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JUAN ORTEGA RUBIO LOS VISIGODOS EN ESPANA LOS VISIGODOS EN ESPANA POR DON JUAN ORTEGA RUBIO \ CATEDRATICO DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL MADRID {MPRENTA DE LOS HIJOS DE M. G. HERNANDEZ Libertad, 16 duplicado, 1903 INTRODUCCION Les godos.— Visigodes y ostrogedes.— Luc entre wodos y romanos.—El ostrogode Hermanrico. Los godos, pueblo germénico, se hallaban asentados, en us primeros tiempos, con otros de la misma raza, segin Pli- nio y Tacito, en las costas del Baltico, junto 4 la embocadura del Vistula, y tal vez en las islas de Escandinavia (1). Con- forme 4 la‘situacién que ocupaban 4 las orillas del Baltico, se les denominé visizodos (godos occidentales) u ostrogodos (go- dos orientales). Hacia el afio 170, considerable agrupacién de godos, empujados por otros pueblos de la misma raza, deja* ron sus moradas y Ilegaron hasta el Danubio. Desde aqui se atrevieron 4 pedir 4 los romanos tierras para establecerse. Después, la gran masa de los godos, bajo su rey Filimer, ya por la insuficiencia del territorio, 6 ya por otras causas, Ilegé 4 la costa Norte del mar Negro, dando comienzo 4 sus luchas con los romanos, las cuales duraron desde el afio 214 al 270. Devastadas las ciudades de aquella parte del imperio, de Ma- cedonia y del Asia Menor por los godos, con més fuerzas cada dia éstos y con menos el imperio romano, 4 causa de interiores rebeliones y exteriores guerras, Aureliano les con- cedié, en el afio 270, las tierras de allende el Danubio, 6 sea, Jas actuales Rumania y Transilvania y la regién situada entre el mencionado rfo y el Theiss. Desde entonces todo este (1) Véase Dahn, Historia primitioa de los puchlos germdnicos y ro- ‘MANS, DP. 52. —6— pais tomé el nombre de Gotia. No por esto dejaron los godos de molestar por mucho tiempo y casi continuamente 4 los romanos, Liaméronse ahora visigodos los que habitaban en la orilla derecha del Danubio y ostrogodos los que permanecian en la orilla izquierda del mismo rio. Envueltos en las obscuridad los hechos de los primeros re- yes godos, adquirié no poco relieve y fama Hermanrico, Ila- mado el Alejandro godo por un historiador romano. Debid tener lugar su eleccién por el aiio 350. El historiador antiguo- Jordanes dice que fué ¢/ vdstago mds grande de los amalos, y el escritor moderno Bradley comienza asf su historia: «Llega- mos por fin 4 un reinado que sefiala una gran época en la his- to1ia del pueblo godo» (1). Hermanrico, perteneciente 4 la fa— milia amalinga, al frente delos ostrogodos, intenté fundar vasta monarqufa, 4 costa, no del imperio romano, sino de los otros pueblos germdanicos y de los eslavos y fineses. Logr6é en parte su objeto. Después de largo y glorioso reinado, cuando. las fuerzas le faltaban 4 causa de su vejez, y st pueblo se ha- aba debilitado por tantas guerras, aparecié un enemigo terri- ble, cuya presencia Ilenéd de espanto 4 los ostrogodos, por- que los hunnos parecfan demonios y no hombres, porque era imposible resistir 4 aquellos barbaros de atezados y barbilam- piiios rostros, con agujeros en ves de ojos, como escribe Jor- danes, y cuyo cuerpo pequefio, deforme y lIleno de pintarra- jos, tenfa no poca semejanza con el de repugnante y horroro- sa caricatura. Murié Hermanrico el afio 375, sucediéndole Winitaro, ama- lo también, el cual fué vencido por el khan Balamero, cayen- do los ostrogodos bajo la tiranfa de los hunnos. (1) Historia de los godos, p. 43. Tr. Les visigodos.—Jueces de los visigodos.—El apéstol Walfila. Los visigodes, durante el perfodo de grandeza de Herman- tico, debieron de formar parte del imperio ostrogodo; pero cuando éste decayé, combatido una y otra vez por los huanos, lograron aquéllos su libertad, Entonces se encontraban divididos los visigodos en tribus 6 pequefios reinos gobernados por jueces 6 jefes, siendo los principales, Atanarico y Fritigern. Atanarico, que era el mas poderoso de todos, couenzé su gobierno en el afio 366. Se recordard que los visigodos vivieron ev paz cor los hijos de Constantino el Grande, con Juliano llamado el Apédstata y con Joviano, Dividido el imperio entre Valentiniano y Valen- te, en occidental y oriental, Procopio, primo del antiguo em- perador Juliano, se sablevé contra Valente, logrando el apo- yo del visigodo Atanarico, el cual le mandé 30.000 hombres 4 Tracia. Cuando éstos recorrfan pujantes las ricas provincias tracias, supieron que Procopio hab{fa muerto y que Valente residfa sin rival en Constantinopla. Entré en ellos el descon- cierto y se entregaron, casi sin resistencia, 4 los generales de Valente. En guerra Valente y Atanarico por esta causa, Ileva- ron la mejor parte los romanos; pero firmése pronto la paz (369). En el interior del pueblo visigodo comenzé enconada guerra civil entre Atanarico y Fritigern, teniendo éste que so- licitar el apoyo del imperio, y viniendo al fin 4 un acomodo mediante la intervencién de Wulfila, chombre extraordinario, que, durante algiin tiempo, tuvo en sus manos los destinos —§ — teligiosos del pueblo godo» (1). Pasé Atanarico el resto de su vida, en el interior persiguiendo 4 los cristianos visigodos, y en el exterior peleando con los huanos. Murié F.itigera en el aiio 370 6 380, después de haber sostenido sangrienta guerra con los romanos; y Atanarico, hallandose en Constan- tinopla con el objeto de rendir homenaje al empetador Teo- dosio, acabé sus dias en 381 6 382. Gainas, sucesor de Ata- narico, vivid algin tiempo en buenas relaciones con los ro- manos, Cuando 4 la muerte de Teodosio, en Enero del afio 395, se dividié el imperio entre sus dos hijos, tocando 4 Ar- cadio el Oriente y 4 Honorio el Occidente, Gainas se sublevé contra el primero, poniéndose 4 la cabeza de los visigodos adictos al arrianismo. Dentro de este pueblo y por causas reli- giosas no reinaba la paz, porque otro jefe llamado Fravita, pro- fesaba el paganismo antiguo de su raza. A la saz6n, los hunnos aliados del imperio, pelearon, vencieron y mataron 4 Gainas, con beneplacito de Fravita y no poca alegria de Arcadio. Acerca de Wulfila (311-381), apdstol de los visigodos, se diré que descend{fa de familia cristiana de Sadalgotina, no le- jos de Parnaso (Capadocia), en el centro del Asia Menor (2). En su juventud vivid en Constantinopla, donde adquirié gran cultura. Hablaba y escribia con toda perfeccién el griego y el latin. Abrazé el cristianismo con entusiasmo, y con objeto de atraer 4 la verdad 4 sus compatriotas paganos, recibié el sa- cerdocio, predicé 4 los visigodos de la Mesia, de la Dacia y. de la Tracia, 4 despecho del cruel Atanarico; fué obispo 4 los treinta y tantos aiios de edad, logrando, mediante el apoyo del emperador Constancio y de su amigo el juez Fritigern, convertir 4 su religién, no sdlo 4 los visigodos, sino también 4 los ostrogodos. Para que el cristianismo pudiese echar hondas rafces en el corazén de su pueblo, se impuso el trabajo de tra- ducir la Biblia. Pobre el alfabeto riinico usado por los godos, lo completé, afiadiendo nuevas letras y modificdndolo comple- tamente. Wulfila debié de traducir toda la Biblia, a excepcion (1) Ferndndez-Guerra ¢ Hinojosa, Los pucblos germdnicos, t. 1, P.107, (2) Véase Dahn, Historia primitioa de los pueblos germdnicos y ro- ‘Manos, P. 165- —9— del libro de los Reyes, temeroso, segin antiguo escritor, de que la narracién de las guerras de Israel serfa perniciosa lectura 4su pueblo, ya de suyo muy aficionado 4 los combates. No opinamos asf nosotros, puesto que las pasiones gucrreras de los barbaros debian de estimularse mds con los libros de Josué y de los Jueces. A Wulfila le debid faltar tiempo para acabar la versién, y este fué el motivo de no traducir el bro de los Reyes. Afirma Dahn que Wulfila firmé su confesién ariana en un Concilio que tuvo lugar en Constantinopla. Murié en esta ciudad. Il Alarice.—Ataulfe.—Sigerico. Un joven de poco mas de treinta afios, Alarico, nacido entre el 370 y el 375 en la isla Peuce del Danubio, hijo de la ilustre familia visigoda de los baltos y de valor 4 toda prue- ba, fué elegido rey. Empleado en el servicio de los romanos, como éstos desatendiesen sus pretensiones, se pas6 4 los ene- migos del imperio, y dié comienzo 4 la renombrada dinastia baltinga. Sin darse punto de reposo, atravesé la Panonia, Da- cia y Macedonia, penetrando en Grecia por el paso de las Termépilas. Estilicén, ministro de Honorio, emperador de Occidente, se ofrecié 4 marchar en auxilio de Arcadio, empe- rador de Oriente. Aunque Rufino, ministro de Arcadio, no querfa aceptar el socorro, ante la gravedad del peligro, per- mitié que Estilicén saliese al encuentro de Alarico. No vinie- ron 4 las manos, porque al jefe visigodo se le autorizé 4 esta- blecerse provisionalmente en Iliria y en Epiro. Cansado Ala- rico, tres afios mas tarde, de esta dominacién poco segura, entré en Italia el 18 de Noviembre del afio 401, encontran- dose con los romanos en Pollenzia (hoy Chierasco), cerca del tio Tanaro, el 19 de Marzo del 402. El poeta Prudencio cele- bré en sus versos la jornada de Pollensia. También los roma- nos, como afirma el poeta Claudiano, Ilevaron la mejor parte y lograron sefialada victoria poco después cerca de Verona. Aunque en estos momentos Estilicén hubiera podido acabar con el derrotado ejército visigodo, se contenté con ‘que Ala- tico se retirase 4 Iliria, mereciendo por ello acres censuras de algunos escritores cristianos. —1r— Sucesos de gran importancia iban 4 verificarse en el impe- tio. Radagaiso, al frente de grandes masas de suevos, vanda- los, alanos, borgofiones y otros, cay6 sobre Italia y puso si- tio 4 Florencia, donde sufrié terrible derrota por el bravo Es- tilicén. Con respecto 4 Alarico, nada habia que temer, porque sus relaciones con Estilicén eran cordiales. Tranquilo se halla- ba Honorio en su residencia de Ravena, cuando los ineptos cortesanos le hicieron cometer un crimen: el gran general, el unico hombre que podia salvar el imperio, fué asesinado por orden de su ingrato sefior (4¢8). Alarico, sin obstdculos ya en su camino, inflamado su es- piritu por el profundo odio que tenfa 4 la corte del empera- dor, encamindse 4 Italia, atravesé una y otra ciudad, no quiso tomar 4 Ravena y se lanzé, como un torrente, sobre Roma. Como un ermitafio intentase calmar su furia: No puedo dete- nerme, contest6; Dios me impulsa hacia adelante. Puso cetcoa la ciudad, que se preparé 4 la resistencia, animada, no por sus propias fuerzas, sino por las esperanzas que daban los mensa- jeros enviados desde Ravena. Cuando comenzé 4 flaquear el animo de los romanos, mandaron una embajada al campo de Alarico. Los embajadores hicieron presente al rey visigodo que pedian una paz honrosa, ‘pues de lo contrario la poblaci6n se hallaba dispuesta 4 morir antes que rendirse, manifestando, en son de amenaza, el numero considerable de combatientes que habia dentro de Roma; pero Alarico les corté el hilo del discurso, diciendo: Cuando mds espesa la hierba, mds facilmen- te se siega, acompaiiando 4 sus palabras fuerte é insultante carcajada. Desconcertados los embajadores, hubieron de rogar que sefialase é1 los términos del contrato. As{ lo hizo. Perdo- narfa la ciudad, si le entregaban todo el oro y la plata que habia en ella, como también los esclavos extranjeros. yPues, qué nos dejas? exclamé uno de los enviados. Las vidas, repli- 6 el conquistador. Retirdronse los comisionados 4 dar cuen- ta de su embajada; pero después Alarico se mostré menos exigente, y se firmé la paz. Alarico movilizé su ejército hacia Toscana, y desde aqui abrié negociaciones con Honorio y la corte de R4vena. Pedia el visigodo el cargo de generalisimo de los ejércitos y la concesion de tierras en Recia. lrritado —12— por la negativa, se declaré partidario de Atalo, 4 quien los enemigos de Honorio acababan de proclamar emperador de Occidente en Roma, recibiendo del usurpador el nombra- miento de magister utriusque militiae, y pata su cufiado Ataul- fo el de comes domesticorum equitum. Rotas pronto las relacio- nes entre Atalo y Alarico, éste depuso 4 aquél, con no poco contento de Honorio, dirigiéndose el jefe visizodo 4 Roma, en cuya ciudad penetré el 24 de Agosto del aiio 410. La po- blacién fué entregada al saqueo y sus calles se Ilenaron de cad4veres, ordenando Alarico que se perdonase Ia vida 4 los que habfan buscado refugio en las iglesias de San Pedro y de San Pablo. El jefe visigodo abandoné 4 Roma con el objeto de pasar al Africa, y cuando en su mente bullfan los proyec- tos mas atrevidos, murié casi de repente y en la plenitud de su juventud, «cuando atin cafan sobre sus hombros los bucles de su rubia cabellera»>, como dice el poeta, dejando por su- cesor y heredero 4 su cuflado Ataulfo. Ataulfo intenté que el emperaior Honorio le admitiese como aliado y ofrecié poner en libertad 4 Gala Placidia, her- mana de aquél y prisionera de los godos desde que éstos se apoderaron de Roma. Hallabase el imperio 4 la sazén ea com- pleta anarqufa, pues al usurpador Constantina, asesinado cuan- do se le conducfa 4 presencia de Honorio, sucedié otro, el. galo Jovino, que, con la ayuda del godo Saro, de los francos y alemanes y con algunos grupos de borgofiones y alanos, se. disponfa 4 las m4s grandes empresas. Conviene no olvidar, por otra parte, que los barbaros habfan penetrado en Espajia, ocupando los suevos y vandalos astingas 4 Galicia, los alanos la Cartaginense y Lusitania y los vandalos silingas 4 Bética. Ataulfo, deseoso ahora de complacer al empetador, derroté 4 Caro, que hallé la muerte en Ia batalla, y poco después & Jovino y al hermano de éste, Sebastian, cuyas cabezas mandé 4 la corte de Ravena. Honorio pagé tantos servicios compro- metiéndose 4 procurar 4 los visigodos las subsistencias nece- sarias y les autorizd para permanecer en las Galias bajo la’ dependencia del imperio. Sin embargo de este tratado solem- ne, confirmado con juramento, como faltasen recursos 4 los visigodos, Ataulfo, protestando fidelidad 4 Honorio, se apo- —3— deré de algunas ciudades de la Galia meridional, entre ellas dé Tolosa, Narbona y Burdeos. Después, aunque 4 disgusto del emperadcr, se casé con Placidia en Forli (Italia), cele- brando con toda magnificencia y esplendor sus bodas en Nar- bona, donde establecié su residencia (1). Creydé Ataulfo en el afio 414, como Napoleén el Grande en la edad contemporé- nea, que llevando 4 su lecho la hija de cien emperadores Ile- vaba también la realeza; pero uno y otro se equivocaron com- pletamente. Gala Placidia fué desde este momento una goda més, como Marfa Luisa fué mds tarde una hija de la revolu- cién. A tal punto Ilegé el encono de Honorio, 6 mejor dicho, del general Constancio, tal vez porque éste abrigaba el pen- samiento de hacer 4 Placidia su propia mujer, qué estallé la guerra. Constancio se dirigié con poderoso ejército 4 Narbo- na, y no atreviéndose Ataulfo 4 esperarle, después de saquear las ciudades y devastar la comarca del Sur de la Galia, atra- ves6 los Pirineos y entré en Espafia (414), estableciéndose en Barcelona, donde {ué asesinado en el afio 415. Sigerico cifié la corona como sepresentante del partido ge- nuinamente germano y enemigo mortal del imperio, mere- ciendo por sus crueldades, 4 los siete dias, la muerte. (1) Véase Jordanes, c. XXXI. Ill El reino de Tolosa. Walia, de familia baltinga, devolvié 4 Placidia al poder de los romanos, otorgéndole Honorio, en sefial de agradeci- miento, los medios de subsistencia prometidos 4 Ataulfo,. Pronto comenzé, en nombre del imperio, 4 pelear contra los suevos y vandalos de Espafia. Tan satisfecho debié estar Ho- norio de la conducta de Walia, que le cedié la segunda Aqut tania, siendo Tolosa la capital del nuevo reino, y Burdeos, Angulema y Poitiers Jas ciudades principales. Walia renuncid 4 la posesién de Barcelona y de algunas otras poblaciones de Espafia, retirandose 4 Tolosa en el afio 418 y muriendo en el siguiente. Teodoredo, también de familia baltinga, sino tan grande como el amalingo Teodorico, rey de los ostrogodos, fué va- liente soldado y experto politico. A la muerte del emperador Honorio, en el afio 423, Teodoredo, aprovechdndose de la - critica situacién del imperio—pues el general romano Juan, ~ apoyado por Aecio, levant6 bandera contra Valentiniano II, sobrino de Honorio é hijo de Placidia y de Constancio,—se apoderé de varias poblaciones y puso sitio 4 Arlés. Aecio, viendo perdida la causa del usurpador Juan, reconocié 4 Va- lentiniano y se dirigié contra los visigodos, 4 quienes obligé 4 levantar el cerco (426). En seguida hicieron la paz, hasta ol punto que los visigodos, por cuenta de los romanos, comba- tieron en Espafia contra los vandalos (427) (1). Hardse notar (1) Jordanes, c. 33. — 5 — que dos afios después (429), mal hallados los vandalos en Es- pafia, dirigidos por su rey Genserico, atravesaron el F:strecho y se establecieron en Mauritania. También importa saber la guerra que los suevos, con su rey Hermerico, hicieron 4 los ibero-romanos de Galicia, los cuales conservaban todavia fuer- tes castillos (1), viéndose obligados 4 mandar 4 las Galias, en concepto de representante, al ilustre obispo Idacio; pero como Aecio, general en jefe del ejército, hizo muy poco en favor de los desgraciados espafioles, tuvieron éstos que entrar en negociaciones con su fiero enemigo. Hermerico, achacoso y enfermo, dejé la corona 4 su hijo Requila. Volviendo 4 la historia de los visigodos, se dira que las re- Jaciones de Teodoredo con los romanos se interrumpfan con mucha frecuencia por el odio que el rey visigodo tenfa al general romano. En el afio 429 intenté Teodoredo, mientras que los romanos se hallaban en guerra con los francos, apo- derarse de Arlés, y en el 437 puso sitio 4 Narbona (2). Los generales romanos Aecio y Litorio rechazaron 4 los visigodos ante los muros de la ciudad, les persiguieron é invadieron su erritorio. Triunfé el primero en sangrienta batalla campal; peto, habiendo sido Mamado 4 Italia, dejé al segundo la con- tinuacién de la guerra. Litorio cayé sobre Tolosa, residencia de Teodoredo, y la puso en tal aprieto, que el visigodo mandé 4 Orencio, obispo de Auch, 4 pedir la paz. No aceptada por Litorio, Teodoredo, después de hacer muchas oraciones 4 Dios, 6, como dice Salviano, obispo de Marsella, armdndose primero del cilicio que de la coraza, salié de la ciudad, atacé con furia 4 los imperiales, y logré sefialada victoria, cogiendo prisionero al mismo general (3). Orgulloso Teodoredo con el triunfo, pensé en la extensién y en el engrandecimiento de su reino (4); pero firmé l@paz por los consejos de su fiel amigo Avito, prefecto de las Galias 4 la saz6n y suegro de Sidonio Apolinar. No creyé Teodoredo que la fe jurada durase mucho tiempo, y por esta razén, pensando en lo futuro, casé 4 una (2) Idacio, Chron, ad. ann. 430. (2) Idacio, Chron. ad. ann. 437. (3) Idacio, Chron., ad. ann. 438. (4) Sidonio, Carm., VII, v. 299. —16— de sus hijas con Requiario, rey de los suevos, y 4 otra con un hijo de Gaiserico, rey de los vandalos en Africa. No con- siguidé lo que se proponfa con este matrimonio, porque el bar- baro Gaiserico, sospechando que su nuera atentaba contra la vida de su marido, le corté las orejas y la mand6 4 su padre. Esto, por un lado, y la-préxima invasién de los hunnos por otro, influyeron en la estrecha alianza que Ilevaron 4 cabo ro- manos y visigodos. El terrible Atila, al frente de medio mi- llén de combatientes, cayé sobre el imperio, encontréndose en las inmediaciones de Chalons-sur-Marne (Campi Cathalau- nici), en el aio 451, con los romanos, visigodos y francos, bajo la jefatura suprema de Aecio. La lucha fué sangrienta. Teodoredo murié peleando como un bravo; pero la victoria coroné la frente de romanos, visigodos y francos. Mientras los visigodos é ibero-romanos Ilevaban 4 enterrar el cadaver de Teodoredo, Atila, generosidad y del amor que profesaba 4 aquella regién, y & su vuelta usé de su habitual energia con los habitantes de Ro- sas, de Tarragona, de Leiva y de Zaragoza; sdlo Valencia (1) Gregorio de Tours, op. cit., IV, 25. (2) Hoy, dicen Ferndndez-Guerra é Hinojosa, Chinchilla, Segura de Ja Sierra, Bugéjar, Toya, La Guardia y Ubeda la Vieja 6 San Julién, frente 4 la desembocadura del Jandulilla en el Guadalquivir. Ob. cit., tomo I, pag. 334, nota. —2a7-- abrié sus puertas y vitored al monarca. En sofocar estas insu- rrecciones invirtié Liuvigildo los ultimos meses del afio 577 y gran parte del 578. Linvigildus rex, extinctis undique tyran- nis, et pervasoribus Hispania superatis, sostitus requiem pro- priam cum plebe resedit, escribe el Biclarense (1). En paz la monarquia, ocupése el ilustre monarca en le- vantar una ciudad en la Celtberia para su hijo Recaredo: Reccopéli, esto es, ciudad de Recaredo. Un pensamiento, de extraordinariaimportancia, embargaba ahora el dnimo de Liuvigildo: queria llevar 4 cabo la unidad territorial de la Peninsula, valiéndose de la unidad religiosa. El rey, aconsejado de sn mujer Goisuintha, deseaba que Es- paiia abrazase el arrianismo, y con Ja mira puesta en tamaiia empresa, persiguié en el 580 4 los catdlicos. (2). Es el caso que Ermenegildo contrajo matrimonio con Ingunda, hija de Sigiberto de Austrasia y de Bruniquilda, hija ésta de Goisuin- tha y de Atanagildo. Catdlica ferviente Ingunda y arriana fandtica Goisuintha, la paz no pod{a reinar en el palacio de Toledo. La abuela, segiin cuenta Gregorio de Tours, maltraté de palabra y de obra 4 la nieta. Vidse obligado Liuvigildo por * esta razén 4 separar 4 su mujer y 4 su nuera, mandando en el afio 579 4 Ermenegildo al gobierno de Ja Bética, cuya capi- tal era Sevilla. Poco después, los ruegos de Ingunda y los consejos de San Leandro, obispo de Sevilla, contribuyeron 4 que Ermenegildo abandonase la religién de sus padres. No contento con echar por tierra los planes del autor de sus dias, que eran la unificacién de Espaiia por el arrianismo, se declaré en abierta rebelién y se hizo fuerte en Sevilla. Lo mismo San Gregorio de Tours, que San Juan de Biclara y San Isidoro, califican de tiranfa el alzamiento de Ermenegildo contra su padre. Las suiplicas de Liuvigildo no hicieron mella en el cora- zén del hijo. Este, ya en el camino de la perdicién, se atre- vié 4 pedir apoyo al emperador de Constantinopla, é hizo alianza con los bizantinos de la Peninsula; con los bizantinos, (1) Aito X de Liuvigildo. (2) Ya, en el afio 576, desterré 4 San Juan de Biclara por el mis- tmo motivo. — 23 — eternos enemigos del nombre visigodo. Liuvigildo, en estas circunstancias, convocé en Toledo, en el afio 580, un sinodo de obispos arrianos para atraerse 4 los catdlicos, y cuando se convencié de que nuda consegufa, acometié la persecucién an- teriormente citada. Entre otros castigos, debe mencionarse el del ilustre obispo Masona, 4 quien desterré, encargando de la silla de. Mérida 4 otro obispo de la secta arriana. Orlada la frente de Liuvigildo con la victoria que consiguié contra los vascones (581), se dispuso 4 luchar con Ermenegildo que, cada vez mds enemigo de su padre, hizo acufiar moneda como tal soberano. Abrié la campaiia en el afio 582, conquistando 4 Mérida y 4 Caceres; en el afio 583 marché directamente 4 Se~ villa, tomando esta plaza después de largo asedio (584). Huyd Ermenegildo 4 Cordoba, y cayé prisionero en esta ciudad. Con el principe cautivo dié el rey la vuelta 4 Toledo, y luego le desterré 4 Valencia. En el afio 585, como por muerte de Mirén, rey ce los suevos, se apoderase del trono el ambicio- so Andeca, Liuvigildo devasté !as Galicias y privé de la vida al usurpador, conquistando, después de dos gloriosas bata- Ilas, aquella antigua monarquia. El desterrado de Valencial siempre incauto y receloso, volvié 4 conspirar. Liuvigildo dis- puso entonces que Sisberto, duque de la Tarraconense, le condujera 4 Tarragona. Encerrado en una carcel, habiéndose negado 4 recibir la hostia consagrada sacrilegamente por ua obispo arriano, y hallandose mas firme en su fe catélica, Sis- berto le atravesé con su espada. Ignérase cémo Sisberto pudo sincerarse ante el rey de la muerte de Ermenegildo. Si la re- belién de Ermenegildo contra su padre merecié acres censuras de San Juan de Biclara, de San Gregorio Turonense y de San Isidoro, lavé esta mancha con la sangre del martirio el cual sufrid en la noche del viernes 13 de Abril del afio 585 (r). (1) El Biclarense cita el martirio en el aio 585. Hermenegildus in urbe Tarraconensi d Sisberto inter ficitur, y en el 587 afiade: Sishertus inter fector, Hermenegildi morte turpissima perimitur. Parco por demas esté el Biclarense, escritor contempordneo y mds inmediato al teatro de los sucesos, en su relato sobre la persecucién y muerte de San Er- menegildo; y de este defecto adolece Gregorio de Tours, también coe- tdneo, y que escribié lejos de los acontecimientos, siendo de extraiar ~—2 - Saavedra Fajardo escribe que Liuvigildo cobré segin el pre- cepto evangélico, que antépone las leyes de Dios 4 las de la nataraleza> (1). La triste y desventurada princesa Ingunda, que se hallaba en poder de los bizantinos, fué embercada jun- tamente con su hijo Atanagildo para Constantinopla; pero la madre murié antes de llegar 4 la corte imperial, y el hijo se educé al lado del emperador Mauricio, como manifiestan las cartas de recomendacién que Bruniquilda y Childeberto escri- bieron al emperador y 4 la emperatriz. Gontrén, rey de Orleans, representante de la antigua pollfti- ca de Clodoveo, pretextando deseos de venganza por la muerte de Ermenegildo y por los infortunios de la desgra- ciada Inguada, y mds que por esto, porque deseaba extender los limites de su reino hasta los Pirineos, declaré la guerra 4 los visigodos. Después de repetir Gontrén las famosas pala- bras de su antecesor: Bs forzoso que los abominables godos no extiendan los limites de su reino hasta las Galias (2), penetro en la Septimania, dividié su ejército en dos cuerpos, y mien- tras uno se dirigia 4 Nimes y el otro 4 Carcasona, una armada tomaba rumbo hacia las costas de Galicia, donde se proponia desembarcar, tal vez con la idea de promover un levanta- miento dz los suevos, sujetos hacia poco tiempo al yugo de los visigodos. Liuvigildo dispuso su armada, y cayendo de improviso sobre los barcos francos, los destrozé por comple- to, salvandose unicamente algunos individuos en lanchas para llevar la ‘atal noticia 4 su pafs (3). Entre tanto Recaredo, hijo de Linvigildo, atrojé 4 los dos ejércitos enemigos de la Sep- que San Isidoro de Sevilla guarde absoluto silencio sobre asunto tan importante El Albeldense tampoco dice nada del martirio, mim. 32. El papa Sixto V, 4 ruegos de Felipe II, ordend la canonizacién del hijo de Liuvigildo. (1) Corona Gotica, p. 151. Biblioteca clésica espaiiola.—Barcelo~ fa, 1887. (2) Greg. Turon., lib. VII, c. 30. (3) Greg. Turon., lib. VII, c. 35. Naves gua de Galliis in Galleciam abierant ex jussu Leuvichildi regis castate sunt, res ablate, komines twsi, nonnulli captivi... ex quibus pact quodammodo scaphis erepi, pa- tria que acta fuerunt nuntiaverunt. — 30 — timania, después de sangrientos combates, en los cuales mu- rio el conde Terenciolo de Limoges, general de los francos, Cuando Liuvigildo, viejo y achacoso, entablé negociaciones de paz con los francos, deseoso de pasar tranquilo log ultimos dias de su vida, r4pida enfermedad le condujo al sepul- cro en Toledo en el afio 586. Juan de Biclara escribe: «Liuvigildo fué vencedor en todo el pafs y exterminé 4 los tiranos, 4 los opresores brutales de Espajia, logrando restablecer la tranquilidad para si y el pue- blo.» Isidoro de Sevilla se expresa de este modo: «Fué muy fanesto para muchos de los suyos, porque decapité 4 los que sobresalian por su nobleza 6 poderfo, 6 bien los proscribié enviandoles al destierro después de apoderarse de sus bienes. Por esta manera de obrar, él fué el primer monarca que en- riquecié el fisco, y también se did mafia para aumentar el Te- soro, incautd4ndose con estas rapiiias de los bienes de los ciu- danos y con los despojos ganados 4 los enemigos. Fué el primero que usd vestiduras reales, y adornado con ellas se senté en el trono, pues hasta entonces tales cosas no se usa- ban entre los godos, y, sin distintivo alguno, solfan vestir y sentarse lo mismo los reyes que el pueblo. Corrigié, por ul- timo, las eyes que Eurico habfa dado con mucho desalifio, quitando muchas superfluas y afiadiendo no pocas que falta- ban. Diez y ocho afios duré su reinado, y murié en Toledo de muerte natural» (1). Con efecto, Linvigildo es uno de los reyes mds grandes 6 el mds grande de los godos. Valiente en la guerra, acabé con el reino de los suevos y se apoderé de algunas ciudades que ocupaban los imperiales. Fund6 ciudades y levants fortalezas. Hizo leyes mas conformes con el cardcter y costumbres de sus suibditos, y establecié un nuevo sistema de administracién en el reino. Bajo su habil politica, los ibero-romanos y visigo- dos dieron un gran paso para la fusién de ambas razas. Fué el primer rey que, sentado en un trono, recibia 4 los grandes (1) Historia de regibus Gotthorum, Wandalorum et Sucoorum. Ope- ra omnia, p. 160,—Matriti, MDXCVI. — 31 — y al pueblo vestido con rico manto, Ilevando también, como afirman otros escritores, una corona en la cabeza y un cetro en las manos, verdaderos emblemas desde estos tiempos de la soberanfa. Si, intolerante en religién, hubo de perseguir, aunque no con tanta saiia como se dice, 4 los catdlicos; si con- dené 4 muerte 4 su hijo Hermenegildo, venerado més tarde en los altares, nadie podré negar, segtin escribe un autor con- tempordneo, que «se apoderé de la mayor parte de Espaiia, porque hasta él estaba comprimido el pueblo godo en estre- chos limites.» éMurié Liuvigildo en el seno de la religién catélica? Muy poco puede decirse sobre cuestién tan ardua. El didcono Pau- lo de Mérida dice: «Nosolamente murié en el arrianismo, sino que se condend.» El Biclarense escribe estas palabras: «Lean- der Hispalensis Beclesie Episcopus clarus habetur... Hoc anno (586) Leovigildus Rex diem clausit extremum.» E| Papa San Gregorio el Grande afirmé que Liuvigildo se arrepintié en sus Ultimos momentos de la muerte que did 4 su hijo, como tam- bién conocié que la religién catélica era la verdadera, no atre- viéndose, por miedo 4 su gente, 4 publicar su conversién. Sin embargo, afiade, encomendé 4 Leandro de Sevilla que instru- yese 4 Recaredo en la misma fe del desgraciado Ermenegil- do (1). San Gregorio Turonense, qne también era coetdneo, se expresa de este modo: «Post hac Leuvichildus Rex His- tanorum egrotare cepit: sed, ut quidant adserunt, peniten- tiam pro errore heretico agens, et obtestans ne huic heresi quisquam reperiretur consentaneus, in legem catholicam tran- stit: ac per septem dies in fletu perdurans pro his que contra (1) Qui oborta agritudine ad extrema perductus est, et Leandro Epis- copo quem prius vehementer afflixerat: Richaredum Regem filium suum quem in sua hare sirelinquerat, commendare curavit, ut in ipso quogue talia faceret, qualia et in fratre suis cohortationibus fecisset. Qua com mendatione expleta, defectus est. Opera Gregori Papz cujus nominis primi cognomento Magni, etc. t. I. p. 1355.—Parisiis. MD.LXXXVI. El Sr. D. Vicente de la Fuente atribuye estas palabras 4 San Gregorio Turonense.~— Historia eclesidstica de Espana, t. Ul, pags. 226 y 227.— Madrid 1873. — 32 — Deum iniqué molitus est, spiritum exhalavit: regnavitque Richaredus filius ejus preo(t). Por nuestra parte se dird que, si se tiene en cuenta el cardc- ter orgulloso, fuerte y tenaz de Liuvigildo, su conversién no se llevé 4 cabo, sin embargo de la autoridad respetabilfsima de San Gregorio. (1) Opera omnia. Hist. Francorum, lib. VIL, p. 416 Lutecia, Pa- ristorum, MDCXCIX. Vi Mecaredo I: su conversion al catolicismo.—Conjura- ciones de los arrianos.—Concilio III de Toledo.—Co- rrespondencia entre Recaredo y San Leandro con Sam Gregorio el Grande.—Guerra con Goutran de Bergoiia.—Relaciones de Recaredo con los bizanti- mos.—Juicio sobre este monarca. En el dfa 21 de Abril del afio 586 subié Recaredo altrono. Su valeroso comportamiento en la guerra con los francos le granjeé no pocas simpatias entre los godos. Cardcter afable y dulce al par que enérgico, procuré atraerse 4 los catdlicos, «astigando, con mano de hierro, 4 los conspiradores arrianos. Al mismo tiempo que bajaba su frente ante el virtuoso Lean- dro de Sevilla, dispuso el suplicio de Sisberto, capitan de guardias, arriano ferviente y verdugo de su hermano Ermene- gildo (1). Las razones que tuvo Recaredo para convertirse al (1) Escriben algunos historiadores que Liuvigildo, antes de subir al trono, contrajo matrimonio con Teodosia, hija de Severiano, gobere mador bizantino de la provincia de Cartagena, de la cual tuvo 4 Erme- negildo y Recaredo. En segundas nupcias casé con Goisvintha, viuda de Atanagildo. El Padre Flérez afiade: «La primera mujer de Liuvigil- «do se llamaba Rinchilde, como consta por Adén en su Chronicén sobre el afio 564, donde expresa que era hija del rey Chilperico y de Frede- gunda: Liuvigildus Rex filiam Chilperici et Fredegundis, nomine Rin- childem, duxit uxorem... Segin esto, cpor dénde probaremos el paren- tesco de San Leandro con Recaredo y con San Ermenegildo? Ni por el padre, ni por la madre de estos reyes, ni por sus mujeres... Queda desautorizado el parentesco de San Ermenegildo y Recaredo con nuestros santos (Leandro, Isidoro, etc.)». Espaita Sagrada, t.1X, pégi- na 191. Sobre este particular véase la Historia critica de la Literatura sspafiola de D, José Amador de los Rios, t. I, pags. 310-312. 3 —34— catolicismo debieron ser las siguientes. Comprendié el rey la superioridad y grandeza del catolicismo sobre el arrianismo. Al paso que las persecuciones fortalecfan mds en la fe 4 los catélicos y aumentaban su numero, los arrianos, mimados por los monarcas y enriquecidos por el Estado, se encontraban cada dia mas débiles y tenfan menos partidarios. Llamaba la atencién que los catdlicos, firmes en sus creencias, no abjura- sen de sus ideas religiosas; en cambio, se convirtieron al ca- tolicismo godos de noble cuna, como Beltran de Cadiz, Ma- sona de Mérida y Bado de Granada. Inmutable y siempre la misma la doctrina catdélica, formaba contraste con Ja arrianay cuyos dogmas estaban sujetos 4 continuos cambios y mudan- zas, Conviene hacer notar que la Iglesia catdlica representaba ja ciencia y la cultura toda de su tiempo; los arrianos se dedi- caban solamente 4 la milicia y 4 los lucrativos emp'eos civiles. Sila raza vencida podfa presentar prelados insignes, como Osio de Cérdoba y Leandro de Sevilla, laraza dominadora contaba con pocos obispos, y éstos ignorantes, rudos y sin autoridad. «No es ciertamente un mérito pequefio para Reca- tedo el haber conocido y héchose cargo de este estado de las conciencias, y el haber obrado enérgicamente en consecuen- cia. Esta sagacidad y decisién honrarian al estadista mas céle- bre» (1). Razones politicas debieron también de pesar en ef dnimo del rey Recaredo. El episcopado catdlico era mis obe- diente y sumiso que la nobleza arriana, siempre discola, incons~ tante y descontentadiza: los ibero-romanos, que nunca cedian cuando de religién se trataba, eran blandos como la cera, y et apoyo mas firme del trono; los visigodcs, levantiscos y poco respetuosos con sus reyes, fraguaban continuas conjuraciones, y socavaban, poco 4 poco, y sin quererlo quiza, la institucién monarquica. A todo esto se debera afiadir que la reciente in- corporacién del catdlico reino suevo ala monarqufa visigoda era otro motivo mas que debfa tenerse en cuenta si se querfa fundir aquél en la masa nacional. Por ultimo, Recaredo debié pensar que, convittiéndose al catolicismo, la energia de los (1) Dahn, Hist. primitioa de los pueblos germantcos y romanos, pie gina 150, Versién espafiola, Barcelona, 1890, francos, sus poderosos vecinos, se trocarfa en sincera amistad, terminando, de una vez, la guerra entre dos pueblos ger- manos. Recaredo, 4 los diez meses de reinado, manifesté que abra- zaba el catolicismo, levanté el destierro 4 los obispos perse- guidos por Liuvigildo, doté iglesias y monasterios, alivid Ics tributos, y, como escribe el Biclarense, empleé con sus stibdi- tos, para que se convirtiesen 4 la verdadera fe, mds bien la persuasién que la fuerza (1). Como un cambio tan brusco de religién pudiese ser causa de protestas, levantamientos y conjuraciones de parte de los arriauos y, en particular, del fandtico clero, convenfa 4 Re- caredo vivir preparado para hacer frente y castigar, con mano de hierro, 4 los revoltosos. Con este objeto procuré hacer la paz con sus enemigos exteriores, y, si nada pudo conseguir de Gontran, cada dfa més deseoso de conquistar ]a Septima- nia, en cambio, entabld relaciones {ntimas y cordiales con Childeberto. Acertado estuvo Recaredo en esta paz, porque los arrianos-no se daban punto de reposo é iban 4 probar, con fa fuerza de las armas, si la fortuna les era amiga. Al fren- te de'una sublevacién en Ia Septimania se puso el obispo Athaloco, 4 quien Ilamaban Arrio por su talento y entusiasmo, secundado por los condes Granista y Vildigerno: Gontrén de Borgofia, 4 pesar de su celo catélico y de su odio 4 los here- jes atrianos, apoy6 el levantamiento, con la mira de conquis- tar alguna porcién del territorio que bafian las agues del Ro- dano. Los intereses mundanos pesaban mas en el 4nimo de Gontrén que las ideas religiosas. Recaredo acabé pronto con una revolucién que amenazaba extenderse por todo el pais, Ienando de pena el corazén de Athaloco, quien hubo de morir por entonces de pena 6 de coraje. Otra conspiracién estallé en Mérida, bajo la direccién del obispo Sunna y de los condes Sega, Witerico y Vacrila, contra el obispo catélico Masona, que acababa de volver de su destiero, y contra el duque Clau- dio, gobernador de Ja provincia de Lusitania. Cuéntase que Witerico, al querer sacar su espada para atravesar el pecho de (1) Ratione potius quam imperio converti ad catholicam fidem fatit. = — 36 — Masona, en las puertas mismas del templo, vid que su mano permanecia inerte y sin movimiento. A los pocos dias, hall4- banse apostajos los arrianos para caer sobre los fieles en el momento que una procesién debfa dirigirse desde la catedral hasta la iglesia de Santa Eulalia; pero Witerico, escarmentado por la severa y milagrosa leccién que acababa de recibir, de- laté la conjuracién. El duque Claudio se arrojé sobre los cons- piradores, con buen golpe de gente, prendiendo 4 muchos y matando 4 otros. A Sunna, que fué hecho prisionero, se le did a escoger entre la conversién y el destierro; pero él contesté con arrogancia: Igxoro la gue es arrepentimicnto; jamds me convertiré al catolicismmo; viviré y moriré contento en la fe que siempre he confesado y defendido, En Africa predicé su religién, trasladandose después 4 Francia, donde acabé sus dfas el acé- trimo defensor del arrianismo. Sega, desterrado 4 Galicia, su- frié duro castigo; y Vacrila, que encontré refugio en la iglesia de Santa Eulalia, fué condenado 4 servir, por toda su vida, en dicho templo. Witerico, en premio de su delacién, recibié la libertad. La tercera conspiracién, mas importante, si cabe, que jas otras, tuvo por alma a la reina viuda Goisuintha, catélica de nombre y furibunda arriana de corazén, aconsejada del asriano obispo Vidila y aliada con el poderoso borgofién Gon- tran. Habiendo Megado 4 noticia del rey esta conjura, des- terré 4 Vidila, muriendo por entonces la famosa reina (1). Por ultimo, vino 4 echar lefia al fuego de las conspiraciones, un afio més tarde, Argismundo, noble perteneciente al oficio pa- latino. Comprendiendo Recaredo que la dulzura en los casti- gos de los revoltosos la miraban éstos como sefial de debili- dad, condené 4 muerte 4 los conjurados, y su jefe, cortada la mano derecha y decalvado, fué conducido sobre un jumento, por las calles de Toledo, expuesto 4 la burla de la muchedum- bee, sufriendo después afrentosa muerte (2). :Se extrafiard, por ventura, que Recaredo, ante tantas y tan repetidae conspira- (1) Las palabras con que el Biclarense, en el afio 588, refiere la no- Vicia, son: Goswintha verd, catholicis semper infesta, vite tunc termi-~ num dedit. (2) El Biclarense da fin d su Crdnsea con la narracién deeste suceso. —37— ciones, mostrérase, 4 veces, intolerante y mandara arrojar al fuego los esctitos de los arrianos? Pero lo importante y trascendental en el reinado de Reca- redo es la celebracién del Concilio III de Toledo. Este Con- cilio nacional, Recaredo y San Leandro traen 4 nuestra me- moria los nombres de Nicea, Constantino y San Atanasio. Si en Nicea sufrieron rudo golpe las doctrinas de Arrio, en To- ledo dejé de ser el artianismo la religién del Estado y del pueblo godo, Bajo la presidencia del anciano Masona, vir- tuoso obispo de Mérida, se reunieronel dia 4 de Mayo del afio 589, en Toledo, cinco metropolitanos, cincuenta obispos catdlicos, ocho arrianos y seis representados por arciprestes y arcedianos (1). El mismo rey abrié el Concilio y exhorté 4 los Padres 4 que celebraran con regocijo aquel solemne dia, amonestandoles 4 que con ayunos, vigilias y oraciones impe- trasen el favor de Dios, con el objeto de proceder 4 la refor- ma del orden canénico. El Concilio aplaudié esta platica, y ordené que se ayunase los tres dias siguientes. El dia 8-del citado mes de Mayo volvié el Concilio 4 celebrar sesidn, en la.cual Recaredo, acompafiado de la reina Badda, retirid lo mucho que.el pueblo visigodo habfa padecido con los etro- tes del arrianismo, y su conversién al catolicismo, presentan- do un memorial donde se contenfa, segin manifestaba el mo- narca, lo demds que pudtera decir de palabra en cuanto d la pro- sestacion de la fe. En este memorial confiesa su creencia en la Santisima Trinidad, recuerda las persecuciones de que ha sido objeto en Espafia la Igiesia catdlica y el triunfo de la religién verdadera en el corazén de los visigodos y de los suevos, cree y referencia la fe de los Concilios de Nicea, Constantinopla, Efeso, Calcedonia y de todos los que conformen con los cua- tro citados. Recaredo firma con estas palabras: «Yo, el rey Recaredo, teniendo en el corazén y afirmando con los labios esta santa fe y verdadera religion, la cual confiesa uniforme la Iglesia por todo el mundo con la ayuda de Dios, la suscrib (2) Los ocho obispos arrianos eran: Ugno, de Barcelona; Froisclo, de Tortosa; Ubiligisculo, de Valencia; Sumila, de Viseo; Argiovito, de Oporto; Gardingo, de Tuy; Becila, de Lugo, y Murila, de Palencia. — 38 — con mi mano derecha.» Badda firma 4 continuacidn: Para terminar el reinado de monarca tan insigne, se hard notar que Recaredo, en el hogar de Ia familia, fué modelo de hijos, de padres y de esposos (1). Como rey procuré igualar 4 los ibero-romanos y 4 los visigodos en los derechos civiles, diciendo por esto un cronista que «concedié 4 los espafioles y tomanos los mismos derechos que tenfan los godos.» La verdad es que eché las bases de la unidad politica en la mo- narqu{a, comenzdndose.4 fundir en una sola las dos razas, se- paradas hasta entonces por Ia religién y las leyes. Tal vez el celo religioso de Recaredo, traspasdndose mas alla de sus justos limites, fuera causa de la preponderancia del clero so- bre Ia nobleza, y aun de la poderosa influencia teocratica que los obispos ejercieron en el Estado. San Leandro fué el con- sejero de Recaredo, lo mismo en los asuntos eclesidsticos que en los civiles. Este hombre enérgico y sabio, que se captaba todas las voluntades, escribe Dahn, tuvo la fortuna de ver realizados en vida sus atrevidos proyectos despues de prolon- gadas y penosas luchas. El fué quien después de la conver- sién de Ermenegildo dirigié todo el movimiento catdlico, ven- cedor 4 pesar de los grandisimos esfuerzos y aun victorias alcanzadas en contra por el gran rey Liuvigildo. El fué quien hizo contraer al rey y al Papa sincera amistad, y bien mere- cia del rey que le recomendara al Papa como acreedor 4 las distinciones mas elevadas» (2). Recaredo, 4 imitacién de los emperadores de Oriente, toméd el titulo de Flavio, el cual adoptaron también sus sucesores, y fué el primer monarca «que se hizo ungir con el dleo santo por la mano de los obis- pos en la iglesia metropolitana de Toledo» (3). De mano maestra es el retrato que San Isidoro hace de Recaredo: Provincias autem, quas pater bello conquisivit, iste pace con- Servavit, equitate disposuit, moderamine rexit. Fuit aunt (1) Contrajo su primer matrimonio con Wadda y en segundas nupcias, afio 592, casé con Clodosvinda, hija de Sigiberto y Bruniquil- da y hermana de Ingunda, mujer de San Ermenegildo. (2) O.c,p. 152. (3) Lafuente, Historia general de Espaa, t. Ul, p. 368. —42—- blacidus, mitis, egregie bonitatis, tantamque in vultu gratiam habuit, et tantam in animo benignitatem gessit, ut omnium mentibus influens, etiam malos ad affectum amoris sui attra- heret. Adeb liberalis,ut opes privatorum et Ecclesiarum predia, qua paterna labes fisco associaberat, juri proprio restauraret. Adeo clemens, ut populi tributa sape indulgentia largitione Jaxaret. Muitos etiam ditavit rebus, plurimos sublimavit ho- nortbus (1). «Como su vida fué su muerte, escribe un histo- tiador de nuestros dias, piadosa y acompafiada de un publi- co arrepentimiento de sus pecados» (2). (1) Oc, p. 161. (2) Dahn, 0. c, p. 153 Vil Liuva Ii: su proteccion al clero.—Witericeo: sus sim, patias por los arrianos: sus relacioues con los fran- cos._Gundemaro: su tolerancia: sus guerras.—De- creto de Gundemaro.—Sisebuto: rebeliones y gue- rras—Persigue 4 los judios._Recaredo II.—Suinti- la: sus triunfos sobre los vascones y bizantino’ Oposicién del clero y de la noble: Sisenando: Co! cilio IV de Toledo.—Chintila: Concilios Vy Vide Te- ledo.—Tulga. Liuva II (601 603), hijo de Recaredo, subié al trono, el cual ocup6 menos de dos afios. Fiel 4 la memoria de su pa- dre, el clero encontré en el nuevo rey un amigo carifioso (1). Witerico (603 610), el amigo del obispo arriano Sunna, el conspirador de Mérida y luego delator de sus compaifieros, se tebelé contra Liuva, 4 quien quité la vida después de cortarle la mano derecha. La nobleza goda adquirié gran ascendiente en este reinado, a costa del clero catélico. Dicese que Witerico restablecié el artianismo, 6 por lo menos lo intenté (2); pero sélo se puede asegurar que en su tiempo 20 se celebré Ia re- union de ningun Concilio. En sus campaiias contra los bizanti- nos obtuvo escaso resultado, si bien se hizo duefio de Sagon- tia (3). Deseoso de entablar relaciones con los francos, casé (1) Créese que Liuva Iera hijo natural de Recaredo, y asf parece inferirse de las palabras de San Isidoro: Ignobili matre progenilus, sed virtutis indole insignitus.—P. Flérez, Espana Sagrada,t. V.—San Isido- 10, 0. C., pag. 493. (2) Luc. Tudens. Chron. Mund. (3) Dahn dice que Sagontia es hoy Gisgonza, junto al Guadalete, 0.¢., pag. 153; y D. Vicente de la Fuente opina que es Sigiienza. 0. Cy pag. 246 —4— su hija Ermenberga con Teodorico, rey de Borgofia y suce- so: de Gontrén; pero Bruniquilda logré que su nieto devolvie- se la joven 4 su padre Witeicor «doncella como la habfa re- cibido; pero sin la rica dote que aportara al matrimonio.» Con las armas quiso vengar su afrenta el rey visigodo, guerra que no se Ilevé 4 cabo ignorandose la causa. En un banquete fué asesinado Witerico y sepultado fuera de las murallas de To- ledo (1). Le sucedié Gundemaro (610-612), adicto al clero. De gue- trero se acredité en dos expediciones: una, contra los vae- cos; y otra, contra los imperiales. Condcense con los nom- bres de Decreto de Gundemaro y Concilio sub Gundemaro las . disposiciones que, en el afio 610, se acordaron por los obis- pos visigodos, con benepldcito del rey, para que los de la provincia cartaginense reconociesen como unico metropolita- no al de Toledo (2). Dahn termina la historia de este monar- ca con las siguientes laudatorias palabras: «Socorrié con dine- ro y rogativas en las iglesias al borgofién Teodorico contra las hordas de los avares gentilicos, que amenazaban su pafs por el Este. Estas rogativas por la victoria de los pueblos cristianos sobre los infieles son una de las primeras manifes- taciones de la solidaridad entre aquélios» (3). Muriéd en To- ledo (4). Sisebuto (612-620) es uno de los reyes mds grandes de la monarquia visigoda. San Isidoro le tributa las mayores ala- (1) San Isidoro da cuenta de la muerte del rey en estos términos: ¢Hic in vita plurima illicita fecit, in morte autem, quia gladio operatus fuerat, gladio periit. Mors quippe innocentis inulta in illo non fuit: inter epulas enim prandii conjuratione quorumdam est interfectus, corpus ejus viliter est exportatum atque sepultum.»—/Hést. Gotthorum, pagi- na 161. (2) Dice asi dicho Decreto: «Quod nos ultra amodo usque in per- petuam fieri nequaquam permittimus; sed honorem Primatus, juxta an- tiquam synodalis Concilii auctoritatem per omnes Carthaginensis pro- vinciz ecclesias Toletane Ecclesia Sedis Episcopum habere ostendi- mus; eumque inter suos Coepiscopos tam honoris pracellere dignitate quam nomine.» G3) O.c.. pag. 153+ (4) Morte, propria Toleto decessit... Chronicén Albeldense,niim. 36 — 45 - banzas. Por medio de sus generales Suintila y Requila sofocé las rebeliones de los astures y rucones. Luché ventajosamen- te con los bizantinos, apoderdndose de Malaga y de otras ciu- dades que posefan en la Bética. La conducta de Sisebuto con los vencidos no pudo ser més humanitaria (1). Heraclio, que 4 1a sazén se hallaba en guerra con los dvares, no pudo auxi- liar al patricio Sesario. En apuro tan grande, los bizantioos, por conducto del obispo Cecilio de Mentesa y de Ansemundo, que fueron enviados 4 Toledo, solicitaron de Sisebuto una paz honrosa. Otorgéla el rey visigodo, marchando entonces 4 Constantinopla ua noble godo yun presbitero, llamado Amelio, quienes consiguieron del emperador Ia ratificacién del tratado. Sisebuto, principe decto y muy versado en las letras, su- mamente piadoso, prestantisimo y benigno, segun la autori- dad de San Isidoro (2), persiguié con violencia y tirania 4 los judios. Recaredo dié contra ellos severas leyes; pero Sisebu- to les impuso el bautismo por la fuerza, les castig6 con azotes y con la decalvacién, y les desterré y confiscé los bienes. Esta safluda persecucién fué reprobada por la Iglesia (3); el P. Mariana, refiriéndose 4 aquellos bautismos, dice: cosa ilicita y vedada entre cristianos, que d ninguno se haga fuersa para que lo sea contra su voluntad (4); y el Sr. La Fuente aifade: «No hay cosa més cruel que el celo religioso mal entendido, pres ciega enteramente al hombre mds piadoso y humano, porque constituyéndole en ministro de las venganzas divinas, cree hacer con ello un obsequio a Dios...» (5). Para explicar la terrible persecucidén, dicese que el emperador Heraclio, 4 quien la astrologia habfa vaticinado que su imperio seria des- (1) Adeo post victoriam clemens, ut multos ab exercitu suo, hostili preda in servitum redactos, pretio dato, absolveret, ejusque thesaurus redemptio existeret captivorum.—Isid., Hist. Gotthorum, pag. 161. (2) P. Flérez, Espaiia Sagrada, tit. VI, pag. 309. Apéndiee 4.° Car- tas y vida de San Desiderio. (3) Qui initio regni Judzos ad Fidem Christianam permovens emu- lationem habuit, sed non secundum scientiam: potestate enim com- pulit, quos provocare fidei ratione oportuit.—San Isidoro, o. y p. c. (4) Hist, de Espaita, lib, VI, c. 3. (5) Hist. eclesidstica de la Iglesia, t. Il, pgs. 254 y 255+ —45— trufdo por una raza circuncisa y vagabunda, suscité en todas partes persecuciones contra los hebreos, excitando también al monarca visigodo Sisebuto 4 tomar medidas violentas con- tra la raza de Israel. Lo cierto es que la medida fué general, y en otrcs puntos su crueldad corrié parejas con la persecucién de los visigodos. Si en el término de un afio no recibfan el bautismo los judios, se les condenaba 4 ser azotados, decal- vados, atrojados del reino y confiscadas sus propiedades (1). Muchos, sin embargo de recibir el santo Sacramento, prac- ticaron una religién que no sentian. Otros huyeron al tetrito- tio de los francos; pero Dagoberto, 4 instigacién de Heraclio, les hizo escoger entre la muerte y la abjuracién de sus doc- trinas religiosas, obligandoles 4 emigrar 4 lejanas tierras, don- de no dejaron de sufrir amarguras y tribulaciones. Los que, pobres y desvalidos, permanecieron en nuestra peofnsula, fue- ron blanco de venganzas sin cuento y de terribles castigos (2). Sisebuto murid, segtin unos, de enfermedad natural; otros di- cen que de una medicina administrada en exceso; y algunos afirman que de veneno (3). (1) Ley IU, tit. If, lib. II del Fuero Juzgo. Que los judios, nin sus fijos, nin sus siervos non esten por baptisar. Pues Jesucristo nos dice € nos manda pedir, é rogar, é ferir 4 la puerta, ¢ nos face saber que el regno de los cielos non lo han si non los que lo piden con gran femencia, pues bien deve entender cada quien que non quiere recebir el don é la merced tod aquel que s’non llega 4 ella con voluntad ardiente € con todo corazon. Onde todo judio que fuere de los que s’non quieren babtizar, é non enviaren tus fijos € sus siervos 4 los sacerdotes que los babtizen, € los padres 6 los fijos non quisieren el baptismo, € pasare un anno complido depues que nos esta ley pusiemos, € fuere fallado fuera desta condicion é deste pacto estable, reciba C. azotes, € esquilenle la cabeza, ¢ echenlo de la tierra para siempre, é sea su buena (bienes) en poder del rey. E si este judio echado en este comedio non ficiere penitencia, el rey dé toda su buena 4 quien quisiere. (2) Los judios, enemigos acérrimos de los visigodos desde esta épo- ca, contribuyeron mds tarde 4 la ruina del pais—como escribe Dahn— 6 prestaron su apoyo 4 los invasores musulmanes—como cree Brad- ley?—Dahn, o. c., pag. 153. Bradley, Hést. de los godos, pig. 366. (3) _Hunc alii proprio morbo, alii inmoderato medicamenti haustu, alii veneno asserunt interfectum.—lIsidoro, o. ¢., pag. 161. —47— Recaredo II, hijo de Sisebuto, tuvo un reinado breve y nada se sabe de su vida (1). Suintila (621-631) subié al trono precedido de justa fama como general afortunado en tiempo de Sisebuto. Comenzé eu reinado triunfando de los indéciles vascos y navarros, 4 quie- nes encerré en sus hondas y dsperas montafias, no permiti¢én- doles salir hasta que se sometieron completamente y levanta- ron, en castigo de sus repetidas insubordinaciones y pata no constituir un riesgo, la fortaleza de Oligitum (2). Pero la glo- tia inmortal de Suintila consistié en haber arrojado 4 los bi- zantinos de la Peninsula ibérica. Toda Espafia se hallé bajo el robusto cetro de Suintila. Con la fuerza de las armas ven- cié éste 4 sus incémodos vecinos, y de los dos patricios que mandaban 4 éstos, al uno se lo atrajo con prudencia, y al otro 5 Io hizo prisionero (3). Los vencidos, sin jefes, desalentados, y Por trochas y vericuetos, Ilegaron 4 los puertos del Algarbe, donde se embarcaron para no volver jamas. Hacia ochenta afios que los habfa traido 4 nuestras costas la imprudente po- litica de Atanagildo. El vencedor de sus enemigos exteriores fué vencido por el clero catélico y Ja nobleza visigoda. Alguna razén tenfa el elemento eclesidstico para recelar del monarca, pues éste no quiso celebrar ningun Concilio durante los diez afios de su go- bierno, calificando aquellas augustas asambleas de « peligrosas revistas de las fuerzas eclesiasticas, que por el mero hecho de su reunién aumentaban ya el poder del episcopado.» Tam- poco la nobleza debfa mirar con buenos ojos 4 un rey 4 quien el pueblo bajo lamaba padre de los pobres, porque era el de- (1) Relicto Reccaredo filio parvulo, qui post patris obitum Prin- ceps paucorum dierum morte jnterveniente, habetur. Isid., 0. c., pag. 161. (2) «Esta ciudad pidnsan algunos sea la villa que hoy en aquel reino se }ama Olite, mds por la semejanza del nombre que por otra razén que haya para decillo: conjetura que suele engafiar 4 las veces.» —P. Mariana, Hist. de Espana, lib. VI, c, IV. (3) Auxit eo preelio virtutis ejus titulum duorum Patritiorum ob- tentus, quorum alterum prudentia suum fecit, alterum virtute proelii _ sibi subjecit —San Isidoro, 0. c., p4g. 162. — 48 — fensor de las clases inferiores contra las privilegiadas (1). Para defenderse de enemigos tan poderosos, cuéntase que asocié at imperio 4 su hijo Racimiro, dando también participacién en el gobierno 4 su mujer Teodora y 4 su hermano Geila. Posi- ble es que Suintila, caracter duro y enérgico, castigara com sentencias de muerte y confiscaciones las revueltas de los nobles (2), lo cual bast, mucho més tarde, 4 calificarle de cruel, imput4ndole los escritores eclesidsticos vicios y crime- nes, y llegando, por ultimo, el P. Mariana 4 decir que era un «monstruo compuesto de aficiones y codicias entre s{ contra- tias y repugnantes» (3). Lo tinico que se puede asegurar es que los enemigos de Suintila, para perderle, se valieron de una traicién. Sisenando, hombre rico é individuo de la noble- za, que no reparaba en los medios para conseguir sus fines, ambicioso y desleal, compré el auxilio de Dagoberto, rey de los francos y nieto de Fredegunda, mediante la promesa de entregarle una preciosa joya del Tesoro real de los godos. E:a ésta una fuente de oro, 4 manera de mesa, que pesaba 500 libras, y que tocé 4 Torismundo, como parte del botin de Atila, en el aflo 451, después de la sangrienta batalla en que los romanos, francos y visigodos derrotaron 4 los feroces hunnos (4). Sisenando, cuando dispuso de numerosas tropas (1) Prater has militaris glorie laudes, plurima in eo regi majes- tatis virtutes, fides prudentia, industria, in judiciis examinatio stre nua, in regendo regno cura, pracipua circa omnes munificentia largus erga indigeites et inopes misericordia satis promptus. Ita est non so- lum Princeps populorum sed etiam Pater pauperum vocari sit dignus. —San Isidoro. 0 c., pag. 162. Véase Dahn. o. c., pag: 154. (2) El Chronicén Albeldense, escrito 4 ltimos del siglo IX, dice: «Suintila reg. 9n. X victoria et consilio magnus fuit. Vascones devi- cit: duos patricios Romanos cepit. Omnem Spaniam et Galliam strenue rexit, et ob meritum Pater pauperum vocari est dignus. Fine proprio Toleto decessit... n.° 38.—P, Flérez, Espata Sagrada, t. XM, pag. 448. (3) Hist. de Espana, lib. VI, cap. IV. Con los hechos de este rey termina san Isidoro su Hist. Gotthorum. (4) Idacio hace mencién de dicha fuente, en Ja cual habia engasta- das piedras preciosas, y afiade, que «en su tiempo se guardaba con mucha estima entre los tesoros de los reyes visigodos.»—Chron., lib. IL. Véase también 4 Dahn., 0. c., pag. 134; y 4 Bradley, 0. c., pags. 368 y 369. — 49 — francas, 4 cuyo frente estaban dos generales, pasé los Pirineos y se dirigié 4 Zaragoza, uniéndosele, antes de entrar en la ciudad, el ejército real y Geila, hermano del monarca. Suin- tila perdié la corona (1); y los francos, sin desenvainar la espada, velvieron 4 su pafs. Cuéntase que Dagoberto enyié embajadores para que recogiesen la mencionada joya. Entre- géla Sisenando, aunque 4 disgusto de los visigodos; pero algunos de éstos, no pudiendo consolarse de la pérdida, la recobraron 4 viva fuerza, volviendo triunfantes 4 Toledo. Comprendiendo el rey que era peligroso oponerse 4 la vo- luntad de su pueblo, queriendo al mismo tiempo cumplir lo pactado, hubo de pagar grnesa suma, que algunos autores hacen subir hasta 200.000 sueldos (casi tres millones de pe- setas). Historia 6 leyenda, los escritores modernos de los godos dan crédito 4 los antiguos, y narran, con todos los de- talles, el suceso (2). Sisenando (631-636) entré 4 reinar con el apoyo de la no- bleza y del clero. No tenfa. enemigos enfrente de su poder; pero remordiale su conciencia por haber usurpado el trono. Con objeto de atraerse mds el elemento eclesidstico, hizo convocar el Concilio IV de Toledo 4 ultimos del afio 633. En Santa Leocadia se reunieron 69 obispos, ya personalmente, ya representados por sus vicarios, y presididos por San Isidoro, metropolitano de Sevilla, lumbrera de la Iglesia y uno de Ics hombses mas sabios de su tiempo. Baiiados lus ojos en lagri- (1) Unos escritores dicen que Suintila se retiré 4 la vida privada; afirman otros que él y su hijo fueron relegados al claustro y se les confiscé sus bienes. Los Padres del Concilio IV se expresan de este modo: «De Suinthilano verd, qui scelera propria metuens se ipsum regno privavit e: potestatis fascibus exuit, id cum gentis consultis de- crevimus, ut neque eumdem, vel uxorem ejus, propter mala que com- miserunt, neque filios eorum unitati nostra: umquam consociemus, nec cos ad honores, a quibus ob iniquitatem dejecti sunt, aliquando pro- moveamus.» En la Crdnica de San Benito sdlo se lee: «Sentilla, 4 quien oprimié Sisenando, murid.» El P, Mariana escribe que los grandes eno pararon hasta echar del reino 4 Suinthila con su mujer ¢ hijo Rechi- miro. O. ¢., libro VI, c. IV. (a) Véanse nuestro Saavedra Fajardo y los extranjeros Dahn y Bradley. 4 — 50 — mas, con la cabeza inclinada y la rodilla en tierra, se presenté Sisenando al Concilio y pidié 4 los Padres que intercediesen 4 Dios por él. Ocupdronse los Padres en seguida en el go- bierno y disciplina de la Iglesia. Después de confirmar el de- recho de Sisenando al trono, privaron 4 Suintila, 4 su mujer y 4 sus hijos de la comunién catélica, y confiscaron sus bie- nes, dejando 4 la clemencia del nuevo monarca los que el destronado rey deb{a conservar. Como Geila, arrepentido de la traicién que habfa cometido contra su hermano, intentase ahora, segiin se sospechaba, tramar nuevas conspiraciones, el Concilio, con severidad extremada, lanz6 sobre él los rayos de la Izlesia (1). Eu su deseo el Concilio de dar reglas sobre la gobernacién del Estado, los Padres dirigieron al rey estas elocuentes palabras: «A ti, rey que estas presente, y 4 todos los sucesores tuyos, os conjuramos con laconveniente humil- dad que gobernéis con justicia y piedad los pueblos que Dios os confia, y que reinéis con bondad de corazon y con amor del bien... Y ninguno de vosotros dé, por si solo, sentencia en las causas criminales, sino con los jueces piiblicos, para que 4 todos conste la justificacién del castigo.» Aunque en este Concilio se hicieron diferentes leyes sobre asuntos per- tenecientes 4 la autoridad civil, la mayor parte de los c4nones se refirieron 4 cosas de disciplina de la Iglesia, No puede, sin embargo, negarse, como deciamos en la traduccion de la His- toria de Bradley, que uno de los obispos comarcanos, por su turno, residiesen un mes en Toledo, para dar honor al Rey y 4 la Corte, y consuelo al mismo metropolitano; y ter- minan los prelados dando gracias 4 Dios y al Rey (1). Deseaba Chindasvinto completar los libros Morales de San Gregorio, pues este Papa, antes de terminarlos, los habfa re- mitido a San Leandro, Con este objeto, el rey resolvié man- dar 4 la Ciudad Eterna al obispo Tajén de Zaragoza, varén ilustre por su religiosidad y sabidurfa, Ignor4base en Roma dénde estaba el mencionado Cédigo; pero el prelado zarago- zano lo encontré y trajo 4 Espafia (2). (1) P. Florez, 0. c., t. VI, pags. 180 y 181. (2) «Cansése Tajén de las vanas esperanzas con que le detenian en Roma, siendo estilo de las cortes mantener en ellas, y no con el des- engafio, y procuré alcanzar de Dios su despacho, ya que no podia de los hombres; y postrado de rodillas en e) templo de San Pedro, pidié Dios la gracia de hallar los libros, y en el mayor fervor de su ora- ciéa, ilustré una luz celestial el templo, entre cuyos resplandores se’ Presentaron con armonia los apdstoles San Pedro y San Pablo acom- — 56 — Mostré, por ultimo, Chindasvinto su poca ambicién de po- der cuando, dejando la corona que tan gloriosamente habia levado, encomendé 4 su hijo Recesvinto la pesada carga del gobierno, siguiendo los consejos de San Braulio (1). Lo que dard eterna fama 4 Chindasvinto es la derogacién del cédigo titulado Breviario de Alarico II, mandando que visigodos é ibero-romanos se rigiesen por las mismas leyes géticas. Esto fué un gran paso para la completa fusi6n de ambas razas y la unidad nacional. Para terminar la historia de Chindasvinto, se dira que este rey eligié el monasterio benedictino de San Romén de Ornis- ga (hoy Hornija), cerca de la confluencia del rio Hornija con el Duero, no lejos de Toro, en la provincia de Valladolid, para sepultura de su mujer Reciberga, que murié en el afio 635, y para él mismo, que acabé sus dias en 653. El P. Fray Antonio Yepes, en su Cronica general de la orden de San Be- nito, dice que el fundador del monasterio faé San Fructuoso, y 4 este edificio unié Chindasvinto la iglesia, fundada por el rey para su sepultura, afiadiendo: «Oy se ven grandes ras- tros de los primeros edificios, y se muestra un crucero, con cuatro brazos iguales, los cuales tienen entre s{ harta propor- cién y representan haber sido una cosa grandiosa. En el cru- cero se conservan muchas columnas de diversos géneros de mérmoles que se trajeron de partes muy distantes. El rey Chindasvyndo entiendo estuvo enterrado en este crucero; pero como después se desbaraté la forma de esta Iglesia, y para ensanchar la capilla mayor se dié otra traza, pusieron al rey en una capilla pequefia, pero muy devota, donde se ve paiiados de otros santos. Turbé la visién los sentidos de Tajén, hasta que los mismos que los enajenaron los sustituyeron con suaves pala- bras, y San Gregorio le mostré el lugar donde estaban los libros, con los cuales volvié 4 Espafia muy consolado.» Saavedra Fajardo, 0. ¢. pagina 222. Aifade el historiador murciano que los libros Morales se guardan er la iglesia de Nuestra Sefiora del Pilar de Zaragoza; pero la obra que actualmente se conserva, no sdlo no es del tiempo de Ta- j6n, sino que tampoco es anterior al siglo XIV. (1) Véanse en la Espatta Sagrada, t. XXX, epistolas 21 y 37 de Sam Braulio 4 Chindasvinto. — 57 — uaa reja de extraiia y antigua labor, y unos pilares de jaspe torneados, que todo muestra ser reliquias de la riqueza y pri- mor que debié de tener en un tiempo el sepulcro; pero aho- ta no hay mas en aquella capilla, sino lo dicho y una sepul- tura de mdrmol blanco (que no tiene inscripcién al presente) donde esté el rey depositado.» Ambrosio de Morales escri- be, lib. XII, cap. XVIII, que en un libro gético antiguo (que él vid) del secretario Miguel Ruiz de Azagra, estaban los epi- tafios del rey y de la reina llamada Reciberga, su mu- Jer... (1). Dichos epitafios se atribuyen 4 San Eugenio III de Toledo, pues asi consta en un libro gético MS. (2); pero Saavedra Fajardo opina que pudieran ser del mismo rey Chin- dasvinto, dado su amor 4 las letras (3), y de esta misma ofi- nién es el Sr. Amador de los Rfos (4). Epitafie de Reciberga. Si dare pro morte gemmas licuisset et aurum Nulla mihi poterant regum dissolvere vitam: Sed quia sors una cuncta mortalia quassat, Nec pretium redimit reges, nec fletus egentes, Hine ergo te, conjux, quia vincere fata nequivi Funere perfunctam Sanctis commendo tuendam, Ut cam flamma vorax veniet comburere terras Coetibus ipsorum merito sociata resurgas. Et ninc chara mihi jam, Reciberga, valeto, Quodque paro feretrum rex Chindasvintus amato. Annorum brevitér restat edicere summam Qué tenuit vitam simal et connubia nostra: Foedera conjugii septem ferd duxit in anos Undecies binis cevum cum mensibus octo. Epitafioc de Chindasvinte. Plangite me cuncti, quos terrz continet orbis, Sic vestra propiis probra laventur aquis. Sic Christus vobis dimittat debita clemens, Sic pateat summi fulgida posta poli. (1) Ove, p. 184 ve (2) Loaisa, Collect. Concil., p. 412. (3) Corona gdtica, p. 363. Ed. de 1657. (3) Historia critica de la literatura espasiola, t. 1, p. 420. Premite funereum contrito pectore fletum, Et faciat luctam conlachrimando pium. Suspirate Deo, gemitum producite mzstum, Ac pro me misero dicite: Parce, precor. Chindaswintus ego, noxarum semper amicus, Patrator scelerum Chindaswintus ego. Impius, obsccenus, probrosus, turpis, iniquus, Optima nulla volens, pessima cuncta valens. Quidquit agit, qui prava cupit, qui noxia quarit Omnia commisi, pejus et inde fui. Nulla fuit culpa quam non committere vellem Maximus in vitiis et prior ipse fui. En cinis hic redii, sceptra que regia gessi: Purpura quem exuit jam modo terra premit. Non mihi nanc prosunt biblattea tegmina regni, Non gemme virides, non diadema nitens; Non juvat argentum, non fulgens adjuvat aurum, Aulica pulchra nocent, non mihi gaza placet: Omnis enim lute: deceptrix gloria vite, Ut flatus abiit, mox liquefacta perit. Felix ille nimis, et Christi muneri felix, Qui terra fragiles semper abhorret opes. Aunque Chindasvinto murié en Toledo, su cuerpo fué lle- vado, como cl rey habia dispucsto, 4 dicho monasterio al lado de Reciberga, y los huesos que se descubren en la tum- ba se reputan de ambos reyes (1). (1) ElSr. D. José Amador de los Rios, en su Historia critica de la literatura espanola, t.1, p. 423, nota, afirma que los huesos de Chin- dasvinto fueron trasladados, con Jos de Recesvinto y Wamba, por dis- posicién de Alfonso X el Sadio, 4 la iglesia de Santa Leocadia en el alcdzar de Toledo, convento después de Capuchinos, conservandose allila antigua leyenda del primitivo enterramiento de Recesvinto, concebida en los términos siguientes: HIC IACET TUMULATUS INCLITUS REX RECCESWINTUS OBIIT ANNO DCLUI «En 1845, afiade, fueron de nuevo trasladados estos huesos y los de ‘Wamba 4 Ja iglesia catedral, por haber sido incendiado el referido convento 4 principios del siglo, habiéndonos cabido la honra de llevar uno de los varales de las andas en que piblica y solemnemente se trasportaron, por ejercer 4 la sazén el cargo de Secretaria de la Co- misién Central de Monumentos, y hallarnos en Ja antigua ciudad de — 59 — El! monasterio de San Roman de la Hornija, con sus habi- tantes y tierras, se agregd, por el rey D. Alfonso Ill el Magno, en el afio 894, al de Tuiién (Asturias), La iglesia conservé mucho tiempo su primitiva forma de cruz griega, mas luego sufrié diferentes reformas, construyéndose por completo 4 mediados del ultimo siglo, y por cierto que en la nueva fabri- cano did pruebas de su gusto artistico el lego fray Juan Ascondo. Recesvinto (649-672), apenas hab{a ceflido la corona, tuvo que rechazar formidable insurreccién de los vascos de la Aquitania, cuyo jefe era Froya. Los rebeldes penetraron en la Peninsula y pusieron cerco 4 Zaragoza. Vencidos comple- tamente, Recesvinto se dedicé 4 los asuntos religiosos. Bien puede decirse que fué demasiado bondadoso para rey en aquellus azarosos tiempos, y complaciente por demas y aun débil con la nobleza y el clero. Convocé los Concilios VIII, IX y Xen Toledo, y otro en Mérida. En el VIII asistieron 52 obispos, disponiéndose, entre otras cosas de menos im- Ildefonso estudiando los muy preciosos que encierra, para escribir nuestra Toledo Pintoresca, dada 4 luz en dicho aio.» En este libro dice, p4g. 96: «En el mismo estante (de la sacristia, en que estd la es- pada de Alfonso VI) en que se custodia tan apreciable espada, existe depositada una modesta urna que encierra los huesos de los reyes ‘Wamba y Recesvinto, trasladados solemnemente 4 este sitio en 23 de Febrero de 1845, en cuyo acto tuvo la honra de tomar una parte acti- va el autor de estas lineas.» El P. Mariana refiere que Alonso el Sadio hizo trasladar 4 Toledo los sepulcros de Recesvinto y Wamba, el pri- mero desde Gerticos y el seguado desde Duefias. Dice también que en tiempo de Felipe Il, en el afio 1575, se abrieron los sepulcros, sos- pechando las personas eruditas que el de Recesvinto se hallaba 4 mano derecha y 4 la izquierda el de Wamba. Hist. de Espaaa, lib. VI, ca- pitulo XI. Por su parte el Sr. Garcia Somolinos escribfa en el affo 1849: «Destrufdo hoy casi en su totalidad el monasterio, sélo se conserva parte de la iglesia, y en ella una pequeiia capilla con el sepulcro donde se hallan los restos mortales de los fundadores. En Jo antiguo, y cuan- do ocupaban el medio de la nave mayor de la iglesia, obstentaba mag- nificencia y grandeza: hoy esté en la capilla Hamada del Santo Cristo de la Red, sin otro recuerdo que el escudo y urna que representa la l4mina. Unos tableros dados toscamente de blanco ocultan una gran urna de alabastro sencilla, que guarda las cenizas de los reyes; sobre ella se ve un paiio negro de vara y media de largo y una de ancho; — 60 — portancia, mayor indulgencia contra los rebeldes y traidores; que én el mismo lugar donde muriese el monarca se eligiese el sucesor por los prelados y sefiores palatinos; y que los hijos de los reyes sdlo pudieran heredar de sus padres los bienes patrimoniales y no los adquiridos durante su gobier- no (1). Los desgraciados judfos lograron que en este Concilio diese Recesvinto cuenta de una solicitud, en la cual pedfan aquéllos, ya que Sisebuto y Chintila les hicieron renunciar st ley, se les eximiera de comer «carne de puetco, no por escri- pulo de conciencia, sino porque su estémago no lo consentia, debido esto sin duda al poco uso que hacfan de ella, ofrecién- dose, como muestra de su buena intencién, 4 comer otras co- gas guisadas con ella.» Accedieron los Padres, creyendo en la sincera declaracién de los hebreos. Pasando por alto las disposiciones del provincial Concilio IX de Toledo, procede decir que es notable el nacional X, reunido en la misma ciu- dad, afio 656, si no por sus cdnones, que carecen de impor- tancia, por la calidad de los Padres. Los tres metropolitanos en el centro un escudo con el fondo blanco, y en él nueve estrellas ei tres 6rdenes: tres azules, tres blancas y las tres restantes de uno y otro color, rematando en una corona al parecer ducal. A los lados del escudo hay dos pequeiias tarjetas también blancas, con letras pajizas, bastante deslucidas: en la del lado derecho se lee: Reciberga Regina. Requiescat in pace. Amen; en \a del izquierdo dice lo mismo con sélo la diferencia del nombre que es del rey Chindasvinto. Sobre el pafio negro hay un marco grande de madera dorada; contiene un tarjetén de pergamino, y en el mal latin que se lee, sin haberlos alterado en nada, los siguientes versos escritos en letra gética (*). En el mismo marco, en su parte inferior, se lee que fué renovado en el aiio 1820 por uno de los monjes...» Nueve afios después de la descripcién del Sr. Garcia Somolinos, el Excmo. é Imo. Sr. D. Joaquin Barbajero y Villar, sabio Obispo de Ledn y en cuya ciudad murié el 26 de Febre- ro de 1863, mandé quitar la urna, el escudo y las tarjetas, sustituyén- dolo todo con una hermosa l4pida de m4rmol, y en ella la inscripcién de Reciberga, afiadiendo: Pervetustam hoc epitaphium in membrana olim inscriptum, ac in frustula scissum, lapide polito, amore Patrize ductus, fecit insculpere Joachim Barbajero Episcopus Legionensis. An. Dom. MDCCCLVII. (1) Véase Padre Flérez, 0. c., pags. 186 y 187. (*) Los ya citados —6r— eran: San Eugenio III de Toledo, presidente, Fugitivo de Se- villa y San Fructuoso de Braga; y entre los 17 obispos debié de hallarse San Ildefonso, abad entonces del monasterio Aga- liense, cerca de Toledo, En este Concilio, por orden de Recesvinto, se presenté oun noble godo, llamado Wamba, haciendo ver que en el testa- mento de San Martin Dumiense se dejaba al rey por ejecutot de su ultima voluntad; pero que el abad Recimiro, sucesor del santo prelado, habfa sido tan generoso de la hacienda ajena, que su propio monasterio se encontraba sin recurso alguno. Los Padres anularon las disposiciones de Recimiro, y con los bienes de éste se reintegré 4 la Iglesia. En el Concilio de Mérida, entre otros decretos notables, se dispuso que si el rey se alejase de la corte 4 hacer alguna guerra, durante su ausencia, se rogara 4 Dios por él y por cu ejército. Terminaron los Padres la augusta asamblea dando gracias al rey por su piedad con la Iglesia y por su bondad con las cosas seglares, y le l!amaron serenisimo, piadostsimo, catélico y clementisimo, Conséivase una moneda en cuyo an- verso hay escrito: Recesvintus rex, y en el reveso: Emerita pius, afirm4ndose que se llamé pfo por este Concilio (1). En suma, si algunos escritores censuran duramente 4 Re- cesvinto (2), no se olvide que dié paz al reino, moderé Ics tributos, fué compasivo, construyé 4 sus expensas Ia iglesia de San Juan Bautista de Bailos (provincia de Palencia y cerca de Valladolid) y otras muchas; y sobre todo, anuld Ia ley’ que prohibia los matrimonios entre visigodos é ibero-roma- nos. «Establecemos por esta ley, que 4 de valer por siem- pre, que la mugier romana puede casar con omne gedo, é la mugier goda puede casar con omne romano... E que el omne libre puede casar con la mugier libre qual que quier, que sea convenible por conseio, é por otorgamiento de sus pParientes» (3). Si bajo el reinado de Recaredo se hizo la uni- dad religiosa y bajo el de Chindasvinto la unidad legislativa, (1) , Saavedra Fajardo, o. c., p. 231. Ed. de Barcelona, 1887. (2) Cixila en la Vida de San Ildefonso, D. Rodrigo Sanchez de Arévalo, obispo de Palencia, y el Padre Fidrez. (3) Fuero Juzgo, lib. IU, tit. I, 1. 2. — 62 — en tiempo de Recesvinto, con la autorizacién de matrimonios entre godos y romanos, se hizo mucho para confundir polfti- camente en un solo pueblo 4 los que habfan estado separados tanto tiempo. Si Sisebuto y Chindasvinto protegieron las le- tras, mostrando ellos mismos que no carecfan de conocimien- tos, Recesvinto dié gallardas pruebas de su saber, y su nom- bre debe colocarse entre los més esclarecidos (1). Marié el rey en Gerticos (hoy Bamba, en la provincia de Valladolid) (2). Sintiéndose enfermo en Toledo, vino 4 Gerti- cos, lugar que formaba parte de su patrimonio, buscando su salud; pero fallecié aqui el 1.° de Septiembre, 4 las nueve de la maiiana, del afio 672, siendo enterrado en el monasterio de Santa Marfa. (1) Padre Florez, Espaia Sagrada, t. XXX. Apéndice III. Véanse las Epistolas de San Braulio. (2) Que la antigua Gerticos es la moderna Bamba lo afirman Ma~- riana, Garibay, Ambrosio de Morales y Berganza. IX ‘Wambsa: eleccion de este monarca.—_Insurreccién de Paulo.—De his qui ad bellum non vadunt.—Medidas de gobier- no.—Concilio XI de Toledo.—Guerra con los sarrace- - mos.—Abdicacién de Wamba. Wamba (672-680), el mismo tal vez que se presenté en el Concilio X de Toledo con una misién de Recesvinto, subié al trono de los godos. Empefio tuvieron en ello los altos digna- tarios eclesidsticos, miiitares y civiles. Y como se negase 4 aceptar la corona, uno de los jefes militares de palacio, con la espada desnuda, le dirigié estas amenazadoras palabras: « Has de ser rey; te hemos nombrado, y si te empefias en rehusar la corona, te mato con este acero » (1). Cifiése Wam- ba la corona, y marchando 4 Toledo, recibié el dleo santo de mano del metropolitano Quirico, en la iglesia de San Pedro y San Pablo, extramuros de la ciudad, en Septiembre del aifo 672 (2). Wamba, de nobilissimo Gottorum genere, como es- cribe el cronista Luitprando (3), comenzé su reinado sofocan- do upa insurreccién de la Galia Narbonense, capitaneada por Hderico, conde de Nimes, ayudado por Gumildo, obispo de Magaiona, y por Ranimiro, abad de un monasterio cercano, y que se extendié por toda la provincia. Como se negase Aregio, (1) Nisi consensurum te nobis modo promittas, gladii modo mucro- ne truncandum te scias. Nec hic tamdiu exhibimus, quamdiu aut expe- ditio nostrate Regem accipiat, aut contradictorem cruentus hic hodie casus mortis absorbeat.—Julian. Tolet., Hist. Wamba Regis. 2.—P, F16- rez, Espana Sagrada, t. VI, p. 535. (2) O.c,4. (3) Ann. 672, nim.r23. - 6% — obispo de Nimes, 4 secundar el movimiento, los revoltosos le encerraron en una prisién y le depusieron, elevando 4 tan alto cargo al ambicioso Ranimiro (1). Con el objeto de extinguir la formidable sedicion, Wamba destiné al duque Paulo con poderoso ejército 4 las Galias; pero el pérfido general, que es- peraba ser rey, tramé la conjura del siguiente modo. En Tarragona logré atraerse 4 su partido al duque de la provincia, Ranosindo, y al gardingo Hildigiso, y levantando tropas en nombre de Wamba, se dirigié 4 Narbona. Sospe- ché Argebado, venerable obispo de la ciudad, Ia traicién de Paulo é intenté cerrarle el paso; pero no pudo, y la plaza cayé en poder de los insurrectos (2). En Narbona fué corona- do Paulo, logrando poco después poner en movimiento toda la Septimania, Cuando Ilegaron 4 noticia de Wamba los su- cesos de Narbona, tomé camino de la Septimania, no sin su- jetar antes 4 los vascos y apoderarse de Barcelona y Gerona, atravesé los Pirineos, cogié prisioneros 4 Ranosindo é Hildi- giso, que guardaban algunas fortalezas, é hizo alto dos dias para que descansaran sus tropas y Ilegasen otras, cayendo al fin sobre Narbona, defendida 4 la sazén por Witimiro. Paulo se retiré 4 la plaza fuerte de Nimes. Narbona no pudo resiatir el rudo ataque de los godos, los cuales incendiaron las puer- tas y penetraron 4 sangre y fuego en la plaza (3). Witimiro se refugié en una iglesia y se cobijé detrés del altar de la Virgen Marfa; pero, arrancado de allf con algunos de los su- yos, fué castigado duramente (4). Rendida Narbona, y en poder del vencedor otras ciudades, sobre Nimes se dirigieron Jas fuerzas de los godos. Comenzé el ataque en 31 de Agosto del aiio 673. Lo mismo los sitiados que los sitiadores peleaw ron con encarnizamiento y singular bravura, y si en este dia Ievaron Ja mejor parte los revoitosos, decidieron 1a victoria las nuevas tropas que mandé Wamba, y que ya estaban bajo (1) Julian. Tolet., 0. ¢, 6. (a) O.¢., nim. 7. (3) Tunc victoriosa per Dominum manu postas incendunt, muris insiliunt, civitatem victores ingrediuntur, in qua simibet seditiosos subjiciunt. O. c., nim. 12. (4) Ibidem. — 65 — fas murallas de Nimes el 1.° de Septiembre. Pavlo animé 4 los sitiados; pero después de ruda pelea, Nimes cayé en po- der del vencedor. San Julian describe admirablemente el es- tado en que se hallaba la ciudad. <;Qué mds? Dentro de la ciudad se ofrece un miserable espectaculo. Por ambas partes caen millares de caddveres, por ambas partes se destroza y por ambas partes se degiiella. Los que escapaban de nues- tras espadas cafan al filo de las suyas. En toda la ciudad cun- de la revuelta matanza. Doquiera se tendiese la vista, halla- base tal carnicerfa, que los muertos parecfan rebafios de ani- males. Las encrucijadas de Jas calles estaban Ilenas de cada- veres y lo restante de la tierra amasado con sangre. Misera- ble mortandad se contemplaba en las casas y llenos de cner- pos muertos se encontraban sus recénditos lugares. En las calles de la ciudad, cadaveres de hombres con rostro amena- zador y barbara ferocidad, como si permaneciesen todavia en el trance del combate» (1). Paulo, insultado por el popula- cho, se encerré en el anfiteatro romano y se desnudd de las vestiduras reales, «Era el 1.° de Septiembre, aniversario del dia en que Wamba habia ceffido la corona» (2). Noticiosos Paulo y sus amigos de que Wamba Ilegarfa pronto 4 la ciu- dad, acordaron que Argabado, obispo de Narbona, 4 quien Paulo hab{fa Ilevado consigo, se presentara al rey pidiendo misericordia. Mostrése benigno Wamba; pero como insistiese el prelado, cada vez mas exigente, dijo el rey: «lam ne, ait, alias atque alias conditionis mihi imponitis, cum vitam vobis donasse sit fatis? Tibi ergo soli me cx toto pepercisse suffi- ciat, pro reliquis verd nihil horam promitto» (3). Wamba en- tré en la ciudad en medio de las aclamaciones del pueblo. Dos oficiales, cogiendo 4 Pzulo, le ataron las manos con sus propios cabellos y le presentaron al rey (4). El infeliz se pos- (G1) 0. ¢., mim. 19. (2) Ibidem, nim. 20. G) O. ¢ , mim, 22. (4) Cumque caterva illa perfida cum Rege suo capta jam in unum consisteret, dextera levaque adstante exercitu, duo é Ducibus nostris equis insidentes, protensis manibus hinc inde Paulum in medio sui constitutum innexas capillis ejus manus tenentes, pedissequa illum pro- sectione oblaturi Principi deferunt —O. c., ntim. 24. 5 = — 66 — tré en tierra y se despojé del cingulo (1). «Era sorprendente espectdculo contemplar con cuanta facilidad cambian las co- sas, viendo cafdo al que antes estaba glorioso, y el que era considerado como rey un dfa antes, caer ahora en espantosa ruina. Cumpliase en esto aquella sentencia del Profeta: Vi, dijo, al impto exaltado y elevado sobre los cedros del Libano, pasé y ya no estaba; lo busyué y no encentré ellugar donde ha- bia estado» (2). ‘Wamba puso en lugar seguro 4 los rebeldes de calidad, é indulté 4 los soldados fraucos, sajones, galos, espailoles y godos. Mandé curar los heridos y enterrar los muertos. Res- tituy6é 4 los habitantes lo que los sediciosos habfan arrebatado, y devolvié 4 los templos sus alhajas, entre las que se hallaba la corona de oro que Recaredo doné 4 San Félix y que Paulo se atrevié 4 colocar sobre su cabeza (3). Al tercer dia, los habitantes de Nimes presenciaron imponente espectaculo. ‘Wamba, en medio de los grandes de su corte y rodeado de su ejército, hizo comparecer 4 Paulo y demas conjurados. «Conjurote, dice 4 Paulo, en el nombre de Dios Omnipotente, que en esta asamblea de hermanos entres conmigo en juicio, y digas si en algo te he ofendido 6 si te he dado motivo para que tomes las armas contra mi, levantandcte con intento de usurpar el reino» (4). Paulo confesé humildemente que no habfa recibido agravio alguno, sino bienes y favores. A todos (1) Sed mox tyrannus idem erectis oculis faciem Principis ut vidit, statim se humo postravit, sibique cingulum solvit.—O. c., nim 25. (2) Cernere erat magnum aliquid quam facilis fuerat rerum ipsa mutatio, tam citd videre dejectum, quem pridem audieras gloriosum: et quem praterita dies adhuc Regem tenuerat, tam pracipiti lapsu concidere in ruinam. Impleta fatis plené est in isto prophetalis illa sententia: Vidi, inguit, impium superecaltatum, ct elevatum super cedros Libani; transivi et ecte non erat, et guesibi eum et non est inventus locus gjus.—O. c., mim. 25. (3) O.c, nim, 26. (4) Conjuro te per nomen Omnipotentis Dei, ut in hoc Conventu fratrum meorum contendas mecum judicio, si aut te in aliquo lzsi, aut occasione qualibet malitie nutrivi, per quod excitatus hanc tyranni- dem sumeres, vel cuyus Regni apicem suscipere attentares.—O. c., numero 35. — 67 — los conjurados hizo el rey la misma pregunta, y de todos obtuvo igual respuesta, En seguida hizo leer el juramento de fidelidad que todos le prestaron, como también el que des- pués hicieron 4 Paulo. El tribunal leyé los c4nones de los Concilios toledanos relativos 4 los atentados contra los reyes, en virtud de los cuales condenaron 4 muerte 4 Paulo y 4 sus cémplices, disponiendo también que siel rey les perdonara las vidas, fuesen privados de la vista. Wamba conmuté la pena de muerte en la de decalvacién y carcel perpetua (1). No sufrieron, que se sepa, castigo alguno los judios, quienes die- ron ayuda, y no pequefia, 4 los revoltosos de la Galia (2). Luego que Wamba dejo arreglados los asuntos de la Galia y guarnecié de gente los confines con Francia, emprendié el camino de Espafia, recibiendo en todas partes entusiastas aclamaciones, y entré triunfalmente en Toledo, precedién- dole los prisioneros que iban en carretas, vestidos de sacos toscos, rapadas las barbas y cabezas, y los pies descalzos. Paulo, que Ilevaba por burla una corona de cuero negro, va- rios obispos, un didcono de Barcelona y otros cémplices fue- ron encerrados en dura prisién. De regréso Wamba 4 su capital, resentido t2l vez porque algunos eclesidticos y grandes no le habfan ayudado en la pasada guerra, hizo una reforma radical en el ejército, con la famosa ley que empieza: De his gui ad bellum non vadunt (3). Por esta ley, que se did en el segundo aiio del reinado de Wamba, se dispuso que todo hombre, de cual- quiera clase, estado 6 condicién que fuese, siendo capaz de , evar armas, acudiere 4 combatir al enemigo que invadiera la tierra, bajo las mds severas penas. Entre otras medidas de gobierno, se citardn: la proteccién que se dispensé 4 las artes, las muchas obras publicas que se hicieron 6 repararon, y la nueva muralla con que se cifié 4 Toledo. Con respecto al Concilio provincial, el- XI, que se celebré (i) 0. c., nim. 37. (2) Amador de los Rios, 0.., pags. 13 y 14. 3) Vednse las leyes VIII y IX, titulo Il, lib, IX del Fuero Juzgo. — 68 — ea esta poblacién bajo la presidencia del _metropolitano Qui- rico y con la asistencia de diez y siete obispos y dos vicarios en representacién de otros dos prelados, y que tuvo lugar, afio 675, en la iglesia mayor dedicada 4 Nuestra Sefiora, se hardn notar algunos cd4nones. Por el primero se dispone que sea excomulgado por tres dias el obispo que no guarde en el Concilio la debida compostura 6 produzca tumultos 6 no use palabras blandas, sino conversaciones vanas, risas 6 alterca- dos. Por el quinto, «que el Prelado no pueda arrogarse nada cor fuerza, sino segtn orden judicial, aplicando penitencia al que faltare. Y en particular ocurren al exceso del obispo que se manche con mujer, hija 6 parienta de los magnates, al cual privan del honor con destierro y excomunién perpetua, excep- to en la hora de Ja muerte... (1). El octavo se ocupa de los simoniacos, que dan por precio los sacramentos. El noveno dispone que no sea consagrado el que haya dado 6 prometi- do algo por el obispado... El 15, que todos los afios haya Concilio. En el 16 se pone fin al Concilio, dando gracias 4 Dios y aclamando 4 Wamba, restaurador de la disciplina de la Iglesia, por cuanto queria que todos los afios se celebrase Concilio» (2). Si Wamba acredité su valor y su pericia como guerrero, ocasién propicia se le presentaba ahora para mostrar su poder € inteligencia como marino. Era el caso que los sarracenos, duefios de Africa desde las bocas del Nilo hasta el Atléntico, infestaban el estrecho de Gibraltar y amenazaban las costas meridionales de Espaiia. Acombatir la flota musulmana, com- puesta, seguin algunos escritores, de doscientos setenta bar- cos, acudié Wamba con otra no menos numerosa. La victoria fué de los godos, quienes apresaron algunos barcos, iacendia- ron otros y echaron 4 pique la mayor parte (3). La venida de los africanos 4 las costas espafiolas se atribuy® 4 inteligencias secretas de aquéllos con Ervigio, ya porque envidiaba la glo- ade Wamba, 6 ya en venganza de haber sido excluida de (1) P. Flérez, Espana Sagrada, t. VI, pag. 202. (2) 0. c., pags. 202 y 203. (3) Lucas Tud., Chron. Mundi, 1¢.—Sebastidn Salmant, Chron.,c , 3. — 69 — la corona la familia de Chindasvinto, 4 1a cual él pertenecfa. ‘Wamba iba 4 bajar del trono, al que tan 4 disgusto habia subido. Lo que la insurreccién no pudo conseguir en los cam- pos de batalla, lo logré intriga palaciega en pocas horas. Dicese que el conde palatino Ervigio, deseoso de reinar, did un brebaje al rey que le sumié en letargo profundo. Como se creyera que su vida estaba en peligro, los cortesanos se apre- suraron 4 vestirle el traje mondstico y cortarle 1a cabellera, como era costumbre hacer con los moribundos en sefial de penitencia. Cuando Wamba se desperté, reauncié, por la fuer- za 6 de buen grado, la corona, retirandose al monasterio de Pampliega (cerca de Burgos). «Zon é1 muri6—escribe D. Vi- cente de la Fuente—la monarqufa goda. El habito de Wamba fué el sudario con que bajaron al sepulcro el vigor, la probi- dad y los restos del saber godo espafiol... En los treinta afios que nos quedan por recorrer no esperemos ya actos de valor y energia, no busquemos grandeza, prosperidad, justicia, cnl- tura y saber; ya no veremos sino la hipocresfa y debilidad en el trono, la rebeldfa y traicion en los prelados, en los Conci- lios disposiciones contradictorias, medidas politicas mas bien que candnicas, respeto excesivo 4 los hechos consumados; en ek clero demasiada -relajacién, en la corte la intriga, en los claustros menos fervor y ciencia. La medida de la iniquidad va a rebosar y la justicia de Dios no se hard esperar» (1), (1) O.c.,, t- I, pags. 363 y 364. Ervigio: Cencilios XII, XIII y XIV de Toledo.—Deca- dencia de li marquia.—Egica: Con: XV de Te. ledo.—Conjuracién del arzebispo Sishorte.—Conci- 110s KV y XVII de Toledo.—€ltimos ziios de Egica. Ervigio (680-687) fué ungido con el dleo santo por San Julién de Toledo. Persiguidle toda su vida el remordimiénto de la conciencia. «Parecidle, para asegurar sus cosas, tomar el camino que 4 otros reyes, sus predecesores, no salié mal, que fué cubrirse con la capa de la religién. Con este intento convocé los prelados de todo el reino» (1). Al Concilio XII de Toledo, congregado en la iglesia de San Pedro y San Pablo en el afio 681, concurrieron 35 obispos y 3 por me- dio de sus representantes, presididos por San Julian. Abier- ta la asamblea, Ervigio se presenté ante ella, hablando de esta manera: «No hay duda, Padres santisimos, que los Concilios sirven de remedio 4 los males del mundo; y pues los conocéis y sois la sal de la tierra, procurad aplicar los medicamentos convenientes, examinando lo que de mi parte hay que representaros, que para no fiarlo 4 la memoria ni alargarme, lo veréis brevemente en ese pliego.» Los Padres le dieron las gracias y le despidieron con las bendiciones acostumbradas. Pedia en dicho pliego que se reconociese la sucesion legitima en el trono, que confirmasen las leyes que habia dado contra los judios, que se derogase la ley de (1) Mariana, Historia de Espana, lib. VI, cap. XVI. —7— ‘Wamba, por Ja cual se declaraba infames 4 los desertores del ejército-y 4 los nobles que no le seguian, y, por ultimo, que apartaran del seno de 4a Iglesia todo lo que les pareciese bien. En el primer canon los Padres declararon legitima la eleccién de Ervigio y absolvieron al pueblo del juramento de fidelidad prestado 4 Wamba, pues éste ya no podia reinar por haber recibido la tonsura y el habito religioso. En el se- gundo se disponia que no se impusiese el habito de peniten- cia sino 4 quien lo pidiera; pero que obligase 4 los que estu- viesen en peligro de muerte. En el séptimo se anulaba la cé- lebre ley de Wamba: De his qui ad bellum non vadunt, y rein- tegraban en sus honores 4 los que habian faltado 4 ella. En el noveno se mandaba guardar las leyes promulgadas contra los judios. Debe consignarse en este lugar una disposicién importantisima: decia el canon sexto que pudiese el metro- politano de Toledo elegir y consagrar obispos para todas las Provincias, poniendo en cada silla vacante los que al rey, con informe del Toledano, le pareciesan dignos, sin esperar consulta de Jas iglesias... (1). D. Vicente de la Fuente se atreve 4 decir, con harta crudeza y desenfado: «El rey podia nombrar de derecho en lo sucesivo todos los obispos de Es- Pajia, de acuerdo con el primado; mas este primado fué yn traidor en pos de un santo» (2). Sin embargo de las dispo- siciones del Concilio XII, Ervigio no tenia tranquilidad, y buscando el sosiego de su espiritu en el examen y consejo de los Padres, reuni6é el Concilio XIII nacional en el afio 683, celebrado en Ja iglesia de San Pedro y San Pablo de To- ledo. Asistieron 44 obispos con 4 metropolitanos, y 2 man- daron sus vicarios. En el primer canon se decia que, aten- diendo 4 la clemencia y voluntad del rey, no sélo eran per- donados los cémpiices en la rebelién de Paulo, sino que se mandaba restituirles sus bienes que permanecian en el Fis- co. En el segundo se preceptuaba que no podia ser depuesto de su honor, ni privado de su hacienda, ni puesto 4 cuestién de tormento, ni encarcelado, ni castigado 4 azotes ningun (1) Véase P. Flérez, Espatta Sagrada, t. VI, pags. 205-207. (2) Historia eclesidstica de Espafta, t.1, p. 287. —72— obispo ni précer sin que sea juzgado en Congreso de sacer- * dotes y de sefiores. Por el tercero se perdonaban los tributos que debian los pueblos hasta el afio primero de aquel reina~ do. En el cuarto se excomulgaba 4 los que perjudicasen 4 la reina Liubigoto y 4 los parientes de ésta. Dice el quinto que «muriendo el rey, no por eso ha de permitirse el des- honor de la reina; y asi, que nadie la abata 4 nuevo casa~- miento, ni trate con ella impuramente, aunque sea rey; y si faltase 4 ello, sea su nombre borrado del libro dé la vida.» Pro- hibese en el sexto que ningtin siervo 6 liberto pueda ascen- der 4 oficio palatino, ni administrar la real hacienda. Manda el octavo que los obispos, bajo pena de escomunién, acudan cuando el rey 6 metropolitano les llame (1). Poca importan- cia tiene, desde el punto de vista histérico, el Concilio XIV provincial que, en el afio 684, se celebré en Toledo, pues su motivo fué la condenacién de la herejia de Apolinar, ya re- probada en el sexto Sinodo general. Como se ve, la historia politica de la Espafia goda, en eb teinado de Ervigio, se halla limitada 4 los cdnones de los Coricilios XII y XIII. El rey ,que no podia alejar de su mente el recuerdo de Ia villana accién que cometié con el penitente de Pampliega, se escudaba en los Concilios para conservar la corona, y buscaba en estas asambleas seguridad para si y para su familia, ;Cudnto habian cambiado los tiempos! Si en los de Recaredo el rey era protector de la Iglesia, ahora la Iglesia tenia que amparar al monarca y 4 su familia. La nobleza y el clero, cuando vieron rota la corona de los re- yes, se hicieron duefios del poder y gobernaron el Estado. A los grandes hechos que realizaron Chindasvinto y Wamba sucedi6 la politica débil y torpe de Ervigio. «El baculo, dice un historiador moderno, reemplazaba ya 4 la impotente es- pada del rey; pero cuando se presentaron los moros, fué im- potente a su vez, y el alfanje sarraceno partié, de un solo golpe, el baculo y la espada del reino teocratico» (2). Como considerase Ervigio que el término de su vida se (1) Véase P. Flérez, ob. cit., pags. 209 y 210. (2) Dahn, 0. c, p. 160. —73— acercaba, queriendo buscar amparo 4 sus parientes, casd & su hija Exilona con Egica, primo hermano de Wamba, & quien le hizo jurar que seria el sostén de toda aquella fami- lia. El dia antes de morir recibié la tonsura y el habito de penitencia, abdicando la corona en su yerno Egica. Lo tni- co que hizo de particular en los siete afios de reinado fué la reparacién del puente y las murallas de Mérida. Egica (687-700) subié al trono, y al recibir la corona prest6 juramento de hacer justicia por igual 4 todos sus stibditos. En el afio 688 convocé el Concilio XV de Toledo, el cual ce- lebrése en la iglesia de San Pedro y San Pablo, con la asis- tencia de 61 obispos, 5 vicarios de ausentes, 11 abades y 17 condes palatinos, bajo la presidencia de San Julian. El rey se presento al Concilio y, como de costumbre, entregé un me- morial donde pedia 4 los Padres que resolviesen un asunto de conciencia. Era éste que, cuando se casé con Exilona, se obligé por juramento 4 amparar 4 Ja familia de Ervigio, y cuando recibié la corona se comprometié también, por me- dio de juramento, 4 no negar justicia 4 todos sus subditos. La familia de Ervigio disfrutaba injustamente bienes de mu- chos grandes y sefiores. Si la amparaba, no hacia justicia 4 Sus stibditos; si amparaba 4 éstos en sus derechos, tenia que despojar de los bienes 4 los deudos de su antecesor. Por tanto, gqué juramento le obligaba con mas fuerza? Con- testaron los Padres que el primer juramento no le obligaba, pues éste se debia entender en las cosas justas solamente, «Asi consigné solemnemente el décimoquinto Concilio tole- dano el gran principio de que la justicia es el primer deber de los reyes, y que ante él deben callar los intereses priva- dos de familia» (1). -Valiése Egica de esta resolucién para oprimir 4 los parciales y parientes de Ervigio, del mismo modo que éste habia abatido 4 la familia y amigos de ‘Wamba. Una terrible conjuracién se tram6 contra Egica en el - aiio 692. Dirigiala Sisberto, metropolitano de Toledo y suce- sor de San Julian. «En el nuevo arzobispo, escribe Dahn, se (1) Lafuente, Historia de Espata, t. 1, p. 449- —m4— reunia el indémito orgullo del noble con la soberbia del dig- natario eclesidstico. Vastago de una de las familias mds no- bles, habia elegido el joven ambicioso la carrera de la Iglesia, indudablemente con la conviccién de que la persona mas poderoxa en aquella nacidn, no era, ni el primer magnate fa- vorito del trono, ni el rey mismo, sino el metropolitano de Toledo» (1). El soberbio Sisberto se atrevid 4 sentarse en el trono donde la Virgen Santisima se aparecié 4 San Ildefon- so (2). Lo que los Santos Padres de Toledo respetaron como cosa sagrada, Sisberto lo }levé 4 cabo con una altaneria que legaba hasta la insolencia (3). Un hombre, y mas un arzo- bispo, que en tan poca estima tenia las cosas santas, no es extrafio que atentase contra la vida del rey. Entre los nom- bres de ‘los conjurados se hallaba el de la viuda de Ervi- gio (4). Aunque la conspiracién estaba con mucho secreto preparada, lleg6 4 oidos de Egica, que pudo desbaratarla, poniendo presos 4 Sisberto y 4 sus cOmplices. Para dar dic- tamen sobre asunto tan capital, Egica mando reunir en el (1) O.c., p. 161. (2) Cuéntase que San Ildefonso, arzobispo de Toledo, al llegar una noche 4 la catedral para cantar maitines, precedido por el didcono y subdidcono, vid que el templo estaba alumbrado por celestiales res- plandores, La Virgen Marfa, sentada en la cdtedra episcopal y rodeada de angeles que llenaban el dbside 6 presbiterio de la iglesia, dijo al prelado: «Acércate y recibe esta sagrada vestidura, que has de usar solamente en mis fiestas, prenda del amor y devocién que siempre me has tenido, y preludio de la que has de vestir en la eterna gloria.» Véa- se D. Vicente de la Fuente, Historia eclestistica de Espaia, t.1l, p. 330. (3) Ci en la Vida de San Ildefonso, escribe: «At ille (San Ilde- fonso) sibi ben’ conscius ante altare Santz Virginis procidens, repe- rit in cathedra eburnea ipsam Dominam sedentem, ubi solitus erat Episcopus sedere et populum salutare, quam cathedram nullus Epis- copus adire tentavit, nisi postea Dominus Sisbertus, qui statim sedem ipsam perdens, exilio relegatus est.» Vease Zspaata Sagrada, t. V, apéndice 8.°, partafo 7.° (4) Und® Sisbertus Toletang Sedis Episcopus talibus machinatio- nibus denotatus repertus est, pro eo quod serenissimum Dominum nostrum Egicanem Regem, non tantiim regno privare, sed et morte cum Flogello, Thodomiro, Liubelane, Liubigithone quoque, Tecla et ceeteris interimere definivit, atque génti ejus vel patric inferre contur- bium et excidium cogitavit—Canon 9 del Concilio XVI. —75 — afio 693 el Concilio nacional XVI de Toledo, compuesto de 59 obispos, 3 vicarios, varios abades y algunos magna- tes, presidido por Félix, arzobispo toledano 4 la sazény antes de Sevilla. Disponiase en el canon primero «que se guarde lo establecido antes contra Jos judios, afiadiendo que sean libres del tributo que pagaban al fisco los que se con- virtiesen; porque los ennoblecidos con la fe deben ser teni- dos. y mirados como nobles entre los hombres.» Se ordenaba en el octavo que en todas las iglesias se rogase en la misa por la vida y prosperidad del rey y de la real familia. Decia el canon noveno que después de Dios se ha de guardar fide- lidad 4 los reyes, y que, habiendo faltado 4 éste el prelado Sisberto, le deponian y le desterraban para siempre, «sin que pueda comulgar mas que 4 la hora de la muerte, excepto si la piedad del rey le perdonase antes» (1). En el afo siguien- te, esto es, en el 694, hubo de reunirse otro Concilio nacio- nal, el XVII, en la iglesia de Santa Leocadia, para entender en otra conspiracién. Manifestaba Egica en el acostumbrado Memorial que los Padres cocurriesen juntos con los préceres & reprimir la audacia de los judios, que uniéndose con los de Africa habian fraguado una general traicién contra los cristianos, como constaba por los informes y confesiones que verian.» Decia el canon tercero que los obispos de Es- paiia y la Galia lavasen, en el dia de Jueves Santo, los pies Asus ministros; en el séptimo mandaban que nadie conspirase contra la reina Exilona bajo la pena de excomunién, y en el octavo, el m4s interesante para nuestro objeto, se decla- raba esclavos 4 todos los judios y confiscados sus bienes, como también se dispuso que se arrancasen 4 los padres sus hijos en Ilegando 4 los siete afios y se entregaran 4 los cris- tianos (2). Evidente es que tales medidas, no s6lo eran con- trarias al espiritu del cristianismo, sino crueles é inhumanas. Egica, en sus ultimos afios (694), compartiéd con su hijo Witiza la autoridad real (3) y en las monedas de aquel tiem- (1) Véase P. Fiérez, 0. c., pags. 224 y 225. (2) Véase P Fiérez, 0. c,, pags. 228 y 229. (3) El laborioso y erudito historiador D. Francisco Ferndndez y — 76 — po se ven grabados los dos nombres: Egica rex Wiliza rex, y con el lema Concordia regni. Parece ser que, para quitar motivos de disgusto y disidencias, el padre did 4 su hijo el gobierno de Galicia y la ciudad de Tuy por capital. Gonzélez escribe: «De dénde proviene el nombre Acosta dado por Rasis al hijo wnico de Egica que le sucedié, y el de Costa en historia- dores posteriores, y por qué en alguno de éstos se suele colocar des- pués de Witiza’» Lo primero ofrece explicacién Ilana, y en mi sentir de todo punto concluyente. Los historiadores drabes escriben con ortografia varia el nombre de Witiza; motivo de confusién, que se aumenta en particular si se olvi- da, segiin uso, la indicacién de las vocales. Aun amanuenses que las puntualizan, como el del fragmento de Aben Alcutiyyah, dado 4 cono- cer por D. Pascual Gayangos, suelen transcribirlo bajo la forma peregri- na de Gaitaxa, de donde, omitidas alguna 6 algunas vocales, resultan facilmente las formas Guitsa y Gitssa 6 Gtssa (itlaé y itké), cuya vocalizacién para Ja lectura engendra sin violencia la palabra Gotossa 6 Gotssa, la cual con el sonido fuerte y casi gético que se advierte en Brunequilda (Brunegilda 6 Brunehilda), se altera en Cotsa y Costa, Al- maceari (1), copia 4 Aben Ayyen, quien disfruté el texto ardbigo de Arrazzi (Rasis) y otras obras hoy perdidas, sin marcar vocales y con alef 6 h brevisimaal principio (i4.Lé1), donde, sustituidas letras latinas en esta forma: Hagotssa, se comprende que los traductores hayan lefdo Hacotsa, Acotsa, y por metdtesis Acosta, segin lo verificaron Maestre Mahomat y el clérigo Gil Pérez en la traslacién de Rasis, muy ajenos, al parecer, de que alteraban en tal forma el conocido nombre de Wi- tiza...» (Cémo se explica, pregunta el mismo Sr. Ferndndez y Gonzd- lez, que algunos de los cronistas expongan la historia de Costa como si fuese distinto de Witiza, refiri¢ndola 4 continuacién dela de este principe y antes del reinado de D. Rodrigo? «Es mi opinién que dichos escritores consultaron historias de los godos muy sumarias, por el estilo de la copiada por Aben-Alatsir, donde no se puntualizaba el parentesco, cuando existia entre diferen- tes reyes, y leyendo en la historia de un rey, cuyo nombre interpre- taron Evica 6 Vica, autor de tantos atropellos como refieren los dra- bes de Egica, y que florecié tras él otro llamado Cotssaé Costa, mejor tratado por los autores muslimes, se dieron 4 entender que Evica 6 Vica era el propio rey Witiza, y Costa un varén justo de antiguo linaje real, muy querido de su pueblo, colocado entre aquél y su sucesor don Rodrigo» (2). (1) Edicibn del texto ardbigo. Leiden, 1855, t. I, p. 155. (a) La Espaita Moderna del 30 de Noviembre de 1889. XI Witiza: dofensores y detractores de este mouarca: critica histérica.—Redrigo: obscuridad de sa his- toria.—La leyenda. éQué juicio debemos formar de Witiza, rey de Galicia por la voluntad de su padre Egica y después de la Espa- fia goda por aclamacién del pueblo? (1). Falta la luz que nos ha servido de gufa al historiar los hechos de los visigo- dos, pues las actas del Concilio Toledano XVIII, que se ve- rificd en el afio 702, no se conservan. Los escritores anti- guos y modernos, unos le alaban y otros le recriminan. El Pacense, que escribid en el afio 754, le presenta como un gran monarca, reparando los atropellos cometidos por Egi- ca: guamquam petulanter, clementissimus; y afade que por entonces florecié Félix, metropolitano de Toledo, e¢ concili.r satis preclara etiam ad huc cum ambobus Principibus agit (2). Si Bonifacio de Maguncia, también contemporaneo, atribu- ye la pérdida de Espafia 4 los escandalos regios, Masdeu explica estas palabras diciendo «que ésta es una proposicion general, que pudo decir el Santo por sdlo celo y por la pia- dosa costumbre que tienen los buenos de atribuir 4 castigo de Dios las desgracias que nos suceden.» En la Cronica de (1) Su reinado tuvo comienzo en el aio 700. (2) P. Flérez, Espata Sagrada, t. VIII, p. 293. En realidad, el autor de la crénica intitulada de Isidoro Pacense es andnimo, pu- diéndose 96lo conjeturar que era cristiano, residente en Toledo y més tarde en Cérdoba. Yo llego 4 creer que dicha crénica fué escrita por des autores lo menos. — 7 — Moissac, cuyo autor era extranjero, escrita por el afio 818 y lejos del teatro de los sucesos, se halla que Witiza did con su lascivia mal ejemplo 4 seglares y eclesiasticos; y en et Cronicén de Sebastian, escrito 4 ultimos del siglo IX, se dice: «Bravo y lascivo, como caballo y mulo 4 quien falta el en- tendimiento, vino 4 tener muchas mujeres y gran numero de concubinas ..» (1). El arzobispo D. Rodrigo Jiménez, cuya muerte acaecié en el afio 1247, para conciliar ambas opi- niones, sostiene que Witiza comenzé bien su gobierno y acab6 mal, El P. Mariana empieza de este modo la historia del mencionado monarca: «El reinado de Witiza fué desbara- tado y torpe de todas maneras, sefialado principalmente en crueldad, impiedad y menosprecio de las leyes eclesiasti- cas» (2). Asegura, como el arzobispo D. Rodrigo, que al principio did muestra de ser buen principe, alzando el des- tierro 4 muchos, 4 los que restituyé sus haciendas, y man- dando quemar los procesos pata que no quedase memoria de los delitos; pero después, todeado de aduladores, se despead en todo género de deshonestidades, Nevando 4 su lecho gran numero de concubinas, did una ley para que todos siguiesen su conducta, dispuso qus se casasen las personas eclesias- ticas y consagradas 4 Dios, y negé la obediencia al Padre Santo. Maté de un bastonazo 4 Favila, duque de Cantabria, hermano de Recesvinto, sospechando algunos que lo hizo para gosar mds libremente de su mujer, en quien tenia puestos los ojos (3), y persiguid 4 Pelayo, hijo de Favila; mandé sacar (1) Iste quidem probosus, et moribus flagitiosus fuit, et sicat equus et mulus, quibus non est intellectus, cum uxoribus et concubinis pla- rimis se inquinavit: et ne adversus eum censura ecclesiastica consur- geret, Concilia disolvit, canones obseravit (omnemque Religionis or- dinem depravabit), Episcopis, Presbyteris et Diaconibus uxores habere precepit...—Espaia Sagrada, XU, p. 477. (2) Obra citada, li. VI, c. XIX. (3) Como dice muy bien D. Modesto Lafuente, «Mariana no calcu- 16 que habiendo muerto Chindasvinto en 652, 4 la edad de noventa aiios, aun suponiendo que hubiese tenido 4 Favila 4 los sesenta, debe ria contar éste cuando ocurrié el suceso que se supone, mds de ochen- ta aiios, edad no muy 4 propésito para tener una mujer 4 quien Witi- zaamase torpemente. En cuanto 4 Teodofredo, el arzobispo D. Ro- — 79 - los ojos 4 Teodofredo, hermano también de Recesvinto, y no pudo haber 4 las manos 4 Rodrigo, hijo del mismo rey. Te- meroso de un levantamiento de las ciudades, hizo abatir los fuertes y las murallas, exceptuando algunas que le eran adictas, como Toledo, Leén y Astorga. Si Gunderico, ar- zobispo de Toledo y hombre de buenas prendas, no tuvo bastante animo para hacer frente 4 la maldad, Sinderedo, que sucedié 4 Gunderico, se acomod6 con los tiempos y se sujeté al rey, consintiendo que Oppas, hermano de Witiza, fuese trasladado del arzobispado de Sevilla al de Toledo, y se did asi el caso de que dos prelados regfan una misma iglesia, contra lo que disponian las leyes eclesidsticas. Ter- mina Mariana su ‘relato diciendo que Witiza murié por una © conjuracién dirigida por Rodrigo, si bien otros autores afir- man que acabo sus dias de enfermedad en Toledo, afio 711. Tai es el capitulo de cargos que el insigne historiador acu- mula sobre la personalidad de Witiza (1). Afiaden otros historiadores que éste abrié las puertas del reino 4 los ju- dios, que pasaron 4 otras tierras por no abrazar la religién catélica, relajo el juramento de los que habian recibido el bautismo, colmando 4 muchos de honores y lucrativos car- gos (2). Ademas de Masdeu, defensor de Witiza, el Sr. D. Grego- rio Mayans y Ciscar, en el Ultimo tercio del siglo XVIII, es- cribié, con gran copia de datos y recto criterio, la Defensa del rey Witiza. También D. Modesto Lafuente se inclina 4 creer que este monarca ha sido calumniado, no n2gando, 4 pesar de ello, que su vida fué licenciosa y desordenada (3). Grigo le hace hijo de Recesvinto, no de Chindasvinto, y esto podia ser ya muy bien.» Obra citada, t. II, p. 456, nota. (1) Véanse las paginas 190 y 191 del capitulo XIX, libro VI, edi- cida de 1852. (2) Amador de los Rios, 0. ¢. p. 17. (3) O.yt.c., p. 462. No se olvide que la incontinencia era vicio arraigado en los godos y en la raza germanica, y ya se sabe que el pia- oso Recaredo tuvo 4 Liuva de égnobili matre. Tampoco fué modelo de honestidad el rey Teudiselo. Zps. Sagr., t. VIS. Isid., 0. ¢., par gina 489. — 80 — Los escritores modernos extranjeros tributan elogios 4 Wi- tiza: Dahn dice que (2). Las Bellas Artes.—Queda un monumento arquitecténico digno de estudio y de verdadero mérito artistico: la iglesia de San Juan Bautista, construida por Receswinto en Bafios (1) Murié por el afio 625. (a) Amador de los Rios, Historia critica de la literatura wspoaola tomo I, pég. 364. — 9 — (Paleneia), cuyos arcos son de herradura. También en San Roman de la Hornija (Valladolid) se guardan preciosos res- tos de la arquitectura visigoda. «En el soportal de una casa que se levanté en el sitio que estaba el monasterio, dice el Sr. Quadrado, en la sacristia, en la columnita que sostiene el puilpito, ademas de varias basas, obsérvanse magnificos y elegantes capiteles, muy semejantes 4 los corintios, con di- versas series de hojas y acanaladas fibras, en que todavia no se descubre muy degenerado el arte del Bajo Imperio, al paso que en algunos fustes campean.las estrias en espiral, tan aceptas 4 las construcciones latino-godas» (1). El sefior D. Teodosio Torres, arquitecto de la Diputaci6n provincial. de Valladolid, visité en el mes de Junio de 1854 los mencio- nados monumentos (iglesia y antigua casa), y dice: «Los an- tiguos restos artisticos que pertenecen 4 la primitiva fabrica del monasterio, aunque separados completamente de la edi- ficacién, son seis capiteles de marmol blanco. Dos de 0,90 metros de lado en el cimacio, unidos por sus collares, forman la actual pila de agua bendita; el de abajo invertido hace de peana, y en el de arriba se ha vaciado la taza, cuyo vaciado, segtin cuentan, se llevé 4 cabo por uno de los pro- pietarios del monasterio en la época de la desamortizacién. El capitel superior es una imitacién del corintio de los roma- nos; la disposicién de las hojas, tallos y volutas es la misma, aunque en el conjunto faltan la armonia, gracia y movimien- to del original; el inferior es de las mismas dimensiones, y en el adorno del tambor faltan las volutas y tallos de donde arrancan, estando simétricamente revestido por tres filas de hojas de acanto que, como las del primero, son mas abulta- das que las del modelo, tantd en el picado como en los ner- vios y penachos de sus extremos. Las dimensiones de dichos capiteles y lo selecto del material son prueba evidente de la importancia de la fabrica. Otros tres capiteles, que vienen 4 tener proximamente la mitad del tamafio de los dos prime- ros, sirven de sostén, con fustes también de marmol, 4 las* carreras y zapatas de un pequefio soportal inmediato 4 la (1) Recuerdos y bellecas de Espana, p. 182. Ed, de 1861. — 100 — iglesia. Varia la original estructura y decoracion de ellos, dejando de ser una imitacién de los romanos: sdlo uno con- serva algtin rudimento de las volutas; pero en lugar de estar formados de hojas y tallos, son una especie de cables retor- cidos. El sexto capitel es el mas pequefio, viniendo 4 ser, como los primeros, una reproduccién del corintio, y el fuste, destinado 4 sostener el pulpito, lo adornan estrias espirales que cambian de direccién 4 la mitad de su altura; esta for- ma de estrias se conservé en la arquitectura cristiana de las monarquias asturiana y leonesa. Estos restos artisticos y arqueolégicos son muy escasos, pues en Castilla s6lo se con- servan los.capiteles de las iglesias de Santa Leocadia en To- ledo y de San Juan de Bajfios en la provincia de Palencia. El haberse encontrado unicamente capiteles y fustes de colum- na indica que la iglesia de San Roman debi6 construirse con- forme al tipo de las basilicas de Roma, que 4 su vez fueron imitacién de los templos paganos. Como es sabido, estas construcciones constan de tres naves paralelas, sin crucero, sostenidas por arcadas sobre columnas, las cuales, con los capiteles correspondientes, constituyen la unica decoraci6én y el miembro mas importante Los mencionados primeros capiteles, con algunos otros que se han perdido, debieron emplearse en la edificacidn de una iglesia latina, no tenien- do, por tanto, la forma de cruz griega, segtin opinan repu- tados escritores, entre otros el docto Morales, el cual ya des- cribié un templo diferente al primitivo. Cuéntase también que este monasterio sobrevivié 4 la invasién sarracena, pero no existe en Espafia una sola fabrica de los godos, incluso la iglesia de San Juan de los Bafios, ya mencionada, tinica que pudiera ofrecer alguna duda» (1). Un arca de piedra encontrada en Hellin (Albacete), y que hoy se admira en la Academia de la Historia, esta adornada con figuras del Antiguo y Nuevo Testamento. Alla por el afio 1858 se descubrié un cementerio gotico; cerca de la fuente de Guarrazar, camino del inmediato pueblo de Gua- (1) Véase mi obra Los pueblos de la provincia de Valladolid, t. 1, paginas 351-353. — lol — damur, 4 dos leguas al Oeste de Toledo, se encontraron las coronas votivas, de oro y pedreria, ofrecidas por los reyes Suintila y Receswinto, y que al presente se admiran en el Museo de Cluny, en Paris. Acerca de otra preciosa y rica obra de arte dice el historiador Ben-Hayyan: «La celebrada mesa que Tarik encontré en Toledo, aunque atribuida 4 Sa- Jom6n, cuyo nombre lleva, no pertenecié jamas/A este pro- feta, pues aseguran los barbaros que debe su origen & lo si- guiente. Reinando sus antiguos reyes, los personajes califi- cados y ricos tenian por costumbre hacer antes de morir algtin donativo 4 las iglesias. De las sumas recogidas de esta manera hacian los clérigos mesas de plata y oro macizo, si- tiales y tronos en que los prestes, didconos y sirvientes del templo Ievaban los Evangelios en las ptiblicas procesiones, 6 con los cuales se adornaban los altares en las grandes fes- tividades. Con tales mandas se fabricé esta mesa en Toledo, y después todos los monarcas fueron aumentando su valor y embelleciéndola, procurando siempre el ultimo exceder 4 su antecesor en magnificencia, de modo que vino 4 ser la alha- ja mas espléndida y costosa que se destiné jamas al referido objeto, y su celebridad fué grande. Era la mesa de oro puro con engaste de perlas, rubies y esmeraldas: tenia como tres « orlas 6 coronas de estas mismas piedras, y toda ella estaba ademas cuajada de joyas tan desmesurables y brillantes, que nunca ojos humanos vieron cosa tal. Siendo Toledo la capi- tal del reino, no habia alhaja, por costosa que fuera, que alli no pudiera encontrarse... Cuando los muslimes entraron en la ciudad, se hallaba esta mesa en el altar mayor.» La musica fué fnirada con gran estimacién por el clero, segun puede observarse en el canon 13 del IV Concilio de Toledo; y San Isidoro, en el capitulo VI del libro I De Oofficits, escribe: «In hymnis et psalmis canendis non solum prophetarum, sed etiam ipsius Domini et Apostolorum ha- bemus exemplum.., Sunt autem divini hymni; sunt et in- genio humano compositi. Hilarius autem Gallus, episcopus Pictaviensis , eloquentia conspicuus, hymnorum carmine floruit primus. Post quem Ambrosius, Mediolanensis episco- pus, vir magne glorie in Christo et clerissimus doctor in 1oz2 — Eeclesia, copiosus in hujusmodi carmine cognoscitur, atque inde ex ejus nomine amérosiani vocantur...» También dice San Isidoro, en el primer libro de los Origenes, tratando de los epitalamios, que eran Aimnos cantados por los escolares en honor del esposoy de la esposa (1). Sabido es que Eugenio III corrigiéd los cantos religiosos, viciados ya en su tiempo, y de 61 escribe San Ildefonso en la continuacién de Vuromes slustres: Cantus pessimis usibus vitiatos, melodie cognitione, correxit, officiorum omissos ordines, curamque decrevit (2). Vestides y adornes.—Ataulfo, en sus bodas con Gala Ptacidia, vistié la clamide y todos los adornos del traje ro- mano (3). Mas adelante, aunque los visigodos conservaron siempre sus gustos, como el traje corto, el uso del color rojo, y en cuanto 4 su persona nunca se cortaron el cabello, se acomodaron, sin embargo, & las costumbres romanas. San Isidoro dice que los hombres usaban el traje talar (4) y la tvabea purpurata 6 toga de honor (5); y las mujeres el ana- boladium 6 esclavina y el amicuium 6 amiculo (6). Si la va- nidad femenil se adorn6 con toda clase de joyas (7), el or- gullo masculino tenia 4 gala el uso del cingulum 6 cinturén, del dalteus 6 tahali (8), del anillo y de las faleras 6 condeco- ‘raciénes. El traje ordinario de los clérigos no era diferente del de los seglares. . Uses y costumbres.—San Isidoro describe detallada- mente la abundancia y esplendidez de los visigodos en las mesas, como también la riqueza de las vajillas, muebles, coches, etc. (9). Eran aficionados 4 la glotoneria y embria- guez, vicios que censuréd San Eugenio (10). La avaricia se (1) Véase la nota 1 del cap. X. (2) Cap. XIV. (3) Adaulphus laena, xAepid2, indutus, omnique alio amictu roma- no.—Olimpiodoro, Histor. en Phocio, p. 186. Ed 1611. (4) Etimologiarum XIX, 24, nim. 4. (5) Ibidem, nim. 8. (6) Ibidem, cap. 25. (7) Ibidem, cap. 31. (8) Ibidem, cap. 33,,nums. 1 y 2. (9) Ibidem, lib. XX. (10) Opuscularum, pars prima. — tos — hallaba arraigada entre los visigodos (I), y de igual suerte Ja rapacidad y traicién, excediendo 4 todo la barragania y el juego. Si el teatro decay6, contribuyendo 4 ello, en gran parte, la oposicién de la Iglesia 4 los espectaculos ptiblicos, pues qued6 limitado 4 diversiones privadas, en cambio, dice San Isidoro que sus coetaneos «se complacen en adiestrarse en las armas, en simular combates, y cuotidianamente se ejercitan en estos juegos» (2). En la guerra, no solo usaron sus armas propias, sino las romanas. Tomaron de los ro- menos la flamea, que en este tiempo era la espada de dos filos, y de los francos la francisca (3), mostrando su mane- jo en la dallesta (4). La marina estaba adelantada, segin pudo notarse cuando Wamba logré sefialada victoria en el Estrecho sobre los sarracenos. Conelusion.—Habiendo bosquejado el cuadro de la situacién material y moral de Espafia bajo el dominio de los visigodos, terminamos nuestro trabajo, repitiendo con el autor del discurso que precede al Fuero Juzgo: