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MANIFIESTO CONCENTRACIÓN ZARAGOZA ANTITAURINA 2009

Un año más, abrir el Programa de las Fiestas patronales de Zaragoza


es encontrarse cara a cara con la vergüenza y con el dolor, es
adivinar en esas líneas siniestras la tortura y la muerte anunciadas de
criaturas inocentes, tan capaces de sentir miedo y de padecer como
todos los que hoy estamos aquí, es empezar a calcular cuántos toros
entrarán en el ruedo llenos de vida y saldrán arrastrados, convertidos
en cadáveres lacerados y mutilados, despojos mortales cuyo hedor,
ninguna de las ofrendas florales a la Virgen del Pilar podrá mitigar,
porque por encima de frutos, de misas, de comparsas o de rosarios,
más allá de la espectacular luz de los fuegos de artificio, lo que nos
queda es un rastro de sangre que podrán limpiar de la arena, pero en
modo alguno serán capaces de borrarlo de nuestros corazones ni de
hacer que se desvanezca en nuestras conciencias.

Honrar a la Patrona de la Ciudad, es la disculpa para celebrar, en el


Siglo XXI, sacrificios de seres vivos en La Misericordia, una Plaza cuyo
nombre es una muestra más del cinismo y del sadismo que
acompañan la conducta de algunos hombres, maestros en la tortura,
diestros en el suplicio y figuras indiscutibles en el acto más cobarde
que puede cometer el ser humano: valerse del amparo legal para
actuar como criminales y escogiendo como víctimas a las criaturas
más indefensas y desprotegidas que existen, los animales, todo ello
concebido como un entretenimiento perverso y un negocio indigno.

Cualquier pretexto les vale como justificación en su miserable


brutalidad: una virgen, un santo, los enfermos de cáncer, los
profesionales de la Prensa o una Feria estacional. Lo de menos es en
nombre de qué o de quien se martiriza a los toros, lo único que
importa es que explotando la fe de algunos, su sentido de la
solidaridad o simplemente, alimentando el lícito afán de diversión,
unos cuantos hombres han encontrado el cauce social e institucional
por el que dar rienda suelta a su salvajismo, sin que el sufrimiento
causado a tantos seres inocentes sea considerado un acto punible. Es
arte, dicen, es tradición, es cultura... Mienten y lo hacen de un modo
miserable y mezquino, porque en realidad sólo es abuso, es violencia,
es sadismo y es crueldad.

Llamemos a las cosas por su nombre y el de lo que va a ocurrir


durante la Feria Taurina de Zaragoza sólo tiene uno: CRIMEN. No
pueden engañarnos, ya no somos la España famélica e ignorante en
la que tanto medró el toreo, que como cualquier acto brutal
encuentra el caldo de cultivo idóneo en una Sociedad atrasada,
doliente e iletrada. Los años de las sombras ya son Historia y aunque
algunos seres grises, por más que se vistan de luces, permanezcan
entre nosotros, ya no pueden evitar que analicemos sus actos
cobardes y que el rechazo colectivo sea un grito al que cada vez
acompañan más voces, como las de todos los que hoy aquí reunidos,
exigimos la erradicación definitiva de esta repugnante carnicería
subvencionada y anunciada en carteles.

No queremos corridas de toros en Zaragoza ni en ningún lugar; nos


negamos a ser cómplices en un espectáculo de sufrimiento y de
muerte, y ya que la dignidad mermada de nuestros gobernantes y su
ética embrutecida no tienen ni la sensibilidad ni el valor de evitarlo,
nosotros exigimos que nuestros hijos no crezcan siendo testigos de
cómo la saña y la perversión del hombre hacia los animales, se
elevan a la categoría de actos lúdicos y culturales. No podemos
permitir que algunos se sigan lucrando, gracias a las continuas y
generosas aportaciones de los presupuestos municipales, de un
negocio basado en la crueldad y que provoca la repulsa de la mayoría
de los ciudadanos. No queremos seguir alimentando asesinos, pues
esa es su función por mucho que adornen su pecho con medallas de
oro al honor en las bellas artes.

Hace pocos años eran un puñado de hombres los que expresaban su


rechazo a las corridas de toros, hoy somos un movimiento creciente e
imparable, hoy estamos a un paso de alcanzar logros muy
importantes en la abolición de la tauromaquia y hoy, en Zaragoza,
estamos dando una lección de valentía y de civilización a nuestros
gobernantes, que deberían de sentirse humillados porque sea el
Pueblo el que les demande justicia, el que les exija respeto para los
derechos de criaturas desprotegidas ante los excesos del ser humano,
y el que les tenga que recordar que aquí seguimos celebrando lo que
en casi toda Europa ya se ha prohibido por considerarlo incompatible
con el progreso y la obligación del hombre en preservar y conservar,
no en destruir ni en ensalzar la angustia y el tormento de quienes no
pueden decidir ni defenderse.

Gracias a todos por convertiros hoy en la voz de aquellos que no la


tienen. Gracias por mostrar vuestra indignación porque en Zaragoza
sigan encontrando refugio y amparo institucional, los que han hecho
del crimen su medio de vida, y gracias en nombre de aquellos que no
pueden dároslas, porque hoy estáis haciendo posible el que el final de
esta tragedia, inmensa y repetida, esté más cercano. No podrán
seguir ignorando durante mucho tiempo una exigencia mayoritaria de
la Sociedad, no podrán hacer que ni nos ven ni nos oyen cuando
decimos que queremos una Zaragoza sin corridas de toros, y que
exigimos unas Fiestas en las que la vergüenza y el dolor, no vengan a
empañar la alegría merecida de todos los que a ellas asisten. No
podemos admitir que mientras unos se divierten, otros agonicen con
sus pulmones atravesados por el acero y encharcados en sangre.

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