perturbado aquí presente? –Me dice Iván-. -Yo me desharía del cadáver. Sin cadáver no hay crimen. Esperaría a una fecha en la que la víctima no fuera echada de menos y me desharía del cuerpo a conciencia. Quemando la carne y el pelo por completo y después troceando y licuando los huesos hasta que no quedara más que un puré que pudiera tirar al Segura sin miedo. ¿Cuánto podría llevarme? ¿Un día? ¿Día y medio? -Vamos a ver. –Interrumpe Patri-. Tal como ha dicho Dante esto no es las Vegas, ni la policía de aquí es como la de Bones o C.S.I. Si hablamos en serio de matar a alguien ¿creéis que haría falta algo más que un buen traje de los que se usan para pintar casas, guantes de látex, redecillas del pelo en los zapatos y fil y gafas de bucear en la cabeza para no dejar ni rastro? Se le dispara y después deshaces la pistola en algún lugar alejado con ácido. -Aquí las armas no se compran con tanta facilidad Patri –Le contesto-. El arma sería la mejor pista, aunque la quemaras podrían estrechar el círculo entre las personas que conociera la víctima con permiso de armas y habrían muy pocas.

-Podrías hacer lo que ella explica para llevar a la víctima con su propio coche a un descampado y gasearlo dentro de él usando el tubo de escape y una manguera. -Dice Dante-. -Muy arriesgado conducir su coche. Demasiado. -Quien algo quiere… -Dice Patri-. -Vamos, joder. No seáis cabezones. Os vería cualquier abuelo de campo por muy rápido que fuerais por los huertos. Tú no te arriesgarías tanto y Dante tampoco. Estoy seguro. -Pues lo mataría acuchillado por la espalda con un cuchillo de su casa. Sin dejar ningún tipo de huella ni rastro ¡No me podrían acusar de nada! -¡Chicos! –Nos detiene Violeta-. Estáis gritando Patri, Dante y yo damos por concluida la discusión y bebemos un poco hasta que Iván la retoma. -Escuchad. Más interesante aun que cómo lo haríais. Si estuvierais seguros de que nunca os cogerán ¿a quien os cargaríais? -Uuuuhhhhh. Interesante. –Se ríe Amelia-. Yo lo siento cariño, pero me cargaría a tu madre. -No lo dices en serio. -Mi amor tu madre me odia, está obsesionada con tu ex ya lo sabes. Ella esperaba que te reformase y te quitase de la cabeza la idea de ser cámara. Luego llegué yo queriendo ser directora de cine y a la mierda sus planes de un hijo cirujano. -Amelia, si no quieres que Iván se convierta en un coñazo durante toda la semana, créeme. No lo estás diciendo en serio. –Le aconsejo-. -Bueno, pues… a tu ex. ¿Vosotros? -Yo a Juan. –Contesto-. No lo hay más subnormal, prepotente y con peores entrañas que él. Seguro que si lo apuñalara me rociaría de ácido como un Alien el muy hijo de puta. Sobre todas las cosas odiaba desde siempre a Juan. Antes de salir yo con ella se había portado muy mal y había jugado mucho con Patri y por más que quisiera dejarlo estar, eso era algo que ni yo ni ella podríamos perdonarle jamás. No merece la pena contarlo aquí. Pero os aseguro que son razones poderosas. -Secundo totalmente esa acción. –Patri eleva el puño y le choco con los nudillos en señal de apoyo-. -Yo a mi profesor de comunicación audiovisual del instituto. El puto Ramiro – Contesta Iván-. Casi me hace odiar lo que estudio antes de empezar y encima siempre criticaba a saco el cine de acción y a Tarantino diciendo que ambos eran irreales, aburridos, manidos y vulgares. Primero le haría suplicar. Después le susurraría:

Yippee Kai Yei Hijo de Puta” y… ¡BANG! En plena cara, al más puro estilo John McLane. -Yo a mi tío Antonio. –Dice Violeta-. De haber nacido antes habría fundado él solo la misoginia. Podríais intentar multiplicar por diez todos los clichés del machismo y ni os acercaríais. -No está de coña. A mi me llegó a preguntar si no me había cansado ya de ser lesbiana. –Corrobora Patri-. -Yo a mi padre. –Dice Dante-. Cuando estamos trabajando y me cabrea o increpa para dejarme claro que él manda delante de alguien le daría con cualquier cosa hasta matarlo a golpes. A la larga me arrepentiría, pero disfrutar de ese arrebato y llevarlo hasta el final en pleno estallido de furia sería orgásmico. Casi tanto como para Hugo ver a Mari Paz, ya que nadie saca el tema. -¡Uuuuuhhhh! –Dice Patri sonriendo-. ¿La has visto? -Eres un gilipollas, Dante. -Eso es de sobra conocido por todos los de esta mesa. -Todos los de esta mesa estarían dispuestos a declarar bajo juramento que lo

es.

-Gracias Amelia… Como iba diciendo sí, soy un gilipollas, pero tengo memoria y por lo tanto recuerdo que no hemos ido a Rojales, perdiendo así la oportunidad de ver multitud de hembras dispuestas porque subconscientemente querías hablar de algo con nosotros. Por eso lo de este plan tranquilo y puesto que necesitas un poco de empuje nos saltaremos el ritual de las tres pintas y traeremos ahora mismo una ronda de chupitos que te suelten la lengua. -Estoy totalmente de acuerdo, yo me quiero enterar. –Añade Violeta-. -No hay forma de que te escapes. –Dice Patri-. Queremos respuestas. -¿Quieres respuestas…? –Le pregunta de repente Amelia a Iván. Él después de unos segundos lo comprende y le contesta-. -Creo que tengo derecho a tenerlas… -¿¡¡Quieres respuestas!!? -¡¡Quiero la verdad!! -¡¡TÚ NO PUEDES ENCAJAR LA VERDAD!! Iván empieza a reírse a carcajadas mientras los demás nos quedamos sorprendidos y contagiados con su risa repentina. Abraza con fuerza a Amelia le acaricia la cara y la besa. -Te quiero Million Dollar… Iván vuelve a besarla. El nombre de Million Dollar se debía a que Iván, para salir con ella, le dijo que la consideraba una entre un millón y que no podía resignarse a no estar con ella. Le dijo que la querría dijera que sí o dijera que no. Por ello y por el parecido que Amelia guardaba con Hilary Swank, ya sabéis, Million Dollar Baby, le sacó ese apodo. De hecho, casualidades de la vida, Swank

era la protagonista de la película Amelia basada en la vida de la aviadora Amelia Earhart. -Iván. –Le dice Dante después de reírse-. A por chupitos.

Capítulo 3 – Helena

Tras el correoso trago comienza mi alegato.

-Bueno. Haré como que no sé que Amelia y Violeta están enteradas y empezaré desde el principio.

Mi polla no funciona como debería. Como siempre ha funcionado.

Desde que terminó lo que sea que tuviera con Helena hace casi un año he mantenido relaciones con cuatro chicas: Aitana, Cristina, Teresa y por último Laura. Con las tres últimas no he llegado a tener sexo pleno. Los síntomas han sido dificultad en la concentración, como ponerme a pensar en otras cosas absurdas durante el sexo, nervios, falta de apetito una vez puestos a tema y dificultad para mantener una erección de forma continuada. Con Cristina y Laura llegué a eyacular, pero en ninguna de las dos ocasiones fue mediante coito. Ambas me masturbaron. Teresa me propuso hacerlo sin protección y después usó su boca, pero fue igualmente imposible. Con mis propias masturbaciones sigo eyaculando, pero noto igualmente la erección menos duradera que antes. Aunque al principio me apetezca, a la hora de quitarme la ropa el sexo está empezando a convertirse en algo más tenso (no quiero bromas) que placentero. Me frustra y no lo afronto con confianza. No es cuestión ni de conocer a alguien,

ni de dejar pasar un tiempo quiero llegar a la raíz y solucionarlo ya. Sois mis amigos, así que es con vosotros con quien quiero hablar de esto.

Se hace un pequeño silencio. Todos beben imitándome a mí que con el

discurso me había dejado la garganta seca y después Dante habla. -Lo primero de todo Hugo… ¿Tienes aún el número de Teresa? Todos se giran hacia él. -De verdad… Que asco. –Exclama Violeta-. -Puedo fingir que después de lo que ha contado no tengo esa pregunta en la cabeza o puedo hacerla, Hugo darme su móvil, y a partir de ahí prestarle de verdad toda mi atención. Reconozcámoslo, nadie de esta mesa se ha sorprendido. Saco mi móvil del bolsillo y se lo deslizo sobre la mesa a Dante que lo coge y empieza a buscar el número de Teresa. -¿Veis? Eso es comprensión plena, todos deberíais aprender un poco de Hugo. Gracias, tío. -Respecto a lo que me dijiste anoche Patri… Sí, creo que esto puede tener algo que ver con Helena, puede que se haya terminado, pero que no se haya solucionado. Puede que aún sienta rencor, que aún la quiera y que casi un año después aun no piense de verdad en ninguna otra.

Noto al instante como la caja de Pandora se entreabre. Noto la sorpresa que les invade al oírlo pronunciado en mi boca y noto cómo todos lo pensaban antes de decirlo yo. Por eso los cuatro gin tonic antes de entrar aquí. El silencio de ahora se prolonga un poco más. Patri está buscando algo adecuado que decir. Los demás están esperando que ella hable. -Mira Hugo… -Me dice-. Helena ha sido tu gran amor, tu gran desengaño y tu gran error. Al menos la primera que ha sido todo eso para ti y es duro muy duro, sobre todo que las tres hayan sido la misma. Pero no es la única chica que ha existido para ti, han habido otras, entre las que me incluyo, otras a las que has querido mucho y que te han atraído también. A medida que alguien avanza y empieza a sentir cosas por otras personas va sustituyendo a las anteriores por otras que a sus ojos tienen lo que no tenían las otras. Eso es lo que ocurre en la adolescencia cuando no sabes lo que quieres y todo es probar. Por eso no es hasta después de esa etapa cuando determinamos lo que ha sido una relación y lo que no. La cuestión es que en ese tiempo empiezas a definir una serie de cosas que consideras necesarias para estar con alguien, un humor similar, una sinceridad más o menos problemática o hasta lo mucho o poco efusiva que sea. Pero después está el verdadero primer amor. El arrebatado. Ese es el que manda a la mierda todo lo que buscabas porque inexplicablemente te une una química a esa persona que romperá todas tus expectativas, te hará cometer los errores más premeditados que cometerás jamás y sencillamente te hará que nada importe. Porque esa persona y los reflejos oscuros de su personalidad de los que te juraste huir acabarán convenciéndote de que es precisamente lo peor lo que amas de ella. Ese tipo de amor es imposible de modular o controlar, porque la única forma de tomarlo será anteponerlo a ti y perdonarle todo. En este momento me pregunto como existió persona en este planeta capaz de lograr que olvidara a Patri. Seguramente todos siguen callados porque nadie se ve capaz de decir nada mejor que eso. Violeta alarga la mano hacia su cuello y tira de ella hacia sus labios con un ansia que nos sonroja mirar fijamente. -Esta noche voy a comerte hasta morirme… -Le susurra Violeta al oído. El alcohol le impide ver que la oímos-. -Patri… -Le digo primero para que ambas vuelvan a la realidad-. ¿Después de lo que has dicho que posibilidad tengo de olvidar algo así por destructivo que fuese? -Ese es sólo un tipo de amor. El que tú has sentido con Helena y el que yo encontré con Violeta. Pero no todo acaba ahí. El amor es infinito. Infinito en combinaciones, en formas y en desenlaces. Aceptar una muerte cercana, una

enfermedad terminal, una traición, un despido y una ruptura son seguramente las cosas más difíciles de afrontar que existen y no necesariamente en ese orden. La cuestión es que si Helena, por las razones que sean, no es tu mitad. La persona que sí lo sea no será como ella y el amor que te ofrezca no será tampoco el mismo. Si lo fuera el final sería idéntico eso es evidente. Y es por ello que aunque no me creas hay esperanza. No se ha acabado todo con Helena, sencillamente por que Helena no es la apropiada, estoy segura de ello. -Disculpadme. –Dice Dante-. Nos la hemos pillado gorda y estas divagaciones románticas quizá contengan el sentido de la vida, pero la polla de Hugo sigue floja y no alcanzó a ver una solución clara en toda esa sabiduría. -¿Tú tienes esa solución acaso? –Pregunta Amelia-. -No puedo llamarlo solución, es solo lo que yo haría. -Te escucho. –Le digo-. -Fantasías. Todos guardamos ciertas fantasías que, sin encontrar antes a una auténtica salida dispuesta a no cortarse un pelo, reservamos para la pareja estable, la que esperamos encontrar. Sobre todo por lo imposible de pedirle a alguien con quien te estás acostando por primera vez algo que pueda dar lugar a una incómoda falta de entendimiento que estropee el polvo que te costó lograr. El auténtico afrodisíaco existe y son las fantasías. Ese tipo de cosas, reprimidas durante años esperando rugir y con hormonas ardiendo a su alrededor son un estimulante único. Yo he tenido erecciones, que sé que una viagra no podrá conseguirme jamás, haciendo verdaderas obscenidades que juré no contar y que Hugo sabe con detalles. Si a mí me fallara el pene, exploraría dentro de internet y de mi propia sexualidad hasta dar con algo que me ponga y con alguien que me lo dé. -Aun quiero saber que me parece eso por la mañana pero joder, tiene mucho sentido. –Le digo-. -Claro que lo tiene. Averigua lo que te gusta y llévalo a cabo. Si todo el mundo investigara quien es en vez de pagar para que le buceen en la cabeza todo iría mejor. A la mierda el Prozac y los psicólogos. Averigua lo que te gusta. -De todas formas yo sigo pensando que no hay nada malo en ir al médico, parece que te asuste lo que te pueda decir. –Dice Iván-. -Joder Iván, tú padre es médico. Tú confías en los médicos porque has crecido rodeado de ellos, vas por casi todo lo que te pasa, pero a mi no me gusta ir porque sí. Si tengo que ir iré, pero no tengo prisa, de momento intentaré otros modos. -¿Puedo preguntarte algo, Hugo? –Dice Amelia-. -Claro, dime. -¿Por qué ya no te gusta Patri?

La pregunta me pilla totalmente desprevenido y a juzgar por el tenso silencio que se expande por toda la mesa a los demás también. -Pues… -Lo pienso durante unos segundos-. Esperad porque no es una pregunta tonta, quiero ser completamente sincero. Tras pensarlo bien contesto por fin. -Creo que lo superé del todo cuando conoció a Violeta. Puede parecer una tontería de macho orgulloso. Pero el hecho de que eligiera a Violeta y con ello a las mujeres hizo que fuera más fácil de aceptar, más fácil de lo que creo que habría sido aceptar que prefería a otro hombre antes que a mí. El olvido definitivo de cualquier sentimiento romántico supongo que llegó cuando conocí a alguien por quien sentí más que por ella. Aun así es innegable que por todo esto he desarrollado una fuerte amistad con Patri y al mismo tiempo muchas de las cosas que tiene las quisiera en otra persona. Yo creo sinceramente, que lo que reúne Patri es lo que debería encontrar en alguien para ser feliz. Lo curioso es que, si estuviera enamorado de ella, esas cosas no las habría visto. No la conocí de verdad hasta que lo dejamos. -Pues lo siento pero es mía. –Dice Violeta sonriendo-. -Tranquila. –Le digo de igual forma-. Del mismo modo que he dicho todo eso también sé muy bien que no todo el monte es orégano… Patri se levanta sobre la mesa y me da un puñetazo en el hombro. -Sigue llorando por lo que ya nunca tocarás, cabronazo. –Me dice-. Mientras las risas continúan hasta menguar y terminamos las pintas, prometiendo que es la última ronda antes de irnos, Iván habla:

-¿Y si buscas a las chicas por las que sentiste…? Aunque le oigo necesito bebérmela hasta el final para reprimir la arcada que noto acercarse. Tras apoyar el vaso le escucho. -¿Cómo? -Dices que ves cosas en Patri que no veías cuando estabas con ella. ¿Qué diferencia a Patri de las otras chicas por las que sentiste algo? -Qué Patri ahora es una amiga íntima. -Pero una ex al fin y al cabo. -¿Y? -Tú necesitas olvidar a Helena. Helena ocupa ahora mismo tus gustos. Ella es la que hace que reniegues de lo que tienen las demás, porque en el total las supera. Si recordaras que fue lo que te enganchó de esas otras chicas y recordaras también que eran muy buenas y que las perdiste ¿no es probable que al final la perdida de Helena pareciera menos entre las demás? Quizá ese sea el camino para romper su pedestal. Lo que más temo es sobre todo la parte del subconsciente que me recuerda que voy borracho y la temo porque no quiero acostarme esta noche esperanzado y despertarme mañana sin haber alejado ni un centímetro el fondo de mí. Sin

embargo lo que Iván dice también tiene mucho sentido. Después de todo “Las

olvidadas” no son tal, yo estoy seguro de poder dar una gran cantidad de detalles nítidos sobre como eran, lo que me gustaba de ellas o los sitios y momentos que escribieron nuestro mes o mes y medio. -Fantasías tío. –Dice Dante tras acabar su pinta-. No opinaré sobre nada más porque no veo ninguna solución mejor. -Pues a mí me parece una buena idea. –Dice Amelia-.

-Y a mí. –Dicen al unísono Patri y Violeta-.

-Porque sois mujeres. –Les dice Dante-. Nunca habéis convivido con una

polla, pero os encanta esa clase de mierda.

Si cogiéramos lo que acaba de decir Iván e hiciéramos que lo protagonizara

Hugh Grant estaríais haciendo cola para verlo tres días antes del estreno. Tras reírme con la ocurrencia de Dante, empiezo a considerarlo seriamente. -De llevarlo a cabo no podrían ser las chicas que me hayan gustado y tampoco, no sé… A las que haya besado. Habría que concretar un poco más. -¡Mario! ¿Nos pones la última, por favor? –Pide Dante-. -¿Las que te has acostado? –Pregunta Violeta-. -No. Algunas fueron muy importantes de más joven y no me acosté con ellas. Tras un rato pensándolo al fin creo tener la solución. -Tetas. -¿Qué? –Pregunta Patri-. -A las que les toqué las tetas. Creo que ese es el patrón sobre el que basar la búsqueda. Las chicas a las que les toqué las tetas engloban a aquellas con las que me acosté, a las que me gustaron y por las que empecé a sentir y deja fuera a los amoríos de colegio. Dentro de las tetas tendré que centrarme en las más importantes, pero creo que la clave es esa… Bueno chicos. De verdad quiero daros las gracias. No se cómo amanecerá todo esto, pero esta noche al menos me siento bastante mejor. -Antes de sacar los pañuelos y darnos abrazos es el momento de pincharnos esto e ir a casa. –Interrumpe Dante mientras reparte la última ronda-. Tengo que beberme una de Bezoya antes de acostarme si mañana quiero seguir vivo. Todos terminamos la última con prisa y sin apenas notar que entra. Nos despedimos en el Paseo de la Iglesia y la noche se difumina por completo. El trayecto hasta mi casa transcurre en segundos y no soy capaz de recordar como he entrado ni si he hecho ruido. Lo único que sé es que quiero dormirla. Buenas noches…

Y así, conmigo ebrio, alcanzamos anoche el auténtico comienzo de esta

historia.

Hoy domingo, y bastante más sereno, he terminado de escribir todo lo que has leído antes de llegar hasta aquí con toda la fiabilidad de la que ha sido capaz mi memoria. Si me he decidido a escribir lo que sea que acabe siendo esto es porque me sigue pareciendo buena idea por la mañana y sé que si estoy dispuesto a llevar cualquiera de los planes aconsejados a cabo sé que cuando acabe lo querré por escrito y desde el principio. Después de todo no existe forma más sencilla de comprender algo que explicarlo a los demás. Aún no sé si nadie leerá esto, pero llegué a alguien o no siempre es más fácil contarlo para un invisible lector. Lo último de la noche fueron dos sándwiches de jamón york, queso y alioli a medio comer que han aparecido en mi mesita esta mañana y un tweet que escribí con los ojos abiertos a duras penas. Un gran sábado… Veremos que pasa mañana.

Hugo Ramos @PalabrasNecias:

“TETAS”

Capítulo 4 – Talia

Talia me recuerda absolutamente todo lo bueno que guarda Andalucía. Es

como escuchar “En el Sur” del grupo La Groove. La gracia, la calidez, el espíritu… Tiene los ojos grandes y verdes y pelo corto y castaño oscuro, pero conservando su feminidad, como el de Catherine Zeta Jones en Ocean´s Twelve. Encantadora, simpática, comprensiva y liberal. Talia es el tipo de persona que te ahorra los problemas que no son imprescindibles.

He empezado por ella porque necesitaba ponerme a ello cuanto antes y no

dejar pasar ni un solo día más o corría el riesgo de considerarlo una estupidez. De hecho mientras me sirve un granizado en su cocina no puedo evitar arrepentirme

de haber venido.

Mi relación con ella es envidiable. Siempre nos llevamos genial y no hubo

sentimientos de por medio por lo que nadie salió herido. Un día nos dimos cuenta de que estábamos más atentos a otras cosas que a nosotros así que lo hicimos cinco veces más a lo largo de un agotador y glorioso día y después cada uno siguió su camino. Aunque ya no lo hagamos me sigue encantando encontrármela por ahí. Lo cierto es que mientras la describo me doy cuenta de que esto ha sido buena idea. Talia tiene algunas cosas que no tiene Helena y todas me gustan. Por ejemplo. A pesar de que ha pasado un tiempo solo lleva las bragas y una camiseta de dormir. Talia opina que es absurdo el pudor con quien ya te lo ha visto todo a no ser que sea por respeto a un tercero, como también opina que lo que el resto de la gente considere que es de guarras importa una mierda. Conocí a Talia cuando Iván empezó a salir con una amiga suya, Iris. Nos caímos bien al instante. Mi mejor momento con ella fue el día que nos enrollamos. Ocurrió dentro de un edificio de pisos, sobre las escaleras, y a pesar de que no llegamos a hacerlo del todo fue nuestra vez más excitante. Por la situación, por si venía alguien y también porque yo le gustaba a una de sus amigas. Realmente no es que le gustara, digamos que se encaprichó de mí. Yo creo que es lo que pasa siempre en un grupo de chicas o de chicos cuando llega alguien nuevo del sexo opuesto. La absurda y repentina celeridad, si te gusta, por

llegar hasta él o ella antes de que se te adelanten tus propios amigos. Lo cierto es que ese punto de secretismo y la necesidad de ocultarlo en ese momento fue un añadido descomunal al morbo que ya nos provocábamos. Química.

Su formidable culo o su innata gracia se quedan cerca, pero lo que más me

gusta de ella es sin duda su sencillez.

No voy a repetir una y otra vez lo mismo así que saltamos directamente a

después de contarle mi problema y el por qué quería verla. -Sí que te han jodido. –Me dice-.

-Lo sé. Soy cómo el que recoge la leche y los condones tras una escena porno. El más triste de toda la habitación. -Lo que te pasa es aquello a lo que más vueltas le he dado en materia de relaciones Hugo. La disciplina. Cuando has estado pillada y han estado pillados de ti se te abren los secretos. Conoces la forma de hacerlo bien, pero si te pillas te pillas. Yo nunca he tenido disciplina para eso. Te he contado muchas veces lo de Jorge, cómo me puteó y lo ciega que estaba con él. Siempre ha sido mi patrón de todo lo que no quiero volver a hacer con un tío, pero luego veo alguien que me gusta y lo hago, no puedo evitarlo. A ti con Helena igual, aun sabiendo lo que debías hacer para que no jugara contigo no has podido evitar nada de lo que pasó. -¿Tú crees que hubiera cambiado algo? -Desde el momento en que ella también sentía está claro que sí. La cuestión es que desde Patri habías estado retraído y ansiabas entregarte. Por eso hiciste tanto la mujer. No puedo evitar reírme. -¿Qué fallos crees que son los que más se cometen? -Bufff. La impaciencia, la necesidad, el autocontrol… Yo creo que todo se basa en gran parte en como y cuando te muestras de verdad y le dices lo que sientes. A mí me ha pasado, ha habido tíos que me han encantado y se me han arrodillado tan rápido que casi no me dio tiempo a desearlos. -Es comprensible, pero también es jodido encontrar el equilibrio a eso porque no todos lo queremos del mismo modo. -Salvo excepciones, claro está, yo creo que cuando nos gusta alguien todo nuestro cuerpo lo grita y sólo la inseguridad o el complejo propio evita que lo veamos. Lo que pasa es que mentimos tanto que ya no logramos confiar. Todos somos muy abogados ahora, guardamos conversaciones en el móvil, recordamos las palabras con exactitud… Inconscientemente nos preparamos para defender nuestros actos hasta cuando aun no hemos hecho nada malo. Pero luego queremos espontaneidad y que todo surja. En mi opinión es todo una mierda. -A mí lo que me jode es que siempre que alguien me pone en un pedestal es alguien a quien no intenté gustar. -Y a mi me jode que Jorge se llevara mi himen pero ya ves… El agua moja, el cielo es azul y el amor funciona al revés. A mi al principio me gustaba porque era bueno al futbol, después por todas las que lo perseguían y finalmente por que fue el primero, pero realmente a mi Jorge no me aportaba una mierda, ni siquiera se esforzaba ni tenía nada en común con mi forma de ser, pero mi cerebro me decía que era él porque de no ser así la de tiempo y cosas que debía tirar a la basura era descomunal. -Aun así las tiraste.

-Y brindo por eso. –Talia choca su granizado contra el mio y luego bebe-. La cuestión es que odiamos empezar e cero. Es una mierda, pero por mucho que tardemos el sentido común debe acabar llegando y lo que es más importante, debemos acabar exigiendo, porque por desgracia hay muchas personas a las que les exiges y se lo complicas a posta o no llegan a valorarte nunca. Lo cual es un asco porque cuando quedo con un tío tengo las mismas ganas de quitarme la ropa y dejar de hablar que él. Tú nunca sabrás hasta que punto Helena se arrepentirá de haberte dejado, pero se arrepentirá y puedes estar seguro de una cosa Hugo, en una ruptura la parte débil es siempre la más reforzada. -¿Alguna vez te ha fallado alguien en la cama? -¿Cómo lo que a ti te pasa? -Sí… -Así no. Peor. Bueno, para mí peor. Un tío estuvo tonteando conmigo muy a saco y a la hora de montárnoslo se acobardó. Tuvo miedo de no cumplir las expectativas que él sólo montó y como el que no quiere la cosa se puso meloso y amable cómo si quisiera tomárselo con calma y no hacerlo todavía. Estaba tan bloqueado y la situación era tan incómoda que le solté una mala excusa para irme. No me volvió a llamar y doy gracias por ello. -¿Que excusa le soltaste? -Le dije que mi madre tenía pensado llamarme sobre esa hora y que en su habitación no había cobertura. -¿Miraste la hora antes de decirle eso? -Para nada. Me empiezo a reír con fuerza. -Que fuerte… -Que le den. Eso si que no lo entenderé nunca. Os pasáis la vida quejándoos de lo poco guarras que somos y cuando de verdad os encontráis con una os acobardáis y nos dejáis por mojigatas. -Cuando hay confianza las preferimos guarras. Pero las muy atrevidas intimidan si no las conoces o si solo es un polvo. Dar la talla es algo inscrito en nuestros genes. Aunque cueste creerlo a veces preferimos no hacerlo que hacerlo medio bien y quizá defraudar. Las mojigatas te ceden siempre la iniciativa, es más cómodo. Menos presión. -Entonces que bien me va a ir… -Hablamos del sexo esporádico Talia. No digo que vosotras no tengáis cierta presión también. Pero se presupone que nosotros somos los preparados, cómo se presupone que por ver unas tetas o tocar a una tía debo estar empalmado como un burro y no es así. Hay muchas tías que ni se preocupan en estimularte, se tumban se abren y ya, las mismas tías que llaman a las atrevidas, guarras, por cierto.

No siempre es tan sencillo tenerla a tope créeme. Pero bueno, a veces vosotras no llegáis, a veces tenemos que apagar la luz… Las delicias de la soltería. Esperemos que de los veinte en adelante todo sea más salvaje como prometen. -De dócil nosotros no tuvimos nada… -Hay excepciones para cada regla, Talia. -Eso es cierto… Se produce un largo silencio mientras nos tomamos lo que queda del granizado y entonces habla. -Oye, a todo esto… ¿Lo escribirás? -¿Si lo iré subiendo al blog? -Si. O si harás otra cosa con ello, no sé. -Estoy escribiendo, pero no tengo ni idea de lo que haré con todo cuando lo termine. -Yo me lo leería, no descartes enseñarlo. -Lo pensaré cuando toque. -Entonces ahora, entre tu y yo y en confianza… ¿REALMENTE que es lo que puedo hacer por ti? Talia sonríe. Bebo del granizado realmente incómodo. -¿A que te refieres? Talia no dice nada mientras me sigue mirando y se mete la cuchara en la boca con notable intención. -Dejando lo que me has contado a un lado, el problema a solucionar tiene que ver con tu cosita ¿no? Una parte de mí quiere creer que no, pero sé perfectamente hacia donde va encaminada esta conversación. Yo he hecho lo mismo muchas veces. -Queriendo olvidar que has dicho cosita, si. Eso es lo que hay que solucionar ¿por qué? -Porque llevas un rato intentando no mirarme la entrepierna. Sin la confianza que nos une, incluso yo me abría sonrojado bochornosamente con eso pero, como ya he dicho, hay confianza. -Y también las tetas, sin el sujetador se te están empezando a marcar un poco… Se acerca un corto paso hacia mí y sin embargo ya la siento como si se me hubiera echado encima. Talia sabe de ese tipo de cosas. Sabe de miradas, de gestos y de palabras. Sabe seducir con todo lo que no empieza por escote o falda. -¿Y si comprobamos que no esté siendo una mala racha? Por lo que me has contado te ha pasado con chicas que no habías estado antes. Nosotros tenemos cierto camino andado ¿no crees? -Talia rompe la distancia del todo y con estudiada lentitud se sienta sobre mí hasta frotar nuestros genitales-. ¿Ves? Esto que noto no parece apático del todo.

-Al principio engaña, Talia. Te promete cosas igual que me las promete a mí, pero después se echa atrás. -Llevo una hora meneando el culo por mí casa y acariciándome para ti al límite de lo burdo, Hugo. Te estoy calando los pantalones por el amor de Dios. -Sé lo que va a pasar, esto ya está siendo difícil de por sí, no quiero que hayan más fallos de ese tipo. Créeme, ni sé cómo te estoy diciendo que no. -Mira, amor. Me has dado satisfecho placer muchas veces no te voy a juzgar si te pasa. Somos amigos ¿vale? Estos dos últimos meses han sido malos para mí y eso sin contar el enorme cabreo que me pillé con el último gilipollas… Tengo ganas de que me toque alguien que me sea grato y me conformaré con lo que sea que podamos hacer. Aunque me quedo pensativo, sé que ya he decidido. -¿En serio? -Pues claro. Además, como mujer también tengo mi orgullo. Esto es para mí como la espada del Rey Arturo. Llegados hasta aquí ¿no te apetece ver si logro sacarla de la piedra? -En el mejor de los casos no necesitaría visitar a ninguna más. -Y en el peor solo tendrías que comérmelo, lo que tampoco es mucho trabajo. Dos meses, Hugo… Estoy que ardo. -De acuerdo… Talia sonríe y me besa con suavidad mientras me desabrocha el pantalón. -He tenido que insistirte, en la vida me habría imaginado eso de ti. -Nunca te acostarás sin saber algo nuevo ¿no? Talia me retira la camiseta, la tira y se levanta para estirar de mis pantalones que acaban sobre la camiseta. Se quita la suya y vuelve a acercar su boca mientras dirige mis manos hacia su pecho. Estoy demasiado expectante, me cuesta tomar la iniciativa y eso le extraña. Decido dejarme llevar y me tumbo girándola conmigo al recostarnos sobre el sofá, después le introduzco las manos en la ropa interior y le palpo el culo mientras le beso el cuello. Poco después, se retuerce de improviso. Se arrastra sobre mí unos centímetros hacia arriba y dirige mi boca con la mano hasta sus tetas las cuales empiezo a lamerle consiguiendo por fin cerrar los ojos y no pensar en nada más. De un agresivo tirón me aparta los calzoncillos y empieza a acariciarme. No estaba bromeando. Normalmente lo tomaría con más calma, pero me lo está haciendo de una forma y tan rápido que parece el final en vez del comienzo. Huyo de ella incorporándome. La beso con furia y la recuesto hacia su lado. Quizá es que me ha contagiado sus ganas o quizá sea la rabia y la frustración, pero yo también me noto desbocado. Desbocado y cruel. Me tomo la impulsividad de Talia como un reto y le respondo arrancándole la ropa interior.

Mi lengua llega con furia más dentro de ella de lo que es capaz mientras acaricio

su clítoris y su caudal sigue creciendo mientras bebo de él. Talia me ruega que por favor se la meta, su lengua no consigue palabras más

amables y su mente se olvida que no llevo protección, sus piernas me aprisionan y sus caderas me requieren ansiosas mientras tiran de mí hacia ella. Seguramente si no fuera porque, las otras veces, todo empezó a fallar al introducirme en la chica, hoy nuestra falta de sentido común nos habría causado un problema muy posiblemente. Yo obviamente ya no llevo. Le pregunto. Vuelve en sí por un instante y tras buscar con la mano sobre el sofá saca un Durex de manzana. Lo llevaba dentro de

las bragas.

Al verlo recuerdo la insistencia de Talia en usar esos condones de manzana, solía comprar las cajas de varios sabores y separar todos los de manzana del resto para las ocasiones o los chicos especiales. Un entrañable gesto. Mientras intento concentrarme y abrir el maldito envoltorio Talia logra auténtico contorsionismo introduciéndose mi miembro en la boca hasta hundir su nariz en mi pelvis. Su respiración me hace cosquillas y su garganta me aprieta, ambas cosas siguen evitando que consiga lo que intento. Aunque por fin lo consigo egoístamente no puedo pararla. Su mano empieza a

zarandearme mientras me succiona los testículos y simplemente no atino a nada más que a erizarme. Esto no se parece en nada a mis últimas cuatro relaciones. Tanto que el placer me está convenciendo de obrar el milagro. Cuando me mira

de nuevo con el condón ya en la mano se arrodilla y sube hasta mí para besarme

mientras sus manos me lo colocan. Después me hace retroceder y con salvaje seriedad en su cara me tira fuera del sofá cayendo con un agresivo espasmo sobre el frío suelo Después me susurra al oído que yo ya he terminado y que he cumplido. Que quiere follarme y que esto es para mí. Si realmente esto falla no tengo ni puta idea de qué es lo que podrá ayudarme. Talia afianza sus rodillas y empieza a cabalgar desesperada sobre mí. Al principio empiezo a preocuparme de no aguantar bastante, lo cual, en cierto modo, me alegra. Por una vez… Es al poco después cuando me descubro a mi mismo intentando discernir las formas que hay en la lámpara del techo de Talia… El retorno de los fantasmas me la hecha abajo casi de golpe. Talia lo nota pero intenta remontarlo besándome en el cuello y aumentando el ritmo. La angustia ensarta mortalmente mi líbido. Freno las caderas de Talia con las manos y bordeo

hasta acariciar suavemente su trasero. Ella me mira fijamente y ve en mi cara que

no quiero que vuelva a intentarlo. Me sonríe, me besa de una forma que le

agradezco mucho y se tumba desnuda encima mio. Mi apéndice se dobla afligido

y su sexo me empapa la pierna mientras nos damos el gratuito e indoloro cariño que desechamos, por incómodo, usar con los demás. Hay confianza.

Capítulo 5 – Matilda

Es sábado y justo al volver Dante me espera en mi casa. Mis padres le han abierto. El lunes quedé con Talia y el miércoles corrigiendo y repasando lo que llevaba escrito, alguien, de algún modo, me robó todo lo que tenía en el portátil poco a poco y sin que me diera cuenta. La música, las películas, los escritos, las series… TODO. Cuando me di cuenta corté la conexión a internet y llamé a Dante que entiende bastante de ordenadores, sin embargo por trabajo sólo podía venir hoy. -Te están robando el Wifi, capullo. -¿Quién? -Hombre tan bueno no soy, pero o es alguien con una muy buena antena o alguien que está muy cerca. Quizá de tu edificio. -En este edificio no hay nadie que sepa hacer eso. -O sí… -¿Y para que coño quiere lo que hay en mi ordenador? -Pues para husmear o para asustarte, que trabajes sin conexión y así pueda robarte aun más megas, que es justo lo que ha conseguido. -¿Entonces que hago? -Dejame que lo hable con un amigo mio mañana y el lunes te digo algo. Con resignación y resoplo le digo que sí. -¿Vamos esta noche a Guardamar? –Me pregunta-. -Igual que el sábado pasado… Dante ignora mi queja ya acostumbrado. -¿Se vienen todos? -Todos menos Amelia que no puede. -¿Hay que comprar? -En media hora, Iván irá para allá directamente.

Ya en Guardamar nos colocamos donde ya es costumbre. Detrás de un Tanatorio cercano a las discotecas donde empezamos a beber con otro de nuestros animados y repetidos debates ¿nunca os da la sensación de que os pasáis la vida riéndoos y hablando de lo mismo y aun así con ellos os sigue haciendo gracia? -Tim Burton es un director excelente. –Dice Iván-. -¿Me has oído decir lo contrario? –Le contesto-. No se trata de que sea un mal director, es un buen director y tiene un estilo propio, eso lo respeto. Pero no es justificación para versionar con tono gótico todo lo que le salga de los huevos

cómo si fuera incapaz de equivocarse, y tampoco para que se comporte como si todo lo que cagara debiera ser tratado de arte incomprendido. -¿Qué es para ti equivocarse? -Batman, El planeta de los simios, Alicia en el país de las maravillas, Mars attack, Sleepy Hollow ¿sigo? -Si esas para ti son malas películas tenemos que dejar de hablar justo aquí. -Mira Iván. Batman es una cagada de un tío que no sabía que coño hacía con qué personaje y Batman Vuelve es aun peor. El planeta de los simios es entretenida, pero cae bajo la implacable ley de los remakes, o mejoras la original o metete las manos en el culo. Alicia es un bodriazo increíble, innecesario y absurdo. No es fiel a la versión Disney, no es fiel al libro… Es la mayor prueba de que se cree tan bueno como para decir voy a coger estos personajes y a contar lo que me salga de la polla, cosa que también hizo con los simios, Mars Attack es una gilipollez sin gracia que sólo se salva por la descomunal cantidad de actores famosos que aparecen en ella y Sleepy Hollow es hasta hoy la única película que me ha echado de un cine. -Yo estaba con él y lo corroboro… Es muy mala, Iván. –Dice Patri-. -¿Tienes un rollo propio? –Prosigo con mi argumento-. Genial, perfecto. Construye tu propio rollo, Beetlejuice, Eduardo Manostijeras, Pesadilla antes de Navidad, Big Fish… -Mierda, que buena es Big Fish. –Dice Violeta-. -Hasta a mi me encantó esa. –Dice Dante-. -…Incluso le acepto James y el Melocotón Gigante, que de crío me flipó, Nueve tampoco es mala película, pero que no toque los huevos con cosas que no son de su competencia y no por que lo diga yo sino por que ha demostrado que la caga. Dentro de un par de años estrenará La familia Addams. Chapó Tim. Ese es tu rollo, déjalos impresionados ¿alguien quiere hacer la película de Ghost Girl? Llamad a Tim, es vuestro hombre. -¡¡Eso si que molaría!! –Grita Violeta-. ¡¡Me encanta Ghost Girl!! Y que la hiciera la cría de Kick Ass, la de la nueva versión de Carrie. -O la de Desde mi cielo. –Dice Patri-. No he vuelto a ver a esa cría en ninguna peli y era un encanto. -Con tal de meter a su mujer en el reparto sería capaz de gastarse la mitad del presupuesto en rejuvenecerla digitalmente para que la hiciera ella –Dice Dante-. -¿Y Johnny Deep quien sería? –Pregunta Patri-. -Damen Dylan, eso ni se pregunta. –Dice Violeta-. -En definitiva Iván y ya acabo. –Le digo-. En mi modesta opinión, zapatero a sus zapatos. Por favor, si Sombras tenebrosas hasta tú dijiste que era una basura y Frankenweenie da miedo imaginársela. -Digáis lo que digáis a mi me gusta y podría defenderlo con miles de cosas, pero esto es una cuestión puramente de gustos, no puedo decir nada más.

-Es también cuestión de objetividad Iván. Por ejemplo. Sabes que al igual que tú venero a Tarantino sobre todas los cosas pero Jackie Brown jamás llegué a verla terminar, no me gustó y al igual que Death Proof me encanta, entiendo las razones por las que es una peli aburrida y muy pobre para mucha gente. Hay cientos de películas que me gustan pero no discuto que son malas, porque es un hecho. -Yo el otro día vi Mortal Kombat. Es mala, pero sigue pareciéndome un pasote –Dice Dante mientras bebe-. -Exacto. Además seamos realistas, no existe ningún director ni actor con una carrera dilatada y reconocida que no tenga al menos una o dos películas malas. -Mañana tengo qué buscar que más ha hecho la de Desde mi cielo… -Dice Patri para sí-. Volviendo a lo otro yo estoy con Hugo. Todos tienen alguna peli mala al menos. -Seguro que hay alguien que no. –Dice Iván-. -Dinos quien. – Le reto envalentonado-. Mi chorro de la consumición obligatoria a que no encuentras ni uno. Ellos tres serán los jueces. -Uuuuuhhh Interesante. –Dice Dante-. Directores y actores, pero con una carrera dilatada y reconocida ¿eh? Si no os ponéis de acuerdo, los tres votaremos quien lleva razón y en caso de duda podéis usar internet. Iván se queda pensando un buen rato y después prueba suerte.

-Ya estoy saboreando tu chorro

Denzel Washington.

-Quiere tu chorro Hugo, va a muerte. –Dice Patri riendose-. -Para ese no tengo ni que pensar. Asalto al Tren Pelham 123 o Imparable, la que más te guste si es que alguna te gustó. -Este juego tiene trampa, esas dos son malas sólo si las comparas con el resto de películas que ha hecho. -La de El invitado estuvo guapa y es la más reciente, esas dos no son buenas Iván, no jodas. -Iván busca otro, tiene razón. –Dice Violeta-. De repente la cara de Iván se ilumina, cree que con el próximo va a ganar. -Bruce Willis. Iván sabe que me encantan todas sus películas. -¿Respuesta Hugo? –Pregunta Dante-. -La segunda parte de G.I.Joe. -Esa no vale. No la has visto. -Vamos, sabes que será una mierda. -Tienes que encontrar otra Hugo, tiene razón. Me quedo un rato pensándolo muy bien. Y diablos no la encuentro. -Ríndete Hugo. –Me dice Iván-. Y entonces me acuerdo. -Lo siento Iván… Vaya par de polis.

-Buah. Eso tampoco hay que votarlo. –Dice Dante-. Escuchad el alcohol se está terminando y tenemos que entrar así que propongo a los jueces aquí presentes concederle a Iván tres intentos más ¿Os parece bien? -Lo que nos dura el último antes de entrar. El resto de jueces convenimos. – Contesta Violeta respondiendo por Patri que se está terminando lo que le queda de un trago. Todos nos lo terminamos, vaciamos la botella de ginebra entre los cinco vasos y continuamos. -Will Smith. -La leyenda de Bagger Vance. -MIERDA. -Steven Spielberg. -¡TOMA! Sabía que lo dírias. Hook, El capitán garfio. Iván se queda extrañado. -¿Hook? Hook está guapa tío… -Defiende Dante-. -Claro que está guapa. –Se suma Iván-. -Campanilla… Julia Roberts… esa no vale Hugo. –Dice Patri-. Lo pienso un rato. -La terminal. -Es Spielberg. Tiene que quedar MUY demostrado, Hugo. –Me dice Dante-. Me quedo pensándolo y por fin la encuentro. No hay duda. -Indiana Jones y el templo de la calavera de cristal. -Buffff. –Exclama Dante-. ¿Esa la hizo él? Parece mentira. -Último intento Iván. –Le digo-. Por dentro empiezo a buscar. Los actores han caído más fácilmente y con Spielberg casi me pilla, por eso estoy seguro de que va a decir Ridley Scott y me afano en buscar su peli mala. Sé que si Legend les gusta me tocará pagar. -Leonardo Di Caprio. Con ese me sorprende. -Pues… ¿Rápida y Mortal? -Esa es buena. –Me replica Dante-. Y tampoco digas La playa, has defendido esa película un montón de veces. Tiene razón, a mi La playa me gustó mucho. Me quedo pensando un rato y al final gasto mi último cartucho. -Pido mirar en internet sus películas. -Lo estaba buscando yo ya, mirad. –Dice Violeta-. Y justo la primera la encontramos. -Ahí la tienes Iván, Critters III. -Aun así lo de Di Caprio es alucinante, que cantidad de películas buenas. – Dice Patri-. -Bueno. Ya se acabó la charla friki, son las cuatro ¿vamos para adentro? – Propone Dante-.

Todos empezamos a andar y de repente de camino a Bacanal, la discoteca que solemos frecuentar cuando venimos a Guardamar, veo a una chica que se me queda mirando. Tras dudar un poco se acerca hasta mi segura y decidida. Es como si no hubiera visto que voy con más gente. Lleva unas chanclas de estilo griego negras, unos minúsculos pantalones vaqueros y una ancha camiseta blanca con un estampado sin color de Rita Hayworth en Gilda que deja ver el piercing de su ombligo, su sujetador negro y su hombro izquierdo. Pelo liso, largo, negro y suelto con una pequeña trenza en el lado izquierdo de su cara, un aro en la nariz, ojos marrones oscuros y toda su piel bronceada. De hecho la ausencia de marcas me hace pensar en si ese será su tono de piel en realidad o si frecuenta playas nudistas. Ignora a los demás y me corta el paso. -Perdona ¿Tú eres Hugo Ramos? -Eh… Sí, pero yo a ti no te conozco. -¿Seguro? -Me acordaría. Me mira durante unos segundos y después sonríe levemente. -¿Ibas a entrar? -Íbamos… Hemos venido juntos. Los señalo y se gira hacia los demás saludándolos uno por uno convirtiéndose de repente en un encanto. -Hola, me llamo Matilda. Encantada de conoceros ¿os importaría que os robara a Hugo el resto de la noche? -En absoluto. –Dice Patri-. De hecho intuyo que Hugo tiene muchas ganas de quedarse. Quedamos a las seis y media frente a Bacanal, para coger el taxi ¿vale, Hugo? Pasároslo bien. Antes de que pueda decir o decidir nada me quedo a solas con ella y volvemos juntos hasta donde nos habíamos puesto antes. Poco a poco la gente había ido abandonando el lugar, estábamos casi solos y mientras caminábamos hacia allí Matilda recoge un par de botellas a medio acabar, una de Ron Brugal y otra de Tequila José Cuervo. -A nosotros nos ha sobrado mucho limón. Sólo Dante se bebe la ginebra con ella y hemos comprado de más. Se los bebe cargados. -Mejor. La integridad de las botellas de alcohol abiertas me dan más confianza que las de refresco. Llegamos, nos colocamos uno frente al otro y prepara dos Brugal limón sobre un coche. -¿Hielo? -Queda un poco -Suficiente. Habrá que beber rápido para aprovecharlo.

La observo con detenimiento. Es muy atractiva. -¿Me lo vas a decir ya? –Le pregunto-. -¿El qué? -De qué me conoces. -Ah eso… Ante todo no quiero que te cabrees. Dame al menos un margen para explicarme. Cuanto más habla más me intriga. -Adelante. -Yo te he estado robando el Wifi… -¿Disculpa? -Entiendo un poco bastante de ordenadores y soy muy curiosa, quería bajarme un par de episodios de Fringe porque estaba aburrida así que me enganché a tu red y acabé ojeándote lo que tenías en el portátil. No sabía si me pillarías o no y como tenías cosas interesantes decidí pasarlo todo a un disco duro externo que tengo para las películas y eso. -Tienes todo mi puto ordenador… -Ya… Pero es que la serie me tiene super enganchada ¿la has visto alguna vez? ¿No…? Quería seguir bajándome cosas al menos unos días y por eso te lo quité todo para que trabajaras sin conexión. -Lo quiero todo de vuelta. Te lo digo muy en serio. -No te preocupes te lo devolveré, está todo a salvo. -¿Y desde donde coño lo has hecho? -Desde el tercero b, soy la sobrina de tus vecinos. Ellos se han ido de vacaciones y me han dejado las llaves del piso porque mis amigos veranean aquí en Guardamar. Así estoy a solo quince minutos de aquí en coche. -¿Y cómo me has reconocido o sabías que estaba aquí? -Por tu ordenador. Te he reconocido por las fotos, sabía que venías porque lo has puesto en Twitter, también ojeé tu historial de internet, y que estabas aquí por que esto sale de fondo en casi todas las fotos de fiesta. Yo también me bajo el porno en XHamster ¿sabes? –Sonríe-. -¿Y no hubiera sido más fácil bajar en ascensor hasta mi puerta? -Claro y de paso charlo un rato con tus padres, no te jode ¿qué mejor momento para conocer a alguien que de fiesta un poco bebidos? ¿No salimos para eso, esperando a que alguien que nos guste se nos acerque y nos diga que nos perdamos un rato? -Quizá no me gustes. -Claro, por eso te has quedado. Te he abordado por que tienes algo que me gusta y porque quiero hablar sobre esas notas que estas tomando de las chicas del pasado con las que quedas. -¿Por qué?

-Bueno, tienes unos ojos bonitos, tu físico está bien sin llegar a ser ningún bombero, me gusta como llevas el pelo… -Que por qué te interesan mis notas, son privadas. -Porque quiero aparecer en ellas. La invasión a mi intimidad hace que quiera meterle la cara hacia dentro de un puñetazo. Pero cuanto más habla, más convencido estoy, de que ni siquiera me voy a cabrear con ella. Sus ojos habían capturado toda mi atención, pero tiene una boca preciosa. -¿Quieres salir en que sentido…? -En ese puede que en algún momento… Pero no hablo de que me dejes intentarlo. Mira, he leído todo lo que has puesto en sucio y no sé, tienes una visión de las cosas y una forma de pensar que la encuentro muy afín a la mía. Has seleccionado varias chicas de tu pasado, pero también has mencionado a la cajera esa que no entra en el grupo. Quizá yo podría ser otra de las chicas ajenas a tu lista y al mismo tiempo ayudarte a escribirlo todo. Es cómo cuando te desahogas mejor con alguien que no conoces de nada. Yo tengo un punto de vista externo a tu grupo, objetivo y además un nulo reparo en decirte lo que pienso, podría serte útil para contrastar y si de todo lo que estás haciendo sale algo que merezca la pena leer me gustaría salir. Además, no digo que yo vaya a hacerte olvidar a tu ex, pero… ¿No crees que te va a ser imposible olvidar el pasado cavando en él? Necesitas aires nuevos, Hugo. -Acabo de conocerte… -¿Y? Para alguien tan reflexivo como tú este corto periodo ha sido más que suficiente para determinar si me follarías y si podría llegar a gustarte. ¿De donde ha salido esta tía? -Eso es cierto… -Bien. Porque a mí me atraes y no quería sentirme una gilipollas. No puedo evitar reírme. Ella me sonríe. -Ahora que ya lo hemos dicho en alto ¿podemos aparcarlo y hablar sobre algunas cosas? -¿De qué quieres hablar? -Por ejemplo, me gustaría preguntarte por qué tienes tantas canciones de series, de dibujos, anuncios de televisión antiguos, películas Disney y todo eso. -Son cosas que me recuerdan a cuando era un crio, de vez en cuando me gusta recordar esos tiempos. Colecciono material audiovisual de todas las épocas de mi vida, para tenerlas. -Entiendo… ¿Y lo de las fotografías descargadas y las fotos de escenas de películas? -Hay días con mucho tiempo libre… Me gustan. -Muy bien. Si yo también tengo rarezas en mi portátil, no te juzgo. Solo es que soy muy curiosa, ya te lo he dicho.

-¿Algo más? -Te he visto en una foto con un libro en francés. No me acuerdo del título ¿Hablas francés? -No, no lo hablo. Verás –Me entra la risa-. El libro se llama: “Tout ce que les hommes savent des femmes” que significa: “Todo lo que los hombres saben de las mujeres” Todas las páginas de dentro están en blanco, fue un regalo de unas amigas. Una pequeña broma. Se empieza a reír y no se tapa la boca. Me gusta. -¿Te ves capaz de escribir algo en ese? -Me pregunta con una maliciosa sonrisa-. -En ese ni siquiera lo intentaría. Sería un atrevimiento creerme con algo que impartir en ese tema. Se ríe y echa un trago. -¿Y tú que buscas en una mujer, Hugo? Inevitablemente detecta la molestia en mi cara. -Esa es una de las preguntas que más odio. –Le confieso entre risas-. Podría enumerarte muchas cosas que me gustaría que tuviera, pero a la larga creo que cosas inútiles. -Yo creo tener una idea estándar de lo que puede querer un hombre en una mujer, o al menos el hombre que a mí me podría interesar. -¿Lo que puede querer? ¿Algo como qué? -Pues… Ante todo creo que independiente. Que cuide su estilo personal, que no necesite atención constante y que sea aventurera, que le guste disfrutar de la vida. Lo que conecta directamente con el ámbito sexual… Que sea atrevida, de mente abierta a probar cosas nuevas y que tenga cierto gusto a la hora de seducir sabiendo volverse adecuadamente sucia en la cama. Que no le importe ser afectuosa en público y que sepa tener detalles. Las pequeñas cosas. Que no sea posesiva y que tampoco ejerza presión sobre él, que adopte una postura sobre todo de apoyo. Y luego claro esta que sea honesta, sincera y que tenga un gran sentido del humor. Que sepa convertirse en alguien imprescindible para él. Sonríe al terminar y da otro trago. -¿Has pasado mucho tiempo pensando en eso, verdad? -El suficiente. Yo pienso mucho. Es lo que más hago. Sigo bebiendo. -¿Te animas a intentarlo tú? -¿Lo que creo que busca una chica? -Al menos lo que creas que busca la chica que quieres tú. -Puedo intentarlo…

A ver… Creo que sobre todo alguien espontaneo. Que sea creativo, libre, capaz

y receptivo hacia ella… Estable en su carácter y en sus ideas, entusiasta, coherente

y que esté en búsqueda permanente. Que tenga un profundo sentido de la amistad y que aprecie también el retiro. Tanto amoroso, cómo creativo. Entregado, detallista, sincero… Que sea un buen confidente, un buen conversador y que no evite hablar de nada. Que sea comprensivo, extrovertido y sobre todo que sea alguien a quien ella pueda admirar. Después de eso hay un silencio que no puedo definir. -¿Tú eres todo eso, Hugo? -Al menos es como me gustaría llegar a ser algún día. Lo que ahora hago seguramente sea el intento de eso. Hay muchas cosas que yo no puedo ser, pero creo que eso sí. Además ¿quien quiere pasarse lo que le quede de vida estancado, aburrido y amargado en vez de convertirse en alguien vital y con ganas de vivir? -Creo que llevas buen camino… Sonríe y bebe huyendo de mis ojos. -¿Tú eres todo lo que has dicho. Matilda? -Hasta en las comas. Un partidazo. No puedo evitar reírme a carcajadas. Es una auténtica creída. -Oye… -Me prepara-. Lo de la cajera… ¿Como te nació? ¿Hubo un momento

concreto?

Lo pienso bien. -Creo que no, simplemente al ir viéndola. Vamos mucho. -No me cabe duda. –Sonríe-. ¿Tú mejor momento con ella? -No he tenido momentos con ella. Pero recuerdo un día en particular. Un domingo. Iba con un amigo, paramos a echar gasolina en la Galp de Almoradí y nos la encontramos, llevaba un vestido rojo brutal, era como una sabana sobre su piel y tenía cierta transparencia. Estaba hecho para ella. Creo que desde ese día no la vi con ninguna otra ropa que esa. -¿Qué es lo que más te gusta de ella? -Su cara. -¿Y el polvo con Talia de verdad no fue suficiente? -De repente me da apuro contestar, no me salen las palabras. Ella lo encuentra muy divertido-. Tranquilo… solo quería comprobar que te incomodaba hablarme de tirarte a otra tía. Es buena señal. Para mí… Aún no he conseguido pillar por donde me saldrá ni una sola vez. ¿De donde ha salido esta chica? -Deberías incluir eso en tu libro, es una aportación interesante. Donde y cómo la conociste, tu mejor momento y lo que más te gusta de ella. -Suena muy bien…

Matilda bebe y mientras tanto el resto de la noche transcurre entre películas, gustos musicales y discusiones hasta llegar a la hora de irnos. La noche más sorprendente que recuerdo en mucho tiempo.

-Bueno ¿quieres venir con nosotros en el taxi? –Le pregunto-. -No. Hoy dormía en casa de una amiga, he hecho el botellón con ella y varios amigos más. Me voy directa a su casa. -Muy bien. -Hugo. -Dime. -Antes de irte ¿Qué tipo de chica crees que soy yo en el ámbito de lo que estás escribiendo? -¿Sin conocerte más ni nada? -Si. Aunque me quedo pensativo, sólo finjo. En realidad no me hace falta pensarlo. -Creo que cualquiera, incluso tú, coincidiría conmigo en que eres la que me salva de mi crisis. La que conoce al protagonista de una forma curiosa cuando él más jodido está y le hace seguir adelante y salir del bache. Luego hay un malentendido que nos hace pelearnos para siempre, pero hablando con un amigo recuerdo algo que me hace darme cuenta de que no puedo vivir sin ti y tengo que correr detrás de un avión, un autobús o un tren para decirte que te quedes para siempre. Con lo que he visto esta noche, es lo más lógico que se me ocurre pensar. -Es justo lo que quería que me dijeras… Aun así te ahorraré la carrera, detrás de mi avión. Ni el mismo Dios conseguiría que no me fuera. En septiembre, me iré a vivir un año a Canadá. Llevo muchísimo tiempo planeándolo y esta es por fin mi oportunidad. Así que, se ponga la cosa seria o no, ten presente la caducidad ¿vale? -Hasta septiembre. No hay problema. Me da un sentido beso en la mejilla usando todo su cuerpo contra mí y se despide de espaldas con la mano. -Nos veremos pronto. –Me dice-. -Eso espero…

Capítulo 6 – Julia

Julia es sobre todo interesante. Tiene buena conversación y sin ser una belleza clásica ni prototípica me atrae desde el primer momento en que la vi. Tiene unos ojos profundos y azules, pelo castaño, corto y una capacidad innata para caer bien, sobre todo por su saber estar y por lo respetuosa que es con todo el mundo. Es de esas personas que nunca mienten. Confías en ella a los diez minutos de hablarle. No nos une una amistad firme porque me atrae y no intento nada con ella porque tiene novio. Uno totalmente consolidado y eso es algo que, aunque antes no, ahora respeto profundamente. Ese antes es el que la ha puesto en mi lista. Una noche que salió sin él empezó a ponerse cariñosa conmigo haciendo uso de esa licencia que se toman muchas chicas emparejadas y que las lleva a pensar que como es de sobra conocido por todos que están con alguien nadie malinterpretará lo que hagan, por malinterpretable que parezca, ya que las reglas de las solteras no se les aplican. Esa noche, por casualidad o no, nos quedamos solos y sacando fuerzas de flaqueza le pedí que se cortara. Ella incluso se ofendió por ello y como no quería quedar a malas se lo acabé confesando y desde entonces seguimos llevándonos bien ayudados por unas férreas restricciones físicas. Aun así está increíble. La cuestión es que desde el momento en que ella lo supo la tensión sexual se pronunció, hasta el punto de notarnos incomodos cuando nos tratábamos delante de más gente, sobre todo delante de su novio. Una noche, después de un muy mal mes con su novio. De hecho el peor según me ha dicho otras veces. Tuvieron una discusión muy fuerte. Fue durante las fiestas de Catral otro pueblo de por aquí cerca. Sólo por fastidiarla su novio se negó a salir, esperando que ella se quedara en casa igualmente, pero no lo hizo. Se puso guapa y aun sin ganas salió. Pero una vez allí fue otra historia. Se separó de sus amigas y acabó sentada en un portal, triste y sin saber muy bien qué hacer. Yo me había quedado rezagado hablando con Talia que me la encontré por allí esa noche y andaba sólo buscando a los demás cuando la vi. Sabía que no debía, que bastaba con que alguien nos viera hablando solos y que estaba mal. Pero sencillamente hay errores que tienes cometer. Me acerqué a ella. Le faltaba poco para llorar y al verme se alegró. Me contó lo que había pasado y al poco tenía la mano sobre su rodilla. Mientras hablábamos no recuerdo muy bien en qué momento ni por qué, pero abrió levemente las piernas y pude ver su ropa interior por el hueco de su vestido. Me quedé embobado. Cuando levanté los ojos ella los tenía sobre los míos. Me dijo que quería irse a otro sitio y con

bastante prisa nos perdimos. Para asegurarnos de que no nos viera nadie cogimos mi coche arriesgándonos a encontrar un control y cogimos la autovía hasta Torrevieja, al piso donde su familia veranea y que estaba sólo. Ni a Rojales, su pueblo, ni a Almoradí. Allí pasó lo que tenía que pasar y allí se quedó. Volvió con su novio yo a mi vida con más de lo que me esperaba que fuera a pasar nunca con ella y se acabó. Yo supongo que a muchos os habrá pasado que conocéis a una chica o chico con pareja que no podéis evitar que os ponga muchísimo o incluso que os pareja totalmente adecuada para ser vuestra pareja. Julia es las dos cosas para mí. Me encanta. Quedamos en el parque al lado del Supermercado Día de Rojales. Un lugar neutro y a la vista. Sin duda es mejor así. -Me sorprende que yo sea una de las que has decidido visitar. –Me dice-. -Quizá sea por que lo tengo presente… -Le sonrío y me da en la cara con mínima fuerza-. …Ya, ya lo sé. -¿Qué quieres que te diga? Hay deseos muy fuertes a veces, alcohol, errores o no tan errores… Pero mi peluche me sigue volviendo loca. -¿Dónde está por cierto? -En tu pueblo, trabajando. -Es verdad, trabaja allí ¿no? -Sí. Tiene que ir y volver todos los días, pero bueno. Rojales tampoco está en otro país. -Ya… Conocí a Julia, a través de amigos en común, en las fiestas de Almoradí hará un par de años. Mi mejor momento con ella fue ese en el que me mostró su ropa interior deliberadamente y lo que pasó después obviamente y lo que más me gusta de ella son sus ojos azules. -Si te sirve de algo Hugo. Yo nunca he entendido cómo puedes haber pasado tantos años sin estar con alguien. Eres carne de buen novio. Eres atento, detallista, comprometido… Nunca he entendido qué es lo que necesitas para dar el paso. Sé que hay gente que le cuesta más, pero no te veo de los que dudan. De hecho desde fuera me da la sensación de que solo te acercas a las que no te gustan demasiado. A aquellas con las que puedes mantener tú el control ¿no? -Es posible -¿No será que no quieres dar el paso hasta estar pillado de verdad? -¿Si fuera eso, sería raro? -No raro, pero quizá un poco ingenuo. -Sonríe-. Cada vez es más difícil cuadrar con alguien, hay que ceder un cierto margen para conocerle. -Si lo adecuado es eso puede que esté mucho más jodido de lo que me pensaba.

-No será tanto. -Además, también hay que tener una noción clara de la realidad, Julia. Hay chicas que a mi pueden gustarme mucho pero que sólo se fijarían en Iván, por ejemplo, y no en mi. De entrada no se trata sólo de llegar y elegir. -Eso a la larga es lo de menos. -Solo hasta cierto punto. También habrán muchas chicas increíbles que yo desecharé sin conocerlas, cómo habrán muchas que me desecharan a mí. No podemos ser cínicos. Todos nos merecemos lo que nos pase si todos jugamos a lo mismo. Y yo también juzgo de entrada. Muchas cosas además. -¿Cómo por ejemplo? -Bueno. En mi caso tengo unos amigos no demasiado quisquillosos. Pero alguna vez ha habido chicas que me han dado morbo y no he tenido nada por no implicarme con ellas o porque no me vieran con ellas… -Eso no es tan raro. Es raro que alguien lo admita, pero no raro en sí. Claro que el entorno nos condiciona. De hecho al comienzo de mi relación yo sentí algo así. Cuando la cosa se empezó a poner seria dudé de si seguir adelante. Yo había estado con chicos más atractivos que él y en el fondo una parte de mí pensaba que podía aspirar a alguien mejor, entre comillas, pero poco a poco me hizo hacerme a él y darme cuenta de que lo que no iba a encontrar mejor era su forma de ser. Parece muy pedante o superficial pero estoy contigo, es la pura verdad. Queremos que todos o todas nos den la oportunidad cuando de entrada consideramos si los demás que vienen son suficientes. Esa es la primera cosa con la que lo liamos todo. -Parece que se tengan que dar tantas cosas a la vez para que algo surja de verdad y con fuerza desde el mismo principio, que parece hasta imposible. -Si crees en los flechazos como yo, si. Está claro ¿sabes cual es otro de los problemas que veo yo? El aguante. En cuanto nos notamos un poco atados contemplamos la idea de romper al primer problema. Lo mismo que antes se demonizaba estar solas ahora se idealiza demasiado el estar con varios y ese modo de vida. Se asocia a ser mujeres independientes y capaces que han conseguido hacerles lo mismo que los hombres a nosotras durante años, usarnos y desecharnos. Y lo veo una estupidez. Ahora parece que haber estado solo con uno es de reprimidas y que estar con alguien es lo mismo que no saber estar sola cuando en el fondo todas, óyeme bien Hugo, TODAS lo envidian. -Yo no creo que nosotros pensemos así de hecho es la primera vez que pienso en eso. -No me refería a vosotros, me refiero a nosotras. Las peores.

A mí por ejemplo. Yo me he enterado por terceros de como mis amigas decían que es que ya no me separo de él, que he cambiado, que no sé qué y al mismo tiempo son ellas mismas las que dejan de llamarme y me marcan como casada porque: “Tía, los dos últimos fines de semana no saliste, no te vamos a estar preguntando siempre” o “Es que habíamos quedado con estos” Como si mi condición me cerrara a esos planes. No digo que yo no pueda también llamarlas a ellas, ni que no sea cierto que salir con alguien te quita muchas horas, pero joder es la actitud. Aunque haya casos de chicas que dan de lado por completo a la amistad, en mi caso me distancié en su día por la etiqueta. Asumieron que sin mi novio ya no querría salir, lo que a partir de ahora me gustaría hacer y lo que no. -En el caso que me dices, creo que pagáis las pocas que no, por todas las que sí pasan hasta el culo, Julia. Sin quitarte la razón, tampoco puedo dártela, porque entiendo esa postura de ellas. En los tíos es menor el cambio, pero por ejemplo Iván también se distanció mucho los primeros meses con Amelia. -Aun así yo no hice nada y no creo que me debieran juzgar por lo que se pensaron en vez de por lo que yo les demostrara pero en fin… Sin irnos más del tema. Quizá lo que tendrías que hacer es mandarlo todo a la mierda hasta que tengas ganas de retomarlo y ya está. Después de todo lo que me has explicado… Suenas muy quemado, Hugo. -No antes de terminar lo que he empezado a escribir. Ahora me interesa seguir. -¿Y exactamente de mí que quieres sacar? -Tuve esa duda ayer así que antes de venir me puse a pensar muy bien la finalidad de esto y he llegado a la conclusión de que lo único que merece la pena para mi propósito es ver y hablar con la chica en cuestión como aquí hoy contigo. Pasar un rato aquí y recordar lo que me gustaba de ti. Si la finalidad de esto es olvidar a una persona el camino es este, por que en el fondo cada vez que os vuelvo a ver o hablo con vosotras recuerdo algo concreto que me ayuda. -Aunque nunca te lo haya dicho hoy me apetece. Yo no habría sido inalcanzable para ti ¿sabes? Si no estuviera mi peluche puedes estar seguro de que te habría llamado -Eso me ayuda mucho, te lo aseguro… Me quedo embobado con un crío que está haciendo el loco en los columpios, me recuerda a Dante. -¿Alguna vez te ha torturado lo que pasó? Aunque su cara denota que no le es grato hablar de esto me responde con mucha soltura. -Si y no. Me explico. Él en esa época, en los comienzos, no me merecía y no por lo que te he dicho antes sino por lo celoso y machista que se volvió. No me

trataba bien y me valoraba de la peor forma que pudo hacerlo, pensando que el valía menos y que por eso hacía bien en desconfiar de mi. Y no es que acostándome contigo le diera la razón a sus sospechas. Me acosté contigo porque tú me mirabas mejor que él y porque yo estaba tirada en ese portal porque él me dejó allí. No es excusa, obviamente, y esto puede parecer que lo digo favoreciéndome a mí misma. Pero para mí sin amor no hay fidelidad y esa forma de tratarme, en particular ese mes que fue cuando peor se puso, no se ganó mi respeto y eso trajo consecuencias. Que al final lo comprendió y que cuando es un amor conmigo en el fondo me duele. Sí, pero aun así me da igual si es justo que yo lo diga o no. Fue su culpa. Por suerte lo vió a tiempo y mira, ahí seguimos, quizá para siempre. Pero en una relación nunca debes presuponer o aprovecharte no vale esforzarse solo hasta el sí. Como siempre su respuesta es comprensible y locuaz. Me gusta mucho os lo aseguro. -¿Qué es lo que tiene él, Julia? Se toma su tiempo. -No lo sé… Podría decirte miles de cosas buenas que tiene, pero la que más me importa es que me antepone a todo. Puede sonar hasta enfermizo, pero soy su mundo y me lo demuestra siempre. A veces tengo que obligarle a no abandonar lo demás y pasa un año, y otro año, y otro año y sigue ahí sin que le cambie la cara de tonto que pone al verme. Puede que para otra persona fuera mucha responsabilidad o puede que le agobiara ese tipo de adoración, pero a mi me halaga y sé que una vez he sabido lo que es no podría renunciar a ello ni vivir sin él. Lo amo porque me quiere…

-¿Julia es esta de aquí Hugo? Mientras pongo a pasarse de vuelta a mi portatil otra temporada más de Como conocí a vuestra madre oigo que Matilda me habla. -¿Qué, perdona? -Julia ¿es esta? -Eh… A ver… Sí. Esa es. -Lo sabía… -Debe haber sido jodido contando sólo con su detallada descripción física. -No sé que tiene de detallado hablar de los ojos y el pelo de alguien. Podrías mencionar algo más. -Menciono lo que me llama la atención. Es para que quien lo lea se haga una idea no para que las reconozca la policía. -Bah… ¿Te queda mucho? -Aun me queda un rato. -Que leeennnnnnnnnto.

-Recuérdame por qué tengo que pasarme esto. -De verdad. Estas tan mono indignado. Es cómo… -Matilda va corriendo a ponerse frente a mi. Apoya las manos en sus caderas y arruga la cara con enfado imitando mi voz con burla-. RECUERDAME POR QUÉ bla bla blá, bla bla blá… NO SE QUÉ… Podría ofenderme con lo que quisiera. Es imposible no reírme. -Eres una gilipollas. Matilda continúa revoloteando a mi alrededor hasta ponerse a mi espalda con la barbilla en mi hombro y sus brazos en mi cuello. -No me voy hasta Septiembre ve llevándotelo a poquitos ¿no? Total, vienes a diario. -Me gusta cenar viendo Como conocí a vuestra madre. -Pues cena aquí mañana, gruñón. -Yo no era Gruñón, era Dormilón. -¿Cómo? -Los siete enanitos. Yo de pequeño era Dormilón. Tenía un pijama con su dibujo. Es el mejor. -Para nada, el mejor era Tímido ¡¡Era ADORABLE!! Me lo habría follado hasta decir basta. -Te creo… -Vuelvo al ordenador y busco en mis carpetas-. Dos películas y lo dejo ¿Vale? -Vaaaaaaaale. Matilda se levanta y vuelve a su portátil. -Oye ¿nunca te atrajo ninguna princesa Disney? La ocurrencia me choca. -¿Es en serio? -Claro. -Nunca me he parado a pensarlo. -Ahora tienes la oportunidad. Sólo hay una princesa Disney con la que yo tendría un desliz lésbico. A ver si coincidimos. -Pues… Supongo que Ariel. -Modo persona claro. -O no… -¿No crees que las hay con mejor cuerpo? -Jasmine está más buena, pero Ariel tiene más personalidad y más curiosid… - Me quedo pensando-. ¿Se puede cambiar? -Joder claro, esto no es Atrapa un Millón, puedes hacer un Remedios Cervantes cuando quieras. -Rapunzel. Es mejor que las dos juntas. Me quedo con Rapunzel. ¿Tú? -Anastasia. -Anastasia no es Disney.

-¿Cómo que no? -Es de Dreamworks, míralo. -No, si te creo, eres un frikazo… Aun así no puedo cambiar mi respuesta, la mirada de Anastasia me derrite. Es la única a la que dejaría lamer mi potorro. -Eso es tan poco friki… -Cállate anda… ¡Oye! -¡¡Queeee!! -Eres un arisco de mierda que te follen. -Joder Matilda… -Respiro hondo-. Quieres que acabe y no me dejas elegir la puta peli. Dime. -Iba a decir que ahora que hablábamos de películas si te apetecía ir al cine. -¿A ver qué? -¿Los Vengadores? -Ya la he visto. Violeta nos arrastra a los estrenos de todas las películas de superhéroes. Menos Spiderman. Lo odia. -Pues veamos Spiderman. Para la nueva de Batman aun queda mucho, de hecho ¿sabes qué? Podrías llevarte a la próxima chica al cine, sino todo el puto libro va a estar escrito en un parque. -Ok, se lo propondré. -Pero una que yo no quiera ¿eh? Voy a buscártela. Por cierto ¿cómo se llama la próxima? -Paula.

Capítulo 7 – Paula

Paula es la culpable al setenta por ciento del buen corazón que alguien pudiera acusarme de tener. Ha tenido que esperar unos años para que su cuerpo y su cara pudieran compararse a su interior. Aun así las dos cosas siguen en bochornosa desventaja y eso que desde que su cuerpo maduró está siempre un año más guapa. En los tiempos que yo la conocí, por desgracia, sólo era simpática. Podría haberse potenciado más, pero tenía una timidez devastadora, una de las que ni siquiera te dejan arreglarte, ni verte capaz de llevar un buen vestido, cómo si el hecho de que la vieran pudiera estar peligrosamente cercano a recibir una burla. En el colegio ya aguantó muchas de esas. Fue precisamente eso lo que me hizo encariñarme con ella. Se parecía a mí hace años. Sería hipócrita si dijera que no vi venir lo que empezó a sentir por mí, pero de algún modo yo veía como el trato conmigo o quizá mi empuje conseguía que Paula hablara por fin. Que hablara de quien era y de lo que quería y aunque no podía corresponderla del mismo modo tampoco podía abandonarla justo en el momento que empezaba a abrirse a los demás y a confiar en sí misma. Lo cierto es que me gustaba. No era demasiado pesada a pesar de su enamoramiento y la verdad es que la felicidad la mantenía siempre radiante. Fue cosa de un verano. Pero fue más que suficiente para que se armara de valor y después de unas cuantas veces me confesara lo que sentía y ambos conocíamos. Aun más valiente incluso. Se obligó a sí misma a oír mi no y después de eso fue ella la que puso distancias de por medio. Me dio las gracias y se alejó, algo que gente con mucha más confianza que ella no logra hacer jamás, pero le salió bien, no se equivocó. Desde ese momento yo iba a ser su amor platónico, siempre iba a tener un lugar en su mente y en su corazón. Cuando usó estas palabras yo pensé en Mari Paz y lo único que alcancé a pensar en ese momento, aun hoy lo pienso, es en cómo era posible. Cómo era posible que alguien tan terrenal como yo me hubiera ganado un hueco así. Me impresionó mucho, aun me impresiona, y desde ese momento empecé a cambiar. Empecé a darme cuenta de que a partir de eso mis actos podían defraudar a alguien. Podían borrar esa imagen de perfección que a ojos de Paula tenía. Por supuesto esa imagen estaba totalmente condicionada por lo que sentía, pero aun así y aunque no fuera mi chica no podía dejar de sentir que me debía a ella en cierto modo. Le debía no mentir omitiendo la verdad, no jugar sucio con nadie y que el fin no justificara siempre los medios. Porque en el fondo todos tenemos amigos, hermanos, padres y gente que odia ver como nos hacen daño. Desde ese momento dejé de tomarme a la ligera lo que hacía porque cualquier engañada o cualquier chica a la que tuviera la oportunidad de decirle: “Todos

somos adultos”, “Cada uno sabe lo que hace” o “Eso te lo imaginaste tú” Podía ser una Paula ilusionada. Paula me hizo abrir los ojos y poco después empecé a salir con Patri de una forma seria que sin haberla conocido a ella antes no habría conseguido y estoy seguro de deberle tanto como ella a mí. Hoy en día tiene un novio estupendo que la trata cómo se merece. Siempre que me ve me dice al oído que no me ha olvidado, después me da un beso, un fuerte abrazo y me sonríe. Gracias a su novio continuó lo que ya empezó ese verano conmigo y ahora es una preciosa rubia que en más de una ocasión me hizo envidiar a su chico. Apenas ha dudado en coger el coche desde Rafal y venir aquí en cuanto la he llamado. Hemos decidido venir al cine. A su novio no le importa. Ella que tanto ha sentido la falta de cariño y reciprocidad sabe muy bien como hacer que su chico confíe en ella y esté seguro de lo que siente por él. Algunas personas sufren y lo toman como excusa para volverse cínicos, otras mejoran y dejan en evidencia a los que no. Conocí a Paula a través de la página Filmaffinity que te busca personas afines a tus gustos cinéfilos a través de las películas que votas en la página y con qué puntuación. La vi por primera vez en la puerta de la iglesia de Almoradí donde habíamos quedado para después ir a un botellón al que la invitamos Patri y yo por el cumpleaños de Dante. Mi mejor momento con ella fue sin duda el beso de despedida que le di cuando se me declaró, no pude evitarlo después de lo que me dijo. En una de las verjas del I.E.S. Antonio Sequeros, de mi pueblo. Lo que más me gusta de ella es su bondad. Tiene un sentido del bien y del mal muy definido y aunque sabe que el mundo no funciona así sigue sin condicionarse por ello. Al final nos hemos decantado por ver Siempre feliz, la ha elegido ella. No tengo demasiadas esperanzas, lo cual puede ser beneficioso para que me guste. Curiosamente es en la misma sala siete de los cines del Ociopía de Orihuela, donde vamos a verla. Aquí es donde nos dimos nuestro primer beso, recuerdo que pasó durante los trailers y Paula ya no prestó atención a la película. Ella intentaba requerirme sutilmente mientras yo intentaba no perderme detalle. Asientos dos y uno de la fila nueve. El dos de la fila nueve es mi asiento favorito en este cine. Lo sé con exactitud porque guardé la entrada. Fuimos a ver Infiltrados de Scorsese. Otra increíble de Di Caprio… -¿Necesitas algo más? Aún quedan veinte minutos. -Que haga menos calor, pero eso con el aire acondicionado se me irá enseguida. Por lo demás con las palomitas y la compañía es suficiente.

-Bien. Sala siete… -Le digo-. Quizá no lo recuerdes pero… -Claro que lo recuerdo. Me callo. -Tengo ganas de ver a Patri ¿sabes? Ya sabía que hoy querías que habláramos a solas y que no me iba a encontrar con ella, pero no te imaginas lo que llevamos sin coincidir. -Ella también me lo ha comentado, le dije ayer que hoy quedábamos. -¿A cuantas has visto ya? -A dos. Tres contigo. -¿Las conozco? -A Talia creo que sí. A la otra chica no. -Talia es la que salió con el Jorge que iba a mi clase ¿no? -Sí. Es demasiado educada para preguntar por la que falta y se lo agradezco. -¿Y te está ayudando? -Por lo menos me mantiene más despejado. No está nada mal rencontrarse con el pasado y recordar ciertas cosas. -¿Fuiste el primero que me las tocaste sabes? Una palomita se me va por el camino viejo de la garganta y me hace toser. Cuando me recupero después de casi morirme contesto. -Lo suponía, en aquellos tiempos éramos críos… -Me refiero a nadie, ni siquiera mi madre o algún primo en broma. -¿Y el beso…? -También… De hecho salí muy mal del cine porque pensaba que no querías continuar por que lo hacía mal. Ya luego cuando salimos me quedé más tranquila. -Infiltrados era un peliculón. -¿Te acuerdas de qué peli era? -Claro. Guardé la entrada. La cara de Paula se ilumina. -Yo también… Como unas cuantas palomitas y vuelvo a mirar el reloj. -Oye Hugo. -Dime. -Cuando estábamos en el trastero y… ya sabes. Me metiste mano y demás ¿por qué no seguiste? -¿A que te refieres? -Recuerdo que llegué a notar la punta de tus dedos bajo la goma de mi ropa interior pero justo ahí frenaste, la quitaste y ya no volviste a intentarlo ¿por qué? ¿No te gustaba o te dio reparo por algo? -Me dio reparo pero no por ti, por lo que sentías o yo creía que sentías.

-Lo que sentía. -Sí… Tuve remordimientos, en cierto modo pensé que si metía la mano del todo eso te llevaría a pensar que lo haríamos y no quería eso. Mi primera vez quería que fuera alguien a quien quisiese y es lógico que tu también quisieras lo mismo. Por eso no volví a intentarlo, pero te puedo asegurar que el menor problema eras tú o tu cuerpo, lo que notaste no eran las llaves, la tenía así por ti. -Tranquilo. Lo entiendo. -¿Tú te arrepientes de que el primer beso fuera conmigo? -Que después haya conocido a mi mitad no hace que quiera cambiar eso. Me gusta que seas el primer chico que conseguí, aún si no te conseguí todo lo que hubiera querido. -Pues me alegro mucho. -Lo que me lleva a preguntarte sobre cierta chica de la que según me han dicho quieres conseguirlo todo… En cuanto termina de hablar bebe de su fanta dejando que el silencio me obligue a contestar. -Se llama Matilda, chismosa. -¿Y? -Y me lo paso muy bien con ella, me está ayudando mucho. -¿Y además…? -Nada. -Puedes hablar de ello conmigo. -¿A que te refieres tú? -Hugo, por favor… Nadie ha sentido la timidez calándole los huesos más que yo, sé perfectamente lo que te pasa. Te gusta, estáis pasando mucho tiempo a solas y quieres hacerlo con ella, pero tú problema sigue ahí y estás acojonado. -No quiero sentir esa sensación de fracaso con ella. Es la primera chica que de verdad me encanta después de Helena. Quiero usar todo lo que he aprendido a no hacer y que vaya cómo la seda. Pero es que… -¿Es que qué? -Joder está tan salida cómo yo. No deja de insinuarse y yo no dejo de pensar en ello en cuanto la tengo delante. De verdad quiero hacerlo. Pero no me atrevo. -Pero si ella lo sabe ¿cual es el problema? Si te pasa lo comprenderá mejor que nadie. -No quiero que me pase y que después me acojone o me avergüence hablarle, Paula, y por si fuera poco tú eres la penúltima de mi lista y la que queda no es alguien con quien me vaya a acostar ni que me vaya a solucionar nada. Lo que escribo se está acabando y no sé. Me estoy aproximando al final de todo esto y sé que no hay soluciones, mi problema sigue y aunque no estuviera ella se va. No pienso estar un año pensando en alguien que no puedo tocar.

-En primer lugar creo que eres tú el que más dramatiza el problema, lo magnificas tanto que eres tu mismo el que lo mantiene en tu cabeza y en segundo lugar no puedes elegir en qué pensar. -Sé perfectamente que es así, pero no puedo evitarlo ¿o tú te podías aguantar la timidez? -Tú no eres cómo era yo. Déjate llevar, es lo mejor. Dejarme llevar es lo que me ha traído esta situación. No voy a ser tan gilipollas de enredarme otra vez en algo imposible. Lo tengo muy claro. Aunque quiera. -Pero entonces si tan convencido estás ¿qué haces viéndola? ¿Qué esperas que pase? -Esperaba un romance de verano, tener una historia con ella, algún regalo suyo en mi cuarto y que acabara siendo algo como tú o Talia, pero no deja ni un segundo de impresionarme ¿vale? Y ahora es muy tarde para dejar de verla. Paula enmudece y con ella la sala al apagarse las luces. Tras unos segundos se inventa algo para ignorar mi encrucijada y desviarse hacia otro lado. -¿Quien queda de tu lista? -Emma. -¿Emma? -Sí. -Pero Emma… ¿Has vuelto a hablar con ella desde lo que pasó? -No y precisamente por eso. Pase lo que pase ella es la que queda. No hay ninguna más y esto no estará completo si ella falta. -Comprendo… Pues buena suerte. -Falta va a hacerme. Sigo comiendo palomitas y aunque Paula ve que no me lo quito de la cabeza vuelve a intentarlo. Lo intentaría todo el día con tal de que mejorara mi cara. -¿Te puedo preguntar una cosa? -Dime. -Ahora que ya sólo queda una… ¿Qué ha sido lo mejor de lo que estás haciendo? ¿Que es lo que has logrado? -Puede que a veces me acordara de vosotras, de hecho me acuerdo a menudo, pero son instantes concretos. Obligarme a veros, hablar con vosotras y escribir sobre por qué creo que vosotras dejasteis una huella más profunda que las demás me ha hecho recordarlo todo y me ha hecho darme cuenta de que he vivido cosas muy buenas. Y sobre todo darme cuenta de que es posible olvidar a Helena, después de todo he sobrevivido a varios imposibles de olvidar. Casi con solemnidad pactada la pantalla se ilumina. -Siempre feliz, allá vamos… -Dice Paula mientras me da un beso en la mejilla y me sonríe entre penumbras-.

-No había otra para ver justo hoy… Tiempo después la tarde va pasando hasta la hora de ver a Matilda. Lo bueno de quedar con ella es que puedo ir a su casa en ascensor. Tras tener que llamar tres veces, por fin me abre, lleva un top escotado blanco, los mismos vaqueros cortos que cuando la conocí y los pies descalzos como siempre. -¿No tienes otros vaqueros? -Déjame en paz, están limpios. -Lo que me sorprende es que lleves los pies limpios yendo todo el día descalza. -Me encanta ir descalza, limpio todo el suelo día si, día no. -¿La cena? -Servi Pizza -¿Otra vez? -Las patatas son increíbles y el repartidor es muy mono. Paso dentro y me encuentro una pequeña pizarra de rotulador con un montón de nombres de canciones escritas. -¿Qué es esto? -Mi próximo proyecto. Este me está costando mucho, la verdad. Matilda, según me dijo, colecciona mezclas musicales que ella misma hace. Cada una con un tema concreto y siempre de veintiuna canciones. Es muy maniática con eso y aunque las graba en cd las tiene guardadas en el ordenador y en carpetas por escrito, por si los discos se le rompen. Hay dedicados a una emoción concreta como Melancolía, a sentimientos, como Amistad y también discos con nombres de amigos suyos y personas cercanas donde mezcla las canciones preferidas de ellos con las que le recuerdan a esa persona. Es su gran afición y esta muy orgullosa de ello. -¿De qué va este? -Ya que tu libro me ha enternecido tanto, y estoy tan romántica últimamente, quiero hacer un disco de amor. -¿Sabes cuantas canciones de amor hay? -Por eso me está costando tanto. He pensado que no puede ser tan general. Tengo que cerrar más el cerco como tú con tus chicas, un título para el disco más concreto. -Por ejemplo podrías dejar fuera las muy empalagosas… Y también las antiguas, que aunque sean buenas hablan de cosas que no son el amor cómo nosotros lo conocemos. -¿Ves alguna de esas aquí? -Pues, ahora que lo dices, Lucía, de Serrat, por ejemplo ¿has pensado en hacer un disco pero de amor alegre, que no lleve penas?

-¿Amor sin penas, Hugo? Mira, Lucía tienes razón tiene un tono muy antiguo que jodería la composición, pero Broken de Seether con la cantante de Evanescence tiene que estar. Partamos de ahí. -¿Sabes cual creo que es imprescindible? Your Song. La que Ewan Mcgregor le canta a Nicole Kidman cuando se conocen en Moulin Rouge. -Esa es increíble. Me encantó esa peli. -¿Todo el disco en inglés? -Nunca mezclo idiomas. Pensaba hacer dos, uno en español y otro en inglés. -¿Y si el disco se basara uno en el comienzo de la relación y otro en el final? -Comienzo y final… ¿Cómo nosotros, no? Ella sonríe. Yo quiero cambiar de tema. -Matilda, tengo hambre ¿Vas a llamar…? -Sí. Ahora vengo ¿patatas y una grande a medias? -Sí ¿de beber? -Tengo vino. Vengo ya, aquí no hay cobertura. Me quedo observando la pizarra un rato. -¿¡No se pueden repetir canciones de un mismo grupo!? -¡No, jamás! Cuando vuelve del balcón lo hace con el tema. -¿Tú qué crees? –Me pregunta-. -He escuchado pocas mezclas tuyas pero las que he escuchado me parecen muy bien hechas y a conciencia. Creo que para lo que quieres hacer necesitas haber escuchado más música, tener paciencia e ir haciéndolo poco a poco.

Me ha entrado la prisa por que ya tengo

muy escuchado el último que me hice. -¿Quieres que hagamos uno los dos? Uno sencillo, sin la presión de tener que ser una obra maestra. -¿Sobre qué tema? -Sobre… ¿La noche que cenamos del Servipizza? Yo que coño sé. No tengo ni idea. Empezamos a reírnos. -Estoy romanticona. Tiene que hablar de esa mierda. -Pues enséñame qué música tienes, grabamos uno para esta noche y cuando encuentres un nombre para él se lo pones. -Dos. Uno en español. -Vale. De repente la cara le retrocede en el tiempo hasta la época en la que tenía seis años y se ilusionaba de verdad. Tras varias deliberaciones y tras perdernos entre la música de Matilda y la mía propia elegimos diez canciones en inglés y once en español cada uno. No sin

-Eso también lo había pensado yo

alguna que otra discusión y presión sobre el otro para que cambiáramos una elección. -Si quieres que tengan el mismo número de canciones tuyas que mías tendrá que llevar veintidós ¿lo soportarás? -No soy tan maniática, capullo. -Pues a veces engañas. Entre tanto el repartidor llega y Matilda va a la puerta a pagarle mientras yo me quedo haciendo el recuento. Vuelve con la cena y empieza a prepararlo todo en platos. -Faltan dos en el de inglés. –Me quedo pensando cual podría elegir yo-. ¿Cuál es tu canción favorita? -Innocence de Avril Lavigne. -Me refería después de cumplir los trece. –Le digo entre risas-. -Me parto el culo… -La mía es también en inglés ¿las metemos? -Sí. Cuando ya lo deja todo preparado se asoma al portatil par aver cual es la mía. -¿Superman, de Five of Fighting? -Sí. -No entiendo de que te reías antes, entonces. -¿Le doy a grabar? Estás a tiempo de cambiar alguna. -Hazlo. -Grabando. -¿Te apetece poner la peli ya? A mi me gusta ver algo cenando. -Es mejor ponerla ahora. -¿Qué te has traído? -Sólo de risa, cómo me dijiste. Tenemos a elegir entre:

Algo Pasa con Mary, Virgen a los 40 y Kiss Kiss Bang Bang. -Me apetecería ver cualquiera de las dos primeras, otra vez, pero la última no la he visto nunca. -No me gusta condicionar las películas antes de que las vea nadie, pero creo que Kiss Kiss Bang Bang te gustaría. Si no la has visto nunca dale la oportunidad. -Vale. Pues pon esa. Comenzamos a ver la película y al terminar de cenar Matilda le da al pause. -Rápido. Antes de apalancarnos. Llevemos todo esto a la cocina y pongámonos cómodos. -Matilda acabo de inflarme a comer. Cuando acabe la peli… -No. Ahora es mejor, vamos. En lo que tardamos en hablarlo la mesa se queda recogida. ¡Vamos…!

Matilda se levanta, pone los platos sobre la caja de la pizza y se va con todo ello hasta la cocina obligándome a que me levante y recoja lo que queda mientras me quejo. -TE ODIO. –Le digo con cara seria-. -¿Ves? Si ya está todo. Ahora nos acomodamos y después no hay que quitar nada. Me siento en el sofá donde estaba y ella me sigue con cara pilla. -Hazme un hueco… El sofá donde yo estoy forma una ele con la pantalla. Matilda me abre las piernas y recuesta su espalda sobre mí rodeándose con mis brazos y apoyando su cabeza en mi hombro. Antes de acomodarse por completo gira la cabeza y me da un leve beso en el cuello. -¿No estás más cómodo así, con calor humano? -Sí, sobretodo en verano. -Ahora ya sabes por qué he puesto tan fuerte el aire. Además no seas tan rancio, sé que te gusta tenerme cerca. Matilda reanuda la película. -Aunque a veces me pongas en un aprieto. –Le digo-. -¿De que te quejas? Yo disfruto con esto. Es cómo volver a los tiempos de cogerse la mano en el cine. -¿La mano? Si siempre estás hablando sobre follar, estás aun más salida que

yo.

-¿Y eso que tiene que ver? Te lo digo en serio, este trato inmaculado tiene su punto ¿ya no te acuerdas de lo que era dejar la mano muerta para rozarle la pierna a una chica? ¿O que notaran en silencio tu erección por encima de los pantalones y no se apartaran? Yo a veces echo de menos ponerme tan cachonda con tan poco. En su época me hubiera avergonzado o no habría tenido el valor de no importarme lo que pensaran de mí, pero creo que llevaba queriendo que me acariciaran las tetas desde que me salieron. -A mi desde que me salió polla me pasó lo mismo. Se atraganta con el vino al reírse y después me pega en la pierna con poca fuerza. -Hablo en serio, imbécil. Poco a poco perdemos la excitación de las primeras veces, notar la mano adentrándose en mi sujetador ya no me ruboriza cómo antes. Ya no se trata de la valentía de un chico avanzando con cautela y arriesgándose al ridículo. Es sólo un trámite más. Ya apenas quedan silencios como aquellos. Me encanta escucharla hablar. -¿De verdad tenemos algo, Matilda? Razona su respuesta. -¿Lo preguntas porque sientes algo por mí o porque no follamos?

-Por ambas cosas. -Amo pasar tiempo contigo, Hugo… Sólo llevamos una semana viéndonos, pero es la verdad. Si no me apresuro a pedirte que hablemos sobre esto es únicamente por que me voy. Y si no me lanzo encima de ti es porque no lo has hecho tú antes. -Temo lo que pase porque me impones. Y porque los que hablan de mares llenos de peces me parecen unos gilipollas. Por este tipo de cosas que tú me das, estos momentos, o estas charlas, cómo la de ahora mismo. Es por lo que tardo tan poco en saber lo que no continuará con las demás. Es la razón por la que sigo sólo. -Hagamos una cosa ¿que tal si yo me doy la vuelta…? Se gira hacia mí y conteniendo el ímpetu de forma admirable logra besarme con calma. Primero un poco, cómo un auténtico primer beso de principiantes y después con soltura introduciéndose en mi boca hasta arrinconar mi voluntad para no seguir adelante. Ella es la que para. Justo a tiempo. O quizá no. -¿…Te doy nuestro primer beso… y aplazamos esta conversación hasta después de ver la peli? Me está gustando. -Vale Sonríe de nuevo y rebobina con el mando hasta la última escena que le suena. Tras unos quince minutos más o menos, la mano que tengo posada sobre su barriga bajo el top continúa ahí mientras comienzo a calcar su clavícula con los dedos de la otra. Mantengo la espera un minuto, me adentro muy poco en su escote y me quedo ahí otro minuto. Continúo con paciencia avanzando más y más mientras se eriza por completo. Su espera culmina y mientras acaricio arriba y abajo la curva de uno de sus pechos hasta llegar a su pezón, la contemplo olvidar la película y cerrar los ojos mientras se retuerce contenida. Después hago acopio de un recuerdo. El sujetador de Marina. La primera vez que me atreví. Y aunque parezca que llegados hasta aquí todo está echo, cómo en aquella ocasión. Revivo aquel momento introduciéndome por completo, casi de golpe, hasta frotarla con la palma y el resto de mis dedos. Disfrutando su tacto, notando con las yemas el fino comienzo de su aureola y prestando atención a lo que ya no recordaba como algo que debiera hacerse con dedicación: Lo glorioso que es palpar la intimidad de una chica y comprobar que lo estaba esperando. Matilda se ataca el labio y gime tan flojo que no podría jurar que no me lo he imaginado. Saco la mano preocupado de lo que pueda provocar esto después de la película, pero satisfecho de haber podido devolverle un primer momento igual que ella a mí.

Matilda apaga el televisor. Mierda. -Quiero intentar algo… -Me dice. En cierto modo me acojono-. No es para ti, es por mí. Es una bobada, pero por alguna razón nunca se lo he pedido a nadie. Quizá porque no quería que me juzgasen o por que lo consideraba íntimo como para hacerlo con cualquiera… Matilda se incorpora de rodillas sobre el sofá y se desabrocha los vaqueros. Después, con un apuro enternecedor, los obliga con las dos manos a resbalar hasta sus rodillas y se echa hacia delante hasta que su cara toca el sofá ofreciéndose a mí y ya tan solo resguardada por un tanga lila que apenas oculta los pliegues de su anatomía. -Quiero que me acaricies… Y después quiero que me azotes. Y que te asegures de que lo haces lo bastante fuerte. Nadie me lo ha hecho antes. Por favor… Asegúrate de que es lo bastante fuerte. Aunque quisiera razonar lo que pasa ahora mismo hay límites que al cruzarlos, para alcanzar una fantasía, te impiden percibir del todo la realidad cómo tal. Sobre todo cuando la excitación te difumina el raciocinio en pos del vil instinto. Yo nunca he fantaseado con golpear o azotar a una chica, pero hay algo arrebatadoramente seductor en el lenguaje corporal de Matilda mientras ruega ser sometida, al mismo tiempo que se somete. Dejando su cuerpo a mi disposición. Un cuerpo que he deseado desde que la vi. Pienso, como me dijo Dante, en cuanto desconozco de mí mismo, en cuantas cosas más habrá que no sé y en cómo lo que ni siquiera había buscado en porno que me diera vergüenza confesar que tengo. Ahora mismo me está excitando sobremanera. Mientras pienso en todo ello sin pensar en nada acaricio las piernas y el culo de Matilda dejando que el pulgar rodee su sexo sin tocarlo. Cuando me decido a hacerle caso, noto un deseo que dejo salir y le doy un bocado en el culo que no llega a hacerle daño. Freno la mano en un punto concreto. Marco donde voy a golpear y después azoto a Matilda con fuerza preocupado por no contenerme demasiado y cumplir sus expectativas. El golpe la lanza hacia delante. Ella cierra los ojos y se aferra al sofá como puede. -Otra vez… -Me pide-. Vuelvo a repetirlo y esta vez me da la sensación de haber conseguido la fuerza exacta. -Otra vez, por favor…

Cumplo lo que me pide con la medida tomada y observo entre sus piernas la cara de Matilda contra el sofá, preguntándome si sabrá que la estoy mirando mientras cierra los ojos y se relame y muerde la boca con atractiva suciedad.

Recobra el sentido y dándose la vuelta gatea a cuatro patas hasta mí desabrochando mi pantalón muy despacio. Después me libera agachándome la ropa interior lo necesario y me envuelve con la boca. Da cortas brazadas con los labios a lo largo de mi longitud y la abandona convenientemente en la base donde prosigue con el resto de mis atributos. Me lame con la delicadeza exacta. La que usaría una leona para bañar a su cría y mientras lo hace se presta a sostenerme con la mano, pero pronto se da cuenta de que no hace la menor falta.

A

medio camino entre el rubor, la excitación y el frenesí sintiendo a la vez las tres

y

ninguna, noto como mi cuerpo se revuelve sólo, como si Matilda estuviera

descubriendo lugares donde yo no sabía que se ocultara algo. Avanzando sobre la punta de su lengua se eleva hasta la corona e indaga, bajo ella y en su recorrido, con detalle. Matilda es la mejor boca que he conocido jamás. La emplea con la exhaustividad de quien busca certezas en la escena de un crimen y para cuando

sus labios, su lengua y su aliento te abandonan ya te ha robado todos tus secretos.

El placer es a veces extraño. Sobre todo cuando nos sobrecoge con la

magnitud de una guerra mundial. Cuando su disfrute te eleva de tal manera que te perturba. Porque al igual que un adicto no puede disfrutar del éxtasis sin pensar en cómo y cuando la próxima vez.

Mientras Matilda define con su boca, y sin saberlo, el camino que comenzó con su cuerpo, su humor o su labia. El miedo me insta a que huya de ella antes de que ella huya con algo que quizá nadie pueda equiparar.

Mi voluntad es incapaz de escapar, pero el miedo, el avión que sé que se la

llevará en poco más de un mes y la despedida, que ahora noto tan cercana,

vuelven a acabar conmigo y mi erección vuelve a precipitarse sobre la fatalidad. Cuando lo nota dentro de su boca y ya derrotado de nuevo me vuelve a vestir del todo. La primera mirada suya que me alcanza incluye una sonrisa de apoyo. Tan sincera y tan reconfortante que tengo que irme antes del beso que se apresura a darme. Quiere decirme que estamos juntos en esto. -No estamos juntos, Matilda… -¿Qué?

Me levanto y me alejo de ella levantándome del sofá.

-Que no estamos juntos. Este problema no es nuestro y no hay un nosotros. -Ha sido un primer intento. Ya está. Todo está bien. -Normalmente yo sería el que te promulgase a ti que es mejor algo que no dura que algo que no empieza y puedes estar segura que todas las veces que lo dijera sería en serio, pero con lo que está pasándome no puedo decirlo, no puedo decir nada que no me crea. Para mi alegría y mi pesar eres maravillosa Matilda.

Llevas en mi vida una semana y cada cosa que haces hace que quiera tenerte más y más, pero no puedo devanar mis esfuerzos en alguien que se va. Estos días estoy teniendo más presente que nunca lo que he vivido, recapacitando más que nunca… Y he decidido que no quiero escribir más nombres en mis notas. No necesito nada más que meter en una caja y tú deseas darme algo más que eso, pero no puedes. Estas aquí diciéndome sin parar que me enamore de ti y se a donde lleva eso. Sé lo que te pediré cuando te vea irte y estoy seguro de que será algo que se terminará por teléfono. La solución valiente es endeudarme conmigo mismo y permitir que te vayas a Canadá con todo lo que tengo. La valiente me dará muchas cosas buenas, estoy convencido. Pero la cobarde me permitirá sacarme la cabeza del culo de una puta vez y dejar de buscar chicas que me obligan a cruzar mares en vez de discutir diez minutos porque se me olvidó darle un toque al llegar a mi casa. Intenta llegar hasta mí pero doy un paso atrás. Matilda… El día que nos conocimos me dijiste que tuviera muy presente que te ibas. No lo olvides tú. Me marcho del piso sin siquiera mirarla. Me arrepiento. Mucho. Pero me marcho.

Capítulo 8 – Marina

Y durante las dos semanas siguientes la reclusión más absoluta. En parte es absurdo porque Matilda sale del piso de sus tíos aún menos que yo, pero también es absurdo no querer cruzarte a un ex y ya lo veis… Lo bueno es que eso me ha dado mucho tiempo libre para coger mis notas y hacer una suerte de novela corta. Cubriéndola con la necesaria ficción y nombres falsos para despistar. Mis padres no han preguntado por mi reclusión. Ellos han tenido tiempo de asumir las rarezas de su hijo y de saber que las preguntas directas son hábilmente esquivadas. Se han asegurado de decirme “Nos tienes aquí” a su paternal forma y ya está. Pero aun así saben que es por una chica, los padres no conocen los detalles, pero siempre el motivo. A ellos les gusta creer que no necesitamos mentirles y a nosotros nos gusta creer que no nos conocen. No puedo decir que me encuentre bien o mejor, pero si me sigo quejando de algo más acabaré colando el portátil en un puto contenedor. Así que hago lo que suelo hacer cuando estoy jodido: Flotar en la apatía, salir a correr, escribir y el resto de cosas que a lo largo de mi vida me juro convertir en rutina a partir de ese mismo lunes. La frecuente masturbación me mantiene alejado de rectificar con Matilda, pero saber que se cambia, se desnuda o se ducha a dos pisos sobre mí prácticamente me come el terreno que gano no viéndola. De hecho, llegando al climax, no he podido evitar, varias veces, volver a la última noche que estuve con ella e imaginarme bajándole su tanga lila y corriéndome dentro de ella. Pero trabajo en ello. De hecho últimamente parece como si un misterioso virus no dejara de enviarme a páginas de porno en cuanto intento descargarme o mirar lo que sea. De un modo u otro, esa última noche con Matilda me dio la idea de llamar a una chica que no estaba en mis planes al principio: Marina y con ella he quedado esta tarde. Es de Guardamar así que voy allí y de paso doy un agradable paseo por la playa. Las playas me encantan porque siempre lo comprenden todo. Si estas triste son melancólicas, si estas feliz vitales y si estás perdido inmensas.

Marina es en cierto modo el comienzo de mi lista. Suyas son las primeras tetas que palpé y desde entonces ha sido para mí una verdadera pasión hacerlo, nunca se lo he dicho a nadie pero en cierto modo lo tengo asociado a ella y cuando lo hago no puedo evitar que un fotograma de su cara y de su abundante talla noventa y cinco de amplio pezón se me aparezcan de repente. Sin haber conocido

a Matilda diría que es la chica más ingeniosa que he conocido nunca además de muy concienzuda, muy maniática y con un cultivado sentido de la profesionalidad. Nunca afirma nada sin estar religiosamente segura de ello y eso la envuelve en una seguridad y decisión pocas veces vista en alguien tan joven. Sus ojos son de esos que cada día están de un color, pero claros en general y su pelo largo y castaño. Desde pequeña tuvo siempre una gran curiosidad por el sexo porque al ir creciendo se percató de la determinante influencia que esta provocaba en las personas basándose en las películas para mayores que lograba ver cuando sus padres no estaban. Marina nunca necesitó niñera la verdad… Ahora estudia para ser una sexóloga reputada y prepara un libro sobre el tema que ya he

mencionado. Una novela que trata de una supuesta ascensión al poder de las mujeres en todos los altos cargos del mundo a través del sexo. Aun siendo ficción yo he leído algunos fragmentos y os aseguro que acojona. Ojala se me hubiera ocurrido a mí…

En ese afán que tenía por descubrir es donde entro yo. Yo me pillé totalmente

de ella, pero Marina consideraba que el amor era algo tan sólo viable con la suficiente experiencia y con esa frialdad me tiró al mismo cubo que al resto de inocentones con los que fue dando pasitos en el sexo sin miedo a que la tomaran

el pelo y siempre ayudada por su gran belleza. Si hay alguien que me arrepiento de no haberme tirado esa es Marina y mientras la veo viniendo hacia mí con un bikini rojo que su padre desaprueba por completo y con un sugerente pareo a juego tengo claro que jamás me lo perdonaré.

La conocí en Guardamar, se sentó al lado mía en un cursillo al que ambos

fuimos un verano de introducción a la escritura y nos hicimos amigos. Durante el resto de años se ha convertido en una muy buena amiga y en mi mayor apoyo a la

hora de escribir, siempre estamos leyendo lo del otro y comparando lo que se nos ocurre.

Mi mayor recuerdo con ella fue sin duda el día que se las toqué, sus tetas son

increíbles de verdad, ocurrió en el aula de colegio donde nos conocimos, cada semana se quedaba a recoger una pareja después de la clase y a cerrar con llave para después dejarla en conserjería debido a que el profesor no era de allí y tenía que irse siempre antes de terminar la clase. Para cuando nos tocó ya nos habíamos liado un par de veces y no se lo pensó ni un instante en encerrarnos a los dos. Después se tumbó sobre la mesa del profesor y se quitó la camiseta para pedirme más tarde que se lo comiera cosa que tampoco había hecho nunca. Aquello duró como mucho treinta segundos, pero recuerdo perfectamente que el sabor me desconcertó. Era dulce pero con ese toque amargo que en mayor o menor medida todas poseen. Pero sobre todo lo recuerdo dulce. Como también recuerdo las expectativas que me creó con las demás y como el sabor de la

siguiente fue fatídico por esa razón. Con el tiempo aprendí lo que todos los hombres acabamos descubriendo. Que al margen del baremo de más o menos agradable, si te gusta la chica amargo o agrio se convierte en intenso, y supuesto dulce se convierte en delicioso. Esta primera vez que tan desconcertado me dejó, sobre todo cuando note un cosquilleo en la lengua que me recordó a los Peta Zetas, duró hasta que intentaron abrir la puerta y al ver que estaba cerrada por dentro empezaron a golpearla. Del susto paramos de golpe para más tarde salir de allí avergonzados y casi fingiendo ser de integración social con tal de parecer puros e inofensivos. Aun así, siendo fiel a la verdad, y a pesar del susto, salí de allí con la cabeza muy alta como si hubiera hecho mucho más con ella. Estaba orgulloso de mí ¿Qué queréis que os diga? Lo que más me gusta de Marina es que a pesar de lo inteligente que es y de lo seria que puede ponerse si se lo propone elige ser despreocupadamente absurda. Es de esas chicas que en la primera fila de un concierto finges no conocer mientras intenta sacarse el sujetador por un brazo para lanzarlo al escenario y también la voz que todos oímos gritarle a la pantalla de cine diciéndole al prota que se levante o se cargue al asesino de una puta vez. Tiene el sentimiento fan muy desarrollado y disfruta desinhibida de sus numerosas aficiones audiovisuales. Además de eso supongo que lo que más me gusta son sus… Bueno… Ya lo he dicho antes. Cual paradisíaca sirena mostrándome un oasis Marina se acerca a mí excusando su tardanza con dos helados de la Jijonenca en las manos con los que baila como una tonta. Me rio y a la vez se lo agradezco enormemente. Debería haber quedado en un sitio con sombra no en la orilla de la playa. Nada más llegar se ríe mientras sigue bailando y después se estruja contra mí arriba y abajo mientras me abraza. -Ummmmm, ummmm. –Dice mientras lo hace-. Se me empieza a levantar preocupantemente. Tengo que apartarme. -¿Quieres parar? Estás loca. -¿No sería gracioso que te pasearas por aquí empalmado? -Pues más bien no. -Mejor por aquí empalmado que discapacitado a solas con una dama. Me guiña un ojo y se ríe. -Qué risa -De limón. Alarga la mano y me alcanza el helado. -Gracias. -¿Un paseo? -Sí.

Mientras comenzamos a andar devoramos la parte casi derretida de arriba para no acabar tomándonos un batido. -¿De verdad no me pensabas llamar a mí? -Por alguna razón no, supongo que porque hablo contigo muy a menudo. -Pero me ves poco, no te acuerdas de nadie. -Nos vemos cada vez que salgo prácticamente. -Pero no es lo mismo, nos abrazamos, nos tomamos un chupito y nos preguntamos cosas que después no recordamos. No es lo mismo. -La cuestión es que te he llamado.

-Más vale tarde

Bueno pues cuenta.

-¿Qué más quieres que te cuente? Si me lo sonsacaste todo por teléfono, que impaciente. -No sabía que estabas escribiendo algo nuevo y menos que te pasaba algo, tuya es la culpa. ¿Lo has solucionado ya? -No. Como un poco más de helado y Marina me da tiempo comiendo del suyo. -Oye –Le digo-. No quería ir al médico, pero tú supongo que sabes algo sobre la disfunción eréctil ¿no? -Aún no he dado nada sobre eso, pero leí en internet sobre el tema. -¿Autor? -Wikipedia. Uso con ella mi mirada de reproche. -¿Qué? La Wikipedia será muy criticada, pero todos la usamos. A lo que íbamos. En tu caso no es algo físico, está más que claro. La causa más común es el daño a los nervios, a las arterias y todo eso ya sea por enfermedades o por operaciones ahí que hayan podido dañar algo o también por la edad o por efecto secundario de algún medicamento. Hasta por tabaquismo. Luego ya está la que podría ser tu zona. Estrés, ansiedad, culpa, depresión o baja autoestima. Solo el miedo a no cumplir en la cama ya cubre entre el diez y el veinte por ciento de los casos ¿Qué si es posible que por el recuerdo de una ex no funciones? Pues en tu caso que nunca has tenido ningún percance en este terreno es hasta probable. Puede que la eches de menos, puede que las otras no te gusten, puede que sonrías pero estés por los suelos y puede que te lo hayas tragado todo creyéndote que eso era estar bien hasta que viste un signo físico que te asustó y te hizo imposible ocultar por más tiempo lo que te pasaba. Un hombre puede arruinarse, sufrir una infidelidad, ser abandonado, pero mientras su virilidad funcione como debe su orgullo y su hombría se mantendrá. Cástralo y seguirá viviendo, puede que hasta tenga algún día feliz, pero no se repondrá jamás.

Mientras me siento avergonzado y me termino mi helado siento sobre mi espalda que todo lo que dice Marina es cierto. -¿Y tú que solución me darías? –Le pregunto-. -Como paciente te diré que la modalidad de tratamiento va siempre específica a la causa de disfunción eréctil. El primer paso sería determinar qué te la causa a ti. Las soluciones van desde cambios en los hábitos de salud, terapia, afrodisíacos, viagra…. -¿Viagra? -A las muy malas. Pero eso como paciente. -¿Y como amigo? -Como amigo te diría lo que tú ya intuirás. Tendría que indagar en el tema, pero teniendo en cuenta que tú sí tienes erecciones independientemente de lo

que duren te diría que no creo que sea una disfunción eréctil como tal. Vigila la

dieta, haz un poco de deporte, descansa mejor

paciencia Hugo. Sé que la situación es asquerosa, no llegas a tener una disfunción que tratar y tampoco a funcionar como antes, es como el purgatorio, pero bueno, ya se te pasará y si no… -Viagra. -Por supuesto. -¿Nos damos un baño? -Sí por favor y así te cuento cosas de mi novela que ya me sé todos los pormenores de la tuya. -Que bien te viene para hablarme de sexo durante una hora como poco. -¿Hay algo más interesante que eso? A medida que entramos al agua justo antes de que Marina se retuerza por el frío del agua y se tire de golpe para no sufrir más cae en la cuenta de algo y frena su impulso. -Mierda. Casi se me olvida, que cerca ha estado. -¿El qué? -Quería traerte el helado con esto encima, pero se iba a pringar entero así que me lo he guardado en la teta. Se ríe y empieza a hurgar en la parte izquierda de su bikini hasta sacar un pequeño y doblado post-it rosa. -Toma, a ver si te suena. Sonríe ilusionada. Al abrirlo leo algo de lo que por supuesto que me acuerdo:

Todo eso. Y por supuesto

“A nadie le amarga un dulce” con una cara feliz en una esquina. Sonrío al instante acordándome de aquello. -Que idiota eres. -No, no. Tienes que decirme que es eso o no te creeré, no basta con que lo mires y te rías.

-La segunda vez que nos vimos después de liarnos, en las hogueras de San Juan, justo en esta playa para más señas, me hiciste tú misma una magdalena de chocolate con una nota como esta. Marina se ríe y después me besa en la mejilla. -¿Ahora ya no te restriegas como antes? –Le pregunto-. -Ahora ya no tiene gracia. Cálmate Hugo. No la mires tan fijo… -¿Me sorprende que te acuerdes te lo digo en serio? –Me dice-. -Me acuerdo porque fue justo en ese momento cuando pensé: “Estoy loco por esta chica” -Para lo que ha acabado siendo ¿eh? -Sí. Para acabar preguntándote en las fiestas de aquí qué por qué solo te liabas conmigo cuando estabas borracha. Comienza a reírse con fuerza. -Pobrecillo dios mio, te puteé mucho ¿verdad? -Lo necesario. Tampoco te dije nunca lo que me gustabas. -Te hubiera dicho que no, pero después de pensármelo muy bien. Dicen todas lo mismo. Me jode que me mientan. Pero me gusta que sean amables. Están perdonadas. Nos zambullimos por completo y cuando el agua nos llega por encima del pecho comenzamos a hablar. -¿Algún día podré leer esa gran obra maestra? –Le pregunto-. -Aún falta mucho. -A este paso los primeros en leerlo serán tus nietos. -Es mi opera prima. Puedo escribir muchas cosas pero esta tiene que ser perfecta. Al menos para mí. Cada año crezco, aprendo y siento más cosas, cada año la novela mejora conmigo, algún día llegará el momento de enseñarla, pero hasta entonces pienso guardarla con uñas y dientes. Al menos hasta que yo la vea buena. -Ya es buena, Marina. -Paciencia… -¿Hay algo que estés curioseando ahora? -Lo que más me ha llamado la atención últimamente son los chimpancés bonobo. -¿Eso que coño es? -Un tipo de chimpancé. Tanto él como el chimpancé común tienen el mismo ancestro genético que dio lugar a los humanos y sin embargo este está considerado una de las especies más pacíficas y no agresivas de mamíferos que hay actualmente. -¿Y eso que tiene que ver con el sexo?

-Porque el sexo es la principal causa de lo otro. Usan el sexo para evitar la violencia. Las relaciones sexuales son usadas entre ellos como saludo, resolución de conflictos, medio de reconciliación y hasta pago de favores a cambio de comida. Son los únicos primates, aparte de los humanos, que han sido vistos practicando sexo oral, besos con lengua y sexo genital cara a cara. Si encuentran comida, la euforia común suele traducirse en orgías. Tienen toda su estructura social basada en el sexo. -¿Todos con todos? -Sí. Incluido hembras con hembras y machos con machos sin importar la edad. Los únicos emparejamientos que parecen tabú para ellos son la de las madres con sus hijos adultos. -Que menos que eso… -Si por ejemplo hay un conflicto suele saldarse con una hembra matriarcal que fornica con los dos implicados y zanja el tema al momento. -¿Y te extraña? -Lo más interesante de ellos, y lo que quiero usar en el libro, es que nos muestran una vía social distinta. Creemos que la desembocadura original de nuestra condición es y será siempre la violencia. Lo hemos visto en todas las épocas de la humanidad, lo vemos en nuestros antepasados genéticos y sin embargo ahí están ellos. Me parece una excepción asombrosa. -Para el tema de tu libro no podría ser mejor. -La clave de todo libro es, como dijo Sharon Stone en Instinto Básico, la suspensión de incredulidad. Si hago que la conquista del planeta por parte de las mujeres a través del sexo parezca viable a medida que leen, será un buen libro. Los bonobo son un buen referente para eso. -Marina. Tú que has leído tantas cosas. Antes de salir y secarnos al sol. ¿Cuáles son las diez cosas sobre sexo que te parecen más sorprendentes? -¿Sorprendentes o curiosas? -¿No es lo mismo? -Bueno también… Pues… Marina empieza a pensar y pronto saca la primera. -Para empezar los habitantes de las Islas Trobriand, en el Pacífico Sur, son la sociedad más desinhibida y libre sexualmente de entre todas las conocidas. A los niños se les permite participar de cualquier juego sexual y en relaciones sexuales que ocurren a una edad temprana. Todos los aspectos del sexo son considerados naturales y tanto adultos como niños tienen dominio sobre sus deseos. Allí no existen ni los agresores ni los perturbados sexuales, los jóvenes son instruidos en técnicas sexuales por una persona mayor y experimentada y se les permite acudir, antes de sentar cabeza, a “Casas de placer” donde lo hacen con otros jóvenes. De hecho en su lenguaje no tienen palabra para obsceno, indecente o impuro. Allí el sexo nunca es motivo de vergüenza o culpabilidad.

Y luego ya hay datos curiosos que me llaman la atención, leyes estúpidas de

hace mucho tiempo. Por ejemplo, es ilegal que cualquier miembro de la legislatura de Nevada, en Estados Unidos, lleve a cabo actos oficiales mientras lleva puesto un disfraz de pene y mientras la legislatura está en sesión. En el Líbano está permitida la zoofilia pero mientras sean animales hembras, hacerlo con animales machos está castigado con la muerte. En Washington también está permitida pero solo si el animal pesa menos de dieciocho kilos… -Joder. –Comienzo a reirme-. Allí no deben saber lo de si pesa más que un pollo me lo follo. -En Washington están como cabras, excepto el misionero todas las posturas son ilegales. En Sambia, Nueva Guinea, están obligados a tener actos homosexuales como ritual antes de ser adultos. En fin leyes absurdas como esas. -¿Nada un poco más hardcore? -La cifra de muertos en Estados Unidos por asfixia intentando tener un orgasmo más fuerte es de quinientos al año ¿algo como eso? -O un poco menos…

-¿Te acuerdas cuando decíais tu y Dante que os masturbabais más cuando estabais con alguien e Iván decía que eso era absurdo? -Ni me hables de eso, cada vez que oigo a una imbécil afirmando que ella mantiene a su novio muy satisfecho y que con ella no necesita masturbarse ya es que ni abro la boca.

-Teníais razón. Los hombres con pareja se masturban más. Al tener más relaciones sexuales producís más testosterona y por tanto os excitáis más. Cuanto más tenéis más necesitáis. -Que gilipollas son todas esas en serio. Las peores. -¿Cuántas llevamos? -Pues… Pacifico Sur, disfraz de pene, muerte por zoofilia con machos, Washington, homosexualidad obligatoria, Ahogamiento, pajas de novios… Siete. -Se cree que el pudor sexual de las personas en general proviene de los monos, que se esconden de la manada para no ser atacados durante el acto por transgredir los derechos de macho o hembra dominante. La fantasía sexual más común del planeta es el sexo oral.

Y Cleopatra se introducía piedras en la vagina para no quedarse embarazada e

inventó también un rudimentario diafragma basado en la giba de un camello. Marina se ríe y yo con ella. -Educativa como siempre… Muchas gracias por venir Marina, llevo dos semanas muy jodidas, necesitaba desconectar tanto como he desconectado hoy.

-Ven aquí anda…

Me da un abrazo, esta vez pienso en ella, no en sus tetas. -¿Volvemos? –Me dice-. -Sí… Mientras caminamos el silencio resiste la mayor parte del tiempo hasta que Marina lo corta. -¿Sabes? No es demasiado sorprendente ni morboso, pero el dato que más me sigue gustando de todos los que he visto no te lo he dicho. -¿Y cual es? -En Hawaii cuando una mujer lleva una flor en su oreja derecha es que está disponible, si lo lleva en la izquierda significa que no lo está. Siempre me ha parecido precioso. -Si no fuera por lo del disfraz de pene creo que también sería mi favorito. Marina sonríe.

Capítulo 9 – Violeta

Tras pasar la mañana con Marina me ha llamado Patri obligándome a que

vaya esta noche al piso de Violeta. Uno que su padre pagó para las dos. Es sábado y dice que vamos a reunirnos todos. Reniego pero la verdad es que tengo ganas, y quizá hasta lo necesite, así que me he preparado y voy de camino. Conociendo a Patri no sería descabellado que Matilda estuviera, pero en fin… Si me tengo que ir de allí me iré. O al menos eso pienso por el camino. Una vez frente a la puerta, después de llamar al timbre, estoy empezando a sentir de imaginármelo unas extrañas nauseas. Tengo unas ganas de beber que no lo sabe ni Dios. Patri me abre la puerta. -¡Hey! El perdido. –Me dice-.

-Cállate

-Le doy un sentido abrazo y un beso en la mejilla-. ¿Los demás?

-No hay demás hoy, Hugo. Noto un escalofrío y a las nauseas de antes galopándome la barriga. -¿Quién hay aquí? -Sólo Violeta y nosotros. Eso me calma. -Si es para que me desahogue… -No es para eso. -¿Entonces? -Espera. Violeta está en la ducha. -¡Ya he terminado! –Dice desde el fondo de la habitación de las dos-. Después, cepillándose el pelo y con sólo la toalla, sale y se sienta en el apoyabrazos del sillón donde está Patri. Yo me siento en el otro frente a ellas. -Bueno… -Dice Patri buscándole los ojos a Violeta-. -No hay forma fácil de decírselo, díselo y ya. -Le contesta mientras sigue cepillándose-. -¿Vais fumadas o qué? ¿Qué os pasa? -Hugo… -Toma aire-. Queremos acostarnos contigo. Me quedo callado los siguientes cinco segundos. Por supuesto me están vacilando, así que acabo finalmente riéndome. En ese momento Violeta deja caer la toalla hasta su cintura y se sigue cepillando el pelo mientras me mira fijamente a mi y yo a sus tetas. Magnificas… -Vale. Os pararé aquí. –Les digo-. No me imaginaba que ibais TAN fumadas. Disculpadme y por favor Violeta súbete eso. Por favor -Súbetelo hasta que me escuche, cariño. Violeta la obedece.

-Escucha Hugo. Esto ya no mola, se está elevando cada vez más hasta un nivel de problemática que te está jodiendo la forma de ser y sin entrar a valorar eso o si tienes motivos para tomarte lo que te pasa tan a pecho o no. Queremos que acabe ¿Vale? Queremos ayudarte. Sólo hay algo que no has probado y es lo que propuso Dante… Soy tu mejor amiga. Sé que una de tus fantasías siempre ha sido un trio. Sé que te atraigo y sé que, si no fuera más bollera que Anne Heche, Violeta te atraería. Tú mismo me lo has confesado alguna vez. -¿Me podéis explicar que puto afán despierta un tío con mi problema como para que hasta dos lesbianas redomadas se quieran tomar un descanso? En serio que no lo entiendo, joder. Tantos años buscando como impresionar a las tías y resulta que sólo necesitaba decir que no funciono. No era coña ¿en realidad estáis todas así de locas, verdad? -No queremos hacerlo por que tengas un problema, queremos ayudarte, sí, pero eso no… -No quiero limosnas, ni voy a tomarlas ¿no veis lo humillante que es esto? -Hugo, me estás desinflando el clítoris haz el favor de calmarte. –Me dice Violeta. Aunque me haya echo gracia lo que ha dicho no me río-. Escúchala… Patri continúa. -Íbamos a buscar un desconocido por Internet para el cumpleaños de Violeta estas Navidades… Si que es verdad que no se nos habría ocurrido pedírtelo a ti si esto no hubiera pasado, pero la cuestión es que tras pensarlo queremos que seas tú.

-¿Y antes qué razones habían para no pedírmelo a mí? -Eres nuestro amigo, te vemos a diario, podía enterarse el resto del grupo, las cosas podían volverse raras… Yo no he hecho tríos nunca en mi vida, pero algo de razón tiene que haber en eso si todos los que lo hacen coinciden en que con amigos o con gente del trabajo no. -Todo eso no cambia por mi situación. -Hugo escucha. –Dice Violeta-. Cuando yo empecé con Patri y sólo tú sabías lo que en realidad pasaba entre nosotras, aun siendo su ex, fuiste el primero que me tendió la mano. El primero que fue hasta mí a presentarte cuando no podía estar más cortada e intentó hacerme parte de lo que tú Iván, Dante y Patri teníais desde primaria. Gracias en gran parte a que tú lo aceptaste, Patri se atrevió a ser sincera consigo misma. Puede que ella lo descubriera tarde, pero es lo que es. Es homosexual y tarde o temprano habría dado el paso. Lo que quiero decir es que sin ti es muy posible que no lo hubiera dado conmigo… Es probable que hubiera decidido esperar, conocer unos cuantos chicos más y asegurarse de que no era sólo una etapa. No es que crea que te deba nada, aunque sea así, pero yo nunca me he acostado con un chico Hugo y cuanto

más he hablado con mi novia sobre hacer esto más me parece que hacerte partícipe tiene más sentido que buscar a un extraño. -Llevamos una vida entera siendo amigos Hugo. –Dice Patri-. Los mejores. Y si alguien se ha ganado el puto derecho a hablar de ti soy yo. Esto es para ayudarte pero solo en última instancia. Yo tardé en saber lo que era por ti ¿vale? Porque eres el tipo de chico que concede un trato especial a las mujeres por el simple hecho de serlo. A lo largo de los años te he visto con ellas, te he visto escucharlas, hablarles, comprenderlas, estudiarlas y quererlas. Veo el cuidado con el que las tocas y cómo acaricias sus autoestimas diciéndoles algo bonito en cuanto te viene, sin escatimar en ello o sin guardarte las grandes frases solo para aquellas que te quieres cepillar. Eres un hombre y no las has tratado bien a todas. Estamos de acuerdo. Pero es que nadie es así, nadie que diga la verdad al menos. Tú siempre has querido mejorar, no has parado de buscar la mejor forma de hacerlo y aún te sigues preocupando de encontrar esa manera y de no mentirles ni dejar que se engañen. Desde siempre has tenido ese algo especial con las mujeres que han pasado por tu vida y es porque lo has cuidado con mayor recelo que ninguna otra cosa y por eso me revienta cuando vuelves a fallar o cuando no eres capaz de querer a quien te quiere a ti. Esto no es por pena porque ¿sabes qué? La gente crece, el mundo avanza y ya es hora de que el que iba siempre con las chicas meta la polla entre dos lesbianas, mientras el cabrón que las engañaba y reía de ellas se la destroza en su cuarto. El mundo a veces no va cómo debería y hay cosas que ni tú, ni Violeta, ni yo podemos cambiar. Pero podemos desnudarnos, dejarnos llevar y olvidar sus cagadas por una noche. No tengo palabras… Patri me las roba todas e inevitablemente pienso en si vuelve a salir mal. Si la última posibilidad falla. -Esto es toda una primera vez para los tres, Hugo. –Me dice Violeta-. Algo que vamos a recordar siempre. No se equivoca lo más mínimo. -Está bien. –Les digo-. Patri la mira y ésta asiente. Después ella se acerca hasta mi sillón y me acaricia

la

mejilla mientras me besa. Es un beso que recuerdo. Patri me coge de las manos

y

me lleva hasta Violeta que se pone de pie mientras deja su toalla caer por

completo, mis ojos van hacía su pubis de inmediato, está completamente

depilado. Patri gira sobre mí hasta ponerse a mi espalda. Desde detrás me desabrocha el pantalón y empieza a palparme con su mano besándome en la nuca

y el cuello al mismo tiempo. Mientras lo hace Violeta termina de acercarse totalmente desnuda. -Imaginaros que estoy súper buena y me llamo Marta. –Les digo-. Ambas se ríen y Violeta besa a un chico por primera vez.

Su vecino Óscar a los cuatro años no cuenta. El beso se vuelve cada vez más intenso y empiezo a tocarle las tetas intentando usar la dulzura que me imagino usaría una chica. Patri empieza a masturbarme poco a poco y aunque me encanta, la verdadera sensación indescriptible de este momento es besar a alguien mientras me besan por detrás. -Estás a punto de probar lo más cercano a la vagina de Wonder Woman que hay en el planeta ¿estás preparado, mortal? Es extraño reírme pero no puedo evitarlo, Violeta tampoco se aguanta. En el fondo nos reímos por que es raro. -Chicos…-Dice Patri sin dejar de tocarme-. Centrémonos un poquito… -Ve a la habitación Patri. –Le dice-. Ponte cómoda y ahora entro con él ¿vale? -¿No ver lo que hacéis no son casi cuernos? –Responde-. -Yo no he visto nada de lo que hacíais los dos -Chicas. No quiero interrumpir, pero esto ya está poniéndose bastante porno sin el tono de zorras y la conversación sucia. Como sigáis así me voy a ir antes de llegar… -Vale. Patri entra en el cuarto y cierra la puerta. En cuanto lo hace Violeta me quita el resto de la ropa con prisa. -¿De verdad eres lesbiana? Desoye mi pregunta y mira mi desnudez con verdadera curiosidad. Me mira los genitales con tanta fijación que me siento cómo si el resto de mi no estuviera aquí. Después me agarra y me frota con suavidad. Probando como funciona. Continúa haciéndolo despacio. No es tanto el estímulo cómo la forma en que lo hace, cómo si descubriera el sexo por primera vez, eso es lo que me excita tanto. Más tarde, buscando una reacción supongo, lo hace más rápido. Con excesiva brusquedad. Hago una mueca de dolor y vuelve a verme. Sonríe sorprendida y encuentra el término medio mientras me besa. -Esto no se lo digas a Patri ¿vale? –Me dice-. Violeta se agacha y tras probarla cautelosamente con la lengua, supongo que para ver como sabe, se la mete en la boca. Tras friccionar succiona con fuerza y tengo que cogerme al sillón para no caerme. No quiero ni imaginarme cuantos días tardaré en creerme que de verdad esto ha ocurrido. Aunque con cierta tosquedad se nota que Violeta se siente más segura haciéndolo con la boca, incluso fuera de su especialidad. Oímos a Patri llamarnos, Violeta se pone de pie y entramos al cuarto. Ella nos espera sobre la cama con un conjunto de lencería rojo con transparencias y detalles, realmente espectacular. Nos acercamos y toma el control por nosotros dos, nos coge de la mano y nos sube a la cama. A mí me tumba. A Violeta la lleva de nuevo a mi cintura. Oigo cómo le susurra al oído.

-Tienes que hacerlo con suavidad… Solo para estimularle, si es demasiado podría correrse, poco a poco, mira… Patri se lo muestra y me lo hace tal como predica. En un momento dado sus ojos trepan hasta mí y se retiran rápidamente cómo si quisiera guardar esa mirada entre los dos. En secreto. Después tira de Violeta y acerca su cara hasta ella simulando un beso entre las dos enfrentando sus bocas sobre mi cúspide. Patri se aparta, deja a Violeta aprendiendo y sube hasta mí. Directa hacia mi cuello. Mientras, accedo a ella bajo su sujetador y cubriéndose con el pelo la boca me susurra al oído. -¿Te acuerdas de cuando me follabas, Hugo…? ¿Recuerdas lo que me hacías…? Le quito el sujetador y me descuelgo por su cuello y su clavícula hacia sus tetas con más prisa de la que normalmente tendría. Ella baja una mano y acaricia bajo la barbilla el cuello de Violeta diciéndole silenciosamente que lo está haciendo muy bien. Después baja un poco más y me palpa los testículos. No la reconozco. Frena a Violeta, me mira y hace innecesario pedírmelo. Hacemos que Violeta suba hasta el cabecero y se cambie por mí. Al llegar arriba la beso. Continuo hacía abajo y tan pronto dejo su boca requiere la de Patri con desesperación. Mi mano alcanza su sexo y empiezo a frotarle el clítoris por encima con mucha delicadeza, sigo así y Violeta empieza a agitarse impaciente. La mano de Patri resguarda el pecho que mis labios acaban de dejar y la recorro a besos hasta abajo. Su abundante lubricación parece de hombre cuando comienzo a comerla. Mis manos toquetean el interior de sus muslos arriba y abajo y comienzo a lamer su interior con satisfacción. Patri se pone a cuatro patas mirando hacia mí y se acerca a mi oído mientras contemplo como Violeta le baja las bragas de diseño hasta las rodillas y su mano se pierde detrás de Patri. -Ayúdate con… -Violeta le corta el habla con lo que le hace-. Ayúdate con los dedos, Hugo. Le hago caso y continúo. Al poco, Patri me pide cambiar, tira sus bragas fuera de la cama y me retira de Violeta para hundir la cara en su entrepierna mientras me entrega la suya. Le beso por la espalda y la froto con la mano hasta acercarse a su oído. -¿Los condones…? -No te preocupes de eso… -Me dice y me envía detrás suya no sin antes volver a metérsela en la boca con glotonería-. Vamos… Me introduzco en ella y empiezo a follarla. Con calma. Disfrutando de verla con Violeta. Es ahora mismo cuando empiezo a notarme raro dentro de todo esto, veo a Violeta cambiar por completo y reconocer la boca de Patri aun sin haber abierto los ojos en ningún momento. Veo como Patri la toca, como la devora,

como la chupa… Veo el sexo, el ímpetu, el placer. Pero entre ellas es distinto. Veo también el cariño, la dependencia, la ternura… Seguramente ni se dan cuenta de ello, pero mientras penetro a Patri veo la intimidad entre las dos. Estoy seguro de estar viéndolas más unidas de lo que nadie las verá jamás. Es envidiable. Absorto por ello, noto que Patri se aleja de mí. Besa a Violeta y le dice algo al oído. Patri se pone debajo de ella y Violeta ocupa su lugar mientras ambas se miran intensamente. Veo que le habla y cómo le sujeta la cara entre sus manos mientras sigue besándola. Decido dejarles ese espacio a ellas y entrar en Violeta. Ella se eriza en una descarga que le llega hasta los pies. Su vagina me abraza con mayor fuerza y me insta inconscientemente a hacerlo más rápido al notar mayor placer. Violeta se deja hacer y Patri cuida de ella besándola en el cuello y cubriéndola de constantes caricias casi como si al frotarla pretendiera mantener su calor corporal ante una helada. Le lame las tetas, la besa, la toca, la estimula… La ama. Después es Violeta la que le susurra algo a ella. Patri asiente y con cuidado se escabulle por debajo hasta volver a mí. Empieza a acariciarme los testículos de nuevo y a besarme con pasión. Sin darme cuenta vuelvo a subir el ritmo y Violeta da con la cara en la cama como si sus brazos ya no fueran capaces de sostenerla. Me queda muy poco para llegar y entonces Patri posa una mano en mi pelvis y me calma retirándome un poco hacia atrás. Al salir, Patri me coge y frota mi extremo suavemente contra el perineo de Violeta, indicándome que le gusta. Ella me abandona un segundo dirigiéndose hacia la cabecera y yo me agacho a lamer la zona que me ha mostrado. Cuando vuelve introduce la boca en el ano de Violeta mientras yo sigo y le aplica un poco de lubricante sacado de debajo de la almohada. Cuando acaba me alcanza con la mano y me mantiene con suavidad mientras me dirige hacia el culo de Violeta. Me susurra que me tome mi tiempo y que lo haga despacio. Sin soltarme, me hace avanzar poco a poco con una mano y mientras, con la otra, continua tocando a Violeta con dotes de guitarrista. Seguimos avanzando hasta que la punta entra. Patri me mira y después me suelta para acariciar en la cara a Violeta y tranquilizarla. Está ahí con ella. Despacio, y con un poco más, entro del todo. Noto mi miembro palpitar por la estrechez y me lanzo hacia el final consciente de su gran cercanía. Patri se coloca bajo nosotros y empieza a meterle los dedos a Violeta mientras me lame a mí. Ambos empezamos a gemir cada vez más fuerte, más y más fuerte hasta que finalmente todo culmina en un voraz estallido. Tras terminar, en un furioso arranque, me separo y termino del todo sobre la espalda de Violeta y el pecho de Patri. Al instante, Violeta tira de Patri hacia la cama con agresividad y se tumba

sobre ella. Las sigo y devoro las tetas de Patri con codiciosas lamidas. Frotándose con desesperación contra su sexo, mientras ahoga los gemidos en su cuello, Violeta la folla y Patri se desboca gritando preocupantemente a la vez que me mira mientras se corre salvajemente contra su novia. Recibe así su merecida culminación y todo acaba… Las contemplo desvanecerse exhaustas como si una ola las hubiera barrido y cogerse férreamente ansiando a la otra mientras intentan respirar. Leo en los labios de Patri que aun me está mirando un:

-Lo has hecho… Asiento, le sonrío y me levanto de la cama. Después de lo que he visto no puedo quedarme. Ya me han dado suficiente. Me lo han dado todo. Se merecen hablar de esto por la mañana. Solas. Se lo merecen todo. Las contemplo abrazadas y desnudas por última vez y cierro la puerta agradecido. Me doy una ducha cojo mi ropa del suelo del comedor y me voy. Me voy a por ella.

Capítulo 10 – Clara

Tras la un largo paseo de dos horas acabo en su puerta. Es la una, pero sé que aun no está durmiendo. Antes de que diga nada, le respondo en cuanto me abre. Dos semanas exactas después. -Hay una razón por la que estoy aquí, pero no puedo decirte cual. Ella se queda seria al principio, pero termina sonriendo. Se alegra de verme. -Pasa. Entro y veo Kiss Kiss Bang Bang puesta en la tele. -¿La estabas viendo?

Esperaba que vinieras algún día y esperaba para verla contigo

pero como han pasado ya dos semanas había pensado que perdía el tiempo y la he puesto… ¿La vemos? -Me apetece. La vemos y nos reímos con ella sin necesidad de hablar sobre nada. Después pone Los extraños, dice que tiene que devolverla mañana, que no hay más remedio y al final de esta me pide que me quede a dormir. Sé que mis padres no se preocuparan así que accedo. Ponemos en el ordenador la lista de canciones de nuestros dos discos y nos tumbamos en la cama a hablar. -No será un problema que me quite ropa ¿no? Es verano… -Tranquila. –Le sonrío-. Y me quito la mía quedándome en calzoncillos. Ella se quita el pantalón y de espaldas a mi el sujetador para ponerse una camiseta ancha

-Sí. Es que

Wonderwall – Oasis / Mía Lovefoll – The Cardigans / Suya Someday – Nickelback / Mía Broken Strings – James Morrison ft. N. Furtado / Suya The World Ain´t Slowin Down – Speed Up / Mía Build Me Up Buttercup – The Temptations / Suya Too Pretty – State of Shock / Mía I Don´t Wanna Miss a Thing – Aerosmith / Mía My Life Would Suck Without You – K. Clarkson / Suya Stop and Stare – One Republic / Suya

Decode – Paramore / Suya With Me – Sum 41 / Mía Take Me – Papa Roach / Mía Time of Dying – Three Days Grace / Suya How to Save a Life – The Fray / Mía Goodbye my Lover – James Blunt / Suya Over – Elissa Franceschi / Suya Hear You Me – Jimmy Eat World / Mía Broken – Seether ft. Amy Lee / Suya Your Song – Moulin Rouge / Mía Innocence – Avril Lavigne / Suya Superman – Five for Fighting / Mía

Que Alegría más Tonta – Pereza / Mía Cuídate – La Oreja de Van Gogh / Mía Quiero un Camino – Taxi / Mía Por el Miedo a Equivocarnos – Maldita Nerea / Mía A la Luz de una Sonrisa – Gritando en Silencio / Mía Promesas que no Valen Nada – Los Piratas / Mía Menamoré – Georgina / Suya Niebla – Supersubmarina / Suya Puede Ser – El Canto del Loco ft. Amaia Montero / Suya Olvidate de Mí – Iguana Tango / Suya En una Canción – Dikers / Mía Hasta que pase la Tormenta – Despistaos ft. Dani / Suya Naturaleza – Estopa ft India Martínez / Suya Standby – Extremoduro / Suya

Pedacitos de Ti – Antonio Orozco ft. A. Fernández / Suya La Última Vez – Cinco de Enero / Suya Tierna y Dulce Historia de Amor – Ismael Serrano / Mía Dentro de Ti – Revolver ft. Soledad Jiménez / Mía Chocar – El Sueño de Morfeo ft. Nek / Suya La Furgoneta del Amor – Guaraná ft. Taxi / Mía Sueños Rotos – La Quinta Estación / Suya Hasta Nunca – La Fuga / Mía

-Es una playlist increíble. Muchas de estas llevaba tiempo sin escucharlas. - Dice Matilda mientras lía con soltura un porro de yerba sobre la cama-. ¡Love me, Love me…! Esta y My Favourite Game son sin duda las dos mejores canciones de los Cardigans. -Hay algo sensual en la forma en que te drogas ¿sabes? Es como si coquetearas con ellas. He visto muchas canis metiéndose de todo por ahí, pero contigo es extraño. Creo que estarías sexy hasta con uno de veinte enrollado en la nariz. -Todo se puede hacer con la suficiente sensualidad. –Contesta mientras acaricia el pega con la lengua-. Cada cuerpo, y esto vale para todos los cuerpos, incluso los horribles, tienen un perfil bueno, una perspectiva buena o una forma favorecedora de usarse. El problema de que muchos no lleguen a explotar eso es que no indagan lo suficiente. La verdad es que creo que ese es el problema de casi todo. -Por esa regla de tres tú te observas mucho. Conoces la forma de sacarte partido. -Todo lo que nos ponemos, hacemos o decimos es parte de algo que escogemos o de alguien en quien nos fijamos. Ya sea un actor, un modelo, un escritor, un cantante o lo que sea. Contemplamos todo lo que hay y después eligiendo definimos nuestro estilo dependiendo de con qué ropa, qué actitud o qué forma de pensar nos identifiquemos más. La pregunta que yo me hago es: ¿Si perdemos tanto tiempo mirándolos, envidiando sus cuerpos, su estilo o su éxito, no merece la pena perderlo mirándonos a nosotros mismos para mejorar? A fin de cuentas no seremos ellos. Queremos lo que tienen, no ser quienes son. Prefiero hacerme una bonita casa con lo que tengo que pasarme la vida rompiéndome el culo recabando materiales para imitar las suyas. Lo enciende y me lo pasa. -¿Y si fueras notablemente fea?

-Tú no estarías aquí. Pero seguiría contando con la misma capacidad, voluntad y entereza que cualquier otro ser vivo al nacer, y hundirme sería una decisión sólo mía ¿de verdad crees que existe un solo ser humano que jamás se haya quejado? Podría decirte mil vidas peores que la fealdad. -Eso es cierto. -No entiendo a la gente que no se ve especial. Aunque todos seamos sacos de tópicos. Aun así. Cada persona tiene sus pautas, su trayectoria, sus vivencias, sus instintos y sus secretos. Una persona cambia cada día a cada paso. Aunque sepas que todo lo que te ha pasado lo vivió alguien antes ¿como pueden creer que no tiene nada de especial esa composición específica? Me encanta escucharla hablar. -Tenemos un poco más de un mes, Matilda. Hoy es sábado cuatro de agosto, bueno, día cinco ya ¿quieres pasar lo que queda conmigo? -Quería desde hace un tiempo ya. -¿Desde antes de conocerme? -Desde mi último polvo. -Me lo quita de la boca y continúa fumando-. Me gusta esto por lo sencillo que es. Está absolutamente exento de peros. Te he abierto, te he dejado pasar y aquí estamos. Me gusta porque demuestra lo sobrevalorado que está el tiempo. Lo mucho que se jacta la gente de él para explicar lo importante que ha sido alguien y total se equivocan. -Yo creo firmemente que puedes estar una noche con alguien y pasarte el resto de tu vida pensando donde está. -Y por eso yo me mojo toda contigo. -Si esto va a comenzar, aunque sea por un tiempo, hay que hablar de las condiciones. -¿Qué quieres? -Detalles. Los tuyos. Todos. ¿Tú? -Que dejes de remarcar que esto es por un tiempo. Que nos olvidemos de ello en cuanto diga Lacasito. -¿Contaba esa? -Sí. -De acuerdo… ¿Color favorito? ¿Vocación secreta? ¿Cicatrices? -¿Emocionales o físicas? -Físicas. Lunares, marcas… Todo. -Pues Lila, Productora musical, cicatriz en forma de uve en la nuca, quemadura en el lateral de la muñeca derecha, apendicitis y lunares que otro día contaremos juntos. Hay varios interesantes. -¿Número favorito? ¿Amor platónico? ¿Famoso que más te pone? -El veintiuno, un bibliotecario clavado a Hugh Jackman al que llamaba Hugh cuando no me oía y Jonathan Rhys Meyers ¿no quieres saber nada de ex novios? -Estoy de buen humor, quizá otro día.

-De acuerdo… ¿Tus respuestas? Yo también quiero saber más.

-El negro, escritor, apendicitis y una brecha en el ojo derecho. El siete, Mari Paz y Emma Stone. -¿Foto del DNI?

-Que hija de puta

–Me empiezo a reír-. Saca la tuya también.

Lo sacamos los dos y nos los intercambiamos a la vez. La suya es más reciente, sale mejor. Lo pienso mientras la oigo descojonarse por la mía y por la yerba. Y entonces veo algo interesante, su verdadero nombre no es Matilda. -¿Eres alguna especie de espía Clara Pacheco Larroca? -Mis padres me compraron de pequeña la peli de Matilda en Vhs. Fue la primera película que me encantó, la veía tres veces al día por lo menos. Me gustaba tanto que me pillé una rabieta tremenda con mis padres para que me llamaran así. Estuve un mes rebelándome por todo lo que me ponían y me daban de comer con tenacidad hasta que empezaron a alternar los dos nombres para que al menos entrara un poco en razón. Al final de escucharlo les acabó gustando más y dejaron de llamarme Clara, por eso siempre me presento como Matilda. -Qué tocahuevos. -Seguro que tú eras mejor…

-Yo era muy tranquilo y bueno. Fui muy esperado y mimado por lo tanto. Mis padres tenían problemas para concebir y les aconsejaron adoptar. Incluso empezaron los trámites, pero poco después mi madre se quedó embarazada de mí.

Matilda comienza a liarse otro porro.

-¿No sería más fácil liarlos todos de una tacada si te lo vas a fumar todo esta noche? -Esta es una droga destinada a relajar, sería contraproducente consumirla sin calma. Continúa y descubro que también me gusta verla liar. -¿Sabes con qué estaría genial esto? Con dos copas de Brugal cargadas. En la nevera hay de todo ¿echas dos copas, amor? Me río en cuanto veo la cara que pone para decir amor. -Claro cielo. –Le contesto con sarcasmo-. Me levanto para ir a la cocina. -Espera. –Me frena-. Ven un momento. Más cerca… -Vuelvo a sentir sus labios en la boca-. Para el camino. Continúa liando. Voy hasta la cocina y vuelvo con dos copas. -Ummm. Rico. –Me dice al probarlo-. -¿Pensabas irte antes si no volvía? –Le pregunto-.

razón que ha

-Es posible. -Se hace el silencio cambiado las cosas ¿verdad?

No me

vas

decir la

-.

a

-Verdad. -Está bien… -Quizá sea la yerba… -Me quedo unos segundos divagando por mi mente-. No. Estoy convencido de que es la yerba… Sé que voy a ponerme muy absurdamente filósofo con esto pero… ¿No te asusta la suerte Matilda? Prensa el porro y duda moviendo la cabeza a ambos lados. -Un poco. Da la sensación de que se me escapa algo, de que la trampa se acerca y no la estoy viendo venir. -Exacto. He pasado por varias chicas que no han dado la talla y de repente llegas tú y te postulas a alma gemela en unos días. No logro ver nada que falle en ti.

-Porque me quieres. –Nos quedamos callados-. Aunque nos hayan ido enseñando a decirlo cada vez más tarde, el te quiero es instantáneo en el cerebro. Lo que no entiendo y tus notas no dejan claras es cuan tan mala fue Helena contigo. Porque a ella la querías, estoy segura. Me giro hacia ella y acomodo la cabeza a su lado mirando al techo. Mi cara se endurece sin que yo lo note. -Todo el tiempo que estuvimos juntos fue en secreto… Nos enamoramos y acabó llegando el momento de salir del piso donde nos veíamos siempre. Ella no quiso eso y sabía que no me iba a rendir aunque me dejase, sabía que lo intentaría todo por jodido que fuera salvo si hacía una cosa… Solo había una que no estaría dispuesto a tragar y la hizo. Me traicionó con otro. La mandé a tomar por culo y hasta hoy. Ya ni nos hablamos. Al principio estaba tan rabioso con ella que me lo tomé como si cada cosa que hubiera hecho o dicho fuera mentira. No podía evitarlo. La odiaba. Después empecé a pensar en su punto de vista y a pensar que algún día vería lo que me hizo. Algún día pensaría en lo que perdió cuando me hizo eso y acabaríamos por tomar un café, luego otro, luego iríamos a cenar, nos acostaríamos a causa del vino y el polvo nos obligaría a hablar por la mañana de lo que sentíamos. Pensé que si yo no encontraba antes a nadie la vida me debería mi gran rencuentro con mi gran amor. En realidad si tú hubieras aparecido una semana después todo habría sido muy distinto, pero sales con una chica y luego con otra y con otra, pasa el tiempo, tu voluntad merma y te das cuenta de que todas parecen estar muy lejos de ella, tanto que tan sólo te queda la esperanza. Sobre todo si eres alguien que cree en el auténtico. El auténtico, jodido, absorbente, pasional y destructivo amor. La mayoría de la gente no cree en ese tipo de cosas pero todos quieren creer. Porque todos tienen Helenas y todos echan de menos a alguien. Matilda vuelve en sí. Se había quedado embobada escuchándome. Da un trago a la copa, la vuelve a dejar en la mesita y se enchufa el otro porro.

-Aun con fatídico final es una muy buena historia. –Me dice-. -Soy escritor, Matilda. No uno de verdad, ya sabes. Esos para mí son los que venden libros. Pero aun sin serlo de verdad es mi forma de ver las cosas. Es inevitable que si no hay un buen final o una buena historia me la invente. -Aunque sea engañarte… -Mientras siga engañándome no sabré que me engaño. Matilda me escucha. Parece estar en otro sitio, pero escucha cada jodida palabra que digo. Le da la última calada y me pasa el porro para después dar otro trago de ron y hablar. -En una escala de cero a diez, siendo cero la imposibilidad y diez una absoluta certeza metafísica ¿qué posibilidad hay de tenerte debajo esta noche, Hugo? Me quedo pensándolo. Un poco nervioso. Sé lo que va a hacer. -Quizá siete… Pero Matilda escucha, primero… -Cállate Hugo. Se bebe lo que queda en su copa y gatea por la cama hacia mí -Esto si quiero contártelo. -El momento acaba de surgir. Espontaneo y sexual. Déjalo estar así. No me importa de donde o de quien vengas eso ha pasado fuera, ahora estás aquí. Matilda me besa y se tumba sobre mi. Tras cada largo beso se retira y me observa con intensidad con los ojos tan abiertos como puede. Acaricio su mejilla y descuelgo mi mano por su trenza. -Matilda escucha… De verdad quiero hacer esto otro día y contarte el por qué, no por que crea estropearlo sino porque lo prefiero. La semana que viene veré a la última y seré tuyo ¿Vale? Déjame terminar primero por favor. Matilda me vuelve a besar y cae junto a mí. La observo y siento un impulso atroz por complacerla. Contemplo tras ella la ventana abierta y apago la luz… -¿Qué haces…? No contesto. La beso en la tripa y continúo bajando. Arrastro sus bragas hasta sus pies y las tiro sobre la mesita. Comienzo a besarle los muslos… El interior de sus muslos… La parte más profunda de sus muslos. Matilda enciende la luz de un manotazo y me atenaza las dos manos acariciándomelas con las suyas mientras busca mis ojos y empuja levemente sus caderas. La beso por encima y la hago esperar cuando le descubro un secreto, el pequeño tatuaje de una minúscula corchea en su pubis. Mientras la beso con una calma que la destruye observo a su vagina requerirme y palpitar. Con la lengua empiezo a formar líneas arriba y abajo sobre sus labios apartándome al llegar a la división. Una vez que me apiado de ella me adentro por fin. Empiezo a comerla, mis ojos se cierran, mi boca es la única que continúa con vida e ignoro todo lo demás en beneficio de que cada lamida y cada beso sea intencionado.

El interior de Matilda sabe tan dulce como ella. El olor de su piel es aniquilador. Noto como mi esfuerzo surge sólo, noto el convencimiento de que todo lo que sé lo quiero para ella, para su placer, para escucharla gemir y para que se desespere dentro de mi boca. Hace ya mucho tiempo desde la última vez que se lo hice así a alguien y en este momento. Hoy más que nunca… Siento que aquella última vez fue hace ya mucho tiempo.

Capítulo 11 – Emma

Tras la infidelidad de Helena hubo una época mucho más turbia de lo que me gusta recordar… Emma tuvo la mala suerte de conocerme en esa época. Después de un par de años de relación lo dejó con su novio y buscaba desesperadamente ilusionarse. Agarrarse a alguien con quien llenar el vacío de la persona en la que se había acostumbrado a sostenerse. Un vacío mucho más pronunciado de lo que pensó en un principio. Se sentía desprotegida, incompleta y sola. Una vulnerabilidad de la que me avergüenza decir que me aproveche. Al principio no fue a posta, sencillamente me moría por querer a alguien, por lograr salir del bache y reponerme. Lo deseaba. Emma es encantadora, amable, cariñosa e inocente. Tenía esa timidez tan peculiar que algunas chicas sobrellevan riéndose de ellas mismas y sonriendo enormemente cuando se equivocan al decir algo, cuando se tropiezan o cuando

critican a alguien teniéndole justo detrás. Con Emma no te podías enfadar a menos que la envidiaras y lo mejor era que lo cómico de su torpeza te contagiaba durante todo el rato que pasabas con ella. Emma era adorable y tierna y con eso y todo lo demás ¿por qué no iba a creer que alguien así me haría olvidar a Helena? Yo me lancé y ella me premió sin rodeos, sin hacerse la complicada, sin aparentar y sin trabas. Yo le gustaba y ella a mí, así que comenzamos a congeniar

y a pasar tiempo juntos. Físicamente también me resultaba muy atractiva. Tiene

un largo pelo negro, ojos marrones y grandes y un cuerpo que me encantaba. Mi

problema con Emma fue que era todo lo que me convenía, todo lo que siempre había pensado que sería necesario para una relación. Era sincera, tenía paciencia

y era alocada. Sobre el papel tenía todas las características que podían completar

aquellos aspectos que a mi me hacían más inestable y en realidad era así, era confortable estar con ella, y ese era justo el problema que yo veía entonces. Que

quizá era demasiado confortable. La realidad es simplemente que ni era Helena ni podía serlo por mucho que lo deseara. Yo tenía demasiada rabia y resentimiento como para reparar en lo que podía estar naciendo en ella o para tener tacto, así que me volví egoísta, ignoré por primera vez lo que Paula me enseñó en su día y pensé solo en mi bienestar, uno que quise mantener a toda costa. Ella me gustaba y me podría haber gustado mucho más, podría haber sido mi pareja, tiempo después me convencí de ello por completo. Aún lo sigo creyendo. Pero como ya he dicho era el peor momento, no tenía entrañas para nadie más que para Helena y todas se me pudrían dentro mientras me dejaba querer por Emma.

Yo creo que en toda vida que se precie hay alguien adecuado que solo ves tras su marcha, alguien con quien no puedes evitar ser tan cabrón como los que te hicieron lo mismo a ti y ni siquiera por venganza, sino porque en ese momento te adhieres al egoísmo y te justificas tus actos para sobrellevar la pena. En el fondo estás tan cansado de ser el que barre después de la fiesta que te obsesionas con que no vuelvan a reírse de ti olvidando y no viendo, por desgracia, todo lo que te está dando el que menos culpa tiene. Intentando seguramente convencerme a mi mismo le pedí que saliera conmigo. En realidad no había la más mínima razón para ello. Ella había sido muy comprensiva con mi situación y nunca me habría presionado, pero ahora que lo pienso creo con toda certeza que lo hice por remordimiento. De algún modo sabía que habrían cosas que no podría darle, carencias que alguien como Emma notaría y por ello quise demostrarle que al menos mis ganas y mi intención estaban plenamente con ella, que quería quererla y que lo pondría todo de mi parte para que supiera que no estaba sólo pasando el rato ni entreteniéndome. Un mes y medio después todo fue irremediablemente a peor. Al mismo tiempo que iba a por ella casi a diario para mantenerla cerca de mi, para no pensar, y creyendo que el roce potenciaría el cariño, me paseaba con ella intentando que al vernos juntos la gente hablara y de algún modo el rumor le llegara e hiriera a Helena… Esa felicidad que aparentaba en público y que se borraba a solas tampoco le pasó desapercibida a Emma, pero ella seguía sintiéndose sola y yo seguía gustándole, tristemente la distancia que yo marcaba aumentaba su afán por llegar a mí. Una noche, intentando despejarme un poco, salí con Patri, Iván y Dante y acabé liándome con Alejandra, una antigua amiga de Emma, que le tenía ganas. Por aquel entonces la cantidad de alcohol que bebía cuando salía hacía que la noche nunca terminara bien. La tristeza a veces te hace creer cosas como esa, cosas como que tu diversión dependerá de lo mucho que te llenes de alcohol y cuando estás tan jodido te lo bebes todo. No quieres arriesgarte. Esa en particular termino peor que ninguna otra. Llegué hasta mis amigos cogido de la mano de Alejandra y sonriendo como un estúpido. Me despedí besándola y apretándole el culo delante de ellos. Esa fue la primera vez que recibí un guantazo de verdad en mi vida y me lo dio Patri. Desde el suelo, ya que me tropecé, pude ver como le caían las lágrimas. Después cogió un taxi ella sola con tal de perderme de vista, y a pesar de que la broma le costaría veinte euros, se fue. Dante e Iván me recogieron del suelo y me llevaron en otro taxi hasta mi casa, de hecho hasta mi cama.

A la mañana siguiente, una de las más negras de toda mi vida, fui hasta casa de Emma y se lo conté todo. Ni siquiera lloró y ya entonces entendí por qué. No me lo merecía. Asintió sin más, se despidió y se fue. Ni una palabra. No quiso decirme nada y eso nos lleva hasta hoy. Desde ese día no he vuelto a saber absolutamente nada de ella, ni tampoco me he atrevido a preguntar. Cada vez que recuerdo como era,

como me hacía reír o como me trataba, peor me siento. Por lo que a mi respecta seguir respirando ya es más de lo que me merezco y por ello nunca me he atrevido a importunarla ni para preguntarle como le iba. Me extirpé de su vida sin más. Conocí a Emma en la puerta de un Mercadona. Era sábado y ella había ido a comprar a Almoradí por que aquí el mercado es los sábados. Yo y Dante estábamos en la puerta aun ebrios de la noche anterior con los pantalones bajados y haciendo el imbécil en la puerta. Ella pasó con su madre y se rio al vernos a pesar de que a su madre no le hizo ninguna gracia. Patri nos sacó una foto, la subió a Tuenti y ella la vio por casualidad, decidió agregarme y una semana después quedamos en esa misma puerta en honor a ese día.

Mi mejor momento con ella fue en un camino de huerta que varia gente del

pueblo llama Chisponia, un lugar bautizado así en los tiempos en los que lo frecuentábamos para beber. Al poco de quedar juntos, vino a una fiesta y ya en la recta final de la noche nos separamos de todos. Fuimos allí y hablándonos, besándonos y tocándonos se hizo de día. Nunca se me habría ocurrido que ese

paisaje tuviera algo más que el llamativo cartel de Fajovi que ya a lo lejos te indica que estás llegando al pueblo, pero lo cierto es que ese día, gracias a Emma, descubrí que tiene un amanecer increíble. Lo que más me gusta de Emma es su torpeza y la sonrisa con que la afronta, es de esas personas que te hacen creer en el alma, tiene una vida y un aura especial. Ella es el mayor error que he cometido nunca. La he citado justo aquí, en la roca en la que nos sentamos ese día. Ha accedido a venir después de prometerle que apenas le llevaría quince minutos. La pobre voz de remordimiento que me nació al llamarla supongo que ha logrado que se apiade de mí, o puede simplemente que ya haya pasado suficiente tiempo. En cualquier caso por ahí viene. La última chica de mi lista.

Se acerca y evita mis ojos mientras se pasa el pelo por detrás de la oreja.

Después se obliga a mirarme para el saludo de rigor. Creo que ni siquiera Mari

Paz me ha visto nunca tan corroído y tímido como me siento ahora mismo. La culpa es horrible si no logras ignorarla.

Le doy dos besos y la invito a que se siente, al menos si está a mi lado podré

decirle la mayor parte de las cosas mirando al suelo y lo importante a ella. -No tenías ninguna razón para venir y aun así estas aquí. Quiero que sepas

cuanto te lo agradezco mucho, de verdad.

-No importa -No quiero que pienses que te he traído aquí para intentar revivir algo… -Es de agradecer que aclares eso, por que es justo lo que me he temido viniendo hacia aquí. -Si te he traído a este sitio es para recordarme a mí mismo que aunque haya pasado el tiempo, te mereces lo que tengo que decirte aun si no quieres oírlo o si no servirá de nada. Emma acerca su mano y la pone sobre la mía para echarme un cable. -He venido. Te escucho. -Bueno verás, quiero explicarte primero por qué ahora. Por qué ahora y no antes quiero decir… Resulta que hace un mes me di cuenta de que tenía un problema… Le hablo de la novela, de mis notas, de como he logrado solucionar el problema, de las demás, de Matilda y de que ella es la última. -Yo… -Le digo-. Perdón no es suficiente Emma. Da igual lo que Helena me hiciera a mi, tu siempre fuiste muy buena conmigo y lo que yo hice… Nunca fue sin darme cuenta. No todos los días son iguales, pasé una época muy jodida y la tomé con la única que se ofreció a aguantarme. Lo único que quiero dejarte claro es que lo que te pedí y lo que te prometí todo ello iba en serio, quería cumplirlo, pero no lo hice y no soy mejor que cualquier otro que haya sido infiel o haya mentido. Me acostara con ella o no da igual. No tendría que haber pasado. Emma me mira sonríe y después agacha la cabeza. Nunca en mi vida me he portado tan mal con nadie y si logro evitarlo serás la última, no sé realmente lo que piensas de mi pero te aseguro que no fuiste la tonta de ese mes ni nada por el estilo, no soy perfecto y evito a toda costa ser así o parecido y no siempre lo consigo… Pero quiero que sepas que tristemente lo que pasó me abrió los ojos y eso no te lo voy a poder pagar nunca. No quiero que te presione mi discurso, ni que nos volvamos amiguísimos, pero si eres capaz de perdonarme, de corazón, lo que estoy escribiendo tendrá mucho más sentido del que ya tiene, si no es así, no sé exactamente cuando, quizá en un mes o en un año, pero te volveré a citar aquí y lo volveré a intentar… En silencio espero una respuesta que parece no llegar. Finalmente habla. -No puedo decirte que esto esté de más la verdad… Te lo agradezco mucho, pero de todas formas te tengo que ser sincera. Esto te causó mucho más impacto a ti que a mi, Hugo. Claro que me dolió, es obvio, lo que hiciste me humilló. Pero jamás creí que fueras mala persona. Quizá a pocas de tus chicas les hayas dejado estar cerca de ti tanto tiempo como el que me dejaste a mí. La cuestión es que tuve tiempo de conocerte bien y si no me fui por mi propio pie fue precisamente porque te sabía buena persona

¿te comportaste como una alimaña? ¿Cómo un gusano de bajeza inmunda y de gusto horrible para liarte con Alejandra? Pues sí… Pero también tuve buenos momentos contigo y en cierto modo tu traición me espabiló. No soy ninguna niña, Hugo y el peso, el que tú te empeñas en echarte a la espalda siempre, es compartido. Tú ya eras un capullo antes de lo que pasó, pero yo creí en lo que todas las tontas creemos, en cambiarte. Tragar fue mi elección y me pillé los dedos confiando en ti cuando no te lo merecías. Acepto tus disculpas, asumo las mías y te agradezco esto. De corazón. Te agradezco que te acuerdes de este sitio y que me demuestres esa estima después del tiempo que ha pasado. Emma me sonríe y por fin logro relajarme. Pierdo diez kilos. -Gracias… -Lo cierto es que esa mañana estaba muy enfadada creer nada de lo que dijeras. Pero entre la resaca y la culpa… Te aseguro que te vi sufrir como nunca. -Lo sé… -Escucha… Me sabe mal, pero nos hemos pasado bastante de la hora… Tengo que irme. -Claro, claro. No te preocupes Emma. Ambos nos levantamos y cuando voy a darle dos besos amaga y me da un fuerte abrazo. -¿Ya nos veremos por ahí de acuerdo? -Muy bien. -¿Te quedas? -Sí, me apetece estar aquí un rato, yo también había quedado pero queda media hora aún. Tenía mucho que decirte. Emma me sonríe por última vez y después se vuelve. -Adiós Emma. -Hasta otra, Hugo. La veo alejarse. Le observo el culo mientras aun está visible.

Ya he terminado y ya Matilda lo sabe todo, hasta lo de Patri y Violeta. Algo así sé que iba a causar estragos en mi conciencia y no iba a permitirme el lujo de patinar ni una sola vez más, así que se lo dije y me curé en salud. La verdad es que no le sentó demasiado mal. Es tan retorcida que hasta creo que la puso cachonda… El resto del día hasta el momento en que me hallo transcurre sin pena ni gloria. Me encuentro desnudo y a las puertas del sexo de Matilda. No puedo evitar decir para mí mismo una sola cosa: Por fin. -Métela despacio… Hasta que la punta entre como mucho.

La obedezco -Ahora frótala dentro y fuera con suavidad… UUUUUuuuffff… Así. Continúa así por favor… A partir de ahora pienso hacer todo lo que ella me pida. -Mírame a los ojos Hugo… Primero la beso, después lo hago. -Hasta dentro mi amor… Hay algo en la forma en que Matilda dice mi amor que aun me pone más cachondo que cuando me dice sordideces. Avanzo hasta el fondo y froto cada rincón de su carnoso interior. No dejo de mirarla. A ella se le cierran los ojos. -Sigue despacito ¿vale? Este es solo el primero. -Me ha encantado todo el ritual antes de hacerlo, creo que nunca había hecho nada antes que no fuera empujar. -Las chicas dicen saberlo todo con el primer beso. A mi me gusta la primera vez que me la mete un chico especial. Sigo moviéndome. -¿Yo soy especial? -Él más especial que me he metido nunca. Vuelvo a besarla y la follo más rápido. -Joder… -Exclama-. Uuuffff… La excitación, por mucho que se diga y por mucho que las mujeres se jacten expertas en fingirla, es como la sonrisa. Cada uno tiene la propia y en cuanto ves la auténtica por primera vez distingues de todas las que no lo son. Ahora mismo el cuerpo de Matilda es lo más auténtico que he visto jamás. Acabo de empezar y apenas puedo más, no estoy seguro de si es realmente su vagina o su ansía, pero me aprisiona de una forma que me está haciendo perder la cabeza. Digo a la mierda y continúo sin freno. Le sujeto con suavidad la cabeza para dirigirla contra mis embestidas y exhalo mis jadeos en su boca mientras Matilda se corre con violencia. Me marca la espalda, me muerde la clavícula y me hace algo que se volverá morado. Continuó con voracidad y el flujo de Matilda me resbala y acaricia los testículos. La sensación de follarla sería capaz de quebrarme la columna si ella no me estuviera sujetando. Si no estuviera conmigo. Deja de tratarse de un problema, de un polvo o de solucionar nada. Se trata de redención. De ella. Es mía. La habitación se enmudece y el choque de nuestra carne se vuelve hueco y atronador. Notamos un leve dolor en los golpes de los últimos empujes y nuestro primero termina… Me corro dentro de Matilda. Al notar el calor en su vientre y

mi desfallecimiento me sigue besando y zarandeándome con su cintura sin sacarme de ella. Caigo sobre su pecho y me quedo ahí. Derrotado. Por fin…

No recuerdo como he llegado al siguiente instante. Nos hemos limpiado un poco y permanecemos desnudos y juntos. La noche es muy larga. Sentirla encima me parece lo más grato que existe. -Hugo. -¿Sí? -¿Te has fijado alguna vez en la peca que tienes ahí abajo? -¿Es mía como no me voy a fijar? Me río. -Yo que sé, era una pregunta. -Lo que no me habías dicho tú es lo de esa pequeña corchea en la vagina, ya la ví la otra noche pero no era momento de hablar y después se me pasó. -No me gusta quien afirma tener tatuajes en zonas íntimas ni quien los usa como excusa para enseñar el coño. Para mí el que llega hasta aquí es el que se gana el derecho a descubrirlo. -¿Y por qué una corchea? -Mi profesora de música es Canadiense. Allí la corchea se llama “quaver” que significa sonido trémulo y proviene de “to quaver”, cantar tembloroso. Me quedo igual que estaba. -¿Y…? -Joder, ¿yo que coño sé? Trémulo, tembloroso, pongas lo que pongas ahí será guarro, me gustó y punto. Me río y le beso la cabeza. -Tampoco me pegues. Nos callamos unos segundos. -¿Te hubiera gustado ser el primero en hacerme esto? –Me pregunta-. -¿Porque no…? Pero no me rayo por eso, mejor si soy el último. Matilda está dudosa. -No eres el primero que ve mi corchea ni el primero que la lame. Pero estaba pensando… hay algo que muy importante para mí que ningún chico me ha visto hacer nunca. -¿El qué? Aunque le cuesta unos cuantos segundos más se levanta de la cama decidida y se va a otra habitación. Desnuda está genial. -Ahora vengo. –Me dice-. Cuando la tardanza empieza a convertir la curiosidad en insoportable hasta casi levantarme e ir tras ella a ver que trama aparece en la habitación con una

preciosa guitarra negra y que es hasta la fecha el objeto más cuidado por alguien que he visto jamás. -Mi profesora era también de canto… Comenzó a llamarme quaver porque según ella tenía una buena voz, pero era tan tímida que a veces al ponerme nerviosa me temblaba la voz. El mayor sentido de viajar a Canadá es poder cantar delante de público. Si allí sale mal al menos siempre me quedará volver a España y olvidarme de ello. No podría vivir en el mismo sitio donde fracasara en esto. Me deja totalmente perplejo. -¿Entonces quieres ser cantante? -No quiero ser cantante. Bueno, sí me gustaría, como a ti escritor. Pero carezco de pretensiones en ese aspecto. No me importa si nunca gano dinero con ello, pero es algo que tengo que sentir al menos una vez, sea en el club de mala muerte que sea. -Te lo digo de verdad Matilda. Me encantaría escucharte. -Para eso me he traído la guitarra. Matilda se pone sobre la cama con las piernas cruzadas y su guitarra sobre ellas. -¿La que yo quiera? –Me pregunta-. -Por supuesto, la que quieras. Tras unos suaves acordes con la guitarra. La voz de Matilda, la que nunca había oído hasta ese momento, surge suave y tenue acariciándome el oído mientras cierra los ojos y su inmortal trenza le resbala por la cara. La canción es:

A la luz de una sonrisa, de Gritando en Silencio. Y a pesar de la ausencia del resto de instrumentos, su voz y su inusitada maestría con la guitarra consiguen convertir la canción en algo íntimo que me eriza la piel a medida que se eleva. Y que culmina con la total expansión de la garganta de Matilda en un final memorable. A día de hoy no he vuelto a sentir con la música nada igual. Matilda no solo canta. Canta extraordinariamente bien. Cuando abre los ojos lo primero que ve es a mí sonriendo. -Me la has puesto tiesa Matilda. Se ríe y se levanta de la cama, lo primero para ella es guardar la guitarra. Como venganza, cuando vuelve la espero tras la puerta y la asusto agarrándola por detrás. -¡¡SUELTAMEEEE!! La tiro sobre la cama y nos acomodamos tras besarnos. -Ha sido increíble Matilda. -Lo sé. -Tú lo sabes todo, eres tan lista… Me escurro hacia abajo para besarle la tripa y después le beso el pecho. Me inquieta estar cerca suya, el arrebato de tocarla parece no descansarme nunca. Le

acarició el clítoris con suavidad y me empapo un poco los dedos con ella para tocarla con más suavidad. Al introducirles hace una leve mueca con la cara. -Hugo… Es la hora del segundo.

Capítulo 12 – Ana

El siguiente mes apenas dura algo. Básicamente dividimos el día entre hacer el

amor, ir al cine, a la playa, pedir la cena al Servi Pizza, ver series, escuchar música, salir con los demás los sábados y dormir juntos. Durante un mes nos volvemos dependientes el uno del otro y borramos cualquier rastro de preocupación mintiéndonos a la cara.

A medida que la despedida se acerca todo se vuelve más intenso, los besos

más ansiosos y el sexo más desesperado como si quisiéramos sacarle al otro lo que sea que posea para esconderlo cuando no mire y poder quedárnoslo.

A pesar de todo lo llevamos bastante bien. Hemos conseguido esquivar las

conversaciones incómodas durante todo el mes y llegar hasta hoy relativamente enteros. Mañana por la mañana saldremos hacia Madrid para que coja el avión. Me he ofrecido a llevarla en coche con tal de arañar unas horas más y de paso evitarle el billete de autobús. Con ese dinero pasaremos nuestro último día allí. Ella quería despedirse de sus amigos de Guardamar y yo he aprovechado para ver un rato a solas a Iván y Dante en el Irlandés a los cuales he tenido un poco abandonados últimamente para lo mucho que solemos vernos. Yo he llegado antes y ya tengo la primera cerveza en la mesa. No me hacen esperar mucho. -Hola capullo. –Dice Dante al llegar-. -¿Venís de follar? –Les pregunto-. -Ya le gustaría a Dante. –Responde Iván-. ¿Cómo lo llevas? Más directo imposible… Dante pide dos cervezas más antes de sentarse. -Lo llevo bien. Dentro de lo que cabe. -Desde la pena por que te pase esto. Elegir se te da como el culo Hugo. –Dice Dante-. -¿Y eso por qué? -¿No es obvio? Mírate a ti y mírame a mí. Llevamos años moviéndonos en los mismos círculos y conociendo a las mismas chicas. Yo salgo con ellas un día y tiempo después ya no, pero todas las tuyas tienen alrededor ese rollo de relación imposible que las hace perfectas pero nunca tus novias. –Iván se ríe-. Hay un número limitado, de veces que pasa algo, en el que la casualidad empieza a ser culpa tuya ¿no crees? -Lo que no me explico es por qué te hablo aún. Bebe y calla joder. Dante se ríe y me hace caso. Yo también aprovecho. -¿Sabes porque me hablas aún a mí y a este casado de cincuenta años de aquí? Porque pasado mañana, cuando tu chica se haya ido y seas un muruño de autocompasión, iremos a tu casa a sacarte de allí. No te llamaremos para ver si sales. Iremos a tu casa a vestirte y a asegurarnos de que no te vienes con los pantalones del pijama.

-Eso es la amistad. –Añade Iván-. -Exacto. Siempre me lo digo a mi mismo cuando pienso en ellos, pero de vez en cuando, como hoy, lo digo para que me escuchen:

-Tengo mucha suerte. -Lo que no me ha quedado muy claro es como se solucionó el problema. – Dice Dante-. -Ya os lo dije. Matilda lo arregló. -Pero sé sincero, fue como yo dije ¿verdad? Hicisteis algo que no habías podido hacer con ninguna antes. Sólo por como habla ella ya me imagino la de cosas que se dejará hacer. -Mierda Dante… Relájate ¿vale? Hasta mañana es mi puta novia… ¿Cómo se supone que habla ella? -Como un agresor sexual. –Contesta Iván-. La verdad es que a veces habla así. Tienen razón. -Tú solo dime si tenía razón. Si es así me lo debes ¿no crees? Lo cierto es que sin lo que dijo Dante, Patri y Violeta jamás me habrían invitado a su piso. -No daré detalles y contestaré a la insistencia con silencio Dante te lo digo en serio. -Tú solo dilo. Me gusta oírlo. -Tenías la razón total y absoluta. Dante se coloca las manos tras la cabeza y da un fuerte golpe de cadera contra la mesa como si la estuviera penetrando en señal de victoria. A veces lo hace… -¡¡Mmmmmm!! Lo sabía. -Vaya. Sabías que cumplir una fantasía produce una mayor excitación sexual. Deberíamos llamar a la tele. –Dice Iván-. -Toma, usa mi móvil pero marca bien, no acabes llamando a Amelia o a tu ginecólogo. –Contesta Dante-. Los tres nos reímos. -Gilipollas… -Le dice-. -Este sábado saldremos ¿no? –Pregunta Dante-. -Como todos, si Hugo quiere también claro. -Pero si estamos a domingo ¿ese interés a qué viene? -No lo sabes porque no te apartaste de Matilda en toda la noche. Pero ayer Dante conoció a alguien. -¿Ah sí? -Sí. Y no se fue a la barra a tomar un chupito de Jack Daniel´s primero y a meterle mano después. Estuvo hablando con ella y guardando la distancia. Fue un caso muy peculiar. -¿Qué no le agarró el culo mientras le decía cosas al oído?

-Y tampoco le dio besos tontos en el cuello atrayendola de la cintura. Fue sorprendente. -Sois unos chupapollas los dos. -Eso lo tienes que aclarar. –Le digo-. -Hablé con ella. Eso no forma parte de los domingos negros. No es relevante. -Ya lo creo que es relevante. –Dice Iván-. -Cuenta. -No hay nada que contar, hablo con ella desde hace un par de semanas, ayer me dijo que iba a ir, nos vimos y hablamos. ¿Con quien voy a hablar si no? Os pasáis la noche sujetos con arnés a vuestras respectivas. -¿Cómo se llama? –Le pregunto-. -Ana. -¿Y cómo es? -No quiero hablar de esa mierda. Es una chica, cuando pase, si pasa, os lo contaré, si no vais a estar dándome el coñazo y preguntándome. Me gusta, pero no es seguro. Dejadme trabajar en paz. -Nos ponemos así por que no te has tirado a su cuello, eso ya dice mucho de tu intención. –Dice Iván-. -Ya hablando en serio, me gusta bastante pero es pronto para decir nada aún, me lo voy a tomar con calma. Es buena chica. -Además ya va siendo hora ¿no? –Le digo-. -¿De qué? -Sentar cabeza un poco, probar, tomártelo en serio. -Por dejado que sea o por mucho que me ría de este, claro que quiero algo como lo que tenéis Iván, tú o Patri. -Algo que no se te vaya a otro país. -Evidentemente. Que no se vaya a otro país diría que es hasta prioritario. Lo que quiero decir es que lo que vosotros tres tenéis o habéis tenido yo aún no lo he conocido y basándome en lo que he visto en vosotros y lo que sé gracias a eso si me encuentro alguien que me gusta de distinta forma quiero esforzarme y prevenir la caída todo lo humanamente posible. Dante bebe e Iván y yo nos sonreímos. -Lo de venir aquí hoy era para daros las gracias. –Les digo-. -¿Por qué? –Pregunta Iván-. -No es la primera vez a lo largo de estos años que os doy las gracias ni mucho menos. Pero si son pocas las ocasiones de hacerlo y esta es una. Quedando con las chicas, escribiendo sobre ellas y todo eso he recordado muchas cosas. Cuando lo dejé con Patri me acuerdo que fui a casa de Iván, fue la primera vez que lloré delante de alguien y fue con vosotros. A ti Dante, fue al único que le conté que me había liado con Talia. A Iván no se lo conté hasta mucho después porque pensé que se enfadaría por hacer algo

que pudiera joder el grupo de amigas de Iris que estaba con él en aquellos tiempos. Siempre que decía cuanto me ponía Mari Paz Dante siempre me convencía falsamente de que era posible que me la tirara y aunque sabíamos que era mentira me lo decía todas las veces. Cuando Marina me dio la patada os pasasteis una semana quedándoos a dormir en mi casa para que no estuviera sólo. Fuisteis los únicos a los que les pude contar lo que hice con Paula y lo que pasó con Julia, cuando me pasé con Emma y Patri me dio aquel guantazo me llevasteis a mi casa y hasta me acostasteis y cuando Helena me puso los cuernos… Aún me cuesta decirlo. …Sin vosotros no habría salido de esa, ni habría salido de ninguna de las otras y mucho menos habría superado lo que me pasaba hace poco. En todos esos momentos y en todo lo que he vivido habéis estado detrás dándome apoyo silencioso y ayudándome todo lo que habéis podido. Y aunque a veces la amistad parezca la relación más ingrata que hay o la que menos recibe, igual que me acuerdo de ellas me acuerdo de todo eso que he pasado con vosotros. Si no lo recuerdo tanto es sólo porque seguís aquí y por eso quiero daros las gracias. Por seguir aquí. No es necesario decirles nada más… Nos miramos, nos reímos y pedimos unos chupitos. Brindamos por eso mismo, por lo mismo que brindamos siempre: Por follar y por seguir juntos y después pasamos el resto de la tarde haciendo lo que más nos gusta. Recordar las anécdotas que tenemos aborrecidas.

Diez de septiembre, es hora de decirse adiós. La novela corta de apenas cien páginas ya está acabada y Matilda en pocas horas cogerá el avión hacia Canadá. La última semana apenas nos hemos separado el uno del otro como ya he dicho. La verdad es que no quería que la dejara sola y aunque supiera que eso podía hacerle más dura la despedida no he sabido decirle que no. Aunque lo disimula, la mayor parte del tiempo, se la nota triste. Sexualmente ha sido la semana más intensa de mi vida. Al despertarnos, al acostarnos, al ducharnos, antes de comer, a media película… Se nos ha ido de las manos. Sentimentalmente, me cuesta verla así porque yo siento lo mismo, la entiendo perfectamente. Desde que me he levantado esta mañana no he dejado de rebobinar y volver a pasar nuestros mejores momentos en una especie de tortura autoinducida como cuando no puedes dejar de joderte una llaga con la lengua. Hemos venido todo el camino cantando hasta llegar a ciertas canciones que la han puesto triste y todo lo que he podido hacer ha sido acariciarle la pierna.

Luego hemos llegado. Hemos comido en un mejicano de por aquí. Lo hemos hecho en el parking y hasta el presente. En media hora podrá embarcar. Así que no puedo aplazarlo más, es el momento.

-Matilda… -¿Sí? -No sé por qué, pero ahora mismo un año no me parece tanto tiempo… Ella agacha la cabeza hacía sus pies. Estoy convencido de que esperaba librarse de esto. -Hugo… Sí es tiempo. -¿Y si no lo fuera? -Hay gente para la que pasan siete años y nada cambia y otras que pasan un mes y les cambia todo. La cuestión es que hasta dentro de un año no podremos decir de cuales somos nosotros, solo de cuales nos gustaría ser. -En cualquier caso, no puedes obligarme a no esperarte. -Eh, eh, eh, tiempo muerto ¿vale? Joder… Mira Hugo, yo también pienso como tú ahora, pero es imposible que sepamos lo que pasará y no pienso pasarme un año allí machacándome. Puede que de vez en cuando nos pongamos al día y me encantará. Pero no vamos a acordar una hora a la que conectarnos a internet a la vez, ni te vas a quedar hasta las cinco de la mañana despierto hablando conmigo en el rato que tenga después de comer. Vamos a ser adultos a quitarle hierro al asunto, y a guardar esto en una vitrina. El año que viene ya veremos. -Aunque no me creas hablo en serio. -Ese es el problema que lo dices en serio… Mira tú mantente correcto en las reglas y puede que te enseñe el potorro por la cam algún jueves de cada mes. Si como es mi intención me dedico alguna noche a beber como un cosaco no te imaginas la de guarradas que soy capaz de hacer tan bebida. Si las hago para ti al menos dormiré más tranquila sabiendo que mi cara no acaba en ninguna pagina de porno yanqui bajo un rotulo de very hot and drunk, big pussy spanish. Chatroulette ya me dio un susto una vez… -Pareces muy segura de que yo no lo subiría. -Eres un puritano quejica. Nunca le enseñarías a nadie el cuerpo que has amado. -No gratis al menos. -Claro, gratis nunca. Por un instante sonríe. -Es de las pocas veces que te he visto con falda ¿sabes? En el coche ha resultado muy útil. -Es una vieja superstición, no sé… Tengo la manía de ponerme falda cada vez que viajo en algo público. -¿Y eso?

Matilda usa su cara de no quiero contártelo, a pesar de que siempre me lo cuenta. -Una noche soñé que me tocaba en un tren mientras me miraba todo el mundo. Me daba una vergüenza terrible pero aun así me daba mucho placer y no podía parar y desde entonces tengo la fantasía de que un desconocido se me siente al lado y sin pedir permiso me acaricie la pierna, siga hacia dentro y acabemos haciéndolo en el lavabo. -Esa agradable imagen me va a acompañar hasta Almoradí… Matilda me pega en el brazo. -No seas tonto… Es una superstición, ya lo hago por manía. Cuando repites algo tantas veces acabas haciéndolo para que te dé suerte. Creo que en realidad lo haces por miedo a que te pase algo malo el mismo día que se te olvide. -Que soplapollez. -Pues no. Porque si el día que no me la pusiera pasara algo entonces si que me obsesionaría con ello de verdad. -Soplapollez. -Que te follen. -Ya me has follado tú antes. Poniendo esta cara además: “AAAAhhh, AAAAhhhhh” –Imito la cara elevando la voz-. ¡¡¡AAAAAhhhhhh!!. Me gano una bofetada que me hace reírme aun más. -Mejor eso que poner la cara de tortuga follando como haces tú. Con los ojos cerrados y el gemido de cueva profunda: “aaaAAAHHH, AaaaaAAAAHHHH” -No soy un escandaleras. -Pero tampoco es para que parezca que te embarcas en un viaje astral fuera de tu cuerpo, a veces parece que vas a levitar. -Será que eres buena. -Es por lo único que te perdono… Todo enmudece al igual que nosotros. Matilda se sienta sobre mí, me besa y apoya la cabeza en mi hombro. -¿Sabes qué? -SÍ. –Me contesta con bordería-. -Ahora por mongola te juro por mi vida que no te lo cuento. -Di. Permanezco inmutable. -Diiiii… Nada. -¡¡Dímelo joder!! -¿Sabes que hay una clase de chimpancés que cuando tienen un conflicto una hembra matriarcal se los folla a ambos y zanja el asunto al momento? -¿Y te extraña? Me río para mí.

-Ahora mismo no quiero irme ¿sabes? -¿¡En serio…!? -No seas payaso… Mímame por favor… Pero vigilando mi falda, no quiero que aquel hombre con pinta de Colombo me vea el culo. Me da miedo… Tranquila, protegeré tu culo hasta el mismo momento en que te vayas. -Mi héroe… Es difícil saber que decir en un momento así. -¿Piensas cambiar este año? –Me pregunta-. -¿Cambiar en qué? -No sé, si te volverás pretencioso en caso de que a la gente le guste lo que has escrito. Si harás más pesas y te volverás un gilipollas o peor si empezaras a llevar pitillo y gafas de pasta. -No creo que vaya a hacer nada de eso. Vuelve a apoyar la cabeza sobre mí. -Lo peor de querer a alguien es que lo adoras todo de él. Quisieras guardarlo en formol, no quieres que pierda nada de lo que tiene. -¿Tú duermes en formol? Eso explicaría el olor nauseabundo. -Estoy a punto de irme. Hoy no puedes hablarme así. -Lo siento -¿Qué es lo que te gusta de mi? -¿Lo que más? -Sí. O mejor, lo que más físico y lo que más de carácter. -Físico me gusta todo ya lo sabes, pero le tengo especial cariño a tu trenza. Me gusta mucho. -¿Y de carácter? -Creo que tu dualidad. Eres muy hombruna en lo divertida y en tu carácter pero luego eres muy femenina y sensual en todo lo que haces. Eso me encanta. Matilda se acerca y me besa. -Muchas gracias…

Tras permanecer un rato tocándonos sin hablar empiezo a notar las juguetonas manos de Matilda desabrochándome los vaqueros. -Matilda… -Tengo frío, tápame con la chaqueta… -Eres Tras bajar la cremallera y amparada por mi chaqueta, comienza a jugar con los dedos dibujando sobre mi miembro. -Te voy a matar… -Tengo algo que decirte que no te va a gustar, Hugo. -¿El qué? -Tócame bajo la falda…

Le hago caso. -Eres una… Matilda me lame con disimulo el cuello y después el interior de la oreja. -Estoy empapada mi amor… -Quedan diez minutos, Matilda… -El aseo esta ahí… -¿Al tuyo o al mío? Me vuelve a abrochar el pantalón. -Minusválidos. Hay barras y más espacio.

Una vez dentro Matilda me rompe el botón de los vaqueros de un tirón, me los baja de golpe, se quita el tanga de una pierna dejándoselo colgando de la otra rodilla y se sienta sobre mí con la suavidad que acostumbra. Por un instante me parece verla llorar. Me sigue besando con dulzura y abrazando mi miembro con sus caderas mientras sube y baja con los brazos en las barras. Intento colaborar pero apenas me deja, sólo la estoy descoordinando así que la dejo hacer. Trepo por su espalda bajo la blusa y busco sus ojos. Nos observamos y ella continúa. Esta vez no pierde el control, se alza con cuidado y vuelve a dejarse caer con suavidad. El tiempo se nos va echando encima minuto a minuto, pero no tiene nada que ver con la megafonía o la hora de embarque. Es la despedida la que se nos hecha encima. La despedida que no hemos dejado de ensayar con agonía durante todo el día. Quizá sea esta la vez que más hemos hecho el amor. Qué más sentimos el amor ahora que se nos escapa. Nunca he sentido tantas ganas de sujetar mi eyaculación. Pero no puedo igual que no puedo sujetarla a ella. Otra de las muchas cosas que tiene Matilda es que su cara cambia casi cada vez que la miras. Lo que me hace apenarme y correrme en esta ocasión es su fragilidad… La desprotección que muestran sus ojos mientras me arranca lo último que podrá tener de mí. Matilda me besa. Me besa y se resigna. Es entonces cuando sustituye las barras por mis hombros y se balancea en vertical poco a poco, leyendo en mi rostro cuando hacerlo más rápido y cuando está a punto sin dejar de observarme. Olvidándose de ella y de su propio beneficio. Mostrando generosidad, voluntad y gratitud. Pocas cosas ponen tan cachonda a Matilda como notar que culmino dentro de ella, es una de las cosas por las que me vuelve loco, la observo llegar… Pero de forma muy tenue y fugaz. No es capaz de más.

Me abraza y se queda ahí. Conmigo dentro. Olvidándose de la hora. Cuando la aviso me hace pensar en si, en caso de no haberle dicho nada, se habría quedado ahí sujeta a mí negándose a irse. Concluido el último arrebato nos separamos y nos disponemos a salir. Nos limpiamos un poco y volvemos a ponernos con celeridad la poca ropa que nos hemos quitado. Cuando voy a salir Matilda me da la vuelta y me da el último beso, el más suave y caliente de todos, mientras mete su empapada ropa interior en mi chaqueta. -No más despedidas ¿vale? No voy a aguantar ninguna más. -Te quiero Matilda -Como si no lo supiera yo ya Me sonríe y salimos. No intento ningún otro último beso, aunque lo cierto es que la besaría y manosearía hasta su asiento si pudiera. Mientras agarro su ropa interior en mi bolsillo decido quedarme con el que ya me ha dado. Se da la vuelta con su bolsa de mano y sin más florituras se va. -Hasta la próxima nenaza. La veo contonearse y después me alejo. -Hasta la próxima putón.

Capítulo 13 – Patri

Ya sentado suena mi móvil. Estoy tan ido que aunque lo miro no me doy cuenta de quien es. -¿Sí? -Hugo. Soy Patri. -Hola… -¿Cómo estás?

-Bueno

No sé. Supongo que nervioso ¿de qué otra forma podría estar, no?

-Ya… ¿Y ella? -Sentada en su asiento. La veo desde aquí ahora mismo. Está llorando como si se le hubieran borrado todas las canciones del móvil así que supongo que todo irá bien. -¿Lo has pensado bien verdad? -Creo que nunca en mi vida he pensado tanto sobre nada Patri. Quiero estar con ella. Por mucho que vaya a perderme algunas cosas allí… Compensa. -¿Y también lo has pensado bien desde su punto de vista? -¿A qué te refieres? -Lo que estás haciendo… En fin… No lo hace nadie, eres consciente de ello ¿no? -Alguien más habrá digo yo. -Quizá sí, pero son gente que ella tardará muchos años en conocer… Lo que quiero que entiendas y sepas es que de la forma en que las chicas sentimos a esta edad y de la forma en que vivimos las relaciones… Acabéis juntos o no, a partir de hoy, siempre va a buscar a alguien capaz de subirse a un avión por ella. Puede que cambien sus sentimientos hacia ti, que te odie, que deteste lo que viváis, pero pase lo que pase este gesto es algo que buscará en todos y cada uno de los hombres que conozca. Para hacerle eso a alguien debes estar muy seguro de querer terminar tus días con ella, por fuerte que suene ahora, a esta edad o en esta época ¿lo entiendes? -Lo entiendo… Pero yo la quiero Patri. Cuando volví a su casa tuve muy claro que mi paso siguiente tenía que ser este o ninguno. Lo demás habrá que verlo, pero si no lo hago ahora por ella no creo que vuelva a hacer nada así por nadie. El otro lado de la línea se enmudece. -Va a ser un año muy largo sin ti ¿sabes? –Me dice-. -Que me perdonen los otros pero si hay alguien a quien voy a echar de menos eres tú… -Mejor cállate anda…

-Antes de que se me olvide. Quiero que le des las gracias a Violeta por prestarme el dinero y por comprar dos billetes en vez de uno. No tenía por qué hacerlo. -Es un viaje muy largo, necesitabais hacerlo juntos. -Aun así… Muchas gracias. A las dos. Por esto y por… Ya sabes. -Te he dicho que te calles… ¿Conseguiste lo del trabajo? -Le costó una barbaridad a mi jefe, pero sí. Lo bueno de Ikea es que está en todas partes. No está lo que se dice cerca de la casa que ha alquilado Matilda, pero bueno. Tengo trabajo. Ya sólo falta que aquello me inspire y pueda volver con algo bueno bajo el brazo. Si eso ocurriera no podría pedir nada más. -¿Subirás lo que has escrito? -Todas me dieron su permiso. Cambiaré algunas cosas y evitaré usar sus nombres, pero en cuanto llegue lo subiré. -¿Y ahora que vas a hacer? ¿Se lo vas a decir ya? -Falta media hora. La dejaré sufrir un poco más. Después me la traeré aquí. Despegaremos. Hablaremos de todo lo que vamos a hacer este año, le meteré la mano bajo la falda y después, cuando anochezca, es posible que nos lo montemos en el aseo. -Me alegro por ti… -Oye… Se acaban de encender los indicadores para apagar los móviles. Pídeles perdón de mi parte a Iván y a Dante por no decírselo. No quería enmarronar mi última tarde con ellos. -Tranquilo se lo diré. Aunque cuando vengas te espera una buena, ya te aviso… -Ya… Tienes la llave de repuesto de mi coche ¿no? -Si, mañana iremos los cinco a por él y aprovecharemos para pasar el día allí. -Bien, pues ya hablaremos y bueno… Soy la persona más lúcida que hay para hablar y expresarse, pero a ti no puedo decirte nada Patri, me conoces mejor que nadie. Esta vez va a tener que sobrar con eso… -Sobra con eso. -Cuídalos ¿vale? -Mucha suerte Hugo. En cuanto cuelgo, me contradigo a mí mismo. No puedo seguir viéndola llorar así que me levanto dispuesto a decírselo. A decirle que soy capaz de montarme en un avión por ella…

Hay un único primer amor. El arrebatado. Es el que manda a la mierda todo lo que buscabas porque inexplicablemente te une una química a esa persona que romperá todas tus expectativas, te hará cometer los errores más premeditados que cometerás jamás y sencillamente te hará que nada importe. Porque esa persona y los reflejos oscuros de su personalidad de los que te juraste huir acabarán convenciéndote de que es precisamente lo peor lo que amas de ella. Ese tipo de amor es imposible de modular o controlar, porque la única forma de tomarlo será anteponerlo a ti y perdonarle todo. ¿Hay vida después de algo así? Sí. La hay. Y es la firme intención de esta novela dar fe de ello. El amor es infinito en combinaciones, formas y desenlaces. Lo que yo he aprendido con todo esto, es que esa primera conexión instantánea, intensa, sexual y de interés y deseo devastador nunca volverá y si vas tras ella solo te harás daño. Para mí, Helena fue algo que agarré cuanto pude y que seguirá viniendo a mí, aunque no quiera, en muchos momentos. Momentos en los que la huela, la escuche, la bese, la toque o la vea en otra. Momentos que Matilda jamás sabrá. Lo que siento con Matilda, aun siendo distinto, se parece mucho a aquello. La única diferencia es que antes de Helena no existió nada y eso si que sólo ocurre una vez. Puede que aún no hayas conocido a tu Helena como le ocurre a Dante, pero lo que debes tener siempre claro es que a Helena nunca la encontrarás en otra persona. Y la única salida a todos esos intentos, a todas esas veces que deseas no seguir hablando o incluso a esas veces en las que luchas por correrte en vez de llorar, la única salida a todo eso será buscar todo lo que no era Helena. Asumir el inmenso riesgo que supone a veces mirar a alguien como a una pareja y hacer por esa extraña todo lo que sabes que no dudarías ni un segundo en hacer por Helena. Nunca en mi vida he asumido tanto riesgo como hoy. Yo quiero a Matilda, la quiero de verdad, no cabe duda. El riesgo consiste en que aun así sé que me espera un largo camino y una gran historia por ocultar, y digo ocultar porque nunca la superas. Nunca la olvidas. Esa es la historia que te define en el amor hasta el día de tu muerte. La que muestra los límites de tu crueldad y tu compasión y la que en definitiva te lo muestra todo: Qué amas, cómo lo amás, qué aguantas, qué odias y hasta donde eres realmente capaz de llegar. Te sobrepones y vas pintando encima por eso. Para mantener ese recuerdo a raya, dejar de asociarla a lo que es el amor para ti y recabar el suficiente corazón para no mentirle a la que ahora duerme contigo.

Puede que os preguntéis si de verdad Helena fue para tanto, pero, con todo mi respeto a vosotros, es una pregunta estúpida. Quienes sepan de qué hablo saben que sí. Saben que su piel, sus ojos, o su presencia provocaran lo mismo todas las veces que lo intenten y saben que si hay cosas que no eres capaz de explicar es mucho mejor guardarlas para ti. Lo que de verdad quiero que comprendas es que soy feliz, que tengo todo lo que necesito, que esta novela habla de fallar y no solo de follar y que si no aciertas a la primera y no eres de los que lo consiguen, tendrás la ocasión de conocerlas mejor. Quizá hasta te dejen tocarlas.

Hugo.