Está en la página 1de 12

Laberinto

Luis Villoro
Juan José Reyes Página 4
Fragmento inédito de Madame Bovary
Gustave Flaubert Página 5
ESPECIAL
MILENIO
Sendas de Oku
Matsúo Basho
Traducción de Octavio Paz
y Eikichi Hayashiya
Página 6
sábado 8 de marzo de 2014
N.o
560
antesala
MILENIO 02 sábado 8 de marzo de 2014
TOSCANADAS
DE CULTO
EX LIBRIS
Periódicos
E
n alguna novela antigua
puede encontrarse algún
personaje que lee el
periódico de cabo a rabo. Hay
quien me ha dicho que su padre o
su abuelo tenían esa costumbre.
Esto es siempre una exageración.
Ni aún en años remotos cuando
un periódico tenía ocho páginas
había quien lo leyera todo,
incluyendo publicidad, aviso
oportuno, cartelera de cine, la
crónica de los toros, el recital de
piano y la nota social.
Hoy no es raro encontrar
ediciones que se aproximan a las
cien páginas o las exceden. Por
el tamaño del papel y restando
imágenes, esto equivale a un
libro de cuatrocientas páginas.
Así, el periódico se vuelve una
diaria ferretería de la que solo
tomamos algunos clavos.
Pero hay que comprar la
ferretería completa; imposible
pedir al voceador solo la sección
de editoriales o los monitos.
Además, tampoco se sabe si uno
se verá tentado a leer la última
travesura del mocoso de moda
o los dimes y diretes entre dos
cantantes.
Cuando reviso periódicos
de los años treinta, cuarenta o
cincuenta en las hemerotecas,
me siento en terreno seguro. Las
noticias son noticias y también
son sobrias. Por ejemplo, la
muerte de Pedro Infante se
reporta sin dramatismos ni
necesidad de entrevistar a
cientos de famosos para que
digan una obviedad. No hace
falta recordar toda su discografía
y flmografía. Si Adolfo Ruiz
Cortines envió sus condolencias,
lo hizo sin intención de aparecer
en la foto.
El trabajo de un historiador o
novelista se facilita, pues en los
periódicos del pasado encuentra
esencia y no relleno.
En aquel entonces, nadie
molestaba a los políticos
corruptos. Hoy se les entrevista
para terminar con encabezados
D
el signo de Leo, nacido en Santiago de
Cuba el 14 de agosto de 1935, Arrufat
afirma que su verdadero nacimiento
ocurrió cuando le pusieron lentes y aprendió a
leer, gracias a que el cura que le daba clases en
el colegio de Dolores de la Compañía de Jesús
descubrió que tenía miopía. A los 11 años se mudó
a La Habana, donde continuó sus estudios en los
Escolapios. Estudió el bachillerato en el Instituto de
la Habana y, fnalmente, luego de varios traspiés,
en 1979 se graduó de la carrera de Filología en la
Universidad de La Habana.
Arrufat manifesta que su vocación literaria
despertó en él desde muy chico, cuando aún
residía en Santiago. Escribía poemas y pequeñas
piezas teatrales, así como también escribió en un
cuaderno de la escuela una novela que en una de
tantas mudanzas se extravió. A los 18 años perdió
a su madre y, tres años después, a su padre en un
accidente de ferrocarril. A partir de su orfandad
se acentuó su vocación por las letras y comenzó
a escribir con mucho mayor tesón.
Germinada en la nostalgia que sentía Arrufat
por su corta estancia en Santiago de Cuba, en 1984
escribió la novela La caja cerrada, ganadora del
Premio de la Crítica un año después. Su primera
obra teatral, El caso se investiga, se publicó en 1957.
Después de la muerte de su padre vivió en Es-
tados Unidos y regresó a Cuba tras el triunfo de
la revolución, pero regresaría a una condena de
olvido y marginación. En 1968 obtuvo el Premio
José Antonio Ramos que otorga la Unión de Es-
critores y Artistas de Cuba por su versión de Los
siete contra Tebas, no obstante que dos de los
cinco miembros del jurado expresaron que tenían
discrepancias “de carácter político-ideológico”
con la obra de Arrufat.
como: “Niega el gobernador X
vaciar las arcas del estado”. En
ambos casos el lector ya sabía
que su gobernante era un ladrón.
En aquel entonces toda
noticia podía esperar hasta la
mañana siguiente, así es que
se corroboraban los datos. Hoy
se tiene permiso de publicar
cualquier rumor, pues no se dice
“ocurrió tal cosa” sino “circula
en medios sociales que ocurrió
tal cosa”.
Si hoy leo un periódico, puedo
enterarme de que un niño se
tragó veinte Legos, una maestra
de Detroit se acostó con un
alumno, un alemán halló un
armadillo en su maleta, en
India se hundió una balsa y en
Australia alguien crió un tomate
de dos kilos. Tanta noticia que no
es noticia.
Claro que en aquel pasado
también existían  notas ociosas.
Había en el aeropuerto un
periodista de planta que
reportaba los viajes que hacían
ciertos personajes de sociedad,
solos o con sus distinguidas
esposas. Aunque creo que
esto todavía se da en ciertos
pueblotes.
Siempre hubo noticias
culturales. Llegaron a ser
sufcientes para justifcar una
sección de cultura. Mas de un
tiempo a la fecha, a golpes de
natura, se empieza a confundir
con la sección necrológica.
No sé si hoy la sección
más fútil sea la de choques y
atropellados, la de chismes o la
deportiva. No me explico por qué
alguien quiere seguirle la pista
al embarazo de una actriz ni
por qué otro que vio un partido
de futbol en el televisor, al día
siguiente quiere leer cosas como:
“Fulano de tal empató al minuto
veintisiete con certero remate
de cabeza ante la infructuosa
estirada del guardameta
mengano.”
Tampoco me explico, amigo
lector, por qué en vez de tomar
aquel libro de Tolstói, llegó usted
a leer estas líneas hasta el punto
fnal. L
Denisse Bermúdez laboca_180@hotmail.com
El baño de Diana EKO
BITÁCORA PSICOTRÓPICA
Xavier Velasco
Antón Arrufat
La condena
del silencio
La venganza elegante es el olvido.
ESPECIAL
ESPECIAL
MILENIO LABERINTO Dirección: José Luis Martínez S. Edición: Alicia Quiñones Coedición: Iván Ríos Gascón Arte y diseño: Salvador Vázquez Mejía
David Toscana
dtoscana@gmail.com
Los siete contra Tebas, obra en un acto y en
verso, arremete de manera muy sutil contra
el gobierno de Fidel Castro: Polinice reclama
a Etéocles, su hermano, el haber saqueado la
casa paterna para repartir las cosas al pueblo,
negándole la posibilidad de gobernar en conjunto.
Etéocles es un personaje que ve la justicia en
la injusticia pero no distingue otro medio más
que la guerra para que su patria sea honorable.
Polinice lucha por que su individualidad no se
vea desdibujada.
La lectura radical que se hizo de esta obra alejó
de la vida pública a Arrufat por más de 14 años,
hasta que en 2007 la obra se estrenó bajo la direc-
ción de Alberto Sarraín. Y es, en mi opinión, una
muestra de que la revolución más amenazante
y contundente no es la que se lleva a cabo con
armas, sino con la razón. L
antesala
LABERINTO sábado 8 de marzo de 2014 03
POESÍA A SALTO DE LÍNEA
El cerebro
de los Pérez Gay
Tres poemas
La editorial española Hiperión y la Universidad Autónoma de Nuevo
León publicaron recientemente los poemarios Adamar, Final de diluvio
y Las edades felices. Presentamos una muestra de cada título
A Lilia Rossbach
S
iempre me resultó
difícil José María
Pérez Gay como
escritor, hasta que leí El
cerebro de mi hermano,
de Rafael Pérez Gay. Saber
que el primero fue asesor,
“secretario de relaciones
exteriores” —y “hermano”
de Andrés Manuel López
Obrador, cuando el segundo
era detractor del político,
la curiosidad me llevó a
leerlo. Más que el duelo
entre ellos por diferencias
de la vida nacional, me
atrapó la historia cargada
de aforismos y metáforas
dignas de la mejor
literatura. En México no se
había escrito un libro tan
intenso en la relación de
amor/odio de dos hermanos
que, además, competían
como escritores.
No hay literatura si no hay
tragedia humana. El cerebro
de mi hermano es una
obra en la que se debaten
ideas. Dos hermanos que se
confrontan, primero en la
literatura, y después en la
política. Un libro ejemplo de
la división que vive México
desde las elecciones de
2006, y lo que siga. Rafael
Pérez Gay acude al campo
de las razones para crearle
al lector —no describirle—,
una atmósfera donde la
muerte ronda a su hermano.
Una obra que guiña a
quien lo lea, continuar
con más libros después
de concluir las páginas de
este testimonio/ ensayo/
biografía emocional—más
que un simple “informe” del
fnal de una vida.
No puede compararse al
libro de Pérez Gay con el de
Paul Auster, La invención de
la soledad, o Philip Roth con
Patrimonio, porque narran
la historia de sus padres
con ellos, los escritores. La
relación entre hermanos es
de otra dimensión humana.
Ni siquiera cabe la pregunta
si El cerebro de mi hermano
es o no literatura: cuando
la realidad se rebasa con
la palabra escrita, inicia la
fcción. Como el caso de
Esa visible oscuridad, de
William Styron: recordarlo
y decir que, cuando los
demonios de la depresión
arriban a casa de los Pérez
Gay por la batalla a muerte,
Rafael lo convierte en un
libro donde la verdad ya no
importa.
No es un texto triste
como suele ser la vida: es
literatura donde la ironía
y la risa acompañan al
lector, como apaciguador
inteligente del dolor.
Un libro racional, poco
emocional, que hace
refexionar lo trágico de
las enfermedades del
cerebro. Dicen por ahí
que los escritores siempre
traicionan a la familia al
contar intimidades. No
estoy seguro: la pluma fera
de Rafael Pérez Gay dirige
sus dardos con razones para
superar imponderables, él,
que ha vivido el trance de
superar el cáncer y varias
muertes (como en su otro
libro, Nos acompañan los
muertos). Quien supera la
realidad es un verdadero
escritor, y éste es un
himno sin alabanzas, con
verdades literarias sobre
la vida pública y privada
de José María Pérez Gay,
que terminó siendo más
conocido como político que
como flósofo y escritor.
Un retrato desnudo de
dos hermanos amantes
de la literatura. Donde la
fcción podría empatar con
la realidad, como si todo lo
escrito en El cerebro de mi
hermano fuera cierto.
Reintentaré en algún
momento leer a José María
Pérez Gay. L
LA CASA QUE CONSTRUISTE FUE ARRASADA
Minerva Margarita Villarreal
V
i cómo sucedió
cómo se desprendían paredes y ladrillos
El techo voló
sobre los huesos
y el paisaje entre la hierba abrió
echó raíces bajo las plantas de mis pies
Estoy anclada
y esta casa mojada por la lluvia
esta casa azotada por el viento
hecha polvo
y materia que crece
Esta casa soy yo
 
 
FESTIVAL DE POESÍA
Margarito Cuéllar
D
escansa lo que puedas en el viaje escribe La Terrible.
Tibio su cuerpo. Las nubes de algodón.
El sol a punto del escándalo.
¿Reposar? Ramos de valkirias  aroman
este paraíso de espinas mientras alta es la música.
Nada me consta, por las dudas dormiré despierto.
Que descanse el sueño, el cielo, la felicidad ajena.
¿Descansar? La cerveza brota de algún grifo
las notas vienen de la playa, el asado huele a vaca tierna.
Los hombres felices no se cansan.
Descansaré cuando desate tu cintura
y hagamos el amor como los años hacen el olvido.
CÓMO LLEGAR A PUERTO ESCONDIDO
(Información turística)
Juan Domingo Argüelles
 
V
ague usted por el mundo de lo incierto.
Después aborde un autobús que vaya a ningún lado,
espere a que anochezca y sueñe con las aguas
e imagine esas playas de arenas que rebrillan.
Despierte. Ya es de día. Ya el sol
trajo su cauda dorada de semillas.
Este es Puerto Escondido,
aunque no lo parezca. Si imaginó de más
es su problema. No somos responsables
de sus sueños y no hay devolución de su boleto.
M
inerva Margarita Villarreal (Montemorelos, Nuevo León, 1957), se ha mantenido frme
en su convicción poética. Con Adamar, prologado por Luis García Montero, libro del que
incluimos un texto, ganó el Certamen Internacional de Literatura Letras del Bicentenario
Sor Juana Inés de la Cruz 2010. Juan Domingo Argüelles (Chetumal, Quintana Roo, 1958) es ante
todo un poeta luminoso; así lo señalan sus textos y lo confrma Final de diluvio, su libro más reciente,
prologado por Eloy Sánchez Rosillo. Las edades felices, prologado por Luis Alberto de Cuenca, es
el primer libro de Margarito Cuéllar (Ciudad del Maíz, San Luis Potosí, 1956) después de reunir en
Música de las piedras (2012) la totalidad de su obra poética. La mancuerna editorial entre España
(Hiperión) y México (Universidad Autónoma de Nuevo León), permite la presencia de estos títulos
en ambos países.
MILENIO LABERINTO http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/Facebook: Laberinto Milenio/Twitter: SCLaberinto
Braulio Peralta
juanamoza@yahoo.com.mx
04 sábado 8 de marzo de 2014 MILENIO
in memóriam
en el departamento que ocupaba la familia Villoro
en los edifcios del Buen Tono, en Bucareli. Las
enseñanzas de Gaos abrieron puertas por las que
seguirían aquellos jóvenes. No es que hayan sido
defnitivas pero no podría dudarse de que Gaos, y
sus compañeros exiliados, mostraron la bondad
de algo que tradicionalmente había faltado en la
práctica flosófca mexicana: el rigor. De la lectura
no excepcionalmente hecha a trasmano durante
largos años se pasó al examen minucioso de línea
a línea de los textos originales.
El joven Villoro aprovecha, como ningún otro
de sus compañeros lo haría, aquellas puertas,
las traspone y abre más, más y va iluminando un
campo vasto que había sido cubierto antes por el
manto de la desmemoria. Da a conocer, a prin-
cipios de los años 50, Los grandes momentos del
indigenismo en México, examen de cómo ha sido
visto lo indígena desde las perspectivas externas:
de Hernán Cortés al indigenismo actual (el de
1950); muy poco después aparecería El proceso
ideológico de la revolución de independencia, un
análisis profundo de aquel movimiento que pone
de cabeza, con todo rigor y mediante el empleo de
las fuentes necesarias, la extendidísima visión his-
tórica (usada y circulante aún en nuestros días) que
mira a los héroes arrastrando masas más o menos
impensantes y por tanto manipulables. Al mismo
tiempo, Villoro fue ahondando y ampliando su co-
nocimiento flosófco. Al respecto, el lector curioso
hallará en Páginas flosófcas (1962, publicado en
la colección Cuadernos de la Facultad de Filosofía,
Letras y Ciencias por la Universidad Veracruzana)
ejemplos de los primeros escritos que realizó el autor
en los años 40. El libro, de gran interés, contiene
algunos ensayos que más tarde fueron publicados
por separado, y uno, “La signifcación del silencio”
que Villoro había entregado a la Casa de la Cul-
tura Jalisciense, de Guadalajara, que lo editó en
1960. “Algo sin nombre es insufrible”, dice entre
sus páginas este libro que enuncia, con pasmosa
claridad, cómo el mundo humano está poblado de
signos. “La función de la ‘comprensión’ en Dilthey”
y “La refexión sobre el ser en Gabriel Marcel” son
dos textos auténticamente iniciales. Ambos textos
están fechados en 1947 y los dos son un modelo
de provechoso rigor. A la vez, no sobra apuntarlo,
tanto la posición idealista de Dilthey como el exis-
tencialismo católico de Marcel no pasan sin serias
objeciones ante la mirada del flósofo mexicano. En
aquel libro está incluido, también, un ensayo que
nació y fue discutido en el Seminario de Filosofía
Moderna de José Gaos en 1958: “Motivos y justifca-
ción de la actitud flosófca”, un asunto muy propio
de Gaos, y que llamó poderosamente la atención de
Emilio Uranga, quien en aquellas sesiones actuaría
como un inteligentísimo “abogado del diablo” (cfr.
Filosofía y vocación, una edición de Aurelia Valero
para la Biblioteca de Bolsillo del Fondo de Cultura
Económica). Valdrá la pena entresacar unas líneas
de Villoro contenidas en su texto:
Si es verdad que la flosofía es un engaño, lo es en
un sentido más profundo del que habla la actitud
mundana natural. La flosofía engaña porque arroja
un señuelo: parece consentir en cumplir nuestros
deseos personales y nuestras exigencias naturales;
se hace aceptar porque parece servirnos. Pero una
vez que aceptamos su invite, nos dice que el modo
de buscar lo que buscábamos consiste justamente en
negar aquellos deseos y exigencias. Entonces somos
nosotros quienes hemos de cumplir sus exigencias y
ponernos a su servicio. La flosofía a la vez nos engaña
y cumple su palabra; mejor dicho, nos engaña, porque
cumple su palabra en la única forma que puede hacerlo
y que nosotros ignorábamos: nos sirve radicalmente
poniéndonos a su servicio. ¿Y no es ésta acaso la
estructura fundamental de todo acceso espiritual?
Al servicio de las ideas, de la refexión, del análisis
vivió Luis Villoro. Su pensamiento fue sin falta un
pensamiento riguroso y disruptivo, marcado por el
orden, la claridad y también la inconformidad. Un
pensamiento de excepcional congruencia con una
vida desplegada al servicio, más allá de la flosofía
y desde la flosofía, de los demás y de su país. Sin su
obra sería imposible comprender vastas regiones de
la realidad del país, de su historia y del futuro que
una inconformidad sin mermas o claudicaciones,
como la suya, está ya en marcha. L
H
acia fnales de los cuarenta comenzó a circular en el país una
preocupación que prendió en los más distintos ámbitos de la
cultura: la de indagar por el ser o el modo de ser del mexicano.
Hay un telón de fondo político en el escenario de aquellas búsquedas:
el presunto alcance de los propósitos revolucionarios y el consecuente
despegar de la retórica de la modernización desplegada desde la fgura
del presidente Alemán. Nacieron entonces contradictorias esperanzas
en amplios sectores de la clase media urbana: brotó un nuevo naciona-
lismo al tiempo en que se abrieron más las puertas a la incorporación
de elementos del american way of life en nuestra vida diaria.
Por aquellos años también comenzaban a dar frutos tan promisorios
como concretos las enseñanzas de los flósofos españoles, refugia-
dos en nuestro suelo por la vil usurpación franquista que acabó a la
segunda República. Dentro de un grupo de pensadores de auténtico
fuste (Joaquín Xirau, Juan David García Bacca, José María Gallegos
Rocafull) estaba José Gaos, discípulo aventajado de Ortega y Gasset
y que había desarrollado ya en su tierra natal una brillante carrera
académica. El infujo de las cátedras de Gaos en Mascarones sería
enorme sin exageración, sobre todo en dos vertientes. Gaos trajo el
equipaje completo de la flosofía de de Edmund Husserl y de Martin
Heidegger, de una parte, y por otro lado, muy en la línea orteguiana,
Apuntes sobre el
primer Luis Villoro
SEMBLANZA
Filósofo, investigador y diplomático, Integrante del grupo Hiperión, catedrático,
miembro de El Colegio Nacional y presidente de la Asociación Filosófica de
México, Luis Villoro Toranzo obtuvo en 1986 el Premio Nacional de Ciencias
y Artes y en 1989 el Premio Universidad Nacional. El siguiente texto traza los
años de juventud del discípulo de José Gaos
Juan José Reyes la fértil preocupación por la historia de las ideas. En
Mascarones, Gaos entablaría contacto amistoso con
Samuel Ramos y se pone rápidamente al corriente
en cuanto al pensamiento mexicano, hasta las obras
de Antonio Caso y del propio Ramos. Pero serían
sus alumnos donde pondría su mayor atención el
flósofo asturiano. En un principio, Leopoldo Zea,
quien desplegaría una vastísima y admirable tra-
yectoria en el campo de la historia de las ideas de
nuestra América. Zea animaría allí, en la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional,
la formación del grupo Hiperión, integrado por
estudiantes alrededor de diez años menores que él
y todos poseedores de inteligencias sobresalientes.
Entre aquellos jóvenes estaba Luis Villoro. Se
sabe que muchas veces los integrantes de Hiperión
(además de él mismo, Ricardo Guerra, Jorge Portilla,
Joaquín Sánchez Macgrégor, Emilio Uranga, Salva-
dor Reyes Nevares y Fausto Vega, centralmente, sin
contar con que varios muchachos intelectuales, más
bien inclinados a las letras se acercaban al grupo
con viva curiosidad, como Ricardo Garibay o Jorge
López Páez) se reunieron en sus rigurosas sesiones
OCTAVIO HOYOS
Barcelona, España, 3 de noviembre de 1922-Ciudad de México, 5 de marzo de 2014
sábado 8 de marzo de 2014 05 LABERINTO
literatura
Una discusión
sobre libros
NARRATIVA
La revista cultural Turia dio a conocer en español tres fragmentos que fueron
eliminados de Madame Bovary. A continuación, uno de los textos recuperados, muestra
sutil de que el escritor francés era lector y devoto de Cervantes, pues el diálogo pone
de manifiesto que la pasión de Emma por los libros conduce a la locura
Gustave Flaubert
ESPECIAL
P
ero eso acarrea consecuencias, pobre hijo
mío, y quien no tiene religión siempre
acaba mal. (IIª parte, cap. vii, pág. 163,
líneas 18-19).
—Perdóneme –interrumpió el señor Homais–, se
puede permanecer en el buen camino sin seguir
para nada el de la Iglesia. Mejor admitir todo. Seamos
tolerantes y flósofos, examinemos las cosas; – y no
es para atacar la religión. Yo la respeto, sé que se
necesita una; pero, en fn, el dogma no implica en
absoluto moral, como tampoco la virtud depende
de la creencia. Y así los españoles, los italianos, esos
andaluces de que hablan los autores, esas mujeres
voluptuosas que asisten a corridas de toros y llevan
puñales en la liga, pues bien, esas mujeres tienen
religión, y ello no impide que…
—Usted, señor Homais —replicaba Bovary
madre— ¡Usted es un hombre de ciencia!... Usted
tiene sus ideas… yo tengo las mías. Sin embargo,
deberá admitir que una mujer no puede razonar
como un hombre. ¡Ellas no saben latín! Les resul-
ta imposible sopesar los pros y los contras; y yo
sostengo que, a fuerza de atormentarse siempre
porque quieren aprender más, terminan cayendo
enfermas. Imagínese cómo pasan las noches.
—¡Oh, detestable, detestable! —exclamó el
farmacéutico, súbitamente ablandado por el
cumplido—, no hay exceso peor que esa manía
EL NÚMERO DE MARZO DE TURIA presenta los fragmentos
de Madame Bovary suprimidos por su autor, Gustave
Flaubert (1821–1880), trasladados al español por Mauro
Armiño, quien los recuperó de la nueva edición francesa
de Gallimard. En la versión en español, se incluye una nota
introductoria del propio Armiño acerca de las caracterís-
ticas y el contenido de esos episodios (situando el espacio
narrativo al que pertenecían) y que, a fnales de este año,
Siruela pondrá en circulación.
Según Armiño, el primero de esos fragmentos, arrancado
del capítulo dedicado al primer sarao social al que acude
Emma Bovary, redunda en la descripción que Flaubert
había hecho del estrato social —nobles, militares, alta
burguesía—, y que centraba su sentido de la vida en el
valor monetario de las cosas. El segundo, “Una discusión
sobre libros”, y que presentamos en esta página, aborda
la pasión de Emma Bovary por la lectura. Flaubert, gran
lector de Cervantes, repite en su protagonista el origen de
la locura del hidalgo cervantino: el cerebro de Emma, que
pasaba las noches entre novelas y poesías románticas, ha-
bía quedado dañado por dicha pasión. El tercer fragmento
suprimido, “El juguete de los niños Homais”, distrae el
capítulo XIV (2ª parte) de su núcleo central: la depresión
que sufre Emma tras el desastre de su primera aventura
amorosa. Durante ese periodo, Emma interactúa con sus
vecinos y fruto de esa coyuntura es el párrafo suprimido,
puramente anecdótico y que quizá es el que más razones
ofrecía para ser eliminado.
de hacer del día noche y de la noche el día. Por
eso yo, incluso en los momentos claves de mis
estudios, nunca me acosté pasadas las diez;
pero desde las cuatro en verano, y de las cinco
en invierno, ya estaba en la tarea; además, con
seis horas bastan; ¡es lo razonable!
 
septem horas pigro, nulli concedimus octo[1]
aunque, a decir verdad, nos hayamos relajado en
ese punto un poco de la rigidez gótica de nuestros
buenos antepasados. No obstante, pienso como
usted, señora, que la blandura de la cama, cuando
se le une el hábito de la lectura, puede volverse
extremadamente funesta. La inercia muscular que
es demasiado completa, no contrarresta la acción
cefálica, que es demasiado violenta; sin tener en
cuenta que la noche actúa poderosamente por sí
misma sobre el sistema nervioso, pues entonces la
imaginación es más sobreexcitable, y la sensibilidad
más impresionable. El nervio óptico, continuamente
obligado a llevar al cerebro las sensaciones, lo agita.
Lo conmociona. Trabaja como un berbiquí que le
hubieran adaptado para perforarlo. —Y, de ahí,
palpitaciones, desganas, pérdida del apetito, las
digestiones se hacen mal, la inervación se altera, es
la vigilia la que se convierte en sueño, el sueño en
vigilia, el dormir, si se presenta, resulta perpetua-
mente agitado por epistomaquias, dicho en otros
términos, pesadillas, y pronto ocurren los diferentes
fenómenos de magnetismo y de sonambulismo, con
los más tristes resultados, con las más deplorables
consecuencias —y no ataco aquí, fíjese bien, el
fondo del asunto, no voy al corazón del tema, que
sería examinar las relaciones de la moral y de lo
físico y cómo la literatura y las Bellas Artes tienen
relación con la Fisiología—, no, rozamos y vemos
de pasada lo que se encuentra en la mayoría de los
autores modernos, a fn de descubrir si es posible…
—Pues ya que eso le divierte —objetaba Charles
aturdido.
—¡Permítame! —decía el boticario acalorado.
—Escúchale —replicaba la madre Bovary.
—Cavernas —continuaba el señor Homais—,
espectros, ruinas, cementerios, monederos falsos,
claros de luna, ¿qué sé yo?, toda suerte de cuadros
lúgubres que predisponen singularmente a la me-
lancolía. Añada luego que esos productos febriles
de imaginaciones delirantes están mancillados por
neologismos, expresiones bárbaras, palabras barrocas,
hasta el punto de que se ve uno obligado a devanarse
los sesos para comprenderlas. Porque les confeso
que yo, a menudo… ¡no comprendo a sus autores de
moda! —y no me refero a los pequeños, no, sino a
los más célebres, a los que tienen reputación, ¡a los
que están en la cumbre!—, y lo repito una vez más,
quizá sea por falta de inteligencia, lo declaro con
toda humildad, en fn, no los comprendo; y no me
sorprendería en absoluto que esas invenciones en
que el buen gusto, como la lengua y las costumbres,
son tan audazmente ultrajadas, terminen por revo-
lucionar incluso el propio organismo. Todo esto, por
supuesto, no tiene ninguna relación con Madame
Bovary, que desde luego es una de las damas que más
considero, salvo quizá un poco de efervescencia, un
poco de exaltación.
—¡No, no! —exclamaba la anciana agitando sus
agudas encías—, lo que usted dice, señor Homais,
tiene mucha cordura; porque esos libros de que
habla muestran la existencia rodeada de belleza,
pero luego, cuando se llega a la realidad, se topa
con el desencanto. Y es eso, estoy segura, ella rabia
sabiendo que no tiene razón, y que la conozco bien.
¡Ah, sí!, bien que la conozco. Porque no se trata de
hacerse la cursilona, ¡la intelectual!, además ¡hay que
sufrir en la vida! ¡Hay que cumplir con sus deberes!
¡Hay que gobernar la casa! Pero es lamentable, de
verdad, y tu deberías vigilarla, ¿no es cierto, señor,
usted que es su amigo?
Tomaron, pues, la decisión de impedir que Emma
leyera novelas. L
 La cita resume torpemente un precepto de la escuela
médica de Salerno (principio del siglo XI): Sex horas
dormire sat est iuvenique senique. Septem vix pigro,
nulli concedimus octo (“Tanto para un joven como para
un hombre mayor, es suficiente con dormir seis horas.
Para un perezoso podemos aceptar siete, pero a nadie le
concedemos ocho”).
Traducción de Mauro Armiño
El autor de Bouvard y Pécuchet
LABERINTO
Sendas d
L
os meses y los días son viajeros de la eternidad. El año
que se va y el que viene también son viajeros. Para
aquellos que dejan fotar sus vidas a bordo de los bar-
cos o envejecen conduciendo caballos, todos los días
son viaje y su casa misma es viaje. Entre los antiguos,
muchos murieron en plena ruta. A mí mismo, desde hace mucho,
como girón de nube arrastrado por el viento, me turbaban pen-
samientos de vagabundeo. Después de haber recorrido la costa
durante el otoño pasado, volví a mi choza a orillas del río y barrí
sus telarañas. Allí me sorprendió el término del año; entonces
me nacieron las ganas de cruzar el paso Shirakawa y llegar a Oku
cuando la niebla cubre cielo y campos. Todo lo que veía me invitaba
al viaje; tan poseído estaba por los dioses que no podía dominar
mis pensamientos; los espíritus del camino me hacían señas y no
podía fjar mi mente ni ocuparme en nada. Remendé mis panta-
lones rotos, cambié las cintas a mi sombrero de paja y unté moxa
quemada en mis piernas, para fortalecerlas. La idea de la luna en
la isla de Matsushima llenaba todas mis horas. Cedí mi cabaña y
me fui a la casa de Sampu, para esperar ahí el día de la salida. En
uno de los pilares de mi choza colgué un poema de ocho estrofas.
La primera decía así:
Otros ahora
en mi choza –mañana
casa de muñecas.
Salimos el veintisiete del Tercer Mes. El cielo del alba envuelto en
vapores; la luna en menguante y ya sin brillo; se veía vagamente el
monte Fuji. La imagen de los ramos de los cerezos en for de Ueno y
Yanaka me entristeció y me pregunté si alguna vez volvería a verlos.
Desde la noche anterior mis amigos se habían reunido en casa de
Sampu, para acompañarme el corto trecho del viaje que haría por
agua. Cuando desembarcamos en el lugar llamado Senju, pensé
en los tres mil ri de viaje que me aguardaban y se me encogió el
corazón. Mientras veía el camino que acaso iba a separarnos para
siempre en esta existencia irreal, lloré lágrimas de adiós:
Se va la primavera,
quejas de pájaros, lágrimas
en los ojos de los peces.
Este poema fue el primero de mi viaje. Me pareció que no avan-
zaba al caminar; tampoco la gente que había ido a despedirme se
marchaba, como si no hubieran querido moverse hasta no verme
desaparecer.
Sin muchas cavilaciones decidí, en el segundo año de la era de
Genroku (1689), emprender mi larga peregrinación por tierras de
Oou. Me amedrentaba pensar que, por las penalidades del viaje,
mis canas se multiplicarían en lugares tan lejanos y tan conocidos
de oídas, aunque nunca vistos; pero la violencia misma del deseo
de verlos disipaba esa idea y me decía: ¡he de regresar vivo! Ese
día llegué a la posada de Soka. Me dolían los huesos, molidos por
el peso de la carga que soportaban. Para viajar debería bastarnos
solo con nuestro cuerpo; pero las noches reclaman un abrigo; la
lluvia, una capa; el baño, un traje limpio; el pensamiento, tinta
y pinceles. Y los regalos que no se puedan rehusar… Las dádivas
estorban a los viajeros.
Obra esencial de la literatura japonesa del siglo XVII,
Oku –No–Osomichi se publicó por primera vez en castellano
en 1957, traducida por Octavio Paz y Eikichi Hayashiya, y
editada por la Universidad Autónoma de México. En 1970,
la española Barral Ediciones volvió a publicarla y en 1981,
Seix Barral lanzó un nuevo tiraje. En 1992, la editorial
japonesa Shinto Tsushin publicó la versión definitiva de
Paz y Hayashiya en una lujosa edición que incluía las
caligrafías y pinturas del poeta y artista plástico Yosa
Buson. Este año, Atalanta vuelve a poner en circulación el
clásico de las letras japonesas con prólogo de Octavio Paz,
dos pinturas y la caligrafía de Buson. Con autorización de
la editorial, presentamos un fragmento de ese asombroso
diario poético de viaje Matsúo Basho
ILUSTRACIONES DE YOSA BUSON
sábado 8 de marzo de 2014 07
de portada
dc Oku
Matsúo Basho (o a la occidental: Basho Matsúo) nació
en 1644, en Ueno. Basho fue su último nombre literario;
Kinsaku fue su nombre de nacimiento. Su padre era un
samurái de escasos recursos al servicio de la poderosa
familia Todo. A los nueve años Basho fue enviado a casa
de sus señores, como paje de Yoshitada, el heredero de
los Todo; el joven Yoshitada era apenas dos años mayor
que Basho, de modo que pronto los unió una estrecha
amistad, originada y fortalecida por su común afción
a la poesía. Los dos muchachos estudiaron el arte de
la poesía con Kitamura Kigin (1624–1703), discípulo
de Teitoku y él mismo poeta de distinción. Se conser-
van poemas de esa época frmados por Sengin y Sobo,
nombres literarios del joven señor y de su paje y amigo.
Sengin muere en 1666 y Basho, apenado por esta muerte
prematura, pide separarse del servicio de la familia;
rechazan su petición y el poeta huye a Kioto. Nuevos
estudios de poesía y caligrafía; lectura de los clásicos
chinos y japoneses; amores con Juteini, aunque poco se
sabe de este episodio y casi nada sobre ella. En 1672
Basho se instala en Edo (Tokio). En 1675 conoce al
poeta Soin y durante algún tiempo es miembro de
su escuela poética (Danrin). Cambia su nombre
literario por el de Tosei y su lenguaje poético por
uno más fuido y menos literario. Publica varias
antologías. Ya libre de infuencias, crea poco a poco
una nueva poesía y pronto lo rodean discípulos y
admiradores. Pero la literatura es también y sobre
todo experiencia interior; intensa búsqueda, años
de meditación y aprendizaje bajo la dirección del
maestro de zen, el monje Buccho (1643–1715). Uno
de sus admiradores, Sampu, hombre acomodado,
le regala una pequeña casa cerca del río Sumida,
en 1680. Ese mismo año otro de sus discípulos
le ofrece, como presente, una planta de banano
(Basho). La planta da nombre a la ermita y luego
al poeta mismo. Período de meditación y de len-
ta conquista, contra angustia psíquica y males
del cuerpo, de una siempre precaria serenidad.
Su infuencia crece, lo mismo que el renombre
de sus libros y de las antologías que publica con sus
discípulos: Kikaku, Sora, Sampu, Boncho, Kyori, Joso,
Ransetsu… Viajes, solo o acompañado; viajes a pie como
un monje pero asimismo como un extraño “sembrador
de poesía”. En 1683 publica su primer diario de viaje;
en 1687 escribe un relato de su excursión al santuario
de Kashima y un poco después emprende una nueva
y larga excursión de once meses, origen del tercer y
cuarto diario. En 1689 se inicia la peregrinación que
relata Oku no Hosomichi. Basho tenía cuarenta y cinco
años y el viaje duró dos años y medio, aunque el texto
tiene por materia solo los seis primeros meses. Para
darse cuenta de lo que signifcó esa expedición debe
señalarse que para los japoneses del siglo XX esa región
es considerada todavía como un país remoto y abrupto.
En 1691 Basho regresa a Edo. Nuevas ermitas: Choza
de la Visión, Cabaña de la Anonimidad… En 1694, otra
excursión, ahora a Nara y Osaka. En esta última ciudad
cae enfermo, en el curso de una comida en casa de Ono,
su discípula; sus amigos lo transportan a casa de un
forista, donde muere, el 12 de octubre. Está enterrado
en Otsu, a la orilla del lago Biwa.
O. P.
El día treinta nos hospedamos en una posada situada
en la falda del monte Nikko. El dueño de la posada me
dijo que se llamaba Gozaemon y que, por su rectitud,
la gente lo nombraba Gozaemon del Buda. “Reposen
sosegados esta noche”, nos dijo, “aunque su almohada
sea un manojo de hierbas.” Preguntándome qué Buda
había reencarnado en este mundo de polvo y yerros
para ayudar a tan pobres peregrinos como nosotros,
me dediqué a observar la conducta del posadero. Aun-
que ignorante y tosco, era de ánimo abierto. Uno de
esos a los que se aplica el “Fuerte, resuelto, genuino:
un hombre así, está cerca de la virtud”.º En verdad, su
hombría de bien era admirable.
El día primero del Cuarto Mes oramos en el templo
de la montaña sagrada. Antiguamente la montaña se
llamaba Futara, pero el gran maestro Kukai°, al fun-
dar el templo, cambió su nombre por el de Nikko, que
quiere decir “Luz del Sol”. El gran sacerdote adivinó lo
que ocurriría mil años después, pues ahora la luz de
esta montaña resplandece en el cielo, sus benefcios
descienden sobre todos los horizontes y los cuatro
estados¹º viven pacífcamente bajo su esplendor. La
discreción me hace dejar el tema.¹¹

Mirar, admirar
hojas verdes, hojas nacientes
entre la luz solar.
La niebla envolvía al monte Cabellera Negra y la nieve
no perdía aún su blancura. Sora escribió este poema:
Rapado llego
a ti, Cabellos Negros:
mudanza de hábito.¹²
Sora es de la familia Kawai y su
nombre de nacimiento es Sogo-
ro. Vive ahora cerca de mi casa,
bajo las hojas de Basho,¹ª y me
ayuda en los quehaceres diarios.
Deseando ver los panoramas de
Matsushima y Kisagata, decidió
acompañarme y así prestarme
auxilio en las dificultades del
viaje. En la madrugada del día
de la partida afeitó su cráneo,
cambió su ropa por la negra de
los peregrinos budistas y cambió
la escritura de su nombre por otra
de caracteres religiosos.¹ª Estos
detalles explican el signifcado de
su poema. Las palabras con que
alude a su mudanza de hábito dicen
mucho sobre su temple.
En la montaña, a más de veinte
cho de altura, hay una cascada. Desde el pico de una
cueva se despeña y cae en un abismo verde de mil rocas.
Penetré en la cueva y desde atrás la vi precipitarse en
el vacío. Comprendí por qué la llaman “Cascada vista
de espaldas”.
Cascada – ermita:
devociones de estío
por un instante.¹ª
Tengo un conocido en un sitio llamado Kurobane, en
Nasu. Por buscarlo, atravesé en línea recta los cam-
pos en lugar de ir por los senderos. A lo lejos se veía
un pueblo pero de pronto empezó a llover y se vino
encima la noche; me detuve en casa de un campe-
sino, que me dio alojamiento. Al día siguiente crucé
de nuevo los campos. Encontré un caballo suelto y a
un hombre que cortaba yerbas, a quien pedí auxilio.
Aunque rústico, era persona de buen natural y me dijo:
“Es difícil encontrar el camino porque los senderos se
dividen con frecuencia; un forastero fácilmente se per-
dería. No quisiera que esto le ocurriese. Lo mejor que
puede hacer es tomar este caballo y dejarse conducir
por él hasta que se detenga; después, devuélvamelo”.
Monté el caballo y continué mi camino. Dos niños
me siguieron corriendo durante todo el trayecto. Uno
era una muchacha llamada Kasane: nombre extraño
pero elegante.
¿Kasane, dices?
El nombre debe ser
del clavel doble.¹º
A poco llegué al pueblo. En la silla de montar puse una
gratifcación y devolví el caballo. L
VIDA DE MATSÚO BASHO
Visitamos el santuario de Muro–no–Yashima. Soraª, mi compa-
ñero, me dijo que la diosa de este santuario se llama Konohana
Sakuyahime (Señora de los Árboles Floridos) y que es la misma del
monte Fuji. Es la madre del príncipe Hikohohodemino–Mikoto.º
Para dar a luz se encerró en esa casa tapiada y se prendió fuego.
Por eso el santuario se llama Muro–no–Yashima, que quiere decir
“Horno de Yashima”. Así se explica la costumbre de mencionar
al humo en los poemas que tienen por tema este lugar. También
se conserva una tradición que prohíbe comer los peces llamados
konoshiro.¹
NOTAS
¹ Sugiyama Sampu (1648–1733). Comerciante
acomodado de Edo (Tokio), protector de Basho
y discípulo suyo. Fue poeta de cierta distinción.
² Más exactamente: una serie de ocho poemas
(renga haikai). Basho cita solamente el poema
inicial (hokku). Era costumbre colgar en un
pilar de la casa el renga.
ª Las familias con niñas celebran la Fiesta de
las Muñecas el día tercero del Tercer Mes de
cada año. En esa fecha se colocan las muñecas
tradicionales, que se conservan de generación
en generación, en el salón principal de la casa,
adornado con flores. Basho piensa en la meta-
morfosis de su choza, hasta entonces habitada
por un poeta que hacía vida de ermitaño.
ª Senju era la primera posada en el camino del
norte. Ri: medida antigua de longitud; cada ri
estaba compuesto de 36 cho; un cho equivale a
109 metros y un ri a 3,92 km. Tanto en la poesía
china como en la japonesa, la expresión “tres
mil ri” equivale a “gran distancia”.
ª Iwanami (después: Kawai) Sora (1649–1710),
discípulo de Basho. Lo acompañó en este viaje
y en otro anterior (Una visita al santuario de
Kashima).
º Hohodemi–no–Mikoto es el nombre del Primer
Emperador (Jinmu), antes de su ascensión al
trono. Según el relato mitológico (Nihon–Shoki,
primera cronología de Japón), la gran diosa–sol,
Amaterasu, envía a su nieto, el príncipe Ninigi,
a gobernar las islas japonesas. Ninigi contrae
matrimonio con la princesa Konohana–Sakuya
y ésta concibe la misma noche de la boda. El
príncipe duda de la legitimidad de su hijo; la
princesa se encierra en una cueva tapiada y
se prende fuego; si el ser que va a nacer no
es hijo de Ninigi, se incendiará; si lo es, ni el
fuego podrá hacerle daño. Así nació el príncipe
Hohodemi (“Nacido del Fuego” o “Visible por
el Fuego”).
¹ En el siglo VII, al ser descubierta una cons-
piración contra el emperador, se destierra al
príncipe Arana, a Shimotsuke. Allí se enamora
de la hija de un rico, prometida ya al goberna-
dor del lugar; el príncipe visita con frecuencia
a la joven, hasta el día en que se descubre que
la muchacha está encinta. Mientras tanto, el
gobernador apremia al padre para que se lleve
a cabo el matrimonio. El rico no encuentra otra
excusa que decir al prometido que la joven ha
muerto repentinamente. Para consumar el en-
gaño colocan en el ataúd, en lugar del cuerpo
de la muchacha, un pescado que al quemarse
despide un olor parecido al que se desprende
del cuerpo humano al ser incinerado. Desde
entonces a esta clase de pescados se les llama
konoshiro, que quiere decir «en lugar del niño».
º Cita de las Analectas de Confucio.
° Kukai (774-835), más conocido por su nombre
póstumo: Kobo Daishi. Fue el fundador de la
secta Shingon y es uno de los grandes santos
del budismo japonés.
¹º Los cuatro estados o clases del Japón en
la época medieval: los samurái o guerreros,
campesinos, artesanos y comerciantes.
¹¹ En este monte, hoy santuario Toshogu, se
venera al primer shogún de la familia Tokugawa,
Ieyasu. Dice el poeta que «la discreción le hace
dejar el tema» por tratarse de un antepasado
de la familia del shogún reinante.
¹² Antes del viaje Sora se afeita el cráneo, a
la manera de los bonzos budistas. Los dos
viajeros llegan al monte Kuro Kami, que quiere
decir Cabello Negro, justamente en la época
de cambiar el hábito de primavera por el de
verano.
¹ª Juego de palabras: Sora vive cerca de la
casa del poeta y bajo su protección; Basho,
seudónimo del poeta, también es el nombre
de un árbol parecido al banano.
¹ª Transformado en peregrino, Sora escribe su
nombre con signos distintos y que poseen una
significación religiosa aunque la pronunciación
sea la misma.
¹ª La segunda línea alude a la época en que
dan comienzo los ejercicios espirituales de
verano de los bonzos, periodo de encierro total.
¹º Kasane: quiere decir doblar o doble.
08 sábado 8 de marzo de 2014 MILENIO
medios
C
on una larga trayectoria en el
periodismo cultural, donde ha
sido una fgura polémica, Víctor
Roura regresa con un nuevo proyecto
llamado De Largo Aliento, luego de haber
salido de El Financiero por defender sus
ideas. Precisamente por su actitud, Roura
se ha ganado el respeto del medio. Se
podrá o no estar de acuerdo con él, pero
en todo lo que ha realizado existe una
coherencia. En la siguiente conversación
habla de su personalidad y de lo que la
gente puede esperar de la publicación
de la que es responsable.
¿Quiénes te ayudaron a forjar tu actitud
ante la vida?
La honorabilidad y la dignidad son va-
lores que hoy en día son inusuales y en
ese sentido siempre reconoceré que mis
padres fueron quienes me condujeron
por esos caminos. En lo que se refere
a las letras, desde que estaba en el CCH
leía como un endemoniado. En esa época
leí a Ricardo Garibay, a León Portilla, a
mucha gente que me forjó muchas ideas
acerca de lo que puede ser la escritura.
 
¿Y en cuanto a los periodistas?
Mira, ahí no puedo decir que tenga
uno en específco. Alguna gente, para
lucirse, podría responder rápidamente,
por ejemplo, “Manuel Buendía”. Pero yo
no leía a Buendía; yo me iba con otro
tipo de personajes que no estaban en
la cúpula. Manuel Buendía, recuerda,
se hizo agraciado en la cúpula porque
tenía amistades en ese círculo, si no hu-
biera sido así, habría pasado totalmente
inadvertido.
 
¿Podrías hacer un repaso de lo que en
tu experiencia ha sido la vida de las sec-
ciones culturales hasta este momento
en que aparece De Largo Aliento?
ENTREVISTA
El periodista y editor habla sobre su nuevo proyecto dirigido a esos lectores
supuestamente inexistentes, cuyo interés gira en torno del arte y la cultura
Víctor Roura
“Yo creo que la gente sí lee”
ESPECIAL
"El periodismo cultural se puede trabajar con amplitud, con valentía y de manera plural"
Ernesto Herrera
ernieherrerag@yahoo.com.mx
UN PERIÓDICO
100% CULTURAL
En una época en que las secciones culturales
son castigadas en cuestión de espacio, un
grupo de periodistas románticos encabe-
zados por Víctor Roura y David Magaña,
parafrasea una máxima sesentaiochera,
y bajo la consigna “Seamos realistas:
hagamos lo imposible”, se ha lanzado a
crear un inusitado periódico cultural,
cuyo nombre es ya una declaración de
principios.
El sábado 1 de marzo de 2014 será
recordado por haber sido el día de su
lanzamiento ofcial. La agenda de la Feria
del Libro del Palacio de Minería anun-
ciaba que a las 15:00 sería la conferencia
de presentación. Desde una hora antes,
la gente comenzó a apartar su lugar en
el Salón de Firmas. En tanto se abrían
las puertas del recinto, Juan Villoro y
otras personalidades del mundo de la
cultura, saludaron a Roura. Periodistas
de reconocido mérito acompañaron a
Roura y a Magaña: Eusebio Ruvalcaba,
Ignacio Trejo Fuentes, Jaime Avilés y,
desde Zacatecas, José de Jesús Sampedro,
cuya revista Dosflos está cumpliendo 40
años. La participación de los invitados,
como era natural, celebró la aparición
de De Largo Aliento y ponderó la labor y
actitud de Roura a lo largo de los años. La
emoción llegó a su punto máximo cuando
Felipe Reyes, otro de los artífces, hizo
ofcial el anuncio de la publicación: “Hoy,
primero de marzo del año 2014, siendo
las tres de la tarde con cuarenta y dos
minutos, aparece a la luz del periodismo
mexicano De Largo Aliento”.
Roura explica que en el periódico “se
meterán todos los géneros que conforman
el campo cultural. Siempre habrá artes
plásticas, cultura popular, cine, danza,
música, literatura. Va a haber un reportaje
abriendo cada número; en este primer
número es ‘El otro García Márquez’, de
Juan Veledíaz, sobre un general violento
que estuvo en la Revolución Mexicana.
Las secciones fjas serán de ciencia; una
que se llama ‘Vecindario íntimo’ hablará
sobre lo que ocurre en los estados de
la república; ‘Barrios colaterales’ que
tratará sobre la cultura en el mundo y
‘Breverías’, de notas breves, así como
cuento, poesía y adelantos de novela”.
En el primer número destacan los textos
sobre José Emilio Pacheco, Juan Gelman
y Federico Campbell, fallecidos recien-
temente; se recuerda a Octavio Paz en
su centenario y aparece, también, un
paquete de los Beatles, a propósito de
sus grabaciones en la BBC.
Para el segundo número, los editores
anuncian que el regalo será una litografía
de Ahumada, y que ahora sí habrá nota
de ciencia ya que por las muertes que
hubo no fue posible incluirla en el primer
número, donde se hablará de Ruy Pérez
Tamayo; David Ramón escribirá sobre
María Félix, y habrá textos sobre Elena
Poniatowska.
 (E.H.)
Creo que ha habido gente valiente en
el medio, pero en este país hay como
mitos. Por ejemplo, se habla mucho del
trabajo cultural de Fernando Benítez, de
Carlos Monsiváis, pero nunca hablan de
la manera en que trataban a las perso-
nas. Yo, cuando era muy joven y veía el
trato a veces insultante que tenían para
los demás, me decía: “Si alguna vez me
toca ser editor, no voy a tener ese com-
portamiento”. Eso me sirvió para tener
otra visión. De joven me decían que tenía
que formar un grupo, pero no lo hice.
Y que quede asentado que no niego la
importancia escritural de gente como
la de Nexos o Letras Libres, que aún se
mueven de esta manera.
La independencia cuesta. A ti, ¿qué te
ha costado? ¿Pérdida de amistades o
algo así?
Sí, de verdad. Carlos Monsiváis me retiró
la palabra el día que me “atreví” a decir
que el premio Anagrama se lo había re-
galado Jorge Herralde, porque el libro ya
había sido publicado antes en México. Y
eso no me lo perdonó.
Supongo que podrías hacer un libro con
anécdotas de este talante…
Si, tengo bastantes con muchísimas personas.
De veras, pero eso es algo natural cuando
uno se mueve en el ambiente periodístico.
¿Te arrepientes de alguna de estas ac-
titudes tuyas en aras de ser coherente
con tus ideas?
No, en absoluto. No me arrepiento de
haberme ido de unomásuno, no me
arrepiento de haberme ido de La Jor-
nada por el comportamiento nefasto de
la dirección, que no quería respetar mi
independencia. No me arrepiento de
nada de eso. Ya después conocí al buen
Rogelio Cárdenas que me dio un lugar en
El Financiero, y me dijo: “Roura, eres el
único intelectual del periódico”. Y jamás,
jamás intervino en lo que hice.
¿Cuál crees que es la aportación de De Largo
Aliento al medio periodístico cultural?
Considero que el periodismo cultural
se puede trabajar con amplitud, con
valentía y de manera plural. De nada
sirve tener muchas páginas en una sec-
ción de cultural si no tienes gente. Hay
mucha gente haciendo cultura, pero
desgraciadamente no tiene cabida en las
secciones culturales de los periódicos.
Con De Largo Aliento podemos cubrir
muchísimas facetas y expresiones de lo
que culturalmente sucede no solo en la
ciudad, sino en la república.
Durante la conferencia de lanzamien-
to, dijiste que apostabas por lectores
exigentes.
Yo me fui de El Financiero porque me di-
jeron que la gente no lee. Un especialista
español que trajeron me decía, textual, que
lo que yo escribía eran sábanas que nadie
leía. Yo le decía que no, porque yo creo que
la gente sí lee. Sé que existen los lectores
exigentes, pero lo que pasa es que nadie
los quiere mirar. Los empresarios buscan
aspectos más frívolos, pero el periodismo
cultural debe mostrar el mundo oculto
que no es mediático. Nuestra presentación
mostró que hay un numeroso contingente
de personas que quieren leer otras cosas.
Si hubiéramos tenido solo diez personas,
a lo mejor me hubieran dicho “Roura, ¿ya
ves? No hay lectores”. Pero por fortuna
hubo más de la que esperábamos.
Háblanos de las cuestiones prácticas de
la publicación: ¿cada cuándo va a salir?,
¿dónde se podrá encontrar?
Va a ser mensual y tiene un costo de 25 pesos;
en cada número regalaremos algo. En éste
fue una litografía del maestro Manjarrez.
Vamos a estar en algunos puestos de la calle,
y sobre todo en librerías de las diferentes
capitales de la república. Yo confío en que
poco a poco haremos más amplio el tiraje,
pero tenemos que ir comprobando que las
cosas se van desarrollando. L
LABERINTO sábado 8 de marzo de 2014 09
en librerías
De traiciones
y traicionados
V
oltaire explicó que
para entender el amor
hay que recurrir a
lo físico porque se trata de
un tejido de la naturaleza
bordado por la imaginación,
y esa idea no podía ser más
acertada: la imaginación,
generalmente en exceso, no
solo es el elemento primordial
del enamoramiento sino un
compuesto infalible para
conjurarlo, porque cuando se
suponen intrigas, traiciones,
ruindades o cualquier clase
de delitos perpetrados por la
persona amada, el instinto se
dirige hacia el lado opuesto
y enceguece, obnubila. La
sobredosis de imaginación
destruye cualquier realidad
por apacible o impecable que
pueda ser, y repercute en un
insano empeño por consumar
una venganza. Yago lo sabía
muy bien. En el colmo de la
arrogancia, se revela ante
un Otelo que, hundido en el
delirio, no se da por enterado:
“¡Señor, cuidado con los
celos! El monstruo de ojos
verdes que se burla del alma
en que se ceba. Es venturoso
el engañado que su oprobio
sabe, y odia a la engañadora;
pero, en cambio, ¡qué ratos
tan amargos pasa el pobre
que adora y duda, que recela y
quiere!”.
Tolstoi escribió en La
sonata a Kreutzer (1889), esta
rotunda apreciación: “Una de
las mayores torturas para el
celoso (y no hay quien no lo
sea en nuestra vida social) es
esa multitud de situaciones
mundanas en que se admite
una intimidad grandísima y
peligrosa entre un hombre y
una mujer”.
Tolstoi se refería, si
observamos el contenido de
su relato, a la connivencia
que establecen traidor y
traicionado, cuando los celos
arrojan al segundo (entre el
horror de sufrir un engaño y
la vocación, por paradójica
que sea, por experimentar
tal sufrimiento), a una
colaboración expedita para la
consumación de la infdelidad.
Los humanos, según Tolstoi,
son criaturas cuya realización
se sostiene en la desventura,
donde el dolor es el grado
ulterior de la pureza (Ana
Karenina, por ejemplo),
porque en ella se encuentra
la redención y el fn, el
diagnóstico y la cura de todos
los males caídos en el alma.
La sonata a Kreutzer,
historia de un asesinato,
un adulterio y un inferno
pasional, es el examen de
conciencia de Posdnichev,
especie de asceta y
desequilibrado que luego
de refutar todas las formas
del amor a unos viajeros, se
dedica a enturbiar con sus
recuerdos, la serenidad de su
último interlocutor en el vagón
de un tren.
Posdnichev mató a su esposa.
Pero no lo hizo una sino varias
veces: primero, a partir de
su personal entendimiento
del dogma cristiano, donde
el amor carnal, más que
adoración, puede erigirse como
el indicio de la corrupción
o el vicio en la pareja, y
después, cuando Posdnichev
comprendió que el sexo no
solo eterniza la pasión sino
que la envilece porque lenta,
progresivamente, entre él y su
mujer creció la desconfanza,
se consolidó la indiferencia y
fue engendrado el odio, para
completar el cuadro con la
infdelidad y el uxoricidio.
Posdnichev, sin embargo,
no obró mal. De acuerdo con
Tolstoi, el defecto más terrible
del amor se fnca en la certeza
de que la pasión entre un
hombre y una mujer no es
infnita ni recuperable. Todo
lo contrario. Es transferible
y ominosa, porque una vez
que los amantes han agotado
la sensualidad, solo queda
esperar a que cualquiera de las
partes busque la voluptuosidad
en otra gente.
Y sí. Para el celoso es
fundamental que el adulterio
(quimera que en su cabeza,
y solo en su cabeza, adopta
una miríada de formas y
tamaños, del mismo modo
en que transforma las toxinas
del dolor en una fórmula
camaleónica y compleja) sea
el resultado de un proceso
metódico, donde él es pieza
clave en el enamoramiento de
otro hombre y su mujer porque
el engaño también puede ser
una liturgia, una farsa, ya que,
en ocasiones, el traicionado
juega un rol de comparsa o, en
un lenguaje simple y llano, de
alcahuete: en ciertos casos, el
hombre que se cree, se sabe
o es engañado, simplemente
asume el cargo de una víctima
propiciatoria. L
LOS PAISAJES INVISIBLES
Iván Ríos Gascón
ivanriosgascon.wordpress.com
E
n la segunda novela de la fotógrafa y escri-
tora mexicana, se narra la historia de Rizo
quien, a partir de la muerte de su hermana Sofía,
emprende un recorrido introspectivo hacia un
tormentoso pasado que hasta entonces había
eludido. Ahí están las rupturas amorosas, las
cicatrices de un abuso y el abandono de un hijo.
Con un toque de erotismo, esta historia nos pre-
senta a una mujer en busca de sí misma. “¿Hasta
dónde nuestros deseos por obtener algo justifcan
actos reprobables para hacerlo?”, se cuestiona la
autora de este libro.
U
n libro imaginativo y bien escrito resulta este
debut de Víctor Roberto Carrancá. Buena
parte de los cuentos que lo integran pueden
considerarse fantásticos. Por ejemplo, en el que
abre el volumen, “Los franceses no existen”, el
narrador cuenta la historia de por qué quien creía
que era su hijo no lo es; el titulo da una clave para
saberlo. En otro, “Hoy llovió mujer sin piernas”,
la protagonista es una sirena. En otros, le da un
giro a personajes conocidos, como en “El hombre
que bajó de la chimenea”, donde Santa Claus deja
de ser el gordo bonachón.
T
odo cabe en este volumen de ensayos, diser-
taciones, relatos improvisados sin nudo ni
desenlace, apuntes varios. Del ego de los escritores
a la música, de los celos a la muerte o los perros, la
soledad, el cinismo, el arte literario, la erudición,
la reminiscencia, la vanidad siempre reprochable
pero no por ello deleznable, Ruvalcaba hace de
cualquier tema un pretexto, un fundamento para
escribir largo y tendido sobre esas cuestiones que,
en apariencia, no tienen importancia aunque
la astucia de un escritor empedernido siempre
demuestra lo contrario.
H
ombre en su siglo. Poesía, amor, revolución”.
Con estas palabras se presenta la edición que
Letras Libres le dedica a Octavio Paz. Enrique
Krauze, director de la publicación y entrañable
amigo y colaborador de Paz, escribe que esas pa-
labras recorren la vida del poeta. “Quiso fundarlo
todo, descubrirlo todo, reiniciarlo todo”. En este
homenaje participan, también, David Huerta, Mi-
chael Wood, Tedi López Mills, Guillermo Sheridan,
Christopher Domínguez, Donald Keene, Adolfo
Castañón, Darío Jaramillo y John Banville, entre
otros, quienes delinean al intelectual y su obra.
Roslyn Ison
Axial
México, 2014
418 pp.
Víctor Roberto Carrancá
Ficticia/ Consejo Estatal para la
Cultura y las Artes de Puebla
México, 2014
144 pp.
Eusebio Ruvalcaba
Almadía
México, 2013
356 pp.
Marzo, 2014
México
110 pp.
Reflejos de sombra
El espejo del solitario
C
atherine Clément es flósofa feminista, crítica
literaria, novelista y, además, dirige la Univer-
sidad Popular de Quai–Branly de París. En este,
su nuevo libro, recrea la vida de la reina de Jhansi,
cuya soberanía es un territorio libre del centro de
la India de mediados del siglo XIX. La reina fue
una joven viuda de treinta años, que no temía a
nada ni a nadie. Chabili, como era llamada por sus
allegados, encabezó el movimiento de liberación
nacional y su revuelta, que duró dos años, fue
cubierta en Londres por dos corresponsales de
prensa: Karl Marx y Friedrich Engels.
Catherine Clément
Siruela, col. Alevosía
España, 2013
291 pp.
La reina de los cipayos
L
a revista Casa del Tiempo se ocupa del centenario
del nacimiento de Octavio Paz. En sus páginas
se recuperan poemas como “Elegía interrumpida”,
“Bajo tu clara sombra”, “El mismo tiempo” y “Seven
P.M”. Huberto Batis presenta un texto sobre el ingreso
del Premio Nobel de Literatura al Colegio Nacional;
José Francisco Conde Ortega aborda ¿Águila o sol?;
Ramón Castillo la correspondencia entre Alfonso
Reyes y Paz, y Miguel Ángel Muñoz profundiza en
la pasión de Paz por el arte. En otros temas, Adriana
Malvido escribe sobre Guillermo Arriaga, uno de los
bailarines mexicanos más destacados.
UAM
Marzo, 2014
México
70 pp.
Casa del tiempo
S
in las aportaciones de Paul Cézanne, sencillamente
la pintura moderna no se hubiera desarrollado.
En el estudio introductorio de esta selección de sus
ideas, el historiador de arte italiano Lionello Venturi,
lo vuelve a recordar. Venturi observa que si bien el
cubismo no fue la primera escuela vanguardista en
la pintura—tal mérito pertenece al fauvismo—, sí fue
la más importante. “Toda la arquitectura y la decora-
ción modernas se originaron en el cubismo”, asienta
categórico Ventura. Cézanne es su fuente y quien
primero vio a la naturaleza como forma geométrica.
E
ste libro retrata a 26 mujeres mexicanas que
han destacado en alguno ofcio, que ya no son
tan jóvenes pero que están activas y llenas de ideas.
Algunas son empresarias, cardiólogas, publicistas,
actrices, flósofas, científcas, economistas, poetas y
pianistas. En el prólogo, Sara Sefchovich anota que
estas mujeres nos obligan a recordar la vitalidad y
los retos con los que juega una mujer diariamente,
pero también nos lleva a refexionar sobre asuntos
como vejez y libertad, y los procesos físicos y sociales
que se viven actualmente.
Paul Cézanne
Casimiro
España, 2014
88 pp.
Patricia Kelly
y Alicia Ibargüengoitia
Sincronía encuentros
México, 2014
571 pp.
Leer la naturaleza Mujeres grandes
El arte de mentir
Letras Libres
10 sábado 8 de marzo de 2014 MILENIO
varia
ESPECIAL
D
esde el páramo que ha dejado en el país la
idea de que la danza contemporánea debe
ser conceptual, profunda, poco terrenal,
incomprensible, oscura, solemne y aburrida, entre
otras cosas, aparece en el horizonte Orfeo y Eurídice.
Cuatro variaciones para tres bailarines y un adoles-
cente sobre la Ópera de Cristoph W. Gluck.
Bajo la dirección de Juliana Faesler, los viejos mitos
renacen una y otra vez para mostrarnos la dimensión
de lo humano universal. Orfeo, un joven de cabello
rizado que toca la cítara, se enamorará de Eurídice,
se unirá a ella en matrimonio y la perderá después
de que una víbora la muerda.
Imposible vivir con semejante ausencia, que en
la vida misma es un inferno porque, como bien lo
señala Roland Barthes, la ausencia de lo amado,
sean cuales fueren la causa y la duración, tiende a
transformar la ausencia en la evidencia del abandono.
Y para los que aman enloquecidamente —única forma
de amar—, “la ausencia amorosa  va en un sentido y
no puede suponerse sino a partir de quien se queda”.
DANZA
VIBRACIONES
Orfeo vive la no-presencia como un abandono y
debe, como en la extraordinaria cinta de Cocteau,
atravesar los espejos para llegar hasta el mismo
territorio abismal de la muerte para recuperar a
su amor. Solo que no debe mirarla sino solo to-
marla suavemente de la mano y conducirla desde
ultratumba a la vida. La tentación es mucha, y al
mirarla, la pierde para siempre.
Música, teatro, danza desde una perspectiva de
gran intimidad. Los personajes de Faesler se en-
cuentran delimitados en un espacio mínimo que
defne y justifca hábilmente el hecho escénico. En
el mismo foro, cuatro hileras de sillas en diagonal
transforman al público en parte de la escena, a
manera de un coro griego o de ópera que será parte
de lo que atisbaran aquellos sentados en la platea.
La pérdida del amor, su fulminante vacío en
el alma, se prestan para un melodrama o una
apuesta hacia la pretensión de sufrir. Pero no,
los personajes de Faesler habitan con gran cer-
tidumbre el espacio que se modifca con ellos y
que retumba en el seno de una familia en la que
todo puede suceder.
La pena de amor, para Faesler, es una celebración
optimista hacia la vida y sus posibilidades de dar
a la memoria un lugar glorioso para celebrar los
amores perdidos o abandonados.
Los intérpretes son exactos. Isabel Beteta muestra
con sencillez, el gran trabajo de voz que posee.
Canta con voz nítida fragmentos de la ópera y su
actuación es conmovedora. A su vez, los bailarines
Areli Delgado y Víctor Villasana hacen un trabajo
digno y complejo por las delimitaciones espaciales.
Apoidea 
Orfeo
y Eurídice
Rosario Manzanos
manzanos.prensa@gmail.com
Como parte del Festival del
Centro Histórico, se presentará
la ópera de José Miguel Delgado:
la tragedia de una reina
condenada a cumplir un papel
que nunca eligió
CORTESÍA FESTIVAL DE MÉXICO EN EL CENTRO HISTÓRICO
La ópera se presentará en la Plaza de Santo Domingo. Fechas: www.festival.org.mx
El montaje de Juliana Faesler
Hugo Roca Joglar
hugo@rip.mx
Pero más impresionante es el adolescente Aureliano Alvarado que,
sin pretenderse bailarín, actor, músico o cantante,  le da un aliento de
frescura, de renacer a la pieza. Sin temor, habla de sus experiencias
amorosas con tal dulzura e inocencia que crea un lazo irrompible
con el público.
A partir de ese momento, los cuatro intérpretes serán ellos mis-
mos y no personajes. Y a pesar de sus tragedias e incertidumbres,
regresarán a la vida misma sin la nostalgia de lo no vivido, sin la
melancolía de lo que ya no está y, como los argonautas, partirán a
buscar lo imposible, o lo que simplemente no existe. L
U
N HÉROE INCOMPRENDIDO
Hubo un tiempo (siglos XVII y XVIII) en
que todas las cortes tenían a un compositor
como parte de su servidumbre y los gobiernos
competían por ver cuál estrenaba al año más
óperas nuevas. Después (siglo XIX y principios
del XX), con el ascenso de la burguesía, el arte
lírico llegó a foros públicos y los teatros, ávidos
por presentar títulos únicos, invertían la mayor
parte de su presupuesto en comisionar obra
a operistas tanto consagrados (para asegurar
público) como noveles (para tratar de descubrir
al próximo Mozart).
Durante el siglo XX se inventaron intermina-
bles formas de articulación sonora y los idiomas
musicales se apartaron de la tonalidad que había
dominado la composición musical durante 300
años, en pos de indeterminados y fascinantes
derroteros de experimentación e incertidumbre.
Millones de oídos, acostumbrados a seguir me-
lodías, los rechazaron sin intentar entenderlos;
exigieron que regresara la música del pasado y
los teatros comenzaron a llenarse de muertos.
El compositor del siglo XXI vive entre angustia
(rodeado de tantos lenguajes, ¿cómo encontrar
una expresión ideal?), abandono (las salas viven
de programar a Monteverdi, Gluck, Verdi, Wagner
y Leoncavallo), y si le da por escribir una ópera,
a la que debe dedicarle por lo menos dos años
sin sueldo, su  fgura adquiere el cariz lúgubre y
solitario de un héroe incomprendido.
LA TRAGEDIA DE UNA REINA
José Miguel Delgado (1977) se obsesionó con la idea del destino
(¿existe un lugar al que debo llegar?, ¿es necesario pelear y sufrir
para llegar ahí?, ¿tiene razón José de San Martín cuando dice “serás
lo que debas ser o no serás nada”?, ¿y si todo es necia y absurda
ilusión?), tomó a una abeja para explorar estas dudas (¡tiene que
matar a todas sus hermanas si quiere ser reina!) y compuso una
breve ópera sobre su tragedia.
La obra, intitulada Apoidea (nombre de la familia de insectos a la
que pertenecen las abejas), está escrita para mezzosoprano (Abeja
Reina), narrador (Espíritu del reino) y sexteto con-
formado por fauta, clarinete, guitarra, violín, cello
y percusiones (maracas güiro, claves y vibráfono).
Durante la obertura, que evoca el Son de la
negra, muere la vieja reina y una de sus hijas
deja de llorar antes que las demás. Tras cantar
una nana, va por una daga y asesina a todas sus
hermanas en un fratricidio instrumental, cuyo
principal motivo es una transcripción fel del
zumbido de una abeja cuando lucha por el poder
de la colmena (un pulso de un par de segundos
seguido por una serie de zumbidos más cortos,
interpretado por la fauta y el clarinete).
La nueva reina se abanica y come uvas mientras
trabajan sus esclavas; qué aburrida vive en su
palacio (“las horas transcurren en eterna espera y
yo me pregunto si vale la pena”) pero el anhelo de
un romance intenso la consuela. El amor llega y es
horrible; solo apareamiento (que sucede envuelto
en los aires de un guapachoso Danzón Nupcial)
y después del placer encuentra el vacío. La Reina
mata al guapo zángano que la preñó y regresa al
reino para dar a luz por el resto de sus días.
Las 11 escenas que integran la obra están hila-
das musicalmente en torno al motivo de la Reina
(una fgura de seis notas con gran cromatismo,
en la que predominan los saltos de intervalo de
cuarta y de semitono). Conforme avanza la ópera,
la expresión de este tema se va oscureciendo (en la
nana inicial es dulce, histérico durante la espera
de una aventura y sensual en la consumación del
acto carnal) hasta adquirir su última forma en el
aria fnal (El lamento): la reina, anciana y enferma,
mira desde su trono a las esclavas  (jóvenes, ale-
gres, ocupadas) trabajar en el campo y se lamenta
(“la vida de reina triste y larga es, como una cruel
condena de miel”); a su alrededor, en cunas de
plata, duermen sus hijas; las mece, les canta una
nana y cuando se hace de noche muere dormida.
En su mesita de noche está la daga.
EPÍLOGO
Apoidea termina anunciando un fratricidio.
No es más alentador el panorama para la ópera
contemporánea. Sin embargo, tal vez nazca una
princesa que en vez de matar a sus hermanas
derroque a la reina y termine con la monarquía
de las abejas. En el arte lírico, la esperanza son
los niños; sus oídos sin prejuicios, que escuchan
desde el asombro, sin el vicio de la melodía.  Por
eso es tan buena noticia que el estreno de Apoidea
(con Catalina Pereda como Abeja Reina) contará
con una puesta en escena de Jesusa Rodríguez que
narra la historia a manera de cuento infantil. L
sábado 8 de marzo de 2014 11 LABERINTO
cine
C
uando era adolescente leí en el prólogo de
Illuminations de Rimbaud que la poesía solo
podría escribirla un adolescente. Me pareció
exagerado, pero después de ver ¡Somos lo mejor!,
lo he pensado dos veces. Después de todo, hacer
poesía no es muy distinto de hacer un grupo punk
en secundaria. Punk y poesía surgen del deseo de dar
sentido a la inquietud frente a una realidad que nos
angustia. Además, punks y poetas se saben fuera de
la sociedad reinante. Como aprendemos en ¡Somos lo
mejor!, ser punk resulta, en el fondo, tan excéntrico
como ser poeta. Klara y Bobo son dos niñas que en
primero de secundaria están interesadas en romper
los esquemas de un mundo que les resulta angosto.
En el camino se encuentran con la música y —más
aún— una adorable compañera que es cristiana,
algo todavía más excéntrico que ser punk y poeta.
En los ochenta, Suecia era todavía la economía
más pujante de Europa. Estaba lejos de encontrarse
aún con la realidad de la inmigración. Los suecos,
tan fresas como la música disco de aquellos años,
estaban convencidos de que el punk había muerto.
Sin embargo nuestras tres heroínas están dispuestas
a demostrar lo contrario: que el punk vive porque se
HOMBRE DE CELULOIDE
“Me gusta lo simbólico”
ENTREVISTA
I
nspirado en la flosofía griega, Jimmy Cohen
flmó un conjunto de imágenes y sonidos
encaminados a proponer una refexión sobre
el tiempo y la razón. El resultado es El Tercer Sen-
dero, ópera prima clasifcada por su propio autor
como una suerte de ensayo cinematográfco que
combina recursos del documental y la fcción. 
¿Qué es el Tercer Sendero?
En la flosofía griega antigua, el Tercer Sendero era
el camino entre la razón y la sinrazón, digamos un
camino alterno pero a la vez la combinación de los
dos opuestos. En nuestro caso quisimos contrastar
polos  como la razón y la poesía; o la razón y la música.
Todo dentro de una narrativa poco convencional.
¿Por qué apoyarse tanto en lo sonoro?
Creo que la música es más contundente a la hora de
generar una experiencia sensorial, incluso es más
poderosa que una imagen porque ésta implica más
signos o elementos de lectura. A partir de una melo-
día intento captar al espectador para que él mismo
descubra hacia dónde va.
En este sentido, Bach tiene un papel protagónico.
Bach es el mejor. Desde muy al principio del proyecto
estuvo presente.
Divide la película prácticamente en tres capítulos:
el primero tiene lugar en Nueva York, el segundo en
un pueblo abandonado y el tercero es más musical
e histriónico. ¿Por qué?
Empiezo con la parte sensorial y al mismo tiempo
pre–decadente. La segunda parte es la decadencia
propiamente, usamos un pueblo abandonado donde
ya pasó la razón. Ambas partes son contrastantes
entre sí. La tercera es una propuesta que inicia con
el canto, seguida por un monólogo y, fnalmente, un
danzón bailado por un conjunto de ancianos.
Una vez más la idea de la música, ahora como
elemento redentor.
Creo que la música es una opción para reinventarse
y si la juntamos con la imagen se puede conseguir
algo más profundo.
Al no contar con un guión narrativo convencional,
¿cómo construyó las secuencias?
Había una lista de ideas pero el orden cambió
continuamente. Durante el montaje intentamos
armar el rompecabezas. Algunas secuencias, por
ejemplo, sirvieron para darle vida al proyecto
pero al fnal no las usamos porque no se acopla-
ban a la dinámica. De hecho, llegué a tener dos o
tres versiones diferentes. La idea no era hacer un
documental lineal y sostenido en los testimonios.
Parece fgurar una tendencia por mezclar el do-
cumental con la fcción, algunos lo llaman ensayo
fílmico. ¿Ubicaría en esa categoría su película?
Creo que sí. El Tercer Sendero no tiene una narrativa
propia de la fcción pero tampoco del documental.
Es una invitación a tener la mente más abierta a la
hora de interpretar de otra manera lo que ves. La
propuesta del cineasta Chris Marker o del crítico
Peleshyán con su teoría del montaje a distancia,
fueron muy importantes para este trabajo.
¿En qué consiste esa teoría?
En una edición convencional tienes: 1, 2 y 3
secuencias. Su propuesta consiste en aislar las
tomas que irían juntas para crear un nuevo orden
interno. No quiero decir que lo hicimos así pero
trabajamos y editamos por orden de grabación.
No nos esperamos hasta el fnal paro hacerlo todo.
Dividido en tres capítulos o partes, la película recrea un dilema
filosófico a través de la música de Bach, una minuciosa composición
visual y una interesante combinación de recursos narrativos
ESPECIAL
Al principio habló de la importancia de lo sensorial, sin embargo
hay también un sesgo intelectual.
La película intenta mantener un equilibrio entre ambos. El mo-
nólogo del flósofo reivindica el poder de la razón, aun cuando el
discurso inicial fue sobre la sinrazón. Una de las últimas refexiones
es el uso del tiempo, por eso mostramos a la señora arreglándose
para bailar danzón. Para el cine lo más importante es el manejo
temporal, incluso más que una historia.
Pareciera que la película tiene un carácter simbólico impor-
tante, ¿es así?
Me gusta lo simbólico y sí manejo algunos elementos, pero tampoco
hay que clavarse demasiado. Mejor relajemos la mente y dejemos
que las cosas lleguen solas. L
Jimmy Cohen
contagia así, como la peste de Artaud. El contagio del
arte transforma y destruye conceptos con los que la
sociedad nos ha machacado por tradición y estupi-
dez. La pregunta que se hacen Klara, Bobo y Hedvig
en su empresa de cambiar del mundo es: ¿también
tenemos que dejarnos transformar? Claro que sí.
Para cambiar al mundo con la energía de estas tres
niñas poetas, punks y religiosas, también es necesario
transformarse en el amor de amistad que las une.
¡Somos lo mejor! está basada en el cómic de Coco
Moodysson, esposa del director y, sospecho, alter
ego de Bobo, la baterista deprimida. Todo en la
producción es gran arte: las actuaciones (Klara, por
ejemplo, sabe que todo puede conseguirlo con esa
sonrisa un poco sensual y un poco boba), la edición,
el montaje. Todo subraya el cambio en las estructuras
mentales de las protagonistas e incluso constatan la
transformación física que sigue por fuerza al estado
de apertura mental. La fotografía imita el estilo
documental ochentero. Cada diez minutos, más o
menos, el video sufre un ruido en el color como para
recordar (a quienes lo vivimos) que antes, los rollos
solían quedar mal revelados en sus puntas.
Vi är Bäst! da cuenta de este largo trayecto interior
que sufrimos durante la adolescencia, cuando la
poesía es un estado vital. Nuestras niñas sobre-
viven, claro, gracias al amor, el deseo, la rebeldía
Punks poetas y cristianos
Escena de El Tercer Sendero
Fernando Zamora
@fernandovzamora
Carlos Jordán
gonzalezjordan@gmail.com
ESPECIAL
¡Somos lo mejor! (Vi är bäst!). Dirección: Lukas Moodysson. Guión: Lukas
Moodysson, basado en el cómic de Coco Moodysson. Fotografía: Ulf
Brantås. Con Mira Barkhammar, Mira Grosin y Liv LeMoyne. Suecia, 2013.
traviesa y una amistad a toda prueba, pero sobre todo gracias a esa
poesía de la que hablaba el traductor de Illuminations de Rimbaud.
Y es que es cierto que para hacer poesía hay que mantenerse en
un estado de apertura muy similar al de la adolescencia, cuando
queremos contagiar y ser contagiados por todo lo que amamos del
mundo. Para ser poeta hay que seguir siendo como Klara, Bobo y
Hedvig y mantenernos siempre en el ambiguo estado en que uno
no es aún hombre ni niña ni mujer. L
varia
MILENIO 12 sábado 8 de marzo de 2014
AVELINA LÉSPER ESPECIAL
Escritores mexicanos
y USA: hoy
Get Out!
L
a semana pasada resumí
cómo la crítica literaria
mexicana se tapó ojos,
oídos y boca ante teoría radical
mundial. Pero, ¿qué anhela hoy
importar?
Octavio Paz dirigía la visión
literaria en México. Y tachó
la poesía norteamericana
contracultural y sus lectores
(“nuevos acólitos” les decía).
Tuvieron que pasar años de
su muerte, para que paceanos
(de tercera generación)
se acercaran a la poesía
norteamericana.
Los viejos paceanos siguen
desdeñándola (y a la izquierda
asociada a su ala radical). Pero
los más jóvenes ahora sienten
curiosidad; saltándose, claro,
toda la poesía norteamericana
que realmente pone en crisis el
canon.
Además, la tradición literaria
mexicana está desgastada; se hizo
repetitiva debido a su cerrazón,
clasicismo (y clasismo) y dar la
espalda al desastre social. Se
volvió inevitable que el avestruz
sacara la cabeza del hoyo.
Sin el embargo poético que
impuso Paz a los productos
contrapoéticos foráneos, desde
hace ya varios años reaparece
el interés por la poética
norteamericana. La literatura
mexicana esperó que Paz muriera
para no tener que enfrentarlo.
Los escritores mexicanos,
entonces, voltean fuera (hasta
hoy) para no hacer la autocrítica
interna pendiente.
La principal condición
estructural que ha impedido la
democratización y renovación
de la literatura mexicana es
la concentración del poder
intelectual (homogeneizador) que
tienen ciertos líderes sindicales
eternizados, que impiden
cambios de fondo (a todos los
niveles).
E
n este clima post–internet se asume
que el objeto artístico funciona de
igual forma expuesto en la versión
que encontramos en una galería o un
museo, y como imágenes diseminadas
a través de Internet… el objeto ya no es
representado, está presentado” afrma
Lev Manovich en su libro Post–media
Aesthetics. Dealers como Vito Schnabel,
que nunca ha tenido una galería,
demuestran que pueden exhibir y vender
arte desde un sitio de Internet. El Armory
Show se expandió a una feria virtual, donde
ubicó 100 galerías más. Afrman que para
comprar y conocer las obras no es necesaria
la experiencia física de una exhibición.
Contradiciendo estas propuestas, el Museo
Dolores Olmedo recientemente cerró la
exposición de Obras Maestras del Musée
de l’Orangerie con llenos totales, el público
hacía fla desde las siete de mañana para
entrar a la exposición. La razón es simple:
la fuerza, el color y planteamiento de la
pintura; la materia, volumen y el impacto
físico en el entorno de la escultura; la
dimensión, la composición y el desarrollo
espacial de un mural son experiencias
viscerales, sensoriales y emocionales. Esto
es conocimiento empírico y presencial
que la pantalla no alcanza a proporcionar
y lo reduce a información. Desfasados del
paradigma tecnológico, los museos de arte
VIP contemporáneo continúan con las
salas vacías por su necedad de buscar la
“interacción con el público” a través de un
espacio arquitectónico y real. Según Lev
Manovich, el objeto artístico presentado
en una computadora automáticamente se
convierte en interactivo.  ¿Tiene sentido
mantener un museo en un edifcio
construido en 1591 de arquitectura
excepcional para exponer videos mal
grabados o papeles arrugados? Los gestores
de los museos VIP están peligrosamente
obsoletos ante su propia actualidad
explotando métodos de exhibición
tradicionales o pre–net–culture. Estas obras
solo son especulación estético–teórica y
se aprecian mejor en catálogos y museos
virtuales. ¿Por qué explotan un museo que
es una institución del siglo XVIII? Lo suyo
es la cultura post–internet, post–media,
post–digital. Get out!, sean congruentes
de una vez, dejen de ocupar un lugar
anacrónico para sus obras. Presenciar
videos, escuchar ruidos, ver archivos
en vitrinas, podemos hacerlo desde la
comodidad de nuestros teléfonos. Según
su ideología post–media “la red disolvió
la diferencia entre distribución masiva,
medios masivos, y la distribución
limitada al Art System”, entonces no
se metan en un lugar acotado en el
que hay que pagar la entrada. Con
museos virtuales tienen la ventaja
de que no se ponen en evidencia las
salas vacías y los aburridos cuidadores
durmiéndose. Han invertido una
fortuna en comisionar la construcción,
restauración y mantenimiento de los
centros de arte contemporáneo que paga
con sus impuestos el público imbécil
que no “entiende” estas obras y al que
hay que educar para que se trague eso
como arte. Sin embargo, eso no debe ser
una limitación para tomar una buena
decisión, de hecho es una oportunidad.
Si “resignifcan la fsicidad del espacio
museístico” van a atraer más público
y a recuperar algo del dinero que han
tirado estos años. Por ejemplo: El MUAC
emergería en un nuevo contexto creativo
como sala de boliche o concesionaria de
automóviles. El MUCA Roma, exploraría
los referentes sociales trasformativos
para ser un restaurante de cocina fusión
mexicana o una estética unisex. El Eco
interactuaría con las implicaciones
emocionales de la zona mediante la
experimentación sonora–ambiental del
karaoke y performances románticos.
El CCUT en Tlaltelolco, que hasta la
fecha no saben qué hacer con él después
de que echaron sin justifcación a
la Colección Blaisten, replantearía
su especifcidad como dispositivo
vertical de investigación e intercambio
económico–social para el colectivo
de vendedores ambulantes del metro.
Una comisión curatorial analizaría e
innovaría la realidad subyacente del
resto de los recintos de la UNAM y Bellas
Artes. Con el Arte Alameda no hay
opción: ese recinto era la Pinacoteca
Virreinal, con obras, público y una
razón de ser que ahora no tiene. El
Arte Alameda debe ser una página de
Facebook, hasta que por la falta de I like
it desaparezca. L
ARCHIVO HACHE CASTA DIVA
Por ejemplo, los jóvenes
poetas y prosistas no se
atreven a romper con Enrique
Krauze —heredero del
aparato de Paz—, y para huir
de la angustia de esa ruptura,
el que no se hace guaje se hace
pato o, por lo menos, cambia
de plática.
Nótese, además, que
el interés en la literatura
norteamericana reciente es
muy conveniente: después de
décadas de experimentalismo
políticamente progresista,
mucha escritura
estadunidense actual dio
pasos atrás.
Retomar el contacto con
Estados Unidos es ahora ideal:
los jipiosos contraculturales
ya fueron sustituidos por
posmodernos exquisitos.
En el siglo XXI, el
experimentalismo se
despolitizó de modo muy
astuto. Por eso poetas
hispánicos conservadores se
interesan hoy en ubu.com.
Antes las Letras Patrias
necesitaban repeler la
infuencia yanqui; hoy
—para mantener el poder—
necesitan baños de novedad
y cosmopolitismo traído
de los Estados Unidos
Chic–Retrógradas.
El prestigio que se solía
buscar en Paz hoy se busca en
Podcasts.
Observen cómo
—paulatinamente— la nueva
literatura mexicana está
cambiando de referencias
¡para no cambiar de
estructura!
Cede el petróleo doméstico
para asegurar el poder
transnacional.
La nueva literatura
mexicana emplea varias
tácticas para evadir realizar la
autocrítica urgente.
Una de sus evasiones
favoritas es la hamaca del
McExperimentalismo–Nafta. L
MUAC resignificado
Heriberto Yépez
hyepez.blogspot.com
Avelina Lésper
avelinalesper.com